V
Cinco años mas tarde…
Katsuki Anna, una niña prodigio de cinco años con una carisma y ingenio mas grande que su tamaño, siempre ha sido considerada diferente a cualquier niño de su edad debido a la seriedad en momentos clave, asi como igualmente su participación en actuaciones de renombre. En la escuela, ubicada en Ditroit, no existe maestra o alumno que se encuentre maravillado con ella, consiguiendo así su claro reconocimiento entre todos.
Su naturaleza de alfa le ha permitido titularse como líder innata, tomando decisiones convenientes en momento de juegos o cualquier otro inconveniente, que sus amigos consideran sumamente genial. Por sus rasgos angelicales en el rostro la han llamado princesa de las nieves, cabello plata como una fuerte nevada en invierno, ojos azul malgar egnimaticos y curiosos, piel blanca como la leche y junto a esos rasgos propios de los asiáticos. De hecho, su madre es japones, ganándose de su parte, esos genes que la convierten en un ser especial y extraordinario. Su relación con ella ha sido siempre buena, desde el principio solo han sido ellos dos contra el mundo, tomando en cuenta que jamas ha conocido a su padre. No es como si Anna no supiera de quien se trata, mas bien reside en su mamá teniendo una mirada triste al nombrarlo, proyectando esa clase de ocapa aura de soledad.
Anna ha visto en muchas ocasiones la habitación de su mamá a hurtadillas en las noches, el se encuentra sentado en el suelo sosteniendo entre sus manos una misteriosa caja, donde saca una foto que abraza con fervor mientras llora y le duele, porque nunca le ha gustado ver a su mamá triste, lo contrario, cuando sonrie puede lograr hasta ser sonreír a la directora gruñona de su Colegio. Fue en ese instante que la pequeña decidió descubrir el secreto guardo en esa caja, cosa que hizo, en un descuido de su mamá ella entro cautelosamente a su cuarto y abrió la puerta hacia la sorpresa. Los ojos azules de Anna se abrieron con conmoción al descubrir esas imágenes, eran recortes de revistas y peridiocos bien conservados de una sola persona, un hombre, poseian el mismo color de ojos, el mismo tono de piel e inclusive de cabello. Anna jamas ha sido ingenua, menos tonta, sabe que con esta hazaña no solo conoció el secreto mejor guardado de su mamá, tambien conocio a su padre. Sabe que no puede ir directamente a preguntarle sobre él, solamente causaría mas daño a lo usual, por lo que necesita otra fuente y la conoce.
Yuri Plisetsky es un gruñon patinador profesional de veinte años, ha ganado varios campeonatos mundiales de alfa y posicionado buenos puestos en la GPF, de hecho, se le llamaba “La hada rusa” gracias a sus movimientos artísticos sublimes y cuerpo delgado. Aunque, bueno, eso cambio al momento de crecer. Lo ha conocido desde que posee memoria, nunca se separa de su mamá por ninguna circunstancia y llega cuando mas se le necesita, aun no define la relación que tienen pero se percibe estar interesado en ella. Cosa bastante molesta para la niña. No le gustaría ver a su mamá junto a Yurio, como usualmente le dicen, porque ese puesto pertenece a su padre y aunque desconoce los motivos porque estan separados, sabe que aun lo ama y por eso llora todas las noches sobre su imagen.
— ¡¿Ah?! — soltó altanero el rubio al ver la imagen sostenida por las manos la niña, arrebatandosela de las manos. — ¿Por qué quieres conocer el nombre de este sujeto? Espera un segundo… ¡¿De donde la sacaste?! Tu madre se volverá loco si se entera…
— Anna luego se ocupara de eso suceder — le informo la niña decidida, asustando mas al mayor. — ahora responde, ¿cual es su nombre?
Yurio sacudió sus cabellos, ahora cortos, cansado de tal ataque de solo una niña de cinco años. Debía de darle un poco de crédito, conseguía impresionarlo igual a su padre al ser una idiotes, llevándolo al enojo momentáneo. Ni pensar que estando en brazos de Yuuri era tan adorable, indefensa y bastante abrazable, pero no, se convirtió en un pequeño demonio con imagen de angel cosa que sin duda no es. ¿Para qué quiere saber de él? Es decir, nunca ha estado presente en su vida, debería de darle igual si esta vivo o muerto. Su único objetivo sería hacer feliz a su mamá.
— Viktor Nikiforov — pronuncio una voz detrás de los dos asustandolos — ese es su nombre.
¡Era Yuuri! No podía creer que poseyera esa calma para decir o aparecer de la nada, provocando casi el infarto fulminante al pobre de Yurio, aunque Anna no parecía muy conmocionada de ser descubierta por su mamá. De hecho, permanecia bastante calmada aun con la mirada caoba del Katsuki en ella, sin duda, no tenía vena recorriendole en las venas.
— Y… Yuuri, ¿sabes? yo solo… — trataba de decir algo coherente, pero no le salia.
— ¿Qué mas necesitas saber? — lo interrumpió, adoptando una postura seria y de mandato ante su hija, ocultando un poco el enojó por urgar en sus cosas.
— ¿Por qué tienes fotos guardadas de él? — siguió sin intimidarse un poco, asustando aun mas al pobre ruso — ¿por qué aparece en las revistas o periódicos?
— Es patinador profesional, como yo lo era — respondió con tanta frialdad que Yurio no lo consideró humano — Solia admirarlo mucho, de hecho lo sigo haciendo, por lo que tener recortes o fotografías de él no es nada.
— ¿Entonces mamá admira mucho ha Vitkor Nikiforov? — lo miro con perspicacia, esperando quizás algo mas con su respuesta.
— Por supuesto — al fin sonrio de medio lado acercándose a la niña y agachandose a su altura, el espectador ruso conocía muy bien el significado de esa expresión, pero no lo diria — pero no ello Anna debe de acorrarlar a Yurio y menos revisar sin permiso mis cosas. Si quieres saber algo de él ven simplemente a preguntarlo, yo te lo respondere.
— Lo siento… — susurro aflijida, bajando finalmente la cabeza apenada.
— Muy bien, aunque no puedo culparte por querer conocer a tu padre. — acaricio con dulzura los cabellos plata de la niña, expresandole su cariño — estas a todo tu derecho de hacerlo. Pero no vuelvas a revisar mis cosas, ¿quedo claro?
— Si.
— Aclarado las cosas… — se coloco de pie señalando al joven mudo de veinte años que los observaba — Yurio, ven un segundo conmigo y dale esa foto a Anna. Tenemos que hablar.
Otro de los grandes misterios para la niña era la relación de estos dos, parecían muy buenos amigos al pesar de ser alfa y omega, pero en algunas ocasiones se comportaban muy extraños. Es decir, aun seguía manteniendo que su mamá ama a su papá, pero como una persona soltera y libre podría rehacer su vida cuando quisiera al igual con quien quisiera. Anna tampoco era una egoísta para prohivirle eso, estábamos hablando de la felicidad de su madre, y si estaba junto a ese molesto rubio… lo dejaría pasar. Sin embargo, mientras estuviese en sus planes molestarlos un poco, lo seguiría haciendo.
Luego de esa conversación, Anna comenzó a investigar todo sobre Viktor Nikiforov, conociendo que seguía en ejerciendo la profesión del patinaje, tuvo un año de descanso para entrenar a su mamá especulando que allí donde todo sucedió, igualmente ser llamado “La leyenda viviente del patinaje” y siendo llamado “héroe” en Rusia, siendo curioso porque de alli mismo era Yurio. De hecho, esos dos se conocían muy bien, porque compartían pista de patinaje en San Petersburgo y igualmente entrenador, por consiguiente aquel rubio gruñon tenia mucha información de él y obviamente no diria. En fin, no es como si fuera el único patinador profesional conocido.
Aprovechando la profesión de su mamá, Anna lo acompaño hasta la pista de patinaje de Ditroit donde solia entrenar a niños y específicamente a la hija del entrenador Celestino, el mismo que cuidaba de Phichit, mejor amigo de su madre. La relación con el tailandés era distinta a la de cierto molesto rubio, con él podía conversar y jugar todo el rato, además juntos solían idear planes para fastidiar las salidas de Yurio con Yuuri. Él al igual que la niña, consideraban una idiotes el convertirse en pareja, aunque la naturaleza dictaminara omega estar con un alfa y así marcarlo, ellos se rehusaban a considerar el suceder esto entre ellos dos. Tomando la confianza ya depositada en el moreno, Anna aprovecho lo ocupado que estaba el ojos caoba y se acerco a Phichit, quien tomaba fotos a lo loco como de costumbre. En muchas ocasiones, Anna era partifice de ellas pero por una extraña razón nunca llegaban a las redes sociales del tailandés, alegando ser un tesoro para él y no querer compartirlas con nadie. Aunque al comienzo le halago las palabras, ahora conociendo quien era su padre y lo famoso del significado de su nombre, comprendio que de aparecer una niña en una foto de un renombrado patinador como Phichit Chulanot, atarian cabos de su parecido con Viktor Nikiforov y… bueno, Anna no desea exponer nada que perjudique a su mamá. Es niña, pero no tonta.
El tailandés al verla corre desesperadamente a abrazarla, alegando estar muy feliz de verla acompañando a su mamá al trabajo, hacia mucho que no encontrarse y comenzaba a sentirse solo. La pequeña suelta una risita divertida, las ocurrencias del moreno siempre la llenaran de dicha, en verdad le agrada mucho y que sea amigo de Yuuri es lo mejor. Terminado los saludos, ambos se sientan para conversar un poco y sale sin esfuerzo alguno el tema de su padre, Phichit parece al comienzo conmocionado pero en seguida esboza una sonrisa ancha y característica de él.
— ¿No te gustaría ver una foto de ellos dos juntos? — sugirió buscando el celular guardado en su bolsillo — La mantuve oculta por mucho tiempo, de hecho, ni la subí a las redes.
— ¿Phichit no posteando una foto? — soltó una risita conociendo la personalidad del moreno — ¡Debe de ser una broma!
— Bueno… de hacerlo, tu mamá jamas me lo hubiera perdonado. — temblo de solo imaginar el enojó de su amigo, dándole el teléfono a la pequeña — Es esta.
