martes, 18 de septiembre de 2018

Look sky

Contenido Extra:
La difícil vida de los Nikiforov
— ¡Ya me voy Anna, Haru! — grito desde el living su madre para que sus hijos lo escucharan. — ¡Cuiden de Hikari y de la casa regresare mañana!
Cuando la puerta finalmente se cerro por completo dado a entender la ausencia del pelinegro mayor, Haru emitió un suspiro tan largo que podría durar un año entero, esta seria la primera vez de encontrarse tanto tiempo sus padres fuera de casa y dejándole a cargo el cuidado de su hermana menor, Hikaru. La menor de los Nikiforov poseia exactamente ocho meses de edad, inquieta, ruidosa, acaparadora de atención y con el aspecto parecido a su madre; cabello negro azabache, piel morena, ojos chispiantes celestes (lo único de papá), mejillas redonditas y razgos propios asiáticos. Era sin dudas, la consentida de todos, mas de su padre. Al tenerla en mínimo en su campo de visión la acaparaba para él solo, dejando a los demás con la boca abierta. Generalmente a Anna, su hermana mayor de casi veintiún años le daba igual, a ella le daba todo igual, su único interes iba a la musica clásica y su composión dedicandole prácticamente toda la vida. Instrumentos como el violín, piano y violonchelo, eran pan comido tocarlos ella convirtiendola en una total genio en su universidad, de la que vivía prácticamente metida. Haru recuerda asistir en su niñez a menudo a sus recitales, verla a ella en medio del escenario con otros artistas y recrear las composiciones mas hermosas antes vistas, las lágrimas de orgullo de su padre, la palmadita reconfortante de su madre y las selfies sin fin del tio Phichit. Vaya que eran muchas, las empezaba a tomar desde subirse al escenario hasta bajarse, lo atribuyo a ser exagerado o amante de la fotografía, puede que en su antigua vida haya sido camarógrafo o cámara. Esa última es la mayor opción de todas.
Entonces, ¿cual es la pasión de Haru? Fácil, el patinaje. Desde tener memoria, y perseguir a su madre a todas partes como si fuera un patito, estuvo fascinado de las pistas de hielo. Las personas danzando, los saltos desafiando la gravedad, la entrega con el hielo, el desenvolvimiento de la secuencia de pasos y la confianza de sorprender al público, de sacarle unas lágrimas o exclamaciones de asombro. Todo, Haru quería todo eso y obviamente tarde o temprano lo conseguiría. El peliplata no era un chico caprichoso, menos pedante, podrían tener aspecto parecido a su padre, alguna de sus mañas despreocupadas, pero en otras cosas se caracterizaba por ser amable y recatado. Desde pequeño le han enseñado a compartarse servicial con las personas, atento y considerado, que por mucho talento de tener patinando no le da ningún derecho de pisotear a nadie, menos ser mas importante. Todos somos iguales, si, betas, alfas, omegas. ¿Y donde queda él? Es un beta, raro al venir de un omega y alfa, mas no imposible. Su hermana mayor es alfa, la menor omega, supone que él es el balance de su alocada familia. Lo cual, lo deja plenamente satisfecho porque llamar la atención fuera de la pista de hielo jamas sera lo suyo, se lo deja a su padre despistado y despreocupado. Sabiendo que es momento de centrar su mente en el ahora, Haru sacude su cabeza hacia los lados con signos de despegar pensamientos extraños e ir a desayunar, ha quedado de verse con su entranador en unas horas y ni siquiera comienza el día. ¡Fantastico! Seguramente de llegar le dara los gritos mas fuertes de su corta vida, no deseaba empezar las cosas de esa manera, menos con él. Suspirando por segunda vez, toma las riendas y se levanta.
Luego de tomar un refrescante baño y preparado su bolsa con los implementos de su entrenamiento, decide dar una parada al cuarto de Hikari, la bebé de la casa. Al medio abrir la puerta la encuentra aun durmiendo placidamente en su cuna, el cuarto no esta completamente a oscuras, la lampara giratoria de luz blanca sigue proyectando estrellas y lunas en la pared, la suave pero natural del azul del cielo amaneciendo se cuela entre las cortinas transparentes del ventanal, dándole una atmósfera sutil al cuarto. Por no decir fantasmagorica, Haru a visto suficiente de películas de terror como para saber el momento exacto de ser atacado por un fantasma, y esta sensación de paz es la anterior a ese pensamiento. Moviendo su cabeza a los lados con desespero, cierra la puerta del cuarto de Hikari e inmediatamente va a la cocina para desayunar. Sorpresivamente, su madre le ha dejado los alimentos previamente preparados sobre el mesón dándole una sensación clara de alivio, no es que sea malo en la cocina, tampoco bueno, pero las tareas domesticas francamente no son lo suyo. Debería atribuirle de eso a su padre, una vez cuando cumplió los ocho años de edad intento hacerle un desayuno de reyes con tostadas francesas y todo, el resultado fue un completo reguero en la cocina junto con un grito fuerte de su madre. Heredar cosas negativas es bastante patético, pero no se puede hacer nada.
Sentandose en la completa soledad de esa lujosa cocina Haru desayuno en silencio revisando constantemente la hora, sigue sin querer llegar tarde a su entrenamiento, no es precisamente el rey de la puntualidad pero valora sus timpanos y a su entrenador. Sus mejillas sin saber se pintan de carmín ante el recuerdo de él, un apuesto alfa rubio de ojos verde, carácter de espartano, pero belleza inegualable. Desde tener memoria ha estado a su alrededor, cuidandolo y velando por su bienestar, aunque no es precisamente una dulce persona Haru lo coloca en un pedestal alto, fuera de su alcance donde debe de ser admirado. Cuando tenia su edad fue patinador profecional entrando al GPF de los seniors, quedando de segundo lugar por detrás de su mamá, apodando “La Hada rusa” el orgullo de toda la nación. Seguidamente compitió contra su papá ganandole en varias ocasiones, tambien abriéndose cada vez mas en el campo del patinaje, a los veinticuatro años no existía persona que no lo conociera, y a tres años exactos de su retiro los patinadores debutantes deseaban estar bajo su cuidado. Haru al ser propiamente un Nikiforov e hijo de la “Leyenda viviente del patinaje” ha tenido la atención mediática sobre él, esperando las mayores expectativas de su desempeño,  cosa que sumo a los pequeños hombros del chiquillo presión la cual ha sido difícil de lidiar. Por suerte sus padres saben tranquilizarlo, tomando en cuenta ser parecido a su mamá cuando era patinador. Haru es bueno en su ámbito, entregandose a su pasión, bailando al ritmo de las cuchillas de sus patines y la musica compuesta por su hermana, porque Anna es la encargada de crear todas esas melodías perfectas para él y se lo agradece. Asi que, a sus quince años de edad ha clasificado a su primer GPF, donde sin duda espera hacer historia. Culminado su desayuno, Haru acomoda los trastes de lo utilizado y sube inmediatamente a buscar sus cosas. Antes del nacimiento de Hikari, su papá compro una casa nueva para poder adaptar espacio para todos, claro su mamá estuvo de acuerdo hasta que se dio cuenta del tamaño, costo y la zona donde se encontraba siendo la mas cotizada en todo San Petersburgo. No es que no tuviese los recursos para costearse algo de semejante magnitud, simplemente su mamá era de las personas ahorradoras de un futuro próximo, en cambio su papá se especializa en derochar todo el dinero posible, después de todo, solo se vive una vez en la vida. Acabada las discusiones entre los dos, terminaron accediendo a adquirir la casa, viendolos en la actualidad viviendo en ella. Haru dibuja una sonrisa de soslayo en sus labios al entrar a su habitación, en la vida a visto a sus padres discutiendo por cosas sin sentido pero jamas separándose mucho el uno del otro, son la clase de pareja empalagosa que detesta estar separada demaciada la una de la otra. Según Anna, antes de su nacimiento tuvieron malentendidos que los llevaron a no verse durante cinco años, su padre desconocía de la existencia de ella y su madre se rehusaba a decirsela, son muchas cosas complicada vividas pero gracias a unos cuantos planes suyos terminaron casándose y teniendo mas hermanitos. Sin duda, el final feliz que todo el mundo desea. Al peliplata la cuesta imaginarse un mundo donde sus padres no estén juntos, si cuando los ves interactuando te das cuenta de lo muy compenetrados que son, como dice su tia Mari “son almas gemelas”. Sabe perfectamente el concepto de ello es profundo, demaciado arriesgado y fantasioso, pero en un mundo donde te han enseñado que los alfas son la supremacía de la especie y los omegas nada mas que incubadoras, se necesita una clase de oasis donde poder fantasiar. Consiguiendo así, quedarse con la imagen de sus padres siendo destinados, él hacer un beta no tiene muchas oportunidades de poseer algo así, aunque se conforma con la felicidad de su alrededor.
Recogiendo sus pertenencias, Haru le manda un texto a la pareja de su entrenador, avisandole su pronta presencia en el centro de entrenamiento. Como patina desde los siete años se acostumbro a ir y venir solo, bajo los convenios de su papá demaciado sobreprotector pensando ser un omega al no haber obtenido datos de su naturaleza de pequeño, como Anna o Hikari, aunque al llegar a los doce sin signos de celo o algo parecido, detectaron en él ser una persona común y corriente. No muy sobresaliente, tampoco extraordinario, salvo en el patinaje donde se encontraba como pez en el agua, convirtiéndose en un vil expectador en la competencia de razas gracias a su condición sin darse a conocer, claro que después si pudo asistiendo a la sección beta, ganándose varios galardones. Sus padres estaban orgullosos, su familia y amigos tambien, sobre todo él, su entrenador. Antes de seguir suspirando tal cual fuese un muñeco decinflandose, un grito proveniente de la habitación rompe el silencio tranquilo de la casa, avisando que la menor de los Nikiforov ha despertado de su letargo. Con pasos pesados el peliplata revuelve sus cabellos desganado, decidiendo encargarse de su pequeña hermana. Esto no es nada, cuando sus padres se encuentran muy ocupados con el trabajo (como ahora), Anna y él cuidan de Hikari. Al pesar de tener mucha energía y ser inquieta, estando con ellos su comportamiento es dócil y alegre, típico de una bebé. El ojos caoba llega al encuentro de su hermanita levantandola entre sus brazos, sigue llorando desconsoladamente posiblemente pensando encontrarse sola, la chiquilla odia la soledad y al verse rodeada de ella emite chillidos para llamar la atención, aunque la razón de su llanto se debe mayormente a tener hambre. Haru baja con todo su equipo de entrenamiento y Hikari en brazos a la cocina, donde posiblemente su mamá le ha dejado los biberones listos de la pequeña, tampoco es que tenga imposibilidad de hacerlos pero es mejor dejarle el trabajo a los expertos. Sentando a la ruidosa bebé en su silla especial, Haru va directo al refrigerador encontrándose con un frasco de vidrio que tiene una etiqueta en perfecta escritura diciendo “leche de Hikari” seguramente de su madre, la cual debe calentar. En tanto adquiere la temperatura perfecta, el peliplata trata de controlar a la bebé furiosa del hambre, de estar Anna alrededor seria mucho mas fácil, ya saben lo que dicen de las chicas, poseen mas capacidades de control con los niños en lugar de los hombres. Debe de admitir ser su padre la excepción, por supuesto, él es el progenitor de la azabache con solo utilizar su voz de alfa la tendrá comiendo en la palma de su mano. No saben como le encantaría poseer ese poder, al menos ahora, cuando su hermanita esta llorando en magnitudes sin presedentes. Es un milagro tener un control de si mismo elevado, de lo contrario, sucumbiria a los nervios y empezaría llamando a su mamá para que vuelva. Escuchando el pitido propio del microondas al terminar de calentar algo, el quinceañero piensa en soportar todo esto hasta la noche, su papá volverá a casa después de ese viaje de negocios en América… aguarden, simplemente, aguarden. Su mamá debió de viajar de emergencia a Ditroit por Rossana, la chica que ha entrenado desde siempre que esta pensando en retirarse, ella programo un evento junto a otros patinadores y requirió de la opinión de su entrenador para arreglar ciertos detalles. Ahora, su papá viajo hace dos días a Nueva York con caracter de coreógrafo, una jóvenes promesas requieron de sus ideas novedosas para el próxima competencia de razas a darse en España, siendo neoyorquinos lo llamaron directamente para practicar en esa ciudad. ¿Y a que viene toda esa explicación? Sus padres no van a regresar pronto, menos mañana, si los conoce como los conoce seguramente su progenitor conseguirá convencer a su mamá de quedarse un poco mas, antes de enterarse de encontrarse en América obviamente, recreando una segunda luna de miel y… lo demás sera historia. Dándose cuenta de la realidad de las cosas, Haru perdiendo la compostura le da el biberón a Hikaru, sosteniendola entre sus brazos corre escaleras arriba en busca de su hermana, es la única en responder sus dudas y… cuidar de la menor de los dos. De todas maneras deberá hacerlo, no puede simplemente llevarla consigo hasta el centro de entrenamiento, es decir, estara ocupado patinando y cuidarle sera engorroso.
Dándole unos apresurados toques a la puerta, el peliplata espera ser atendido rápidamente antes de correr mas el tiempo, aun no es tarde, pero se propuso en llegar hoy a tiempo a sus prácticas. Dándose cuenta de tardarse mas de la previsto Anna, el ojos caoba repite el procedimiento, siendo en esta ocasión mas brusco al momento de tocar, aunque sigue sin obtener una respuesta de la otra parte. ¿Qué puede estar haciendo Anna? Esta consiguiendo extresarlo mucho, mas de la cuenta.
— ¡Anna abre la puerta! — grita a la par de seguir llamándola con insistencia. — ¡Anna apresurate que llegaré tarde a entrenar!
Entonces, por arte de magia, el sonido de las bisagras rechinando inunda sus sentidos, dando de antesala la imagen de una joven chica de cabello nieve ceniza largo y lacio cubriendo casi su rostro, unos ojos celeste relampagueando enojo, adornando una expresión huraña en todo su perfecto rostro demostrando tener el resplandor mañanero de un asesino cerial.
« Seguramente no tuvo buena noche »
El ojos caoba no se sorprende de verla vestida con una franelilla blanca y ropa interior del mismo color, menos pareciendo una total desquisiada recien salida del manicomio, el día anterior tuvo una presentación junto a la orquesta que pertenece a la universidad y llego bien entrada a la madrugada. Por lo tanto, la imagen proyectada en estos instantes es producto de ello, se siente mal en despestarla tan temprano pero la situación lo amerita.
— ¡Buenos días! Mi querida y asombrosa hermana mayor. — prosigue ocultando su nerviosismo y estar comenzando a sudar sin poder evitarlo, adoptando sonreír como lo haría su papá en momento de negociar. — espero no incomodarte con mi presencia, de hacerlo, recibe mis completas disculpas.
— ¿Qué mierdas quieres? — disparo por los aires la caballerosidad del quinceañero con lenguaje vulgar y hostil, fulminandolo mas con la mirada.
« Da miedo, da miedo… ¡Da mucho miedo! »
Usualmente Anna es una muchacha muy calmada y jovial, suele ser retraida con respecto a sus asuntos, pero confiable en el momento de tener problemas. En su memoria de niñez, su hermana lo ha protegido de las burlas de haber sido una persona con raza definida, mandando todos al demonio si intentaban tocarle un solo de sus cabellos. Cuando decidió patinar igual a sus padres, le sonrio con su usual calma ofreciendose a componerle cada una de las canciones en las competencias, nadie podía ocupar ese lugar solo ella, lo cual se lo concedió con honores. En general, la ojiazul es la hermana mayor mas confiable de todas, aunque eso puede llegar a diferir cuando… no duerme nada. Justo como es el caso ahora.
— Veras, mamá y papá han salido dejandonos a Hikari a nuestro cuidado. — explicaba con cautela, mediando cada una de las palabras salidas de su boca porque de equivocarse, no viviría para contarlo. — No deseo especular nada, menos adelantarme a los acontecimientos, pero seguramente se encontrar en América planeando seguramente una segunda luna de miel…
— ¿Y eso qué? — ni pestaño al decirlo, asustando mas al ojos caoba.
— Bueno, debo ir al centro de entrenamiento y no puedo llevar a Hikari conmigo…
— Pues tendrás que hacerlo. — lo señaló bajando un poco su espalda, adaptándose a la altura del ojos caoba. — hoy tengo que ir a la universidad, las presentaciones aun no terminan y debo practicar. ¿Como voy a cargar con una bebé en medio del campus? No, imposible.
¡¿Como?! Haru quedo plantado allí literalmente de piedra ante la declaración de su hermana, él un quinceañero debía de cuidar de una bebé de ocho meses mientras sus padres no se encontraban en casa, y Anna se desligaba de todo para ocuparse de lo suyo. ¡¿Qué demonios le pasaba a su familia?! Ni hablar de lo evidente, la pronto desaparición de sus padres, porque lo harían los conocía perfectamente que leía cada uno de sus movimientos. ¿Acaso…? ¡¿Acaso esta próximo a enfrentarse a una catástrofe?!
— Dejada las cosas claras…
— Aguarda, — con el pie detuvo de cerrar la puerta de la habitación, dejando la postura de negocios de su padre y frunciendo el ceño. — no puedes simplemente dejarme a Hikaru e ir hacer tus cosas, yo tambien tengo ocupaciones que atender. Además, la mayor de los dos eres tu y posees un mejor control de Hikari luego de papá.
