martes, 18 de septiembre de 2018

Lo que fue de él (AKITO)

I
El viento frío propio del verano me golpeaba las mejillas mientras corría por las calles prácticamente solitarias de ese sitio, el atardecer con fuertes colores se reflejaba en mis ojos azul cielo que no paraban de mirar al frente donde mis primos y hermanitos se adelantaron, entre mas corría mis pulmones ardian por el tratar de respirar al buscar el tan ansiado oxigeno. Los sonidos de gritos invadieron mis oídos de golpe haciendome extremeser por completo, pues ellos solo transmitían desesperación, ansiedad y apuro por salir de dicho lugar solamente contribuyendo para querer seguir mas adelante.
Pero casi ya no podía.
Una de las cosas que deje atrás al ser capturado por los vampiros fue mi condición de corredor, pues como en ese lugar no existía donde propiamente practicar debía de abandonarlo, cosa que estaba pasandome factura, un presentimiento dentro de mi alma me gritaba colocar todas mis fuerzas necesarias para llegar hasta ella. Hasta la chica que amaba. Por eso, apretando los puños acompañado de una buena bocadana de aire le exigí a mis piernas acelerar el paso, pude notar como las manchas de sangre me recibían con los brazos abiertos dando antes señales de lucha en este sitio, aunque para ser sinceros solo con percibir la atmósfera como oler el aire te demotrama muerte por todos lados, no solo muerte, tambien desolación y destrucción.
Destrucción que vería en vivo y en directo.
Cuando la vi por primera vez ella había fijado sus grandes ojos verde jade quedándose pegado a los mios sin desviar la mirada, a primera instancia pensé en que con esas fachas debía estar pasando por algo similar a mí familia en estos momentos, pero luego simplemente comprendí algo bastante evidente. Era increíblemente hermosa dado por entendido mi flechazo por ella. Pero no se sentía igual, y eso me partió por completo, aunque aquello era insignificante comparado con lo que estaba experimentando ahora.
Su cuerpo tendido al suelo, párpados cerrados, rostro marcado por la palidez, sangre tanta de ella esparcida por todas partes en su alrededor y una sola dueña, la castaña que poseia a su alrededor personas para traerla a este mundo donde no quería existir.
Mi cuerpo se movio solo prácticamente hacia adelante llamándola incansablemente con todas mis fuerzas, mi alma ardía de dolor y junto a mi corazón sangraban constantemente transmitiendo lo desgarrador que era todo esto, me sentía como si fuera expuesto a una clase de reacción dolorosa a algo que tarde o temprano ocurría y precisamente yo lo vi venir.
Unos fuertes brazos me sostuvieron para evitar irme a donde estaba ella, pero no me importaba, ni si quiera me importaba que ese asqueroso chupa sangre estuviera a unos cuantos metros lejos de mi con una expresión de dolor con rabia, en mi mente solo existía querer coger entre mis brazos a Mikan, si, Mikan y jamas soltarla para poder sentir que ella estaba aqui, que no abandono este mundo.
Pero era tarde.
Demasiado tarde.
Entonces comprendi de una manera torturosa como el tiempo es algo mas que dinero.
Es preciado y codicioso.
Y yo lo deseche.
Unos fuertes golpes a mi puerta hacen que me despierten de golpe con ojos abiertos del susto no sabiendo donde me encuentro, probando un poco de la realidad al volver a escuchar los mismos golpes pero mas demantes tallo mis ojos buscando el reloj pegado a la pared, 8:00 am y eso solo quería decir una sola cosa, me quede dormido en la madrugada cuando estudiaba con el uniforme puesto. Que idiota.
— ¡Akito maldito! — mi puerta se abre de golpe mostrando un rostro lleno de pecas bastante conocido gritandome con todas sus fuerzas, hasta la vena de su frente la veo palpitar — ¡¿Hasta cuando vas a permanecer dormido?! ¡Apurate y vamos a clases!
Y cierra de la misma manera que entro, parece un huracán o torbellino queriendo arrasar por donde pasa. Ryo sin duda no ha observado eso de si mismo.
Me levanto estirando mi cuerpo como si fuera un gato montes, recorro mi habitación en busca de ropa limpia para cambiarme y asi poder ir a clases como Ryo ha pedido, aunque claro, siempre utiliza maneras ortodoxas para hacerlo. En el baño arrojo ese molesto uniforme gris con franjas verdes y negras al sesto de ropa sucia, abro el grifo colocandome de inmediato bajo la lluvia de agua cerrando los ojos para sentirla caer sobre mi piel.
Hoy… lo he vuelto a soñar, esas imágenes de hace tres años atrás cuando corría por el suelo de Nagoya mientras ella era asesina, asesina en manos de otro humano pero por culpa de alguien despreciable, si, aquel vampiro rastrero que desde las sombras ha de ocultarse para proteger su asqueroso trasero de mi porque debe de saberlo, ire a cazarlo para matarlo con mis propias manos.
Le doy un puño a uno de los azulejos blancos lleno de impotencia y dolor, ni si quiera me he dado cuenta que lágrimas amargas se deslizan en mi rostro hasta que desembocan en mis labios, ellas solamente estan expresando esa herida que jamas a sanado del todo y probablemente nunca lo harán, el recuerdo latente de una castaña flacida en los brazos de ese chupa sangre en tanto llora vive dentro de mi mente reproduciendose sin descansar.
Duele.
Duele tanto que me es difícil respirar.
Mucho porque su última sonrisa no la logre ver.
Aunque… ni si quiera fue para mi.
Cierro el grifo del agua saliendo de inmediato con una tualla en mi cintura y otra sobre mi cabeza para secar mi cabello, me paro frente al espejo pasando una mano sobre el para quitarle el vapor que lo ha empañado, en él se refleja un chico de cabello azabache largo hasta el mentón, sus rasgos han crecido considerablemente desde aquella vez… en el aeropuerto de Nagoya.
Hace tres años atrás luego de ser arrancada de mis manos la vida de la chica que amaba, mi familia y yo fuimos recogidos por el ejercito demoníaco japones para ser trasladados a su base en el aeropuerto, alli fuimos atendidos de manera inmediata donde colocaron abrigos sobre nuestros hombros y nos regalaban bebidas calientes para nuestros cuerpos. Pero para ser sincero nada de eso me importaba, en mi cabeza no se borraba la imagen de Mikan sobre una balsa siendo arrastrada por las olas hasta lo mas profundo del mar donde seria su última morada, mi cuerpo estaba sin alma como si fuera una veleta que puede ser manejada a su antojo, aunque podría estar seguro que no era el unico asi, Ryo a mi lado reflejaba en su rostro marcas de una tragedia que jamas seria superada.
Karen fue la que permaneció fuertes por todos nosotros, al menos eso es lo que quiso dar a entender, pero cada vez cuando se refería a uno de los soldados para preguntar por nuestros destino sus ojos se cristalizaban y su voz se quebraba, apostaba que en todo esto se sentía la mas culpable por permitir llegar tan lejos con un plan tan absurdo. Y no podía estar mas de acuerdo con ella, ese plan fue el mas ridículo jamas creado sobre la tierra.
Uno de los soldados camino a nosotros con una sonria amable dirigiéndose a Karen quien presto toda la atención posible pues esto era importante, el hombre de inmediato le relato que seriamos trasladados a la fortaleza del ejercito aqui en Nagoya y alli podríamos vivir aun vida aparentemente normal como si nada de esto hubiese ocurrido, pero eso era imposible, porque todo el desastre nos sucedió y quedo grabada en nuestra memoria. Conclusión. Este tipo es un idiota.
