martes, 18 de septiembre de 2018

Look sky

III
Aeropuerto Internacional de Suvarnabhumi, (Bangkok/ Tailandia)
El sonido de ruedas deslizándose sobre el suelo, las personas cruzando de un lugar a otro apresuradas para no perder su avión, sin olvidar los altavoces acompañados de voces mecánicas de mujeres con un toque sensual. Todo esto lo percibía Phichit Chulanot desde su sitio de pie frente a la puerta de “llegadas”, donde esperaba ver en cualquier momento aquel amigo particular, dependiente a los tazones de Katsudon y comida en general japonesa. Yuuri Katsuki.
El moreno aun recuerda cuando lo conoció, fue en la pista de Ditroit, danzando en esta como si fuese un tipo de criatura mágica que lanzaba aura paralizadora a tus sentidos, obligandote ha permanecer mirandolo sin ni siquiera pestañear. En ese entonces Phichit no solo había ganado un compañero, igualmente, alguien con quien conversar de todo un poco. Obviamente, el japones no socializando era bastante retraido, tímido y cerrado, pero con un poco de insistencia de su parte logro entablar amistad. Yuuri no solo era tímido, igualmente tenia poca confianza en si mismo en muchos aspectos, en el personal, artístico y amoroso. Aun permanece en su memoria el momento exacto de rechazar a una chica beta, solo por no querer agobiarla con sus “debilidades” o “inaseguridades”. Seguidamente, la relación con aquella chica no fue lo mismo, encerrandose en su mundo.
Para el tailandés era bueno, es decir, una rival menos a vencer. Aunque claro, el único con quien no podría al pesar de los años de confianza de Yuuri hacia su persona, seria “él”, la “Leyenda viviente de patinaje”. Viktor Nikiforov. Inclusive, sin la remota posibilidad de conocerlo, la devoción su amigo hacia el ruso era abrumadora. Ni siquiera lo miraba como humano, mas bien, mantenía su imagen al igual que un dios o alguien inalcanzable. Al comienzo le parecio gracioso, hasta adorable, Yuuri cada vez de hablarle de ese sujeto, como patinaba, la manera de hacer los saltos, las emociones que transmitían, las historias detrás de las coreografías… todo lo hacia manteniendo una expresión de total cariño, amor sería la palablea idónea. Y eso le daba menos que gracia al tailandés.
Es cierto, “esa persona” posee un talento innato, un genio en todo el sentido de la palabra, no por nada había ganado todas esas condecoraciones, medallas y ovaciones por todo el mundo. Sin embargo, él creía que su amigo era mas imprecionante que Viktor, quizás la monotonía o cansanción de tener las personas a sus pies lo convirtieron en un ser sin alma, un muñeco que las personas querían mirar. En cambio Yuuri, con todo y errores incluidos, dejaba a todos maravillados, extaciados, con ganas de mirar mas de sus sorpresas.
¿Lo bueno? Estaba a su alcance.
Cuando vino la suerte en picada de su amigo, las cosas a su alrededor se volvieron turbias, complicandole la muerte de su adorado caniche “Vicchan”, perdidas de competencias y la descalificación para el GPF. Hicieron de Yuuri la sombra de alguien que una vez fue, llevándolo a abandonar todo en Ditroit y volver a sus raíces, donde la magia comenzó. Phichit se sintio solo, insuficiente en una ciudad tan grande sin la compañia de su persona favorita, asi que no teniendo nada mas por hacer, igualmente regreso a casa.
Paso unos largos meses sin saber nada de Yuuri, bueno, algo realmente provecho en lugar de un video de él imitando la coreografía ganadora de la medalla de oro del GPF. En cierta manera fue gracioso, ver esa imagen regordeta de su amigo deslizándose sobre el hielo, divirtiendose y olvidando todo lo demás, como si tuviera las condiciones para practicar el deporte. Obviando su necesidad de parecerse a Viktor Nikiforov, estuvo bien, porque parecía haberse recuperado de las perdidas pasadas, dando un paso hacia el futuro. Pero por supuesto, a Phichit no le seguiría pareciendo gracioso cuando se entero de lo imposible, convirtiéndose en posible. Eso video no solo conmociono a fans del patinaje, tambien llamo la atención del dueño de esta, Viktor Nikiforov, que ni corto o perezoso tomo el primer avión hacia Hasetsu rumbo a la casa de su amigo con una única cosa en mente: ser su entrenador.
Imposible, era remotamente impsible, entre millones de personas, entre millones de posibles interesados en pulir aquel diamante en bruto, la “Leyenda viva del patinaje” se interesara en hacerlo, no cuando su carrera a futuro estuviera en desacierto y se rumorara una posible temporada de vacaciones. Sin embargo ocurrió, aquel poderoso alfa, no solo se convirtió en el entrenador de su amigo, logro lo inimaginable, hacerle llegar al GPF y ganarlo. 
Con todo y ello, Phichit Chulanot jamas confió en el ruso, tuvo la oportunidad de interactuar con él en la copa de China al igual que la competencia final, llegando a la misma conclusión: su sonrisa y ojos azules le transmitían algo mas a simpatía, era incertidumbre. Tal vez mantenía un apego hacia Yuuri increíble, de hecho, ni un tifón podría separarlos de acercarseles. No obstante, ocurría lo contrario en cualquier ocasión, bien sea bajo sus propias manos u otra, porque influenciarlo seria pan comido.
Desconoce las razones de esa separación, menos intentaría volverle a preguntar a Yuuri, quien evidentemente sufría por ello. En su lugar, haría que se olvidara de todas esas penurias para llenarlas de dicha, estando fuera de la pista ese ruso movería sus fichas a favor. Podría ser un beta, pero eso no le probaría de al menos intentar conquistar a un omega, aun mas tratándose de Yuuri.
«¡Tengo todas las de ganar! »
Entonces los tripulantes del avión provenientes de Japón, comenzaron a salir de la puerta de “llegadas” conmocionando el corazón del moreno, llenandolo de emoción genuina. Ya se encontraba aquí, en unos metros cerca y quizás buscandolo. Era emocionante, pensar en un Katsuki Yuuri visitando su amada Tailandia, paseando con él, comiendo comidas deliciosas con él, quedándose y aceptando su propuesta de enseñarle como entrenador a unos niños. Siendo así, marcada la pauta para una vida llena de provechos en su vida.
Una cabellera negra se destaco entre los demás, provocando un salto cuádruple en su pecho promulgado la exaltación en todo su ser, explicandole la aproximación de la persona que quería. Al ver su rostro, una sonrisa se dibujo en sus labios empujandolo a caminar hacia su dirección, alzando su mano al igual que la voz llamo al japones entre la multitud, este inmediatamente lo escucho imitandolo en saludarlo.
« Sigue tan adorable como siempre, tan… Yuuri. »
Entonces al tenerlo al frente su sonrisa ancha se borro, de hecho, todos sus planes que equivalentes a un ojos caoba a solas, juntos, quedando suplantados por un joven ruso de cabellos rubios y mirada de Yanke. Nombre: Yuri Plisestky. El subcampeon en el Gran Prix Final, ¿como olvidarlo? Si estuvieron juntos compartiendo podio. Aunque eso era lo de menos, la verdadera pregunta era: ¿Quién demonios le invito? Y aun mas ¿Qué lo ataba junto al japones? Se notaba a tres mil millas su desagrado por él, resultando hasta gracioso, pero lo vemos aquí como si nada a su lado.
— ¿Q…? ¿Qué significa…? — señalo titubeando al menor de ellos.
— Lo recuerdas, ¿no? — sonrio apuntando al rubio malhumorado — Yuri Plisestky, el segundo mejor en el Gran Prix Final.
— ah… si… lo reconozco. — musito sonriendo falsamente, sintiendo la vena de la frente palpitar — ¿Desde cuando son tan amigos?
— Eso no te importa, — pronuncio con altaneria, dando a descubrir su faceta de muchachito alfa berrinchudo, induciendo mas el enojo en el moreno. — hámster.
— ¡No seas tan grocero con Phichit-kun, Yurio! — le regaño el japones, lo cual, simplemente ignoro el chico girando su cabeza hacia otro lado. — Lo siento mucho Phichit-kun, pero el insistio tanto en acompañarme que no tuve otro remedio mas ha aceptar.
— No… no te preocupes. — mintió el tailandés, meditando claramente matar al niñito.
— En tu estado, obviamente no iba a dejarte viajar solo. — ataco el rubio, dejando confundido al moreno.
— Exageras — contesto su amigo, recogiendo sus pertenencias del suelo — por viajar solo no iba a pasarme algo.
— Tu familia insistió en que te acompañara, mas Yuko, sabes lo preocupada que estaba por ti. — insistió el jovencito, adelantándose a los movimientos del otro y recogiendo sus cosas.
