8
Para cuando la nieve llega a tu vida no para congelarte sino llenarla de alegría
Para cuando la nieve llega a tu vida no para congelarte sino llenarla de alegría
Mitzuki jamas entendería por completo a los hombres, o mas bien, a su novio Purpure. Desde la reunión en noche buena se comportaba de una manera bastante extraña, parecía querer alejarla pero a su vez la miraba con ojos de anhelo, pidiendole algo que jamas podría descifrar sola. ¿Qué deseaba de ella? Es todo un misterio.
Hablando de noche buena, todo estuvo muy alegre, Momoka y Heisuke cantando a dueto como un par de cotorras, Harada y Shimpachi tratando de alterar las bebidas de los demás, unos Purpure y Minami corriendo atrás de estos, dejando a un lado los primos Saito comiendo aperitivos mientras observaban el panorama caótico sin signos de entromertese en ello. Claro, la paz, la desastrosa pero encantadora paz. Lo peor seria cuando Souji con una sonrisa siniestra en el rostro logro el cometido de sus senpais dejando todos en la entera nubla de la locura.
Hablando de noche buena, todo estuvo muy alegre, Momoka y Heisuke cantando a dueto como un par de cotorras, Harada y Shimpachi tratando de alterar las bebidas de los demás, unos Purpure y Minami corriendo atrás de estos, dejando a un lado los primos Saito comiendo aperitivos mientras observaban el panorama caótico sin signos de entromertese en ello. Claro, la paz, la desastrosa pero encantadora paz. Lo peor seria cuando Souji con una sonrisa siniestra en el rostro logro el cometido de sus senpais dejando todos en la entera nubla de la locura.
Siendo sincera la castaña, no recordaba mas nada luego de beber del contenido de una copa de color rosado, vayan a saber que seria, aunque su sabor no era igual de bonito como su color. Primero es un sabor amargo, segundo, pasa por tu garganta y quema todo a su paso hasta llegar a los tubos digestivos, y tercero, hace perder el sentido a la realidad o lo falso. ¿Quién ha sido el gracioso de hacer algo así? Cuando los descubriera haría un delicioso estofado. Lo llamaría “Sacrificio divino”. Pero todo eso quedo en nada mas que palabras, porque de inmediato la ojos calabaza se sumergió en las olas de la confusión y del calor que nacía dentro de ella pero no podía controlar. En sus retrasos de memoria rota, se veía a ella misma cantando a todo pulmón junto con Momoka y Minami, bailando o mas bien, saltando al compás del dueto de unos Reika y Saito muy, pero muy animados y sonrientes. Sin duda el fin del mundo. Luego cambiaba el escenario estando a solas con Purpure, la verdad el sitio era bastante oscuro y casi no se observaba nada, pero la chica conocía muy bien la fragancia de su novio y la magnitud de su piel rozando la suya. Si. Rozando, porque lo ocurrido en esos instantes fue sin dudas lo mas subido de tono en toda su vida. Los labios de Purpure sobre los suyos, las manos de él en la pequeña cintura de ella y un dedo travieso queriendo colarse de bajo de la camisa, la presión de otro cuerpo sobre el suyo y la pared fuerte detrás sosteniéndola. Las respiraciones, suspiros, jadeos y otro que otro sonido jamas producido por su garganta, eran los recuerdos que le producían escalofríos. ¿Como llegaron a eso? Ni ella misma lo puede deducir y preguntárselo al azabache seria una locura total.
Aunque al menos tendría este fin de año para poder atreverse hacerlo.
« Se supone que el mejor día de toda mujer debe de ser cuando se casa, pero para esta desafortunada novia las cosas no serian así, porque mientras era rodeada por varias chicas eufóricas arreglándole el kimono de bodas no paraba de pensar lo muy desgraciada que se la pasaba en esos momentos. Sobre todo, el odiar con toda su alma a las personas encargadas de traerla a este mundo, sus padres, aun mas a su madre. Gracias a ella no veía nada mas que el reflejo del espejo frente suyo a una hermosa muchacha con la cara mas triste de todas.
Si tan solo su boda fuera con él.
Con su Hijikata-san.
Las cosas serian distintas.
Con su Hijikata-san.
Las cosas serian distintas.
Como iba diciendo, gracias a su madre consideraba este ser el peor día de su vida. En su ultimo encuentro con el azabache cuando se reconciliaron, ella se entero de las actividades en los cuarteles generales del Shinsengumi donde de inmediato mando a un jercito comandado de puros demonios a buscarla, agregando matar a todo aquel que impidiese tal hecho. Al momento de entrar los soldados a la guarida del Shinsegumi una arrasadora batalla se prendió trayendo como consecuencia muchas perdidas, y para lo peor, la lucha entre Ryuu el hermano menor de la princesa contra ella. Si quieren saber los resultados deberán considerar lo obvio. Ella fue nuevamente puesta en cautiverio y expuesta a tener guardias las 24 horas de día. Llegando así a este fatídico momento. La princesa suspiro en el momento de terminar de arreglarla, una de las mosas admiro su belleza entera felicitandola deseandole la mayor de las dichas, obviamente aquella muchacha desconocía por completo la realidad de las cosas, el casarla obligada. Retirada todas las que ayudaron a colocarle propicia para la boda, entro de manera automática su madre llevándola a fruncir el ceño muy molesta, porque sin duda la estaba detestando mucho.
La Reina de los sangre pura mantenía un semblante calmado, bañado en una indiferencia increíble al estar siendo mirada de esa forma por su hija, con tal, ese día todos los dolores de cabeza culminarían.
La Reina de los sangre pura mantenía un semblante calmado, bañado en una indiferencia increíble al estar siendo mirada de esa forma por su hija, con tal, ese día todos los dolores de cabeza culminarían.
— Veo que ya estas lista — pronuncio la mujer sin emoción alguna, mirando a su hija de abajo hacia arriba — Chikage-san estara encantado al verte vestida de esa manera, estas radiante… aunque cambia esa cara ¿Quieres? No es un velorio, es tu casamiento.
— Pues siento que fuera uno — casi la interrumpia con altaneria — hoy van a enterrar mi felicidad si me casan con Chikage.
No era justo.
Era malditamente injusto.
Casarse es un error.
Era malditamente injusto.
Casarse es un error.
— No volvamos con lo mismo, princesa — suspiro tocando sus sienes la madre de esta — Cumple tu deber como sangre pura y futura reina de los demonios, estar con ese mestizo no te da ningún beneficio.
— ¡Tu solo piensas en lo que obtendrás! — se levanto de su asiento, rigiendo furiosa — ¿Beneficios? ¿El amor no es considerado uno?
La mamá de la princesa soltó un suspiro cansada, estaba lo suficiente exahusta como para soportar las berriches de su hija, donde a lo largo de los años ha estado encaprichada con un simple mestizo, aun cuando tiene a alguien tan majestuoso como Chikage. No importa, puede lloricar todo lo que quiera, pero quisiera o no, terminaría casándose con él, lo certificaba. Llegó el mometo de pensar como demonio, no una tonta niña suplicando devolverle su juguete favorito.
— Princesa, ya no eres una niña — la miro con el ceño fruncio, muy seria — el amor, cariño o cualquier otra de esas cosas no valen cuando eres un demonio, sobre todo, cuando eres la supremacía en tu especie. Acepta tu destino de una vez, debes casarte y punto.
Antes de poder responderle algo, su madre salió de la habitación dejándola con las palabras en la boca, la princesa sumamente frustrada arrojo todas las cosas de su peinadora al suelo, su reflejo parecía estar sufriendo alguna especie de dolor profundo. Casi y lo estaba. Aveces se preguntaba si una vez su progenitora le deseo felicidad, no una superficial con mucho poder a su alrededor, sino de la mano de un hombre que realmente amara ella porquien fuera no su raza. Coloco sus manos sobre su cara llena de cólera y rabia, comenzar a llorar seria una perdida de tiempo, aunque el desear un milagro a estas alturas no estaba de mas.
Se le acababa el tiempo, lo sabia a medida que pasaban los minutos en movimiento, viendo como sus soldados caminaban de un lugar a otro, equipandose y pasando sus ordenes para su siguiente plan. Robarse a una novia. Hijikata desde aquel día de reenconsilación con la princesa, supo de inmediato que no debía de dejarla ir, aunque halla sucedido un enfrentamiento inesperado con muchas bajas, en el cual, no pudo participar estando aun recuperándose de sus heridas de una anterior batalla, supo de las eminente lucha de su amada con su hermano. Donde perdió y fue capturada. En esta ocasión iba hacer las cosas bien, porque confiaba en el amor de esta y su gran fervor hacia él, la rescataría, la alejaria de las garras de Kazama. Costara lo que costará. Debido a ello, Hijikata llamo a la participación de Saitou y Shimpachi, quienes amablemente accedieron a esto por la felicidad de su anterior jefe. De hecho, contaría con sus mejor hombres para poder infiltrarse en la boda, estando adelante Yamazaki junto a Saitou, muy buenos para servir de sombra y involucrarse con los demás. Luego les seguiría Harada y Shinpashi, impulsivos pero en un buen papel para retener posibles guardias, seguido de esto Heisuke, Sannan-san y él para poder llegar al altar deteniendo esta locura. Hijikata jamas ha tenido miedo de algo, menos lo tendría de la familia de la princesa sumandole a un Kazama Chikage, si ese demonio idiota pensaba ser este el día mas grandioso de su vida, se equivocaba. Seria el peor, lo certifica. Entonces ante sus ojos, apareció Souji vestido con las ropas occidentales listo para la batalla, su rostro demacrado mantenía una mueca de diversión haciéndole creer al azabache que conocía sus intenciones, mucho antes del principio. Caminando con rapidez, Hijikata fruncio su ceño muy desconforme de tal acción, el ojos verde necesitaba en estos momentos sumo reposo, aun no han decidió darle el elipse que supuestamente cura su enfermedad, por eso debía de seguir cuidando sus pasos o acciones. El ojos purpura sostuvo de la solapa del saco del otro con fuerza, uniendo prácticamente sus caras haciéndole saber el descontento de tal acción. Por su fuera poco, el castaño jamas aparto la mueca burlona en el rostro, sinónimo de no temer a nada.
— ¿Qué crees que estas haciendo? — le pregunto el capitán del Shinsengumi con fuerza — ve de inmediato a tu habitación y descansa, todavía estas en reposo.
— Hijikata-san, no pienso quedarme postrado en mi lecho en tanto los demás, estan luchando para salvar a la princesa — dijo él muy determinando sin abandonar esa mueca — pretendo ayudar si o si.
— ¡Dejate de tonterías! — lo soltó haciéndole dar unos pasos hacia atrás — no vas a salir de ninguna manera, menos estando así. De la princesa… dejalo en las manos mias.
— Recuerdelo — alzo su mirada pícara y astuta, colocando un poco confundido a Hijikata — gracias a mi, ambos podrán estar nuevamente juntos.
Este niño…
— Eso no cambiara nada — agrego el azabache muy convencido — ¡Ve a descansar!
Rápidamente, Yamazaki llego ante ellos rompiendo el choque de ideas, el espía del Shinsengumi anuncio estar los hombres preparados para el fuego, igualmente, la boda estaba comenzando a llenarse de invitados, entre ellos, los demonios mas poderosos en su raza. ¿Como olvidarlo? Era la unión de dos clanes de sangre pura, debían estar los estándares mas altos en la escala demonios, esto se pondria difícil. Sobre todo, con Okita Souji respirandole en la nuca. Luego atendería los arranques raros de el castaño, pero en estos instantes, se preguntaba poder llevárselo sin colocar tantas barreras en el camino. El ninja quedo mirando a su jefe y luego al castaño, observando el panorama seguramente estaban discutiendo sobre la participación de este último en este rescate, todos sabían que Okita estaba muy enfermo y sobre esforzarse sería fatal para él, pero trate de explicarle eso cuando mantiene ese brillo en la mirada tan determinado. Es una misión imposible.
— Con todo respeto, jefe — hizo romper el silencio incomodo entre ellos dos — puede que mande a Okita a descansar, pero no certifica el obedecer sus ordenes.
— Yamazaki lo ha dicho — señalo con burla el castaño, haciendo fruncir el ceño al azabache.
— Llevelo con usted — sugirió — de esa manera, podrá tener un ojo encima suyo y evitar mas problemas.
Hijikata se quedo unos segundos pensativo, la idea del ninja no era tan mala o descabellada, Okita podría odiar ser tratado igual a un niño aun así se comportaba como uno. Por consiguiente, acepto la idea del otro llevándolo consigo mismo a la eminente batalla. El azabache tenía un millón de cosas en la mente, además de controlar de devolver a Souji al notar esa sonrisa de victoria en el rostro, porque de seguro la princesa debe estar sufriendo mucho, no amar aquel desagradable demonio y ser obligada a casarse con él, era lo último de soportar. Esperaba que tuviese un poco de fe al menos, Hijikata jamas permitiría esa unión, así fuera el último suspiro de su vida. Lo detendria.
