I
My Chaotic life
My Chaotic life
El eminente amanecer se coloco por los vortices del gran ventanal del desvan donde me encontraba, un lugar amplio, alto y completamente solitario. Los colores del alba, amarillo tenue combianado con ese azul suave de cielo le dañaba la bienvenida al nuevo día, dandome a entender que había pasado una noche entera despierta. ¿Qué importaba de todas maneras? La cabeza la tenía tan hecha un lio que hacia olvidarme de todo lo demás. Inclusive el dormir.
No sabia que hacer, no tenia ideas de que hacer, además lamentarme era una completa idiotes, lo único por delante es mantenerme firme hasta el final.
No sabia que hacer, no tenia ideas de que hacer, además lamentarme era una completa idiotes, lo único por delante es mantenerme firme hasta el final.
El chirrido de una puerta de roble familiar inundó aquel sitio disipando todos mis pensamientos, la cabellera rubia lasia con ojos ámbar encantadores combinado de esa expresión calmada, te daba un poco de paz y tranquilidad. No aleje mi mirada de él mientras se acercaba con pasos cautelosos, tampoco le dije nada, entre nosotros existía una conexión especial que nos hacia comprender nuestros pensamientos, o al menos, entender un poco de estos.
Cuando tomo asiento al frente de mi, me miro con un tipo especial de brillo, en pocas palabras, estaba esperando algo de mi. Ya lo sabia. Quería una explicación.
— Ahora has sido tu él que me ha encontrado — dije sonriendo de medio lado, mirando hacia el amanecer — ¿No sientes el dejavu?
— Por una razón pensé en ti en este lugar — comento como quien no quiere la cosa, alzandose de hombros — se que es estúpido pero… ¿Como te sientes?
— Te digo la verdad — Bufe divertida, aunque no tenia nada de gracioso la situación — no tengo ni idea.
Llorar es inutil, lo se, pero este nudo existente en mi garganta no subía ni bajaba, simplemente se quedo pegado a mi tráquea sin derecho a replicar.
— Es comprensivo, es decir, aun no lo has digerido después de todo solo han pasado 24 horas de lo ocurrido.
Parecía mentira, pero es cierto, han pasado exactamente un día después de lo acontecido, desde tener inconscientemente en mis manos una granada entregada por la persona a que quiero, donde sin previo aviso la detono sin pensarlo dos veces. Llevándose todo. Luego… ¿Iba a quedar de la misma manera? No, no lo creo.
Mi amigo aquí presente comprendia todo esto, esa es la razón de tenerlo frente de mi, abandonar la comodidad de nuestra cálida habitación y caminar entre los pasillos desolados de Red, hallandome en la soledad se este desvan frío y amplio. De alguna manera, esto me recordaba a los días oscuros en la escuela secundaria de Konoha, cuando no tenia a nadie a mi lado, solo mis sueños, metas y sed de grandeza. La pequeña “princesita de castillo de cartón” presa de los demonios al asecho.
Mi amigo aquí presente comprendia todo esto, esa es la razón de tenerlo frente de mi, abandonar la comodidad de nuestra cálida habitación y caminar entre los pasillos desolados de Red, hallandome en la soledad se este desvan frío y amplio. De alguna manera, esto me recordaba a los días oscuros en la escuela secundaria de Konoha, cuando no tenia a nadie a mi lado, solo mis sueños, metas y sed de grandeza. La pequeña “princesita de castillo de cartón” presa de los demonios al asecho.
— Ahora que recuerdo, jamas he tenido la oportunidad de contarte mis días en Konoha — gire mirando directamente a sus ojos ámbar sorprendidos, pues fue inesperado mi arranque repentino.
— ¿Por qué ahora? Digo, es muy extraño escucharte decir eso de tu boca. Hasta hora, solo ha sido Sasuke en tu historia. — confeso sincero.