¿Pero que…? ¡¿Pero qué demonios estaban hablando estos dos?! Su conversación era tan intima que el tailandés no podía ser otra cosa mas a escucharlos, la ambiente de rodearlos era tan intimidante e imposible de penetrar, llevándolo a simplemente ser un observador. ¡Menudo rollo! Siendo desplazado por un quinciañero, haciéndolo sentir fuera de contexto, cuando en realidad quien lleva años de amistad con Yuuri era él.
— ¡Oye hámster! — la voz del niño fastidioso lo trajo a la realidad — ¿hacia donde vamos?
Ignorando olímpicamente, dio unos pasos hacia el japones y coloco una de sus manos en el hombro, al pesar de ser mas alto en comparación suya, tuvo efecto de incomodarlo un poco. Punto a su favor.
— Yuuri, cuando te pregunte si estabas bien luego de comunicarte conmigo, me respondiste encontrarte mejor. Sin embargo, se que aun me ocultas algo — el ojos caoba incomodo desvío su mirada, provocando un poco de enojó en el tailandés. Si fue capaz de compartir dicho “secreto” con el Yanke ruso, ¿por qué no podía decírselo? — ¿No piensas deciermelo? ¿Qué significa eso de en “tu estado”?
Yuuri apreto los puños temeroso, como si estuviera acorralado contra la pared, no es que no tuviese confianza en el tailandés. Durante esos cinco años compartiendo en Ditroit le sirvieron de apoyo para entender contar con alguien, y ese alguien era Phichit. Por otro lado, en el presente siendo un omega, esperando un bebé, de no cualquier persona, sino de quien fue su entranador y máximo ídolo dejaba mucho que pensar. Por eso temía, temblaba hasta mas no poder sobre la reacción de su amigo con esta noticia.
En tanto Yurio, mantenia una sonrisa autosuficiente en sus labios, desde el GPF, noto a cien metros el gran interes del hámster por el japones. Incluso este tratando de ocultarlo bajo una mascara de amistad, seguía desprendiendo un olor de enamoramiento solo, siendo una total lastima para el beta, porque si venia siendo el casa la de ganar todas en esta ocasión era él. La naturaleza ya hablaba por si sola.
Asi que, dando un paso hacia donde se encontraba los mayores, el rubio sostuvo el brazo que se mantuvo en el hombro del japonés y encaró a Phichit. Quien no perdió la oportunidad de fulminarlo con la mirada, se canso de parecer una buena persona, este niño le fastidiaba.
— ¿Qué estas…? — intento decir con voz baja y medio amenazante.
— Yuuri esta embarazado. — concluyo con simpleza, dejando caer la mano del contrario, sumandolo al entero desconcierto. — Esa la “noticia” que te ocultaba, fin de la discusión.
— ¡E…! ¡Espera Yurio! — reacciono el japones al ver como el chiquillo se tomaba atribuciones no correspondientes — Eso no es algo que puedas mencionar tan a la ligera, es de mi de quien estamos hablando.
— Entre mas rápido lo digas, mejor sera asimilarlo. — no mostró ni un ápice de arrepentimiento, es mas, su expresión parecía muy calmada. — No creo que pensaras ocultarlo todo tu estadía aqui, menos si aceptabas la propuesta. ¿O si?
El tailandés dejo de escuchar, de razonar o fingir felicidad, en esos momentos toda su vida dejo de tener sentido cayendo en una ola perpetua de oscuridad. Su corazón martillaba con fuerza en sus oidos, la capacidad de respirar se olvido, ni siquiera de pronunciar palabra. En pocas palabras, el mundo entero se pinto de gris para demostrarle su confusión y shock.
Porque, aguarden, este chiquillo ruso impertinente habia dejado salir de su boca la cosa mas loca de todas, el mejor amigo, su omega anhelado, estaba en la dulce espera de un cachorro, cachorro que obviamente no es suyo. Oh mierda, mierda, mierda. ¡¿Como podía pasar algo así?! ¡¿Como?! Sobre todo, de ser alguien amable de enseñarle a tomar el camino de regreso seria de gran ayuda, de lo contrario, seguirá vagando en las olas de confusión y incredulidad. Es decir, ¿quien podría ser el padre de la criatura?
Analizandolo mas a fondo, del GPF transcurrieron solo dos meses como mínimo, así que de ser Viktor Nikiforov… ¡No! ¡Imposible! Es cierto de verse en una relación muy sana, llevándolo al mal pensamiento en algunas ocasiones, pero en su mente mencionaba que estaba cautivado por su arte, mas nada. Al menos, quizo engañarse así. La otra opción se encontraba a su frente, el niño de porte de Yanke, llevándolo nuevamente atrás.
« Es mas predecible su entrenador, en lugar de un gatito gruñon. »
Yuuri no es alguien quien se involucre mucho con las personas, ya la vivió en carne propia en el pasado, por ese motivo le sorprendió verlo con Yuri ruso y permitir a “esa persona” ser su entrenador. Por eso pensar en alguien mas como el padre de esa criatura, era inlogico o estúpido, no existía mas opciones posibles a esa.
— ¿Quien…? — busco pronunciar palabra aun con incredulidad en su piel — ¿Quien es el padre? No… no me digas que…
— ¡Deja la idiotes que no lo soy! — resoplo molesto el rubio, hiriendo su lado sensible — ¿Has pensado un poco en mi edad?
— Lo se, pero como eres alfa… — dejo las palabras en el aire, girando a observar a su amigo teniendo la misma posición — ¡Olvidalo! Sino lo eres, el siguiente en mi lista es…
Miro los ojos caoba de su amigo encontrando suplica, discrepción y mantener la boca cerrada. Descubriendo en definitiva la bomba definitiva, porque si Yuuri no deseba sacarle el nombre de sus labios, era que lo conocía muy bien. Jadeando llevo la mano a su boca mirando al suelo, por fin tenia sentido la separación de esos dos, la razón porque Yuuri no quería hablar de nada con respecto a él. Un bebé, estaba esperando un bebé y sus conclusiones lo llevaban a que no lo aceptó, huyendo con la cola entre las patas lejos de las responsabilidades.
Oh rayos.
Oh rayos.
Oh rayos.
— Phichit-kun… — intento alcanzarlo, pero este le dio la espalda.
— ¿Él lo sabe? — pronuncio con voz oscura, diferente a lo usual. — ¿Por eso se separaron? ¿Por qué no lo acepto?
— No… — apreto sus manos el dobladillo de la camisa — no tiene idea de esto, tampoco pienso decírselo.
— ¡¿Pero qué has dicho?! — giro conmocionado, no creyendo lo dicho por su amigo — ¡¿Él es el padre verdad?! ¡Debe de responder!
— Eso mismo es lo que le dije. — intervino Yurio, cruzando los brazos con desgano — pero se rehusa escuchar a alguien, incluso sus padres.
— ¿Pero por qué? — insistió el moreno, mirando con reproche al japones tratando de escabullirse — ¿Acaso crees qué “él” no va a responderte? ¿Es eso?
El chico no contesto en seguida, en su lugar, se trago sus propias lágrimas esperando que despertar de esta pesadilla. Por es era. Un terrible pesadilla. Donde “esa persona” desaparecía debido a su deseo, dejándolo con un dulce recuerdo en sus entrañas, obviamente que amaba a esa criatura no nata y lucharía por ella. Guardarse su existencia a “él” iba mucho mas allá de los ojos de la gente, aparte de no quererle fastidiarlo y joderle la vida, iba a producirse un escandolo.
Oh… ya podía verlo en las noticias, la “Leyenda viviente” Viktor Nikiforov apunto de volver a las pistas, estaba esperando un bebé en manos de su anterior pupilo, si, un hombre omega. Entonces, un globo lleno de aire caliente explotaría sobre sus cabezas trayendo consigo un sin fin de situaciones amargas y confusas. Siendo aun mas sincero consigo mismo, su único pesar era su bebé, ni siquiera “esa persona, porque aunque lo amase igual hacerle participe de un escandalo, menos apenas abriendole los ojos a la vida.
« Mi única solución es desaparecer, borrarme del mapa y jamas volver a verlo. »
Sonaría estúpido, sonaría absurdo, inclusive, egoísta. Pero seria madre, iba a convertirse en una y ante todo su prioridad era él. Asi que con lágrimas en los ojos, llevo sus manos a su vientre sorprendiendo a Phichit y el mismimo Yurio, quienes abrieron sus ojos a par asombrados.
— Llamenme como quiera pero… mi prioridad ahora es otra. — comento medio sozollosando el pelinegro — y si esto responde a tu pregunta Phichit-kun, estoy seguro de verlo responder a esta criatura, pero…
— ¿Cual es el problema entonces? — lo interrumpió confundido, no comprendiendo nada de lo mencionado.
— “Esa persona” es alguien muy famoso, valorado y observado por el ojo público. — explicaba, secando las lágrimas traviesas bajando de sus ojos — Por lo tanto, de descubrirse esto, el bebé igualmente estaría en el ojo del huracán y… y no lo quiero.
