miércoles, 26 de septiembre de 2018

My firts love

II
Hubo cierta ocasión donde Sebastián me llamo apartada de todos para preguntarme algo, por el modo de hablar, su rostro y movimientos corporales parecía incomodo cosa que por primera vez me afecto. Entre nosotros jamas ocurrieron momentos de esa índole, la cotidianidad se trataba de correr al parque, jugar en los columpios, empujarme él, yo me mesia y luego ambos reiamos haciendo una clase de competencia para ver cual de ambos llegavamos mas lejos. Claro, esto no incluía el sujetarnos de las manos, caminar un buen rato de esta manera, o sentarnos uno al lado del otro en cualquier actividad, nadie se debía de entrometerse. Pero como decía anteriormente, en cierta ocasión Sebastián me llamo aparte y con la ingenuidad de la niñez, combinadola con es raro revoloteo en mi estómago, me pregunto si tenia muñecas como cualquier otra niña. Parpadee varias veces hasta para poder comprenderlo, mi mejor amigo de rostro sonrojado me estaba planteando algo totalmente fuera de lugar, porque a) él era un niño y b) ese tipo de cosas son muy obvias considerando quien era. Asintiendo ligeramente con mi cabeza en señal de un si, en tanto él aun con su nerviosismo alego regalarme algo relacionado con ello, tenía una hermana y poseia ciento de cosas de esas pero como soy una niña, la mas cercana que pueda tener en el preescolar, me la daría a mí. No puedo definir exactamente como me sentí luego de eso, impaciente tal vez, anciosa quizás, pero una deliciosa presión se alojó en mi pecho dandome a entender una sola cosa: estaba feliz.
Pasaron varios días antes de ver dicho objeto, eso si, Sebastián solia recordarme cada vez en poder volviendo entre nosotros esa atmósfera clara de nerviosismo. No lo entendía, jamas lo logre comprender pero, que te regala cosas tu mejor amigo, aunque sea en preescolar, era raro. Sin dudas no se atrevería hacer tal cosa por otra niña, lo conocía, desde pisar por primera vez esta aula fue dependiente de mi, siguiendome igual que un polluelo a su mamá gallina temiendole a los demás niños, hasta acostumbrarse. No es que me considerase especial en su vida, tarde o temprano emprendería el vuelo a lo desconocido dejandome atrás, pero tras ese acontecimiento me permití serlo, solamente para mí misma.
— Extiende la mano — me pidió con seriedad, brillandole los ojos con una intencidad que no conocía, provocandome unas contracciones en las paredes de mi estomago. Lo obedecí. — esto es lo que te prometí regalarte, tu lo usaras mas, estoy seguro.
Abrir los ojos impresionada ante el pequeño objeto, era un mini osito de peluche con un lazo rosa en su oreja izquierda dando a entender ser una hembra, en definición era hermoso y solamente para mi. Alce mi rostro sonriendo agradecida, nadie a excepción de mis padres, fue capaz de darme tan adorable regalo, no solamente jugaría con él igualmente lo atesoraria. Olvidando una vez mas su incomodidad ante los abrazos, me avalance hacia mi mejor amigo quien sorpresivamente no se mostró tan tenso a la vez anterior, sino me sostuvo devolviendome el afecto riendo al demostrar ser de mi agrado.
— Gracias, gracias, gracias. — pronuncie sin respirar, apretandolo mas contra mi y riendo a la vez. Se notaba estar realmente emocionada. — prometo que lo cuidare mucho, ya lo veraz.
— Me alegro ver que te gustara. — dijo él al momento de separarnos, haciendo una mueca mitad alivio y la otra nerviosismo. Lo mire curiosa. — no tengo idea de los gustos de las niñas, pero cuando se trata de Isabell… las cosas pueden cambiar.
No entendí nunca eso, ni siquiera en el presente, pero puedo confirmar que mi incómodidad se asemejo a cuando vas cruzando un puente viejo de cuerdas y madera a ciegas, teniendo en tus oidos el murmullo de río pasar bajos tus pies y el vacío en tu pecho cogestionado en adrenalina. De eso se trataba mi tiempo con Sebastián, en una completa aventura.
— Entonces gracias — reintegre una vez mas, mesiendo mi cuerpo hacia los lados en tanto veía el pequeño osito. — en verdad me gusta, diste en el clavo con esto.
— ¿Dar en el clavo?
— Significa tener la razón en algo.
Metiendo el pequeño objeto en mi bolsillo, nos sujetamos de las manos caminando a lo que seria la reunión matutina del salón patrocinada por mi mamá, la maestra. Nadie se percató de nuestro ausencia, salvo Adriana y Kevin, siendo nuestros mas cercanos amigos los cuales sabían exactamente el motivo de hacerlo. Esa mañana, mientras mamá daba las instrucciones de las actividades del día, sonreí de forma cómplice en dirección a mi mejor amigo, mientras él la sostuvo regresandomela. Ahora compartíamos un secreto, uno muy único e inegualable, donde iba mas lejos que sujetarnos de las manos.
Volviendo al presente, me encontraba sentada sobre la cama de la habitanción del departamento de mi mamá, en mis manos se encontraba aquel pequeño osito de peluche de color chocolate y lazo rosa, no ha cambiado nada, estaba tal cual a como me lo obsequiaron siendo un total fenómeno al usarlo con frecuencia en mi infancia. Tal vez el motivo de su buen estado residía en no dejar nadie mas tocarlo, ni siquiera mi mamá, siendo la que debes en cuando ordenaba mis desastres tras jugar. Lo escondí en el cajón de mis calsetas, atesorandolo como lo que era, un regalo de mi primer amor. Verlo luego de un mes de enterarme de lo ocurrido en su vida ya no lastimaba tanto, confieso el llorar encima de esto muchas veces, tantas como para descolorarlo, pero de la misma manera, aprendí a que su existencia no me fuese pesada. Si, mediante los golpes de la vida, entendí que Sebastián en cualquier parte de esta ciudad se encontraba feliz, por ende, debía estarlo por él.
Los primeros días de este mes fueron complicados de sobrellevar, Anthony termino enterandose de lo ocurrido, dandome un largo discurso de aprender a dejar ir las cosas por la paz, con esto se refería a la mia y nadie mas. Se propuso a llevarme a muchos lugares en la ciudad, cafeterías, centros de recreación, comerciales… inclusive su casa donde hizo por primera vez comida, un desastre si desea mi opinión, pero la intención contaba. La agradecí enteramente sostenerme cuando sentía desfallecer, el aire resultaba pesado, mi pecho comprimido y el solo mirar al cielo las memorias de lo que jamas pudo ser llegaron aglomerandose, desembocando en lágrimas espesas manchando mi rostro. Desee volver al pasado, introducirme en una maquina del tiempo para encontrarlo, decirle el esperarme en el futuro y asi poder ser felices, a mi lado él sería feliz. Pero era egoísta, un pensamiento totalmente fuera de contexto donde solo valía por mi misma y nadie mas. Entonces, en pasos de bebés mostré mejoría notoria, dejando los lamentos de lado y enfrentando la realidad. Sebastián no volvería por mi.
Guardando el osito de peluche en un pequeño cofre escondido en mi cajón, me levante de la cama decidiendo ir a comer algo, hoy era viernes y tenía muchas cosas por hacer. Aparte de ir a la facultad, mamá me llevaría a comer los emparedados mas asombrosos de toda la ciudad, preparados por manos expertas según ella. Cosa en darme mucha curiosidad. Revisando los mensajes de mi móvil, cerre la puerta del cuarto detrás de mi percibiendo en el aire un fuerte olor a café, jugo de naranja y tostadas recien hechas. Rugiendome el estómago en señal de tener hambre, corrí al encuentro de la única persona en hacer semejante manjar, mamá. Al entrar a la cocina, observe la dedicación que le colocaba a cada plato mi progenitora, como si cocinar fuese un arte y el tomarsela tan a la ligera, es un delito. Sin duda hizo tostadas, acompañadas de tocino, huevos revueltos y mermelada, el café permanecia en dos tazas humeantes emanando una agradable fragancia, en tanto el jugo de naranja recien exprimido esperaba por mi para ser bebido. En un descuido de mamá, pase igual a un fantasma robandome un tocino, saliendo inmediatamente corriendo de allí antes de salir considerablemente herida por algún misil cerca de ella. Adoraba este tipo de mañanas reinas de risas, juegos y cosas sin sentido, donde mamá era mi mamá y yo su pequeña niña de risa contagiosa. Aborde la mesa en tanto traían los alimentos a ella, el olor inconfundible de un desayuno hecho por los dioses, mamá señalo el hacerme de lista y robarle un tocino, pero la próxima aplicaría una trampa de ratón. Trague duro, hablaba sumamente encerio pues no es de las que se tomaban las palabras a la ligera, si decía el pensar colocar trampas de ratones lo haría.
Comenzamos a comer en entero silencio, escuchandose el sonido de los cubiertos contra los platos, mis pensamientos se embarcaban en los próximos exámenes a presentar en estos días. Análisis de la economía era una asignatura bastante complicada, aunque mantenía una parte teórica, la otra de ejercicios me daban lata y me colocaban cuadrada. Al menos tenia la ayuda de Anthony, sorpresivamente en bueno en los números y de necesitar algo me explicara.
— ¿Hoy saldrás tarde de clases? — preguntó mamá rompiendo el sonido armónico del ambiente.
— No lo creo, pensé en pasarme por la biblioteca de la facultad de derecho para recoger unos libros. — respondi casual, medio mirandola al llevar a mi boca mas alimentos. — ¿tienes otro plan en mente aparte del emparedado mejor elaborado?
— Mmm… no, aun no. — río misteriosa, pasándose una servilleta debajo de la comisura de sus labios y mirandome con perspicacia. — pero necesitaba adelantar eso hasta el almuerzo, en la tarde me reunire con unos supervisores y no estare libre hasta el fin de semana.
— ¿Entonces por qué no lo dejamos? — propuse culminando mis huevos revueltos y pasando a beber mi zumo de naranja — digo… ¿Existe algo que te apresure?
— Si, debes probarlo porque debes probarlo. — repuso segura, haciendome pensar en que definitivamente ocultaba algo detrás de esta salida. — En fin, debo ir a trabajar. ¿Nos vemos al mediodía?
— Seguro… — respondi confundida, mirandola moverse de un lugar a otro buscando sus cosas. — ¿Supongo que me recogeras?
— Allí estare y no me hagas esperar. — señalo, antes de caminar hacia la puerta y sonreirme abiertamente. — ¡Que te vaya bien Isa!
Ahora, caminando junto a Anthony luego del primer examen monstruoso del mes, le relataba el comportamiento sospechoso de mamá porque de existir alguna imposibilidad de hacer algo, lo dejaba para otro día y listo. Sin embargo, ella mantenía una mueca de las que claramente esconde un secreto, uno de los grandes y obviamente me veo involucrada. Mi amigo alegó simplemente que tal vez quería mostrarme un nuevo sabor, cuando se trata de comida no existe limitaciones, mucho menos imposibilidad de llegar hasta ella. Movi mi rostro hacia los lados incredula, no todo el mundo se parecía a él en lo gloton, mucho menos mamá porque la conosco y puedo certificar esconderme algo de tamaño colosal. Cambiamos de tema abordando el tema de Mariana, durante este mes de sanación de mi corazón mis amigos trataron de hacer las pases y llevarse un poco mejor, al menos en ese tiempo, unirían su fuerzas para un fin mayor, sacarme a flote. No discutieron, menos Mariana no intento sacarle los ojos a su ex novio, pero si existía esa rara atmósfera envolviendolos como si las palabras fueron difíciles de sacar. Recuerden, su amor fue bastante intenso y dejarlo a un lado, resulto complicado. Anthony me relato que no precisamente eran los mejores amigos, pero seguían trabajando en su relación, no romántica, pero si coordial. El retomar su antiguo noviazgo, es un tema que salio sin mas volvieron a retomar el hablar, pero en esta ocasión mi amigo se nego. En estos momentos no se encontraba listo para una relación, menos el haber ocurrido lo que ocurrió, ambos necesitaban un tiempo a solas para volverse a encontrar.
Abrí los ojos con asombro, es que, no lo entendía, Anthony junto a Mariana desprendía energía y alegría por todas partes, se notaba bastante cómodo, como pez en el agua. Ocurrido el engaño en aquella fiesta, estuvo igual a una alma en pena, caminando de un lugar a otro sin expresión alguna, le faltaba claramente la gasolina propicia para arrancar su espiritu. Lo consiguió, de una forma bizarra, en medio de insentivos lo hizo y volvió a hacer el mismo muchacho reservado de costumbre. A Mariana igualmente le afecto, pero a las mujeres suelen decir ser mas fuertes que los hombres en muchos aspectos, y este, era uno de ellos.
— ¿Existe alguien mas? — pregunte sin malicia, simple curiosidad pero la expresión desconcertada de mi amigo me descoloco, si podía existir ese alguien mas. — No-me-digas ¿en verdad si existe ese alguien mas? ¿Es una de las gemelas?
— ¡Santo dios no! — exclamó medio alarmado, soltando un suspiro hundiendo sus hombros. Aparentemente luchaba contra las palabras, quizás decirlo no esta en sus planes, pero a mi no de me escapa nada. Lo aseguro. — Isabell, creas o no, en estos momentos no existe nadie…
— ¿Me quieres ver la cara? — arquie una sola ceja mirandolo incredula, no podía decir sentirme ofendida por no querer decirme nada, antes igualmente lo hice con lo de Sebastián. Pero ambos prometimos estar para el otro en las que fuera. — Te conosco, cuando saliste con Mariana la quisiste demaciado que al terminar, sufriste mucho. Hasta estudiaste la posibilidades de como perdirle volver y así tenerla de regreso. ¿Ahora ya no quieres? No, no me engañes, si existe alguien.