Por otro lado, Kazama Chikage respiraba aire puro estando esperando a la princesa en el altar, observar a su alrededor con todos esos invitados, adornos y ambiente de fiesta regozija su animo a tope. Nadie iba a robarle su momento, ni siquiera ese indencoroso de Hijikata junto a su estúpido Shinsengumi, nada, porque pudo haber tomado entre sus garras nuevamente a la princesa, aunque esta seguía siendo siempre suya. Lo fue hasta antes de su concepción, debido a la promesa de familias desde hace varios años, esta no seria la excepción a la regla, debía saberlo. De pronto, todo el mundo aguardo silencio colocándose de pie mirando a la dirección a la entrada, allí venia ella, vestida en un sutil kimono floral blanco y adornado de muchos detalles femeninos, sus mejillas al pesar de estar pintadas de rosa se veían hundidas y aquellos ojos caoba brillosos, opacos. En definición, mantenía una expresión de muerte que a todo el mundo alarmaba, inclusive el padre de esta. No importa, nadie en esta época podría casarse por amor, mucho menos ellos siendo demonios sangre pura. Debía entenderlo, o mejor aun, hacerselo entender. Terminando su caminata al altar, Chikage sujeto a la princesa del brazo apresurandola hasta el sacerdote, también conocido “ser de luz” muy amigo de la familia Mitsutani. Ella ante tal acción se quejo un poco, pero no se libero, simplemente reprimió cada una de sus lágrimas y sufrimientos dentro de si, arrodillandose en el suelo, enfrentado su eminente suerte. Kazama sonrio de manera prepotente, si ella parecía haberse resignado a su destino, unir sus vidas para darle un hijo, aquel ser poderoso entre los demonios, esto solo se daría de esta manera. “El ser de luz” empezó a hablar, donde sinceramente Chikage no presto a atención, porque su mente estaba presa de la emboscada al Shinsengumi de tratar de aparecer en la boda, para eso tenia a Shiranui y Amagiri entre las sombras, solo cuestión de presentarse los intrusos, nadie podría con ellos. Los votos comenzaron, primero fue su turno, aun recuerda en la mente todas esas palabras sin sentido obligadas a memorizarlas gracias a su madre, en gran complot con la reina de los sangre pura, aunque ambas son codiciosas y tienen cero apego a los sentimientos, a la luz de todos quería hacerlos parecer como una gran pareja amorosa. Actuarían como tal, sino fuera por la princesa momia mirando a un punto fijo de la sala sin casi respirar, se preguntaba si en verdad estaba viva. Culminado sus palabras, fue el turno de ella, quien milagrosamente hablaba tal cual fuera una mantra, sin brillo o animo, totalmente hueca y triste. Aburria simplemente verla. Acto seguido, “el ser de luz” le entrego una copa llena de vino haciéndole beber a ambos, después comer de un mismo trozo de pan, al momento de entregarselo a la princesa un ruido entruendoso los inundó, obligandolos abandonar ese acto. Los sonidos de espadas junto a lamentos de hombres les llego a sus odios, despertandola. El Shinsengumi, era definitivamente el Shinsengumi. ¡Vinieron por ella! Aprovechando un simple descuido de Chikage, subió un poco su kimono tratando de bajar los escalones para escapar, este era el momento idóneo de huir. El caos se desato, todo el mundo comenzó a correr de un lugar a otro, en tanto los padres de los novios miraban a todos lados en busca del causante de todo esto, porque veían soladados combatientes pero no aquel asqueroso mestizo entre ellos. La princesa dibujo una sonrisa en sus labios al ver a unos cuentos metros de ella a Souji, parecía mas vigoroso y enérgico, luchando con un par de soldados el solo a la par de derrotarlos, con una sonrisa en los labios corrió hacia él sabiendo que Chikage sintio su desaparición. El castaño fijo su mirada en ella, descuidandose solo un segundo para saludarla, no tomando en cuenta de esa acción ser fatal. La princesa se detuvo a escasos metros del ojiverde, escapandose de sus labios un jadeo de dolor combinado con sorpresa, observando como uno de sus mejores amigos era atravesado tal cual fuese un muñeco de trapo, por aquel hombre gigante que la rapto la otra vez en aquella isla. La princesa grito de manera desgarradora, corriendo hacia el cuerpo destrozado de su amigo para sostenerlo entre sus brazos, el hombre se hizo a un lado dándole el espacio a la chica quien lloraba sin consuelo, suspirando tomo otro camino para seguir luchando con los intrusos. Sus lágrimas bajaban por su rostro, no pudiendo deternerlas, mirando el rostro cada vez mas pálido de Souji quien tosia borbotones se sangre, sabiendo que su vida se le escapaba de sus manos. Miro divertido el kimono de ella, notando que lo había manchado con su propia sangre.
— Mira no mas… — pronuncio con voz hueca — he… manchado tu hermoso kimono… lo… siento…
— ¡No! ¡Te prohibo dejarme! — chillo dolida — ¡Te lo prohibo!
— Princesa, tu… tienes… tienes que ser feliz… — busco su mano sujetandola con fuerza, escapando una que otra lágrima de sus párpados, antes tenía miedo a morir, pero viéndolo de esta manera no era tan difícil — Hijikata-san… buscalo… ambos… ambos se aman y… su deber es… estar juntos… yo… siempre los he… admirado… — tosió expulsando cada vez mas sangre, sus ojos se enfocaron en otro punto lejos de aquí, dibujando una sonrisa sincera. No burlona, en verdad era sincera — gracias… muchas gracias… princesa.
Entonces Okita Souji dejo de respirar o moverse, sus ojos verdes saltones dejaron de brillar y en ese instante, la princesa grito presa del pánico sujeto a su amigo, llorando abrazada a él sabiendo su perdida. Odiaba esto, en verdad lo hacia, se suponía que Souji estaría a salvo en el cuartel general, descansado y salvando su vida de la tuberculosis, no esto, ni en su mente cruzo esto. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que ocurrir algo así? Su cuerpo se vio empujado hacia arriba, sujetado de un brazo mucho mas fuerte a ella, tratando de deshacer el agarre descubrió dos par de ojos carmesí envueltos en locura y rabia, peligrosa combinación. Era Chikage. Aun dolida, la princesa activo un poco de sus poderes demoniacos, sacando solamente sus mirada calabaza y los cuernos en su frente, ayudando a si a liberarla de su agarre. Había pasando un buen tiempo desde ver casi una transformación así, pensó el rubio soltando una risita divertida, la princesa tenia mucho poder dentro de ella sin duda alguna pero no sabia administrarlo, ese era su problema. Esta tomo la espada de su amigo caído, empuñandola al revés demostrando una extraña técnica, aparentemente esta chica estando bajo la tutela de los mestizos no solo fue una damicela en problemas, se entreno junto a los otros. Nada mal, al menos para una chiquilla, con todo y eso jamas podría con él. Adoptando sacudir su espada guardandola en su vaina, soltó una risita oscura inclinándose hacia adelante desapareciendo, para volver hacerlo frente a ella apartando de un manotazo la espada, luego sujetando la muñeca de ella y… rápidamente una sombra empujo a Chikage lejos de la princesa, siendo así, empuñado con una larga espada.
— Hijikata — lo nombro con diversión en su voz, observando como parecia una bestia protegiendo a la princesa, escondiendola detrás de su espalda — no debería de sorprenderme de encontrarte aquí, en mi boda.
— Lamento haber entrado sin invitación — exclamó de manera burlona — pero creo que no necesito ninguna.
Ambos se quedaron mirando con cautela, midiendo los posibles movimientos a hacer el uno del otro. En tanto la castaña, poseia su pulso bastante frenético y elevado, jamas ha vivido tanta adrenalina como dolor al mismo tiempo, la muerte de Souji aun permanecía en el aire parecido a una nube gris sobre sus cabezas a punto de dejar caer gotas de lluvia. No obstante, en su mente le grita con fuerza atender esta circunstancia antes de recoger el cuerpo de su amigo, ella no es rival para Chikage, mucho menos Hijikata, debido a eso tenia que huir, sujetarlo a él y correr lejos. Antes de poder reaccionar, fue empujada hacia atrás cayendo casi al suelo, en tanto ellos comenzaron con una danza única y bestial. La danza de la muerte. Sintiendo unas gotas de sudor bajar detrás de su cuello, giro con rapidez buscando el cuerpo del ojiverde para tomarlo entre uno de sus brazos, alzandolo a la par de activar por completo sus poderes demoniacos. Sus ojos siguieron de inmediato el choque de espadas de Chikage y Hijikata, el primero mantenía esa sonrisa burlona en sus labios, demostrando que el mestizo jamas podría llegarle a los talones, porque la ley de la naturaleza era clara, todo el mundo lo sabia. Sus espadas quedaron presa la una de la otra, formando una “x” gigante, el azabache apretó sus dientes buscando retener al demonio sangre pura y no dejarlo escapar, pero ante la mínima señal de flaqueza, fue pateado en el rostro siendo enviado sin esfuerzo al suelo quien amortiguo su caída. La demonio mujer soltó un jadeo conmocionada, mirando como Chikage se transportaba velozmente hacia su amado, alzando su espada listo para clavarla en el pecho. Lo sentía, podía sentirlo claramente al tener su transformación completa, la sed de sangre, la ira y flama de locura en Kazama. Tenía que pararlo, frenarlo de alguna manera, ella no quería volver a presenciar mas muerte, ya no mas. Sujetando fuertemente a Souji, corrió con toda la energía demoníaca que poseía llegando hasta Hijikata, quien se encontró sorprendido al mirar aquel ángel nuevamente frente a él. Una mano blanquecina agarro su brazo, halando para obligarlo a correr detrás de ella, no iba a protestar menos a hablar, la pureza del alma en esta mujer lo envolvió impidiendo hacer cualquier acción. Pero con todo y eso, esta feliz, tal vez estaban hullendo de todo esta lucha, aunque eso se reduce a cenizas si la tiene a ella, solo le importa ella.
Chikage le embargo una rabia mezclada con impotencia, al obsever como la princesa escapaba lejos de allí, aun corriendo detrás de ella sin poder alcanzarla. Se sintio imponente, inservible y totalmente débil. Debía de admitirlo, esto no se estaba tratando del grado de poder que obtendría al casarse con ella, porque esos estúpidos sentimientos se apoderaron completamente de su ser. Ahora, no estaba solamente rabioso y frustrado, también se sentía engañado y usado, él sin saberlo lo entrego todo pero no recibió nada a cambio. Que patético, Chikage era un demonio sangre pura, no podía lamentarse de perder de esta manera. Un momento, aun no ha perdido, tal vez Hijikata consiguió librar a la princesa de esta boda, pero no lo hizo de su prensencia. Lo juraba, o mas bien, estaba seguro que conseguiría nuevamente a ese par y obtendría lo suyo legalmente. Una vez hecho, mataría a ese despreciable mestizo, siendo así, libre de toda frustración posible y tendría a la princesa a su lado. Porque ella, no tendrá otra opción.
Estando lo suficiente lejos de todo, la princesa y Hijikata pudieron darle una sepultura digna a Souji, ella lloraba mirando aquella improvisada tumba, en tanto el azabache mantenía su cabeza baja por los recuerdo. Aquel chico bufón, con problemas familiares y de temperamento volátil, fiel a Kondou-san hasta la muerte junto a sus compañeros de luchas, el Shinsengumi. No podía creer que todo haya acabado de esta manera, el ojiverde muerto, él huyendo de una batalla y solamente dejándose ir por la princesa. Oh, la princesa… aquella cruiatura de hermosa mirada caoba perdida en el firmamento, siendo cruelmente utilizada por las leyes del destino, debería sentirse feliz al tenerla a su lado. Pero por el contrario, sobre sus hombros sentía la pesadez y la culpa de haber perdido a Souji, entre muchos hombres. ¿Acaso este es el producto de su propia incompetencia? ¿O su poca mano de obra para ser un capitán? Cualquiera de las dos opciones seguía siendo mala, al igual de agobiar al oji purpura. En eso la princesa, secando las lágrimas de su rostro fijo su mirada en el azabache, podía leer cada uno de sus pensamientos sin siquiera preguntar. Estaba sufriendo, culpandose por la gran baja de la muerte de Souji, era estúpido, esto obviamente no es culpa de nadie mucho menos de él. Es decir, si le sorprendió ver a Souji en aquel sitio luchando pero de inmediato comprendió la decisión de él, en resumidas palabras, el castaño simplemente quería luchar dejar de ser una carga para los demás. Aseguraba que, prefería muchas veces una muerte de esa manera, en lugar de una cama y rodeado enfermedad por todas partes, al final de todo, hablábamos de Okita Souji.
— No te lamentes sobra agua derramada — hablo ella rompiendo el silencio — Souji… no le hubiese gustado verlo de esa manera, abatido.
— Pero ha sido mi culpa, princesa — la miro con una mirada fruncida, prácticamente frustrada — si al menos lo hubiera obligado a permanecer el cuartel, entonces…
— Escucheme — sujeto sus hombros con fuerza, sonriendole con aliento — ambos conocíamos a Souji y sabemos que eso era imposible, él… buscarían la manera de escapar del cuartel y ayudarlo. Esa sin duda, es su voluntad. Además — soltó un suspiro — su último deseo fue… lograr ser felices, usted y yo.
Hijikata abrió los ojos a par al escuchar la voluntad de su amigo, ser feliz con la princesa, sin importar cual fuese su suerte. Quizás halla sido cierto, sobre que gracias a él se volvió a encontrar con ella, porque en estos momentos comenzaria a mirar hacia adelante. Lo olvidaría todo, la guerras de los mestizos, humanos y demonios, porque ahora tiene otra encomienda al frente. Ser feliz a la castaña. Por eso sostuvo sus manos, aprentandolas con cariño, en tanto sonreía con anhelo, por el contrario la princesa le devolvía esa sonrisa con intereses.
