Prólogo
Cuando menos te lo esperas… la vida se te pasa volando, de la misma manera de compartir con una persona, apegarte a ella y empezar a descubrir pequeñas cosas detalles indispensables o, inclusive, amargos. Porque hasta estos, marcan la difirencia y eso lo tiene muy bien definido Katsuki Yuuri.
En sus veintitrés años de vida jamas pensó conocer a “esa persona” en esta forma, desojar cada una de las capas en conformarlo y descubrir una, no se equivoca, millones de características que lo llevan hacer un uno igual a él. Al principio parece estúpido, ridículo, el figurarlo igual a un dios. Pero no, porque su error tal vez halla sido colocarse inferior a esta, siendo tan cerca de la realidad… aunque a la vez lejos.
Debe reconocerlo, el japones jamas estará a su altura, y no se refiere a lo físico, no, mas bien a lo profesional, porque al mirar por primera vez a “esa persona” patinando sobre el hielo todo alrededor suyo dejo de importar. La tierra freno su girar, las luces se enfocaron en él, el martillar de un corazón retunbo en sus oidos y la magia empezó hacer de las suyas. Porque eso era, magia, la clase que es pura y revienta las fantasías de todo ser humano, convirtiendo la realidad algo en donde la ficción nunca lograra superar.
Una vez “esa persona” le dijo que al mirarlo patinar creyo verlo crear musica, bueno, pues Yuuri contrarrestar esto con magia. Si. “Esa persona” al patinar la hace, por eso el público lo aclama y alaba. Cosa que el japones no puede privarlos.
Quizás en el pasado se autoimpuso una coraza para recibir el odio de los fans de “esa persona” por robarselos de las pistas, acaparlo para su propio beneficio, ¿pero adivinan algo? Es humano, por lo tanto egoísta y avaricioso. Ese puede ser su condena, desafiar la realidad.
Jamas tuvo el derecho de optar a algo mucho mayor a él.
Por consiguiente, las victorias provechosas terminaron en desoladoras, tenia lo que siempre quizo pero, al ver esos ojos profundos color zafiro comprendio el anhelo, y no se trataba de él, por favor que no, mas bien se encontraba en su actividad. Patinar. “Esa persona” quería hacerlo pero, solo necesitaba un empujón, ayuda si deseas decirlo de otra manera.
— … si llego a ganar — lo miro directo a los ojos con determinación, sumandole la intensidad de millones de tifones juntos — ¿Me consederias un deseo?
Estaba pisando zona minada, de colocar el pie en el lugar equivocado, saldría suspendido por los aires. Sin embargo, intentarlo no es un delito.
— He… Yuuri, eres muy codicioso — río con su usual galanteria, provocando en el muchacho bajar la mirada algo incomodo. Por mucho de ver esa mueca en “esa persona”, jamas se acostumbraria. — pero si ganas el “Gran Prix Final” no te consedere uno, sino dos deseos. ¿Qué te parece?
Un trato que nunca desaprovecharia.
— De acuerdo. — respondió sellando aquella sentencia.
Entonces dio lo mejor de sí, lucho, bailo y dejo su corazón sobre la pista de hielo, escuchando cada uno de los gritos de exclamación acompañado de gloria del publico. Yuuri se sintio dichoso, completo, pero no por la atención recibida, mas bien decidía a una cosa: “esa persona” debe cumplir dos deseos. Deja de importarle su alrededor, la molesta cara de Yurio, la felicitaciones de su amigo Phichit e inclusive, la mirada de reproche de Chris. No. Porque su mente sigue girando en un mismo eje.
Una mirada. Su mirada.
Cuando se encuentran uno frente al otro nuevamente siente la sensación que el mundo deja de girar, la magia surge y todo explota. Un suave cosquilleo nace en su vientre en el instante de sentir las manos de “esa persona” tomar las suyas, uniendo de una forma que ni un tifón podría separarlos, y el japones es feliz porque siempre tendrá en su memoria esta expresión. Clara, risueña, orgullosa, mucho de esa. Pero aun mas, el brillo inteso en esa mirada azulada, porque “esa persona” tiene el poder de destruir y construir su mundo, con una sola de esas.
De cierta manera es gracioso, su mente y corazón se encuentran en debate, la satisfacción de ganar el Gran Prix Final o embocar los demonios ante su deseo, aunque por los momentos, lo mantendrá muy dentro de sí, escondidos para no entorpecer. Ahora solo ha llegado la felicidad, la dicha y soltar un suspiro. Puede sonar absurdo, pero luego de toda esta temporada se lo merece.
Asi que, tomando en cuenta lo anterior, Yuuri se abalanza al cuerpo de “esa persona” donde es recibido gustosamente, donde, sin dudas algunas, todas y cada una de las preciones junto al alivio son bienvenidos. Se siente poderoso, libre y en paz, nunca antes había pensado que ese sitio es su hogar, el lugar donde desea estar por siempre y para siempre. No importa nada, que todo el mundo lo quede mirando mal, las criticas de la prensa, los gritos euforicos de unas chicas o estar siendo observando por el mundo. Porque para Katsuki Yuuri, permanecer en paz con su hogar es y sera lo primordial, aun así, se le escapa lo importante:
Nada dura para siempre.