— Deja de ser tan llorón, si dije que no puedo… ¡es que no puedo! — dictaminó, dándole un ligeron empujón y sacandolo de la entrada. — Ya no eres un niño Haru, ocupate aunque sea solo por hoy de Hikari y luego ya veremos.
Sin esperar una respuesta del menor, Anna cierra la puerta con seguro dejándole con las palabras en la boca al otro, que en un intento desesperado golpea la puerta en busca de ser escuchado por su hermana mayor, sin exito. Anna en verdad no posee el tiempo de hacer de niñera doble, realmente se encuentra muy cansada y necesita dormir. Buscando en la oscuridad de su cuarto encuentra su reproductor de musica, colocándose los audifonos en sus oidos reproduce la última canción en su lista y se lanza rápidamente a la cama. El sonido del piano combinado con las cuerdas de una guitarra inunda sus sentidos, relajandola, en dos horas deberá ordenarse e ir a la universidad para un ensayo general de la presentación de esta noche. Sabe que deberá salir perfecta, como de costumbre, pero hoy mas a nada hará historia y sus hermanos menores no le entorpeceran su meta. Afuera Haru se cansa de golpear la puerta, sabe que Anna no le prestara atención en lo absoluto seguramente ha consiliado en sueño rápido, al estar trasnochada suele caer rendida en una dos por tres. Aunque la molestia no abandona su cuerpo, asumir responsabilidades que no le corresponde le pone de malas, se supone que la adulta allí es ella pero comportándose igual a una bruja malvada le dejó en sus hombros todo, incluido el velar de la Hikari. La bebé al pesar de todo el escandolo acontecido, ha permanecido en sus brazos tranquilos bebiendo su biberón, sus ojos saltones azules le observan con atención queriendo entender lo ocurrido a su alrededor, propio de la inocencia de la infancia. Sonriendole con dulzura, pasa uno de sus dedos sutilmente en una de las mejillas regordetas de la azabache recibiendo un suspiro, seguro esta a gusto de tal acción.
— Al parecer hoy seremos tu y yo, Hika-chan. — la llamo con el mote cariñoso de su mamá, riéndose de solo escucharse. — pero no te preocupes. El hermano mayor Haru cuidara de ti.
Una media hora después, el ojos caoba se encuentra en el centro de entrenamiento para patinar de San Petersburgo, viene fatigado y a medio respirar luego de correr tanto con la finalidad de al menos no llegar tan tarde, siendo un completo fracaso. Al entrar al recinto, algunos de sus compañeros de pista le miran raro saludandolo solo de lejos, entendiendolos perfectamente pues carga un bebé sin razón aparente. Muy pocos conocen la exitencia de su hermana menor, sus padres han querido mantener del ojo mediático a Hikari, cosa totalmente valido. En su nacimiento y anteriormente el de Anna, ocurrió mucho revuelo porque su mamá había sido conocido por ser beta, no omega, así que al llegar la verdad de los medios ante su naturaleza real se formo un revuelo enorme, donde incluyeron escandolos por motón y casi privandole de una vida normal. Su padre, cansado de tanto hostigamiento a su esposo, exigió encarecidamente el dejarlos en paz porque lo concerniente a la vida privada de ellos era de su entera confecionalidad, en pocas palabras, problema únicamente suyos y nadie mas poseía el derecho de juzgarlos. Luego de eso, pudieron encontrar algo de paz y su mamá seguir entrenando a niños en Ditroit, aunque debido a quedar en estado de él se vio obligado a descansar un poco y dedicarse a críarlo junto con Anna. Al poco tiempo su papá anuncio su retiro definitivo de las pistas, dedicándose a ayudar a su anciano entrenador ante las nuevas promesas del patinaje artístico, entre ellas al cierto hombre gruñon ruso de cabellera rubia que estaba próximo a verlo y gritarlo por su tardía. Bajando la cabeza preso del pánico y miedo, llego a su destino divisando a la lejos la voz grave de su entrenador al regañar a una patinadora por realizar bien su coreografía, junto a él una mujer morena de cabello corto azabache por el mentón buscaba tranquilizarlo sonriendole de manera incredula, ella era su pareja de hace varios años atrás y la mano derecha en el momento de entrenar a los chicos. Apodaban “El sisne ancestral”. En sus años de patinadora profecional fue conocida por su elegancia y sutileza, en la pista de hielo parecía desprender una clase de poder tranquilizador, ignotico que te impedía despegar la mirada de sus movimientos o secuencia de pasos, su belleza es sin duda incomparable propio del trópico de donde proviene, el calor de su personalidad consiliadora y reparadora. Una excelente persona. Aunque Haru, piensa que son motivos para no poder odiarla, ni siquiera intentarlo.
— ¡¿Ah?! — escucha la exclamación seguida de una mirada fija de alguien peligroso, el peliplata no puede evitar temblar. — Asi que el príncipe de los Nikiforov se ha dignado a por fin aparecer, es honor complacernos con su presencia Haru.
— Entrenador Yuri… — susurra asustado, dibujando una sonrisa temblorosa en sus labios. — Buenos dias.
— ¡Que buenos dias ni que nada! — le grita con evidente molestia, el quinceañero desea ser tragado por la tierra en esos momentos porque todas las miradas se encuentran clavadas en él. — No creas porque has ganado el GPF junior todo sera fácil, ahora es cuando vendrán obstáculos difíciles para ti. ¡Idiota!
« ha ha ha… mamá, salvame »
— ¿Uh? — parpadea sin comprender lo que ve, sintiendo un mal presentimiento del bulto que sostiene su pupilo pegado a su torso. — ¿Qué es lo que llevas allí Haru?
Oh, demonios.
Demonios.
Demonios… esto ya no tiene espatoria.
— Ah… vera entrenador, como mis padres salieron de viaje y Anna esta ocupada. — vuelve a emplear la vieja confiable, la sonrisa de negocios de su padre. — Me han dejado a mi cuidado a Hikari, espero y no tenga inconvenientes con ello. Después de todo, cuidar de una hermana menor es el deber de todo mayor. ¿No cree?
Ugh… como detestaba ver esa sonrisa despreocupada en el rostro de este jovencito, no solo le llevaba al pasado cuando su padre igualmente la utilizaba para esconder la realidad de algo, tambien residía en que tener la presencia de semejante gota de agua parecida a Viktor le daba nauseas. De solo pensar que dos de sus hijos son copias fidelignas de él le provoca nauseas, al menos la menor se parece a Yuuri, le da un poco de paz y que al menos el pelinegro podía dejar su huella en algo. Aunque claramente horita eso no es el dilema, el real vine siendo la ausencia de ese par de idiotas inresponsables en cargarle semejante responsabilidad a solo un niño, aun mas de Anna, quien al ya tener sus veintiún años solo pensaba en sus problemas y nada en los demás. Idiota egoísta, su enojo ira mas a ella que los estúpidos de sus padres, al menos cuando los vea nuevamente ya se encargara de ellos. Sobando sus cienes, Yuri respira profundo buscando la solución de este dilema presentado, en el pasado cuido de los pequeños Nikiforov junto a Mariana sin esfuerzos algunos. En esa época la peliplata tuvo un raro enamoramiento con él desafiando a su omega en cada mínima cosa, un poco fastidioso bajo su perspectiva pero adorable al ver a la princesa de sus ojos siendo demandante, exigiendo su entera atención. Agregándole la expresión de Viktor desencajada por el comportamiento de su hija, es y sera el mayor tesoro de todos, su victoria ante él. Volviendo al presente, no seria un problema darle un vistazo a la infante, con tal, es la adoración del Nikiforov y de ocurrirle algo… ni quiere imaginar nada, seria demaciado para su pobres nervios.
— Mariana, por favor ¿podrias cargar a Hikari mientras Haru se alista para entrenar? — le pidió ayuda a su consorte con calma.
— Claro, no hay problema. — aseguro, caminando en dirección al quinceañero y estendiendole las manos para recibir a la bebé. — Hika-chan es una adorable niña, ocuparme de ella sera todo un honor.
— Haru, ve a alistarte. — le mando con seriedad, señalando a los vestidores beta. — aun no has pulido ciertos detalles de tu coreografía, recuerda que en nada comenzara el GPF.
— Si, entrenador Yuri.
El peliplata giro sobre sus talones encaminandose a los vestidores con una sonrisa adornando sus labios, todo su cuerpo vibraba ante la emoción de ser ayudado por el rubio, mas vigilado sus coregrafias y todo el proceso para su camino al GPF. Este era su debut, obviamente esta nervioso y temeroso de hacer las cosas mal odiaria manchar la reputación de su entrenador, él en su primera presentación llego a ocupar el segundo puesto y esperaba al menos tocar la medalla de bronce. De esa manera, todos serían capaces de reconocer los méritos del rubio, de su poder como entrenador y la capacidad de hacer llegar alto a cualquier patinador con futuro prometedor. Haru tuvo la dicha de ganar tres veces el GPF junior, gracias a la dedicación y constancia en perfeccionar sus coreografías, sobre todo, de contar con Yuri como su entrenador. Al entrar a los vestidores, cierra detrás suyo y aprovechando la soledad se desliza rápidamente hasta el suelo fijando su mirada a la nada, concentrando toda su mente en los constantes repiqueteos de su corazón contra sus costillas. Sabe que el entrenador no es precisamente un gigante chocolate de figura de gatito esponjoso, pero a visto las imagenes suficientes de él para considerarlo adorable, lindo o en ocasiones tierno. Un ejemplo, en el nacimiento de Hikari fue uno de los primeros en llegar a visitarla, al sostenerla entre sus brazos sonrio tal cual ve un rayo de esperanza en el firmamento de una tormenta, seguido de unas lágrimas de felicidad llamándola hermosa, una criatura con la gracia de un hada resplandeciente y seguramente la adoración de los Nikiforov. Aun mas, parecida en todos los sentidos a su mamá, salvo los ojos de su papá, nada grave pero le daba un toque especial y mágico. Desde ese día, Haru comenzó a mirar bajo otra perspectiva a su entrenador, antes solia no tomarle en cuenta para nada, saltarse sus reclamos o sugerencias al momento de competir, con tal terminaria ganando si o si. Lo comparaba igual que su padre, exigente, demandante llegando a lo fastidioso, no es que Haru sea prepotente en su forma de patinar, simplemente odia que juzguen sus ideas. Sin embargo, desde mantenerse mas consiente del magnetismo de su entrenador ha cambiado considerablemente, no lo ignora, lo escucha, atiende las sugerencias en cambiar algunos saltos y piruetas, dándole inclusive voz en las canciones a componer Anna, su hermana. Aunque sigue mirandolo como un espartano, sabe que posee su lado humano y eso, eso le llena de sobre manera. No puede explicarlo, menos entenderlo, pero Haru simplemente se siente atraído hacia su entrenador. ¿Lo malo? Esta comprometido, sobre todo, él solo es un niño de quince años y es beta. Es obvio no poseer nada a su favor, desde un principio las cartas estan hechadas.
Escondiendo su rostro entre sus rodillas, cierra los ojos rememorando la primera vez en ver esa sonrisa arrolladora en su entrenador y se deja grabarla en su corazón junto a ese sentimiento, quemandose lentamente esperando alguna vez evaporarse mediante pase el tiempo y consumirse por completo.
En tanto Anna Nikiforov, ha escuchado por segunda vez la alarma de su teléfono avisandole que es el momento de levantarse, sinceramente no desea hacerlo aun siente en su cuerpo los estragos de pasar la noche en vela, mas su pobre cabeza al ingerir tanta cafeína en pro de mantenerse despierta. No lo niega, asistir a semejante resital en manos de una de sus mejores amigas fue lo máximo, se deleito con piesas magnificas de su propia autoría y de los grandes de la musica clásica, como Morzzart o Chopin. Además, se permitió esos instantes para autocorregirse en ciertos detalles que le faltan por pulir, el movimiento de sus manos, la concentración y el generar un ambiente de paz. En la universidad es conocida por su sensibilidad y la capacidad de crear las mayores composiones a base de emociones, en su perspectiva todo sirve de inspiración para motivarse a componer, bastan en encontrar la musa completa y lo demás vendrá solo. ¿Anna Nikiforov ha encontrado acaso eso? Si, lo ha hecho pero obviamente eso no siempre significa felicidad. Desde pequeña y la entrada a su vida de su padre, comenzó a creer en los destinados en esos seres nacidos especialmente con la finalidad de encontrarte, así vivir las memorias mas hermosas posibles, y efectivamente eso era cierto. Al menos, aplicada en sus padres. No obstante, la meta para hacerlo fue totalmente larga y tormentosa, donde ambas partes sufrieron en el proceso de reencontrarse. Siendo ella la mayor confidente de ello, por eso puede afirmar con los ojos cerrados ser la recompensa la mayor dicha de todas, porque al encontrarse los ojos de sus padres parecían estar frente la mayor creación en el universo. Venia como anillo al dedo la frase “quedate con el amante que te mire como si fueras magia”, bueno, ella es hija de esa magia y esta orgullosa de serlo. Aunque provenga del milagro del amor, no quiere decir que lo consiga fácilmente ella tambien.
La primera vez en tener interes en alguien fue cuando tenia cinco años hacia el ex de su mamá, un ruidoso alfa de temperamento amargado, pero se corazón noble. Tuvo una buena temporada detrás de él, queriendo obtener su atención de cualquier manera, desafiando a su novia y cometiendo otras estupideces mas. Nadie le juzgaba, nadie le tomaba en cuenta, pues su comportamiento era normal al ser una niña deslumbrada ante la apariencia de un alfa, ella tampoco contradijo ese pensamiento. Cuando cumplió los nueve años, Yurio y Mariana fueron a su casa a cuidar de ella y su hermano menor debido a que sus padres debían de viajar de improvisto por trabajo, ella obviamente estuvo contenta de quedarse con el rubio asi demostraría ser perfecta para él, desterrando de una vez por todas a la latina. Pero no fue así, por un demonio que no, porque mientras supuestamente debían de dormir todos Anna descubrió a su primer amor junto a la omega sobre el sofa besándose, ¿dice besándose? Comiendose literalmente la boca en tanto se despojaban de sus ropas, dejandolas en el suelo junto a sus ilusiones hecha pedazos. En la vida Anna había experimentado tal sensación de perdida, de dolor o afixia, siempre optenia lo que quería y lo deseado, por eso al tener semejante imagen en sus retinas cayo en cuenta en varias cosas. La primera, seguir viviendo a base de mentiras solo te perjudica a ti mismo, la segunda, las ilusiones tarde o temprano terminan mal, y la tercera, la primer amor es tan efímero como momentáneo, llega y se va fácilmente tal cual a una mariposa. Conclusión, le llego el momento de crecer y dejar atrás sus pensamientos infantiles. Desde ese instante, Anna Nikiforov no quiso mirar en un buen tiempo a Yurio, tampoco quedarse en un radio próximo de ochenta metros, su presencia le fastidiaba y dolia, ya encontraría la manera de despistar a sus padres de tal decisión exabrupta, además, empezar a hablar sin el “yo” porque ya era una niña grande. Efectivamente, la peliplata llevo eso al pie de la letra cumpliendolo. Paso una buena temporada de tiempo hasta que pudo ver a Yurio normalmente, sin daños o dolores en el pecho constante, dejándolo en sus recuerdos de la niñez como el alfa que le ayudo a crecer. Un excelente aprendizaje.
En el presente, finalmente guia sus pasos hacia a ducha donde piensa tomar un largo baño, necesita despertar sus músculos agarrotados y no existe nada mejor al agua recorriendo su piel. Despojandose de su ropa (o la poca que tiene encima), se mete debajo de la lluvia artificial perdiéndose una vez mas en sus pensamientos, las memorias del pasado. Cuando entro a la secundaria no solo era muy, muy, buena estudiante, tambien era popular entre los chicos y chicas recibiendo confesiones por montón, al igual de proposiones de salir a algún lado aunque sea una vez. Anna las rechazaba todas, entre sus planes no encontraba tener citas o salir con personas, daba para mucho poseer amigas con quien compartir en la escuela o clases de piano y ahora violonchelo. Se había cerrado en el mundo de a musica, que lo demás como el “amor” le resultaba insignificante, poca cosa. Cerro su corazón en una caja de madera con numerosos cerrojos y candados, bajo su perspectiva nadie tenia la capacidad de llegar allí, menos merecerlos en el pasado sufrió una desilución y experimentarla una vez mas, lo encontraba desagradable. Entre sus compañeros se gano el apodo de “princesa de hielo”, mitad por su aspecto invernal fuera de este mundo y la otra por no tener la delicadeza de rechazar a las personas, pisoteando corazones ante su paso. Tal vez sus sonrisas no llegaban a los pretendientes de su escuela, pero tenían un espacio importante en su familia y allegados a esta. Es y sera, las personas mas importantes en su vida, las cuales jamas la han abandonado. Por eso cuando Haru dictaminó dedicarse a tiempo completo al patinaje artístico, se ofreció a componerle cada una de las melodías posibles a danzar, siempre y cuando le hiciera llegar el tema a interpretar. Ese niño se había vuelto completamente el orgullo de sus ojos, no solo suyo, tambien el de sus padres que le recomendaron la guia de Yurio para su carrera, la cual ha sido la mas apropiada de todas. Aun recuerda su primera victoria en el GPF junior, la emoción gritando en sus entrañas, la anciedad ante los saltos peligros al hacer, la musica compuesta por ella misma retumbando en el sitio y el grito de felicidad de su padre al escuchar el puntaje. Sin dudas, uno de los momentos mas felices de su vida y espera vivir mas como de ahora en adelante.
