martes, 18 de septiembre de 2018

Dance with the devil

11
Para cuando quieres escapar de la realidad pero esta te persigue hasta en sueños.
Un luminoso día se abría paso entre las calles transitadas de Tokio, dándole comienzo a una nueva jornada laboral para todos sus residentes. Ryuunosuke se había levantado tan temprano como de costumbre, tomó un baño, preparo su desayuno, se encargo de la leche chocolatada de su primo Rutta y compartió un poco con su tio antes de marcharse. Al salir a la calle solo se sintio raro, un tipo de vacío extrañado de poder descifrar por si mismo, observar a los humanos ha su alrededor es distinto a cuando lo hace con su hermana mayor. Habían pasado exactamente dos días desde su desaparición repentina, al azabache le cayo la noticia de forma desprevenida, fue esa noche que dictaminó asistir a una “prueba de valor” al instituto, si pedían su opinión era una actividad francamente idiota. En su vida ha debido de lidiar con presencias maliciosas, miasma, criaturas indeseables y demás cosas, aprendiendo de esas experiencias el jamas aparecersele a los mortales. Por lo tanto, lo de la “prueba de valor” simplemente se regodeaban de hacerse el “valiente” ante los demás, restegandole ser débiles y pateticos. En fin, sus tíos permitieron dejar marchar a su hermana a dicha actividad, la cual, jamas volvió a aparecer. La única noticia en saber de esta repentina ausencia, es sobre Mitsuki estar quedándose en una casa lejos de la ciudad, posible a las afueras de Tokio o inclusive en Kansai, el sitio sigue siendo incierto, donde accedió ir a un “Omai” arreglado por sus padres.
¿Como era eso posible?
Su… su hermana… ¿Aceptando un “Omai”?
¡¿Las vacas comenzaron a llover!?
Sin importar darle mas vueltas al asunto no conseguía lógica, intento conversar con su madre sobre el tema, pero esta solo se limito a relajarlo al encontrarse en buenas manos la ojos calabaza y al fin recapacitar en su camino. No, ¡Y un cuerno! Ryuunosuke necesitaba respuestas a todas sus dudas, ella jamas desaparecía dejando a todos atrás sin mas, sin una razón convincente. ¡Aquí existe gato encerrado! Quien intentaría de liberarlo. Aunque, se entero del lugar donde se encontraba de la peor manera. El ojos purpura de su superior, o mejor dicho, el “supuesto” novio de su hermana mayor de la mano con la mestiza asquerosa, esta venia lo suficiente feliz como para caersele la cara de tanto sonreír, haciéndole pensar al azabache que tal vez no poseia músculos fáciles. La expresión de Purpure era imperturbable, ojos enfocados a otro lugar lejos de aqui, labios alineados y una seriedad tan extrema que le fastidio por completo.
¿Pero que demonios era esto?
Si… si Purpure salia con su hermana, no podía estar…
Oh, oh… ¡Entendio como estaban las cosas!
Nublado de ira contenida, apretón sus puños corriendo rápidamente hacia la dirección de la pareja nueva, arremetiendo contra el rostro del moreno y derribandolo. La rubia solto un grito de sorpresa buscando socorrer al humano, pero el menor no lo dejo, moviéndose mas ligero a la otra, sujeto de las solapas a Purpure solo para golpiar nuevamente el rostro de este partiendole el labio en proceso. ¡Esta era la razón! ¡La cochina razón por que no podía confiar en los humanos! Su versatilidad al momento de tomar decisiones le enfermaba, no solo eso, la habilidad para simplemente dañar y cagarla era única e inigualable. Este… sujeto se atrevió a tocar lo mas sagrado de su clan, Mitsuki, quien ha dejado de ser solo la descendiente de la “princesa lunar” ha una de las demonios mas dulce de todas. Y todo… todo por un par de piernas putridas, vomitimas de Amamiya Ami, comenzaba a pensar el poseer la pocima contra mestizos, tal vez las cosas hubiesen sido diferentes. En unos segundos se sintio absurdo, ni pensar que anteriormente deposito una estima en este humano al considerarlo de fiar, claro, como su personalidad era sería, calmada y con alto grado de madurez, Ryuunosuke dejo sus perjuicios aun lado para ver feliz a la castaña.
Pero no resulto.
Jamas lo haría.
Y su mamá tenia razón.
Al momento de volver alzar su puño contra el asqueroso humano, llegaron los amigos de Mitsuki ha socorrerlo, arrebatandoselo de las manos. Una de las chicas, quizás Minami, preguntó desesperada el por qué de tal agresión al moreno si es quien tanto ama su hermana, aun así, Ryuunosuke no tuvo tabus para gritar a los cuatro vientos la realidad de las cosas. Este se atrevió a engañar ha Mitsuki. Entonces un Souji bañado en rabia libero al azabache menor, para el mismo terminar con el trabajo que este ya había comenzado. Una vez mas, Amamiya Ami intento proteger a su cómplice en sus fechorías, encontrándose en el camino a Minami enargesida en decepción y dolor por su amiga. Jamas permitiría a Toshi salirse con la suya, aunque fuesen amigos de un buen tiempo atrás, él debía pagar ante las consecuencias de sus actos. En ese instante, la rubia mestiza soltó una carcajada estruendosa mostrando su autentica personalidad, sorprendiendo hasta la pobre Momoka quien estimaba a la mestiza. Esta visualizando el panorama caótico en sus ojos, admitió ser la nueva novia de Purpure y no importarle haber pasado por encima de la descendiente de la “princesa lunar”, aquella chiquilla estúpida e ingenua que no diferenciaba la “v” de la “w”. Francamente, le parecía increíble que alguien como ella fuese tan importante demonio en toda la especie, porque lo que necesitaban ellos era alguien como ella. Valoroso, imponente y gallarda. No una mediocre “princesilla” caminando a pasos de bebé, donde tarde o temprano, seria pisoteada por alguien mas competente que ella.
¡Paf!
La cara de la mestiza se vio hacia aun lado al instante que la sacerdotisa hacia su apareción estelar, mostrando unos ojos color flama al escuchar esa sátira de sandeses contra su senpai tan respetada y admirada. En su humilde opinión, no existía nadie mas competente que ella para ser la imagen importante de los demonios, poseia el coraje y valor para admitir sus errores, a la par de querer tomar un descanso y volverse a levantar. No le extrañaba que Purpure la engañase, como en todas las especies de la tierra, siempre existiría un cobarde ante las grandezas de alguien del nivel de la castaña. Para él, existían las mestizas asquerosas como la rubia haciendo una excelente pareja, porque con ella a su lado, no debía de preocuparse si salia a mirar otros horizontes muy lejos de su presencia. Porque para eso nació Mitsuki, para desplegar sus alas y encontrar su destino lleno de proezas, en lugar de pegarse a un inútil humano miedoso. En pocas palabras: la castaña jamas fue suya.
El azabache derrotado de escuchar todas esas palabras juntas, se dejo caer al suelo aplastado de tan contundencia al instante de pegarle ha alguien sin necesidad de usar los puños, la ojos azules tenia toda razón. Mitsuki jamas fue suya, menos, la podía merecer. Souji al visualizar el comportamiento derrotista de su amigo chasquio la lengua asqueado, esto era lo mínimo que se merecia al hacer sufrir a la castaña, ahora que realmente se encontraba libre y lejos de sus garras lucharía por ella. Mejor ni se le ocurriera interponerse, ya perdió su turno, él sanaria las heridas causadas en su corazón debido a esta insana relación, como todas las que el ojos purpura tenia. En general, todos los amigos de Purpure le dieron la espalda por haberle hecho daño a su hermana, aunque no estuviese de acuerdo con las palabras del mestizo al hablar de conquistarla, comprendia completamente su enojo. Purpure Toshirou, debía de pagar por sus fechorías, sin dejar a la mestiza fastidiosa de lado, junto a la sacerdotisa encontraría la forma de frenar sus planes.
De aquella memoria solo quedo su amargura, porque aunque arremetió contra su patética cara de humano mediocre, su hermana seguía sin aparecer por ninguna parte. Sus padres parecían saber donde se encontraba, pero no desearon darle ninguna información al respecto, simplemente el retirarse a un lugar muy apartado de todos y todas. Donde el dueño era su posible prometido. Esto estaba mal, malditamente mal, porque en las convicciones de la ojos calabaza era no aceptar casarce con alguien desconocido, mucho menos a la fuerza. Sabia que debía de sentirse aliviado al verla recapacitar su estatus de descendiente de la “princesa lunar”, pero algo dentro suyo dictaminaba el estar cometiendo un garrafal error, su lado racional no esta hablado, mas bien, se trata de su lado lastimado. ¡Maldición! Si al menos tuviera una idea de su paradero, quizás correría para verla.
Necesitaba hablar con ella…
— Buenos días, Ryuunosuke-kun. — una dulce voz lo hizo recobrar la realidad de las cosas.
El azabache menor subió su cara encontrándose con unos encantadores ojos azules, estos le miraban con preocupación absoluta, tal vez intentando leer sus pensamientos. ¿De quien podría estar tratando el moreno? Genoshita Suzuka, su novia.
— Sacerdotisa… — murmuro por lo bajo.
— ¿Aun pensando en Mitsutani-senpai? — adivino la muchacha con cautela.
— Yo… — dejo en el aire, revolviendo sus cabellos ya largos con desgano — no consigo entender por completo esta situación, se que ese desgraciado de Purpure jugo con onee-sama pero no creo motivos suficientes para desaparecer. Ella… es imprudente jamas cobarde, jamas huiría de sus opresores. La conosco.
— Quizás no este huyendo, Ryuunosuke-kun — comento pensativa la sacerdotisa — ella puede estar buscando una manera de reponer sus heridas, levantarse y salir adelante. Puede que no entiendas el corazón de una chica pero, este es su primer amor y el primero, siempre suele ser mas doloroso de olvidar. Seas demonio o no.
El azabache quedo unos segundos pensativos ante las palabras de su novia, básicamente tenía razón en no comprender los sentimientos de una mujer, menos lo de su hermana. Siempre ha pensando en los demonios como seres de razonamientos, planes y cabeza fria, no corazonadas o sentimientos. Pero Mitsuki no es así, ella es delicada, sentimental y posee una vena dedicada exclusiva para las otras razas, en sus ojos no existen diferencias, todos son iguales. Agregándole a eso, estaba viviendo su primera experiencia amorosa con un humano, engañosos, embaucadores, desastrosos y menticulosos. No era de estrañarse el acabar en esta forma. Muy bien su madre lo había dicho, desde un principio le dio miedo de tal reacción de su parte, pero viendo el panorama actual cayo como anillo al dedo.
— Aunque tengas razón, me encantaría encontrar una manera de hallar con ella. — confeso al fin, mostrando una imagen totalmente distinta a la de demonio sangre pura.
— Bueno… — dio un paso hacia el joven cohibida, sujetando una de sus manos sorprendiendolo. — puede… puede que exista una.
— ¿No me tomas del pelo? — arquio una ceja, entrelazando sus dedos con los de ella.
— ¿Paresco alguien que pueda ser tal cosa? — pregunto molestandose un poco.
— No… — soltó dudoso.
— Entonces no te explico nada. — dijo arisca, soltandose de su agarre y dándose la vuelta para marcharse.
— ¡Aguarda! — la sujeto del brazo, impidiendo su escabullida. — no quise meterme contigo, es que solo… solo estoy preocupado por onee-sama. Escuchar algo de esperanza de poder encontrarla lo creo dudoso, va… va en mi forma de ser.
Maldición, penso la sacerdotisa al apreciar con mayor claridad la expresión de arrepentimiento del azabache, podrían considerarla frívola al alegrarse con semejante imagen de la cara de su novio pero, estaba tan adorable que su corazón se rogozijaba en dicha. Si antes le gustaba, ahora aun mas, sus sentimientos se incrementaban a medida de vivir cosas juntos. No eran el típico de novios de sujetarse de las manos al instante de caminar, menos el salir juntos en citas o compartir besos fortuitos, pero si del tipo de apoyarse en los momentos mas adversos como justo ahora.
— Esta bien, lo comprendo. — soltó un suspiro buscando las palabras que utilizar para explicar el procedimiento. — Como dije, existe una posibilidad de encontrar a tu hermana Ryuunosuke-kun, pero para esto se necesita un objeto personal de la demonio en cuestión pero ¿no dijiste que no dejo nada en su habitación?
— Exactamente, es como si nadie se hubiese alojado allí. — confirmo el chico.
— Eso hace un poco mas difíciles las cosas. — el azabache apretó los puños frustrado al escuchar eso, pareciendo estar todo en su contra. — de no estar un objeto personal podría considerarse una prenda, libros o inclusive un diario. Algo que se conecte a ella.
— Es que ni siquiera se si va a regresar, por eso todo desapareció quizás. Ella puede… — entonces se quedo callado, recordando un particular articuló olvidado por su hermana en el departamento de sus tíos. Sonrio, esto podría ser el boleto de la buena suerte. — ¿Sirve el teléfono celular?
— Creo poder hacer algo con ello. — sonrio complacida.
Por otro lado, Okita Souji acababa de llegar al aula de clases encontrandola del mismo día anterior, ruidosa y desanlentadora. Guío sus pasos a su sitio de costumbre sin mirar a nadie, venir a este instituto de muerte descubriendo que ella no se encontraba aquí, le desgarraba por completo. No terminaba de creerse lo ocurrido, con ello se refería a la desaparición de la castaña sin dejar rastro alguno, porque lo de Toshirou ya era un acto bastante predecible. Sus artimañas, malas decisiones y meteduras de pata venían grabadas en sus venas, una vez que eres un canalla, siempre seras un canalla. Solo se arrepentia de antes no involucrarse en tratar de conquistarla, dejarsela como bandeja de plata a tal granuja fue un terrible error, se durmió en los laureles creyendo su cambio. ¡Pero no! El muy cretino no desaprobecho la mínima oportunidad de meterse bajo las faldas de esa mestiza, la asquerosa de Amamiya Ami, una demonio de armas a tomar. ¡Pero por todo lo sagrado! Era aliada de Kazama, nunca debes esperar nada bueno a cambio de esos demonios, menos del rubio. Igualmente su consciencia le decía jamas haberla abandando con él, porque nadie le quita de la cabeza que su repentina desaparición igualmente, se trataba de estar con ella.
¡Maldición!
Dijo recuperarla pero…
¿Como rayos daba con su paradero?
Ni siquiera Ryuunosuke sabia de su paradero y eso que es su hermano menor, puede ser pretencioso al igual de arrogante pero en sus ojos oscuros de reflejaba la preocupación, ese chiquillo conoce perfectamente a la castaña y sabe el no hacer este tipo de actos. ¿Lo malo? No poseían indicioso alguno de que sitio podría ir, solamente existía la casa de los padres de esta en el pueblo de Shinsengumi, aunque estos informaron no encontrarse allí, sino en un sitio muy lejos donde asistirá a un “Omai”. ¡Por lo bueno y mas sagrado de ese mundo! ¿Mitsuki-chan asistiendo a un cita de matrimonio arreglado? Si ella poseía convicciones rebeldes de jamas llevarse por lo que le mandaban, simplemente de valía por si misma y decidiendo su mismo camino. Por eso le parecía esta situación sacado de un cuento de hadas, el cual, solamente viven en nuestras mentes y jamas en la realidad. En una hipotética oportunidad de ocurrir, prometia acabar con Toshi, porque existiría otro culpable que él. Primero fue con su amiga Chizuru, enamorandola de un cruel forma y luego dejándola a un lado por la misma rubia maliciosa, francamente, poseía problemas de la vista o en su cabeza. Posiblemente sea eso último. Porque tropezar dos veces con la misma piedra es para revisar algo malo en ti, ser un completo idiota o un imbécil sin remedio.
Soltó un suspiro enfocando su mirada verde a la ventana, el día aparentaba ser despejado y con un sol resplandeciente en todas sus anchas, aunque su interior era tan nublado como uno de llovía. Quizás Souji solo se mentía a si mismo para involucrarse en la historia de ella, porque aunque no hubiese tirada la toalla, la castaña jamas cambiara su manera de mirarlo. Dolia pero, estaba en la “zona del amigo” quien simplemente cuentas como su pañuelo de lágrimas, ese hombro donde depositar sus lágrimas y esa voz de la confianza para escuchar un consejo. Era frustrante porque él podría ser mas, mucho mas, confiarle la tarea de hacerla feliz y mostrarle que puedes confiar en el amor sin importar cuantas veces caigas, porque de eso se trata la vida. Caer, limpiar tus rodillas y volver andar. Lastima que estuviera lo suficiente ciega como para evitar mirar mas allá de Toshirou, puede ser por los momentos sea su centro del universo, pero eventualmente pasando el tiempo eso cambiaria. Porque una vez tocando fondo, solo queda salir a flote.
El ruido del salón cesa, aunque no manera permanente pues algunas chicas murmuran por lo bajo algunas palabras de desagrado, el castaño gira e inmediatamente se encuentra con la parejita mas desagradable de todas: Amamiya Ami y Purpure. Las seguidoras de Kazama al enterarse del cambio de parecer en la rubia en salir con el ojos carmín, el “engañarlo” con Purpure y posteriormente esconder su relación a Kazama, se gano la mala reputación con las féminas, inclusive la misma Momoka. Ni mencionar a Purpure, pues las chicas se solidaridaron con Mitsuki, armando conjetura de estar consolandose mutuamente con Kazama, de volver juntos como amigos o algo mas jamas los juzgarían, solo son víctimas de esos dos rufianes. ¡Ugh! De imaginarlo se le revolvian las tripas, su amiga en la vida accedería a tal cosa, menos con Kazama. Aquel demonio mujeriego de cuarta, muchas han pasado por su lecho y jamas permitirá que la castaña sea una mas de estas, aunque su intuición le dictamina otra cosa en los planea del rubio con ella. Las circunstancias podrían volverse un poco turbias.
La nueva pareja ignora los chismes bajos de sus compañeras, sentandose en sus puestos conveccionales uno cerca del otro, la rubia parece muy animada como de costumbre empieza hablar con un azabache decaído, buscando distraerlo. Souji aprieta los puño con rabia, de realmente pensar en su amiga era un completo idiota, desde hace mucho perdió esa oportunidad en el momento de revolcarse con la mestiza, quizás, hasta de mas antes. Entonces Minami cruza el umbral de forma cohibida mirando hacia los lados, su acompañantes se quedan callados ante el complejo de super espia, inclusive el mismo Souji. Puede que este buscando a una castaña en particular, pero cuando termina su inspección, hunde sus hombros y dirige sus pasos en dirección al ojos verde al tener su puesto en frente. Los demás chicos sueltan risas entre ellos e igualmente la imitan.
— No apareció… una vez mas. — murmura la chica por lo bajo, bastante aflijida.
— Aun no se sabe nada, es predecible. — opina de igual modo Heisuke.
— ¿Creen que se encuentre bien? — una Reika pensativa pregunta.
— Las malas noticias son las primeras en llegar. — contesto el taciturno.
— Sin embargo, es muy extraño que ni siquiera se halla llevado consigo el celular. — movió hacia los lados su rostro confundida Momoka, arrugando el ceño. — Casi demuestra…
— Querer deshacerse de todo y así dejarlo atrás. — concluyo muy convencido Souji.
Giro nuevamente a ver la pareja traidora encontrándose con la vista purpura de su antiguo amigo, fruncio el ceño, aquel cretino aun le quedaban agallas para fijarse en ellos. ¿Qué pretendía? ¿Conocer alguna información de ellos sobre la castaña? ¡Pues erraba! Porque en la vida saldría algo de su boca que pudiera beneficiarlo, menos cuando él fue quien la vio por última vez… ¡Eso era! Este desgraciado debía tener algún dato de la ojos calabaza, nadie como Toshi para sacarlo de dudas. Es decir, solo se enteraron del engaño por medio de Ryuunosuke al gritarlo en medio pasillo el día anterior, pero los detalles del acontecimiento son un entero misterio. Inclusive la participación del mismo Kazama, quien seguramente esta involucrado con la desaparición de la castaña, las casualidades jamas han existido para él. Solo lo inevitable.
Rodando sus ojos ignorandolo, enfocó su vista a su amiga Minami, quien seguía hundida en su tristeza.
— Toshi debe de saber mas que nosotros. — soltó sin mas, llamando la atención de sus amigos.
— ¿Has perdido la cabeza? — bajo la cabeza Heisuke tratando de cerrar el circulo, en un débil intento de no ser escuchado por el azabache en cuestión, siendo inútil. — No permitiré que te acerques nuevamente a él solamente para golpearlo.
