IV
¿Pueden imaginar lo nerviosa que estoy? No, dudo mucho el poder hacerlo, porque esto va mas alla de conocer a los padres de tu pareja, presentar una prueba donde depende tu título universitario o… bien, creo que estaba entrando en modo paranoico y en este estado se me nubla la mente completamente. Ya era sábado, un sábado ordinario de descanso para cualquier persona, en general, para todos menos en mi. Hoy era el día donde ira a la boca del lobo, palabras textuales de David, para conocer oficialmente la familia del chico que me ha gustado toda mi vida. Ya lo se, el papel de la masoquista del año es para mi. Aunque acontecia que cuando das tu palabra de hacer algo debes cumplirlo, mas si lo haces aquien, en su imaginación, fue tu suegra cuando solo tenias cinco años. En menos enredos, mi promesa se convierte en ley y eso debe acatarse al pie de la letra.
Di un giro en un mismo eje en tanto me observaba en el espejo, era el tercer conjunto en probarme para asistir al dichozo almuerzo, obviamente no podía presentarme de la manera mas elegante posible, pero tampoco como si fuera a visitar a mi abuela. ¡Demonios! Esto de ir a reuniones de esta índole no es lo mio, menos cuando conocere la culpable de robar el corazón de mi amigo sin derecho a regresarlo, estúpida definición en manos de alguien despechado. Tenia náuseas, contracciones en el estomago y un repiqueteo insano en el pecho, todo ante las posibles visiones de lo acontecer al conocer a Katherin. Según palabras de muchos conocidos de Sebastián, y si mismo, es una muchacha sumamente amable al igual de dulce, una vez entrado en confianza te das cuenta el no poder odiarla. Cosa en ser jodido. Al menos si tuviese un comportamiento patan, tendría las razones de sobra de mandarla a freir monos y detestarla a morir. Pero no, en la vida pasaría algo así, al menos, no la mia. Decidiendome finalmente por un conjunto de camiseta con pliegues de los años sesenta y pantalones jeans pegados a las caderas, sujeto mis cosas dictaminando en voz alta para mi madre encontrarme lista. Ella tan elegante como de costumbre, permanece con sus piernas torneables cruzadas vestidas de unos jeans azul claro remengados un poco mostrando sus tobillos, una blusa naranja con una caída de cascada en el pecho resaltadolos evidentemente, siendo sus mas grandes atributos, combinandolos con esas sandalias de tacón muy a la moda. Su rostro parece apacible, fijo en el aparatejo entre sus manos al textarse con alguien, seguramente se trata del trabajo, siempre se trata de trabajo en tanto me espera. Al enfocar sus ojos caobas sobre los mios sonrie satisfactoriamente, entre sus labios carnosos pintados de carmín sale el darnos prisa en llegar a casa de Sebastián, mamá no le gusta hacer esperar a la gente ni esperar, filosofía aprendida por el abuelo y llevarla a la practica. Buscando las llaves del auto en la encimera de la cocina, camino como corderito detrás de mamá aprovechando en avisarle a Sebastián ir a camino, esté mas emocionado de lo que una persona convencional podría estar, responde esperarme con ansias y no comer cuentos. Realmente, amare a su familia. Sinceramente, no me importa eso último, mi único deseo ea permanecer bastante tiempo con mi amado, eso sin importarme el estar casado o comprometido. Creo que el título de masoquista del año sigue siendo mio, puede que hasta me alarguen la corona por unos años mas.
Bajamos por el elevador encontrandonos con una sorpresa bastante agradable, se trata de Javier, un chico de once años que vive tres pisos arriba de nosotros y se la pasaba prácticamente en mi departamento jugando videojuegos conmigo, de la misma manera, tambien iba al suyo quedandonos hasta tarde entre pedazos de pizza y el sonido de la TV. Al vernos sale rápidamente abrazarme con fuerza demostrando encontrarse alegre de este encuentro, por como se ve parece estar bien ahorrandome la molestia de preguntar, el niño me pide cuando sera el día de cumplir mi promesa de llevarlo al cine hecha unos meses atrás. ¡Oh demonios! Pensandolo bien, es cierto de mencionarle llevarlo a ver una pelicula siendo una adaptación de un juego a la gran pantalla, al ser favorito de ambos, concordamos en verla aunque el mundo se acabara. Debido al agetreo de la universidad combinada a lo de Sebastián, deje a un lado mi palabra con este chiquillo, quien seguramente, debe de estar detestandome al ser una completamente inresponsable. Mamá mirandome con ojos agudos, intervino por mi explicando que en estos momentos la universidad me tiene consumida, la vida de un estudiante no es fácil, mas tarde cuando él este en ese nivel tan avanzado entenderá. Antes de obtener una respuesta de su parte el elevador anuncia el pitido convencional al llevar a planta baja, aquí se baja Javier despidiendose, su mirada percibo algo de reproche y me duele un poco. Es cierto una cosa, soy bastate buena tratándose de niños, puede que igualmente hubiese servido para estudiar educación por lo tanto, sonriendole abiertamente al chiquillo prometo llamarlo esta noche y así tener una maratón de videojuegos, es una compensación por dejarlo esperar mucho tiempo. El niño, tan entuciasta como uno de los suyos, asiente con la cabeza frenético adelantándose de no llamarlo yo él lo hará. Este mocoso, tan acelerado como de costumbre. No puedo contradecirlo, menos mamá, la puerta del elevador se cierra en nuestras narices sin contemplación culminando la conversación. Bien, parece que hoy tengo una cita con un niño y sus juegos de acción.
Estando ya en el auto mamá se aborda en una de sus interminables explicaciones de estar jugando con un niño mucho menor que yo, al ser universitaria debo de enfocarme en los estudios, solo en ellos, además de tener mas amigos de mi edad en lugar de chiquillos. A ella no le desagrada Javier, lo contrario, es un niño que grita desde lejos necesitar atención al no tener padres, pero eso no dice el cargar con él todo el tiempo. No le digo nada, tampoco la contradigo, en cambio me hundo en el asiento de copiloto viendo como de a poco salimos de los conjuntos residenciales y nos unimos a las demás personas en la avenida. Es verdad, la historia de Javier es demaciado entristecedora como para recordarsela, ser abandonado por su madre cuando solo tenia cuatro años, su papá tomando la responsabilidad de la crianza pero teniendo la poca madurez de hacerlo, pasando una vez mas ese papel a sus padres que desde siempre lo han sido todo para él. No puedo, me rehusó a darle infelicidad a ese infante, sigo manteniendo esa vena de querer retener a los niños solitarios a los grupos, como tambien brindarles mi amistad aquellos quienes lo ameriten. Suelto un suspiro apoyando mi cabeza en el respaldo de la puerta del auto cerrando los ojos, mamá sigue hablando pero mi cabeza dibaga un poco al pasado, donde era la niña con mas poder en el preescolar y hacia a todos hacerme caso. De cierta manera si lo pienso detenidamente, en el pasado tenia una personalidad de mierda, si, un complejo de superioridad que debía corregirse inmediatamente. Afortunadamente mamá me corregia cada vez en poder, ser su hija no significaba ser arrogante con los otros niños, menos mandarles hacer cosas o obedecerlos en todo. La clave del éxito humano reside en una sola cosa, la humildad. Los consejos de mamá han sido lo mejor de todo, mas tomando en cuenta la clase de mocosa que era. En pocas palabras, solían ser el agua de agua fria sobre tu rostro capaz de despertarte llevandote a la realidad, porque de alguna manera, debes de aprender la realidad de las cosas.
Sin darme cuenta, me quedo dormida.
Cuando estuve a punto de cumplir los cinco años, recuerdo haber pertenecido a un grupo de chicas mayores a mi, eso fue mucho antes de conocer a Adriana, donde ellas eran mis mejores amigas que compartían los mismos gustos en programas televisivos. Solíamos jugar todo el tiempo juntas, hablar de todo, absolutamente todo y mas que nada recalcar la amistad que nos unía. Sorpresivamente era la consentida de ellas, llevandolas a complacerme en todo, inclusive en ser la líder “Lunar” al imitar a una caricatura muy famosa en ese entonces, tratándose de chicas con super poderes mágicos capaz de luchar contra amenazas del mal intergalactico. Lo se, lo se, confuso de analizarlo pero no me culpen, mas bien, reclamenle al creador de ello. En fin, Luisa perteneciente a ese grupo, una chica de huesos anchos pero con un corazón lo suficiente bondadoso para soportar mis caprichos, poseia una casa perteneciente a sus abuelos con una enorme piscina y nos estaba invitando a todas. Laura, otra amiga que utilizaba lentes de montura metálica gris aplaudido convencida de tal idea contribuyendo el llevar aperitivos, muchos de ellos, su padre es chef de cocina y eso no sería un problema. Ana, la última de las cuatro, siendo la mas sensata y calmada de todas, anunció que nuestros padres no aceptarían abiertamente ir a casas ajenas, no al menos que fuese un paseo con todos los niños del salón a la piscina de Luisa, claro, eso si convencíamos igualmente a mi mamá. Nos quedamos en silencio todas. Esa, esa era una idea totalmente fantástica, la de piel morena no por nada era la mas inteligente de las cuatro, de meter la pata alguna ella se encargaría de salvarnos. Sonriendo tal cual fuese un arlequín, alce mi voz avisando dejarme lo demás, para planes bien organizados mi deber era llevarselos a mamá, con tal, debo de usar bien el papel de ser su hija. Las chicas se miraron entre ella confundidas, pero al final terminaron accediendo a pedir permiso. Tampoco fue muy difícil, mamá tenia pensando en pedirle permiso a los abuelos de Luisa prestarnos el complejo de piscinas, porque ojo, no eran una sino dos. Imprecionada de tal dato me dio mas ganas de ir, corrección, necesitaba ir a como de lugar.
Estuve mas de una semana preparandome para el paseo, escogiendo entre mis tres bañadores cual debía de llevar, los flotadores y el bloqueador solar. Mamá sonreía al ver tanto entuciasmo junto, pero no debía de anticiparme muchos a los acontecimientos, aveces cuando planeamos las cosas antes de tiempo nunca se dan. Y efectivamente ocurrió, dos días antes del paseo me contagiaron de gripe, quedandome automáticamente fuera de poder bañarme en la piscina. ¿No hice acaso berrinche? Efectivamente, hasta busque apoyo en mi papá para que interceptara a mamá y me dejase aunque sea ir, claro, asumiendo que solamente vería a los demás disfrutar del sol. Ella acepto, pero alegó que dijera lo que dijera yo terminaria saliendome con la mia, ya mas o menos vería en el paseo. No replique ni la contradije, sonreí con el simple hecho de poder ir a la piscina de los abuelos de Luisa, era una de mis amigas mas cercana y desde mucho planeamos esta salida, se lo debía. Al día del paseo, recuerdo bien a ver sido a dos meses luego de comenzar clases, me encontraba saltando por todas partes alegre de compartir esas memorias con mis amigas, que riendo de mis ocurrencias, acariciaban mis mejillas mencionando haber estado preocupada de mi resfriado, pero que viendo mi comportamiento enérgico, decía estar mejor. Abordamos el autobús escolar corriendo por tener los mejores puestos, nuevamente use mis habilidades de ser la hija de la profesora y avise quien osara meterse en mi camino la vería mal, asi que teniendo mi pequeñas victoria personal, camine con la cabeza en alto seguido de mis amigos al asiento preferido por todos, el antepenultimo. El problema residía que eramos cuatro, no entrabamos ni pidiendo un milagro, asi que teníamos la opción de escoger a una para acompañarme en el viaje o tomar los últimos puestos. Como no quería separarme de mis amigas, decidi usar la idea de sentarnos en los últimos puestos donde un niño ya estaba ocupando, pero dejando libre los otros. ¿Lo conocía? Por supuesto, el chiquillo que solia perseguirme a todas partes como si fuese su mamá gallina, mi nuevo amigo, Sebastián. Dibujando una sonrisa ancha en los labios lo llame entuciasmada, en estos tres últimos días no lo había visto debido a mi gripe, pero ahora que lo tenía en frente parecía encontrarse bien, muy bien. Mis amigas se miraron entre si confusas al notar al taciturno chico de ojos esmeralda devolverme el saludo con la misma impetud, inclusive, confesar haberse sentido muy solo sin mi presencia porque de todos los chicos del salón, yo era la mas cercana a él. Como aun eramos niños no note nada fuera de lo común en esas palabras, es decir, podía decirlas a mis amigas con total normalidad al tener un cariño sincero hacia ellas por eso me senti halagada de escucharlas. Ser cernana a este llorón chico me daba una sensación rara en el cuerpo, no sabia como explicarlo pero, era parecido a estar en constante tiempo bajo el sol sin escapar, agregándole el correr o reir a carcajadas. Asi que, asintiendo a sus palabras, mencione igualmente extrañar a todos mis amigos, estar enferma en casa es la cosa mas aburrida de la tierra, si tomamos en cuenta el simplemente estar acostado sin hacer nada… te disecas hasta morir. Sebastián soltó una risita divertido, aparentemente tenia una frase para todo, no por nada tenía tantos amigos como para hacer una rueda y cantar con ellos, sinceramente, le agradaba verme de vuelta. No sabía porque pero mi corazón empezó a latir con fuerza, con impetud y parecido a correr alrededor del parque al jugar a las llevadas, la risa de mi amiga produjo una clase de inquietud en mi pecho que dudaba poder definir, mas si el rostro lo sentía pesado obligandome a mirar al suelo. ¿Isabell cohibida? Pues vean bien porque ocurría, realmente estaba ocurriendo. Laura, quien se encontraba sentada al otro extremo del asiento, coloco una mano en mi hombro moviendolo un poco preguntando mi estado, aunque no podía responder, quizás desde ese instante mi capacidad de respuesta a todo lo relacionado con Sebastián se disloco. Era evidente, al menos para mi yo actual, me habia enamorado del muchachito llorón. Sin embargo, este descubrimiento no se daría hasta un año mas adelante, o al menos, admitirlo frente de una persona.
Sentí un fuerte sacudon a mis hombros que me obligo a despertarme de golpe, el rostro moreno lleno de lunares de mi mamá fue lo primero en notar al estar nuevamente en la realidad, ella no parecía estar alegre ya que se percibía unos surcos contraídos, tales como bajo sus parpado, labios y frente. ¡Oh rayos! Me he quedado frita mientras hablaba de Javier, en tanto yo tenia sueños del pasado, dandole a entender no importarme sus discursos largos sin sentido. De escuchar mamá mis pensamientos estaría perdida.
— ¿Hasta cuando pretendes dormirte en todas partes? — exigió saber soltandome los hombros, dándose la vuelta y fijando su vista en la carretera. — Incluso al discutir algo delicado contigo, aveces pienso que te gusta vivir en el mundo de las fantasías en lugar de la realidad.
— ¿Hasta cuando pretendes dormirte en todas partes? — exigió saber soltandome los hombros, dándose la vuelta y fijando su vista en la carretera. — Incluso al discutir algo delicado contigo, aveces pienso que te gusta vivir en el mundo de las fantasías en lugar de la realidad.
Solte un resoplido en mi mente, quizás no me gustase la realidad, quizás… solo quizás mi mente anhelaba el pasado. Aunque, por supuesto, esto no lo dije a mamá.
— Lo siento. — me limito a solo esto, bajar la mirada, sostener mis manos fuertes y luchar con mis demonios. — no pretendía faltarte el respeto a algo parecido, solamente estoy agotada, anoche aun culminaba algunos informes de la universidad y… olvidalo, es estúpido.
Eso no es mentira, quería estar libre de deberes con la finalidad de poder visitar a Sebastián, aun quedaba algo por hacer con Anthony pero seria luego, si, después de visitar a mi amigo de la infancia.
