miércoles, 26 de septiembre de 2018

My first love

III
No podía creer lo tonta y dramática que había sido con este asunto, volver a ver a Sebastián, el pedirme reunirnos, la lucha interna y psicológica conmigo misma desencadenó en lo menos complejo de la vida, una charla. Si, eso, una charla, donde mi primer amor se mostró tan abierto y coordial que me hizo sentir inferior a una cucaracha, él de los dos si aprendió a largo plazo el significado de madurar. Aunque el comienzo estuve algo cohibida de entrar en materia, Sebastián se las apaño de sus recursos de nuestra memoria de niños compartida, demostrandome la confianza absoluta para volver a como lo que fuimos, buenos amigos. ¿Acaso no me dolia? ¡Por su puesto! Pero cabe de destacar que desde muy pequeña he sabido ocultar mis sentimientos, en el presente no sere la excepción. Hablamos de todo un poco, de nuestra infancia, los amigos que tuvimos en común, mi mamá, su mamá, de la primaria, secundaria y el tema que mas me daba escalofríos, la preparatoria. Saldría mas que decir ser el sitio donde conocio a su actual esposa, Katherin, la mamá de su pequeña Karla, quien es la adoración de sus ojos y jamas en la vida se arrepentiria de tenerla. Muchos dicen que en la adolescencia cometemos muchas estupidez, es cierto, Sebastián a subsentado ese argumento, pero de esos pequeños errores pueden resultar cosas maravillosas.
Quede sin respiración ante su declaración, no soy nadie para juzgarlo, menos señalarle con el dedo pero admitiría que escuchar todo esto de su propia boca me dolia bastante. Era como el recordatorio permanente que las fantasías, solo son fantasías, viven en tu mente, se consumen de esperanzas falsas y rompiendose la membrana donde se encuentra, termina dañando al emisor. Asi me sentía, plana, vacía, dolida… sobre todo eso último, porque la realidad por dolorosa que sea, es buena mantenerla presente. Debo de admitir algo, que Sebastián siga manteniendo ese lado suyo despistado de la niñez es un alivio, no se percató de lo mas mínimo del agonizante dolor consumiendo mis entrañas, mi alma y corazón. Comprendí a la perfección dos cosas, la primera, David es un estúpido y yo mas al ceder a su idea de “curiosidad”, y la segunda, Anthony va a flipar cuando me vea llorar. Bueno, eso si yo se lo permito. Lo mas gracioso de todo esto es que mientras mas miraba esos chispeantes ojos esmeralda, me adentraba en lo profundo de nuestro pasado juntos, de las promesas de niños, las sonrisas cómplices, la calidez de su mano sujetandola la mia y la desdepida que nunca tuvimos. Oh ¿Como olvidarlo? Aquel feo día con nubes en el firmamento, el olor del pasto mojado, el viento golpeando mis mejillas y yo halando con insistencia la camiseta de mamá preguntando si Sebastián aparecería, iríamos a presentarnos en una escuela con nuestro último número de graduados pero, mi amigo nunca se presento y allí inmediatamente comprendi que seria el adiós.
Tuve unas ganas tremendas de preguntarle el porque de su ausencia, el porque simplemente dejarme atrás, abandonar nuestra amistad y… era estúpido, solo eramos niños dependientes de nuestros padres, hacer algo sin ellos no se podía. En cambio, en el presente, en tanto seguía entuciasmado hablandome de como escalo hasta trabajar hasta esta panadería, oprimi todas las preguntas en lo mas profundo de mi ser y sonreí. Si, sonreí fingiendo estar todo bien, que la vida sigue, que no lo ame, que no lo siga haciendo, y menos que probablemente lo haga toda mi vida. Porque el primer amor es eterno, aunque muchos no nieguen, esa era la verdad. Puede dañarte, dejarte cicatrices, incluso, hacerte pensar que no querras a nadie mas, pero cuando estes anciano y recuerdes esto te darás cuenta de que, efectivamente, tenia razón. Ver a Sebastián frente de mi vigoroso, gallardo y entuciasta era el contraste de cuando fuimos niños, en cierto punto, me alegraba porque en alguna parte de su vida decidió que afuera le esperaba muchas cosas por experimentar. Ah, claro, que el muy osado se le paso un poco la mano, pero nada de lamentarse cuando ha asumido la responsabilidad de sus actos.
En un momento desvío la conversación hacia mi, antes solia hablar hasta por los codos, brincaba, sonreía y me gustaba estar en todos los lugares a la vez, quien se me adelantara lo apartaba de una vez. En cambio ahora, permanecia callada, calmada observando el panorama y acortando cuando era necesario, acaso… ¿Fui secuestrada por extraterrestres? Casi escupi mi café al escucharlo preguntar eso, bastante ilirante si desean una opinión personal, porque estuvimos mas de trece años separados y debíamos ser unos total desconocidos el uno del otro, no dos viejas cotorras conversando de la vida de forma casual. Dispersando mis pensamientos negativos, aclare mi garganta argumentando que él tenia las mismas mañas a su mamá en intentar acabar conmigo, además, las personas pueden cambiar en el transcurso del camino, luego de todo, debemos madurar. Sebastián al principio se sonrojo al ser comparado con su mamá, luego soltó una risita entre dientes discrepando de lo que le dije, porque si “madurar” significaba dejar de lado mi verdadero espíritu, entonces prefería mil veces volver al pasado y traer de vuelta a aquella niña de risueña actitud. Me congele, todo mi cuerpo se quedo quieto ante la declaración de Sebastián, de hecho, mis ojos no podían apartarse ni un segundo de los suyos color esmeralda que poseían un brillo intenso parecido al anhelo y añoranza, una ola dentro de mí coaliciono contra mi corazón, partiendolo en miles de pedazos. No, él podía, no podía… ¡No podía estar haciendome esto! Me mentalice tanto antes de venir a verlo, diciendome que nada de lo que podría decirme o hacer me afectaría, pero me equivoque, una vez mas lo hice y la verdad no tengo idea de como salir de esta, tampoco es que desee hacerlo. Tomando una bocada de aire soltando una risita ahogada, desvio la mirada hacia la taza casi vacía de café en mis manos diciéndole que durante este tiempo sin vernos adquirió el don de la palabra, sabia como dar en el blanco en alguien y dejarlo sin mas que decir. Él soltó un respingo ocultando su rostro medio sonrojado, como dándose cuenta de lo salido de sus labios quedándose medio pensativo, la verdad, ni idea de como tomarme esto pues… ¡Esta casado por lo mas sagrado! El coqueteo dejalo para tu esposa, no quien una vez fue tu mejor amiga, eso y nada mas, tu mejor amiga.
Disculpandose de su atrevimiento, me relato que tal vez sus cambios no fueron en lo absoluto para mejor, quizás esos le llevaron a un aprieto, que aunque fue solucionado, le complicó la vida un poco. Le pregunte si se trataba de su actual relación, él aguardo silencio unos minutos agrupando las ideas para decirlas, entonces cuando lo dijo desee que se las hubiera tragado. Como buena masoquista que no soy, no volveré a decir lo salido de su boca, sin embargo, solo lo agrupare en un argumento: la familia de Katherin no aprobaban al comienzo su relación. Como dije, no entraré en detalles, pero es tan sencillo tal cual a eso. Entonces los niños tan maduros y centrados en sus prioridades decidieron ir contra la marea, viéndose a escondidas una buena temporada de tiempo, hasta ocurrir… ustedes saben que. Luego de escuchar eso senti la garganta tan seca que parecía no haber tomado café alguno, Sebastián no era en lo absoluto su mamá, ella vio de una vez a través de mi expresión de desconcierto el dolor de escuchar lo ocurrido, pero mi primer amor solo pensaba, quizás que simpatizaba con él, en pocas palabras, lo acompañaba en su pesar siendo la verdad otra. Quería salir corriendo lejos de esa cafetería. Las paredes color crema se me cerraron, el aire se comprimio y el ruido se hizo tan insoportable que lo asemeje con una lavadora descompuesta, o tal vez, una nevera a punto de estallar su motor. Como dije anteriormente, se fingir muy bien, por lo tanto, soltando una risita fingida hable con necesitar otro café las historias de amor jamas han sido lo mio, en general, no parecemos concordar mucho. Los ojos esmeralda de Sebastián se abrieron como espejo al escucharme decir eso, es decir, cuando estábamos en el preescolar era la niña mas popular de todas, no existía niño que quisiera acercarse a mi para ser mi amigo, inclusive tuve un acosador ¿Qué había ocurrido con los hombres de ahora? Solte una risita seca, algunas personas no florecen, en su lugar, se marchitan antes de incluso nacer. Ese era mi caso. Cuando eres pequeño pretendes tenerlo todo, el amor de tus padres, amigos, familia que te aprecia y quiere, creas a tu alrededor un castillo lleno de perfecciones que cuando superas esa etapa y golpeas la realidad, todo eso se desvanece como el humo de los autos. Quizás mi error fue estancarme en el pasado, buscar hasta donde no debía de hacerlo a Sebastián, desear que alguna vez regresara por mi, o tal vez no, puede el residir el problema en mi misma. Yo no deseaba a nadie mas. Es cierto, tuve muchos intereses amorosos, de mi parte aclaro, pero ninguno de ellos halle lo que deseaba porque eso ya lo poseia otra persona. Una lastima, dijo aquella vez la mamá de Sebastián, compadeciendoce de mi dolor y pensando que si decía haberle gustado vernos juntos al final, saldaria la herida. Curioso, resultó lo contrario, pues estuve un mes completo pensando en lo que pudo haber sido y no en lo que fue. Lo se, Anthony tenia todo el derecho de llamarme estúpida, lo merecia.
Mi celular sono de improvisto en medio de aquella atmósfera incomoda rompiendola, al ver el remitente solte un suspiro, se trataba de mamá seguramente preguntándose donde podría estar en estos momentos. Excusandome unos segundos, me levante de la mesa dejando a Sebastián envuelto en una nube de confusión, ha quedado impresionado de la visión que tengo de mi misma, diferente a la que poseia cuando nos conocimos. Lo usual, Anthony pelea conmigo mucho por eso, si desea hacerlo, mejor tomar número y hacer fila. La platica con mamá fue corta, solo me informaba que salio rápido de una de sus interminables reuniones y que me invitaba a cenar, estaba hasta dispuesta a recogerme donde quisiera que estuviese, se notaba su buen humor y no quería romperlo. Ojo, con esto no digo que mamá le desagradara saber si estoy con Sebastián, es todo lo contrario, fue su alumno y le agrada bastante pero… no sabia como explicarlo, por lo tanto, le pedi encontrarnos directamente en el lugar de comer, aunque ya estaba por terminar lo que hacia podria tardar un poco mas y no deseaba incomodarla. Aceptando de igual formas corto la llamada aun contenta, deseando verme pronto, con esto confirmaba el retirarme rapido de aquí. Volviendo a la mesa encontre a Sebastián un poco pensativo, podría hasta decir diferente a cuando nos encontramos, era como si su energía se redujera un cincuenta porciento menos y eso amenazara mi visión de él.
— Debo irme, mi mamá…
— Isabell — me llamo con voz firme, alzando sus ojos que como dos gemas brillaban con la intensidad de una estrella. — se que hemos estado mucho tiempo separados, desconozco muchas cosas de ti ahora, igual que tu de mi pero… pero si existe algo en inquietarme mas a cualquier cosa es la visión que tienes de ti misma. Es… tan distorcionada, como si nunca te hallas observado en un espejo y mirando las maravillas que existen en ti. — se levanto, caminando hacia mi sonriendome con calidez y descolocandome hasta los huesos. No sabia como reaccionar. — ¿Puedo decir que es lo que veo? Porque frente a mi está la grandiosa chica de quien se convirtió mi amiga de la infancia, fuerte, valerosa y capaz de enfrentarse con un gran número de chicos solo por denfenderme. Ella no solo posee belleza fisica, igualmente espiritual, porque sin duda, su alma es lo mas hermosa que posee. Y si los demás no miran eso, perfecto, es su problema, pero que no sea el tuyo, jamas el tuyo. ¿Ha quedado claro?
Sebastián era el tipo de chico que quizás en el pasado no fuese precisamente osado, pero ahora en el presente, tirandose a la tempestad de mi alma amenazando con destruir todo, me hacia palidecer hasta doblar mis rodillas y hacerme caer al suelo. No podía creerlo, me rehusaba hacerlo cuando estuvimos tan distanciados del otro, que él pensase todas esas cosas tan bonitas de mi y no le diera vergüenza decirlas. De la misma manera, ¿Por qué? ¿Por qué hacerme esto? Cuando estoy apuntó de tirar la toalla, de hecharme a morir por no tenerlo a mi lado como lo deseo, llega abriendo la puerta con solo su luz y atrapandome de esa manera tan segadora. A estas alturas, dudo que desee no volver a verlo jamas, lo dudo mucho.
— Si — baje la mirada avergonzada, como si hubiese sido regañada.
— Muy bien, entonces dejame acompañarte a coger un taxi. — coloco una mano sobre mi hombro haciendome caminar, ese simple toque me produjo escalofríos en todo mi ser, muy diferente del agarre de cuando eramos niños. — ¿La profesora Annabeth te llamo? ¿cierto? Pues no la hagamos esperar.
Hasta en eso no había cambiado, su forma caballerosa de tratar a las mujeres, el guiarme por la panadería entre la multitud mientras le avisaba a su compañero el regresar en seguida, solo me metería en un taxi y volvería a la faena. No dije nada, tampoco alce la vista, por primera vez en trece años me senti tan cohibida, pequeña y concentrada en lo que se sentía estar cerca de Sebastián, del significado de esto. Su olor era fresco, menta y detergente, la calidez de su cuerpo me embrigaba y la suavidad de su voz provocaba sensaciones extrañas en mi estomago, no era tener mariposas, ese argumento se quedo bastante trillado, yo solo sentía una manada de cerdos salves corriendo por la sabana, destrullendo todo a su paso. Sabía que estaba mal sentirme así, el tener estos sentimientos por alguien ya casado, pero no podía evitarlo menos con esas palabras llenas de afecto. Salimos de la cafetería dándonos cuenta que el tiempo había pasado volando, en el cielo había matices oscuras, un purpura y un naranja ya manchado en su totalidad por la oscuridad, dándole paso a esos pequeños puntos llamados constelaciones, como pequeños diamantes en bruto.
— ¿Lo recuerdas? — pregunto de la nada él mirando al cielo, sonriendo abiertamente. — aquel plan que hicimos en el festival cultural de niños, esa noche era exactamente igual que esta.