Si, sonaba bastante razonable viniendo de Yuuri, pero…
— ¡Pero suenas que igualmente lo proteges a él! — elevo un poco su tono de voz, llamando la atención de algunas personas cruzando a un lado de ellos. — y la realidad sigue siendo otra, Yuuri. Merece responderte, no por la dicha de ser padre, sino la responsabilidad que ello con lleva. ¿Piensas hacer todo eso solo?
— Si, porque ese es mi deseo. — respondió firme, dictaminando su clara decisión en este asunto. — han pasado tantas cosas que solo quiero tenerlo lejos, tan lejos como sea posible. Él… no tiene derecho de estar en esto.
— ¡Pero Yuuri! — replicó.
— Fin de la discusión, Phichit-kun. — concluyo dando unos pasos al frente, volviendo a colocar su cubre bocas y dando un paso al frente. — Ahora, lo importante es que estoy aquí para reunirnos luego de Gran Prix Final, necesitaba este viaje de encuentro. ¿Si? Te lo pido, olvidemos esto divirtamonos.
¿Olvidarlo? ¿Él? ¿luego de semejante revelación? ¡Imposible! Su mejor amigo omega le confeso estar en cinta, esperando el bebé de quien fue su entranador, máximo ídolo y modelo a seguir. ¡¿En verdad le pidió tan cosa cruel?! No cuando un sentimiento de amor es botado a la basura, ignorado de la mas cruel manera, porque en este viaje pensaba dar un paso hacia adelante y hablarle de ellos al japones.
Aunque al parecer, aquella estrecha relación de “él” con Yuuri fue mas lejos a lo esperado, explicando en muchos aspectos a su alrededor. La manera posesiva de sostenerlo durante la espera de puntuaciones, la fulminante mirada si deseaba acercarsele o romperle el rostro en segundos, no es como si fuese alguien de caracter agresivo. Lo contrario. “Esa persona” ha sido lo mas caballeroso, amable, tierno y bondadosas de todas, utilizando como catalizalor de emociones negativas a su sonrisa. Sin embargo, tomando en cuenta la posición de Yuuri en todo este asunto, nada pudo haber terminado bien. Y aunque lo protegiera, o en su perspectiva, escondiera la existencia de ese bebé, nada cambiaría las cosas.
De todas maneras, su corazón estaba destrozado.
Dando media vuelta en dirección a la salida, Phichit hundió sus hombros avisando que un auto esperaba por ellos, irían a su departamento de soltero encontrado en el centro de la ciudad, seguramente el viaje fue agotador y necesitaban descansar. Luego podrían ir por algo de comer. El japonés sonrio animado asintiendo a las palabras de su amigo, desde el fondo de su corazón agradecía la postura de él, tampoco es que deseara hablar de su vida privada en medio de personas desconocidas, mas tarde se encargaría de hablar largo y tendido. Pero por ahora, se mantendría callado.
El viaje hacia el departamento de Phichit no fue tan extenso, aunque si le sirvió para conocer las calles transitadas de Bankgok llenas de gente caminando, vendiendo comida y simplemente pasando el rato. En un momento cerro los ojos respirando el aire cálido del lugar, olvidando todos aquellos patrones que lo han hecho sufrir, el dolor de una perdida y la realidad aplastante de su vida. Todo aquí respiraba a nuevo, desconocido y eso le fomentaba a Yuuri una extraña emoción, con una necesidad clara de aventurarse a ello. Antes de partir de Hasetsu, converso con sus padres la posibilidad de quedarse en Tailandia enseñandole a niños, obviamente no abandonaba la posibilidad de hacerlo igualmente en el pueblo, pero quería realmente cambiar de horizontes y mirar otros panoramas. 
La verdad era que estando en Yu-topia y todo lo consagrante a esto, le recordaba a una persona: “él”; y siendo sincero consigo mismo eso le hacia daño. Aun mas, no podía pensar solamente en su persona, ya venia otra mas y la prioridad era mantenerlo a salvo. Jamas lo negaría, su amor por “él” nunca desapereceria, porque este tipo de cariños son los que duran toda la vida. Su falta, le necesidad de quererlo a su lado y ese aplastante dolor en su pecho se lo decían todos los días, que aunque no estuviese presente en su corazón se mantenía tatuado.
Que masoquista resultó ser ¿no? Eternamente enamorado de alguien quien no corresponde sus sentimientos, manteniendo como prioridad otras cosas, en lugar de él. Tampoco podría culparlo, igualmente tiene una parte de culpa en esto, su deseo de dejarlo ir y brillar lejos. Porque ese era su lugar, alto en el firmamento donde nadie puede alcanzarlo, un tipo de estrella que tienes el derecho de admirarla desde la tierra y no conjunto.
Esto era tan duro, podría estar su corazón dictandolo olvidar, borrarlo de su cerebro, pero una vocesilla le decía que era imposible hacerlo no cuando le enseño tantas cosas beneficiosas. El explotar su potencial dormido, que poseia talento, olvidar sus desvirtudes y centrarse en los lados buenos, dejar de ser tan negativo y llenarse de buenos pensamientos. Por sobre todo el tener derecho de amar libremente sin importar el genero, menos tu condición se raza, porque al final todos somos seres humanos y componemos un mismo ambiente. Cosa que Yuuri entendió, entregandose completamente en el amor.
« Alguien que piensa de ti como valiente, fuerte y hermoso… ¿Como no enamorarse? »
Cualquiera podría hacerlo, es cierto, pero de tenerlo en manos de quien es tu máximo ídolo en el patinaje descontrola tu ser. Porque has sido reconocido por tus esfuerzos, capacidades y inclusive, derrotas, pero no como un factor negativo sino lo contrario. De todas y cada una de esas experiencias aprendes, claramente “esa persona” lo sabia, por eso abando todo y fue abuscarlo. Yuuri se sintio tan halagado, extasiado hasta el espíritu, quería descubrir los motivos que lo llevaron a inspirarlo, a encontrarlo y… los supo envolviendose en mas frenesí.
En tanto pasaba mas los días aprendiendo, dando lo mejor de si, inclusive, conociendo a nuevos patinadores entendió perfectamente que aquien quería a su lado era “esa persona”. Nada, ni nadie, componía esa relajante complexión que poseía a la hora de abrazar, menos el olor al invierno en plena nevada y la sonrisa que derrite la misma pista de hielo. Sin embargo, las estrellas no deben mezclarse con la gente común, ellas deben de permanecer en lo alto brillando para todos.
Aguanto lo que tuvo que aguantar, las palabras de la prensa amarillista, grupo de fans anardecidas ante el retiro de “esa persona” y su poca satisfacción por su trabajo, e igualmente, las personas en Rusia aclamando un pronto regreso de su orgullo. Si, lucho contra todo eso y mas, pero jamas habría ganado contra esa mirada azulada anhelante al verlo patinar, queriendo estar bajo sus patines y realizar todas sus rutinas. “Él” podría ser servicial, amable e infantil en algunas ocasiones, pero no podría huir de la verdad: es humano.
Katsuki Yuuri no tuvo mas opción a dejarlo todo, su amor, sus sueños y la persona amada de vuelta a su habita. Con un dolor en el alma, personalidad destrozada y sentimientos desechos, emprendió su vuelta a donde todo comenzó: Hasetsu. Penso que retrocediendo quizás podría recuperarse, pero no, la vida le regalo otro motivo para complicarse mas: un hijo. ¡¿Como demonios críaria un bebé?! A duras penas podía sostenerse a si mismo, lidiar con sus peleas mentales y luchar contra su depresión, como para sumar encargarse de una vida.
Entonces aquel jovencito quinceañero, cuyo nombre es igual al suyo, le dio una lección de vida demostrandole que un bebé jamas estorbo para alguien, solo es una bendición. Convirtiéndolo de ahora en adelante, la razón para seguir luchando hacia el futuro, aferrarse a la vida y demostrar ser alguien con fuerza. Lo haría, por su cachorro.
— Oye, Katsudon — la voz arrogante de Yurio le hizo despertar de golpe, sintiendo una de sus manos en su hombro — ya llegamos. Se que estas cansado pero debemos bajarnos.
— D… de acuerdo… — susurro notando como de cerca los ojos del niño brillaban mas.
El japones jamas encontraría palabras o acciones para agradecerle a este niño, aunque en un principio se comportó como un total Yanke, ahora se notaba su entera preocupación hacia su persona. Obligandolo hasta comer cuando no deseaba, recordandole constantemente la estadía de otra personita en su interior, necesitando de atenciones. Podría sonar apresurado pero, Yurio pasaba hacer mas padre que el mismo verdadero de la criatura, lo atendía de un manera tan especial y única. ¡Claro! Bajo los conceptos del ruso.
— Vaya… son muchos colores. — pronuncio el chiquillo, cargando con sus cosas y las del omega — ¿En que piso vives hámster?
— Quinto. — contesto frunciendole el ceño, dejando a flote sus emociones — ¿Hasta cuando vas a seguir llamandome así?
