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¡Quiero mas niños!
Era un fin de semana de completa tranquilidad en la casa de los Nikiforov, donde usualmente se encontraba desocupada por los mayores gracias a sus trabajos, siendo esta ocasión una total excepción. Para Yuuri, la mañana del sábado de noviembre entrada al invierno, empezó desde muy temprano. Suele levantarse antes que todos, bueno, es una costumbre llevada en sus hombros desde siempre al ser hijo de los dueños de una posada, en Yu-topia los preparativos jamas se harían solos y por ende su deber era ayudar. Por otro lado, al tener tres ruidosos niños, correpción, cuatro si contabamos su esposo de infantil comportamiento, las circunstancias se complican mas y agregando el trabajo, es un nivel superiro. Sin embargo, desea desechar esos pensamientos laborales, este fin de semana sera distinto, solo sera la familia Nikiforov y nada mas la familia Nikiforov. ¡No se aceptan intrusos! Abandonando la comodidad del nido junto a su esposo, el ojos caoba se dirige al baño para darse una ducha, no muy recomendada si deseaba una opinión parcial, si los inviernos en Japón son un suplicio combinados a los de Ditroit, es San Petersburgo se lleva el premio al super clima invernal de todos los tiempo. Él seria el loco en desafiar lo correpto, desechar el calor corporal de su alfa y ducharse, que aunque sea agua relativamente caliente, al salir de ella le golpearía drásticamente el clima como una bola de demolición. ¿Qué importaba de todas maneras? Debía de aprovechar antes de despertar la garganta mas clara de todos los Nikiforov, quien se trataba de Hikari, la cosentida de la casa. Armandose de valor, Yuuri finalmente dirige sus pasos hacia su destino.
Unos minutos mas tarde, habiendo organizado el desayuno decente a su familia, el omega clasifica la ropa por color de sus hijos que va a meter a la lavadora, le parece increíble al pesar de los años de convivencia y de tratar de enseñarle a Viktor el no mezclar lo morado con lo blanco, este siga haciéndolo de manera despreocupada. Ni mencionar a su atolondrada hija, quien aparentamente le vale los regaños suyos, pues deja desparramada y sin doblar sus prendas en cima del cesto como si alguien va hacerlo por ella, o por obra de magia del señor, lo hicieran solas. Suspirando pesadamente, el ojos caoba se traga casa uno de sus gritos y realiza los deberes de ese par de peliplatas desorganizados, anhelando silenciosamente que tuvieran un poco de la sensibilidad de Haru. ¡Oh su bebé de casi dieciséis años! Con una personalidad tranquila, afable, atenta y respetable, al dirigirse a sus mayores lo hacia de una manera tan correpta que jamas tuvo quejas del colegio de él, tampoco en la vida de Anna, pero Yuuri no podía evitar ver reflejado a su esposo en él. Sin mencionar el parecido, esa sonrisa ancha llena de entuciasmo, alegría y entrega completa, como a su vez el tratar de ocultarle muchos secretos. Últimamente parece hacerlo, el pelinegro lo sabe, su intuición de madre se lo grita al ver uno que otro semblante preocupado del jovencito, aunque Viktor le contribuya diciendo ser debido a los nervios de debutar junto a los grandes del patinaje, su corazón le demanda otra cosa. Haru le esconde algo, algo muy grande a la par de doloroso, que de alguna forma no puede compartirle a alguien o desear hacerlo es imposible. Ha hablado un poco con Yurio sobre ello, si percibió cambio bruscos en la manera de patinar, caminar o inclusive hablar, pero nada, lo llamo paranoico pues su “retoño” se encuentra satisfactoriamente bien cumpliendo todos sus deberes, siendo usualmente él con todas sus fallas y la ganas de llevarle la contraria a agregarle mas saltos complicados a las rutinas, llevandole a producir varios dolores de cabeza. Lo conoce, es cotidiano en el Nikiforov. Sin embargo, por mucho conseguir intensivos a su alrededor de dejar esos pensamientos, Yuuri no consigue relajarse, terminara haciéndolo al conseguir las respuestas a las inquietudes de su pecho. Agregándole otra mas, Anna, con esos suspiros esparcidos por toda la casa, las horas encerradas en su habitación creando mas canciones de piano combinandolos con su violín, donde estan plagados sentimientos puros y contradictorios. El ojos caoba no es idiota, después de todo el tambien paso por esa etapa, su hija se ha enamorado de alguien o tiene pareja, lo último lo ve imposible al no escuchar nada el respecto de su misma boca, aunque al menos si se encuentra interesada en alguien. El problema viene residiendo en dos cosas, la primera, su esposo combinando con esos celos protectores de padre alfa territorial, y el segundo, ese resital que no pudo asistir debido a su trabajo. Viktor le relato recibir una llamada de Haru junto a una situación descabellada, Anna llorando por móvil, la joven nunca se ha comportado de esa manera con alguien, menos con él mismo en su época de niñez salvo esa vez, cuando paso unos días con su padre a solas y fue amedentrada por compañeras de pista de él. La ojos safiro es una joven bastante independiente, centrada y decidida, al ser alfa le adquiere una seguridad de no necesitar a nadie, menos poseer debilidades, de sentirse mal buscaría las respuesta por si sola. Justamente igual a su padre. Es esa la razón de parecerle raro todo eso, mas cuando llegó el momento del relato de su apariencia en el resital, el tema de composición y la evidente tristeza en cada nota, casa pieza tocada de sus hábiles dedos. No existía otra conclusión, la peliplata sufría las penas de un corazón roto, la decepción amorosa y el desolador desenlace de una alma quebrada a la mitad, donde alguien no tuvo la compasión de destruirla. De alguna manera, le daba mucha rabia imaginar que una persona se atrevió hacerle semejante cosa a su hija, pero por otro lado, comprendia el no poder protegerla de vivir ese tipo de experiencias. Aunque el deseara con todo su corazón ver a sus hijos permanecer niños, era imposible, tarde o temprano dejarían el nido dejándolos a Viktor y a él solos.
« Al menos, aun tenemos a Hika-chan para nosotros. »
Podría sonar cruel, pero de sus hijos quien aparentaba ser la mas normal era ella, le atribuiria aun poseer la inocencia marcada en esos ojos celeste parecidos a los de su alfa, aunque claramente lo demás era suyo. Aun recuerda la primera vez en verla, esa cabellera azabache rebelde disparandose a todas partes, sus manitas empuñadas como si estuviera protegiendose de algo, ese tono de piel tan delicado, suave y medio bronceado, seguidamente de esa naricita pequeñita muy perfilada, una boquita pequeña que no tardo en hacer un bostezo y sus ojos, los ojos del amor de su vida. En ellos se veía reflejado las primaveras en un cielo despejado, el infinito y la esperanza de que si existe el amor, después de todo, lo vio reflejado en esa pequeña niña llamada Hikari. La primera impresión de Viktor al verla fue llorar, agradeciendole por convertirlo en padre una tercera vez de tan preciosa criatura, ella sin duda es su viva imagen y no puede pensar amarla igual a sus otros hijos, ella sin duda jamas le faltaría el cariño de nadie y era cierto. ¡Si hasta Yurio lloro! Bueno, trato de ocultarlo excusandose bajo un “solo de me metió algo en el ojo”, claro, claro, el alfa de imponente presencia jamas demostraba debilidad ante nadie, menos la cachorra de los Nikiforov y eso, le causo mucho gracia a Mariana, su omega. Ella sin duda disfruto de burlarse de la situación, de igual manera encariñarse con la bebé, en su comportamiento se veía claramente el deseo de tener un hijo. Todo omega desea hacerlo luego de encontrar a su destinado, Yurio y ella se han tardado mucho en ese aspecto, pero lo ha atribuido al esperar de casarce y estar mentalmente estable para ese paso. La paternidad no es algo de tomarse a la ligera, ese tema debe llevarse con calma y planificarlo, le da un aplauso a ambos al pensarlo antes de hacerlo, igualmente demostrar no estar preparados. Aunque eso no significa el no desear ver los cachorros de la pareja, quien seguramente serán hermosos como sus padres, la combinación del calor del trópico con el frío de Rusia, algo digno de ver.
Con una sonrisa en los labios, Yuuri culmina de organizar las prendas de vestir de Anna a la lavadora, colocandola a funcionar junto a otras claramente perteneciente a su padre. En la otra ronda, introducira las de Haru y Hikari, las cuales siempre han sido mas de cuidado, uno porque su hijo es un deportista y no le agrada usuar algo incomodo, segundo, su última hija es una bebé y necesita de cuidados. Culminando su deberes allí, se dirige a la cocina donde escucha unos susurros extraños, pensando que su alfa ha despertado y se encuentra por alli impaciente de comida, el ojos caoba acelera sus pasos por el pasillo dando rápidamente a la cocina, donde encuentra una cabellera platiada revoloteando, pero no es la que él espera ver sino se trata de otra, una mas joven y acompañada. Haru sosteniendo en su brazos a la menor de los Nikiforov, mirandolo con ojos curiosos, ocupada aparentemente en succionar el chupetin de animalprit regalado por su padrino, el cual, profeso versele versele muy bien y con estilo. Ya saben, lo usual en Yurio.
— ¡Oh! Buenos días mamá — lo saludo sonriendole abiertamente, al menor indicio de darse cuenta de su presencia. — escuche unos ruidos de la habitación de Hikari y la encuentre despierta, no fui a buscarte porque seguramente estas aun cansado de todo el trabajo de esta semana. Lo siento.
Yuuri sonriendole complacido, se acerco al quinceañero moviendo su cabeza hacia los lados, su pequeño jamas dejaría de ser tan considerado con él, aunque eso significara ejercer responsabilidades que no le correspondía. Sostuvo a la azabache en sus manos, y con una mirada calida, se dirigió a su hijo.
— Buenos dias para ti tambien, Haru. — le dijo con toda carga maternal posible, Haru siguió sonriendole a esa persona que le trajo a este mundo. — y no te preocupes por eso, desde bastante rato estaba despierto solo meti a lavar la ropa de tu hermana y tu papá, cosa que lleva su tiempo. Debes conocerlos, son expertos en el arte de ser desordenados.
— Podría ayudarte — se ofreció voluntariamente, sorprendiendo a su madre. — digo, eso debe ser muy agotador y una mano de mas seria una bendición. Además, odio cuando le cargan toda los deberes del hogar a mamá, cuando podemos ayudarte.
Oh… Haru era un ángel, al colocar esa postura madura al pesar de solo tener quince años le daba un cosquilleo en el cuerpo, era la satisfacción de estar haciendo un buen trabajo en cuidarlo. Quizás sea rebelde patinando, pero dentro de su hogar, el peliplata es otro mundo, un joven dedicado a su familia y comprometido con ayudarlo.
— Gracias, bebé. — le dijo con cariño acariciando uno de sus pomulos, que de inmediato se pinto de color rojo. — serias de gran ayuda prestarme tu mano, siempre lo haces y a mamá le agrada mucho.
— Mamá, ya no soy un niño. — resongo por lo bajo, desviando la mirada a otro lado tocando el rostro donde le toco el pelinegro hace unos minutos. — es vergonzoso que me sigas llamando así.
— ¿No sabes que aunque tengas cuarenta años seguirás siendo mi bebé? — soltó una risita, moviéndose por la cocina buscando hacerle el biberón a Hikari y mirando de reojo a su hijo. — Soy tu mamá, obviamente en mis ojos seguirás siendo ese regordete niño correteando detrás de Anna, aun mas, detrás mio y ignorando aposta a tu papá. ¡Oh! Que buenas memorias.
Tambien lo eran para él, desde siempre hacer llorar a su padre aunque fingido, fue una total diversión en perspectiva de niño de cinco años. En lugar de ser atento como lo era o es Anna con el peliplata, Haru adopto un juego personal de ignorarlo, centrando toda su atención en su hermana mayor y mamá, recibiendo las lágrimas de cristal de su padre junto una queja de ser despreciado por su propio hijo, quien no lo quería. Seguidamente, el ojos caoba soltaba una risotada divertida corriendo contento lejos de todos, admitiendo su broma oscura hacia su padre, el cual, sin importar las veces de hacerla seguía cayendo. Una de las memorias mas apreciadas en su recuerdos de niñez, esa y… jugar a las atrapadas con el entrenador Yuri, pero eso seria otra historia que contar.
— ¡Mamá, hace calor! — la voz de una veinteañera hizo su aparición asustandolos, inclusive Hikari que balbuseaba palabras inreconosibles, se fijo en su hermana mayor entrando a la cocina en una simple pijama de tirantes de una sola pieza. — ¿podemos bajar un poco la calefacción?
— Si, si Yuuri — una voz le acompaño a la otra, mostrándose a un Viktor Nikiforov en iguales fachas que su hija mayor, con poca ropa y apecho descubierto. ¿Acaso no conocían el significado de pudor? — venia con la misma idea luego de despertarme y no encontrarte a mi lado, menos mal Anna siente lo mismo que yo.
El ojos caoba acaricio el puente de su nariz buscando serenarse, tener a este par de atolondrados en prendas menores le daba muchos nervios, mas en su hija, que aparentemente olvidaba ser una señorita y debía de respetarse como tal. ¿Pero que dice? ¡Es hija de Viktor Nikiforov! Él no conoce el significado de pudor o el frío, le retribuye ser ruso, pero Anna no lo es solo ha aprendido a acostumbrarse a las situaciones climáticas a medida de vivir en Rusia, adoptando las misma conductas de su padre. Francamente, esos dos, son tan parecidos que le asustan.
— Primero que todo, se dicen buenos dias. — puntualizo el omega, mirandolos directamente a esa expreción de despreocupado que tenían ambos. — segundo, Anna por todos los cielos, ¿cuantas veces debo decirte que eres una señorita y debes permanecer vestida de acuerdo a ello? No debes exibirte tanto, aunque estes en casa. ¿Lo entiendes?
— ¡Pero hace mucho calor! — replicó chillando un poco, miro a su papá en busco de apoyo como usualmente lo hace. — sino preguntale a papá, ¿verdad que tengo razón?
« Allí vamos de nuevo, eligiendo aliados. Bueno, papá tampoco se opondra. »
— Dejala como esta, Yuuri. — intervino el peliplata mayor, dando en el clavo Haru con su pensamiento. — con tal quien estamos aqui somos nosotros. ¿Qué puede pasar?
Oh, demonios, mejor no hubiese dicho semejante frase porque lo siguiente en pasar fue lo predecible, dos peliplatas sentados en el suelo vestidos correptamente al puro estilo japones, en tanto un omega con una regla en mano le dictaminaba disciplina. Haru acompañado de su pequeña hermana, observaba divertido la escena desayunando una comida especial solo para él, debido hacer el mas cuerdo de aquel par estaba siendo recompensado. Ser obediente tenia sus ventajas y esta era una de esas, sentía lastima por Anna y su papá pero se lo habían buscado.
— ¡Yuuri me encanta cuando estas en modo autoritario! — exclamó alzando sus brazos y arrojandose sobre el pobre pelinegro, el cual no supo como reaccionar. — ¡tengamos mas hijos!
— ¡De ninguna manera!
