miércoles, 26 de septiembre de 2018

look sky

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Salida solo para dos.
Sus ojos revoloteaban a todas partes como si jamas hubiese estado en ese sitio, el ambiente alegre, prospero, evidente de una fiesta de invierno invadia la atmósfera y su propia alma. Luces, adornos, risas, murmullos contenciosos, e inclusive, cantos de la feria a mitad del invierno en San Petersburgo quedaron grabaron en sus retinas y oidos, provocandole sonreír bastante complacido. Es cierto que en Rusia no se celebra la navidad, aun así, jamas le privaria de conmemorar los días de invierno venideros y con ellos, los juegos propios de esta época. Oh, es inevitable no reconocer esas memorias hechas de nieve en su cabeza, cuando sacaba entuciasmado del sótano de la casa de sus padres un trineo viejo, casi desgastado, reuniéndose con algunos amigos de la cuadra de su hogar para ir a deslizarse de una pendiente, tal cual fuese un tobogán resbalizo lleno de agua. Fue divertido, muy divertido, quizás ya no pueda hacerlo debido a verse ridículo contando su edad, al menos le encantaría verle a sus hijos rememorar sus costumbres europeas. Bueno, en una ocasión, teniendo Haru cuatro años, construyo o intento realizar un trineo con su ayuda y así presentarse en una competencia de su condado, estuvieron varios días armando el objeto en cuestión, incluso no tomaban descanso, su pequeño hijo argumentaba que un hombre al proponerse una meta, jamas da su brazo a torcer, aunque eso signifique ignorar una taza de chocolate caliente hecha por su madre. Ni idea de donde saco tales pensamientos, poco después Yuuri le conto haberlo visto de una caricatura vista en esa mañana, donde su protagonista era un maestro pastelero. Solo fijense nada mas, el chiquillo era gloton hasta mirando su programación televisiva. Retomando el relato inicial, el trineo nunca estuvo listo para la competición, muchas manos en la masa pero ninguna dispuesta a amasarla, porque una Anna muy convencida de sus capacidades motoras de altura quiso ayudar, en lugar de hacerlo, permitió colocar la cerecita sobre el pastel, derrumbandolo. Su esposo notando el descontento coletectivo de sus niños, la pequeña alfa llorando, Haru reclamando igual a un anciano de avanzada edad y él rascanso su cabeza en tanto revisaba los planos, intervino dando por culminado la elaboración de objeto de invierno y invitandolos a comer un pastel de chocolate junto a un té, declarando que indudablemente Viktor Nikiforov era bueno patinando, no elaborando juegos de niños.
Ahora en la actualidad, el peliplata suspiraba con pesadez a esa memoria, odiaba admitir tal cosa, pero era cierto sus manos no fueron creada para actividades pesadas, mas bien se consideraba un tipo bastante flojo en el sentido rustico. Con ello se refería a estar desligado a trabajos forzosos, encontrándose centrado en recrear o analteser la belleza de las personas, un ejemplo realizar coregrafias a patinadores artísticos, cuidar de su desempeño y guiarlos en el camino al triunfo. Un ejemplo de ello, su hijo Haru, campeón de la sección junior y el novato del año capaz de provocarle temblor al mas veterano de los seniors, él podía asegurar con los ojos cerrados su victoria, de lo contrario, jamas vendría siendo hijo de Yuuri y suyo. Es su orgullo, quien salvo la dinastía Nikiforov al seguir sus pasos, mas que todo, el demostrar amar con pasión el deporte del patinaje. El solo recordar la imagen su pequeño, corrección, ya no tan pequeño hijo sus labios dibujan una sonrisa satisfecha, pues es la representación gráfica de su apariencia junto a la musica vista alguna vez en su madre, Yuuri. Recuerda la primera ocasión en verlo en el hielo sentir su corazón detenerse, esos movimientos ligeros, las expresiones delicadas en su rostro y la confianza de hacer una autentica presentación espléndida, le embargo de emociones el cuerpo pensando en una única cosa: él definitivamente es hijo de Yuuri. Nunca desmetiria estar emocionado al escucharlo decir querer dedicarse plenamente al patinaje, es decir, desde el inicio esperaba una declaración de esa magnitud, en realidad, Viktor era del tipo de padre comprensivo y adaptado a los sueños de sus hijos, Anna mas que nadie puede asegurarlo al escoger ser compositora e interprete de canciones de su procedencia o no. Pero con Haru, con el peliplata fue distinto, como si la primavera halla renacido en pleno invierno, desde las sombras para alegrar y calentar sus vidas. Inclusive Yuuri, quien es el mas imparcial de los dos, exclamó su entuciasmo, mas cuando Anna se ofreció a realizar las canciones al joven creándose un equipo dinámico entre ellos.
« Oh, Dios… mi vida es indudablemente espectacular. »
¡Por supuesto que si! Unos hijos encantadores, quienes le amaban y respetaban en todos los sentidos, perseverantes en sus sueños, llenos de expectativas y la alegría nata de la juventud. Un esposo hermoso, amoroso, perfecto, precioso, dulce, encantador… bien, quizás se pinte igual a un idiota, puede y lo sea, pero cuando se trataba de Yuuri jamas se cansaria de sacar apelativos para mencionar cuando enamorado estaba de él. ¡El mismo cielo puede catalogarlo! Porque el azabache había nacido únicamente para amarlo, tomar su mano y juntos caminar en este empinado sendero llamado vida, tampoco es de quien menciona tener un matrimonio perfecto, al igual que toda pareja han tenido sus altas y bajas, discutido por tonterías y dejarse de hablar días o semanas, después de todo seguían siendo humanos. Lo mas maravilloso de todo serian las reconcilaciones, esas noches donde todo bajaba de tono, olvidaban los gritos, las dudas y de centraban en complacerse el uno al otro, armarse y entregarse de lleno a los sentimientos erutando en su pecho. Hikari es el producto de ello, le diera vergüenza a su omega admitirlo, era la verdad y con proeza puede decir ser el momento mas maravilloso de su vida, mas el escucharlo decir estar esperandola. Fue en ese instante de creer cerrar la fabrica de bebés, observar de los labios de su esposo la hermosa noticia de venir en camino un nuevo integrante a la familia, ¡Uno nuevo! Luego de quince años, una vez mas estaban embarazados. Viktor recuerda haber salido de su casa corriendo entuciasmodo gritando en su idioma natal la nueva buena, sin importarle la reacción de sus vecinos o infiltrarse por los medios lo mencionado, simplemente se dejo llevar por el éxtasis de lo ya antes dicho. Pobre de Yurio igualmente, porque el rubio fue quien llamaron luego de aquel incidente, el hombre tan malhumorado como de costumbre le mando al demonio, seguido de una Mariana emocionada de conocer al nueva personita en camino de los Nikiforov, desde luego a la latina la ha encantado los bebés mas los de su familia. Es bastante cercana a su esposo, durante los nueve meses estuvo pendiente de los avances de esté, aun mas, le ayudaba en cualquier cosa a su disposición y la primera en llegar al parto de Hikari. La mujer es mas madrina de la azabache, que el mismo Yurio, quien al mirarla lloro de la emoción prometiendo cuidarla siempre.
« Por supuesto, si es la viva imagen de Yuuri. »
Viktor no es precisamente alguien rencoroso, mas bien se cataloga de recordar y vivir con cada de sus memorias intactas, eso incluye las pesadas a la par de oscuras. Donde la relación amorosa del rubio con su omega se ve agregada. El azabache puede llamarlo paraonico, es inrelevante, pero bajo su perspectiva Yurio aun no ha conseguido olvidar al omega, de lo contrario, sus ojos no captaran ese brillo nostálgico de perdida y dolencias escondidas detrás de una fachada mal hecha. Puede permanecer pacifico, tranquilo o indifirente al ser el entrenador de su hijo y padrino de la menor, pero es lo suficiente astuto para mantenerce alerta. Es una lastima porque al pesar de esas diferencias, Viktor considera al rubio un excelente amigo, compañero y alfa, tiene a su lado una omega que le valora mucho pero esté aparentemente no le corresponde de la misma manera, y teme. Sin dudas los hace, porque tarde o temprano Yurio se dara cuenta de la burbuja donde esta viviendo, esplotandola y al suceder eso, arrasara con todo a su paso, sobre mas, la relación con la latina. Sea como sea, es un asunto fuera de su jurisdicción y que piensa mantenerse al margen, mientras no arrastre a Yuuri a eso, el horizonte permanecerá claro y con un sol esplendoroso.
« Pero no he venido a la feria para tener malos pensamientos, en realidad, quiero divertirme. »
Sonriendo con su usual forma de corazón en sus labios, Viktor sujeta mas fuerte entre sus brazos a una pequeña de ojos azul manglar iguales a los suyos, quien mira curiosa las luces brillantes por donde transita, seguramente siendo el centro de atención durante todo el trayecto. El peliplata se ha levantado relativamente temprano, ni tanto solamente todos dormían debido al recital de Anna acontecido la noche anterior alargandose mas de lo normal, terminando casi a media noche y privandole del sueño a los Nikiforov, a excepción de la pequeña en sus brazos que al ser un bebé, puede dormir en cualquier lugar, mas si es un recital de musica clásica relajante a sus sentidos. Hikari fue la primera en despertar ese día, como su mamá estaba muy cansado no escucho el monitor de bebé, dejándole el trabajo a su muy despitado padre que medio refunfuñando al ruido, abandono el nido rumbo al cuarto de su hija encontrandola muy despierta y diciendo su nombre una, otra, otra y otra vez. ¡Ah la energía de la niñez! Sin dudas, envidiable. Viktor no teniendo mas opción, la antendio en seguida, cambiandole sus pañales, dándole un baño refrescante y preparandole el biberón que estaba ya hecho por Yuuri, solamente le tocaba calentarlo y dárselo. No podía quejarse, tenía un esposo adaptado a las necesidades de los demás, mas el ser pésimo en los asuntos de meterse en la cocina. Mientras la chiquilla deboraba con impetud su leche, al ojiazul se le ocurrió la maravillosa idea de ir por la feria y adquirir un trineo, es decir, las nevadas estaban a la vuelta de la esquina debido a las épocas y su deseo de subirse en uno con alguno de sus hijos jamas se había esfumado, mas bien renacio junto a la agraciada apariencia de su Hikari, de provecho compraría algunos recuerdos para los demás y una bonita gorra de invierno a Yuuri vista el otro día en la vitrina de un negocio, pensando verse increíble con la tes de su esposo. De esa manera, Viktor Nikiforov emprendió su aventura junto a la menor de sus hijos a la feria, donde a su paso le quedaban mirando bastante asombrados e intrigados. Vaya la razón, la máxima exponencia del patinaje artístico caminando tranquilamente con una bebé, que evidentemente es su cachorra, entre los mortales viendo con curiosidad las vitrinas de la feria y aparentando ser uno mas de ellos. ¿Qué estaba ocurriendo exactamente ese día? Unas jóvenes adolescente vistiendo su uniforme del colegio chillaron emocionadas en dirección del peliplata, este se había parado frente a carrito de aperitivos y pedido una bebida caliente, en tanto la bebé en su brazos colocaba sus pequeños bracitos sobre el rostro de él dándole ligeros golpes llamando su atención, esté le sonrio con ternura y le dio aprobar de lo que tomaba recibiendo un gorgogeo satisfecho como respuesta. Las jovencitas se desvanecieron literalmente hablando, si existía una imagen hermosa fuera de Viktor Nikiforov, era el mismo interactuando con su pequeña como el buen padre que es. Yuuri Nikiforov, desde este momento y para siempre sera considerado el omega mas afortunado de todos, porque ser esposo de semejante hombre le daba mas vida a cualquiera, mas a sus seguidores.
El alfa abstento a la realidad de su alrededor, se compro un pastelillo de manzana para Hikari y él junto a su bebida de chocolate, siguiendo con su camino inicial. Esta consiente de estar siendo observado por algunos de las personas a su alrededor, podrían ser seguidores de su carrera o simples expectadores de las noticias de la tv, desde hace mucho dejó las pistas de patinaje como para ser reconocido. Es decir, existía muchos patinadores con mucho talenteo, entre ellos se encontraba su hijo, bueno, por eso puede ser que le miraren con suma atención. Entonces, para su mayor sorpresa, una pareja de jovencitos compuesta por una chica de alrededor de la misma edad de su hijo y un chico mucho menor a ella, se le acercaron con mucha alegría transmitiendo sus ojos una anticipación a un pedido.
— Disculpenos el atrevimiento pero… ¿no es usted Viktor Nikiforov? — pregunto el niño con cautela, sin dejar de lado su entuciasmo.
El peliplata parpadeo varias veces sin comprender la pregunta, es decir, le tomaron por completa sorpresa. ¿Aun la nuevas generaciones sabían de él?
— Si, el mismo. — le dijo con su eventual carisma de siempre.
— ¡Oh por dios! — exclamó la chica en un chillido, cubriendose la boca incredula. — ¡Te lo dije! No podría ser nadie mas que él.
Bien… esto comenzaba a inquietarle, en el pasado esto hubiese sido una escena normal y corriente, encontrarse con sus seguidores, tomarse fotos con ellos y firmarles autógrafos. ¿A que venia ahora vivir lo mismo? Ya estaba viejo, su trabajo consistía en apoyar a las nuevas proesas del circuito, ayudarlas a volar. No es la gran cosa.
— ¡Por favor regalenos su autógrafo y una foto! — pidió el jovencito sin preambulos, extendiendole una pluma y un lápiz.
Confundido como un pez fuera de su habita, el peliplata consedio el deseo de los niños sin negarse a nada, estos tan felices parecido a ganarse la lotería o conseguido el máximo premio de este mundo, agradecieron su atención prestada y prometieron seguir sus trabajos en el mundo del patinaje. Viktor los despidió moviendo su mano aun desconcertado, Hikari siendo simplemente Hikari imito a su padre diciendo “bye, bye” a los chicos junto a una sonrisa parecida a madre, luminosa y encantadora. Olvidando lo vivido hace unos minutos, el alfa abrazo a su bebé llenandola de muchos mimos sin parar de mencionar lo linda que era, igual a su madre y maravillosa como una estrella, ojala Yuuri estuviera allí para ver lo educada y buena de ser con sus seguidores… freno el carro. ¿Seguidores? ¿Él? ¿Después de casi diecisiete años o mas? ¡Que cosa tan absurda! Seguramente el azúcar se le subió a la cabeza, si, si, si debe de ser eso.
— ¿Papi? — le llamo su hija con voz tremula, colocando sus manitas enguantadas en las mejillas de este, al parar de recibir sus mimos.
— Mejor sigamos nuestro camino, Hika-chan. — dio unos cuantos pasos bajo la curiosa mirada de la azabache, sonriendole con dulzura. — busquemos ese gorro para tu mamá.
— ¡Mami! — pronuncio la bebé sonriendo abiertamente, imitando una vez mas al mayor.
— Si, mami. — le dio un suave toque a la nariz de la infante, quien río divertida. — ¿quieres verlo verdad? Oh… yo tambien, yo tambien Hika-chan pero vamos a darle una sorpresa. ¡Una gran sorpresa!
— ¡esa! — alzo uno de sus bracitos, encantada de las palabras de su papá y repitiendo sus movimientos.
— Si, tambien sorprederemos a Haru y Anna…
No culmino de decir las palabras pues se quedo pensativo, esta mañana se olvido de corroborar la presencia de su hija mayor en casa, si sus memorias le son leales a su cerebro la princesa de las nieves informo ir a celebrar con sus amigos el éxito del recital, según ella irían por unas bebidas y botanas, nada fuera de lo normal en jóvenes de su edad. Luego directamente a sus casas, a ella la llevaría una de sus amigas al tener carro, cosa que tranquilizo a Yuuri muchísimo pero no a él, termino accediendo debido a su insistencia pero en el interior del peliplata le inquietaba algo. Ese omega, el muchacho que marco su hija muy inresponsablemente, bajo su criterio, posee una mirada peligrosa, de cuidados y tomarsela a la ligera es imposible. Es decir, prácticamente salio de la nada, además de transmitirle una clase de sentimiento pesado al tenerlo alrededor de Anna, casi pareciera que fuese el un depredador y no un dulce omega. Venga, que Viktor esta consiente que no todos los omegas deben ser sumisos y débiles, los tiempos han cambiado para todas las razas en general, mas en ellos. Sin embargo, existe algo lo suficiente morbido en el chico como para mantenerlo alerta, olvidando de lado su sentido protector de padre, el deseo de poseer solo de su propiedad a Anna es tan palpable que le da miedo. Si, esa es la palabra, miedo, porque podria confiar en el juicio de su hija pero jamas a quien escogió de pareja. Oh, eso si que no.
— Papi, papi, papi. — la llamada de la vocesita de la pequeña entre sus brazos le hizo volver a la realidad, le sonrio con cariño dándole una suave caricia en su mejilla. En verdad, amaba a sus hijos, a cada uno de ellos sin excluir a ninguno. — papi, papi, papi.