— Ha… — resoplo pasandole a un lado, dejándolo mas furioso — en lugar de hacer preguntas estúpidas, ¿por que no continuamos?
No lo soportaba.
No lo soportaba.
¡No lo soportaba!
¿Como hacia Yuuri para hacerlo? Porque bajo su perspectiva es todo un egnima, tomando en cuenta la personalidad tranquila y retraida de su amigo, era todo un choque de ideas. Además, se observaba evidentemente que el quinceañero tenia fuertes sentimientos por él, no es como si fuese ciego en esos conceptos, fastidiar a alguien porque quieres evitar sacar tus verdaderos sentimientos a la luz, era tan de escuela y absurdo. ¿Pero que podía esperar? Solo es un niño.
— Lo siento mucho, Phichit-kun. — se disculpo el pelinegro, sonriendo incomodo. — Yurio suele ser muy agresivo con las personas, inclusive a quienes admira.
— ¿No me digas que con “esa persona” tambien se comporta así? — pregunto asombrado.
— Pues veraz… — río con una mueca de incredulidad — es con “el” con quien mas la tiene.
— ¡¿Qué pasa con ustedes dos?! — el grito del rubio los asusto, obligandolos a girar a su dirección — ¡Muero de cansancio y hambre! ¡Quiero llegar de una vez! ¡Muevanse!
Tanto Phichit como Yuuri parpadearon constantemente adaptándose a la imagen del ruso, quien soltando humo como una locomotora giro sobre sus talones entrando al edificio, esperando ser seguido.
— Bueno, sera mejor no hacerlo esperar tanto. — soltó una risita divertida el Katsuki, aun mirando donde desapareció el quinceañero. — Sus gritos comenzaran a incomodar a mi bebé, si lo escucho de nuevo.
— Yuuri — lo llamo deteniendo sus pasos, adoptando una expresión sería — ¿En verdad estas seguro de tu decisión?
Nuevamente se refería a ese asunto delicado referente a su embarazo y manteniendo al margen a “esa persona”, particularmente ha dejarlo fuera en todo esto. Conocía bien a Phichit y su capacidad de preocuparse por todo, aun mas, de su por venir, por eso le propuso lo de entrenar niños aquí en Tailandia. Sin embargo, con la aparición de este bebé sus prioridades eran otras, haciéndolo persistir mas en su decisión.
— Se que es complicado para ti comprenderlo, igual a conocer tu fuerte preocupación por mi y de este cachorro. — menciono colocando las manos mas abajo de su estomago — Pero es porque lo amo que no deseo involucrarlo en nada, menos relacionarlo con “esa persona”.
— Si es su padre… — susurro anodadado.
— Esa es la razón, porque es su padre y… lo amo, no lo quiero en esto. — su mirada bajo al suelo, adoptando una expresión solitaria en el rostro. — Este es MI bebé, solo mio, no dejare a nadie hacerle daño. Prometo protegerlo de todo, inclusive, de “él” mismo.
Oh, demonios. ¿Es posible enamorarse una vez mas de la misma persona? De ser eso posible, Phichit Chulanot esta experimentando eso. En la vida había visto una imagen de Yuuri tan pura, delicada y hermosa, mucho decir al verlo durante cinco años patinando frente a sus ojos. En esta ocasión, era diferente, porque se mantenía en el aire un aroma fuerte maternal y un deseo de protección. El cual, ayudaría.
Dando un paso hacia adelante, el moreno sujeto con ambas manos las del otro, apretandolas con apoyo y sonriendole delicadamente. De mostrando por primera vez, estar de acuerdo con su decisión.
— No estas solo, Yuuri. Bueno, no estan solos. — rieron con gracia al ser mención al nuevo integrante entre ellos — Sabes que puedes contar conmigo donde sea, independientemente de la situación y de lo posible a tratarse. Eres mi mejor amigo, obviamente pienso apoyarte.
— Muchas gracias, Phichit-kun. — pronuncio conmovido, últimamente estaba muy vulnerable, quizás eran las hormonas del embarazo. — Eres una persona increíble, sabia que podía contar contigo.
— ¡Ya lo veraz! — volvió a su usual comportamiento amigable — Esa niña o niño tendrá el mejor tio de todos, va a amarme.
— Seguro que si.
Yurio no podría sentirse mas aliviado, por fin había tomado un baño y comido un bocadillo, obligado al Katsudon dormir una siesta a la par de sus vitaminas prenatales, las cuales era importantes y finalmente el olvidarlo todo. No fue tanto lo que tardó en dormirse, es mas, en el segundo de recostarse en la cama cerro los ojos entregandose al Morfeo. Había leído en una revista prenatal, que las personas embarazadas suelen dormir mas a las comunes, estas necesitan reponer mas energías debido a le gestación de un nuevo ser. Siendo sincero, desde todo este asunto, el quinceañero estuvo informandose bastante. Bajo ninguna circunstancia quería ser agarrado por sorpresa, era cierto no tener idea de cuanto tiempo podría permanecer a su lado, la nueva temporada aparecería y tendría que volver a Rusia. No obstante, aprovecharía para gravar memorias del japones en su cabeza.
El haber vivido toda la noticia en primera fila lo agotó, llevándolo aun no comprender como el Katsuki era de desafortunado, cuando las cosas le comenzaban a salir bien la vida le daba una nueva prueba. Yurio lo conocía bien, jamas seria del tipo derrotista, quienes se rinden en el primer intento sin ni siquiera intentarlo una segunda vez, en su lugar, busca las maneras de solucionar los problemas y salir de ellos. Seguía con faltarle un dato refiriéndose al conflicto con Viktor, solo poseía el de alejarse de su vista y esa noche de descontrol. Esta última era la que menos el entuciasmo al rubio, imaginarse tal acto le provocaba nauseas, escalofríos y repulsión. Tu omega apreciado en manos de un sujeto, donde claramente, no se trata de ti le baja las esperanzas de vida, sin mencionar lo incomodo de esto dejando como recuerdo un cachorro. Según Yuri ruso, lo último era lo de menos, es decir, la existencia de un bebé siempre llenara de gozo a una persona y lo que le faltaba al Katsudon era motivación para seguir adelante. Además, al cambiar de aires le haría muy bien, claro, obviando al hámster interesado en el japones le fastidiaba un poco.
« No es como si él estuviera en condiciones de tener un nuevo amor »
Darle créditos al idiota de Viktor jamas seria su estilo, pero Yurio mantendría muy encuentra que la memoria de él en Yuuri no seria fácil de olvidar, menos teniendola tan reciente en su piel. Eso lo sabía tambien el tailandés. Tampoco es que tuviese mucho afán para estar con el ojos caoba, si bien es conocido por ser sumamente impaciente, demostraría poseer la madurez sufiente en esperar curar las heridas del omega. Porque obviamente, no permanecería siempre sumido en el dolor de una decepción amorosa dejada atras por Viktor, él mismo se encargaria de ser el “botiquín de primeros auxilios”, en lugar del hámster.
« Creceré… lo haré y le demostrare al Katsudon y el mundo entero mí valor »
Yurio apreto sus puños mientras observaba al omega durmiendo, absorto de cualquiera de sus anhelos quemandose lentamente en su interior, no quería abusar, menos aprovecharse de esta situación pero las ganas de besarlo aunque sea en la frente le empujaban de su espalda. Verlo tan indefenso ante sus ojos, le daba a entender que aquel idiota era el mayor de todos, se perdería la etapa mas hermosa de todas, la gestación de su cachorro en un omega. No importaba, la verdad, nada importaba porque el ocuparía ese lugar con orgullo y cuando lo tuviese cerca se burlaria en su cara. Si. Aquella expresión de optimista o estúpido, quien cree tenerlo todo en el mundo siendo la realidad otra, estaba completamente solo.
Soltó un suspiro sentandose al borde de la cama, admirando una vez mas aquel rostro inocente dormir, demostraba tanta paz y descanso como sino estuviese pasando por mucho, solo… solo se encuentra en entero control de su vida. De pensarlo, le causaba risa. Llevo una de sus manos al cabello del durmiente, acariciandolo, mezclando sus dedos con las hebras negras y dándose cuenta lo suave que eran estas. Le sorprendía como no se despertaba, si claramente estaba abusando de su espacio personal, invadiendolo sin permiso alguno. Tampoco lo necesita porque el rubio solo quiere seguir permaneciendo de esta forma, siendo el guardián de los sueños del japones, luchar contra el ogro opresar dueño de sus dolores y espantar a los aprovechados. Con ello se refería al hámster tailandés, aunque viéndolo de otra manera, tenia igualmente esa imagen.
Bajo su mano con delicadeza hasta uno de los pomulos de él, se encontraban cálidos, suaves y tan tersos como la seda produciendo miles de vuelcos en su estómago. Ni pensar que en el pasado lo encontró fastidioso, una piedra en el zapato que alguien tuviese su nombre en otra parte del globo terraquio y fuese tan malo patinando. Sin embargo, al competir contra él se dio cuenta de muchas cosas, aparte de ser un omega, encontró que todo residía en su poca confianza en si mismo y la incapacidad de entregarlo todo contra la presión en las competencias. Pero lo logro, se alzo como campeón mundial y demostró a los demás el poder, como así mismo, el fruto de su esfuerzo al máximo.
