martes, 18 de septiembre de 2018

Dance with the devil

4
Para cuando eres el objeto de acoso de alguien poderoso como él.
— ¡No! — chillo ella, empujando con todas sus fuerzas al sujeto quien se cernia sobre ella — debes estar loco de remate para pensar que estaría de acuerdo en casarme contigo, Kazama.
El rubio dio unos tras pies hacia atrás al ser rechazado de esa manera por una chica demonio sangre pura, no podía creerlo, en todo su rostro estaba marcado la incredulidad de tal acto. ¿Pero donde rayos tenia la cabeza esta chiquilla? Pensó él mientras admiraba la expresión jadeante de la joven, jamas cruzo por su cabeza el ser rechazado de esa forma por una mujer, menos en manos en una de los suyos. Demonio sangre pura. Bajo su lecho han pasado innumerables de chicas entre estas humanas y mestizas, ellas suelen decirle lo muy a gusto de sentir una presencia tan demandante como la suya igualmente la serenidad transmitida con tal solo cruzar caminando por los pasillos, todo eso lo catalogan como un hombre paciente que sabe o tiene una visión definitiva de la vida. En pocas palabras, una persona de intelecto esquisito y madura ante los asuntos convenientes.
Ahora, venia Mitsutani Mitsuki con su gracia de niña de alta sociedad e infulas de grandeza, desperdiciando su tiempo rodeada de humanos y un estúpido mestizo, rechazando su maravillosa oferta de matrimonio. ¿Estaba loca? ¿Es idiota? O… simplemente una tonta mas del montón. Lastima, porque en verdad su sangre vale oro para cualquier demonio completo, aunque obviamente alguien tan poderoso y “paciente” como él no se dejaría vencer fácilmente; después de todo las mujeres difíciles de obtener un reto excitante, aun mas, cuando estas se hacen las duras ante su presencia. No importa. Esta chiquilla al final terminaría siendo suya.
Al dibujar una sonrisa sobre su rostro la castaña retrocedió un paso atrás temblando, este sujeto sin duda daba mas miedo con esa curva en sus labios comparado a tener una expresión calmada, esto quería decir una sola cosa: en sus planes no estaba rendirse.
Sin duda una situación incomoda en la chica, venia huyendo de las reglas absurdas de su clan obligandola a casarse con un demonio sangre pura como ella, para simplemente llegar a la ciudad topandose con el hijo del primer ministro resultado ser uno mas de ellos. ¡No! Mitsuki jamas permitiría ser un objeto de acoso por este sujeto, podría ser la quinta mujer en la generación de los Mitsutani pero casarse con un hombre como Kazama no se encontraba en sus planes, en sus ojos solamente se transmitía el gran deseo de poder y poseer. ¿Una cosa peor que esa? Ella es su próximo objetivo.
— Eres una niña bastante tonta — propuso él sin moverse de su sitio, pero clavando su insana mirada en la muchacha detallandola por completo. — ¿Sabes que eres afortunada? Una demonio sangre pura, la quinta en la sucesión de la “gran ancestra lunar”, la primera hija del matrimonio de unos primos y por si fuera poco, la única en poder romper la maldición que desde generación en generación ha pasado.
— ¡¿Como tú..?! — trato de decir consternada de toda la información recaudada por el rubio.
— ¿Lo se? — concluyo su frase dando un paso hacia ella sin acercarse demasiado — soy un demonio después de todo, es lógico averiguar la que sera mi esposa.
— ¡No lo seré! — elevo su voz con cansancio, produciendo mas sonrisas en el demonio — no se que pasa por tu cabeza Kazama, pero en mi vida pienso seguir las malditas normas de mi clan. Prefiero terminar aislada de toda la humanidad antes de hacerlo.
Divertido, pensó el chico al admirar tales expresiones en la castaña, parecía una fiera enjaulada por solo plantearle la realidad de las cosas. Podría siempre enojarse ante llevarle la contraria en algo, sin embargo, Kazama por primera vez en su vida estaba disfrutando de contemplar el enojo de una chica, además de que esta es un de los suyos, una demonio. Simplemente se ha sacado la lotería al encontrarla, dándole un paso mas a querer poseerla. Este animal salvaje lo domaria.
— Espero que anotes muy bien esas palabras, princesa — de un rápido movimiento incapaz de captar el ojo humano, el rubio sujeto nuevamente a la joven lanzandola a una pared cerca del pizarron y la mesa del maestro encarcelandola, sus manos mantenían apricionadas las de ella encontrandola encima de su cabeza, en tanto sus caras chocaban prácticamente, sintiendo sus respiraciones en la piel de cada uno. Un momento imposible de escapar. — porque para cuando hallas aceptado ser mi esposa, juro que voy a asecuestrarte y privarte de cualquier libertad posible. Inclusive, ver a tus “adorados” humanos. Ya debes saber, Purpure Toshirou. — ante solo escuchar su nombre provoco tratar de safarse de tal agarre, el rubio tomo esto como una señal directa de algo. Amor. — Oh… ¿Acaso te gusta ese significante humano?
— ¡Él no es ningún significante humano! — le grito con toda la rabia y odio posible, mostrandole una expresión agresiva para una chica de alta sociedad — ni… ¡Ni se te ocurra decir eso de a alguien tan admirable como Purpure-san! Demonio… ¡Demonio repugnante!
Pum.
Mitsuki no le vio venir pero en esos instantes fue arrojada contra unos asientos anteriormente arreglados en filas, su trasero y espalda había recibido el mayor soporte de la caida, el dolor que sentía en esos momentos no se comparaba con nada, ni si quiero con aquella vez de ser castigada por su madre al huir de casa siendo golpeada con una regla en sus manos una diez veces. No, en esta ocasión los músculos de su espalda resentian el golpe de ser azotada por un bara de metal, siendo probablemente mas tarde tener un moretón en ese lugar, aunque quien sabe, al ser una demonio sanaria mas rápido de lo convencional. Pero eso no es importante en estos momentos, la presencia de Kazama Chikage permanecía en el salón de clases abandonado ahora dándole la espalda, el perfil de su rostro mantenía unas finas arrugas adornando, preso de algo bastante notable. Enojo. Él estaba lo suficiente enojado como para arremeter contra ella, de hecho, el brillo de su mirada estaba mas oscuro a lo usual y no tenia ese sentimiento de picardía, en cambio fue sumplantado por algo mas duro y oscuro. El odio.
Mitsuki en esa posición trato de correrse hacia atrás para poder salir huyendo en la menor oportunidad, en el otro extremo del salón existe otra puerta si ella se levantara y corriera… muy tarde, el hijo del primer ministro nuevamente estaba ocupando todo su campo visual, ahora su rostro marcado por la oscuridad infinita le impedía respirar o implementar un movimiento. Estaba atrapada, escapar no podía.
— Tienes las agallas suficientes para degradarme ante la imagen mediocre de un humano, niña. — el tono de su voz era fría, baja, fuerte y demandante con el poder necesario de sembrar terror en todo aquel que lo escuchara — has hecho nuevamente una cosa que odio. Despreciarme al grado de ponerme inferior a un humano, no tientes a tu suerte. Idiota.
— ¿Ka…? — trato de decir pero fue interrumpida al sentir la mano del rubio sobre su cuello, el contacto frío le herizo los vellos de la nuca, pensando lo peor. — ¿Kazama?
— Oh… tu piel es tan suave y delicada — dijo mientras la acariciaba, esta vez la muchacha no sintió quemarse sino un miedo controlador colandose en los huesos. Este tipo podría hacerle lo peor. — seria un desperdicio ser manchada por el simple toque de un humano asqueroso.
— Kazama, por… por favor…
— Me gustaría escuchar ese tono de voz para otra cosa o mas bien — apretó un poco en la parte de la nuca de la chica su agarre, haciéndola fruncir el ceño — en otra circunstancia, aunque aun es muy pronto y por muy apetecible de pensar en esa situación. Prefiero ver como tu caes primero.
La soltó colocándose de pie, admirando desde arriba su postura de demonio supremo ante una insignificante mujer, bajo la perspectiva de Mitsuki se le vino a la mente aquel “Chikage” del sueño de la “princesa”; un sujeto vestido con ropas occidentales de la época Edo color morado, una katana fielmente acomodada en su lado izquierdo lista para ser usada. Pero eso no es lo impresionante. Su expresión, la misma utilizada por el hijo del primer ministro en estos momentos, prepotente, poderoso y ese oscuro poder escondido detrás de esa mirada carmín. La paraliza, haciéndole pensar en los peores crimines hechos en esas manos desnudas, aunque por supuesto, ese “Chikage” no es el mismo “Kazama Chikage” de su época solo son parecidos. Además, esos sueños son el producto de su imaginación alterada, es todo.
— Te dire perfectamente el final de tu “gusto” por Purpure — comento casualmente caminando hacia la puerta, sonronjandola hasta las orejas. — los humanos solamente sirven para destruir, denigrar y engañar a los demás. Por lo tanto, si te rehusas a parar de bailar con ellos, menos de lo esperado acabaras de esa manera.
Mitsuki tenía unas ganas tremendas de decirle lo muy equivocado de ese pensamiento al rubio, pero no pudo, cuando iba abrir su boca se vio acompañada de la su única amiga en la vida. La soledad. Esto ayudo a la muchacha a relajarse un poco antes de presentarse ante sus amigos como si nada, pero no podía, este extraño encuentro con el hijo del primer ministro no solamente le dejo con golpes de la espada y trasero, igualmente quedo el sin sabor en su boca. ¿Por qué insistir en alguien como ella? Claramente dejo en no querer casarse con él, aun asi, al mencionar a Purpure parecio detonar una mina escondida muy dentro. Quizás, solo quizás aquel muchacho no le gustaba ser comparado con un humano, o en este caso, bajarlo a un grado mas inferior a ellos. Kazama Chikage es la imagen perfecta de un demonio testarudo y engreido, no solamente tenia a todas las chicas bajo sus pies, sino también deseaba casarse con una sangre pura como ella. ¿No podría existir algo peor a eso? Probablemente no. Además, ¿Cuales es su problema con los humanos? No solo él ¿Qué problema tiene los demonios completo con los humanos? Porque Souji no es asi, tal vez de venir de una humana su corazón mantenía otra visión, en cambio Kazama y los de su clan observaban a los humanos parecidos a la peste, sin pasar por alto el mensaje del rubio.
De igual manera, la castaña no tenía tiempo para estar perdiendolo de esa manera, las clases estaban a punto de empezar y debía… Mitsuki no se dio cuenta de pararse del suelo sin sentir dolor alguno, al parecer sus músculos se regeneraron rápidamente como esa herida en la cafetería. El poder de demonio es bastante beneficioso en algunos casos, asi que gracias a el la castaña fue a clase tranquilamente, o al menos eso pensó ella; al llegar al aula sus amigos se mantenían de la misma manera enérgica: gritando, riendo y sacandole los trapitos sucios a Purpure. Este se mantenía tan implacable que nunca, aunque al verla a ella la temperatura del ambiente aumento considerablemente, notandolo todos los demás sin esperar hacer las respectivas bromas.
Heisuke junto a Minami se unieron a coro con una frase que marcaría un nuevo ito en la castaña: “El Toshitsu esta de nuevo al ataque”, con un toque relativo de ingenuidad pregunto el significado de tal palabra. Fue Reika la primera en ofrecerse para aclarar dicha duda, explicandola la combinación de los nombres “Toshirou” y “Mitsuki” formando asi “Toshitsu” donde es el título de la pareja de ellos dos. Purpure quedo sin habla por unos segundos ante tal declaración, en cuanto a la joven mantenía una expresión avergonzada por como combinaron su nombre con Purpure-san, no le desagradaba pero tampoco le gustaba, simplemente se sentía cohibida ante semejante acontecimiento. ¿Purpure y ella son tan cercanos para formales un nombre? Ni si quiera se dio cuenta de los lazos estrechados con el azabache, aun sentía muchas cosas por descubrir de él para sentirse plenamente cercana, con todo y eso se permitiría sentirse feliz.
Pero la felicidad le duro poco.
Una fulminante mirada carmín la contemplaba desde unos puestos lejos de ella, esta se mantenía rodeada de dos chicas de las clases superiores al salón dándole entender claramente el motivo de encontrarse aquí, Mitsuki nuevamente recordó al momento de ser arrojada al suelo contra los asientos de esa aula sin contemplación, instintivamente se llevo una de sus manos a su espalda con aura pensativa. Kazama le importaba menos ser atendido por senpais, lo único en su campo de visión era su imagen rodeada de humanos y la fuerte cercanía que tenia con Purpure-san, seguramente un peligro eminente ante su objetivo principal. Casarse con ella. ¡No! ¡Jamas ocurriría tal cosa! Primero preferiría decirle ella misma a sus padres seguir sus normas absurdas antes de caer en las redes del rubio, el cual, le regalo una media sonrisa transmitiendole saber todos sus pensamientos en ese instante.
— ¿Te ocurre algo Mitsutani? — la voz tranquila de Reika llegó a sus oídos haciéndola voltear a su dirección, teniendo de acompañante a Momoka — pareces estar en otro mundo desde hace unos momentos.
— ¡Ah! No… de ninguna manera — trato de hacerles entender un poco nerviosa.
— ¿Sabes? — Momoka de engancho a su cuello rápidamente sonriendo con malisia, Reika rápidamente lo noto — Kazama-sama desde hace rato te observa con mucha atención, quizás… ¿te tenga en mente?
La castaña se puso tan rígida como una bara, ante los ojos de sus amigas les parecio curioso dándole paso a malos entendidos, entre ellos un posible acontecimiento entre ambos muchachos. Menos mal y Purpure seguía discutiendo con los chicos, de lo contrario, la situación con Mitsutani se volvería bastante tensa y eso sería un caos.
— ¿Han mencionado a Kazama-sama? — salió de la nada Minami, confirmado su sentido del oído bien agudo.
— Eres bastante perspicaz, Minami. — exclamó su amiga Reika de inmediato.
— Decía que quizás Kazama-sama este interesado en Mitsuki-chan. — insistió aun con esa sonrisa ladina, caminando hacia la otra muchacha aun teniendo su atención en la castaña. — la ha estado mirando desde hace un buen rato.
— ¡Eres su próximo objetivo! — se exalto toda emocionada, tomando los brazos de esta sonriendole de oreja a oreja — sin duda debes de serlo.
— ¿Objetivo? — sintió un leve tic en su ceja derecha ante tal comentario.
— Eso quiere decir que te tiene en su radar, Mitsutani. — explico sin emoción alguna Reika.
— Eso esta bastante claro, a lo que me refiero es a ¿Como lo saben? — pregunto asustada de cualquier conocimiento de sus amigas con el encuentro de hoy en esa aula vacía, no se lo ha dicho a nadie y ni lo va a decir.
— Es fácil — Minami elevo su mentón sintiéndose una sabelotodo, provocando en sus amigas algo de vergüenza — cuando Kazama-sama tiene alguien en su radar no deja de observarlo hasta optenerlo, dicen que no ha existido chica quien lo haya rechazado, todas, absolutamente todas lo aceptan en su primera petición.
— ¿Todas? — repitió increudula.
— Asi es, — afirmo Momoka totalmente convencida — la perseverancia y astucia de Kazama-sama es una gran virtud para sus objetivos, el rendirse no esta en sus venas ni mucho menos ser rechazado.
Bueno, Mitsuki si conocía a alguien con las agallas suficientes para despreciar a alguien de la altura del rubio, ella misma, ella misma la única en tener la personalidad inquebrantable para no dejarse llevar. Si Kazama no quería rendice, perfecto por él, pero ella tampoco daría su brazo a torcer. No aceptaría su imposición sin importar que, de lo contrario, se tacharia a si misma como loca de remate. ¿Por que estas chicas se alborotan solamente con ver a Kazama acechando a alguien? Deberían de sentirse asqueadas o al menos en peligro, aunque por supuesto, olvidaba el hecho de que uno de sus lemas era tener a Kazama para muchas y no una en particular. Un bien colectivo. No es como si el rubio fuese un objeto de entera devoción, un día el llegaría de la mano de una chica (no ella obviamente) ¿Qué harían al respecto? ¿Como reaccionarían?
— ¡Que envidia! — chillo emocionada Momoka a la par de Minami y una silenciosa Reika.
— ¿Nunca han sido vistas en su radar? — trato de preguntar otra cosa para evitar decirles un insulto, porque en su cabeza solo ocupaba la palabra “tontas”.
