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Katsuki Yuuri no podía parar de mirar desde la ventana de aquel departamento hacia fuera, hacia frío, mucho frío y lo único en cubrir su pálida desnudes era una simple sabana encima de sus hombros. Junto sus manos intentado hacer fricción seguido de soplar su aliento, logro sentir algo de calor en esa acción durando solo unos minutos, le deslumbraba los pequeños copos de nieve cayendo de las ramas del árbol deshojado del frente, se notaba que llevaba permaneciendo una buena temporada de esa manera. Aunque en general el tiempo en la fría Rusia era así, a su llegada recordó la lluvia congelanda bajando sobre sus cabezas teniendo como finalidad mojarlo todo a su paso, tal cual a ahora, una capa extensa de cielo gris cubría todo muy distinta al azul intenso en Hasetsu. El pavimento marcado de lado y nieve se combinaron entre si, dándole un aspecto algo sucio por los carros vinendo e marchandose produciendo subierlo a la par de dispersalo mas, producto de extenso invierno sin fin. Todo esto en el famoso San Petersburgo.
De pronto, sin saberlo, la nevada había parado dejando consigo grandes montículos de nieve por todas partes parecida a la crema batida, seguramente su cachorra al verla querría iniciar una guerra de nieve con Viktor, quien ajeno a toda esta realidad abrumadora se encontraba durmiendo placidamente a su lado. Permitiendo contemplarlo, observo con detenimiento esas ridículas pestañas largas cayendo sobre sus mejillas, son brillantes, plateadas y sacadas de una pelicula de Disney, ya saben, de princesas y príncipes. Cualquiera llegaría a semejante conclusión, ser el alfa un encantador príncipe sacado de un cuento o pelicula para niños, la forma de comportarse, la ingenuidad de formular situaciones y esa gallardía en enfrentar problemas lo alojan en eso. Por mas tratar de ocultarlo sigue existiendo, la verdad, su verdad expuesta a la redes sociales al ser visto arribando al Rusia y buscado por Anna junto a Viktor. Santos infiernos ardientes, no esperaron nada en realizar especulaciones, menos en analizar con minuciosa cautela digna del FBI las imágenes, como el volver a utilizar las argollas doradas, lo cariñosa de ser Anna a su alrededor, las veces en rosar sus manos con las Viktor, el beso en la frente de darle… si tuviera que realizar una lista enumerando cada mínima cosa, jamas terminaría. Resumira con mencionar haber sido expuesto finalmente su naturaleza, el paradero en estos años y su reencuentro con el peliplata, aunque su parentesco con Anna aun no se ha definido, siguen especulando constantemente hostigando hasta su familia. ¡Dios! Se la cae la cara de la vergüenza frente a sus padres, los pobres ni poseen la culpa en los errores de su hijo e igualmente se obligaron a dar explicaciones, sin mencionar a la familia Nishigori o Minako, su antigua profesora de ballet. Al menos no dieron con Rossana, su protegida, tan solo han tratado a Celestino y este se obstubo de dar explicaciones. En cuanto a Viktor, plantio el quedarse unos días mas en San Petersburgo con tal Rossana estaría bien en las competencias, su padre la acompañaría, en cuanto a si mismo, el GPF se retrasaría un poco debido a la disponibilidad de los atletas viajar a EEUU, las nevadas seguían intencificandose y seria contraproducente emprender un viaje así. Fuera como fuera, en todos los lados miraba caos.
Soltó un suspiro cansado, su primer día estando aquí tuvo la brillante idea de acompañar la pista donde practicaba el ojos zafiro y se lo encontró, ese pequeño ya no tan pequeño de ojos jade, Yuri Plisetsky. Pensó que un encuentro tan incomodo nadie podría igualarlo, era la primera vez en verse luego de la separación, de darlo todo por terminado e herirlo profundamente porque lo sabia, en los ojos del alfa joven se veía claramente reflejado la decepción y al azabache le afectaba. Era como si se haya clavado una estaca en el estomago, dejándola allí, en lugar de retirarla permaneció quieta sangrando, escuchando con atención el sonido de sus gotas caer al suelo. Seria su castigo por permitir que alguien confiase en él, creer engañar al destino y a si mismo. Yurio tampoco coloco empeño en socializar o acercarse a conversar, simplemente lo miro desde lejos con infinita neutralidad, inexpresivo salvo sus orbes verdes cristalinos, desviandolos inmediatamente para concentrarse en patinar. Eso si le causo algo de gracias, porque al final de todo seguía siendo el mismo, testarudo, orgulloso y adicto a la perfección. Sea cual sea la presentación en la que se encontraba practicando lograra satisfacer al público, siempre lo hacia y seguiría en ello. Por otro lado, tuvo la oportunidad de conocer a Mariana, la chica omega que le recordaba de alguna manera a si mismo, llena de inseguridades y fobia en sus habilidades. Aunque le costará creerlo, Yurio jamas le aparto la mirada de encima, de hecho, fruncia el ceño al pasar demaciado tiempo conversando y eso era buena señal, aquel chico encontró a su destinada. La latina al pesar de ser vista como una persona llena de vitalidad y bromista, dentro de la pista al igual de su relación con el rubio, parecía ser otra persona. Se permitió relatarle su historia, desde la salida en su pueblo hasta llegar a Rusia, era conmovedora igualmente esperanzadora porque logró llegar lejos con sudor y esfuerzo, por ello rendirse ante Yurio era prohibido. Ambos rieron compartiendo anécdotas de la vida, un ejemplo sería la lucha de Viktor en tratar de hacerle la merienda a Anna, recreando el holocausto en la cocina del departamento del alfa y culminando con los gritos exasperados de Yurio a la par de cocinar. Asi como lo ven, el gatito gruñon era un experto en la cocina, dándole la mayor de las lecciones al Nikiforov y satisfacción el estomago de su cachorra. Oh, olvidar la expresión de éxtasis en el veintiañero es impasible, era la mueca predilecta en una pelicula de terror o quizás Batman. La sonrisa del Joker al tener el plan perfecto contra el hombre murciélago, solo que en esta ocasión, el rubio detecto la debilidad de mayor. Aspecto positivo de la historia, el Plisetsky le gano en algo al peliplata. Desde ese instante hasta su llegada, el ojos jade se encargo de las comidas de la cachorra alfa y Yuuri internamente se lo agradeció, ni imaginar otro desastre de su prometido, daba miedo.
En primer instancia cuando el azabache llego al departamento del ruso quedo mudo, primero era un sitio amplio, muy amplio y lujoso para una sola persona. A todas esas ¿como logro sobrevivir ese tiempo a solas el alfa? Es decir, evidentemente se trata de un desastre en las tareas del hogar, no decía esto por encontrar desordenado el sitio, de hecho, resulta lo contrario por estar tan reluciente a un espejo. Sin embargo, tenia nombre a mujer en cada rincón, inclusive en esa cocina ridiculamente costosa con esos adornos de acero inoccidable, la campana, los electrodoméstico, la nevera… ¡Santo cielo! ¿eso se consideraba nevera? ¡era tamaño jumbo! Ni imaginarse todas las cosas en poder guardar allí, en realidad, los alimentos de poder cocinar en ese amplio sitio. ¡Es todo un sueño hecho realidad! Ah, el Katsudon sería el plato especial de la casa. Siguiendo con el recorrido, el departamento poseia un exquisito sentido minimalista y olor a lo moderno, los colores gris con el blanco le daba mas señal de amplitud, junto a todos esos diseños hermosos haciéndolo sentir en otro mundo. El pasillo largo lo llevaba a la zona de habitaciones, existían cuatro puertas, dos en cada lado, la primera a la derecha se trataba de un baño amplio, limpio e digno de un rey seguramente especial para invitados. La siguiente era el cuarto principal, sera demás mencionar su mandíbula desencajada al verlo, la enorme cama en el centro vestida de sabanas blancas con negro, un doncel cayendo encima, dos mesas de luz en cada lado, las comodas al frente, la probadora a un lado con un motón de frascos sin tener menor idea de su contenido, la lampara con forma abstracta en el centro, ese ventanal enorme al fondo dando a los jardines interiores del edificio y la puerta a la izquierda del baño personal. No, en verdad no podía, Katsuki Yuuri estaba darse por muerto ante tanto lujo y eso que no terminaba el recorrido. Siguiendo a las siguientes habitaciones, el omega ni se imuto al observar ese decorado fuera de conjunto a las demás, es decir, ese cuarto gritaba en todos los sentidos Anna, eso color verde primavera junto al rosa pálido en las paredes, la cama vestida con sabanas de adornos silvestres, las comodas y muebles llenos de figuras de animales como una que otra muñeca, un escritorio con libros de musica de todo genero, aun mas, la clásica, agregándole un espacio acorde donde posiblemente entraría un piano. Por supuesto, si de eso le producia escalofríos, mas le daría al ver a su hija desevolviendose con total normalidad en el sitio, parecido a permanecer toda su vida allí en esas cuatro paredes. Ella se acostumbro fácilmente. Por último, quedaba un cuarto donde se guardaba los objetos inserevibles para el peliplata, aunque conociendolo, seguramente se encontraba hasta el tope de cosas innecesarias y pronto se vería obligado a donarlas o botarlas. ¿Quien lo diria? Viktor Nikiforov adicto a las compras de cada lugar en visitar. Aunque eso era lo de menos, Yuuri al pesar de todo lo ocurrido seguía siendo un fan, un muy buen fan y como tal, necesitaba ver eso que desde tener memoria anhelo tenerlo en sus manos, si, deberían saberlo. Las medallas, compás y demás cosas donde convertían al peliplata en lo que es, la leyenda viva del patinaje. Obviamente Yuuri tuvo su momento de fanático extremo, donde el alfa le permitió merodear en todas esa preseas, chillar, soñar y bailar, esa mínima cosa, pequeña e insignificante para los demás se llamaba felicidad. Nadie llego tan lejos como él, pudo haberse retirado a temprana edad, pero el patinaje seguía siendo su pasión y todo un placer admirar los programas de Viktor, mas aun sus logros. El peliplata se sintio halagado, su prometido seguía siendole fiel en todos los sentidos tenerlo de fan le causaba gracia, de la misma forma prenderlo, si, eso mismo, prenderlo porque conocía un trato exclusivo de conocer para dárselo a nadie mas a él. El azabache escuchando tal declaración freno su momento de gloria, su omega interior se retorcio contento ante las palabras del alfa, mas o menos sabía donde apuntaba y le llenaba de gozo, aunque a Yuuri no tanto. Para cuando quiso escapar, era demaciado tarde.