— No voy a golpearlo. — musito ofendido el ojos verde — simplemente quiero saber que ocurrió esa noche.
— Aun peor — señaló Reika, cruzando sus brazos — Eres impulsivo, Souji, si en el mínimo segundo de enterarte de la verdad lo golpeaste. ¿Como sera descubriendo los detalles?
— Es un riesgo que debo correr. — fruncio un poco los labios en señal de niñeria, Minami soltó una risita divertida. — ¿Acaso no desean saber el paradero de Mitsuki-chan? Porque yo si y el esperar cruzado de brazos hasta verla atravesar ese umbral, jamas sera lo mio.
— Eso… si decide volver. — informo Saoitu por lo bajo.
— ¡Ha! ¡Mierda! — exclamó Heisuke sujetandose su cabello desesperado, asustando a sus compañeros. — ¡No digas cosas pesimistas Hajime!
— Lo siento, Hajime tiende a serlo cuando se encuentra nervioso. — lo excuso Reika, sujetandolo de los hombros. — si me disculpan.
Souji se quedo observandolos en silencio como se apartaba los dos primos al sitio mas apartado del aula, sonrio divertido, desde tiempo inmemorables los Saitou estuvieron con él acompañandolo en sus mas bajas de animo. Siempre le parecio curioso su estrecha confianza, parecían siameses en este tipo de situaciones, muchos tendían a confundir su relación con algo mas allá de lo fraternal. Sin embargo, Souji sabia la verdad y es que los dos se criaron desde pequeños juntos, al punto de verse el hermano del otro así de esa forma, no poder estar lejos en el grado de gemelos. Aunque, los envidiaba, ellos son dos primos que aparentan ser novios y desearía mas a nadie estar de esa manera con una castaña particular. ¡Si ella estuvo confiando su secreto en el pasado! ¿Por qué no acudirle en esta situación también? ¡Estubo cerca! Solo hubiese bastado uno de sus gritos y correría a su encuentro, quizás lo que mas le dolia era no confiar en él. Aun miraba de reojo su teléfono con la esperanza de tener un mensaje de los suyos, informándole su ubicación y que fuese a rescatarla. ¡Que absurdo! Esto no es un cuento de hadas, quien la princesa necesita un caballero de elegante armadura para rescatarla, de tratarse de un historia seria de terror, donde un apuesto joven se convierte en un temible demonio chupa sangre de otros en calificación “puros”.
¡Maldición!
Su cabeza ya le estaba dando problemas.
Necesita encontrar a la ojos calabaza rápido.
El profesor entro al aula anunciando el comienzo de las clases, los primos Saitou fueron a ocupar sus lugares correspondientes, en general, todo el mundo comenzó hacerlo. En su mente solo ocupaba encontrar la manera de interceptar a Toshi a solas, aquella mestiza impertinente era igual a una sanguijuela pegada al azabache, necesitaba hablar con él sin molestias de por medio. Entonces lo recordó, hoy se realizaría una reunión en el club de Kendo con los encargados, dudaba mucho ver a Amamiya Ami en el salón del club si es de las que huye de esos sitios, al menos en el pasado solia ser así. Souji dibujo una sonrisa socarrona en sus labios, le había llegado el momento de la verdad a Toshi, el cual, no se valía escapar.
Las horas pasaron volando como una suave brisa de abril, Souji quedo con sus amigos el encontrarse en el club pues debía se buscar a sus molestos senpais, claro, actuaban a jamas haber pisado el instituto cuando solamente se graduaron este mismo año. ¿Acaso son idiotas? Pensó el castaño al ver el mensaje de Shinpachi y Harada, par de idiotas pretenciosos listos para presumirle sus logros de estudiantes recien graduados, en el caso del primero tuvo que optar a estudiar una carrera técnica porque su padre no permitió abandonar sus estudios. Fue gracioso observarlo estudiar a última hora, ese semblante vivaracho se suplanto por uno de total angustia, inclusive el mismo Harada se burlo en su cara. Los viejos siempre tendrán la última palabra. Entonces su semblante de buen animo se borro al encontrarse con esos ojos purpura, cabello azabache y piel morena. Purpure Toshirou. Este se detuvo en seco en el pasillo imitando al castaño, quien apretó con fuerza el celular en su manos y guardandolo. Quizás Reika tenia razón, él era muy impulsivo, apenas y podía controlar las ganas de irse sobre su antiguo amigo y romperle la cara. Seria un total problema ver su aura demoníaca saliendo, porque si lograba convertirse en un demonio completo, juraba matarlo sin compación.
¡No! Necesitaba tener control de si mismo.
¡Si! Control.
Respira… respira… respira…
— ¿Iras por Shinpachi y Harada? — fue él quien rompió la tensión en el ambiente.
— ¿Y tu que crees? — le respondió con otra pregunta de forma altanera.
— Lo digo porque me han enviado igual un mensaje a mi. — habló de forma indiferente, casi frívola y distante. ¡Sera cabron! — seguramente no tienen idea de lo que ocurre, ya deberían de enterarse. ¿No crees?
Esa manera de tratar su traición hacia la castaña de forma insignificante, casi igual a una molesta mosca rodandole la cara. Bueno, le rondaba porque él es un pedazo de mierda inservible, comprendiendo aun mas el enojo inquebrantable de Ryuunosuke y su evidente valor de partirle el labio. ¿Pero adivinen qué? ¡Souji se encargaría de hacerle lo mismo con la nariz! Por lo tanto, al intentar de pasar en un lado suyo le impidió el paso, sujetandolo del brazo emitiendo un poco de aura oscura demonica.
— ¿Y esto que significa? — lo miro por el rabillo de su ojo el agarre del demonio.
— Bueno, significa que, eres un hombre muerto. Toshi. — pronuncio con malicia, empujandolo al frente e inmediatamente acumulando energía demoníaca en su mano, golpeo con fuerza la nariz del azabache, partiendosela. — Oh, mira nada mas… ¡Si estas ya sangrando! Hay que ver la debilidad de los humanos, son tan faciles de quebrar… ¿No crees?
— ¿Aun tras la sombra de Mitsuki? — se burlo, intentando apartar la sangre de su nariz, enojando mas al demonio que se acerco hasta él y lo sujeto de las solapas, apareciendo sus ojos color rojo. — Mira, mira nada mas… ese color sangre. ¿Acaso…? ¿Deseas derramar mas la mia?
— Noto que no eres ningún tonto, Toshi. — se río socarronamente, alzando una vez su puño estampadolo contra el pomulo del contrario, haciéndolo escupir sangre. — Mientras seamos sinceros entre los dos, todo se hará mas fácil para ti. ¿Entendiste?
Toshirou comenzó a reírse de manera descarada sin mostrar el rostro, de hecho, su cuerpo temblaba al ritmo del sonido provocando mas enojo en el demonio, quien apreto su agarre en los solapas del otro.
— ¿Qué es tan gracioso? — mascullo entre labios, sintiendo que la ola oscura se apoderaba mas de él.
— Tu — giro su rostro mostrandole las heridas proferidas por él, aunque lo mas sorprendente era la sonrisa socarrona que poseía. — porque aun piensas en poder optener a Mitsuki si me golpeas, cosa… bastante errada, mi amigo. Ella… esta muy lejos de ti y de mi. ¿No te habías dado de cuenta?
— ¡¿Entonces sabes donde esta?! — bosifero, moviendolo furiosamente de adelante hacia atrás, sacandole mas risas al azabache. — ¡No juegues conmigo Toshirou! Habla… ¡Habla donde esta ella!
— Nunca podrás tocarla, menos con esas manos manchadas de sangre. — Souji perdiendo un poco mas de su paciencia, llevo su puño a la mandíbula de este induciendole mas dolor. — ¡Aunque me pegues no podrás dar con Mitsuki!
La delgada línea de la cordura en Souji se templo por completo dándole paso a romperse, una aura pesada y oscura se cernio sobre él, dándole paso a convertir su morena piel en traslucida, sus ojos verdes en rojos carmín, su cabello castaño en blanco viejo. En pocas palabras, se transformo en un completo demonio. Con todo y eso, Toshirou no tenia ni un poquito de miedo porque su mente se hallaba en un punto muerto, donde nada le importaba.
— Iba hacer condecendiente contigo por nuestra antigua amistad, pero… ¿Adivina que? — la sed de sangre era lantente en el aire, al sentir como el albino lo sujetaba del cuello y lo estampaba contra la pared, sacandole todo el aire de los pulmones. — ¡Me he cansado de tus estúpidos juegos Toshirou! Contigo no vale ser sutil y menos agresivo, asi que… ¿Qué tal si saco el destripador dentro de mi? Con él, quizás no seas tan imbécil.
Uno, dos, tres, cuatro golpes seguidos en sus pomulos, mandíbula y estomago le nublaban los sentidos llevándolo a otra dimensión lejos de aquí. Lo sabia, desde un principio siempre lo supo que nunca debió de desear mas de lo debido, aquella dulce sonrisa emitida por la gracia de un ángel, jamas le fue permitida para alguien como él. Incluso ahora, sintiendo todos esos golpes de quien antes era su mejor amigo, no podía dejar de pensar en ella. Su ojos color calabaza, la suavidad de su piel en contacto con la suya y ese sentimiento primaveral llenando su pecho, llevándolo a la gloria total. Sin embargo, horita solamente puede pensar encontrarse en el infierno, no existe nada de eso luego de morir, pues él azabache se encontraba viviendolo en vivo y en directo. Irónico, muy irónico si le permitían decirlo, porque esto no es mas que la consecuencia de sus actos. Se lo merecia, ¡Mierda que si! Este dolor fisicio no era nasa en comparación a lo emocional, después de todo le entrego a Mitsuki al demonio de Kazama. Era por eso que… le producia risa el acto de “príncipe heroico” en Souji. Ni para alguien como él estaría el alcance la castaña. Asi sintiendo la agresión en su estómago por la rodilla del mestizo, fue enviado al suelo volviendo la risa neurotica fluyendo en él, nada tenia sentido en esta vida. Sobre todo, si Mitsuki no estaba a su lado.
— El imbécil aqui, — el albino lo alzo nuevamente mostrandole sus colmillos de demonio, preparándose para otra ronda. — eres tu. ¿En verdad crees poder alcanzar a Mitsuki? Que iluso…
— Veraz Toshi, una vez que me planteo algo no existe nadie en pararme. — alardeo muy convencido. — Mientras tu papel es muy simple, darme la información. De lo contrario, tus huesos van ha comenzar a quebrarse.
— Una amenaza bastante astuta para alguien de tu clase. — menciono demostrando su sonrisa ensangrentada.
— Te la adverti.
Pero antes de poder tocar al azabache, sus antiguos senpais acompañados del grupo de amigos de ellos llegaron deteniendo a Souji, estaban sumamente sorprendidos al ver el panorama de ver al castaño convertido completamente en demonio. Harada no comprendia como podía ser tan fuerte el chico, menos la capacidad de Purpure al aguantar la paliza descomunal en manos del mestizo, es decir, la aura oscura que emitía era escalofriante y con ganas de destripar a cualquier ser viviente. ¡Si ni siquiera Shinpachi, Saitou, Heisuke y su persona podían con él! Es parecido a luchar con un mastodonte o inclusive elefante. El azabache tuvo que llevar al limite al contrario, estas peleas entre ellos le estaban comenzando a fastidiar.
— ¿Como es que la campana siempre te salva? — hablo con un tono de voz cinico, casi frívolo al ver a su amigo. — Sigues siendo un hombre con suerte, Toshirou.
¿Desde cuando se tratan así?
— Supongo que… — rio limpiandose el resto de sangre en la comisura de sus labios, siendo ayudado a levantarse por las chicas. — algunas veces no es tan mala a comparación tuya, claro esta.
— ¡Ahora si te voy acabar! — rugio, emanando de su silueta una clase de aura escalofriante.
— ¡Bueno ya valio! — se coloco al frente Harada, soltando al ahora albino y frenandolo de hacer alguna locura. — no tengo idea la razón de este comportamiento absurdo entre los dos, pero les recuerdo que siempre han sido amigos. Estimo mucho a Mitsuki, pero me desagrada el posible estímulo en colocarlos en disputa.
— ¡¿Y por qué no le dices la verdad a Harada, Purpure Toshirou?! — exclamo super furioso, obligando a detenerlo sus amigos — ¡Anda! ¡Cuentale la clase de escoria que resultaste ser! ¡La gran hazaña contra Mitsuki-chan!
El ojos miel giro en dirección a Purpure, este bajo la mirada abatido dándole prácticamente la razón al albino, y muy bien sabía Harada de la veracidad en algunas palabras del mestizo. No es de lo que mienten, suele ser burlón e inoportuno en algunas circunstancias, pero en momentos como este suele ser muy serio.
¿Qué mierda hizo Purpure?
— ¿Qué quiere decir con eso Souji, Toshi? — se adelanto en la pregunta Shinpachi, frunciendo el ceño.
— Oh, ni se moleste en preguntarle. — habló el mestizo, ante el silencio del humano soltando una risotadas preso de sus instintos — ¡Porque no dira absolutamente nada!
Pero sus amigos igualmente guardaron silencio, donde únicamente bajaron sus miradas incómodos ante la situación, para ellos involucrarse mas en este asunto era sinónimo de problemas.
— Vale, vale… no digan nada. — escupio con resentimiento el demonio, aun preso en los brazos de sus amigos. — porque de todas maneras, no borrara de la realidad el engaño de Toshirou ha Mitsuki-chan con la desagradable de Amamiya Ami.
En chasquido resono en las mente de los senpais, intentando buscar la mirada del azabache con la finalidad de esperar encontrar una broma en esto, pero no, todo era una autentica verdad porque el moreno nunca dijo nada en contra de ese hecho. Esto… esto era increíble, el legendario “Toshitsu” había terminado por culpa del moreno, quien miraba a las ojos calabaza con anhelo y devoción, considerando el jamas hacerle algo para perjudicarla, es decir, ¡ambos revozaban amor! Ni un tifón podría separarlos cuando se encontraban juntos. Ahora, venían diciéndole semejante noticia como si mencionaran un simple “hola”, al menos Harada de rehusaba a tragarse todo este cuento. ¡Aqui existe gato encerrado! Toshi simplemente jamas arrojaria a la basura una hermosa relación con la demonio, menos con todo ese calor transmiendole en cada segundo de vivir a su lado, no, él jamas seria lo suficientemente idiota como para cometer el mismo error dos veces.
— Toshi… tu… ¿Qué demonios hiciste? — musito incrédulo Shinpachi, soltando al albino y dejándole todo el trabajo al taciturno y castaño.
— ¿Fuiste lo suficiente imbécil para volver a tropezar con la misma piedra? — dio unos pasos hacia adelante Harada, adaptándose a la nueva realidad. — ¿Dos… veces…?
— Yo… — simplemente musito.
— ¡Amamiya Ami! — alzo los brazos indignado Shinpachi, resolpando entre dientes. — ¿Acaso no era la novia de Kazama? ¿Pero en que estabas pensando?
— Obviamente, ni pensaba. — comentó con ironía Souji, desviando la mirada hacia otro lado. — Pero a mi, me tiene sin cuidado sus deslices. Ese es su puto problema. Solo quiero saber donde esta Mitsuki, y definitivamente él lo sabe.
Ahora Minami despertando del letargo donde se encontraba, sujeto al mallugado cuerpo de Purpure entre sus brazos girandolo a su dirección, su frenética expresión demostraba la preocupación por saber de las ojos calabaza. El azabache se asusto.
— ¿Es verdad Toshi? — pidió desesperada, casi sobrepasando el limite de sus fuerzas. — ¡¿Sabes donde esta?!
— Aguarden — freno el carro Harada — ¿A Mitsuki le ocurrió algo?
— Desapareció — intervino Reika, suspirando pesadamente — hace dos días luego de su ruptura con Purpure, no supimos mas nada de ella. Su estado o paradero, es desconocido para nosotros.
— ¿Y Ryuunosuke? — siguió preguntando Shinpachi — es como su segunda sombra, él mas que nadie debería saber de ella.
— Sigue asistiendo a clases normalmente — agrego Momoka, bajando su mirada abatida — inclusive para él, es un misterio donde esta su hermana. Además, sus padres solo informaron el estar lejos preparándose para un “Omai”. Cosa que considera una mentira, algo estan escondiendo.
¿Pero que era todo esto? Se graduaban y la misma pandemia de caníbales se desataba, entre las roturas y desapariciones lo convertirían en chango, en la vida pensaron volver a pasar por una situación de nuevo. Primero fue con Chizuru, una dulce e inocente muchacha enamorada desde pequeña de Purpure, pero este en un arrebato de completa idiotes la alejo, para siempre. Ahora la odisea volvía a repetirse, siendo con otra chica inocente y pura, Mitsuki. Comprendian a la perfección la postura de Souji, provocaba romperle todos los huesos del cuerpo, aun así, perderse de esa manera era demaciado, inclusive con alguien de la calaña de Purpure. Entonces de la nada, este chico bajo su cabeza comenzando a temblar considerablemente, haciendo soltar a Minami su agarre y respingar asustada.
¿Ahora que rayos le pasaba?
— Todos… todos ustedes. — aguarden, ¿eso era una risa? — son tan ingenuos y… tan… ¿inocentes? Si, si esa era la palabra.
Antes de cualquiera reaccionar, los movimientos veloces de demonio mestizo en Souji para los ojos mortales, no captó la desaparición en sus brazos y aparecer una vez mas frente de Purpure, tomandolo de los brazos y estanpandolo contra la pared. Apretando su muñeca totalmente nublado de ira, la hizo sonar provocandole un grito e inmediatamente una fractura, era un hombre de palabra y la cumplió. Esto, solo era el principio de todo lo demás.
Sus amigos corrieron a socorrerlo, no por merecerlo, mas bien era mas en favor del albino y su arranque de locura.
— ¿No te lo dije? — menciono con tono amenazante, acariciando la piel del contrario con su aliento gelido y malicioso. — Voy a quebrarte todos los huesos hasta que hables, no tengo prisa… poseo mucho tiempo. Querido Toshi.
— ¡Souji detente! — llego primero que nadie Minami, desesperada con lágrimas en los ojos agarrando uno de los brazos del demonio, siendo un intento fallido de poder frenarlo — por favor, no te ensucies las manos con él. ¡Ni siquiera lo merece!
— Oh… creeme, no hago esto por él. Tal como mecionaste, ni lo merece. — subio su mano, aplastandole el antebrazo y provocando otra fractura. — esto es por el dolor emocional de Mitsuki-chan, porque ni debe ser la cuarta parte del físico que te estoy haciendo experimentar.
— ¡Mitsuki tampoco le gustaría verte de esta manera! — siguio insistiendo la muchacha, haciéndole señas a los demás para evitar su acercamiento. — porque comparte nuestro mismo pensamiento, el no valer ni un minuto de su tiempo hecharse a morir por un idiota como Toshi.
— ¡Vamos Souji! — grito Heisuke, con precaución — Minami tiene razón, no vale la pena gastar fuerza innecesaria en Toshi. Sueltalo y dejalo libre.
El albino apreto sus dientes con prepotencia, dándole vueltas en la cabeza las palabras de sus amigos, de cierto modo tenia razón en que Mitsuki no le gustaría verlo de esta manera. La apariencia propia de una bestia de la noche, grotesca y asquerosa, pero no podía evitarlo porque el tratarse de Toshirou perdía la compostura. Le parecía injusto el verlo tranquilamente caminando por los pasillos del instituto de la mano con Amamiya Ami, en tanto la ojos calabaza se encuentra en quien sabe donde dolida y sola, luchando con sus propios dolores de la traición. No, ella en verdad jamas mereció pasar por este trago amargo, simplemente deberia de estar sonriendo con la fuerza de miles de soles e igualmente contemplar de otra manera la vida, de la mano de alguien competente en hacerla feliz. Donde no tenía espacio el azabache.
— Si… tu no vales la pena, Toshirou. — susurro por lo bajo soltandolo.
Poco a poco su apariencia volvió a la normalidad, todos emitieron un suspiro aliviados, mientras que Minami socorría al herido visualizando el grado de los daños. Quizás todo este comportamiento en el castaño estuvo errado, no debía centrarse en agredir a Toshi cada vez en verlo, porque en la vida Mitsuki querría hacerle algo así al azabache. Su estilo es sumirse en sus propios pensamientos, encerrarse en su mundo y desplazar a todos, en el momento de sentir ahogarse llamaría por ayuda. Así lo hizo en el pasado.