— Oh, no, no. ¿Como se te ocurre? — exclamó Minami parecido a decir la peor de las blasfemias, Mitsuki se asusto ante su reacción. — Kazama-sama solamente hace una selección selecta entre las féminas, ya sabes, buenas familias, popularidad, modelos, artistas. Este tipo de chicas.
— Asi que viendo tu posición y además de algo de mas “especial” — hizo comilla con su dedos alzando sus cejas en signos de picardía Momoka — no es extraño que hayas obtenido su atención.
— ¿Qué vas hacer? — se pego a ella Minami con ojos muy optimistas y llenos de emoción genuina.
¿Qué que iba hacer? La respuesta es simplemente fácil: ignorarlo. Si pensaba que adoptando una posición temeraria al demostrarle a todos su atención hacia ella iba a lograr algo, se equivocaba, la joven nunca se ha dejado llevar por las masas y esta tampoco seria la primera vez.
— Mitsutani no quiere nada de Kazama-sama — la voz taciturna de Reika desánimo a sus amigas de inmediato — ella ya tiene a Purpure, no se hagan falsas iluciones.
— Tiene razón — dijeron de manera unísono las dos chicas.
¿Como llegaban a esa conclusión tan apresurada? Pensó la castaña teniendo su rostro nuevamente ardiendo, en tanto miraba de reojo a su amigo de la misma forma con sus compañeros. ¿Eso era cierto? Tener a Purpure-san ya metido en su corazón, incluso el mismo Kazama le dio a entender eso prácticamente burlándose de ella ante el hecho. De la misma manera, sus amigas parecían tan convencidas que ni si quiera intentaron meterle por los ojos a cierto rubio desagrable, puede… puede que no le sea indifirente el azabache, solo un poco. Admitiría al menos eso por ahora.
Si Mitsuki pensaba solamente ese acto de atrevimiento del rubio como el único en la semana, estaba equivocada, este se encargo de presentarse ante ella en las mínimas oportunidades solo para colocarla nerviosa. Incluso en gimnasia donde podía estar tranquila con sus amigas, la mirada carmín del rubio le llegaba directamente desconcentrandola por completo, Minami se encargo de bromear con estar surgiendo el efecto “Kazama-sama” en ella, pero por supuesto, la joven prácticamente salto sobre ella desmintiendo todo aquello, simplemente era su imaginación. En una segunda ocasión estaba realizando los deberes de encargada de la clase con otra chica, Momo-san una tímida joven de lentes grandes que se resguardaba en los libros, ambas debían de buscar los textos de la clase de biologia la cual era la siguiente clase. Estos eran demasiado grandes para las pobres jóvenes que apenas lograban caminar con ellos, la castaña estaba a punto de pedir ayuda a sus revoltosos amigos hasta que alguien les elevo del peso. Kazama Chikage. Sus ojos no poseian ese toque de picardía, en este caso, solamente se encontraban tranquilos junto a esa aura de serenidad rodeandolo. Le hizo fruncir el ceño. Esto provoco en el joven soltar un leve resoplido divertido optando en ignorar para prestarle atención a la de lentes, dejando de esta manera a la castaña con la mandíbula ligeramente colgando mientras unas chicas (¡Vallan a saber donde salienron!) Gritaban sin parar el nombre del rubio. ¿Acaso era idiota? Estaba claro todas sus intenciones: provocarla. Pero no lo lograría, primero loca.
En sus dos últimos intentos estuvo a punto de perder la compostura, la primera, era un día de esos especialmente malos para cualquier chica dando por consiguiente simplemente ir al baño sola, una idea mala por cierto, porque al salir de este lo primero en mirar fue el rostro prepotente de Kazama. ¿Acaso era un fetichista? Eso de perseguir a una joven doncella como ella al baño era tan ruin, pero en vez de sentir pena por ello solamente sonrió divertido marchandose del lugar, nuevamente ignorandola. ¡Maldito! ¡Mil veces maldito! ¿hasta cuando va estar haciéndole esto? Seguramente frenaría al caer en sus redes, pero se equivoca, ella aun mantenía mucha perseverancia dentro de ella. Al menos eso fue su pensamiento ante lo siguiente, ella se encontraba en la cafetería esperando a sus amigos quienes tenían una pequeña reunión en el club de Kendo, al ser Purpure el presidente de este su deber era preparar todo antes de llegar los demás, Saitou le aseguro no tardaras mucho por lo tanto era mejor adelantarse para agarrar la mesa de siempre, además, las chicas le seguirían en seguida. Cosa totalmente falsa. Sus amigos se tardaron mas a lo acordado, llevándola a tener que comer sola con medio colegio viendola de reojo, no le importaba en lo absoluto con tal la soledad en algunas ocasiones no era tan mala. No obstante, todo eso lo voló lejos a tener a Kazama a unos cuantos metros de su ubicación mirandola fijamente, nuevamente la picardía en ella se manisfesto con impetud llevándola a sentir enojo, el rubio quien ya adopto todo esto como un deporte extremo alargó sus pasos mas hacia ella produciendole un respingo, lo hizo sonreír de medio lado puesto que le encantaba contemplar el nerviosismo en sus presas. Entonces, teniendo solo escasos metros de su mesa se desvío tomando el hombro de una senpai suya quien al sentirlo cerca sonrió complacida, en tanto nuevamente Mitsuki quedaba con grandes cantidades de enojó sobre su cuerpo llamando ser liberados. Ahora conocía la verdadera faceta del rubio, es un completo niño pequeño en busca de atención de sus padres salvo que en esta ocasión, estaba en la busca de la suya como agua para los peces. Conclusión. Idiota.
No lo soportaba.
No lo soportaba.
¡Ya no podía hacerlo!
Ni si quiera tenia las agallas necesarias para poder decirle de esto a alguien, mucho menos sus amigas, quienes prácticamente saltarían felices de tener a Kazama respirandole la nuca, se preguntaba si este tipo tenia una clase de poder para atraer a las masas femeninas a sus pies. No lo comprendía. Esas muchachas se morían con tan solo una mirada de él, en tanto ella prácticamente la estaba llevando a la completa locura, contando solamente la semana transcurrida claro esta. También agregándole a esto su deber en estudiar para los próximos exámenes a la vista, menos mal y Purpure-san le estendio su mano amiga para ayudarla en las materias mas difíciles para ella, e inclusive, explicarle el mecanismo de los profesores al momento de evaluar. El azabache es tan amable con ella, comprensivo, caritativo y sentir su purpura mirada sobre la suya le quitaba todo pensamiento racional, no entendía pero con solo sentirlo llegar todos sus sentidos perdian coordinación total; era parecido a tener un interruptor para apagarlo a tan solo asomarse. Sin olvidar su corazón, desbocado, inquieto a sentir la mano de Purpure-san en contacto con su piel, no quemaba, simplemente es tan confortable como tranquila.
¿Tenia algún significado a todo esta gama de sensaciones? El querer y desearlo siempre cerca de ella era producto de algo ¿pero qué? Comprendía pensar en el ojos púrpura en una persona importante en su vida. Sin embargo, su manera de verlo es tan distinta a como mira a Saitou o el mismo Heisuke, dos chicos con hermosa amistad brindandola cada vez que la necesitatase. Si, pero del azabache no podía esperar solamente eso ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
De un amigo no piensas en lo muy hermoso de verse hoy.
De un amigo no sientes ese cosquilleo en tu vientre al verlo sonreír.
Sobre todo, de un amigo no lo imaginas abrazandote fuertemente a tu pecho con el anhelo de jamas ser soltada.
Ella estaba era enamorada.
¡Rayos! ¿Como no pudo darse cuenta antes? Si todas las señales estaban ahí desde hace mucho, igualmente el hecho de no caer en las redes de Kazama, menos aceptar su imposición alocada. Aunque por su puesto, de no tener a Purpure-san dentro de su corazón de todas maneras lo hubiese rechazado, pero por otro lado, el peso de su corazón había disminuido ante haber admitido tener esos sentimientos hacia el azabache. Asi que, se había fijado en un humano, llevandole la contraria a sus padres en ese aspecto cosa de menos importancia en su vida, porque el ojos purpura no es un simple humano, no, su personalidad es estraordinaria caballerosa, amable, coordial, generosa y jamas le ha agredido de ninguna manera. A su lado sin duda encontraba la calma que tanto deseaba, de ser correspondida, seria la chica mas feliz de todas sin olvidar lo afortunada.
— Onee-sama voy a entrar — la voz tranquila de su hermano hizo devolverla a la realidad, girando su mirada a la puerta mientras Ryuunosuke se asomaba por esta — disculpame por inrrumpir la comodidad de tu habitación pero tia me ha mandado para avisarte que la cena esta servida.
— Voy enseguida — contesto con una sonrisa bastante risueña, despertando las dudadas en el azabache quien iba a retirarse hasta que escucho la voz de su hermana — ¡Aguarda! Ryuunosuke, tu… tu… ¿alguna vez te has enamorado de alguien?
¿Como? Se pregunto el muchacho mostrando un rostro caótico al admirar lo cohibida que estaba su hermana mayor, esta reacción en ella es sumamente extraña para poder ser cierto, además, tener esas mejillas pintadas de carmín no ayudaban mucho. ¿Acaso…? ¡¿Acaso sus peores temores se volvían realidad?! Su hermana mayor llevandole la contraria a sus padres y fijándose en un simple humano. ¡No! ¡Él jamas…! Freno el carro, su madre en la última visita le dio la estricta orden de dejarla ser con todo y humano, no importaba cuanto la podían hacer sufrir su deber no era interferir.
— De ninguna manera me ha ocurrido eso, onee-sama. — respondió calmado sus pensamientos acalorados — ¿Acaso ocurrió algo?
— ¿Eh? — se vio acorralada ante la astuta mirada del Ryuunosuke que no se le escapaba nada, debía de inventar una cuartada — n…no de ninguna forma, solo… solo… ¡Minami y las chicas estaban hoy hablando de ese tema! Si, eso era, nada mas.
Ah… es tan fácil de leer, en verdad estaba enamorada de alguien pero ¿Quien podría ser?
Descartaria a Heisuke de inmediato, los gustos de su hermana son de chicos altos, robustos y de espaldas ancha. Dejándole a Saitou, Souji, sus dos senpai locos y Purpure, este último parecía tener una rara conexión extraña mas allá de las otras amistades, lo mas probable es que fuera este.
— No tienes porque exaltarte tanto, onee-sama — la muchacha desvío su mirada al suelo apenada, llevándolo a sonreír de medio lado, en verdad estaba siendo muy adorable con toda esta situación — solo era una pregunta. Además, no te preocupes por mi memoria, ella al escuchar esto se fue de vacaciones.
Por primera vez en toda la vida Mitsuki le agradeció a los seres celestiales de tener un hermano menor como Ryuunosuke, sabia que cuando él decía una declaración como esta es porque claramente lo cumpliría al pie de la letra, sus padres no se enterarian de esto o al menos no en boca de su hermano menor.
« Las suave brisa de la noche invadia todos sus sentidos llevandole a prestar atención a todo a su alrededor, era primavera, la época de las flores y previamente de esas sensaciones nuevas a descubrir. El olor en el aire la llevaba a sonreír con alegría mientras seguía caminando en esas calles no tan transitadas, al ser de noche se prestaba toda clase cosas por suceder, pero no le importaba, porque consideraba el momento propisio para dar una caminata bajo la atenta luz de la luna. Quien acompañada con la primavera, regalaban calma a su alma como una canción de cuna a un bebé recien nacido, no lo negaría, al percibirse acorralada por su clan no aprovechó el momento idóneo para escapar. Y no se arrepentia. Solo miren la noche, clara, abierta y con un viento suave como la seda quien al contacto con su piel le producia cerrar los ojos de siemple placer.
Fue cuando llego a un enorme árbol cargado de flores del cerezo, los pétalos de esta se encontraban esparcidos por todo el lugar dándole una vista completa de un lugar mágico bautizado por los mismos dioses, sintiéndose atraída a semejante espectáculo salió corriendo al encuentro de lo terrenal llevándose otra sorpresa. Un hombre, pero no cualquier hombre, porque este parecía tener una clase de dificultad al caminar tambaleandose a los lados, había salido del lago detrás de sus espaldas y apoyaba todo su peso en su katana. Ella se permitió contemplarlo un rato antes de realizar cualquier decisión, sus vestimentas estaban algo rasgadas y manchadas con una especie de sangre, su cabello largo color azabache mantenido en una coleta alta se disparaba desaliñado, completamente desordenado y desde su sitio el perfil de este hombre permanecía contraído bajo una especie de dolor. No sabía que hacer, su corazón dictaminaba ayudarlo pero su mente le asignaba otra cosa, el hombre podría tratarse de un alto criminal o quizás uno de esos extrangeros crueles, si lo salvaba podría pasarle algo luego.
Pero sus pensamientos se dispersaron igual a el viento moviendo los pétalos del cerezo, la imagen del joven dio un cambio drástico al tener la luna sobre ellos dándole una atmósfera cálida, el color rosado de las flores combinaba a la perfección con la tez bronceada de él que aunque estuviese un poco pálida resaltaba mucho mas su creciante atractivo, porque eso era, muy atractivo. El aliento de la muchacha fue robado al descubrir el color de los ojos del azabache, púrpura, pero no un purpura común, este reflejaba toda clase de calma, sabiduría y madurez. El no podía ser malo, menos un extranjero, no, solamente se trataba de un joven herido en un combate y tenía que ayudarlo como sea.
Corrió presa del pánico al notar como el hombre en cada paso que daba se desvanecia, seguramente sus heridas eran muy fatales para desmayarse de esa forma o solamente estaba agotado de ir contra la corriente, sea como sea al llegar ella hasta su encuentro él joven no tuvo la fuerza suficientes para sostenerse sobre sus piernas, simplemente cayo casi sobre ella golpeando su frente en sus hombros respirando entre cortado. La chica soltó una exclamación de asombro al notar la gran cercanía del muchacho en ella, nadie antes había sido concedido ese permiso tan osado, ni siquiera su prometido Chikage quien poseía un atrevimiento tan grande como el mar, extenso y largo, mantenía sus distancias prudenciales.
Ahora un completo desconocido rompió esa barrera, aunque podía comprenderlo al tocarle la nuca, este estaba hirviendo en fiebre si podías hasta colocar una tetera para hacer té en ella, tenía que apresurarse y atender todas las heridas en él de lo contrario, de esta noche posiblemente no pasaría.
Al llegar a su casa fue reprendida por su nana, ella no debió huir de esa manera de casa al discutir con su madre los planes de casamiento con Chikage, ese era su deber como la princesa sangre pura de los demonios preservar la herencia de ellos. Aunque todas esas palabras murieron al ver en el hombro de la muchacha un hombre prácticamente inconciente, la mujer exclamó unas palabras de impresión ante tal acto, pero por supuesto, ver esta imagen llevaban claramente a un mal pensamiento dándole por ejemplo ser su amante. A lo que de inmediato la princesa aclaro, el sujeto en su hombros solamente era una persona herida quien encontró cerca de las horrillas del lago, ella no tuvo corazón para simplemente ignorarlo e irse, asi que opto a salvarlo llevandoselo consigo.
De inmediato, la mujer tampoco teniendo corazón para ignorar al moribundo pido ayuda a algunos hombres de la casa para instalarlo en una de las habitaciones de la casa, la princesa sonrió complacida a su nana quien prometió hacerse cargo de decirle a sus padres de lo ocurrido, por los momentos seria mejor cambiar sus ropas pues estaban empapadas y sucias al carga al forastero.
La muchacha asintió frenética corriendo al interior de la casa escuchando las reprimiendas de la mujer que consideraba como su segunda madre por correr, pero no le importaba, comportarse en estos momentos en una dama de alta sociedad no estaba en su mente, haber salvado aquel hombre de las garras de la muerte fue la mejor acción de su vida, quizás los mismos dioses le recompesaria de eso luego mas adelante.
— Princesa — una voz delante de ella hizo frenar su euforia momentánea, parandose en seco ante la imagen de alguien feroz. Su madre — ¿Qué haces corriendo por los pasillos de esa manera tan despreocupada? Además, algo ocurrió con sus ropas lucen sucias y empapadas.
— Madre, veraz… — trato de explicar pero no pudo.
Mas bien las palabras no le salieron, detrás de la imagen de su progenitora salio un alto joven de cabellos rubios, ojos carmín y expresión calmada e increbantable. Chikage. Este la observo de arriba a abajo confundido, obviamente, su prometida estaba completamente hecha un desastre y por si fuera poco ha esperado bastante por ella.