Anthony no me dijo nada, en su lugar dejo de caminar, apoyándose en la pared paso su manos por sus cabellos revolviendolos con fastidio, estaba frustrado, lo sentía en el aire mas cuando su rostro se mantenía contraído en una expresión de total presión. Estuve tan sumida en mis problemas todo este mes que olvide por completo una cosa, mi amigo es un ser humano, siente el dolor, anhelo, frustración y amor. Quien fuese la chica dueña de los lamentos de él parecía no corresponderle, siendo una total perdida suya porque Anthony es grandioso, un caballero sin armadura, y dejando la bebida a un lado, el perfecto novio considerado del bienestar de su chica. Puede que este armando un castillo de naipes en el cielo y no exista nadie mas, la expresión de Anthony debe ser por otra cosa, quizás frustrado por insinuarle querer a otra en lugar de Mariana y su objetivo es darse un tiempo a solas, de esa manera discubrir si son el uno para el otro. Plan absurdo, si yo hubiese la mínima oportunidad con Sebastián… ¿Qué demonios? Esto no se trata de mi, sino mis amigos.
— Anthony, yo…
— Aunque existiera la remota posibilidad de alguien mas, — comenzó él con voz floja, evitando mirarme y reteniendo su mano en su frente como si tuviese jaqueca. — dudo mucho poder avanzar hasta ella, menos tomando en cuenta lo fracturada que se encuentra. Es… es como un objeto inancansable, roto y… olvidalo es absurdo.
— No, no lo es. — lo retuve, colocando una de mis manos en sus hombros y obligandolo a mirarme. — Son tus sentimientos, en la vida podrían ser absurdos, si esa chica no los valora, perfecto, es su problema. Pero nunca tu los hagas, son valiosos y te pertenencen.
Entonces, en un movimiento totalmente inesperado, mi amigo coloco sus manos en ambos costados de mi rostro acariciandolo con cautela, temiendo de dañarme o algo. Me quede congelada sintiendo un raro nudo en el estomago, igual a un cosquilleo de nerviosismo en toda la piel, el agarre de Anthony era suave, cálido muy parecido a los primeros rayos de la mañana de primavera. Su sonrisa cariñosa y risueña, enviaba a todo mi cuerpo pequeñas agujas incrustandolas provocando temblores a mi ser. ¿Qué…? ¡¿Qué demonios era esto?! No era una niña para pasarlo por alto, menos las sensaciones engañosas de mi sistema, hasta tenía hecho un lio la cabeza impidiendome hacer algún movimiento, se quedo seca al detallar los hermosos ojos de gato de mi amigo, como si en ellos estuvieran la respuesta a todo. Una vez, en el pasado, admití que mi color favorito para los ojos era el verde, esto no tenía menor significado con referencia a mi primer amor, sino a mi difunto abuelo poseedor de los ojos mas hermosos jamas antes vistos en mi vida. Inclusive enfermo, ellos no dejaron de brillar intensamente, como si el mismo sol estuviese reflejado en ellos e iluminara a cualquiera que le mirase, durante mi infancia fueron ellos quienes me sostuvieron en momentos mas difíciles, diciendome un claro mensaje: aquí estoy. Sin embargo, en esta ocasión, esto no viene al caso porque mi amigo podría tener los ojos verdes, pero jamas se les asemejaba a mi abuelo.
— Es muy bonito que me digas eso, Isa. — musito dejando de acariciarme el rostro, sujetantome con fuerza sin hacerme daño. — en un futuro espero que lo tengas presente. ¿De acuerdo?
Antes de poder responderle, se alejo de mi acomodando su mochila y dando unos pasos lejos de donde me encontraba, giro una única vez para decirme que le siguiera adornando en su rostro una expresión de rotonda paz, contraria a la de frustración hace unos segundos. ¿Y este que le ocurría? Venia diciendo y haciendo cosas desconcertantes, colocando de cabeza mis sentidos para moverlos a su conveniencia. Suerte ser mi amigo, seguramente la impresión de su movimiento de cazanova fue el motivo de mi descontrol, si, si, debió de ser eso, nada mas. ¡Yo no estoy interesada de ninguna manera en Anthony! No después de… suspire hundiendo mis hombros con cansancio, en mi tiempo precioso los temas amorosos no tienen espacio, menos si estos amenazan con destruirme hasta los cimientos. Podría estar superando lo ocurrido con el amor de mi infancia, pero no decía estar lista para enfrentarme a otro barco de lo mismo, tuve suficiente de dolor. Alzando mi mentón, decidi seguir las pisadas de mi amigo desde atrás, aguardando las distancias para darle un momento de enfriar sus pensamientos.
Una vez mamá me relato que cuando empecé a caminar me caí, fue el tipo de caída donde te privas hasta faltarte el aire y asustas a los demás debido al cambio del color de tu piel. Resulta que a raíz de dicho golpe tuve miedo de volver a intentarlo, mantener el equilibrio en mis piernitas y balancerme en ellas, cada vez en intentar hacerlo volvía a llorar, temiendo seguramente del dolor de haber fallado la primera vez. Concluí que detrás de esa historia venia algo de lógica, podría ser una bebé, pero no era tonta, conocía que el dolor es algo bastante desagradable de experimentar y el evitarlo era la mejor opción. A mamá le costo inyectarme la confianza de volver a intentarlo, pero consiguió lograrlo, eventualmente perdí el temor y camine por mi misma. Sin embargo, retomando como ejemplo a mi yo bebé, ambas sabíamos que dirigirnos al dolor no es opción correpta, mas sabiendo como terminaríamos al final. El amor, por ejemplo, es un tema que no tiene mayor futuro para mi, menos ante la última experiencia con Sebastián. Al ser joven encerrarme en mi misma era absurdo, pero como mencionaba, desviar el camino ante un lugar libre de sufrimientos es lo mejor. No deseo sufrir, no quiero llorar, solo… solo necesito paz y la felicidad de una mañana familiar, con mis amigos e inclusive entre libros. Cosas como el llanto, malos recuerdos, o dolor insoportable en el pecho no me parece atractivos, lo contrario, son horrorosos. Por lo tanto, renunció, tiro la toalla en ese aspecto y se lo dejo a una persona mas capacitada, lo suficientemente fuerte para soportar cada golpe gracias a este sentimiento. De ser la “chica” de hablar Anthony, cosa que dudo, no podía ofrecerle nada mas a mi amistad, y eso es mas sagrado a cualquier cosa.
La mañana siguió su curso natural, mi amigo no volvió a tocar el tema de la chica y yo menos se lo propuse, nos topamos con Mariana en Desarrollo Económico y conversamos un poco de los trabajos que nos mandaron, esperando realmente sacar una buena nota. Seguidamente visite la biblioteca de derecho donde estuve un buen rato revisando algunos libros, en Legislación de la economía me pudieron hacer un análisis a algunas leyes y me encontraba saturada de deberes, necesitaba despejar un poco de ellos y así finalmente ser libre. En tanto trabajaba en ello, converse un poco con David mediente mensajes de texto, él vivía en otra ciudad debido a haber ganado una beca para estudiar contaduría ¿y que creen? Le iba muy bien. Tambien hable con él de lo acontecido, llamandome inmediatamente boba, esté por el contrario de mis amigos de la facultad no me trato con delicadeza, pues cuando tu supuesto amor de tu vida siguió su camino no quedaba de otro mas seguir su ejemplo, con quejarme y lamentarme no traerían de regreso el pasado, la mejor seria seguir viviendo y tener un buen revolcon. Bien, eso último podemos pasarlo por alto, porque el tener sexo no soluciona las cosas de la nada, menos si estas dolida.
David me conto que había conocido una chica sumamente hermosa, carismática, con sentido del humor y una personalidad tan brillante como el sol, su único problema residía en una sola cosa: era menor de edad. Tuvieron que mandarme a guardar silencio dos veces debido a mis carcajadas, no hubiese imaginado tal dilema en mi pervertido amigo, tener una dulce tentación tan cerca suyo pero impedir levantar una mano debido a la sociedad. ¡Que te lleva la ONU cariño! Aunque claramente la broma no lo tomo muy bien, porque en la vida podría entender la tentación de tomar algo que esta prohibido, en donde la leyes de los hombres y dios estuviese condenado. Cuanta razón tenia, podría no juzgarlo y tomarle del pelo pero, en la vida lo comprendería. Jamas entendería su malestar, el desear algo pero no poder, la frustración o impotencia, no, nada de eso en mi perspectiva solo se mostraba un hombre interesado en una menor y de tocarla las cosas se pondrian feas.
“Eres muy insensible, ¿te lo han dicho?”
Me dijo mediante un mensaje de texto, mordi mis labios evitando reirme y finalmente ser obligada a abandonar el resinto.
“Lo se, a menudo me lo dicen y asi te enteras que no eres el primero en decirlo.”
Aunque de costumbre era yo la que terminaba enfadada debido a sus insinuaciones insanas, esta era la primera oportunidad donde podría ser ganadora, como quien dice, la tortilla se giraba extraordinariamente.
“¿Qué tal y fuese al revés? Tu en una situación comprometedora, juzgada por los demás y obligada a tomar una decisión que no deseas, solo por el bien de tu amado. Inclusive, si eso significa tu propia infelicidad. “
Bufe, vaya cosa mas absurda, empezaba a plantearme que la verdadera mujer entre nosotros no era yo, sino él.
“¿Qué clase de pregunta fumada es esa?”
“Una que no te difultaria responder. ¿No crees?”
De acuerdo, supongamos que estuviera una situación hipoteticamente hablando donde seria juzgada, metafóricamente hablando, apredeada por la sociedad porque según ellos esta mal y debe acabar, pero esa misma es el motivo de mi felicidad y al mismo tiempo la desdicha de mi amado. ¿Qué debería de hacer? Pfff… seriamente, David había visto muchas novelas mexicanas últimamente para sacar tales cosas, porque primero que nada, no movería ni uno de los dedos de mis manos ¿por qué? Y es cuando viene la segunda, jamas permitiría ocurrirme eso, no teniendo una psicología como la mia: cero amoríos.
” Nada, no haría nada.”
“¡Vamos Isabell! No se vale decir que nada, porque algo harías.”
“David, antes de ocurrir algo semejante me reprimiria de ello, no estoy interesada en salir herida, menos en situaciones problemáticas. Asi que paso.”
“¡Ya quiero verte en un futuro tragandote tus propias palabras! Porque dice el dicho: nunca digas que de esa agua no beberé. Puedes arrepentirte luego de ello.”
Rodeando los ojos le segui la corriente enviandole otros textos y cerrando el tema, discutir por situaciones hipotéticas con mi amigo me colocaba de mal humor, podría estar comportandome igual a una cría pero tenia razones para hacerlo. ¿Yo? ¿En una situación comprometedora? ¡Patrañas! Como si mi vida diera ese tipo de giros tan trascendentales, mejor que él se cuidara de la ONU capaz y aparecía en la puerta de su casa para llevárselo, motivo, dejarse coquetear por una menor. Dándole los últimos retoques a mi análisis mire la hora dandome cuenta ser mediodía, mamá había prometido venirme a buscar para ir a la dichosa cafetería por ese emparedado, aun seguía dándole vueltas que me estaba escondiendo algo pero mis deberes de estudiante me impedía hacerlo demaciado. Pidiendo prestado algunos libros, salí de la biblioteca texteandole a Anthony vernos en el aula C luego de almuerzo para discutir los puntos de una exposición, aun nos faltaba organizar quien haría el trabajo y el orden de hablar, y francamente, en ese tipo de evaluaciones soy un asco. Rápidamente me llego su respuesta al saber si aun mantenía mi lado conspirativo contra mi mamá, eso me sorprendía tomando en cuenta que ambos no se la llevaban en lo mas mínimo bien, mi amigo se defendió alegando que alguien debía de meter las manos en el fuego por ella, aunque no le agradace, mandaba sus saludos. Riendome de su ocurrencia, me despedí de él prometiendo encontrarnos mas tarde, seguidamente le marque a mamá queriendo saber su paradero.
No debí de esperar mucho, se encontraba en el estacionamiento de la facultad de derecho apuntó de llamarme para decirme que me esperaba, aborde el auto pequeño de mamá, un fox 2007 en buenas condiciones y la salude con un beso en la mejilla preguntándole como se encontraba. Encendió el motor relatando estar agotada, estar hundida de documentos todas la mañanas en bienestar de los niños del preescolar le consumía todas las energías, aunque amaba lo que hacia anciaba al menos una vez tener un respiro, como ahora. Entonces vino esa sonrisa condecendiente, de las como dice Anthony, conspiro que en verdad esta ocultandome algo. Y aunque mamá sea del tipo reservado, sus ojos caoba brillan con intencidad de un niño cuando hace una travesura, era ese tipo de signos mínimos pero evidentes en ella haciendome dudar. Tampoco es que pude preguntar algo, pues mi telefono sono de imprevisto rompiendo la atmósfera de intriga en el auto, iba a maldecir quien fuera que fuese pero al percatarme del remitente frene. Se trataba de Gabriela, una compañera de clase poseedora del título de la delegada del curso y encargada de un grupo de estudio en estadística, soltando un suspiro de resignación me excuse con mamá para atender la llamada, podría ser importante. Ella le resto importancia y me invito a hacerlo. Menos mal porque, si, si era importante. Mientras me encontraba en la biblioteca se reunieron los del grupo para organizar otra hora de estudio, no pudieron localizarme para asistir y enterarme de todos los detalles, Anthony fue de gran ayuda mencionandole estar estudiando otras asignaturas, por lo que decidieron dejarme tranquila y luego informarme. Cosa no ser del otro mundo, pues los cambios residían en un solo día y era hoy en la tarde, pues al vernos libre todos decidieron reunirse para culminar de realizar unos ejercicios mandandos por el profesor. De hecho, aproveche la llamada para recalcar no haber entendido algunas técnicas del docente, estando un poco en conformidad con su metodología al creernos profecionales en la área, porque por algo asistíamos a su clase y era aprender. Gabriela estuvo totalmente de acuerdo conmigo, en realidad, fue uno de los puntos que hablaron en el grupo y como representante de todos los estudiantes, lo presentaría de manera de critica constructiva al docente sin llegar a la necesidad de humillarlo, luego de todo, eramos seres humanos y comeríamos errores.  
