9
¿Pueden imaginar lo insoportable que es Annabeth despechada? Apuesto que no, pero puedo darles una idea. En el momento de ser engañada por mi primo Albert, estuvo todo un santo día recalcandome los puntos asquerosos de él, haciendo mucho hincapié en ser un autentico: poco hombre. Aunque, claramente, eso ya lo sabía. Conozco perfectamente a los de mi sangre, y es obvio, que Albert no posee entre sus atributos mantener una relación sana de limite un mes. Este nunca se cansa de salir con mujeres, a su parecer, estar atada a una sola es demaciado aburrido. Un hombre de su estatus, necesita experimentar muchas cosas antes de casarse, o mas bien, encontrar a la indicada. Donde ciertamente lo he considerado excusa, él simplemente quiere igualar a los musulmanes, quienes tienen muchas esposas y es totalmente legal. Es mi primo, pero resulta asqueroso su filosofía de vida.
Seguidamente de esa decepción, vino Marloon, un chico lo suficiente listo como para engañarla con una de sus mas cercanas amigas, y efectivamente, no estoy hablando de mi. Recuerdo que me empujo a un café bar, donde descubrió a los susodichos en pleno apogeo, deben comprender hacia donde apunto. De no hacerlo, les dare otra pista. Una pareja lejos de la multitud, ella con las manos en los bolsillos traseros del chico, él atacando los labios de esta y marcando una competencia personal. Cual de los dos puede robar el aliento de otro. Al entrar en escena mi amiga reino el caos, creo que no dejo calva a la mujer porque la detuve, sino, podría haber necesito luego una peluca. En cuanto a Marloon… bueno, le dejó un tatuaje permanente en su rostro, una excelente bofetada. La rubia abandono con dignidad el café bar, pero su corazón resultó hecho pedazos sobre el suelo, manteniendo una promesa de no enamorarse jamas. Como deben de imaginarlo, siempre logra romperlo con intereses. Pero eso no es el punto, porque Annabeth al estar en “despechada psicotica”, se instala en casa, comer comida chatarra hasta decir basta, ve películas corta venas en mi televisor y gasta dos cajas enteras de pañuelos desechables. Al menos no va a un bar para perder la noción del tiempo, me dice una voz dentro de mi cabeza, aunque nunca ha estado lejos de hacerlo.
Ahora, ¿A donde quiero llegar con todo esto? Fácil, esa imagen que he explicado anteriormente esta en estos momentos frente de mi. Si. Sentada cómodamente en el sillón de mi casa, comiendo kilos y kilos de helado, en tanto viste una ridícula pijama de patitos bebés viendo “Tres metros sobre el cielo”, una pelicula de final desgarradoramente dramático.
Demonios… ¿Acaso no puedo tener paz luego de un terrible examen? La respuesta es no, no puedo.
¿Y que ha ocurrido para tener la rubia así? No poseo muchos conocimientos, salvo que tuvo una discusión con Alex sobre su relación, creo que Annabeth deseaba llevar esto hacia algo mucho mas estable pero el moreno no. Desatando por fin la batalla campal, en donde mi amiga dejo una vez mas su marca personal y trayendo consigo su corazón herido, tal cual a como de costumbre sucede. Se que sigue sin ser mis asuntos, pero desde el comienzo lo supe, aquel moreno nunca ha tenido serias intenciones con la rubia. ¿Lo recuerdan? ¡Coquetearon al mínimo instante de conocerse! Pueden llamarme anticuada, pero de ninguna manera esta bien eso, antes de salir como pareja deben conocerse bien y eso solo funcionan si son amigos. ¿Para que apresurar las cosas? Eso solo traerá cansancio y estos duros golpes. Maldición, en verdad desearía patearle las cosas a Alex en estos momentos, solamente por jugar con los sentimientos de mi mejor amiga. ¡Eso si que jamas lo permitiré!
— En verdad lo siento — mencionaba Matt al teléfono, con tono de voz apenado. En tanto yo miraba a Annabeth comer mi preciada torta de fresas, hecha en manos de mi adorable sobrina y cuñada. Mierda. — prometo que hablar con Alex, solucionare este aprieto.
— No te corresponde esa papel, Matt — dije dandome la vuelta y alejando mis pasos de la sala, sobre todo, de mi preciado pastel ya casi devorado — es de Alex, es él quien debería de estar aquí dándole las disculpas a Annabeth por jugar con su corazón de forma vil y cruel.
— Hemo…
— No Matt, se que es tu amigo desde hace mucho tiempo y lo apoyas, pero francamente, Annabeth ha pasado por muchas decepciones como para agregar otra mas — lo detengo antes de realmente enojarme, lo último que deseo es hacerlo, no me gustaría estar de malas con mi adorado ojos mar. Por eso, hago una pausa para tomar aire y reponerme, termino sonriendo — Escucha, no quiero discutir contigo a lo tonto, menos por nuestros amigos descarrilados.
— Yo menos, Alex es importante porque es mi mejor amigo pero, tu igualmente significas para mi — comenta como si nada, robando cada molécula de oxigeno alrededor mi, haciendome temblar de pies a cabeza — Por cierto, ¿Aun no has podido comunicarte con tu mamá?
Rayos, ¿Por qué debemos sacar a flote los malos presagios de nuestras vidas? Mi mamá es una de ellas, pues cuando piensas tener grandes avances con ella tarde o temprano se encargara de retroceder cada una de ellas, debería estar anesteciada. De hecho me obligo a mi misma a estarlo. Pero realmente estaba esperanzada de funcionar esta vez, como lo ven, una vez mas fui ilusionada y desechada. Para ella, su trabajo es mas importante sin poder para cuestionarla, es mas, no poseo poderes ni méritos de hacerlo, tan solo callar. Desde mi llegada de la finca de los Lovecraf, mamá solamente mando un texto con su descontento ante mi ausencia en la universidad, el deber de una joven de familia como yo era aprender a utilizar el “no” y volver a casa para prepararme e ir a la universidad, no tomarme la libertad de decidir unas vacaciones malintencionadas. Seguidamente, aviso su ausencia durante esta semana y parte de la otra, tendria mucho trabajo por atender una de sus colegas se iría de congreso, ella debería cubrirla en zona de cuidados mínimos y consultas. Era todo, a claro, de ser necesario se comunicaría conmigo.
Allí lo tienen nuevamente, la madre con entero amor al trabajo pero adversión a su familia, afortunadamente logre conversar con Margaret y Jhon sobre mi llegada, además de las noticias de la estadia con los Lovecraf, saliendo a las mil maravillas. Seguidamente de textear con Matt, haciendole llegar las noticias no tan buenas, él tan comprensivo como siempre me animo a seguir adelante, he demostrado ser fuerte y perseverante. Nada, ni nadie incluida mi mamá, podrán bajar mis ánimos. Eso fue el ito para olvidarme de los malos pensamientos, las palabras malintencionadas de mamá y su ausencia. He creído ser el peldaño de Matt, pero tal vez se trate de lo contrario.
— No, pero dedicí que no me afectaría. Que nunca mas me afectaría — rectifique enseguida.
— Me alegra escucharte tan animada, esa es la Heather que conozco — exclamó complacido, produciendo una risa genuina en mi — Espero ese mismo espiritu este fin de semana, porque permiteme decirlo mi estimada amiga paragua, voy a destruir a tu “luchadora sangrienta”.
¿Qué puede estar hablando Matt? Bueno, seguidamente de mi regreso a la normalidad, Albert se comumico conmigo para proponerme nuevamente el maratón de videojuegos hasta el amanecer, donde efectivamente ojos mar estaba incluido. Esto no podía afectarme mas, si estar viviendo unos cuantos días bajo un mismo techo con él fue inreal, estar en un mismo sitio toda una noche sería peor. No podía soportarlo, en verdad no podía, mi respiración se cortaba y el pecho se encogia. Tal vez tendria la dicha de ver la cara soñolienta de Matt cerca, su respiración en descanso, un semblante tranquilo y… y… ¡Me quiero volver chango! No estaría sola, con nosotros se mantendría Albert un experto mata pasiones. Seguramente no tendríamos oportunidad de estar solos… ¡No es que desee algo indecoroso! Simplemente… bueno… ¡Olvidenlo mejor!
— Mejor tu guarda todo ese animo para el viernes, Morrison. — le advertía, siguiendole el juego y despertando mi lado competitivo — Mi luchadora sangrienta esta dichosa de desvainar su espadas y derrotar su “eterno mago”, creelo, es pésima perdiendo.
— Eso esta por verse.
Entonces desde la sala escucho la voz de mi impertinente amiga llamandome para llevarle mas helado, el suyo ya se ha terminado. Matt suelta una risa divertido, en tanto comienzo a refunfuñar palabras sin sentido para mi misma, donde la protagonista es una rubia particular.
— ¿Te veo mañana en dibujo? Recuerda que debemos presentar un recuperativo — dice, haciendome soltar un leve quejido perezoso — Heather, ¿Aun no has estudiado acaso?
— Entre Annabeth y las otras asignaturas, no he podido pero iba hacerlo luego de cenar — confieso un tanto apenada, como he mencionado anteriormente, no deseo darle una mala impresión a ojos mar de mi — Lo se, ha sido muy inresponsable de mi parte. Lo siento.
— No me debes disculpas a mí, Heather — busca tranquilizarme con voz comprensiva, casi pausada y armoniosa. Sonrio para mi misma, pegando mas mi oreja al teléfono — solamente no descuides tus deberes, es tu responsabilidad.
— Lo se, prometo no hacerlo mas.
— Siendo así, debo dejarte nos vemos mañana en clases y estudia por favor — insiste una vez mas, casi y parece un padre protector en lugar de mi amigo — Nos vemos, Hemo.
— Hasta mañana, Matt.
Corto finalmente la llamada no evitanto suspirar como idiota enamorada, después de esto, eso mismo soy. Una estúpida muchacha rendida a los pies de un maravilloso hombre, que es buen amigo, compañero y…
— ¡Deja los pensamientos cursis para otro jodido momento! — el rostro de mi mejor amiga atropella mis buenas conclusiones, asustanme y provocando mi caída de trasero a la realidad — ¡Tengo mucha hambre y tu pastel desde hace mucho desapareció en mi boca! ¡Hasme algo!
Allí la tenemos, la sutileza y delicadeza de Annabeth Adams en el momento de tener mal humor, todo porque un obsurdo hombre no le responde como quiere. Me quede estática en mi sitio, mientras ella se mueve ligeramente por mi cocina atacando deliberadamente el refigerador en busca de una vianda congelada, seguramente hecha por las manos de mi madre o la abuela. Logra atrapar un estofado de cordero con arroz y papas, rápidamente trasladándose al microondas, introducirlo y encenderlo. Acto seguido, vuelve una vez al refrí sacando fresas, bananas y leche, vaya a saber que demonios piensa hacer con eso.
— Mañana debes ir de compras — manda la muy cinica, al buscar la licuadora de uno de los gabinetes de arriba junto con otros implementos, una tabla de cortar y un cuchillo — los víveres casi se acaban y la leche casi se ha terminado. Solamente nos queda la comida congelada de tu mamá y tu abuela.
— Simplemente podría irme a casa de mis hermanos y dejarte morir de hambre — confieso, encogiendome de hombros y tomando asiento en el mesón.
— Pero no lo harás porque uno: soy tu mejor amiga, y dos: jamas me dejarias despechada y amargada. — enumera los puntos muy segura de si misma, inclusive, regalandome una sonrisa ancha.
Esta chica…
— En dado caso, has las compras tu, después de todo, fuiste tu quien ha acabado con la comida entera — señalo directamente a su dirección, ella se encoje de hombros llevándose una fresa a la boca y comiendola — ¿Acaso el mundo se acaba? ¡Dios! En cualquier momento comenzaras a subir de peso.
— Unas cuantas libras de mas no me mataran — exclama simplemente con tono apagado, seguido de vertir la leche en la licuadora y encenderla.
Conozco perfectamente a mi amiga como para deducir que la esta pasando mal, su manifestación de humor de lobo siberiano cuando se le priva de comer, es solamente una muestra de su tristeza interna. Para ella Alex no es simplemente un chico mas, lo he vi en sus ojos cuando comenzó a conocerlo, ese brillo esperanzador en el momento de relatar sobre él era de una autencia idiota. O para mejor entendimiento. Las de mi especie, total y rendida a los pies de su chico deseado. Seguramente que no la tomase enserio ha sido un total golpe para ella, directamente a su visión de amor por el moreno. Es como dice una canción conocida “tan solo queremos ser amados por alguien”, y Annabeth no es es la excepción a la regla.
El fuerte pitido del microondas nos avisa estar listo el cordero, mi amiga apaga la licuadora y se dirige al otro artefacto sacando su alimento con sumo cuidado, dejandalo en la encimera. Luego, busca unos platos y vasos de los gabinetes para servir la comida, dando a entender que no requiere de mis servicios. Me alivia de cierta manera, estare libre para estudiar.
— ¿Sabes que puedo patear su trasero si lo deseas? — me ofresco al verla servirme su batido, mega nutritivo frente a mi.
— Hemo, no logras ni darle a una cucaracha cuando la vez, mejor ni te ofrezca para algo así — logro hacerla medio sonreír en el termino de ver el estofado sobre el plato. — pero igual te lo agradezco.
— Para eso estamos las amigas, dispuestas a patear traseros — sigo diciéndole, a medida de darle un sorbo al batido. Esta dulce, lo que es bueno.
Ambas nos sentamos a comer en entero silencio, solamente reinando el sonido del choque de los utensilios con la vajilla. Es cierto, no soy capaz de alzar una mano contra Alex, aunque estaría dispuesta a defender a mi amiga ante lo que sea. Por mucho de tratarse del mejor amigo de ojos mar, nunca le da el derecho de pisotear el corazón de la rubia, de hecho nadie tiene ese derecho. Muy bien dice un dicho que, quien te merece, jamas te hará derramar una lágrima, en su lugar, transformara todo tu entorno en dichas y alegrías. Donde las emociones vividas solamente abarcara el reir y producir el famoso vacío en el estomago, pero no de dolor ante una decepción, sino por falta de aire. Eso lo deseo para Anna.
Ahora que lo recuerdo, estando con los Lovecraf, tuve igualemente la oportunidad de conocer un poco mas del pasado de Alex, este no era un típico niño atrevido o pícaro. Poseía un miedo extraño hacia las niñas, viendolas de forma débil al igual de frágil, ante sus ojos eramos peligrosas porque podíamos conseguir todo mediante las lágrimas sin esfuerzo alguno. Quizás… eso tenga algo que ver con el presente, puede estar equivocandome, pero el moreno debe de haber optenido una experiencia mala con una mujer. No lo se, Annie logro borrarle esa imagen de las niñas al convertirse en amigos, aunque mas adelante pudo toparse con una situación desagradable. Tantas horas leyendo el “Psicoanalista” finalmente ha dado frutos, por cierto, estoy cada vez mas cerca del desenlace. Pero mas adelante hablare de eso, horita estoy concentrada en otra cosa.
Pronto los alimentos desaparecen de nuestros platos, dejandonos solamente con las bebidas a medio acabar de los vasos, Annabeth una vez mas se ofrece a lavar la vajilla, sabe que debo de subir a estudiar para dibujo y hacer quehaceres sola me retrasaria. Disculpandome y prometiendo en la próxima ocuparme yo, me levantó de mi asiento tomando mi batido en progreso, pero lamentandolo mucho algo de inmediato golpea con fuerza mi estomago, sacandome todo el aire.
— ¿Ocurre algo Hemo? — pregunta Anna, mirandome de reojo desde el lavaplato. — Paraces algo pálida.
— Mmm… no solo, solamente han sido cólicos. Ultimante ir al baño es un suplicio — digo esperando librarme de su excrutiña mirada.
— Vale, vale, enterarme de tus visitar al bater no algo que me interese — asqueada me da la espalda, sacudiendo ligeramente su cuerpo — aveces sueles ser muy detallista.
— Lo siento, pero ha sido tu la que ha decidió preguntar — me defiendo medio sonriendo, aun sintiendo las ligeras puntadas.
— Siendo así, tomate ese batido de fruta y pararas de sufrir — me insentiva, manteniendo su tono de asco — ¡Buena suerte con eso!
— Gracias… supongo.
Me retiro rápidamente del sitio, dándole pequeños sorbos al batido pensando que lo dicho antes a mi amiga es cierto, no me he sentido bien al momento de ir al baño, es decir, siempre me ha dolido pero en estos dos últimos días ha sido de lo peor. Lo retribui a la gastritis, pero mi colon no debe nada que ver con lo otro, seguramente esta tratándose de otra cosa. Al menos, no son vómitos, pienso mientras subo las escaleras con algo de dificultad, la última vez de presentarlos tuve unas manchas raras parecidas a sangre en ellos, logrando asustarme. Aunque, recordé enseguida, haber consumido fresas esa mañana.
Finalmente consigo entrar a mi cuarto y encerrarme, apoyo la espalda en la pared deslizandome hasta el suelo con todo y batido en las manos, los dolores persisten allí pero no se intensifican, simplemente fastidian. Decido respirar varias veces profundo, esperando ser suficiente contra estos piquetes de avispa, aunque como de costumbre me he quedado corta.
Finalmente consigo entrar a mi cuarto y encerrarme, apoyo la espalda en la pared deslizandome hasta el suelo con todo y batido en las manos, los dolores persisten allí pero no se intensifican, simplemente fastidian. Decido respirar varias veces profundo, esperando ser suficiente contra estos piquetes de avispa, aunque como de costumbre me he quedado corta.
Luchando con las escasas fuerzas reinando mi cuerpo, me levanto del suelo arrojandome a la cama olvidando el batido y adoptando una posición fetal, colocando mis brazos alrededor de mi cuerpo para abrazarme a mi misma. Esto no puede ser peor, si, estas contracciones jamas serán comparadas con los de mi gastritis, consiguen descolocarme mucho al punto de casi llorar. ¿Por qué? ¿Por qué pasan estas cosas conmigo? Consigo estabilizarme en algo, pero en otro lugar aparece otra cosa para jugarme mala pasada. Creo que debería llamar a mi medico y hablarle de esta situación, pero… podría esperar para después, seguido de una buena siesta. Pronto mis párpados parecen mas pesados, los piquetes siguen apuñalando constantemente mis costados, no permito afectarme mas, en esos momentos solo deseo descansar. Dejarle paso al Morfeo.