— Sobre ser amigos para toda la vida y colocar mi silla de ruedas al lado de la tuya. — respondi riendome de nuestras memorias de niñez, me parecía increíble la inocencia que puedes tener a esa edad. — si, lo recuerdo muy bien.
— La propuesta aun sigue en pie, Isa. — dijo, entonces el cuerpo entero se me tenso ya no estaba mirando al cielo, sino directo a mi rostro. — yo… se que es estúpido precipitarme de esta manera al ser nuestro primer encuentro pero, quiero… quiero volver a verte una vez mas, solo… solo… que, me da pánico que rechaces mi idea y…
— Podemos hacerlo — sorpresivamente respondi, pero sin mirarlo, no me atrevi hacerlo. — siempre y cuando cambies lo de la silla de ruedas por una normal.
— Trato hecho.
Afortunadamente esa noche no llore, pero si estuve dándole vueltas al asunto de comportarme como lo hice, darle pie a que se reconstruyera nuestra amistad luego de trece años, aun así, considerando mis sentimientos aun intactos era una completa locura. Seguramente se pregunten ¿como puedes decir que no lo has dejado de amar? ¿qué nada de él te parece extraño o raro? Fácil, porque al pesar de todas esas capas nuevas delante de mis ojos, se que aquel niño de esmeralda mirada permanece allí escondido, dejándose ver en algunas oportunidades y sonriendome con la timidez que le caracteriza. Quizás esta reunión fue algo atropellada, forzada y medio nerviosa, de hecho, las dos siguientes se dieron de la misma manera, yo un poco tímida al dejar que se enterara de mi vida estos últimos años, junto a un Sebastián demaciado comunicativo al tratarse de él. Afortunadamente, no volvimos a tratar el tema del amor, al parecer, me tomo la palabra cuando dije no ser en lo absoluto buena en ese ámbito, cosa en agradecerle en el alma. En cambio, me conto un sinfín de acnedotas cuando entro a primer grado, como lloró al no sentirse seguro, la vergüenza frente a lo desconocido y que del miedo bonito en medio de toda la clase. A estas alturas de la vida le causa risa, pero si siguiera siendo ese mismo pequeño, puede y no tanto. Entonces solte una risita, la primera en ser suelta y nada rígida, el animo de Sebastián ascendió considerablemente llevándolo a seguir con cuentos de esa índole.
Para nuestro cuarto o quinto encuentro, sabíamos lo suficiente del uno del otro, con respecto a los años separados, que ya no me veía tensa al hablar con él. Lo contrario. Entraba a la cafetería saludando a todo el mundo, ya me conocían como la amiga de la infancia del chico esmeralda, cuya timidez era mucho mas alta que los gritos de doña Aurora. De ella tambien podría hablar, pero seria una perdida se tiempo, mas que cada vez al verme me mandaba una mirada hostigadora con doble sentido. La verdad, ni idea de sus razones, pero aprendí a saber como ignorarla. Rafael, el compañero mas cercano de Sebastián, un moreno de cabeza rapada, hombros muy anchos debido a su forzosos trabajo de alzar costales de harina él solo, ojos caoba y una sonrisa tan ardiente como el mismo sol, hizo amistad conmigo al saber de inmediato de quien trataba nuestro amigo. Aunque no lo creyera, es muy reservado en todos sus asuntos, al llegar reciente a trabajar a la panadería no solia hablar con nadie ni desear hacerlo, solo se limitaba a cumplir su trabajo, llevar unos pedidos a algunas sucursales y irse directamente a casa. Claro, con eso no dice el poder romper esa barrera, pero al comienzo si que le costo hacerlo. Debido a ello, le sorprende conocer el tener una amiga chica quien le permita ser quien es realmente, un muchacho optimista, alegre y considerado con los demás. Al escuchar esas palabras se me hincho el corazón de orgullo, puede que Sebastián no sea el mismo de antes, solo tenga algunos toques de ese adorable niño que tanto ame, pero saber de alguien reconociendo su valor me llena de felicidad. Ahora puedo decir con certeza, no equivocarme de elección de quien haberme enamorado, por mucho en que vaya a sufrir.
Saliendo de clases un martes al mediodía, me excuse con Anthony, quien aun me discute por ser tan masoquista al ser amiga de mi primer amor aun no superado, sobre ir a otro lugar antes de ir a almorzar y tardarme mucho. Obviamente, no se lo creyó tan fácilmente, me dio al menos dos miradas perspicaces dignas de un gato, aunque al final me dejo libre para volar. La verdad, en la mínima oportunidad cogí un taxi dando la dirección de mi lugar favorito en todo el mundo, donde seria atendida por mi chico favorito en todo el mundo. Lo se, lo se, tu nivel de masoquismo no posee limites pero cuando realmente amas a alguien desde el fondo de tu corazón, no importa ni los motivos o razones para rehusarte hacerlo, simplemente sientes. Siendo sincera, me sentía nuevamente aquella inocente niña anciosa de ir al preescolar, escoderse detrás de las piernas de su mami solo para ver la expresión de Sebastián al darse cuenta de mi llegada. Era sin dudas, mi actividad favorita en el mundo. Hoy especialmente, me invito a almorzar con él, sabía que pronto no tendría las misma oportunidad de vernos al venir la temporada de exámenes en la facultad, cosa de aun sorprenderse del porqué no estudie educación, pero igualmente respetaba profundamente mis deberes de estudiante. Sabiendo que no existe mas barreras entre nosotros, me atreví a preguntarle si deseaba volver a estudiar, instruirse y seguir consiguiendo algo mejor para la estabilidad de su familia. Sin embargo, con una expresión bastante decaida, menciono no tener tiempo alguno para hacerlo, luego de todo, el sustento de su hija y esposa vendría de lo que hacia, por lo tanto el estudiar solo lo alentaria. Luego de eso, no pregunte absolutamente nada mas del asunto. 
De vuelta al presente, baje del taxi con pasos cautelosos no quería dejar la impresión de ser una desesperada, mucho menos estar interesada en un hombre casado, de por si ya era raro ir y venir en muchos de los empleados de la panadería, como para añadirle mas sal a la cosa. Al entrar un amable señor me saludo con cordialidad, era el vigilante, quien tenia prácticamente toda un vida trabajando aquí y admitía que al ver a jóvenes con energía como la mia le llenaba de vitalidad, mas si esa energía venia del espíritu. Acto seguido, señale ir a buscar a Sebastián o Rafael a la cafetería, él con su mano me invito a pasar tranquilamente dandome la bienvenida de buscar a cualquiera de los dos muchachos. La verdad, no me impresionó que se encontrara Rafael con Christina, la rubia con cara de malas pulgas de todo el sitio, cuando Sebastián me la presento inmediatamente nos caímos mal, parecido a la combustión instantánea. Si, que ardiamos y todo. Por lo tanto, tratamos de todo lo posible pasar la una de la otra como si fuéramos sombras. Ignorando olímpicamente a la muchacha, brinco hacia un Rafael concentrado en elaborar un emparedado de jamón con queso, que… venga, no debes de ser un genio para hacerlo pero tratándose del moreno un adicto a la perfección, debe de quedarle todo fríamente calculado. Al ver mi rostro cerca de su creación, suelta un respingo combinado con una exclamación de susto seguido de hecharse a reir sin control, yo igualmente lo acompaño, en verdad me agrada mucho este chico.
— Asi que, finalmente has llegado. — me dice, colocando la aceituna sobre el pan como decorado y dándolo por terminado.
— No, que va. — le sigo detrás con mi tono de sarcasmo, pero riendome por dentro. — lo de estos momentos solo es un holograma, no estoy presente.
— Muy graciosa, pioja. — me da un piquete amistoso en la frente, como ven en verdad nos hemos hecho amigos muy cercanos. — pero como veo y he tocado, estas en cuerpo presente.
— Por dios, no hables de mi como si fuese un cadáver. — bufe medio divertida, acariciandome donde he sido piqueteada. — Cierto, ¿Donde esta Sebastián?
— Oh, claro… tu príncipe azul. — comento con una mueca maliciosa, haciendome girar los ojos ante eso. — después de todo, solo me utilizas, si, utilizas mi cuerpo y luego… corres detrás de sus brazos. ¡Mujer sin corazón!
— Calla, moreno. — le adverti por lo bajo, mirando de reojo a la rubia de malas pulgas. — que de escuchar alguien eso y llevárselo a la verdadera princesa del cuento, yo sería decapitada.
— Vamos, Katherin es todo corazón. Jamas te haría algo. — le resto importancia el muchacho, sujetando mi brazo y llevandome mas al interior del local. — De hecho la conozco, he tenido el placer de verla un par de veces, en verdad… es un sol.
No dije nada, porque aunque no la conociera en persona lo hacia mediante fotos, y si, en verdad parece ser muy amable algo que me imposibilita poder odiarla. Posee un largo cabello azabache lizo calleando como manto sobre su espalda, piel blanca delicada igual al papel, pequeña cintura de avispa, ojos almendrados, rostro pequeño de muñeca, piernas delgadas y largas, junto a unas curvas que toda mujer desearía en la vida tener. En general, la chica parece sacada de una revista de modas para mujeres, es muy guapa y aparentemente le agrada a cualquier en querer su amistad. Al menos, según Sebastián, no le hizo difícil ser conocida aquí como su mujer, menos, abrirse campo en socializar en muchas ocasiones se le veía trayendole el almuerzo a su marido, o simplemente, visitandolo junto con la niña. Juntos, era la pareja que todo el mundo envidiaba. ¿Y yo? Pues me reiterare a ser el moco pegado en la pared. Aunque claro, jamas podría decir tal cosa delante de Sebastián.
— Seguramente asi debe de ser, después de todo, es la mujer que escogió mi amigo por esposa. — fingí alardeo alzando mis dos cejas.
— Deja de presumirlo como si fueses su madre y ven conmigo. — soltó una risita entre dientes moviendo la cabeza hacia los lados incrédulo, llevandome hacia una especie de pasillo largo y dos puertas estilo cantina del lejano oeste. — Aqui es donde esta el chico, la señora Aurora lo ha asignado a la área de amasado. Y antes de preguntar, no, no lo se. Solo entra y visualizalo por ti misma.
Asintiendo ligeramente con la cabeza, cruce las puertas temerosa dandome cuenta que la zona se amasado era básicamente la misma cocina, siendo un lugar oscuro con focos demaciado opacos para iluminar el sitio, los hornos industriales ubicados en el centro le daban el calor necesario a los panes para cocinarlos y a su vez elevarle la temperatura corporal a su personal. Todos parecían concentrados en su labor, donde casi ni me prestan atención, cabe de resaltar que a estas alturas prácticamente todo el mundo me conoce, pero jamas faltaran las miradas hostigadoras de unas chicas sobre mi. Vaya, hemos vuelto a la época de preparatoria donde fastidiabamos a la chica mas cercana del quien nos gustaba, aunque claro, esté ya se cuentra casado y con una niña. ¡Ugh! Debería patear la próxima vez a Rafael cuando lo vea, no es de dios dejarme sola en medio de un mar de pirañas, menos sin una pistola o veneno para repelerlas. Entonces, finalmente encuentro esos ojos encantadores color esmeralda, estos se encuentran justo visualizando como se debe amasar una buena cantidad de haría de forma manual, su expresión se ve tan seria que no puede evitar quedar suspendida contemplandolo. Parece mucho mayor, con sus cejas ligeramente fruncidas, los labios carnosos ligeramente formados en un puchero y su mano acariciando su mentón en señal de estar procesando todo. Luego el panadero le sede el momento para intentarlo, al comienzo lo medita un poco pero gracias a los intensivos del hombre, empieza a hacerlo de manera tan magistral que puedo jurar ver únicamente una luz, la suya. Sebastián puede ser un novato, pero el movimiento de sus manos, la fuerza de sus fibrosos brazos y la manera de respirar lo convierten en una persona totalmente diferente, donde mi pecho no para de decir lo emocionado de encontrarse. Allí esta su dueño, no es el mismo de unos años atrás, pero su versión mejorada demuestra una evolución notable.
— ¡Oh! Pero si es la chiquilla. — ante la mensión mia en labios del panadero suelto un respingo asustada, mi amigo ha dejado la masa y me observa con ojos curiosos buscando, quizás, las razones de no anunciarme. — no me había fijado que ya era la hora de tu descanso muchacho, si llego hasta tu acompañante.
— Bueno, estoy mas imprecionado yo de verle. — menciono medio ahogado, mirando sus manos y después su fachas. Se sonroja. — ¡Ni siquiera me he cambiado!
— Ni que fueras una nena, Sebastián. — solte el comentario con burla.
Mas tarde, ya cambiado Sebastián por el bien de su salud mental, estamos sentados en las escaleras de afuera de la panadería compartiendo un emparedado en silencio, al menos este tipo de lapsos en el pasado nunca fueron incómodos eran relajantes. Como cuando solia alejarme de todos, me sentaba en el columpio de costumbre solamente para ver a los demás pasar, para ver a Sebastián pasar, correteando de un lugar a otro junto a Kevin y otros niños jugando solo cosa que ellos entendían. Entonces, sorpresivamente, aparecia detrás de mi ofreciendo empujarme, aunque ambos sabíamos ya haber aprendido al mismo tiempo, él seguía haciéndolo porque se le hizo una costumbre y a mi me parecía fantástico. Nunca hablábamos la gran cosa, nada, solo existía un encantador silencio donde el viento calido golpeaba mi rostro, ese cosquilleo en la piel cuando te pasan una pluma al punto de la risa y el sentimiento de ser única, especial, porque Sebastián jamas trato a otra niña así, solo a mi. Quizás, mamá no este tan errada, solo, quizás, si halla significado el primer amor en la vida de Sebastián. Aunque, obviamente, a estas alturas de la vida no importa en realidad.
— Saliste bastante temprano de clases. — abrió la conversación él sin mirarme, solo prestando atención al movimiento concurrido de la séptima avenida. — me diste un buen susto cuando te vi en silencio mirandome.
— Es que, generalmente eres colocado como mesero o quien prepara los pedidos pero — trague saliva, medio nerviosa, medio temerosa. Una explosiva combinación. — verte con esa atmósfera de panadero… fue toda una sorpresa.
— Ha sido un cambio de último momento, la señora Aurora dijo algo sobre aprender nuevos oficios. — explicaba calmado, ahora, enfocando su mirada al suelo como si existiera algo muy entretenido allí abajo. — Tampoco soy alérgico a lo nuevo, además, aprender a preparar las masas madre… es muy fascinante.