« Pueda que sea malo diciendo cosas, aun mas, mis sentimientos pero yo… yo… claramente lo admiro. »
Bueno, sus sentimientos iban mas lejos a eso, pero cuando la temporada termino luego de quererlo mas a lo posible, le lleno un sentimiento de admiración siendo insuficiente estar en el mismo podio compartiendolo. Al recordarlo junto a Viktor le llenaba de coraje, rabia y odio, porque el si tenia permiso de permanecer a su lado como una fuente de apoyo incondicional.
« Pero él no esta aquí, sino yo, solo yo. »
El rubio se inclino sobre el japonés de tal forma que podía sentir la respiración en su piel, aun tenia los ojos cerrados dando a entender seguir durmiendo, aprovechándose de este estado Yurio cerro la brecha entre los dos en un casto beso. Era tan diferente a cuando lo hizo la otra vez, tal vez porque en aquella ocasión le embargaba la lujuria de marcarlo como suyo, en cambio en estos momentos solo sentía dulzura infinita parecido a poseer el poder para romper un hechizo, el cual mantenía prisionero a su amado.
Se separo del rostro del contrario dándose cuenta de un par de ojos caoba lo observaban con vergüenza, Yurio en lugar de sentirse cohibido, le dio pie para seguir con sus pensamientos.
— ¿Yu…? — balbuceo sin poder comprender nada — ¿Yurio que…? ¿qué estas haciendo?
Sin contestarle la pregunta, coloco las manos en el hombro de este ayudandolo a sentarse en la cama, el japones aun no comprendia lo que ocurría solo sabia lo de sentir en sus labios una presión, un beso.
— Yuuri, conosco muy bien las circunstancias en las que vives y todo lo sufrido por ti hasta hora. — comenzó diciendo, adoptando una postura demaciado madura para el quinceañero. — Aun así, espero que consideres un poco mis sentimientos por ti.
Oh, demonios.
Demonios.
Demonios.
¡Estaba ocurriendo su peor pesadilla! En el que finalmente Yurio decía por todos los vientos su sentir, lastimosamente para él, el japones no lo compartia. Esto ya no tenia nada que ver con ser solo un quinceañero, residía en el dueño de su corazón en hacerlo latir con la fuerza de mil aves sacudiendo sus alas. Pudieron haberse separado, obligado a cumplir sus promesas, el no corresponderle, pero quizás en toda su vida jamas lograría encontrar a alguien para amarlo.
Su cariño por el joven ruso solo ocuparía lo amistoso, incluso, el agradecimiento. Mas de ello, no podría ofrecerle.
— Yurio, veraz yo…
Pero no le permitió acabar, en su lugar, sujeto su rostro con ambas manos para juntarlo contra el suyo robandole un segundo beso. En esta ocasión Yuuri se quedo estático como momia, permitiéndole al alfa mover sus labios contra los propios sin tomar en cuenta sus pensamientos. Por otra parte, el ojos caoba sentía una tersa caricia en la boca, tal cual fuese una brisa invernal llena de sentimientos puros a la par de calurosos, porque sin duda alguna eran sinceros. Entonces, se sintio abrumado, no merecia tal cosa, no cuando seguía amando aquella persona y luchando por evitar compararlos.
Pero de hacerlo, “esa persona” resulta ser su agape y eros a la vez, dando una pelea para ver cual de los dos podría ganar. En cambio Yurio, ganaría un espacio entre lo culpable y lo impropio.
— ¡¿Pero que…?! — pronuncio al fin, al ser libre de aquel exabruto.
El quinceañero olvidando una vez mas todo lo referente al mayor, sostuvo sus manos con fuerza, mirandolo de una forma totalmente diferente a la de ese gatito malcriado y gruñon. La adrenalina sentida por Yuuri bajo, quedándose atrapado en ese verde mirar, igual una tormenta torrencial y con la misma intensidad de la naturaleza.
Por primera vez en sus veintitrés años Katsuki Yuuri, comprendio que un niño podía crecer ante sus ojos en un suspiro, demostrandose tan gallardo y valeroso cuando tiene en mente algo. No lo negaría, logro conmocionar su corazón en un punto de taticardia, que le incomodaba un poco.
— Puede que en este momento ninguno de los dos este preparado para algo mas a una amistad, lo comprendo, aun sigo siendo un niño y ante los ojos de la sociedad seria mal visto. — hablaba con seriedad absoluta, convenciendo al ojos caoba de una manera clara. — Sin embargo, no sera así para siempre, creceré y tu sanaras tus heridas… por eso… — llevo las manos de este a su boca, rosandola ligeramente y produciendole un palpito inregular al otro en el pecho. — Te esperare, prometo hacerlo, no tengo prisa en lograr llegar a tu corazón poseo la paciencia exacta para lograrlo, te lo demostrare. Asi que no me descartes tan fácilmente, solo… tenlo presente.
¿Qué podría decir Yuuri en estos instantes? Nada, absolutamente nada. Su mente se encontraba en un caos grande, porque permitió que un jovencito alfa le besara sin contemplaciones, aunque realmente eso era lo de menos. Lo resaltante en todo esto era la conmoción que causo, es decir, después de “esa persona” nadie causaba tanto furgor dentro de si. Con esto no quería decir estar confundido, mas bien, se refería a tener miedo del futuro. Hasta hora se cerro al mundo exterior, igualmente a que mas adelante conociera a alguien diferente y le sacara del corazón su verdadero amor, el decepcionarse era parte de su vida. Ya se aconstumbro. Sin embargo, una de las cosas que le enseño “esa persona” era el abrirse a las nuevas experiencias y eso incluía a la gente. En ocasiones, quedarte en tu lugar de confort resulta destructivo en tu porvenir, porque si deseas superar un dolor acusa de una perdida, deberás hacerlo y así podrás avanzar hacia el futuro.
— Yo… — trago saliva como si tuviese algo atragantado en la garganta, dando un paso hacia atrás y liberandose del rubio. — no te prometo nada, es decir, reconozco tus sentimientos y los agradezco. Pero, mirar hacia el futuro me da miedo, mas un tomando en cuenta que… tendre un cachorro.
— Por eso te digo el esperar — insistió una vez mas, volviendo a sostener las manos del omega — Yuuri, todos tenemos miedo del futuro nadie se escapa de eso, inclusive yo mismo pero… cuando se trata de ti, creo todo posible.
Oh, mierda… si pudieran mirar esa cara de vergüenza. Pomulos coloreados de rojo, labios temblorosos y ojos brillosos, sin duda Yuri Plisestsky era el alfa mas tierno de todos. Hacia honor a su nombre artístico en el patinaje: “El Hada de Rusia”.
— Asi que, — siguió hablado ante el silencio del omega, dejando sus sentimientos en juego sin importarle salir herido. — no apartes tu mirada de mi y tenme siempre presente. Que yo igualmente lo hare.
Las cartas ya estaban hechadas, su única oportunidad era adaptarse a este enorme monstruo en constante cambio, porque intuia claramente el jamas librarse de su presencia. Bueno, a estas alturas tampoco quería quedarse solo, menos teniendo en cuenta la presencia de su bebé entre ellos.
— De… acuerdo. — soltó al fin, inuduciendo en el alfa una sonrisa verdadera — lo mantendré en cuenta.
Nadie le aseguraba que “esa persona” no organizaría su vida donde, obviamente, jamas se vería involucrado. Por lo tanto, mientras este chiquillo estuviera pendiente de su sombra, lo aprovecharía. Sonaría egoísta y vil, pero quedarse solo era aun mas.
— ¡Yuuri! — la voz de Phichit retumbo en el sitio asustandolos, obligandolos a separarse el uno del otro como si fuera carbón hirviendo. El moreno se dio cuenta de ello, frunciendo el ceño desconcertado. — Ustedes dos… ¿ocurrio algo?
— ¡N…! ¡Nada que ver! — salto rápidamente Yuuri lejos de la cama, moviendo sus manos con frenesí — ¿Acaso no te lo imaginas?
— Que no estuviese presenciando el hámster, no quiere decir que nada paso. — habla con tono casual el Yanke ruso, caminando justo al lado del tailandés y mostrandole su sonrisa de victoria. — Katsudon.
— ¡¿Qué?! — se exalto el omega, colocándose tan verde como la maleza.
— Un momento… — medito confundido el moreno, dejando marcharse al alfa menor y colocandolo de un momento a otro furioso. — ¡Vuelve aquí mococo y explicame eso!
Sin duda alguna, su estadía en este sitio no estaría para nada fácil, menos tomando en cuenta compartir techo con dos patinadores que a cien millas se percibe su descontento. Olvidaría la confesión de Yurio en esperarle, igualmente aceptar su cachorro, lo realmente importante ahora seria soportar lo porvenir de este viaje.