He tenido un sueño muy hermoso con dos niños de rasgos distintos, uno tiene piel bronceada igual a ser roseado con millones de polvos de canela, produciendo un brillo mágico sobre su piel. Sus ojos oscuros, poseen una inocencia absoluto, pero mas que eso miedo. En otro lado, la chica de cabello corto amarillo girasol tiene una sonrisa radiante, igual o mayor al sol, sus ojos claros perciben picardía y astucia pocos comunes en una chiquilla. Sin embargo, deben conocer lo que dicen de los niños, ellos son hasta mucho mas audaces que uno, nunca suele escaparseles nada. Ambos chiquillos van de la mano, caminando juntos y conversando amenamente, al menos es el caso de la niña, quien guia al pequeño en medio del camino peligroso. Entonces de pronto, dos niños mas se topan frente de ellos saludandolos alegremente, igualmente se tratan de una chica y un chico, ella de cabello azabache largo con ojos verdes, en tanto el, posee unos pozos azules sin fondo que al sonreír, resalta mas su belleza. La niña rubia esconde detrás de su espalda al moreno, enfrentando con valentia a los estraños frente a ellos, es lo suficiente fuerte para dar la cara por los dos.
— Nunca voy a dejarte, Alex — le dice la pequeña con sonrisa radiante, sorprendiendo al niño — me convertiré en tu mayor aliada y protectora, el único trabajo por hacer sera creer en mi.
Rápidamente el chiquillo, deja de aferrarse a la mano de la rubiecita dando un paso hacia adelante, mostrandole su pequeños espalda y erguiendola orgullosamente. Ha decidió que esconderse no es una opción, menos ser protegido ante su persona importante, porque cuando quieres a alguien juntas llegan a la conclusión de brindarse mutuo cariño y compresión. Creando así una justa balanza, de eso, se trata el verdadero amor. Aparentemente la niña azabache esta satisfecha de dicha conclusión, porque extiende su mano con una sonrisa alegre en dirección al moreno, sin malas intenciones de por medio.
— Bien hecho, Alex — lo felicita con voz cantarina y contagiosa, alegrandome inclusive a mi misma. Una simple observadora — has hecho una excelente elección, ahora solo deberás de seguir a tu corazón. Siguelo y de esa forma, conseguirás ser feliz.
Antes de ver si le acepta la mano o no, despierto sin poder reprimirlo, mas bien debería decir, he sido despertada por el sonido de mi fastidioso celular. Trato de mantener conmigo trazos de mi hermoso sueño, pero es imposible concentrarme con el insistente sonido del aparato, refunfuñada lo busco para revisarlo encontrandome con un mensaje. Espero realmente no tratarse de Michell relatantome sobre su viaje a Paris, dado el caso de su tia, Miss Helena invitandola luego del año de duelo por la partida de su sobrina Annie. La primera decidió mover sus hilos y llevarse a la revoltosa, dado el caso de Dylan estar ocupado con su presentación de tesis, seguido de su compromiso glorioso con aquella joven. Recibiendo de su hermana, nada mas y nada menos que los detalles de cada cosa vista en la ciudad del amor, los vestidos comprados, las bebidas tomas, las personas conocidas… todo, obsolutamente todo con lujo de detalles. En tanto de su prima Alice, simplemente tuve un texto en mi bandeja de entrada deseandome buena suerte en la universidad, mas nada. ¿Cuan diferente pueden ser esas dos? Es mas, estaba halagada de la atención recibida de Michell, pero realmente estaba comenzando a asfixiarme un poco con tanto flujo de información, mas cuando he tenido un sueño con Anna y el chico que le gusta. Porque sin duda eran ellos, ¿Quien mas sino? Poseían todas y cada una de las características físicas de ellos, tenerlos en mis sueños debe de tener algún significado o simplemente, estoy preocupada por ambos.
En fin, abro el mensaje para darme cuenta de dos cosas, la primera, llevo nada mas que unas cuantas horas dormida dado el caso de ser media noche, y la segunda, la persona que me ha escrito no es Michell, se trata de ojos mar. Mi corazón salta y se regosija en felicidad absoluta, al punto se alzar su pequeña mano para dar una vuelta, seguido de unos movimientos de cintura culminando con lanzarce al suelo, exhausto. Dios, santo, del, cielo. ¿En verdad deseas verme muerta? Porque en esos momentos, la dicha no puedo manejarla como quisiera, pues me lleva al limite completo.
“Buenas noches Hemo, solamente quería decirte que me alegra mucho haber podido hablar contigo, prometo en solucionar el problema de nuestros amigos. Alex es testarudo, pero realmente le importa Annabeth, es cuestión de… darle un pequeño empujon (y no hablo en sentido literal, en verdad debo hacerlo) mas temprano que tarde volveremos hacer el paraguas de ese par, solo… ya lo veraz. Ten confianza y paciencia en mi, sobre todo en ellos, encontraran su camino de regreso el uno al otro.
Pd: procura estudiar, estare vigilandote.
Matt”
Pd: procura estudiar, estare vigilandote.
Matt”
Ese es mi admirable ojos mar, preocupandose por sus mas allegados, incluyendome, siento que responderle a esta hora seria una total groceria. Por lo tanto, me limito a sonreír tal cual a una tonta, parecido a ser golpeada por un zapato o ladrillo, mientras busco mis cuadernos en el cuarto. Le tomare la palabra, debo comenzar a estudiar. Con ese mensaje no dictamina estar satisfecha ante la situación del par, pero al menos, me alenta un poco para bajar la guardia. No estoy sola, Matt me acompaña, juntos hallaremos la solución a todo esto.
Para cuando ha amanecido, me doy cuenta que pase toda la madrugada estudiando dibujo, tratando de meterme en el coco las medidas exactas de un plano de una casa moderna, creo que los arquitectos jamas a tendrán fáciles en su vida. Viendome al espejo noto las hermosas manchas negras bajo mis ojos, son ojeras, ojeras estilo oso panda que alegran mi mañana (espero y capten mi sarcasmo). Como no tengo tiempo ni ganas de maquillarme hoy, busco las cosas necesarias para una rápida ducha y salgo a pasos agigantados hacia el pasillo. El silencio de la casa me avisa que Anna aun sigue dormida, menuda envidad recorriendo mis venas, esa chica aun estando despechada posee cero preocupaciones por su estudios, todo lo deja a su suerte. Dejando eso de lado, ahorro todo el tiempo necesario para salir rápidamente de esa ducha y desayunar, deseo llegar rápido a la universidad y presentar ese recuperativo, de esa forma, podre seguir con mis otras actividades.
Ya habiendo colocandome mi ropa y secado mi cabello, camino rápidamente con mis cosas en las manos junto con mi bolso en el hombro, corriendo escaleras abajo esperando no tropesarme. Encontrandome con una sorpresa para nada gratificante, además, de tomarme con la guardia baja porque ni la escuche llegar. Mi madre. Sus ojos relampagueantes me observan con reproche, su atuendo avisa ya haber tomado igualmente un baño y la taza humeante en su mano, dictamina su paso por la cocina. Lo se, esta de muy mal humor, su ceño fruncido lo grita a largo kilómetros de distancia.
— La sala es un desastre tiene basura por todas partes, además de potes de helado vacío en la mesa, claro agregándole a tu maleducada amiga dormiendo sobre el sillón, desplomada y sin preocupación alguna — rompe el silencio ella, provocandome escalofríos en todo el cuerpo al pensar en una Annabeth durmiente, ante el escrutinio de mamá. Escalofriante — espero y no este tomada, al menos.
— De ninguna manera — salgo en defensa de mi amiga, frunciendo ligeramente el ceño — simplemente esta pasando por una mala racha, es todo. No ha querido quedarse sola en casa y…
— Ha decidido fastidiar en la tuya. ¿Ha sido eso? — culmina por mi, con su usual tono despectivo y prepotente. Casi causando que la bilis se me subiera por la garganta — ¿Como es posible que permitas eso Heather? Esta casa no es asilo para los desamparados o alcohólicos, se trata de nuestro hogar y debes respestarlo, al menos ten la decencia de recalarle eso a tu… amiga.
— Oh, no… no vayamos a comenzar — murmuro por lo bajo, cruzando de largo a su lado y encaminandome hacia la sala, debo despertar a Annabeth. Llego el momento de irnos, tomando en cuenta esto, toco ligeramente su hombro para lograr su atención — Oye, Anna, Anna, levantate que debemos irnos. Vamos. Arriba.
Los pasos de mi madre llega rápidamente detrás, intento a toda costa ignorarla y centrar mi mente por completo en despertar a Annabeth, pero la muy cabezona esta tan rendida que mis movimientos bruscos no son en lo absoluto nada para ella. Olvidaba otra cosa cuando esta en esta fase, posee un sueño tan pesado, que podemos estar viviendo un terremoto de magnitud titanica y ella jamas despertara. Santo cielos, paciencia es lo que mas deseo.
— Dejala ya, seguramente su borrachera no le permite despertarse, quien sabe que otra cosa mas se metió — insinuo sin pruebas mamá, logrando encender mi antorcha dormida de la discusión, dormida dentro de mi — Francamente, Heather ¿Como consigues hacerte amigas de personas así? No son nada mas que…
— ¿Puedes callarte por favor? — la interrumpo con altaneria, girando hasta su dirección y enviandole una mirada llena de rabia consumida, fundiendose en mi interior — de tu boca, solamente consigo escuchar nada mas que necesades y el sonido grotesco de una persona fastidiosa, que juzga sin conocer a una persona.
— ¿Como me has dicho? — elevo su tono de voz, alarmada.
— Lo que has escuchado, eres fastidiosa mamá — reintegre una vez mas sin vergüenza o temor, olvidando por completo que trataba con mi progenitora no con otra persona de la calle — vengo a casa encontrandome con la sorpresa de mirarla vacía, solo con un pésimo aviso tuyo y cayendo en cuenta de tu promesa rota. Jamas cambiaras, mamá ni ahora o nunca. Ahora, apareces nuevamente solamente para denigrar a mi amiga, pues… ¿Adivina que? ¡No lo permitiré!
— Existe algo que claramente no percibes, niña malcriada — igualmente mi madre ha decido elevar su tono de voz, igual o peor a la mia. Claramente se ha enfadado — pero igualmente tu no cambiaras, sigues juntando con la personas perjudiciales para ti y cometiendo los mismos estúpidos errores. ¿Hasta cuando? ¡¿Hasta cuando decidieras aprender?!
— ¡Lo hare en el momento que te aprendas a compartar como mi madre! — le grito de regreso, despertando de golpe a Annabeth que mira a todos los lados desconcertada, prácticamente confundida — ¡No como una mujer frívola y sin sentimientos donde su único propósito, es si misma! ¡Nadie mas!
Plash, ese sonido inunda todo el sitio seguido de un sonido de exclamación de Annabeth, producto nada mas a la agresión de mi madre contra mi al perder los estribos. Me ha abofetiado la cara. Mi amiga rápidamente parece mas despierta que nunca, se levanta para correr a mi lado y sostenerme igual a una leona enjaulada protegiendo a sus crías, es irónico que la rubia posea ese sentido de guerra en lugar de mamá, quien solamente me mira igual a una joven revoltosa que necesita un escarmiento. Ya me canse, agote todas mis fuerzas. Necesito a Matt, quiero verlo ahora, no me maliterpreten, amo tener a mi mejor amiga justo así a mi lado, pero ojos mar es quien posee la fuerza de vitalidad para animarme.
— ¡Te has pasado de verdad Heather Macqueen! — me grita mamá con todas sus fuerzas, ardiendole seguramente la piel por la bofetada dada hacia mi, aunque claramente aliviada de hacerlo — ¿Asi es como retribuyes todas mis comodidades? ¡¿La educación que te he dado?! Quiero que inmediatamente te retractes de tus palabras, soy tu madre y no existe nadie mas que yo para saber lo conveniente en ti y no que no. Donde efectivamente, esta amiguita tuya es perjudicial para ti.
— ¿Lo dice encerio señora? — ataca rápidamente la rubia, en tono irónico — Si mal no recuerdo, esta “jovencita” ha estado en las buenas y malas con su hija, mas cuando Usted misma, se ausentado. No me desprecie, al menos, conozco la debilidades de Heather y trato de librarlar de ellas, muy por el contrario suyo.
— Insolente, eso es lo que eres — apretó los puños con impotentencia y rabia, porque alguien aparte de mi, sabia colocara en su sitio. Siendo la misma Annabeth — ¡Largo de mi casa! No quiero ver tu cara en mi casa, al menos, no estando yo aqui.
— Tranquila, ya pensaba hacerlo — responde en el mismo tono, empezando a buscar sus cosas en medio del desastre ocasionado por ella en la sala, pero frena, regalandome una mirada rápida — Hemo… ¿No pretendes quedarte aquí con ella o si?
— Llama a Matt, por favor — consigo decirle con voz suave, poco audible.
— Heather… — replica.
— Por favor, ¿si? — la miro con ojos sumplicantes, rogandole prácticamente.
— Esta bien — suspira aceptando finalmente, caminando hacia la salida de la sala — pero solamente lo hago por ti y lo sabes, estare esperandote afuera.
— Vale.
Annabeth le da una última mirada cargada de odio a mi madre para salir del sitio, dejandonos finalmente a solas las dos con nuestras furias. Es increíble, pienso en tanto le sostengo la mirada aquien me trajo a este mundo, esta mujer consigue sacar lo peor de las personas a flote sin importar quien sea. ¿Por qué siempre terminamos de esta manera? Agrediendonos mutuamente, gritando hasta terminar con nuestras gargantas hecha pedazos, o en mi caso, llorando sin descanso. Estoy cansada, exhausta de todo este asunto, de creer con los ojos cerrados en algo intangible, apostando a algo que no tiene ni pies o cabeza. Ojos mar me ve como una persona perseverante, que jamas doy mi brazo a torcer, pero francamente, al tratarse de mamá nada tiene solución, nada.
— Se acabo mamá, has ganado. Me rindo — le digo con una sonrisa cansada — No pienso en discutir mas contigo, pero tampoco, en dirigirte la palabra al ser extrictamente necesario.
— ¿Qué eres una niña? — me recrimina con burla — porque eso lo haría alguien quien atiendo, claro, considero ese aspecto en una persona así pero no en una joven de casi veinte años. Estas vieja, ya madura.
— Muchos padres estarían sumamente complacidos de ver sus hijos aun compartiendo con ellos, el que tengan un relación estrecha con ellos y posean confianza. ¿Por qué no? Que frente suyos sean naturales, sin caretas o mascaras — a mi memoria se viene los padres de Annie, los cuales, me trataron igual a una hija propia. Sigo envidiandola, deseo unos así para mi — Pero tu, no intentas al menos hacerlo.
— Como si tuviera el tiempo necesario — bufa molesta.
— Exacto, ese tu problema. El afamado tiempo — le doy sorpresivamente la razón, al punto de ni creerlo ella misma — pero no es solamente eso, porque realmente, no deseas esa conexión mamá. Yo… jamas tendré lugar en tu preocupaciones.
— A estas alturas de la vida, no te vengas hacer la víctima conmigo que jamas el papel ira contigo — rodea los ojos fastidiada, cansada de mis palabras.
— Si, vale, ya lo he pillado. — culminó diciendo, girando sobre mis talones y marchandome del sitio.
Tengo un nudo en la garganta un forma de huracán, amenazando con destruir todo a su paso manteniendo el nombre de mamá en el. ¿Por qué sigue doliendo aunque sepa la verdad? Esta no es la primera vez en hacerme esto, de hecho, perdí la cuenta de los desplantes y sueños rotos en sus manos. Busco respirar, aunque mis pulmones los tenga perforados ante las cuchillas en forma de palabras de mi madre, hallando la manera de dispersar el sonido de su voz llamandome constantemente detrás de mi, queriendo alcanzarme. Pero no se lo permito, ya consiguió destruir mucho a Heather Macqueen, llego el momento de dejarla en paz para que sus personas allegadas traten de reponerla. Cruzó la puerta a toda marcha, encontrandome con la caótica cara de Annabeth esperandome y otra conocida, ojos mar. Este se encuentra nervioso a su lado, luchando considerablemente contra sus emociones y no entrar seguramente a un horgar, que no es el suyo. Sus hermosos ojos azules me envuelven en su dulzura, enviandome señales rápidas de sumergirme en ellas y definitivamente, eso pretendo hacer. Olvidando por completo la presencia de Annabeth, extiendo mis brazos en dirección de Matt donde efectivamente jamas sere rechazada, inmediatamente soy recibida al captar el mensaje rápido y envolverme en su calidez. El olor masculino de su sudadera inunda mis sentidos, dandome una señar evitente: puedes llorar. En silencio y de esa triste manera, lágrimas empiezan a deslisarce amargas sobre mis mejillas, llevandose en su paso toda señal de dolor y rabia de mi corazón.
Es fácil, pienso pegandome mas a ojos mar y no permitiendo ser separada de él, estando entre sus brazos mi cuerpo parece estar cómodo y en confianza, permitiéndose liberar tensión. Estas espesas lágrimas son solamente la señal de tanto dolor reprimido, aunque mas que todo, la decepción de saber sobre tus sueños y anhelos hecho trizas. Se que debo seguir adelante, pero por lo momentos, solo quiero sentir las manos grandes de Matt sosteniendome sin miramientos y los latidos de su corazón pausados contra mis oidos. Nada mas.
— ¿Hemo? — me llama un poco confundido ojos mar, pero de ninguna manera alejandome de él.
— Sacame de aquí, llevame lejos muy lejos, no deseo estar mas en este sitio — le explico con voz queda, casi destruida — Ojos mar, te lo pido, vámonos.