— Lo se, tenias esa clase de expresión que demuestra estar pasandotela bien. — gire mi cabeza hacia su dirección sonriendole, él por su parte se quedo suspendido. — Parecías feliz.
En ese entonces no percibi las señales, menos las pequeñas muestras dadas por el mismos Sebastián por donde tomaría rumbo esta historia, porque en mi mente cogestionada era el bicho raro, la indeseada y la que jamas le prestaban atención. En pocas palabras, la que no merecia ser feliz. Sin embargo, podía serlo, con mínimos gestos tales como una sonrisa cómplice de Sebastián, una mirada de las suyas, incluso, ese comentario desinteresado convertían de mi infierno personal algo extraordinario y yo, no tenia idea de los significados ocultos tras ellos.
— Aqui — señalo su pan, extendiendomelo cerca de mi rostro. — tu premio por ser una muy buena observadora. Licenciada en Economía.
— Aun no lo soy, pero estoy cerca de lograrlo. — aparte unos mechones de mi rostro dándole un ligero mordisco al pan, estaba delicioso. — Mmm… buenisimo, pero ni creeas que podrás calmar a la fiera. Aun deseo mi almuerzo sustancioso.
— Y dime — arqueo una de sus cejas divertido, imitando el mismo movimiento que el mio hace unos momentos, sonrojandome. — ¿quieres una hamburguesa? ¿o una pizza?
— Mejor dame mas de tu pan.
Para cuando tome el dichoso emparedado de las manos de mi amigo dándole un mordisco, fue demaciado tarde, el sonido de exclamación de lo que aparentemente era un mujer llego a nuestro oidos asustandonos, mas no alejandonos. Pues al estar sentado de frente Sebastián, se percató en seguida de quien era la dueña de ese sonido, saliendo inevitablemente de sus labios el nombre de su mamá, cayendoseme el alma a los pies y deseando ser tragada por la tierra. Si, quiero morir de la vergüenza. Pero a ella no le importo en lo mas mínimo mi comportamiento o el de su hijo, pues de inmediato se arrojo a mis brazos mencionando estar alegre de verme nuevamente y esta ocasión junto a Sebastián, nosotros definitivamente merecíamos estar cerca, por lo menos, de amigos. Los ojos esmeralda de su hijo brillaron de reproche, no tenia porque hablar de cosas sin sentido, menos incomodarme con sus deseos reprimidos de cuando eramos niños, teniendo en realidad una muy bonita amistad que hemos recuperado poco a poco, como si nos volvieramos a conocer de cero. Sin embargo, la señora no dejo de decir que podría decir cuantas cosas deseara, pero entre ellos dos sabían la realidad de muchas cosas, sobre todo, que nadie desmentiria vernos hermosos cuando eramos niños. Antes de ver enojado de verdad a Sebastián, coloque una mano sobre su pecho deteniendolo y diciéndole a su madre la sorpresa de verla aquí, ella sin mal no recuerdo es profesora como mamá y salir a estas horas de la escuela seria un problema.
— Hoy no fui, me tome el día. — contesto con simpleza, encogiendose de hombros. — y como Katherin esta ocupada con la niña vine yo misma a traerte el almuerzo, Sebastián.
— Oh… gracias — contesto, recibiendo un pequeño bolso con lo que seria sus alimentos. — supongo que Katherin debe de estar muy liada con la niña.
— Ya sabes, lo normal. — se encogio de hombros, sonriendole comprensiva. — ¿Qué tal si entramos y conversamos mejor adentro? Estar afuera con este ruido me distorsiona un poco.
La verdad, la única imagen clara que poseo de la mamá de Sebastián era el sosteniendo una pequeña en brazos, era mas delgada, con un liso cabello azabache largo hasta la cintura, piel aceitunada y rostro delicado. Supongo que esa niña era Paola, la hermana de mi amigo, la señora solia llegar justo a la hora de la salida para recogerlo y mantenía una amena conversación con mamá, ambas parecían llevarse bastante bien, es mas, siguen haciéndolo como si fueran muy buenas amigas y aunque mis recuerdos no sean tan nitidos, me alegraba. En el presente, sentados en una de las mesas mas apartadas de la cafetería viendo la interacción de madre e hijo, me hacia sentir que el amor de estas es incondicional y al pesar de las circunstancias, jamas se agotara porque es infinito. Tambien aprecio mucho a la mia, mi madre me ha enseñado en parte todo lo que soy, luego de la separación con papá, hemos sido ella, Eduward y yo contra el mundo. Mas yo que mi molesto hermano, desde la universidad decidió irse a vivir a los dormitorios masculinos, reduciendonos a dos chicas en el departamento. No me quejo, mi relación con él es precisamente todo lo contrario de jovial, suponiendo que es lo normal cuando tienes hermanos. De cierta forma, me causa curiosidad como se lleva Sebastián con Paola, ella no parece verse como la fuente de la algarabia, mas bien es tosca y cerrada, pero seguramente sera totalmente diferente de la mia con Eduward.
— Entonces, Isa. — mi nombre me devuelve a la realidad, notando que lo pronuncia la señora algo interesada. — ¿sabes cocinar?
Parpadeo confundida, la expresión de esta mujer me causa un poquito de escalofríos, es como si deseara algo de mi pero ese “algo” es imposible de decir. Al menos, no con palabras.
— Justamente lo necesario — respondo, sujetando la pajita de mi zumo de piña y dándole un sorbo. — al menos con eso no muero de hambre, de lo contrario, sujeto el directorio y marco a la magia de la comida instantánea.
— ¡Oh querida! Deberías venir a casa para almorzar entonces — propuso sujetandome con ambas manos las mias, abrí los ojos sorprendida, ni siquiera voy a mencionar la expresión de mi amigo. — ¡Seguramente te fascinara! No es por presumir pero, en verdad la ternera que hago levanta hasta un muerto. ¿Cierto Sebastián?
— Mamá, no creo que…
— ¡Claro! ¿qué tal este sábado? — propuso de la nada, desarmandome de golpe y vaciando mi cerebro completamente. — estoy segura que no tienes ningún inconveniente en aceptar, es mas, no acepto un no como respuesta.
Ah… demonios, poseia la poca capacidad para saber que esta mujer fuese tan insistente, menos conocer el grado de incapacidad en saber no poder hacer eso, en esa casa se encontraba aquella mujer, igualmente su nieta, las probabilidades de salir destruidas eran altas, mas altas que el edificio de Dubai. Aun sigo siendo alérgica al dolor, en mi memorias permanece aquella regordeta bebé temerosa de dar sus primeros pasos sin caerse de lleno al suelo, pero razonaba que entre mas rechazara a esta mujer volvería nuevamente con mas impetud hasta agotarme y convencerme. No existía escapatoria.
— De acuerdo. — suspire resignada, recibiendo un escarmiento en forma de mirada de Sebastián. — ¿qué? Tu mamá no va a dejar de insistir con que vaya, mejor es aceptar antes de eso.
— MI MAMÁ — pronuncio las palabras con mucha énfasis, mirandola ceñudo en tanto ella sonreía como si estuviese a punto de formar un berrinche. — debe entender que no siempre puede obligar a las personas a hacer lo que no quieren. Isabell, por favor, no le sigas la corriente.
— Bien, supongo que con eso quieres decir que no deseas la visita de tu vieja amiga en casa. — argumento la señora colocándose de pie, acomodando su bolsa en su hombro y mirandolo con enojo. — Si es asi, Isa, disculpame por ser tan imprudente.
— ¡Ah por Dios! — exclamó exasperado, revolviendo sus caballos rubios con desgano. — sabes que no se trata de eso mamá, es sobre… sobre…
— Si son así las cosas — sonrio complacida de su cometido, acorralar a su hijo. — preparare las cosas para tu visita, nos veremos este sábado.
Con certeza puedo decir algo, a Sebastián no le agrado mucho que concorde con su mamá ir a comer a su casa, no me lo dijo directamente pero con sus ojos esmeraldas me transmitió su sentir, inquietandome. Quizás si me he pasado, quizás di una impresión de mi igual a una desesperada, quizás… ¿Qué demonios? Daba igual si me colocaba paranoica, cuando das tu palabra en asistir a un sitio lo único en hacer es ir. No hablamos mas durante lo que quedo de semana, nada de llamadas, ni mensajes al momento de salir su progenitora por la puerta de la panadería, él se levanto de su asiento alegando acabar la hora de descanso y volver a trabajar. No le dije nada, simplemente lo deje ir visualizando su imponente espalda delante de mi, ocultandome la expresión de su rostro y evitando a toda costa hablarme, un vacío se apodero de mi ser dandome un aviso. Debía de salir de ese sitio. Cosa que hice, sujete rápidamente mis cosas y sin dar aviso a nadie me marche, teniendo un lio completo en la cabeza preguntandome si esta no era nuestra primera pelea en mucho tiempo después de separarnos. Sea como sea, tampoco pregunte, acumule todas las interrogantes en mi interior aprovechando para mandarle un texto a Anthony, no existía nadie mejor que él para recogerme y hacerme escapar de la realidad. Lo mejor de tenerlo como mi amigo, es que posee la capacidad de callar cuando es necesario y esperar pacientemente a el momento oportuno de querer decirle algo, realmente, un sol.
Esa tarde falte a clase, sujete el brazo de Anthony y decidimos ir a ver una pelicula, discutimos de manera tonta cual era la opción mas viable de ver si una de super héroes o una de terror. Sinceramente me encontraba dividida, amo esos dos géneros, pero solamente existe una yo y debía de escoger. Anthony decidió por mi al escoger la de héroes, cosa en no arrepentirme, realmente la pase bien, además que su argumento de si hubiésemos visto la de terror él no tenia la energía para abrazarme, me hizo querer darle una patada en su pierna y enseñarle sobre las mujeres no necesitamos ser protegidas, somos lo suficientemente fuertes para hacerlos por nosotras mismas. Afortunadamente la fuerza bruta no fue requerida, porque olvide completamente mis pesares viendo la pelicula, la cual, estaba entretenida y chistosa. Seguidamente, abordamos la feria de comida del centro comercial donde su pobre bolsillo y el mio se nos viene abajo, aproveche de llenar mi panza de cuanto alimento podía comer, una pizza, unos cuantos deditos de pollo, un servicios de papas fritas, churros bañados en chocolate… Anthony comento que jamas pensó verme comer tanto, parecía mas bien hambre vieja o dentro de mi estomago tenia una lombriz solitaria. Aunque dejaba bien claro, extrañaba ese tipo de salidas de solo nosotros dos, eso le hacia sentir que al menos seguíamos siendo amigos. Sintiendome mal al haberlo dejado de lado todo este tiempo al volver a verme con Sebastián, sujete la mano larga como pianista de Anthony apretandosela, sonreí diciendole que nada en este mundo podía apartarme de su lado, porque realmente nosotros eramos amigos y eso no cambiaría jamas.
Pasado ya el jueves, no tuve clases, ese día decidi quedarme en el departamento holgazaneado un poco, llame a Anthony para que me hiciera compañia un rato aprovechando que mamá trabajaría todo el día, pero primero debía de hacer unas cuantas cosas antes de venir a mi encuentro, eran asuntos relacionados con su familia. Mi amigo no es de la ciudad, se vino desde último de preparatoria a estudiar aquí, le aseguraron tener mejores oportunidades que en su pueblo natal, cosa en ser totalmente cierto, vive con uno de sus tíos que he tenido el placer de conocer, igualmente Mariana quien al instante de hacerlo coloco el grito en el cielo, según ellos, ha sido la primera chica en ser oficialmente presentada como su novia y eso le lleno de orgullo. Claro, a cualquiera le daría si le das esa imagen a la familia de tu novio, eso es sumamente importante. Pero ese asunto no viene al caso, porque ambos me han abandonado en un día de completo ocio, Anthony por atender asuntos, Mariana al odiarme sin razón aparente nublando sus sentidos de celos enfermizos ante la mejor amiga de su ex novio, es decir, si deseas realmente recuperarlo a la que debias de mantener de aliada es a la mujer mas cercana a él, no lo contrario. Soltando un suspiro me lance de espalda contra el sofa grande ubicado en la sala de mi departamento, en mis manos mantenía la lapto prendida con la pagina del buscador abierta esperando ser utilizada, realmente estaba aburrida y con cero ideas de que hacer. ¿Ver una pelicula? ¿Entrar en redes sociales? ¿Contrar a alguien y asesinarme? Bien, olviden eso último, no creo que en Internet consiga algo así menos si deseo cometer un suicidio.
Han pasado tres días, tres días desde que Sebastián no ha contactado conmigo, si bien tampoco he puesto empeño de hacerlo igualmente, se siente un vacío grande al ni siquiera intentar ir a verlo en la panadería es como si jamas nos hubiéramos encontrado, y… halla sido parte de un sueño muy hermoso. Aunque aun quedaba algo, el dichoso almuerzo en su casa que estaba pensando en desistir de ir, es que… ¿Como voy a ir a un sitio donde no es grata mi visita? Lo siento pero ser mal tercio en un sitio no es mi gusto. Entonces, venia el rostro de la mamá de él con sumo entuciasmo, diciendo preparar todo para mi visita y deseosa de verme, dejandome pensar que seria realmente descortes no ir después de todo. Esto resultaba ser el peor de los dilemas. No le conte a nadie sobre esto, menos a Anthony aunque el se imaginaba mas o menos lo que podía inquietarme, simplemente aguarde silencio esperando encontrar por mi misma las respuestas de todo este problema. Pero me equivocaba en algo, nadie es autosuficiente, hasta el mas grande de los grandes grita por ayuda cuando lo amerita, concluyendo que mi personalidad actual es sumamente un inconveniente. Reservar problemas, es malo, muy malo.
— Asi que… — era la voz de David, luego de tantas vueltas decidi hablar con el por Skype al estar igualmente libre. — ¿Aceptaste ir a almorzar en la casa de tu primer amor donde estará su esposa, hija, mamá y hermana sin mas?
— Asi es.
— Estas loca — confeso en un suspiro, tocandose el puente de su nariz como si tuviese dolor de cabeza. — francamente, muy, muy, muy loca. ¿Has medido por lo menos un momento la magnitud de esa invitación?
— ¿Qué quieres decir? — pregunte confundida.
— Santa madre bendita, no se si tu eres idiota o solo finges. Pero dada las circunstancias no lo haces. — me reprocho, iba a reclamarle pero con una sola mirada me calma. No era buena idea. — Isabell, escucha bien, cuando te dije que estaba de acuerdo con que te volvieras a encontrar con Sebastián me refería a saciar tu curiosidad por él de estos trece años separados, esperaba en finalmente cerrar el ciclo no a que lo ampliaras mas. — hizo una pausa, respirando profundamente y en seguida prosiguió. — Vas a salir peor herida que antes, no me da muy buena espina tu relación con él.
