martes, 18 de septiembre de 2018

Look sky

VII
— Terminemos con esto.
Aun resonaban esas palabras en las paredes de su cerebro igual a una mantra, sin descanso y con la capacidad de destruir todo a su paso, o al menos, sus puras esperanzas. Se sentía como la mierda, peor que esta tal vez, porque aveces luchar contra algo mas fuerte a ti no te garantiza ganar. De esta experiencia le quedo simplemente el dolor, agónico, sangrante y asfixiante en su pecho impidiendole pensar con razocineo.
Muchas personas dicen que el poder del amor es invencible.
¿Pero adivinan algo?
Para él no lo es.
Le da un sonoro golpe con puños cerrados al barandal de hierro frente a él, buscando liberar todas sus frustración, aunque solo consigue la palpitación de sus músculos adoloridos. Tomando en cuenta por sobre todo, el dolor constante de su corazón destruido, hecho pedazos igual a una figura de cristal que se escabulle entre sus dedos, parecido al agua de un riachuelo.
Resulta fácil enamorarse…
… pero una tortura el olvido.
Lo sabe, siempre lo supo desde el principio, que todo lo vivido con Yuuri había sido sacado de un cuento de hadas, de un sueño. Porque la manera de tratarlo, de responder a sus caricias, besos y palabras, era tan entregada como si realmente estuviera sintiendo cada uno de sus sentimientos. Pero no, nada de eso era cierto, simplemente se trataba de una jugarreta de su corazón confundido en búsqueda de afecto, de un alfa representativo en su vida. No podía juzgarlo, menos odiarlo, porque de cierta manera el contribuyo con eso, estuvo hasta de acuerdo.
¿Entonces esta pagando las consecuencias de ello?
« Si… si lo estoy haciendo. »
Ha despertado del sueño golpeandose contra el muro de la realidad, la cochina y cruda realidad con sabor a derrota, no es como si Yuri Plisetsky jamas halla sido vencido. Es decir, en el pasado o presente, se ha topado con contrincantes mas fuertes y talentosos a él (y si es doloroso admitirlo) pero le han servido de ejemplo para seguir adelante. En esta ocasión, no tiene idea de que hacer.
— ¿Es por Viktor? — le pregunta dolido, casi hueco. — ¡¿Es él quien te ha sugerido serlo?!
— No, por primera vez no tiene nada que ver. — repuso firme, sepultando de una vez sus esperanzas. — Es por mi, porque consideró esto deshonesto seguir reteniendote cuando jamas podre corresponderte. 
Había sido tan contundente con las palabras, certero y directo al grano, en lugar de dar rodeos iba justo al punto. Se preguntaba si ese vegestorio sintio lo mismo que él ahora al separarse, un vacío en su estomago dificil de rellenar, un picor en los ojos y un dolor agudo en el centro de su pecho. El, Yuri Plisetsky, dos veces campeón mundial, especialista en dolores musculares al estar en constantes entrenamientos de alto rendimiento, debido a su carrera deportiva, experimentaba por primera vez en la vida algo que no tenia idea de como controlar.
Bajo lentamente su cabeza apoyandola en el frío hierro, respirando varias bocanadas de aire invernal colandose en sus pulmones y haciéndole nada mas gimotear, temblar al igual de incrementar mas la opresión en su pecho, producto de la cruda separación hace unos momentos. Si quería llorar, esta sería el instante predilecto. Nadie lo vera, nadie le interrumpira con preguntas absurdas sobre su estado, menos, nadie vendrá por él. Se encuentra solo, desolado en una fria madrugada de otoño en un parque de Ditroit, solo con las farolas encima de su cabeza dándole un poco de luz. Absurdo, pues en esos momentos su alma esta en total oscuridad, absorta de luciernas o alguna otra cosa, es cuando sus demonios se han aporedado totalmente de su ser.
Apreta una vez mas sus puños, dándose fuerza y suprimiendo aquel escosor en su pecho que le hace sacar un gemido de dolor, ya no puedo hacerse mas el valiente, menos el soldado de hierro. Muy bien antes se lo dijo su mejor amigo Otabek, podría tener la tenacidad, el caracter y las ganas de soportar toda clase de contrariedades en su vida, pero eso no lo convierte en un ser de hielo y sentimientos. Luego de todo, sigue siendo un ser humano recorriendole en sus venas sangre.
« Pero… ¿como hago…? ¡¿como hago para soportarlo?! »
Fueron cinco años de buenos momentos, de risas, llanto y instantes de pasar el tonto, donde le hicieron sentirse importante, parte de una familia llena de cariño y amor. Donde Yuuri le extendió sus brazos alojandolo, transmitiendole su afecto y que a su vez, él le demostró lo mismo. Estuvo presente en el nacimiento de Anna, bueno, luego que ocurriera pero seguido de ello se presto para cualquier cosa de ella, porque por mucho le costará admitirlo, la peliplata es su princesa. Ahora, con esa contundente sentencia del Katsuki, debe pasar la pagina y olvidar por las buenas todo aquello.
« No, imposible… ¡es imposible! »
Aunque las cosas entre Yuuri y él estén fracturadas, permirtirse olvidar eso que tanto bien le hizo es inaudito, podría pasar miles de años y milenios pero seguirá atesorando cada memoria en su cerebro. Volvió a soltar un jadeo involuntario seguido de un rechinar de dientes, la pequeña linea en su cabeza de compostura se rasgaba, quedando un simple hilo capaz de romperse en cualquier momento.
— ¿Qué se sopne que voy hacer ahora? — le exigió saber al pelinegro, frunciendo el ceño. — ¡¿Qué mierda voy hacer?!
Él tan encantador como siempre, sonriendole de una manera casi desoladora, triste y sin una pizca de brillo en sus ojos. Abri sus labios para soltar la bomba.
— Vivir — respondio — eso es lo que harás, seguir viviendo.
Luego se dio la vuelta dejándolo en la nada, es la espantosa y terrible nada, con un corazón sangrando de la herida cortante de las palabras de Yuuri y medio palpitante. Resultaba irónico el entender finalmente a vegestorio del Nikiforov, la vida no era vida sin la mirada caoba de Yuuri, sin su sonrisa, sin sus palabras, sin sus besos, sin sus caricias, sin… sin… Le dio un golpe al barandal, seguido de otro, otro y otro mas, descomponiendose en miles de pedazos en el aire, no tomandolo por sorpresa las lágrimas bajando de sus párpados y desembocando en el frío suelo.