Volviendo a la realidad, el ojos caoba se envolvió completamente con la sabana por el cuerpo, teniendo suma cautela de no despertar a su acompañante yaciendo aun dormido a su lado, emprendio su camino a la cocina para hacerse un té, seguía siendo temprano, pero el frío no parecía tener consideración con él y necesitaba entrar en calor. Calculando la hora, Anna debería de seguir durmiendo, es una de las cachorras mas tranquila en todos los sentidos, verla en sus momentos de descanso no podías pensar en ver un ángel y la copia exacta de su padre, propiamente este no es tranquilo como la niña pero le dara algo de crédito al verlo dormido. Soltando una risita para si mismo, el omega emprendió la marcha hacia la cocina, en tanto caminaba con pies descalsos por el pasillo era inevitable pensar en lo mucho que cambio su vida en todos los sentidos, si bien horita es un total caos gracias a la prensa amarillista, se era posible ser feliz en estas paredes porque en ellas vivían las personas mas importantes. Su hija y prometida. ¿Pueden imaginas lo dulce de sonar eso en su cabeza? Prometido, prometido, prometido, podría repetirlo tantas veces y jamas se cansaria, de hecho, esa palabra estaba atascada en su pecho igual a un tatuaje donde quería ser sacada a la luz ¡gritarlo de ser preciso! Generalmente terminarían descubriendo ¿para qué ocultarlo mas? Oh, si, el omega Katsuki Yuuri japones de nacimiento ha olvidado finalmente su inseguridades con su timidez para enfrentarlo todo, aunque eso signifique salir dañado. No lo a olvidado todavía, las chicas que osaron a amedentrar a su pequeña, le parecía inaudito creer ver a una alfa con dos betas intimidar a una niña sola por un capricho, es que no tenia otro nombre, los dichos sentimientos hacia su alfa jamas han existido, solo las empuja la codicia al querer poseer un personaje famoso. Tan simple y Yani como eso. Le molesta, le molesta muchísimo porque Anna es inocente, vine del producto de su amor hacia Viktor y desde verla la primera vez prometido protegerla de todo, pero fallo, le fallo provocandole cuestionarse su papel de madre de la niña. Aunque el peliplata le pidió disculpas al ser realmente su culpa por dejarla sola, la naturaleza omega protectora de Yuuri le dictaminaba lo contrario, era SU trabajo cuidarla no el del alfa, quien permaneció todos estos años bajo sus cuidados era ÉL y nadie mas a EL. No debió dejarla ir a San Petersburgo con Viktor, menos tomando en cuenta las actividades del peliplata, obvio y no tendría tiempo especifico en dedicarle a la niña, por mucho de ser independiente, Anna estaría expuesta a aun ambiente desconocido, con personas desconocidas y en peligro. Ahora bien, ese incidente fue la evidencia a lo anterior expuesto. Cuando Mariana le presentó desde lo lejos a las arpias Yuuri se miro por primera vez empujado a darles su merecido, dejarles en claro la posición en todo este asunto, aun mas, de atreverse a tocarle uno de los pelos a Anna o siquiera respirar su mismo aire, les enseñaría el camino hacia el infierno sin boleto de regreso. Lamentandolo mucho, Yurio apareció adivinando cada uno de sus pensamientos y empleando un tono de voz neutral, menciono haberse encargado ya de todo junto a Viktor. La verdad a Yuuri no le dio ganas de saber el “método” utilizado de ese par para encarar a las chicas, bastaba con visualizarlas desde lejos, le fulminaban con la mirada y susurraban seguramente palabras en su contra o asegurando lo evidente. Él es la madre de Anna. Seguidamente de ello, un alfa peculiar aparecido detrás suyo abrazandolo fuertemente seguido de unos bracillos rodeandole la cintura, al girar se encontró a dos peliplatas sonrientes esperando anciosos de volver a casa, les esperaba una cena deliciosa preparada en manos del mejor omega creado.
Regresando una vez al presente, el ojos caoba encendió la estufa colocando la tetera encima de las hornillas, admiro el frío panorama desde la ventana de la cocina hacia las frias calles de aquel barrio de San Petersburgo, jamas se imagino escalar de esta manera en la vida, ni siquiera al descubrirse enamorado del ruso. Considero permanecer eternamente enamorado solo, admirando en silencio tal estrella luminosa del cielo que nunca podrás tocar, simplemente contemplar desde lejos. Luego ocurrió lo del GPF teniendo como consecuencia el nacimiento de Anna, la luz de sus ojos, entonces empezó a creer que la vida le dio el regalo mas grande al poseerla a ella, una criatura tan pura, dulce y… parecida al amor de su vida. Ese ser extraordinario, poseedor del infinito reflejado en sus ojos color cielo que le invitaba a perderse en ellos innumerables de esos, su hija igualmente los heredó y aferradoze a ella, lloro toda una vida queriendo sucumbir al dolor de una perdida viniendo de la mano de un comienzo. Fue duro, nunca lo negara, criar a Anna él solo jamas parecio juego de niños porque los reproches llegaban como primer plato, aunque estuvo en Ditroit donde los prejucios solo son ignorancia, uno de diez salia con las típicos comentarios patriarcales. Deben saberlo, un omega solo es una deshonra, críar a una alfa sangre pura por si solo es una locura, lo que le faltaba era un alfa para colocarlo en cintura, casarce y olvidarse del trabajo era su deber, mas y mas argumentos sin sentido que trato de desechar, de hecho, teniendo la ayuda de Yurio permanecieron en segundo plano dejándolos en ridículo. Sin embargo, aunque seguía respirando, comiendo, durmiendo, educando a su hija y trabajando, la vida jamas había sido vida sin Viktor a su lado. El vacío en su corazón nunca pudo ser llenado por Yurio, estuvieron saliendo todo este tiempo, le permitió permanecer en su cotidianidad con total normalidad, salían, comían, reían, compartían momentos íntimos sin llegar a lo sexual, aun así, nada, nada pudo concretar el rubio y una vez mas sintio odio de si mismo. Porque él no tenia lo que tiene Viktor, su olor a invierno oscoso, el impetud de una vestisca en revolucionar sus sentimientos, o ese poder de colocar de cabeza todo a su alrededor con una simple mirada, eso y nada mas, provocandole temblores en todo el cuerpo y volviendolo frenético. Ese tipo de sensación le hace parecer un adolescente, ancioso y nerviosos por el futuro, pero a su vez, seguro de que sera cuidado con delicadeza, Viktor no se tomaría la molestia de arruinarlo todo. Ese huracán, ese invierno, ese… peliplata olvidadizo le ha enseñado como se forma una familia, sin atajos o tabüs, simplemente amor, el ingrediente primordial en toda receta.
El sonido de la tetera le devuelve a la realidad, ya esta lista su bebida, buscando un poco mas familiarizado con la cocina entre los gabinetes de lujo una taza, se pregunta la necesidad del ojiazul tener semejante lugar lleno de lujos. Vamos, el Katsuki no es ningún tonto, reconoce a simplemente vista el trabajo de un excelente diseñador de interiores, las fachadas, los detalles e inclusive esos electrodomésticos ridiculamente costosos, eso es obra de alguien con mucho dinero o ganas de derocharlo, aun recuerda el verle regalarle ese móvil a Anna considerándolo innecesario. Por dios, es solo una niña, bastará con utilizar el suyo o el teléfono normal de la cada de desear contactarse con él, pero no, Nikiforov propone mandar todo al sipote y prevalecer su opinión. Anna debe de tener ese móvil personal solo para ella, nunca se sabe, podría servirle en la escuela en cualquier situación de emergencia y cuando el azabache tiene el mejor argumento de todos, la chiquilla ya lo posee en sus manos revoloteando igual a una avecilla cantarina de una lado a otro con el aparato, arrojando a lo lejos su opinión. No hay problema, pensó el omega, la leyenda del patinaje a ganado una contienda, aun la guerra se encuentra lejos. Debido a ello, Yuuri teme estar acostumbrandose a las comodidades de tener un prometido con dinero, mucho dinero, la cocina, el móvil de la niña, el departamento en general no es nada, nada de lo posible venir a futuro. Emitiendo el segundo o tercer suspiro de la mañana, el azabache apaga la estufa y vierte el té en una taza contemplado el vapor saliendo de este, al sujetarlo con ambas manos para darle un sorbo Yuuri emite un gemido satisfecho, es tan placentero beber algo caliente con un clima invernal como este, pareciera que tus músculos aceptaran gustosos el calor y ni hablar de su estomago, emitiendo un dulce calorcito que se extiende hasta la punta de los dedos de los pies. En el instante de volver hacerlo una vez mas, unas manos calidas se cuelan por debajo de su sabana que cubre su desnudes y se alojan en su vientre apretandolo, Yuuri conmocionado de tal acción teme de partir la taza en sus manos dejándola sobre el mesón, siente una respiración en su nuca erizandole la piel y volviendole una manojo de nervios. Demonios, su omega antes dormido ronronea gustoso la presencia del alfa, estirando todas sus extremidades, parpadea coqueteo mostrando una sonrisa ladina soltando esas feromonas peculiares molestas, que en perspectiva de Yuuri, le exponen de una manera descarada al alfa detrás suyo.
— Mmm… parece estar acercándose, puedo sentirlo aquí. — preciona una vez mas el vientre del ojos caoba con suavidad, saliendole un gemido quedo. El alfa muestra sus colmillos halagado, mas que todo, hambriento de poseer al tierno omega. — Tu celo se aproxima mi Yuuri, por primera vez no existirá nada que pueda impedirmelo estar contigo. Y de haberlo, lo apartaré sin esfuerzo.
Viktor Nikiforov en todo su esplendor mañanero, o mejor decir, esplendor amenazante de alguien querer arrebatarle a su omega de sus garras. Finalmente lo tenia a su lado, viviendo bajo el mismo techo, compartiendo igual a una familia y comprometidos para casarce. ¡Por la barba de merlín! De haber sido concreto en el pasado, desde hace mucho estuviesen casados y con mas hijos en camino porque el ruso no pretendía quedarse solamente con Anna, él quería tener muchos hijos a su alrededor corriendo y exclamando su nombre. Quizás la oportunidad de ver embarazado a su prometido se la arrebataron, pero ahora se aseguraría de permanecer en primera fila para verlo, no permitiría la creación de un Yurio 2.0, bastaba ya con tener en su memoria que él si tuvo la dicha de experimentar en primera fila todo. Oh, no, basta de eso, llego el otro partifice de tal milagro de la vida. Preso de pensamientos celosos, Viktor se apreto mas contra Yuuri hundiendo su rostro en el cuello de este, absorbiendo cada particula de fragancia vainilla y llenandose de sensaciones placenteras en el cuerpo, sabia lo que provocaba en él omega al someterlo a esto, pero ese nerviosismo esquisito le producia mas que todo ternura y gracia. Le emocionaba haber sido el primero y único en la vida del azabache, era como un logro grande frente de cualquier otro alfa, inclusive beta, capaz de colocar sus ojos en Yuuri. Él era suyo, solo suyo y de nadie mas.
— ¿Vi…? — tartamudeo nervioso ante el comentario del ruso, busco escapar de sus brazos siendo imposible, se acomodo mas en ese sitio sensible en su cuello. — ¿aun estas medio dormido? Vi… Viktor, vamos sueltame, sueltame… Anna podría desperartar.
— Acabo de pasar por su habitación. — empieza a darle una ligeras caricias con la yema de los dedos en el vientre del otro, sabiendo el darle escalofríos y volviendolo mas ansioso por escapar. — sigue durmiendo como un angelito, me impresiona lo profundo que lo hace. Anoche hicimos de todo y jamas despertó.
Ante tal comentario, Yuuri se sonrojo hasta las orejas de la vergüenza, entre otras cosas no podía contra los ataques sorpresa de su prometido, le desarmaban por completo.
— Cre… creí que la habitación era aprueba de sonido, lo mencionaste anoche. — menciono medio suspirando, luchando por no gemir gracias a la otra mano del alfa sobre su abdomen, igualmente acariciandolo y provocandolo.
— ¿En verdad? No lo recuerdo. — le dio un beso pequeño en una de las orejas, riendo divertido volcando los nervios del pelinegro al suelo, llevándolo al limite. — usualmente olvidas esos datos cuando te encuentras devorando a un sensual tazón de cerdo, mi Yuuri.
Oh, no.
Ese tono de voz por favor no.
Ese tono de voz por favor no.
Viktor había comenzado a jugar sucio, no solo por las caricias lentas en parte erogenas de su cuerpo, sino el hablarle al oido con inusual calma parecido a relatarle un cuento, llevaban al pobre japones a tener un terremoto en su interior, nacer una especie de calor insoportable de tragar. De no ser porque en verdad se encontraba en la cocina, el omega ya se hubiese dejado llevar, soltar rienda suelta a sus instintos y olvidarse de todo. Pero no podía, existía la presencia de su pequeña durmiendo en uno de las habitaciones, de gemir o gritar la despertaría de inmediato y eso seria trauma seguro. Tenía que soportar, tenia… tenia…
— ah… Viktor… — suspiro su nombre sin planearlo al palpear con las manos su pecho plano, encendiendolo tal cual fuese una estufa con su paso, la respiración en el oreja se convirtió en besos pequeños pero placenteros.
Demonios, de aquí no saldrá vivo.
— ¿Sabes Yuuri? Muchas veces imagine que podría hacerlo aquí contigo, en la cocina. — dando unos pasos hacia adelante, obligo a Yuuri a chocar contra el mesón y emitir un pequeño gemido bajo, seguidamente de permitirse rosar con cautela su dedo por los botones rosaceos del omega sin llegar a tomarlos por completo, recibiendo un respingo impresionado de su parte. — es bastante amplia y resulta un poco erótico. ¿No lo crees? Esperaba aguantar hasta aparecer tu celo por completo pero, me he arrepentido. Te deseo, mi hermoso cerdito y voy a marcarte quieras o no.
— ¿Que has di…? — no pudo terminar la frase, los dedos finalmente tomaron sus pezones dándole insistentes masajes en tanto la lengua del peliplata, jugaba con su oreja lamiendola, chupandola y mordiendola. — ¡ah! Vi… Viktor… no… pa… para…
Estaba sordo, o mas bien, se hizo el sordo porque entre sus planes no estaba precisamente parar sus instintos, en lo mas profundo de su mente le fastidiaba aun no poder marcar a Yuuri. ¡¿Acaso es eso posible?! El instinto de un alfa era inevitablemente morder a su omega en su primera relación sexual, si bien el azabache oculto con medicamentos la naturaleza verdadera en poseer, tuvieron otros encuentros para poder hacerlo, pero culminaba en esperar, suprimir su descontrolada hormonas alfa de dejar su huella y gritarle al mundo pertenercerle el cerdito. Pues bien, se acabo las opciones de hacerlo por las buenas, ahora solo lo haría a su manera. Halando los botones del ojos caoba con maestría sacandole unos cuantos gemidos reprimidos, Viktor rompió el poco espacio entre ellos, restregandole sin descaro la erección creciente contra el tracero del azabache, quien al sentirla emitió un gemido sordo cubriendose con ambas manos su boca, se conocía lo suficiente para llamarse ruidoso o escandaloso. Riéndose ante lo ocurrido insistió mas en el movimiento de sus dedos en los pezones del contrario, convirtiendole en pelliscos, o rotandolos hacia los lados sacandole cada vez mas gemidos quedos, respiraciones entrecortadas y quejidos agonicos. En estos momentos Katsuki Yuuri no era una estufa, sino una hoguera completa que amenazaba con extinguir todo a su paso, el peliplata lo tocaba de una manera tan demandante y osada, restregandole su miembro en su trasero con la finalidad de llamar a su omega interior para hacer acto de presencia, este simplemente se encontraba limitado, encargado de liberar feromonas de excitación y nada mas. Era frustrante, muy frustrante.
— Vamos Yuuri, no te contengas… — dijo dándole una lamida a su oreja, introduciendole su lengua y jugando un poco con los cartílagos. El ojos caoba se obligó a morderse los labios, reprimir la necesidad de gemir fuerte y claro, ceder a sus encantos. — muestrame el eros que llevas por dentro, ese el cual nadie mas ha tenido la oportunidad de ver, salvo yo.
Entonces las manos del peliplata empezaron a desender con austucia, cuidado y la mayor paciencia posible, sacandole mas suspiros al pobre omega reprimido se soltar algún sonido fuerte, simplemente permitiendo sentir ese escalofríos proporcionado por los dedos largos de su amante son tan delicados, tersos y llenos de cariño que llevan a Yuuri a la locura. No sabe cuando sus piernas han empezado a temblar, menos la perdida de sus fuerzas, solo atiene a apoyarse contra el peliplata con la finalidad de no desmayar por completo. Su omega interior a empezado a ronronear gustoso, comportándose igual a un felino al asecho, pasando una lengua por sus labios en forma provocativa y mirando con deseo al alfa sosteniendolo liberando mas feromonas, ahogando por completo el sitio de su esencia.
— Oh… que bien huele — aspira el Nikiforov, llenando sus fosas nasales del tal aroma convertido en lavanda con jazmines, sonriendo complacido por al ambiente. — al parecer alguien ya a despertado igualmente, haciendome una invitación encantadora. ¿Qué debería hacer? Suena bastante… delisiosa.
Realizando un sonido gloton al pasar su lengua por sus labios, Viktor se encarga de atacar el contorno de su espalda con gula absoluta, queriendo deborarlo de un solo bocado al besarlo y lamerlo dejando resto de saliva. Las manos han llegado a su entrepierna ya despierta tomandola entre una de sus manos, con la otra le sostiene el pecho, acariciandole la base y bajandola con lentitud, torturandolo. Allí Yuuri alcanza su limite, sacando entre labios un jadeo de placer, cerrando sus ojos y dejándose llevar por las sensaciones, su omega interior se halla tendido en el suelo prácticamente desmayado por los atenciones. No cabe mas nada por hacer, salvo dejarle el trabajo al peliplata. Dándole pequeños mordiscos en la espalda, Viktor empieza a acariciar de arriba hacia abajo el miembro del pelinegro escuchandolo ya gemir con regosijo, aunque no muy alto dejo de morderse los labios. Todo esto era tan erótico, tenerlo de espaldas entregado, dócil y temblando por la exitación de tal acto, le daba al Nikiforov una clase de poder mejor al ganar campeonatos mundiales o las olimpiadas del patinaje artístico, porque Yuuri es y sera su mayor premio de todos. Sin saberlo, los movimientos de su mano se volvieron mas acelerados combiandolos con su pelvis, ahora mas despierta que nunca, empujandose contra el trasero del contrario. No podía evitarlo, necesitaba hacerlo, debía de entrar dentro de esa estrecha cavidad y hacerla suya una vez mas, como tantas veces la noche anterior. Mordiendole el hombro de pura impotencia, Yuuri se vino en la mano del peliplata sin premeditarlo dejándole su semilla allí, se desploma en el suelo igual a un muñeco sin aire, respirando entre cortado y teniendo el cuerpo los estragos del orgasmo. Ha sido demaciado rápido, piensa el ruso al admirar el liquido en su mano, de cierta forma lo entiende el nerviosismo demostrado por su querido cerdito combinado con las emociones de tocarlo por sorpresa, llevo su resistencia al caño. Pero no importa, jamas podría hacerlo, porque la fiesta apenas ha empezado.
Dándole una lamida lujuriosa a su mano, se hagacha a la altura de su amante de respiración errantica y de un agil movimiento, coloca su cuerpo sobre el de él demostrandole una mirada llena de emociones encapsuladas, o mas bien, excitación acumulada. Por primera vez en la mañana, Yuuri puede ver a Viktor de frente, esta en las mismas condiciones a él, desnudo, completamente desnudo y excitado. Oh, dios. Oh santo querido dios, había olvidado por completo ante su orgasmo que aun no a sido satisfacido él, menos terminado el ataque sorpresa. Conclusión: quiere llorar.
— Eres tan hermoso Yuuri — dice acariciandole la cara con delicadeza, provocandole un sonrojo evidente. — jamas me bastará una sola vez hacerte el amor, porque para mi, mi deseo de demostrarte todo lo que siente es mediante acciones y esta es una.
Lo besa, no espera respuesta alguna, simplemente sujeta sus labios con los suyos en un beso donde las palabras sobran. Yuuri se encuentra con un huracán demoledor, teniendo de único objetivo robarle cada particula de oxigeno y llevarlo a inremediable locura. Teniendo la mínima oportunidad, el peliplata desliza su lengua en la cavidad bucal de otros descubriendo un sabor particular, es té, esa esencia suave que solo el durazno ligado al jazmín puede emitir, envolviendole en medio de las sensaciones calidad de la primavera. Lo vuelve a recordar, el significado de Yuuri en su vida, la llegada de la primavera en pleno invierno. Soltando un suspiro, separan sus bocas en busca de oxigeno, al menos el pelinegro, porque el alfa ha aprovechado esto para sujetar una de las piernas del otro y acercarlo mas a si mismo, pasandola por su cintura y dejándola enroscada allí. Tienen el momento para observarse con detenimientos, el omega ha descubierto una nueva expresión en el ruso cuando se encuentran en este tipo de escenario, no se trata del deseo, menos de la pasión o lujuria, es la rendición la total admiración hacia el amor que se tienen ambos embocado a un solo lugar, sus ojos. Esos enormes espejos del alma de color azul, una veces puede compararse con el mar, otras al zafiro, pero en el ahora, justo ahora, el azabache cree estar mirando el cielo y ahogandose en ellos. Los adora, amaba y venera, recordar que estuvo separado de ellos le causa terror, mas el aun perderlos otra vez. No, no puede permitirlo una segunda vez, menos encontrándose en la supremacía de su felicidad. Envolviendo sus brazos detrás del cuello del peliplata, Yuuri se permite perderse mas en ese azul cielo y olvidar lo correpto, incluso que su hija esta durmiendo a puertas un poco lejos de ellos, solo quiere sentir estar ocurriendo en verdad esto; recuperar a Viktor, ser correspondido, vivir junto a él y amarlo, amarlo al punto de estallar en millones de partículas en el infinito. Porque desde colocar sus ojos en el lo supo, le pertenecía no solo en cuerpo, tambien en alma y corazón.
— ¿Aun lo recuerdas? — le pregunto con una sonrisa tonta en los labios, desconcerandolo al hablar de la nada. — cuando lo hicimos por primera vez te confese que te quería, debías a ver visto tu expresión. ¡Fue de total terror! De hecho, pensé que lo habías visto un fantasma.
— Fui un idiota, un cobarde. — opino sincero, cristalizando un poco sus ojos azul cielo. El omega le conmovio un poco, acariciandolo detrás del cuello en señal de consuelo. — temía el poder enamorarme completamente de ti y perderte por hacerlo. Creí que… que si te complacía sola una noche, al día siguiente todo volvería ser igual.
— Pero no fue así. — puntualizo las palabras el japones, marcando lo obvio.
— Si, tienes razón. No lo fue, porque cuando menos me di cuenta te marchaste y cumpliste tu promesa. — suspiro, girando su cabeza hacia los lados deseando borrar las memorias pesadas del pasado. — Intente imitarte, seguir con mi vida sin resultado satisfactorio, porque no existía “vida” si tu no estabas. Era parecido a ser arrancada tu alma y lanzanda al mar, llevándola al olvido.
Yuuri abrió los ojos impresionado de las palabras del ruso, porque era como estar escuchandose a si mismo, él igualmente experimento encontrándose viviendo algo sin desearlo. Un cascaron, esa es la palabra, era un cascaron vacío sin Viktor a su lado. Trato de seguir adelante por Anna aferrandose a la memoria de su padre en sus ojos, en su presencia de princesa de las nieves, pero seguía faltandole algo y ese algo, tal cual a al argumento del peliplata, lo arrojo al mar con la finalidad de olvidarlo. Aun sigue latiendo en su memoria aquella competencia de razas, el instante exacto de llorar y querer correr tras de Viktor para refugiarse en sus brazos, pero no ocurrió, había llegado tarde, como de costumbre.
— Fue… fue lo mismo para mi. — confeso el Katsuki con voz queda, sonrojandose hasta las orejas y tomado una vez mas por sorpresa al peliplata. — pensé… pensé ser lo suficientemente fuerte en enfrentar la nueva realidad, adaptarme a tu ausencia pero sin saberlo, volví al pasado al guardar imágenes tuyas en un cajón “supuestamente” escondido en mi armario. Debes saber el resto, Anna conocía de su paradero e inclusive me vio llorando por ti. Fue… muy vergonzoso ser descubierto por mi propia hija.
— Si, ella me lo conto e igualmente mostró. — sonrio, aprovechando la cercanía para sujetar el rostro avergonzado del azabache. — Es una niña astuta, de inmediato supo lo mucho que me extrañabas, de querer y jamas olvidarme.
— Se parece a ti en eso — sus ojos brillaron mas expectates, anhelando que ese contacto se cerrara. — el inmescuirse donde no la llaman, violar la privacidad incluso de su propio madre.
— ¡auch! Eso fue doloroso Yuuri. — fingió estar lastimado de las palabras de su prometido, haciendo una mueca incredula.
— Pero eso no es lo único, porque al pesar de tener malas mañas de su padre, tambien tiene la capacidad de leer el corazón de las personas, de ayudarlas. — eso no se lo esperaba el alfa, escuchar decir cosas hermosas de si mismo del japones, produciendole una sensación rara en el estomago. — Tiene esa sensibilidad tuya, la neutralidad en los casos expecificos y la alegría contagiosa de ver algo de su atención. A medida de pasar los días no puedes evitar pensar “oh, esa mueca tambien es de Vitkor” al igual que “su corazón es puro como el cristal”. Anna sin duda, es tu hija y jamas me arrepentire de tenerla, ha sido mi motor en todos estos años para vivir.
— Gracias a ella, volvimos a encontrarnos. — cerro los ojos uniendo su frente con la suya. — admitelo.
Riéndose de la ocurrencia del Nikiforov, lo apreto con fuerza su cuerpo permitiéndose retener esa paz tan anhelada estos cinco años, la esperanza de un amor congelado en su interior, buscando ser liberado en todo su esplendor. Lo admitía, al igual que Viktor, temió de seguir enamorado de él y salir nuevamente herido, pero al menor indicio de perderlo se lanzo sin paracaídas al vacío tomando las consecuencias. Ahora miren los resultados, a valido la pena.
— ¿Sabes? Pude tener miedo del efecto tuyo producir sobre mí, luego de aquella separación pero es inrelevante ahora. — abrio los ojos topandose con la expresión risueña del ruso. — porque te amo, Viktor, ahora, mañana, el día después de ese y de existir otra vida donde podamos encontrarnos, igualmente te amaría. Porque me has demostrado muchas cosas, sobre todo, el significado del amor y para mi, eso eres tu.
Maldición, su cerdito le había robado el momento idóneo de lucirse y sacar a relucir todos sus encantos, agregándole tambien las ganas de llorar igual a un niño pequeño. Esas palabras tan llenas de sinceridad, cariño y amor, mucho de es último mas a todo, le llenaron a tope su solitario corazón casi llevándolo a las lágrimas, el tipo de emoción burbujeante consumiendolo por dentro le quemama lentamente. Quería gritar, reir, saltar de la alegría diciéndole a la vida sus buenas nuevas, sobre todo, hacerle el amor al hombre maravilloso en sus brazos llamado Katsuki Yuuri. El amor de su vida y las próximas a esa.
— Eso a sido injusto, llevarte el crédito al confesarte de esa manera. — fingió estar enojado, dibujando un puchero en sus labios que hizo reir al azabache. — Eso de en verdad existir otra vida luego de esta, deseando igualmente amarme, bueno, si eso ocurre procuraré encontrarte con tiempo y así demostrarte que yo sin ti, no soy nada. La vida solo posee significado si estas allí, Katsuki Yuuri. Tu eres la vida, el amor y la felicidad, nadie mas. Por eso con la misma impetud te respondo que te amo, mas que ayer, mas que hace un minuto, mas a cualquier otra cosa y prometo demostrarlo cada segundo de mi vida, porque te lo mereces.
Aqui lo tenía, Viktor Nikiforov detrás del llamado leyenda del patinaje, campeón, entrenador y modelo a seguir. Encontrandote un hombre como cualquier otro preocupado por su pareja, el complacerla y quererla, sin dudas tenerlo es la bendición mas grande de todas junto a su pequeña. Envueltos en la llamas del amor, ambos cayeron bajo sus redes entregandose con absoluta rendición al otro, besándose, queriendose y una vez mas descubriendo partes antes vistas pero con ganas de acariciarlas. El ruso se separo unos segundos del azabache para contemplarlo, los ojos color caoba cautivantes seguían allí brillando con inocencia, tratando de descubrir sus pensamientos, hayando quizás solo el sentimiento de anhelarlo mas a nada. Acariciando su rostro con devoción, el peliplata cerro la brecha de lejanía en ambos besandolo, mesiendo sus labios con calma, suavidad y parsimonia permitiéndose a si mismo consumir toda esa soledad experimentada en esos cinco años separados. Aprovechando parecer dos cuerpos en uno solo, Viktor llevo su mano libre a la entrada del pelinegro tentiando la zona con el índice, se abrió paso introduciendolo y recibiendo en respuesta un quejido que murió en la boca de ambos. Al pesar de no encontrarse en su época de celo, Yuuri estaba lubricado, húmedo demostrandole casi estar preparado para recibirlo. Sonriendo internamente de ese hecho, introdujo otro dedo adoptando movimientos de tijeras que llevaron al azabache a olvidar el beso, esconder su rostro en el hueco del cuello del ruso y gemir quedito. Lo sabia, el omega seguía reprimiendo sus sonidos, seguía temiendo de ser descubiertos por su hija en plena tarea de hacerle un hermanito. A cualquier niño le alegraria eso, pero no los procedimientos de tal creación. Simulando ahora embestidas, Viktor llevo sus dedos mas adentro de lo posible en el ojos caoba, percibiendo el temblor de su cuerpo y los jadeos agonicos de sus labios cereza, no permitía verlo pero… seguramente se encontraba rojo hasta las orejas, se trataba de una costumbre del japones. Agregando un tercer dedo, Yuuri se retorcio tal cual fuese una lombriz en la tierra, la temperatura en su cuerpo era palpable, tan caliente y hermoso en todos los sentidos. Viktor no podía mas, en verdad no podía, necesitaba enterrarse en aquel cuerpo delicioso y sentirlo por completo. Asi que separandolos un poco, permaneciendo aun la pierna del omega en su cadera, llevo su miembro palpitante donde antes se encontraba sus dedos y empezó a entrar poco a poco, no necesito avisarle a Yuuri, él ya lo sabia. Entonces apretando los dientes ante la estreches del azabache, metió todo en un solo golpe escuchando al fin un gemido de la boca de su amante siendo musica para sus oidos, este diendose cuenta de tal descuido llevo sus manos a su boca presionandolos. Rogaba en silencio para no haber sido escuchado por su hija, sino… sino…
— ¡agh! Vi… Viktor… — gimio cerrando sus ojos, al sentir el mínimo movimiento de las caderas de este contra suyo.
— No te distraigas, cerdito. — la voz ronca del alfa le producia un volcán en su interior, lucia tan erótica y errante que el pobre omega no conseguía ninguna defensa en su contra. — que esto apenas empieza.
Sosteniendo debajo de su rodilla, Viktor gruño con un tono grutural empujando su impetud en su entrada, prolongando un torturoso vaivén nada rápido, escuchando ese tipo de sonido obsceno que le impedía pensar con razocineo. El ruso era un verdugo, uno demaciado cruel, porque sabiendo a tientas como le colocaba su tacto le provocaba al propósito con esos movimientos lentos. Los besos en su cuello eran lo peor, lamia, chupaba y medio mordisquiaba tratandole igual a una paleta o dulce que quieres tomar tu tiempo en devorar. Pero Yuuri jamas ha sido paciente, ni ahora o nunca, el deseaba sentir a Viktor en todas las maneras posibles, era amoroso y delicado, cosa sumamente encantadora porque todo omega desea de su alfa esa actitud dulce en cada uno de sus encuentros, aunque en algunas ocasiones no estaría mal varias. Como en esa vez estando en Hasetsu, cuando lo empotro contra la puerta de las termas, pudo jurar ver las mismas estrellas ante tal acto, no solo por ser remotamente descubiertos tambien a la posición al hacerlo fue simplemente… excitante. Deseaba hacerlo de nuevo, quería a ese Viktor juguetón y desafiante del peligro, capaz de inyectarle adrenalina a sus huesos y llamar a su omega interior. Tal vez quede igual a un pervertido, pero jamas se arrepentiria de sus fantansias, con tal estamos hablando de su pareja, la confianza es la base de toda relación y Yuuri desea practicarla.
— Viktor… por favor… acelera… hazlo… mas fuerte… — alza la mirada entre vergüenza y lujuria, despertando el alfa dormido en su interior, oliendo esas feromonas de sedución. El peliplata se ha percató de la realidad, ha despertado a la bestia. — quiero sentirte hasta los mas profundo de mi, por favor… complaceme.
Una delgada línea encargada de sostener la cordura del ruso se rompe, trayendo consigo una sonrisa sadica en sus labios y por obvias razones, quiere jugar mucho con cierto omega sumiso. Al olfatear el aire cargado de feromonas alfas, Yuuri se lame los labios con gula a la par de sentir agrandarse dentro suyo, la función acaba de comenzar. Saliendo con rapidez del japones recibiendo una respuesta de reproche por hacerlo, lo voltea dejándolo a gatas, mostrandole una hermosa vista de aquella entrada ya varias veces profanada, sabe que puede sentir frío por tal acción, pero le vale porque al admirarlo tan vulnerable en ese estado le provoca mas.
— ¿Vi…? ¿Viktor? — lo mira desde su sitio con ojos llorosos, contoneando sus caderas ante el vacío en su interior. Lo necesita, necesita de su alfa para llenar ese vacío ¿por qué lo tortura de esa manera? — ¿Qué estas haciendo?
Acercándose como una bestia llena de hambre, el peliplata rosa simplemente su miembro contra el necesitado omega, que gruñe ancioso de ser poseído. Acariciandolo con suavidad sus muslos, Viktor le agarra desprendido de su entrepierna ya claramente afectada, produciendole unos cuantos escalofríos haciéndole estremeser. Si este es una nueva clase de tortura sexual no le agrada, no le agrada nada, su omega interno esta totalmente descontrolado por atención y el igual, quiere mimos por todas partes, los quiere ahora.
— ¿Tan desesperados estas? — mantenía los masajes en su entre pierna en tanto le rosaba la entrada, su voz susurrante le hizo sacar un gemido cansado. — eres tan atrevido cerdito, pero eso te convierte mas apetecible. Yo… quiero deborarte completo.
Eso último se lo dijo al oido susurrante aprovechando para penetrarlo de una sola estocada, sacandole un jadeo de placer sintiendo por fin toda la fugosidad de su amante dentro, fue mayor el éxtasis producido que no controlo el correrse una vez mas en la mano de Viktor, quien sonriendo divertido la lamió llamándolo pecaminoso, ahora es cuando las cosas se pondrías buenas. Sujetandolo de las caderas con ambas manos, el alfa embestia frevilmente a su omega gruñiendo, respirando entre cortado e inclusive diciendo su nombre sin descanso. La estreches que le brindaba Yuuri era exquisita, parecía querer absoverlo en un solo bocado, enguñirlo y jamas soltarlo, tampoco le importaba mucho pues le ponía mas, eso y los sonidos musicales salidos de la garganta de él. Es que el azabache perdió el control totalmente, se hallaba poseído, jadeando ritmicamente con las estocadas de su amado haciéndolo sentir completo, lleno al tenerlo dentro suyo. Ambos eran uno solo, uno solo en todos los sentidos y esa unión era la demostración de ello. La posición de perrito no es precisamente la menos vergonzosa, aunque estando en ella podía captar lo lejos de llegar el miembro de su amante dentro de él, era tan grande y cambio el muy estrecho pero la combinación perfecta. Ya no le importaba ser escuchado, ni descubierto, solo sentir ese falo contra suyo junto a los sonidos húmedos de esa unión placentera.
Los dedos de Viktor volvieron una vez mas a los pezones duros del omega, pelliscandolos y halandolos, tenerlos así parecía igual a un juguete que podías estrujar sin remordimientos, solo aprovechar de los resultados de hacerlo. Unió su pecho con el de su omega sintiendo unas pequeñas gotitas de sudor, toda una ironía porque recordaba a verlo visto envuelto en una sabana producto del frío, y ahora, se hallaba debajo suyo preso del calor en su interior producto de una escena de sexo. Lo admitía, ver a Yuuri paseandose por la cocina en esas fachas le prendió llevándolo a provocarlo, una escena de hacerlo en este sitio se le vino a la mente, claro en ella se refería a ambos encima del mesón y no en el suelo, pero algo era algo. Olisqueando la parte noble de su nuca, Yuuri soltó un resoplido paciente, jamas formulo que alguien podría tocarle esa zona o morderla, pudo encontrarse muchas veces en peligro de eso suceder, una de esas la protagonizo Yurio, pero salia invicto orgulloso de no ser un omega mas del montón, que jamas seria visto como un objeto o mercancía la cual puedes etiquetar. Pero ahora, teniendo a Viktor repatirle besos en esa zona considero que ser marcado iba mas allá de sus perspectiva, porque no es solo demostrarle a los demás enlazarce con un alfa, sino pertenecerle en cuerpo y alma, amarlo con todo su ser para permitirle hacerlo. Yuuri lo quería, quería firmemente corresponderle a Viktor en todos los sentidos, cruzarse de una vez por todas. Por eso al fallarle el soporte de sus piernas sin saberlo, el ruso sale dentro de el y colocandolo de lado, abre sus piernas sosteniendo una se introduce una vez mas, en esta ocasión busca su nuca empezando a repartir besos delicados, preparandolo ante el dolor que esto conlleva, pero Yuuri no teme, ya no mas. Acelerando las últimas embestidad ante el eminente orgasmo, su alfa le da grandes lamentones a su piel produciendole un millón de sensaciones en el cuerpo, desde escalofríos hasta cosquillas, ya no se encuentra jadeando, menos gimiendo, solo tiembla ancioso cubriendo su boca con las manos esperando lo evidente. Dando unas estocadas finales, ambos llegan al orgasmo y Viktor preso del momento clava los colmillos en la nuca de Yuuri fuerte, profundo sacandole un jadeo de dolor combinado al placer y llora, llora sin tener conocimientos del porqué, simplemente se deja ser mientras ese nudo particular en los alfas se hace presente entre ellos. El azabache no sabe exactamente como sentirse, en la escuela le enseñaron que cuando te enlazabas con un alfa era parecido a casarte, eras vulnerable, débil y un poco sensible, en ese instante debes permitirte ser mimado al igual de consentido, tus sentidos estan descontrolados por lo tanto, orientarse sera algo difícil de hacer. Finalmente Viktor lo deja de morder seguramente al encontrarse satisfecho de su trabajo, lamiendolo y limpiando la sangre de haberlo hecho, rápidamente como si se tratara de una noticia en cola, el azabache atraves de la conexión creada siente la angustia del alfa al hacerle daño, pero igualmente la satifación de ser suyo. Yuuri mayormente conmovido, libera mas lágrimas respondiendole a la emoción de su prometido encontrarse bien, porque al fin al hallo la pieza faltante en su rompecabezas.
El nudo se deshace, Viktor libera su pierna y enseguida sostiene en esa incomoda posición la cara de Yuuri, limpiando con sus labios las lágrimas derramadas por su culpa. El azabache simplemente rié dejándose mimar, se siente muy flojo para moverse, aun mas para responderle las atenciones de su prometido, pero si puede demostrarle en medio de la conexión cuando lo ama.
— Somos un desastre — comenta Yuuri, cerrando los ojos al recibir dos besos en ellos por parte de su alfa. Ahora si puede decirlo con toda libertad, Viktor Nikiforov es su alfa.
— Un hermoso desastre — reintegra el peliplata, siguiendo con la labor de consentir a su omega. Su adorado omega. — pero jamas me cansare de serlo, porque eres mio y yo soy tuyo.
Ah… podría morir y vivir millones de veces con tal de escucharlo decir eso, las hermosas palabras de su prometido le llenan el alma, le hacen sentir completamente lleno de vitalidad, el realizar cualquier hazaña.
— Mio — repitió el azabache, girandose y en carando al magestuoso hombre de cuerpo escultural, que efectivamente, le pertenecía. — mio en todos los sentidos, Viktor Nikiforov y espero tener tu entera disposición para jamas olvidarlo.
— Estoy a tus ordenes, mi adorable cerdito. — pronuncio, buscando la mano donde se encontraba la alianza y besandola como en el pasado una vez lo hizo, justamente en aquella competencia llena de sin sabores en la boca. Pero el omega no recordaba eso ahora, solo sonreía complacido de tal acción de su amado. — puede venir a disponer de este humilde servidor cuando usted mayor lo considere.
— Deja de ser tan simplon, Viktor. — rieron ambos divertidos por el argumento del peliplata, contagiados de una felicidad rodeando en sus cuerpos. Aunque eso lo tomo de provecho para entrelazar sus dedos e igualmente besarlos, el peliplata se quedo de piedra. Una agil hazaña inesperada. — Este omega testarudo y necio si promete demostrarle a todo el mundo a quien pertenece, dejarlos con la boca abierta y olvidar mi cobardía porque te lo mereces, ambos lo merecemos. Quiero ser feliz a tu lado, criar a nuestra hija, y de permitirsenos una vez mas, volver a ser padres. Esa es la dicha que tu mismo me has permitido Viktor, por eso, envejecer a tu lado sera la mayor de las bendiciones y un honor.
Maldición, Katsuki Yuuri había vuelto hacerlo una vez mas, robarse sus frases o al menos los momentos donde quería sorprenderlo, en todos los ámbitos se ha acostumbrado a tomar a la gente por sorpresa, no lo contrario. Pero allí se encontraba, preso en todos los sentidos gracias al maravilloso omega de ojos caoba, quien desde conocerlo, jamas a parado de robarle cada uno de sus alientos en todos los sentidos. Si vivir una vida a su lado significaba esto, estaría dichoso de firmar el bendito papel donde decía estar casados. Mirando con el cariño infinito de millones de décadas de la raza humana, Viktor sello sus labios con los de Yuuri en un beso lleno de entrega, amor y compromiso, porque no solamente esperaba dejarle al omega el trabajo mencionado, igualmente asumiría sus propias responsabilidades.
— Demonios — maldijo en ruso, confundiendo al ojos caoba — Yuuri sigue robandose mis momentos, ¿como puedes ser tan mortalmente adorable?
— ¿Eh? — parpadeo sin seguir entendiendolo.
— Quisiera casarme horita mismo contigo, olvidar el protocolo que eso conlleva y llevarte para firmar esos dichosos papales. — menciono frustrado, apretando sus puños. — ¿Por qué no podemos simplemente hacerlo?
— Porque a) estamos ambos desnudos en la cocina de tu departamento, b) no tenemos testigos y c) nuestros conocidos nos matarían. — enumero con obviedad las razones, acariciando la agraciada cara del ruso berrinchudo.
— Yuuri… ¿lo dices por Yurio? — dijo medio haciendo un mojin y mirandolo celoso.
— No, lo digo por todos en general. — explico al sentir en su lazo los signos evidentes de molestia al ser involucrado el rubio en sus conversaciones, francamente, el alfa es como un gran bebé gigante. — ¿O crees que Chris te perdonaria por dejarlo fuera de tu boda? Han sido muy buenos compañeros de pista hasta hora, se sentiría obviamente ofendido.
— Ah… tienes razón. — suspiro recostandose sobre el pecho del azabache, quien se limito a sonreír ante la situación, realmente su alfa no tenia remedio. — Chris no dudaría en llamarme para reclamarme mi mala educación, mas por no pensarlo siquiera de padrino de mi boda.
— ¿Lo ves? No es asunto que podamos tomarlo a la ligera. — acariciaba con cariño el cabello detrás de la oreja del alfa, este parecía complacido de tal acción. — Tambien tengo a los mios, Phichit es un claro ejemplo, de enterarse de casarme sin avisarle romperia literalmente mis timpanos al contactarme por móvil. Es mi mejor amigo, se molestaría por olvidar ese hecho.
— Tu familia, Minako, los Nishigori… — enumeraba el peliplata al aparecer sus rostros en la mente. — son importantes, quisieras verlas en la boda igualmente ¿verdad?
— Si — aseguro, abrazando con fuerza al hombre encima suyo tan espectacular, bello, impulsivo y enteramente suyo en todo el sentido de la palabra. — ellos te adoran, le encantaría vernos cumplir todos nuestros sueños hechos realidad.
— Tu eres mi sueño hecho relidad, Katsuki Yuuri. — confeso el ojos zafiro, mostrandole al fin su rostro al azabache con una expresión risueña. — con permanecer a mi lado, espantas todas mis pesadillas. Porque eres la luz en medio de la oscuridad, en medio de la desgracia, la cura para todos mis males.
— Viktor… — musito conmovido, llevando sus dedos tersos a la mejilla del otro y sosteniendola. — ¿en verdad eres real? ¿no desapareceras cuando despierta en la fria madrugada en Ditroit?
Soltando una risita divertido, el peliplata sostiene el agarre del contrario dándole un ligero beso la palma de la mano y luego otro en los labios de este, comprendia totalmente el temor de verlo desaparecer de la nada en cuestión de segundos, él mismo lo experimentaba en algunas ocasiones. Sin embargo, verlo confesarlo con ese rostro lleno de ternura, le producia muchos estragos en su vientre, donde terminaban con muchas marcas en todas partes. Y no, el Nikiforov debía de controlarse.
— Soy real, Yuuri. No pretendo ir a ningún otro lugar donde me solo me espera la desolación, sino te encuentras tu. Nada, nada tendria sentido. — soltó una risita algo seca, rememorando en su mente las memorias huecas de estos cinco años sin su Katsuki. — Mas bien, espero que tu no lo hagas. Dejarme atrás y marcharte.
— Es absurdo — pronuncio seguro de si mismo, juntando su frente con la del otro, permitiendo así chocar sus alientos cálidos. — te amo Viktor, ese sentimiento no tiene fecha de caducidad, permanecerá siempre en mi corazón incluso estando muerto.
— Entonces confia es esto, en nosotros. — pidió con firmeza, mirando con suma seriedad. — Yo tambien te amo, Yuuri e incluso luego de muertos te perseguire a la siguiente vida para encontrarte, preparate.
— Lo estare.
Sin contemplaciones de pormedio, perdido en la burbuja de la comodidad de ese departamento, ambos amantes se dejaron llevar por sus sentimientos sellandolos con un fuerte beso, donde aprovecharon para pegarse lo mayor posible el uno del otro. Nadie podría interferir con lo que gritaban sus corazones, se encontraban en la supremacía de su relación, por eso podría estar ocurriendo una estampida caníbal allá fuera en las frías calles de San Petersburgo, la mente de este par se reducia la importancia a cero. Mezclando sus alientos a la par de sus salivas, Yuuri cruzo las piernas detrás de la cintura del peliplata con una oportunidad de mayor contacto, aunque aun no se recuperaba por completo de la anterior sección, presentía mas o menos las intenciones de su pareja, era bastante predecible.
— Deberíamos seguir con la segunda ronda, Yuuri… — ronroneo su nombre en el oido del otro, dándole cosquillas. — ¿si? ¿si? ¿qué dices?
— Eres un insaseble, Viktor Nikiforov. — rió con travesura el omega, en casos centímetros de la boca de su amante. — ¿no te basta solo con una vez?
— Nunca se obtiene suficiente de Yuuri — musito en medio suspiro, dándole un fuerte beso al nombrado y desarmandolo. — cada cierto tiempo debo recargarlo.
— ¿Es así? — pronunció coqueto, sujetandolo de la nuca y robandole un beso lleno de hambre, desesperado. — deberíamos hacer algo con eso entonces, Viktor.
— ¿Si? — jadeo, al sentir la otra mano del azabache recorrerle la espalda, seguido de otros besos mas. — ¿estas dispuesto hacerlo? ¿asi sin mas?
— ¿Y por qué no? — arqueo una de sus cejas incrédulo, medio despertando su eros interno. — Si el hambriento Viktor Nikiforov me lo pide, estaría encantado de complacerlo. Acaso… ¿no quieres?
— Lo quiero, lo quiero. — murieron las palabras en sus labios, al entregarse sin frenos a la gula de sus cuerpos, donde el sonido del choque de sus labios era lo único en inundar el sitio. — Oh, Yuuri… me vuelves loco…
— Viktor, Vitkor, Viktor. — decía entre beso y beso, sintiendo la mano de este sobre su cadera algo traviesa. — te quiero, te quiero tanto…
— Yo tambien mi amado, yo tambien. — respondió con desespero.
Dieron varios giros en el suelo donde en ocasiones dejaba al omega tomar el control, quedándose encima de él, colocando sus manos sobre sus cabezas y deborarlo con frenesí; le besaba cuello, donde dejo varias marcas o chupetones, pecho, pectorales… todo, parecía estar degustando el mayor de los dulces porque esa mirada livinosa le robo todo razocineo. Entonces una vez mas Viktor agarro el mando de la situación, devolviendole el favor con intereses sacandole suspiros satisfechos, cargados de mas caricias, mas contacto, mas todo. Habían llegado al momento de ser esto natural entre los dos, un acto de total entrega y cariño, no se trataba de sexo, mas bien en la demostración de cuanto se necesitaban el uno del otro. Ambos se conocían bien, las palabras pueden darsele perfectamente, pero las acciones aun mas, y esta es la primitiva. Acariciandole con cautela el trasero, Vitkor envío uno de sus dedos aquel sitio ya bastante preparado por el anterior encuentro, estando bastante a disposición de hacerlo, Yuuri elevo su pierna encima de la cadera del otro dándole una mayor facilidad para entrar. El peliplata sintiendo una vez mas despertar su entrepierna, coloco una mano en esta y con suma cautela, fue llevándola a ese sitio.
— Respira hondo Yuuri, voy a entrar. — aviso con respiración entre cortada.
— Es… esta bien.
Ahogando sus palabras, unieron sus bocas en un beso pasional mientras el peliplata se encarga del trabajo, trabajo que no se logro concretar. Bajandole de un solo golpe la excitación de sus cuerpos tal cual fuera un balde de agua fría sobre sus cabezas, el grito de una pequeña se manifestó en aquel departamento, despertandolos de su sueño caluroso de amor.
— ¡Mamá! ¡¿Mamá donde estas?!
Separándose tal cual fuese plomo hirviendo, Viktor y Yuuri buscaban como locos algo para cubrir su desnudes, en el caso del segundo la sabana blanca olvidada a unos escasos metros de él, en tanto el primero, su pantalón gris holgado escondido para los ojos del omega y hacerle creer encontrarse desnudo, aunque no esperaba encontrarselo realmente a él en esas condiciones. Aquella imagen fue tan erótica, tan nítida, con sola una sabana cubriendo la esbelta figura del expatinador profesional, las caderas, las piernas torneadas, ese lindo y enorme trasero redon… ¡Esperen! ¡no podía pensar en eso! Su hija podría aparecer en cualquier momento por ese pasillo, lo menos que quería era darle una vista de su padre atacando a su mamá desprotegido, mejor buscaba una distracción. Estando ya completamente cubierto, le respondió a la niña desde su sitio encontrarse en la cocina, no le daría tiempo de ir a su habitación compartida con el peliplata y regresar, mejor ocultaba bien su desnudes. Además, la sabana era tan larga y nada transparente, que realizaba bien su trabajo. Por otro lado, estuvo preocupado antes de Viktor, pero el muy traidor si se tomo la molestia de venir a verlo con ropa. Ya se ocuparía luego de eso, primero atendería a su cachorra.
Entrando corriendo con la gracia de un ciervo, Anna Katsuki hacia acto de aparición en la cocina sonriendo de oreja a oreja, sus ojos se llenaron de la escena de sus sueños. La familia añorada. Su mamá se encontraba cerca del mesón sonriendo de oreja a oreja, tenia una sabana grande rodeandolo sin explicación, mientras su padre tomaba un té arrugando el entrecejo, seguramente no era de su gusto.
— ¡Buenos días a los dos! — sonrio emocionada, borracha de la felicidad por la atmósfera cálida.
— Allí esta mi princesa. — dejó la taza de té a un lado, corriendo a su encuentro y alzandola a su altura para robarle un abrazo. — parece que alguien se ha levantado con excelente animo esta mañana.
— ¡Anna esta lista para jugar en la nieve con papá! — alzo sus bracitos con gracia, provocandole una risita a los adultos.
— Si, pero antes Anna deberá tomar su desayuno. — aviso el omega, acercándose a los peliplata y dándole un besito en la mejilla a la menor. — ¿quieres algo en especial?
— ¡Huevos estrellados con beicon! — gritaron inesperadamente dos alfas muy hambrientos.
Vaya, vaya, solo mirenlos con esa expresión despreocupada en sus rostros, sin dudas dos gotas de agua padre e hija en todo el sentido de la palabra. Daba simplemente gracia verlos congeniando en sus gustos, demostraban ser mas parecidos de lo esperado. Riéndose sin poder frenarlo, Yuuri prometió llevar acabó su pedido, en tanto los dos peliplata se quedaron confundidos ver al omega adentrarse a la nevera y luego la estufa. Mientras el azabache cocinaba decidieron ver un poco de televisión y alimentar a History, en realidad era trabajo de Anna, ya que desde su estadia en Rusia se comprometió de cuidar de el e inclusive, dormía con ella por las noches con la excusa de espantar sus pesadillas. La verdad vendría siendo otra, aunque la peliplata estaba emocionada de estar viviendo su sueño realidad de familia unida, no se encontraba completamente a gusto en un lugar desconocido, aun seguía puliendo su ruso y soportando las miradas hostigadoras en la pista donde practicaba Viktor por su presencia. Aunque Yuuri se les unió, sin tomar por alto los cuidados de Mariana y Yurio, temia de ser atacada nuevamente. Ese noche de lo acontecido tuvo muchas pesadillas despertando en la noche llorando, como aun no llegaba su mamá de Ditroit a su rescate, en medio de la madrugada busca a oscuras el cuarto de su padre llamándolo, este un poco desconcertado de la actitud de la niña, se mostró comprensivo y la invito a dormir con él, de todas maneras esa cama era demaciado grande para una sola persona, tener algo de compañia es siempre gratificante. Escondiendo su rostro en el pecho del alfa mayor, la cachorra encontró el confortable sabor de sentirse protegida por su padre, antes siempre quiso experimentar algo así y esa noche bajo el frío de San Petersburgo, se quedo dormida en seguida.
Yuuri sonreía tranquilo ante la imagen capturada de sus retinas, sus dos personas favoritas en el mundo compartiendo sillón y esperando a estar el desayuno listo, en un descuido del par fue a buscar algo de ropa para cubrir su desnudez pero sin quitarse la sabana de su cuerpo, realmente hacia mucho frío y digamos no ser muy tolerante a semejante cantidades de este. Es decir, los inviernos en Japón y América son extremos, pero Rusia esta a otro nivel supremo llevándolo a hacerse una pregunta: ¿como podía permanecer su hija tan fresca? Si aun se encontraba vestida en pijama, una camiseta manga larga rosa con un corazón lila en el centro, un pantalón pijama del mismo diseño estampado de corazoncitos y medias afelpadas moradas; ¡ni siquiera usaba pantuflas! Solo iba descalza. No, Yuuri no puede con su cachorra, ni mencionar al padre, que aun no se a molestado en colocarse una camiseta encima, va mostrando su pecho inclusive estando su hija presente. ¿No posee el sentido de la vergüenza? Que va, el Nikiforov jamas a conocido tal palabra, de lo contrario, las escenas proporcionadas por él mismo en su época de patinador estando en las termas, jamas hubieran ocurrido. Bueno, esperar un cambio de él era estúpido, es ruso y estos son inmunes aparentemente al frío. Suspiro centrándose en terminar de hacer el desayuno, ver a ese par junto debería considerarse un delito, eran tan hermosos y resaltantes no se extrañaria que al crecer Anna tuviera la belleza nata de su ruso padre. Todo en ella lucia delicado, puro y encantador, aparte de ser alfa, parecía tener todo a su alrededor a su favor y ahora viendola feliz, es inevitable repetir ser mas bella aun. Esa sonrisa adornando sus labios es un golpe directo al corazón, si bien ella antes de conocer a su padre solia hacerlo, en el presente parece seleccionar exclusivamente a dicho hombre para hacerlo. No es de extrañar, realmente lo ama demaciado.
— Mamá, ¿qué es esa marca detrás en tu nuca?
Los colores se le subieron a la cara al escuchar de la nada a su hija preguntar eso, llevando insitintivamente su mano para ocultarla en un intento inútil de pasar desapercibido, giro con cautela encontrándose de lleno los ojos inocentes de la pequeña. Claro, aveces olvidaba que Anna solo tenia cinco años y sabia poco de la vida, de su naturaleza como alfa al tener el poder de marcar a un omega al ser grande, menos tener un destinado para ella. Pidiendo ayuda en el enlace con Viktor, le miro suplicante el encargarse de la explicación de ello, era cosas de alfas no omegas, este tipo de problemas eran demaciado para sus pobres nervios.
— Anna, abre tu boca grande como si fueras al medico. — pidió el adulto con seriedad, mirando a su hija y esperando ser obedecido.
— ¿Por qué? — pregunto confundida.
— Vamos, hazle caso a papá. — insistió sonriendole con tranquilidad.
Mirandolo medio indecisa, la peliplata abrió su boca tal cual dijo su padre y espero al siguiente paso a hacer, este sin previo aviso, sobre todo, con delicadeza toco sus colmillos para nada grandes o filosos, como queriendole explicarle algo.
— Cuando Anna tenga la suficiente edad y encuentre a la persona indicada, querrá demostrarselo de una manera y inevitablemente, lo mordera en la nuca. — soltó sus colmillos, sonriendole y dándole unas palmaditas en la cabeza con cariño. — Asi como papá se lo hizo a mamá.
— ¿Esa marca la hizo papá?
— Si, porque quiere mucho, mucho, mucho a mamá y la manera de demostrarlo nosotros los alfas, es marcando a nuestra persona amada. — siguio explicando el ojiazul, con mucha astucia.
— ¿Y mamá no le dolio? — esta vez se dirigió al omega, que soltó un respingo de la impresión viéndose una vez mas acorralado ante la inocencia de la infante. — porque parece que si, me asustaria hacerle daño a mi persona amada.
— Dolio solo un poco, — confeso con simpleza el azabache alzando sus hombros, pero a su vez, adoptando una expresión calida en su rostro. — pero considerando el sentirme conectado con tu papá a quien quiero mucho, valio la pena experimentarlo. Anna, esta marca no solo significa posesión, tambien entrega y devoción tanto para la persona que la hace como para el recibido. Es la señal de amor entre dos personas que se quieren.
— Ah, nunca antes mejor dicho. — cruzo los brazos el peliplata conforme a lo escuchado.
La cachorra guardo silencio viendo a sus padres interactuar, era como ver a dos complementos imposible de permanecer separados el uno del otro por mucho tiempo, bajo su sana opinión, eran almas gemelas. En su escuela en muchas ocasiones hablaban de eso, existir personas destinadas a permanecer a tu lado por el resto de tus días, estas bien podían ser omegas, alfas e inclusive betas, la raza no seria precisamente el problema sino los obstáculos a vencer para estar juntos. En su joven mente jamas creyó en tal cosa, solo bastaba en tener a su madre como claro ejemplo de un invento tonto de gente sin oficio, porque de ser cierto Yuuri no sufria llorando en la soledad de la habitación frente a fotografías de su padre, ni mucho menos, el intento fallido de relación con Yurio. Pero ahora en el presente, admirando la sonrisa calmada de su madre y la mueca infantil de su papá al robarle un beso sin contemplación, creía en tal vez existir ese alguien para ella en algún sitio. Aunque supongomos, solo supongamos algo, si ella quería mucho, mucho, mucho a cierto rubio gruñon de mala actitud pero no lo demostraba a menudo por su personalidad, agregandole ser novio de Mariana, a quien no le cae nada mal pero igualmente le desagrada la idea de tenerlo como su pareja. ¿No podía marcarlo y asunto resuelto?
— Mama, papá. — los llamo rompiendo su atmósfera de claro coqueteo, siendo el primero en girar en su dirección el peliplata. — ¿Anna puede marcar a Yurio como suyo?
Oh, no, no, no. ¡¿Qué demonios acaba de decir su hija?! Seguramente escucho mal, vamos, que la edad le esta afectando antes de tiempo. Su rostro parece haberse congelado con una mueca de sonrisa, Yuuri conocía demaciado a Viktor como para pasar por alto la conmoción sufrida en su interior, y vaya conmoción porque tiene el famoso “Poker face” al propio estilo sonrisa. Desde hace tiempo había percatado el interes de su hija hacia el rubio, la atmósfera de provocarlo, lograr llamar su atención y reirse de sus expresiones, todo ello se debía a una sola cosa: tenia un enamoramiento. ¡Anna experimentaba su primer amor con Yurio! Si, es tierno, lindo y todo lo que puedas combinar con ello. Sin embargo, dejara de serlo tomando en cuenta que es el mismo alfa encargado de ti durante cinco años, expareja y posiblemente amante de no volverse a encontrar con Viktor, quien seguramente mantenía firmemente todo presente latiendo en su cabeza como pintura fresca. Debía de sentirse raro, algo impresionado, el efecto Yuri Plisetsky es mas fuerte en Katsuki y tratar de desaparecerlo todo un reto.
— ¿Por qué quieres marcar a Yurio, cariño? — apagó la estufa, secandose las manos y acercándose hacia su pequeña.
— Bueno, no es que me agrade mucho o algo — argumento tratando de fingir molestia, escuchando a lo lejos a su padre temblar igual a un terremoto. — solo, yo… simplemente… quiero hacerlo. Solo eso.
Adorable, su hija es completamente adorable, sus mejillas sonrojadas conjunto a esa actitud renuente evitando que alguien le diga algo, un escape de la realidad.
— Eso no podrás hacerlo, bebé. — hablo con cautela el azabache acomodando un mechón del platinado cabello de su hija, mirando en seguida esos ojos con asombro. No se lo tomo muy bien. — ¿lo recuerdas? Debe de tratarse de tu persona especial, no alguien a la ligera. Es igual o mas profundo a casarce. Además, Yurio tiene a Mariana, dudo poder aceptar tal cosa.
— Pero Yurio dijo que Anna era su princesa, eso es ser especial para él. ¿No lo creen? — inquirio con ojos oscuosos, mostrando su lado testarudo mas ampliamente.
El Katsuki volteo su vista a la cocina esperando tener algo de ayuda, su prometido seguía en trance asustandolo un poco, porque esa expresión de sonrisa no podía durarle mucho. Aquí no se encuentra las cámaras observandolo, sino su pequeña familia, quien sin saberlo lo necesitaba con urgencia. Romper la inocencia del enamoramiento de su hija por el rubio era una odisea hacerlo tal vez si Viktor le diera la mano para ayudarlo, las cosas serian evidentemente distintas, el primer amor es que perdura toda la vida y son imposibles de olvidar. Lo sabe por experiencia propia, de no cortar esto desde la raíz seguiría todo esto, las amarguras, las decepciones, el llanto, los sin sabores y la mala experiencia de una primera experiencia fallida. El ojos caoba no deseaba nada de eso para su hija, aunque Viktor estuviese igual a una lavadora descompuesta y enviandole señales de celos mediante su enlace, daría a la pequeña la mejor respuesta de todas.
— Anna, lo especial que eres para Yurio, no es el mismo “especial” que tu tienes de defino de él. — comenzó explicando con cautela, rogando mentalmente en no equivocarse o despertar la mina. En su lugar, Anna mira con ojos atentos la explicación de su mamá sin abrir la boca. — Por ejemplo, Phichit y mamá se llevan muy bien tanto para igualmente considerarse especiales el uno del otro, pero sin extralimitarse a tener una relación mas seria.
— ¿Qué quieres decir? — coloco su dedo índice en el mentón, igual a cuando su papá medita una tema determinado.
— Yurio quiere mucho, mucho, mucho a Anna, pero es un cariño diferente al de Mariana. — culmino diciéndole, bajandole un poco el animo a la infante, recibiendo inesperadamente los brazos de su padres desde atrás sonriendole, repuesto y en total disposición para ella. — Existen diferentes tipos de amor, bebé. El de amigos, como mamá y Phichit, el familiar, somos un claro ejemplo de ello al tener lazos increbantables y jamas dejar de sentir lo que sentimos. El de amantes, como papá y mamá, donde naciste tú mi adoble pequeña. — se acerco a ella dándole un beso en la mejilla acompañado de un arrumaco sutil, esta soltó un risita complacida de la atención recibida. — Y luego esta el especial, Yurio te quiere de esa manera, teniendote como una personita digna de admirar pero jamas pensandote de otra forma. Eres como… como…
— Hermana. — concluyo el Nikiforov, dibujando en sus labios una sonrisa en forma de corazón. — ¿acaso no lo viste desde tener memoria? Yurio te a visto crecer, han compartido seguramente alegrías y tristezas. En fin, es como esa persona fastidiosa con quien inevitablemente has formado un vinculo.
Anna se quedó en silencio unos minutos analizando las palabras de su padre, si, había mucha razón en ellas con lo de soportar los comportamientos arrogantes del rubio, sobre todo, el haber salido con su mamá aun ella le disgustase. Sin embargo, olvidar ese cosquilleo extraño en su estomago cuando lo veía o deslumbrar esa sonrisa brillante en su boca, le hacia sentir demaciado muy para ser cierto. Viktor podría decirle no quererla de esa manera, daba igual, pero la ojos azul persistiria en sus cometidos con el ruso. Aunque eso significaría ir contra Mariana.
— Anna ha entendido. — pronuncio la niña con soltura, asombrando a sus padres en el acto. — por eso, esperara hacer mas grande.
— Si, si, si… Anna debe ser mas….
Viktor quedo congelado, totalmente anodadado ante la confesión de su pequeña, la princesa ante sus ojos y el mismo Yuuri. No, no podía creer que el argumento propuesto halla sido maliterpretado de la peor forma, conocía la astucia de su cachorra, mas de una vez desde conocerla la a visto colocarla en acción. Esta seria la primera en ser puesta en su contra. Al momento de reaccionar, Anna ya se alejaba de su presencia determinada en darse una ducha, alistarse he ir inmediatamente a la pista de hielo con la finalidad de ver a cierto rubio gruñon. Nikiforov levantándose del suelo, corrió alzando su voz angustiosa pretendiendo frenar las intenciones de la niña, pero el nivel se elevo a peores, porque ella girando una única vez pronuncio:
— Aunque seas el papá de Anna no lo voy a permitir, Yurio es mio o… lo sera después. — aclaro fuerte y claro, llenando de angustia al peliplata. — ¡Pero no le dejare el camino fácil a Mariana!
Sin mas preambulos, la chiquilla azotó la puerta de su habitación, dejando detrás suyo el alma preocupada de su padre queriendo llorar. Mientras Yuuri, miraba fascinado la escena producida, no cabia duda que Anna era hija del ruso, es decir, bastaba simplemente captar el brillo decidido en los ojos azules de la chiquilla y sacar conclusiones claras. Esa destreza y determinación pertenecían al Nikiforov, claro, sin olvidar la gota de cero vergüenza al dejar claro su posición de querer optener algo aunque sea a la fuerza. Menudo caracter, es de susto por mucho de tratarse de su hija, era la verdad. Seguía dándole algo de gracia pisotear los sentimientos paternales del alfa, podría sentirlos mediante la conexión hecha hace unos minutos, este se encontraba celoso de poder quitarle a la niña de sus ojos. Cosa errada, muy errada. ¿Qué se le podía hacer? Vitkor es muy dramático, incluso, donde no debería de serlo. Admirar como le sacan a la fuerza de su comodidad, no seria tan malo.
— Primero Yuuri, ahora Anna. — resongaba por lo bajo parecido a un anciano senil. — ¿qué mas vendrá luego Yurio?
« Allí lo tiene, mi gran bebé llorón. »
— Vamos, vamos Viktor. — se poso a su lado, colocandole una de sus manos en el hombro de este. — esta experimentando un “flechazo” sera algo pasajero, veraz que cuando crezca lo habrá olvidado.
— ¡Yuuri! — gimio fingiendo dolor al inmediato de lanzarce a los brazos del pelinegro, quien lo acepto gustosamente. — ¡nuestra Anna! ¡Oh…! ¡nuestra pequeña y hermosa princesa! ¿pero por qué Yurio? ¡¿por qué él?!
El omega tiene unas ganas interminables de reírse de su amante, recriminarle estar comportándose ridículo ante el flechazo de su hija, es decir ¿quien antes no lo ha tenido? En su época de niño pensó estar enamorado de Yuko, era la niña mas hermosa de todo el Ice Castel, la primera en reconocerlo como una persona al pesar de su condición y su única gran amiga. ¡Por los dioses! Imagino mucha cosas absurdas de su persona con ella, inclusive que de ser alfa se dejaría marcar con gusto estando grande. Es vergonzoso, si, pero mas temprano que tarde lo olvido. Tal cual lo haría Anna, es la ley de la vida hacerlo. El azabache penso que esto sería apartir de ahora en adelante su pan de cada día, el rubio no seria el último, obvio y no, mas bien el primero de muchos mas en la historia de convertirse en el padre de una niña. Eso que ella era una alfa, de ser omega no deseaba imaginar las calamidades a presentarse, siendo el dolor de cabeza mas grande de todos.
Asi que, en tanto acariciaba con un rostro incrédulo la espalda de su prometido, Yuuri visualizo su porvenir, el cual, aquel azul intenso multiplicado por dos se extendía mas en el firmamento reafirmando su supremacía en si.
— ¡Anna ya se encuentra lista! — salio al pasillo la chiquilla estando totalmente vestida, asombrando a sus padres, mas al peliplata. — ¡Vamos a ver a Yurio!
— ¡Yuuri!
Ah… esto se volvería cotidiano, Viktor llorando en su regazo, Anna reclamando el comportamiento extraño del primero, él en el medio. Bueno, al menos sus días de soledad terminaron, con ellos llegarían los llenos de sol, risas y alegrías. Lo usual en su vida desde conocer al Nikiforov, el verano en pleno invierno.
« Soy Katsuki Yuuri, tengo 27 años, patinador retirado ahora entrenador autorizado de niños, actualmente vivo en Rusia, San Petersburgo con mi hija Anna de cinco años y mi prometido Viktor Nikiforov. Quien prontamente, nos casaremos. »
¿Lo mejor? Lo mejor estaría por venir.
Fin.
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