IV
Y así… nuevamente, el tiempo paso volando. Los minutos se convirtieron en horas, las horas en días y los días en meses, donde Katsuki Yuuri lucia una tierna pancita de cinco meses de gestación. Se había mudado a Ditroit con su antiguo entranador Celestino, con la finalidad de enseñarle a su hija el arte de pantinar, la cual, término encariñandose completamente.
Al comienzo nada fue fácil, menos el convencer a Yurio y su familia de estar bien lejos de ellos, el primero debía de volver a Rusia para entrenarse para la nueva temporada, si bien se encontraba lejos, existía otras competencias a la cual asistir, entre ellas el duelo de alfas senior. Nada grave, pero de suma importancia entre los de sus especie, mas tomando en cuenta que el pentacampeon mundial se presentaría nuevamente. El joven rubio se despidió con la promesa de volver a encontrarse nuevamente, ya conociendo su ubicación exacta en Ditroit, no dudaría en visitarlo en cada mes de gestación en su embarazo. De hecho, pidió encarecidamente ser avisado cuando el cachorro naciera, tenia el derecho mas que nadie a saberlo, inclusive sobre su familia. Tocando el tema de ella, han estado tan pendiente de él desde su estadía en Ditroit, que le abruman soberanamente. Un ejemplo sería su hermana, Mari, quien había ganado un apego máximo a la criatura no nacida, ella aseguraba con los ojos cerrados tratarse de una niña y por ello deseaba ser quien eligiera el nombre. Bueno, sus amigos en colectivo con los Katsuki, decidieron hacer una apuesta con respeto al genero del cachorro, el ganador tendría el privilegio de escoger como iba a llamarse. Se clasificaron en equipos, los Nishogori junto a Hiroko y marido, agarraron el “equipo niño” en tanto Minako, Mari y Yurio, eligieron el otro dejándole en las manos los posibles nombres de la criatura de resultar ganadores. En fin, el ojos caoba estaba desligado de las ideas de ellos, pues para mantener la sorpresa, decidió enterarse del sexo del cachorro hasta el día del nacimiento. Cosa que agradecía en el alma en respetar su postura, pues la vida de su cría no es un juego, menos se prestaba como apuesta a los demás.
Siguiendo con el relato, cuando Celestino se entero de su estado, no solo quiso ir directamente a Rusia para pedir la cabeza del padre del bebé en bandeja, quedo en un entero shock al confirmar que la relación entre ellos supero a lo profecional. No mentiría, estaba sumamente molesto con ello, pero por eso le daría la espalda al japonés, era en este momento cuando necesitaba mas ayuda. Las primeras semanas estuvo quedándose con Phichit en su departamento, sentirse acompañado estando embarazado era lo mejor, además, su amigo parecía estar complacido con su presencia en aquel pequeño lugar. Era como si el factor Yuuri Katsuki, irradiara luz y felicidad por todas partes, llenando cada rincón de aquel solitario departamento con su presencia. Estando a su lado las cosas mínimas resultaban divertidas, tomar el desayuno juntos, conversar sobre sus proyectos del día, sentir los movimientos del bebé repentinos e inclusive, ir caminando juntos hasta el centro de patinaje. Era como si la vida le tratara de complacer con las fallas vividas, porque Yuuri no podría verlo de la manera que él desea, pero tener el privilegio de convivir era todo un placer.
Al menos, eso pensaba hasta que la nación del fuego ataco.
Celestino logró encontrarle un departamento para él, no se encontraba lejos de la pista de patinaje, menos de otros lugares importantes en su bienestar y así poder manejarse con soltura. Obviamente el japones acepto sin pensarlo dos veces, mundandose teniendo la menor oportunidad y dejándolo una vez mas solo. Bueno, al menos tenia la oportunidad de seguir viéndolo mientras entrenaba a Rossana. Mencionar a la chiquilla ya era signo de revuelo, en tampoco tiempo conmezo a moverse ligeramente sobre el hielo, adoptando posturas y agilidad jamas vista en una infante. Las de su edad tenía encontrarla en una competencia, en tanto su padre, no paraba de sentirse orgulloso. La niña de sus ojos era toda una guerrera, enérgica y con potencialidades unidad e inigualables, lo mejor de todo era su entrenador. Un campeón mundial retirado.
Yuuri igualmente comenzó a ser bastante nombrado, al tener bajo su protección tan Ángel agraciado, varios de los padres de algunos niños querían que este lo entrenaran. Nadie como él para aplacar los demonios, sin mencionar el hacer resaltar la capacidades de los chiquillos, sin duda, el omega tenia la sensibilidad de una madre a punto de dar a luz. Aunque fuese un total misterio el padre de la criatura, no le impedía tener esa sensación de madurez de saber lo que se hace. Esa es la tipo de persona en querer dejar tus hijos a cargo, lo sensible para entender el dolor de los golpes de la vida, pero con la capacidad de tener la fuerza necesaria en seguir adelante. Por lo tanto, el japones consiguió mas alumnos en poco tiempo, llenando sus días de mas provecho y gozo.
Hasta los momentos todo viento en popa, nada de remordimientos o dolores de pecho. En realidad, el ojos caoba podría hablar de eso en el ámbito profesional, porque en lo personal y mas aun, su corazón todo seguía siendo igual. Devastador y agónico. No existía el día en que le doliese la ausencia de “esa persona”, porque aunque los días sean cortos y los meses pacíficos, el aire sigue oliendo las tristezas de una memoria perdida y el pecho llora lágrimas de sangre por su desconsuelo. Mentir con que se ha desligado de su vida artística es absurdo, menos tomando en cuenta la primera vez en comprar una revista con su nombre, recortar sola la imagen de él y guardarla en una caja, con todo lo referente a su persona. Luego sigue el llanto, la falta y las ganas de simplemente sumbir al olvidarlo todo, simplemente llamarlo y mencionarle cuanto lo extraña. Aunque sea solamente para escuchar su voz, su atolondrada y dulce voz. ¿Como puede simplemente olvidarla? No cuando la última vez le susurraba tantas cosas encantadoras, hermosas que colocaban la piel de gallina. Pero no, todo ese ensueño termina al aparecer la realidad aplastante de este asunto, una promesa por cumplir y que “esa persona” no lo ama. ¿Ha servido llorar? ¡¿En verdad sirvió?! No, nada lo ha válido, pero al menos se logra quitar un peso de encima respecto a su dolor.
La última llamada con Yurio se trato de “él”, conversando sobre la competencia de alfas en hielo, quienes darían un espectáculo como abre boca a la próxima temporada. Siempre suelen hacerlo, igualmente en parte de los omega o beta, Yuuri participo en esta última al esconder su verdadera naturaleza y siempre resulto airioso, hasta que su época de mala racha llego. Al conocer esos datos el rubio, no pudo pensar que ese jurado era un idiota, menos tomando en cuenta el aroma dulce del chico propio de un omega, aunque tambien le daría un poco de crédito. En el arte de esconder algo, este era un rey completo.
— Deberías comenzar a usar abrigos. — le aconsejo el adolescente, acomodando entre sus piernas a un adorable gato — pronto entrara el otoño y hará frío. No quiero escuchar que te refriaste por evitar mis sugerencias, Katsudon.
— Relajate, esta… — soltó una risita, acariciando su protuberante vientre frente a la cámara — estaremos bien. Lo prometo.
— Eso espero, por cierto — miro curioso la panza del omega — ¿Cuando cumples los seis meses?
— En unos días, la doctora ya sugirió que me inscribiera en un curso de cuidado prenatal — informo Yuuri muy alegre, considerando la propuesta — para estos últimos meses debo de aprender un montón de cosas sobre el bebé. Además, de tomar las precauciones necesarias para su llegada.
— Solo espero que él o ella no se adelante — río con signos de arrogancia, asustando un poco al japones — debe de esperar por el “tigre sobre hielo”.
Por supuesto, al rubio no le gustaba que mencionaran su aspecto androgino, sino el ser considerado todo un cazador de la selva entre sus contricantes. Francamente, era adorable.
— No prometo nada, sabes que los cachorros son bastante impredecibles. — se burlo de la expresión del muchacho, al girar su rostro medio refunfuñado — Aunque, si damos nuestra palabra de ir a verte en tu próxima competencia. ¿Qué te parece?
— Yuuri, ya sabes que podrían descubrirte. — murmuro preocupado por el omega.
— Tal vez piensan el toparse con “Katsuki Yuuri el beta” — hizo énfasis en sus palabras, utilizando como comillas sus dedos. — No ha “Katsuki Yuuri el omega embarazado”, la prensa nunca ha tenido una imagen mia con sobrepeso. Estare bien.
— La prensa es lo último en preocuparme. — descarto rápidamente el quinceañero, juntando sus manos en una expresión huraña — Él va estar allí, luego de todo, estamos hablando de la compentencia de alfas. ¿Crees poder soportarlo?
Algo dentro del Katsuki hizo cortocircuito, porque llevaba meses sin ver a “esa persona” en vivo, sin necesidad de periódicos, revistas o computadora de por medio. Si bien, las memorias de su despedida seguían latentes sobre su piel, tenia la necesidad de querer verlo por solo una vez y la competencia de alfas era su oportunidad. Mas cuando, se realizaba en Ditroit. Estaba de acuerdo con exponerse mucho ante las cámaras o “él” mismo, pero se apegaría a la imagen de omega embarazado, quien todo el mundo desconoce por completo. Necesitaba hacerlo, en verdad lo hacia, porque viendo como se encontraba “esa persona” luego de su salida, seria capaz de seguir adelante con su vida y su bebé.
— Lo estoy, no es como si él preguntase por mi o algo parecido. — menciono triste el ojos caoba, aferrandose mas a su vientre voluminoso. — ¿Cierto?
— Cuando trato de tocar un tema sobre ti, lo desvía rápidamente — informo frunciendo el ceño evidentemente, sintiendo la impotencia subir en sus venas — Realmente, desea huir de tu memoria, como si… si…
— Fuese algo que desea desesperadamente olvidar. — culmino el pelinegro, sentenciado el mismo su pena de muerte.
— Yuuri, eso no…
— Ni lo menciones Yurio, en verdad estoy bien. — le sonrio tratando de tragarse todos sus sentimientos. — Me propuse a mi mismo el ya no afectarme, por lo tanto, que a ti tampoco lo haga. En su lugar, mejor empieza a entrenar en tu rutina para sorprendernos, venga que sino nos satisfaces jamas volveremos a verte.
El rubio parpadio varias veces hasta adaptarse a la realidad, porque muchas personas lo solían llamar como un monstruo de cambiante forma, pero la realidad resultaba ser otra. Un ejemplo seria este omega, quien al pesar de estar sufriendo el desamor, perseguía desesperadamente la felicidad muy lejos de todo aquel que le resultara dañino, además, viéndolo adornado de esa adorable pancita le llenaba de mucha ternura. Él seria la mejor madre de todas, lo apostaba con los ojos cerrados.
— ¡Por favor! — soltó una risotada divertido — ustedes dos quedarán tan satisfechos, que desearan grabar mi rutina y volverla a ver antes de dormir todos los días.
— Bien, demuestralo. — señalo, siguiendole el juego. — Espero que esas palabras se convierta en hechos, Yurio.
— Ya lo veraz, Katsuki Yuuri.
Después de aquella llamada, el ojos caoba no pudo evitar llorar amargamente, sintiendo una vez mas las agujas incrustandose en lo mas profundo de su pecho. Tener un nuevo dato de “esa persona” no lo lleno en lo absoluto de felicidad, en su lugar, le dejo un dolor agudo en el pecho incapaz de hacerlo respirar desquebrajando su capacidad de amar. Porque en este poco tiempo de separados, no dejaba de pensar en el ruso, de quererlo, de desearlo con mucho anhelo. Pero no, aquel hombre seguía siendo el mismo de siempre, despreocupado y la incapacidad de pensar con razocineo. Liberandose inclusive, de las fuertes interrogantes de Yurio, demostrando posiblemente una sonrisa llena de falsas intenciones. Así igualmente lo hacia consigo mismo, tantas y tantas veces que perdio la cuenta, pero como bien había dicho no podía dejar llevarse por su dolor. Ahora debía de velar por alguien mas y hacerle llegar la infelicidad calcomiendo su alma, no es para nada bueno, debido a ello seco sus lágrimas y respirando varias veces se calmo.
La vida va mas allá del dolor experimentado, sino de las ganas por ser feliz. Y eso Yuuri lo sabia de sobra.
El día de la competencia internacial de alfas Yuuri se encontraba con los nervios de punta, algunos de sus niños estarían en la categoría infantil, por ende se mostraría al frente de sus seguimientos y entrenamiento. Aunque el mismo Celestino dijo estar haciéndolo bien, no podía evitar sentirse ancioso, tanto que podía percibir los movimientos de su bebé rápidos. Claro, el pobre sabe por lo que esta pasando su madre. En el momento de ver a Rossana defilando su hermoso traje blanco de piedras rosadas Yuuri despista sus nervios, porque 1) la niña pide su atención, 2) Phichit ha salido de quien-sabe-donde para convertirse en su camarógrafo, y 3) realmente esta hermosa. Seguidamente ríe de forma aparatosa regañando a su amigo, esperando que deje ese lado de fotográfo compulsivo y le permita admirar de cerca a la pequeña, esta al ser el centro de atención le pide encarecidamente a su entranador mirarla desde cerca. Esta sera su primera vez deslumbrando a las personas y con ello quiero hacer de igual forma con él, quizás no posea el temperamento mas dócil del universo, pero estando a su lado el Katsuki, piensa en que puede mejorar. Además, gracias a su ayuda siente estar mas cerca de su papá, en un futuro espera seguir patinando de manera profesional y que Yuuri le acompañe.
Preso de las emociones de nervios, hormanas de embaraza y las palabras de Rossana, el japones rompe a llorar frente a los presentes desconcertandolos por completo, no esperaba tener una reacción tan fuerte como esta. Antes de que Phichit le pregunte si se encuentra bien, una sonrisa ancha se dibuja en todo su rostro dándole las gracias, porque cuando su vida parecía estar acabando y marchandose literalmente al aberno, vino hacia el con su gracia infantil a rescatarlo. Sin dudas, se alegra mucho de haberlo conocido. Reaccionando de igual manera a su entrenador, la castaña se arrojo a sus brazos, mandandole arbitrariamente a calmarse y seguir a su lado hasta no tener capacidad de patinar, donde Yuuri acepto sin miramientos. Al frente estaba Phichit grabando cada momento sin saltarse nada, mientras en ese mismo instante llegaba Celestino, quedándose con cara de piedra ante tal imagen loca.
Su hija abrazando a su entrenador embarazado, el cual a su vez lloraba desconsoladamente, en tanto Phichit convertía este hecho en video para la posteridad medio sollozando.
« ¿A qué demonios tratan de jugar »
Mas tarde, olvidando ese hecho bochornoso, el japones se encontraba animando a la castaña antes de salir a patinar, por muy sorprendente que parezca ella permanecia tranquila y muy animada. Si bien, en sus contrincantes existía buenas proesas, estaba segura de poder volterar la suerte a su favor y encontrar la medalla. A su lado, Celestino igualmente la animaba dándole uno que otro consejo, pues a la final, el experto entrenador seguía siendo él agregándole ser su padre. Cuando los aplausos retumbaron en el sitio, le dio anuncio para dar su aparición, seria oficial convertirse en el centro de atención de todos y eso la emocionaba. Dándole una última mirada a Yuuri, se dispuso a deslumbrar y sobre todo, ganar.
Entonces al verla destacar sobre la pista de patinaje lo movió, porque al pesar de ser una niña bastante temperamental, se encontraba expresando todos sus anhelos mediante su presentación. Como ha estado mucho tiempo sola teniendo solo a su lado su perrito, el odiar/amar el patinaje causante primordial del alejamiento de su papá, la esperanza de querer practicarlo y así acercarse a él, dejando por consiguiente el glorioso final de conocer a Yuuri. Los saltos, expresiones y ágiles pero sutiles movimientos mantuvieron a la audiencia pegados literalmente al hielo, no pudiendo creer que tal novata tuviera tal don, sin tomar en cuenta de quien era hija claro esta. Culminado la presentación, ni el mismo Phichit encontraba la forma de volver a respirar, parpadear o algo, porque una criatura directa del inframundo se convirtió frente a sus ojos en un diamante cautivador. Por su parte el ojos caoba, derramaba lágrimas de emoción al ver dicha presentación, en la vida podría creer haber contribuido con algo tan magistral, llevándose consigo cientos de aplausos y una ovación de pie.