Yuuri había sido como una mariposa en su vida, efímera, elegante y tan hermosa cuando sus alas se extendían frente suyo. Podía darle un visto al pasado cuando patinaba, robandose la atención de todos con su secuencia de pasos y exclamaciones de sorpresa con cada salto, mirada o movimiento de mano. Yuuri es y sera extraordinario, aunque como todas las mariposas nunca podrás retenerlas mucho tiempo, por mucho que estires tus manos para alcanzarlas solo rozaras sus alas multicolores, cegando tu vista y acontinuación desapareciendo. La magia de las mariposas es especial, pero sus repercusiones ante su ausencia son las mas mortíferas.
El rubio cae con un golpe seco al suelo sollozando y gimoteando sin poder evitarlo, un nudo opresor le cogestiona el poder respirar y ese fastidioso dolor en el estomago hace de las suyas, queriendole avisar que por mucho luchar con esta nueva realidad, esta noche el hacerse el fuerte no servirá. En un segundo fija su vista al cielo, se encuentra tal cual como lo pensó oscuro, sin ninguna estrella en el firmamento y desolador a igual que su alma. Es cierto, aquel soldado fuerte, el tigre ruso, había sido reducido hasta las cenizas por un simple omega cerdito con complejo de masoquista, incapaz de ver adelante y sus atributos. Porque seamos sinceros, el rubio era millones de veces mejor a Viktor, tanto en lo profesional como en lo personal, coloquemos en lo simple: es joven.
Sin embargo, nada de eso le importo al pelinegro, pues su corazón desde el principio había tenido nombre y apellido, los cuales, no eran los suyos. Quizo soñar, aspirar hacerlos, pero lamentandolo mucho las cartas ya estaban hechadas. Entonces, ¿donde quedaba él? Como se encontraba ahora, destruido, con los sentimientos hecho trizas y las ilusiones convertidas en cenizas. En el presente, lo único que podía hacer era llorar.
Cosa que hizo.
Lloraba por su mala suerte, por lo idiota que era, el considerarse mejor a cualquier alfa en la faz de la tierra, sobre todo, lloraba porque desde este instante nada volvería hacer a antes. Esa noche perdio a su hermosa mariposa y asi mismo, si, seria la muerte de Yuri Plisetsky en el ámbito amoroso, donde la resurrección no se encontraba a la vista. Al menos, no por ahora.
★★★★★★★★★★
No podía creer lo que había hecho, por tanto que le daba vueltas al asunto, las palabras dichas y el tono de su voz frío le causaba repulsión. Justamente como en el pasado, Yuuri destrullo las ilusiones de una persona importante para él, empujandolo directamente a un abismo lleno de dolor. Lamentaba tanto eso, realmente lo hacia, porque aquellos ojos verde salve le pedían a gritos quedarse, envolverlo con su calor y jamas abandonarlo, pero no podía hacer eso, no mas. Alimentar de mentiras las esperanzas de alguien esta mal, el pelinegro lo sabe, esa misma razón lo empujo a actuar de esa marenara tan frívola y disconsiderada. Parecido a no importarle nada, cuando la realidad seguirá siendo otra, Yurio es y sera alguien de gran relevancia en su vida. Estuvo en los momentos de baja subiendole el animo, enseñandole que no todo esta perdido, menos al tener a alguien mas dependiendo de ti. Por eso quiso recompensarlo de alguna forma, aunque la idea inicial ha sido errónea, sigue considerando el desearle lo mejor.
« Eso no lo soy, Yurio. »
Al menos le convencio de creerlo, de expandir sus horizontes y llenar sus ojos de imágenes con diferentes paisajes, la vida no comienza y termina en Katsuki Yuuri, jamas, la vida se compone de muchas otras cosas mas. Y Yurio solo acaba de vivir su primera experiencia amorosa, esta completamente seguro de encontrarse una excelente persona, bien sea omega, beta o alfa, con tal, sera capaz de brindarle todo aquello que jamas pudo hacer él. ¿Acaso el amor no significa eso? Desear la felicidad del ser amado, aunque este no se encuentre cerca tuyo, mas si su destino es mucho mas lejos a lo esperado.
Yuuri estaba consiente de querer a Yurio, no de manera romántica, pero si en una única y especial. Después de todo, fue el primero en ayudarlo a levantarse del suelo donde se encontraba, repararle las heridas y escucharlo en menos de llamarlo. ¿Es la clase de persona inconsciente para no darse cuenta? Jamas podría serlo, porque Yuuri valoraba el esfuerzo de las personas, mas de las que por “x” o “y” gastaba su tiempo innecesario en él. Era cierto, pues el japones se veía igual a un ser descompuesto y sin la capacidad de poder ver mas halla de cierto peliplata, él si se había quedado en el pasado, su mundo entero se componía y se comprondía en Viktor Nikiforov. Aunque lo negara o intentara de hacerlo, la verdad lo perseguía hasta por debajo de las piedras.
« Eso jamas me quitara el mal sabor de la boca, menos el haber hecho sufrir a Yurio. »
De su último encuentro transcurrieron cuatro días, exactamente desde la aparición de su celo y aquel comportamiento vergonzoso, podría querer olvidarlo pero las nubes de haber hecho lo que hizo, lo atacaban sin parar. Fue un total desvergonzado, paso por alto encontrarse en un parque público, los años alejados de las manos de aquel alfa y sobre todo, los daños ocasionados en aquella fatidica casi relación amorosa. Simplemente se entrego al desenfreno, a mezclar sus sentimientos, el ser un omega y la necesidad de calmar su dolor hacia un Viktor totalmente seducido, quien por pocos sucumbia dejándose llevar ante sus caprichos. Sinceramente, no sabia como luego de semejante espectáculo pudo darle la cara a Viktor, quizás le de crédito a estar débil o enojado a ser invadido por Anna y él a su habitación.
« Mierda, mierda, mierda. ¡Yo solo quería que me tragara la tierra! »
Era cierto lo que le dijo el ruso, sobre agradecerle luego de estar en completa normalidad, pues no sabia con ciencia exacta lo de sus pobres nervios soportarían a una memorias peores a esa. Afortunadamente, luego de lo ocurrido, la única en tener contacto con el ojiazul fue su hija Anna, al permanecer con el celo y los efectos secundarios de los supensores en el cuerpo, estuvo encerrado en su departamento los días restantes de su ciclo. Tampoco es que pudiera salir, los omega en esos días son muy susceptibles a ser atacados por alfas embriagados en su olor, podría los inhibidores esconder un poco esto, pero mejor seria prevenir a lamentar. Debido a ello, le dejo al ruso encargarse de la pequeña, desde llevarla a la escuela hasta ocuparse de sus clases de piano y violín. ¿Y como se encontraba Anna? En el mismísimo paraíso, pues al ir con Viktor a esos lugares en especifico no paraban de preguntar su relación, definiendola de una vez en padre e hija. La pequeña podría ser recatada, pero verse en el centro de atención al ser la hija de la “leyenda viviente del patinaje artístico”, la llenaba de dicha y gozo, pues su padre no era nadie convencional convirtiéndose en alguien excesional a la par de especial.