Haru estaba consiente que su padre no poseia nada de delicadeza al proponer cosas, menos esconder su evidente emoción ante la imagen de su esposo autoritario, y la segunda, que estando el presente el ambiente familiar en la casa jamas seria sobrio, sino lo contrario, divertido. Asi que con la imagen de sus padres siendo ellos mismo, el peliplata menor, comenzaba el mejor fin de semana de todos, donde las risas seria el plato fuerte del día.
El “Fantasma” del baño del segundo piso.
Francamente, ¿hasta donde llegaría la estupidez humano? Inventarse historias sin pies y cabeza solo por hacerse popular, o tener un poco de fama, aunque eso venía teniendo el mismo significado Anna seguía sin comprender la mentalidad de las personas, o en concreto, la de sus compañeros en la universidad. Desde hace un par de semanas, un dio o dos después del recital donde todo acabó para su corazón, unos rumores circulaban en los pasillos referente a una supuesta “sombra” reflejada en los azulejos del baño del segundo nivel, esos cerca de los salones de los del primer año casi al final del corredor. Lo normal sería usar los del primer piso, siendo lo mas habitados y aseados, pero magicamente alguien se le ocurrió ir a ese descubriendo tal espenuslante espectro, saliendo corriendo desesperado a la primera puerta a la vista. En ese instante, la historia fue esparcidas por toda la universidad, inclusive, los de la carrera que participaba Anna. En su caso particular, le fastidiaba mirar a sus amigas escandalizadas o asustadas de ver el “fantasma”, es decir, ¿quien podría creer eso en plena era tecnológica? Seguramente viendo los vídeos de la cámaras de seguridad, o montando guardia, descubrirías la verdad detrás de la incógnita. ¿Y quieren saber su opinión? No existe tal ser del otro mundo. Conclusión, todos son una parranda de ilusos creyentes de las palabras de los demás.
Dando un bostezo disimulado, los ojos zafiro de la alfa se desvían del frente hacia la ventana, el clima de hoy parece particularmente mas oscuro, las nubes cubren todo el cielo dándole un aspecto sombrío de pelicula de terror, dato bastante ilirante al punto de reírse. Puede imaginarse hasta los responsables de dicho rumor, riéndose a carcajadas porque consiguieron escandalizar a medio alumnado, poseyendo temor de acercarse al ala dos y el baño al final de ese pasillo. Quizás, solo quizás, quieren ese sitio deshabitado para hacer cualquier porquería, Anna no es tonta, en la vida lo ha sido, esos malhechores planean algo y eso le concierne a todos. Le encantaría investigar un poco ese baño, lo deja en “encantaría” porque de saber su mejor amiga Elena, la arrastraria literalmente de las orejas alejandola del pasillo. ¿Pero no sería emocionante? Ir con la cámara el móvil, gravar cada rincón del baño y enseñarle al mundo que no deben de temer a nada, los fantasmas no existen. El simplemente idear el plan le ha dado energía, últimamente se la pasa encerrada en la habitación de su casa o en la sala de musica del primer piso, porque no piensa volver a la del tercero y encontrarse a la parejita prohibida en pleno apogeo, centrándose en únicamente en pulir sus habilidades en el piano y violín, inclusive, estaba considerando aprender un poco de violonchelo o flauta, la primera se le hacia mas provocativa. Por eso, agregarle el desenmascarar a unos impostores caza fantasmas, le da mas emoción a su monótona vida. Sin saberlo, recuesta su cabeza sobre su manos y dibuja una sonrisa anciosa en los labios, se ha encontrado algo divertido por hacer. Aunque lo malo, el profesor Levin parece percatarse de la distracción de su alumna molestandolo, Anna es bastante atenta a casa una de sus lecciones, pero últimamente esta en otro mundo, o mejor dicho, queriendo estar porque aparte de ingnorarlo en los pasillos de la universidad, en las clases toma el asiento mas alejado del escritorio y finge estar escuchandolo, justo como ahora.
Cerrando su libro de un golpe, Levin frunce el ceño asustando inclusive a Katarina, quien jamas ha presenciado el lado enojado de su amante y le da un poco de curiosidad. Una persona no puede estar siempre feliz, este es un ejemplo.
— Señorita Nikiforov, si considera que mi clase muy aburrida puede retirarse. — sugiere, trayendo de vuelta la mente atolondrada de la joven, que al escuchar la sugerencia del hombre, gira su rostro lleno de surcos. Le ha robado la diversión personal que tenía en estos momentos. — parece que usted posee muchas cosas mas interesantes por antender. ¿No es así?
« Sera… ¡sera imbécil! »
Apretando las manos en forma de puño, Anna contiene todo la ira posible bailando tanto a fuera como por dentro de ella, si su mamá poseia control sobre su cuerpo entero, ella lo tendrá de las acciones posibles hacer que todo alfa tendría frente un beta. Pero no lo hace, los reprime para si misma solo con la finalidad de no terminar siendo una maleducada, además, aguantar de tener una razón razonable para gritarle en la cara a Levin. Seria tan genial, terapéutico y reavitanlizante, aunque frena eso por un solo motivo: si misma. Ella vale, vale mas que cualquier oro u hombre del mundo, y ninguno de esto le quitaría eso. El cariño propio hacia su persona. Asi que, dibujando una sonrisa dignada de compararla a las de su padre cuando dice algo sin anestesia, Anna mira a su profesor con ojos agudos inpresionando a todos los presentes, mucho mas a él quien detiene sus pensamientos hacia su alumna modelo. Parece enojada, muy, muy, muy enojada. ¿La razón? No le gusta verse expuesta ante todo el salón, o mas bien, delante de todos.
— Que amable de su parte, profesor. — dice ella con voz apasiguable, un tanto dulzona pero con gran dosis de sarcasmo. No darse cuenta seria un idiota. — preocuparse por el bienestar de sus alumnos, aunque, bueno… ese es su trabajo. Disculpeme por mi mala educación, no estaba en lo absoluto distraida, simplemente quería experimentar su calida mano amiga sobre mi hombro, como se la hace a todos sus alumnos.
No sabia pero esas últimas palabras le sonaron a doble sentido, Levin frunciendo nuevamente su entrecejo, giro instintivamente en dirección donde se encontraba Katarina muy sonriente, se percibía encontrarse encantada de estar siendo acorralado mas por una alumana. ¿En verdad que ocurría con Anna? Desde el recital dejo de ser ella, convirtiéndose en un ser lleno de sarcasmo y mensajes con doble sentido, si tenia contra su persona ¿por qué no llamarlo aparte y decirlo? Asi se evitarían muchos sin sabores en la boca.
— Señorita Nikiforov…
La campana sono en ese preciso instante, librandola de un posible escarmiento de su parte, los alumnos empezaron a recoger sus cosas apurados para alcanzar los mejores platillos de la cafetería, Katarina era una de ellos. Anna encogiendose de hombros, se levanto de su asiento imitando a sus compañeros, realmente no tenía nada de apetito y menos la paciencia para soportar mas el descaro de este maestro, quería salir rápidamente de esta aula. Arrojando libros y partituras al fondón de su bolsa, la coloco sobre su hombro dándose cuenta que casi esta a solas con ese desagradable sujeto, respirando profundamente, camino directo a la salida pensando en tomar un café instantáneo con unos panesillos, de enterarse de su desvalanceada alimentación su mamá la reprenderia, pero en verdad lo último en sus pensamientos seria ingerir un buen plato de comida. En realidad, donde quería estar era en la sala de musica del primer piso y componer unas cuantas canciones, se le venían a la mente unas cuantas melodías y… algo detuvo su caminar, en realidad, una mano sobre su brazo lo hizo. Girando simplemente su azulada mirada hacia atrás, noto como la desagradable presencia de su profesor de composición era el causante de tal atrevimiento, los demás alumnos cruzaban a su lado murmurando palabras inreconosibles, tampoco debía de ser una adivina para darse cuenta. Pensaba que iban a regañarla. Dando un paso hacia atrás, espero que estuviera el salón completamente vacío y así finalmente hablar, o llevarle el ritmo al descarado de Levin que le llevaba al final de su paciencia. Este, por su lado, se quedo en silencio esperando una mala mirada o reacción defensiva por parte de la alfa, cosa que en ningún momento llego.
Y finalmente, estaban solos.
Cruzandose de brazos, Anna soltó un suspiro agotada, ser enfrentada de esta forma por Levin se volvía costumbre y ella le daba de todo, no en el buen sentido de la palabra, mas bien residía en la incomodidad y fastidio. ¿Qué conseguía el beta hostigandola? ¡Ya tenia a Katarina! Mejor y la buscaba a ella dejándola sola, creía ser lo suficiente evidente en demostrar su desagrado teniendolo en frente, lo de hace unos momentos fue un ejemplo, incluso sus compañeros se sorprendieron al verlo. Era de esperarse, una alfa tan entregada y dedicada a las clases de este hombre, de la noche a la mañana parece desagradable, es raro y sin pies o cabeza. Para aquellos chismosos, ella tenia razones de sobra en comportarse de esa manera, motivos que no piensa mencionar por una muy sencilla razón: no le corresponde. Desde hace mucho tiempo dejo su niñez, comportarse como una cría a estas alturas sería absurdo, mas aun estúpido, asi que llevara la situación en total confidencionalidad y haciéndose la ignorante. No sabe, no ve, no escucha, ni nada parecido. A cada quien le corresponde cuidar de lo suyo, ella no sera la responsable de un despido o separación de una pareja, en lo absoluto, prefiere quedarse sentada y mirar el espectáculo fluir natural, sin ninguna intervención.
— Anna — la llama por su nombre de pila, causándole un estrago en su interior pero no demostrandolo por fuera. — hace unos días me di cuenta de tu comportamiento inusual, pareces… estar digustada, malhumorada e incomoda con tu alrededor. Es como si… si… no quisieras estar en la aula de clases, y la verdad me preocupa un poco, puede bajar el buen rendimiento que llevas hasta hora.
« Dios, esto es muy bizarro. » Anna esta a punto de soltar una carcajada sonora pero la contiene en su garganta, quedándose tan tranquila como una momia porque a) este hombre finge de una manera admirable, y b) caer en sus jueguesillos esta fuera de moda. Es cierto, en el pasado se comió tantos cuentos de esta índole que podría escribirlos, no lo hace ante la sencilla razón de al recordarlos sentira rabia de si misma y, la verdad, guardar todo eso en el baúl de los recuerdos es lo mejor para todos, una mas, ella misma. Tomando grandes bocanadas de aire, la Nikiforov fija su mirada en cualquier punto de la habitación menos en su profesor, de hacerlo, palabras idiotas saldrán de su boca y no puede permitir tal cosa. Primero, seguirá con sus dosis de sarcasmo, segundo, bueno, de eso se encargaría mas tarde.
— Disculpe y sea muy atrevida con usted, profesor Levin. — su sonrisa se volvía mas ancha, brillante y el hombre no pudo evitar sentir incomodidad. Tanteo terreno minado. — no creo que mi “mal humor” le sea un problema en mi rendimiento, y se me equivoco por favor corrigame, pero mi rendimiento educacional sigue impecable, igual que siempre. ¿O he faltado alguna de sus clases?
— No, solamente…
— ¿Desaprovado un examen? ¿Olvidado entregar un trabajo? — le interrumpió de imprevisto, casi acorralandolo contra la pared literalmente.
— En lo mas mínimo, yo me refería a…
— Ve, profesor, usted mismo esta dando la respuesta a este dilema. — la mueca en el rostro de Anna le congelo por completo, de pies a cabeza, era como si le dijera estar comportándose igual a un crío, o mejor dicho, viendo pajaritos en el aire donde no existía nada. — por lo tanto, abstengase de detenerme para hacerme comentarios innecesarios, porque usted bien dijo, tengo cosas mas importantes que hacer en lugar de perder el tiempo con usted. Y si me disculpa, me retirare.
Antes de poder reaccionar, la alfa salio disparada por los pasillos concurridos de estudiantes perdiéndose entre la multitud, demostrando realmente querer hacerlo y dejando a Levin pegado a la pared. El fuego, el fuego de la mirada azulada de la Nikiforov quemo cada parte de su alma, dejando nada mas el humo y cenizas de si mismo, sus sentidos paralizados no se dignaban a responder, menos los motores porque aparentaban ser anestesiados por algún medicamento, aunque en este caso se trataba del poder nato de una alfa enojada. Sacudiendo su cabello con desgano, Levin se arroja al suelo soltando una exclamación frustrada de su garganta, estaba cansado de tocar la puerta de la peliplata sin éxito, siendo inrevocablemente rechazado cerrandola la oportunidad en todas las narices, diciéndole claramente no tener derecho a opinar en nada de su vida, después de todo, él solo era su profesor. Era cierto, el beta seguía siendo el encargado de empartirle la materia de composición, aun así, quería ser algo mas lejos a un simple “orientador”, deseaba simpatizar con Anna y ayudarla en lo que fuera. La muchacha claramente pasaba por un mal trago amargo, todos en la vida hemos estado allí y conseguimos superarlo, pero ella aparentemente sigue enfrascada en el. Lo malo de todo, Levin ni le cruza en la cabeza la razón del comportamiento inusual de la joven, es decir, se atrevió a observarla en los pasillos y sigue siendo tan alegre como de costumbre con sus amigas, claro, a los puros términos de la Nikiforov. Usualmente Anna, es de las reservadas, aporta lo que tiene que aportar, deduce o analiza lo evidente y permanece tranquila en su puesto. Sin embargo, existe algo en Levin que le dictamina no estar en lo mas mínimo Anna bien, puede estar volviéndose loco, dejándose llevar por ese raro dolor agudo en el pecho cuando visualiza de lejos a la joven pensativa, pero no descansara hasta dar con ella y el detonante de su desagrado. En el fondo, solo reza para no tratarse de un chico, de lo contrario, ya no sabría como lidiar con corazones rotos.
Mientras tanto, Anna recorre los pasillos convertida en una bola de fuego, le sigue costando creer que Levin sea tan fastidioso con ella. Es decir, antes de descubrir la relación con Katarina mantenida en secreto, no la acosaba como ahora, claro, le hacia comentarios fuera de lo común de un profesor a una alumna, pero lejos de ello, nada inusual. Cruzo el pasillo bajando unos escalones rodeados de rendijas que daban una vista amplia de las áreas verdes de la universidad, en esos instantes de hervirle la sangre necesitaba respirar de manera profunda, tendida y pronunciada, de lo contrario, empezaría a sacar improperios en ingles asustando a todos al rededor. Le daba igual, pero hacer el tonto no es su estilo, menos en la universidad. Bajado la escaleras se encuentra con un pasillo mucho mas largo, abriéndose dos caminos, tiene la opción de la derecha e ir por sus tan anciados café y panecillos o la izquierda, la total entera soledad de los jardines de la universidad. Adelantándose a sus pensamientos, una persona detrás suyo le empujo sutilmente hacia adelante, asustandola. La primera reacción de Anna es girarse susurrando improperios en la lengua natal de su madre, las cuales, son dignas de lavar su boca con jabón del contenido mencionado pero al ver los ojos juguetones de la muchacha, la causante de sacar el lado salvaje de la alfa, baja todas las armas resplandor entre dientes un “idiota”. Las carcajadas de Elena resuenan en sus odios, provocandole bufar molesta, podria estar acostumbrada a recibir este tipo de acciones de la que dice ser su mejor amiga, pero en verdad hoy no se encuentra del mejor humor posible gracias a Levin.