Cierra el grifo de la regadera, envolviendose en una toalla su esbelto cuerpo, caminando una vez mas a su habitación sintiendo la temperatura un poco bajo al pesar de tener la calefacción encendida. Temblando parecido a una hoja de papel, Anna busca desesperadamente ropa que ponerse, pensaba en colocarse un vestido de invierno pero desiste de tal idea, mejor escoge cualquier otra cosa antes de terminar igual a un iglu en la antártica. Al pesar de poseer sangre rusa recorriendole las venas, no tiene el control de estos en el instante de salir de la ducha y enfrentarse al frío, supone que aunque los años pasen seguirá siendo esa chica americana de Ditroit, amante de la musica clásica y fan número uno de su papá, Viktor Nikiforov. Sonriendo ante su memoria, termina de colocarse ropa y se dispone a secar su largo cabello platinado, cuando estuvo en la preparatoria fue objeto de mucha envidia y burlas. Las chicas de su clase querían de alguna manera desquitarse con ella al ser popular entre el alumnado, ese apariencia de princesa de las nieves, ojos azul celeste, piel blanca como la leche, cabello largo platinado parecido a tener un millón de costelaciones brillando en él, esa figura agraciada y curvilenea. Personalidad tranquila, manifestando ser de confianza y con ese aura de alfa dominante, hacia a mas de una suspirar. Por eso, quisieron intimidarla cortando su cabello, aunque fue una total estupidez pues Anna no era ninguna tonta, menos débil lográndose defender exitosamente de sus agresoras, ganándose su completo respecto y miedo. Desde luego, jamas intentaron intimidarla de nuevo. De envidiarla, pasaron a respetarla y manejarse a su alrededor con cuidado, aprendieron que los alfas puros son criaturas de temer como para simplemente intentar asustarlo, Anna no deseaba generar una imagen así de ella, pero no pudo evitarlo, fue demaciado tarde.
Culminando de secar su cabello, la ojos zafiro sujeta su mochila metiendo una muda de ropa, cepillo de dientes y algunas partituras, no sabe si podrá llegar esta noche a casa por eso prefiere prevenir antes a lamentar. De hacerlo tarde, podrá pedirle a su mejor amiga un aventon o quedarse en su departamento, la opción mas viable en ese instante. Baja las escaleras rápidamente dándose una parada momentánea en la cocina, por suerte su mamá sigue siendo esa persona al pendiente de todo, inclusive de su despistada hija veinteañera, dejándole dos tostadas con mermelada en la lacena escondidas esperando por ella. Se introduce una en el bolsillo y otra a la boca, saliendo de la casa en búsqueda de un taxi que la lleve a la universidad, al pesar de no tener hoy precisamente clases por cursar los ensayos de unas presentaciones nocturnas, siguen realizándose en el mismo salón de musica sin uso. En el último piso del edificio, tercer pasillo a la derecho, con un letrero enorme en números romanos reflejando II, en ese sitio fue partifice de su descubriento y el inicio de mas sufrimientos en su vida. Al salir de la preparatoria Anna tenia perfectamente definido su futuro, ella quería estudiar musica, ser compositora e interprete profesional al pesar de conocer la pendiente en esa rama lo intentaría, afortunadamente sus padres la apoyaron incondicionalmente, mas Haru al permitirle componer sus melodías en sus programas. Todos conocían su excelente talento, el poder de mover los sentimientos de las personas, conmoverlos y llevarselos en el bolsillo haciendo obviamente fácil su entrada a la universidad de artes, donde en todos los sentidos fue aceptada tanto por sus compañeros al igual de profesores. Las asignaturas era interesantes, personas amigables, instalaciones amplias y comodas, sobre todo, varias salas de musica habilitadas con instrumentos de todo tipo listo para ser usados. Fue en una de esas exploraciones que lo conoció, su dulce tormento. Necesitaba buscar un lugar tranquilo para estudiar, pero todo estaba repleto, biblioteca, salón de estudios, las salas de musica… bueno, no todas, existía una: la del tercer piso. Dentro de los estudiantes circulaba una rara leyenda, sobre escuchar ruidos extraños procedentes de ese salón donde las sillas se movían solas, las pizarras rechinaban por uñas pasadas en ellas, instrumentos desafinados y… un piano. Cabe de resaltar no ser cualquier piano, su sonido era nostálgico, desolador y parecía estar contando la historia trágica de dos amantes separados, uno de ellos quizás muerto o abandono al otro para correr detrás sus sueños. Sea como sea, quien osara a interrumpir el interprete de desoladora melodía seria maldecido por siempre, poyendo siete años de mala suerte en el amor. Anna no creeira en tal cosa tan ridícula, es decir, mala suerte ya tenia en ese ámbito al haberse enamorado durante su infancia de Yurio, ¿qué otra cosa podría salir mal? Bueno, la chica no debió haberse planteado tal pregunta. Porque efectivamente, si, se topo con alguien ese día que le freno el corazón y le dio motivos para temer, no en fantasmas o apariciones divinas. Mas bien, se trato de una persona de carne y hueso. Beta, dulce, dulce como la miel, amable como una anciana, inocente igual al alma de un bebé pero con el cuerpo de un hombre en todo el sentido de la palabra. Nombre, su profesor de composición general.
Bajo esa naciente intermitencia veraniega en San Petersburgo, Anna experimento como una persona sin necesidad de ser ladrona puede hurtar algo de ti, adormecerte el cerebro y evoporar cada particula de oxigeno de tus pulmones. Ese profesor con sus dedos largos, aura de soledad y expresión calmada, le enseño que efectivamente el amor puede golpear tu vida sin importar las circunstancia de vivir, simplemente entra a tu vida y arrolla toda a su paso. Igual a un tranvía, fuerte y en una sola dirección. Marcando el inicio de todo, alegrías, dolores y expectativas muy altas de un enamoramiento dictaminado al fracaso. Pero ya conocemos a Anna, no se rendirá hasta las últimas oportunidades serán explotadas, ni aunque fuera evidente. Aun en el presente posee esa determinación, sin duda nada en su mente ha cambiado con respecto a sus sentimientos, aunque halla pasado dos años de lo acontecido.
Llega a la universidad dando tropezones en todas partes aun luchando por comer su tostada, estuvo tan perdida en sus pensamientos que olvido de hacerlo apropiadamente, se juzgó un poco ante su comportamiento con Haru, su hermano menor. Aunque él debía de conocerla mejor a nadie, pasar las noches en vela no es precisamente la mejor composición de todas en ella, de hecho debería advertirle a la humanidad de significar en todos, pero realmente hoy no puede cuidar de Hikari o él mismo. Siente dejarlo con esa responsabilidad, pero era justo en su intinerario posee muchas cosas por realizar, lamentable en ninguna incluye a sus hermanos. La próxima pretende recompensarlos, disculparse con Haru y abrazar fuerte a Hikari, en señal de paz. Dejando esos pensamientos de lado, termina su tostado trotando tranquilamente los escalones hacia los pisos superiores, supone que sus compañeros estan renuidos afinando los últimos retoques del resital por venir. Podría estar de mal humor al haberse mantenido en vela toda la noche, pero recondar todo el esfuerzo de sus compañeros le dibuja una sonrisa en el rostro, la recompensa de sus esfuerzos es y sera la expresión de las personas, la satisfacción, la alegría o conmoción, sobre todo, la paz de asistir y apoyar el arte. Ante esos pensamientos Anna se pierde de la realidad no dándose cuenta de algo, primero, un individuo ha estado observandola fijamente desde quedarse mirando a la particular nada, y segundo, conociendola aparentemente, oculta su risa en su puño en una señal de no producir mucho ruido. Arrepentiendose inmediatamente, saliendo de su sitio, haciendo acto de presencia y asustando a la peliplata ante el repentino acontecimiento ocurriendo ante sus ojos.
Entonces, el mundo se congela cuando coloca sus ojos en ese sujeto, su respiración se vuelve mas rápida, abre los ojos impresionada, el cuerpo entero le tiembla y las conocidas mariposas en su estomago le declaran la guerra. Ella lo sabe, sabe perfectamente que la luz a su alrededor le esta jugando una broma, simplemente ese hombre no puede brillar en tanto sonrie, menos tener apariencia de príncipe de las hadas. Esos ojos color miel, tan encantadores, tan hermosos, tan preciosos como gemas resplandecientes únicamente brillando en un solo sentido, menos ese cabello rubio ceniza estando al contacto con el sol parece tener tonos mas claros, iguales a estrellas o polvo se oro. Su sonrisa, clara, espontánea, siendo capaz de producir estragos en la persona mas fria de todas volcandolo a sus pies. Anteriormente, Anna pensó que no existía mas hermosa a Yurio, porque al pesar de ser un amargado total al mostrar su lado amable, todo empezaba a tener sentido y la vida misma te acariciaba el rostro. Pero no, por supuesto que no, dado el caso de conocer a su profesor Levin Pretrovisk. Es y sera, sin duda, un ángel caído del cielo. Eso si, beta y con la edad doble a la suya. Cadena perpetua.
— Buenos días, señorita Nikiforov. — le saluda con voz clara, aterciopelada y calmada. Anna se le pone la piel de gallina. — percibo en usted un excelente humor, me lo contagio en un segundo.
« Oh, dios… has por favor que no sonria mas. ¡Es un delito para los simples mortales contemplarlo sin mas! »
— Eh… Mmm… en realidad… yo… bueno… — tartamudeba palabras sin sentida, bajando la mirada a la presencia de su profesor. La intimidaba.
Otra de las cosas mas extrañas de toda esta situación con él, es las señales curvas en mandarle cada vez encontrándose en clase, precisamente esto no se trata de insinuarsele sin descaro. La cosa residía en la atmósfera intimidante envolviendola al hablarle, puede ser considerado, amable o respetuoso, pero existía algo escondido detrás de esa apariencia caballerosa en inquietarle. Sabe que es imposible conocer eso, sabe que es imposible llegar hasta él, sobre todo, sabe que es imposible romper la barrera “profesor” y “alumna”. Sin embargo, eso jamas dejara de ser agotador.
— Espero ver ese mismo entuciasmo en mi clase, Anna. — al segundo de escuchar como la llama, las alarmas dormidas en la chica se prenden alzando la mirada. Su profesor, rompe un poco el espacio inundalos para sujetar una de sus hebras platinadas, jugando con ellas entre sus dedos. La Nikiforov se ha quedado de piedra, no sabe como respirar, menos hablar, solo esta apuntó de explotar hasta el cielo. — Siempre pongo atención en usted, sus composiciones o creaciones en general. Sin duda, le pones mucho sentimiento y tu firma en ellas.
« Me ha… ¿elogiado? »
La alfa todavía no sabiendo como reaccionar a las palabras del mayor, simplemente se queda expectante a lo siguiente a decir u ocurrir. Aparentemente los circuitos de su cerebro se han desenchufado, los pensamientos racionales no vendrán, ahora o después.
— Pero no te robo mas de tu precioso tiempo, — la libera dando un paso hacia atrás, mostrandole una vez esa sonrisa roba corazones a la joven. — seguramente deben de estar esperandote. ¿Te presentaras en el recital de esta noche? ¿Me equivoco? Ha de ser muy interesante.
— Ah… si, todos… todos mis compañeros nos hemos esforzado para sorprender al público. — finalmente Anna logra sacar frases de sus labios, aun estando en señal de total confusión.
— Eso no lo dudo, porque después de todo. — hizo una pausa, dándole una mirada perspicaz. La peliplata creyó por un segundo habersele parado el corazón de la impresión, este hombre quería sin duda matarla. — la señorita Nikiforov estara entre sus filas.
« Agh… esto es jodido, muy, muy, muy jodido. ¡¿No ves que estas acabando lentamente conmigo?! »
— Asi que, buena suerte a todos ustedes. — siguió hablando, ante el silencio de la joven confusa. — llevale mis palabras a los demás y recuedales la clase mas tarde. No se les ocurran saltarsele.
— N… no… ¿como cree? — balbuceo nerviosa.
— Mmm… ya veremos.
Alzando su mano, Levin salió caminando con mucha confianza por los pasillos deciertos de la universidad dejando a la pobre alfa hecha un lio, nerviosa, confundida, latiendole el corazón con fuerza contra sus costillas impidiendole respirar normal. Allí lo habían tenido, el profesor capaz de sujetar su seguridad en si misma y arrojarla lejos, colocandola en ridículo inclusive con los de su especie. ¿Doblegada? ¿ella? ¿ante un beta? ¡¿un simple beta?! Pero no es un simple beta, es el beta que le mueve literalmente el piso a su conveniencia, provoca estragos totales en su mundo y genera en su mente un poder incontrolable, que es imposible escapar.
« Tampoco deseo hacerlo… »
De pronto los signos de su noche en vela se dispersan, dejando su cabeza entera de pensamientos llenos de Levin, enteros y completamente de él. Guiando sus flacidas piernas para subir mas escaleras, tratando de generar aire en su rostro para disparar la vergüenza lejos, pero no, falla aparatosamente cayendo en el suelo en el proceso. Sus rodillas sedieron al final. Temblando parecido a cuando tienes fiebre, Anna se abraza a si misma buscando de una vez el control sobre si misma, sabe llegar al momento donde podría irse todo al caño. Sus sentimientos han crecido mas al punto de no controlarlos, lo peor de todo es que puede ser descubierta, expuesta ante esos ojos miel y no ser mirada con la dulzura típica de ellos, mas bien con desprecio. Por esa razón y otras mas, Anna odia el enamorarse, por eso mismo evitaba el hacerlo pero no, su estúpido corazón decidio ante ella tomando la batuta de todo. Se encuentra contra la espada y la pared, donde la salida, no se encuentra ni por asomo.
En la perspectiva de Haru la vida podría ser parecida a un salto cuádruple, los giros reflejados en los acontecimientos cambiantes en presentarse, la sensación de vacío al tener miedo de caer y esa altura capaz de alcanzar si no cometer errores en los movimientos mas sencillos. Por eso al encontrarse practicando la coreografía para su primer GPF con los seniors, el ojos caoba pensaba considerablemente en no defraudar a su entrenador, el esfuerzo propio y todo el equipo en general. Sabia lo duro de haber trabajado para llegar hasta donde estaban, arruinarlo por un simple error de los suyos, seria considerado totalmente injusto. Entonces al realizar un salto marca permanente de su padre, cae precipitadamente al suelo amortiguandolo su pobre trasero y manos, escucha a lo lejos a Mariana preguntarse si se encuentra bien. Le encantaría responder positivo a esa enterrogativa, pero no, hoy no. Podría estar necesitando un descanso, al menos unos segundos. Ojala su entrenador pudiera leer sus pensamientos, aunque no le ha reclamado milagrosamente su rendimiento nada satisfactorio, sus ojos verdes relampaguean con evidente enojó provocando al adolescente tragar saliva rápidamente. Mas al respeto de por medio entre los dos, Haru le tiene miedo a Yuri, después de su madre sabe como es su mal humor sino cumple sus expectativas o indicaciones. Obviamente, practicar ese salto no se encontraba en lo acordado, salio prácticamente de la inspiración del momento.
« Hombre… estoy muerto. »
Colocando una de sus manos en la frente cubriendo la verde mirada de él, en un evidente expresión de cansancio de la desobediencia del quinceañero, Yuri evitaba gritar como eventualmente suele hacerlo. Aunque contenerse, es una odisea completa. Le pedirá a Mariana luego una recompensa por eso, siguió en su juego porque le comento estar convirtiéndose en una versión joven de Yakov, cosa que no le agrado nada. Particularmente el cambiar a estas alturas de la vida la manera de ser es absurdo, no es como si vaya a repartir sonrisas, besos y abrazos a todo el mundo, se lo dejara a Viktor o el mismo Katsudon, él después de todo pertenece a un pais frío. ¡Por dios! Que es ruso, por ende, los rusos no van mostrando sentimientos o flores en todas partes. Son reservados, secos, resintentes a temperaturas bajas… ese no puede venir ser el caso, pero valia la pena resaltarlo. Asi que, relajando los músculos de la cara soltando un suspiro, mostró una expresión mas relajada al hijo de la leyenda del patinaje señalando detrás de si, dejándole su tan ansiado anhelo. Un descanso.
— Entrenador Yuri… — susurro asombrado, lo agarro fuera de base.
— Ve, toma agua, relajate y dale un vistazo a Hikari. — siguió hablando, adoptando un postura serena para su temperamento. — Estas pensando cosas estúpidas como de costumbre, mientras lo hagas, es imposible que tengas un rendimiento factible.
— Lo siento… — se disculpo aflijido.
— Ni lo menciones, tampoco te estoy regañando. — señalo al muchacho con objetividad. — solo manten presente que los pensamientos negativos y el patinaje, jamas irán de la mano. Puedes preguntarle a tu mamá de eso, lo sabe mas que nadie.
Haru no le gustaba admitirlo, pero cuando su entrenador hablaba de su mamá parecía estar sufriendo algún tipo de dolor interior, que lo consumía poco a poco. Sus ojos parecían perder brillo, la expresión de energía desbordante se extinguia y en general la temperatura en el ambiente desencia. Con pelos y señales, el preludio de la perdida. Sabía muy poco de la historia, Anna tampoco quiso inmiscuirlo mucho, menos permitirle indagar al haber ocurrido antes de su nacimiento, pero su mamá y Yurio tuvieron una temporada saliendo como pareja o intentando hacerlo, fue en ese lapso de tiempo lejos de su papá y pensando en jamas volverse haber. El quinceañero no desea especular nada, sabe que la relación con Mariana es magnifica a la par de pacifica, ella luce su marca de alfa en el cuello muy orgullosa, a la par de un anillo de diamante en su dedo anular afirmando el compromiso de casarce. Formaran una familia. Sin embargo, siente que algo en ellos falta, dejando a un lado el termino de “destinados” o “almas gemelas” Haru considera el no ser compatibles del todo, y puede rehusarse imaginar a su entrenador de pareja con su mamá pero seguramente dejo dentro suyo una pauta, una huella incapaz de borrar. En pocas palabras, aguarda sentimientos por él. Cabe de destacar solo ser especulaciones suyas, nada claro o confirmado.