¿En donde quedaba Viktor? Presumiendo su primogénita, siguiendo con las fotos en las redes sociales, llevándola a lugares de su preferencia y presentándose en la escuela como su padre. Podría describir esa escena igual a la primera aparición como su entrenador, solo que en esta ocasión, las profesoras eran las encantadas de semejante presencia en ese humilde lugar, debido a jamas pensar en él visitandolos y menos ser papá de la chiquilla. Aunque, obviamente, la similitud entre ambos era inaudita callando con antelación las preguntas indiscretas. El relato culmino con una Anna refunfuñando porque sus profesora de piano no paraba de hacerle miradas a su papá, siendo una evidente señal de coqueteo malitencionado, porque era mas que claro el cariño de este tenerle a su mamá, llevándolo a perder el tiempo. Tarde o temprano ellos estarían nuevamente juntos.
« Sonaba tan convencida… que contradecirla seria un error. » no es como si tuviera la fuerza para hacerlo, romper por segunda vez las ilusiones de alguien mas sería mucho, mas si se trataba de su hija.
Yuuri miro por tercera vez su reloj de pulcera, Viktor le propuso verse en aquel parque convencional en ambos para anunciarle algo, no tenia idea de que podría hacer pero le daba miedo. ¿Y si era para decirle rendierse con él? ¿encontrar a otra persona y casarce? No, no, no. ¡No podía ocurrir tal cosa! Es cierto que ahora de las indecisiones era él, pero estos años separados le cobraron los daños ocasionados entre ambos, llegaba el momento de volver a estar juntos. Tal como decía su hija, juntarse igual a la familia de obviamente ser. ¡Ninguna calamidad pasaría!
« Tengo tan mala suerte que capaz si ocurra »
Allí iba nuevamente, Katsuki Yuuri el “corazón de cristal”, el cual permaneció en las sombras desde su retiro del patinaje. No tomando en cuenta que al nuevamente entrar Viktor a su vida, destapaba su pasado y las inseguridades creía olvidadas. Era inevitable, cuando te enamoras entras en el punto mas vulnerable de todos, peor a estar en celo. Aunque los obstáculos entre ambos no sean muchos, Yuuri encontrara la manera de hallarlos porque complicarse es su especialidad.
— ¿Yuuri? — una voz conocida le asusta, viéndose soltar un gritillo involuntario. — Llevo tiempo llamandote pero no me contestas, creí que me ignorabas pero parece no ser el caso.
— V… ¿Viktor? — el nombrado sonrio con su usual confianza, provocando aumentar su ritmo cardiaco. — Lo… lo siento es que me distraje un poco pensado en otras cosas.
— Siempre sueles perderte en tus pensamientos cuando te preocupas. — soltó sin mas, ocupando el lugar a su lado y mirando la imponente ciudad de Ditroit. — ¿lo recuerdas? Fallabas en tus saltos por hacerlo.
— Tu memoria es increíble… — musito con una media sonrisa, bajando su cabeza y jugando con sus manos.
— Por lo general dicen que soy muy olvidadizo — confeso sin una pizca de vergüenza — pero cuando se trata de Yuuri, mi cabeza lo almacena todo y sin dejar algún detalle fuera.
Era increíble que después de lo ocurrido, el tiempo se detuviese cuando los ojos azul cielo de Viktor se encontrara con los suyos, recreando una atmósfera clara y calida diferente de cualquier otra. No podía evitarlo, pero su cuerpo temblaba y el corazón daba saltos insesantes, las emociones se encontraban descontroladas gracias a la sola presencia de este hombre a su lado. Nada, nada había cambiado, ni el efecto que le produce o sus sentimientos, todo seguía intacto.
— Y… y… ¿para qué querías hablar conmigo? — tartamudeo nervioso el pelinegro bajando la mirada, con pomulos ya sonrojados.
— Como sabes, la nueva temporada esta por acercarse y pienso obviamente participar. — se centro en explicarle a lo que venia, sintiendo lo otro como un frío rechazo. — Probablemente sea la última para mi, mas bien he atrasado mucho el retiro.
— Mientras sigas inpresionando a las personas, ¿qué importa?
— Wow, Yuuri sigue pensando cosas lindas de mi. — hablo con entuciasmo.
— Viktor… no te desvíes del tema. — reprocho ocultando su sonrojo.
El ruso soltó una risita divertida, jamas ha sido un secreto para él seguir causando extragos en el japones, solo rememoremos lo ocurrido cuando entro en celo. Estaba seguro que esa fragancia solo canto para él, es mas, su descontrol fue producto de encontrarse cerca. Claro, una prueba clara de ser parejas destinadas. Aunque digan ser solo patrañas de personas soñadoras, en lugar de racionales.
— Debía haber estado en Rusia luego de las competencias de razas, pero debido a mi descubrimiento de Anna, lo retrase. — volvió con la explicación, dándose la vuelta y obligando a hacer lo mismo al omega. — Yuuri, volveré a San Petersburgo, mi vuelo sale mañana a la noche pero no quería irme sin avisarte. Menos sin resolver nada de nosotros.
— A… a… ¿Anna lo sabe? — fue lo primero en lograr sacar de sus labios el pelinegro.
— Si, ya le deje toda mi información para que me contacte de necesitar algo. — respondió, no tomando en cuenta lo que ocurría dentro del ojos caoba, quien suprimia una punzada llena de dolor en su pecho. — Es una niña muy lista, es obvio no perder el contacto, mas cuando nos llevamos tan bien.
Yuuri dejo de escuchar, de hecho, de pensar algo coherente, simplemente se sucumbió en un abismo de oscuridad donde hasta el mismo viento le dolia. El no quería, no deseaba de ninguna manera alejarse de Viktor luego de haber pasado tantos obstáculos, las promesas mal infundadas, la separación, los secretos entre los dos… todo, absolutamente todo. ¿Ahora pensaba en alejarse? ¿tomar un vuelo y regresar a Rusia? ¡No! ¡no podía permitirlo! No cuando la única persona en hacerle tanto bien, la única en demostrarle sus atributos, no importarle ser omega o beta le lleno de felicidad al permitirle ser madre de Anna quiera alejarse de su lado.
