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Unos años mas tarde…
No podía creer lo tarde que podría ser, aunque me levante muy temprano para preparar el desayuno parecía haber sido insuficiente, porque los minutos habían pasado magicamente volando. Bueno, al menos en la cocina podría realizar milagros, hoy al ser el primer día de escuela de “Tripita-kun” debía de preparar los alimentos mas deliciosos. Por eso, estaba Masamune muy bien acomodado en el mesón de la cocina, tomando un café a la par de sonreirme de medio lado ante mi lucha contra los panqueques. Este crío, podían haber pasado los miseros años pero seguía siendo el mismo, prepotente y arrogante, agregándole una cosa mas, complejo de hermano mayor.
— ¿Aun no se han despertado? — pregunto perspicasmente.
— ¿Quién? — respondí movimiendome alrededor de la cocina con agilidad.
— Tu esposo y “Tripita-kun” — dijo con su tono de ironía — ya es tarde, deberías al menos despertarlo a él.
— Una sugerencia excelente — puntualice terminando de hacer una copa de frutas a “Tripita-kun” — pero mi esposo llego tarde anoche al atender unas cosas de su trabajo, sería un delito privarlo de descansar.
— Bien, yo solo decía — alzo sus manos con rendición — Aunque Sasumika, estas exagerando con el desayuno. “Tripita-kun” no podrá comerse todo eso.
— ¿Acaso has leído sobre los niños? — inquiri alzando una ceja — ¿No cierto? Asi que abstente de comentarios innecesarios. Los niños necesitan todos los nutrientes capaces de hacerlos crecer, jamas le quitare de todo eso.
De pronto, las pisadas conjuntas de las dos personas mas importantes en mi vida retumbaron, sonreí ampliamente al entender que no tenia necesidad de ir a despertarlo, ellos lo hicieron solos. Las risas combinadas de “Tripita-kun” y su padre llenaron mis oídos, estaban pasandoselo aparentemente bien pues saltaban las escaleras, note como Masamune rodeaba los ojos con desgano al creerlo a él infantil, pero no podía parar esa ingenuidad latente en mi esposo. Porque desde conocerlo lo presente en el fue eso, su sonrisa brillante, una mueca de bodad y el espiritu de niño en cada cosa que hace. Sin duda, la mejor compañia de lejos desde mi llegada a Australia, sin él jamas había podido llegar hasta donde estoy, le debo mucho.
— Buenos días — anunció entrando a la cocina sonriendo ampliamente.
¿Y como lo conocí? Debía de retomar la memoria siete años atrás, cuando empecé a explorar Sydney.
Siete años antes…
Parecía increíble todos los lugares magníficos que podría visitar estando en Sydney, desde su espectacular puente hasta lo barrios menos concurridos de la ciudad, al estar viviendo en “The City” podía transladarme de un lugar a otro sin necesidad de subirme a un transporte, aunque no lo negaré, quería subir a uno de esos transbordos y admirar el puente de cerca, pero no he tenido el tiempo necesario. Solo habían transcurrido tres días desde mi llegada, los cuales aproveche para poder conocer un poco el sitio donde me desenvolveria, pero aun con eso avise mi presencia en la empresa de la familia y la eminente reunión con el gerente de esta, quien aparentemente se encuentra fuera de la ciudad. No importa, posponer nuestro encuentro no ocasionara nada pues de alguna manera me beneficia, quedandome tiempo para ser un poco de turista. Debido a ello, me vesti de la manera mas comoda posible, cogí una botella de agua y unos caramelos, saliendo a lo desconocido. Sidney se presta para explorarla con detenimiento, sus calles coloridas, el clima favorable daba paso hacer caminatas exahustivas. Hablando con Nagisa la otra noche, me recomendó ir al barrio “Las Rocas” y “Chinatown” para empezar como turistas, no me parecía mala idea salvo de pagar un taxi solamente para ir. Aunque empezaría con algo distinto “Newtown”, era un barrio a tres kilómetros al sur de la ciudad, sus calles son interesantes y las tiendas que los rodean curiosas, en ella me permití comprar un par de libros para leer en la tranquilidad de mi departamento. Seguido de ello, entre a un restaurante de comida tailandesa donde me atendieron a la mil maravillas, el cerdo que comí allí me asento bastante bien y “Tripita-kun” no se manifestó en lo absoluto. Siguiendo el recorrido, pase a “Chinatown” donde esta concentrada la máxima comunidad de chinos en Sídney, entre sus calles diferenciabas