— Lo tendre presente.
— Bien, sal de la pista entonces. — culminó la platica, en caminandose en atender a otros patinadores.
Agarrando una buena bocanada de aire, Haru pátina rápidamente buscando salir de la pista colocando el protector de sus cuchillas en tanto saca el hielo de ellas, entre los mas cercanos es conocido por su buena resistencia y condición fisica. Según su papá, es algo heredaron por su mamá, en sus épocas de patinador profesional podía realizar varios saltos complicados en una sola rutiana, dejando lo mas difíciles de realizar en la mitad e incluso al final. Si, la leyenda del aguante en el patinaje. Saliendo finalmente de la pista, descubre que Hikari se encuentra muy despierta jugando con Mariana, sus sonrisas resplandecientes contaminan a todos ante su aura pura y clara, es consiente que los omegas siempre serán fáciles de tratar con los cachorros, mas si este posee simpatía como Mariana. De los años que lleva saliendo con su entrenador es raro que no hayan tenido crías, es decir, sus padres son literalmente una fabrica de ellos. Con todo y el respeto que merecen. Siendo su argumento simplemente verdad. Es decir, después de no verse durante cinco años lo tuvieron a él, se casaron paso el tiempo y hace poco nació Hikari de total sorpresa cuando ya esperaban permanecer con Anna y él. Ahora, este es una prueba mas a su favor en el momento de mencionar faltar algo en ellos.
« ¡Demonios! Es malo maliterpretar a las personas de esta manera. »
Mariana parece percatarse de su aparición sonriendole, sujetando la manito de Hikari lo saludo empleando una voz suave y nómada, tal cual como si estuviera hablando la infante en lugar de ella. Moviendo su cabeza hacia lo lados, el peliplata camina finalmente en dirección donde se encuentra las omegas, preguntar si su hermanita esta bien queda de mas. En las manos de la latina, estaría mucho mas al bien. Entregándole a la pelinegra en las manos del quinceañero, la próxima Plisetsky le relata el terminar de beber su biberón hace unos momentos, no ha llorado, tampoco necesita un cambio de pañal. En pocas palabras, esta en perfectas condiciones. Sonriendole suavemente, Haru le agradece a la prometida de su entrenador al encargarse de sus responsabilidades, le apena mucho pero en verdad no tenía otra opción. Con sus padres fuera y Anna próxima a dar recitales, se complicaron… un poco las cosas.
— ¡Deja de pedir disculpas Haru! — exclama a viva voz, mostrando su usual mueca enérgica. — Realmente adoro a los bebes mas aun Hikari, parece que congeniamos bien. ¿Cierto?
Le sujeta la manito hablandole dulcemente, la pequeña se mueve impacientemente riendo alegremente dando a entender entender el comentario de la mujer, el peliplata se alegra mucho por su hermanita. Sin embargo, persiste una espinita travada en su garganta con respecto a la latina, sabe no haber sido llamado en algún momento para esto… pero necesita saciar su curiosidad.
— Mariana, disculpeme si estoy siendo muy atrevido pero — los ojos amarillos de la omega le observan curiosos, sin entender nada de lo mencionado por el niño. — ¿usted no ha querido ser madre?
— Claro que quiero serlo. — responde sin muchos rodeos, abriendo los ojos a par Haru casi se va hacia adelante de la impresión. — el claro problema viene siendo Yuri, conoces lo cascarrabia que es. Su temperamento mínimo asustaria al bebé, podría estar impaciente en convertirme en madre, pero soy capaz de esperar por él.
De pronto, Haru se da cuenta que ha preguntado algo totalmente delicado porque los ojos amarillos de Mariana bajan de tono, ya no se pintan vivazes o burlones, le ocupan una sombra propia de la tristeza y le hacen sentir culpable. Tocar la herida de una omega que desea ser madre, lo convierte en un insensible. Bajando su mirada suelta un suspiro contenido, con este descanso buscaba relajarse pero resulto ser peor, sus pesares subieron de nivel. Entonces la voz ruidosa de una persona conocida lo lleva a desviar la mirada, una cabellera rojiza corta ondulada, acompañada de un hombre de piel morena y a su vez un bebé no mas de tres años con los mismos razgos al otro, llaman la atención de la latina a su lado que sale corriendo inmediatamente a su encuentro. Son los Altin, mejores amigos de su entrenador y Mariana. No esperaba sinceramente verlos luego de enterarse estar en Canadá, a la pelirroja le ofrecieron ser patrocinadora de una marca de tenis de mujeres, la cual, efectivamente acepto a dos a primeras. En cuanto a su marido, Otabek se dedico a ambientar algunas fiestas de alto renombre en el pais, era DJ y parece ser bastante bueno en ello. A su cuidado tenían un pequeño niño, su hijo, siendo la copia fideligna del padre. Lo usual, ojos oscuros, piel morena, cabello negro y expresión de malas pulgas nada parecido a la mamá, una beta de mucho renombre y famosa en el mundo del patinaje. Mila Altin, anteriormente Babicheva, la mejor amiga de la prometida de su entrenador y ex-compañera de pista. Los acontecimientos de como terminaron el Kazajo y la rusa son un total misterio, el alfa se nota a cien metros ser selectivo en el momento de aceptar amigos, los mas cercanos a él eran su padres y Yuri, siendo su mejor amigo. Aunque aparentemente, la rusa nunca supo sobre complicaciones u obstáculos, simplemente se propuso conquistarlo y lo hizo. Anna le comento una vez haber tenido un enredo con una patinadora italiana, Sala Crispino una omega con personalidad arrolladora aunque poseía una sombra, su hermano mayor, Michell. Tambien omega. Al comienzo no aprobaba mucho que estuviera con una beta, es decir, jamas llegaría a la altura de alguien digno de ella, típicas excusas baratas de hermanos mayores sobreproctetores. Y aunque jamas concretaron su relación, ambas se veían bien juntas hasta que… bueno, la nación de Kazajistan ataco.
Ahora, viendo el presente, la conclusión de todo no fue del todo mal, pues Mila es inmensamente feliz.
— ¡Haru! — lo llamo inesperadamente, provocandole un respingo. — ¡Asi que sigues entrenando con Yuri! Ah… mira cuanto has crecido, igual Hikari. ¿Cuantos meses tiene?
— Ocho. — respondió aun sorprendido, permitiéndole sostenerla y darle un poco de cariño.
— El tiempo pasa sin avisar. — le dice, después gira en dirección a Mariana sonriendole socarronamente. Planea algo. — ¿Para cuando viene su encargo?
— ¿De que hablas? — hizo una mueca de clara incómodad, conociendo las intenciones de su amiga.
— Cachorros. — esa palabra la hizo tragar saliva con fuerza, como si pudiera liberarse del por venir. — ¿no deseas tenerlos?
— Si quieres ver mas bebés, ten los tuyos propios. — la voz de malas pulgas de Yuri los despisto, obligandolos a girar donde provenía no tan lejano a ellos. En su rostro tenia una expresión huraña, estaba enojado. — ¿no lo crees? Si amas tanto a los niños, puedes tener mas. Vieja bruja.
« Ah… la frase que nunca falta. » pensó Mariana haciendo una mueca de incredulidad, en tanto la pelirroja le temblaba el labio en clara de señal de disgusto, jamas le ha gustado escuchar esa frase en el rubio para ella. ¡Si no es tan vieja! Pero claramente, el ojos verde no pierde costumbres viejas, menos nombres ofensivos ni porque posea ochenta años, Yuri seguirá siendo Yuri y punto.
— Veo que tu humor esta intacto, Yuri. — ignoro las declaraciones del rubio y dio unos pasos hacia él con Hikari en brazos, él ni se inmuto. — Pero recuerda algo, ya no somos adolescentes, hemos crecido. Por lo tanto, a nuestro cuidado estan las otras generaciones como Haru. ¿Cierto?
— Por eso mismo lo digo. — sonrio socarronamente, Mariana emitió un respingo de la impresión. Nada bueno saldría de ello. — Vieja bruja.
Segundos después, en un acto totalmente previsto, Mila sostenía al rubio entre sus manos alzandolo tal cual lo hacia de adolescente, mientras una omega desesperada y alfa con cara de pocos amigos intentaban detenerla. Para nadie era un secreto la superfuerza de la pelirroja, menos importarle el pasar de los años en Yuri dado el caso de provocarle enfado, ella reaccionaria de esta manera. Otabek a veces temia de su mujer, es amable, cariñosa, apasionada como ninguna otra, pero de enojarse mostraba una sonrisa llena de surcos reaccionando de las maneras menos esperadas, esa razón mayoritaria le llevaba a mantenerla contenta a tiempo completo. La amaba, mucho, pero valoraba su vida. Haru con una mueca de incredulidad en el rostro, decidió dar una vuelta por el centro de entrenamiento junto a su hermanita menor, en estas situaciones era mejor dejar a los adultos resolver sus asuntos, un niño como él no tenia nada que ver. Se preguntaba cual hubiese sido la reacción de sus padres, generalmente la naturaleza de su mamá es preocuparse, seguramente le pediría encarecidamente a Mila bajar a Yuri con el temor de lastimarse o algo, en otro lado su papá, se reiria estrepitosamente señalando que aun tenía faceta de patinador de parejas, lastima desperdiciar tal talento. Asi eran sus padres, bastante predecibles. Atravesando una puerta de cristal con los gorgogeos contentos de Hikari a cuestas, percibió las pocas personas de alrededor charlando, esta pista era la mas famosa de todo San Petersburgo, no solo por la fama de darle su padre en épocas de patinador, sino al albergar tantos atletas con alto renombre, entre ellos una muchacha de cabello rubio ceniza, dos coletas altas largas, rostro de muñeca, ojos miel saltones, altura baja no mayor a los 1,50 y complexión delgada igual a un niña al pesar de rondear los diecisiete. Nombre, Irina kotobivch. Patinadora profesional, ganadora del GPF dos veces, tres veces entre las alfas femeninas y una entre todas las razas. Al pesar de poseer cualidades físicas de una omega, la muchacha realmente era excelente en lo que hacia, gracias a ella varias personas se aglomeraban en el sitio para ir a verla. Entre ellas, omegas. Sin embargo, hoy no parecía ser el caso cosa que era extraño.
Ignorando todo, sujeto mas a su hermanita entre sus brazos caminando pasillos mas adentro, entre uno de ellos se hallaba una maquina expendedora de chocolate y con el frío de la pista le vendría bien uno. Aunque el muchacho no contaba con la presencia de alguien en el sitio, menos que le quedaría mirando con un aire medio despectivo, casi fastidiado de encontrarlo allí. Haru se quedo literalmente pegado en la nada al pegar su caoba a la miel de ella, la joven potencial del patinaje artístico femenino, Irina kotobivch. Esta se encontraba recostada en la pared, en una mano sostenía una taza probablemente llena de chocolate y en la otra su móvil, al descubrirse olgasaneando por el peliplata, alzo sus cejas en señal de sorpresa. No obstante, con ello no esperaba iniciar una contienda o algo parecido, conocía de varios años atrás al jovencito, prácticamente patinaban codo con codo a lo largo de su vida, son compañeros bajo una misma pasión. El patinaje. Rompiendo filas, Irina dio unos pasos en dirección al quinceañero, aprovechando de tirar su vaso con el contenido de este frío, invebible bajo su contexto, sonriendole frivolamente parecido a ser una presa fácil de devorar. En otra ocasión se lameria sus labios, ¿quien no? Es el hijo de la leyenda viviente del patinaje artístico, Viktor Nikiforov y uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos, Yuuri Nikiforov, haciendo de Haru una criatura lista para emerger al estrellato. Nacido para ganar. Al encontrarse ya de pie frente suyo, coloca su dedo índice en su labio observandolo con infinita curiosidad, todo el mundo conoce los modales de este beta, educados, finos, gradualmente divinos y caballerescos. Sin dudas, un partido que no puedes desperdiciar.
— ¿Como estas Haru? — rompe el silencio ella, liberando inconscientemente hormonas de seducción alfa, aunque el otro no pueda olerlas. Por simple instinto. — Noto como te has traído consigo tu hermanita, ¿Hikari no?
— Me encuentro bien, gracias por preguntar Irina. — inmediatamente el beta dibuja una sonrisa ancha, muy parecidas a las de su padre. — Contestando a tu pregunta, si, ella es Hikari.
— Es adorable, tambien hermosa. — comento, acariciandole con cuidado una de sus pomulos. La bebé solo la miraba con desconcierto. — noto el increíble parecido con tu mamá, excepto los ojos. Son de tu papá. Aunque me extraña verla contigo, suele quedarse con Anna. ¿Paso algo?
— No, en lo absoluto. — aclaro el peliplata de inmediato. — Anna se encuentra en semana de recitales, se encuentra sumamente estresada por ello y como mis padres estan de viaje, hoy sere su canguro.
— Es tan… encantador de tu parte. — arrastro las palabras con una sonrisa ladina, colocando nuevamente el dedo índice sobre sus labios. Haru fingió demencia. — no todos tenemos hermanos mayores como tu.
— ¿Eres la hermana menor? — inquirio incrédulo.
— Si, la última de tres. — dio un paso adelante, demostrando que podria ser mucho mas baja a él pero no por ello, dejaría de aun lado su naturaleza. — ¿puedes imaginarlo? Una pequeña alfa abriéndose paso entre dos gigantes, es toda una odisea completa. Haru.
No quería armar conclusiones antes de tiempo, pero parecía que esta mujer le estuviese coqueteando de una forma bastante descarada, seguramente de poseer sentido del olfato percibiría el olor de un alfa en pleno coqueteo. El peplita no poseia muchos conocimientos de ello, aun tomando en cuenta vivir con dos bajo un mismo techo, creía que su manera de ver las cosas es demaciado compleja para un simple beta. Ahora en el presente, se arrepiente de ello. Irina da un paso mas hacia él, importandole poco la presencia de la bebé entre ellos, o mas aprovechándose de tenerlo en medio, le sujeta del mentón obligandolo a bajar a su altura y darse cuenta de relamer sus labios con gula. No puede hacerse mas el loco, esta chica mayor a él lo desea, y no precisamente romanticamente, esto va mucho mas allá de eso.
— Todos aquí conocemos lo que escondes bajo esa facha de niño bueno, Haru. — su voz bajo dias octavas a lo acostumbrado, provocando que las extremidades del beta se adormecieran. Esa sensación de frío jamas la a experimento en la vida, le da miedo y a la vez curiosidad. ¿Por qué a estas alturas va a vivirla? ¿Y con Irina? — Sobre tu entero respeto al entrenador Yuri, la rendición de poseerle y esas miradas llenas de sentimientos. Ah… ¿como llamarlas? ¡Claro! Anhelo combinado con sufrimiento.
— ¡¿Pero qué…?! — se alarmo, asustando un poco a Hikari quien seguía mirando con inocencia su alrededor.
— Oh, vamos Haru, nos conocemos desde hace mucho tiempo. — lo detuvo enseguida, rodeandole los ojos. — este tipo de cosas no debería ser un inconveniente entre ambos. ¿No lo crees? Podemos comenzar a tener… confianza.
« El tono que esta utilizando no me agrada en lo absoluto, planea algo seguramente. » pensó el peliplata frunciendo el ceño, era cierto de conocer de mucho tiempo a la muchacha, aparentaba ser una persona bastante tratable y agradable. No le agradaba permanecer mucho en un lugar, menos tratar temas en sus programas llenos de amor, simplemente se desviaba hacia otras cosas, un ejemplo la magia o fantasía. Esos dos eran y serán su fuerte. Sin embargo, viendola en el ahora con esa mueca llena de prepotencia, deseo y lujuria contenía rompía por completo la imagen de antes le tenia. Nunca tuvo la oportunidad de estar totalmente a solas con ella, por lo tanto era obvio desconocerla. Aun mas, tener miedo abierto de sus planes o pensamientos, no sabia como responder a ellos. Apreto contra su pecho a su hermanita, transmitiendole un poco de su incomodidad pues se removio algo asustada.
— ¿Qué es lo que quieres? — preguntó al fin, mostrándose enojado.
A estas alturas le importaba menos ser descubierto por Yuri, ¿en verdad alguna vez importo? Su entrenador iba a casarse con Mariana, su omega, su mujer, su… ¿destinada? Recordó el semblante de la latina al confesarle querer ser madre, el temor por no encontrarse posiblemente en los planes del rubio y ser rechazada. La animo, a como de lugar lo hizo, las inseguridades jamas tendrán puesto en las relaciones entre destinados. De ser eso verdad, ¿por qué sentía lo contrario? ¿por qué veía la sombra de la tristeza en los ojos de Yuri cuando esta su mamá en medio? ¡¿Por qué?! Asi que, no le importaba, le valia un pepino ser expuesto por Irina ante su entrenador, con tal la batalla estaba perdida antes de empezarla.
— Me gusta, me gusta mucho tu determinación. — le acaricio el mentón con su pulgar, cortando de poco a poco la distancia entre ambos, quedando simplemente sus narices rosando. — Directo al grano, ¿cierto? Bueno, el caso es simplemente mi querido Watson.