— Lo se, te escuche platicar con… ese amigo tuyo. — es tan gracioso mirarla hablar de Anthony como un acidez, el pobre se limita aguardar las distancias, tal cual fuese un cachorro asustado de lo desconocido. — pero aunque se los motivos de ello, conoces como detesto ser dejada hablando sola.
— Una vez mas, lo siento. — vuelvo a disculparme como si con eso aliviara el ambiente.
Seguidamente el silencio vuelve a reinar en el auto, no me quedo dormida se que estamos a punto de llegar, la dirección de la casa de mi amigo es bastante apartada del casco central de la ciudad, mas al sur para ser exacto, una zona que es muy popular. En el pasado nunca tuve la oportunidad de visitarlo, realmente imaginaba hacerlo donde nuestras madres se encargarian de hacernos bocadillos en tanto nosotros jugabamos cerca de unas escaleras, reíamos y nos deslizamos por ellas tal cual fuese una resbaladera. Ese y muchos mas, fueron mis sueños frustrados de la niñez. Al cabo de unos cinco minutos, nos encontramos en la calle central en donde vive Sebastián, teniendo como referencia un parque infantil en el centro y un conjunto de casas de la parte izquierda, es allí donde debe de encontrarse. Mamá aparca a la derecha del parque en tanto le replicó a mí amigo, no deja ni sonar el pitido cuando contesta diciendome de manera entuciasmada el verme, acto seguido cuelga. Viendo descolocada mi celular, le aviso a mamá que Sebastián nos recogerá en seguida, aparentemente conoce nuestra ubicación. Encogiendome de hombros salgo de auto divisando a lo lejos una silueta conocida y otra curiosamente pequeña, sobra decir que cuando descubro de quienes se trata mi estomago da un giro sorprendente, pues se tratan nada mas y nada menos que de Sebastián con su hija. Es cierto lo que dicen por allí, la realidad supera la ficción.
El primero en saludarnos es él, viene corriendo aparentemente desde su hogar, el cual se encuentra frente el parque, mirandonos desde entrar el carro de mamá a la calle principal. Realmente nos agradece por la visita e igualmente se disculpa por su comportamiento reacio a venir, nunca antes había visto a su mamá y Katherin trabajando para un mismo fin, ni de mencionar la visita de su querida profesora igualmente, eso le dio mas entuciasmo a las mujeres. Mamá rie gustosa del alabó acontecido, uno de sus mayores logros en la vida es conocer que formo durante su época de profesora a hombres y mujeres de bien, tambien que ellos reconozcan su trabajo bien realizado. Karla quien permanecia con ojos curiosos durante toda la platica, decide sonreirme sin razón alguna alzandome los brazos en un claro intento de querer ser alzada, al comienzo me pongo sumamente rigida en la vida he tenido de esa manera a una niña, menos tratándose de la hija de mi primer amor. Sin embargo, Sebastián hace una mueca animandome a tomarla entre mis brazos, su pequeña no muy fácilmente se encariña con otras personas, por lo tanto, su movimiento es totalmente voluntario y nuevo.
Bien, bien. ¿Qué puede salir mal? Es solo una pequeña ¡Pequeña! Es inofensiva, además, soy hija de una profesora debo de dar la talla.
Respirando profundamente, cojo entre mis brazos a la chiquilla quien alegremente suelta una risa ligera, no debe de tener ni tres años, calculando su peso y el tamaño unos dos años y medio es su edad. Al igual que esa foto vista unos meses atrás traída por las manos orgullosas de su abuela, percibo el gran parecido con su padre, dejando aun lado a Katherin una mujer de cabello azabache ondulado, por otro lado su hija, es rubio girasol igual a Sebastián sin dejar de lado esos enormes ojos esmeralda que tanto me han cautivado a lo largo de los años. Es nostálgico, muy nostálgico, porque en esos momentos mi mente viaja al pasado cuando él y yo solíamos ser niños agarrados de las manos, jugando en el parque, conviviendo el día a día como mejores amigos. En tanto en lo mas profundo de mi ser una verdad quería ser gritada, amaba con locura a ese pequeño de mirar acojedor, pero esté, jamas podría corresponderme.
— Karla, esta hermosa señorita se llama Isabell. — me saco de los pensamientos su padre, quien seguía siendo absorto del daño ocasionado ante este encuentro. — mi mejor amiga en todo el mundo. Isabell, ella es Karla, mi adorable hija.
— Un gusto Karla. — le sujete la manito, aun cuando la cargaba en mis brazos, tragandome cada uno de mis sentimientos. — espero llevarme muy bien contigo.
— ¡Si! — respondió, demostrandome un gran manejo del habla.
— Ahora, esta mujer tan agradable y buena es la profesora Annabeth. — señalo a mi mamá, que venia llegando del auto al dejar su móvil tirado dentro. — Profesora, ella es mi hija Karla.
— Es tan linda como en las fotos — pronuncio mamá muy sonriente, acariciandole el rostro la niña la imito. — ¿como estas Karla? Pareces estar muy contenta.
— Mami y abuela cocinan platos riquisimos. — bravo, no puedo igualar la conexión instantánea de mi madre con la chiquilla. El poder de ser educadora. — Tambien hacen pastel de chocolate, mi favorito.
— Mmm… eso suena delicioso. — asegura mamá concordando con la niña, luego mira a Sebastián demostrando encontrarse encantado con este encuentro. — ¿Qué edad tiene ya?
— Tres, ya casi lista para entrar para entrar al preescolar.
Parece que alguien sera de baja estatura como papá, por eso confundi su edad. Realmente quiero reirme de mi pensamiento, aunque pensando claramente, no hay nada gracioso en ello.
— Pero podemos conversar mas a gusto en casa, mi familia esta esperando por ustedes. — señala hacia atrás donde visualizo claramente una fachada azul, esa es su casa con rejas negras.
Tomando a su hija entre sus brazos, Sebastián camina delante de nosotras mostrando a donde dirigirnos, va conversando alegremente con mamá sobre su hija y las posibilidades de inscribirla en donde estudiamos en nuestra infancia, ha conversado un poco con su esposa sobre ello y esta seguro de llegar a un acuerdo. Realmente, no presto mucha atención a la platica de ambos, solo me enfocó en mi mente y la lucha interna que tengo en este momento. La verdad, deseo escapar muy lejos de aquí, no entrar a esa casa pequeña de fachada azul con portón negro e inventar la mejor de las excusas por mi desaparición. Pero no debo, mas bien, es demaciado tarde para hacerlo. En frente se encuentra mi pesadilla hecha realidad, la causa de porque mi primer amor fue el mas largo de todos pero a su vez el mas corto en recordar, sobre todo, la razón mas viable de que este sitio no es el mas idóneo para estar. Una mujer vestida muy deportiva, pantalones negros elásticos hasta un poco mas abajo de las rodillas, abrigo del mismo modelo pero con rayas turquesa con bolsillos y otros adornos, encima de estos posee un delantal de tirantes color turquesa manchado de una sustancia color blanco, al parecer harina, nos mira secandose sus manos con un pequeño paño algo desconcertada de esta llegada (aunque avisada) totalmente temprano, ocultando estar sorprendida. Su rostro de muñeca se contrae un poco al conectar nuestras miradas, allí no existe simpatía, menos gusto, les aseguro claramente algo, lo que encontré fue un enojo tremendo.
— ¡Mami! — chillo la pequeña corriendo lejos de los brazos de Sebastián, directos a donde la joven mujer desconcertada, pero lista para atender a su hija. — ¡Papi y yo hemos llegado con las visitas!
Es Katherin, digo dentro de mi mente mirando como ambas (madre e hija) interantuan de manera armoniosa, de algo si estoy totalmente segura, la belleza de esta mujer es bastante notoria dejandome a mi en pañales. Es predecible, mi apariencia es la de una puberta, y la de la esposa de mi amigo iguala a una estrella. Solo imaginenla, piel clara como la luna, cabello azabache ondulado hasta la cintura, la cual, estan pequeña como una avispa, rostro de muñeca de porcelana y esos ojos grandes. Si. Es la idónea para estar a su lado, ya ha sido escrito. Mamá aparentemente se da cuenta de mi estado catatonico, aunque no desea meterse en regresarme a la realidad, simplemente sujeta las riendas del asunto dando un paso hacia adelante presentándose. Katherin bajando a su hija de sus brazos, sonrie amistosamente a quien fue la profesora de preescolar de su esposa, admitiendo estar encantada de conocerla. En general, su rostro si muestra simpatía, en cambio conmigo… parece igual a encontrar una mosca en la sopa, desagradable. ¡Maldición! ¿Puedo mandar un S.O.S a alguien? ¿No? Bien…
— Ella es su hija, mi mejor amiga en todo el mundo. — sorpresivamente Sebastián me obliga a avanzar en dirección a su mujer, ella sonrie, pero en el fondo se que finje. No soy de su agrado. — Isabell, tal cual como te prometí te presento a Katherin la madre de Karla.
Extiendo temblorosa mi mano siendo extrechada por la mujer, no es agarre prácticamente brusco, aunque menos amistoso, simplemente es frío tal cual a la misma antártica. Me admira escuchar de Sebastián presentarla como “la madre de Karla” y no “es mi esposa”, bueno, buscarle la quinta pata por ese hecho a estas alturas es absurdo, mejor sigamos con el relato. Entramos a la casa que es bastante acojera, la sala de recibir visitas es amplia, costa de tres sofas, uno grande (donde tomamos asiento) cerca de la ventana y otros pequeños de color blanco, un buro de madera que tiene varias fotos todas de Karla a lo largo de su crecimiento. Sin embargo, curiosamente existe la excepción de una partada de todas, donde el protagonista es Sebastián cuando teníamos aproximadamente cinco años y lleva vestido ese chaleco verde musgo de nuestra graduación, exacto, es de ese día de cuando el destino decidió escogernos caminos diferentes. Gire mi mirada hacia otro lado, no deseaba por nada en el mundo rememorar esos días solitarios cuando venia a mi memoria la imagen de mi mejor amigo sosteniendo mi mano, menos tener presente que el ahora, es diferente. Respiro hondo, muy hondo agarrando fuerzas de donde no existe, mientras los chillidos de una mujer llegan a mis oidos seguido de una exclamación de asombro de mamá. ¿Adivinan? La mamá de Sebastián entra en escena. Ambas mujeres se saludan cordialmente bajo la astuta mirara de Katherin, oye, eso es un poco grocero porque ella tiene todo el derecho del mundo de dudar de mi, es decir, aparecí de la nada y su esposo afirma ser la chica mas acercana a él en la faz de la tierra, pero de mamá… ¡Ah! Eso si que no. Tampoco es que tenga mucho tiempo de replicar en mi mente, la madre de mi amigo estrecha mis brazos con fuerza abrazadora, anunciando que cumpli mi deber porque eso de haber sido la novia de su hijo en preescolar conociendo a la esposa actual, seguramente es duro e incomodo.
Me congele, juro que en la vida he tenido la necesidad de tener un poder de ser invisible o salir volando lejos de aquí, no quiero mirar a la cara a Katherin porque seguramente querrá copiar a “Cíclope” de los “X-Men” y pulvorizarme. Es Sebastián quien visiblemente molesta le reclama a su mamá tal falsedad, explica con madurez a su mujer que en la infancia todo el mundo solían maliterpretar nuestra relación, pero nunca fuimos tal cosa solo amigos, muy buenos amigos. Katherin quien es muy buena actriz u ocultando malas vibras a excepción de mi, suelta una risita cantarina ocultandola en su puño muy elegantemente diciendo no preocuparse por eso, todo el mundo tiene amoríos de la niñez o los famosos “amores platónicos”, a estas alturas de la vida molestarse del pasado es absurdo. Mejor aun, ocupan ese tiempo para descansar en el sofa con comodidad, el viaje seguramente fue agotador y el almuerzo aun no esta listo. Mi amigo al principio queda impresionado de la postura de su esposa, pero eventualmente se acerca a ella colocando una de sus manos en el hombro apretandoselo, sus miradas dicen todo, no es necesario las palabras para percatarse de su gran conexión y yo… yo… siento que algo por dentro se me desgarra.
Mierda, mierda, mierda. ¿A qué he venido? ¿Por que lo he hecho? Si solo estoy es hiriendome a mi misma, clavando en el pecho una daga con la suave mirada de este par con el recordatorio potente que el primer amor es pasajero, jamas perdura pero… predeciblemente duele. Aprieto los dientes, ahogando un quejido de dolor de mi corazón, que aun agonizando, soporta este duro golpe. Afortunadamente la mamá de Sebastián con un tono altanero, le pide a Katherin encargarse de los demás platillos a medio cocinar, ella pretende tomar un poco de té con sus invitadas y no tiene tiempo para terminar. La mujer sonriendole con un significado oculto, asiente con la cabeza llamando a su hija suavemente para que la acompañe hacer lo demás, ambas se divertiran. No puedo negarlo, Katherin aparenta ser una buena madre, utilizando ese suave tono con ella, sonriendole con luz en la mirada… hace sentirme en el fondo de mi alma un ser despreciable. ¿Por qué me hago esto? Realmente, yo no pertenezco aquí, ni en mil años luz lo hare, este espacio en general posee el aroma de esa mujer y había sido predestinado. Yo… yo solo soy una intrusa.
— ¡Hey! — alguien chasquea frente mis ojos sus dedos, obligandome a soltar un respingo de la impresión. Se trata de Sebastián. — estas un poco distraida, usualmente estarias preguntando un montón de cosas sobre el lugar.
Giro hacia los lados buscando a nuestras madres, pero nada, el salón esta totalmente vacío solamente estamos nosotros dos solos. ¿Cuando es que…?
— Fueron a la cocina siguiendo a Katherin, mamá invito a la profesora Annabeth a tomar té sabe que el café no es lo suyo. — explica sorpresivamente leyendo mi mente, luego ante mi silencio, pica una de mis mejillas en signos de llamar la atención. Lo miro ceñuda, odio cuando hacen eso. — Es tu castigo por irte al mundo de las fantasías sin pedir permiso, o al menos, invitarme.
— ¿Acaso debo hacerlo? — enarque una de las cejas sorprendida.
— Por supuesto.
Descarado, decirme eso sin medir las consecuencias o el resultado en mi ser, aunque me causa algo de risa, su actitud de niño mimado no ha cambiado nada ni estando en su casa. Me alegra.
— ¡Oh! Has sonreido… has sonreido… — sigue picoteando sin parar, dejandome a mi nada mas en querer aparentar seriedad sin ningún resultado, porque la verdad, mi lado visceral esta contento de ser su centro de atención. — realmente estaba preocupado, pensé que no estabas contenta de estar aquí y desear salir lo mas pronto posible.
Bueno, no esta tan alejado de la realidad debo de admitir, pero desde tiempos atrás odio su mirada triste y revertirla es mi misión.
— No, en lo absoluto quiero huir. — mentí, comiendome mis sinceros sentimientos por el de un solo trago. — En realidad, recordaba de aquella vez cuando salimos de paseo al complejo de piscinas de la casa de Luisa, cuando tu admitiste querer llevarme a conocer tu casa. Bueno, quizás no lo recuerdes por ser muy pequeños pero…
— Lo recuerdo. — me interrumpió Sebastián sorprendiendome, lo mire directamente a los ojos y en ellos encontré sinceridad, no mentía. — estuviste ausente tres días porque te resfriaste, durante ese lapso no paraba de preguntar por ti a la profesora Bella pero no tenia una respuesta en concreto, salvo un “tal vez esta enferma”. Apenas eramos amigos, tu te la pasabas con todo el mundo, yo… yo solo servía para llorar y… — soltó una risita incómoda rascando su nuca, percibi un curioso sonrojo en sus pomulos provocando un revuelco en mi pecho, el corazón me latia muy fuerte. — eras luz. Isa, era el sol, yo era la luna. ¿Sabes lo que dicen de la luna? Necesita de la luz del sol para poder brillar, de lo contrario, es oscura. Quería verte, quería volver a jugar contigo y verificar que… no estaba solo en el espacio, yo… yo poseia la luz del sol justo a mi lado.
