miércoles, 26 de septiembre de 2018

El hada de los deseos

Capitulo Único.
Primera Parte.
Una ráfaga de viento pesado cruzo por su pomulo izquierdo provocandole fruncir el ceño, lidiar con Akumas es y será un desafío que vencer, uno que eventualmente logra pasar encima luego de luchar. No obstante, este en particular le ha llevado a un nivel elevado a lo convencional, el hecho de haber presenciado frente a sus narices como los sueños de una joven mujer eran destrozados sin poder evitarlo le inquietaba al punto de verse a una total inútil. ¿De que sirve ser una heroína con super poderes sino puedes atender a tiempo una víctima factible a un akuma? Nada, en lo absoluto nada, pero tenía que apegarse a la realidad. Lo hecho, hecho estaba. Por lo tanto, apretando el agarre en su yo-yo dio un salto hacia adelante junto a una pirueta, el objetivo estaba adelante, una chica de cabello largo azabache combinado con azul metálico, vestia un conjunto de oberol purpura con un bolsillo adelante, medias de cebra largas y unas zapatillas ridiculamente brillantes bronce. Se hacia llamar “El hada de los deseos”, porque en palabras textuales de ella, podía cumplir cualquier pedido por mas loco y descabellado que fuese. Chat noir soltó un bufido anteriormente al escuchar tal cosa, claro, seguido de su característico chiste sobre gatos. Él se encargaría personalmente de enseñarle al “hada de los deseos” que los pedidos anhelantes de la gente no caen del cielo, en su lugar, debes luchar para conseguirlos. Y efectivamente Ladybug le daba la razón. Es por eso que como super heroína no pude pasar esto, quizás fallo al principio, pero salvaría a la joven chica de las garras de ese malvado villano.
Hawk Moth debía de pagar.
Ladybug lanzo su yo-yo en mirar de sujetar a la muchacha de los brazos e imposibilitar utilizar su bara de mago, Chat noir menciono que allí se encontraba el akuma, al ser un hada de los deseos, en un débil intento en imitar a una de verdad similar a la de los cuentos de Disney, seguramente de allí provenía la fuente de la maldad. Aunque su ataque no sirvió, pues ella lanzo un chispaso repeliendo el arma de su contrincante derribandolo al suelo. Ladybug bramo igual a un perro mostrando sus dientes, esto comenzaba a molestarla seriamente y aun no creía conveniente utilizar su amuleto encantado, la acorralaría junto a la ayuda de su compañero. Le dio una rápida mirada al rubio a su lado, quien entendiendo aparentemente el mensaje telepatico de ella, comenzó avanzando a paso fuerte ampliando su bara y dividiendola en dos. Arremetió contra el hada primero lanzando una parecido a ser un búmeran, está lo esquivo sonriendo socarronamente alzando su barita apuntando al gatito disparando chispasos, pero en ese momento la otra bara iba directo hacia ella. En esta ocasión si logro darle llevándola a retroceder, fue el momento oportuno que Ladybug estaba esperando, la señal para utilizar su movimiento especial.
— ¡Amuleto en…!
Algo le imposibilito culminar la frase, sus ojos azules se agrandaron al notar como una doble exactamente igual del hada de los deseos se aposento frente a ella, y con un agil movimiento de su muñeca olvidando por completo utilizar su barita mágica, abofeteo el rostro de la super heroína enviandola al suelo donde rodo dos veces.
— ¡Ladybug! — grito conmocionado Chat noir al ver como su compañera era herida sin más, igualmente, impresionado por tal aparición de la nada. ¡Él había derrotado al hada…! — ¿Fue…? ¡¿Una ilusión?!
La chica akumatizada soltó una ristoda escandalosa al mismo tiempo de sujetar a Ladybug del cuello, ella no se encontraba aun aturdida del golpe recibido, logrando descifrar que ocurrió exactamente frente a sus ojos. Además, ¿Desde cuando era tan fuerte las hadas?
— ¡Resiste Ladybug voy a…!
— Oh, no, no, no. — sin premeditarlo un fuerte impacto ataco a Chat noir derribandolo al suelo, al querer levantarse, un pie lo detuvo sintiendo efectivamente peso extra. Trato de patalear y moverse hacia los lados, pero no pudo, estaba atrapado en medio de polvos magicos. Obviamente, hablaba del sentido literal. — El gatito debe de permanecer postrado y callado mientras los demás hablamos, tus bigotes no son bien recibidos aquí.
— ¡Ladybug! — grito desesperado, notando como su compañera estaba en peligro y él estupidamente derrotado por este akuma. ¿Acaso…? ¡¿Acaso no dejaba de ser débil?! — ¡Reacciona! ¡Vamos my lady!
— ¡Ya callate! — piso con fuerza al muchacho llevándolo a quejarse, él apreto los dientes con fuerza evitando sacar un grito de dolor, pero esas ridículas zapatillas eran feroces como arma. — ¿No puedes hacer nada sin ella? ¿Eres tan inútil como para depender de una catarina? ¡Por favor! Se supone que los gatos cazan insectos, no se alían con ellos. Eres patético.
— Bueno, — río forzado gracias al peso extra en su cuerpo. — es mejor que estar sola en este mundo. Dicen que mientras tengas a alguien a tu lado dispuesto a ayudarte, el camino a tus sueños se vera menos empinado.
— ¡Callate! — exclamó furiosa, profiriendole una patada al rubio en el estomago enviandolo lejos de su primera ubicación. — ¡¿Qué vas a saber tu de sueños?! ¡¿De aspiraciones o deseos?! Solo eres un estúpido chico vestido con un ridículo traje de gato, tu al igual que la patética catarina jamas lograran comprender mis sentimientos. ¡Mucho menos lo que se siente perderlo todo en un instante! — con pasos acaudalados llego donde arrojo a Chat noir y utilizando su pie, lo hizo medio girar hacia arriba. La hada sonrio de medio lado, le satisfacía ver como los grandes héroes de toda Paris caigan postrados ante ella. Pronto, muy pronto Hawk Moth, tendría sus miraculos pero primero… —  Los super héroes son tan hipócritas, todos al por igual lo son, llenandose la boca de palabras bonitas sobre proteger la estabilidad y tranquilidad de cada uno de nosotros a costas de las suyas propias. Oh, sin dejar de mencionar lo de los sueños. “Si pones todo tu corazón y empeño, podrás lograrlos. Sin importan cuales sean”. ¡Patrañas! Ahora, mira un segundo tu alrededor, tu patético trasero pateado Chat noir. ¿Crees realmente poder salvar a tu “querida” Ladybug?
El rubio apreto los puños con fuerza de la impotencia contenida, en lo mas fondo de su corazón el sabia de la fuerza escondida suficiente para ir a rescatar a su lady, pero al mismo tiempo, esa parte oscura le gritaba ser un incompetente total y que sin Plagg o Ladybug no era nada. O puede que si. Un tonto chico encerrado toda su vida en una jaula de cristal, donde el máximo titiritero en ella era su padre, es él quien se encargaba de manejar los hilos de su destino a conveniencia. Pero cuando se convertía en Chat noir, Adrien se despojaba de cualquier atadura o grillete en sus tobillos, comprendio que podía ser cualquier persona, la que él quisiera y al mismo tiempo salvar a Paris de cualquier amenaza maligna. Además, siempre existirá alguien en una situación peor a la tuya, al menos en su consuelo. Tampoco es que tuviese ganas de rendierse con su lady, en cualquiera de los ámbitos aclara, pues al final el mal pierde delante del bien.
— Mejor mira delante de ti, malvada imitación del hada de los dientes. — comento burlón Chat noir, volviendo a su usual comportamiento lasivo. — ¿Realmente piensas que mi lady necesita a un gato con armadura? Ella sola es fuerte y valerosa por si sola, sabrá como soplar lejos tus polvitos asesinos.
— ¿Estas insinuando ser su “damicela en apuros”? — río malvadamente el hada.
— No me importarían hacerlo — se encogio de hombros Chat aun manteniendo su humor burlesco. — si eso me mantiene a su lado, cumplire cada uno de sus deseos.
Furiosa mas a cualquier cosa, la replica del hada de los deseos quien mantenía a ladybug cautiva, alzo su barita contra ella provocando que quedara suspendida en el aire sin ningún apoyo, salvo el campo magnético creado por el poder del akuma. Pronto los ojos azules de la chica se abrieron lentamente recobrando la conciencia y descubriendo su destino cruel, se seguía sintiendo débil, sus sentidos a penas le respondían y entendía estar en un gran problema. Fue capturada. Seguramente Hawk Moth se encontraba regodeandose de la felicidad, pronto tendría su miraculus y la estabilidad del universo entero se vería en peligro, eso si igualmente derrotaba a Chat noir… ¡Oh su compañero! Inquietandose ante el posible hecho de abandonar a su amigo de batallas, la catarina se revolvio de su prisión abriendo con impetud sus ojos, dándole al igual a una ola expansiva la realidad frente a ella. El rubio la miraba desde el suelo desesperado, sus enormes ojos de gato se mantenian abiertos, determinados de huir de la villana e ir hasta ella para salvarla. Odiaba esto, desde el tiempo siendo super heroína, nunca pensó en colocar tal expresión de desespero en Chat noir, aunque le fastidiara de muchas maneras existentes no es un mal chico, quizás engreido y presumido, pero tiene un gran corazón capaz de darle consejos a la par de abrirle los ojos cuando se encuentran nublados. En general, el rubio es importante para ella, no al nivel de Adrien por supuesto, pero si lo estima como un gran amiga. Es debido a ello que debe salvarlo y destruir el akuma. Esto ya ha llevado mas tiempo del necesario, aunque… primero debe de pensar en una idea de como salir del campo magnético.
Oh, no, no. ¡No le va a entregar sus miraculus a Hawk Moth!
— ¿Ya recobraste la conciencia princesa catarina? — pregunto con ironía el hada anchando su sonrisa de oreja a oreja, logrando fruncir el ceño de ladybug. — Espero que disfrutaras de tu pequeña siesta pues lo de continuación en nuestra obra, sera de infarto. Mas con la damicela en problemas, Chat noir, quien pacientemente espera ser rescatado por su amada catarina. ¿Logra hacerlo? ¡Solo quedense a verlo! — la ojos azules pensó que el hada tenia una pésima vena de presentadora de comerciales, mejor y no se dedicara hacer eso, de lo contrario, moriría de hambre. — ¡Ahora bicharrajo! Ya que llegamos a este punto no creo en la necesidad de seguir teniendo tus pendientes, mejor entregamelos y acabemos con esto. Hawk Moth les dara un buen uso.
El hada se acerco de manera sigilosa a la muchacha que movía impasible sus brazos con finalidad de librarse, si tal vez llegara hasta el yo-yo atado a su cintura podría romper el campo y… aguardo un minuto sus pensamientos para centrarse en Chat, este igual a ella luchaba por deshacer el agarre de la replica del hada pero a la vez, tenia un ojo en ella. Asi que, si tal vez él empleara su bara hasta su ubicación y despistara al hada, solo así olvidaría a uno de los clones centrándose en el otro.
— ¡Chat utiliza tu bara! — grito la catarina como su última alternativa.
El rubio al comienzo no entendio la finalidad de la idea de su lady, pero como era de esperarse, chocando sus miradas percibió esa chispa que tanto lo enloquecia y le hacia pensar en la joven pelinegra como alguien de ideas ligeramente dementes, pero certeras. Le agradaba.
— ¡A sus ordenes dama!
Empleando la fuerza de la que tanto alardeaba, el rubio empujo a su captora logrando al fin sujetar su barra, la estiro apuntando a la replica del hada malvada que se dirigía a ladybug separandola a metros considerables, destruyendola finalmente. Aunque el gatito sabia no ser tiempo de celebrar, se permitió sonreir airoso soltando una de sus usuales bromas, pasando por alto un detalle. El hada encargado de vigilarlo había desaparecido. Para cuando cayo en la realidad fue demaciado tarde. Ladybug apenas siendo liberada del campo magnético sujetó su yo-yo desprendiendo su cuerda, una leve esperanza se incrusto en su pecho con sinónimos a culminar con su deber, pronto estaría nuevamente en su hogar vería a sus padres y llamaría a Alya para conversar de lo hermoso que estaba hoy Adrien en la escuela. Una vez mas, sus expectativas fueron rotas sin siquiera respirar.
La risa estridente de la akumatizada se escucho luego de aparecer frente a Ladybug y sujetarla nuevamente del cuello, fue lo suficientemente lista como rápida al precedecir los movimientos de aquellos super héroes. Estaban acabados.
— ¿Acaso no se casan? ¡Por lo mas sagrado! — aspiro aire la chica fingiendo estar esasperada, adoptando rápidamente una sonrisa satisfactoria. — A esta hada de los deseos le han divertido mucho, por eso y porque creo que eres una buena chica te consedere tu mas anhelado pedido. ¿Qué te parece?
— ¡Ladybug! — exclamó asustado Chat, viéndose inútil ante la atmósfera frente de sus narices.
— Tranquilo gatito, — giro su cabeza a donde se encontraba, obligandolo a ponerse en guardia, listo para usar su bara mágica. — igualmente lo hare para ti. Ya que sinceramente, nadie se escapa de tener un deseo desesperado. ¿No es asi Ladybug? Dime, dime con toda la franqueza del mundo. ¿Qué es lo que quieres?
— ¡No! — apreto su bara con fuerza corriendo y lanzandola contra la malvada hada, pero era tarde muy tarde. — ¡Ladybug!
Utilizando su barita mágica, el hada la empleo contra ladybug haciendo parecer chispasos, todo se volvió blanco, el cielo desapareció y con este fue suplantado por una negrura abrumadora que se tragaba a la hermosa ciudad de Paris con todo y habitantes. Desde la lejanía Hawk Moth maldecia al hada de los deseos, se dejó llevar por sus poderes encontrando la manera de librarse de su yugo y salirse con la suya, pero no se quedaría así, ya vería muy bien. Todo sueño tiene su punto de quiebre. Luego de eso, Paris tal cual como era conocida desapareció.
Una fuerte alarma proveniente desde su celular martillo en las paredes de su cerebro despertandola, aunque no se sentía en lo mas mínimo dormida, los rastros de un sueño tumultoso permanecian latentes estando despierta junto a los latidos inquietos de su corazón, llamando a un chico de ojos verdes saltones y cabello rubio este la llamo de una rara forma, una que le produjo sentimientos encontrados pero a su vez, se le hacia muy familiar. ¿Quien podría hacer? Sobre todo ¿Por qué sentía el estar olvidando algo importante en cada ito?
— ¡Marinette despierta o llegaras tarde a la escuela! — esa era su mamá desde abajo, llamándola para otro día mas lleno de estudios.
— ¡Si ya voy! — respondió de inmediato saliendo de la cama.
Al poner un pie sobre el suelo una fría sensación recorrió todo su cuerpo dándole paso al olvido, sacudió la cabeza confundida de tal sensación, tratando de retener algún retazo del sueño sin éxito. A todas estas: ¿Qué fue lo que soñó? Abrió la puerta de su recámara sobando sus sienes, estaba tan confundida parecía tener el mundo girando bruscamente a su alrededor sin derecho a pedir bajarse, era parecido a esos viajes al parque de atracciones montandose mas aterradora de todas. Si, esa sensación de nerviosismo y mareo se encontraba en su cuerpo, desanlentandola. Entro a la cocina de su hogar encontrando a su mamá haciendo el desayuno, ella tarareaba una canción alegremente provocando a Marinette olvidar momentáneamente su jaqueca latente, contagiada del buen ambiente que producia la mujer. La azabache la abrazo desde atrás deseandole los buenos días, rápidamente sentandose en su taburete y sirviéndose un poco de té mañanero encontrado en el mesón. Es bueno para cuando te sientes mal, no seria la excepción en el presente. La señora muy sonriente respondió el saludo de su hija e inmediatamente le coloco el desayuno frente de ella, visualizo una extrañas manchas bajo sus párpados haciéndole sacar las conclusiones mas predecibles de todas.
— ¿Aun quedandote despierta hasta muy tarde? — la acuso su madre provocandole un respingo, no recordaba hacer tal cosa, de hecho, casi no recordaba nada. ¿Qué estaba ocurriendo con ella? — Se que el diseño forma parte muy inreversible de tu vida, mas a un al tener la posibilidad de ganar ese concurso, pero por favor trata de no descuidar tus horas de sueño. Luego estas toda cansada y te cuesta concentrarte en clases.
— Em… yo… yo no… — tartamudeaba tal cual fuese culpable, cuando no lo es o… ¿lo era? Porque como si fuese pequeños focos prendiendose en la oscuridad, retazos de memorias olvidadas venían a su mente mostrándose a ella misma dibujando hasta desfallecer. — lo… lo siento mucho mamá.
— Ya cariño, no te preocupes por ello. — le dijo colocando una de sus manos en la cabeza de ella acariciandola, era un toque suave y refortable con sabor único a mamá. — Si te digo esto es por tu propio bien, sabes perfectamente que tu papá y yo nos preocupamos por ti deseandote lo mejor. Pero de la misma manera, nuestro deber es hacerte saber cuando estas equivocada en algo. ¿Entiendes?
— Si, mamá.
Teniendo el suave beso de su mamá sobre la cabeza, la chica se dispuso finalmente a tomar sus alimentos y asi acelerar el paso, la escuela no quedaba muy lejos de casa pero igualmente no quería llegar tarde. Pregunto el paradero de su papá respondiendole encontrarse en la panadería, hoy debía de hacer unos pedidos muy importantes y aquien madruga, dios le ayuda. Soltó una risita divertida ante tal frase, eso sonaba muy a su papá y desde el fondo le alegraba que él disfrutara de su trabajo, realmente lo amaba. Sin embargo, Marinette seguía sintiendo esa sensación de estar olvidando algo, algo muy importante. Cosa que teniendo la oportunidad se lo manifestó a su mamá.
— ¿No olvidaste hacer tu tarea? — la miro perspicaz, queriendo notablemente meterse en su mente.
— No, no se trata de eso. — recalcó desde el principio, si su madre era una dulzura de mujer al faltar en su vida académica, sacarían lo peor de ella. Y la chica no pretendía verlo a la luz. — En realidad es sobre un sueño que…
Se quedo en blanco, no culmino la frase porque su mente se vacío por completo, olvido de que se trato exactamente ese sueño y quien apareció allí. Aunque la sensación seguía en su pecho apretandola, haciéndole pensar en que estaba volviéndose loca.
— ¿Qué soñé de todas maneras?