— No alavés tanto a mi madre, te lo pido. — junta sus manos cerca de su rostro, siguiendo con las risas estruendosas. — se que no te agrada nada su carácter, aunque un poco de respeto jamas estaría de mas.
— No he dicho nada de ella — rodea los ojos, sujetando su bolsa y escogiendo ir por el camino de su alimento, con tal, escapar de Elena sera imposible. — te lo aseguro muy bien.
— No estaría de mas aclararlo desde el principio. — se defiende, alzando sus manos en señal de rendición. — Podría ser un buen tema de conversación, pero necesito saber algo. ¿Qué ocurre con el profesor Levin y tu?
En otro punto de la historia, atrás, atrás, mucho mas atrás Anna se sonrojaria o entraría en pánico al escuchar tal oración en boca de su amiga, añadirla en una ocasión con su profesor seria de infarto. Ahora, justo en el presente, no viene precisamente al caso, menos al descubrir su secreto sin verlo venir. No existe un “Tu y Levin”, ni existirá, porque aunque su alma se consuma en las flamas del dolor, la verdad la perseguira hasta la final de los tiempos. Lo bueno, este parece ser la mejor cura de todo, mas de tratarse del corazón.
— ¿Qué dices? — se prestó confundida, arqueando una de sus cejas fingiendo desconcierto.
— A eso mismo, — señalo Elena al rostro de la Nikiforov, que sin saberlo se lo toco esperando encontrar un insecto o espinilla en ella, pero solo se topo con suavidad. ¿De qué mierda iba su amiga? — de fruncirle el entrecejo, hablarle con sarcasmo, desprender un aroma claro de defensa y tratarlo peor a un cachorro abandonado. ¿Qué te ha hecho ese pobre hombre para merecer semejante actitud de tu parte?
« Mira, mira nada mas… la defensora de los desamparados. »
Anna conoce demaciado a su amiga como para sorprenderse a estas alturas, es decir, prácticamente han crecido una al lado de la otra. Se conocieron en primaria, la muchacha se había transferido desde Moscú motivo de separación de sus padres, ambos alfas pura pura, no sabe lo que les llevo a separarse pero sea cual sea la razón, contribuyo para haber tenido la potestad su mamá. La apariencia desde un inicio de Elena Aquenicova era de una miedosa total, su piel blanca como la nieve le hacia parecer un fantasma, las pecas dibujadas en su rostro le daban un toque travieso, aunque su cabello rubio ondulado le devolvía un aire igual aun espantapajaros. Si, una desaliñada total, que se dedico a seguir a todas partes a la Nikiforov por ser una alfa en el amplio sentido de la palabra, irradear confianza, sensatez y madurez. Además de sentir que aunque tuviese personas a su alrededor, ella estaba sola. Debido a un par de imprevistos, ambas alfas estrecharon lazos convirtiendose en grandes amigas compartiendo todo, desde gustos, comida, quedarse en la casa de la otra y su amor por la musica. Elena sabía tocar el clarinete con mucha habilidad, en realidad, era bastante buena con los instrumentos de aire, asi como Anna con los de cuerda y el piano. La rubia conocía todas las inquietudes de la Nikiforov, igualmente cuando le ocultaba algo o inquietaba, como no es de dar mucha informacion de si misma se guarda todo frustradose y demostrandolo justo igual a ahora, con enojó. En nadie es un secreto el apego de Anna con Levin, es decir, bastaba en observar los destellos en sus ojos cuando se dirigía a él, la manera torpe de hablar o moverse a su alrededor, la expresión nerviosa y esa sonrisa de boba ilusionada. No iba para mas, Anna Nikiforov estaba enamorada del maestro, aunque igualmente, él jamas ha cruzado la línea con alguna alumna y jamas lo hará. Es respetuoso, atento y considerado con los demás, es su trabajo después de todo, pero de allí a sobrepasarse nunca.
Bueno, eso lo dice porque no conoce la verdadera historia que esconderle tras esa fachada.
Sin mas preambulos, la Nikiforov esta condenada desde el principio, quizás se le confeso y Levin la rechazo sin mas. La cuartada de dicha teoría seria que el maestro no la a alejado, lo contrario, quiere acercarse mas a ella pero se lo impide colocando una muralla impenetrable en medio junto a esa expresión huraña, del tipo “ni se te ocurra pensarlo o te mordere”. Asi que Elena, simplemente atribuye estar escondiendole algo su amiga relacionado con Levin, lo cual, la frustra colocandole de mal humos pues es desagradable para ella. Agregándole mas, no querer tenerlo cerca por la misma razón, lamentandolo mucho su dedución queda hasta allí al no poder adivinar “eso” en ocultar la alfa. Quien sabe, puede estar simplemente dibujando pajaritos en el aire y no existe nada, esto es Anna siendo Anna, sencillamente eso. Sin embargo, los demás alumnos se han percatado del cambio de humor de la muchacha, pensando igualmente en sus congeturas. Afortunadamente Elena, puede preguntar abiertamente sin sentir vergüenza, debido a ser su mejor amiga.
— Yo… simplemente odio cuando se involuncran en mi vida privada, mas si se trata de un maestro. — comento con simpleza, sin girarse a mirarla en ningún momento.
— Mmm… ¿por qué no me creo eso? — dijo perspicaz, Anna de su parte soltó un suspiro ahogado. — Antes te la vivías detrás del profesor Levin, derritiendote en cada pasillo vacío y suspirando hasta quedarte sin aire. Ahora, hasta te perturba tenerlo en un mismo circulo. No, a mi no me engañas, algo tienes contra él.
— ¿Qué podría yo tener contra un profesor? — pregunto, parandose frente al gran arco de uno de los pasillos que daban al comedor. — además, no creo haber hecho tales estupideces por él, dijo, como has dicho, es nuestro profesor y nada mas eso.
— Si mal no recuerdo, estuviste enamorada de un ex novio de tu mamá. — pronuncio con certeza, dándole en el blanco a la sensibilidad de la pobre alfa y desarmandola. — quien a su vez es el entrenador de tu hermano, poco te importo la diferencia de edad o algo. ¿O no?
— Por dios, — bufo divertida, dándose la vuelta para seguir caminando por el pasillo y cruzar el umbral. — tenia como seis y claramente era una niña. No sabía en lo absoluto de la vida.
— ¿Y crees saberlo ahora? — inquirio frenando nuevamente su caminar, Anna giro solo la cabeza para mirarla de reojo y no se pintaba nada contenta. — porque como lo veo yo, sigues siendo una cría en ese aspecto. En general, en esta edad no se tiene con exactitud una idea clara de la vida o el amor. Solo, solo te confundes mas.
— ¿Y en que parte debo agregar al maestro en la ecuación?
— En la parte donde, evidentemente, estas enamorada de él. — soltó la bomba explosiva, pero sorprensivamente la ojos azules ni de inmuto, permaneció en la misma postura inquebrantable y sin sentimientos. — ¿qué? No vas a negarmelo, eres muy evidente.
— Elena, en la vida me has dicho muchas cosas estupidas y fuera de lugar. — hizo una pausa cerrando los ojos, meditando quizás lo que diria después. — pero esto sin dudas, lo supera todo.
— ¡¿Qué?! — se exalto, corriendo detrás de la peliplata que parecía dejarla atrás. — No puedo creerlo, en verdad tuviste las agallas de negarlo con mucha soltura. ¿Acaso por corazón tienes un hollo negro?
— Si, así es. — contesto sin pensarlo.
— ¡Anna por favor! Hasta un niño seria mucho mas sincero con sus sentimientos, en lugar que tu. — comentó irónica.
— Porque no temen a ser rechazados, confian en todo con los ojos cerrados. — dijo parandose a escasos metros de la cafetería, en frente de una maquina expendedora de café. — en sus ojos todos es posible, inclusive la existencia de hadas y duendes. Por algo son niños.
— ¿Temes a ser rechazada quizás? — pregunto, no recibiendo respuesta alguna solo el sonido del aparato sirviendo la bebida, la muchacha parecía concentrada en ello y nada mas. — Bien, comprendo, quizás el profesor Levin no sea alcanzable para alguien de esta universidad, al menos alumno, pero existe mas ovejas en el rebaño y esperan de alguien tan fabuloso como tu.
La Nikiforov aun sin responder, sujeto su bebida caliente entre sus manos dándole un pequeño sorbo, estaba dulce tal cual como le encantaba desde siempre. Pensó que quizás esto calmaria sus nervios, pero se equivoco, pues con todo este ataque repentino de su mejor amiga la dejaba al borde del acantilado a punto de caer al vacío y soltar la verdad, cosa en no corresponderle. Subestimo a Elena, realmente lo hizo, no conto que vería mas lejos de lo convencional y leería hasta sus expresiones consiguendo la verdad, esta dolida. ¡Maldición y si! Ni siquiera puede estar frustrada con Levin, es decir, si le molestaba su insistencia por conocer sus motivos de comportamiento arisco, pero todo la malas vibras era para si misma y la capacidad de equivocarse dos veces de la misma manera. Enamorarse de una persona imposible, chocando estrepitosamente con el muro de la verdad y lastimandose, convirtiendo su corazón en pedazos rotos reflejado en sus ilusiones, igualmente destrozadas. Pero ahora sería distinto, conseguiría olvidar a Levin, lo haría y finalmente comenzaría ser feliz por ella misma junto su verdadero amor, la musica.
— No necesito nada de eso, Elena. — giro mostrandole una sonrisa tranquila, relajada distinta a lo que reflejaba sus ojos. — soy una persona autosuficiente, mientras tenga la musica y mi familia, estoy satisfecha.
— ¡Pero no puedes decir eso! — le reclamo, detestaba ver como su amiga parecía renunciar a ser feliz romanticamente con alguien debido a la malas experiencia, en la vida no todas las personas son iguales. — De estar tu destinado alrededor podría ponerse muy triste, solo imaginar que piensas de esa forma tan amarga y cerrada.
— Eso de los destinados no existe. — musito con amargura, apretando un poco su mano en el vaso de café. — son inventos de gente que solamente cree en cursilerias sin sentido, y en realidad, jamas tendre tiempo para algo así ni lo tendre.
La rubia no dijo nada, solo se quedo en silencio mirando a la Nikiforov caminando hacia la señora de la cafetería pidiendo unos panecillos, la clara forma de comportarse era de alguien totalmente dolido con la vida, la sociedad y los creyentes de las almas destinadas. Bueno, tampoco es que ella ha demostrado anteriormente creer en eso, omitia a sus padres porque realmente consiguieron ganar todos los contratiempos del destino, donde el título les quedo corto. Siendo realmente “almas gemelas”. Es que realmente Viktor y Yuuri habían nacido para estar juntos, Elena se considera fan muy apegada a los padres de su amiga, cuando los ves en un mismo circulo iradean felicidad y amor por los poros, un tipo de color tan claro que es imposible no sonreír. De ser de esa manera, ¿por qué Anna no tenia la mente abierta? ¿qué causo el detonante para cerrarse al amor? ¿al conocer su “destinado”? Levin no era, no porque posiblemente la alfa hasta se cerro a estar con él, como si…
« Se resigne a ser feliz. »
La rubia soltó un suspiro seguido de una exclamación de dolor, Anna pago sus panecillos y volvió a caminar hasta su dirección comiendolos, totalmente absorta al dilema en la mente de su amiga. Podría aparentar la imagen de una alfa impetuosa, pero al realidad parecía otra, siendo solamente una joven temerosa de conseguir el amor a la vuelta de la esquina, porque equivocarse de enfoque no dice hacerlo siempre, pues esto te servirá en un futuro para otras oportunidades. Salvo que la peliplata no parece saber, o lo hace, negándose a siquiera intentarlo nuevamente. Llegando a su encuentro, le entrega un panecillo en sus manos, acto seguido camina en silencio rumbo al edificio seguramente rumbo a la sala de musica donde practica, antes ocupaba las del tercer nivel pero dejó de ir a ellas, seguramente por el mismo problema, Levin. Dándole un ligero mordisco, sigue en completo silencio a su amiga donde quisiera que va, volver a retomar la platica es algo de tener en mente, pero teme de ser regañada por ser tan insistente. Lo lamenta pero, nacio curiosa y necesita saciar sus dudas de inmediato.
— Solo contestame algo con sinceridad, prometo dejarte tranquila después de hacerlo. — la ojos zafiro se gira de inmediato, quedándose en medio de la entrada al edificio de musica y artes, expectante a las palabras de su amiga. — De tener a tu destinado cerca, de realmente tener la certeza de existir… ¿lucharias por estar a su lado? O… o… ¿lo dejarías sin mas?
— Lo dejaría. — respondió sin pensarlo sin mas, impactando en un gran grado a Elena que abrió su boca sin palabras algunas. — enamorarse, querer a alguien, u otra cosa de esas son nada mas que estorbos en mi vida. Soy una artista, si bien mucha de mis composiciones hablan del “amor” no pienso aplicarlas en la realidad, porque las tomo como lo que son, historias para complacer a la gente. No que pienso experimentar, tal cual mencione antes, “almas gemelas” o “destinados” no existe, al menos, no para mi.
Ni siquiera se detuvo a pensar la respuesta, la explico tan claro que Elena pensó quemarse con el fuego frío de la mirada de su amiga, allí no existía en lo mas mínimo cariño o querer, solo un deseo de alejar sentimientos puros en su corazón, simplemente quedaba los deseos de una artista arisca hambrienta de historias que plasmar en sus canciones. Sinceramente, es triste, pero no podía hacer nada, al menos no cuando Anna se rehusaba a salir de su caparazón y explorar mas lejos de las comodidades rodeandola; estaba enamorada de Levin, si, antes lo estuvo del entrenador de su hermano, si, pero se rehusaba a pensar que existe personas después de ellos y no desea saberlo. Lo mas triste seria dejar pasar esto, el comportamiento de Anna y dejarla ir, porque tener las manos atadas cuando podría hacer algo era mucho peor a la frustración de su amiga, pues en la vida todo tenia solución menos la muerte.
Mas tarde ese mismo día, la peliplata se encontraba haciendo unos arreglos a la composición del programa de Haru, según Yurio existía algunas notas que no sintonisan con los movimientos del adolescente, los cuales en esos segundos tienden hacer mucho mas ligeros. Sin poder rehusarse, menos reprocharle algo al molestoso rubio alfa, Anna se comprometió a arreglar dichos inconvenientes y entregarlos sin falta, donde sinceramente, le daban era ganas de lanzarselos en la cara al Plisetsky. ¿Desde cuando conoce mas a su hermano que ella misma? ¡¿desde cuando?! Su padre le dijo restarle importancia, con tal, el ojos verde es del tipo quisilloso, no le gusta permanecer tranquilo hasta poseer todo bajo su entero control. Vamos, que es un obsesivo nato. Título que se le da magníficamente, aun recuerda cuando fue a cuidarla una vez estando pequeña e intento mandarla a la cama unos minutos antes de lo normal, Anna tuvo que “dialogar” con el joven sin éxito alguno, pues se rehusó a entender que ella no era una gallina o algo parecido, solo una niña. Para el instante de llegar sus padres a casa, los encontraron en una batalla verbal en toda la regla, la cual claramente no se obtuvo un ganador o perdedor, sino dos alfas regañados en manos de un omega embarazado de cinco meses exactos, con hormonas descontroladas y un apetito voraz hacia el katsudon y pirozquis de este mismo. Volviendo a la realidad, Anna deja su violín de lado dibujando una sonrisa nostálgica, tener esas imágenes permanentes en su memoria del entrenador de Haru le da buen humor, aunque precisamente no posea el mismo cariño de antes, fastidiar al Plisetsky ha sido todo un deporte energético preguntándose, ¿su hermano alguna vez le ha hecho enojar al punto de gritarle? Seguro y si, ella ha percibido varias veces los desafíos del menor en la pista de patinaje, realizar saltos no de acuerdo a su edad y llevandole la contraria en ese aspecto posible, aun si eso significa ignorar a su papá.