— Prometo cumplir al pie de la letra las palabras de Souji — exclamó con determinación — le entregaré mi vida completa para poder hacerla feliz y abandonare toda lucha, porque mi único propósito es amarla.
— Hijikata-san… — susurro conmovida.
— Asi que, por favor, despreocupes de todo y dejeme todo a mi — prosiguió — vera que jamas se arrepentira de tal decisión.
— Nunca lo podría hacer — le respondió ella al borde la las lágrimas — Hijikata-san, usted sigue siendo el hombre de mi vida y lo sera por toda una eternidad, nadie sera capaz de separarnos.
— No se lo permitiría de todas maneras, ya se lo demostré hoy — coloco una de sus manos en el rostro de ella, acariciandola — muy pronto usted nuevamente vestira de esa manera, pero no por Kazama, sino sera por mi.
— Seria un gran honor — sostuvo el agarre de él sobre su rostro.
— El honor sera mio.
La princesa estaba segura de dos cosas, la primera, estaba vez lucharía con dientes y garras por su felicidad, aunque significara ir contra su clan entero incluyendo a Chikage. Y la segunda, de ahora y para siempre, sostendria esta mano calida contra la suya para así nunca soltarla, menos si le ha costado bastante encontrarla. Porque su porvenir se parecía a un arcoiris, lleno de color. »
Odiaba esto, en verdad nadie podía imaginar cuanto detestaba toda esta maldita situación, estar rodeado de cumbres espojosas parecidas a crema batida y aquel clima glacial, que prácticamente se colaban por sus huesos hasta petrificarlo. Y ni hablar de ese desborde de energía innecesario, ver a esos pateticos humanos sobre tablas de nieve, riendo, inclusive cayendo sobre ella lamentandose pero nuevamente levantándose y riendo a carcajadas, parecían no tener limites. ¿Como podían hacerlo? No lo comprendia, un demonio sangre pura como él jamas lo entendería, incluso la sacerdotisa moría de frío a su lado, sosteniendo sus brazos y frotandolos para entrar en calor. ¿Qué podrían estar haciendo dos personas como ellos allí? Fácil, cuidar de la descendiente de la “princesa lunar” evitando una posible aparición de cierta demonio mestiza, aunque la peli turquesa aseguro que aquella mujer no podría aparecer por estar ciega, simplemente quería asegurarse. Además, el novio humano de su hermana estaba comportándose se una manera bastante rara, como si quisiera evitarla o algo parecido, pero aparentemente la castaña ignoraba todo esto o no quería darle mas vueltas al asunto. Como sea, él no ha venido a vacacionar con humanos, sino a cumplir la palabra de sus padres, no dejar a su hermana mayor sin cuidados previos, mucho menos si se trata de un viaje de descanso de la familia Purpure. Por los dioses, que familia, ya había conocido a la hermana del humano, era como una bola de fuego andante, llena de energía y picardía por todas partes, de hecho, perdió la cuenta de la veces que quiso avergonzar al azabache. Podrían hacer hasta una competencia con el mestizo de cual de los dos es mas salido, para su fortuna o desgracia, la ojos calabaza no tiene ni una pizca de idea de esos temas, para él es una alivio sin dudas. Volviendo al presente, ver a Mitsuki tratando de aprender a esquiar es toda una leyenda, porque con este frío tan pesado y ella con tantas capas de ropa debería pasarlo a la historia, como la primera demonio en desafiar la naturaleza. En ese momento la sacerdotisa estornudo, desviando toda su atención a ella, al parecer ya no aguantaba mas este clima.
— Oye, ¿estas bien? — pregunto de forma altanera.
— Si… solo que no aguanto tanto frío junto — respondió ella sorbiendo su nariz — ¿Mitsutani-kun no?
— Puedo soportarlo, no morire por eso — dijo muy autoritario.
De la nada, Momoka llega sobre su esqui en una forma muy deportiva, llevando a fruncir el ceño al demonio sangre pura.
— ¿Qué hacen tan apartados de los demás? — pregunto con su vivaracha actitud, enojando mas al muchacho — ¡Vayan a divertirse mejor!
— Kondou-senpai, veraz… nosotros… — trato de frenar las aguas, antes de ser muy tarde ante el temperamento del azabache.
— ¿Por qué sigues gastando mejor energía tu, humana? — la miro con desprecio.
— Humana o no, tu sigues siendo solo un niño — retribuyo contra aquella actitud — trata de disfrutar mejor la vida.
Estupidos humanos, creyendo que saben todo sobre vivir y creyendo poder inculcarle eso a los demás, al menos jamas caería en eso no siendo un demonio sangre pura. Pensado en esta conclusión, Ryuunosuke adopto un semblante tranquilo, girando hacia otra dirección ignorando a la muchacha, estaba harto de los humanos volvería aquella casa. Al menos estando allí, podría descansar de tantas porquerias juntas. Suzuka al ver esto, se disculpo con su superior e inmediatamente camino tras Mitsutani chico, con lo poco que lo conocia, tomaba en cuenta su disgusto por ordenarle que hacer aun mas si era un humano, el le tenía una alergia tremenda a ellos y el estar conviviendo de esta manera, lo llevaba al limite.
— ¡Mitsutani-kun! ¡Aguarda por favor! — pidió la chica al no poder llevarle el paso.
— Sacerdotisa — la llamo, frenando el paso y dándose la vuelta a su dirección — ¿Puedes quedarte aquí? No estoy de ánimos para estar entre humanos, menos soportarlos. Dejar a onee-sama sin protección, me desagrada.
— Mmm… claro — afirmo segura.
— Te lo dejó en tus manos — un pequeño vástago de sonrisa se asomo en los labios del azabache, produciendo en revuelco en la ojiazul. Esto no era sano.
Suzuka tomaba en cuenta dos cosas, la alergia de Ryuunosuke a los humanos, y las consecuencias de lo que producia esas acciones en ella. Dando como conclusión, espasmos en su corazón. Esto era mala señal.
Mitsuki perdio la cuenta las veces de pegar su trasero en la fría nieve, ella lo sabia, las condiciones climáticas jamas le ayudarían. Por todo lo sagrado, estaban tratando con una demonio sangre pura, obviamente se vería desconpensada ante, el invierno. ¿Comó es que ha llegado hasta ese sitio? Fácil, la hermana mayor de Purpure-san le envío una invitación oficial a ella, donde estaría involucrada a conocer a toda la familia debido al retiro. De hecho, conoció a Chizuka Purpure la hermana mayor del azabache, posee una actitud muy despierta, alegre y dinámica, como toda hermana mayor humana tiende a sacar los trapitos sucios de su hermano. En su mente quedara permanentemente el rostro de Purpure-san avergonzado, aunque la mayoría de las cosas dichas no las comprendio muy bien, Minami y Momoka parecían sorprendidas pero ella no le tomo importancia. Prosiguiendo con el tema, la castaña aun no ha conocido los padres de ese par, según Chizuka, ellos se presentarían en la cena debido a algunos negocios, mientras tanto, podían hacer un poco de deporte. ¿En donde entran los amigos de Mitsuki, su hermano y la amiga de este? Se podría decir que venia incluido en el extraño comportamiento de su novio, estaba comenzando a fastidiarle un poco, ni siquiera podía mirarla directamente a los ojos sin desviarlo a los segundos. ¿Cual era su problema? Por mas que la ojos calabaza quería averiguar, no podía, siempre existían circunstancias que se lo impedían. Lo peor de todo, a Mitsuki se le estaba culminando la paciencia. Necesitaba descubrir lo que ocurría con Pupure, y lo necesitaba ahora mismo. Al caer nuevamente a la nieve, la castaña soltó una carcajada entre adolorida y divertida, Souji y Heisuke la miraron extrañados entre si, como no esperando ver semejante reacción en la chica.
— ¿Te encuentras bien? — pregunto preocupado Heisuke extendiendo su mano.
— Si… solo… — sostuvo la mano del otro, riendo nuevamente a carcajadas. Souji la siguió mirando sorprendido — me duele… pero al ser un demonio… no tardara en sanarme en nada.
— Bueno, las ventajas de los sangre pura — admitió Souji sonriendole de medio lado. — te envidio un poco.
La castaña le regalo una sonrisa burlona, el ojiverde le guiño el ojo y Heisuke soltó una carcajada. Todo este panorama lo observaba Purpure con semblante preocupado, no por encontrarse a su novia rodeada de chicos mas bien lo contrario, le aliviaba. ¿Por qué ese comportamiento extraño? Retomemos unas semanas atrás, la celebración de navidad en el karaoke, todo parecía a las mil maravillas desde la llegada de la sangre pura al resinto. El ambiente se volvió mas iluminado, cálido y armonioso, hasta se animo hacer un dueto con una Minami muy ruidosa. Si, una velada divertida hasta que… Souji sembró la semilla del mal. Purpure conocer muy bien su incompatibilidad con el alcohol, igualmente los efectos que este produce cuando lo consume, no solo pierde la cabeza, también pierde el control de si mismo. Sumandole a esto, una Mitsutani Mitsuki sumamente hebria las situación se complica. ¡Maldición! Lo que vivieron ese día jamas podrá borrarlo de su cabeza, menos el sentir su delicada piel entre sus manos, esos sonidos exquisitos, mucho menos las expresiones que hizo… ¡Iba parar a loco! Porque la castaña no recordaba nada de eso y… el querer nuevamente repetirlo. Era un desvergonzado completo, aprovecharse de una muchacha en estado de embriaguez y catalogar ese momento como uno de los mejores en su vida, tan solo por ser ella. Mierda, rayos y recontra rayos. ¿Como mirarla a la cara sin revolverle la conciencia? ¿Sin revivir aquellos besos y caricias? ¿Sin… desearla? Porque eso era Purpure la deseaba, peor a cualquier chicas jamas pasada en su vida, pero ella aun no esta preparada para dar un paso así complicando mas las cosas.
— ¡Purpure-san! — la voz de sus delirios lo atacaba con la guardia baja — Minami-chan dijo que volvamos a la casa, es la hora del almuerzo.
— ¡Por supuesto! — rio secamente, mirando hacia otro lado — casi… casi lo olvidaba. Volvamos.
El azabache se dio la vuelta, dándole la espalda a la chica preso de nerviosismo y temor, escuchando los repiques de su corazón miedoso. En tanto ella frustrada, miraba ceñida a su novio marchandose. ¿De nuevo? ¿Nuevamente la ignoraba? Estaba comenzando a ponerla de los nervios, a la par de enojada. Acelerando sus pasos, corrió detrás del azabache para encararlo de una vez.
— Purpure-san — lo llamo estando a su lado gracias a las ventajas de ser un demonio, este soltó un respingo de la impresión pero trato de disimularlo — ¿Ocurre algo contigo?
El ojos púrpura dejo de caminar en el acto al escuchar tal interrogante, su pulso se acelero aun mas y un poco de sudor, aunque estuviese en un clima invernal, se deslizo por sien. Rayos, su comportamiento había sido muy obvio, por eso Mitsuki se dio cuenta, ahora estaba metido en un gran aprieto.
— ¿Qué te hace preguntar eso? — respondió sin aun mirarla.
— Bueno, primero ni siquiera me miras — el azabache hundió sus hombros con culpabilidad ante eso, esto era horrible — luego a esta lo que estas haciendo horita mismo, esa postura incomoda. Dime… ¿Qué ocurre?
Salir de esta seria complicado.
— No te preocupes — respiro hondo y le demostró la cara, serena al igual de cálida — estoy bien, seguramente me esta afectando el cambio de ambiente. Es todo.
— ¿Seguro? — insistió.
— Seguro — dijo él tratando de tranquilizarla — Ahora volvamos.
Tal vez Purpure salio invicto de esta, pero Mitsuki era una demonio con mucha perseverancia, ella sabia que su novio estaba ocultandole algo y no descansaría hasta lograr saberlo. Por los momentos, abandonaría a asaltarlo.
Para Amamiya Ami las cosas no podrían estar peor, estar bajo un hechizo de una sacerdotisa novata la hace sentir patetica, lo peor fue enfrentar a su familia de sangre pura, ellos la trataron peor a un perro callejero y la confinaron en su cuarto, vendada en los ojos a la par de rescostada en su cama. La magnitud de su odio contra aquel par era inimaginable, tenia que permanecer en la entera oscuridad por la culpa de ellos, privarse de las diversión terrenal y dejar a un lado a su Purpure. Maldición, tocando ese tema, Kazama al verla en esta manera no solo se burlo de ella hasta cansarse, también la llamo idiota sin remedio. Nadie caía en ese truco tan barato a manos de uno chiquillo y una sacerdotisa, ambos novatos, de hecho, el rubio admitió haberse enfrentado en el pasado con ese chiquillo. Descubriendo su naturaleza. La muchacha ya lo sabía, alimentando aun mas su odio, no solo eso, ser rechazada jamas ha estado en su impecable expediente de pretendientes. Al menos hasta hora. Esto produjo en Kazama mas carcajadas, aumentando el enojo en la joven quien juro vengarse de todos aquellos imbéciles, antes se recuperaría. Afortunadamente, para cuando comenzara el nuevo siclo escolar estaría lista, agregándole a eso, en una nueva clase y con ello mas cerca del éxito. Paciencia, necesitaria mucha de esa de manera a sobrevivir. Al final, ella tendria a Purpure y Kazama, obtendría a su sangre pura. Todos saldrían ganando.
— ¿Como puedes estar tan segura de ello? — le pregunto Kazama, sentado a unos cuantos centímetros lejos de ella.