« ¿Lo vez? Te lo dije Yuuri, si lograste sorprenderme a mi, obviamente lo harías con el público. »
La voz de “esa persona” retumbo en sus oidos parecido a “pepe grillo”, salvo que tal vez este se tratara de un recuerdo de GPF después de culminar con su programa corto: Eros. Trato de no verse tan afectado por tan repentino recuerdo, optando por alzar sus brazos para recibir a la pequeña y felicitarla. Dentro suyo no existía dolor, menos tristezas o lamentos, no, lo único importante era permanecer junto a sus niños y darles animo. Lo demás, se encargaría luego.
Eventualmente Rossana gano la categoría infantil en niñas alfa, otro de sus protegidos quedaron en el podio en las siguientes restantes de omega, beta en infantil y junior. Sin embargo, era muy temprano para cantar victoria, aun necesitaba pulir algunos aspectos de los pequeños como los suyos, pero lo realizaría todo a su tiempo. Por los momentos, se tomaría todo con calma y celebraría lo hecho el día de hoy. Sintiéndose sofocado un poco de tanto agetreo, le informo a Phichit ir por un poco de agua y aire puro, al parecer su cachorro se encontraba algo inquieto para necesitar paz. El moreno al comienzo se mostró preocupado ofreciendose a acompañarlo, pero evitandole molestias a este, el ojos caoba aseguro encontrarse bien y volver en seguida.
De esa manera, el omega emprendió la marcha llena de personas caminando, algunos patinadores, padres y publico curisoso esperando encontrar la dispensadora de bebidas. Desde hace mucho no tomaba una gaseosa de naranja, aunque no estuviesen precisamente en invierno, la resequedad de su garganta la exigía a gritos. Aunque tambien venía el factor “bebé en camino”, ese día cumplía los seis meses no pudiendo creer lo rápido de pasar el tiempo, para él solo parecía haber sido ayer cuando se entero, cayendo en la máxima potencia de la confusión y susto. Se acaba de separar de “esa persona”, de vuelto a Hasetsu y para completarlo, sin ninguna idea de que hacer para su futuro. Pero allí se encontraba, luchando ferozmente con su día a día y sobrevivir al convertirse en padre soltero, no es como si fuese preocupante, pero la soledad solia hacer de las suyas de vez en cuando. Convirtiéndolo en un entero lloro eterno.
« De verme Yurio, patearia mi trasero de forma verbal pidiendo mas atención hacia el bebé »
Y lo amaba, realmente lo hacia, porque cada pedacito de esa criatura era parte suya como de “él”, haciéndolo recalcar que no todo entre ellos fue malo. Podrían haber terminado de una aparatosa forma, pero su relación había sido de las puras de haber vivido, y la existencia de este cachorro en su interior era la personificación de eso. Emitiendo un suspiro profundo sonrio para si mismo acariciando su vientre, consiguió la despensadora de bebidas y pronto aplacaria la bestia de antojos. A tientas busco una moneda en los bolsillos de su chaqueta ancha, esperando por fin hacer su pedido y volver con los demás, de tardarse demaciado podría preocuparlos.
— ¡Ugh! Alli se fueron mis esperanzas con verte cambiado. — una voz conocida proveniente de detrás suyo, adelanto sus movimientos metiendo una moneda en la maquina y eligiendo su elección — pero sigues siendo tan atolondrado como de costumbre, inclusive, mas.
No… no podía ser posibles.
¡No podía ser posible!
¡No podía ser posible!
— Toma — le extendió la bebida naranja, sonriendole con prepotencia — ¿Acaso no querías este sabor?
— ¡Yurio! — aclamo su nombre, olvidando donde se encontraba y arrojandose a sus brazos.
— Oh, vaya forma de ser recibido. — rio el ruso, pasando sus delgados brazos por la espalda ancha del omega, atrapandolo para si mismo. — Aunque podrías bajar un poco la voz, podríamos ser descubiertos por algún paparazzi o algo. Los últimos en mis planes seria salir en una revista para chismes.
— ¡Lo siento! — se disculpo, tomando distancia del joven y cubriendo su rostro — es que… no puedo creer el verte aquí, menos al estar viendonos mediante videollamadas.
— Pues ya lo vez. — rio divertido, colocando una de sus manos en el rostro del contrario y acariciandolo. — He vuelto hasta ti, tal cual a lo que te prometí.
Yuuri quedo estático, sin decir una respuesta a las palabras del quinceañero, quien adoptaba una postura tan madura que le hacia olvidar su verdadera edad. Resultaba inquietante la reacción de su corazón ante el rubio y sus declaraciones, aunque prometió tomar en cuenta sus sentimientos, se rehusaba a poder seguirle la corriente ante este tipo de situaciones. Podrían conmocionarlo, e inclusive, inquietarle, pero ante los ojos de la sociedad era un delito y por ende, deberían tomarse las cosas con calma.
Yurio dándose cuenta de la reacción del pelinegro, soltó un suspiro cansado, quizás aun todavía sea pronto para ambos pero no se rendiría. En un momento de descuido, acerco sus labios a los de él dándole un beso casto, desafiando al mundo entero y sobre todo, ese fantasma que rondaba las memorias del Katsuki.
— ¡Yu…! ¡Yu…! — balbuceo dando un paso hacia atrás, ocultando su rostro y adoptando una expresión avergonzada. — ¡Yurio!
El adolescente solo atino a reírse divertido ante el sonrojo del japones, porque de alguna manera había logrado su cometido. Colocarlo nervioso.
— Lo he dicho, no me rendire contigo Katsudon. — dio un paso hacia adelante, tomandolo del mentón. — Podre ser paciente pero en definitiva, comenzaremos a dar un paso a la vez.
— Yurio… — susurro aun mas avergonzado.
— Pero horita realmente, — volvió a la normalidad, marcando una distancia prudente — deberíamos volver a donde se encuentran los demás. O mas bien. Regresarte a la realidad.
— ¡Es cierto! — exclamó el japones dandose cuenta de su comportamiento inapropiado.
« Bueno, un idiota, seguirá siendo un idiota. »
Terminada las sorpresas, ambos Yuris comenzaron la marcha hacia la pista de patinaje, donde se encontraban los niños y demás personas del estamf. En el recorrido, el ruso le platico al omega sobre la competencia a realizarse de seniors alfa, la cual iba hacer sumamente difícil con dos contrincantes como “esa persona” y Jean Leory, un fastidioso canadiense con aires de grandeza. Mas de una vez ha tenido ganas de matarlo, no solo lo a tratado de “dama” al tener rasgos androginos, sino por su forma de patinar igual a una “Prima Balerina”. Sin dudas, es un idiota y quiere acabar con él cuanto antes. Yuuri no puede evitar soltar una risita divertida por el comportamiento infantil del rubio, al verlo tantas veces serio o asumiendo responsabilidades que no le corresponde, se ha olvidado que sigue siendo solo un niño y lo manifiesta en este tipo de situaciones. Siguiendo con el relato, las practicas comenzaran luego de las competencias de la rama junior, que seguramente estén finalizando en el transcurso de la hora. Por consiguiente, de un momento a otro esto esta lleno de alfas patinadores conocidos para el japones, con ello debería de sentirse inseguro o temeroso.
— Yuuri, el va estar aquí. — aseguro el chiquillo tomandolo del hombro y deteniendo su caminar — ¿estas seguro de estar bien con eso?
¿Seguro? ¿de tenerlo metros cerca luego de lo sucedido? ¡Jamas! Su cuerpo entero se llenaba de espasmos, calambres y cosquilleo insesante. Su cabeza, tan atolondrada como de costumbre, se encontraba llena de ideas absurdas de un encuentro mega romántico donde las flores, luces y estrellas multicolores se expandian en el lugar, dejando como idiota al otoño nostálgico.
No, no, no… ¡No podía seguir así!
— Estare bien, lo aseguro. — hizo énfasis en sus palabras el omega, sonriendo para tratar de canalizar sus emociones. — Tal parece que estas tratando de calmarte a ti mismo y no a mi.
Era cierto, Yurio no podía simplemente quedarse de brazos cruzados con una situación peliaguda como esta, donde los pasillos se redujeran a uno y ese par se volvieran a ver. Aunque Viktor huyera del recuerdo del ojos caoba, no decía nada el reaccionar ante la imagen de este luciendo una panza de seis meses, donde si era perspicaz sumaria dos mas dos y hallaría la realidad. Podría ser un pensamiento egoísta e infantil, pero quería que todo esto siguiera permaneciendo en las sombras, porque para cuando la realidad saliera a la luz las esperanzas de Viktor no existieran.
— Yo, solo… solo estoy preocupado por ti. — admitió avergonzado el rubio, tratando de ocultar su rostro. — ¿Acaso eso es malo?
— No… no… en lo absoluto. — río nervioso ante el grito del muchacho, ya parecía habersele curado su lado gruñon. Pues, se equivoco. — estas en todo tu derecho de hacerlo.
— Bien.
Llegando a la zona de los patinadores infantiles, Rossana se encontraba presumiendo su medalla con los demás, diciéndoles que nadie le había llegado a los talones y poseer un talento innato. Escuchando un ligero ruido a su lado, Yuuri no pudo evitar que el ruso saliera disparado hacia la niña dándole un ligero golpe en la cabeza, esta al verse agredida, despertó su personalidad de alfa berrinchuda reclamandole el exabruto del joven. Dando así el comienzo de la pelea de dos niños de brazos.
Por otro lado, Yuuri los ignoró tratando de encontrar a su amigo Phichit porque no tenia tiempo de estar de niñera, menos tomando en cuenta que el tiempo le jugaba encontra. Llamando a sus otros pupilos, se alejo al divisar una sombra de alguien conocido desde atrás, siendo seguramente dueño su amigo. Desde el comienzo, Rossana y Yurio no se llevaron bien en lo absoluto, al conocerse de inmediato sacaron sus dientes como si fueran perros callejeros tratando de marcar territorio. Como ambos querían al japones mucho, sentían que era una amenaza el uno para el otro en la supremacía en el corazón de este, aprovechando cualquier oportunidad para discutir. Celestino al verlos de esa manera, los sujetaba de las orejas como si fueran cachorros malcriados y los separaba de inmediato, lo malo de esta situación, era que este se encontraba ocupado en otras cosas.
— ¡Phichit-kun! — lo llamo alzando su mano entre la multitud, agarrando su atención. — ¡Por aquí!
— ¡Yuuri! — lo imito sonriendo alegremente — ¡Los padres de los niños han venido por ellos!
En tanto despedian a los pequeños felicitandolos por su esfuerzo, el moreno no pudo evitar imaginar en un futuro con Yuuri algo así volviéndose cotidiano, ambos entrenando niños y compartiendo una vida juntos. Él le importaba poco que este tuviera un cachorro de otra persona, porque si venia dentro del pelinegro, tambien poseía un pedacito suyo. Por eso, si aceptara sus sentimientos, esa criatura igualmente formaba parte de su imaginación del futuro. Compartiendo una casa en una de las zonas mas prestigiosas de Ditroit, teniendo un perro, el carro, otros cachorros mas combinados sus ADN y corriendo por todas partes. Tal vez Phichit estuviese ilusionandose a lo tonto, pero nadie le prohibía hacerlo si nadie se enteraba. Además, conocía muy bien la postura de su amigo en estos momentos, imposible de olvidar a “esa persona” y cargando con su bebé solo. Podría aparentar normalidad, pero la realidad era otro, su dolor era real y palpable. Hoy cumplía seis meses de gestación, felicidad suprema al estar en la recta final de al fin conocer a su cachorro, pero zozobra suprema al tomar en cuenta de volverselo a encontrar.
Phichit no es quienes se afianse lazos con el enemigo, pero en estas circunstancias se debió a la molestia de hacerlo, si, estuvo en contacto con Yurio. ¡¿En verdad?! ¿Yuri Plisestky? Aquel Yanke ruso de penetrante mirada y comportamiento voraz, bueno, digamos que él es el único en tener cerca a “esa persona” conociendo todos sus movimientos. Agregándole, la posibilidad de averiguar los pensamientos por el omega embarazado, lo engorroso de todo esto, seria al muy idiota desviando las directas hacia él y centrandolas en otra cosa. Haciéndolo nada mas que un misterio. Le frustraba, sin duda, pero las probabilidad de encontrarse con Yuuri serian nulas si Phichit y Yurio trabajan en conjunto. Seria pan comido.
— Ese era el último. — aviso el japonés, secando su sudor percatando que el moreno estaba distraído — ¿Phichit-kun? ¿ocurre acaso algo?
— ¿Eh? — se maldijo a sí mismo por manifestarle a su amigo su despiste — Oh, no, no… solo me preguntaba si había llegado Yuri Plisestky.
— ¿Yurio? — exclamó el japones medio frunciendo el ceño — Si… lo deje discutiendo con Rossana atrás, no pretendía convertirme en la niñera de esos dos.
« Ese idiota… ¡Como si tuviéramos tiempo de desviarnos del camino! » pensó furioso el moreno, dándole la espalda al japones y apretando sus puños. Aquel Yanke ruso en los momentos importantes era un completo inútil, dándole a entender solo confiar únicamente en él mismo.
— ¡Yuuri! — giro una vez en dirección a su amigo, volviendo a su usual forma de ser — ¿Qué te parece ir a observar las competencias junior? Asi matamos tiempo hasta que puedas vernos al idiota de Yuri Plisestky y yo.
— De acuerdo… — musito dudoso ante la versatilidad del moreno, mirando de reojo la mano de este en su hombro para hacerlo caminar — ¿Esta bien dejarlo solo con Rossana? Aun no sabemos donde esta Celesti…
Pero no pudo decir nada mas, de hecho, el ruido de las personas a su alrededor se convirtieron en chillidos de algarabía, alegría y existación. El tiempo para Yuuri se detuvo, todo dejo de tener sentido y el mundo dejó de girar, los músculos de su cuerpo se entumecieron por completo impidiendole dar un paso al menos. Porque su mente maquino de inmediato la imagen de “esa persona”, la cual, se mentalizo a si mismo jamas decirla o pensar para evitar salir herido. Mas de lo que ya se encontraba.
— Vi… Viktor… — susurro sin vida.
Allí se encontraba el dueño de aquel feo, asqueroso y cochino nombre, a escasos metros luciendo tan seductor e increíble como siempre. No iba solo, a su lado se encontraban Georgi popovich, otro alfa; Mila, una beta encargada de fastidiar a Yurio y Yakov, su entrenardor. Pero no tenia importancia para él, menos las personas que se aglomeraron a su alrededor. Sus ojos solo tenían espacio en aquel ser de belleza inexplicable, acaparando la luz de todos los focos del recinto y cada partícula de oxigeno entre las personas que solo se ocupaban de suspirar, caer casi desmayadas a su andar.
Yuuri seguía sin responder, pensando en lo irónico de resultar esta situación, porque se mentalizo muchas veces ocurrir en un futuro cercano, jamas lo percibió tan deprisa y palpable. No tenia fuerzas para enfrentarlo, ni las tendría, aun en su piel se encontraba el tacto del contrario, sus suaves susurros en sus oidos, la fricción de sus cuerpos y la herida de la separación. Todo, todo se arremolinaba entre si para enviarle una sensación glacial desde la espina dorsal hasta el cerebro, donde lo ocurrido anteriormente halla permanecido tal cual a un sueño entermecedor. Pero no, ocurrió y la prueba de ello la llevaba en su vientre, su cachorro.
Bajando la mirada cohibido, apreto de forma protectora las manos a su vientre abultado, como si alguien quisiera quitarselo de sus entrañas para jamas reguesarselo. Debía escapar de aquí, tenia que hacerlo, por ninguna estúpida razón sería descubierto ante “esa persona” u otra. Sin embargo, sus deseos no eran escuchados por su cuerpo adormecido negado a moverse, pegado con pegamento en el suelo e indespegable.
« No soy fuerte, jamas lo he sido. Menos lo sere en este tipo de situaciones, lo único que puedo hacer es llorar… »
Su amigo Phichit quien aun lo acompañaba justo a su lado, fruncio el ceño mirando la imagen de “esa persona” tomándose foto con sus seguidores, obsequiando autógrafos y simplemente tonteando. En tanto el japones, empezaba a sufrir los espasmos de una separación aparatosa, que para algunas sigue siendo un total misterio. Aun asi, no podía simplemente jugarsela a ver como el destino hacia de las suyas en juntarlos nuevamente, para mala suerte del Nikiforov su tiempo termino, ahora le tocaba a otra persona curar los daños dejados por él. Si. Con ello se refería a si mismo, podría sonar un poco pretencioso, pero estando en sus manos el pelinegro nada le faltaría, menos la felicidad.
— Ven, Yuuri… — lo sostuvo del brazo mirando hacia atrás, percibiendo un pasillo solitario y sin chismosos a la vista — tenemos que sacarte de aquí.
— P… Phichit-kun… — susurro hueco, con escasas fuerzas.