— ¡Por favor! — bufe medio indignada. — ¡Haz sido tu quien me apoyo hacerlo! ¿Como es que ahora me dices esto?
— No te has desligado para nada de Sebastián, ¿me equivoco? — desvie la mirada molesta, apretando los labios para no decir nada. — Puedo hasta decir con certeza que lo quieres mas, si vas a esa casa te encontraras con su mujer, con su hija y todo lo que ha construido lejos de tu vida. Allí solo te esperan desdichas, nada de felicidad. Te destruirían.
Segui muda, no porque no tuviese nada por acotar, era que David tenia toda la razón del mundo. En esa casa me esperaba una gama de emociones negativas, al enterarme de la existencia de Karla el mundo se cernio encima de mi tragandome, no quería saber la reacción que tendría al conocer a su mamá, a ese pequeño sitio que llamaron hogar. Claramente soy fuerte, perseverante, logró salir victoriosa al fingir mediante una mascara de reluciente energía la verdad de mi interior, pero incluso la mayor de las murallas tiene sus grietas, y la mia volvió con refuerzos.
— Acaba con esto antes de ser demaciado tarde, no te comprometas. — me aconsejo — se que te dije muchas tonterías antes pero, estuve equivocado, debiste seguir a tu corazón antes e ignorarme. Lo siento, Isabell.
Contrariedades teníamos todos, nadie se salva de eso, fue una gran impresión para mi ver por segunda vez a David pidiendome disculpas al cometer un error. La primera vez fue al faltarme el respeto, me dio un discurso ta largo como solemne donde al final admitía estar enamorado de mi, no lo niego, sus palabras fueron muy bonitas logrando tocarme el corazón y hacelerarlo pero para cuando lo hizo era demaciado tarde. Sin darnos cuenta, terminamos siendo excelentes amigos, exactamente lo que somos ahora. Si él me aconsejaba de esta manera era por algo, encontró un dato que le incomoda e intenta advertirme antes de ser demaciado tarde, de verme consumida como para no poder escapar. Sin embargo, ¿De que? Mis sentimientos estos trece años no han cambiado, en algunas ocasiones permanecieron dormidos al interesarme en otros chicos, pero al escuchar un indicio de Sebastián parecía renacer, salir de su escondite y soplarle a mi corazón avisarle sobre la persona en realmente merecerlo. La verdad era esa, nadie me ha hecho sentir tan viva como Sebastián, nadie, ni la ternura de su sonrisa angelical, el suave toque de su mano ya madura en mi hombro, o el sonido de su voz cuando me relata cualquier otra cosa, si algún otro hombre hubiese tenido semenjante logro, las cosas en mi vida no serian tan complicadas. La pregunta del millón seria: ¿Queria olvidar la dulce sensación nadando en mi cuerpo? ¿Queria olvidarme de Sebastián? No, no deseaba hacerlo, me rehusaba hacerlo porque aunque me hiciera daño al verlo con otra mujer, con su familia, mis sentimientos y memorias seguian siendo mias por lo tanto, deseo atesorar cada una de ellas.
Cortando la videollamada por Skype con David prometiendole textearle luego, coloque la lapto sobre la mesa ratona de la sala y sujetando los cojines suficientes como para mamá regañarme de usarlos de esta manera, los coloque entre mis piernas y uno lo abraze esperando al menos descansar un poco de tantos problemas. Aun debía de hacer unos cuantos trabajos de la facultad, deberes que no de harían solos, pero dada las circunstancias mis energías se rehusaban a cooperar dándole el paso a descansar un poco. Pero no podía, al cerrar los ojos se me venia a la mente que necesitaba decidir si iría o no a ese dichoso almuerzo en la casa de Sebastián, quien aparentemente, ni me soporta al ser una aprovechada. ¡Agh! Demonios, nadie me dijo que el contrato de enamorarse venia el sufrir, complicarse la vida y ver como quien quieres se pavonea con otra persona. De ser así, ni me hubiera molestado en aceptar. Claro, como si eso pudiese renunciar igual a un trabajo o comprar algo.
Cerre finalmente los ojos entrandome algo de sueño, de llegar Anthony podria llamar a la puerta, si encontraba quien le abrirse abajo la entrada. Sin darme cuenta, quede rendida. Tuve un sueño, pero uno muy vivido, era del pasado cuando tenia cinco años y estudiaba junto a Sebastián bajo la tutela de mi mamá. Hubo una excursión, una a un parque temático en medio de la montañas donde podías montar a caballo, una mini noria para niños pequeños, columpios, un lago artificial para pasarlo con botes, sillas que se movían mediante unas cuerdas gracias a un motor… todo simplemente era grandioso y fresco. Recuerden, era en medio de las montañas, poseia el resplandor de las flores con sus colores vivos, el verde musgo, bosque y chillón en un mismo punto, junto a ese aire puro donde fuera que respiraras. En todo el trayecto estuve sumamente entuciasmada, hablando hasta por los codos, la pobre de Adriana aguanto escuchar la bitácora de lo que haría una vez pisara suelo, donde un hermoso caballo tendría una visita agradable. Mamá casi le da un infarto cuando se entero mi deseo por montar uno, en la vida le ha gustado esos animales al tener una mala experiencia con uno de pequeña, le empezó a temerle a todos. Claramente, no soy ella, por lo tanto todo marcharía de maravilla.
Llegando al terreno, todos formamos filas ordenados esperando a nuestro turno de entrar, ese día en especial encontraba a Sebastián bastante tranquilo para ser una visita especial, si todos los niños parecían ruidosos, expectantes de poder jugar finalmente pero no él, claro que no, permanecia muy quieto apoyado en pilar de color verde agua observando el suelo en tanto Kevin alardeaba no temerle a las alturas y otras cosas mas. Moviendo mi cabeza hacia un lado como si fuese un gato, avise a Adriana el esperarme un momento, necesitaba saber la razón del rostro tan largo de mi mejor amigo, tenia tiempo sin verla y eso me asustaba un poco. La niña asintió dulcemente asegurando el esperarme, ella conocia lo mucho que quería a Sebastián y el ser natural preocuparme por si se sentía mal, además, en verdad su aspecto parecía sombrío. Aclarada las cosas, alargue mis pequeños pies en dirección del ojos esmeralda concentrado en cualquier lugar de su mente, menos el estar alrededor de un grupo de niños ruidosos. Así era Sebastián, rompiendo el estereotipo de cualquier niño, quizás esa fue la razón del porque me enamore de él. Era diferente.
— Hola. — lo salude con cautela, al escucharme alzo sus hermosos ojos con sorpresa, pero de inmediato dibujo una inocente sonrisa en sus labios. Senti un tirón suave en mi estomago, no fue desagradable, sino lo contrario. — no coincidimos en el autobús, realmente fue una lastima.
— Parecías estar muy feliz, me refiero. — movió sus manos con nerviosismo. — el viaje para ti en verdad te ha emocionado. Hasta contagiaste a Adriana con tus planes, esta dispuesta hacerlos contigo, creo.
— ¿Que hay de ti? — pregunte curiosa, tentada a sujetar una de sus manos y parar ese tic nervioso en él. — Estabas con Kevin, si yo poseo energía, creo que él logra ganarme con puntos de sobra.
Entonces bajo nuevamente su mirada, no era triste, mas bien seria, como sino estuviera realmente entuciasmado de vernir a esta excursión. Tenia bastante de conocer a Sebastián, lo suficiente para mencionar no estar comodo con venir aqui.
— Quieres… irte a casa. — susurre leyendo sus pensamientos.
— No es como lo ves, Isa. — suspiro con pesadez, luego me miro en seguida. — cuando esta mañana me levante para ir a la escuela, por alguna extraña razón Paola, mi hermana menor se entero que vendríamos de paseo a este sitio y quiso venir pero obviamente no podía, por lo que se quedo llorando. — apreto sus pequeños puños enojado, medio triste igual por Paola. — Desee entonces no venir igual, así los dos hubiésemos quedado en las mismas condiciones. Asi, no me parece justo.
— Eres un buen hermano mayor, Sebastián. — le dije sonriendo, aproveche para sujetar finalmente su mano y apretarla. Él me miro impresionado, con un toque de dulzura en la expresión de su rostro, en parte, algo conmovido con mis palabras. — Creo que las únicas interacciones que tengo con el mio son para llorar, gritar y pedir la ayuda de mi mamá. Pero eres del que se preocupa por el bienestar de Paola, eso es muy bonito, y es por ese mismo afecto en tenerle que disfrutaras por los dos. Es una orden.
Sebastián soltó una risita divertido dejando a un lado su postura rigida, convirtiéndose en lo que finalmente era, un niño en una de las excursiones mas sensacioneles de todas. Su pequeña mano me regreso el afecto, pero de su parte la intensificó dando a entender no querer soltarme, pues era necesaria para poder avanzar este largo día. No me importaba, mientras se aferrara de esa forma a mi mano, estaba dispuesta a seguir sosteniendola el tiempo que la requiriera.
— De acuerdo, creo que vi unos cuantos columpios en la parte de atrás. — menciono entuciasmado, contagiandose un poco del ambiente. — tal vez te ayude a montarlos. ¿Qué opinas?
— Es una excelente idea.
Luego de eso llego mamá junto con su asistente colocando orden, llame con la mano a Adriana para que se acercara no me gustaba la idea de dejarla sola, al verme pegada literalmente a Sebastián sus ojos negros se agrandaron de sorpresa pero no dijo nada, se limito a sonreir y escuchar las sugerencias de la maestra. Hablaba de mantenernos alejados del lago artificial al no ser lo suficientemente grandes para navegarlo, debíamos montar ponis en lugar se caballos, las sillas flotantes si eran todas muestras pero de igual manera las precauciones estarían a la vista. Sin mas, colocaron unos brazaletes en las muñecas de cada uno y nos dejaron pasar, los niños corrieron rápidamente a todas las atracciones habidas y por haber en tanto nosotros tres, Adriana, Sebastián y yo nos quedamos pensativos a cual de todas iríamos. Mi amigo menciono no tener inconveniente te abordar las sillas flotantes, con tal, todo el mundo estaría allí queriendo usarlas es lo que escucho de Kevin. Sonriendole ante la idea solte su mano, si deseaba unirse a nuestros compañeros se encontraba en todo su derecho, por mi parte quería aunque sea de lejos, observar un caballo y montarme en el. Fue lo primero que dije antes de pisar el complejo y es lo primero que hare. Asintiendo medio dudoso, Sebastián giro sobre sus talones corriendo a su vez de mirarme para retractarme de mi idea, pero no lo hice, despidiendolo con la mano le desee buena suerte. Adriana a mi lado me llamo boba, estaba despachando la oportunidad del millón de pasar el mejor paseo de mi vida al lado del chico que me gusta, solo para mandarlo al lado de chicos ruidosos por sillas estilo “Aldín y la Lampara maravillosa”. En mi defensa tenia que Sebastián fuera feliz, él merecia realmente disfrutar del paseo a toda costa, mas si pensaba que no lo merecia al dejar a su hermanita atrás. Es un excelente hermano mayor, Paola es afortunada de tenerlo, por ese motivo no me importa el encontrarse lejos de mi con esos chicos ruidosos, su sonrisa ancha es lo mas resaltante aquí. Mi amiga regalandome una de sus tantas sonrisas dulces, me apoyo incondicionalmente diciendome que podríamos ser solamente niñas, aun asi conocía perfectamente el significado del amor y eso era grandioso.
Realmente la pase bastante bien ese día junto a mi mejor amiga, entre montadas a caballo, interactuando con ovejas, subiendonos en resbaladeras, incluso fuimos a visitar al grupo númeroso en las sillas flotantes que fue muy divertido, casi se me paso la mitad del paseo en ese plan, donde el aroma del pasto fresco y primaveral inundó totalmente mis sentidos. El viento acariciaba mi piel con delicadeza parecido al toque de la seda, el azul del cielo era el espejo de la tierra abordando en todas sus anchas, sin olvidar al altas montañosa mostrando sus imponentes parajes llenos de ese color verde, solo inyectandote paz directo a las venas. Las risas de mis compañeros estaban alrededor, corriendo, saltando e inclusive jugando a las llevadas mientras Adriana y yo nos montabamos en una atracción parecida a los caballitos girando, pero en esta ocasión, se trataba de sisnes de varios colores. Era muy entretenido, mas cuando parecía hacerse fila para poder subirlo. La máxima concentración se encontraba en la sillas flotantes, de hecho, Sebastián era uno de los que ayudaba a los mas pequeños a subirse y andarlas, no podía menterme allí, en ese sitio no existía un lugar para mi y estaba bien. De todas maneras, Adriana no era una mala compañera de travesías, lo contrario, la vida podía darme una mejor amiga igual a ella.
De pronto nuestro viaje en los sisnes termino, bajamos de la atracción hablando de montarnos en los columpios solitarios de todo el parque, podríamos tener varios en la escuela y sentarnos todos los días, pero hacerlo fuera de ella es una oportunidad única a la par de curiosa. Asi que asintiendo en silencio para cada una, corrimos hacia ellos haciendo una pequeña competencia a ver cual de las dos escocia el de la derecha, efectivamente llegue antes de tiempo y pude sujetarlo para mi, Adriana no tuvo otra opción mas a ocupar el de alado y mecerse con agilidad al compás del viento. No dijismos nada, simplemente nos quedamos allí observando todo el complejo con todos esos niños alrededor, mamá parecía atareada atrapando a los chicos que quieren acercarse al lago artificial con la finalidad de navegarlo, no teniendo éxito alguno. Lo curioso de toda la situación, es que la noria ubicada al frente de una mesas con sillas y paraguas contra el sol, se mantenía apagada, fuera de circulación, como fuese nada mas a un adorno en la vista del público. Medio refunfuñada de tal insulto infantil, frene de golpe dispuesta a llamar a mi mamá para que la colocaran a funcionar, sin embargo, unos grandes ojos esmeralda obstaculizaron mi cometido junto a esa sonrisa ancha. Sebastián.
— Siento no estar contigo mucho. — dijo avergonzado bajo la mirada curiosa de Adriana. — pero los niños pequeños les cuesta subirse a las sillas y…
— No te preocupes, Sebastián. — respondi restandole importancia, sonriendole y moviendo mi cabeza hacia los lados. — los chicos te necesitan mas que yo.
— Pero yo quiero estar contigo.