— Marinette, es por eso que debes de tomar las cosas con calma. Tu mente esta cansada, es la señal de que debes darte un respiro. — sonrio comprensiva, entendiendo que su hija le encantaba ser extremistas. — Solo así todo volverá como antes, lo prometo.
— Aun asi, aun tengo la sensación de olvidarme de algo.
De pronto, la azabache desvío la mirada hacia el televisor donde emitían las noticias, un joven hombre comunicaba la apertura de una exhibición de modas dirigido nada mas y nada menos por su diseñador favorito, Gabriel Agreste. Ese señor era un dios en la confección de trajes, agregándole de ser mundialmente reconocidos gracias a sus elevados estándares en el mercado, él no solo se dedicaba a realizar ropa, igualmente sombreros, bombines e incluso joyas. Marinette deseaba algún día trabajar junto tan talentoso hombre, seguramente de realizarse dicho deseo aprendería muchas cosas, ella tenía la confianza de lograrlo pues estaba todo lo mejor de si para escalar tan arriba.
— Seguramente estas invitada a ese evento. — de la nada su padre apareció junto a una bandeja de panecillos, los ojos azules de la chica se agrandaron de la impresión. ¿Por qué ella estaría en tal importante evento? Es decir ¡Hablamos de Gabriel Agreste! No es nadie convencional. — Oh vamos Marinette, dudo que a estas alturas vas a negarnos lo tuyo con su hijo, si ha pasado la mayoría de la semana aquí con nosotros.
— ¿Lo mio con quien? — pronuncio confundida, no recordaba nada de lo que decía su papá.
— Con Adrien cariño, el hijo del señor Agreste. Tu compañero de clases. — intervino su mamá muy modesta, pero con una pizca de confidencia a su padre.
La azabache parpadeo varias veces sin comprender las expresiones picaras en los rostros de sus progenitores, obviamente sabia que su diseñador favorito tenia un hijo, uno muy deslumbrante del que no paraba de hablar sus compañeros de clase, mas Chloe alardeando ser su mejor amigo y otras porquerías mas. Pero… ¿Pasar tiempo en su casa? ¿Conocerlo íntimamente? Eso si le parecía extraño, demaciado para su gusto mas si acontencia estar aparentemente olvidandolo. En eso una ráfaga cayó en su mente, explotandola en miles de fragmentos con imágenes, en ellas se mostraba un chico de cabello dorado, ojos verdes muy sutiles, piel clara y una expresión bondadosa en el rostro. Este le extendía su mano en señal de saludo junto a una amable sonrisa, la cual, podría derretir el mayor de los glaciales en el antártico, ella siendo educada como de costumbre le siguió en el saludo emitandolo en sonreír. Seguidamente, en otra imagen, la azabache estaba sentada en la biblioteca hablando con Rose, Alya y Juleka, seguramente centrándose en realizar un trabajo escolar aunque al aparecer el mismo chico en cuestión, desviaba la mirada saludandolo muy cobihida y con las mejillas sonrojadas. Marinette volvió en si teniendo un cosquilleo en todo el cuerpo, poco recordaba esas memorias donde se veía bastante familiar con el tal Adrien, y si, aparentemente estudian juntos pero conocía tan poco de él. Salvo ser un chico insanamente guapo, modelo, talentoso, brillante, amable y con una timidez al dirigirse a ti. Su corazón dio un vuelco dándole una señal que su olvidadiza mente se rehusaba a explicarle, quizás le avisaba gustarle realmente o quizás no, lo sabría al verlo seguramente.
— N… no pasa nada realmente. — hablo bajando la mirada apenada, cohibida sin ninguna razón.
— No te averguenzes cariño. — le animo su mamá regalandole un guiño, encontrándose junto a su padre que apoyaba las palabras de su esposa. — ambos hacen una excelente pareja. ¿Cierto?
— Por supuesto. — respondió el papá de Marinette.
La azabache le exploto el rostro de color carmín al notar el apoyo de sus padres en ese asunto, bueno, en uno que poco recordaba salvo algunos detalles. La campanilla de la panadería sono anunciando un nuevo cliente, el papá de Marinette salio corriendo al encuentro de este, ya tendría después mas tambien para conversar del tema, ahora tenia trabajo por hacer. La ojos azules aprovechando la oportunidad se levanto de la mesa anunciando ir a arreglarse, pronto comenzaría las clases y no le gustaría llegar en los mas mínimo tarde, apresurando sus pasos se dirigió escaleras arriba cuidando de no caerse. Se conocía perfectamente bien para llamarse a si misma torpe, incluso su mejor amiga Alya, le tenia un conteo personal de las veces de meter literalmente la pata hasta el fondo. Suerte en tenerla a ella para salvarla de cualquier contratiempo de su torpeza, sin duda Marinette amaba a su mejor amiga.
Acomodando su cabello, la chica se quedo mirando fijamente su reflejo, no percibía ningún cambio fuera de lo usual salvo esas bolsas bajos sus ojos, tal vez su madre tuviese razón y necesitaba descansar. Como era de esperarse, no recordaba ningún concurso a la vista, pero es lo que la mantenía ocupada hasta bien tarde en la noche. Acomodando su mochila con las cosas necesarias para sus clases, sin olvidar la tarea, Marinette decidió darle una hojeada a su cuaderno de vocetos. Nada usual. Tenían los mismos dibujos que ella hizo hace unas semanas atrás sobre vestidos de verano, unas cuantas boinas, la fachada de un café con muchas flores alrededor y… ¿disfraces? Sus ojos relampaguearon llenos de curiosidad ante su discubrimiento, estos diseños parecían especialmente creados para carnaval o noche de brujas, salvo que ninguna de las anteriores se venia ni remotamente cerca. A lo que la competencia mencionada por su mamá le venia como anillo al dedo, era de disfraces. Los bocetos eran sin duda suyos, los trazados prologios, la dedicación al dibujar los mínimos detalles era su firma personal. ¿Lo malo? Esta mañana se levanto con una amnecia inusual injustificaba, donde olvido hasta lo que hizo la noche anterior, no deseba perder los estribos o la cordura, pero la inquietaba. El dibujar un disfraz de una abeja reina, un zorra con cola larga, una pirata con rallas en sus pantalones o una cantarina de falda acampanada con antifaz, le decía mucho. De hecho, en las siguientes paginas se calcaban diferentes antifaces de diferentes formas, maneras y colores, como si fuese exclusivo para cada disfraz. Seguidamente el traje con mascara incluido de un gato, al igual al de pirata, tenia rayas en sus pantalones acampanados pero le acompañaba una cola negra, sin pasar por alto unas orejas sobre su cabeza del mismo color. Existía algo en este disfraz que le inquietaba, aunque el modelo no poseia rostro alguno, ella se lo imaginaba burlesco, picaro y emitiendo un brillo inusual en unos enormes ojos de gato mientras uno le guiñaba.
— ¡Marinette baja que tienes una sorpresa! — la voz de su madre desde la primera planta le produjo un respingo devolviendola a la realidad.
Suspiro profundamente introduciendo su libreta de diseño igualmente en su mochila, no podía de todas maneras permanecer la mañana entera descifrando los egnimas de su mente, llegaría tarde a clases y debía atender esa “sorpresa” de su mamá. Bajo las escaleras dándole un rápido vistazo a su telefono, ya tenia un mensaje de Alya de buenos días hablandole las aventuras del comic que solia leer, el nuevo volumen acababa de salir y mantenía a su amiga literalmente caminando por las paredes. Seguramente esta muy bueno, como de costumbre. Entonces al entrar a la panadería viendo el panorama casi deja caer su móvil al suelo, su mamá sonreía de oreja a oreja en tanto su padre soltaba una carcajada grave frente del muchacho de sus memorias, ese de calida mirada y sonrisa calida como el sol de verano. Al conectar sus miradas Marinette sintio sus rodillas doblarse, su corazón repiquetear con fuerza contra su pecho, sus pomulos arder y en general el cuerpo entero temblar. ¿A quien engañaba? A ella obviamente le gustaba este chico, sus reacciones eran demaciado notorias y podía su mente no recordar nada, pero su cuerpo al parecer, guardaba muy bien los datos.
Adrine dio un paso hacia adelante colocando una de sus manos detrás de su cabeza en un reflejo de puro nerviosismo, la mirada la desvío cohibido pero sus pomulos sonrojados igualmente lo delataban. La azabache creyó sentirse ahogada, sus pulmones no tenían ni un gramo de oxigeno, parecido a haber un ladrón encargado de hurtar tal preciado componente para poder vivir. Teniendolo sinceramente frente de ella.
— Buen… Buenos días, Marinette.
¡Oh! Esa voz… tan… tan aterciopelada, elegante, educada, amable, calida y… y… hermosa. Sin duda pertenecía a Adrien, eran las característica mas evidentes en el rubio y derretian hasta los huesos a Marinette, olvido cuando empezó a sentir tal sentimiento pero, dudaba poder controlarla mas cuando se muestra de esa forma delante de ella. Es como un enorme niño en busca de atenciones y cuidados, hasta sonaría presumido de su parte, pero eso era lo que buscaba de ella.
Tragandose su contundente ego, levanto su mano y junto a una sonrisa calida lo saludo.
— Buenos días para ti tambien, Adrien.
— Vamos, vamos dejen esa timidez de lado. — comento el padre de Marinette, aposentando una de sus manos en el hombro del rubio. — que, aunque es adorable, los adultos aquí ya sabemos aquí su estatus. ¿Cierto cariño?
— Si. — soltó una risita divertida, advirtiendo a los jóvenes que no sabían como responder a eso. — ambos son muy evidentes, seria cuestión de tiempo el saberlo.
— ¡Mamá! — reclamo apenada la azabache cubriendo su rostro parcialmente rojo, a estas alturas sería difícil negarlo.
Ah… como desearía ser tragada por la tierra en esos momentos, donde sus padres exponían su relación amorosa con Adrien como si no fuese la gran cosa, pasando por alto sus pobres nervios a punto de estallar. ¿Como se encontraría el rubio? El igualmente es tímido, reservado en la palabra mas idónea, seguramente su rostro se pintaría de todos los colores posibles. Y definitivamente no se equivocaba. Adrien miraba a todos lados menos a sus padres, tocaba la parte trasera de su cabeza fijándose en el suelo como si sus diseños fueran interesantes, aunque la azabache amaba a sus progenitores con locura, le fastidiaba un poco esa parte de ellos donde la avergonzaban. Colocaría la parte positiva de todo esto, el acontecimiento lo vivía acompañada, asi que, llego el momento de salvar a su príncipe.
Dando un paso hacia adelante, Marinette sujeto el brazo de Adrien sacandolo de las garras de sus padre, armandose de valor dibujo una sonrisa fingiendo inocencia que asombro hasta el mismo rubio, quien por primera vez veía una nueva faceta de la muchacha. ¿Y sabían algo? Le encantaba.
— Ya debemos marcharnos pronto, Adrien. — sentencio la azabache, anunciando su retirada. — no quiero que lleguemos tarde por mi culpa.
— Mmm… em… no te preocupes, Marinette. — le resto importancia al asunto, buscando tranquilizarla. — hoy mi madre se ofreció a llevarnos en su auto, asi llegaremos a tiempo.
— ¿Tu madre? — pronuncio alarmada, casi atragantandose con su propia saliva. Aun no tuvo la oportunidad de conocer a la progenitora del rubio, ahora la vería y… ¡No estaba preparada! — n… no lo sabia que tu… mamá… ya sabes llevarnos… ¡Que digo! Nos lleva… ¡Es decir! Se ofreció a llevarnos y yo… yo…
— Creo que alguien esta nerviosa. — canturreo el hombre panadero como sino quisiera la cosa.
— ¿Nerviosa? ¿Yo? — bufo fingiendo estar fresca y sudando aun sobre el agarre impuesto en el muchacho. — He nacido lista, correpción, nací para conocer la mamá del chico que me gusta. ¡No es que sea una desesperada por hacerlo! ¡Es decir! Obviamente me alegra que vaya hacerlo porque se lo importante que es para ti, como lo son mis padres para mi. Solo me ha tomado desprevenida. ¡Si es eso! Estoy muy sorprendida.
Todos los presentes parpadearon sorprendidos ante el discurso parecido a un trabaleguas de la chica, se veía tan segura de si misma, lista para partir a su destino pero si algo conocía muy bien Adrien desde desojar las capaz de la azabache, era la capacidad de vomitar ciento de palabras sin coherencia alguna por puro nerviosismo. Es tan adorable, su lado asustadiso lo es realmente al grado de querer protegerla, de si mismo e inclusive, de las preguntas certeraz posibles a sacar su calmada madre al conocerla.
— Mari, no tienes porque ponerte nerviosa. — cambio los roles, donde su mano ahora sostenía por encima de la de ella. Le sonrio calidamente dándole todo su apoyo posible, no la dejaría caer. — Te darás cuenta que mi mamá es muy amable, al enterarse de tu existencia quiso inmediatamente conocerte, es decir, se sorprendió un poco al saber que aparte de Chloe mantengo comunicación con otra chica. Y ambos sabemos que ella no es una persona muy particular. — ¿Y quien no? Esa rubia fastidiosa desde tener memoria se ha encargado de fastidiarle la vida, incluso cuando conoció a Adrien, ella… ¿Eh? Esa memoria de hace un segundo ¿De donde vino? — Por lo tanto quiere asegurarse que eres una buena influencia para mi, lo usual en las madres. Además, fuiste aprobada por papá, mamá sera cosa de niños.
Marinette pretendió seguir escuchando, su mente hace unos segundos atrás le regalo una memoria que coliccionaba con otra, aparentemente ella al conocer a Adrien se dieron de las manas dando a entender llevarse bien de inmediato. Al contrario de la otra imagen, Chloe riendose junto a Sabrina en tanto un chico peculiar rubio se mantenía ocupado agachado frente su asiento, que bajo su perspectiva ayudaba a la muchacha malcriada. Es decir, Marinette no soporto a Adrien al comienzo.
Sintiendo un ligero aguijonazo en la sien, la azabache finge encontrarse bien aunque no aparta sus dedos de donde le duele, Adrien quien aun espera una respuesta por parte de la muchacha se percató que algo raro ocurría con ella. Aparentemente le dolia la cabeza.
— ¿Te duele algo Mari? — pregunto curioso, bajando su cabeza a la altura de la joven dándole una mirada preocupada.
— Anoche lo hizo nuevamente Adrien. — la acuso la mamá de ella, sin importar la mala mirada de su hija. — permecio hasta tarde trabajando en los diseños del concurso de disfraces, sin descanso.
— Es como una hormiga obrera. — corroboro el hombre mayor riendose de su broma, evidentemente, a su hija no le dio mucha gracia. — hasta que no logre su cometido no parara.
— Es muy gentil de su parte delatarme con Adrien. — pronuncio irónica, dejando finalmente su sien tranquila y sin dolor. ¿Por qué de todas maneras le dolia? Lo olvido por completo. — Pero estamos un poco atrasados para la escuela, asi que los veo mas tarde.
El rubio se despidió con cortesía de la familia de la chica igualmente prometiendo visitarlo mas tarde, corrió sorprendiendole el hecho que su novia, por mucho de sonar raro en su mente aunque eso era lo que eran, salio antes a él queriendo huir prácticamente del sitio. Marinette es una chica sumamente fantástica al grado de ser extraordinaria, aun sigue preguntándose como alguien de su altura se ha fijado en una persona como él, es obvio tener una carrera de modelaje impecable, notas sobresalientes y una popularidad creciente debido a sus padres, pero sin nada de eso era… solo un chico ordinario. En cambio Marinette es valiente, asombrosa, hermosa, carismática, amable, generosa al punto de sacrificarse con tal de ayudar a alguien y ese talento maravilloso para diseñar. Siendo sincero, no dudaba que algún día terminara trabajando con su padre, es allí donde deberá de estar y obviamente lo mirara en primera fila sosteniendo su mano.
Volviendo a la realidad, el rubio nota como la azabache esta parada a unos cuantos metros lejos del auto de su mamá, no se atreve a dar el primer paso, al menos, no sola diciéndole mediante su gesto el esperarlo. Es cuando Adrien da un paso que un recuerdo cruza su memoria, una muchacha vestida de un traje rojo con lunares negros y antifaz parada con confianza en la torre Eiffel, su cabello negro azulado amarrado con dos coletas le da una sensación misteriosa, casi mística y la intensidad en su mirada azulada lo desarma por completo. Es una belleza, sin una pizca de duda lo es, mas con esa sonrisa llena de esperanza y que puede lograr su mas profundos deseos pero… ¿Quien es ella? ¿Quien podría esconderse detrás de ese antifaz? Tan valerosa y valiente mujer, capaz de saltar al vacío con él y colocar una mueca divertida porque asi lo ha querido. Antes de poder seguir en las nuebes de su ensoñación inverosil, la bocina del auto de su mamá la evapora junto a las partículas del aire, dejándolo con una sensación rara en el pecho parecido a haberle arrancado un pedazo y jamas sido repuesto. Tampoco es que le de muchas vueltas al asunto, Adrien considera el presente mas importante a sus alucinaciones, como lidiar con el hecho de presentarle a su mamá a Marinette.
La azabache voltea de manera simultanea al tener la mano de Adrien sobre la suya, le susurra hablar luego de lo acontecido en la panadería con sus padres, ahora deben abordar el auto lujoso antes que su madre salga y lo haga bajos sus métodos, ella realmente no desea conocer de que clase son. El rubio cortésmente le abre la puerta del asiento de atrás a la chica comportandose como todo un caballero, ella agradece sonriendo e inmediatamente baja la cabeza desapareciendo, luego agarrando un poco de aire hace lo mismo pero en el puesto de copiloto. Y entonces, la belleza inconfundible de la señora Agreste golpea las cuencas oculares de Marinette derrubandola, ya había tenido el placer de conocerla en fotos, Adrien tiene una de protector de pantalla en su computadora y en la mansión se mantiene cientos fotos de ella en todos lados. En retrospectiva, es imposible para ella no sentirse intimidada delante tan agraciada mujer, es decir, posee elegancia, belleza, la gracia de un pavo real y unos ojos verdes inconfundibles antes vistos en un lado, su hijo. Si Marinette quiere huir es la oportunidad idónea, pero no lo hara, menos teniéndose en el campo de visión de la mujer.
— Por fin tengo el placer de conocerte, Marinette Dupain-Cheng. — se giro por completo descolorando el rostro de la chica que se asimila a un fantasma. — mi hijo me ha hablado maravillas de ti, espero que sean ciertas.