— No te burles de mi, por favor. — le sostuvo la mirada, enojado.
— En lo absoluto, Haru. — choco su aliento contra los labios del otro, dándole escalofríos por todo el cuerpo no entendiendo si eran de susto o anticipación. — Tu me dijiste “qué quiero” y yo te respondo: a ti. Te quiero a ti.
Haru abrió los ojos sorprendido, no esperandose en lo absoluto la respuesta de la rubia, jamas se miro como objeto de atención hacia alguien de la población humana, menos una alfa. Era, seamos claros, uno mas del montón de los beta. Lo mas sorprendente en él seria su apellido, el linaje donde proviene de patinadores profesionales, ganadores y prósperos. Allí tienen el claro ejemplo de su padre, la leyenda entre el circuito aun estando desde hace años retirado, sus hazañas quedaron gravadas en la mente de muchos y para las siguientes generaciones. En muchas de sus coreografías se tomaba saltos de él, Yuri las sugirió y le dieron la medalla de oro en el GPF junior. Asi que, antes de dar una respuesta, se vio atrapado en los labios tersos y suaves de la alfa mas pequeña que él, no teniendo la mas mínima idea de como reaccionar, tan estático al igual a una estatua. La muchacha tenía los ojos cerrados, entregandose por completo al momento en tanto él con los ojos abiertos, obligado a bajar la cabeza y mover sus labios en compás de los otros con sabor dulce. « Chocolate » pensó, ese beso sabia a chocolate seguramente producto a haberlo bebido antes de su llegada, seguramente debía de sentir algo al ser su primera vez en una situación con alguien, pero aunque removiera en su interior en búsqueda de algo mas, no hallaba nada, nada en lo absoluto. Asustado de su impotencia romántica, ni se dio cuenta que la muchacha en una mínima oportunidad, introdujo su lengua en su boca con la clara necesidad de mas contacto. Haru emitió un suave quejido en respuesta, ella solo sostuvo con ambas manos su rostro, acelarando mas las cosas y girandolos a su ritmo. Los pensamientos de peliplata venían desde “húmedo” hasta “incomodo”, casi se le dificultaba respirar, agregándole el hambre de la mayor al querer devorar literalmente su lengua en un raro vaivén. Era un estira y encoge, donde instintivamente la alfa no esperaba perder. En tanto Haru, solo se dejaba hacer lo que ella quisiera, no sentía nada, tampoco pensaba nada. Solo… solo se encontraba en shock.
Al instante de romper el beso, observo a Irina limpiar un exceso de saliva entre ambos, saboreando y degustandolo como si fuera el mayor de las paletas. Entonces sus ojos, sus benditos ojos, mostraron una furia de emociones que deseaban arrastrarlo a las profundidades de este mundo. Iban por él, únicamente por él. Sin dudas, un peligro representado en piernas de mujer.
— Se que quieres al entrenador Yuri. — hablo ella, dándole un suave lamenton en la comisura de sus labios. — pero como tu tambien debes de entender él, esta comprometido.
« Cuéntame algo que no sepa »
— Te propongo olvidarlo, conmigo. — soltó la bomba, desencajandole la mandíbula por completo al peliplata ante tal ofrecimiento. ¿Acaso se volvió loca? — No digo que sere tu objeto de entera devoción, olvida eso de tu mente, soy una alfa y como alfa tengo claras necesidades.
— En pocas palabras, pretendes estar conmigo y con otras personas mas. — leyó los pensamientos de la chica de inmediato, sintiéndose asqueado.
— Mmm… no del todo, mi querido Watson.
— ¿Entonces?
— ¿Recuerdas que aparte de mujer soy alfa? — frunciendo ligeramente el ceño asintió. — bien, no me culpes si en cualquier ocasión pierda la cordura y corra detrás de un inofensivo omega, o en su defecto, quiera hacertelo a ti.
¿Hacerselo a él…? Oh, ya, oh, ya había comprendido. Colocándose colorado igual a un tomate maduro, Haru desvío la mirara hacia otro punto de la habitación, cualquier menos los ojos peligrosos de la alfa. Aun no aceptaba la oferta, y se volvía tan dócil como un ciervo a punto de ser cazado, probablemente este viene siendo su situación actual. Irina observando la reacción del mas joven, soltó una carcajada sonora llamando su atención, no podía ser mas evidente posible. Seguramente este fue su primer beso, igual proporción para tener algo con una persona, mas una mujer, y sin saberlo le llenaba de un cosquilleo satisfactorio en todo el cuerpo. Le gustaba esto, realmente le encantaba. Haru Nikiforov, seria un caramelo gustoso de diluir en su boca lentamente.
— ¿No has pensando en eso con el entrenador Yuri? — siguió riéndose descontroladamente, ganandose una mirada de desconcierto y otra de total enojo, esa última del peliplata. — ¿Me equivocó? ¡No puede ser! Es decir, ¿que puede hacer dos hombres? Adivinalo cachorro, tus padres lo son.
Por supuesto que lo son, pero su mamá era un omega, él no tenia la cavidad propia del nacimiento de ellos, tenia la anotamia propia de hombre beta. ¡Por que lo era! ¿como demonios va a pensar cosas de ese grado? Lo mas salvaje en imaginarse con su entrenador sería un beso, los dos bajo las luces de la pista de San Petersburgo en una clara mañana, después de tener una ardua práctica, caerse, corregir y reírse a lo tonto. Luego se quedarían en el centro, Yuri le miraría intensamente con esos ojos verdes salvajes al igual que un gato, cautivadores y envolventes en las emociones mas adrenalinicas de todas, él le devolvería la mirada apenado, cohibido de encontrarse ser afecto de su devoción pero dispuesto a cualquier capricho del alfa, cualquiera. Seguidamente, le acariciaria el rostro, le diria hermosas palabras en su legua natal y empezarían a acarcar sus rostros, lenta, suavemente evitando asustarse o arrepentirse, y… y… ¡No existía nada mas! Haru paraba las siguientes imágenes, catalogandose a si mismo como alguien que no merecia tal cosa. Cotizar a alguien comprometido era ruin, asqueroso y bajo. Apresiaba a Mariana, le tenia mucha estima y respeto, por ello no podía siquiera traicionarla con el pensamiento. Podía querer a Yuri, pero por ella reprima todos esos sentimientos consumiendose unos con otros en su interior.
— Lo se, creeme que lo se pero — bajo la mirada, apretando sus brazos al rededor de Hikari. — porque el entrenador Yuri es comprometido y es amigo de mis padres, no puedo imaginarlo en esa situaciones.
Anna le confeso siendo mas grande presenciado una escena así con Mariana, ella no solo entro en shock durante una generosa temporada de tiempo, evitando a cualquier costo encontrarse con la pareja, sino que cambio rotudanmente la forma de mirar a Yuri. Por lo tanto, Haru tampoco desea caer en ese hueco llamado vergüenza, quiere con todo el corazón al rubio pero no en lo sexual, sino en lo sentimental. Su cariño es puro, sincero y nada interesado, justo como un niño a su mascota.
— Bien, no importa. — alzo el mentón del otro percibiendo la tristeza, casi y podía tocarla. — Que seas de esta manera lo hace mas interesante, puro e inocente, parecido a una rosa blanca lista para ser manchada. Haru, puedo ser tu analgésico, bruja con super poderes e incluso, pañuelo de lágrimas. — decía con voz tierna, simulando el aura suave de las madres omega con sus hijos. — olvida todo eso que te hace sufrir y entregamelo a mi, prometo suplantarlo con sensaciones placenteras, las cuales te haran llorar de felicidad. Solo… confía en mi.
¿Estaba bien esto? Sumplantar todos sus sentimientos por el rubios con esta alfa, entregandose completamente a las sensaciones desconocidas, pero en palabras de ellas placenteras. Desconocía por completo lo que ella planeaba con él, menos donde podía parar, aunque si sobre el encontrarse en su limite de su cariño hacia Yuri. Le daba igual ser descubierto, es un hecho, aun así le dolia jamas ser correspondido, seguir siendo observado como el molesto hijo de su primer amor. ¡Odiaba esa sensación de perdida en el cuerpo! Lo repudiaba, si existiera la forma de deshacerse la probaría sin darle muchas vueltas, aunque eso signifique borrar lentamente la existencia de su entrenador en su corazón. Con tal, debes desechar lo malo de tu vida, tal cual fuese la basura.
— Si acepto… — hablo dudoso, tanteando la zona. — ¿qué comenzaríamos hacer?
La sonrisa de Irina se extendió por toda su cara, llegando hasta sus ojos color miel que parecían ahora oro fundiendose, ni pensar que su objetivo caería rendondito a sus pies, listo para deborarlo. Alzando su mano, busco tocar la cara del contrario para acariciarla, pero no pudo hacerlo, una nueva presencia llego a interrumpir su soledad.
— ¡Allí estas Haru! — la voz de Mariana les obligo a girar en su dirección, venia a trote sonriendo como de costumbre. — no vas a creerlo, Otabek nos invito a almorzar con su familia como compensación que Mila alzo a Yuri por los aires, debes saberlo, son mejores amigos. Entonces, porque le tiene mucha estima a tus padres, estan invitados tu y Hikari… — la morena bajo su entuciasmo, percatandose de la presencia de la otra estrella emergente de Rusia, Irina entre los Nikiforov. — ¿Ocurrio algo Haru?
— Mariana, ¿puedo pedirte un favor? — soltó con hilo de voz, sin mirarla a los ojos.
— Por… por supuesto. — titubeo temerosa, el peliplata es conocido por el carácter parecido a su padre, jovial y medio simplón. — lo que quieras.
— Irina me invito primero a almorzar con ella, aqui mismo. — prosiguió con la misma postura, asombrando hasta la misma rubia. — pero Hikari necesita un poco de aire fresco y ya que usted van a salir…
— ¡Ah! ¡No hay problema! — corrio de inmediato a sostenerla entre sus brazos, removiendose medio incomoda la bebé ante el cambio repentino. — la cuidare yo misma, tu relajate. ¿Si?
— Nuevamente, lamento cargarle con mis responsabilidades. — adopto la sonrisa de negocios de su padre, relajando a la omega pero no del todo. — tambien disculpeme de mi parte al entrenador Yuri.
— Tonterías, Yuri adora a Hikari — el guiño un ojo — tanto como para presumir ser su padrino.
— Aun asi, lo lamento.
Culminado el dialogo entre los dos, Mariana se despido de los jóvenes deseandole buen provecho en el almuerzo, aun así se le quedo mirando con desconfianza a la rubia, esperando tener una clase de desliz para salvar al peliplata, cosa que quedo en “esperando” pues la muchacha sonrio amablemente valiéndose de sus atributos de alfa, demostrandole no poseerle miedo. Yuri decía estar orgulloso de los logros de la rubia, tenia excelentes criticas en el mundo del patinaje, títulos de reconocimiento, asi como habilidades lista para pulir. Sin alardear mucho, una de sus mayores promesas en varios tiempos. No obstante, su instinto de omega dictaminaba tener miedo con esa jovencita, detrás de esa cara de niña buena escondida la peor de las personalidades, con ello no decía el despreciar a los omegas, mas bien residia en lo contrario. El exceso de confianza en optenerlos y hacerlo lo que sea para conseguirlos, agregándole otra cosa, tambien los betas como comodín de excelente empleo. Recuerda haberselo dicho al rubio, pero este no le presto atención, restandole importancia y dejándola en simples panaroias suyas. Panaroias omegas. Enfadada de su pareja, ignoro el asunto cerrando el caso, cuando alguno de sus alumnos a su cuidado vinieran a él con alguna queja de su “perfecta alumna”, lo lamentaria pues seria demaciado tarde. Aunque, en el presente temia de la seguridad del hijo de Yuuri y Viktor, desde su concepción le ha querido como uno propio, permitirle ser dañado por alguien seria un error y ella obviamente lo evitaria. Esa Irina debía de cuidarse, pues una omega con instinto maternal era millones de veces mas peligrosa a una alfa, de pisar en falso con Haru la atacaría sin contemplaciones.
La rubia soltó una risita divertida habiendo despegado la mirada de la omega, le resultaba gracioso las expresiones en emitir esta parecido a una leona lista para atacar, con un cachorro que no es suyo y siendo del omega objeto de querer de su alfa. ¿Como puede saberlo ella? ¡Por favor! ¿quien no lo hace? Entrando en el circulo Yuuri Nikiforov, su entrenador suaviza la mirada, se vuelve mas calmado casi cohibido tal cual a una colegiala enamorada. La gran bestia de Rusia tiene una debilidad, la cual, resulta ser el esposo de la leyenda viva del patinaje y máximo exponente del mismo, su amigo. Vaya, vaya, menudos giros que da la vida. Con razón y Hikari es su adoración, es la viva imagen del omega, quizás si Haru tuviera esa apariencia la oportunidad de tener algo con él seria alta, pero como no viene el caso… ella comera bastante bien. Asi que, lo lamenta mucho por Mariana, de atraverse ella a inmecuir su nariz donde no la llaman, saldrá herida.
— Ahora, solos somos tu y yo. — le sujeto del brazo sin ser posesiva. — lo anterior debo tomarlo como un si, ¿verdad?
— Aun no has respondido a mí pregunta. — retomó la conversación como si Mariana no se halla presentando, teniendo sus ojos muy agudos y atentos. — ¿qué vamos hacer?
— ¿Por qué tan impaciente? — inquirio con una sola ceja levantada, no recibió respuesta el peliplata se mantuvo firme en su posición. — Esta bien, mi querido Watson ¿te molesta si vamos a los vestidores de alfas?
— ¿No seria el primer lugar en encontrarnos? — pregunto, viéndose obligado a caminar detrás de la muchacha.
— No en esta hora. — giro guiñandole un ojo y presinando en sus labios su dedo índice, signos de confidencionalidad entre ambos.
« Claro, prometí indirectamente tener confianza en ella. »
Dejándose guiar por la mas pequeña, se dio cuenta que las pocas personas de los pasillos desaparecieron por completo, dejándolos enteramente vacíos incluso su entrenador no estaba, seguramente se encontraba almorzando con sus amigos, con… Mariana. Frunciendo el ceño, apreto mas el agarre en la alfa queriendo lo mas pronto posible el deshacer el ácido de sus sentidos, la inquietud en su corazón y el dolor de sus entrañas. Si entregarse a Irina significa alivio, lo haría todas las veces necesarias posibles, olvidaría su orgullo como hombre, como beta y como persona, nada le serviría si era triste al igual de desdichado. Haru solamente anhelaba a felicidad, ser libre de los grilletes amarrados a su entrenador, el delirio de sus sueños en las noche y el nombre por el cual dolia el pensarlo. Desde este instante, le cerraba los ojos a la realidad, al amor, al cariño y a Yuri. Poco a poco, su imagen desaparecía por completo quedandole nada, simplemente un vacío que nadie invaderia. Llegando a los vestidores, Irina lo abrió con toda la confianza del mundo demostrando no ser la primera vez en hacerlo, dibujando una sonrisa pintada de diversión empujo dentro al peliplata y cerro con seguro. El pobre Nikiforov fue a parar al suelo, donde la caida la amortiguo su trasero, aun sintiendo el dolor en esa zona alzo la mirada para reclamarle a la alfa encontrandosela de una manera jamas pensada. Una vez dentro, la rubia se deshizo de su chaqueta de la selección rusa arrojandola al suelo, seguidamente de pasar por encima de sus hombros una camiseta negra deportiva quedando en brasier, estos eran de un rosa chillón con encajes negros, muy diferente a su personalidad si deseaban una opinión imparcial pero hacia contraste con su piel, clara, delicada y aparentemente suave.
Ronroneando sonoramente, Irina dio unos pasos posicionandose encima del confundido quinceañero quien al sentir el movimiento de caderas sobre una zona delicada, reprimió un gemido apretando sus labios. No quería emitir sonido, no quería parecer un virgen desesperado y sensible, aunque eso efectivamente era, reprimiria a toda costa eso.
— ¿No tienes calor? Porque yo si. — le dijo con voz provocativa, suave y aprovechando para bajarle la cremallera de la chaqueta de él lentamente, dejandosela abierta. — ¿puedes inclinarte un poco hacia adelante? Me es incomodo quitarte la ropa de esa manera.
« ¡¿Qué ella qué?! »
— Mmm… eh… bien.
Con ojos inquisidores, Irina logro quitarle la chaqueta al beta, quedandole la camiseta blanca y unos molestos pantalones. Tampoco tenía prisa, este inocente chico de nervios evidentes, seria delicioso de comer lentamente, de acelerar las cosas se volvería aburrido. Además de que, este era el comienzo de todo. Inclinándose sobre el peliplata, se ubico debajo de su mandíbula lamiendole suavemente, memorizando el sabor que este emitía y disfrutando el momento. Por instinto propio, con una de sus manos sobre la camiseta busco su pezón, pelliscandolo. El beta se retorcio incomodo, diciéndole que él no era mujer ni omega para sentir placer por algo así tomandola por sorpresa, podría ser virgen pero poseia conocimientos de alguien abierto en este ámbito.
— ¿Qué esperas? — le respondió algo alterado — soy un hombre después de todo.
— Uno muy torpe, tonto y virgen. — le dijo ella con burla, separándose de su cuello y mirarlo a los ojos. — Es cierto que las mujeres y omegas sienten placer al pellizcar sus pezones, pero no son los únicos, veraz — sin pedir permiso alzo la camiseta de este hasta la mitad, recibiendo un reclamo de su parte. — los hombres tambien son sensibles en esa zona y te lo demostrare.