Muy bien, muy bien, frenen un segundo el mundo y detenganse a pensar lo que un niño de cinco años me ha dicho, no solo por no tener nada de malicia en ellos igualmente del grado de daño en ocasionar una vez mencionado. Mis ojos se salieron de orbitra, el pecho luchaba por mandarme oxigeno a todo el cuerpo, ni de mencionar mi estomago revoloteando igual una lavadora en pleno funcionamiento. Si, esta gama de emociones vividas a los cinco años, ni mas ni menos.
— Eh… chicos, ire a ver donde esta Mónica. — aviso Adriana, sintiendo que evidentemente sobraba en la ecuación. — no la he visto desde que llegue y jugaré un rato con ella. ¡Nos vemos al rato!
Y salio corriendo sin dejarme decirle algo, no es como si antes jamas halla quedado a solas con Sebastián, de hecho, nos sentíamos tan a gusto de esta manera el uno con el otro que se nos hizo costumbre. Pero Adriana mostró notoriamente su incomodidad, provocando seguramente en mi amigo mal pensar el momento de su huida monumental, dando como consecuencia querer ser tragada por la tierra.
— ¿Te doy un empujón? — pregunto con dulzura, con la dulzura que lo caracteriza siempre.
— Seguro.
Sus pequeñas manos hicieron contacto con mi espalda empujandome hacia adelante con ternura, suavidad y delicadeza temiendo de alguna manera lastimamer o algo. Aprete mi agarre cohibida mirando a mis pies, el rostro lo sentía caliente ante la acciones de Sebastián, cosa bastante estúpida porque en el preescolar esto es cosa de cada día, no solo hoy. Sin embargo, los columpios de allí tenían protectores en las espaldas, una especie de rejas de acero con la finalidad de evitar golpearte la espalda si caes hacia atrás, este en cambio, podía sentir el contacto cálido de la piel de Sebastián contra mi, en un contraste abrazador donde el único perjudicado era mi corazón. Mas que cohibida me sentía inquieta, insegura y un raro revoloteo en el pecho amenazando con querer llorar ante esto. Además, el lugar no ayudaba mucho, estar apartada del mundo no ayudaba mucho, sobre todo, tener la respiración de Sebastián detrás de mi no ayudaba mucho. Quería correr, escapar lejos de mis propios sentimientos y esconderme en lo mas profundo del bosque, colocar mis piernas dobladas para abrazarlas al igual que la posición fetal. Mamá suele mencionar las razones porque la personas la adoptan, todo es relativo pero solo buscan protección, y eso, si es lo que mas quiero.
— En el futuro, deberíamos volver a venir a este sitio. — dijo Sebastián a mis espaldas, claramente emocionado. — es muy hermoso, casi mágico y eso me agrada.
— La próxima, quizás, puedas traer a Paola. — mencione sin malicia, imaginando las posibilidades de poder realizarse. — asi no podrás dejarla detrás de ti llorando.
— Si realmente podemos volver — repentinamente dejo de empujarme, deteniéndose delante de mi y mirandome directamente a los ojos determinado, logró inquietarme. — quiero montarme en la mini noria a tu lado y juntos observar las alturas.
Resulta algo curioso todo esto, en el pasado les aseguro adorar lo referente a juegos donde estuviese suspendida, cuando iba al carrusel pedia encarecidamente ser subida en esas atracciones peligrosas. En el presente, no puedo ni montarme en los elevadores sin tener ganas de vomitar o salir corriendo en la mínima oportunidad, como lo notan, la vida da muchas vueltas en diferentes formas.
— Eso podemos hacerlo realidad hoy, Sebastián. — me levante del asiento ignorando las intenciones de mi amigo. — iba a buscar a mamá para que fuese posible. Pero quería jugar un poco contigo, eres mi mejor amigo y casi no lo hemos hecho.
— Entonces dejame ayudar. — propuso con entuciasmo. — conoci a uno de los señores encargados del parque, podemos pedirle que nos enciendan la noria para poder jugar en ella.
— ¡Buena idea! Y de no conseguirlo, utilizaremos el plan de mamá. — plantee contagiada de su energía.
— Trato hecho.
Nos separamos quedando en reencontrarnos una vez mas. Corrí con agilidad al punto de sentir ardor en mis pulmones a falta de aire, mamá no estaba en ninguna parte solamente su asistente cosa en no servirme, quien deseaba de verdad toparme era a la profesora del salón. Delante de mi saltaron Adriana y Mónica preguntandome si ocurría algo, les relate la idea de encender la pequeña Noria así montarnos todos por turnos, lo de las sillas flotantes estaba ya trillado y sinceramente aburria. Llego el momento de probar algo con mas altura. Gustandole la idea, se ofrecieron a buscar a mamá en el complejo, igualmente no la habían visto pero aseguraban tener en cuenta la llegada de otros niños de la escuela al paseo, seguramente les tocaba igual a nosotros la visita al complejo y por lo tanto mamá los recibiría. Dejandolas con el trabajo de buscar a mamá, giro sobre mis talones ir con Sebastián para ver si tenia resultados, es un niño muy inteligente seguramente los tendría aunque al verlo, mi sonrisa se borro en seguida. Estaba hablando con un señor cerca de la noria, pero no era lo sorprendente, mas bien Gladys se mantenía tan pegada a su lado que hizo hervirme las entrañas a punto de ebullición. Ella no iba a sentarse por nada del mundo en ese aparato con mi amigo, no si yo lo impedía, he soñado con esto el resto de la mañana como para permitir semejante trampa. ¡De lo contrario me cambiare el nombre a papanatas! Acelerando mis pasos, toque el hombro de Sebastián llamando su atención, mi amigo sonrio a gusto ignorando la presencia de Gladys explicó que el señor encendería la noria unos cuantos minutos para montarla al no tener problema alguno, eramos niños y seguramente las ganas de jugar en una atracción asi era inevitable. Gladys soltó un chillido ensordecedor avalanzandose contra Sebastián, quien bastante incomodo pedía a la niña calmarse y soltarlo, odiaba cuando se comportaba de esa forma tan escandalosa, mas frente de sus amigas al no tener ningún derecho, por lo tanto, que se mantuviera lejos. En lugar de sentirse triste o algo, Gladys le pidió el montarse con ella en el primer viaje, aunque claro, los ojos hermoso esmeralda de él se abrieron ampliamente al escucharla no esperando seguramente eso. Frunci el ceño, no podía comportarme como una controladora, aunque la mayoría del tiempo lo hacia, quería demostrar por primera vez ser todo lo contrario que dicen de mi.
Iba a girarme, darme la vuelta e ignorar todo este asunto pero la pequeña mano de Sebastián sobre mi hombro, con una voz fuerte y clara anuncio el no poder ir en el viaje con ella, anteriormente me había prometido a mi. Por lo tanto, lo sentía mucho. Gladys no era una niña precisamente agresiva o caprichosa, de hecho, cuando estudiamos en la misma primaria fuimos muy buenas amigas, puedo encontrarla en la calle y saludarla efusivamente con entuciasmo. Asi que, ella asintió medio cabisbaja sonriendo de lado, aceptando la noticia de manera calmada. Seguidamente la noria estuvo encendida, lista para ser usada. Sebastián sujeto una de mis manos entuciasmado, reflejando en sus ojos verde esmeralda estar listo para la emoción, no me quede atrás mi estomago revoloteaba feliz de este hecho tan maravilloso, compartir asiento con el chico mas hermoso en todo el universo. Puedo decir con certeza que al montarme en la noria junto a Sebastián fueron una de las mejores cosas jamas experimentadas en la vida, la altura, la sensación de vació en el estomago, la imagen de mamá con una sonrisa junto a Adriana viniendo hasta mi se grabaron en mi cabeza para siempre. Incluso en los dias mas tristes, este recuerdo me acompaña firmemente.
De vuelta en el presente, siento unas manos grandes moviendome suavemente para que despierte, pero no lo hago en seguida, quiero seguir en el mundo escondido en mis memorias de niñez donde todo era mas sencillo, la vida era mas sencilla. Al menos tenia a Sebastián a mi lado, quizás no en el ámbito amoroso, pero existía una clase de conexión especial inrrompible entre ambos, en donde hacerlo, era imposible. Se que cuando pequeña me comportaba de manera dramática, diciendo y haciendo cosas bastante fuera de si, como vivir un infierno, o el ser infeliz, es totalmente falso porque mi niñez fue todo menos eso, las menorías mas hermosas la tengo es en ella. Dandome a entender que si de poder volver a vivirlas, estaría gustosa de hacerlo.
Entonces, al volver a abrir los ojos adaptandome a la realidad lo primero que veo es a Anthony, parpadeando confundida tomo asiento exigiendole mas o menos de como entró al departamento si me encontraba dormida.
— Tu hermano me dejó entrar. — señalo leyendo mi mente — estaba esperando en la entrada para que alguien abriera hasta su llegada, pregunto si venia a verte.
— Raro, creí que estaba en las residencias estudiantiles. — murmure pensativa, restregando mis manos por la cara. — seguramente ha venido por algo de ropa. Usualmente viene de paso.
— Parece no llevarse muy bien, mejor ni digo nada. — se encogio de hombros haciendome a un lado para sentarse. — es claro que no le agrado.
— Restale importancia, las personas no parecen ser lo suyo. — le dije en modo de tranquilizarlo.
Era cierto, Edwuard al pesar de ser sumamente extrovertido a comparación mia, encontrándose con personas de mi entorno coloca una muralla para no tener que socializar. Francamente, es idiota, pero se le aprecia.
— Cuando no me contestaste los mensajes ni las llamadas supuse que estabas dormida. — comenzó a hablar con su usual tono tranquilo. — para la próxima, no me invites a venir a tu casa solamente para dejarme esperando como un perro por ti.
— Lo siento. — susurre apenada. — me quede dormida, pero no fue mi intención hacerlo.
— Claro — rodeo los ojos con fastidio, acostumbrado a tratar conmigo en este tipo de situaciones. — y yo que pensaba darte un poco de la pizza que traje…
— ¡Oye! — le reclame dándole un ligero golpe en el hombro. — No te metas entre una chica y su pizza. 
— Es tu castigo por jugar conmigo de esa manera.
Lo mas gracioso de todo, era la expresión de Anthony tan seria y taciturna como de costumbre, haciéndolo parecer que realmente estaba enojado conmigo cuando solo bromeaba. En pocas palabras, es el rostro de poker. Luego de hacer el tonto, nos quedamos en silencio unos segundos mirando a la nada en particular, la cabeza la tenia hecha un rollo con el asunto de la invitación a almorzar en la casa de Sebastián. Sumandole a ello, los retazos del sueño que hace unos momentos tuve, siendo una de las memorias mas apreciadas en mi vida dandome a entender una sola cosa, aun lo sigo queriendo. Lo se, es estúpido, inracional e incluso sin discusión pero cabe de destacar que cuando sientes una vez el amor, no existe nada en poder detenerlo.
— Hable con Mariana. — saco de la nada Anthony rompiendo el silencio, tensandome por los posibles resultados de esa conversación. — aunque no lo creas me ha preguntado por ti, dijo que le encantaría ser las pases.
— Creí que te pediría volver otra vez. — mencione sin emoción alguna, demostrando el comportamiento de Mariana ser predecible. — en su camino, solo soy un estorbo.
— No digas cosas estúpidas, Isabell. — me regaño frunciendo el ceño. — nadie piensa eso de ti quizás, solo tu. Además, Mariana le ha quedado claro que me atrae otra persona.
Sentí inquietud, una clase de emoción extraña en el cuerpo ante la declaración de mi amigo, dando por cerciorado que la historia con su ex novia ha culminado, y esta muy tranquila de su remplazo en el corazón de ella. Pero conocía muy bien a Mariana no es de las que se queden con los brazos cruzados, mucho menos teniendo en mente a Anthony tan fresco con pavimento recién asfaltado, en realidad, seguramente esta planeando algo donde me vere lastimosamente involucrada. Todavía faltaba algo, un elemento en la ecuación que me hacia temblar, resultaba ser posiblemente la chica de interes amoroso en mi amigo. Es decir, no me doy muchas infulas, menos aparentar cosas que no soy, pero aquella mañana en ese pasillo desolado de la universidad sentí la mirada de Anthony de otra manera, mas suave, mas atenta, mas… ¡Al demonio! Igualmente palpe la emociones escondidas detrás de sus pensamientos, cosa en ser bastante abrumador. De todas formas solamente especulo, antes de poder certificar algo debo de tener pruebas, lamentablemente, no las tengo, simplemente poseo intuición y eso no es suficiente.
— Como sea — dije haciendome un lado de él, incomoda, si, con los hombros tensos y evitando su mirada. — aun desconoces muchas cosas de las chicas, mi estimado amigo.
— ¿Eso quiere decir? — pregunto con eje dudoso.
— “Manten a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aun mas”. — pronuncie señalandolo, caminando hasta la mesa del comedor donde se encontraba la caja de pizza. — aunque, me alegro mucho que estén resolviendo sus diferencias.
— Menuda manera de distraer la tensión — bufo Anthony, imitandome y sentandose en el centro de la mesa adelantándose para agarrar un trozo de pizza. — pero puedes que tengas razón. Me refiero. Con lo de desconocer muchas cosas sobre las chicas.
— ¿Y que fue lo que te dijo? — logre hablar en tanto le daba un mordisco a la pizza — digo, aparte de hacer las pases conmigo.
Mi amigo trago rápido, parecía mas tenso y nervisoso, una cosa rara en él tomando en cuenta el tipo de personalidad que tiene. Eso me hizo pensar en tal vez tocar el tema de volver, de hecho, prácticamente cuando iban a estos acuerdos inremediablemente se van directo al mataderor, considerar retomar su relación. Iba a preguntarle sobre ello hasta que alzo su mano, con un gesto negativo, dictaminó callarme y dejarlo hablar a él. Eso hice.
— Siempre las cosas entre nosotros fue complicada, tumultosa, pudimos habernos querido mucho. No existe duda alguna, tu misma puedes comprobarlo. — comenzó hablar mirando sus manos, manteniendo una mueca tristona en su rostro que me llego al alma, no miento, igualmente me dolio. — Sin embargo, desea desesperadamente volver a ser amigos, a que esa parte reconcorosa de si misma se disuelva y acepte el error de las personas, mi error. A estas alturas no puede enmendar su comportamiento, menos involucrarte en hechos locos inventados en su cabeza, pero al menos si puede alzar su rostro y enfrentar la situación. Entre nosotros siempre falto algo.