Seguido de ese cosquilleo insano en su pecho y estomago, se ven obligados a separarse, “esa persona” no lo suelta por completo, mantiene esa sonrisa orgullosa en sus labios pero se percata rápidamente de algo. Yuuri esta llorando. No es bueno tratando las lágrimas de alguien mas, siendo estas de alegría o tristeza, simplemente no puedo solo puede atinar a deslizar sus pulgares secandolas, dándole una suave caricia y preguntar si le duele algo. El japones mueve con frenesí su cabeza a los lados, alegando encontrarse bien, esas lágrimas son el resultando de su agotamiento físico y mental, no es tristeza, simplemente… se trata de dejar libremente sus sentimientos.
“Esa persona” le queda mirando confundido, como si el Katsuki estuviera loco o haberse pegado en la cabeza, compredera que este tendrá cosas las cuales jamas acabara por entender. Sin embargo, esto no significa el dejarle de importarle, pues la musica que acaba de hacer Yuuri se clavo en su retinas donde jamas saldrán.
Si, esos dos deseos se los gano con intereses.
Llega el instante de la premación donde Yuuri ya ha dejado de llorar, permanece estable aunque inquieto, a su lado se encuentran Yurio, en segundo lugar, y aquel amigo de Ditroit, Phichit. Este último esta muy feliz por él, sabe muy bien como sufrió la temporada pasada y la frustración de perderla, aunque las cosas no resultaron a su favor, el privarse de celebrar por su amigo no esta en sus planes. En lugar de ello, conmemora este día como inolvidable. Seguidamente esta Yurio, aquel vándalo ruso quien osó a intimidarlo en un baño, ese mismo que asalto Yu-topia y compitió por cual de los dos se quedaría con “esa persona” para entrenador. Si. Ese gatito rebelde, por muy malhumorado que sea, se atrevió a sostener su mano y alzarla con señal de triunfo, porque de igual forma, sabia el empeño que le puso al llegar donde se encontraba. Eso si, para la próxima temparada no se lo daría tan fácil, lo aseguraba.
El japones solo sonrio incrédulo, ocultando la realidad de esa declaración, porque sabia lo que ocurría el siguiente año.
Ahora si, los flashes segaron su visión, el peso de la medalla llegó a colarse hasta los huesos y el grito del público a retumbar en las paredes de su cerebro. La celebración seguía en pie, ni hablar de las felicitaciones, mucho menos de las entrevista por dar en relación a seguir con su carrera de patinador artístico. Es decir, la temporada terminaba allí, pero aun quedaba las olimpiadas y otras competencias por posiblemente presentarse.
Muchas palabras, pero cero atención a ellas.
El chico no tenia fuerza necesaria para prestarle atención, aun manteniendo el mayor empeño posible, en su mente tenia presente era el paso a seguir con respecto a sus deseos. Porque Katsuki Yuuri no es el niño manso que todo mundo cree, menos manipulable o bondadoso, no, sus niveles de egoísmo aumentan en una considerable manera cuando se trata de “esa persona”, convirtiendole en un ser lleno de caprichos. ¿Lo peor? Serán cumplidas porque ese era el trato.
— Y… ¿bien? — le pregunta él deshaciendo el nudo de su corbata, ya habiendo escapado de los periodistas, regresando al cuarto de hotel y estando en compañia de ellos mismos. — ¿Cual son tus dos deseos?
Tan directo al grano como siempre, podría ser olvidadiso, despistado e inclusive aveces despreocupado, pero una vez en mantener su palabra en algo lo hace. Yuuri no tiene escapatoria, mira los ojos cielo de “esa persona” y suspira, si desea transmitir tranquilidad debe sentirla primera. Cosa que, esta lejos de percibir en su cuerpo, su mente solo se halla en caos, miedo y insertimbre. Desea seguir siendo egoísta, pensar únicamente en sus beneficios y olvidar el público aclamando a la “leyenda del patinaje”, porque cree el necesitarlo mas que cualquier fan de él. Es cuando llega la contra parte, “esa persona” desea volver, lo sabe al ser igualmente patinador, una vez amas algo es insoportable el siquiera dejarlo o el intentar hacerlo. Él ya tuvo suficiente, llego el momento de hacerle desplegar sus alas y volar.
En muchas ocasiones Yuuri escucha que cuando amas a una persona mucho, y esta no pertenece a tu lado, debes dejarla ir, ayudarla a desplegar sus alas y…
— ¿Yuuri?