De pronto, como si pasará un efecto rebote el alma antes sacada de mi cuerpo volvió a el dandome un empujón feroz, Karen y Ryo se dieron cuenta de ello por lo que me tomaron de los brazos para evitar lanzarme sobre un sujeto con cara de idiota. Obviamente jamas fui de impulsos era mas de pensar con cabeza fria y rezonar, pero desde haber conocido a Mikan en mi vida todo lo coloco de pies acabeza llevandose consigo misma la capacidad que tenia para relajarme, de inmediato comprendí la magnitud de esta situación. Enamorado de una persona ya muerta. Enamorado completamente solo. Y sobre todo. Enamorado de un chica que jamas me correspondió mis sentimientos.
Recordando las palabras de Kimizuki-san sobre el arrepentirme de no darle el regalo antes de no tenerla como antes, afloje mi cuerpo entregandome nuevamente al dolor de la reciente perdida deslizando por mis mejillas lágrimas amargas, tristes y silenciosas añorando que nada de esto fuera cierto sino una terrible pesadilla donde quería despertar. No estaba enojado con este hombre por decirnos esas palabras, yo estaba era enojado conmigo mismo por no ser lo sufientemente valiente para saldar las esperesas entre ambos para volver hablarnos, ahora jamas eso sería posible porque estaba muerta.
Pero yo no quería ir a ese sitio protegido por el ejercito japones aqui en Nagoya, donde deseaba volver era a Tokio, asi que recordando la nota dada por Kimizuki-san antes del desastre deshice el agarre de mis primos los cuales me miraron extraño pero no con rostros de querer hacerlo de nuevo, metí mi mano en uno de los bolsillos del pantalón sacando dicho papel de una vez. La verdad, puede que lo que ocurrió fuese pura suerte pues no tenia ni idea del contenido de esa nota, aun menos, una posdata dirigida a el superior comandante del lugar.
Lo unico realmente latente en mi memoria de esa aérea de Nagoya fue ser montado en una avioneta junto a mi familia, despegar para encontrarme con un suelo maravilloso pintado totalmente de un azul marino bastante oscuro, el golpe de una cabeza en mi hombro y la certeza que estaría al otro día en mi ciudad natal.
Cuando nos recibieron en la una de las mas grandes fortalezas de Tokio supe que esto era verdad, el ejercito demoníaco imperial japonés tenía la mayores intalaciones dentro de esos muros y en ese lugar estábamos lo bastante protegidos de lo vampiros como para mirarlos entre rejas, donde deberían de estar desde un principio. Una gran escuela se operaba en ese sitio, era alli donde mis hermanos fueron aceptados junto a nosotros tres para seguir estudiando normalmente, no toda la vida seguiríamos en estos muros de contención pues mas temprano que tarde tomaríamos al mundo completo como nuestro. Eso realmente me gusto, por lo tanto, pedí encarecidamente formar parte del ejercito como un soldado mas cosa que Karen le da un mal al enterarse, pues de inmediato Ryo tambien salto para apoyarme y el querer compartir la misma idea conmigo.
La chica tuvo muchos sustos propicios luego de esto, ella no quería vivir mas disgustos en su vida y menos ya estando en en lugar tan seguro como este, donde todos sabíamos gracias a quien nos encontrábamos aqui. Si. Y el solo recordarlo me hervia las tripas porque justo en estos momentos podría estar con nosotros, aunque su “amor” hacia un chupa sangre fue su total condena, esa era una de las mayores razones para querer unirme al ejercito pues en ese sitio las probabilidades de encontrarme con ese sujeto eran altas, y por nada en el mundo soltaria esta oportunidad de la vida para poder hacer cumplir el mayor de mis deseos. Verlo muerto.
Asi que después de muchos ruegos, súplicas y uno que otro intensivo de otras personas (Kimizuki-san junto al escuadrón Shinoa-san) mis palabras fueron escuchadas, entrando asi al ejercito junto a mi primo para empezar con un entrenamiento extensivo a manos de espadas y otros implementos para matar no solo vampiros, tambien jinetes del Apocalipsis asechando a personas fuera de estos muros.
Al comienzo no fue sencillo, de hecho, nada ha sido sencillo en mi vida desde este desastre mundial por lo que empezar en lo mas bajo del ejercito fue un total horror, pues los entrenamientos con algunos instructores eran una real tortura que me enviaban fines de semanas a la cama, solo Haru y Karen atendía mis heridas con suma dedicación ambas eran lo bastante comprensivas haciendome sentir un idiota, porque al verme reflejado en sus ojos comprendia a la perfección cuales eran mis intenciones.
Una vez Karen quiso hablarme sobre la muerte de Mikan y los daños que dejaron en mi, ella comprendia a la perfección el sufrimiento por haberla amado como la ame y el ella no corresponderme a obvias razones, sin embargo, mi deber era seguir viviendo junto a nuestra familia no por una venganza que claramente mancharia mi alma. Senti plomo caliente pasar por mis venas al escuchar todo eso junto ¿Por qué? ¡¿Por qué demonios hablaba de mi alma?! ¿Qué mierda de alma de todos modos? desde la muerte de la pequeña cabellos ondulados nada fue igual, cada día que despertaba no podía frenar de pensar en ella y esas imágenes desgarradoras que al final tuve, mi corazón sentía la perdida a medida de pasar el tiempo, era como si me gritara lo mucho que le faltaba algo o mas bien alguien para seguir funcionando. Por lo tanto, Karen se equivoco con lo de manchar mi alma pues ya no poseia una, Mikan se la llevo consigo misma al morir en ese atardecer de verano.
Gracias al respeto de la privacidad de mis decisiones mi prima no volvió a intervenir en nada con respecto a Mikan, claro, pasado estos tres años conmemoramos su muerte al igual que su vida, ella tuvo la suficiente mala suerte como para morir el mismo día de sus cumpleaños daba hasta ganas de reírse. Si hablamos perfectamente del pasado y las personas conocidas en ese entonces, el chico cuyo nombre los soldados consideramos un tabú nombrarlo pero con una azabache cabellera rebelde, fue considerado traidor por el comandante Guren y el mayor Higaragi hermano de la jefe del escuadrón Shinoa, él chico huyo junto al vampiro que le desgracio la vida a Mikan por lo tanto tambien lo consideraba mi enemigo, aunque solamente ese era mi pensamiento pues Naru y Ryo lo defendía por razones de admirarlo.
Consideraba francamente eso estúpido, ese sujeto abandono las fuerzas humanas para aliarse a un vampiro que solo deseaba la destrucción de toda la raza humana, eso decía muchas cosas y una de ella era ir contra los suyos por solo estupidez, aunque no conocía mucho la historia Yoichi-san me relato que Mikan les obligo a consederle un último deseo donde era permanecer juntos. Al comienzo estuvo algo renuente el rubio a consederselo, el simplemente la quería era ella no al azabache, aunque tarde o temprano sujeto la mano de el para correr juntos a las tinieblas.
Lo demás… serán puras supersticiones.
Volviendo a la realidad, sali de mi habitación arreglandome los botones de mi saco gris caminando el pasillo largo hasta la cocina donde ya estaba Haru cocinando unas tostadas dándole la espalda, si que creció considerablemente estos tres años concurridos casi ni veía rastros de la pequeña de la ciudad vampirica, su cabello ahora era utilizado con una sola cola y creció bastante pues bajaba de manera estilosa a la espalda. Mi hermanita de ya once años se giro soltando un pequeño gritillo del impresión, pues no esperaba verme alli parado observandola sin ningun motivo.
— ¡Onii-chan! — me reclamo con su voz cantarina no pudiendo evitar ocultar mi risa al verla asi, era como un cachorrito tratando de ser rudo. Muy adorable. — ¿Desde cuando llevas ahi parado? Sabes que Ryo-nichan esta al borde del desespero, hoy estan sobre el tiempo para llegar a la escuela.