No dije nada, no respire, no me moví, no… estaba petrificada porque sinceramente las palabras de Sebastián poseian un doble significado, estas se las dices a alguien a quien amas profundamente como a tu esposa, tomandola de ejemplo, pero nunca a una amiga, nunca a ella. Al ver la impresión pintada en mi rostro, la mano temblorosa del chico sostuvo una de las mias acomodada tranquilamente en el sofa apretandola, realmente su pulso temblaba incluso sudaba a horrores. Yo al igual que él me sentía nerviosa, mi estomago en estos momentos se celebraba un festival de emociones sin reconocer, ojo, esto ni siquiera debería de estar ocurriendo estamos en su casa, por todo lo sagrado SU CASA donde formo su familia con ella, yo… yo solo estoy en el pasado donde jamas debí de salir.
— Cuando regresaste y dijiste que tuviste un resfriado me sentí feliz, no estaba solo, nunca mas lo estaría. — una sonrisa apareció extendiéndose en todo su rostro, haciendome sentir una clase de calor mas abrazador que un clima de desierto. Oh, rayos, en verdad amo a este hombre. — Quizás no lo sepas pero, eres la primera amiga que tuve en la vida. En realidad, fuiste la primera a la que yo…
No tuve la oportunidad de conocer que venia después de esa frase, al menos, no en ese instante porque un vendaval en forma de pequeña de cabello largo color girasol venia corriendo hacia nosotros con una gran felicidad.
— ¡Papi! ¡Papi! — lo llamo emocionada alzando sus brazos. — ¡Arriba! ¡Arriba papi!
Sebastián abandonando mi mano, giro a donde se encontraba su hija alzandola por los aires mimandola, provocandole risas claras como un cascabel en navidad. El alma me volvió al cuerpo, esta era la autentica realidad, no existía espacio para mi en esta familia, ni existiría. No digo esto porque me sienta mal al ver padre e hija jugando alegremente, mas bien en las esperanzas que sin saber Sebastián me da con todas sus acciones, puede estar haciéndolo de manera inconsciente al haber sido cercanos en el pasado. Sin embargo, no soy una niña, el dejo de ser mi caballero valiente sin armadura, ambos crecimos y llego el momento de afrontar la verdad. Perdimos nuestra oportunidad.
— He traído algo de té y galletas mientras esperamos que se cocinen el almuerzo. — aparecio en el pasillo, que imagino lleva a la cocina, una Katherin con una bandeja llena de galletas y una tetera. — no falta mucho, pero el cordero tiene a costar bastante en su cocción. Realmente, me apenada mucho hacerlos esperar.
— Oh, no… no te preocupes. — tartamudie al principio, sintiendome intimidada ante su mirada acusadora. ¡Como si hubiese atacado a su marido! Soy inocente, no he hecho nada malo. — comprendo la situación.
— Te lo dije Katherin. — se acerco a ella con todo y Karla en brazos, la niña miraba curiosa la interacción de sus padres. — deja de preocuparte por eso, Isa es sumamente flexible con la espera y muy amigable. Lo certificó.
— Debo admitir sorprenderme cuando escuche de ti — dijo ella colocando la bandeja sobre la mesa ratona, encontrada en el medio de los sillones. — mi suegra llego una tarde muy contenta mencionando encontrarse con alguien, la hija de la profesora de preescolar de Sebastian y que ella había salido con él durante esa época, de la misma manera mando sus saludos.
— E… eso… eso… es un malentendido ¡Uno muy grande! — alce la voz nerviosa, temerosa de alguna disputa innecesaria.
— Mamá… armando un castillo de naipes en el cielo. — refuto mi amigo ceñido, gustandole poco lo mencionado por su esposa.
— Y lo se, confió con los ojos cerrados en mi marido y él nunca me mentiría. Ni siquiera en un asunto del pasado como este.
¡Bam! Un balazo retumbo en mi cabeza al escuchar el doble sentido de las palabras de Katherin, este traspaso mi corazón dejandome completamente vacía, dolida y sin sangre por derramar. Tenia razón, soy un asunto del pasado, mientras que ella es el presente y futuro de Sebastián. Claramente, le desagrado totalmente a esta mujer, quizás mi amigo no lo note pero entre mujeres entendemos cuando estamos bajo una amenaza. Cosa absurda, no he venido a esta casa a robarle a su esposo, solo estoy aquí a petición de su suegra. Es todo.
— Toma — me extendio una taza de té humeante, bajo eso una mirada perspicaz se escondía trantando de estudiar mis movimientos. — Sebastián me conto que te gusta lo dulce, hice el té lo mas cercano a tus preferencias.
— Gra… Gracias.
Le dí un sorbo, la verdad estaba bastante bueno, aunque esperaba salir corriendo a baño en cualquier momento por algún laxante escondido. Pero no llego. La mujer me ofreció unas galletas de marmoladas con chocolate, luego giro a atender a su marido que seguía jugando con Karla, ante esa imagen de familia perfecta mi atormentado corazón se encogio igual a una pasa, fea y arrugada. Baje la mirada ante la astuta de ella, estaba asumiendo mi derrota, de hecho, desde enterarme de la existencia de su hija lo hice y no puede ver nada mas desolador a eso. Envidiaba a Katherin, pero no era con sentimiento opresor, en realidad ella tenía lo que desee por mucho tiempo: el amor de Sebastián. Mi amigo a su alrededor es tan atento, considerado y todo un caballero, la imagen de aquel niño valiente se convirtió en este asombroso hombre y no puedo quejarme. Muchas personas realizan un juego que consiste en preguntarse si tuvieses a tu versión de cinco años qué le dirías, siendo sincera, me arrodillaria ante ella y tocando su cabeza ligeramente le pediría no acercarse a la catedral el día en que me encontré a la madre de mi amigo, de esa manera, se evitara este dolor. Sin embargo, aquella niña esperara solemnemente la aparición de su primer amor, pero esto no lo hará, no al menos de la manera soñada.
Culmino mis galletas y té en silencio, la pareja sigue en su mundo contemplando a la pequeña de sus ojos, ignorando mi presencia olímpicamente. No puedo tacharlos de groceros, estan en todo su derecho de pasar de mi presencia, pero jamas quitara el hecho de dolerme y herirme hasta agonizar. Apreto las manos en forma de puños, inhalo y exhalo quedito, esforzandome para no ser escuchada pero de seguro Katherin lo hizo, aunque aparentemente esta concentrada en Karla. La verdad, no lo se.
— Asi que, hablame de ti. — solte un respingo al escuchar a Katherin, su tono de voz era pausada, muy calmada en comparación a el brillo inusual en su mirada. — ¿Tienes novio o un pretendiente?
En ese momento fingi ignorancia al ver como Sebastián se tensaba, menos que forzaba una sonrisa hacia su pequeña hija.
— ¡Por favor! — solte una risita incomoda, aprovechando para agarrar otra galleta de la bandeja. — mi único amor son los libros, ellos son mis compañeros mas fieles en el mundo, bueno, en permitir acercarse.
— Mmm… es una lastima, una gran lastima en realidad. — musita con pena infinita, seguidamente gira en dirección a su esposo y le da una sonrisita cómplice. — ¿No lo crees amor? Isabell es una chica sumamente simpática, si deseara tener el hombre que quisiera, podría lograrlo.
Esta siendo cruel, una perra cruel.
— En el preescolar era la niña mas popular, todos los chicos querían estar a su lado. Incluso, tuvo un acosador. — hablo indiferente, como si esto no fuese de su agrado.
— ¿En verdad? — tomo asiento frente de mi, agarrando la taza de té y dandole un pequeño sorbo. — Eso es impresionante, usualmente a esa edad no tiendes a llamar la atención, salvo por los gritos o las ganas de competir correr con otra persona. Eso demuestra aun mas tu carisma.
¿Y que pretende? ¿Buscarme un novio? Porque de ser asi, no lo necesito. De igual forma, no pretendo entrometerme en su familia, he sido educada con principios y los mantengo muy firmes.
— No estoy interesada. — comente directamente mirando a su dirección, parecía impresionada pero lo oculto bajo su mascara. — en la actualidad poseo otros intereses, graduarme por ejemplo. La carrera que curso, aunque no lo sepas, es complicada y consume la mayor parte de mi tiempo. Debido a ello menciono a los libros como mis acompañantes, prácticamente, me la paso estudiando.
— ¿No posees días libres entonces? — ataco con filosa pregunta, incluso el mismo Sebastián se fijo en mi respuesta. — ¿Como para visitarnos por ejemplo?
Ah… ya sabia por donde dirigía el timón, quería golpearlo justo en las razones del por qué encontraba mi presencia en su lugar sagrado, pero vean bien, ninguna perra celosa va a joderme la estadía. ¡Lo prometo!
— Los fines de semanas ¿te refieres a ellos? — pregunte, mas bien, afirme. — Si, uno que otro es libre, como estos momentos pero solo son horas porque de igual manera después de salir de aquí, debo reunirme a realizar unos trabajos de clases.
Katherin se quedó seca, sin mas armas por lanzar, se limito a tomar su té soltando un monosilabo pensativa en tanto su esposo simplemente observaba el panorama de lejos, junto a su hija. No deseaba estar en malos términos con ella, en realidad, trato de ponerme en sus zapatos imaginando una “posible” amenaza a su bienestar. Claramente, le daría la razón, cuando estaba pequeña fui el ser mas posesivo de todos, quizás abarcaba a ser la pequeña de papá, complacerme en todo y mimarme hasta la saciedad. Creía tener a dios por la barba, cuando en realidad no era así. Aunque espantara a cada niña tratando de llegar a Sebastián, olvidaba el hecho del futuro, este futuro. Donde apartar de sentarse a su lado, celandolo como perra en celo, no funcionaria.
— ¿Y tus compañeros de clase? — disparo sin avisar, no desistiendo en su cometido sin motivos. — debes de tenerlos y esta en la naturaleza humana gustarte alguien, seguramente lo tienes.
— Sigues siendo tan impertinente en los asuntos de los demás, Katherin. — una nueva voz nos hizo tensar a todos, gire mi vista hacia el pasillo de la cocina encontrado a la mamá de Sebastián enojada. — ¿No sabes escuchar acaso el no? ¿O acaso padeces de sordera? Conoces perfectamente que odio cuando incómodas a mis invitados, mas si una de ellas es muy especial. Además, Sebastián ¿Permitiras que el comportamiento de tu mujer sea asi? No la congrases.
— Yo… lo siento. — bajo la mirada apenado, ella solo evitaba mirar a su suegra.
— Bien — asintió firme, acto seguido se dirigió a mi mamá con una mueca avergonzada. — lamento el comportamiento desvergonzado de mi nuera, no conoce las normas de cortecia aparentemente.
— No te preocupes — le resto importancia mamá, sonriendo incomoda. — tampoco seas dura con ella, las mujeres somos algo agrias al descubrir que nuestros esposos tienen amigas, es normal.
— Pero…
— Mamá tiene razón, señora. — me levante del asiento, caminando hacia ellas y sonriendo ya mas calmada. La expresión de Katherin seguía siendo inquieta, en cuanto a la de su esposo, era apenada. — No sea dura con su nuera, se nota que quiere mucho a su hija y nieta, en su lugar, permitale ser mas abierta entre ustedes. En cuanto a mi, no se preocupe, los celos son naturalez cuando amas con el corazón.
Finalmente Sebastián me miro, pero no era la clase de mirada llena de asombro a descubrimiento, esta era pensativa y parecía estar recordando algo. Sea como sea, no indague mucho en descubrir mas del tema, me limite simplemente a escuchar a su madre llamandonos a pasar al comedor, el almuerzo estaba listo. La señora no mentía con hacer un estofado de cordero de muerte, al meter la primera cucharada en mi boca sentí que mi alma salio del cuerpo y volvió a entrar, estaba sumamente delicioso lo suficiente para desear mas. En cuanto a su nuera, se encargo de realizar una crema de verduras y pastel de papas a la española, ella igualmente sabía cocinar con la capacidad de hacerte ver el paraíso en un segundo. La elogie ante su sazón, pero solamente recibi una sonrisa a secas demostrando estar aun enojada por lo anterior ocurrido.
En su lugar, Sebastián dejo el asunto atrás para llenar de halagos a las mujeres de su vida, porque la magia de recrear sus manos traiga la gloria completa a los simples mortales. En esta ocasión se alegraba de verlas trabajando juntar, Karla agrego contenta el venirlos a visitar todo los días, de esa manera su mamá y abuela tendrían expresiones felices en sus rostros. Sonrojandome, mamá una vez mas tomo el mando sugiriendole a su colega darle mas imágenes a la niña de esa índole, como ven, le hacia ilusión y alegre. La señora parecía meditarlo, tenia sus razones en diferir mucho de su nuera, pero cuando se trataba de Karla el mundo era diferente. Termino por aceptar, al menos la complaceria los fines de semana. Desde el fondo de mi corazón, me alegre por la niña.
En general, fue un almuerzo muy ameno, pacifico en los términos de una Katherin centrada en comer su alimento y ayudar a su pequeña, olvidando mi presencia durante todo el rato. Al menos ella, porque la niña me pregunto si existía comida que no me gustara, vaya, una interrogativa dura de responder. Mamá, como buena mamá que es, respondió con un tono consiso al higado. ¡Ugh! Era cierto, de solo imaginar su viscosa apariencia se me revolvia el estómago, ni de mencionar lo chicludo a morderlo dándole al parecer comer cualquier cosa menos algo bueno. Karla arrugo su carita igual conmocionada, ella tampoco era partidiaria del higado, es mas, entendía mi postura de evitar comerlo. Realmente, sería delicioso comer una gran hamburguesa con papas frítas, si, apoyo la emoción con ojos cerrados. Entonces Katherin con tono dulce, mando a su hija a guardar silencio y terminar su alimento. Ya casi al desaparecer los alimentos de nuestros platos, la mamá de mi amigo me pregunto por mis estudios, tenia entendido que la carrera que escogí era pesada y en su temporada de exámenes agotador, una de sus sobrinas era licenciada en economia egresada de la misma universidad de la mia, por eso lo decía.
— Esta bien, es complicado pero… si fuese fácil no seria un reto. — comente encogiendome de hombros, culminando ya de comer.
— Sigo diciendo ser una locura. — señalo Sebastián con una sonrisa socarrona en el labios. — desde tener memoria tenías vena para la educación, aun estas a tiempo de recapacitar.
— Un dilema duro de tratar. — murmuro mamá con ironía.
— ¡Oh vamos profesora! — dijo con un medio tono de ruego, mamá soltó un resoplido divertida, ella mas que nadie sabia por donde iba el asunto. — Usted mas que nadie seguramente se lo recordó, pero… ¿Como llegamos a esto?
— Sebastián, hablemos de la verdad. — marque las palabras con un tono juguetón de voz, me sentía otra vez niña gracias a él. — tu único deseo verdadero es haberle dado clases a tu hija, no por mi “vocación”. ¿Cierto?
— ¿Isa profesora? — pregunto inocente la niña, mostrando sus ojos esmeralda con un brillo entuciasta, le gusto aparentemente. — ¡Me gusta la idea!