— Mamá, — replica el rubio mirando medio ceñudo a su progenitora. — ¿Alguna vez te he mentido?
— No, pero cuando te enamoras. — al decir eso, ambos jóvenes bajan la mirada apenados y con la cara pintada de carmín haciendo reir a la mujer. — haces que todo el mundo se pinte color de rosa. Aun recuerdo cuando hiciste tu primer amiga, Chloe, no parabas de hablar hasta por los codos lo muy generosa que fue contigo y de su osito “abracitos”. Y ya vez ahora, “generosidad” y “hija del alcalde” no son combinaciones evidentemente.
Marinette se quedo muda ante las declaraciones certeras de la madre del rubio, en realidad nadie pudo haberlo dicho mejor, aparentemente poseer una figura delicada no decía serlo igualmente.
— E… eso fue cuando estábamos niños, ocurrió hace mucho tiempo. Por favor no me averguenses. — prácticamente se hundió en el asiento Adrien, imitando a una tortuga. — No frente de Marinette.
— En realidad, creo que es una interesante visión de su parte señora Agreste. — confeso tranquila la nombrada sorprendiendo a los presentes, incluso a si misma al haber estado nerviosa hace unos minutos atrás.
— Ahora comprenderas porque debo tener cuidado de quien se acerque a mi hijo. — relataba casual, dándole la cara al frente y finalmente encendiendo el carro marcando la pauta a su destino. — Si bien, la Señorita Bourgerois tenia intenciones en el pasado de alegregar a nuestro pequeño Adri, su ego elevado combinado a su malicia a medida de su crecimiento fueron desviandola del camino. Me gusta decirle a Adrien que nada es permanente, todo lo que sube bajara algún día, las hojas se secan en sequía, el hielo se derrite al llegar en primavera… y el dinero junto al poder acaba. No somos lo que poseemos, menos la posición de nuestra familia, sino nuestras acciones. Como te comportes se demostrara que mereces ser. — hizo una pausa fijando sus centellantes ojos en el retrovisor al encontrarse un semáforo en rojo, la azabache se mantenía muy quieta recibiendo los consejos de la mujer, comprendiendo porque Adrien la apreciaba tanto, ella era digna de admirar. — Lo siento si te abrumo con sermones de esta magnitud, pero solamente quiero que mantengas presente el ser Adrien para mi y mi esposo el mayor tesoro de todos, una bendición del cielo. Gabriel suele sobreprotegerlo mucho al punto de ahogarlo, pero lo comprendo, solo desea lo mejor para él en la vida.
El auto se sumió en un silencio comodó, Marinette sonreía complacida de tener la dicha de al menos escuchar las palabras cargadas de emociones de la mujer, es obvio que para cualquier padre es importante el bienestar de su retoño, los suyos igualmente lo manifestaban cada día al aconsejarla en las mínimas cosas. En realidad, no conocía a una persona en desagradarle su hijo, de existir, debería sentir asco de si mismo pues ellos son pedazos de ti mismo, masas listas para moldear con amor. En lugar de sentirse abrumada con la protección de la señora Agreste para con Adrien, lo tomo como la señal perfecta de quererlo igual o mas a él, ella sabía lo mucho de extrañarla al no estar en Paris en una de sus tantos compromisos profesionales, pero viendola entre ellos, Adrien notaba una mejoría grande en su estado de animo.
— Tal vez no puedo entender exactamente los sentimientos de usted o su esposo, pero si los de su hijo. — rompió el silencio la azabache, ganándose la atención de los rubios por igual. — Nosotros sabemos lo muy importante que somos para nuestros padres, y de la misma manera, ellos demuestran mediante acciones su querer. Entonces permita mi atrevimiento para decirle que Adrien la ama mucho, demaciado y aprecia cada una de sus protecciones, por mas abrumadoras de ser, porque aunque le fastidie, muy en el fondo sabe el ser por su bien. No se preocupe hablar de manera peculiar de Chloe, creo que el tener una buena resección de la gente no es lo suyo, sino, preguntele a nuestros amigos.
La señora aguarda unos segundos antes de soltar una carcajada sonora, Adrien rodea lo ojos cruzando sus brazos a la altura del pecho, la azabache desconoce completamente la puerta que ha abierto frente de sus ojos. La confianza. No lo dice en el mal sentido, sino que el tema favorito de su mamá es el comportamiento engreido de Chloe ante los demás, Adrien lo sabe igualmente, la rubia no es santa de devoción, pero hablar de ella mientras no se encuentra… ¿No es demaciado?
— ¡Estas aprobada! — exclama con voz vivaracha, sorprendido a la joven pareja que no comprendia la reacción de la mayor. Mas Marinette, que tenia sus ojos abiertos a par. ¿Acaso fue aceptada finalmente por la progenitora del chico que le gusta? Sus oidos han escucho ser afirmativo. — ¡Dios! Mas chicas como tu en el mundo por favor, veo que no fue solo alardeo por Adrien, realmente eres interesante. Me agrada las niñas como tu que valoran el esfuerzos de sus padres, no son tan ciegas y mantienen sus pies en el suelo. Marinette, bienvenida a la familia Agreste.
Oh, por dios. Oh, por dios. Oh, por dios. ¡Santo Cielo elevado! En estos momentos en el interior de la azabache estaban de fiesta indefinida, en esos momentos uno de sus mayores sueños se volvía realidad, ser reconocida por la mamá de Adrien. ¿Estaba soñando? ¿Realmente no lo estaba? Porque de estarlo, no deseaba despertar. Lanzaba una gracias al cielo por estar viva, por tener una suerte de ensueño y que Adrien se fijase en ella, sentía como si en una vida pasada halla liberado un pueblo opresor, de esa manera justificaría los hechos del presente. El rubio riendose de la ocurrencia de su mamá, medio gira en dirección de su hermosa señorita guiñandole un ojo, le susurra el haber estado fantástica y merecer tener la aprobación de su madre, luego de todo, era imposible no hacerlo con esa manera humilde de pensar.
Marinette baja la mirada toda sonrojada a la par de escuchar los latidos de su propio corazón martillando en su pecho, estar bajo el escrutiño del rubio la hace sentir cohibida, pero aun mas, tener tal logro supremo con su madre. Un suave apreton en su nariz le provoca reir, Adrien el dueño de tal acción le mira igualmente apenado pero con cariño, diciéndole mediante su acción ser la persona mas asambrosa en pisar la faz de la tierra y de ninguna manera, desearía despertar de este asombroso sueño.
— Bueno, niños. — la voz de la señora Agreste rompe su burbuja personal, girandose a mirarla directamente notando el haber llegado a la escuela. — sanos y en una sola pieza a su destino. Detesto romper su atmósfera de romance, pero el deber llama.
Acojonados de tal declaración, ambos chicos recogen sus pertenecías bajandose del auto, el rubio se despide de su madre agradeciendo el traerlo, mientras que Marinette atribuye estar encantada de haberla conocido esperando otra oportunidad para conversar con ella. Es cuando la señora Agreste le invita a almorzar en la mansión, la pareja sorprendida se mira entre ellos no esperando tal acción, la mujer justifica el aprovechar encontrarse libre de sus ocupaciones y querer pasarla con su hijo, mas ahora agregando a una adorable chica. Halagada de tales palabras, la azabache termina aceptando la propuesta pensando que no todos los días se presenta dicha oportunidad.
Finalmente la señora Agreste enciende el auto marchandose del lugar, comprometiéndose a buscarlo mas tarde luego de finalizar las clases. Encogiendose de hombros, la pareja camina rumbo a la entrada del colegio, aun no es tarde, retribuyendo que ese viaje en auto fue idóneo para la ocasión. La azabache aun sumida en la invitación a comer, le pregunta a Adrien si existe la posibilidad de ver a su padre en esta, el chico escondiendo su risa en su puño mostrándose muy elegante responde que su padre por nada en el mundo abandona una idea de su mamá, le cuesta pensar que pueda hacerlo algún día, él realmente la ama. Marinette entiende las razones de Gabriel Agreste, la mamá de Adrien realmente es una persona encantadora y de pensamientos curiosos, dejarse llevar por su apariencia delicada seria un insulto para ella, pues en realidad es un muy fuerte.
— Yo conosco a otra persona que es de esa manera. — dijo el rubio frenando en medio de la multitud estudiantil, sujeto el mentón de ella y aprovechó para robar un poco su espacio personal. La ojos azules pensó que su rostro se le derretiria de lo caliente de encontrarse, menos lo de su corazón tratando de salirse de su pecho… ¡Iba a colapsar en cualquier momento! — Que aunque tenga la apariencia de una delicada rosa, puede sacar sus espinas y atacar a todo aquel que se lo merezca. Yo solo… solo estoy muy feliz que mis dos chicas favoritas en el mundo se lleven bien, congeniaron a la perfección de hecho.
— Bueno… es que… tu mamá es tan asombrosa, ya veo de donde vienen tus genes, digo, no es que tu papá sea asombroso. ¡Su talento es legendario! — escupia las palabras una por una sin orden, provocando en Adrien una clase de calor llamado ternura. No cambiaría por nada en el mundo su atolondrada chica, con todo y sus disparates, seguía siendo increíble. — pero tu mamá suele ser mas carismática y sincera, en cambio tu papá… ¡No me maliterpretes! El señor Agreste es encantador a su manera, por ejemplo en sus creaciones demuestra su pasión y… y… Oh, por dios. ¿Lo he vuelto hacer?
Meter la pata frente a Adrien es y sera la marca permanente de Marinette.
— Mari, mirame. — cambio su postura sujetando con ambas manos el mentón de la chica, los ojos de ambos chocaron en contraste el uno con el otro, consiguiendo de inmediato una única sintonía. Cariño. — El ver este lado tuyo nervioso cuando me acerco a ti me dictamina lo adorable que eres, tal vez nos falta avanzar un poco para poder lograr controlar tus emociones, pero aun estamos comenzando con lo nuestro y… y… solo… daremos un paso a la vez. ¿De acuerdo?
— Si… — susurro encantanda, viéndose en una nube de color rosa junto al rubio.
— Aunque te voy a pedir algo. — colorado tal cual a una manzana madura, acercándose a la oreja de la chica para susurrarle. — no pongas esa expresión en tu rostro tan adorable, quiero ser egoísta por primera vez en la vida y ser capaz de admirarla yo solo. No quiero compartirla con nadie.
Acto seguido, se separo de ella solo mostrando sus pomulos pintados de carmín, evitando mirarla a los ojos, siguiendo su camino al aula de clase. ¿Podria llamar a emergencia ya? Su corazón aparentemente dejó de latir ante tal movimiento de Adrien, le sorprendia un poco de hecho porque se ha dado a conocer como un chico timido y reservado, al principio interactuar con el sexo opuesto le costaba. No al grado de evitarlas, pero teniendo tener cuidado y darles su espacio. Ahora le estaba mostrando una faceta distinta, una que le doblaba las rodillas a cualquiera y derretia igual a la mantequilla. ¡Oh demonios! Aun sentía el calido aliento de Adrien en la piel de su oreja, al igual que su cerebro con ese sonido milagroso de su voz tan agradable, la cual le provocaba grabar en su telefono y convertirlo en su nuevo tono de llamada. ¿Pero que demonios estaba haciendo? Se pregunto mentalmente dándose unas cuantas palmadas en el rostro para despertarse, no podía seguir colocándose de esa forma cada vez en acercarcele Adrien, ambos ya no eran amigos, subieron a un peldaño a su relación. Aun así, ella seguía sintiéndose igual a cuando ambos cruzaron mirada por primera vez congeniando, asemejando a esos protagonistas de anime con brillos incluido, el fondo rosa y la musica de piano suave de ambiente. Algo quedaba claro, Adrien colocaba su mundo de cabeza, tanto como para hacerla pensar idoteces.
¿Protagonista de anime? ¿Realmente?
Entonces sin previo aviso choco con alguien por accidente, pidió disculpas sin descanso al estar totalmente avergonzada ante su descuido, ahora no solo arrojo las cosas del extraño al suelo sino igualmente las suya y… cerro la boca al descubrir la cabellera rojiza de un compañero suyo, Nathaniel. El chico caracterizado por su timidez excesiva, escondida su claros ojos en las hebras largas de su cabello dictaminando ser su culpa por no mirar hacia adelante, aunque Marinette no prestaba atención al las palabras del muchacho sino a una imagen que paso su mente fugazmente. A ciencia exacta desconocía si se trataban de la misma persona, la forma de sus rostro y el color de sus ojos aunque vitiese un conjunto de ropa a rayas, un antifaz y mantuviese una tableta para dibujar en su brazo. Luego venia mas imágenes distorcionadas de ella y otro chico, uno de rubia cabellera rebelde, ojos de gato saltones, traje negro de cuero y… y… y…
Marinette…
La chica dio un paso hacia atrás dando un respingo asustada, Nathaniel parpadeo sin comprender la reacción de ella sin motivo alguno, la azabache no suele comportarse de esa forma sin motivo alguno. ¡Y no lo dice por gustarle u observarla de lejos! Mas bien, porque sus encantadores ojos azules estaban distorcionados, mirando algo muy lejos de este mundo, uno, que se atreve a jugar un poco con la imaginación, es paralelo al suyo.
Marinette…
Una mano blanquesina obstaculizo su campo de visión, de volviendola a la realidad de descartando esa vos suave y diminuta, parecida a la de las hadas en las películas de fantasías. ¡Que locura! Esta noche dejaría de diseñar disfraces para el concurso, incluso ya ideo uno para Nathaniel al simple verlo, quizás si sea una hormiga obrera tal cual menciono su padre. El pelirrojo aun le extendía su bolsa mirandola con curiosidad, ideando seguramente tener una compañera de clases bastante peculiar, por no decir rara.
— Gracias, Nathaniel. — dijo al fin, agarrando sus cosas y sujetandola con fuerza. — y nuevamente lamento hacer de tus cosas un reguero.
— Oh, no… no te preocupes por eso Marinette. — busco tranquilizarla, su voz era baja y algo aguda pero de igual manera, relajada. Le agradaba. — tambien venia distraído y no mire adelante. Lo siento, pude haberte lastimado.
La azabache soltó una risita divertida abriendo los ojos de su compañero con sorpresa, ambos eran personas bastante tercas y con huesos duros de roer, no darían su brazo a torcer ante quien tenia la culpa. Siendo totalmente inesperado. ¿Quien en la vida se hecharia la culpa de un choque? ¡Solo ellos! Antes de poder reaccionar Nathaniel, un peso extra sobre sus hombros le aviso la llegada de alguien mas, una persona totalmente fastidiosa y petulante. Luka, el hermano de Juleka, su igual compañera de clases. Aunque no venían solos, Alya, Rose y un Max colado los acompañaban. Nathaniel supo que su tiempo de calidad a solas con la chica de ojos azules acabo, mas cuando ella se avalanzo a Alya para abrazarla con efusividad, claro, obviando un detalle enorme con color a negro combinado a azulado. Y no, no se refiere a Juleka, sino alguien mas arriba de ella.
— ¡Pero que buenos días son hoy chicos! — exclamo Luka desordenando su cabello igual a una batidora, mientras sus ojos oscuosos seguían a Marinette. — pero lo que me sorprende un poco es… ¿Donde has dejado a tu novio Marinette? ¿En casa con mamá?
La chica separándose de su amiga Alya fruncio el ceño al llamativo chico junto a Nathaniel, lo conocía muy poco de trato pero si de palabras bonitas de su hermana menor, Juleka su amiga reservada. Según palabras de ella es un gran hermano mayor, la ayuda en lo que puede y tienen gustos similares en gustos musicales, esta dispuesto a rescatarte de un apuro pero tiene un defecto grande: sus comentarios fuera de lugar. Un ejemplo, el presente.
— Buenos días para ti tambien, Luka. — pronuncio con una gran dosis de sarcasmo, esto le hizo sonreir mas con desafío, como si esto fuese muy divertido. — Y Adrien se encuentra muy cerca, aunque gracias por preguntar.
En visión del pelirrojo, todo el mundo sabía que Luka gustaba de la amiga de Juleka y esos comentarios junto a ese comportamiento simplón, era para llamar la atención. Muy parecido a un gatito negro en busca de caricias de algún humano, pero se la privan debido a los rumores de él sobre la mala fortuna en tu vida de cruzarte con uno. Si bien Luka es insanamente guapo, carismático, gracioso y algo misterioso, no se aleja de los rumores tontos exparcidos en los rincones de él. Da igual de todas manera, jamas le dara importancia a las habladurias.
— Oh, vamos mi lady. — da un paso hacia ella sujetando una de sus manos, arrodillandose y besandola ligeramente. Todo el mundo quedo mudo, ni hablar de Marinette, frita en la escena del crimen. — enojarse tan temprano es malo para el corazón, mas para las señoritas hermosas como tu.
¿Her…? ¡¿Hermosa?! El rostro de la azabache lucia de todos los colores posibles, rebozando el limite del rojo, quedando al grado de naranja o amarillo. Digamos que naranja. Luka sabia de este lado tierno de ella colocandolo a su favor, mas sin el sonso de Adrien alrededor, aunque seguía Nathaniel en contenienda sobre el rin, no es contrincante para él. Ni lo sera. Al contrario de Adrien teniendo todas las de ganar, es el novio, su primer enamoramiento, el chico mas popular en todo Paris al ser modelo y heredero de un imperio completo. Sabe de Marinette importandole poco los vienes del rubio, ella lo quería por sus buenas acciones y… mas babosadas de jóvenes. Tampoco quería lidiar con ello, podía subirsele la diabetes. Por otro lado, la azabache no tenia palabras para explicar lo que estaba viviendo en esos momentos, era nuevo y a su vez conocido como si antes lo hubiese vivido. Su mente hoy le estaba jugando una muy mala pasada, mostrandole imágenes confusas y después otras aun mas confusas, sin duda alguna le sorprendía no volverse loca y gritar del susto.
Dio un paso hacia atrás deshaciendo el agarre del chico asombrando a todos los presentes, dibujo una sonrisa burlesca en sus labios mirandolo con perspicacia, a este tipo de chicos debía de manejarse con cuidado, porque si se comportaba asi con ella podría hacerlo con cualquiera.
— Tu elocuencia es abrumadora, parece que te interesa la salud. — menciono con tono elocuente, su amiga Alya río divertida ante la nueva faceta de la ojos azules, era refrescante. — Pero una de las virtudes de la juventud es tener una excelente resistencia.
— Seguramente.