Tomando asiento en una banquita de madera, Anna seca su sudor existente en la frente con la manga de su camiseta, respirando cortadamente y pensando estar finalmente lista la canción. Con ella, espera firmemente conmover al alfa hasta los huesos, mereciendose escuchar “eres increíble Anna, jamas duraré de ti. ¡Oh mi gran señorita!” De imaginarlo siquiera, le produjo una sonrisa pícara en del rostro, de las que te estan escondiendo algo y no lo llevara a la realidad. Yurio es tan orgulloso, pretencioso y amargado, ver una expresión de esas en su rostro valdria todo el oro recaudado del Vaticano, o mejor aun, un arcoiris en plena primavera siendo igualemente extraños de presenciar. Tomando entre sus manos una botella con agua, la alfa la abre dándole unos cuantos tragos siguiendo sus pensamientos conectados al mayor, ya no lo ve como su primer amor de fácil olvido, ahora es parecido a tener un molesto y gruñon tio de comportamiento dudoso, es decir, a veces dócil y otras arisco. Ya saben, igual a un gatito. De hecho, en sus horas de juventud, según su padre Yurio tenia otro apodo aparte de la “hada rusa”, ese era “kotik” viniendo ser “gatito” en ruso. Jura casi morirse de la risa al conocer ese dato secreto, imaginarse a un malhumorado rubio con mofletes hinchados y usando las famosas “neko mimi” famosas en el fandom de las seguidoras del ruso, ¿y por qué no? En el pais natal de su mamá. Cabe de destacar, que luego de eso Anna no pudo volver a ver de la misma manera al Plisetsky sin venir a su mente esa imagen infantil, graciosa e inédita. Estuvo inclusive, tentada a pedirle a JJ, un patinador retirada del mismo circulo de sus padres, una explicación mucha mas pronunciada y de tener suerte, una foto. Lastimosamente, Anna fue detenida por su madre antes de poder hacer tal pedido contribuyendo a una sola cosa, el canadience y el ruso jamas se llevaron bien, quizás los circuitos del cerebro del primero se encontraban enredados, enchufados en lugares distinto u otra cosa, pero su definición de “ayuda al novato” no se encontraba bien. Llevandolo a llamar al “kotitk” dama y haciéndolo parecer delicado, cuando en realidad era un alfa hecho y derecho. ¡Maldición! ¿pueden tener una idea de lo incomodo en resultar denigrar a un alfa de esa manera? ¿mas siendo un hombre? ¡Humpf! Es sin dudas demaciado, para no caer en lo exagerado, siendo el motivo suficiente para su mamá alejarla del Leory. Una lastima, una profunda lastima, porque la Nikiforov juraria llevarse bien con él.
Retomando la idea de seguir con sus demás composiciones, Anna se levanta de su asiento, pero no de manera sutil, el contrario, es brusca e impaciente provocando volcar un poco de agua en sus manos sobre su ropa de invierno. Maldiciendo en el idioma natal de su madre, intenta torpemente secar el desastre en la que se ha convertido, aunque es en vano, lo sabe cuando su camiseta esta ya mas que empapada. Estando a punto de formar un pataleo digno de una chiquilla, busca entre sus cosas una toalla para secarse e ir inmediatamente al baño, recuerda inesperadamente que allí existe un secador de manos y podría ser de mucha ayuda. Claro, tendría que sacarse la camiseta, pero no es problema para ella siendo de quien es hija. Sin mas preambulos, dirige sus pasos hacia el pasillo que esta sorpresivamente silencioso, a estas horas de la tarde los de primero deberían encontrarse revoloteando alrededor. Es invierno, el invierno significa días de recitales y con ellos un sinfín de practicas a morir, dejando a un lado los temibles exámenes de primer corte. Aunque en Rusia no celebren la navidad como en otros países, toman en cuenta muchas otras cosas dando ejemplo a lo académico, e igualmente, el inicio de un nuevo año. Anna, de hecho, esta ocupada en todas estas fiestas para presentarse en recitales, obras, duetos y eventos a fines de la universidad en parte de noviembre y diciembre. Oh, si, ocupada, muy ocupada como para distraerse con desastres mínimos con botellas de agua regadas en su cuerpo. El tacón de sus zapatos es lo único en sonar en el amplio pasillo, combinado con la atmósfera gris del clima invernal, le da un aspecto fantasmagorico casi sacado de una pelicula de muertos vivientes, esta segura que de ver uno no correría despavorida, mas bien, gritaría de la emoción al por fin encontrarse con alguien. ¿Donde esta todo el mundo? ¿donde esta Elena? Menciono reunirse con algunos de sus compañeros para realizar un trabajo, pero nunca regreso. Bien, Anna jamas ha sido una alfa temerosa o gallina a la soledad de una universidad a sombras de una tarde de invierno, mas bien, ese trabajo se lo sede con intereses a Haru, que aunque no sea de la misma raza, tiende a gritar viéndose involucrado temas de ultra tumba. Seria vil mencionarlo pero, la peliplata le encantaba observar ese rostro lleno de pavor del ojos caoba, era tan… adorable. Sus mejillas acaloradas, lágrimas en sus párpados, labios temblando, manos empuñadas y su voz, tersa, entrecortada llamándola “nee-san, salvame”. ¡Oh por Morzart! Las costumbre japonesas eran tan encantadoras, adoraba cada una de ellas, mas cuando a su hermanito se le pegaban siendo asustado con historias de terror. Olvidándose de su mal humor, Anna cruzo finalmente hacia la derecha al final del pasillo encontrándose con su destino, el cual, tenia un estúpido letrero en el: “fuera de servicio”. Ahora, realmente, la suerte le golpeaba en la mejilla rechazandola.
Soltando improperios propios de una vandala rusa, giro sobre sus talones, taconeando tan fuerte sus tacones que parecía querer destruir el piso con ellos. ¡Era impensable! ¡inaudito! ¿como es qué precisamente cuando va a utilizar el jodido baño este fuera de uso? ¡¿fuera de uso?! ¡las pelotas del oso que no tiene! El destino, no, el destino no… ¡la puta vida la odia! Eso es, la vida le tiene un rencor indefinido por alguna razón, colocandole esta clase de cosas. Ahora, debería subir la malditas escaleras para utilizar el otro baño, el del segundo nivel… aguarden, aguarden un poco y frenen el mundo entero. Acaso… ¿acaso ese no era el de los rumores? Anna dejó sus pasos a pie de las escaleras, contemplandolas como si fuesen lo mas interesante del mundo, cosa siendo totalmente falso. Su cerebro le envío la señal mas racional de todas: no vayas sin móvil. ¿Qué otra cosa podía ser? “¿no vayas sola?”, absurdo, tal cual a lo mencionado antes, Anna no es de temerle a los temas paranormales. En realidad, le encanta abordarlos, su madre le llama valiente al comentarlos sin una pizca de nerviosismo en la voz, quizás sea mas rusa que el mismo Haru, el cual, nacío aquí. Dibujando una sonrisa perspicaz en sus labios, la muchacha sube los escalones con soltura, confianza y anciosa. No cree en chismes, ni nada parecido, pero de ser algo de eso verdad estará en contacto con un ente fuera de este mundo, cosa inracional, porque seguramente debe tratarse de un alumno pasándose de listillo con los otros. Llegando finalmente al segundo nivel lo encuentra igual al inferior, vacío, gris y tenebroso, solo las luces incandescentes le dan un poco de iluminación al sitio, quedándose las ventanas de paredes altas totalmente ocapadas y sin un uso mas que adorno. La alfa mira a su alrededor en busca de señal humana, incluso olfatea el área en un intento mas certero, pero nada, los alumnos decieron dejar todo e irse a cualquier lugar menos el edificio. Encogiendose de hombros, decide enfocarse en su meta clara: los aseos.
Los rumores han sido menos que precisos en el tema del fantasma, porque según ellos, lo veras reflejado en los azulejos del baño pero… ¿cual exactamente? Si mal no recuerda, existe dos tipo de baños: alfas y omegas. Si, muy parecido al de mujeres y hombres, pero teniendo un sistema cada vez mas amplio en el tema decieron cambiarlo, supongamos que un omega y alfa llegaran encontrarse en un baño, independientemente de su sexo y el primero se encuentre en su celo, el resultado no seria nada favorecedor. He allí a la razón de separarlos. Aunque francamente para Anna, le da igual todo eso, ella ha presenciado en sus conocidos o compañeros de clase la llegada de los días fértiles, jamas ha sucumbido a ellos, podría ser un dulce aroma tan embriagador e exquisito en toda nariz alfa, pero de no tener ninguna clase de interes en dicha persona, acababa ignorandola. Su papá la termino llamando “casi beta”, porque de tener el sentido del olfato mas agudo seguramente no tendría ese concepto, en realidad, buscaría liberar un tipo de fuego deseando evaporar cada una de sus entrañas producto del celo del omega, quienes estan claramente diseñados para deducirlos y llamarlos a popular con ellos. Es allí cuando olvida quien eres, lo que podrías hacer, o el omega en poder desgraciar, tu mente se nubla al completo y solo cabe el deseo, simplemente eso. Mentiría diciendo no haber tenido miedo de esa definición, pero al oler el celo de muchos compañeros a su alrededor, esa palabra termino perdiendo significado y siendo llamada de tal manera. Su mamá, en cambio, atribuyo en no conocer su pareja destinada y siendo el motivo de su comportamiento docil, Viktor solo reaccionaba de esa manera en los días fértiles de él, no con nadie mas, aun así, tenia el suficiente respeto por sus decisiones y las anteponia de las propias suyas. ¿Por qué? Fácil, porque lo amaba. Asi que, no debía temerle a los celos de los omegas, mas bien, verlos como una fase natural de su cuerpo al manifestar encontrarse capacitado para tener niños, es todo. Sonriendo mecánicamente al recuerdo dulce de su madre, Anna bajo la mirada entristecida al no darle jamas a él la gracia de presentarle su destinado, ella no poseia tal cosa y ni lo poseeria, la vida le enseño de maneras bastante crueles que ese tipo de cosas no van combinados a su persona. Entonces ocurrió, el momento menos esperado en Anna, cuando la imagen de unos grandes ojos verdes se reflejaron en las baldosas doradas de la división de los aseos, dejándola prácticamente paralizada de pies a cabeza y olvidando por completar sus pensamientos pesimistas.
Primero: los rumores no eran falsos, cada uno de ellos son certeros, mas y se hace pis sobre el piso. Segundo: ser ambiguo con respeto a la dirección del baño esta bien, muy bien para variar, porque desde la dirección donde se encuentra es dificil de deducir exactamente la procedencia de la mirada. Y tercero: ¿como es que no ha comenzado a correr o gritar? ¡Ah! Por supuesto, por supuesto, su imagen de alfa hecha y derecha se vendría teñida ante la vergüenza de su miedo abismal a esos ojos verdes, parecidos al bosque, los pinos y la tierra húmeda. En general, Anna mencionara que el fantasma es parecido al inverno cuando lo pasos en la montaña, frío, misterioso y con el toque preciso del morbo; ya sabes, las ganas de descubrir alguna clase de historia llena de gore o pasado trágico. Es cuando va a abrir su boca para decir algo que el fantasma muestra su rostro, no solo sus ojos, poseyendo los razgos mas encantadores y cautivadores posible. Una nariz pequeña y respingada, su piel es evidentemente clara, pero posee diminutos lunares en su cuello, bajo su párpados y comisura de los labios, siendo estos carnosos de un tono rosaseo parecido a las fresas bebes, provocando hasta pelliscaelos para comprobar si estos perderán su color. Su cabello de castaño con tonos rubios, lo posee elegantemente peniado hacia un lado parecido a uno de esos jóvenes de revistas juveniles, elegante, a la moda y sofisticado, sus pestañas son largas a la par de curiosas, temes en cierta manera que vayan a enredarse entre si impidiendole abrir los ojos normalmente, haciéndolas caer elegantemente en sus pomulos rellenos y pintados de color. Un momento, ¿color? Anna olfatea el sitio encontrando un aroma muy singular y particular, es dulce, parecido a los arándanos con un toque de esencia de caramelo encima, no es muy intenso, pero si baja por su garganta calentandola un poco y dándole una sensación inquieta en el cuerpo, parecía al cosquilleo.
Oh… oh… vaya.
Él no es un fantasma, por supuesto que no lo es, ellos ni siquiera existen.
Lo que realmente es…
Él no es un fantasma, por supuesto que no lo es, ellos ni siquiera existen.
Lo que realmente es…
— Un omega. — pronuncia dándose la vuelta y encarando al muchacho, que aparece temeroso caminando lejos del baño de alfas, un muy mal escondite si desean su opinión porque podría ser atacado con ese olor tan… llamativo que desprende. — eres un omega, ¿cierto?
— Tu… ¿una alfa? — la voz temblorosa del muchacho llega a sus oidos, estremeciendola de alguna manera. Peligro, el castaño era el peligro andante. — pensé que, nadie vendría aquí luego de asustar a cada estudiante aparecido en este lugar.
— ¿Nadie pudo olerte? — pregunto la peliplata, aun sin poder moverse de su sitio, de lo contrario, algo malo podría suceder. — estas en el baño de los alfas, serian pan comido para nosotros detectarte con ese olor tan… tan singular.
— Me las he arreglado de alguna manera. — responde, encogiendose de hombros. Seguidamente, dibuja una sonrisa tranquila en los labios. — Tu, eres diferente, pareces tener miedo pero… lo disimulas a duras penas. ¿Es la primera vez que hueles el celo en un omega?
¿Y este…? ¡¿a que jugaba?! Anna ha presenciado muchos celos de omegas, incluidos amigos cercanos a ella y puede decir con toda libertad no ser nada, nada en lo absoluto. Sin embargo, el olor particular de este muchacho le paralizó todos los sentidos, teme que de moverse o aspirar aunque sea una sola particula va a cometer una locura, y no quiere, no quiere convertirse en la bestia temible relatada por su parte. Ella es Anna Nikiforov, una alfa responsable y sería, no una descontrolada por poseer un omega desconocido.
— Digamos que, aunque no sea precisamente la primera vez oliendo uno de los tuyos. — aprieta los puños con fuerza, contuviendo la respiración y sonriendo falsamente. — me cuesta un poco mantenerme firme. Es la primera vez en verte por aquí, ¿eres nuevo?
— Soy estudiante de intercambio, de América. — responde tranquilamente el omega, sonriendo y colocando a prueba la cordura de la alfa, dando un paso mas adelante a su dirección. — Samuel Simón, tercer año de la musica. Un placer…
— Anna, Anna Nikiforov.
— Oh, si. — carraspeo su garganta, parandose finalmente delante de ella y sonriendole mas abiertamente, asustandola hasta los huesos. No existe nada mas aterrador a un alfa de caza, pero un omega lasivo, lo es aun mas y la peliplata lo sabe. — un gusto conocerte, Anna.
¡Para completarlo era mayor a ella! ¿esto se consideraba delito? No, bueno, mientras fueran ambos mayores… ¡¿pero que demonios pensaba?! Samuel solo jugaba con ella, con sus nervios siendo mas precisa porque al conocer la naturaleza de los alfas ante el celo omega, le causaba de alguna forma diversión el percibir el autocontrol de poseer a su olor. Mencionandolo… ¡¿ahora se revelaba su naturaleza en su contra?! Jamas le ha pasado tal cosa, siempre permanecia serena alrededor de otros omegas y su fertilidad le daba igual, le sumaba tambien su claro enamoramiento por Levin… oh, freno el hilo de sus pensamientos, recordar a su profesor en estos momentos no le serviría de nada menos cuando, seguramente estaba con ella. Katarina. Samuel dándose cuenta de la decaida de la alfa, fruncio el ceño, no es que fuese un omega en busca de atención de los como ella, pero al ver los ojos azules de la muchacha algo le removio dentro suyo diciéndole “no dudes, no apartes la mirada, la persona que has buscado esta frente tuyo. Tu… destinada”, sabe perfectamente ser fuertes declaraciones o demaciado al ver una desconocida, pero los omegas funcionan de esa manera a base de sentimientos y corazonadas, donde evidentemente esta es uno de esos casos. Nunca antes a tenido la necesidad de ser tocado, seducir para eso suceder u optener la atención de un alfa, menos a estado con uno antes, pero algo en la joven delante suyo le dice que nada puede ocurrir, porque… es su destinada.
Manteniendo dichos pensamientos latentes, el castaño alza su mano tomando el pomulo de ella y obligandola a mirarlo, sus ojos verdes centellantes chocan de inmediato con los azules cielo captando su atención. Aun persiste esa sombra de dolor en ellos pero Samuel promete cambiarlos, ahora que se encuentran frente a frente, no pretende dejarla marchar o, eso si que no, esta agradable y temerosa criatura le pertenece. El destino así lo decidió y puede sentir que ella igual lo sabe, de lo contrario, su cuerpo no temblara ante el suave toque ahora mantenido en su rostro, además, agregando la confesión de pasarle por primera vez el lidiar con su aroma. Oh, vamos, las cartas estan hechadas, solo toca recogerlas y finalizar el juego, o en su caso, empezarlo.
— La verdad, no tengo idea que pasa por tu cabeza o de las penurias de tu vida, en realidad, me encantaría conocerlas. — dijo, acariciandole con el pulgar el pomulo de la muchacha y notandolo mas caliente, inclusive la temperatura de su cuerpo tambien ascendía. El celo casi aparecía por completo. — puedes creerme o no si lo deseas pero, es mi primera vez deseando estar con un alfa en esto del “celo”. Es decir, me cuido, tomo suspensores o anticonceptivos por si algún listillo quiere sobrepasarse conmigo, de hecho, eso es lo que me retiene en este baño. Escapar de tres alfas. Milagrosamente se invento la leyenda del “fantasma”, sea quien sea haberlo hecho se lo agradezco, tambien a la amable mujer en traerme comida y suspensores para suprimir mi olor. Por si no lo sabes, aun mi celo no esta por completo, digamos que… soy bastante único en ese aspecto pues me cuesta entrar en mis días fértiles, pero ese es otro tema a tratar. — soltó una risita, sientiendo a la vez un conocido retorcijon en el vientre anunciando lo inevitable, el celo se encontraba en toda su amplitud de la palabra y llamaba a una sola persona, la alfa temblorosa frente suyo. Ella, parecía haber caído en una clase de encantamiento sin retorno pues sus pupilas se dilataron, sus fosas nasales se contraían sin descanso, agarrando todo el aroma posible en el aire y luego… soltar un quejido lastimero, parecido a un cachorro dolido. ¿Por qué? No lo sabia, pero lo descubriría. — Anna, permitenos conocernos, ampliar nuestros horizontes con la historia de cada uno, explorar… los limites y darnos cuenta que efectivamente, estábamos buscandonos el uno al otro. Puede ser apresurado, loco, sin sentido alguno pero… quiero tener la oportunidad de verte, ser un explorador contigo y…
— Samuel, por favor… — inexplicablemente, la bonita mirada manglar de la joven se lleno de lágrimas asustando al omega, quien reacciono en esperar caer la primera lágrima de párpados de ella. — ayudame, ayudame a olvidarlo… a arrancar de mi mente la horrible imagen que tengo. Yo, yo ya no quiero sufrir, ya… me canse de amarlo en silencio y verlo con otra. Ahora… me toca a mi escribir otra historia lejos, muy lejos de él… asi que por favor… ayudame…
Era sorprendente ver a una alfa llorar por una pena amorosa, siendo los de su raza seres plenamente de impulsos en lugar de sentimientos, sin saberlo Samuel sintio un éxtasis mayor al encerrarse en su habitación e imaginarse tener a alguien en sus días fértiles. Sin dudas, Anna Nikiforov era una hoya escondida detrás de su naturaleza dominante, muchas dicen que los alfas escogen a sus omegas, pero era falso, pues Samuel ha decidió permanecer o dejarse marcar por alguien que puede él controlar. No tenía idea de quien podía ser el pobre diablo en abandonar a semejante criatura, pero aprovecharía la oportunidad para amarrarla a él, tal cual menciono la alfa, le ayudaría con su cometido.
— Ven, vayamos dentro, con tal nadie va atreverse a acercarse a este baño debido al “fantasma”. — río entre dientes, sujetando la mano de al alfa y guiandola al interior del baño cerrando la puerta a sus espaldas, Anna parecía un cachorrito adolorido dejándose guiar, seguía sollozando y llorando en silencio. Aun en ese aspecto era hermosa, sus lágrimas parecían diamantes brillaban con el mínimo choque de luz, en general, su aspecto era agraciado y encantador. Oh, él quería poseer, no ser poseído. Asi que, soltando la mano de ella, paso las manos por su cuello liberando un poco de sus feromonas de omega buscando la atención de la Nikiforov, con un poco de éxito porque volvió a mover su fosas nasales frenética. — Anna, la verdad me gusta saber que estas dispuesta a aceptar mi propuesta, pero me desagrada conocer tus sentimientos hacia otra persona. ¿Te ha dejado o no te corresponde?
— Lo último. — sorbio su nariz, sintiéndose estúpida al confesarle aun completo desconocido su mayor secreto y dejarse llevar solo por el olor dulzon de su celo. — es un amor imposible, de los que ni viviendo cien vidas podría llevarse acabo.
— Oh… ¿y eso debido a? — pregunto, sujetandola de la cintura y sentandola sobre el lavamanos sin permiso, tampoco ella se opuso a ello. — si se puede saber, claro esta.
Anna miro como el castaño colocaba sus manos en su regazo, restegandolas una y otra vez, creando una clase de fricción extraña y peligrosa, una acción clara de llamar su atención. Agregándole a la ecuación, la liberación indescriminada de feromonas de seducción omega en el aire, le hacia sentir con mucho calor y una extraña incomodidad en el pecho queriendo ser liberada, estar en un lugar encerrada con alguien desconocido no era bueno, mas si este es un omega en celo. Mierda, que pronto tendrá un problema entre faldas y esté deberá pagar la concecuencias de ello.
— Es un profesor — soltó un ruidito entre labios, al volverse los masajes mas lentos, casi placenteros. El omega, haciéndose el tonto, la seguía mirando como si nada. ¿Como se atrevía? — alguien, mucho, mucho mayor que yo. ¿No te sorprende?
— No… en realidad estoy haciendo cuenta de profesores omegas aquí. — menciono el cinico, posicionando las manos en sus muslos, dándole masajes en círculos con sus pulgares. — y tengo entendido que no hay, salvo…
— Es beta. — retifico, sujetandole la mano e iniciando ella mismo la tarea olvidada, sin despegar su mirada de él. — ¿tampoco te sorprende?
— ¿Seria muy atrevido de mi parte preguntar su nombre? — la miro con ojos de inocente, detallando con la yema de sus dedos su pierna por encima de las medias grises de invierno, perfectas para altas temperaturas. Produciendoles ligeras cargas eléctricas en todo el cuerpo, ahora si tendría un gran problema entre piernas. — ¿lo es?
« ¿En verdad me has preguntado eso cuando me estas tocando con confianza? Es mas ¿como permití tal cosa? »
Pero Anna ha olvidado un dato importante de su naturaleza, el deseo, las ganas de poseer y dejarse llevar de vez en cuando por sus intentos. El hacerlo o no hacerlo con alguien jamas sera un pecado, porque es propio de los alfas, dejar rienda sueltas a sus deseos suprimidos y vaya que posee muchos, pues nunca ha estado con alguien alguna vez. Lo bueno de todo esto, es que sera con un omega, ella no podría quedar en estado o algo parecido… bueno, pero si Samuel de cruzar la línea, evidentemente. Quizás, debería implementar otra táctica. Agarrando aire lo suficientemente fuerte, deja colarse en su garganta toda las feromonas omegas y el caro sabor del dulce de arandonos con caramelo, las charlas las pueden dejar para luego. Llego el momento de poseer un lindo omega.
— Si te respondo, — se sujeta mas fuerte de las manos de él, riéndose conjuntamente con el omega y acercándose a su rostro de manera peligrosa, olvidando la tristeza o llanto consumiendo su alma. — ¿me dejaras controlar tu celo?
— Depende, — se encogo de hombros, liberando una de sus manos para sujetarla del mentón y tocarle descaradamente el labio inferior. — de querer estar arriba o bajo.
— ¿Como?
— Te lo dije, soy un tipo de omega… bastante inusual. — explico, cerrando la brecha de sus rostros y provocandola de manera evidente. Anna, sintio un estiron en su vientre dandose cuenta de lo obvio. Samuel pedía la opción de tomar el control de la situación. — aunque no he estado con nadie antes, quiero… experimentar en esto, mas bien, deseo hacerlo junto a ti. Si me permites hacerlo, prometo dejarme marcarme por ti. ¿Qué dices?
¿Marcarlo? No, eso sonaba bastante profundo y Anna solo necesitaba un buen revolcon para pasar el despecho, tan vulgar como sonaba, pero cierto. Olvidar a Levin se convirtio en su prioridad, no lo negaba, Samuel era un joven muy apuesto y parecía agradable, pero peligroso la mirada verde demostraba una clase de picardía peor a la de Katarina el día de descubrirla con el profesor. Quizás tenerlo como amante no seria tan malo, eso si, prometer enamorarse de él o quererlo se encontraba fuera de sus tropas. Anna no deseaba amor, menos el paraiso como algunas personas esperaban, simplemente con una buena sección de los deseos carnales necesarios para un alfa bastaba. Demonios, ¿como es que antes no se lo ocurrió tal idea? De haberlo hecho, su amargura había sido mas ligera. Quizás, el omega tenia razón, estaban esperando encontrarse el uno al otro.
— Levin — le dice, aceptando claramente la propuesta y rodenadolo con los brazos. — debes conocerlo, es muy famoso en el edificio completo. Todos parecen caer como moscas al pesar de ser beta, inclusive, se asta de decir ser destinado de una omega. ¡Pfff! Todo un personaje.
— Ah… “ese” Levin.
Obviamente que Samuel lo conoce, es el encargado de las asignaturas de composición en los grados inferiores, parece una excelente persona y muy abierta a los demás. Sin embargo, al enterarse que es el dueño de los sentimientos de la alfa algo dentro suyo despertó, como si una llama con le nombre de “odio” se prendió dentro de él, una lastima para un simple beta perder tal oportunidad con la Nikiforov. Tambien debía considerar lo evidente, las relaciones entre alumnos y profesores son imposibles, la guerra esta ganada a su favor sin necesidad de lucha, Levin jamas le prestaría atención a Anna. Además, menciono tener una destinada ¿omega? Vaya cosa tan rara.
— Pareces conocerla muy bien — dijo, desviando su rostro al cuello de ella y aspirandolo con presunción. Era delicioso. — a su destinada, me refiero.
— Si, bueno, es imposible no hacerlo. — temblo ligeramente, apretando sus manos en los hombros del omega al sentir su lengua recorrele el cuello, era humeda y se sentía… bien. — Mmm… si sigues haciendo eso no podre decirte mas, estas… distrayendome.
— Esta bien, quiero hacertelo y hacertelo ya. — confeso con impetud, perdiendo su mano en los muslos de la muchacha casi llegando a su entrepierna y encontrandola ya despierta. — debo decir que el cuerpo de la mujer alfa es francamente un misterio, sigo preguntandome como funciona.
— Solo piensa en nosotras como dos en uno. — exclamó en un suspiro, notando la mano traviesa del castaño ya en esa zona. — podemos fecundar y ser fecundadas.
— Menuda oferta. — bromeo, tocando por encima de la tela la entrepierna de la joven y haciéndola soltar palabras en otro idioma. — lastima que solo soy un simple omega, podríamos hacer muchas cosas de ser alfa.
— Creo que el que seas omega para mi, es mucho mejor. — corrió su cuello hacia atrás, dándole mas espacio de recorrerla con su lengua. — podre saber el significado de pasar el celo con uno. Tu olor, es tan exquisito, mis colmillos hasta duelen.
Era cierto, dolian al imaginarse hundiendolos en la parte blanda del cuello del castaño, siendo la prueba exacta de estar perdiendose en su estatus de alfa, en lugar de sus pensamientos racionales. El omega aprovechándose del momento, sujeto de las caderas a la joven obligandola a sostenerse de los hombros de él, abrió uno de los cubiculos y juntos entraron encerrandose en un lugar mas pequeño. Depositandola sobre el bater, Samuel se saco la chaqueta azul eléctrico seguido de su camiseta dejando al descubierto su pecho inmaculado, poco musculoso y blanquesino, Anna lamiendose sus labios, se levanto de su asiento improvisado liberando los botones con prisa de su blusa blanca, pasandola por su hombros y arrojandola al suelo. El sujetor de encajes se hizo ver haciendo reir al joven, era hermosa, en todo los sentidos la Nikiforov era muy hermosa y seria suya, totalmente suya e imaginar lo que esta apunto de hacer le llenaba de impetud. Sin mas preambulos, buscaron sus bocas con desperación donde el hambre y el deseo era palpable, un fuego inundó por completo la mente de ambos donde lo único importante de hacer era saciar la necesidad de sus cuerpos en fuccionarse. Samuel fue el primero en romper el beso, al desenderlo por el cuello de ella así aprovechando de desatar el brasier de encajes, liberando unos encantadores montículos bien pronunciados y blanquesinos. Al pesar de ser la primera vez semi-desnuda frente de alguien, la peliplata no sintio vergüenza alguna, mas bien se sintio halagada de escucharle decir al omega “preciosos”, seguidos de besar uno y con una mano darles masajes suaves. Es en ese momento que la ojiazul se desprende de la realidad, olvida el deber estar componiendo nuevas canciones, arreglando otras y de lo mas importante, de Levin. Sus pensamientos no tiene espacio para él, no ahora cuando Samuel hace un excelente trabajo con su lengua, ni mencionar sus dedos expertos sobre uno de sus pechos llenandole de sensaciones calientes en toda su piel, que quiere mas, mas contacto, mas caricas, mas… mucho mas. Su voz se eleva, la temperatura igual, el baño que suele ser frío parece un horno y es el retenedor del fuego recorriendole toda la mente.