— Pero Phichit, Anna no…
No termino la frase, en su lugar quedo muda al ver la foto que mostraba unos matices púrpuras, azul, naranja y amarillo tenue de un paisaje de una playa totalmente decierta de otro pais. Para los patinadores ir a competir a otras ciudades no es nada, su mamá debe hacerlo a menudo cuando acompaña a Rossana en sus competencias, dejando a Anna bajo el cuidado de sus abuelos en Hasetsu, muy pocas veces lo acompaña, pero en las que ha ido no ha tenido la dicha de conocer dicho paisaje. Esta plagado de gaviotas, una arena clara y firme, un cielo encantador como el infinito, pero lo que le da mas magia al asunto es la figura de sus padres casi en la oscuridad sosteniendo sus manos con firmeza, parecido hacer un tipo de oración a dios. Aunque Anna no considera esa opción, mas bien pareciera que estan compartiendo un momento intimo de apoyo, donde su mamá parece estar en total paz. Aun mas, tranquilo consigo mismo y feliz a la vez.
— Anna, nunca ha visto… esa cara en mamá. — susurro asombrada la niña, perdida en la foto del celular entre sus manos.
— Tu mamá, en verdad quiso mucho a tu papá, bueno, aun lo quiere. — corrigió de inmediato Phichit, soltando una risita. — Quizás quiera ocultarlo de las demás personas o de si mismo, solo con la finalidad de verse ante ti como una persona fuerte.
— ¡Pero Anna ya sabe que mamá es fuerte! — replicó la pequeña.
— Si, pero el no lo sabe. — hizo una pausa, respirando profundo y seguido mirando a la pequeña. — Escucha esto, aveces las personas somos mas frágiles de lo que aparentamos, un ejemplo, Yuuri suele quebrarse sino tiene una motivación a su lado dejándose llevar por el dolor. Tu padre lo sabia, asi que, intentaba ayudarlo de muchas maneras.
— ¿Como?
— Haciéndole saber su presencia, el nunca abandonarlo y servile de ayuda siempre — confeso, haciendo emocionar el joven corazón de la pequeña — Pero sucedieron muchas cosas y no pudo seguir, aunque ahora que estas tu debes de seguir ese papel. Anna, no permitas que tu mamá se sienta débil o sola, ese es tu trabajo. Estoy seguro que a Viktor Nikiforov le gustaría eso.
Desde ese instante, Katsuki Anna se propuso hacer sentir contento a su madre, llenarlo de dichas y solo sonrisas día a día. Concordo, que tal vez su padre no podría estar allí con ellos dos, pero al menos la dejo a ella en el papel de compañia a Yuuri. Y eso, la hacia sentir importante.
Recolectando mas datos de la “Leyenda viviente del patinaje” descubrió ser muy apegado a su mamá en el paso, incluso igualmente tuvieron, un tipo de conexión única entre ellos. En las pagina dedicadas a patinadores, hablaban muy bien de ellos dos como el tipo de duo dinámico capaz de conquistar lo inevitable, gracias haber compartido ese año juntos, Yuuri gano el GPF y Viktor volvió a las pista donde debía de estar. Fue entonces que Anna sintiendo insatisfacción, busco rutinas anteriores del peliplata e igualmente de su parte, quedando mas que sorprendida.
No sabía mucho de patinaje, salvo cuando iba al trabajo de su padre a verlo a los demás patinar, inclusive el fastidioso de Yurio y deducía que las personas dedicadas extritamente a dicha actividad eran grandiosas. Los saltos, las expresiones transmitidas y la coordinación en general de patinar a la par de concentrarte en hacerlo bien, no es algo que puedas tomarte a la ligera y degradarlo. Una vez en una de las tantas practicas de Rossana, su mamá le dijo que no solo debías concentrarte en lo técnico, si bien es importante y de suma ayuda ante la presentación a unos jueces o publico, lo que debes se tomar en cuenta es si te diviertes y estas a gusto haciéndolo. Estando pequeño tenia mucho tiempo libre, pocos amigos poseía y la mayoría del tiempo la pasaba con Minako-sensei, una bailarina profesional, matando el tiempo. Ella misma le recomendó el patinaje artístico, poseyendo esa resistencia y elasticidad en el cuerpo, era idóneo para la disciplina donde obviamente lo fue e hizo historia.
Su amor por la esa profesión fue muy grande, tuvo altas y altibas, incluso gano el oro en el GPF uno de sus mas grandes logros. Aunque, mirando su nueva vida, adquirió algo mucho mas importante que las medallas o reconocimiento mundial y ese era ella, desde su nacimiento conmocio un tipo de emoción única, especial, por eso decidió esta maravillosa existe encima de cualquier otra cosa. Lo mejor, jamas se arrepentiria.
Ahora, volviendo al tema inicial de la niña viendo a Viktor patinar, inmediatamente se hizo adicta hacerlo, la causa un total egnima cada uno de las caricias emitidas al hielo, los giros, expresiones y cada señal transmitida por aquel sujeto tan parecido a ella. Sin saberlo, acepto que su mamá halla colocado los ojos en él, era maravilloso y cuando patinaba parecía crear una especie de magia envolvente, las ganas de aguantar la respiración siquiera parpadear, de lo contrario, perderías de guardar toda la magestuosidad en su acto. Si, Viktor Nikiforov era mágico, pero Katsuki Yuuri hacia mucho mas a magia, recreaba musica. Aun cuando no tuviese un repertorio cubriendolo, los pasos hechos por su cuerpo emitían una dulce armonia que te hacia alucinar, era como si el mismo aire lo ayudara a deslumbrar. Evitando a dejarlo solo.
Anna supo de inmediato algo.
Sus padres, eran el uno para el otro.
Sus padres, eran el uno para el otro.
Aun asi, ellos por si solos no buscarían encontrarse, existía una cosa que les impedía hacerlo y lamentandolo mucho ella lo desconocía, menos se lo dirian. Por eso, necesitaba hacer un reencuentro entre esas dos almas gemelas, tema trillado y considerado ridículo entre alfas u omegas, pero ella es hija de esos dos seres y fuese como fuese los reuniría nuevamente.
Armandose de una tenacidad propia de una Katsuki, formo sus investigaciones sobre las nuevas competencias a realizar entre las especies, pronto seria navidad y con ello los GPF infantil, junior y senior. En este, por primera vez participaría Rossana en la sección femenina infantil, tornando a su mamá en responsabilidad de acompañarla en todos los eventos, trayendo consigo quedarse en Hasetsu. Bueno, antes de hacerlo, Yuuri la acompañaría a un evento que se realizaría en el mismo Ditroit, cuyo su recivimiento seria alfas y betas para competir.
— ¿Quieres ir a verlos? — preguntó Yuuri, mirando instintivamente el volante entregado por su hija. — es inusual verte interesada en el patinaje, sueles estar mas metida con la musica. Hasta me hiciste ir a uno de tus recitales de tu musico favorito.
Por unos segundos Anna se sintio acorralada, las ventajas de una madre venían de la mano con conocerte de pies a cabeza, inclusive, lo que le digustaba. Sin embargo, jamas daría su brazo a torcer, este operativo titulado “unamos lo inevitable” se pondría en marcha.
— Es cierto, pero Anna quiere ver mas lejos de sus ojos. — infatizo las palabras aparentando usual calma, provocando la mirada perspicaz de su mama.
— Mmm… — murumuro volviendo a mirar el planfeto, estaba seguro que su hija la estaba ocultando algo. — aunque me alegra que quieras conocer nuevos paisajes, sigo considerándolo extraño.
— Yurio y Phichit estarán tambien compitiendo — recordó la lista de patinadores utilizandolo como insentivo — ¿no sera divertido verlos?
¿Divertido? ¿realmente la pequeña ojos cielo utilizo esa palabra? Oh, dios, mio. Las objetos iba a comenzar a colorcarse de cabeza de momento a otro, desde tener memoria de la existencia de su hija, ella no utiliza esa palabra, menos se relaciona con su trabajo. En cambio, su fascinación es la musica, el violín para ser mas precisos y aunque aun no comienza clases de como aprender a tocarlo, le fascina simplemente escucharlo.
Viéndolo bajo otra perspectiva, suena triste que la pequeña elija un camino distinto a sus padres, podrá tener solo cinco pero es muy perseverante en sus gustos. No los cambiara fácilmente, es una de las razones de ver con ojos dudosos su “nuevo” interes en el patinaje, y si, puede estar Phichit en medio de esto. Es decir, verlos juntos percibes su excelente relación, aun así dudara.
— De acuerdo, iremos. — finalmente cede haciendo sonreír para si misma a la pequeña — pero necesito conocer la razón detrás de esto y no mas excusas.
— Anna no…
— Anna — la reprendio solo diciendo su nombre, mirandola seriamente a los ojos y exigiendole la respuesta. — te conosco muy bien, eres de las que no fácilmente cambian de opinión o gustos. Tratándose del patinaje, aun mas. Soy tu mamá, jamas oses a subestimarme.
Oh, rayos.
Estaba atrapada y sin ninguna salida.
Hora de hablar.
Estaba atrapada y sin ninguna salida.
Hora de hablar.
— Viktor Nikiforov estará — admitió al final, sin una pizca de arrepentimiento. — yo solo… solo quería verlo patinar, se que mamá admira su estilo al hacerlo y pensé en acompañarte. Aunque, tal vez… no sea…
— Iremos — se arrodillo, ubicándose a su altura sonriendole con ternura y colocando una mano en su cabeza — si eso es lo que desea Anna, lo cumpliremos.
Esperen… ¿en verdad?
— Quita esa expresión de tu rostro — le acaricio con signo partenal la mejilla — estaremos bien, mientras observemos todo desde una comoda ubicación nada le pasara a mamá. ¿Qué te parece?
— Genial.