La campana sono e inmediatamente todos se colocaron en marcha a su aulas, Luka se despidió sacudiendo los cabellos de su hermana y de una tímida Rose, quedándose en un punto prendado de la azabache que iba acompañada de su mejor amiga. Le gusta las mujeres con carácter. Quizás no lo diga a menudo pero las féminas con voz de mando son muy atractivas, demuestran tener seguridad en lo que hacen y confianza en si mismas. Si eso no es atractivo, no sabe entonces de que se trata. Aunque por los momentos no podía atacar de frente, su objetivo iba acompañado, y puede valerle poco si tiene o no a Adrien como novio, pero si respetar ese espacio. Luka no es ningún lanzado, mas bien es perspicaz y juicioso. Ya sabra cuando sera el momento.
Adrien se mantenía inquieto en su salón de clases junto a Nino, su mejor amigo, aunque la profesora impartía la lección correspondiente al día de hoy no podía dejar de pensar en la inquietud que le embargaba desde hoy en la mañana. Se despertó con la sensación de haber olvidado algo. Si bien al ver a su mamá en el desayuno disminuyo su nivel de estrés, mantenía esa rara presión en su tórax a medida de pasar las horas, es decir, tenía recuerdos que hasta hora le sorprendían, sentimientos que superaban su capacidad de timidez y una personalidad escondida en donde a cierto punto asustaba. Con esto no se refiere a ser atrevido, menos mimado frente a Marinette o su mamá, mas bien a la pequeña voz de duende en su cabeza susurrandole cosas fuera de lugar. No quería llegar a decirse loco, porque no lo esta, simplemente algo cansado por una razón.
Si, claro… ¿esas cosas te suceden a menudo a ti?
Allí de nuevo, pensó el rubio tocando su sien con suavidad, dandole masajes en círculos fingiendo en tener un grado de atención a la clase y copiar algo muy importante en su tablet. Concluyo que lo mas razonable seria ignorar a la vos, tarde o temprano desaparecería y nuevamente contaría con el silencio en su mente, reinando de vez en cuando un solo sonido, el de sus pensamientos.
El que me ignores no signifique el callarme Adrien, seguiré aquí hasta que me respondas.
No, no escuchaba, no escuchaba. ¿Acaso no estaba dictando los deberes de hoy? Si, si lo hacían, mejor colocar todos sus sentidos a flote para escribirlos y así llegar hacerlos a casa. ¡Demonios! Hoy Marinette vendría con él porque su mamá la invito a comer, de solo imaginarlo su estomago se revolvia de impaciencia, seguramente su padre tambien estaría y así todo la familia se encontraría reunida. Sería mentira decir no estar contento por este hecho, porque en esos instantes deseaba ver las manecillas del reloj correr mas rápido.
Cuidado con lo que deseas, de lo contrario te arrepentiras, eso es lo que te tiene amarrado a ti y a…
El sonido del cambio de aula llego, Adrien sacudió sus cabellos al levantarse de su asiento, Nino lo miro preocupado preguntándole si existía algo que le hiciera sentir incomodo o mal, llevaba toda la clase frunciendo el ceño y de un humor bastante frío. Él sabia que si se sentía mal podía contarle, con tal los amigos estaban para ayudarse. Sonriendo complacido, el rubio le agradeció el gesto pero debía porque preocuparse, hoy estaba siendo un días bastante peculiar y aun no asimilaba ciertas cosas a su alrededor.
— ¿Qué quieres decir? — pregunto confundido el chico.
— Marinette vendrá hoy a casa para comer con mis padres — dijo en medio de una sonrisa alegre y anhelante, Nino pensó que ya desde hace mucho el rubio no tenia remedio. — estoy nervioso, porque bueno… lo ha conocido a ambos por separado y le agradaron por igual pero… pero ¡ugh! Que patético soy.
Los humanos se complican tanto, como si de antes no se conocieran.
Adrien sintio un ligero tic en su ceja al escuchar decir eso a la voz, ahora resultaba ser un ente fuera de este mundo que opinaba en sus preocupaciones. Podría realmente estar volviéndose loco.
— Tranquilizate viejo, ya veras que todo va a salir bien. — le calmo Nino despistando cualquier otra voz en su cabeza, coloco una mano en su hombro apretandola ligeramente en señal de apoyo. — Además, no es la primera vez que Marinette va a tu casa a pasar el rato con tus padres, los cuales permiteme decir, son una pasada en la genialidad. ¿A estas alturas que puede salir mal?
Tenia razón, Marinette ya estuvo varias veces en su casa conversando con su padre, ambos se llevaron a las maravillas al hablar de confecciones de bombines, ella gano un concurso patrocinado por su compañia y se la pasaron una tarde dándole mas detalles. En general, el rubio entendió que la combinación Agreste con Marinette era legendaria. Despojando sus preocupaciones entro a la aula de biología detrás de Nino, quien encontró a Alya y le dejo a su suerte. No había problema, aun la maestra se encontraba fuera.
De pronto, una cabellera larga color girasol obstaculizo su campo de visión, una voz chillona seguida de una delgados brazos lo apretaron ligeramente en sus hombros en señal de saludo. Chloe acompañada de su amiga Sabrina llegaron a su encuentro si previo aviso, los ojos azules de la chica brillaban con alegría alegando no haber tenido la oportunidad de saludarlo antes, estuvo muy ocupada organizando los últimos detalles del baile de disfraces del instituto y le agotaron hasta los cimientos. Agregándole a la ecuación convencer al alcalde de servir como de jurado al concurso, ella no participaría al estar corta de tiempo, pero si su amiga Sabrina y era obvio tener una ayuda extra para ella. Ah… ya decía el rubio, Chloe no seria ella sin sus artimañas de niña mimada, su madre tenia razón de faltarle una buena dosis de humildad.
¿Humildad? Yo diria de realidad y…
— ¿Estas escuchando lo que digo Adricup? — replicó la chica al verlo fruncir el ceño.
— ¿Eh? — se avergonzo de dejar dispersar su mente y escuchar a su “pepe grillo”, Chloe parecí un poco enojada. — Lo siento mucho, pero… ¿Podrias volver a decirlo?
— Te pregunte si ya tienes tu disfraz listo. — él parpadeo varias veces sin comprenderlo, la verdad porque no recordaba algo sobre ello, solo los diseños de su novia al tratar de encontrar el perfecto. — porque hoy llega el mio, pero no te dire que es así te das una sorpresa cuando lo veas.
— Seguramente sera sorprendente. — sonrio fingiendo interes, porque a Adrien le importaba poco el lucirse o sorprender a la gente. Solo ser si mismo.
— ¡Si! — chillo feliz al ver a Adrien decirle eso. — Aunque con todo y eso de Marinette siendo tu novia… ofreciendo hacerte el disfraz y…
Oh, pero mira nada mas a los tortolitos. ¿Acaso no son dulces?
Voz imprudente, concluyo el rubio acariciando su frente ignorando completamente a su amiga de la infancia, porque esta no era la primera vez en decir cosas malas de su novia. Era algo predecible en su forma de ser. Aunque odiaba ese lado de ella patético, porque Marinette no le ha hecho nada, la rubia la fastidiaba porque asi lo quería.
Suspiro profundo, lidiar con personas problemáticas era agotador, mejor soportaba a la voz cínica de su cabeza y lo daba por finalizado. Cosa que, aparentemente, es menos agotador.
¡Perfecto! Porque cuando me recuerdes y salga de este sitio deberás darme mi queso, mucho queso.
¿Salir? ¿Salir de donde? No es como si estuviese en una galaxia continua a la suya, menos en un mundo paralelo a este o la dimensión desconocida de su cerebro. Freno el carro. ¡No podía comenzar a llevarle la corriente a la voz! Seguía persistente en ignorarla, pasar de largo y acostumbrarse a escucharla, pero decirle algo… ¡Nada que ver!
Lo de la galaxia continua es una excelente dedusión, pero nada certera. Casi acariciaste la verdad.
¿Eh? ¿Acariciar la verdad? Bien, esto ya se estaba comenzando a colocar color hormiga, algo que parecía ser producto de su imaginación le estaba dando que pensar. Al principio no esperaba seguir llevándola la contraria, pero y si… y si…
— ¡Andricup escuchame! — sus pensamientos se dispersaron al mirar el tono de reproche de Chloe, el puchero en su boca le dictaminaba llegar a su limite. — ¿Por qué estas tan distraído el día de hoy? No pareces tu, eres como una momia caminando de clase en clase, pero tu mente se encuentra en otra parte. ¿Estas bien?
Ah… ya era alguien mas en su lista de preocupados por él, era un milagro que Marinette no se percató igual. Aunque de por si ella tambien se mantenía en sus propios pensamientos, en clase escucho a Alya llamar su atención en varias ocasiones, suele ser despistada la mayoría de las veces pero hoy es mas a lo usual. Adrien en su lugar odiaba preocupar a sus amigos, es del tipo de persona de ocuparse de sus problemas personalmente, los comenta con Nino, pero jamas da un grito de ayuda. Eso lo deja para si mismo.
— No te preocupes Chloe, estoy bien. — suspiro sonriendole a la chica, buscando relajarla. — solo estoy algo cansado. Nada en solucionar una buena noche de sueño.
— ¿No estas durmiendo bien en las noches? — pregunto alarmada.
— ¿Eh? No, no, no. — aclaro desde el inicio. — Todo perfecto con mis horas de descanso.
Antes de poder decir algo mas la rubia, la maestra entro al aula anunciando el comienzo de las clases, Adrien se sintio aliviado de librarse de mas preguntas de su amiga pero no de la voz picoteando su cerebro. Esa se mantenía constantemente fastidiandole.
Aun sigues sin responderme, bien, lo haras tarde o temprano. Lo prometo.
Marinette se desplomó en la mesa de la biblioteca soltando un quejido de cansancio, se suponía que debía de terminar un trabajo en grupo con Rose, Alya y Max, pero entre mas le daba vueltas al tema, mas se complicaba. El chico de lentes era tan tradicional al momento de hacer las cosas, su mejor amiga moderna y Rose… ella era simplemente Rose, dulce, atolondrada y con la cabeza en las nubes. Para cuando estuvieron a la mitad, Marinette colapso. Solo necesita dos minutos en reponerse, solo dos y una vez mas alzara la cabeza para seguir adelante. Aunque viéndolo seriamente, duda mucho de eso suceder. Alya picotea con el dedo su mejilla buscando señales de vida en ella, la azabache solo emite monosilabos en respuesta de no poder mas, la noche pasada estuvo trabajando en diseños nuevos para el concurso y se acostó tarde. Del mismo modo, uno sueños raros la atacan dejándole sensaciones en el cuerpo difíciles de explicar, al menos no sin dejarles tener bastante miedo, porque si sumamos la vocesilla llamándola constantemente para recibir su ayuda, le ha dado a entender estar en el lugar y tiempo equivocado.
La azabache cierra los ojos aguardando sus pesares en si misma, le dice a Alya y amigos lo justamente necesario, la preocupación de los diseños de disfraces para el concurso. Sin embargo, la morena conoce muy bien a la chica para entender de estar escondiendole algo, una cosa bastante grande. Marinette suele compartir todo con ella, todo, sus pesares, malos pensamientos, ideas para sorprender a Adrien… en general, es del tipo de chica de fácil acceso para leer su mente. Del mismo modo, la morena sabe no poder obligarla a contarle algo que no quiera, simplemente esperar a por sus propios medios decirle sus inquietudes.
— ¿Y si tomamos un descanso chicos? — sugirio la de lentes mirando a los presentes, Máx medio fruncio el ceño en evidente desacuerdo, pero ella ya tenia una cuartada. — El respirar aire puro y tomar unos bocadillos no nos matara, estamos algo estresados. Lo mas idóneo es enfriar nuestros pensamientos. ¿No creen?
— Alya tiene razón. — apoyo la dulce voz de Rose. — si escucho una discusión mas de las suyas saldré corriendo de aquí, nos viene el descanso bien.
— Mmm… de acuerdo. — soltó al fin Máx, aunque no muy convencido. — solo porque asi funciona las democracias, escuchando la voces de las mayorías.
Marinette vuelve a la vida al tener un respiro, alza su cabeza adornado el panorama con una sonrisa en el rostro, una en no durar mucho, su mente se llena de imágenes de sus tres compañeros vestidos de formas peculiares. Primero Rose, con un vestido totalmente negro, su piel verdosa, un antifaz cubriendo su rostro y de su cabello sale una cuerda rara parecido a un perfume, de hecho, su mano sostiene una pistola que desprende una fragancia extraña. Segundo, Alya, luciendo un conjunto negro con rayas blancas, mantiene en su rostro una sonrisa malefica en tanto se encuentra de pie junto al director de la escuela, quien aterrado de las acciones de la alumna admite haber sido injusto en expursala por motivos corruptos, seguidamente ella saca su celular y paraliza cualquier movimiento del hombre. Por último, Max, esta en un enorme robot mecha con forma de piramide, lo único en distinguir son sus lentes oscuros en la últimas tecnologías del momentos, al igual que Alya sonrie malvadamente y acto seguido disparando en dirección de ella y Adrien. De pronto, todo resulta borroso, confuso y abismal para la azabache. No entiende nada, nada en lo mas mínimo con estas memorias de sus amigos convertidos en seres con poderes mal usados, menos en como en uno de ellos igualmente se ve involucrado Adrien porque esta segura de algo, el rubio no le ha contado nada de eso jamas.
Mas punzadas convertidas en aguijones se incrustan en su sines, esta vez no puede ocultar tenerlas, su amiga Alya salta a su ayuda preguntándole que va mal con ella y si se siente bien. Pero no escucha, en realidad, se centra en algo mas. La voz chiquita de su mente, le pide ayuda una vez mas.
Marinette… Marinette… ayudame por favor… aqui hace frío y es solo… muy solo… tengo miedo… Mari… Marinette…
Lo siente tanto, tanto por no poder hacer nada, por no ayudar a la vocesita desesperada, por no recordar nada, por no… por no…
— ¿Mari? ¿Marinette estas bien?
Sus ojos azules se agrandan al ver a Adrien en su campo de visión, se supone que debería de estar en clases de esgrima ahora, no entrando a la biblioteca luciendo pálido y claramente asustado. ¿Eh? ¿En que momento fue a parar en la silla nuevamente? Giro su cabeza hacia los lados dándose cuenta de las miradas de sus amigos, al igual a Adrien, tenían semblantes contraídos y muy alarmados. ¿Por qué? Tampoco es que recordara algo, salvo un ataque de dolor excesivo de dolor de cabeza al no dormir la noche anterior, las defensas de su cuerpo le pedían ayuda a gritos y ella al parecer las ignoraba. Muy maduro de su parte.
Aun asi, Marinette tenia una opresión en su pecho, al pesar de sentirse mejor, dictaminandole faltarle algo o alguien y tener ganas de verle. Pero, como se veía las cosas, pueden ser puras paranoias suyas. Intento levantarse de su asiento pero Alya junto a Adrien la detuvieron, mejor permanecer sentada por si otro ataque venia una vez mas.
— Estoy mejor, en verdad. — sonrio dulcemente la niña buscando convencer a los presentes sin éxito. — ¿No me creen? ¿Cierto?
— Digamos que en el tiempo de conocerte jamas has tenido un colapso, enfermado o algo parecido. — conto con natural preocupación su mejor amiga, señalandola de frente. — Eres despistada, no enfermiza, asi que mejor te mantienes en tu lugar sin rechistar.
— Pero…
— Alya tiene razón, Marinette. — interrumpió Adrien sujetandole la mano, al contrario de la morena, su novio es mas sutil y blando con ella. Si la miraba de esa forma de cachorro arrepentido, era imposible ignorarlo. Eso y el brillo de angustia en sus ojos. — no sabemos si podías volver a entrar en colapso. Cuando Max me texteo diciendome tu estado, corrí llevandome medio mundo por delante. Por favor, si te sentías mal desde la mañana ¿Por qué no admitirlo abiertamente? — genial, ahora si se sentía culpable, muy culpable. Adrien seguramente se decepcionó de su poca madurez con su salud, no quería darle una mala imagen de si misma, en verdad no quería. — Tus padres tienen razón, debes de descansar de diseñar esos disfraces y dormir bien. Es mas, te sugiero ir a casa y hacerlo ahora mismo.
— ¿Qué pasa con la comida con tus padres? — exclamó alarmada la azabache. — Ya le prometí a tu madre el ir a tu casa y…
— De eso me ocuparé yo — apreto su mano tranquilizandola. — Mari, no es una sugerencia, es una orden. Sino quieres darle mas preocupaciones a tus amigos ve a casa y duerme, odio verte de esa forma. Puedo hablar por todos cuando lo digo. ¿Cierto?
— Si, Marinette. — abogó Rose dando un paso al frente manteniendo las manos contra su pecho, su azul mirar estaba apagado. Signos de igual preocupación. — dejanos lo demás a nosotros, por favor repone tus energías y no te exijas demaciado.
— Preocura no descuidar tu salud. — comento Max con su usual manera intelectual de ser, acomodando sus lentes y mirandola aguda. Marinette soltó un respingo del susto. — de tenerla en niveles bajas, inmediatamente todo se desplomara sobre ti. Nada podrás hacer con normalidad.
— Ya ves amiga, llego el momento de ocuparse de si misma. — dijo Alya colocando una mano sobre su cabeza, mirandola retadoramente. — Aunque, de la misma manera, alguien debe darte un empujón para eso ocurrir. ¿Verdad Adrien?
— ¿Eh?
— Acompañala a casa, chico. — apoyo su brazo encima de su hombro, alzando sus cejas picaramente. Adrien no tardo mucho en sonrojarse y desviar la mirada. — ¿Crees que una joven convaleciente puede ir sola? Nunca se sabe lo que puede ocurrir en el camino, mejor prevenir a lamentar.
Esa Alya, teniendo siempre dos pasos mayor a las de los demás, ayudandola hasta cuando ya sale oficialmente con Adrien. En verdad es la mejor amiga de todas.
— Tienes razón. — dice al fin separándose de la azabache y sacando su celular, iba a hacer una llamada. — sera idóneo el acompañarte a casa. Llamare a mi chofer, asi aprovecho para avisar lo ocurrido. No tardo.