— De acuerdo, vayamos de este lugar — concuerda finalmente.
Mas tarde, esa mismo día me encuentro con Margaret, Annabeth y ojos mar en medio de la cafetería abarrotada de estudiantes. He terminado de presentar mis exámenes recuperativos y estoy al día con todas las asignaturas, puedo estar tranquila conmigo misma después de tanta tensión, aunque no bajar la guardia porque los profesores atacaran nuevamente. Pero ese no es el punto a atratar, debido a la discusión fuerte esta mañana con mi madre, Annabeth se vio a la tarea de llamar a mi hermana y contarle los detalles mas jugosos. Donde esta, a su vez, contacto con Jhon desatandose la tercera guerra mundial, porque mi hermano mayor jamas ha sido de quedarse la boca cerrada, él busca la fuente del problema y reclama. El problema reside que en el momento de ir a la nuestra casa, mamá se había marchado una vez mas dejando simplemente otra nota mas y dinero, el contenido de la primera no tengo ni la menor idea. Tampoco deseo saberlo. Quiero mantenerme al margen de todo esto, de hecho, desde ahora prometo hacerlo. Sin embargo, Margaret y Jhon se disputan si debo mudarme indefinidamente con uno de ellos dos, vivir en ese techo solamente conseguire deprimirme o amargarme la vida. Bueno, si desean un dato extra, ya la tengo amargada desde hace tiempo, aunque consigo de alguna manera mantenerme firme en la lucha. Además, es absurdo la idea de mudarme a estas alturas de la vida, mamá nunca esta en casa, salvo para buscar ropa o comer igual a una naufragó, de resto, estare totalmente sola con mi compañeros los libros o sino Annabeth.
— ¿Y si simplemente se viene conmigo? — propone mi amiga con sumo entuciasmo, casi asustandome de alguna manera. ¿Donde a quedado la chica deprimida del día de ayer? — Digo, en mi piso sobra mucho espacio y las dos podríamos vivir cómodamente, también que nos haríamos compañia.
— Dile eso a Jhon, quien piensa solamente en la familia y el permanecer juntos hasta el final — enfatiza mucho las palabras mi hermana rodeando los ojos — con esto no digo ser una mala idea, estaría dispuesta hasta financiarlas, pero lamentandolo mucho en dar la última palabra es él.
Mira solamente, escuchar a Margaret que depende de la última palabara de Jhon es de escalofríos, si mal no recuerdo, le ha encanto llevarle la contraria a nuestro hermano desde tiempos inmemorables. Ella, seguramente se trae algo mas entre manos, no es quien se quede de brazos cruzados.
— ¿La mejor opción es irse contigo entonces? — preguntó perspicaz la rubia, mirando fijamente a mi hermana.
— Exactamente — finalizo, dándole la razón.
Y allí lo tienen, su as bajo la manga.
Solte un suspiro buscando dispersar mi mente lejos de aquí, tomando entre mis manos una infusión de manzanilla y dándole pequeños sorbos. Ser tratada igual a una niña, jamas me gustara, pero no creo tener alternativa cuando se trata de mis hermanos. Después de todo, suelen rescatarme de las garras de mi madre, les debo mucho.
Entonces siento la mano de Matt sobre la mia, despistandome lejos de mis pensamientos y la discusión sin fundamentos de ese par de locas, su piel tan suave como tersa logra despistar todo sentimiento opresor durmiendo en mi pecho. Sumplantandolo solamente con dulces sensaciones, es increíble como una vez mas, estoy envuelta en sus aguas tranquilas y acogedoras, que emiten sus orbes azules. No quiero nada mas, no deseo nada mas, solo permanecer a su lado y tener la certeza que mañana todo funcionara, claro, de tenerlo de esta misma manera. Asi que, dejandome llevar ante mis institintos, le estoy devolviendo el agarre con la misma intensidad.
Entonces siento la mano de Matt sobre la mia, despistandome lejos de mis pensamientos y la discusión sin fundamentos de ese par de locas, su piel tan suave como tersa logra despistar todo sentimiento opresor durmiendo en mi pecho. Sumplantandolo solamente con dulces sensaciones, es increíble como una vez mas, estoy envuelta en sus aguas tranquilas y acogedoras, que emiten sus orbes azules. No quiero nada mas, no deseo nada mas, solo permanecer a su lado y tener la certeza que mañana todo funcionara, claro, de tenerlo de esta misma manera. Asi que, dejandome llevar ante mis institintos, le estoy devolviendo el agarre con la misma intensidad.
— ¿Sabes? Estuve a punto de ofrecer mi casa para que te quedaras, pero dudo tener la misma tenacidad de ese par — señala divertido a las dos mujeres aun en discusión, de encontrarme respuesta, sentiría vergüenza — Dan mucho miedo, tanto para alejarte una distancia prudencial.
— Exageran, estoy bien — me encojo de hombros, ante su expresión incredula — Lo admito, no estare con la mejor de las energías, pero estoy estable para cuidar de mi misma. Por dios, no soy una niña.
— Sueles comportarte como una en ciertas ocasiones — me recuerda.
— Perfecto, gracias por recodarmelo — pongo los ojos en blanco, deshaciendo su agarre pero él de inmediato, vuelve a conseguirlo — ¿Matt?
— No te apartes de mi — señala nuestras manos juntas — si deseas quedarte en tu casa, eres libre de hacerlo, pero no tienes derecho en siquiera pensar alejarte.
¿De donde ha salido tan feroz chico? Porque desconosco totalmente a este ojos mar, posee mucha fuerza de convicción en la mirada que me abruma, arrastra y empuja tan cerca de él impidiendo mi escape. Ya lo sabía, es tarde para poder huir.
— Disculpe la tardanza, pero el tráfico esta fatal — la voz de Jhon nos invita a separarnos el uno del otro, casi sintiendo miedo — Margaret, Heather, tenemos mucho por hablar. Ahora… ¿Chicos? Permitame pedirles abandonar la mesa y darnos un tiempo a solas.
Cuando Jhon esta insanamente educado, solo significa una cosa: esta muy enojado. Asi que mandalole una mirada de señal a ojos mar, este y mi mejor amiga se excusa abandonando la mesa, señalando vernos nuevamente en clases. Dejandonos finalmente, solamente a nosotros tres en la mesa, comienzo a sentir el frío de la ausencia de la mano de Matt sobre la mia, es en estos momentos donde la necesito mas. Maldición, los principios de mi hermano mayor, estan comenzando a joderme.
— Sere breve, tengo una reunión de negocios y debo buscar a los chicos en la escuela, Melissa esta ocupada trabajando hasta tarde — explica Jhon con naturalidad — Ven a vivir conmigo y mi familia, Heather.
No, por favor, una vez mas con lo mismo. ¿Acaso alguna vez sere libre de esto? Creo que no.
— ¿Podemos parar con este rebote de casas? Se que aun soy una cría y debo estar bajo supervición, aun así, me disgusta ser tratada de esa manera — comento disgustada, frunciendo ligeramente el ceño — No soy un objeto, estan tratando con una persona.
— Es porque tratamos con una persona que te preguntamos — exclama disgustado Jhon — consideramos ya imposible dejarte seguir viviendo en esa casa con mamá, que mas a eso, parece nuestra enemiga y tu verduga.
— Jhon tiene razón, sal de esa casa y ven a una de las nuestras, de esta manera, estarás a salvo. — insistió Margaret con dulzura.
— Entiendo su punto de vista, pero comprendan un poco el mio — si ellos buscaban tener un punto de quiebre en mi, se quedarían con las ganas. No lo permitiría — ustedes, ya poseen su familias formadas, la llegada de una joven de diecinueve no seria mas que a entorpecer su estabilidad. Mi deseo jamas sera convertirme en una carga para ustedes, su felicidad es lo importante.
— Jamas seras una carga para nosotros, eres nuestra querida hermanita. El milagro de la vida en persona — toma mi mano apretandola ligeramente Margaret, sonriendome. — Asi que, aleja esa pensamiento lejos de tu mente.
— Además, se lo prometi a nuestro padre — me recordo, haciendome sentir un fuerte tiron de mi interior, presa del recuerdo del que aun no esta consiente — protegerte al costo que sea, convertirme en sus ojos y vigilarte constantemente. Ser tu Ángel guardián.
Oh, santo cielos, al mencionar a papá todo se volvía tan complicado y pesado, como si una extraña nube gris volara sobre nuestras cabezas absorbiendo las energías. Pero sobre todo, era el ápice necesario para hacerme bajar los muros de contención a mi alrededor, jamas piensen que olvidado los pocos relatos escuchados de mi padre. Al ver Jhon tan vulnerable y sosteniendo la foto mia con nuestro progenitor, apachurraba a lo mas mínimo mi pobre corazón. Pero sigo siendo testaruda, sin querer dar mi brazo a torces, puede que mamá le encante destruir todos mis puros sentimientos hacia ella. Sin embargo, en el momento de desaparecer lejos de la casa consigo vivir en total normalidad, puede aseguarar sabiamente, que luego de esta discusión no se aparecerá en un buen tiempo por nuestro hogar. Estare a salvo.
— Aprecio realmente la preocupaciones de ustedes, en verdad lo hago — confieso, alzando mis manos para sujetar las suyas, ellos me devolvieron el gesto — pero en verdad estare bien. Mamá desaparecerá por un buen tiempo, ni siquiera querrá ver mi rostro.
— Si, tienes razón pero…
— Confíen en mi, confía en mi Margaret — frene su discurso antes de tiempo, sujetando con mayor agarre su mano — de presentarse la menor oportunidad una situación similar saldré corriendo a sus casas, eso si, deberán turnarse para cuidarme.
— No seas tan pretenciosa, jovencita — menciona en tono bromista Jhon sacudiendo mis cabellos.
— En dado caso, mi familia yo estaremos listos para recibirte. Hemo — culmina diciendo mi hermana mayor, sin desear quedarse atrás.
Ya culminado el tema de mamá, decido empeder marcha hacia el salón de los semestres inferiores, hoy es el segundo día consecutivo en ver matemáticas y se daran a conocer las notas del examen de ayer. No mentiré, sentir el sentimiento de acercarse la eminente verdad me aterra completamente, produciendome múltiples escalofríos en la piel. Se que pensar en positivo al igual de tener confianza en ti mismo, es la clave esencial para mantener la calma. Sin embargo, una de mis grandes debilidades son los números. Me encantaría poseer las habilidades de Katherin, mi compañera de materias a nivel superior, o las maneras astutas de llegarles a los profesores de Marcos… hablando de él, desde nuestra ruptura de amistad se le mira muy apegado a una chica de los últimos semestres. Sacha Echeberria, una Chilena oportunista lista para atacar a los hombres mas susceptibles en su visión, al menos, ha si me ha dicho Annabeth. Aline, la prima del rubio, ha estado en contacto conmigo un par de veces comentando el comportamiento de este. Sigue siendo un idiota, aun mas, un camaleón cambiante de colores. Su humor no ha sido el único afectado, igualmente su característica jovial y cortes, haciéndole paso a un hombre lleno de prepotencia y amargura. Todo eso la entristece mucho, pero no existe nada por hacer, menos cuando él parece construir un muro de hierro a su alrededor cada vez de intentar acercarsele. Es un hecho que es un idiota, se lo manifiesto a la chica sin rodeos, puede no verla como un hombre mira a una mujer, pero al menos debería tener la decencia de mantenerla a su lado como su prima. De tenerlos a ambos al frente, les daría un jalón de orejas a cada uno. Ya saben lo que dicen, nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, espero y no haga esto al pie de la letra.
Sujeto el pomo de la puerta sintiendo su frío metal, llego el momento de la verdad, la proceses aun no ha llegado pues temprano, esto servirá para mentalizarme una vez mas. Estoy apunto de adentrarme en aguar turbulentas, cuando un pez espada se me adelante desde adentro, saliendo del agua y gritando con toda la desesperación del mundo. ¿El nombre? Annabeth Adams. Antes de preguntarle la razón de su comportamiento, desde atrás le sigue un moreno particular manteniendo un semblante suplicante, pidiéndole insistentemente escucharlo. Pero ella no sede, sería estúpido seguirle el juego para caer en su red. De cierta manera es vergonzoso, todos nuestros compañeros estan mirandolos bastante impactados, no pudiendo digerir, posiblemente, una de las parejas mas unidas entre todos nosotros. ¿Pero como la ven? Todos tenemos un momento para algo así.
— ¡Deja de perseguirme joder! — le grita exhasperada, pasando de largo donde me encuentro e ignorandome — He dicho que se te acabaron las excusas, Alex, no quiero escuchar mas nada de tu estúpida boca.
— Pero por favor, trate de entenderme Anna — le sigue justo detrás, sujetando su brazo e impidiendole marcharse — esto no es fácil para mi… ¡Nada en este ámbito lo ha sido!
— ¿Y piensas simplemente huir siempre? — le recrimina, halando su brazo y marcando una distancia prolongada de él — Decir: “lo siento, pero no puedo con esto” ¿En verdad consideras hacerlo? De ser cierto, eres un jodido cobarde, Alex. Un jodido y estúpido cobarde. — el baja su cabeza afectado considerablemente ante las palabras de la rubia, no contradiciendola en nada — Eres una decepción tras otra. Soy una estúpida, ¿No es cierto? Al pesar en ti como alguien diferente, pero ya se la verdad y… se acabo, tiro la toalla contigo.
— ¡No! ¡Espera! — reacciona desesperado el chico, sujetandola una vez mas del brazo — ¡Espera por favor Anna!
— ¡Se acabó dije! — da un paso hacia atrás mirandolo con rabia, conozco muy bien esa mirada y siempre marca el final de algo para la rubia — No vuelvas acercarte a mi… ¡Ni siquiera me toques! Estúpido, idiota… ¡Bueno para nada!
Antes de poder reaccionar todos, mi amiga sale corriendo rápidamente lejos de aquí, dejando solamente el eco de sus extranboticos tacones contra el piso. Los murmullos no tardan en presentarse, los chismosos y curiosos, no paran de hacer comentarios al respecto. En cuanto yo, me quedo literalmente pegada al suelo sin poder entender absolutamente nada, estoy tan confundida como afectada. ¿Qué querría decir Anna con “cobarde”? ¿Qué excusas pudo haberle dicho Alex a la rubia? Quizás, mis análisis de un pasado con una situación turbia del chico ante una fémina, se hace cada vez mas claro. Ya lo mencionaron en la finca Lovecraf, este nunca fue un casanova de cuarta, Annie había sido su primera y única amiga en penetrar aquella imagen de las chicas siendo peligrosas, pero débiles. Sin embargo, si decidió contarle algo así a mi amiga, no tuvo porque reaccionar se esa manera es de las comprensivas cuando quiere a alguien, al menos que… su enojo hable mas al cariño o el amor. Tal vez, exista un dato es escaparseme de las manos. En el momento de los demás despejar el área, tomo delantera ante Alex colocando una postura bastante dura, con un semblate sería y cruzada de brazos. El moreno sin notar mi presencia en un principio, suelta un respingo asustado al medio chocar conmigo, dándose cuenta que no lograra escapar de mí.
— Oh… buenos días, chica — me saluda con voz temblorsa, casi nerviosa.
— Si, buenos días — sonrio con cortesía, pero manteniendo debajo de ella algo mucho mas ciniestro.
La profesora llega repentinamente ha interrumpirnos, invitandonos a pasar de inmediato al salón, obedeciendo como perritos falderos entramos en completo silencio. No queriendo decir, que se ha logrado librar del interrogatorio, pero no es lo importante, porque con esa huida campal de Anna marca la pauta en una ausencia en una clase importante.
Pasada ya las clases, estamos nuevamente lleno de deberes sin sentido, exhaustos pero con la única esperanza de tener nuestro viaje de campo. ¡Viva la profe de matemáticas! Lo se, es un pensamiento bastante interesado de mi parte, pero en estos momentos realmente deseo ir de viaje con mis amigos, además, ir a las montañas donde el frío nos abriga amablemente, siempre sera bienvenido. La próxima semana se realizara, finalmente la maestra organizo con sus familiares la visita, estará programado para todo un día donde el desayuno, almuerzo y una posible merienda de la tarde con una chocolate espeso, corre por su cuenta. Nos darán un visita guiada a uno de los museos mas emblemáticos de la zona, igualmente de una caminata a un bosque de pinos muy cerca de las cabañas, las cuales, es propieataria nuestra maestra. Lo único realmente en recorrer por nuestra cuenta, sera el transporte, además del permiso del jefe de estudios. La chica de lentes del otro día, se ofrece voluntariamente ante esa tarea, aquel viejo es un reto para cualquier estudiante y ella lo lograra, con los ojos cerrados. Quedando las cosas claras, somos libres de retirarnos.
Con agilidad digna de una pescadora, atrapó a un cobarde Alex de escaparse de mis agarras y su deber de explicarme las cosas, ojos mar encontrándose ocupado charlando con dos chicas esta absorto del dilema de su amigo. Dandome la oportunidad de escapar de inmediato, antes de verlo entrometerse donde no le incumbe, al menos, en mis asaltos de leona sobreproctetora. Acto seguido, lo sostengo del brazo obligandolo a caminar lejos del salón, teniendo en mente irnos a la cafetería o un aula vacía. Creo que mas factible es eso último. Caminamos rápidamente por los pasillos, casi tropesando con personas que cruzaban alrededor mio, el brazo del moreno se sentía tenso ante mi agarre dandome a entender que poseia miedo. No creo particularmente el producir escalofríos, soy una persona bastante alegre y amigable, para inducir algo así debo estar bastante enojada. Sin preámbulos, encuentro una aula vacía en los pisos inferiores de la universidad, empujandolo dentro y encerrandonos para no ser interrumpidos. No creo que vayan a utilizar este salón, es utilizado extrictamente para los novatos o alumnos que esperan pasar en intructorio, por lo tanto, sera completamente nuestro.
