martes, 18 de septiembre de 2018

Look sky

VI
Cuando se entero de su embarazo hace cinco años atrás penso que todo se derrumbaba en su interior, terminaba de pasar una de las noches mas agonicas en los brazos de su primer amor, el encargado de traer la luz a sus días y hacerlo sentir importante. No poseía la capacidad o idea de que hacer, es decir, se encontraba solo y sin la ayuda necesaria para seguir adelante, perdido en el laberinto de sus propias inseguridades. Sabia que llamarlo era algo imposible, menos siquiera imaginarlo, no cuando hicieron la promesa de jamas cruzarse en la vida del otro. Tal cual como si…
« … jamas nos hubiésemos conocido. »
Y asi lo fue, al menos todo este tiempo lejos del escarnio público o sus ojos acusadores, los cuales, estaba encima suyo observandolos con cautela. Su único objetivo en la vida era no causarle molestias a nadie, menos a él, cuando a penas su carrera volvía a la cúspide de todo. Después de todo, “la leyenda viviente” de Viktor Nikiforov jamas necesitaría un bebé que lo atara de por vida a él, porque la personalidad de este lo ha caracterizado de ser un alfa completamente libre, sin ataduras y grites. Aunque, tal vez Yuuri desconocía la verdad detrás de ese azul mirar, y era que Viktor quizás si necesitaba ser involucrado con alguien. No cosa de una noche, sino de por vida.
Ahora, viendo su panorama, en medio de una cafetería casi vacía debido a la insistencia de cierto rubio gruñon, que aun debía ciertas explicaciones de su participación en dicha historia, y la razón de conocer a Anna antes de él mismo, ordeno como pudo la salida de todas las personas del sitio dejándolo solamente en el resinto cierto par calmado.
Al menos, eso aparentaban.
La verdad, Yuuri era un manojo de niervos, su pulso temblaba, su cuerpo temblaba, inclusive, su alma tambien lo hacia demostrando su creciente miedo. No es que Viktor aparentaba estar enojado, mas bien, se encontraba muy tranquilo observando su taza humeante de café en ella, esperando ser bebida en cualquier instante. De cierta manera, su vista estaba perdida en ese detalle en lugar de la realidad.
« No puedo culparlo, es decir, hasta ni yo mismo me lo creo. »
Hace unas horas atrás se habían vuelto a encontrar luego de la separación, dejándose llevar por los anhelos, tristezas y pasado lleno de heridas que aun no han cerrado. El pobre corazón de Yuuri esta apuntó de estallar, si alguna vez se ha imaginado reencontrarse con Viktor en su vida, jamas lo pensó que ambos lloraría y dirian sus nombres hasta cansarme, menos teniendo entre ellos a la pequeña Anna, su hija. Seguidamente, llegaría Yurio gritando a los cuatro vientos separarse, tomar a la peliplata de los brazos de japones y sentenciar hablar las cosas con calma, aun existían muchos periodistas alrededor por lo que los escándalos jamas serán bien vistos. Pronto seria el GPF, donde efectivamente Viktor necesitaba mantenerse al margen y cuidar su imagen.
Luego de eso, pues se encuentran aquí, uno frente del otro sin comprender mucho. Al menos por parte del ruso, que ha vivido durante cinco años creyendo haberse enamorado de un beta, acostado con un beta y entrenado a un beta. Cosa que a la final, nada de eso fue cierto. Además, Yurio conoció durante todo este tiempo el paradero del ojos caoba, la existencia de su hija y su vida en general. Ahora comprendia la razón de venir cada cierto tiempo a Ditroit, su nerviosismo a ser descubierto en algo turbio y… ¡maldición! Ese pequeño rubio guardo el secreto tan bien que le aterraba, aunque la verdad, existía algo mucho mas de miedo a eso. Se trataba de la relación de ese par, porque Yurio cambio mucho en este tiempo transcurrido, tanto en lo personal como profesional, su aura era mas sutil y suave. Llevándolo a una sola cosa: estaba enamorado.
No, no, no… ¡No podría ser posible!
Pero… ¿y si…? ¡¿y si fuese posible?!
Conocía bastaré al veinteañero como para mencionar lo evidente, él no permanecería tan obediente junto a alguien ha no ser tener un interés, mas si es romántico. Cosa absurda, porque si revisaba el pasado de estos dos nada bueno encontrabas, salvo maltrato de Yurio hacia el otro y nada mas. ¿Por qué cambiaría eso? ¿qué lo llevaría hacerlo? La respuestas a esas preguntas le inquieta mas en lugar de formularlas, no es como si a estas alturas de la vida dudara del tono en llamarlo Yuuri, menos en la forma de temblar su cuerpo de impaciencia al abrazarlo. Se notaba a cien metros nunca olvidarlo, siempre pensarlo y quizás esparando un milagro de su parte. Pues bien, es su día de suerte. Ocurrió.
Dejando eso de lado, existía un dato que se le escapaba de la manos, tal cual fuese agua y se trataba de su naturaleza. Es decir, si el Katsuki era un omega en todo el sentido de la palabra, ¿por qué ocultarselo a él? Pensó en tener la suficiente confianza para compartir todo, inclusive los miedos, enterarse de eso no convertiría su relación en un caos. Lo contrario, hubiese estado preparado de lidiar asuntos delicados, un ejemplo, esa última noche juntos donde ninguno de los dos se tomo la molestia de cuidarse. Con esto no se refería ser un “accidente” la existencia de Anna, muy bien comprendio que resultaba lo contrario, toda una bendición.
Viktor jamas pensó en tener cachorros, al pesar de ser la prioridad de todo alfa mantener su linaje vivo, se centro en otras cosas en su vida, el patinaje es un gran ejemplo. Gracias a el conoció a Yuuri, por ende, jamas se arrepentira. Aunque tambien, le privo de muchas experiencias enriquecedoras, nunca sabría cuanto peso su pequeña al nacer, menos cuando dijo “mamá” o dar sus primeros pasos. Pequeños momentos pero grandes en marcar la diferencia. Si bien, la idea de ser padre jamas lo entuciasmo, le alegraba el hecho que Yuuri halla tenido a su hija y la este criando de esa correpta manera. Sin dudas, es una bendición el haberse enamorado de él.
Sonriendo de medio lado nostálgico, decide por fin darle un sorbo a su bebida caliente, mirando de reojo a su cerdito adorable luchar contra unos visibles nervios.
« Pobre, seguro piensa que estoy enojado con él. Bueno, creo haberlo estado al principio pero… »
— No te preocupes — le dice, adelantándose a sus pensamientos. Ganándose la atención del otro. — en verdad, jamas podría enojarme contigo y lo sabes.
Yuuri pinto de carmín sus mejillas, evitando mirar a los ojos al ruso, por mas que quería hacerlo su molesto corazón le daba un vuelco nervioso, impaciente como si supiera que su dueño estuviese cerca y lo reclamase.
No quería ilusionarse, menos pintarse ideas erróneas, que se volvieran a ver no decía nada, absolutamente nada. Esta reunión se debía para aclarar cosas del pasado, aun mas, sobre su hija.
— Mas que enojado, — siguio hablando ante el silencio del otro, logrando atrapar un poco de su mirada. — me encuentro sorprendido. Hace cinco años no nos vemos, entonces tienes dos sorpresas encima de ti. La primera, no eres un beta. Y la segunda, has tenido una hija, conmigo. — hace una pausa, medio sacudiendo sus cabellos plateados soltando una risa ofuscada. — No pretendo juzgarte en estas alturas de la vida, de hecho, soy el menos idóneo en hacer pero ¿por qué? ¿por qué me ocultaste la verdad de tu naturaleza? Pensé que eramos lo suficientemente cercanos para contarnos todo, o… ¿era solo mi imaginación?
— N… no lo fue. — pronuncio al fin casi atragantado, luchando por controlar su respiración. — Admito haber dudado de ti al principio, pero acorde de ir conociendonos me di cuenta de muchas cosas y empecé asustarme de mi mismo, de la forma de reaccionar si te contara todo. Yo… yo solo… tenía miedo…
— Debiste colocarme a prueba al menos, retarme de ser necesario. — replicó Viktor, aun sin perder la postura. — Yuuri, nada de lo que podrías haberme dicho en el pasado podría asustarme de ti, sabes como soy, en la vida me ha importado ser alfa, omega o beta. Lo interesante en ti es tu forma de ser, eso que escondes en tu interior. Nada mas.
Era absurdo que a estas alturas de la vida tuvieran esta conversación, no cuando el daño se encontraba hecho, menos tomando en cuenta la existencia de Anna entre ellos. Si bien, Viktor le demostró de muchas maneras estar interesado en su persona, jamas le dio a entender ir hacia el ámbito romántico y aunque el abrazo de hace unos momentos atrás lo llamo “su Yuuri”, no podía ilusionarse. Después de todo, en el pasado tambien lo llamaba así, inclusive frente a las cámaras.
— Además, ¿como es que si confiaste en Yurio tu secreto? — siguió hablando, frunciendo ligeramente el ceño. — No me refiero solo a lo de ser omega, tambien sobre Anna. ¿Por qué nunca contactaste conmigo? Soy su papá, tenía el derecho de saberlo.
Oh, mierda, allí venia el momento mas decisivo de todos, en que debía de sacar a relucir la verdad detrás de su mascara de inseguridades y tristezas. A pesar de la distancia, de los años transcurridos sin verse, Viktor lograba encontrarlo para abrirse camino en su interior. Justo ahora, estando frente a frente, no podía dejar de pensar que solamente quiere arrojar al viento las verdades y simplemente abrazarlo, besarlo pidiéndole que jamas vuelvan a separarse. Pero no puede, porque necesitan hacer esto y ponerse al día, además, Viktor sigue con la postura seria del pasado con respecto a sus sentimientos.
Es todo un misterio.
— Lo de Yurio solo ocurrió de repente, estuvo de visita al enterarme del embarazo de Anna. — explicaba con calma, esperando no enojar al ruso. — Sabia de mi condición porque un Alfa en la Copa de Rusia me ataco, había entrado en mi celo y tu no estabas, asi que fue el único en auxiliarme.
— ¡¿Por qué no…?!
— Además, — lo detuvo alzando su mano, mostrandole finalmente su rostro bañado en serenidad. — acababamos de separarnos de la manera mas atropellada posible. ¿Crees que tenía la suficiente cara para exigirte responsabilidad? ¿mas cuando te hice esa promesa?
¡Demonios! Pensó el peliplata, apretando sus puños con suma impotencia, todo lo que decía Yuuri tenia mucha logia mas tomando en cuenta la fecha de su separación, él era tan correpto en sus cosas que lo exasperaba. Por un momentos, quiso el desviarlo del camino del bien y harlarlo al suyo, donde romper promesas no era malo, sino necesario. Sin embargo, debía de admitir algo, él tambien estuvo errado aquella noche porque de no ceder a su capricho, la vida de ambos seria otra. Aun así, no puedes volver a atrás y enmendar tus errores, solo vivir con ellos.
— Ahora que tocas ese punto, durante todo este tiempo he querido decirte algo. — unió sus manos en puños, bajando su cabeza y luchando con sus demonios. — Aunque mi propia cobardía, siempre ha ganado la batalla cuando se trata de ti.
— ¿De que hablas? — el cuerpo del japones de golpe se puso frío, no entendía la razón pero quizás su mayor anhelo estaría punto de ocurrir, y eso le asustaba. — Viktor nunca ha sido un cobarde, ahora y siempre, demostraste mucha valentía a la par de coraje.
— Ante tus ojos, sigo siendo perfecto. — bufo irónico, alzando su mirada azulada y chocando con la caoba — pero la verdad es que esa noche Yuuri, desde esa noche… descubrí la verdad escondida en mis temores. Y esa es… que te quiero. Puede sonar estúpido, inlogico, absurdo… pero… es la verdad. Te quiero.
El japones dejó de respirar, de hecho, dejó de pensar o razonar cualquier pensamiento porque su primer amor había dicho las palabras mas esperadas en su vida. El afamado “te quiero”. ¿Cuantas veces no soñó con esto? El ser correspondido por Viktor, decirle esas palabras y tener esa mirada cielo sobre él, detallandolo, brillando y diciéndole miles de cosas que las palabras jamas podrían darle. Ahora las tenia, pero una parte de su cerebro se rehusaba a creerle, dejarse llevar por el significada de esa pequeña pero poderosa frase, porque de hacerlo… podría sufrir y no deseaba hacerlo. Al menos, no de nuevo. Ya tuvo sufiente estos años y el volver a vivirlos era simplemente insoportable.
Entonces se percató enseguida de algo, se trataba de la existencia de otro alfa en su vida, ese quien estuvo en los momentos mas importantes cuando mas necesitaba de alguien. Le hizo una promesa de pensar sus sentimientos, considerarlos y esperar a sanar todas sus heridas ocasionadas por el peliplata que hacia nuevamente su aparición. ¿Como podía simplemente decir eso sin una pizca de vergüenza? ¿de pensar? Lo hizo sufrir todo este tiempo pensando en no ser correspondido, nadando en las inseguridades del contrario y ahogandose en ellas, en ese mismo mar que decidió arrojarlo todo después de su partida. ¿Realmente creía que con un “te quiero” todo se solucionaría? ¡¿En verdad lo hacia?! De ser así, Viktor estaba muy equivocado, Yuuri no era el mismo de hace cinco años atrás entuciasmado por permanecer las veinticuatro horas del día al lado de su ídolo, ser entrenado por él o besado frente a millares de personas luego de realizar una rutina. No, porque de esa misma historia le hizo aprender que no debes confiar a la primera, menos lanzarte al agua sin un salvidas en caso de no saber nadar, siempre, siempre debes tomar las precauciones antes de hacerlo.
Yuuri apreto sus puños con frustración, ira y molestia contenida, en lugar de pesar feliz de por fin escuchar eso en Viktor sentía era un coctel de emociones juntas. Aunque lo amara, aunque estuviese muriendose por dentro de responderle el “yo tambien”, sobre todo, aunque nada en su interior halla cambiado se reprimiria, tragaria cada una de esas palabras y levantaría su rostro con total calma…
— ¿Yuuri? — pronuncio su nombre con un tono esquisito, como solo él podía hacerlo. Descontrolando su plan por completo. — ¿te encuentras bien?
— ¿Eh?
Lágrimas, espesas, amargas, sobervias y con la misma impetud de miles amores combinados en uno solo se derramaban sobre el rostro del pelinegro, manchando todo a su paso e inclusive empañando sus lentes. No comprendiendo la situación, ni la razón de su llanto, trato de reírse sacando la mantura y secarlas sin éxito alguna.
— Yu… — intento llamarlo una vez mas.
— ¡Estoy bien! — río se manera patosa, luchando contra el molesto nudo en su garganta y las jodidas lágrimas (como díria Yurio) cayendo de sus párpados, secandolas con amabas manos. — Solo… solo es que… todo esto… es tan… tan rápido… y yo…
Viktor sin esperar llamado alguno, se levanto de su asiento frente al pelinegro, arrodillandose y buscando sujetas sus manos con fuerza transmitiendole su cercanía. El omega sintio una corriente eléctrica recorrerle todo el cuerpo, ese tacto… ese tacto tan repentino, único e inigualable, le llevaba a la locura extremeciendole hasta los huesos y fundiendose como el plomo en el fuego o el magma sobre la tierra. Yuuri no dejo de llorar, pero si empezó a temblar, desde hace mucho tiempo no tocaba esta piel y le inquietaba, eso que aun no estaba mirandolo con esos ojos azules profundos como el mismo mar.
« Oh, dios no… no permitas que yo… oh por favor… »
Él se conocía perfectamente, tanto que temia de sus propias decisiones, de existir una debilidad en el japones aparte de su hija, ese era Viktor Nikiforov. Solamente imaginarselo, su vientre se contrajo de una manera peligrosa, casi parecida a sus días de fertilidad, el afamado celo. Desde siempre lo ha pasado solo, bueno, encerrado en su habitación inyectandose muchos medicamentos para pararlo, parte de los inhibidores con la finalidad de despistar a los alfas con sed de diversión. Luego de conocer a Viktor, empleo otros mecanismos con la finalidad de huir de él, que no se enterara de su verdad. Desde permanecer con los Nishigori, hasta correr lejos de todos a una caballa propiedad de Minako, quien le ayudo igualmente con todo ese trabajo.
En el presente, su lucha era contra Yurio, es joven, vigoroso y posee la incapacidad de contenerse a estar seguramente cerca al encontrarse en celo. Confiaba en el rubio, pero no hasta el punto de dejarlo estar juntos en esos días, afortudamente tenia a Anna para cuidar de él y no permitir acercarsele nadie. Bueno, salvo Phichit al ser beta, no posee ningun sentido del olfato en cuento a omegas en celo. Por lo tanto, se asegura de cuidar a su cachorra en esa temporada.
Bien, ¿a que viene toda esa explicación? Sencillo, Yuuri esta a punto de entrar en celo. ¿Lo peor? Sus hormonas se sienten descontroladas debido a la presencia de Viktor, el padre de su hija.
« Mierda… mierda… mierda… aun no, por favor, aun no aparezcas. »
Aunque la fecha exacta se encuentra próxima, la tensión en el cuerpo del pelinegro en suprema, sabe que el único en poseerlo esta al frente y desea desperadamente volverlo a repetir. Puede mentalizarse, centrar sus pensamientos en esas palabras dichas por el alfa, aun así, nada puede cambiar su naturaleza.
Viktor Nikiforov, lo vuelve loco.
— Se que todo esto para ti tan repentino es confuso, — le dijo, mirandolo de forma suplicante calmando sus hormonas, pero no lo suficiente. — mas tomando en cuenta lo que te hice sufrir. Mi indecisión la ceguera con respecto a tu gran amor por mí, pero yo… no sabes el infierno de vida sin ti, lo que debí de hacer para tratar de olvidarte. Yuuri, en verdad te extrañe, te extrañe muchísimo y no va alcanzar las horas del reloj para poder relatarte mi arrepentimiento. Menos, el dolor de tu ausencia. Creía… creía fielmente en verdad volverme loco.
No puede ser.
No puede ser.
No puede ser.
Eran las palabras en repetirse incesantemente en la mente del japones, el mas grande exponente del patinaje artístico, el alfa mas cotizado por todos, incluidos betas y alfas, su primer amor, la primera persona en enseñarle sus virtudes escondidas y todo su potencial, ese mismo, le ha confesado las palabras mas bonitas como románticas jamas escuchadas. Todas y cada una de ellas eran suyas. Yuuri ya no tenia idea de que hacer, sus lágrimas casi estaban totalmente secas en su rostro, su boca agrietada ligeramente abierta y el corazón golpeando intenso en su pecho a punto de querer salir corriendo. ¿No estaba soñando? ¡¿En verdad no lo hacia?! Porque era en estas alturas hubiese despertado, si, con la voz risueña de su hija deseando empezar un nuevo día. La misma rutina, la mismas caras conocidas y la misma soledad embargandolo, ese que solo significaba algo: no estaba Viktor.
— Mientes. — susurro por lo bajo, dándole un manotazo certero al agarre del contrario, sorprendiendolo. — ¡Mientes! Tu..  tu ni siquiera has vuelto de Rusia, me… menos venido por mi… ¡aun estas lejos de donde pueda verte!
— ¿Yuuri qué…?
— ¿Viviste un infierno? ¿casi te volviste loco? ¡patrañas! — chillo con fuerza, volviendo a sentir la desesperación del dolor proporcionado todos estos años. — Eres TU quien no tiene idea de mis sufrimientos… ¡de lo mucho que me asfixiaba tu ausencia! En la vida pense en experimentar tal cosa, siempre estuve consiente de mi mala suerte, del verdadero lugar en ocupar. Pero no, debiste venir a mi vida para desordenarla a tu antojo… ¡A tu conveniencia!
— Eso fue…
— ¡Callate! — se tapo los oidos evitando escuchar algo mas, algo que terminara por hundirlo en la miseria total. — ¡Callate de una vez! No pretendas que luego de todos estos años de no vernos, te reciba en mi vida como sino hubiese pasado nada. ¿Quien eres tu? ¡¿Quien demonios te crees?!
Viktor se quedó estático viendo llorar al pelinegro, no teniendo ni la mas mínima idea de como calmarlo, una vez en el pasado lo vio de esta misma manera. Destruido, con los nervios en la mas máxima expresión, poseia en su vida la clara facción de la desperación, de la perdida, cosa que en la vida jamas había experimentado por carne propia. No hasta que ocurrió su separación, fue la primera vez en sentir un pedazo de ti ser arrancado en un solo golpe, dejando nada mas una hemorragia internante sin poder curar, mucho menos detener, solamente escuchar los sonidos de los goteos de la sangre derramada. Con ciencia exacta, Viktor Nikiforov seguía siendo el mismo despistado de siempre, no poseyendo la idea de como frenar un llanto fue de si, pensaba que con un beso todo se podría solucionar. Quizás este sea el caso, pero Yuuri no desea un contacto tan intimo, al menos, no ahora.