de inmediato la cantidad de asiáticos conviviendo, no podría decir que me sentía en casa, pero igualmente estaba comoda al ver la ambientación tan colorida como esa, de estar allí aproveche para llevar un poco de té verde y otros mas, siendo así sintiendo un poco mas de mi continente. Igualmente comí unos bocadillos de un puesto vendidos por una señora muy amable, con estos me permití disfrutar de un baile tradicional dándose en esos momentos en aquel sitio, el cual los colores rojos, blancos y verdes serperteaban en mis ojos. En ese ambiente tan festivo y alegre, decidí que vendría nuevamente pero en la próxima ocasión a comer en un restaurante. Siendo las tres de la tarde emprendí mi marcha a mi último lugar en la lista “Las Rocas”, siendo este el barrio mas antiguo de todo Sídney con edificios históricos pintorescos, pubs, tiendas turísticas muy artesalanales, galerías de arte y “Museo de Arte Comtemporaneo” el cual le di un vistazo, encontrandome piezas de artes bastante interesantes. Caminando entre sus calles note lo muy tranquilo que era, hasta podría decir ser un excelente lugar para vivir, aunque solo tuviera personas mayores alrededor y solo turistas recorriendo, no estaría tan mal. Al estar un poco fatigada, busque un café tranquilo donde pudiera relajar mis músculos, además de que “Tripita-kun” manifestaba signos de comer algo de fruta, un antojo bastante extraño por cierto. Tome asiento en la única mesa disponible de la terraza, pues en el interior de local parecía abarrotado de personas, ya saben lo que dicen si esta lleno es porque su servicio resulta satisfecho para su clientela. Escogí un té helado, unos pantelillos de vainilla y el postre mas tradicional en toda Australia, Pavlova, que posee nata, merengue y frutas, justo lo que necesitaba. Mientras esperaba a la llegada de mi pedido, decidí revisar mi celular por si tenia alguna señal de la empresa, se supone que tendría mañana finalmente la reunión con el tal Brad Berrys, generente general de A.K en Oceanía. Era un sujeto bastante extraño para mi, al pesar de no conocerlo aun le daba prioridad a otras cosas en lugar del trabajo, podría ser muy compentente cuando esta al mando pero esa duda seguía en mi cabeza martillando. ¿Qué podría tomerle tres días para venir a reunirse conmigo?
En eso, como por arte de magia alguien se paro frente de mi mesa sin alguna razón aparente, no mire su rostro solo la taza de café en una mano y en la otra una tarta de frutas.
En eso, como por arte de magia alguien se paro frente de mi mesa sin alguna razón aparente, no mire su rostro solo la taza de café en una mano y en la otra una tarta de frutas.
— Señorita, disculpeme si interrumpo algo pero ¿no le importaría si me siento en esta mesa? — comenzó diciendo en un tono apenado — Como pudo haberse dado de cuenta, el sitio esta abarrotado de personas.
Al alzar mi cabeza se conecto mí mirada de inmediato con la suya gris, era un hombre muy apuesto poseedor de una sonrisa tan brillante como el mismo sol de Australia, su piel era sonrosada parecida al durazno, cabello rubio parecido a los primeros rayos del alba y estatura promedio, hombros anchos con brazos largos. No se si el destino preparo este encuentro para ambos pero, sea lo que sea ha sido una bendición del mismo cielo junto a su mueca de inocencia.
— Hablas mi idioma… — susurre asombrada.
— Si, bueno — se encogio de hombros — aunque no lo parezca mis abuelos son nipones, así que fue por ley aprender sobre sus costumbres.
Mi pedido llego interrumpiendo el momento, el chico abrió los ojos asombrado de todo el contenido que venia para mi, pensando quizás estar acompañada por alguien.
— ¡Oh! ¡Lo siento! — exclamó muy alarmado — creo que tienes compañia.
— No, en lo absoluto — sujete el panquesillo mirandolo con detenimiento — estoy sola eres libre de acompañarme si quieres.
— Gracias, gracias — sonrio complacido colocando sus cosas frente de mi y tomando asiento — Disculpe mi intromisión señorita, pero posee usted un apetito muy curioso.
La delicadeza de este hombre al principio de conocerlo era abrumadora, parecido a tocar un cocodrilo o mejor un iguana con muchas escamas. Si. Ejemplos bastante comprometedores.
— Estoy embarazada, por eso ve mi pedido tan extraordinario — admití cortando un pedazo de mi pastel y llevándolo a la boca.