Dejo mi bolso en una de las mesas, mientras Alex mantiene una prudencial distancia lejos de mi, parecido a querer morderlo o deborarlo en un solo bocado. Saco mi teléfono para ver dos mensajes nuevos, uno es de Anna diciendome su presencia en las clases superiores, y otro de Matt, preguntandome el paradero de su amigo junto al mio. Lo siento mucho por ambos, pero esta es una situación que amerita tener suma concentración, nada de interrupciones. Apagando el dichoso aparato, lo introduzco el bolsillo de mis pantalones cortos y camino a pasos pausados hacia Alex, quien se mantiene tenso cerca de la mesa de los profesores.
— ¿Acaso piensas mantenerte callado todo el rato? — rompo el silencio, usando un tono de voz rudo, distinto a quien suelo ser — si quieres hablar es tu mejor momento.
Alex no contesta, en lugar de eso, emite un suspiro largo hundiendo sus hombros en la profunda y entera tristeza. ¿Lo he juzgado antes de tiempo? Tal vez, porque hace menos de veinticuatro horas lo catalogaba de casanova junto a mi amiga, seguido de no tomarla en ningún momento enserio. Puede… puede que Matt tenga razón, Alex se preocupa por Anna, solamente necesita un empujón para hacerlo hablar.
— Necesitamos solucionar esto, Alex — sigo insistiendo con el mismo tono de voz — puedo darme cuenta que ambos estan sufriendo, necesitas buscar la salida mas viable a esta situación.
— Eso el lo que mas deseo chica — decide al fin dirigirme la palabra — pero aunque quiera eso, Anna no cree en lo mas mínimo mis palabras.
Allí esta, claramente estaba tratándose de eso. ¿Qué otra cosa podría ser?
— ¿Y por qué? — exclamó confundida — Annabeth suele ser testaruda, berrichucha y hasta pretenciosa pero cuando buscas desesperadamente llegar a ella, lo consigues.
— Eso lo dices tu porque eres su amiga — su tono puede sonar un poco ofensivo, pero no trato de tomarlo personal, pues esta es hablando su frustación en su lugar — pero cuando se trata de mi, un hombre que le ha fallado, las cosas cambian.
Aguardamos unos minutos en silencio, sumergidos en nuestros propios pensamientos. Lo que debió decirle Alex a la rubia, fue demasiado fuerte como para digerirlo, o en esta ocasión, rechazarlo pensando en ser solamente un artimaña. Esto me intriga demaciado, si comprendo no ser este precisamente mi asunto, la historia de este hombre con mucha suerte con las mujeres ha picado mi curiosidad.
El sonido de un teléfono, que no es el mio, rompe el silencio rápidamente haciendome soltar un respingo del susto, dandome cuenta de tratarse del de Alex.
El sonido de un teléfono, que no es el mio, rompe el silencio rápidamente haciendome soltar un respingo del susto, dandome cuenta de tratarse del de Alex.
— ¿Si? — contesta sin tomarse la molestia de fijarse en el contacto — estoy conversando con la chica en una de las aulas vacías de piso inferior, no, no te preocupes, estamos bien. De acuerdo, puedes venir si lo deseas, pero ten esto en cuenta, ella esta enojada.
Corta la llamada introduciendo su celular en el bolsillo, seguido de darse la vuelta y mostrarme su rostro bañado en seriedad, sus ojos son lo que demuestran un tipo de tristeza profunda, tanta como para colarse en tus huesos y fundirlos. Eso solamente me demuestra que debo de apresurarme, lograr rescatar la relación de la pareja “salsa habanero”.
— ¿Era Matt? — dedusco rápidamente, sin romper el contacto con sus oscuros ojos.
— Si, esta desesperado por encontrarnos. Unas compañeras les avisaron habernos visto — explico, situándose delante de la mesa de profesores y apoyándose en ella — Pero olvidemos eso, chica. ¿Tu no quieres saber acaso mi historia?
Parpadeo varias veces al estilo Matt, sin comprender el repentino ataque del moreno, parece mas frustrado que el comienzo del día. De hecho, su miedo de ser enguñido por mi ha desaparecido, pero si existe algo igual, la tristeza de su mirada.
El sonido de la puerta nos avisa la llegada de un invitado, no me sorprende toparme con un jadeante ojos mar, girando a todos los sitios buscando a algo mas, encontrando simplemente la nada. Seguidamente, cerro la puerta tras de si, tratando de controlar su respiración agitada caminando en dirección a mí, despojandose de su morral y colocandolo justo al lado del mio.
El sonido de la puerta nos avisa la llegada de un invitado, no me sorprende toparme con un jadeante ojos mar, girando a todos los sitios buscando a algo mas, encontrando simplemente la nada. Seguidamente, cerro la puerta tras de si, tratando de controlar su respiración agitada caminando en dirección a mí, despojandose de su morral y colocandolo justo al lado del mio.
— Como llegaste, entonces puedo seguir con el relato — se acomodo Alex, montanose sobre la mesa y cruzando sus brazos — antes de relatar algo, deben saber que Anna lo sabe todo. Pero su decisión ha sido no creerme.
— ¿En verdad? — hasta ojos mar manifestó verse asombrado.
— Si, te lo dije, ella esta enojada — insistió una vez mas — En fin, no oses a interrumpirme.
El relato comienza igual al escuchado en la finca Lovecraf, siendo el moreno muy amigo de Matt y Annie, encontrándose renuente a esta última hasta demostrarle ser muy fuerte al igual de perseverante. Pero, ¿A que se debe ese temor? Para mi, era todo un misterio la existencia de una hermana menor en Alex, quien era alguien totalmente fuera del matrimonio, compartiendo lazos sanguíneos por medio de su padre. Este pequeño “desliz” fue perdonado por su mamá a su papá, retomandose en seguir adelante con sus vidas. Sin embargo, esto dio paso para afianzar sus lazos con quien comparte sangre, pero la progenitora de esta despreciaba considerablemente al moreno, creandole una imagen bastante destorcionada de una mujer. Frívola, manipuladora, frágil a la vez pero con los riñones suficientes para conseguir sus propósitos, ese fue su plan con la visión de desplazar al pequeño de su padre. Lo consiguió, porque bastaba con mostrarle una sola lágrima y este hombre le creía, imponiendo los peores castigo. En cuanto a su hermana, era simplemente la personificación de la madre, caprichosa y manipuladora. Jamas se la llevo bien con ella. Por consiguiente, el moreno tenia temor del sexo opuesto. Sin embargo, Annie le enseño la verdadera imagen de una chica, puedes confiar en ellas, no se parten fácilmente y jamas necesitan de lágrimas para conseguir algo. La azabache realmente se convirtió en una gran amiga, la mejor de todas. Aunque, una vez mas, esa visiones se vieron manchadas mas adelante.
El moreno tuvo durante un largo periodo de tiempo con una chica llamada Kate, era la mujer mas hermosa, carismática, jovial y cariñosa de todas. A su lado se sentía poderoso, porque le daba los ánimos necesarios de enfrentar sus problemas, o como mencionaba Matt, evadirlos. Lamentandolo mucho, Alex desconocía lo ponsoñosa y peligrosa que podría ser, ella utilizaba su físico para conseguir todas sus fechorías. Fueran las que fueran. Tomando a costa la estabilidad de las demás personas, esto hizo ganarse la peor reputación de todas entre sus compañeras, junto una señal de advertencia de Annie. Cosa que el moreno se negó a escuchar. Poseía por ella una amor tan ciego, impidiebdole ver mas allá de la auténtica verdad. Kate era una bruja. No obstante, la verdad siempre sale a la luz, tarde o temprano. Dándose cuenta de una verdad dolorosa: no todo lo que brilla es oro. La muchacha estaba jugando con varios chicos a la vez, teniendo la finalidad de satisfacer sus propios deseos y caprichos, aun significando utilizarlos igual a un pobre títere. En la vida solamente le ha importada una persona, ella misma, no pudiendo querer a nadie mas pues su ego elevado jamas se lo permitió.
Pobre Alex, era la segunda vez en ver como las mujeres manipulabam a su alrededor las situaciones, llevándolo a juzgarlo antes de tiempo. Realmente sufrió, le dejo una huella incalculable en su corazón porque realmente la quería, había estado enamorado de un espejismo, una ilusión creada por una araña vestida de majestuosa mariposa. Pero tenia que acabar, debía de acabar, si las mujeres mas cercanas a él deseaban aprovecharse se les adelantaría, comenzaria hacer mas egoísta y pensar en si mismo. Y allí, dio el comienzo a ser un casanova, no tomarse en serio ninguna relación, jugar con las chicas, salir de fiesta en fiesta, jamas durar mucho con una novia, ver la vida de manera relajada y nunca comprometerse. Aunque bajo guarda, mantenía el temerle al amor a encontrarse con una chica lo suficientemente capaz de penetrar su fachada, viendo nada mas que la verdadera imagen escondida. Cuando conoció a Annabeth no premedito el encariñarse con ella, es decir, se veía el tipo de chica atrevida que le encanta vivir la vida al máximo, sin remordimientos o represarios. Pero se equivoco, porque mientras conocía mas de ella se daba cuenta de la realidad de su imagen, una chica con personalidad carismática pero poseyendo pésima suerte en el amor, encontrándose con los patanes mas tenases de toda la ciudad. Ella necesita a alguien quien la ame, respete y valore, no un desgraciado con intenciones de jugar con ella. Si. Sin saberlo, ya estaba enamorado.
Pero para Alex esto no había sido motivo de dicha, sus peores temores volvieron una vez mas a la vida, donde su perspectiva de enamorarse era sin dudas el salir herido y no correspondido. ¿Quien podría certificarle que Anna jamas se cansaria de él? ¿Qué lo abandonaría al conocer su personalidad patética? Nadie podía hacerlo, por eso, se debio a la lastimosa tarea de recharla e inventarse no ser nada serio su relación. Saliendole la mentira bastante mediocre, porque al segundo de herirla igualmente sintió el pinchazo del dolor, descubriendo que si alejaba era parecido a cortarse un pedazo de su propio corazón o arrancarlo lejos de su pecho. Busco inmediatamente remediar su error, pero Anna no deseaba en lo absoluto volver nuevamente con él, mucho menos creer en la historia de la fobia. En ella todo se acabo, no existe marcha atrás.
— ¡Aun no se acabo! — eleve mi tono de voz, sorprediendo a los dos chicos — ¿Acaso no lo vez? Anna simplemente quiere de ti es confianza, no el temor de un adolescente a punto de declararse por primera vez a la chica de sus sueños.
— Pero… ya lo he hecho todo, le conte la verdad de mi historia — hablaba muy frustrada con la situación — ¿Qué mas puedo hacer?
— Inisistir — lo insentive, sonriendo animada y recibiendo la mirada de como si estuviera loca — una, otra y otra vez, insistir. Debes demostrarle a Anna que si, cometiste un error, pero no pararas hasta conseguir su perdón.
— Todo camino comienza con un paso — recalcó ojos mar, interviniendo al fin.
Alex aguardo silencio, digiriendo todos los insentivos de nuestra parte, sus ojos antes opacados, volvieron a adoptar ese brillo café que tanto lo caracteriza. La sugerencia estaba hecha, queda de su parte aceptar o no hacerlo, para lo que mi respecta él se lazanria. Desde conocerlo, me di cuenta que no es del tipo de rendirse, mas bien, es insistente y va hacia sus metas. De querer realmente a Anna, ira mas temprano que tarde a buscarla, demostrandole ser su destino.
— Yo… debo… tengo… — decía apresurado, dándose cuenta de su deber en retirarse y encontrar a la rubia — Matty… debo… y gracias… a los dos…
Sin comprender en lo absoluto sus palabras atropelladas, salio presipitadamente lejos del aula y dejandonos a nosotros solos. Matt con una sonrisa incredula, movía su cabeza hacia los lados en tanto se acercaba a mi, colocando su mamo sobre mi hombro y susurrando un: “pobre tonto enamorado”. Contagiada de la actitud de Matt, solte igualmente una risa esperando realmente ver solucionado este enrollo, no creo poder soportar mas a una Annabeth llorona y comiendo igual a una cerdita en el sillón de mi casa.
Salimos hacia los pasillos donde la vida universitaria seguía su curso, ojos mar propuso dejar solo aquellos dos solos era el momento de ellos en resolver las cosas, además de producirse otro escandalo, no seriamos involucrado con ellos. Me reí ante su proposición recordando que él igualmente tenia una excelente manera de plantear las cosas, además, de darle completamente la razón. Antes los nombre la pareja “salsa habanero” de arreglarlo, los cambiaría a “los dramáticos”. Obviamente Matt, concordo conmigo. Pasando a otro tema, mañana era el día de quedarnos en casa de Albert, donde mis abuelos para ser mas preciso y ojos mas se encontraba muy entuciasta. Estaba proponiendo llevar unos cuantos juegos de deportes, asi como también, de persecución policiaca. De mi parte, llevaría uno de estragia bélica, de zombies y el tan afamado “Resident evil 4” mi favorito, donde Leon S Kennedy era enviado a un lugar de Europa (España siendo exactos) en busca de un grupo o secta que cultivaban las plagas, encargados de el secuestro de la hija del presidente, Ashely. Dios, no saben cuando me desespera aquella mujer, sus gritos eran para agarrar la Striker y vaciarle el cartucho completo en la cabeza. Desafortunadamente, de realizar dicha tarea, era un rápido “Game over”. Ojos mar le sorprendió el escuchar llevar dicho titulo, de la franquicia de los “Resident evil” significa la pauta para un nuevo inicio, donde las armas no debemos buscarlas sino comprarlas.
— Debo deducir que te gusta lo clásico — sonreí mirandolo de forma perspicaz.
— Si me permites, puedo llevar un “Remake” del uno y así vuelves a recordar un verdadero juego de suspenso combinado con terror — se ofreció, copiando mi mirada y sonrisa. Frenando a pie de las escaleras — ¿Qué te parece?
— Perefecto, pero deberia considerar llevar tal vez “Amnesia” — ataque con mi mejor arsenal.
— Oh… otro clásico de clásicos, suena increíble — estuvo de acuerdo, sujetando sin permiso una de mis manos y apretandola. Mi pulso de inmediato se aceleró — Perfecto entonces.
Nos quedamos así en silencio, sujetandonos solamente de las manos, en tanto los alumnos cruzaba a nuestro alrededor convertidos en sobras. En mi perspectiva, solamente existía ojos para este encantador hombre de obres celestes, quienes a su vez, me tenían totalmente atrapada en ellos. La piel donde estaba siendo tocada ardia, quemaba hasta los huesos, pareciendo querer derretirse igual al plomo fundido al entrar en contacto con el fuego. De esa misma se encontraba mi corazón, ni hablar de mi cabeza, llena totalmente de un humo blanco capaz de despistar todo pensamiento razonable. ¿Como lo lograba? Producir ese efecto en mi, volverme una masa muscular que solo grita su nombre, deseando, queriendo, adorandolo. Creo estar llegando a mi limite, mi cuerpo comenzaria a vibrar y eso no lo deseo, aun quiero mantener su amistad para ayudarlo a sacar del dolor de su antigua experiencia. Pero de atacarme de esta forma, juro no responder de mi, aunque estemos en medio del salón de clases.
Tomando distancia prudencial, separo mi mano lejos de la de él mostrandole una sonrisa incomoda, marcando el limite hasta que terreno es permitido tocar.
— Debo irme a clases, aunque por fin me libre de los antiguos deberes, sigo sin entender unos puntos y… no quiero que me aniquilen — recuerdo con pesar, pero a su vez, sintiendo alivio.
— Hablando de eso, debo igual atender unos asuntos en esa índole — se razca su cuello con fastidio, medio chasqueando su lengua — Supongo que te llamare mas tarde o esta noche.
— Si, puedes hacerlo — una vez mas, esa sonrisa boba se dibuja en mis labios — probablemente este leyendo el “Psicoanalista”.
— Debes por el bien de mi curiosidad, prestarme ese libro — señala, comenzando a caminar se una extraña manera hacia atrás.
— Lo hare, en cuanto termine de leerlo. — coordinó de extraordinaria manera, subiendo las escaleras y mirando a la vez.
— Perfecto. — termina diciendo él.
— Perfecto. — repito.
Es increíble como entre los dos siempre existirá palabras que nos definan, las cuales, solamente entendamos y nadie mas lo haga. Por ejemplo, al estar coqueteandonos el admitirlo sin vergüenza, alegando a su vez, emitirnos un cumplido. Me gusta esta conexión única con Matt, siento que a medida de transcurrir el tiempo se fortalece, pero igualmente pone en peligro mi estabilidad emocional. El ser rechaza una vez mas no esta en mis planes, puedo vivir con el recuerdo de los ya acontecidos en la finca de Annie, pero jamas con uno reciente. ¿Qué ira hacer de mi? Mis fuerzas se debilitan sin poder reforzarlas, produciendo mas que anhelo por Matt. Lo quiero, lo quiero, en verdad lo quiero y mi corazón lo dice a gritos. Sin embargo, aun no siento esa misma vibra de ojos mar, es decir, ha admitido ser importante para él, pero eso no significa querer. ¡Maldición! ¿Por qué me encanta complicarme la vida? Seria tan fácil olvidarme de todo y salir corriendo lejos de aquí, pero es muy tarde, he sido atrapada.
Es mismo día en la comodidad de mi hogar, repaso tranquilamente la asignatura de Historia de la Arquitectura para un debate, de Annabeth y Alex no he sabido nada mas. Salvo que siguieron discutiendo igual a unos niños pequeños, formando escandalo entre los alumnos de los semestres superiores, era una suerte que ojos mar y yo no estuviesemos allí. Realmente no quería ser involucrada con ellos. Aparentemente, para el moreno las cosas no seria para nada fáciles si deseaba tener de vuelta a la rubia, esta le colocaría bastante difícil las cosas. En cuanto a su paradero, volvió a su casa, el recordar la discusión con mi mamá esta mañana, encontró estúpido venir a acompañarme. Asi que, una vez mas, estaba completamente sola en esta casa enorme. A estas alturas de la vida, seria ridículo afectarme la soledad estando entre estas paredes, solamente se sentía algo extraño luego de haber estado bastante días con los Lovecraf. Empezaba a extrañarlos, inclusive a ojos mar, el cual tenia de ver todas las mañanas y conversar hasta tarde, o simplemente, compartir una pelicula junto a los primos de la difunta Annie. Pero esto solo sera temporal, mañana una vez mas estaremos juntos y sera de una forma mas cercana, porque compartiremos una misma habitación. Lo se, suena estúpido tomando en cuenta igualmente estar Albert, pero de todas maneras nos mantendremos unidos.