— ¿Demostrar? — alzo una de sus cejas, incrédulo — ¿Y como logra…? ¡ah!
Se callo, o mas bien, llevó sus manos a sus labios buscando tragarse las palabras dichas por si mismo hace unos segundos, porque la acción de esta mujer en ese instante no tenia explicatoria, menos definición. Admitía haber sentido incomodidad con la primera lamida, su lengua era húmeda y contra su piel le daba una sensación pegajosa, pero cuando entraron en acción su dientes junto sus labios fue otro cantar. La electricidad producida en esa zona le ponía los pelos de punta, provocandole retorcerse, junto a una olas de calor que buscaba sofocarlo y volverlo loco. De pronto, se vio atendido su otro pezón con los dedos de ella, lo retorcian, pellizcaba, jalaba y jugueteaba. Unos punzadas viajaron a su vientre, dolian, a su vez le agradaban, no sabia como colocarles nombre, simplemente…
— Te has excitado. — le sonrio, mirandolo a la cara como si halla hecho una travesura y se viese descubierta. — ¿Nunca lo habías esperimentado?
— ¿Qué…? — respiraba entrecortado, viendo a la chica quitandose sus zapatillas y medias en tanto se sentaba sobre él. — ¿… me has hecho?
— ¿Yo? Nada. — río divertida, ayudando al desinflado chico con su camiseta y tirandola lejanos. Quedándose desnudo del torso hacia arriba. — es solo la respuesta natural de tu cuerpo, mi querido Watson. Reacción fisiológica. Todo humano la posee.
Nuevamente una ola de placer vino hacia él como bola de demolición, destruyendolo por completo, vacío completamente su cerebro dejando las sensaciones nuevas: unas acariciando su pecho descubierto, labios rosas descubriendo su piel, ese suave peso encima suyo presionando su regazo y ese cosquilleo inestable en su vientre. ¿Como había vivido antes sin algo así? ¿sin experimentar claramente la sexualidad de su propio cuerpo? Acaso… ¿acaso el amor a Yuri le durmió? Puede, puede ser el caso. Desde pequeño Haru soñaba con encontrar su destinado, le importaba ser hombre o mujer, beta, alfa u omega, mientras compartieran sentimientos y se aceptaran tal cual como eran nada podría interferir. Observaba a sus padres, felices, llenos del uno del otro, con la capacidad necesaria de admitir a viva voz estar completos porque se tenían al otro, ocurrían malentendidos al igual que cualquier pareja, agregándole los días separados debido al trabajo. Aun así, seguían reencontrandose el uno al otro porque se amaban, veían seguramente en su pareja la mayor maravilla del universo, la creación suprema y la necesidad de permanecer junto a ella hasta el final de los tiempos. Allí justamente, en los ojos de ambos, finalizaban los conflictos, llenandose de sentimientos puros y completos de cariño. Si, el poder de los destinados. Haru sabía que jamas llegaría a tener esa conexión propias de alfas y omegas, proporcionada por la marca de estos últimos al momento de enlazarce en su primer celo o cuando estén listos, sea como sea, ella le permitía conocer los sentimientos o sensaciones vividas en el instante. Un ejemplo, su papá sabía a la perfección cuando su mamá estaba enojado, llevándolo a permanecer lejos y llamar al tio Chris buscando un consejo con la finalidad de reconquistarlo; una vez sucedió porque olvido comprar víveres para la cena, causando la casi tercera guerra mundial. Anna, obviamente, se carcajeo hasta desfallecer y ni hablar de Yuri, se escondió entre las hojas del diario del pais.
« ¡Entrenador Yuri! »
Reaccionando ante la imagen de su mente, Haru arqueo su espalda viéndose invadido de una sensación humeda en su entrepierna, respirando entre cortado vio sobre sus pestañas la imagen de Irina en medio de sus piernas, que por cierto se mostraban medio desnudas al estar su pantalón casi en sus tobillos, liberados seguramente por ella misma. En tanto ella, sostenía su miembro en sus manos, observandolo con ojos filosos, de total depredadora e introduciendoselo a la boca. El peliplata trato de detenerla, eso debía de saber asqueroso no es algo dulce para introducirlo allí, le daba tanta vergüenza verla hacerle eso, los colores se le subieron a la cara ocultandola detrás de sus manos, a la par de evitar salir cualquier sonido. Si, era asqueroso, pero como se sentía de bien. La chica aparentaba saber lo que hacia y él no es nadie para juzgarla, con tal, sigue siendo un tonto e ingenuo niño virgen.
« ¡Oh por mi…! »
— ¿Se siente bien? — ronroneo con deseo, mirando fijamente esos pomulos rosaseos. Era tan adorable, tan… apetecible. — porque mi querido Watson, este no es mas que el comienzo. De seguir conmigo, vendrás cosas mucho mas placenteras a esto.
Haru no dijo nada, volvió a cerrar lo ojos a todo, a los sentimientos de estar quizás comentiendo un error, el asesinar su “yo” puro y virginal ante un simple capricho porque su entrenador jamas le correspondería, porque, obviamente debía de desviar sus sentimientos hacia un lado y el camino aparentamente mas fácil, es este. Sosteniendo los hombros delgados de la chica gimió fuerte, claro, retumbando su voz en las paredes del vestidos y permitiendo finalmente a la chica tomar posesión de todo, incluso de su propio corazón. Tal cual como le prometió, le invadió sensaciones placenteras jamas antes vividas, sumplantando el sabor amargo de una mariposa rubia con alas transparentes que solo conseguía volar lejos de cualquier persona, inclusive su propia omega. Yuri era, es y sera un alma salve, completamente libre jamas debes obligarlo a quedarse tranquilo en un lugar, de lo contrario, este te demostrara sus atributos liberandose, desplegando sus alas y marchandose dejante vacío. Así se sentía Haru, vacío e incompleto en la eterna nada, con sentimientos abardados a una persona que en la vida, le entendería.
« Porque nada servirá… si solo yo te ame, Yuri. »
En otro lugar, Anna estaba por finalizar de afinar su violín para la presentación de esta noche, hace una hora atrás asistió a su clase extraordinaria con el profesor Levin, este siempre la impartía para cuando se daban las presentaciones especiales. Sus compañeros solían decir ser solamente con la finalidad de calmar tus nervios, aunque el hombre sea un beta ha adquirido la confianza de todos para tranquilizarlos; la manera de hablarles, tratarlos, la aura tranquila a su alrededor lo explicaba. Además, la habilidad de tocar el piano, era como si pudiese tocarte el alma y arrollarla en sus manos, parecido a ser una canción de cuna hecha por tu mamá, dejandote relajado y listo para enfrentar cualquier cosa. Muchas de sus compañeras, o alumnas en general, suspiraban por el profesor, existían las arriesgadas al tratar de buscar su atención fracasando en el acto al rechazarlas de inmediato, le preguntaba si es que tenia pareja o algo parecido, pero él solo contestaba con una sonrisa: “¿quien sabe?”. ¡Que frustrante! No es como si Anna este buscando ser correspondida, al pesar de haber experimentado raras escenas con el beta, conoce muy bien su posición y no pretende salir de ella. Imposible de salir. Moviendo su cabeza hacia los lados trantando de despejarla, coloca el violín en su hombro pensando que ahora si esta listo para ser tocado, cuando lo hace puede imaginarse los escenarios mas espectaculares posibles. Desde volver a su infancia, ser una princesa, la de las nieves debido a su apariencia y esperar a ese caballero de elegante porte que iría en su búsqueda, dictaminandole ser destinados. Anna toca con pasión, con dedicación, con anhelos, exponiendo sus mayores deseos en su musica y esperando despertar de esta amarga realidad, donde la fantasía jamas tendrá espacio. Nuevamente es imposible, lo sabe, ella no es la princesa de la nieves y… su cabellero de elegante armadura no sera Levin.
De pronto, el sonido de las teclas de un piano la desorientan de sus penas, llevándola a frenar su sonata de tormenta. Agudiza sus sentidos para poder escuchar mejor, y lo hace, los tonos de ese piano parecen apagados, fríos con el toque clásico de la tristeza, el dueño de ella no debe de estar muy lejos de aquí una o dos salones de su ubicación. Dejando su violín en el estuche, Anna sale del aula con pasos cautelosos, evitando ser descubierta y asustar al dueño de la canción melancólica. Abre la puerta llegandole de una manera mas claro el sonido, dejándole aun mas nítido que el dueño de este realmente esta pasando una pena, sobre todo, la dirección de este es correspondiente al salón del frente. Empleando una vez mas ser sigilosa, coloca primero un pie y luego el otro, usualmente a estas horas del mediodía nadie vendría a practicar a los salones de musica, menos a los de esta planta, al no ser que… Abriendo los ojos con sorpresa, la alfa olvida su postura de ninja y sale corriendo directo a la ventanilla de la puerta, donde efectivamente sus sospechas han cobrado vida.
« Es él… únicamente seria él. »
Cubriendo su boca previniendo cualquier gritillo de chica adolescente, la peligris se queda mirando a Levin con atención combinada con emoción, diria donde fuera ser su placer culpable era observar a su maestro tocar el piano; se vei tan puro, tan elegante, tan hermoso, tan atractivo, tan… ¿transparente? La Nikiforov bajo sus humos de fan de super ídolo y se centro en la realidad, Levin no aparentaba estar como de costumbre, deslumbrante y tranquilo, mas bien residía lo contrario, la expresión de su rostro se marcaba unos claros surcos, esos ojos hermosos opacos sin brillo, y la dulzura propia de su personalidad había sido suplantada por algo mucho, mucho mas oscuro como maligno. Levin podría no estar hablando, no lo necesitaba de hecho, pues su musica decía mas por si sola: frustración y tristeza. ¿Qué podría estar causándole tales emociones al beta? ¿qué podría llevar al hombre quien siempre transmite confianza a tal vacío? Decidiendo dar un paso hacia su encuentro, algo la detuvo, reduciendo a solamente a sostener la manija de la puerta en la mano, dejándola completamente congelada y pegada en el suelo.
« Esta persona… »
— No, no, así no es profesor. — le regaño una chica, no una cualquiera pues se trataba de la delegada de su clase, Katarina Contasnikova. Abriéndose paso para sentarse aun lado del hombre, muy, muy cerca. Anna se giro rápidamente contra la pared, cubriendo su boca para evitar salir cualquier exclamación. ¿Desde cuando Levin y ella se encontraban a solas? — Si lo tocas de esa forma sonara tan débil como una cucaracha.
— ¿Sabe que las cucarachas son mas fuertes de lo que aparentan ser? — le pregunto, sonriendole de una manera distinta, muy distinta a cualquier otra. Era… especial. — Muchos específicos mencionan sobrevivir al fin del mundo, claro, junto a las hormigas.
— ¿En verdad vas a hablarme de insectos? — inquirio incredula, dejando sus manos sobre el piano sin tocarlos — porque de ser así, tengo muchas cosas por hacer…
— ¡Aguarda! — la detuvo ante el repentino movimiento de la chica por marcharse, mostrándose casi desesperado y terminando ella sobre su regazo. — ¿por qué tienes que ser tan caprichosa? Solo quiero estar contigo un poco a solas, sin disfraces o tabus. Simplemente nosotros y la musica rodeandonos.
— No soy caprichosa — aclaro, soltandose del agarre del beta pero no parandose del regazo de él. — simplemente alérgica a la cursileria que te envuelve, Levin. Sabes mi naturaleza, una omega, y evidentemente las emociones crudas no me emocionan menos un beta.
En definición, esta no es una conversación que debería de estar presenciando, mucho menos espiando, porque era asunto de dos personas totalmente ajenas a ella. Bien, eso último puede diferirse de su profesor, que segun sus malos pensamientos, esta manteniendo clandestinamente una relación con una de sus alumnas, Katerina. ¿Algo qué decir de ella? Aparte de ser omega pura, posee una reputación envidiable por muchos, altas calificaciones, una genia total al momento de tocar el piano y… una lista enorme de corazones rotos detrás suyo. Odia catalogar a personas por su naturaleza, es decir, su mamá es un omega pero uno de lo mas limpios en todo los sentidos, en cambio Katerina… es de la peor. Aperanta serenidad absoluta siendo lo contrario, creyendo que por poseer belleza incomparable de cabello rubio como el oro rizado cayendo como cascada sobre su espalda, piel clara igual a la luna, ojos azul turquesa, figura pequeña pero curvilinea, en si, tiene apariencia de ángel al contraste de su personalidad, un demonio; considera tener todos a sus pies. Aunque, aparentemente consiguió obtener la atención del maestro Levin, quien parece estar totalmente rendido en sus encantos de lagarta. ¿Dolerle? ¡Que va! Mas lejos de ello, Anna siente una manada de rinocerontes trotando a toda mecha en su pecho, demostrando tener rabia, mucha rabia. ¡¿Qué tenia esa bruja que no poseia ella?! ¿es ser una omega? ¡¿se trata de eso?!
Apretando sus manos en forma de puño sobre su pecho, Anna observa desde el escondite provisional como la rubia cruza sus brazos detrás del cuello del maestro, mirandolo con diversión absoluta. En tanto él, la sostiene de la cintura aprovechandole acariciarle el rostro con delicadeza, esta especie de atención parece encantarle a la muchacha pues cierra los ojos con gusto, entregandose al sensación. Entonces, Anna ya no siente rinocerontes, no, han sido sumplantados por una bala a la velocidad de la luz, fría, mortífera y rápida en acabar con ella. Porque… ¡Demonios! Ambos parecen tan cercanos, tan intimos y siquiera buscar de involucrarse allí es imposible, como buscar una aguja en un pajar. Las fuerzas del cuerpo le abandonan, ya no es mas la imponente Anna Nikiforov la alfa modelo, autora o interprete, no, solo es una joven muchacha con mala suerte en el amor. Tan llano y simple como ello.
« Es por este motivo que me encerre en mi mundo, es por este mismo motivo que deseche mis sentimientos por Yurio, es por este mismo motivo que yo… »
— Siento agobiarte con mis problemas, Katarina. — se disculpa, juntando su frente con la de ella. — solo quiero que sepas de como me siento. Inseguro, poca cosa, mientras tu… tu eres tu, joven, hermosa y tan encantadora. No tardara en tener la atención de un alfa apuesto, a tu altura.
— Seria lo lógico. — se encoge de hombros, en tono de broma. — la naturaleza lo dice, no yo.
— Pero me escogiste a mi — dictamina determinado, separando su frente de la muchacha y viendola a los ojos — ¿no es así? Has venido a verme luego de todo, por encima de tus pretendientes.
— Por eso te digo, mi tiempo tiene valor. — comenta como si nada, muy descarada.
Levin no parece nada contento del comportamiento de la joven, frunce el ceño incomodo por las palabras de ella, sintiéndose cada vez mas inseguro, poca cosa porque al final de todo él seguirá siendo un simple beta, jamas podrá compararse con un alfa. Todo esto parece llegar a Anna, quien sigue observando el encuentro prohibido de su profesor con la delegada, deseando de ninguna manera ser descubierta o desplomarse en el suelo debido a la impresión, jamas en la vida hubiese imaginado tal escenario con su maestro.
— Katarina. — la llama, no suave o amable, es fuerte y demandante. — ¿Acaso soy solo un juguete para ti? ¿uno que puedes botar una vez deje de ser divertido?
— Por dios, sabes que no. — rodea los ojos bajandose del regazo de él, caminando en lineas. — eres… distinto a cualquier otro que he podido estar antes.
— Si es asi, ¿por qué te muestran tan renuente a mis sinceros sentimientos? — la intercepto, imitandola y colocándose en medio de su camino. — te he dicho que te amo, ¿es insuficiente para ti?
La peliplata suprime un jadeo, empezando a temblar igual a una hoja de papel, esta situación se volvió peliaguda. No deberia estar escuchando, no debería, no debería realmente pero… ¿por qué su corazón esta latiendo de manera inregular? ¿por qué su estomago duele? Sobre todo ¿por qué le cuesta el respirar? Oh, claro, el hombre que la libero indirectamente de su bloqueo romántico ha confesado amar a otra mujer, que definitivamente, no es ella. ¿Pueden imaginar lo jodido que resulta todo esto? ¡¿Pueden hacerlo?! Porque ella, no.
« Dios, no, por favor, no otra vez »
— Levin, sabes que ese no es el problema. — evade la pregunta, mirando a otro punto de la habitación inquieta.
— ¿Entonces cual? — le obliga a mirarlo, comenzando a enojarse. — ¡¿Cual es?! ¿qué soy tu profesor? ¿qué eres mi alumna? ¡¿O le temes a que estemos destinados?!
« No, ya no puedo mas… »
Deslizándose de la misma manera que sus amargas lágrimas, Anna cae al suelo sin hacer ruido alguno al momento donde la pareja encerrada en el salón sigue discutiendo, ella ya no desea escuchar mas o ver mas le parece suficiente. Otra vez, la vida le ha ensenado una lección donde el amor o destinados, esta lejos de su alcance, porque volver a equivocar al elegir la persona digna de su afecto. Sucedió con Yurio y ese amor infantil lleno de recuerdos buenos como malos, ahora con su profesor de composición que parecía estar enredado con una alumna, la cual, le temia enormente al compromiso y enlazarse con un beta que jamas sera un alfa.