— ¿Alguna vez he fallado en mis objetivos? — lo imito en su tono de voz, luego se dio cuenta de su enterrogativa — por favor, no contemos el hermano menor de la sangre pura.
— Muy bien, lo dejare a fuera — comento muy burlón.
— Se la expresión de tu rostro ahora mismo, Chikage — le advirtió, produciendole una risita al rubio — asi que abstente de seguir con tu burla hacia mí.
¿Pero como privarse de hacer tal cosa? Verla en ese estado no solo provocaba risas en su ser, igualmente le recordaba la personalidad impetuosa en esta demonio mestizo, esto sin duda fue un duro golpe a su ego. Aunque, observandolo bajo otra perspectiva, en lo absoluto era malo. En ocasiones, necesitaba saber claramente con quien se estaba enfrentando. Confiaba en la Amamiya, pero tal vez esta situación se le fue de las manos.
Ahora, los dos problemas le complicaban su meta. Ese novato de demonio sangre pura y una sacerdotisa. Claro. Agregándole tener a Ami por tres meses fuera de combate. ¿Cual debía de ser su siguiente movimiento?
— Ni se te ocurra meter tus narices en esto — puntualizo sus palabras, sacando al demonio de los pensamiento en su cabeza — esos… “niñitos” son mios. Además, dejar aperitivos sin comer… jamas sera lo mio.
— ¿Acaso piensas cambiar de estrategia con Purpure? — trato indagar Kazama, sonriendo de medio lado con malisia.
— ¿Cambiar de estrategia? — exclamó con burla, soltando una risotada en el proceso llevándose la mirada perspicaz del demonio — No, no, no. Te equivocas mi querido Chikage, las barajas ya estan hechadas, tan solo me queda esperar a los demás morder el anzuelo.
Y por algún motivo extraño, el rubio confió plenamente en las palabras de la chica, porque si en algo podría estar seguro era en las habilidades de la Amamiya. Una vez fallado una de sus batallas, vendrá reforzada y armada hasta los dientes.
Esto… sería fascinante de ver.
Mitsuki y sus amigos habían llegado a la villa de los Purpure, la cual, era lo suficientemente espaciosa y cómoda para albergar a todos esos jóvenes allí. Los chicos comenzaron a dejar los implementos de esquiar en la entrada, en tantos unos Momoka y Heisuke jugaban con ellos parecido a tener espadas. Ese comportamiento era tan infantil, se llevarían una buena reprimienda de Purpure-san, jamas le ha agradado ese tipo de conducta desordenada, menos si esta es en su casa. Pero nada de eso ocurrió, el azabache cruzo a un lado de sus amigos, ignorandolos tal cual fuesen unos cuadros colgados en la pared. ¿Eh? Eso… eso era demaciado extraño, en verdad… ¿En verdad su novio no le dio importancia a la mala disciplina? Él es de los primeros en salir a favor del orden y la buena conducta, desde que lleva conociendolo, jamas ha congraciado tal cosa. Perfecto, su postura le esta comenzando a molestarla realmente, es cierto el haberle dicho encontrarse bien, pero claramente le esta ocultando algo. Y esto se tenia que acabar, si o si. Caminando con pasos apresurados bajo la astuta mirada de Minami y el mismo Souji, siguiendo los pasos de un azabache despreocupado o mas bien, sumido en sus pensamientos que decidido no compartir con ella. En el momento de entrar a la gran sala la ojos calabaza no se dio cuenta de la presencia de otras personas, bueno, hasta escuchar la voz vivaracha de la mayor de los Purpure, Chizuka. Y menuda razón del porqué. Sentados cómodamente entre los sillones, dos personas vestidas elegantemente mirandola con sonrisas en los labios, la mujer, poseedora de una extensa cabellera rubia igual al girsol estilozamente peinda en un moño, unos ojos turquesa grandes y expresivos, piel blanca e igual de delicada a una nube, piernas largas, manos con perfecta manicura y una atmósfera calidad envolviendola. De cierta manera, le recordaba un poco a la hermana de Purpure, en versión adulta. El hombre, de cabellera azabache peinada hacia un lado, ojos purpura rasgados, piel bronceada, vestido un elegante traje negro y zapatos lustrados, al igual que la mujer mantenía ese mismo tipo de atmósfera: cálida y sofisticada.
Mierda, mierda, mierda.
¿Era posible?
No, aguarden.
¡Son los padres de Purpure-san!
¿Era posible?
No, aguarden.
¡Son los padres de Purpure-san!
Colocándose igual de rigida que una bara, Mitsuki no supo el decir o hacer, simplemente se mantuvo quieta en tanto la rubia menor saltaba a su alrededor emocionada de volver a verla. Ella quería presentarle a unas personas muy importantes, de hecho, las misma desde enterarse de su existencia igualmente deseaban verla. ¡Demonios! Su corazón se aceleró, su cuerpo entero convulsiono entero y la mente se desenchufo. Trato de buscar la mirada de Purpure-san desesperada, nadie mejor que él para acompañarla en estos momentos de nerviosismo, pero mejor ni desear su apoyo, pues su novio se encontraba igual o peor a ella. Conclusión: esta sola.
Las manos de Chizuka la obligaron a caminar hacia adelante, considerándolo un entero milagro al no tener control de sus capacidades motoras, penso en un instante donde podrían encontrarse sus amigos en ese momento. Es decir, quizás Purpure-san este compitiendo con una momia en cual de las dos puede quedarse mas tranquila, pero los revoltosos de Heisuke y Momoka, al tomarlos como ejemplo, estaría revoloteando como si fueran dos gorriones jóvenes. Se supone que quedaron en la entrada, además ¿Reika? ¿Minami? ¿Souji? ¡¿Los Saitou?! Alguien… ¡Alguien que la ayude!
Ah… demaciado tarde, la mujer de fragancia exquisita se levantó de su asiento, el azabache mayor igualmente la imito disparandole sus niveles de nerviosismo al techo, ¡Que va! Al mismo infinito.
— Mamá, papá. Les tengo el placer de presentarle a Mitsutani Mitsuki, la novia de nuestro Toshi — anuncio la rubia, señalandola a sus padres.
Santas palas del infierno, pensó Purpure al reaccionar al fin, mirar a su metiche hermana mayor mostrarles a la pobre ojos calabaza que mantenía una expresión rigida, inclusive al hacer la leve reverencia a sus padres, determino ponerse las cosas color de hormiga. Por supuesto, como si lidiar con sus propias hormonas fuese fácil, debíamos agregarle mas números a la ecuación. ¡Perfecto! ¡Fenomenal! ¿No puede simplemente huir ya?
— Toshi, nunca pensé que tuvieses una novia tan encantadora como Mitsu-chan — aludió la mujer mayor, sonriendole de forma peligrosa casi y pareciera que sus músculos sufrieran preción. Ni de hablar de la sangre pura, los colores se le subieron a la cara. Tal vez y deseara abrir un hollo en el suelo para esconderse allí — posee unos excelente modales, realmente es muy agradable.
— Querida, recuerda que los Mitsutani es un apellido de renombre — refresco la memoria de su esposa el hombre, alojando la mano de él sobre su hombro — por supuesto que iba a tener modales de señorita aristocrática.
Lo había olvidado, cuando la castaña se encontraba nerviosa optaba por comportarse de esa manera, igual a niñas superficiales y sin ninguna chispa. Sin embargo, el logro ver detrás de todas esas capas y encontrar la verdadera naturaleza de ella, por algo eran novios.
— No te preocupes por como se comporte mis padres, Mitsu-chan — trato de tranquilizarla Chizuka, en tanto la castaña sonreía medio incomoda. Purpure y sus progenitores se limitaron en solo miran — suelen irse en algunas ocasiones por las ramas, pero son buenas personas.
— No creo que sea la manera de dirigirte hacia ellos, Chizuka-san — murmuro la demonio, moviendo sus hombros con vergüenza.
— ¿La has escuchado? — puntualizo la rubia mayor, señalandola con presuación — deberías prestarle mas atención a sus palabras, hija mia.
— Vale, vale — alzo sus manos en seña de rendición — Lo siento.
Eso no sono muy sincero de su parte, medito Purpure al conocer perfectamente a su hermana y todos sus comportamientos liberares, aunque en su perspectiva era libertinaje. Desde tiempos memorables, la rubia nunca tuvo apego por sus padres, con ello no significa el darle igual el respeto, solamente se dirigía al simple cariño consiliador y gratificante. Ese de que posees al tener tus padres a tu alcance. Siempre fueron ellos dos, en cumpleaños, días festivos, navidade, y en algunas ocasiones años nuevos. El azabache jamas seria capaz de reclamar la ausencia de sus progenitores, comprendia perfectamente la razón de estas, son personas muy ocupadas y eso les llevo al distanciamiento. Una vez él se graduara de la universidad, ocuparía su lugar en las empresa familiar, entendería ampliamente mas esto.
— Supongo que Minami te aviso de estar el almuerzo listo — adivino la rubia menor dirigiéndose a su hermano menor pensativo.
— Si — se limito a decir.
— ¿Y donde esta todos tus amigos? — pronunció la madre, caminando mas hacia el pasillo — pensé escucharlos a tu llegada, tengo bastante tiempo sin ver Okita-kun y Hajime-kun. Son bastante simpáticos.
— De hecho… — una cabeza castaña se asomó entre un muro, simulando encontrarse escondido — esperamos el momento idóneo para poder entrar, no queríamos interrumpir.
— ¡Heisuke-kun! — exclamó con sorpresa la mujer mayor, juntando sus palmas y haciendo un leve sonido — ¡Has crecido un montón desde la últimas vez de verte!
— No mienta de esa manera, señora — se sonrojo el nombrado, caminando en dirección de la rubia mayor, rascando su cabello alborotado — me inquieta un poco.
— Eso es porque sigue permaneciendo de la misma manera — una Momoka burlona, poseyendo en sus ojos un brillo travieso hizo igualmente su aparición — ¡Y no existe nada peor que el golpe de la realidad!
Pobre Heisuke, no tenia la forma de huir de esas crudas palabras de su amiga, menos de los brazos sobreprotectores de la señora Purpure, quien parecía tratarlo igual a un pequeño de tres años. Seguidamente aparecieron sus amigos, unos Shimpachi y Harada no paraban de reir a carcajadas, comparándolo con un duende de jardín, un adorable adornos junto a incomparables bellezas. Por supuesto, eso fue una directa para la hermana de Purpure, nadie fue ciego como ignorarlo. De hecho, unos Saitou y el antes nombrado, aparecieron detrás de los Sempais retribuyendoles pasarse e inmediatamente, proporcionarles un golpe estilo Karate. Pasandole el momento a Souji en reírse, este acompañado de Minami si fueron peores en burlarse de estos, pues su crueldad era comparada a una ola de tsunami. Arrolladora.
Mitsuki cayo en cuenta rápidamente de dos cosas, la primera, no existía mejor lugar para pasar año nuevo; y la segunda, estando en esta habita tan natural y conocida Purpure-san parecía olvidar sus preocupaciones, relajarse e igualmente dejar de fruncir el ceño. ¿Acaso no se mostraba mas encantador? ¿Hermoso? Claro, tomando en cuenta su evidente atractivo, para la ojos calabaza sus sentimientos incrementaron parecido al nacimiento del sol que sale detrás de las montañas, llenando con su luz a los prados mas desolados de la tierra. Mas que nunca, sin importarle nada, sentía estar haciendo lo correpto. Ser su novia es una dicha total.
Pasando finalmente a la mesa, todos compartían tranquilamente los alimentos, escuchando mas que todo la voz alegre de Heisuke en el relato de esquiar, al pesar de conocer a la familia Purpure desde hace varios años nunca tuvo la dicha de venir a dicho paraje invernal, mas aprevechando las festividades, era todo bastante asombroso. No pudiendo decir mucho de su esqui, musito Momoka con una sonrisa ladina en los labios, viéndose acechado de esa manera el aludido planteo que nadie le ganaba a Mitsuki, ella choco su trasero tantas veces en el suelo que este ya tenia su huella. Mejor y se hubiese ahorrado tal comentario, porque Purpure y Ryuunosuke, bastante enojado, colocaron en su sitio al pobre castaño que, al buscar salir librado de la acusación de su amiga, resulto agredido bastante fuerte. Aun con todo ese caos, los padre de Purpure-san no parecían perturbados, en lugar de ellos, estaban riéndose divertidos de las ocurrencias de los jóvenes. La castaña pensó que estar todo el año rodeado entre negocios o papeles, desalentaba un poco el alma, mantener esta atmósfera risueña le hacia bastante bien al alma, la rejuvenecia. Siguió comiendo tranquilamente sus alimentos, después de todo, esta resulta ser su primera vez celebrando año nuevo lejos de casa en las montañas de su pueblo, Shinsengumi. En su niñez, sus padres le privaban de bajar la colina y celebrar con los simples mortales, en sus visiones perder el tiempo con ellos era considerado una entera burla. Por supuesto, ella no tenia ninguna idea de ser un demonio sangre pura, aunque desconocía completamente la razón del desprecio hacia los humanos, el ser “especial” lo consideraba insuficiente. Aunque viéndolo desde la perspectiva del presente, entendía a la perfección todo. Aun así, ella jamas cambiaría la calidez de esta atmósfera por la fría, superficial y distante de esas paredes de su casa, donde podría existir mucha comida al igual de la compañia de tíos, primos y demás conocidos. Ellos simplemente te miraban por encima de sus hombros, manteniendo respecto, pero agregando en bizarras oportunidades el desprecio. ¿Como es posible? Generalmente todo lleva al inicio de su clan: la ancestra lunar.