Aguardamos silencio, ninguno de los dos dijo nada, en mi caso particular quede peor a una chica recien salida de un estado comatoso. Es decir, Anthony acaba de afirmar una cosa totalmente descabellada, sin pies o cabeza. Lo suyo con Mariana desde el inicio tenía fracturas. Digo… ¿Qué relación no las tiene? Me encantaría ver una, porque les aseguro, la de Sebastián con Katherin igualmente las tiene pero mi amigo es muy reservado en ese aspecto, cosa en darle las enteras gracias. No me interesa ser su confesora. De alguna forma entiendo a Mariana, eso de escapar de la realidad, darle la espalda a los problemas y cargarselos a otros no es de valientes, sino de cobardes. No obstante, luchar por hacer volver el pasado, uno que tenía sus cáscaras de banana en el suelo es bastante problemático. Solo coloquemos de ejemplo lo mio con Sebastián, una historia que quedo en pañales, en los inicios de algo crudo donde jamas se vio madurar. No tengo esperanza alguna de retomarlo, de llevarlo a un camino lleno de luz porque desde el principio nuestra única meta fue conocernos, no estar juntos.
Solte un suspiro acabandome la rebanada de pizza y cogiendo otra, Anthony se ha levantando en algún momento e ido rumbo a la cocina en busca de algo, seguramente de platos o vasos imagino que de verlo mamá en estos términos le daría un ataque. Al menos solo nos acompaña Edwuard, mi indencoroso hermano mayor de mal genio en busca de ropa limpia, si piensan que le dare de mi pizza se equivocan, nadie se interpone entre el amor de mi vida y yo. Comiendo como poseída, Anthony regresa con dos vasos de un contenido ámbar aparentemente té frío de limón, la cojo con una mano agradeciendole y con la otra sostengo otro trozo de ese graso manjar hecho por los italianos, mi amigo entre dientes murmura “glotona” y yo simplemente río divertida. No volvimos a tocar el tema de Mariana, tal vez porque no existía mas por agregar o Anthony deseaba a tosa costa evitar salir de sus labios un detalle sustancioso, lo cierto es que abordamos el ver una pelicula en el sofa de la sala en tanto cada uno comía un helado de pistacho y fresa, obviamente el último lo comia la nena de mi amigo. A esos de las tres y menos cuarto, decidimos embarcanos en hacer los deberes de la universidad dejados para mas tarde, como de costumbre, de nuestra parte y de paso aproveche para pedirle explicarme unas cuantas cosas de estadística. Lo saben, soy pésima en cuanto a números se refiere y Anthony un genio en potencia, creo que de no estudiar economía se hubiese dedicado a la matemática pura, le iría super bien. En algún punto de la situación salio mi hermano de su habitación hecho un desastre, solo imaginenlo cuando recien te levantas en las mañanas luego de una buena fiesta pasada la noche y tu único deseo es tomar un zumo de naranja cargado, sin pasar por alto mandar a cualquier ser viviente al infierno. Eduward tenía ese aspecto, el autentico viejo enojon cascarabias y al vernos sentados en la alfombra de la sala soltó un bufido molesto, alegando el creernos metidos en mi habitación haciendo cualquier cosa menos estudiar. Rodee los ojos fastidiada ignorando ese comentario lleno de sarcasmo, porque 1) Eduward esta de mal humor y 2) no vale la pena molestarse con él para reclamarle. Mejor ignorarlo. Puse mucho hincapié a Anthony para que retomaramos el tema, pero este se encontraba ocupado apretando los puños con enojo, vean bien, mi hermano mayor no se quedo en ese comentario indencoroso y he allí el motivo de suprimir la rabia Anthony. Por si fuese poco toda esta semana bajo la ausencia de atención de Sebastián, Edwuard tuvo la desfachates de recalcarlo, mencionarlo y restegar en la cara de mi amigo ser bastante reemplazable, mas si se trataba de un amigo de la infancia. Sin mas mofansose de su logro al llevar al limite a Anthony, Edwuard río entre dientes tomando lo que iba a tomar de la nevera y desaparecer en el pequeño pasillo hacia las habitaciones.
El ambiente estuvo tenso unos segundos donde hasta yo misma detestaba a mi hermano, eso que acabó de hacer era bastante bajo y patético, degradar a mi mejor amigo al compararlo con otro agregándole insinuar ser poca cosa ha sido de lo último. Entiendo que las personas no sean lo suyo, pero de allí ha meterse con Anthony, supera todo lo hecho en este mundo en manos de Edwuard. En esos instantes tengo altas ganas de patearle la cara a él, gritarle imbécil y pedirle encarecidamente no involucrarse en los asuntos de otros, porque si abría bien sus ojos se marmota latosa, mis sentimientos hacia ellos eran diferente el uno del otro. Ojo, con ello no me refiero lo de amigo y primer amor, sino en como se dieron las cosas. Además de que Sebastián esta enojado conmigo en estos momentos, de lo contrario, ya hubiese contactado conmigo mínimo para insultarme.
— No quiero meterme donde aun no he sido solicitado pero — hablo con voz baja mi amigo, sin siquiera mostrarme la cara y aun temblando de la emoción vivida. — no es natural que durante la semana transcurrida evites hablar de él, desde retomar su comunicación solías mencionarlo sin parar. Acaso… ¿discutieron o algo?
Entonces alzo su rostro mostrandome esos grandes ojos color verde iguales a los de un gato, astutos, pendientes de cualquier eventualidad y lo suficiente persuasivos para optener lo que deseara. En esos momentos Anthony no quería mas mentiras o asuntos escondidos, necesitaba conocer la verdad, donde tragarmela no era precisamente una opción.
— Sebastián y yo… no discutimos por algo en particular. — coloque poco a poco las cartas sobre la mesa, evitando colisionar con algo en el camino. — el último día de vernos su mamá fue a visitarlo en la cafetería, nos encontró en una situación que fácilmente podría llevarse al malentendido. Y antes que igualmente lo hagas tu, no es nada prometedor, solamente estaba comiendo de su emparedado, mas nada. — recaló desde el inició al ver los ojos verdes de mi amigo abiertos como platos, bien que le gusta mal pensar a este chico. — Pero su mamá no se lo tomo a mal, de hecho fue todo lo contrario, podría jurar estar encantada con el espectáculo frente a sus ojos. Pero eso no viene al caso. Luego de conversar algunas cosas sin sentido me invito a almorzar a su casa este sábado, esta idea le gusto poco a su hijo he inmediatamente se opuso luchando a capa y espada ese plan no ocurrir. Sin embargo, al momento de aceptar ya no hubo marcha atrás, sentenciandome a mi misma el peor de las desgracias.
No faltaba nada mas por decir Anthony lo había entendido todo a la perfección, al aun tener sentimientos por mi amigo de le infancia, aquella casa iba hacer la magnificencia al horror psicodélico. En pocas palabras, las pesadillas vueltas realidad. Tenia razón en fruncir el ceño, tenía razón en mirarme con reproche y recelo, tenia razón en murmurar insultos solamente para mi, pero sobre todo, tenia razón en querer hecharme toda la bronca encima. ¡David había acertado en el blanco! Tenía que estar lo suficientemente loca como para querer ir al sitio donde tenia su familia, su vida entera construida al lado de otra persona que no soy yo. En cuanto a las razones de Sebastián para no verme allí serian relativas, desde sentirse incomodo gracias a la temporada separados, hasta el descubrir mis sentimientos aun latentes por él. Sinceramente eso último me daba pánico, desde los inicios he sido bastante precabida en ese ámbito, el dejar mis pensamientos sueltos por allí no son lo mio, menos tratándose de Sebastian.
Soltando un suspiro cansado, Anthony se dejo caer al suelo muy cerca de mi escondiendo su rostro entre la mesa y un jarron fucsia, su reacción da algo de miedo pero supongo que es natural si estas cansado de escuchar cosas malas del chico que le gusta a tu amiga. Hasta podía considerar tener malos gustos. Pero no resultaba de esa manera, Sebastián seguía siendo ese chico dulce de hermoso mirar con quien sin importar las circunstancias podías contar, su agradable presencia hacia menos floja mi existir y le da una razón mas para seguir adelante. Quizás no pueda tenerlo para mi, pero un poquito de su tiempo con su amistad lleno ese vacío dentro de mi pecho, era… llevable. Resultaba desolador darme cuenta la falta grande de hacerme Sebastián, estos días de ausencia los he disfrazado en centrarme en la universidad y en mi amigo Anthony, me daba algo de cólera que Edwuard tuviese un poco de razón en todo esto. Estoy tratando de reemplazarlo con alguien mas. ¡Maldición! ¿Acaso no me la paso diciéndole inmadura a Mariana? Porque si la vemos de otra perspectiva ella ha tenido mas valentia que yo para enfrentarse a Anthony, por mi lado, solamente me refugie en los brazos de los estudios y de su ex novio solo con la finalidad de salir herida. En conclusión, no soy astuta, sino cobarde.
— Eres idiota. — me insulto mi amigo desde su sitio, ocultando su rostro de mi. — simplemente… una idiota. Ni siquiera vale la pena decirlo, regañarte es un caso perdido.
— La verdad es que…
— ¡Si quieres algo solo ve por ello maldición! — alzo su voz asombrandome, porque desquebrajo su actitud serena. — estoy de acuerdo con David en lo de perder tu cabeza, pero aveces consideró que si aprendes bajos tus propios medios entenderas la preocupación de tus amigos. — giro finalmente su rostro en mi dirección, en él no mostraba signos de enojo, solo una calma solemne que abrumaba el pecho. — Muchos dicen que no escogemos de quien enamorarnos, pero si quien y de que manera herirnos. Pero eso ya lo has experimentado, ¿cierto?
No había manera de contradecir las palabras de Anthony, personalmente muchas veces intente darle otro significado a mi vida, a olvidar y seguir caminando hacia un futuro lejos de Sebastián. Pero no pude. Desde que me encontré con su madre hasta aquel revoltoso reencuentro en la cafetería, mis pies fueron sujetados con los tentáculos en forma de pasado donde aquella infancia con olor a canela y jengibre, evitaba a toda costa apartarse de mi. No había nada mas, las cartas ya estaban lanzadas desde el inicio, necesitaba volver a verlo aunque sea una vez mas, si él decidía terminar con todo esto lo aceptaría. Pero antes, debía de ser valiente y decirle con todas las letras posibles el rechazar la invitación a su casa, esto no solo nos trajo inconvenientes, tambien malentendidos y separaciones incómodas. Al menos, de mi parte.
— Mañana — dije cohibida, apretando los puños nerviosa. — cubreme con el profesor, llegaré algo tarde.
— De acuerdo.
Cuando se trata de temas sobre chicos soy un asco, en mi primer año de universidad Mariana intento de todas las maneras posibles darme un cambio, hacerme salir del caparazón y experimentar las maravillas del amor. Cosa en fallar rotundamente, mi complejo de inferioridad sumandole las malas experiencias pasadas (incluyendo Sebastián) retrasaron al raz los planes de mi amiga conmigo. Al mismo tiempo no deseaba nada de eso, estaba tan acostumbrada a la soledad, encontrarme en el ámbito amoroso sin nadie al lado que imaginaba el resto de mis días adquieriendo un departamento y adoptando un millón de gatos. De mirarlo bajo otra perspectiva no sonaba tan mal, darle hogar a seres que la pasan peor a uno es una bendición del cielo, al menos para esos seres. Mariana consideraba mi pensamiento retrógrado y estúpido, una chica con una apariencia como la mia jamas quedaría a vestir santos, porque tarde o temprano llegaría el indicado. Sin embargo, no creo en eso, jamas lo hare en la vida naces con suerte o no lo haces, donde efectivamente soy la última. En mi frente tenia la marca permanente de la soltería, el no tener derecho de ser amada por nadie, solo condenarme a querer pero no ser correspondida. Efectivamente mis amigos contradecian todos y cada uno de mis negativos pensamientos, Mariana mas que todo intervenía aconsejandome no llevarme por mis malas experiencias, de ellas jamas se constituirá la vida, forma parte, sin duda alguna pero seguramente mas adelante encontraré algo hermoso. Ahora en el presente, me entraba el dilema si eso “hermoso” se trataba de mi amigo de la infancia, que al pesar de estar casado y con una hija, seguía teniendo esa agradable atmósfera rodeandolo aunque fuese para atender clientes en la cafetería. Aun sigue si percibir mi presencia, hoy me he visto lo mas diferente posible de lo usual, soltado mi cabello y peinado de una forma distinta, agregándole a eso, tome asiento en la mesa mas alejada de todas. Anthony amablemente asintió el cubrirme con las clases de hoy, primero necesitaba resolver este dilema con mi compañero de hazañas de niñez, de tal manera seguiré avanzando sola como venia siendo antes de volvernos a encontrar. Esta claro que el pesimismo es lo mio.
Sebastián aun no ha siquiera intuido mi presencia en el lugar, tampoco fue quien me atendió sino una amable señora dueña de una sonrisa hogareña y calida, es la primera vez en verla pero lo supongo al no visitar la cafetería tan temprano. Los shorts cortos color purpura se pegan a mis muslos con incomodidad, en tanto las calcetas largas negras hasta las rodillas se empiezan a caer al mínimo movimiento que hago de mis piernas, ya lo se, se supone que monstrar piel no es lo mio pero en una situación en cubierto amerita medidas drásticas. Tampoco es que halla dejado de usar vestidos, en realidad adoro utilizarlos igual a las faldas pero evito a toda costa la ropa ajusta o la que obliga a mostrar mucho. La usada actualmente, es ese último. Le doy un ligero mordisco a mi segundo panecillo de vainilla que llevo de la mañana, esperando a la valentía dentro de mi salir a flote o quizás el desocuparse Sebastián de sus labores. No deseo ser un estorbo, se el venir aqui temprano solo con la promesa de librar la pesadez de mi pecho, pero esto contribuyo a incrementarlo mas. El sigue luciendo increíble, hermoso y magnífico, desde mi sitio divise a algunas jovencitas suspirar cuando sonrio al atenderlas, o una que otra mujer de mas atrevida guiñandole un ojo y deslizandole una cuantiosa cantidad de propina generosa. De todas maneras, Sebastián es lo suficiente profecional para simplemente agradecer y retirarse en silencio, debe de amar mucho a su familia para respestarla al punto de rechazar educamente a una joven de razgos muy femininos, o como le dije a mamá antes: el mejor hombre que he tenido la gracia de conocer. Sin dudas, Katherin no debe de temer estando a su lado.