La princesa no es de modales fatales, podría estar en desacuerdo de toda esta farsa de compromiso pero respetaba a Chikage, al menos llegaba a todos sus encuentros a la hora prolongada, convirtiéndose esta en la primera vez en fallarle. Sentía vergüenza de si misma.
— Princesa, pareces que caiste a un poso de lodo. — comento con su tono de voz ronco pero divertido, ella bajo la mirada avergonzada hasta la medula de eso.
— No la mime demasiado en esto, Chikage-san — pronuncio un poco enfadada la mujer al rubio, quien ignoro por completo las palabras de ella — eso no es un comportamiento digno de una dama.
— ¡Esto tiene una explicación! — se sobresalto hacia el rubio llamando su atención — en verdad la hay.
— No lo dudo — dijo él dándole un piquete en la frente para alejarla, ella le fruncio el ceño murmurandole “demonio desconciderado” — pero por los momentos consedonos el favor de ir a cambiarte.
— Princesa — señalo su mamá a unos de los pasillos — por favor.
Cabisbaja y refunfuñando por lo bajo teniendo la mirada carmín de Chikage sobre ella se retiro a sus aposentos, estando allí pudo cambiarse cómodamente teniendo en mente la presencia de dicho demonio en su memoria, no terminaba de comprender como sus padres la comprometieron con alguien de su especie. El rubio no solamente era sarcástico, también es un completo desconsiderado, grosero, mujeriego y obsesionado con los combates a muerte, todo lo conserniente a la guerra vivida en estos momentos en su época lo emocionaba hasta mas no poder, si lo viera en alguno de los bandos no le sorprenderia. Una voz suave seguido de un “permiso” se hizo presente en su habitación al terminarse de cambiar, una chica del personal de la casa anunciaba dos mensajes para ella, el primero, Chikage la esperaba en la sala para conversar con ella, y el segundo, el hombre moribundo que encontró hace unos minutos atendieron sus heridas y esperaban a bajarle la fiebre. Asintiendo a todo eso aseguro ir en un segundo con Chikage, aunque debía confesar primero ver al enfermo, esto solamente lo dejó para si misma y nadie mas.
La princesa caminaba por los pasillos con elegancia con el temor de ser observada, no solo eso, desde pequeña fue inculcada esas normas al ser una muchacha de una familia bien acomodar, además, el poseer el título mayor de los demonio sangre pura. La princesa. Ese era el motivo de comprometerla rápidamente, de esa forma la descendencia estaría a salvo, Chikage era sin duda el mejor pretendiente para alguien como ella, buena familia, excelente linaje y con una fuerza increíble.
La muchacha abrió la puerta despacio de la habitación de huéspedes encontrándose a su nana y el moribundo hombre, ahora que lo veía bien con todos esos vendajes encima poseía un hermoso rostro digno de admirar aunque un poco demacrado, arrodillandose a un lado de la mujer ocupo sus manos en mojar la pequeña tualla en el cuenco apartando las de su nana, para tomar dicho trapo, exprimirlo y colocarlo con delicadeza en la frente caliente del hombre.
— Princesa, debería estar acompañando a su prometido en la sala — le dijo tranquilamente mirandola atender a un enfermo.
— A Chikage lo veo prácticamente todos los días, nana — le dijo a la par de colocar su mano desnuda en la frente del hombre para comprobar su temparatura, encontrandola igual — en cambio este hombre… es mi responsabilidad yo lo recogí.
— Si su madre se enterara de esto se enfadaria mucho con usted — planteo de manera preocupada.
— Mi madre puede decir y hacer lo que quiera, me da igual. — comento despreocupada llevando a la pobre mujer sentir problemas avecinarse ante este simple hecho, la chica en verdad le gustaba comprometerse en muchas cosas, sin importar las consecuencias. — nana, no te preocupes, se que papá me apoyara en esto. Relajate.
¿Relajarse? No señor, eso por los momentos estaba lejos de poder hacerlo, mientras la princesa estuviera cuidando a este apuesto joven guerrero no podía hallar la paz. Es como si viera venir en una premonición los problemas, la princesa rompiendo su compromiso, enamorandose de alguien no demonio y posteriormente huir, esperaba al menos por primera vez equivocarse en algo, en verdad pedía a los dioses que estuviera herrada en sus premoniciones.
— Mejor te dejo el resto a ti nana, debo ir a reunirme con Chikage. — se levantó del suelo mirando al hombre descansar aun con signos de dolor en su rostro, deseando desaparecer eso con el tiempo — pero vendre mas tarde para saber con detalles lo ocurrido.
— Vaya tranquila, princesa. — le dijo volviendo a ocupar su lugar.
La chica asintió saliendo rápidamente de la habitación temiendo que Chikage estuviera enojado, o peor aun, su madre tomando represarias de esto último. Mejor se apresuraba o… se quedo sin habla al pasar rápidamente en uno de los pasillos que llevaban al jardín trasero de la casa, sentando y bañado de luz lunar un rubio particular observaba detenidamente al cielo lleno de estrellas, era en esos momentos donde este chico le transmitía unas extrañas sensaciones en el cuerpo, es cierto no agradarle mucho pero es imposible ignorarlo al verse tan solitario y pensativo. ¿Por qué? ¿Por qué simplemente se entregaba al hecho de convertirse en su esposa? Su alma hablaba primero por querer sentirse libre y plena de realizar sus propias decisiones, aun tomando en cuenta la época donde se encontraba, Chikage no es el del problema. Es ella.
Sus pasos fueron escuchados por el muchacho que giro sin problemas a su dirección, este la miro con una expresión bastante inusual, parecía calmado (de costumbre) pero mantenía bajo esa mirada otra cosa sin poder descifrar. Él como de costumbre era bastante apuesto, ese kimono blanco puro y sobre sus hombros un abrigo color negro que le favorecía plenamente, si lo detallas detenidamente este rubio transmite rudeza y masculinidad. Sin embargo, del mismo modo puede enseñarte un lado totalmente diferente a lo aparentado, justo igual que ahora.
— ¿Qué? No me digas que al fin te has enamorado de mi. — soltó con picardía, enojandola al instante.
— Sueñalo, demonio.
Se sento a su lado con los brazos cruzados bajo la carmín mirada de su prometido, olvidaba por completo el hecho de este ser un idiota estando ellos dos a solas, y esa simple cosa, arruinaba por completo la imagen que tenia de él.
— Muchas desean estar en tus zapatos en este instante — repuso el con autentica galanteria.
— ¿Oh? ¿Adivina que? — alzo su mentón con gracia desafiando con la mirada al muchacho — se los sedo con honores y todo.
Ver reír a Chikage es todo un lujo, al menos eso pensaba la joven al admirarlo en estos momentos, para una persona no acostumbrado a verlo podría darle terror absoluto pero para ella simplemente lo encontraba fascinante. Un rubio mas galante, suelto, joven y no tan huraño, si estos eran las virtudes de ser su prometida no parecía tan malo.
— Si, en definitiva te has enamorado de mi — le sostuvo el mentón con delicadeza, disparando de inmediato el motor de su corazón latiendo ahora rápidamente. — ¿Lo admitirías? Probablemente no.
Se acerco de manera peligrosa a su rostro sin dejar de lado esa mirada carmín, envolviendola, congelandola y llevándola a sentir un feo cosquilleo desde ese simple agarre hasta la piel de su rostro. Esta también era su primera vez sintiendo el aliento de alguien mas sobre sus labios, igualmente de poseer la necesidad de ser besada de una vez, no importaba nada, el ser Chikage un molesto demonio o no agradarle mucho. Simplemente sentirlo de esa manera tan cerca de ella era todo, su toque caliente abrumador, el nerviosismo junto a esos ecos de latidos en su oídos retumbado, y ese pequeño rose de dos labios deseando encontrarse. Eventualmente la princesa se dejo llevar por el momento cerrando sus ojos y esperando a la acción del otro, los labios tibios de Chikage se presionaron contra los de ella emitiendo una breve explosión estelar en su interior, no comprendía ni menos trataba de hacerlo, porque ese mínimo contacto hacia explotar los sentidos de su cuerpo mandando lejos a la lógica. Lo bueno de lo malo. La princesa, prendiendo la llama de la curiosidad elevo su mano buscando la nuca de su compañero para presionarlo mas contra ella, esos labios seguían sin moverse pero tenían un sabor en particular, el peligro, prohibido y un breve toque de sake. Chikage sintiendo el toque firme de la muchacha en su nuca lo vio como un mensaje para seguir, por lo tanto, empezó a mover sus labios contra los de ella de manera lenta, perezosa y pronunciada, en todo esto el sabor del sol llegaba hasta su alma espandiendolo por todas partes. Necesitaba. Necesitaba mas de esta chica y ahora que la provo no permitirá el serle arrebatada de estúpida manera.
Ella no estaba enamorada.
No lo estaba.
En verdad no lo estaba.
Pero besar a Chikage en verdad se sentía bien.
Sus labios tersos, suaves, tibios contra los suyos fríos y con el toque natural de la menta, era un millar de pájaros revoloteando entre beso y beso, enviando sensaciones eléctricas a su cuerpo incapaz de darle un mandanto para separarla de él. ¿Qué importaba de todas formas? El experimentar no estaba errado, menos si lo hacia con su prometido quien de ninguna manera deseaba casarse, encontrandolo estúpido pero de todas maneras allí se encontraba ella, besandolo sin querer soltarlo.
— Disculpeme, Kazama-sama — una voz fuerte los llevo a separarse de inmediato el uno del otro, buscando el disimulo en la chica que pretendía mirar a otro lado con un rostro pintado en rojo — a sucedido algo urgente que no puede esperar.
De todas maneras ¿Donde salio este hombre? Parecía estar observandolos desde hace bastante tiempo, haciéndola sentir simplemente mas avergonzada de lo usual, una princesa como ella siendo descubierta teniendo un tipo de encuentro peligroso sin estar casada con su prometido. A lo que se pregunta ¿Como ocurrió eso? El besarse, simplemente miro a esos profundos ojos carmín y fue envuelta en un hechizo lunar, donde el único objetivo es sentir y hacer sentir.
— ¿Qué ocurrio? — pregunto con cautela ignorando al completo su desconformidad de ser separado de la princesa.
— Los hombres proporcionados para la guerra han sido casi aniquilados — ¿hombres? ¿guerra? La muchacha miro alarmada a Chikage quien mantenía un rostro impasible, dándole a entender que esto era bastante malo — y lo peor de todo, nuevamente el Shinsengumi a puesto manos en nuestro territorio.
— ¿Con que el Shinsengumi? — planteo con malicia, provocando escalofríos a la princesa que olvido por completo la expresión calmada de Chikage antes de ser besada. No. Este no es su prometido, solamente se trataba de un demonio peligroso. — Deberíamos darle una pequeña visita, estoy seguro que el idiota de Hijikata se alegrara de verme.
— Esta desaparecido — anuncio el hombre al rubio, quien mostró una expresión de asombro ante lo dicho — mucho dices que cayo al rio mientras luchaba contra alguien, aun no lo encuentran.
— Esta vivo, lo aseguro — pronuncio con malisia levantándose de su puesto al lado de la chica, quien parecía estar en un extraño trance — es un tipo duro no morirá asi de fácil.
No, no, no puede ser posible ¿cierto? Aquel moribundo hombre en el cuarto de huéspedes ¿Era el tal Hijikata? Lo encontró en las orillas del lago, con muchas heridas y prácticamente muerto. Dios mio, se llevo las manos a su boca asustada ante la imagen de Chikage descubriendo ese pequeño secreto, seguramente de ser dicho hombre no le dejaría escapar con vida pues lo demostraba en su mirada, en verdad es una situación peligrosa y debía de decírselo a su nana.
Se levanto del suelo con la mirada carmín de Chikage encima extrañado, hace unos momentos se encontraba tan quieta mientras la besaba y ahora parecía tener una especie de susto ante lo escuchado, seguramente se molesto por no saber desde antes su actividad de “caridad” a la guerra contra el mismo Shinsengumi y todo sus partidiaros, en pocas palabras, en contra del mismo emperador. Chikage siempre le gusta los retos y el peligro, dejando a esto no fuera de la adrenalina de lo temerario.
— Princesa, pareces un poco preocupada — la detuvo, colocando una de sus manos en el brazo de ella. — ¿te ocurre algo?
— ¿Desde cuando persigues a partidiaros de Shogonato? — le recrimino en toda la cara, algo enojada y no optando otra escusa para abandonar el lugar — además ¿Cuando pensabas decirmelo?
— Señor, no tenemos mucho tiempo. — lo apuro el hombre insistiendo en retirarse lo antes posible.
— Dame solo un segundo — mando al hombre quien asintió haciendo una leve reverencia marchandose, el rubio tomo de los hombros a la joven furiosa para mirarla directamente a los ojos — Aun no nos casamos y me das regaños como una esposa preocupada, eres toda una demonio previlegiada y única.
— No me cambies la conversación, Chikage responde…
Pero no pudo completar la frase porque los labios del rubio atraparon los de ella en un fuerte beso, rápido, fugaz y demandante. Fue lo poco que pudo definir la chica ante semejante acto, aunque solamente el fuego abrazador acabando con todo a su paso, aun mas, lo que es su corazón debido a salir corriendo lejos de ella. ¿Donde se fue? Nadie lo sabe, ni si quiera el mismo Chikage lo podía conocer.
— Debo irme, princesa — se despidió mostrando una sonrisa arrogante en sus labios — mañana vendre por ti para ir a dar un paseo, esperame.
Es como un vendaval, pensó la chica al sentir el viento chocar contra su cara al abandonar Chikage el sitio, no lo comprendía pero en estos momentos su cuerpo parecía una masa de aire gigante caminando de un lado a otro gracias a una sola persona. Su prometido. Ella no estaba enomorada, lo aseguraba con los ojos cerrados, porque sentir al rubio cerca de ella no le producía cosquilleo, ni mucho menos temblores en todo su cuerpo, aun si quiera hablar del nerviosismo esquisito en tenerlo cerca de ella. Nada. Nada de eso le producía el demonio, aunque ese beso dado por sus labios le sembró la tranquilidad, el deseo de mas, y una clara conformidad por no separarse.
¿Qué demonios pasaba con ella?
No teniendo tiempo para preocuparse de sus enredos amorosos salio disparada al cuarto de huéspedes, temiendo del moribundo al pensar ser ese tal “Hijikata” perteneciente al Shinsengumi, no conocía mucho de estos pero eran partidiaros al emperador y entre sus filas se encontraban muchos demonios mestizos, la carroña mas asquerosa de los de su especie. Por supuesto, la princesa no pensaba de tal manera de ellos, solamente tenia en mente ser diferentes a lo usual por el consumo execibo de sangre o tener un poder de una bestia al perder el control, aunque no ha tenido la oportunidad de tener una frente a ella no les teme.
Antes de abrir la puerta de la habitación la voz se su nana se eleva unos tonos, seguidamente de otra grave, demandante y segura de si misma. ¿Qué era esto? Esperaba alguna explicación al respecto.
— Le he dicho que ya estoy mejor, aunque no lo crea mi condición física es fuerte. — insistió el hombre medio sentado en la colcha del suelo.
— De ninguna manera usted puede abandonar la cama en estas condiciones. — le señalo reprediendole en el acto, si bien conocía a su nana sabia cuando se le metía algo en la cabeza nadie se lo sacaba — tiene unas cortadas terribles, seguidos de esos golpes ocasionados por algo fuerte y no podemos olvidar su fiebre. No, no señor, usted se queda.
— Escuche a mi nana por favor — anuncio su presencia, cerrando la puerta detrás de sí. — en verdad usted estuvo muy delicado, señor.
Entonces sus miradas se encontraron emitiendo una clase de conexión especial, los ojos purpura del chico contra los castaños de la muchacha, ambos parecían haber encontrado algo mágicos porque mantenían un semblante impresionado. Aun mas el azabache, quien no entraba en su cabeza toparse con la princesa de los sangre pura, menos aun, pensarla tan agraciada y delicada como una flor. Todos los rumores eran ciertos, ella es sin duda hermosa.
Por otro lado, la muchacha jamas había admirada tal ojos maravillosos parecidos a los pétalos del cerezo esparcidos en el aire, sobre todo, ese cabello largo azabache como una manta oscura de noche sin estrellas, su rostro maduro marchado por una notable belleza única. Sin duda alguna guapo hasta en vendas.
— ¿Posees mas conocimientos de mi cuerpo que yo mismo? — le recrimino tratando de sentarse pero frunciendo el ceño de dolor.