Lágrimas amargas se deslizan por sus párpados desembocando al rostro del contrario, el cual, se encontra mirandolo extraño porque a) de la nada su pupilo se ha acercado hasta él y b) esté llora mientras la acaricia el rostro con anhelo. ¿Por qué emite una atmósfera tan triste? ¿Tan…? ¿Tan nostálgica? Si hace unos momentos parecía tan brillante, explendoroso y feliz, sus sueños se volvieron realidad, no debería existir siquiera un rastro de dolor en esos ojos grandes saltones. Sin pensarselo dos veces, se encuentra regresandole la caricia, perdiéndose en esa desoladora mirada y pensando una manera de convertirla en dichas. Ya no le importa los deseos, no, solo quiere…
— … dijiste que me consederias cualquier deseo, ¿cierto? — pregunta Yuuri, aun derramando lágrimas, inclinándose cada vez mas al rostro contrario — gane el Gran Prix final asi que… me lo debes.
Duele, duele, maldita sea, duele demaciado. Donde se supone que se encuentra su corazón, estan clavando un millar de pequeñas agujas, porque no quiere hacer esto, pero debe… su propio egoísmo igualmente lo dicta. ¡Y que el mismo cielo se lo perdone! Pero no puede seguir de esta manera, debe poner fin a este siclo, sellar los recuerdos hermoso y darles un lugar. Su cerebro.
— Yuuri…
— Una noche, eso pido, solo una noche. — sus entrañas se contrajeron, su estomago dio un vuelco y la presión en su pecho lo empezó a consumir. ¿Como le hacia…? ¡¿Como le hacia para respirar?! ¿El seguie viviendo? — donde no seamos pupilo y entrenador. Solo… solo… nosotros dos.
Los ojos azul cielo de “esa persona” se abrieron con sorpresa, en todo lo que pudo haber imaginado pedir del Katsuki jamas llego a su cabeza tal cosa, es decir, obviamente le atraía aquel muchachito menudo. Su manera de sonreír, de hablar, recervarse las cosas, caminar, ese brillo en su mirada cuando lo observaba patinar, ni mencionar cuando lloraba, justamente como lo esta haciendo ahora. Pues su alma se vuelve mas transparente a lo que ya es, los pensamientos salen a flote convirtiéndose mas sincero, dejándose llevar por las emociones del momento y no guardandose nada. Él tiene un particular gusto en Katsuki Yuuri, el cual comenzó siendo por su forma de patinar, convirtiéndose en algo mas profundo, cegador e incalculable.
Al comienzo las cosas entre ellos pudieron ser confusas, es decir, mantenía consiente que esté le admiraba de una forma bastante abrumadora manteniendolo en un altar, el dios del patinaje. Pero comenzaron a conocerse mas a fondo dándose cuenta de sus verdaderas caras, porque estaba lejos de ser perfecto, es egoísta, compulsivo, despistado y con un humor negro hiriente tranto de esconderlo detrás de sus sonrisas cegadoras. De hecho, durante los años creyó poder lograr lo que quisiera con ellas, equivocandose estrepitosamente con el japones, pues sus ojos marrones saltones lo descubrieron con las manos en la masa. Lo mejor de todo es el jamas ser juzgado, pues muchas veces el chico no deseaba nada mas que su compañia, la certeza de existir una posibilidad de salir adelante. Agregándole a eso, cuando se encontraba junto a él no le exigia muchas cosas, salvo una, ser simplemente sí mismo.
Allí no es la “leyenda viviente del patinaje”.
Alli no es “el pupilo pefecto”.
Ni mucho menos “el cinco veces campeón mundial”. No. Solo él, con sus debilidades y fortalezas, un ser humano como cualquier otro. Creando la mayor de la satisfacciones, la calma.
Alli no es “el pupilo pefecto”.
Ni mucho menos “el cinco veces campeón mundial”. No. Solo él, con sus debilidades y fortalezas, un ser humano como cualquier otro. Creando la mayor de la satisfacciones, la calma.
“Esa persona” relaja la mirada, buscando con su mano libre la mejilla para atraparla, ese azul mirar se aplaca dándole paso a la paz que tanto anhela su corazón, entendiendo quizás la razón detrás de sus palabras, o tal vez, su deseo de querer al ser humano y no un entrenador. Yuuri deja escapar de sus labios un sollozo involuntario, doloroso, lleno de sus sentimientos mas contradictorios. El choque de lo correpto e posible, convirtiéndose en estas alturas un remolino de contrariedades. De igual forma, no existe tiempo para darle mas vueltas al asunto, “esa persona” se a levanto de su asiento provisional en busca de algo, algo que únicamente posee.
Obligandole a atenderle unicamente a él, este le alza el rostro mirandolo con toda la delicadeza posible, igual a estar grabando cada una de sus expresiones y sellandolas en el corazón. Esa no es una mirada que le das a tu pupilo, mucho menos a un fiel admirador, nada mas lejos a la realidad, pues esos ojos solo transmiten algo simple pero complejo: cariño. Entonces el japones se desarma, arroja muy lejos de él las mal llamadas “verdades”, quedándose únicamente con este instante, donde ya no importa la naturaleza de la vida y quienes son. Solo… solo desea permanecer por siempre en este momento, o quizás encapsularlo y abrirlo cuando quisiera.