— Ah… ¿quieres uno de esos? — señalo a unos peluches puestos en exhibición en un negocio, entre ellos un lobito de pelaje gris. Curioso, muy curioso, en su humilde opinión. — Siguiente parada, un nuevo hogar para “pelusita”.
— ¡”sita”! — imito, moviendo sus manitos impacientes.
— Ah… te gusto el nombre. — concluyo concurrente, camino en dirección a la tienda con todas las miradas curiosas sobre ellos. — a él también le agradas, una lastima que mamá no este para dar su aprobación. ¿Verdad?
— Mami.
— Si, mami. — concordo Viktor, dibujando una sonrisa enamorada en sus labios ante su recuerdo. — pero cuando nos vea, se pondrá feliz, muy feliz.
Finalmente entraron a la tienda pidiendo el lobito de peluche, quien rápidamente paro en las manos de la pequeña abrazandolo sin esperar mas, se notaba su encanto repentino hacia el animalito de color curioso, el cual sin hacerse el tonto, se parecía mucho al de su cabello. En general, a dos de los integrantes de su familia. Dando las gracias al amable propietario de la tienda, Viktor le tomo una fotografía a Hikari junto a “pelucita” subiendola a las redes, la descripción mencionaba el nuevo amigo de su hija en una mañana de compras en la feria de San Petersburgo, marcando simplemente el comienzo de muchas mas. La siguiente parada fue un local de ropa para jovencitas, donde le compro un abrigo color blanco a Anna que venia acompañado de unos guantes tejidos y gorra, era bastante acogedor a la par de muy al estilo elegante de su hija. Al imaginarselo puesto, no dudo en que sería totalmente suyo, se vería hermosa. Seguido después, la parada de los Nikiforov habia sido una tienda deportiva donde adquirieron un par de guantes para patinaje, los que tenia hasta hora pronto darían adiós a su vida, por lo tanto no existía nada mejor a comprar unos nuevos para él antes de ser demaciado tarde, seguramente le encantaría. Estuvo tan entrentenido con las comprar que olvido completamente la hora, el mundo en general, revisando su teléfono se dio cuenta que pronto seria mediodía y tanto Hikari como él no han almorzado. Seguramente Yuuri no esta en casa, le dejo una nota avisandole irse con la menor de sus hijos de compras y tardarar un poco, su esposo mas que nadie conocía las mañas de querer adquirir cosas hasta innecesarias, siendo catalogado de comprador compulsivo, mas por Anna, quien sorpresivamente era igual o peor a él. Haciendo mención a ella, esperaba estar durmiendo en la comodidad de su habitación, desde lo mas profundo de su corazón realmente lo esperaba. No deseaba volver a casa y tener un disgusto por su causa. Agarrando varias bocanadas de aire, Viktor decidió dar una pausa a sus compras e ir a comer con Hikari a un restaurante de la feria, con tal, ya venia siendo el momento idóneo de un descanso. Saliendo de la última tienda, el peliplata camino sujetando una mano a su pequeña y con la otra las bolsas de sus adquisiciones, las personas a su alrededor se detenian a mirar tan imponente imagen del ruso. Al ser quien era y la manera natural de su olor corporal, el Nikiforov vistiendo hasta un simple taparabos, ganaba las miradas de todos a su alrededor, incluyendo los discretos. ¿Quien podría ignorarlo? Si su presencia gallarda de alfa le delataba, además de agregar a la bebé en sus brazos, quien combinada a las ropas de su padre, el color azul zafiro de sus ojos delataba pertenecer a la dinastia Nikiforov. Sin olvidar un último detalle en las mujeres mayores y solteras, que era observar en primera fila la imagen de un hombre apuesto sujetar una cachorra, rompiendo de inmediato el estereotipo de permanecer siempre bajo las naguas de sus madres, no padres. ¡Oh pero cuan afortunado era ese omega de tener tal alfa consigo! Dispuesto a cuidar de los cachorros en su ausencia, llevarlos a pasear y darles de comer, de esa forma tendría un respiro de ocupar su tiempo en otras cosas. Sin dudas, poseían envidia al querer tener alguien igual para ellas, porque los hombres compresivos, dedicados y entregados a su familia era mas atractivo a cualquier cara bonita. Viktor Nikiforov es lo que toda mujer u omega necesita.
El peliplata haciendo ocopio de las miradas, entro al fin a un pequeño negocio concurrido donde olia bastante bien, comida recien hecha que nublaron sus sentidos dándole un vuelvo a su estomago, rugiendole. La pequeña Hikari igualmente parecía inquieta, pues se removio incómoda en los brazos de su padre queriendo evidentemente comida, buscando tranquilizarla, la mecio mientras toma asiento en una de las mesas esperando ser atendido rápido. Notando que se tardarían un poco, el Nikiforov saco de la pañalera preparada orgullosamente por si mismo, un biberón lleno de jugo de frutilla y dandosela a la bebé, ella al percibir el dulce sabor de este le indujo la tranquilidad y se entrego exclusivamente a degustarlo en silencio. Unos minutos después, una amable señora lo atendio esperando su pedido, Viktor hizo un sondeo rápido y ordenó lo primero en ver, la verdad tenía mucha hambre y poner una posición de exigente a estas alturas era absurdo. Sin mas, la señora se retiro avisandole ir a prepar los alimentos, no tardaría mas de unos diez o quince minutos lamentablemente ese era su limite, el día de hoy estaba algo concurridos y ir mas rápido era imposible; Viktor le resto importancia, comprendia perfectamente la situación y esperara pacientemente su orden. La mujer sientiendose algo mal al ver a la bebé del peliplata, prometió volver al menos con la sopa de la pequeña y una bebida para él, a los niños no era bueno hacerlos esperar, menos si tienen hambre. El alfa iba contradecirla pero fue lento, la señora con una evidente estela de omega veterano ya había abandonado el sitio, dejándole con las palabras en la boca. Encogiendose de hombros, centro su atención a Hikari atendiendo con ojos curiosos todo el local en general, este tenía una atmósfera bastante hogareña y rustica a la vez al tener todo hecho de madera, la mayoría de la clientela era familias y una que otra pareja. Todos estaban encantados de la comida, pues tenían sonrisas radiantes en la boca al llevarse una cucharada a sus labios, muy bien le decía Yuuri que no existe ingrediente mas importante en los alimentos al amor, si se hacen con ella, estos terminaron satisfacciendo al mas gloton de todos. En el presente, viendo el atmósfera del local, el Nikiforov creía en las palabras de su destinado, pues sin duda en los rostros de todas esas personas se veía presente tal ingrediente.
El sonido de un plato delante suyo le hizo volver al presente, la misma señora de antenderle había regresado y con ella, el pedido de su pequeña con algo extra: un pirozki. Viktor viendola confundido, quizo preguntarle sobre el repentino platillo fuera de su pedido, pero esta sonriendole con dulzura propia de una madre le contesto:
— Usted parece tener pensamientos calcomiendo su cabeza, por eso un poco de magia culinaria no esta de mas. Sobre todo, — se le acerco, simulando contarle un secreto. — entre las mujeres mayores eres bastante popular. Muy rara vez tienes la oportunidad de mirar a un alfa pasar con su cachorro.
— ¿Qué…? — intento articular el Nikiforov, medio anodadado.
— Disfrete su comida, señor.
El peliplata se quedo estático observando a la señora partir, no le entraba en la cabeza ser el centro de atención de mujeres mayores solo por salir con su hija, es decir, ¡es su cachorra por todos los cielos! Es normal querer salir con ella al pertenecer un pedacito de ti en su creación, cargarle toda las responsabilidad a los omegas de su crianza es tan de vieja escuela, porque no solo ellos han creado a las crías, igualmente los alfas. Sintiendo el sonido de vacío del biberón de Hikari, decidió ser el momento perfecto para darle de comer.
Y vaya que fue un espectáculo…
Las mirada fueron solamente para ellos, inclusive algunas personas sacaron sus móviles para gravarle dándole de comer a la bebé, a estas alturas no existía nadie en no visto en internet haciendo dicha actividad. Es decir, a Viktor jamas le ha desagrado ser el centro de atención en cualquier sitio, después de todo fue patinador artístico y sorprender a las personas su trabajo, aunque mirando al rededor… esto iba mas lejos a lo esperado. Internamente rogaba por no ser descubierto por Yuuri, desde el nacimiento de Haru nunca le ha gustado involucrar a sus hijos al ojo publico, menos a la menor que permaneció hasta hora bajo las sombras. Cuando se entere de todo esto, sera picadillo a la Nikiforov. La misma señora amable, volvió ocultando su risa en uno de sus puños dejándole lo restante del pedido, el peliplata quiso fulminarle con la mirada al burlarse de la escena. Pero lo reprimio, consigo simplemente obtuvo un halago.
— Posee usted mucha paciencia, señor.
Bueno, no es que fuese un super halago pero al menos sirvió para calmarlo el resto de la comida, centrándose únicamente en terminar y seguir con su camino. Finalizando con su almuerzo, Viktor fue a pagar la cuenta cuanto antes y despegarse de esas miradas, nunca pensó sentirse en la vida incomodo al tener tanta atención sobre él, cosa de decir mucho al ser un patinador retirado, pero deben saber a que se refiere. Al extender su tarjeta, la misma señora de antenderlo durante todo el rato le dio otra cosa, el cual consistía en una fotografía suya en sus años de gloria en el patinaje artístico. El ojos manglar quedo estático sin poder entender nada, simplemente vizualizaba la imagen y luego a la señora sin descansar, este seguía pensando en si mismo como un periódico de ayer desechado y olvidado. Pero se consiguió con algo distinto, Viktor Nikiforov es y sera la leyenda viva del patinaje, eso jamas cambiaría en lo absoluto.
— ¿Como es que…? — musito el peliplata con la garganta seca.
— Mis hijas son muy buenas seguidoras suyas, Viktor. — le informo, sonriendole calidamente. — no existía competencia que se perdieran, todas y cada una la gravaban para mirarlas incontables veces. Y sus habitaciones… ¡oh sus habitaciones! Repletas de muchas imágenes suyas, en realidad parecía un santuario dedicado a su persona, que eventualmente me pregunte quien podría ser ese sujeto bien parecido en adornar sus paredes. — rio divertida ante el recuerdo, contagiando un poco al alfa. — Al investigar di con su patinaje artístico, majestuoso, gallardo y lleno de muchas emociones encontradas. Luego usted entreno a su actual esposo, quien gano la medalla para ese entonces, demostrando que en el ámbito de preparar a otras personas igualmente era bueno.
— Creí que eso ya nadie lo recordaba. — sonrio de soslayo, inclinándose para firmar el autógrafo y entregarselo a la señora. — después de todo, solo soy un hombre con buena suerte. Ganar medallas, llegar el nombre de nuestra patria a lo mas alto de los podios… todo, fue solamente suerte.
— Puede ser, pero nadie olvidara su imagen de sus mentes Viktor. — le aseguró la mujer, dándole la tarjeta al peliplata culminando ya el pago. — inclusive las nuevas generaciones lo recordaran como el mas grande del patinaje, un ejemplo a seguir. Porque usted se convirtió una leyenda, un icono de inspiración en los demás.
Con esas palabras gravadas en su cabeza, el alfa abandona el establecimiento caminando sin rumbo fijo por las calles de la feria, sintiendo a su pequeña apoyada en el pecho durmiendo placidamente sin importar el sitio. Desde hace unos años atrás, el Nikiforov se pensó como una persona muerta en el sentido literal del patinaje artístico, es decir, era solicitado en varias ciudades del pais para realizarle las coreografías a patinadores provechosos, con un gran futuro por delante, e inclusive, de manera internacional haciéndole sentir libre e importante. Ser reconocido por sus logros era gratificante, porque decía haber llegado de alguna manera a los corazones de su audiencia, cautivado seria la palabra idónea. Por nada gano siete medallas en el GPF, sin contar la de los campeonatos mundiales, enfrentamientos entre razas y olimpiadas, aun así son títulos alcanzados en el pasado y en el presente solo valían a las nuevas generaciones futuras. Yurio hasta sabía eso, por eso se dedico de entero en formar nuevos atletas en el centro donde una vez lo hizo tambien, el viejo Yakov tuvo la audacia de dejarlo en manos del Plisetsky y sin duda jamas se equivoco, porque al pesar de la actitud huraña del rubio hacia muy bien su trabajo. De lo contrario, miren lo lejos en llegar su Haru y todo gracias a él. ¿Entonces donde quedaba? Aparentemente según la señora, sus logros simplemente ya eran de ejemplo a los nuevos patinadores, asi que su trabajo en una parte esta completa, por la otra, le correspondía a él culminarla.
Finalizado las compras del día, Viktor arribaba a su hogar completamente cansado, había sido una odisea completa hallar con el trineo perfecto y meterlo o mejor dicho, amarrarlo a su lujoso auto. ¿Pensaron que el Nikiforov iría sin transporte? Es cierto ser descuidado, pero no tonto. Afortunadamente los ayudantes de la venta, le acomodaron el objeto en la parte de arriba de su carro amarrandola fuertemente, mientras él sujetaba a su hija dormida con una mano y con la otra sus compras, las cuales pensaba en haberse exagerado un poco. Un milagro que Hikari no despertó en ningún momento, menos en el presente, siguiendo durmiendo como el ángel que es. Viktor abrió la puerta de su hogar con algo de dificultad anunciando a viva voz su regreso, sorpresivamente el único en recibirlo en la entrada fue History meneando su colita a todos lados, seguidos de unos buenos ladridos signos de saludo, el alfa le dio unas palabras cariñosas a su peludo amigo preguntándole donde podían estar las personas de esta casa. Este obviamente no podía responderle, dedicándose a ladrar y revolotear a su alrededor aun alegre de verlos. Viktor dejó los paquetes sobre el sofa e inmediatamente subió las escaleras rumbo a la habitación de Hikari, su muy buena compañera de aventuras el día de hoy, esperaba en el futuro poder salir de la misma manera que ahora. Depositandola en su cuna, le dio un beso en la frente y cerro la puerta en silencio procurando no desperarla. La pequeña azabache se divertio realmente, con todas las cosas que comió, vio y toco, adquiriendo a “pelucita” terminaron por gastarle las energías. Reia como si hubiese hecho una travesura, de descubrir su esposo todo lo acontecido en la feria seria reprendido. Entonces un ruido en la cocina le hizo volver a la realidad, olisqueando el aire percibió el olor propio de la primavera de su omega, dandole una sensación cosquilluda en todo el cuerpo, no dudando en transmitirsela mediante el lazo de parejas compartidos todos estos años. Aunque lamentablemente, no recibió respuesta alguna, solo silencio, un incomodo silencio de su parte. Era raro, Yuuri siempre respondía asi estuviese enojado, esto podía significar haber ocurrido algo y no se puede decir mediante sensaciones.
Bajando las escaleras con rapidez, el peliplata alzo su voz llamando a su esposo con insistencia, pensaba que quizás se enojara al salir sin mas dejando una simplemente nota y llevándose a Hikari. Los omegas son muy territoriales con sus hijos, pueden disimularlo muy bien, pero viene en su naturaleza querer protegerlos de todos inclusive, de sus padres y Yuuri no es la excepción. Llamándolo una vez mas, nota que el aroma de él lo lleva a la cocina donde no duda de presentarse, allí visualiza la silueta agraciada del amor de su vida de espaldas preparándose lo que parece ser un té, a simple vista no parece enojado, es mas esta tranquilo. Pero Viktor lo conoce, lo conoce como si fuese la palma de su mano. Mas le vale irse con cuidado, un solo paso en falso y sera enviado por los aires sin retorno.
— Amor, veo que no escuchaste mi llegada. — silencio, eso recibió una vez mas, el rotundo silencio. — te llame varias veces pero no me respondiste. Quise mostrarte las sorpresas que Hika-chan y yo preparamos para todos, nuestra bebé es una excelente compañera, creo que se parece a su padre en eso. No debemos sorprendernos en un futuro si reboza el limite de las tarjetas de crédito, de hecho, pido un peluche de lobo, lo llamamos “pelucita”. ¿No es un nombre adorable? — una vez mas, nada, Yuuri seguía dándole la espalda centrado en presestarle atención a la tetera en la cocina. Este comportamiento empezaba a inquietarle mas a Viktor, pues el azabache no es adoptar esa posición a la defensiva, algo esta ocurriendo y esperaba estar lejos de esto. — Amor, si estas enojado por haber ido solo con Hikari me disculpo, pero no quería despertarte cuando anoche nos acostamos tarde. Solo quería sorprenderte, nuestra hija era la única despierta y…
— Viktor… — finalmente pronuncio su nombre, estaba calmado, pacifico pero existía algo que le inquietaba.