Termino cerrando el cuaderno de apuntes de clase, alejando lejos de mi y recostandome sobre el sofa, cierro los ojos emitiendo un suspiro profundo. Debería pensar en hacerme algo de cenar al menos, de olvidarme este alimento nuevamente aparecerá los síntomas de la gastritis, y tengo de sufiente de dolores con los del estómago. Recordando de eso, aun sigo sin marcarle al medico para informarle de estos síntomas nuevos, seguramente secundarios a mi gastritis. Sacudo mi cabeza hacia los lados sonriendo, no es mi estilo darle mas rodeos a cosas así, porque con sinceridad absoluta estoy tan sana como un roble. Me levanto del sillón, dirigiendome a mi cuarto para buscar mi cartera y un directorio lleno de números, se me antojado ordenar una pizza desde hace un tiempo que no como una. Además, mis ganas de cocinar o comer alimento congelado, mi cuerpo pide algo lleno de grasas y bastante salsa.
Cogiendo el teléfono ordenó pizza de napolitana junto a un refresco rico en azúcar, la señorita del otro lado me dice los minutos en tardar y el precio, así terminando la llamada. Oh, ya puedo imaginar comiendola, saborear su salsa de tomate y su crujiente masa. Ya se, el hambre que poseo es tan grande como para hacerme decir cosas de esa manera, de ser así, realmente lo lamento.
Cogiendo el teléfono ordenó pizza de napolitana junto a un refresco rico en azúcar, la señorita del otro lado me dice los minutos en tardar y el precio, así terminando la llamada. Oh, ya puedo imaginar comiendola, saborear su salsa de tomate y su crujiente masa. Ya se, el hambre que poseo es tan grande como para hacerme decir cosas de esa manera, de ser así, realmente lo lamento.
Mi ensoñación con la grasa se ve interrumpida por el sonido del teléfono entre mis manos, cosa extraña porque nunca suena al ser el de la casa, los únicos en llamar son mi madre, hermanos, la abuela… ¡Albert!
— ¿Si diga? — contesto de manera frenética.
— ¿Qué hay enana? — me saluda con su usual tono de voz, haciendome rodar los ojos — espero y no este interrumpiendo ninguna búsqueda tuya indecorosa por internet…
— Si claro, puedo recomendarte una pagina. Ya que soy experta en ellas — exclamó con ironía.
— Vamos, vamos Hemo — ríe estrepitosamente, contagiado de su propia estupidez — que te he llamado en son de paz, simplemente quise alegrar tu noche con mi dulce voz.
— Gracias, muy considerado de tu parte acordarte de esta solitaria — vuelvo a utilizar la ironia como mi mejor arma.
— ¿Sola? Pensé que Anna estaba acompañandote estos dos días, como te fuiste con Matt de campo y todo… — deja al aire con señales de completarlo yo.
— No ha sido de campo, simplemente lo acompañe a visitar una familia muy cercana a él. — explique, tranquilamente.
— ¿No sera que ustedes dos…? — insinúa Albert con voz picara, provocandome rodear los ojos fastidiada — ¡Venga que el otro día los encontré en una movida rara!
Ya sabia que mi malpesado primo nunca olvidaría el casi beso con Matt, eso estaría persiguiendome el resto de mis días hasta cambiar o no mi estatus con él. Es igual a cuando le dices accidentalmente “mamá” a tu profesora en primaria, las burlas, risas y el recuerdo constante de tus compañeros te perseguiran hasta los confines del mundo. Así es Albert, el chico bromista que le encanta hacer malas pasadas, aun mas, si entabló amistad con uno de los tuyos.
— Albert, primero que todo, ese día no ocurrió nada ya te lo habrás imaginado tu, y segundo, Matt es solo mi amigo — recalcó con mucho hincapié las últimas palabras — ¿Lo has entendido?
— ¿Por qué intentas negarlo con tanto frenesí? — pregunta en un tono diferente, hasta un tanto confundido — Ambos lo hacen, si tu eres una chica y el un chico, se agradan, se llevan bien… ¡Obviamente también se gustan! ¿Qué les impide estar juntos?
Dejame colocartelo de forma fácil, él aun posee una extra conexión con el pasado, donde perdió a su novia en manos de cáncer y solamente ha pasado un año de eso. Efectivamente, no ha podido olvidarla. Tampoco soy la persona idónea para obligarlo hacerlo, simplemente prometerle jamas abandonarlo y estar a su lado cuando mas me necesite. Soy su amiga, aunque lo encuentre inconforme, no puedo hacer nada para cambiarlo.
Deseo decirle todo esto a Albert, pero me limito a simplemente suspirar cansada, hacerme la loca es lo mas idóneo en esta situación.
— ¿Solamente me has llamado para ofrecer tus servicios de cupido? Porque aun necesito estudiar — amenazo prácticamente con colgar la llamada.
— ¡No! ¡Aguarda! — exclama alarmado, seguramente deduciendo mi hazaña — quería confirmar que mañana vienes con tu novio a esa maratón extrema hasta la amanecer, igualmente la abuela desea saber si hace bastante comida. Debes conocerla, ama alimentar a sus invitados.
Santo cielos, ¿como pudo haberlo pasado por alto? Mis abuelos igualmente estarán presentes mañana, sobre todo, el abuelo. Él sino tuvo la oportunidad de conocer a ojos mar, aunque este es comprensivo conmigo y Albert, nunca me ha conocido amigo alguno salvo amigas. Es mas, se lleva a las mil maravillas con Annabeth, creo que la adopto como una mas de sus nietas estando en total desacuerdo cuando Albert la engaño, eso fue una batalla campal donde la abuela debió intervenir. Ahora esto seria diferente, Matt es un chico, no uno cualquiera, sino quien me gusta y para colmo un amigo muy cercano. ¿Qué cara pondrá al verlo?
Me consuela saber que no podrá avergonzarme, de ese papel ya se encargo la abuela al decirle tener unos buenos ojos, exactamente igual a lo dicho en labios de su nieta Margaret. La especialista en infundirle la vergüenza a las personas.
— Si allí estaremos. ¡Y otra cosa! Matt no es mi novio, solo un gran amigo — mencione bastante molesta.
— Tranquila tigre, que lo he captado rápido — me dice riéndose claramente de mi, convirtiéndolo en un deporte mas — Pero solo pienso que tal vez, estas buscando convencerte a ti misma en lugar de alguien mas.
— Voy a colgar Albert — aviso entrando ya en tierra minada.
— Esta bien, pasa una linda noche y sueña mucho con tu hermoso, radiante chico de ojos azules — sigue su juego, ignorando mis reclamos.
¡Qué va! Este muchacho no tiene remedio alguno, es como una ovejita descarrilada.
— Adiós, Albert.
Corto finalmente a llamada, alejando el aparato lejos de mi alcance y lanzandome una vez al sillón. Ese primo mio logra ponerme de muchos nervios, no solo porque me conoce igual o peor a mis hermanos, tambien ocurre el conocer a ojos mar y captar lo que produce en mi. No es tonto, jamas lo sera, él sabe cuando algo me vuelve loca al punto de perder la cordura. Donde efectivamente, Matt es una de esas. Esto realmente se esta colocando jodido.
A la mañana siguiente, sigue a persecución de Alex en tratar de atrapar a Anna, es parecido de ver el juego de gato y el ratón. Solo que en esta circunstancia, Annabeth no ha decidido huir sino ignorar al moreno, haciendo de sus oídos un organo capaz de desechar el sonido de la voz de este. Debería pedirle el secreto de ello para aplicarlo con personas molestas. Decido no intervenir en su problema, por mucho que quiera, debo mantenerme al margen.
Presentó mi examen tranquilamente, pensando en las probabilidades de perder la cabeza esta noche, conozco a mi familia, seguramente realizaran algo para ponerme en vergüenza. El otro día, cuando Matt me visito en casa si fue de tensión, pero al final todo salio bien y la abuela termino por darle su vista buena. Quizás este exagerando las cosas, es cierto lo del abuelo siendo totalmente estricto, de igual manera, si demuestras ser una excelente persona te ganaras su confianza. Culmino mi prueba entregandola al profesor y saliendo inmediatamente del salón.
Presentó mi examen tranquilamente, pensando en las probabilidades de perder la cabeza esta noche, conozco a mi familia, seguramente realizaran algo para ponerme en vergüenza. El otro día, cuando Matt me visito en casa si fue de tensión, pero al final todo salio bien y la abuela termino por darle su vista buena. Quizás este exagerando las cosas, es cierto lo del abuelo siendo totalmente estricto, de igual manera, si demuestras ser una excelente persona te ganaras su confianza. Culmino mi prueba entregandola al profesor y saliendo inmediatamente del salón.
Genial, ahora tengo mucho tiempo de sombra. Como Annabeth esta huyendo de Alex, y este a su vez, encuentra cada posibilidad de pegarse a mí para dar con ella. Las posibilidades de conversar con mi amiga han sido nulas, en estos momentos, se encuentra en clases con los del semestre inferior. Pobre, la persecución no sera nada sana. Encaminó mis pasos a la cafetería, comer un bocadillo en esta hora no me hará daño, lo contrario, me dará un poco de fuerzas. Entonces viene nuevamente, aquella ola de pequeños dolores en el estomago en forma de agujón, interviniendo contra mi estabilidad. Es incomodo, sumamente incómodo, llevandome a soltar un quejido lastimero. No quiero ir al baño, el último lugar en acudir seria ese gracias a los malos recuerdos que poseo, pero lamentandolo mucho, debo hacerlo.
— ¿Hemo? — me llama una persona, provocandome voltear hacia su dirección. Se trata de una morena de ojos grandes, cabello enrulado y perfecta sonrisa blanca. Su nombre. Marceline — ¡Por dios en verdad eres tu!
— Oh… Marce… — no puedo terminar la frase, porque una vez mas la pared de dolor da contra mi, haciendome fruncir el ceño.
— ¿Te ocurre algo? — se acerca para colocarme su brazo sobre mis hombros, sosteniendome — ¿Necesitas vomitar? ¿Ir al baño?
Ahora que lo mencionaba… si, deseba hacerlo.
— Por favor… — suplique medio sollozando.
Con agilidad super humana, la morena corrió llevando mi peso sobre sus hombros hasta el baño, donde de inmediato ocupe un cubiculo vaciando todo lo que mi pobre estómago tenia. Y allí se iba… mis crepes de natilla con frutilla, tanto que me esforce en hacerlos, hasta le pedi la receta a Albert por mensaje arriesgandome a ser fastidiada ante sus insinuaciones ridículas. Antes de poder quejarme, una vez mas noto unas manchas rojas en el vómito, frunciendo el ceño mas de asco que extrañes, bajo la palanca del batter sin darle mucha importancia. Es asqueroso fijarte en esos detalles. Salgo del cubiculo sintiendo un sabor rancio en la boca, producto de botar hasta la comida digerida la noche anterior, restriego sobre mis labios mi mano con señal de borrar algo inesistente. Marceline, que aun se encuentra esperando en un lado de la puerta, me sonrie moviendo su cabeza hacia los lados y extendiendome un caramelo de menta. ¿Como es que todo el mundo suele cargar dulces encima? Debería igualmente emitarlos, son efectivos en circunstancias así. Agradeciendo el gesto lo sostengo, guardandolo en mi abrigo para comerlo luego, primero me enjuagare la boca con agua.
Culminado el momento de asco de mi parte, salimos del baño juntas tranquilamente en silencio, al menos lo hago porque estoy degustando el caramelo de menta. Esta delicioso.
— ¿Y bien? — rompe el silencio la morena, usando un tono impaciente — Creo que deberíamos decirme la razón de tu vómito repentino.
— Oh… bueno… tengo gastritis — le explico un poco confundida, porque he seguido mi tratamiento al pie de la letra. ¿En que me he equivocado? — Aunque este tomando medicamentos, existen los días como este en que no parecen surgir efecto.
— Ya veo… — murmura pensativa, desviando la mirada hacia el frente — realmente me has sorprendido, teníamos bastante tiempo sin vernos y de pronto estas enferma.
— Te pensé ya graduada — confese asombrada — Katherin y Paula, comentaron algo de ti sobre estar presentando tu tesis.
— ¡Si! De hecho, me encontraba ajustando los detalles para mi exposición. Supongo que iras a verme — sonrio entuciasmada, marcada notable por casi graduarse.
— Por supuesto, si me invictas ire — acepte, sonriendole contagiada de su comentario.
— Espero verte allí, entonces.
— Claro.
Mi historia con Marceline es corta, ambas estudiamos en la misma preparatoria, la diferencia viene siendo que es mayor de mi dos años. Sin embargo, en los momentos donde todo parecía estar en mi contra, ella venia a mi rescate para hacerme compañia y conversar un rato. Suele gustarle leer historias de fantasía, y aunque no precisamente sean mi fuerte, trataba se agarrarle la corriente leyendome uno o dos. Realmente es una excelente chica, gran amiga y bondadosa. Justo como ahora, le encanta ayudar a las personas de encontrarse en problemas, su fatal error viene siendo ser confiada con los chicos, nunca ha tenido una relación totalmente estable siempre terminan durado poco.
Seguimos conversando un poco mas en tanto caminamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas y pedimos algunas cosas. Al haber vomitado recien, me decido en ordenar unas galletas orgánicas y un té de manzanilla, últimamente lo uso, dicen tener bastante beneficios y ayudar con la digestión. Marceline, por su parte, pide pastel de chocolate junto a un café capuchino, admitiendo ser su entera debilidad y yo me rio. Hablamos un poco de todo, sobre lo duro de trabajar en la tesis cuando estas solo, los profesores exigiendote entregar las partes a tiempo, a parte de seguir asistiendo a clases de seminario, todo en un mismo paquete. También le comento de mi repetición de materias, en multiplicarme en dos para asistir a matemáticas y dibujo, el viejo gruñon de coordinador en los horarios jamas me dio su ayuda, motivo por el cual es no darle la gana. Sino él no podía… ¿Quien mas lo haría? Afortunadamente, la maestra de mates ha sido basuabte considerada y menos puedo quejarme con el de dibujo, los dos me tendieron su ayuda. Pregunta por Annabeth, ante la situación que cruza estos momentos su vida, no puedo resoplar entre labios una casi risa confundiendo un poco a la morena. Le relato la situación sin muchos detalles, ambas conocemos la actitud de caprichosa de nuestra amiga, es demasiado orgullosa como para darle el perdón a Alex. No obstante, mas temprano que tarde accederá a sus encantos de casanova, o como me gusta decir, de cachorro empapado bajo la lluvia. Nadie podrá con eso.
— ¡Dios! Me ha encantado charlar nuevamente contigo, Hemo. — me dice, sonriendo complacida y sosteniendo una de mis manos en señal amistosa — falta que hacia, luego de tanto tiempo encerrada en una cueva con mi computadora… salida de amigas era la cura.
— Con eso se me quitan las ganas de graduarme — comento algo asustada junto con gracia.
— ¡De ninguna manera! La parte mas hermosa del universitario es graduarte, creerlo — exclama alarmada, dando un rápido manotazo a mi mano.
— Pero no quiero envejecer cinco años de golpe como tu — finjo asombro, señalando a su rostro.
— ¡Estas diciendome vieja! — eleva su tono de voz, palmeando su rostro con miedo.
Suelto una carcajada sonora, mientras la morena busca en su bolsa un espejo y comienza a detallarse el rostro, tratando de estirarse la piel tal cual a una de esas mujeres adictas a las cirugías. Ya me ha dicho antes Margaret que soy bastante cruel, nunca le he creído, pero justo en esos momentos le tomo la palabra. Me he pasado.
— Espero no haber llegado en mal momento, Hemo — se anuncia una voz entre nosotras, frenando mi risa histérica y la busca de arrugas de mi amiga.
Oh, santa, jodida, mierda. Esta vestido con esa ciniestra sudadera que amo, la blanca con capucha y pantalones desgastados, sus ojos azules se encuentran tan expresivos como de costumbre, y esa perfecta sonrisa blanca paraliza cada musculo de mi cuerpo, dejandome solamente con un suave conquilleo. Cuando efectivamente esta solamente mirandome a mi, no logro colocar mis pensamientos en orden, menos el responderle ante su comentario. Sin embargo, algo golpea mi mente mas que su presencia de dios griego. ¿No debería de estar en clases? Aun es bastante temprano para salir, además, ¿como logro dar conmigo? Se supone que estaba en examen y el celular lo he apagado, no he recibido ni mensajes o llamadas. Tal vez, ojos mar sea mago o acosador serial.
— Heather, no se si estas viendo lo mismo que yo pero, este apuesto joven te esta hablando — la muy sin vergüenza de Marceline admite todo eso junto, sin despegar los ojos de Matt — ¿Lo conoces…? ¡Oh por dios es tu novio!
¡¿Como ha dicho esta loca?! Los colores se me suben a la cara, girando en dirección a ella y mostrandole la máxima expresión ha la sorpresa. ¿Acaso quieren matarme?
— He… no, solo somos amigos — responde Matt por mi, ante el desconcierto en mi rostro y la poca capacidad de hablar — Me llamo Mathew Morrison, un gusto.
— Ah… que aburrido — murmura para si misma, haciendome darle un pisoton por debajo de la mesa — ¡Auch! Digo, soy Marceline Dione, el gusto es mio.
— Espero realmente no estar interrumpiendo nada — luce apenado, por mi parte muevo mi cabeza hacia los lados frenética. Él sonrie — me alegra entonces. ¿Puedo acompañarlas?