— No es como si fuera él el rey de la puntualidad, gracias — le dije al recibir unas tostadas con mermelada frente de mi en tanto me sentaba en una silla frente al mesón de la cocina — por cierto ¿Donde estan Karen-nee y Naru?
— Karen-nee tenia que dar una lecciones importantes hoy temprano, Naru se fue con ella para verlas… bueno, debes conocer como es el con todo eso — replicó, sentandose frente a mi con sus tostadas en mano para tambien desayunar — como aun no ha sido recibido en el ejercito, quiere hacer lo que sea para aprender cosas nuevas.
La cosa era asi, Karen no era de las que salían fuera de los muros para combatir monstruos o vampiros al asecho, pero si es lo suficiente buena como para reclutar a personas para hacer ese trabajo asi que ella los entrenaba en varias áreas, al estar en plena batalla en progreso tres años atrás en Nagoya fue considerada excelente en ello, asi que cuando le ofrecieron dicho trabajo acepto de inmediato. Ahora para Ryo, quien desde estar este mundo desastroso su sueño ha sido pertenecer al ejercito, busca la menor de las oportunidades para pegarsele a Karen en sus actividades.
Creo que la unica realmente fuera de todo ese mundo es Haru, ella ha tratado llevar la tragedia de nuestra familia a su manera y quiere conventirse en doctora, al menos esa pasión no es destructiva, además, de cuidarme a mi al igual que Ryo cuando estamos vuelto trisas por los entrenamientos. Hay ocasiones donde la veo estudiando muy arduamente sin descanso, el tambien pedir permiso en el hospital para leer algunos de sus libros, pueden considerarla muy prematura para su edad pero al ser una de las sobrevivientes del mundo de los vampiros la consideran muy madura, es mas, los de su misma clase la respetan. Mi pequeña Haru es toda una señorita a tan solo once años.
— Por cierto, onii-chan — al ser llamado dejo mi vaso de jugo a un lado para prestarle atención, sus ojos rasgados azules se fijan en mi con seriedad — Yukita-san ha venido hace unos momentos a buscarte parece bastante enérgica como de costumbre.
— ¿Yukita? — pregunto arqueando una ceja extrañado.
¿A qué ha venido esa loca hacer tan temprano?
— Si, dijo que necesitaba hablar contigo de algo muy urgente cuando llegaras al instituto. — explicaba con tranquilidad mientras de metió el último bocado de pan a la boca — y simplemente no puede esperar a después, mañana, pasado mañana o el día después de ese.
Aquella maldita… no podía parar de fantidiarme ni cuando estaba relajandome en el baño, agregándole para colmo de todos el tratar de llegar a mi por medios bastantes sucios, como sabia que jamás le prestaría atención busco a mi dulce e inocente hermana para hacerlo. Astuto, muy astuto.
— Onii-chan, por favor habla con Yukita-san sobre ese asunto pues parecía bastante desesperada por contactarte — y eso era a lo que me refería, pues toco la vena sensible de mí hermana para asi hacerle caso, ya que no existe manera de jamas pasar por alto un mandato de ella — ¿si? Hazlo por mi y sal de esa situación.
Mataría a esa tipa cuando llegara al instituto pues logro su cometido, llego hasta mi hermana.
— Lo hare, asi que no te preocupes por eso. — le respondí con una sonrisa en mis labios acariciando sus cabellos — ahora ve por tus cosas para ir a la escuela.
— Vale — asintió bajandose de la silla.
Con mis hermanos eran los unicos momentos que realmente podría sonreír desde el fondo de mi corazón, estando rodeado de otras personas simplemente no me salían las ganas de realmente hacerlo, pues en realidad el hacer amigos en este mundo no era algo considerablemente factible pues de un momento a otro algo fatal ocurría, entre mis compañeros de clase era considerado el mayor fastidioso de todos. No por ser solitario, mas bien se abarcaba a las chicas en general pues llamaba su atención, cosa que me tenía simplemente sin cuidado pues no tenia intención de liarme con una.
Tuve sufiente de ellas en el pasado.
De pronto Haru gira hacia mi como si halla olvidado decirme algo, pero el sacarlo de sus labios es difícil porque se sostiene de umbral del pasillo con fuerza y bajando su mirada azul cristalina, en ella, demuestra sentir un gran torbellino de emociones difíciles de explicar.
— Onii-chan… mañana… — comienza diciendo arribando su entrecejo con dolor, haciendome preocuparme un poco ¿Qué podría estar ocurriendole? — mañana… es el cumpleaños de Mikan-nee… y… debemos preparle algo.
Al escuchar ese nombre algo dentro de mi deja claramente de funcionar, no se que podría ser, mi corazón, cerebro o alma, pero una herida que estaba con un parche para evitar salir sangre nuevamente es abierta haciéndola desbordar un poco. Es inevitable pensar que han pasado cuatro años apartir de mañana desde que murió dejandome vacío, hueco y mal herido por dentro, jamas la he dejado de amar es mas, posiblemente nunca deje de hacerlo hasta el día que igualmente muera. Ella ha sido la unica que he querido y no puede existir otra, no quiero que exista otra.
La memoria de ella la deseo intacta.
— Onii-chan yo… — trata de decir la pequeña comprendiendo el estado de animo donde he sido sumergido.
— No te preocupes, estoy bien — digo, al menos intentando convencerla de ello aunque sabía perfectamente que eso era bastante imposible — veras que le haremos algo para conmemorar su memoria.
— Onii-chan… — susurro con voz dolida casi de ruego.
— Vamos, ve por tus cosas, este hermano que tienes no caera tan facil en el dolor. — la anime para que siguiera nuevamente su camino hacia la habitación.
Cuando Haru abandonó el sitio aprete mis puños y dientes por igual, un hoyo negro situado en mí pecho creció de una magnitud exuberante con un solo objetivo, tragarme, el dolor de la perdida de hace cuatro años era representado de esa manera como algo oscuro y tenebroso que quería deborarme. Las memoria de ese día venían a mi como secuencia cinematográficas, mi comportamiento grosero, Mikan pasando de mi, aquella mirada que sentencio el final de todo y ese regalo, el maldito regalo que jamas fue entregado a su legitima dueña con la finalidad de darle un poco de mi felicidad. Kimizuki-san tenía razon, todos los malditos dias de mi vida me arrepentia de haber pasado de eso.
Hundido aun en mis propios demonios escuche el sonido de mi puerta que llamaban, no quería ver a nadie, es mas, pasaba de tratar con la idiota de Yukita para fastidiarme solamente la vida. Ya tenía suficiente del pasado como para sentirme satisfecho, lo unico que realmente quería estos momentos era el querer fundirme en la oscuridad para jamas aparecer, ser succionado por esos demonios internos que no paraban de susurrarme al oído lo idiota que era, si, porque ese era mi verdadero nombre: idiota. Los toques volvieron a rezonar en el lugar llevandome al desespero ¿Acaso no entendían que cuando alguien pasa de abrir es por no querer ver a nadie? ¿Era difícil entender eso?
— ¿Si estas alli por que no abres la puerta? — dijo mi primo molesto saliendo del pasillo de los dormitorios viendome a la cara, aunque al notar mi aura depresiva dio un respingo de susto — va, va, ya lo hago yo entonces.
Su cabellera rojisa revoloteo hasta la entrada de nuestro hogar para abrirla, pensé que su voz se escucharía animada por encontrarse con la fastidiosa de Yukita, pero no fue asi, mi primo estaba utilizando un vocabulario muy formal para dirigirse a la persona que estaba en la puerta hasta podía sentir desde mi lugar su nerviosismo, asi que solamente existía una persona para hacerle sacar esa parte rara en alguien como el. Maito Nonoko.
Mi pequeña hermana volvió del dormitorio con dos bolsas en mano, la suya y la mia, al notar mi expresión de asombro dejo a un lado sus disculpas para preguntarme sobre lo que ocurría, de inmediato señale hacia la puerta donde estaba Ryo hablando con Nonoko-san, mi hermana formo una graciosa “o” en su boca junto a una sonrisa tímida sabiendo como era la cosa.
Maito Nonoko es la presidenta de nuestra clase y la conocemos desde nuestra llegada a Tokio, es una chica con un arrolladora personalidad llena de bondad, tímida y bastante amable para con sus semejantes hasta con una persona como yo, pues aunque la haya despreciado en muchas ocasiones sigue tratando de llegar hasta mi sin importa mi reacción. Creo que es una buena chica y sin duda excelente para alguien como Ryo, pues es la unica en sacarle la clase normal de persona que lleva muy dentro de él, aunque Karen por una extraña razón dice no gustarle de esa manera a nuestro fastidioso pelirrojo. Lastima por ella, pero mi primo tiene un hermoso corazón para entregar y recibir amor.
— Oye, Aki — mis pensamientos se ven dispersos al escuchar la voz de mi primo llamandome, miro a Haru un segundo para ver como alza sus hombros en señal de no entender nada — Nonoko-chan te llama ¿puedes recibirla sin querer salir huyendo de la habitación?
Escucho las risitas de mi hermana a un costado mío haciendo calentar mi rostro, este chico… ¡Te vas a ganar una de la buena! En fin, creo que en verdad estamos tarde a clase por lo tanto deberíamos emprender nuestro camino. Tomo mi bolsa en manos de Haru encaminandome hasta la puerta con un rostro esculpido en seriedad, Ryo me da unos golpes suaves en el hombro diciendo sobre que lo esperara pues iba por sus cosas en tanto simple asenti, la chica de ojos amarillo calabaza, cabello larga lasio cayendo como cascada sobre sus hombros color verde manzana y rostro marcado por una sonrisa tímida se queda mirandome un segundo hasta que ve a mi hermana.
— Buenos dias, Haru-chan, Abarai-kun siento causarles molestias tan temprano — nos dicen en tanto hace una leve reverencia.
— Para nada sempai — se excusa freneticamente mi hermanita hacia su superior.
Si tendria que calificar la belleza de esta chica la pondría en solo una, ella es parecida a esas muñecas japonesas antiguas que utilizan quimono y abanicos en tanto se pasean con sus amigas por una feria, ella junto a ese cabello largo y liso como la tela tradicional, ojos grandes y saltones que al descubrirlos mirandolos de inmediato se pinta de color sus pomulos, esos pomulos rojos como una manzana madura que cae de un árbol. No me extraña la razón de porque Ryo le gusta esta muchacha, de hecho, hay muchos en nuestra misma clase muriendose por estar con alguien como ella pero he escuchado por boca de las chicas sin oficio, que ella lo ha rechazado a todos por no estar interesada en nada de eso o tal vez, este enamorada de alguien quien no este a su alcance.
Es bastante estúpido escuchar chisme de pasillo, no es como si el mundo tal y cual a esta situación necesite de tortolos disfrutando de su amor mutuo, el mundo necesita es de personas guerreras para sacarlo del dominio vampirico, esos asquerosos seres nunca descansan estoy seguro y estan esperando a que nosotros los humanos tengamos un momento de flaqueza. Y estoy seguro de estar alli para proteger a los mios.
— Entonces, para que has venido hasta mi casa tan de mañana — le digo de manera casual ganandome una mirada retadora de Haru de por medio, aunque eso no me importa, en estos momentos en verdad estoy de un humor fatal — no creo verte de las que solo vienen a dar los buenos dias y observar en silencio a las personas de la casa. ¿No es asi? Nonoko-san.
En primera instancia la chica aprieta sus manos agachando la cabeza con pomulos sonrojados mientras mueve su cabeza hacia los lados en señal de negativa a mi interrogante, a un lado de mio Haru me da un fuerte golpe a una de mis costillas haciendome quejarme de dolor. ¡Esta niña! ¿Desde cuando tiene esa fuerza? Además, el respeto hacia su hermano mayor lo ha parece que se esta perdiendo con el tiempo, sino mi adorable hermanita no hubiera hecho lo de hace unos momentos.
— Perdonele usted, sempai, pero al parecer mi hermano mayor se ha despertado hoy de muy mal humor — trato de forzar una sonrisa Haru en tanto yo me sobaba donde me había pegado.
— Uh, Uh… no… no te disculpes — puntualizo mucho sus palabras movimiendo su cabeza hacia los lados con frenesí, sus hombros encorbados temblaron un poco en tanto me miraba nuevamente a los ojos para desviarlos de inmediato a otro lado sonrojada, ella en verdad era rara — Abarai-kun tiene razón, no viene solo para decirles los buenos dias, es mas, disculpeme a mí por no ser directa.
— No se moleste sempai — le sujeto de los hombros Haru para detenerla de hacer una reverencia — ¿Por qué no mejor vamos caminando y nos cuenta? Estoy segura que Ryo-nii…
— ¡Aun no se vayan sin mi! — grito llegando a toda velocidad hasta nosotros tomando mi hombro.
— … esta apunto de llegar — culmino las palabras Haru sonriendo divertida.
La escuela no quedaba muy lejos de nuestro apartamento en Tokio pues como aun no tenían un territorio plenamente amplio no tardabamos mucho en llegar, al salir a la calle podíamos ver a un las grietas de algunos edificios aun no restablecidos pero si habitables, de hecho, donde vivíamos aun podíamos notar como la pintura aun estaba un poco devastada y los signos de algunas ramas en ella. El ejercito aun no tenia una idea clara de que hacer con ello, pero simplemente concluian en dejarlos asi, con tal aun podíamos vivir dentro de ellos.
Al llegar de Nagoya fuimos asignados a unos departamentos llenos de chicos desde los ocho a diecinueve años respectivamente, desde el comienzo me sentía como un intruso con todas esas miradas sobre mi vistiendo aun ropa blanca de los vampiros, aunque mis primos y hermanos se adaptaron rápidamente al lugar ganando amigos en el proceso de adaptación los cuales le hacían preguntas sobre la ciudad de los vampiros, por mi parte todo eso me parecía fastidioso por lo que me aisle en la soledad. Aun era latente la muerte de Mikan y siendo sincero no era el momento propisio para socializar, solo quería mantener al margen de las personas nuevas tratando de penetrar la membrana que yo mismo construi, pero solo una persona fue capas de valerle un reverendo pepino y entrar a la fuerza como un ladron a mí vida. Y esa rebelde sin causa era…
— ¡Muy buenos dias Aki! — grito una chica colgandose de mi espalda como si fuera un columpio.
— ¡Que buenos dias ni que nada! — le grite mirandole de reojo por encima de mis hombros a la chica molesta sonriente, teniendo las miradas de todos sobre nosotros — ¡Y bajate de mi espalda ahora mismo!
Yukita Sukamoto, una chica con cabello zanahoria hasta un poco mas abajo de su menton y ojos verde oliva, esa sonrisa de demonio que tiene siempre solo significa tener muchos planes en mente donde soy el participe de ellos, tiene una actitud enérgica y muy rara vez la he visto enojada solo en una ocasión que asisti a una practica con 38,5 de temperatura. Recordar sus gritos en mis oídos no fue para nada agradable aun los recuerdo fuertemente, por alguna razón le agrado hasta el punto se sacarme de mis casillas aunque eso lo considera como cariño amistoso hacia mi, aunque claro, debe de haberlo aprendido de la prehistoria.
Sigo sacudiendome de manera frenética hacia los lados para safarme de su agarre pero es imposible, esta chica es como una garrapata pegada a la piel de un animal queriendo succionar cada parte vital de él para dejarlo sin fuerzas, es una excelente dedución para definirla por completo.
— ¿Por qué sigues escapando de mi? — dice fingiendo ser una adorable colegiala utilizando voz pausada y tranquila, dandome escalofríos por todo el cuerpo — yo solo quiero ser tu amiga… Akito-kun.
— ¡Ugh! — exclamó lleno de asco y de nuevo las ristodas de mi compañera aferrandose a mi cuello no tardaron en llegar — por favor, no emplees ese asqueroso tono de voz para hablarme y mucho menos me llames asi.
— ¡Qué frío! — dijo al fin safandose de mi cuello para colocarse justo al frente, la cara de los presentes no tiene descripción alguna — pero bueno, no voy a decir nada mas. ¿Sabes que día es hoy?
— ¿Miercoles de exámenes? — respondo con ironía en mi voz prácticamente volviendo a caminar e ignorando a los demás que solo observan callados.
— ¡No! — ladro fuerte casi rompiendo mi tímpano por su grito — ¿Nonoko-chan no te lo ha dicho?
— ¿Decirme? — giro para mirar a la peliverde con un rostro cabisbajo bastante apenado — ¿Decirme que?
A este punto ya hemos llegado a la escuela donde varios estudiantes nos observan con ojos curiosos nuestra conversación, o mas bien, la dos chicas que nos acompañan con ojos bastante curiosos. Haru quien nota la hora de su reloj de muñeca se disculpa ejerciendo su retirada, ella nos buscara para la hora del almuerzo pero en estos momentos se le hace bastante tarde, para ser sincero solo asiento ha su dirección pues tengo mis ojos clavados en la presidenta de mi curso, cuya personalidad esta comenzando a bastarme solo un poco.
¿Cual es su problema de todos modos? Si tienes algo que decir solo dilo, no te lo guardes para ti misma y menos si es importante para mi de alguna manera, estoy bastante tentado de comenzarle a gritar sobre lo que ocurre pero Yukita lo intuye de inmediato.
— Vale, te lo digo yo — comienza soltando un suspiro rascandose su cabeza con desgano, la muchacha penosa susurra entre labios un “lo siento” pero de inmediato Ryo le coloca una de sus manos en la cabeza para traquilizarla, claro, había olvidado que mi primo siente un flechazo por ella — como sabes Nonoko-chan y Sugita-san pertenecen a la compañia lunar por lo que conocen mas que nadie las informaciones constante dadas en ese sitio.
Para los que se preguntan sobre Sugita, no es mas quien una chica de nuestra misma clase perteneciente a la compañia de exterminadores de alto rango de vampiros poseedores de armas demoniacas, de hecho, nuestra delegada de curso es tambien un miembro de ellos pero siendo sincero no posee la fuerza de voluntad para acabar con vampiros. Pero quien sabe, ella ha estado en varios campos de batalla fuera de estos muros donde ha debido de enfrentar varios chupa sangre, Sugita Yuuki, mejor amiga de ella puntualizó muchas veces ser una buena combatiente y nadie a replicado con eso. Ahora solo falta comprobarlo.
— Entonces… — deje las palabras en el aire para que ella las concluyera.
— Realizaran ciertas pruebas para poder entrar en ella, y… ¿Adivina que mí amigo? — arqueo sus cejas a la par logrando fruncir mi ceño por los rodeos que le daba al asunto — ¡Si que eres aburrido! Apuesto que Ryo si sabe el resto ¿no?
— ¡Estamos dentro para hacer esa prueba! — elevo su tono de voz dos octavas sonado casi chillona sujetando las manos de la fastidiosa de Yukita.
— ¡A si es!
Los dos comenzaron a dar vueltas como si estuvieran en la pradera con arcoiris, unicornios, mariposas y venados saltando a su alrededor, por mi parte solo di media vuelta para entrar al interior del edificio dejando a esos idiotas atrás, me importaba poco que Nonoko-san haya seguido mis pasos con dificultad para colocarse detrás de mi espalda para mantener las distancia. El hacer una prueba para pertenecer a la compañia lunar era algo que desde siempre soñé, al menos desde que comencé a saber sobre las armas demoniacas para matar vampiros, kimizuki-san en varias ocasiones me mostró la suya que eran dos espadas fucionadas como una sola si dominabas el demonio que la poseia era tuya, aunque si fallabas en el proceso de tomarla este demonio poseia tu cuerpo para convertirte en algo que no es de este mundo. De hecho, Yoichi-san tuvo ese problema al comienzo pero con ayuda de sus amigos logro salir adelante, asi que la enseñanza de todo esto era tener personas a tu lado que estuvieran dispuestas ayudarte en las malas y buenas, porque ese era el peldaño fundamental para pertenecer a la compañia.
Para ser sincero consigo mismo me aterraba el ser poseído por un demonio dentro de un arma, pero me aterraba aun mas colocar mi vida en manos de uno de mis compañeros de grupo, no después de lo ocurrido en Nagoya, conocía perfectamente la sensación de sentirte vacío por dentro cuando fracasas en algo y pierdes un ser querido en el proceso, por lo tanto no quería volver a pasar por algo igual jamás no creía poder soportarlo. Yo, no quiero ver a mas nadie morir y menos a manos de los vampiros.
Llegue al aula de clases con una expresión uraña en el rostro, si, mi mal humor estaba nuevamente saludando a los demás en este lugar que al mirarme refunfuñaban por lo bajo, las chicas susurraban entre ellas mirandome de reojo soltando risitas idiotas entre ellas, Nonoko-san se hundió en sus hombros cuando una de ellas le fulmino con la mirada por intuir que venia desde mi casa juntos, cosa bastante absurdo porque es mi vecina, pero en fin, hay algo que jamas entenderé de las mujeres y es la capacidad para querer intimidar a una de las suyas solo por un chico.
Pase de largo para sentarme en mi puesto al final de la fila cerca de la ventana, amaba mucho este sitio porque desde este lugar podía presenciar a la perfección el extenso cielo azul de esa manera podría controlar mi mal humor, era como si pudiera transportame a mis memorias de cuando Mikan estaba viva y sonreía de la manera que aceleraba mi corazón. Recordar sus pomulos teñidos de rojo al tratar de sacarme una sonrisa en tanto salíamos de donar sangre era realmente adorable, o como cuando una vez nos sentamos el uno al lado del otro para tratar de leer juntos un libro, sus ojos verde jade brillaban al compás de la llama de la vela que se reflejaba en ellos y darse cuenta que la observaba sonriendole desviaba la mirada apenada.
¿Por qué?
¿Por qué todo acabo de esa manera entre nosotros?
Si… si todo fue tan perfecto, inocente y sincero, yo en verdad la amaba.
Mentira.
En verdad la amo.
Era por esa razón que no podía dejar pasar esta oportunidad presentada por la compañia lunar, tenia, no, debía de presentar esa prueba y quedar a la primera para poder cazar vampiros con o sin aliados. Porque ese era mi destino. Buscaría Mikaela Hyakuya para hacerle pagar por lo ocurrido en el pasado, no podía permitir que mientras Mikan estaba muerta el seguía libre respirando el aire puro por alli, aire perteneciente a la castaña y no él, viviendo una vida que debería estar gozando ella y no ese chupa sangre. No. Mi respuesta seguía siendo no, aunque esa haya sido su decisión el interponerse en esa embestida contra alguien que no era ella, me rehusaba a simplemente aceptarlo pues Mika seguía siendo joven para terminar asi.
Conclusión: Mikaela Hyakuya debia de morir.
— ¡Eres bastante cruel! — una voz llena de cansancio se escucho a mi lado haciendome girar, la expresión de mi cara la hizo asustar porque soltó un respingo de la impresión, corriendose hacia atrás — ¿Te ha ocurrido algo?
— Yukita — mi tono de voz sono bastante fuerte porque ella no se movio de su sitio — ¿Cuando es esa prueba?
— Aun… no estoy segura del todo, puede que hoy en la tarde o… mañana inclusive en unos dias — respondió mirandome con susto a los ojos cosa que me hizo pensar en algo ¿Qué clase de mirada tendria para asustarla? — oye… ¿Se te ha ocurrido algo?
— ¿Me estas reclamando acaso? — pregunte con voz venenosa llevándola a optar una posee bastante graciosa, su mano en la cintura y cuerpo inclinado a mi dirección — no te metas en donde no te llaman, Yukita.
— Te equivocas — me reprocho, es la segunda vez que lo hace desde esa ocasión de mi desmayo — eres mí amigo y me importas, no solo a mi, tambien a tu familia y Nonoko-san…
Le doy un manotazo a la mesa frente de mi haciendo cesar el ruido del salón que se ha puesto de acuerdo para mirar a donde nos encontramos, por primera vez noto como Yukita no ha flanqueado ante mi eminente rabia por notar sus narices donde no le importa, claramente ya me ha tocado en un lugar sensible y esta logrando sacar lo peor de mi hasta el punto del desquisio.
— Escucha esto muy bien e introducelo en tu estúpida cabeza hueca que posees — me levantó apoyandome de la mesa inclinandome casi hasta su rostro de manera intimidante, ella se queda de piedra esperando a mi reacción siguiente — yo no soy tu amigo, es mas, jamas lo he sido por lo tanto no metas tus narices donde claramente nunca te han llamado. Idiota.
Culminando de decir eso cruzo por un lado de ella escuchando como cae al suelo de golpe a la par que mi primo llega al salón sin una pizca de entender la situación ocurrida, por mi parte salgo del lugar con todas las miradas sobre mi nuca notando como el profesor ha entrado al salón llamandome directamente pero no giro ni una vez, puede suspenderme si le da la gana aun me quedan las obligaciones del ejercito podría sugerir ir fuera de los muros para matar unos cuantos jinetes del Apocalipsis.
Mis pasos me llevan a la azotea donde sorpresivamente siempre encuentro abierta, el aire recorriendo en ese sitio es tan fuerte que revuelve un poco mis cabellos a su ritmo, todo es tan relajante aqui que prácticamente olvido el enojo de hace unos momentos.
Camino con las manos metidas en mis bolsillos hacia el varaldal de barras de metal que se encuentra al final del pasillo, desde alli puedo percibir como algunos alumnos practican gimnacia de manera despreocupada disfrutando de esta paz momentánea, eso sin duda me hace preguntar demasiadas interrogantes ¿Hasta cuando durará esta paz provicional? ¿Hasta cuando soportaremos estar encerrados en estos muros? ¿Cuando llegara el día de explorar mas allá de nuestras comodidades? Me encantaría llegar a ese momento donde las personas puedan andar libremente sin la amenaza de esos vampiros puedan chuparte la sangre hasta morir, creo firmemente en una humanidad libre de cualquier amenaza y viviendo donde le plazca.
Una vez, cuando Mikan dejo de desaparecer en forma constante de la casa le pregunte en tanto leíamos juntos un libro sobre sus sueños, aunque mas que todo sobre lo que haría estando fuera de las contensiones de la ciudad de los vampiros, al comienzo agrando con sorpresa esos ojos suyos medio sonriendo incomoda por la pregunta planteada, luego con mucha cautela me respondió con brillo risueño en su mirada.
Yo solo quiero ir a vivir en el campo, en un lugar llena de mucha vegetación y arboles. ¡Siento de ellos! “
Considere eso como un deseo bastante sencillo y honrado, obviamente al no saber la historia completa de su pasado no comprendí el porque de llevarla a vivir en un lugar tan apartado, pero después de saber la verdad de todo me hizo conocer lo muy hermoso que era su corazón. Ella quería vivir en el campo porque su familia lo quiso en su momento.
La brisa fuerte volvió a golpear mi cara para devolverme a la realidad cruda y fria, donde la cabellos ondulados no revoloteaba junto a mi como lo hacia antes al igual de saber que ella jamás realizo su sueño, al menos aun seguía yo de pie para llevar acabo aquello tan anhelado.
— ¿Hasta cuando voy a recibir quejas tuyas de los superiores? — esa voz demandante me hizo enfocarme en la ciudad destruida por el abandono, mas no en querer protestarle aquello dicho por sus labios — creo que me terminaran saliendo canas verdes antes de llegar a la edad promedio, pero al parecer tu nunca escuchas lo que te digo ¿no? Akito.
— Kimizuki-san — le llame encarandolo de frente con semblante serio.
El joven pelirrojo de lentes me miraba con una expresión bastante agotada como si en verdad estuviera cansado de todo esto, al pesar de los años transcurridos a Kimizuki-san no parecían afectarles en lo absoluto, salvo su estatura mas alta y su cabello un poco mas largo el resto seguía siendo igual aun con su uniforme impecable de la compañia lunar. Este soltó un suspiro rascando con desgano su cabeza para dar unos cuantos pasos cerca de mi, desde la tragedia en Nagoya y mi ingreso en el ejercito el pelirrojo se encargo de velar por mi familia entera al igual que yo, sentía una simpatía peculiar por mi por eso sugirió cuidarme desde lo mas bajo, era él el encargado de darme algunas lecciones extras para el ejercito y una que otras cosas. Sus consejos eran mi analgésico para cuando mi corazón no podía soportarlo mas, sabiendo como extrañaba como un loco a Mikan en tanto me abrazaba con fuerza a ese libro jamas entregado, claro, Kimizuki-san jamas ha sido de demostraciones afectivas pero si de palabra consisas y sin anestesia.
Muchas veces cuando llore hasta colocar mis ojos rojos me dijo que llorar por alguien a quien jamas volvería a ver no valia la penas, aun mas, cuando esa chica entrego su visa para salvar a la de un vampiro que sin duda le correspondía en querer con intereses. Obviamente eso hizo cabar mas en el fondo de la herida haciéndola sangrar mas fuerte, pero sobre todo me enseño a tener mas resistencia y fuerza a la realidad, no podía odiar a alguien quien sin duda solo estaba diciéndole la verdad de las cosas. Mikan no me amo, nunca lo hizo y si alguna vez sintio algo por mi, se reducía a simplemente calor fraternal cosa que yo mismo destruir con amabas manos.
— Y bien… — rompió el silencio haciendome desviar la mirada sabiendo por donde iria la cosa — estoy esperando escuchar las razones por las que le has hablado a una de tu compañeras asi y decidiste pasar del llamado de tu profesor. — lo sabia ¡Lo sabia malditasea! Este pelirrojo estaba completamente enojado por ese hecho, ser llamado a este lugar por cada mínima cosa hecha bajo mis facultades, no era nada gracioso — Sabes que podrían suspenderte ¿verdad Akito? Porque de ser asi olvidate de entrar a la compañia lunar… cabeza de alcornoque.
— ¿Como? — exclame alarmado por las palabras escuchadas hace unos momentos.
— ¿Ahora si te alarmas? — dijo con ironía soltando un bufido divertido dándose la vuelta para caminar mas cerca de mi — Dime ¿Qué esperabas? Tener dias libres para poder ir con el ejercito fuera de los muros, de seguro. Dejame dejarte algo bien claro en esto, Akito — coloco sus labios cerca de mi oído dejandome paralizado — Te reto para que sigas con ese comportamiento idiota y… puedes asegurar tu despido del ejercito.
Me quede completamente mudo ante tal mensaje de advertencia, porque eso era, además nunca consideraba tomarme las palabras de Kimizuki-san tan a la ligera el cuando hablaba sobre cumplir algo, lo llevaba hasta las mas mínimas consecuencias.
Asi que, lo unico por hacer para remediar esto era callarme y obedecer a sus mandatos, de lo contrario, jamas seria capaz de llegar a donde estaba apuntando.
Kimizuki-san observando mi semblante asustado aflojo su postura sonriendo de medio lado colocando una de sus manos en mi cabeza, el no quería asustarme con amenazas de estas sin sentido solo deseaba mi bienestar de ahora en adelante, porque desde que me vio destruido en Nagoya supo de inmediato la persona que era, por lo tanto, debía de hacer prevalecer ese espiritu inocente al igual a refunfuñon.
— Oye Akito, no soy de los que les encanta intimidar a sus protegidos — me dijo con voz pausada y tranquila casi haciendome sentir mal por comportarme como todo un marón — solo quiero que te deshagas de toda esa amargura acumulada en tu alma, creeme existe una manera para librarte de todo eso y es… teniendo amigos. — gire mi cabeza frunciendo un poco mi entrecejo ante aquello, el pelirrojo sabia perfectamente lo que pensaba ante tener amigos aunque seguía sin importale poco. Por eso, volvió a girar mi cabeza para mirarlo a los ojos — se perfectamente tus pensamientos pero solamente harás herirte mas a ti mismo, Akito las misiones en la compañia lunar solo se hacen en equipo ¿lo recuerdas? Por lo tanto, dejate de idioteces y comienza saldando tus errores disculpandote con esa chica al igual que tu profesor.
— ¡Pero Kimizuki-san! — trate de replicar a ese mandato, no quería imaginarme pidiéndole disculpas a la loca de Yukita eso era bastante bizarro y raro, muy raro.
— ¡Pero nada! — elevo su tono de voz haciendome dar un salto del susto — estoy realmente cansado de que me llamen por cada cosa idiota que haces, ahora realmente vas a prestarme atención y harás lo que te pido. Por lo tanto, si digo vas a disculparte con tu compañera es que vas y lo harás ¿A quedado claro?
— S…Si — afirme tartamudeando del miedo, Kimizuki-san en verdad daba miedo enojado.
— Pues bien — sonrio de manera natural ¿acaso era un cambia formas? ¡Eso en verdad causa mas terror! — buena suerte con el pedir disculpas entonces.
La unica cosa que me quedo en la mente mientras observaba marcharse al pelirrojo con lentes era sin duda no hacerlo enojar mas, de lo contrario, su lado cambia formas saldría a la luz para darme un escalofríos del miedo.
Luego de eso, volvi al salón formando palabras para disculparme con Yukita y el profesor, aunque sin duda alguna seria mucho mas fácil con el hombre mayor en vez de la chica, no sabía pero intuia que Yukita luego de escuchar esa disculpa se volvería completamente loca. Sorpresivamente al entrar al salón el profesor aun se encontraba en su puesto organizando sus cosas para marcharse, entre con la cabeza hacia bajo optando por una postura rezagada para transmitirle mi arrepentimiento, el hombre de inmediato soltó un suspiro al verme acercandome a el, de hecho, ni si quiera me dejó excusarme por mi comportamiento solo dijo que solo esta vez pasaría ese comportamiento desagradable, porque yo era uno de los alumnos mas sobresalientes en cuanto a las notas y por mas que no se relacionara en lo absoluto. Una suspensión sería grave problema para mi expediente, aun mas siendo un soldado que aspiraba a la compañia lunar.
Después de recibir un buen sermón por parte del profesor fui al fin a sentarme en mi asiento, las miradas lasivas por parte de mis compañeros se clavaban cada vez mas sobre mi, me daba igual, de hecho, le doy mas información sobre mi para que hablen con comodidad absoluta de la persona que soy. Solte un suspiro pesado sintiendo a alguien tomar alguien asiento en el puesto de al lado, la unica persona en ocupar ese lugar era la fastidiosa, Yukita Sukamoto. Su semblante estaba bastante tranquilo como para haber recibido una descarga de mi parte, pero sus ojos verde olivo reflejaba tristeza como si en verdad le afectara algo, eso hizo sentirme bastante mal para no decir un idiota culpable lleno de amargura, si algo aprendí en esta vida llena de dolores y pesares era el retratarme cuando comería un error a lo que claramente este era uno. Debía de disculparme.
Armandome de valor que no tenia me levante frente el asiento de la chica, su cabello zanahoria hizo un movimiento para hacerle paso a mostrar su cara llena se sorpresa por verme alli, trate de mirarla directamente a los ojos sin desviarlos o sentir vergüenza alguna de lo que haría después.
Y… las palabras salieron solas, me disculpe con voz entrecortada sintiendo unas raras emociones en mi estomago que parecían piquetes de avispas, quizás seria por la forma de reaccionar Yukita que de a poco dibujaba una sonrisa ancha en sus labios (¡Claro! Si todos los días ves a Akito Abaria disculpandose) o tal vez mis pomulos ardiendo de vergüenza. Lo unico que puedo mencionar doloroso fue sus brazos sobre mi cuello apretandome fuerte, y no, no la aparte como siempre lo hacia pues esta vez la dejaría hacerlo.
Al igual que me permitiría sonreír por estar sollozando sobre mi hombro.
En la hora del almuerzo caminabamos junto los cinco (Ryo, Yukita, Nonoko-san, Haru y yo) en tanto escuchabamos a la pelos zanahoria generalizar mi acto de disculpa, es que bastaba verla para darse cuenta de ello, ojos brilloso como si estuviera el mismísimo príncipe de las hadas, postura soñadora parecido de estar alabando a un dios buda y aquella manera rara de hablar adoptado para relatar un cuento fantasioso. Haru estuvo todo el trayecto a donde nos llevaba Yukita pegandome en un costado en tanto alzaba sus cejas de forma pícara, la verdad no quería imaginar que estaria pasando por su cabeza en estos momentos, de lo contrario, podría acabar asustandome de mi propia hermanita menor.
Yukita termino su relato colocando una postura recta frente a la puerta que mantenía unas señales de advertencia, bastante fabuloso por cierto tener que venir a un lugar como este cuando hoy fui justamente por mi comportamiento rebelde, aunque por supuesto a la cabeza se zanahoria le daba completamente igual todo.
— Yukita… no me hagas arrepentirme de de haberme disculpado contigo hoy — le dije frunciendo mi ceño teniendo a un lado a Haru que empezó a susurrarme que me calmara — ¿En verdad quieres que me expulsen de la escuela?
— Vamos, vamos Aki ¿no tienes sentido de la aventura? — exclamó de manera juguetona alzando sus ojos con picardía — además olvidaren de eso, estamos junto a la delegada del curso y miembro de la acompañia lunar. ¿No es asi Nonoko-chan?
— C… Claro — dijo con su típico tartamudeo.
Eso no me convencio del todo.
— En todo caso… ¿En donde estamos? Es la primera vez que vengo a este lugar de la escuela. — habló Ryo haciendo un sondeo de todo el lugar con ojos abiertos.
— Mmm… es un lugar de pruebas del ejercito — abrió la puerta la peli zanahoria con nosotros atrás de ella inspeccionando ahora mas el lugar, ahora con avisos de todo tipo de advertencia para decirnos no entrar al lugar. ¿En verdad donde nos metimos? — para los alumnos forma parte se una leyenda que no me pregunten porque no tengo ni idea sobre ello.
¡Entonces no lo menciones!
— Bueno… eso es inrelevante, porque lo que importa es… — abrió la última puerta encontrandonos con unas escaleras que nos llevaban a un salón subterráneo — lo del piso de abajo.
Esto en verdad no me daba muy buena espina, confiar en las palabras de una chica loca como era Yukita es algo bastante inrasional pues su manera de manejar las cosas daba escalofríos, bastaba con mirarla a los ojos para darte cuenta de su locura fuerte y su plan en todo esto. Al terminar las escaleras nos topamos con un salón estenso iluminado por algo extraño, algunos sellos se encontraban dibujados en todas partes y aun mas sobre un circulo donde estaba una espada negra. Y a todo esto ¿Qué significa este sitio? Por todas partes corría una aura bastante pesada y fria como si quisiera succionarte la vida… ¿Yukita donde nos ha metido?
— Por fin han llegado — una sombra sentada a unos cuantos metros lejos de nosotros se apareció, una chica, con espada resplandeciente color verde. Sugita Yuuki — se han tardado bastante en llegar hasta aqui, pero lo he solucionado todo para que nadie se acerque hasta este lugar.
— ¡Yuuki! — alzo sus brazos avalansandose a la joven muchacha de cabello corto negro, abrazandola con una sonrisa en sus labios y optando esa mirada brillosa de nuevo. Aqui vamos… — ¿Sabes que? ¿Sabes que? Aki me…
— ¡A nadie le importa eso! — grite de la nada ya cansado.
Unos minutos después Sugita nos explicaba con lujos de detalles todo sobre este lugar de practicas utilizado por el ejercito, aqui se llevaban acabo las formas para poder poseer los demonios en las armas y asi unirse a la compañia lunar, pero era mucho mas que eso, hace unos años un chico pudo salir victorioso al rescatar de otro chico de ser poseído por el demonio de dicha arma en el círculo de protección, aunque no pudo hacer un contrato con el demonio le sirvió como ejemplo para forjar uno verdadero con su actual arma. Posiblemente todo esa historia sea mas que una leyenda, pero algunos de los superiores de la compañia afirman haber conocido a ese chico y que su poder es impresionante, solamente el problema es no saber cual es su paradero para preguntarle eso.
Bastante extraño si piden mi opinión, aunque para los credulos de Ryo y Yukita les parecen la historia mas fascinante de todas, no me impresiona ver como mi hermana esta callada escuchando todo con suma calma y por primera vez me gustaría saber sobre sus pensamientos.
Ahora ¿Por qué estamos aqui? Simple, si queremos tener referencias buenas de nuestros poderes deberíamos intentar practicar con este demonio, aunque Sugita nos advierte que este de hacerlo debemos tener mucha fuerza de voluntad y mantener nuestras metas bien definidas, de lo contrario, el demonio tomará eso como ventaja para apoderarse de nuestros cuerpo.
— ¿Se animan a intentarlo? — pregunto sin interés limpiando su arma en tanto hablaba tranquilamente.
— ¡Yo si! — alzo la mano Ryo casi sacandome los ojos de la impresión de este acto, no, no… ¿Se volvió a caso loco? — Parece divertido y no soy débil como para dejarme opacar por un demonio.
— ¡Me niego! ¿Estas perdiendo la cordura? Acaso pasaste por alto que ese demonio — señale a bajo donde se encontraba el arma encerrada en el circulo — nadie nos garantiza una señal de exito, asi que no vas a servir conejillo de indias a todos los demás.
— ¡Dejate de tonterías! — me dijo sonriendo vivasmente, haciendome sobresaltar aun mas esto no saldría nada bien, lo intuia, o mas bien, lo sabía — no soy ningun debilucho que pueden conseguir fácilmente menos un demonio.
Entonces salto hacia bajo traspasando la barandilla de hierro ahogue un grito de susto, Haru a mí lado me tomo de brazo asustada ya que en su cara me decía eso el quedarme con ella en este sitio, pero mi cuerpo y mente me gritaban con desespero que corriera detrás de Ryo para detenerlo. Yukita emocionada de la valentía de mi primo le dio unas palabras de aliento para animarlo, mientras que Nonoko-san juntaba sus manos en señal que le pedía a los dioses para darle su protección al chico, en cuanto Sugita guardo su arma prestandole atención a lo que estaba por hacer el pelirrojo.
— Bien, solo tienes que colocarte dentro del círculo tomas el arma y todo comenzara — Haru tomo mi mano temblandole el pulso gire para observar su semblante lleno se miedo y susto, pero dentro de su mirada existía la confianza que le tenia al chico. Eso tambien debería de hacerlo yo. — ten presente todo lo dicho antes y exito, la suerte es para personas perdedoras ¿pero tu no lo eres verdad?
— ¡Entendido Sugita! — exclamó mostrado su dedo pulgar para posicionarse dentro del circulo.
No, esto de alguna manera debería de estar mal pueden que entre nosotros estén soldados de la compañia lunar, pero eso no me demostraba nada de seguridad ante semejante prueba, en mis horas de estudio sobre la posesiones de armas demoniacas todas y cada una eran manejada de diferentes maneras, el próximo poseedor de dicho armento era sometido a varios estudios para poder controlar sus miedos mas profundos. Pero no asi, no de esta idiota manera.
Cuando Ryo tomo el arma pesada con sus manos preguntándose sobre que venia después pues el no sentía nada, yo deje de sostener la mano de mi hermana para traspasar los barrotes de hierro con los gritos de las chicas detrás, noto como Ryo caia al suelo inconsciente aun sosteniendo aquella estúpida espada entre sus manos, de hecho, lo que viene acontinuación es una combinación de mis jadeos con los gritos de las chicas. Llegue corriendo a donde estaba el pelirrojo inconsciente tomando con mis manos esa arma pesada para quitarsela, pero no fue fácil, aquella cosa parecía estar pegada a la piel de mi primo como si fueran un solo ser desde hace mucho en tanto Sugita me gritaba palabras casi incoherentes, salvo dos cosas antes de sumergirme en un mundo blanco. “No debiste entrometerte en la prueba de otra persona” y “Eres un completo idiota”.
Senti desvanecerse mi consciencia ante la fuerza de esta espada que me llevaba como la corriente del mar las aguas, de hecho, sentía el olor a sales marinas fundiendose en mis fosas nasales sin permiso alguno y ese sonido propio del mar cuando desemboca en la arena, el aire cálido acariciando mis mejillas hizo abrir los ojos de golpe para toparme con unos colores bastante peculiares. Naranja opaco, amarillo tenue y purpura casi azul. El atardecer en todo su esplendor.
De inmediato alarmado por el escenario donde estaba me pregunte sobre mi paradero, pero eso no fue todo, había alguien frente a mi que hizo temblar por completo de pies a cabeza ¿Cual era el motivo? Sencillo, el cabello castaño ondulado moviéndose al compás de la suave brisa de verano, ropa limpia color lavanda y rosa viejo acompañando de esa capa blanca nieve, en cualquiera de los lados sabría quien era porque en mi mente es imposible olvidarla por completo, es mas, nunca sera capaz de borrarla.
— Tu… — dije dudando y enterrando mis manos en puños sobre la arena — ¿Mikan?
La chica al ser llamada dio la vuelta para traer consigo mismo el dolor y la tragedia acontecida casi cuatro años atrás, el dolor, la herida, el llanto combinados con el anhelo de ver esos ojos verdes jade que ahora mismo me miraban como siempre se arrojaron sobre mi como la lluvia de infierno empapandome, porque esta niña frente de mi era ella. La pequeña que perdi en Nagoya. Mi Mikan.
— ¿Akito-kun? — me respondió con una sonrisa cálida.
De ser este un sueño no quiero despertar, por favor dios, no permites que despierte y has de estos momentos eternos.

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