Arrojando todo al suelo, pasando por los principios autoimpuestos por si mismo, Viktor sujeto uno de los brazos del pelinegro empujando contra si, chocando con el pecho de este y envolviendolo con su calor. Yuuri conmocionado trato de forcejear un poco, colocar las palmas de sus manos en ese palpitante pecho y empujarlo lejos de si, el ruso no tenía derecho alguno de trartarlo de esa manera como si fuese un niño chiquito. No, ya era un hombre por lo tanto… ¡necesitaba ser tratado como tal! Aunque, siendo sincero, el japonés se sintio débil ante el olor del contrario, sutil pero demandante, la combinación mas explosiva de todos en un omega enamorado.
Yuuri perdía fuerzas, las estaba perdiendo poco a poco, esa cercanía exquisita junto a la temperatura del alfa lo durmió, sintiéndose nuevamente llorar con sentimiento, en lugar de rencor.
— Tienes razón, tienes toda la razón del mundo en enojarte, de patalear o gritarme. — confeso, apretando el agarre en el resentido omega. — Es mas, te soy todo el derecho de pegarme si así lo prefieres. Sin embargo, pretender esconder mis sentimientos o escapar de ellos, es imposible. Menos cuando te tengo al frente. Reconozco cada uno de mis errores, igualmente pagarlos, por eso no pretendo rendirme contigo veraz que mis palabras son sinceras. No miento, jamas lo he hecho, menos contigo, pero debo demostrartelo primero mediante acciones en lugar de palabras.
— Eres tan mezquino… — le susurro con voz hueca, llorosa. — un completo egoísta.
— Lo se — río, cerrando los ojos y absorbiendo en sus fosas nasales el olor del omega. — pero solo lo soy cuando te encuentras en medio, con nadie mas.
Escondiendo su rostro completamente del mayor, Yuuri paso sus manos detrás de la espalda de Viktor y perdiéndose por completo en su olor, era tan nostálgico a la par de conocido le recordaba el mar, el sonido de las olas desembocar en la orilla y las gaviotas cruzando el cielo azul. Si, la naturaleza propia de un Hasetsu en temporada de otoño, casi invierno junto a su frío glacial. Unas manos calidas juntandose, el aliento tibio chocar contra la piel contraria y… una sonrisa cegadora pegando contra sus ojos.
« El nacimiento del invierno en plena primavera. » pensó el japones, auto diciendose estúpido al ceder a abrazarse con Viktor luego de lo ocurrió hace unos instantes. Otra cosa en añadir en su lista de actitudes aprendidas gracias al peliplata, sería en convertirlo en un psicótico omega con problemas de temperamento.
« Genial Katsuki, genial. »
Pero no podía evitarlo, habían sido cinco años, CINCO AÑOS de separados sin saber nada de su vida personal, salvo la artística. Yuuri considero muchas veces jamas darse esta reunión, cosa que ocurrió, ocurría y su único razonamiento era fundirse en esos fuertes brazos, embrigarse con su aroma y grabar en su memoria esa calor particular. Alli no importaba las promesas, allí no importaba las palabras dichas, menos las heridas producidas, lo que realmente importaba era saber su presencia en este sitio y no ser solo un producto de su imaginación.
« De todas maneras, mi mente no recrea con tanta perfección algo tan único y hermoso. »
Esta era la señal que todo es autentico, no un producto de su alocada mente. En verdad estaba con Viktor.
— Anna, ella… es tan parecida a ti… — susurro calmado, olvidándose de su ataque de nervios hace un rato. — su sonrisa, la facilidad de hacer amigos y esos ojos… tus ojos… azules, parecidos a las ventanas al cielo y a su vez el profundo mar. No existía día que pudiera olvidar ese detalle, tu reflejada en mi pequeña, bueno, nuestra pequeña.
Al escuchar eso, Viktor los separa un poco para permitirse ver unos instantes cara a cara, apreciar en un segundo lo muy cerca que en verdad estaban. Ese rostro pintado en inocencia, esos ojos grandes color caoba llenos de la misma devoción de hace años atrás y jamas desapareció, sin dejar por alto todo lo general del Katsuki. Su piel blanca, ese cabello azabache, los anteojos de montura azul, el olor dulce de omega… todo, absolutamente todo gritaba ser de Yuuri y saberlo le llenaba de dicha como gozo.
— Es hermosa, muy hermosa. — le tomo del mentón con ligiresa, alzandolo un poco para ajustarlo a su altura. De esa forma, sus alientos chocaban en sus pieles provocando escalofríos. — cuando la vi no puede evitar verme a mi mismo, aunque la su tenacidad es sin dudad de ti. Me alegro sin dudas que seas su mamá, porque la has criado tan bien y yo… no tengo palabras para agradecerte. Aunque, el derecho necesariamente, jamas lo tenga.
— Lo tienes, siempre lo has tenido… — temblandole el pulso, el pelinegro llevó sus manos al rostro de contrario sintiendolo igual de tibio, llenando su pecho al tope. — eres su padre y la vida pudo habernos puesto en esta situación, pero jamas te quitaria la dicha de estar cerca de ella menos cuando te necesita.
— ¿Y tu? — preguntó, sonriendole de medio lado. Adoptando una postura seductora con una voz ignotica, atrayente y ronca. Su ojos daban ese tipo de brillo malicioso, casi embrigante, mucha veces lo vio en el pasado y verlo en el presente no le hacia sorpresa, mas bien, se tardó en hacerlo. — ¿Tu no me necesitas?
Yuuri se quedo estático, en la misma postura de hace un rato con sus manos en el rostro del ruso, mientras él, le miraba como siquisiera deborarlo en un solo bocado. No sabía como explicarlo pero, sus venas empezaron a hervirle al pasar la sangre, el cuerpo emitió un cosquilleo placentero y su vientre dolio gloriosamente. Se encontraba en una clase de magia negra poderosa, donde desviar la mirada de este alfa era imposible, menos querer escapar de sus redes ya bien amarradas a su pies tanto muñecas. Era como un insecto atrapado en una telaraña, entre mas intentaba escapar se enredaba. Ahora, ¿podria él mencionar “no necesitarlo” con naturalidad? La respuesta era sencilla, mas teniendo presente su suerte en estos instantes.
— Lo hago — respondió sin una pizca de nerviosismo, tragando saliva duro y sonrojadose hasta las orejas. — siempre te he necesitado, Viktor.
Y con esa respuesta, el ruso perdió la compostura, la razón y los motivos por los cuales no juntar sus labios con los del japonese en un beso necesario, a la par de necesitado. La respiración de ambos se escapo por la nariz, desinflandose igual a un globo, la piel donde estaba tocando Yuuri comenzó a quemar y todo su cuerpo tuvo una reacción extraña, estaba hirviendo. En otra ocasión, el japones se hubiese rehusado, empujado y enviado lejos al peliplata, pero no pudo, o mas bien, la voz de su mente sucumbió al llamado de su corazón. El sabor de esos labios, sus labios, eran el tipo de droga que jamas seria capaz de abandonar, menos si seguían estan tan suaves y húmedos para él. Si no fuese por sentir el latir rápido de corazón de Viktor en su propio pecho, el Katsuki ya desde hace mucho no estuviese allí. Mas bien, huido como todo un campeón.
Sus manos descendieron, diferente a la temperantura del beso, que a medida de avanzar se volvía mas desesperado y frenético. Viktor esta tan cerca de él, apretandolo, empujandolo y embriagandolo en todos los aspectos. Sus labios aprovechando la mínima oportunidad al tratar de Yuuri respirar, se abrió paso para introducir su lengua y de esa forma recrear un danza imaginaria, en realidad, el japones perdió todo pensamiento racional. Se encontraba en otro mundo, muy, muy lejos de aquí, donde su único objetivo era perderse en las olas del deseo junto a ese ojos azul manglar. Se apreto mas contra este, en el instante de empujar su lengua contra la suya, en busca de una lucha interna por superviviencia.
Muchas personas hablaban de “siete minutos en el paraíso”, bueno, el omega puede decir con certeza que ese termino se ha quedado corto con este momento, porque estos minutos o segundos han sido lo mas brillantes en su cinco años de separados. Odiaba admitirlo, mas dañar a otras personas, pero en verdad necesita de Viktor para seguir adelante. Al menos, en el ahora, necesita ser egoísta y quedarse en este paraíso multicolor siendo protagonista ese hermoso ruso.
Yuuri siente derretirse, al verse inclinado por el peliplatiado teniendo como objetivo tener un espacio mas amplio de él, le da gracias a la suerte de tener esta cafetería solo para ellos de lo contrario, la historia seria otra. Sus manos se vuelven puño en el pecho del otro, quien aparentemente se siente poderoso, airoso y con la fuerza suficiente de ganarle a cualquier dificultad puesta en su camino. Los cinco años separado de su amado cerdito nunca ha pasado, la soledad o debastación mucho menos, ahora en su porvenir se pinta de los colores mas vivos de todos. Aunque, siendo sincero, sabe no tenerla fácil.
A falta de aire, se ven obligados a roper la sección de besos, quedando en uno solo justamente en la frente y aspirando una vez mas, el olor del omega para plagarlo en su mente. Seguidamente, lo trae nuevamente a su pecho, abrazandolo fuerte e impidiendole escapar (de tratar hacerlo) fuera de él. Yuuri permanece ignotizado, desinflado y en total desconcierto, sabe perfectamente estar esto mal, porque besarse, abrazarse o acariciar sus rostros de manera descarada no borrara nada del pasado, menos, su sufrimiento ante la indecisión de corresponderle o no.
El Katsuki cierra los ojos un minuto, meditando la situación donde se encuentra ahora, es un hecho seguir amando al ruso pero existe otro por el cual no puede obviar, aquel gatito gruñon que ha esperado pacientemente por él cuidandolo y expresandole todo su apoyo.
No puede hacerle esto a él.
En verdad no puede.
Se rehusaba hacerlo.
Tomando una buena dosis de determinación, se aleja del peliplatiado con mirada confundida que antes lo mimaba, lo desesperante de todo esto es ese lado de Viktor. Concentidor, inocente y para nada egoísta, si siente que Yuuri necesita cariño se lo dara sin repujos. Pero él no necesita nada de eso horita, bueno, tal vez, aun así debe de saber que volver aparecer sin mas en su vida no dictamina recibirlo sin mas, deberá ganarlo.
— ¿Yuuri? — lo miro extrañado, al adoptar un semblante serio.
— Esto… eso esta mal, — pronuncio con poco confianza, tratando de hacerse duro. — besarnos sin mas… esta mal.
— ¿Y por…? — intento acercarse al japonés, pero este se hizo hacia atrás, marcando distancia. El ojos azul fruncio el ceño. — ¿por qué me dices eso?
— Tu obligación no es conmigo, Viktor. — dictaminó el pelinegro, desviando la mirada hacia otro lado. — Estamos hablando de Anna, ella es quien deberías de centrarte. En lugar de mi.
— ¿Estas hablandome encerio? — inquirio bajandole dos tonos a sus ojos, enojandose. — Si estas pensando en desparecer nuevamente, yo…
— No se trata de eso, Viktor. — jugo con el dobladillo de su chaqueta, desviando la mirada nervioso. — Desaparecer cuando medio mundo debe de especulando o saberlo, sería una total idiotes. Mas tomando en cuenta que… Anna te ha conocido. — cerro los ojos emitiendo un suspiro profundo. — Privarle a mi hija el conocer a su padre, seria inaudito.
— ¿Entonces cual es el problema?
— Han transcurrido cinco años sin vernos, ese es el problema. — retifico el japones sorprendiendo al peliplata, jamas se espero tal declaración. — Hemos cambiado, obviamente no permaneceríamos iguales a ese “entrenador” o “pupilo” de antes. Existen cosas que desconoces ahora de mi, como yo de ti.
— ¿Y con eso dice que no te quiero? — pronuncio con ironía, haciendo bajar la mirada caoba al otro. Vitkor se molesto. — ¡No te tomes tan a la ligera mis sentimientos! Si te digo que no te he olvidado estos años… ¡es porque es totalmente cierto! ¿existe algo para burlarme de algo tan serio?
— No… pero… pero tu… — el omega empezó a jugar con sus manos nervioso, esperando que no utilizace “voz” de alfa. — has estado con otras personas y…
— ¿Has prestado atención siquiera a mis palabras? — lo sujeto de los hombros, obligandolo a mirarlo directamente a los ojos. Intimidandolo. — Lo hice para poder olvidarte… ¡para llenar el vacío que dejaste en mi! Se que falle, que erre en dejarte ir solo por mi indecisión. Pero, creeme, mira mis ojos y observa tu mismo la realidad Yuuri.
El japones no respondió nada, simplemente quedo observando atentamente ese par de zafiros que en el pasado lo detallaron con tanta claridad, seguían siendo hermosos y encantadores capaces de robarle cada gota de oxigeno. En el presente, parecía surgir el mismo efecto, porque en la vida encontraría esos espejos al cielo igual a estos, salvo los de su hija, pues venían de estos mismos. Sin embargo, Yuuri no podía olvidar otro par de ojos, en este caso se trataban de unos verdes jade, intensos, salves y rebeldes propios de un joven veintiañero encargado de hacerlo surgir de las profundidades cuando “esta persona” no estuvo.
Por primera vez en la vida, Katsuki Yuuri admitiría ser egoísta, porque aunque amaba a Viktor mas que a su propia vida, no podía dejar ir a ese Yanke ruso. Se lo debía, estos cinco años a su lado sin definir su relación, jamas serian en vano para él. Aun así, con la llegada de Vitkor nuevamente a su vida, exigiendo la paternidad de Anna y su persona en el ámbito romántico, descontrolaba todo. Era de esperarse, el ruso siempre resulto similar a un tifón, llega para revolucionarlo todo sin previo aviso, asustando el corazón de las personas y dejando un desastre a su paso.
« Ahora… ¿qué voy hacer? »
Sintio el toque tibio de una mano en su rostro obligando alzar la mirada, nuevamente allí estaba ese azul mar reflejado en el cielo, desde el inicio esto lo hacia flaquear, tomar su aire y volverlo parecido a un muñeco desinflado. Resultaba irónico que con una sola mirada Yuuri se volviera frenético, aun así, en el presente o pasado ella le ha demostrado pasión, devoción y cariño. Las mariposas se quedan cortas delante de esto, mas bien podría suplantarlas con las abejas africanas asesinas, porque su estimado ha dado tantas vuelcos que le ha ganado a una montaña rusa. Gracioso ¿no? Tomando en cuenta todo ese abismo de soledad en medio de ambos, su cuerpo le ha dado una respuesta antes de su cerebro, inclusive la piel, se le encrispa al sentirlo cerca.
« ¿Por qué…? ¡¿Por qué demonios me hago esto?! »
Sus rostros se acercan como si tuvieran imanes, en esta ocasión cerrando los ojos el japones, se permite acariciar esa piel con ambas manos, sigue siendo tan delicada, suave y… todo empieza a tener sentido, al menos, en su corazón. Por su parte, Viktor como si se estuviera imitando a un gato, restriega su rostro en el contrario y suspirar a gusto. Su corazón late fuerte gozoso a la par de dichozo, las manos del Katsuki son como la seda, delicadas a la par de suaves. Es como si en verdad la cura de todos sus males, amarguras y meteduras de pata sea él, ya que esa abertura en su pecho ha sido sellada en este mismo instante gracias a las caricias del japones.
Entonces, en seguida, los besos llegan. Primero en una de sus cienes, percibiendo el latido y el recorrido de la sangre en esa vena, permitiéndole saber que aun sigue viviendo y se encuentra a su lado. Segundo en su ojo, él se encuentra tan entregado en este momento intimo que olvida todo, simplemente suspira con el tacto y sigue con su propio descubrimiento. Tercero su pomulo, tibio, sonrojado y tenue al toque, siempre los recordó pintados en carmín con un simple comentario de los suyos malintensionados, o un acercamiento descarado con dobles intenciones, resultando estúpido en estas circunstancias porque las respuesta siempre estuvieron allí. Y por último, su nariz, al hacerlo emite una risita divertida, porque esto en definitiva parece un juego de niños, con respecto al primer amor.
Pero… prefiere esto, en lugar de perderlo.
— Vamos hacer algo — dice en tanto junta simplemente sus frentes, sin mayor escandalo. — prometo no realizar ningún movimiento de los mios, bueno, no sin antes recompenzarte por todo el daño que te hice.
— ¿A qué…? — se separo de pronto al escuchar eso, mirandolo dudoso a la cara — ¿… te refieres?
— Yuuri — sujeto sus dos manos con fuerza sonriendole con ternura, provocando un cosquilleo conocido en el cuerpo del otro — voy hacer que vuelvas a confiar en mi, que vuelvas a amarme solamente a mi. — esa declaración le hizo detener el corazón a ojos caoba, a la par de sonrojarse hasta las orejas. Cosa que le dio mas pie a Viktor para seguir. — Tienes razón, ambos hemos pasado por cosa que nos hicieron cambiar, es debido a eso mismo, que volveremos a conocernos de nuevo. Desde cero.
— Eso… eso… no tiene sentido por… porque… tenemos a Anna. — musito avergonzado Yuuri, deseando huir de tantas palabras juntas con significados ocultos.
— Oh, pero yo si le veo sentido. — sonrio confiado, llevando las manos del otro a sus labios y dándole un pequeño beso. — Antes de separar nuestros caminos, dijiste que ibas hacer como “si nunca nos hubiésemos conocido” ¿pero adivina qué? No funciono. Bueno, en esta ocasión voy hacer las cosas contigo de frente, de la forma correpta. — tomando una cercanía abrumadora, tal cual al pasado, el peliplata roso con su pulgar los labios del otro y bajo el tono de la voz, sacando sus atributos de alfa. — De tu parte, simplemente observa con detenimiento lo que hare, porque Yuuri es mi omega destinado… y lo demostrare.
Oh… el vientre del japones dolio nuevamente con gusto, demostrandole que estaba de acuerdo con las palabras del alfa, quien aparentaba querer deborarselo en un solo bocado. Había pasado tanto tiempo sin sentirse de esta manera, nervioso, ancioso y con el pecho apretado, porque podría jurar estar temblandole todo el cuerpo por ese tono de voz. ¡Ese bendito tono! Seductor, ronco, bajo y con una pizca de ese alfa dormido  capaz de aparentar seriedad, provocandole en su omega un placer culpable, el cual, de encontrarse en celo se dejaría hacer de todo por él.
De cierta manera le molesta cosas de si mismo, la primera, permitirse reaccionar a la declaración contundente del Nikiforov, y la segunda, sentirse feliz que este mismo le hablara sobre los “destinados” como sino fuese nada. Ese era una leyenda considerada tabú en muchas culturas, mas en la rusa, donde emparejar a un omega hombre con un alfa de igual genero sería fuera de contexto, aunque al parecer Viktor y Yurio rompían todo ese esquema. En fin, el punto de los “destinados” residía en algo mas profundo que las marcas en los omegas, porque en esa pareja los unía algo mucho mas poderoso a eso, como el hilo rojo del destino en cada uno de sus meñiques y ser incapaz de verlo, salvo sentirlo tal cual a un sexto sentido.  
Es cierto, es una historia sumamente conmovedora y hermosa, Yuuri estuvo aferrandose a eso durante toda su vida, mas cuando fue rechazado debido a su contextura robusta al engordar fácilmente. Aunque eventualmente cambio al practicar ballet y patinaje, seguía estando solo sin ninguna pareja, tenía a sus amigos pero jamas sería lo mismo, menos al abandonarlo todo simplemente por su sueño. ¿Quedandole que? Un gran vacío en su interior. Sin embargo, al conocer a Viktor muchos horizontes se le abrieron, permitiéndose ver el mundo de otro manera, con mas color y siendo en ese corto período de tiempo feliz. Seguidamente vinieron las decepciones y separaciones, quedándose vacío al igual que un cascaron. Pero como de costumbre, Yuuri logro levantarse nuevamente de las sombras y renacer parecido al ave fénix.
Llevándolo justamente a este escenario, frente a Viktor. Tal vez la vida no sea tan mala como lo ha pensado, solo… solo es lo suficiente sabia para enseñarle grandes lecciones, cosas que le han servido de ejemplo y enseñanza. Aunque él, se empeñe en negarlo.
— ¡Mamá! ¡Viktor! — una pequeña voz conocida los hace separarse sutilmente, dándose cuenta que su tiempo acabó. — ¡Anna esta de vuelta!