Porque este… es el principio del final.
— ¿Estas seguro de esto? — le pregunta dudoso, tomando el aire necesario y evitando mirar directamente a los labios carnosos del chico. — porqué una vez que empiece… no pararé, aunque me lo ruegues. Lo sabes, viene en mi naturaleza.
Oh… claro, el macho alfa durmiendo en su interior. Katsuki Yuuri debería temer de eso, pero por alguna extraña razón, nada de eso es impedimento para él, ya que esta en la recta final… acobardarse seria un delito.
— No me importa, ese es mi deseo y… quiero que me lo consedas. — respondió firme el chico, claro, lo mas lejos en permitirle su nervios rotos.
“Esa persona” aun no lograba comprender del todo a Yuuri, menos este arranque raro por tener esta noche solo ellos dos, es decir, en todo este tiempo juntos jamas vio signos extraños en el muchacho. Salvo inclusive, algunos días donde solia escapar de todos en Yu-topia, hasta sus padres o Minako, eso solo lo corroboraron como una actividad extraña de relajarse o escaparse de la realidad, de esa forma al regresar estaría relajado y listo a enfrentar lo nuevo. Bueno, termino en aceptarlo, aunque se muriera con las ganas de acompañarlo le dio su espacio, después de todo, todo el mundo lo necesita. Sin embargo, eso no responde a las lágrimas en derramar y menos en la anciedad reflejada en su mirada, tratando de buscar la luz pero encontrando nada mas a caminos sin salidas, muros de contención con la finalidad de privarlo de la libertad.
Puede ser frustrante, pero es lo único que tiene, debe aferrarse a ello y seguir adelante. Porque es hombre de palabra, complira con su promesa al pie de la letra.
— Bien, — hablo al fin soltando un suspiro, pasando su mano por el cabello del contrario con ternura, pidiéndole tal vez la última señal para detenerse. — solo quería que tuvieras en mente donde estas…
— Estoy consiente de ello… — pronuncio algo cansado de sus rodeos ante el asunto, no comprendía porque tanta inseguridad, aunque fuese virgen y con una condición espial no es idiota. ¡Él sabe con quien esta tratando! — deja de darle tantas vueltas al asunto, solo… solo… olvidemos todo lo demás. Las personas, los estatus, que eres mi entrenador, que yo…
— Solo seremos tu y yo — el aliento travieso de “esa persona” choco con su rostro produciendole escalofríos, ambos estaban muy cerca, tanto como para escuchar los pensamientos del otro. Yuuri dejo en unos segundos de respirar, su corazón latio mas rápido y el aire se puso mas pesado. — lo prometo. Apartir de este momento ya nada mas importa, solo… solo la musica que produciré en ti con mis propias manos.
En ese instante Yuuri decidió cerrar los ojos, cerrarlos para olvidarse de las verdaderas intenciones tras ese deseo, cerrar para obviar el dolor de su pecho, pero sobretodo, cerrarlos para entregarse en cuerpo y alma a esa persona. Cosa bastante absurda en su perspectiva, porque desde conocerlo, le dio todo de él sin miramientos. Este acto solo era para cerrarlo, o mejor dicho, confirmarlo.
Era imposible no seguir llorando al ser tratado de manera tan delicada, suave y armoniosa, porque las manos grandes de “esa persona” le proporciaba las caricias mas abrumadoras de todas, dándole a entender que tenia miedo de romperlo o algo. Aunque no es ningún misterio el ser virgen, menos el jamas estar cerca de hacerlo, todo en el japones es inmaculado y puro. “Esa persona” lo sabe, debido a ello, sus acciones son cuidadosas, aunque los instintos dormidos dentro de él dictaminaban poseerlo sin restricciones, él quiere dejarle en la memoria algo hermoso de entregarse a una persona. Enseñarle que no solo es algo físico, tambien involucras lo emocional y espiritual.
Las ropas caen, los besos comienzan y los suspiros emitidos por el Katsuki paralizan los sentidos del contrario, porque, aguarden, ni siquiera actuando de “Eros” o realizando su coreografía que lo dio por ganador la temporada pasada, se ha visto tan seductor o atractivo. Y no puede parar de saborearlo, disgustarlo, provocarlo para mirar mas de eso, quiere mucho mas. A estas alturas se considera adicto a las expresiones de Katsuki Yuuri. En tanto este, preciona mas hacia dentro sus pesares, dándole paso que su cuerpo tome el control de todo.
Se le escapa un jadeo de sus labios al sentir como la boca del contrario a encontrado algo con que jugar, sus pezones, los cuales recibiendo un poco de atención se han puesto duros. No comprende el porqué, menos las razones de sentir hervir su cuerpo con tal acción, de hecho, en la vida pensó en exitarse con algo así de mínimo. ¿Esta enfermo? ¿Algo mal esta ocurriendo con él? No, no… ¡No quiere verse como un pervertido frente a “esa persona”!