Suspire, era el quinto o sexto suspiro que emitía de mi garganta cansada de ver como Sebastián seguía su vida conmigo o sin mi, tal cual a lo acontecido estos trece años transcurridos. ¿Qué esperaba encontrar de todas maneras? ¿Un estela de llanto con mi nombre por él? ¿Un expresión arrepentida de alejarme? ¿O la noticia de una separación inesperada? Sera ilusión de mi parte imaginar tales cosas, Sebastián no es ese tipo de persona, debería saberlo mas que nadie pues al asumir una responsabilidad no existe nadie en robarsela de la cabeza.
— ¿Desea otro café señorita? — la.voz de la señora amable me trajo a la realidad, percatandome de vaciar el café de mi taza en un descuido.
— ¡Oh! Si no es mucho inconveniente — respondi recatada, sonriendole con una mueca afable.
Ella recogió en silencio los trastes de la mesa mirandome de reojo con algo de picardía, no entendía el porqué pero eso logro incomodarme un poco, al grado de bajar la mirada apenada.
— Disculpe que me entrometa pero, no pude evitar fijarme que usted observaba con atención al joven Sebastián. — acertó la señora llevandome a soltar un respigon de la impresión asustada, viendome contra la espada y la pared. — No se preocupe, su secreto esta a salvo conmigo. Si tuviera la misma edad a la suya probablemente lo hiciera, es un joven muy apuesto y las miradas de chicas hermosas como usted no le sobran, pero tenga cuidado. — me advirtió, observadome con ojos agudos. — Se lo digo a usted porque pareces ser sensata, él esta casado y posee una hermosa niña producto de su amor. ¡Oh como olvidar su esposa! Elegante, sofisticada y muy simpática. Es del tipo de mujer que marca la diferencia en cualquier lugar, una muy buena chica. Por eso, no pierda su tiempo.
— No pretendía hacerlo señora. — respondi bajando mi rostro, sintiendo como una cuchilla en formas de palabras se incrustaba en mi pecho con impetud. — solo me parece increíble como llama la atención de la multitud.
— Si, el joven Sebastián es muy famoso, mas en las mañanas. — soltó una risita en dirección de mi amigo que ahora atendía a niñas de secundaria, creo una de las mas cercanas a la cafetería. — es cuando se concentran las jóvenes, y si van a clase se incrementan. Usted no parece frecuentar mucho por aqui, ¿estoy equivocada?
— En lo absoluto — le segui la corriente, dándole ligeros mordiscos a mi panecillo. — al menos, no en la mañana. Me gusta al mediodía por los emparedados. Estudio en la facultad de Economia de la Universidad central de la ciudad, venir por bocadillos aquí en tanto espero a mi mamá… es una costumbre.
— ¿No le queda un poco lejos?
— No cuando posees auto.
De pronto fuimos interrumpidas por unas de la empleadas por el turno de la mañana, una mujer de aproximadamente dos años mayor que yo encargada de hacer los cafes, aparentemente tenia inconvenientes con la maquina y necesitaba ayuda. La señora pidiendo disculpas por entretenerme mucho, emprendió su marcha hacia detrás del mostrador para traer el pedido que deseaba. Me deslize por la silla hasta quedar en una posición incomoda, aunque podía ver con claridad como se movia Sebastián por el local, mi mente seguía reproduciendo las palabras dichas de aquella mujer: no perder el tiempo. Era cierto, pensar en hombre comprometido era perderlo, aun mas, estar detrás de su yo de la niñez. No obstante, otra parte dentro de mi dolia porque el desear algo con todas tus fuerzas no significa conseguirlo. Amaba a Sebastian, lo amaba tanto que le restaba importancia estar casado y con hijos, pues mi cariño es para él no alguien mas de su familia. El amor no significa ser egoísta, costa en que si esa persona especial es feliz, tu igualmente lo eres. Eso, al menos, es mi único consuelo.
— ¡Pioja! Mira nada mas como te ves hoy. — una voz escandalosa inrrumpio mi paz interior, asustandome y dando un brinco en el proceso. Solo existía alguien en el mundo en llamarme de esa manera, Rafael. — te encuentras inrreconosible pero… ardiente como el Sahara.
Colorada, esa era mi descripción en ese momento, roja como una manzana madura ante el escrutinio de mi amigo Rafael. No estoy acostumbrada a recibir cumplidos por parte de los hombres, asi que, estoy buscando el lugar propicio para esconder mi cabeza en un hollo igual al avestruz. Aprovechando ese momento de debilidad, el moreno se inclino sobre mi apoyando su mano en la mesa sonriendome ladinamente, no sabia con ciencia exacta si era juego o en verdad. Sin embargo, la intencidad de su mirada me cohibia, reduciendome a un hámster asustado de un perro hambriento. Encogiendome de hombros trague saliva, no despegue mi ojos oscuros suyos emitiendo ese particular brillo y menos la mueca pícara que poseia. Entonces, ocurrió, el sonido de un golpe seguido de la mano de alguien conocido directo a su cabeza le obligo a apartarse de la mesa y quejarse de tal exabructo, que en tanto él se sobaba la zona de su dolor el aire se me escapaba de los pulmones ante su imagen. Sebastián, se trataba de mi mejor amigo de la infancia que poseia una expresión huraña en el rostro, en su mano libre sostenía a mi parecer el pedido mio hacia la señora costando de un café con leche, suelo pedirlos en la mañana al ser bastante suaves. ¡Pero eso no es relevante! Mi amigo en verdad parecía bastante enfadado recordandome cuando eramos niños, en esa época tenía un chico detrás de mi que me acosaba, era muy lindo, no lo niego pero su comportamiento destruia por completo su apariencia de ángel. Era en ese instante de aparecer mi amigo empujandolo lejos, insultandolo y advirtiéndole no pasarse de listo conmigo nuevamente. En este instante no viene al caso, solamente se trataba de moreno molestando de costumbre, venga, yo no poseo el atractivo necesaria para llamar la atención de los hombres menos los parecidos a Rafael.
— ¡¿Pero a que ha vienido eso?! — chillo dolido moreno, mirando con molestia a su amigo.
— Creí ver una mosca sobre tu cabeza. — confeso sin emoción, de hecho, su frialdad me congelo la sangre. En lo absoluto parecía a Sebastián, sino otra persona. — agradece de salvarte de ser picado por ella.
— ¡En tu cara lleva escrito ser una mentira! — se defendió señalandolo, en tanto nuestro amigo colocaba la taza de café frente a mi, la chica petrificada en la situación. — Y francamente… ¡No lo encuentro gracioso!
— Es porque no bromeo. — hizo una pausa soltando un suspiro, hundiendo sus hombros y nuevamente dirigiéndose a él. — Rafael, dejame decirte algo. Aunque te considere un amigo muy cercano, odio hasta los huesos cuando te comportas como un casanova de cuarta, mas si con la que tratas de jugar en MI AMIGA de la infancia.
— ¡No estoy…!
— Como sea. — la interrumpió dándole la espalda, mirandome directamente sin dejar esa expresión molesta de su cara. — ve a anunciarte o la señora Constance comenzara a bramar como un perro, saber como se comporta ante el incumplimiento o ausencia de su personal.
El moreno se quedo unos segundos fijo en su sitio, pensando quizás, que Sebastián se daría la vuelta con una mueca amistosa deciendole ser todo una broma y asi juntos reírse. Cosa en no ocurrir. Pasado el minuto, Rafael me susurro un “lo siento” hundiendo sus hombros y caminando al interior de la cafetería, de esta manera quedamos solos Sebastián y yo en medio de un café humeante. Mi amigo soltó todo el aire de golpe ocultado sus ojos bajo su mano, tenia la pose típica de tus padres cuando llegas muy tarde a casa luego de una fiesta y llegas tomado, generalmente vendrían los gritos, regaños, reproches al no anunciar tu ausencia por horas. Pero no, mi amigo no hace nada de eso, solo permanece en la misma pose por un buen rato asustandome un poco. No deseo darme ilusiones, menos esperanzarme con un Sebastián interesandole un poco aunque este casado, esta mal, muy, muy, muy mal y lo peor de todo produce en mi pecho un efecto igual a un flor floreciendo. ¡Agh! Detesto esta sensación de cosquilleo en mi corazón, destesto que quiera correr a los brazos de mi amigo para abrazarlo, pero sobre todo, detesto que siga amandolo al pesar de las circunstancias en mi contra. Quizás si deba correr, pero muy lejos de la presencia de Sebastián, al final ocurrirá lo que dijo David, saldre lastimada.
— Lo siento. — dijo de la nada, obligandome a volver a la realidad lejos de mis contrariedades. — Yo… no debí comportarme de así esta semana, menos… menos actuar como un loco frente de Rafael cuando quizás… ¡Agh! ¡En verdad soy un idiota! Ni siquiera tengo derecho, es decir, volvimos al inicio como dos completos desconocidos y… — chasqueo la lengua muy frustrado, en general mis cuerpo vibra con conmoción es como si sintiera la incomodidad de mi amigo. — en verdad, en verdad lo siento Isabell. En este tipo de situaciones, vuelvo hacer el mismo niño miedoso que tu conociste.
No respondi nada, tal vez porque no tenia nada por acotar, o quizás, en culpa de tener el pulso igual a un viejo con problemas de la memoria. Lo cierto es que, la capacidad de digerir lo ocurrido frente de mis ojos se redujo a nada, es decir, ¡Sebastian esta casado! Y sus aparentes… ¿celos? Son producto de las vivencias en nuestra infancia, esa vena protectora que poseia al verme como aquel objeto de su protección, en pocas palabras, esa segunda hermana que jamas tuvo. ¿Acaso no es triste pensarlo? Si, si lo es pero al menos me aferro hacer importante para él a ese nivel, uno muy parecido o igual al familiar. Asi que, reponiendo mis cinco sentidos ahora mas maltratados y dolidos, sonreí de soslayo aprovechando de sostener entre mis manos la humeante taza de café con leche y darle un sorbo. La combinación espléndida de lo cremoso con lo espeso exploto en mi garganta, logrando expandirse en mi pecho y de esa manera calmar los nervios a flor de piel que poseo. Ya me encontraba lista para hablar.
— Relajate, Sebastián. — comente con voz pausada, calmada, tratando de transmitirle estar bien con lo acontecido. — No estoy enojada por eso, de hecho, desde pequeños jamas pudiste lograr sacar lo peor de mi y quizás… sea un de tus dones.
— Pero deberías — replicó, mostrando sus encantadores orbes esmeraldas hacia mi. — deberías enojarte conmigo por no llamarte ni mandarte mensajes, aun mas, comportarme como Edward al tratar de un chico llegar a ti. Porque seamos sinceros, no tengo el derecho.
— De pequeños fuimos inseparables, como dos gotas de lluvia, uno junto a la otra. — le explique sonriendole complacida, porque su rostro de cachorrito arrepentido valia mas que cualquier cosa. — eres mi hermano con otra mamá, la otra mitad de mi pastel de zanahoria, ese con quien haría un pacto de sangre al estilo películas americanas. Por eso, restale importancia y relajate. — apoye mi espalda en la silla, sorprendiendome a mi misma el grado que tenia para mentir, para voltear la tortilla y colocarla a mi favor. Sino miren a Sebastián, complacido hasta los tuetanos de toda esa sartada de idioteces salidas de mi boca, donde ninguna de ellas, realmente las sentía. — El enojarse forma igual parte de ser hermanos.
Mi amigo soltó una carcajada aliviado, parecido a quitarse un peso enorme de encima pues aparentemente ha hecho las pases con su mejor amiga, aunque francamente no merezca tal título, en la frente de él decía poseerlo con intereses desde hace mucho tiempo. Una parte de mi igualmente se encontraba aliviada, solucione el problema con Sebastián y nuevamente volveríamos a estar bien, pero la otra, me culpaba solemnemente por emplear tácticas sucias para lograr mis cometidos. El ser humano es tan vil, permite engatuzar a personas inocentes solamente para su satisfacción personal, porque eso hice, le llene las orejas a mi amigo de la infancia con palabras que quizás siempre deseo escuchar con la finalidad de mantenerlo a mi lado. Pude pensar en despedirme de él hace unos días, considerar esta relación un caso perdido, pero notando que tal cosa no es así, idealize los mecanismos necesarios para retenerlo. Ahora, desde lo mas profundo de mi corazón, en lo absoluto me arrepiento.
— A todas estas. — freno su risa refrescante, adoptando una postura seria. — ¿No deberías estar en clases?
Oh, vamos… ¿quieres ser mi madre tambien?
— Solamente debía de entregar un trabajo — alegue a mi favor, mirando a otro lado menos la cara de reproche de mi amigo. — Anthony se encarga de cubrirme por si ocurre cualquier cosa, me lo prometió.
— ¿Anthony? — pregunto confundido, como si nunca le hubiese hablado de él.
— Recuerda, es mi mas cercano amigo de la universidad. — le explique con voz monocorde, igual a una maquina descompuesta. — él y su no… digo, su ex novia, han sido los únicos en brindarme una amistad sincera. Bueno, eso hasta que Mariana confundió nuestra relación por algo mas.
— Eso último si no me lo contaste. — deslizo una silla hacia atrás sentandose frente de mi, preocupandome por entretenerlo mucho en su trabajo.
— Es una historia muy larga… ¿puedes hacer eso en tanto trabajas? — inquiri arqueando una de mis cejas y señalando su comportamiento inusual.
— La señora Constance me cubrirá. — alzo los hombros restandole importancia y acercándose un poco a mi, adopto en sus ojos una clase de brillo travieso que me quito el aliento. — me dijo que una hermosa señorita estaba observandome desde un rato pero no se atrevía a hablarme, inmediatamente pensé en Isa y quise darle un buen servicio.
— ¿Ser mi consejero en nombre de la amistad?
— No — coloco sorpresivamente su mano sobre la mia apretandola, un tsunami se formo en mi estomago destruyendo todo a su paso. — quería ofrecerle una vez mas mi amistad y disculparme por ser un patan, porque quizás ella solo quiera formar parte de mi familia pero el idiota de su mejor amigo tenia miedo de volver al pasado, de separarse de imprevisto y perderla una vez mas.
Abrí mis ojos imprecionada de tal confección, aunque no fuese precisamente de índole amoroso sentía la inquietud de Sebastián, porque yo todos los días desde volver a retomar nuestra amistad la sentía. En el pasado la circunstancia se pintaron de esa forma, eramos niños y era inevitable seguir nuestros caminos separados, pero en el presente la situación es otra al ser los únicos responsables de seguir con esto o no. Debido a eso, aprete el agarre de sus dedos contra los mios sonriendole como solia hacerlo cuando estamos pequeños para tranquilizarlo, Sebastián por unos segundos se quedo quieto, muy quieto ante la imagen proyectada en esos instantes frente suyo. Luego, coloco la otra mano encima de el agarre igualmente sonriendo de la misma forma que el pasado, tenia la intencidad de un sol veraniego pero la suavidad del viento en primavera.