La demonio sangre pura solto un suspiro pesado, no era bueno recordar cosas innecesarias del pasado, menos las sensaciones frías de esconderse tras las paredes de su cuarto esperando ser rescatada en manos de su abuelo. Seguramente donde estuviese estaría decepcionado de ella, con todo y eso, jamas suprimiría sus sentimientos por Purpure-san. Ella realmente lo quiere, estando juntos creía firmemente el ser todo posible, inclusive escapar de los indencorosos ojos de su clan, siendo mas precisa, sus padres. Asi que, con el respeto que merece su difunto abuelo, pasaría encima de las creencias inculcadas por él.
— Mitsuki-chan — la voz del padre de Purpure-san la devolvió a la realidad, notando que el desastre descendió un poco — ¿Has encontrado algo desagradable en los alimentos? Parece un poco… apagada.
— Oh, no, no, no — movió frenética su cabeza hacia los lados, asustando un poco al mayor. Genial, lo volvió hacer. Su nerviosismo injustificado. — Digo, todo esta completamente delicioso, sin ningún inconveniente. Solamente recordé un poco mi pasado, vivía en un pueblo llamado “Shinsengumi” y mis padres solían ser fiestas en año nueva a puerta cerrada, solo la familia. Era un tanto solitario.
— Escuche que los Mitsutani son bastante exigente al momento de negocios — intervino la mamá de Purpure, cortando con su cuchillo un trozo de filete y llevandoselo a la boca — no suelen ser condecendientes si ven un error. Escucharte decir lo de las fiestas, no es impresionante, seguramente cuidan su reputación como familia de renombre.
Eso sonaba muy a su clan, evitar relacionarse con los de su pueblo, siendo mas especifico los humanos. Vaya, conocer de la verdad de su raza le abría los ojos en muchos aspectos, este seria un ejemplo de ello.
— ¿Han tenido la oportunidad de interactuar con ellos? — pregunto curiosa Mitsuki, dejando a un lado sus utencilios en la mesa.
— Solo una vez — hablo el azabache mayor con un tono despreocupado, casi ubicando su mente al recuerdo — en una reunión de familias con gran poder adquisitivo, por consiguiente, nos tocaba por orden asistir.
— Fue cuando entre conversaciones casuales, quedamos con, quizás, hablar con tus padres — sonrio incredula la mujer, siguiendo con la lucha de su filete — posee pensamientos bastante… demandantes, fuertes para considerarlos en un nivel menos insultante.
— Es cierto — rio entre dientes, su esposo — entre sus filas consideran tener una postura firme en lo clásico, en lugar de abarcar nuevas tendencias. No lo negaré, realmente son unos completos genios, pero la arrogancia es un desventaja en cualquier persona, inclusive grupo.
— Suponemos que esa “arrogancia” los ha llevado lejos — concluyo la rubia mayor, encogiendose de hombros.
La castaña se quedo enmudecida ante la imagen de sus padres que tenían los Purpure, si bien es la descripción oficial y autentica de ellos, no podía evitar sentir un extraño escosor en su estomago. Nadie en la vida ha tenido el valor suficiente en llamar a sus padres “arrogantes”, igualmente es cierto, su exceso de confianza y demostración de sus logros a los demás era muy fastidioso. No obstante, escuchar las definiciones de los Purpure le hizo pensar en lo equivocados que estaban, no todo en la vida se refería a evitar mostrar emociones, también existía el relacionarse con tus semejantes y ganarse el cariño de estos. ¡Aunque por supuesto! Las convicciones de los demonios es el de evitar sentir sentimientos, estos no solando te evitan pensar con claridad, igualmente sin objetividad, sin agregarle seguir tus instintos.
— Cariño, esa no es la manera de referirse a los padres de Mitsuki — la reprendio su esposo, causándole una risita amarga a la castaña. — disculpala, aveces no mide bien sus palabras.
— Descuide, señor Purpure — ella bajo la mirada, concentrándose en sus alimentos con el objetivo de olvidar la realidad de sus padres — su esposa no ha mencionado mentira alguna, es mas, dio justamente en el blanco en su descripción. Grandes masas con una sola función: trabajar.
No es que Mitsuki guardara un tipo de rencor hacia sus padres por sus obligaciones, realmente ella se refería a la aparicia que le daba a los demás. Eran seres sin alma o emociones de por medio, comprendia lo de ser demonios y no lidiar con sentimientos estúpidos, ellos se los confirmaron una vez le relataron la verdad de sus existencia, pero al menos con los humanos debían de guardar las apariencias. Pues perfecto, sus padres jamas se tomaron las molestias de siquiera hacerlo. Por otro lado, los de Purpure al pesar de tener muchas obligaciones en medio de su día a día, mantenía una actitud jovial a su alrededor actuando igual de conocerla de toda una vida, aceptando desde un inicio ser la novia de su hijo. En general, la familia Purpure la recibió con los brazos abiertos, en esta casa realmente se encontraba a gusto. Ni recordar estar nerviosa en un principio, que idiota.
— Estamos de vacaciones querida — la animo la rubia, sonriendole dulcemente — olvida todos tus pesares y disfruta, para eso has venido hasta este lugar maravilloso.
— Por supuesto — estuvo de acuerdo su marido, imitandola en la curvatura de sus labios — piensa en esto como en un retiro de descanso, veraz que todo comenzara a pintarse de otro color.
Ellos tenían razón, perder el tiempo en pensamientos relacionados con sus padres le reducirían la felicidad, debía centrarse en que se hallaba en la villa de los Purpure con sus amigos y su excelente novio… ¡Lo había olvidado! Aun necesitaba resolver una situación peliaguda con el. Ese comportamiento descuidado no es normal, menos el distanciamiento confuso con miraras de anhelos, agregándole esas memorias confusas llenas de ellos dos en situaciones bastante comprometedoras. ¿Seria posible? No lo comprendia, pero tal vez ellos en verdad hicieron todo eso y sería la razón principal de querer alejarla, claro, tan solo era un hipótesis. Aunque, a medida de mirarlo interactuar con los demás se encendía mas su curiosidad, seguía siendo el mismo Purpure-san de siempre, enfocándose en ella inmediatamente buscaba huir de su mirada. Si. Eso necesitaba urgentemente una salida pacifica.
Luego del almuerzo, los padres de Purpure se excusaron con atender unos asuntos de negocios en el pueblo, dejando nuevamente al grupo de jóvenes sólos bajo la responsabilidad de ellos mimos. Si bien no podían nuevamente ir a esquiar, motivos de demonios mestizos y sangre pura no soportar mas salir allí afuera a luchar contra el frío, decidieron quedarse en la gran casa conversando en la sala de estar cosas sin sentido. En algún momento surgió el tema de la graduación de los mayores: Shimpachi y Harada, exigiendole dar a conocer sus planes a futuro, el seguir estudiando o trabajar. El primero se aventuro a decir encargarse del negocio de su familia, su padre era dueño de un puesto de Ramen que tenían ya varias sucursales, entre ellas una cerca de la estación del distrito 6 en Tokio, era esa misma la que tomaría las riendas en dirigirla. Él no se imaginaba asistiendo a la universidad, menos estando en esa ambiente plagado de libros o apuntes, estaba lista para vivir responsabilidades masivas y esta es su oportunidad. Esta demás haber optenido los gritos graves de su padre directo en sus oídos, él no se mato tanto el lomo trabajando arduamente con la finalidad de enviar a su hijo a uno de los institutos mas importantes de todo Tokio, para que el final tomara las riendas de un caballo y las dirigiera lejos de una universidad, poseía los recursos idóneos para asistir a una, ¿cual era su problema? Sin embargo, el muchacho no resistió en su cometido. Trabajaría y no estudiaría. Al final, obviamente consiguió su propósito, convencer a su padre. Heisuke al finalizar el relato, soltó una risotada alegando el comer ramen gratis todos los días después de salir de clases, con tal, Shimpachi invitaría gustosamente por medio de la casa. A lo que este contestandole con su actitud bromista a la par de sujetarlo de la cabeza, el solamente permitirle tal cosa a las jóvenes hermosas de jovial presencia, a los chicos enanos aprovechados como el castaño, les pondría a lavar y atender las mesas. Momoka riendose contagiada a la par de sus amigas, alzo su voz estuvo de acuerdo de esa conclusión. El chico solamente recibía su merecido.
En cuando a Harada, si asistiría a la universidad, siendo mas específicos la de Tokio. ¿Como es posible? ¿Ese muchacho tiene un promedio elevado para darse ese lujo? Aunque no lo crean, si, el cabello caoba posee el potencial necesario de ser recibido con las puertas abiertas a par. Este estudiaría ciencias, es su rama mas fuerte en el instituto, y por si fuera poco, el Sannan-sensei le ayuda mucho al pertenecer al club de Kendo. Generalmente, todos se mostraron emocionados ante esa noticia, privandose de unos de los sentimientos mas primitivos en estas ocasiones. La nostalgia. En alguno de los presentes, existía muchos años conociéndose y asistiendo a las mismas escuelas juntos, aunque faltase unos cuantos meses para esta separación les afectaba un poco. ¿Pero de este tipo de cosas no se trata la vida? Encuentros, reencuentros, ciclos en acabar y otros por comenzar. Todo tenia un significado, y este, jamas seria la excepción.
Un Ryuunosuke fastidiado, puso sus ojos en blanco al leer la atmósfera se inmediato, los humanos le daban mucha importancia a cosas sin sentido, un ejemplo la graduación de Sanosuke y Shinpachi, no es como si en la vida se volvieran a encontrar jamas. No lo comprende, o mas bien, nunca lo lograra, los pensamientos de los humanos son demaciados absurdos en su perspectiva. Sin embargo, esto a su hermana le parece demaciado sencillo al mostrar un semblante al igual de sus amigos, seguramente entiende la situación al completo. Predecible, si desean su opinión, si sus padres desde el inicio le hubieran advertido de la naturaleza en su origen, las cosas serian distintas. O eso desea pensar el azabache. Considerando la naturaleza rebelde de su hermana mayor, puede que enterarse de la verdad no cambiara las cosas, tan solo observenla, rodeada de humanos y un mestizo como si fuese normal, agregándole el tener un novio no demonio. Realmente, ¿en que estaban pensando sus padres? Porque no comprendia nada en lo absoluto, de hecho, se sorprendió en verlos darles permiso en asistir a este viaje en grupo igual a tener un campamento. Ni decir de esa sonrisa ladina en los labios de su madre, bien conoce en esta en jamas mostrar emociones o mueca en general, le transmitió leer todas y cada una de las decisiones de la muchacha en un futuro, sobre todo, los acontecimientos que este podría ocurrir. ¿Eso seria posible? Jamas ha escuchado que un sangre pura tuviese poderes de visión, ni siquiera los “seres de luz” lo tenía, asi que su progenitora simplemente calculo todo lo concerniente a su hermana, llevándola a sentir satisfecha. Esta casi mas que seguro de tenerle un prometido, de lo contrario, en la vida le dieran tanta libertad como ahora. Una vez dada la caída de su felicidad con Purpure (cosa que sigue pensando ser imposible) este dará el paso, arrastrandola a su lado y privandole toda cosa posible como en la actualidad, si de algo se caracterizan los demonios (aparte de la terquedad) es de su necesidad de poseer algo, en este caso, personas. El prometido de la castaña sería seguramente eso, llevándola sin reproches al lugar donde desde un principio tenia que estar, junto a los demonios sangre pura.
Resulta curioso, sus padres son demonios con una vista aguda y demaciado fina, en la vida se darían el lujo de entregar a la salvación de la raza a cualquier sangre pura, estos darían una búsqueda exhaustiva entre los mas sobresalientes para dar su veredicto. En fin, tendría que ser paciente y esperar a ver este plan en acción, de no equivocarse en sus pensamientos, en los pasos de sus padres. Aunque su mayor preocupación seria Amamiya Ami, la mestiza impertinente. Estos tres meses serian de eterna calma sin su presencia, aun mas en el instituto, pero una vez su regreso estaría lista para cazarlos. La sacerdotisa le resto importancia, estaría dispuesta a utilizar una vez mas aquel liquido ámbar en los ojos de lagarta en aquella, aunque sus padres descartaron esa idea en seguida. Bien clara fue la advertencia desde el inicio, mucho abuso de tal poder y los “seres de la noche” harían su aparición. No es como si Ryuunosuke estuviera liado con demonios mestizos para agregarle algo mas, sentía haber envejecido cinco años de golpe en esa emboscada, aun eschuchaba en sus oídos los chillidos de la rubia maldiciendolos y prometiendo vengarse. Aunque lo mas sorprendente fue descubrir la tenacidad de la cabello turquesa, esa fuerza escondida en su voz, la mirada azulada brillando en flamantes llamas, la expresión decidida y la determinación de comprender absolutamente lo que hacia. No mentiría. Un sentimiento en forma de golpe nacio en su pecho, dándose cuenta de tres cosas, la primera, Genoshita Suzuka posee demacio potencial dormido dentro de ella; segundo, jamas debes tomarla a la ligera solamente por aparentar ser tranquila; y tercero, siento un alivio encontrarse de su lado.
Lo comprende, es absurdo tener tales pensamientos, pero llego a esas conclusiones después de verla en acción. Puede ser un demonio sangre pura en todo el sentido de la palabra, frío, menticuloso y distante, pero no es ciego. La sacerdotisa vale por dos de los suyos, es tranquila, astuta y habilidosa, característica importantes para llamar su atención a la par de traerla como aliada. Luego de todo, sus ojos no mintieron.