La noche antes de la presentación, Yuri Plisetsky arribo Ditroit tomando camino al apartamento del Katsuki, desde estos cinco años transcurridos era recibido con los brazos abiertos, incluyendo el tener las llaves del sitio demostrando una confianza grande. Aunque eso no era lo importante ahora, porque sus pensamientos se quedaron atrás junto a la conversación con Yuuri, le costaba creer que estaría dispuesto a exponerse junto a Anna en un campeonato de alfas contra omegas. Es decir, estaría cientos de cámaras, periodistas y seguidores fieles a patinadores, seria fácilmente reconocido por ellos sin mencionar a la pequeña revoltosa de ideas explosivas.
« ¡Maldició! ¿tanto le costaba verlo en televisión? Es mucho mas seguro. »
Pero no, desde conocer la existencia del idiota de su padre se autodenomino “fan” de él, arrastrando a su mamá para llevarlo a verlo. Comprendia solamente tener cinco años, la duda del porque no estaba a su lado o venia a visitarla, después de todo esta en todo su derecho de hacerlo. Sin embargo, igualmente comprendia su extremo parecido con él y el peligro de atar cabos al respecto, mas cuando su mamá escondió al mundo entero ser un omega, quien pretendió vivir como beta y teniendo una relación extraprofecional con su antiguo entrenador, naciendo de ella la pequeña Anna. ¡Oh podía verlo! Periódicos, internet y revistas hablando sobre ello, tratando de darle cazeria al pobre de Yuuri para sacarle información, manchando la pacifica vida de los Katsuki en una caótica.
No.
No mientras él viva.
Lo asegura.
No mientras él viva.
Lo asegura.
Entró al edificio saludando al cuidador, de tantas veces viéndolo venir a visitar a los Katsuki lo termino conociendo, incluso admitió verse una de sus competencias de modo de apoyo, le agradaba el viejo, era discreto y jamas alardeo conocer a un patinador profesional. Siguiendo con su camino, empezaba a sentir los estragos de las inseguridades dormidas en su cabeza, podrían transcurrir diez años adelante pero no olvidaría la existencia de Viktor en la vida de los Katsuki. Solo miren a Anna, es su vida imagen, tal vez no en personalidad, pero si en físico, ella es mas intuitiva y calmada en hacer decisiones o mirar la vida. Sin embargo, tratándose de lo emotivo es otra cosa.
Sacar conclusiones esta fuera de contexto, pero es posible que esa niña ha visto algo en Yuuri, lo cual, nadie ha detallado antes. Es frustrante, porque en este tiempo transcurrido ellos no han pasado de besos, abrazos o medio toqueteo, nada sentimental o romántico, salvo la ocasión de ir a Hasetsu en vacaciones de navidad cuando Anna tenia tres años. Aprovechando el ofrecimiento de Yuko en cuidar de ella, salieron a comer Ramen en una tienda nueva, ver la pasada de un cometa juntos y luego perseguir el amanecer, en tanto se sujetaban de las manos. Es cierto, suene asquerosamente meloso, pero cuando realmente conoces el amor en manos de una persona lo demás sobra.
No obstante, jamas han definido lo que eran, tratarlo daba en Yurio una clase de medio peor a perder a su abuelo o arruinar una rutina, porque temia ser rechazado. Yuuri no parecía tener intenciones de dañar al rubio, pero si mirabas con atención sus ojos color caoba percibas una clase de misterio inexplorable, recontido y imposible. Aunque estuviese a su lado, es como si su mente estuviese en un lugar ajeno al suyo, dejándolo un poco solo en el mundo terrenal.
El rubio jamas ha querido mentirse a si mismo, menos tapar el sol con un dedo, esta claro que el Katsuki aun no ha olvidado completamente a Viktor, sigue luchando con su recuerdo a cuestas mientras cría a su hija. Le molesta ese hecho, sin dudas, pero tampoco puede ser desconciderado en este asunto solo proponiendo solo sus sentimientos. Prometió esperar lo que fuese necesario y eso hará.
Introduce las llaves en la ranura de la cerradura abriendo la puerta, el departamento luce oscuro como de costumbre, debido a sus paredes azul oscuro, muebles marrones y luces de la cocina apagadas parece sacado de una pelicula de terror. Bueno, son casi las diez de la noche, era de esperarse encontrarlo solitario salvo al dueño de este, viendo televisión en el sofa marrón de tersiopelo que se encuentra frente del artefacto, reflejandose en sus lentes de montura azul de manera graciosa. No les gusta decirlo pero, le encanta llegar a este sitio y ser recibido con una imagen así, Yuuri estando solamente siendo Yuuri vistiendo una pantaloncillos color blanco acompañado de una camiseta azul con rallas blancas, utilizado con unos calcetines de graciosas formas en tanto se olvida de todo y concentrándose en un programa policiaco estadounidense.
« Podría acostumbrarme a esto el resto de mi vida. »
Y lo hace, porque Yurio anhela a retirarse unos años mas adelante seguir compartiendo con el japones, dedicarse igualmente a entrenar nuevos talentos y llegar a casa para solo alimentarse de esta maravillosa imagen. Pero debe romper la burbuja, de lo contrario, se congelara por el frío de afuera. Cierra la puerta despertando la ensoñación del Katsuki, quien reaccionando al ruido gira en donde se encuentra el rubio, esbozando una sonrisa amplia.
— Bienvenido — dice inmediatamente de verlo.
— Estoy… de vuelta. — menciona cohibido, medio apenado.
Yurio ha tratado con todas sus fuerza adaptarse a las costumbres japonesas, algunas las ha digerido mas que otras, las palabras antes de comer es un ejemplo, pero particularmente la de utilizada al volver a casa… le apena, mas cuando Yuuri le mira de esa manera tan entuciasta.
« Sino estas enamorado de mi… ¿por qué me ilusionas de esta manera? »
Aunque quisiera escapar no puede, ha quedado atrapado en el dulce aroma de este omega embriagador, su ternura o dulzura son la clase de droga incapaz de abandonar, menos tener rehabilitación. Esta bien, puede vivir con ello un poco mas.
— Has llegado un poco tarde — siguio hablando el japones, levantándose del asiento y acercándose al ruso para ayudarlo con las malestas. — pensé en verte a las ocho, no casi las diez.
Allí iban, comportándose como una pareja de casados. Aunque la verdad, no se pintaba tan mal.
— Los vuelos se retrasaron un poco, pero tampoco ayudo el adelantar mi llegada. — informo cargando la maleta de la derecha y dejándole la otra al omega — tuvieron un poco de problemas por ello.
— ¿Yakov te compro los voletos para mañana en la mañana? — pregunto perspicaz el pelinegro, riéndose con burla y caminando para dejar el equipaje en un rincón. — suele hacerlo él porque alguien deja sus asuntos en manos de su entrenador.
— Oh, por favor. — rodeo los ojos el rubio, tomando asiento en el sillón marrón cansado.
— ¿Me mentiras a estas alturas de la vida Yurio? — exclamó irónico, imitando al rubio y caminando a la cocina — mira que mi intuición nunca falla.
— Estupideces. — tomo el control olvidado en el sofa, empezando a pasar los canales sin interes alguno — Hablando de otra cosa, ¿donde esta Anna? Comúnmente se encuentra revoloteando a tu lado hasta tarde.
— Si, bueno, hoy ha querido acostarse temprano para descansar mas — relataba tranquilo, utilizando algunos elementos para hacer una taza de chocolate. — mañana sera un gran día para ella, no quiere despertarse aparentando mucho sueño.
Asi que gran día… enorme frase para alguien tan pequeño como ella, mencionando la relación imaginaría en su cabeza con su padre que desconoce su existencia, con ello jamas se refiriria a insultarla o algo parecido. Solamente quiere proteger las esperanzas de ella, aun mas, cuando Viktor se encontraba relacionado mas tomando en cuenta ser perfecto en destruir ilusiones. Su relación con la niña jamas ha sido fuerte, está intuye perfectamente sus sentimientos por su mamá, esa intuición de alfa le ayuda, mas aun, cuando otro intenta cortegear al ser que la trajo a este mundo.
La temporada de celo en Yuuri es la peor, no solo porque debe permanecer alejado a un radio de cien metros de él, tambien porque Anna activa sus intentos de una forma primitiva. Como le estuviera tocando su territorio a algo parecido. En ocasiones, Yurio siente que esta viendo los ojos de Viktor reflejado en ella, dictaminando morderlo si osa a tentar a su suerte y tocar a su mamá. Podría no encontrarse ese sujeto, pero dejo su semilla, parecida e igual de soberbia que el padre.
El pelinegro a vuelto de la cocina con dos tazas de chocolate caliente, mira intuitivo al joven rubio que ha parado de pasar canales dejándolo en uno de cocina, este parece demaciado sumido en sus pensamientos para prestarte atención a su alrededor, solo abordo su propio mundo. El mayor toma asiento a su lado colocando las dos tazas humeantes al frente en una mesa de madera, esbozando una sonrisa traviesa pasa su mano delante del rostro del otro varias veces sin obtener respuesta, vaya… parece mas serio a lo normal. Es cuando intenta pelliscarle una mejilla que lo detiene, sostiene la mano de Yuuri y gira a mirarlo con seriedad.
— No vayas. — solo musita en un tono preocupado, asustando un poco al japones que siente el agarre demandante. — Ni se te ocurra ir a un lugar donde estara él, podría ser peligroso.
— No seas absurdo — se soltó del agarre, buscando su taza de chocolate y dándole un sorbo. — Anna me pidió verlo y…
— Yuuri — lo llamo seriamente, adoptando una mirada verde un tanto demandante y propio de alfa, haciéndolo temblar. — en verdad estoy siendo serio con esto, no te expongas a ti o a Anna. En verdad es peligroso.
Desde llevar conociendo al rubio jamas lo había visto utilizar su voz de alfa, usualmente era empleada para temorizar a tu presa o enemigo, casos especiales como querer cortegear a tu pareja. Sin embargo, este no era precisamente la ocasión y le asustaba, de poseer la marca de Yurio en su nuca no tendría mas opción que acceder a su mandanto, pero como no ha sucedido tal cosa al cuidarse en todos sus celos, era posible obviar esa petición.
— Escucha esto, Yurio. — volvió a olvidar la taza en la mesa y sostuvo las manos del otro con fuerza, expresandole su inquietud — Prometo cuidarme de cualquier indicio de periodista o alguien sospechoso, no seria capaz de exponer a Anna en una situación peligrosa, mucho menos a mi. Hemos recorrido un camino demaciado largo como para botarlo a la basura.
— Pero…
— Yurio — insistió con tono de reproche, sorprendiendo al joven. — ¿confias en mi? ¿en verdad lo haces?
— ¿Qué clase de pregunta es esa? — inquirio alzando una de sus cejas.
— Responde por favor. — lo miro frunciendo el ceño.
Dios, no comprendia estos arranques raros del pelinegro, tenía la psicología peor a una mujer o su abuelo.
— Sabes que lo hago, es estúpido siquiera preguntarlo. — resoplo entre dientes, haciendo sonreír al japonés con dulzura. Después de todo, Yurio seria Yurio — ni siquiera te cuestiones eso.
— ¿Entonces? — le dio un ligero apretón a sus manos aun unidas — ¿Cual es el problema?
¿Qué cual era el problema? Fácil, el tener cerca la existencia propia de Vitkor Nikiforov a metros de distancia de Yuuri, de Anna y todo lo relacionado al pasado. Sabia perfectamente que los sentimientos del pelinegro no ha cambiado nada en estos últimos años, sigue idolatrando al ruso con la misma devoción de costumbre, guardando recortes de revistas con su imagen, fiches o todo lo relacionado con sus rutinas nuevas, e inclusive, ve cada una de las competencias por la televisión. Le da la razón al amar el patinaje, que ese peliplata sea el máximo exponente en dicho deporte, pero no congrasea esa extraña “dependencia” de querer saber todo de él, bueno, exceptuando lo romántico. Desde aparecer esa chica “rubia” misteriosa, Yuuri aparento total normalidad, como si nada le afectase, solo fue sincero aquella noche de fuerte nevada al encontrarlo en su departamento llorando desconsolado. Yurio prometió estar allí para él, abrazarlo y jamas soltarlo.
Pero… parece ser insuficiente.
Esa es la razón de sentirse tan incomodo, en peligro o acorralado, piensa que su relación con el pelinegro depende solo de un hilo donde una gran tijera llamada “Viktor Nikiforov” la romperá, dejándola hecha pedazos. Ellos tienen mucho en común, haber compartido momentos únicos e íntimos, conocer datos que el aun no sabe de Yuuri y le molesta, sin dejar lo mas resaltante de todo: Anna. Si bien su relación con ella no es del todo buena, ha sido expectador de su evolución, de cuando camino por primera vez, de llamarlo con su horrible apodo dado por Mari, intentar darle una papilla y terminar sobre su cabello resien corto, jalar la perforación de uno de sus orejas y ese incidente idiota en el preescolar cuando intentarlo intimidarla, defendiendola. Aun lo recuerda, el día de verla por primera vez en sus brazos, guardar la imagen de esos ojos saltones azules y pensar en que se parecía a su padre, pero aun así, la protegería.
No le gusta ser sincero.
Menos admitir cosas.
Pero Anna, es su princesa.
Menos admitir cosas.
Pero Anna, es su princesa.
Desviando una de sus manos hacia el rostro de Yuuri emite un suspiro, cerrando los ojos y buscando controlar todas sus inseguridadess. No puede decirle la verdad al japones, se burlaria de él, tambien le reclamaría perder su tiempo pensando en cosas innecesarias, el pasado es el pasado y permanecerá allí, no volverá.
— Qué te quiero y no deseo por nada en el mundo perderte. — admite al fin, mostrandole ese zafiro mirar. Acercándose mas a su rostro, chocando su aliento con la piel del contrario ya nervioso. — Perdón si te abrumo con esto, pero es que… no puedo esconderlo mas.
El ojos caoba no sabe como responderle al rubio, conoce perfectamente la sinceridad detrás de esas palabras, a cierto grado, le recuerda a si mismo en el pasado corriendo detrás de un amor imposible, por eso termino como termino. Aunque Yurio no fuese precisamente él, temí que estuviera cometiendo un error al pegarse tanto a su persona, era joven, agraciado con la naturaleza de alfa, campeón en el patinaje y guapo en todo los sentidos. Debería estar cortejeando adorables jovencitas, o quizás, omegas a su altura, en su lugar, solo le seguía la pista cumpliendo un papel que jamas le ha pedido.
Yuuri era mucho mayor al veintiañero, soltero, padre soltero para agregar, omega y con un pasado duramente tormentoso. En realidad, jamas ha estado a la altura del hermoso monstruo en constante cambio, a su lado, solo seguirá siendo ese cerdito que adoraba alcanzar el nivel profesional de la “leyenda viviente del patinaje”. Le sorprende el hecho de aun tener una conexión, por mucho en estar compartiendo situaciones mas lejos a una amistad, Yuuri sabe perfectamente su posición y no pretende exigirle mas al rubio. Ni hoy o nunca, simplemente octara callar.
— No lo haces — une su frente con la del joven, cerrando los ojos — jamas lo has hecho, mas bien, perdoname a mi. En estos cinco años nunca te he definido lo que somos.
— Las etiquetas son para lo frascos. — se llena del aroma del omega, sintiendolo tibio y dulce al bajar por su garganta hasta su corazón. Dejándose llevar por el momento. — y ni tu o yo lo somos.
— Siempre consigues explicación para todo, ¿no es así? — le reprocha divertido, aceptando gustosamente la caricia de las yemas de los dedos de él en la palma de su mano — niño presumido.
— Podría mostrarte muchas cosas mas que este niño presumido puede hacer. — menciona con tono neutral, extremeciendo al omega al escucharlo insinuarsele de esa forma. ¿Qué le dan a los niños de hoy en día? — Este podría ser un horario apropiado, fuera de niños.
— No te aproveches que la mini alfa esta descansando. — le advierte, en tanto los dedos del rubio se abre paso entre los suyos y entrelazandolos — o pensare que eres mucho mas a un niño presumido.
— ¿Como qué? — lo reto, abriendo los ojos y mostrandole un brillo inusual en la mirada. Un alfa depredador.
— Aprovechado.
Entonces las palabras mueren de inmediato allí, en la boca de ellos dos, cuando unen sus labios en un acalorado beso preso de anciedad y sentimientos acorralados, esto en parte de Yurio que sostiene el rostro del otro como si fuese su salvavidas. Quiere demostrarle toda su devoción, amor y cariño suprimido todos estos años, estando dispuesto a esperarlo cien años mas si es posible. Ya no es un niño, por quien tomaba sus acciones propias de las hormonas alfas despertando ante su alrededor, eso quedo atrás, desde saber este sentir hacia el omega entendió quererlo para siempre.
En un segundo a otro, sus alientos chocan con impetud, casi queriendose devorar mediante sus labios, aprovechándose de esto Yurio introduce su lengua en la cavidad bucal del otro y se pierde por completo. Ya no sabe lo que hace, ni desea hacerlo, ese dulce sabor en la saliva del pelinegro le nubla la mente, la razón y despierta todos los sentidos. Por ejemplo, el sonido de la respiración se hizo mas rápida compaginandose con la de su corazón, errante, nerviosa pero a su vez dichosa. Los sonidos que produce su boca lo dejan atonico, los pequeños jadeos o gemidos producidos le tientan a llevar todos mas lejos, a que realmente el cuerpo de Yuuri reacciona al suyo y puede tomarlo como propio.
Con su mano libre, empieza a recorrer tentativamente la cintura del otro, acariciandola solo con los pulgares, tanteando zona desconocido para no ser rechazado. Cosa en nunca ocurrir. Al romper el beso, se ubica rápidamente en el cuello de este, repartiendo suaves besos, castos siendo mas precisos, en tanto la respiración del contrario sube igual a su mano en la cintura de este hasta llegar a las costillas, donde comienza a deslizar sus dedos con suma suaviadad. Logro sacarle uno que otro suspiro con su nombre, insitandolo a seguir mas, a estar haciendo las cosas con buen pie. Y le hace temer.
« Nunca habíamos llegado tan lejos, estoy pensando en estar soñando. Quizás en cualquier momento me despierte con un problema entre manos. »
Pero nada de eso sucede, en su lugar, Yuuri se acerca mas al cuerpo de veinteañero deseando mas contacto. Entonces Yurio ya no puede contenerse mas, menos al alfa durmiendo en su interior meditando en intervenir en la situación, porque sus instintos gritan marcar ese cuerpo entero como suyo sin reprimirse. Y lo hace. Olvidando donde se encuentra, olvidando que Yuuri podría rechazarlo, pero sobre todo, olvidando toda su cordura el rubio sujeta de las caderas al pelinegro y lo obliga a sentarse en su regazo teniendo un mayor contacto. Yuuri abre los ojos sorpresivo de esta nueva posición, en la vida había estado tan pegado a un alfa, diciendo mucho al tener un hija, pero en situaciones así le colocaba sumamente nervioso.
No podía mentirse, seguía amando a su primer amor, el padre de su única hija. Sin embargo, estando cerca de Yurio como ahora, le hacia perder totalmente la cabeza y no sabia si era producto de tener su próximo celo pronto u otra cosa. Era cierto, el rubio durante todos estos años se comporto de la manera mas ejemplar, como conocido, amigos y acompañante de penas. El corresponderle esta lejos, aun así, darle un poco de todo lo recibido por este durante este tiempo era justo.
Generalmente, injusto sería entrar en celo en estos momentos y dejarse simplemente llevar. Ya no seria un sentimiento puro, sino meramente carnal, saciar el dolor de querer un alfa y nada mas.
Las manos del otro las sintio en su espalda baja, acariciandola, rozandola e insitandolo a responder contra ellas. Yuuri se limito a esconder su rostro ya pintando en color en el pecho del ruso, apretando sus labios y obligando a apretar sus labios, así no salia ningún sonido obsceno de ellos. Aunque, se le olvidaba un pequeño detalle, sus caderas parecían obviar las advertencias de su dueño y tomar sus propias decisiones, moviéndose.
Yurio por otra parte, si saco a flote un sonido grutural parecido a un gruñido, ese choque intencional o no de caderas hecho por el pelinegro le hizo despertar algo que deseaba dormido, porque de jugar con él león saldrías mordido. En la vida había estado con un omega casi en entrada de celo, solamente con mujeres beta o alfas, simplemente por gusto e incluso cosa de una noche. Nada serio. Pero justo en estos momentos, Yuuri estaba sobrepasando todos los limites, admite haber incitado a esta situación pero nunca el ser correspondido, menos tener la suerte de casi el celo de él.
« Suena como si me estuviera aprovechando de la situación, aunque… Mmm… su olor es exiquito. Creo que me volveré loco. »
Yurio tomando las riendas de la situación, movió sus manos al trasero del omega y lo empujo contra su cintura, recreando finalmente el sonido tan anhelado por sus odios, un gemido. ¡Dios! Parecía musica predilecta hecha por los mismisimos ángeles, la voz de Yuuri era tan suave, perfecta y clara, además su respiración es la creación mas maravillosa de todas, el privarsela seria un delito. Hundiendo la nariz en el cuello de este, Yurio volvió a repetir ese movimiento una, otra, otra y otra vez, alimentando su morbo y necesidad por el pelinegro que dictaba su cuerpo poseerlo. Estaba listo, listo y únicamente para él, pero obviamente las cosas nunca se harán como sus deseos lo dictaminan.
Escuchando el sonido de una puerta abriéndose, Yurio sintio un frío balde de agua helada virtiendose en su piel, despertandose de un sueño erótico donde el protagonista era él con su katsudon amado. Quien miraba desconcertado la acción de una pequeña niña de cinco años, teniendo en sus manos, una taza de agua con hielo que lanzo en el rostro de un rubio completamente confundido.
— ¡Deja de hacer ruidos extraños mientras duermes! — grito la pequeña de zafiro mirar.
¿Ah? ¿Pero qué significa esto? ¿Cuando se quedo dormido? ¿Y desde cuando Anna se encontraba despierta? Además… ¡¿quien le dio permiso de mojarlo?!
— ¡Tú…! — arrastro las palabras con enojo, sintiendo brincando las venas de su frente con impetud. — ¡te has pasado de la raya mocosa!
— ¡Es tu culpa! — le señaló frunciendole el ceño, el rubio se seco con una de sus manos el rostro mojado maldiciendo mentalmente a la niña, ahora se resfriaria. — no vengas a mi casa solamente a dormir ¡flojo! Sobre todo, deja de hacer cosas extrañas en tanto duermes. ¡Pervertido!
¿Pever…? ¡¿Pervetido?! ¡¿él?! O… las vacas comenzaron a volar, quizás estuviese dentro de una pesadilla, eso… ¡eso debía de ser!
— Anna, ya fue suficiente. — le reprendio su mamá, en tanto le extendía una toalla al alfa para poder secarse. — no es bueno colmar la paciencia de los demás, te lo he dicho muchas veces.
— Pero… pero… Anna no ha hecho nada malo, la culpa es de la mente cochina de Yurio. — señalo ceñuda al joven, quien pronuncio un “¿y yo que demonios hice?” Con altaneria, ganándose una mirada reprimiente del mayor de todos. — ¡Anna no miente mamá! ¿acaso no lo escuchastes?
— ¿De donde aprendes esas cosas? — se preguntó el ojos caoba suspirando y acariciando sus cienes, como si tuviera jaqueca. En seguida, escucho un sonido de un pitido en la cocina, obligandolo a atenderlo. — Esa es el agua de tu leche, por favor comportate con Yurio y no discutan.
El rubio lo quedo mirando con algo de recelo a lo mencionado, había sido tratado igual a un pequeño niño, hechando por la borda el candente sueño de hace unos minutos atrás. Ya decía él, en la vida disfrutaría de un espectáculo así hecho por el omega, antes ocurría el jodido Apocalipsis o una ola de personas come gente, pues la prioridad del pelinegro es y sera Anna. Ahora, no recordaba el momento exacto de cuando se quedo dormido, quizás luego de esa charla tan estremesedora de la competencia del día siguiente, que seguía atormentandolo sin descanso.
” Viktor… Yuuri… Anna…. en un mismo resinto. »
Olvidemos la sensualidad del sueño, los movimientos pelvicos y lo inquieta que estaban sus manos, con tal, esa no ha sido la primera o última vez en tener dichas imágenes en su mente en modo de sueño. Lo que le inquietaba era la postura de Yuuri ante su posible nuevo encuentro con Viktor, aunque sea por medio de cámaras o gradas, jamas le quitaría el hecho de seguir amandolo. Es decir, en su mirada se notaba, era tan evidente que es patético.
— ¿Qué ocurre? — pregunto altanero el rubio, dándose cuenta de la manera de de mirarle la niña. — ¿tengo monos en la cara?
— No te hagas, menos con Anna a estas alturas de la vida. Yurio. — espeto la pequeña, frunciendo el ceño y recordandole un poco a su padre.
— ¿De que hablas? — le miro extrañado, tratando de llevarle la conversación a las ojos zafiros.
— Mientras Anna siga al lado de mamá, jamas tendrás oportunidad con ella. — sentención la peliplata, sonriendo con un brillo bastante inusual y nuevo. Luego, se llevo su dedo a los labios en una pose usual en Viktor, produciendole repelus al rubio. — Asi que recuerdalo, pervertido-chan.
¡Esta pequeña escarabajo! ¿desde cuando su parecido con Viktor era tan alta? Es decir, sus físicos son simplemente similares, era como ver la versión del ruso en femina cachorra, aun así, su personalidad son el parecido a dos gotas de lluvia con diferentes caminos. Haciéndole creer una cosa: vio mucha de sus entrevistas. Al reconocerlo como papá, llevaría a emitarlo en la cosa mas absurda de todo, incluso las poses o palabras.
— De escoger eso, no eres tu, sino Yuuri. — sonrio socarronamente, colocándose par a par en altura con al niña. — ¿y en que te basas en eso? No creo que sepas los verdaderos sentimientos de tu mamá, menos te los dira si lo preguntas.
— Pero Anna la conoce lo suficiente para saber la verdad — replicó la chiquilla, colocando sus manos en la cintura y señalando al joven ruso. — Tu-no-le-gustas.
Era lo poco que podía soportar Yurio, ver el comportamiento infantil de la Katsuki lo sacaba de sus casillas, no solo eso, tambien esa aura envolviendola de poder leer todos sus pensamientos sobre su mamá. Aun mas, tener el conocimiento exacto de todas las imágenes especificas, produciendo en Yurio una clase de sensación peor a su “Tsuderismo”. Esta chiquilla sin duda era una Nikiforov, podria no tener el apellido precisamente, pero ese comportamiento tan “maduro” venia de su parte, muy encontrario de su madre. Pensó en comportarse sereno e ignorar las provociones de Anna, lamentablemente eso no logro llevarse a acabo.
Arrojando al suelo su madurez, sensatez y el calculo de su edad para sujetar las mejillas de la peliplata, halandolas, jugando con ellas. Parecía una clase de masa flexible, la cual podrías moldear a la forma que quisieras, si, un lienso en blanco buscando ser reclamada sin preambulos. Tampoco es que la niña se quedara atrás, odiaba cuando la gente le molestaba la cara mas si esta se trataba Yurio, se comportaba como un crió mimado al privarle de jugar con su juguete favorito. Estaba equivocado, su mamá no es ningún objeto y se lo demostraría.
Por otro lado, Yuuri terminaba de hacer la leche tibia de su hija, pensaba claramente en las inquietudes infundadas del rubio, dándole inclusive, vueltas al asunto. Él comprendia cada una de ellas, por supuesto que lo hacia, temer de encontrarse con Viktor en los pasillos del estadio era su constante pensamiento, en el pasado estuvo a punto de suceder estando embarazado de Anna, pero estuvo Phichit para ayudarlo. Ahora, solo se tendría a si mismo. Suspiro, no podía prohibirle a su hija ver una de las actuaciones de su padre, aunque deseara salir es corriendo a la mínima oportunidad de verlo, debía mantenerse fuerte por ella.
Yuuri temblaba de imaginarse su reacción al tenerlo cerca, ver esos ojos color manglar reflejados en su hija, esa sonrisa coqueta capaz de doblarle las rodillas y su voz clara, dulce a la par de completamente encantadorada e inolvidable en su mente. Lo extremecia, lo volvía loco inremediablemente, pues le hacia volver al pasado cuando concibieron a su hija. Puede decir con certeza que toco el cielo, acaricio una estrella y con ello se sintio pleno. Lamentablemente, todo fue como los cuentos de hadas, la cenicienta para ser mas exactos, donde al dar la campana de las doce debió desaparecer sin dejar rastro. De eso ya han pasado cinco años y aun no puede olvidarlo, aquella noche, ni a su acompañante que le dejo una bonita semilla en su interior.
Quejarse sería estúpido, porque si bien tuvo temor al comienzo de criar a un bebé solo, este se volvió en su fortaleza y la razón de seguir luchando cada día en su vida. Anna ha sido la bendición mas grande de todas, es una niña que jamas le ha dado problemas, desde pequeña ha sido tranquila y taciturna. Aunque es carismática con muchos amigos en su preescolar, no le sonrie a todo mundo y menos compartirle sus inquietudes, ella posee sus personas predilectas para ella, y aunque no lo crean, Yurio forma parte de ellas. La primera vez que la escucho gritar, fue cuando los vio besándose, bueno, no había sido nada revelador tomando en cuenta que el japones sigue sin definir la relación con el rubio, pero en los ojos de una pequeña de cinco años observar a su mamá besando a otra persona, era desgarrafal. Luego de ello, se planto una pelea de grandes magnitudes donde ninguno de las partes quería ceder.
Intervino Yuuri.
Los separo.
Y todo quedo solucionado, por los momentos.
Los separo.
Y todo quedo solucionado, por los momentos.
Desde ese instante, se plantea la posibilidad de no tener solo un cachorro bajo su cuidado, sino dos. Volviendo soltar un suspiro, vierte la bebida láctea en una pequeña taza rosa de dibujos de huella de perrito, los gustos de su niña son bastante parecido a los suyos con respecto a los animales, mas bien, ella amaba todo ser peludo que vaya en cuatro patas. Como viven en un departamento, el tener mascotas es imposible, pero al menos no es un delito mantenerlas en tazas.
Regreso a la sala donde sin saberlo, se topo con una escena bastante conocida para sus ojos, Anna y Yurio discutiendo. Mas que discutiendo, era una guerra de cual de los dos podía aguantar sus rostros con expresiones graciosas, ya que los tenían sujetos, halando sus mejillas y mostrando sus dientes perfectos. Santo cielos, esto tenía que ser una broma, de su pequeña podría esperarlo, pero ¿Yurio? ¡ya es un veinteañero! Además, seguirle el juego a la ojos azul era demaciado, aveces se deja llevar por su lado temperamental que se le olvida quien es.
« Ya quisiera ver la expresiones de las “Yuri Angels”, seguramente se desmayarian. »
Oculto una risita en su puño, es cierto que a Yurio no le quedaba mucho la expresión de caballo producida por su hija, pero debe de admitir su lado adorable cuando ella se mantiene en medio de los dos. Es mas suave, amable e infantil, le hace no perder el curso de su verdadera edad y que sigue siendo joven. Aunque Yuuri no tiene definido lo posible a ocurrir con el rubio en el futuro, menos lo del día siguiente, quiere seguir permaneciendo junto a él un poco mas. Si, decidirá ser egoísta.
— ¡Bueno es suficiente! — hizo su acto de presencia el pelinegro, sorprendiendo a los jóvenes. — Anna, es hora que bebas tu leche y vayas a dormir. Las niñas a estas horas deberían estar dormidas.
— Anna solo quería beber leche. — opino, girando su rostro al lado contrario del ruso.
— Pues aquí la tienes. — dio unos pasos mas estendiendola — Ahora, ve a dormir.
— Pero mamá…
— Nada de peros Anna. — la reprendio, mirandolo serio. — en verdad es tarde y necesitas descansar.
La peliplata, sostuvo la taza entre sus pequeñas manos y dando media vuelta con la cabeza baja, se dispuso a marcharse hacia el pasillo rumbo a su cuarto. Su mamá dibujo una media sonrisa viendola desaparecer, aunque la niña no lo admitiera, adoraba tener a Yurio cerca, bien sea para fastidiarlo o discutir con él, a su lado permanecia mas alguien de su edad y le agradaba.
Dándose a si mismo un masaje en los hombros, se dispuso a sentarse junto al rubio que mantenía una mirada confusa, seguramente le sorprendía la autoridad impuesta a Anna hace unos segundos, dado el caso de complacerla en todo lo que ella pidiera. Caso desconocida en él, saber colocarle limites a los niños sino jamas reconocerá el merecer algo o no merecerlo.
— ¿Sucede algo? — le preguntó sonriendole con picardía.
— ¿Eh? Mmm… no… n… nada que ver. — sin comprender giro su rostro sonrojandose. ¿Por qué demonios se sonrojaba? — Solo… solo pensaba en lo serio que te ves al regañar a Anna.
— ¿En verdad? — solto un resoplido entre dientes divertido, este chico tenia una ocurrencia extraordinaria. — Estoy simplemente enseñandole lo que debe de hacer, es todo.
— Aun asi, te veías diferente. — insistió manteniéndose cohibido y avergonzado.
— Si, seguro que si.
★★★★★★★★★★
El ruido de las personas riendo, conversando o cuchicheando, el poco espacio para caminar y ese ambiente contaminado de la misma rutina; viajar, practicar coreografías, competir contra otros patinadores, ganar, volver hacer prácticas, escuchar las mismas quejas de su entrenador… volver a apartir. Todo, todo a su alrededor giraba en el mismo eje, desde hace cinco años atrás que dejo a ese adorable jovencito de caoba mirada, que le hizo experimentar toda clase se situaciones nuevas, jamas ha tenido la oportunidad de revivirlas. Menos, de encontrarlo. La promesa hecha en ese entonces ha sido cumplido al pie de la letra, él regresando a las pistas impresionando a la gente, ganando cada vez mas medallas y galardones por su trabajo, mientras el otro, desapareció sin dejar rastro.
Existen ocasiones donde se le aparece en sueños, reclamandole, exigiendole que por primera vez en su vida dejara de complacerlo en todo y lo buscara, viajara o desordenara medio mundo para dar con su paradero. Aunque eso es algo que ni el mismísimo Viktor Nikiforov ha hecho, demostrando que su osadía no llega tanto a niveles sorprendentes, simplemente se encoge y limita a estar en un mismo eje. La soledad. Podrá tener medallas, copas, títulos, el respeto o admiración de la gente, pero sigue faltandole algo que no ha podido encontrar en todos estos años y solamente la tenie alguien, Yuuri Katsuki. Su memoria y recuerdos de él se encuentran siempre presente, en su cabeza, en cada rincón, en su caniche ya fallecido hace años atrás y hasta en las coreografías hechas. Lo sabe, todo el mundo lo hace, que sus presentaciones tienen un tono nostálgico como anhelante, donde una adorable criatura con todos sus encantos posibles lanzo un hechizo en él, que dependiera solo de su recuerdo e impidiera buscarlo o seguir con su vida.
Vitkor no puede mentirse, menos ocultarlo, la tristeza de su alma le impide ser naturalidad el mismo y podrá aparentarlo frente a las cámaras, pero entre sus conocidos es imposible. Aun mas cuando intento salir con otras personas, betas para ser mas preciso, teniendo como fin mantener una fragancia igual a la de Yuuri teniendo una estrepitosa caida. Nadie puede igualarlo. El japones posee un sutil olor, parecido a las azucenas, con un toque de canela y cítrico en ellas que te envuelve en un suave cuñada de hojas secas, igual al otoño. Esa temporada del año es nostálgica y triste, te lleva a las memorias perdidas de lo que pudo ser y no lo fue. He allí a la razón de fracasar de salir con otras personas, de herirlas, porque para hacerlo debe cerrar historias y abrir una nueva.
— ¡Vitkor! — la voz de su entrenador lo trajo a la realidad, dándose cuenta que se había quedado atrás de los demás. De hecho, Mila y Yurio lo quedaron mirando extraño, como si estuviera loco. — ¡¿Acaso aun estas dormido?! ¡Reacciona y no te quedes atrás!
Dándole la vuelta, volvió a caminar sin observar si se quedaba atrás o lo seguía, de todas maneras, Vitkor no tuvo otra opción mas a seguirle en caravana, manteniendo la mirada verde intensa de Yurio en él. Este pequeño, bueno, ya no tan pequeño, tomo un vuelo como loco el día anterior para estar en Ditroit primero a nadie, según Mila se debía a la novia americana impaciente en verlo, es mas, las razones de sus viajes constantes se debían a ella y aunque no sepa la naturaleza de esta, esta complemente segura que no es alguien ordinario. ¡Y de seguro es cierto! Alguien en poder soportar el genio del gatito gruñon de Rusia, merece condecorarlo con flores y fanfarrias, debido a ser todo un reto. De poder conocerla… ¡le dara sus felicitaciones!
— ¿Ya la viste? — susurro con picardía al rubio, quien fruncio el ceño sin entender. — Tu novia.
Yurio soltó un respingo impresionado, o mas bien debe decir, avergonzado por verse evidente frente a la “Leyenda viviente del patinaje”, pareciendo hace unos segundos atrás un zombie y ahora le hacia bromas. ¿Quien demonios era realmente este hombre? Lo desconocía por completo.
— ¿Qué te importa de todas maneras? — espetó altanero, mirando hacia otro lado y evitando mostrarle su sonrojo.
— Oh vamos Yurio, nos conocemos desde hace mucho tiempo. — le dijo insistente, sonriendo una forma bastante particular. — obviamente me importa si eres feliz o no.
Irónico, penso el menor, este peliplata ni tenia idea que estaban hablando de cierto cerdito japonés, el cual, es el dueño de todos esos sentimientos guardados en su pecho. La noche anterior despues de dormirse Anna, se quedaron hablando hasta tarde sobre la competencia de hoy, obviamente prometido mirarlo y animarlo. Seguidamente, comenzaron a besarse en silencio, tal vez producto a no tener nada mas por hacer, o de quedarse mirando las expresiones de cada uno, como si estuvieran descubriendose sin necesidad de permiso. Aun asi, esos besos eran suaves, tersos y con el sabor de abrazador invierno, que trae consigo una tormenta de nieve. Yurio quiso avanzar mas allá de eso, tocar, acaricias a la par de ser correspondido, pero al colocar su mano en la cintura del pelinegro todo termino. Si, tal cual al hechizo de la sirenita convirtiéndose en espumas al final del cuento, porque se levantó del sillón arreglando sus ropas todo sonrojado e inquieto, alegando ser muy tarde y deseandole buenas noches.
¡¿En verdad?! ¡¿En verdad lo dejo de esa manera?! Frenético, ancioso y con hambre de poseer tal cuerpo agraciado por los mismos dioses. Deseaba moldear esa cintura con sus manos, acariciar la piel detrás de sus muslos, saborear cada una de las lágrimas brotadas de esos ojos caoba, embriagarse de esa dulce fragancia de miel y azucenas natas de los omegas. En general, quería marcarlo detrás de su cuello como suyo, de esa forma nadie se podría osar a siquiera reclarmarlo o cortegearlo.
Sin embargo, él aun sigue perdido en el pasado consumido por las experiencias vividas con cierta persona, si, la misma que esta preguntándole sobre su vida privada.
— Metete en tus propios asuntos, idiota. — pronuncio rencoroso, mirandolo para fulminarlo con la mirada.
— Eres tan arisco… — murmuro fingiendo dolor, seguido de una sonrisa de medio lado. — Como sea, en verdad pienso que has cambiado mucho Yurio y alguien esta detrás de esto, sobre todo, me alegra saber que al menos uno de los dos… es feliz.
La mirada azulada perdió su brillo, la sonrisa alegre de los labios de él igual, cada característica propicia del peliplata iba degradando quedándose con una mueca vacía. Era cierto, el gran Viktor Nikiforov se convirtió en un gran masa de aire con nada interesante en su interior, dando por consiguiente ser simplemente un humano vacío. Podría ser la mas grande figura del patinaje, pero estando solos aparentaba ser un pobre diablo que sufrías sus propios errores. Lastima, porque Yurio no sentiana ninguna clase de pena por este peliplata, la vida le ha enseñado ser competitivo y no doblegarse ante nadie, menos en esta oportunidad que le daban. Ser quien marcara a Yuuri.
En otro sitio de ese mismo resinto, iban cierto japones de la mano con su pequeña de ojos azules que no paraba de admirar todo a su alrededor, al pesar de no ser la primera vez de estar en una competencia, si lo era apreciando a los seniors. Su mamá le relato un poco su época de patinador, en su último año antes de tenerla a ella, sobrepasó marcas personales e hizo historia en medio de sus competidores, no por nada fue campeón de Gran Prix Final. Eso hizo sentir una clase de orgullo especial en la pequeña, ella hija de dos talentosos patinadores profesionales pero sin ninguna pizca de interes en ellos, mas bien en la musica que componían las coreografías. En el sonido de piano y violín para ser exactos, mas cuando esta aprendiendo a tocar este último.
El pelinegro pensó que se les había hecho tarde esta mañana, Anna no suele tardarse mucho en arreglarse, menos en despertar, pero hoy particularmente se encerró en su habitación sin dar explicación alguna, preocupando al hombre. ¿Qué podría mantener tan ocupada a su hija? Ella había sido la primera entuciasmada en ir a ver las competencias, ni siquiera él en señal de extrañar su antigua vida, no, su pequeña en señal de mirar en persona a tal ruso de porte gallardo y elegante. Sentir nervios a estas alturas era absurdo, mas no imposible, pues Yuuri senti en su interior un extraño tirón que le hacia ponerse mas ancioso. No reconocía tal cosa, pero podría ser simplemente estar emocionado de volver a un ambiente así, lleno de vida y entuciasmo. Nadie le certificava toparse con Viktor frente a frente, pero al menos disfrutaría del momento.
Tomaron asiento en las gradas, donde un grupo de chiquillas gritaban consignas de apoyo a Viktor y otras a Yurio, mas bien, parecía una competencia cual de los dos recibía mas atención. Siendo francamente absurdo, ambos eran el orgullo de Rusia y le han dado las mayores alegrías de todos con sus victorias, alzando con impetud su bandera junto a nombre de la patria.
Había pasado cinco años desde estar en algo así, la pasada no termino muy bien al encontrarse con Viktor y su anterior novia casi en medio de una nevada, el dolor de esa imagen aun persiste dentro de si mismo, dificultandole el respirar y los latidos de su corazón. No deseaba eso, seguir sufriendo por el pasado, cargando constantemente con un equipaje repleto de anhelos de la ausencia del peliplata. Es injusto, sumamente injusto, mas cuando tiene a Yurio a su lado insistiendo en salir con él, marcarlo y convertirse finalmente en su alfa. La diferencia de edades persiste allí, pero al ser ya mayor de edad no es un impedimento para estar juntos, bueno, si existe uno y la incapacidad de pasar la pagina para seguir adelante.
Yuuri apresia mucho la presencia de Yurio en estos años, su ayuda y paciencia al esperar una respuesta con respecto a sus sentimientos, lo malo sigue siendo no tenerla. Tal vez se miente a si mismo, dejándose besar y acariciar por esas calientes manos, manos de un alfa enamorado de él y trágicamente no correspondido. Yuuri se deja llevar ante sus instintos primitivos, después de todo, estar con alguien de la impetud del rubio no esta malo, sigue estando en la cúspide de la piramide de razas y él en la última, siendo madre soltero agrandole sin una marca. Yurio le ha demostrado muchas veces querer colocarle la suya, cosa que el pelinegro ha estado a punto de ceder, como anoche, es en ese momento preciso donde las imágenes del padre de su hija le aborda deteniendolo.
No, no puede hacerle esto.
No puede hacerse esto.
Esta mal.
No puede hacerse esto.
Esta mal.
El sonido de víctores de las personas de su lado lo traen a la realidad, los patinadores han salido a la pista ha practicar, entre ellos su beta amigo Phichit Chulanot, Yuri Plisetsky y el dueño de todos sus tormentos, Viktor Nikiforov. En primera instancia ha Yuuri le parece increíble como nada ha cambiado en él, la forma de peinar su cabello con ese mechón cayendo ligeramente hacia un lado, la desgades pero fuerza de su cuerpo y ese aire misterioso envoliendolo siempre. El pelinegro se obliga ha si mismo respirar, porque cada uno de los giros, sonidos de deslizamiento sobre el hielo y guiño enviado hacia el publicó, le lleva a un punto donde todo a su alrededor ha explotado.
Ya no existe dolor, sufrimiento o llanto.
Ahora… quiere es quedarse quieto, muy quieto mirando o admirando a su primer amor.
Ahora… quiere es quedarse quieto, muy quieto mirando o admirando a su primer amor.
Su hija, quien igualmente ha estado mirando con detenimiento al hombre parecida a ella, gira un segundo sus celestes ojos a donde se encuentra su mamá encontrandola envelesada, embrujada por aquel hechicero de glacil patinar que le devolvió ese brillo olvidado en ella. De hecho, puedo hasta notar una pequeña adornando sus labios, sin pasar por alto ese color carmín en sus mejillas llenas de vitalidad y vida. Nada de eso le ha visto antes, no al menos que tenga este involucrado Viktor Nikiforov, dándole a entender si este hombre se encuentra al rededor de ella todo empieza a cobrar sentido y color.
Si al menos… se vieran…
— ¿A mamá le gusta Viktor? — pregunto al chiquilla con perspicacia.
— ¿Eh? — musito él al reaccionar a la voz de la pequeña.
— Sobre Viktor, ¿te gusta o lo odias? — replantio la pregunta.
— Me gusta — le sonrio con ternura, no guardandose nada en lo absoluto dentro de sí. — tanto como Anna.
Solamente con esas palabras sirvieron para saber que hacer la pequeña, esto podría enojar a su madre, pero sería por una buena causa.
— Ya veo, a Anna tambien le gusta mamá. — dijo simplemente volviendo su vista al frente.
En lo quedo de competencia, al menos de la presentación del programa corto, Anna estuvo silenciosa viendo participar a los demás competidores. En su visión de pequeña, nadie había podido llegarle a los tales al ruso, salvo Yurio y esa manera tan brutal de patinar con una musica igual de bestial que sus movimientos, parecidos a querer deborarse a sus contrincantes. Al final Viktor quedo de primer lugar, Yurio de segundo y tercero un patinador beta quien hacia su debut, lastimosamente Phichit quedo en las siguientes clasificaciones por debajo de subir al podio. Aunque seguía quedando oportunidad, tan solo era el programa corto y el libre es el mas importante.
Viendo el maravillado rostro de satisfacción de su mamá, Anna sujeto su mano y juntos se dispusieron a salir del resinto con toda la calma posible, él iba preguntándole como le parecio la competencia. Claramente la chiquilla respondió que nadie podría igualar a su padre, arrasó con todo el mundo incluyendo a Yurio, quien probablemente este enojado y sacando humo de sus orejas. Obviamente, respondio Yuuri riendo de la ocurrencia de su hija, pues a nadie le gustaba perder y él era conciente de ello. De pronto, se escucho un sonido proveniente de uno de sus bolsillos, era el móvil. Dejando ir la mano de su pequeña y advirtiéndole no separarse de él, contesto el dichoso aparato desviando su mirada a otro sitio. Siendo así, el principal descuido y el paso hacia una tormenta.
Anna apoyo su espalda en la pared, visualizando sus zapatillas color negro compradas por su tia Mari en su último viaje a Hasetsu, siendo juego con su abrigo blanco acolchado de peluche en su gorro. Muchos en el trabajo de su mamá le decían parecerse a una princesa, esa apariencia extranjera, cabello plata, ojos azul igual al cielo reflejado el el mar y esa tez blanca, parecida a la nieve, si, ella era la hija de la reina de las nieves. Donde su belleza jamas ha sido comparada. Cuando se entero que por sus venas corría sangre rusa gracias a Vitkor Nikiforov, su padre, comprendio rápidamente la razón de tener dicha apariencia. Se parecía a él, de hecho, de colocarlos a ambos en un mismo plano seria imposible ignorarlo, pues destacarían demaciado. Aunque claro, los hechos de su separación aun no han sido esclarecidos, tampoco impone saberlo porque con la poca información otorgada conoce del amor de su mamá a ese hombre. Eso es mas y suficiente.
Entonces, desde lo lejos Anna observa curiosamente un grupo de gente aglomerandose sin sentido alguno, al menos para ella, que chilla y gritan sin parar siendo la mayoría mujeres. En su curiosidad nata de infante en medio del deber quedarse junto a su mamá, la peliplata tantea la zona dándose cuenta que esta se encuentra descuidada hablando aun por teléfono ignorandola, por lo tanto, es su oportunidad de investigar. Nada va a pasar de alejarse un poco, con tal, promete regresar en menos de cantar una gaviota.
Con pasos cuidadosos, la niña va dirigiéndose hacia adelante viendo con mayor claridad la razón de tanto alboroto, quedándose de piedra, bueno, nadie le advirtió que seria tan fácil dar con este patinador y menos lo difícil de acercarsele. En medio de fans chillonas, reporteros y el equipo ruso, se encuentra Viktor Nikiforov conversando con una sonrisa tranquila en sus labios y a su lado, Yurio fulmina a todos con la mirada, siendo típico del joven. Al menos no se da cuenta de su presencia, de lo contrario, podría formarse un guerra mediaval. Tomando en cuenta eso, Anna cubre su cabellera platinada en su gorro blanco y decide aventurarse al destino, cosa fácil decirlo, dificultoso emplearlo.
La chiquilla se abre campo en medio de las personas, pasando aun lado de las piernas, brazos y dorsos, quienes ignoran a la niña e incluso empujan aveces sin saber. Esto frustra a la pequeña, porque entre mas intenta llegar a alfa mayor, este parece alejarse sin poder evitarlo. Es en una de esas que el codo de una chillona adolescente pega contra su espalda enviandola al suelo, observando precisamente el instante donde Yurio insiste en marcharse de una vez del sitio, provocando la pérdida de los estribos de Anna al punto de gritar.
— ¡Viktor!
El nombrado queda estático al escuchar esa cantarina voz que le parece familiar, aunque a la vez nueva, produciendo una clase de sentimiento contradictorio en su pecho sin explicación. Entonces la ve, la dueña de dicha voz, es una pequeña que se encuentra en el suelo jadeando seguramente del esfuerzo por llegar hasta él, le parece curiosa pues posee unos ojos bastante conocidos.
— Mira, mira nada mas, si es una señorita — le dice, colocándose a su altura y alzandola en tanto le sonrie. — Qué lindo color de ojos tienes, se parecen a los mios.
Yurio quien observaba de cerca el acontecimiento quedo estático, sin habla, no pudiendo creer que Anna se le escapara al katsudon para colarse hasta donde se encontraba Viktor y verlo. Ya decía él, todo esto iba a salir mal.
La pequeña al pisar nuevamente el suelo baja su gorro, mostrando su cabellera larga platinada y asombrando cada vez al mayor, quien no podía creer tantas coincidencias juntas en una sola persona. ¿Tambien poseían el mismo color de cabello?
— Mamá siempre esta sola sin Viktor, — comenzo diciendo, sacando de su abrigo un dibujo donde se veía reflejado la figura de tres personas. Una era Anna sonriendo en medio de otros dos, un de lentes y otra con una flor, si, era él. — solo Anna logra evitar que mamá no este sola. Mamá esta trabajando muy duro por Anna, ¡sere una buena niña por eso quedaré al lado de mamá!
Las lágrimas acumuladas de la pequeña llamada Anna le recordaron de una persona en particular, aunque la verdad, le parecía remotamente imposible que eso pudiera ser cierto pero… ¿y si…? ¿y si de aquella última noche no solo quedo el dolor? ¿las lágrimas y sabor amargo? Podría haber ocurrido una clase de milagro, o no, quizás desde hace mucho tiempo él le oculto esa pequeña pero gran revelación. No era un beta, jamás lo fue, y en lugar de ello, es un omega.
Oh, dios…
Oh, santo dios…
Oh, santo dios…
— ¡Anna! — se escucho a lo lejos una voz, su voz. — ¡¿Anna donde estas?!
La peliplata mascullo entre labios un “rayos”, soltandose del mayor y avisandole su retirada, se había escapado de su mama y seguramente estaba muy preocupada por ella.
— Viktor puede quedarse con el dibujo, Anna lo hizo para ti. — le dijo, secando sus lágrimas. — debes venir a ver a mamá. ¡Tienes que hacerlo!
— Espe…
Pero no pudo decir nada mas, de la misma manera que aparecio la niña, desapareció dejando detrás de si una dulce estela impregnada de ese aroma curioso en sus memorias. Su corazón dio un vuelvo al recordarlo, era el mismo de hace cinco años atrás en este mismo resinto, en la competencia de razas.
No… no puede… no puede ser.
¡Se rehusaba a creer!
¡Se rehusaba a creer!
Levantándose del suelo, Viktor apreto sus puños y dientes producto de la impotencia, porque si resultaba ser Katsuki Yuuri, su antiguo pupilo el dueño de esa fragancia y la mamá de Anna… todo se colocaría color de hormiga.
— ¡¿A donde crees que vas?! — le detuvo un rubio de jade mirar, frunciendole el ceño y mostrandole sus incisivos como una bestia.
— Detrás de ella, obviamente. — deshizo el agarre sin fuerzo alguno, considerándolo una molestia en su objetivo. — No oses a intervenir en esto, Yuri.
Desde hace cinco años atrás, luego de conocer al cerdito japonés, el peliplata no volvió a llamarlo de esa manera dándole a entender que realmente estaba enojado. Sin embargo, no podía permitir que el deseo de Anna se hiciera realidad, menos el hacercarse Viktor a Yuuri. ¡No podía!
— Piensa un poco en tu alrededor, idiota. — insistió, acercandosele y mascullando entre dientes, mientras las personas de alrededor murmuran sobre lo acontecido. — esto podría considerarse un gran escandalo si no te comportas.
— ¡Como si ya no los tuviera! — grito sorpresivamente, asombrando hasta sus seguidoras. — Ya nada me importa a estas alturas de la vida, no cuando es posible que esa pequeña este relacionado con él. Lo siento pero, necesito quitarme este peso de encima. ¡Debo verlo!
« Se acabo, realmente se acabo. » pensó Yurio viéndose marchar al peliplata detrás de la pequeña parecida a él.
En tanto Yuuri pasaba el susto mas grande de su vida, tan solo se descuido unos segundos de su hija y esta desaparecio sin dejar rastro, es como si se la hubiese tragado la tierra. Los pobres nervios del japonés estaban siendo sometidos a prueba, porque Anna jamas había cometido tal travesura, ni siquiera al ir de compras al supermercado, se mantenía muy cerca de él y de querer algo le avisaba para ausentarse. Ahora estando en un sitio repleto de personas desconocidas, incrementaba mas la angustia en el pobre omega lejos de su cría, donde otras depredadores estaban al asecho.
Lo sabia, era culpa suya, de no haber respondido el celular a Minako, su antigua profesora de valet, nada de esto hubiese sucedido. Estaba tentado a llamar a Yurio, era él único en poder confiar aparte de Phichit, pero sabia que este último debe de encontrarse ocupado en alguna entrevista o dándole atención a sus seguidoras. Por lo tanto, debía de apeñarselas solo.
— ¡Mamá! — escucho el grito conocido de una infante, su hija.
Girandose a la dirección del sonido el alma le volvió al cuerpo, sus ojos se llenaron de lágrimas y fue al encuentro de su pequeña.
— ¡Anna! — exclamó entre angustia, alivio y alegría. — ¿donde habías estado? No te vayas sin mi permiso, ya te lo he dicho muchas veces.
¿Estaba molesto? Obviamente, no puedes aparentar normalidad luego de sentir que tu corazón deja de latir porque tu pequeña no esta, pero esto lo contraarestra ver que se encuentra sana y completa. Esta tan feliz que podría llorar, de sucederle algo a Anna él… no sabría que hacer.
— ¿Sabes lo preocupado que estaba? — la regaño, sosteniendo su pequeño entre sus manos y mirandolo enojado.
— Lo siento… — sollozo, haciendo la pareción las lágrimas en la chiquilla, recibiendo un fuerte abrazo del omega — lo siento mucho, prometo no volver hacerlo jamas.
— Ya, ya. Yo tambien lo siento. — la consolaba, acariciando su estenso cabello platinado. — estuve mal y no debí descuidarte.
Mientras tanto, Viktor recorría los pasillos del estadio a toda prisa pidiendome paso donde se aglomeraba la gente, disculpandose si rechazaba alguna de sus seguidoras, horita tenia ideas prioridades en mente como encontrar a la niña de ojos celestes. Siendo nada difícil, pues entre mas se acercaba, ese aroma dulzón se impregnaba a su olfato, dándole el aviso hacia una premonición. Y vaya que lo fue.
No muy lejos de él, estaba el dueño de ese aroma propio de un omega, se encontraba abrazando a la misma pequeña que fue a verlo a él con lágrimas en los ojos, gritando a los vientos encontrarse su mamá sola sin su presencia, también dar lo mejor de si para que se quedara a su lado. Lo conmovió y ahora lo comprendia. Quedándose estático, jadeando ante el esfuerzo hecho hace unos segundos por correr, se encontró con un par de ojos caoba escondido detrás de unos anteojos de montura azul, quien era el dueño de cada una de sus pesares y dolores. De pronto, era como si todo a su alrededor se detuviera, dejara de importarle y se centrara en aquel ser que daba por desaparecido estos últimos cinco años.
— ¿Vi…? — balbuseo sin poder creerlo, sintiendo el ritmo de su sangre mas rápido en sus oidos. — ¿Viktor…?
Entonces, ocurrio, los brazos del ruso se envolvieron entre su cuerpo y el de Anna, brindandoles una clase de calor que hace mucho había despedido y decido olvidar. Pero no podía, jamas pudo y tener justo en estos momentos al alfa que tanto extraño, derribaba todos sus muros y lo debilitaba.
— Como pensé, era Yuuri.
Las lágrimas se desbordaron, el pecho se descompuso y la respiración se acelero mas, la mente del japones llego a un punto muerto de cero retorno. Porque su máximo ídol, primer amor y el padre de su pequeña se encontraba abranzandolo, ahogandolo con su fragancia tan única y especial para él. Era como si de pronto ya no doliera nada, ni el pasado, presente o futuro. Resultaba irónico que la cura de todos sus males fuese la misma razón de colocarlo así, desde su separación decidió arrojar todo al mar, encerrarse en su propio mundo y centrarse en criar a Anna. Obtuvo ayuda de su familia y amigos, inclusive, estuvo a punto de ceder en las insistencias de Yurio pero nada podía compararse con la presencia de Viktor, nada lo haría ahora o nunca.
— Viktor… — sollozo, escondiendo su rostro en el pecho del ruso. — Viktor… Viktor…
Necesitaba decirlo, secar su garganta de ser necesario, en estos años se autoimpuso no nombrarlo mas porque mencionarlo le dolia la garganta, el alma y todo su ser. Pero teniendolo al frente, era otra historia, porque no es producto de su imaginación y le costaba creerlo.
— Yuuri, Yuuri… — lo apreto mas contra él bebiendo de su dulce fragancia, acertando que el olor de la otra vez en definitiva fue suyo. — mi adorable Yuuri, no desaparezcas mas. No lo hagas…
Y allí, en medio de los ojos mas curiosos posibles, Katsuki Yuuri tanto como Viktor Nikiforov encontraron la pieza faltante en su rompecabezas, dándose por satisfechos y completos. El sentirse solos, era algo lejanos para ellos.
« De ser un sueño dios por favor, no me despiertes. »
Sabia que después de esto debía enfrentar la realidad, dar explicaciones y conversar con Yurio, pero por los momentos solo se limitaría a vivir el ahora. Del luego, ya se encargaría mas tarde.
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