— ¡Pero por favor deje de ser tan testarudo! — reclamo ayudandole a rescostarse nuevamente, ante la impresionada mirada de su nana que sentía la conexión de ambos — si se mueve mucho sus heridas nuevamente se abrirán, sobre todo la temperatura de su cuerpo sigue elevada.
— Si me recuesto un poco, estare mejor luego — afirmo mirando fijamente a la princesa mojar un paño, exprimirlo y colocarlo suavemente en su frente.
— Limitese a descansar solamente — imito nuevamente el anterior movimiento con expresión tranquila — aquí personalmente me ocuparé de cuidarlo.
El azabache cerro los ojos teniendo esas palabras rondando su cabeza, de haber sido alguno de sus compañeros en el Shinsengumi estarían mas que sastifechos al tener semejante enfermera cuidandolos, pero no él, Hikijikata mantenía una firme doctrina basándose en dedicasión y lucha. Llevándolo claramente poner ante sus ojos primero luchar, no dejar morir a los suyos y de último lo demás.
La princesa soltó un suspiro medio sonriendo a su nana quien se desplomaba en el suelo exhausta de luchar verbalmente con ese hombre, este desde la retirada de la muchacha del sitio no paro de pedir irse porque según él ya se sentía mejor, aun asi la temperatura de su piel seguía tan caliente como los restos de carbón recién consumido. La princesa le quedo mirando un momento con dedicación al azabache inconsciente, estando despierto poseia un temperamento tan fuerte parecido a una marea, no se dejaba influenciar por nadie y nada, las cosas eran a su manera sin importar que. Testarudo.
Coloco nuevamente la toalla en la frente de él, presionandolo con delicadeza mientras le relataba a su nana sobre quien podría ser el moribundo, ella exclamó señales de impresión a la par de susto meditando la posibilidad de dejarlo marcharse cuando lo pidiese, la princesa se rehusó. El azabache aun no tenia condiciones necesarias para irse lejos de esta casa, podría contraer una infección en su heridas y morir, ya encontraría la manera de mantener a su prometido lejos de las narices en sus asuntos, pero “Hijikata” no se marcharía.
Al cabo de unos cuantos minutos mas tarde la nana de la muchacha cabezeaba cansada en un rincón del cansancio, mientras la muchacha seguía en vigilia del bienestar del hombre herido, no se reprimiria, tenia miedo, Chikage no es un sujeto de tomarse las cosas a la lijera si este mencionaba buscar al azabache es que simplemente lo haría, de encontrarlo escondido en su casa lo mas probable es matarlo y ganar su desconfianza.
Ahora, debía de mantenerlo oculto de su madre y relatarle solamente a su padre, él sabría como atender este asunto con cabeza fría y no a los golpes.
— Es aquí donde estas — pensando en el nombrado y este aparece — algunos hombres me han contado que encontraste a un pobre moribundo mientras huiste de tu madre.
— Papá — río por lo bajo, divertida de la expresión de su progenitor — no “escapaba” de mamá solamente… quise tomar el aire fresco.
— ¿De noche? — ironizo sus palabras aun sonriendo — debiste estar muy acalorada.
— Como no te imaginas.
El mayor se sentó a un lado de su hija frente a un hombre lleno de vendajes hasta en la cabeza, es joven, con una melena azabache muy extensa, moreno y… parece estar sufriendo bastante. No lo cree extranjero ni mucho menos un forastero, este sujeto tiene sin duda alguna porte de guerrero, posiblemente un samurai herido en batalla y conociendo las noticias hoy de la guerra hubieron muchos enfrentamientos, entre ellos los del Shinsengumi contra los opositores de Shogunato. Él no es un hombre de confrontaciones, mas bien de eso se lo encarga a su padre junto a los progenitores del prometido de su hija, su responsabilidad llanamente es comercializar.
— Te has metido en un de la buena — dijo ante el silencio incomodo formulado — ¿lo sabes?
— Es Hijikata-san del Shinsengumi — los ojos caoba de su padre se agrandaron ante la confesión de su hija, la eterna rebelde sin causa — al menos eso creo con lo mencionado hoy por Chikage, papá, el lo estaba buscando y…
— ¿Tienes miedo? — la interrumpió, haciendola respingar de la impresión — ¿De tu propio prometido? ¿Lo tienes?
La princesa se quedo unos minutos en silencio contemplando subir y bajar el pecho del azabache durmiente, hasta hora nadie le ha hecho semejante pregunta sobre su prometido, es decir, su padre siempre ha tenido el don fuerte de escarbar en lo mas profundo de su mente para encontrar cosas ni que ella misma sabia.
¿Tener miedo? ¿De Chikage? No, no lo sabia, pero el recordar la expresión siniestra al hablar de Hijikata le congelo el cuerpo, lo conocía, sabia perfectamente los pensamientos del rubio en ese instante. Cazar. Aniquilar. Acabar.
No podía permitir tal cosa, jamas lo haría, primero tendría que pasar sobre ella antes de herir a su protegido, porque lo llamaría de ahora en adelante de esa manera.
— No lo se, es decir — trago saliva duro sintiendo su garganta seca — Chikage tiene mucho lados oscuros que desconozco y de hacerlo…
— ¿Viste uno hoy? — planteo con cautela.
— Si — respondió de inmediato, ante el recuerdo de su mente — y fue… siniestro, confuso… aterrador. Chikage, él… es total egnima para mi.
— Aun no deseas casarte con él — afirmo sonriendo de manera tristona.
— Asi es.
— Lo siento tanto hija — se disculpo bajando la mirada, abatido — se que no deseas nada de esto y en verdad lo entiendo, pero ya conoces las normas del clan. No las hice yo.
— Comprendo. — asintió prácticamente cansada de escuchar las mismas excusas de su padre, lo amaba mucho, pero no quería seguir con esto observando el arrepentimiento de él. — no te preocupes por mi mas papá, estaré bien.
— Aun asi, yo en verdad deseo verte casada con alguien a quien ames, no por obligación.
Era este tipo de cosas las que le hacia pensar en su papá como un hombre correcto de manos y pies atados, desde el principio estuvo encontra de comprometer a su hija con el joven de la familia Kazama solamente por obligación y no amor, pero su esposa una mujer de imponente trato no dio su brazo a torcer hasta conseguir su cometido. Ver a su hija casada con alguien de importante clan.
La princesa podría demostrar mucha madurez en algunos asuntos de suma importancia, con todo y eso, la conocía perfectamente para saber que ella no amaba a Chikage, tal vez su curiosidad hacia él la llevaba a estar a su lado, mas sin embargo, jamas podría convertirse eso en amor. Llegarían a casarse inclusive tener los afamados nietos de los planes de su esposa, pero nada de eso haría a su pequeña quererlo como para dar la vida por él, nada de eso ocurriría.
— Muy tarde… — musito por lo bajo, escondiendo el rostro a su padre asustandolo un poco — ¡Es muy tarde para que dejes a tu esposa a solas! Estaré un poco aquí controlando la temperatura de este hombre con la nana, luego ire de inmediato a dormir.
Esta hija suya… tenia los mismos arranques de bromista como su padre, donde parecía tener una atmósfera amenazadora pero en realidad era finjido. Muy astuto.
— No te transnoches, a las jóvenes como tu no les queda bien las ojeras. — planteo levantándose de su asiento — de lo contrario, Chikage-san podría no querer convertirte en su esposa.
— Muy gracioso papá, pero para tu información Chikage es un hombre de palabra, no importa lo muy desaliñada que me encuentre, él me convertirá en su esposa. — le comento sonriendo socarronamente muy orgullosa de si misma.
— Me alegro por ti, el tener una niña tan desobediente como tu y que alguien como Chikage-san te ame… ¡Gracias a los dioses! — elevo sus manos al aire dramatizando la situación.
— ¡Papá! — le reclamo un poco indignada.
— Bromeo, bromeo — camino a la salida de la habitación, soltando carcajadas sonoras sin importarle el enfermo — y con respecto a tu madre, no te preocupes ya le inventaré algo de la estancia de “Hijikata” en nuestra casa.
— Gracias papá, lo dejó en tus manos.
Esa noche la princesa estuvo cuidando con dedicación al enfermo que no dejaba de quejarse del dolor, la fiebre parecía como una estancia económica, subía y bajaba, por eso y notando a su nana cansada la mando a descansar ella ya se encargaría del resto, la mujer se rehusó al comienzo en dejar a una jovencita comprometida cuidar un moribundon ella sola. Pero la princesa siguió insistiendo en mandarla a descansar, una mujer de edad como ella no podía privarse de descansar si le ocurriese algo jamas se lo perdonaria a si misma, por lo tanto su nana mirando la preocupación en los ojos de su niña obedeció su mandato retirándose de la habitación a sus aposentos. En ese instante la chica sintió un alivio, pero no tanto, el movimiento del enfermo hizo abrirle nuevamente una de sus heridas llevandola a la preocupación de ser grave, una suerte total de ella tener conocimientos en cuidar de enfermos de lo contrario, ambos tendrían problemas.
Con mucha presión trato de quitarle el vendaje que el hombre tenia en su brazo encontrandolo un poco ensangrentado, no era mucho el daño pues estaba evolucionando rápidamente, ella se percató del extraño color de lo piel del muchacho como la musculatura, fuerte, herrantica y con sinónimos de practicar bastante con la espada. En un momento se pregunto el ser abrazada por alguien así, muy bien conocía a su prometido y no es de sentimentalismo solamente lo lleva el instinto, tal vez ese fue el motivo de besarla sin razón. Suspiro. Termino de colocar la nueva venda a tanto de volver a cubrir el cuerpo del azabache, ocupar su cerebro en Chikage era una perdida de tiempo completo, aun mas no teniendo idea de que hacer con su compromiso con él.
A la mañana siguiente Hijikata sintió todo su cuerpo agarrotado, su espalda, hombros, brazo izquierdo y abdomen dolían, dando asi el tratar de levantarse era una completa locura recordar medio hacerlo fue toda una osadia, teniendo los miembros de su cuerpo adoloridos es lo mejor mantenerse tranquilo. Se sentía estúpido entre los mestizos, estos se curaban de inmediato ante ser heridos pero al parecer no funcionaba eso con él, al menos por ayer y hoy, postrandolo en este extraño lugar de una mujer testaruda. Sabía el deber se irse cuanto antes, sus hombres lo debían de estar esperando en el cuartel pero solamente se mantenía cerrando los ojos sorportando sus heridas, ni si quiera tenia las agallas para admitir el dolor de estas emanando mucho menos el mantener esa sensación de cosquilleo en su cabeza, sabia que al caer de esa altura justo al rio se gano rápidamente un resfriado. Por lo tanto, anoche paso con su temperatura en las nubes, pobre de la mujer en tener que cuidarlo, en ese estado cometia situaciones absurdas y fueras de cualquier contexto, parecido a una persona con alto nivel de alcohol en su sangre.
Abrió sus ojos con lentitud recibiendo una sorprendente impresión, a unos cuantos metros lejos de él una joven chica de alta sociedad mantenía sus ojos cerrados, su cabello castaño mantenido en una cola de medio lado caía en uno de sus hombros, el color de su piel era claro de luna y su rostro perfilado de muñeca le demostraba total inocencia. Nombre se la obra: La Princesa de los sangre pura, su peor enemigo de todos. No los culpaba, ni la culpaba de descubrir quien era en realidad, esta señorita de delicada presencia fue criada con estándares altos, casarse con un hombre rico y poderoso, vivir con este, tener hijo y inculcarle odiar a los mestizos como si fuera la plaga. Aunque aguarden, la princesa lo salvo sin intuir nada al ver sus heridas evolucionar rápidamente, bien es una despistada o una persona ajena a descriminar a los distintas a ella.
Durmiendo en esa posición, como un ovillo en el suelo utilizando sus brazos para almuhada, parecía ser un poco doloroso, aunque no mas de sus pobres golpeados mallugados músculos; sintiendo plena curiosidad de aquel cabello extremadamente largo de la princesa, alargó su brazo vendado hasta ella tocandole un mechón con delicadeza. Sonrió. Es suave, delicado y muy amejable al tanto, bastante característico de su dueña, aunque seguía sin despertarse, una completa mujer demonio con sueño pesado.
Tomando la decisión por si mismo con dificultad se sentó sobre el futon llevándose unas cuantas quejas en el proceso, las heridas en el estomago las sintió nuevamente sangrar acordandose de la raras armas utilizadas ayer, porque de ser las convencionales estas ya hubiesen sanado de inmediato. La princesa escuchando el quejido de su protegido rompe de inmediato su sueño, fijándose nuevamente en que el azabache sufría y… ¿las heridas se han abierto?
— ¡Por favor no se levante! — le exclamó lanzándose prácticamente sobre él, deteniendole sujetando su pecho y hombros — ¡Sus heridas se han vuelto abrir!
Entonces el choque de miradas se produjo nuevamente, la imponente presencia mágica de Hijikata en ese pequeño lugar arremetia con su estabilidad emocional, a igualmente con el ritmo de su corazón que ahora latia furiosamente contra su pecho casi partiendole las costillas. Este hombre… era atractivo, muy atractivo… pero sobre todo, sus ojos purpura emitían señales misteriosas queriendo descubrir todo lo relacionado contigo. En pocas palabras. La princesa se sentía atrapada en un hechizo lunar.
— Por… por favor… — lo recosto con delicadeza empezando a tener problemas para emitir las palabras — mantengase acostado, voy… voy a buscar mas… mas vendas.
Hijikata quedo impresionado mientras se marchaba la princesa muy deprisa de la habitación dejándolo solo, esta al quedarsele mirando unos segundos empezó con ese comportamiento extraño, lo que es peor aun, tartamudeando de estar tratando a una persona peligrosa ¿Se enteraria de quien era? No, no es posible porque los rumores cuentan de ella como una muchacha muy hogareña de difícil acceso, por no salir mucho, y comprometida con alguien de su misma especie. Aunque el azabache no tuviese idea de quien era el sujeto en cuestión, seguramente es un hombre tan peligroso al igual de reconocido.
Sintiendo un fastidio por las vendas ensangrentadas pegadas a su piel, se quito como pudo la parte de arriba de un kimono blanco ya manchado, para poder deshacerse de las molestas vendas, cuando estaba en plena actividad el ruido de la puerta se escucho anunciando la llegada de alguien. Ojos marrones. Una exclamación de asombro. La princesa.
La muchacha se quedo admirada de ver el pecho descubierto del joven a medio vestir, su piel bronceada, musculatura firme, aun con vendas sus abdominales se marcaban al igual de sus pectorales, sin duda alguna su cuerpo es la de un guerrero. Quiso reponerse de esa impresión desviando la mirada a otro punto de la habitación en tanto caminaba, pero la verdad era que los latidos de su corazón retumbaba en sus oídos en cada paso, el equilibrio de sus manos era un completo caos pues temblaban considerablemente. Era la primera vez, la primera vez en su vida que miraba a un hombre semi desnudo, si estuviera su nana en estos momentos le reprenderia siendo este un terrible comportamiento de una muchacha de alta sociedad, pero era muy tarde para escuchar algo asi pues lo hecho, hecho ya estaba.
Se acerco al hombre con mirada confusa y en entero silencio con la finalidad de quitarle el resto del vendaje, sus abdominales marcados mantenían unos rasguños aun peligros en tanto la abertura mayor seguía emanando un poco de sangre, olvidándose y colocando toda su concentración en cerrar aquellas heridas porque tocar a manos desnudas la piel del moreno es tibio o como esa sensación calida viajaba a todas las partículas de su cuerpo colocandola colorada, siendo eso unos pensamientos muy osados para una chica de su estatus. Aun asi, la princesa seguía sin importale las posiciones porque eso es lo último en resaltar cuando falleces.
— Se supone que tus manos no deberían temblar cuando colocas un vendaje, señorita. — planteo con franqueza el herido sin desviar la mirada en la castaña.
Oh claro, la sola cercanía y la voz tan profunda de este hombre igualmente la colocaba los pelos de punta, volverla una completa inepta y loca descontrolada.
— Yo… lo siento. — fue lo único que dijo aun nerviosa.
¿Como los padres de la princesa de los demonios permitía tal cosa? Dejarla con un hombre a solas para curarle las heridas, no temiendo en las consecuencias de ello, aunque para Hijikata le daba igual, ser una mujer o hombre curar de sus heridas solamente mantendría una gran deuda por salvarle. Es todo.
— ¿Como me encontraron? — pregunto sin rodeos a la muchacha de carmín pomulos.
— En los alrededores del lago… mmm… cerca del árbol del cerezo. — respondió medio mirandolo a los ojos apenada.
Ahora que lo decía, su último recuerdo fue un cielo despejado con una hermosa luna iluminando todo a su paso, ese frondoso árbol del Sakura de pétalos rosados bailando al aire y… una joven mujer, tenia un kimono azul pálido y cabello extenso color castaño, su rostro no lo pudo distinguir pero parecía tener una expresión preocupada. ¿Acaso ese fue la princesa?
— ¿Ha sido usted la que me encontró? — formulo la interrogante desconfiando de su memoria.
— Esta en lo correcto. — culmino con su labor, sentandose de forma recta tal cual como debe de ser.
Hijikata quedo suspendido en sus pensamientos, aun no comprendía como una joven tan delicada como la princesa pudo cargar a tal moribundo herida, en pocas palabras él mismo, hasta su casa curarlo y mantenerlo bajo su supervición junto a una mujer de entera confianza (refiriéndose a su nana) sin importarle nada. ¿Qué clase de demonio era ella?
— ¿Quien es usted? — soltó sin pensarselo dos veces.
— Soy Mitshuzu Mitsutani, la princesa de estas tierras y de los hombres de la noche. Un gusto. — se presento haciendo una leve reverencia al azabache, quien se encontraba totalmente impresionado.
¿De donde ha salido tal criatura celestial? Porque… él no cree haber hecho tal cosa para merecer sus cuidados ni mucho menos su buena educación, solamente su fortuna fue resultar herido en batalla para ser cuidado abra tal belleza. Aunque sus pensamientos fuesen estos sabia bien su posición, el vice comandante de los Shinsengumi y un mestizo, ni mas ni menos. Conclusión. De encontrarse bien debía de marcharse lejos de aquí.
— Se que usted no es ninguna despistada, princesa. — fruncio su ceño teniendo en mente su conclusión — debe poseer conocimientos de mi procedencia.
— Por supuesto — contesto ya mas tranquila, aunque aun con el cosquilleo en sus entrañas — Hijikata-san del mismo Shinsengumi.
El azabache soltó un respingo de la impresión llevándolo a casi lastimarse sus heridas, maldecia a los malditos de armas extrañas por dejarlo de esa manera tan patética, pero lo mas alarmante ahora es los planes de la princesa con él teniendo en cuenta su identidad. ¿Lo entregaría los anti-Shogonato? No, el padre de la joven era conocido por ser pacifista pero… la madre de esta, parecía tener una firme convicción contra los gobernantes de esta nación.
Como sea… debía de estar alerta.
— No, no por favor usted debe de guardar reposo — la nerviosa expresión de la muchacha volvió al verlo tratando de colocarse de pie, encontrándose sus miradas una vez mas, perdiéndose el uno en el otro — mientras se encuentre aquí nada ni nadie va a poder hacerle daño. Se lo prometo.
— ¿Por qué esta haciendo esto? — exclamó sin poder alejar su mirada de la castaña.
— Porque en mis principios esta el jamas abandonar a alguien con heridas como las suyas. — se alejo nuevamente del azabache rompiendo la conexión extraña — asi como también, dejarme llevar por lo que quieren los demás de mi.
Un silencio tranquilizador los embargo a ambos en esa habitación, los ojos purpura del joven guerrero no se alejaban de la muchacha de pensamientos curiosos, esta supero y rompió todas las convicciones pensadas por él a su persona. Era diferente, diferente de cualquier sangre pura con quien ha podido toparse antes y con ese se refiere a Kazama Chikage, ese maldito demonio no hacia mas que fastidiarle la existencia para luchar contra él, además de apoyar a los contra Shogonato, ese rubio poseía un fuerte asco contra los mestizos contra él y prácticamente todos sus hombres.
— Buenos días… ¡Dios mio princesa! — la señora del día anterior hizo su anuncio entrando al sitio con dos personas detrás de ella, una joven y un hombre robusto mayor — ¿Acaso se ha pasado la noche en vela?
— Tranquila nana — el hombre le coloco una mano en el hombro de la mujer tratando de tranquilizarla, teniendo una sonrisa ancha. Tenia un fuerte parecido a Kondou-san. — aunque las ojeras le tapen los ojos como un mapache su prometido la seguirá queriendo.
— ¡No digas esas cosas sin mas papá! — le recrimino avergonzada, colocando sus manos en los pomulos.
— Aun asi, nana por favor — le hizo una seña a la mujer quien entendió a la perfección, porque se acerco a la joven ayudandola a levantarse de inmediato — hagase cargo de nuestra pequeña rebelde para que descanse un poco antes de la visita que tendrá hoy, de lo contrario su madre se volverá loca.
La anciana asintió tomando de los hombros a la joven para guiarla a la salida, los ojos castaños de la chica no abandoron los de Hijikata ni un segundo hasta retirarse del lugar, su padre no se le escapo ese pequeño detalle de los jóvenes que a tan solo una noche poseían una extraña conexión, cosa bastante alarmante para la estabilidad del clan y también personal.
Ya no encontrándose la princesa la otra joven entro al sitio con unos medicamentos y comida fácil de digerir para el azabache, en tanto esta se encargaba de eso el hombre robusto fijo su astuta mirada en la purpura de Hijikata, quien por extraña razón no le temía o algo parecido solamente esperaba a las palabras de este.
— Hijikata Toshirou, vice capitán de Shinsengumi, herido en batalla y arrojado al Rio sin contemplación alguna. ¿Cierto? — no comprendía pero el azabache sentía que no podía estar con rodeos ante semejante hombre, por lo tanto, asintió afirmativo a todo lo planteado — Mmm… muchacho ¿Donde te metiste? En verdad te has dado una de la buena.
Se relajo, aquella sonrisa ancha le daba a entender no tensarse estando en frente de él, los ojos caobas del hombre transmitían jovialidad y concordia bastante parecidos a los de su hija. Era seguro. Este lugar era totalmente seguro.
— Al parecer… ayer no fue mi día de suerte. — dijo sonriendo de medio lado, el hombre estuvo de acuerdo.
— Bueno, al menos sobreviviste ante la caida al rio, no cualquiera lo hace. Muchacho. — afirmo con los ojos cerrados.
— Soy considerado como un hueso duro de roer. — decía de manera tranquila mientras tomaba los medicamentos proporcionados por la criada, a medio sentarse porque sus huesos aun dolian.
— Eso es notable, aunque eso no es lo que me mueve a estar frente a usted. — de inmediato Hijikata deja tratar de alimentarse para colocar toda su atención en el hombre — No se si usted sepa pero, estar en medio de confrontaciones no es mi estilo me gusta mantenerme alejado de todo eso, a mi y mi familia. Siendo usted un samurai propio del Shinsengumi y partidiario del Shogonato, perseguido por los hombres encontra de esto…
— Lo coloco en peligro, lo entiendo. — se adelanto a terminar las palabras del otro, pensando en un plan de inmediato — me pondré en marcha entonces.
— No, no eso hombre — río estrepitosamente sorprendiendo al herido, quien estaba a punto de levantarse con todo y dolor — aunque en algo tienes razón, me has puesto en peligro, pero… ¿Qué es de la vida si no tienes un poco de riesgo? Nada, pero dejemos eso de lado, trataba de mencionarte a el prometido de mi hija. Kazama Chikage. ¿Lo conoces?
¿Conocerlo? ¡Maldición que si! Esa maldito demonio sangre pura solamente obsesionado con darle caza a los mestizos como él y todo aquel partidiario del Shogonato, aunque pensandolo mejor, no es que estuviera con las fuerzas de esos partidiarios, él solamente buscaba era luchar contra hombres fuerte. Ahora, ¿ese era el prometido de la princesa? No podía ser posible, ellos son completamente diferentes como el sol y la luna, es una aberración completa tratar de comprometerla con alguien tan vil y desgraciado igual a ese hombre. ¿Acaso el padre de ella estaba mal de la cabeza?
— Por tu expresión si lo conoces. — confirmo muy seguro.
— Como no tiene usted idea, aun asi y puede que no me consierne ese asunto… ¿Usted en verdad va a permitir desposar a su hija con Chikage? — apretó sus puños con fuerza que le dolieron las heridas.
— No tengo opción, son las normas del clan y jamas podre contra ellas. — se mostró bastante aflijido el hombre, hablandando la postura dura del azabache — se muy bien como es Chikage-san, pero… su postura ante los demonios es bastante importante y la idónea para una princesa como mi hija.
— Y ese tipo me da caza. — concluyo finalmente el joven.
Ambos se quedaron en silencio preso de sus propios pensamientos, Hijikata aun no podía soportar el hecho de que el mismo demonio obsesivo por luchar con su persona a muerte fuese el mismo prometido de la princesa, aquella joven que le debía la vida por cuidarlo en uno de los momentos mas críticos de su vida, le estaría agradecido eternamente. Por otro lado, ella poseia un padre lo suficiente cobarde para no luchar contra las leyes de un estúpido clan, además, ese semblante contraído de desdicha solamente contribuía con sus pesares que lo agotan. Él no podía hacer mas nada, solamente mirar desde lejos la infelicidad futura pronto a experimentar su hija.
— Como sea, Hijikata-san usted puede quedarse el tiempo que sea necesario para curar sus heridas. — volvió a escucharse la voz del hombre mayor, sorprendiendo a su invitado — mientras ese lapso transcurra le doy mi palabra de nadie meterse contra usted, pero le voy a dar una sugerencia, no se deje llevar mucho por los cuidados de mi hija. Si las cosas acaban mal. Olvidare mi postura pacifica y le dare caza. ¿Quedo claro?
— Totalmente.
El hombre de vivaracha actitud le sonrío ampliamente mostrando su dentadura perfecta como si el ultimátum dado esos momentos no hubiese existido, no podía tomarlo a la lijera, tal vez poseyera jovialidad para tratarlo pero de sobrepasarse con su hija las consecuencias mayores serian graves. Este abandono la habitación invintandole a tranquilizarse en recuperarse, la excusa que utilizo con su esposa para tenerlo ahí fue en tener un pariente lejano enfermo, supuestamente viajaba y debido a ello se encontraba delicado de salud, llevando a su hija a darle cierto vistazo y cuidarlo dándose la oportunidad; por lo tanto, de dar acto de presencia no se tensara solamente debía transmitir normalidad. No podía quejarse, al pesar de encontrarse de una bizarra manera en la casa de la prometida de su enemigo, es el lugar mas seguro de la tierra. Allí jamas podrían encontrarlo.
En tanto la princesa se mantenía descansando con tranquilidad en sus aposentos, su mente fresca y pura tenía toda clases de preocupaciones debido a su protegido, si bien era tosco como a la defensiva, poseía un aire de inseguridades muy dentro de él queriendo ser atendidas cuantos antes. No tenia ni idea de lo ocurrido el día anterior asi como tampoco las circunstancia que lo llevaron a donde estaban, pero ella conseguiría la manera de llegar hasta su corazón y abrirlo, Hijikata podría tener un sin fin de muros protegiendolo pero para ese intervención siempre existirá un instrumento para traspasarlo.
Ahora, sumida en sus sueños no podía relajarse por completo, debía de salir con Chikage al este menos aparecer y la verdad no tenia las ganas ni genio necesario para hacerlo, solamente quería dormir todo un santo día para reunir las fuerzas necesarias de lo consumido la madrugada en vela. Si tan solo… pudiera huir de su compromiso con el rubio, las cosas serían mas faciles para ella.
Chikage había llegado a la casa de su prometida hace unos cuantos minutos atrás pero los integrantes de esta parecían estar ocupados en algo, según la nana de la chica tenían una visita importante en una de las habitaciones familiar del dueño de la casa quien se encontraba enfermo, debido a ello necesitaba toda la atención posible para su recuperación puesto que se la pasaba viajando. El rubio le resto importancia, quizás ese familiar fuese un viejo decrepito quien tenia la necesidad de hacer una travesia antes de morir, ese tipo de cosas le venían sin cuidado a un demonio poderoso como él.
En estos momentos su mente ideaba las maneras de llegar a la princesa para explicarle lo ocurrido el día de ayer, no es como si el fuese un hombre de explicaciones menos para una mujer, pero en esta ocasión pensaba hacer una tregua para mantener su supremacía en el corazón de la chica; si bien su padre le aconsejo no darle mucho detalles a la que seria su mujer, al menos explicarle lo esencial para idearse algo, no estaría de mas.
Mientras caminaba a su lugar favorito de la casa se encontró con su suegra quien venía acompañada de un muchacho de cabello alborotado color negro, ojos caobas, perfil serio y vestimentan negras junto a una katana en su izquierda, su nombre Ryo Mitsutani, hijo menor del clan y príncipe de los sangre pura; este al verlo hizo una leve reverencia conociendo de inmediato con quien trataba.
— Muy buenos días, Chikage-san. — pronuncio la mujer con elegancia absoluta — luego de lo acontesido anoche y el escape de Hijikata Toshirou, pensé que lo vería mas tarde no tan temprano.
— Eso ha estado en mis planes, pero tengo algunos hombres ocupados de ese trabajo — explicaba tranquilamente mirando a la mujer — no habrá nadie en estas tierras quien pase desapercibido por ellos, con esto me refiero a Hijikata.
— Eso espero yo igualmente — concordo con malisia oculta en sus palabras — En fin, la princesa esta en su alcoba, ya debio de haberse enterado de nuestro pariente enfermo, ella se ha ocupado de él hasta muy tarde en la madrugada con su nana y mi esposo.
— ¿La princesa ha atendido antes enfermos? — plantio con un poco de duda.
— Por su puesto, esa niña a tan corta edad auxilio a su abuelo y mi esposo en un enfrentamiento, nada especial, pero si significativo para alguien de esa edad para aquel entonces.
No podía ser mas que excelente, penso el rubio complacido al tener semejante prometida bajo su tutela, ella es mas que título aristocrático, belleza, bondad, ingenuidad y sangre pura de demonio, también poseía cualidades de una enfermera en tiempos difíciles. Podría imaginarla, cuidando de él de presentarse algún peligro o posiblemente, reprendiendo a sus hijos por hacer travesuras.
— Debería esperarla si esta muy cansada. — propuso a la mujer de inderente mirar.
— En lo absoluto — se rehusó firmemente sorprendiendo a los dos jóvenes presentes — la haré llamar de inmediato para usted, en tanto puede acomodarse como en casa.
Chikage iba a pronunciarse en la necesidad de dejarla tranquila, pero no pudo hacerlo, la mujer hizo una leve reverencia retirándose del lugar con tranquilidad, transmitiendole algo tan distinto a su hija menos comprender como tal agraciada muchacha podía haber salido de las entrañas de tal mujer. Esta no solo es fría, también calculadora, persuasiva y con un grado considerable de maldad peor a la suya, esta le importaba un rábano los sentimientos de su hija al compromenterlo con él, su sus planes era amplificar mas su línea de linaje y eso solamente se hace con otro sangre pura. Tampoco es que puso mucho oposición de comprometerse con la castaña, esta es sumamente hermosa, rebelde, mimada y poseedora de unos entrañables ojos caoba. La necesita. La deseaba poseer. Nadie mas tenia derecho en ella.
Sin darse cuenta llego a los aposentos de la muchacha encontrados en el ala mas apartado de esa casa, solamente ha estado dos veces en este sitio, la primera porque la madre de la muchacha le hizo conocer todo el sitio y la última justo ahora, las visitas dadas siempre han sido en la sala principal o cerca de los jardines, suelen acompañarlos la nana, la señora, el señor, una que otra chaperona y en una ocasión Ryo, aunque muy pocas veces estan ellos solos como ayer. Siendo sincero, el beso experimentado con la princesa le dejo con la necesidad de querer mas, al recordar el dulce mentolado de sus labios le recorría una corriente electrica en su piel, la deseaba, deseaba volver a fundirse nuevamente con ella. Es mas, contaba los días, horas, segundos y meses para unirse en matrimonio, solo de esa forma todo lo cruzado en su mente la noche anterior se haría realidad, el fundirse en su inmaculada piel, tocar cada centímetro de ella, aspirar una por una las partículas de su olor. Todo. Lo deseaba poseer todo sin dejar ningún rastro, en verdad esta pequeña le estaba empezando a robar su control.
Abrió la puerta cuidadosamente sin hacer una clase de ruido para cerrarla de la misma manera, encontrándose con la imagen de una dulce inocente muchacha durmiendo tranquilamente sobre una colcha, le daba hasta gracia la manera en que descansaba pues era firme y recta, dándole a entender directamente que ni cerrando los ojos podía relajarse.
Se arrodillo enfrente de ella sonriendo divertido mientras alejaba unos mechones de cabello del rostro de ella, quien permanecía sereno ante su tacto sin mostrar signos de su perpetrador mañanero, por un momento Chikage deseo estar dentro de los sueños de la muchacha para asi opacarlos todos con su prencia, su egoísmo era de tal magnitud que quería poseer todo lo concernierte a la chica, sin dejar espacio para nadie. En su mente, tenía la idea de separarla de su clan una vez casados, de esa manera la acaparia toda su atención en una sola persona. Él mismo.
Sin darse cuenta unos ojos saltones lo miraron con cautela pensando en tener una clase de sueño o alucinación, Chikage aun inverso en su propio egoísmo se inclino al rostro de la princesa atrapando sus labios ajenos contra los suyos en un beso suave, donde los movimientos perezosos de estos solo consiliaban a permanecer de esa manera pacifica, el rubio hambriento de mas contacto sujeto con ambas manos el rostro de la castaña evolucionando mas su rose, esta quien se sentía aun inversa en el mundo de los sueños, llevo una de sus manos a la muñeca de este apretandola para controlar sus impulsos desastrosos. ¿Por qué? ¿Por qué nuevamente sentía esa necesidad de jamas dejar de ser besada? ¿Por qué ese toque le ardía la piel? No, esto debía de ser una clase de sueño tan vivido o lujurioso, las jóvenes como ella no deberían de soñar estas cosas pero… se sentía tan bien.
— Permiso… ¡Chikage-sama! ¿Qué hace usted aquí? — una voz proveniente de la puerta los hizo sobresaltarse, separándose al fin.
Una joven criada llevaba sus manos al rostro para cubrirselo de tal escena atrevida, la princesa recostada siendo besado en los labios por su prometido sin aun contraer matrimonio, esto sin duda era inaudito. En cambio Chikage estaba comenzando a perder un poco la paciencia porque al tener a la muchacha en esta forma alguien venía a interrumpirlos siempre, parecía una clase de jugarreta estúpida del destino o de estúpidos impertinentes de los criados, otra anotación al momento de casarse con la princesa, ordenarles al personal a su disposición hacer acto de presencia solamente cuando era llamados no antes.
Por otro lado, la princesa se sentía sumamente avergonzada al ser descubierta de esta manera con el rubio deseando solo ser tragada por la tierra, esperaba que no tuviera la osadía de llegar de este incidente a los oídos de su madre, de lo contrario, ordenaría inmediatamente se esposada por el rubio sin importar la fecha ya programada. Aun asi, este maldito de Chikage… ya se encargaría mas tarde de él cuando estuvieran de paseo, buscaría las maneras de hacerle pasar este mal rato vergonzoso.
— Usted no puede estar en la habitación de una jovencita — lo halo para ponerlo de pie aun con la fulminante mirada carmín sobre ella, la joven criada tenía bastante convicción. — debe de esperar afuera mientras ella se arregle, por favor, procure ser paciente.
Mas tarde ese mismo día, la princesa estaba recorriendo los alrededores del pueblo con su semblante muy en alto ignorando por completo a su acompañante, quien caminaba con la vista fija en ella sin apartarla ni un segundo pensando en lo ridícula que era. ¿En verdad existía algo malo de ser vistos besándose? Ambos iban a casarse y formar una vida juntos, no le encontraba nada de malo demostrar esa acciones de afecto, solamente hablan sus cuerpos al querer transmitir su gusto. Aunque claro, la castaña no solo lo fulmino con la mirada, igualmente le dio un discurso de las tradiciones de toda familia asqueandolo en el proceso. Como la detestaba al estar sermoneandolo, perdía el sentido del gusto por ella, llevándolo quizás a tener una clase de visita a un lugar oportuno para deshacer su frustración en algo, con tal, mujeres tendidas a sus pies era lo que le sobraban. La princesa podía quedarse con su tradicionalismo.
— Chikage — lo llamó rompiendo el hilo de sus pensamientos, frenando en un puente poco concurrido del pueblo — ¿Ya encontraron al hombre del que hablabas ayer con tu sobordinado?
¿Y a qué venía eso de pronto? Le estaba hasta sorprendiendo un poco.
— ¿Aun enojada por ocultartelo? — la castaña desvío la mirada un poco enojada, haciéndole sonreír al rubio con gracia — aunque iba a decirtelo, solamente esperaba el momento adecuado.
— No me trates como una niña, Chikage — le dijo ella de manera firme — investigue por mis propios medios y se que estas contra el Shogonato, en la rebelión, por lo tanto peleas constantemente contra el Shinsengumi.
— ¿De donde sacaste ese nombre?
— Es lo de menos — giro dándole la cara, mostrandole el rugido de su mirada — esta claro que vamos a casarnos y debo de respetar tu espacio, aun asi, odio cuando estas involucrado en cosas como esas. La guerra, luchas, o cualquier clase de derramamiento de sangre.
— Entonces… — sostuvo con poca sutileza el mentón de ella acercandolo a su rostro — ¿Has aceptado por fin tu destino?
— ¿Qué?
— Princesa — la sola mención suya en los labios de ese hombre la paralizaba por completo, nuevamente empezaba a temer de esa expresión en su prometido era del tipo: “soy capas de lo que sea por tenerte”. — no soy ningún idiota, se perfectamente que no deseas casarte conmigo. ¿Acaso piensas en mi como un despistado? No me subestimes.
Estaba claro que ella no podía huir ni porque quisiera hacerlo, desde posar por primera vez sus ojos en los carmín de Chikage fue prensada tal cual aun canario en cautiverio, fue ingenua en pensar alguna clase de salida a esta clase de compromiso arreglado. El rubio no tenia planes para dejarla ir, siempre tuvo un paso delante de ella en lo clandestino y silencioso, las oportunidades nunca existieron.
— Eres un… — trato de decir.
— ¿Demonio maldito? — planteó divertido soltandola y mirandola con un brillo cínico, la castaña se sintió asqueada — Dejame dejarte las cosas muy claras, princesa puedes soñar, pensar y querer escapar de mi pero no podrás hacerlo jamas, porque aunque murieras te perseguiría a los confines del mundo para reclamarte como mia. Ten lo presente.
La princesa llego rápidamente a su casa escapando de todos para refugiarse en la habitación de huéspedes donde se encontraba el herido Hijikata, este al verla al borde del llanto quiso preguntarle sobre su estado, pero no lo hizo, la muchacha en verdad estaba consternada hasta el punto de temblar su puños y mandíbula. Y no era para menos. Su prometido sin duda alguna estaba vestido de un apuesto joven pero en realidad era un bestia completa, no quería, ella bajo ninguna circunstancia deseaba ser la esposa de tal sujeto peligroso solamente su pensamiento era huir de él, tener la oportunidad de jamas volverlo a ver en su vida. Pero ni eso podía hacer. La promesa de perseguirla hasta la muerte fue demasiada, borrandole por completo la coraza de hombre misterioso a hombre peligroso, dejándole bien claro quien realmente era.
El azabache contemplaba las lágrimas silenciosas de la muchacha quien sufrías amargamente, en verdad estaba tentado a calmarla, pero las palabras del padre de ella le venían a la mente sin pausa. No dejarse llevar por sus cuidados. El no es ningún tonto para pasar por alto el significado, porque si empezaba enamorarse de la princesa y esta le correspondía la caza realmente empezaria, no es que estuviera totalmente cautivado por ella solamente le parecía hermosa y bondadosa, como agradecerle salvarle. Pero estando recuperado se marcharía sin mirar atrás de aquí.
— Usted lo ha visto ¿verdad? — le pregunto con hilo de voz, llamando la atención del azabache — Kazama Chikage.
— Tu prometido — afirmo él sin rodeos.
— Correpto — soltó una risita amarga tratando de limpiar sus lágrimas amargas — usted debe saber la clase de maldito que es y la fuerza para enterrarme con sus palabras.
— Chikage es el tipo de hombre peligroso que no da descanso hasta tenerte bajo sus redes — explicaba con cautela, visualizando mas llanto en la castaña — le gusta el poder, la lucha y un buen contrincante para rival. Cualidades inversas a las que usted posee, princesa.
Como el sol y la luna.
El agua y el aceite.
Polos opuestos por completo de un lugar.
— No quiero casarme con él — rogo con voz rota, quebradiza cubriendo su rostro preso del llanto — tenia mis dudas al comienzo pero ahora mas que nunca lo tengo claro, no deseo pasar el resto de mi vida con alguien como él. ¡No lo quiero!
Estando con esos hombros encorbados, llanto descontrolado, ánimos a los suelos y aura débil hizo crecer un sentimiento contradictorio en el pecho de Hijikata, si bien el padre de la chica le dio una advertencia él deseaba proteger esta chica de todo mal ejercido por Chikage. Aquel sujeto no se merecía tener a tal sutil criatura como prometida, porque aunque ella fuese un demonio sangre pura poseía una aura tan clara como cristalina dejando perfectamente entendido no importar su naturaleza, lo mas importante en cualquier individuo en su interior.
— No se preocupe, princesa — la voz de él pareció mas suave a lo habitual, llamando de inmediato su atención quien alzo su mirada llena de lágrimas — jamas se deje precionar por alguien como él, recuerde que la última palabra la tiene usted al momento del “si” o “no”. Su clan no va a vivir su vida, sera usted la quien decida el rumbo a elegir.
Maduro, consiso, claro en sus palabras y con el poder de llegar a las personas de una manera clara. Esa fueron las cualidades que hicieron de la princesa caer en el amor por Hijikata, quien el principio se mostró recio a seguir bajo los cuidados de ella pero que de no haber existido la situación hubiese sido otra.
En cuanto a Chikage no se presento en la casa de la princesa por una buena temporada, nadie sabia los motivos pero especulaban una fuerte pelea con su prometida, a lo que utilizó como escape el tratar de conseguir el paradero de su mayor rival.
En tanto los días pasaban el azabache se recuperaba satisfactoriamente, las vendas y curas de su rostro fueron quitados en su totalidad, dejando solamente las de su abdomen y brazo, al menos podía sentarse sobre la colcha ejercer movimientos por si solo asi como tomar un baño sin ayuda. La princesa al igual a su nana se sentía muy feliz de su evolución, aunque a la mujer no le agradaba para nada la manera de mirar su niña a dicho hombre, parecía estar fascinada completamente con la presencia y la forma de hablarle. Ella no es tonta. Conocía las conversaciones sobre libros, poesía y cosas triviales en las noches antes de acostarse asi como tambien en el momento de cambiarle las vendas, Hijikata podría mantener su clara distancia prudencial de la castaña pero el brillo de su mirada explicaba otra cosa.
La situación cambio a otro color cuando después de tanto tiempo el hombre pudo salir a respirar aire puro, los jardines de la casa eran lo suficiente extensos para una buena caminata teniendo al cielo azul de celestino, ambos, Hijikata y la princesa mantenían una conversación amena sobre un libro del “Amor prohibido” plantiando ambos su manera de pensar. Aunque para una joven de su posición hablar de esa clase de temas con un hombre era simplemente inconsedible, seguía nuevamente pasando de largo a los principios seguiendo las fuertes demandas de sus intintos, además, el azabache poseia tantos conocimientos en todos los ámbitos que es imposible dejarlo pasar.
Estando frente a un árbol del cerezo frenaron su caminata, centrándose plenamente en el tema sobre el mesón, la castaña tenia una idea del “amor prohibido” de un sentimiento tan abrazador y delicado a una flor donde sus partifices temian el daño uno del otro, llevándolo a ni si quiera poder tocar un centímetro de piel de ambos llevado a despertar algo mas fuertes que ellos mismos, quien sabe, una fuente de pecados y lujuria consigo mismo.
A lo que Hijikata río con gracia ante las palabras de la muchacha demostrando claramente su falta de experiencia en el amor, pero la comprendía, no podía descubrir algo de eso teniando como prometido a Chikage un tipo de acciones y no palabras.
— Se equivoca en algo, princesa — le dijo de manera cautelosa evitando represarias de su parte — un amor prohibido no necesariamente debe de sufrirse.
— ¿No?
— No — repitió él, acercándose y tomando sus hombros con delicadeza — Un amor prohibido es todo aquel que ambas personas pueden sentir cuando encuentran obstáculos en forma bizarras a vencer, es todo aquello que ante los ojos de la sociedad consideran “impropio” o “impuro” — la voz del azabache baja considerablemente de tono a medida que avanzaba en su relato, envolviendo a la castaña en una suave seda de sensaciones — Pero eso a los amantes no les preocupa, en sus mentes solamente se encuentran en luchar por su amor asi deban de ir contra las leyes de todo lo considerado correcto, demostrando su querer de manera clandestina si es posible.
— ¿Aun…? — trago saliva sintiendo la electricidad en aire, como el acercamiento del azabache a su rostro — ¿Aun tengan a todos en su contra?
— Aun esten apunto de abrir una batalla dormida de hace años — tomo la palabra de la chica sujetando la mejilla de esta, fijándose en los movimientos de sus labios color cereza invitando a ser besados — porque el tocar no es doloroso, sino incita a provocar mas a lo tentador y dificil de poseer. Es un néctar, un dulce tan exquisito como inspirador y… usted, princesa — las palabras comenzaron a volverse en un susurro en tanto sus ojos se cerraban y sus narices se tocaban — esta dandome un invitación a poseer algo que se podría considerar prohibido.
— Entonces, si es tentador no se reprima y tomelo.
Sus voces murieron en sus bocas al ser unidas de manera cautelosa pero pronunciada, el sabor que estas emitían era propio de la miel tan dulce como suave, los sentimientos revoloteando en sus entrañas los invitaba a tocar mas allá de las almas. Para alguien como la princesa que solo ha besado en su vida a Chikage este rose era totalmente distinto a lo usual, no era tranquilizador, es embriagado, caes en la necesidad de querer mas pero en volverte adicto a esos labios, tu corazón parece explotar de emoción y tus piernas temblar como gelatina temiendo en perder el equilibrio. Ahora probando semejante sentimiento estaba segura que no podía vivir sin ello, porque la princesa cayo en la necesidad de no permitirse ser separada de Hijikata aun significando la muerte propia.
Pero no todo en la vida en felicidad, para mala suerte de los amantes en esos mismos instantes fueron encontrados por los ojos carmín de Kazama Chikage acompañado de su suegro, quienes de inmediato reaccionaron para arremeter contra semejante vándalo. La princesa temiendo de lo peor soltó un grito de exclamación escondiendo a su amante detrás de la espalda, su padre furioso rugia para poder darle rienda suelta y matar al bastardo quien abuso de su hospitalidad enamorandose de su hija, cuando claramente le advirtió desde el principio. Por otro lado Chikage, mantenía una calma tan bestial que el azabache no lo consideraba demonio o humano, pues claramente estaba a otro nivel superior a cualquier, aunque claramente, el brillo de su mirada transmitía querer destriparlo en cualquier momento de presentarse la oportunidad.
— Tiempo sin vernos, Hijikata — habló con su tono de voz burlón, desenvainando su espada, esta transmitía una aura extraña parecida a las del día de la lucha — quien iba a pensar encontrarte detrás de la espalda de MI prometida, bastardo con suerte.
— Ya sabes lo que dicen del mundo, Kazama — sonrio socarronamente colocándose en posición de combate, aun sin tener su katana — Un lugar bastante pequeño donde las esquinas conecta con sitios conocidos.
— ¿No me digas? Pero… involucrarte con alguien como la princesa… — dijo mirando con un mas malicia de lo usual a la muchacha, quien temblaba de miedo y rencor — es muy bajo, considerando el hecho de estar comprometida conmigo.
— Un compromiso hecho farsa porque ¿adivina que? Ella no te amaba. — el padre de la muchacha volvió a bramar como perro quien tocaba a su hueso.
— ¿A quien le importa de todos modos? — exclamó encogiendose de hombros, restandole importancia produciendo enojó en la castaña — no somos humanos, solamente nos mueve los instintos y mi instinto me dice pasar sobre ti como un insepto insignificante que eres.
— ¡Hija apartate de ese lugar! — grito el mayor advirtiéndole.
Pero la muchacha no tenia porque saber de eso, debido a tomar la mano del azabache y corre lejos de las garras de Chikage junto a su instinto de matar, conocía su sed por acabar con cualquier obstáculo sin descanso, además Hijikata no poseía su katana en las manos para poder defenderse, necesitaba ayudarlo escapar de su casa aun considerando separarse por un tiempo. Cerrando sus ojos llamo a las fuerzas demoniacas dormidas en su interior para sacarlas a flote, su cabello envejecio, su piel se volvió traslucida, sus ojos adquieron un color calabaza teniendo bajo ellos ojeras rojas, en su entrecejo habitaban dos lunares turquesa y dos protuberancias salían de la frente. La tranformación legendaria demoníaca. Hijikata quedo sin habla ante semejante acontecimiento, la hermosa mujer de quien el estaba enamorado se convirtió bajo su tutela en una criatura mitológica, ahora comprendia perfectamente el miedo de su padre ante dejarsela a cualquier hombre, ella con ese brillo especial, apariencia celestial y aura pura le hacia imposible tener alguien a su altura. Y eso lo involucraba.
Aceleraron sus pasos a velocidad inhumana temiendo de tener a Chikage pisandole los talones, la princesa podría especializarse en velocidad pero no por eso podría arremeter contra su prometido, nunca fue influenciada para aprender artes marciales pero justo en esos momentos le hubiese encantado hacerlo solamente para ganar tiempo en el escape de su amado, le dolia de alguna manera tener que separarse del motor para sonreír todo los días, del porque su corazón latia con emoción por encontrarse nuevamente para asi charlar amenamente. No. No quería hacerlo, pero debía de protegerlo, alejarlo de las garras de su prometido endemoniado.
Llegaron al final de una una pared no muy alta que daba a la ciudad, era la via de escape ideal, la princesa soltó al azabache mirandolo a los ojos demostrandole tristeza absoluta, no quería llorar, pero probablemente lo haría en cualquier momento.
— ¿Estas segura de esto? — le pregunto a la presencia inreal frente de él — quieres… ¿Quieres que escape?
— Si, quiero que escapes sin mirar atrás — propuso con la mirada baja — aun no te encuentras en condiciones de luchar, ni mucho menos posees armas.
— Princesa…
— Por eso — se alzo su Kimono un poco mas arriba del tobillo donde guardaba una daga, la tomó en su mano estendiendola al azabache — debes poseerla, por si te encuentras alguien peligroso allí afuera.
— Gracias — la sujeto mirandola por un momento sin olvidarse nada.
El no quería huir, huir esta fuera de sus principios de samurai pues prefería luchar con uñas y dientes hasta el final, pero no podía, desperdiciar su vida de esa manera es completamente absurdo teniendo a alguien por quien seguir viviendo. ¡Por que quería hacerlo! Su deseo era vivir, vivir para encontrarse con su castaña y estar nuevamente juntos.
— Antes de marcharme quiero que tenga algo presente — agarro la daga guardandola — voy a volver por usted, no importa cuanto tiempo pase o transcurra, terminare volviendo para estar juntos.
— Hijikata-san… — se quebró su voz.
— Por eso, espereme — sonrió esperanzado — espereme y jamas desespere, yo volveré.
Para cuando Chikage estuvo en aquel muro la presencia de Hijikata se había desvanecido junto a la fragancia del aire, dejando atrás a una princesa completamente destrozada por la separación pero con la esperanza de volverlo a ver. »
A la mañana siguiente Mitsuki se despertó totalmente descolocada de tiempo y espacio, su mente estaba hecho un lio entre sueño y lo estudiado para el examen de historia, en esta ocasión se paso de la raya al imaginar a Hijikata Toshirou del Shinsengumi de la época Edo con la imagen de Purpure-san aunque con cabello largo, aun mas, siendo un mestizo e involucrado con la “princesa lunar” su ancestra. En verdad se estaba volviendo completamente loca. Se levantó de su cama para arreglarse con la finalidad de ir a la escuela, sus pensamientos bonitos del amor prohibido no le serían de provecho en algo, solamente en los sentimientos surgidos en Purpure-san.
Ahora conociendo lo que sentía no tenia ni idea de como comportarse ante él, temía de ser descubierta al tan solo mirarla llevando al eminente rechazo sin ni siquiera musitar palabras alguna, convirtiéndose en una desdichaza y el asme reír de Kazama. No. ¡Se rehusaba a convertirse en algo asi! Menos si ese maldito rubio estaba en medio. Es que, hasta en sus sueños fantaciosos era un completo imbécil con la pobre princesa, esta solamente se encontró cautivada ante su presencia serena y él llega diciéndole semejante palabras llenas de egoísmo, sin duda alguna, un patan de armas a tomar. Menudo comportamiento.
Salio de su habitación teniendo en sus manos el texto de historia leyendolo en tanto caminaba al comedor, al menos esto era fácil, pero en la segunda hora con biología se pintaría completamente negras aun no comprendiendo algunas palabras de una clase. Aunque podría relajarse, Purpure-san…
No.
No podía.
¡Su corazón no soportaría la cercanía!
¿Qué debía hacer?
— Mitsuki-san pareces algo pálida ¿Te sientes bien? — le dijo su tia mientras colocaba un plato de comida frente a ella.
— No, solo un poco cansada… tengo examanes todo el día. — explicaba nerviosa dejando a un lado su libro de texto.
— Relajese y empiece por lo que mas comprenda, además, procure no sobre esforzarse demasiado. — le aconsejo de manera natural.
— Lo haré, gracias tia.
Teniendo esas palabras de aliento de su tia se marcho junto a su hermano menor a la escuela manteniendo bajo control sus sentimientos, su prioridad era tener pensamientos sobre su examen de historia, no por Purpure-san bajo un árbol de cerezo frondoso y una brillante luna siendo su compañera, ni mucho menos, siendo ellos dos besándose bajo otro árbol de esa misma categoría entregando sus sentimiento mutuos sin importar nada. No. Debía frenar… debía… mantenerse al margen.
En su llegada al instituto estaba bastante concurrido a lo usual aunque aun era temprano existía algo que los mantenía en este sitio, tratando de descubrir ese hecho los hermanos Mitsutani fueron sorprendidos por una mano quien los sobresalto, unos ojos verde y esa sonrisa burlona en los labios. Okita Souji.
La ojos calabaza le dio uno cuantos golpes en el hombro al joven quien reía sin parar, esto le produjo la alarma de emergencia en Ryuunosuke pensando en este ser el enamorado de su hermana, pero lo descarto, ella parecía estar bastante relajada a su alrededor. Mitsuki jamas estaría tranquila teniendo a la persona quien quería ella tan cerca.
Luego de esto llegaron seguidos Heisuke, Reika, Momoka, Minami, Saitou y sus revoltosos senpais, la castaña reía estrepitosamente ante tanta compañia alrededor pero definitivamente faltandole alguien alrededor, Purpure.
Ryuunosuke se percató de ese hecho pareciendole muy extraño, este sujeto solia ser uno de los primeros en revolotear alrededor de su hermana, ahora parecía estar desaparecido de una forma.
— ¿Donde esta Purpure? — se atrevió a decir sin rodeos, el joven chico.
— El estaba ocupado recibiendo en el instituto a una nueva alumna que conoce, allí viene. Mirenlo. — explico Momoka señalando a la multitud.
Entre las personas rodeando al final del pasillo salio el azabache de purpura mirada apartando a la gente para poder pasar, en ese instante el corazón de la castaña retumbo hasta en sus oídos enviandole sensaciones a todo el cuerpo, no comprendía pero el aire parecía haberse vuelto mas suave y el color del ambiente un tono mas claro. Las piernas le temblaban sin poder evitarlo, su garganta la tenia seca y sus manos comenzaron a sudar, un estado patético para una situación patética, según el pensamiento se la castaña. ¿Por qué sentirse idiota? Si es el mismo Purpure-san de todos los días, el compañero intrañable y joven de palabras consisas.
— Amamiya-san sigue siendo la misma chica de siempre, manda sus saludos. Aunque siente no poder acercarse por tener tanto gente a su alrededor. — plantiaba el muchacho atrás de si, mientras miraba a sus amigos hasta enfocarse en una castaña particular — Oh, has llegado Mitsuki ¿lista para los exámenes?
Se puso tensa ante la ser llamada por el chico, los músculos de su cara parecían fallarle de una estúpida manera evitandole decir palabras alguna, el azabache quien resentia ese hecho de ser ignorado por la muchacha pensó en lo peor, como que esta lo ignoraba al estar pasando de su presencia la comienzo. No, Mitsuki no es ese tipo de chica.
Souji intuyendo el ambiente en el aire a igual de los pensamientos de la castaña, se a acerco a ella colocando uno de sus brazos en el hombros de la muchacha simulando mucha confianza, mientras sus amigos lo miraban sorprendidos.
— Toshi, dale un respiro a Mitsuki-chan debe de estar nerviosa ante los primeros exámenes finales en el instituto — sonrió estrechandola mas contra su cuerpo, el azabache se tenso considerablemente igual a Ryuunosuke — ¿Cierto?
— Para — exclamó Reika a la par de Saitou darle un golpe se karate en la cabeza al castaño separandola — tu también la colocas nerviosa.
— ¡Eso duele! — se agarro la zona de dolor donde fue golpeado.
— Pervertido. — anuncio Saitou mirando a su amigo.
En tanto todos se unían a una risa colectiva, pasaron desapercibidos la nueva presencia que pasaba entre ellos, aunque los ojos color calabaza le hacia imposible obviar esa sonrisa sadica en ese sujeto, Kazama Chikage, quien fue uno de los protagonistas del sueño de la noche pasado y en ese mismo vio como se besaba con la princesa, no solo eso, también la sembró miedo de su futuro y próxima vida. Puede que el “Chikage” de su sueño no tratara de manera ruda, aplicaba el terror psicológico peor que el daño físico.
El rubio siguió su camino sin antes darle una señal a la castaña, hoy no seria libre de su presencia, mejor sería prepararse para lo preparado que tenía en mente para ella. La muchacha sintió desvanecerse un poco gracias a eso, el acoso proporcionado por Kazama estaba llevándola a la locura completa, necesitaba de alguna manera pararlo pero no tenia ni idea de como hacerlo.
A primera hora el examen de historia fue un completo éxito para la castaña aun con todo y mirada de un Kazama lo bastante listo para responder las preguntas en medio segundo, para cuando pasaron al de biología con el profesor Sannan fue todo un desafío, aunque algunas cosas no le quedaron claras respondió todo lo posible y lo que entendía tal cual le recomendó su tia. Al final de la mañana termino desparramada en su mesa, respirando cansada de tantas palabras bailando en su cabeza sin parar, en tanto Purpure la miraba bastante preocupado ante la marca de indiferencia de la joven durante toda la mañana, esta parecía haber adquirido una clase de alergia contra su persona.
— ¿Qué ocurre? — la voz de Minami le llego a sus oídos impresionandolo un poco — ¿Problemas en el paraíso?
— Hasta ayer todo transcurría normalmente las cosas entre nosotros dos, pero hoy… pasa totalmente de mi. — decía pensativo miradonla interactuar con Momoka y Reika — ¿He hecho algo malo acaso?
— Mmm… — musito encontrando las palabras necesarias para no revelar toda la verdad a su amigo, porque este debía de escucharlo en boca de la castaña — las cosas no son como tu crees, Toshi. Mas bien Mitsuki-chan esta teniendo una clase de problemas tratando de controlar algo mas fuerte que ella, tu deber es entenderla.
— ¿Problemas? — pregunta alarmado, pensando lo peor — ¿Qué clase de problemas?
— Dime, Toshi — le sonrio ocultandole algo detrás de la mirada — ¿Qué sentimientos tienes por ella?
El azabache se quedo estático ante la pregunta de la muchacha, esa mirada perspicaz le daba a entender muchas cosas que terminaban en algo bastante fuerte, él obviamente se preocupaba mucho por la castaña hasta el punto de no querer protegerla de todos, inclusive de si mismo. Igualmente tenia ese deseo de estrecharla bajo sus brazos y jamas dejarla ir, el momento preciso debería ser cuando todo eso le empeso abrumae de manera tal a apoyarlo a los cuatro vientos. Quererla. Desear apreciarla como una objeto preciado donde nadie tiene permitido alcanzar, solo él, nadie mas que él. ¿Por qué? ¿Por qué temía a todo esto? Al sentimiento mas grande que él mismo… freno el carro ¿Eso era? ¿Esa era el problema que tenia la castaña? Su misma enfermedad fortuita e irreversible. El amor.
— Minami — la llamo con desespero.
— Has tardado un poco en darte cuenta — lo reprendio cruzando sus brazos a la altura del pecho, sonriendole de manera fraternal — aunque dejame darte una mano, llevala a esta tarde con la excusa de estudiar juntos en la biblioteca literatura. ¿Acaso no tiene problemas con esa materia?
— Gracias Minami, te debo una.
Purpure salio disparado hacia donde el grupo de chicas habían salido en estos momentos, aun se encontraban en el pasillo conversando amenamente sobre un tema en especifico, la castaña tenia esa típica sonrisa en sus labios que iluminaba todo el lugar dándole un toque mágico. ¿Como fue tan ciego? En verdad era un completo idiota, pensando en que ella no tenia ningún tipo de pensamientos de esa magnitud hacia el un simple humano, aunque en estos momentos le importaba poco la raza que tuvieran cada uno, lo resaltante es el cariño y amor posible.
— Mitsuki — la llamo una única vez, llevándola a soltar un respingo adorable en tanto se daba la vuelta sonrojada. — tienes que escucharme un momento.
Los movimientos del pasillo se congelaron ante la grave voz de Purpure quien le importaba menos ser el centro de atención, su único objetivo es llegar al corazón puro de la ojos calabaza de su amiga, donde al parecer temblaba presa del nerviosismo constante de tal acto, además, que sus amigas no paraban de darle codasos amistosos en sus costados a la par de palabras alentadoras.
— Hoy luego de clases, en la biblioteca — propuso sonriendole de un manera única y especial para ella — deberíamos estudiar literatura juntos. ¿Qué piensas?
Un chillido de chicas en los pasillos no paraban de escucharse, alentando a colocar a la muchacha mucho mas nerviosa a lo usual, quien ahora tenia la proposión de estar a solas con el chico que le gustaba. ¿Recharlo? Ni hablar, tal vez esta era la oportunidad de poder aclarar su situación y sus sentimientos.
— Si — respondió, ganándose victorias de los presentes como sus amigas — me encantaría.
Souji quien presenciaba todo esto desde el portal de la puerta bajo la mirada al suelo abatido, él conocía mejor que nadie la finalidad de ese encuentro, dandole a entender que la contienda la gano Purpure sin necesidad de sudar una gota, en tanto el dio lo mejor de si para tener la mayor atención de la castaña. ¿Como termino esto de tal manera? ¿Desde el principio estuvieron las cartas hechadas? Posiblemente la respuesta es afirmativa, Mitsuki jamas lo vio mas allá a un amigo comprensivo y no podría ser cambiado. De pronto, las manos de Saitou y Heisuke llegaron a su hombros apretandolos brindandole su apoyo, estos conocían el sentimiento del castaño a la joven muchacha y por eso le apoyaban. Al menos no estaría nunca solo.
Mientras Kazama dibujaba una sonrisa juguetona en los labios sin moverse de su puesto, ese idiota de Purpure movió sus piezas a sorpresa de todos, aunque esto sin duda era un dolor en el trasero debía de premiarlo. Gana la contienda mas no la guerra. Porque era ahora que las cosas se pondrían mejor, de lo contrario, dejaría de interesarle dicho deporte con la finalidad de cazar a una rebelde.
Kazama no es el estúpido de Souji que se rendía sin luchar, como Purpure dio su movimiento de ganador el haría el suyo de vencedor, porque el que ríe de último ríe mejor.
Mitsuki no pudo concentrarse durante lo que quedaba de periodo escolar, su mente estaba colapsando ante los acontecimientos en ese pasillo, Purpure-san llamándola, Purpure-san sonriendole, Purpure-san proponiendole estudiar en la biblioteca con doble intenciones, chillodos, victorias y demás. ¿Se es posible ser feliz? Si, lo era. Porque sin importar todas la cosas a su contra: ser una demonio sangre pura, el prohibir de su familia con relacionarse romanticamente con un humano y el acoso de Kazama. Ella conseguiría la felicidad plena.
Por eso al tocar la campana del inicio de las actividades del club en el instituto, su corazón repiqueteo lleno de anciedad avisandole la eminente hora, no se atrevió a mirar a Purpure-san con el temor de empezar a reír igual a una loca por el nerviosismo, lo mejor era recoger sus cosas en silencio absoluto.
Minami fue la primera en colgarse en su hombro hablandole del encuentro con Toshi haciendo sonrojar a la castaña, ella no podía creer lo muy inocente del comportamiento de su amiga ¿acaso nunca ha besado a alguien? A lo que la castaña subió a todo los colores y tonos, provocado un chillido animado ante tal información. Purpure es sin duda un tipo con una excelente suerte, estaría con una muchacha pura en todo los sentidos y tal vez se convertiría en su primer beso, eso si, de ocurrir debía de darle todo los detalles de lo ocurrido. La castaña no sabia que decir a eso, mucho menos pudo hacerlo, Reika llego para darle un tortaso en la cabeza frenando tal locura, con tal, ella jamas había besado a alguien en su vida ¿Por qué tanto jaleo? Virgen alborotada.
— ¿Ahora me diras que has besado a alguien de verdad Reika? — se quejo refunfuñando por lo bajo la chica.
— Por supuesto que si — dijo orgullosa de si misma, despertando la curiosidad de las otras jóvenes que formaron la imagen de Saitou en sus mentes — a Kazama-sama en mis sueños.
Oh por dios, dime que esto es una clase de broma bizarra con camara escondida incluida, pensó la castaña manteniendo una cara de incredulidad absoluta junto a Minami, quien tenia en la necesidad de darle un tortaso ahora ella a la taciturna.
— ¡Tu también lo has soñado como yo Reika! — se escucho una voz de otra loca, Momoka — pero sabes, en mi sueño estamos bañados del atardecer y… ¡Dios mio!
— El mio es en el jardín de mi casa. — planteo de inmediato la muchacha.
— ¿Pueden parar? — intermedio Minami sosteniendo su cabeza sin poder creer lo escuchado en la boca de sus amigas, le daba hasta vergüenza — Kazama-sama esta aun en el salón y ustedes hablando como si nada de sus… sus ¡Sueños!
— ¿Acaso no quieres que tu primer beso sea Kazama-sama? — planteo con picardía Momoka a la otra chica, quien desvío la mirada avergonzada por dar en el blanco — pues bien, nosotras ya hemos soñado con el momento mágico de ese encuentro anhelado. ¿Qué tiene de malo?
— Mmm… chicas…
— En tener las probabilidades de 0,00000000000009 de eso suceder. ¿Qué otra cosa puede pasar? — ataco Minami a la defensiva.
— Tener un pésimo aliento. — planteo como bala la taciturno.
— ¡De eso nada! Kazama-sama posee labios de sabor miel, toque de seda y aliento a cereza — dijo Momoka muy segura — quien tiene cero delicadeza en Heisuke, ese parece querer comerte viva.
— ¿Como sabes lo de Kazama-sama? — elevo su voz asustada, pero aun mas al digerir lo último por la chica — ¡¿Besaste a Heuisuke?!
— Claro, el año pasado, fiesta de Amamiya-san, verdad o reto. Obviamente escogí reto y gane — arqueo sus cejas varias veces muy orgullosa de su hecho.
— Chicas — nuevamente Mitsuki trataba de buscar la atención de sus amigas revoltosas, quien al fin escucharon la voz de su amiga cayendo en cuenta de algo: la ignoraron — yo voy adelantandome, Purpure-san esta conversando con algunos integrantes del club de Kendo y parece tardar un poco.
— ¡Nosotras te acompañamos en el camino! — alzaron sus manos en dirección a ella.
— Gracias.
Purpure terminaba de organizar algunas cosas antes de ausentarse el día de hoy en el club, algunos alumnos de las clases inferiores quienes se enteraron de lo ocurrido en el pasillo este mediodía, fueron a buscarle con el propósito de saber sus obligaciones el día de hoy, Purpure dio su mandato a Saitou y Souji con respecto a las actividades pero este último parecía una bola de fuego quemando todo a su paso, por lo tanto, lo mejor era revelarlo de cualquier trabajo saturado. No obstante el azabache sabía por donde iba toda la cuestión y le desagradaba, Souji es muy impulsivo en sus acciones, aun mas cuando se siente dolido al menos esperaba que fuese hablar con Kondou-san antes de cometer alguna locura. Sea como sea protegería a Mitsuki de él.
Despidió a los muchachos mencionandole verse mañana seguro en el club, con tal, si los dioses mismo querían al día siguiente las cosas volverían a la normalidad. Por estar absorto con los temas del club no se percató de la ausencia de la castaña y las amigas de esta, no debía de alarmarse, aseguramente se adelantaron al lugar de encuentro.
Salio al pasillo notando a dos jóvenes conversando uno muy cerca del otro, sonrió ante la posibilidad de entre unos momentos convertirse junto a la castaña igual a ellos, las cosas no podían pintaras mejor que hasta hora sentía su corazón latir de manera inregular, inquieto, ancioso de ver a esos par de ojos calabaza que tanto amaba. Si ella le correspondía todo marcharía bien ¿cierto? Nadie podía separarlos, ni si quiera esas estúpidas normas de demonios obligandola a comprometerse con uno de su linaje, imposible, Mitsuki huyo de todo eso solamente para estar libre de los prejuicios estúpidos. Escapo para estar junto a sus amigos y él.
Sin saberlo llegó rápidamente a la biblioteca donde al frente estaban la castaña con sus amigas, estas tan alborotadas como siempre hablaban muy emocinadas con alguien mas que poco a poco hizo desender su estado de animo, no solo porque la joven estaba rígida como un árbol, sino que este sujeto parecía tener algo entre manos. ¿Quien podría ser? Kazama Chikage.
Purpure ha considerado a ese tipo de armas a tomar, silencioso en clases, nada de amigos, rodeado de chicas, una fama de mujeriego y esos rumores esparcidos por todas partes; obviamente ellos han tenido su confrontaciones en el pasado pero eran esos mismos motivos que lo llevan a ignorarlo, a no tener nada que ver con él. Pero ahora, justo ahora quien por fin encontró a alguien que vale realmente la pena reaparece con sus ojos carmín, sonrisa de conquistador y esa aura peligrosa envolviendolo, veas por donde le veas planea un ataque.
— ¡Hey Toshi! — la primera en captar su presencia fue Minami, quien le insito a sonreír — ¡Estabamos esperandote!
— Disculpen la tardanza, los chicos del club me raptaron unos segundos. — se excuso llegando hasta las chicas.
Fue en ese momento cuando las miradas carmín y purpura de Kazama y Purpure se conectaron, Mitsuki tuvo una especie de deja-vu admirando el panorama donde las personas en su frente eran los personajes de su sueño, donde estos se encontraban en un campo abierto con árboles del cerezo alrededor, mala hierba y poseían vestimentas de época. Kazama una purpura y Purpure negra con detalles de flores, ellos alzaban sus katanas con la finalidad de dañarse el uno al otro, lo demás, simplemente se desvanece en su memoria a corto plazo.
— Entendemos, entendemos, o mejor dicho — miro a su amiga quien volvió nuevamente a la realidad — Mitsuki-chan ha comprendido muy bien.
— Kazama — por primera vez en mucho tiempo volvía a dirigirse a él, quien le daba ganas de sonreír pero se contuvo, lo mejor sería demostrar seriedad — ¿Qué se te ofrece en estos lados?
— Nada en particular, Purpure, aunque… — fijo su carmín mirada en Mitsuki quien soltó un respingo de la impresión — quería tener unas palabras con la pri… Mitsuki solo unos momentos, sera bastante rápido.
La llamo por su nombre, la había llamado por su nombre con tanta familiaridad que daba cólera, además la joven chica parecía costernada por la misma razón, llevándolo a la mañana de aquel día cuando le prometió explicarle algunas cosas de literatura, en ese entonces los únicos habitando esa aula fueron este rubio y Mitsuki, quien poseia una expresión alarmada en tanto Kazama se hizo el desentendido. ¿Qué ocurría con estos dos?
— Ella… — intento decir el azabache pero fue interrumpido.
— ¡Por supuesto! Considerate el entero dueño de su tiempo por un rato — plantearon a la par el trío de locas, sujetando los hombros de la ojos calabaza arrastrandola cerca del rubio — no te preocupes por nosotros, Kazama-sama.
Estas chicas… ¡Son unas traidoras! Hace unos momentos se morían por unirlos a la joven con él ahora, la entregaban en bandeja de plata a otro sujeto con atmósfera peligrosa. ¿Acaso se han vuelto locas?
— ¿Chi..? ¡¿Chicas?! — pronuncio alarmada la joven mirando a sus amigas.
— Tranquila, solamente serán unos cuantos minutos junto a Kazama-sama pasaran rápidos — la trataba de convencer Minami con ojos brillosos enfocados solamente en en alto joven — podrás nuevamente volver con Toshi, el te esperara.
No, no quería de ninguna manera quedarse a solas con ese sujeto quien no paro de acosarla toda esta semana, seguramente venía a darle otra clase de ultimátum ridículo y sin sentido, cosa que ella no tenía ganas de escuchar. Su único anhelo es estar con Purpure-san, solo eso.
— Ve — la ronca voz del azabache la alento para ir con el rubio — Minami tiene razón, yo te esperare aquí sin moverme. Tu ve con Kazama y sal de dudas sobre lo que quiere.
Este Purpure, un idiota hasta el final sin duda, pensó Kazama regalandole una mirada significativa para ser interpretada de muchas maneras. Además, estaba seguro que el causante de fracturar su próxima relación con esta castaña sería el mismo, aunque no se adelantaría mucho a los acontecimientos, salvo jurar estar en el momento propisio para lanzar sus redes y atrapar la herida demonio sangre pura de esa masacre.
— Si es asi, vuelvo en seguida Purpure-san. — prometió la castaña caminando pasos lejos de sus amigos.
— Ve con cuidado, te estaré esperando.
Mientras las chillonas voces de sus amigas resuenan en sus oídos Mitsuki se marchaba al lado de Kazama con calma, no lo entendía pero este tipo en verdad era misterioso, el acercarse a sus amigas estando a punto de entrar a la biblioteca solamente para hacerle una pregunta sabiendo el efecto producidos de ellas a su presencia era muy astuto, cuando en realidad su único objetivo ha sido ella. Seguramente las escucho en clase hablando del primer beso y como ellas añoranan ser Kazama el dueño de este, la muchacha pensó que el rubio no le importaría concederle el deseo, con tal, su imagen de mujeriego se lo permitía. En eso, fue sujetada del hombro con fuerza obligandola a caminar mas rápido, por supuesto las protestas no tardaron en salir de su boca, pero a todas estas fueron ignoradas en lo absoluto dejándola en ridículo. ¡Seria idiota! Un insensible completo.
Fue arrojada rápidamente a un sitio amplio sin derecho a protestar, mientras este cerraba la puerta con seguro desde adentro al temor de ser interrumpidos, la castaña murmuraba para si misma todos los insultos existentes hacia el rubio por tratarla parecido a una marioneta, de un lado a otro. A todo esto ¿Qué era lo que quería de ella? Ya lo rechazo, puso sus puntos sobre las ies desde el principio dejándole claro no querer casarse con él. ¿No fue acaso claro?
— Desde hace tiempo los humanos y demonios han convivido de manera pacifica evitando entorpecer la estabilidad del otro, tomando en cuenta cada uno de los espacios ocupados por ambas especies sin macharla de alguna manera — empezó a relatar tranquilamente ante la confusa mirada de la chica — Aunque los humanos prometieron no intervenir la vida de los demonios, usualmente observaron nuestro gran potencial en todo ámbito, el cazar, construir y en hasta el manera de caminar. Llevándolo consigo a querer mezclarse con nosotros, creando asi a los mestizos seres llenos de hambre por la sangre y reinados por la locura. Tu conoces uno ¿cierto? Okita Souji — el solo mención de su amigo le hizo tensar, ese muchacho fue el único en comprenderla en el problema con sus padres, Kazama se equivoca con “reinados por la locura” su amigo no es asi — Los humanos asustados de su propia creación quisieron deshacerse de ella encontrando la decisión demasiado tarde, su codicia y egoísmo los llevo prácticamente al abismo arrastrando consigo a todo el ecosistema posible. Siendo asi destruido nuestro bienestar, estabilidad y paz. ¿Lo entiendes ahora? Esos despreciables humanos solamente sirven para destruir, aniquilar y preparar guerras ansiedad que loa lleven al borde de su propia extinción, no son mas que grandes bolas de odio, destrucción y codicia — la castaña miraba horrorizada las palabras dichas de la boca del rubio, quien podía tener cierta razón en ello pero igualmente fallaba en cierto punto. No todo son iguales. — Ellos les mueven su propio bienestar sin importarle el de alado, porque para ellos lo primero es tener una estabilidad sin importar aquien deben pisotear.
— ¿Por que me dices todo esto? — exclama teniendo la menor oportunidad — ¿Por que traerme hasta este sitio solo a eso?
— Porque te niegas a ver la realidad de las cosas, niña — en un micro segundo estuvo frente a sus ojos asustandola — estar interasada en un humano solo cabara tu propia perdición, no solamente succionara lo mejor de ti igualmente acabara destrullendote por completo, hasta dejar solamente la sombra de lo que una vez fuiste.
— Eso… eso es terriblente estúpido — se burlo de manera incredula colocando una de sus manos en su frente — si bien tus palabras poseen algo de razón descuidaste algo importante, no todos los humanos son iguales. Purpure-san no es asi.
— Tu misma has dicho que digo la verdad — ella iba a protestar pero las dos manos a sus costados le impidieron hacerlo, siendo acorralada contra la pared — ¿Hasta donde tu ceguera va a nublar tus otros sentidos hasta el punto de ser una idiota mas? Eres una demonio pura, deberías tener la capacidad de ver mas allá de lo normal. Acaso… ¿Eres igual de tonta que tu ancestro?
— ¡¿Como?!
— Si — la sonrisa ladina en sus labios volvió aparerse dejando a un lado el sentido serio de la conversación — nuevamente vas a llevar a la especie a la perdición tal cual a tu ancestra, por no escuchar a nadie cuando tuvo la oportunidad.
— ¿Amar a un mestizo fue su pecado? — pregunto como una bala, sintiéndose enojada sin notarlo — ¡¿Querer ser felices sera nuestro único error?!
— No — sujeto con una de sus manos el mentón de ella para alzarlo a su altura, ganándose una mirada fulminante de ella causándole gracia — su único error sera olvidar la naturaleza de su linaje olvidando por completo sus pocisiones. Ella la realeza. Tu la salvación de la raza.
Y la beso sin previo aviso colocando todo su peso en ella impidiendole moverse para escapar, era irónico de alguna manera porque hace unos momentos atrás ella escuchaba a sus amigas desear ser besada por este sujeto, encontrándose asi ella la pobre desdichada con la “suerte” de ser arrebaratado su primer beso por este rubio ponsoñoso. Los labios de este eran tibios con sabor cereza y tan dulce como la miel, tal cual a las palabras de su amiga Momoka quien no se equivoco, haciendo odiar mas el hecho de creerle y ni poder mover un musculo para patearlo fuera de ella. ¿Quien era este tipo? ¿Quien se creía de todas maneras? Venir a sermonearla y arremeter contra ella sin mas, no, debía… debía quitarse lo encima si.. pudiera morderlo seria tan perfecto.
Pero no pudo porque cuando se dispuso hacerlo, aquel sujeto la soltó de la misma manera que la apreciono contra el, cayendose de esa manera al suelo al perder la fuerza de sus piernas. Kazama la observaba desde arriba con una sonrisa de victoria al poseer aquello tan importante para toda chica, aunque por supuesto, esto solamente sería el principio de todo lo demás.
— Te puedo asegurar algo claramente con los ojos cerrados, Mitsutani Mitsuki — pronunció su nombre completo con todas las palabras en su lugar — cuando el hechizo acabe de la manera mas desastrosa posible, tu misma me pedirías que te convierta en mi esposa y cuando eso ocurra mantelo por seguro que jamas podrás volver a escaparte.
Dicho esto la abandono en ese sito dejándole con dos sin sabores, el primero, las palabras tan parecidas a “Chikage” de su sueño a la princesa cuestión bastante peligrosa porque no las decía en juego. La segunda fue este primer beso tan obligado, sonso y cero lleno de sentimientos, solamente le parecío un contacto de bocas para pasar un alimento. Pero aun asi el vacío al desperdiciar dicho momento único con un patan como Kazama era el mismo, no quería llorar, pero si patearle la cara a ese imbécil engreido.
¿Donde estaba sus explociones?
¿Donde quedo eso cosquilleo placentero?
Y aun mas ¿Donde quedó ese aleteo en su corazón del nerviosismo?
Nada, no quedo nada, Kazama le proporciono la peor experiencia de todas no por no saber hacerlo, de hecho dudaba completamente aquello, sino que sus sentimientos estaban ocupados por alguien mas. Purpure. Era de él quien necesitaba en esos miseros momentos, pero estando en este estado era imposible verlo, debía de esperar a volver en si, solo de esa manera sería capaz de centrarse en la prioridad mayor. Confesar sus sentimientos.
Kazama, te haré tragar tus palabras. Lo juro.

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