— Que chico mas tonto — soltó una risita nerviosa, deseando desde el fondo de mi corazón que mis manos no empezaran a sudar de la nada. — se le olvida que hice una promesa con él de niños, estaba pensando en organizar donde sera el asilo donde estaremos. Uno de sillas muy cómodas.
— Ah… seguramente allí podrá escuchar mas historias de su parte, — suspiro riendose en el proceso tambien, nervioso seguramente de nuestras manos sujetas igual a cuando eramos niños. — pero ahora desea saber una en particular.
— ¿Estas seguro? — me reincorporare en mi asiento, dejando ir las manos que una vez fueron pequeñas y adorables, ahora eran las de todo un hombre. — no quiero entorpecer tu trabajo.
— Nada que ver, en verdad no existe inconveniente. — aseguro sentandose igualmente en la silla coreptamente. — tenemos bastante tiempo antes del mediodía y enviarte a la universidad.
— ¿Te han dicho que tienes actitudes iguales a una madre?
— ¿Quieres comportarte igual que Karla? — pregunto imitando mi tono de voz — no quiero ser el responsable si repruebas algunas de tus asignaturas, la profesora Annabeth podría querer decapitarme. Asi que, me cuentas la historia y de regreso a clases.
De acuerdo, de acuerdo. Delante de mi no esta mi amigo de la infancia, sino Sebastián el padre responsable de la crianza de su pequeña hija, aunque me gusta verlo con ese aire de madurez envolviendolo odio ser tratada igual a una niña. Sigamos la corriente nada mas.
— De acuerdo.
Comence el relato desde los inicios en la universidad, cuando era lo suficientemente sensata para no pegarme a cualquier grupo de incautos y hacerme su amiga, una de las virtudes de crecer era la capacidad de comprender que no cualquiera es una buena persona para pasar el rato. Ejemplo seria las chicas rodeando actualmente a Mariana, son muy superficiales, pendientes de la características físicas de las personas en lugar de fijarse en su alma, si son buenas personas o inclusive poseer hábitos de estudio. Pero no, en su criterio si una persona se abstiene de vestirse a la moda, es alguien que inevitablemente pierde la capacidad de tener su atención. Mariana no es la excepción de la regla, creanlo, porque desde el comienzo decidió ser mi amiga con la intención de hacerme cambiar en muchos aspectos de mi vida y como podrán esperarse, el tipo de individuo que soy es de las permanecer todo el tiempo necesario en casa jugando videojuegos o leyendo un libro. Las amistades, novios o reuniones sociales no eran lo mio, por lo tanto, las evitaba como la peste. Sin embargo, Mariana se reinvindico conmigo percatandose que no necesariamente las personas ajenas a la moda son idiotas o sonsas, pues tenían razones e igualmente motivos para mantenerse al margen de las tendencias. Es como dicen, que te vistas sencillo, no habla de la persona por completo, menos de tener o no dinero.
Entonces, luego de algunas experiencias vividas juntas en el ámbito educacional terminamos haciéndonos amigas, obviamente hablaba con otras personas como Gabriela, la encargada del consejo estudiantil pero no era lo sufiente cercana a como lo es Mariana conmigo. Para cuando entra en escena Anthony mi amiga estaba enojadisima, frente a sus ojos el chico no hacia mas que aprovecharse de las circunstancias e involucrarse en los grupos de estudio donde ella se encontraba, la finalidad es bastante obvia, aprender de los buenos estudiantes. Me causaba mucha risa, mi amigo era del tipo sumiso o cauteloso, se dejaba gritar por Mariana cada vez de tener oportunidad, escuchando cada insulto y título salido de sus labios al no tener mas opción. Una vez me dio mucha pena, luego de una sección de gritos por parte de Mariana quedamos nosotros dos con Gabriela, ella alegó tener que ocuparse de otros asuntos relacionados con el consejo y retirarse rápidamente. En el primer año Anthony era bastante solitario, poseia uno que otro amigo digno de su atención con quienes se les veía conversar, pero en los pasillos se mostraba sin nadie alrededor. Me resultaba curioso, e incluso, interesante. En la vida me ha gustado ver a las personas aisladas, menos sin amigos o acompañantes. Por ese motivo al ver los tratos de Mariana junto con su solitaria actitud, me llevo a ese día a entablar una conversación que mas adelante nos llevaría a una amistad.
Mi amiga al comienzo no estuvo muy de acuerdo con ello, rezongaba, pataleaba, discutía y degollaba verbalmente a Anthony con todas las palabras habidas y por haber. Llego el momento donde no se quedo callado, tal vez por cansarce de ser insultado o obtuvo la confianza necesaria haciéndose mi amigo, convirtiéndose de esa manera en una campaña campal de palabras. ¿Lo mas gracioso de todo? A nosotros tres se nos veía en todas partes juntos, claro, yo en medio de ellos igual a una pared recibiendo golpes, en esta ocasión, en forma de sonido. Muchos se acercaban a mi, entre ellas las gemelas que estudian otra carrera en la facultad de economía, alagandome ante la perseverancia que tengo al soportar tal pareja dispareja, en mi defensa mencionaba apreciarlos a los dos, porque aseguraba que tarde o temprano comenzarían a llevarse bien. ¡Y vaya manera! Cuando empezaron a salir recuerdo firmemente quedar de piedra, ambos se mantenían sentados muy juntos conversando con armonía, eso mismo, leen perfectamente bien ¡Armonia! Llevandome a preguntar cual fue el cambio drástico de las cosas. Mis amigos sonriendo cómplices se tomaron de las manos alegando simplemente ser tocados por el amor, cosa en creerles solemnemente. De su noviazgo puedo decir muchas cosas, ver por ejemplo, un lado mas suave de Anthony queriendo complacer a Mariana en todo lo que quisiera, en ella igualmente, planear durante momentos de descanso los platillos posibles cuando fuera a su casa, siendo está la cómplice de dichos amantes. ¿Y yo? Feliz, agradecida a la vida porque tenía un poco de paz, respirar aire puro y no contaminado de malas palabras.
Aunque, eventualmente, esa burbuja exploto en miles de partículas.
Anthony fue invitado a una fiesta organizada por otra carrera, administración, celebrando la vuelta de las vacaciones. Obviamente, no asisti, eran el tipo de eventos que odiaba presenciar al ser el centro a la hipocresía, ya saben, sonrisitas y comentarios con forma de puñal directo a tu espalda. Pero Anthony si deseaba desesperadamente ir, aunque de igual manera Mariana tampoco lo podía acompañar, asi que al final termino marchandose solo. Costaba admitirlo pero siempre sentí una tensión entre una de las gemelas y él, aborde evitar el tema al ser capaz ser producto de mi imaginación, pero no estaba equivocada. Mariana acudió a mi corriendo desesperada a relatarme lo ocurrido, su novio, aquella persona en depositarle su entera confianza fue lo suficiente cretino para engañarla con otra chica. Allí inmediatamente caí en cuenta que mis suposiones, no eran fantasías. Fue muy difícil para ambos la separación, trate de ser Suiza, no involucrarme muy a fondo con el tema del engaño y dar una visión imparcial pero eventualmente mas problemas se presentarían. Mi amiga confeso que de ninguna forma era objetiva con el asunto, yo me había inclinado al lado de Anthony, no de ella, tomando como consecuencia separarnos un poco. Seguíamos siendo amigas, aunque no tan unidas como antes.
Eso nos lleva al presente, maliterpretando mi relación con su ex novio al vernos abrazados debido a un momento de debilidad de mi parte, por supuesto, no le hable a Sebastián el motivo de ese llanto y menos le insinue algo, simplemente me limite a decir lo menos comprometedor posible. Por su parte, permaneció completamente en silencio, solo observandome detalladamente lo pronunciado por mis labios y tal vez analizandolo. Francamente, me dio algo de vergüenza estar en la mirada de esos increíbles ojos esmeralda, era su centro de atención, solo suyo y nadie mas, me hacia sentir importante pero a su vez cohibida. Desconocía si tenia la capacidad de sonrojarme con facilidad, pero en esos momentos tenia el rostro caliente, lo presentía. Asi que terminado el relato, baje la mirada dándole un buen trago a mi café casi frío para darle algo de frescura a mi garganta, igualmente de sentirla seca como si hubiese permanecido muchas horas hablando.
— Me da un deja-vu el relato. — soltó una risita ahogada Sebastián, girando su rostro a otro lado. — cuando eramos niños confundían nuestra cercanía, diciendo que eramos novios. Hasta mi propia madre lo hizo.
Soltó un respingo sumamente sonrojada, aun recordaba muy bien eso, en el fondo agradecía no estar bebiendo café de lo contrario estuviese atragantada.
— Quizás la sociedad no ha cambiado en lo absoluto desde nuestra niñez. — siguió hablando, girando y demostrando sus pomulos igual de colorados que los mios. Mi estomago dio un giro conmocionado, tenia nervios. — aun maliterpretan relaciones cercanas de una chica y un chico, sin ser necesariamente un noviazgo.
— Pero… nunca he sido tan cercana a un chico como lo he sido contigo. — aprete los puños con fuerza, evitando ser consumida por este sentimiento opresor atacando mi pecho. — es decir, si soy cercana a Anthony, aunque… yo… y él…
¡Maldición! ¿No podía ser mas patética? Tartamudeando muerta de la vergüenza frente el amor de mi infancia, demostrando ser una completa estúpida en este tipo de temas. ¡Esto no se trata de nosotros! Sino de mi amistad con la ex pareja dispareja.
— C… como sea — trague saliva, sonriendo y acomodando un mechón de mi cabello molesto obstaculizandome el mirar bien. — eramos niños y ellos no tienen limites, nosotros somos como hermanos y aveces deseo paterle la cara a Anthony. Creeme, llegua a desesperarme en muchas ocasiones.
— ¿Nuestra hermandad es infinita? — pregunto con picardía, juntando sus manos y colocando su mentón encima de ellas. Sin saberlo esa pose me inquieto, nunca le había mirado una postura tan lasiva y… alborotaba mas mis abejas asesinas dentro de mi estomago. — ¿Es eso?
— Si… como las almas perdidas que finalmente lograron encontrarse. — musite con voz ida, pues me encontraba concentrada en su egnimatica mirada.
— Me agrada ese termino — señalo, sujeto la taza de café y dándole un sorbo. Mi esófago e hígado brincaron impresionados, el estomago… bueno, el simplemente se desmayo. — después de todo, nosotros volvimos a encontrarnos.
Oh, santo, cielos. Esa mirada, esa jodida pero hermosa mirada capaz de drenarte la sangre, llenarte las venas de lava y quemarte todo el cuerpo parecido a sufrir una combustión espontánea. De esa manera me sentía, entre las lavas de un volcán a punto de hacer erupción, porque en la vida Sebastián me había observado de esa forma, intensa, a la vez suave y con el toque de… ¿ternura? Si, eso mismo, como cuando deseas tener algo pero tus manos estan llenas de objetos, por lo tanto, te limitas a simplemente desearlo. Algo toco fondo dentro de mi, no podía pensar este tipo de cosas, no podía, no podía, no… ¡No cuando Sebastián esta casado! Maldición, maldición, maldición. Esto esta mal, muy, muy, muy mal en realidad, yo soy la que estoy mal. ¿Qué gano haciendome ilusiones con lo ajeno? Nada, solo un puñal directo al corazón. Debo volver a mi encierro, si, eso mismo, reponerme y centrarme en la realidad.
Primero, hablar de lo que vine hacer realmente.
— Por cierto, antes que lo olvide. — aclare mi garganta, obligandome a mi misma a reponerme. Mi amigo sigo tomándose el café sin signos de cambio, descarado. — Deberías disculpar a tu mamá en mi nombre, creo que no puedo ir al almuerzo de mañana.
— ¿Eh? — parpadeo varias veces sin entender, dejando la taza en la mesa confundido. — ¿Por qué? Mamá y Katherin ya han comprado el cordero para el estofado, de hecho, es la primera vez que las veo a ambas de acuerdo en un mismo fin. Debería agradecertelo.
— ¿Se llevan mal? — enarque una sola ceja, ahora era yo quien necesitaba un trago de café.
— Mmm… mal como mal, no, pero tampoco son las mejores amigas que salen de compras. — río nervioso, rascandose su rostro algo cohibido. — Es mas, esta era una de las razones para no querer verte en casa, evitar ver ese tipo de escenas. ¡Pero ya no debes de temer! Todo se ha solucionado, incluso Karla desea conocerte, te hizo un dibujo y todo.
Oh… malo, muy malo. Esa cara de cachorro y motivos hacen flaquear al punto de desequilibrarme, mas si esta involucrada una menor, igual que ella deseaba conocerla en persona y no en medio de una foto. En el pasado su existencia me causo mucho dolor, pero eso quedo atrás, ella es la viva imagen de mi primer amor y no debe ser tan malo. Aun asi, hablar de su mamá de esa manera… estaba muy lejos, seguía manteniendo mis dudas al respecto de presentarme en esa casa. Si David no viviese en otra ciudad le pidiera el favor de acompañarme, seguramente él no se opondria, en cambio Anthony, mantiene el odiar a Sebastián aun sin conocerlos solamente por producir un millón de emociones triste en mi. Sin embargo, eso era problema mio, no de mi amigo. Lo que sienta o deje de sentir, solo me concierne y a nadie mas.
Aguarden, aun existía alguien que si tuviese la tenacidad de acompañarme sin protestar, agregándole, encantada de encontrarse con esas personas. Mamá.
— De acuerdo, ire. — la chispa de la felicidad se encendió en Sebastián, aprovechando de robar el último trago de café y esconder su sonrisa. — pero espero no oportunarte que mi mamá me acompañe.
— ¿La profesora Annabeth? — pronuncio emocionado, a la vez, medio asustado. — ¡Estaria encantado! Mas si conoce a Karla.
— Si es asi, mañana sin falta estare allí. — termine aceptando sin mas contrariedades.
Esa misma tarde ya en clases le mande un mensaje a mi mamá con las nuevas noticias, como era de esperarse no coloco oposición de acompañarme, mas bien lo tomo igual a un almuerzo de colegas al ser la mamá de Sebastián igualmente profesora. Asi que de manera confirmada, este fin de semana estaría conociendo la casa de mi primer amor, lo malo, nada bueno podía esperarme en ese lugar.
Eso, mas adelante, estaría comprobado.

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