— Pero estudias economía, ¿verdad? — interrumpió Katherin, apretando la cuchara de la niña en una tensión notable. — además de no hacerlo aun estarías a años lejos de graduarte, haciendo imposible ver a Karla.
— Ka… — intento decir Sebastián un poco, no, bastante molesto.
— Sera mejor que recoja los platos de la mesa y sirva el postre. — se levanto apresuradamente de la mesa haciendo ruido, todos nos quedamos mirandola intrigados ante su cambio de humor, era evidente su disgusto con mi presencia y debía de arreglarlo. Tenía que hacerlo.
— ¡Dejame ayudarte con eso! — igualmente la imite en levantarme, no quería causar mas intriga en la familia, que mi presencia no fuese mas una molestia. — cargar con todos los platos debe de ser difícil para una persona.
— No te preocupes por eso, Isabell. — sonrio con coordialidad la mamá de mi amigo, agradecida al punto de mis buenas intenciones. — eres la invitada deja a Katherin encargarse de lo demás.
— Al contrario, dejeme insisitir por favor. — agregue, movimiendo mi cabeza hacia los lados. — dos pares de menos extra garantiza un trabajo mas rápido.
No se dijo mas, pude recoger tranquilamente los platos junto a Katherin mientras los demás anunciaron cambiarse de sitio, comerían el postre en la sala de invitados. En tanto caminaban hacia ella, Sebastián me guiño un ojos seguido de alzarme su pulgar, estaba deseandome buena suerte en calmar la ira del tigre, aunque aseguraba algo, no muerde. Acto seguido, desapareció. Estuvimos unos minutos en completo silencio, solo el sonido de los platos era lo que se escuchaba en el comedor junto a nuestros pasos, de cierta manera era tranquilizador porque imagine que una vez estando solas empezaría los gritos o a lanzarme los cuchillos sobre mi cabeza. Error, la mujer se limita a despejar la mesa, apilar los trastos en el lavavajillas y moverse en la cocina con total tranquilidad. Pensé en que si nos hubiésemos conocidos en otras circunstancias, ella no robandome mi felicidad, yo no deseando la suya, podríamos llevarnos hasta bien. Claro, eso como pedirle peras al olmo, imposible.
Casi terminando el recoger los platos, me ofrecí a darle una mano con repartir el postre, siendo una enorme torta de chocolate con chispas de colores encima. Ya lo tenia todo casi acabado, solo faltaba partir las porciones y colocarla en los platos, los cuales, se mantenían uno sobre otro a un lado de ella. Creí que si hicimos la actividad anterior sin inconveniente alguno, esta, seria igual. En un movimiento agil de su parte, sujeto mi muñeca arrojandome al suelo en un golpe totalmente limpio, desde allí y prácticamente aturdida la mire exigiendole alguna explicación. Cosa estúpida, pues en su rostro se veía considerablemente el gran asco en tenerme, sin mencionar el odio, o claro, mucho, mucho odio.
— ¿Puedes parar de fingir que eres una buena chica? — exigió con tono de amenazante, congelandome la sangre. — Me enferma las tipas como tu que solo desean verse inocententes delante de mi marido, con solo una finalidad… robarmelo.
— ¿Pero que…?
— ¡Que no finjas mas dije! — elevo su voz, ahora era mas gelida, calculadora y pesada. Tenia miedo, realmente lo tenia. — ¿Crees que no lo se? ¿Qué soy estupida? ¿Quizas ciega? ¡Por favor! Las como tu caen rápido como moscas, sus intenciones mediocres con MI ESPOSO son evidentes pero… pobres, porque, como sabes, tenemos una familia. UNA HERMOSA FAMILIA. Asi que, yo que tu, desistiria de hacer los planes.
— ¿De que planes…?
— ¡No mientas desvergonzada! — se coloco a mi altura sujetandome el mentón con fuerza, apretandomelo. No hice nada, tampoco aparte la mirada, simplemente me quede paralizada ante la imagen loca de Katherin que se alejaba a millas de la elegante, agraciada de todos tienen de ella, incluida yo. — Mira que tienes agallas, perra. Disfrazar tu aura de desvergonzada con las memorias de la niñez, la verdad desconosco si es verdad o no, poco me importa, pero no podrás robarme a Sebastián. ¡Ni tu o alguna otra mujerzuela!
Entonces le di un manotazo apartandola fuera de mi, el cuerpo entero comenzó a temblarme de la rabia, ira y molestia infinita. No me importaba que maliterpretara mi relación con Sebastián en el presente, que viese pajaritos donde no existían, pero dudar de las memorias compartidas durante la niñez… no, eso si que no, ellas son mi mas grande tesoro. Me levante del suelo sacudiendo mis ropas bajo su atonica mirada, seguramente esta pensando que toco mi vena sensible al descubrir mis planes, puede idear las conspiraciones mas locas creadas en la vida, me da igual, esto realmente esta pensando a artarme.
— Dejame dejarte bien claro una cosa, Katherin. — comence diciendo muy segura, sin nerviosismo o tartamudeo. — que dudes así de tu marido no es sano, aun menos, el meter en un mismo saco a todas las mujeres a su alrededor.
— ¡¿Ahora me vienes con clases de idialismo?! — chillo, levantándose igualmente del suelo. — ¡No me tomes el pelo!
— Sebastián es mi amigo, mi mas preciado amigo de la infancia. — la ignore, siguiendo con sacar mis reales sentimientos sin exagerarme. — muchas personas en el pasado maliterpretaron nuestra relación, era comprensible porque no lo conocían. Pero que tu, siendo su esposa lo haga… es repugnante.
— ¿Jugas el papel de víctima ahora? — enarco una ceja, bufando como un toro enojado. — asqueroso. Las tipitas como tu son las repugnantes, viniendo a mi casa a socializar, tratando de verse todas ángeles solo para convencer a mi esposo de que no parten un plato. Cuando en realidad… ¡Lo hacen con la vajilla completa! — dio un paso adelante sujetandome de la solapa de la chaqueta, amenazandome prácticamente. — Te recomendaré una cosa, idiota. Ahora mismo te marcharas de esta casa y no volverás jamas, dejaras de fastidiar a mi esposo, desapareceras de su vida completamente sin dejar rastro. ¿Entiendes? Hazlo, si tienes desencia.
Ah… francamente, no merezco esto, hasta un perro de la calle tiene un mejor trato que yo. Valgo como persona, valgo como ser humano, sobre todo, valgo como mujer. Ni por Sebastián me dejaría pisotear de esta forma, podría amarlo, pero llego el momento de quererme mas a mi en su lugar. Asi que, dándole un manotazo quitandome de encima el agarre de esta mujer, gire sobre mis talones saliendo de la cocina sin darle mas rodeos al asunto. Sorpresivamente no deseaba llorar, menos formar pataleo, solo deseba salir rápidamente de esta casa y nunca jamas volver. No me maliterpreten pero, se perfectamente cuando no soy bienvenida en un sitio y este, efectivamente es el caso. La primera en colocarse de pie es la mamá de mi amigo adornandola una sonrisa en la boca, estaba hablando sobre la torta de chocolate siendo de mi agrado o algo así, aunque sinceramente no prestaba atención, solo buscaba entre el sofa mi bolsa y finalmente marcharme. Mamá fue quien se dio cuenta de mi decaida seguido de Sebastián, lo que produjo la interrogativa de su madre por si buscaba algo, si, mis cosas.
Seguía sin responder nada, solo me mantuve muda, al encontrar mi bolsa aun lado de mamá localice con agilidad mi móvil, haría una llamada. Por lo tanto, abrí mi boca pronunciando unas sencillas palabras: debo irme. Sebastián se petrifico, no dijo nada, inclusive su hija fue mas expresiva diciendo aun no mostrarme su cuarto o su colección de muñecas, esperaba realmente jugar conmigo. Su tristeza me produjo contradicción en mi interior, pero no podía flaquear, no ahora al tener prácticamente a su mamá pisandome los talones. Creanme, Katherin es el menor de los problemas, lo que diga o deje de decir no tiene importancia, mi preocupación reside en pelear con ella, discutir por razones que son absurdas y sin cabeza. Mi amor por Sebastián es puro y sincero, no es posesivo o aprensivo, en su lugar, busca su felicidad, la cual, esta en este sitio junto a ella. Choca gravemente en mi el no darse cuenta de la verdad, estar tan ciega de sus celos, olvidándose de que a quien ama seriamente es a ella, no a mi. Desconosco sus sentimientos en el pasado, con tal, a estas alturas de la vida son innecesarios de saber. Solo me apetece sostener su amistad, aunque signifique ser desdichada.
Disculpandome sin descanso, sostengo mi bolsa caminando rápidamente a la salida con la mirada aguda de mamá persiguiendome, en ella lo dice todo, por algo mencionan que las madres tienen un sexto sentido al saber cuando un hijo la pasa mal y yo estoy pasandola mal. Marco un número que me se de memoria esperando ser escuchada, en ese instante un nudo se forma en la garganta amenazandome con desatar los demonios dormindos en mi, he llegado a mi limite, estoy cansada. Si. Cansada de ocultar mis propios sentimientos, de lidiar cada día con esto mas fuerte que un huracán, de culparme por no avanzar y seguir adelante, sobre todo, estoy cansada de aferrarme a unas esperanzas que jamas existirán. Estoy a punto de cortar la llamada cuando al otro lado de la linea descuelgan el telefono, el sonido de una radio de fondo en sintonía con una voces de dos personas mayores llegan a mis odios, seguidamente de esa inespresiva persona que es capaz de sostenerme cuando todo esta perdido: Anthony.
— Ayudame, Tony… — le digo quebrada, totalmente hueca y vacía por dentro. — por favor… sacame de aquí.
— ¿Isabell? — pregunta confundido pero evidentemente preocupado, la voz de uno de sus acompañantes menciona igualmente mi nombre, asegurándose si me encontraba bien. — Dime ¿donde estas? ¿qué ocurre?
— No… no puedo entrar en detalles ahora, solo… solo… — aprete mis labios con fuerza, obligandome a mi misma a permanecer serena. — sacame de aqui, te lo pido, por favor… por favor… Tony… recogeme.
Un minuto, duro un minuto para emitir un suspiro y la tan esperada respuesta:
— Estoy con mis tíos en el auto, no te preocupes, te localizaré por el GPS y ire para alla. — contesto en seguida, se separo un poco del móvil y le dio unas instrucciones a su tio para buscarme. — No se que paso pero mantente firme, voy por ti Isa.
Colgo, respire profundamente escuchando los pasos conocidos de mamá, seguramente asegurando a los residentes de la casa atender el arranque raro de su hija. En cuestión, no podría, en verdad agote mis fuerzas y mi única alternativa era salir de aquí.
— ¿Ocurrio algo? — soltó de inmediato, gire a su dirección ocultando mis verdaderos sentimientos. — hace unas horas atrás morias por venir a esta casa y ahora… planeas marcharte.
No podía decirle a mamá que desde mi llegada todo ha sido una tortura, menos el acabar de discutir con la esposa de Sebastián al ser descubierta de una bizarra manera mis sentimientos por él, no, me rehusaba hacerlo. Mi única alternativa era desaparecer, no solo de su casa, igualmente de sus vidas.
— Tengo algo que hacer, no es mentira, se trata de la universidad. — mentí, como leen, tuve la audacia de mentirle en la cara a mi madre. Menuda astucia.
— Claro, eso ya lo sabia pero sería mucho mas tarde, no tan temprano. — pronuncio con perspicacia mamá, asustandome hasta los huesos ante su dedusión. — ¿Discutiste con Katherin? ¿Fue eso? Si ella te hizo sentir mal entonces…
— Se acabo, mamá. — la detuve, verificando un mensaje de texto de Anthony diciendome estar cerca, mejor salia y lo esperaba en el estacionamiento. — esto no es como cuando tenia cinco años, menos seis, es la vida real, la autentica y… puede ser tan cruel, muy cruel.
En ese momento la mamá de Sebastián sale sosteniendo entre sus brazos a Karla, ambas me piden quedarme otro rato mas y asi comemos el pastel, gentilmente me rehusó asegurando que estan por recogerme y no puedo hacerlos esperar. En mi lugar mamá se quedará, de todas maneras no tiene mas planes en el día, sera una excelente compañia. Otro texto me distrae, Anthony ha llegado y me espera en el parque. Disculpandome por millonsima vez, me despido de la mamá de mi amigo y su hija proponiendo una próxima vez para vernos, reunión que no llegara. Atravieso el portón negro moviendo mi mano a su dirección en señal de despedida, seguidamente ignoró la expresión del rostro de mamá que esta entre lo desconcertada y asombrada, básicamente en mi perspectiva viene siendo lo mismo, salgo a la calle caminando a pasos agigantados mirando a todos lados del parque en búsqueda de Anthony en el auto de sus tíos. No hay perdida, un marcedes negro luce fuera de lugar en este sitio, avisandome que mi amigo se encuentra allí. Suspirando en un medio quejido de dolor, corro con desespero en la búsqueda de Anthony, anhelando ser estrechada en medio de sus fuertes protectores brazos.
Corre en medio de la calle como niña perdida, no me importa ser observada desde esa casa por unos ojos esmeralda, menos por otros acaramelados, mi amigo sale del auto igualmente apresurado por llegar a nuestro encuentro y abrazarme. Al ver su rostro encuentro el oasis, el paraíso lleno de agua en medio del desierto, tener sus brazos alrededor de mi cuerpo me da rienda a soltar mis pesares, allí dentro ese calor conciliador vacío mis lágrimas llenas de dolor. No pido mas, en realidad, no necesito mas porque mi salvavidas esta aquí y puedo considerarme segura.
— Te lo dije, si que te lo dije. — menciono con voz premula, tan dulce como el dulce de leche pero llena de espinas al igual a una rosa. — el efecto maligno de ese hombre produce en ti es nocivo, te lleva a quemarte a lo cimientos.
— Sacame de aquí, no… no quiero permanecer mas en este sitio. — le pedi sollozando, apretandome mi agarre a su espalda. — por favor… vamos de aquí.
— De acuerdo, vámonos.
Les aseguro una cosa, de ese día solo quedo el amargo recuerdo de la realidad, Sebastián no me pertenecía ni lo haría, ese lugar ya lo ocupaba Katherin y el saberlo dolia hasta morir. Pero entre mas rápido supiera la verdad, la oportunidad de sanar se encontraban mas altas. No lo volvi a ver más, tampoco recibi mensajes suyos, igualmente si lo hicieran no los responderia, tal cual como menciono Katherin desaparecía de su vida por completo. Mamá no me hizo preguntas al respecto con lo ocurrido ese día, se limito a respetar mi espacio, a decidir por mi misma si deseaba seguir siendo amiga de Sebastián o no. En lado de Anthony, me aconsejo el seguir con mi vida, evitar ir a esa panadería donde trabajaba aunque sea tomar un café, podría tener curiosidad de su vida pero seguramente estaría Katherin cuidandolo como si fuese un perro guardian de un hueso o un tesoro. Tenia razón, eso sonaba a algo que haría la mujer de mi amigo.