Viktor es el primero en levantarse a recibir a su pequeña hija, esta se lanza a sus brazos olvidándose completamente de lo vivido unas horas atrás, dejando ser tratada como toda una princesa por su padre. Ella le enseña un pequeño animal de peluche en su manos, es un hámster, relatandole que el mejor amigo de su mamá Phichit Chulanot se lo obsequio y que acababa de verlo, quería hablar con él pero como se encontraba ocupado decidió dejarlo luego. El peliplata consigue al peluche adorable, aunque asegura que su “History” una adorable caniche hijo de su ya fallecido perro Makkachi, es cien veces mas hermoso. Esta confesión anima mas a la pequeña, pidiéndole que la próxima ocasión le enseñe a su mascota, porque por mucho pedirle una a su mamá no han podido tenerla debido a vivir en un departamento. Viktor concidera eso un sacrilegio y bajando nuevamente a la pequeña al suelo, busca en la chaqueta deportiva su celular, para enseñarle imágenes del canino.
Ahora, Yuuri simplemente observa junto al otro chico con su nombre similar, como la pequeña se encuentra maravillada ante las fotos del ruso en su galería. En su perspectiva parece tan feliz, dichoza de compartir aunque sea de esa mínima forma, momentos con su papá que de igual manera ha aceptado la paternidad muy bien. Ya puede imaginarlos a los dos, tomándose fotos en cada rincón de Ditroit con todas las expresiones posibles, presumiendose por las redes sociales su evidente parecido y…
Demonios, su secreto saldrá a flote, armandose el escandolo mas jugoso de todos.
No quiere arruinar el momento único de su pequeña, menos la felicidad de Viktor al enterarse ser padre, pero sus preocupaciones a lo largo de estos años han sido siempre lo mismo. Ver involucrada a su hija en un huracán de escarnio publico, donde ha sido el producto de un amorío con el máximo exponente del patinaje artístico, sacando las cuentas y percatandose de ocurrir en su tiempo de ser su entranador.
— Deja esa cara de pánico, Yuuri. — le pide el rubio, tomando una de sus manos entre las suyas y apretandolas sin necesidad de mirarlo. — He revisado las redes y aun no dicen nada, salvo de que lo pintan como ganador de la competencia.
— Yurio…
— Además, de escaparse algo y producirlo el mismo al querer exponer una foto de él con Anna, estoy seguro de protegerla. — comentó confiado, sonriendo de medio lado, girando finalmente en dirección del japones. — Aunque duela admitirlo, esos dos en verdad se llevan bien. Son padre y hija después de todo.
Él tenia razón, porque bastaba mirarlos como para darse cuenta de esa gran conexión en poseer, agregándole no ver a menudo esa sonrisa en la peliplata con todo el mundo. Ni siquiera Yurio, bueno, su relación es extra especial pero con eso se refiere a no mostrarle esa curva a cualquiera, dándole a entender realmente confiar en el Nikiforov. Al menos, Yuuri consiguió algo bueno en todo esto.
— Anna luce muy feliz, se percibe que realmente quería conocerlo. — sonrie complacido de la imagen de su pequeña dichosa.
— ¿Y qué hay de ti? — pregunto al rubio, haciendo que el Katsuki lo soltara conmocionado y asustado. ¿De donde vino eso? — ¿no te emocionaste de este encuentro?
— ¿Por qué me preguntas algo así? — dijo a la defensiva.
— Porque te conosco y se cuando algo claramente te emociona. — chasquea la lengua, elevando un poco el nerviosismo del japones a otro punto dificil de expresar. — Demonios, no pongas esas cara de tragedia en nosotros, que esto jamas sera un regaño.
— Pero deberías hacerlo. — cuentiono el ojos caoba, observando como los peliplata reían divertido de un video mostrado por el mayor, quien aun producia estragos en su interior. — en estos cinco años, nunca… nunca definí lo nuestro y al mínimo indicio de ver a Viktor yo…
— No me importa. — lo detuvo antes de escuchar algo que realmente podía herirlo, el omega se quedo mudo por la declaración del otro, sorprendiendolo. — en verdad, no me importa. Vitkor puede empezar a merodear a tu lado con la excusa de querer conocer a Anna, aun asi, no sera un impedimento para mi. — el rubio se giro totalmente en dirección al ojos caoba, demostrandole su impetud y diferencia de tamaños. En este tiempo transcurrido Yuri cambio fisica como mentalmente, dejo atrás la temporada de berrinches y golpes, adoptando el dialogo y paciencia, mucha de esa. — No tengo idea de las cosas conversadas entre ustedes, pero eso jamas me detendrá, se que poseo un pequeño espacio en tu corazón y no te soy indiferente. Si me has permito pasar a tu lado este tiempo es por algo, asi que luchare. Te demostrare quien soy realmente, Yuuri.
El omega nuevamente quedo estático, siendo el causante en esta ocasión el Yanke ruso, el cual, hizo una declaración igual de poderosa a Viktor. Que por cierto, se encontraba desde su distancia producial junto a Anna, observando el panorama con ojos agudos, él no es ningún idiota para pasar lo obvio. Yurio se encontraba interesado en el japones, dándole la maximas explicaciones del porqué jamas le relato saber su paradero, menos la existencia de una hija. Su naturaleza egoísta de lo prohibió, además, la incapacidad de perder su posición de alfa dominante en esa vida. Aunque le molestara, no podía ser nada, salvo luchar con fuerza supremas para posicionarse una vez por completo en el corazón de su cerdito, porque si una vez lo hizo sin intención lo lograría nuevamente, en esta ocasión de la via mas correpta e inimaginable.
Finalmente, decidieron llevar a los Katsuki a su departamento en Ditroit pues ya era demaciado tarde para irse por si solos, al menos esa fueron las palabras del alfa mayor al tener en su disposición y Yurio, un auto con chofer incluido. El japones intento rehusarse al comienzo, pero su hija salio disparada a los brazos del Nikiforov, que con su usual sonrisa con forma de corazón ignoro los argumentos del otro, disponiendose a entrar al carro con todo y pequeña en brazos. De hecho, pensó Yurio, ese par de peliplateados se confabularon para no obtener una negativa como respuesta, cosa que el pelinegro solo se limito a suspirar.
Ya vería la manera de hablar con Anna de esto, por ahora, se limitaría a observar.
En todo el trayecto se escucharon las voces de ese par, hablando de temas diversos, un ejemplo, la escuela de la infante y su capacidad para tener muchos amigos a su alrededor, siendo bajo su perspectiva un total misterio. No es como si fuera especialmente abierta a los demás, solo se limitaba a dar su opinión al respecto de las cosas, hecho que le agradaba a sus compañeros, eso y tener una mamá campeón del patinaje artístico. Viktor le pregunto si tenia algún interes en ello, como sus padres les facinaba ese campo, podría surgir algún efecto en su interior. Sin embargo, la pequeña nego rotundamente ese argumento, si bien verlos patinar surgían un millón de sensaciones especiales no tenía ningún gusto en seguir sus pasos, en realidad a Anna le gustaba la musica, siendo mas preciso, el violín y piano. Es mas, estaba aprendiendo a tocar el primero encontrandolo fascinante, de tener algún recital lo invitaría a verlo. Obviamente, Viktor sonrojandose y abrazando a la pequeña, acepto dichoso.
Yuuri observaba aun mas impresionado la interacción del par, su hija sentada en el regazo del ruso y este alegre de la vida de conversar con ella, permitiéndose conocer detalles pequeños pero importantes para él. Siendo sincero, en muchas ocasiones se imagino un encuentro entre los dos peliplatiados, pero en esa imagen no entraba ni en comparación esta, porque al tener una personalidad serena la pequeña se mostraría renuente a abrirse a Viktor, pero no, resultó ser lo contrario demostrandole que la sangre definitivamente llama. La verdad, no tenía idea de como seria las cosas adelante con el ruso involucrado en su vida, pero estaba seguro de no borrar esa felicidad en el brillo azul de Anna al estar con su padre, ella en verdad necesitaba de él. En cuanto al Nikiforov, parecía estar sumamente relajado con su imagen de padre, hasta se permitiría decir ser conforme a sus circuntancias y adaptarse a ellas.
« Es un peso menos de mis hombros, pero no sera completo hasta ver la reacción de la prensa. »
Ese seria el mayor reto de todos, no involucrar su pequeña en el ojo del huracán, podría estar desaparecido por completo de la vista de todos, pero mostrarle un indicio de vida se desataria el infierno, mas cuando estaría acompañado de un cachorro. Yurio le pidió permanecer tranquilo, aun nadie decía nada, pero no estaba de mas mantenerse alerta en lugar de dormirse en los laures. Aunque conocía la naturaleza de Viktor al protegerlo a él y su hija de cualquier cosa, no deseaba depender de nadie, mucho menos de su poder. Si algo aprendió de ser madre soltera, era de valerse de si mismo en lugar de alguien mas, admitia tener apoyo de sus amigos mas cercanos y de Yurio con su relación no definida, aun así, dejar a otros manejar sus problemas jamas.
« Ya vere las maneras de estar tranquilo, de tener a mi Anna a salvo. »
Sin darse cuenta, habían llegado al complejo de edificios imponentes, se sumió tanto en sus pensamientos que olvido su alrededor.
— Anna hora de despedirse y agradecer — le pidió a la niña, manteniendo su autoridad de madre.
— ¿Viktor no puede permanecer mas tiempo con Anna? — se aferro a la figura del mayor con fuerza, colocando rostro de gatito arrepentido.
— Viktor debe de estar cansado y mañana es su presentación libre, es mucho mas agotadora a la de hoy. — le explicaba a la niña con dulzura, colocandole una mano en su cabello platinado. — El tambien necesita tomar un respiro, prometo que podrás quedarte con él otro día.
El peliplatiado no sabía que decir o hacer, simplemente quedo mudo ante la reacción de ya su ahora hija aferrandose a él, en cierto modo le recordaba a su madre en el pasado, cuando se emborracho y le pidió ser su entrenador. Fue tan adorable, esos enormes ojos caoba brillando con anhelo, su rostro bañado en inocencia y… en general todo lo atrapó, porque de ese dulce cerdito nacio su pequeña Anna.
— ¿Qué te parece venir a verme mañana también? — propuso el ruso, sonriendole con cariño e igualmente acariciando sus cabellos platinados tan parecidos a los suyos. — Prometo tenerte un lugar especial solamente para ti, uno que ninguna otra persona podría ocupar.
— ¡¿En verdad?! — chillo emocionada la niña, provocandole una risa a su padre.
— Por supuesto — reintero seguro, colocando una mano en su pecho y inclinándose ligeramente a la niña. — todo sea para el bien de mi pequeña princesa.
Yuuri fruncio un poco su ceño, aun comprendia ese lado de Viktor al tratar de cumplir deseos sin mirar los limites, justo como ahora, llenandole de ilusiones a su pequeña hija.
— Viktor, no le digas cosas así a Anna. — le dijo con todo de reproche, alzandola lejos del regazo de este y colocandolo en el suyo. — porque de no poder ir se sentirá mal luego.
— ¡Eso no es cierto! — se opuso rápidamente la chiquilla, haciéndose escuchar. — ¡Anna va a poder ir! Eso es seguro.
— ¿Estas segura? — inquirio con voz acusadora, viendo como desviaba la mirada a otro lado. — Porque recuerdo que mañana tus clases de piano empiezan, ¿o me equivoco?
— Mamá podría posponerlas por Anna — sugirio la niña con voz pausada, muy tranquila y sin una pizca de niñeria. — ver a Viktor es mas interesante, mas cuando le prometio a Anna una lugar especial para mirarlo.
— Eso no esta fácil como decirlo, Anna. — sujeto su cien dándose un ligero masaje haciendo una leve pausa, parecía tener jaqueca y los rusos lo notaron. — Vitkor, es tu culpa por animarla con algo así, ahora debes de calmarla de alguna manera.
— ¡¿Eh?!
« ¡Ugh! Parecen una pareja de recien casados, con discusión y choque de ideas por su hija. » penso cierto rubio mirando el panorama asqueado, en rotundo silencio porque no tenia derecho alguno de intervenir, menos tratándose de un tema relacionado con Anna. De cierta manera, le molestaba ser desechado de esta discusión, porque si miraba bien las cosas él tenía muchos mas derechos de hacerlo, estuvo todos estos años cerca de los Katsuki. ¡Demonios! Él vio crecer a las ojiazul, sus primeros pasos, las palabras, cuando lo dejaron a su cargo y le dio de comer haciendo un reguero, al final al katsudon casi le da un mal.
Entonces, ¿qué demonios debía de hacer para mover las cosas a su conveniencia? Es claro una cosa, con esta aparición Viktor le tiene un paso adelante, mas tomando en cuenta ese brillo inusual en los ojos del cerdo que desde mucho años no se percibía, ahora de la nada nuevamente existía como si sufriera al efecto “Viktor Nikiforov”. El cual, Yurio lo estaba persistiendo del modo negativo, porque aunque estuviera comportándose indiferente, la realidad en su interior era otra.
Asi que, respirando profundamente, decidió intervenir.
— ¿Pueden callarse? — le dijo alzando un poco su voz, recibiendo la mirado de los otros — me fastidian que no puedan solucionar esto normalmente, dialogando. Es decir, sin culpar a nadie.
— ¡Oh! — exclamó Vitkor, colocando sus ojos igual a los de un cachorro — ¡Yurio tiene una idea maravillosa!
« ¿Y este me vio cara de que? ¿un hada…? No, mejor aguarden, ni siquiera deseo saber la respuesta. »
Aunque hace unos cinco años atrás el rubio fue reconocido como “el hada rusa”, jamas se sintio a gusto con tal apelativo, era de alguien demaciado blando en comparación de su verdadero estilo y ahora con su aspecto de joven veintiañero, las cosas habían cambiado un poco. En realidad, bastante, sin olvidar su aspecto androgino que fue dejado considerablemente atrás, pues hasta tenía una altura igual a la de Vitkor. Se convirtieron en iguales en todo los sentidos.
— Como Anna tiene clases de piano, podrían quedar luego del programa libre con Viktor. — propuso con total calma, induciendo la felicidad en ambos peliplata. — Aunque no puedas verlo personalmente, esta la opcion de grabarlo y verlos nuevamente. Digo, es solo mi opinión.
— ¡Yurio! — pronuncio su nombre el mayor de todos, acercándose y tomando sus manos con fuerza. — ¡Esa ha sido una excelente idea!
« Vaya… parece que funciono. »
Todo tenia una justificación en la mente de Yurio, porque si las cosas se daban, en tanto Viktor jugaba al “padre modelo” estaría buscando la manera de acercarse mas al corazón del ojos caoba. Simple pero llano, estar con rodeos jamas seria lo suyo, menos tomando en cuenta quien era su contrincante, uno con armas a tomar.
— Si, si, si. — se soltó de forma brusca del peliplata, dejándolo en su nube de fantasía. — Lo otro si dependería de ustedes.
— ¿Mamá esta bien eso? ¿Anna encontrarse con Viktor después de clases? ¿se puede? — insistía la pequeña, moviendo el brazo del pelinegro constantemente.
Podría tener dudas de eso, pero tampoco esta bien jugar con los sentimientos de su pequeña, así que, tragandose todas sus inseguridades esbozo una sonrisa ancha mirando a Anna comprensivo.
— Si, Viktor podría visitarte luego de tus clases. — dictaminó.
Aclarada las cosas, quedaron en verse el día siguiente en el apartamento de los Katsuki, como las nuevas clases de la chiquilla eran particulares, se ordenaron ser allí. No teniendo otra alternativa mas que ir directamente al sitio. Anna abrazo fuertemente a su padre, alegando ver como fuera la presentación del programa libre, a la vez deseandole la mayor de la suertes, cosa que no necesitaría, pues siendo el máximo exponente del patinaje artístico se encontraba asegurado su victoria. Eso último lo dijo mirando al otro ruso, solamente para provocarlo, cosa que logro porque chasquio la lengua con desgano cruzando los brazos fastidiado.
En cuanto a Yuuri, solo sonrio apenado, sosteniendo la mano de su hija y despiendose definitivo, este día fue demaciado agotador necesitaba ponerle fin. Lo único que realmente anciaba era darse un buen baño de agua tibia, relajar sus músculos y vaciar su mente. Los caminos del destino una vez mas se movieron sin dejarlo hacer algo, de forma arbitraria y demandante.
« Lo importante, es que al menos sigo respirando. »
Era cierto, pero lo que desconocía el pelinegro, es nuevamente haciendo de las suyas la vida.
— Yo me quedo aqui tambien. — anuncio Yurio, provocandole múltiples infartos al pobre Katsuki.
Maldición no.
Maldición no.
Mil veces maldición no.
Una aura oscuro se sintio detrás de su espalda, acompañado de un frío calculador colandose a sus huesos, eso solamente podía significar una sola cosa: un ruso peliplata estaba enojado. Girando con precaución, Yuuri observo con susto una sonrisa pintada en fingida felicidad, de Viktor Nikiforov, quien a su vez, le dirigía la mirada a ese indencoroso rubio veintiañero que le gusta simplemente fomentar las llamas incinerar el mundo.
— ¿Y por qué te quedarías en el departamento de Yuuri? — exclamó con ironía, desplegando mas esa aura siniestra.
— ¿No es obvio? — sonrio de medio lado, girando su cuerpo y encarando al peliplata sin miedo alguno. — Desde que tengo memoria, siempre me quedo en el departamento de Yuuri. Hasta tengo las llaves.
— Asi que eso es… — al escuchar esa voz baja, el Katsuki soltó un respingo de la impresión. Ver enojado al ruso no es algo que le halla gustado, ni ahora, o nunca. — ¡Pero hoy te voy a ractar Yurio! Y no existe no como respuesta.
— ¡¿Eh?! — ni vio cuando lo sujetaba del cuello y lo llevaba a rastras hasta el auto — ¡¿Qué demonios estas haciendo bastardo?! ¡Sueltame de una vez! ¡Mas te vale hacerlo!
— Lo siento mucho, Yuuri — decía como si nada, menos tomando en cuenta que el rubio lanzaba patadas y puños en su dirección. — Me lo tomare prestado esta noche, espero y no importe. En fin, que descanse.
Una vez mas, Katsuki Yuuri pensaba en los actos sorpresivos de la “leyenda viviente del patinaje”, quien sin duda alguna, jamas se cansaria de hacerlo. Tomarlo fuera de su comodidades es y seria, la especialidad de él.
En tanto, Viktor y Yurio se encontraban en total silencio, observándose como si estuvieran en una partida de ajedrez, estudiando las posibilidades o movimientos del enemigo. Aunque en la perspectiva del mayor el veintiañero no lo era, estaba claro manejarse con cuidado sus posibles ideas, las intenciones con el omega eran muy claras, por lo tanto, dormirse delante de él no es una opción. Debía de admitir algo, enterarse del exceso de confianza del japones al alfa joven, le causaba escosor en el interior, olvidar que es quien realmente amaba le molesta. Es decir, tomaba en cuenta lo de las promesas, igualmente tener él otras parejas a lo largo de estos cinco años transcurridos, aun así ¿por qué Yurio? ¡¿por qué demonios él?! Mierda, le daba en todos sus nervios y su cara de idiota en alegrarse del gatito gruñon, quien cambio de manera drástica al tenerlo cerca.
« Y yo de estúpido felicitandolo, deseandole lo mejor. »
No obstante, seguía siendo Viktor Nikiforov y aparentar normalidad ante esas situaciones era su deber, sobre todo, las cosas con el cerdito aun no se encontraban pérdidas. La misma Anna lo recalcó, Yuuri se encontraba solo sin él, ocurriera lo que ocurriera con el rubio, ese adorable japones seguía gritando en el corazón amor por él y debía aferrarse a eso. Rescatar hasta la última gota de cariño sellado.
— Si piensas que permitire arrebatarme Yuuri de mi lado, estas equivocado. — el primero en romper silencio fue Yurio, regalandole una sonrisa desafiante. — Quien terminara al final ganando, sere yo.
Viktor soltó una risita divertida, y apoyando su cabeza en la mano, le mando una mirada irónica al rubio quien lo tomo como una declaración de guerra. Aunque sin tomar en cuenta, que el peliplata tenia otras cosas en mente, en lugar de competir contra un niño.
— No has cambiado ni una pizca, Yuri. — lo llamo por su nombre, no por su mote cariñoso, dándole a entender la seriedad de la situación. — Sigues creyendo tener el poder de todo, cuando no es cierto.
— ¡¿Qué demonios estas insinuando?! — reclama con furia, fulminando con la mirada al alfa mayor.
