V
Cuando estaba pequeña solia caminar muy junto a mamá, sostener una de sus manos y tratar de pasar los pequeños puentes de mi imaginación, donde si caía un enorme cocodrilo vendría a comerme. Lo se, la mente de una infante es un universo completo, mas tratándose de la mia, que existía hadas, duendes saltarines, magos con chispas saliendo de sus dedos y pequeños animales escondidos en cada matorral que pasara. Por eso, me encantaba pasar el tiempo completo en la esquina de lectura, sumergirme en cuentos contando la historia de niños haciéndose gigantes al comer ballas dulces, o una amable princesa escapando de la realidad de casarce con un sapo, sin dejar los clásicos: caparucita, blanca nieves, la cenicienta, la sirenita. Lo he dicho anteriormente pero mi historia favorita es blanca nieves, es romántico saber que al final era despertada con el beso de su verdadero amor, su príncipe azul siendo el encargado de llevarla a su castillo y viviendo felices para siempre. Quería eso, deseaba con fuerza ensordecedora mi final de cuento de hadas. Aunque lamentablemente, en la vida real no existía tal cosa, no muerdes una manzana envenenada, duermes, te encapsulan en un cofre de cristal y eres devuelta a la vida con un beso, el del verdadero amor.
Todas mis compañeras disputaban al ver los príncipes de Disney, sus sonrisas sacadas de un comercial de dientrifico, esos cuerpos gallardos y porte recio. No existía ninguna en no desear tener uno, o al menos, estar en los zapatos en una de las princesas. En lo particular me daba igual, solo deseaba un final feliz como sus historias, lo demás pueden quedarselo. Mas tomando en cuenta que poseia mi caballero particular, el chico de elegante armadura hecha de los sueños de las doncellas y el aire de los dioses, poseedor de esos ojos esmeraldas explendoroso como el mismo sol, Sebastián. Hubo una ocasión donde unos chicos mayores a nosotros pasaron una temporada en el salón, mi mejor amigo no solo estaba maravillado, igualmente deseo ser su amigo a como de lugar. Eso coliciono con mis planes de pasar tiempo con él, esto me refería directamente a jugar en el parque, montar en los columpios, bajar la resbaladiza… en general las imagenes fueron sumplantadas por la de esos niños. Sin embargo no podrían conmigo, ni los niños de mi edad lo han logrado, menos lo harán estos. Asi que armandome de una tenacidad igual de altura a la torre de pizza, me aferre a la estela de Sebastián acompañandolo a todas partes, si, a todas partes. Aunque, sin saberlo, me encariñe con los niños mayores aceptandome en el circulo amistoso y enseñandome unos juegos bastante curiosos. A su lado perdí el miedo a las alturas, aprendí a meserme sola en los columpios y cruzar un puente lo suficientemente alto como para poner a llorar a cualquiera, en resumidas palabras, me converti en una mas de ellos. El tiempo a solas con Sebastián se redujo considerablemente, no fue un golpe tan duro, nos quedaba aun estando en el grupo y él evitando balancearme sola en los columpios. Era un chico tan raro, aprendí a hacerlo por mi cuenta, de esa manera evitaría darle molestias, pero aun así se ofrecía hacerlo solamente para estar conmigo en silencio. Teníamos una especie de código, en tanto estaba corriendo por allí jugando con los demás niños, iba a sentarme en los columpios mas chicos y él inmediatamente igual a un fantasma preguntaba curioso si necesitaba un empujón. Era un ritual normal entre ambos, el sentir las mariposas en mi estómago, sonreír por lo bajo, sus manos en mi espalda… simplemente un ambiente armonioso.
Unos días antes de la partida de los mayores, Ronald, el líder de ellos nos pidió el reunirnos en la zona de reuniones donde se rumoreaba que al ser llamado a ese sitio significaba dar tu primer beso, obviamente no creía tal cosa, y de ser cierto, en la vida sería capaz de besarme con otro chico que no fuese Sebastián. Oh, ya se sus pensamientos, una niña aun ni en la pubertad pensando en besos. Bueno, lo hacia, después de todo las peliculas de Disney nos muestra mucho de ellos, haciendome recrear un montón de escenarios de suceder el primero, ambos de adolescentes en medio de un parque lleno de flores, sentiría los estragos del primer amor golpeando mi estomago y un cosquilleo en todo el cuerpo, haciendome sentir viva y comoda consigo misma al igual de mi amado. ¿Saben algo? No fue así, porque al encontrarnos reunidos en ese sitio Sebastián y yo quedamos desconcertados, estábamos confundidos de ser reunidos en una zona donde se rumoreaba tales cosas, menos, teniendolo detrás de nosotros a dos de nuestros supuestos amigos mayores. Ronald sonriendo con malicia hablo de la nada haber escuchado muchos rumores de nosotros, comportarnos muy amigable el uno con el otro, sujetar nuestras manos en el momento de caminar y hacernos llamar “mejores amigos”. Inmediatamente di un paso hacia adelante frunciendo el ceño, esos estúpidos rumores han existido desde siempre pero eran totalmente falsos, Sebastián era mi amigo, mi mejor amigo y esa es la auténtica verdad. Moviendo su cabeza hacia los lados al ritmo de su dedo índice, el chico camino de un lado a otro mareandone un poco, la expresión en su rostro me asustaba un poco, viniendo a mi mente las palabras de mis amigos.
No debías de ser un genio para leer el ambiente, seriamos obligados a besarnos. Dándole una señal con la mirada a Sebastián, obligue a mis piernas a moverse lejos de estos chicos peligrosos, aun así, las piernas y brazos largos de los mayores nos sostuvieron en contra se nuestra voluntad. Estabamos perdidos. Asi que, a costa de nuestra propia voluntad, juntaron la cabezas de ambos en un beso totalmente desesperado y nada romántico. Mi mente cayó en colapso, mis sentidos igualmente, sin mencionar el entorno que daba sacudidas en tanto buscaba correr lejos de allí. No… ¡No se suponia que debía de ser así! Ese momento lo recordaría toda la vida, la atmósfera calida, los labios tersos de mi amado sobre los mios, el rose y la esencia propia de la vainilla combinada a la primavera. Fresca. Bueno, tampoco es que el segundo beso dado en mi vida fue romántico, Anthony simplemente lo robo dejandome desconcertada y sin habla alguna, la impresión se encargo de robarmela. Es cuando venimos al presente, teniendo al culpable de todos mis delirios sosteniendome fuertemente entre sus brazos, apretando con sus manos mi cintura y moviendo sus labios con maestría en los mios, quienes hace unos momentos se encontraban secos pero han hallaron una fuente idónea de hidratación.
Las películas, libros y otras fuentes tienden a alardear las sensaciones al besarte con quien quieres, ejemplo, ver estrellas bailando en tu cabeza, el sonido de trompetas o que explota en tu estómago millones de fuegos artificiales. En general, va mas lejos a esto, mucho, mucho, mucho, mas lejos. Porque el aire se hace mas denso, la temperatura de tu cuerpo aumento igual a una estufa, el corazón quiere salirse por tu garganta de la emoción y el pulso de todo tu cuerpo se descontrola. No hueles nada en particular, ni primavera u otoño, solo la frangancia fresca y masculina de él, tambien lo mentolado de su dientrifico, quizás la loción en utilizar cuando se rasura la barba o… Frenen el carro. No, no, no. ¡Detengan el autobús que yo me bajo aquí! ¿Qué demonios estoy pensando? Mejor aun ¡¿Qué demonios estoy haciendo?! Sebastián no es mas ese niño inocente llorón de trece años atrás, tampoco soy la niña asustada de sus amigos mayores, los dos somos adultos, tenemos responsabilidades diferentes y aparte él esta casado. CASADO. Tiene a Katherin y una hermosa niña llamada Karla, la cual, en ese mismo instante cruza mi mente igual a una bala. Ella fue tan dulce conmigo deseo inclusive agradarla la idea de ser su profesora, no, no puedo hacerle esto a ella, no puedo arruinarle su felicidad de la familia por mi egoísmo, sobre todo, no puedo romper la confianza de Katherin depositada hace unos minutos en mi. ¿Acaso iba a convertirme en lo que ella espero antes de mi? ¡¿Realmente iba hacerlo?!