— Claro… — al fin pongo a trabajar mis cuerdas vocales, quienes delatan mí nerviosismo.
Marceline tomando entre sus dos manos la taza de café, envia a mi dirección una mirada perspicaz, descubriendo de inmediato la situación. ¡¿No puedo ser mas obvia?! ¡Qué alguien por favor me tire una jarra de agua en el rostro!
— Asi que… ¿Mathew?
— Llámame solo Matt, por favor — corrige de inmediato ojos mar.
— Bien, Matt — habla una vez mas la morena, por si las moscas, le envío una advertencia con la mirada. Espero y no se le vaya la lengua, tengo suficiente con Margaret, Annabeth y la abuela. — ¿Como es que se conocen ustedes dos?
— Somos compañeros de clase en matemáticas — responde él.
— ¿Se hicieron cercanos allí? — ojos mar asiente con su cabeza, creo que se siente intimidado ante la presencia de la morena — Vaya, dejame felicitarte muchacho. No todos logran hacerse grandes amigos de Hemo, debes comprender porqué lo digo, no es muchacha de entrar en confianza con cualquiera.
¿Ahora qué? ¿Eres mi madre? Pienso, mientras tomo mi té mirandolos de reojo.
— Eso lo se — concuerda mi amigo — aunque nuestra amistad simplemente surgió, tampoco es que sea alguien a quien le llegas fácilmente. Por esa razón, la comprendo.
Matame, acaba con esta tortura y termina con mi vida. La mirada que siento en estos miseros segundos, termina por completo mi capacidad de razonar, porque esos ojos azules intensos transmiten la mejor de las estimas y yo… no se como reaccionar. Simplemente, bajo la cabeza sintiendo el rostro arder de la vergüenza, últimamente lo hago a menudo.
— Son fuertes palabras muchacho, aunque no pareces mala persona y tienes bonita apariencia — recalca mucho las últimas palabras, colocandome cada vez mas nerviosa. ¿Por qué demonios mencionas eso? — jamas bastará para ser lo suficiente cercano a nuestra Hemo. Ella ha sufrido bastante en esta vida como para agregarle otro sufrimiento mas, esa familia tan fracturada con una mamá tan gruñona y malvada. Nadie merece eso.
— Nunca en la vida he tenido malas intenciones con Hemo, en la cabeza jamas se me cruzara — responde de manera sincera, casi olvidando que me encuentro en la mesa con ellos dos — Ella es la chica mas maravillosa, encantadora y bondadosa que he conocido jamas, me ha ayudado tantas veces que nunca tendre la capacidad de regresarle el favor. Aunque tal vez… — su toque sobre mi mano me devuelve a la vida, haciendo que gire de inmediato a mirarlo, esos pozos profundos azules — ella no lo desee. Yo… yo solo quiero permanecer a su lado, aliviar su dolor y suplantarlos con alegrías. Ese es mi mayor deseo.
— Matt… — logro articular.
— Por eso… — retoma la dirección de su mirada al frente, donde mi amiga posee una sonrisa traviesa.
— Bien, bien, ya lo he entendido romeo — su comentario produce el sonrojo en él a la par de soltarme la mano, creo que ojos mar seguirá siendo ojos mar — Dios, nunca pensaría conocer a un chico con semejante pesamiento como el tuyo en pleno siglo XXI, pero todo es posible — se encoje de hombros, divertida — Ahora, estoy muy contenta que Hemo haya conocido a un chico tan tenaz como tu, tendrás una tarea difícil, viendo la manera de hacerla olvidar a “Leon S. Kennedy”
— Eso… es una odisea completa — le sigue el juego ojos mar, colocando su mano en la frente y dramatizando todo — Ella en verdad lo adora, nadie podría ocupar ese puesto.
— Considerate perdedor entonces — chasquea sus dedos la morena, sentenciando la contienda.
— Oh… demonios. — gira su cabeza hacia los lados.
— ¿Pueden parar de hablar como sino estuviera? — reclamo, exhausta de su comportamiento.
Permanecemos otro rato mas allí conversando con Marceline, al menos ojos mar, quien aparentemente se gano la confianza de inmedato de mi amiga. Este explica que pudo salir mas temprano de clases debido al escándalo producido por Annabeth y Alex, aparentemente ellos desde hace un tiempo atrás quedaron en realizar un trabajo juntos, el cual debían de entregar hoy, pero como siguen comportándose igual a unos niños de escuela primaria lo olvidaron por completo. La rubia le cargo toda la culpa a Alex, quien finalmente explotando de tanto soportar desplantes de su parte, le recrimino frente a todos los alumnos su deber de estar al día de las actividades de la universidad, él solo obviamente no estaría acargo de ello. De esa manera, se abrió la contienda donde palabras iban y venían, sacando inclusive temas escandalosos que nadie en su sano juicio le importaba, llevando a la profesora intervenir mandando a los demás alumnos a salir del aula, quedándose simplemente con los revoltosos. Demonios, ese par de idiotas no saben cuando parar, mas la cabeza hueca de Annabeth quien jamas ha diferenciado lugar publicó con salon de clases, ser su amiga aveces me avergüenza. Por suerte, no comparto esa asignatura con ella, de lo contrario, empezaría a buscar un hueco igual al avestruz. Matt finaliza con el relato, mencionando su claro descontento ante este asunto, a ese par se le esta escapando de las manos su problema personal ya llevándolo a lo educacional, ni quiere imaginarselos en un campo laboral. Serán todo un desastre. Mi amigo tiene razón, llego el momento de intervenir de una vez, esta noche llamare Annabeth para conversar con ella. Debe empezar a comportarse de una manera mas centrada y madura, de poseer problemas con alguien lo arreglas tratando de hablar con ella, jamas esperaras para llevarlo hacia otro ámbito.
Cuando son las doce del mediodía decidimos comenzar con las despedidas, me abrazo a Marceline manteniendo la promesa de asistir a su exposición de tesis, ella lo terminara siendo explendido porque lucho fuertemente por ello. Al pasar hacia Matt le da la mano recalcando una vez mas su gusto de conocerlo, esperando otra oportunidad de volver a conversar con él, quienes estén dispuestos a tratarme de una manera tan delicada como lo hace, sin duda se merece su estima. Al final nos desea suerte a los dos y se marcha. Una parte de mi se siente aliviada al verla lejos, no me ha hizo pasar ninguna vergüenza y esta estupendo para variar.
— Bien… ¿Cuales son tus planes? — me dice, ya desapareciendo por completo Marceline.
— ¿Aparte de querer acabar con nuestros amigos? — el ríe asintiendo con la cabeza — Mmm… no lo se, pensaba en ir a casa y prepararme un excelente almuerzo.
— ¿Sabes cocinar? — pronuncia incrédulo ante mis palabras.
— Obvio y algo mas que agua hervida — señalo orgullosa de mi misma.
— Eres un libro lleno de sorpresa, Heather Macqueen — confiesa sonriendome.
Puede que me condene al sacar esta estúpida idea de mi cabeza, pero de los impulsos en algunas ocasiones sacas provecho, debería tomar en cuenta eso. Por lo tanto, tomando las riendas de mi nerviosismo brotando dentro de mi pecho, vuelvo a mirar a ojos mar totalmente decida y lista para tomar el toro por los cuernos.
— ¿Te gustaría…? — comienzo diciendo con voz quebradiza, muy asustada y temblorosa — ¿Sabes? Preparar comida para comerla sola es bastante frío, asi que… ¿Si me acompañas?
Matt parpadea varias veces sin comprenderlo, o mas bien, sin poder creerselo pero percató algo de inmediato. Una sonria, no una cualquiera, sino una totalmente feliz y llena de satisfacción.
Maldición, quiero demasiado a este hombre.
— Sera un placer. — culmina diciendo.
Antes de ir a mi casa pasamos por el supermecado por unos víveres, entre los dos escogimos el comer una pasta con vegetales bañada en salsa blanca, acompañado de un postre de tarta con frutillas silvestres y helado. Nunca en la vida había ido acompañada de un chico al super, es demaciado extraño como para describirlo, porque todo su comportamiento fue igual a la de un niño de cinco años. Impuse en solo agarrar lo necesario para realizar nuestra comida, pero él insistía en meter en el carrito de compras patatas fritas, galletas de chispas de chocolate y otros aperitivos sin nada que envidiarle a la comida chatarra. Al tratar de sacarlos los defendía con el hecho de comerlos esta noche, con tal, llegar a una casa sin nada en las manos en demaciado descortes. Por supuesto, regalar comida chatarra es lo mas natural del mundo, ¿a quien miente? Todas las personas suelen hacerlo. Suspirando a la par de sobar mis sienes, giro sobre mis talones tratando de ignarar al gran hombre que resulta ser Matt, dialogar con él es una perdida de tiempo. Estoy tratando con un niño.
Con todo y contratiempos logramos pagar todas las cosas en el carrito, lo cual se fue un poco lejos de mi presupuesto pero ojos mar estuvo dispuesto a colaborar, seguidamente, sujetando todas las bolsas nos dirigimos a su auto. En el mínimo intento de ayudarlo, escapaba lejos de mi alegando el ser trabajo de un hombre, las damas ya estarán dispuestas para otra cosa. El viaje fue rápido y silencioso, tal vez porque nos encontrábamos bajo las preocupaciones de nuestros amigos, pero inmediatamente olvidamos eso porque teníamos mucha hambre. Al estar ya en la comodidad de mi hogar no perdí el tiempo, comence con la magia de realizar los alimentos en tanto Matt insistía en querer ayudar en algo, pero no lo permití, mi deseo es vivir muchos años mas y acabar intoxicada ante un invento de ojos mar… esta lejos de mis planes. Mientras se cocinaba los vegetales junto a la salsa blanca, saque del empaque del supermercado la masa lista especialmente para realizar tartas, comence a extirarla en el mesón y seguidamente corte las frutillas con las que iba a rellenar la tarta. Después de unos cuantos detalles mas, estaba lista para ser llevada al horno y así finalmente cocinarla. En toda esta faena los ojos de Matt se apartaron de mi, de cierta manera me colocaba nerviosa, pero por otro lado esto insentiva mis ánimos en tratar de demostrarle todo lo que puedo hacer. Su único trabajo, seria escogerme.
¿Pero que demonios estoy pensando? No estamos en el siglo XIX, en donde los hombres escogian a las mujeres solamente por su habilidad en la cocina. Y eso desde hace mucho cambio, sobre todo, nunca sere parte de las que piensen en este tipo de cosas.
Finalizado la cocción de alimentos, me encuentro sirviendoles sobre el mesón, donde un ojos mar con entuciasmo igual al de un niño cuando llega de la escuela, espera por finalmente probarlos. Joder, estoy tan nerviosa que fácilmente podría escurrirme delante de Matt. Sonriendo de forma torpe, tomo asiento a su lado sujetando los cubiertos y deseandole un buen provecho.
Es en ese instante, que todo ocurre.
— ¡Por todo lo bueno y malo! — exclama Matt, seguido de haber comido un poco de mi pasta. Asustandome — ¡Esto esta increíble! Deberías tener tu propio restaurante, serias realmente famosa.
— No se si tratas de realmente halagarme o matarme de un susto — digo, sosteniendo mi pecho y riendo al mismo tiempo.
— Por primera vez no se trata de alguna de mis insanos coqueteos — admite sin un ápice de vergüenza, sorprendiendome en el proceso — ¡Te hablo con toda la verdad! ¿Como es que aprendiste a cocinar así?
— Tome lecciones con mi abuela, como mamá nunca esta en casa era justo el aprender — me encogí de hombros, llevandome un poco de alimento a la boca — pero cocinar para uno solo es algo bastante solitario. Trato de hacerlo lo estrictamente necesario, o en situaciones inesperadas.
— ¿Como esta? — pregunta, curioso.
— Si, como esta — le digo, finalmente.
Compartimos una mirada cómplice y seguimos tranquilamente degustando los alimentos, ojos mar viene siendo la segunda persona fuera de mi ciclo familiar en probar mi comida, la primera fue Anna y casi se muere de la dicha. Esta sería una de las razones por la que me mude con ella, en su piso seria la encargada de alimentarla porque su habilidad culinaria es bastante pobre, en mas de una ocasión quemo la cocina ganándose una orden inmediata de restricción. Quizás para la próxima vez invite a comer a Alex, asi de esa manera… oh, es cierto, aun siguen peleados. ¿Hasta donde quieren llevar esto esos dos? Francamente, estoy preocupada.
Pasamos al postre donde decidimos comerlo en el sofa de la sala de estar, mientras vemos canales seleccionados al azar. Matt menciono que se quedaría hasta la hora de partir a la casa de mis abuelos, viajar y venir nuevamente seria bastante fastidioso, mejor avisar a su casa el no llegar hasta el otro día tal cual a lo planeado y así no preocuparlos. No lo cuestione, apoyaba totalmente su plan. Era de cierta manera extraño, hemos permanecido prácticamente parte de la mañana y ahora tarde juntos, sin la interrupción de nadie. ¿Acaso no estaba nerviosa de ese evento? ¡Claro que si! Pero una vocesilla de mi mente dictaminaba el ser merjor esto, a no tenerlo a mi lado. Porque aunque no aplacara la necesidad que tengo de su esencia, abastece un poco el tenerlo cerca y llenando ese espacio de soledad en mi vida. Quizás nunca llegue a cambiar nuestro estatus, aun así, pensare en Matt en alguien con el trabajo de iradiar todo a mi alrededor y no dejarle espacio a la oscuridad.
— ¿Puedes creer lo descuidada que resultan ser las personas? — señala a la pantalla Matt con su tenedor, teniendo aun en su boca un poco de tarta, mostrandome una vez mas su lado infantil — ¿Como pueden pasar por alto los síntomas de dolencia de su cuerpo? ¡Si lo tienes ve a un medico de una vez!
Solo mirenlo, es igual a uno de esos hombres barrigones cuando pelean con la TV en el momento de obviar una falta en el fútbol, o simple, derribar a su deportista favorito.
— Si, ya lo dice el hombre que no puede entrar a un hospital — le juego una broma y este de una vez baja la guardia, medio refunfuñando — Vamos Matt, existen muchas personas inresponsables con su propio cuerpo, ni siquiera se dan cuenta de las señales rojas que este le da.
— Pero el cáncer es un tema bastante serio, Hemo — ante su nombre mi sonrisa se borra, porque ambos sabemos lo que significa. Tema prohibido. — Aunque el de estomago no sea precisamente uno de lo mas fáciles de detectar, lo idóneo seria estar pendiente de los dolores que este presente.
Aguarden… ¿Cancer de estomago?
— ¿Has leído sobre varios cáncer en el cuerpo? — alzo una ceja impresionada, absorta de las habilidades de el chico que me gusta.
— Bueno, cuando Annie estaba en radiacciones se tomaba bastante su tiempo. Asi que, solo eramos yo y un sinfín de revistas sobre los cáncer mas tipicos en las personas — dijo simplemente, tomando otro pedazo de tarta y degustandolo en su boca — Entre ellos se encontraba el de piel, pulmones, cuello uterino, próstata y estómago. Este último es el mas difícil de detectar, a no ser estar en su última fase.
Un escalofríos me recorre toda la piel, he escuchado mucho sobre las otros órganos pero nunca en el estómago, realmente suena peligroso a la par de desesperanzador.
— Pero realmente me sorprende que esta mujer lo tenga — señala una vez a la pantalla, donde aparece una femina con sobrepeso y muchas manchas en el rostro — suele ser mas frecuentes en hombres mayores de 60 años.
— Tu memoria es asombrosa… — susurro impresionada.
— Tal vez, pero en lo mas mínimo lo siento así. Porque cuando deseo recordar apuntes de clase, suele vaciarse enseguida — bromea con algo de torpeza.
— Suele sucedernos a todos, mas a mi en matemáticas.
Terminamos hablando de otras cosas mientras la televisión sigue ensendida, la imagen de la mujer de contextura gorda cambia a una mas delicada y casi esqueletica, se nota considerablemente que la enfermedad acaba con ella. Aunque este feliz de hablar trivialidades con ojos mar, de mi mente no se borra las palabras “cáncer de estomago”, quizás porque es poco común escucharla y obviamente, todo lo extrañes que le envuelve.
Siendo las tres de la tarde comenzamos la marcha a la casa de mis abuelos, ya he decidido los videojuegos que utilizaremos, los bocadillos (siendo parte de ojos mar) y una pelicula por si nos cansamos. Albert llamo unas cuantas veces a Matt para saber su paradero, se notaba visiblemente su entuciasmo de esta noche, ha pasado bastante tiempo desde el último encuentro de esta índole. Una vez mas, considero esto demaciado extraño, yo estando en el asiento de copiloto del auto de un chico, la invitación de mi primo gruño hacia ese mismo chico y el agradarle. ¿Las vacas han empezado a volar? Quizás o este apuntó de acercarse el fin del mundo. Estacionamos frente a la casa de mis abuelos, esta es de color gris y pose un porche blanco igual a la cal, volver a este sitio me produce bastante sensaciones pero la mas notable es la nostalgia. Aquí aprendí a montar la bicicleta, me razpe las rodillas al intentar jugar a las llevadas, invente el esconderme junto a Albert de la abuela al partir su jarrón favorito y igualmente, permanecía hasta tarde en la noche debido al trabajo de mamá. ¡Pero basta de tristes sentimientos! Llego el momento de entrar. Baje el auto sujetando mis cosas con la vista fija en el imponente lugar, Matt igualmente imito mis pasos pero sosteniendo mas cosas en mi lugar, resultaba curioso no encontrar al abuelo en su mesedora favorita del frente, cuando solia venir a este sitio me lo encontraba enseguida. ¿Qué puede estar haciendo?