— Yuuri no es un objeto que deseas mover de un lugar a otro, menos una medalla que ganas en un concurso de patinaje. — hablo con tranquilidad, manteniendo esa pose natural e imperturbable. — Es un ser humano, por ende, deberias tratarlo como tal.
— ¿Y que hiciste tu durante el tiempo trascurrido? — exclamó con obviedad — Por si mal no recuerdo, ni siquiera intentantes buscarlo.
Darle explicaciones a un jovencito no estaba en los planes de Viktor, menos seguirle el juego, aunque el algo estaba muy claro. De los errores aprendes, asi que, él se encontraba en vías de aprendizaje de todo este error.
— Lo ocurrido en el pasado, solo nos concierne a Yuuri y a mi. — planteo tratando de aplarcar un poco a la fiera, solo consiguiendo un gruñido propio de alfa. Le dio simplemente gracia. — Es como las buenas historias de amor, morirá con nosotros. Por otro lado, debes tomar en cuenta el tampoco rendirme, menos sabiendo que Yuuri tuvo a Anna.
— ¿Insinuas que soy un inmaduro pero entrometes a Anna en esto? — argumento con sarcasmo, apretando sus puños. — Eres bastante hipócrita entonces, Viktor Nikiforov.
— Egoísta, quizás si, pero no hipócrita. — confeso sin una pizca de vergüenza, buscandose el papel del villano de la historia. — Yuri, no sabrás que es soñar con una familia durante toda tu vida y tenerla, pero no saberlo. Tanto Anna como Yuuri, son las personas mas importantes para mi, y no pretendo perderlas.
— Tu obligación es con ella, no con Yuuri. — le hizo saber, cansandose de esta discusión.
— Cosa que pretendo hacer. — le dio la razón, sonriendo. — pero Yuuri es el omega con quien pretendo estar el resto de mi vida,puedo sonar egoísta, da igual, aun así sin importar lo que este pasando entre ustedes dos… no me voy a rendir. ¿Quedo claro?
« Mira nada mas, el lado competitivo de Viktor Nikiforov. Aunque cueste admitirlo, me agrada. »
Haciendo nada mas que una sonrisa socarrona, Yurio acepto el reto impuesto por el mayor, dándole a entender sus pensamientos. El tampoco daría su brazo a torcer, lucharía.
★★★★★★★★★★
Si existía algo mas que inquietara a Yuuri, tomando en cuenta su secreto ya revelado a Viktor, seria la época del celo. Si, esos aterradores cinco días de dolor, anciedad, calor y demás cosas experimentadas en todo su cuerpo, que solo le pedía liberarlas. Cuando estuvo en estado pudo librarse de ellas, disfrutar de la maternidad y centrarse en experimentar toda las cosas propias de ser madre, aunque el principio tuvo miedo de ello, termino por acostumbrarse. Luego de culminar esa etapa, su primer celo de tener a Anna había sido francamente agotador, se encontraba solo, con su bebé en brazos y procurando controlar los temblores constantes de su cuerpo llamando a un alfa, deseando tener el cariño de uno de estos, librandolo de esa tortura. Porque eso era, tortura. En ese momento no pudo pensar en nadie mas que Viktor, para ser mas preciso, en esa noche donde se entrego desenfrenadamente a él. Aceptando sus caricias, besos, roses, palabras dulces en el oidos y ese cuerpo tan calido como el mar Caribe. A su vez, la cura a todos sus males, no solo refiriéndose a sus hormonas descontroladas, tambien al dolor de su alma destruida.
No debía de mentir, a su alrededor se encontraba otro alfa merodiandolo y deseando servile de ayuda en ese aspecto, pero el Katsuki lo consideraba demaciado pronto para algo así. Agregándole ser solamente un niño, podría parecer estar aprovechándose de la situación, y eso jamas lo permitiría. Entonces, pensó que cuando creciera Anna necesitaría a alguien para ayudarlo a cuidarla, los celos son conocidos como el desenfreno de un omega, sus días mas debilitados de todos donde son vulnerables y por ende, son propensos a cualquier ataque. Yuuri no es idiota, menos nacio ayer, sabia que de dejarle a alguien su hija debía de ser de su entera confianza, capaz de soportar el celo de un omega y no intuir las feromonas en el aire.
Bueno… eso seria pan comido, porque no existía nadie mas para ese papel, mas que Phichit. ¡Y era su salvador! Un beta como él jamas sentiría el olor del celo, menos trataría de sobrepasarse, igualmente de poder cuidar a Anna y llevarse a las mil maravillas con ella. El moreno es su hada madrina, cumple sus sueños realidad.
Aunque, la verdad, ese no venia al caso, porque su celo esta por desarrollarse en cualquier momento y lo peor de todo, debía de verse con el padre de su pequeña, Viktor Nikiforov. Un alfa. ¡Un alfa en todo el sentido de la palabra! Y el iría al matadero como un buen corderito, listo para un sacrificio. En cierto modo Yurio tenia razón, su capacidad de tomar decisiones era bastante precaria, de lo contrario, jamas seria capaz de cometer semejante locura.
La pregunta ahora seria: ¿qué lo llevo a esto?
Hace unos días atrás luego del reencuentro con el ruso, Anna y él empezaron a verse cada vez de ser posible, el patinador tenia unos días de descanso antes de aventurarse a la nueva temporada. En realidad, se ausento de las garras de su entrenador sin dar explicación alguna, alegando simplemente que volvería una vez antes de lps preparativos del GPF, pero antes debía de antender unos asuntos en Ditroit junto a Yurio. Yakov coloco el grito en el cielo porque nuevamente su patinador estrella volvía hacer el despreocupado de siempre, importandole poco su carrera, al tener la mínima oportunidad de botarla al caño sin medir las consecuencias. Claro, este descuidado alfa encontró una vez su motivación, en realidad, la vio con un extra incluido. Naciendo así, una de los vínculos mas fuerte de todos.
Eso si, tomando en cuenta los límites de esa nueva relación, Viktor salia con Anna a todos los lugares posibles con la excusa de “hacer turismo”, tomándose fotos y presumiendo su linda hija. ¿Y como reacciono la prensa a eso? Ya deberían saberlo, todos querían tener la gran primisia de poseer la gracia de encontrarse con la desconocida niña, averiguar su pasado y quien es su madre, obtener una entrevista para así colgarlo en todas partes. Sin embargo, el alfa dormido en Viktor se permitió salir, exigiendo la mayor privacidad de todas con respecto a este tema, su vida personal lejos de las cámaras no debía de ser un espectáculo a los demás, por lo tanto, la prensa tenia que estar controlada y en una esquina. Nada de involucrarse o acosar a Anna.
En la perspectiva de Yuuri, era todo un alivio, no solamente por mantener en el anonimato ser la madre de la pequeña, cosa que jamas se avergonzaria. Sin embargo, a vivar las llamas del cotilleo en la prensa jamas sera de sus gustos, él simplemente quiere vivir una vida pacifica junto a su hija. Sabia que ella necesita de su padre, he allí a la razón de abrirle las puertas de su hogar, además desde entrar a el, Anna poco a poco sonreía mas y se mostraba mas risueña a la par de comunicativa. En todo el departamento no se escuchaba otra cosa que no fuese “Viktor esto” “Viktor lo otro” o “mamá, ¿sabes qué Viktor ha conocido Paris? ¿acaso no es genial?”, si Anna estaba experimentando la maravillosa experiencia de tener un padre. Antes, solo podía saber lo que se sentía tener uno por medio de su compañeros del colegio, lo cuales, le relataban cada una de las actividades en hacer juntos. Ahora, es ella quien lo hace, llenandolas de felicidad.
No obstante, Viktor sentía que le falta muchas cosas por saber de su pequeña, detalle mínimos, donde podrían parecerle estúpidos a alguien (Yurio), pero son de suma importancia para él. Porque solamente quiere es sentirse mas cerca de su hija, generalmente, llamarla con orgullo serlo. Por eso, se permitió llamar a Yuuri y pedirle encontrarse, solo sera una salida conveniente referente a la chiquilla, tomaran un café y nada mas.
— ¡Estas francamente loco! — le gritaba un veintiañero particular, casi arrancandose el cabello. — ¿Acaso no te das cuenta? ¡esta solo utilizando una excusa para verte! Y tu… ¡has caído!
Yuuri no le daba tantas vueltas al asunto, es decir, le daba muchos nervios encontrarse una vez mas con el peliplata a solas mas cuando la última terminaron besándose, sin olvidar la declaración de no rendirse en demostrarle sus sinceros sentimientos. ¡Queria desaparecer! Estuvo escapando todo este tiempo de esa mirada cielo, encerrandose en la excusa “debo entrenar a Rossana” e ignorando las invitaciones de Viktor, porque en esas salidas junto a Anna, el tambien estuvo invitado. Pero claro, a la mas mínima oportunidad salía huyendo, aunque ahora no podía seguir con lo mismo. Llego el momento de tomar el toro por los cachos.
— Sea lo que sea, no puedo simplemente correr lejos de él. — respondió, acomodandose su abrigo oscuro junto a una bufanda.
— Oh, creeme, si que puedes. — espeto, acercándose al omega y tomandolo por los hombros desde atrás. Viéndose juntos reflejados al espejo, la diferencias de alturas era considerable, haciendo pensar al omega el pasar del tiempo rápido y mortífero. Yurio ya no es mas un niño, se convirtió el hombre que posa detrás suyo. — Yuuri, puedo sentirlo, pronto entraras en tu celo y las cosas podrían salirse fuera de control.
El rubio mas que nadie podía decirlo, en estos momentos sentía la tenue sensación dulce en el aire abofeteando su nariz, engañandolo para simplemente hundir sus dientes en esa parte blanda de la nuca del omega y marcarlo. Pero antes, saciaria sus ganas de él encerrandolo en un cuarto oscuro y… ¡no! ¡no podía pensar esas cosas del pelinegro! Necesitaba serenarse, pensar con cabeza fria y alejarse.
— Estare bien, lo prometo. — sonrio confiado el ojos caoba tomando una de las manos de alfa, apretandola y inyectandole tranquilidad. — Hablare rápido con él antes de aparecer por completo el celo, cuanto antes solucione esto, mejor.
Maldición, odiaba cuando el japones adoptaba esa sutil pero contundente postura frente suyo, porque es cuando le daba a entender ser posible todo. Inclusive, domar una manada de elefantes el solo.
— De acuerdo, confiare en ti. — suspiro sin mas remedio, apretando el agarre en el pelinegro. — pero debes saber que de ocurrir algo solo debes llamarme, estarí allí para ti.
— No sera necesario. — certificó el omega, alejándose del otro y dándole los últimos arreglos a su atuendo. — para cuando termine mi reunión con Viktor, estare en celo y encerrado en este departamento, junto a mi dos guardianes.
— ¿Anna y ese hámster? — bufo divertido el ruso, ganándose una mirada de reproche del contrario. — Un alfa sera siempre mas fuerte a un beta, seria mas efectivo en lugar de ese.
— Seria mas efectivo para deborarme en un solo bocado. — recalcó con obviedad el pelinegro, viendo de reojo el notable sonrojo del rubio. — confió en ti, pero no en tus capacidades de aguante ante un celo omega. Aun es muy pronto para ti, Yurio.
Era cierto, pero odiaba no poder servirle de ayuda en esos momentos al japones, porque su única utilidad seria estando con él en otra tipo de índole, cosa que aun no se atrevía en hacer y mucho menos le obligaría. Sabia bien la sensibilidad de los omegas con estos temas, porque si bien podía pasar su celo con alguien en su nido, de no sentirse cómodos podrían causarle una clase de trauma. Por ende, debería ser considero y alejarse.
Sin embargo, Yurio aun soñaba con ser aceptado en el nido del omega, conectarse como uno solo y embriagarse por completo con el néctar de su presencia. Saborear hasta el último pedazo de esa cremosa piel, perderse en sus curvas y olvidar hasta el último de sus negativos pensamientos de ese ser, el cual, se obligaba a permanecer entre ellos como una garrapata. Con esos pensamientos, Yurio se acerco con sigileza al japonés y lo abrazo por la espalda escondiendo su rostro en el cuello de este, grabando en su memoria su esencia de omega casi en su temporada de celo. Debía de admitirlo, lo volvía loco, tanto como para dejarse llevar por su alfa dormido y desencadenar a la bestia.
— ¡¿Yurio que…?! — exclamó el pelinegro ya sonrojado.
— Si es asi… — suspiro con delicadeza, apretando mas su agarre y haciéndole saber su temor. — ¿existira el día que nosotros dejemos de ser esto? ¿en que…? ¿en que me permitas aliviar tu dolor en el celo?
Yuuri no respondió nada, simplemente se quedo tan estático como una momia, su cerebro había dejado de generar respuestas a las inseguridades del rubio. Además, para esa interrogativa no poseia contestación alguna, no cuando aun seguía debatiendose entre lo correpto y el deber de seguir. Tomando en cuenta el regreso de cierto peliplata descuidado, sus sentimientos se encontraban revueltos, porque aunque le haya dicho amarlo desde el inicio y aceptar el error de dejarlo ir por su indecisión, ignorar al joven de cabellos rubios era imposible. Lo sabia, era injusto, muy injusto para él pero tampoco podría dejarlo ir.
Katsuki Yuuri simplemente se encontraba en un laberinto, cuyo nombre era sus inseguridades.
— Yo… — musito indeciso.
— Olvidalo, ha sido estúpido decirte algo así. — tomo distancia del omega, sonriendo triste y afectando considerablemente. — No pretendo ser egoísta, menos obligarte a…
— ¡Te equivocas! — lo interrumpió alzando su voz, asustandolo. — ¡No eres egoísta en lo absoluto Yurio! El que lo es… soy yo.
— ¿De que…? — trato de pronunciar el muchacho.
— Porque estos años te he retenido sin definir nuestra relación, aun mas, cuando apareció Viktor nuevamente y descontrolo toda mi contidinidad te segui acaparando a mi lado. — solo todo sin descanso, llevando a Yurio acercarse y tomarlo por los hombros para ver si se encontraba bien. — Lo siento, en verdad lo siento Yurio, porque aunque no sepa que siento por ti, simplemente imaginarte lejos de mi… es algo inaudito y no puedo… ¡Simplemente no puedo!
« Ah… es tan crudo en el tema de gustarle a alguien, incluso ahora, cuando sin saberlo esta diciendome que le intereso… se ve tan adorable. » pensaba el rubio, sonriendole agradecido y aprovechan de acariciar los pomulos sonrojados del pelinegro. No podía negarse, estaba sumamente emocionado hasta las lágrimas, podría incluso besar en los labios al omega y ahogarlo con su cariño, pero no, aun era muy pronto. Asi que, se limitaría a tocarlo como si fuese un niño frente a su primer amor, guardando la sensación de ternura y devoción en su interior, que con esta confesión, aumento mas.
— No importa, puede ser egoísta si así lo prefieres. — le dijo con dulzura, perdiéndose en ese poso caoba de ojos. — mientras sigas teniendo el deseo de quererme a tu lado. Seguiré allí, a capa y espada.
— Me dices que soy un idiota y un masoquista, pero… eres mucho peor… — susurro Yuuri, desviando la mirada a otro lado.
— Si, si, si. — rio juntando simplemente su frente con el otro, en una señal de ternura. — tienes razón, soy un completo idiota masoquista.
Por otra parte, Viktor se encontraba bajo los matices oscuros de una Ditroit anocheciendo, con las luces de un parque mas concurrido por jóvenes en estas épocas de vísperas navideñas. Ese había sido el punto de encuentro con Yuuri, aunque se adelanto a la hora, no podía parar de pensar en que la situación con él era de lo poco favorable. Parecía que cada uno de sus movimientos fuesen leídos, repelidos e ignorados a la mas mínima oportunidad, resultaba irónico darle un vistazo al paso y darse cuenta de ser el único en la vida del japones, en todos los sentidos. Ahora, no solo huía de su presencia, igualmente confiaba en otros, desplazandolo a un lado.
Aunque sus miradas se encontraran, lo sentía lejos, tan lejos que el frío invernal se colaba en su alma hasta congelarlo. Por primera vez en su vida, no importaba poseer el nombre de “Viktor Nikiforov”, menos ser la “leyenda viviente del patinaje”, en este ámbito todos sus títulos y medallas no valían nada. Aunque prometia jamas rendirse, llegaba las señales de hacerlo, de dejar de perseguir imposibles y centrarse en poseer mas tiempo con su pequeña, la luz de sus ojos. Desde conocer su existencia, ha experimentado otra clase de amor mas puro y verdadero, de esos que duran para toda la vida y jamas podrán acabar, porque mientras mire esos ojos del mismo color a lo suyos sera capaz de todo.
Entonces, de golpe, un olor dulzon en el aire con la fuerza necesaria para derrumbarlo al suelo y ahogarlo, llevarlo a la locura sin dejar de lado el salir a flote su verdadera naturaleza. Era tan la magnitud, que su garganta ardió un poco, como si estuviera en presencia de un incendio feroz, no tan lejos, porque su cuerpo estaba a punto de entrar en punto de ebullición. ¿Qué demonios podía ser eso? Era claro, un omega, pero no uno cualquiera, se trataba de Yuuri y estaba casi en su ciclo de celo.
« Oh… demonios, he excogido un mal momento para obligarlo a aceptar encontrarnos. Sobre todo, ¿como pudo seguirme la corriente? ¡debio de rechazarme otra vez. »
Pero ya conocía perfectamente al japones, jamas ha sido los de retractarse una vez tomado una decisión, ya lo demostró muchas veces en el pasado y no haria la excepción ahora.
— ¡Viktor siento mucho la tardanza! — alzo su voz, haciéndole saber su llegada y provocando otra ola agresiva en el ruso, quien se obstuvo de siquiera respirar. — ¿Viktor? ¿Viktor te encuentras bien?
De cerca el olor era cien veces peor de destructor, creía que era parecido a la miel, o mejor aun, las rosas, pero justo a esta distancia se percibía ese toque de café y canela tan envolvente, atrayente parecido a las abejas con las flores. Si, él quería polonizar a una esponjosa flor y…
« Vamos Nikiforov, controlate, controlate y ni te atrevas a asustarlo con tus instintos primitivos. »
— ¡Que gusto verte Yuuri! — fingió naturalidad el ruso, dibujando su usual sonrisa despreocada. Confundiendo al ojos caoba. — siento mucho haberte hecho salir en esta épocas del año tan frías, pero como no tenias otro día libre…
— Hummp… eh… no hay problema. — lo miro extrañado, porque sin dudas, el peliplata le estaba escondiendo algo. — ¿en verdad te encuentras bien?
— Si, ¿por qué debería de ser lo contrario? — pregunto parpadeando varias veces.
— Bueno… hmm… — el pelinegro solo soltanba monosilabos incoherentes, sin tener algo concreto, quizás estuviera imaginandose cosas. — olvidalo, solo… solo pensé… nada. Mejor, dime ¿qué es lo que querías conversar conmigo?
Viktor lo sabia, sabia que si abría su boca esa dulce fragancia lo atacaría como ola expansiva, calandose hasta los pulmones y asfixiandolo lenta como placenteramente. Lo peor de todo, era que Yuuri parecía no percatarse de su problema, porque seguía tan fresco a una lechuga, convirtiéndolo en un lobo listo para devorar a su presa.
« En fin, te convertiras en uno sino apresurada las cosas con él. »
Llenadose de toda la capacidad de aguante adquirida durante los tiempos, apreto sus puños y cerro su mente a estar junto a un omega en su casi celo, queriendo colocar a prueba todo lo que un alfa ha sido nombrado en épocas anteriores. Viktor, al pesar de no tener capacidad de aguante, jamas querrá quedar igual a una bestia, por lo tanto, soportara hasta el final.
— Debes tener una idea, es Anna. — se giro mirandolo a los ojos con detenimiento, siendo totalmente serio en el ausunto. — estos pocos días conviviendo con ella me han servido de aprendizaje, igual de darme cuenta que no puedo controlarlo todo, menos saberlo.
— ¿A qué te refieres? — pregunto confundido el Katsuki — es decir, es Anna, tu hija y ha estado desde conocerse hablando sin parar de ti. Se que temes de conocerla poco, digo, hasta yo mismo padecí eso al enterarme de su existencia en mi interior. Culpaldome de que quizás, no sería tan buen madre como muchos.