— ¿Sabes Ryuunosuke-kun? — lo llamo con voz baja a su lado, olvidando por completo que Chizuka Purpure hablaba — me traje el libro de conjuros de la abuela, ella me lo dio prestado. Allí refleja un par pocimas contra el frío, quizás… te ayuden en algo.
Oh… miren esos ojos azules brillantes, hombros hundidos y postura nerviosa. Es una mediocre, pero aun pensando eso, ella es valiosa.
— ¿Estas completamente segura de que funcionan? — alzo una de sus cejas inseguro, empleando un tono altanero.
— ¡Por…! ¡Por supuesto! — aseguró apretando sus puños nerviosa, mirandolo con ojos muy cristalinos y puros.
— Bien, solo quería asegurarme — suspiro cerrando sus ojos un segundo, para volverlos abrir enseguida — ¿Qué cosas necesitamos en dicho conjuro?
— Nada en general, poseo conmigo mismo los utensilios necesarios para la recreación — respondió pensativa, haciendo en su memoria los materiales de emergencia traídos en sus maletas — la abuela parecía insistiendo en seguir practicando mis habilidades, asi que traje ciertas cosas y no desalentarme. Ha terminado funcionando.
Despistada…
— Siendo así…
— ¡Quiero una de esas! — interrumpió al azabache ganándose una fulminante mirada, quien deseaba realmente golpearlo. Okita Souji, seguiría siendo de las suyas, aun estanto fuera de casa — puedo ser un mestizo, pero el frío sigue queriendo acabar conmigo.
— Entonces espero y lo haga rápido lo mas pronto posible — confeso el novato sangre sin una pizca de emoción.
— ¡Eso ha sido muy cruel de tu parte! — ironizo las palabras llevándose las manos a su pecho, fingiendo sentir una herida en ese sitio. Ryuunosuke simplemente, giro sus ojos con fastidio. — desearle tales cosas al prójimo, es sin duda un acto de completa maldad.
— ¿Qué esperas? Soy un demonio — recordó, restandole importancia — jamas estaría de sentimental por razones absurdas, menos tratándose de mestizos.
— Claro… típico de sangres pura. — se dejo de cuentos, adoptando una mirada filosa y lengua cortante.
Suzuka al ver este ambiente recordó el relato de su abuela sobre la época Edo, cuando sus antepasados ayudaron a las “princesa lunar” para cuidar de los humanos de los demonios, mestizos y puros por igual. La amargura de estos les llevaría a la locura, arrazando todo a su paso solamente para prevalecer la supremacía de alguno ante el otro, aunque claro, los humanos le dieron su apoyo a los mestizos terminaron en darse cuenta de la realidad. Ellos simplemente eran la combinación de codicia y odio, no teniendo un futuro prospero para ellos. Las excepciones existían, “Hijikata Toshirou” es un ejemplo claro, su liderazgo llevó lejos a estas dos razas pero con su muerte a manos del prometido de la ancestra, las cosas se descontrolaron al completo dando como consecuencia un caos. Guerra, destrucción, desastre, el combo mas radiactivo de todos. El desenlace, pueden imaginarlo.
— R… Ryuunosuke-kun, Senpai — los llamo a ambos, buscando amanzar las bestias con piel de cordero — creo… creo que la pocima estara bien para ambos, inclusive, la misma Mitsutani-senpai.
— ¡Eso suena fantástico! — exclamó fingiendo emoción el ojos verde, sin despegar la vista en el azabache — Mitsuki-chan seguramente se alegrara bastante.
— Claro… — mascullo entre dientes.
Él no era ningún idiota, este mestizo insulso e insignificante estaba interesado en su hermana en forma descarada, muchas ocasiones trataba de hacerle saber sus sentimientos. Aunque para su desdicha, esta era lo suficiente despistada o enamorada de Purpure, como para prestarle atención. Prefería ratificarle el título al humano, pues visiblemente la castaña se moría de amor por él, en su visión no existía en lo absoluto alguien mas, por lo tanto, no se encontraba en términos de prestarle atención a un mestizo idiota. Y de encontrarse libre, Ryuunosuke no permitiría que le colocaran un dedo encima a su hermana tal raza asquerosa, primero prefería entregarsela al desagradable de Kazama antes de permitirlo. Eso, lo aseguraba.
Por otro lado, Purpure no encontraba manera de poder huir de aquel grupo de locos llamados sus amigos, es decir, hace unos segundos casi lloraban sobre los regazos de sus senpais y ahora reían y cataban a lo lindo temas sin sentido. Realmente lograron confundirlo mucho, catalogandolos en una manada de bipolares en potencia, aunque de cierta forma les agradecía enteramente su distracción pues, gracias a ellos, la ojos calabaza estaba absorta de su presencia. Durante el almuerzo estuvo conversando con sus padres, tomandolo al principio un poco incomodo y angustiante, al rato los vio muy concentrados a la par de relajados. Se llevaron bien. Sin embargo, la mirada de ella buscando causas de su distanciamiento no frenaron. ¿Acaso no se cansaba? Aparentemente no, porque la función de esa castaña era llevarlo al limite, exponerlo tal cual estuviese en una sala de interrogatorios con el policia bueno y malo, tal vez ella sería el primero. No, no, no podía. ¡Necesitaba resistir! Por el bien de su relación, el no recibir un escarmiento de su parte al ser un completo abusador de jóvenes hebrias. Eso, sería lo peor. Aun así, Purpure consideraba el comportamiento de noche buena algo natural, es decir, él es un joven en plena adolescencia etapa donde tus hormonas se encuentran descontroladas, quieres explorar y que te exploten estando con una persona ideal. En este caso, el azabache poseia a su novia, una chica encantadora, hermosa y con la gracia a la par de soltura de una grulla, esa piel blanquecina exclamaba a gritos ser marcada y poseída bajo su tutela. Solamente recordar sus sonidos, movimientos, respiraciones pausadas a la par de concisas, las vibraciones sentidas al tenerla cerca… todo, absolutamente todo, elevaba su pulso una vez mas.
Maldición.
Esto no podía seguir asi.
Necesitaba salir de allí.
Esto no podía seguir asi.
Necesitaba salir de allí.
— Toshi — la voz de su hermana lo asusto, llevándolo a soltar un respingo. Ella lo miro extrañada. — ¿Ocurre algo? Pareces un poco pálido.
— Na… nada, solamente estoy algo cansado — rio torpemente, pasando una mano por su frente encontrandola sudada. Rayos, se supone que hacia frío. — el movimiento del viaje y esquiar… todo se acumulo, aparentemente.
— Mmm… — solto un monosilabo mirandolo incesantemente, no creyendole ni una pizca de sus letras juntas. Claro, Chizuka jamas se le escapa nada, menos tratandose de su hermano menor. — que raro, a ti nunca te ha afectado los viajes hasta la villa. Mas bien, eres el mas animado de todos nosotros, incluso ahora, no fuiste la excepción.
¡Lo sabia! Mentirle a la rubia era igual que intentar hallar la quinta pata al gato, imposible. Esta leía de manera extraordinaria todos tus pensamientos, aunque de igual manera no podría llegar diciendo: “oye hermana, mi novia me tiene frustrado sexualmente y no puedo parar de pensar en ella en esa manera, menos como su piel hace fricción de manera exquisita con la mia. No se, huir parece ha dejado de funcionar. ¿Alguna idea?” Demaciado absurdo el solo imaginarlo, aunque hablando de la ojos purpura, jamas dudaría en lanzarla a sus brazos sin medir las consecuencias. Mejor y seguía fingiendo agotamiento.
— Ya vez — se levanto del asiento, sin llamar la atención de sus amigos — existe para todo una excepción en algún momento.
— ¡Toshi! — la voz de Minami al otro extremo de la sala, junto a los primos Saitou lo desalento — ¿Piensas ir alguna parte? Mira que te pierdes de la diversión, Harada y Souji pensaban competir en medir fuerza. Se que eres mejor que ese par de idiotas.
Quiso reirse del comentario de su amiga, pero de inmediato dos pares de ojos calabaza lo observaban con cautela, dándose cuenta de tal audaz movimiento. En seguida, la tira de imágenes de la noche en el karaoke lo golpearon al igual que una bola de nieve en la cara, en esta ocasión, la voz de la castaña se escuchaba tan nítida que le causaba escalofríos desde la cabeza hasta los pies. Ni tocar el tema de los besos profundos, donde sus lenguas se enredaban creando sonidos húmedos y huecos, las manos de ella sobre sus brazos tratando sostenerse evitando caer al suelo, seguidamente de la calidez de la piel en su abdomen.
¡No!
¡Ya no podía mas!
Llegó el momento de correr.
¡Ya no podía mas!
Llegó el momento de correr.
— Mas tarde sera, Minami — comenzo a caminar lejos de allí, impresionando a su amiga — estoy sumamente casando. Ire a recostarme un rato, ustedes diviertanse sin mi. ¿Vale?
— ¡Luego no te quejes de haberte dejado por fuera! — exclamó alegremente Harada, con una sonrisa ancha.
— No lo hare.
Girando por fin sobre sus talones salio de la sala rumbo a las escaleras, sin importarle que estuviese dando una imagen clara de paranoico sin razón aparente, aun mas, que sus amigos lo mirasen al igual de poseer alguna clase de problemas. Aunque Purpure, necesitaba alejarse de la causante de esas menorías nítidas de la noche pasada. Maldición, pensó al subir las escaleras a toda marcha, debia de hacer algo con todos esos pensamientos impuros o terminarian volviendolo loco, quizás hojeando el pasado encontraría algo. Aunque, razonando con cabeza fria, nada el era servible. Fue un muchacho bastante inresponsable, dejándose llevar por sus instintos, tomando las mujeres que quisiera, desechandolas tal cual fueran trapos sucios inservibles, dejándose consolar por Ami… aquella rubia, fue de ayuda en esos días de desespero. Si bien había sido la causante secundaria de “perderla”, estuvo allí recalcandole que ocasiones la realidad no era tan aplastante si sabias controlarla, todo con un poco de diversión y distracción. Quizás… si la llamara… ¡No! El azabache prometió que jamas iría a tomar el camino fácil, menos el atajo llevándolo a la demonio mestiza, además, eso sería igual a darle el gusto a Kazama y sus sucios objetivos de conseguir a Mitsuki. Él realmente cambio, la ojos calabaza lo cambio, haciéndole saber que su persona vale y sin importar su procedencia o raza, seguiría amandolo igual al primer día de descubrir sus sentimientos. Agregándole otra cosa mas, Mitsuki no es Chizuru, pueden poseer la misma atmósfera rodeandola, pero en definición exacta, la primera posee mas fuerza de voluntad y las habilidades necesarias para rechazar a Kazama con los ojos cerrados.
Esa es su chica.
Suya completamente.
De nadie mas.
Suya completamente.
De nadie mas.
Si eso es cierto, ¿qué le hace huir de ella? Claro, teme de su rechazo ante esas memorias de borrachera, pero viéndolo en otra perspectiva, ella igualmente estuvo allí y parecía muy de acuerdo a cada una de sus acciones. Por supuesto, podríamos sumarle esto al alcohol en su venas, pero ellos son jóvenes y experimentar cosas nuevas de poco en poco no seria malo. ¿Cierto? Aun menos, Purpure podría hacerle algo malo… ¡En la vida se lo perdonaria! Quiere darle su espacio, en verdad lo tratara de hacer, aunque eso no quitara el desearla.
Mierda.
La castaña sera su muerte.
Mas bien.
Su condena.
La castaña sera su muerte.
Mas bien.
Su condena.
Los pasos apresurados de alguien resuenan detrás suyo, obligandolo a voltearse al instante viéndolo lo último en querer enfrentar, claro, la vida no sera fácil nunca con nosotros. De lo contrario, Mitsuki estaría abajo con sus amigos y no mostrandole su adorable presencia. Parecía estar cansanda pues sus pomulos estaban sonrosados, una respiración entrecortada con unos rosaceos entre abiertos liberando un poco de humo, ¿la calefacción esta apagada? No, sigue encendida pero el problema decide en otra cosa: ella es un demonio. Al tenerla frente a él percibe claramente la belleza de sus ojos color calabaza, los cualea brillan con inocencia infinita a la par de felicidad, esas mejillas color manzana parecen querer ser mordidad sin descanso hasta dejar marcas y sus labios cereza, merecen ser atendidos como se deben olvidando el posiblemente incharlos. Demonios, esto es malo, muy malo.
¿Se vale mandar una señal de humo para su rescate?
— ¡Ya valió Purpure-san! — elevo su tono de voz, asombrandolo. ¿De donde saco la fuerza? — ahora si vas a decirme que ocurre contigo, porque estas lejos de encontrarte bien.
— ¿Qué estas…?
Pero sus palabras murieron en el aire, de un rápido movimiento la Mitsutani sujeto de las solapas de la chaqueta al chico arrojandolo a la pared, acorralandolo. Su mirada se topo con la de él demostrandole estar molesta, ya había agotado todas sus energías en buscar serenarse tras su comportamiento sin justificación, pero ya valio, ¡Se agotó! Llego el momento de respuestas. En tanto Purpure, maneja su respiración de una forma cautelosa, casi menticulosa luchando severamente con su mente y las imágenes reveladoras de ellos dos encontrándose de esta manera pero mas cerca, mucho mas. ¿No podían aparecer en otra circunstancias? ¿Quizas solos? Oh, claro que no, por supuesto que no.