Entonces, cuando al fin pudo cargar con el peso del omega bajo sus hombros, Viktor se había librado de la mayoría de sus seguidores, pudiendo caminar hacia adelante exactamente donde hace escasos minutos se encontraba el japones y su amigo. Una lastima en verdad que ni siquiera lo pudo oler, dado que esa escencia natural del chico la difraso en el pasado por alguien común y corriente, dejando en el ruso un desconocimiento total con respecto a esto. Es decir, claramente en esos momentos percibía un agradable aroma igual de dulce a la miel, tierna como los pétalos de una rosa y embriagante hasta el punto de enloquercer. El mensaje: un omega. Aunque Viktor no era de dejarse llevar por sus instintos de alfa, debió de disfrazar su anciedad de seguir dicho aroma con la imagen de alguien lejano, tanto como el horizonte y triste como las despedidas de verano. Tratar de olvidarlo ha sido un suplicio, un castigo tragico de la vida misma, y a su vez, el karma de no entender las cosas a tiempo. Acordarse de sus propios errores aplacaba sus hormonas, al menos, servían de mucho mas que hacerlo sentir mal.
« Tampoco es que pueda viajar en el tiempo y cambiarlo todo. »
Incluso ahora, embriagado de dulce néctar prohibido de un omega, nada podría sanar sus heridas al ser un verdadero idiota. Porque si en aquel entonces hubiese entendido la suplica de esos ojos caoba, su situación habría sido diferente, no estuvieran separados y se encontrara en sus brazos permitiendolo amar. Pero no, lo dejo marcharse con solo el recuerdo de una autentica noche de amor, de cerrar un pacto con el dolor para jamas volver. Y eso, Viktor Nikiforov, lo lamentara por siempre.
Sus pensamientos turbios se despejan al escuchar la voz de Georgi aclamando el desamor, en su perspectiva, el olor del omega plagado en el aire dice un mensaje de corazón roto, que su amante le ha dejado atrás para jamas volver. Mila, tan burlesca como de costumbre, empieza a llamarlo idiota y bobalicon, ningún ser humano podría saber los pensamientos de otro por medio del aroma, menos de tratarse de un omega. El hombre contraataca llamándola insensible, en sus tres veces de haber terminado con su adorable “Aniya” ha conocido cada parte de ella, inclusive cuando esta triste y este sin duda, es el mensaje de un omega fracturado. Antes de armarse una contienda por un argumento absurdo, Yakov interviene mandadolos a callar a los dos, ha tenido suficiente de cacarear como gallinas en un gallinero en una tarde veraniega, ellos no fueron a conversar al igual a las viejas chismosas, sino a competir en un evento serio y necesitaba su entera concentración. Cabe de destacar, que Viktor era quien se alejaba rápidamente como la termita a un pecticida, parecía mas centrado en su meta en lugar de los demás y le asombraba, se notaba tomar su regreso al patinaje con cabeza fria. Escuchar eso de Yakov no le trajo para nada alegría, en cambio, sembró en su pecho una daga con nombre japones, quien pidió de deseo el volver a su antigua vida.
« Sera como… si nunca no hubiésemos conocido. »
¡Maldición! ¿Acaso eso era un autentica vida? El respirar día a día ya le era todo un sacrificio, como para completarlo con promesas infundadas sin juicio o fundamento, llevandolas al pie de la letra porque así lo quería. Si tan solo tuviera la fuerza, la valentía necesaria de romper las barreras y llamarlo, buscarlo desesperadamente para pedirle perdón junto a una nueva oportunidad. Pero no, era un cobarde, uno de cuerpo y alma completo, que prefería seguir esta farsa en lugar de ir por su felicidad.
« Ah… pero el dijo que sería feliz si tomaba su palabra como ley. »
Excusas, excusas y mas excusas para evitar aventurarse en correr detrás de su maravillosa estela de luz, inocencia y generosidad. Porque detrás de todas esas capas de inseguridades, se encontraba la persona mas magestuosa de todas esperando el ser recastada, pulida y tratado de una manera delicada. Aunque todas las puertas que lo llevaban hasta él se cerraron, nadie le impediría seguirlo anhelando y esperando que un milagro ocurriese. Tal cual como miraban, la gran “leyenda del patinaje” esperando a una situación banal como esa, rebajandose de la peor manera. Simplemente temeroso de no seguir cumpliendo su promesa.
— A todas estas… — intervino Mila mirando hacia todas partes en busca de algo o alguien — ¿donde esta Yuri?
— Se adelanto primero — informó Yakov con tono serio — creo que iba a encontrarse con algún conocido de la ciudad, quizás un amigo o familiar.
— Mmm… — musito con simpleza la chica, empezando a maquinar ideas en su cabeza — quizás Yuri tenga una… ¡Novia americana!
¿Yurio? ¿con novia? ¡Pero que cosa mas loca! Medito el peliplata riéndose internamente, porque la personalidad arisca del jovencito se prestaba para estar mas solo que las madrugadas, quien le aguantase ese malhumor endemoniado merecia su respecto.
— Oh… el amor se respira en todas partes. — infatizo las palabras Georgi, sacandola otra risa a Mila.
Viktor no acaba de comprender a su peculiar compañero de pista, es decir, debería de estar literalmente lleno de lágrimas y mocos por su ruptura con “Amya”, pero no, se encontraba poetisando palabras bonitas sobre los amantes y otras cosas mas. En el pasado, él mismo le hubiese seguido el juego como cualquier otro, pero en esos segundos no tenia las ganas ni fuerzas necesarias para repartir sonrisas y guiños. Hace unos segundos atrás las agotó todas, se encargaría de reponerlas una vez encontrado a Yurio, a ese niño no le puedes jugar torcido. Aun recuerda cuando empezó un interrogatorio sobre el japonés, juro que sudo mas a cuando le intento enseñar todos los saltos que sabia a él, dejándolo completamente exhausto y sin energías, llegando como conclusión tener una excelente resistencia. En fin, Yurio no paraba de preguntarle lo ocurrido con él, tratando de sacarle información de su opinión al retirarse tan pronto del patinaje o, la desaparición repentina de su mundo. Todo ocurrió tan repentino que lo desconcertaba, necesitaba respuestas a sus dudas, no rodeos o evasivas estúpidas. Sin embargo, Viktor nunca respondió a ellas, seguía apegandose a sus expresiones descuidadas y alegando no saber en lo absoluto las ideas que Yuuri tenia en su cabeza, siempre fue muy rebelde y nunca cambiaría.
Era cierto, podría haberlo dicho en juego pero, el ojos caoba no opinaba con nadie la toma de decisiones, solo las llevaba a cabo y ya. Como su primera y última vez juntos, admitia haberse dejado llevar por sus encantos peligrosos. La forma de sus curvas curvilienas, el tono de su piel entre bronceada y blanca, esa seducta manera de aclamar su nombre, la inocencia de su mirada y sus embriagadora forma de besarlo, envolverlo en una manta de deseo como cariño incapaz de poder controlarlo. Eso que ni siquiera menciono la musica escondida en su cuerpo, o la increíble compatibilidad con el suyo al momento de unirse, dictaminando que habían nacido para estar juntos y jamas separarse. Viktor habia estado con incontables personas en su vida, alfas, betas y omegas, pero nadie le hizo llegar a las estrellas como lo hizo Yuuri Katsuki y darse cuenta luego de su separación era absurdo. No quería escuchar el famoso dicho que decía “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” pero estaba viviendolo en carne propia, llenandolo de frustración absoluta. Lo malo de todo, seguiría atrapado en ese laberinto torturoso hasta que consiguiera la salida o derribara muros, aunque dudaba el sudeder una de esas dos pronto.
— ¡Ugh! ¡Solo calla renacujo! — una voz conocida le hizo sacar de sus pensamientos, frenando a la par sus pasos y los de sus acompañantes. — ¿alguna vez te han dicho el daño que hace tu voz a los demás? ¡es sumamente fastidioso!
— ¡Mira quien lo dice! — señalo de forma grocera al joven a una pequeña niña se castaña cabellera — ¡Yanke de insoportable acento ruso!
— ¡Es porque lo soy niña!
Claro… allí iba la increíble cita de “americana” de la que tanto hablaba Mila, aunque sino le faltaba las cuentas al peliplata, esta resultaba ser bastante menor inclusive para alguien como Yurio. La chiquilla no parecía pasar de los seis años, alfa por su fragancia demandante, grosera por su comportamiento y hija o hermana de algún conocido suyo, por la medalla de oro en su cuello era patinadora novata acabando de ganar su primer conmemorativa. De cierta manera, ver así al rubio le causaba risa porque en realidad seguía siendo solo un niño, podría tratar de aparentar lo que no era pero la realidad salía a la luz como ahora.
— ¡Yurio estamos buscandote! — rompió filas el peliplata, asombrando a los demás que le quedaron mirando extrañados, ¿desde cuando se mostraba tan interesado el el paradero del quinceañero? — Mila pensaba que estabas teniendo una cita, aunque… veo que ese precisamente no es tu caso.
Yurio giro de mala gana para mirar aquien pronuncio su “mote” cariñoso, encontrándose con la desagradable sorpresa de Viktor sonriendo despreocupadamente. Por supuesto, olvidaba que ese tipo seguía siendo un idiota completo, aun si Yuuri no se encontrara a la vista.
— ¿Buscas burlarte de mi o qué? — ataco el rubio de mala gana.
— Oh, no, no. De ninguna manera. — contesto de inmediato apresurado sin cambiar su expresión — Solo mencionaba que para ti es imposible verte en esa faceta, menos teniendo esa manera tan gruñona de comportarte.
¡¿Este idiota a qué jugaba exactamente?! Sonriendo como si la vida fuera esplendorosamente bella para él, encontrando mínima oportunidad para reírse de su situación de soltería… Aguarden, no, o mejor si, porque aunque Viktor jamas lo creyera posible acababa de dar un paso hacia adelante con su omega favorito, resultando ser mas provecho de lo esperado. Porque, vean bien, se trataba del Katsudon, quien estuvo antes con él pero lo dejo marchar.
— ¿Quien puede certificar que ya no tuve mi cita Viktor? — rio divertido, alzando su mentón con aire desafiante hacia el mayor.
— Oh… ¡¿En verdad tienes novia Yurio?! — pronuncio alarmado, acercándose al menor y tomandolo de los hombros — ¡Eso debemos conmemorarlo!
« Maldición, ten al menos un poco de rabia al saberlo » pensó molesto el rubio mientras el otro seguía diciendo palabras incoherentes, asustando consigo a sus compañeros y la niña a su lado, la cual se quedó estática mirando al ojos celeste. A Yurio le parecio extraño que estuviese tan callada, menos conociendo la personalidad de la chiquilla, quizás este analizando la situación en su entorno. Luego de todo, es un alfa en su mayor expresión.
— Yurio — lo llamo frenando el monólogo del peliplata — ¿desde cuando comence a soñar que veo a Viktor Nikiforov?
— ¿Qué? — le pregunto confundido, congelando el movimiento de todos los presentes.
— Si… a eso — siguió insistiendo, señalando al ruso — en la vida podría conocerlo en persona, al menos que me encuentre dormida.
Viktor conmovido de las palabras de la niña, dejo aun lado su compañero y se arrodillo frente a ella tomandole una de sus manos besandola, esta se sonrojo un poco ante la magnitud de ese movimiento. Sin dudas, mirarlo de cerca era mucho mejor que en la televisión, además, el olor proveniente de este hombre era sumamente encantador tal cual como…
— El olor de mi entrenador. — hablo de la nada la pequeña, dejando confundido al ruso — se que es estúpido siendo un omega pero, cuando me abraza siento una fragancia igual a la suya.
— ¿Tu entrenador un omega? — sonrio siguiendole la corriente, ignorando los nervios latentes en el quinceañero. — Suena como que lo quieres mucho.
— ¡Si! — abrió su sonrisa ante el recuerdo de Yuuri — ¿sabe? Es muy amable conmigo, ha sido el único en poder con mi temperamento y además, posee mucho talento. Mi papá dijo que antes fue uno de los mejores patinadores de todos, pero debió de retirarse…
— ¿Si? — se miro interesado, mucho de hecho, desconcertandolo un poco, porque quizás… no, no, no. ¡Imposible! Yuuri es un beta, no un omega. — ¿Alguna razón en especial?
— ¡Va hacer mamá! — confeso alegre sepultando los pobres nervios de Yurio, quien de a poco comenzaba a sudar mucho. — ¿puede creerlo? Su panza ya es enorme, aunque no nos ha dicho si es niño o niña, Rossana desea que sea niña y así poder jugar con ella.
El peliplata quedo estático ante las palabras de la niña, no por la confianza de hablarle de esas cosas tan a la ligera, sino la sensación estraña en su pecho embargandolo por escuchar de ese anónimo omega. En este resinto debía de existir muchos en estos momentos, pero y si… y si el olor de hace unos minutos era del mismo que hablaba la niña, seria muchas coincidencia pero posible. ¿Entonces qué? No es como si lo llevara a Yuuri, además, el mismo Yurio se llevaba a las patas con él y verlos conviviendo de manera amistosa seria raro. Dolia admitirlo, pero debía de dejar ilusionarse con cosas así, menos conociendo la verdad naturaleza del ojos caoba, es un beta.
Es bozando una sonrisa triste, Viktor se levanto del suelo colocando una mano en la cabeza de la pequeña, mostrandole signos de cariño hacia ella.
— Llevale mis felicitaciones a tu entrenador por el bebé, tambien por su buen trabajo al hacerte ganar. — le dijo sincero, sonriendole sin signos de falsedad — Debe de ser tan bueno como dices, sino, no dibujaría alegría en tus ojos como ahora.
— ¡Por supuesto que si! — respondió emocionada — Yo le digo pero usted debe ganar su competencia, ¿de acuerdo?
— Si.
Mas ironías de la vida, otra promesa por cumplir, pero en esta ocasión para Viktor Nikiforov no resultaba llevarla al pie de la letra. No entendía nada de las emociones de su cuerpo, menos que si tocaba a esa pequeña es como pudiendo llegar a Yuuri, considerándolo absurdo pero se aferraria a eso. Donde quiera que estuviese el japones, le dedicaba la próxima batalla a realizarse, porque cada uno de sus sentimientos eran solos para él y nadie mas. Lo aseguraba.
Yurio se quedo mirando marchar a su compañero de equipo, mientras Yakov le gritaba apresurarse a unirse a ellos para participar en las competencias, aun así, el quinceañero no había escuchado en lo absoluto las palabras de su entrenador. En su mente, seguía los estragos de ser un posible descuido propio dejar a la castaña hablar de Yuuri como si nada, siendo evidentemente peligroso de escucharse el nombre de él. No mentiría, había sido la situación mas adrenalinica de todas, su cuerpo temblaba, la mirada la tenia desenfocada y los latidos del corazón le martillaban tan fuerte que le dolia.
Maldición.
Maldición.
Maldición… ¡Eso era francamente agotador!
Maldición.
Maldición… ¡Eso era francamente agotador!
Aunque a todas estas ¿donde se encontraba el katsudon? Al encontrarse con los niños desapareció, seguramente los entregaba a sus padres junto al hámster, ese moreno molesto desde su llegada a Ditroit no se ha separado del cerdo convirtiéndose en su otra sombra. Cualquiera diria ser su rival a vencer, pero en el mundo de Yurio, ese ser no le llegaba a los talones para si quiera competir en su contra. Lo admitía, es de gran ayuda al mantenerlo alejado del desagradable de Viktor, pero de allí a robarle el corazón del japones, existía mucho trecho.
No poseyendo mas alternativa, propuso a Rossana ir por su entrenador, pronto se abrirían las competencias de alfas y debía de presentarse antes que lo dieran por desaparecido, descalificandolo. La castaña asistiendo de mala gana, menciono tener una idea de donde podría estar dadas las circunstancias de acompañarlo Phichit, porque este le complacia en todos los antojos habidos y por haber en el mundo gracias al cachorro. Seguramente nacería siendo una enorme masita, de tanto alimentarse su madre lo engordaba sin saberlo. En eso el rubio imagino como seria el bebé de Yuuri, ante la mención de las coordenadas de la niña, seguramente tendría las mejillas regordetas color rosado, piernas abuldaditas y esa mirada brillosa cuando deseaba con mucho frenesí algo. De tener esas características, Yurio podría darse por flechado de una vez, nunca podría competir con algo tan tierno proveniente del omega que ama. Aunque, el padre sea un idiota sin remedio.