— Pero es diferente, Yuuri. — bajo su mirada abatido, conmocionando el corazón del omega, recordandole algunas cosas del pasado. — Estuviste desde el inicio con ella, la viste dar sus primeros pasos, hablar e inclusive, su primer día de escuela y yo… yo solo la he visto hasta hora. Ojo, con esto no te estoy reprochando algo, simple me siento confundido con todo lo ocurrido. — el ojiazul se queda en silencio unos segundos, escuchandose simplemente el ruido de la ciudad a sus espaldas, la risa de una pareja caminando a un lado de ellos, el correteo de dos niños jugando a las llevadas y el viento trayendo las voces de dos ancianos conversando. En tanto Yuuri, observaba con detenimiento al padre de su hija, mostrandole ese lado vulnerable ante él, diciendole que indudablemente es un ser humano y no una maquina. — Para mi… ha sido un tanto difícil adaptarme a lo nuevo, a tu vida lejos de la mia, de que me diste una extraordinaria niña y es de los dos. Un pedazo tuyo y mio, una demostración del cariño que nos tuvimos, bueno, que al menos yo te tengo aun.
— Viktor, no creo que sea conveniente hablar de los dos. — repuso cohibiendose de sus sentimientos difusos, menos permitiendo que el contrario los supiera. — Te le he dicho, tu responsabilidad no es conmigo, sino con ella. Destruir eso, es algo que lo prohibido con todas mis fuerzas.
— ¿Sugieres entonces olvidarme de ti? — recrimina con reproche, adquiriendo sus ojos un tipo de brillo intenso y feroz. La mirada de un alfa dolido. — ¿qué vea en silencio mientras Yurio te aleja simplemente de mi?
— Yurio y yo no…
— Escucha muy bien esto, Katsuki Yuuri. — lo detuvo a tiempo, sosteniendo con fuerza sus dos manos y acorralandolo contra el barandal frente a ellos. — Podrás decir mencionar no estar ocurriendo nada entre ustedes dos, el ser estar confundido o solamente conociéndose, aun así, jamas borraras de mi mente mis ganas de luchar y dar lo mejor para volver a tu lado.
Oh, no, no.
¡Esto debía de imaginarlo!
Porque Viktor seguía siendo ese tipo de hombre que hacia las cosas a su conveniencia, moviendo la tierra debajo sus pies, colicionando contra el viento de ser necesario e imponer su presencia en su corazón. Podría haber tenido una de las conversaciones mas serias antes con Yurio, admitir casi el gustarle de manera romántica, pero el peliplata conseguirías confundirlo con su sola presencia. ¿Y como no? Si durante sus cinco años de ausencia, con quien soñaba todas las noches atravesando la puerta era él, pidiéndole perdón junto con otra oportunidad mas. Reinvicaria sus errores, las inseguridades, las meteduras de pata… todo, todo con la finalidad de hacerlo feliz. Porque se lo merecia.
Entonces, cuando creía estar mas lejano a ese sueño, el ruso volvía parecer de la mano de su pequeña bebé, siendo la responsable predilecta de eso ocurrir. Agregando escuchar todas esas palabras tan anhelantes en su alma, pero ya era tarde, porque no puedes devolver el tiempo, menos tapar con un dedo las heridas hechas sin sanar. Podría que su corazón secretamente perdonara al peliplata, pero su mente se negaba a seder, dictaminandole darle una oportunidad al rubio, quien se merecia toda la atenciones del mundo.
Pero… ¡demonios! Colocarse de acuerdo es algo difícil, aun mas, cuando el pasado y futuro colisionan de forma estrepitosa.
— Porque te quiero, hago todo este desastre, porque sencillamente te quiero. — siguió hablando al ver como el japones no mencionaba palabra alguna — Podrán pasar otro cinco años mas, inclusive diez, pero seguiré sintiendo este mismo palpito en mi pecho por ti. Se… se que esto suena precipitado para ti, lo es mas en mi, pero necesitaba confesar todos mis sentimientos de una vez.
— ¿Como…? — trago duro saliva, sintiendo el nerviosismo de recorrer sus venas. — ¿Como puedes decir todas esas cosas sin un ápice de vergüenza en tu voz?
— Fácil — sonrio dando un paso hacia adelante, tomando el mentón del pelinegro y alzandolo hasta su dirección. — porque cuando realmente amas a alguien, la “vergüenza” no es mas que una tonta palabra innecesaria en el diccionario, la cual, colocarla en practica jamas ha pasado por tu cabeza.
Digamos que, para el grandioso “Viktor Nikiforov” eso nunca ocuparía espacio en su vida, la cual la ha vivido a su manera de ser. Despreocupada y desenfrenada. De lo contrario, nada de lo ocurrido en el pasado hubiese sucedido.
— Debería prohibirtelo, debería hacerlo y simplemente lanzarte lejos de mi. — confesaba con naturalidad, perdiéndose en el mar de la mirada del contrario. — Mas cuando me llamaste engañado con la excusa de hablar sobre Anna.
— Y no mentí, en verdad deseo hablar de ella. — menciono el muy cinico, soltando una risita y cerrando la brecha entre ambos, dándole pequeños besos en la mejilla, pomulos y cien.
— ¿Sobre…? — entrecerro sus ojos, sintiendo cada una de las caricias con sus labios en su rostro. — ¿sobre qué?
— Cuéntamelo todo de ella, de sus gustos, temores, sus disgustos y lo que le hace mas feliz. — dicho esto, restrego su piel contra la del contrario, quedándose tan cerca que escuchaba su respiración. — Cada pequeño dato concerniente a nuestra pequeña, me interesa conocerlo.
Injusto, eso era lo que es Viktor con él, un condenado injusto. Porque ha sabido darle justamente en su debilidad mas latente, Anna.
— Bien, en cuento a sus gustos, son bastante variados. Desde la musica clásica, escucharla e interpretarla, hasta observarte patinar. — al escuchar eso, Viktor abre los ojos sorprendido, tomando distancia del pelinegro y verificando la veracidad de eso. — ¿Qué? No me digas que jamas lo esperastes.
— No, es decir, si o mas bien… ¡no lo se! — rio entre alegre y conmocionado. — habías dicho antes que nuestra hija no heredó la pasión por el patinaje de sus padres.
— Así es, mas bien es de apreciar las cosas de lejos, de una comoda y adecuada silla. — rectifico el Katsuki ante la imagen de la peliplata. — Eso creo haberlo heredado de ti, la capacidad de analizar bien las personas, deducirlas y hacerle saber sus capacidades. ¿Sabes que en la escuela es conocida como buena líder? Es toda una proesa, aunque sea reservada en mucho aspectos.
— Cosa tuya. — certificó el ruso, riéndose.
— Si, tienes razón, eso es mio. — río apenado, pintando sus mejillas de carmín. — En cuanto a sus temores, no creo que tenga muchos, desde temprana edad ha demostrado mucha valentía. Aun viendo películas de terror, ha sido ella la valiente en protegerme, no lo contrario.
— Siempre has tenido debilidad ante lo de horror. — compuso con una sonrisa obvia.
— Eh… si… — concluyo cabisbajo.
Resultaba extraño todo este asunto, ambos conversando bajo el oscuro cielo de Ditroit, en la víspera de navidad y la nueva temporada del patinaje encima de ellos, viendo pasar la vida como si nada hubiese ocurrido. Cuando la realidad era otra, los daños existieron, las heridas sangraron y las palabras perforaron almas, sin tomar en cuenta de las promesas hechas mal infundadas. Podría haber sido su caso el no querer dañar al otro, aun así, jamas podrían haber parado el camino del destino en ellos. Aunque los días pasen, los atardeceres lleguen y los inviernos sean fríos, nada cambiaría en el libro de sus historias.
— Gracias — musito ante el nuevo silencio entre ambos Viktor, mirando con sinceridad al japones. — quizás en el pasado no tuve la oportunidad de decirlo pero, ya que estuviste a mi lado enseñandome muchas cosas, perdi la oportunidad de decirla. Gracias Yuuri, por todo, el darme una hija, criarla y protegerla inclusive de mi mismo.
— No… no debes decirme eso, Viktor. — pronuncio con dificultad, evitando escapar de la mirada azulada del contrario. — d… digo, ambos aprendimos mucho el uno del otro, y… bueno… tambien cometimos muchos errores. Yo, no debí de separarte de conocer Anna. Lo siento.
— Eso es cosa del pasado, Yuuri. — soltó una risa seca, sin una pizca de sentimiento. — Lo importante es ser parte de su vida, y ella de la mia. Ahora, realmente estoy feliz de ello.
— Pero… pero… debí llamarte, buscarte y hacerte saber la verdad. — insistió indignado ante el comportamiento del ruso, porque sea en el pasado o futuro, seguía mimandolo de una forma despreocupada. ¿Por qué no le reclamaba? ¿le regañaba? Solo una vez ha sido egoísta, y es sobre su empeño de hacerle saber sus sentimientos, de volverlo a conquistarlo. — no ocultarlo hasta volvernos a encontrar y admitirlo inremediablemente, solo… solo…
¡Pum! Escucho en su interior, llevándolo a dejar sus culpas y necesidad de sinserarse de lado, porque de pronto un escalofrío se apodero de todo su cuerpo, llevándolo a temblarle las piernas, amenazandole con perder el equilibrio en cualquier momento. ¡Y por lo mas sagrado! ¿desde cuando el aroma de Viktor era tan esquisito? Nunca pensó en tal cosa, menos en su temporada de entrenador, es decir, le parecía agradable y reconfortable pero jamas de otra índole.
Eso… eso quería decir que: su temporada de celo llego.
El omega durmiendo en el interior de Katsuki Yuuri habia decidido despertar de su letargo, estirar sus extremidades, hacer unos ejercicios giratorios de tronco y sonreido con galanteria, relamiendose los labios, mirando al alfa frente suyo con glotoneria. Provocando algo mas en su vientre, un tipo de dolorosa contracción, seguido de la capacidad de respirar con dificultad, como si estuviera corriendo una maratón a la ciudad.
« Demonios no, demonios no… ¡Maldición que no! »
Pero no podía evitarlo, aunque reprimiera con todas sus fuerzas sus instintos, su vientre seguida doliendo y sus partes mas bajas palpitando al son de su corazón. El cual, bombeaba sangre con ferocidad por todo su cuerpo, quien de a poco hervia parecida a agua en punto de ebullición.
« Y eso que aun no me toca, no quiero ni imaginarlo de hacerlo… seguramente parece un volcán. »
Era bueno poseer tu sentido del humor intacto en estas circunstancias, mas cuando estabas en escasos minutos de volverte un bestia en busca de un alfa, un animal primitivo para ser preciso. Aunque aguarden, si Viktor no reaccionaba a sus feromonas bailando en el aire, existía tiempo de huir hasta su departamento, encerrarse en su habitación y tomar su inhibidores aprovechando de disfrazar su olor a omega en celo, con cápsulas especiales en esos días.
Si… ese era un buen plan… excelente a no ser que: sus músculos no parecen responderle.
— ¿Hasta cuando vas a verte a ti mismo de esa forma? — musito cansado el ruso, obviando el dilema por el cual estaba pasando el omega. — Te lo he dicho muchas veces en el pasado Yuuri, eres la clase de persona grandiosa capaz de conseguir cualquier cosa en proponerte, no eres malo, menos egoísta, y de serlo, eres un ser humano cosa totalmente natural en ellos. Lo ocurrido, solamente fue cosa del pasado y no debes lamentarte por ello. Simplemente vive el presente.
— V… Viktor… — pronuncio con dificultad, bajando su cabeza, ocultando su fatiga por el celo. — yo… Viktor…
— Por lo tanto…
Callo de improvisto, quedando tan paralizado como la misma torre de pizza o el monumento a la libertad, ubicado en Nueva York. Porque número uno, un olor a azucena inundó con frenesí sus fosas nasales, incluso, mas intenso que el anterior a miel de maple, de hecho, ese se redujo a lo mas mínimo en comparación a este. Número dos, un gruñido proveniente de su interior, de aquel ser que considero desde tener memoria dormido había despertado mostrando sus colmillos, garras y hambre de sexo, pero no con cualquiera, sino de omega. Necesitaba de una tierna y linda oveja omega. Llevándolo al número tres, su alfa quería a Katsuki Yuuri sin nada mas, lo anhelaba a él.
« Maldición, ha entrado en celo. »
Desde que tenia memoria, Viktor estuvo presente en celos de omegas y ha tomado en cuenta el despertar de las hormonas, quienes existen para llamar a los alfas con la finalidad de aclamar el dolor de estos primeros. Además de sentirse plenos para procrear nueva vida. En uno que no estaba marcado el celo, significa la oportunidad idónea de encontrar a esa persona capaz de pasar su vida junto a sus cachorros y el, aunque claro, eso ha diferido durante el avanzar del tiempo, cosa en conocerlo muy bien el peliplateado. Porque, al pesar de pasar muchos celos con algunos omegas, jamas se ha sentido tan abrumado como lo esta ahora, parecía que esa fragancia de flores haya nacido justamente para cantarle a él. Seducirle y encantarlo.
Viktor no es de quienes se pierde.
Mas bien… es de razonar.
Aunque ahora, no tiene tiempo de eso.
— V… Viktor, duele… duele… demaciado… — alza un poco su rostro, mostrando una expresión jamas conocida por él llevarle a perder la compustara, o lo que le quedaba de ella. — has algo… por… por favor… frena el dolor…
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Ese tono de voz de ruego debería considerarse un delito, es mas, llevarlo a pena máxima porque las consecuencias de ello la estaba llevando en estos momentos su entrepierna. La cual, reaccionando ante los llamados del omega, decidió arbitriariamente alzarse en su contra.
— Yuuri, necesito que te calmes. — le pidió, mas bien, le exigió amarrando internamente a su alfa y autoimponiendose el control. — se que es doloroso, pero recuerda quien soy. No puedes hablarme con ese tono de voz.
— ¿Acaso…? — lo miro con ese tipo de ojos llorosos, casi suplicantes. Llevando al alfa tragar saliva duro. — ¿no te parezco atractivo? ¿no quieres estar conmigo?
Mierda, ojala ese fuese el jodido dilema, ser el Katsuki una criatura traída directamente del haberno, pero no, es totalmente lo contrario y ese le coloca en mas aprietos. Porque aunque desee mas que a nada fundirse en el pelinegro, volver a nadar en las profundidades de sus caderas, no puede ceder ante él por un simple celo, de serlo solamente estaría hablando sus deseos carnales y no sus sentimientos.
Por primera vez en la vida, Viktor Nikiforov odiaba su suerte, porque ignorar el llamado de un omega es todo un desafío, mas cuando te encuentras enamorado de este.
— El problema jamas sera ese Yuuri, creeme. — logro hablar, sintiendo los extragos en todo su cuerpo por el olor. — Eres atractivo igual o incluso, mas que antes.
— Entonces… — jadeo involuntariamente, sosteniendo su vientre con sus manos. — ¿cual es el verdadero problema?
« Santo dios, se que no soy nada creyente pero si existes, detenlo… por favor. »
Viktor sabia perfectamente encontrarse en un aprieto, dejando de lado el problema de sus pantalones, el aroma a azucenas quema y descontrola cada parte de su ser, haciéndolo vibrar en un solo tono. ¡Ni siquiera podía respirar con tranquilidad! De intentarlo, las feromonas le abofeterian la cara, exigiendole su entera atención. Honestamente, las escasas fuerzas del ruso se venían a bajo con eso último, la voz de la seducción. Apreto sus puños con resistencia, mentalizandose una, otra, otra y otra vez no avalansarce sobre el omega, este se encuentra fuera de sus sentidos normales. De ser lo contrario, ni se atrevería a insinuarsele de forma descarada porque solo mirenlo, estamos hablando de Yuuri.
— Solo… solo no tientes a tu suerte Yuuri. — gruño con exaltación el peliplata.
— Por… por favor, Viktor. — se acerco con sigileza al otro, colocando sus manos en el pecho del otro y mirandolo igual a un cachorro. — ya no lo soporto… duele… duele demaciado.
La respiración del ruso se aceleró al sentir el toque del pelinegro en el, mas cuando visualizo el doblar de las piernas tratando de controlar algo o alguien, luego venia ese tono ignotico de voz, de ruego y clemencia. Aunque en su interior le dijese estar escuchando el omega interior del japones, otra le demandaba poseerlo y marcarlo de una vez por todas, dejar que sus instintos se salieran a tomar el control de él. Aunque en verdad deseara salir corriendo lejos de allí, o mas bien, sacar al omega de las garras de posibles depredadores, sus músculos agarrotados dictaminaba otra cosa.
Entonces, temblando igual a una hoja de papel, coloco una de ha manos en el pomulo sonrojado de Yuuri sintiéndose hirviendo, tanto que cada particula se colocaba en su piel llevándola a la máxima exponencia. Sus ojos se encrisparon, adquiriendo un tono mas oscuro a la usual, seguidamente el olfato incremento aun mas, percibiendo combinarse el olor a azucenas con canela y vainilla, recreando la mejores de la fragancias cantadas únicamente para él. En general, sus sentidos se perdieron en las ganas de este dulce omega, convirtiéndose en lo que mas temía hasta hora.
La bestia cegada de lujuria.
Dibujando una sonrisa ladina en sus labios, miro ahora a su presa con ganas de deborarlo, esa expresión inocentona le levantaba la virilidad a niveles inesperados, haciéndolo calentar mas que la calefacción en pleno invierno, es como si le pidiera poseerlo sin contemplaciones y esa piel. ¡Oh esa cremosa piel! Ardiente, suave y tan apetecible, seguramente si la lamia sabría a canela o las mismas fresas. Podría sonar un poco apresurado, pero desde esa noche, ha querido volver a probar cada centímetro de este esquisito cuerpo que ya ha profanado, claro, antes no tenia idea de su verdadera naturaleza. Pero hoy, justamente hoy, todo cambiara.
— Pobrecito… — comento con voz ronca, no ocultando su excitación. Acercando mas el rostro con el omega, provocandolo con su aliento y haciéndolo temblar. — debe de dolerte mucho, ¿cierto? Yo voy a liberarte, ya lo veraz.
— Si… por favor… por favor… — rogaba entre un gemido y jadeo. — Viktor…
— En todo este tiempo, ¿Yurio no te marco o estuvo contigo en tus celos? — gruño exigiendo la verdad, aunque los ojos cristalinos del pelinegro le contestaron. — Oh… que perdida de tiempo, mira dejarte sufrir de esta manera. Es un crimen sin dudas.
— Viktor… — jadeo desesperado, teniendo insuficiente ese poco contacto.
— Tranquilo cerdito, no seas impaciente. — le pidió, sujetando sus caderas y juntandolas en un rose bastante atrevido para encontrarse en público. — ¿lo sientes? Esto no va a bajarse por nada el mundo, por lo tanto, calmate un poco.
Pero no podía, en verdad no podía hacerlo, incluso ahora cuando se comportaba como un total desvergonzado en uno de los parques mas famosos de Ditroit, sentía necesitar mas de ese rose torturoso del alfa que lo sostenía. Parecía querer derretirse entre sus brazos, ese embriagante olor emanando de él, su calidez contra su piel y la forma de hablarle, le nublaba todos los sentidos donde quería convertirse en la comida de Viktor. Lo que no terminaba de entender, era la reacción de su cuerpo ante la presencia de este hombre, es decir, no es la primera vez en tener la presencia de un alfa cuando este en celo, en realidad, escuchar los gruñidos de uno le daban escalofríos y ganas de salir corriendo despavorido. Ahora veanlo, capaz de ser devorado en bandeja de plata.
Escurriendose como si fuese agua en las manos de una persona, Yuuri siente la lengua humeda del ruso sobre su cuello provandolo, deborandolo parecido a una dulce paleta de chocolate llevándolo nada mas a cerrar los ojos y sentir. De no ser por las manos insistentes del peliplata en su cintura, desde hace mucho ya hubiese parado al suelo, cosa que ni le importa, porque estando allí seria incluso hasta mas cómodo.
El pelinegro gime el nombre del alfa con veneración, apretando sus puños en los hombros fuertes de él, pidiéndole no parar y seguir con sus antenciones. Este escuchando su pedido, asciende su lengua como si fuese una araña por el cuello, dejando el restro de su saliva y ubicándose finalmente en el mentón. Allí lo mordió, lamió y desgusto con gula, estaba totalmente perdido en ese dulce sabor nunca pensó antes en probar algo igual, era miel o quizás frutas citricas, fuese lo que fuese, lo tenia atrapado en sus redes. Buscando donde apoyarse mas, alzo las caderas del omega obligandolo a entrelazar sus piernas en él, y visualizando no muy lejos de ellos los baños del parque ya cerrados, pero solitarios y con poca iluminación.
Luego de eso… todo se descontrolo.