Por primera vez en mucho tiempo Katsuki Yuuri se siente valiente, capaz de realizar lo que sea gracias a… ¿eh? Sin saberlo lágrimas empiezan a descender sobre sus mejillas, machando todo a su paso y causando estragos en todo su cuerpo, que instintivamente comenzó a temblar.
— ¿Yuuri? — lo llamo esa voz, su voz, tan clara, magistral y suave como el mismo tersiopelo. Lo empuja, lo llena hacia un mar de emociones. — ¿te duele algo? ¿te sientes mal?
« Si… el corazón » piensa el pelinegro, apretando los puños y labios con fuerza para evitar salir algún ruido o sonido quebradizo. Yuuri sabe que jamas ha sido valiente, menos valeroso, pero por un instante deseo serlo por sus anhelos. Si, ser egoísta y llevar su voz a hacer escuchada.
— N… no me… — sollozo el omega, alzando su rostro y asustando al ruso. — ¡No me abandones! ¡no me dejes de nuevo! Por… por… ¡por favor!
Viktor al ver a Yuuri en su estado mas puro, cristalino sintio nuevamente ese flechazo a cuando lo vio por primera vez, o al menos, estuvo consiente de su extraordinaria presencia cerca del suyo. Nacio en él la clase de necesidad de protegerlo, estrecharlo entre sus brazos y jamas soltarlo. En el pasado fue un idiota, uno completo por seguirle el juego al creer ser feliz sin tenerlo a su lado, pero se equivocaron, ambos lo hicieron y llego el momento de enmendarlos.
Esta… era la señal.
Aun sabiendo su poca capacidad de controlar el llanto en una persona, Viktor sostuvo los hombros del pelinegro y lo envolvió en sus brazos, apretandolo contra si demostrandole que estaba allí para él y jamas lo abandonaría. Ni ahora o nunca.
— Te lo pido… no me dejes… V… Viktor… — respiro entre cortado Yuuri, devolviendole el abrazo.
— No seas tontito, mi Yuuri. — rio ante el comportamiento del mas bajo, aspirando su esencia y apoyando la cabeza en este. — ¿quien dijo sobre abandonarte? ¿irme y jamas regresar? Aun sigo teniendo sentimientos por ti y no piensan cambiar. Además, tenemos a Anna. ¿no?
Cierto, cierto, tenían alguien en común y se trataba de su hija Anna. Aun así, no comprendia porque tenia esa molestia en el pecho, un temor que residía en jamas volverlo a ver, a experimentar nuevamente la soledad y el anhelo de su esencia. Yuuri se apreto mas al alfa, aspirado su olor acompañanda de esas lágrimas traviesas, que seguían cayendo sin cesar. Viktor por su parte, no comprendía nada la actitud del japones, si hace unos días se comportaba tan arisco con él y pretendió seguir adoptando esa postura de no volver. Pero aquí estaban, pegados el uno al otro, juntos y mezclando sus olores corporales como si fuese la única cosa en mantenerlos de pie.
— Perdoname… — confeso con voz quebradiza e hiposa — nunca, nunca quise aparentar ser tan cabeza dura contigo, solo… solo no deseaba volver a repetir el pasado. Tu y yo… desaparecimos… huimos el uno del otro como… como fujitivos. Luego salí embarazo de Anna y Yurio estuvo alli… ¡Oh Yurio! Tambien lo hice sufrir… ¡jamas quise hacerlo! Pero…. pero… seguramente debe odiarme.
El peliplatiado soltó una risita contento, no lo maliterpreten, Yuuri al fin estaba sincerandose con él con una escena de casi histeria al llorar sobre su pecho, quizás desde hace mucho debieron tener una conversación así, o mas bien, llevarlo al limite para escuchar la verdad detrás de su actitud. Había olvidado que al pelinegro le funcionan solo estas cosas, amenazarlo y llevarlo a la máxima expresión. Odiaba verlo así, vulnerable y completamente distruido, pero alababa el tener la dicha de observar la realidad en su historia, la cual, no estuvo presente.
— Eso jamas podría suceder — dijo acariciandole la espalda con delicadeza al omega, mimando para calmar su estado de animo. — nadie podría llegar a odiarte Yuuri. Es cierto, quizás Yurio este molesto y muy dolido, pero igualmente te quiere mucho. Solo… solo dale un espacio para calmarse, digerir todo y volverá hacer el mismo gruñon de siempre.
— Pe… pero le falle, lo retuve a mi lado a bases de esperanzas e ilusiones. — replicó medio lloroso, estando en total desacuerdo con el peliplata. — ¡¿eso no me convierte en un egoísta?! ¡¿en una persona vil?!
— No — lo obligo a separarse y mostrar su rostro, sujetandolo de manera demandante para jamas soltarlo. — eso solo te convierte en un ser humano, que comete errores, se equivoca y posee el poder de enmendarlos o seguir haciéndolos. — la mirada de Viktor era tan azul, le recordaba al cielo, a su vez al mar pero sin olvidar el hielo. En general, él era la representación de este, aunque por una extraña razón no lo congelaba, le quemaba. — Yuuri, deja de pensar en ti como la peor escoria de este mundo por favor, empieza a valorarte un poco mas. Eres el omega que crío a un cachorra alfa solo, sin la necesidad de llamar a su padre y solo apoyándose en la gente de confianza en tu alrededor. ¿Eso no te dice algo? ¿qué vales la pena?
El ojos caoba desvía la mirada avergonzado sin responder, desde conocer al ruso, nunca ha podido lidiar con sus ataques sorpresa elogiando su persona. La intencidad de su personalidad lo llevaba a un obelisco, que si bien no podía desviarlo, estaba en sus opciones preveerlo. ¿Quien lo haría de todas maneras? Viktor es tan impredecible, sorprender a la gente es su lema y practicarlo con él no seria la excepción.
— Aun no lograr mirar bien quien eres, pero permiteme ser la persona que te lo muestre. — sonrio suave, acariciando con un pulgar uno de sus pomulos como sino deseara hacerle daño. — De ahora en adelante, jamas pretenderé irme lejos o siquiera pensarlo. Te quiero Yuuri, eres mi omega destinado y pretendo recordartelo todos los días de nuestra vida.
Si alguien era capaz de romperle el corazón en el buen sentido, es Viktor Nikiforov, solo bastaba escuchar su voz aterciopelada, sentir su tacto de millones de partículas solares en su piel y sus ojos azul cielo en los suyos, para convertirlo en el omega mas dichoso de la vida. Antes jamas se lo creyó, tener el alfa mas cotizado bajo sus pies, queriendo y deseandolo únicamente a él, menos mantenerlo como entrenador. Pero sucedía, la “leyenda viviente del patinaje” declamo palabras de amor hacia él, un antiguo patinador ordinario quien se convirtió en entrenador, sin olvidar ser un omega y padre soltero. Entre todas las personas, lo escogió y no tenía planes de dejarlo ir.