— Deje felicitarla entonces, a usted y su esposo — dijo sin malicia alguna.
Oh, tema delicado a tratar porque mi corazón dio un vuelco extraño al escuchar eso, porque las memorias de mi relación con Sasuke inundaron todos mis sentidos. Se que este hombre no tenía la culpa de eso, pero era inevitable sumar la tristeza a estos momentos a mi vida, estar lejos de Sasuke era sin duda una tortura completa. Y solamente era el principio.
— ¿Mencione algo que debí de hacer? Lo siento, lo siento — se excuso al percibir el cambio de mi semblante tranquilo a uno pálido.
— No se preocupe, no es su culpa — trate de reponerme metiendo un bocado de tarta en mi boca, ignorando los recuerdos — el padre de este bebé… simplemente no esta conmigo en estos momentos, es todo.
— Uh… que mal — silvo dándole un sorbo a su café — el nacimiento de un hijo es algo importante, se esta perdiendo de ello.
— Es una historia bastante complicada — admití con simpleza — mas de lo que usted podría imaginar.
— Creo que soy bueno en escuchar problemas — sonrio con la ingenuidad de un niño pequeño — si usted me permite y no le paresco entrometido, podría prestar mi servicios de consejero.
— No quiero agobiarlo con relatos sin sentido — exclame sonriendo de medio lado nostálgica.
— Al contrario, cuando estamos en un país nuevo parecemos estar perdidos en lo desconocido — comentó con un tono de voz muy serio, descubriendo de inmediato el ser nueva residente en Australia — así que tener un amigo no es nada malo.
— Tiene razón — concorde dándole un sorbo a mi té.
— Ya sabe, soy todo oídos — se acomodo tomando la taza de café en sus manos.
Entonces de pronto el sonido de un celular nos inundó, el hombre soltó un respingo a la par de una risa, disculpandose y atendiendo la llamada. Parecía ser algo serio, porque su semblante se contrajo adoptando una actitud mucho mas seria, no sabia que edad podría tener pero menos de unos veintitrés lo dudaba, además sus ojos grises transmitían calidez y confianza. Podría venir estúpido de mi parte, pero sentí que en verdad era una excelente persona. Luego de atender la llamada, suspiro cerrando los ojos unos segundos para abrierlos esbozando una sonrisa avergonzada, creo que le ocurrió algo.
— Me tendrás que disculpar, señorita — se levanto de su asiento tomándose su café de golpe — pero el deber me llama y no puedo huir mas de eso.
— No se preocupe, vaya tranquilo — le dije tratando de no agobiarlo.
— Espero que nos volvamos a encontrar — me sonrio ampliamente — sin mas, me retiro.
Sin duda eso pasaría.
A la mañana siguiente, me desperté muy temprano para prepararme el desayuno, era Miércoles, mitad de semana y al fin mi encuentro con el gerente de A.K. La noche anterior, converse un poco con mis padres para conocer de aquel sujeto, papá ha tenido mas contacto con él por lo tanto me aconsejo ser natural y jamas portarme imponente, Brad Berrys tenia alma de un niño así que podría ser un poco subsetible. En cuanto a mamá, solo agrego el tener cautela a la hora de manejar los asuntos, revisar exhaustivamente todos los documentos y atender las posibles emergencias, como era yo podría hacerlo. Con esos pensamientos en mi cabeza llegue a la empresa, que era un imponente rascacielos de varios pisos con ventanales, ni podía creer que mi familia tuviera tanto éxito en el extranjero con los negocios, de lo contrario, no tendrían una edificación de esta. Tomando un suspiro fuerte decidí entrar, en la recepción una señorita dueño de una gran cabellera me atendio agrandando sus ojos de inmediato, creo que me reconoció sin conocerme realmente, porque de una vez me llamo señorita Katsuki, llevandome en seguida al interior. He esto muchas veces en las empresas de la familia, inclusive cuando tuve dieciséis viaje con papá a Nueva York a una de las surcursales de allá, pero la de Sídney tenia algo que me dejaba sin aliento. Sus instalaciones eran amplias y agradables, igual a todos sus trabajadores ejerciendo sus empleos tranquilamente, algunos volteaban curiosos ante mi presencia, otros no tanto. Fui llevada a unos de los últimos pisos donde se encontraba la sala de conferencias, según la mujer algunos directivos estaban reunidos allí e inclusive el gerente general de la compañia, solamente para atender la nueva presidenta de todos. Tocando la puerta me anunció seguido de entrar, la sala era grande con un gran mesón en el medio, alrededor de unas cinco personas entre hombres y mujeres estaban concentrados allí esperandome, aparentemente uno de ellos había contactado conmigo desde Japón para los arreglos formales. Generalmente, empezó a presentarme a los demás muy cordialmente explicandome cada uno de los labores en la compañia, parecían muy competentes y serios contar con ellos sería esencial. Entonces fue cuando lo vi, sentado en la cabecera derecha entrelazadon sus manos, unos ojos grises brillosos me miraban directamente con mucha confianza. Aunque obviamente yo conocía a ese sujeto, era el mismo quien compartió mesa conmigo en el café de “La Roca”.
— Nos volvemos a encontrar, señorita — dijo levantándose de su asiento sonriendome de forma cómplice — mi nombre es un Brad Berrys, gerente general de A.K en Oceanía. Es un gusto.
— Katsuki Sasumika — musite sin poder creermelo.
— ¿Se conocía desde antes? — pregunto confundido uno de los presentes.
— No, ayer coincidimos en una cafetería de “La Roca” — le resto importancia el hombre — y conversamos un rato, es todo.
— Bueno, es maravilloso — canturreo Cathy la encargada de recursoso humanos — entre se lleven desde antes bien… ¡Mucho mejor!
— Estoy de acuerdo — sonrio un tranquilo Ethan, jefe de mercadeo.
— Bueno, bueno — aplaudió Brad sentandose de nuevo — coloquemos al día a la señorita Katsuki con los eventos de la empresa.
No fue muy difícil hacerme amiga de ese chico, desde el comienzo siempre se porto muy amable conmigo como ese día en la junta, explicandome cada uno de los movimientos hechos en su gerencia, en verdad era muy bueno con lo que hacia. En los años de gerente en la compañia no se comentieron grandes errores y de los pequeños se atendieron a tiempo, no solo estabilizo la economia en esta y empleo nuevas técnicas de mercado, ganándose comercializar mas nuestros productos. Mi llegada no era el sinónimo de su retirada, lo contrario, porque a mi aun me faltaba cosas por aprender solamente estaría administrando asuntos generales, firmando permisos en nuevos productos y supervisandos, Brad y yo debíamos estrechar lazos para caminar juntos en un mismo fin. Culminada la reunión, mande a los demás a continuar con sus labores, aun debía cosas que conversar con Brad además de darle un pequeño recorrido a mi nuevo lugar de trabajo, parecía extraño pero estaba con ancias de comenzar. Él se ofreció a darme esa visita deseada, en tanto conversamos de los negocios próximos a firmar, al ser nueva en este ambiente podía manejar esos asuntos e incluyendome para presentarme, nuestros proveedores debían de conocer a la hija de los Katsuki y su nuevo papel en Australia, cosa que me parecio bien. Estando en el aérea presidencial, la que sería mi ofician, tocamos otro tema fuera a lo laboral tomandome un poco desprevenida, a la par de asustarme.
— No sabía que la menor de los Katsuki tendría un hijo — comento casualmente, desabotonando su chaqueta y sentarse las sillas frente al escritorio — agregando que esta, no esta comprometida o casada.
Mierda, eso había sido un descuido monumental haber confiando en un desconocido, sobre todo si era el gerente de la empresa de mi familia. De enterarse mis padres solo por este descuido, seria el final para mi, seguramente me mandarían de regreso a Japón y me probarían de ser una Katsuki. No, eso no podía suceder, menos cuando con tanto esfuerzo había llegado hasta aquí, este hombre se guardaría silencio si o si.
— No me mire de esa forma tan amenazante, por favor — pidió sonriendo algo asustado — solamente tengo curiosidad de alguien como usted, siendo tan joven y embaraza. Es un egnima.
— Como le dije en la cafetería, es bastante complicada mi situación — comencé diciendo al tomar asiento — tiene razón en sospechar, mis padres no tienen idea de convertirse en abuelos. De saberlo, yo no estaría aquí.
Se contaron unos segundos antes de escuchar una respuesta, la expresión de su rostro parecía conmocionada, para no decir transtornada, seguramente la idea no le agradaba ni poco.
— ¿Pero por qué? — exclamó confundidos — son tus padres y los abuelos de ese niño, deberían saberlo. ¿Acaso el padre del bebé te abandono?
Este hombre… se imagina cada cosa atroz, no me extraña que digan de él poseer alma de niño. Porque tiene expresiones como uno y la mente de uno.
— He sido yo quien lo hizo — dije de una manera muy calmada y simple — las cosas no resultaron favorables para los dos desde el principio, siempre lo supe pero quise desafiar a la lógica y… ya debes conocer el resultado.
— Tu bebé — dedujo de inmediato.
— Por esa misma razón, simplemente agarre mis cosas sin decirle nada a nadie, salvo a mis mejores a amigos y mi hermana mayor, llegando aquí donde me ve. Frente a usted — explicaba sin tener temor alguno, lo que ha de ser sera — no pido discreción de su parte, es mas, al cabo de unas semanas empezara a anotarse la existencia de mi estado. Sin embargo, le agradecería que guardara silencio, al menos en este mes.
— ¿Sabe señorita Katsuki? — me sonrio amablemente — la proposición de ser amigos aun sigue en pie.
Parpadeando sin comprender la reacción de este tipo lo mire directamente a esos ojos grisea expresivos, en ellos no habían malicia o impocrecia alguna, porque solamente transmitían algo: bondad. Asi que, sin darme cuenta, fui cautivada por ellos. Creía en su dueño.
— Siendo de esa manera, espero llevarnos bien a partir de ahora — comente simplemente.
— Sera todo un gusto.
Brad Berrys fue la primera persona en abrirle mi corazón, se convirtió en mi amigo, confidente y compañeros de comidas al momento de “Tripita-kun” imponerse al manifestar sus antojos. Permanecimos tan unidos todo el tiempo que en la empresa pensaron en alguna posible relación amorosa, no era nada cierto, él conocía perfectamente lo destruido que se encontraba mi corazón. Asi es, le relate todo lo ocurrido en mis meses de Pasantías con los Uchiha, de como al comienzo me rehuse a convertirme en la otra, de las aventuras de mi anterior jefe con su asistente, de Sakura-san junto al impedimento de ser madre, de la aventura en China con todas sus consecuencias y finalmente de Sasuke, mucho de él. Tenia un material de sobra dedicado a ese hombre, podría ser un maldito sin escrúpulos, pero de alguna manera la forma de vivir la vida sin complicaciones me toco, tal vez era la razón del porque estaba en estado. Sin embargo, no se trataba de la vida alocada de él, mas bien de el jamas reprimirse de conseguir hacer algo, Sasuke jamas ha sido de cruzarse de brazos sino de actuar de inmediato. Por eso vine a Australia, porque tal vez halla frenado sus movimientos de querer destruir su matrimonio, pero una vez ideado otro plan de ataque volvería hacia mi. De suceder algo igual, no prometia poder soportarlo mas y revelador todo, cosa que jamas haría, “Tripita-kun” es mio de nadie mas. Brad me aconsejo, no le parecía bueno que el bebé estuviera sin un padre, aunque halla sido concebido de la manera que fuese, todo hijo necesitaría de su padre en cualquier momento y esa acción había sido presipitada. Entendía la parte de no herir a Sakura-san, pero esto también venia incluido en asumir las responsabilidades de mis actos, enfrentar a los obstáculos mas grandes de escalar, nunca era tarde para tratar de arreglar las cosas. La verdad, ese pensamiento quedo gravado en mi memoria llevandome a tratar de comunicarme con Sasuke muchas veces, pero al escuchar su voz en la llamada me acorbadaba y cortaba de inmediato, en la última ocasión contestó Sakura-san succionando todas mis energías, seria mejor dejar las cosas como estaban. Tocando casi mi tercer mes de embarazo las cosas se tornaron raras entre Brad y yo, no solo porque empezó a saltarse ir a la compañia con la excusa de ver a sus abuelos fuera de la ciudad, sino porque de alguna manera trataba de evitarme a toda costa. ¿Pero a ese que demonios le ocurría? El huir de mi no saldaria las cosas, mas bien las complicaba. Tratando de enfocar mi cabeza en otra cosa, tuve una llamada en Skype con Shikamaru y Temari quien estaban muy emocionados por alguna razón, la cual al decirmela casi se me sale el corazón por la boca.
— ¡Nos hemos casado! — anunciaron ambos mostrandome sus manos en la pantalla.
— ¡¿Como han dicho?! — exclame conmocionada.
— Lo que oyes Sasumika — comento muy entuciasmada Temari — un día nos despertamos con ganas de hacerlo y… ¡Sorpresa! Fuimos a un notariado, firmamos los papeles convirtiendome en la Señora de Nara. ¿No es fantástico?
— Mas bien de infarto — admití aun impresionada.
— No te conmociones mucho, podría hacerle daño a “Tripita-kun” — sugirió Shikamaru con cautela.
— Hablando de él… ¿Como esta? — mirandome muy interesada — ¿Te has hecho tu próxima ecografía?
— Ire hacermela, ya encontré un ginecostreta le pedí una cita llevandole la historia… estará dispuesto a verme — le explique bastante emocionada — ya muero de ver su evolución dentro de mi, he ganado hasta un poco de peso.
— Seras la mejor madre de todas, te lo aseguro — comento chillando feliz mi amiga.
Sabia que no tenia porque preguntar, pero mi curiosidad pudo mas a la razón.
— ¿Como esta él? — toque mi vientre bajando la mirada — tengo mucho tiempo sin saber nada.
— Bueno, el jefe esta bastante… bien — respondió dudoso Shikamaru mirando de reojo a su ahora esposa.
— No se pasa muy a menudo por aquí — agrego mi amiga — deja encargado a Sai y va a la asociación de su mamá, creo que esta mas comodo en ese sitio en lugar de la empresa.
— Otros creen que esta planeando adoptar a un niño — culmino simplemente mi amigo con delicadeza — espero y no…
— Tranquilo, eso no me afecta en lo absoluto — mentí esbozando una sonrisa triste — él es un hombre casado y es libre de hacer lo que desee. No me importa.
— Sasumika… — intento decir Temari.
— Miren la hora nada mas, aun tengo cosas por hacer — busque liberarme de esta situación incomoda — ustedes deberían volver al trabajo. Promerto llamarlos al tener los nuevos ecos de “Tripita-kun”, hasta entonces… ¡Cuidense!
Corte la comunicación antes de poder escuchar su respuesta, no me sentía bien ni con ánimos de seguir conversando, estaba segura que escuchar de Sasuke tratando de seguir con su vida me ha sentido mal. Lo se, lo empuje hacerlo pero me daba un poco de indignación haber caído en sus palabras, que en verdad estaba enamorado de mi cuando nunca ha sido cierto. Solamente he sido yo la verdadera enamorada de él, no lloraría podría hacerle daño a “Tripita-kun” pero tenia unas ganas de hacerlo, preferiblemente estaría dispuesta a anriborrarme de pastelillos de crema, antes de hacerlo. Pasando de ese incidente absurdo, llego mi eminente visita al medico para ver nuevamente a “Tripita-kun” estaba muy nerviosa, era obvio en tenerlo pues en verdad deseaba tener todo en orden con mi gestación, desear encontrar a mi bebé en estables condiciones. Ese día cumplía los tres meses de embarazo y mi abdomen empezaba a crecer, parecido a haber comido muchas hamburguesas durante semanas sin descanso, pero era normal porque “Tripita-kun” estaba creciendo. Culminando de alistarme pedí un taxi para ir a la clínica, iba bajando tranquilamente el elevador cuando al abrirse en planta baja vi un rostro que desde hace mucho tiempo no veía, Brad Berrys el gerente general de mi empresa. Al verlo de esa manera, frenético, jadeando por falta de aire y sudando a chorros di un paso atrás extrañada, parecía un poco raro que mi amigo estuviera de esa manera. ¿Acaso ocurrió algo?
— ¿Qué paso B…? — no me dejo de decir porque coloco delante de mi una gran paleta de chocolate, detrás poseia una sonrisa burlona — ¿Hoy celebramos algo?
— Tu tercer mes de embarazo — sujete la paleta mirandola por todos lados — puedes considerarlo estúpido pero, “Tripita-kun” esta cumpliendo meses de vida en tu interior y… como buen amigo suyo que soy pago su alquiler.
— ¿Con una paleta? — inquirí alzando una de mis cejas.
— Con una paleta — repitió sonriendo como un bobo — Ahora, si me permites me encantaría acompañarla a ver a mi buen amigo. Digo, si se puede.
— Esto no es un pago de alquiler — inquiri comenzando a caminar a la salida del edificio — es un soborno.
— ¿Es un si entonces? — coloco cara igual a un cachorro.
— Si, si — suspire cansada — andando.
Soltando un quedo “yupi” me siguió muy detrás simulando comportándose muy serio, girando mi cabeza hacia los lados me dirigí hacia donde esta el taxi esperandome, entre en el mientras le mandaba un mensaje de texto a Masamune, aquel niño de quien me hice amiga durante mi vuelo a Australia. Él me hizo prometerle que le mandaría un mensaje cuando fuera a ver a “Tripita-kun”, no entendía mucha la razón pero sentía como si fuese un tipo de hermano mayor para mi bebé, además de que estando en contacto con ese pequeñajo le hacia entender no estar solo. Hable con mis abuelos Tarachina de él, los cuales les parecio muy provechoso (vaya a saber la razón) entablando conversaciones con los padres de este con la finalidad de ir a visitarlo los fines de semana, al parecer a ellos no les importo mucho si iba o no dando pie a mi enojo, aunque tuve que reprimirlo para poder recibir el poder. Dado a si, mi presencia en el internado del niño los fines de semana para dar un paseo, Brad se ha unido a ellos y Masamune parece agradarle mucho, de hecho se la llevan a las mil maravillas. Creo que hasta hacen complot en mis espaldas, no lo se pero me da la impresión. En todo el trayecto voy texteando con el crío, en tanto Brad va dándole ojos a mi celular para mirar la conversación e incluso aportar algo, dándose la vuelta de inmediato y simulando ser un hombre serio. Debo admitirlo, mi amigo en verdad me causa mucha gracia llevandome a soltarme una carcajada, impresionandolo. Sus ojos grices brillan intensanmente, dibujando una sonrisa de mejillas rellenas en color y después rascando su cabeza de manera descuidada, se ha dado cuenta que lo de ser serio no le va mucho. Llegando a la clínica, Brad se ofrece a pagar el taxi intento negarme al comienzo pero soy derribada, esta siendo esto por “Tripita-kun” su recipiente de traslado debe de obedecer y dejarse mimar. Saliendo del auto aproveche para darle un pisoton en el pie, nadie se atreve a llamarme “recipiente” y sale inleso, eso si que no. Olvidando ese incidente, en la recepción soy atendida por una joven mujer de cabello rubio ceniza, quien me manda a tomar asiento pues el doctor esta atendiendo a una paciente, luego de hacerlo me vera a mi. Juro que antes en mi vida había visto hombre tan nervioso como Brad Berrys, eso que ni es el padre de la criatura, de serlo no quiero ni imaginarlo el comportamiento en el momento del parto. Es mas, podre de la esposa que tenga en el futuro, no seria de mucha ayuda en el momento de aparecer las contracciones o las primeras patadas del bebé, seguramente se terminara desmayando. El tipo de hombre miedoso, sonreí de medio lado al verlo temblar como una lamina de papel, seria mejor y distraerlo con algo. Entonces, se me ocurrió la grandiosa idea de preguntarle sobre sus abuelos, cosa de ser la peor de las interrogantes, no solo se puso peor a como estaba antes sino también se quedo callado. Genial, ahora parece que traje a la mesa su comportamiento extraño de hace unos dias, no creía que me dejase sola en medio de estas mujeres embarazadas, pero todo podría ser posible… ¿Cierto?
— Yo… fui solamente ha perdirles su permiso para algo — admitió al fin rompiendo el silencio.
— ¿Sobre que? — arquei una de mis cejas sumamente extrañada.
— Señorita Katsuki, es su turno — nos interrumpieron en el peor momento.
— Si.
Podría haberle salvado la campana, pero no ocurría con la misma suerte luego de la consulta. Entramos ambos al consultorio viendo como el doctor era una persona pelirroja, de lentes y muchas pecas en el rostro, su rostro reflejaba madurez a la par de saber lo que decía o hacia. Sin perder tiempo se presento con nosotros, llamandose a si mismo Dr. Smith especializado en ginecología y obstrecia, como antes lo había llamado sabia mas o menos mi caso, lo de venir de otro país a vivir unos cuantos años y que lo mas obvio seria el tener a “Tripita-kun” aquí. Pidiéndome mi control de embarazo comenzó a revisarlo con detenimiento, asi como también las ecografias y demás exámenes repentinos, seguido de ello me pregunto directamente si había tenido alguna clase de complicación culminando al semana diez de gestión, salvo los mareos matutinos a la par de vómitos o las ganas de dormir, nada mas raro de lo normal. ¡Claro! El aumento de peso agregándole sobre lo de mis pechos, se sentían mas sensibles de lo normal y parecían que los sujetadores de hubieran encogido, jure en ver a Brad sonrojarse ante mi explicación. Por dios, ¿Qué era? ¿Un niño o virgen? El doctor dijo que eso era completamente normal, de hecho, a menudo de ir avanzando el embarazo empeoraria, lo mejor seria ir comprando sujetadores mayores a mis tallas, así no tendría molestia. En cuanto a las nauseas y mareos, estos irían desapareciendo gradualmente al entrar al cuarto mes de embarazo, donde el peso seria aun mas. Ahora, lo mas idóneo sería ir a ver como estaba el pequeño en el eco, el doctor nos guío a la camilla donde me pidió acostarme en ella y subiera mi camisa en poco, obedeciendo a ello sentí de inmediato aquel viscoso liquido recorriendo mi abdomen como mi vientre, seguido de aquel emplemento para ver el interior. Jamas me acostumbraría a la sensación de esa cosa sobre mi, era frío y bastante raro.
— Oh mira lo que tenemos aquí — hablo el doctor, señalando al monitor frente a el — parece que tu bebé es alguien muy travieso, no quería mostrarse bien.
Mi “Tripita-kun” ya no era mas una tripita, ahora podía ver perfectamente sus piernas bien formadas, sus brasitos pequeñitos flexionadas y esa cabesita un poco desproporcionada, estaba conectado al cordón umbilical navegando en aquel espacio adoptando como suyo, todo suyo. Una emoción vino a mi corazón al verlo moverse un poco, las ganas de llorar se apoderaron por completo, de hecho, ver aquel pedasito de mi y Sasuke hizo derramar unas cuantas lágrimas. Era hermoso, muy hermoso tanto que no podía esperar a verlo entre mis brazos, darle cariño como todo la comprensión del mio. Deseaba una parte de mi que Sasuke estuviera aquí, conmocionado por ver a nuestro bebé creciendo de esa manera saludable, aferrandose a la vida de manera extraordinaria y demostrando las ganas de conocer el exterior, yo le enseñaría todo eso. Lo prometo.
— Es… perfecto — sonrio a la par de llorar, Brad a mi lado — ¡Sasumika es perfecto! Yo… ni puedo creerlo, ver… ver a esa vida dentro de ti.
— ¿Padres primerizos? — pregunto el doctor muy intuitivo.
— Si — respondió mi amigo antes de poder yo decir algo, volteando a mirarlo algo conmocionada — es el primero. Usted debe de saber como es esto, la emoción de ver a tu bebé crecer.
¿Como había dicho este cretino? ¿Su bebé? Hasta los momentos “Tripita-kun” era solo mio, ni si quiera de Sasuke quien desconoce de su existencia le permitiría decirle eso, porque esta criatura es solo mia y nadie mas. Brad Berrys ha firmado su sentencia, si es una de sus bromas de mal gusto no la consideró graciosa.
— ¡Por supuesto muchacho! — exclamó muy de acuerdo con el loco — es mas, ya que parece estar muy feliz de esto… les dare los CD y las fotografías. Ya vuelvo.
Desapareciendo de nuestras vistas, aproveche de sentarme en la camilla limpiandome aquel liquido y bajando de un salto al suelo, Brad parecio conmocionado ante mi acción decidiendo acercarse para ver si estaba bien. Lo detuve, fulminandolo con la mirada sumamente furiosa, se había pasado de la raya al hacer esa broma de mal gusto. ¿Desde cuando lo proclame el padre de “Tripita-kun”? Porque ni lo recuerdo.
— ¿Qué ocurre contigo? — le reclame por lo bajo con tono fuerte — ¿Cuando me he acostado contigo para ser el padre de mi bebé? Si es una broma, te has pasado de la raya.
— No estoy bromeando — contesto mirandome muy serio.
— ¿Qué acabas de decirme? — inquiri mirandolo con ojos entrecerrados.
— A eso, que no estoy bromeando — dijo una vez mas, produciendome mas confusión — Sasumika yo en verdad estoy dispuesto a eso, a estar a tu lado por el resto de nuestras vidas. El ser aquella figura paterna para “Tripita-kun”, aunque no sea realmente mio.
— ¿Pero que demonios estas diciendome? — exclame alarmada, no pudiendo creer las palabras salidas de la boca de este hombre. Ningún hombre se prestaría a críar el hijo de otro, jamas pasaría algo así al menos sin ninguna razón — Dime que es una broma, una maldita broma.
— No, estoy siendo extrictamente cuidadoso con esto. Lo digo en verdad — dio un paso hacia adelante, hacia donde me encontraba — Casate conmigo Sasumika, se que no es la preposión mas romántica de todas pero… al ver a “Tripita-kun” me he llenado de valor. Estoy dispuesto a muchas cosas por ti, y estas es una de ellas.
Entre otros resúmenes, Brad Berrys me había declarado su eterno amor. ¿Y yo? Estaba en completo schok.
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