Antes de poder pensar posibles cuartadas, la puerta principal se abre saliendo de ella dos personas, una chica y un chico, ella posee un cabello alborotado color ceniza, piel bronceada y cara de muñeca. Viste unos pantaloncillos cortos de jean dejando a la vista sus largas piernas, inisitando a la imaginación de los hombres para volar, su pequeña camiseta de bulldog siberiano resalta sus pechos grandes y la pequeña perforación en su oblingo, dándole una sensación de chica de verano. Ella parece olvidar algo, porque se gira e inmediatamente comprendo su razón de estar aquí. El otro chico, el cual, se trata del atolondrado perro de mi primo sonrie socarronamente, sosteniendo la cintura de la chica y robandole un beso en todo el sentido de la palabra. Matt y yo quedamos literalmente pegados al suelo ante semejante espectáculo, Albert beseandose con una total desconocida para mi, buscando introducir su mano debajo de los pantaloncillos de ella, con la tarea de apretarle el trasero. ¡Qué atrevido! Mientras se baña en las llamas de la lujuria, sigo de pie allí, mirando todo la función al igual que un siervo frente un auto. Ya comprendo porque el abuelo no se encuentra en su silla favorita, han dejado al casanova de mi primo solo. Ojos mar, estando aun cerca de mi, es el primero en dar un paso hacia adelante medio riendo y seguramente teniendo algo en mente. Es bastante obvio, pretende jugarle una broma.
— ¡Oh! ¿Como te encuentras amigo mio? — los interrumpe de inmediato, haciéndolos separar un poco apresurados — Siento realmente interrumpirte, pero… ¿Recuerdas la cita acordada? Hemo parece estar impaciente.
Matt señala hasta donde me encuentro, unos cuantos metros lejos de la puerta. Viendo el guiño por parte de mi amigo, previendo que es no mas a una señal de su parte para seguirle en su arremetida. Por lo tanto, alzo mi mano y aleteando mis pestañas con picardía, lo saludo bastante sonriente.
— ¿Qué significa esto Albert Macqueen? — le reclama la chica, provocandole un tras pies al darle un leve empujon con su mano — ¿Estabas esperando a otra chica? ¡Dijiste que no tenias a nadie mas! ¡Que era la única para ti!
— ¿Como? — mi primo entra aparentemente en pánico, pues su piel se torna algo pálida — ¡En verdad eres la única! Hemo es solo mi prima, casi una hermana.
— ¿Como puedes tratarme de esa manera? — finjo tristeza, dando pasos hasta donde se encuentran los dos. Albert me mira desconcertado, con un blanco igual a la cal — ¡Ayer no me decías lo mismo!
— ¿Pero que demo…?
— ¡Eres un jodido cínico Albert! ¿Sabes que? ¡Vete al infierno! — grito la rubia con rabia, dándole una fuerte bofetada a mi primo y saliendo rápidamente de allí.
Esperamos unos segundos hasta verla desaparecer por completo, de esa manera, pudimos soltar un risotada máxima al mirar la marca de las manos de la muchacha en la piel de Albert. Quien notablemente enojado, se acariciaba su pomulo enrojecido refunfuñando para si mismo palabras inrenocibles, seguramente esta escena la recordaría el resto de su vida, y de lo contrario, yo misma se lo haría refrescar.
— Ustedes dos… son el demonio — murmuro frunciendonos el ceño.
— ¡Dame esas cinco Matt! — aldea mí palma, recibiendo rápidamente la de mi amigo y riéndose estrepitosamente — ese tipo de ideas merecen un reconocimiento especial, de estar aquí Anna, seguramente te adoraria.
— Bueno, ya debes saber lo que dicen “las oportunidades se puntan calvas” — utilizó un famoso refrán, con mucho alardeo.
— ¿Para que molestarme con ustedes? Son un caso perdido — concluyo Albert, dándose la vuelta y entrando a la casa — mejor pasen, mis dedos estan planeando patear sus traseros desde este mismo instante.
Oh… declaraciones fuertes han sido dadas, cosa que mi personalidad competitiva le anima.
— ¡Por favor! Sabes perfectamente que mi “luchadora sangrienta” nunca le ha gustado perder — lance enseguida, bufando divertida.
— Pues bien, porque mi “Dama del infierno” le encantara pelear contra la tuya — alzo su mentón, metiéndose de lleno en el combate.
Golpe bajo, muy bajo si ha intenta cambiar de personaje, menos con alguien recientemente colocado en el videojuego.
— Ya veremos.
La casa de mis abuelos consistía en tres niveles con ático incluido, eran las típicas o tradicionales, hechas especialmente para ser recreadas en documentales paranormales y películas del mismo índole. Podrían decir muchas cosas, pero me agradaba, sus paredes blancas, la gran sala llena de retratos de hijos, sobrinos, nietos y ancestros. La abuela le encantaba coleccionar cuadros de la época del renacimiento, tan brillantes y pintorescos, de cierta manera, dejan mucho por pensar pero le respecto sus gustos. Como deben de saber, los pisos superiores estan prácticamente vacíos debido a que mis tíos ya se han casado y viven lejos de aquí, muy pocas veces logró verlos reunidos en este sitio, salvo para navidad y año nuevo o ocasiones especiales. De resto, son mas que sombras en mis recuerdos.
Albert va explicando la ausencia de los abuelos en la casa, primero la abuela se encuentra haciendo unas cuantas comprar en el super, de enterarse de nuestra presencia decidió cocinar algo realmente especial esta noche, cosa que produjo en Matt un poco de vergüenza. No le gusta ser el centro de atención muy amenudo. En cuanto al abuelo, esta de pesca con unos amigos desde muy temprano salio y no ha llegado, en él es típico realizar dicha actividad, básicamente es su hobit favorito en todo el universo. Aclarados los puntos, subimos a la recámara de mi primo y así comenzar la contienda, mis pulgares estan que arden por partir traseros. Los pasillos color crema me hacen la bienvenida, junto con retratos de toda la familia, por supuesto, estando incluida en el medio. Matt al cruzar frente de uno se le queda mirando fijamente, igual cuando estuvimos en casa de Margaret y salia en una foto junto a mi sobrina Mariana, el problema de esta, es que estoy con “roco” un perro golden y unos cuantos dientes me hacen falta.
Maldición, ¿Por qué no recordé estas muestras de humillación publica?
— ¿Es linda cierto? — pregunta Albert, señalando con picardía a la foto. Provocandome un rojo furioso en el rostro, debería darle un pisoton en el pie — Espera que vuelva la abuela, tiene cientos de fotos iguales o mejores a eso. Como por ejemplo cuando…
— ¿Y si seguimos mejor? — lo interrumpo, apretando los dientes y mirandolo de forma severa.
— ¿Cuales es la prisa? ¡La tarde es aun joven! — menciona sonriendo socarronamente pero dándose la vuelta para seguir caminando.
De salir con una de las suyas… ¡Lo mato!
Por fin llegamos a su recámara, estando en ese sitio me siento como si me encontrara en mi habita natural, por lo tanto, me despejo de todas mis pertenencias colocandolas sobre la cama y sentadome igualmente allí. En tanto ojos mar, se queda literalmente pegado al suelo observando todo el panorama, no lo maliterpreten, no es que Albert sea una persona desordenada, mas bien reside en todo lo contrario. Probablemente hallan escuchado de los chicos siendos unos completos desastrosos, pero mi primo jamas ha resultado de esa manera, todo en este lugar se encuentra bien acomodado. Una cama indivual bien tenida con sabanas blancas y cobertores verde bosque a su derecha, en el otro lado, esta la mesa de computadora, un mueble para guardar su ropa y al frente un estante con libros de su carrera de diseñador gráfico. Aunque no lo crean, Albert es bastante bueno en ese ámbito, pero eso seria otra historia por contar. Seguidamente, al fondo cerca del gran ventanal se encuentra un televisor pantalla plasma, un PSP4 y un Xbox 360, unos pequeños puf al rededor y una alfombra grande de los colores rojo, amarillo y negro. Si, es un cuarto bastante simple, pero al ver sus postes de chicas atrevidas y series de animación japonesa, algunas me atrevo a decir a verlas vistas junto a él.
— ¿Ocurre algo Morrison? — pregunta Albert, sacando de mi bolsa el juego de lucha favorito de los dos y introduciendolo en la consola — ¿Te dio miedo ser derrotado por mi?
— ¿Como has dicho? — rio divertido, dejando sus cosas en el suelo y sentandose en uno de los puf — Mejor pon a prueba mis habilidades y asi te darás cuenta que no han cambiado nada, volverás a perder.
Esto sera entretenido de ver, dos de mis chicos favoritos en la tierra competir en un videojuego, asi que, me acomodo sobre la cama cruzando mis piernas y enfocando toda la concentración en él.
— ¿Te acomodas Macqueen? — me dice Matt, recibiendo de mi primo el control del 360.
— Si, el espectáculo sera digno de presenciar — admito divertida.
— Seguramente, Hemo es de las que les encanta ver el mundo arder — intervine Albert, ya alistando todo y dejándose caer en el puf — ya la veras cuando juguemos los tres en un mega juego que adquirí hace un par de horas.
— ¡¿En verdad lo has encontrado?! — exclamó euforica, casi saliendome de mi asiento.
— ¡Claro! ¿Con quien crees que estas hablando? — alardea el muy pretencioso.
— Si, si, si. ¡Gracias poderoso Albert! — junto mis manos simulando ver un santo.
Matt simplemente se limita a sonreír incrédulo de nuestro comportamiento, seguramente en su cabeza jamas a cruzado verme de esa manera, aunque la verdad soy mas libre estando rodeada de mis seres queridos. En cuanto al juego conseguido en manos de mi primo, es de uno zombies que se encuentra de boca en boca recientemente, posee dos modalidades. Historia y multijugador. Si decides el primero, adoptaras la piel de un soldado de la primera guerra mundial donde se enfrenta a una manada de hombres come gente, debido a una extra exploción de radiactividad, tu objetivo sera reunirte nuevamente con tu pelotón y rescatar a cuantas personas sean necesarias, entre mayor es el número, estarás mas cerca del objetivo final. Por otro lado, el modo multijugador, no solamente puedes jugar con varias personas de una misma consola, igualmente seras capaz de tener mejores armas y niveles escondidos entre cajones de sorpresa. Sin duda, todo un reto. Muero por jugarlo.
La lucha comienza de inmediato, ojos mar adopta por jugar con su personaje del mago, mientras que Albert si cambia su personaje por la dama. Menudo listillo, sabe que tiene mas oportunidades con ella, en lugar del “guerrero diabólico”. Aunque al principio es una lucha reñida, donde golpes van y vienen, unos movimientos limpios de ojos mar al sacar los combos secretos del mago, igual a magia negra de este. Es mi primo quien se lleva el primer rout. Él parece euforico, victoreando y gritando con fuerza su logro delante de mi amigo, el cual permanece tranquilo en su sitio medio sonriendo. Lo comprendo, a nadie le gusta perder y Matt obviamente, jamas sera la excepción. Es en la segunda tanda cuando cambian las cosas, el nivel de concentración en Matt es considerablemente alto, provocando en Albert la desesperación y frustración. Abro la boca ligeramente en el instante que veo aquel ataque legendario, “lluvia de estrellas oscuras” exclusivo del mago personaje de mi amigo, muy pocas personas lo han sacado, de hecho, han creado de ello un mito o leyenda casi imposible de lograr. Pero allí lo ven, Matt ha sido capaz de romper toda habladuria en solo segundos. Albert se vuelve igual que el papel, blanco, porque su fuerza vital es reducida casi al cero con ese ataque, llevandolo a un solo puño y derrotarlo sin esforzarse mas.
— ¡¿Pero como demonios has podido sacar eso?! — exclama descolocado mi primo, soltando el control y levantándose del asiento, señalando a ojos mar — ¡Eso ni siquiera era posible! ¿En verdad eres humano?
— ¿Cuestion de suerte quizás? — miente notablemente, sonriendo de oreja a oreja.
— ¡Eso ni te lo has creído tu!
Para la última rount, Albert pierde muy notoriamente, la confianza es algo que abandona el cuerpo ante situaciones así. Soy la siguiente paciente, y lean esto muy bien, no habrá movimiento legendario que pueda quebrar mis ganas de ganar. Tomo asiento en el puf regalandole una sonrisa competitiva, demostrandole no poseer ningún tipo de miedo, ojos mar alza sus cejas sorprendido ante mi movimiento, dándose cuenta que conmigo ese tipo de tácticas no funcionan.
— Debes hacerlo, tienes que hacerlo… ¡Patea su trasero por mi! — articula fuertemente Albert, señalando a Matt igual como lo hace un pequeño niño acusando a su hermano de algo malo.
— Te veo muy fresca al pesar de haber visto un ataque legendario, posees agallas Macqueen. — me dice ojos mar, esperando a que la contienda se abra.
— Creo habertelo mencionado ya antes, Morrison. Mi “luchadora sangrienta”, es pésima perdiendo. — simplemente respondo.
El sonido de una campana, producto del mismo juego, nos anuncia que el primer rount esta listo para ser jugado. No me rindo, jamas lo permito hacerlo, aunque las oportunidades se han prestado fáciles en mi amigo, obligo a mi luchadora a sacar sus mejores movimientos y bajar de esa manera la barra de la vida del mago casi a cero. En el momento de ser el K.O, Albert salta de su asiento euforico, bailando y cantando cosas sin sentido, restregandole en la cara a mi amigo su derrota. Aunque las cosas se cambian en la segunda contienda, ganando él, enviando al bote de basura la energía de Albert. Como resultado final, sale Matt invicto porque el muy descarado, saca su ataque legendario y acabandome. Bueno, es su primera victoria, de muchas mas. Básicamente pasamos la tarde de esa manera, jugando aquel juego de lucha con la finalidad de ganarle a Matt, pero solo resulta imposible porque posee mas movimientos bajo la manga haciendome realmente pensar, ¿utiliza magia negra? Porque en la vida, he visto a alguien conocer tantos combos ocultos como él lo hace. Quizás lo subestime demaciado.
Al termino de las cinco y treinta de la tarde, cambiamos de juego a uno belico, donde los tres pertenecemos a un mismo equipo estando encargados de buscar a unos terroristas y acabar con ellos. No es por alardear, pero en este tipo de juegos, soy muy buena realizando estrategias llevandome a ser la líder de grupo. Llegamos a un punto donde nos encontramos en un paraje desolado, una carretera en medio de la nada y con muchos autos destruidos alrededor, dictaminó a los chicos no alejarse mucho salvo unos cuentos metros, esto fácilmente podría ser una emboscada. Pero no, Albert tratando de adoptar posee de macho alfa, propone separarnos y encontrar municiones que casi se nos acaba. Provocando así, su eminente muerte, gracias a una bomba escondida en uno de los carros. Procuro no burlarme, pero no lo consigo, termino riendome escandalosamente en su rostro y recibiendo su enojó.
— ¡Vale! Ya valio — se levanta de su asiento, lanzando el control lejos de él — ire mejor por unas bebidas. ¿Quieren algo?
— Una té frío para mi… ¡Por favor! — le pido, aun manteniendo mi vista fija en la pantalla.
— ¿Matt?
— Una cola. — él si coloca pausa para mirarlo.
— Bien, vuelvo enseguida. — avisa desapareciendo de la habitación.
Seguimos jugando tranquilamente en silencio, contemplando los gritos y balas producidas por el videojuego, estoy tan sumamente concentrada que ignoro a Matt quien ha muerto, en manos de un enemigo. Quizás, realmente me tome en serio el papel de chica “jugadora”.
— ¿Eres realmente humana? — me pregunta, mirandome sorprendido.
— ¿Por que lo dices? — al tener un terrorista frente de mi, lo acabo solamente con el cuchillo pues se termina la munición.
— Pues… a eso mismo — señala a la pantalla, riendo incrédulo — una chica convencional estaría en estos momentos gritando, llorando y formando pataleo al ver tanta sangre derramada. Aunque sea de mentira.
— Tu lo has dicho — nuevamente, le salgo por detras a un terrorista clavandole el cuchillo en el cuello y matandolo — eso es una chica “convencional”, no yo, soy chapada con otro material mas resistente y feroz.
— Si… tienes razón, eres diferente — murmura pensativo, al mismo instante que paso de nivel.
La sangre rápidamente abandono mi cara, el pecho se me encogio, ni hablar de la rara sensación de cosquilleo invadiendo todo mi cuerpo. Auquel tono… ese jodido tono de voz, profundo, tranquilo y a su vez seductor, me llevaba hacia aguas turbulentas, envolviendome y enguñendome completamente. ¿A qué juega exactamente ojos mar? Si ambos sabemos que él no puede darme lo que mas deseo, su querer. Lo mantengo claro, muy claro, aunque aparentemente mi corazón no entiende de razones o de palabras. Solo desea acciones. Tomando las riendas de mi misma, aparento total normalidad colocando pausa en el juego, caminando hacia nuestras cosas y buscando unos bocadillos.
— ¿No tienes hambre? — exclamó, cambiando de tema — porque a mi ya me ha entrado un poco, quizás pique un algo de esto.
— Pasame las patatas fritas por favor, desde verlas desee probarlas — pide notablemente desconcertado, por mi cambio de conversación.
— ¿En casa no sueles comerlas? — preguntó confundida, entregandoselas en las manos y sentandome de nuevo en el puf.
— Digamos que mamá es algo estricta con la comida, tengo muy pocas ocasiones como esta de digerir cosas así. — explica, abriendo el paquete de patatas y llevándose un puñado a la boca. Degustandolas.
— ¿Qué hay de tu papá? ¿Es igualmente estricto? — sigo con el interrogatorio, degustando los palitos de queso.
— No… es mas flexible, suele saltarse muchas normas de mamá y permitirme mas cosas — sonrie ante el recuerdo — Prometo llevarte un día a conocer mi familia, terminaran amandote.
Ante la idea mi cuerpo tiembla ligeramente, no imagino estando en la casa de ojos mar y menos conociendo a sus padres, eso es un nivel muy alto para mi. ¿Y si no les agrado? ¿Y si les paresco molesta? ¿Presumida? O quizás… ¿Demaciado fuera de norma como para permanecer cerca de su hijo? Oh no, no, no, no. ¡Paso de ser sometida a semejante presión!
— ¿Qué? — ojos mar parece notar mi nerviosismo con tan solo mirarme, sonriendo algo incrédulo — Heather… ¿Tienes miedo de conocer a mis padres?