Que comiencen los juegos de la resistencia, donde la cordura del azabache es la que se pone aprueba.
— ¿Lo sigues recordando? — seguidamente siguió hablando, chocando su dulce aliento con la piel de este, erizandola — Soy un demonio, por consiguiente mis emociones son el doble de las convencionales, al igual de la fuerza. Aunque, claro, el frío de desalienta un poco.
— Mitsuki… — su voz sono igual a un quejido, casi ahogada.
— Ahora vamos hablarnos con la verdad — exigió, sin moverse un centímetro lejos de él, llevandole a apretrar los puños — ¿Por qué estas evitandome? No solo sucede eso hoy, desde aquella fiesta te encuentras raro. Parecieras estar nervioso, incómodo algo… ¿frenetico quizás? Sea lo que sea, desde luego estoy involucrada, pero no tengo idea. Asi que, dímelo… ¡Dime lo que te pasa!
— Mitsuki… por favor… — pidió, bajando su cabeza respirando hondo varias veces.
— No, si piensas librarte de mi estas completamente equivocado — le hizo llegar, sujetandolo mas fuerte, obligandolo a mirarla. Purpure se sintio desvanecerse, la fuerzas de voluntad abandonaban su cuerpo. — asi que no habrá “pero” en valer, menos súplicas. Dime, ¿que hice de mal en el karaoke? Acaso… ¿tu comportamiento es por aquel encuentro cerca de las expendedoras de bebidas? — el azabache sintió un estiron en su estomago al escuchar eso, pues nunca imagino que la castaña recordara lo ocurrido. ¿Los marcianos empezaron a invadir la tierra? — tu reacción me lo confirmo, se debe a eso.
Aguarden. Aguarden. Aguarden. ¿Donde estaban sus gritos? ¿Los insultos? ¿O las palabras de ser él un completo abusivo? La castaña al pesar de estar sonrojada hasta las orejas, no parecía en lo absoluto arrepentida de sacar a la luz ello menos enojo a su persona. Mas bien, su expresión dictaminaba estar sumamente preocupada por él, llevándolo a auto-llamarse idiota. ¿Como fue posible en inyectar en ese hermoso rostro tal mueca? Desde el inicio se prometio hacerla feliz, cuidarla y protegerla, al parecer, no estaba haciendo nada de eso al pie de la letra. ¿Hasta cuando seguirá cometiendo los mismos errores? Sumirse en sus propios pensamientos llenos de egoísmo sin importarle los de su novia, creía haber cambiado un poco, aunque resulto ser distinto. Siguiente siendo el mismo miserable de siempre.
— Purpure-san — lo llamo con dulzura, soltandolo de las solapas y suavizando mas el ambiente. El azabache simplemente hundio sus hombros, dejándose consumir por sus pensamientos derrotistas — lo que paso esa noche… no me enojana el lo absoluto, es decir, ambos estábamos hebrios y… nuestros sentimientos mas lantentes que… explotaron. Por eso…
— Lo siento — la interrumpio, haciéndola respingar del imprevisto — realmente lo siento.
— ¿No te lo dije? — rio conmovida, sujetandole el hombro intentando conectar su mirada con la suya — ya nada de eso importa.
— No, Mitsuki, importa — alzo su mirada al fin, demostrandole un torbellino de emociones acechando a la castaña, logrando tocarla y asustarla — porque desde esa noche no he parado de pensar en ti, o mejor dicho, en lo que produces en mi — Mitsuki dio un paso atrás, sintiendo unas raras contracciones en el pecho y estómago. ¿Qué diablos era eso? — Me aleje de ti porque no quería asustarte, menos provocar en ti un posible desprecio hacia ni, hacia lo nuestro. Pensé que si de recordarlo me gritarías y… ¡Mierda! En lugar de todo eso lo único que hice fue el preocuparte, lo contrario de ser feliz y… yo… soy… en realidad…
¿Qué deberías de hacer cuando el hombre aquien amas tiembla frente de ti desprotegido? En la vida había experimentado tal cosa, menos un encuentro tan cercano a un acto sexual, porque eso era, ¿cierto? Purpure-san y ella… ¡Esperen un minuto! El preocuparse en natural entre parejas, eso es porque…
— Tu me importantas, Purpure-san — interrumpio el monólogo del azabache, encontrando su mirada confundida — por eso, nunca debes de culparte por producir eso en mi. Te amo, ¿lo sabes cierto? Y las personas que tienen este sentimiento, velan y se preocupan por las otras. Es natural.
— Mitsuki… — susurro anodadado.
— Por eso, contestanme algo — dio un paso hacia él, enfocando sus ojos color calabaza con toda la seriedad posible y luchando contra las contracciones de su estómago bajando mas abajo cada vez mas, asustandola. — tu… ¿Me deseas?
Un minuto, basto solamente un minuto para que Purpure cayera en cuenta en varias cosas, la primera, ningún encuentro cercano a una chica de esta índole le afectado tanto como este; lo segundo, desde esa noche obviamente dejo de ser el mismo o al menos, con la castaña porque ella es una diosa y la quiere, mas bien, la ama. Y tercero, el deseo solo puede llevara una sola cosa en especifico, eso es: poseer.
— Si — respondió al fin, dando un paso mas hacia ella y tomando con delicadeza su rostro, suspirando — te deseo, Mitsuki. Tanto, tanto… que me duele el pecho. ¿Acaso esto es un delito?
— Lo contrario — soltó una risita nerviosa, sujetando igualmente el rostro de su amado — de no hacerlo, estarias mal y me enojaria.
— Eres extraña. — admitió al fin.
— Y tu un idiota, mi idiota.
Su espalda choco contra la pared blancequina de aquel cuarto, en tanto sus bocas errantes buscaban transmitir todos sus sentimientos latentes, que querían estallar dentro de sus pieles, siendo únicamente transmitidas de esta manera. Sus respiraciones erranticas eran las únicas en inundar el lugar al compaz de la ropa cayendo en el suelo, la mano del azabache buscaba deshacer la molesta bufanda del cuella de la chica, mientras ella alzaba con despero la camiseta de este descubriendo la piel bronceanda de este, junto a una mosculatura agradable. No mentía, ver aquella le quitaba la respiración, porque ese abdomen parecía haber sido marcado por los mismos dioses. Aunque no tuvo tiempo de apreciarlo mas, el chico logro liberar la molesta prenda de su cuello solamente para atacarlo con despero y gula, sentía la lengua de este jugar con su piel, marcarla y sucionarla. Eso la inquieto bastante, obligandola a doblar las piernas al tener esa incomodidad en su vientre, las mismas contracciones de hace un rato. Trato de olvidarse por completo de eso, en entregarse al momento y dejarlo lo demás a Purpure-san, él era el experto en esto. Cerro los ojos suspirando, sus manos se introdujeron bajo la camisa del azabache, tocando la piel cálida de este tan suave y deseada por muchas, aunque solamente era suya, de nadie mas. Sus labios se encontraron nuevamente, robando la respiración de otro y enredando sus lenguas en una danza imaginaria, donde su único objetivo era sentir y hacer sentir. Volvieron a girar, en esta ocasión el ojos purpura busca a tientas la cama, logrando canalizar sus instintos y el sentido de la orientación. Aunque estaba perdido, perdido en un mar de sensaciones. Mitsuki no solo es adorable y hermosa, igualmente es pasional, al ser un demonio sus sentimientos latente fuera de su cuerpo llamado a ser atendidos.
Cayeron en la cama, donde las sabanas frías los esperaron gustosamente, los amantes se separon para mirarse unos segundos notando un nuevo brillo en ellos: pasión. Purpure no comprendia nada, salvo lo provocativa que esta Mitsuki con esa expresión cansada, de labios hinchados, pomulos pintados de carmín y esos encantadores ojos calabaza llorosos. Si antes juro reprimirse, ahora ya no lo haría. Perdiendo lo poquito de cordura en su mente, ataco a la castaña sin mirar atrás abarcando su necesidad de sentir y hacerla sentir. Sus manos lo llevaron al cuello de esta para rosarlo con delicadeza con la yema de sus dedos, provocandole escalofríos y varios espasmos, ocupando sus labios en lóbulo de la oreja en mordisquiarlo a la par de alarlo un poco. Esos estímulos la llevaron a fundirse en una ola de sensaciones nuevas, calurosas, placenteras y confusas, era como andar a todo galope por el bosque en pleno verano, mientras el caluroso viento golpea tus mejillas. Es agradable, increíble y te deja en el aire, sin saber nada que hacer. Fue tanto la magnitud de esta sensación en la muchacha, dejandola de lado en sentir las manos del azabache desender a los pechos de ella al igual de sus labios, ahora encontrándose en la mandíbula marcando una huella de saliva y mordiscos. Este pensó en jamas ver tal expresión de satisfacción en una mujer antes, pues las anterioes parecían mostrarse divertidas, hasta encantadas de tanto atención, aun así, nunca tan queridas como ella. Su Mitsuki. Con una sola mano, se despojo de su camiseta, quedándose a pecho descubierto ante ella. Era tan hermosa, encantadora y especial, probar su piel es igual a encontrar el mayor néctar jamas visto, donde únicamente deseas guardarlo para ti mismo y jamas darlo a conocer. Su olor, silvestre, embraguidor se suprimió en su corazón y memoria, donde se quedarían al final de sus días sirviendole de consuelo para cuando estuvieran lejos. El tacto de tocarla, terso, cautivamente y delicado a la par de una flor, de hecho, nada podía compararse porque tenia romperarla de hacerle algo brusco. Pero no podía, o mas bien, su cordura de joven enamorado le privaba de hacerlo. Por eso, en un arranque totalmente fuera de norma, robo los labios de la sangre pura con deseo desbordante, imponiendo otra cosas en lugar del corazón.
Entonces Mitsuki finalmente reacción, las caricias de Purpure-san dejaron de ser suaves y sutiles, dejándola con un agarre demante y fuerte haciéndola sentir inquieta. La lengua de este no dejaba siquiera respirar, buscaba imponerse y hacerle saber sus ganas de sacear sus deseos, en ese beso en lo absoluto existía cariño, solo lujuria. Al tener las manos de él sobre su abdomen, se removio buscando sacarselo de encima rápidamente. Esto no era lo que ella había imaginado, no siquiera se comparaba a lo de la noche en el karaoke, donde las risas, roses y miradas cómplices viajaban entre ellos. Además, en muchos libros reflejaban esa primera vez como algo mágico, encantador y extraordinario, donde te conectas en alma al igual que cuerpo a la persona amada. Existe los fuegos artificiales, el sonido de campanas y la satisfacción de ser correspondido en la misma manera. Pero ella no sentía nada de eso, menos un simple cosquilleo, solo un susto en su estomago incrementando cada segundo de tener las manos del azabache en ella. ¿Por qué? Si hace unos minutos atrás era agradable, caluroso y gratificante. Claro, el factor “romance” no existía aquí, solamente el dos jóvenes trantando de tener sexo. Nada de sentimientos, ni un poco de cariño, solo lujuria.
Rápidamente, la ojos calabaza hizo a un lado su cabeza, apoyando sus dos manos en el pecho del azabache para alejarlo de otro posible beso. Este la miro desconcertado, sin poder entender nada acaso…
— ¿Hice algo malo? — pregunto ante su pensamiento.
— Purpure-san, quizás… aun sea muy pronto para nosotros — pronuncio la chica, acomodandose sobre el colchón sin mirarlo a la cara. Sujetando su blusa y tapandose sus pechos.
— ¿Qué? — musito incrédulo.
— Quiero romance, una experiencia mas allá de tener… — agarro bastante aire antes de decirlo, sin aun mirarlo — sexo. Porque yo te amo, pero en ti solo siento… deseo carnal, no amoroso.
¿Desde cuando…? Pensó en que hacerla sentir bien, no mentía, sus pensamientos jamas se hallaron en llevarla a tocar una estrella o demostrarle todo su cariño. Simplemente se ocupo de algo: la apariencia de la castaña y lo bien que se encontraba, agregándole, su deseo de poseerla. En shock de tal descubrimiento, tomo asiento en la cama alejándose de la castaña y llevando ambas de sus manos a la cara, restegandoselas sin descanso. ¿Sigue estando dormido en su interior? Aunque personaje vil y sin misericordia de los demás, el mismo encargado de hacerle daño a Chizuro ahora en estos momentos a Mitsuki, ocupado de una sola cosa: servirse a si mismo. Tenia razón, no ha cambiado, nada ha cambiado. Su monstruo estaba era dormitando, esperando a atacar nuevamente a una próxima víctima, aunque esa era su pobre novia. ¿Se merece tenerla a su lado?
No.
No la merece.
Nunca lo hará.
No la merece.
Nunca lo hará.
Tal vez Ami tuviera razón, en la vida le llegara a los talones a Kazama, este aunque fuese un mujeriego latente sabia tratar perfectamente a las féminas, dándole todos sus caprichos. ¿Pero y él? No, nada que ver, su ser egoísta le priva de entregarse por completo a alguien. Inclusive a la tierna demonio estando frente a suyo, la cual proferio amarlo con todo y defectos, porque aunque la ame no puede darle su entera alma.
¿Qué rayos debería de hacer?
— Yo… lo siento — se disculpo, sinceramente apenado, medio alzando la mirada. — no quise imponerte nada, quizás…
— No, igual lo siento — soltó una risita seca, comprendiendo perfectamente la atmósfera pesada — apresure las cosas cuando realmente aun no estoy preparada para este paso. Solo sobreesforce las cosas, lo lamento tanto.