— ¿Te diste de cuenta no ser necesaria para ella? — lo provoco el azabache sonriendo con burla, viendo al castaño mirar sus manos distraído — que solo… ¿seras su segunda opción?
— ¿Pero que demonios estas tratando de hacer? — le ayudo a pararse Harada, al igual de Saitou y Heisuke — si es una clase de broma, no la encuentro ni remotamente graciosa. Dejalo en paz.
— Esta bien, lo admito. — ignoro la advertencia del mayor, siguiendo con esa actitud arrogante. — Soy la clase de escoria que se atrevió a dañarla sin asumir las consecuencias, aunque francamente, estoy pagando la cuenta de ello. ¿Cierto? ¡Pero si me has quebrado dos huesos!
— Toshirou, ya para. — le mando Shinpachi, frunciendo el ceño y colocandole una mano en su pecho, señal de alto.
— ¿Pero adivina que? — rio con malicia, importandole poco los mensajes de advertencia de sus superiores, fijando únicamente su mirada en el castaño estático. — ella en verdad me ignora, ni siquiera se atreve a odiarme. ¡Es increíble! En sus ojos he dejado de existir, ya no acudirá a mi jamás. Pero, tampoco en ti. Mi querido Souji.
— ¡Te han dicho que pares! — elevo su tono de voz Heisuke, dándole un leve empujón al azabache contra la pared, siendo sujetado luego por Momoka. — Eres peor que la escoria, Toshirou. Ahora entiendo porque Souji te dio una golpiza, horita mismo estoy deseando hacerlo igualmente. ¿Qué ganas provocandolo? ¿Eres una nueva clase de masoquista?
— Sin animos de ofender, Heisuke pero… no te entrometas. — bajo su tono de voz, convirtiendole en algo totalmente frívolo, hasta el punto de inducir al pequeño castaño el agrederlo. Pero Momoka lo sujeto de la mano, deteniendolo. — No soy una nueva clase de “masoquista”, solo quiero advertirle a Souji que su nuevo contrincante, ya le lleva la delantera.
El castaño reaccionando a las palabras de su antiguo amigo, subio su mirada entornandose un poco carmín aunque manteniendo su toque verde, quería tener su humanidad en tacto. Apretó sus puños con impotencia.
— ¿Qué quieres decir con eso Toshirou? — pronuncio casi en un rugido.
— Kazama Chikage. — menciono al fin el nombre del demonio mas peligroso de todos, asombrando a todos los presentes. — ¿Te suena de algo? Obvio que si, a todos se les hace sumamente conocido. ¡El hijo del primer ministro! Es quien ha puesto sus ojos en Mitsuki, y ella… termino accediendo.
En ese mismo instante, Ryuunosuke llega corriendo junto a la sacerdotisa escuchando la últimas palabras del azabache mayor, quedando congelado en el instante empezando a maquinar una por una sus ideas. Porque… eso no sonaba tan descabellado, desde la primera vez en encontrarselo observandola la otra vez, supo que ese demonio tenía claras intenciones con su hermana. Ahora, ¿ella cayo en sus redes? No, no podía ser posible. ¡Se rehusaba a creerlo!
— No caere en tus juegos, Toshi. — rio incrédulo Souji, mirandolo cuidadosamente. — se que el idiota de Kazama se dedicaba ha fastidiarla, e inclusive, debe de estar detrás de su desaparición pero… ¿Mitsuki-chan cayendo en su redes? Es absurdo.
— ¿No he sido el último en estar con ella? — insistió, manteniendo su mueca asquerosa. — solo te digo lo que mire. Mitsuki en brazos de Kazama, siendo consolada su pobre alma destruida… por mi.
— Estoy confundido en saber si eres idiota, masoquista o un sujeto en busca de adrenalina. — la voz grave de Ryuunosuke reino en el sitio, viéndolo desaparecer frente a sus ojos y volviendo aparecer frente a Purpure, sujetandolo del cuello con fuerza. Dejando a los demás con la boca abierta. ¡Era mas veloz que Souji! — Ahora, los humanos no van a inmescuirse en esto, esto es un problema entre este miserable y yo. Bien, dicho esto, Purpure… no soy tan condecentiente como el mestizo, yo si ataco a matar. — apreto mas su agarre, dejándolo casi sin aire, provocandole una sonrisa satisfecha de medio lado. — Acabar con estúpidos humanos como tu, es un pasatiempo para mi, algo… divertido. No soy se amenazas o alardeos, simplemente me dirijo al punto concreto. Por lo tanto, te dire una única pregunta y espero tu completa disposición en contestarla. — viendo que el azabache ya no podía conseguir respirar, lo soltó, cayendo al suelo como si fuera un muñeco de felpa. Este tosió fuerte, viéndo nuevamente necesario el aire reparador. — ¿Hasta que grado ese demonio esta involucrado con mi hermana?
Purpure nunca habia sentido tanto frío congelandole los nervios, menos el paralizarle los músculos al punto de ser drenado en todos sus sentidos, solo pensó que mirar esos ojos negros toda coordinación entre su cerebro y cuerpo se decenchufo. Provocar a Souji era divertido en el punto de provocarle perder la cordura, de hecho, le partió algunos de sus huesos del brazo pero jamas han llegado a temer de su vida. Y eso que los mestizos son peligrosos. Sin embargo, el poder de un autentico sangre pura es el veneno letal a tus sentidos, succiona todo pensamiento racional e inyecta una vacuna para el miedo. Si ni siquiera sus amigos se atrevieron a interceder por él, simplemente se quedaron mirando muy tranquilos en sus puestos el panorama, hasta la misma peli turquesa quien era la única en permitirle acercarsele al menor de los Mitsutani. Lo supo, con él no puede hacer la misma gracia con Souji, necesita decirle autentica verdad y sin rodeos de por medio.
— Cuando comenzamos a salir, Mitsuki me conto que Kazama le propuso casarce con ella. — relato al fin, medio tociendo el proceso. Sorprendiendo a sus amigos, inclusive las chicas. — Debes conocer mejor que nadie la razón de esto, ¿cierto?
— Prevalecer el linaje de los sangre pura y romper la maldición. — murmuro pensativo Ryuunosuke.
— Exactamente. — sobo su cuello, aun sintiendo la sensación de las manos del menor en él. — Aunque ella le rechazo rápidamente e igualmente dejo claro su posición, creo que él jamás se rindió. Inclusive, siendo novio de Ami. Pudo haberla ignorado aveces pero, seguía tras su rastro. Al menos, es mi opinión.
— Entonces, lo que viste esa noche fue el resultado de no desfallecer. ¿Correcto? — dedujo Ryuunosuke, frunciendo el ceño.
— Si, Kazama solo estaba recogiendo su siembra. — opino sincero Purpure, bajando su mirada. — Asi que, donde este Mitsuki, definitivamente se encontrara él.
El azabache menor no tenia mas necesidad de manipular al humano con su poder demoníaco, otro de sus tantos proporcionados al ser sangre pura, igual al osado del rubio, manteniendo a todas esas chicas chillando a su alrededor. Quienes no surtian efecto en él eran los demonios y personas enamoradas de otras, pero eso seria otro tema que mencionar. Ryuunosuke giro dándole la espalda al ex-novio de su hermana, caminando en dirección de la peli turquesa, ideando los planes para dar con la ojos calabaza. En tanto, Minami quedo totalmente en blanco al no comprender absolutamente nada de lo hablado por los azabache, sobre siendo su “Kazama-sama” un demonio, asechar a su amiga, proponerle matrimonio y estar a su lado en estos momentos. Le terminaron de describir un muchacho totalmente diferente al que ella y sus amigas conocían, porque desde un principio comprendio el interés del rubio hacia su amiga, pero esta estaba perdida en Toshi como de igual modo el noviazgo con Amamiya Ami, que termino olvidandolo. ¿Como es posible el Mitsuki haberselo guardo todo este tiempo para si misma? ¡Incluvise Toshi! Son unos tacaños.
— ¿Por qué no comentaste esto antes? — se adelanto a sus pensamientos Reika, extendiendole su mano al herido. — igualmente Mitsuki.
— ¿Qué importa a estas alturas de todas maneras? — la recibió, quejándose ante sus daños de la paliza.
— Si, tienes razón. — comento Minami, cruzando los brazos a la altura del pecho. — ¿Que importa? Pero cabe de destacar dejar algo totalmente en claro, Toshi. Si llegara a regresar Mitsuki, no te atrevas ni siquiera ha respirar el mismo aire que ella. Como tu lo sabes, perdiste tus derechos, ahora, sera el turno de otra persona. ¿Entendido?
— Tampoco pensaba hacerlo. — murmuro por lo bajo, desviando su mirada.
— Eso espero porque, de lo contrario, — dio un paso agarrandolo de la camisa con fuerza, amenzandolo con su mirada — me encargaré personalmente de mostrarte el infierno.
Y lo soltó, dándose la vuelta y abandonando el lugar junto a los demás, dejándolo en la completa nada en compañia de la soledad. Era irónico pensar en que antes tenía el apoyo de sus amigos, inclusive le perdonaron la metida de pata en el pasado con Chizuru, para ellos si existía las personas queriendo enmendar sus errores, asi que pasaron la pagina y siguieron con sus vidas. Pero una vez mas la embarro, como de costumbre en su día a día dañaba lo mas importante en su existir, por eso mismo conocía que sus amigos no le perdonarian esta, mas Souji. Quería reírse hasta desfallecer, porque en esos dos últimos días perdió muchas cosas, primero el amor de su vida, segundo su mejor amigo y tercero, su dignidad. ¿Qué otra cosa podría resultar peor a eso? ¡Claro! La imagen de la castaña en brazos de Kazama, sujetandola con fuerza y posición demostrandole a él entre las sombras el jamas soltarla, que si la tenia finalmente, nada podría privarlo de hacerla su mujer.
Purpure igualmente conocía al demonio sangre pura, no es de cometer los mismos errores, pudo haber dejado escapar a Chizuru pero con Mitsuki seria diferente. Esa expresión de arrogancia se lo confirmo, por lo tanto, la guerra ya estaba perdida.
« El olor a muerte apestaba por todas partes, desde los pueblos mas ricos de Edo hasta lo mas humildes plagados de enfermedades, quienes otra cosa menos a la guerra trajo consigo mismo. No solo eso, igualmente vacíos en los corazones de los humanos, apartandolos de seres queridos padres de familia, madres, hijos, abuelos… tíos. La guerra arrazo con todo eso y mas, en el momento de caminar por las calles de aquel pais producida todo tipo de malestar. Angustia, dolor, impotencia y… rabia.
¿Por qué los humanos debían de pagar los errores de los demonios? Era estúpido, sin pies o cabeza, ellos solamente estaban a marced de los deseos egoista de la abancada de lo sangre pura con un capitán menticuloso y peligroso, capaz de arrazar con un ejercito entero el solo. Hablaba de Chikage, que desde esa última vez en verse la dejo a su suerte en un pueblo cerca de Edo, aunque la princesa no partió en seguida a la capital pues tomo un desvío. Debido al grito de guerra dictaminada por el emperador a los humanos al no hacerle caso a los demonios, las luchas se volvieron mas brutales comparadas a las convencionales, necesitando una mano para atender a los heridos y enfermos. La ojos caoba no se la pensó dos veces en brindar su mano humanitaria, desviandose cada vez mas de su objetivo de llegar a la capital junto a su amado, aunque de igual manera no le dejo sin noticias de su parte. Aunque nunca recibía noticias debido a su inestabilidad de ubicarse en un lugar, solia enterarse de todo al encontrarse en líneas de lucha, donde inclusive podía escuchar el sonido de los cañones retumbar sus oídos. Ella jamas temió de perder su vida, inclusivo cuando uno de sus heridos le sugerían olvidarse de ellos y volver a la capital junto a Hijikata, pero insistía en necesitarla mas allí que en el cuartel general de los Shinsengumi. Cosa no tan alejana a la realidad, si iba en busca de Hijikata, seguramente seria obligada a encerrarse en las cuatro paredes de la guarida contra los sangre pura, convirtiéndose en lo que mas ella odia: damicela en problemas. Si algo le quedo de ser salvada dos veces por Chikage, es jamas esperar por alguien por su rescate, porque nacio con dos brazos y dos piernas lo suficiente para peliar ante su vida. Esa era otra razón por atender a los enfermos. Además, de hacerla sentir útil.
Estuvo varios meses en ese trayecto, ayudando a los mas muribundos, ofrenciendo sus cuidados y una vez mostrado mejoría, partía a otro campamento en necesidad de su ayuda. Entre los guerros era considerada “diosa curandera”, en los pueblos “la luz hecha mujer” y entre los demonios, “la belleza de la muerte”. Particularmente la princesa no le interesaba ninguna de esos nombres, solo la importancia de que cada una de esas personas humanas o demonios, fueran rescatada de la muerte. Aunque, lamentanblemente, eso no corrió para la suerte de su padre. Si, él rey de los sangre pura, quien ofrenciendose de encomienda al escuchar los rumores de la curandera celestial, le siguió la pista a su hija sufriendo una incrucijada en manos de los humanos y mestizos, muriendo en una balancera.
Por primera vez, la princesa experimento un dolor tan desgarrador como la vida misma, el privarle de seguir respirando sin sentir un vacío en su pecho o corazón. La embargo la cruda realidad de la muerte, quien llega sin invitación o sin antes anunciar, simplemente agarrando aquien ha venido a buscar y marchandose en silencio. Aquello fue peor a perder a Souji, inclusive sus otros amigos, porque su padre aunque la entregaro en manos del peor de los demonios, seguía siendo su padre. ¿Como seguir? ¿Como vivir con el recuerdo de su padre y ella discutiendo? Si al menos alguien le hubiera advertido de este desenlace, ella quizás le habría dicho a él cuanto lo amaba y respetaba, igualmente recordar cada una de sus travesuras juntos o las “yo te cubro de tu mamá” cuando realizaba algo malo en la perspectiva de ella. Ahora, solo le quedó la sensación amarga en el pecho, nada de palabras, nada de perdones, simplemente un abismo de desolación.
Apartir de allí, nada seria igual.
Una vez dándole sepultura a su padre decidió partir a Edo, tal vez llego el momento de enfrentar finalmente la fuente de todo este mal, así culminar con esta locura proporcionada por su antiguo prometido. Kazama Chikage. De él sino escucho muchas cosas, simplemente encontrarse al lado del emperador con la finalidad de unir fuerzas, buscar cada momento inoportuno para darle caza a Hijikata y imponer su autoridad ante los sangre pura. Con la muerte de su padre, los de su raza quedaron desprotegidos y sin líder alguno, confiarle este papel a una mujer como su mamá era un locura total, no por desconocer el arte de la guerra, mas bien era el poseer actitudes mas frivolas al mismo Chikage. La maldad no es mala en las luchas, de hecho, se considera necesaria pero como en todo ámbito, el exceso de esto seria una destrucción total. Además, el rubio es considerado un excelente estratega al guiar a los sangre pura, poseer un título de “gran jefe de demonios” no seria nada, con tal, lo iba a tener de haberse casado con la princesa. Adelantar los acontecimientos, no haría daño alguno ha alguien.
Si pudiera todo volver hacer como antes… la vida sería mas sencilla.
La princesa finalmente llego a Edo el lugar donde la vio nacer, crecer y hacerse toda una mujer. Ahora solo quería correr en búsqueda de Hijikata-san, lanzarce a sus brazos y escuchar su suave voz rezonar en sus oídos, él mas que nadie para sanar cualquier herida en su corazón. Aunque como todo en su vida, nada seria fácil. Edo se vio presa de la aparición de unas las criaturas mas peligrosas de todas, “los seres de la noche” al ser desechadas por el emperador en redimir de sus servicios, prometieron atacar a todos los ciudadanos posibles en la ciudad. La ojos caoba se vio ante la lastimosa tarea de aniquilar a esos seres, mostrando ante los demás la verdadera transformación de un demonio, aunque salvo algunos humanos y mestizos, su apodo cambio a: “conejo sangriento”, cosa que le desagrado por completo. Sin embargo, jamas fue rechazada por alguien pues fue bien recibida en Edo, ayudando una vez mas a las víctimas de esas criaturas. Fue en esa área donde la conocio, una sacerdotisa de una clara aura limpia y transparente como el mismo aire, de personalidad tranquila a la par de sabía, estando a su lado todos podían respirar con tranquilidad. Los humanos y los mismos demonios confiaban en ella incondicionalmente, sus poderes superaban a cualquier “ser de luz” creando pocimas milagrosas que habían curado a muchos moribundos, ayudando su personalidad madura y dispuesta a solucionar cualquier cosa en su alcance. ¿Su nombre? Genoshita Haruka, sacerdotisa de gran renombre y poderosa familia. Poseedora de unos grandes ojos azules iguales a una flama, piel blanca igual a la leche, cabello largo color rubio parecido a una manta de estrellas en el firmamento y de altura prudencial.
No fue nada difícil convertirse en amigas las dos, ya que permanecían bastante tiempo juntas al antender a los heridos, agregándole la capacidad de la rubia de descubrir la naturaleza de la princesa y su papel en todo este problema, pero esta le comprendia perfectamente en todo los sentidos. Podrías querer mucho a alguien, pero encontrarse en medio de una disputa absurda era problemático, lo mas común seria esconderse de todos y todas, dejando el dolor atrás. Aunque el tener el corazón divido era lo mas inconveniente del asunto, porque siempre debes de mantener tu vista fija hacia adelante, el lugar de desviarla hacia los lados donde los demonios no duraran en atacar. La princesa sintio que frente a esta mujer no era para nada un misterio, el ocultarle las cosas seria una perdida de tiempo, tarde o temprano descubriría las tretas escondidas en su interior.
Una vez llego señales de la peor de las disputas entre demonios y humanos, Haruka nunca tuvo las agallas necesarias para admitir tener visiones sobre el futuro a alguien, hasta llegar la princesa claro esta. Pero al recibir esa noticia de una batalla nueva, las imágenes mojaron su mente donde mostraban a dos hombres con ropas occidentales, uno de azabache caballera, ojos purpura inteso y piel morena. El otro de piel blanca cremosa, ojos de un tono particular a la sangre, cabello rubio y sonrisa ciniestra acompañaba a su contrincante bajo la luna llena en su máximo explendor. A su alrededor llovía pétalos de flor del árbol del cerezo, dándole una sensación totalmente mágica y a la vez fantasmal, porque los hombres se encontraban respirando entre cortado, apoyándose en sus espadar y esperando regenerarse las heridas para nuevamente luchar. Seguidamente, una sombra cruzo frente de ellos para volver la claridad mostrando otras versiones, ahora tenían apariencia de demonios, auténticos demonios. Alzando sus espadas, corrían uno frente al otro buscando terminar de una vez por todas estas disputa infinita, sabiendo que se alargó demaciado para su gustos. Entonces al atravesarse mutuamente, un grito desgarrador de una mujer rompía la belleza de la naturaleza en su promunición.
Despertando de tan cruel pesadilla la sacerdotisa supo de quien se trataba esos dos hombres, viéndose en la obligación de buscar a su amiga e informarle todo, lo bueno de ver premoniciones es que tiene la capacidad de cambiarse si es contada a alguien y este frenarla. Bueno, la princesa debía de detener la muerte de esos dos, llego el momento de decidir de una vez por todas.
— ¡Princesa! — entro al cuarto de esta de descanso, viendola bebiendo una taza de té con tranquidad, cosa que fue sumplantada por susto. — ¡No es momento para estar olgazaneando! Debes levantarte e ir a verlo.
— ¿Pero a que te refieres Haruka-san? — se levantó de su asiento para sujetar los hombros de la otra en un intento de tranquilizarla.
— Estan en peligro — sentencio la sacerdotisa, suplantandole un frío glacial — Hijikata Toshirou y Kazama Chikage, se enfrentaran en un duelo a muerte donde los dos mueren.
Presa del pánico de aquella noticia, la princesa salio despavorida al antiguo cuartel del Shinsengumi esperando encontrarlo en el mismo lugar, su corazón martillaba constantemente con angustia imaginando la escena de la sacerdotisa en su mente, causándole hasta ganas de llorar. No quería perderlos, a ninguno de los dos, podría sonar egoísta de su parte pero Hijikata-san y Chikage forman una parte esencial en su vida. Si, el rubio ha hecho cosas totalmente desagradables a lo largo de estos tiempos, aun así fue él mismo quien la salvo de morir calcinada y cuido de sus heridas, a la par de salvarla de los “seres de la noche”. En cuanto a Hijikata, era el amor de su vida, la razón del porque seguía corriendo hacia su encuentro, el hombre encargado de enseñarle existir la felicidad. ¿Como hacia? ¿Qué demonios debía de hacer para evitar esta locura?