El japones cubre entre sus manos su rostro, tratando de no ser juzgado por él, de suceder seria horrible mas a cuando tomo la decisión que dara mas adelante. Sin embargo, la risa masculina, llena de testosterona, llega a sus oidos obligandole a abrir los ojos y entonces… su corazón sufre mas estragos.
— Yuuri, por favor no me escondas tu rostro ni te reprimas en hacer escuchar tu voz. — le pide, sonriendole calmadamente en tanto le acaricia el rostro — Recuerda, esta noche solo somos nosotros dos. Nadie mas.
¿Y como podía simplemente permanecer sereno ante esta imagen? Si los ojos azules de “esa persona” brillan con un tono mas dulce, como si deseara tocar su alma en lugar de cuerpo, cosa bastante imposible. Menos tomando en cuenta la su cuerpo, brazos fuertes, hombros anchos, espalda musculosa y torso tonificado, muchas veces lo vio en el pasado pero nunca de esta forma, sobre él, transpirando sudar igual a una capa transparente de luz. Su único pensamiento es que es hermoso, una clase de criatura fuera de este mundo, incapaz de poder poseer ni viviendo cien vidas.
Aun asi, yo he osado a desafiar la gravedad, las leyes de la lógica.
Une sus labios en un beso, no cualquier beso claro esta, “esa persona” parece estar bebiendo del néctar mas delicioso de la tierra, la manzana del eden, donde aunque sea prohibido lo seguirá degustando con todo el gusto del mundo. Los labios de él saben a estrellas, al mar y la combinación de una noche de verano, donde las cosas mas descabelladas son posibles realizarlas sin miedo del mañana, de las consecuencias. Siendo claramente evidenciado sus pensamientos, perderse en el infinito de esta y jamas volver.
Los besos descienden, exparciendose por todo el cuerpo del Katsuki, perdiéndose efectivamente en un mar de sensaciones, aferrandose con puños cerrados a las sabanas de bajo a él, donde antes fueron tan frías como el mismo antártico, para convertirse en las brasas de ese fuego consumidor de sus entrañas. Ya no jadea, en lugar de ello, gime repitiendo el nombre de su verdugo una y otra vez, como una mantra. Su mente se ha convertido en un nido de pensamientos incoherentes, propios del deseo, porque hasta se le nublo la razón. Ahora, solo persiste el deseo de sentir, vivir al máximo este momento y nunca olvidarlo. Tal vez, en un futuro le servirá para recordarlo.
La vida pude ser tan cruel, embustera y asquerosa, te hace creer el ser posible algo cuando trabajas arduramente por ello. Sin embargo, no te explica el factor “no significa el durar para siempre”, obligandote a ti mismo a soportar el dolor y aguantar ello.
Las separaciones duelen, pero de ellas esta compuesta mi vida.
“Esa persona” se detiene un segundo para admirarlo, sus ojos marrones se encuentran tan llorosos, aunque no emiten llanto descontrolado, unos pequeños lagrimones se resbalan sobre aquellos pomulos sonrojados iguales a una manzana madura, provoca morderlos, lamerlos y saborearlos. Debían de saber a sal, mar y los sentimientos agridulces emulados de su pecho. Yuuri no entiende nada de las acciones de esa persona, menos del porqué sus zafiros igual a una piedra codiciosa, solo lo visualizan demostrando deboción y querer. Eso mismo, querer, palabra que provoca escalofríos del japones.
No, no debo de estar equivocandome. Mis pensamientos estan afectados por el calor del momento. Si, es eso, simplemente eso.
Antes de darles mas vueltas al asunto, “esa persona” lo cubre entero de mas besos, lames sus lágrimas y le acaricia la cara con dulzura. Le advierte a continuación lo siguiente en hacer, pero no debe de temer, sabe perfectamente que jamas ha estado en una situación igual. Por lo tanto, promete ser delicado y causarle el menor daño posible, palabras que el cree el chico.
No obstante, jamas podrás esconder el sol con un dedo, menos las manchas de un perro dalmata. Porque al abrirse entero a “esa persona” su impetud le golpea fuertemente provocando su llanto, obviamente iba hacerlo, siente que algo se abre paso en su carne y reclama ese espacio como suyo. El otro se da cuenta de la incomodidad del japonés, odia verlo sufrir, jadear acusa del dolor, sabe que debe de deterner ese pesar compensandolo con placer y llegarle lo bonito de este acto. No solo es sexo, no, esto va mas alla de esa palabra y lo sabe. Quizás es muy pronto para definir sus sentimientos, mas tomando en cuenta el tiempo conviviendo juntos, en ese ámbito, aunque sea tan creíble, él es un lucerillo frente un auto.
¿Y por qué? Siendo el soltero mas cotizado de todos los tiempos, cualquier chica o chico estaría dispuesto a estar con él, sin embargo, contempla las posibilidades de observarlo igual a un trofeo. La presentación máxima de un premio. Pero Yuuri no es así, estando a su lado se siente de una manera totalmente diferente, sin someterse a sus caprichos o beneficias, esperando simplemente el quedarse a su lado siendo como suele ser. Aparte, la manera de hacer las cosas lo enloquece, si, ese sutil movimiento de de mover su atmósfera, hacerla suya y retribuir a los demás su presencia. Katsuki Yuuri tiene, tendrá toda su entera atención, no, se equivoca, aquel muchacho posee mas bien en su completa devoción a tracción.
Porque de eso se trata, él se siente atraído tal cual fuese una polilla hacia la luz, un oso hacia su salmón y una abeja a la miel. Mas sin embargo, una parte dentro suyo dictamina peligro, porque una dependencia a estas alturas de la vida no puede ser provecho, en lo absoluto, menos viniendo de tan agraciada criatura en constante cambio. Un día simplemente puede determinar no necesitarlo, darse la vuelta y marcharse. Si es así, él…
— ¿Ocurre algo? — la voz entrecortada de su amante llega a sus oidos, desperantandolo de su pesadilla.
¡Qué cosa mas ridícula! No debe distraerse de esa manera, el Katsuki se encuentra frente suyo, desnudo, vulnerable y entregandosele por completo. Una parte de si mismo esta orgulloso, nadie había profanado este cuerpo antes, él es el primero y quiere gozar de esta dicha. Pero la otra parte, le dice a gritos el ser solo un señuelo para la realidad detrás de este acto, por mucho de no querer complicarse la vida con teorías cósmicas destructivas, ese pensamientos permanecerá allí. Hostigandolo y dañando la buena atmósfera.
— No… solo… solo… — busca calmarse, acariciarle el rostro con una de sus manos y sonreirle desde lo mas sinceros de sus intenciones — estaba preocupado por ti, se que la primera vez en dolorosa. Independientemente de ser hombre o mujer, el dolor estara presente. Solo deseo… deseo no hacerte daño.
Yuuri abre sus ojos con conmoción, inesperadamente “esa persona” le ha dicho una confesión dulce, donde se aloja en lo mas profundo de su pecho y jamas saldrá. Aunque puede tomarle la palabra, él tampoco quiere causarle dolor, por eso toma encuenta la realidad de las cosas. Él es especial, por ende, los especiales tienen un lugar distinto al suyo. Apartado de su lado.
— Ya no me duele, en verdad — sonrie un poco, aun adolorido, colocando igualmente su mano en el rostro contrario. Este la sostiene suspirando, llevándola a sus labios y dándole un ligero beso. El japones no puede contener su sonrojo ante tal acción, es demaciado para poder soportarlo. — por eso puedes… puedes continuar. Estare bien.
— De acuerdo, pero de percibir el dolor… solo pideme detenerme.
¿Pedirle tal cosa? ¡Ni loco! Podría hacerle llorar, gritar y causarle cualquier tipo de dolor físico, aun así no tenia en sus planea abandonar la sensación de ser uno solo con su persona adorada. Termina asintiendo ligeramente con su cabeza, engañandolo para conseguir su cometido, grabar en su memoria las últimas escenas de estar junto a él.
Apartir de ese momento las cosas se vuelven nublosas, colurosas y confusas. Yuuri no para de gemir el nombre se su ahora amante, aferrandose a la espalda de este clavandole las uñas, sintiendo como es llenado tanto fisica al igual de mental. Podría estar a punto de suceder el Apocalipsis, un terremoto, tsunami o la avalancha de humanos come gente, al japones le importaría menos porque mientras se encuentra con “esa persona” lo demás le parece detalles mínimos, insignificantes. El fuego que una vez se encontraba en su interior, se expandio por todo su ser, provocando hacer ebullición. De hecho, se comparo igual a un volcán, dejando a “esa persona” la causante de despertar aquel potencial en reposo en su interior. Es que, ni siquiera podría explicarlo con palabras, las caricias, los roses, el sonido húmedo casi morboso al choque de caderas, y la calmada voz de “esa persona” en su oído paralizandolo, dejándolo completamente a su marced. Es tan magnético, mágico y atrayente, con ese poder jamas podrá ganar, lo peor, esta gustoso de perder.
Los sonidos, jadeos y sílabas inreconosibles, inundan aquel cuarto de hotel siendo cómplice de uno de los actos mas inolvidables en la mente de estos amantes, o al menos, de una, porque Katsuki Yuuri desde esa noche jamas volvió hacer el mismo. Lo marco para siempre.
Cuando el japones fue llevado a la máxima potencia por manos tan habilidosas, se desplomó por completo en el universo de la mirada zafiro de “esa persona”, quien inevitablemente aun no lograba alcanzarlo, pero que encontraba a punto de hacerlo. Acto, por el cual, Yuuri creyó ser el mas sensual y explicito en toda su vida, la manera en contraer sus cejas, el gemido satisfactorio combinado con ese vaivén mágicos le hizo quedarse mas estático aun, llevándolo a nacer unas extrañas lombrices en su estomago. Absurdo, pero cierto.