— ¿Qué? No, no, no… ¿Como se te ocurre? — rio torpemente, buscando la manera de librarme de su acusadora mirada. Creo que he fallado — Esta lejos de ser una persona así, solo… mi problema solo… es… es…
— No lo niegues, tu expresión te delata — señala de manera acusadora mi cara, sonrojandome completamente y llevandome a atragantarme de mas palitos de queso — Eres pésima mintiendo.
Si, si, si, como sea. ¿Acaso no se puede tener miedo? ¡Son tus padres por lo mas sagrado! No deseo darles una mala impresión de mi, porque de lo contrario, jamas podre estar una vez mas tu lado.
Nuevamente, me trago mis palabras.
— Relajate, mis padres son bastante normales. Además, mi familia no es tan grande como la tuya, simplemente la componen tres personas — me sujeta del hombro, sonriendome ligeramente y tratando de tranquilizarme — Realmente, van a adorarte.
¿Alguien le ha dicho que seria buen comerciante? De no serlo, podría hacer de voluntaria para decírselo, porque consigue la manera de relajar los músculos de alguien y pensar en nada mas. Aunque, esto puede ser simplemente “efecto ojos mar”.
Antes de poder responderle algo, Albert esta nuevamente aquí con nuestras bebidas poseyendo una expresión rara, nos alejamos lentamente uno del otro frunciendo el ceño extrañados. ¿Qué pudo ocurrirle allí abajo?
— ¿Has visto un fantasma? — me burlo de su expresión, acercandome hasta su dirección y tomando la bebida de Matt con la mia, lanzando la primera obviamente a su dueño — Estas bastante pálido.
— No, solo… solo… los abuelos, los abuelos han llegado. — sentencia.
Oh, rayos…
Bajamos las escaleras rápidamente para llegar a la primer nivel, donde encontramos efectivamente a nuestros adorados ancianos luchando con la bolsa de las compras, la imponente señora Macqueen ordena a su esposo dejar las cosas en el recibidor. En tanto ella, se encargara de guardarlas en su sitio. En primera instancia, no se dan cuenta de nuestra presencia en la cocina, pero al abuelo fijar sus ojos al desconocido entre sus nietos, frena todo movimiento posible. La abuela, cambiando en modo amable, rompe filas acercándose hasta Matt para saludarlo con un fuerte abrazo y alegando una vez mas agradarle sus ojos, mi amigo se limita a sonreír apenado lo contento que esta de una vez mas verla y agradeciendole el gesto de permitirle quedarse aquí. Albert coloca su mano en el hombro de este, restandole importancia al asunto, muchos de sus amigos se han quedado anteriormente aquí y no han sido tan rígidos como él, puede quedarse tranquilo pues esta en completa confianza. Dado el caso de ser, cito textualmente, mi único y gran amigo.
Santo, infierno, ardiente. El abuelo parece reaccionar ante las palabras de su nieto, porque de manera mecánica, acerca sus pasos hasta el pobre ojos mar quien se vuelve rígido ante la apariencia tenaz de aquel anciano. La verdad, no se mucho de la historia de Margaret presentando su actual esposo al abuelo, pero imagino que debió de ser una situación de suma tensión para mi pobre cuñado, pues el anciano es de sumo cuidado. No puedes tomarlo a la ligera.
— Albert Macqueen, abuelo de Heather — extiendo su mano hacia mi amigo, con dureza.
— Mathew Morrison, su compañero de clases — la sujeta extrechandola fuerte, casi como si dependiera su vida de ello.
¿Qué puedo decir de esos segundos en silencio dentro de la sala? Ambos hombres se quedaron mirando fijamente, detallandose con suma delicadeza esperando encontrar alguna falla. Yo no lo se, pero un remolino nervioso se alojó en mi estomago, casi causandome la completa locura. Puedo jurar escuchar los latidos de mi corazón en mis oídos, el sudor bajar por mi sienes y la bilis subir por mi tubo digestivo, odiaba tener que esperar conclusiones como esta. El abuelo es sabio, sobre todo, una persona que ha vivido lo suficiente como para diferenciar lo bueno de lo malo, y claramente, mi amigo no entra en la categoría del último. Finalmente, el abuelo emite un suspiro tranquilo, alejándose de Matt y volviendo a las tareas de la cocina, veo como la abuela sonrie de soslayo claramente satisfecha.
Significa algo bueno… ¿Cierto?
— La cena sera dentro de una media hora, espero que te guste el pavo. Mi esposa lo cocina estupendamente bien — simplemente dice el anciano, sin alargar mas las cosas.
— Si, suena apetitoso. — sonrió Matt, un poco mas tranquilo que al principio.
— Los llamare a los tres cuando este listo, mientras vayan arriba y sigan jugando. — nos invita la abuela, sonriendo.
Asintiendo, Albert sujeta de los hombros a Matt sacandolo lejos de la cocina, susurrandole por lo bajo lo afortunado que es porque no todo el mundo suele agradarle al abuelo, ni siquiera sus amigos, quienes se las pasan metidos allí todo el tiempo. Aunque puedo imaginar el porque, son una manada de muchachos ruidosos y el abuelo, detesta el desorden. Por los momentos, puedo relajarme.
La velada transcurre sin ningún contra tiempo, entre videojuego y videojuego, comida chatarra y bebidas llenas de azúcar de nos pasa la noche. En la hora de la cena todo parece muy normal, hasta que el abuelo comienza el mismo tipo de interrogatorio que su esposa, en esta ocasión, ella apoya a mi amigo para mayor comodidad de este y el mio propio. Realmente consigo salir victorioso al escrutinio del abuelo, pero mas no, totalmente. Por su mirada dedusco que estará vigilandolo, una pisada en falso, y desencadenara el infierno. Estando ya solos en la habitación de Albert, Matt confienza temerle al abuelo, parece querer acabar con cualquier que se acerque a mi y mandarlo directo al infierno, sea o no bueno para ella. Mi primo casi escupe sobre mí al escucharlo decir eso, pero inmediatamente confiesa que eso se debe hacer su consentida (por favor, no de nuevo con eso), al ser solamente nosotros dos de pequeños se vivía por complacernos en todo, pero aun mas a mi, quien permanecia alejada de las personas. Bien, eso si no recuerdo nada, por lo que expreso la misma cara de desconcierto de Matt en esos momentos. Tal vez si sea muy apegada al abuelo, lo admito, pero de ser concentida por esa razón lo desconozco por completo.
Siguiendo con la velada, seguimos jugando videojuegos, en esa ocasión uno de mis grandes favoritos “Resident evil 4”, creo que eran de esas pocas oportunidades donde pueden verme un modo “fan loca”. Porque el los “cinematicos” del juego, es precisamente el instante que muestran a “Leon S. Kennedy” mis ojos empiezan a soltar brillos, mis pulmones se llenan de suspiros y mi boca no para de soltar palabras incoherentes. Los pobres ojos mar y Albert me mandan a aguardar silencio varias veces, inclusive me sugieren comer algunos bocadillos y beber refresco, de esa manera, mantengo mi mente ocupada en algo. Aunque claro, tarde o temprano me salgo con la mia. Seguido de ese juego, seguimos con “Amnesia” que coloca a gritar como nena a mi primo, exigiendo inmediatamente quitarlo y colocar otra cosa. Terminando en un juego de fútbol, aunque particularmente no me disgusta, le pierdo el sentido de la emoción aburriendome completamente. Prefiero el tenis, pienso de inmediato al verlos el la sexta, séptima o novena partida, realmente perdi la cuenta de las contiendas que llevan, solamente se estar aburrida. Asi que, eventualmente, me quedó dormida sin saber de mas nada y siendo solamente las dos de la mañana.
Cuando vuelvo nuevamente en si, me doy cuenta de varias cosas. La primera, estoy envuelta en una manta azul de cuadros blancos; la segunda, la habitación se encuentra practicamente a oscuras salvo la luz de la luna entrando por el gran ventanal; la tercera, Albert se encuentra durmiendo y babeando de una manera bastante incomoda sobre el puf, en tanto mantiene el mando del 360 en una de sus manos y emitiendo la TV un “Game over” del juego de fútbol. Y la cuarta, una sombra alta se encuentra parado frente al ventanal de manera silenciosa, casi fantasmal y nostálgica, mirando hacia el cielo despejado rodeado de la luna llena junto a las estrellas. Se trata de ojos mar.
“Me gusta cuando callas, porque se que en silencio uno de tus mejores lados se presenta ante mí “.
Estirando mis adoloridos músculos, decido colocar mi cuerpo arriba. No me gustaría pensar que esta imagen es producto de mi imaginación, en lugar de una hermosa realidad.
“Me gusta cuando callas y me miras, aunque tu silencio sigue siendo el mismo. Egnimatico y hermoso. Siento que dices mucho mas, en lugar de expresarte con palabras”.
Con cada paso que doy en la oscuridad, la imagen de ojos mar se refuerza. Posee un semblante sereno, bastante pensativo, pero el brillo usual de su mirada no se encuentra allí. Simplemente parece estar perdido en otra época, o tal vez, un año atrás estando con otra persona. Su amada Annie.
“Me gusta cuando callas, porque se que entre ese silencio se encuentra tus mejores pensamientos y temores. Pero no te alarmes, prometo guardar el secreto de cada uno de ellos”.
¿Hasta cuando seguirá pensando en ella? No quiero sonar impaciente, de hecho, prometí permanecer inquebrantable a su lado, brindando mi mano amiga cuando el no solicitase. Pero soy humana, tambien tengo mis limites y estoy al borde de ellos. Quiero a Matt, tanto que me lastima el pecho, pero igualmente atesoro nuestra conexión. Temo que mi egoísmo me lleve a perderlo. ¿Como podría vivir simplemente con algo así?
“Asi que simplemente me gusta tu, con tus debilidades y temores. Porque aunque sea solo una brisa en tu panorama, y tu, un huracán entero. Seguiré persiguiendo la gran estela que posees a tu paso.”
Aun sin notar mi presencia, me paro justo al lado de Matt visualizando el extenso cielo oscuro rodeado de estrellas, la luna se encuentra en su mayor resplandor iluminando todo el extenso firmamento. Es curioso, pero cuando estoy en la casa de los abuelos, esta clase de espectáculo se hace presente transformando una noche fria en algo totalmente maravilloso. Recuerdo el pensamiento de mi abuelo, sobre parecerte el cielo pequeño sino estas con la persona especial, aunque en estos momentos se halle a mi lado… ¿Por qué igualmente me siento vacía?
— Es una hermosa noche… ¿no crees? — exclama Matt pensativo, sin voltearse a mirarme.
— Si… — murmuro casi triste.
Para toda mujer seria esto totalmente romántico, ya saben, la luna, las estrellas y el extenso cielo rodeandolos a ti junto al chico que te gusta. ¿Pues adivinen que? Se siento sumamente asqueroso cuando este no te quiere, menos, si ni intenta hacerlo.
— ¿Sabes? El abuelo solia decirnos a Albert y a mí cuando teníamos nueve años algo muy curioso, nos gustaba subir al ático en esta misma tipo de noche a mirar las estrellas con un telescopio — suelto una risa seca, abrazandome a mi misma al sentir un poco de frío — era de abuela y no le gusta que lo tocasemos. Pero, conoces como es Albert, nunca se rinde ante algo por eso… lo tomamos a escondidas — antes eso era igual a vivir la adrenalina al máximo, tener el corazón en la garganta practicamente — Una de esas tantas noches el abuelo nos sorprendiendo asustandonos, alegando que de vernos la abuela tendríamos un peor susto que ese. Sin embargo, también nos compartió otra cosa. Este tipo de cielo se te hace solo, nefasto y casi asqueroso sino estas con la persona que amas, en pocas palabras, no valdría la pena admirarlo — hago una breve pausa, girando para mirar a Matt, quien posee esos pozos sin fondo lo suficiente abiertos como para estar atendiendome detenidamente — ¿Lo sientes? ¿No es así? Sobre Annie.
Matt no me responde nada, simplemente se limita a soltar un respingo de la impresión, bajando la mirada un poco avergonzado y descolocado. Nunca seguramente espero que diera tan en el blanco, pero lo conozco, en este poco tiempo he comoprendido totalmente si debilidad y se trata de su difunta novia. No puedo aspiarar mas que esto, ser su amiga, llenar su vacío de soledad pero… jamas optar a algo mas. ¿Saben lo duro que resulta ser? Seguramente no, porque aunque Matt sea para mi un huracán demoledor, término siendo simplemente una brisa en su paisaje desolado.
— Lo siento, es que era este tipo de ocasiones cuando nosotros…
— No, no Matt, no necesitas disculparte conmigo por algo así. Después de todo, tu la amas — dolia, dolia nuevamente mi pecho al decir esa cruda realidad de mi propia boca — Lo entiendo…
— No, no lo haces y por favor. ¿Puedes dejar terminar de explicarme? — intervino un poco molesto, sosteniendo mis brazos con fuerza.
Oh… oh… peligro, peligro. La cuerda imaginaría de mi cordura a comenzado a rasgarse.
— ¿Para qué? Ya todo desde hace tiempo ha estado muy entendido, lo menos que deseo es ser molesta — quito sus manos de mis hombros, dando un paso hacia atrás.
— Heather, estas siendo un poco caprichosa — me dice, golpeandome un poco ante su comportamiento repentino — por favor y dejame explicarme.
¿Caprichosa? ¡¿Caprichosa yo?? Esto es de lo último, hubiese esperado escuchar eso de cualquier persona en este mundo, inclusive el mismo Jhon. Pero nunca en la vida a ojos mar, jamas él, porque su porte de dulce cabellero… ¿A quien miento? ¡Se ha pasado de la raya!
Así que finalmente, el punto de quiebre se ha dado.
— ¿Has pensado un poco lo que acabas de decir? — le interrumpo, apretando mis manos en puños y sientiendo la furia recorriendo mi ser — ¿Todas las porquerias que he pasado solamente por querer estar a tu lado? ¿El apoyo sin miramientos que te he brindado? ¿Sin esperar nada a cambio? No, eres TU, quien no posee ni una pizca de idea de ello. ¡De querer ayudar a alguien desde el fondo de tu corazón!
— No me estaba refiriéndome a eso, yo…
— ¡Callate! — eleve mi tono de voz, señalandolo con amargura — obviamente nunca te han enseñado a manejar las palabras, pero dejame dejarte algo muy claro Matt, contigo he sido de todo menos caprichosa. ¿Y sabes por qué? Porque me gustas, me gustas tanto que ni siquiera importo irme a la casa de la familia Lovecraf, ser hostigada por Alice, rechazada por ti tres veces. ¡Tres! Y aun así, seguir de pie junto a ti… ¡Solo porque me importas! — mi voz se alzaba cada vez mas, exponiendo todas las frustraciones que desde hace mucho tiempo aguardaba mi pecho, ya no podía esconderlo. Por su parte, Matt parecia estar confundido, casi estático ante mi confesión. No se lo esperaba — ¿Y aun asi tu me tratas de esta manera? Diciendome caprichosa, no Matt, cuando se trata de ti jamas podría llamarse capricho. Ni ahora o nunca. Porque… aunque sigas pegado al pasado, humillandome, hiriendome… mi corazón seguirá queriendote, aunque, me lo niegue.
Él no pronunciaba palabra, ni se movio, ni nada. Simplemente se quedó mirandome fijamente sin comprender en lo absoluto algo, creo que habia llevado muy lejos mis frustraciones, el punto era hacerle saber no siendo una caprichosa, porque siempre he sido el tipo de amiga comprensiva quien nunca te falla, te escucha y apoyo. Jamas mi intención fue decirle mis sentimientos. Oh mierda, mierda, mierda. ¡Necesitaba una cuartada para librarme de esto! Antes que el enojó se me baje de golpe.
— Pero… se que tu jamas sentiras lo mismo — sigo diciendo, aun mantiendo mi voz dura y hasta casi no mostrandole importancia — porque comprendo el gran amor por Annie, sobre todo, tu incapacidad de vivir con su pasado. Esa es mi razón para no ser lo que me dices, caprichosa. Si deseas catalogarme de algo, as lo de egoísta. Oh… si, eso si. El deseo de quererte para mi sola, es y sera, mi condena.
En un segundo, Matt parece reaccionar, aunque no de la manera soñada. Parece asustado. Da unos pasos hacia a mí, sosteniendome de los brazos y empujando muy cerca de su cuerpo, debería estar nerviosa (en otra ocasión lo estaría) pero particularmente en ese momento, quería salir corriendo lejos de allí.
— Heather, estas maliterpretandome. La verdad es que yo…
— No, — mi rechazo directo llega a sus ojos, los cuales, bajan dos tonos del color que realmente es — ya se acabó esto, me canse de esto. Tiro la toalla contigo, Matt.
— Heather… — me suplica con voz cortada, y mi dureza se ve en peligro.
— Sera mejor que me vaya a dormir, ya es tarde. — simplemente le digo.
Cojo mis cosas apresuradamente, deseando salir ni dejando rastro de este cuarto, de hecho, permanecer en este lugar donde se encuentra ojos mar seria un suicidio. Asi que, con un nudo en la garganta, abandono la habitación sintiendo la mirada de él que aun no me abandona.
— ¿Acaso tu…? — Susurro suave, pero lo suficiente audible para llegar hasta Matt — ¿Serias capaz de dejar ir a Annie por mi?
Antes de saber su respuesta, cierro la puerta y con ella, dejo fluir todos mis sufrimientos. Una vez mas, se encuentran rajados mis sentimientos y con esto me refiero mi corazón, el chico que mas quiero en este mundo me ha herido de manera profunda. Pero lo mas duro de todo, es enterarme una vez mas que nunca me ha querida, ni querrá. Lo se, mi última petición ha sido muy egoísta de mi parte, pero necesitaba hacerla, de lo contrario, nunca sabría en donde estoy apostando mi confianza.
¿Saben lo peor de todo? Se cumplió el mayor de mis temores, perdí posiblemente su amistad.
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