De esa manera, pasaron casi tres meses y medio sin noticias suyas, limitandome a ir a la universidad, estudiar, salir con Anthony, conversar por texto y Skype con David, seguir esa monotonía tan poco refrescante pero pacifica. ¿Acaso olvidaba a mi primer amor? No, en lo absoluto que no, pero entendí si él no movía un solo dedo para hallar conmigo, menos lo haría yo. Los primeros días de su ausencia fueron agonicos, como si me faltara una pieza para poder funcionar con normalidad, mis compañeros mencionaban parecer a una muñeca viviente; comia como una persona, hablaba, dormía y asistía a clases normalmente, pero en el fondo de mi mirada solo encontraba vacío. Entonces decidi avanzar, caminar hacia adelante porque seguramente eso hacia Sebastián, él jamas se ha preocupado por mi, no al menos como quisiera, asi que debo preocuparme de mi bienestar. La vida jamas se detendrá porque estas despechado, sigue girando, avanzando a grandes sacadas y tu, simplemente debes adaptarte. Sin embargo, aun quedaban esas noches frías, llenas de nostalgia donde me traían en forma de sueños nuestros recuerdos de la niñez donde el era mi caballero, ese pequeño soldado sin armas rescatandome de toda amenaza y que luego sostenía mi mano con fuerza, a su vez, la calidez de la mañana y la dulzura de la leche tibia con mucha azúcar.
Frustraba saber que aunque el mundo sigue girando, conozca personas, nuevas caras, chicos con buenas intenciones e inclusive, la insinuación de Anthony amandome, siempre sera Sebastián, únicamente él. Me rehusaba a creer el dicho de enamorarse una vez en la vida de una persona, de ver a los demas como simples intentos de felicidad, pero al final, parecia ser cierto y me avergonzaba hasta el final. Era como ese paseo al complejo de piscinas de la familia de Luisa, cuando nos sentamos en el último puesto del bus junto a Sebastián, quien no paro ni un momento de decirme palabras con mucho significados ocultos, ahora en el presente, pero en el pasado lo suficiente vergonzosas para dejarte sin habla. Mis amigas obviamente descubrieron algo que no yo, porque se miraban entre ellas con sonrisas perspicaces asustandome, aunque ella nunca malitencionaron nuestra relación, me animaron a acercarme al niño llorón para consolarlo de su soledad. Ante mis inocentes ojos lo mire como un acto de amistad, creo que ahora no puedo pensar lo mismo. Al llegar a nuestro destino todos los niños salieron corriendo para quitarse la ropa, en mi lugar, tuve que permanecer muy cerca de mamá mirando a los demás disfrutar, había estado enferma y debía de cuidarme y no correr directo a una recaida. Asi que, vistiendo una camiseta de tirantes verde con un estampado de “Mickey Muse”, junto a unos pantalonsillos cortos tome asiento en unas sillas con mesa y sombrillas, mirando atentamente a mis amigas nadando con gusto.
Ah… miren nada mas el aburrimiento en mi piel, la envidia y la tristeza, todo combinandose entre si en un coctel de emociones dañinas. En lo mas profundo de mi desee no estar enferma, o no haberlo estado, de esa manera podría estar junto a ellas como todo los demás. Suspire, mejor seguía contando las veces imaginarias de bajarme en esa resbaladiza rumbo a la piscina, seguramente hacerlo sería el momento mas emocionante de todos, aunque eso igualmente era prohibido para todos. Entonces note una figura encorbada de alguien, sus enormes ojos esmeraldas me miraban con cautela, como si esperarse ver una reacción de mi.
— Es curioso. — dijo el chiquillo — cualquier otra niña en tu lugar hubiese llorado, incluso, formado berrinche.
Gire mi cabeza hacia los lados como si fuese un gato curioso, las ideas de Sebastián eran algo desordenadas, primero porque no soy una niña mas del montón y segundo… ¿no debería estar con los demás?
— ¿Eres un gato acaso? — le pregunte curiosa, parpadeando varias veces en su dirección. — hoy hace un clima grandioso, estando en tu lugar… no saldría del agua.
— Contestame entonces a mi pregunta. — dijo sosteniendo una de mis manos, era pequeña pero calida, producia un sinfín de sensaciones raras en mi estómago y quería reir, no sabia la razón. — ¿no vas a llorar como cualquier niño de nuestra edad al estar en una piscina pero sin poder entrar en ella?
— ¿Llorar serviría de algo? — respondía con otra pregunta, inquietando al niño pero sin soltar su agarre. — porque aveces hacerlo no significa que las cosas saldrán a tu favor, en su lugar, podrían ponerse peores.
— Si, tienes razón.
— Se que mamá hace esto por mi para cuidarme. — esta vez sonreí y le respondí el agarre con un apretón. — después de todo, ella estan allí para querernos y protegernos. Ya vendrá otra ocasión donde pueda nadar con los demás, con mis amigas.
— ¿Sabes nadar? — pronuncio curioso Sebastián, asombrado de mis palabras.
— No, ni un poquito. — baje del asiento aun teniendo la mano de mi amigo sobre la mia — pero no debe de ser diferente de mover los brazos o piernas ¿cierto?
— Si es así, sabemos nadar. — argumento divertido riendo, prácticamente aplaudiendo mi lógica.
Nos sentamos en la horilla, solamente nuestros pies tocaban el agua en tanto los moviamos, desde este sitio podía ver como los niños jugaban a arrojarse agua en el rostro, otros reían extrepitosamente, o como mis amigas que hacían carreras entre ellas. Sonreí, esa podría ser yo, pero me encontraba atascada en tierra, sin derecho a protestar. Sebastián a mi lado dibujo una sonrisa en sus labios, segui el patrón de su mirada encontrando a la asistente de mamá utilizando bañador, aunque fuese de una sola pieza no podía fingir verse igual a hipopótamo, gorda. De hecho, al lanzarse al agua, Nelson, un compañero de aula tan fastidioso como el mismo calor en el gran cañon, gritaba sin parar “cuidado con la ballena” y “tenemos una ballena entre nosotros” haciendo gritar a todos en descontrol, desastabilizando la paz de todos los niños. La mujer al verse presa de las burlas de un chiquillo, saca su cuerpo del agua mirandolo con furia contenida al burlarse de ella, no existía el respeto y mas siendo su profesora. Bufe divertida, la única docente en el aula era mamá, nadie mas, ella se limitaría a ser su asistente. Al parecer Nelson leyó mis pensamientos, porque comentó a todo pulmón tener una profesora y era mi mamá, eso produjo mas enojo en la mujer queriendolo sacar del agua ante su inoportuna actitud. Fue el momento oportuno para una intervención de alto rango, mi madre ya cansada de tal desorden, hizo callar a Nelson dándole una advertencia y en cuanto a su asistente, la mando a atender a los niños mas pequeños. Sebastián a mi lado, ocultaba su risa bajo su puño divisando seguramente el rostro de enojo de la mujer, no podía fingir, igualmente era gracioso y lo imite en reir disimuladamente. Me agradaba el niño llorón, aunque no fuese precisamente comunicador, ocultaba sus pensamientos dentro de su cabeza, no le gustaba tener muchos amigos, pero con todo y eso, seguía agradandome mucho. Volvi a coger su mano entre la mia llamando su atención, él giro lentamente su mirada hacia mi impresionado por un segundo pero al otro, sostenía mi agarre anchando en sus labios una sonrisa tan brillante como el sol.
— Deberías meterte un poco en la piscina. — dije como quien no quisiera la cosa, mi amigo paro de sonreir y me miro algo pensativo. — es un desperdicio venir aquí y ni siquiera mojarte un poco, no pretendo ser la culpable de tu infelicidad.
— No soy infeliz, estoy divertiendome mucho estando aquí. — hablo con voz pausada, volviendo a mirar hacia adelante directamente donde se encontraba Nelson, mamá y su asistente. — además, no quiero ser el culpable si deshaces del aburrimiento.
Mi corazón palpito fuertemente en mi pecho antes las palabras de este niño, de pronto me sentía muy avergonzada y cohibida, efecto muy extraño en una persona como yo. De la nada, el movimiento de las aguas nos despisto provocando levantarnos de nuestros asientos improvisados, los rostros de dos niños, uno moreno y otro regordeto se mostraron ante nosotros con sonrisas jueguetonas. Eran Kevin y Arnol, amigos de Sebastián en un futuro muy cercano.
— ¿No quieren jugar con nosotros? — rompió el silencio Arnol, dirigiéndose directamente a mi amigo. — estar sentados mirando a los demás divertirse debe de ser muy aburrido.
Pff… ¡Como no tienen idea! Pero no tenia otra opción, obviamente no respondi, alguien se encargo de hacerlo.
— La hija de la profesora no puede, estuvo enferma y el agua le dara otra recaida. — dijo Sebastián.
— Ven tu si ella no puede. — señalo Kevin, sorprendiendo a mi amigo. — pareces ser muy solitario y tener otros amigos no estaría mal.
Sebastián giro emocionado hacia mi dirección como si acabara de recibir el mejor carrito de juguete en manos de Santa, sonreí alzando mi dedo pulgar estando conforme de su reciente logro, él en verdad no era muy hablador que digamos, se la pasaba detrás de mi y cuando no, solo. Pero ahora seria diferente, lo confirmo.
— Ve, estare bien. — lo incentive, dándole un ligero golpe en su hombro pequeño. — como dije antes, es un día esplendoroso y divertirse es un deber.
— Vendre cada que tenga oportunidad. — aviso, dando un salto al agua y sumergiendose. — lo hare de verdad.
— Disfruta mejor. — lo despedí agitando mi mano, en tanto se marchaba para jugar.
Lo que no sabia era el arrepentirme de dejarlo ir tan pronto como los buitres atacarían, fue predecible el abrirse entre los niños de nuestro salón al hacer amistad, rápidamente estaba jugando y riendo con los otros igual a un chico de su edad. Sin embargo, olvide completamente que no solo los niños pueden jugar con otros niños, Gladys una chica sumamente extrovertida teniendo la oportunidad se lanzo con agilidad sobre mi amigo, queriendo su atención. Las alarmas de mi cabeza se encendieron. Quise arrojarme al agua para apartarlo rápidamente de él, Sebastián era MI AMIGO no suyo, asi que, de ninguna manera tenía permiso de tocar su hombro o hacerle sonrisitas. Eso, era solo mio. Levantandome del asiento rodee la piscina colocandome al otro extremo, en ese sitio tenia una visión mas amplia de los acontecimientos, como Sebastián lucia confundido de la atención ganada y Gladys haciéndole ojistos. Irritada hasta los pelos de mi cabeza, pise fuerte el suelo teniendo un objetivo claro: meterme en la piscina. Entonces, frene. No podía hacerlo, tenia reglas por cumplir y cuidar de mi salud era una, mamá podría estar pendiente de otra cosa pero de verme mojada después, se armaría una de la grande.
Suspire sentandome en la horilla de la piscina, me encontraba atada de pies a cabeza en tierra dejándole el campo libre a Gladys para robarme a mi amigo, ahora capaz ni el volviese a mirarme y… la sola sería otra. No haría berrinche, no por algo perder una amistad valiosa, el chico llorón daba un paso hacia la sociedad y debería alegrarme por él. Siendo así ¿Por qué? ¿Por qué me enojaba si su amistad era para una niña? No, no lograba comprenderlo.
— Es sencillo — una niña de cabello negro y ojos del mismo color me miraba curiosa, como estudiando mis expresiones. — estas celosa, porque te gusta el niño llorón.
— ¿Como puedes saber eso? — replicó otra, esta tenia un flequillo cubriendo su frente y era mucho mas pequeña en comparación. — Isa aun no ha dicho nada de eso.
— Adriana es evidente, mirala. — me señalo con altaneria, creo que eso podría considerarse mala educación. — Tiene arrugas por todo su rostro, mira como si pudiese apartar a Gladys de un zarpaso y a su vez quiere llorar. ¡Obviamente esta celosa!
Era tan rara esta niña, metiéndose en mi cerebro y cavandolo en busca de un tesoro, lograba incomodarme un poco pero… ¿celosa? ¿gustarme mi amigo? No, allí debe de haber un error, uno muy grande.
— ¡Para ya con eso! — exigió a su amiga, seguidamente se acerco a mi con una sonrisa calida y bondadosa, me agradaba. — disculpa a Angélica, suele ser muy entrometida en lo que no le importa o donde no es llamada. Pero es buena persona.
— No es nada. — movi mi cabeza hacia los lados sonriendo en respuesta, realmente entendía poco pero Adriana me agradaba. — Aunque, Angélica, Sebastián es solo un amigo y no estoy celosa porque otra niña se le acerque, siempre y cuando no invada su espacio personal. Él parece incomodo.
— Claro que lo esta, quiere a una sola niña haciendo eso. — corroboro viendo una vez mas la escena, después giro a mi dirección y señalandome. — Tu.
Sentí mi rostro calentarse como una estufa, seguidamente de escuchar a Adriana preguntandome si tenia fiebre, Angélica la mas avanzanda de las tres le explico que mi reacción era muy natural al estar apenada, mas si insinuas algo con el chico que te gusta. Esta niña, realmente quería llevarme al limite, o quizás convertirme en un tomate partalante, si, eso debe de ser. Unos minutos mas tarde ya calmada, Angélica y Adriana me ayudaron a bajar a la piscina sin mojarme mucho, según su psicología si evitaba empapar mi cabello nada pasaría, menos mi mentón, todo el mundo sabe que la gripe empieza por allí. Iba a replicarle esa congetura diciendo que la gripe empieza es por la garganta, pero mis amigas Luisa, Laura y Ana con rostros bastante sorprendidos. Concordaron que una vez mi mamá se diera de cuenta acabaría conmigo, Angélica muy convencida de sus conjeturas le explico su plan, Laura mirandola un tanto extraña le aclaro lo del mentón y lo suplento por cuello, de la misma manera tener un poco de lógica su idea, pero al salir de la piscina pasaría frío y allí vendría las consecuencias. Luisa restandole seriedad al asunto, apreto una de mis mejillas tratandome igual a un oso de peluche diciendo que estaría bien, la profesora Annabeth entenderían tarde temprano la necesidad de una niña queriendo bañarse en la piscina teniendo una al frente, terminaría perdonandome. Era cierto, estar fuera y sola es muy aburrido, quería la compañia de mis amigas y…
— ¿Sebastian? — concluyo Laura con picardía, mi rostro una vez mas se pinto de carmín. — ¡Oh pero mira lo adorable que es! Nuestra pequeña experimenta su primer amor, crecen tan… rápido.
Debería sacarle la lengua, si, hacerlo y decirle fea pero por una razón rara mi cuerpo no responde limitandome a mirarla ceñuda. Angélica interviene que me ayudara a llegar hasta él, arrebatarselo a Gladys y terminar con un final feliz de esos iguales a los cuentos de hadas, el demonio derrotado, príncipe y princesa juntos y comiendo perdices. Adriana confiesa jamas entender esa última frase, según su hermana “perdices” son los desechos del mar y los únicos en considerarlo sabroso serian los peces, seguidamente Ana pregunta si la sirenita tiene de comida favorita los “perdices”. Soltando una risotada Luisa comenta que la sirenita es obviamente una sirena, no un pez, por lo tanto ella no comería algo así mas siendo la hija de poseídon el rey de los mares. Y así, de una manera muy extraña, las chicas se disputan en una conversación sin pies o cabeza, dejandome a un lado con pensamientos revueltos. Me da igual si la sirenita come o no perdices, mi princesa favorita de Disney es Blanca nieves, mamá prometió que en el próximo carnaval me disfrazaria de ella debido a nuestros parecidos: cabello negro corto hasta el mentón, ojos claros, piel clara… ¡Solo me falta el vestido y mis siete enanos! Oh… igualmente un príncipe. Mis ojos inconscientemente buscan la figura de Sebastián, sigue custodio de los ataques de Gladys que se vuelven mas agresivos, ya no solo toca sus hombros, quiere abrazarlo.
Oh… oh… oh…
Habrá puré de Gladys en el almuerzo.
Habrá puré de Gladys en el almuerzo.
Me lanzo hacia adelante en dirección a mi amigo despistando a las chicas junto a mi, el agua imposibilita que camine con velocidad hacia donde quiero llegar, eso y…. Adriana junto a Ana sujetandome los hombros.
— Estas muy alterada, de llegar allí realmente puede ocurrir una catástrofe. — aconsejo Ana, colocando todo el esfuerzo en frenarme.
— ¿Catastrofe? — preguntamos unísono Adriana y yo.
— Significa desastre. — contesto Angélica — Ana tiene razón, debes enfriar un poco tu cabeza y luego ver como vas hacer, de todas formas, voy hacerte llegar donde esta tu Don Quijote, querida dulcinea.
— ¿Eh? ¡De ninguna manera! — replicó Luisa, cruzandose de brazos. — Nuestra Isa es muy linda para ser dulcinea y el niño llorón muy cara fina para Don Quijote, ellos pueden pasar fácilmente de Cenicienta y su príncipe azul.
— ¿Bella y Bestia? — pregunto Laura, ya soltandome al verme mas calmada — una vez roto el hechizo el príncipe vuelve a la normalidad, además, Isa tiene el cabello oscuro no rubio.
— Bella es castaña, Isa negro. — coloco una pose pensativa Ana, demostrando tomarse con calma el dilema. — quizás no combinen mucho.
— Blanca nieves. — concluyo Angélica acercándose a mi y sujetando mi mentón parecido hacer una muñeca, esta exhibiendome. — solo mirenla, su cabello corto, ojos claros y… su blanquesina piel. ¡Es perfecta para blanca nieves!
¿En verdad mis amigas estaban discutiendo sobre a cual de las princesa de Disney me parecía mas? Si, eso ocurría y mientras Gladys emitando a la malvada bruja de la Sirenita, tomando los amigos de otros con mucha confianza. No me maliterprenten, me agrada Gladys, pero detesto verla cerca de Sebastián y la quiero lejos. Adriana parece leer mis pensamientos porque inmediatamente manda a callar a nuestras mayores, deberíamos llevar a cabo el plan para llegar a Sebastián, de lo contrario, voy a parar a tener color verde del enojo. Sin mas rodeos, Angélica menciona ir directamente de frente al objetivo, es decir Gladys, con la mentira de querer jugar con ella en tanto otra de nosotras me ayudará a retener a Sebastián y fin. Vaya plan mas simple, podría incluso saltarmelo y arrebatarle a mi amigo, con tal, he sido yo la primera en tenerlo antes que todos. Sin embargo, Ana me detiene una vez mas, nosotras las chicas debemos ser mas astutas que un zorro, mantener un paso adelante del contrincante y hacerles parecer que llevan la delantera en todo, cuando la realidad es otra. Bien, eso logro calmarme, al menos un poco.
Empezamos a movernos directamente al epicentro, con Angélica y Luisa comandandonos, resulta gracioso si las vez de cerca, una tan delgada como un fideo y la otra robusta igual a un oso. En otra perspectiva, son el diez. Estando relativamente cerca, Ana, Adriana y Luisa me empujan a un lado aprovechando la altura de nuestras amigas, desviandonos a pararnos mas cerca de Sebastián en lugar de Gladys. Hablando de ella se sorprende un poco al ver a las dos mayores cerca, mas hablando de jugar con ella un rato a las atrapadas, el desconcierto de ella me sirve para acercarme a Sebastián, sujetarlo del brazo y llevarlo lejos de allí. Para cuando Gladys gira a buscarlo, es el rostro de mis otras amigas en encontrar sonriendole, demostrandole que en verdad resulta divertido jugar con ellas. Mientras camino y apresuró a mi amigo hacerlo detrás de mio, muevo mis labios en una mueca a Adriana agradeciendole el gesto, ella mueve su cabeza hacia los lados restandole importancia, mejor escapo rápidamente de allí hacia tierra, intuye a la profesora cerca. Asiento y sigo mi cometido.
Sebastián no dice nada hasta el ofrecerse ayudarme a sentarme en la horilla, al impulsarme contra sus hombros vuelvo a sentir esa incomodidad en mi pecho, combinada ahora con un extraño dolor en mi estomago, dudo en ser hambre ya que comí antes de venir. Entonces estando sentado a mi lado, rompe el silencio con una risa clara, cantariana y demaciado a gusto como para frenarla, mi cuerpo sufre un tipo de vuelco ante ese sonido, es incomodo, no hay duda pero no del tipo fastidioso sino curioso. ¿Qué puede significar eso?
— ¡Estaba tan asustado! — exclamó aun riendo, solte un respingo ¿en verdad lo estaba? Que raro. — esa chica… ¿Gladys? No paraba de llamar mi atención y esos tontos de Arnol y Kevin me dejaron solo, en verdad… ¡Son de otro galaxia! — mirandome aun medio riendo, Sebastián toma mi mano con cuidado, aparentandola y haciendome sentir un cosquilleo por toda la piel. — Realmente eres el sol de una luna solitaria Isa.
— ¿Eso que quiere decir? — pregunte confundida, buscando en esconder mi verdadera postura delante de lo nuevo, yo si estoy asustada.
— Significa… gracias por salvarme. — dijo muy contento, tan contento que lo calido de mi interior se expandio por todas partes, era una antorcha humana. — incluso te metiste al agua cuando no podías, no quiero que te enfermes, no quiero estar otra vez solo.
— ¡No te preocupes! — alce mi voz muy enérgica, quizás producto de esconder mi nerviosismo. — Evite a toda costa mojarme la cabeza, asi que no estarás solo ¡Lo prometo!
— Entonces lo prometo tambien. — mostró su meñique delante de mi, quería ser un pacto conmigo y eso era… ¿lindo? — sere la luna de tu sol todo el tiempo que sea necesario.
¿La verdad? No sabia el significado de eso, son palabras muy profundas para unos niños que solo piensan en jugar, tener amigos, comer, jugar y mas jugar. Me limite a encogerme de hombros y sellar el pacto, sin saber realmente que conoceria las razones de esos mas tarde, mucho mas tarde. Luego de aquello no puede recordar mas, salvo mamá dándose por vencida en dejarme en tierra, jugando con mis amigas, haciendo una nueva, con esto me refiero a Andriana y haciendo competencia con Sebastián al ver cual de los dos corría mas rápido hasta la otra horilla, en general, el paseo mas acuático de todos. Al subirnos nuevamente en el autobús, me quede dormida en el hombro de Sebastian sosteniendo nuestros meñiques, en tanto Adriana descansaba igualmente en mi hombro, al no querer separarse de mi ni durante el trayecto a la escuela. Ese día pense que gane dos mejores amigos, cuando en realidad gane solo una, porque Sebastián se había convertido oficialmente en mi primer amor.
En el presente, recorría los pasillos de la facultad sosteniendo unos libros pesados, eran para mi siguiente clase y necesitaba prepararme debidamente, aunque no tuviese precisamente tiempo libre debido a la época de exámenes finales, los siguientes bloques de las asignaturas correspondientes a después de la tortura, tenían hambruna de prestarles atención. Mariana y Anthony me pedian tomarme las cosas con calma, últimamente la pasaba horas completas en la biblioteca leyendo libros, haciendo informes y organizando apuntes para las clases venideras, en tanto dejaba casi de lado mi vida social. Tampoco es que la tuviera, desde cortar lazos con Sebastián no tenia nada por hacer, había recuperado un poco mi amistad con Mariana, pero hasta eso parecía desastabilizarse en cualquier momento. Mejor y centrarme en mis estudios, es todo lo que me queda seguro. Pronto seria navidad, la época donde mis amigos solían darse el lote y dejarme sola, este año solo estarían compartiendo en el ámbito amistoso y complicaban un tanto la tensión. De hecho, estando ambos en una misma habitación, se percibía claramente la incomodidad de mirarse a la cara, no le he dado muchas vueltas al asunto porque para drama tengo suficiente en mi vida. Trate de hablarlo con David en intento de un buen consejo, pero este se limito a decir dejarlos solos, la tensión se elimina dándose un buen revolcon y ellos lo necesita. ¿Qué tal una fiesta y bebidas? Seria el plan perfecto para dejar fluir los problemas, mas en esta época donde el cuerpo necesita de calor, ya saben, al tener cerca diciembre y tener frío. A continuación, lo mando a freir monos.
Ese pensamiento lo deseche con agilidad, seguía agradandome David pero la psicología de resolver todo mediante al sexo enferma, lastima que en ese momento olvide fastidiarlo con lo de la menor, seguramente tocaría su vena sencible y la mandada a freír monos seria otra. Este diciembre vendría de visita a la ciudad, probablemente pediría reunirse conmigo por lo que la población debía de amarrarse los pantalones, seríamos un peligro para todos. Me preguntaba los porqué no podía comportarme con Sebastián igual a David, él solia gustarme en el pasado, eso si la manera en lo mas mínimo fue intenso, pero me gusto al final y al cabo. Ahora eramos muy buenos amigos, excelentes amigos, capaces de soportar las tonterías del otro y apoyarse en momentos difíciles. De todas maneras, podría significar porque en lo mas profundo de mi esperaba por la llegada de Sebastián, no tomando en lo mas mínimo seriamente mis sentimientos por él. Frene mis pensamientos a la par de el caminar, en uno de los salones vacíos escuche lo que aparentemente era una discusión de una chica y un chico, ella parecía muy alterada al alzar la voz alto en cuanto él… trataba de tranquilizarla. El suelo se movió bajo mis pies inesperadamente, porque escuche el nombre de ella seguidamente del muchacho, se trataban de Mariana y Anthony.
Olvidando mi estado pasivo/depresivo, sujete mis libros corriendo con velocidad hacia donde era la pelea, varios alumnos cruzaban frente de la puerta pero no se atrevian a traspasarla, temerosos seguramente de empeorar las cosas. Esto era extraño, se suponía que arreglaron sus diferencias, decidieron ser amigos debido Anthony teniendo otro interes amoroso, aunque muy en el fondo sabíamos que los sentimientos de Mariana no han cambiando nada. Armandome de perseverancia gire la perilla estando lista para enfrentar las que sea, pero el escenario no era en lo absoluto reparador, Mariana derramaba lágrimas corriendo su maquillaje bien preparado, del otro lado, Anthony mantenía su postura encorbada ni siquiera se sorprendia de verme parada frente de ellos. Bueno, salvo mi amiga que a sancadas camino en dirección de donde me encontraba, no podía decir nada, simplemente me quede estática en tanto ella me miraba con una expresión de total repulsión, parecido a encontrar una uña en tu empanada. Di un paso hacia atrás por si debía de escapar, ella seguramente me reprenderia al interrumpir su conversación importante, pero estaba equivocada, esto no se trataba de ello sino otra cosa.
— ¡Es tu culpa! — grito acusandome, lanzandome un muerto sin razón aparente. — ¡Todo esto es tu culpa! ¿No lo vez? ¡¿Simplemente no lo vez?! Que Anthony no me quiera ¡Que me desprecies! Es tu maldita culpa. Ni siquiera fuiste mi amiga, fingias, todo lo vivido hasta hora fue un total mentira.
— ¿Mariana que…?
— ¡Es tu culpa dije!
— Basta. — sentencio Anthony, mirandola con tristeza, sabía que este chico le seguia preocupando su antigua novia, era de esperarse. — No te hagas mas daño a ti misma y para con esto, Mariana.
Refunfuñada, dolida y temblando igual a un gato recién bañado, Mariana abandona el aula golpeandome con el hombro en un intento débil de intimidarme. Quedamos solamente mi amigo y yo en la inmensidad de ese lugar, de alguna manera sentía un frío colandose en mis huesos, paralizandome y haciendome armar conjeturas que no suponía tener. Mariana a vuelto a hablar de retomar su relación con Anthony. De no se así ¿Por qué? ¿Por qué agredirme? ¿Acusarme de tener culpa de algo? Ha de tener los mismos pensamientos de estar en medio, de querer a Anthony solamente para mi a costa de fingir ser mi amigo, asi dar mi golpe limpio y… ¿Que demonios? Ni en mil años luz sucederá algo igual. Quiero a Anthony, es cierto, pero no de manera romántica sino amistosa, es un chico sumamente preocupado por sus amistades y se ocupa de atenderlos al estar en la ruina, justo donde me encuentro. Se que posee un interes amoroso, en muchas ocasiones he pensando ser yo, pero es imposible solo… solo…
— Debes decirme que ocurre — hablo finalmente armandome de valor, respirando profundamente y encarandolo. — no puedes simplemente ocultar los acontecimientos ocurridos con Mariana, ella claramente tiene un problema conmigo y necesito saberlo.
Anthony suelta un suspiro ahogado seguido de un ruido de frustración, sacude sus cabellos e incluso comienza a caminar de un lugar a otro como si fuese una fiera enjaulada, evidentemente esta muy incomodo y esa sensación me la esta traspasando a mi. Este ambiente no es bueno, de ello, estoy segura.
— Me gustas. — confiesa de imprevisto, deteniendo todo a mi alrededor, explotandolo en millones de pedazos y dejandome a la deriva. ¿Qué…? ¡¿Qué acaba de decir?! — esa es la verdad, me gustas y… Mariana… lo pregunto y… y… ¡Demonios! ¿Puedes quitar ese rostro tan patético? No te estoy pidiendo que me correspondas o algo.
— Yo… lo siento… — sujete mi cabello soltando una risita seca, sin humor alguno. — no se… como… es decir… ¡Obviamente tambien me gustas pero…! Somos amigos. No puedo… yo no puedo…
— Amas a ese amigo tuyo de la infancia, a estas alturas ¿Como no saberlo? — bufo irónico, rodeando sus ojos con fastidio demostrandole una vez su acidez hacia mi amigo. — Te desvives por él, no haces mas que hablar de él… ¡Sufrir por él! Haces que sea imposible competir con su memoria, con su fantasma escondido en tu cabeza teniendo la marca de la infancia. Sinceramente, es devastador.
Me sonrojo ante la visión clara y sincera de mi amigo sobre Sebastián, porque es verdad, no existe un día en parar de recordar esa sonrisa tan brillante como el sol, calida y explendorosa, capaz de alegrar un día gris a uno mas pasable. Aunque de la misma manera existe ese hecho, aquel niño no existe, en su lugar se encuentra el hombre de las insinuaciones insanas, de la mirada pícara y llena de dobles intenciones, a su vez, con la misma inocencia de la niñez. ¿Como…? ¡¿Como no enamorarme una vez mas de él?! ¡¿Como no hacerlo?!
— Esta casado Isabell, casado y con una hija. — me recuerda hechandole mas sal a la herida, llenando mas piel de cicatrices imposibles de curar. — debes de saber que tu amor no sera jamas correspondido, ni hoy o nunca. Pero yo… yo estoy libre… no tengo a nadie que me ate y te quiero, creo habertelo demostrado de todas las maneras posibles y… deseo que veas eso. Que me veas.
No sabia como responder a eso, realmente no sabia, durante mi vida me he visto a en el papel del patito feo, la hermanastra fea de la cenicienta y aquel ser en jamas merecer ser vista como objeto amoroso de un hombre. Anthony no es mala persona, de hecho, en muchas ocasiones he dicho ser el mejor partido en poder tener una mujer, lo vi cuando fue novio de Mariana. Sin embargo, vuelvo a refutar, es mi amigo, mi único mas cercano amigo en la actualidad y me cuesta verlo de otra manera a esa. Lo estimo, si, lo aprecio, no hay duda, pero de pasar a objeto amoroso… existe mucho trecho.