Durante todo el trayecto me enfoque a conversar con la delegada de la clase, dejándole la tarea de manejar a mamá a donde quisiéramos que fuéramos, obviando en definitiva algo importante en rápidamente arrepentirme después. Llegamos a nuestro lugar de destino, al menos eso me informo mamá mientras aparcaba el auto frente a una hilera de negocios de estructura antigua. Una lavandería, una venta de pollo frito, la farmacia y un foto estudio fueron lo primero en captar mis ojos y aunque no pregunte alguna cosa, enarque una de mis cejas exigiendo al menos una explicación de ella, pero como conversaba por telefono, solo recibi una sonrisa ladina acompañada de una señal de seguirla. Frunciendo el ceño algo molesta subi unas escaleras de piedra notando una fachada de arbustos casi muertos, unos cuantos árboles pequeños y tierra seca, frente una cafetería de rejas blancas protegiendo un vidrio que reflejaba notoriamente su interior, no es un lugar donde suele frecuentar mamá pero le dare puntos por su estilo reto. Al entrar lo primero en toparte era sus mostradores, llenos de panes de todo tipo, grandes, pequeños, salados e inclusive, con glaseados de diferentes colores. Al fondo a la izquierda se encontraba habilitado un espacio con sillas y mesas, al frente dos jóvenes se movían con energía atendiendo a la clientela y preparandole sus pedidos, lo mas emocionante del sitio era su olor a café inconfundible, aromatizante y relajante. La boca se me hizo agua e inmediatamente desee uno. Con una sonrisita cómplice, mamá me mando a tomar asiento en una de las mesas en tanto ella pedía las ordenes, tenia pinta de querer atacar a cualquiera sino atendía esa necesidad rápido. Asintiendo con la cabeza, seguí hablandole a Gabriela por telefono mientras tomaba asiento en una de las mesas cerca de la ventana, siempre he adorado los sitios así pues me permite observar el panorama, y aunque no tenga mucho por mirar en este sitio, me daba una sensación única de paz. Dando por terminada la conversación con la delegada, quedamos en hablar mas tendido en persona luego del almuerzo antes de clases, como ya se encontraba en el comedor su voz se perdía entre la multitud y ese era un problema. Dándole la razón, corte.
Aproveche para mandarle un texto a Anthony deseandole un buen provecho de sus alimentos, seguidamente de sentirme extremadamente incomoda en medio de una cafetería reto, porque si, toda su fachada e interior decía pertenecer a los años veinte o treinta, donde los colores crema y blanco reinaban. Sabia que mamá le apasionaba lo de época, de hecho poseia muchos libros en su biblioteca privada de ese tema, pero esto iba mas lejos a cualquier otra cosa. Mi amigo rápidamente respondió que me esperara encontrarme alimentos de esos años, eso podría explicar su ganas de ocultarme las cosas y dar un aire confuso, en definición si, pero seguía manteniendo mi vena cospiranoica y no ser suficiente para mantener esa actitud, lo intuia. El grito de una señora mayor reprendiendo a un trabajador me causo un respingo casi haciendome soltar el telefono de mis manos, desde mi ubicación no podía distinguir mucho pero al menos podía saber tratarse de un muchacho, era un poco mas alto que yo y tenia los hombros algo anchos, su piel era muy blanca notandose unas pequeñas marcas que parecían lunares, su cabello lasio color rubio girasol se coloba por debajo de su gorro crema de trabajo, dándole un toque bastante gracioso. Por su movimiento corporal se encontraba asustado, la mujer estaba sumamente enfadada con él por no atender bien a los clientes de las mesas, cosa que el muchacho con voz avergonzada pero clara, se defendió contestando haber sido dejado encargado de realizar los café, los clientes de las mesas le correspondia a otra de sus compañeras. En lugar de tranquilizar el humor de la señora lo empeoró, pues siguiendo con su sección de gritos dejandole claro no haber nadie en mandar mas que ella, ni siquiera los dueños se arriesgan a contradecirla pues sabían con quien se encontrarían, por lo tanto, si ella decía perro debía de ladrar. Lanzando algo al suelo, la mujer abandono el espacio de la maquina de hacer cafés y a paso apresurado, dejo al pobre chico bastante confundido y regañado. Solantando un suspiro ahogado, recogió la toalla del suelo dándose la vuelta al fin, mostrandome su rostro. Era joven, bastante joven en mi perspectiva, donde posiblemente tuviesemos la misma edad, poseia mas lunares en el rostro perfilado y bastante apuesto, nariz respingada, labios carnosos y unos ojos grandes curiosamente color esmeralda. Algo dentro de mi retumbo con inquietud, como si estuviera enfrente de un descubrimiento enorme, pero mi mente confundida se negara a procesar, de hecho, ante la atención del muchacho en mi persona el pulso comenzó a temblarme, las manos a sudar y por extraño que parezca a sentirme cohibida. Absurdo, porque en estos años he permitido que alguien me haga sentir de esta manera, nerviosa y confundida, menos un muchacho desconocido de una cafetería reto. Debo de estar volviendome loca. ¡Eso! Las hipótesis de David con complejo de escritor mexicano de telenovelas lograron afectarme, cosa que creí en jamas ocurrir, pero paso. El muchacho parece estar padeciendo lo mismo pues busca mirar a todos lados, incluso, caminar sin motivo alguno hasta esconderse en la enorme maquina de hacer café.
Escuchando los latidos nerviosos de mi corazón, sacudo mi cabeza hacia los lados centrandome en el móvil de mis manos vibrando sin descanso, Anthony parece no tener nada interesante en hacer en su descanso pues ha enviado varias fotos de hormigas pasando cerca de lo que parece ser su plato, escribiendo como referencia tener la mejor compañia del mundo, pues sus amigos le abandonaron. Obviando su comportamiento infantil diferente a su personalidad, controlo mis manos temblorosas de anciana contandole la hazaña vivida, una señora armandole un escandolo en un obvio abuso de poder a uno de los empleados, recargandole mas trabajo del planeado. Él admite odiar el abuso de poder, nadie merese un mal trato solamente porque posees un cargo mas elevado, mas si se trata de una cafetería. Le doy la razón, aquel muchacho parece necesitar claramente del trabajo y el revelarse seria un suicidio, pero por ello no merece tratarlo mal. Aunque sentí un extraño sentimiento al conectar nuestras miradas, realmente simpatizo con él, necesitamos mejores tratos igualitarios entre trabajadores.
— ¡Santa Verónica! — gimio mamá sentandose frente de mi, depositando dos jugos de naranja en la mesa con esfuerzo mientras sostenía un ticket. — creí jamas salir de esa fila, al menos tenemos las bebidas, aunque conociendote como es te pedi un café y esos emparedados de muerte subita. ¡Los amaras!
— Mamá — la llame, viendola como sacaba de su portafolios una serie de carpetas depositandolas a un lado de las bebidas. Genial, trabajo hasta en la mesa. — ¿de donde conociste este lugar? No es que me desagrade pero, lo desconocía por completo.
— Que olvidadiza — me recrimino con la mirada, riéndose ante la expresión de mostrarle. — cuando estabas mas pequeña y veníamos a lavar la ropa en la lavandería de al lado, solías pedir incesantemente que te trajera para comprarte un pastel. Te encantaban, mas bien, manchabas tu carita de merengue y debía limpiarte.
Oh, vamos. No deseo saber mis momentos vergonzosos de la niñez, seria grandioso saltarnos ese parte y pasar a lo importante, mas que las ganas de mirar donde debería de estar el chico de la maquina de café haciendo su trabajo. No soy una acosadora, ni deseo hacerlo, pero claramente tengo curiosidad. ¿Lo conosco acaso?
— Obviamente, conseguimos la lavadora y dejamos de venir. — le resto importancia, dejando los documentos al fin y destapando su zumo de naranja. — pero claramente hemos venido a otra cosa.
— ¿Como qué? — pregunte, entonces mi móvil dio otra sacudidas esta vez tres veces, un mensaje. — Lo siento, Anthony parece mas enérgico y eso es inusual, o simplemente esta aburrido de la soledad.
— ¡Ugh! No me lo menciones — arrugo su perfecto rostro maquillado con maestría, los lunares de el de movieron como un campo de fresas y medio gracia. Mamá enojada, era todo un caso. — respecto tus decisiones en las amistades, pero ese chico no me agrada, menos el raro apego que te tiene. ¿Estas segura que no le gustas?
Me quede a medias de introducir la pagita en el zumo, recordando lo ocurrido esta mañana al tocar el tema de Mariana, lo de haber otra persona y ese toque raro en mi rostro junto a la conexión en nuestros cuerpos. No quería admitirlo, pero tenía miedo, porque aunque esa sensación no fue particularmente mala, pasar a algo mas y ser objeto de su cariño lejos de la amistad causaba incertidumbre en mi pecho. No quiero perderlo, ni Anthony o sus arranques extraños, se que esta confundido y solo ama a Mariana. Es como dice él mismo, necesita un momento a solas.
— Isabell…
— Disculpen, su orden. — una voz masculina, particularmente conocida y curiosa inrrumpio entre nosotras, en un momento de gran tensión debo de decirlo. — dos emparedados de queso, tocino y jamón junto a un capuchino… ¿Profesora? ¿Es usted la profesora Annabeth?
— Si, esa misma soy yo. — coloco sonrisa de negocios mamá, prestandole atención al muchacho mientras yo resultaba ajena a eso. No seria la primera vez en ocurrir, uno de sus ex alumnos reconociendola. ¡Menuda sorpresa! Por favor, que se note mi sarcasmo. — ¿Con quien tengo el honor?
— No puedo creer que no me reconosca, aunque es predecible usted le dio clases a muchos niños. — argumento el chico, dándose la razón y justificando la reacción de mi madre al no reconocerlo. — Sebastián, soy Sebastián.
Entonces mi telefono cayo al suelo desprediendose todas sus partes, un helado frío se apodero de cada vertebra de mi ser imposibilitandome hacer algún movimiento, en mi cabeza existía un ruido que no podía reconocerlo, parecido a las castañas y a la tierra cuando tiembla. En tanto mi estomago vacío, pateado con una especie de bate invisible dejandome con una sensación rara, no podía decir querer vomitar, porque de hacerlo solo saldría probablemente mi corazón aun latiendo con fuerza. De acuerdo, pensemos con cabeza fría un momento antes de perder los estribos, creanme, nadie desea verme en modo histerico y se los digo con sinceridad. Mi mamá me había traído a una cafetería estilo retro para probar un emparedado de ensueño, donde claramente sus intenciones se veían a tres metros, me escondía algo y me despistada cabeza ignoro todas la señales de estar dirigiendome al matadero. La séptima avenida, el lugar de trabajo de mi primer amor. Aunque claro, encontrarmelo de turno era mucho par mis nervios, ni mencionar mi mala suerte, porque aquel muchacho de hace unos momentos regañado por la señora, eran el mismo, se trataban de Sebastián. ¡Con razón senti esa conexión extraña! El escalofríos al percatarme de sus ojos esmeralda, porque en verdad lo conocía, porque esa incómodad era bastante conocida, sobre todo, porque arrojaba a tratarse de esa persona en hacermelas experimentar por primera vez, Sebastián.
Oh, dios, mio. Oh, dios, mio. Oh, dios, mio. Quiero huir, quiero correr, quiero… ¿llorar? No, no, no me puedo permitir flaquear en estos momentos, ni mostrar mis auténticos sentimientos ante esta persona, que al pesar de su apariencia juvenil diferente a la del pasado, seguía siendo el mismo niño llorón que sostuve su mano y guíe. Mamá al ver mi estado catatonico, se levanto de la mesa para abrazarlo mencionandole haber cambiado mucho, hace un par de días se encontró con su progenitora y le dijo un par de cosas sorprendentes, el no seguir estudiando y haberse convertido en papá. No le reprendia al no poseer derecho, pero le desagradaba la idea de uno de sus ex alumnos no siguiendo su futuro prometedor. Sebastián riéndose avergonzado, admitió escuchar de su mamá haberse encontrado con ella y conversar un poco, se disculpaba en su nombre si le incomodo en algunas cosas dichas. Ya sabia como eran las madres, cariñosas, dispuestas a ayudarte en cualquier caso, pero en algunas ocasiones, ocasionarte vergüenzas al meter la pata.
— ¡Vamos! Eso no ha sido nada. — le toco el hombro, restandole importancia y mirando a mi dirección. — mas bien, deberías preguntarle a Isabell si se sintio de esa manera.
Ambos soltamos un respingo, desde el reencuentro con mamá no se había dirigido en ningún momento hacia mi, y estaba bien, porque grabar en mis retinas su apariencia juvenil seria malo para mi recuperación a superarlo. Tonto, lo se, pero seguía recia a enfrentarme después de trece años a su presencia, a seguir posiblemente, pareciendome encantador. Saltando al observar como mi móvil seguía desarmado en el suelo, me arroje inmediatamente a recoger las piezas de este, con la finalidad de ignorarlo. Error, no funciono, pues de inmediato se ofreció a ayudarme en mi tarea mientras mi malvada mamá, nos observaba con ojo de halcón. Demios, lo sabia, sabia que planeo este encuentro y por un extraña razón, conocía el horario de trabajo de Sebastián y…
— Aqui tienes, las otras piezas de tu móvil que conseguí. — me las extendió colocandola en mis manos, mirandome como solia ser en el pasado.
Juro que deje de respirar, pensar o algo, solo me enfoque en mirarlo sorprendida como una polilla a la luz, desde cerca notaba como las expresiones de su rostro eran diferentes a la de la niñez, si antes lo considere una hada macho, hoy en día era un caballero de elegante porte. Hombros poco anchos, pecho firme permitiendo observarlo gracias a la camiseta blanca de mangas cortas que tenía, tez clara de manchitas diminutas blancas, mejillas marcadas, mentón perfilado y sus ojos, esos ojos enormes color esmeralda que poseian un brillo inusual, encantado, casi mágico y amenazaba con deborarte de descuidarte. Antes fue inocencia, ahora, era otra cosa, lastimosamente no podia saber con exactitud que pero producia en mi estómago cosquillas, seguido de ese calor expandido por todo mi ser.
Ah… el recuerdo del primer amor.
— Ha pasado bastante tiempo sin vernos, Isa. — siguió ante mi silencio, ignorando estar acompañado de mi madre.
— Ah, Mmm… si — nos levantamos del suelo, aun temerosos el uno del otro. — casi una década.
— Mamá me hablo de ti, que estabas convertida toda en una mujer y… — soltó una risita ocultandola en su puño, ocurriendo estragos en mi cuerpo ya de por si tembloroso. — mencionar algo que casi te mata, en verdad lo siento.
— Lo de ser novios, verse adorables… — recordo mamá como si fuese pepe grillo.
— ¡Mamá por favor! — gemi abochornada, tirando una vez mas al suelo mi telefono para cubirirme el rostro pintado de rojo. — ¡Demonios!
Sebastián se adelanto a recogerlo por mi, entonces nuestros rostros chocaron por accidente y con las risas estrepitosas de mamá como fondo, el aliento se me escapo por la nariz porque tenerlo de esta manera frente de mí me convertía en alguien totalmente ajeno a la realidad. Apartandonos avergonzados, nos levantamos del piso desviando las miradas y en mi parte, recibiendo mi mallugado telefono, pobre en un día a recibidos demaciadas emociones como su dueña.
— En verdad lamento en mal entendido con mamá — se dirigió a la mia, quien volvía a tomar asiento manteniendo esa mirada de no escaparsele nada. — jamas inrespete a su hija, menos siendo niños, siempre fuimos amigos, muy buenos amigos.
— Ah… lo se. — suspiro dándole un sorbo a su zumo de naranja, apartando de lado su picardía actitud. — conosco a mis ex alumnos, igualmente a Isabell, y mantengo presente que su amistad fue verdadera, sin malicias o malas intenciones. Ambos, se quisieron mucho.
No se porque pero esa última frase sono a doble sentido haciendome soltar a los dos un respingo, aunque tuviese las mejores intenciones jamas taparia la realidad de las cosas, Sebastián estaba casado, CASADO, tenia una maravillosa hija y la quería. No tenia permitido sentir toda esta gama de emociones por él, ni traer de vuelta lo sentido en el pasado, tal cual a lo mencionado a lo largo de mi vida, he enterrado esta historia y no pretendo volver abrirla. ¿Acaso no lo vieron? Él mismo recalcó haber sido buenos amigos, mas nada. Por lo tanto, no debía de buscarle una quinta pata al gato, la suerte ya desde mucho fue hechada.
— No lo dudo — sorprendente Sebastián siguió, mostrando una expresión curiosa porque su sonrisa brillaba, sus ojos poseian un tono mas suave y el tono de su voz igual, pausada y calmada. Era tal cual relato en el pasado mamá cuando se lo consiguió, la personificación de tratar de algo que le posee mucho cariño, y yo lo estaba presenciando en vivo. — a Isabell siempre le tuve presente, es una de las niñas mas geniales que conocí y quererla no fue imposible.
Listo, me dije, terminaron por dispararme la última bala del arma en manos de mi primer amor, siendo en esta ocasión destinada a revivirme de alguna manera. Porque ojo, ese tipo de cosas no se los dices, menos manteniendo esa expresión en el rostro, quien fue tu mejor amiga en la infancia. ¡Oh por Dios! Que alguien amable llame a una ambulancia porque me cuesta respirar, la presión se me subió, el ritmo cardiaco aumentaba de ito en ito y mi cuerpo en general se encontraba en descontrol. No podía permitir esto, no podía dejar que me afectara, menos manteniendo en cuenta ser un hombre casado, comprometido, con una hija… y para de contar razones.
— Te aseguro que ella considera lo mismo de ti. — dijo mamá, mirandome de una forma perspicaz. — Aunque los tiempos han cambiado, ¿no? El convertirte en papá te cambia la vida, la manera de verla.
Ah… ¿Asi que por allí es donde nos dirigimos? Terminar por romper mis ilusiones, muy astuto madre, muy astuto, pero innecerario. Se muy bien donde estoy parada, mas donde apuntó, porque pude realmente haber sido mi primer amor pero el pasado es pasado, ese nunca volverá.
— Karla es una niña muy encantadora, de conocerla la amaras de inmediato. — relato con mucho cariño, su rostro se veía muy relajado se notaba complacido de hablar de ella. — de haber tenido la oportunidad me encantaría que usted le diera clases, profesora.
— ¿Lo sabes? ¿no? — rio complacida del cumplido mamá — hace mucho que fui ascendida a coordinadora, pero las nuevas generaciones de maestras no son tan malas. Yo que las superviso, lo certificó.
— Pero jamas sera igual. — insistió sonriendo, pero dejo de hacerlo al enfocar su mirada en mi nuevamente. — Mamá me conto que estabas estudiando, aunque no me dijo cual carrera, de pequeña decías querer ser igual a la profesora Annabeth. ¿Eso es cierto?
— Te sorprenderá saber que no es cierto. — señalo mamá, sujetando uno de sus documentos y dándole un mordisco a su emparedado. — ¿No es así Isabell?
Otra de las metidas de pata de niñez, nada nuevo, pensé mientras colocaba mi telefono descompuesto en la mesa y le daba un sorbo a mi tibio café mirando de reojo al chico de verde mirar, esperando a mi respuesta.
— Bueno, la economía no es desagradable de estudiar. — pronuncie con simpleza, agarrando entre mis manos el pan y dándole varias vueltas antes de darle un mordisco, ante tanta tensión se me había quitado el hambre. — la considero interesante.
— ¿Economia? — silbo imprecionado, girando la cabeza hacia mi mamá la única comunicativa de la mesa. — eso es bastante inusual profesora, considerando el tipo de niña que era, en verdad estaba hecha para seguir sus pasos. Tenia el don de poder de grupo.
— Aun lo tiene, pero el mundo da muchas vueltas Sebastián. — apoyo su opinión, pasando de documento y sonriendo en dirección a su ex alumno. — debes saberlo mas que nadie.
— Cierto.
La misma señora que lo regaño lo llamo con altaneria, exigiendole volver a trabajar y no cotorrear con los clientes, se le pagaba por atenderlos no para conocer su vida privada. Disculpandose con sus orejas coloradas, aviso enseguida en volver a sus deberes, al menos le pedía despedirse de sus conocidas. Dato para guardar en mi cerebro, no volver a pisar esta cafetería en un futuro, procurar de la misma manera, avisar a mis amigos de obligarmelo hacer. Esto, lo que hizo mamá, ha sido muy cruel porque ya tenia claro enterrar la presencia de mi primer amor con su imagen del pasado, no con esta, de un joven apuesto y siguiendo con la misma alma. El ser atento. Enfocandome en comer mi pan, ignore como se despedia de mamá con un fuerte abrazo y beso, prometiendole el estar bien, a la par de cuidar a su actual familia. Es el momento que se dirije a mi me congele, sus ojos esmeralda conocidos en mi memoria apagada estos trece años lo reconocen, identifican el no sentirse comodo con las circunstancias pero adaptarse a ellas, aun quedan muchas cosas por decir, por contar pero lamentablemente no estoy dispuesta hacerlo.
— Me alegro de haber podido verte de nuevo, Isa. — desliza cautelosamente, temiendo que lo rechazara o ignorara. No mentiré, estoy tentada de hacer eso último. — siempre fuimos muy unidos en el pasado, en verdad te estimo mucho y eso creo que no ha cambiado.
Los gritos de la señora de la cocina nos llegan una vez mas anunciando una amonestación de no cumplir ordenes, el muchacho aprieta sus puños con impotencia al ser interrumpido, pero lo sabe, ambos lo sabemos. No existirá otra ocasión.
— Cuidate, Sebastián.
Y de esa forma, cortante, cerrada concluyo mi encuentro con mi primer amor, centrandome en sujetar con ambas manos el emparedado, que aunque no posea apetito esta exquisito y la comida no es algo que deba desperdiciar. Mamá al frente de mi susurra haber sido una total indiferente, Sebastián no paro de mirarme ni un segundo tratando de involucrarme en la conversación pero huia, me rehusaba hacerlo y permeci tan quieta que seguramente cause una gran impresión en él. Resultaba irónico al tener una imagen de mi en el pasado diferente, entuciasta, extrovertida y el tipo de niña capaz de hacer amistad hasta con el mas revoltoso de todos, muy por en cambio a la joven taciturna enfocada en comer hasta reventarse. La ignore, no dije nada, tampoco quería decir algo, solamente acabar mis alimentos y regresar a la facultad tenia muchas cosas por hacer. Volvía a reintegrarlo, mamá era una persona muy cruel, hacerme encontrar con mi primer amor aun consumiendo parte de mi corazón con su nombre dentro, era demaciado. Sabia el no escaparsele nada, pero esto la superaba, al menos desconociendo su paradero, nueva apariencia y comportamiento, le daba una muerte digna a mi sentimiento por él. Pero con esto, conociendo sus pensamientos de mi yo del pasado, golpeaba todos mis planes una vez mas. ¿Por qué me hacia esto? ¡¿Por qué seguía permitiendo el afectarme?! Maldición, maldición, malción. ¡Esto no es justo! No cuando tiene una familia formada, una en la que no formare parte jamas ni viviendo cien vidas, quedandome con el consuelo de haber sido la primera chica importante en su corazón. Pero ni con eso me satisfacía, porque al pesar de los años seguía siendo esa niña con hambre de atención, la egoísta de querer todo para ella sola sin dejarle a nadie mas. Y en la actualidad no podía pasar eso, no mas.
Culminando nuestro alimentos, mamá no dijo nada mas al respecto, permaneció callada hasta el recibir una llamada del preescolar pidiéndole el regresar, los supervisores estaban por llegar. Se levanto de la mesa avisando en comprar unos panecillos para la merienda, a eso de las tres de la tarde su estomago pedía el darle algo y molestar con preparle un jugo en la cocina era imposible, mejor aprovechaba en comprar algo, de la misma manera, revisar de existir algo del gusto de Eduward que conociendolo seria un reto. Estando sola en la mesa, aproveche para armar mi telefono y encenderlo, necesitaba contactar con alguno de mis amigos, el contarle a alguien los acontecimientos en pleno desarrollo era una urgencia. Entonces mientras los mensajes de Anthony asaltaba mi bandeja de entrada, divise al fondo como otro chico tocaba el hombro de Sebastián comunicandole algo, era notorio, cambio de guardia. Oh, bien, oh, bien. Llego el momento de abandonar el lugar. Parandome del asiento causando todo un escandalo, con manos temblorosas haciendo que le prestaba atención al telefono camine a ciegas a la salida, mamá seguramente se daria cuenta de esperarla en el auto, no aguantaba mas estar en el mismo sitio que mi primer amor, me afixiba, lastimaba e incomodaba el huir era de cobardes pero lo necesitaba. Esquivando personas en mi camino, guarde el móvil en mi chaqueta aun inquieto de los mensajes paranoicos de Anthony, aprovechando en sacar las llaves de repuesto del auto de mamá y cruce el humbral de la cafetería. ¡Si! ¡Tres hurras para mi! El clima calido de la calle toco la piel de mi rostro en una suave caricia, el ruido de los carros rompiendo el viento casi era musica para mis odios, ni decir del ambiente muerto de la fachada, toda una obra de arte. Sonriendo de mi propia victoria personal, di un paso hacia adelante pensado finalmente en librarme de mi pasado, dejarlo atrás y no volver a este lugar pero no, obvio que no, algo o alguien me detendria.
La calidez del agarre de alguien en mi brazo recordandome al pasado llego a mi, por consiguiente el olor a miel de maple, el ambiente exparsido con sensación a canela y la presencia de un par de ojos esmeraldas agitados por el esfuerzo de llegar hasta aquí. Pronto mi cabeza dio unos cuantos pasos hacia atrás, el pasado, donde en una ocasión trabajamos en el ensayo de una presentación para la graduación de los niños a primer grado de educación básica. Sebastián había faltado varios días gracias a una gripe dejando su puesto vacante, como dijo mamá, en todo las cosas siempre las hacíamos juntos. Bueno, él fue mi pareja de baile, que al incorporarse se nego a hacerme prestarme atención y acompañarme, podrán darse cuenta que no todas las veces él estaba de mi lado. Seguidamente, mamá anuncio a viva voz el sumplantarlo por alguien mas, no estaba en sus planes obligar a alguien hacer algo que no quiera y mi amigo, en verdad no deseaba participar. Mirando aflijida al suelo aprete mis pequeños puños rugiendo en el interior mi descontento, tener a alguien mas de pareja diferente de Sebastián, me desagrada pero compartía la opinión de mamá. Entonces, antes de eso suceder, corriendo desesperadamente lejos de su comodidad en la alfombra de grupo, se situo a mi lado sujetando una de mis manos y regalandome la misma expresión que ahora me daba en el presente. Miedo de ser apartado de mi lado. 
Tambaleandome como si la gravedad estuviera en mi contra, mire al hombre en el que se había convertido aquel niño introvertido y llorón dueño de mi primer amor, en restoperstiva seguía allí, escondido, medio asomandose, medio mirandome, sobre todo, medio mostrando su verdadero yo. Sinceramente esta no es el reencuentro que hubiera esperado experimentar, tal cual a cuando nos conocimos, no existió los brillos multicolores, los sonidos de trompetas, menos los unicornios solo la sombra de dos chicos asustandos de la reacción del otro, de ser rechazados. En todo este tiempo, trece años exactamente, no hubo momento en extrañarlo, en desear mirarlo como ahora y decirle todo lo que escondí durante la fachada de niña valiente por si sola. Porque no fue así, jamas lo fue, no solo era una llorona igualmente una miedosa por excelencia y aquella imagen solo lo fui a su lado, con mas nadie. Pero no podía hacerlo, no tomando en cuenta que esta casado, con una hija y demaciado lejos para alcanzarlo. No, esta historia debía acarbar aquí y de raíz.
Dando un paso hacia atrás me solte de su agarre, de su dulce agarre y adopte mi expresión de indiferencia, aunque él precisamente estuviera confundido y medio apenado de violar mi espacio personal. En el pasado hubiese sonreido abiertamente, reido y burlado de su comportamiento cohibido, eramos mejores amigos y ellos no se comportaban de esa manera. Sin embargo, como dije, eso fue el pasado, no el presente con un Sebastián comprometido y una Isabell dispuesta a dejarlo marchar, por su bien, por el bien de una criatura inocente y ajena a una historia que jamas comenzó.
— ¿Necesitabas algo de mi mamá? — pregunte mirandole sin una emoción en particular — ella esta aun dentro, creo que comprando panecillos.
— Lo se — me interrumpió en seguida, mirando al suelo y apretando sus manos en puños armandose de valor quizás. — en realidad, me rehusaba a mi mismo dejar pasar esta oportunidad, mas aun cuando… la vida nos ha vuelto a poner uno frente del otro. — no, la vida no, pero si mamá, pensé de manera amarga. — Por eso, necesitaba al menos una vez conversar contigo a solas y saber, que eres la misma de antes, que no has cambiado y fuiste real, eres real. Consideralo estúpido pero, nuestra infancia la pensé en algo sacado de mi imaginación, no algo realmente cierto.
No, por favor, no me pongas esa cara, la misma cuando discutimos una única vez alegando no volverme a ver jamas en la vida porque es mi debilidad, esa vena sensible que creía dormida pero en la verdad era otra cosa. Aun asi, debía de permanecer fuerte, el flaquear delante suyo significaba abrirle una ventana, seguido seria la otra y luego la puerta, cosa en salir perjudicada únicamente yo. Si algo le tenia miedo mas que a la oscuridad era a esto, el confirmar que efectivamente ninguno de mis sentimientos por Sebastián han cambiado, ni siquiera tomando en cuenta estar comprometido, convirtiendome en una desvergonzada. Necesito salir de aqui.
— Sebastián, eso es…
— ¡Aquí estabas! — mamá al rescate llega inmediatamente con dos bolsas en cada mano, seguramente a comprado cada pan de su gusto, propio de ella. — pensé que te marchaste sin avisar al esperar tanto, pero solo conversabas con Sebastián.
— Iba a esperarte en el auto. — agregue sin mas, señalando a donde esta aparcado el carro.
— Bien, porque llego tarde a la reunión y tu a clases. — siguió caminando escaleras abajo, frenandose a la mitad y mirando al muchacho de ojos esmeralda. — me alegra mucho de verte Sebastián, mandale saludos de mi parte a tu mamá y dile que me encantaría almorzar con ella un día de estos, salida de colegas.
— Con gusto. — contesto complacido.
— Bien, hora de despedirse Isabell.
Nuevamente quedamos solos él y yo, rodeados de una fachada muerta, el sonido de la autopista transitada y el olor a pollo frito siendo por lejos el escenario de un encuentro romantico. Bien por mi, entre mas fuera de contexto mejor, así seria fácil sacarlo de mi memoria con una dedicatoria especial de jamás volver a venir por aquí.
— Bien, adiós. — dictamine sin mas preambulos, señalando un hasta nunca desde el inicio.
— ¡Aguarda! — una vez mas me sujeto del brazo impediendo mi marchar, al notar su atrevimiento se sonrojo hasta las orejas mirando al suelo, como si este le librara de pasar tal cosa. — en verdad quiero hablar contigo, sin nadie en medio, solos tu y yo. Por eso, toma. — deposito en mis menos en pequeño papel con unos datos, era su número de telefono. Se me escapo el aire de la impresión. — Es repentino, lo se, pero fuiste importante en mi vida y perderte… fue horrible, quiero volver a recuperar lo perdido.
— Sebastián…
— No debe de ser hoy mismo, tampoco mañana o el día después de ese. — insistió con ojos suplicantes, pidiendome en claramente considerar su oferta. — aun estas sorprendida y lo entendiendo, yo igualmente lo estoy pero si de algo aprendí de ti fue esto, no temerle a lo desconocido y enfrentar mis miedos. Eso hago, espero que tambien tu lo hagas.
— Golpe bajo. — musite bufando divertida, mostrandole una pequeña sonrisa en mis labios mientras miraba el papel en mis manos. — atacarme con algo que te enseñe, muy bien jugado.
— Al menos, has decidió en mirarme de nuevo. — emito mi mueca, provocandome un sonrojo. — es un progreso.
En la tarde de ese mismo día, teniendo la mínima oportunidad de ver a Anthony caminando por los corredores de la universidad y escuchando como se quejaba de volver a ignorarlo, me lance a sus brazos llorando sin consuelo alguno, desconcertandolo porque en definitiva no esperaba encontrarme de esa manera tan distruida, eso solo podía significar una cosa, Sebastián. Apretandome mas contra su cuerpo firme, Anthony acaricio con cariño mis largos cabellos diciendome palabras suaves tratando de estabilizarme, no sabia lo ocurrido con mi primer amor pero fuese lo que fuese, todo saldría bien. Quería creerle, deseaba hacerlo con toda mis fuerzas, pero una parte de mi decía que esta no seria la primera vez en toparme con Sebastián, las próximas serían muchas peores a esta. Aunque mostré solo un vástago de mi antigua personalidad, fue lo suficiente para abrirle una ventana y con ella, el aire fresco de la primavera donde los anhelos de un primer amor no podía hacer olvidados. Aprete mas mis manos en la ramera de Anthony, temia de mis propios pensamientos, pero sobre todo, aborrecia esa parte de mi que le encanto recibir la atención de Sebastián, escucharlo decir esas palabras de mi, de verlo, sentirlo, olerlo… todo, absolutamente todo me hacia odiarme. No tengo derecho en él, jamas lo tuve, esa es la realidad y debo afrontarla, que me halla dado su número de telefono no dice nada porque no pretendo contactarlo. Ese capitulo de mi pasado debe quedar atras, esta vez, es para siempre.
Aunque nuevamente, nubes negras se asomaban en el firmamento, aquella escena donde me consolaba Anthony entre sus brazos desde otro ángulo podía ser considerada romántica, desenfrenada y llena de sentimientos explosivos. Al menos, en los ojos de mi amiga Mariana asi lo fue, quien observandonos desde lejos junto a Elizabeth pensó el aprovecharme de su ex novio y atajarlo para mi, olvidando por completo la realidad de sus sentimientos, el nunca olvidarlo. Marco desde el inicio el declive de nuestra amistad, porque con ello explicaba claramente las razones del porque no quiso volver con ella, siendo yo la causante. De hecho, no espero ni un momento en hacermelo saber, llamandome en el progreso descarada y falsa, fingi en todo este tiempo ser su amiga solamente para robarle a Anthony, formando mi papel excelente de víctima en perder a mi primer amor de una desagradable manera, cuando detrás de esa fachada se escondía una desvergonzada. ¡Ah! Vaya, vaya, una raya mas para el tigre… ¿Qué mas podria ocurrir? Tampoco es que me defendiera de sus acusaciones, Mariana era libre de creer lo que le apeteciera, si necesitaba culpar a alguien el ser rechazada por mi amigo, perfecto, pero gastar saliva en algo que no he hecho es innecesario. Como quien dice, quien nada debe nada teme.
— No eres una desvergonzada. — dictaminó David, en tanto hablamos por Skype al relatarle lo ocurrido. — solo un poco amargada.
— Muchas gracias, igualmente te aprecio aunque no seas mi tipo. — le conteste con sarcasmo, rodeando los ojos y siguiendo guardando mi ropa en el closed. No tenia otra tiempo para hacerlo, y pasar de hablar con alguien imparcial, me relajaba.
— Ese pensamiento no era precisamente el de dos años atrás, querida. — me guiño el ojo, incinuando el pasado.
— ¡Oh por todo lo bueno y malo! ¿Qué pude estar pensando en ese entonces? — exclame dramatizando las palabras, luego de soltar una carcajada sonora.
Asi se basaba nuestra relación, contarnos las experiencias vividas durante el día, por mas malas o buenas que fuera, seguidamente de burlarnos el uno del otro. Podríamos haber comenzando con el mal pie, pero hablar con David de esto me hacia sentir mejor, y como perdí a Mariana, solo contaba con él y Anthony. La triste realidad de una universitaria en soledad, debería escribir una crónica de esto, seguramente ganaría mucho dinero.
— Tocando temas serios — aclaro su garganta, obviando mi comentario despectivo hacia su persona. — ¿Realmente no llamaras a Sebastián? ¿Ni por curiosidad?
Me quede muda, sosteniendo entre mis manos usualmente el atuendo que use el día de nuestro encuentro, seria absurdo el no haber estado tentado hacerlo, y aunque no arroje ese papel a la basura lo guarde junto a otros tesoros de mi vida, donde casualmente tres de ellos vinieron directamente de sus manos. De pronto se me antojaba sacarlo de su calabozo, sostenerlo entre mis manos remomenrando cuando los ojos esmeralda de su dueño me miraron suplicando el volvernos a ver, estaba vez nadie en medio, solos él y yo. Me molesta sentir un cosquilleo en todo mi piel de imaginarlo, y aunque accediera hacerlo ¿qué podríamos conversar? Dudo de tener algo por decirle, menos tomando en cuenta el tiempo separados, mas el hecho de estar casado. No, lo siento pero no, prefería tragarme todo mis sentimientos y cargar con ello el resto de mi vida. Tenía mejores cosas por hacer, ocuparme seria la palabra correcta, donde efectivamente Sebastián no se encontraba incluido.
Retomando la movilidad de mi cuerpo, bufe igual a como lo haría una anciana al cambiarle sus medicamentos para una clara mejorida, siendo inútil, la vejez no es una enfermedad y obviamente es inevitable. Lo mismo pasaba conmigo, el encontrarme con Sebastián jamas mencionaba cambiar las cosas, estar casado, tener un hija, solamente eso serviría para hundirme y lo peligroso de caer ante la imagen suya de hombre joven. Por lo tanto, mi respuesta sigue siendo la misma, paso.
— Vamos, responde y no en una imitación a un caballo. — señalo con burla, causandome algo de risa en mi seriedad autoimpuesta. — se perfectamente que deseas hacerlo, aunque sea por mera curiosidad. ¿No es cierto?
— ¿Existe algún progreso con la menor? — cambie drásticamente de tema, dibujando una sonrisa maliciosa en mis labios. — ¿Aun la ONU no dio contigo? No te descuides, puede estar observandote detrás de tu puerta.
— Para dispersar tu preocupación — infatizo sus palabras rodeando los ojos en el proceso, haciendome reir. — no existe ONU que pueda atraparme porque no salgo con esa niña, además, las mujeres suelen madurar mucho mas rápido que los hombres… ¡¿Qué demonios Isabell?! Esto no se trata de mi, sino de ti. ¡No trates de librarte de mi! Cuando ambos conocemos la verdad, quieres verlo… ¡Deseas ver a Sebastián una vez mas!
Bien, lo admito, usar a David como salvo conducto no ha sido una buena idea, pero eso no quitaba el derecho de restringuirle el paso a mi cabeza. ¿Tenia complejo de pepe grillo? ¿es eso? Porque de no serlo, estaba pensando en que fuese un brujo, lee mentes o cambia forma. Optemos por la última, siendo la mas acertada. Sin embargo, mantenía mi palabra, no encontrarme con él. Es que seguía sin existir motivos de su parte para hacerlo, reconozco en el pasado haber vivido lo suficiente como para marcar al otro, pero era lo que la vida pauto para nosotros, mas nada y no debíamos codiciar un aumento. Asi que, soltando una risita amarga, concluí en la vida tener decisiones dolorosas, mas amargas el uno de la otra, pero de hacerlas era para mejor.
— Pobre chico, en verdad esta esperando un mensaje tuyo o llamada para confirmar verse otra vez. — fingió dolor, incluse derramar lágrimas imaginarias que limpiaba con su índice, dándole un toque mas teatral. Rodee los ojos con inferencia, jamas podría con el comportamiento de David, jamas. — ¿Acaso no sientes pena por él? ¿compación? ¡Aun en estos momentos espera por ti!
— No seas payaso, David. — frene su telenovela mexicana barata, depositando en mi guarda ropa la última prenda restante. — cuando tienes una vida tan ocupada como Sebastián, ni tienes tiempo de mirar hacia los lados, menos recordarme.
— ¿Como puedes saber sino lo llamas?
— Porque durante todos estos años siguió su vida, se caso y tuvo una niña. — replique dandome la vuelta, algo fastidiada. ¿Qué caso tenía llamarlo? Nada, era un pérdida de tiempo total. — su encuentro conmigo no cambiara las cosas, ambos lo sabemos. Por eso, entre mas lejos el uno del otro, mejor.
— De acuerdo, esta casado, ya sabemos eso de sobra pero — busco calmar las aguas, bajando un poco su intencidad. — quizás solo quiera de ti tu amistad, nada mas. Pero el problema resida probablemente en uno solo, tu no.
— Tienes razón, no quiero nada proveniente de él.
— Pero no te cierres a la oportunidad. — siguió insistiendo. — puede que sea solo una sola vez y librada para siempre.
No conteste, aguarde silencio viendo los adornos en espiral de mi colcha, encontrandolo mas interesante que en lugar de mirar al tonto de David. Me resultaba increíble que estuviera de parte de mi primer amor en lugar del mio, es decir, obviamente no tengo porque enojarme con él por seguir el curso natural de las cosas, de la vida misma. Sin embargo, una parte dentro mencionaba que esta bien, yo si anhele volvernos a encontrar aunque este precisamente no me quisiera, porque quizás mi amor por él sería suficiente para alcanzarlo. Como ven, estuve demaciado errada, parecido a cuando te cuentan que los reyes magos y Santa no existe, quiebran tu inocencia hasta no dejar rastro. Solte un suspiro cansado, le daría el beneficio de la duda a David, en un posible encuentro con Sebastián escuchar lo que tuviera por decir e irme. No obstante, en nuestro reencuentro detecte señal escalofriantes llevandome nuevamente a dudar, porque estaba segura caer rendida a su pies, arrojarme a sus brazos y olvidarme de la sociedad entera y de esa pequeña niña inocente. No, mejor no cometía tal locura. Por eso, volviendo a desviar el tema a otro asunto, ignore el consejo de David y conversamos sobre otras cosas, eso seguro, la ONU no fue nuestra prioridad. Finalizando la comunicación por Skype, cerre la tapa de mi lapto arrojandome de espaldas al colchón mirando al techo como si fuese lo mas interesante del mundo, mi cabeza se encontraba un lio debido a tantos problemas, el asunto con Sebastián era una de mis tantas preocupaciones, porque el ser hostigada en cada rincón de la universidad por Mariana no era sano, hasta empecé a comprender los escalofríos experimentados anteriormente mi amigo al sentirse observado. Pobre, ese es su día a día. Intente converserle para que hablase con ella, luchar si es posible y hacerla entrar en razón, no todas las chicas somos sus enemigas en su búsqueda a la felicidad con Anthony. Otra cosa seria él rehusandose a volver, asunto en jamas verme involucrada, no es mi problema.
Rodee la cama sujetando una de las almuhadas abrazandola, cerre los ojos con cansancio, estaba pensando seriamente en irme de vacaciones yo sola. De mochilera de ser posible. Empacar una que otro cosa de importancia, sujetar una maleta e irme por el mundo descubriendo nuevos caminos, nueva gente y comida. Eso suena algo gloton, pero es realmente relevante el probar nuevos sabores en tus viajes. Lastimosamente no puedo hacer tal cosa, menos tomando en cuenta que en mi cuenta bancaria no existe dinero, la última vez que trabaje fue una tienda de bisutería y la dueña solia llorar por todo, en verdad, todo y en el menor momento de baja en las ventas, sus lamentos se incrementaban. Cansada de esa atmósfera lúgubre, presente mi renuncia, obviamente, ante tal acontecimiento tambien la hizo llorar pero al menos era respirar aire puro. Bien, si viaje tu quieres ir, trabajar debes de hacer. Francamente ¿en que podria yo trabajar? Se perfectamente la localización de varios centros comerciales dispuestos a contratar gente joven, pero es difícil un empleo adaptado a la necesidad de una estudiante, mas cuando curso mi segundo aun mas complicado al primero, donde tenia mas libertades. Creo que mejor me quedo donde me encuentro, junto a los problemas. Sin darme cuenta, el cansancio fue venciendome hasta quedarme dormida, esa noche soñé muchas cosas raras, ambiente multicolores, castillos imponentes y trenes cruzando cielos sin vías en donde sostenerse. Un fiesta se celebraba, donde la gente bailaba, cantaba, reía y sostenía en sus manos globos al igual de sepertina. De pronto me vi sola en medio de la multitud, no conocía a nadie de todas maneras, tenia la apariencia de una niña de cinco años y vestia un vestido azul con armazón, de cuello rojo y mangas cortas con el mismo diseño en mi cintura tenia una serie de piedras diminutas parecidas a las perlas, de calzado tenía unas bailarinas negras de pantente y unas largas medias blancas con diseños de flores. Lleve mis manos a la cabeza percatandome de un cintillo de rosas pequeñas, del tamaño de un botón y de color rojo, rodeando armoniosamente el material plástico dandome un aspecto de princesa o elegida.
Gire mi cabeza hacia los lados en busca de mamá, no se porque, pero cuando eres pequeño lo primero en venirte a la cabeza es la localización de tu progenitora, la fuente de la seguridad. Al no verla, cohibida empecé a dar pasos cautelosos temiendo de ser atacada por aquellas personas alegres, quizás no ellas, pero si alguien entre las sombras astuto y esperando para atacar una niña sola. Sorpresivamente, no sucedió. Entre mas transitaba por esa calle de piedras, la emoción entre la gente aumentaba, escuchandose en esta ocasión el sonido de una banda y los víctores para unos bailarines, que con movimientos ágiles, mantenían a todo el mundo concentrado en su espectáculo. Los asemeje con los zorros, cautelosos, perspicaces y astutos, si deseabas abrirte campo entre la sociedad debías de ganartela. Embrujada de sus pieles morenas, sonrisas abiertas y vestuarios coloridos, me pare lo suficientemente cerca para observalos y entender la adoración de los expectores al verlos. Pero no dure mucho. Una pequeña mano proveniente de alguien detrás de mi, sujeto uno de mis brazos obligandome a dar un giro rápido, y sin molestarse en preguntar, guío mis pequeñas piernas detrás de él para correr. No puse imposición, tampoco tense mi cuerpo, solo quede suspendida en la nada admirando la luz del sol como chocaba contra los cabellos de un niño rubio, de vestimenta particular, un chaleco verde musgo parecido al terciopelo, camisa blanca mangas largas de botones, pantalones color caqui y zapatos casuales. Estaba admirada su capacidad de correr con ellos, mas un mas lograr ver con tanta luz alrededor, sino fuese por escuchar el latido de mi propio corazón junto a una respiración errantica, diria que unos ángeles tocan unas trompetas en anuncio de unos de los suyos abandonando el lugar santo. Cruzando algunos atajos pequeños, otros de colores chillones y uno de formas raras, llegamos a lo que parecía ser una estación de tres, tenía el vapor de una locomotora color fucsia en todas partes, personas caminando por su lado y otras abandonadolas con sus trajes serios de gabardina y corbata, las mujeres de faldas tubo pegadas y sombreros beige de lado, junto a esos peinados deciado elegantes para tratarse de gente normal, sino debían de ser de dinero. El chiquillo a mi lado de curioso proceder soltó una risita baja, diciendome el no temerle a nadie, aqui estaría a salvo de aquellas hadas malvadas come humanos, solían usar su magia para reunir incautos y robarles su juventud, si permanecías mas de unos minutos observandolos, estarias perdido. En cambio en este sitio, se situaba todas las personas capaces de ir al castillo, de visitar a la reina y pedir un deseo, cualquiera, porque a ser de corazón puro, las bondades de la tierra caerían sobre ti.
Entonces alejo su calida mano de la mia dejandome con un vacío raro, observando la palma de esta alze mi mirada en busca del chico amable en ayudarme y así agradecerle, tampoco es que fuese tan lejos pues sus enormes ojos esmeraldas me esperaban impacientes, curiosos de cualquiera de mis reacciones. Ya no era mas esa niña de vestido azul, ni él el chiquillo de chaleco de príncipe, allí uno frente del otro descubrimos dos jóvenes temerosos del futuro. Sobre todo, de abrir la puerta de algo que no concluyo, mas bien, quedo a medias y necesitaba de realizarse al menos, intentarlo.
“Y dime, Isabell. ¿Cual es tu deseo? “
El sonido estruendoso del desperatador de mesa retumbo en mi habitación haciendome levantar asustada, mire a mi alrededor en busca de algunas de esas hadas encantadoras del sueño, pero solo me tope con la entera soledad de mi habitación y la realidad de dormirme con la ropa del día anterior. Sentandome gemi sosteniendo mi cabello con fuerza, los vástagos de aquel sueño hicieron estragos en mi cuerpo, porque aquel niño de ojos esmeralda y aspecto angelical lo conocía muy bien, eso se debía a tener un papel importante en mi infancia, sin olvidar de encontrarmelo nuevamente hace unos días atrás, era Sebastián. ¡Arg! ¿Tambien osas atormentarme en sueños? Parece que no le satisface en la vida real, se cuela mientras descanso y… ¡Demonios! ¡¿Qué rayos estoy pensando?! Esto es culpa mia, solo mia, al permitir que me afecte de tal forma al reaparecer luego de trece años de su ausencia. Su mera existencia debería de darme igual, pero no, claro que no porque a mi me gusta complicarme la vida. Pateando todo a mi paso, con ello me refiero a colchas y almuhadas, me arrodillo en el suelo abriendo el cajón de mis calcetas sacando todo, enviandolas a todas partes con la finalidad de hallar ese objeto, ese cofre del demonio encargo de guardar mis mas íntimos tesoros. Teniendolo en mis manos, lo abro desesperadamente y sacando de su interior aquel pedazo de papel que posee el número de mi delirio, lo arrugo como si fuese una bola y lanzando el cofre satinado a un lado, me levanto del suelo para alzar mi mano y asi librarme de esto, si, de la presión de llamarlo. Pero no hago nada, solo me quedó suspendida mirando al suelo alfombrado respirando entre cortado y sintiendo las claras ganas de llorar, esa presión en el pecho junto la comezón dulzona en mi garganta porque se mas que nadie el no hacerlo, el no poder hacerlo y me frustra, demaciado. Cayendo de rodillas al suelo, cubro mi rostro con ambas manos protegiendo que el dichoso papel no se manche con mis lágrimas, porque todo este númerito patético ha servido para una cosa: David tenia razón, quiero ver a Sebastián una vez mas.
Con ese sueño donde su pequeña mano me envolvía en las dulces sensaciones de la primavera, que aunque, los peligros me asecharan, me sentía en plena certeza que a su lado estaría segura. En el pasado, eso hizo, por primera vez no fue yo quien lo protegió de unos niños sino él, de un acosador que no paraba de hostigarme, obligandome a corresponderle en sus sentimientos de niño mimado, y eso me agrado, me gusto ver a Sebastián protector y con su pequeño pecho mostrando importarle. Fue en ese instante que lo pensé como mi dulce caballero, no con armadura, pero si con el espiritu guerrero. Es cuando venia ese último mensaje antes de despertarme, mi deseo, cuál era mi único deseo. Eso estaba claro, volver a verlo, aunque sea por mera curiosidad y decir nuevamente adiós, necesitaba desesperadamente comprobar, que al igual que aquel día en esa cafetería, él era real y nuestras memorias ocurrieron. Por primera vez luego de trece años, sería egoísta, tomaría el tiempo de Sebastián un poco y me daría el gusto de satisfacer mis recontidos deseos viscerales. Porque aunque jamas fuera mio realmente, en ese lapso de tiempo, imaginaria tal cosa.
Secando mis lágrimas del rostro, levante las rodillas del suelo guardando el dichozo papel en uno de los bolsillos del pantalón, antes de cualquier movimiento estúpido de mi parte, debía de comenzar el día y con este desastre alrededor no podía hacerlo. Menos tomando en cuenta lo adicta al orden y limpieza que era mamá, de entrar a mi habitación viendola de esta forma no solo colocaría el grito en el cielo, igualmente te dejaría sin timpanos. Por lo tanto, me puse manos a la obra en organizar el desastre ocasionado en mi momento de histeria, ahora podían comprender que en esa manera no querían verme, era mas parecido a estar loca.
Ahora en la cafetería de la facultad de Derecho rodeada de muchos libros, conversaba con Anthony de la idea de contactar a Sebastián y asi vernos, obviamente a mi amigo le parecio una total locura como si le hubiese dicho ver un ovni, interactuar con extraterrestres y tomarme una selfie con ellos. Sus ojos verde gato se agrandaron de la sorpresa, en tanto su boca de formaba una graciosa mueca, me recordó a una pelicula de humor absurdo y sin sentido, donde al final todo el mundo se quitaban unas mascaras mostrando no ser quienes decían ser, quedando un adorable gatito con la expresión actual de mi amigo. Desconcertado.
— Has perdido el juicio, si eso, perdiste el juicio. — confeso anodadado, sin dejar su expresión de total shock.
— ¿Y por qué? — pregunte dándole un sorbo a mi café, en tanto le daba la vuelta a la pagina de un libro. — David estuvo de acuerdo conmigo, de hecho, fue su idea antes de la mia.
— Entonces ambos perdieron el juicio — reintegro nuevamente, medio frunciendo el ceño. No le respondi, segui concentrada en mi deber, cosa que al parecer le molesto. — ¿Acaso no vez la realidad de este asunto?
— ¿El que? — me hice la desentendida, dándole otro sorbo a mi bebida caliente.
— Solo… solo al menos dime que no le has llamado. — pidió con un tono suplicante, casi ahogado. Enarque una sola ceja de la impresión. — ¡¿Lo has hecho?!
— Tonto, eso no es como pedir permiso a alguien para que te deje pasar a otro lado. — le explique bufando, entornando los ojos y enfocandome en prestarle atención a su caótica mirada. — debo encontrar el momento adecuado para hacerlo.
— ¡Perfecto! Porque aun estas a nada para retractarte. — musito con mandíbula tensa, afectado claramente de la situación.
— Francamente, eres tan dramático. — dibuje una sonrisa de soslayo, movimiendo mi cabeza hacia los lados incredula. — ¿Por qué tan reacio a que lo vuelva a ver?
— Porque se perfectamente el efecto que produce en ti. — me señalo en modo acusador, como si estuviéramos en un juzgado y ya estuviera condenada. — quizás no lo conosco, pero lo detesto, detesto la manera como te destruye cada vez en involucrarse contigo en cualquier ámbito. Solo, solo temo de tu bienestar Isabell. Me preocupo por ti.
Allí lo teníamos, Anthony el eterno paranoico por la gente que le preocupaba a su alrededor, lo encontraba francamente adorable mas con esa expresión de niño pequeño regañado, muy diferente a su complexión de atleta. Sonriendo dulcemente, sujete una de sus manos por encima de la mesa, mirandolo con calma y transmitiendole mi entero control en este asunto. Esta vez, prometia no salir herida y llorando por agua derramada, debía de aprender que el pasado es el pasado y estoy conforme con lo ocurrido, traerlo de vuelta es imposible pero por ello no quería decir el cerrar ciclos, donde efectivamente, Sebastián es uno de ellos.
— Gracias Anthony, tu tambien eres un amigo importante para mi. — confese, pero por alguna razón mis palabras no le llegaron a su mirada, sino solo a su sonrisa ancha claramente fingida. — pero esta vez estare bien, lo prometo. No dejare en derrumbarme mas, ya no. Aunque, si te preocupa mucho, deberías venir conmigo y asunto resulto.
— ¿Yo? ¿Con tu primer amor? — soltó mis manos rápidamente, recostandose en el respaldar de la silla y mirandome incrédulo. — No gracias, pero ser mal tercio en una cita no es lo mio. Paso.
— Quiero dejar claro algo, no sera una cita. — volví mi atención a los libros de la mesa, seguidamente de beber mi café. — solamente un reencuentro entre viejos amigos.
— Me preguntó. — comenzó diciendo, planteandose algo claramente. — ¿Cuando durarán esos términos entre ustedes dos? Como me dijiste en su primer encuentro, él no hablo de ti precisamente como una amiga mas bien…
— Sea lo que sea. — le interrumpi antes de escuchar una locura, una en que le tenia un pavor enorme. — los términos son permanentes, Anthony. Mas si tomamos en cuenta su estatus.
— Casado, con una hija… — suspiro y coloco su mentón en una de sus manos, pensativo. — ¿Crees que exista una historia tras eso?
— Seguramente, pero sin dudas — vacie la taza de mi café, dejándola seca. — no es algo que quiera enterarme. Menos si es de su misma boca.
— Tiene lógica.
Culminamos de hacer nuestros deberes en silencio sin tocar mas el tema, Anthony comprendio que no deseaba darle mas vueltas al asunto, que si me encontraba con Sebastián le dejaría a la misma suerte lo posible a acontecer. No lo niego, me daba miedo, temor a ser nuevamente absorbida por sus dulces palabras o ojos de brillo encantador. Sin embargo, tambien existió en el pasado donde solo lo mire como mi amigo, el mas cercano a todos y de quien estaba dispuesta a ayudar. Esta casado, es un hecho, tiene una niña, su máxima adoración y con esas características deben de ser suficientes para sujetarme a realidad, nada de lo vivido en el pasado volverá. Con esos pensamientos rondando mi mente, asisto con total normalidad a todas mis clases, prestando atención y haciendo preguntas ameritando la ocasión. En general, ocupe mi cuerpo y mente en ser la estudiante de segundo de economia, donde los problemas amorosos eran dejados de lado. Aunque, claro, no puedo decir lo mismo de Mariana buscando la mínima oportunidad de provocarme con sus grupo de amigas, con comentarios fuera de lugar y directos a enfadarme. No le segui la corriente, como dije anteriormente, este tipo de cosas no merecen mi atención siquiera. De desear seguir con ese jueguesillo infantil, era su problema, no mio. Es libre, de todas formas, de hacer lo que le placiera y no era nadie para impedircelo.
Ignorandola olímpicamente en el comedor donde servían el almuerzo, tome asiento en la mesa mas apartada de todas en espera del grupo de estudios de estadísticas, hoy habíamos quedado en pasarnos unos apuntes inspeccionados por el profesor, que adoptando una posición mas relajada a la critica construtiva de la delagada, nos daba las clases mucho mas dinámicas y amenas. Soltando un suspiro cansado, introduci las manos en mi chamarra de jean en un intento de entrar en calor, hoy particularmente el clima decidió cambiar, dar la vuelta a la lógica de la temporada del año y hacer frío, igual como ese plato de estofado con la finalidad de hacerme entrar en calor. Me le quede mirando como si fuese la única cosa interesante por observar, pero la verdad es que el hambre no parecía aparecer, al menos no de estofado, deseando con fuerza mis tripas unas crespes bañadas en mostaza dulce y rellenas de carne mechada. Oh, por, todo, lo, sagrado. ¡Si tan solo pudiese escapar! Dejarle un recado a mis compañeros e irme a comer ese manjar de los dioses, entonces, realmente alcanzaría la felicidad extrema. Sintiendo en mis manos un extraño papel lo saque del bolsillo percatandome de lo obvio, traje conmigo el número de Sebastián, aunque determine contactar con él para volvernos a encontrar aun tenía el pavor de dar el siguiente paso, porque obviamente él no lo daría, ni siquiera le devolvi el gesto dejándolo el mio tambien. Ese día estuve tan asustada que a la minina oportunidad salí corriendo, aun tenia esa sensación de peligro en el cuerpo, de constante amenaza de su presencia atropellando toda mi estabilidad emocional. Aunque, francamente ¿De cual estabilidad hablamos? Desde aquel día de encontrarme con su mamá, nada volvió hacer como antes, menos al ser llevada a su lugar de trabajo. Porque fuese como fuese, Sebastián con su presencia descolocaba todo a mi alrededor, aunque no fuese provocado.
Tomando varias bocanadas de aire, igualmente saque mi telefono dándole unos punzones rápidos metiendome en la aplicación de mensajes, obviamente no le iba a llamar estando en un comedor abarrotado de gente, me arme de valor, pero no era tonta con un mensaje al comienzo bastaría. Divague tres veces antes de redactar algo decente, que no sonora frío, menos desesperado o muy alegre, solo demostrando ser capaz de reunirme con él dejando aquel aparatoso primer encontro en pasado. Y espere, espere unos minutos, no tan largos pero para mi era una eternidad donde hasta le di una gran cucharada al estofado de cordero, que no estaba tal mal, pero seguía deseando comer otra cosa. Sentía los latidos freneticos de mi corazón retumbando en mis oidos, drenando sangre a todo mi cuerpo en velocidad vertiginosa, llevandome casi a la taticardia ¡Hasta las manos me temblaban! Parecía estar volviendo al pasado, cuando me escondía detrás de las piernas de mi mami emocionada, imaginando que al salir de ellas me toparia con esos ojos esmeralda favoritos, dispuestos a mirarme solo a mi. Esa dulce sensación de la niñez me embargo, recordandome que el primer amor no solo era dolor, igualmente algo tibio, una clase se ola expansiva en medio de tu torso y logrando hacerte cosquillas en los pies. Fue en eso que mi móvil dio un vuelco en mis manos produciendome un mini infarto, sonriendo como una total lerda abrí el mensaje descubriendo ser Sebastián, mi pecho floreció emocionado al leer que le tomo por sorpresa haber contactado con él, aquel día demostré con pelos y señales no querer saber nada del pasado o presente, donde admitía descolocarlo un poco luego de en el pasado mostrarme tan vivaz y alegre. ¡Maldición! Mamá había tenido razón, confundí al que fue mi mas grande amigo en la infancia con mi actitud de muda, pero no podía evitarlo, ese día me sentí tan asustada que esa fue mi primera defensa para evitar salir dañada. Pero como saben, no resulto. Disculpandome desde lo mas sincero de mi ser, busque enfocar mi comportamiento a no saber como reaccionar a su presencia, ambos sabíamos el transcurso del tiempo en pasar por nosotros y lo diferentes de poder ser, llegar sin mas a ser íntimos, aunque fuimos muy unidos en el pasado, seria demaciado extraño por lo que era de esperar una reacción de mi parte. Dandome la razón, no muy convencido debo decir, me propuso lo que mas temia de ver pero como masoquista de ser no rechazaría, la oportunidad única en un millón.
“Volvamos a conocernos, Isabell. Permitamos de ver una vez mas lo no tan diferente que somos del pasado, es decir, seamos otra vez amigos. “
Diganme loca pero esa proposición sonaba a tan doble sentido, lo malo de permanecer trece años de una persona y nuevamente encontrarla, es que desconocías las nuevas mañas de tener, donde evidentemente, esta era una de las de Sebastián. El alto nivel de lograr persuadirme.
“¿Quieres que volvamos a ser mejores amigos? “
“Ese título seguramente en el presente ya lo tiene alguien, ¿cierto?”
“¡Ugh! Tus aciertos dan miedo, pero si, tienes razón. Siento darte la noticia que, al igual que tu, segui con mi vida y gane un nuevo mejor amigo.”
Luego de mandar ese mensaje me arrepenti, porque le dije una indirecta de estar dolida de haber sido dejado de lado y formar una familia muy lejos de mi. Aunque sorpresivamente, Sebastián siga siendo ese niño despistado, no me dijo nada al respecto.
“Era de esperarse, fuiste muy buena haciendo amigos, tarde o temprano pasaría ser suplantado”
¿Y que hay de mi? ¿Tambien era tan poca cosa para ser suplantada por tu actual esposa? ¿Acaso ella…? Borre todo eso antes de enviarlo, en su lugar coloque otra cosa.
“Aunque, de la misma manera, puedo perderlos en un mínimo parpadeo.”
“¿Lo dices por mi? ¿O por Adriana? “
“Por ambos.”
No solamente ellos, porque en unas mesas mas alejadas a donde me encontraba, se hallaba Mariana seguramente desproticando en mi contra, sacando de sus labios cosas directamente de su imaginación febril, congestionada de perder al que seguramente en su perspectiva era el hombre de su vida. Pero no es así, Anthony no tiene ese papel, ella debe de darse cuenta que no existe nadie mejor para si mismo que uno. Eso mismo, ninguna persona es indispensable para otra, sino mirenme, soy el gran ejemplo de ello.
“Por cierto, ¿que fue de la vida de Adriana? ¿De Gladys?”
“Las tres estudiamos en la misma primaria, al menos Adriana hasta segundo grado, sus padres se separaron y tuvo que mudarse de ciudad. Gladys… ¿Te gusto ella no es cierto? ¡Que escondido! Porque para que preguntes por ella…”
¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! Era una completa idiota, decir todas esas cosas como sino significara nada cuando la realidad era otra, porque uno de mis temores de niñez, después de la oscuridad en mi habitación, era que a Sebastián le gustara a Gladys y no yo. He sentenciado con mis propias manos mi suerte.
“¿Gladys? ¿Gustarme? ¡Pero si le tenía miedo! Tu misma debías de saberlo, no paraba de perseguirme a todas partes. Era una acosadora serial o profesional. Pregunte por ella al ser de las pocas en recordar del preescolar, no por otra cosa”
Alivio, eso sentía, un enorme alivio de algo que solo imagine en mi mente celosa de niña de cinco años. Al menos, hasta el momento fui la única cercana a Sebastián de esa forma, mamá llevaba la delantera en tener la razón. Aunque sinceramente, yo tambien lo perseguía sin descanso, apartando a todo aquel que quisiera sentarse a su lado. ¿No me convertía en acosadora serial? Pues no, según Sebastián.
“Realmente lamento lo de Adriana, mis padres tambien se separaron estando Paola (mi hermana) y yo muy pequeños. Nos afecto bastante”
“Y los mios, cuando entre a la secundaria lo hicieron y por un momento me sentí perdida. Sumandole tambien que mi abuelo falleció.”
“¿Tu abuelo? Cuanto lo siento, no tenia ni idea de eso. Se lo mucho que lo querías, cuando estamos pequeños lo nombrabas mucho.”
“No te preocupes, no tenias como saberlo, tomando que estuvimos separados sin saber el uno del otro. Es predecible.”
La verdad, no recuerdo hablarle de mi abuelo a Sebastián en el pasado, pero me hubiese encantando que en ese momento doloroso lo encontrara allí para  sostuner mi mano, con una sonrisa comprensiva, susurrase el estar conmigo y no abadonarme. Pero no sucedió, e igualmente, estoy conforme de como acontecieron las cosas entre los dos llevandonos hasta el presente, porque me alegraba saber que seguía siendo aquel niño con quien podía contar incondicionalmente. Quizás David tenia razón, debía de darle al menos la oportunidad de acercarse a mi y tener su amistad, cosa en no satisfacerme igual que el pasado, pero era peor a no tener nada. Y de eso ya tuve de sobra estos trece años transcurridos.
“Debo irme, se acabo mi descanso en la cafetería y conoces a mi superiora. Es el demonio sino la obedeces.”
¿Y como olvidarla? Si sus gritos prepotentes llenaron toda la estancia logrando incomodarme, no solo a mi, a varios clientes alrededor. Mejor no molestar al demonio.
“No te preocupes, te comprendo. Nosotros podemos seguir hablando despues, cuando te desocupes de tu trabajo y yo de la difícil vida de universitaria.”
“O… simplemente puedes venir a verme hoy en la tarde. ¡Si puedes claro! No quiero ser el causante de tus malas calificaciones en clase, quiero dormir por las noches tranquilo. “
Ir a verlo, ir a ver a Sebastián por segunda vez en la cafetería, bueno, la idea principal de comunicarme con él era eso, encontrarnos. Sin embargo, no medi que podria ser en su lugar de trabajo, menos tan pronto porque una cosa era conversar mediante un aparatejo, y otra muy distinta, en persona. ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios! Quiero llorar, pero no me maliterprenten, es de la dicha porque imaginar un escenario armónico junto a mi primer amor, me hace feliz. Asi que, temblando una vez mas mis manos presa del miedo, adrenalina y anticipación, mande un mensaje que marcaba la pauta de mi nuevo presente.
“Espero que a las cuatro este bien, es la hora donde sere libre.”
“Entonces, tratare de guardar ese espacio para mi descanso, asi conversaremos mejor. ¡Espero con ancias encontrarnos nuevamente Isa! “
Iba a responderle: “yo tambien”, pero las reprimi, no era correpto hacerlo, menos tomando en cuenta mis verdaderos sentimientos. Mejor guardar distancia. Despiendome de él sin ser cortante, comenze a comer mi estofado ya olvidado y centrandome en como debía de ser mi comportamiento con Sebastián al encontrarnos, claramente él deseaba nuevamente ser amigos, cosa en alegrarme igualmente, pero resulta que nuestra amistad de niños fue distinta a cualquier otra. En eso tenia razón nuestras madres, lo de caminar de la mano juntos, hacer todo en conjunto y no separardos, ser tan dependientes el uno del otro que eventualmente nos confundieron. Pero eso es el pasado, ambos hemos crecido, madurado en muchos aspectos y en estos momentos, deberíamos considerarnos desconocido el uno del otro. Asi que, no pretendo ser cortante, pero si marcar mis distancia el uno del otro y espero que él respete eso.
Una vez hubo un acto cultural en la noche del preescolar, recuerdo con euforia lo intranquila que estaba de presentarme delante de los padres y representantes, pero a su vez, adoraba ser el centro de atención demostrando de quien era hija. El clima de ese día permanece fijo en mi memoria, un sol naciente en un cielo tan azul como el mismo mar, la imagen de yo dando saltitos cerca de mamá relatando lo que haría al colocarme mi traje, los giros y las sonrisas en hacerle directamente al público. Mamá sonriendo como solo ella lo hacia, me recomendó dejar toda esa energía para mas tarde, la necesitaría. No obstante, podría estar emocionada de mi presentación, pero no quito que el hermoso día soleado se convirtiera en uno de lluvia. ¡Agh! Que casi arruina mi humor, ni de mencionar mi traje al ser posiblemente manchado de lodo al tener un escenario al aire libre, lo saben, con grama verde no tan alta y tierra, no tan seca, a sus alrededores. Mis zapatos de bailarína se vieron sucios debido a los pequeños charcos formados en el suelo, ni decir del dobladillo de mi falda con un poco de lodo, aunque todo salio sin problema alguno bien me disgusto ese drástico cambio climático. Entonces una vez terminado las presentación, mi mente se lleno completamente de encontrarme con Sebastián, seria la primera vez en vernos lejos del salón de clases y en un acto cultural, él no participó, pero igualmente debía de asistir a vernos. Una parte de mi se incho al pensar que me observaría, porque de esa manera estaría dispuesta a dar mas de lo planteado. Asi que, retomando una vez mas, saliendo del acto cultural mi mamá me cambio de ropa colocandome ese vestido particular color azul y salí al encontró de mi mejor amigo, este se encontraba en el parque jugando escandalosamente con Kevin, dando vueltas en la rueda como sino hubiese mañana. Sonriendo complacida de tal imagen, di un paso hacia adelante para ser vista por sus esmeralda de ojos, cosa en no hacerse de inmediato pues se encontraba haciendo cosa de niños. Pero Kevin si lo hizo, dándole un codazo en uno de los costados a mi amigo, señalando a mi dirección con un brillo malicioso en la mirada dijo que había llegado su novia a buscarlo. Frunci el ceño disgustada, odiaba cuando decían esas cosas de nosotros que no eran ciertas, mas siendo lo contundentes para incomodarlo, pues sus ojos verdes chispearon en disgusto frenando los movimientos de la rueda y mirandolo igualmente de a misma manera que yo, enojado.
— Dejalo ya por la paz, Kevin. — le advirtió, pero el otro chico seguía riéndose. — no es gracioso, Isabell y yo somos es mejores amigos. Nada mas.
— ¿En verdad? — preguntó incrédulo. — porque en todas partes donde tu vayas ella esta, y de la misma manera eres tu. Además, se agarran de las manos. ¡Eso es raro! Solo los novios lo hacen, no los amigos.
— Solo porque no tienes a una mejor amiga como Sebastián, no quiere decir que tendrá una mente tan cerrada igual a la tuya, Kevin. — di un paso hacia adelante cruzando los brazos en signo de protesta, retando con la mirada al moreno. — mocosos como tu jamas enteran nuestra amistad. Es muy profundo para ti.
— ¡¿Como…?! — alzo su voz visiblemente molesto, dando un paso hacia mi dirección con signos de pelear.
— He dicho que lo dejaras por la paz, Kevin. — volvió a repetir Sebastián, en esta ocasión se situo a un lado de mi, defendiendome. — si tu que eres uno de mis mejores amigos no comprende que Isabell y yo no tenemos nada, entonces sera mejor no hablar.
— ¡Perfecto! — anunció obviamente afectado, mirandome ceñudo. — ¡Vete con tu noviecita y jueguen a la casita! Tengo mejores cosas que hacer.
Iba a responderle como se merece pero Sebastián lo impidió, sujeto mi mano haciendome una seña negativa con la cabeza, sería mejor darle espacio a Kevin para bajar su enojo, luego ya veria lo que haría. Note como mi amigo contraía su rostro afectado, no era del que discutiera con sus amigos, menos con Kevin, pero esto particularmente le afecto pues creyó que con él no existiría las burlas o las insinuaciones igual a los demás compañeros de clase. Imitando como si tuviera mangas que alzar, aprete mis puños prometiendo protegerlo de quien osara a meterse con él, nadie desafiaria la ira de la hija de la maestra. Solo esperara y viera, Kevin volvería como el perro arrepentido, la cola entre las patas, pidiendo perdón y dándole la razón. Un niño un una niña pueden ser amigos y tomarse de las manos, en esa acción no existe nada malo, quien erraban eran ellos. De no suceder ese escenario, siempre y cuando disponeria de mi estaría a su lado, porque era su mejor amiga y esta debe de acompañarte en las que sea. Entonces escuche un sonido celestial, parecido al choque de cascabeles al ser tan claro pero puro a la vez, me quede muda al percibir como Sebastián reia a viva voz ocultando tras su puño, la hilera de dientes perfectamente blancos. Sin duda provoco en mi tsunami, el cataclismo y a la vez una explosión nuclear, si antes creí de Sebastián ser un príncipe ahora lo era aun mas, porque al sonreir los mismos ángeles detenian sus actividades solo para contemplarlo. Y los simples mortales como yo, le daban el privilegio cada mil años de mirarlo de cerca, aun alto costo claro.
— ¡No deberías de hacer tal pose! — dijo aun riéndose, mirandome con sus esmeralda de ojos junto al brillo del amanecer. — ¡Eres una niña y además! Llevas un vestido.
¡Ah dios! Sonrojandome igual a un tomate maduro, me paro tan rígida como una esfinge tratando de no hacer contacto visual con mi amigo, ya bastaba con hacerme pasar vergüenza gratis. Claro, estas eran las desventajas de estar enamorada, verte en ridículo delante del chico que te gusta. ¡Qué cosa tan maravillosa!
— Gracias, Isabell — dijo sorpresivamente, sujetando una de mis manos que cubrían mi timidez y embargandola con su dulce presencia, ya podía fallecer de tanta dicha y ni me enteraria. — me alegra saber que cuento contigo para hacerme sentir mejor, aun cuando igualmente te has visto involucrada en este asunto.
— No me importa, jamas me ha importado de todas maneras lo que piesen de nosotros. — dije con voz firme, el me miro sorprendido ante mi declaración. — mientras mantengamos presente que somos el mejor amigo del otro, no importara. Con tal, no podrán separarnos.
— Cierto. — bajo nuestras manos sonriendome, inyectandome en el cuerpo una sensación tan clara como el agua, profunda como el océano y perseverante como la mala hierba. Lo quería. — deseo ser tu amigo por siempre, así estemos arrugados, o no podamos caminar, esperaro contar contigo.
— ¿En un asilo? — pregunte con inocencia.
— Si — respondió, en tanto comenzabamos a caminar lejos del parque y mas hacia las otras zonas verdes de la escuela. — pediré a una de nuestras cuidadoras colocar tu silla cerca de la mia, asi no estaremos lejos.
— Suena como a un plan. — comente riendome abiertamente, sintiendo como la mano de Sebastián cada vez me daba mas calor.
— Lo es, y lo llevaremos a cabo.
Esa tarde/noche firmamos un pacto con el futuro, en tanto caminamos por los alrededores del preescolar teniendo la miradas curiosas de muchos encima nuestro, pero no nos importo, no deje que nos importara porque en tanto sostuvieramos la mano del otro nada pasaría. Obviamente Kevin y Sebastián arreglaron sus diferencias, eran amigos y permanecer peleados mucho tiempo era mucho, me alegre por ellos, mas aun por mi mejor amigo que no teniendolo la mínima oportunidad salio disparado al parque, rumbo a los comlumpios. Les seguía bastante de cerca, pero no corriendo, no con vestido, era una niña y debía de cuidar esa imagen de pulcritud. Tampoco es que si me apurase fuese tomada en cuenta, aquella era una reconciliación de chicos, donde una niña no tenía lugar. No me disguste, menos forme pataleo, en su lugar, los deje interactuar en tanto miraba los matices del cielo cambiar de un azul claro a un rey bastante intenso, mientras el imponente edificio administrativo gubernamental se alzaba frente de nosotros como una bestia. Allí en ese momento de silencio, al menos mio, pedi una plegaria al cielo alargando mis momentos junto a Sebastián un poco mas, sabia que nos graduariamos y pronto debíamos separarnos porque así era la vida. Sin embargo, por tan solo un respiro mas desee que su mano no de apartase de la mia, al menos, no de manera brusca. Pero eso no pudo ser, desconocía que los dioses pueden igualmente comportarse crueles, porque de darte algo valioso, de la misma te la quitara de forma aparatosa.
Asi que, de vuelta en el presente, entraba de manera cohibida a la panadería séptima avenida mirando a todos lados como si fuese una criminal, o perseguida por un acosador serial. La última opción daba escalofríos. El sitio se encontraba de la misma manera de la otra vez, abarrotado sus vitrinas de panes de diferentes sabores, con una fachada lúgubre y una ambientación de los años veinte. No sabia si eso me tranquilizaba o inquietaba, pues debía de recordar acceder a encontrarme con mi primer amor, ese que no he conseguido olvidar y trate indiferente el otro día. ¿Acaso era bipolar? Puede ser, puede ser, pero retractarme luego que llegue aquí era estúpido. Ya que estoy avancemos. Camine despacio con pasos cautelosos, mirando como varios jóvenes comían entre si un pastel de chocolate, o como dos señoras conversabam tomando té junto a galletas. En general todo el mundo se encontraba en lo suyo, ignorando por completo el nudo formado en mi estómago presa del nerviosismo, porque aunque ya sabía como lucia en el presente, cerrar la brecha de trece años costaría mas si queríamos volver hacer amigos desde cero.
Entonces al fondo, el mismo muchacho particular de cabello rubio girasol conversaba con otro tranquilamente sin darse cuenta de mi llegada, trague en seco apretando mi mano en la correa de mi bolso, como si con esto me daría mas coraje para enfrentarlo. Aunque surgió lo contrario, mi piel entro en ebullición porque, ojo, el niño convertido en hombre dueño de mis delirios se encontraba cerca de mi y yo… yo simplemente estaba parada a lo tonto en medio de una cafetería mirandolo, muy parecido en el pasado al ser maliterpretado nuestra relación. Esperaba por él, esperaba pacientemente a ser descubierta por sus enormes ojos, resultando ser complicado porque siempre resulto un atolondrado, eran los demás en darle aviso de mi presencia, no él. Pero este no es el pasado, menos somos niños, aqui no existe prejuicios en tratar de dañarnos solo nosotros, medio de un encuentro que debe de dejar de ser incomodo sino lo contrario, lleno de recuerdos, anhelos, y al menos de mi parte dulzura. Asi que con pasos mas firmes, me abro camino entre de la multitud hasta llegar donde se encontra él, su compañero me mira sin entender pero no le dejo hablar, ese papel es solo mio.
— Sebastián. — le llamo.
Él se voltea al escucharme, y por primera vez en mucho tiempo siento que mis huesos se sienten vivos, queman, si, pero producen el tipo de calor determinante para decirte estar viva. ¡Estoy viva! Y la suave expresión del rostro combinado a la sorpresa de Sebastian, me resulta fascinante a la par de cautivador, porque al igual que yo ya no esta asustado.
— Isabell, me alegro que hallas venido.
Y nuevamente, las manecillas del reloj volvían a girar, en esta ocasión, no sabia hacia que dirección acertarian.

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