Ambos alfas estuvieron recorriendo pasillos sin dar con Yuuri, aun existía personas ocupando lugares y fastidiando de vez en cuando por una foto, queriendo evitar esto el quinceañero trato de espantarlas fracasando en el proceso. Un paginador artístico vive por sus seguidores, son ellos quienes mueren al ver tus actuaciones, lo mínimo en agradecerle seria complacerlo. Rossana a ver el rostro de Yurio en mala gana, no se privo de tomarle algunas fotos con malicia, sabia que Phichit le desagradaba el rubio y compartirlas mientras se reían no seria malo. Seguidamente de eso, pudieron llegar a la cafetería del resinto donde estaba plagado de mas gente, en esta ocasión no parecieron hostigar tanto, creo que se debía a la expresión de malas pulgas del Yanke ruso ante el agetreo, demostrando querer un descanso merecido.
El primero en dar con los desaparecidos fue Rossana, alzando su mano al aire y llamando a un Phichit muy serio para su usual mueca de diversión, la niña le parecio extraño pero no cambio su postura feliz. El quinceañero le siguió desde atrás adoptando la expresión del moreno, no quería especular pero si sus pensamientos eran correctos, Yuuri se encontró con alguien desagradable. Donde estaba solo divisaba al japones de espaldas, esperar que se girara era ingenuo de su parte pero aun mas el verle con una sonrisa. Debía de respirar profundo, si un omega es llorón y dramática por naturaleza, uno con seis de gestación suele serlo mas de lo normal.
— ¡Phichit! ¡Yuuri! — los llamo Rossana a escasos metros de los jovenes — ¿a qué no adivinanza quien me…?
Pero no término de decir su pregunta, en lugar de ello, quedo muda ante la imagen de un cerdito comidiendo de su mesa repleta de pasteles, dulces y panes con rellenos deliciosos. Yurio quedo sin aliento, de hecho, la expresión de su rostro era de total incredulidad. ¿En verdad esto estaba ocurriendo? Mientras el luchaba por no darle un paro cardiaco, Yuuri tragaba tal cual fuera un desahuciado o cerdo salvaje, haciéndole honor a su apodo.
En verdad… tenia ganas de golpearlo.
— ¿Qué demonios estas haciendo? — pronuncio con calma, apretando los dientes y evitando cometer una locura.
— ¡Si son Yurio y Rossana! — se las arreglo para darse la vuelta y saludarlos — oh, uh… solo comia un aperitivo antes de las competencias que amablemente Phichit-kun ofreció.
Por la expresión del moreno, duda mucho eso.
— ¡Yuuri! ¡Escucha! ¡Escucha! — intervino la infante saltando enérgicamente frente al omega, tratando de tener su atención — ¿sabes con quien hace unos momentos converse? ¡Con Viktor Nikiforov!
Alli venía el momento de la verdad, pensaron los otros dos tensandose al escuchar la inocente castaña hablar del alfa, seguramente esperando una reacción negativa del pelinegro.
— ¿En verdad? — exclamó sorprendió, generando la confusión en sus amigos quienes esperaban otra reacción — ¡Eso es fantástico! Debiste de estar muy emocionada, Rossana.
— Al comienzo pensé que estaba soñando — río nerviosa, pintando sus mejillas de carmín — pero no, en verdad se trataba de él. ¡Tambien le hable sobre mi entrenador!
Allí si Yuuri dejo de fingir calma, mirando inmediatamente al rubio esperando explicaciones de su parte, suplicando quizás que su nombre no halla salido a la luz. El jovencito, solto un suspiro ante la mirada caoba del omega, al menos dejo de fingir sentirse bien de tener a cierto fastidioso ruso en los alrededores del lugar, tomando el riesgo de ser descubierto. Sin embargo, la existencia del cachorro en sus entrañas le era un total misterio, queriendo ser así una buena temporada.
— No dijo tu nombre, solo que eras una buena persona para ella. — claro el Yanke ruso con simpleza, inyetando el alivio en el japones.
— ¡Tambien te felicito por tu estado y prometió ganar! — nuevamente la tensión reino en la mesa, generando pensamientos conversos en los presentes, mas en Yuuri, el cual de manera instintiva sujetó su vientre con algo de nostalgia. Todo esto le resultaba tan irónico, dándole igualmente dolor — ¿no te parece grandioso? Aunque claro, Rossana lo obligo hacerlo porque llevar un mensaje gratis jamas ha sido mi estilo.
— ¡Tu…! — se escucho un gruñido proveniente de cierto quinceañero, el cual, apretaba los puños con rabia — Yo también estoy en esa competencia, niña. ¿Acaso deseas mi derrota?
— Por supuesto — confeso con total normalidad, produciendo en Phichit un bufido divertido y siendo rápidamente fulminado con la mirada por el rubio — van a trapear contigo el suelo, Yurio.
Allí se armo la batalla campal, donde hasta el mismo tailandés hizo participe de esto, soltando carcajadas y fotos muy emocionado. Sin embargo, Yuuri quedó en las palabras de felicitaciones de “esa persona” de forma inconsciente, obviamente no tenia idea que se trataba de él pero seguía teniendo el mismo impacto. ¿Como podría tomarse aquello? Mas cuando… ¡cuando hace unos segundos atrás lo miro de lejos y seguía sintiendo lo mismo! Quiso llorar, gritar y dar improperios al cielo. Pero se abstuvo de hacerlo, en su estado solamente pondría en peligro a su bebé, su prioridad no era hacerle llegar a “esa persona” sus sentimientos, las pontencialidades dormidas en su interior o permanecer mirandolo solo a él. No. Ahora todo su amor y atención era para esta criatura en su interior luchando por vivir, queriendo salir para ver mediante sus ojos las sorpresas de este mundo, Yuuri serviría de mediador ante eso. Por ello no tenia tiempo de sufrir, menos de prestarle atención a “esa persona”, podría estar afectado ante todo ese jaleo, inclusive conmocionado, pero trataría de seguir adelante solo por su bebé.
Las competencias senior de omegas, alfas y betas dieron comienzo. Los primeros en presentarse fueron estos últimos, considerando entre sus participantes los mejores de los continentes y nada mas, si Yuuri no se hubiese retirado, quizás estuviera compitiendo en lugar de Phichit, pero al estar en estado y desaparecido del radar artístico, llego el turno de su amigo mirandolo desde las gradas con el público. La suerte de ser un omega embarazado, residía en ocultar completamente su presencia ante los demás y dar una fragancia diferente, dada una combinación entre la propias de los omegas y la del pequeño en su vientre, aunque no se supiera la naturaleza de este, adoptaba la de su padre progenitor. Cosa, que para Yuuri, causaba algunos estragos, pero con un poco de voluntad propia consiguió obviarlos.
Todos los patinadores en la categoría beta estuvieron fascinantes, algunos sublimes como el americano o africano, los cuales utilizaron canciones propias de sus continentes, ganándose el corazón del público y el suyo propio, pero quien se llevo la victoria indudablemente fue Phichit. Todo en su rutina fue sublime, fantástico e impactante, aquel traje parecido de un príncipe salido directamente de la India, negro con azul, causo uno que otro suspiro en las féminas del publico, haciendo reir incrédulo al ojos caoba por ser exageradas. Los movimientos, saltos y expresiones, quedaron en sus retinas para imprecionarlo de una manera fuerte, dentro de los años en conocer al Tailandés jamas conoció un lado tan apasionado de él. Es decir, su programa contaba la historia de una dulce princesa atrapada en una horrible torrea presa de un terrible demonio, incapaz de liberarla de su presencia y temor. Es cuando entraba en escena el príncipe, siendo el benefactor de liberarla y acabando con ese malvado demonio, siendo finalmente libre. Si, un poco infantil viniendo de alguien ya adulto, pero si lo consideramos bajo otra perspectiva, todos posemos dentro de nosotros demonios que nos impiden seguir caminando hacia adelante, debido a ello, alguien casualmente llegara a tu vida liberandote de ellos y animandote a que todo tiene un final, por eso, nunca debemos dejarnos vencer. Un excelente tema de Phichit, que lo llevo al oro.
Los siguientes fueron los omegas, quienes tuvieron de ganador a un americano, tenía dieciséis años y unos rasgos sumamente delicados tanto que parecía una chica, pero sus movimientos de Ángel caído del cielo dejaron al agape de Yurio en pañales. Ya podía imaginarlo, temblando como una hoja de impotencia por verse vencido ante un omega, una vez mas, porque su rutina no era lo suficiente “conmovedora” para el jurado. Bueno, eso sonaba muy Yurio, pero ya tendría su momento de brillar en la competencia de los alfas.
Unos segundos ante de comenzar todo, el Yanke ruso pidió unos momentos a solas con el japones para poder hablar. Este último lucia nervioso, advirtiéndole que ni se le ocurriera besarle como amuleto de buena suerte o algo parecido, muchas personas podrían mirarlos y ser descubiertos podría considerarle problemas. Aun así, olvidando una vez mas las palabras del omega, el rubio abordo sus labios dándole un beso mucho mas demandante y fuerte, demostrandole mediante a este la ganas grandes de ganar la competición. Podría estar nervioso, podría encontrarse impaciente, igualmente, podría ser la excepción al estar entre los grandes mas tratándose de Viktor, pero no importaba, nada importaba porque en comparación de ese sujeto, él tenia a su lado a un adorable omega. Al separarse río divertido mirando entretenido a Yuuri, quien decía palabras incoherentes en tanto desviaba la mirada a otro lado avergonzado, aprovechando de la confusión de este el rubio le prometió ganar y así imponerse como el mejor de los alfas, de hacerlo, el japones tendría que aceptar llevarlo a cenar y mostrarle la ciudad. Obviamente él se quedó un poco estático ante la imposición del menor, pero dada las circunstancias, saco de su bolsillo unas llaves extendiendoselas de forma cohibida.
— ¿Qué son? — preguntó él recibiendolas y mirandolas con desacierto.
— Las llaves de mi departamento — pronuncio con nerviosismo, mirando al suelo con vergüenza. ¿Pero qué estaba haciendo? — ¿Recuerdas la Copa de Rusia del Gran Prix Final? Tu… me diste Piroskys y yo…
— ¿Vas agradecerme por algo que ocurrió hace meses atrás? — inquirio alzando una de sus cejas.
— No — trago saliva duro, armandandose de valor y mirandolo — solo digo que en ese entonces me alegraste y animaste. Solo quiero hacer lo mismo por ti.
Yurio quedo estático unos segundos, mirando sin poder digerir lo dicho por el japones. Aunque lo recibió como una declaración, no precisamente amorosa al ser pronto, pero si una llena de aprecio y cariño. Quizás sea insuficiente pero por los momentos, se conformara.
— Eres… tan bobo — soltó una risita, guardando las llaves en el bolsillo de su chaqueta. Acercándose de forma imprevista y abrazandolo fuertemente. — te considerare en extinción gracias a esto.
— ¡¿Y por qué?! — trato de defenderce el omega.
— Por decir todas esas cosas sin esperar una respuesta de mi parte — susurro conmovido, escondiendo su rostro en el hombro del mas alto. — Yuuri, por favor observame bien, muy bien y jamas apartes tu mirada de mi. Si en verdad quieres agradecerme lo del otro día, has lo que te pido.
Luego de eso, el ruso se marcho dejando al mayor con una enredadera en su cabeza, conocía muy bien sus sentimientos y los se Yurio. Sin embargo, estaba mal sentir ternura ante las acciones de el, seguirle la corriente y dejarse besar cuantas veces quisiera. Necesitaba marcar las distancias o sino seria tragado de un bocado, además aun existía esa comezón en su corazón gracias a cierto peliplata molesto, que con su aparición solo complicó mas las cosas.
Ahora en el presente, miraba tranquilamente la presentación de un alfa procedente de Oceanía, quien se movía con maestría sobre la pista como si fuera una fiera, la musica también también le ayudaba a imaginarse aquello. No negaba que era bueno, demostraba con intereses lo de significar ser un alfa, aun tomando en cuenta los errores mínimo tendría un puesto en el podio. Al terminar la presentación, todo el mundo lo ovaciono de pie, esto se vio mas en las féminas que traían hasta pancartas con su nombre y otros emoticones, Yuuri sintio un escalofríos por eso. Las chicas daban mucho miedo, sino podían preguntarle a Yurio, él era el mayor experto en tratar de lidiar con ellas. Aun recuerda en el GPF cuando lo persiguieron por debajo de las piedras, logrando ser refugiado por gazajo, Otabek, un hombre de caracter imponente pero muy amable. De hecho, posiblemente lo vea competir en estos momentos en representación de su continente.
Anunciaron la presentación de Yurio y el japones sintio un martilleo inregular en su corazón, las palabras del quinceañero vinieron a su mente como una brisa veraniga, lo de observarlo muy bien y no apartar la mirada. Podría hacerlo, si, pero no comprendia la razón de sentirse tan inquieto solo por un quinceañero. Es decir, solo es un niño y sus reacciones viene de acuerdo vaya viviendo. Hoy dice quererlo y mañana puede que no.
« No menos precies sus sentimientos, ya bastante ha hecho por ti como para hacerlo. »
Era cierto, Yurio había estado mas pendiente de su bienestar que cualquier persona, incluida su mejor amigo Phichit, porque aunque estuviese en Rusia preparándose para esta competencia y la nueva temporada, no dejaba de comunicarse ni un día con él. Se lo debía, darle unos mi de su tiempo no sería nada comparado con los sentimientos de amor del rubio, por eso le dijo considerarlos porque ha dejado de ser un niño, salto a la madurez. Siendo de esta manera, ¿cual era el miedo del Katsuki? Tal vez residía en su bebé y los sentimientos hacia su padre. No podia mentirse, aun lo seguía amando, por ende pensar en otro aun era imposible menos teniendo tan poco tiempo de separados. Aun recuerda como los músculos de su cuerpo se congelaron ante su presencia, parecido a inyetarle una clase de fármaco para impedir su movilidad, aun mas, el nerviosismo propio de cuando lo veía venie a su encuentro. No, no podía engañarse, aunque ocultara todo esto, la verdad saldría tarde o temprano.
¿Tendria fuerzas para aguantar verlo actuar? ¿de no correr hacia sus brazos y refugiarse en ellos? ¡¿En verdad las tendría?! No lo sabia, pero lo intentaría por su bebé.
— ¿He llegado en buen momento? — una voz risueña se escucho a su lado, proveniente de un muchacho moreno con tapaboca, el cual, eventualmente se medio descubrió. — Hola… Yuuri.
— ¡Phichit-kun! — casi grito, pero al descubrir donde se encontraban, cubrió su boca con vergüenza auto callandose. — Lo siento, pero… ¿qué haces aquí?
— Bueno, no iba a perderme la presentación de Yuri Plisetsky — se encogio de hombros sentandose a su lado — después de todo, sera mi competencia en la nueva temporada.
— Oh… tienes razón — dijo afirmando lo del contrario, fijándose en la pista al ver como las luces de enfocaban solo en el muchachito rubio. — y has llegado mas que a tiempo.
El tailandés observo detenidamente al pelinegro, parecía estar feliz por Yurio y eso no le agradaba nada. Sabia muy bien que él solo sentía empatia hacia el quinceañero, pero no quitaba el hecho que este tuviera otras ideas en mente, por eso temió mas al haberlo dejado a solas. ¿Qué pudo querer ese Yanke? ¿Exactamente que le dijo? Aunque tenia ganas de preguntarle todo eso a su amigo, se lo guardo, porque no deseaba comportarse como un desesperado y menos darle pie a descubrir sus verdaderos sentimientos. Yuuri no estaba preparado para ellos y menos lo de los otros, solo necesitaba era sanar.
— ¿Sabes el tema que tratara en esta temporada? — cambio el rumbó de sus pensamientos al patinaje.
— Mmm… aun no le tengo muy claro. — respondio pensativo, sin quitarle la mirada al niño que se manejaba con maestría en el hielo — pero es un concepto totalmente diferente al del año pasado, algo mas explosivo y comprometedor.
Eso sonaba peligroso, porque conociendo al Yanke lograba cada una de sus objetivos, ahora teniendo fuera de competencia a su amigo sus oportunidades de ganar eran grandes. Bueno, tampoco se rendiría, por nada fue nombrado el tercer mejor del mundo y demostraría que podía llegar hacer el primero.
— Yurio es increíble — musito asombrado con ojos brillosos — ha clavado en todos sus saltos sin algún esfuerzo, además su movimientos son impecables pareciera como si estuviera reclamando algo o…
Yuuri no completo la frase, de inmediato su rostro adquirió un color carmín, ahogandose en sus propios pensamientos y escondiendose del mundo. Phichit entendió el mensaje rápidamente frunciendo el ceño, la pelea no era con él sino con cierto patinador despistado que esperaba su turno mirando a la nada, donde el premio a reclamar era su amigo. ¡¿Pero que demonios?! Ese niño ni lo consideraba un rival digno de su atención, simplemente lo ignoro y se centro en el mayor competidor de todos. Le molestaba, le hervia las entras de la rabia, porque en la vida había sido tratado de esa forma, por mucho intertar ser alguien con buen humor y amigable, tenia sus momentos como este. Aunque se los tragaria, solo por el bienestar de Yuuri.
Cuando término, todo el mundo gritaba emocionado aplaudiendo de la demostración de talento, inclusive Yuuri, quien sonreía bastante complacido del rendimiento del jovencito, cosa que deposito en el moreno la inquietud. Darse por vencido en la vida esta prohibido, pero ¿por qué se sentía un perdedor? Viendo al público lanzandole cosas hacia la pista donde antes estuvo Yurio, comprendio que no solo era un niño berrinchudo, tambien tenia agallas y fuerzas necesarias para provocarlo. Quizás gano esta contienda en las competencias de razas, pero aun faltaba la guerra y esa no pensaba perderla. Revitalizado, sonrio complacido al frente, pensando en el siguiente movimiento a tratar. Entonces ocurrió, cuando terminaron de recoger todos los presentes de la pista de patinaje, el presentador anunció ese nombre con un poder mas fuerte que un terremoto, tsunami y huracán juntos, porque no solo Yuuri queda nuevamente congelado todo el mundo se había puesto loco de la dicha.
Viktor Nikiforov volvió para quedarse, igualmente esperaba asombrar a todos con su acto.
Phichit tuvo que ayudar al japones a sentarse, estaba tan afectado para moverse por si solo, aunque eso fue solamente el comienzo de todo. El tema de esta temporada de Viktor se trataba de “anhelos”, donde pensaba dar una muestra de esto precisamente en este pequeño programa, el cual, Yuuri sin poder evitarlo lloro. La intencidad de las expresiones del ruso, la sincronización de sus movimientos con la musica sonando en los altaboses, esos saltos tan propios de él y la manera en que coordinaba todo junto, provoco en el Katsuki romper en llanto. Era como si el mensaje de “esa persona” le halla llegado directamente al corazón, sujetandolo y haciéndolo doler. Con esa presentación llamaba desesperadamente a alguien, alguien que estaba muy lejos de él y a pesar de anhelarlo no podía alcanzarlo, eso le llenaba de tristeza y dolor, porque en verdad necesitaba verlo.
Ya no podía mas, en verdad no lo soportaba, podría considerarlo un impulso de estupidez proveniente de volver a verlo, pero Yuuri quería fundirse en esos brazos que tantas veces fueron su hogar, refugio y consuelo cuando algo andaba mal. Tal vez pensar en él como su objeto de inspiración era errado, aun así el japones no se dejaría vencer, realmente su corazón le decía a gritos encontrarse con su verdadero dueño. Aunque no supiera de sus verdadera naturaleza, aunque no tuviera idea de estar embarazado de él, sobre todo, no queriendolo como lo hacia. ¡Qué demonios importaba! Con tal de tenerlo cerca lo demás sobraba, Vitkor jamas ha sido el tipo inresponsable o desconciderado, de volverse a ver jamas lo abandonaria. Teniendo ya las ideas claras en su cabeza, busco el brazo de Phichit, aferrandose a este y entre sollozos combinado con el llanto logro musitar algo.
— Por… por favor… Phichit-kun, yo… quiero verlo… no puedo… no puedo estar mas sin él… ya no mas…
El moreno se quedó mudo, estático ante la declaración de su amigo, quien al pesar de tener a Yurio detrás de su sombra, le seguía importando la misma persona idiota. ¿Ironico no? Mientras luchaba internamente con el rubio, Yuuri tenía en mente el padre de su criatura, el cual, gobierna actualmente todo su ser. Si lo pensaba fríamente, era como el famoso mito de las “almas destinadas”, esas que con solo verse sabes si tienes o no conexión con esta. Sin embargo, él único en sentir tal cosa sería los alfas, al comienzo ¿no? Luego de marcar a su omega o ser destinado, este igualmente percibiría lo del contrario. El tailandés jamas se comio ese cuento, podría haberle seguido la corriente a sus amistades e seguidoras, pero en la hora de la verdad solo lo miraba como teoría loca sin fundamentos. Viendo el panorama actual, consideraría pensar las cosas con mas calma, porque Yuuri no podría estar marcado por Viktor, pero tenia ese grado de apego natural entre ambas especies al estar casadas. No tenía conocimientos si se trataba del embarazo u otra cosa, pero los ojos llororsos de su amigo dictaminaba querer ir rápidamente al encuentro del ruso.
Ese día Phichit Chulanot perdió dos veces en esa misma pista de hielo, la primera, frente de un quinceañero con complejo de edipo, y la segunda, esa imagen del pentacampeón del mundo en vivo termina por sepultar todas sus expectativas, mandandolo a guardarla en un cofre de madera. Antes de la llegada de Yuuri a su pais seguido de la propuesta de Celestino, tenia en mente confesarle a Yuuri sobre sus sentimientos, conocía mas o menos que entre él y la “leyenda viviente” del patinaje ocurría algo, esas miradas tanto como el movimiento de sus cuerpos al estar uno frente a otro lo gritaba. Sin embargo, ocurrió todo el jaleo de su separación y los rumores tras eso, dando por consiguiente la culminación de todo. Entonces pensó ser la oportunidad idónea para dar un paso adelante, hacerle llegar su sentir y buscar conquistarlo. Pero no, la vida le tenía otra jugada y con ello no solo se refiere al bebé en camino, menos a Yurio, mas bien a la expresión que esta haciendo su amigo en estos momentos.
Comprendio que pedirle peras al olmo es imposible.
Comprendio, tambien, que los sentimientos son libres como el viento y no pueden ser exigidos, se ganan.
Obviamente, él se lo merece, pero Yuuri no es su destino.
Comprendio, tambien, que los sentimientos son libres como el viento y no pueden ser exigidos, se ganan.
Obviamente, él se lo merece, pero Yuuri no es su destino.
Quería llorar, encerrarse en un lugar oscuro y lamentarse de su suerte, haberse enamorado de su mejor amigo es la cosa mas loca hecho en su vida, a su vez, el viaje mas maravilloso de todos. Phichit no es de los que se arrepiente de sus acciones, menos lo hará en estos momentos, debido a ello y ese sentimiento que tiene por Yuuri lo dejara ir hacia su destino. Aquel peliplata de sonrisa segadora.
Los aplausos resuenan el la pista dada por terminada la rutina, las voces de algunas chicas gritan la bienvenida de Viktor, otras chillan simplemente emocionadas de tal espectáculo hecho por el ruso y que jamas lo habían visto tan transparente, seguramente algo influyo en ello. El sollozo de Yuuri lo trae a la realidad, llevándolo a reaccionar para actuar, sabe que llegar hasta Vitkor en el estado de su amigo no es nada fácil, menos si considera escapar del ojo público. Por eso, piensa primero en tranquilizarlo y plantearle la idea.
— Vamos Yuuri, calmate que así no conseguiremos nada. — le sugiere mirandolo con calma — llegaremos hasta él pero tienes que controlarte.
El pelinegro respira varias veces para relajarse, tal cual a las lecciones dichas por su doctora por si llegara a entrar en labor de parto, como se encuentra en sus seis meses los movimientos del bebé podrían dejarlo exhausto y para ello se contrarresta con ejercicios de respiración. Al momento esta mas calmado y parado de llorar, aun así, el martilléo de su pecho sigue persistiendo ante la anciedad.
— Lo siento… — susurra alejando las manos del moreno y tocando su vientre.
— No te preocupes — sonrio el tailandés fingiendo alegría o su usual carisma — todos tenemos nuestros momentos.
— Pero pude haber colocado en peligro al bebé. — reintegro el japones mantiendo su mirada a su vientre — Lo siento para ti tambien… cachorro.
Ante esa mirada Phichit comprensión mas cosas, la primera, estaba siendo egoísta solamente pensando en su beneficio propio; la segunda, se encontraba consiente de la realidad de Yuuri con respecto a su bebé y no le molestaba; es donde entraba la tercera, esa criatura necesitaba a su padre independientemente de como sucedieran las circunstancia, tenia derecho de hacerlo.
— Vas a verlo, Yuuri. — le interrumpió comocandole una mano en el hombro de este, guiñandole un ojo. — vamos hacer eso posible por el bebé y tu bienestar.
— Phichit-kun… — susurro conmovido.
— Asi que, escuchame muy bien y atentamente. — le dijo con seriedad en medio de la algarabía ante la presentación del Kazajo, Otabek. — no quiero verlos expuestos a ustedes dos.
Culminada la competencia dieron como ganadores al americano bestial, en tercer lugar, segundo lugar el de Kazajo y primero Yurio. Al no estar propiamente en la competencia Viktor recibió otro tipo de premio, su presentación fue entre nostálgica y demoledora, por lo que dejarla fuera de alguna conmemoración seria un delito. Por lo tanto, le dieron algo mayor al campeonato de alfas, un trofeo en honor a su trayectoria y regreso a las pistas donde pertenecía. Generalmente Yurio estuvo dichoso ante su presea dorada, era la primera vez ganandola entre los seniors alfa, en el pasado lo hizo mucho con los junior hasta cansarce. Pero esto era un logro, uno muy nuevo y provechoso que le abriría muchas puertas. En el fondo esperaba que Yuuri le halla observado bien, porque la rutina completa se la dedicaba a él.
Encontrándose en los vestidores miraba de lejos a Viktor, parecía estar demaciado pendiente de su celular, mas de lo usual en él, porque se la pasaba tomando foto cada vez que podía. No como lo hace Phichit Chulanot, pero en un grado menor. En esta ocasión, parecía distinto, un tanto ansioso por recibir una llamada o mensaje. La verdad, le tenia sin cuidado, no es como si tuviese tiempo para regalarle al peliplata necesitaba ir por Yuuri y alejarlo de todo este ambiente. Seguramente estaba con el hámster en las gradas, pensado en la expresión molesta que tuvo que hacer al verlo patinar, lo llenaba de dicha. Una Victoria mas para la casa. Mientras finalmente el teléfono de Viktor suena, el rubio despierta de su ensoñación colocándose su usual polera de animalprim y lo fulmina con la mirada, aquel idiota se encuentra tan sospechoso que le intriga. Es parecido a cuando te organizan una fiesta sorpresa y tienes tus sospechas, aunque quieras confirmarlo algo dentro de ti te dice guardar la calma, esperar a darse las cosas de forma natural.
— Yuri — la voz gruesa de Otabek llega a sus oidos, haciéndolo desviar la mirada. — ¿iras al banquete preparado para los patinadores?
¡Maldición! Había olvidado ese mínimo detalle, en otra circunstancia respondería de inmediato si, pero tenia otros planes en mente como encontrarse con un peculiar Katsudon.
— ¿Vas a verte con el omega que me comentaste el otro día? — dedujo ante el silencio el moreno, sonriendole de medio lado.
— ¿Acaso puedes leer mentes? — le siguio el juego el quinceañero, cerrando su cacillero con bolsa en mano.
— Digamos que eres muy evidente. — señalo con diversión, comenzando a caminar hacia la salida. — de leer mentes no seria patinador, creelo.
— ¿Ganarias mas dinero? — pregunto alzando una de sus cejas, sonriendo divertido.
— Mmm… de eso no hay duda pero — dudo ante de decir las siguiente palabras — jamas certifica mi felicidad o como lo tomarían los demás mi predicciones.
— Tiene mucha coherencia. — opino sinceramente el ruso.
El entrenador de Otabek llego para buscarlo, llevándolos a despedirse allí y verse pronto en la nueva temporada, aunque dada su amistad seguramente lo harían pronto. Luego caminando por los pasillos tratando de pasar desapercibido, se topo con Yakov y Mila, estos esperaban a Viktor para irse al banquete realizado justo en honor a los patinadores. Yurio marco desde el inicio no poder ir, hizo planes con alguien de Ditroit y aplazarlos era imposible, obviamente su entrenador comenzó a gritar la oposión de su decisión. Nunca se sabia la oportunidades en esos eventos, por lo tanto, su único trabajo era irse con ellos al hotel y ir al banquete. Tomando en cuenta el alma desordenada de Yurio, simplemente ignoro al anciano marcando a la vez el número del cerdito, aunque tenia la dirección del departamento de este y las llaves, tenía la necesidad de verlo. Aunque él no contesto el teléfono. Extrañado de ese hecho, volvió a marcarlo empezando a caminar rápido mirando a todos los lados por si lo veía, una de las posturas mas curiosas del cerdito era su capacidad de contestar rápido una llamada, no esperaba a caer la contestadora, y de hacerlo, de inmediato te la de vuelve. Pero en esta ocasión no, simplemente repicaba varias veces y daba de inmediato al buzon de mensajes, dándole una sensación de frío en el cuerpo. No logro escuchar mucho a Yakov, pero creyo al menos que dos de sus cuatro patinadores, hacían las cosas a su conveniencia y se largaban por alli.
Oh… no, no, no.
¡Tenia que ser una jodida broma!
¡Tenia que ser una jodida broma!
Yuuri no podría estar con Vitkor, esa llamada inesperada del mayor jamas podría ser del Katsudon, este tenia una idea muy clara de no tener nada de contacto con él, dudaba mucho su cambio de opinión. Es decir, esta embarazado y sus hormonas descontroladas, pero jamas se dejaría llevar por las emociones o las rutinas de ese sujeto. Sin embargo, aun quedaba ” y si…” en su cerebro rodeandolo, quizás no necesariamente lo llamo, pudieron haberse encontrado en el pasillo, Viktor le obligo a darle explicaciones, el omega se rehusó al comienzo alegandolo dejarlo en paz, una cosa llevo a la otra y termino soltando la sopa.
« ¡Maldición! ¡Maldición! ¿por qué no me contestas el celular? ¡hazlo de una buena vez Yuuri! »
No quería empezar a entrar en modo crisis, menos el paranoico pero su cerebro daba cada vez mas ideas descabelladad a la anterior, donde todas terminaban en una reconciliación y aceptación de los sentimientos de Viktor. ¡No podía seguir así! Recordó que el japones se encontraba acompañado por aquel hámster, este jamas le daría a Yuuri de bandeja de plata al peliplata, si tenía fuertes sentimientos por el omega se resisitiria. Iba a marcarlo a él hasta que lo vio, caminaba hacia su dirección, por sus ojos nada bueno estaba ocurriendo y lo peor de todo, Yuuri no iba a su lado.
Prendiendo las alarmas de emergencia en su cerebro, guardo su celular en el bolsillo de su pantalón corriendo al encuentro del tailandés.
— ¿Donde esta? — lo intercepto sin darle rodeos al asunto, asustandol al moreno por su repentina aparición. — responde, ¡¿donde esta Yuuri?!
Phichit no constesto en seguida, simplemente se quedo estático viéndose quizás reflejado en los ojos verdes del niño, se encontraba tan frenético y desesperado por el paradero de su amigo que lo compadecia. Luego de todo, estaban en el mismo barco.
— Fue a ver a Viktor. — dijo finalmente.
El cuerpo de Yurio dio un ligero temblor al escuchar dichas palabras, su peor pesadilla ocurría donde el pelinegro tonto corría detrás de la sombra del peliplata, ese mismo encargado de distruirle el corazón a mil pedazos por su indecisión. ¿En verdad? ¡¿En verdad Yuuri estaba haciendo eso?!
— ¿Como…? — lo sujeto de las solapas de la chaqueta del otro con rabia, evitando cometer una locura. — ¡¿Como demonios permitiste dejarlo ir solo?! ¡¿no has visto que es un suicidio?!
— Piensas… ¿qué no lo se? — bufo irónico, dándole un manotazo al quinceañero y liberandose. — ¡Maldita sea! Estuve durante todo el maldito camino cuestionandomelo, pero no tenias ni idea del rostro de sufrimiento que hizo, ni como perdió la postura al verlo patinar. — el rubio abrió los ojos sorprendió, imaginando la reacción del pelinegro. No era tan impredecible de todas maneras. — Lloro… ¡me imploro querer ir a verlo! Ya no soportaba estar lejos de él, por fin me demostró la verdadera faceta detrás de la mascara de “estoy bien y nada me afecta”. ¡Conmigo no ha si tan sincero!
— ¿Y conmigo si? — preguntó con ironía, chasquiando la legua fastidiado. — Cada maldito día luego de enterarse estar embarazado, no mostró sus verdaderos sentimientos a la luz solo se escondió en su faceta “nada me importa”, olvidándose del verdadero dolor. Pero por eso… ¡no lo ayudaría a su destrucción propia!
— ¡¿Y que pretendías que hiciera?! — por primera vez Phichit dejo su buenas vibras, abarcando una personalidad furiosa y rencorosa. — ¿qué lo amarrara? ¿amordazara? ¿o le hiciera estilo películas de cine? Lo siento, pero Yuuri siempre sera una alma libre y nadie pude detenerlo.
El quinceañero apreto los dientes con impotencia, pensar que había podido contar con este inecto era confiable fue estúpido, desde el principio debió de tomar las cosas por sus medios y cuidar al japones. Ahora, este se encontraba marchando hacia su propia destrucción y su deber era salvarlo, no entendía nada pero una voz le dectaminaba apresurarse porque en lo absoluto este asunto saldría bien.
— Si deseas ahogarte en tu propia miseria, perfecto, hazlo pero yo ire a buscarlo antes de ser demaciado tarde. — pronuncio medio girandose y fulminando al moreno — Tu aun desconocer las capacidades de Viktor Nikiforov para dañar algo.
Antes de verlo marcharse, el moreno le sujeto del brazo impidiendole los movimientos, los ojos de ruso relampagueron en furia ante el abuso del otro. Quedó esperando mas o menos una explicación de lo que hacia.
— ¿Has considerado un poco los sentimientos de Yuuri? — abrió la boca antes de escuchar los improperios del joven — ¿de que él quiere esto?
— Tu realmente crees… ¿qué me importa? — dio un paso atras deshaciendo el agarre, manteniendo su mirada feroz — si quedo como un egoísta frente suyo perfecto, si vuelve a verme como un niño, perfecto tambien pero no puedo si quiera soportar imaginarlo destrozado. No tengo idea de la reacción que tuvo contigo, ni me interesa, pero en tanto siga teniendo estos sentimientos por él lo voy a proteger. Inclusive, de si mismo.
Sin poder argumentar algo mas, Phichit dejo marcharse al rubio y desapareciendo entre la multitud desperado por dar con él japoneses, dejándolo pensar ser realmente solo un niño. No es que estuviese en desacuerdo con su oposición de la situación, aun así seguir amarrado a un sentimiento unilateral es absurdo, mas cuando Yuuri le ha hecho llegar de diferentes formas su gran amor hacia Viktor. Yurio no sabia el significado de ser un adulto, podría estar entre los grandes pero seguía siendo solo un niño, porque al realmente querer a alguien si este no te corresponde debes tener el suficiente orgullo para retirarte, alzar tu frente en alto y seguir adelante. Tal vez al pequeño le haga falta vivir mas, explorar mas de la vida, de esa manera sabra cuando es bienvenido y lo contrario.
Por otro lado, cierto omega se movia impaciente de adelante hacia atrás mientras se encontraba apoyado en una pared, situado en la parte de atrás del estadio uso exclusivo de personal autorizado. Al ser entrenador podría usar libremente este sitio, igualmente iba para algunos patinadores que querían simplemente escapar de todo, como hoy iban a ofrecer un banquete a tanto ganadores a la par de perdedores, iba asistir mucho movimiento por aquí. Al menos eso le comentó Phichit, quien se ofreció en llevar a Viktor hasta allí y así verse con él. Ese era el motivo de su nerviosismo, ocultarse detrás de una mascara facial y aguantar el frío de una atardecer otoñal, aunque tuviese abrigos encima su calor corporal descendía. ¡Esra tan frustrante! Para alguien en estado como él, la esperas se le hacen agotadoras y los minutos se le convierten en horas. El peso extra en su cuerpo le ocasiona extragos, asi como tambien dolores en su vientre bajo, dándole pequeñas contracciones de incomodidad.
Si todo eso lo sabia Phichit, ¿por qué se tardaba tanto? Quedaron en ir rápidamente y devolverse, no le gustaría ser de confidente entre una pareja, menos si se trataba de su mejor amigo. Riéndose de la ocurrencia, Yuuri aseguro no existir nada realmente romántico entre los dos, al menos no de parte del contrario, porque si fuese posible estaría dispuesto a compartir sentimientos con Viktor.
«Ah… todo luce tan nostálgico, incluso, puedo decir el nombre de Viktor con total normalidad. »
Aunque eso no quería decir el frenar su dolor, porque los estragos de aquella separación seguían allí sin dejar a un lado la realidad, el peliplata no lo amaba. Siendo sincero consigo mismo, no tenia idea de que decirle cuando lo viera, es decir, todo esto era producto de su impulso explosivo y de ellos no simpre salen cosas buenas. Aun asi, quería verle, necesitaba hacerlo, fundirse en sus brazos y sentir su mera existencia cercana a la suya asi de esa manera, dejaría de pensar que lo ocurrido casi un año atrás fue producto de su imaginación. En cuanto a su estado, sobrarian las explicaciones, pues Viktor conocía todo de él sin restricciones.
No comprendía si era debido a la adrenalina del momento pero su corazón empezó a martillar ferozmente, en tanto un extraño ruido se habito en su garganta pasando a un risita, ese cosquilleo en el cuerpo le decía una sola cosa: estaba emocionado. Era algo totalmente distinto a cuando se ofreció a ser su entrenador, porque lo experimentado en el pasado era meramente profesional, escalinata a lo mas alto gracias a que tu ídolo te prestará atención. Hasta los momentos, aun le parece una locura eso, agredandole, esa noche única entre los dos. El fruto de ello esta viviendo su vientre.
Desde que ha tenido memoria siempre ha sabido ser un omega, y por mucho haber sido desplazado por serlo, en la mente jamas le paso convertirse en madre menos tomando cuenta los posibles candidatos. Dando por conclusión el quedarse solo. Entonces llego Viktor rompiendo todos los paradigmas, sorprendiendolo aun que su patinar y demostrandole el derecho de amar y ser amado, podría no ser precisamente él pero en el mundo existe alguien destinado a ese trabajo. Solo que en la mente de Yuuri, ya era el ruso.
De pronto, un ruido propio de las bisagras de una puerta abriéndose le hizo girar de inmediato, dejando de acariciar su vientre y quedando estático. Era él, no existía duda, su cabello plata al aire, su piel nivea que le recordaba a la nieve y esa figura peculiar que tanto le enloquecia. Quizás su peso no le ayudara mucho pero con todo y eso, el pelinegro comenzó a medio correr detrás del hombre que iba apresurado hablando por teléfono, seria casualidad o no su salida aprovecharía a oportunidad para capturarlo. Parecía una pelicula romántica, pensó el omega sonriendo como un tonto, y la vez, en general era irónico porque para producir la calma o tu felicidad tiene la solución la misma persona que una vez te hizo llorar. ¿Como el ser humano puede llegar a tal tontería? ¿Como permitir eso? Sea cual sea la respuesta, Yuuri le ha dejado de importar, es mas, le ha dejado de doler el pecho ante la ausencia de Viktor, de las promesas hechas y la despedida amarga. Lo único inundando su corazón era la felicidad y las ganas de abrazarlo, de darle la mayor sorpresa de todas, ser padres. ¿Qué cara pondría? ¿Lo tomaría por sorpresa? Seguramente, pero como todo alfa al conocer que su descendencia estaba en camino, se alegraria.
Tomando el aire frío de la noche, Yuuri alzo su mano dispuesto a pronunciar el nombre de su amado pero…
— ¡Vitya! — una mujer guapa, cabello rubio ondulado largo hasta la cintura, ojos verde agua, cara igual a una muñeca de porcelana, piel blanquecina, figura de modelo se le adelanto a sus movimientos. Paralizandolo. — ¡Pense que nunca aparecerías! Me has dejado aguantar mucho frío, espero que me lleves a un buen lugar como recompensa. Ca-ri-ño.
Los ojos del japones se abrieron de la sorpresa, desde llevar tiempo conociendo a Viktor, jamas lo escucho hablar sobre amigos o conocidos. Admite haberle detenido al tratar mencionar sobre sus anteriores amantes, pero lo debe a la saturación de información en tan poco tiempo, el solamente se encontraba digiriendo todo lo sucedido a su alrededor. Pero ahora, viéndolo como abrazaba y besaba en la mejilla a la mujer de buen porte, le llenaba de sensaciones extrañas una de ellas estaba a punto de salir de su boca: un sollozo. El cual reprimió tapandose la boca y escodiendose rápidamente detrás de una pared, así no seria descubierto.
« No conosco tanto a Viktor como pensé hacerlo. »
— Daniele, espero y no estes tan molesta conmigo — le respondió sosteniendole la mano y dándole un beso ligero en el dorso, haciéndola soltar una risita tonta. — pero como has dicho, te recompensare llevandote a un buen lugar.
No conocía que tipo de relación tenia, tampoco lo escucho de los medios y Yurio no ha dicho nada, siendo el único contacto cercano con el peliplata. Tal vez lo sabia, pero conociendolo como es su único objetivo seria cuidarlo, de ser así, no le reclamaría nada. Volviendo a sentir esa horrible sensación comiendo su pecho, Yuuri derramo las lágrimas de sus ojos para aliviar su dolor, pero mirandolo bien, eso no ocurriría. Porque la esperanza palpando hace unos momentos en su piel lo abandonó, con esto le quiso decir que nada sale bien por mucho desearlo, menos tratándose de Viktor Nikiforov.
— ¿Nos vamos? — le preguntó la mujer sonriendole.
— Si, vamos.
Viendolos desde su escondite, la pareja camino lejos del sitio muy juntas aun conversando y desencadenando mas estragos en el japones, quien se deslizo hasta el suelo, convirtiéndose en bolita. Encontrarse con “esa persona” fue un error, un fatable error, porque de haberse aguantado no hubiese salido lastimado como ahora, aunque mirandolo claramente, solo volvió a reabrir una brecha ya tapada.
Yuuri aun con lágrimas en los ojos observo la inmensidad del cielo sobre él, la oscuridad y los curiosos copos que comenzaron a caer. La noche de felicidad en su nueva vida, se convirtió en una manchada de malas decisiones, todas gracias a su estúpido corazón ¿como podía seguir respondiendole a esa persona? ¡¿como?! Si… si le demostró haberlo olvidado, junto a esa mujer hermosa parecían ser bastante cercanos, de confianza. Seguramente en la vida de él no existe espacio para recordarlo, ni en lo profesional o personal, tal como se lo dijo le devolvió su antigua rutina y desapareció de su cotidianidad.
Si entendía eso ¿por qué lloraba? ¡Claro! Su imaginación fue golpeada contra la dura realidad, donde “esa persona” podría tener cercanía y demostrarle expresiones coquetas a otro, que no fuera él. Además, le dolia porque al final su cachorro si quedaría sin padre, aunque este no le faltaría nada, mientras lo tuviese a él todo saldría bien.
— Estaremos bien… estaremos bien… estaremos… — se repetía una y otra vez acariciando su vientre, en tanto en su rostro seguían bajando lágrimas amargas. — lo prometo… nada… nada nos faltara…
En esa fría noche de otoño, entrando casi al invierno en Ditroit, Yuuri comprendio que “esa persona” podría sorprenderlo en otras maneras, no solo con su patinaje sino con sus acciones. Enviandolo una vez mas en las profundidades del mar del dolor, donde nadie podría rescatarlo, ni siquiera él…
Mientras tanto, cierto Yanke ruso recorría las calles de una Ditroit nevando buscando desesperadamente a un cerdito omega, llego a la conclusión que en el estadio ya no se encontraba, además el mismo Yakov le confirmó que Viktor se encontraría con una amiga del sitio muy cercana a él, por lo que se encargaría de mostrarle la ciudad. Eso no solo lo alarmo, igualmente le hizo pensar que Yuuri podría verlo exactamente en el momento del encuentro, llevándolo a destrozarlo por completo en menos de un segundo. Ya conocía perfectamente al ojos caoba, la capacidad de deprimirse era bastante rápida y alarmante, llevándolo a destruir toda su estabilidad emocional. En el estado que se encontraba, resultaba contraproducente para el bebé y eso jamas se lo perdonaria, sobre todo, aquel desagradable peliplata de Viktor Nikiforov.
¡Que guardadito se lo tenia! Una novia, no cualquiera, sino americana o vaya saber de donde, con razón obviaba el tema del katsudon pues nunca le ha importado. De cierta forma le daba rabia, aquel idiota del Katsuki se tomó el riesgo de tomar todos sus esfuerzos para esconder su existencia en Ditroit a la basura, todo por un imbécil que jamas lo ha tomado en cuenta. Tenia una ganas tremendas de patearla la cara, si, buscarlo y hacerle saber que si antes tuvo una oportunidad de volver a su lado la mato, desde este momento y para siempre Yuuri era libre. La contra parte vendría siendo la tristeza del japones, sigue siendo inocente y tonto, pensando en creer en unicornios cruzando arcoiris en lugar duro dolor de la realidad.
Pero… ¿qué hacia? No tenia idea de donde se encontraba, menos los lugares posibles, consiguió contactar con el hámster y preguntarle de paso, restegarle en la cara la idiotes de empujar al omega a esto. Porque su deber era protegerlo, no llevarlo a la miseria. Sin embargo, tampoco conocía donde podría estar, pasaba tiempo en una caferia cerca de la pista pero a estas horas se encontraba cerrada y considerar otro sitio, a parte de su departamento no podía. Obviando ese último comentario, el rubio mando al demonio al tailandés y por sus propios medios, fue a recorrer la ciudad tampoco es que fuera su primera vez en América.
Lo peor de todo quizás, es la manera en que Yuuri estuvo seguramente alegre de un nuevo encuentro, a puntando una reconciliación y esa confesión tan anhelada por Viktor. Desde el inicio estuvo muy interesado en aquel idiota, se le percibía hasta en al manera de caminar, como le hablaba y ese brillo inusual en la mirada haciéndolo pensar en admiración. Cuando la realidad, resultaba ser otra. Le molestaba, en cierta medida, pues el peliplata parecía corresponderle en muchas ocasiones y alimentar mas las esperanzas en el Katsudon, resultando ser solamente su forma de manejar las cosas. Viktor solamente es un seductor nato, el guiñar y coquetearle a la gente se le da natural, igual como el respirar. He allí al motivo por evitar un desastre fatal, parecido al de estos momentos. Viendo las personas caminar en sus lados en forma de sombras le daba mas impotencia, se le estaba agotando las ideas de donde podría encontrarse un Yuuri herido…
« No puede… ¡¿No podría estar allí?! »
El rubio freno su trote rápido cerca de la fuente de un parque, aprovechando para tomar bocanadas de aire y pensar mas las cosas con cabeza fría, porque si la deducciones del hámster no herraban, ha dado vueltas en un mismo eje como tonto. Sacando su teléfono rápidamente, marco una vez mas a Phichit con la esperanza de ayudarle una vez en algo, solamente la cereza sobre el pastel.
— Antes que nada, debes de confirmarme algo — al escuchar su voz fue el primero en decir — y solamente puedes hacerlo tu.
Unos minutos mas tarde, el mismo rubio corría con todas sus fuerzas hacia la dirección del departamento de Yuuri, la última parada en su mente donde estaba el japones. Su mente era un nido de ideas, acnedoctas contadas y especulaciones sin sentido, así lo había dejado la conversación el moreno. Este le relato un poco de los días de Yuuri como patinador, cuando abandono Hasetsu con una maleta llena de sueños y superaciones por cumplir, no fue precisamente el patinador mas optimista de todos menos sociable. Ante su llegada, marco una distancia preferencial debido a su timidez, agregándole sentirse fuera de lugar al ser nuevo. Al tratar de hablar con él parecía cohibido, incluso cuando una mujer alfa se le insinuo con intenciones evidentes, la rechazo sin tapujos dándole a entender no encontrarse interesado. En otro lado, su personalidad cambiaba y si, se refiere a la pista. No era un genio, menos poseia las características natas de ellos pero si el tiempo suficiente para entrenar, por consiguiente comenzó a ganar mas y mas fama, admiradores asi como podios significativos. Si, hasta el GPF, aunque eventualmente todo lo que sube baja y Yuuri cayo en depresión profunda, donde salir solo era imposible.
Phichit no se rindió, jamas lo hizo, si consiguió ser el mejor amigo del pelinegro haría su mayor esfuerzo en sacarle la información. Es decir, ¿quien no tiene malos días en su vida? ¡todos! Pero al parecer compartirlos con alguien mas le hacia imposible, dándole a entender que existía otro sitio solitario para descargar sus pesares, tal vez llorar y desahogarse sin necesidad de dar explicación alguna. Dolia su incapacidad de compartir pesares, aun así, respetaba la postura de su amigo en hacerlo.
Yurio saco de su bolsillo un papel junto a unas llaves, en el primero se encontraba la clave de acceso al edificio y lo segundo para las puertas del departamento. Habiendo colocado la serie se números, se apresuró a entrar teniendo en mente el piso y número donde era dueño Yuuri. Afortudamente, este sitio no se encontraba lejos del estadio, aunque si le costo darle vueltas al asunto hasta concluir encontrarse aquí. ¿Y donde mas? Era el lugar mas idóneo para escapar de todo y todos, expresarse libremente, así olvidarte del mundo. Lastima, porque si en verdad deseaba morir de pena o escapar de su presencia no le dara el gusto, podría llamarlo egoísta al imponer sus deseos en lugar de los del otro, pero mirar de brazos cruzados mientras se quema lentamente del dolor tu omega favorito, es insólito.
Llegó rápidamente al departamento y sin darle tanto preámbulos, se dirigió a la puerta dicha por el mismo japones en su memoria, sacando las llaves giro la perilla y… la imagen mas desgarradora de todas se apodero de sus retinas. Yuuri llorando en el rincón mas apartado de la sala amplia, acurrucado en el suelo, apoyado en la pared verde olivo y abrazando sus pies. Ni siquiera se había percatado de su presencia, solamente quedó pegado en ese frío sitio dejando sus sentimientos fluir. A esto se refería a conocer a Viktor y su capacidad de destruir lo puro, lo maravilloso y extraordinario, le frustraba el hecho de no tener ni una pizca de aquel rival en las pistas, solo la imagen de un patético omega entregandose a sufrir.
Tampoco es que le regañara, sus ganas sobraban, pero Yuuri no espera en estos momentos malas palabras, sino consuelo. Cerrando la puerta detrás de si sin mucho ruido, camino con calma hasta el omega y esperando ver al menos un señal de vida de su parte, se arrodillo ante él y pasando sus brazos alrededor de su figura lo abrazo.
— ¿Yu…? — sollozo impresionado, sintiendo lo frío que estaba el quinceañero. — ¿Yurio? ¿qué haces…?
— ¡Callate! — le grito, sujetando la cabeza del contrario y apretandolo mas contra él. — Solo… callate y permite permanecer a tu lado, transmitirte mis honestos sentimientos de nuevo, porque no pienso dejarte solo.
— ¿Qué es lo que…?
— Si deseas llorarlo, gritrarlo, maldecirlo, hazlo y no te contengas. — lo interrumpió antes de escucharle alguna porquería — Aveces resulta mejor sacarlo todo de ti, liberar todo lo acumulado hasta aquí y dar un paso hacia adelante. No soy bueno expresando mis pensamientos, y manejarme con ellos, pero… creo mejor el escucharlos.
El japones no dijo nada en unos segundos, quedo tan estático ante las palabras del jovencito demostrandole nuevamente ser mayor a comparación a su edad, sin saberlo le devolvió el abrazo, entregandose espiritualmente a ciegas a alguien que tuviera mas fuerza para sostenerlo. Siendo Yurio, seguramente lo sostendria, una vez lo dijo y confiaba en él. Seguidamente empezó a llorar a gritos, expresando todo lo que una vez su corazón ocultaba con tanto esmero, fingir estar bien siendo en realidad otra cosa es agotador, muy agotador y solo consigue desgastar el alma. Estaba seguro de dos afirmaciones, la primera, seguir dando vueltas en un mismo eje no es solución alguna, y la segunda, pretender que has olvidado a “esa persona” mediante un auto-borrado de memoria es una completa estupidez porque indudablemente al volverselo a encontrar, sufriria de esta manera. Además, que los medios de comunicación no de noticias de su vida privada, jamas a querido decir el no poseerla, menos siendo el alfa que es.
En otro punto, Yurio decidió aferrarse mas a ese calor en medio de ellos dos, jurarse a si mismo no perder de vista a Yuuri nunca, menos si Viktor se encontraba cerca, porque podría pasar los meses y seguiría siendo el encargado de la destrucción. Esta ocasión la dejaría pasar por alto, solo esta vez, dar caza a un sujeto idiota y sin una pizca de arrepentimiento por sus acciones era muy aburrido, mejor tomaba asiento y observaba del karma apoderándose de todo. Con tal, al obrar mal la vida misma se encargara de cobrartelo.
Tres meses después…
Hospital de Ditroit, EEUU
Los dolores eran palpitantes y sofocantes, de los que te impedían respirar o pensar con claridad, solo deseando simplemente pasar y dormir. Katsuki Yuuri de veinticuatro años de edad, omega, soltero y sin marca, había entrado en labor de parto en medio de su practica con Rossana, quien se preparaba para saltar a las individuales infantiles en la próxima temporada. La cuestión residía en haber sometido a mucha presión sobre sus hombros, existen saltos prohibidos en niños, pero la castaña se rehusaba a escucharlo demandando estar capacitada para hacerlo. Con tal, era mas lista que los niños de su edad y arriesgada, nada podría salir mal. Bueno, al menos si el pelinegro en medio de alzar su voz rompiera fuente, emitiera un grito de admiración y seguidamente sintiera las fuertes punzadas dentro suyo enviandole una sola señal: quiere nacer.
Luego de eso no puede recordar mucho, salvo el sonido de una ambulacia, Celestino gritando junto a su hija para que permaneciera la calma, una adorable enfermera pidiéndole respirar y… la llegada al hospital. ¡Oh santo infierno! En verdad compadece a todo aquel ser que tenga la dicha de crear vida, porque las contracciones del nacimiento son horribles, sin llegar a detalles extremos de esa rara sensación de estar abriéndose en dos tu… tu… ¡deben de saber el que! Porque no piensa dar explicaciones. Siguiendo con el relato, fue atendido exitosamente por su doctora que se encontraba de guardia, llevándolo rápidamente a la sala de partos donde daría a luz. Su dilatación era sorprendente, igualmente que la intencidad de esas contracciones, signos de querer salir de una vez esa criatura. De encontrarse con menos dolor podría bromear, pero horita lo único que realmente desea es sacar aquel testarudo ser de su estrañas. Lo llevaron a la sal de partos, un sitio frío y con una enrome lampara sobre su cabeza, a su lado una mesa de implementos quirúrgicos se encontraba y al otro una mas con ciertos aparatejos sin sentido. Tampoco es que deseara saberlo, los dolores constantes en su vientre bajo lo llevaba a casi gritar y para evitarlo apretaba sus dientes de tal modo que se escuchaba su rechinido.
Lo acomodaron rápidamente en la camilla especial llamado “potro”, siendo la mejor para colocarlo en posición de poder traer al bebé a este mundo, no queriendo decir ser cómodo. Seguidamente la doctora le mando a pujar con todas sus fuerzas, todo marcharía bien, fue a clases prenatales y allí te enseñaban todo eso. Lastimosamente el dolor del pelinegro era tan fuerte como para recordarlo, aun así, se las empeño para pujar y respirar al mismo tiempo.
Cuando escucho el primer llanto de su cachorro todo a su alrededor se detuvo, incluso el sonido se hizo mas lento, combinando los latidos de su propio corazón junto a los jadeos de cansancio producto del esfuerzo. Luego su memoria fue hacia atrás, cuando por primera vez intento patinar en medio de la oscuridad en el Ice Castel, solo la luna reflejada en uno de los ventanales le permitió ver un poco. Todo era magnifico, el silencio, el frío correspondiente de la pista y el sonido de las hojillas de sus patines sobre el hielo, le inundó el tipo de sensación de paz consigo mismo que provocaba reir por su propia estupidez. En el presente, era lo mismo que sentía, porque un pequeño bulto de pulmones destacables es suyo, únicamente suyo y fue capaz de luchar para poder verlo nacer. Acaso… ¿no tenia derecho de llorar? Eso que se lo llevaron antes de tiempo, no puediendolo detallar con mayor claridad, la razón era para limpiarlo y examinar que todo se encontrara en perfecta condiciones. Teniendo fue así seria.
— ¡Felicidades señor Katsuki! — una de las amables enfermeras venia hacia él con un pequeño bulto de color rosado — Es una adorable niña.
Yuuri aun jadeando producto de los estragos del parto, logro acomodarse ya en una camilla normal y recibir a su hija entre sus brazos, era cálida y tan pequeña que tenía dejarla caer o romperla. Le parecía increíble haber mantenido a tan hermosa criatura en vientre casi diez meses, se le hacia difícil creer que ya estuviese entre sus brazos durmiendo. Entonces la pequeña comenzó a moverse medio incomoda, haciendo un ruidito y… abrió los ojos, provocando en Yuuri un clase de cortocircuito que jamas podría recuperarse.
Era los ojos de “esa persona”, el mismo tono, el mismo color azul manglar y la misma intensidad. De hecho, todo en la pequeña le recordaba a él, su tono de piel nivia igual a la nieve, aquel cabello plateado inusual y hasta la forma de su cara.
« — Si llego a ganar el Gran Prix Final, ¿me concederías un deseo?
— … ¿Que tal dos? »
Nuevamente aquel dolor se sitio en su pecho impidiendole respirar, un nudo particular se adueñó de su garganta llevándolo a querer simplemente llorar, dejando a sus sentimientos fluir comenzó hacerlo desconsoladamente aferrerandose a su pequeña hija. La apariencia de ella era igual a su primer amor, primero y único amor que seguía viviendo en su interior, aunque se encontrase lejos de su presencia. Resultaba tan irónico esto, por mas que luches escapar todo lo consiguiente a este, venia en medio de una dulce presencia para aferrarsele siempre.
En medio de un valle de lágrimas, Katsuki Yuuri tuvo a su primogénita, llevándolo solamente al pasado donde la sonrisa de “esa persona” únicamente brillaba para él, sobre todo, donde esa mirada le miraba dulcemente llevándolo a la locura extrema: haberse enamorado.
« Viktor… tu fuiste mi primer amor, la primera persona en hacerme dar cuenta de mi verdaderas cualidades. Aunque probablemente, este pensamiento jamas te lleguen… quería decirlo. »
★★★★★★★★
Extra:
Para cuando Yurio se entero del nacimiento del cachorro de Yuuri, apenas estaba pisando el suelo de Ditroit en medio del aeropuerto, la noche anterior estuvo comunicándose con él y el ruso llego a la conclusión de viajar. Al estar casi en las semanas del parto, encontrarse solo en un departamento no era nada seguro, la mejor solución sería darle compañia y estar pendiente. El japones le llamo exagerado, estaría bien estando solo, de llegar las contracciones fuertes llamaría una ambulancia y listo, además, el jovencito iba a asistir a una competencia especial de alfas de edades cercanas a la suya, no podría abandonar las practicas solo por acompañarlo, es injusto. Con todo y esas palabras, Yurio abordo el primer avión posible marchandose a Ditroit. De todas maneras, los últimos tres meses transcurridos se la pasaba abordandolos, haciéndole pensar a sus compañeros de pista y su entrenador Yakov que algo extraño ocurría con él.
« No voy a darles información de todas maneras, pueden especular todo lo que quieran. »
Sonriendo socarronamente a la nada saco su teléfono enterandose de las noticias por parte de Phichit, su mejor amigo se encontraba dando a luz a su bebé, inmediatamente como alma que lleva el diablo el rubio comenzó a correr por el aeropuerto y así salir por un taxi. En tanto lo así, marco el número del moreno para mas información de la situación actual, de la misma manera, saber si en Hasetsu sabia de esto.
— ¡¿Como es que el Katsudon esta en labor de parto?! — grito al mínimo de descolgar la llamada el tailandés.
— Hola para ti tambien, Yuri. — hablo con ironía el otro ante la reacción del jovencito — me alegro mucho que contestaste la llamada con tu agenda tan apretada.
— Deja las pendejadas a un lado y dime donde esta el cerdo. — demando, por fin subiendo a un taxi. — estoy en Ditroit, quiero verlo.
— ¡Puedes transportarte! — siguió con su tono irónico — Yuri, eres imprecionante.
— Hámster, no colmes mi paciencia y habla. — hablo con dos tonos mas bajo a la usual.
Cansandose de jugar, el tailandés no tuvo mas que darle la información, así pudiendo finalmente dando marcha al hospital. Igualmente le comento como ocurrió todo, Yuuri se encontraba entrenando con Rossana, bueno, lo usual en su rutina diaria salvo que esta ocasión se hallaba discutiendo de saltos prohibidos para niños. Conociendo lo temperamental que es la niña, no dio su brazo a tocer y discutió con el mayor, dejándole claro hacer las cosas a su manera al tener potencial. Es cuando Yuuri alza por primera vez su voz en mucho tiempo, dando como consecuencia romper fuente. Yurio pensativo comprendio la postura de la castaña, en el pasado Yakov solia gritarle por sus impulsividad en los movimientos, colocando en peligro su crecimiento. Aunque tuvieras la capacidad de hacerlos, era una mala idea discutir con tu entrenador embarazado que se encuentra a punto de dar a luz, menos si este debe de estar en total tranquilidad.
« Ese Katsudon… por eso le dije que diera la baja. »
Pero no, tan testarudo como de costumbre se rehusó a escucharlo y seguir con su trabajo, ahora esta es la suma de su mala decisión. En fin, siguiendole la conversación a Phichit, luego de lo ocurrido todo fue un caos los niños desesperado, Rossana sintiéndose culpable y un Celestino tomando el control de todo. Yuuri lo enviaron al hospital en una ambulancia y lo demás es historia. Afortunadamente, todo salio a las mil maravillas y así el Katsudon se convirtió en la madre de una hermosa niña, poseedora de unos pulmones muy fuertes dando a entender que estaba sana, ambos estaban sanos.
Yurio pudo relajar sus hombros al escuchar tan maravillosa noticia, le costaba creer que el japones ya fuese madre y de una niña, sin saberlo, gano la apuesta a los de Hasetsu junto a la hermana de él. Eso no era lo importante, sino encontrarse en entera calma y estar en camino de encontrarse con él, podría no ser precisamente el padre de la criatura o la pareja del cerdo, pero en estos momentos se encontraba muy emocionado al borde del llanto. Recrear imágenes posibles de la criatura le mantenían despierto, como una cabellera negra brillante, unas mejillas rellenas de color carmín, una piel tan delicada igual a la de su madre y esos enormes ojos caoba que tanto anhelaba. Fuera como fuera, esa niña iba ser amada.
— Ya avise a sus padres — seguía hablando el moreno — posiblemente lleguen en el transcurso de la tarde o noche.
— ¿La viste? — pregunto Yurio, dejándose llevar por sus emociones — ¿lograste ver a la pequeña?
Phichit no respondió en seguida, en lugar de ello, hacia monosilabos incoherentes como temiendo decir algo fuera de lugar. Esto a Yurio le enojo, mostrandole su personalidad volátil.
— ¡Maldición! ¿te es difícil responder con un si o un no? — grito perdiendo la postura.
— La vi, la vi… — dijo finalmente soltando un suspiro — solo dire que te sorprenderas y no sabrás como reaccionar.
— ¿Qué quieres decir con eso? No me digas que nacio con un cuerno o algo…
— No, no, no — lo detuvo de inmediato, antes de escucharlo decir otro disparate mas — su belleza es indiscutible s…
— Entonces deja de ser dramático — musito con desgano — dando tantos rodeos para eso, después de todo su madre es el Katsudon.
— ¿Donde queda él? — interrogó, detuviendo el buen humor del rubio — tambien es partifice de esto, es su padre. ¿Sabe que estas aquí?
— Obvio, pero no tiene idea del por qué viajo tan seguido o de la existencia de Yuuri aquí. — fruncio el ceño, buscando controlarse — Tampoco es que le interese, tiene una novia… ¡su deber es ocuparse de ella! De Yuuri, lo hare yo.
Los medios en los últimos meses había ocupado en dar información de “esa persona” encontrándose con otra muchas veces, desde la competición de alfas senior, los descubrieron en una cafetería agarrandose de las manos. Nada comprometedor hasta los momentos, sino le agregamos la foto de un abrazo apasionado, que según las fuentes de la información, fue bastante largo. De todas maneras, no le preocupaba en absoluto a Yurio, sabia la fama de ese idiota y al incapacidad de dar una respuesta correpta a la situación. Por lo tanto, no desmintió o agrego algo mas, aunque seguía apareciendo en instegram con esa misma mujer en diferentes lugares muy unidos, dando la conclusión el ser una pareja. Tampoco es que el rubio le preguntase, entre mas lejos se encontrara de Yuuri mejor, así tendría mas oportunidades de llegar a su corazón. Fin de la historia.
— Tienes razón… — susurro distraido, aunque luego de darse cuenta del contenido en las palabras del jovencito alzo su voz — ¡Aguarda! ¿como que te encargaras tu solo de él? Yo tambien existo y soy su mejor amigo.
— Si, si, si — soltó una risa divertido, buscando provocar mas al mayor — “zona del amigo”
— ¡Yo no…!
— Ya estoy cerca, luego nos vemos.
Corto la llamada aun mantuviendo la mueca en sus labios, el taxi estaciono frente del hospital y rápidamente pago la tarifa bajandose. Como venia directamente del aeropuerto no tuvo tiempo de dejar las cosas en el departamento del Katsudon, en las visitas hechas anteriormente, usualmente se quedaba con el japones por lo que hasta tenia las llaves del sitio. La confianza depositada desde el principio en él ha sido grande, produciendo en el rubio mucha mas esperanzas.