Su espalda fue estampada sin ninguna delicadeza contra esa pared fría, quien se convirtió en la cómplice de esos dos amantes que solo querían demostrar su ancias el uno del otro, la opaca luz del sitio le brindaba mas clandestinidad al asunto. A esas alturas nada le importaba, que fuese brusco, que lo dañara o rasguñaba, nada, solo quería sentir cada vez mas su cuerpo golpeando el suyo. Su boca, demandante y feroz, se movía con pronunciación contra la suya dictaminando una clase de sinfonía que solo cantaba para los dos, porque cuando emitía ese sonido húmedo de sus roses, sus odios catalogan eso como musica. Luego siente las manos del alfa en su cintura, caderas y espalda, plagando con su estela nada mas que fuego, calor y un humo sofocante capaz de ahogarlo haciéndolo gemir. Porque lo hace, necesitado, fogoso y con ganas de mas, de mas besos, mas caricias, mas, mas…
Seria mentira para Viktor decir el nunca haber soñado con esto, encontrar al japones entre sus brazos gimiendo su nombre, rogandole por llenarlo de besos, caricias y roses. No de los inocentes, que solo se necesita de tomarse de las manos para sentirte vivo, no, es del otro el capaz de descontrolar la bestia dormida en su interior. Cuando sus lenguas se entresalan, el sonido de sus respiraciones se vuelve jadeante, errante y combinado con ese humudo “crich”, le invita a arrimarse mas contra él demostrandole su virilidad viva. Esta lo desea, lo quiere arremeter en su contra y a la vez, aprovechar para marcar esa zona particular de su cuello.
Podría estar haciendo frío, pero la temperatura de sus cuerpos en la sufiente para calentarlos, mas cuando uno de los dos rompe el beso solo para emitir un sonido mágico, casi celestial. El ojiazul a decidido jugar con su pezones y el solo tener esos dedos ardientes en esa zona, le provoca gritar solamente en respuesta. Su cuerpo sigue doliendo, es cierto, pero amortiguar el tener a un alfa frente a él, complaciendolo.
Si hubiese sabido desde hace mucho tiempo que estar con Viktor en su época de celo se sentiría tan bien, tal vez la historia seria otra, pues los secretos entre los dos jamas pasarían. Sus sentidos se encuentran tan nublados por el deseo, que ni se da cuenta de los botones de su chaqueta ser liberados, menos de Viktor despojarle de su camiseta y lamer con toda libertad ese pecho. Ya no quiere tocar por debajo de esta, la experiencia es mejor en vivo y directo. El frío propio del casi invierno no es problema, el propio Yuuri es un calentador humano que derrite cualquier hielo, pues su lujuria es infinita, mas tratándose del Nikiforov. Aunque enfoque sus ojos caoba en el cielo oscuro, en mente se encuentra otra imagen, la cual se trata de un azul manglar predilecto del alfa en sus brazos.
Los dientes de Viktor perforan la piel del japones, quien solo gimotea su nombre sin descanso, pasando sus brazos detrás del cuello y escondiendo su rostro en el hombro. Siente la tensión entre ambos es tan intensa que no puede mas, en verdad lo quiere tener en otra parte, en una donde esta totalmente humeda y grita con benevolencia su atención. La lengua ya no es suficiente, menos sus manos, no, es el momento de algo mas caliente y palpitante.
— Vi… Viktor… te necesito… — logra decir entre un sollozo y jadeo, moviendo circularmente sus caderas, produciendo un gruñido en el alfa — dentro… te necesito dentro.
Oh. Demonios. Oh. Demonios. Piensa el peliplata dejando su trabajo en el pecho de este y encarandolo, tiene esa mirada llena de lujuria, deseo y pasión, capaz de lograr hasta la mayor se las complicaciones, solo para satifacerse si mismo. Durante toda su vida ha vivido con la definición de un alfa obtiene el omega que sea, pero no puede ser nada mas lejano a la realidad, son ellos quienes escogen la pareja para sentirse a gusto. Justo como ahora, donde Yuuri al pesar de todos los errores cometidos entre ambos, le ha dado la vista buena para ser su alfa.
Si Viktor no aprovecha dicha oportunidad para enlacarse con él es un idiota, mejor dicho, un completo cabeza de alcornoque. Porque si bien los omegas en el celo se encuentran vulnerables y débiles, son iguales a los borrachos, sinceros y entregados para cuando encuentran su pareja destinada. Riéndose de su propio descubrimiento, busca la boca del omega, entrelazando sus dedos en los cabellos azabaches con una mano y con la otra, desciende peligrosamente hasta el trasero de este acariciandolo con lentitud. No esperaba una respuesta apresurada, salvo un rechazo tal vez, en lugar de eso, encuentra su mano siendo guiada hacia esa zona especifica con signos de atención urgente.
« Los omegas son tal lasivos en sus días, desearía tener a Yuuri siempre tan entregado a mi. Al menos, es mas sincero. »
Tomando el labio del peliplata y halandolo un poco, mueve mas su mano a su entrada que se encuentra humeda, producto de su celo descontrolado y a punto de erupción. De no encontrarse Viktor aquí, en verdad estaría en problemas, pero al menos es alguien conocido en lugar de lo contrario.
— Estas tan húmedo. — ronronea en entre sus bocas el peliplata, tanteando con índice abrirse paso entre los gluteos del otro, quien en respuesta solo gime. — dime, ¿desde hace mucho nadie a estado aquí? ¿ni siquiera Yurio? Solo… ¿solo he sido yo?
Es tan vergonzoso admitir que en toda su vida ha estado con una sola persona, la misma quien se atrevió a permitirle convertirse en mamá. Pues bien, Katsuki Yuuri ha sido omega de un solo alfa, punto y final.
Debido a ello, gimoteando y sollozando logro responderle a Vitkor.
— Si… solo… solo tu…
Acto seguido, un interruptor en Viktor se apagó, haciéndolo frenar todos sus movimientos hasta hora. No podía hacer esto, no podía hacerse esto, menos aprovecharse de la situación de Yuuri por su celo, se sentía estúpido y completo desvergonzado de sus actos a la par de pensamientos. Sobre todo, un completo tonto al siquiera imaginar al ojos caoba con otro que no fuese él, porque durante su estancia juntos de entrenador/pupilo hizo mas a demostrarle su afecto y cariño. Es cierto, quizás las circunstancias lo modificaron en un omega de hierro, mas a aferrarse al primero en demostrarle cariño, siendo un claro ejemplo Yurio, pero nunca se le permitió pasar uno de sus celo con él. ¿Acaso eso no era una señal? ¿la prueba predilecta e idónea para dejar de desconfiar? Lo es, demonios que lo es, y darse cuenta en estas circunstancias lo llevan a alguien mas bajo a lo patético.
Viktor Nikiforov puede sentir celos. Celos de un veintiañero.
¡Un aplauso por eso!
Sintiendo una ráfaga con sabor a verdad, aleja sus manos del japones y busca la manera de colocarle la ropa para llevarlo a casa, debe aprovechar la oportunidad de su cordura compuesta antes de volverla a perder. Las hormonas de un omega enamorado es mas potente a cualquier cosa, incluso un calmante para elefantes.
— ¿Viktor? — lo llama desconcertado, sin comprender porque lo ha dejado de tocar. — no… no puedes dejarme asi… te… te lo prohíbo. Ca… calma mi dolor.
— Cuando lleguemos a casa y estes mejor, me lo agradeceras. — rio adolorido el mayor, buscando centrar su mente en otra cosa menos en sus pantalones.
Ni pensar que antes se vio a su mismo como una persona con poco aguante, pero ahora teniendo a medio vestir a Yuuri jadeante, sudoroso y anhelado su tacto. Le obligo a si mismo a cambiar su perspectiva de mirarse, porque no cualquier alfa logra tal hazaña, ante el menor llamado de las hormonas de un omega caen como moscas. Su abstinencia es parecido a colocar un trozo de carne en la jaula de un león, esperando en que este último no lo emguña de un solo bocado, cosa imposible, pues es la necesidad de los carnívoros alimentarse con su dieta necesaria.
Bueno, imaginen a Viktor como el león feroz y Yuuri de trozo de carne, por ende, este primero es valiente en no sucumbir a sus instintos primitivos.
« De premio no pido nada mas a un baño de agua fria, seria gratificante. »
Con eso en mente, Viktor termina de vestir al Katsuki llevándolo inmediatamente en brazos en busca de un taxi, aunque no es muy tarde, una intuición le dice tardarse en su odisea. Esta sera una larga hora.
Por otro lado, Anna se encontraba mirando impaciente al reloj ubicado en la entrada de su departamento, hacia mas de una hora desde ver a su mamá marcharse para encontrarse con Viktor, si bien era una agradable noticia le preocupaba un tanto la tardanza. No es como si estuviese sola, Phichit el mejor amigo de Yuuri vino de visita con la finalidad de quedarse a acompañarla, ella lo entendía perfectamente las razones de encontrarse aquí. El celo de su madre apareció. Una de las tantas cosas para mantener a Yurio lejos de él, era un alfa joven, de los que no puede frenar sus instintos salvajes.
Anna seria una niña, pero no tonta.
Al haber nacido igualmente con esa naturaleza, sabia que algún día debía de buscar controlar sus instintos animales, primitivos para ser exactos, donde de toparse con un omega en sus días fértiles sería un total problema. En eso Anna se preguntaba, ¿como haría Viktor para privarse? Es decir, estuvo dispuesto a encontrarse con su mamá en ese estado, sin dudas, era todo un personaje digno de admirar.
Entonces, volvió a mirar el reloj, no sabia que cosa podía estar reteniendo a su mamá, se suponía el hablar rápido con Viktor y volver para tomarse sus inhibidores, encerrarse en su habitación hasta dentro de cinco días. Lastimosamente, Anna jamas podría entender lo doloroso de este ciclo, solo acompañar a su madre en el silencio y vindrarle su apoyo. Al menos, no se sentiría tan inutil. Aunque fuese solo una niña, sabia que existía otra alternativa menos doloroso y es estar con un alfa, eso si, ni idea de saber en cual sentido y menos en desear saberlo. Otra cosa de estar bien segura, es que dicho alfa jamas sera Yurio.
La pequeña sin dudas amaba mucho a su mamá, lo respetaba y admiraba, pero dejar ir la oportunidad de volver con Viktor luego de encontrarse era inaudito. Es decir, ¡tenia fotos de él guardadas en una caja! Y podría haber cambiado de lugar, pero sabia el seguir existiendo. ¿Por qué perder el tiempo con Yurio? ¿por qué permitir el seguir a su lado? No, no, no. ¡Anna ya no deseaba mas de eso! Había llegado el momento de exigir la unión de su familia, de volver realidad cada uno de sus dibujos realizados en la escuela, sobre todo, de encontrar al salir de esta misma a sus padres juntos sonriendo.
Como de costumbre, a su mamá debía de darles un empujoncito.
El sonido de la puerta abriéndose le hizo despertar de su letargo, dibujando una sonrisa en su rostro risueño se levanto del asiento, corriendo casi al encuentro de su madre. Pero inesperadamente, se topo con una imagen totalmente sorprendente.
— ¡Yuuri! ¡Viktor! ¿qué les ocurrió? — se les adelanto Phichit, ayudando a sostener al omega.
Ya lo vio venir, el celo era tan fuerte que pudo con las capacidades motoras de su madre, llevándolo a ser igual a una muñeca manipulable. Suerte que el moreno era un beta, de lo contrario, el olor dulzon emanando en el aire haría estragos en su ser.
— Phichit… que sorpresa, me alegra verte otra vez. — logró pronciar el peliplata — realmente… no sabes cuanto me alegro. Pero por favor, llevate a Yuuri lejos de mi alcance. Su olor, su bendito olor… me esta volviendo loco.
— ¡Oh! En seguida, en seguida. — comprendio de inmediato apartandose del alfa y desapareciendo pasillos lejos.
Luego de eso, Viktor se dejo caer al suelo cansado, si, muy cansado de luchar con algo mucho mas poderoso que él mismo. Gruño en respuesta de su dolor en la entrepierna, clavando las uñas en el suelo frustrado de tener al omega de sus sueños a escasos metros y no pudiendo hacer nada, porque lo esta llamado ¡maldición que lo hace! Pero su lado caballeroso le dictamina aplacarse, encerrarse y no aprovecharse de Yuuri.
— Viktor — una vocesilla lo llama, obligandolo a alzar el rostro encontrándose con unos ojos parecidos a los suyos. — estas asustandola a Anna, ¿te duele algo?
« El alma » piensa el peliplata en respuesta a su hija, pero no lo dice, en su lugar, gira su cabeza sonriendole dulcemente, colocado una mano en los cabellos plata de ella y acariciandolos. Buscando tranquilizarla.
— Estoy bien, solo un poco cansado.
Los pasos del tailandés los hace girar en dirección al pasillo, donde eventualmente aparece el nombrado con un rostro lleno de agotamiento, pero una manera sorprendente no abandona una sonrisa tonta en los labios.
— Anna, tu mamá te esta llamando. — señala el moreno hacia atrás, llevando a la niña levantarse del suelo rápidamente. — Se encuentra mejor ya tomo sus inhibidores, pero antes de encerrarse… quiere decirte algo.
— Voy — anuncia comenzando a correr hacia el pasillo, pero antes se da la vuelta mirando a su padre. — No me tardo Viktor, por eso esperame.
— Aquí estare.
Acto seguido, la niña desaparece de la vista de los dos. Observando ese detalle, el peliplata se deja caer al suelo una vez mas sintiendo el palpito en su entrepierna torturalo, el aroma a omega va a desapareciendo gradualmente, dejándole con un vacío raro en el pecho pero no aquella excitación en su cuerpo.
Demonios.
Demonios.
Demonios.
Quiere salir corriendo lejos de allí, mas cuando recuerda haberse encerrado en un elevador con Yuuri escasos minutos, donde esa fragancia se concentro en el pequeño sitio, enviandolo a empujarse contra el pelinegro como si fuese un animal. Vaya broma, él aguantando hundirse en la piel del otro, liberar su dolor y el del contrario, encontrándose asi la manera mas perfecta de la completamentar. Sin dudas, la forma de moverse contra él de Yuuri era un delito, su voz, sus manos, su boca… todo, todo revolviendose entre sí para explotarlo en millones de partículas en el aire. Ya no deseba pensar, menos razonar, no, su único objetivo lo llevaba a incarse en la piel del contrario y dejar su marca.
Cosa que estuvo a punto de hacerlo, pero no ocurrió por el bendito sonido del elevador anunciando la llegada al piso, siendo así la salvación del omega y su completa condena. En realidad, igualmente le convenía permanecer en su jaula de contención, de lo contrario, se ganaría el odio del Katsuki al volver a la normalidad.
Excelente, excelente por el Nikiforov. Demostró tener agallas.
— Viktor, ¿no quieres algo en particular? — preguntó Phichit colocándose a su altura y mirandolo inseguro. — realmente luces mal, peor o igual a Yuuri.
— Si, quiero un balde de agua fría encima. — menciono dándole la cara y sonriendo cansado — mejor si tiene hielo.
— ¿Por qué…? — no comprendia al comienzo las palabras del hombre, pero sumando dos mas dos, entendió el dilema que acojonaba al ruso. — ya veo, estas con… bueno, ¿qué tal una ducha? Es mucho mejor al balde de agua con hielo, sobre todo eficiente.
— Te tomo la palabra, me daré una ducha. — se levanto con dificultad del suelo, buscando esconder su virilidad emocionada. — ¿donde…?
— Primera puerta a la derecha. — se adelanto a las palabras, sonriendo amable — y por Anna ni te preocupes, ya le dire donde estas.
— Gracias, Phichit. — menciona apresurado, corriendo hacia la puerta.
El moreno logra comprender, que al final de todo, siempre ha sido mucho mas fácil de tratar con Vitkor en lugar de Yurio. Podría haber crecido, parecer delante de su amigo como un total hombre capaz de ser responsable de sus actos, aun así, frente suyo, seguirá siendo el mismo molesto rubio malcriado. Y aunque la idea de volver al inicio de ver la historia de ese par la encuentra desagradable, es mil veces preferible a una nueva con el rubio.
— ¿Eh? — hace nuevamente su aparición la pequeña alfa, mirando hacia los lados. — ¿donde esta Viktor?
— Tomando una ducha — le informo de inmediato, evitando un desastre. — espero y no te importe.
— No, Viktor puede estar todo lo que quiera en el departamento de mamá y Anna. — anuncia la niña muy tranquila, caminando hasta el centro de la sala donde se encuentra una mesa. — Con tal, tarde o temprano él volverá a ser parte de esta familia.
El moreno se quedo en silencio impresionado ante las palabras de la niña, jamas la imagino de parte del peliplata, aunque francamente jamas le agrado el hecho de ver a Yuri cortegear a su mamá, quizás a aguardo desde siempre encontrarse con su papá y al fin ser una familia autentica.
Anna no es de palabras, en su lugar, se centra en las acciones tal cual a sus padres.
Soltando una risita contenida, deja a un lado sus sentimientos hacia Yuuri y se centra en los de la niña, la princesa de los patinadores mas famosos en su categoría. Su deber no es precisamente lograr sus caprichos, mas bien, esta en lograr ver el sueño de la peliplata realidad. Cosa que no le desagrada en lo mas mínimo, lo contrario, pinta de las mil maravillas.
Viktor por fin a calmado el fuego de su cuerpo al darse ese baño, el agua fría resulta ser un catalizador mas extraordinario en todos los tiempos, haciendolo parecer un jodido idiota al centrarse en satisfacer sus necesidades como alfa. Aunque lo mas bueno de todo, las feromonas en el aire han sido totalmente disfrazadas por cápsulas de Yuuri, sin dejar de mencionar, lo controlado que se encontraba esté último y en totalmente sellado en su habitación.
« Un Katsuki Yuuri en celo libre, es mucho mas peligroso que un Katsuki Yuuri en estado de ebriedad. »
Aunque ambos sean totalmente adorables, son el detonante peligroso para producir en el ruso los peores pensamientos lujuriosos, donde la poca luz y ropa en el cuerpo son necesarios. El ojiazul suelta un suspiro profundo, es increíble que luego de tomar esa ducha de agua casi helando en vísperas del invierno, todavía posea las energías necesarias de imaginar escenas de Yuuri con escasa ropa.
« Francamente… ¿por qué eres así? » se cuestiona, pasando por su cabello una mano y despeinandolo, esperando al menos contrarlarse por completo. Ha entendido una cosa muy bien, porque podría haber desaparecido el rastro de omega en celo del aire, pero la verdadera cara de Vitkor Nikiforov es y sera la de una bestia. Para él, no basta con poseer sus primeras veces, ser el padre de su hija o el objeto de descontrolar sus hormonas, porque se encontrara satisfecho hasta marcarlo y anunciarle al mundo ser suyo. Eso obviamente, incluye a Yurio.
Viktor no es ningún tonto, sabe perfectamente que antes de ir a verlo a él, se encontró con el rubio y estuvieron conversando. Bueno, en su perspectiva mas a eso, pues en el abrigo del pelinegro venia impregnado el aroma del veinteañero, cosa que hizo gruñir a su alfa interno. Sin embargo, enterarse de ser el único en poseer ese cuerpo lo devolvió a la vida, parecido a estar sumido en un letargo profundo y encontrado al motor indicado, decidió abrir los ojos para seguir viviendo.
« Digamos que, poseo muchos comodines a mi disposición. »
En perspectiva de los demás podría ser el villano, en realidad, ni le interesa, porque cuando amas realmente con el corazón los atajos de tomar para conseguir el amor, son inrelevantes. Mas, teniendo en cuenta mantener de su lado a Anna, su hija. A estas alturas de la vida, seria considerado un total idiota por jugar de esa manera para su beneficio, pero en la guerra y en el amor todo se vale. Además, de que puede permanecer mas tiempo con ella, mata dos pájaros de un solo tiro.
« Sigue siendo bajo de todos modos. »
Es verdad, pero nada le ha reprochado no hacerlo, salvo la voz de su conciencia, claro.
Decide salir de una vez por todas del baño, vistiendo nada mas que una bata blanca que se encontraba allí, por el olor parece ser de Yurio y le molesta un poco, pero seguidamente recuerda de haberse quedado desde tiempos inmemorables sin nada de nada, baja su malestar. Va secando su cabello platinado en el pasillo, pensando que sera lo siguiente a seguir, hasta llegarle las voces conocidas de su hija y el mejor amigo de Yuuri.
— ¡Ya te lo dije Phichit! — exclama la chiquilla un poco alterada, señalando una targeta en sus manos. — Debes ir a la cárcel si o si, de lo contrario… ¡perderas automáticamente!
— Pero acabó de salir de allí. — se defendió el tailandés, haciendo un medio puchero a la niña. — ¡no es ni remotamente justo volver!
— Anna lo lamenta mucho, pero así es el juego. — cruza los brazos alzando un poco su mentón, pero viéndolo parado meditando sobre el panorama, borra su expresión seria y corre inmediatamente a sus brazos, extendiendo los suyos propios. — ¡Viktor! ¡Viktor! ¡Ven a jugar con Anna!