¿Donde había estado este muchacho? ¡¿donde?! Porque, oh, demonios, le esta dando la mejor experiencia sexual de todas.
Escuchando la cremallera bajar de su falda, Anna pierde las fuerza de sus piernas debiéndose en la tarea de ser sostenida por Samuel, hasta su risa de cerca es traviesa y un poco ronca. Tambien esta excitado, es predecible.
— ¿Te has mareado acaso? — habla burlón, demositandola en el sanitario y arrodillandose ante ella, aprovechando para quitarle los tacones. — eso que aun no ha comenzado la acción como tal, bien, es tu primera vez y es predecible.
— ¿Qué hay de ti? — pregunta errante, fatigada y temblando de la anciedad. — pareces muy experto en el tema, casi ni te creo que jamas has estado con alguien.
— Bueno, — hace una pausa, dejando de lado lo zapatos de ella y quitandose los suyos propios, a su vez, le ayuda a bajarse la falda con todo y medias largas, quedándose solo en bragas. — digamos que en cuestiones féminas soy experto, solo por el simple hecho de ser omega. ¿Sabes? Los suspensores a veces son insuficientes y la humanidad ha avanzado de acuerdo a nuestra necesidades, todo lo que se lo he visto en vídeos como practicado en mi mismo.
Y Anna no debe preguntar mas para saberlo, pues Samuel se refiere a los jueguetes sexuales realizados especialmente para omegas, localizados en tiendas al cuidado de su intimidad. Recuerda una vez escuchar a su tia Mari hable con su mamá de ellas, tenia aproximadamente diez años y Haru cinco o cuatro, debieron viajar a Hasetsu porque su abuelo había enfermedado, existía muchas tareas por hacer en Yu-topia, las cuales no podían ser atendidas en manos de dos mujeres. Lastimosamente Viktor no pudo acompañarlos, debía atender otros asuntos en la ciudad pero una vez desocupado, se reuniría con ellos en Japón. Para la mala suerte de su mamá, le llego su celo, si, lejos de su padre y rodeado de incomodidad al no tener su nido para pasarlo. Fue cuando Mari le recomendó lo de la tienda de omegas, cosa que Yuuri se rehusó rotundamente podría anhelar querer tener a su esposo con él, pero permitir rebajarsr a tal nivel era demaciado, soportaría hasta su regreso, lo haría con toda sus fuerzas. Antes no comprendia nada de eso, pero en la actualidad teniendo a un omega frente suyo tan egnimatico, misterioso, hermoso, cautivador mientras se bajaba la cremallera de sus pantalones con todo y ropa interior, comprendio que tal vez la época de celo era sumamente para ellos dificil de manejar, llevándolos a querer ayuda.
— ¿Qué? — inquirio alzando la mirada, riéndose y colocandola de pie en iguales condiciones que él, desnuda. — ¿te gusta lo que ves? Porque a mi si, mucho por cierto.
— Eres… hermoso. — susurro, tocandole el pecho. — ¿como es posible que los omegas sean tan delicados y fuertes a la vez? No lo comprendo.
— Generalmente, la sociedad tenia una imagen equivoca de nosotros. — la sujeto de la cintura, empujandola hacia él y rosando inconsciente sus erecciones. — vernos débiles, sin poder sostenernos por nosotros mismos… pero lo has visto con tus propios ojos Anna, tambien somos fuertes y capaces de demostrarlo. Como ahora, quiero hacerlo…
Anna cerro los ojos sintiendo los labios carnosos del castaño sobre los suyos, era un beso cargado de muchas emociones, necesidad, entrega y deseo, mucho de eso. Su mano, viajo a la pierna de ella alzandola ligeramente, cruzandola detrás de su cintura y chocando sus excitaciones, debiéndose a la lastimosa idea de separarse para soltar un gemido. Se sentía bien, muy bien tener ese rose inescrupuloso entre sus sexos, un juego de extiro y encogo la cuerda donde la capacidad de aguante era lo que opostaba de cual de los dos seria el primero en ceder. En tanto la mente de Anna era un caos, el olor a sexo en el aire, el ambiente caliente de un baño antes frío, sus necesidades como alfa, el calmar el fuego de sus entrañas y estaba Levin, muy, muy en el fondo él. Sabia que estaba mal pensarlo encontrándose en esta situación con Samuel, pero una parte en lo mas fondo de su corazón le dictaminaba estar herrando, que los destinados si existían y el nombre del suyo, claramente no se trataba del omega, sino su profesor. Para cuando intento reprocharle a su cerebro tan idea absurda, un pinchazo llego a su otro sexo confiarmandole el volverse una con Samuel, un vuelco dio su corazón ante la informacion nueva, doliendole las embestidas pequeñas combinadas con las propias de sus sentimientos no correspondidos por Levin, Anna se aferro a la espalda del muchacho, hundiendo su rostro en él y volviéndose a entregar a la sensaciones de tal acto.
Ella era un alfa, alfa, alfa.
Criatura de impulsos, no sentimientos.
Ella, marcaría a Samuel y después, olvidaría lo de los destinados y con ello, su amor por Levin.
Criatura de impulsos, no sentimientos.
Ella, marcaría a Samuel y después, olvidaría lo de los destinados y con ello, su amor por Levin.
Este, era el principio del fin.
Cuando la verdad no se puede aguantar mas.
— ¡Yuri Plisetsky! — le grito con advertencia, teniendo en sus párpados lágrimas propias de su enojo y tristeza combinandose entre si. — ¡Te juro que si sales en este instante por eso puerta no volverás a saber en la vida de mi!
Entonces el rubio, en un débil intento de soportar sobre sus hombros el peso de esta relación, le dio una última mirada a Mariana su “omega”, girando la perilla de la puerta y saliendo al interperie.
— Si es así, buena suerte. — le dijo.
Las gotas de lluvia cayeron en su rostro, seguido del grito agónico de la latina dentro de la casa sabiendo claramente la respuesta del alfa, este decidió fundirse con la inmensidad de la ciudad de San Petersburgo junto el clima húmedo de lluvia. El Plisetsky escapo un suspiro ahogado, pesado de sus pulmones seguido de un quejido lastimero, mas gotitas de lluvia pararon en su rostro mezclandose con su propio sudor, que al pesar no estar precisamente haciendo calor, el rubio sudaba a chorros. ¿Como habían terminado de esta manera? Ah, claro, se canso de esta farsa llamada relación de destinados con Mariana, quien en definitiva jamas lo fue por una sencilla razón: no la amaba. Es cierto, creyo hacerlo, llevar a cabo todo lo que un alfa hecho y derecho como él debía de hacer, mas cuando una omega de su calibre le cortejo de esa forma abierta. Pensó, que si la ojos amarillos le quería abismalmente tarde o temprano le corresponderia, tampoco le fue indiferente, ella sin dudas era el partido mas conveniente de pareja de vida. Inclusive, heredaron el centro patinaje artístico antes bajo en cargo de Yakov, ese viejo gruñon que les dejo su total aprobación de salir juntos, tarde o temprano sucedería pues los opuestos se atraen. Mila, su mejor amigo Otabek, se presentaron encantados de la vida al momento de decidir vivir juntos, aun mas su abuelo, que al conocer la historia de la latina y la suerte de los omegas en su pais, le prometio que su querido nieto le cuidaría a capa y espada de cualquier depredador al asecho, siendo su deber de alfa y pareja destinada. En general, todos sus conocidos estuvieron de acuerdo ante su relación, mas aun, al comprometerse. Había sido toda una vida prácticamente viviendo juntos, los motivos al no casarce antes era la ganas de experimentar una convivencia en lugar de arriesgarse a lo loco, Yuri no creria soportar de fallar en algo tan básico como eso. Pero allí lo tienen, mirando al cielo gris de la ciudad, teniendo un millón de pensamientos negativos hacia el mismo, doliendole el pecho y deseando diluirse junto a las gotas de esta lluvia amarga.
Dando finalmente unos pasos lejos de la casa, bajo las escaleras percatandose que su estomago se contraria de la culpa, antes sin duda discutía con Mariana por muchas razones idiotas, a veces, culpa de la misma latina al ser tan terca, otras él, por su caracter de mierda. Pero en esta ocasión, podía decir con mucha certeza ser el final de todo, del cariño mutuo, la monotonía de compartir un simple desayuno, las sonrisas detrás de su taza de café nítidas, absurdas o porque simplemente ocurrían; los regaños por no colocarse un abrigo, esas carcajadas al llegar a casa cansado de un día agotador entrenando a chicos idiotas, encontrandola en el sofa viendo caricaturas sin argumento general solo… solo para pasar todo. Esas imágenes, en estos instante se reunían entre si con una sola razón, romperse parecido a un cristal entre tus manos al ejercer mucha fuerza, de la misma manera, hizo con el corazón de la latina dejando mas que los pedazos en el suelo sin poder reponerlos nuevamente por mas desearlo, una vez destruido, no podas volver a pegarlo. Asi funcionan las cosas. La fuerte briza golopeaba sus mejillas demostrandole que eso no era un sueño, realmente Mariana le pidió ese petición idiota, la cual, le hizo reaccionar ante la verdad de toda su vida con ella. Quería tener hijos, luego de casarse, deseaba convertirse en madre y esperaba que le apoyaba con esta travesia. Yuri admite pasarse, no tuvo derecho de insultarla, menos de llamarla estúpida viviente de los sueños de hadas, porque la vida es otra cosa y tener un hijo recae una importante responsabilidad. No bastan el “querer” tambien estaba el “comprometer”, ellos obviamente se encontraban en pijamas con el asunto de los bebes, en pocas palabras, no estan listos. Mariana se disparo de inmediato contradiciendo su argumento, ella no solo estaba preparada para dar ese paso importante en la vida de toda omega, sino igualmente todo su entorno pero el problema residía que él quizás no le ame como dice hacer, de lo contrario, mucho antes se hubiesen casado y tendrían al menos dos niños corriendo a su alrededor, igual a los Nikiforov. Entonces, Yuri despertó, si eso mismo, despertó con un duro golpe en el estomago producto de sus memorias teniendo quince años, rodeado de la nieve de Hasetsu, mirando finamente una agradable curvatura de una espalda conocida, ese aroma de la primavera y la miel juntos, una mirada color vino, seguida de esa sonrisa, su sonrisa. Yuuri Katsuki.
Mariana tenia razón.
No le amaba.
Nunca lo hizo.
No le amaba.
Nunca lo hizo.
El problema se encontraba en él, no quería ser padre no por estar crudo en el tema, sino, su cuerpo se negaba a fecundar a una omega la cual no amaba. La latina viendo el silencio de su pareja comprendio todo, lo peor había sido el jamas contradecirle, mas bien, quedarse callado fue su entera respuesta a este rollo. A continuación, Yuri quiso salir de esa casa, huir de la mirada inquisidora de la Gonzales, les desastre de alfa en resultar ser, de sus sentimientos sellados por el omega de alguien mas, de todo, todo en general. Aunque no contaba recibir la advertencia de la mujer, dándole el final a la historia mas triste de todas. Ahora en el presente, bajo la torrencial lluvia de la ciudad, el ruidoso trafico, el sonido de los automáticos sobre la lodosa agua de las calles y su propio corazón retumbando con fuerza en sus oidos, Yuri caminaba sin rumbo fijo sin saber exactamente donde ir. Acaba de recibir la peor noticias de todas, lejos del deseo de su, bueno, de su ex pareja, enterarse que aun sigue amando a Yuuri es simplemente abrumador. Es decir, todo quedo completamente claro años atrás con el nacimiento de Haru, él esta siendo muy feliz junto con Viktor y esa maravillosa familia que construyeron, de su parte, se encontraba junto a Mariana viviendo la historia de verse amado por alguien. Si es así, ¿por qué? ¡¿por qué complicarse con asuntos muertos?! ¡¿por qué?!
Da un respingo al sentir los temblores provenientes de su móvil guardado en su pantalón, siendo sincero, no desea antender a nadie menos de tratarse de trabajo o el mismo Viktor, informándole los avances de Hikari al aprender a caminar. Aun no es de noche y esta agotado, necesita buscar un lugar donde descansar, enfriar su cabeza, tratar de hallar respuestas del desastre ocasionado y… el teléfono corta la llamada para volver a reanudarse, de hecho, eso sucede varias veces hasta agotar la paciencia del Plisetsky obligandolo a contestar sin mirar, gritando improperios en ruso pensando ser realmente Nikiforov, pero se equivoca, se trata de Beka, su mejor amigo. De fondo se escucha la voz escandalosa de Mila, la esposa de este, insultandolo en su lengua natal al provocar las lágrimas en su mejor amiga, mejor vaya preparando su trasero porque piensa patearlo tantas veces que jamas podrá sentarse, nadie le causa daño a la latina sin salir impune. Yuri al comienzo le cuesta agarrarle el hilo a la conversación, mas teniendo a Mila despotricando en su contra, pero afortunadamente el kazajo le coloca al día en un dos por tres. La cuestión es que Mariana llamo hecha un mar de lágrimas a Mila explicandole la situación, la pela de no querer ser padres, su silencio al insunuarle no amarla y la advertencia, donde claramente se marcharía nuevamente a su lugar de origen sin dejar rastro, esto afecto hasta los huesos a la rusa que no perdió el tiempo tratando de localizarlo, necesitaba una confirmación fideligna de los hechos y de ser cierto, seria una papilla de gato ruso arisco para su hijo. El alfa trago duro al escuchar eso último, aunque discutía en muchas ocasiones con Mila, eran simple juegos, confrontaciones esperadas entre ellos desde ser adolescentes y era común, el pan de cada día. Sin embargo, conocía perfectamente el temperamento de la beta y no mentía en lo absoluto en hacerlo papilla, aun así no podía esconderle la verdad, sus sentimientos hacia Mariana jamas fueron amor, quizás quiso tenerlos o confundirlos, pero era mejor darse cuenta desde horita antes de realmente casarse. Lo lamentaba, en verdad lo hacia, aun así a quien quería él tuvo anteriormente el apellido Katsuki.
— Escucha, Yura — solto un suspiro pesado el moreno, ante el evidente silencio de su amigo. — no tengo idea que esta ocurriendo entre tu y Mariana pero por favor, no cargues tu solo con los problemas. Lo sabes, puedes venir a casa y conversarlo.
— ¿Estas seguro que Mila no me matara? — pregunto cohibido, en un hilo de voz.
— No te preocupes, lo mas probable que vaya a buscar a Mariana. — le explico lo evidente, recibiendo un grito al fondo de la misma pelirroja afirmando la teoría de su marido. — ¿Lo has escuchado? Ven a casa, no es una sugerencia, sino una orden.
— Beka… — iba a replicarle, pero lo pensó mejor, en la tierra no existía nadie en comprenderlo en el grado de hacerlo el kazajo. Alguien digno de escuchar todos tus problemas sin juzgarte, un buen amigo. — esta bien, pero antes debo ir a otro sitio. No te preocupes, no es donde los Nikiforov.
— Ese seria el peor sitio en ir en estos momentos. — le aseguro y Yuri estuvo de acuerdo. — esta bien, solo no tardes mucho.
Corto la llamada, el alfa guardo el móvil en su bolsillo encaminandose mas seguro al centro de patinaje, quizás seria absurdo de su parte ir a ese sitio pero, en situaciones peliagudas de este calibre observar a los demás patinar le daba calma, además, el hielo desde temprana edad siempre fue su catalizador de emociones y jamas cambiaría. Tomando eso en cuenta, aceleró sus pasos hacia aquel lugar dibujado ya en su mente. No tardo mucho en hacerlo, desde su casa junto a Mariana, bastaba caminar unas cuantas cuadras y llegaría a la pista de hielo, uno de los acuerdos de mundarse fue el buscar un lugar cercano a donde practicaban, la latina estuvo totalmente de acuerdo, como todo lo relacionado a su relación. Al entrar al sitio se percató de las actividades usuales en los patinadores y entrenadores, se hallaban realizando sus labores usuales, inclusive, algunos pequeños estaban empezando a patinar con mayor soltura todo gracias a sus guías. Sin saberlo, Yuri camino al borde de la pista mirando concentrado la imagen, los niños tenían pintados en sus jóvenes rostros las esperanza del mañana el salir todo bien, que de caerse alguien vendría a levantarlos y animarlos a seguir adelante, era algo hermoso de presenciar, pero a su vez frustrante. Yuri no tenia esa capacidad de despegar sus alas, ellas desde hace mucho se encontraba muertas, despedazadas y en su sitio quedaron nada mas que las huellas de su existencia. Se encontraba en un laberinto propio de sus propios errores, donde en cada esquina se topaba un muro grande impidiendole el paso, dando como consecuencia el lamentarse, gritar e inclusive llorar en silencio de cometer las misma meteduras de pata. Era por eso de envidiar a los pequeños, en sus jóvenes mentes no existe las preocupaciones, menos los problemas, solo las ganas de llenar sus memorias de experiencias divertidas y asombrosas. Aun recuerda cuando era un niño, aunque su vida nunca fue precisamente una cuento de hadas, si existieron ese tipo de “clips” capaces de darles sonrisas, entre ellos su abuelo era el mayor partifice de todos donde se la vivió por su bienestar, ocupando el lugar de sus padres ausentes de sus etapas, inclusive ahora. Pero eso no es nada nuevo, desde hace mucho se encuentra indiferente a ellos, porque lo abrumador es que él tuvo mucho poder en sus manos, la capacidad de inducirle la felicidad a alguien y a la vez, destruirsela. La imagen de aquel Yuri Plisetsky infantil sosteniendo la mano de su abuelo, ha sido suplantado por este adulto lleno de conflictos en con si mismo, mentiroso, manipulador y destructor de corazones puros. Uno de esos, Mariana.
Ahora, una vez mas…
¿Qué demonios va hacer?
¿Qué demonios va hacer?
Esconde su rostro entre sus manos, perdiéndose en el ruido de sus propios pensamientos olvidando donde se encuentra, olvidando inclusive, que quedo en verse con su mejor amigo. En su lugar, llama inconscientemente en silencio la imagen de aquella mariposa efímera, su mayor deseo, su mas intimo anhelo y que por mas intentar sellarlo, se mantuvo allí muy cerca de su corazón poseyendolo. Si, Yuuri Nikiforov. Esta mal, muy, muy, muy mal ¿pero que puede hacer? Desde el inicio solo se trato del katsudon, con sus miradas inocentes, las sonrisas cariñosas, amables y llenas de bondad, la cual siempre lo ha caracterizado. ¿Como pudo vivir todos estos años viviendo una mentira? No lo sabe, la verdad no tiene idea, pero tiene mucha certeza de doler quererlo, sentirse culpable de hacerlo y jugar vilmente con Mariana al intentar de olvidarlo. Pero se acabo, el mentirse a si mismo es una rotunda estupidez, quizás Yuuri se encuentre casado, con tres hijos y una vida entera lejos de la suya, aun asi, sus sentimientos no puede cambiarlos.
— ¿Yurio? — una voz, su voz le obliga a despegar las manos del rostro y girar en dirección donde le llaman. — ¿Qué te ocurre? Haru y yo te estamos llamando desde hace rato pero no contestas, nos asustante un poco.
Y… allí lo tienen, la típica sonrisa a la que tanto le teme. Lo peor de todo, la persona en menos querer ver se la viene a encontrar precisamente ahora, tambien en su culpa, él no debería estar aquí.
— Creí haber sido claro contigo, Haru. — mantuvo la compostura, volviendo a su usual comportamiento gruñon. Fulminando con la mirada al ojos caoba, tan parecidos a los de su mamá. — hoy es tu día libre debiste haberlo aprovechado y descansar, no venir a saturarte de entrenamiento.
— Lo siento mucho entrenador Yuri, pero quedarme en mi casa sin hacer nada es… muy aburrido. — contesto decidido el niño, provocandole una mueca incredula a su mamá y otra de desaprovación al rubio. — Anna esta con su novio omega, papá salio con Hikari a quien sabe que cosa quedandonos solo mamá y yo. Lo invite aquí y no se opuso.
Yuri miro con discrepancia al otro hombre con el mismo nombre suyo, este solo se limito hacerse el inocente en su presencia dibujando una mueca apenada, olvidaba por completo que el katsudon era un obsesionado con la perfección siendo un problema en sus programas del pasado. Haru tampoco era tan lejano a esa imagen, salvo ser un genio completo igual a su padre, sumandole esa apariencia abrumadora del Nikiforov mayor, le daba el títulos de ser el mejor de toda la temporada senior. El alfa le animaba eso, orgulloso seria la palabra idónea, pero aun tenían un largo camino por recorrer. Suspirando cansado, dio un paso había el ya no tan niño Nikiforov de casi su altura dándole un ligero golpe con su dedo índice en la frente, este se quejo del dolor sobandose y exigiendo la intervención de su mamá, pero esta solo se encontraba mirando con una sonrisa en los labios, provocandole un dulce sonrojo adorable. Por supuesto, Haru sigue siendo al pesar de su tamaño y títulos en el patinaje artístico un niño, que sin importar la circunstancia lo piensa proteger porque antes de entrenador, es su padrino.
— Es tu castigo por desobedecer a tu entrenador. — señalo el rubio, viendo la mirada de reproche del quinceañero. — pero por hoy hare una excepción contigo, ¿vale? Ahora ve a cambiarte y quiero verte en cinco sobre la pista. ¡Rapido!
— ¡Si entrenado!
Entuciasta, tal cual a lo normal en el peliplata, sale corriendo rumbo a los vestidores de betas ya conocidos para él. Mientras Yuri se le queda mirando hasta desaparecer su figura del pasillo del fondo, sonrie sin saberlo, aquel niño desde tener memoria le ha seguido como si fuera una mamá gallina, inclusive se atrevía a jugarle bromas pesadas a su papá ignorandolo, sacandole una que otra lágrima falsa seguido de quejarse con su esposo. Lo mas encantados en ver tal imagen eran Anna y él, después de todo, Viktor siempre ha sido un tipo fácil de engañar ganándose el titulo de ingenuo, rey del drama y llorón. Oh, bueno, ese último puede diferir un poco.
— Ha crecido tanto — a su lado el pelinegro suspiro nostálgico, manteniendo la mirada donde desapareció su hijo. — bueno, Anna tambien lo ha hecho un montón. ¿Escuchaste lo que dijo Haru? Se consiguió un novio omega ¡un novio! ¿puedes creerlo? Viktor casi le da un infarto, su rostro fue toda una proesa de culto al del cuadro del “grito”.
Yurio solto un resoplido entre labios imaginandose la escena, la dulce princesa de los Nikiforov llevando a casa su novio omega, seguramente apuesto, delicado y bastante llamativo. Después de todo, hablamos de la hija de Viktor y sus parecidos no solo abarcan físico, tambien personalidad. Seguramente fue un gran golpe para el alfa, descubrir que su pequeña ya no es pequeña y encontró una pareja, aun mas omega, convirtiéndose en el papel de protectora. Odiaba admitirlo pero, le dolia un poco tambien a él, pues en el pasado la peliplata profesaba a los cuatro vientos querer casarse cuando estuviera grande, y ahora ella ha buscado su propio destino. Anna desde siempre fue muy independiente, diferente a cualquier chica a temprana edad, marcando la pauta de alfa en todo el sentido de la palabra. Por lo tanto, aquel omega se encuentra en buenas manos, asi que a Viktor le toca es resignarse.
— ¿Tan rápido ha pasado el tiempo? — le pregunto, medio girandose y sonriendole. — me siento algo viejo y solitario. No tardaremos en ver a Haru en ese mismo plan, aunque Vitkor puede tener hasta la misma reacción.
— Si, lo se. — concordo haciendo una mueca incredula — solo imagina al tener el primer celo Hikari, seguramente dicapitaria alfas de intentar acercarseles a ella. Con tal, es su adoración.
— No solo suya, de todos.
Yuri debió de caer en cuenta de la verdad cuando nacio la menor de los Nikiforov, al verla sintio una emoción en el pecho teniendo tan parecido con su madre, salvo sus ojos zafiro, la omega era igual en el físico de Yuuri. Su cabello azabache, las mejillas regordetas, la foma de su rostro, el tono de su piel… cada particula en aquella niña gritaba la presencia del katsudon y Yuri no pudo evitar llorar, la hermosura de la niña le abrumaba y deseaba cuidar desde en ese instante como si fuese la mejor joya en el desierto, parecido, igualmente, haber venido de sus propia sangre. Era estúpido, lo reconocías considerablemente, sus deseos de tener bajo cuidado a la cachorra de su primer amor junto su rival, lo llevan a convertirse en alguien patético y poco conformista. Un ejemplo de esto era el ahora, tenerlo allí frente suyo, con sus enormes ojos color vino, sonrisa afable, tranquila y reparadora de esas que ver luego de un torturoso día empezabas a calmarte. Si, la idónea y perfecta para aplacar demonios, la cual, fue de que muchas veces renego pero se termino enamorando. En general, odiaba cada particula de su ser por añorarlo, por querer poseer la razón del brillo tras su mirada, del porqué reía a viva voz, del porque respiraba gustoso el aire a su alrededor, sobre todo, del porqué su corazón latia como una locomotora.
Pero no.
Demonios que no.
Eso jamas sucedería y Yuri lo sabia.
Demonios que no.
Eso jamas sucedería y Yuri lo sabia.
Bajando la mirada al suelo, el rubio apreto sus puños enmudecido de su propio descubrimiento, ya prácticamente anesteciado de las consecuencias de ello, que al pesar de los años transcurridos, sus sentimientos seguían siendo los mismos. Se maldecia internamente al utilizar a Mariana de esa forma, de odiarlo, no se opondria, mas bien estaba en todo su derecho. ¿Acaso no merecia tal cosa? Ser despreciado, aborrecido y dictaminado de una persona completamente asquerosa, aun mas, necesitaba escuchar esas palabras del katsudon. De lo contrario, jamas podría seguir hacia adelante con su vida, en lo mas profundo de su ser gritaba la ganas de ser odiado por él, de observar la realidad detrás de la fachada de “deportista, padrino y ciudadano modelo”. No, el Plisetsky jamas seria tal cosa, ni prendiendo velas a los santos, realizando promesas o cosas parecidas, pues su personalidad desde tener memoria ha sido retorcida, egoísta y llanamente estropeada. Quizás el gran cariño de la latina hacia él le impidió darse cuenta, muchos dicen del amor segar a las personas, volverlas tontas y esclavas de sus sentimientos, bueno, en Mariana podemos ver una clara opinión de ello. Aun mas, el mismo, con todo lo relacionado a Yuuri y el amor unilateral que busco esconder de todos, igual a el pecado mas terrible del mundo, no tan alejado de la realidad si le mirabas bajo otra perspectiva.
Entonces, Yuri subió su mirada eencontrandose una vez mas, la del japones ya no con su usual inocencia, en lugar de esta, ese perfecto semblante estaba contraído, algo estrañado y bajo su criterio confundido. El ruso olvido un dato muy importante al conocer durante todos estos años al Nikiforov, este era el jamas poder esconder nada, porque magicamente él se metía tan profundo en su cerebro hallando preocupaciones o pesares. Yuri frente del ojos caoba se sentía cohibido, desnudo o al descubierto, podrías a similarlo con esos programas de televisión al toparse con un criminal de alta peligrosidad realizando su fechoría, contra la pared es la palabra concreta. Girando la cabeza hacia otro lado, el rubio evito el escrutinio del otro que no sintiéndose satisfecho, dio unos pasos apresurados tomandole del brazo y obligandole a prestarle atención. El alfa palidecio al entrar en contacto con el omega, la expresión del rostro de este una vez mas cambio, no estaba enojado, menos contrariado, solo… solo determinado.
— ¿Qué…?
— Tu solo calla y ven conmigo. — demando, dándole la espalda y comenzando a caminar pasillos lejos de la pista, obligando al alfa a seguirlo a cuestas. — si noto un solo movimiento brusco lo lamentaras.
El ojos verde trago saliva en seco, lo recordaba, claramente lo hacia muchas veces en el pasado Yuuri adoptaba esta actitud defensiva con él, era en los momentos de inseguridades en su antigua relación, donde ameritaba poseer carácter pero en el presente no ocurre nada de eso. Cosa que llevaba a Yuri a ponerse mas renuente, desde hace mucho tiempo ellos no son nada, jamas lo fueron realmente, se zambulleron en un mar de fantasías coloridas, teniendo la finalidad de ahogarlos de felicidad fingida. Lo peor vino al golpearse contra las rocas de las islas flotantes, las cuales le sacaron el poco aire contenido en los pulmones, dándoles de inmediato el sabor de la realidad: no son destinados, nunca lo serán y podrían llevarse bien, sin embargo, no es sinónimo de amar. Yuuri podía conocer muchas cosas de él, mas de lo que Mariana ha logrado adquirir durante su convivencia juntos, pero seguiría siendo un egnima total para él. Sus acciones despreocupadas, los momentos de silencio entre ellos, su mirada hacia el infinito igual a estar visualizando algo demaciado en mortales, pero no en criaturas cegadoras como él, llegando a la conclusión de ser mas enigmático que las aves en el firmamento sin un rumbo fijo, puedes mirarla, pero jamas tocarlas. Ese tipo de criaturas no van solas, pueden tener escasos momentos de intimidad o sintonía consigo misma, aunque eventualmente llegara alguien para hacerlo compañia.