Ahora ya no podía llorar de tristeza, en cambio lo haría de felicidad, porque apartir de ese momento se permitirá ser feliz sujetar la mano de este hombre y la de su pequeña, así caminar hacia el futuro.
— ¿Yuuri? — parpadeo sin entender porque el pelinegro intensificó su llanto, declaro la mayor confesión de amor de todas. ¿Eso era bueno o malo? — ¿por qué sigues llorando? Te dije no separarnos, insinuarte hasta vivir juntos… ¡casarnos si lo prefieres! Asi que…
— Eres tan tonto, Viktor. — comento riéndose y llorando a la vez, confundiendo mas al peliplata. — Sigues siendo un completo idiota al momento de verme llorar, inclusive si es de felicidad.
— ¿Felicidad? — parpadeo varias veces hasta adaptarse a la realidad.
— Si, felicidad. — dio un paso hacia adelante y tomando entre sus manos el rostro bobo del ruso, riéndose mas de su expresión. — En el pasado sugeriste darme un beso para frenar mi llanto, que tal si lo hago yo para volverte a la realidad. Suena una gran idea.
— ¡¿Yuuri?!
Abrió sus ojos como platos al sentir los labios húmedos del otro sobre los suyos, recreando una fricción rápida y momentánea que no lograba digerir. Katsuki Yuuri… ¡su cerdito adorado le robo un beso! Eso de los que te tomaban desprevenido, con la guardia baja y ganas de mas.
— ¿Y…? — murmuro avergonzado, mirando al suelo y con las mejillas pintadas de carmín. — ¿qué te parecio?
— Quizás necesito otros mas y así creermelo. — confeso sonriendo igual a un bobo.
— ¡Viktor! — chillo conmocionado el japones.
— ¡Me lo debes! — exigió haciendo un medio puchero, causándole ternura al omega al ver al máximo exponente del patinaje comportándose como un niño. — estuviste saliendo con Yurio cinco años, seguramente lo besaste mucho y…
No pudo terminar la oración pues fue atacado nuevamente por los labios del pelinegro, que buscaban abrirse paso entre los suyos y robarle cada particula de oxigeno dentro suyo, provocando pensar que jamas había tenido al Katsuki tan lasivo como ese día de celo. Quizás, en esta ocasión, eran los verdaderos sentimientos del omega hablarle, exigiendole hacerse cargo de él y olvidar lo demás.
Girando la situación a su conveniencia, Viktor sujeto la cintura del pelinegro obligandolo a sujetarse de sus hombros, mientras el lo colocaba en una postura iguales a las películas y besandolo mas profundo, mas fuerte. Ambos emitieron una risa cómplice que murieron en sus respectivas gargantas, tenían ese tipo de sensación cuando cometes una travesura o algo malo, solamente querían fundirse en el ardor de sus corazones y el retumbar de un amor que al fin era correspondido. Este beso solamente es la confirmación de sus anhelos, tristezas y necesidad uno del otro, el querer volar para volverse a encontrar y estar juntos.
He allí el miedo de Yuuri, el experimentar nuevamente la frialdad de un invierno sin Vitkor es peor a quedarse solo sin ayuda, simplemente en la oscuridad, bajo las ordenes del dolor. Resultaría irónico, pero la cura para todos sus males era este extraordinaria hombre, el cual, considero tabú nombrarlo o pronunciar su nombre. Ahora, en el presente bajo sus brazos, lo creía la cosas mas exquisita en la faz de la tierra, poseyendolo nada mas a él.
— Esto deberíamos celebrarlo. — ronroneo contento entre beso Viktor, apretando al japones contra suyo y escuchandolo reir. — solos tu y yo, perdidos en las olas de la perdición o…
— Calla, sabes perfectamente que no podemos hacer eso. — le interrumpió el pelinegro mirandolo incrédulo. — aun valoro mis caderas, las necesito para poder moverme con libertad.
— Oh, Yuuri… hace unos días no pensabas lo mismo. — bromeo usando un tono de voz juguetón, recibiendo un golpe del pelinegro como respuesta. — ¡auch! Lo… ¡Lo lamento! ¡Retiro lo dicho!
Yuuri soltó una carcajada sonora, al ver como el ruso se comportaba con él a su alrededor, desde siempre ha sido muy exagerado y dramático, apenas había sido un golpe mínimo pero lo hizo mucho mas grande. En un segundo pensó en que haber perdido la cuenta de reírse así, por nada, por simple diversión o dicha de sentir a tu persona amada cerca tuyo. Eso es sin duda el efecto “Viktor Nikiforov”.
— Mas te vale hacerlo. — señalo aun manteniendo su risa.
El peliplata encantado de tan glorioso sonido, olvido su postura dramática y se acerco nuevamente a Yuuri, acariciando con dulzura su rostro para darle un suave beso en los labios, casto y puro como su receptor, seguido de otro, otro y otro mas. El peliplata deliniaba con precisión la boca del japones, buscando gravar su textura carnosa y suave, el sabor a vainilla con frutos secos permitiéndose perderse en la dulce sensación de estar nuevamente con él. Era el despertar de la primavera en medio del invierno, donde el panorama seco y húmedo era sumplantado con las flores silvestre mas coloridas posibles, engalanando gracias a su belleza y color. Estos cinco años lejos del cerdito fueron como estar muerto en vida, moviéndose por inercia, realizando la misma rutina de siempre y ahogandose en su miseria. Lo sabia, le falta una motivación para hacerlo avanzar, empujarlo hacia adelante y demostrarle que vale la pena vivir. Ese, ya la tenia al frente.
— Me vuelves loco Yuuri, — anuncio en medio de un suspiro, manteniendo muy cerca de si al omega, chocando así sus respiraciones. — loco y completamente a tus pies. No pretendo dejarte ir a ninguna parte, ya no mas, ese es un error que no pienso volver a cometer jamas.
— Tampoco es que este dispuesto hacerlo. — hablo al fin, ubicando su cabeza en el pecho de este y pasando sus brazos alrededor de su cuerpo. — eso igualmente fue mi culpa y… realmente lo lamento.
— Aunque tienes una manera muy ortodoxa de demostrar amor, te entiendo. — comentaba tranquilo el ruso, devolviendole el abrazo al omega y permitiéndose mimarlo. — Tu solo deseabas mi bienestar, el volver al circuito, entregarme a mi pasión nuevamente. Aun si significara separarte de mi. Pero te equivocaste en algo, no considerar mis postura en esto.
— Lo siento… — murmuro arrepentido, escondiendose en los brazos de él y no queriendo salir.
— Bueno, ya tambien contribui con mi indecisión, asi que igualmente lo siento. — río ante notar como los dos realmente fueron idiotas, su omega sola se limitaba a buscar su calor y adoptar postura de un adorable cachorro. — Quedamos en las mismas, no puedes reprocharme nada.
— Eso ha sido un poco injusto. — replicó.
— Nada en realidad lo ha sido Yuuri. — pronuncio con ironía el alfa, aunque recordó algo sumamente importante. — Ahora que lo pienso, cuando Anna se entere de esto va a morir de la dicha.
— Claro… tu hija es la primera en querer ver esto. — concordo Yuuri ante el comentario, pues la pequeña es partidaria de tener familias completas y felices. — creo verla hasta saltarla en un solo pie.
— Su felicidad, es mi felicidad. — anuncio alegre Viktor, pues el estaba claramente a gusto de como se dieron las cosas.
— Borra esa sonrisa estúpida de tu cara. — le reclamo alejándose y señalandolo. — aun no me has explicado de como haremos para vernos, mucho menos planes a futuro. Hacerte el misterioso no funcionara conmigo.
Increíble, del amante perfecto a madre celosa, los cambios de humor del japones le tenían sin palabras. Lo terminaría retribuyendo a sus cambios hormonales, todos los omegas lo sufrian luego de su ciclo, por lo que soportarlos en todo un reto. El cual, deberá hacer en estos momentos.
— Yuuri, cariño solo volveré a Rusia a entrenar para el GPF. — le aclaraba pausado, sin prisa alguna pues tratar con omegas territoriales es muy difícil, tomando en cuenta la personalidad de este. — Durante mis lapsos de descanso vendré a verlos, tambien tendremos las redes y los celulares, nuestro contacto no se perderá. Lo prometo. En verdad te quiero, botar a la basura el avance optenido es ridículo.
Ahora que lo decía, tambien debía de concentrarse en el GPF de Rossana, esta sería su primera vez participando con las grandes patinadoras en su categoría, considerando la personalidad de esta al poseer un exceso de confianza máxima, teme de ceder ante la presión. Muchos sucumbe a este, la castaña no seria la primera. Aunque sea como sea, estaría allí para ella demostrandole todo su apoyo. Por lo tanto, no tiene tiempo de andar de jovencito enamorado, el celo igual lo alento en su trabajo, llegó el momento de centrarse en lo importante.
Dando un paso hacia atrás, dejando un espacio prudencial del alfa ya confundido, adopto una pose pensativa. Estaba sumamente feliz de solucionar las cosas con Viktor, pero la distancia entre ambos seria realmente alarmante, es decir, conoce perfectamente la naturaleza del ruso en escapar de las prácticas a su entrenador. Esta ocasión seria diferente, las copas estaban a la vuelta de la esquina, depende de donde debía de ir el ojiazul, estaría la oportunidad de verse.
— ¿Ocurrio algo Yuuri? — pregunto el peliplata, ante el silencio prudencial del japones. — No has dicho nada de mi plan inicial, quizás tengas…
— En realidad, tienes razón. — lo interrumpió en seguida, confundiendolo mas. — El GPF comenzara en nada, recuerda, soy entrenador y Rossana estará participando en su división. Estare sumamente ocupado. Agregándole, no saber donde sera enviada.
— ¿Aun no les han llegado la información?
— No, la esperaba para mañana o el sábado. — respondió pensativo.
Oh… demonios, esto era rudo.
Se preguntaba de cierta manera como pudo mantener Yurio su relación con el ojos caoba, estar en las distancias era todo una odisea, agregándole, las ganas de optener el cariño de esa persona viva. No es como si Viktor estuviera rindiendose antes de tiempo, buscaría algo para tener en balance su amor por Yuuri y el patinaje. Esta seria su última temporada, por ende, la haría memorable. Luego… luego se dedicaría a conocentir a su familia, hasta sonaba dulce en su mente esa palabra. FAMILIA.
— No te preocupes por eso, Yuuri. — le sujeto el rostro con una sola mano, sonriendole dulcemente y esperanzado. — Como dije, no pretendo alejarme mucho de ti menos ya habiendonos reconciliado, encontraremos la manera de vernos. ¿Quien sabe? Podríamos coincidir en pais.
— Eres tan entuciasta. — río el pelinegro, sosteniendo el agarre del contrario contra si mismo. — pero confiare en ti, como desde un inicio lo hice.
Nuevamente acercaron sus rostros mezclando sus alientos, perdiéndose en la calidez y uniendo los labios en un prolongado beso, el cual, estaba plagado de promesas en un futuro lleno de luz y dicha. Porque si el destino decidió unirlos una vez mas, era la máxima señal de estar hechos el uno para el otro. Tal cual como decía la leyenda de los destinados, al pesar de la distancia, obstáculos o fallas en el camino, aquel hilo del destino rojo los uniría hasta la eternidad realizando la osadía de unirlos.
Al otro día, exactamente como menciono Vitkor, abordo el avión con dirección a San Petersburgo donde le esperaba su camino ideal para esa última temporada. Anna junto a Yuuri fueron a despedirlo al aeropuerto, la pequeña casi se pego literalmente al pantalón del ruso para evitar verlo marchar, cosa de sorprender a su madre, pues ella ha demostrado madurez en la situaciones mas adversas. Al parecer, conocer a su padre y encariñarse con este le ha cambiado de alguna manera, diciendo por todas partes ser una niña. El peliplata la estrecho entre sus brazos fuerte, alegando seguir en contacto por todas las redes electrónicas posibles, podría mandarle inclusive mensajes si deseara, aunque no quisiera marcharse, necesitaba seguir trabajando. Es mas, prometia pasar vacaciones navideñas con ella, aunque en Rusia no lo celebraran, él haría todo lo posible para pasarla juntos. Seguidamente la ojiazul se animo, si bien averiguo, el veinticinco de diciembre era el cumpleaños del ruso, por lo tanto, se encargaría de darle la mayor sorpresa de todas. Ya lo vería, estaría tan feliz que no se atrevería a dejarla nunca mas.
Cerrando la conversación igual a un pacto, Viktor Nikiforov se marchó con muchas emociones en el corazón, la primera, la dicha de ser el padre de una encantadora princesa, y la segunda, Yuuri le escogió encima de Yurio. Si, encima de lo correpto, persiguiendo solamente los latidos de su corazón y sentimientos, olvidando la razón. Sin dudas algunas, los mejores días de su vida en menos de estos cinco años de tortura, ahora, esperar a ese pronto regreso.
★★★★★★★★★★
Tenia todos los músculos agarrotados, las piernas entumecidas y ni hablar de su trasero. Regreso a Rusia el día anterior, seguido de pasar encerrado en un cuarto de hotel como todo un idiota, se lamento, lloro, grito y cuestionó cada uno de sus movimientos los últimos años. Luego de llegar a la conclusión de ser el Katsudon un idiota, agarro todas sus pertenencias olvidando algunas en el departamento de este, las guardo en sus maletas, llamó a Yakov y abordo el primer avión en encontrar disponible un asiento. Sería absurdo permanecer en aquel pais, tomando encuenta lo ocurrido, mas que posiblemente Yuuri estuviese junto al vegestorio.
De ser así, perfecto… ¡Hurra por los novios!
Acto seguido, aguanto las horas reglamentarias del vuelo y finalmente llegó a su pais natal, la ganas de ver a alguien eran nulas, ni siquiera su amado abuelo le comentó de lo ocurrido, simplemente se atraganto con las palabras y las quemo lentamente en su corazón adolorido. Es decir, Yurio jamas seria de los que compartían sus pesares, menos una depcesión amorosa, realmente, se trata del pequeño porcentaje de personas en superar solo sus pesares. Sufrir en silencio. Al llegar a su departamento únicamente le informo a su entrenador, aprovechandole para aparecer al otro día por la pista, se encontraba demaciado exhausto para darle mas cuerda al cuerpo. Por los momentos, su opción mas viable seria el descansar, recargar energías y después seguir. Pero tomando en cuenta su forma de ser, el rubio se atasco de comida chatarra, bebidas gaseosas junto a pilas de películas humorísticas, en tanto las observaba sentado en su sillón favorito. Se olvido de todo, del dolor de la perdida, de la decepción, las memorias nebulosas… todo, centrándose únicamente en vivir el momento.
El resultado, amanecer todo agarrotado de los músculos por dormir en una mala posición, al mirarse en el espejo podrías percibir su gran deteriodo. Ojeras bajos los ojos, piel pálida mas a lo usual, labios agrietados y esa mirada llena de surcos, eso podría considerarlo matutino pero en ese instante era mas pronunciado. De verlo Mila, su compañera de pista, seguramente lo compararía con un mapache seguida de una estruendosa risa.
« Estúpida vieja bruja, hasta en mis pensamientos es una molestia. »
Tomo una ducha rápida con la finalidad de relajar sus articulaciones mullidas, de esa forma mirarse medio presentable ha su entrenador Yakov, que seguramente estará caminando latiralmente las paredes mientras saca de su boca fuego al tener patinadores tan inresponsables, al menos, sus dos ganadores. Yurio no queriendo darle mas vueltas al asunto, se apresuró a cerrar la perilla, cercar su cuerpo y vestirse inmediatamente. Debía de practicar su rutina para el GPF, aunque estuviesen el programa corto listo e igualmente el libre, necesitaba perfeccionarlos y eso no podría esperar demaciado.
Sujetando nada mas a una rebanada de pan con una mano y en la otra un café, salio de su departamento corriendo con prisa, llegar tarde antes podría haber sido su especialidad, es mas, saltarse las practicas tambien pero cuando te centras en mejorar tus debilidades, olvidas tus meteduras de pata y comportamientos de niño en brazos. La pista de San Petersburgo no quedaba tan lejos de donde vivía, salvo correrlas en unas cuantas cuadras a pie, estar haciéndolo nuevamente le parecía totalmente extraño, porque se sentía parecido haber dormido mucho tiempo y despertado en el momento mas doloroso de su vida, cuando parece todo ir mal. Bueno, es mejor enfrentar las cosas que evadirlas.
Aquella mañana en Rusia seguía siendo lo convencional, fria, nublosa y con una capa de gris en todo el horizonte que le daba una atmósfera nostálgica, igual a como se encontraba su alma. Quizás este viendo a su alrededor por la misma razón, encontrarse su corazón roto, sabia que debía de olvidarse de eso, tratar de buscar las posibilidades después de un “Katsuki Yuuri” estuvo tan dependiente de él estos últimos años, que encontrarse perdido es un síntoma predecible. Sin embargo, Yurio sabe perfectamente no centrarse en el pasado, sino vivir el presente.
« Simple, es simple. ¡Debo centrarme en la nueva temporada! »
Desconoce completamente los planes de cierto vegestorio, en realidad, le importa un bledo pero de estar dentro en las competición, tiene que dar lo mejor de si e exprimirse al máximo. Pudo haberle derrotado en el ámbito romántico, pero en el patinaje artístico, genera que ganarle sacando garras y dientes, este sin dudas no se lo dejara tan fácil.
Llega al centro de entrenamiento con la seriedad característica en él, algunos de sus compañeros se acercan a él para saludarlo, comparten palabras significativas y seguidamente regresan a sus actividades. Se dirige a los vestidores para cambiar sus ropas, aunque la verdad solo necesita dejar sus cosas en el casillero correspondiente, estar lejos de la rutina diaria lo a desalentado un poco, por eso colocarse al corriente le costara un poco. Decide dejarse su chaqueta de la selección rusa sobre su camiseta negra, sostiene su botella de agua y los protectores de repuesto para patines junto a un pañuelo en la otra mano, seguidamente se dirige a la pista. Aun sigue sin tener la ubicación exacta de su entrenador, seguramente estará en algún lugar teniendo una conversación telefónica con cierto peliplata inresponsable, colocandolo de cierta forma de mal humor. Los vegestorios a su alrededor no son mas que idiotas. Toma asiento en una de las bancas cerca de la pista sacando su celular del bolsillo de su chaqueta para revisarlo, no es nada relacionado con las redes sociales, desde su llegada o mucho antes, se desligo totalmente de todo eso horita solamente desea ver la hora o mensaje de Yakov, necesita de su presencia de inmediato. ¿Como comenzara a entrenar sin una supervisión? Su entrenador es bueno en gritarle las verdades en la cara, mas si se trata de fallas o faltas en sus rutinas.
Esta apunto de enviarle un mensaje al viejo, hasta que cierta chica de ojos amarillos se sienta a su lado, dibujando una sonrisa de oreja a oreja y adaptando una mueca burlona. Nombre: Mariana González, una patinadora latina.
— ¡Yuri has regresado! — exclamó con alegría, demaciada para su gustos, combinada de un buen golpe en su hombro izquierdo enviandolo un poco hacia adelante. ¿Y esta loca que le sucede? — Mila me informo de lo ocurrido, no sabes cuanto lo lamento, sobre la ruptura con tu novia.
Los ojos del rubio casi se le salen de sus cuencas, es decir, ¡¿desde cuando la vieja bruja de Mila sabia de su vida personal?! No dijo nada de lo acontecido con Yuuri, menos mencionarlo a la pelirroja. ¡¿Como demonios se entero?!
— ¡¿Eh?! — casi le dejo sin timpanos, al chillar igual a un radio descompuesto. — ¡No me digas que se trataba de un secreto! Lo siento, lo siento, no dire nada mas que te han dejado por alguien mucho, mucho, mucho mejor a ti. ¡En verdad lo siento!
Yurio giro con signos de destripar a la latina, porque era evidente estar haciendo de su vida privada un escandolo completo, donde hasta las personas al otro lado del globo terráqueo se enterarian de su desgracia. La detestaba, en verdad lo hacia, desde la primera vez al verla lo supo: seria el mayor dolor de cabeza de todos. Mariana, o como a todos le encantan decirle, Mara, llego al centro de entrenamiento cuando tenia catorce, quince para ese entonces Yurio, ganándose la confianza de todos a su alrededor aun mas de Mila, la fiel amiga de esta encargándose de realizarle la vida cuadritos al rubio.
¿Recuerdan que el muchacho no quiso ver a la hija de Yuuri con este nombre? He allí a la razón, una muy poderosa y buena por cierto. Puede que Mariana no tenga mucho reconocimientos en el patinaje, mas bien, es una cara totalmente nueva en el ámbito ya ha ganado varias competencias, entre ellas la junior de mujeres y competencias de omegas. Así es, la latina es una omega, rara en su especie al ser mujer y aun mas siendo de latina. Aunque las mujeres en esa raza se caracterizan por ser enteramente sumisas, Mariana es totalmente lo contrario, pues desde conocer a Yurio se ha vivido por fastidarlo, hostigarlo e insinuarsele de maneras sorprendentes. Claro, todo esto demostrando ser un juego.
En una competencia de cual de las dos (Mariana y Mila) le fastidiaba mas, no diria ser un empate, en realidad, le daría la corona a la latina con intereses incluidos.
— ¿Puedes callarte? Tus cacareos de gallina en celo, me enferman. — espeto el mayor, apretando los dientes con fuerza y deslitando hostilidad.
— ¡Asi que es cierto! — ignoro la atmósfera de destripador en el aire, pestañando sus ojos con inocencia fingida. Sacandole un gruñido al alfa. — Mila debería dejar el patinaje, es sorprendente metiéndose en la cabeza de los demás y adivinando sus pensamientos. ¡Ni le creí al comienzo!
Nota mental, matar a la bruja pelirroja y luego acabar con la amiga.
— Pero despreocupate Yuri. — le dio otro manotazo en la espalda, girando y mirandolo con la poca paciencia en las venas. ¡Queria matarla! — Aun no se han enterado por las redes, ni siquiera las “Yuri Angels”.
Ah… otros dolores de cabeza, de llegar ese información a ellas seguramente harían cadenas y cadenas de oración, prenderían velas con la finalidad de rezar para una mejor suerte en su ámbito amoroso, o quizás, que en la próxima oportunidad se fijara en una de ellas.
« ¡Ni loco! ¡Ni millones de veces loco! Primero voy hasta Yuuri y le pido reconciderar las cosas, mendigar de ser necesario. »
Aunque pensando mejor las cosas, eso tampoco lo haría, porque su orgullo prevaleceria mas que cualquier otra cosa. Inclusive, su amor.
— Olvidala, Yuri. — sintio el calido toque de alguien, seguido de unos ojos amarillos saltones mirandolos desde cerca. ¡¿Cuando…?! — Hay mujeres mucho mas hermosas allí afuera esperando por ti afuera, con ello no hablo de las “Yuri Angels”, sino alguien mucho, mucho, mucho mas cerca de ti. — sonrio con coqueteo, erizandole la piel al ruso desde la nuca hasta los pies. — Mi celo es dentro de unos días, piensalo, es una propuesta que ningún alfa estaría dispuesto a rechazar.
Seguido de esto, acerco su rostro al petrificado muchacho arrebatandole un beso pronunciado, justo en los labios y acto seguido se alejo de este contoneando sus caderas, en señal de seducción. En algo estaría de acuerdo, la capacidad de una mujer omega en seduccir a un alfa macho era demaciado, mas cuando se trataba de Mariana. Esa chica era candela pura, no sabía si se trataba de su ubicación del trópico al nacer en un lugar tan caluroso, su cabello largo caiada estilo cascada color azabache, su piel bronceada igual a la canela, sus ojos amarillos gato que desean cazarlos o su cuerpo torneado de curvas pronunciadas, sea lo que sea, Yurio no podía apartar la mirada y le estremecia. ¡Obviamente y lo hacia! Una omega le ofreció pasar su celo con él, ¡por todo lo sagrado y divino! Eso no es una propuesta cualquiera, menos de darsela al primero en cruzar tu camino, los omegas son bastante selectivos y mas las mujeres.
— ¡Yuri reacciona! — el grito de Yakov lo trajo a la realidad, sacudiendo su cabeza hacia los lados pensó en centrarse en la realidad. Cero amoríos, solo trabajo… ¡Trabajo! — ¡No pierdas el tiempo a lo tonto y ve de una vez a la pista!
— ¡Voy! — le grito en respuesta.
En tanto cierta omega desde un rincón temblaba nerviosa, ese había sido su primera vez adentrándose a lo desconocido, usando sus encantos de mujer omega y seducciendo a un alfa macho. Quería morirse, que la tierra se abriera y la tragase viva, se dejo convencer por su amiga beta Mila, mayor a ella por cuatro años y conociendola desde su llegada al centro de entrenamiento. Sabía su gusto por el rubio, por eso al mínimo indicio de que este rompió su noviazgo con una omega desconocida y con cría, le invito a tirar la red para pescarlo. Nunca sabría quien se presentaría como contrincante, mas si la antigua novia regresaría para tenerlo de vuelta, debido a ello, era la oportunidad idónea de lanzar el ataque. Con tal, nadie se resistía a los encantos de una omega casi en si ciclo, menos un alfa.
« Si tan solo no hubiese actuado necesitada o robarle un beso… ¡¿como voy a mirarlo a la cara?! »
De la misma forma de hacerlo todos los días, alegre y entusiasta, si decidía aceptar su oferta seria otro cantar. Por supuesto, estar preparado sería necesario.

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