El aludido alza a la pequeña risueña entre sus brazos sonriendole con la misma energía que ella posee, el conocer pertenecerle un pedazito de este hermoso ser de el mismo, le hace experimentar una dulzura mas allá a su amor a Yuuri. Porque eso es lo que representa Anna, el fruto de ese cariño mutuo nacido en ambos seres destinados a estar juntos, por eso no se puede rendir, es mas, se niega hacerlo.
— ¿Qué estas jugando? Porque pareces estar torturando a Phichit, en lugar de juntos estar divirtiendose. — musito divertido, mirando al pobre moreno un tanto refunfuñado.
— Phichit es un mal perdedor, no sabe admitír haberlo hecho frente a Anna. — se defendió la niña con naturalidad, tanto que le recordó a si mismo en su época lejos de su Yuuri. — ¡Pero no te preocupes! El monopolio es sumamente divertido, mas si lo juegas en grupo.
Menudo juego de mesa escogido por su pequeña, muy bien se ha enterado que este ha logrado sumas discordias en las familias, incluso separaciones de esposos. Lo sentía mucho, pero él no tenia ganas de tener la primera discusión con su hija, menos por culpa de un juego polémico. Aunque sus planes se encontraban lejos de irse a esa fria habitación de hotel, necesitaba buscar un papel neutral y firme para no entrar en disputa.
— Wow, suena maravilloso. — exclamó el ruso fingiendo interes, caminando hacia la mesa y depositando su hija en el suelo. — ¿qué tal y hago el papel del banco? No creo haber problema en hacerlo.
— ¿Banco? — parpadeo varias veces sin entenderlo, incluso el mismo Phichit lo hacia. — Anna, jamas pensó tal cosa para Viktor.
— Aunque no lo creas, soy bastante bueno con las finanzas. — argumento, emanando mucho confianza. Induciendo la inseguridad en el tailandés, porque en la vida creería tal cosa. — Todo el dinero que poseo, se encuentra muy bien administrado.
Como si Viktor Nikiforov no nadara en plata, es decir, todos esos anuncios con marcas reconocidas de perfumes, lentes, ropa, zapatos y demás cosas, eligieron como imagen al famoso campeón reconocido del patinaje artístico. Sin dudas, el papá de Anna no es un hombre nada ordinario, mas bien, hasta encontrándose en la oscuridad destacaba con luz propia. Pero eso no viene al caso, porque el peliplata es sumamente derrochador, en cierta forma le sorprende no haber llenado de regalos a su primogénita, seguramente Yuuri le ha frenado de hacerlo. Su amigo es mas de pensar con cabeza fría, no actuar de manera despreocupada en estos asuntos.
— ¡Esta bien! — acepto finalmente, sonriendo abiertamente. — Viktor se encargara del banco, el juez de nuestra contienda. Phichit.
El moreno temblo considerable ante la decisión de la niña, sabia que tendría el juego a su favor, pues su padre sería el banco y estaría de parte de ella. Mientras el peliplata tomaba asiento frente a ellos, el moreno dio un largo suspiro, este sería la contienda mas larga de su vida.
La primera en lanzar los dados fue la pequeña, avanzando cuatro pasos de donde se encontraba, quedando en una casilla de una propiedad sin dueño, antes de preguntarle si pagaria el alquiler al banco o la adquiriría, saco su tarjeta dorada extendiendosela a Viktor con ninguna expresión particular. Si, poseia una sangre muy fria en el momentos de realizar acciones, cosa que le dio algo de escalofríos al Chulanot, reintegrandose el poseer genes rusos recorriendole las venas. Porque eso no tenia nada que ver con su amigo Yuuri.
Con una gran sonrisa en los labios, Viktor sostuvo la tarjeta de mentira de la niña pasandola por el artefacto igual de juguete, pensando en la temporada de su niñez jugando esto con dinero falso, en el ahora, la tecnología hacia nuevamente de las suyas. Aun mas, la disposición de Yuuri en complacer a la pequeña de poseer tal juego, dándole a tender ser realmente una niña única. Finalmente culmino la transacción, entregándole el títulos de propiedad. Seguidamente le dio una mirada rápida al tailandés, dándole a entender que no perdería por nasa sono el mundo.
Y vaya… en prenderse la contienda.
Obviamente Phichit era competitivo, no dio su brazo a torcer, comprando igualmente propiedades y colocando casas en inclusive hoteles. Dándole mas valor a el alquiler cuando pasaba por allí la pequeña, quien tomando represarias, se valía de las targetas de comodines. Viktor recordó los datos obtenidos de Yuuri y si mismo durante estos días, Anna no es alguien de mostrar sus emociones, salvo con las personas conocidas y si mismo al sentir el llamado de la sangre por ser su padre, por eso mismo, no le sorprende ver una mueca de prepotencia en su rostro cuando le pide una suma cuantiosa a el moreno por caer en su propiedad. Seguramente, Phichit es de suma importancia, sigue siendo el mejor amigo de su madre y la persona capaz guardar un secreto de tal magnitud. En cierto grado le daba celos, mínimos, no lo suficientes como para enojarse mucho. Sin embargo, el verdadero problema aquí seguiría siendo aquel rubio y no el moreno.
— ¡No tomes por el pelo a Anna! — el reclamo de la niña le hizo volver a la realidad, al percibir que fruncia el ceño levemente. ¿De que se había perdido? — Has contado mal, debías haber caído en la propiedad de Anna… ¡No en la tuya!
« Alli vamos otra vez… » penso el peliplata, adornando su cara con una expresión incredula. Quizás si Yuuri estuviese aquí, podría manejar las cosas de otra manera.
— Anna, ya he contado bien…
— ¡Que no! — retifico la pequeña, alzando una de sus cejas e imponiendo su opinión. — Anna lo ha visto bien, has contado mal.
Menudo dolor de cabeza, por eso mismo Viktor escogió un papel tan fácil como el del banco, porque se evitaba discusiones de esta índole. Compadecia enteramente a Phichit, pero debió de escoger otro tipo de juego, no lo sabia, un rompecabezas, legos, cartas… no, ese último no, hubiese sido mucho peor. Aunque, lo que en realidad le sorprendía era conocer esos dotes de su hija, al pesar de tener solo cinco años parecía bien los secretos del monopolio, como si fuese la palma de su mano.
— ¡Puedes preguntarle a tu padre! — seguía la discusión, en esta ocasión, involucrandolo directamente a él. — Luego de todo, estuvo viendo este tiempo transcurrido.
— ¡Bien! — estuvo de acuerdo rápidamente la niña, dándole la vuelta y mirandolo directamente con ojos decididos. — Viktor, ¿puedes darle la razón a Anna? Y asi callar de una vez a Phichit.
Oh, mierda.
El peliplata estuvo tan absorto en sus pensamientos que no presto atención al juego, dejándolos a ellos encargarse de todo lo demás, el solo se encargaría de recaudar dinero y administrarlo. Cosa difícil, viniendo de su parte, al conocerlo como es. En fin, no podía colocar cara despreocupada y admirtir a la pequeña su descuido, menos en estas circusntacias, de estar apenas conociéndose. Tenía que implementar otra salida triunfal a esta penuria.
Estirando su labios en su singular sonrisa con forma de corazón, alzo su dedo índice haciendoce el total inocente, al menos, en el pasado le funcionaba perfectamente con Yuuri.
— ¿Y si tomamos un descanso? — sugirió asombrando a los otros, por el repentino cambio de planes. — Podríamos comer un aparitivo nocturno.
¿Acaso el gran Viktor Nikiforov sabia cocina? Para nadie es un secreto el haber estado soltero por mucho tiempo, inclusive cuando tuvo parejas, jamas le permitió entrar de lleno a su vida, simplemente fue superficial. Entonces, ¿de donde sacaba esa seguridad de pararse e ir directamente hacia la cocina de una casa ajena? Quien sabe, después de todo, el ruso seguirá siendo un misterio para las personas.
— ¿Viktor? — lo llamo la pequeña, mirandolo inseguro, logrando dar con los utencilios de la cocina. — ¿que vas a cocinar?
— ¿Te gusta el chocolate caliente? — respondió con otra pregunta, provocando en el moreno soltar un bufido descuidado. ¿En verdad? ¿chocolate caliente? ¡Sera imposible! — Cuando esta haciendo un clima tan frío como este, es idóneo beberlo.
¿Y donde estaba su comida? ¿esa aura de chef gourmet de hace unos segundos? ¡todo fue solo apariencia! Ahora, Viktor Nikiforov, simplemente se dedicaba a hervir agua sin precaución alguna, sonriendo como el sonso que es. Sinceramente Phichit no comprendia nada a su amigo, fijarse en un chico de esta índole, demostrar ser nada mas a un niño rico con pocas cualidades culinarias, quien en su vida se ha centrado bien el arte de cocinar o alimentarse bajo sus propios medios. Seguramente, tuvo un hogar confortable, lleno de mimos y atenciones, donde con solo el tronar sus dedos le traerían un pastel de su entera preferencia.
Si, patético, pero seguro.
El moreno soltó un suspiro escondiendo su risa, por mas que quisiera enojarse con el ruso no lograba hacerlo, porque esa actitud tan despreocupada al romper la tensión entre su hija y el fue de pelicula. Proponiendo la mejor de las excusas hechas, mostrandole en realidad, algo del porque quizás Yuuri jamas pudo olvidarse de él. Su cualidad de permanecer sereno y adornar con su sonrisa un ambiente tenso, inclusive, ignorar las malas vibras del momento.
— Viktor, ¿necesitas que Anna traiga la leche por ti? — propuso la pequeña con ojos brillantes, demostrando estar fascina con la imagen de su padre en la cocina.
— Eso seria de gran ayuda. — contesto con una dulzura propia de los alfas encantados su su cachorros.
— ¡Anna ira entonces!
Phichit no podía dejar nada fuera de este hombre en la pequeña, inclusive la primera vez de verla, supo que aquel ruso encargado de romperle el corazón a su amigo se encontraba presente en Anna y aunque quisiera olvidarlo, jamas lo haría. Menos, tomando en cuenta el secreto de las fotos ocultas en una caja en el closet de este, siendo descubiertas por la chiquilla de la manera menos esperada. Se pregunta como seria la reacción de Viktor al saber de eso, él aun pensaba que Yuuri tenia algo con el rubio gruño, cosa ser un poco cierta, pero en la perspectiva del tailandés solo es un atajo fácil, la salida idónea para escapar de la realidad. Él no es nadie para juzgar a su mejor amigo, jamas lo sera, aun asi el privarse de estar cometiendo un error enorme es imposible.
Una muestra siguen siendo esas fotos que seguramente estan guardaras, Yuuri no se daría el lujo de desecharlas, menos recordando cuando tuvo todos esos afiches en su época de patinador novato. Es decir, al comienzo le daba gracia la admiración del japones por el alfa, inclusive, comprensible pues es el máximo exponente en el deporte. Pero luego de verlos juntos en un mismo plano, entendió que eso se convirtió en un sentimiento mas profundo a la admiración, se volvió “amor”. Es como dijo el mismo, sobre ser Vitkor la primera persona en querer aferrarse, demostrarle sus capacidades y lo que estaba hecho. Sin embargo, después de vivir toda esa hermosa fantasía haciendose realidad, descubrió que el peliplata jamas se sentirían pleno sino volvía al circuito, podría tener una parte consigo mismo pero otra se hallaba en el hielo, su verdadero amor.
Bueno, lo demás, ya es historia.
— ¡Viktor! — le extendió la leche con ambas manos, sonriendole. En este punto, el tailandés se asustaba un poco. Esa niña en verdad estaba muy feliz. — ¿sabes? Anna ha encontrado unas galletas que puede compartir contigo, podría saber muy bien con el chocolate.
— ¿Y donde las tienes?
— En mi habitación, es un regalo Rossana. La pupila de mamá. — explicaba con calma, siendo atendida por su papá. — Suele ser muy gruñona, pero cuando se trata de Anna… es diferente.
Oh, claro ¿como olvidar a la morena de aquella ocasión? Parecía ser bastante enérgica, incluso, directa pero de buen corazón. Resultaba irónico que esa misma pequeña le dijo sobre el embarazo de Yuuri, pero al no ser en lo mas mínimo intuitivo o adivino, le deseo los mejores deseos en el nacimiento del bebé que era igualmente suyo.
La vida, sin duda es muy cruel.
— ¿Estas segura de eso? — exclamó — Digo, son tuyas y podrías comerlas cuando quisieras.
— Anna esta muy segura, porque cuando estas acompañada la comida sabe mucho mejor. — argumento la niña con naturalidad.
Esa manera de hablar… era de Yuuri. El pobre corazón del ruso dio un vuelvo, brillandole los ojos como dos gemas grandes y asintiendo fascinado alegando encantarle esa disposición de la pequeña, ella sin duda era muy adorable y considerada. Esponjandose igual a un pavo real, Anna sale directamente rumbo a su habitación para buscar las galletas, dejando al moreno con su padre a solas.
La verdad, pensaba que seria incomodo la situación, diciendo mucho al haberlo ayudado con el pequeño inconveniente en su bragueta, pero sentía que algo cambio considerablemente entre ambos. No sabia como explicarlo, pero era lo que percibía en el aire.
— Yuuri… ha criado de una manera excelente a Anna. — pronuncio Viktor pensativo, dando una imagen distinta a la convencional de patinador estrella. — es casi como sino halla dejado nada para mi. Digo, hizo todo el trabajo por si solo estos años, y… lo realizo con una maestría increíble. Él es increíble.
— No hay duda en ello. — concordo el moreno, adoptando la misma postura nostálgico del mas alto. — Debo de admitir desde el principio estar en desacuerdo con Yuuri de poder críar a Anna sola, pero transcurrido el tiempo no solo me demostró que estaba equivocado, igualmente ser una autentica madre sin miedo a nada. Anna no es solo maravillosa gracias a él, tambien es extraordinaria, le inculco tantos valores que… es imposible encantarse con ella. — soltó una risita divertido, sorprendiendo al alfa que de inmediato armaba conclusiones, y no eran nada buenas. — Yuuri… Yuuri es… muy admirable.
Un minuto de silencio reino entre ambos, ese mismo minuto que sirvió para Viktor de catalizador de emociones bailando en su interior. Negar estar celoso de esa clara posibilidad en el tailandés sobre el cerdito, seria igual a mentirse a si mismo, pero el olvidar que esa expresión anhelante en su rostro se parecía a la de Yurio cuando hablaba de su “novia” a regañadientes con Mila, era simplemente inaudito. Conclusión, Yuuri no solo logro cautivarlo a él y su compañero de pista, tambien lo hizo con Phichit. Aunque este último, parece ser que no le menciono nada al japones, considerándolo hasta hora oculto de sus ojos.
« Vaya dilema… »
— Phichit — lo nombro con total calma, intentando no asustarlo. — ¿estas enamorado de Yuuri?
— ¿Eh? — soltó un respingo al verse descubierto.
Lo que le faltaba, verse frente al Nikiforov como un libro abierto, fácil de leer y analizar. Al observar esos ojos azules sintio un frío glaciar colarse por sus huesos, haciéndolo temblar considerablemente, porque conocía muy bien su lugar al ser un beta. Y es el nunca ganarle al alfa.
— ¡Anna ha conseguido las galletas! — llego la chiquilla rompiendo la tensión, centrando al ruso en mover el chocolate y liberar un poco sus malas pulga. — Mamá suele acomodarlas de lugar, es muy estricto cuando se trata de golosinas.
— ¿Sueles comertelas rápido? — preguntó curioso el peliplata, apagando el fuego y dejando reposar un poco la bebida.
— Mmm… no pero, si las llevo a la escuela termino por repartirlas todas. Dejando vacías mis manos y mi estómago.
Ha… dato curioso viniendo de la hija de un cerdito, que al mas mínimo contacto con la comida, tiende a engordar rapidamente. Quizás la chiquilla heredó su metabolismo, el comer todo lo posible pero no asimilar en lo absoluto.
Olvidando eso a un lado, Anna junto a Phichit se encargaron de buscar las tazas, en tanto Viktor tuvo el trabajo de invertir la bebida cremosa en ellas. Al primer sorbo, sus ojos saltones azules se abrieron de sorpresa absoluta, recordandole hasta cierto punto a él mismo y mas al escucharla decir “delicioso” en ruso. Eso le sorprendió, mas cuando la niña admitió haberlo aprendido de su mamá, porque era una palabra que decía a menudo su padre al probar el katsudon. A decir verdad, ella cuando lo comió por primera vez no pudo evitar comer tres platillos, mas siendo la encargada su abuela de hacerlo personalmente. Sin duda, un manjar de los mismos dioses.
« De tal palo, tal hastilla. »
Su pequeña hasta en el sentido culinario se asemejaban, porque siguió relatando mientras comian galletas y tomaban chocolate, sobre la comida de Japón en sus estadías en el pais del sol naciente, de donde su madre era nativo. Aunque ella es americana, no podía dejar de pensar en ese sitio como su segundo lugar preferido, allí estaban sus abuelos, tías y amigos de su mamá. ¡Sin olvidar las trillisas Nishigori! Sus grandes cómplices en sus fechorías (no muchas) pero jamas la abandonaban.
— ¿Quires saber un secreto de mamá Viktor? — pronuncio cómplice la chiquilla, logrando casi atragantar al tailandés.
— ¿Anna que…?
— Mamá suele comprar revistas sobre patinaje, muchas de ellas. — interrumpió al moreno, infatisando las palabras y asustando un poco al ruso por la malicia escondida en ellas. — Claro, a Anna le parecía normal al ser entrenado y antes patinador, pero lo que Anna no sabia era el recortar artículos específicos, donde solo estuviese alguien en definición.
— ¡No creo que a Yuuri le guste saber que estas diciendo esas cosas privadas suyas! — intervino Phichit, tratando de callarla sin éxito.
— Entonces, Anna decidió hacer una operación para descubrir la verdad, porque de esos artículos sacaba imágenes. — siguió con el relato, ignorando las advertencias del moreno. — Imágenes a quienes les lloraba con mucho sentimiento, Anna obviamente, empezó a preocuparse mucho. ¿Qué podría tener tan triste a mamá? ¿por qué ocultaba eso de Anna? Esa y muchas otras preguntas se hizo Anna, preocupandola.
— Anna, por favor ca…
— Phichit, dejala continuar. — no sugirió, exigió con una mirada rectadora propia de un alfa, colocándose igual a un pequeño hámster.
El tailandés no tuvo de otra mas que aguardar silencio y dejar hablar a la niña, la cual imitando de igual forma a su padre, lo miro con reproche haciéndole saber el apoyo que obviamente tendría de este.
— Como antes decía Anna, la misión se llevo acabo y descubriendo que él gustaba imágenes tuyas. — soltó la bomba la ojos azul, imprecionando hasta el alma al ruso que no tenia ninguna palabra en su cerebro en decir. — Mamá tiene una caja oculta en su closet con fotos de Viktor que saca solo en la noche, llora encima de ellas y… asusta a Anna. Porque parece muy triste, solo… muy solo.
¿Cuantas pruebas mas necesitaba Viktor para saber la verdad? Yuuri al igual que él no dejo de amarlo en ningún momento, simplemente tomo un atajo para tratar de olvidarlo, siendo mas preciso ser Yurio. Y en verdad lo sentía por él, pero no podía permitir que el Katsuki siguiera haciéndose daño, mucho menos a su hija o él. Necesitaba enfrentarlo, sacarle la verdad que inclusive el mismo desconocía, porque podría gustarle Yurio de forma romántica o posible figura romántica, pero quien seguía siendo preporderante en su corazón seguía siendo él.
Oh maldición, comenzaba a sentirse mejor sin saberlo, tal vez que su mente encontrara la solución viable a todo esto le permitía transmitirle un poco de paz. Además, Anna realmente necesitaba su familia deseaba, componiendo todos los sujetos necesarios para hacerla.
— ¿Y…? — trago con dificultad saliva, aprentando sus puños con la finalidad de darse fuerza. — ¿sabes si las conserva aun?
Saber la respuesta de eso le impancientaba, porque si bien se decidió a enfrentarlo, tal vez conocer eso le mataría y cambiaria un tanto las cosas.
— Mmm… — coloco una mano en su mentón pensativa, recordandole a si mismo y dándole un tanto de gracia. Es igual a ver tu reflejo. — ¡Anna no lo sabe! Pero podríamos descubrirlo, juntos.
¿Y de que podría estar hablando la niña? Fácil, infiltrarse en la habitación del omega, revisar entre las pertenencias de esta y descubrir la ubicación de dicha caja. Resulta fácil, ¿verdad? Pero como ustedes comprenderan, nada es siempre tan menos dificultoso igual a esto, mas tomando en cuenta el estado del Katsuki en estos instantes. Recuperándose de su celo.