“Tu estas ahí pero por alguna razón no puedo alcanzarte”
Una vez, después de su separación, Yuri le llamo mariposa efímera porque podría estar rota sin fuerzas y totalmente debilitada, a su vez, la hermosura junto a esa inocencia le retribuia todo convirtiéndolo en alguien fuerte valeroso, capaz de sanarse poco a poco y ya no necesitar mas de ti. Temiendo a ese pensamiento, el ruso añoro permanecer mas a su lado, congelar el tiempo, las horas, eliminar las manecillas del reloj de esa manera jamas debía de desaparecer. Incluso, estuvo tentado a hacerlo jurar que nunca huiría de él, siempre permanecer uno al lado del otro, apoyándose, escuchandose y amandose. Cosa en jamas suceder porque Yuuri no lo amaba. La verdad dolia, es cierto, peor a una cuchilla, golpe en el estomago o cualquier bala de una arma de fuego, tiene el mismo calibre pero consigue ser mas mortífera y demoledora dejando cicatrices a su paso. Yuri odiaba todo eso, sus memorias del dolor acontecido, las que una vez mas reviviría y las posible a acontecer. Puede que su mariposa no desee dañarlo, pero jamas lo podría ser feliz, menos teniendo ya su vida totalmente hecha lejos de él.
“¿Cuanto mas puede ser de maldito el destino? ¡¿Cuanto?! “
Y aunque se lo preguntara innumerables se veces, jamas le responderían la interrogativa.
Yuuri encontrando el lugar ideal para conversar con Yurio lo soltó, dio unos pasos mas adelante y le dio la cara, bueno, esa definición quedó claramente corta al percibirlo esconder su rostro. ¿Qué podía estar ocurriendo con él? Notarse decaído no es precisamente su estilo, mas bien forma parte de las personas valorosas, enérgicas y con el poder de roperle el conducto audictivo a cualquiera. Sino preguntenle a el mismo o Viktor, mejor a su esposo, que todas las mañanas recibe un escarmiento al informarle los avances de su pequeña al rubio, llamándolo inoportuno y fastidioso. ¿Acaso no conocía la palabra “callate”? De ser negativa la respuesta, él se la haría saber. Entre esas y otras razones mas, el japones no mezclaba a un Yurio triste o decaído, su personalidad feroz le impedía demostrar debilidad a las demás personas, inclusive en el pasado cuando cortaron su relación, se vio mas enojado que desanimado. Haciéndole pensar ser maldecido en múltiples ocasiones gracias a ello, pero en el ahora, Yuuri se tragaba cada una de sus palabras pues su tocayo mostraba signos de tristeza, frustración y dolencia, las cuales le producen muchos conflictos en su cabeza evidentes ante sus ojos.
— Odio eso de ti, — sorpresivamente, el rubio hablo hizo escuchar su voz en aquel pasillo desolado, asustando al japones que soltó un respingo. — crees tener la solución al problema de los demás, obligando a decirlos aunque estos no quieran. ¿Pues adivina que? De hacerlo, las guerras y los conflictos no existirían.
— Quizás no tenga el poder de acabar con ellos, menos los conflictos o guerras. — le dijo el omega un poco ofendido, frunciendo el ceño y cambiando el tono de su voz. — pero al menos, tendrás a alguien que podrá escucharlos y no lidiar con ellos solo. ¿No crees?
Soltando un bufido, Yuri alza finalmente su rostro llevando una de sus manos por su cabello despeinandolo, el japones se le contrajo el estómago al observar la expresión que poseia. No era ironía, menos sarcasmo, no, esta pertenecía a algo mucho mas escalofriante y duro. Dolor. Eso era, lo pintado en la cara del Plisetsky no es nada mas a la marca del sufrimiento, su alma gritaba con fuerza atención, o en este caso, ser sostenida por alguien.
— Que ingenuo… — murmuro con sarcasmo, dibujando una media sonrisa en los labios.
— No, no lo es. — reafirmó su convicción, dando un paso mas adelante. — tener un amigo en los momentos difíciles es un alivio, una bendición completa. Quizás suene prepotente de mi parte, pero es lo mas idóneo en estos casos.
— ¿Amigo? — pronuncio con burla, bufando una vez mas. — es un concepto bastante conciliador de tu parte, Yuuri. Mas cuando, bueno, mejor olvidalo.
Yuuri comprendia a lo que se refirió Yurio, recorriendole un escalofríos en toda la columna pues eso episodio de su vida pasada no le gustaba nada, con ello jamas se refería a arrepentirse de salir junto al rubio, mas bien a tratar de esconderse de la realidad: seguir amando a Viktor, temiendo perderlo. El japones atribuyo que el ruso intento sacar ese tema a flote debido a su frustración, si, su dolencia le provocaba atacar todo a su alrededor, en ese aspecto Yuri no ha cambiado, por eso no debe sentir nada de miedo, no, nada de nada. Sin embargo, ¿por qué la sensación fria no se ha ido? Pareciera que su mente le desea transmitir algo por ocurrir, o puede ser simplemente paranoias suyas, en general, el ojos caoba optara a la segunda opción. Asi que, tragando saliva dura sin tomarse la actitud defensiva de Yuri a pecho, siguió con la conversación al curso donde debía de ir.
— Yurio, no tienes porque sacar cosas ocurridas en el pasado como armas. — comento temblandole el cuerpo, temiendo del alfa frente suyo. — sea lo que este ocurriendo contigo puedes contarmelo. Como sabes en todas las etapas de dolor y felicidad has estado junto a mi, ahora quiero regresartelaa, confía Yurio, confía en que realmente te escucharé.
Se produjo un silencio incomodo, donde ambos Yuris solo atribuían a mirarse fijamente sin apartarse, seguían manteniendo su posición a capa y espada al igual que un juego de ajedrez. El japones fue el primero en mover su ficha, casi en modo sacrificio, esperando que el alfa cayera y dejara conocer su dilema. Conocía muy bien al rubio, durante estos años lo hizo aun mas al tenerlo como padrino de su Haru y Hikari, sus lazos se estrecharon a aun mas teniendo un grado de entender cuando un dilema no lo deja seguir, podría estar especulando sin pruebas pero seguramente estaba relacionado con Mariana. ¿Con quien mas poseia ser? Es decir, al pesar de tener años de convivencia seguían discutiendo igual a un par de crios, segun Viktor le sorprendió un poco verlos de pareja pues ellos se llevaban a las paradas, siendo una definición exacta “agua y aceite”. Pero con todo y eso, lograron escalar lejos juntos comprometiéndose en matrimonio, quizás aplicaba la frase de “los opuestos se atraen”, sea como sea, su esposo se alegraba mucho por Yurio después de todo el dilema del triángulo amoroso, merecia ser feliz mas de tratarse la Gonzales quien era amorosa con él. Ambos, se sacaron la lotería al encontrarse en ese momento de su vida.
— Se trata de Mariana, ¿verdad? — rompió el silencio, provocandole un respingo al rubio de la impresión dando en el blanco. ¿Como era posible? — llevamos tantos años conociendonos que seria estúpido no darme cuenta. Alguien aparte de tu abuelo para inducirte inquietud, esa es Mariana. ¿No es así?
— No te metas en mi cerebro. — musito incomodo, haciendo reir divertido al japones cosa en no tomar muy bien el Plisetsky, pues inmediatamente se enojó. — esto en lo absoluto es gracioso Yuuri, asi que abstente de reirte como idiota, aunque lo seas, no me enfermes mas por favor.
— Lo siento… — bajo la cabeza sin entender del todo, viéndose reprendio igual a un niño pequeño ante una travesura.
— Como sea… — cerro lo ojos evitando detallar esa expresión tierna en el omaga, controlandose de sus propios instintos. — no vuelvas hacerlo.
¡Demonios! Le parecía increíble que después de tantos años un adulto como él, se sintiera igual a una quinceañera enamorada, cohibida al encontrarse descubriera por su amor de esconderle cosas. Agregándole un detalle mas, esas sonrisas cegadoras dispararas directas al corazón, eran tan parecidas al sol después de una fuerte lluvia de tamaños apocalipticos, siendo precisamente esta el alivio que tantos buscaban. Pero Yurio no deseaba mas sostener eso dentro de su pecho, conocía ser precisamente una molestia y la causante de su separación con Mariana, imaginar su semblante triste le llenaba de culpa, mas encontrándose con Yuuri a solas.
— Tu… no posees ni idea de lo importante que es para mi Mariana, — le dijo, apretando sus puños, luchando con la impotencia alejada en su cuerpo. — ella estuvo allí cuando tu me dejaste caer, sosteniendome y llevandome a tierra firma reconociendome como alfa, su alfa. No sola me limpio las heridas, las curo, vendo y dejando en mi corazón la promesa del mañana, la esperanza de que si se puede lograr ser feliz. Aunque, esta debe buscarse, no esperar a caerte del cielo. — abriendo una de sus palmas, noto como las uñas marcaron su piel dejándola un poco rojas, siendo estas en lo mas mínimo comparado con el dolor embargando a la omega. Ella llevaba mas peso de esta relación en sus hombros, mas que él mismo pues durante todo este tiempo se la dio, fue demaciado inresponsable de su parte, mas aun, estúpido. Las relaciones de pareja son de dos, no un solo. — Pero no pude responderle de la misma manera que lo hizo al cuidarme, provocandole nada mas a sufrimientos y pesares, porque detrás de esa sonrisa, bromas y actitud pícara, se escondía la verdad de una mujer con dolor al no ser correspondida. Yo… yo solamente, no se como lidiar con esto y… me odio. Si, Yuuri, me odio mas que cualquier enemigo en poseer en la faz de la tierra. Ni siquiera merezco tu compañia, menos el amor de ella, no cuando hice lo mismo que tu hiciste conmigo. — el japones se congelo en el acto, quedando una expresión de total terror en su rostro, temiendo a las siguientes palabras del rubio. Ahora comprendia la reacción de su cuerpo, la premonición de una total desgracia, porque eso era, una desgracia. — Debes saberlo, ¿verdad? No eres nada tonto Yuuri, si te gastas decir conocerme bastante, entenderas hacia donde estoy retomando esta conversación.
— No… — susurro entre labios, temblando desde los pies hasta la cabeza, llevando sus manos hacia su pecho donde su corazón latia de manera nerviosa. — no… no puedes… no debes… yuri…
— Te amo — confeso al fin, mirando al suelo, quebrandose por completo y dejando conocer sus auténticos sentimientos. Aunque estos, le provocaran perderlo para siempre. — ahora, antes y desde hace mucho tiempo, te amo. No he podido olvidarte, creeme, lo intente desesperadamente pero…
— ¡No puedes hacerlo! — contesto con susto el Nikiforov, retrocediendo pasos atrás y cubriendose la boca con su mano reprimiendo llorar. Era inevitable no hacerlo, no cuando sus nervios se encontraban a limite. — ¿Te estas escuchando? ¡¿en verdad lo haces?! Han transcurrido mas de diecisiete años de eso, Yuri. Me case, tuve dos hijos mas, de los cuales eres su padrino y tu tienes a Mariana. ¿Caes en cuenta de ello? ¡Ella te necesita!
— ¡¿Y donde queda mis sentimientos?! — le exigió, caminando a donde se encontraba el omega y sosteniendole de los brazos, ejerciendo fuerza en estos haciéndole un poco de daño. — ¡¿de lo que siento por ti?! Lo lamento mucho por Mariana, en verdad lo hago, pero no la amo, al menos, no de la misma manera que a ti. Me maldigo siento de veces haberle hecho esto, pero mentirme y mentirle es peor. Es mejor darse cuenta antes de casarme con ella, el dolor al menos, pudo ser reducido.
— Eso no es así. — argumento el omega, safandose del agarre ejercido antes en sus hombros. — ¡Eso jamas sera así! No puedes decir simplemente luego de tantos años de convivencia que la utilizaste solo para olvidarme, quitarte de la cabeza a otra persona, no cuando… ¡cuando ella te entrego la mejores experiencias de su vida! — las palabras de Yuuri le golpearon con fuerza al rubio, apretando su mandíbula fuertemente, casi podía escuchar el rechinido de sus dientes. — Si que eres egoísta Yuri Plisetsky, ahogandote en tu propia miseria y buscando compadecerte de ti mismo, cuando en realidad has dejado en casa a alguien totalmente destruido debido a tu causa. ¡No me metas en tus problemas! Si realmente te consideras a ti mismo un adulto, tendrás la desencia de conversar con Mariana y arreglar las cosas.
— ¡¿Estas sordo o lo idiota te impide escuchar?! — le grito con fuerza, perdiendo la poca paciencia escondida entre sus bóvedas de reserva. — ¡No la amo! ¡No la quiero en lo mas mínimo! ¡No de manera romántica! Eres tu, únicamente… ¡Solamente tu! ¿es tan difícil de comprender? Porque no lo creo.
— ¡Entonces entiende tu esto! — lo imito en su tono de voz, elevandola igual. — ¡Desde el inicio hasta hora solo ha existido Viktor! ¡Solo él! No puedo ni quiero imaginar un día donde no me despierte a su lado, donde no vea su sonrisa lasiva, menos el privarme de su voz o inclusive, de su tono enojado. Lo quiero, lo amo tanto que me asusta hacerlo, porque de faltarme él, seria exactamente igual a aquella persona en el pasado. Hueca y vacía. ¡Esa de la que estuvo a tu cuidado! — el rubio dio tres tras pies hacia atrás conmocionado, cayendo en cuenta que el dolor de su pecho era mil veces peor al pasado, porque las palabras duras de la verdad le golpeaban sin compasión. El pelinegro estaba siendo cruel, muy cruel y su posición le impedía defenderse. — ¿Crees que es justo para ti esto? ¡¿Crees que lo es aun mas para mi o Mariana?! No, no lo es. Por lo tanto, ¡sepulta ya el pasado y empieza a crecer de una vez!
« Ah… como duele el sabor de la verdad, es parecido a un veneno letal, nocivo que te paraliza los sentidos. Aun mas, el corazón. »
El alfa obviamente no tuvo palabras para contradecir al japones, todas y cada una de las verdades salidas de la boca de este eran dagas directas al corazón provocandole heridas, aberturas y tajos amenazando con desbordarse por completo. Ahora no solo tenia el desprecio de Mariana, tambien el de su amado, quien mirandolo con ferocidad contenida grito a los vientos elegir a Viktor Nikiforov por encima de él. Una vez mas, Yuri Plisetsky de vio derrotado por el máximo exponente del patinaje artístico, solo que en esta ocasión no se trataba del hielo, sino del amor. Sumiendose en las peores profundidades de su dolor, Yuri apreto sus dientes evitando sacar los gritos degarradores de su alma, comprendiendo que efectivamente, él no había nacido para amar.
Mientras unos pasos lejos de ellos dos, Haru Nikiforov tapa con ambas manos su boca evitando sacar cualquier exclamación de admiración ante la escena presenciada, haciendo el decubrimiento de su gran vida. Su entrenador termino la relación de largos años con su omega, dando por consiguiente el rompiento del lazo que los unía a ambos causándole una gran desesperación a la latina, y todo por una sola razón: su madre. El entrenador Yuri no pudo olvidar jamas a su mamá, determinando amarla igual desde el primer día, pero este aseguro el jamas vivir sin su papá. En pocas palabras, fue rechazado de una manera contundente. Siendo de esta forma sus deducciones no tan lejanas a la realidad, porque efectivamente esto, ya lo vio venir desde hace tiempo.
« El amor no correspondió es nuestra condena, dolor y sufrimiento. Yuri, en verdad, me gustaría consolarlo. Pero… pero… »
Sus pensamientos jamas serían descubiertos, no al menos ahora, cuando ambos vivían contradicciones en sus almas destruidas. Quizás con el tiempo poseia sanarlas, al menos, esa serian sus únicas esperanzas.
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