Al mínimo segundo de salir Adrien del sitio, Rose suspiro mencionando ser muy romántico el rubio al comportase como el elegante caballero de armadura de ella, salvandola de apuros. En verdad no puede imaginar la reacción en verla en tal complicado estado, cuando abrió la puerta se veía desesperado y asustado, es obvio el haber corrido hasta su ubicación al notar las pequeñas gotas de sudor recorrer su frente, asi que no pudo ser mentira de llevarse a medio mundo por delante. Alya le dio un empujón amistoso a la azabache combinado con un guiño, está se sonrojo hasta las orejas de verse expuesta asi por su novio… ¿En verdad esto sucedía? Es decir, Adrien es el chico que toda muchacha desea tener a su lado. Caballeroso, amable, generoso, responsable, atractivo, bien, digamos que la belleza es algo extra en él porque lo importante es el brillo de su alma, el cual, ilumina una sala entera. El rubio entra luego de colgar su telefono avisandole haber resuelto todo, ahora su mamá en persona mando a alguien a recogerlos y llevarla a ella a casa, obviamente Marinette estuvo algo cohibida ante el ofrecimiento del chico, pero al este sostener sus manos y decirle que le permitiese ocuparse de ella. Ah… imposible decirle no a esa cara.
Saliendo finalmente de la escuela, Marinette se despide de sus amigos esperando verlos mañana en clases y finalmente terminar los deberes pendientes. Alya le dictamina no preocuparse por nada, es mas, debe de prometerle tomarse las cosas con calma y descansar esta noche para reponer energías. Luego, bueno, luego veran como se ocupan de los deberes escolares. De esa forma, la azabache entra al auto partiendo en su casa. Del viaje no puede mencionar mucho, salvo el dormitar en el hombro de Adrien y sentir su calida mano tocar su frente en varias ocasiones precurando no tener temperatura, aunque la encontro bastante estable. Marinette por fin obtiene su sueño libre de vocesillas raras, imágenes u otra cosa perturbadora. Simplemente mantiene sus párpados cerrados con las dulces caricias de su novio en su cara, la sensación refrescante de estar a salvo y la calidez en su pecho expandiéndose por todo su cuerpo. Es cierto, ni la luz de la mañana se compara con esto nuevo y de una vez sabe algo, esta sensación reparadora es única solo produciendola su amado Adrien.
Llega a casa obligandole a despertarse, Marinette bosteza extirando sus extremidades en un intento de despertarse, aunque le cuesta un poco logra hacerlo al menos para caminar hasta su lugar de descanso. Sus padres la esperan en la entrada con rostros preocupados, seguramente desde la escuela han avisado lo acontecido, la azabache baja la mirada en señal de culpa. Odia preocupar a sus seres queridos mas cuando todo esto ha sido culpa suya, si la noche pasado hubiese escuchado a sus padres en irse a la cama temprano, nada de esto estuviera sucediendo. Aunque lo hecho, hecho ya estaba.
— Gracias por traer a casa a nuestra pequeña, Adrien. — dijo el papá de la ojos azules colocando su gran mano en su cabeza, el mencionado sonrio apenado tocando su nuca. — Nos alivia saber que podemos contar contigo para protegerla en la escuela.
— No hay problema. — le resto importancia aun sonriendo. — lo hago con todo el cariño del mundo, lo saben, Marinette es muy importante para mi.
— Si, eso esta claro. — río divertida la mamá de la chica.
Y por supuesto, la culpabilidad de Marinette se convirtió en vergüenza, los presentes hablaban entre ellos como sino estuviese presente. Del mismo modo, la muchacha le restaba importancia a ello, que su familia se llevara bien con su Adrien era fantástico. Entre menos obstáculos hubiesen entre ambos, mejor.
— Tengo que irme, debo asistir a clases de chino aun. — anuncio el rubio, sorprendiendo a los padres de su novia. — Además de preparar una extensiva explicación a mamá de lo ocurrido, invito a Marinette a comer con nosotros pero como colapso…
— Oh, dios. — llevo sus manos hacia su rostro apretandolo ligeramente de la vergüenza, decepcionó a la mamá de su novio y seguramente estará pensando lo peor de ella. — que pena, que vergüenza, que…
— Te dije que no te preocuparas. — le recordó el de los ojos verde, sonriendole con calma. — mamá entendiendo muy bien lo ocurrido. De hecho, fue la primera en aprobar el acompañarte a casa. La invitación seguirá en pie.
— Muy generosa de su parte. — agrego el papá de Marinette. — nos gustaría en alguna oportunidad conocerla, al igual de tu padre Adrien. ¿Cierto cariño?
— Por supuesto.
Oh por dios, oh por dios, oh por dios. ¡Oh santísimo dios! ¿Las dos familias reunidas en un solo sitio? ¡¿En verdad?! Marinette se imagino algo así en su mente y creyo tener un colapso, porque todo esta tenia un sabor a lo formal, no contidiano, en una reunión totalmente de algo mas alla de un noviazgo de chiquillos. Ah… esto es un sueño, si, debe de serlo ¡Tiene que serlo!
— Seguro, se los hare saber.
¿Y ahora apoyaba la idea? ¡¿Acaso Adrien se ha vuelto loco?! Porque en lo mayor de los casos él se colocaría colorado y cohibido, no apoyaría la emoción de sus padres ante un encuentro con los Agreste. ¡Va! Ha estas alturas del partido, ¿valdria de algo preocuparse? No, es inútil.
Despidiendose de los padres de Marinette y de ella misma, Adrien sube al auto pidiéndole encarecidamente descansar toda esta noche y ni molestarse en tomar su cuaderno de bocetos para dibujar, lo sabría si lo tomaba porque tiene poderes mágicos. De la misma manera, prometió textear a la llegada a su casa después de culminar todos sus deberes, porque las clases de chino no son los únicos en faltarle, se le suman unas sesión de fotos y un trabajo de biología. Lo sabe, lo sabe, su vida no es fácil. Terminada las despedidas con detalles determinados, la familia Dupain-Cheng entra a su hogar mandando a la niña de sus ojos directamente a su cuarto, y eso si, confiscado su cuaderno de diseños. Tampoco existe oposición de su parte, Marinette realmente se encuentra cansada y lo único en sus planes es tomar un baño e ir directamente a la cama. Lastimosamente para la azabache lo mas asombroso en llegar hacer es llegar a su habitación y cambiarse la ropa, lo siguiente en recordar es quedar dormida sobre su acolchadas almuhadas sin darse su baño.
Esa noche no existe sueños raros ni voces, solo una creciente oscuridad rodeandola, que al pesar de ser abrumadora le permite tener un descanso reparador como para olvidar el mundo entero. ¿Acaso no es lo que necesitaba? Si, aun asi, la sensación de olvidar algo persiste en el mismo lugar donde se ha quedado, su pecho. A la mañana siguiente consigue despertar antes de sonar el despertador, sus ojos se sienten pesados y mira todo a su alrededor cansada, en esos segundos no sabe ni quien es, de donde proviene o hacia donde va, simplemente desea volver a dormir pero sabe que es imposible, menos si tu celular anuncia el limite de sueño. Al estirar los músculos de su espalda u otras articulaciones de su cuerpo, Marinette decide darse una ducha rápida para prepararse para la escuela, el día anterior perdió mucho tiempo en ese colpso y hoy es el momento de enmendar sus errores. Al culminar de arreglarse, baja las escaleras hacia la cocina de su hogar revisando los mensajes de su telefono encontrando unos cuántos en la bandeja de entrada, básicamente se trata de sus amigos preguntando su estado y si se sentía mejor, al no ser respondidos entendieron el encontrarse durmiendo y eso es normal, claro, tomando en cuenta lo ocurrido en la biblioteca. Por su parte, Adrien si se reporto al finalizar todos sus deberes del día provocandole una risita, el muchacho era tan rígido en decirle todo los mínimos detalles de sus quehaceres, le agradaba mucho pero aveces en es aspecto le abrumaba. En fin, mejor dejarlo ser. Asi que, Marinette a todo ese tumulto de mensajes le respondió a su novio, y Alya, quien en definitiva le debía una explicación de lo su baja de energía de ayer. Después de todo, nunca puede escapar de su mirada ignotica, porque terminaría descubriendolo todo.
— ¿Ya te sientes mejor? — pregunte el señor Dupain al mirar a su hija concentrada en el telefono. — anoche no te llamamos para molestar tu sueño, pero veo que hicimos bien. Esa sonrisa… la conosco bien.
— Si, estoy mejor. Gracias por preguntar papá. — una nueva sacudida de su telefono la desvío de la atención inicial, sonriendo al ver el mensaje obviamente de un rubio peculiar. — Por cierto, Adrien manda sus saludos, hoy no pasara por aquí. De hecho, debe faltar a las primeras horas de clase.
— ¿Y eso por qué cariño? — exclamó curiosa su mamá.
— Tiene sesión de modelaje. — explicó la azabache a la par de pulsar la respuesta en su telefono rápidamente. — Como estan anunciandose la próxima colección de su papá, él obviamente sera una vez mas la imagen de su compañia.
— Mmm… debe de estar atascado de trabajo. — murmuro pensativo el mayor, sentandose junto su familia para desayunar.
— Si, pero nada en no poder solucionar. — dijo con un toque soñador Marinette, sus padres se miraron entre si riendo concurrentes de las expresiones enamoradas de su hija, ya siendo bastante usadas. — Adrien es un profesional, un experto en todo el sentido de la palabra. Una vez las luces se encienden, él ya esta adoptando su pose de super modelo. ¡Ah! Como me encantaría ir a verlo.
— Quizás algún día puedas hacerlo, pero primero… — le sirvió frente de ella un plato lleno de alimentos, bajandola de su nube. — esta señorita debe de comer su desayuno e ir a la escuela.
— De acuerdo mamá.
De camino a la escuela, Marinette se escribía con su amiga Alya hablandole de la posibilidad de ir a la expocisión de modas con los Agreste, quizás ayer lo había olvidado pero el padre de Adrien le dio una entrada para ir con su hijo como observadores, siendo sinceramente grandioso. No entendía mucho lo que ocurría a su alrededor, pero de pronto se sentía como si todos sus mas anhelantes deseos se cumplieran uno por uno, por mas alocados en ser, estaban cobrando vida. Alya riendose de su ocurrencia le confeso que desde salir con Adrien no paraba de decir eso, quizás es cierto de los enamorados, el ver el mundo de otro color al estar con tu persona querida, de esa manera, todo empieza a recrobar sentido en su vida. De ser así, Marinette no veía señas alguna en Alya al estar de novia con Nino, en realidad, seguía siendo la misma persona de siempre. Alegre y extrovertida. Tal vez, el amor pega de forma diferente dependiendo de la persona.
De pronto, siente una mano golpeando su hombro provocando girar su cabeza hacia su dirección, se encuentra con la sorpresa de unos ojos mirandole con picardía y esa mueca burlesca matutina, detrás de él dos pares de rostro se asoman alzando sus manos en señal de saludo y simpatía. ¿De quienes habla? Rose y Juleka con un peso extra, su hermano mayor Luka. Marinette olvida al chico para saludar a sus dos amigas, entre abrazos preguntan sobre su estado de salud, la taciturna no estuvo presente lo ocurrido en la biblioteca pero si su fiel amiga, ocupándose en relatarle lo ocurrido.
— Estoy bien chicas. — dice buscando relajarlas. — nada que no solucionara una buena dosis de sueño, cosa en realmente necesitar. Lamento haberlas preocupado, eso no fue mi intención. La próxima me ocuparé yo misma de mi salud. Lo prometo.
— Es inevitable no preocuparse. — la dulce Rose intervino dando su opinión, dándole un suave apretón en el hombro a la azabache sonriendole. — somos tus amigas Marinette y nos importas.
— Si. — recalcó Juleka a su singular manera. — asi que… no dudes en apoyarte en nosotras.
Luka se sentía como una pintura en la pared admirando el panorama, solamente quedándose callado ante los acontecimientos cuando la realidad era otra. Al enterarse del colapso de Marinette se le bajo el alma al suelo, ha escuchado en muchas ocasiones de Juleka que la chica es despistada y atolondrada cayendo innumerables de veces al suelo, o incluso, chocando contra paredes, cosas y personas pero jamas un colapso de salud. Le preocupo, si, mucho lo hizo. Pero cuando intento ir a socorrerla (¡Como si pudiese hacerlo!) Alguien mas se le adelanto, hablandole específicamente de Adrien, el chico rubio de buena suerte. No, Luka en lo mas mínimo le desagrada el Agreste, es un muchacho muy menudo, alegre, carismático y popular entre los estudiantes salvo un pequeño detalle en odiarle, la tiene a ella en todo los sentidos. ¿Acaso alguien lo duda? La ojos azules se muere hasta los huesos por Adrien y él igualmente, eso nadie puede negarlo. Ni siquiera su mala personalidad.
— Que te encuentres bien es musica para mis oidos, princesa. — rompe filas el muchacho, adornando una vez mas sus labios con la mayor de las sonrisas, seguidamente de sujetar la mano de ella y darle un beso en el dorso. — sabes lo muy conmocionado en colocar mi corazón de encontrarte mal, lo juro.
Ah… aqui vamos otra vez, pensó Marinette ante la ocurrencia del mas alto. Siendo así, una costumbre suya.
— Seguro que si, Luka. — dio un paso hacia atrás regalandole una sonrisa retadora, a esta chica no se le ganaba fácilmente. — ¿Estas seguro no ser otra cosa en lugar de tratarse de mi salud? Mmm… no lo se, puede ser la tuya.
— Mi lady, ya he asistido a todos los doctores existentes y dan lo mismo. — se encorba imitando a los caballeros al colocar una mano en su pecho, como si estuviera rindiendole honores. — tengo la enfermedad del amor, la que obviamente ha ocasionado usted con su belleza y refrescante presencia. ¿Acaso no es evidente?
Si, si, si, seguramente lo es. Con muecas de incredulidad en sus rostros, la primera es darse la vuelta y seguir con su camino en Marinette decidiendo ignorar al hermano pretencioso de su amiga Juleka que francamente, cada día esta peor al otro. ¿Enfermo de amor? ¿Por ella? ¡Ha! Seguramente le dice eso a cada chica en cruzarle en el camino en parecerle bonita, todos sus poros dictan ser de ese tipo de chicos: aludadores y pretenciosos. Entonces frena en seco, mitad porque debe de cruzar una calle y la otra por encontrarse en rojo el semáforo, una vez mas su mente se llena imágenes difíciles de reconocer para ella. Se trata de él, aquel chico de mirada gatuna verde chillón, aunque esta ocasión percibe su voz claramente, es grave, burlesca y con un tono lo suficiente para determinar ser algo simplón a la par de fastidioso. La llamada de diferentes maneras: Princesa, Dama y mi Lady, si al igual que lo hizo Luka hace unos instantes atrás. ¿Es él? ¿Luka? No, imposible, porque este muchacho luce ligeramente diferente del hermano de Juleka, no solo por ese cabello rubio alborotado sino que debajo de esas capas esconde algo, una cosa difícil de descifrar.
Marinette… Marinette… apresurate por favor… apresurate y recuerdame… Mari…
— ¿Marinette? — otra voz, una nueva la trae devuelta a la realidad, girandose a su dirección y encontrándose con Alya. — ¿Estas bien? Pareces un poco pálida, me encontré con Rose, Juleka y su hermano atrás diciendome que te adelantabas. Estaba llamandote pero no me respondías… ¿En verdad te encuentras mejor?
— Si, es solo que recorde… — no pudo terminar la frase, pues su mente quedo en blanco como si se hubiese reiniciado. — ¿Qué fue exactamente?
— Vamos amiga, ya me contaras luego. — paso su brazo por los hombros de ella haciéndola caminar, Marinette hizo una mueca burlesca característica de ella. — no quiero que lleguemos tarde a clase y además… los cuervos aun rondan la zona.
Con cuervos se refería a Luka, siendo que para nadie fuese un misterio.
— Tienes razón, los cuervos quieren picotear la zona.
Adrien se encontraba refunfuñando en su zona de descanso, sabia que dar una imagen de joven malhumorado podría afectar el nombre de su familia pero en esos instantes francamente le importaba poco, no cuando esta kilómetros de distancia de Marinette y con cierto pelinegro de capacidad gatuna a su alrededor, no, el Agreste en lo absoluto es celoso simplemente le gusta mantener en constante vigilancia lo que le gusta. Si, si, se trata es de eso. Aunque cierto vocesilla molesta sigue dándole vueltas a sus pensamientos al igual de cuestionarlo, de cierta forma le recuerda a “Pepe grillo” pues le dice cosas que realmente no desea escuchar, prácticamente admitiendo conocerle mejor a cualquier persona, inclusive si mismo.
Ciertamente eres imposible Adrien, mas dando a conocer tu lado testarudo.
¿Testarudo? ¿Él? ¡Que va! Todo el mundo sabe lo muy abierto con lo demás en ser, evitando llevarle la contraria a alguien en algo y buscando la forma de todos terminar contentos, si, el beneficio colectivo. Claro, siempre y cuando no incluya a Marinette en la ecuación, de lo contrario, podrían sacar lo peor de si mismo y asustar a todo mundo. El rubio esta muy consiente de todo, de que su novia es lo suficiente hermosa y deslumbrante para llamar la atención de mas chicos en el instituto, no solo él, tambien en clases superiores como alguien en concreto, el hermano de Juleka. No es como si ellos se llevaran mal, es todo lo contrario, le parece un chico bastante simpático y con un sentido del humor peculiar, llevando a tener conversaciones tranquilas. Sin embargo, las cosas entre ambos cambian al entrar en contienda Marinette y demonios, Adrien no es ningún ciego para pasar por alto la mirada del mayor en su chica, porque… ¿A quien desea engañar? La ha reflejado cientos de veces el mismo. El cariño y anhelo, dos elementos funcionandose para volverse uno solo. Luka es popular, muy popular entre el cuerpo estudiantil femenino y podrá aparentar ser un don Juan, pero la verdad se esconde detrás de todas esas capas. Es predecible, mantener una personalidad aparente para llamar la atención de alguien, solo que este “alguien” no se la regresara, no cuando esta prestandosela a otra.
Es lo dulce de Marinette, ser lo suficientemente atolondrada para no percatarse de su alrededor, pero a su vez, tener la delicadeza de preveer herir a nadie por no corresponderle. Todos esos factores hacen colocar de cabeza a Adrien, de hecho, desde que ve a la azabache se siente de esa manera, con la perspectiva alrevez y confundido en que cada latido de ese enorme corazón le corresponda. Necesita salir rápido de esta sesión de fotos, no, desea desesperadamente mandar todas sus responsabilidades al demonio y correr a los brazos de su princesa, de la niña de sus ojos. De solo imaginarla suspira, ese cabello negro igual a la extensa y profunda noche, sus enormes ojos azules como gemas brillando con la intensidad del profundo mar, esa sonrisa ancha, grande llena de perlas preciosas que titilan a una sola dirección, la suya. Quedando de último su personalidad generosa, fuerte y determinante, Marinette no se rinde cuando algo se propone pues lucha hasta conseguirlo. De lo contrario, ambos no estuvieran saliendo.