— No, es decir, si, pero en momentos solitarios como estos hace colocarme nostálgica — soltera un suspiro bajando mis hombros — rememorar cada una de las hazañas realizadas antes de llegar aquí, sobre todo, a aquellos días de alegrías o tristezas.
— Si eso sirve de algo — me sonrio con una inusual mueca en sus labios, dándole mas a nuestra confianza — sabes que soy una tumba, puedo escucharte con atención.
Desde mi llegada a Red pude comprender perfectamente algo, podria tener toda la seguridad del mundo o encontrarme fuera de cualquier acoso, aun asi, mis sentimientos, pensamientos y todo el corazón se encontraban en aquella planta fisica junto a sus personas. El coro. Mis amigos. Mi amada familia. Konoha.
★★★★★★★★★
En toda mi vida siempre he sido rechazada, debía de comprenderlo a mas no poder, y como no, los moretones de los empujones contra los casilleros podrían hablar por si solos, ni dejando a un lado los desperdicios de envoltorios de golosinas o otras cosas contra mi rostro y esos malditos batidos. Fríos, pegajosos a la par de asquerosos, era parecido a chocar contra un glaciar en la antártica. Mi facial mañanero. Aunque por supuesto, eso arruinaba cualquier tratamientos facial posiblemente hecho anteriormente por mi misma.
El asunto era que, siempre era rechazada por ser diferente. Por saber interpretar canciones hermosas, por ser siempre alegre y optimista, por gustarme la soledad y sin contar por ser algo alocada en lo que se refiere a la moda. No lo voy a mentir, mi egocentrismo y mis aires de comportarme como toda una diva de estados Unidos era mi meta: “SER LA MEJOR CANTANTE DE TODAS”.
— Despierta… Miledi — dijo uno chico, que pasaba arrojándome un frío liquido al rostro.
Es oficial, mi primer batido matutino de la mañana.
Perfecto, ahora mi exhaustivo tratamiento aplicado hace unas cuantas horas atrás se hizo trizas, debería de darle las gracias a ese orangután, corrección, animal primitivo de la época de las cavernas. Es ridículo, el ritual del “batido” es practicado por un grupo de idiotas que se creen lo mejor de lo mejor solamente de hacerlo, deberían de quedarse calvos al envejecer o mejor aun, en el preciso momento de arrojar aquel liquido. Tratando de controlarme ante el acontecimiento ocurrido, camine prácticamente a ciegas quitandome los restos de hielo sobre mis ojos buscando el camino al tocador de chicas, debía de arreglarme o mas bien hacer milagros al estilo “hada de la cenicienta”. Y es que no es facil ser una alumna rechazada de High School Konoha, aun más si a cada momento te fastidiaban por el mínimo movimiento de tu parte, parecido a sentirte acosada o perseguida.
Salí del tocador, dirigiéndome a mi casillero para buscar mis cuadernos y cosas para la clase que me tocaban cursar, seria Literatura, bastante pesada mas si es a primera hora, pero si le encuentras el toque sutil a la materia podías quedar fascinado.
Ya hallándome en esa clase, me senté lo más alejada de los demás. No quería que hoy nadie me fastidiara, hoy Elizabeth Mogami alias Lizi no seria opacada por nadie, al contrario brillaría como cualquier cantante de Japón de eso se los aseguro.
Ya hallándome en esa clase, me senté lo más alejada de los demás. No quería que hoy nadie me fastidiara, hoy Elizabeth Mogami alias Lizi no seria opacada por nadie, al contrario brillaría como cualquier cantante de Japón de eso se los aseguro.
— ¿Puedo sentarme? — me pidió un chico al frente de mi — Al menos que te incomode.
Esto debía de ser una broma, pensé en el instante de mirar al muchacho del frente, porque este sin duda era un sujeto imposible de ignorar. Se trataba de “él”. Sai. El mas popular en todo el instituto de Konoha, aun mas dado el título que tiene, el capitán de futbol de la escuela.