Llego finalmente al cuartel, encontrandolo custodiado por guardias que antes ella cuido en la bastallas en el interior del pais, sorprendidos al verla frente de ellos le preguntaron la razón de encontrarla allí. Sin perder tiempo la princesa les explico la situación sobre querer ver a su capitán, pues era urgente encontrarse con él, los hombres al ver la desesperación en los ojos caoba de la chica dieron pie a ese reencuentro. Entonces la chica entro al cuartel mirandolo todo con suma atención, dándose cuenta que nada había cambiado en ese sitio, seguía expacioso, con un enorme jardín verde, sus hombres corrían de un lugar a otro apresurados vestidos para el combate y otros simplemente practicaban. Bajo su mirada abatida al recordar a sus amigos caídos, la última vez en encontrarse en estas paredes cuidaba de Souji, este solia hacerle bromas pesadas e insinuar situaciones con su jefe, claro que en ese entonces ella se encontraba compromentida con Chikage, lo cual, debia de permanecer cohibida. Pero la historia es distinta, porque su corazón esta atado al de Hijikata-san y no piensa desconectarlo de ninguna manera.
Siguiendo el recorrido, imagino al revoltoso de Heisuke discutiendo en uno de los arboles del jardín junto a Harada y Shinpachi, ellos solían ser un trio demaciado unido que se compartían todo. Solia quedarse a mirarlos conversar entre ellos entretenida, porque se daba de cuenta lo muy sola de encontrarse, en la vida tuvo una amiga o algo parecido y en estos momentos fue separada de Nanami, por ese incendio. Desde pequeña su madre le inculco no involucrarse con nadie pues jamas encontraría alguien de su altura, aunque ella desde lejos visualizaba a los demás niños jugando entre ellos divertidos, en medio de sonrisas y risas gorgojeantes. Contagiada de ese ambiente, se escapo de las garras de su clan y corrio para ser un niña normal de su edad, demostrando que ser una demonio sangre pura no quería decir permanecer enjaulada en su casa. Aunque nada salio como quiso. Pudo correr e interactuar con otros niños, jugar y gritar emocionada, pero una vez mostrándose la sombra grande de su padre en su búsqueda, todos salieron huyendo despavoridos. La ojos caoba giro enojada mirando a su papá con reproche, este simplemente musito tener una hija rebelde con potencial de ladrona al escaparse sin dar aviso a cualquiera, luego la sujeto de los brazos colocandola en sus hombros riéndose. A él no le importaba ir la búsqueda la pequeña ninja, pero si le agradecía dejarle un aviso no haber sido secuentrada o algo parecido, algunos demonios pueden sufrir infartos. La princesa se disculpo de su inresponsable huida, prometiendo no volverlo hacer, solamente acontecia el sentirse sola sin nadie con quien jugar y ella quería vivir la experiencia de tener amigos. El padre culpable de la suerte de su pequeña, la alzo imitando el posiblemente caerse de sus hombros produciendole risas de su parte, seguidamente le relato el ser posible tener una vida llenada de soledad por su parte. Haber nacido bajo la tutela de nobleza de los demonios, no es tarea fácil, existirá ocasiones que querras botarlo todo a la basura y salir corriendo a lo desconocido, pero igualmente se presentaran otras donde encuentres apoyos de personas inesperadas, sobre todo, de esa persona especial en tu corazón. Porque cuando lo tienes en tu campo visual, toda tristeza o soledad posible desaparece, tal cual fuese humo exparciendose en el aire.
Y allí se encontraba él, su Hijikata-san eterno guerrero samurai encargado del Shinsengumi, se encontraba rodeado de soldados atentos a sus palabras y señalizaciones a un mapa sobre una mesa. Se mostraba tan serio, gallardo y magestuoso vestido con esas ropas occidentales, jamas terminaría de acostumbrarse a ellas mucho menos lo que producia en ella. El aire parecía mas pesado, su pecho ardía con la fuerza de mil soles y el cuerpo le temblaba igual a una hoja al son del viento, mejor ni hablaba de su sangre, hirviendo y descontrolada como nunca. ¡Maldición! Esto no era para nada bueno, en lo absoluto.
— Disculpe la interrupción, Hijikata-san. — anuncio un de los hombres, captando la atención del nombrado y llevándose un susto al tener esa purpura mirada en él. — pero tiene una visita. Dice que es urgente.
El azabache susurro anodado el nombre de la princesa siendo embargado por miles de sensaciones, hasta hora nunca se pudieron ver en vivo y directo, solo se mantuvo informado de sus movimientos gracias a sus cartas. Lamentandolo mucho, cuando enviaba las respuestas ella de había trasladado a otro sitio, sirviendole de cuidadora a los enfermos caídos en batalla. Si antes la admiraba, ahora aun mas, pero él necesitaba de su presencia a su alrededor y esa paz que tanto anhelaba, eso solamente podría optenerla si la tenia a ella.
— Dejemos esto hasta aquí. — anuncio a los demás con voz grave — concretaremos mas tarde, debo atender a la señorita. Retirense.
Haciendo una leve reverencia, comenzaron a dejar el lugar solo para poder acomodarse los amantes en su burbuja. A la princesa se le llenaron los ojos de lágrimas, emocionada que después de varios meses estando separados hallan podido encontrarse. La primavera había regresado a ella con mucho impetud, llenandola de las sinceras emociones cargadas de calor, cosquilleo y agradables esperanzas. No pudiendo evitar mas la lejanía de sus cuerpos, Hijikata tomo la iniciativa de tomar entre sus brazos el cuerpo de la ojos caoba y estrecharlo contra el suyo, encontrandolo tan igual que siempre; pequeño, compacto y delicado como una flor. Una sutil fragancia emanaba de su piel parecido a las azucenas, inundando su garganta y quemandole sin poder evitarlo, pensando que finalmente podía permitirse estar en el paraíso.
— No sabes cuanto la he extrañado, princesa. — musito con voz agraciada, aprentandola mas contra él. — encontrarme con su dulce fragancia ha sido mi delirio todos estos meses lejos. Su recuerdo ha sido mi anestesia para esas noches llena de soledad, aunque obviamente, no ha sido suficiente pues el dolor persistía en mi interior.
— Hijikata-san… — susurro conmovida, llena de lágrimas en sus ojos.
— Por eso, permitame poseer su dulce néctar en sus labios. — los separó sutilmente, mostrandole sus ojos llenos de devoción y amor hacia ella. Asi que, sosteniendo su delicada cara, choco su aliento en esta insitandole una clara invitación. — ya que sin ellos, ha sido una tortura vivir.
Y unieron sus labios, perdiéndose en las olas del anhelo y cariño mutuo, olvidándose del mundo entero con sus complicadas guerras, disputas y demás cosas. En esos momentos solo existían ellos con ese beso interminable, que transmitía todos ese anhelo de permanecer lejos el uno del otro este tiempo, que la única cura contra este mal era la unión de ellos, como ahora. La princesa se sintio caer, desechar los motivos por los cuales había venido a buscar a Hijikata, ocurría que este era el rey de la distracción y su mente enamorada no sabe canalizar esas emociones, llevandole a rendirse en sus brazos convertirse en mantequilla derretida. Con la suave caricia de sus labios se separaron, quedándose tan cerca que las respiraciones chocaban contra sus pieles colocandole la piel de gallina, el azabache rio divertido colocando sus manos en la cara de ella acariciandolo. Esa expresión de ternura de la castaña lo desarmo, pues esos ojos brillosos y los pomulos sonrojados le invitaban a besarlos, acariciarlos. Dejándose llevar por sus instintos, poso sus labios en ellos y repartiendole besos con dedicación en todo aquel rostro delicado, descargaba un rayo directo al corazón de la muchacha y así arrastrandola a las brizas del amor. Si esto era un sueño, no deseaba despertar por ningún motivo, porque su alma se encontraba tan dichosa y llena de vitalidad al estar con su otra mitad. Por mas ocultarlo, existía ese escosor consumiendose dentro de ella, aquella visión de la sacerdotisa donde moría a manos de Chikage, donde ambos acaban con su vida, y no deseaba por nada en el mundo ver eso hecho realidad. Si le faltaba alguno de ellos dos, jamas volvería hacer la misma, menos el sonreír desde el fondo de su corazón.
Es egoísta, lo sabe.
Pero ese el es precio de ser demonio.
Y el amar a dos hombres a la vez.
— Dime, dime que ocurre princesa. — susurro cautivado por ella, acariciando su rostro contra el contrario. — se cuando algo te ocurre y no puedes escondermelo.
— Tengo miedo, mucho miedo del futuro. Hijikata-san. — confeso con voz queda, aterrando sus manos el pecho del azabache. — Una sacerdotisa dijo haber tenido una visión muy mala de ti y Chikage, donde ambos… ambos… acababan con su vida.
— Escuche esto muy bien, princesa. — la separó sutilmente de él, mirandolo sumamente serio. — No tengo ningún motivo para perder la vida sin antes luchar con todas mis fuerzas, además, poseo una razón para seguir viviendo y es usted. Asi que, no se mortifique ante posibles acontecimientos del futuro. ¿Si? No me pasará nada, lo prometo.
— Pero… — insistió bajando su mirada, abatida.
— Ya no mas, princesa. — la interrumpió buscando su mirada y sonriendole, ella se sonrojo. — Ahora nada de eso importa, olvidelo y centrese en nosotros, en este reencuentro. ¿De acuerdo? Solo somos nosotros…
Aunque la princesa se halla concentrado únicamente en los labios del azabache sobre los suyos, las caricias delicadas en la piel y cada sensación inyectada en interior con cada movimiento suave en las olas de la pasión, no conseguía deshacerse de aquella molestia en su pecho. Parecía un mal presagio, el presentimiento que las palabras de la sacerdotisa en lo absoluto eran vacías, realmente poseían una gran carga detrás de ellas. ¿Pero que hacer? ¿Que hacer cuando solo el placer inunda sus sentidos? Sin duda Hijikata era el rey de las distracciones, con esos dedos largos marcando cada centímetro de su cuerpo, descargando todo su cariño como una tinta permanente que jamas podrá borrarse. Francamente la estaba tratando igual a una delicada flor, de esas que necesita ser cuidadas y regadas todos los días con amor a la par de cariño. Sus ojos purpura procuro grabarlos en su memoria, enterrarlos y hacer permanecerlos durante la eternidad conociendo el significado detrás de ello, que al pesar de los errores y separaciones siempre estarían allí para ella. Ese mismo sentimiento la hacían derramar lágrimas, una de gozo y otras de tristeza, no entendiendo simplemente porque pero igualmente derramandose. Ojala pudiese guardar este momento y ecapsularlo dentro de una botella, asi cuando se sintiera no poder mas de la soledad, la abriría para vivir unos segundos mas al lado de su amada.
Asi que finalmente, viendola acostada a su lado con solo una sabana cubriendo su mayor tesoro, sujeto uno de los cabellos de ella llevándolo a sus labios y mirandola con intensidad dijo:
— Después de que pase todo esto quiero casarme contigo, princesa. — la nombrada no pudiendo con tal noticia, llevo sus manos a su rostro emocionada y queriendo llorar. — Ambos nos pertenecemos el uno al otro pero, deseo decirlo a los cuatro vientos y eso solo sucederá sinos casamos. ¿Qué opinas?
¡Santo cielos! Hasta la pregunta ofendia, ella estaba sumamente dispuesta hacerlo, aunque debía primero proponer algo.
— Aceptare su propuesta si desiste de luchar a muerte con Chikage. — menciono la ojos caoba muy decidida, provocandole un sonrisa divertida al azabache, que no paso desapercibida por ella. — ¡Hijikata-san! Estoy siendo muy seria con esto, por favor no se burle de mi. Realmente me preocupa verlos inversos en una lucha sin fin, donde pueden terminar en un fatal desenlace.
— No me maliterprete, princesa. — se sernio sobre ella manteniendo una sonrisa juguetona en los labios, robandole todo aire acumulado en los pulmones y la capacidad de pensar con claridad. — Realmente me halaga tu preocupación por mi, pero vuelvo a repetirlo, estare bien y no morire bajo ninguna circunstancia. Soy un huesos duro de roer, Chikage no podrá conmigo.
— Por favor Hijikata-san, no juegue con mi angustia, realmente temo por su seguridad. — sostuvo ella, viajando sus manos al rostro del ojos purpura y acariciandolo. — Chikage sigue siendo igual de peligroso que siempre. No tiente a su suerte y considere mi petición.
— ¿Si lo hago me dejaras una vez mas amarte? — propuso con picardía, apartando un mechón de cabello en su rostro.
— Eso es una proporción muy indecorosa de tu parte, Hijikata-san. — menciono con voz cantarina, haciéndole cariño detrás de su cuello.
— ¿Acaso ha sido un si? — imito su tono de voz, escuchando al instante la risa de la mujer y contagiandolo.
— Desde el tiempo separados te has vuelto sumamente codicioso. — decendio las manos de ella por la espalda del contrario, ubicandolo un poco mas abajo de los omoplatos y dedicándose a sentir las musculatura de este. — ese puede ser un poco peligroso.
— Solo contestame, por favor… — hablo en medio de un suspiro al sentir las caricias de la fémina sobre él.
— De acuerdo, me caso contigo y acepto tu proposición pero… — alargó las notas pensando con compostura — espero tener igual su parte en el acuerdo.
— Lo tendrás, lo tendrás todo. — sonrio complacido y emocionado al darse cuenta de que seria el esposo de la princesa, en verdad serian felices. — ahora, permitame y dejeme perderme en sus hermosos ojos color caoba, en tanto le demuestro mi entero amor.
Pero lamentablemente nada de esos sueños ocurrieron, porque mientras la princesa se aferraba a la espalda de Hijikata esperanzada en convertirse finalmente en su esposa, este tenia en mente otra cosa. Por eso en medio del anochecer, el ojos purpura tomo sus ropas vistiendose en la completa oscuridad, contemplando la agradable silueta pensando que no podía de ninguna forma aceptar su proposición. Mientras siguiera respirando aquel demonio de Kazama, jamas podrían llegar a ser felices, por eso le hacia una promesa en silencio acabar con él y regresar a su lado como si nada hubiera pasado. Dándole un último beso de despedida, partió a su encuentro con la muerte. Para cuando la princesa despertó se encontró sola en la entera oscuridad, al igual de descubrir la realidad. Hijikata le mintió.
Una vez mas las palabras de la sacerdotisa inundaron su mente, convirtiéndola en un mar angustia y zozobra. Tomando su kimono se vistio a velocidad super humana saliendo de la habitación a toda marcha, dándose cuenta del segundo dato de la noche, el cuartel estaba completamente vacío. La lucha ya se había prendido. Pero eso no quería decir el abandonar el cuartel sin protección, los guardias deberían estar custodiando la puerta, con el corazón en la boca guío sus pasos a la entrada donde efectivamente se encontraban los mismos hombres de esta tarde. No fue difícil conseguir la información, solo basto llenarles la cabeza sobre prestar su habilidades de curandera, y en un dos por tres, la información en sus manos. Asi que mientras corría su angustia incrementaba mas, aquel sentimiento opresor aplastaba su pecho impidiendole respirar con normalidad, aunque intentara no dejarse llevar ante el mal presagio, su mente parecía querer revelarsele. ¿Por qué? ¡¿Por qué rayos la vida intenta hacerle esta clase de jugarreta?! Si es una broma, no la encuentra graciosa, ¿como hacerlo cuando esta quiere quitarle a los dos hombres mas importantes en su vida? Ya se encargo de robarle a su papá, darle experiencias desagradables, quitarles a sus únicos amigos y tener una madre desagradable. Pero esto, esto si no lo permitiría. ¡Frenaria con sus propias manos esta locura!
En el campo de batalla reinaba el caos total, humo, espadas y gritos agonicos de los heridos esperando por la muerte o ser antendidos. Todo el mundo estaba tan concentrado en aniquilarse que obviaron su presencia, daba igual porque sus ojos solo buscaban a dos demonios particulares, aunque a su alrededor solo existían soladados comunes y corrientes, en lugar de sus jefes. Resguardandose de cualquier proyectil de bala o cañón, la princesa siguió moviéndose con sigueleza activando sus poderes de demonio, centrandolos únicamente en hallar a cualquiera de las dos aura. Cosa un poco dificultosa, estando en un campo de batalla donde se encuentran mestizos y sangre puras regados, esto seria igual a encontrar una aguja en un pajar. Al menos fue eso por unos segundos. Porque de golpe sintio un sentimiento catastrófico en su ser, una neblina cargada de odio y rabia, mezclandose entre si para dar el mal presentimiento de la noche. Es el hedor de la muerte. En un instante creyo caer sobre sus rodillas, porque aquel poder era tan grande como abrumador que le robaba el aliento, y mas o menos la princesa conocía de quien era el dueño.
Teniendo en cuenta de todos los peligros vividos hasta hora la princesa se guío por sus instintos al lugar de los hechos, sea lo que fuera a encontrarse, prometia mantenerse fuerte y buscar la manera de detener todo esto. Entonces llego, era un sitio muy espacioso adornado con la belleza mística de un árbol de Sakura, esparciendo sus pétalos por todas partes que al luz de la luna recreaba una maravilla natural, era como estar presenciando un festival del color rosa. Pero eso no es lo asombroso, porque frente aquel maravilloso espectáculo, dos hombres vestido de ropas occidentales diferentes el uno del otro, mantenían en sus manos unas katanas como si fuera el único recurso para sobrevivir. Sus aspectos eran diferentes a lo usual, por primera vez mantenían la gracia de un demonio, en el caso del hombre vestido de negro, poseía una piel traslucida, ojos color sangre y cabello blanco viejo. El otro, tenia cuatro cuernos adornando su cabeza y frente, piel mas blanca a la de costumbre, ojos color dorado y bajo de estos unas marcas rojas. De este era quien venía ese poder abrumador, tan apeligroso como el veneno, realmente él era el veneno. Estos alzaron sus espadas y corrieron como si estuvieran volando sobre el suelo, para chocarlas en forma de cruz, dieron un giro provocando mas chispas en el aire en producto de la unión del metal. Fue cuando el de cuernos, le profirio una patada al ojos rojos tumbandolo al suelo, pensando que tendría la victoria asegurada, cambio la postura de su espada parecido a querer clavarla en el suelo, pero en esta ocasión sobre su contrincante. Aunque este ateponiendo sus movimientos, simplemente alzo la suya en el mismo instante de ser atravezado por él.
Un grito desesperado retumbo en aquel espacio de guerra, desojando mas los pétalos del árbol del cerezo a la par de caer el cuerpo de Chikage a un lado, sin fuerzas algunas para seguir luchando. Hijikata respirando entre cortado, saco con esfuerzo la espada del otro de su estómago y tirandolo a un lado, sabia muy bien que aquella arma le dificultaba curarse él mismo las heridas, pero no significaba morir o algo parecido. Sobrevivió, logro sobrevir al ataque impetuoso de alguien como Kazama, tan orgulloso de su linaje de sangre pura, despotricando que los mestizos solamente eran un invento fallido de los humanos para acercarse a ellos. ¿Pero adivinen que? Fue vencido por ese mismo intento fallido, ahora solo debía de hacer feliz a la princesa. Finalmente podrían casarce. Rio cansando buscando levantarse, no sabía si fue su imaginación pero la escucho gritar a lo lejos, como si estuviera aquí presente mirando la pelea. Al verse de pie totalmente, la vio a lo lejos, mantenía ese hermoso kimono color de la pureza, blanco acompañado de las flores de la primavera y su árbol mitico, el Sakura. Su rostro estaba bañado en lágrimas, parecido al rocío mañanero luego de una larga noche de lluvia, seguido de un deslumbrante sol. ¿Por qué estaba llorando? En su imaginación ella siempre sonrie, es una de las curvas mas agraciadad en sus labios, además de detener el mundo entero para simplemente contemplar su belleza, enigmática y genuina. Hijikata siempre estuvo rodeado de mujeres hermosas, de grandes atributos y cuerpos perfectos, pero nunca ninguna le llamo tanto la atención como lo hizo la princesa. Sus cuidados, mimos y los simples momentos de silencio entre los dos, le robaron por completo el corazón. Él no quería a alguien mas, solo a Mishizuru con su fragancia de jazmines, su sonrisa de miles de soles y piel cremosa parecida a la leche. Amaba todo de ella, sin dejar nada de lado, su humor testarudo al querer llevarle la contraria en alguno de sus planes, el sonido de su risa cantarina, la manera en la que pronuncia su nombre o las peleas absurdas por nada en defición. ¿Como pensar en tener una vida sin ella? ¡Seria una locura! Sacrilegio, podría ser la palabra completa.