¡Ugh! Muchacho, veo que no controlas ese lado tan cursi tuyo. Cuando salga de aquí hare que me pagues el doble por escucharte pensar esas cosas, todo con mi adorado queso.
Fruncio el ceño dándose suaves masajes en las sien de forma circular obviando, por millonesima vez, la voz atornillada permanentemente en su cerebro que se rehusaba a salir de allí. Lo mas fastidioso de todo, es seria ignorarla y seguir dándole una, otra, otra y otra vez sobre encontrarse encerrado en no se donde demonios, sin poder salir porque él se rehusaba a ayudarlo o al menos contestarle. Se secará porque no piensa darle cuerda al asunto, Adrien no le va a seguir el juego, sino termina por llamarse loco.
Si, bien, ya lo estabas de todas maneras. ¿Acaso alguien cuerdo piensa cosas tan ridículas como esas?
— ¡Si! — le responde a su reflejo, olvidando por completo lo de hace un segundo de ignorarla. — ¡Si puede hacerlo! ¡Asi que deja de fastidiarme!
Bingo…
Rápidamente el rubio siente un frío recorrerle el cuerpo entero paralizandolo, unas imágenes raras de él mismo sosteniendo una barra con una huella de gato color verde que le viene a la mente, seguido de luchar contra un gigante de piedra en un lugar amplio, aparentemente un estadio, luego de correr por los tejados a cuatro patas igual a un animal y saltando con agilidad persiguiendo a algo o alguien. Después viene mas luchas, no esta seguro pero en algunas ocasiones es a favor y otras en contra, no distingue quien es la que utiliza una antifaz rojo con motas negras, ojos azules intensos, grandes y tan egnimaticos por si solos llevándolo a querer descubrir de quien se trata. ¿Enemigo o amigo? No lo sabe, aunque entiende de inmediato un punto, en estos momentos es difícil saberlo.
— Adrien, se acabo tu descanso.
La voz de una de las personas encargadas de la sesión lo trae a la realidad, confundido sacude sus cabellos respondiendo ir en seguida. Al quedarse una vez mas solo mira nuevamente a su reflejo, ha desaparecido las imágenes distorcionadas de si mismo quedando lo usual en él, nada de ojos de gato o antifaces, solo un chico rubio de ojos verde que es modelo y debe ir a encargarse de su deber. Agarra una bocanada de aire puro, no quiere darle mas vueltas al asunto ni volverse un loco por indagar mas en su cabeza, por los momentos la voz se encuentra descansando en alguna parte de su mente y lo encuentra bien, realmente necesita trabajar y las distracciones solo lo obstaculizan.
En su parte, Marinette se ha pasado la mitad de su mañana haciendo garabatos en su libreta de bocetos, viendo a sus compañeros paseando delante de ella normalmente como de costumbre. Ella interpreta todos esos atuendos como un aliento de inspiración, ese empujón oportuno en un artista que esta apunto de dar un salto a la oportunidad de su vida, de eso obviamente se refiere al concurso de disfraces encontrándose a la vuelta de la esquina y ella… bueno… no ha hecho nada. Tiene un montón de ideas pero nada concreto. ¡Solo mirenla por un segundo! Le ha diseñado un disfraz a la misma Chloe, si, ¡Chloe Buorgeis! La chica que desde cuarto grado le hace la vida miserable, pero no, su mente le ha dado una mala jugada al venir imaginarla en una malla completa negra con puntos negros y antifaz del mismo diseño. ¡Santo cielos! Esta comenzando a pensar encontrarse mal, muy mal. Ni decir del diseño de su buen amiga Juleka, ese si que se le fue la holla. Un vestido escandaloso color rosa chillón, peluca del mismo color, zapatos de plataforma con que sería difícil moverse y unas uñas ridiculamente largas. Si, ya la tímida y taciturna Juleka va a combinar con algo así. Primero las palomas empiezan a conspirar contra humanos.
Suspiro dejando sus ideas alocadas a un lado, miro al cielo cerrando unos minutos sus ojos y centrándose en lo importante, crear un disfraz que resaltara la imagen de Adrien. No sus amigos, no cosas que ni siquiera eran humanos, solo Adrien y nada mas que él. Es difícil llevarlo a dibujo porque él tiene tantas cosas como para enmarcarlas en una sola, es decir, su amabilidad, caballerosidad, generosidad, sofisticacia… ¡Rayos! Ahora comprendia porque esa noche no durmió hasta tarde, su cerebro se encontraba atascado en un mismo punto, donde el avanzar no estaba a la vista. No solo tenia esa imagen de sus amigos, tambien existía esa otra, la de ese chico misterioso de antifaz negro y ojos grandes verdes de gato que se pintaban burlescos, a su vez lejanos y distantes con el toque de la soledad. Su cabello rubio dos tonos mas oscuros que el de los de Adrien se ondeaba al viento, si, al song del aire veraniego de Paris con sus tantos ocasos en tanto sonreía abiertamente hacia su dirección, seguía siendo juguetón pero al mismo tiempo tierno, muy tierno. Era… él era… ¿Quién podría ser?
Soltó un suspiro abriendo una vez mas su cuaderno de bocetos, movió su muñeca trazando con agilidad los contornos de lo que en definitiva era unos enormes ojos de gato, seguidamente de esa cara triangular prodigiosa con sonrisa radiante y todo, no burlona, no prepotente, una que venia directamente del corazón y tan dulce como el mismo caramelo. De su visión no recordaba que vestia pero si sus enormes orejas negras sobre su cabeza, de cierto modo, le recordaba a una obra basada en Alicia en el Pais de las Maravillas donde el gato Chistter lo interpretaba un chico con orejas falsas en su cabeza, un traje formal con chaleco elegante color morado y un bastón gracioso de madera. Quizás este mínino no le agraciara el morado, en su lugar sería el verde y así resaltar sus enormes ojos saltones, dejándole tener su corbata negra sin saco, no, es un felino e ir tan formal y mas a una fiesta de disfraces seria demaciado, por ello, su pantalón y bastón del mismo debían de combinar. Si, el negro es el color de los gatos traviesos. Marinette al ver su creación casi lista sonrio satisfecha, era como estar liberando un peso fuera de ella, algo tan escondido que le tenia miedo.
— Excelente elección, mi lady. — esa voz le hizo soltar un respingo, por un minuto pensó que su dibujo cobro vida y le dijo eso. Pero no, se trataba llanamente de Luka. — El verde sin duda es su color, por lo de sus ojos y ese tipo de cosas, lo de combinarse ¿Cierto? Tu novio se vera bien en él.
Marinette giro visiblemente confundida ante el comentario de Luka, porque… ¡Demonios! En lo mas minimo penso en Adrien mientras lo creaba, sino en un persona inventado directo de su imaginación atrofiada, claro, combinado con el gato de un cuento de hadas. El muchacho percibiendo la incomodidad de la azabache, parpadeo varias veces considerando si metió la pata, pues eso hizo ¿no?
— Espera, pequeña señorita. — alzo su mano en señal de alto, comprendiendo mas o menos la situación. — ¿No es Adrien el que dibujaste?
— ¿Eh? No… ¡Digo! Si… si… es… obviamente que lo es. — río incomoda de su propio disparate, viéndose contra la pared ante la escrutinea mirada del chico. Mejor alguien viniera a cortarle la lengua y listo. ¡Asunto resuleto! — ¿Quien mas sino?
— Lady, puedo aparentar ser tonto pero no lo soy. — repuso serio el muchacho, en realidad, por primera vez en mucho tiempo lo era. — Claramente estas escondiendo algo, tu comportamiento a cien millas lo dice. Asi que, admitelo. El que dibujaste ¿No es tu novio?
Ah… se acabo, pensó la azabache pasando su mano por su frente como si nuevamente tuviese jaqueca, Luka la descubrió con las manos en la… esperen, que estuviese dibujando algo inexistente no la hacia mala o falsa. De hecho, el hermano de Juleka era un genio, se ahorraría en decirle eso o su ego se elevaría a los cielos. Porque mirandolo bajo la perspectiva del mayor, el chico gato tenia cierto parecido a Adrien, tal vez dibujo su mejor creación y ni lo sabia.
Por eso, un aplauso mental para Luka y su suelta lengua.
— Tienes razón, no lo es. — dijo como si nada, reponiendo el control sobre su mente y cuerpo. Al chico le sorprendió el rápido cambio de comportamiento de la chiquilla, pero se contuvo de decir algo, solo se limito a mirarla dibujar los detalles del diseño. — lo he inventado inspirandome en una obra que vi de pequeña basada en Alicia en el Pais de las Maravillas, puedes mas o menos entender donde, ya sabes, el gato parlanchin.
— Si, comienzo a notar las similitudes. — dijo pensativo, evidenciando lo mencionado por Marinette estando en lo correpto, eran los conceptos de ese cuento para niños. — Aunque sigo pensando que se parece a tu novio, quizás en la contextura de su cuerpo o los ojos verdes. Mi lady, de ser este el boceto que utilizaras en el concurso… ya has ganado. Es fantástico.
— Gracias. — respondió sonriendole con sinceridad, halagada ante sus palabras. — No creo que sea para tanto, pero en verdad agradezco tu opinión Luka. Pensandolo bien, cuando no eres engreido o petulante, aparentas ser un chico agradable.
— Oh, eso hiere un poco mis sentimientos mi pequeña señorita. — dice llevándose su mano al pecho fingiendo dolor, la azabache rodea los ojos volviendo a centrarse en dibujar en su libreta. — siempre soy agradable, amable, caballero y accesible a las pequeñas damas hermosas como tu.
Listo, se acabo la tranquiladad entre ambos pensó la azabache, comprendio que con Luka no se podría bajar la guardia. De lo contrario, saldría con una de las suyas.
— ¿Ya conseguiste tu boleto a la Vitoria? — una voz nueva interrumpió en lugar, que al alzar los ojos Marinette encontró los de su mejor amiga Alya junto a Nino. — ¡Oh chica! Esta genial, muy genial, aunque… no creí que fueses partidiara de los cuentos de hadas se ve bien.
— Adrien va a quedar mudo cuando lo vea. — confeso anodadado Nino al observar el boceto. — siempre ha admirado tu capacidad de diseño, desde mucho antes de ustedes salir lo decía.
— Si, si. — rodeo los ojos con fastidio Luka, teniendo unas repentinas ganas de vomitar al ver un momento con edulcorantes y miel, mucha miel. — ¿Quien podría olvidarlo de todas maneras? Empalagaba a cualquier con eso.
Marinette puso una cara de incredulidad ante el comentario de Luka, porque no es a primera vez en verse reacio ante los movimientos amorosos de otras personas, siempre se muestra coqueto con las féminas pero la realidad es otra cosa. Es alérgico a las demostraciones de cariño.
— Dices eso porque no tienes a nadie que decirles cosas bonitas. — le señalo acusadora Alya, haciendo de Luka rodear los ojos y fijarlos en otra parte, una muy lejos de aquí. — sino, ya te veríamos del mismo modo o peor a Adrien. ¿No crees?
— En lo absoluto. — giro sonriendo socarronamente, tomando la mano de Marinette y sacando a todos de sintonía. ¿Qué ocurría ahora? — Mientras tenga a mi dulce señorita es innecesario ese tipo de actos, ella sabe que mi cariño es sincero y sin miel por delante.
— Muy gracioso campeón. — lo sujeto de la nariz Alya haciéndolo retroceder, en cambio la azabache miraba asombrada de ser atacada sin aviso previo, como decía, dormirse frente a Luka es un error completo. — pero esta señorita, ya tiene a su caballero de armadura pulida, mejor busca a la tuya.
— Las personas pueden cambiar de opinión. — guiño el ojo a su dirección coqueto, haciendo reír incredula a Marinette.
— Viejo, hacer cambiar de opinión a Marinette luego de luchar para conseguir a Adrien… — movió su cabeza hacia los lados en señal de negativa, Luka apreto los puños con disimulo en los demás. Eso le enojaba. — es bastante imposible de suceder. Y no lo digo por ser su mejor amigo, las estadísticas hablan por si solas.
— ¿Es un reto? — propuso con astucia, es mas, su sonrisa muy parecida al del chico en sus visiones haciéndola pensar. ¿Luka podría ser ese chico? No, no, ya lo había dicho, el chico gato es rubio no pelinegro. — porque me encantan los retos y el ganarlos… es un asunto de niños.
— Ya te quiero ver intentandolo. — intervino sorpresivamente Marinette, cayendo sobre ella los ojos de los presentes.
— Sera todo un placer, mi lady. — hizo una ligera reverencia al pararse del banco, dirigiéndose a Marinette aun teniendo esa aura burlesca. 
Dicho esto dio la vuelta retirándose del lugar, para lo que quedaban como Alya, no podía frenar de decir sus pensamientos sobre ese engreido chico con desbordante confianza en si mismo. Es decir, nadie tenía las agallas suficientes para declarar una batalla a otra, que como no lo notan, estan ausente. Es fastidioso, engreido, petulante y… y… difícil de digerirlo. Nino en un intento apresurado de calmar a su novia, coloco sus manos sobre los de ella sugiriendole que se calmaran y pensara las cosas con calma, los actos de Luka era evidentes: tener la atención de todos sobre él, cosa en estar lograndolo. La mejor opción era ignorarlo, asi ya se terminaría cansando. Sino mirara a Marinette, permanecia como si nada hubiese ocurrido dibujando tranquilamente en su libreta, dando a entender importarle menos los retos tontos de Luka.
— No te equivocas Nino. — desvío en un segundo la vista del cuaderno sonriendo. — realmente me importa poco los retos de Luka, suele hacerlos a menudo y terminan en el mismo sitio. De lleno en el fracaso.
— Claro, como olvidar que estas rendida a los pies de Adrien. — rodeo los ojos Alya riendose de su descuido, sacarle de la cabeza al rubio a su amiga es un acto imposible de suceder. — tanto como para utilizarlo de modelo para tus bocetos, si eso no es amor, amiga, no se que nombre ponerle.
Marinette río fingiendo estar divertida con esa ocurrencia, porque aunque en verdad quería demaciado a Adrien, esta ocasión no patrocinó la fila en su inspiración sino un chico que ni siquiera existía. Haciéndola sentir inquietaba y rara, de alguna manera comenzó a pensar que el creer olvidarsele algo se relacionaba con el chico gato, aunque del mismo modo, ser un disparate mas de los suyos. Que no sería el primero, lo da por hecho.
Para el almuerzo Adrien arriba por fin la escuela, se despide ocasionalmente de la asistente personal de su padre junto a su chofer, mas tarde se ofreció a recogerlo su madre para cumplir la promesa de su novia al respecto de comer con ellos. El rubio al comienzo abre sus ojos con impresión, pero luego le resta importancia al asunto, tratar de escapar de su mamá es un acto inútil, mas si se trata de ella deseando pasar tiempo con la chica que le gusta. Por lo tanto, suelta un suspiro pesado cerrando la puerta del coche y caminando a la entrada del resinto, su espalda va encorbada, su mirada baja y su respiración pausada. Es que no puede evitarlo, aquella cesión lo ha dejado al borde del colapso y no solo debe obviarlo, igualmente falta asistir a clases como de costumbre. Y… no puede negarlo, existe otra cosa, una en mantenerlo cabisbajo y sin energía. La desaparición parcial de la voz junto a memorias sin explicación. Solo calmemos las aguas un momento. ¿Desde cuando conoce a una chica con disfraz de catarina? ¿Desde cuando el mismo utiliza antifaz negro y posee ojos de gato chillón? ¡Oh! ¡Por supuesto! Sin olvidar tener la capacidad igual a un gato de saltar por los tejados de Paris a cuatro patas, es que es la nueva moda del año, no, del siglo entero. Tener complejo de gato vagabundo.
Bien, bien. Mejor y respira, aspira, vuelve a tomar aire y nuevamente repite toda la acción. Que tenga esas memorias no significa haberlas hecho, simplemente su cabeza se encuentra descolocada, cansada tal vez de todo el estrés del nuevo evento de modas y sumandole a eso el asunto con Marinette. Hablando de ella, le aseguro esta mañana encontrarse mejor pero le sigue inquietando su estado, porque es la primera vez en verla tan mal. Ella realmente se veía agotada, exahusta seria mejor llamarla, esas ojeras bajos sus ojos lo decían todo. Comenzandole a martillar el corazón inquieto, aceleró sus pasos hacia el salón ubicado en la planta superior, toda la escuela se encontraba decierta y era predecible, el cuerpo estudiantil debía de estar en clases y los profesores empartiendolas. Adrien no se preocupa por llegar tarde, el asistente de su padre ya se ha encargado de avisar su ausencia y desocuparse un poco tarde, así de interrumpir la clases no sería regañado. Aunque lo cortes no quita lo valiente. Estando frente a a puerta dio dos ligeros golpes, seguidamente de esperar ser invitado a pasar, entró.
Al parecer todo el mundo estaba en lo suyo, la profesora se hallaba en la mesa ocupándose de algunas cosas por lo que no le presto mucha atención, simplemente le brindo una sonrisa calmada sugiriendole tomar asiento, ella ya estaba al tanto de todo. Asintiendo el rubio da una rápida vista a todo el salón, en verdad se encuentran sumidos en sus asuntos, aunque claro no falta quienes si estan pendientes lo de los demás, un ejemplo Chloe, quien no desaprovecha la oportunidad de saludarlo haciendole ojitos y mandandole un beso con corazoncitos incluidos. Adrien suelta un respingo incomodo devolviendole el saludo, en comportamiento osado de la rubia le coloca los pelos de punta incomodandolo, no es que le desagrade ella, en realidad fue su primer amiga y ha estado allí en algunas ocasiones. No obstante, prevee exactamente ese malvado lado suya al fastidiar a las personas, dando por consiguiente, decirle cuando esta equivocada. Chloe muy en el fondo no es mala, eso si, muy, muy, muy en el fondo, solamente es que ella aun no lo sabe. Pasando eso de lado, el rubio se percata que su novia en ningún momento se a girado a verlo, se mantiene tan sumergida en lo que parece ser un cuaderno… ¡Claro! Es su libreta de bocetos, aunque le resulta extraño, la azabache suele dibujar en lugares libres no en cerrados, ella misma le aseguro cuando le relato donde encontraba su inspiración. Bueno, hoy esta sucediendo cosas inusuales.