★★★★★★★★★★
Los días pasaron rápidamente en su estadía en la capital de Tailandia, aunque no podría decir que con tranquilidad, tomando en cuenta los desastres producidos por sus añiñados compañeros. Siendo mas concrepto, Phichit Chulanont y Yuri Plisestky. ¿Y como olvidarlo? Si estando en el primer día de visita, decidieron cenar en un restaurante familiar y Yurio provoco al moreno a lanzarce la comida entre ellos, provocando así la ira de los dueños sacandolos del recinto.
O en aquella otra ocasión, estando en una tienda de dulces haciendo el ridículo con una competencia de resistencia, en donde el ganador tendría el privilegio de recibir un abrazo suyo. ¡Eso si! Ni siquiera consideraron preguntar primero, solamente lo hicieron y ya. ¿Cual fue el resultado? Dos chiquillos vomitando en el suelo de la cafetería, seguido de mandarlos a urgencias y pasando la noche en observación, dejando de tarea al pobre Katsuki permanecer despierto en la sala de espera con la esperanza en see dados de alta. Hasta los momentos no se quejo, dijo o protesto, solo permanecia callado mirando con signos de incredulidad en el rostro todas estas actividades. Sin embargo, pasar por ello lo dejaba exhausto, solo coloquelon bajo su perspectiva de joven omega embarazado, no necesita este tipo de emociones menos trasnocharse, solo descansar. Esto lo esperaría del Yanke ruso, una vez lo hizo con él al tratar de ganarle a “esa persona” como entrenador, pero… ¿Phichit? ¡¿El encantador y adorable Phichit?! ¡Era de locos! Rebajarse al nivel de solo un crió, superaba todo lo posible en su mundo. Bueno, demaciado en decir proveniendo de él, pero se aleja de sus expectativas.
Al cuarto día de estadía Yurio decidió quedarse en el departamento, cosa provechosa para el moreno, quien tomo la iniciativa de hacer maquinar su plan en marcha. Estaría con Yuuri a solas, nada de molestos niños con complejo de edipo a su alrededor, solo ellos dos y el gran amor de la vida en su amigo: la pista de patinaje. Sabia el gran error cometido en estos días al seguirle en los juegos al mocoso, por eso enmendaria cada una de ellos con esta actividad, aunque conociera las indicanciones de la doctora del japonés al mantenerse fuera del hielo, no quería decir nada el observar a los demás haciéndolo. Además, en verdad quería que él conociera ese sitio donde sus sueños nacieron, donde se dio cuenta que era su función en la vida. Quizás no podría sorprenderlo con la misma magnitud que “esa persona”, pero quizás si conmoverlo con su historia, siendo la verdad un reto a seguir.
Tomando en cuenta eso, empujo a Yuuri a las calurosas calles de Bangkok con una sonrisa en los labios, aprovechando para disculparse respecto a su comportamiento los últimos días transcurridos. El japones no dio credito a nada, simplemente soltó una risita contenida, hablando sobre que cualquiera podría caer ante las provocaciones del quinceañero, muchas veces él quiso hacerlo pero le dio una postura de total madurez, demostrandole desde el principio quien era el adulto y quien el niño. Tan sencillo como eso. Sin embargo, Phichit no respondió nada eso porque su amigo estando alrededor de ese crío, parecía otra persona. No habla de la postura de ser el mayor, mas bien, de estar consiente de ser un hombre y para complentarlo alfa. Era imposible pasar por alto su inquietud, teniendo en cuenta la naturaleza se beta, las personas normales y que delante de alguien en ese rango, tenia todas las de perder. Esa era la razón de seguirle las provocación del niño, sin parecer un idiota ante el ojos caoba, el simplemente quiere ganar darle a entender a ese rubio no tener la oportunidad de estar con Yuuri. Aunque, claro, tambien se encontraba la sombra de “esa persona” detrás de esto.
La mirada de su amigo jamas podrá ayudarlo, aunque trate de ocultarlo, este parece en algunas ocasiones esperando que “esa persona” aparezca de la nada para estar con él. En algunas ocasiones, siendo mas preciso en la noche, descubría al japonés a acariciando inconsciente a su vientre aun plano, tarareando entre dientes una canción bastante curiosa aquella que le dio la quinta medalla a la “Leyenda viviente del patinaje”. ¿Como olvidarlo? Si esa rutina fue de las mas hablas durante mucho tiempo, igualmente sirvió de boleto a su amigo para conocerlo, dándole la pauta del comienzo de todo. Era mas que obvio tener un significado profundo para él, aunque para el moreno residía en otra cosa: Yuuri no lo ha olvidado.
¿Como hacerlo? Es decir, ambos van a tener un cachorro juntos y aunque el japones lo mantenga fuera de todo esto, jamas cambiara el hecho de las cosas. Ese pequeño o pequeña los mantendrá atado para siempre, hasta el final de sus vidas, por mucho de ocultarlo a los ojos del publico y “él mismo”, la verdad los seguirá desde cerca. Tarde o temprano terminara conociéndose y Yuuri no podrá evitarlo. Aunque Phichit desea al menos aliviar ese pesar, cargar un poco con el dolor en los hombros del pelinegro, hacerle entender que después de la tormenta saldrá el sol.
Asi que, Yurio puede colocarle todos los retos habidos y por haber, él nunca huira asi quede por tonto con su amigo. Luchara. Cambiando el semblante de su rostro, le confiesa al japones encontrarse bien, ya leerá luego un manual especifico de cómo tratar con alfas amargados y berrinchudos, hasta los momentos le seguirá su juego solo para mantenerlo entretenido. Por otra parte, Yuuri no puede creer en las palabras del tailandés porque el bien sabe lo de seguirle la corriente a Yurio, significa darle alas a su comportamiento infantil y no demostrarle que debía dejar eso de lado. Bueno, admitía darle gracia verlo en esa faceta, verlo reir como si fuera un demente o esa confianza desbordante… en fin, nada de eso es objetivo y Phichit esta jugando con fuego. Aunque a estas alturas, duda poder hacer algo, salvo advertir a su amigo de un posible huracán.
Llegando a la pista de hielo en Bangkok, se dejo de lado la conversación sobre cierto gatito gruñon, centrándose únicamente en la sorpresa frente a ellos. El japones quedo literalmente sin aliento, mirando incrédulo a su amigo innumerables de veces, porque 1) él conocía que no podía patinar debido a su estado, y 2) tomarlo con la guardia baja jamas seria lo suyo. Realmente, estaba sumamente sorprendido.
— P… pero Phichit-kun, yo no puedo patinar. — repuso el ojos caoba aun mirando el imponente edificio — ¿lo recuerdas? Son ordenes de mi doctora.
— Si, lo se, pero igualmente recuerdo que solías relajarte en una pista. — respondió colocando las manos en el hombro del contrario, señalando al rencito. — Además, no estas aquí para patinar Yuuri, sino para mirar a otras personas. ¿Lo olvidaste?
— ¡Oh claro! — trono sus dedos, riéndose de su propio descuido — a los futuros y brillantes patinadores en el futuro.
— Exacto.
La verdad, Yuuri sentía muchos nervios acumulados en su estomago, no quería decepcionar a nadie menos si se trataba de pequeños. Desde tiempos inmemorables estuvo acostumbrado a depender de alguien, esperar que le arreglaran la musica en sus rutinas, los pasos a seguir y inclusive, los errores cometidos listos para corregirlos. Al menos, todo eso ocurría hasta conocerlo. Cuando estuvo a su lado estuvo mas consiente de sus faltas, de la poca confianza en su mismo y la incapacidad de abrirse a las otras personas, porque al hacerlo “él” lo encontraba. Ahora, debía de tomar el papel mas importante en la vida de un patinador, guiarlo y enseñarle lo correpto. No miente, en verdad desea simplemente salir corriendo a la mínimo descuido de su amigo, pero no lo hará, esto tambien forma parte de su cambio y… esta listo. ¡En verdad lo estará!
— ¿Entramos? — le preguntó al tailandés con una mirada confiada, induciendole una sonrisa.
— Esos pequeños estan esperando por ti, en verdad… van a amarte. — lo sujeto del brazo guiandolo a la entrada — algunos te han seguido de cerca aunque no lo creas, al saber de tu victoria en el GPF… se alegraron mucho.
Al escuchar eso de su amigo pensó que exageraba, pero no, al demonio que no. En verdad una gran cantidad de infantes le esperaban con ojos llenos de ilusiones, quienes inesperadamente, le rodearon para tener un momento de cercanía con el actual campeón del mundo. Esta oportunidad era única en un millón, aun mas cuando el mismo Phichit anuncio su búsqueda de algunos pupilos para entrenar, sumandole mas alegría y emoción a sus corazones.