Él da un paso hacia adelante sujetando mis hombros, me mira con sus ojos verdes iguales a un gato pidiendome su atención, prácticamente rogandome por ella y yo solamente me limito a callar. Me siento tan confundida, igual a ser golpeada por una pelota de fútbol de la nada dejandote inconsciente, luego despiertas y no tienes ni idea lo ocurrido ni el haber llegado a la enfermería. Quizás soy una cobarde, escondiendome detrás de la sombra de aquella niña de cinco años en plena ejerción de su amor por Sebastián, el niño mas encantador del preescolar y apuesto. No obstante, la pequeña Isabell igualmente ha desaparecido, dejo de existir, ahora solo es una mujer con una baja autoestima y una incapacidad de deducir cuando tiene algo bueno en frente.
— Isabell… — susurra con ruego mi amigo, medio inclinándose a mi altura y demostrandome su rostro lleno de pena, de anhelo. — di algo al menos, no te quedes callada en tanto te habló de mis sentimientos.
— Es que… no se… yo no se… — muevo mi cabeza hacia los lados en señal de negación, aunque no es momento para llorar tengo ganas de hacerlo, esta situación en verdad me incomoda. — claro que te quiero Anthony, eres un chico increíble, uno atento y excelente oyente pero… no puedo… dejar de mirarte como mi amigo. — rápidamente me suelta dandose la vuelta, repitiendo el mismo movimiento de sacudir su cabello. — Escucha, escucha por favor, quiero que quede claro el no tratarse de Sebastián cuando te digo esto. Se trata de mis verdaderos sentimientos hacia ti.
— ¡Pero es que si se trata de él! — alzo su voz exhausto, alterado de tratar con este asunto y me encogí de hombros, logro asustarme. — ¡Trata de mirarme a la cara y admitir no amarlo! ¡No quererlo como cuando estabas niña! ¡Admitelo!
De momento a otro me sujeto de los hombros con fuerza, su mirada mostraba enojo, su expresión frustración y los movimientos de su cuerpo nerviosismo. Pero como el lo sabía no podía negarlo, tal vez he permanecido separada de Sebastián tres meses, no llamarme y ni siquiera pensarme, ese era su problema no mio, aun así con todo y los pormenores de tener una familia ya formada lo seguía amando. ¡Demonios! Su sonrisa de niño perdido, el hablar hasta por los codos de nuestro pasado, su visión deslumbrante de mi y cada una de las muecas al estar apenado. Lo ama, lo amaba con locura y esto me llevaría a la perdición, a la ruina total porque jamas se llegaría a consumar.
— No puedo hacer eso, ya lo sabes bien. — baje la mirada dando mi respuesta.
— ¿Lo ves? ¡¿Ves como si sigue tratándose de ese hombre?! — musito exhasperado, aunque de alguna manera trataba de controlar su temperamento hostil. — Odio el efecto de producir en ti, no se ha comunicado contigo durante tres meses luego que su esposa te hostigara, aun así, tu sigues queriendolo igual a no pasar una década desde que se conocieron. ¿Qué tiene de bueno? ¿Qué le ves de bueno? Es un hombre casado, tiene una hija, esta comprometido a otra vida y tu… simplemente no te entiendo.
— Tambien me gustaría hacerlo.
— Eso no es una respuesta y lo sabes. — bajo sus brazos con cansancio, controlando aparentemente su genio endemoniado. — Sin embargo, al igual que tu, no puedo detener este sentimiento por ti y sé perfectamente donde estoy apuntando. Me gustas, no pretendo rendirme porque, como te das cuenta, tengo todas las de ganar.
Luego de una sonrisa socarrona llena de mucha autoconfianza, de una manera muy imprevista, Anthony junto sus labios en un choque que aparentemente era un beso. La sangre abandono mi rostro, la cabeza empezó a darme vueltas similar a cuando estas mareado, el cuerpo estaba temblandome fuertemente y mi corazón paralizado del susto. No sentía un sentimiento especial en particular, simplemente nada, aunque tenía a un chico considerablemente guapo entre la facultad y las chicas en general, atacando mis labios, mis sentidos se hallaban en cortocircuito. Nada comparado a mi primer beso con Sebastián, ese fue cero romántico, forsado y lo suficientemente vergonzoso como para después mirarlo al rostro. Aunque me quedara gravado la calidez de sus labios carnosos sobre los mios, ese piquete de nerviosismo y su respiración suave sobre mi rostro. Este en cambio, no precisamente desagradable, pero si confuso, se pintaba como algo en lo absoluto planificado aunque de la misma manera tenue, los labios de Anthony eran tambien gruesos, diferentes de los de Sebastián en cuanto a calidez, allí solo existía humedad una muy… peculiar. Su beso sabia a menta o tal vez yerba buena, no logro diferenciarlo pero es refrescante, seguidamente de esa pequeña presión sobre los mios lo suficiente secos para espantar a cualquier chico, menos a este.
Y de esa manera tan poco peculiar, fue robado mi segundo beso.
Reaccionando de una manera bastante atropellada, le di un empujón a Anthony librandome finalmente de él, comenze a limpiarme los labios rápidamente mirandolo con reproche. Había cruzado la linea, se paso al hacer tal movimiento osado conmigo, fui tan clara con él y aun asi…
— Te diría lo siento, pero claramente no lo siento. — dijo simplemente con un rostro estoico.
— Te daría una bofetada pero por hoy, ha sido suficiente de golpes. ¿No lo crees?
Recogiendo mis cosas del suelo, las cuales, no tengo idea de como llegaron allí di la vuelta empezando a dar grande zancadas para salir rápidamente de este salón, del salón infernal donde el rey de los demonios habitaba con una mueca de indiferencia absoluta. Atravesando finalmente la puerta corrí como si estuviera siendo perseguida por alguien, sabía que Anthony no sería capaz de darme caza, con las palabras dichas se dio entendido estar enojada. ¿Y cual era su problema? Si quedo entendido mis sentimientos de amor hacia otro hombre ¿lograria algo besandome? No lo creo, pero cataloguemos a mi amigo como masoquista. Simple. Sin embargo, la sensación de sus labios sobre los mios no se quitan, aun si los restriego con fuerza no se van. Sigo corriendo sin punto fijo, queriendo desaparecer junto a la brisa del viento, en verdad lo siento tanto por Mariana, lo siento mucho, mucho, mucho, de haber visto ese episodio probablemente me hubiera matado y llorado ante tal dolor. Al final si ha resultado como ha dicho, es mi culpa.
Me esconde detrás de una pared de ladrillos respirando con dificultad, buscando recuperar el aire perdido en tanto lucho por evitar gritar y perder los estribos en medio de la nada, nadie me veria de hacerlo, de igual manera, voy a reprimirlo hasta el final. Anthony es un tonto, un reverendo tonto. ¿Qué tengo de bueno? ¡¿Qué mierda tengo de bueno?! Mi estatura es promedio, piel blanca traslucida, ojos claro pero no memorables, apariencia de una chica en plena adolescencia cuando en realidad es una adulta y esa personalidad mediocre, nada brillante y caótica. ¿Ven? ¡No soy atractiva! Al lado de Mariana, francamente, daría risa y estoy de acuerdo en algo: ellos dos hacen buena pareja. Un tercero es discordia. Deslizo mi espalda hasta el suelo donde escondo mi rostro entre mis piernas, me convierto en “bolita” buscando escapar de esta realidad tan sofocante y abrumadora donde no he perdido a mi amigo, porque es así, después de esta escena dudo poder volver a tratar a Anthony normalmente, menos con ese beso. ¡Agh! ¿Existe la posibilidad de convertir las cosas como antes? No, obviamente no y se muy bien eso. Claro que lo se.
De improvisto mi móvil empieza a sacudirse en bolsillo de mi pantalón asustandome, en primera instancia pienso que es Anthony tratando de localizarme, pero es imposible, si me conoce bien sabe el estar muy molesta, muy confundida y muy capaz de mandarlo al demonio sin contemplaciones. Por lo tanto, es Gabriela la segunda opción, la clases habrán de comenzado pero en este estado no puedo ir, me siento tan confundida, dolida y con ganas de hacer cualquier cosa menos sentarme a escuchar de economía. Sinceramente, lo número en mi lista es coger un taxi rumbo a una cafetería en particular, entrar en ella inundandome las fosas nasales de panecillos recién hechos, tomar asiento y ser atendida por un hermoso chico de esmeralda mirada pidiéndole mi placer culpable: café. ¡Demonios si! Necesito un café ahora mismo para calmar mis nervios, o al menos, conectarlos nuevamente en su sitio. No constesto la llamada, de hecho, lo dejo repicar una tres veces hasta que logra fastidiarme. ¿Acaso no entiende el significado de “dejen de llamar”? Pues, aparentemente, no. Saco el aparatejo finalmente de mi bolsillo dandome cuenta que es un número desconocido, frunso el ceño confundida, no tengo idea de quien podría ser pero es molesto y necesito paz.
— Escucha, no se quien eres pero en este momento no es oportuno para llamarme, asi que para. — saque el discurso una vez descolgado el audicular.
— Lo siento mucho Isabell, prometo que no llevara mucho tiempo. — contesto la voz del otro lado, la cual, se trataba de una mujer.
— ¿Katherin? — me levante de mi posición lamentable del suelo como si fuera lava, realmente hoy no era mi día. — P… pe… ¿Pero por qué…? ¿Pero como…? ¿Cuando…?
Luego de tres meses sin saber nada relacionado con mi amigo de la infancia, sorpresivamente su esposa me llamaba de la nada sin razón aparente, seguramente iba a cersiorarse de acabar bien su amenaza, que no volviera a acercarme a Sebastián de nuevo.
— Debes de estas muy confundida ahora, lo entiendo, pero te aseguro que mi llamada no es para meterme contigo. — aclaro de antemano colocandome mas confundida aun, si no es para eso entonces… ¿Qué es? — La última vez en vernos, mi comportamiento no fue el mas apropiado, estaba celosa y… lo siento, realmente lo siento.
Aguarden, aguarden esto… ¿no es una nueva clase de trampa o algo parecido? De esas como en las telenovelas, donde la villana prepara la trampa perfecta para hacer caer a la protagonista haciéndose ver inocente, cuando la realidad es otra. Tampoco es que yo sea la heroína del cuento, menos Katherin la antogonista, en realidad, ella pegaría mas en el papel y yo solo sería personal extra. De todas maneras, no viene esto al caso y realmente me intriga.
— Si es como dices — comente con cautela, temiendo desatar un demonio. — ¿Por qué ahora disculparte? Ya rompí mis lazos con tu esposo, él y yo no tenemos nada que ver tal cual como querías.
— Porque ustedes dos son amigos, del tipo que aunque no nieguen, siguen encontrándose el uno al otro sin importar las circunstancias. — agrego de una forma tan convencida que me asusto, no parecía tener dobles intenciones pero, se me hacia dificil de creer. — Escucha, Sebastián no ha hecho mas que lamentarse por no correr detrás de ti ese día y disculparse, esta tan avergonzado que cuando marca tu número cuelga inmediatamente. Igualmente, estoy muy apenada, no soy usualmente así solamente es… en fin, puedes no creerme si asi lo prefieres pero deberías venir a la cafetería y comprobarlo tu misma.
— ¿Sebastian qué? — musite confundida, casi llevandome a la risas al imaginarlo en ese plan tan de niño de primaria, muy de él. — Olvidalo, seguramente se ha estado ahogado en un vaso de agua, típico de él.
— ¿Sebastian qué? — musite confundida, casi llevandome a la risas al imaginarlo en ese plan tan de niño de primaria, muy de él. — Olvidalo, seguramente se ha estado ahogado en un vaso de agua, típico de él.
— ¿Eso quiere decir que vas a venir? — sono muy esperanzada, posiblemente mi amigo le ha discutido por su comportamiento, lo siento si produzco vómito en ustedes, pero al menos dejenme aferrarme a algo bueno este día. — Porque suena a que si.
— Dame cinco a diez minutos, allí estare.
Corto la llamada, las probabilidad de ser una trampa esta en cincuenta porcieto, dejandome el otro en decirme la verdad Katherin. Sea cual sea el asunto, la única manera de confirmarlo es dando justamente con el problema, ir a la cafetería. Dudo mucho que la esposa de mi amigo decida atacarme en una lugar lleno de gente, hasta para una persona como ella es mucho, asi que voy a darle el beneficio de la duda. Además, de permanecer mas en la facultad, pararé a loca. No teniendo mas comodines a la mano, camino directo a la salida de este sitio donde cogere un taxi, hoy me saltaré las clases.
A mi llegada a la cafetería me demuestra que todo sigue igual como de costumbre, el olor de la vainilla en el ambiente, el ruido de las personas caminando de un lugar a otro apresuradas, la fachada lúgubre de los veinte y una rara imagen de una pareja sentadas en las mesas discutiendo algo. Sebastián y Katherin. Mi pecho duele considerablemente, han pasado tres meses, tres largos meses donde no he tenido noticias de él y de pronto sucede algo como esto donde aparentemente, no ha contactado conmigo por vergüenza a mi reacción a lo ocurrido en la visita a su casa. ¿Es tonto o se hace? ¡Como si pudiera existir algo de descontentarme de él! Fuimos separados durante trece años, tuvimos un montón de problemas para volver a congeniar, pero eventualmente logramos hacerlo y volver hacer amigos. Es verdad, no me importa que esta casado, menos el tener una hija, yo simplemente lo quiero porque se trata de Sebastián. Es simple. Riendome de mi propio descubrimiento, camino a pasos apresurados en dirección de la pareja intentando recrear una mueca de enojo en mi rostro, si piensan que resolver la cosas sera fácil, se equivocan. Al menos, permitanme tomarlos un poco del pelo.
— ¿Acaso eres un niñita puberta? — le di un manotazo a la mesa asustandolos a ambos, al verme no supieron como reaccionar solo permanecieron estáticos ante mis palabras. Sonreí, en verdad eran divertidos. — ¿Como es que llamabas a mi celular pero al primer pitido cortabas? Francamente, eres una nena. La esposa tiene mas agallas que el marido, signos de ella tener las riendas de la relación.
— ¡Katherin! — chillo colorado en dirección de su mujer, quien sonreía igual a un arlequín. — ¿Le has contado sobre eso?
— ¿En verdad pensabas que con una simple disculpa volvería? — replico la muy astuta, moviendo su cabeza hacia los lado. — Querido, aunque no lo parezca, la mujeres somos bastante desconfiadas y necesitamos un incentivo para poder ceder. ¿Cierto Isa?
— Totalmente de acuerdo.
Dejando el episodio de ridiculizar la hombria de mi amigo entramos en materia, resultaba que el día del almuerzo en su casa él descubrió la escena de la cocina, llevándolo a discutir fuertemente con Katherin de ello. Quizás ha tratado con mujeres con esos fines en el pasado, pero aseguraba con los ojos cerrados el no patrocinar esa lista, desde pequeña aseguraba aclarar el malentendido entre nosotros en nuestra relación, además, analteser nuestra amistad como fideligna y verdadera. Durante la niñez le enseñe muchas cosas, le ayuda en otras, de la misma forma, él se encargo de protegerme de cualquiera que se intentara pasar de listo. En pocas palabras, si nos teníamos cariño, pero del tipo especial donde se consideraria a hermandad, los siameses perdidos. Katherin no solo bajo la guardia, igualmente se disculpo con mi mamá quien permaneció hasta lo último en el lugar, ella añadió que mi huida en el lugar vendría a sentirme dolida, intrusa e incomoda en un sitio donde solamente la veían como estorbo. Agregándole mas que la persona quien mas la apoyaba en este mundo, le daba la espalda, dandole un golpe fulminante y culminando de acabarme. ¡Esa mamá mia! Durante este tiempo no me dijo nada al respecto, se quedo tan callada como una momia dando a entender darme mi espacio, aunque quizás, deseaba que resolviera mis propios problemas. De ser así, se lo agradecía.