« ¿A quien le importa? ¡¿A quien mierdas le importa?! Al menos… al menos tienes su atención, en cambio yo… yo… »
¿Qué tenia ella de Levin? Nada, en lo mas mínimo, la completa y eterna nada. Igualmente jamas tendría algo, siempre supo su posición y aunque quiso soñar termino cayendo estrepitosamente al suelo, donde su frías garras la atraparon. De pronto, se dio cuenta que la descusión ceso dejando un entero silencio, tuvo miedo de posiblemente ser descubierta levantándose enseguida y mirar a la ventanilla, terminando finalmente de presenciar lo que culminaria con sus sentimientos de golpe. Eran ellos, Katarina y Levin juntos, muy juntos, besando sus labios con desesperación como si el mundo se fuera a acabar, o en su perspectiva, fuese a separarlos. Anna ya no pensaba, menos respiraba, las lágrimas antes saladas empezaron a ser acidas, tal cual a su dueña que fue reducida a pedazos. Ya no estaba mas la gallarda alfa, como sustituta, quedo la sombra de lo que antes pudo ser. Dejando atrás todo, esa horrible imagen, su dulce ilusión y la practica de violín para la presentación de esta noche, la peliplata camino con pasos lentos y torpes a cualquier otro lugar lejos de ese infierno. Los pasillos se volvieron oscuros, el clima mas frío al usual, los cuadros de las pared en sombras y la pintura mostaza en negativo, parecido a de las fotos de antes. La vida perdió el sentido de ser, el día su luz UV, el niño la sonrisa inocente de quien descubre algo maravilloso y ella… ella lo perdio todo nuevamente. Ambiciones, corazón o sentimientos, quería despertar de esta terrible pesadilla sacada de un libro de horror. Pero no, no lo haría, esta es la realidad la cochina y horripilante realidad.
« No… no… ¡No puede ser! »
Viéndose al final de un pasillo totalmente deshabitado frente a una ventana pequeña, Anna aprieta sus puños sacando varios sollozos entre labios, allí nadie puede escucharla, menos juzgarla. Se encuentra sola, rodeada de la fría compañia del aire y ese ambiente gris típico del cielo de San Petersburgo, vuelve a ser la niña que la intimido un trio de brujas al tratar de llegar a su mamá, se encuentra indefensa, vulnerable, sobre todo, sola. Si, la palabra que desde siempre le parecio una total bendición, pero no puede estar mas equivocada. La soledad no es la respuesta a todo tus problemas, menos tu salvación, en realidad, viene siendo lo contrario. Cayendo al suelo de rodillas en un golpe seco, Anna llora desolada a la tristeza, al desamor, a la soledad, a… las memorias que jamas podrán ser. Llora teniendo en mente su imagen de cinco años en todo momento, deseando únicamente ser arrullada por su mamá, ese encantador hombre de ojos caoba igual a los de su hermano menor Haru, la presencia viva de su padre que mataría quien osara siquiera a dañarla.
« Oh demonios, los extraño… ¡Deseo verlos aquí conmigo! »
Pero no puede hacerlo, sabe su responsabilidad ante el curso entero con el recital de esta noche, desaparecer sin dejar rastro sería una total mala jugada de su parte. Aunque este muriendose literalmente por dentro, abandonar no esta en sus planes y ni lo estara. Quizás ver a sus padres sea imposible, pero si puede tener algo, una llamada rápida a uno de ellos. Controlando las temblores de su pulso, logra sacar del bolsillo de su abrigo largo su móvil desploqueando la pantalla, y es cuando lo observa detenidamente la imagen que tiene. Es ella junto a Haru, se encuentra sonriente, feliz de la vida sosteniendo y mostrandole a las cámaras la medalla de oro del GPF junior. Jamas se cansaria de decirlo, ese peliplata casi parecido a ella es su entera adoración, su primer hermano menor y la promesa de cuidarlo hasta los confines del infierno, con tan, es sangre de su sangre. Detallando esa apariencia propia de su padre, ¿por qué? Igualmente suya, pero con un detalle diferente esos ojos, caobas, inocentes y puros la marca personal de su mamá. Desechando su plan original, marca el número de memoria de la pequeña criatura que desde su concepción, la adoro. Sus quejidos persisten, igual a sus temblores, los latidos de su corazón llegan a sus oidos desalentandole completamente, haciéndole pensar que tal vez este llamando a la persona equivocada, Haru es solo su hermano menor e inexperto en el ámbito romántico. Sin embargo, una voz dentro suyo le dictamina desear escucharlo, si, sentir aunque sea de lejos a alguien que la ame por mucho sea de manera maternal.
Al pasar los pitidos sin contestar nadie, la ojos celeste solloza desesperanzada creyendo encontrarse totalmente sola en ese mundo, sucumbiendo a los pesares guardados en su corazón. Pero no, se ha equivocado, la voz de su hermanito llega a sus timpanos algo sofocada, agitada y confundida, regalandole un poco de tranquilidad.
— ¿Anna? — pregunta, como no creyendo estar escuchandola — ¿ha sucedido algo? Usualmente… no me llamas, menos al momento del almuerzo.
La joven suelta una risa hiposa, mitad llena de mocos gracias a estar llorando, y la otra mitad llanto, ese que al pesar de los minutos no ha parado de cesar en ser aviso y doloroso. Haru parece percibir el pesar de su hermana, inmediatamente reacciando alarmado.
— ¿Estas llorando? — exclama asustado, moviéndose aparentemente de su sitio recibiendo la critica de una voz femenina, restandole importancia. — ¿Ocurrio algo? ¿estas herida? ¿es muy grave? Anna, por favor dime lo que sea, estas asustandome.
Ha… allí lo tenían, las paranoias de su inocente hermanito de ojos cautivadores, podía hasta imaginarlo sentado en la cafetería del centro de entrenamiento, olvidando quejas de sus compañeros o Yurio, solamente para prestarle atención a ella y buscar la razón de su llanto. Amaba mucho a su familia, realmente lo hacia, porque era el oasis en tanto infierno personal, la liberación completa. Respirando un par de veces tratando de controlarse, logro de pensar unas palabras coherentes para su hermanito.
— Nada pasa, estoy bien. — fingió una voz decente, nada patosa o cogestionada. — solo pensé “oh, Haru debe de estar hecho un lio con Hika-chan, tal vez fui muy ruda con él hoy. Me disculpare.” En verdad lo fui, lo siento… lo siento mucho…
Sus fuerzas se quebraron, debiéndose a la tarea de tapar su boca con la mano, en un intento débil de reprir un sollozo, quedandole corte. El sonido salio, no muy fuerte, quedándose en un simple quejido pequeño.
— No me lo creo, estas llorando. — respondió el quinceañero dudoso, descubriendo a la ojos celeste de inmediato. — Anna, me subestimas mucho, recuerda que eres mi hermana y te conosco demaciado para percibir cuando me ocultas algo o no. Claramente, este es uno de esos casos. Asi que dime, ¿ocurrio algo?
La muchacha a veces no recordaba que Haru era en personalidad igual a su madre, intuitivo, perspectivo a todo lo de su alrededor, por otro lado, ella se asimilaba a su papá, aunque igualmente es observador, es mas de impulsos que de pensamientos. De sentir algo simplemente lo dice y ya, de querer algo, va en su búsqueda importandole poco la opinión de los demás. ¿Por qué la situación con Levin no podía aplicar eso? Seria tan fácil, sencillo… pasar encima de todo solo por su objetivo. ¡Pero claro! Es en ese instante en aparecer su lado sensato, Anna sabe que no puede obligar a nadie a corresponderle, los sentimientos son libres y expontaneos, a medida de avanzar en el camino nacen o mueren, todo depende del tipo de persona a la que van dirigido. En su caso, su profesor claramente valia la pena, el problema residía en dos cosas. La primera, ser simplemente su alumna, y la segunda, ya esta destinado a otra persona. Dolia, dolia mucho donde se encontraba su corazón, o los restos de este, quedando un intermitente hollo negro, oscuro. A veces, los amores platónicos se convierten en amargos, dolorosos, para posteriormente quemarte hasta los simitos. Este, sin dudas, es su caso.
— Haru… ¿alguna vez creiste tenerlo todo cuando jamas lo has tenido? — le soltó, reprimiendo un quejido lastimero. — porque yo si y creeme, la caida es tan dolorosa que apenas podras respirar menos levantarte.
Mas tarde, ese mismo día Anna Nikiforov se encontraba tras bambalinas del anfiteatro de la universidad, un lugar capacitado para realizarse cualquier acto organizado por los alumnos. Hoy particularmente se hallaba vestido de gala, adornado de elegancia con colores dorados y vinotintos, prendidos sus calendabros con simuladores de velas, arañas radiantes acompañados de piedras preciosas y toda esa lluvia de lucesillas en sus balcones. Parecía navidad. Todos los alumnos a presentarse corrían de un lugar a otra nerviosos, anciosos por mostrarse al público, las voces de chicas preguntando si no estaban despeinadas, si sus vestidos no estaban muy cortos o su maquillaje nada escandaloso. Los chicos con sus trajes negros de gala, bromeaban alegres para dicipar los nervios de las féminas y otros, tatareaban composiones famosas borracho de la dicha demostrando mucha determinación y confianza en si mismos. En tanto ella, sentada aparte frente una peinadora, mirandose fijamente al espejo y notando la expresión sobria del desamor, el dolor primitivo en sus entrañas y las pocas ganas de seguir adelante. El elegante vestido largo blanco de piedrecillas preciosas, resaltaba aun mas el tono de su cabello, poseia un escote nada revelador solo permitiéndole ver sus hombros agraciados y delicados, adquiriendo la apariencia de una princesa como de costumbre, de las nieves. Su cabello peinado hacia atrás por una tiara a juego con los zarcillos de gotas plateados, le daba un toque de sofisticacia y elegancia, donde los razgos angelicales se alzaban con todo el impetud posible. Junto ese maquillaje sencillo, nada explotado debido a la verdadera belleza de la joven Nikiforov siendo natural, no necesitando ser demaciado explotado. Con todo y esa apariencia de alfa magestuosa, no servia en lo absoluto para levantar su animo partido en dos, inrevocablemente dañado. Aunque esta tarde hablo un poco con Haru, su muy buen hermanito menor demaciado maduro para la edad que poseia, le sirvió como un catalizador, el alivio duro solo unos instantes, las punzadas después aparecieron mas imponentes e implacables. Con ellas, las figuras de un Levin aparentando total tranquilidad junto a Katarina, conversando en los pasillos como si nada de lo ocurrido en ese salón paso.
Dolia.
Dolia.
¡Dolia un montón!
Busco a sus amigos intentando centrarse en el resital, al menos logro un poco su cometido en tener su mente ocupada en algo productivo, pero una vez mas Levin apareció queriendolos ayudar con los acordes de piano, como si fuera poco tener a Katarina haciéndolo igual. Teniendo como consiguiente fallar en varias notas de su violín, ganándose varios regaños de sus compañeros, mas aun, de sus amigos mandandola a salir del salón y tomar aire. Quizás la presión del resital le llego, siendo un total desconcierto pues ella siempre aparenta tranquilidad en momentos de presión, aunque este puede ser la excepción. Pues bien, lo que quedo de tarde se la paso vagando de un lugar a otro sin destino definido, sufriendo ccomo una condenada las penas de un corazón roto. Podría querer volver a ir con los demás, pero su mente entera no se encontraba preparada para enfrentar a la delegada, menos a Levin, a él entre todos. ¿Como hacerlo de todas formas? ¿mas cuando vio su verdadera faceta? No, lo lamentaba mucho pero, realmente le costaba agregándole las imágenes de besándose con una de sus alumnas, diciendo amarla y ser su destinada. ¡Demonios! No quería volver a llorar, menos ahora estando a segundos de presentarse en ese escenario, seguramente ya todos sus conocidos se encontraban esperando a verla. Haru, Hikari impaciente por su incapacidad de quedarse tranquila, Yurio despotricando improperios al hacerlo vestir de gala y esperar tanto tiempo, Mariana intentando localizarlo, los amigos de ellos, los Altin que venían de visita y ese sentido del humor de Mila, o mas bien, su don de enfadar a cierto rubio gruñon. Sin saberlo, dibujo una sonrisa en sus labios color cereza, las imágenes de un Yurio sobre la cabeza de la mujer con super poderes aparentemente, llenaron muchas partes de su infancia todo debido a ser llamada “vieja bruja”. Según Haru, eso ocurrió en horas de su practica antes del descanso, quedando totalmente desencajado por tal audacia de la fémina al poder levantarlo. Generalmente ese seria su secreto, ahora y para siempre.
— ¡Cinco minutos para dar comienzo! — anuncio un encargado del staff, devolviendola a la realidad.
Anna agarro varias cantidades de aire reteniendolo en sus pulmones, para luego liberarlo lentamente, repito esta acción hasta sentirse satisfecha. No podía decepcionar a esas personas afuera, menos a sus conocidos, podía sentirse completamente fatal pero… la función continuaba, con él o sin él. Dolia, efectivamente, frustraba, sin pensarlo, pero ella es una alfa, mas que alfa es una Nikiforov y los Nikiforov jamas se rinden sin antes luchar. Porque aunque toques fondo, eventualmente saldrá un rayo de luz permitiendote iluminar tu oscuro camino y así impulsarte hacia adelante.
— Veo que la señorita Nikiforov se ve mas tranquila. — esa voz la asusto provocandole tocer, miro el reflejo del espejo y entonces las punzadas de dolor se incrustaron en su estomago, recordandole lo de esta tarde. Se helo de pies a cabeza, perdiendo la capacidad de hablar. — ¡Oh! Estas volviendote pálida, ¿no estaras contrayendo un resfriado? Porque no tienes buen aspecto, quizás…
Levin, su profesor y dueño de sus tormentos, se alojó junto a ella intentando tocar su frente en búsqueda quizás de temperatura, cosa que activo las alarmas de la alfa. No quería que la tocara, no con esas mismas manos que lo hacían con ella, con Katarina. Rechazandolo de manera inmediata, Anna se corrio hacia atrás mirando con ojos despectivos a su profesor, quien a su vez no podría creer tal acción de su alumna. Ella siempre ha sido total rendición hacia él, al pesar de aparentar ser una alfa en todo el sentido de la palabra, podría sonrojarse con facilidad delante suyo.
— ¿Señorita Nikiforov?
— No tiene porque preocuparse, profesor. — cerro los ojos con total indiferencia, apacarando solo para ella misma ese dolor quemando sus entrañas, era solamente suyo y nadie se lo arrebataria. Menos él. — me encuentro bien, solo ha sido una baja de tensión. Nadie a muerto por ello.
— Con mas razón debería de atenderte alguien. — insistió, acaparando su campo de visión. — es inusual que una alumna como usted tenga este tipo de reacciones, eres de las que permanecen tranquilas ante cualquier evento. ¿Acaso…? ¿acaso le ocurrió algo para comportarse de esa manera?
« Maldición, hasta me conoce en este grado de profundidad. ¿Por no te ocupas de Katarina? Después de todo, es tu destinada.»
Anna tuvo que morderse la lengua para no sacar ese pensamiento, pero no se privo de fulminar con la mirada al hombre tan descarado, porque mientras intentaba seguir fingiendo ser el “maestro” modelo seguiría siendo un pobre diablo encaprichado con una alumna, con una zorra de cuarta. Suspirando como si estuviera cansada de esta situación, Anna rodeo con los ojos a Levin lenvantandose de su asiento y dejándolo atrás, sin decir nada mas. Por su parte el beta viendo la agraciada curvatura de la espalda de la peliplata fruncio el ceño, comenzaba a intrigarle el movimiento corporal de ella pues parecía estar incómoda con su presencia a su lado, fastidiada casi como… si le odiara. Giro su cabeza hacia los lados riéndose internamente de su propia locura, era imposible que alguien como Anna Nikiforov le detestara, si al percibir esos ojos color del cielo te dabas cuenta del cariño y admiración que le poseia, ni hablar del titubeo en cada vez en intentarle sacar una palabra. Katarina solia colocarse muy celosa al escucharlo hablar de la alfa, ¡pero era inevitable! Anna era una dulce e inocente criatura con cualidades extraordinarias, no solo su enorme talento al tocar el piano y violín, sino esa sensibilidad al tratar con sus semejantes importandole poco ser betas, alfas u omegas. En su perspectiva simplemente resaltaba ser seres humanos, compartiendo un mismo espacio y en su visión, una misma pasión. Obviamente, en esa brillante criatura no existía el odiar, ni lo conocería, en ella solo existe…
— ¡Aguarde señorita Nikiforov! — siguió detrás de ella, siguiendo la estela de flores que dejaba. Pudo haberla llamado, pero en ningún momento se giro solo siguió su camino, quizás no le escucho existía mucho ruido a su alrededor. Eso tampoco lo detuvo, la siguió insesantemente hasta conseguirlo, pues la tomo de su brazo y la giro a su dirección. Nuevamente, esas hermosas gemas zafiro proyectaban enojo. ¿Por qué? — Escucheme, podría sonar algo fastidioso pero solo lo hago por su bien. La salud deberá ser antes que cualquier cosa, incluso este recital.
— Y… — soltó sin emoción, sonaba hasta vacía.
— Usted me preocupa, desde siempre lo hará. Digo, es la señorita Nikiforov de la que estamos hablando. — comento con algo de galanteria, muy bajo de su parte, pues podría tener dobles intenciones pero necesitaba verlas. Si, esas borleados pomulos pintados de carmín.
Para su sorpresa, no llegaron. Anna deshizo el agarre fácilmente seguido de una mueca incredula, correpción, era una muy asquerosa mueca de desprecio o incredulidad, no sabía definir con ciencia exacta por mucho de estar cerca de ella. Después, acariciando donde antes la toco le miro una vez mas, en esta ocasión, le llego la amenaza letal de una alfa. Mortífera y furiosa.