Claro, intentaría llevarlo en ese camino. Típico de ella.
— Solo… no digas eso. — alzo al fin su mirada, encontrando algunas lágrimas en el rostro de la castaña, haciendolo sentir miserable. La asusto realmente. — Es mi culpa, solamente la mia porque soy un idiota que jamas mira las personas de alado. Mitsuki, no soy quien realmente piensas y finalmente lo has podido corroborar.
— Eso no es cierto — solto una risa entre un sollozo, buscando limpiar su rostro — sigues siendo el Purpure-san que tanto admiro y quiero, esto…
— Es un aviso de la oscuridad que habita dentro de mi. — la interrumpió con voz firme, Mitsuki su asusto al escucharlo decir eso.
— ¿Qué estas diciendo? — exclamó alarmada, aun sin parar de llorar.
— Solo… solo — se levantó de la cama, recogiendo sus prendas y vistiendose rápidamente — creo que mejor te dejo sola, necesitas calmete un poco. Yo… ire a caminar un rato.
— Aguarda, aguarda Purpure-san — se levanto con movimientos torpes detrás de él.
Pero no pudo frenarlo, el estúpido frío invernal imposibilito sus movimientos haciéndola mas lenta a lo convencional, aunque se pregunto si se trataba de eso u otra cosa relacionada con el ambiente entre su novio y ella. Cuando llego a la puerta fue tarde, Purpure-san la había logrado atravesar dejándola a ella sola y sus múltiples interrogantes, aunque la primera seguía estando en el aire. ¿Qué significaba tales palabras? Se suponía que en este sitio ella es el demonio, no lo contrario. Además, el azabache dio a conocer una nueva faceta aparte del demandante calculador, siendo el tener desprecio hacia si mismo. Eso mismo, hablo de una manera tan despectiva que le asusto mucho, porque en la vida conocio a alguien poseer asco de su misma personas. Aunque… nada se comparaba al mayor dato de todos: ¿Por qué sentia este ser el comienzo del final? Porque al ver esa ancha espalda alejándose de ella le vino a la mente una sola cosa:
Ya nada sería igual que antes.
★★★★★★★★★
Hacia frío, mucho frío para ser cierto y soportarlo era cada vez mas difícil, el estar cerca de una chimenea y con tres mantas encima no conseguía entrar en calor. ¿Como es que aquella cabellos turquesa tardara tanto en hacer una posima? Transcurrieron tres días desde su llegada y nada, estaba impacientandolo un poco. Admitir no preocuparle nada en lo absoluto sería mentira, porque en los estas últimas 72 horas una extraña atmósfera envolvió por completo a su hermana mayor y su humano. Unas semanas atrás hubiesen comentado que dos personas como ese par no podrían mirarse a la cara, estar en un espacio reducido de un metro juntos o siquiera respirar un mismo aire, le diría sin tapujos idiota. La decendiente de la “demonio lunar” aprecia mucho a ese sereno chico, como para permitir privarse de su compañia a todas horas, mas encontrándose en la villa donde toda la familia de él los apoya, considerados por sus amigos la pareja del año entero y el próximo a ese. ¿Qué pudo haber ocurrido entre el dio romántico? Quienes si una daba un paso, al siguiente se encontraría el otro para sujetar su mano y encontrarse con un paraje encantador lleno de mariposas, florea, ovejas u otros animales cursis. Ahora, su hermana parecía estar encerrada en la mismismas mazmorras del rey vampiro, porque la expresión de su rostro dictamina querer salir corriendo en la mínima oportunidad. Lo peor de todo, es que ninguno de sus amigos tenia idea de lo acontecido, menos si fue una pelea, malentendido o… ¡La tercera guerra mundial quizás! Tampoco puede acercarse a ella y preguntarle, eso probablemente la alejaria de inmediato.
¡Maldición!
Si al menos pudiera hacer algo, lo que sea.
Odia verla así.
Si al menos pudiera hacer algo, lo que sea.
Odia verla así.
Hoy asistieron nuevamente a esquiar con los humanos, estos parecian estar mas emocionados a lo acostumbrado, saltaban, gritaban y se lazaban unos con otros bolas de nieve. ¡Estaban locos! Ni imaginar una de esas cosas en su rostro, seguramente moriría congelado de sentir una. Estuvo tan concentrado en la energía desbordante de esos humanos, que paso por completo la visión de una castaña particular opaca, seca y prácticamente vacía. Adopto por sentarse en el suelo, mirando en un punto fijo de aquel paisaje invernal, como si las montaña llenas de nieve le contaran la señal predilecta para salir de sus problemas. Aunque estos, al parecer, son muy complejos para sus gustos, encontrando imposibilidad su deseo. Ryuunosuke reconoció muy bien esa expresión, desde hace años atrás no la veía mostrada en tal rostro cautivante, vivas y lleno de comerse el mundo por delante sin importar las consecuencias. En esa ocasión pasada, fue cuando su abuelo cayo frente una gran enfermedad, muriendo. Si bien los demonios son seres poderosos, de grandes capacidades y fuertes en momentos de lucha, eso jamas ha querido decir ser inmortales. Desgraciadamente, desde la época de la ancestra lunar, fueron reducidos al igual que los humanos, aunque eso seria otra historia.
Su hermana mayor conociendo la noticia de la desaparición de su abuelo, salio corriendo lejos de todo y todos, aventurandose al bosque de pinos y perdiéndose entre sus verdes parajes. Sus padres estuvieron furiosos, mas su madre, quien casi entraba en fase completa de demonio gracias al comportamiento inresponsable de la castaña. Al encontrarla la reprenderia tan severamente, que seguramente en su próxima vida lo recordaría. Aunque magicamente, viendola con esa misma expresión que la actual, todo el enojó se esfumo. Mitsuki aparentaba no tener control de si misma, una mirada opaca sin sueños o anhelos, piel pálida y casi translúcida, agregándole la pérdida del color en sus mejillas. En definición, la catalogaba igual a la llegada del invierno en un demonio, patético y desolador. ¿Como no comenzaba a actuar? Quizás se debía a la sacerdotisa, ella concordo en que temas del corazón nadie puede entrometerse, ni siquiera los humanos tenían permiso de ello, salvo hacerles saber estar para cuando necesitasen apoyo. Esa seria su única función.
Por supuesto.
Diganle a él eso.
Un entero demonio sangre pura.
Diganle a él eso.
Un entero demonio sangre pura.
El azabache dio un golpe en seco al suelo lleno de frustración e impotencia, esto es como tener la manos atadas, mientras tu peor enemigo se pavones en tus narices. Nada mas cerca de la realidad, porque aquel Purpure seguía libre y poseyendo una patética expresión en su rostro, esas que los humanos suelen utilizar cuando se arrepienten de algo. Parecía querer acercarse una vez mas a su hermana, pero a mitad de camino se arrepentia. Típico en un humano, son tan cobardes, inútiles y buenos solamente en hacerle daño a los demás. Cosa que hizo temblar ligeramente al demonio sangre pura, no deseaba acordarse de las palabras de su madre y menos su expresión ladina, porque lo mas probable es que ella viese lo acontecido en estos momentos. La caida en picada de la felicidad de su hermana, y tal cual a lo acordado, un humano seria la causa.
— Ryuunosuke-kun — una voz suave de mujer lo hizo girar de inmediato, encontrándose con esos ojos grandes azules. La sacerdotisa. — Ya esta lista, mira. La acabo de perfeccionar.
— Has tardado bastante — le recrimino tomandola entre sus manos, haciendo que la pelos turquesa soltara un respingo a medida de sentarse a su lado — pero parece que realmente te ha salido bien, es igual a la reflejada en el libro.
— Es porque estoy practicando arduamente. — murmuro cohibida, moviendo sus hombros sin parar y sonrojandose furiosamente.
Era curioso que la sacerdotisa tuviese esta postura con él, cuando antes a estado par a par con una demonio mestiza peligrosa, tuvo una fuerza y vitalidad propia en una guerra. Hasta en cierto punto, él admitió sentirse demolido de tal actitud, al punto de arrojarse al suelo y decir rendirse. En el presente, eso solamente parece producto de sus sueños alocados, o mas bien, de dramas de época que suele ver junto a su tio.
Rayos.
Que desperdicio, o mejor.
Que patético.
Que desperdicio, o mejor.
Que patético.
Alzo el pequeño frasco en forma de lágrima, mirando intensamente el contenido azul flama bailando en sus ojos, la pocima capaz de contraarrestar los efectos del invierno. No vendría mal, aun necesitaba sobrevivir a este hasta marzo, la llegada de la primera y de época de nuevos comienzos.
— ¿Y como se usa? — pregunto de la nada, usando un tono desconfiado — ¿O solo sirve de adorno en un cuello cualquiera?
— ¿Eh? No, no, no — se la arrebato de las manos de manera frenética, abriendo el frasco y esparciendose inmediato, un olor polar, casi de nieve o lluvia — Ryuunosuke-kun solamente debe darle un mínimo trago y esperar a que los efectos de ella, surjan efecto.
— ¿Solo eso? — la sujeto nuevamente, llevandole a su nariz y captando el olor de la poción, frunciendo el ceño — parece fragancia de trapear el suelo, justamente la que utilizan en el instituto.
— Lo siento, pero capta solo la esencia invernal — se disculpo apenada, bañando la mirada.
— Deja esa expresión mediocre y ni te disculpes — menciono con su usual tono duro, dándole un rápido trago al liquido azulado y sintiendolo arde un poco su garganta. Sabia a mora azul. — deberías confiar un poco mas en tus habilidades, pero sobre todo, en ti misma.
No es que no lo hiciera, mas bien residía en tener la presencia del azabache delante de ella y sus fuerzas se desvanecian, aunque promedio ser su fuerza, aliada y mano amiga, su cuerpo junto a su mente tenían grandes problemas. ¿Por qué sentía contracciones en su pecho casa vez de mirar a esos pozos oscuros del azabache? O odiaba pensar en esa mestiza insinuandose de forma descarada al chico, parecido a ser un pedazo de carne listo para devorar, haciéndola sacar una fuerza dormida desde hace mucho tiempo dentro de ella. De hecho, le relato todo a su abuela de lo ocurrido ese día, recibiendo su entera felicitación y una señal de advertencia.
“El que mucho permanece mirando al abismo, este comenzara a mostrarle su oscuridad”
No comprendia mucho, salvo una cosa, el cuidar sus movimientos y no terminar involucrandose mas de lo debido. Ella es una sacerdotisa, un ser de luz, su deber es proteger a los humanos y demonios por igual de aquellos seres que han sido abandonados por la claridad, mas no, encariñarse con estos. Ser objetiva es su pilar, en cuanto fortaleza, estara centrado en sus habilidades.
— Lo hago, confió en mis habilidades — admitió, apretando sus puños para llenarse de valor. El sangre pura la quedó mirando con infinita curiosidad — aun así, me llena un poco de nerviosismo el que alguien mas pruebe mis pocimas.
— Deberás que eres tonta — tapo la poción colocandola en el suelo, a la par de comenzar a sacarse las molestas mantas, eran innecesarias — ya empezó a surgir efecto, eso demuestra tus capacidades. ¿Aun insegura?
Esperen, solamente, esperen. ¿Ryuunosuke-kun el demonio sangre pura novato mas testarudo de todos la estaba animando? De ser así, sentía que dentro suyo nacía el mismísimo paraíso de las flores, aunque estuvieran en mitad de invierno. O quizás podría acomodarlo de otra manera. La nieve había llego a sus días no para producirle frío, mas bien era llenarla de calidez y sana diversión, así es, porque el venir a esta villa de Purpure-senpai junto a los demás demostraron que en la vida puedes llegar hacer feliz. Aunque esto signifique, tener al otro lado otra persona que no lo es.
— En lo absoluto — sonrio complacida mirando a las flamas de la chimenea, bailando frente a su cara. Abrazandola con calor. — eso me alienta mas a seguir mejorando mis capacidades, de esa manera, encontrar la solución a la demonio mestiza. ¿Cierto?
Allí la tenía de nuevo, pensó Ryuunosuke al mirar las flamas vivaces azules en los ojos de la sacerdotisa, una vez mas la chica que lucho contra aquella rubia asquerosa, se apodero del cuerpo de su aliada. Ya no era la patética chiquilla en aferrarse a su camisa, temerosa de ser agredida por su compañeros de clase, de ahora en adelante, se la pensarían antes de hacer algún movimiento pues esta chica estaría dispuesta a defenderse. Y eso, eso llevaba de dicha a Ryuunosuke, aun mas, de una sensación cosquilluda en su estomago invitandolo a sonreír.
— Eso es excelente — le dijo, colocando su mano en la cabeza de esta y moviendola ligeramente — odio ser expresivo, pero lograremos patear traseros de mestizas zorras cuando nuevamente regrese.
— ¡Por supuesto! — sonrio mas abiertamente, contagiada ante el momento.
Afuera podría estar cayendo tanta nieve como para cubrir toda la entrada de la casa, inclusive congelar las mejores edificaciones posibles, a ellos le importaba poco. En tanto se tuvieran el uno al otro listos para la lucha, todo sería posible de hacer. Porque si tienes un aliado sosteniendo tu mano en una travesía larga, el camino se te mostrara menos engorroso y relajada, aunque esto signifique ser enguñido por la oscuridad. Al menos, ese fue el pensamiento de Suzuka.
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