Alya viendo el panorama de estos par de atolondrados, asoma en sus labios una sonrisa conspiranoica y entendiendo ser la sobrante en el cuadro, le guiña un ojo hacia Adrien recogiendo sus cosas para sentarse junto su amigo Nino, quien desviando la mirada de su tableta capta rápido la atmósfera deseandole suerte. Perfecto, resuena en la mente avergonzada de Adrien, descubierto por sus amigos antes de cualquier persona. Tampoco piensa en dasaprovechar la oportunidad, en todo el día ha esperado por este momento, donde ve a su dulce señorita y despista los pensamientos sobre cierto joven pelinegro de dudosa intenciones. No, el rubio no pretende nombrarlo, ni mucho menos manchara este buen momento con solo pensarlo. En su lugar, disfrutara del presente junto a su chica.
— Hola, hermosa princesa. — le dice en voz baja al tomar asiento a su lado, logrando llamar la atención de ella quien al escucharlo suelta un respingo de la impresión, girando en su dirección de inmediato sorprendida. — creo que ser ignorado por ti desde que llegue ha dolido un poco, incluso Alya se percató antes que tu.
— Adrien, pero… ¿cuand…? — se sonrojo llevando sus manos a su rostro ocultando una sonrisa risueña, sin duda estaba feliz de verlo este día, algo loco, pero que se convertía en algo extraordinario. — me alegra tanto que ya estes aquí, siento mucho no haber dado cuenta. Es que solo… solo… — bajo la mirada cohibida, seguido de sonreir tomando entre sus manos su libreta de bocetos ofreciendolo. — me llego algo de inspiración y… ya sabes mas o menos como funciona esto. No puedo dejarla escapar.
Adrien sujeto lo que le ofrecía la dulce niña en silencio, fascinado ante el grado de entrega ante lo que le gusta, algo preocupado por imaginar el quizás obviar descansar y volver a trasnocharse, a la par de asombrado de que Marinette ya logro tener su boleto ganador. Sin mas, le dio un vistazo a lo que seria, a su parecer, el disfraz de un chico gato. Quedo mudo, no, quedó de piedra. ¿Era demaciado para ser conciendencia? No, en lo absoluto, porque frente de sus narices se encontraba trazado lo que en sus mente atrofiada, lo proyectaba a él como un gato vagabundo que saltaba de techo en techo, aunque, de alga manera, diferente. En su imaginación se veía en un traje de cuero pegado al cuerpo, tanto como para ser su segunda piel, mientras que el diseño de Marinette se mostraba de un traje un tanto informal pero con chaleco y antifaz, ese antifaz negro donde sus orbes verdes resaltaban mas. Maldición, este asunto le estaba volviendo loco, lentamente loco. Tampoco podía hacerle un desprecio a Marinette, ella se esforzó tanto en crear un disfraz para él para ese dichoso concurso, que a su vez, la llevaría a ganarlo. No lo dudaba, al pesar de estar algo anodadado, es increíble, la creación de la azabache es demaciado increíble.
— Me quede sin ningún argumento posible. — sonrio con cariño entregándole el cuaderno, ella obviamente se sonrojo ante lo que parecía ser un halago. — no me cansare de decir lo maravillosa que eres Marinette, creo… creo ser muy afortunado en tenerte a mi lado porque, bueno, solo mirame. Simplemente soy un chico ordinario, no existe nada extraordinario en mi.
— Pues te equivocas. — aprovecho para agarrar sus manos en un suave apretón, donde las miradas de ambos se conectaron dando paso a una atmósfera suave y calida. — porque mi novio es el chico mas caballeroso, amable, comprensivo, grandioso, increíble… ¿No lo ves? Las cualidades en ti no terminan ni lo harán. Porque, es evidente, la afortunada aquí soy yo.
Ah… rayos, tratar de ganarle a Marinette es imposible, menos cuando dice todas esas cosas de él que hasta hora desconocía. Esta con la chica correcta, no se equivoco en lo mas mínimo, la azabache es la muchacha de los sueños de cualquier chico. Amable, generosa, tierna… y como ella dijo, sus atributos no desaparecen porque son igual al universo, infinitos.
— Mari — cubrió su rostro totalmente avergonzado, medio escuchando las risitas bajas de ella. — no sabes cuanto me gustaría al menos darte un abrazo, pero no puedo, al menos, no en medio de la clase. ¿Puedes parar de decir esas cosas bonitas de mi? Causan efecto secundarios.
— Bendito sean entonces esos efectos secundarios. — dijo ella desviando la mirada al otro lado, pero ocultando bajo la mesa su acción.
— Si.
Mientras todos seguían trabajando en lo que parecía ser composiciones, Marinette por primera vez en su vida dejaba su timidez de lado para buscar la mano del chico que le gusta bajo la mesa, sujetandola y apretandola ligeramente. Este sonrojandose un poco al comienzo no entiende el arrebato de la azabache, pero finalmente sonriendo cómplice de esta dulce travesura, entrelaza sus dedos extendiendo finalmente ese calorcito por todo su cuerpo, donde efectivamente se trataba de amor. Nada mas.
Mas tarde, ese mismo día, Adrien y Marinette eran recogidos por la mamá del primero en una evidente acción a lo acordado el día anterior. La azabache al ver a la rubia mujer con su auto, se le bajo la presión de golpe tiñendo su piel de palidez, aun no se preparaba psicológicamente para esto. Es decir, obviamente la conoció ayer pero el nerviosismo de ir a comer en la mansión Agreste no se iba, tomando en cuenta estar igualmente el padre de su novio, aumentaba mas las expectativas. El viaje en auto fue ameno, estuvieron conversando lo ocurrido en clases aprovechando de mensionarle a Adrien las cosas en perderse, su madre relataba emocionada lo grandioso que estuvo en la cesión de fotos. La azabache no podía negarlo, conociendo como es de profesional su hermoso ojos verdes, seguramente estuvo de infarto en esas fotos. La señora Agreste soltó una risita divertida de las ocurrencias de la niña, se percibía hasta en los poros que ella estaba enamoradisima de su hijo y esté le devolvía el sentimiento con la misma intensidad. El amor juvenil estan hermoso, viendo a este par le recuerda un poco su época de estudiante y como Gabriel Agreste, en su reacio carácter, fijaba sus ojos en ella de forma disimulada, porque es claro ante su manera de ser, para así enamorarse.
Llegaron a su destino bajando del auto, quienes los recibió fue el asistente de Gabriel, Nathalie, avisandole que mandaría a preparar la comida para cuatro. La mujer antes de ver como la otra se retiraba, preguntó el paradero de su esposo, él estaba en una reunión pero no se tardaría mucho. Mientras esperaban, la rubia mando a los jóvenes a ir descansar un poco en la habitación de Adrien, con todo este día tan agetreado seguramente estaba exhaustos, ya les mandaría unos bocadillos de intermedio y cuando su esposo se desocupara, comerían todos. Asintiendo al mandato, los jóvenes se encogieron de hombros subiendo las escaleras. Bajo la perspectiva de Marinette, el estar en la habitación de Adrien era un sueño, aunque aparentemente ella ya ha estado en este sitio, no paraba de sorprenderse de lo amplia y grande de ser. Es la atípica recámara de un muchacho, porque ellos son considerados desordenados y sucios, en cambio Adrien mantenía todo en su sitio sin dejar una mala impresión, agregándole un exquisito olor a limón y desinfectante en el aire que tranquilizaba de alguna manera su alma. Tomo asiento en el sofa frente a la TV al igual a dejar sus cosas sobre este, Adrien parecía estar ocupado arreglando algo dejándola de alguna forma inquieta, porque… ¡Hola! Se encuentra a solas con el rubio en su alcoba ¡Alcoba! Y nadie parecía contrariado por ello. Del mismo modo, Marinette tenía memorias borrosas de ella misma en este sitio viendo películas, dibujando bocetos o jugando escandalosamente como ella solo puede hacerlo. Sin embargo, la chica sentía un vacio hacia esto, recordaba hacer todas esas cosas pero no la sensación de hacerlas. ¿Qué pasaba con ella?
Unos toques a la puerta la devolvieron a la vida, eran los bocadillos que menciono la señora Agreste, los cuales tenían buena pinta y la verdad la chica no le vendría mal probar unos.
— Estan deliciosos. — corrobo Marinette llevándose uno a la boca, su novio igualmente la imito. Ella tenía razón, estaban muy buenos.
— Si. — asintió el muchacho sonriendo a gusto, igual a un niño pequeño. — cuando estaba pequeño y me sentía mal, mamá solia prepararlos para mi ella misma. Horita obviamente han cambiado mucho las cosas, mis padres son amorosos conmigo y estan siempre cuando los necesito, pero… algunas veces me gustaría verlos tomar algún descanso. No todo es trabajo.
— Te entiendo. — murmuro la chica cabisbaja, recordando las veces de ver a sus padres trabajando duro en la panadería sin descanso. — De hecho, lo comprendo demaciado bien. Sin embargo, queriendo igualmente ver a los mios tomarse un descanso se viene a mi mente la sonrisa de cada persona satisfecha con las delicias de la panadería, de la misma manera, la que hace mi padre cuando las crea. ¿Lo entiendes? — gira a su dirección topandose de lleno con esos encantadores ojos verdes de la suerte, porque en su perspectiva, desde encontrarlos solo ha visto dicha en su vida. — Por mucho estar cansados aveces y demostrarlo, nuestros padres son felices con lo que hacen. ¿O en algún momento han manifestado enojo? ¿Fastidio? Porque lo dudo mucho, menos viniendo del señor Agreste o tu mamá. ¿Estoy en lo correcto?
— Nadie pudo haberlo dicho mejor. — dijo sosteniendo inmediatamente las dos manos de Marinette entre las suyas, ella se sonroja furiosamente y entre sus oidos resuena el circular de su sangre rápidamente, bombeando hacia el corazón que corre desbocado y sin descanso. — Tus sentidos agudos para observar y detallar a las personas me dejan impresionados, no solo eso, eres lo suficiente sensible para comprenderlos. Es por esa y muchas razones mas que pienso en ti en una persona maravillosa, increíble y muy, muy, muy valiosa. — en un movimiento totalmente alusinante, al menos en vista de la azabache, el de los ojos verdes lleva las manos de ella hacia sus labios dándole un suave beso y encendiendo todo su rostro como árbolito de navidad. Ahora, si… ¡Si estaba muerta! ¡Bien muerta! — Ah… Marinette ¿Qué has hecho conmigo? Tu, tu… Mmm… en verdad me tienes en tus pies, de hecho, mi mundo se encuentra de cabeza por ti.
Oh, dios, mio. ¡Santo infierno ardiente! ¿Acaso eso no es la confesión mas dulce del mundo? Que Adrien le diga todo esto mientras besa el dorso de su mano es demaciado, al menos para su pobre corazón que ha salido corriendo desde hace un rato fuera de su cuerpo, seguramente de la felicidad se encuentra saltando y bailando algún tipo de danza de la victoria. Pero en conclusión, Marinette esta viviendo un sueño, uno que realmente no desea despertar. Él no es él único en tener su mundo de cabeza, porque desde enamorarse perdidamente de este muchacho encantador e inremediablemente atractivo, todo dejo de ser coherente o monótono. La tierra empezó a dar un giro contrario hacia una dirección, la suya y lo bueno de todo es ser correspondida con intereses.
— Considero empate. — comento con una sorpresiva calma, bueno al menos exterior, porque dentro suyo… era otra cosa. — Desde el inicio de todo esto lo considere complicado, es decir, tu eras mi amigo y yo… yo… era un desastre completo. Aún sigo siendolo, pero tener a alguien a mi lado quien me ayude a impulsarme, a ser mejor en lo que tengo habilidades es… reconfortante. Por mi parte tu eres el grandioso Adrien, todo tu es grandioso y… la afortunada aquí he sido yo.
— ¿Sabes que nunca nos pondremos de acuerdo cual de ambos es el grandioso en realidad? — recalcó con ironía riendose de la ocurrencia, aprovechando para acortar las distancia y sujetar con una mano su rostro. — somos huesos duros de roer, al menos, eso si es seguro.
— Que exista algo en lo cual diferimos el uno del otro es emocionante. — contesto ella siguiendole el juego, pero muy abrumada de la cercanía de sus rostros. Casi, casi sentía el aliento fresco de él en su cara. — De lo contrario sería muy aburrido tener un si de ti en todo.
— Seguramente.
Entonces la chica por mero instinto de su cuerpo cerro los ojos, teniendo finalmente los labios de su amado sobre los suyos en un muy suave y tierno beso. Sinceramente ella dejo de respirar o sentir, simplemente vacío su cabeza completamente albergando un único sentimiento, la dulzura y delicadeza de encontrarse de esa forma con Adrien los dos solos, en su habitación teniendola como la máxima cómplice de ese pequeño secreto. Donde el querer era el exponente preponderante. En su memoria no vinieron besos anteriores, solo una fuerte vestisca refrescante similar a estar en un parque rodeado de árboles, gente conversando amenamente, el sonido de un fuente de agua y los gorriones aleteando sus alas en un intento de limpiar sus plumas, luego se encontraban ellos juntos, muy juntos en esta misma posición salvo una cosa: el peso en su pecho. En esa imagen, Marinette creía salvar a su amado de algo sumamente peligroso siendo la única solución besarlo, tal cual a los cuentos de hadas al romper un hechizo. El afamado “Beso de la princesa”. Teniendo en sus manos el rostro de él, siendo suave, curioso al ser un chico, pero a la vez calido y al tenerlo en contacto con su piel ardía un poco, no llevándolo al dolor sino a esos retorcijones en su estomago. Bravo, porque con ello la llevaba igual a una niña que no conoce del amor, aunque, siendo sincero, Adrien era hasta los momentos su primer amor y esperaba que el último.
Separaron sutilmente sus caras, mirandose medio atontados de lo ocurrido reciente, quien bajo la perspectiva del muchacho fue tan increíble que estaría dispuesto hacerlo nuevamente. Del mismo modo, conocía muy bien los limites de toda relación, prematuramente a su estilo, pero el abusar de la libertad de este sublime noviazgo es una opción infranqueable. Todo a su paso. Al menos si puede hacer algo. Asi que dibujando una sonrisa cohibida, sostuvo con delicadeza la parte frontal de la cabeza de la azabache y apartando el flequillo de ella le regalo un beso, mas parecido a una caricia, pero beso finalmente. Seguidamente, le da un toque juguetón en la nariz provocando una risita nerviosa en ella, la cual Adrien la considera tan tierna y hermosa. En general, ella es hermosa.
— ¿Qué te parece jugar un videojuego? — suspira encantado, tan enamorado de su dulce chica y mejor levantarse del asiento junto a ella, para ocupar su mente en otra cosa. De lo contrario, llenara toda su habitación de miel y terminaran sufriendo de diabetes. — Creo haber conseguido uno bueno para jugar ambos, luego de todo, las mechas son lo nuestro. ¿Cierto mi princesa?
— Obvio. — contesto complacida. — mi especialidad es los combos, lo tuyo, las armas.
— Puede que consideres el tener diferencias emocionante pero. — hablaba en tanto buscaba el dichoso juego y dándole ciertas miradas a la azabache. — yo amo cuando estamos acuerdo en algo, princesa.
Marinette le agradaba mucho el ser llamada con motes cariñosos por Adrien, era tan diferentes a cuando lo hacia Luka, siendo al ridículo compararlos cuando claramente en su vida tienen estatus diferentes. Aun así, Marinette tenia esa inquietante sensación en el cuerpo cuando le decía mi lady pequeña señorita, era algo nuevo y a la vez conocido. Parecido a los llamados deja-vu de los que hablan la gente, las vibras de anteriormente vivir algo pero claramente no recordarlo, de ese modo desde ayer se sentía la ojos azules y ciertamente la inquietaba. Adrien volvió con un control y el juego, asi que desecho los pensamientos confusos de su mente para darle toda la atención a su novio, quien es guapo, encantador, generoso, amable, caballeroso, un buen besador… ¡Aguarden! ¡Aguarden! Ella no pudo decir algo así, eso… eso… ¡La convierte en una atrevida! Menos mal y el rubio aun sigue en colocar el juego a funcionar, si girara y encontrara su cara hecha un poema, le haría muchas preguntas y… y…
Vamos, Marinette, respira.
Si.
Respira.
Respira…
¡Demonios! Demaciado tarde, Adrien la mira con perspicacia seguramente tratando de entrar en sus pensamientos y descubrir que le sucede, pero esperen, este simplemente le sonrie muy despreocupadamente tomando asiento a su lado y preguntándole cual opción del juego le gustaría intentar. Ella suelta un suspiro disimuladamente, casi riendose de su propia estupidez, el rubio es despistado por excelencia, si fuese por él jamas antes hubiera descubierto sus sentimientos. En lugar de ojos, Adrien posee dos paredes de cemento obstaculizando la vista, al punto de no creer en sus propias capacidades de atraer la población femenina de su escuela. Por los momentos, sera mejor jugar y hacer que su atolondrado novio, muerda el polvo.
Se la pasaron unas cuantas horas jugando y comiendo bocadillos tranquilamente, Adrien no paraba de decirle a Marinette lo muy bueno de darsele lo de los videojuegos, recalcando con algo de arrogancia el nacer el uno para el otro. Eso, en lo mas sensato del mundo en vista de ella, le dio mas años de vida a su amor a la par de esponjarla igual a un pavo real. Del mismo modo, tocaron el tema de lo ocurrido la noche anterior, por mucho tener vergüenza al principio Marinette de relatarle las razones de su trasnocho y el abstenerse a dormir, termino diciéndolas todas porque comprendia que la base de toda relación es la confianza, y sobra decirlo, pero ella tiene mucho de esta en su novio. El cual asombrado de la confesión de la azabache se sonrojo, porque una vez mas, le daba la perspectiva de si mismo tan sensacional que olvidaba por completo la realidad de una cosa, el es humano. Quizás sea generoso, amable con sus semejantes, incluso con quienes no se lo merecen (Chlóe) pero tambien tiene un lado egoísta y sobreprotector dándose a conocer en un gran ejemplo… Luka. Adrien lucha constantemente cuando el tema de conversación es el chico, aunque Marinette lo dice sin emoción alguna o casualmente, le choca solenmente que aproveche esos lapsos de tiempo donde no puede estar a su lado para atacar. En general, ríe irónicamente en su interior, sin sonar arrogante o pretencioso Marinette jamas le va a dar la mas mínima atención amorosa, menos teniendolo a él como novio. Solamente le puede ofrecer su amistad, una muy sincera porque estamos hablando de SU chica, ella desborda amabilidad por todas partes. Dando un fuerte golpe a lo que él en su interior es.