Por otro lado, Yuuri jamas creyo tener tanta atención posible, menos en un pais tan lejano como el de Phichit, uno de sus mejores amigos. Jamas ha sido de gustarle las atenciones, ni ahora o mañana, desde pequeño le agrado la soledad, permanecer en el Ice Castel patinando para encontrarse a si mismo. Aquel frío tocando su piel, el sonido de las hojillas tocando el hielo bajo sus pies y la sensación de paz, todos esos factores le brindaban al japones desligarse de todo los tropiezos de su vida. Ahora mirando a todos estos niños patinando, le llenaba de nostalgia aquellos días de niñez, en donde los amigos no eran su plato fuerte.
— ¿No te parece increíble? — lo saco de sus pensamientos el moreno, al situarse a su lado — todos esos niños queriendo llegar a donde estas tu, un campeón mundial.
— Jamas me he considerado buen ejemplo a seguir, es decir, mira detenidamente mi pasado. — encogio sus hombros en señal de derrota, asombrando al tailandés — Consegui ganar el oro en el GPF gracias a…
— A tu dedicación y esfuerzo. — repuso un poco molesto, antes de escucharlo decir alguna idiotes. — Es cierto que te ayudo mucho, pero quien consiguió hacerlo al final… fuiste tu.
— Pero de no haber venido hasta mi, de no encontrarme… — suspiro moviendo su cabeza hacia los lados — tal vez estuviese retirado.
— ¿Acaso no te aburriste de deprimirte? — inquirio dándose la vuelta y mirandolo incrédulo, la negatividad del Katsuki le volvía hablar — ¿No es por eso que patinaste ese programa? ¿Para devolverte la pasión olvidada por el patinaje? Yuuri, eres increíble y nunca lo dudes.
— Pero…
— ¿Me vas a decir que sin él no eres nada? — preguntó, sosteniendole los brazos con un poco de fuerza, asombrandolo. — ¿Qué jamas lograras encontrar tu nuevo lugar?
— N… no… pero…
— ¡A mi me gusta como patinas! — exclamó exaltado, agrando los ojos del japones y sorprendiendolo. El moreno, giro su rostro hacia otro lado un poco molesto, odiando un poco a “esa persona” al destruir una vez mas la vitalidad de su amigo. — siempre, siempre lo he hecho. En la vida pense en ti como un fracasado o enclencle, sino como un ser humano que cometia errores y lograba superarlos. — emitió un suspiro bajando sus brazos, aun evitando mirar al ojos caoba — Aunque mantenga constantemente una imagen de “persona amigable”, la verdad es otra y… en estos momentos realmente detesto a Viktor Nikiforov, porque él… él te esta alejando de mi.
— Phichit-kun, tu… — susurro llevando las manos a su rostro, armando las posibilidades mas locas en su cerebro en un instante.
— La verdad, es que yo…
Entonces el sonido de un golpe seco retumbo en el lugar, asustando a los jóvenes que conversaban. Yuuri fue el primero en girarse viendo un grupo de niños rodeando a alguien, seguidamente una chiquilla de ojos oscuros patino hasta su lugar llamando a Phichit, pues una pequeña novata entro a la pista sin permiso de los supervisores y se encontraba tirada en el hielo. Antes de esperar una reacción de su amigo, Yuuri salio corriendo al encuentro de la infante deseando de todo corazón encontrarse bien, él conocía perfectamente lo doloroso de caer al hielo y mas siendo primerizo, por lo tanto, necesitaba socorrerla mas pronto de lo que cantaba un gallo. Al llegar donde se encontraba la conmoción, observo una pequeñas niña sentada en el suelo llorando desconsoladamente, sujetandose su rodilla golpeada y aclamando dolor agudo. Siendo sincero, el japones no supo pero cuando vio a la menor sintio un clip dentro suyo, como si la conociera de algún otro lugar, porque esos ojos celestes, cabello castaño ondulado y piel canela le dictaminaba ser muy familiar.
Arrodillandose frente la chiquilla dictaminó darle un vistazo, seguramente se trataba de un simple raspon, pero mejor valía prevenir a lamentar.
— Si, solo es una pequeña raspadura. — le sonrio amablemente el omega, tranquilizando los sozollos de la niña — ¿qué te parece ir a curarlo?
— S… si… — contesto hiposa, secando sus lágrimas del rostro.
— Bien, dejame ayudarte a levantarte — dijo seguido de levantarla entre sus brazos, cargandola — ahora estarás bien, lo prometo. ¿Pero por qué entraste sin permiso? Pudo haber sido peor.
— Yo… yo… — volvió a sollozar, haciendo la aparición de las lágrimas traicioneras — papá le dijo a Rossana enseñarle a patinar, pero mintió, mintió y desapareció dejando a Rossana sola.
Asi que ese era su nombre, muy bonito por cierto, pero cero a los comunes en Tailandia.
— Rossana, ¿a donde fue tu papá? — se lo ocurrió preguntar Yuuri sin apuro, siguiendo su camino a las gradas para poder atenderla, aun sin señales de Phichit, seguramente controlando a los demás niños. — Podría ser que estes perdida y él este desesperado por encontrarte.
— No… ¡de ninguna manera! — chillo al ser depositada en uno de los asientos cerca de la pista, seguido del japones a su lado. — Papá nunca tiene tiempo para Rossana, solo para sus adorados patinadores… ¡Solo ellos! Dejandome sola en casa junto a pucchi.
— ¿Quien es pucchi? — le siguió el juego, en tanto aceptaba de las manos de uno de los encargados de la pista una botiquín de primeros auxilios, agradeciendolo.
— Mi perrito, es un golden, aunque aun solo un cachorro se encarga de cuidarme. ¡Como un guardián! — alzo sus manos exagerando sus palabras, olvidando hasta su descontento.
— ¿Si? De seguro debe de ser muy hermoso. — se arrodillo ante la infante, sacando un pequeño algodón y alcohol para curarar — yo también tuve un perrito hace mucho tiempo, su nombre era Vicchan un pudlel miniatura.
— ¡Esos son super monos! — aclamo emocionada, ni dándose cuenta que estaba siendo curada por las manos del japones — pero, ¿por qué hablas en pasado? ¿ocurrio algo con Vicchan?
— Oh, veraz… — termino colocando una cura en la rodilla de la pequeña, esperando encontrar las palabras correptas para no espantarla. — cuando un perrito se vuelve muy, pero muy viejo, decide cerrar sus ojos para irse a vivir en un lugar mágico e increíble. Allí, solo existe felicidad y nada de dolor.
— ¿Y no te sientes solo sin él? — pregunto curiosa, adoptando una expresión de pena. — ¿O puedes visitarlo en ese mágico lugar?
— Lamentablemente, no puedo. — suspiro, tomando asiento a su lado y medio sonriendo. — Es un lugar solo para perritos. Pero no me siento solo, es decir, al comienzo si, pues no me di cuenta que muchas personas a mi alrededor me aprecian y aman.
— ¿No has pensado en tener otro cachorro? — siguió con otra interrogativa.
— No, porque Vicchan es inreplasable. — respondió amablemente, sosteniendo las manitos de la infante — ¿Replanzarias a Pucchi por alguien mas? ¿no? ¿verdad? Porque es importante para ti, le confías tu protección y te acompaña en tu soledad. Considerarlo como un amigo, quien jamas podrá tener un remplazo, menos cuando lo quieres como lo quieres.
La niña aceptando su error asiente, dibujando una sonrisa ancha en sus labios, demostrando una belleza incomparable. Yuuri la imitó, jamas creyendo que su tacto con la infante iba hacer tan fácil como este, le daba crédito al estar rodeado de las trillisas todo el tiempo. Aunque estas solían ser lo bastante escandalosas, ruidosas y involucradas en todo como para darlas de ejemplo. En su lugar, la pequeña Rossana solo necesitaba era un poco de atención, cosa que su padre al parecer, le costaba darle. No podría juzgarlo de todas maneras, menos sin conocerlo, pero teniendo el dato de ser entrenador no debía de tenerlo fácil. Tampoco quería preguntar sobre la presencia de su madre, seria un tema delicado a tratar, mejor se ahorraba sus comentarios.
Sin embargo, dejarla sola con su deseo de querer aprender a patinar era algo que no podía obviar, de hacerlo, seguramente intentaría conseguirlo bajo sus propios medios y saldría herida como ahora. Por eso, olvidando las indicaciones de su doctora, se levantó del asiento extendiendo la mano hacia la pequeña en señal de invitación.
— ¿No quieres aprender a patinar? — exclamó ante su expresión dudosa — Pues estas de suerte, voy a enseñarte hacerlo.
— ¿En verdad? — los ojos celestes de la pequeña se iluminaron como dos faroles en la oscuridad.
— Si — rectifico, halando la pequeña mano de la chiquilla hacia él — de esa manera sorprenderas a tu papá cuando lo vuelvas a ver. ¿Qué te parece la idea?
— ¡Fantastica! — salto euforica la castaña.
Cuando finalmente Phichit logro controlar los otros infantes vio algo curioso, para no decir sorprendente, era la imagen de su amigo Yuuri de la mano con una pequeña castaña en la pista de hielo. ¿No se suponía que debía de evitarlas debido a su embarazo? Bueno, al parecer mando al demonio todo eso para centrarse en la felicidad de alguien mas, le alegraba un poco ser partifice de una nueva faceta en el japones. Y eso que al comienzo estaba aterrado de enseñarle a alguien mas, considerándose hasta inútil sin tenerlo a “él” cerca, siendo completamente falso. De lo contrario, no encontraría patinando junto a la niña, que de cierta manera le parece conocida ¿pero donde podría ser? Además, posee mucho talento, porque en un par de consejos, se suelta de las manos del Katsuki y patina por si sola.
Al girar ve su rostro, entonces la reconoce, imposible olvidar esa cara porque… ¡Es la hija de su entrenador! Celestino. Traga duro saliva, mientras su amigo la carga entre sus brazos felicitandola por su progreso y talento inato. Ahora comprende porque todos los cuidadores del lugar tiemblan al ver la imagen, de hecho, tambien lo hace inconsciente al mantener en su memoria muchas imágenes de esa misma chiquilla aterrorizando a muchos, amenazandolos e inclusive, llorando para obligarlos complacer todos sus caprichos. Pero allí la tienen, dándole sonrisitas, acariciando la cara del japones y agradeciendole sus palabras, como si fuera una Ángel caído del cielo siendo la realidad otra. Rossana, es de todo menos una santa, en su lugar, es un diablillo.
« Diablillo que logro domar Yuuri » penal el tailandés, sientiendo un ligero temblor en el cuerpo.
— ¡Ciao Ciao Phichit! — una voz detrás de él lo hizo asustarse, brincando para ser mas preciso — Oh… esa no es la expresión que esperaba de ti al verme nuevamente, eso que viaje de Ditroit para verte.
— ¡Celestino! — grito prácticamente su nombre con terror.
— Es inusual verte decir mi nombre, aunque supongo que es normal de vez en cuando. — comento mirandolo con perspicacia, colocando una mano en su mentón — En fin, ¿como estan las cosas? La última vez que hablamos dijiste tener la visita de Yuuri. Luego de estar en el ojo del huracán, me intriga verlo y comprobar como esta su estado. — el hombre suspiro preocupado, ignorando el nerviosismo del tailandés que trataba desesperadamente ocultar algo. — Lo conosco muy bien, horita debe de encontrarse deprimido con eso de ser “utilizado” por Viktor, ya sabia que su juego de ser entrenador saldría mal. ¿No piensas lo mismo Phi…?
Pero no pudo terminar la frase, porque aquello que con tanto esmero trataba de ocultar el joven, fue descubierto ante los ojos de su entrenador. Los sonidos combinados de su pequeña cachorra, junto a la risa de Katsuki Yuuri llegaron a sus oidos, apartando al tailandés de lado para mirarlo mejor. Entonces, su mentón callo literalmente al suelo, porque en la vida había visto a Rossana tan comoda con alguien desconocido, dejando de lado el estar patinando, ella parecía estar disfrutando de verdad la compañia ayudandola a conocer sus talentos ocultos. Sin saberlo dibujo una sonrisa en sus labios, no había tenido oportunidad de pasar mas tiempo con su hija olvidando por completo que se sentía verla feliz, interactuando con otros niños, e inclusive, dándole a conocer su verdadera pasión, el patinaje.
Internamente le agradecía a Yuuri, porque aunque en estos momentos se encontraba mal por todos esos escándalos, rumores y separaciones aparatosas, le estaba brindado a la pequeña la dicha de patinar por cariño y devoción. Eso era algo que solo un entrenador lograba hacer, demostrandole el amor de hacer algo por gusto y no deber. ¡Quien lo diría! Yuuri su antiguo discípulo con vena de entrenador, aplacando la fierecilla de su hija alfa quien aterrorizaba a todos por igual. Quizás, tenia la solución a todas sus penas y liberarlo de ellas, cambiar de aires a la par de empezar desde cero en algo nuevo.
— ¡Yuuri! — exclamó su nombre con entuciasmo, asustandolo por tan repentina aparición — veo que te encuentras bien y has tenido la dicha de conocer a mi pequeña hija.
— ¿Hija? — susurro incrédulo, moviendo su cabeza hacia los lados mirando a los dos, encontrandolos bastante parecidos. — ¡Son padre e hija!
Rossana salio lo mas rápido que pudo al encuentro de su padre, aclamando emocionada su nombre y olvidando el enojo que sentía hace unos segundos. Aunque mirandolo en otra perspectiva, si eran idénticos, salvo su rostro, la piel, ojos y cabello parecían sacados de una copia idéntica. Yuuri busco desesperadamente la mirada de Phichit esperando en que le explicara lo ocurrido, este por su lado, simplemente se encogio de hombros haciendo un gesto comico, saliendose por la tangente.
Bravo, bravo de amigo.
La pequeña castaña ni mas tuvo la oportunidad, le comenzó a relatar lo bueno que fue el japones con ella, curandola cuando se cayo en el hielo, aconsejandola con respecto a su incondicional amigo Pucchi y enseñandola a patinar. Sin dudas, tener a alguien tan amable como él a su alrededor, seria gratificante. Celestino felecito a la niña ante su dedusión, desde antes conocía al chico y verlo de esta manera, golpeaba la imagen de alguien débil a la par de tímido. Siendo sincero, desde último año el japones cambio drásticamente para mejor, alegrandose desde el fondo de su corazón.
— Ya decía que se me hacia familiar. — rio con torpeza el ojos caoba, ante su descuido. — pero nunca creí que usted tuviese una hija.
— Bueno, como ya vez todo es posible — comento sonriendole a la pequeña y acariciando su cabeza — aunque me sorprende es volver a verte, pareces estar mejor a la imaginado. Me alegro.
— Cambiar de aires siempre cae bien. — argumento, mirando de reojo a la castaña — aun mas cuando la compañia es buena.
Sin duda alguna, estos dos parecían llevarse muy bien una señal para dar pie a su idea.
— Yuuri, ahora que te retiraste del patinaje… ¿has pensado sobre tu futuro? — comenzó hablando con cautela, sin asustarlo.
— Phichit-kun me propuso entrenar algunos niños aquí, iba hacerlo en Hasetsu pero…
— Escucha, te tengo una propuesta que no podrás desaprovechar. — sonrio con confianza, bajando a su hija de sus brazos y mirando con seriedad al muchacho. — ¿Qué te parece entrenar a Rossana en Ditroit? Ustedes parecen llevarse bien, además de poseer el poder necesario para controlar su genio.
— ¡Papá! — chillo ofendida la infante, provocando la risa en el tailandés.
— Bien, olvidemos eso y centremonos en que se llevan a las maravillas. — rio incomodo Celestino ante la mirada atenta de su pequeña — El punto aquí es que, pareces tener un buen manejo de los niños y con mi hija… eres increíble. Nadie había logrado tener tal grado de conexión con ella, si deseas verificarlo preguntale a Phichit.
— L… lo certificó. — alzo su pulgar temeroso, mirando de reojo a la morena.
Yuuri se preguntaba la clase de cachorra alfa era Rossana, a su lado era una criatura encantadora, inclusive hambrienta de atención de su padre quien resultó ser su antiguo entrenador. Sin embargo, la imagen que le estaban dando de ella era de una desconocida total, alguien a quien debías de temerle. Ante los ojos de Yuuri, nada de eso parecía ser posible, agregándole, como futura madre, su prioridad seria los niños.
Ahora, con esta propuesta de ser el entrenador de Rossana le daba muchas emociones en el cuerpo, el deseo de enseñarle muchas cosas mas aparte de lo técnico, que cuando patinador debes hacerlo con dedicación y cariño. Esta bien demostrar buena técnica, pero aun mas, trasmitirles emociones a quienes que la observaran. Porque aunque es importante ganar, lo es mas divertirse con lo que haces. Además, cuando llegara su bebé, seguramente estaría a gusto de tener a alguien así a su alrededor.
 Me daría mucho gusto hacerlo, Celestino. — acepto rápidamente sin dar rodeos.
Rossana salto a los brazos del japones gritando víctores ante su nuevo entrenador, sintiéndose realmente feliz de poder tener a alguien así compartir con mas tiempo a su lado, ahora como su profesor en las clases de patinaje. Por otra parte, Phichit sonreía desde lo mas fondo de su corazón porque tendría mas oportunidades de tener al japones a su lado, mas estando en Ditroit. Siendo sincero, le sorprendía su decisión, porque una vez fracaso en aquella ciudad y la abandono para jamas volver. Aunque las cosas resultaron diferentes, haciendo nuevamente de la suyas la vida para hacerlo volver donde todo comenzó, sus sueños y metas, todo.
En este nuevo comienzo, por primera vez Yuuri estaba ansioso por el porvenir, estando mas que dispuesto a seguir luchando por el futuro y su criatura.

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