— ¡Por eso perdoname! ¿si? — insistió, enviandole sensaciones de arrepentimiento mediante el lazo y acercándose con cautela por detrás, abranzandolo esperando no ser rechazado. — te compre hasta un lindo gorro azul, tu color favorito. Sin duda combina con tu tes, por eso perdoname. ¿Por favor?
Yuuri sujeto las manos de su esposo entre las suyas absorbiendo toda su calidez, estaba frío, realmente frío y el calor transmitido por su alfa le daba un poco de la tranquilidad que le faltaba. Ya casi ni necesitaba el té, bastaba con tener a Viktor cerca suyo y aplacar cualquier demonio rondando, mas los del pasado amenazando querer derrumbar toda su estabilizada vida hasta hora. Aun así, no podía esconderle al peliplata lo que ocurrió en el centro de entrenamiento con Yurio, menos de como sus peores temores se hacían realidad. Rescontandose en el pecho del alfa, el azabache emite un suspiro pesado descargando sus inquietudes, pesares y malos pensamientos, quiere por un minuto entregarse al sentimiento de amar al hombre que lo sostiene en ese instante. Ese mismo que se encarga de darle besos en su cuello, provocandole pequeños espasmos en todo su cuerpo al igual de descargas eléctricas directas al pecho, quien no priva de mandarlaselas mediante el enlace que los une, informándole no estar enojado con él porque hasta hora no ha hecho nada malo. Es decir, puede salir todas las veces que desee con Hikari, llenarla de regalos, mimos y cariño, es su hija y su deber es amarla hasta el día de darle fuerzas la vida.
— Si no estas enojado conmigo… ¿qué ocurrió? — le dijo aun sumido en su trabajo de darles besos, esta vez, cerca de la marca de su nuca de pertenecerle a un alfa. — durante todos estos años has contado conmigo, puedes hacerlo una vez mas. Yuuri, independientemente de lo ocurrido no te juzgare o regañare. Solo… solo quiero enterarme de tu pesar.
Ah… demonios, Viktor ni al pasar de los años se le quitaba lo adorable, porque sin importar lo mucho de llamarlo de esa manera por él, terminaba robandole el papel. Sin embargo, temía un poco a su reacción al enterarse de la verdad de Yurio, en el pasado no se tomo muy bien haber sido la pareja del rubio y teme perder esa amistad, porque al pesar de todo el Plisetsky es y sera una persona de entera confianza para su familia. Solo miren a Haru, él realmente quiere a su entrenador y lo respeta profundamente, espera no sonar muy exagerado pero es su ejemplo a seguir. Es decir, es su padrino, en cuanto al rubio lo mira igual a ese sobrino molesto que espera tus regalos en navidad, igualmente teniendole cariño. ¿Como romper esa lazo bonito de esta manera? ¿involucrarlo en sus desastres maritales? Ha pasado mucho tiempo, es un tema que debería estar mas que sepultado, olvidado y exhumado. Pero no, Yurio se encargo personalmente de llevarle la contraria y sacarlo a la palestra con impetud, demostrandole que efectivamente es una persona inmadura. Lo mas alarmante de todo seria la visión de Viktor, muchas de sus discusiones residían en la manera de mirarle Yurio, como si fuese la mejor creación del hombre pero no teniendo el poder de tocarlo. Él llamo a su propio esposo paranoico, porque el rubio podía mirarlo de esa manera teniendo a una hermosa omega como Mariana, en la cabeza le podía ocurrir semejante cosa, ellos se amaban y engañarla era inaudito, menos utilizarla. Pero ocurría, no solo se sentía idiota, tambien ridículo al defender la relación de Yurio siendo una total mentira, llamada así por si mismo, creyendo en algo intangible construido sobre la nada. Ahora, no puede evitar imaginar el daño de Mariana, la rabia, las lágrimas y el pesar de desperdiciar sus años en alguien que jamas la valoro, sobre todo, amo. ¿Le odiara? Puede ser, después de todo al conocerse tuvo celos de sus conocimientos elevados del alfa, siendo totalmente razonable al conocerce de varios años atrás. Ahora, debe hacerlo por otra razón, se convirtió en el objeto de querer del rubio jamas olvidado.
— Tenias razón. — musito con voz baja, desconcertando al alfa y deteniendo los besos de su nuca. ¿De qué hablaba Yuuri? — sobre Yurio, tenias toda la razón del mundo y yo… nunca lo vi venir. Realmente lo siento.
— ¿A que te refieres? — exigió saber, ayudandolo a darse la vuelta y mirando directamente su cara, esta se contraía del arrepentimiento dándole sensaciones escalofriantes al cuerpo del Nikiforov. Eso no podía significar nada bueno, nada en lo absoluto. — Yuuri, se mas claro. ¿De qué exactamente tenía razón?
Un minuto, basto solo un minuto para que el mundo del ojos manglar volviera al pasado, regresara y con ello todas sus inquietudes junto a las alarmas de su cerebro se activaran. Nuevamente, todo volvía a comenzar.
— Yurio termino con Mariana, Viktor. — informo bajando la mirada terriblemente afectado, sintiéndose culpable y transmitiendole mediante el lazo. — Lo hizo porque según él, jamas consiguió olvidarme. En pocas palabras, ractifico amarme durante todo el tiempo transcurrido.
Con los sentidos mas agudizados que nunca Viktor fruncio el ceño, le parecía increíble que Yurio tuviera la desfachates de ir por todo para llegar a Yuuri, aun si este estaba casado y con tres hijos. Es valiente, se lo retribuye con intereses. Sin embargo, era su problema tratar de vivir en una burbuja de mentira, no la de su esposo, él estaba fuera de todo esto. ¿Lo peligroso de la situación? Yurio parecía un huracán y amanezaba con destruir todo a su paso, inclusive su matrimonio.
« La historia… volvió a comenzar »
En esta ocasión el Nikiforov estaba despierto, listo para el segundo bombardeo del rubio y estando seguro de responder. Porque quien se mete con su familia, debería asumir las consecuencias de sus actos, aunque se trate de uno de sus amigos mas cercanos.
El precio del error.
— Estoy embarazada — anuncio la omega con seguridad, seguido de deslizar un sobre por la mesa hasta el rubio desconcertado. — allí esta la prueba, aun si no crees, puedes preguntarle a Mila estuvo presente cuando me la hice.
Sostuvo el sobre en sus manos algo tembloroso creyendose el mayor tonto de todos, no por no creer en las palabras de quien fue su omega, sino al dañarla al punto de ser tratado de una manera fría e indiferente. Era lo mínimo en merecerse, mas bien conmemoraria esto como un milagro después de lo sucedido, ya hace mas dos semanas atrás al abandonar su hogar con la latina y refugiándose en casa de su abuelo. Este lo recibió gustoso, aunque con ello no quería decir evitarse el regaño, supremo debería mencionar, donde engañar a una mujer y no esperar una represaria seria ingenuo de su parte. Al tener finalmente las hojas de los exámenes en sus ojos recibió el peor balde fría de la historia, las letras de POSITIVO en mayúscula golpearon su vista informándole lo evidente, seria padre de una criatura y esta probablemente lo odiaria. Mierda, menudo instante oportuno de traer un cachorro al mundo, cuando sus padres estan separándose. ¿Cuan maldito podía estar el Plisetsky? Quien sabe, los limites desde hace mucho fueron revozados.
— Sabia que esa seria tu reacción — le dijo ante el silencio entre ambos, provocando en el rubio alzar la mirada y toparse la amarilla opaca de la omega, muy distinta a la emitida en el pasado. Vivaz y alegre. — por eso intente convencer a Mila de ocultarte la noticia, de que en definitiva no necesitaba de una respuesta de tu parte. Sola me basta y me sobra, luego de todo, se trata de mi decisión no tuya. Pero conoces a Mila, jamas permitiría tal cosa aun si eres tu el padre del bebé.
— ¿Pensabas en criar al cachorro sola y ocultarmelo? — pidió saber con un tono incrédulo en la voz.
— Si, digo, ¿por qué no? — se encogio de hombros restandole importancia. — tu nunca estarás preparado para ser padre, al menos no conmigo. ¿Cierto? Solamente seria un estorbo para ti y tu conquista fallida de Yuuri Nikiforov.
Oh, maldición ese nombre. Por mas querer reprirmirlo con fuerza en su mente no podía lograrlo, las imágenes de su enfrentamiento a solas posteriormente tambien Viktor, le colmaban la paciencia y la mente. Ahora agregándole el bebé con Mariana, colocaba su vida color de hormiga. En un punto tenia razón la latina, no estaba preparado de ninguna manera para convertirse en padre, ahora o nunca, pero esto no decía el tratarse de ella mas bien residía en el mismo. Sus inseguridades, inquietudes y el temor de fallar en ese papel importante en la vida de una criatura, quizás ser entrenador se le planteaba mas fácil a lo otro pues guiaba a mocosos en sus rutinas de patinaje, corregia detalles de estas y acompañaba en el momento de los resultados. Todo eso era momentáneo, en cambio ser papá seria tiempo completo, las veinticuatro horas del dia, trescientos sesenta días del año y sus doce meses, donde su hijo o hija necesitaba de todos sus cuidados. ¿Como podía cuidar de alguien mas cuando apenas lo hace consigo mismo? Aunque de algo si esta seguro, dejar a una criatura indefensa de estar seguro en compartir su sangre es inaudito, eso y que su abuelo lo mataría.
— Ni siquiera lo niegas, que descaro. — murmuro con veneno, fulminandolo con la mirada. — En fin, eso son tus problemas no míos solo vine a informarte las nuevas buenas, para ti seria un preludio entero. Como dije, no espero de ti el responderme pero al menos deberías saberlo.
Se levantó del asiento con rapidez, arrebatandole de las manos el examen medico y caminando lejos de su presencia, o al menos eso planeo hacer. La mano de Yuri le impidió retirarse del resinto, la latina intento deshacer su agarre tironeando de su brazo sin éxito alguno, la fuerza de un alfa jamas seria comparable. Seria parecido a medir la de un rinoceronte con una garza, simplemente estúpido.
— Tu tambien eres muy inmadura. — argumento el rubio, levantándose de su asiento y encarandola sin represarias. — si vienes hablar del bebé, pues habla de él únicamente y no de nosotros. No pienses de mi como una persona desalmada que jamas reconocería su propio hijo, se que te dañe inremediablemente pero hasta una persona como yo conoce sus limites, con ello pretendo hacerme cargo de nuestro hijo y no huir como si fuera un cobarde.
— Son palabras muy grandes para alguien como tu. — dio un paso hacia atrás liberandose finalmente. — pero soy de las personas en creer que las palabras se las lleva el viento, prefiero las acciones y tu Yuri Plisetsky, no entras precisamente entre ellas.
— Si pretendes colocarme a prueba, perfecto. — propuso con tranquilidad, sin liberar la tensión en la latina en lo mas minino. — hagamoslo de esa manera y veraz de que tipo de madera he sido hecho.
— Ya veremos.
Ahora que la veía alejarse en cámara lenta, con pasos alargados pero contundentes se lamentaba internamente de toda esta historia, el realmente había construido sobre el aire un castillo de cartas, las cuales con un soplido momentáneo del viento lo derrumbó quedando nada en lo absoluto. Justo en ese instante, se sentía un entero idiota por correr a lo predecible, incluso, olvidar esos naipes manchados de las lágrimas despertinas de la que alguna vez su omega, Mariana. Su situación incremento de nivel, parecido a la marea al adquirir una tempestad o tormenta por el clima, Yuri se convertiría en padre y no podría agradarle la idea, pero era inevitable pasar de ello. Si, es egoísta, excéntrico, malhumorado, un poco despectivo pero jamas inresponsable. Ese niño tendría su entera atención, luego de todo no tenia la culpa de los problema de sus padres, de esos se encargaría después él y la omega. Por los momentos, su prioridad seria apoyarla en cuento estuviese a su alcance, seguramente seria algo que le gustaría al katsudon. ¿Y como seguía teniendo fuerzas para pensarlo? ¿anhelarlo? ¿quererlo? Fácil, porque aunque tuvo una larga discusión con Viktor incluido jamas daría su brazo a torcer, por primera vez en la vida le importaba llevarse delante suyo una amistad de varios años, es decir, tenia a Beka y Mila, cosa de ser sufiente. Agregándole mas a la ecuación, para el rubio la palabra “imposible” se le presentaba incipida, escalida e idiota, en su diccionario no la utilizados jamas. Una vez en el pasado tuvo a Yuuri entre sus brazos, el tenerlo nuevamente, seria una tarea ardua pero no ficticio. Quizás su mejor amigo le traria de tonto, masoquista y cabeza dura, pero desde los años transcurridos al saber la verdad no se ha sentido mas vivo como ahora, una parte de él le duele lo ocurrido con Mariana pero era inevitable. Tarde o temprano pasaría.
Revolviando sus cabellos con desgano, toma de un solo trago su café ya vacío colocándose de pie y decidiendo igualmente abandonar la cafetería del centro de patinaje, según las horas debería estar en camino o en la pista el tonto de Haru. Al pesar del dilema entre sus padres y él, han continuado mandando al adolescente a su cuidado, tampoco es que a estas alturas se arriesguen a buscar a otra persona, menos teniendo la copa en China y el stake en América, dos competencias sumamente importantes para el chiquillo. Es en ellas donde deberá optener buenos lugares, de esa forma ganarse el puesto en el GPF tal cual a lo hecho por si mismo en su año de novato, quedando en segundo lugar. Lo admite, fue rotundamente vergonzoso, pero al menos se mantuvo al lado de su mamá, quien presentando signos de perdida de idiota del Nikiforov, permaneció victorioso y con la gloria en sus manos. Sin dudas, se lo merecia. Abordando los pensamientos de los últimos arreglos a la rutina del menor, concordo que la nueva composición de Anna esta lejos a la anterior, o mejor dicho, la presentada en las nacionales rusas fue algo sonza y vacía. En cambio esta, desbordaba tantos sentimientos encontrados, desde nostalgia hasta la tristeza o alegría. Pegandolas al peliplata joven, sincronizaban la mas perfectas de las combinaciones donde no solo profesaba perfección, igualmente corazón y dedicación. Dolia admitirlo, pero Haru es definitivamente el hijo de Viktor Nikiforov, la leyenda viviente del patinaje artístico por poseer su técnica, pero el arte transparente de su madre. Soltando un suspiro, Yuri se ve inmerso en el ruido propio de la pista de pantinaje, el frío y la atmósfera de esfuerzo al máximo. Los otros entrenadores mandan correpciones a su pupilos, las cuales las acatan, mientras los demás, practican conversando entre ellos y mandandole miradas disimuladas a sus guías. Desde la disputa con Mariana, se vio mas ocupado en llenar el vacío entre los chicos, mas entre los niños que empezaban a practicar, es notable el gran cariño en tenerles y ellos a ella al preguntar su paradero. En múltiples conversaciones “supuestamente” tranquilas, ha intentado converserla de regresar con sus actividades, ocuparse de los menores e ignorar su conflicto sin éxito. La omega no solo odia ver su rostro despreocupado, el simplemente plantearse verle como si nada pasara es asqueroso, le da repelus y nauseas. Asi que, renuncia totalmente a ser entrenadora de los niños y otras actividades, le aseguro tener mucho amor por si misma, sobre todo, respeto. Yuri no tuvo mas opción que darle su espacio aceptando, llevándolo a mover cielo y tierra para un remplazo momentáneo, siendo una joven alfa universitaria con un excelente manejo del patinaje y autoridad en grupo. ¿Lo malo? Esta lesionada y esto repercute en no poder patinar de por vida, convirtiéndose en nada mas a una aficcionada. Es triste, si, pero al menos puede manejarse en el ámbito y le es suficiente hasta hora.
El sonido de unos gritos agudos le devuelven a la realidad, un grupo de personas se acumulan en la entrada, entre ellos personal del estanf y patinadores regulares. Yuri agudiza sus sentidos al máximo porque mas que nadie conoce el significado de esta rara reacción de los presentes, es imposible de olvidarlo mas cuando escucha su voz atolondrada, grave pero clara, atorcipelada y profunda como el mar parecido a sus ojos. Esta descripción solo da con una persona, Viktor Nikiforov, su alto rival en todos los aspectos de la vida. A su lado con una sonrisa forzada se encuentra el katsudon sosteniendo a Hikari muy animada, mientras que Haru busca ocultar bajo el gorro de su chaqueta de la selección rusa el rostro evidentemente avergonzado, al pesar de ser hijo de la leyenda, levantar revuelo jamas ha sido lo suyo. Por del contrario de Anna, la alfa le encanta ser el centro de atención en todos los sentidos, pudo ser taciturna en su infancia pero al terminar viviendo con su padre fue abriéndose al mundo, no le extraña que tenga un omega como pareja. Es decir, puede ser triste pero a la vez predecible. Muy acorde a su personalidad. Buscando escabullirse entre la multitud, Haru es ayudado por un personaje inesperado, la estrella femenina en el mundo del patinaje artístico femenino Irina Kotovish. No existe nadie en este resinto que la adore, aparte de su evidente talento para los saltos complicados en rutinas de alta dificultad, posee carisma, encanto natural y personalidad calmada. Por supuesto, es mas a una fachada, Yuri no pretende hacerse el tonto ante una realidad latente puede que Mariana intentara convencerle de eso, tampoco debía hacerlo por una sencilla razón. Él tambien es un alfa. ¡Por lo sangrado! Entre los de su especie se entiende, es obvio percatarse del deseo turbio de la alfa en poseer todo lo vistosamente “agradable” en ella, algo natural en los de su especie, mas ante el deseo de proteger lo que podria ser débil. Ahora, ¿donde entra la imagen de Haru Nikiforov? Ni idea, por los momentos le es un misterio el motor a impulsados a perseguirlo, mantiene consiente que el peliplata no le es indiferente, es decir ¡la chica mas hermosa del centro le presta atención! Es una oportunidad nula de olvidar, con los ojos cerrados aprovecharía de salir al menos en alguna ocasión. Sin embargo, existe una inquietud en el estómago del Plisetsky difícil de pretender no existir, porque imagina que de despegar los ojos en su pupilo este sera devorado en un solo bocado.
« Demonios, debo de estar volviendome loco. »
Haru no es un niño, tiene la edad suficiente para valerse solo, a esa misma el tuvo la osadía de ir tras su padre y exigirle cumplir con la promesa olvida, la misma en enamorarse de su madre y prometer jamas dejarlo solo. Aun así, ocurre un pequeño detalle. Haru no es él, las circunstancias de aquel entonces le obligaron a madurar antes de tiempo, ocuparse de las necesidades de su casa y llevar el dinero. Al contrario del peliplata de crecer en un hogar calido, con padres amorosos, compresivos y dispuestos a hacer lo que fuese por él, la familia unida de todo humano deseria tener. Esa misma, que Yuri pretende destruir con sus deseos oscuros egoísta.
« ¡No! ¡No! ¡No! Tiempo para arrepentirse es inexistente, solo… solo… debo concentrarme. »
Acariciando sus sienes en círculos, guia los pasos hacia la dirección de dos adolescentes fugitivos de la ola de fans desquisiados, que al ver al entrenador y encargado de la pista optan por mantener una postura rígida. Mas Haru, quien tiene una expresión de lo mas contraída en el rostro, llevándolo casi a reírse de ella.
— Entrenador Yuri, buenos días. — saluda con falsa educación Irina, sonriendole en una sonrisa propia se mona lisa.
— Irina, Haru. — este último lo pronuncio con cautela, produciendo en el peliplata nerviosismo. — los necesito en pista en cinco, nada de distracciones o tonterías. Recuerden donde se encuentran.
— Si, entrenador. — respondieron ambos en un mismo son.
— Bien. — medio entrecerro los ojos detallandolos breve, mas a la rubia hipócrita. — ¡Andando! ¡No pierdan mas el tiempo!
Moviéndose de manera nerviosa, Haru sostiene la correa de su maleta corriendo pasos lejos de él hacia los pasillos, en tanto Irina manteniendo aun su sonrisa falsa anuncia su retirada, siguiendo donde ha desaparecido el beta. Es allí cuando una vez mas, se viene contra suyo unos pinchazos de incomodidad en el estomago, por la mirada de la muchacha puede deducir perfectamente tratarse de una burla, una clara señal de superioridad ante otro alfa y le desagrada mucho. Nunca antes la rusa le ha visto de esta manera tan… ¿territorial? A la vez de perversa, porque se encuentra tan segura de si misma en no poder ser arrebarada del lado del Nikiforov, incluso de interponerse los mismos padres. Tampoco pretende responderle a la provocación de una adolescente, mas siendo un alfa, su humor es volátil, sus ideas dibutativas, las hormonas descontroladas y las inseguridades latentes, asi que comprende una “amenaza” de su persona con Haru. Sin embargo, Yuri es visto como un simple entrenador, mas aun, el tio amable encargado de dar obsequios en los días festivos y cumpleaños, el gran padrino amoroso de todo niño piensa tener. Claro, mas si este posee el genio de mil demonios encerrados en una jaula, listo y dispuestos a atacar en la mínima oportunidad de ser liberado. No por nada fue catalogado “tigre”. Mas razones para llamar a Irina idiota, pero por ahora lo dejara pasar debido a su desconocimiento del funcionamiento en los alfas, mas al tratar de cortegiar a alguien importante y la rubia parece ser de ese tipo. Prestandole atención a otra cosa, el ojos jade visualiza a la criatura mas agraciada de todas interactuar con los patinadores del centro, intentado de todas las formas posibles ser amable y considerado con ellos mientras su esposo los saluda alegremente, teniendo la mano de él en la cintura del otro. Yuri sonrie socarronamente, hablando de alfas territoriales Viktor Nikiforov hace su aparición, es por lejos el mas especializado en el tema.
— ¡Bueno ya valio el espectáculo! — grito seguido de una palmada al aire, captando la atención de todos los presentes con una mirada confusa. — No se si han percatado donde estan, pero es precisamente el zoológico. Por lo tanto, vuelvan a sus obligaciones… ¡de inmediato!
Antes de recibir mas escarmientos del ruso, las personas se dispersan rápidamente de alrededor de la pareja inconformes, demostrando en sus caras la molestia y la poca amabilidad del Plisetsky ante la presencia de dos grandes del patinaje. En tanto el rubio, cruzando sus brazos a la altura del pecho da unos cuantos pasos en dirección de los Nikiforov, percatandose que entre ellos permanecia una Hikari alerta de su entorno, ahora pasando a tener la atención del omega y riéndose abiertamente. Al conectar la mirada los dos alfas, la tensión aumenta considerablemente de nivel induciendo en Yuuri una mueca de incredulidad, ante la antigua confrontación que tuvieron Viktor le exigió a Yurio mantener lejos sus narices de su familia, de lo contrario, se arrepentiria de por vida no escucharlo. Lo absurdo de todo esto seria mantener a Haru bajo su tutela, si en verdad querían sacarlo totalmente de su vida, la opción mas viable seria cambiarle de entranador pero a estas alturas era imposible, menos conociendo el cariño del menor hacia el Plisetsky. Aun no sabía nada de lo ocurrido, menos Anna, aunque sabiendo la intuición de esta última lo mas probable es haberse enterado antes que nadie, incluyendo el mismo omega en cuestión y su hermano menor. Como sea, en tanto terminaba la temporada de este año, buscaría la forma de llevar las aguas entre los alfas tranquilas, después… después hasta él mismo serviría de entrenador a su pequeño, pero en el presente ese no es el caso.
Dando un suspiro seco, dio un paso rompiendo filas y arrullando a su bebé, miro a Yurio con signos de desafío combinando la reprimienda. Tal donde se encontraban no era el idóneo para formar escenas, menos poseyendo la atención de todos los presentes, después de seres humanos venían siendo figuras importantes en el ámbito deportivo. Por lo tanto, comportarse era su deber.
— Dejen de ser absurdos, por favor. — susurro entre dientes, mirando de reojo a los dos y abrazando a Hikari. — recuerden que estamos en publico.
— Vamos, Yuuri. — alargó las notas su esposo, acomodandose justo al lado suyo y pasando sus manos en el hombro de esté, pegandolo a su cuerpo. — los tres somos muy buenos amigos, nada de eso ocurrirá. ¿Cierto? Yurio.
« ¡Ugh! Como odio a este viejo decrepito. »
Si existía algo que detestara el rubio aparte de la presencia de Viktor de sorpresa un fin de semana, era el mismo Viktor alzando su mentón, brillandole la mirada y sonriendole de medio lado con signos de prepotencia, ego elevado y ironía absoluta. Justamente como ahora, dándole ganas de borrarle esa mueca ridícula de su horrible cara con patadas. Seguido de arrebatarle a Yuuri de sus brazos frente de él, dibujando esa misma cara pero con mas pronunciación, del mismo modo demostrarle de lo que estaba hecho. Lastimosamente solo esa imagen en sus deseos siendo la realidad otra, él seguía permaneciendo abajo entre las personas del público como un mero espectador, presenciando en primera fila la escena de su omega amado pegado a un alfa, el cual, no es precisamente él. Nadie podía entender lo frustrante de todo este asunto, el dolor de sus vísceras al entender su fria realidad, aun con todo la carga de ella, Yuri desafiaria una vez mas la gravedad porque valía la pena hacerlo si la recompensa seria el cerdo. Por lo tanto, le importaba poco destruir la familia construida a lo largos de los años junto a Viktor, los hijos, las memorias, el cariño compartido, aun mas, la amistad a base de confianza entre ellos porque una vez ser egoísta no le tacharia de mala persona. Lo contrario, lo convertía en alguien mas humano, muy del contrario del pedestal que solían colocarlo. En realidad, Yuri desde mucho tiempo se canso de esos argumentos vacíos de humanos igualmente vacíos, llenos a simple vista de surpeficilidad y comentarios cliché. Ese combinado a otros motivos mas le provocan mas amor a Yuuri, porque el no te observa tu físico, menos los logros en su carrera artística, mas bien te toma en cuenta por quien realmente eres, no por como aparenta ser. Ahora, el rival de todo la vida Viktor jodido Nikiforov, trata de restegarle en su cara su supremacía en el corazón del pelinegro no solo siendo cuention de unos años, mas bien, siempre. En nadie es un secreto la gran devoción en el omega hacia el peliplata desde joven, es decir, él mismo le admitió seguirlo desde su carrera de junior quedando prendado ante su manera de patinar. ¡Ugh! Casi escupe bilis por la boca al verle describirle las emociones vividas en ese entonces, el entuciasmo, las ganas de transpasar la pantalla y gritar con todas sus fuerzas el llegar ser igual que él, admirarlo y ¿por qué no? Quererlo. Fue en ese instante recriminarle su eterna idiotes, además, de en verdad ser insuficiente ante esa magestuosa imagen del Nikiforov y jamas superarla. Allí como de costumbre el katsudon salia desesperado a desmentir todo, inclusive en ese momento, el moreno con palabras bonitas conseguía enamorarlo una vez mas, porque no necesitaba competir con nadie ni siquiera sentirse inferior; Viktor era Viktor y Yurio pues Yurio. Obviamente el rubio odiaba esa apelación a su nombre, pero terminaba por aceptarla secretamente, igual a “cerdo” o “katsudon” dirigido a su amado. Apodos únicos entre los dos. ¿Estuvo mal aferrarse a eso? ¿A creerse especial en su corazón? ¿en tener al menos una oportunidad? Y la tuvo, demonios que si, durante esos maravillosos cinco años interactuando parecidos a una pareja, Yuri aprendió el verdadero significado de la felicidad. Esta no se componía de títulos, medallas, reconocimientos o dinero, en realidad la acarreaba la dulce presencia de la mariposa multicolor de Yuuri Katsuki, quien tarde o temprano lo abandono atrás con la finalidad de perseguir su autentico hogar, al lado del Nikiforov.
« ¡Maldición! ¿imaginan lo absurdo de escuchar admitir eso? ¡Es como dar la guerra perdida! »
No, no, no. ¡Yuri Plisetsky jamas da su brazo a tocer! Menos ahora, tiene al Katsudon frente suyo mirandolo, quizás un poco molesto ante su vieja postura, pero consiente de sus sentimientos hacia él. De alguna u otra forma, podrían alcanzarlos y…
— No sucederá. — comento repentinamente desconcertando al peliplata, inclusive a si mismo. — Dejate de necedades Yurio, eso que estas pensando no va ocurrir jamas.
« ¿Hasta que grado me conoce? Hump… da hasta gracia. »
— No sabrás hasta considerarlo con calma. — le respondió con tono burlón, dibujando una sonrisa de medio lado y encrispando el lado alfa del ojiazul. — Oh, lo siento, lo siento… ¿te incomode Viktor?
El aludido emitió un gruñido parecido a un perro rabioso, arrugando su perfecto rostro en una mueca de total enfado dando un paso hacia adelante, como si leyera los pensamientos de su pareja (¡ah! Claro… el lazo ¿no?) El omega lo sostiene con un solo brazo impidiendo salirse de control. Moviendo su cabeza a los lados en una señal de controlar a la bestia, le pidió dejarle esto a sus manos al ser claramente su asunto, el alfa quiso contraerle la idea pero termino cediendo. ¿Quien lo diria? El gran Viktor Nikiforov siguiendo las ordenes de su pareja un omega, UN OMEGA, si bien los tiempos han cambiado algunas costumbres no y entre ellas se encontraba jamas llevarla la contraria a un alfa, mediante el lazo que los une podía colocar fácilmente la situación a su favor. Aunque conociendo al idiota, jamas haría algo en contra su amado cerdito y menos tratándose de esto.
— Yurio por la paz, deja esto de una buena vez. — pidió, no, exigió con un tono contundente de voz y brillandole los ojos con intencidad. El omega estaba siendo totalmente serio, sobre todo, determinado. — ¿Acaso eres tan desvergonzado como para tirar nuestra amistad a la basura por un capricho?
— ¿Crees que mis sentimientos solo son ideas mias? — exclamó incrédulo, esperaba escuchar algo así de Viktor, digo, es idiota y jamas mide sus palabras pero… ¿el katsudon? Oh no, eso si que no, de alguien como él nunca. Al menos, eso pensaba hasta hora. — Francamente, eres una persona muy estúpida. Yuuri Nikiforov.
— ¿Estupida? — retribuyo anodado, saboreando la palabra en la boca y enojandose en el proceso. Su esposo, tambien sin creerlo, parpadeo varias veces y hizo una plegaria en silencio. Jamas estar en los zapatos del rubio en estos momentos. — Si, tenemos uno aqui de verdad, pero para tu información no se trata de Viktor o yo, mas bien, eres tu. Si, Yurio, por supuesto que si. ¿Te das cuenta de la realidad de las cosas? Y si no, permitime refrescarte la memoria. Han pasado mas de diecisiete años ¡Diecisiete por los dioses! Donde me comprometí con Viktor, soporte una y mil humillaciones publicas, la prensa amarillista con sus reportajes absurdos e incluso sus seguidores. Consiguiendo al fin casarme con él, tener a Haru y centrarme por primera vez en mi vida ser feliz. — el ojos caoba tomo un respiro calmando su enojo, apagando la pequeña hoguera dentro suyo y enfrentando una vez mas al rubio frente suyo. — No lo dudo, ni jamas lo dudaré, tambien formas parte en mi vida Yurio pero no de la manera que crees. Es decir, en todo este tiempo has permanecido a nuestro lado con Mariana, siendo los testigos fidelignos del crecimiento de mis hijos. ¡Que digo! Son sus tíos aunque no compartan sangre, cuando los veía a ambos no podía imaginarlos en la misma posición que la mia con Viktor. ¿Por qué destruirla? ¿Por qué tu empeño en correr detrás de las brazas de algo extinto? ¿muerto? Tu crees amarme Yurio, pero no es cierto, no lo es. Estas confundiendo el afecto familiar con el amoroso, y eso… eso me duele, por ti al igual que por Mariana quien te quiere mas a nadie en este mundo. ¿No te lo demostró de diferentes maneras? No arrojes a la basura su amor por ti, ni te atrevas hacerlo, estoy seguro que si tu…
— Se acabó, Yuuri. — interrumpió el discurso del omega de raíz apretando los puños, tragandose gota a gota el dolor de escucharlo y verse reflejado en sus ojos como alguien inseguro, inmaduro y estúpido. Hablando seriamente ¿qué veía en él? ¡¿qué mierdas veía en él?! — Mi historia con Mariana desde un principio ni debió de existir, el tratar de recuperar del suelo agua derramada es imposible, ambos lo sabemos y Mariana tiene orgullo. Jamas mendigaria amor, tampoco pretendo obligarla hacerlo.
— Pero ustedes…
— ¡Malditasea que acabó! — grito fuertemente frenando los sonidos de las personas en el resinto, centrándose únicamente en ellos junto a su escandalo. Viktor por inercia se paro delante del omega mirando al otro alfa como amenaza, protegiendolo junto a su cachorra de apariencia encantadora y retando al Plisetsky con la mirada, esto no provoco en lo mas mínimo titubeo en él, lo contrario, le empujo mas rápido a decir lo que gritaba su corazón con fiereza. — ¿Es tan difícil para ti creer la verdad? ¡¿sobre mis sentimientos?! ¡Maldición! Si te digo que te quiero… ¡es porque en verdad lo hago! Me resulta repulsivo la incredulidad en tu voz y tus ojos, quienes obviamente siguen mirando al quinceañero de años atrás y no al hombre de ahora. Porque es eso… ¿cierto? En tu cerebro siempre sere eso, el molesto jovencito que corrió detrás de ti y cuido cuando el idiota de Viktor no estuvo para ti. — esto esta mal, decir todas esas palabras estaba muy mal. Pero no podía parar, menos cuando lo reducían a pedazos diminutos junto a sus sentimientos, Yuri Plisetsky tenia orgullo y… — Olvidalo, esto es absurdo… seguirá siendolo mientras sigas teniendo esa imagen mental, aun mas imponiendome tus deseos en mi sin considerar lo que quiero.
— Yurio, eso no…
« Ah… allí viene de nuevo, su cara de horror completa, la eterna de absoluto pánico y no saber maneja la situación. »
Pero Yurio no era de palo, por sus venas recorría sangre, tenia órganos, un corazón latiendo de un amor no correspondió y teniendo de destino un aparatoso final. Sus alas una vez mas han sido cortadas, cayendo estrepitosamente al suelo pegandose cada uno de los músculos de su cuerpo, destruyendolos. Una vez mas, se sentía igual que aquel joven veinteañero bajo el cielo oscuro de Ditroit en invierno, el frío colandose entre su abrigo llegandole a los huesos y… ese vacío, ancioso, horrible, asqueroso que solo buscaba una sola cosa: apoderarse de él. Lo hizo, realmente lo hizo y lo convirtió en un completo esclavo de sus opresores descontrolados sentimientos. Ahora en el presente, miraba los grandes ojos caoba de Yuuri notando la misma persona descuidada de costumbre, amable, dulce, cariñosa e inocente en todo el sentido de la palabra, su único defecto ser dependiente de Viktor y su afecto desconsiderado. El rubio no podía contra eso, jamas lo haría, así como igualmente permanecer por siempre en las memorias de ellos dos en el sofa del departamento de Ditroit simplemente riendo, viendo televisión o perdiendo el tiempo a lo tonto, mientras una Anna osaba a interrumpir entre ellos buscando su protección. No, de eso jamas volvería y dolia agonicamente su alma en busca de una salvación, una que el Nikiforov no tenia en su manos.
Comprendio que el olmo no da peras.
Comprendio que las mariposas son efímeras, no durareas.
Mas aun comprendio que, Katsuki Yuuri no volvería mas él trasmuto convirtiéndose en lo que es ahora, un Nikiforov a toda regla.
— Me da igual, ustedes y su matrimonio, de que siempre sere poca cosa al lado de Viktor y que no me ames. Todo eso, me da igual. — soltó una sonrisa amarga, sintiendo que la espesura de su alma se cernia sobre él consumiendolo por completo. — Desde ahora pueden irse al infierno, si eso… ¡Largense al infierno! Y por primera vez en lo que llevamos de conocernos, nunca vuelvan… ¿si? No vuelvan porque escucha esto Yuuri, ya no estare para ti nunca, menos para alguien de ustedes. Simplemente… me enferman.
Dándose media vuelta con los gritos del moreno detrás suyo, Yuri a pasos agigantados abandono la pista de patinaje viendo como su mundo se caía a pedazos frente a sus ojos. Primero la noticia de ser padre, el desprecio de Mariana, la incredulidad de Yuuri ante sus sentimientos, la aclaratoria de jamas quererlo y tratarlo igual a un crío. ¡Quien necesita reconocimiento para querer a alguien! Valgame los patines dorados de los dioses del patinaje, cuando tienes sentimientos los tienes y ya, no debes poseer el consentimiento de esa persona para seguir teniendolos. Oh dios, oh dios, al final si que era un idiota, llegar a tales extremos para ser reconocido por el katsudon. Bueno, ya daba igual a estas alturas, aun mas cuando lo acababa de mandar al demonio junto con Vitkor no queriendo tener mas contacto con ninguno de los dos, menos con alguien de esa familia. En pocas palabras, Yuri estaba cansando de todo este asunto, en su cabeza lo único en rondar seria recoger las cosas en casa de su abuelo y huir a un lugar solitario donde nadie podía joder, teniendo un reencuentro consigo mismo y nadie mas. Tener dos rechazos de la misma persona era inaudito, él quien fue considerado la mejor pareja a lo largo de los años, quien seria raptado por fans según algunas encuestas de farándula y alejado de su anterior omega, solo para obligarlo a casarce con su secuestradora. Lo sabia, era un planeamiento muy enfermo a lo que le tuvo miedo una buena temporada y Mariana se burlo de él, llamandole niño lloron. Pero en la situación de baja de animo en esos instantes le ameritaba, quizás le daba a entender que existía un grupo de personas en quererlo, en lugar de despreciarlo.
¡Maldición! ¿cuan desdichado debía de ser para satisfacer al Nikiforov? Esas palabras dichas, la seguridad en su mirada, la insistencia de volver al lado de la latina y desechar cada uno de sus sentimientos como si fueran papeles, bolas de papel arrugadas e inservibles. Al fin comprendio que las palabras llegan hacer mas contundentes a los golpes, los moretones aparecen hacen daño en el momento al igual de permanecer unos cuantos días, pero desaparecen al final de todo. Al contrario de las palabras, estas dejan una huella mas profunda y dolorosa en el alma, siendo precisos, en la memoria donde podrías traerla de vuelta cuando quisieras y devolver el dolor al presente. Asi mismo se sentía Yurio, devastado y en la misma mierda, el peor sitio en la faz de la tierra. ¿De que sirve amar tanto a alguien al grado de la locura si esta no te comprende? ¿o no desea hacerlo? Nada, absolutamente nada, por eso mismo quería huir, correr tan lejos le permitía sus piernas ceder y sumergirse en su propia miseria. Si las lágrimas venían prefería tenerlas estando solo, no en un lugar concurrido de personas que poseen una imagen dura de él, llena de autoridad y determinación. Pero como dolia, dolia a horrores mantener la apariencia de un alfa autoritario que todo le da igual y nada le importa, porque debajo de todas esas capas se encontraba el verdadero Yuri Plisetsky, un eterno enamorado de un omega destinado a otro. Entonces cuando cree que va a quebrarse al raz de una hoja, la imagen de un Haru Nikiforov arremetiendo contra a Irina Kotovish en medio de un pasillo desolado, una esquina junto a las maquinas expendedoras y las luces jugando a su favor le golpea las retinas congelandolo, dejándolo parado literalmente sin habla en medio de la entrada del pasillo.
« Vaya mierda, no deseo encontrarme con ningún Nikiforov y… sucede esto. »
La imagen del niño de deslumbrante sonrisa queda opacada ante una totalmente diferente, donde besa con demencia a una rubia pequeña de coletas mas baja a comparación suya, luchando por seguir respirando y seguramente de quien de los dos puede meterle la lengua al esófago del otro, al igual de una mano traviesa posando en los muslos de la jovencita que emite sonidos ahogados entre ambos. Yuri de pronto se siente tonto, pensando en que la rusa era peligroso para el beta, pero se equivoco y retribuye una vez mas a los Nikiforov siendo unos totales idiotas, bestias y buenos en picarte la cabeza en dos.
« Y eso que les dije no perder el tiempo a lo tonto… esa obediencia por parte de ambos. »
Pero seguramente la culpa la tenia Haru, ese idiota peliplata hijo de aquel despreciable personaje del cual no deseaba hablar, pero veía claramente reflejado en su hijo en todos los aspectos contidianos. ¿Y como olvidarlo? Si Yakov tuvo mucho de esto en sus años de patinador, escapandose a su antojo de las practicas, haciendo lo que le saliera de los cojones y saliendo con cuanto omega, beta o alfa se presentara. ¡Ahg! Era el demonio enemigo de la humanidad, costaba admitir que conocer al katsudon él… freno el carro, esto no se trataba de la vida marital de la leyenda del patinaje, menos la de su hijo con sus hormonas revolucionadas, mas bien se refería a desanter sus obligaciones y dejarse llevar por un ambiente solitario. ¡Si eso! Odiaba a las parejas atolondradas de los jóvenes de hoy en dia, mas las de un Haru combinado a Irina. Golpeando a puño cerrado la pared cerca de él, consigue la atención de ambos adolescentes asustados de verse descubiertos, al menos por parte de Haru que al descubrir el causante del exabrupto siente el pánico apoderarse de su cuerpo, porque a) esto sucede en las películas y b) su entrenador realmente esta enojado, no tendrá piedad absoluta de la escena presenciada hace unos momentos con Irina.
— Si han terminado con su muy ocupada tarea, se les agradece ir a la pista a calentar. — la voz del rubio sale tranquila, pausada hasta cierto punto y asusta a un grado alarmante al ojos caoba, ese de al frente no es su entrenador. — verlos igual a las sanguijuelas corropen mi pobre estómago, además de mi lugar de trabajo… agradecería que se buscaran otro sitio.
— Lo sentimos mucho entrenador. — se disculpo con farsa sonrisa la muchacha, percibiendo igualmente la baja temperatura alrededor del alfa mayor. — no se volverá a repetir jamas en su presencia, bueno, solo en la suya porque detrás de su espalda…
Haru ignora las crecientes insinuaciones de la alfa hacia su persona, su entera atención se centra en otro que procura ocultarle la mirada por alguna razón, agregándole ese tono fuera de lo común en alguien tan presuntuoso como él. Sabe que Irina se molestara ante esa falta de interes al estar saliendo, pero inclusive ella conoce la persona dueña de sus sentimientos siendo su entrenador, el cual parece estar sufriendo una clase de dolor intangible para muchos, menos en su intuición de persona enamorada hasta los huesos del rubio.
— Entrenador Yuri, disculpe pero… ¿le ha ocurrido algo? — pregunta con cautela, sorprendiendo al alfa que desimula su respingo de conmoción girando su tronco hacia otro lado. — lo digo por… porque usted parece apagado, distinto a su autentica personalidad.
Ah… hasta el mocoso de los Nikiforov le conocía en un grado alarmante, aunque en algún punto era predecible al estar viéndolo desde tener memoria, el peliplata creció a su alrededor y juntos compartían memorias llenas de travesuras. Para nadie es un secreto el gran parecido físico con su padre, además de otras cosas en cuanto a personalidad, pero una de la mas grandes venia siendo la malicia al preparle un juego pesado a este como ignorarlo, fingir no quererlo y escondersele de su presencia dándoles varios susto de muerte al mayor, temiendo a una clara reprimienda de la madre del cachorro. En definición, Haru había sido un cría bastante traviesa y jueguetona que solo se calmaba en su presencia, junto a la de Mariana claro esta, quien poseia un gran apego creyendo en algunas ocasiones ser su primer amor. Pero no, porque al ver sus hermosos ojos saltones color caoba se mantenía la inocencia de la niñez y la devoción a su persona, creyendo que allí no solo estaba su mamá igualmente algo totalmente diferente, la esencia de alguien único, algo muy Haru. ¿Acaso no era molesto? Completamente ¿no le recordaba mas a Viktor que a Yuuri? Obvio y si, pero le podía importar menos porque…
— Metete en tus asuntos, mocoso. — le paso por el lado, dejándolo totalmente estático y sin aire. — mejor ve a la pista. Tus padres te esperan.
— ¿Y usted? — le siguió detrás insistiendo, aun cuando Irina le sostuvo del brazo impidiendoselo. — ¿No pretende observarme?
Lo seguido en escucharse fue una risa oscura, grave y penetrante proveniente de su entrenador que dándole la espalda desde el principio, se dio únicamente la vuelta para mirarlo de una manera despreciable, casi irónica y con el grado de desarmar toda tu fuerza arrojandola al suelo. Pero Haru sabía que había algo mas, algo en desear abiertamente la atención de algo o alguien, al punto de inquietarle el pecho intensamente.
— Dejame dejarte algo muy claro, Haru. — siguió con el tono de voz burlón, prácticamente cinico. — Desde siempre me has resultado ser lo mas fastidioso de este mundo, tan falso… ingenuo… idiota… y… ¿Nikiforov? Aun mas eso, porque en toda tu asquerosa cara le veo solamente a él. ¿Sabes lo repulsivo que me resultas? Incluso ahora, estoy aguantando las ganas de vomitarte encima. Asi que, por primera vez en tu jodida vida escuchame y ve donde estan tus padres, mocoso insolente.
Haru no entendía en lo mas mínimo porque escuchaba tales cosas hirientes en boca de su persona amada, menos el grado de daños sufridos en su interior, que convulcionaba al eco de la voz del Plisetsky hiriendole con una arma mas poderosa a una pistola, sus palabras. Temblando de pies a cabeza, el peliplata cae al suelo en un golpe en seco mientras el rubio abandona la escena del crimen sin ninguna culpa, hiriendo sin saber a la persona que posiblemente mas lo aprecie en este mundo. Irina observando esto aprieta los puños con impotencia, soltando un gruñido entre dientes y mirando con desafío al alfa que abuso de su autoridad como entrenador humillando a su pareja, le daba igual si pasaba por una mala racha o experiencia con alguien mas, el ser abandonado por su omega, jamas ser correspondido por la mamá de Haru, que los pisroskys se extiguieran de la faz de la tierra o los gatitos le odien, pero de ninguna manera le daba el derecho en descargar sus frustraciones en el quinceañero que se ha dedicado a quererlo, respetarlo y adorarlo. ¡Eso debe terminarse! ¡Y justo ahorra! Asi que socorriendo al peliplata, la joven chica alza su voz en dirección del alfa que desea realmente huir de todo.
— El único asqueroso y repulsivo en el área, es usted. — confiesa ayudando al ojos caoba a colocarse de pie, quien de inmediatamente reacciona esperando controlar la lengua de la rusa.
— ¿Como? — gira únicamente la cabeza, mirandolos de reojo.
— Si, eso, a que usted es demaciado repulsivo. Yuri Plisetsky. — retribuye una vez mas, casi sumiendo en la desesperación al Nikiforov ante tal atrevimiento.
— A ver si entiendo, mocosa impertinente. — abre sus pasos hacia donde se encuentra los jovencitos sin prisa, con mucha cautela y frialdad, Irina ni se asusta, en realidad la despierta mas. — Los encuentro en MIS espacios del lugar de trabajo actuando como animales en celo, entonces debo de actuar de la vista gorda y hacer como si nada, tratando de lo mas amables posibles, mas al idiota de tu noviecito. ¿Es eso?
— No, es a su evidente poca objetividad en defirenciar de Nikiforov. — soltó la bomba teniendolo a escasos centímetros de ella, con Haru en medio teniendo el corazón atragantado en su garganta no queriendo bajar o salir. — ¿Me equivoco? No, no creo porque medio mundo e inclusive su ex pareja lo sabe, la entera rabia por no poder tener lo que el tiene, Yuuri Nikiforov. La mamá de Haru.
— Muy buen jugado hija, muy bien jugado. — río suelto mostrandole su enojo, cosa que le provocó escalofríos a Haru pues el ambiente a su alrededor prestabraba para eso, temblar del miedo. — la próxima inventate que las momias caminan en la calle junto a nosotros y santa existe, además de montar un unicornio en lugar de un trineo y repartir regalos en San Valentín. De esa manera, cree en tus ideas de telenovela latinoamericana. ¿Si? Tu siguele, tienes mas que el patinaje.
Si existe varias cosas en odiar Irina aparte de ser ignorada, seria la mueca burlona del entrenador Yuri, porque justo a ahora se comportaba igual aun idiota cabeza de chorlito, tratandola igual a una niña… ¡si tenía diecisiete! Edad para ser tomada en cuenta, en lugar de una cachorra. Al contrario de la defachatez de su entrenador por parecerla a una idiota, realmente le daban ganas de patearle la cara bonita en poseer, dejándole marcado con permanente su posición de cabeza hueca del mundo entero. ¿Quien en el mundo se dedicaría a denigrar a Haru? ¡Solo mirenlo! Es la criatura mas hermosa, bondadosa, ingenua y tierna de todas a su parecer, de haber sido un omega desde mucho tiempo lo habría marcado. Una lastima, una entera lastima que su naturaleza sea beta, aparte de tener dentro de su corazón y cerebro a un odioso rubio llamado Yuri Plisetsky. Por esos motivos y mas, Irina protegería la pureza del alma de Nikiforov, inclusive si significara luchar contra un alfa mayor a ella.
— No solo son conjeturas o “telenovelas” armadas en mi cabeza, entrenador. — pronunció con mucha énfasis el titulo, apretando dientes y puños en el proceso. — A estas alturas del partido, todo el mundo sabe de lo obvio. ¿No se percató usted mismo? Bueno, dejame dejarlo claro entonces, Yuri Plisetsky sus sentientos son tan evidentes que el mas despistado de las personas los ha decifrado.
El ojos verdes no respondió enseguida, menos se dio la vuelta encarando a la jovencita de afilada lengua, en su lugar quedo estático tratando de regular su respiración errante, parecía que corrió todo un maratón hasta ese pasillo al tener a sus pulmones trabajando de esa forma. La realidad era otra. Yuri llegó a su límite, las palabras de la alfa fueron la última gota en revosar el vaso de agua, en la vida nunca le ha importado lo que puedan pensar de él, mas bien le causa gracia ver a los demás retorcerse ante su indiferencia. Pero el katsudon no, jamas que no, porque por lo largo de los años estuvo luchando contra la prensa amarillista, los medios televisivos, las redes sociales y los millones de seguidores del peliplata, todos ellos recalcandole los errores cometidos dentro de su carrera e inclusive, los personales. Debido a ello, el omega se mantuvo bajo perfil y tambien a sus hijos, mas a la menor de todos, Hikari.
Oh, mierda.
Mierda.
Mierda.
Si el escandalo producido por él estos últimos días, agregándole la separación con Mariana y el pronto bebé en camino llegara a manos de los medios, no solo estará perdido, Yuuri asumirá seguramente todo el peso de esto pues al ser omega lo tacharan de algo que no es. Los tiempos pudieron haber cambiado, integrarlos mas a la sociedad y verlas por sus necesidades, pero aunque eso fuera cierto no dejaran de lado que los omegas son lo último del escalafon social, consiguiendo de esta manera malos rumores en su reputación. Si Yuri antes se sentía mal, ahora con esta cruda realidad, se sentia el doble de peor. Fue descuidado, demaciado hasta rebasar el mal gusto, en ningún momento queria involucrar al ojos caoba en un malentendido, menos de esta índole. Sus sentimientos eran suyos, de nadie mas, Yuuri no estaba obligado a corresponderlo y es mas, nunca lo haría por lo tanto debía de estar al margen. De cierta manera lo hacia sentirse idiota descubrir todo esto luego de ser rechazado, mas lo egoísta y torpe que fue, disculparse a estas alturas sería muy estúpido mas tomando en cuenta su personalidad. Sin embargo, Yuri tenia las palabras en la garganta pegandole constantemente, no podía reprimirlas mas cuando su corazón gritaba expresarlas, llegarles al menos de una molesta forma, así fuese rechazado.
Emitiendo un suspiro pesado, el alfa miro unos segundos al techo como si encontrara las respuestas a todos sus dilemas, seguidamente introdujo las manos en su saco negro e ignorando las palabras de la muchacha, guío sus pasos lejos de allí, de la verdad, del dolor, la sequía de su alma y la agonica tormenta en su cerebro debido a la culpa. Esta vez en verdad se marcharía, recogería todo y tomaría las llaves de su auto para viajar hacia un lugar desconocido, donde solamente se tendria a si mismo junto a todo el tiempo del mundo, necesitaba un respiro y lo tendría ahora. Irina viendo ser ignoranda intento ir detrás del rubio pero no pudo, la mano de un peliplata particular junto a la mirada caoba perseverante de él le impidió cualquier movimiento, jamas vio tanta determinación en el jovencito, menos cuando le permitió tener sexo con ella y darle el papel de dominante, aquella imagen salvaje quedó opacada con esta. Haru siempre ha sido medio sonso, tranquilo y elocuente, aun mas teniendo una respuesta a cualquier incógnita por mas descabellada que fuera, dibujaba esa sonrisa descuidada en sus labios y contestaba con ese mal disimulada hipocrecia en su tono de voz. Quizás esa fue la mayor razón de quererlo a su lado, aparte de ser hijo de la leyenda del patinaje, deseaba quitarle la mascara autoimpuesta en si misma de niño bueno y como era de esperarse, lo logró. No obstante, Irina desconocía totalmente el caer rotundamente enamorada del Nikiforov, menos el deseo visceral de poseerlo para si misma y no compartirlo con nadie mas, borrarle de la memoria los sentimientos hacia el Plisetsky suplantandolo con suyos propios. Ella sabía que su entrenador no miraría de esa forma al peliplata, pero sus sentidos de alfa le dictaminaba comportarse territorial, a la defensiva a la presencia del otro. Por eso, la rubia no podía dejar esa mano irse lejos, debía de retenerla mas tiempo a su lado cuando finalmente sus sentimientos llegasen a él.
— Dejalo así — pidió el ojos caoba, aun sosteniendo la mano de la alfa. — mejor permiteme a mi…
— ¡De ninguna manera! — exclamó ella, invirtiendo los papeles y sosteniendo la muñeca del quinceañero. — ese tipo solo quiere humillarte, de una bizarra manera ve a tu padre reflejado en ti y…
— Lo se. — sonrio, pero no eran las típicas forzadas, no. Se trataba de una muy suave, gentil y hermosa en todo el sentido de la palabra provocandole a Irina escalofríos, eso no significaba nada bueno. — pero aun así, debo ir.
La rubia tironeo al peliplata mas cerca de ella quedando a escasos centímetros de su rostro, la evidente diferencia de estatura era palpable, pero Irina no abandono su postura de alfa domiante. Permitir que el ojos caoba fuera detrás del entrenador era una locura, la mejor solución a todos seria dejarlo marcharse, seguir su camino y no volver jamas. Al pesar de poseer conocimientos de era deducción, el beta no dio su brazo a torcer en un ningún momento, porque sigue siendo una persona libre poseyendo derecho de tomar decisiones bajo su criterio, no el de alguien mas.
Dando un paso hacia atrás, el peliplata se libera del agarre de la alfa sin cambiar la expresión de su rostro, no quiere disgustarla menos ponerla triste porque esto no significa la culminación de su relación, mas bien, un nuevo comienzo.
— Eres un idiota, — confeso apretando sus puños, mirandolo con dolor en la mirada e ira contenida. — un soberano idiota que sabe con precisión la actitud degradante de esa persona hacia ti, aun asi… eras capaz de correr detrás él sin petición de ante mano. No… eres peor a un idiota, eres un… ¡Estupido!
« Ha… odio ver llorar a las personas, mas si son mujeres. »
La verdad era esa, Haru tenia la herencia de su padre en estos aspectos, quedarse como un perfecto papanatas al visualizar las lágrimas de una persona en vivo. Una vez su mamá le relato que debido a sus nervios descontrolados, tuvo una crisis provocada por su mismísimo padre al llevarlo al máximo exponente, al no poseer idea alguna de como controlar las lagrimas de él, ofreció simplemente besarlo quedando peor a un insensible. Ahora miren la viva imagen del alfa, presenciando lágrimas transparentes de una de las chicas mas hermosas del patinaje femenino y no teniendo ni la mas remota idea de que hacer. Tal vez sea peor a su papá, mucho, mucho peor.
— Irina…
— Vete… — susurro en medio de un sollozo. — ¡He dicho vete! ¿acaso no escuchas? ¡que te vayas!
— Pero tu…
— ¿Te he importado en algún momento? — inquirio con ironía, sorbiendo su nariz y mirandolo con recelo. — ¡Por favor Haru! No necesito tu falsa amabilidad, menos ahora. Asi que largate de mi vista ahora mismo. ¡Largate ya!
Las piernas del jovencito no le respondieron en seguida, tuvo que darles una ligeras palmadas antes de poder salir corriendo pasillos lejos de allí, en dirección donde había pasado hace unos segundos el Plisetsky. Odiaba esto, odiaba la sensación socofocante de la culpa al herir profundamente a una persona tan llena de vida como Irina, delante de los demás jamas mostró tal debilidad, inclusive cuando tenía bajas puntuaciones en las competencias siempre permanecia con la frente en alto, soriendo y aparentando toda la calma posible. Ahora no solo se enojo con pronunciación, tambien se quebró por la mitad mostrando sus mas sinceros sentimientos hacia él, derrumbandolo. Sabia que marchase así sin mas estaba mal, pero recordó un detalle muy importante de la joven, aparte de ser mujer tambien era un alfa por lo tanto, orgullosa. ¿Y por qué Yuri huyo? La misma razón, odiar ser visto por los demás como débiles muy al contrario de su naturaleza porque los alfas en lugar de ser débiles, enamorarse y sufrir por ello consideraban mas los deseos carnales. Pero no era así, jamas lo fue, su entrenador seguía siendo un humano y podría tener su lado bestia salvaje, pero mantenía palapable mas su sentir. Lo lamentaba profundamente en el alma por Irina, en verdad lo hacia, él sin darse cuenta se convirtió en un horrible lobo feroz al aprovecharse de la muchacha, de los fuertes sentimientos tenidos a su persona y tratar de olvidarse de Yuri. Llego a su limite, ya no podía ocultarlos mas, podría ser realmente un estúpido sin remedio como dijo la alfa, le daba igual, aun así necesitaba demostrarle al ruso que en esta vida si existe un Nikiforov que lo aprecia, quiere y ama. Ya tendría la oportunidad de disculparse con la rubia luego, ahora mas importante seria encontrar a su entrenador. Corriendo como si su vida dependiera de ello, Haru paso al lado de las imágenes borrosas de sus compañeros de pista, de las personas conocidas y desconocidas, sobre todo, paso de ir a encontrarse con sus padres asumiendo lo correpto de quedarse junto a Irina. No le importaba, si ir por ese camino le esperaba desdicha, entonces escogia una y otra vez ser llamado masoquista al marcharse tras su entrenador. Con tal, eso podría traerle paz interior a su alma, mas al corazón enamorado de joven quinceañero.
Traspaso la puerta del resinto golpeandole con fuerza el frío invernal de Rusia, era predecible entrarían en cualquier momento en la estación de invierno y él olvido detrás suyo traer una bufanda, sin mencionar el abrigo grande de gorro color café comprado por su padre en un viaje a Paris. Si, era un idiota. Tratando de darse un poco de calor al introducir sus manos en la campera de la selección rusa, Haru trata de hacer fricción con sus brazos contra sus costados visualizando el panorama en busca del rubio, no sabia si vino en auto o simplemente caminando, pero al menos mantenía presente que su entrenador poseia una característica única reconocible. Su esbelta figura. No por nada en el pasado fue llamado el “Hada Rusa” su aspecto androgino distinto a cualquier alfa, le daba un toque mágico a su físico creyendo tener en frente a un mismo ángel, al menos ese fue su pensamiento viendo el video de uno de sus programas en su época de patinador, agape. Siendo lo contrario de su mamá que representó eros, había sido una explosión de sensualidad desbordada, la llamada de una hermosa mujer tratando de seducir a un hombre que luego de conseguirlo, lo dejo. Teóricamente eso ocurrió, en perspectiva de su hermana Anna así fue. En cambio Yuri, presentó el amor en su estado mas puro, cristalino y mas entregado a cualquier otra cosa, sino era correspondido no importaba mientras siguiera teniendo esos sentimientos, seguiría luchando. Quizás su entrenador no de ha dado cuenta, o tal vez si, el punto en cuestión es que una presentación seguirá siendo una historia ficticia, no es necesario cargarla a cuesta durante años en su espalda como si fuera un calvario, esta bien demostrar egoísmo, esta bien querer tener a alguien solo para ti, en verdad lo esta. Sin embargo, debes conocer el punto exacto cuando algo imposible jamas sera posible, no era un ángel entregado, con ello jamas diria ser un demonio pero si un humano y eso significaba una cosa: demostrar sentimientos.
— ¡Entrenador Yuri! — alzo su voz llamándolo, viendo la figura alargada del rubio de espalda cerca de un auto plateado, nada llamativo y sencillo. — ¡Espere! ¡Entrenador Yuri!
Pero no se detuvo, lo ignoro completamente y con un ágil movimiento, saco las manos de sus pantalones mostrando unas llaves del auto abriendo. Chasquindo la lengua molesto, el peliplata aceleró mas sus pasos en dirección al rubio pesado, que metiéndose en el auto pasaba de la vida entera, incluso de un jovencito imitando sus movimientos.
— ¿Qué demonios crees que haces? — le exigió, percibiendo su presencia finalmente en el asiento de copiloto. — Te dije muy claramente irte con tus padres, no seguirme.
— ¿Piensa realmente que escuchare sus palabras cuando se ve así de mal? — reclamo un poco enojado, brillandole con determinación sus ojos color caoba y dándose ánimos asi mismo mentalmente. — No… ¡No me voy!
— ¡¿Eres masoquista?! — se encrispo girando su rostro y enfrentando al quinceañero, esta vez se veía muy enojado, salve sería la palabra ideal. Parecía querer enguñirlo en su solo bocado. — ¡Te aborresco! ¡¿me escuchas?! ¡Ver tu cara igual a la de Viktor me enferma! ¡¿no he sido claro?! ¡¿no lo he sido?!
Oh, claro. Su entrenador odiaba a su padre porque tenia el amor de su mamá, había ganado lo que él con tantos años siempre ha deseado poseer, Haru era su viva imagen y por lo tanto mostrarsele al frente le recordaba. Pensaba que se enojaria por eso, saber la verdad ante tales palabras hirientes pero no, el jovencito conocía perfectamente su lugar al igual de comprender al Plisetsky, jamas lo juzgaría, de hecho, le daba gracia.
— ¡Pero yo no soy él! — le grito sosteniendole de los hombros, obligandolo a mirarle directamente y no desvíar de dirección. El beta cuando se lo proponía era muy persuasivo, mas trantandose del Plisetsky. — Mireme muy bien entrenador Yuri, abra bien sus ojos y de se cuenta que en ningún momento encontrara algo de mi parte en mi, salvo su apariencia.
— Con eso me es suficiente, ahora ¡sueltame! — pidió con dientes apretados tranto de safarce.
— ¿Acaso es usted ciego? — le recrimino frunciendo el ceño — ¿o el amor por mi mamá le nublo la mente?
— ¡Ya dije que…!
— ¡Los escuche! — admitió al fin impresionando al alfa y dejándolo sin habla, apreto el agarre en su hombro bajando la cabeza abatido. Esto era muy jodido. — Hace unas semanas atrás, el día que era mi descanso y aparecí de la nada con mamá en la pista…  lo escuche, usted admitió amarlo y jamas poder olvidarlo. Yo… no quise espiarlos, menos meterme en sus asuntos pero, me hacia imposible hacerme el desentendido.
¿Decir todo eso en voz alta no le provocaba daños? Si, por supuesto que si pero ¿qué otra cosa podía hacer? Nada, absolutamente nada salvo compañar en silencio la pena del rubio, porque al igual que él estaba sufriendo un amor no correspondido. Los cuales, amenazan con consumirte lentamente. No podía decir no tener envidia de su mamá, aunque no deseara los sentimientos de su entrenador los tenia, los poseia en la palma de la mano y sin poder corresponderlos, terminaba arrojandolos al vacío de un peñasco donde solo reinaba la desolación y descontento. Además, los celos de las memorias compartidas en el pasado donde aun no pensaba en existir le calcomia la mente, donde un Yuri se le era permitido tocar libremente el cuerpo del omega, muy diferente del suyo normal y 100% beta. Odiaba, odiaba hasta mas no poder ese sentimiento dañino, destructor porque aunque supiera que su mamá amaba incondicionalmente a su padre, él si tuvo la oportunidad de poseer a Yuri y muy por el contrario suyo, jamas pasaría tal cosa. Querer nunca sera igual a tenerlo.
— Olvidenlo — abrió la boca ante el silencio incómodo, alzando su rostro y mostrandole sinónimos al llanto. Yuri solo lo miro fijamente sin decir nada, solo concentrado en las palabras del mas joven. — se que no soy nadie para decirle tal cosa, pero…
— Tienes razón, un mocoso como tu no es nadie para segerirme eso. — le interrumpió con voz calmada, esperada a un adulto como él.
— … al menos podrá mirar hacia su futuro, buscar desesperadamente la felicidad. — obvio las palabras del alfa, siguendo con las suyas propias. — No necesariamente debe ser en manos de una pareja, tambien pude centrarse en usted, porque sino esta en paz consigo mismo jamás lo estará con alguien mas.
El rubio soltó un suspiro ahogado, en la vida hubiese imaginado ser sermoneado por un quinceañero, menos que este sería hijo del Katsudon. Al mirarlo directamente a sus ojos detectaba esa amabilidad peligrosa, atrayente y explosiva la misma que le hizo enamorarse de su mamá, en esos momentos no existía nada de Viktor en el muchacho y le aterraba, porque siempre ha sido mas difícil odiarlo a simpatizarle. Por otra parte, las palabras dichas del joven le provocaron una corriente eléctrica en todo el cuerpo, tenia razón, estar en una constante guerra consigo mismo ante la culpa de amar a un omega casado no era sano, mas ante las ganas de pasar encima de todo el mundo con tal de tenerlo. Mas bien, ¿por qué él no lo odiaba? Es decir, estuvo dispuesto a destruir su hogar de tantos años y memorias hermosas, estando en su lugar no dudaría ni un segundo en hacerlo. Pero allí lo tenían, entregado, dedicado a llevarle su sincera opinión mientras lo miraba con cariño, como si fuese la creación mas perfecta del mundo y no el alfa egoísta que era. Sin dudas, este cariño jamas lo mereceria. Tampoco es que Yuri fuese idiota, podría hacerse la vista gorda en ciertas ocasiones, pero en esta claramente se mostraba el eterno primer amor que una vez experimento tambien, darse cuenta no le daba sorpresa o algo. Simplemente, retribuia a la suma de las porquerias apiladas en su interior dándose cuenta el no mancharlo, no tocarlo o menos dañarlo, es el preciado hijo del katsudon y su ahijado, estaba prohibido. Sin embargo, una parte bastante corrompida de él le demanda tenerlo, tomarlo y marcar cada centímetro de la piel del chico como suya olvidando lo correpto, la realidad de ser un Nikiforov y tener muchos parecidos físicos a Viktor exceptuando sus ojos, esos que lo mantenían ahora totalmente hechizados. Finalmente tenia que admitir algo, odia hasta los huesos cuando fue defendido por esa alfa insolente de Irina, odio mas que al encontrarlos fuese él quien la mantuviese apresada, sobre todo, odiaba aun mas tener estos sentimientos contradictorios hacia solo un joven de quince años. ¿En que se convirtio? ¡¿Un pederasta?! No, no, no, no… ¡Eso si que no!
— Mierda… — se quejo, acariciando ligeramente el puente de su nariz con molestia. — ¿crees que no me he dado cuenta de tus sentimientos por mi? Seria un ciego de no hacerlo, asi que no me mires de esa manera.
— ¡¿De que manera?! — exclamó asustado, colocándose las manos en el rostro asustado de verse descubierto, su corazón parecia querer salir de su pecho. ¡Qué vergüenza!
— Esa — lo señalo directamente, robandole toda clase de espacio personal. — como si fuese tu mayor tesoro en el mundo, cuando en realidad soy la peor tragedia en ocurrirte.
— ¡Eso no es así! — discutió en contra parte, casi avalanzandose contra un rubio totalmente asombrado. — Es cierto que amarlo no ha sido nada fácil, mas bien es un camino doloroso lleno de rosas espinosas con veneno, pero de la misma manera he sabido perfectamente desde el inicio donde me estaba involucrando. Porque no importa cuando duro y agotador pueda ser quererlo, mientras siga teniendo estos sentimientos por usted, vera que existe alguien quien aun lo ame. — hizo una pausa y armandose de valor, sujeto una de las manos del rubio contra la suya tan fria como el mismo tempano, aunque el tenerlas juntas empezaron a emanar calor. — No me importa que jamas me ame, que sea un niño o vea a mi padre en mi, inclusive sus sentimientos hacia mamá. No me importan en verdad. Yo solo… solo se que le quiero, le quiero mucho y este sentimiento estan profundo que tengo miedo, si, miedo porque aunque usted no lo crea… no es algo en desaparcer de la noche a la mañana.
« Ah… demonios, esto no es bueno. »
Jamas realmente lo seria porque el corazón dolorido de Yuri dio un vuelco desconcertante, produciendo un nítido calor desde el agarre del adolescente hasta la punta de sus dedos, seguidamente de una clase de dolor placentero en la boca de la estomago que le incomodaba y a su vez, le llenaba. Esto era parecido a ese ambiente familiar en experimentar en Hasetsu, cuando fue tratado de una armoniosa manera al pesar de ser un alfa y mas maleducado, es el rayo de esperanza en una tormenta eléctrica que ha destruido un pueblo completo pero, al final se mantuvieron con vida. Podría ser que Yuuri fue esa tormenta arrazadora, dejando nada mas que pedazos apilados de su alma enamorada, pero Haru es el rayo de sol mostrándose entre las nubes recordandole que después de la tormenta, sale el solo. Y si, estaba mal aferrarse a un jovencito de hormonas cambiantes, tener de novia a una muchachita insoltente, ser sus padres amigos suyos ex amigos, mas aun olvidarse de quien era pero con todo y eso Yuri necesitaba desesperadamente ser rescatado, sobre todo recordarle que no estaba solo, de caer alguien le sostendria. Asi que, devolviendo el agarre del peliplata el alfa oculto un sonrojo en sus pomulos con su mano, tratando de mirar a otra dirección lejos al rostro del niño conmocionado.
— Rayos, en verdad eres un mocoso insolente. — le dijo con falso enojo.
— Entrenador Yuri… — susurro ananodado, perdido en la imagen nueva de un alfa apenado. — ¿puedo bersalo?
— ¡¿AH?! — se corrió hacia atras asustando golpeando su espalda con la puerta de copiloto, su sonrojo llego hasta sus orejas y la imagen de una pantera al asecho golpeo sus retinas. ¿Donde había quedado su pupilo inocente? — ¿a que ha venido eso tan derepente? En ningún momento acepte seguirte el juego.
— Pero sus acciones si — musito con voz pausada, trepando por el pecho del rubio y acercando lo suficiente su cara como para incomodarlo. Yuri no tenia palabras a esto, ni siquiera una frase decente, solo se sentía igual a una gallina frente un gavilán. Asustado. — ¿quien lo ha mandado hacer tan adorable expresión? Es obvio que lo atacaría.
Increíble, por primera vez en sus casi treinta y cinco años de vida estaba siendo acorralado por un chiquillo de quince, sobre todo, beta. ¡Por todos los héroes del patinajes! Quien viene siendo el adulto en el asunto es él, mas aun alfa, pero estaba permitiendo que una puberto tomara las manos en la mesa y teniendo el papel de dominante… ¡dominante! No, antes de avanzar hacer cualquier cosa debía de aclarar ciertos puntos, uno de ellos muy resaltante a la vista.
— ¡Aguarda un momento mocoso apresurado! — lo detuvo a escasos centímetros de su boca, con el corazón en la garganta y la respiración entre costada, el aire sin dudas se le escapo desde hace mucho tiempo por la nariz. — Primero que nada debes tener en cuenta algo, no tendremos nada de nada hasta saber sobre mis verdaderos sentimientos, superar a tu madre y… tener por lo menos diecisiete años. ¿Quedo claro?
Haru parpadeo varias veces hasta comprenderlo, con el animo por los suelos asintió acomodandose en el asiento de copiloto, bajando la cabeza y sellando los sentimientos de algarabía en su ser. Por mas de ocultar la verdad, seguía estando allí, su entrenador mantenía un amor unilateral por su mamá y olvidarlo no es tarea fácil. Lo comprendia, de hecho, a la perfección él mismo intento hacerlo al salir con Irina en un intento fallido dr olvidarlo, saliendo bastante disparatado. Es mas, Yuri debía de tener mas terror a él tomando en cuenta que venía saliendo de un intento con Mariana, quien obviamente odiaba al Plisetsky al abusar de su amor de tal forma. No la culparia, en su lugar, reaccionaria de la misma manera. Sin embargo, el rubio sostuvo su mano al confesarle sus auténticos pensamientos, se sonrojo y permitió en algo normalmente extraordinario permanecer a su lado asi fuese en silencio. ¿No podía llamarsele eso esperanza? ¿una pequeña flamita dispuesta a crecer? Si, si podía porque su cariño era igual al de agape puro y desinteresado, sobre todo, entregado. Su único trabajo seria esperar, confiar en el Plisetsky que tarde o temprano le devolvería los mismos sentimientos, inclusive, mas intensos.
— Oye, no te aflijas. — le pidió girando su cabeza en dirección a él, deduciendo un rayo de luz en los ojos verde salvaje del otro robandole toda capacidad de pensar o razonar. — solo estoy sugiriendo tomarnos las cosas con calma, mi error con Mariana quizás fue el lanzarme al fuego rápidamente sin temer a quemarme. Pero contigo… contigo quiero ser distinto, no volver a cometer lo mismo. Además, podría ir a la cárcel.
Ese detalle era el mas peligroso de todos, aunque fuese una relación consensuada, la ley seguía amparando a los menores independiente de su naturaleza. La relación de un mayor de edad con uno inferiror era penada, no existe objección alguna. Haru quería reírse allí mismo de la expresión del alfa, estaba tan pálido y asustado como si temiese de ver un batallón de fuerzas especiales directamente de la ONU, diciéndole “es lamentable pero debe venir con nosotros” con armas, cascos y chalecos antibalas. Puede estar siendo exagerado, peor de dramático al padre del beta, pero mejor es curar a lamentarse. ¡Ah se le olvidaba otra cosa!
— ¿Qué sucede con Irina? — quiso enterarse, acercando mas su rostro al quinceañero le demostró un poco de descontento. — hace unos minutos, tu le comías literalmente la boca.
« Ah… mierda » penso Haru, tarde o temprano debía de explicar su relación con la rubia a su entrenador, aunque ni remotamente imagino ser considerado de objeto amoroso de él, vendría siendo un sueño muy lejano y hermoso en nunca hacerse realidad. Cosa falsa, pues el alfa mas cotizado de todos, seguido de su papá, giro para tomarse las cosas en calma y pensar en tener algo, aunque fuese teniendo la mayoría de edad. No importaba, mientras le certifican tener un final feliz a su lado, estaría dispuesto a esperar todo un milenio de ser posible.
— Terminamos — admitió con simpleza, tomándose las atribuciones de sujetarlo tambien el rostro. — fue algo similar a lo suyo con Mariana, juegue a intentar olvidarlo y sali perdiendo.
— Eres… muy patético. — río amargo, aposentando su rostro en el frente del otro y rozando sus labios en una caricia, Haru se limito a cerrar los ojos dejándose concentir. — en realidad, somos pateticos al permitir tal cosa de dañar a personas inocentes, ellas no tenían porque sentirse así.
— Si, pero vale mas ser sinceros a mentir. — le recordó el joven, permitiendo absorber cada particula del aroma del alfa, gravandolo y estirandolo en todo su pecho. — este es el menor daño para ellas.
— Aun así, no me perdonaré dañar a Mariana en la vida. — culminó dándole un ligero beso en la frente, separándose para sonreirle sinceramente y contemplar los pomulos rosados del beta. — ella es importante en mi vida, no una etapa mas que debería superar.
La manera de afrontar las cosas de Yuri le demostraba a Haru lo que es realmente ser un adulto, responsable, dedicado y con la capacidad de tener un poco de sensibilidad ante la separación. Desde pequeños les han enseñado que al separarse un omega de un alfa este presenta muchas complicaciones, desde depresión hasta enfermedades no tan comunes, esto se debe a verse aflijidos al romper el lazo de unirlos toda la vida. Es un dolor peor al parto, hacer atravezado por un puñal, bala o cualquier otra objeto, muy parecido a romperte el corazón a pedazos solo que esta ocasión no es nada literal, va encerio. El beta recentia mucho eso, aunque estuviese finalmente en brazos de su amado, el olvidar que Mariana esta sufriendo en algún lugar en ese preciso instante le remorbia la conciencia, una especie de culpa post separación. ¿Absurdo? ¿no? Particularmente lo que estan haciendo no esta mal, de hecho, el mismo Yuri aclaro tomarse las cosas con calma. ¿Entonces por qué? ¿por qué se siente así?
— Mariana… — paso sus brazos por el torso del mayor, apoyando ahora su cabeza en el pecho de este cerro los ojos relajandose. — ¿como se encuentra ella? Usted conoce mucho de las separaciones alfa/omega, son muy traumáticos para ellos en lugar de los otros.
El rubio soltó un suspiro colocando su barbilla en la cabeza del jovencito absorbiendo cada particula del olor de él, acariciandolo un poco y llenandose completamente de la energía de un joven enamorado, en estos instantes se arrepentia tratarlo peor a un insecto pues esté simplemente lo amaba. Pero cuan difícil es aceptar aquello, Haru solo es un niño tiene cero experiencias en este ámbito tomando en cuenta haber tenido a Irina de novia, le molestaba un poco la actitud posesiva de la muchacha y en el fondo le alegraba tenerlo así entre sus brazos. Sin embargo, estaba mal, seguía estandolo al ser un hombre de ya bastante trayectoria, soltero y… a punto de convertirse en padre. Vaya sorpresa, el decirlo en su mente le provocaba escalofríos, no imaginaba soltarlo a fuera al jovencito ilusionado de él. ¡Esperen! Con ello no decía volver con Mariana, ni mucho menos tener una relación romántica con el Nikiforov, aun tenía en mente tomarse un buen dencanso lejos de todo este entorno sofocante y después… después… asumiría las responsabilidades de sus problemas.
— Se encuentra de maravilla, mas al cumplir su sueño realidad. — comento como si nada, aparentando toda la normalidad posible.
— ¿En verdad? — le parecio raro la confesión, mas ante lo de optener su mas preciado anhelo. — ¿y de que se trata exactamente?
— Esta embarazada.
Esperen, aguarden un minuto y de ser preciso dejen de respirar. ¿Escucho bien? ¿no alucino o algo? Porque de una manera francamente desinteresada, fría y sin importancia alguna el amor de su vida admitia convertirse en padre, si, la omega que compartió gran parte de su vida le iba a dar un hijo. ¡Un hijo! Y él un quinceañero cualquiera, beta, resaltando mas su naturaleza, quedaba en la completa nada mirando hacia un futuro lleno de oscuridad, desolación y tristeza. Porque… seamos claros ¿si? En la vida podría hacer algo así, es decir, es una persona completamente normal y nada mutado o con super poderes de fertilidad, él era la parte mas humaba y nada agraciada de su familia cosa que si alguna vez agradeció, hoy aborrecia. Separándose de golpe del rubio lo miro de lleno a los ojos, acumulando bajos sus párpados lágrimas amenazando con desbordarse, sentía un vacío queriendo consumirlo hasta los simientos no queriendo dejar nada, ni siquiera las cenizas. Era un estúpido, muy estúpido en pensar que confesar sus sentimientos tendría su tan anhelado final feliz con Yuri, pero eso solo existe en los cuentos de hada no en la vida real, esta es mar morbida, asquerosa y aplastante. Cayendo la primera lagrima de sus ojos, Haru la limpio rápidamente armandose de valor y creyendo firmemente que dejarse llevar por el dolor no era un opción, mas bien el soporte para salir adelante.
— ¿Y lo dice tan tranquilo? — le reclamo quebrandose su voz, escapando de las lágrimas nublando su vista. — ¡¿Como si fuese algo sin importancia?!
— ¿Qué demonios…?
— Ella necesita de usted — le ignoro, frenando de ante mano una posible palabrota. — ¡Mas que nunca necesita de su alfa a su lado! Van a ser padres, no puede simplemente dejarla sola. ¡No puede!
Santo cielos, pensó Yuri revolviendo sus cabellos y sintiéndose claustrofobico en un lugar tan pequeño, creyo dejar atrás al idiota credulo de Yuuri Nikiforov con sus deseos de hacerlo volver con la latina. Pero no, erro, su cría no solo tenia la misma mirada que él también poseia la misma estupidez. Francamente que pereza, lidiar con los Nikiforov es y sera un dolor en trasero, para mayor entendimiento, su karma personal.
— Escucha, que este embarazada no significa amarrar a alguien de por vida a ti. — explico, tomando varias bocanadas de aire y controlando su temperamente. — somos adultos, es obvio asumir mi responsabilidad como padre pero no volveré con ella. Haru, los tiempos cambian, sobre todo, mi deber es con el bebé en camino no con Mariana.
— ¡Pero ella…!
— Ni siquiera quería decirmelo. — interrumpió alzando al principio su voz, pasando su mano por el cuello y bajar la cabeza apenado logro calmar al peliplata. — las cosas no son como las piensas, niño. Realmente nosotros no estamos en buenos términos, aunque existiera la remota posibilidad de volver con ella, jamas se aceptarían de vuelta. Me odia.
Era de esperarse, le admitió con todas las letras seguir prendado e su primer amor, utilizarla y no tener ni las mínima gana de seguir a su lado. Es obvio recibir una represaria de su parte. Aunque eso no cambiaría los hechos, Yuri seguía teniendo un paso mas lejos a los suyos, siempre tan inalcanzable, viendo únicamente su imponente espalda estirando la mano esperando tocarlo pero de inmediato desvaneciendose, traspasando con sus dedos igual a una neblina blanquesina y transparente. Admitir no estar contento por la latina era mentira, desde desde luego ella deseaba ser madre optener la experiencia de serlo sin necesidad de un tercero, mas viendo del hombre que amaba, pero venia la contra parte del sentimiento. Los celos. Aunque ellos no volvieran como pareja, tenían un lazo mas fuerte a cualquier mordida en la nuca y eso era un cachorro de ambos, mitad gruñon la otra divertido como la madre. Él le permitiría estar cuando quisiera a su lado, porque de eso significa ser padres, tener un cariño incondicional de esos seres encargados de traerte a la vida. Haru sabia estar comportando igual a un crío al tener un nuevo hermanito, pero se rehusaba a compartir al rubio con Mariana luego de llegar tan lejos, es decir, ¡tenia derecho de ser posesivo una vez en la vida! Acapararlo únicamente y olvidar el hecho de convertirse en padre. Duda el soportar con ese peso en su espalda, pero al menos ahora necesitaba creer que esto era cierto, no imaginación suyo y su entrenador lo tomaba en cuenta.
— ¿Haru? — lo llamo posicionando una de sus manos en su hombro, encontrandolo muy tranquilo y con lágrimas secas en el rostro. — ¿te pasa algo?
— Llevame a algún lado. — le pidió con voz baja, girandose y mirandolo sin un sentimiento en particular. — por favor entrenado, saqueme de aquí.
Entonces Yuri comprendio enseguida que aunque el Nikiforov aparentara felicidad todo el tiempo, imitando la sonrisa falsa de su padre podría romperse fácilmente como su madre, el eterno “corazón de cristal”. Porque hasta el mas fuerte de los soldados tenia su debilidad, la del chiquillo era clara, él.
— De acuerdo.
Encendiendo el auto mirando de reaojo al quinceañero, el rubio se le vino a la cabeza la memoria de Yuuri embarazado de Anna, sentado en el sillón del departamento olvidado de Ditroit acariciando su vientre y transportando en la mirada nada mas que vacío, uno tan profundo el cual nadie podía rescatarlo salvo el mismo Viktor, pero este había decidido comenzar a salir con una estúpida americana y seguir su vida adelante. En ese entonces creyó sentir su corazón explotar de la tristeza del otro, odiaba verlo de esa manera tan rota y vacía, que se prometió a si mismo componer cada pieza del omega así reparandola con dedicación, porque lo amaba. Ahora en el presente, observaba a la cría del mismo hombre que prometió cuidar teniendo los mismos signos de descomposición que él, temiendo con romperse en cualquier momento debido a una noticia fuerte. Una vez mas se maldecia, se aborrecia completamente pero la verdad no podía ocultarse, menos taparse. Lamentaba mucho eso, aun así, no le quedaba mas opción que adaptarse a la realidad, inclusive si esta nos da mas problemas a lo habitual.
La familia Nikiforov en ojos de un Simón.
Anna particularmente odiaba llevar visitas a su casa, mas de tratarse de compañeros de la universidad, ellos siempre se la vivían deseando visitarla y meterse aunque sea a la fuerza a su hogar con una sola finalidad: conocer a sus padres. ¿Qué tenía de especial? Es decir, aparte de sus títulos a lo largo de la carrera del patinaje, agregándole el sobresaliente de su papá y su llamativa personalidad, ellos eran muy normales y tranquilos. Todo bajo el contexto de ser Nikiforov, que en ojos de varias personas diferian solemnemente de eso, pero vendría siendo otra historia. El punto era que Anna se rehusaba a meter a alguien a su casa, menos si se trataba de amigas cercanas o no tan cercanas, en casos de trabajos en grupo prefería quedar en la bibliteca de la universidad o en otro sitio requiriendo metros lejos de su hogar, conviertiendose en un entero misterio en los demás los motivos de la joven. Claro, esto permaneció hasta la llegada de ese omega distinto, rebelde y tan pasivo como una pantera al asecho. Samuel Simón. Desde su encuentro en los baños de alfas ambos no han parado en verse, arrancarse literalmente la ropa, comerse sus bocas y dejarse llevar ante su verdadera naturaleza y esto ocurría en sitios aledaños al campus, donde era propensos a ser encontrados. El chico le importaba poco, por supuesto al encontrarse en su celo la única prioridad en mente era apagar su fuego, lo demás vendría siendo dilemas insignificantes. Pero no Anna, jamas ella, llegando a la congetura de encontrarse un lugar si o si, al menos el perfecto nido para el omega. Simón se sintio tan alagado que propuso su departamento, lo malo seria en vivir con otros omegas, tres para ser preciso y todos sin pareja. Oh, no, sería una dulce tentación para la alfa ya despierta en ese nuevo ámbito, mejor considerar otras opciones. Entonces, de la nada salio a flote irse a su casa, eso si, no debía de asombrarse o mostrar algún signos de ello. Aunque en sus ojos su familia todos eran normales, existían algunas… particularidades en ellos y siendo franca, lidiar trayendo a alguien a casa le daba nervios. Aun mas, escalofríos.
— ¿Pero que tiene de malo? — pregunto él, alzando una sola de sus cejas y mientras la veía tocar el piano en la sala de musica ellos dos solos, sin nadie alrededor. — soy tu omega, este tipo de cosas deberían ser natural entre nosotros. ¿No crees?
— Ah… tienes razón. — río incomoda, tornandole un poco el rostro pálido.
Como sea, Samuel lo iba a averiguar.
Un día donde ambos salían temprano de clases, el omega sugerio que habia llegado el momento de conocer su hogar, le estaba cansando hacerlo en la universidad y de descubrirlos seria un problema. La alfa le parecio extraño, Simón no era de tomarse las cosas a pecho, incluso cuando lo marco le menciono que no resultar su relación podía deshacer la marca, tan sencillo cono eso. Ahora le demostraba una determinación abrumadora, igual a un huracán en su máximo poder y ella no podía hacer otra cosa mas a dejarse arrastrar, quizás tratar de leer sus sensaciones mediante el lazo fuese mala idea, pues termino descubriendo nada mas a la impaciencia. No podia escapar, le tocó simplemente hacerlo. Llenandose de valor, la princesa de hielo acepto llevar al omega a su casa recordandole las conduciones, no mostrar nada de admiraciones o sorpresa, ellos todos son normales hasta que se demostrara lo contrario. Tampoco Samuel es de esos, esta al tanto de que Anna proviene de una familia de renombre, mas de patinadores profesionales y que su hermano menor competeria este año entre los grandes, agregándole el componerle las canciones para sus programas. De ser así, ¿cual era el problema con ellos? No es como si se acercaran a ella queriendo tener un beneficio de ello, mas él quien siemplemente adoraba su condición de alfa, considerando en ser verde en el ámbito pero con excelente potencial. De sola recordar todos sus encuentros le venia un calor al cuerpo, no precisamente de celo, mas bien tenía hambre de una apetecible Nikiforov. Enviandole mediante el lazo su nuevo estatus, Anna se encrispa totalmente de pies a cabeza girandose a mirarlo con los ojos propios de un lobo, había despertado la bestia dormida en la chica y deseba poder atenderla.
Llegando a la casa de la muchacha olvido todo, que se encontraba en una zona ponderada de San Petersburgo, el ser grande, la mas grande de la hilera de casas y que el porche se encontraba dos audis estacionados, nada de eso venia siendo importante en los ojos del Simón teniendo a la joven peliplata entre sus brazos besandolo. Azotaron la puerta detrás de ellos, quitandose los abrigos arrojandolos al suelo, seguido de sus camisas y demás prendas dejando un camino hasta la sala con ellas. Anna se ocupo en disminuir la temperatura de la calefacción de la casa, su mamá y Haru solían subirla a toda mecha provocandole a su padre a a par de ella misma cocinarse literalmente vivos, pero ahora cuando pretende comerse a un adorable omega necesita sentirse fresca. Besando el cuello del chico la alfa desata el cinturón frenando en la entrada de la cocina, tocando a la par la piel pálida del chico oliendo con deleite las hormonas liberadas por él debido al momento, dicen que cuando un omega escoge una pareja este libera una clase de fragancia solo detectado en el olfato de ella, provocando una clase de éxtasis imposible de abandonar. Oh, por supuesto, Anna la esta sintiendo y nada en este mundo le impedirá tener, al menos que… bueno… la risas de sus padres lleguen a sus odios provocandole frío, aun mas, sorpresa.
— ¡Te dije que pararas Viktor! — pedía entre risas, ¿dijo risas? Mas bien carcajadas. — Hika-chan esta durmiendo y en cualquier momento puede despertarse llamandome.
— Oh, vamos Yuuri. — el tono de voz parecía a la de un niño mimado, buscando atención de sus padres a como de lugar. — solo te pido un beso corto, pequeño en mi mejilla. Prometo no comerte.
Congelada tal y como estaba Anna recogió su camiseta del suelo pasandola por sus brazos colocandosela, Samuel que no comprendia en lo absoluto lo que acababa de acontecer, imito a la chica siguiendole los pasos. Entonces la imagen encontrada en el sillón grande de la sala de estar golpeo su visión, allí se encontraba dos hombres recostados, uno de ellos con la misma apariencia física de su amante, ojos azul manglar, piel pálida, cabello platinado y el rostro tallado por los mismisimos dioses; el otro de rasgos asiáticos, ojos caoba, cabello azabache, piel morena y complexión delgada pero fina se encontraba aprensado por el mayor entre sus brazos, arriba de él y sonriendo igual a un niño en navidad al correr entre la nieve, mientras el platinado le miraba de la misma manera y con picardía en la mirada, desviaba su mano a uno de los costado del otro produciendole cosquillas. No debía de ser un genio para darse cuenta de lo obvio, ellos eran el matrimonio Nikiforov, en pocas palabras los padres de Anna y por lo tanto sus suegros. ¿Miedo? No, en realidad envidia porque mas que una pareja de casados parecían almas gemelas, a su alrededor solo encontraba nada mas una luz cegadora y calida. Solo fijense en la manera de observalor, el que a su criterio certero, es el omega. No existe oscuridad en sus ojos caoba, menos tristezas o algo parecido solo el entero cariño, amor y entrega las ganas enteras de permanecer por el restos de sus vidas con su alfa, aunque vengan dificultades o tiempos difíciles. En el peliplata es lo mismo, su pareja viene siendo la flor mas hermosa en el jardín del eden, ese que no dudo ni un segundo en dejar a las otras flores y correr a su lado, permitiéndole quererle asi como contemplarla cada instante de su vida. Porque para eso habían nacido, para estar juntos.
« Cuanta cursileria ha salido de mis pensamientos, debo estar poniendome enfermo. »
Aunque ese fueran los pensamientos de Samuel, Anna mantenía otros, como por ejemplo hacerle parecer semejante vergüenza delante de su pareja. ¿Acaso no estaban ya viejos para pretender ser adolescentes y jugar en el sofa? De no haber llegado ella pudo tratarse de Haru, quien sabe, acompañado de Yurio y Mariana causándole trumas múltiples. Con esto lo dice por el primero, el pobre del rubio suele cargar con el mayor de los daños, mas tratándose del par de despistados que aun no perciben su presencia frente ellos. Son unos desvergonzados, no conocen limites o lo que es el sentido del pudor, suerte haber llegado antes de ocurrir algo subido de tono. No es como si le desgustara ver a sus padres acaramelados, mas bien, le agrada la conexión entre ambos pero presenciar una posible cuarta fecundación de otro hermanito no es lo suyo, con Haru y Hikari tiene suficiente.
— Que bueno verlos tan contentos, padres mios. — hablo finalmente la joven, asustando a la pareja llevándolos a levantarse rápidamente y mirarla apenados. — Veo que estaban muy ocupados en su lirio de amor olvidando lo importante, estan en la sala despistados.
A este paso pareciera que el adulto aqui fuera Anna y el adolescente travieso ellos, Samuel conoce no estar en posición de reírse pero viendo el panorama de su alfa regañando a sus padres, no puede evitar hacerlo, es demaciado gracioso. Incluso puede imaginarlo al platinado igual a un cachorro regañado, con ojos caídos, colita tembloroda y orejas alargadas peludas pidiendo en silencio su perdón. Por otro lado, el omega es mas nervioso, tembloroso y con una mueca en su rostro colorado de incredulidad, su hija es sin duda la personificación de una mamá osa gruñona. Samuel pretende seguir en las sombras donde nadie lo ve, pero sin saberlo o tomar en cuenta unos pasos detrás suyo se detienen y la persona dueña de ellos, coloca una mano en su hombro asustandolo, llevándolo a emitir un chillido desconcertante.
— ¿Y tu quien eres? — pregunta.
Antes de poder responder o huir, la primera luce mas apetecible, ya se encuentra en la sala con los ojos se todos sobre su persona y atentos a la posible respuesta. El jovencito que posee es sus manos un hermoso caniche de pelaje café le sigue mirando impaciente, por su olor es un beta, pero por su apariencia similar a la de Anna lo reconoce como su hermano menor, aunque no el de todos. De algunos a forma le inquieta su forma de observarlo, es como si fuese el mayor ladron de todos dispuesto a quemar ciudades enteras con tal de conseguir su cometido, cuando realmente su finalidad es optener el corazón de la primogénita de la familia.
— ¡Asi que traiste un amigo a casa! — aplaude el bondadoso omega, olvidandole el incidente ocurrido y levantándose de su asiento. — un placer conocerte, soy Yuuri Nikiforov, la mamá de Anna.
— Un gusto — estrecha su mano, manteniendo la calma que lo caracteriza. — Samuel Simon, perdone el atrevimiento pero… soy el omega de Anna.
Oh mejor y no hubiera dicho esa palabra, esa inocente frase sin mala raya porque de inmediato la tercera guerra mundial se desato. El padre de la peliplata, un hombre bastante amoroso con su pareja y protector con sus hijos, se levanto rápidamente de su asiento y conmocionado empezó a vomitar palabras sin sentido de su boca sin parar, donde su “pequeña niña” no tenia edad para marcar inresponsablemente a alguien, menos tener pareja. Es cuando Yuuri entra en acción dandole un escarmiento al su esposo, Anna ya no era una niña por lo tanto es libre de marcar a quien ella quisiera, su deber era apoyarla, no reprenderla. En general, esos no fueron los únicos comentarios en llover, mas bien, presentaron el abre boca de los demás que sinceramente no piensa mencionar pero si recordar, Viktor Nikiforov era un alfa de cuidados altos y muy intuitivo. Por otro lado, Haru aprovechando la petrificación de su hermana, se acerco nuevamente al omega y revisandole sin aviso, descubrió la mordida en la nuca de su la chica en él.
— Es increíble, en verdad Anna te mordio. — comento fascinado el beta, sonriendo de oreja a oreja y olvidando en el suelo al caniche de ojos de botón. — eres la segunda persona, aparte de mamá o la misma Mariana, que me permite ver su marca.
Llamar eso “permitir” le parecia absurdo, mas bien violo su espacio personas y bajo el cuello de su camisa abriendose espacio, tampoco le dio muchas vueltas al ser su cuñado, pero no dejaba de inquietarle. Bien, podía jugar al mismo juego.
— Puedes verla las veces que quieras, no tengo problema. — le dijo sonriendo de oreja a oreja, utilizando sus encantos omega.
Haru se sonrojo un poco avergonzado sin entender porque, pero la actitud del muchacho que es pareja de su hermana era demaciado para él, un simple beta llegado a lo ordinario. En lado de Samuel, giro en dirección a la alfa aun soportando la discusión de sus padres sin importarles las visitas, lamentaba mucho ser la manzana de la discordia en la pareja pero, no tenia planes de dejar ir a la princesa de hielo, ahora ni nunca. Tomandole de la mano, formo en sus labios la misma sonrisa diplomática en momentos oportunos y este era uno de ellos, al menos, de llegar a ganarse a su suegro.
— Disculpe que los interrumpan, señores Nikiforov. — se hizo escuchar llamando la atención de ambos, incluso la de su pareja. — mi intención no es incomodarlos, menos darles dolores de cabeza solo… solo quería conocerlos ver quien era los amables padres de mi alfa, ahora comprendo el porque de su belleza. Es debido a ustedes.
Samuel que conoce el historial del padre de su alfa, le desconcierta ver una expresión distinta a la imaginada, porque este no sonrie, ni al menos de manera falsa, solo lo mira con ojos agudos destilando una clase de aura enojada en el aire. Vaya que no se equivocó, el ruso es muy astuto y persuasivo, con él mas vale ir de frente y no por las ramas.
— No tengo idea donde has podido salir, menos si te marco Anna pero para empezar, ambos son jóvenes en ese aspecto y debieron tomarse las cosas con calma, no a las carreras. — hablo seriamente, muy serio tomando en cuenta su estilo. — Respeto las decisiones de mi hija, igual de su juicio pero… ¿un omega? ¡¿un omega?! ¡Eso es demacido!
— ¡Viktor para ya! — salio a su defensa el azabache — personadalo Samuel, mi esposo no sabe lidiar con este tipo de noticias, en sus ojos, nuestros hijos siguen siendo bebés.
— ¡Y por eso no te entregaré a mi princesa! — dictamino autoritario.
— ¡Fue suficiente! — reaccionó finalmente Anna soltandose de su agarre y señalando a su padre. — ¡Deja de llamarme así que estoy bastante grandecita para la gracia!
Samuel ese día mientras miraba la batalla verbal de su alfa contra su padre comprendio enseguida el miedo de ella, esto no se trataba de las tipicas escenas de las películas de vergüenzas familiar, donde la mama sacaba un álbum de fotos y se dedicaba a desnudar los secretos de la persona en cuestión sin anestesia, no. En realidad, se debía a demostrar su verdadera personalidad muy contraria mostrada en la universidad, calmada, callada, taciturna y con la seriedad en sus espaldas. En realidad Anna era una mujer vivaz, ruidosa, a la defensiva y muy entuciasta su energía podría darle vida a una central eléctrica abandonada, dandole sin duda el visto bueno a sus gustos. El omega no pudo haber escogió bien su lugar donde hechar raíces, porque con la familia Nikiforov, cualquier cosa podía suceder.
— ¡No oses a ignorarne papá! — gritaba exaltada aun, frunciendo el ceño de se agraciado rostro. — ¡Que la contienda aun no ha terminado!

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