Armandome de valor, un giro inesperado al del pasado cuando él fue quien me empujo, en esta ocasión coloque mis manos en su pecho alejando todo lo posible de mi su presencia. Al mirarnos al rostro respiramos entre cortado, jadeando a su vez impresionados de lo que, desde su perspectiva, él inicio al correr detrás de mi. Sintiendo las lágrimas golpeando una vez mas mis ojos, di un paso hacia atrás cubriendo mi boca en tanto mi amigo, un nivel mas desconcertado que yo miraba al suelo intentando descubrir la razón detrás de su acción. Yo… no podía permanecer aquí, no podía, no podía, no podía, no podía, no podía…. ¡Maldición! ¡¿Qué demonios he hecho?! Antes de Sebastián alzar su voz en mi dirección, gire asustanda mostrandole mi espalda saliendo corriendo despavorida de allí, dejando todo atrás, casi todo, a excepción de la culpa. No me fije si me seguía, tampoco iba hacerlo de todas maneras, mi mente y cuerpo entero gritaba el huir, huir tan lejos pudiera posible. Corrí, corrí sin importarme las leyes de tránsito, las motos, los transeúntes y que una pareja de ancianos tocaran la bocina de su coche por temor de arrollarme. Estaba en caos, uno total que me provocaba temor de mi misma, si, porque besarme con Sebastián estaba mal pero… se sintio endemoniadamente bien.
Por fin, luego de tantos juegos de por medio entendí las palabras de David, desear lo prohibido, el tenerlo, pero no poder tocarlo y de hacerlo, quemarte en las olas de la culpa o remordimiento. De esa maldita manera me sentía, con un peso sobre mi pecho negandome el respirar, el pensar con claridad y el vivir a plenitud. Aunque fui la primera en confesar en estar aun enamorada de él, Sebastián se encargo de cruzar la linea del amor unilateral convirtiéndolo en un peligroso triangulo amoroso, el cual, tenia todas las de perder. ¿Por qué? ¿Por qué correr detrás de mi? ¿Por qué besarme? ¿Por qué…? ¡¿Por qué demonios me hace esto?! Solte un quejido lastimero, lleno de dudas y dolor, no podía soportar nada de esta situación menos las acciones confusas de aquel hombre. Yo era el pasado, él mismo me lo confirmó al mencionar ser su primer amor, uno que esta muerto bajo cientos y cientos de metros de tierra, pero no, Sebastián ha tomado la decisión de confundir mi corazón y hacerlo bailar a su semejanza, a su antojo. Ahora me encontraba perdida entre el pasado y presente, teniendo un futuro incierto a su lado o lejos de él. Estaba segura de no buscarlo, al menos, no con este lio en la cabeza y siendo probable igualmente poseerlo él, quizás bajando los niveles en tensión en el aire pudiesemos conversar sobre esto.
Un pensamiento ingenuo, muy ingenuo.
Termine cansada de correr frente al terminal de autobuses, en medio del humo de los tubos de escape, el grito de las personas y el ambiente movido, sin descanso de este sitio. El cuerpo entero me seguía temblando, mitad adrenalina otra mitad impresión, el corazón bombea sangre acaloradamente a todas partes del cuerpo dejando al final a un estómago revuelto, se supone que es la hora de tener hambre pero con todo lo sucedido hasta hora lo mínimo en hacer seria comer, de hecho, me encantaría tomar uno de estos autobuses y buscar a David. Al menos, es el único amigo en poseer en medio de la catástrofe, los demás han desaparecido igual a las cucarachas. Sin embargo, el irme sin avisar de la ciudad seria un acto inresponsable de mi parte, mas si ni siquiera asistí a las clases de la tarde de la facultad, en la vida se me ocurriría algo tan barbaro como eso. Me sente en uno de los bancos ubicados cerca de los autobuses, estaba tan confundida, mucho de hecho, porque temía de haber sido vista por alguien conocido o los mismos empleados de la cafetería que seguramente han escuchado la discusión. Maldición, ante los ojos de la sociedad entera sería vista como la aprovechada que oso a robarle el marido a Katherin, en tanto Sebastián, él mas bien lo colocarían al igual a un héroe. El chico que tuvo las agallas de engañar a su esposa y estar con el amor de su infancia, todo un barbaro. Era ridículo, no existen dudas, pero en una sociedad en donde el hombre es visto con esa imagen de “poderoso”, no tendría ninguna oportunidad.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
¿Cual seria mi siguiente paso? ¿Qué demonios tenia que hacer? El laberinto de mis pensamientos se abría mas conforme avanzaba, no había salida, todas las paredes se extiraban delante de mis ojos y los caminos con posibles finales, poseían enredaderas con espinas evitando poder tocarlas para salir dañada. No podía ver a David, vive en otra ciudad, llamarlo implica interrumpir su hora de almuerzo o posible entrada a clase, creo mas este último. Estoy enojada con Anthony, enamorarse no significa imponer tus sentimientos sobre los de otros, sino aceptar con perseverancia su vista de ti. En cuanto a Mariana, me odia, mejor dicho… ¡Tiene asco de mi! ¿En verdad soportaría a la chica que le gusta a su enamorado? No, es obvio la respuesta. ¿Resumidas palabras? Estoy sola. Bendita sea la hora en cruzar la mente de Sebastián confundirme de esta forma, porque detrás de sus acciones no comprendo lógica alguna, es decir, estuvimos trece años separados y apenas volvimos a rehacer nuestra amistad. ¿Por qué quebrarla? ¿Por qué mandar al desagüe todo el esfuerzo? ¿Mi esfuerzo? Esta casado, joder… ¡ESTA JODIDAMENTE CASADO! su obligación es con Katherin, con la pequeña Karla, no conmigo, yo en ninguna de las paginas de su vida me veo como interes amoroso. JAMAS LO SERE. He allí a uno de los motivos de no creer nada de esto, en el pasado fuimos muy ingenuos en creer permanecer juntos hasta envejecer, tener una silla junto a la otra en el ancianato donde nos recibirían. Nada de eso sucederá.
Sin saberlo nuevamente el dolor de mi pecho ataca llevando a mis lágrimas desbordarse, cubro mi rostro evitando ser mal vista o el preguntarme de mi estado, horita mismo no tengo la capacidad de fingir estar bien, todas las desgracias se han apilado tras de otra atacandome como una avalancha, quedando atascada entre la nieve de confusión y dolor. Supongo que ir a casa no estaría mal, tomar un baño, relajarme, hacerme un té para atacar los nervios… es una excelente idea si al menos las ancias de tener un abrazo no fueran grandes. Cuando mis padres se divorciaron tuve una temporada de mala racha, donde desobedecer a mamá era el plato de cada día, sin olvidar la enfermedad terminal del abuelo, viendolo morir día a día en esa cama de hospital es uno de los horrores mas terribles de mi vida. Quería desaparecer, marchitarme tal cual fuese una flor sin agua o sol, hundirme en el viento y así dejar de ser el estorbo que era. Pero entonces mamá me rescato, extendió su mano enseñandome que la vida no se tranca allí, está sigue avanzando, girando en la misma dirección pero con diferente modalidades y mi tarea seria aferrarme a ella.
