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El dilema del Plisetsky
— Yo… — toco con suavidad su vientre aplanado, desvordando una candida fragancia en tanto sonreía gentilmente. — estoy embarazado.
« ¿AH? » grito el pobre rubio en su interior mirando con ojos muy abiertos el panorama frente a sus ojos, no existía nada desconocido para él, no, solo era el idiota del Katsudon confesando estar esperando el segundo hijo del vegestorio de su compañero de pista, el mismo que derroto en las olimpiadas pasadas, el mismo que se burlo hasta reventarle literalmente los timpanos por perder en las nacionales alfas, ESE MISMO IDIOTA que osó a desafiarlo abiertamente en la competencia de las razas y vencerlo, si, ese era nadie mas a Viktor jodido Nikiforov. Antes de poder reaccionar al azabache, Mariana lo hace por él lanzándose a los brazos de este estrechandolos y felicitandolo a por la nuevo integrante de la familia, le pregunta si el ruso sabe de la noticia inesperada. Yuuri con la sonrisa mas ancha acariciando aun su vientre plano asiente con la cabeza ligeramente, el ojos azul cielo se tomo la nueva buena de la manera mas predecible posible, gritandolo a los cuatro vientos y publicandolo en todas las redes sociales usadas por él. A estas alturas, todo el mundo debe conocer ser por segunda vez padre, en esta ocasión con plenas facultades de atenderlo desde el inicio. Ahora si podrá dejarse consentir por su alfa. Yurio gira su rostro revolviendosele un poco el estomago, todo ese desborde de hormonas maternas le pone de malas, mas aun, cuando admite querer ser mimado por ese viejo decrepito. Dios, de solo imaginarsele desea vomitar encima de ellos, sobre todo, encima de Viktor y su usual sonrisa de corazón.
« Como si la cosa fuera poco, tendre que soportar sus estúpidos comentarios sin ton o son. ¡Ahg! ¡No deseo una Anna 2.0 corriendo detrás de mi! »
En su memoria sigue emitiendo las imágenes de la chiquilla procamandole la guerra a su omega, ella desde tener memoria coloco sus ojos en él, por lo tanto… ¡Le pertenecía! Quizás no podría marcarlo como su papá a su mamá, pero la naturaleza misma le exigías reclamarlo ante todos. Mariana se tomo eso a la ligera, lo común, sonriendo, riendo y soltando comentarios burlescos hacia la niña quien digerio de la peor manera la reacción de la latina. Dio un paso convertirlo en algo personal. Vaya, ni mencionar los gritos cargados de hostilidad en el aire provenientes del peliplata, vaya que se tomo muy encerio el papel de “padre modelo” porque lo fulmino con la mirada muy intensamente, no le daba nada de gracia que su princesa experimentara el primer amor con alguien que tuvo de rival. Sin duda, las ironías de la vida. Yurio no podía pensar seriamente en aquella declaración, Anna es una niña, una alfa en todo el sentido de la palabra, seguramente se encontraba deslumbrada ante la imagen de alguien mayor de ella en ese grado, además, desde tener memoria se han conocido fastidiandolo de las opciones habidas y por haber. Es una etapa, exhasperante, pero al fin al cabo una etapa de cualquier persona. Al menos le consuela algo, el Katsudon se ha tomado todo de una manera bastante jovial, quizás al ser su madre la conozca mejor a nadie, si, podría incluso darle la razón.
« Pero viene otro mas en camino, ¡otro mas! Pudo seguir manejandolo con Anna, aunque no se cuando tiempo resista. »
Especular de la identidad le produce escalofríos y no significa felicidad, porque de tratarse de otra niña le exigirá volverse su sombra protectora al igual que Anna, pensandolo mejor, peor a Anna sumandole el ser alfa caprichosa. De tratarse de un niño, posiblemente se asemejaria a Viktor ¡Ugh! Da repeluz imaginarlo, esa sonrisa fingida de inocencia, la actitud infantil y despreocupada ante cualquier situación (menos al tocarle a su hija) creer fingir amabilidad, o el peor de los casos, utilizar su “supuesta” jovialidad en casos peliagudos. Esto es el peor dilema de todos, al menos en la veinteañera mente del ojos verde lo es. La especialidad del Plisetsky es ahogarse en un vaso de agua, mirar lo negativo en todo aunque no lo haga, un dramático total.
— ¿Y como lo ha tomado Anna? — le pregunta Mariana con ojos muy abiertos, haciendo notar su fascinación por la noticia.
— ¡Oh! Bastante bien. — asegura el Katsuki despreocupado, asombrando al ruso por conocer la postura de la chiquilla. Bueno, ella quería una familia en todo el sentido de la palabra. — desde saber que sera la “hermana mayor”, se ha tomado el el significado muy apecho. Aseguro sin importar si es niño o niña, lo protegera. Mas si es omega.
Ah… el sentido propio de los alfas erado por su padre, podría causarle ternura la declaración de la peliplata, pero por otro lado sentía empatía del pequeño en camino. Anna y Viktor son dos caras de la misma moneda, de ser omega dicha criatura no dejaran acercarsele nadie, nadie, aunque sea su destinado. Después de todo, necesitara de su intervención, es un fastidio, pero no posee alternativa. Se presentara como la opinión neutral a todo esto, solo pide encarecidamente que este bebé no se parezca al viejo, solo, solo, ruega en silencio el cumplirse su deseo.
— Me alegro por ustedes, katsudon. — musita de la nada el rubio, tomando fuera de base a los omegas, mas aun, al Katsuki por dirigiele la palabra hasta ahora. — Se muy bien que Anna ha deseado desde siempre esto, una familia completa y eso incluye hermanitos. Felicidades.
— Gracias, Yurio. — sonrio desde el fondo de su alma satisfecho.
« Cuesta admitirlo pero, nunca hubiera producido tan radiante sonrisa en sus labios, quien tiene el poder de hacerlo… es Viktor. »
Yurio le devuelve la sonrisa con la misma intencidad, contagiado por las hormonas maternales revoloteando en el aire, la noticia de una nueva vida entre ellos sera fruto de emociones alegres, jamas tristes. Toma en cuenta el pasado, las ganas de convertirse en el padre de los cachorros del Katsuki, eso no podrá cambiar jamas, remover el pasado y desaparecerlo. Sigue teniendo sentimientos por el cerdito, es su primer amor, el cual dura para toda la vida y podrán pasar años pero permanecerá tatuado en tu alma. Ahora no le mueve ese sentimiento porque sabe que al estirar su mano encontrara una pequeña, delicada y suave, posee la promesas de un mañana esperanzador junto al calor de un amor renaciente, parecido al crepúsculo iluminando los últimos vástagos de una tarde de vernano. Si Yuuri fue su primavera perpetua, Mariana es el verano en pleno invierno, que aunque las cosas pueden ir mal al tu alrededor, existe ese sol impetuoso cargado de energía capaz de derretir el mas frívolo glaciar. Cosa que Yurio esta dispuesto a pasar, si con ello encontrara la felicidad bienvenido sea. De pronto, las puertas del resinto par a par mostrando a dos peliplata con rostros despreocupados, teniendo cada uno un vaso con contenido humeante en una mano y en la otra, una bolsa de papel de olor increíble. Seguro son panecillos, piensa el rubio con expresión incredula porque las sorpresas no terminan allí. Ambos, padre e hija Nikiforov, saludan a los presentes a todo pulmón demostrando un entuciasmo inagotable, a su lado Yuuri se sonroja furiosamente murmurando en un correpto japones palabras inreconocibles en él. Lo lamentaba mucho conocer nada del idioma, simplemente se adaptaba al ingles y su lengua natal, el ruso. Tampoco necesitas ser un genio para descifrar el mensaje, esta insultando a ese par de idiotas. Menuda la razón de ello. Al acercarse a su dirección, Yurio percibe unas camisetas particulares en los dos alfas con letras chillonas; Anna quien tiene una rosa promociona un mensaje en particular, “la mejor hermana mayor” y encuento a Viktor de un tono mas chillón de la de su hija “Mejor padre de todos” modelandola con la mayor expresión del mundo. ¿Y donde esta el Katsuki? Buscando un escondite perfecto y así escapar de esta realidad vergonzosa, siendo imposible, todo el mundo lo ha notado ya.
La primera en acercarseles en Mila con su estridente voz a todo pulmón, dictaminando tener unas playeras bastantes curiosas y a la moda, si se puede mencionar ese ridículo color chillón quemame las retinas sin compasión, ser el último grito de la moda. Pero estamos hablando de la pelirroja mas escandolosas de todas, esta loca. Mariana acompaña a su amiga con saltitos maliciosos, es de la misma especie de la rusa, piensa Yurio con ojos agudos al observar la sonrisa burlesca en los labios de la omega. ¡Por lo mas sagrado! Que la conoce perfectamente, desde metros distinguiría los planes macabros de la latina, dudando demaciado el salir librado de esto el Katsuki.
— Las camisetas son un toque adorable para tu nueva paternidad, Viktor. — comenta como quien no quiere la cosa la González, dándole un vistazo de reojo a su novio.
« Oh, mierda. Mierda, mierda, mierda. »
— ¡Anna realmente sera la mejor hermana mayor de todas! — alzo sus pequeños brazos la peliplata, sonriendo alegremente. — Solo esperenlo, ese bebé va amar mucho a Anna.
— Seguramente. — aseguro Mila, emitando a su amiga para mirar a los dos Yuris silenciosos de lejos. Rayos, mas problemas. — Aunque… podrían ampliar la fabricar de camisetas, ¿no crees Mariana?
¡Allí lo tienen! Esa vieja bruja esta maquinando las ideas mas peligrosas en su cabeza, de esa manera, su omega picaría el anzuelo siguiendole en su cometido. La latina pudo haber mostrado su verdadera personalidad ante él, pero eso no quiere decir dejar a un lado las viejas mañas. Las costumbres suelen ser difíciles de quitar, por lo tanto, el siguiente ataque vendrá para él. Yurio traga saliva duro, pasandola rápidamente por su garganta en un débil intento de controlar los ligeros golpes en las paredes de su estomago inquieto, en búsqueda de algo tranquilizador para el. Mala suerte, en estos momentos se encuentra lejos de su alcance.
— Totalmente. — afirma con una expresión convencida en su cara, confundiendo a los peliplata optando la misma pose pensativa en ambos.
— ¡Ya se! — aplaudió con emoción llevandolas a una de sus mejillas, mirandola a su amiga en señal de apoyo. — La de Yuuri debería decir “la mejor madre” y ser en azul, es un color que se le ve muy bien.
El mencionado baja su cabeza avergonzado, sonrojado hasta el cuello cabelludo, sujetando las mangas de su chamarra que utilizaba para practicar en sus días de patinador, tratando de desviar su atención a otra cosa lejos de la realidad. Ser el centro de atención nunca ha sido su fuente, pudo haber sido patinador artístico, patinado coreografías delante de las personas, ser besado en público en medio de cámaras y la prensa en general, pero seguiría teniendo esa extraña sensación de incomodidad en el cuerpo. Yurio lo a visto adorable, una señal propia de una persona temerosa a la sociedad, provocandole un revuelco en su estómago, Yuuri y esa expresión era su debilidad. Al menos, en el pasado. ¿A quien le miente? El ojos caoba es francamente hermoso, en todas sus facetas lo es, ahora que estaba embarazado resaltara mas su belleza interior. Lo puede imaginar, Vitkor se mostrara maravillado ante la imagen de la pancita del Katsuki embarazado, mas si es el hijo suyo.
« Vuelvo a repetir, ¡por favor que no se parezca al idiota de Viktor! »
Lamentandolo mucho, esa plegaria no se volvería realidad, pero eso ya sería otra historia y no esta.
— ¿Entonces cual debería llevar Yurio? — abrió la boca en seguida la niña, dejando muchas mandíbulas desencajadas.
— ¡El mejor gatito gruñon de todos! — propuso Mariana sonriendo socarronamente a su dirección, una carta de desafío sin anestecia.
— No, eso es muy predecible y apesta. — lanzo la cuchilla en forma de palabra a la latina, llevándola a la horillas de la marea siendo acorralada. — Si se trata de humillación al “amor de mi vida”, sera pan comido llevarlo a acabo.
— ¿Qué propones entonces? — preguntó interesada Mila, notando el ligero temblor de Viktor tanto como Yurio, sonriendole a la Katsuki con total jovialidad.
— Será…
El peliplata no quierendo quedarse atrás menos humillado por el Yanke ruso, se adelanto a las palabras de su hija alzando la voz en una pose bastante esperado por su prometido, quien acostumbrado de los arranques del primero poso una de sus manos en el rostro cubriendose, alejando la vergüenza de este momento.
— “El mejor hermano de todos”
« ¡Ahg! ¡Ya no lo soporto! ¡Esto es el colmo! »
Girandose furiosamente, Yurio comienza a saltar una serie de palabras en ruso insultando considerablemente al mayor exigiendole la explicación del momento de volverse una familia, en realidad, el caos total se explota en sus caras cuando Viktor sigue en la postura fresca de insistir de pertenecer desde siempre a los Nikiforov, aunque precisamente no lleve el apellido. Mientras Anna, Yuuri, Mariana y una Mila burlona anima mas las llamas del enojo del ojos verde ofreciendo pagar la camisa, con tal, ser llamado el “otro Nikiforov” no se da todos los días debería aprovechar la oferta, la latina viendo animada a su amiga se le une en las burlas y un Yuuri asustado de los pobres nervios de su tocayo pide el calmarse un poco, conoce bien al rubio y esto pude parar muy mal. Tarde, muy tarde en decir la advertencia evidente: Yurio ha explotado.
— ¡Vayase todos al mismísimo demonio y jamas vuelvan!
Girando sobre sus talones el Plisetsky sale de la pista llevándose en el proceso su botella de agua y tualla, va secandose el sudor en medio del camino, apartando todos en general aprovechando de fulminarlos con la mirada. Mientras sigue sus pasos, escucha la estridente risa de Mila combinada a la de su omega llamandolo “Gatito amargado” sin el poder de soportar una pequeña broma, pues muy bien por ellos y su sentido del humor que apesta hasta el averno, esa nueva criatura generándose en las entrañas del Katsudon saldrá bastante perturbado de la compañia de sus padres, mas el de su papá, quien desde lejos le pide volver para tomarle la tallas de sus prendas. Piensa en hacerle un conjunto a juego, de esa manera podrán todos venir del mismo estilo, y para matar dos pájaros de un solo tiro, tendrá uso cómodo en sus pactricas de patinaje. Yurio no escucha mas, de rehusa hacerlo, sabe el tener suficiente de esa manada de idiotas sin cerebro, sobre todo, del vegestorio del Nikiforov. Ni pensar que se encontraba feliz por él ¡por que estará en la gestación de su cerdo! Pero no, debía comportarse tal cual fuese un idiota, bueno anteriormente lo era de todas maneras, en el presente se intensificó con la llegada del Katsuki y su hija.
« Podría sonar fastidioso de mi parte pero, por favor, por favor… ¡Qué esa criatura no se parezca a él! »
Y eso, obviamente, esta fuera de sus manos el controlarse.
Unos meses mas tarde, en la maternidad de San Petersburgo un llanto retumbo en sus paredes anunciando la llegada del nuevo integrante a la familia Nikiforov, Haru Nikiforov, hijo del resiente casamiento de dos patinadores sumamente famosos, y hermano menor de Anna, la hija de la primavera y el invierno. Yuri Plisetsky amigo cercano a la pareja, estuvo presenciando los avances del pronto nacimiento del pequeño, quien nombrado por su parte, sería el padrino de este y en un futuro seguir los pasos de ellos, su entrenador. Obviamente el joven rubio se rehuso ante tal ofrecimiento, en la vida tendria motivos para cargar tal responsabilidad de la pareja mas fastidiosa de todas, mejor se hacia juez en los concursos, colocaba un restaurante de comida ruso/japonesa o ¡quien sabe! Cantante, pero jamas entrenador y su padrino. Mariana González, consorte del rubio y su omega destinada, intervino por su alfa aceptando el papel porque en algunas ocasiones su tonto novio le costaba admitir sentirse feliz al ser tomado en cuenta, mas de tratarse de los Nikiforov. Asi que, ni mas poseyendo los conocimientos del nacimiento del niño, salieron disparados al hospital de la ciudad donde los esperaban un gran número de conocidos de la pareja. Un ejemplo, Phichit Chulanot mejor amigo del japones y encargado de tomar fotos del acontecimiento, de hecho, el moreno estaba capturando bajo su lente hasta la hormiga marchando en un rincón solitario de esa sala, asustandolo. Los padres del Katsudon viajaron desde su ciudad natal, ocupando unas sillas en el lugar manteniendose bastante serios, al menos Toshio, porque Hiroko tenia una sonrisa deslumbrante en sus labios bastante contenta de ser por segunda vez abuela. Los siguiente era Mari, Minako y los Nishigori, ellos conversavan entre ellos nerviosos a la expectativa de lo posible a ocurrir, de alguna manera, las trillisas se mantenían calladas, muy calladas mirando al suelo con miradas bajas parecida a estar castigadas. Bien, eso si era de miedo, esas chicas (al pesar de haber crecido considerablemente este tiempo) se han caracterizado por ser muy habladoras, inquietas, metidas… podría seguir con los apelativos y jamas terminaría, solo dejemos en tener miedo de su tranquilidad. Seguidamente estaba Chris, si es ese mismo Chris que todo el mundo piensa capaz de perturbar tus sentidos y aceptar el desafío de un omega borracho, ser mejor amigo del loco de Viktor e ir contra las normas de la naturaleza y emparejarse con otro beta, ¿por qué? Bueno, porque podía además de encantarle llevarle la contraria a todo. Yurio aun mantiene la imagen nítida del suizo en la recepción de bodas de los Nikiforov, dio un discurso tan largo, gráfico y erótico, si mucho de eso donde explicaba la maneras de como Viktor deseaba a Yuuri en su época de entrenador/pupilo, solo que este se mentalizo tanto en hacerlo “correpto” dejando a un lado la pasión. Al final, tuvo que taparle las orejas a Anna y sacarla del lugar. Ese sitio no era propio para niños, menos teniendo en cuenta que Chris comentaba los detalles de su procreación.
« ¡Pua! Ese sujeto, es un dolor de cabeza peor a su amigo. »
A Yurio no le sorprendió percibir la presencia de Mila junto a Otabek, hablando muy cerca, la definición se le quedó corta, bastante cerca como si nadie estuviera viendolos interactuar tan íntimos. Bueno, el ruso sabía desde hace un tiempo atrás la naturaleza de esa relación, y aunque es difícil de darse, una beta y un alfa pueden salir normalmente como cualquier otra pareja. Claro, la duda reside en la capacidad de su amigo en soportar semejante mujer que es Mila, sus burlas, los comentarios fuera de serie, la agilidad de recrear momentos incómodos y esa risa estridente. ¡Uhg! De solo cerrar los ojos puede escucharla provocandole un dolor de cabeza supremo, esa vieja bruja sabe bien como colocarlo de malas. Tampoco es que este en posición de juzgar a su amigo, menos teniendo como pareja a Mariana, la personificación del calor y fuego del trópico, esto lo dice en todos los sentidos. Siguiendo con el recorrido, reconoce a simple vista al patinador joven de China, omega Guam Hong y su pareja Leo de la Iglesia, alfa, ambos se le ven muy armonioso en las redes sociales y les asombran que no posean cachorros bajo su relación, la cual, lleva bastante tiempo consolidada. Da igual, los medios dicen muchas tonterías, tampoco es que para ser una pareja feliz deben de tener muchos hijos a su alrededor, él mismo se ha cuestionado la posibilidad de esperar por tener crías, es cierto apreciar mucho a su consorte pero es muy pronto para ellos agrandar la familia, solo… solo desea esperar el momento exacto y tambien casarce. Por lo tanto, apoya condicionalmente a esta unión pura de ese par, le sorprende de alguna manera que durante este tiempo hallan mantenido contacto con Yuuri. Aunque supone que se debe a ser Leo de América y al haber vivido en el pasado allá, se presentarían ocasiones de encontrarse, mas Phichit, quien posee contacto con el omega. Yurio no quiere sonar duro, pero quizás el tailandés tenga imanes de omegas, al estar rodeado de ellos sin tener éxito alguno de salir con uno.
Finalmente el rubio llega a la conclusión de estar faltandole a dos personas importantes, Anna y Vitkor, este último seguramente presencia el parto al ser el marido del Katsudon pero ¿la niña? Su presencia esta prohibida en el quirófano, debería de estar con sus abuelos o su tia, pero nada, nada de nada. El ojos jade esta apunto de preguntar por ella, hasta que la ve a lo lejos siendo sostenida de los brazos de su padre con una alegre sonrisa adornado todo su rostro, hoy tiene su cabello de plata recogido en una sola cola de caballo, vestida de una hermoso vestido de terciopelo rojo hasta las rodillas, abrigo largo color blanco de botones abierto a la mitad y zapatillas negras. En general, su belleza es propia de la princesa de las nieves, tan cautivadora como egnimatica, igual a su padre. Inconsciente Yurio sonrie hacia su dirección, conectando mirada con la pequeña que al verlo pide al peliplata soltarla para ir al encontró del ruso, este la obedece e inmediatamente corre al encuentro del joven que por mucho tiempo fue expectador en su crecimiento. El rubio la recibe entre sus brazos alzandola, saludandola gustoso (aunque muy pocas veces lo demuestre) de tal animo contagioso de la pequeña, sorprendiendo a todos los presentes anciosos de noticias del omega y su nuevo cachorro.
— ¡Anna ya es hermana mayor Yurio! — le avisa entuciasta la ojos azul. — ¡Se llama Haru y es tan pequeño! ¡Es muy lindo!
— ¿Si? — pregunta con interes el joven, alegrandose por la pequeña. — me alegra mucho, Anna.
De pronto, Viktor estalla en llanto sin previo aviso asustando a todos los presentes, excepto Yurio, él mas o menos esperaba dicha reacción del peliplata. No hasta que la misma Anna comienza a emitarlo.
« Santo cielos… ¿en verdad es necesario el llanto? »
— ¡Es un niño! — exclama entre sollozos emocionados, restregando su puño en uno de sus ojos igual a un niño. — ¡Uno muy fuerte y sano! ¿puedes creerlo Yurio? ¡Yuuri me a convertido en padre de un niño! ¡De uno muy hermoso!
— ¡Anna tiene hermano menor! — le siguio el juego, bajandose de los brazos del rubio y buscando a su padre para abrazarse. — ¡Ahora Anna esta muy feliz! ¡Muy, muy, muy feliz!
Las personas que cruzaban por ese pasillo, incluyendo enfermeras y doctores, miraban la escena riéndose divertidos. Claro, dos peliplatas bastante parecidos sin mencionar conocidos, lloraban largo y tendido mientras se abrazaban por el nacimiento de un nuevo ser, lo peor de todo, todos sus amigos de dispersaron dejándolo a él simplemente en su compañia. ¡Incluso Mariana! Que fingió no conocerlos, uniéndose en la conversación de los Katsuki con los Nishigori como si se hallan tratado de toda la vida.
« Jodida, jodida traidora… ¡Ya me las cobraré! »
Bueno, no era momento de planes de venganza, quería conocer al mini Katsudon y rogarle a los dioses vivir por primera vez un encuentro sin paros cardiacos con el bebé del cerdo, al menos, una vez. Ignorando el mar de lágrimas de los peliplata, le pregunto a Viktor si podía ver ya a su ahijado, este medio hipando al escuchar la petición del ventiañero adopto una expresión conmovida invitandolo en seguida a seguirlo. Le habían pedido abandonar unos momentos la habitación de su adorable Yuuri para acomodarlo mejor, pero estaba seguro de estar listo, además este seguramente esperaba verlo pronto, igual como sucedió en el nacimiento de Anna. Yurio estuvo en unos segundos estático ante tal declaración, el peliplata podía comportarse la mayoría del tiempo simplón, pero cuando no lo hacia mas sacando a relucir momentos del pasado junto a su omega le daba escalofríos, porque de una bizarra manera aceptaba lo ocurrido y permanecia conforme de ello. No tenia idea de como lograron conversar el Katsudon y el vegestorio de eso, pero en el presente o futuro Yurio no encontraría en lo mas mínimo tranquilo. Tratando de olvidar la rara sensación de su cuerpo, el rubio siguió a los peliplata en silencio unos pasillos mas lejos a su ubicación, nadie venia persiguiendolos solos eran ellos tres en la compañia de las frías paredes del hospital.
Atravesando una puerta color blanco, ingresaron al área de hospitalización o maternidad, donde iban y venían enfermeras ocupadas con bebés o expedientes de pacientes. Viktor sin perder tiempo se anuncio ante la recepción preguntando si estaba listo su esposo, la encargada del área, una mujer robusta de afable carácter asintió con la cabeza señalando la primera puerta a la izquierda explicandole que los doctores estarían pasando guardia pronto, por lo que las visitas estarían suspendidas unos segundos. Dandole las gracias junto a una sonrisa casual, Yurio se dejó guiar por su compañero de pista hacia el cuarto señalado escuchando los latidos de su propio corazón martillando en sus costillas, dando unas cuantas respiraciones pausadas estuvo listo para conocer al pequeño, sintiendo como una suave manito le sostenía la suya dándole un ligero apretón. Anna con su usual carisma sutil le animaba a entrar, era muy intuitiva con las emociones humanas, no le extrañaba ser descubierta por ella. Sin mas preambulos, entraron finalmente a la habitación donde un adorable omega mantenía en sus manos un pequeño bulto blanco arrullandolo, sonriendole y hablandole con dulzura.
« Hermoso… Yuuri sin duda es, muy hermoso. »
Yurio no siguió mas allá de la puerta, se quedo estático observando al azabache interactuar con su cachorro en perfecta armonía, parecía que todas las luces del lugar se confabularon para brindarle la mayor claridad posible. Porque estaba seguro de algo, nunca jamas se le había presentado en la vida tan agraciada imagen del omega en la vida, tan clara, tan transparente, tan… pura. Conmocionaba su pecho, le hacia latir en ritmo inregular robandole toda capacidad de respirar o pensar, mucho decir al ser él mayor partifice de verlo junto a una Anna recien nacida, igualmente fue hermoso pero ahora, justo ahora todo eso quedó opacado ante lo nuevo. El omega sintiéndose observado, despega sus ojos color caoba de su cachorro para fijarlos en los suyos emitiendo un sonido de sorpresa, no esperando verlo allí parado en silencio. Incluso Viktor tan celoso como de costumbre, camina haciendo un ligero puchero a su esposo colocándose a su lado dándole un ligero beso en la mejilla seguido de un arrumaco al cachorro, quien suelta un gorgojeo sutil de tal acción. Yurio no puede saber con ciencia exacta eso, desde tiempos inmemorables su relación con los bebés no ha sido buena.
— ¡Anna quiere verlo otra vez! — suelta sin mas la ojiazul corriendo al encuentro de su hermanito.
— Debes tener cuidado, recuerda que aun es muy pequeño y frágil. — le avisa su mamá con una sonrisa suave.
— Anna lo sabe, tambien promete protegerlo de ahora en adelante. — confirma muy firme, levantando su naricita igual a la de su padre. — Es el deber de la hermana mayor después de todo.
— ¡Oh! Mi pequeña crece tan rápido. — fingue conmoción Viktor, con su usual comportamiento infantil.
« ¡Arg! ¿qué demonios es esto? »
La atmósfera antes plagada en tranquilidad y armonía, es suplantada por dos ruidosos peliplata que siguen comportándose parecido a niños minados en busca de atención, haciéndole preguntarse al ojos verde la fuente de la paciencia del japones. Francamente, con este par es un trabajo duro, ahora el pequeño Haru sera el doble.
— Amor, debo ir por tus padres seguramente estarán deseos de conocer a Haru. — avisa el peliplata alejándose del omega. — te dejare con Yurio y… ¿Anna te quedas con mamá o vas conmigo?
— ¡Anna va con papá! — se levanta de un salto la chiquilla, mirando desafiante al rubio parado cerca de la puerta quieto y mudo como una momia. — Ella debe vigilar a la competencia, por ningún motivo piensa dejar sola a Mariana. ¡El secreto de ganar la guerra es mantener a tus enemigos de cerca!
« ¿De donde demonios saca ese tipo de ideas? »
— Wow, mi pequeña princesa guerrera. — suelta de manera casual su padre, cargandola nuevamente entre sus brazos pero enviandole una señal de advertencia al rubio. — pero te comprendo muy bien, debemos mantener a la competencia bastante cerca.
« Tsk, allí tengo mi respuesta. »
Ambos peliplata dejan la habitación en completo silencio, bueno, con los sonidos gorgojeantes de Haru combinados con los mimos de su madre. Yurio piensa en que Viktor no posee remedio alguno, aunque eso no quitara el sentirse incomodo al estar completamente a solas con Yuuri, después de todo, ha pasado tiempo desde ocurrir cosa igual. Desde culminar su relación supuestamente amorosa, el rubio evito a toda costa el producirse este circunstancia, porque no solo siente un millón de lombrices fastidiarle el estomago igualmente la piel le pica y no es muy agradable que digamos. Esta consiente que las memorias de ellos dos durante esos cinco años no las puede difrasar, menos borrar, sigue sintiendo cosas por el azabache y le preocupa fastidiarla con Mariana. Realmente la aprecia, le tiene mucho cariño, es demaciado importante para él y dañarla jamas esta en sus planes. Sin embargo, le parece increíble que luego de aclarar las cosas siga sintiendo ese nerviosismo característico de verse con Yuuri, solo mirenlo, acaba de tener a su segundo hijo y con la misma persona es haberlo destruido vilmente, pero con todo y eso siguió los latidos de su corazón en lugar de la razón. Yurio esta conforme como resultaron las cosas, no esta quejándose o algo parecido, simplemente desearía volver a conversar con normalidad con Yuuri, mantener de la relación pasado esa confianza en poder confiarse todo y no guardarse nada. Pero sabe que es imposible, al menos, por ahora. Entre ellos ocurrieron cosas como para alejarse lo suficiente, retroceder doce peldaños en su relación y cuidar donde pisar con miedo de encender una mina dormida.
Yurio es joven, pero no tonto.
« Aun así, espero un poco de lo vivido del pasado. »
Es ingenuo de su parte, sin duda, pero al menos vale la pena anhelarlo.
— Estoy muy contento que nos visitaras, Yurio. — rompe el silencio el omega, obligando al rubio despegar la mirada del suelo y admirar esa sonrisa natural en labios de Yuuri. — Aunque se que Mariana tiene el mayor crédito en hacerte venir, estoy muy agradecido de verte aquí. Al pesar de… de ser difícil para ti.
« Oh… claro, la primera conversación decente en mucho tiempo. »
Aunque Yurio felicito al azabache por su nuevo hijo, seguido de eso no existió interacción alguna salvo la ocasión de no encontrarse Viktor alrededor y tener antojo de comer helado, si, helado en la ciudad fría de San Petersburgo, toda una locura. Llevado a ser obligado por su omega a recorrer media ciudad en busca de uno, francamente fue la mayor odisea de todas y deseo volverse chango.
— No le des todo el crédito a esa loca. — comento desviando la mirada el rubio hacia otro sitio, la ventana siendo mas preciso. — me conoces, jamas iría a un sitio donde me sentiría incomodo o aburrido.
— ¿Entonces estas agusto con todo este agetreo? — preguntó perspicaz el japones, sonriendo divertido.
— Al menos, no podría mencionar el perder la vista de algo interesante. — se encogio de hombros, pasando una de sus manos por sus cabellos cortos rubios. — de encontrarte afuera, lo comprenderías en seguida.
— ¿Todos mis conocidos y los de Vitkor han venido? — afirmo medio suspirando, arrullando mas de cerca al bebé y viendo asentir a alfa joven con timidez. — ¿Vitkor monto una de la suyas junto a Anna?
— Los conoces tanto que das miedo. — confeso anodadado el Plisetsky con tono de voz neutro.
— Es mi esposo y mi hija, por supuesto que lo hago.
Nuevamente reino el silencio entre los dos, Yuuri seguía ocupado tratando de hacer dormir a su bebé quien se mantenía testarudo en querer ceder, desde su sitio divisa los movimientos inquietos de este y el suave sonido que produce. Parece estar tranquilo con su entorno, mas permanecer en los brazos de su mamá, luchando por descansar un poco. Desde verlo casado con Vitkor, Yurio se ha preguntado un millón de cosas, aparte de las razones de ser el padrino de Haru y dar un discurso porque al novio le nació, ante de comenzar el brindis oficial de casados. Pero aun mas, Yuri necesita enterarse desesperadamente de la postura del azabache ante todo lo ocurrido entre los dos, llamenle como deseen, pero su curiosidad por lo ocurrido nunca se saldara si jamas lo libera. Asi que armandose de valor, el veinteañero respira profundamente apretando sus puños y alzando su voz.
— ¿Fuiste feliz? — comienza diciendo, recibiendo la atención de los ojos caoba del omega atentos y expectantes del alfa. — a mi lado, ¿creiste serlo?
Yuuri acomodando entre sus brazos a Haru, intenta desesperadamente encontrar las palabras correptas ante la pregunta del joven, porque sabe perfectamente la verdad tras de ello. En esos cinco años no hubo vida sin Viktor, ambos conversaron de ello y llegaron a la misma conclusión, sus almas buscaron desesperadamente adaptarse a las circunstancias y seguir adelante, mas Yuuri al tener a Anna. Mas sin embargo, existió algo dentro de esa abrumadora oscuridad que le hizo sentirse satisfecho, en lugar de feliz, el omega creyó en las esperanzas de un mañana y en convertir la imposible en posible. Si, existieron momentos de alegrías con Yurio, pero jamas serian suficiente sin Viktor, el después de todo es el dueño de su corazón y alma completa.
— A tu lado, me sentí tranquilo porque me brindaste ese apoyo que tomo omega necesitaba en esos momentos, la ayuda. — respondió con sinceridad, sorprendiendo al rubio. — Si existieron momentos en que creí ser feliz, o al menos, intentar serlo. Yurio, la felicidad no es algo por lo que debas competir con alguien, menos mediarla, ella viene sola mediante las experiencias vividas en la vida y teniendo a las personas adecuadas. No te mentiré, contigo sentí alegría, compañia y confianza, pero es evidente que es diferente a la felicidad a la que tengo ahora.
« Ah… su sinceridad abruma. »
Yurio temió desde siempre a escuchar esas palabras del azabache, de no haber experimentado con él la felicidad completa en términos de pareja, porque seamos sinceros, su personalidad y su ego le permitían ser invencible ante cualquier persona, mas ante Vitkor Nikiforov. Tampoco es que se dio por vencido fácilmente, dio la guerra hasta las últimas instancias, dándose cuenta al final de no poder ir contra la corriente menos obligar a Yuuri amarlo. Exigir cariño es parecido rogar, lastimosamente para algunos alfas, él no es ese tipo de hombre y jamas lo seria.
— Entonces… ¿eres feliz ahora? — prosiguió con el interrogatorio. — con él, ¿lo eres?
— Si — contesto enseguida sin trabas, pausas o dudas. Yuri creyó que en la vida vería al Katsudon tan seguro de si mismo, determinado en haber encontrado el mayor tesoro de todos. Sus días junto al vegestorio. — lo soy, porque cuando me despierto todas las mañanas y lo veo a mi lado siento que nací para eso, para contemplarlo y amarlo por como es, no por lo quien es. Sobre todo, sentir ser solamente el comienzo de todo me anima a seguir adelante, a continuar criando juntos a Anna y ahora este pequeño. Sin dudas, las cotidianidades a su lado son toda una aventura, la felicidad extrema y me hice adicta a ellas. Quiero mas, estoy seguro, que él tambien.
« Seguramente, eres su adoración y mundo entero. No puedo imaginar un mundo sin Viktor aclamando tu nombre. » piensa divertido Yurio, riéndose para si mismo la ocurrencia producida por su mente, no tomando en cuenta que su deseo se ha vuelto realidad. Esta conversando naturalmente con Yuuri, sobre todo, el dolor entre ellos no existe menos la incomodidad, solo la confianza y ese lazo de hermandad entre ambos.
— ¿Qué hay de Yurio? — es el turno de preguntar el azabache, sacando de sus pensamientos a su acompañante. — ¿eres feliz con ella?
— La pregunta esta demás — musito con una actitud osada, dibujando una sonrisa socarrona en sus labios. — porque te puedo asegurar una cosa, Katsudon. Mariana y yo somos mucho, mucho, mucho mas felices que tu y Viktor. ¡La pareja del año entero seremos!
— Oh, por favor. — le siguió el juego, bufando divertido y girando la cabeza como los viejos tiempos. — cuando salga de esta cama y me adapte a la nueva maternidad de Haru, podríamos demostrarlo en una pista de patinaje Yurio. Allí se sabrá la verdad de todo.
— ¿Competencia de parejas? — inquirio entuciasmado.
— ¡Perfecto!
Seguidamente hicieron acto de presencia los padres del pelinegro junto a Mari, quien al poseer la mínima oportunidad de tener su sobrino en brazos, exclamó estar contenta por los lazos evidentes del niño con su padre ruso, porque sin duda ¡era su viva imagen! Un chasquido combinado con la sensación de estar volviendo a vivir lo mismo de hace seis años atrás, Yurio corre de inmediato al lado de la hermana del Katsudon que no pierde el tiempo en preguntarle si desde entrar a visitar a su hermano se olvido de conocer a Haru, el rubio temblando igual a una lamina de papel obvia ese detalle y pide que se le muestre el pequeño. Allí, es aquella habitación de un hospital de San Petersburgo, Yuri Plisetsky presiente el “deja vu” colandose en sus venas y amenanzando con explotar todo, porque efectivamente Haru Nikiforov, es la autentica imagen de su padre salvo una sola cosa, el color de sus enormes ojos saltones son vino, parecidos a los de su madre. En pocas palabras, esta bajo la presencia de una Anna 2.0 y eso le alarmaba mas que cualquier otra cosa, peor aun, un tsunami.
— ¿AH? ¡Tienes que estar jodiendome Nikiforov! — pronuncia en un perfecto ruso, asustando a los Katsuki y Mari quien efectivamente no comprende nada del idioma nativo del rubio. — ¡¿Por qué coño se parece tambien a ti?! ¡¿Qué clase de jodido humano eres?! ¡Mierda! A estas alturas, todos tus hijos serán copias exactas tuyas ¡Maldición!
Y así como si apareciera por arte de magia, el ser mas odiado por Yuri Plisetsky aparece ante sus ojos con una expresión muy calmada en el rostro, manteniendo entre sus brazos a Anna y a su lado Mariana, su omega quien evidentemente escucho el escandolo de su pareja.
— ¿Me llamabas Yurio? — preguntó de forma inocentona, obviamente fingida. — Veo que tuviste la oportunidad de conocer a mi Haru, todo una lindura ¿no crees? Tienes los ojos de Yuuri.
— ¡Por una mierda! — sigue hablando en su idioma natal, provocandole fruncir el ceño a Mariana que entiende todo. — ¡Si es identico a ti, idiota!
— ¿En verdad? — musito pensativo, colocando el dedo índice sobre sus labios y pareciendo confundido. — a mi se me asimila a Yuuri, te lo dije ¡Son sus hermosos ojos que veo!
— Estúpido vegestorio, tu ADN da miedo… ¡Todo lo da! — masculla entre dientes, fulminandolo con la mirada. — ¿Ahora tambien sera alfa? Seria el colmo.
— Mmm… no lo sabemos hasta los doce, es diferente a Anna. — respondió acariciando a su cachorra — aunque descuida Yurio, no sera el último hijo que pienso tener. Eso es un hecho.
— ¡Hermanitos! ¡Hermanitos! — canturreaba la niña en perfecto ruso.
Claro, hijo de marinero sale capitán, no le sorprende que ya maneje el idioma natal de su padre con fluidez porque después de todo, Anna es bastante lista y aprende con rapidez. Lo sorprendente seria verla tan animada, contagiada completamente del comportamiento de Viktor, dando así una fideligna versión de este hecha mujer. Ahora llego Haru con la apariencia parecida de alfa, sin duda alguna, Yurio tenía muchas cosas por temer, pero mas que todo lo hacia con los ADN preporderantes del su compañero de pista.
— Ustedes… — farfullo temblandole todo el cuerpo, parecido a un gatito asustadiso y llamando aun mas la atención de los presentes. — ¡Denme un respiro!
Maneras de sacar lo peor de un Plisetsky: los hijos de la familia Nikiforov. De ahora en adelante, existirán mas dilemas en la vida del rubio, los cuales obviamente no se encuentra preparado.
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