— ¡Oh Yuuri! — suspiro el contrario desplomandose sobre el nombrado, riéndose y abrazandolo dichoso porque había sido el acto mas gozoso de todos, jamas se arrepentiria de haberlo conocido. Ni ahora o nunca. — Eres tan maravilloso, encantador y hermoso. Sigues creando musica para mi, no puedes evitarlo, pero realmente… me traes tendido a tus pies.
¿Eso era lo típico en escuchar luego de acostarte con alguien? ¿o “esa persona” lo dijo con total sinceridad? Sea como sea, Yuuri nunca tuvo la oportunidad de preguntarselo directamente, es una interrogativa que se la guardo para si mismo para siempre. Por otro lado, se limito a aferrarse a aquellos brazos fuertes, luchando considerablemente con las ganas de llorar y gritarle el cumplir su promesa de no apartarse, pero no podía, no debia ser egoísta. Un hombre debe hacer, lo que un hombre debe hacer. Al menos tendría en su memoria esta escena, donde fue suyo y fue de él, nadie los interrumpió parecido hacer ellos dos en el universo.
Pero lo mejor debe de terminar.
Siempre…
Siempre lo hace.
Siempre…
Siempre lo hace.
Enterró su rostro en el hombro del contrario empezando a sentir el dolor de una perdida, la acudes de la eminente separación, porque… seamos francos, las experiencias buenas duran tan poco y las malas dañan tu confianza. Cosa que Yuuri conoce bastante de sobra, ahora le puede agregar otra.
— ¿Yuuri? — lo llama, intentando despegarlo de su cuerpo. Por su tono parece preocupado. Pero el nombrado se niega a darle la cara, solo quiere estar otro poco mas abrazado, ahogarse en el olor masculino de su amante, grabar en su memoria hasta la manera en que su sudor tiene una agradable fragancia. — Me estas preocupando realmente, ¿acaso fui realmente duro contigo?
¿En verdad? ¡¿En verdad “esa persona” se preocupaba por algo así?! ¡Era francamente adorable! En la vida podría encontrarse una especie de hombre de esta manera de ser, pero en lugar de conmover al muchacho, le produjo mas el llanto. Se aferro mas al contrario, pronunciando su nombre con voz hueca y dolida, sin dar explicación alguna de tal arrebato.
— Yuuri…
— Te quiero — susurro de la nada, asustando a “esa persona”, aunque no alejandola, simplemente induciendola al shock. — te quiero, te quiero… ¡Maldición! Yo solo… te quiero…
Una admiración que terminaba en querer, situación peliaguada para ambos hombres, porque en la vida el japonés creyó verse involucrado. Es decir, todo lo ocurrido este año parecía sacado de un cuento de hadas, donde el máximo exponente del patinaje artístico abandonaba su comoda Rusia, simplemente para entrenarlo a él. Él. Un simple y mundano mortal. ¿Acaso las leyes de la lógica comenzaron a fallar? Porque entre todas las personas del mundo, Alfas, Betas y… bueno… Omegas, decidió entrenarlo. Todo por un simple video patinando una coreografía, bastante compleja, pero con fallas y sin musica.
Cosa que atrajo su atención, lo llame sin saberlo.
Aun así, es insuficiente, porque gracias a eso conocía la verdadera naturaleza de él. Siendo un completo egoísta, arbitrario de sonrisa peligrosa, sarcástico e inclusive aveces, ofensivo. Aunque para el Katsuki, cada una de esas actitudes de ese hombre les parecieron maravillosas, descubriendo el lado mas humano de cinco veces campeón mundial del patinaje sobre el hielo. Quizás para mucha gente esperaba grandes cosas de “esa persona”, pero bajo sus ojos solo quería una: el ser feliz y disfrutar de su trabajo. Porque aunque permaneciera en silencio a su lado ya era suficiente, es un apoyo sin interes de por medio.
¿Como no enamorarse? Si fue la primera vez en sentir tal sentimiento de apoyo, confianza y la oportunidad de demostrar lograr sus metas, realizandolo satisfactoriamente. Su poca fe en si mismo era su debilidad, es su debilidad, pero con el poder del “amor” combinadose junto a la inyección de confianza de él, todo cambio. En su vida siempre tuvo apoyo incondicional de su familia y amigos, pero jamas algo tan puro, verdadero a la par de autentico de ese alguien especial.
Ha sido la primera persona que desee aferrarme, de no ser amor esto… no encontraria otra palabra para definirlo.
Pero Yuuri no es tonto, menos estúpido, sabe que “esa persona” no lo mira de forma romántica sino como un atractivo nuevo, fresco. ¿Acaso no duele? ¡obviamente! retenerlo es imposible, menos obligarlo a corresponderle, por eso le pidió esto, agregándole que conocía realmente su deseo mas oculto. Volver a las pistas. He allí a la causa de su llanto, el tener su alma rota, fracturada.
Al menos tendre esto, la memoria de haberlo tenido únicamente para mi.