— Por lo tanto, permite repetirlo una vez mas. — seguia el relato Katherin, mostrando una expresión de total arrepentimiento. — lo siento mucho, realmente, realmente lo siento mucho. No pretendía herirte de alguna manera, menos demostrar que desconfio de mi marido, mas bien, lo hago a chorros por eso, necesito que me perdones.
Una vez mas me tomaban con la guardia baja, el rostro de Katherin parecía demostrar que me decía la verdad, de hecho, tenia delante de mi la verdadera imagen de ella ante las opiniones de los demás. Una mujer calmada, refinada y agraciada, muy por el contrario de esa arpia con sed de sangre. Bien, una vez mas, le dare el beneficio de la duda. Sujetando sus manos, le di una sonrisa llena de confianza, quería demostrarle que ser la mejor amiga de su esposo no significa el llevarnos mal entre nosotras, lo contrario, debíamos demostrar que eso no era así.
— Ya ha quedado en el pasado, Katherin. — asegure para su alivio, pues soltó hasta un suspiro y todo. — No suelo ser rencorosa, al menos, no con las personas que se lo merecen. En realidad, me encantaría llegar hacer igualmente tu amiga, después de todo se que no eres una mala persona, sino Sebastián ni te hubiese escogido como su esposa. Lo se, porque los gusto de mi amigo son excelentes.
— Concuerdo con eso. — agrego Katherin dándole una mirada cómplice a Sebastián, haciendome sentir mal. — pero al igual como tu, quiero ser tu amiga, estoy segura que nos entenderemos bien.
Por supuesto, siempre y cuando no ocurra incidentes en mi vida, aunque conociendo mi suerte lo dudo mucho.
Platicamos de otros temas triviales hasta que se dieron las doce, Katherin debía de ir por Karla en la casa de su mamá la dejo esta mañana con ella para atender este asunto, ahora ya resuelto, podía irse tranquila a atender otros asuntos. Despidiendonos con un beso y un abrazo, prometimos encontrarnos en otra oportunidad y conversar con mas tranquilidad, ya teníamos el número de cada una y por cualquier cosa podíamos contactarnos. Asi, de esa manera, gane otra amiga, aunque una bastante peligrosa. Finalmente quedamos en la mesa solos Sebastián y yo, inundados del sonido ambiente de una cafetería al mediodía, al pesar que no hemos hablado durante tres meses estar así, en esta manera, era comodo. Podía tomar las palabras de su esposa como mias igualmente, eramos del tipo de amigos que sin importar que volviamos a encontrarnos el uno al otro. Aunque mis sentimientos por él fuesen mas alla de la amistad, quería conservar con fervor esta relación en el presente como un tesoro, mi mas grande tesoro.
Mi amigo se levanto de repente avisando traer algo para comer, era las doce y la hora de tener hambre venia, sobre todo aun debíamos colocarnos al día de lo ocurrido estos tres meses y alguien debía de dar el primer paso. Asintiendo ligeramente con mi cabeza, vi como se marchaba detrás del mostrador mi amigo dejandome unos minutos sola, los cuales, mejor ni los hubiese hecho. En ese lapso de tiempo recibi varios mensajes de una sola persona, todos de un mismo remitente, Anthony. En ellos reflejaba el no arrepentirse de confesarme sus sentimientos, pero odiaba la parte que en hacerlo nuestra relación se quebró, pues no midió el posiblemente desaparecer de su vista, incluso en las clases. Aunque fuese su culpa no debía hacerlo, no debía de saltarme los deberes porque me sentía incomoda con su presencia, mas si me beso de esa manera impulsiva, pero con todo y eso no alejaría que fue el mejor momento en toda su vida, por ende, seguiría sosteniendo el no darse por vencido. Y en uno de los últimos mensajes me decía quererme. Entonces solte con fuerza el móvil sobre la mesa, en el mismo instante que Sebastián volvía manteniendo en sus manos unos platillos, los cuales, la verdad no tenia ni idea. Su rostro de total alegría fue suplantado a uno de preocupación, en realidad estaba sumamente cansada de este asunto, de querer a Sebastián durante muchos años en secreto y agregarle a un Anthony luchando por mi amor, en un punto de abrumarme hasta la incomodidad. Asi que, dejando todo de lado, mi amigo toma asiento aun lado mio sujetandome las manos con fuerza en señal de apoyo.
He… que ingenuo.
— ¿Qué…?
— Anthony esta enamorado de mi, hace un buen rato se me confeso y… — solte una risita seca, sin emoción medio deshaciendo el agarre suyo en mis manos y sujetandome el cabello. — me beso ¿puedes creerlo? En medio de un salón vacío, se atrevió a besarme y confesar la peor locura de todas. Me quiere.
Termine por esconder mi rostro entre mis manos aun riendome, absorta totalmente de la expresión de mi amigo de piedra, petrificado seria la palabra mas idónea, seguramente luchando con sus propios demonios.
— No tiene lógica, no tiene lógica, es que… ¡No tiene lógica! — alce mi voz alterada, sacando a la luz finalmente mis verdaderos pensamientos. — en lo mas mínimo soy bonita, mi personalidad es asquerosa, posee arranques extraños. ¡Pero hasta Mariana tiene mucho mas gracia que yo! Es ella a quien debería de apostar, no yo, jamas yo.
— ¿Y a ti…? — susurro Sebastián con voz fría, pero como estaba ocupada en mi no lo note. — ¿te gusta Anthony?
— Si, es decir, por supuesto que me gusta pero no de la manera romántica. — mencione demaciado obvia, riendome en le proceso. — Es por esa misma razón que es inlogico gustarle, es decir, ¡Somos amigos! Durante dos años lo hemos sido, conosco su debilidades asi como sus fortalezas, prácticamente… ¡Es parte de mi familia! En la vida podría mirar a un amigo de otra manera.
De pronto me di cuenta con quien estaba hablando esto, siendo la persona menos capacitada de la tierra para escuchar mis problemas amorosos, al ser el epicentro de todos ellos. Quizás si se tratara de David las cosas fueran diferentes, era mi consejero, la persona quien soportaba mis pensamientos ridículos, pero Sebastián, él precisamente es el dueño de todos mis delirios y pesares. Y ahora mirenme, sentada en la cafetería de su trabajo desohandole todos mis pesares, como si estuviéramos en un pinic y comiendo panecillos. Lo se, mi frustración ha pasado él limite y debería volver a la normalidad. Aunque desconocía completamente que seria imposible, menos cuando he abierto sin saberlo, la caja de pandora.
— Durante nuestra época de niños recuerdo muy bien como los demás hablaban de nosotros, el ser raro caminar de la manos, permanecer juntos todo el tiempo, que tu apartarse a cualquier chica en sentarse a mi lado… — comenzó hablar de golpe desconcertandome, provocando mirar a su dirección confundida y preguntandome que venia eso al caso con Anthony. Pero me calle, la expresión oscura de mi amigo me dio escalofríos, me inquieto. — asi que eventualmente empecé a tener miedo, a ser quizás demaciado obvio con lo que sentia. Es decir, solo teníamos cinco años asi que… ¿podiamos tener una idea clara del amor? ¿de la ilusión? ¿se creer en tener esperanzas? Aunque cada vez en verte salir detrás de tu mamá con tu sonrisa radiante, esa atmósfera amable rodiante pensé en: “oh, ¿acaso no soy muy afortunado de ser su amigo, su mejor amigo?” Pero era insuficiente, demaciado insuficiente. — rayos, rayos, rayos la dirección de esta conversación me estaba dando miedo, demaciado porque si mis conjeturas no se equivocaban este tipo de cosas no deseba saberlas luego de trece años. ¡No quería! — Escuchandote hablar de Anthony en ese tono me hizo rememorar esas memorias, las que creía una vez olvidadas porque tal vez, él y yo no seamos tan indiferentes.
— Tu… no… tu… — tartamudie nerviosa, mi cuerpo entero temblaba de lo posible a decir mi amigo, el quien he tenido un amor unilateral estos años. ¡Nunca recíproco! — Sebastián… no… tu jamas… tu…
— En nuestra época de niños fuiste mi primer amor — dijo al fin con una sonrisa risueña, golpeandome con una bola de demolición mi interior y queriendo llorar por ese hecho. — Nunca te lo dije por vergüenza, temor a ser juzgado, a que no me vieras de esa manera, a que por ser la hija de la maestra un niño llorón como yo fuese insuficiente. Pero fui tan tonto, muy tonto, porque quizás solo quizás, delante tus ojos jamas hubiese sido juzgado.
Oh, dios, oh, dios. Quiero vomitar, quiero salir corriendo y vomitar todo lo ingerido el día de hoy, los sentidos los tengo tan atolondrados, dormidos seria la palabra, porque aparentemente he escuchado la cosa mas loca, desoladora y triste de todas. Porque seamos sinceros, aunque fuese una broma de muy mal gusto de Sebastián (cosa que dudo), son las palabras que mas desee escuchar en toda mi vida. El momento donde mi primer amor correspondía mis sentimientos, descubrir que evidentemente todo era recicropo y no he sufrido en vano estos años. Sin embargo, se nos esta pasando algo por alto, decir a estas alturas de la vida que fui su primer amor no sirve, no cuando esta casado y tiene una hija. ¿Para qué? ¿Y por qué? Eso solo alimenta mis ganas de querer largarme a llorar, hundirme en la miseria de los “quizás” y soñando con las posibilidades de consumar nuestros sentimentos. Demonios, odio cuando mi madre tiene razón, ella menciono esto cuando nos encontramos con la mamá de Sebastián y no le creí. Simplemente me era muy increíble para mi, aun escuchandolo de sus propios labios me resulta loco, imposible de digerir.
— Estas mintiendo — susurre dolida e incredula, en mi sistema no entraba esas frases. — ¡Es obvio que estas mintiendo!
Le di un manotazo a la mesa levantando furiosa, mire a esos encantandores ojos esmeralda que parecían dolidos ante mi incredulidad, pero era cierto… ¡No podía ser verdad! ¡No ahora!
— ¿Qué gano con metirte ahora Isabell? — se levanto igualmente del asiento, aparentando enojo. — ¿Acaso no te lo insinue varias veces? Te dije que eras el sol de la luna, mi luna. ¿Eso no fue sufientemente claro? Porque sino lo fue, recuerdo muy bien haberte relagalado un oso en miniatura de Paola, cosa en solo hacerlo para alguien como tu, no en nadie mas. Pero, si aun, resulta insuficiente para ti, en aquel baile de último curso me apanique que me quitaran mi lugar junto a ti, mi pareja. — retrocedi, di un paso hacia atrás totalmente abrumada de tanta información, Sebastián permanecia tan fresco y sereno como si fuese natural para él admitir esto. Pero no para mi, jamas lo sera. — ¿En verdad piensas en que sigo mintiendote?
— ¿Entonces por qué negabas tanto el ser novios? ¿Por qué recalcabas lo de mejores amigos? — pregunte en mi defensa, blindandome del mejor arsenal de todos.
— Solo seguía lo que tu decías, y tambien porque realmente nunca fuimos novios, solo amigos. — respondió un poco alterado, de la misma manera, salvando su pellejo. — ¡Era solo un niño por dios! Temia de la reacción de los demás, de que fuese rechazado por quererte de esa manera. Igualmente nunca dijiste nada, menos insinuaste estar enamorada de mi.
Oh, demonios. He sido descubierta, repito, mi primer amor me ha descubierto. Pero esperen, habla del pasado, no presente. Aun puedo estar a salvo.
— ¿Por qué apartaría a cualquier niña de acercarse a ti? — recalque irónica, haciéndolo parecer un completo bobo. — ¿Por qué desapareceria cuando cortaste de manera equivoca nuestra amistad? Oh, claro, claro… ¡Lo haría solo por un amigo!
— ¿Por que te fijarías entre todos siendo tu la hija de la maestra en alguien como yo? ¿En un llorón? — imito mi tono de voz, lanzandome la pelota sin parpadear.
— Porque tal vez simplemente me gustabas… ¡Por ser tu! — listo, lo dije, estoy finalmente diciendo lo que durante todos estos años he ocultado con tanto fervor. — No eras como los demás niños, mantenías la calma, permanecías callado, lucias increíble asi sea brincando y poseias la capacidad de soportar mi lado posesivo. Ahora, dime… ¿Como no enamorarme de ti? ¡¿Como no hacerlo?!
Sebastián no tuvo mas razones para contradecirme, simplemente se quedo estático al escuchar todo lo salido por mi boca en ese instante, podía haberlo imaginado pero note una chispa detrás de su mirada como si estuviera complacido de mis palabras, siendo un pequeño niño el ganador del querer de la maestra del preescolar. Sin embargo, eso en el presente no Serbia de nada, como mencione resultaba triste al haber sido un estúpido enamoramiento mutuo, uno en jamas ser consumado. Suspire, este día a que apenas va a su mitad ha sido demaciado para mi, quiero ir a casa y encerrarme por un mes solo así estare mas tranquila.
— Esto es absurdo, hablar del pasado es absurdo. — corregí recogiendo mis pertenencias y preparandome para irme. — ¿Que gano diciendote esto? ¿Qué ganamos confesando lo sentido anteriormente? Eso no hara darnos una maquina del tiempo, menos borrar el presente en el que vivimos ahora. Estas casado, Sebastián, casado y con una hija. En tanto yo… — reí moviendo mi cabeza hacia los lados incredula — estoy atrapada en un sentimiento imposible, hacia un niño que solo en mis memorias estará, porque el hombre en quien se convirtió ahora, me ha olvidado.
Se acabo, me dije en tanto le daba una última sonrisa al quien permaneció en mi corazón durante mucho tiempo, se acabo definitivamente y ahora si puedo llorar como se debe. Caminando rumbo a la salida de la cafetería, aparte las lágrimas amargas de mi rostro para poder mirar hacia adelante, el respirar me costaba porque mis pulmones se rehusaban a cooperar, menos si estan tan lastimados como su dueña. Resultaba tan inreal que en verdad ocurriera todo esto, el pasado de Sebastián amandome como yo lo hacia, teniendo esos molestos sentimientos mutuos pero ninguno de los dos lo suficiente valiente para admitirlos, tan temerosos, tan jóvenes, tan… inocentes. La vida era tan perra conmigo, me dio lo que siempre quise pero de la manera mas vil posible, trece años después y con una sorpresa extra. ¿Me servía de algo saber la verdad? Realmente no, solo me convertía en mas miserable porque estaba bien siendo ciega, pensando que solamente yo lo quise. De esta forma, era horrible, me sentía horrible y cambiarlo al menos era imposible en estos momentos.
Entonces el sonido de unos pasos conocidos detrás de mi me combinados con el sonido de la ciudad me alertaron, una mano sosteniendo mi brazo, el darme un giro completo, unos enigmáticos ojos esmerada cerca de mi y su boca junto a la mia. Mi cerebro no daba crédito a lo que veía mis ojos, Sebastián había corrido detrás de mi, sujetado con fuerza y sellado mis labios con los suyos en un beso totalmente imprevisto. ¿Y donde se encontraba mi corazón? Ah… corriendo muy lejos de aqui chillando de emoción, de ha dado cuenta que su dueña es patética y no puede soportarla mas, prefiere ir a otros rumbos. En cuanto yo, sinceramente no lo se, no se que hacer solo… solo se que una sensación embriante y poco familiar me inunda los sentidos, sujetandome con fuerza y empujandome hacer lo que mis instintos quieren: responderle. Asi que, sujetandome de los hombros de Sebastián, le devuelvo el beso de manera torpe e inocente, consumando finalmente mi amor por él.
Y esto esta mal, pero se siente condenadamente bien.
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