Asi que, finalmente comprendiendo el significado de la princesa en su vida, dio un paso hacia adelante para encontrarse con ella y no una alucinación, porque era su aura de sangre pura. Pero eso no logro concretarse, un frío puñal se clavo en su pecho perforandole desde atrás y saliendo al otro lado, un dolor parecido a estar quemandose le llego haciéndole tocer sin poder evitarlo sangre. Dirigió su mirada al frente, donde la princesa estaba muda derramando mas lágrimas por la realidad, porque la fria muerte estaba abrazandolo con fuerza sin poder sacudirsela.
Oh… si puediera hacerla reir.
— Regla número uno de un combate, Hijikata. — sacudió su espada hacia atrás, sacandola del pecho del albino, que caía al suelo parecido a un saco de patatas. — nunca le des la espalda a tu enemigo, hasta ver que realmente ha muerto.
— ¡Hijikata-san! — pronuncio desgarrada la princesa.
No, no, no. ¡Esto no podía ser cierto! Porque ellos iban a casarce, tendrían muchos hijos, vivirían juntos en un lugar lejos de cualquier problema, así cuando fueran lo suficientemente viejos verían a sus nietos jugar frente de ellos. ¡Pero jamas esto! ¡Nunca esto! Corriendo desesperada entre la grama, cayendo dos veces y volviéndose a parar llegó hasta donde se encontraba su azabache, su amado y completo amor de su vida. Lo sostuvo entre sus brazos sintiendo que aun su cuerpo se encontraba tibio, los ojos purpura de este se encontraba desenfocados girando a todas partes hasta encontrarlos con los suyos, su hermoso kimono blanco fue manchado con sangre y sus manos igualmente. Noto como poco a poco la apariencia de Hijikata volvía a la normalidad, pero este se veía sumamente mal y las fuerzas de su cuerpo le abandonaban.
— Princesa… veo que… — escupio mas sangre, ensuciando su morena cara — realmente has venido… hasta aquí… estas loca…
— Shsss… vamos, no hables… te lo pido… no hables… — sollozo, apartando los cabellos de la cara de este. — vas a mejorarte… solo.. aguarda silencio.
— Eres… tan mala… mientiendo. — sonrio irónico, llevando su mano temblorosa al rostro de ella, manchandolo con sangre. — ¿lo… sabes? Porque tus pupilas… se agrandan mas… siempre… siempre… lo supe…
— Eso es absurdo. — sorbio su nariz, sosteniendo la mano del ojos purpura sobre su rostro, sintiendola fria. — nunca antes me lo mencionaste, hasta hora.
— Si… y lo siento… por esto… e igualmente — se tomo su tiempo para poder decir las palabras — por no… poder casarme contigo… al final… no pude… llevarte al altar.
— Pero me rescataste de uno. — le recordó, bañando su rostro con sus lágrimas.
— Eso… no se cuenta.
— Para mi, si.
Emitiendo un último suspiro, Hijikata miro al cielo encontrando al hermosa luna en todo su esplendor, brindandole una aura sutil a la princesa que seguía llorando por él. Aunque francamente, no debía de hacerlo, la muerte no duele es como quedarse dormido luego de una tarde llena de tareas y trabajos realizados. Cerrando sus ojos, el moreno se entrego a los brazos de la muerte, quien lo recibió gustoso. En ese instante una nube cruzo por encima de luna cubriendo la luz, quedando aquel lugar de los árboles en flor a marced de la oscuridad, la princesa sintio el cuerpo de Hijikata tan frío como flacido, inundandola la sensación aplastante en su corazón. Nada parecía ser real, todo era sacado de un libro de ficción o quizás, una terrible pesadilla, donde su querido amado moría en sus propios brazos. Porque eso era, ¿verdad? Hijikata le prometió hacerla feliz frente la tumba de Souji, al igual que sostener su mano en las buenas y malas. No abandonarla, jamas abandonarla, en sus planes solo cabían armarse mutuamente. Un pequeño pellisco nació en su pecho, seguido de otro, otro y otro mas, convirtiéndose en una fuerte puñalada que desemboco en una hemorragia. Tenia que afrontar la realidad, no podía seguir escondida tras el pasado, este cuerpo frío en sus brazos pertenecía al del hombre quien amaba, nadie mas.
Embargada del dolor y la impotencia, la princesa solto un grito histerico al cielo dejándose llevar una vez mas por el dolor, seguidamente de las lágrimas espesas y amargas. Nada tenia comparación con esto, nada, porque cuando se entero lo de Heisuke y Harada sufrió a mas no poder, sintiéndose una buena para nada al por jamas poder detener la mala suerte. Ni aun la muerte de su padre, quien fue uno de los partifices de estar viva, porque ella sabía que mas temprano en lugar de tarde se marcharía dejándola sola. Pero Hijikata, con él todo fue diferente, inclusive cuando lo conoció en una noche similar a esta, con su cabello azabache largo al viento, esa apariencia serena y su cuerpo lleno de heridas. Inmediatamente se vio hechizada ante su encanto y belleza, ningún hombre se podía comparar con él en la tranquilidad de la noche, su apariencia madura y serena acompañada de esa exquisita fragancia masculina. ¿Como imaginar una vida sin él? ¿De que manera se resignaba? Si la hizo tan dependiente a su presencia, la mirada cálida, su toque parecido a la seda, esa voz grave pero con la sutileza de la misma primavera. Con Hijikata era fuego, era… valor, sin él, no es nada.
Aferrandose mas al cuerpo sin vida del moreno, lloro mas su perdida, sintiendo que su alma era completamente destruida en dos como si una parte de ella igualmente halla muerto con él. No tenia sentido seguir viviendo sin su amor, sabiendo que jamas volvería a verlo. ¿Por qué la vida era tan injusta con ella? ¡¿Por qué se empeñaba en hacerla sufrir?! No, se estaba equivocando en algo, la vida no tenia nada que ver con esto porque la culpa de todo la tenía era él, si, Kazama Chikage. Del dolor paso a la furia, de la furia a la ira, haciéndole la invitación ha ese frío poder iracundo de los demonios, ese rubio merecia pagar por todo sus sufrimientos, mas que eso, merecia morir por robarle su persona amada.
En todo este tiempo estuvo equivocada.
No era amor lo que sintio por él.
Solo se encontró embrujada.
— La guerra se acabó, princesa. — una voz cínica, llena de burla y sin una pizca de arrepentimiento de lo ocurrido se acerco a ella. — ahora suelta el cuerpo de ese mestizo y sosten mi mano, juntos lograremos grandes hazañas en este mundo. Solo… entregate a mi.
— Ni se te ocurra acercarte a mi, Kazama. — pronuncio con rencor, aun aferrada al cuerpo del moreno. — Solia pensar antes en no encontrar motivos para odiarte por completo, inclusive, pensé en que podría amarte pero… no pude estar mas equivocada. Yo, nunca he sentido tal sentimiento por ti, jamas lo sentí, y de haberlo hecho, esta noche acabaste con todo al matar a Hijikata-san.
— ¿Qué importa el amor? — ironizo las palabras con maldad, sacudiendo su espada y metiendola en la vaina. — Seguimos siendo demonios, ese “sentimiento” solo es una molestia, tal cual lo era para mi el indecoroso de Hijikata para llegar hasta ti. Por eso, lo mate.
Explotando momentáneamente, la princesa sujeto la espada olvidada del moreno, apareciendo frente de Chikage y batiendola a todas direcciones, este las esquivaba con tanta facilidad que le demostraba ser patética. ¿Como no podía darle? ¿Por qué no le borraba esa expresión de ganador en su cara? ¿Por que…? ¿Por qué no se moría? Tropezando con una piedra, la princesa trasbillo dando de bruces al suelo quedándose tranquila, sus lágrimas volvieron a surgir recordando el dolor inminente de la perdida de Hijikata. Nada había cambiado, seguía siendo la damicela en problemas que solo tenia utilidad de ser salvada por lo demás, ni siquiera tenia la fuerza de vengar la muerte del ojos purpura, solo llorarla. Nada resultaba tan desgarrador como la realidad, aferrarse a una vida sin él era la peor de las torturas, lo único que deseaba era morir igual, atravesar una daga e ir a donde él se encontrase. Pero… ¿Quien le certificaba volverse a ver? ¿Ser felices de verdad? Entonces la luz de la luna hizo otra vez su aparición, iluminando el prado lleno de pétalos de cerezo.
— Es inútil y lo sabes, seguir aferrada a la memoria de Hijikata no te servirá de algo. — siguió Chikage, al ver a la princesa hundida en su propia miseria. — Ese sentimiento solo te ha hecho daño, causado el dolor mas grande de tu vida, pero somos inmortales princesa. Tenemos una larga vida por delante, en cuanto a los mestizos… no. Tarde o temprano, debían de separarse debido a ese detalle.
¿Eso acaso le importo? No, porque lo que hubiese durado su vida, estuvo dispuesta a compartirla a su lado. En lugar de estar sin él, ella ya hubiera buscado la manera de alargarla.
— Asi que, levantate, dame tu mano y marchemonos de aquí. — volvió a estender una vez mas la suya en dirección a la princesa cabisbaja. — olvidate de los sentimientos, olvidate del dolor y comienza una autentica vida de sangre pura.
— ¡Jamas! — rugio dándose la vuelta convertida en una auténtica demonio, alzando su espada y mandando a volar la mano de Chikage, con velocidad. — prefiero morir antes de prestarme a tus caprichos, menos el casarme contigo o darte un hijo. Te odio, Chikage, te odio tanto que solo produces en mi el asco, ¿y sabes algo? Prefiero seguir siendo una tonta antes de ser el modelo de demonio que tu deseas.
— Tu… ¡Pequeña bastarda! — grito preso del dolor, al ver su mano cortada en el suelo
— ¿Qué? ¿Acaso sientes dolor? — comento con ironía, colocandola la hojilla de la espada en el mentón de este, obligandolo a mirarlo. — Debería volarte la cabeza en este jodido instante y mandarte al infierno, pero se que puedes regenerarte y pegarla, igual a tu asquerosa mano. Lastima, hubiese pensado en utilizar tu espada.
— ¡Maldita! — vocifero apretando sus dientes.
— Cuidado con lo que dices Kazama, o puedes perder una pierna. — amenazo cambiando la posición de la espada a ese miembro — Debes estar ahora convencido que una mujer dolida es mucho peor que un grupo de guerreros, aun mas cuando esta es un demonio.
— Un poder mal usado, si me permites dar mi opinión. — rio entre dientes, con una mueca llena de ironía.
— ¿Acaso escuche el volarte la lengua? — empuño la espada contra la boca del rubio, viéndolo sonreír sin descaro. — En verdad no tienes remedio, ni estando tu suerte en mis manos.
— Se que no eres capaz de matarme, princesa. — ella apreto su agarre en la espada, furiosa al ser tratada de esa manera — porque tu “amado” Hijikata, jamas le hubiera gustado verte de esa manera. Manchada de la sangre de tu peor enemigo. O… ¿No te importa su memoria?
— Maldito, eso es lo que eres… ¡Un maldito!
— Por supuesto que lo soy, desde hace mucho lo sabia. — admitió sin sentir vergüenza, sonriendola de manera ladina. — pero este maldito, es el quien sera capaz de encontrarte donde te escondas. Porque en la vida, jamas podrás librarte de mi.
— Podemos apostar si quieres, Chikage. — menciono trasladándose de un lugar a otro, cogiendo entre sus brazos el cuerpo sin vida de Hijikata. — desde este momento, te propongo encontrarme. Eso si, debe de ser con vida.
Entonces desapareció, dejando únicamente la fragancia de las flores detrás de ella, Chikage se quedó muy quieto en el suelo riéndose divertido ante la ocurrencia de la princesa. Sin dudas, no tenía idea con quien estaba jugando, porque una vez aceptado el reto, el rubio jamas descansaría hasta dar con ella. Obviamente, la encontraría viva. »
Un fuerte ruido la desperto de golpe, haciéndola respingar del puro susto. Imágenes del sueño que tuvo llovieron en su mente, acumulando lágrimas en los ojos ante la posibilidad de perder a Purpure en manos de la muerte, aunque fracamente, el olor de la traición era la misma a este. Esta pesadilla o la vivida en la actualidad, no era tan distinta la una a la otra, porque la sensación de vacío seguía existiendo dentro de su pecho. Las nubes de la tormenta golpearon su paisaje lleno de frescor, conviertiendola en la peor de las tormentas ocurridas en su vida, donde todo se colocaba tan oscuro como una cueva. ¿Seria capaz de volver a la normalidad? ¿De empezar el ciclo de la primavera? No, al menos, no ahora.
Borro el rastro de las lágrimas bajo sus ojos, levantándose del sillón donde se había quedado dormida y apagó el televisor que transmitía un anime de terror, siendo el causante oficial de su despertar caótico. Podía hasta sonar estúpido en una chica como ella viendo anime, pero en esto dos últimos días no le apetecia hacer nada mas salvo ver televisión, quizás ver la vida de otras personas le distraía de la suya propia siendo un total desastre. El viajar nuevamente a su casa, encontrarse con sus padres, conocer al primer ministro, aceptar el compromiso de casarce con Kazama, el venir a vivir con él en su gran casa… todo, absolutamente todo era una locura total. Confesaba no tener una pizca de emoción al vivir todo aquello, solamente la movía el sentido de la inercia detrás del rubio, como si fuese un cascaron vacío, ya no poseía alma. ¡Ni siquiera le quedaron mas ganas de pelear! Purpure con su puñalada por la espalda, se llevo consigo la vigorosa Mitsutani Mitsuki, capaz de pelear a capa y espada sus derechos como persona independiente. ¿De que le servía a estas alturas? Si el amar fue un desastre para ella, confiar su corazón y alma a una persona que solo le pago de mala manera. Mitsuki desconocía el poder querer una vez mas alguien, aunque la vida signifique tropezar, caer y volver a levantarte, temia el salir una vez mas lastimada. Por eso preferiblemente, se entregaría a Kazama tomando como finalidad alejarla de todo, inclusive, de sus propios amigos.
Miro su alrededor encontrandola la eterna nada, ahora estando en la oscuridad, pensaba que toda persona había nacido sola en este mundo y jamas necesito del amor para vivir. Siempre sera mas necesario el oxigeno que él. Giro su cabeza hacia las ventanas, observando el ligero movimiento de las cortinas semi-transparentes al compás del viento, queriendo colarse una ligera luz de la luna en el interior. La pesadez de su alma le impedía caminar hasta la ventana y admirar a la naturaleza, nada tenia sentido si Purpure no se encontraba con ella, sino la amaba como seguía igualmente haciéndolo. ¿Y para qué? Si la imagen nueva del moreno era de un ser completamente asqueroso, frívolo y sin escrúpulos. No tan diferente a Kazama, si era franca. Aunque ese mismo demonio, le ayudo a enfrentar a sus tíos cuando quiso marcharse a casa, estos al verlo (mas su tia) quedaron dichosos ante su presencia, mas el ser un sangre pura, dándole paso a marcharse junto a él sin importarle apenas conocerlo. Sus tíos tenían las prioridades cruzadas, por en la vida dejaría ir a una de sus sobrinas con un desconocido, aunque fuese el mismo papa en persona. Al final la mujer la felicito por tener tan grato amigo, esperando que con el tiempo se cambiara ese estatus, porque hombres como él era que necesitaba el clan. Además, sus modales dejaban mucho que desear, sobre todo, la forma tan madura de comportarse con ellos. Sin duda, todo un caballero. Cosa que a Mitsuki le dio igual, en otra oportunidad le resultaría extraño ver ese comportamiento en Kazama, pero en esos instantes le daba todo igual, solo deseaba recoger todas sus cosas y desaparecer.
Luego de eso vino un sinfín de acontecimientos que realmente no recuerda bien, solo a Kazama saludando formalmente a sus padres, la aparición repentina del primer ministro, el planeamiento de organizar un compromiso formal y el deseo de ver una unión tan fructífera de los Kazama con los Mitsutani pronto. Acto seguido, fue a vivir en la gran casa de la familia del rubio en las afueras de la ciudad, donde ha sido atentida igual que una princesa, con servidumbre y todo. Siendo su única compañia. Del ojos carmín no ha sabido mucho, salvo estar organizando algunas cosas con respecto a su entrada a la familia, averiguaciones pertinentes sobre la maldición lunar y la posibilidad de abandonar el instituto así recibir clases en casa, ambos. ¿Y donde se encuentra su oposición? Lejos, muy lejos de su cuerpo junto a las espaldas del cruel hombre quien tanto amo. La descendiente de la “princesa lunar” sabia que Kazama se aprovechaba de su circunstancias, aunque le volvió a importar un reverendo pepino, ella se encontraba de luto y deseaba al menos el respetar eso. Asi que encerrada en esa oscuridad, se permitió perderse en el dolor de la traición, ahogarse en el hueco creciente amenazando consumir todo. Aunque francamente, ya no tenia nada por acabar.
De pronto, la luz de la habitación fue prendida molestandole las retinas, giro en dirección a la puerta encontrándose con la expresión serena de Kazama, el cual, se encontraba apoyado contra la pared. Era una sorpresa encontrarlo aquí, mas el venirla a visitar en la noche, por mucho de ser su casa, el muchacho respetaba bastante los horarios.
— Las de la cocina me informaron que no deseaste cenar. — rompió el silencio el ojos carmín, dando unos pasos hacia ella y parandose a su frente — ¿Eso se debe a…?
— No tenía apetito. — musito sin ninguna expresión su rostro.
— Comprendo que sigas pretendiendo ser humana y querer manifestar tu “dolor” ignorando la necesidad de comer, pero si llegas a enfermarte ocasionaras dolores de cabeza a todos aqui. — la sujeto de las mejillas, aplastandosela y formando una mueca graciosa. — Reacciona de una vez y vuelve hacer la misma de antes, es bastante aburrido no tener con quien discutir.
Pero la descendiente de la “princesa lunar” no dijo nada, simplemente aguardo silencio mirando fijamente al sangre pura sin brillo alguno, este fruncio el ceño fastidiado porque consiguió el mayor tesoro de todos. Sin embargo, esta parecía una muñeca de porcelana, sin vida, proyectando únicamente vacío en sus cuencas oculares y nada emocionante por admirar. Maldecia sin parar a Purpure al ser el causante de ese desastre de castaña, antes solia discutirle por simplemente mirarla en silencio, ahora se quedaba muda aceptando cualquiera de sus peticiones. Era tan… aburrida, las presas que se niegan a ser atrapadas son mas apetecibles, en lugar de las dóciles de cuerpo débil. Recordó por un instante la memoria de una Mitsuki cautivada por la nieve, aparentando ser una niña de cinco años bailando al tratar de atrapar los copos, esta misma le sonrio desde el fondo de su corazón produciendole una sensación rara en su pecho empujandolo a querer besarla. Deseaba ver una vez mas eso, retratar a esa castaña risueña de navidad y poseerla por completo, la del presente no le causa ningún furor en su alma, solo fastidio. Chasquiandio la lengua, acerco su boca a la ella atrapandola en un beso, pensando que tal vez con esto recibiría su rechazo o un empujón, pero no, porque al separarse observo la misma cara de siempre. La sombra de la decepción.
— ¿No vas a rechazarme? — exclamó serio al soltar su agarre.
— ¿Acaso no vamos a casarnos? — respondió la interrogativa con otra, enojando mas al rubio. — esto debería ser natural entre los dos, ¿cierto?
Bien, si la ojos calabaza estaba planeando sacarlo de sus casillas, estaba consiguiendolo. En la vida había tenido problema con las chicas, siempre obtuvo las que querían aunque tuviera la mas dura de todas, teniendo paciencia y dedicación lograba llamarla a su lado. Al menos eso fue en el pasado, porque desde que conoció a la descendiente de la “princesa lunar” todo fue diferente, lo rechazo a la primera degradandolo peor a un humano, procuro enojarlo, unirse a una mestiza corrupta, y justo en este instante, frustarlo. ¿Qué permanecer igual a una momia? ¡Perfecto! Pasemos al plan “B”.
— Siendo así, — la arrojo sin compación al sillón e inmediatamente cerniendose sobre ella, cubriendo completamente su figura — supongo que no tienes ningún inconveniente de esto. ¿Cierto?
Tenia que reaccionar a semejante proposición de un chico, la Mitsutani Mitsuki autentica demonio sangre pura rebelde lo empujaria y lo mandaría a freir monos, porque en la vida ella seguiría los deseos de un asqueroso hombre como él.
— Solo podrías optener mi cuerpo, porque el alma o corazón… eso… de eso ya no tengo. — hablo desconcertandolo por completo, pensado que esta chica debajo de su cuerpo es una completa desconocida, no la Mitsuki, la cual él conocía. — Se encargaron de destruirlos sin consideración, ni las cenizas han dejado.
Maldición, maldición, maldición. Se repetía sin parar Kazama en su mente, el solia considerarse un demonio de cabeza fría e ideas tibias, todo a su alrededor solia salir a las mil maravillas tanto que consiguió ser el prometido de la castaña. Por eso su personalidad era imperturbable, considerada en las féminas uno de sus mayores atributos, un hombre maduro es mucho mas atractivo en lugar de un niño. Sin embargo, una vez mas esta muchacha consiguió lo que nadie mas ha podido hacer, perturbarlo al punto de asustarse y desconocerla completamente. ¿Quien demonios era esta mujer bajo su cuerpo? Porque aunque la tocara, besara o le hablara, sentía que estaba siendo poseída por alguien mas u otra entidad super natural.
Vaya cosa absurda.
Ser super natural.
¿Qué vendría después?
De forma repentina un cojín se estrello contra su cabeza, una, otra y otra vez sin descanso, seguida de una voz chillona bastante reconocida en sus oídos. Aunque… ¿No se suponía estar lejos de casa?
— ¡Dejala en paz! — chillo una joven chica de cabellos avellana ordenados en dos colas, ojos ámbar y pálida piel. — ¿Acaso no entiendes cuando una chica desea estar sola? ¡Eres un desconciderado!
— Eso a dolido, Osen. — detuvo el cojín de su cabeza, mirandola con ojos inyectados en furia y la vena de la frente a punto de explotar. — ¿Se te ha olvidado los modales luego de entrar a una casa?
— No, pero el obviar una situación como esta se me hace imposible. — se justifico la jovencita, colocando sus manos en la cintura y adoptando una postura graciosa. — ¿O piensas que dejaría pasar el aprovecharte de esta chica? ¡Estarias loco!
— No pensaba ser tal cosa, eres una mujer bastante escandalosa. — le resto importancia al rubio, incorporándose en el sillón y mirando con astucia a la chiquilla. — Además, practicar la necrofilia no es lo mio.
— ¡Oni-chan!
Aguarden, aguarden, solo aguarden. ¿Alguien de la altura de Kazama tenia una hermana menor? No, debía de ser una clase de broma bizarra o quizás de cámara escondida, porque ese demonio asqueroso era la clase de persona en burlarse de todo el mundo y jamás tomar las cosas encerio. Muchas ocasiones en el pasado fue así con ella, no sería la excepción de hacerlo con alguien mas, inclusive, teniendo una hermana menor. ¡Que ni siquiera se parecían! Viendolos desde su perspectiva, eran dos gotas de lluvia, distintas de cualquier otra, en físico y personalidades.
— … por eso debes considerar primero los sentimientos de un chica en lugar de lo tuyos. — le regañaba la chiquilla como si fuera una anciana, teniendo otro estado de animo quizás Mitsuki le hubiese causado gracia. — Ella simplemente, puede que no comparta los mismos sentimientos tuyos.
— Mmm… disculpen… pero… — interrumpió la ojos calabaza, aun sin fuerza en la voz pero temiendo de estar cometiendo algún error. — ¿Usted en verdad es la hermana menor de Kazama?
El rubio resoplo entre dientes una risa, obligandose a girar al lado contrario de la pequeña quien le fulminaba con la mirada, seguramente ante su reacción.
— Disculpe mi mala educación pero viendo a oni-chan comportándose de esa forma, no puedo evitar reprenderlo. — sonrio la cabellos avellana, dirigiéndose a la castaña. — Y respondiendo a tu pregunta, si, soy su hermana menor. Kazama Osen, aunque puedes llamarme por mi nombre si lo deseas.
— Mitsutani Mitsuki, la prometida de tu hermano mayor. — hizo una leve reverencia.
— Asi que prometida… — dejó las palabras en el aire dándose cuenta de la intencidad de estas, giro de inmediato con los ojos abiertos, mirando incredula a su hermano. — ¡¿Desde cuando estas comprometido que no me habías dicho?!
— Ya te dije que eres muy ruidosa. — se quejo el rubio fastidiado de la actitud de su hermana — realmente no ha pasado muchos días luego de eso.
— Tres, siendo exactos. — respondio la castaña por el rubio.
— Aun así, es extraño que papá no halla mencionado nada de eso cuando me llamo. — pronunció pensativa.
— Falta hacer un evento mucho mas formal para ello. — coloco una mano encima de la cabeza de la chica, produciendo en la castaña una sensación extraña, la primera distinta al dolor en los días transcurridos. — Allí podrás ser tan escandalosa como siempre, imotto.
— ¿Y que mamá acabe conmigo? ¡Ni hablar! — se rehusó la chica, girando su cabeza al lado contrario del rubio.
Mitsuki se quedo suspendida en el aire viendo interactuar a los hermanos Kazama, no solo porque jamas había visto una expresión tan relajada en el rostro del rubio, sino que conocía una faceta distinta la cual capaz mas nadie en el instituto halla visualizado antes, solo ella. Sin saberlo se sintio importante, distinta a cualquier chica antes pasada por la vida del ojos carmín, conocía la fama de este entre el cuerpo femenino estudiantil al ser el dios adorado, pero con todo y eso, puede que tuviese un lado amable, noble al tratarse de su hermana menor. ¿Pueden imaginarse un posible pretendiente para ella? Kazama aparenta ser celoso, quizás ni siquiera permita acercarsele a unos metros prudenciales, al menos, de no conciderarlo digno de la cabellos avellana. Pobresita de quien resulte ser su hija, ganara un guardaespalda y padre sobreproctetor.
— ¡Cierto! Mitsuki-chan, como te encuentras aqui ¿no te apetece un bocadillo nocturno? — propuso la chiquilla cambiando de posición y sujetando las manos de ella, mirandola igual hacer un cachorro inocente. — eso de ir y venir me ha abierto el apetito. ¿Me acompañaras?
Kazama sonrio complacido a su hermana menor, podría ser ruidosa y molesta en los momentos mas cruciales en sus conquistas, pero en esta circunstancias era un enviado de los dioses. Conocía perfectamente los modales inculcados a la castaña, no era de quienes desperdiciaran una invitación de estas tan a la ligera, menos en manos de la hija de los dueños de la casa. Seguramente aceptaría.
— ¿No sera imprudente el hacerlo? — preguntó temerosa, viéndose atrapada en esos ojos ámbar persuasivos.
— ¡Para nada! Una de las virtudes de la familia Kazama. — comenzó diciendo la chiquilla, ayudando a levantar a la castaña para comenzar a caminar. — es tener toda la casa para ti mismo, aquí no le debes nada a nadie.
Oh, y ella que toda su vida se quejo de la sobreprocteción de sus padres en ella, así que solamente deseaban era resguardarla de tormentas como las vividas. Aunque su madre no se vio en lo mas mínimo conmovida por ella, ni siquiera indago en los temas que la llevaron a donde se encontraba, simplemente sonrio con mirada complacida, mencionandole ser una buena hija. Siendo por primera vez en muchos años el llamarla de esa forma, existía algo detrás de la mirada de aquella mujer en inquietarla, casi como si hubiese hecho algo totalmente esperado por ella. Aunque eso solo eran conjeturas suyas, porque podría ser simplemente los verdaderos sentimientos de su mamá, al hacer algo por el clan. Donde francamente, jamas pensó tal cosa, solo se dejo llevar por el dolor igual a la mano de la pequeña Kazama hacia la cocina. La verdad, la ojos calabaza no poseía hambre alguna, pero dejar comer a la hermana menor del rubio sola luego de esa oferta, seria una descortecia de su parte. Por lo tanto, recorrieron los pasillos de la mansión escuchandose la voz regozijante de la peliavellana solamente, en tanto Kazama venía cubriendole las espaldas manteniendo una mueca divertida en su rostro. Jodido monstruo, seguramente se burla de su suerte al ser arrastrada por Osen, posee una fuerza de vitalidad peor a Momoka o Minami…
Freno el carro.
Extrañaba a sus amigas, se sentía un poco culpable haberse ido sin tener su celular, menos el informarle a su hermano de esta decisión drástica, de todos era el mas importante. Por fin dejo su adversión por los humanos, permitiéndoles revoloterae a su lado con total normalidad, pero con esta decepción, dudaba mucho el volver a confiar una vez mas en ellos. Quizás, llamaría mañana a casa de sus tíos para hablar con él, desde tiempos inmemorables se hicieron compañia y merecia una explicación de esto. Viendo interactuar a los hermanos Kazama, le hizo recordar al suyo propio, siendo igual o peor de sobre protector que el rubio considerándolo la mayor acción de cariño. Por supuesto, un cariño al propio estilo “Mitsutani Ryuunosuke”.
Llegaron a la cocina finalmente, donde la cabellos avellanados soltó su mano y se dedico a atacar la lacena, la ojos calabaza se quedo estática observando a la menor buscando algo a su gusto o preferencia. Con tal y no sea “onigiri” o “omagi pan” todo estaría bien.
— ¿Te gusta el ramen? — preguntó la chica, sacando de la lacena dos empaques de dicho alimento y señalandolos. — espero y si porque he deseado comerlos desde pisar el suelo de Japón.
— Uh… Mmm… no… no tengo problema alguno. — murmuro con voz cohibida.
— Excelente. — pronuncio colocandolos encima del mesón de la cocina y proponiendose calentar agua para hacerlos. — ¿Sabes? En Francia no ves mucho de comida japonesa, solo caracoles, pan, mas caraloces y pan… ¡Aunque los pasteles son grandiosos! Morirías de la dicha si los probaras.
— S… seguramente. — le dio la razón, movimiendo sus brazos con incomodidad.
— Deberían hacer su pastel de compromiso con un maestro pastelero francés. — opino la peli avellana, formando un medio puchero en los labios. — ¡Seria la supremacía en compromisos entre demonios!
Asi que compromiso, pensó la ojos calabaza mirando detenidamente sus manos, antes hubiese preferido vestirle a los santos que casarce con Kazama, pero no, realmente tomo tan delicada decisión en la vida. En tanto el rubio, observaba a la cabisbaja castaña en silencio simplemente tratando de seguirle el hilo de los pensamientos a su hermana, quien se dedicaba a vertir el agua en los recipientes de ramen. Consideraba un milagro en no darse cuenta del estado de animo de la chica, Osen suele ser muy intuitiva de tratarse de mujeres, el ignorar a esta es muy raro. Aunque claro, apenas se estan conociendo y esta llegando de viaje, debería de darle un poco de beneficio a la duda.
— ¡Ahora que lo recuerdo! — exclamó la menor asustando a los otros dos, haciéndoles emitir un respingo. — ¿De donde exactamente se conocieron?
He allí a la primera muestra.
— En el instituto. — respondió el rubio de inmediato.
— Mmm… — murmuro pensativa mirando de reaojo a su hermano, pasandole el recipiente a la ojos calabaza. — ¿El idiota de oni-chan no te acoso? Tiende a tener comportamiento psicópata cuando se interesa por una mujer.
— ¿Como? — arquero una de las cejas Mitsuki, con medio camino por recorrer de ramen.
Kazama fruncio el ceño molesto, pasando por un lado de la cabellos avellana y dispuesto a prepararse un té. Seria inútil discutirle a esta mocosa, además, gasto innecesario de energía y saliva.
— A eso mismo, Mitsuki-chan. — insistió una vez mas, agarrando una buena cantidad de fideos y llevandosela a la boca — Oni-chan puede tener esa apariencia mujeriego natural, un dios venido directamente del Olimpo, pero posee cero delicadeza al tratarse de sentimiento de mujeres. Para él, aunque sean demonios, seguirán siendo un camino fácil de acceder. Absurdo, ¿no?
— Suena típico de Kazama. — musito por lo bajo la ojos calabaza, imitandola en comer.
Aguarden, aguarden, aguarden. ¿Acaso había escuchado bien? La descendiente de la “princesa lunar” le dio la razón a la ruidosa de su hermanita, luego de estos tres estar menos comunicativa que un perro. ¡Por los dioses! Esto era una jodido progreso, sin duda. Aunque detestaba ser el objeto de ello, Osen necesitaba buscarse otro tipo de distracción.
— ¿Verdad? — rio complacida, sosteniendo una de sus manos y llenando toda su atención. — Creo firmemente el poder hacernos muy buenas amigas, Mitsuki-chan. El tener a otra persona con quien conversar de oni-chan, es todo un gozo.
— Si tu lo dices. — argumento bastante tímida.
— Lo es.
La personalidad de Osen era bastante curiosa, no aparentaba ser la típica niña sangre pura estirada con ideales demoniacos, donde prevalecer las costumbres de demonios, es lo esencial. A su alrededor existía una aura limpia, pura y cristalina, sin mencionar esa sonrisa contagiosa dibujada en sus labios, el no poder hacerse amiga de ella seria una total locura. De hecho, le recordaba un poco a las suyas en el instituto, a la intrepida Momoka y la perseverante Minami. Si conocieran su abstenencia de probar alimentos, seguramente buscarían de hacerselos comer asi sea de forma liquida, optando por verla igual a una cría. Siendo sincera, este ramen era la primera comida en digerir como se debe en estos tres días ya casi transcurridos, parecía que su estomago se declaro en guerra permanente. Cero tolerancia a los carbohidratos. Esto lo sabia muy bien Kazama, por eso le quedaba mirando silenciosamente alimentarse en compañia de Osen, la chiquilla encargada de despotricar contra él.
— ¡Esto ha estado delicioso! — termino de comer la peli avellana, sorprendiendo a los mayores y una Mitsuki luchando por acabar. — Sin duda, no existe nada mejor que la comida japonesa, jamas la cambiarías por nada. ¡Estoy deseando comer un buen tazón de arroz! ¿Usted no Mitsuki-chan? El desayuno estará grandioso, ya lo vera.
Dios… apenas culminas la cena y hablas de desayunar. ¿No conoces los limites?
— Creo que primero, debería culminar mi ramen. — planteo incredula señalando el recipiente de ramen a medio acabar.
— Veraz, Osen. — un brillo malicioso se sembró en la mirada de Kazama, ubicándose detrás de una peli avellana atenta a las palabras de su hermano. — Nuestra “querida” invitada, es de la que de alentan mas si le ofreces comer otro ramen, de esa manera, se vera mas animada a terminar el de estos momentos.
¡¿Como ha dicho este cretino?!
— ¡Oh ya veo! — sonrio animada la chiquilla, asustando a la ojos calabaza, quien estaba comenzando a maldecir mentalmente a su prometido. — Pensandolo mejor, estaba justamente lo mismo. Una sola ración de ramen jamas llenara, ¿cierto? Mejor nos anotamos a otra.
— ¡Espera Osen-chan! — la llamo alarmada, inculcando mas la sonrisa del arlequín en Kazama, pues la castaña mordió el anzuelo. — la verdad es que… yo… yo…
— Desea de barbacoa, es su favorita. — mintió el rubio, sujetando su té y tomando asiento frente al mesón.
— ¡Anotado! — guiño el ojo, empujandose a si misma a buscar el mencionado sabor.
¡Jodido Kazama! Ya pagaría por esto, se encargaría personalmente de hacerlo. Lo juraba.
Mas tarde, luego de comer cuatro tazones de ramen, dejaron a una Osen satisfecha en su habitación con oferta de ir a comer “Takoyaki” después en un puesto de su preferencia, eso si, correria por su cuenta. Mitsuki temblo de pavor al pensar hacer semejante cosa, tuvo suficiente de alimentos por la noche de hoy, cerraría la contienda de su pobre estomago queriendo llorar de tal opresión. Sin duda, la menor de los Kazama era de peligro, poseía una bonita cara pero ideas alarmantes. Aunque de quien mas debería tener cuidado, no era ella, sino su hermano mayor. Viendolo caminaría con normalidad a su lado al escoltarla a la habitación, le llegaba a la cabeza lo muy jodido que era, plantearle semejante cosas a las cabellos avellana para hacerla comer… ¡Era de lo último! ¿Como se atrevía? Mas bien ¿Quien se creía? Nadie, abran los ojos y observen, nadie tenia el derecho de oponerse a su auto impuesta ley de abstinencia alimenticia. ¡Ni siquiera a su madre se lo permitiría! Bastante de malos estragos ya tenia, podría regalarlos si deseaba, con tal, le sobraban. De solo recordar la expresión de satisfacción en su rostro, le hervia las entrañas, estaba demostrandole lo muy satisfecho de encontrarse viendola sufrir. ¿Puede existir algo mas sádico a eso? No, la respuesta seguirá siendo, no.
Emitió un suspiro profundo, tratar con los Kazama era peor a un dolor de cabeza, mejor se iba rápidamente a la cama y culminaba con este día. Al comenzarlo nunca pensó conocer tan inesperado personaje, creyo volver a vivir lo convencional de los pasados dos, ver al cara del ojos carmín entrada la noche, la palabras de la servidumbre al tratarla hacerla comer y esos animes de terror. Sin saberlo, algo dentro de ella estaba comenzando a despertar, quizás el saberse acompañada de otra chica le llenaba de entuciasmo, porque no estaría mas sola. Ya no.
— Me sorprendió que tuvieses una hermana menor. — rompió el silencio la ojos calabaza, mirando de reojo al sereno rubio. — ninguna de las chicas me menciono ese detalle, considerando que saben tanto de ti como para llamarlas acosadoras.
— No es algo que vaya diciendo a los cuatro vientos. — menciono el ojos carmín con calma, siguiendo con la vista al frente. — simplemente la tengo y ya. Además, Osen ha vivido prácticamente toda su vida fuera de Japón, no le gusta mucho permanecer en un lugar tranquila.
— Ya veo, su personalidad lo demuestra. — rio sorpresivamente la castaña, mostrandole al rubio una expresión que creía muerta desde hace un dos días. — Hablando de personalidades, tu pareces el típico hermano sobre protector. Apuesto que no permitirías a cualquier acercarsele a Osen-chan.
— Bueno… eso podría hacerlo, igualmente contigo. — de un ágil movimiento, Kazama acorralo a la castaña contra la pared sorprendiendola, quedándose tan estática como una momia. — Nunca me ha gustado que toquen lo mio, en definición, lo que considero bastante importante para mi.
— ¿Lo dices por Osen-chan o por mi? — musito una calmada Mitsuki, aunque su estomago se encontraba nerviosos, y podría jurar no ser por la comida consumida.
— ¿Deseas escuchar la respuesta? — sujeto el mentón de ella, acercándose y chocando su tibio aliento. Provocandole escalofríos junto con espasmos en toda la piel, acompañado de unos retorcijones diabolicos. — ¿O pasamos a la acción?
— ¿Quieres realmente saber mi decisión? — imito su tono de voz, clavandole la mirada y tratando de ignorar la gama de emociones nuevas produciendole el rubio. — Con tal, siempre hace lo que deseas sin el consentimiento mio. ¿Cierto?
— Tienes una lengua tan afilada. — susurro con voz seductora, haciendo temblar el suelo de Mitsuki y colocarlo de cabeza. ¿Pero que mierdas ocurría con ella? ¡Deseaba ser salvada por alguien! — Yo podría darle una buena utilidad, una que claramente, ambos podríamos disfrutarla.
— La verdad, ni me interesa saberlo. — se deshizo del agarre de este con facilidad, caminando hacia su puerta y abriendola. — Podremos terminar esto por hoy, Kazama. Estoy exhausta, buenas noches.
Pero antes de poder atravesar la puerta, una fuerza arrolladora proveniente de Kazama la obligó a entrar a la habitación, sujetandola de ambas manos la acorralo en una pared y le beso los labios. Este beso no era igual a los anteriores dados por él, porque a diferencia de ellos, la castaña se encontraba presa de una neblina espesa hecha de sus lágrimas y sufrientos. En cuanto a este, tenía la magnitud de un huracán y la fuerza de un terremoto para mover por completo su ser, robarle el aliento, y suplantarlo como todo un anárquico con su presencia. Los labios de Kazama se movían contra los suyos con autoridad, confianza y ligereza, demostrandole con intereses lo que las de su instituto decían de él. Un amante completo, con caricias apasionadas, labios sabor a miel, y actitud serena en estos actos. Era como si con este beso halla espantado todos los demonios dormidos en su interior, implantado la supremacía suprema de él y burlarse de ellos con arrogancia, muy propia de la actitud que lo caracteriza. Lo peor de todo, sería su total entrega a dicho acto, en el pasado sin duda le hubiera patiado en la pierna y mandarlo al infierno. Pero ahora, justo ahora, se sentía presa en una telaraña creada por este astuto sangre pura de ojos carmín.