— Yo…
— Aun me queda un deseo… ¿cierto? — sorbo sus lágrimas, tomando distancia del otro mostrandole a medias la sombra de una sonrisa. “Esa persona” solo abrió sus ojos confundió, mas aun de lo normal — me lo prometiste, mencionaste cumplir dos en lugar de uno. Pues, ¿adivina que? Ya lo pensé.
— Veraz Yuuri…
— Vuelve a patinar. — se antepuso a sus palabras antes de causar cualquier confusión, jamas ha sido de los persistentes o fastidiosos. El chico conoce su lugar. — ese es mi segundo y último deseo. Regresa a las pistas y vuelve a impresionar al publicó, como recompensa desapareceré de tu vida, jamas volverás a saber de mi. Sera como… — sonrio de manera amarga, tragandose cada uno de sus sentimientos dolorosos, comparandolos a igual a unas agujas atravesando su garganta. — … si jamas nos hallamos conocido.
— ¿Qué estas…?
— ¡Por eso! — las lágrimas volvieron hacer su aparición, manchando una velada inolvidable, en la venidera desolación para el japones. — no debes preocuparte por mi confesión y que hare el próximo año. Yo… tan solo… desaparece.
— Debes estar mal para que pienses el consedere tal cosa. — se reincorporo en la cama el ruso, sosteniendo con amabas manos la figura agraciada del castaño, quien seguía llorando desconsoladamente. — Admito que no poseo ninguna idea concreta de mis sentimientos por ti, aun así, volver a las pistas luego de acostarme contigo y haber ganado el Gran Prix es inconsibible. ¿Me estas colocando a prueba? ¿O posees un humor bastante oscuro?
— Yo… no te tomaría del pelo, jamas lo he hecho. Menos lo haría a estas alturas de la vida. — le reclamo hiposo el japones, buscando detener sus lágrimas. — Solo deseo volverte la vida que antes tenia de conocerme.
— ¿Desapareciendo de ella? — pregunto con ironía, igualmente ofendido. — Disculpame Yuuri, pero si existe algo llamado “vida” antes de ir a buscarte, no creo que sea la mia.
Allí lo tenían, la máxima representación humana del patinaje artístico utilizando nuevamente palabras llenas de promesas y dulces sentimientos, enredandolo a su beneficio, para luego confundirlo mas.
— Lo siento pero, no quiero escuchar mas esperanzas de tu parte yo… solo deseo… que… — respiro hondo varias veces para poder controlarse, el azul zafiro no se alejo, solo apretaba mas su agarre. Seguramente tendría al otro día moretones. — cumplas mi deseo. Solo… solo quiero eso.
— ¿Y luego qué? — siguió insistiendo — ¿Seras feliz si hago eso? ¿Crees realmente hacerlo?
Un minuto de silencio se produjo, solo uno para poder canalizar las emociones y sepultar la dulce historia de un fan con su ídolo. Aunque para el japones, fueron siglos de lograr controlar el dolor, las contracciones y la verdad de su corazón.
— Si, sere feliz si me escuchas.
Resulta tan doloroso despegarse de algo que te hace tanto bien, permite el mantener una sonrisa en los labios, el sonrojo en tus mejillas y la dicha de reirte a lo tonto. Sobre todo, resulta aun mas el querer permanecer sereno cuando tu alma cae destruyendose a pedazos, porque al fin comprende las palabras del primer amor, siendo el mas difícil de olvidar. Menos cuando este te brindo las mayores e inolvidables experiencias. Quizás la vida tenga algo mejor para él, aunque en su perspectiva, no existe nada mas hecho a la medida que Viktor Nikiforov para su vida.
— De acuerdo, te cumplire el deseo si eso te hace feliz.
Yuuri no puede evitar hundirse en su propia miseria, clavar en su pecho un puñal con las iniciales de aquel nombre que desde ahora sera tabú, ya no lo mencionara o pensara. Solo… solo lo llamara “él” o “esa persona”, al menos amortiguara la perdida. Aunque, francamente, no borrara de sus memorias las caricias sobre su piel, el sentimiento de ser querido y ese aliento en su cuello teniendo las palabras dulces sobre si mismo. Nada, absolutamente nada lograra sacarlo de su memoria, menos que este sentimiento acabó con su alma completamente.
¿Qué podría hacer de todas maneras? Nada, nada, nada. ¡Amar no es suficiente! Solo… solo…
Adaptarse a la realidad, vivir sabiendo que su pecho no volverá hacer el mismo, menos su entera vida, porque aquel ruso habia llegado a ella con dos objetivos: entrenarlo y amarlo. Lamentandolo mucho, la primera, no obtuvo su vista deseada solo amarga decepción del querer y no ser correspondió.
¡Va! No es la primera vez, lograre salir adelante de una manera u otra. Como siempre, estancarse en un sitio es muy aburrido. No esta demás adaptarse a la nueva vida.
Viktor Nikiforov había de subido de peldaño en la escala de su corazón, de la persona en admirar mas en este mundo, a convertirse en su primer amor. Aunque, obviamente, este no lo sabe.
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