miércoles, 26 de septiembre de 2018

My frist love

I
Antes que nada debo decir que no voy a decir apellidos, solo nombres, las personas recalcadas en esta historia viven en memoria y una de ellas es especial para mi. Por lo tanto, solo sera nombres.
En una mañana bastante convencional fue que lo conocí, apenas tenia unos cinco o cuatro años, no lo recuerdo bien pero lo que si mantengo en mi memoria es su nombre: Sebastián. No era un niño muy menudo, tampoco extrovertido, se encontraba en la lista de aquellos que solían llorar hasta por el respirar y a mi me resultaba curioso. Es decir, ¿a que infante no le llama la atención ver a otro llorar? Seguramente querría acercarse, conversar y preguntarle los motivos de sus lamentos. Bueno, eso exactamente hice.
En esa “convencional” mañana del jardín de infantes “Huellitas de zapatos” sentanda en el regazo de mi madre, la cual era igualmente la profesora del aula “F”, presencie por primera vez quien sería el amor de mi vida, o en palabras menos complicadas, mi primer amor. Como dije anteriormente no era extrovertido, sino lo contrario, luego de haber llorado hasta secarse por ser “dejado” en el aula en manos de su mamá la mía organizo un circulo grande de todos los niños para conocerlos. Fue gracioso debo admitirlo, ella jamas ha sido precisamente buena recordando los nombres, menos pronunciarlos cuando son mas o menos complicados. Pero no existía problema alguno, menos si me encontraba con ella para ayudarla a corregirla, era mi deber de ser la hija de la maestra del preescolar. Y si, esa mañana reí ante la situación de ver a mi mamá pronunciar o tratar de hacerlo, el nombre de unos veinte niños aproximadamente. Quizás este exagerando el número, pero recuerden, solo tenia cuatro o cinco años.
Entonces llego su turno, si, del niño llorón sentando cautelosamente en una de las esquinas de esa rueda, centrada en la alfombra del salón siendo el lugar preciso para reuniones. Al principio de preguntar mi mamá por su nombre no se escucho, en su lugar, un murmullo asustadizo reino en el circulo proveniente de un chico de corte de cabello bastante peculiar, ya saben, mucho en la coronilla y casi nada en sus entradas. Pero eso no era lo importante, pues su timidez me tenia sumamente pensativa, creí conveniente quedarme quieta en mi lugar y una vez mas preguntar su nombre. No fue necesario, la dulce voz de mamá alcanzo al niño llorón sugiriendole decirnos a todos como se llamaba. Allí, con el sol tocando mis pequeños hombros gracias a encontrarme cerca de la ventana, todo a mi alrededor se torno de color blanco uno muy puro, el olor en el ambiente se suavizo, el murmullo del viento se corto y dio paso a la voz mas calmada a la par de suave. Su nombre era Sebastián, poseedor de unos encantadores ojos verde bosque, un rostro redondo con mejillas rellenas, labios un poco gruesos y mentón perfilado. No parecía ser mas grande que yo, aunque la edad era definitivamente la misma, solamente su estatura no parecía en lo mas mínimo a la convencional haciéndole parecer una clase de hada macho, pequeño, apariencia de adorable querubín y una personalidad introvertida. Era… curioso.
Mamá no sabía como pronunciar su nombre, como de costumbre, asi que entre risas le enseñe la manera correpta de hacer no tomando en cuenta, que al hacerlo, una dulce sensación emano de mi garganta como si comiera jarabe de maple con panqueques o un pastel de chocolate. En mi joven mente, jamas ocupo la posibilidad de cambiar mi manera de observarlo, el niño llorón dependiente de su mami. Tuve que corregirla tres veces, los otros niños igualmente me ayudaron, hasta que finalmente lo logro y hurra por ella. Acabando el circulo de presentación comenzaba la diversión de verdad, ir a las mesas a dibujar, en orden cada niño fue dejando la alfombra con rostros ilucionados de realizar lo que mas le gustaban hacer. Imitando a los demás, me percate que solo un niño no hacia lo mismo, permanecia con sus rodillas dobladas observando el suelo en tanto sus esmeralda de ojos acumulaban lágrimas progresivas al llanto. Algo dentro de mi me movió, no fue la curiosidad, menos el sentido de burlarme de él, sino las ganas de sujetar su mano y enseñarle que el jardin de infantes no era en lo mas mínimo un sitio terrorífico, ni la personificación del castillo del conde dracula. En realidad, era el lugar lleno de diversión y cosas interesantes para aprender, ese sitio es mi segundo hogar. Asi que, sonriendo amablemente, me desvie del camino central guiando mis pasos hacia aquel taciturno niño, quien absorto de su alredor color blanco no lograba captar las grandezas de permanecer en tan lugar mágico.
Estando frente suyo me di cuenta de lo pequeño que era, en esa posición cualquier realmente lo era, pero haciéndolo él lo hacia aun mas. Recorde una de las tantas charlas con mi mamá, de grande quería ser como ella asi que aprender bajo su tutela era toda una bendición, por lo tanto mostrante imponente frente de un chico asustadizo de lo nuevo jamas funcionara, debes de colocarte par a par y cerrar las brechas posibles en diferenciarlos. Por lo tanto, imitando su misma posición abranzo mis rodillas y colocando mi mentón sobre ellas, hice escucharme pero no de una manera brusca o tosca, en su lugar, poseia la inocencia de la niñez y la viveza del adulto deseando que la soledad rodeandolo se dispersara. No puedo contar exactamente lo que hablamos, menos lo jamas dicho, mi memoria solamente posee la claridad de su voz, su olor corporal fresco y reluciente, el brillo de la primavera en sus ojos y como poco a poco se abría ante mi, no siendo la hija de la maestra, mas bien, una compañera de hazañas.
— Ven — me levante estendiendole la mano en señal de invitación, sus ojos se abrieron a par ante la sorpresa de mi movimiento pero jamas de miedo. — vayamos a dibujar algo bonito, de hecho, lo que mas me gusta en todo el preescolar es dibujar. Eso y jugar en el parque.
— ¿Jugar en el parque? — se mostró emocionado, hasta casi cautivado. — ¿en verdad podremos hacerlo?
— ¡Claro! — respondi sonriendole a lo obvio — pero primero lo primero, vamos a dibujar.
Sujete su muñeca con sutileza empujandolo hacia arriba para colocarlo de pie, sorprendentemente no me alejo, solo se quedo con la misma mueca de asombro en su rostro quizás por mi atrevimiento o no lo se, cuando eres niño no sabes de limites solamente abres puertas sin medir consecuencias. Comenzamos a caminar hacia adelante, en mi mente infantil ese momento no fue nada extraordinario, solo era yo ayudando a otro chico para que se adaptara a su nuevo entorno, nada de brillos, unicornios o flores de muchos colores. No. Ese encuentro aunque marco la pauta en mi vida, tenia el sabor a la realidad, a que la infancia tiende a ser del color del arcoiris y el olor de a arroz con leche, porque la vida jamas sera igual a un cuento de hadas.
— Por cierto, soy Isabell. — gire a mis espaldas para mirarlo y sonreirle. — puede que sea la hija de la profesora pero me agradas, espero poder ser tu amiga.
— Sebastián — respondió cohibido, con las mejillas medio coloradas y mirando al suelo. — pero probablemente ya lo sepas, digo, fuiste de gran ayuda para que tu mamá lo aprendiera.
— Mi mami es muy despistada con los nombres. — reí con picardía, recordando no ser la primera vez en que le costaba pronunciarlos. — pero es buena, muy buena, la mejor maestra-mami de todas te lo aseguro. No le temas, veras que con ella aprenderemos un montón de cosas. ¿Vale?
Un minuto, solo un minuto basto para que me mostrara esa expresión para borrar la arrogancia en mi de ser hija de la maestra, creer poseer de mandar a cuanto alumno ella le diera clase y plantearme ante la realidad de las cosas. Solo era una niña.
— Lo se — dijo, sonriendo sutilmente mirandome con sus ojos esmeralda encantadores sorprendiendome de poseer tal expresión en su rostro. — cuando me quede llorando ante la partida de mamá, la tuya seco mis lágrimas con sus manos tan suaves como un peluche y me dijo que estaría bien, aquí haría nuevos amigos y me acostumbraria. Le creo.
— Muy bien — alce mi dedo pulgar complacida, mostrando todos mis dientes mediante una sonrisa. — empecemos entonces siendos tu y yo amigos, Sebastián.
— Si.
Desde ese día no existió ningún otro donde no se nos encontrara separados, eramos como los gemelos perdidos, uno pegado al otro. Sebastián era un niño muy tímido el relacionarse con los demás se le hizo algo complicado, cada vez al ser dejado en el salón de clases por su mamá lloraba desperado por ella, temiendo nuevamente de la soledad. Seguidamente llegaba yo extendiendo mi mano y le mostraba varias aereas del salón, demostrandole que no existía nada que temer, el aula era nuestra habita segura y los demás niños nuestros compañeros. Poco a poco se mostró un cambio, ya no lloraba, en su lugar se despedia de su mamá corriendo rápidamente a mi encuentro, se voltio la tortilla, en ese momento el sostuvo mi mano y juntos emprendiamos el viaje hacia el conocimiento. Gano amigos, entre ellos su mejor amigo Kevin, que era un niño de piel morena y unos ojos negro saltones como una noche llena de estrellas, siendo todo lo contrario a Sebastián, extrovertido, enérgico, risueño y con ganas de luchar contra quien fuese. En realidad, fue de excelente ayuda en el crecimiento de nuestro amigo, cosa en agradecerle. Tambien gane muchas amigas, hacer la hija de la profesora las amistades me llovian a cantaros pero nada igual a la de esa pequeña niña de cabello corto y rostro redondo, Adriana. Ella lo sabía todo de mi, absolutamente todo, inclusive hasta lo que no le contaba y me apoyaba incondicionalmente en cada una de mis decisiones por mas tontas que fueran. Adriana fue la única en conocer mi enamoramiento por Sebastián, le tenia tanta confianza y fe pues sabia en jamas defraudarme, en ella tenía una fuente interminable en discrección, el secreto nunca salio de sus labios.
Si se preguntan el momento exacto de cuando mis sentimientos cambiaron por él, francamente no lo se, simplemente sabía que no eran de una mejor amiga a su mejor amigo, porque en mi pecho cada vez de verlo o sentirlo cerca se hincha en una clase de dolor llevandome casi a las lágrimas, a la par de reirme sin motivo alguno. No tenía mariposas, menos lombrices alborotadas, nada de eso, solo una sensación de llenura que te complace pero a la vez te reduce a nada. La razón era sencilla, él no sentía lo mismo que yo. Podria haberlo ayudado a adaptarse al aula, ser la primera en hablarle y definirme como la única chica capaz de sentarse a su lado en la hora del almuerzo, desayuno u otras actividades pero no quitaba el hecho de que a los ojos de todos eramos mejores amigos. Nada mas y nada menos. Sin embargo, existían los niños en no creerse ese cuento, que los amigos no caminaban de la mano todo el tiempo y apartar a cualquier chica (en mi caso) de querer acercarsele. Fue cuando ocurrió un accidente aparatoso, nuestro primer beso. Ya saben lo que dicen de el, lo que sientes al experimentarlo, las mariposas en tu estomago, la piel erizada, los sentidos colapsados y que todo a tu alrededor explota. ¿Lo divertido de todo esto? No vivi nada de eso, solo un nerviosismo insano en mi estomago, los labios carnosos de Sebastián chocando con los mios y la presión de las manos de otros chicos en mi cabeza obligandonos a tal acción. Fue borroso, no lo dudo, la cara distorcionada de mi amigo cerca y su respiración errantica en la piel de mi rostro seguidamente de separarnos y contemplar la vergüenza del otro. Nunca hablamos al respecto de lo ocurrido, pero nos costo unos días mas tarde mirarnos nuevamente a la cara.
Sebastián y yo nunca discutimos, al pesar de tener diferencias en algunos aspectos nos considerabamos muy buenos amigos para discutir, aunque en la actualidad dicen que el discutir con tu amigos es algo normal, y valga la redundancia, de amigos. Pertenecíamos a ese especie de no hacerlo nunca, salvo… una ocasión. Gladys era una compañera de clases, el tipo de niña que le encantaba ser el centro de atención en todos los aspectos, estar de costumbre en medio de un grupo de chicos no era nada nuevo y solían fastidiarla mucho. Me llevaba bien con ella, de hecho, no existía entre los alumnos de mi mamá alguien con quien me llevase mal. Aunque sabia o intuia que Gladys gustaba de Sebastián, las manera de llamar su atención, como lo perseguía parecido a ser su sombra y sus planes para llevarlo a discutir con ella. Temia, temia hasta los huesos la posibilidad de no serle indiferente porque si conseguía su atención era por algo, eso no dije a nadie, ni siquiera a Adriana, la posibilidad de perder a Sebastián para siempre. Aun así, yo desconocía que él no le molestaba mi lado posesivo, jamas me lo hizo saber y en ese sentido podía estar tranquila.
Pero me equivoque.
Al menos, en esa ocasión.
Como dije, la única vez en discutir con Sebastián cuando me dijo haber estado cansado de mi, de perseguirlo, estar a su alrededor y no dejarlo solo nunca me pidió el jamas volver hablarle en la vida, seguido de olvidar nuestra amistad y para jamas presentarme frente de sus ojos. Nunca lo vi tan serio, decidió y medio enojado, en sus ojos no existía aquel brillo propio de la inocencia cuando nos conocimos, solo un poso sin fondo que amenazaba con tragarme en un solo bocado. Puedo asegurarles algo, no llore, simplemente atine a asentir a su petición y salir corriendo lo mas rápido posible del lugar hacia el lugar mas apartado de toda la escuela. No me importo no avisarle a mamá, hablar con Adriana, intentar rogar para que recapacitara su decisión, simplemente deje todo atrás como las paginas marcadas de un viejo libro. Encontrandome lo bastante lejos, camine en línea fija de un lugar a otro, dándole vueltas a lo que haría ya no teniendo la amistad de Sebastián porque mi única condena era quererlo como nadie mas lo hacia, ahogarme en su olor del sol y embrigarme de su risa contagiosa. Pero lo había perdido, por algún motivo absurdo lo hice y me sentía perdida, pequeña en un sitio que sería apartir de ese instante la casa de los gritos. No recuerdo cuanto permaneci en ese lugar, pero si mi encuentro con una niña que sin saberlo mucho me aconsejo a volver, aunque estuviera experimentando el primer dolor de cabeza de mi vida, no podía permanecer en ese lugar escondido mucho tiempo y si mi mejor amigo no deseaba mi amistad, debía de seguir adelante. Dándole la razón de una manera indirecta de enfrentarme a los problemas de frente, sacudi mis manos decidida pero con el temor de salir suspendida por los aires nuevamente herida. Al regresar al salón vino a mi sumamente preocupada Adriana preguntandome si me encontraba bien, ya a esas alturas todo el mundo sabia de mi ruptura amistosa con Sebastián y mi amiga temia del nivel de mi estado emocional, no la culpaba, realmente me encontraba mal pero seguiría adelante, con o sin él. Es el momento de seguir caminando en el salón cuando me lo tope, deben imaginarlo, la persona con quien menos quería mirar en esos momentos. Sebastián.
Él no me miro en seguida, se limito a dibagar sus ojos en todas partes menos en mi, su hombros encorbados dictaminaba lo incomodo que de encontraba y la expresión en el rostro contraída, el no enfrentarseme. Dolia, realmente me dolia el pecho, como si alguien haya lanzado una daga directo a matar con los ojos cerrados y para mi desgracia acertado. Tampoco quería enfrentarlo, si él no deseaba mas mi amistad entorpecer sus movimientos seria una total falta de mi parte, por lo tanto, tomando una gran bocanada de aire, me dispuse a ignorarlo y pasar de él como lo quiso.
— Lo siento — me dice frenando mi caminar, mirando al suelo y evitando a toda costa mis ojos. — lo que dije hace unos minutos no era para ti, era para Gladys.
Aguarden, aguarden un minuto y frenen el mundo. ¿No era para mi? El desgarrador desenlace con el niño mas amado en todo el universo, jamas había existido. ¿En verdad? ¡¿Era de verdad?! Creo que la expresión de mi rostro era desconcertante, porque Adriana tuvo que golpearme uno de mis costado para poder reaccionar, sinceramente no comprendia nada de lo que ocurría.
— Es que ella no para de perseguirme y fastidiarme, que en el mínimo segundo explote diciendo todas esas cosas desagradables. — siguió hablando demostrando estar frustrado, aun no me miraba pero sus mejillas se encontraban pintadas de rubor. Se encontraba avergonzado. — En verdad lo siento Isa, lo siento mucho, no quería deshacer mi amistad contigo eres mi mejor amiga y lo seguirás siendo toda la vida. Nunca te cambiaría por alguien mas.
Finalmente sus ojos chocaron con los mios en una conexión única producida entre nosotros dos, nadie podría interferir, ni la metiche de Gladys ante su cazeria por ganarlo. No, porque ante todo el mundo seguía formando parte de la vida de Sebastián, esta vez para siempre. Soltando un medio sollozo mitad dicha, mitad alivio, me lance a los brazos de mi mejor amigo por primera vez en un contacto totalmente nuevo e improvisado, apretandolo contra mi mientras reía a carcajadas de lo ocurrido. Todo el mundo se tenso ante tal movimiento, aunque Sebastián y yo no las pasabamos prácticamente sujetando nuestras manos en todo momento, ninguna vez alguien rompió esa lejanía mediante un abrazo, no antes que yo. Él soltó un chillido conmocionado alegando que nuevamente se maliterpretaria nuestra relación, pero no me importaba, lo que dijera los demás de lo nuestro en lo absoluto me importaba. Lo quería, realmente quería demaciado a este niño de esmeralda mirada y todo lo concerniente a él latia fuertemente en mi corazón, si llegara a faltarme no sabia que podía ser de mi.
— Prometeme que seremos amigos para toda la vida. — le dije aun enganchada a su cuello, embriagada ante la calidez de su cuerpo junto al mio. — prometelo.
— Lo prometo. — respondió, colocando cohibido sus manos pequeñas en mis hombros, temiendo romperme o quizás asustarme. — igualmente prometo jamas volver hacer algo así, los amigos no lastimam a otros amigos.
— Mas si son los mejores. — recalque al separarme de él y mostrarle la mejor de mis sonrisas.
Eventualmente las promesas de niños no duran mucho, son efímeras, transitorias porque desconoces el significado de “siempre” menos que las personas pueden desaparecer de tu vida, porque nunca se quedan fijas en un solo lugar, se mueven. Cuando cursamos el último nivel de preescolar nuestro grupo de amigos teníamos decidido donde iríamos a estudiar, la escuela mas grande de toda la ciudad seria nuestra elección y reunirnos nuevamente la prioridad. Pero como era de esperarse, una vez graduados todos cogimos caminos diferentes, Adriana y yo coincidimos en la misma escuela para niñas cerca de donde anteriormente estudiamos, permanecimos siendo las misma hasta que sus padres se separaron y debió de tomarse la molestia de mudarse de ciudad, una muy lejana. En cuanto a Sebastián no fue la excepción, la promesa antes dicha de ser amigos para siempre se quebró al ras, llevándose consigo las ilusiones de una infancia prospera con la persona que quería. Finalmente entendía el significado del primer amor, dura tan poco, es valorado como la experiencia mas satisfactoria de todas, llena de luz, sentimientos cálidos y dulce igual a la miel. Era cierto, las menorías de una niñez compartida con Sebastián me marcaron enormemente, aunque el primer amor dura poco mas si se da durante la infancia, es de los que recordaría toda una vida. Pude olvidar su rostro, el tono de su voz, la sensación de su mano agarrando la mía… ese nombre, su nombre flotaba en las aguas tranquilas de mi cabeza. Llore, si, hice un poco de pataleo, igualmente pero comprendí que la vida costa de despedidas y encuentros, este era uno de otros.
Ahora en el presente, luego de trece años de haber soltado esa pequeña mano, caminaba tranquilamente junto a mi mamá en las adyacencias de la catedral mas imponente de nuestra ciudad, conversabamos tranquilamente sobre temas diversos. Ya no era una niña, tenia diecinueve años, estudiante de segundo año de economía en la universidad, como ven no estudie educación igual que mi mamá, otra de las tantas cosas dichas cuando eres pequeño querer ser peluquera, modelo, veterinaria, actriz… para terminar haciendo algo totalmente diferente a lo planeado. Lo usual, igualmente forma parte de madurar. No había cambiado mucho seguía siendo extrovertida, amante de jamas dejar a alguien en las garras de la soledad, con la incapacidad de ver que una persona no tuviese amigos aunque significara mi propio exilio. En cuanto a lo físico, se podría considerar unos cambios algo notorios, mi estatura era promedio, ni tan alta o tan baja, mi piel igual de blanca como la leche, un cabello largo lasio color negro que en comparación a estando pequeño lo llevaba un poco mas abajo del mentón, y mi rostro marcado claramente por una juventud rebozante llena de virtudes. Goce de una excelente niñez en el colegio de niñas de hermanas selecianas, en ese lugar me impartieron toda clase de valores a la par de la palabras de dios, entre risas, raspones en las rodillas y cantos graciosos culmine una de las mejores etapas de mi vida satisfactoriamente, cree memorias enriquesedoras que en un fucturo recordaría con alegría. Seguidamente estuve en un colegio privado donde estudiaba mi hermano, en mi primer año de instancia tuve que vivir dos desgarradoras experiencias, la separación de mis padres y la perdida fisica de mi abuelo. Me sumi en una depresión profunda, donde el escape a todo esto era el rock y videojuegos sangrientos, había dejado de ser la niña risueña de sus padres, para convertirme en un demonio completo vestido de negro. Nada me importaba, nada, sucediera lo que sucediera el dolor no se iria porque dar problemas era una alternativa muy viable. En general, ese fue mi pensamiento hasta entender que a la única en estar haciendo daño, era mi misma. Seguidamente experimente una vez mas el amor, no era el chico precisamente mas apuesto de todo el lugar, pero si el mas vivaz y alegre cuya sonrisa le adornaba todo el rostro. Cabello oscuro lasio corte de los años sesenta, piel marfileña, alto y delgado como un fideo, rostro alargado junto a ese caminado de estar comiendose el mundo, su nombre: Nathiel. Generalmente dices que te enamoras una sola vez en la vida, los demás solo son las sombras de lo que fue tu primer amor, porque entre ellos busca la semejanza en poder tener. Pero no, Nathiel no tenía nada en comparación a Sebastián, nada, salvo quizás ese ambiente tranquilo al permanecer solos en un sitio sin molestia alguna. Aunque realmente me gusto Nathiel, jamas fui de su agrado, solia fastidiarme, colocarme apodos, degradarme y meterme en un sinfín de problemas con mis demás compañeros, concluyendo finalmente ser una masoquista. Posteriormente fui olvidandolo poco a poco, entonces a finales de cursar mi segundo año de secundaria conocí a Gabriel, un chico con la personalidad mas abierta en ver en mi corta vida. Era del tipo que jamas se escondía algo, de sentir algo lo expresaba abiertamente y eso me agrado, me agrado al punto de tener un flechazo con él y rendirme totalmente a sus pies. Lamentablemente como de costumbre en mi vida, el verano nos separo y con ello un malentendido entre ambos llevandonos a tomar caminos separados, asi que al comienzo de mi tercer y último año de preparatoria, me encontraba con el corazón roto ante la indiferencia de Gabriel, quien se acerco por lo menos un poco al mismo sentimiento de llenura en mi pecho antes experimentado con Sebastián. Si, lo se, mezquino de mi parte al comparar personas pero cuando estaba con Gabriel y este me abrazaba, el olor a miel de maple inundaba mis sentidos, un calor del verano y esa sensación rara recorriendole las venas. Nadie a excepción de Gabriel y el mismo Sebastián me hicieron conocer esos sentimientos, pero al ver como estos me daban la espalda me senti en la penumbra nuevamente, al asecho de demonios queriendo correr por mi sangre, bebiendola.
Pasaron los meses antes de recuperarme una vez mas, conocí a una de las amigas mas atolondradas y alocadas de todas, Maria, quien no perdió el tiempo de insinuarme al chico mas alto de todo el salón, Manuel. No lo niego, era apuesto, aunque tampoco el último chico hermoso pisando la fas de a tierra, su personalidad simpática me herizaba la piel y la manera de insinuarseme descaradamente no dejaba mucho por pensar, sabia que le gustaba, a mi igualmente lo hacia pero nunca llego a concretarse por una sola cosa: tenia novia, mi vecina. Nuevamente, tuve que experimentar ver como el chico que me gustaba se daba el lote en frente de mi casa con otra chica, quien al pesar de no conocerla de mucho, parecía agradable y bastante sencilla diferente a lo que podria ser Manuel. Decidi que seria la última vez en experimentar el desamor, estaba cansada de salir suspendida por los aires sin dar al menos la pelea, había entendido que eso del “amor” no era para mi, por lo tanto, el centrarme en otros asuntos se llevaba mas importancia que otra cosa. Asi que, entre a la preparatoria en un sitio totalmente diferente y nuevo, una vez mas escuela de religiosas donde solo existía niñas en todas sus anchas siendo el sitio correpto para concentrarme. Olvidarme de Manuel fue difícil, pero no imposible, aunque termino con mi vecina poseia la incapacidad de estar solo una temporada, por lo que se lio con una de mis excompañeras de clase aprovechando la oportunidad en restregarlo por redes sociales. No solamente me desligue de todo lo concertiente a Manuel, igualmente mi antigua escuela y el significado de querer enamorarme una ves mas.
Pero de eso no escapas.
El, te consigue.
Ya saliendo prácticamente de la preparatoria tuve que realizar un trabajo social en una escuela de mi gusto, mantuve contacto con niños de necesidades especiales y con otros convencionales, donde sin duda la pase muy bien haciendo amigos y ganandome la confianza de todos ellos sin esfuerzo alguno. En aquel sitio conocí a otro pasante, David, un chico de piel igual a la arena del mar, ojos caoba, cabello risado color negro y la incapacidad se guardar silencio cuando debía de hacerlo. En primera instancia ni llamo mi atención, solo era otro chico, de otra escuela que debía hacer el mismo trabajo al mio, si, nada usual. Pero eso cambio cuando comenzamos a interactuar, David era bueno convenciendo a la gente, lo sufiente persuasivo al momento de calmar a los chicos cuando se salía su comportamiento fuera de control, de igual manera me trataba bien y juntos trabajamos a la perfección. Me sorprendió tener los mismos gustos musicales, lecturas e inclusive hobis, como el leer libros y jugar juegos en linea. En general, era el chico que toda chica deseba tener como pareja. Pero nada es color rosa, mucho menos en mi vida. Cuando descubri su verdadera cara detrás de un incidente del telefono descompuesto, no solo supe ser tan fantidioso, poco serio, hostigador y un rotundo pervertido, igualmente en sus planes escuchar un no como respuesta jamas estuvo. Asi que terminado el trabajo social, me desligue totalmente de su presencia y segui con mi vida, esta ocasión no me dolio en lo absoluto encontrarme con la desilusión, mas bien, senti rabia conmigo misma al dejarme engatusar de esa forma. Aprendido de una estrepitosa manera que no todo lo que brilla, es oro.
En fin, me agradue, entre a la universidad, enfoque un ciento por ciento mi cabeza en los estudios y olvide completamente que en un lugar lejos de allí existía alguien para mi. Desgraciadamente, la única relación fracamente pura había sido a mis cinco años de edad con un niño de esmeralda mirada, personalidad introvertida y sonrisa de sol. He de confesar como seria nuestro reencuentro, de realmente suceder, obviamente seria casual, nada planeado, donde la sorpresas en nuestros rostros se hería reflejado y seguidamente de un silencio prolongando el diria mi nombre, luego…
— ¡Profera Annabeth! — se escucho una voz nueva en mi oidos, parecía jovial y llena de sorpresa. ¿Quien podría ser? — ¡Que agradable sorpresa! La última vez de saber de usted fue hace unos cuatro o cinco años atrás, cuando me comentó el hacer dejado el aula y convertirse en coordinadora del preescolar.
Eso era cierto, mamá fue ascendida en su trabajo debido a su currículo y trayectoria, ganándose un puesto importante en la escuela, aunque varios representantes no deseaban tener a una de las mejores profesora fuera de los salones de clase, se enorgulleceron de tenerla en un puesto mas alto donde cumplirían las ordenes al pie de la letra. Mamá parecio conocer a aquella mujer morena, cabello oscuro sobre los hombros, rostro redondo reflejando jovialidad y con una estatura algo baja. No me parecía conocida, ni siquiera cuando le dio un abrazo fuerte a mamá y posando sus ojos agudos en mi, estudiandome con cautela, demostrando que en verdad me conocía anteriormente. Maldición, porque no la recordaba de nada.
— Veo que su hija ha crecido bastante, profesora. — comento perspicaz aun mirandome detenidamente, dibujando en sus labios una sonrisa que me inquieto un poco. — se ha convertido en toda una señorita. Si la viera mi hijo, seguramente no la reconocería.
¿Hijo? ¿Qué hijo? Gire muda buscando una explicación de mi mamá, odiaba cuando me hablaban de alguien que aparentemente me conocía, pero lamentablemente, mi memoria a corto plazo no parecía ayudarme.
— Es la mamá de tu amigo, Isabell. — dijo mamá sonriente, señalando a la señora que cada vez anchaba mas sus labios en una mueca para convencerme. — ¿Recuerdas a Sebastián?
Me quede helada, totalmente petrificada en medio de la nada sintiendo un balde de agua fría cayendome en cima seguido de un rayo, provocandome múltiples temblores en todo el cuerpo. No, no, no podía creerlo, me rehusaba hacerlo frente de mis ojos se encontraba a progenitora del único chico capaz de mover todo mi mundo a su antojo a la par de descolocar mi corazón. La última vez en escuchar de él fue de mamá, cuando casualmente se lo encontró y alegó acordarse de mi con una expresión cautivadora, su sonrisa risueña y sus ojos brillosos. En ese entonces creí poder explotar de la dicha, de la felicidad, sonreí y brinque en la nada a lo estúpido porque no existía día ni fecha en el calendario que no lo recordara, que no deseara volvernos a encontrar. Y ahora, ahora tenia la oportunidad de mi vida frente de mis ojos, el momento había llegado.
— Obvio que lo recuerdo. — dije tratando de sonar casual y no como una desesperada loca — uno de los niños mas cercanos a mi, mi mejor amigo.
— ¡Oh pero si se la pasaban agarrados de la mano a todas partes! — comento la señora colocandome colorada como un tomate, de hecho, el batido de fresa en mis manos lo absorbí con mas prisa ante la mención de ella con total normalidad. — eran tan adorables, jamas podría olvidarlos menos cuando… ah, Paola, — llamo a la joven que casualmente se encontraba a su lado era alta de cabellos rubios amarrados en una coleta, miro a la mujer con signos de fastidio y luego a mi. Eso era hostilidad, no me lo nieguen. — ¿Recuerdas a la hija de la profesora Annabeth? Era la novia de Sebastián en el preescolar.
Me atore, juro que me atore al escuchar semajante declaración de la progenitora de mi primer amor, el batido anteriormente frío se convirtió en la lava mas potente de todas quemando todo a su paso, mas que la mirada desconcertada de mamá encima de mi. Es decir, ¿desde cuando fuimos Sebastián y yo novios cuando niños? Si mi memoria no me fallaba, nos reconocía como los mejores amigos con la poca capacidad de estar lejos el uno del otro, si, existieron malentendidos en todas partes respecto a nuestra relación pero siempre fuimos muy claros. Si era por estar sujetos de la mano siempre, bueno, los niños son inconciente de malas intenciones y esa acción era totalmente pura. Hasta hora. Riéndose de no reacción, la mamá de Sebastián recalcó el haberle ahogado por su comentario y que no existió momento en parecerle dulce nuestra relación, ambos fuimos muy dependiente el uno del otro que catalogarnos de novios era bastante predecible.
— ¿Y qué esta siendo él ahora? — pregunto mi mamá muy interesada, demaciado para mi gusto, quizás conocía el interes de saber de la vida de él luego de estos años. — ¿Estudia acaso?
— ¿Estudiar? ¡Que va! — exclamo riéndose de la interrogativa de mamá, pareciendo algo desconcertante. ¿Eso era sarcasmo? — ¿Sabe lo que me hizo el muchacho? ¡Abuela! Me convirtió en abuela, ese fue el regalo de graduación de preparatoria.
Dicen que a lo largo de nuestras vidas tenemos dos amores, uno que nos rompe el corazón a mil pedazos, y otro que hace hasta lo imposible para repararlo. Este pueden ser la misma persona. En mi interior se escucho un impacto estrepitoso que destrozo algo duro, latente y lleno de sangre, escuchaba el goteo insesante de esa sustancia regandose en mi interior sin tener desembocadura alguna. El frío, esa sensación que atrapa y entorpece todos tus movimientos corporales le siguió detrás atrapandome, envolviendome con sus tentáculos y presionando fuerte en mi pecho una clase de dolor peor a todos los desplantes hechos anteriormente por chicos que solieron gustarme. La bala de la arma disparada directamente de las manos de mi primer amor se incrusto en mi pecho, no salió, de mantuvo fija y quieta en ese sitio recordandome su dura presencia. Creo haberme puesto pálida o la expresión de mi rostro igual aun fantasma, porque la mamá de Sebastián dejo su optimista actitud y me acompañó en mi mueca agonica. Porque eso era, lo que sentía en esos instantes era la agonía pura de perder a mi primer amor sin ser consumado, sin tener derecho a reclamarlo, porque Sebastián siguió con su vida hacia adelante y yo… yo solamente me dedique a pensarlo, desear un encuentro mágico a su lado. Pero en la vida no pasa eso, en mi vida no lo hace, porque la realidad siempre te golpeara de forma estrepitosamente dolorosa y tu deber es acostumbrarte.
— Pues… pues vaya sorpresa. — recupere el habla, riendome aunque no tuviera nada de gracioso la situación, por dentro estaba muriendo lentamente y las ganas de llorar se incrementaban. — jamas se me cruzó por la cabeza tal cosa.
— Si, bueno, tuvo una niña es sumamente encantadora no se puede decir que es su hija. — volvió nuevamente a su actitud alegre, abriendo su bolso y sacando su móvil dándole unos cuantos pulsones en la pantalla en busca de algo, seguidamente me la mostró. Era ella, la niña, la hija de mi primer amor con otra mujer. — ¿Lo ves? ¡Es su viva imagen! Tiene dos años y no para de corretear en todas partes, es tan intranquila pero se convirtió en la adoración de la casa.
No pude decir nada, realmente estaba totalmente muda ante la visión de la pequeña, tenia un cabello rubio risado disparado en todas partes, su piel era blanca como la cal dándole un aspecto algo inreal, su rostro marcado ante la niñez demostraba inocencia absoluta y esa sonrisa con dientes diminutos parecidos a los granos de arroz, le da un toque gracioso a la cosa. Pero lo mas sorprendente de todo era sus ojos, unos enormes ojos color verde esmeralda encantadores y tan hermosos como su progenitor. Esta niña sin dudas, es su hija.
Tragandome cada uno de mis sentimientos queriendo salir de mi garganta, me las maquine para seguir sorviendo me mi pajita el batido de fresa y sonriendo ante la imagen de la abuela orgullosa de su nieta, que aunque su llegada había sido prematura, la quería incondicionalmente.
— Es muy linda, realmente se parece a él. — comentó sincera mi mamá, regresandole el telefono a la señora y sonriendo comprensiva. — pero me disgusta que no siguiera estudiando. Sebastián claramente tenía un futuro brillante por delante.
— Ya saben como son los muchachos, profesora. — solto un suspiro resignado, guardando su telefono en su bolsa y mirandome nuevamente a mi. — forman sus propios caminos a su manera sin tomar la opinión de los demás, mucho menos sus padres. Aunque horita le va muy bien, trabajo y mantiene a la niña, no me puedo quejarme.
— ¿Y donde esta trabajando? — pregunte con curiosidad, aun manteniendo latente el dolor creciente de mi pecho.
— ¡Oh! En la panadería de la séptima avenida, deberías visitarlo aunque sea una vez. — propuso con entuciasmo, demaciado diria yo, porque en lo menos que deseaba en estos instantes era un reencuentro con el amor de mi infancia. — aunque dudo mucho el reconocerte, quizás de la profesora si se acuerde pero tu…
No acabó la frase, vale, era comprensible pues durante estos trece años si se cruzo por delante de mis narices igualmente no lo hubiera reconocido. Cuando nos conocimos solamente eramos un par de chiquitines, quienes jugaban en el parque a meserse en los columpios, mientras uno empujaba al otro y de vez en cuando se tomaban de las manos, bien eso último puede variar. ¡Pero eramos niños! Eventualmente nuestros físicos han cambiado, nuestra personalidad ha cambiado, tomamos camino diferentes y… y… ¡Demonios! ¿A quien quiero mentir? Yo aun desee ese reencuentro parecido a cuento de Disney, no precisamente vestida de rosa y zapatillas de cristal, pero si al menos una sonrisa de su parte, la sorpresa de nuestros destinos enlazarse una vez mas y quizás la promesa de redescubrinos desde cero. Quería llorar, necesitaba hacerlo, este tipo de noticias había roto por completo mis esperanzas ante el amor, ante mis fantasías, sobre todo, ante la realidad de un cuento de hadas jamas ocurrido.
— no sabes cuanto me hubiera encantado que ustedes acabaran juntos. — siguió la mamá de Sebastián con un tono comprensivo, maternal y parecido a leer cada una de las expresiones de mi rostro. Me senti avergonzada. — Pero la situaciones nos llevaron a este desenlace, en verdad es una lastima.
— La vida da muchas vueltas, nunca imagine que pudiera verlo convertido tan temprano en papá. — pronunció mamá, mirandome de reojo y entendiendo que necesitaba marcharme rápido de allí. — Bueno, en verdad me dio mucho gusto volver a verla y que a Sebastián este bien.
— ¡Ah profesora! Mi muchacho tuvo una maravillosa experiencia en el preescolar, todo gracias a usted y su hija. — le dio un abrazo en señal de despedida, aunque fui nombrada no sentía nada, ni vergüenza o algo, me encontraba vacía. — le deseo la mayor de la suertes, a las dos.
— Igualmente. — contesto mamá, soltandose de su agarre y empezando a caminar.
— Por favor, enviale saludos a Sebastián de mi parte. — hable con voz fingida en cortesía, cuando por dentro todo se oscurecia mas.
— Con gusto, y por favor, dale una visita a la panadería con la profesora. Estoy segura que se alegraria de verte. — me guiño un ojo entregandome una pequeña targeta con su nombre y número. — estoy a la orden para cualquier cosa.
— Gracias y hasta luego.
Al girar completamente lo único pulsando en mi mente era desaparecer, correr de esta aplastante realidad ante uno de los escenarios menos imaginados en mi vida, Sebastián casado. Porque eso era ¿cierto? Mi primer amor olvido por completo la existía mia en su mente, siguiendo con el transcurso de su vida como lo hace la gente normal, no estancada alrededor de un solo eje sin avanzar. Es cierto, estuve interesada en otros chicos, y aunque estos no me respondieron seguía eventualmente volviendo al inicio, en aquella primera vez de sujetar la mano pequeña de mi primer amor y demostrarle que no existía temor alguno a experimentar cosas nuevas. Me había resignado a estar separados, pero de la misma manera, añore el encontrarnos una vez mas en el futuro. Pero no sucedería, ahora o nunca.
Me centre a tomarme el batido con todo y el ácido escurriendo de mis entrañas, la perspicaz mirada de mamá hecha en nada se me escapa de mi radar, llego directamente a mi rostro marcada con la indiferencia del asunto. Aun tenía apariencias que guardar, mas si se trataba de mamá, porque de descuidarme descubriría uno por uno mis gran recontidos secretos.
— No sabía que tu y Sebastián fueron novios. — pronuncio con cautela, tirando en el tablero una pieza para empezar el juego.
— Estoy tan sorprendida como tu, igualmente me acabo de enterar de ese dato. — respondi normalmente, mirando hacia adelante e ignorando las agujas transformadas en mirada de mamá.
— Era de esperarse tal malentendido, tu y él permanecían muy juntos. — explicaba con el mismo tono de voz, mirandome del rabillo del ojo como esperando ver mi caida. — incluso caminaban agarrados de la mano.
— Eramos niños, no existe doble sentido en eso. — me encogi de hombros restandole importancia, mamá seguía recia a creerme. — además siempre lo considere mi amigo, mi mejor amigo. Todo el mundo lo sabia, él lo decía.
— Quizás delante tuyo, pero por detrás podría ser otra cosa. — concluyo indiferente, imitando hasta cierto grado mi postura.
Sin embargo, francamente eso era una total locura, Sebastián era de loa primeros en explotar ante alguna insinuación mal infundada de nuestra relación, recalcaba de tal manera la amistad entre ambos que algunas veces daba miedo. ¿Por qué decir luego ser mentira? ¿Por qué contribuir a los falsos rumores? No, no creo que haya hecho tal cosa, Sebastián era reservado y estar involucrado en líos no era lo suyo. Esto se trataba de un malentendido.
— Sebastián jamas habría dicho tal cosa. — salí en la defensa de mi antiguo amigo. — es una equivocación.
— Oh… pero no quita el hecho de haber sido su primer amor. — agregó con astucia, provocandome un pequeño espasmo en mi ser adolorido.
¿Yo? ¿El primer amor de Sebastián? ¡Que buen chiste! Si nuestra primera discusión fue por haberlo sofocado hasta el cansación, claro, que luego el se disculpo por no haber sido para mi sino para otra compañera de clase. Mas aun, siendo tan alérgico al contacto físico mas alla de sujertarnos las manos, cuando lo abrase aquel día dio un respingo tan escandaloso que temí de ser rechazada, pero no ocurrió, solo atino a colocarme sus manos en mis hombros. Quizás… solo quizás… se comportaba así debido a sentirse avergonzado, la niña que le gustaba rompiera la barrera de la distancia entre ambos le daba mucha pena, además de reaccionar de otra manera. Sebastián era tímido, reservado con sus pensamientos, pude haber sido su mejor amiga pero jamas me participo alguna inquietud o pensamiento. ¿Pero que demonios estoy haciendo? Han trascurrido trece años, lo suficiente para concluir este caso y seguir adelante, no puedo seguir pensando en el pasado mas cuando esta casado y tiene una niña. UNA NIÑA. Lo que pudo sentir en el pasado por mi murio, sepultado a tres metros bajo tierra y jamas saldrá de allí.
— Vamos mamá, es absurdo, no creo que Sebastián sintiera tales cosas por mi. — reí incredula moviendo mi cabeza hacia los lados, tomando de mi batido de fresa casi vacío. — eramos niños y…
— Te perseguía a todas partes, caminaban de la mano juntos, comían uno al lado del otro, compartían las mínima cosa y en las presentaciones pedían ser pareja. — enumero cada cosa con tanta precisión que me espanto, la memoria de mamá era asombrosa. — Cuando tu entrabas en su campo de visión sus ojitos brillaban, empezaba a sonrerir como bobo y corría inmediatamente a tu encuentro. Se lo que te digo, fuiste su primer amor.
No dije nada, tampoco tenia algo que decir, a estas alturas del partido toda esa información no valía de nada, no cuando ya formó su vida muy lejos de la mia y el destino cruel decidió separarnos en forma permanente. Me dolia, costaba respirar el pensar que de seguir juntos las cosas pudieron haber sido distintas, no lo se, quizás no con hijos pero si haber consumado nuestro primer amor. Debía de resignarme, aprender a vivir con la realidad de la existencia de esa pequeña y la de su mamá, quien al pesar de no conocerla empezaba a envidiarla, era afortunada con Sebastián se saco la lotería.
— Como sea, esa chica, la mamá de la niña tiene mucha suerte. — mire hacia el frente sonriendo tristemente, la mirada de mamá me llego al alma, aunque no admitiera nada con respecto a mis sentimientos por mi antiguo amigo, los conocía perfectamente. — no es porque Sebastián fue mi mejor amigo pero, en verdad la cuidara, es el mejor chico que pude haber conocido. Lo certificó.
— Lo se. — concordo conmigo mamá, colocando una de sus manos encima de mi hombro. — fui su profesora, lo conocí.
Esa misma noche, una vez en la casa de mi abuela, me encerre en la habitación que tengo allí y llore como sino hubiese mañana. Desgarre todos mis sentimientos de esperanza hacia algo inconexo, inexistente y nada seguro, porque había alojado todas mis esperanzas a la nada para salir suspendida por los aires. Me dolia, dolia donde alguna vez estuvo mi corazón, porque aunque llevaba años sin saber de Sebastián, en la vida pude olvidarme completamente de él. Quizás aquellas palabras de enamorarte una sola vez en la vida y buscar ese amor en tus siguientes parejas era cierto, porque en cada chico en gustarle intente hallarlo, encontrar alguna semejanza con ese amor de niñez jamas culminado. Pero esa noche, precisamente esa noche, saque todos mis sentimientos guardados en mi pecho hacia un amor perdido que no pudo ser, ni sera. Quizás jamas estuvo destinado a realizarse, o tal vez, la vida me tenga algo mas adelante. Pero lo único en realmente tener presente, es que no existirá nadie mejor a Sebastián, pudo ser mi amor de niñez, la primera ilusión en tener pero tenia muy presente lo que quería. Y sin duda, mi corazón siempre gritaría por él. Bajo el arruyo de la noche, me quede dormida con lágrimas secas en mi rostro, soñando con aquella ocasión donde estuvimos uno al lado del otro, sosteniendo nuestras manos ante de una de las tantas presentaciones del colegio. Estaba nervioso, lo podía sentir claramente en la palma de mi mano su ligero temblor, ibamos a enfrentarnos a un grupo númeroso de personas y fallar no estaba permitido. Ante el peso de presentarnos en el escenario, aprete su mano ligeramente logrando su atención, sus ojos verde esmeralda brillaron debajo de las luces tras bambalinas dandome una sensación casi al pánico, pero no le permiti tal cosa, porque sonriendole ligeramente con confianza le susurre en que confiara en mi. Todo saldría bien, ambos saldríamos bien, después de aquel espectáculo seriamos felicitados y…
— Solo permanece junto a mi. — me dijo con fuerza, devolviendome el aprenton de manos. — lo demás, no me importa.
Asombrada tal cual como estaba, gire mi cabeza hacia a los lados y sonriendole con gentileza le respondi.
— Siempre estare a tu lado.
Y seguidamente, la función comenzó.
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A la mañana siguiente amaneci con un dolor de cabeza tamaño colosal, los ojos me ardian y mi estomago tenia un nudo difícil de deshacer, era parecido a que alguien me lo retuviera para imposibilitar mi normalidad. Lo convencional, los claros síntomas de haber pasado una noche catastrófica. Soltando un gemido lastimero, gire sobre mi hundiendo mi cara en la almuhada percatandome que su frío contacto era un alivio enorme a mis colapsados sentidos, recordaba un poco a esos comentarios de placeres culposos cuando un lado de la almuhada se calienta mucho, y para cambiar esa incomodidad, la giras y realizas exactamente lo que me encuentro haciendo. Sin embargo, nada de esto podría calmar el dolor carcomiendo cada una de las células de mi cuerpo, mucho menos el ardor del alma al ser consumida hasta los cimientos. Hacer memoria de los hallazgos del día anterior llevaba a mis ojos nuevamente lágrimas, ni mencionar ese molesto nudo en la garganta amenazando con destruir el poco de cordura presente en mi. Lo se, seguramente deben de preguntarse ¿Y por qué sufrir por un amor de hace trece años? Solo deberías de pasar la pagina y ya, con tal, ni siquiera recuerdas su rostro o como solia verse. Es una pérdida de tiempo. No obstante, les recalcó que el primer amor dura toda la vida y me estuve alimentando de este durante todo este tiempo, esperaba paciente, esperaba anciosa, sobre todo, esperaba con los brazos abiertos reencontrame con quien es el dueño de mi corazón al ciento por cierto. Aunque no imagine este desenlace tan trágico.
Quitandome la almuhada del rostro entorne mi mirada la techo mordiendo mis labios en señal de reprimir un sollozo, estaba acostumbrada a ser un asco en el amor, a sus desplantes, a ser disparada con fuerza impidiendome ser infeliz en ese ámbito pero esto, justamente esto es algo que supera mis expectativas. No se que realmente me dolia mas, conocer la realidad de los cuentos de hadas dormidos en Disney o saber que Sebastián siguió su vida, de una forma bizarra, es una combinación de ambas. Deslizándose de manera solitaria por mi mejilla una lágrima desemboco en mi mentón, dándole paso a otra por el otro lado, comence a secarlas de forma frenética evitando que salieran mas, pero era inútil, pronto la llovizna con sol se convirtió en una tormenta torrencial. Cubriendo con ambas manos mi rostro, volvi a llorar quedamente la perdida inrreparable de mi primer amor.
Un poco mas tarde arreglada decentemente, caminaba sujetando mi mochila para evitar caerse de mi hombro, hoy era el tipo de mañana particular que no deseaba por nada en el mundo toparme con mis amigos de la facultad, considerando las circuntancias en donde me encuentro, las oportunidades se ven negras en el firmamento. Esta mañana logre escaparme de mamá milagrosamente, debía de estar temprano en el preescolar para una reunión de padres y representantes, obviamente en sus planes no venia incluido desayunar conmigo, y lo agradecí, enteramente lo hice pues mi humor no estaba para charlas emotivas con mi madre. A quien si encontré fue a Edwuard, mi indecoroso, metiche, fastidioso y molesto hermano mayor, quien no perdió la oportunidad de restregarme en la cara el mal aspecto que tenia. Bien, la próxima cuéntame una de vaqueros, porque esta historia esta vieja y trillada. Pasando de él olímpicamente, tome solamente un café bien cargado y tan negro como mi alma, dirigiendome donde me encuentro finalmente la faculta de economía. Por desgracia a primera hora tenia matemática veintiuno y el profesor no suele ser condecendiente con uno, menos con el aspecto de la noche anterior haber asistido a la mejor fiesta de la vida. Por supuesto, ya quisieran yo, perderme en las olas del alcohol y olvidar cada una mis penurias al menos en un breve lapso de tiempo. Pero no, la desaproveche para lamentarme de un hombre comprometido a la vida de otra persona, que gran oportunidad planteada ¿no creen?
Sintiendo una leves sacudidas en el bolsillo de mi pantalón, solte un suspiro sacando el dichoso aparato para percatarme que se trataba de David, ¿lo recuerdan? Mi ex-flechazo momentáneo y pervertido a tiempo completo. Resulta ser que al pesar de todo lo ocurrido, seguidamente de un buena temporada sin saber el uno del otro, volvimos a tener contacto solo que en esta ocasión no nos embarga nada romántico, solo amistad. El soporta mis arranques de mal humor y yo sus comentarios pervertidos, así es como funciona nuestra rara amistad. Sin embargo, no poseo la capacidad de soportarlo, al menos, no hoy e inmediatamente pulso ignorar llamada pagando en el proceso el móvil. Me decidi que hoy escapare de mis amigos, quiero tener un momento intimo conmigo misma y ser interferido por alguien esta prohibido. Voy sosteniendo con fuerza mi pensamiento al igual que el aparatejo, hasta que al girar para cruzar al pasillo contrario de las aulas del primer semestre hasta toparmelo, un sujeto que mide mas o menos 1,90, cabello ondulado color castaño rubio que al colocarlo a la luz del sol optines otros tonos mas claros, piel blanca igual a la nieve, rostro esculpido en seriedad pero visiblemente unos ojos saltones color verde semejantes a un gato te sostienen imposibilitando tu posible huida, amenazandote de conocer tu movimientos antes de hacerlo y hacer lo que sea para frenarte, siendo claramente dueño alguien de mi entera confianza, Anthony. Mi mas cercano amigo.
Al principio al verlo lo que quiero es huir, ayer ignore todas sus llamadas cerca de las tres y cuatro de la tarde, fue cuando ocurrió ese incidente limitandome a encerrarme en las paredes del calabozo de mi habitación de la casa de mi abuela y huir. Si, tan cobarde como suena, escape de la otra realidad en mi vida, mis amigos. Pero aconteció algo, Anthony no es precisamente la clase de hombre acatado a los mandatos de sus amigos, es conocido como una persona confiable y de entero respecto debido a su seriedad característico de su personalidad reservada, poco abierta y mas bien centrada en lo importante, no quitándole obvimante ser una buena persona y amigo. Fue el primero en entablar amistad a mi llegada a la facultad, igualmente el primero en soportar, mis momentos de depresión sin motivo. Siempre ha estado allí para animarme, aconsejarme y brindarme todo su apoyo cuando estoy en baja moral, de hecho, seria la persona idónea en sostenerme en esta caida pero hoy particularmente, deseo pasar de él. Obviamente, no ha sido concedido porque sujetandome de las muñecas con fuerza sin hacerme daño, me mira ceñudo esperando alguna clase de explicación a mi desplante.
— ¿Cuando pretendes contestar mis llamadas? — exigió saber sin saludarme o algo, fue directo al grano sin gastar saliva. — olvide la cantidad de mensajes en dejarte en tu buzón de entrada, sin contar los de texto o el correo. ¿Acaso pretendes olvidar el mundo?
Vamos… que exagerado, solamente desaparecí el día anterior, nada podría haberme ocurrido por hacerlo.
— Se que saliste con tu mamá ayer, pero no pretendas el llamarla a ella porque la conoces. — desvío la mirada un segundo al suelo, aun manteniendo su agarre en mi. — no le agrado mucho que digamos.
No existía motivos algunos para que eso pasara, pero a mamá simplemente le desagradaba Anthony permanecer una área cerca suyo, respirar el mismo aire, incluso, compartir una misma mesa era la causa de muchas discusiones de calibre peligroso. Me abstenia de reunirnos en un mismo sitio, salvo ocasiones especiales como mi cumpleaños, pero en lo demás los tenía alejado el uno del otro por la paz.
— Te conozco, se que ocurrió algo pero, para variar has decidió ocultarme por alguna extraña razón. — siguio hablando, salvo que en esta ocasión no parecía enfadado sino preocupado. — ¿Qué es eso que te mantiene en este estado de alejamiento? ¿Es tan fuerte que no puedas conversarlo conmigo?
Soltó mi agarre encorbandose igual a un perro regañado, sus ojos de gato mantenenian un brillo latente de preocupación, que necesitaba sentir el confiar en él. Y lo hago, claramente después de mamá la segunda persona en tener toda mi atención es Anthony, salvo que hoy no encontraba mi camino de regreso a él solamente desolación y dolor, sobre todo, mucho de eso último. Soltando un suspiro ahogado, sujete con una de mis manos el rostro de Anthony transmitiendole el estar bien, no ocurría nada y de hacerlo sería el primero en enterarse, inclusive encima de mi mamá. El soltó una risa cerrando sus ojos ante el contacto, parecía estar refrescandose mediante mi movimiento, pero con ello no mencionaba sentirse satisfecho a plenitud. Aun necesitaba respuestas.
Quitando la mano de su rostro, lo mire con signos de reproche, no le bastaba con hacer una escenita cursi en medio del campus, la cual estábamos propensos a ser maliterpretados en cualquier momento, aun mas, ver mi cabeza rodando ante la presencia de Mariana ante nosotros.
— No bromes con algo así. — me reprendio girando su vista hacia a los lados, esperando quizás en verla detrás de uno de los pilares del edificio. Me dio gracia. — no tienes idea de lo que realmente son capaces las ex, mas si se trata de Mariana.
— Hombre, que la has engañado. — le recorde, sujetando su brazo y obligandolo a caminar para dispersar esa lado paranoico suyo, podria divertirme, pero mirarlo mucho fastidiaba. — mínimo espera una represaria de su parte y no salir bien librado. Venga que yo mínimo, mínimo te arranco la desencia y la cuelgo en la estatua de la facultad. De esa manera, todos los hombres tendrán como ejemplo el saber utilizarla, no solo para diversión.
Anthony trago grueso dándole una ligera mirada a su entrepierna, seguramente maquinando que tenerme como novia no seria un buen negocio, menos de enemiga, pues mientras permaneciera en filas amigas mejor. Podría ser conocido como un excelente alumno, pero en el campo del amor era un asco, con ello me refería a convertirse en un cazanova tomado ligandose a cualquier falda presentada en sus ojos, llevándose consigo mismo una bonita relación con una de las mejores chicas del curso, Mariana. La conocí en el mismo momento de hacerlo con Anthony, no se llevaron a las mil maravillas al comienzo, claramente eran dos polos apuestos donde lo único en coincidir era en sus discusiones, interminables, largas y tan estensas como el testamento dee un viejo rico. Aunque sorprendente, de ese mismo “polos opuesto” nacio un hermoso amor, que al ser obviamente espectadora, certificó ser intenso y abrazador con el mismo Mar Caribe, ambos se querían mucho y procuraban que sus diferencias no los distanciaran, lo contrario, los uniera cada vez mas. Hasta esa fiesta, donde ni Mariana o yo asistimos pero si él, perdiéndose en el alcohol y metiéndose con una compañera de clase, en realidad… dos porque incluía igualmente su hermana gemela. El punto fue que mi amigo termino abofeteado en medio del pasillo de las aulas de primero, con la promesa o advertencia de hacerle pagar tal humillación, quizás estaría exagerando un poco, pero Mariana no es del tipo de quedarse con los brazos cruzados mucho menos en este aspecto, si lo decia es porque en verdad lo haría. Nuestra amistad se vio algo afectada, como lo ven soy amiga de ambos, me encanta pasar el rato con ellos pero ante el engaño de Anthony a su relación estuve dividida, entre seguir mi intuición de chica y pasar de Anthony o marcar la diferencia, ser Suiza, imparcial y atenta a cualquiera de los dos. Pues bien, no funciono mucho, pues Mariana se alejo de mi pasando mas tiempo con otros grupos, en lugar del nuestro. Aunque no declaro nada ante su comportamiento, era obvio el recriminarme mi posición al lado de su ex.
Sinceramente, que pereza, tengo suficiente de drama personal encima para cargar la de mis amigos igualmente.
— Me alegra estar de tu parte, entonces. — comento alzando una de sus cejas, rascando disimuladamente su cuello en signos de nerviosismo. — en una guerra terminaría perdido.
— Seguramente. — sonreí.
Entramos al aula de clase que ya se encontraba mas o menos concurrida, los grupos se mantenían dispersos por el sitio amplio donde abarcaba siete gradas con mesas y sillas, divisando al fondo una enormes ventanas vestidas de cortinas oscuras seguido de estantantes llenos de libros, una puerta de fondo a la izquierda y hacia el otro lado, una fila de mas estantes con mas textos. Mire rápidamente al escritorio del profesor se encontraba vacío, algo extraño porque siempre es el primero en llegar de todos, listo para torturarnos. Antes de preguntarle algo a Anthony este desapareció magicamente, vaya que tenía una razón formidable, con pasitos cautelosos venia hacia mi la reina de todos sus temores, Mariana. Hoy venia vestida particularmente a la moda, falda estilo de los años sesenta color vinotinto pegada a su cintura, blusa blanca con abertura en sus costados y espalda de diseños conexos, bastante variados y divertidos, zapatos de plataforma color negro y accesorios en su cuello, muñeca y dedos. Su fragancia evidente de vainilla golpeo mis fosas nasales, notando al mismo tiempo que había cambiado el color de las puntas de su cabello a dorado amanecer, dejando en la raíz y demás un color algo mas oscuro haciéndole juego. En general, era el tipo de chica siempre a las últimas tendencias de la moda, no escapandosele nada y queriendo arrastrasme a ese mundo. Pero pasaba, estaba muy comoda manteniendo mis vaqueros poco ajustados, sudaderas de colores y tenis cómodos. Al verme solto un grito indignada abrazandome y dandome dos besos en cada mejilla, rápidamente juzgo mi vestimenta como la capacidad de salir de casa sin siquiera maquillarme, mis ojeras tamaño mapache se percibían desde el último puesto del salón signos de no haber dormido, además esa cara demacrada era otro síntoma: había llorado.
Solte un respingo imprecionada ante la dedución exacta de mi amiga, es decir, ¿Estuvo observandome detrás del muro de mi habitación toda la noche? Porque la manera de deducir todo al pie de la letra era de miedo, ni decir predilecto de una bruja experimentanda en conjuros oscuros. Aunque hablando seriamente, sus conclusiones en verdad dieron en el clavo, haciendome sentir desnuda antes sus ojos caramelo.
— Sabes, puede que no seamos tan amigas como antes pero — me hizo una mueca de apoyo, colocandome una mano en mi hombro apretandomelo. — cuentas conmigo para cuando te sientas mal, y claramente, es este uno de estos casos.
Baje la mirada soltando una risita amarga, cansada de luchar con algo lo sufiente pesado para derrumbarme al suelo sin fuerzas, porque mis reservas se agotaban y necesitaba liberarlas, soltarlas lejos de mi. Quizás hablarlas con otra chica era mejor, adoraba a Anthony pero jamas comprendería esta parte de mi que ayer acabaron, de los sueños rotos esparcidos como polvo en el suelo sin poder nuevamente unirnos. Resultaba algo irónico, Mariana al terminar con Anthony busco en mi un refugio, un santuario para descansar y ahora me encontraba haciendo lo mismo. Sin embargo, en medio de una aula de clases… era demaciado.
— Bien, esto es considerado código once. — menciona mirando detrás de ella y haciéndole señas a otra chica, creo que su nombre era parecido al mio Elizabeth, a menudo nos confundían pero no por apariencia. Ella era… bastante peculiar, mas al ser algo rellenita. — el profesor probablemente no venga, asi que vayamos al aseo de chicas. Allí estaremos seguras.
Oh dios, esto parece ese tipo de películas donde utilizaba los lavabos de damas para cotorrear, confabular y armar conspiracaciones, pertenecer a ese grado de cliché no era lo mio. Me rehusaba hacerlo.
— Mariana estoy bien, solo un poco de insomnio el día anterior. Nada del otro mundo. — intente sonar convicente pero no funciono, vio a travez de mi con maestría. — además, el profesor puede llegar en cualquier momento. Saltarnos la clase seria una locura.
— De llegar Eli me avisara. — se refirió a la muchacha morena de hace un momento — así que limitate a explicarme lo ocurrido. De lo demás, me encargaré después.
Antes de poder negarme una vez mas, Mariana prácticamente me arrastro por los pasillos de la facultad concurridas a estas horas debido a cantidad de estudiantes queriendo ir a sus clases, regalandome una experiencia claramente nada bonita en una mañana de un sol resplandeciente. Me sentía como la pequeña niña obligada a asistir a clases de valet, siendo en realidad su pasión el atletismo, y obviamente ambas cosas no congenian en lo absoluto. Era lo mismo, una conversación de chicas y yo jamas caminaríamos bajo un mismo sendero, menos tratándose de amor. Desde conocernos siempre tratamos los inconvenientes de Mariana, nunca los mios, tampoco es que tuviese alguno pero la confianza en tenernos nos llevaba a eso y ahora, las cosas se cambiaba. Abriendo la puerta de un solo golpe, Mariana espanto con una mirada a las chicas aglomeradas en el lugar dándole un claro mensaje, despegar el área. Acto seguido, me deposito suavemente en una de las bancas hecha de los azulejos del sitio y cruzando sus brazos, señalo el comenzar con el relato. ¿Tenia otra opción? No, no la tenia. Comence desde el principio, el momento de mi primer encuentro con Sebastián, las memorias compartidas, los malentendidos de nuestros compañeros, el desastroso primer beso, la despedida aparatosa y las ganas de volverme a encontrar con él, todo absolutamente todo dije e inclusive los pensamientos mas alejados a mi boca salieron sorprendiendome de la capacidad de hablar demaciado. Mariana me observaba callada, cautelosa y esperando su oportinidad para opinar, seguramente me tallaria de tonta al esperar trece años por ese intento de primer amor, aunque puede que la este juzgando sin motivos o pruebas. Al llegar el punto de toparme con la mamá de Sebastián junto a toda la verdad, mi amiga soltó una exclamación de asombro, porque como iba las cosas jamas espero un desenlace tan trasendetal como este, dandome la clara señal de resignarme y pasar la pagina. En eso me encontraba, pero olvidar por completo las memorias de una amor puro e inocente como este costaba, ella podía comprenderme mejor que nadie en ese aspecto. Aunque no lo vivimos de la misma manera, escapar tu felicidad de las manos… es terrible.
Culminado mi relato me senti como una completa loca, sorprendía el haberme tragado todo este tiempo mis auténticos sentimientos, si bien me hacia sentirme un poco mejor, no quería decir encontrar la paz anhelada, eso aun estaba muy lejos de pasar. Por otra parte, Mariana permaneció unos segundos en silencio tratando de procesar lo escuchado, aun temía de una reacción equivocada de su parte, llamenme loca, masoquista e inclusive dramática. Pero no fue así, en su lugar, sujeto mis manos y con una sonrisa ancha exclamó.
— ¡En hora buena Isa! ¡Te has enamorado de alguien!
Parpadee varias veces sin comprender lo que ocurría, es decir, ¿esta es la reacción correpta para cuando una amiga te dice que le rompieron el corazón? No la creo conveniente, además, soy una persona y obviamente viene el paquete enamorarme de otra ¿O eso eso es motivo de sorpresa? Aparentemente para Mariana si.
— No te vuelvo a contar algo de mis cosas. — le dije, soltando dandome la vuelta para recoger mis cosas, levantarme y dispuesta a salir del baño.
— ¡Oh por favor! Lo digo muy encerio. — exclamó aun con el mismo tono de voz animado, sujetandome del brazo y obligandome a mirarla. — disculpa si te ofendo, pero eres del tipo que jamas diria el enamorarte de alguien tan a la ligera. ¿Me equivoco?
Gire mi cabeza hacia un lado para evitar darle la razón, porque era cierto, durante mi vida los fallidos intentos de amoríos no eran personas convencionales, aquellos chicos sobresalían entre los suyos porque eran diferentes. A excepción de Manuel, ese chico es uno mas del montón. En cambio los otros, se asemejaban en una cosa, iban contra la corriente de la sociedad. Solte un suspiro deslizandome hasta el suelo, Mariana me miraba curiosa, no creo que enterarme de esto sirviera de algo con mi corazón roto, tal vez debía de darle tiempo al tiempo y esperar sanar.
— Lamento mucho por lo que has pasado, Isabell. — dice ella comprensiva, imitando mi postura y depositando en el hombro su mano. — pero con esto no debes de encerrarte en tu caparazón y desechar enamorarte de nuevo, tu misma lo sabes, el primer amor es el que dura menos y el que mas duele perderlo.
Frunci el ceño dolida, escuchar esas palabras me dejaron al borde de querer marcharme a llorar amargamente una vez mas, ver como las memorias de algo hermoso se te escurren de las manos igual al agua es asqueroso porque seamos sinceros, cuando te enamoras siempres magnificas a esa persona, lo colocas como la mejor de todo el mundo aunque precisamente este no lo sea. Sin embargo, Sebastián en verdad era fabuloso, increíble en todo el sentido de la palabra y en general un caballero, es cierto de que en este lapso de tiempo cambio considerablemente y no poseo idea de ello, pero estoy segura que dentro suyo aun permanece un pedazo de aquel niño dueño de mi primer amor.
— Por lo tanto, seca esas lágrimas, olvida esos lamentos y alza tu rostro. — siguió hablando, colocándose de pie y extendiendome su mano. — no necesitas arrancarlo de un solo tajo sus memorias de ti, simplemente aprender a vivir de ellas y atesorarlas como lo que son. Un hermoso recuerdo.
Mire unos segundos su mano extendida hacia mi sin tomarla, hace mucho tiempo admito haber juzgado mal a Mariana, llamarla superficial y niña de papi pero lo que en realidad desconocía era la verdadera cara de esta ante los problemas amorosos. Una vez mas, si tiene razón en lo que dice, no deseo deshacerme de las memorias de Sebastián durante mi niñez, son y serán mi mayor tesoro en esta vida. Pero de igual forma, recordarlas ahora son parecido a una tortura medieval, porque aunque me hagan bien de la misma manera me hacen mal, mas sabiendo que él jamas volverá. Ni su sonrisa ancha que ilumina el mismo sol, o, sus enormes ojos esmeralda detallandome con cautela y precisión. Llego el momento de cualquier persona en este mundo de dejarlo volar, necesito madurar. Sujetando la mano de mi amiga, me impulso hacia arriba susurrando un gracias, no existen muchas chicas en querer escuchar mis problema amorosos y el que ella lo halla hecho es bueno de su parte. Mariana sonriendo bastante complacida por mis palabras, ofrece escucharme cada vez que necesite, de lo contrario, nunca podríamos ser las amigas que somos.
Salimos del baño completamente relajadas, al menos de mi parte, caminando por los ya desolados pasillos de la facultad. Mariana saco su extrafalario móvil para revisarlo, tenia un mensaje de Elizabeth informándole que el profesor faltaría hoy a su clase al presentarsele un inconveniente, aunque eso no decía librarnos de unos ejercicios dejados minuciosamente en el pizarron en manos de la coordinadora de docencia, hasta conseguirnos un suplente para la materia. Hundiendo mis hombros resignada, segui desde atrás la imagen imponente de la moda en mi amiga, que milagrosamente sabía caminar rápido con esas plataformas, acelerando el proceso para llegar mas rápido al aula. Sonreí, contar con chicas como Mariana en estos instantes era una total bendición, no creo poder hablar libremente con mamá al respecto, es decir, le tengo confianza y conoció a Sebastián pero este tema es demaciado para ella. Aunque conociendola probablemente sepa de mis sentimientos. En cuanto a Anthony, es mi amigo, le estimo y le tengo mucho afecto pero entablar una conversación al igual que dos viejas chismosas sobre chicos, en la vida podría hacerlo. Por lo tanto, lo mantendré a fuera de esto.
Cuando llegamos al aula Mariana fue a ocupar su puesto rápidamente, por mi parte divise a mi amigo sentado en una de las últimas gradas mirandome fijamente, parecía acusarme de no confiar en él de mi secreto, movi mi cabeza hacia los lados sonriendo, Anthony tenia unas venas de niña de cinco años cuando no le confiere la fiesta sorpresa de uno de sus papas, sintiéndose posteriormente ofendida. Avanzando en grandes zancadas llegue a su lado recibiendo la misma mirada, al sentarme susurre por lo bajo “tonto” medio seria medio riendo, teniendo como resultado otra mirada pero esta vez fulminante. Decidiendo que era suficiente de tortura a mi serio amigo, suspire relantando que existen cosas de chicas donde debe de ser tratadas por chicas, con ello no pretendo dejarlo a un lado con mis asuntos, pero es un tipo de tema que de hablarlo con él me incomodaria. Su respuesta me dejo helada, pues preguntó si se trataba de hombre. Les juro que de haber estado bebiendo un zumo o cualquier otra cosa estaría atragantada ahora mismo, suerte que no poseia necesidad de tragar saliva, aunque posiblemente la necesite al tener la garganta seca de la impresión. Sus ojos verdes igual de astutos como los de un gato chocaron con los mios avellana, en un contraste multicolor que expresaba asombro contra decisión, Anthony es el tipo de chico perspicaz que no se quedaba quieto en un solo sitio esperando las respuesta, él en cambio, salia por si solo a encontrarlas aunque signifique lastimarse. Abri la boca para decir algo, pero no salio palabra alguna, tampoco es que tuviese explicación alguna pues tenía toda la razón, el tema era chicos. Anthony cerro los ojos emitiendo un suspiro profundo, desvío su mirada a la pizarra volviendo a escribir su contenido, de hecho debía de hacer lo mismo, asi que olvidando mi estado catatonico saque de mi bolsa mis implementos de trabajo lista para comenzar los deberes de estudiante. Los asuntos amorosos solo te nublan el juicio, eso es un hecho inreflutable.
— ¿Sabes que te consideró mi mejor amiga? — exclamó suavemente Anthony frenando mis movimientos, llevandome a mirarlo por encima de mi brazo su expresión calmada. No estaba enojado, pero en el ambiente lo sentía de esa manera. — Cuando lo de Mariana ocurrió, estuviste allí para mi, no me apartaste y me brindaste tu mano. Dijiste que no eres nadie para juzgarme pero, no congraseabas mis acciones. — abrí mis ojos impresionada al verlo reir, tal vez no lo diga a menudo pero cuando él lo hace se ve increíblemente apuesto, mas con esas pequeñas arrugas de bajo de sus párpados. — Asi que, entiendo, comprendo muy bien tu negativa a contarme al respecto lo sucedido con ese chico pero, si te sirve de algo, estoy dispuesto a ayudarte en lo que sea. Confian en mi, no me apartes, pues prometo tampoco hacerlo en un futuro.
Ah… Anthony era tan considerado, pase por completo que en la vida tambien conocí otro caballero sin armadura, el cual, se encontraba sentado a mi lado mirandome con dulzura en sus ojos verde gato y dictaminando apoyarme en él cuando quisiera. La vida pudo haberme arrebatado cosas, pero se encargo de darle otras. Sonriendo en respuesta a su discurso, sujete con fuerza su mano sintiendo la calidez de que esta me brindaba, sabia a amistad, apoyo a una fuente inagotable de afecto sincero y eso me hacia sentir satisfecha. No estoy sola, jamas podría estarlo, menos si tengo amigos en los cuales apoyarme.
— Con que me invites a almorzar bastará. — confese en tono de broma, aun agarrandome de la ancla que significaba su mano.
— Espero que una ensalada baste, esa de las que tiene mucho aderezo. — me siguió el juego, riéndose nuevamente sin apartarse de mi. — son tus favoritas.
— Suena a una estupenda idea.
No existe nada mejor para curar un corazón roto mas que un amigo, salida, una comida por montón y pasar momentos a lo tonto. Pero por sobre todo, la compañia siempre es la que valdrá mas.

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