— Profesor, ¿no sabe usted que las mentiras son consideradas una de los siete pecados capitales de las razas? — apunto medio sonriendo, destilando una aura clara de ironía. — de utilizarla mucho, podrían condenarlo y eso nadie quiere. ¿Verdad? Estamos hablando del maestro Levin luego de todo, el mas amado entre los docentes de esta universidad.
— A… — intento decir su nombre como último recurso, saliendo bastante mal la cuartada.
— Asi que, se le pediré amablemente. Pro-fe-sor. — se le acerco dándole leves toques a su pecho, mientras decía silaba por solaba las últimas palabras. — no venga hacia a mi con sus absurdos discursos vacíos, lleno nada mas que aire, donde efectivamente usted no lo siente.
— Eso… ¡eso no…!
— ¿Es cierto? — termino sus palabras, soltando una carcajada seca abriendo los ojos impresionado de la nueva imagen de la peliplata, pues la desconocía por completo. — ¡No sea absurdo maestro! Quizás en el pasado halla caído en sus… encantos de pirata, pero se acabo, se termino para siempre.
Anna giro sobre sus talones, esperando dejar este conversación sin sentido alguno atrás, había tenido suficiente de los ataques superficiales de este hombre solo para elevar su propio orgullo. ¡Si ya tenia a Katarina! ¿para que joderle la existencia a ella? Porque eso hacia, joderle la vida y volversela cuadritos. No, tiraba la tualla con este asunto, de ahora en adelante mataría cualquier sentimiento dirigido a una persona lejos de su familia, bastaba con verle la cara dos veces de idiota, ya a la tercera seria mucho. Sin embargo, no conto que Levin vendría a ella con toda la fuerza del mundo, sujetandola de ambos brazos y girandola para quedar frente a frente. Su rostro reflejaba desconcierto, como si estuviese presenciando una persona totalmente diferente a la que ya conocía. Anna sentía ese agarre quemarle la piel, tener un contacto asi tan cercano le dolia aun mas, porque solo significaba el seguir queriendolo igual a una loca y no ser correspondida. ¿Por qué no podía dejarla sola? ¿por qué volvía a atormentarla? Si solo… si solo… ¡si solo pudiese borrar su existencia de su pecho! Las cosas serian tan fáciles, tan… menos dolorosas. Pero no, a él parecía valerle poco mostrarse ante ella con ese porte de caballero de las hadas, insistiendole a verse por una total tontería que él mismo le indujo. Embrujandola con palabras bonitas, pero vacías, detrás de ellas no existía nada. Y eso, le llamaba un octavo pecado capital, peor a los anteriores.
— ¿A qué se refiere con eso Anna? — pidió saber ceñudo, no liberandola en ningún momento y reteniendola a su lado.
— ¿En verdad va a insistir con esto profesor? — lo imito en su tono de voz, alzando una sola ceja.
— Si, porque usted misma me ha llamado un mentiroso. — aclaro, mostrando un poco su enojo. — y dejeme decirle, que desde siempre me he preocupado por usted como con cada uno de mis alumnos. Son apreciados y especiales, jamas mentiría con eso.
« Ah… eso era lo que me faltaba, la buena dosis de realidad. Porque al final de todo, soy y sere su alumna. »
Riéndose de su propia estupidez de creerse especial para Levin, Anna se trago sus lágrimas para si misma bajando la cabeza hacia un desconcertado beta, que tomo el comportamiento de la joven como algo producto de los nervios. Quizás entre la audiencia existiera alguien capaz de colocarla de esta forma, insegura, frenética y fuera de sus sentidos. No debía tomarlo personal, después de todo, su trabajo es entender a sus alumnos y guiarlos por el camino correpto. Aunque Anna Nikiforov muy en el fondo para él fuera especial o distinta, debía mostrar imparcialidad en todo momento, no puedes tener favoritismos y eso es en cualquier parte. Por lo tanto, sino le funciono su usuales palabras de doble sentido, quizás un punto mas neutral si lo haría.
— ¡Listo! ¡todos a sus sitios por favor! — el miembro del staff volvió a anunciarse, llamando para que entraran a escena.
Levin un poco mas relajado, pero no por completo, dio un paso hacia atrás liberando a la alfa de sus garras sonriendole con solidaridad. Hasta los soldados mas fuertes del mundo tenían sus momentos de debilidad, Anna jamas seria la excepción, sigue siendo humana al final de todo.
— Llego la hora, señorita Nikiforov. — le animo con un tono de voz suave, aterciopelada y dulce. — diria “buena suerte” pero no la necesitas, eres brillante y te llevaras los corazones de todos en tu bolsillo al finalizar la presentación. Lo certificó.
Soltando una risa amarga, la ojos zafiro levanta su cabeza mostrando una expresión triste, vacía diferente a la furiosa de hace unos minutos. Levin sin entender siente un dolor fuerte en el pecho al verla, como si de alguna manera le halla llegado la desdicha de la joven, aunque trata de ignorar medio sobandose en la zona de dolor porque no posee derecho alguno de tener ese sentimiento, solo podía experimentarlo viendo de su destinada y esa es Katarina, nadie mas.
— Profesor, por favor una vez mas no use palabras vacías. — esta vez Levin no replica, se queda callado acariciando su pecho deseando liberar ese dolor inquietante, es… molesto, muy molesto y… parece no querer irse. Anna, simplemente sonrie de soslayo mirando como corren sus compañeros de un lugar a otro nerviosos, ha llegado el momento de unirse a ellos. — ¿Puede consederme un pedido egoísta solo por esta vez?
— Si esta bajo mi alcance, lo hare. — acepta y solo porque no tiene corazón para rechazarla.
— En la parte de mi solo, no se concentrese en nadie mas. — da unos pasos lejos de él, mostrandole simplemente su delicada espalda. — fijense en mí, solo en mí y escuche muy bien las notas porque… realmente las siento.
Sin mas Anna se marcha dejando al beta en medio del personal del staff, quedo concentrado en la figura de hada del invierno que posee la alfa, al pesar de tener apariencia delicada no lo es en lo absoluto y le causa un poco de desazón. En un principio pensó que la Nikiforov necesitaría protección, aparentaba un rostro lleno de seriedad, serenidad y confianza a su alrededor, comodines seguros de una líder nata de grupo. De hecho, tuvo la oportunidad de ser la delegada de curso en varias ocasiones, oportunidad que rechazo dignamente, ella solo deseaba ser una normal estudiante de musica y dejarse llevar por lo que le apacionaba. Desde ese instante, Levin creyó ver alas transparentes en la espada de la chica, podrían no ser muy notorias como en las demás personas, pero brillaban en una intencidad que solo lo harían con ella. Y justo ahora, juro verlas una vez mas, solo que esta ocasión se aleteaban intensamente con ganas de despegarse, andar libremente lejos de todo ser humano mediocre que osara a detenerla. Anna nacio para hacer historia, no para quedarse situada en un sitio definido, sino de llenar al mundo con su brillo y así jamas regresar. Nuevamente el dolor incomodo en su pecho se intensificó, picaba, ahora picaba y no sabia realmente como reaccionar a esto. Es decir, todo le llevaba a una sola persona que era su alumna, la mas talentosa de todas, incluso la misma Katarina, donde su belleza mortífera quedaba ocapada delante suyo. Anna era tan hermosa que temia alzar sus manos y traspasar su imagen, dejandole un simple holograma creado por las mentes del hombre.
« Ella no es un hada, es una mariposa. Efímera y majestuosa. Sobre todo, libre. »
Por ende, nadie podía acapararla.
Los aplausos del público no tardaron en esperar al mostrarse todos los músicos en escena, las personas tomaron asiento en tanto un peliplata particular se abría paso entre ellas, era un total milagro llegar a tiempo desde el aeropuerto al resital. Escuchar la voz preocupada de Haru al teléfono le dio mucho por pensar, agregándole que lo hizo debido al incentivo de Yurio, su entrenador. Anna estaba actuando extraño, demaciado en alguien que desde pequeña aparentaba control y serenidad ante cualquier circunstancia, excepto a esa ocasión de ver como hablaban mal de su mamá. En realidad, fue una situación justificable, a ningún niño le agradaria escuchar cosas malitencionadas del ser que lo trajo a este mundo, la reacción seria propiamente el llanto. Aunque, en esta ocasión, su hermano menor no tenia ni la mas mínima idea del porque lloro, lo llamo y converso con él de temas triviales, teniendo la finalidad de desviar su atención cuando en realidad era otra. Busca a gritos la atención de alguien. Tampoco es que Anna vaya a contactarlo, menos a Yuuri, conoce perfectamente a esa chiquilla para tratar de manejar sus problemas ella misma, sin la necesidad de conversarlo con alguien mas. En eso se parecía a él, si, cuando creía que en la soledad encontraría las respuestas hechas desde su alma, siendo lo contrario, porque si te sumerges en ella no significa hallar lo mas anhelado. Si, consigues calma, pero no descifrar incógnitas.
— ¿He llegado a tiempo? — pregunta con voz baja, viendo la cabellera inconfundible de Yurio y pidiendo disculpas a las presentes en tratar de ver el resital. — espero y no, el trafico ha sido un horror.
— pa… ¡Papá! — mascullo una voz infantil, Hikari, alzando sus bracitos hacia el hombre de sonrisa de corazón. Viktor Nikiforov.
— ¡Allí mi bebé! — musito sin elevar mucho la voz, sujetandola y sentandose finalmente.
— Si, justamente a tiempo. — susurro Yurio, quien tenia a la pequeña a su lado Mariana y Haru, le saludaron de lejos ni hablar de los Altin. Quienes aparentemente vinieron de visita. — apenas estan presentando a los alumnos, mira allí esta Anna.
Efectivamente, junto a los instrumentos de cuerda, estaba su hija vistiendo un hermoso vestido de hombros descubiertos color nieve, el cual, resaltaba aun mas su apariencia de princesa del invierno. Al pesar de transcurrir el tiempo en ella, en sus ojos su pequeña seguía siendo esa adorable criatura de sonrisa risueña, expresión aventurera y mirada de cielo. En conclusión, siempre seria su princesa de cuento de hadas y quien intentará dañarla, mas le valia salir corriendo por su vida porque trapiaria el piso con él. Ese era el instinto de alfa sobreprector, mas de tratarse de un de su cachorra, ya no tan cachorra de veinte años. Al hacer la usual reverencia, Viktor aplaudió con todo el entuciasmo posible, quizás no poseia esa conexión nata de los madres omegas con sus hijos, pero desde su perspectiva la muchacha no aparentaba encontrarse bien, su rostro estaba bañado en una sombra de tristeza, o mas bien, dolor. Sin perder su usual buen humor, el peliplata apreto sus puños con impotencia, tenia muchas ganas de golpear al causante de tal expresión en su hija, no podía ser nervios debido a la presentación pues ella desde siempre a amado tocar el violín. Ni mencionar el piano, desde asistir a su primer resital, sus ojitos azules transmitían una alegría contagiosa e inegualable, los buenos comentarios vinieron de la mano de los aplausos, asistir a un resital tan entuciasta como ese daba ganas de asistir nuevamente una, otra, otra mas. Luego de todo, esa aura clara de los niños es tranquilizantes. Ahora en el presente, podría ya no ser Anna una niña de cinco años, pero todas sus canciones emiten emociones esperanzadoras, desde la alegría hasta la emoción y claramente ese concepto, no parece aplicarse ahora.
— ¿Esta realmente bien? — dijo Mariana con voz baja a Yurio, quien mantenía una expresión pensativa en el rostro. — parece estar apagada, ese no es su estilo.
— Escuche que van a trabajar con un tema diferente, — le explicó imitando el mismo tono de voz, mirando de reojo a Viktor. — hasta en eso se parece a su papá al ella misma proponerlo. Creo que se llama…
« Sonata de una tragedia » pensó tras bastidores Levin, mirando concentrado como en un sutil movimiento del encargado de dirigir al grupo, empezaban las claras notas del coro acompañado de los instrumentos de viento. Era extraño verlos interpretar sonidos suaves, tranquilos, cuando se han caracterizados en emplear tonadas alegres y vivaces. Esta ocasión, parecían resaltar las memorias tristes de todos ellos, con esto se refería a esos amores imposibles de la adolescencia, ya saben, la diferencias de edad, la oposición de las familias y hasta la misma naturaleza. Todos hemos vivido un amor imposible, esos que solamente puedes ver de lejos, contemplarlo tal cual fuese una rosa con espinas, porque de tratar tocarla saldrás inmediatamente herido. Levin podría ser un claro ejemplo de ello, corriendo detrás la estela de su alumna, Katarina, una omega de dulce apariencia pero tan mortífera como un león. Seria franco, amarla se le ha hecho tan difícil, tan pesado, tan… agotador; pero no puede abandonarla, aunque deseara hacerlo jamas lo haría. Sabe que es un masoquista, pero cuando realmente amas a alguien con el corazón como él lo hace, esa palabra pierde cuidado. Aun asi, ¿qué sucede con Anna? Nada, jamas va a pasar algo, es su alumana, una muy especial con apariencia brillante de mariposa multicolor inalcanzable, que en la vida puedes osar a tocar. Podría experimentar extraños sucesos con ella, mas lo del dolor agudo en su pecho, pero no significa nada, nunca lo hará.
« Porque, ella es sagrada »
Finalmente llega su momento del solo, sus movimientos de muñeca, las notas musicales y la expresiones de entre absoluta a la pasión del momento, terminan por sepultar todo lo experimentado con Levin. Esas sonrisas, las palabras dichas con dobles intenciones, su ingenuidad al creer ser especial y esa última conversación. Dolorosa, cargada de lo que ha cargado hasta el presente, el deseo de ser observada al menos una sola vez por sus ojos, que se de cuenta de la realidad de su sentir. Porque al final de todo, esta Sonata de tragedia es únicamente para él, donde su corazón a muerto ante la abrumadora realidad de ser rechazada; no directamente pero si indirecta. Siendo mas doloroso. Anna alarga mas las notas, quitandole a una que otra persona en aliento, abargandoles esa expresión de total desconcierto. En su mente recreo una historia de ese recital, donde una joven dama de alta sociedad se ha enamorada de un simple cadete, su familia le impide salir con él de encontrarse, pero eso jamas le impidió seguir con su amorío clandestino. Aunque el desenlace es tragico, al ser abandonada en las horillas del riel de un tren en desuso, por aquel hombre que una vez quiso y le entregó cada partícula de su ser, quien le engaño vilmente con otra mujer del mismo circulo de ella siendo un acto su suma maldad, ella quedo satisfecha de poder haber experimentado el sentimiento del “amor” y se quedara con ese recuerdo. Si deseaban su opinión, es ridículo su posición, debió buscar a ese desgraciado para colocarlo en su lugar y aquella víbora… ¿a quien miente? En estos momentos no tiene esa energía explosiva, menos la tendrá próximamente, por lo tanto lo máximo en hacer seria llorar. Asi que, en lugar de eso hará una promesa consigo misma, no volverá a dejar a ninguna personas entrar a su corazón para arrebatarselo, menos jugar con él a su antojo, de encontrar eso del destinado lo desechada de lado. Una alfa como ella no caerá en eso de nuevo, porque desde su nacimiento su único amor es la musica, el propósito en la vida en llenar el mundo de sus creacciones y sorprender al público tal cual a sus padres.
Tragandose las ganas de nuevamente llorar, es acompañada por sus compañeros junto a sus instrumentos en señal de esperanza, porque podría ser triste esta sonata pero no todas lo son, aun mas, las historias con finales tristes dan paso a otras donde las personan logran algo mayor al amor. Porque lo que le ha faltado en todo este tiempo a Anna no es una pareja, no, sino lograr aceptarse a si misma tal cual es. Sonriendo al tener al lado una de sus amigas, Anna se relaja tocando las últimas notas acorde a la canción que ha dejado de ser triste, en su lugar, marca la esperanza de un mejor mañana.
— Porque luego del invierno, llega la primavera. — susurro dibujando una sonrisa satisfecha Viktor, viendo como su hija recobraba la vitalidad que la caracterizaba. — si estuviera Yuuri aquí, estaría muy feliz de ver Anna tan hermosa.
Haru miro primero a su papá y luego a su hermana mayor, la canción había culminado con la ovación del público de pie, esa sin dudas, fue la mejor interpretación en la vida de la ojos zafiro que al pesar de demostrar tristeza, logro encontrar su sonrisa. Le alegraba, en verdad lo hacia, cuando la escucho llorar se asusto mucho y no tuvo ideas de que hacer. Aunque, ahora la situación es otra. Desconocía los motivos de esa reacción, menos si se encontraba involucrado alguien en especifico, pero de ser ese el caso, sentia mas pena por esa persona en lugar de Anna porque no sabia lo que se perdía. No es por ser Anna su hermana mayor, pero en general, ella seria el mejor partido que podía aspirar alguien, simplemente una perdida total.
« Mejor así, si le hizo llorar es porque no la merece »
Quizás Haru no fuese tan territorial como su padre, pero por ende igualmente puede enojarse igual a él y adoptar la misma postura, porque quien osara a dañar los sentimientos puros de la ojos azules, lo pagarías con intereses. De eso, se encargaría personalmente. Aunque por ahora, dejaría las cosas de ese tamaño y permanecería sereno, pero Haru tenia claro una meta certera. Encontraría el causante de tal llanto en Anna, costara lo que costara, quedarse de brazos cruzados jamas seria su lema.
De eso, estaba mas que seguro

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