Estúpido…
Estúpido Kazama y sus mañas de jugador de poker.
De la misma manera que la agarro, la soltó, regalandole una sonrisa socarrona en los labios. Saboreandose con gula el beso dado hace unos segundos, paso el dedos por sus labios y lo llevo a su boca, degustandolo. El corazón de Mitsuki dio un vuelvo al visualizar tal acción, no podía creer lo atrevido que resultó ser el rubio, decir mucho al ser el actor intelectual de robarse su primer beso, aun así, jamas ha llegado tan lejos como esto.
— Deberías mirarte, luces tan… — musito con tono ronco, bastante seductor. — apetecible. No oses a provocarme, princesa.
— ¿Como? — casi chillo impresionada, sonrojandose hasta las orejas.
— Sin dudas, te prefiero asi. — comento burlón, dándose la vuelta y regalandole una mirada llena de lujuria — De haber sabido que la compañia de alguien mas activaría eso en ti, desde hace mucho habría traído a Osen para ti, ya podre discutir nuevamente contigo. Como los viejos tiempos, Mitsuki.
— ¡Vete al infierno! — elevo su tono de voz, al notar como Kazama se burlaba de ella.
— Si, si cariño. — medio atreveso la puerta, quedándose a medio camino y girando en dirección a la castaña. — Yo también te amo.
Seguidamente la ojos calabaza arrojo un cojín hacia la puerta, aunque fue demaciado tarde pues el rubio ya había abandonado la habitación. Mitsuki se tiro en la cama abrazando una de sus almohadas con fuerza, estuviese o no estuviese igual a una momia embalsamada en Egipto, aquel idiota de ojos carmín seguía sacandola de sus cabales. ¿Como osaba a besarla cuando se le diera la gana y luego burlarse? Odiaba mucho esa personalidad retorcida que tiene, la manera de hacer las cosas y no arrepentirse de ello, es igual a un dictador. O mejor dicho. Un terrorista, impone sus preferencias por encima de la de los demás. ¡Estupido! ¡Idiota! ¡Cabeza de alcornoque! ¿En verdad se daba del derecho de hacerlo todo a su antojo? Pues no, se equivoco de persona, en este caso, de demonio porque ella… freno el carro de golpe, Mitsuki cayo en cuenta al fin de su comportamiento con Kazama en estos momentos. Unas horas atrás ella le parecería igual los movimientos del rubio, le dejaría hacerle todos sus caprichos porque no significaba nada, nada en lo absoluto pues su alma esta destruida, enterrada en cien metros bajo tierra.
¿Qué…? ¿Qué era esto? Su pecho temblaba con conmoción, la piel se le herizaba de solo recordarlo, ni hablar de su cabeza, vuelta un completo nudo. No, es aterrador, sin dudad aterrador de pensar simplemente en ese beso dado por Kazama porque la hizo temblar, demostrar que aun no esta muerta y puede sentir. La descendiente de la “princesa lunar” se acurruco en la cama, abrazandose a si misma y tratando de controlar las emociones remolinandose en su estomago, en tanto su corazón martillaba con velocidad nerviosa. Quería olvidar todo, las sensaciones, el calor, los temblores y las fuertes manos del rubio sobre sus brazos, impiendole moverse en tanto sus labios se abrían camino por los suyos. ¡Lo maldecia! ¡Lo maldecia por hacerla pasar por todo esto! Porque con Purpure jamas sintio algo igual, todo era suave, relajante y conservador. Solo sintio fuego con él cuando intentaron hacerlo, de resto, todo siempre fue con precauciones o cautela. Sin embargo, con Kazama siempre es verano, ese sol deslumbrante directo a tus retinas, las temperaturas altas haciendo sudar tu piel y la creciente ganas de solo permanecer en al agua, tratando de calmar la calentura del cuerpo. Eso era el rubio, un sol abrazador que tiene la finalidad de descontrolar todos sus sentidos, ¿lo peor? Estaba comenzando a lograrlo.
¿Acaso…? ¿No necesita de la primavera una vez mas? Quizás, sea época de pasar al verano.
Al siguiente día, la ojos calabaza se levantó una vez mas con pesadez, durante el transcurso de la noche tuvo otro sueño, pero no el convencional de la “princesa lunar”, “el mestizo” y “Kazama Chikage”, sino ella misma estando con Purpure-san y la misma Amamiya Ami. Estos dos últimos se burlaban a sus espaldas, comportándose como todos unos desvengonzados, tal cual a lo antes ya hecho, mientras ella permanecia tan quieta como una momia. No podía moverse, decir o exclamar algo, solo sentir aquel dolor quemandole el pecho y sumergirla en las profundidades de la oscuridad. ¿Por qué luchar? ¿Para que llorar? Si todo estaba perdido, el amor que una vez saboreo entre sus brazos escapo, corrió tan lejos de ella sin ni siquiera decir adiós. Ahora, solo quedo en la entera soledad, teniendo fijamente presente aquel agujero en su pecho como marca permanente de esa guerra, o mas bien, del resultado de querer amar.
Por primera vez entendió a su madre.
Los humanos son malos, viles y crueles.
Solo sirven para destruir, cosa que ella, estaba viendo con sus propios ojos.
Cuando conocio a Kazama muy bien le dijo esto, su amor por Purpure ni quedaría las cenizas de lo que una vez fue, mostrándose la imagen de sí misma totalmente distinta. Agregándole el correr a sus brazos y rogarle el casarse con él, llevándola a separarse de todos y todos, bien, la ojos calazaba no precisamente le rogo pero si se cumplieron las otras predicciones. En el presente, se encontraba en su casa rodeada de servidumbre y… freno el carro. Se encontraba en todo su derecho de sentirse triste, pero mas sola no, ayer en la noche hizo acto de presencia la menor de los Kazama. Osen. Una joven de cabellos avellana poseedora de una personalidad demoledora, extrovertida a la par de divertida. Podría tenerle un poco de miedo, aunque no decia el caerle mal. Es mas, contando con su presencia en la casa de los Kazama, le alentaba un poco a soportar la realidad de las cosas: la separación de Purpure, su marcha de la casa de sus tíos, ver nuevamente a sus padres, el compromiso… ¿Como no simplemente exploto? Tal vez residía en su calma, el efecto de enfrentar las circunstancias de forma sencilla. No obstante, desde ayer en la noche, se planto seriamente el quizás si estar comportándose igual a una cobarde al irse así de Tokio, sin avisarle a sus amigos y mucho menos a Ryuunosuke. Ella ha dejado de ser una niña desde hace mucho tiempo, iba a casarce y por ende, debía de comportarse como tal. El primer paso, seria marcarle al celular de su hermano y…. ¡Maldición! Ella… ¡Ella olvido su teléfono en el departamento de sus tíos! A esta hora obviamente no estarían allí, seguramente se encontraban realizando sus respectivos labores.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
¿Hasta cuando seguiría siendo la niña rebelde? La que por simple inercia le llevaba a contraria a su padres en toda decisión, aunque hablaramos del sabor de un jugo. Entendía el haber sido engañada por un hombre, el utilizarla y manipularla a su antojo, de hecho, aun las secuelas de ese incidente se encontraban fijas en su piel, como un tatuaje que no se puede borrar. Sin embargo, el problema era claramente con Purpure, no con sus amigos o hermano. Es cierto, de tener el mínimo indicio de poder verlo nuevamente luego de esa noche, le llenaba de toda clases de incertidumbres en la mente, sin olvidarle esas pequeñas agujas clavadas en el corazón parecido a un muñeco budu, o tambien, ser sujetada de los tobillos para sumergirle en el lodo pegajoso repleto de bestias horrorosas. De ser por la castaña, evitaría cualquier clase de actividad involucrada con Purpure, tenerlo lejos seria lo mejor para su corazón. Las heridas siguen abiertas, las palabras murmuran en el viento y los puñales aguardan la sangre derramada, donde gota por gota mantienen el suelo manchado.
Lo sabia, tenia que comunicarse e informar su situación, aun así, el rememorar esa fatidica noche le causaba repulsión y miedo. Si. Miedo, de descubrir que sus sentimientos al pesar de todo lo ocurrido, siguen siendo los mismos. El amar ese traicionero humano, el desear estar viviendo una pesadilla y la cruel realidad abofetiando su rostro, diciéndole que efectivamente, todo lo acontecido no es producto de su imaginación. Apestaba, sin duda esto apesta, porque el darte cuenta que su bonita relación con el ojos purpura acabo de una cruel manera, tan poca cosa e insignificante. Parecido a no haber ocurrido nada antes, ni la miradas anhelantes, besos o mucho menos esas palabras hermosas. La necesidad de querer respirar nuevamente se encontraba allí, pero se le imposibilitaba cada vez mas, porque cuando eres desechado de esa forma tal vil, no esperabas nada mas a sucumbir en la abrumadara desolación.
No podía decir “estoy bien”, ni mucho menos “lo estare”. Pero si “podre manter mi frente en alto y caminar”.
Mitsuki particularmente jamas ha sido de rendirse, lo ha demostrado muchas veces en su vida de diferentes maneras, un ejemplo fue cuando descubrió el ser alguien realmente “especial”, llevándola a enfrentar a sus padres. Donde pudo demostrar seguir sus propias decisiones sin la intervención de alguien mas, porque es una demonio autónoma, segura de si misma y con la capacidad de seguir su camino. Entonces tuvo el apoyo de sus amigos, hasta de un Ryuunosuke sorpresivo, acobijandose en las alas de sus tío y… ¿por qué no? Sostuvo la mano firme de Purpure. Era por esa misma razón el hacer las cosas mas difíciles para ella, porque aquel azabache fue tan dócil, atento, amable, amoroso y cariñoso, el olvidar todo eso como si no valiera nada es simplemente agotador. Podrían tacharla de masoquista, le importaba menos, pero seguiría guardando cada uno de esos recuerdos en lo mas profundo de su cabeza, como lo mas felices vividos en esta época. Ahora que estaba comprometida con Kazama, las cosas cambiarían, debía de actuar de acuerdo a su raza, una autentica sangre pura y honrar a su clan. Tan descabellado como se oye, lo llevara al pie de la letra, porque una de las cosas propias de Mitsutani Mitsuki, es jamas dar su brazo a torcer y cumplir con su palabra.
— ¡Buenos días Mitsuki-chan! — una voz rompió el silencio de su habitación, haciéndole dar un respingo de la impresión y sentandose al instante. Llego la terrorista. — ¿Como puedes permanecer tanto tiempo en la cama? ¡Hoy es un excelente día para vacacionar! Aun mas, probar platos deliciosos en la ciudad.
Rayos, penso la castaña al observar su animada cuñada, Kazama Osen, recorriendo el lugar para abrir todas las cortinas y dejar pasar la fuerte luz del astro rey, quien pego fuertemente a sus ojos. ¿En verdad tenía hambre luego de comer tanto el día anterior? Si Mitsuki al recordarlo, sus pobres entrañas se revolvian del asco. No, no deseaban de ninguna manera volver a pasar por los mismo, pobre de ellas sin duda.
— ¡Mitsuki-chan te hablo! — elevo una vez mas su voz, parandose delante de ella y frunciendole levemente el ceño en forma de reproche. — ¿Estas prestandome atención? No pareces estar en este mundo precisamente, cosa bastante rara a mi parecer. ¿Te ocurre algo?
— No, lo que pasa es…
— Su estomago debe de estar haciéndola imaginar lo posibles platillos a comer. — otra voz, en esta ocasión mas ronca a la de la chica, con un toque burlón y oscuro llego a sus oidos. ¡Esto debe de ser una broma! — Suele suceder todas las mañanas.
¡¿Pero que diablos esta diciendo este cretino?! Aun mas presentándose así de esa manera en su habitación, parado y apoyando su cuerpo al humbral de la puerta cruzando sus brazos, acompañada de esa sonrisa tan arrogante como prepotente solamente suya. Por supuesto, ¿quien mas en la tierra podría tenerla? Desde este momento, la bautizaria como “Made in Kazama”, en honor a esa deducción. Mistuki aun no ha olvidado lo que le hizo la noche anterior, menos las sensaciones que le produjo, por eso sin privarse de nada le fulmino con la mirada. Señal que agarro el rubio tal cual a un desafío, pareciendole divertido.
— ¿En verdad? — chillo emocionada Osen, saltando a la cama de la castaña y tomando sus dos manos con conmoción. Mitsuki, nuevamente estaba atrapada. — Me alegra saber no ser la única en hacerlo, aunque comúnmente lo hago todo el tiempo, incluso durmiendo.
— Oh, vaya… — soltó simplemente, musitando una risita incomoda.
— ¡Ya se! — sonrio la cabellos avellana, levantándose del asiento improvisado y caminando rumbo a la salida. — ¿Qué tal si te preparas y vamos por algo de comer al pueblo? Conoscos algunos lugares sumamente increíbles, estoy segura que te encantaran. De hecho, todo el mundo lo hace.
— A… ¡Aguarda Osen-chan! — la llamo enseguida, haciéndola girar a su dirección. — ¿Qué hay de desayunar en casa? ¿El comer un autentico desayuno japones?
Siendo sincera consigo misma, la ojos calabaza no se encontraba preparada para salir allí afuera, desde su llegada del pueblo se encerró en esta cuatro paredes, pero sobre todo, encerrada bajo su propio mundo. El descubrir la vida siguiendo su curso natural en tanto ella muere de dolor, es algo totalmente abrumador, igual o peor a su perdida. ¿No podría retrasar todo eso? ¿El seguir en la comodidad de la casa Kazama? No, mientras tenga por cuñada a alguien como Osen, eso jamas sucederá.
— Restale importancia a eso, Mitsuki-chan. — sonrio despreocupada la joven, inyectando en la ojos calabaza la impresión y miedo. — Porque podríamos hacerlo en cualquier lugar, aun mas, en este pueblo.
Dicho esto, la muchacha giro sobre sus talones abandonando la habitación y dejando a Kazama junto a la castaña, esta cubrió su rostro con su cabello apretando a la par sus puños de la impotencia. Estúpido demonio del infierno, millones de veces estúpido, al parecer no le basto lo ocurrió anoche con hacerla comer cuatro veces ramen, pues vino temprano manteniendo en sus manos otro ataque demoledor. Salir a la realidad. Lo peor de todo era no poder escapar, la ojos calabaza fue criada de una manera bastante anticuada, pues el eludir invitaciones de la dueña de la casa donde se hospeda es imposible. Maldición, aquel idiota de Kazama es tan jodidamente astuto al igual a un zorro, estudia cuidadosamente su presa y detecta sus puntos débiles sacandolos a luz, justo como esos instantes.
Sin tan solo… pudiera patearlo en su ridícula cara, todo seria mucho mejor.
— Te sugiero que te apresures a arreglarte, princesa. — menciono el cretino, transportandose velozmente a su lado, haciéndola levantar la cara y rosando al propósito su piel con la de ella. Nuevamente, sintio ese escalofríos. — Osen tiende a ser muy impaciente, de no encontrarte adecuada para salir, ella misma escogerá tu ropa… ¿no lo crees fascinante?
La respuesta era no, en lo absoluto es fascinante, mas bien, lo encontraba aterrador.
— Nunca he cuestionado los gustos de mi hermanita. — comento con voz oscura, visualizando sin descaro los labios de la castaña y manteniendo el mínimo de distancia entre ellos, de esa manera su aliento colicionaba contra el mentón de ella. Produciendole un efecto claramente abrumador. — es mas, los apruebo con los ojos cerrados… aunque, la idea de salir al pueblo y mostrarle a mi prometida a aquellos humanos molestos. No me complace en lo absoluto. Me molesta mas bien.
¿Pero que era esto? Pensó la castaña al ver esos intensos ojos color carmín detallando con cautela sus labios, sin importarle una reacción de su parte. De hecho, la temperatura del ambiente ascendió, encontrandola hasta pesada para poder simplemente agarrar aire, pues le costaba un poco llevarla a sus pulmones. Era como si su pecho sufriera una clase de opresión, pero este no se trata del dolor, mas bien es algo difícil de explicar simplemente lo definirla a algo sosteniendo su corazón. Esto era increíble, hace unos cuantos meses atrás de presentarsele así Kazama, lo enviaría al mismo infierno o freir monos. Pero ahora, justo ahora, todo resultaba diferente. No sabia si era por lo que experimento en su primer amor, o el tratar de eludir la realidad, pero cuando miraba la presencia del rubio frente de ella su mundo empezaba a temblar, caerse a pedazos en tanto su única finalidad es el sostenerse de las ruinas para no sucumbir igualmente.
¿Qué…? ¿Qué podía hacer?
— Esa es una muy interesante expresión. — musito el ojos carmín, sonriendo ladinamente y enviandole a la castaña un veneno peor al azufre por sus sentidos. — Esos ojos, esa boca… esa manera de mantenerte tan quieta e ignotizada, me esta tentado princesa. Tu realmente, no sabes a donde has caído.
Oh, si, si que lo sabe. Se encuentra en la cueva del rey demonio, donde la invito a danzar y ella docilmente ha aceptado.
— Kazama… — susurro débilmente, cayendo en la trampa.
— Vamos, vamos princesa, abre bien esa boca para mi. — con el pulgar la ayudo en su cometido, manteniendo la misma expresión ponsoñosa y malvada. — de esa manera sabrás como los demonios nos divertimos de verdad. Nada de cosas absurdas de humanos. Comenzaras realmente a bailar con un sangre pura.
Entonces sin previo aviso, el ojos carmín invadió la cavidad bucal de la muchacha deslizándo su lengua, caliente y palpitante. Esto lo sintio la castaña emitiendo un gemido ahogado, cerrando los ojos en el proceso, porque la intencidad de este aprovechamiento la empujo a un rincón. La lengua del rubio se empujaba contra la de ella, produciendo sonidos húmedos seguidos de sensaciones plancenteras, oprimendo aun mas su pecho, pero agregando las paredes de su estomago de rara manera. Kazama es demandante, feroz, imponiendo su supremacía a enredar su lengua con la suya y empujarla, creando una lucha interna por quien de los dos podría la mayor fuerza. Mitsuki no sabia que hacer, siendo sincera, era la primera vez en besarse de esta manera tan profunda con alguien, ni siquiera con Purpure, pues este fue su novio y en este tipo de actos solia ser muy considerado con ella, a la par de delicado. Pero no Kazama, este es igual a un huracán, impetuoso, demandante a la par de tirano, si, mucho de eso. La castaña al no tener donde sostenerse, llevo sus dos manos a la espalda del rubio apretandolas y dejando escapar toda su respiración por la nariz, en tanto unas horribles lombrices bailaban en su estomago, haciendola parecer igual a una loca. Por otro lado, Kazama se encontraba en la gloria total, mantener a una ojos calabaza en sus brazos de esta forma y responderle a sus movimientos, era lo mas que podía desear. Quería experimentar un poco mas, quizás se arriesgaba hacerlo, pero él se conocía bastante bien, siempre ha sido codicioso, cambiar a estas alturas es absurdo. Rompiendo el beso de forma sutil, empezó a descender su boca por el mentón de esta, jugando, saboreandolo y dejando un rastro de saliva. Ella, seguía con los ojos cerrados, mantiendo una exquisita expresión de disfrutarlo y tan pegado a él como un chicle.
Oh… maldición, esto esta mal, muy mal porque: ¡La deseaba!
Soltando una risita divertida entre labios, arrojo a la chica al colchón en el mismo momento de posicionarse sobre ella y deshacerse de su camisa, arrojandola alguna parte de la habitación. Apenas la castaña pudo reaccionar a tal espectáculo, en la vida ha tenido la oportunidad de ver el torso desnudo de un chico, la primera fue con Purpure en aquel intento fallido en la enfermería, esa ocasión creyó ver una autentica criatura hermosa delante de ella, tan inalcanzable, aunque a su vez, palpable bajo sus dedos. Sin embargo, observando la inmaculada piel del rubio, sus bíceps, los pectorales trabajados y abdomen plano, los pensamientos que alguna vez tuvo por su ex-novio murieron. Él no era la criatura mas encantadora del mundo, mucho menos egnimatica, porque la real se encontraba frente a frente, manteniendo una expresión seductora e imperturbable. Por primera vez en la vida, Mitsuki no sintio miedo alguno, mas bien una necesidad de marcar tal cremosa piel y descubrir si realmente era suave, o simplemente una alucinación suya.