El pobre Phichit casi le da un ataque al escuchar el tintineo de unas llaves sacadas por la peliplata, estas eran las de la habitación del pelinegro dadas a su pequeña por si algo necesitaba, esta situación no es nada de emergencia pero servirá para su misión imposible. Esto le sumo mas nervios al pobre tailandés, quien percibió ni una gota de miedo en el alfa, bueno, es exitoso en todos los ámbitos existentes. La situación, es no mas igual a una simple brisa pasara, ni cosquillas causa.
Imitando a unos soldados en plena batalla, Anna comandaba a los hombres rumbo a la recámara de su mamá con entero silencio, evitando ser descubiertos por la persona en cuestión. Se sentía parecido a ser una travesura, ocultarse de tus padres y evitar a toda costa su presencia. No podía evitar sentir esa pequeño latido de aventura en su pecho, la adrenalina de vivir lo desconocido desde hace mucho tiempo no sabia que era, pues su entorno se volvió frío y gris sin Yuuri a su lado. Pero ahora que estaba dispuesto a recuperarlo, junto con conocer a su hija, las experiencias adrenalinicas seguirán como plato principal y jamas se sentirá casado. Lo contrario, tiene hambre de mas.
La pequeña emite un ” shss” antes de sacar las llaves y meterlas en la ranura para girarla, Phichit susurrando por lo bajo informa esperar a fuera, no cree poder soportar tanta presión junta y de ser descubiertos por Yuuri, evitarse un regaño. Encogiendose de hombros con indiferencia, los peliplatas dejan al moreno atrás adentrándose a la habitación, esta se encuentra casi a oscuras, solo las presionas color crema dejan entrar algunos vástagos de la luz de la ciudad mostrando en total desastre. De hecho, el lugar se encuentra con cosas regadas en el suelo, sabanas, ropas e inclusive, cajas de medicamentos con la finalidad de parar los estragos del celo. En tanto su dueño, esta durmiendo placidamente (al menos en su perspectiva) dándole la espalda a los demás, con su boca ligeramente abierta produciendo un leve quejido. Era tierno, sin dudas algunas, esa aura inocente y pura le ganaba cada vez su corazón haciéndolo latir a un solo ritmo, su ritmo.
Anna se escabullo con una maestría que le impresionó, se arrastraba por el suelo igual a una lombris y cuidaba no hacer ruido, con esos movimientos daba a entender que llevaba tiempo haciendo este tipo de cosas. Es increíble, su hija le supero hasta en la actividad de estar al lado de Yuuri, inclusive, en los momentos menos oportunos. Entonces, llego al closet abriendolo con sumo cuidado e inspeccionando cautelosa el lugar, ni siquiera se molesto en darse la vuelta y percatarse que Yuuri estuviese dormido. En su lugar, siguió en lo suyo absorta de cualquier cosa, sin importarle ser descubierta. Mientras él, se quedó parado en la entrada observando el panorama como un simple observador, de inmescuirse mas de lo debido ocurría algo fatal.
— ¡Aquí estan! — anuncio la niña con brillo en los ojos, parecido a hallar un tesoro grande.
Acto seguido, un gruñido de pesadez combinado con soñolencia se escucho en el sitio, congelando a los dos peliplata y asustandose incluso, de su misma respiración.
— ¿Anna? — musito el omega, sentandose sobre el colchón y percatandose de la presencia de su hija en el suelo. — ¿qué haces allí en el suelo? Te he dicho tanta veces…
Callo, o mas bien, no pudo decir nada mas porque a) existía la presencia de otro alfa en el lugar y b) la caja que creía haber escondido en otro sitio, se encontraba en el suelo abierta junto a su hija.
Oh… rayos.
— ¡Anna Katsuki! — grito con todas las fuerzas necesarias.
Unos segundos mas tarde, despues de una serie de reprimiendas a su hija e incluido el pobre de Phichit, Yuuri se encontraba recostado en su cama tratando de entablar una posible conversación con el padre inresponsable de su pequeña. Le parecia aun increíble haberle seguido el juego, es decir, es solo una niña de cinco años y podría aparentar mucha madurez para alguien de su edad, pero no le cambiaría esos instintos propios de la niñez. Con una sonrisa despreocupada, típico del peliplata, argumento dejarla en paz pues cuando se encontraba de esa misma época, fue similar en hacer travesuras. Claro, referente al mundo del patinaje, Yakov era quien le llenaba de un montón se sermones severos ganándose un aguante grandes a estos. El Katsuki solo pudo atribuir a suspirar, no es un secreto la actitud rebelde del ruso en nadie, mas bien, compadece al pobre anciano al tener semejante hombre bajo su cuidado.
Ahora, el tema principal no se trataba de las travesuras de la pequeña, mas bien de las palabras o historia detrás de su comportamiento. La existencia de esa caja la sabían solo su mejor amigo, Yurio y Anna, claramente sabia quien fue en decirle lo escondido detrás de ella, aun así no comprendia como buscarla y encontrarla en otro sitio.
Debe atribuirle mas a la peliplata, nunca mas la subestimara.
— Anna me lo ha contado. — empezo él, ante un silencio prolongado. — lo de recortar artículos de revistas sobre mi y guardarlos. Yo que creí haber muerto para ti.
Esa niña… debería reprenderla por ello, aunque esperen, eso ya lo hizo. De todas maneras, su vergüenza le daba para hacer mas, el verse expuesto ante Viktor es vergonzoso.
— Si te soy sincero, no tengo ni idea de como reaccionar.
— No lo hagas — sentencio el pelinegro, girando su rostro a otro lado y sorprendiendo al ruso ante su actitud. — En primer lugar, tu jamas debiste de enterarte de esto, considerarlo igual a un accidente y olvidalo.
¿Yuuri quería realmente llevarlo al límite? ¡¿molestarlo?! De ser positivo la respuesta estaba consiguiendolo, con intereses.
— Yuuri — el tono de su voz sono a advertencia, produciendo un ligero temblor en su interior, recordando el no haber desaparecido por completo su celo. Solamente fue disfrazado. — estas logrando un punto de quiebre mas colosal de todos, donde terminare por darle rienda a mis instintos de alfa y olvidarme de quien soy. Repito, no uses retar a tu suerte.
Se enojo.
Se enojo.
¡Se enojo!
El Katsuki temblando igual a una hoja otoñal, escondió su rostro entre sus piernas evitando tener contacto con el alfa, si bien lo conocía perfectamente no ser alguien en demostrar su poder, podía tener un punto de quiebre al rechazarlo de esa manera. Pero no podía evitarlo, salir herido nuevamente era algo fuera de discusión, Viktor desapareció una vez alegando llevar acabo su promesa, podría hacerlo nuevamente.
— Yuuri — escucho su nombre en un tono mas suave, sintiendo una mano en la cabeza y el colchón hundirse a su lado. De todas maneras no se novio. — perdoname si te he asustado, pero en verdad estoy sumamente frustrado. Aunque en el pasado al comienzo se me dificulto llegar hasta ti, eventualmente pude hacerlo. Lo confirmo, me amaste, te encariñaste conmigo e igualmente yo lo hice. Mi cobardía te hizo daño y lo lamento muchísimo, pero en verdad quiero enmendar mis errores, solo… solo que tu…
— ¿Y por ahora? — lo interrumpió, solo mostrando sus ojos. — Ha pasado tu tiempo Viktor, los que nos une es Anna nada mas. No existe un “nosotros” y ni existirá nuevamente, es cierto lo de las fotos escondidas pero…
— ¡Mirame a los ojos directamente y dime que lo vivido hasta hora solo fue producto de tu celo! — se exalto, tomandolo de las manos y asustando al japones. — ¡Ten la fuerza y admitelo!
— ¿Viktor que estas…?
— Se que estas saliendo con Yurio, no puedo evitar cambiar el pasado porque igualmente entable relacione con otras personas en el pasado. — el pelinegro recordó a la mujer hermosa con quien vio al peliplata en el pasado, desviando la mirada dolido. Si, aun poseía rencor de esa memoria. — pero necesitas un grado de valentía para admitir ser una total estupidez sumplantar tu olor, tu presencia y esencia. Yuuri, se que ocurre lo mismo contigo, se que… a aquien amas realmente es a mi.
— No seas tan creído por favor. — murmuro molesto — Si sabes que estoy con Yurio, ¿por qué insiste tanto?
— ¡Porque te conosco! — anuncio furioso, olvidando por completo su característica personalidad afable. — Y no puedo parar de pensar estar igualmente comentiendo un error, con esto jamas digo caerme mal Yurio, lo contrario, es un joven talentoso que merece la felicidad autentica.
— ¿Y por qué no me permites darsela? — elevo tan bien su voz, liberando su agarre de un manotazo. — Sigues siendo tan egoísta Viktor, disfrazando de buenas intenciones tus acciones cuando realmente solo piensas en ti mismo. ¿Oh me equivoco?
— Si, tienes razón. — admitió con simpleza. — Soy sumamente egoísta cuando se trata de ti.
— ¡Eres un sinverguenza! — menciono escandalizado el omega, notando la tranquilidad del ruso en su rostro. — No puedo ni creer tu cinismo en admitir las cosas, me haces pensar en realmente no conocerte como creía y ¿así piensas volver a tu lado? Debes estar bromeando.
— ¿Tengo cara de hacerlo? — bufo enojado, pasando una de sus manos por sus cabellos platinados. — Estoy cansado de escuchar tus negaciones, cuando tu cuerpo ha sido mucho mas sincero en comparación a su dueño.
— E… eso… eso fue… — titubeo al venirsele a la mente imágenes subidas de tono de Viktor y él.
— Producto del celo, claro. — comunico con ironía, y una frialdad garrafal jamas mostrada que hizo temblar al pelinegro. — Como supongo que igualmente ha sido un accidente tener esa fotos mias en una caja escondidas, sin olvidar tu llanto en las noches mientras Anna te veía a escondidas.
— ¡¿Qué Anna qué?! — pronuncio escandalizado.
— Explicanme algo, Katsuki Yuuri. — le regalo la mirada mas gelida que al mismo color de su dueño, desarmandolo por completo. — ¿qué opina de eso Yurio? Digo, si ambos son pareja y conociendolo como es, seguramente no le da mucha gracia. ¿verdad?
El ojos caoba jamas pensó en dislumbrar una imagen del perfecto y amable “leyenda viviente del patinaje”, una actitud tan frívola con el, a la par de aprensiva, porque las miradas y la misma voz eran características de una persona sin sentimientos. En el pasado, Yuuri creyó ser demaciado afortunado al tener todo el afecto y cariño del peliplata, quizás no en el ámbito romántico, pero si el necesario para recibir el odio del público al acapararlo. Él pensó estar bien con eso, es decir, no faltaría los insatisfechos o envidiosos, aunque la realidad siempre le sorprenderia de forma suprema. Entonces, lo dejo ir.
Admitir el no dolerle la nueva actitud de Viktor con él, seria una blasfemia, pero de igual forma sabe que desear siga siendo tan cariñoso luego de todo este tiempo es una locura. Porque entre ambos los une solamente su hija, Anna, tambien tiene a Yurio y podría seguir en esa neblina de confusión por su relación, pero no quiere causarle daño menos hacerle saber ser en vano su esfuerzos estos cinco años. Podría llegar ser odiado, no le importa, catalogado de egoísta, menos podría ser relevalante, aun así, Katsuki Yuuri no puede olvidar esos datos y entregarse al pasado. Pues eso el Viktor Nikiforov en su vida, el placer culpable y el pasado hecho persona.
¿Cambiaria admitir el seguir amandolo? No, no lo haría.
¿Cambiaria admitir que sigue llorando sobre su fotografías? No, menos no lo haría.
¿Y cambiara admitir que por primera vez su celo fue mas fuerte que los anteriores ante la presencia del ruso? No, no, no… ¡Por supuesto que no!
Si es así, ¿qué cosa podría hacer? Nada, absolutamente y inrevocablemente nada. Cosa que sin dudas algunas, le frustra. De ser el mas osado y valiente, olvidaría lo correpto para avalanzarse sobre los brazos del ojiazul para amarlo, perderse en su aroma e igualmente admitir el jamas olvidarlo. Que si bien sus sentimientos por Yurio son confusos, quien se ha mantenido duro en su corazón ha sido él y solamente él, aunque se cuestiones mucho eso no podría evitarlo. Quizás los efectos del celo han sido nada mas a la combinación de sus sentimientos junto a las hormonas, pues el ruso siempre la has revolucionado desde tiempos pasados, el ahora no ha sido una excepción. Aunque ahora, le esta causando estragos.
— Jamas has tenido derecho se reprocharme nada, como bien lo has dicho, antes igualmente saliste con otras personas. — comenzo diciendo, frunciendole el ceño. — ¿o es que a ellas se les hizo gracia usarlas como objeto de tu conveniencia? No me vengas con clase de ética a estas alturas de la vida, hipócrita.
— Entonces, al fin admitirías creer en mis sentimientos por ti. — musito con malicia, haciendo maldecir al japones mentalmente y reaccionar de inmediato a su cercanía, la cual, se impuso delante suyo. — Aveces colocar un incentivo en ti cerdito, no es para nada malo.
— ¡¿Qué quieres de…?
— Que tus celos son adorables. — confeso, alzando con una mano la barbilla del pelinegro y con la otra aposentarla a un costado de él. — Admito que es mi placer culpable hacerte enojar, pero de hacerlo jamas admitirías creer en mi. Realmente… eres tan testarudo.
« ¡¿Qué?! ¿Acaso eres enfermo? » pensó el ojos caoba petrificado, ante las mañas extrañas del peliplata para hacerle sacar sus pensamientos a reducir, igual a esa ocasión en la Copa de China en hacerlo llorar a moco tendido. Debía de admitirlo, tuvo miedo de verse alejado del Nikiforov, de perderlo y dar una mala imagen de él pero no ocurrió, porque su última temporada fue memorable gracias a este.
— Eres tan… raro. — bajo la mirada Yuuri, tratando de escapar del mas alto. — no encuentro ni remotamente gracioso toda esta actuación tuya, Viktor.
— Puede que para ti no, pero para mi si. — soltó una risita, obligandolo a mirarlo una vez mas a ese azul extenso y egnimatico. — Yuuri, cuando me entere de tus sufrimientos mediante Anna se destruyo mi corazón una vez mas, porque ojala hubiese podido salir de esas imágenes y secar tus lágrimas, besar tus humedas mejillas al igual de decirte: “no llores, estoy aqui y jamas podre separarme de ti porque te quiero”. — sonrio acariciandole los pomulos, extremeciendole con cada caricia proporcionada a su piel, combinandose especialmente ante ese aliento calido en la cara. — Aun deseo llevar eso a la realidad, Yuuri. No quiero separarme de ti.
— Eres un idiota. — fue lo único en lograr decir.
— Si, tienes razón pero soy el idiota que te quiere. — dijo besandolo al fin.
En el pasado Katsuki Yuuri jamas se hubiese atrevido a decirle tal cosa a la “leyenda viviente del patinaje artístico”, a quien siempre considero como a un dios que jamas podría tocar, pero detrás de todas esas “capas perfectas” se escondía algo mas. Entonces, lo conoció permitiéndose cambiar esa imagen de deidan, a una persona capaz de errar en sus decisiones y contemplar la pequeñas cosas de la vida. No se arrepentiria de nada, ni amarlo u odiarlo a ratos, sufrir su ausencia y gritarle al verlo una vez de vuelta. Todas y cada una de esas rutas lo llevaron hasta donde se encuentra, frente a frente.
Sintiéndose igual a una pluma, Yuuri paso sus brazos detrás de los hombros del ruso atrayendolo mas hacia él, permiendose perder en las olas de placer y dulzura que le despertaba este hombre. Se besaban con cautela, con calma como si fuese la primera vez en unirse de esa manera, decidiendo descubrirse, estudiarse y dejar explotar todas esas luces entre ellos. El pelinegro soltó un suspiro satisfecho sintiendo las manos del contrario en su rostro acariciandolo, tratandolo parecido al tesoro mas cotizado por la humanidad, que temes romper si ejerces mucha precisión. Aunque no fuese el caso, el japones se permitió pensar en algo asi de él mismo.
Poco a poco fueron cayendo en la cama, manteniendo la misma posición del ruso encima suyo, dejándose llevar por las caricias y suspiros cálidos llenando la habitación junto a sus sentidos. Todo a su alrededor era suave, tenue y brillante, las cosas imposibles se convertían en posibles sin dejar de lado tocar una estrella. La primera vez entre ellos así lo fue, volar por el firmamento, atravesar las nubes y mirar un sol naciente. En el presente, con las manos de Viktor tocar sus costillas con una dedicación, descontrolo todo su cuerpo emitiendo un suave gemido entre sus bocas. Provocandole separarse.
— Sigues siendo tan hermoso, Yuuri. — confeso el peliplata, volviendo a recorrer sus manos en esas curvas de guitarra, aspirando el olor dulce del omega escondiendo su celo. — aun cuando has dejado el patinaje, tu cuerpo sigue haciendo musica aunque en esta ocasión, solo para mi.
— Vi… Viktor… — susurro su nombre con presunción, tragandolo y saboreandolo a la vez.
Quizás el calor del celo había vuelto, porque en cada toque del ojiazul emitía una corriente eléctrica a su paso, haciéndole temblar y casi rogar por mas contacto.
— ¿Me vas a dejar hacerlo? — pidió dándole un pequeño beso en la clavícula del omega, escuchandolo suspirar — ¿me dejaras recrear en ti las mejores historias que poseo en mi mente?
No dijo nada, en su lugar, cerro los ojos entregandose a los labios carnosos del ruso sobre los suyos abriéndose paso, saboreando y dejando la miel mas dulce de todas. A estas alturas Yuuri ya no pensaba en nada, solo en restregarse contra Viktor y volver a esperar que el celo se apoderarse de él, pero no, esta necesidad quemando sus entrañas era algo totalmente lejano a lo carnal, se trataba de lo sentimental. Haciéndole una revelación momentánea.
En su corazón no existe nadie mas, no ha existido nadie mas a una sola persona: Viktor. Entonces, su historia con Yurio no fue nada mas producto a su destruida alma, la necesidad de sentirse apoyado en alguien y mas si era un alfa. Conclusión, era un jodido egoísta.
— ¡Mamá salvame de la comida de Phichit! — un estruendo le hicieron separarse asustados, encontrándose con unos ojos azul cielo en la entrada. Anna. — ¡Por favor hazlo!
Sin percatarse del ambiente o de lo que pudieran estar haciendo sus padres, la chiquilla corrió hacia ellos metiéndose en medio y escondiendose en el pecho de su madre. En seguida, otra cara se asomo en la entrada haciendo una cara apenada, claramente disculpandose de tal atrevimiento de la infante.
— Chi… chicos lo siento, quise hacer una comida al estilo thai pero…
— ¡Es horrible! — chillo la niña, restregando su rostro en el pecho de un Yuuri confundido. — ¡Anna solo quiere la comida de mamá y Viktor!
« ¡Pero si solo te hizo chocolate! » pensó el Chulanot al mirar al ruso con una sonrisa satisfecha, acariciar los cabellos plateados de la niña. Claro, seguramente es el éxtasis para Viktor ser reconocido así por su hija, mas si apenas estan conociéndose.
— Bien, bien, tranquila ya me levantare y te hare algo de comer. — anuncio el omega haciendo caso de omisión a su malestar, tratándose de colocarse de pie.
— A… aguarda Yuuri — intento detenerlo el ruso, mirandolo incrédulo. — ¿ya te sientes mejor? No creo que puedas leventarte asi sin mas.
— Estoy bien, es solo mi siclo no morire por cocinar. — rodeo los ojos, sujetando la mano de la pequeña y caminando ha la puerta. — ¿Acaso no te mueres por comer algo nuevamente con sabor japones?
Los ojos azules del ruso comenzaron a brillar igual a las farolas de los carros en la oscuridad, en retopestiva, lo asemejo igual a un cachorro cuando le prometes sacarlo a pasear y lo encontró adorable. Sonriendole con dulzura le hizo señas con la cabeza para que lo siguiera, tal vez estuviera por dentro debatiendose entre dos sentimientos confusos, uno que se trataba del amor jamas acabado por Viktor y dos, la culpa por destrozar las esperanzas de un jovencito que lo único en ser condenado seria de tratarlo de hacerlo feliz.

Y si, Katsuki Yuuri era un egoísta a la par de hipócrita. Pero el tambien tenia una condena permetua, era de amar a Viktor Nikiforov como el primer día. De eso, jamas habria escapatoria.

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