Me levante de mi asiento provisional de golpe, hipando y toda llorosa. No necesitaba de ningún amigo para impulsarme, aveces las respuestas se encuentran cerca de tus narices, pero no las ves. Debo buscar a mamá. Comence a caminar apresurada entre la multitud, este ambiente ya no es necesario, solo necesito el que me brinda mi progenitora cuando estoy en la inmunda y este es ese caso. Inesperadamente frene un taxi abordandolo, no tenia ni idea de que cosa le diría a mamá cuando la viera, por obvias razones relatarle mi historia con Sebastián era imposible, no por dañar su imagen de su ex estudiante modelo, sino mas bien la mia. Permití que llegara lejos, yo misma permití hacerlo, correr detrás de mi, besarme, confesarme sus pasados sentimientos e implantar en mi la culpa. Las imágenes de Katherin junto a su hija era las mas dolientes, ellas no merecían pagar por mi egoísmo, menos teniendo la felicidad ya comprada al ser su familia. No obstante, venia la contraparte y era la mia, el gozo, la dicha, esa emoción genuina al tener los brazos de Sebastián alrededor de mi apretandome, sus labios en los mios sofocandome y esa respiración errantica escaparse de su nariz de un solo golpe. Se sintio bien, me sentí bien, conocí el significado de tocar la séptima puerta del cielo, y de la misma manera, la del infierno pues peque al llevarme por ello. Es comprensible que digan “lo prohibido se hace tentador”, de ello, estoy viviendo ahora mismo al desear a alguien que no me corresponde.
Pague la tarifa del taxi antes de bajarme de el, frente de mi se encontraba la infraestructura amplia de salones estilo galpón del preescolar donde trabaja mamá, siendo de la misma manera, mi hogar años atrás. Luego de graduarme lo visite muchas veces, por supuesto, mamá siguió en el mismo lugar antes de tener el ascenso esperado a coordinadora y me vi involucrada a venir aquí con la finalidad de acompañarla. De preguntarse de recordar mis memorias de estudiante mientras caminaba ya sus instalaciones mas grande, es si, si lo hacia como ahora mirando la fachada del frente con la estatua conmemorativa donde solia correr con mis amigas, o simplemente sentarme a hablar con Sebastián riendonos. Todo, absolutamente todo, se remolina en mi mente para joderme al punto de soltar un quejido de dolor. Creo que ha sido una mala idea venir, los recuerdos de este lugar van a consumirme hasta el cansancio al estar repletos de él, es como darle mas droga a un drogadicto en vías de recuperación, sabes el daño en causarle, pero de todas maneras lo haces. Asi me siento, lastimada, asfixiada, en un tipo de ignosis conjugada en las manos del amor de la infancia, una persona bastante cruel a mi parecer. ¿Por qué? ¡¿Por qué demonios me haces sentir miserable?! ¡¿Hasta que punto debo de serlo para que estes satisfecho?! Ya no me queda nada, ni luz u oscuridad, solo un gran vacío al intentar comprender sus acciones, sus…
— ¿Isa? — una voz suave y amable me llama, provocandome un respingo como si fuese regañada. La conozco, obvio y lo hago, pero… — ¿Qué ha sucedido? ¿Estuviste llorando?
— Lidia… — susurro su nombre una vez mirandola a la cara.
Entonces no me importa explotar una vez a llorar, me lanzo a sus brazos recibiendome con sorpresa por mi exabruto preguntandome el estado en que me encuentro, si me duele algo y pidiendo tranquilizarme. Pero no puedo, en su pecho encuentro la calidez que tanto anhelaba, Lidia es igual a una tia preocupada por ti, se encuentran en el mismo nivel y además desde tener memoria siempre ha estado allí en todo momento. Se encarga de la portería en la tarde del preescolar, posee mucho respeto por mamá y me quiere mucho, cuando estaba pequeña cuidaba de mi al caerne y rasparme las rodillas, o en esa ocasión teniendo Díez años, mamá estando en una reunión dejandome a su cuidado. En resumidas palabras, le tengo la suficiente confianza como para llorar de esa manera frente de ella. Sin darme cuenta, terminamos entrando a la escuela que se esta muy silenciosa al ser una, de hecho, hasta la oficinas se encuentran despejadas sin un alma dentro. Si no estuviera tan desmoralizada preguntara, pero mi gemidos combinados con mis quejidos de llanto me impiden hacerlo, es mas, vine con la finalidad de ver a mamá pero ni de ella digo algo simplemente me limito a ser llevada de un lugar a otro, tratada como una muñeca manejable de trapo.
Soy sentada al lado del escritorio de la otra coordinadora, frente del despacho del director mientras Lidia coloca en mis manos una taza humeante, creo descifrar por el olor ser té, pero no estoy segura, puede ser otra cosa. De todas maneras, mi tembloroso me permite darle un sorbo descubriendo las potenciales de la manzanilla, es dulce, muy dulce y comprendo ser utilizada para calmar los nervios, los mios siendo mas exactos haciendome agradecerle internamente por el gesto. Debo de darle varios tragos a la bebida hasta estar remotamente decente, no llorando y atenta a cualquier otra cosa en lugar de llorar. Lidia me mira con ojos preocupados ha desistido de preguntarme lo que sucede, simplemente se limito a calmar mis nervios con un té, debí de aparentar ser una loca completa, realmente estoy un poco avergonzada aunque lo hecho, hecho esta.
— ¿Donde…? — trago el último sorbo de té en la taza antes de continuar. — ¿Donde esta todo el mundo?
— Ocurrió un accidente con las aguas blancas en uno de los baños. — explica la mujer, sujetando la taza y colocandola en otro sitio. En una mesita con una cafetera cerca de los escritorios de las secretarias. — los niños los retiraron, las profesoras y otro personal tambien. Pero si preguntas por tu mamá, se encuentra en una reunión para solucionar las cosas o aplicar un plan de contingencia.
— Mmm… — me limito a contestar.
Bueno, eso explica la frialdad de las instalaciones o el silencio, comprendo que quienes le dan vida a las escuelas son su personal y los niños, de lo contrario, podría pasar perfectamente a un lugar predilecto de fantasmas. De pensarlo, se me colocan los pelos de punta. Esta siendo algo de frío, no lo niego, pensé en el ambiente solitario dándole la razón de ser pero no viene al caso, aquel día aparentemente fresco con un día esplendoroso ha sucumbido a las espesas nubes grises en el cielo, supongo que en cualquier momento llovera. Perfecto, pienso encogiendome de hombros, hasta el clima me ha dado la espalda. Hoy todo esta en mi contra. Noto como Lidia sigue mirandome esperando una explicación de mi parte, eso me incomoda profundamente porque puedo tenerle confianza, pero no poseo en mi misma para hablarle de muchachos. Porque… es es lo que es ¿verdad? Mi estúpido enamoramiento por uno casado, quien a su vez, se trata de mi mejor amigo de la infancia amado por mi desde tiempos remotos.
No…
Demonios que no.
Demonios que no.
Lidia cruza sus brazos soltando un suspiro bajando sus cejas, se ha dado cuenta que el silencio entre nosotras no se prolongará, no al menos si ella dice algo. Decide caminar a mi dirección colocándose de rodillas sosteniendo mis manos, la expresión de su rostro se transforma en una comprensible y blanda, trata de hacerme saber que cualquier cosa en suceder estará allí para mi. No pretende juzgarme o algo, solo quiere escucharme.
— ¿Es sobre un chico? — da en el blanco haciendome sonrojar, ella se rie por mi reacción dando a entender el haber acertado. — Oh… di en el blanco, es sobre uno. Acaso… ¿Te hizo algún tipo de daño? ¿Te engaño? O… ¡¿Te forzó hacer algo que no querías?!
— ¡No! — respondi de inmediato, Sebastián jamas haría tal cosa, me respetaba y… demonios, eso no importa ahora. — No se trata de eso Lidia, es algo muy, muy, muy complicado y no quiero agobiarte con problemas estúpidos de jovencitas.
— Vamos, no digas tal cosa. — se levantó del suelo mirandome con fingido reproche, baje la mirada al suelo. — ¿No fui una vez joven tan bien? No existe nadie para comprenderte mas que otra mujer, mas si esta tiene un grado de experiencia elevada a la tuya. ¿Por eso no venias a buscar a la Profesora Annabeth? — aprete las manos en puños, tenía razón, pero de alguna bizarra manera tampoco podía hablar de esto con mamá era… extraño. Rayos, debo conseguir amigos. — Al parecer, solamente querías ser sostenida por alguien ¿no? Aunque sea por tu mamá. ¿Pero sabes? Las madres tienen un tercer ojo en la frente, ellas con solo fijarse en ti saben si te encuentras mal o bien, asi que si pensabas quedarte callada frente de la Profesora Annabeth… ibas a fallar. De cualquier manera encontraría la forma de sacarte la información. — eso si es un examen detallado de una madre, al menos, la mia. — De acuerdo, no tienes que decir nada si así lo prefieres pero toma en cuenta una sola cosa, los hombres van hacer cualquier acción para enredarte la vida. Suelen decir nosotras ser las complicadas, las “incomprensibles”, pero no es así, basta con demostrarnos que nos quieren, que nos respetan y saber donde van para tenernos satisfechas. Somos humanos, Isa, no aliens. Tenemos sentimientos, sueños, pasiones, ambiciones y… amor. Mucho amor para dar. Por tanto, si es tu caso, no creo conveniente privar de darlo, sea cual sea las circunstancias, tienes derecho de darlo y recibirlo a cambio.
— Es imposible, imposible para mi. — dije al fin un poco frustrada, teniendo nuevamente un nudo en la garganta. — Sebastián solo hace cosas que me confunde, él no debería de ir por mi no cuando… cuando…
— ¿No le has preguntado el por qué de sus acciones? — dijo bastante obvia, alce la cara viendo como encogia sus hombros en señal de no perder nada. — Todo evento tiene un porqué, tal vez no le has dejado redimirse a explicarte la razón de sus acciones. No esta bien huir Isa, debes enfrentar los problemas con la cabeza en alto. ¿O tienes miedo de algo?
No respondí, no por no tener una respuesta a ello, porque la tenía y si mi miedo residía a aquella familia de mi amigo siendo infeliz gracias a mi. Una Karla llorando, una Katherin odiandome, gritandome la culpa de destruir la felicidad de su hija por mi egoísmo, por desear poseer a alguien prohibido y totalmente ajeno a mi. Sebastián es la fruta del pecado, la manzana de la discordia y yo… quiero tenerla, siempre desee hacerlo pero ahora es diferente, simplemente no puedo lanzarme al vacío sin paracaídas pues saldre lastimada. Tambien esta ese otro temor, uno mas terrorífico al anterior, escucharlo decir que la razón de su movimiento ha sido por confundir sus sentimientos del pasado con el ahora. Eso provoca un escalofrío en todo mi cuerpo llevandome a abrazarme a mi misma, ese seria un golpe peor al escuchar de su mamá haberse convertido en padre, la existencia de Karla es bendita, pero un rechazo de su parte es letal, muy letal para mi y por eso he huido.
— No… quiero… no quiero que él me desprecie. — gire mi cabeza hacia los lados notando que la voz se empezó a quebrar nuevamente. — realmente atesoro su amistad, su compañia y no… no deseo por nada en el mundo perderla. Me… me matarían de ocurrir.
Las lágrimas espesas, una vez mas, nublaron mi vista impidiendo mirar con claridad el entorno donde me encontraba. Lidia a su vez, rompió el espacio donde nos encontrábamos abrazandome con fuerza, sosteniendome como si fuese a caer al vacío, su agarre seguía siendo tan tibio parecido a los primeros rayos del día, el alba. Aun seguia manteniendo esa aura maternal envolviendola, una muy protectora y capaz de querer penetrarla alguien, arrancarle un brazo de ser necesario. Era esto lo que necesitaba, el apoyo incondicional de alguien, la respuesta de no estar en este mundo sola y ser querida. Los acontecimientos ocasionados el día de hoy me devastaron, a estas alturas no sabia si lloraba por Sebastián, Anthony o Mariana, creo que simplemente lloraba por la mala suerte en tener. Ni amiga, ni mejor amigo y ni amor de la infancia, solo… solo estaba yo, sola, en un rincón oscuro llorando con la apariencia de una niña de cinco años esperando ser rescatada. Antes solía llamarme llorona, aunque no lo crean, fui una chiquilla diferente ante los ojos de mi mejor amigo de la infancia, pues creía que chillar a toda mecha seria complacida en cualquier ámbito. De la misma manera, tan apegada a mamá que al dejarme al cuidado de la abuela lloraba a gritos, en esas ocasiones el abuelo llegaba a cargarme y llevarme a comprar golosinas. Como ven, fui muy apegada a mi abuelo, era la imagen de un padre realmente alcaguete, pero querendon, me complacia en todo y aprovechó para enseñarme muchas cosas. Entre ellas: aprender a valorar las oportunidades que da la vida.
El abuelo, al pesar de ser un hombre con carácter, resultaba muchos puntos con respeto a apreciar los momentos oportunos de amar. Un ejemplo, demostrar cuan aprecio tienes por tu madre, esposa o hijos, mencionaba que todo tiene su momento y razón de ser, por lo tanto, ningún motivo impediría ocurrir tal hecho. Quizás deba aplicar eso en el presente, aceptar que huir del problema no es una opción, sino una acción de cobardes y el enfrentarlo es la única salida. Además, de esta oportunidad pueda sacar un provecho, un ejemplo, hacerme mas fuerte y digerir finalmente el Sebastián jamas siendo mio. Sin embargo, sigo teniendo miedo, tanto miedo y el dar el primer paso, es el que mas cuesta.
— No temas Isa, porque no hay nadie que pueda despreciarte ¿acaso no te has visto en un espejo? — dijo culminando el abrazo y secando las lágrimas que aun bajaban de mi rostro. — eres una joven tan hermosa, simpática, agradable, muy agradable y estoy segura que ese joven piensa lo mismo. ¿No mencionaste ser amigos? Bueno, si realmente lo son, él tambien atesora su lazo y debe de tener tu mismo temor. El desprecio.
Quizás tenga razón, cuando salí corriendo lejos de él medio divise como su rostro se contraía con una expresión jamas vista, al menos, no para mi. Era el miedo, Sebastián manifestaba el terror puro pero lamentandolo mucho no poseia poderes telepaticos, por lo tanto, no poseo los conocimientos detrás de eso. Sin embargo, si conozco a mi amigo de la infancia, aquel que cuando discutimos por primera vez me mostró una expresión apenada, miedosa y tumultosa, mientras las palabras de “confundir” abrieron paso entre nosotros. Recuerdo bien la promesa de ese día, ser amigos para toda la vida, aunque dentro de mi corazón lo anhelara de diferente forma, estaba dispuesta a cumplirlo. Aun lo estoy, si él lo esta. Pero primero, necesitamos romper la barrera entre ambos, de lo contrario, nada tendrá solución.
He dejado de llorar, con esto no digo el sentirme mejor porque es falso, el golpe de la incertidumbre combinado con la culpa sigue en el mismo sitio, fastidiando constantemente. Aun así, considero el ir a verlo una vez mas, solo… solo me sentare a escuchar sus razones y luego expondre las mias, lo que siga se lo dejare al destino. Lidia suelta un suspiro seguido de una sonrisa aliviada, se coloca de pie mirandome con otro tipo se ojos tal vez porque no parezco una depresiva compulsiva, sino mas calmada y accesible a la humanidad. Una vez mas, siento vergüenza, he dejado la peor impresión de mi y eso en lo mas mínimo es bueno.
— ¿Mas calmada? — interroga con una sonrisita inquisidora.
— Un poco, Lidia… siento mucho las molestias. — bajo la mirada avergonzada, encogiendome lo mas humanamente posible. — Seguramente has tenido una impresión de mi bastante… diferente.
— Mmm… no realmente. — contesta caminando hacia la cafetera encendiendola. — mas bien, pienso que debes de querer mucho a tu amigo. De lo contrario, no hubieses perdidos los nervios de esa manera. ¿Verdad?
Desvie la mirada colorada escuchando a Lidia riendose, negar a estas alturas lo obvio seria una completa estupidez, amaba con locura a Sebastián y besarme con él ha sido una de las cosas mas maravillosas ocurridas en mi vida, tanto como para atribuirle ser mi primer beso consensuado. Aunque, de la misma manera, inducia en mi la clase de culpa mas grande que el antiguo Coliseo Romano, las razones son sencillas y retomarlas es un fastidio. Toda cosa tiene su uso y puesto, el mio desde hace mucho ha sido asignado, pero estoy osando a desafiar esa decisión. Suspiro, no he contado nada de eso a Lidia, tampoco es que pueda hacerlo mientras tararea feliz una canción pensando cosas buenas de mi, donde este caso sea el de amigos gustandose pero no sabiendo como lidiar con esos sentimientos nuevos, en el caso de Anthony, podría aplicarse este dilema al contrario del mio junto a Sebastián. Lo nuestro, es demaciado complicado.
— Sera mejor que me vaya. — le digo yo de improvisto, levantandome del asiento y captando su atención. — al comienzo pensé en ver a mamá, pero pensandolo bien, no deseo por nada en el mundo que me vea de esta manera. Hara muchas preguntas y… realmente no me encuentro de ánimos en responderlas.
— Te lo dije — recalco dandome la razón. — aunque, tarde o temprano cuando te vea se dara cuenta y te hara un interrogatorio.
— Rayos… — masculle mordiendome la mejilla interna. — Aun así, puedo escapar al menos ahora.
— De acuerdo, de acuerdo. — asiente finalmente rindiendose. — eres libre de marcharte de todas maneras le dire a tu mamá que pasastes por aquí, creo que aun debes atender algunos asuntos.
— Si… — susurre mirando al suelo, como si este tuviese algo muy interesante. — Lidia, cuando hablamos del amor… nadie ha asegurado que seamos correspondidos, ¿cierto?
— Correpto, pero tampoco dicen el no intentar ser felices. — contra ataca dejandome desarmada, mas débil que antes. — ¿O estoy equivocada?
No respondo, en su lugar, me despido dándole un abrazo fuerte susurrandole las gracias, ella se limita a desearme suerte y estar tranquila. Todo problema posee una solución, todo menos la muerte. Giro sobre mis talones dejando a la escuela junto a aquella agradable mujer, caminando pensando que mi dilema es igual a la muerte, no posee solución alguno, y de tenerlo, seguramente sera catastrófico. En aquella ocasión, cuando Sebastián dijo no querer ser mas mi amigo tuvo un detonante fuerte en mi pecho, inclusive en mi cabeza, había temido tanto al día donde él pronunciase esas palabras que cuando llego quede petrificada al punto de no saber hacer nada, ni para recuperarlo o insultarlo. Había quedado parada en la nada, en la eterna nada, inclusive giraba alrededor en busca de alguien y seguía viendo un espacio en blanco solamente. Creo estar en las mismas condiciones, pude recibir consejos de Lidia, ese pequeño impulso para seguir adelante, pero seguía temiendo a ocurrir nuevamente a esa memoria del pasado. Dejar de ser su amiga. Me he resignado en todos los campos del amor hacia él, incluso adopte la postura de volver a ser su mejor amiga, aunque sea insuficiente, me permite permanecer un poco a su lado y no perderlo para siempre. Este incidente, el del beso, nos puso a ambos en una incrucijada sin retorno. Escuchare sus razones, al igual que cuando nos volvimos a ver, esto no quiere decir tener claro mi postura hacia el futuro de ambos pues se encuentra en el mismo sitio de esa ocasión, en la nada.
Pierdo la noción de tiempo, me limito a caminar sin rumbo fijo, ni siquiera me he parado a contestar mi móvil que en algún momentos ha sonado inumerablea de veces, quizás mi mente sigue en ese punto sin retorno, donde buscarle la quinta pata al gato es mas entretenido. Se que el clima se vuelve mas sombrío, oscuro, al punto de las nubes cubrirlo todo y avisar a los habitantes de la tierra conseguir un paraguas rápido o de lo contrario, se mojaran. Tomo un descanso en una panadería para comprar una botella de agua, un jugo de naranja y panecillos, en todo el día no he comido nada decente y hacerle daño a mi cuerpo no servirá de nada, mas bien, en realidad, empeorara las cosas. Por lo tanto, una vez consumido algo que no sorprende a mi estomago, emprendo la marcha una vez mas viendo como gotas grandes caen sobre mi. Ahora pueden decir con certeza algo, la tormenta se desato con toda la intencidad del mundo. Veo a las personas corriendo de un lugar a otro, madres tratando de proteger a sus pequeños de la lluvia, estudiantes usando sus mochilas como paraguas en un intento fallido de no pescar la lluvia, otros chocando sus zapatos contra el pavimento en tanto sacan de sus bolsillos las llaves de su carro, y los que se quedan mirandolos simplemente, si, esa soy yo. No tengo energía de correr, menos de frenar el propósito de la lluvia, asi que al cabo de unos minutos estoy empapada hasta los huesos, con el mismo cabello pegado al cráneo y las ropas chorreando agua. Debería tomar un taxi e ir a casa, de no hacerlo, cogeré un resfriado y mamá se enojara como comodín al no meter un paraguas en mi bolsa.
¿En verdad pienso eso?
Si, si lo hago.
Si, si lo hago.
Sigo caminando, esta vez mas precabida, no deseo ser arrollada por un auto y aparecer en las noticias locales, porque tengo cosas en mente por hacer y llevar acabo. Mi móvil suena una millonesima vez, esta empezando a artarme, puede tratarse de mamá o Anthony, el creer ser el me revuelve las tripas al punto de sacar el dichozo aparato y apagarlo. No deseo hablar con nadie, no deseo hablar con él, no deseo hablar de nadie sobre él. Es uno de los problemas que deberé de lidiar mas adelante, al menos, no por ahora. En cambio, si esa había sido mamá, tendre pronto una excusa para ignorar sus llamadas, soy aparentemente buena en eso. En cambio, me limitaré a respirar lo mas puro en permitirme la lluvia torrencial sobre mi hacerlo, muchos dicen que esta es excelente para cuando te encuentras en un dilema. Limpia tu alma, elimina las dudas, las impurezas y se lleva todo rastro de dolor incrustado en tu cuerpo, aun así, considero todo lo contrario porque es en especial estos días cuando tengo en la cabeza el recuerdo de Sebastián mas nitido. En resumidas palabras, la lluvia es melancólica.
En el pasado, papá me compro un impermiable con botas largas color rosa para la lluvia, junto a ese paraguas de princesas a juego con estos. Existen dos tipos de personas, las que les gustan ver la lluvia caer desde una ventana y las que prefieren salir a disfrutarla ellas misma, no se equivocan, pertenezco a estas últimas. De hecho mamá, aguantaba muchos problemas gracias a mis ideas de saltar los charcos, jugar bajo los goterones producidos por los techos y el barro del parque del preescolar, en mi inocente mente miraba eso con ojos de diversión, el mejor sitio para emprender una aventura. Claro, luego quien pagaba las consecuencias era la ropa, seguido de una mamá furiosa lavandola. Cuando esos días ocurrían, Adriana solia decirme tener mas energía acumulada a la de costumbre, inclusive Gladys, una niña totalmente rodeada de otros chicos debido a llamar mucho la atención, apoyaba ese hecho acompañandome igualmente a la travesía. Eran Kevin, Adriana y Sebastián quienes se quedaban mirando a los demás mojarse, claro, sin la debida aprobación de la profesora del salón, es decir, mi mamá.
Mi amigo corría en mi rescate ante un posible indicio de la protectora de los niños, sosteniendo mi mano y corriendo a cualquier otra parte evitando una posible represaria, aunque eso le daba una pizca mas de diversión a mi aventura. Sebastián se mantenía tan concentrado en su tarea llevandome al salón de otra maestra, muy amiga de mamá por cierto, a la par de querida por mi al taparme en las travesuras hechas. Entonces, estando a salvo, soltaba una carcajada sonora, riendome de la expresión de susto en Sebastián, parecido a ver un fantasma. Él mencionaba estar muy asustado por mi, realmente no mostraba preocupación alguna al ser posible reprendida por mi mamá, simplemente salia corriendo hacia la lluvia como si fuese la mejor opción de todas, de seguir asi me enfermaria. A lo que yo respondía sosteniendo sus dos mejillas con signos de juego el estar todo bien, las personas listas no suelen enfermarse muy seguido, además, su sentido de la aventura era un asco. Los días de lluvia son lo mejor de lo mejor, desaprovecharlos es un desperdicio. Luego de eso, se limito a sonreir sosteniendo mis manos, inyectando en mi cuerpo una clase de enfermedad que me daba cosquillas en todas partes, seguido de dolor y el rostro caliente, la clase de incomodidad no dolorosa sino curiosa. Síntomas claros de nerviosismo ocasionados al primer amor, de cual, tendría conocimientos mas adelante. Por los momentos, seguiría planeando aventuras en las lluvias y luchando no ser pescada por mamá.
Había oscurecido considerablemente, al perder la noción del tiempo deseche la idea de permanecer mucho bajo la lluvia, el enfermarme o llegar a la entrada de un particular cafetería ya cerrada, pero con las luces encendidas desde adentro. No sabía que horas eran, no sabia si alguien seguía llamando a mi telefono, sobre todo, no sabía si luego de la continuación de la conversación con Sebastián todo volvería hacer como antes. Realmente, lo desconocía. Pero al menos, debía de aplicar las enseñanzas de mi abuelo: aprovechar las oportunidades que te presenta la vida, de no hacerlo, dudo en un futuro volver a poder hablar de corazón a corazón con él. Asi que, llego el momento de vencer el miedo. Alzo mi mano dándole varios toques a la puerta principal esperando a ser atendida, seguramente se preguntaran como conozco el paradero de mi amigo dentro de la cafetería, fácil, él mismo me dijo antes corresponderle cerrarla por ordenes de su gruñona jefa, asi que, no me encontraré a nadie salvo él. Tengo frío, la noche esta golpeando fuerte con un viento previsto de invierno, el clima puede estar completamente descontralado pero sigue los patrones de estas épocas, no me extrañaria ver una nevada de la nada. Al menos, en los pueblos aledaños de la ciudad.
De pronto, el sonido de las bisagras de una puerta me devuelven a la realidad, el rostro asombrado de mi amigo es lo que se muestra, seguido de sostenerme de un brazo notando rápidamente la humedad de mi ropa. Me da tanta gracia, sus hermosos ojos esmeraldas brillando con preocupación, sus cejas fruncidas, la capacidad jamas perdida para hablar tan rápido y… maldición, el caos total al ver como nuevamente ese niño llorón de trece años atrás se muestra en su totalidad ante mi. Antes solamente se asomo, pero ahora, revisa si estoy herida o algo porque no he respondido a ninguna de sus llamadas, sumandoles a las de mamá, Edward, mi abuela e incluso, Anthony, al mencionar su nombre lo hace de una manera oscura casi molesta, alertandome de una posible esperanza que debo pisotear en seguida. No es sano ver posibilidades donde claramente, jamas han existido, al menos soy consiente de eso. Sebastián empuja de mi mano para que entre, afuera hace mucho frío, estoy empapada y podría enfermarme de no secarme seguido de una bebida caliente, aunque no lo parezca, el sigue preocupandose por mi.
Entonces, detengo su movimiento, no puedo entrar nuevamente a esa cafetería sin olvidar lo ocurrido esta tarde, nosotros nos besamos, NOS BESAMOS ¿Acaso posee amnesia temporal? Si permanecemos solos yo…
— Prometo que hablaremos de lo acontecido, solo… solo permiteme atenderte ¿si?
Lo miro, parece realmente desesperado en hacerme entrar al establecimiento, quiero creer que es por mi condición de regadera humana, pero otra parte me grita el temor de ser vistos por algún conocido suyo o de Katherin. Sea como sea, es muy tarde para arrepentirme o dar mi brazo a torcer, Sebastián me mueve de una manera tal fácil que resulta patético el haberme rehusado. Me hace tomar asiento en una de las sillas del lugar, en tanto el desaparece anunciando ir por una toalla y bebida caliente, estoy realmente fría a la par de temblar como cachorrito perdido. Abro los ojos impresionada de tal deducción, es decir, no caí en cuenta de temblar hasta el mencionarlo explicando el porque sentía tanto frío. Él tampoco desaparece mucho tiempo, pues de inmediato coloca una enorme toalla sobre mi cabeza para secarme, miren muy bien, porque al pesar de no pedirselo el solo toma la decisión de hacerlo con una delicadeza de los mismos dioses, demostrando tener experiencia. Claro, tiene una hija, seguramente le ha tocado darle baños y encargarse de la tarea de secarla, de imaginarlo, se me encoje el corazón. Al pesar de todo, mi amigo sigue siendo tan buen hombre, comprometido con sus obligaciones, emprendedor y… completamente comprometido. Una vez mas, quiero llorar.
— ¿Como es que desapareces de esa manera? — reclama sin dejar su tarea de secarme el cabello, de hecho, al pesar de no ver su rostro puedo imaginarlo contraído del enojo. Es divertido. — Tu mamá esta sumamente preocupada, me conto que fuiste a buscarla pero no la encontraste, hablaste con una señora llamada Lidia y volvite a desaparecer. No fuiste a la facultad, no te encuentras en casa de tu abuela o la tuya, tus amigos no saben nada de ti y tienes el móvil apagado. — sin darme aviso alguno, con el mismo paño, sostiene mi rostro mostrandome finalmente el suyo, esta molesto, muy molesto y por primera vez en todo lo ocurrido siento la culpa. Los he hecho preocupar. — Se puede saber… ¡¿Donde has estado todo este tiempo?!
Por otra parte, siento la ironía, no por mamá o mi familia, sino por este sujeto que aun sabiendo lo escondido en mi corazón hacia él sigue mostrandome las expresiones propias de alguien enamorado. De mamá puedo ocuparme mas tarde, de Edward, la abuela o el mismo Anthony, pero de Sebastián, de él… o… eso tiene que ser ahora mismo.
— Tu… ¿tienes idea de lo que he sentido todo este tiempo? — suelto en un susurro de voz, mirandolo con algo de reproche. — ¿De lo tonta que fui al esperar por ti? ¿Qué aparecieras en mi vida nuevamente? Entonces cuando lo haces, cuando realmente lo haces, viene la vida con toda la crueldad que la caracteriza diciendo: no, espera un minuto, él ya no es para ti porque ya esta casado. Entonces, esta espera que seamos amigos, el volver al pasado donde solíamos ser tan unidos, tan perfectos uno junto al otro y intento hacerlo. Al menos, intento, pero tu… tu… — le doy un manotazo a su agarre que inesperadamente me quema, su expresión es indescriptible, pero se nota que no puede decir nada pues esta conmocionado. — lo has arruinado. Sebastián, has metido la pata hasta al fondo a cruzar la linea porque… porque… ¡Mierda! ¿Acaso no lo ves? Estas casado, CASADO. Y yo… yo formo parte de tu pasado, no tu presente, no al menos de esa forma…
— ¿Crees que para mi ha sido fácil? — me reprocho, lanzado la toalla al suelo seguido de caminar de un lado a otro, parece una fiera enjaulada. — Yo igual pensaba en ti, en las cosas posibles que estuvieras haciendo, si conseguiste a un chico lo sufientemente valiente para representarte o quizás seguías sola, demostrando a los demás jamas ser salvada por alguien porque tu misma podías hacerlo. Fue cuando me encontre con la profesora Annabeth hace unos años atrás, me mostró una de tus fotos, habías cambiado si, pero tenias esa misma aura alegre envolviendote y le dije el jamas olvidarte, el recordarte muy bien, ser importante y que estabas hermosa. — esperen, esperen, eso ocurrió antes de entrar a tercer año secundaria. Cuando las esperanzas en ser amada fueron reducidas a nada, Gabriel ignorandome, Manuel tratandome como de costumbre y entonces llego el comentario de mamá: se encontró con Sebastián. Fui feliz, muy feliz, era el mensaje de encontrarnos pronto pero no imagine de que forma. — Ella me agradeció imitandome mi comentario, estaba segura que cuando te mencionara mi nombre… tus ojos brillarian de emoción. Desde siempre lo hicieron, pues como mencione, de la misma manera yo era importante para ti. Es ridículo, porque sigues siendolo. Eso no ha cambiado.
— Si es cierto, ¿por qué? — frene sus comentarios, de lo contrario, saldría mas herida. — ¿Por qué me estas haciendo esto? ¿Por qué me confundes? ¡¿Por qué me haces ver esperanzas donde no las hay?! Tu… eres cruel, muy cruel, haciendome sentir especial por ti cuando no lo soy, ese puesto ya lo tiene alguien mas.
— Isabell, eso no es así. — camino ante mi sosteniendome los hombros fuertes, sus ojos brillaban con desesperación. Él tenía miedo. — ¡Eres especial! ¡Sigues siendolo! Eres la primera chica que ame, que sostuvo mi mano, quien me enseño a no temer a nada, a enfrentar mis miedos y superarlos. Si eso no es especial, desconosco el significado de serlo.
— ¿Lo ves? — deshice el agarre suavemente — es el pasado, no hablamos del prensente. Ahora comienzo a comprender porque me besaste, ha sido la acumulación de tus sentimientos del pasado. Te has confundido.
— ¿Crees que soy el tipo de persona en mezclar sus sentimientos fácilmente? — comento ofendido, dolido seria la palabra. — ¿Aparento serlo?
— Si, es decir… ¡No lo se! — respondi frustrada, esto estaba cansandome. Quizás venir fue un error. — Sebastián, permanecimos trece años separados, apenas retomamos nuestra amistad permitiendo conocernos nuevamente. Existen cosas que de ti en desconocer, esta puede ser una de estas.
— ¿Y el Sebastián del pasado? — saca de la nada impresionandome, jamas pensé en que sacaría a la luz tal cosa. — ¿Él seria capaz de eso?
— ¿A que viene esa pregunta?
— Nos conocíamos mejor a nadie, fuimos unidos, muy unidos como para considerarnos novios. — explicaba con calma, tanta que no parecía el chico ofendido de hace un rato. — La Isa del pasado hubiese respondido con los ojos cerrados confiar en mi, al pesar de todo, ella confiaría en mi porque… me quería. ¿Me equivoco?
Senti un ruido sordo en mi interior, el sonido propio de un flechazo directo al corazón con un mensaje de su dueño, el conocimiento de Sebastián en quererlo mas que a nadie, de confiar en su palabra con los ojos cerrados. De pronto, me sentía aquella niña de cinco años frente de aquel caballero de ojos esmeranda egnimaticos, el tiempo no había pasado por nosotros, seguíamos siendo los mismos y manteníamos los sentimientos a flor de piel. Su sonrisa era radiante como un diamante, su cabello igual al oro, su piel tan blanca semejante a la nieve y su mano, extendida hacia mi. Quería tomarla, deseaba hacerlo, pero una parte de mi dudaba porque de dar ese paso, estaría aceptando el pecado y viajar a lo desconocido. Lo amaba, no existe ningún argumento en negarlo, pero sigue existiendo cosas en no dejar escapar una de ellas es esta casado, un voto que no puedes negar.
Entonces, el hechizo como vino, se rompe nuevamente. Aquella atmósfera calida de la primavera se esfuma, vuelve la oscura noche de invierno donde mis pesadillas se hacen realidad, mi primer amor conoce de mis sentimientos y esta logrando un nivel de frustración en mi inimaginable. Sin mencionar que Anthony le gusto y su ex novia me odia, seguramente estoy de una excelente racha. Ahora para cerrar con broche de oro, perdere a la única conexión especial en mi vida por un beso venido de una confusión tonta, en primer lugar, ni siquiera tuve que hablar de lo ocurrido con Anthony asi me hubiese evitando todo este rollo.
— ¿Insinuas no tratarse de una confunsión? — puntualice irónica. — si es así, no veo razones del porque me besaste. ¿Debo recordarte lo obvio? Estas casado Sebastián, tienes a Karla y yo solo soy tu amiga. O al menos antes lo era. Lo que sienta por ti, es mi problema no tuyo, ya vere como lidiaré con eso pero no por eso debes de traer tus recuerdos al presente. Si, creo cuando me has dicho quererme en el pasado, pero ahora, justo ahora vivimos otra realidad. Una donde no aparezco ni en pintura.
— Tienes razón, estoy casado y tengo a Karla. — asintió finalmente suspirando y pasando una de sus manos por su cabello. — pero te equivocas en algo, no necesito invocar a nuestra memoria de niños para saber lo que siento, menos como te veo. Tus sentimientos son tuyos, no pretendo meterme con ellos, asi que tu tampoco oses hacerlo con los mios.
— ¡No dices mas que estupideces! — eleve mi tono exaltada. — Dime… ¡Dime si eres capaz de dejar a tu familia por mi! ¿Lo eres? ¡¿En verdad eres tan vil para dejarte llevar solo por un capricho?!
— ¡No eres un capricho! — igualmente elevo su voz.
— Entonces, no me vengas con estas de que me quieres, que jamas me has olvidado o alguna otra porquería. — le reclame, debía de prohibirselo, impedirle hacerme esto. — Sigues sin entenderme Sebastián, sin comprender cuanto sufrí por tu ausencia, cuando añore el volver a verte y finalmente estar juntos. Fui tan idiota al creer un cuento de hadas para los dos, donde tu un caballero de elegante armadura vendría a mi rescate y así vivir felices hasta la eternidad. — solte una risita seca mirando al suelo, sentía que las lágrimas se acumulaban en mis párpados amenazando con desbordarse, con esto ya perdí la cuenta de las veces en llorar hoy. Mas bien, es un milagro aun conservar lágrimas, ya debería de estar seca. — La realidad siempre tiene un paso adelante de la ficción, aquel día cuando encontré a tu mamá fue el momento mas feliz de mi vida, al igual del mas desgarrador, porque al pesar de tener una conexión contigo no decía tener una noticia buena. Con esto no quiero ser malinterpretada, se cuanto amas a Karla y ella a ti, son tan… hermosos juntos, si sumamos a Katherin crearíamos la familia perfecta. Tu amada familia. — mi voz se quebró, un sollozo escapo de mis labios seguido de una lágrima. Ah… la aparición de Isabell la llorona hizo su entrada triunfal. — No puedo interferir con eso Sebastián, no soy lo suficiente egoísta para hacerlo, aunque te quiera, aunque desee estrecharme en tus brazos en este momento… no puedo… no puedo hacerlo.
Era tan patética, llorando frente al causante de cada una de mis desdichas como si fuese lo mas natural del mundo, esto no era mas a una señal de debilidad en mi. Lo mas horroroso de todo seria el no parar, entre mas lágrimas secaba otras caían cubriendolo todo, mi dolor, mis sufrimientos, mi agonía, todo, absolutamente todo se ahogaba con el salado de mis lágrimas. Esto demostraba ser una debil chica, una que necesita de palabras dulces y un abrazo, no aquella en poder levantarse por si misma y salir adelante. Nuevamente era esa adolescente presa de sus propios prejuicios, temerosa de sus compañeros de clase y preparada para ser herida ante las manos del chico que le gusta, podía incluso imaginarlo, Manuel junto a Lilian riendose en mi rostro, rogodeandose de mis sufrimientos y señalando el jamas poder ser amada porque era poca cosa, insignificante y idiota, muy idiota. ¿Y yo? Les creía, pertenecía a ese pequeño número se personas que no tenia derecho de amar, recuerdo la clasificación, los que nacieron bajo la bendición de una estrella y los estrellados. Con todas las experiencias acumuladas, sobre decir donde pertenezco.
A continuación, una mano calido se coloca sobre la mia, es calida, fuerte y con la capacidad de empujarme a la realidad. Esos ojos esmeralda brillantes los he visto innumerables de veces en el pasado, en mis sueños y memorias, pertenecen al niño capaz de espantar mis demonios y traerme la esperanza del mañana, porque con su sonrisa abrazadora inyecta en mi estomago la felicidad. No existe soledad, mala suerte, desdichas o oscuridad, solo las ganas de querer ser feliz, eso si deseo hacerlo. Sin embargo, aquel niño ya no es un niño, se ha convertido en un hombre apuesto, gallardo y con la misma aura de ese infante encantador de agradable esencia. Al ver una vez su rostro se despista mis dudas, ya no estoy perdida, menos me encuentro con laberintos de paredes inmensas solo esta el clima despejado, un frío conciliador y la realidad de ser dura, pero digerible. En resumidas cuentas, Sebastián ha venido a mi rescate y yo no se lo he impedido.
— Es cierto que cometi muchos errores en mi pasado, para nadie es un secreto, horita estoy ocupandome de enmendarlos. Obviamente, Karla no es un error, en realidad es la bendición mas grande de todas, en cambio Katherin, es una mujer hermosa de quien quiero y aprecio mucho. — hablo con cautela sosteniendo mi cara, mirandome con dulzura y envolviendome en una telaraña en la que no puedo ser liberada. — Sin embargo, no quiere decir haberte olvidado alguna vez durante el transcurso de este tiempo, si estuve con muchas mujeres, si tuve a Karla, si me case con Katherin, si soy un sin vergüenza, y sobre todo, si me cuestionó cada una de mis acciones menos el estar alegre desde el día de volver a verte. Nadie de mi familia merece esto, menos Katherin y la niña, pero nosotros fuimos tan pronto separados el uno del otro que ni tiempo hubo de decir algo. — unió su frente a mi sonriendo de soslayo, petrificando al punto de dejar todo congelado mi cuerpo no teniendo algún tipo de reacción. — El tiempo perdido no puede recuperarse, pero al menos, esta en nuestras manos crear memorias mas hermosas a las del pasado. Isabell, te quiero, quizás sea ridículo escucharlo a estas alturas pero al menos necesitaba decirtelo una vez, a la tu del pasado, la del presente, la del futuro… las quiero todas y probablemente las vaya a querer siempre. No puedo prometerte la luna, ni las estrellas, ni dejar ser quien soy pero si mi amor, ese te lo doy completo. Desde existir ambos te perteneció.
¿Estoy soñando? ¿En verdad no lo estoy? Porque de ocurrir no deseo despertar, este es el momento que espere vivir toda mi vida donde Sebastián corresponde mis sentimientos, donde me dice todas estas palabras bonitas y me llena al punto de estallar a las estrellas. Es cierto, no puedo cambiar quien es, menos destruir su familia, pero al menos puedo poseer este pedacito de su corazón que siempre me perteneció. ¿Sera pecado si lo acepto? ¿Ardere en el infierno si me permito ser egoísta al menos una vez en la vida? No quiero pensar en Katherin, menos en su hija, esta noche desaperece sus rostros de mi mente y permitiré sucumbir a mis deseos mas profundos. Admitir mi amor por este hombre de ojos esmeralda, ahogarme en su boca y sentir entre mis manos los latidos de su corazón al ritmo de los mios, sentir que este miedo el mismo lo tiene. Si, lo quiero.
— Sebastián, te quiero… — susurro acariciando solo con la yema de mis dedos el contorno de su rostro, él cierra los ojos emitiendo un suspiro a gusto, dejándose llevar por mi toque. — desde siempre lo hice, de hecho no puedo decirte el momento de hacerlo solo… solo se que te amaba con locura. Aun lo hago, he pasado por tanto, tantas cosas, tantos tropiezos y luego… estas tu, solo tu. Quizás la vida no sea tan mierda conmigo, ella me trajo hasta aquí, frente a ti.
— Por eso no pretendo alejarte de mi. — agarro mi mano seguido de mi cintura apretandome contra suyo, sentía cada uno de sus musculo contra mi cuerpo haciendome sonrojar, el Sebastián del pasado jamas hubiese hecho tal cosa, antes moría de vergüenza. — Prometo que solucionare todo con respecto a mi familia, solo… solo necesito tiempo para preparar a Karla y…
— Lo se — lo interrumpi sonriendole comprensiva. — ambos sabemos lo doloroso de las separaciones, nuestros padres lo hicieron, hacerle vivir eso a la niña es muy pronto. Yo, no quiero dañarla.
— No lo haras, no lo haremos. — recalco sonriendo. — basta con tener paciencia confia en mi, todo esto va a salir bien. Ambos estaremos bien.
Finalmente unimos nuestros labios en un beso totalmente entregado, haciendole saber al otro los sentimientos gritando en nuestro interior, esta ocasión no me sentía tan culpable y empecé a disfrutar del momento. Pensaba que por fin un camino lleno de promesas se abría ante mis ojos, no todo podía de ser tan negativo, al pesar de ser una persona altamente pesimista, si sostenía la mano de Sebastián esos pensamientos se dispersaban. Sin embargo, no sabia que el primer amor podría ser engañoso, casi un espejismo donde podías experimentar cosas hermosas una temporada producto de tus mas anhelados deseos, pero a su vez, el dolor mas grande de este mundo. Porque sigo sostiendo el mismo pensamiento, el primer amor es el que jamas se olvida, pero con el que mas sufres.
Y pronto, yo estaría descubriendo eso.
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