Alzo su mano con la finalidad de alcanzarlo, olvidando la timidez y que este sujeto antes le hizo un sin fin de actos inescrupulosos, solo quería borrar su curiosidad de él. Si vuelve al pasado, desde un principio Kazama le resulto un personaje curioso, hablaban de ser el mejor alumno del curso, tener un millón de chicas detrás de su estela, poseer una calma y serenidad absoluta, un atractivo incomparable, agregándole ser el hijo del primer ministro. Claro se les olvido un detalle grande, este era un demonio, un autentico sangre pura en todos los aspectos y querer poseerla a ella, activando todas las artimañas posibles. Manipulación de sus compañeras, amenazas sin sentido, charlas contra los humanos e inclusive, celos. Vaya cosa absurda, porque nada funciono, para Mitsuki, Kazama solo era un molesto demonio con una fachada de niño calmado manteniendo en realidad una personalidad retorcida.
De ser asi, ¿por qué horita no lo apartaba? ¿lo empujaba y salia corriendo lejos de sus garras? Oh, claro, este demonio la ha embrujado, o tal vez, encerrado por completo en sus garras. Y lo peor, no quiere ser liberada.
Entonces toco finalmente aquel trozo de piel, sintiendo un millón de agujas ser enviadas por la suya y alojadas en su pecho, quien latió con conmoción sin poder evitarlo.
— De todas las caras que me has mostrado, ¿quien eres realmente Kazama? — susurro mirando diractamente a los ojos carmín de este.
— ¿A que viene ahora esa pregunta? — le respondió con otra, sintiendo una rara emoción embargandolo al ser tocado por la castaña.
— Yo solo… quiero descubrir la verdadera persona detrás de esa expresión. — confeso con tranquilidad, deslizándo sus dedos por aquel firme pecho caliente — después de todo, vamos a casarnos.
Divertido, pensó el chico al ver como la muchacha seguía recorriendo su piel con total normalidad, parecido haberlo hecho cientos de ocasiones en el pasado. Aunque la verdad, esta era la primera vez de tenerla así, bajo de él y dispuesta a complacer sus caprichos.
— Generalmente, te habrías opuesto a nuestra unión. — al momento de decirlo, la chica dejo reposar su mano en el abdomen de este, congelandose. — con tal, siempre fuiste de las que les encanta ir a contra corriente. ¿Me equivoco?
— Lo has dicho, “fuiste”. — lo imito en su tono de voz, llevando su otra mano al cuello de este y con su dedo índice, trazar figuras imaginarias en el. — ahora no lo soy, ni deseo nuevamente volver atrás. Lo he comprendido, a los golpes, pero lo hice. Kazama, el vivir pretendiendo ser humana es simplemente absurdo, no cuando… soy una demonio.
— Entonces, me dices que… ¿aprendes es a los golpes? — hablo con ironía, soltando una risita oscura. — eres bastante masoquista princesa.
— ¿Y tu no eres un sádico? — ataco la chica, sorprendiendo al demonio que quedo sin palabras. — Aun lo recuerdo, tu expresión al lanzarme contra unas mesas y sernirte sobre mi. Fue de total éxtasis.
Esta niña… dolida es peor a sin una cicatriz.
— Aun puedes ayudarme a volver a tener esa expresión, Mitsuki. — sostuvo ambas manos de ella, sorprendiendola al mencionar su nombre con ese tono de voz tan grave, bajo y atrayente. — ¿No quieres intentarlo? Porque… el tocarme deliberadamente con esas manos me has tentado, has despertado a la bestia y debes domarla.
— Eso… — deshaciendose de su agarre y de forma dificultosa, la ojos calabaza tomo asiento frente del rubio, llevando sus manos detrás del cuello de este, enredando sus dedos. — podemos arreglarlos de una manera.
Antes de poder responder a tal argumento de la muchacha, se vio atrapado entre sus labios y aliento de fresa, envolviendolo en una masa de pasión desenfrenada. Se obligó a si mismo a responderle con impetud, llevando sus manos a los costados de ella y acariciandolos con devoción, sintiendo cada curvatura delgada de aquel cuerpo pequeño como delicado, haciéndole pensar que tal vez la ropa en ella estorbara. Sus labios siguieron moviéndose uno contra otro, donde las repiraciones fuertes eran el plato de segunda mesa y la necesidad de respirar era dejado de lado. Kazama jamas sintio tales emociones colandosele en la piel, porque en su vida había estado con muchas mujeres, humanas, demonios e inclusive, sacerdotisas, pero ninguna de ellas lograron remover sus emociones como la descendiente de la “princesa lunar”. Esta chica poseía una fuerza abrumadora, pasión desbordante y la capacidad de satisfacer a cualquiera, aunque cambiandolos en términos egoístas, seria satisfacerlo a él. Ese Purpure era un imbécil, humano tenia que ser, cambiar a la caprichosa de Amamiya Ami por una sangre pura como Mitsuki, era parecido a comparar una perla con una piedra de carbón. No existe comparación.
Al momento de caer sobre el colchón, con Kazama encima de ella, se vio en la necesidad de romper el beso y poder respirar. El rubio empezó nuevamente a colocar sus labios sobre su piel, desde su cuello hasta las claviculas, acariciando sus costados aun mantiendo la ropa. En tanto su mente, estaba muy lejos de encontrar el camino de regreso, las sensaciones transmitidas por obra de Kazama la dejaron al borde de la nada, porque admitir no soportarlo jamas sera sufiente para alejarlo. Mentirse a estas alturas de la vida en absurdo, porque su cuerpo jamas esconderia la realidad, de desear al rubio tan igual como él la desea. Rayos, esto la convertía igual o peor a Purpure, quien la engaño con aquella mestiza asquerosa.
Aunque, aguarden, ella no es igual a ese humano porque Kazama es su prometido. Lo que estan haciendo es totalmente legal.
Arqueo su espalda emitiendo un gemido, al sentir como el ojos carmín le mordia con travesura una parte blanda de su pecho, recorriendole una corriente rara en la piel. Hablando de ella, de dejarle alguna marca, acabaría con su prepotente expresión en un dos por tres, aun le debía una de la noche anterior. Odiaba como le hacia sentir, pero no podía evitarlo, ya que ella misma decidió su propio camino, nadie mas. Tampoco era el momento de quejarse, solo de cerrar los ojos y dejar pasar lo que pasara.
Fue cuando en ese preciso momento el sonido de un celular rompió el de los besos, las caricias y suspiros, seguidamente de un claro gruñido opositor de Kazama frustrado. Obviamente se trataba de su aparatejo, el cual, no podía ser menos oportuno posible. El rubio en un débil intento de ignorarlo, fue una vez mas interceptado por el sonido, viéndose obligado a separarse de la castaña y descolgar el audicular. Al comienzo respondió groceso, pero seguidamente de escuchar la voz de la persona al otro lado de la línea, bajo su guardia llevándolo a contestar obediente a todo con un “si”. La castaña observo a su prometido caminar de un lado a otro igual a una fiera enjaulada, aunque francamente, eso en realidad era, una fiera detenida de poder atacar. Resultaba curioso ver a un imperturbable Kazama perder los estribos al ser interrumpido en un acto así, casi y parecía a alguien mas allegado a su edad, en lugar de un frívolo demonio sangre pura. Daba un poco de risa, aunque guardaría esta imagen para si misma, no la comportaria con nadie mas.
El ojos carmín corto la llamada volviendo a centrarse en ser al demonio de siempre, emitiendo un suspiro profundo, busco en el suelo su camiseta y colocandosela al instante. La idea de abandonar a la descendiente de la “princesa lunar” siendo dócil, era inaudito y fuera de lógica. Maldición, perjuraba tener todo bajo control con los preparativos de “aquello”, pero se equivocaba, necesitaba ir una vez mas a encontrarse con el sujeto en cuestión y aclarar cosas.
Pero antes…
— Lo siento mucho, princesa. — menciono dibujando una sonrisa ladina en sus labios, provocando arquear una sola ceja a la ojos calabaza. — pero debemos posponer este encuentro, se me ha presentado un pequeño inconveniente.
— No suena realmente como pequeño. — contesto suspirando, estirando sus músculos y dirigiéndose al aguarda ropa. — pues debes de irte, ¿cierto?
Esperen, acaso… ¿esta chica deseba estar mas tiempo con él? No quería hacerse ilusiones tal cual fuese un idiota humano, pero realmente una parte dentro suyo le emocionaba la idea. Ambos demonios sangre pura, descendientes de precursores de la raza romperían la maldición al casarce y eventualmente, recuperarían la inmortalidad de su especie, por lo tanto, pasar largos años en solitario es bastante aburrido. Mejor poseer una acompañante en este largo viaje.
— Si, es una lastima por completo. — se acerco a ella con cautela, parandose detrás y posando la manos en sus hombros. Iba a comenzar el juego. — pero… y si… ¿te ayudo a quitarte la ropa y escoger otra?
El interruptor apagado en Mitsuki se encendió de golpe dándose cuenta de la realidad, una ola en forma de vergüenza se remolino sobre su rostro, empujando a Kazama y apretando la mandíbula con tensión. ¿Pero que…? ¡¿Pero qué demonios estaba pensado?! ¡Se había vuelto loca! Besar y tocar de esa forma descarada al rubio, fue la gota que rebasó el vaso de agua. Entre mas transcurría el tiempo, se daba cuenta el convertirse en un demonio totalmente diferente del que ella es, porque es mas a un hecho el no soportar a Kazama, tenerle miedo y precaución. Es cierto, va a casarce con él pero con ello no dice atraerle o gustarle, ¡menos lo diría alguna vez! Prefería millones de veces admitir una masoquista a eso.
— Oh… esa tambien es una excelente expresión, Mitsuki.
— ¡No me llames por mi nombre tan a la ligera! — bramo ella, extremeciendose por completo ante la dulce voz del chico al llamarla, sonrojandose hasta las orejas. — Tu… ¡Demonio confianzudo!
Bipolar, rio mentalmente Kazama al presenciar el cambio repentino de la ojos calabaza, porque de ser tan dócil igual a un cachorro, paso a una fiera cuidando de sus crías. Particularmente no le importaba, es decir, se intereso por esto mismo en ella y su incapacidad de dar el brazo a tocer fácilmente. Como antes ha dicho, la presas en poner imposición son nas apetecibles de digerir.
— Eres tan inconforme, Mitsuki. — siguió llamándola de la misma forma, sabiendo claramente el efecto que surgía en ella. — desconosco totalmente tus pensamientos, de cierta manera, es frustrante y curioso a la vez.
— Bueno, no necesitas saberlo de todas manera. — le dijo ella, desafiandolo con una sonrisa socarrona.
— Mmm… te equivocas. — se cambio de un lugar a otro, acorralando a la castaña contra la pared e impidiendole su escape. — es claro el querer saberlo, aunque precisamente en estos momentos solo deseo saber una cosa. ¿Qué pretendes tener de mi?
Nada, al menos eso pensaba antes la descendiente de la “princesa lunar”, pero una vez esos incesantes ojos carmín ocupaban su campo de visión todo se volvía confuso, caliente y abrumador. Ojala pudiera tener esa fuerza de convicción en el pasado, o tal vez, la necesidad de mandar lejos a este indeseable demonio peligroso. Pero no, Mitsuki pasaba por alto que estaba enredada en sus artimañas, ahogada en la profundidad carmín de esa mirada y perdida en esa piel cremosa. Ya es tarde para ella. Aunque, con esto no quería decir salirse por lo menos una vez de su persecución, la ojos calabaza igualmente es una demonio, haciéndolos bailar en el mismo sitio.
— Que te vayas al infierno y jamas regreses. — contesto a la interrogativa de él, imitando la sonrisa grande de un niña de cinco años, sorprendiendo al rubio. — ¿puedes cumplirlo?
— Muy buena jugada princesa, pero siento informarte el no poder hacerlo, pues ya que nos vamos a casar. — llevo uno de sus dedos al rostro de ella acariciandolo, dejándola con los ojos bien abiertos de la impresión. — debemos permanecer por un buen rato juntos.
Dicho esto, le guiño de manera desafiante encaminando sus pasos y abandonando la habitación, en ese preciso instante las piernas de la ojos calabaza le fallaron, cayendo al suelo en un golpe seco. Sus energías de rebelde la abandonaron, el cuerpo lo tenía interceptado por un millón de agujas, que la llevaban a la condición total, mirando a la nada. ¿Por qué…? ¿Por qué Kazama le producia todo esto? ¡¿Por qué después de este tiempo?! De… conocer la persona escondida tras la fachada descrita por sus compañeras, no, no podía pasar de comerse los sesos por ello. Abrumada de sus propios pensamientos, se sujeto de las rodillas formándose tal cual a un ovillo, con la finalidad de olvidarlo todo y vaciar su cabeza. Aunque eso como era de esperarse, es totalmente imposible, menos tomando en cuenta la menor de los Kazama. Osen.
— ¡Mitsuki-chan apresurate!
Y alli se encontraba ella, en medio de un pueblo desconocido, con personas desconocidas, siendo halada de un local a otro manteniendo una expresión incredula, por una terroristas profesional. Esta se encontraba tan inmersa en sus comentarios, que ignoraba totalmente la indesposición de la castaña, quien fue obligada a tomar un auténtico desayuno japones. ¡Qué le dieran un respiro al menos! Apenas volvia a salir para enfrentar la realidad, y debía de digerir alimentos teniendo en la cabeza gravados permanentes lo de la noche anterior, sin mencionar la narices de alguien ausente. Kazama. Ni siquiera desea pensar en él, le basta y sobra matarse el coco con la ruptura de su primer amor. Hablando de eso, observar las personas a su alrededor tan felices y satisfechos, le demostraba lo idiota en comportarse en el pasado. ¿Como ni hacerlo? Si en tanto ella se lamentaba los acontecimientos, el mundo seguía girando, las personas caminando y ¿por qué no? Purpure sujetando la mano de aquella mestiza asquerosa. ¡Pero no! Justo en estos momentos se encontraba con su cuñada, la cual, puede ser fastidiosa y algo alarmante ante su obsesión por la comida, pero la manera de comportarse con ella es de altura. En muchas ocasiones, tomando de referencias algunos libros y uno a otro drama de la televisión, las cuñadas eran consideradas el peor obstáculo para estar una pareja. Aunque este no es el caso de la descendiente de la “princesa lunar”, pues en sus dos noviazgos experimentos hasta hora, las hermanas de sus parejas han sido sumamente amables. Asi que mirando la radiante sonrisa de Osen, la imito sosteniendo mas fuerte el agarre, esperando que la siguiente para fuese agradable.
Lo que desconocía por completo Mitsuki era el pensamiento detrás de esos ojos achocolatados, porque tal cual lo mencionado Kazama, la terrorista de su hermana es muy intuitiva y obviamente mantenía unas sospechas de su cuñada. Esta le parecio desde el principio la relación de la castaña con su hermano mayor, además, conocía perfectamente como resultaban las relaciones “serias” de él. Pueden tener un muestra si lo desean, refiriéndose a Chizuru. Oh, ¿como olvidarlo de todas maneras? Si los adultos fueron los responsables en comprometerlos desde pequeños, aun cuando la chica jamas estimo al rubio en esa perspectiva, pero claro, él jamas ha sido de perder ante nadie. Menos un humano. Sin embargo, aquel desgraciado hombre jugo con los sentimientos de la sangre pura, convirtiéndola no mas que un cascaron vacío. Su imagen de niña soñadora se transformo en alguien decaído, forzada a ser sonrisas, caminar, hablar e… inclusive comer. Todo lo que antes fue, se derrumbó frente a sus ojos.
Y, esa misma perspectiva, se halla aquí, delante suyo.
Osen no puede evitar comparar a esas dos demonios en este instante, porque la prometida de Chikage posee la misma mirada que Chizuru, vacía, hueca y sin sentimientos. Agregándole mas a la ecuación, que juega solamente con la copa de helado y fresas, mirando un punto fijo de aquella cafetería. ¿Qué puede estar ocurriendo exactamente? ¿Y qué pinta su hermano mayor en todo esto?
— Mitsuki-chan — la llamo y esta gira de inmediato colocando sus ojos calabaza desorbitados, con susto. Ha sido descubierta ante su descuido. — ¿Me contaras la verdad de todo?
— ¿Eh? — parpadeo varias veces la castaña sin entenderlo. — ¿A que te refieres?
— A eso mismo — señalo la muchacha muy astuta, dibujando una sonrisa ladina en su rostro. — no soy despistada, tu y mi hermano me esconden algo. Sobre todo, Mitsuki-chan me esconde algo.
Impresionante, pensó la ojos calazaba mirando alumbrada a la pequeña de los Kazama, subestimo su poder intuitivo y hasta podría considerarlo insulto. Por supuesto, es la hermana menor de aquel rubio, sería estúpido pasar por alto su nivel de deducir las expresiones de las personas. Aun asi, la descendiente de la “princesa lunar”, consideraba hablar de aquel asunto muy pronto, ni siquiera se atrevió a llamar a sus amigas con el temor de pintarseles débil o patética, ahora hacerlo delante de Osen… demaciado, era demaciado.
Mitsuki soltó un suspiro pesado soltando la cuchara de su copa bajo la astuta mirada de la peli avellana, que comenzaba armar sus propias conclusiones, pues sin importar la raza aquien perteneces seguirás siendo una mujer y… posees sentimientos.
— Puedes confiar en mi, Mitsuki-chan — profirio con un tono de voz pausada, diferente al usual — se que puedes temer al no conocernos mucho pero… somos mujeres y te casaras con mi hermano, formaras parte de mi familia. Sobe todo, me agradas, en verdad lo haces. Ese motivo mas que nada dictamina que sufres, lo veo en tu mirada y en la manera de actuar…
— Osen-chan — interrumpe su discurso, apretando sus puños y tratando de respirar con tranquilidad — dime… ¿qué tengo que hacer?
Por otro lado, Ryuunosuke al fin había llegado al pueblo mas remoto de todos, manteniendo en cuenta la última conversación con sus padres admitiendo la verdad. Su hermana iba a casarce definitivamente, su prometido, Kazama Chikage, hijo del primer ministro. A este punto, el azabache no sabia en que pensar o juzgar, primero a todo, hizo el ritual para conseguir a su hermana mayor lograndolo. ¿Como fallarlo al tratarse de la sacerdotisa? Con sus pocos conocimientos en el campo espiritual ya ha llegado lejos, aunque eso no es lo importante, porque su deseo primordial se centro en Mitsuki llevándolo nuevamente a sus padres, siendo mas exacto, su madre. Lo supo, desde un principio lo tuvo todo muy claro, al tener esa conversación con ello aun mas.
Desde el inicio todo fue fríamente calculado.
No era de esperarse de la representación femenina en lo Mitsutani, su especialidad era mantener todo bajo su estricto control y vigilancia. Ryuunosuke menos era tonto, tampoco le sorprendió escuchar que la mujer de imponente presencia de ver en la ocasión de visitar la casa era la madre de Kazama, siendo el motivo de su visita su compromiso con Mitsuki. Aunque claro, imponerle tal cosa tan a la ligera y manteniendo esa actitud rebelde, seria contraproducente para ellos. Por lo tanto, abrirle un poco las alas y dejarla volar no sería tan malo, porque al final volvería hecha pedazos al nido. Cosa que finalmente, sucedió. Mencionar no sentir pena por alguien de su sangre seria mentira, pero era algo donde sin duda alguna la ojos calabaza busco, asumir el pago de sus actos era digna de una mujer, mejor dicho, de una sangre pura. Además, traer consigo misma al hijo del primer ministro fue todo un golpe de suerte, nadie podría calcular ese movimiento inesperado.
Ahora en el presente, Ryuunosuke se cuestionaba la decisiones de su madre, aunque Purpure Toshirou no merece ninguna de las lágrimas derramadas de Mitsuki, era el maldito humano dueño de su afecto, no aquel desagradable demonio sangre pura arrogante. Y si, al fin encontró el camino de regreso a sus raíces, pero no ayuda en lo absoluto pasar por alto su sentir desahuciado en su alma. Debería darse un respiro y luego seguir, demostrarle aquel asqueroso humano con quien se metió, agregandole a la ecuación, pisotear a la idiota mestiza.
Pero antes de eso suceder debe hallarla, hablar con ella y estrecharla entre sus brazos, la promesa de salir adelante estará en bandeja de plata. Igual forma, protegerla como si fuese su vida propia, lo juraba por sus antepasados y la misma “princesa lunar”.

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