No fue difícil encontrarse con Phichit y su entrenador, estaban en la zona de maternidad en la área de hospitalización conversando con unas enfermeras y doctores, al ver la presencia del jovencito entre ellos el moreno rompió filas acercandosele. Le reclamo su comportamiento burlón de la situación con el Katsuki, a su vez el no tomar en cuenta que él era mayor de los dos, de igual forma ignoró las palabras del otro y pregunto por el omega. Su necesidad de verlo era mayor a cualquier otra cosa, aun mas de conocer la nueva integrante de este mundo. El entrenador del tailandés río estrepitosamente ante el comportamiento del menor, comprendiendo inmediatamente la anciedad de ver a Yuuri, el tambien paso por algo así al momento de ver a su difunta esposa dando a luz a Rossana, así que, le daba rienda suelta a encontrarse con el omega. Phichit reclamo un poco la actitud del italiano, pero Yurio no le dio mucha importancia, de hecho giro toda su atención al darse cuenta que el hombre sabia de la relación suya con Yuuri, avergonzandolo. Bueno, no es que fuese un pecado o algo parecido, aun así existían personas en tomar en cuenta la edad de otras, mas cuando el omega en cuestión se ha convertido en madre soltera y posee un paso dudoso con su antiguo entrenador.
El rubio estaba dispuesto asumir las consecuencias de esto, en el presente o futuro, no abandonaría a Yuuri cometer la misma falla que ese sujeto, era simplemente insólito.
— Entonces… ya lo acomodamos en las habitaciones — explicaba una amable enfermera a los presentes — puede pasar a visitarlos.
— Ve tu, niño. — le dio un empujón amistoso al rubio, haciéndolo caminar hacia adelante. Quien lo miro con sorpresa. — estoy seguro que estan esperando verte.
— ¿Esta seguro? — lo miro dudoso.
— Si. — alzo su dedo pulgar junto a niño, acciones que dictaminaron su afirmación.
En tanto le daban la instrucciones de la dirección de la habitación de Yuuri, Phichit se quedo mirandolo con incertidumbre en la mirada, aquel niño era de impulsos y cuando conociera a la bebé.
— ¿Puedes dejar de pensar cosas innecesarias Phichit? — le pidió con voz ruda, casi sacando a deducir una faceta nueva.
— ¿Como puedes saber exactamente que pienso? — empleo el mismo tono de voz, aun sin mirarlo directamente a los ojos.
— No es necesario ser adivino para saberlo — dedujo, girando y señalando al muchacho — escucha esto Phichit, ya no eres un niño y Yuuri tampoco, deja que haga su vida como le plasca y con quien le plasca.
— ¿Estas sugiriendo que renuncie a él? — exclamó, claramente ofendido — debes se estar bromeando.
— No, solo digo que te comportes como tal — corrigió antes de tiempo, conociendo al moreno inventaria cosas muy absurdas. — Yuuri te ha visto siempre como su mejor amigo, no trates de cambiar esa visión de él de ti.
Phichit no contesto nada, simplemente bajo su cabeza apretando ambos puños, hace tres meses atrás estuvo de acuerdo en renunciar a su mejor amigo por Viktor Nikiforov, aunque las cosas resultaron ser de otra forma. Tomo eso como una señal del destino en no abandonar sus pensamientos, seguir adelante en tratar de optener el cariño del omega, aunque es en el momento exacto de entrar Yuri Plisetsky en el campo de batalla. Aquel alfa joven no se despega por nada del mundo de su amigo, podría regresar a San Petesburgo ha entrenarse para la nueva temporada, pero terminaba volviendo por cualquier excusa inventada de él mismo. Sin embargo, lo mas preocupante de todo era que Yuuri parecía responderle a sus atenciones, no de forma como lo esperara el quinceañero, pero de mínimas maneras.
Le molestaba.
Le fastidiaba.
Le… odiaba.
Le fastidiaba.
Le… odiaba.
Pero de cierta manera, Celestino tenía razón, no podía obligar al Katsuki a corresponderle a sus sentimientos, cuando tienes una imagen definida de alguien es imposible cambiarla. Y complica mas las cosas, porque como Yuuri tiene tambien todo claro sobre él igualmente Phichit, desplazar estos sentimientos fácilmente seria imposible. Al menos, solo por unos segundos, guardaría todo eso que no puede gritar en voz alta y lo guardara en su pecho, quemandose a llama lenta por el dolor.
Yurio entro con cautela la habitación de Yuuri pensando en que tal vez estuviese durmiendo, no sabía mucho sobre partos, pero la poca información optenida en las revistas prenatales decían en dejar a las madres exhaustas y necesitaban dormir. Aunque, esa no fue el caso del omega, pues se mantenía muy despierto con esos ojos caoba grandes mirando un punto fijo de la habitación. Parecía calmado, nostálgico y con aura tan pura muy distinta a cuando se conocieron, la idea esta algo difusa en su cabeza pero de poder enamorarse una vez mas de la misma persona, Yuri Plisetsky estaba experimentando eso.
Al escuchar el ruido de abrirse la puerta, su sonrisa iluminó todo el sitio igual a estar pegando el sol con todo su esplandor a la piel de pelinegro, Yurio le imito sintiéndose contagiado por el ambiente. Todo en Yuuri gritaba felicidad, era claro que la maternidad le estaba sintiendo bien.
— ¿Donde esta ella? — fue lo primero en preguntar el joven, al dejando sus cosas en el sofa al lado de la cama — No la veo por ninguna parte.
— Le estan dando de comer. — informo, manteniendo esa sonrisa tenue en los labios — aun no puedo hacerlo yo mismo, sigo un poco débil por el parto.
El rubio soltó un suspiro, acercándose y sentandose a un lado del japones, este le quedó mirando medio extrañado ante la esa actitud.
— ¿Has venido directamente del aeropuerto? — dedujo medio frunciendo el ceño, el quinceañero viéndose delatado, giro la cabeza hacia otro lado medio refunfuñando — ¡Ah! Lo sabia, ¿acaso no te di las llaves de mi departamento? ¡debiste ir primero a descansar!
— ¿Y perderme este acontecimiento? — replicó sonriendo y sujetando una de sus mejillas con cautela — ¡Ni hablar! Cuando me entere, corrí inmediatamente hacia aquí, estuve muy preocupado por los dos. Pero viendote al menos a ti, me siento aliviado.
— Estamos bien, — aseguro, imitandolo en el movimiento y inprecionandolo. El ojos caoba jamas había hecho algo igual, era nuevo. — en lugar de ti que pareces estar muy cansado. ¿Acaso el entrenador Yakov esta siendo rudo contigo?
— Mas bien la vieja de su ex-esposa, Lilia. — cerro los ojos al recordar todos los pasos que le hizo hacer de nuevo, esa señora tenia vena de espartana, pero era la mejor de todas. — Tiene métodos bastante ortodoxos de enseñar, si que tengo el lujo de quejarme a sus espaldas, porque de frente… ¡valoro mucho mi cuello!
Yuuri soltó una risita divertido acomodando un mechón del cabello del niño, quizás no le decía muy a menudo, pero le encantaba esa faceta tan relajada a su alrededor porque era el momento de demostrar lo que realmente es. Yurio pinto un poco de carmín sus mejillas, odiaba admitirlo, aun así diria sentirse arrastrado o cautivo de la nueva personalidad de Yuuri. Sentirse acariciando por esa gloriosa mano era el paraiso total, como conquistar la luna, descubrir una isla desierta… ¡darle tu nombre a una ciudad! Si, estando el Katsuki en la ecuasión provocaba el sentirse mas poderoso que cualquier ser en la tierra, incluyendo los alfas de renombre.
— Eso explica la razón de mirarte tan cansado. — siguió el hilo de la conversación, tocando en esta ocasión uno de los pomulos del joven. — estas sobre esforzandote y no me gusta.
— ¿Y perderme el nacimiento mas memorable de todos? — excalmo con burla — ¡Ni de broma! Aun mas sabiendo que es una niña.
— Digamos que los pronósticos tuyo y de Mari-neesan se cumplieron — soltó una risita bajando la cabeza apenado — dan hasta miedo.
— ¿Sabes que vienen en camino? — el japonés asintió, soltando el rostro del quinceañero y ubicando su mano en el regazo — Estarán locos por verla, mas tu hermana, al ver que gano la apuesta.
— Lo siento por ella, pero no pretendo permitir que le de un nombre — comento decisivo el omega, cruzando los brazos a la altura de su pecho.
— ¿Ya lo has inventado tu? — preguntó dudoso, alzando una de sus cejas — no lo puedo creer…
— Aun no me decido aun, es decir, como es una niña quería llamarla Sana o Mariana — menciono con aura pensativa, dejando Yuuri junto una mueca incredula — ¿Sucede algo?
— No la llames Sana.
— ¿Y por que no? ¡Si es bonito! — replicó un ofendido Katsuki.
— Me recuerda a Rossana y no me agrada…
— Anna — lo detuvo, surigiendole de la nada el nombre. Yurio parpadeo sin comprender, buscando adaptarse a la realidad. — ¿Qué opinas?
En ese instante, llego una enfermera, la misma encargada de explicarles algunas cosas a los conocidos de Yuuri, trayendo consigo un pequeño bulto rosado inquieto con sonido burbujante. Era Anna, pensó Yurio, Anna Katsuki la pequeña primogénita del Katsudon y con su sola presencia le llenaba de miles de emociones el pecho. Mas bien, seria una explosión de estas estallando sin parar, no podría admitir querer llorar, mucho menos sostenerla entre sus brazos y admirar su entera belleza pero si sonreír de la imagen de ella con su madre.
Diez meses, transcurrieron casi diez meses para poder llegar hasta donde se encontraba, aquí junto a Yuuri y su adorable cachorro. Luego de terminar de recibir instrucciones, la enfermera se marcho ofreciendose para cualquier inconveniente, solo bastaba tocar el timbre y ella llegaría de inmediato. Al dejarlos nuevamente solos, Yuuri acurruco a la pequeña entre su pecho como si quisiera protegerla de cualquier mal al asecho, aunque ella estuviera a salvo. Al ruso le causo algo de risa, sin olvidar la ternura, el japonés seguramente seria el tipo de madre sobreprotectora que daría de caza al desgraciado en siquiera pensar cortegear. Podría no saber aun su naturaleza, pero conociendo su linaje, seguramente seria alfa.
— Es tan pequeña Yurio, tan pequeña e indefensa que temo romperla si la sostengo fuerte. — río de una forma patosa, seguramente estaba por llorar de la simple emoción. — Su belleza me ciega, su ternura me nubla los sentidos y toda su existencia me llena de emoción. No existe nadie mas perfecta para mi que Anna.
Asi que la iba a llamar Anna, bueno, no tenia objeción alguna pues el nombre era mil veces mas hermosos que Mariana o Sana, sobre todo ese último, haciéndole recordar a la discípula del japones. Pensandolo bien, creía que le colocaría algo parecido al padre, ahora en verdad sentía alivio que eso jamas iba a suceder.
— ¿No quieres cargarla? — sonrio medio bobalicon, haciéndole soltar un respingo de impresión al rubio — No te asustes, todo estará bien, solo debes tener cuidado con su cabeza. No mordera.
Ah… este no era el momento de hacer bromas, menos tomando en cuenta que estaba pasandole a un quinceañero su bebé, no teniendo ni una pizca de miedo o duda. Aveces la mirada inocentona de Yuuri le causaba molestias a Yurio, con ello no se refiere a lo emocional, mas bien en situaciones serias.
El ruso estuvo cauteloso cuando recibió a Anna, tal como dijo su madre era pequeña, frágil y sumamente calida. El sonido de gorgojeo le hacia reírse, sabia que estaba siendo estúpido pero esta criatura le hacia despertar una clase de emoción nueva, quizás sea producto del nerviosismo o que en difinitiva, tenia rasgos parecidos al japones. Como la su nariz o la manera de abrir su boquita a vostesar, Yurio miro conmovido a la pequeña Anna colocando su mano libre bajo su barbilla acariciandola, era suave y terza tal cual a lo parecido en un bebé. Sin tomar en cuenta ese tono inusual, recordandole a alguien totalmente molesto y que sin duda no tenia ningún interes en este asunto.
Entonces con un ligero movimiento incomodo, la pequeña abrió los ojos, dejandolo quieto y sin palabras en la boca. Era como si fuese pateado en el estómago, o mejor dicho, intentado un salto cuádruple y cayo de la manera mas aparatosa posible al suelo, quedándose allí quieto solamente dejándose envolver por el frío hielo. Porque en esos ojos, en esos grandes y redondos ojos se encontraba el cielo extenso reflejado en el mar, cautivo de muchos secretos para las demás personas. En pocas palabras: Viktor Nikiforov.
No, no podía ser posible.
No podía ser posible.
¡Debe de ser una broma!
No podía ser posible.
¡Debe de ser una broma!
Tratando de guardar la compostura, Yurio quito ligeramente la gorrita de color rosa cubriendo la cabeza de la bebé, notando lo que sus instintos le decían: color plata. Su memoria viajo atrás, en el momento de conocer por primera vez a Viktor, había sido llevado a la pista de San Petersburgo con la finalidad de perfeccionar su don, en ese entonces aquel sujeto se encontraba danzando. Si, bailando y reclamando como suya la pista, sus movimientos o expresiones decían mas que mil palabras, tomando una parte del niño y envolviendola en conmoción. Deseo solo una cosa, ser mejor que ese joven, tener la capacidad de impresionar a la gente y robar los corazones de muchos.
Sin embargo, eso no era lo extraordinario, porque el cabello de ese entonces de Viktor parecía una mañana normal en aquella ciudad, una manta larga de color gris, nostálgica y con un toque frío en cada giro de esas hebras. Su piel, blanquecina como la misma nieve te insitaba a pensar que era el hijo de la misma reina de las nieves, esa mirada cautivante igual al cielo combinado con el mar, haciendo parecer ser solamente un intermediario a la belleza. Si, Viktor Nikiforov era un monumento a la belleza mística y curiosa, la cual, esa misma, fue heredada por su hija.
« No queda ninguna duda que es su padre… ambos son muy parecidos. »
Yurio alzo la mirada conectandola con el ojos caoba, este parecía nervioso ante alguna reacción del quinceañero, aunque no iba a demostrarle su shock debía de decirle la verdad.
— Es su viva imagen. — concluyo con una sonrisa de medio lado, sin soltarla.
— Asi que… te diste cuenta. — rio con amargura, jugando con sus manos nervioso.
— Imposible no hacerlo — menciono rosandole con delicadeza su dedo por la cabellera plataeda — todo de ella grita su nombre.
Yuuri soltó una risita amarga, bajando mas su mirada y evitando no perderse en ese gran detalle, que su hija se parece a su primer amor, el cual, necesita olvidar con desesperación pero como de costumbre los planes para él eran lo contrario a lo esperado.
— Sigue siendo hermosa — las palabras sinceras del jovencito captaron la atención del otro — me tiene sin cuidado que tenga la apariencia de ese idiota, de todas maneras, no le quitara que eres su madre y tu persona mas importante hasta hora.
— Yurio…
— Por eso quita esa cara — lo animo, volviendole a colar la bebé entre sus brazos y percatandose de como se aclopaba rápidamente — ya eres madre, de una muy hermosa y adorable. Ella te necesita, mas que a cualquier persona, aferrarte a eso y vive… ¡vive por los dos!
En el tiempo de llevarse conociendo Yuuri no lo vio tan decidió hasta hora, mucho decir tomando en cuenta el día de saber la existencia de Anna, llevándolo a concluir que este muchacho solo cada día evolucionaba para bien. Observandolo bajo esa perspectiva, nunca lograría conocer en total al ruso, pues un día es grosero y pedante, el otro amable y comprensivo. ¿Cual de todas esas facetas se encontraba el verdadero Yurio? Le intigraba.
— Gracias… en verdad, gracias.
— Mientras sigan ambos viviendo, prometo duidarlos de todo. — repuso con firmeza, mirandolo directamente a los ojos y sujetando la pequeña mano con insistencia de la bebé. — no permitiré que alguien intente hacerles daño. Puedes asegurarlo.
Esa tarde, casi entrando a la noche, Katsuki Yuuri tuvo una corazonada casi reveladora al mirar la decisión en los ojos verdes del jovencito, esto era alguien mas que un niño pues se trataba de alguien con muchas agallas, o al menos, la suficientes para enfrentar medio mundo por él y su hija. Nunca tendría las palabras necesarias para agradecerle, en cambio, con mano libre sostuvo una de las suyas apretandola y sonriendole. Estaba comenzando a pensar que si se encontraban juntos todo sería posible, no necesariamente de forma romántica, pero al menos de amistosa o apoyo. Seguía sin conocer el futuro ahora teniendo a Anna entre ellos, pero al menos si estaría listo de enfrentarlo, manteniendo presente esa sonrisa y apretón de Yurio, buscaria la escalera hacia su porvenir.
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