Ya todos lo sabemos, Adrien. Lo de la cara de chico ángel que nunca se enoja o equivoca, siendo la realidad otra. ¿No? Destestas a ese chiquillo.
No es precisamente detestarlo, todo se reduce a quererlo muy lejos de Marinette, tanto que ni observala pueda. ¡Demonios! Eso suena realmente celoso y peligroso, quizás si este considerando no agradarle nada. Nuevamente esa voz estilo “pepe grillo” ha sacado una de sus debilidades, que molesto.
¿No vas a ignorarme mas? ¡Oh vaya! Eso es una sorprrruesa amigo mio, agregándole un paso adelante.
¡Oh vamos! ¿Ahora los chistes de gatos son la moda del día? Porque estar relacionado con los felinos en todos los puntos de su vida le ha comenzado a fastidiarle, tampoco es que pueda huir de ellos y mucho menos de esa voz fastidiosa. Llego a la conclusión que ignorarlo ha sido una perdida de tiempo, sumandole que de no contestarle seguiría hablandole de todas las formas posibles, siguiendole la corriente venia los lapsos de guardar silencio y dejarlo en paz. Si, es una excelente opción.
Pero es insuficiente, con hablarme no soluciaremos este problema. Tu debes recordar de donde vienes y quien eres.
Mas palabras sin sentido, él sabia perfectamente quien era y de donde viene, no existe ningún tipo de perdida de memoria temporal o algo parecido. Salvo algo, una presión en su pecho igual a las cosquillas demostrandole que efectivamente algo faltaba, lamentablemente no sabia y odiaba que una parte inrasional de su mente le diera algo de razón a la voz fastidiosa. En quizás, solo quizás algo muy raro ocurría con él y las respuestas se hallaban en seguirle sus consejos.
¡Claro que te falta algo! ¡Tus memorias! Adrien, debes hacerlo, tu puedes, lo se, porque nunca te rindes y…
El sonido de estar tocando su puerta le despista de la voz, al desviar su vista en esa dirección se topa con su madre y padre entrando muy detrás suyo como si fuera un niño regañado, le da un poco de gracia verlo de ese modo porque aunque sea de un caracter bastante fuerte, quien se lleva la última palabras es su mamá. Adrien deduce que el punto devil de su papá es ella, a la par del fuerte, muy parecido a lo que tiene con Marinette. Si algo ha aprendido de las tantas pláticas con su mamá, seguido de los libros recomendados por ella es el de las personas enamorandose una sola vez en la vida, abarcando a las otras ocasiones como intentos de olvidar a esa persona importante en su vida. Por lo tanto, Adrien sabe y siente preporderantemente que Marinette es la indicada en todos los sentidos, le importa poco el ser joven y ser visto por las personas como alguien inmaduro para saber del amor, pero del mismo modo sostiene que ese sentimiento no tiene edad y para comprenderlo solo debes tener un corazón para amar.
— ¿Jugando chicos? — la primera en romper el silencio es la rubia con un sutil tono de voz, que tranquiliza a cualquier persona, todas menos a cierta azabache.
Marinette al ver junto al matrimonio Agreste se le congela todos los nervios del cuerpo, seguido de un frío en el estomago y espalda, no puede pensar con razocineo, menos concordancia simplemente ronda en sus retinas que los padres de su novio estan frente de ella juntos, juntos en todo el sentido de la palabra. ¡Madre de los cielos! ¿En verdad se encuentra presentable? ¿No da una mala impresión? ¡¿No lo da?! Esperen, esperen, esperen un segundo. Ella antes ha estado con el señor Agreste sin su esposa alrededor, puede tomarse la libertad de decir que es interesante conversar con él sobre moda, siendo una gran fuente de confianza y seguridad en ese ambito. Al pesar de su forma de ser cerrada, es agradable y muy admirable, agregándole de una de las primeras personas de enterarse de su relación con su hijo, con lo cual, no discrepo. Por otro lado, la señora Agreste es como el sol en plena primavera, suave, sutil y dulce, puede tener cosas diferentes de su apariencia pero si le demuestras respeto y cariño a tus raíces, sumandole el tener sinceros sentimientos al tesoro de su vida, terminaras de ganarte su entera confianza.
Asi que… ¿Por qué tener miedo? Es cierto, la situación amerita seriedad y toda la altura posible, pero son personas con quienes trataran no con androides. Igualmente los conoce y son los encargados de darle la vida a la chico de sus sueños, hacer de quien es en el ahora y sinceramente, lo criaron de una forma excelente. De lo contrario, ni se hubiese molestado en mirarlo o algo.
— Hola papá, hola mamá. — los saludo despreocupado el rubio alzando su mano hacia ellos, por supuesto no sin antes pausar el videojuego.
— Parecen estar pasandosela muy bien. — dijo la señora admirando el panorama. — por cierto, cariño ¿Recuerdas a Marinette? La novia de nuestro Adrien, te dije que la invitaría a comer y aqui esta.
— Por supuesto. — suavizo la expresión de su rostro al punto de asustar a la azabache, porque en la vida se le imagino de esa forma, una muy dulce con su amada esposa. — ¿Como estas Marinette? Espero que esto no te tomase por sorpresa, la invitación de mi muy insistente mujer, me refiero.
— Señor Agreste, me encuentro muy bien muchas gracias por preguntar. — contesto primero con mucha cortesía, dibujando en el rostro de Adrien una expresión de satisfacción, ya que todo esta marchando sin problemas a su parecer. — En cuanto a la invitación de su esposa, lo considero muy amable de su parte, y permitame la imprudencia, dudo mucho que usted pueda decirle un no a ella.
— Es muy cierto. — sonrio de medio lado ante el comentario de la chica, era bastante precisión de la chica. — el “no” es algo que no se encuentra en su diccionario.
— Menos mal y ambos lo saben. — recalco alzando su mentón, provocando en su hijo un risita divertida. — Aunque no estamos aquí para hablar de mis buenos métodos de persuasión, sino venimos a proponerles algo.
— Eso suena a que lo vas a poner en practica cariño. — soltó sin mas su esposo en su usual tono desinteresado de voz, desviando la mirada a otro lado y ocultando la expresión de su rostro.
— Gabriel. — lo regaño o al menos lo intento, porque el brillo de sus ojos verdes dictaminaban diversión. — deja de colocarme en evidencia por favor.
— ¿De que se trata mamá? — intervino Adrien mirando raro el panorama, esto le daba algo de mala espina.
— Como ambos saben, actualmente en la ciudad se estan realizando exhibiciones de modas donde tu padre participa dando a conocer su últimas creaciones. — eso no era un secreto para nadie, Marinette hasta obtuvo un boleto para asistir a cualquier desfile, Adrien le invito en nombre de su padre y estaba encantada de ir. Pero… ¿A que venia esto? — Por lo que esta noche lo ha invitado un buen colega suyo a ir a una presentación, a la cual no puede negarse o perderá una amistad sincera y posible negociante impecable. Asi que, causal… muy casualmente tenemos entrada libre y… el poder llevar a la familia completa. ¿Qué dicen? ¿Se animan?
¿Esto era verdad? Es decir ¿En verdad le estaba ocurriendo? ¡¿A ella?! La estaban invitando a un desfiles de modas diferente al que poseia entrada, no solo eso, sino de quien provenía la invitación era del amor de su vida atreviendola a colacarla como una mas de su familia. ¡Oh diablos! Estos días le estan saliendo las cosas tan bien que dan miedo, porque aunque se presenten algunas complicaciones o cosas sin explicación, le da la sensación de estar viviendo un sueño hecho realidad que tiene miedo de despertar. Si. Miedo abrir los ojos y tener la abrumadora sensación de no tener el amor de Adrien, ni el afecto de sus padres o el apoyo de sus amigos. Aunque, pensandolo bien, se centrara en el presente y la creciente ganas de ir a ese desfile. Es una oportunidad, una en un millón y duda el volverse a presentar nuevamente por lo tanto, aceptara.
Oh, no, esperen, esperen.
¿Como va a ir a un evento sin estar vestida acorde para la ocasión?
Ah… quiere llorar.
— Si es por la ropa, no te preocupes. — guiño uno de sus ojos leyendole prácticamente su pensamiento. — ya lo tengo todo arreglado. ¿No lo recuedas? Mi esposo… es diseñador. Tengo que sacar ventaja de eso ¿no lo crees?
— Seguro. — río ante la ocurrencia de la señora Agreste, haciendo como si todo esto fuera un secreto entre ellas.
— Bien, supongo que no tienes diferencia alguna con la decisión Adrien. — se dirigio al chico que se encontraba muy callado ante lo expuesto.
— No puedo ir contra las palabras de unas hermosas damas como ustedes. — dramatizo una vez habiendo reaccionado, colocando una mano en su pecho e inclinándose ligeramente. Al igual que un caballero de época.
— Asi me gusta, mi dulce soldadito. — le revolvio los cabellos con dulzura su mamá.
Marinette se quedo un poco aturdida ante ese movimiento, no solo por visualizar una nueva faceta de su novio porque de alguna manera, su mente jugo un poco con ella reflejando en Adrien la imagen de aquel minino que patrocinó sus bocetos, de hecho, hasta le igualo el tono de voz ronco y juguetón en tener en sus alusinaciones llevándola a inquietarse. Se equivoco con creer en Luka siendo el gatito, es que desde el principio fue inrasional de todas maneras, porque al final de la contienda aparentemente se trataba de Adrien. Aunque seguía la duda, el rubio no seria tan osado como aquel mínino, menos proyectaría esa mirada tan desolada en su rostro casi llegando a lo nostálgica aun mas teniendo en cuenta al ver el cuadro de hace un momento, una familia reunida. Le daría algo de credito a su atrofiada mente, las sonrisas sinceras si eran las mismas.
— ¿Marinette? — fue llamada por la señora Agreste, haciendo sacudir su cabeza hacia los lados. — ¿Lista para una transformación estilo hada madrina de Cenicienta?
— Si.
Veinte minutos, desde que Adrien vio a Marinette sosteniendo la mano de su mamá ha ocurrido, veinte larguisimos y eternos minutos. ¿Y por qué tardan tanto? A él no le costo ponerse un usual traje de gala para ocasiones especiales, uno de los tantos que su padre ha diseñado para su uso, en diez minutos y estar mas que listo para partir. Muy por el contrario de las mujeres, podrían estar una hora completa haciendo sabe dios que cosa en pro de verse bien, en la humilde opinión del primogénito de los Agreste, su novia era increíblemente bella tal cual como era. Con sus rostro brillando en la inocencia y pureza del alma, ojos azul intenso grandes, hermosos, expectantes e increíblemente parecidos a dos gemas brillando con intensidad deslumbrante. Sin pasar por alto su cabello azabache, uno de los signos asiáticos en su dulce apariencia, dándole una sensación de ser una persona discreta llegando a lo místico. Al comienzo, cuando no se conocían mucho, simplemente estrechar sus manos en señal de saludo, él catalogo a la chica como una persona bastante curiosa y egnimatica. Con todo el mundo era abierto y jovial, todos excepto él. Muy por su lado, cada vez en toparse tartamudeaba o decía cosas sin sentido alguno, dejándolo bastante confundido y dolido. ¿Qué tenia él para excluirlo de los demás? Es decir, hasta con el fastidioso de Luka se portaba mas abierta, provocandole una cierta acidez en su estomago que llego tarde o temprano a su pecho. Sin saberlo, eran los tan afamados celos.
Odiaba admitirlo, pero quizás la voz de su cabeza si tenia razón, nunca estuvo ni remotamente interesado en simpatizar con el enemigo. Quizás esa falsa personalidad suya lo demostraba, pero la realidad era otra. Adrien no le agradaba Luka. ¿Pero por que mentirse a si mismo el hacerlo? Tal vez para demostrarle a los demás ser lo suficientemente maduro para conversar con el pretendiente de su novia sin formar alboroto, luego de todo, los chicos maduros y con toque de calma le agradan a todo el mundo. Por otro lado, el rubio sabia muy bien que no podía decir lo mismo de Luka al agradarle, mostraba expresiones lo suficiente predecibles para llamarlo hipócrita, solo por el bien de ser el mayor de ambos y demostrarle a Marinette poder ser racional, en pocas palabras, no discutir por tonterías. Lo suficientemente creciditos en dejar a decir a la chica quien es el mas conveniente para ella, siendo de sobra mencionar la respuesta de ello.
Tu alterego no le avergonzaria admitirlo, es mas, se lo recalca todos los días a tu “lady” ¿Acaso no puedes recordarlo?
“Lady” ¿Qué lady? Sonaba tan Luka al dirigirse a Marinette, que sinceramente, le provocaba nauseas incontralables. Rebajarse al nivel de ese sujeto le ponía de malas, de hacerlo en estas circunstancias es malo al tener que colocar la mejor de las caras a los conocidos de sus padres, de hecho, le da algo de nervios al tener a su princesa a su lado. ¡Eso! A Marinette le queda mejor el pronombre de princesa, con tal, ella lo representa, al menos, la de sus sueños.
Bien, bien, bien. ¡Dile princesa si asi lo prefieres! No me interesa, solo debes saber que todo lo vivido estos dos últimos días es un espejismo… ¡Es mentira!
Buen intento voz de duende, piensa Adrien bufando divertido ante la ocurrencia de su atrofiada mente, porque hasta los momentos estos días han sido lo mejor en ocurrirle en la vida. No se ha sentido solo, su mamá esta con ellos luego de ese viaje de negocios, su padre esta mas dócil y llegable, tiene la grandiosa novia de sus sueños… ¿Por qué tendría que ser mentira? No, la vida aunque no lo parezca, tiende a dar recompensa por tus buenas acciones. Adrien esta siendo efectivamente recompensado.
Los humanos son tan raros con lo de las “buenas acciones” tienen a rendir frutos. Pues mira bien Adrien, abre bien tus ojos y descubre por ti mismo que esto no se trata de eso. ¡Es otra cosa! ¡Apresurate y recuerdame!
Antes de seguir con el dialogo en su mente, la imagen de sus dos chicas favoritas en el mundo aparecen bajando las escaleras con toda la gracia y ligereza del mundo, dejándolo literalmente con la mandíbula pegada al suelo. Es cierto lo que menciono su mamá a la azabache antes de llevarsela, la transformo como si fuese el hada madrina de Cenicienta solo que esta, definitiva no desaparecerá a media noche dejado una zapatilla de cristal detrás suyo. Marinette había cambiado de peinado de dos coletas a una sola de lado, dejando a la vista unos hermosos pendientes de un cristal morado, inusuales a los negros que acostumbra a usar. El vestido color lila estilo medusa, uno de las grandes favoritos de las señoritas según una revista que alaba a su padre, le favorecía en todo los sentidos a la chica, que aunque sea la primera vez verla con ese color, le crea conveniente conveniente mencionar realzar su pálida piel semejante a la crema batida. En general, Marinette se ve increíble y Adrien se cree un total papanatas al ser el novio de semejante chica, ahora quien no se ve a la altura es él. Las ironías de la vida.
— La princesa ya esta lista para encontrarse con su príncipe. — hablo la rubia sonriendo en dirección a su hijo, quien estaba mudo de fascinación por su creación, enamorado hasta los huesos seria la descripción oficial. — Esta hermosa ¿no es asi?
— Si… — susurro complacido, caminando a pasos agigantados y extendiendo su brazo en dirección a ella. — sacada de un cuento de Disney y yo… estoy alucinando.
— ¿En…? ¿En verdad me veo bien? — sostuvo cohibida el brazo de su pareja mirandose de reojo, sonrojandosee ante la expresión de Adrien, en verdad esta sin palabras, totalmente cautivado. — Sigo pensando que le quedaría mejor a una modelo, esas que salen en las revistas.
— Tu eres mejor que esas modelos. — puntualizo el ojos verdes sosteniendo una de las manos de ella, dándole un beso en el dorso. — millones de veces mejor.
Ah… puede morir feliz, realmente puede hacerlo, mas tomando en cuenta la intensidad de la mirada del rubio recalcandole ser lo mejor en ver en su entera vida. Sigue siendo tan dulce, delicado y… ¡Rayos! Con lo nerviosa que estaba ni se percató de como estaba vestido él, guapo, elegante, sofisticado y presentable para el dichozo evento. Romperá muchos corazones por donde pasara.
— Adrien tiene razón, te ves hermosa. — rompió la atmósfera de enamorados la mujer, sintiendo algo mal por ello pero necesitaban irse. — y no dudes de ello. ¡Menos de las creaciones de Gabriel! Hoy, posiblemente estan los ojos sobre ti Mari, bueno, sobre los dos.
Ahora si estaba nerviosa, pensó la azabache al tanto de ver como el señor Agreste llega al encuentro de su esposa ya vestido para la ocasión, no dijo nada de verla vistiendo uno de sus diseños, tampoco esperaba algo, menos con semejante bomba misil sin lanzada sin las señales de emergencia. No le agradaba la idea de ser el centro de atención de desconocidos, menos de gente importante en el mundo de la moda de Paris, lo medito de acontecer debido a ser la novia del hijo de uno de los mejores diseñadores de la ciudad y el mundo. Sin embargo, tambien recae el ser modelo, las señoritas querrán arrancarle la piel o sacarle los ojos al desear estar en su lugar, y podría estar acostumbrada a los acosos ocasionados por Chloe, pero sumarle el de desconocidas seria demaciado. El aceptar esta oferta, no fue tan buena después de todo.
Antes de salir de la mansión, la mano estilosa y calida de Adrien encontró la suya en un suave apretón con olor a especias, muy parecida a la canela y el gengibre, ingredientes en agregarles a las famosas galletas en navidad. La cuestión es que no estan en esa época, pero al fascinar a los niños siendo inocentes, le trae a combinar su sentimiento a eso. La frescura del primer rocío de la mañana, la primavera de la vida con todos sus componentes y efectivamente, la inocencia lo patrocina. Adrien la mira en una clara señal de relajarse, de mandar todo sentimiento negativo fuera de ella, tampoco es que pretende dejarla sola porque en cada paso en dar él estará del mismo modo al ahora, sosteniendo firmemente su mano. Marinette le devuelve el gesto igual o con mas intensidad, agradece el poder contar con alguien en estos momentos, el sentir no estar de ninguna manera sola, porque negarlo seria absurdo, su ancla a la realidad es el rubio agrengandole de soporte. Si se encuentra a su lado declara poder superar cualquier obstáculo, el que se ponga al frente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario