martes, 27 de mayo de 2014

Try


¿Por qué nos enamoramos así de fácil, aunque sepamos que no es lo correcto?
Pink Try.


1

Y allí estaba yo, tratando de salir libre sobre el enrollo que ahora era mi vida, no paraba de pensar que desperdicie mucho en estos últimos seis meses; había comenzado mi primer semestre de la universidad.
Se supone que al experimentar nuevas cosas te hace emocionar, para mi fue todo lo contrario, no soy la típica chica que se alegra por eso, en realidad, seria el tipo miedosa de lo nuevo e inexplotable.
Ahora ¿Cual era mi problema? Al temer a lo desconocido casi no asistía a clases, inventaba resfriados, excusas y demás estupidez con tal de no ir; agregándole mi fobia a estudiar. En estos momentos me arrepentía de ello porque tenía dos hermosas materias para repetir, si solo hubiese estudiado y asistido a mis clases mí historia seria otra. Si. Horita no era momento de hacerme la llorica, ni mucho menos, patalear por cosas perdidas llego la hora de luchar por enmendar mis errores.

Solté un suspiro cansada, era muy bonito pensar en positivo eso nadie lo podía parar pero, cuando se enterase mi mamá de todo esto me mataría y comería lentamente.

Soy la tercera hija, por lo tanto, las que mas ha dado problemas entre todos no porque quisiera sino va en mi naturaleza; mis hermanos mayores ya se han casado y abandonado mi casa hace mucho tiempo. En vacaciones y fines de semana los veo, Jhon el mayor con veinticinco casado con Estella y con tres hermosos monstruitos; ellos se conocieron en la universidad y mi cuñado quedo embarazada casi en su último año, para la desgracia se mi hermano eran trillizos.
Margaret la del medio, es abogada y esta casada con un famoso camarógrafo, tienen una pequeña de cinco años Mariana esa criatura es un sol y la quiero mucho; no es como si odiase a mis otros sobrinos, los quiero a todos pero paso mas tiempo con Mariana.
Por último estoy yo Heather Mcqueen, chica paliducha (en realidad con piel muy blanca), cabello color chocolate largo que cae como cascada sobre mi espalda, delgada y con baja estatura, mis ojos son castaños con un pequeño toque dorado. No me siento para nada atractiva, creo que por eso llevo un hermoso record de cero novios.


En fin, no es como si quisiera desesperadamente alguno, de hecho estoy tan feliz estando como estoy, pues el gran amor de mi vida son los libros, videojuegos, comida, libros, más comida, videojuegos y ¿mencione los libros?
Ahora si les parecerá extraño ¿no? Según muchas personas y las estúpidas malas lenguas (cuanto odio eso), dicen que los individuos con más interacción en la lectura son más intelectuales, pueden utilizar un vocabulario amplio y no le teme a relacionarse con sus semejantes. Falso, falso, falso. Esa es la peor mentira de todas, soy una lectora firme pero soy pésima para relacionarme con los demás.

Ya es decir mucho que tengo solo una amiga, Annabeth Adams.

Aprieto mi solicitud para poder seguir con mis estudios, será el segundo semestre de arquitectura una carrera bastante buena pero, fastidiosa a la hora de estudiarla.
Camino hacia una pequeña zona que dice "Planes académicos" se supone que en ese lugar introduciré este documento, luego solo debo esperar mi horario para arreglarlo de acuerdo a mis otras dos materias. Espero no tener que aparecer milagros, como por ejemplo multiplicarme por dos.
Una amable señora me recibe con una sonrisa, le entrego el documento e inmediatamente me entrega mi horario de clases, no parece ser tan malo. 
Que ingenua fui, pues una semana después lo lamentaría.

-        ¿Qué? Esto debe de ser un error, se supone que a esta hora veo dibujo I ¿Y también matemáticas? ¡Es una locura! - digo un poco alterara ante esta situación.

-         Lo siento Heather pero los horarios se han cambiado, no podemos hacer nada por ti. - hablaba el director de planes y horarios.


-         ¿Y quien lo hará? Usted es el director de los horarios debe tener el poder de...

-         No, lo lamento pero no se puede hacer nada.

Salgo de esa pequeña oficina hecha una bola de furia, este es una universidad de mala muerte que ni si quiera puede resolver este tipo de problemas, ¿Ahora que voy hacer? Si hasta ese viejo me dio la espalda, no quiero imaginar al director de la universidad.
Como se pintaban las cosas tenia que utilizar mi técnica secreta, como desearía ser con poderes mágicos, pero para mi desgracia soy una triste y pobre humana.

-         Heather, ¡Oye Heather! - alguien me llamaba con insistencia. - Estoy por aquí.

Voltee hacia donde venía el sonido de voz, se trataba de Annabeth era una chica con cabello rubio ondulado hasta los hombros, blanca pero con tono bronceado, alta y con curvas definidas, ojos verde esmeralda y aquellos zapatos de tacón que siempre utilizaba. Su vivaracha actitud le hacia llover pretendientes a motón, aun así ella solía decir que solo tiene ojos para su adorado Marloon. Aunque terminaron hace una semana mas o menos.
Nos conocimos en la preparatoria y por mucho que no nos llevásemos bien, terminamos estudiando lo mismo por lo tanto estrechamos lazos de amistad, pero me alegro de ahora llevarnos bien.

-         Annabeth - chille de forma infantil, mientras me aferraba a su blusa - tengo la mala suerte del día, ¡Qué va! Del siglo entero.

-         ¿Qué ha pasado? - parpadeo confundida.


-         Se me han quedado dos materias y... y... ¡los horarios me saborean las otras! Soy un desastre - chille un poco mas.

-         Vamos, vamos eso no ha sido nada porque... a mi se me quedaron tres - dijo con simpleza.

Me quede helada con la mandíbula colgando, como se me ha podido olvidar algo tan importante como eso; Annabeth puede parecer una modelo de pasarelas de Paris, sin embargo es un asco estudiando porque esta constantemente en su mundo.

Un rato después, estamos en clase de la historia de la arquitectura, Annabeth tecleaba sin parar su teléfono y de costumbre olvidaba por completo que a) estaba en un salón de clases y b) este tema iba para un examen la próxima clase. 
No quería imaginar cuantas materias repetiría para el próximo semestre, en fin ese no era mi problema.
Comencé a escribir como loca cuando el profesor comenzó a dictar, me pareció raro que estuviese haciéndolo este hombre era el tipo amable, de mandarnos a investigar o el mismo copiaba en la pizarra. De pronto seguí la dirección de su mirada. Oh dios.

-         Annabeth ¿Puede apagar su celular? O...

Alguien irrumpió en el lugar, se trataba de la coordinadora de tesis, ella nos daba algunas materias también, me sorprendió verla con un grupo de chicos atrás de ella y eran rostros nuevos. Los asimile a una gota de agua, no lo entendía pero al ser nuevos se veían transparentes para adquirir nuevos conocimientos.
El maestro los invito a pasar, la profesora explico que ellos serían oyentes pues aun su profesor había llegado para darles la materia correspondiente; nuestra aula era lo suficientemente grande para albergarlos a todos. Por lo tanto se dispersaron en el salón.

El maestro Paul se sintió sumamente alagado por lo que olvido su mal humor debido a mí amiga, la cual recorría su mirada en el salón en busca de algo interesante, hasta que lo encontró, un chico de cabello azabache, hombros anchos, delgado y con una mirada café muy intensa. El muchacho que se sintió observado volteo hacia nosotras, haciéndose el halan nos guiño un ojo sonriendo de oreja a oreja. Menuda joya.
Solté un bufido divertida en tanto mi amiga le siguió el juego, estaba claro que se gustaron de primera o les atraía este tipo de situaciones. Por mí parte, este tipo de cosas eran muy escandalosas y ridículas, lo que es mucho mencionar a una chica la cual jamás se ha enamorado.
Entonces el señor Paul dejo de hablar nuevamente, giramos hacia la puerta notando al viejo decrepito, lo acompañaba tres chicos, dos mujeres y un hombre. Las chicas parecían estar asustadas por la presencia del Sr. Paul, es decir, ¿Quien no lo estaría? Ese viejo calvo regordete intimidaba a cualquiera aun mas con ese entrecejo fruncido.

Baje la mirada, posiblemente ellas pensaban que verían clases con él, cuando no ese director haciendo de las suyas.

Fue cuando se quito de la esquina entrando al salón, si soy sincera no preste atención a nada más ni mucho menos a las palabras de ese hombre, sentí como si alguien me diese un golpe en la boca de mí estomago pero no sentía dolor, fue diferente. Una sensación se cosquilleo se extendió por todo mi torso llegando a mí corazón. Esos ojos, ¡Oh dios! ¿Eran reales? Son de un color tan azul como el mismo mar y tan intenso al igual que la marea, mi respiración se me escapo de los pulmones como una suave brisa de la tarde.
No sabía que tipo de expresión tenía en estos momentos, pero si puedo mencionar que mi cara la sentía caliente, al menos eso quería decir lo muy apenada que me encontraba.


El chico nuevo era el dueño de esos ojos hermosos, aunque eso no era lo único pues su piel era similar a la leche, alto delgado con brazos tan largos al igual que sus manos, las compare a las de un pianista ¿Seria uno? Quien sabe.
Aquellos hombros eran anchos pero no mucho, su cara era alargada y poseía unos labios muy carnosos, sentía vergüenza de misma por estar observándolos; bestia una sedadera gris con unos pantalones negros y tenis del mismo color. Aquel rostro tenía una expresión de asombro, que luego fue cambiada a seriedad pues el director de los horarios volvía a salir, esta vez acompañado de los nuevos alumnos.

A mi lado escuche un "aburrido" supongo que si llego su profesor, el moreno de cabello azabache paso frente de nosotras guiñándonos un ojo de nuevo, pero en esta ocasión alzo sus cejas con picardía a Annabeth, la rubia soltó una risita tonta sonrojándose.
Mi corazón latía aun por el chico de ojos intensos, aun así no pude reprimir un bufido de lo absurda que estaba siendo mi amiga.

Luego de ver a todos marchándose, el señor Paul fue atender una llamada dando por terminada la clase, solté finalmente un suspiro ahogado e intente respirar, por unos momentos pues las manos de alguien sujetaron mis hombros moviéndome con furia, la voz chillona de Annabeth llego a mis oídos diciendo cosas sobre el chico nuevo, lo que me hizo raro ¿Qué paso con Marloon? 
La chica alzo su rostro con mucha dignidad, su ex novio no era mas que cosa del pasado y desde este momento miraría a su porvenir. Solté una risita divertida, quería ver cuanto le duraría esto.

Ambas salimos por el pasillo hacia el cafetín horita lo que mas deseaba era comer, mi estomago gruñía con fuerza tanto que temía su manifestación al atacar a otros órganos. Llegamos y yo tome asiento en tanto Annabeth pedía me desayuno, por suerte la rubia sabia lo que me gustaba.
Estaba pensativa por lo ocurrido hace unos momentos, nunca, pero nunca me había pasado algo igual. Eso fue parecido a una emoción genuina a la de un niño, porque aquellos ojos azules mar de ese chico hacían tocar lo mas profundo de mi ser; pronto sentí un cosquilleo en mi estomago.
No, no, no ¿Qué significaba eso? Estos latidos de corazón desenfrenado no querían parar, es estúpido todo estas cosas ¡Ni si quiera lo conozco!

-         Señorita Heather, su emparedado de queso, jamón y mucha, mucha salsa de tomate. Para acompañarlo un jugo nutritivo de naranja. - hizo una reverencia y se sentido al frente.

No pude evitar soltar una risotada, la rubia era experta en hacerse la payasa.

Sin más preámbulos le di un mordisco a mi alimento, agradeciéndole por el detalle de pedir mi pedido. Aunque mi sonrisa no duro mucho, una fuerte puntada directa a la boca del estomago me inundó.
Solté el emparedado al plato llevándome las manos a donde me dolía, Annabeth al ver mi rostro contraído se levanto de su asiento colocándose a mi lado, ella estaba mas o menos familiarizada con esto.
Acontecía que hace mas de un mes atrás sufría de estos dolores, fui a un medico y me receto unas pastillas para esto ¿Y que era? Gastritis.

Annabeth busco en mi bolsa encontrando los comprimidos y dándome uno, me lo tome con mi jugo de naranja ¿Y que importaba tomármelo con eso? Solo tenia que esperar que el dolor pasase, aunque se sentía como un millón de agujas atravesando mi entrada al estomago, al comienzo es como si te robara el aire.
Luego de unos minutos el dolor seso dándole paso a la paz, me sentía desinflada como si me faltase el aire.

-         ¡Dios menudo susto! Heather ¿En verdad fuiste al médico? No es que dude de ti pero creo ver ese dolor tuyo esta peor ¿no? - dijo soltando un suspiro agotador.

-         Estoy bien Ann, solo debo tomarme esa pastilla antes de cada comida y no pasará nada. - le digo tranquilizándola.

-         Bien, confió en ti - me señalo con manera acosadora.

Me reí y seguí comiendo con tranquilidad.

Esa misma tarde estaba en mi cuarto tratando de leer un libro "El psicoanalista " es un triller muy bueno que sin duda de atrapa de inmediato. Básicamente se trataba de un psicoanalista Ricky que en su cumpleaños recibe una amenaza en forma de una carta, el deberá descubrir en un lapso de quince días de quien se trata o sino debe de suicidarse.
En estos momentos voy en la parte que "supuestamente" muere, he maldecido ha Ruperstinski por hacer la vida miserable del pobre Ricky, puede que me este metiendo mucho en este libro pero estoy segura de que el “Señor R”, esta entre sus pacientes la pregunta sería ¿Por qué?

Escucho la puerta de mi casa abriéndose, cierro el libro colocando un separador para no perder la pagina, salgo de mi habitación rumbo al recibidor donde mi madre esta masajeando sus hombros.
Ella era una famosa doctora pediatra, casi nunca estaba en casa por atender los casos de niños con enfermedades comunes en el hospital, luego ir a una clínica atendiendo huesos rotos de infantes con mucha adrenalina en el cuerpo. ¿Y donde estaba mi padre? Muerto, nunca tuve la oportunidad de conocerlo pero si mis hermanos, cuando era pequeña me lo relataban como un hombre sumamente alto, con un carisma contagiable y esa sonrisa parecida a la mía. Fue un gran hombre.

Mi mamá saco de su bolso su súper celular inteligente, tecleaba con rapidez en tanto murmuraba algo intangible para mi, estaba tan absorta en su mundo que paso de largo ignorándome. No es que me doliese ni nada, solo a veces deseaba ver un poco a mi mamá de mi niñez.
Solté un suspiro ahogado, seria mejor que subiera a mi habitación para realizar la tarea, mañana tendría que multiplicarme por dos para asistir a Matemáticas y dibujo I, solo necesitaba un poco de suerte en mi vida.

Cuanto deseaba que fuese fin de semana, al menos estarían mis hermanos aquí para visitarme ya que mamá estaría de guardia, a veces pensaba en esos niños los cuales ella cuidaba, tenían mas suerte al tenerla comparada a mía.
Me recosté en mi cama, palpe por ella encontrando mi reproductor de música, inmediatamente colocándome los auriculares comenzó a sonar unos de mis grupos favoritos "Maroon 5". La canción que sonaba era Love Somebody, cerré los ojos simplemente dejándome llevar por la letra, amaba tararearla y el sonido de esa exquisita voz en mis oídos como si solo cantase para mi.
"Realmente quiero amar a alguien, realmente quiero bailar hasta terminar la noche". Estar de la mano con un chico de ojos azul intenso, corriendo a la luz de la luna descalzos y con el mar como nuestro testigo. ¿Qué más necesitaría? El solo tenerte a mi lado me llena "puedes contar conmigo, sabes que puedes..."

-         ¡Te hablo Heather!

Un grito hace sobresaltarme tomando asiento en mi cama, al girar para conocer la dueña de dicho sonido, palidesco. Es mi madre.

-         Hace mas de diez minutos que te estoy hablando y no contesta, entonces subo para buscarte encontrándome con una Heather holgazaneando. ¿Acaso no tienes trabajos? Mira que no quiero malas notas. Lo sabes - me señala mirándome con mirada ruda.
-         Hablando de eso, mamá...

-         ¡Oh! Me llaman aguarda un segundo - saco su teléfono, dándome la espalda conversando algo agitada. Aleja el celular tapando la pantalla, me mira soltando un suspiro - Luego hablaremos de tu problema debo de regresar al hospital, se presento un problema.

-         ¿Es muy grave? - pregunto con eje de inocencia.

-         Si, lo es. Ahora saldré y quiero que cuides la casa, sobre todo cena por favor no lo ignores acuerda que tienes gastritis - me recomienda.

-         Lo haré mamá. - digo cansada.

-         Bien, confió en ti.

Se despide con la mano saliendo de mi recámara cerrando la puerta, escucho aun desde aquí la discusión sobre un niño dado de alta sin su permiso. Y allí va mi madre la entera amante del trabajo.

Cuando ya se que estoy sola en casa, bajo hacia la sala conectando mi reproductor de música en el estéreo, la verdad es que no tenia nada de hambre mi estomago estaba muy quieto, bueno en la noche nunca se manifestaba como en las mañanas.
Me deslice en el gran sofá rojo de la sala, no traje mi libro consigo pero esta vez solo quería hacer nada en tanto escuchaba música, mis pensamientos me traicionaron dándome un recuerdo de aquella fantasía idiota en tanto escuchaba la canción de Maroon 5.
¿Qué ocurrió conmigo en ese instante? ¿Por qué fantasear con un tipo que ni si quiera conozco? Algo muy mal pasaba conmigo.

Mi teléfono di una sacudida brusca en mi pantalón, sin dificultad alguna lo saque viendo el remitente. Se trataba de Annabeth.

-         ¿Adivina quien sea sacado la lotería hoy? - me dice sin saludar o con formalidades de por medio.

-         "Hola Heather ¿Como estas? ¿Hiciste la tarea de mañana? Porque yo no la he empezado". - hable con todo irónico.

-         ¡Vamos! ¡Vamos! Hemo, dejemos todo eso de lado y pregúntame - comenta emocionada.

Había olvidado lo frenética que puede ser esta chica, cuando algo cruza su cabeza no hay nadie que la frene. Ya recordando eso, esbozo una sonrisa sincera dispuesta a preguntar.

-         Muy bien ¿Qué ha pasado? - digo al fin, fingiendo interés.

-         ¡Lo he conseguido amiga! ¡En verdad lo hice! - estoy tentada a decir si se ha pegado en la cabeza, pero no lo hago solo me cayo para escuchar - ¿Recuerdas al morenazo de esta mañana? Pues mí estimada amigo he conseguido su número. ¡Lo conseguir!

-         Me alegro por ti - no me malinterpreten, en verdad estoy feliz por ella solo que no lo demuestro - ¿Pero como lo hiciste?

-         Fácil - puedo imaginándola encogerse de hombros, moviendo sus pestañas con galantería - se lo pedí directamente y caso cerrado.

Me quede helada ante tal confesión, es que... ¡¿Annabeth fue capas de hacer eso?! Si yo estuviese en su pellejo simplemente huiría o lo observaría de lejos sus movientos, por mucho de acosadora serial sea. En eso cruzo por mi mente la imagen de un chico con ojos color mar. Me sonroje. Una emoción genuina se me subió por el pecho llenándome, parecido a cuando esta saliendo el sol la primera luz de la mañana.
Y todo ese tipo de emociones en un segundo por un hombre que solo conocí hoy, a estas alturas ya me daría por loca.

Escucho unos gritos al otro lugar del teléfono, tanto que debo alejarlo de mí para no quedar sorda.

-         ¿Acaso no me prestas atención? Estoy hablando como una lora o quizás peor y tu en la luna, oye Heather ¿Ocurrió algo? - dice en tono preocupado.

-         Nada, bueno... ¿En verdad es posible que tengas pensamientos románticos con alguien que a) no conoces y b) solo lo has visto una vez? - digo yo, al comienzo temerosa y con nervios.
-         Oh, Oh ¡Dime quien es él! - chilla emocionada mi amiga - ¿Hablas en serio? Tú nunca me preguntas esa clase de cosas, ahora de la nada te interesa alguien. ¡Menudo golpe me has dado!

-         No exageres tanto, además lo único que me interesa en esta vida son los libros y videojuegos. Por lo tanto lo demás no me interesa - le explico dejando todo claro.

-         Por supuesto, típico de ti - suelta un suspiro cansada - como sea voy a descubrirlo quieras o no, debo conocer el susodicho en cuestión ¡Merece mis respetos! Venga que hacerle interesarte por algo diferente de lo convencional, es un milagro.

-         Alardeas mucho. - suelto una risita

Esa noche terminamos hablando del morenazo de la clase, su nombre es Alex, tiene veintidós años practica deporte y trabaja de medio tiempo en un restaurante, no tiene novia por lo que esta disponible. Al menos eso fue lo mencionado por mi amiga, se nota a leguas que trata de ligársela siendo coqueto, cuando por en sima se le nota lo casanova.

Luego de terminar de hablar con Annabeth comienzo con mi tarea en tanto veo televisión en la sala de mi casa, están pasando una serie sobre personas con problemas con su autoestima, sus integrantes mayormente son mujeres con desordenes alimenticios. Una chica trata de adelgazar veinte kilos en una semana, tomando medidas drásticas en su dieta alimenticia solo digiriendo agua y fruta, esta loca es lo único que susurro.
Veo la hora 8:40 genial se me ha olvidado cenar lo que acarrea también pasar de mi pastilla, me levanto con serenidad absoluta para ir a picotear algo en la cocina; estoy a acostumbrada a comer mucho, grandes cantidades y buenos platillos.

Cuando estaba pequeña mi madre no podía cuidarme algunas veces, era enviada a la casa de mis abuelos con mi primo Albert casi de mi edad, de hecho muchos dicen que parecemos hermanos aunque tengamos físicos diferentes. 
Él tiene el cabello ondulado negro como la noche al igual que sus ojos, piel canela, hombros anchos, su estatura es unos centímetros mas alto a mi, pero se caracteriza por tener una sonrisa picara en sus labios acompañado a esa mirada de "oculto algo".
Su padre, mi tío también llamado de la misma manera, trabaja en el extranjero por lo que dejo decir a mi primo el quedarse con mis a abuelos maternos, de su madre no se absolutamente nada.
Como nos criamos prácticamente, nuestros abuelos nos complacían con cualquier platillo que quisiéramos, por lo cual, un día me preparaban algo de mi gusto y al otro eso que desease Albert.
Fueron buenos recuerdos, pienso en tanto me preparo un emparedado de queso, se que mi mamá me ha dejado algo mas sustancioso pero no lo quiero, de comérmelo tendré sueños intranquilos. 

Antes de comer me tomo mi medicamento, sentándome en el sofá y cambiando de canal, lo menos que quiero ver en tanto me alimento es mujeres vomitando.

Al día siguiente me levantó muy temprano solo para arreglar mis cosas, soy un completo desastre ya que me he dejado mi libreta abajo en el comedor, aun voy en pijama cuando encuentro a mi madre. Conozco cuando ella no ha dormido en casa, pues esta llevando la misma ropa de ayer.
Al verme arquea las cejas sorprendida, bebe tranquilamente su café mientras lee el periódico del día de hoy. Susurro un buenos días con la cabeza cabizbaja, sujeto mi libreta con fuerza apoyándola sobre mi pecho, trato de subir rápido para arreglarme e ir a la universidad. Algo me detiene.

-         -¿Has visto la hora? Deberías estar ya vestida y arreglada para la universidad, Heather. Hay ocasiones que pienso en ti y veo una niña. - se sujeta las sienes como si sufriera jaqueca, pero se que no la tiene. Yo soy su dolor de cabeza.

-         Voy... voy a subir - digo sin mas, ignorando todo.

Al estar en mi habitación comienzo a vestirme, hoy he decidido algo sencillo unos pantaloncillos cortos hasta un poco mas arriba de las rodillas caquis, una blusa blanca manga corta rosa viejo y zapatos converce. Cepillo mis dientes y cabello como de costumbre, siempre lo llevo suelto sobre mí espalda colocándome un prendedor poco llamativo.
Sujeto mis cosas bajando las escaleras con prisa, llegaré tarde si no me apresuró para tomar el autobús. Sin embargo, veo a mi madre sentada en el pequeño sillón de la sala, se ha cambiado de ropa esta deportiva e inmediatamente caigo en cuenta que va al gimnasio.

-         Te doy un aventó, de todas formas llegaras tarde si no lo hago - sujeto en sus manos las llaves de su auto.

Nos subimos rápidamente en el auto arrancando, mi madre podría ser estricta pero no poseía malicia alguna, aun tengo retrasos en mi memoria de una mujer sonriente. Ella cambio bruscamente cuando entre a la preparatoria, pocas veces estudiaba, todo el día me la pasaba en el ordenador gritando blasfemias debido a mis juegos, luego venía los libros leídos hasta bien entrada la madrugada y algunas veces amanecía leyendo.

Era todo un espécimen en extinción.

No ayudo mucho que mis hermanos se casaran, tuvieran hijos antes de lo previsto para marcharse se casa, ahora al estar en ese lugar sin nadie se siente muy vacío. Creo suponer que esa es la razón por la cual mamá no esta nunca en ella.
Muchas veces Annabeth trato de convencer para irme a vivir con ella, bueno desde que entro en la universidad se independizó, con ayuda de sus padres claro esta. Mas sin embargo, mamá nunca me ha dejado hacer algo como eso para ella una chica de diecinueve años debe estar con su familia, por lo tanto no hay punto que discutir. Eso y el hecho que no se lleva bien con Annabeth, las dos se fulminan con la mirada si estan en una misma habitación. Es sofocante.
Al rato llegamos de a la hora, aun no le he dicho a mi madre sobre las materias, aunque estoy mas segura de decírselo. De hoy no pasa.
Salgo del auto apoyándome de la ventana para despedirme.

- Gracias mamá, te debo una - le digo sonriendo.

- Bien, ¿Tienes planes para hoy? - pregunta lo que me deja confundida.

- No... no lo se puede que salga con Annabeth, pero no ha confirmado nada - le explicó asombrada.

- Cualquier cosa avísame, me he tomado el día libre podríamos ir a comer, no se fuera de casa tal vez - planea con algo de cautela.

- Suena fabuloso, yo te aviso. - sonrío emocionada.

Me despido de mamá para adentrarme al edificio, le agradezco a lo sagrado porque no debo subir muchas escaleras solo una, porque a la derecha de ellas se encuentra el aula. Hoy me corresponde ver tres hermosas horas de matemáticas divertidas (si eso es sarcasmo), para completarlo horita mismo veo dibujo I. Mi técnica no funcionara.

Entro al aula como una zombie, cabisbaja, mirada perdida y animo por los suelos. Suerte que se trata de la misma profesora ya mayor pero muy amable, ella se encuentra revisando unos documentos pero cuando entro, alza su mirada saludándome alegremente por cortesía hago lo mismo.
Tomo asiento un poco lejos de los demás, al pesar de solo transcurrir un día ya se han relacionado ¡Qué rápido! Recuerdo cuando inicie mi primer semestre, nosotros fuimos un poco más cerrados en ese aspecto pero hicimos buenos lazos.

De inmediato reconozco al moreno de ayer, esta hablando con otro chico que me da la espalda parece muy animado porque no para de sonreír, por un momento nota que lo observo y me saluda levantándome la mano. Quedo muda.
¿Y este que le pasa? Oh... claro, esto no puede ser obra de nadie más que Annabeth. A lo que lo imito con una sonrisa fingida, volteo sacando mi teléfono de mi bolsillo para mandarle un mensaje a esa rubia tonta. La matare.

¿Le has hablado al morenazo de ayer de mí? Me ha saludado como si me conociera. Pd: te matare.

No tarda mucho en contestar la muy cínica, la conozco tanto que se cuando se hace la inocente.

"Buenos días Annabeth, ¿Como amaneciste? ¿Ya vas a llegar?" Por cortesía deberías decir eso. Pd: aun me debes el conocimiento de saber el chico que te interesa, considéralo venganza.

Oh dios ¿venganza? ¡Esta loca! Pienso que no le he dicho si quiera un "me gusta un chico", tan solo insinué algo con una inocente pregunta. Ahora a verle dicho algo mucho más fuerte... no vivo para contarlo, o mejor dicho, no vive para contarlo.

Ya te he dicho que alardeas mucho, además eso es una completa estupidez, ni si quiera lo conozco ¿Como puede ser eso posible?

Y es cierto, no puedo gritar a los cuatro vientos que me gusta una persona ¡Ni se su nombre! Esto es completamente irracional. Además de como diría mamá, fuera de discusión punto y final.
A los segundos llega una respuesta corta:

Tus sentimientos no son una estupidez.

Acto seguido, la veo entrando al salón con móvil en la mano mirándome con un poco de hostigamiento, bajo la mirada hacia la mesa escuchando a la rubia saludando a nuestra maestra.
Se acerca con pasos cautelosos a mi, luego me da dos besos uno en cada mejilla y se sienta, primero deja su bolso en la mesa suspirando cansada.


- Nunca te lo he dicho pero... ¿Tienes problemas de autoestima? - me pregunta con mucha seriedad.


- ¡Qué tiene que ver eso! - le reclamo por lo bajo.

- ¡Dios! Eres bonita, carismática y con una actitud increíble, creeme que cualquiera caería ante eso. ¿Acaso importa si es correcto sentir algo o no por alguien que solo has visto una vez? - recalca casi regañándome.

- Solo razona un poco Annabeth, para gustarte alguien al menos debes saber su nombre y...

- Para gustarte alguien solo debe parecerte bien parecido y listo - me interrumpe.

- ¡No! Eso sino tan superficial. - no me contuve y comencé a reír.

Nunca podría con la psicología de esta mujer pensaba y decía unas cosas solo por salir del paso, aunque existía algo cierto en sus palabras: "para gustarte alguien debe parecerte bien parecido". Si. Pero pensé que eso se centraría a lo físico, dándome a entender que lo de ese entonces primeramente es solo físico.
Sin embargo, mí corazón me dictaminaba otra cosa temiendo mas a eso.

- Hola señoritas - alguien nos hizo sobresaltar - Annabeth hoy estas radiante, espero no incomodarte con mi comentario.

- Para nada - contesto halagada.

Se trataba del morenazo Alex, quien envolvió con su aura a mi amiga sacándome del campo visual, la verdad no me interesaba sobre lo que estaban hablando.Mis ojos se fijaron en el muchacho que hace unos momentos conversaba con Alex, me daba la espalda por lo tanto no sabia su rostro, el cual me intriga demasiado. Pero la voz de la profesora hizo darme la vuelta haciendo perder mi concentración en el muchacho, me daba igual tenia que estudiar para poder pasar esta asignatura.
Escuche unas sonritas a mi lado, puse mis ojos en blanco esta Annabeth no le importaba donde se encontrase, para ella era mas importante conversar con Alex. Puedo jurar que la cosa era mutua.

En fin mejor comenzaba a prestar atención, la maestra empezó a explicar unos ejercicios en la pizarra según ella era para un repaso, debíamos preguntar sin teníamos una duda haríamos unos ejercicios evaluados al final.

Ejercicios evaluados.

Al final.

Mentalmente proferí un grito imitando al cuadro del mismo nombre, si no podía tener la peor de las suertes en estos momentos.

- No se preocupen esto es muy sencillo y para ser buena onda lo harán en parejas.

Inmediatamente sonrió de oreja a oreja, me vuelvo donde esta mi mejor amiga para garantizar que las dos lo realizaremos juntas. Menuda traidora. De una vez que busco sus ojos ella me regala una mirada de cachorro regañado, valla que la conozco muy bien por eso se cuando me esta pidiendo algo. "Solo por esta vez déjame hacerlo con Alex, te lo pido no, te lo suplico por nuestra amistad", si tuviese una clase de poder de leer mentes la rubia me estaría diciendo esto.
El aire se me escapa por la nariz en tanto bajo mi cabeza al igual que mis hombros, no puedo hacer nada mas por ella que esto ¿Por que no? Digo le debo mucho Annabeth, además se nota que en verdad la gusta a Alex. Alzo mi dedo pulgar dando señal de su decisión ¿Qué podría suceder?

La maestra termina de explicar las operaciones e inmediatamente nos pide formar parejas, noto como Annabeth y Alex pegan sus mesas con sonrisas en sus labios, no lo entiendo pero algo dentro de mi se alegra por ellos. Otros de mis compañeros tímidamente se piden entre ellos para hacer la actividad, caigo en cuenta lo que puede suceder. He quedado sola. Bajo la mirada decaída ¿Quien necesita un compañero(a)? Si te tienes a ti misma nada importa, mentalmente suelto un quejido lastimero. Eso son pensamientos de una solitaria ermitaña.

- ¡Oh! ¿Has quedado sola? No importa, de hecho tu compañero a tu derecha también lo esta. ¿Pueden reunirse para hacer la actividad? - pregunta en tanto nos señala a ambos.

- Yo... por mi no hay problema - respondo aun sin ver al chico.

- Perfecto - aplaude emocionada.

Es cuando sujeto mi mesa para moverla hacia la izquierda y lo miro, me congelo por completo faltándome la respiración en el proceso. Es él, me dice una vocecilla en mi mente, el chico de los ojos color mar tan profundos e intensos como el latir de un corazón desbocado.
Siento mi garganta seca, mis mejillas ardiendo por la sangre acumulada en ellas, las piernas comienzan a fallarme pues las comparo con una gelatina. No, no, no ¿En verdad debo de compartir la actividad con él?

Esto será una dulce tortura.

El chico de ojos mar parpadea varias veces por alguna extraña razón, también sostiene su mesa por lo que decide colocarla justo al lado de donde he soltado la mía, de seguro debe pensar que soy una idiota o tal vez rara. Que vergüenza. Sin más me desplomó en mi silla tratando de regular la respiración agitada que tengo, al igual de la situación de estos momentos de mi corazón. ¿Acaso soy idiota? Porque al sujetar mi lápiz el puso me tiembla, le doy gracias al cielo que ojos mar esta mirando a otro lado de lo contrario, mi cara ya no tendría mas espacio para la vergüenza.
Miro a mi "supuesta" amiga que esta de sonrisitas con Alex, claro ella disfruta a lo grande y en cambio yo sufro con esto ¿A caso piensas castigarme mas? Es lo que quiero decirle pero no lo hago, por lo tanto me encargo de solo fulminarla con la mirada.

-         ¿Quieres que yo escriba o lo haces tú? - una voz pregunta a mi lado.

Volteo inmediatamente dándole la cara, lo miro directamente a sus ojos azules y se me va el aire, algo extraño ocurre conmigo sin duda alguna. Hasta su voz es hermosa, aterciopelada, calmada y muy masculina. Decidí responderle.

- La verdad... no me importa si quieres hacerlo ¡Claro! De no haber inconveniente - digo algo nervioso.

- No la hay, entonces tomare prestado tu lápiz.

Acerca su mano estilosa a la mía tomando el lápiz, hay un breve toque de nuestras pieles haciéndome sentir una pequeña electricidad. ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¿Me lo habré imaginado? No, no lo creo porque aun siento su suave toque calido en mi piel.

Mi mente viaja cuando iba a la preparatoria, un grupo de compañeras nos reunimos en un circulo alejada de los chicos, ellas hablaban de temas determinados y ridículos para mi. Solo fui una vil oyente pero intervine una sola vez.

- ¿Crees en el amor a primera vista? - me pregunto una.

Obviamente abrí mis ojos a par por tal pregunta absurda, no creía en eso y nunca lo haría. ¿Amor a primera vista? ¡Patrañas! Eso no existe.

- No, no lo creo y discúlpeme pero es la cosa más absurda que he escuchado jamás. - repuse, sin anestesia alguna.

- ¿Por qué lo dices? No creo que sea absurda, además le puede suceder a cualquiera incluso a los incrédulos, al igual que a ti Heather - recalcó otra con gracia.

- Para mi al hablar del "amor" se necesita conocer a esa persona al menos a cierto grado, de lo contrario solo lo catalogaría de atracción o gusto. - cruce mis brazos alzando mí mentón.

-         Te equivocas Heather, si sientes un sentimiento difícil de explicar junto con una sensación calida en tu interior, eso lo puedes llamar amor sin importar con quien lo sientas. Aun si se trate de alguien al que has visto por primera vez. - explicaba una gran amiga mía, Lizzy.

De vuelta al presente, me pego mentalmente por ello aunque seguía sin creer en tal cosa del "amor a primera vista" ahora experimentaba aquello. ¿Eso es a lo que llaman el karma? Porque en estos momentos puede que si lo sea.

- No me has dicho tu nombre, yo soy Mathew Morrison - volteo hablándome con cortesía.

- Heather Macqueen - respondo asombrada.

- Heather... Heather... es un nombre poco común pero es bonito. - dice él, aun escribiendo pero sonriendo ampliamente.

Algo explota dentro de mi corazón haciéndome bajar mi cabeza, es esa sonrisa radiante que posee este chico, ahora puedo decir que no solamente tiene unos ojos encantadores su sonrisa también lo es. Me sonrojo hasta las orejas por el comentario y mi pensamiento, él ha dicho que mi nombre es bonito con ese toque exquisito de su voz. ¿Esto es un sueño? Porque no deseo despertar, le doy las gracias a la loca de mi amiga por querer hacer esta actividad con Alex. Vivirá más tiempo para contarlo.

Al cabo de un rato nos hemos repartido el trabajo en dos así terminaremos mas rápido, aun así sigo siendo pésima para los números por lo que tardo un poco mas de lo convencional, por otro lado Mathew es ágil en ese aspecto ya que mantiene su rostro sereno durante mucho tiempo. Ambos nos mantenemos en silencio lo que a mi parecer es bueno, aun estando alejada de la parejita fastidiosa los puedo escuchar soltando risitas. ¿Acaso habrán hecho algo? Lo dudo realmente.

Entonces enfocó mi mirada en la hoja del ejercicio, la cabeza me da vueltas, por lo que mi mente solo repite una y otra vez "odio los números". Es cuando siento la cercanía de alguien casi sobre mi, se trata de Mathew que posee sus hermosos ojos azul mar sobre mi haciéndome perder toda la posible concentración. Cerca, cerca, lo tengo muy cerca este corazón mío quiere salir corriendo de mi pecho, su olor es embriagador pues me entra por las fosas nasales haciéndome colapsar, me siento como un imán que se siente atraído por él. ¿Lo tonto? Todo esto lo siento en solo un segundo, un segundo para tener un viaje de emociones con este sujeto.

- Heather esto es muy sencillo te ayudaré a resolverlo - dice muy serio, sujetando mi mano como si fuese niña de escuelita - el exponente x se le restara al exponente de la Y dando como resultado la incógnita w, ¿lo ves? No es tan difícil de hacer.

Aleja su calido toque de mí al igual que su cuerpo. Estoy asombrada que ni puedo pronunciar palabra, ojos mar me a tomado de la mano y explicado un ejercicio que siendo sincera no preste atención. ¿Qué era esto? Porque parecía sacado de una comedia romántica o de un libro, trate de volver en mí alejándome de toda la fantasía posible de mí alrededor.
La profesora hablo dictaminando que faltaba unos momentos para entregar, ojos azules tomo la hoja con mis ejercicios resueltos para pasarlos en limpio, solté un suspiro con sabor a realidad. Todo lo podría estar alardeando, para ser mas precisa producto de mí imaginación, debía de admitir que tal cual como se comportaba él era como yo quería que se comportase.

¿Patético no?

-         Termine, voy a entregar ¿bien? Ya puedes relajarte - comenta con una sonrisa picara.

Río por lo bajo debido a su comentario, desde mi lugar lo veo caminando hasta la maestra a la cual le entrega la hoja de ejercicio ella la mira le menciona algo, ojos mar voltea hacia donde me encuentro señalándome. Me vuelvo a sonrojar. La profesora sonríe volviéndole a hablar algo y es cuando se retira, se sienta de nuevo a mi lado tranquilamente.

- Hemos terminado primero que todos, la profesora nos ha alagado - dice el con mucho tranquilidad.

- La señora Margaret es muy amable aunque... trata de llevarle la contraria, sacaras lo peor de ella - relato recordando.

- No la juzgó ¿Acaso a ti te gusta que te contradiga? - pregunta con un tono de ironía.

- Claro que no, pero creo que eso dependería de la ocasión - me encojo de hombros - Suponte que estés delante de una bomba y debes apagarla pero no estas solo, alguien te acompaña y te dice "corta el clave rojo" aun así tu no quieres por lo que decides cortar el verde. ¿Y si resulta ser que te has equivocado? Morirían los dos.

- En ese caso... no desearías estar a mi lado - muestra su sonrisa ancha brillante.

- De seguro que si - río por lo bajo.

Por un momento nos quedamos en silencio para luego ambos reírnos debido a mi argumento, ojos mar se tranquiliza para mencionarme que tengo una rara manera de plantear cosas. Termina la clase levantándose todos de sus asientos entregando los ejercicios en proceso, Mathew los imita no sin antes decirme "nos veremos por allí"; mi corazón estalla nuevamente con una cantidad de emociones. Desde la ansiedad, miedo y emoción, mucha de esa.
Con mis sentimientos aun a flor de piel llega Annabeth colgada del brazo de Alex, al verme chilla diciéndome que comeremos con él y un amigo. Tengo ganas de gritarle si esta loca, pero no lo hago por lo que me limito a sonreírle de manera hipócrita solo a ella. Salimos al pasillo caminando tranquilamente hasta que algo se sacude en mi bolsillo, introduzco mi mano sacando mi teléfono mirando la pantalla es una alarma, una alarma... ¡Maldición! Se me olvidado que anoche programes esto para tomarme mi patilla para la gastritis, llamo a la rubia que habla muy amenamente con su morenazo.

Mis ojos se ven desesperados por lo que ella lo capta de inmediato, me deja retirarme con la condición de vernos en el cafetín.
Salgo disparada hacia los baños llevándome un mar de gente, al llegar cierro la puerta quedándome sola completamente, es mi oportunidad para deslizarme por la pared hasta el piso. Suelto el aire que llevo acumulando todo este tiempo, estoy cansada eso que apenas esta empezando el día aun ni me creo todo lo ocurrido. ¿En verdad he estado con ojos mar? ¿En verdad conocí su nombre? Es increíble, sobre todo el sentir su azul mirada en mí.¿Será eso? Lo que ese día me preguntaron mis compañeras para ese entonces, el amor a primera vista cosa absurda para mí desde tiempos inmemorables, seria una cosa absurda que me pasase a mí en estos momentos.

Necesito hablar con alguien sobre esto, no con Annabeth ella me lanzaría a sus brazos sin anestesia y no quiero, necesito un punto de vista imparcial en esto. Busco en mi celular un contacto importante, la cual me dio su opinión hace un par de años atrás de esto. Lizzy. Ella es una chica sumamente tierna, confiable y muy amigable, por un largo tiempo fuimos grandes amigas pero perdimos comunicación al ir a la universidad; lo último que supe de ella fue que se caso y ahora tiene una hermosa niña, Anastasia.
Consigo su número con rápidamente, pero no alcanzo a marcarlo, una fuerte contracción tira fuerte de mi en la boca del estomago, el celular se me resbala de las manos al suelo. Trato de reprimir un grito de dolor mordiéndome los labios, como estoy en el suelo gateo sosteniendo la zona del dolor hasta mi bolsa, tratando de respirar profundamente para evitar llorar. Pero es inevitable. Comienzo a sollozar saliendo pequeñas lágrimas de mis ojos, el dolor es tan insoportable como si me patearan allí una y otra vez sin descanso; logro llegar hasta mi objetivo sin perder tiempo buscando mis medicamentos. Me llevo uno a la boca tragándolo sin agua alguna, consigo recostarme en los azulejos del frío baño esperando que el dolor seda, poco a poco las puntadas van desminuyendo dejándome con esa rara sensación de vacío.

¿Qué pasa conmigo? A cabo de tener una de las peores crisis de gastritis porque olvide tomarme mi pastilla, entiendo que un chico tiene de cabeza mis pensamientos pero no por eso debo descuidarme.
Me levanto del suelo sacudiendo mis ropas al igual que recogiendo mis cosas para salir del lugar, se que me he tardado mucho porque noto un texto de Annabeth le respondo a ese con otro de que voy en camino a desayunar, la verdad es que muero de hambre quiero comer un emparedado de queso con jamón.  Recordando mí acción antes del ataque le mando un mensaje a Lizzy, diciéndole que quiero verme con ella si es posible esta tarde no habiendo inconveniente por su lado, pero no llega respuesta inmediata por lo que esperare en tanto como. Y ahora que lo menciono ¿Quien será ese amigo de Alex con el que debo comer?

Mejor no hubiese preguntado, mi impresión es tal que sujeto con fuerza el teléfono, el aire que he recuperado mas o menos luego del dolor insoportable se ha vuelto a escapar. ¿Como es esto posible? ¿Una jugarreta de dios? Porque no encuentro explicación alguna.

Frente a mis ojos Alex y Annabeth acompañados de chico con ojos color mar sonriendo al verlos, por muy extraño que parezca no esta incómodo por estar acompañándolos, todo lo contrario pues se ha adaptado a ellos muy bien. Comienzo a caminar hacia ellos con pasos de gelatina, por todo lo bueno y malo de este mundo ¿Acaso las coincidencias existen? Porque todo esto junto por un solo día es demasiado.
De pronto Annabeth se da cuenta de mi llegada alzando la mano para saludarme, ojos azules se sorprende al verme pero me sonríe con un toque calido, un sentimiento tibio nace desde mi pecho hasta llegar a la punta de los dedos de mis pies. Oh, puede que en verdad este enamorada de un sujeto que ni conozco, esta absurda situación me esta ocurriendo de verdad.

Mi amiga se congela por alguna extraña razón por lo tanto sigue la dirección de mi mirada hasta ojos mar, se sorprende y luego se enfoca en mi alzando sus cejas con picardía. "Lo he descubierto" puedo leerlo en su expresión de ganadora, es como si se hubiese ganado la lotería y es... vergonzoso.
Tomo asiento al lado de ojos mar que aun me observa cuidadosamente, tanto que me siento algo nerviosa e incomoda.

- Siento la tardanza, se presento un problema... no conseguía mi teléfono. - mentí.

- Oh dios pensé que te paso algo, pero bueno ya estas aquí que es lo importante. Ya sabes me tome el atrevimiento de pedir tu desayuno. - dice sonriéndome, extendiendo un plato con mi comida.

- No puedo creer que siempre des en el blanco con mis deseos, eres increíble Anna - la halago sinceramente.

- Veo que no es mentira lo que me has contado, ya sabes tu buena amistad con Heather. - interviene Alex - Por cierto ¿Ya conociste a mi buen amigo Matt?

- Si, estuvimos juntos en matemáticas. - digo yo, en tanto le doy un mordisco a mi pan.

- Con respecto a eso, lo siento por secuestrar a tu amiga pero estábamos conversando muy a gusto. - voltea dándole una sonrisa cómplice.


Me encojo de hombros restándole importancia al asunto, aun le agradezco a la divina providencia de Annabeth junto con sus hormonas revolucionarias, el querer hacer esa dichosa actividad con Alex, de lo contrario nada de lo que descubrió lo hubiese conocido.
Inmediatamente nos sumimos en una conversación amena, Alex relataba con el tipo de personas con las que tenia de tratar, pues mayormente eran obesas por lo tanto su lugar de trabajo es un restaurante de comida rápida, Annabeth no parecía asombrada al escucharlo. Ya lo sabía.

Una vez tuvo que presenciar la ruptura de pareja de gorditos, la chica lo descubrió con otra mujer y al verlos le lanzo una bandeja de burritos a la cara, el chico con su rostro lleno de salsa con carne profirió unos gritos al cielo "Que gran desperdicio"; según Alex aun recuerda sus gritos. Ahora se quedo solo, es decir, sin el chivo y sin el mecate pues su acompañante le dio una bofetada marchándose del lugar, la ex-novia dolida le pateo en la entrepierna saliendo del restauran hecha una bola de fuego ¿Y él? Se limito a llorar como bebé de brazos en tanto comía papas fritas. Que tipo de cosas las de presenciar en un lugar, aunque si estuviese mirando algo así moriría de la risa al ver al chico llorando en tanto comiese, de alguna rara forma me recuerda a una chica despechada ingiriendo kilos y kilos de helado, estando frente de un televisor transmitiendo una película dramática.

Ahora que lo pienso ¿Por que se pondrá de esa manera? Bueno... no puedo decir nada de ello pues nunca he experimentado tal cosa del despecho, si ni siquiera me he enamorado de alguien.

- ¿Y que hay de ti Heather? No trabajas en algo - me pregunta con curiosidad Alex.

- Que va, Hemo lo mas brutal que hace es dormir y eso ya es mucho - responde por mi Annabeth.

- Oye... - rezongo por lo bajo.

- Mejor ni digas nada, con lo que me contaste anoche tu tampoco haces grandes cosas. Anna. - recalca mucho su nombre el moreno.

Suelto una risita divertida en tanto los veo discutir cosas sin sentido, mi voz interna dictamina que hacen una muy bonita pareja, hasta ya discuten como una ¿Hasta que grado ya se conocen? No es posible en un solo día llegar a tanto, parecieran amigos de tantos años. Es ahí cuando me pregunto si mi amiga esta experimentando lo mismo que yo, aunque viéndola interactuar de esa forma me lo responde todo.
Me alegro por ella, cuando estaba con Marloon no era 100% feliz la encontraba enojada, violenta o sino triste. Si. Estilo esas chicas frente a un televisor comiendo helado, de tan solo imaginarlo hace que quiera reírme caí ahora mismo. Aun así no lo hago, mí teléfono hace una nueva sacudida impresionándome, ojos mar que hasta ahora se mantenía solo sonriendo voltea a verme.


- Oh... ¿Acaso te llama un pretendiente? - lo escucho con voz divertida.

- De eso nada, además que es un mensaje de una gran amiga - contesto al ver al fin la respuesta de Lizzy.

-         ¿Amiga? Según escuche de Annabeth no tienes muchas, dijo que ella era la mas cercana a ti - confiesa un tanto confundido.

Aprieto el aparato con fuerza en mis manos, esa rubia que tengo por amiga debería aprender a cerrar su boca de vez en cuando.

- Bueno una parte de eso es cierto, pero esta amiga del mensaje tengo mucho tiempo sin verla, mas bien... es como un reencuentro. - explico tratando de guardar mis emociones.

- ¿Hace mucho que no la ves? - pregunta.

- Si, mas o menos medio año.

- Eso es mucho.

Y ahí acaba la conversación debido a los chillidos combinados con risa de Annabeth, volteamos para ver a ese par tratando de hacerse cosquillas, tienen una fuerte aura envolviéndolos. Miro a ojos mar y noto un tono de nostalgia encima de él, es como sino estuviese observándolo a ellos en vez de eso esta perdido en su mente ¿Un recuerdo? No lo se.
Entonces fija su azul mirada en mi sobresaltándome, creo que me he vuelto colorada.

-         ¿Crees en el amor a primera vista? - me pregunta sin anestesia.

Oh, Oh ¡¿Qué demonios significa esto?! Mi cuerpo entero se congela pero hay algo que sigue vivo, se trata de mi corazón. Esta es la situación más bizarra, absurda y estúpida de toda mi vida. Es decir, el chico que ha puesto de cabezas mi mundo me esta preguntando algo como esto, debo de estar en una buena racha horita.

- No... Jamás he creído en semejante cosa - menciono todo estando descolocada.

- Somos dos entonces, pero es cuando entra este par en juego. ¿Como es que en tan solo un día se lleven muy bien? Son un fenómeno - ríe con gracia mirándolos.

- Aguarda, sin ánimos de ofender ni nada pero Alex se me pinta muy mujeriego. ¿Quien me certifica que no esta jugando con Annabeth? - pregunto muy a la defensiva.

- Mmmm... Tienes un excelente ojo, pero yo que soy su amigo te puedo decir él no intenta jugar con tu amiga. De hecho, llevaba tiempo sin verlo tan animado. Va enserio. - dice en un tono tan serio que me lo termino creyendo.

Mathew es muchacho con muchas cosas enigmáticas a su alrededor, solo basta con observarlo de perfil para descubrirlo. ¿Qué guarda bajo esa fachada de niño sonriente tranquilo? Puede que ya me he vuelto loca pero, quiero estar más cerca de él tanto como para conocerlo a profundidad. A estas alturas no me importa si me gusta o experimento un amor a primera vista, lo único que deseo es estar a su lado aunque sea con pasos de bebé. Eso por ahora me basta.
Salimos de la cafetería rumbo a nuestras respectivas clases, Annabeth debe volver con ellos para su otra materia repetitiva yo por mi parte, iré a ver otras clases con nuestros compañeros del segundo semestre. La rubia se ve tan sonriente colgada del brazo de Alex que es como si Matt y yo no existiéramos, me limito a solo observar como interactúan, no tengo idea si lo que ojos mar a dicho sea cierto pero sea lo que este haciendo Alex, no espero verlo frenar pues lo esta haciendo muy bien.

Los acompaño hasta la puerta, Annabeth me sujeta de los dos brazos estilo dramático de su parte obligándome a verla, me pide que en el próximo descanso le mande un texto para ver si estoy bien. Noto como Alex arquea una sola ceja, por lo que me limito a decirle "exageras ¿Acaso eres mi madre? " ella solo sonríe, de pronto se detona la vena de las ideas en ella ¿Como lo se? Su mirada brilla. Me invita a almorzar con ella, Alex y Matt, al mencionar ese último mi sangre empieza a bombear con mas fuerza. Como de costumbre la rubia da en el blanco con mis deseos, esto es una oportunidad única en un millón ¿Quien no quisiera? De esta manera puedo conocerlo mejor.
Estoy a punto de aceptar hasta que la conversación de mi madre conmigo llega a mi mente, le he prometido comer con ella y eso si es aun mas raro que esto. Me limito a rechazar la oferta. Annabeth refunfuña por este hecho, pero lo entiende así que entra al interior del salón aun con esa actitud de niña pequeña, voy a dar mi retirada triunfal hasta que algo me detiene. Una mano. Estilosa. Calida. Parecida a la de un pianista. Mathew ojos mar.

Mi primera impresión es congelarme hasta los cimientos ¿Qué significa esto? ¿Por qué me detiene? Además al verlo a su rostro tiene una expresión difícil de describir, ¿alarmado? ¿Asombrado? No lo se.

-         ¿En verdad no puedes venir? Es que no quiero ser de paraguas de ese par - señala hacia atrás.

Así que era eso.

- Si lo siento mucho, además que no quisiera estar en tus zapatos - le digo con tono de broma.

- Esto es karma entonces, por lo de la bomba explosiva me refiero. - me suelta el brazo, encogiéndose de hombros.

- ¿Aun sigues pensando que es rara manera de plantear algo? - pregunto con un toque inocente.

- Si pero... es interesante, igual que tu. - me dice sin anestesia.

- Eso... ¿Eso fue un cumplido o coqueteo? - señalo con gracia.

-         ¡Heather! - alguien grita mi nombre, sobresaltándonos a los dos - ¡Oh eres tu en verdad! ¿Vas clase? Porque vamos tarde.

Se trata de Marcos un compañero de clases, parece algo agitado de seguro viene corriendo. Él es un chico sumamente amable, poco le hablo pero en estos momentos en verdad ha roto por completo la atmósfera. Suspiro ¿Qué importa ahora? Debo volver a la realidad.

- Tengo que irme - señalo a dirección a Marcos - siento en verdad no poder acompañarte con lo de ser paraguas.

- No hay problema, será aburrido sin ti pero sobreviviré - dice con simpleza, a mi se me para el corazón.

-         Entonces... te veo luego.

Camino hacia donde me espera Marco algo frenético, lo saludo mencionándole que no se preocupase. Fue cuando Matt me detuvo de nuevo, en esta ocasión fue su voz.

- Nos vemos y con respecto a tu pregunta, es una combinación de ambas. - culmina diciendo.

Mis ojos se salen de orbita, Mathew Morrison a admitido que me ha coqueteado y dado un cumplido a la vez. ¿Como demonios me tomo eso? Con esos pensamientos camino rumbo a clases. He de admitir que a partir de ahora la historia se pone aun mas extraña, no pude concentrarme para nada en mis dos clases restantes lo único que rondaba en la cabeza era las palabras de Matt. Había coqueteado conmigo, enfrente de un compañero de clase que no paraba de preguntar por ese chico, ¿Qué respondí yo? Tan solo es un compañero en dos clases de mis materias repitientes. Aunque dije eso mi corazón dictaminaba otra cosa, no paraba de gritar que ojos mar era el muchacho que tenía sentimientos encontrados.

Antes de salir de clase le mande un texto a mi mamá, cancele los planes con Annabeth ahora estaba libre para almorzar con ella, inmediatamente me contesto con que me recogería de inmediato. Ambas vamos a comer en un restaurante de alta categoría, mi madre siempre le ha gustado el lujo en todo momento hasta la hora de comer, siempre he tenido las mejores cosas desde teléfono hasta la ropa. La verdad cambiaria todo esto por más minutos con mi mamá, siempre se la vive trabajando en el hospital y la clínica casi nunca la veo en casa. Esto es un milagro.
Se toma el atrevimiento de pedir mi orden, como sabe que tengo gastritis se decide por una comida balanceada con pocos carbohidratos y muchos vegetales. Me siento al igual que una tortuga, monte, monte y mas monte; desearía comer un bistec se carne termino medio sobre mi plato, patatas fritas alrededor junto salsa de tomate, de jugo un té frío de durazno. Pero no pido imposibles.

Me limito a comer en completo silencio, en tanto mi madre depende de aquel aparato llamado celular, la verdad es que ella llama esto día libre pero no se despega ni un segundo de su trabajo; esta comunicada con su asistente de la clínica por sus pacientes. Con respecto al hospital, enfermeras le informan el estado de sus pacientes o cualquier irregularidad. Termino mi comida estando lista para ordenar mi postre, pero ni eso puedo, mamá me ha pedido una copa con puras frutas escogidas especialmente por ella. ¿¡Qué demonios?! Esto es peor de lo pensado ahora soy una maldita cría que no pude hacer nada sin su mami, esto es lo último que me faltaba para completar mi vida.

- Al menos puedes soltar ese aparato en tanto comemos - le mando, enojada por completo.

- Lo lamento, solo es que tenemos a un niño en cuidados mínimos por un accidente de auto no despierta y... - me mira a los ojos y frena su monólogo - solo lo siento.

- Mira mamá, en ningún momento me he quejado de tu trabajo es mas estoy impresionada con todo lo que haces pero, ha sido tu la que decidiste esto no yo. - recalcó, metiéndome otra cucharada de fruta a la boca.

- Lo se, solo pensé que casi nunca compartimos momentos juntas ¡Ni los fines de semana! Siempre es el trabajo, tus estudios o esa amiga que tienes. - el tono con lo que lo dice es de asco - Solo no quiero ver y darme cuenta que has crecido lo suficiente para depender de mi, no solo eso casi no se de ti o tu vida universitaria. Por cierto... ¿Como te va?

- Hablando de eso... veras mamá...

Y algo nos interrumpe de nuevo, el teléfono de mi mamá suena ella se disculpa levantándose de su asiento para contestar la llamada, la veo de lejos entablar una conversación intensa. Lo único que le logro escuchar es "¿Acaso te has vuelto loca?" Y "No, ¡No se suponía que esto pasara! ¡Es mi día libre!" Luego se que vendrá a continuación porque rápidamente paga la cuenta, a lo que estoy obligada a medio terminar mi postre de frutas.

Vamos rumbo a casa a toda velocidad por la autopista, mamá lleva el manos libres siguiendo su discusión con la que supongo debe de ser su asistente, según entiendo debe de ir al hospital por el niño de la UCI. Suelto un suspiro mirando la hora, quede con Lizzy en encontrarnos a las cuatro y media en una cafetería por lo que aun es temprano, me pregunto como estará Annabeth en su salida con Alex y ojos mar.
Por un momento me arrepiento de a verles cancelado, sino fuese tan ingenua estaría ahora con ellos y no este fiasco de intento de conexión con mamá. Llegamos a nuestra casa, mi madre lanza la puerta con fuerza colgando la llamada para moverse por toda la casa, me limito a quedarme a pie de las escaleras observándola en silencio. Rápidamente la veo cambiada de ropa con un maletín y una bolsa la que utiliza para cuando tiene guardia, en su cambio de ropa me dice una voz en mi mente, es decir que hoy no llegara a casa.

- Habla que es lo que te pasa, no solo te quedes callada mirándome reprimiendo tus cosas. - habla con un tono agitado.

- ¿En verdad quieres saber lo que me pasa? ¡¿En verdad?! Porque puedo decírtelo claramente mamá. Me pasa que nunca estas en casa y cuando estas es realmente como si no estuvieras, ya puedes tomar como ejemplo el chasco de almuerzo del día hoy...

- Heather ya te dije que... - me interrumpe con un toque cansado.

- No, escúchame tú a mi mamá. Estoy cansada de esta maldita situación, no pretendas hacerte con que quieres compartir más conmigo porque es mentira. ¿Acaso sabes como voy en la universidad? He tratado de decírtelo pero no quieres escucharme. Mamá debo presentar dos materias que se me han quedado del semestre pasado, espero que puedas con esto.

Dicho esto salgo corriendo escaleras arriba con los gritos de mi madre a cuesta, no me importa porque me encierro en mi habitación, buscando el reproductor de música colocándome auriculares así olvidándome de todo y de todas. Al rato escucho a mi mamá comentando que hablaremos de eso luego, debe marcharse al hospital y no llegara el día de hoy. Estoy tan enojada que no le contesto nada, desearía por unos segundos que mi familia no estuviese tan fracturada como lo esta ahora, al menos tengo el consuelo de saber que mis hermanos son felices.

Me levanto de la cama buscando en mi mesita de noche el libro del "psicoanalista", he pasado a la parte donde se hace pasar por un mendigo sin nombre o algo, al menos sigue vivo y se tiene a si mismo. Maldito señor R ¿Están poderoso como para arruinar la vida de una persona? Estoy hasta atentada de ir al final, pero no lo hago, perdería el sentido de estar leyendo esta maravillosa historia. Al cabo de un rato noto que se me esta haciendo tarde para el recuentro con Lizzy, me pongo en marcha buscando mis cosas al igual que el celular. No tengo ningún mensaje hasta hora, es un poco irónico pues deseo con todas mis fuerzas un señal de humo de Annabeth, cuando me quedo sola en casa siempre termina invitando a una fiesta. Hoy no.  Primero esta que ni si quiera conoce la situacion en la que estoy, segundo esta apostándolo con los ojos cerrados con Alex y tercero no estoy en mis días de suerte.

Salgo de la casa dispuesta a tomar un taxi hasta que mi celular se sacude furiosamente, al comienzo pienso que se trata de mi mejor amiga pero no es así, es un remitente desconocido. Raro. No tengo a nadie que me escriba excepto mi familia o Annabeth. Abro el mensaje a la misma vez que me monto en un taxi, la sangre se me congela al igual que todo mi cuerpo, de hecho unico que siento es un frío glaciar por todo mi cuerpo. No se si catalogar esto de bueno o malo.


¡He sobrevivido! Ser Paraguas de ese par no es una actividad fácil así que, como soy una buena persona no te desearé algo igual (aunque muy en el fondo lo haga, no te preocupes es muy, muy, muy en el fondo) . Recordando tu salida con tu madre espero que halla salido bien, pero por una extraña razón Annabeth me ha dicho que eso es imposible ¿me lo explicarasAdemás te deseo lo mejor de los encuentros con tu amiga.
Pd: Annabeth me dio tu número, soy Matt :')

Oh dios, Oh dios ¡Bendigo y maldigo a la vez a esa chica! ¿Como ha podido darle mi número a ojos mar? Ella en verdad desea ser una víctima en mis manos, estoy hasta preparando mi venganza en su contra, será muy al estilo Señor R del psicoanalista. Antes de eso debo responderle a este chico el mensaje, tomo una bocanada de aire antes de pensar en algo razonable; bueno puedo comentarle lo de ser paraguas. Con respecto a mi madre eso aun es muy pronto, pero se lo diré mas adelante.


¿Así que sobreviviste? Lo supuse nadie muere por ver tanta miel junta, pero conociendo a mi amiga sería mas bien picante de salsa tabasco junto a Alex. Con respecto a lo de mi madre, si, Annabeth tiene toda la razón por ahora vamos a dejarlo hasta allí, aun así te prometo que lo explicare pero no mañana solo después.
En estos momentos voy a encontrarme con Lizzy (ese es su nombre) y Anastasia (esa es su hijita y si tiene una) así que gracias por esas energías positivas.


Pulso el botón enviar con una sonrisa dibujada en mis labios, si cada vez que voy a peliar con mi madre me ocurre algo así, me encantaría ofrecerme como voluntaria todos los días para hacerlo. Antes cuando discutía con ella me refugiaba en los libros, cosa que hasta hora nunca me ha fallado como hace unos momentos, al igual que los videojuegos los mas grandes amores de mi vida. Pero ahora, ha aparecido algo mucho mejor que eso dos juntos y parece mentira que el solo un mensaje suyo me vuelva la alegría, al igual que una niña cuando le recibe un regalo en navidad.

Otra sacudida me hace despertar.


¡Tu amiga ya es mamá! Así que vienes siendo la tía de la pequeña Anastasia, aunque seas muy joven para hacerlo Heather.
Y lo de tu mamá no te preocupes por ahora solo busco ganarme tu confianza, también el llegar hacer tu amigo como los compañeros paraguas, ya sabes, yo sacudo tu gotas de agua como tu las mías. (Y no lo niegues estamos condenados por nuestros amigos) Así que no estoy apresurado.

Eso es más de lo que puedo pedir, por lo que le digo eso despidiéndome debido a que llegue a mi lugar de encuentro. Pago el taxi agradeciendo y bajando, entró al recinto notando como la gente va de aquí para allá, este lugar es bastante concurrido por lo que me cuesta localizar a Lizzy. 

Recorro con la mirada las mesas desde mi sitio, es cuando por fin la encuentro tan diferente de lo que antes era. Su cabello solía ser tan largo similar al mío, ahora lo tiene sobre los hombros al menos sigue siendo almendrado; ojos azul verdoso que te transmiten madurez, piel pálida como el claro de luna y cara parecida a las muñecas de porcelana. Ella era la mas sensible del grupo, nos solos aconsejar en cualquier momento y verla allí sentada sonriéndole a una hermosa niña. ¿Esa es Anastasia? Tiene cabello azabache ondulo furiosamente, ojos hazle acaramelados, piel clara casi igual a la de su madre pero su rostro tiene una rata mezcla. Lizzy y su esposo Joe.  Comienzo a caminar hacia ella con una sonrisa ancha a la mesa, al comienzo no me presta atención esta tan ocupada moviendo a su pequeña en su regazo, hasta que fija su mirada en mi colocando una expresión de asombro al igual que sus ojos empiezan a llenarse de lágrimas. No soporto mas por lo que corro para estrecharme en sus brazos, de alguna manera bizarra termino abrazada entre Anastasia y ella. Me entrega a la pequeña ya de dos años en mis brazos, la última vez que la vi tan solo era un hermoso bulto rosado, la sostenía con fervor y emoción su papá. ¡Valla que ha crecido!

Lizzy le dice que soy la tía Hemo, a lo que no puedo evitar acordarme de lo dicho por ojos mar, le sonrió tomando su pequeña manita para estrecharla; la niña me sonríe tratando de decir "ia Hemo" "ia Hemo" una y otra vez. Nos sentamos las tres en tanto pido un jugo de manzana, aun recuerdo ese dolor en el baño y ahora que lo recuerdo no he tomado la pastilla correspondiente del almuerzo, aprovechando ver llegar mi pedido saco un comprimido y me lo tomo.

Lizzy me mira extrañada e inmediatamente le respondo "gastritis".

- Bien ¿Para que soy buena? - me pregunta seriamente.

Le relato todo lo ocurrido hasta ahora a mi amiga, de como conocí a ojos mar, la sensación placentera como dolorosa, esa actitud suya calmada con un tono de picardía y por supuesto, como todo eso me afecta tanto. Las reacciones de mi amiga son desde asombro, emoción y sorpresa. Nada de esto se lo esperaba. Lizzy parece meditarlo un poco cuando saco a la mesa el tema del "amor a primera vista", sus ojos estrellados se abren mas de lo normal mirando un poco las manos de la pequeña Anastasia. Luego toma respiración y habla.

- ¿Estas segura de ello? Mira que cuando hable de eso era una joven ingenua, bueno, sigo siendo aun joven.

- Estoy segura, todo absolutamente todo lo que señalaste en aquel entonces ¿No es amor a primera vista? - pregunto, con mucha curiosidad.

-         Escucha, puede que solamente estes experimentando el afamado "flechazo". - parpadeo sin entender y ella lo nota - es cuando sientes esa gama de emociones al tan solo ver por primera vez a alguien.

Me quedo en silencio pensando en aquello, no lo entiendo ¿Acaso no es amor a primera vista y el flechazo lo mismo? Según el punto de vista no es así. De todas formas nunca en la vida he experimentado sentimientos hacia otra persona, esto hace decaer mi ánimo por los suelos y Lizzy lo nota. La chica suelta un suspiro sonríe amablemente.

- Escucha estas aquí para un consejo ¿verdad? - asiento con mi cabeza - No te apresures con los acontecimientos, deja que todo fluya tranquilamente. Lo que ha de ser lo será y si ese chico esta destinado para ti, te aseguro que va estar a tu lado.

Esas palabras me suben el ánimo al igual que la marea en mar profundo. Lo único que me queda es esperar por los acontecimientos.

Terminamos hablando de otras cosas, como Lizzy salio embarazada de la pequeña Anastasia ni bien saliendo de la preparatoria (otras dicen que fue de antes) no ha estudiado en la universidad, solo para dejarla lo suficiente grandecita en la guardería. Su esposo Joe, es un niño rico con problemas en su pasado, tenia muy mala conducta en la preparatoria lo recuerdo aun perfectamente su hazel mirada con un toque oscuro. Por ese motivo nos sorprendimos cuando Lizzy confeso salir con él, ya da igual de todas maneras el pasado ahora tienen una hermosa niña juntos. 
Mi amiga me relataba que comenzara nuevamente a estudiar, siempre le gusto todo con respecto a la moda, por lo tanto elegirá diseños de modas probablemente en la misma universidad que estoy. ¿Y su esposo? Como es adinerado trabaja en la empresa de su familia, ya teniendo la experiencia requerida la heredara. También comenzara estudiar, la carrera mas parecida a su destino es administración de empresas.

Estando ese día con Lizzy me di cuenta lo bonito que es el tener una familia, pero sobre todo, alguien que en verdad te apoye.