Mierda, mierda, mierda. Tiendo a sonrojarme muy fácilmente y lo último en mi mente es espantarlo, menos cuando tan amablemente me ha pedido permiso de sentarte a mi lado.
— C-Claro a…adelante — extendido mi mano en dirección al asiento vacío a mí lado, tartamudeando un poco por el nerviosismo.
— Gracias. – Me sonrió.
¡Oh! Por todos lo santos cielos… esas sonrisas deberían ser prohibidas por provocar asaltos al corazón, es mas, de considerarlas delito en manos de la policia estaría totalmente a favor. Sai es simplemente lindo, porque junto a su sonrisa risueña estaba esos ojos negros parecidos al carbon donde poseían brillos de la noche, ellos te inspiraba a sumergirse sin pensarlo dos veces, tal cual a un canto de sirena. Aguarden. ¿En que diablos estoy pensado? Sai es y sera inalcanzable, esta saliendo con la líder de las porristas Ino Yamanaka, una chica ligeramente rubia, esbelta y bonita, el prototipo de cual todo hombre babea o sueña estar con ella. Sin duda la mas envidiada en toda la escuela. Aunque yo no le envidiaba nada, pues soy mucho mas inteligente, bonita, a la moda y sobre todo talentosa.
— Bien alumnos. — Interrumpió mis pensamientos el profesor. — Empecemos de una vez con la clase.
La verdad, ni preste atención a clase. Solo recuerdo que estaban hablando sobre un ensayo de Don Quijote de la mancha y que, la próxima clase veríamos Romeo y Julieta. Era increíble, porque esa obra de teatro podría verla millones de veces y terminar de la misma manera. Llorando. ¿Por que lo prohibido es tentador? ¿Por qué el amor es insuficiente? Julieta debió vivir, aun mas Romeo, juntos tuvieron que haber sido felices. Pero no. William Shakespera siempre fue dramático en sus obras, en especial en esta.
Me dirigí nuevamente a mi casillero, para prepararme para mi próxima clase, hasta que unos malditos animales de la selva me estaban esperando al lado de el. Suspire. No tenia que darle importancia a ello, solo estaban parado tranquilos allí. No me arremeterian contra mi… ¿O si?
Me dirigí nuevamente a mi casillero, para prepararme para mi próxima clase, hasta que unos malditos animales de la selva me estaban esperando al lado de el. Suspire. No tenia que darle importancia a ello, solo estaban parado tranquilos allí. No me arremeterian contra mi… ¿O si?
— Valla sorpresa que tenemos por aquí — dijo un chico de cabello rubio — es la “princesita de castillo de cartón”.
— Parece estar muy ocupada, menuda sorpresa — le respondió a su acompañante de ojos purpura — ¿Estas ocupada?
— Lo que haga o deje de hacer, no les importa así que… — trate de pasarles por el lado pero….
— ¡Toma! – rio a carcajadas a la par de otros chicos que se acercaron, mas idioras sin cerebro.
Este lo reconocería hasta en la China, Inuzuka Kiba, era el más problemático de todos y también se encontraba en el equipo de Futbol. Me habían arrojado un bote de basura sobre mí, esto era el colmo. No se como no salia llorando y gritando. Tal vez por no era de ese tipo de chicas que dejaba a relucir mis sentimientos, pero eso si, no me quedaría con la boca callada.
— ¿Qué paso princesita? Te comió la lengua los ratones… — dijo Kiba sonriendo cínicamente. — ¡Oh! Tu voz se apago.
— Este… — intente contenerme pero no pude — Era la primera vez que me ponía este abrigo y ustedes…. ¡Lo arruinaron!
— ¡Oh herimos los sentimientos de la princesita! — hablaba con una voz muy cínica, el rubio — ¡Cuánto lo sentimos!
— ¿Saben? ustedes pueden pudrirse en el infierno. — digo sacudiéndome lo que cargaba ensima. — ¡Algún día me van a pedir perdón de rodillas, cuando sea popular y la máxima estrella de esta escuela!
— Si como no. — comenzaron a reír entre si, mientras se marchaban.
Me quede parada allí prácticamente en la nada, mientras todos los alumnos que pasaban me quedaban mirando y sonreían por lo bajo. Como odiaba todos los días de mi vida, en esta desdichada escuela. Emprendí nuevamente al tocador, la segunda vez del día, aunque aun no he llegado a mi record siendo de tres veces, no quiero ni si quiero comentar las razones de ello. Me las ahorraré. En esta ocasión mis acompañantes serían mi cepillo para el cabello, cremas y sobre todo… perfume para lidiar con el mal olor de la basura. No podía creer que mi vida fuera un total caos solo por ser diferente, bueno… básicamente ellos decidieron que yo lo era diferente. Por no me creía tal cosa de ser “Diferente” solo me creía original y sensacional, única entre toda Konoha y nada mas.
Después de hacerme un tedioso tratamiento, contra la basura y mal olor de mi ropa, me en marche para ir a almorzar. Genial me había perdido el segundo bloque de clases, por estar arreglándome en el tocador. Suerte que en esta escuela este tipo de cosas los pasaban por alto de lo contrario, estaría perdida.
— ¡Un paste vegetariano! – le pedí a la cocinera, quien me lo dio amablemente.
Obvio que debía de cuidar mi figura, de ninguna manera iba a terminar gorda y fea, además, comer balanceado hace que tu cara no se te manche al contrario. Te cuidas te todo mal. Me senté lo más alejada de todos, daba igual, no tenia amigos ni amigas aquí. Y estaba completamente segura, que nadie se dignaría a socializar conmigo, sabiendo de quien se trataba “la chica de cada mañana recibía batidos y botes de basura sobre su rostro”.
Después de terminar de comer, me marche hacia mis ultimas clases restantes. Dando por consiguiente mi suposición. Nadie había notado mi ausencia. Y lo comprendía, no era nada popular y notable.
Después de terminar de comer, me marche hacia mis ultimas clases restantes. Dando por consiguiente mi suposición. Nadie había notado mi ausencia. Y lo comprendía, no era nada popular y notable.
En estas escuela se valían las clasificaciones: los de la primera escala social: Los Populares, si lo mas de lo mas de Konoha, eran notados por todos y socializaban con los de su misma especie. Cuando caminaban por los pasillos todos volteaban a mirarlos, pues claro eran los populares, en algunas ocasiones les daba miedo no mirarlos. En lo que a mi respecta, me daba igual, yo iba a realizar otro tipo de clase de populares, unos que cuando pasaran todos giraran a verlos con una sonrisa en el rostro, y dijeran lo genial de sus voces o como vestían. Entre los populares se encontraban las porritas y jugadores de futbol. Seguido estaban, los desapercibido, es decir nadie los fastidiaba ni nada, los cerebritos, lo mas inteligentes de todo Konoha con las mayores calificaciones, yo no era cerebrito pero si sacaba calificaciones altas.Y pues claro era de esperarse Elizabeth Mogami, no cualquier persona.
También lo homosexuales lo mas rechazados en la escala social, odia los calificativos, solo porque ellos decidían debiamos de ser diferentes, automáticamente nosotros lo éramos. Era ridículo. Ahora, no podía dejar de último a lo mas bajo de la escala, los perdedores, si allí estaba yo, una perdedora con aires de triunfar y revolucionar esta escuela sin clase, estaba segura que lo lograría, pero la única manera era de revolucionar era formando de algo único, algo especial que me convirtiera especial y diera un salto al estrellato sin mas.
Conocia mi vida complicada, pero apatir de los proximos días todo cambiaria de color. Haciendo girar mi monótona vida por completo, las matices estaban por evolucionar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario