domingo, 25 de febrero de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


7
El Centro de Entretenimiento tiene una torre diseñada exclusivamente para los tributos y sus equipos. Éste será, en palabras textuales de Katniss, nuestro hogar hasta que empiecen los juegos. Cada distrito tiene una planta entera, sólo hay que subir a un ascensor y pulsar el botón correspondiente al número correspondiente del tuyo. Tan fácil como tocar un apagador.
Recuerdo el Edificio de Justicia del Distrito 12, con su olor rancio, viejo y acabado, compararlos con esto es un insulto, porque esto es mil veces mejor y empezando con su elevador, el cual, está hecho con paredes de cristal donde puedes ver a las personas de abajo convertirse en hormiguitas. Cualquier claustrofóbico o temeroso a las alturas estaría muriéndose del miedo, pero por mi parte, estoy tentada a preguntarle a Effie Trinket si podemos subir de nuevo, no lo hago, menos cuando Katniss me grita parar mi impulso infantil. Aparentemente, las tareas de Effie no concluyen solamente en la estación, sino que junto con Haymitch nos supervisarán hasta que lleguemos al campo de batalla.
Tal vez me esté precipitando, pero esto me alivia un poco, además de ser un ventaja porque al menos se puede contar con ella, hará que lleguemos a tiempo a cualquier lado, en tanto Haymitch ni siquiera lo hemos vuelto a ver desde que hicimos aquel pacto en el tren. Por otro lado, Effie está sobre una nube, o al menos en lo que respecta en lo sucedido el día de hoy, parece ser que es la primera vez en que su equipo ha causado furor en la ceremonia inaugural. Alaba no sólo nuestros trajes, sino igualmente nuestra conducta y, según lo dice ella, conoce a todas las personas importantes del Capitolio y ha estado hablándole bien de nosotros todo el día, intentando conseguir patrocinadores.
   Pero he sido muy misteriosa — dice, con los ojos entrecerrados — porque, claro, Haymitch no se ha molestado en contarme su estrategia. Sin embargo, he hecho todo lo posible con lo que tenía: que Katniss se había sacrificado por su hermana y que los dos han luchado con éxito por superar la barbarie de su distrito. — ¿Esto no se trata de una cámara escondida? Es decir, me parece hilarante que una persona directamente del Capitolio venga a decirme que el Distrito 12 ocurre una barbarie, cuando en realidad ellos todos los días, corrección, todos los malditos años lazan a unos niños inocentes a matarse entre sí. ¿Grandioso no lo creen? — Por supuesto, todos tienen sus reservas, porque son del distrito minero. Así que les he dicho, y ha sido muy astuto por mi parte: “Bueno, si se ejerce la suficiente presión sobre el carbón, ¡se convierte en una perla!
Effie esboza una sonrisa tan radiante que tengo que inclinarme ante su absurdo entusiasmo y astucia, aunque este herrada. Porque según tengo entendido, la perla provienen del mar, no del carbón. Ella seguramente quiso decir que del carbón se convierte en diamante, otra cosa igualmente descabellada, pues es una piedra preciosa y proviene de otra. << He oído que el Distrito 1 hay máquina que puede convertir el diamante en grafito >> me dice Katniss << pero nosotros no extraemos grafito, de eso se encargaba el Distrito 13. >> Claro, el que termino totalmente destruido cuando los días “oscuros” desaparecieron.
— Por desgracia, no puedo cerrar tratos con los patrocinadores. Sólo lo puede hacer Haymitch — sigue diciendo ella, con tono lúgubre — Pero no se preocupen, lo llevaré a las negociaciones a punta de pistola, si es necesario.
No es la mujer más sorprendente de todas, de hecho, puede sacarme de mis casillas a veces, pero debo de admitir sentir admiración por su determinación.    

Mi alojamiento es más grande que la sala de mi departamento en el mundo donde provengo, es lujoso, como el vagón del tren, y tiene tantos artilugios automáticos que estoy tentada a pulsarlos todos para ver qué sucede. Seguramente causaría algún daño. Sólo en la ducha hay un cuadro con más de cien opciones para controlar la temperatura del agua, la presión, los jabones, los champús, los aceites y las esponjas de masaje, Cuando sales, pisas una alfombra que activa para secarte el cuerpo con aire. En lugar de preocuparme por el enredo desastroso de mi cabello, coloco la mano en una caja que envía una corriente eléctrica a mi cuero cabelludo, de modo que tengo el cabello desenredado, peinado y seco casi al instante. No sé ni que decir al respecto, es decir, ¡esto es el futuro sin dudas! Donde con solo el presionar el botón de un aparatejo tienes todo listo, sin la necesidad de ejercer algún tipo de esfuerzo de tu parte.
Programo el armario para que elija un traje a mi gusto, las ventanas amplían y reducen partes de la ciudad, siguiendo mis órdenes. Si susurras el tipo de comida que quieras en un gran enorme menú con una especie de micrófono, la comida aparece calentita en un minuto. Recorro la habitación comiendo fresas con crema y panecillos rellenos de crema dulce hasta que llaman a la puerta. Es Effie, ha llegado el momento de la cena.
Fantástico, porque muero de hambre.
Cuando entramos en el comedor, Peeta, Cinna y Portia están de pie al lado de un balcón donde se puede visualizar el Capitolio. Estoy contenta de ver a los estilistas, mas tomando en cuenta que Haymitch se unirá a nosotros. En una comida donde solo estén Effie y Haymitch, asumirás que será un total desastre. Además, el sentido real de esta cena no será comer, sino concentrarnos en las estrategias, y Cinna y Portia, tienen mucho potencial para aportar sus ideas.
Un hombre silencioso vestido con una túnica blanca nos ofrece unas copas de vino, estoy a punto de rechazarlo, el alcohol y yo nos somos componentes que puedan unirse, menos tomando en cuenta la última y primera vez en probarlo. Lo resumiré en entendibles palabras: fiesta de Mari Ann y bailando música muy movida con uno de sus primos, fin. Sin embargo, lo termino sirviendo por cortesía, seguramente Katniss en la vida lo ha probado y quizás este sea la única en hacerlo, por eso le doy un trago al líquido ácido y seco, es tan repugnante que no consigo a acostumbrarme a su sabor.
Haymitch aparece en el momento que se está sirviendo la cena, aparentemente parece que ha pasado por un estilista, porque está limpio, arreglado y más sobrio que nunca, al menos desde haberlo visto por primera vez. No rechaza el vino, pero, cuando empieza la sopa, me doy cuenta que es la primera vez en verlo comer, dándome a entender que realmente es humano y no un ser que solamente se mueve para emborracharse. Puede lograr cumplir su palabra, controlarse y ayudarnos en los Juegos. Estando Cinna y Portia entre nosotros ejercer un efecto catalizador entre Haymitch y Effie, al menos, eso pienso al verlos dirigirse el uno al otro con educación, inclusive los dos elogian sin parar el acto de inauguración de nuestros estilistas. Ellos pueden cotorrear todo lo que prefieran, me concentrare mejor en algo sustancioso, la comida: sopa de champiñones, verduras amargas con tomates cherry, ternera asada cortada en rodajas tan finas como papel, fideos en salsa verde y queso que se derrite en la lengua con uvas negras dulces. Los sirvientes, chicos jóvenes vestidos con túnicas blancas como el que nos trajo el vino, se mueven sin decir nada de un lado a otro, procurando que los platos y copas estén siempre llenos.
Al estar a la mitad del vaso de vino freno, la cabeza me da vueltas y la sensación es bastante conocida para saberlo por donde va la cosa, por lo tanto, freno y me paso al agua de inmediato. Sinceramente es un misterio como lo hace Haymitch para aguantarlo, porque yo ya no puedo. Busco concentrarme en la conversación, que trata sobre los trajes para las entrevistas, cuando una chica coloca una torta de aspecto increíble sobre la mesa y la enciende con habilidad. La torta se ilumina y las llamas parpadean en los bordes durante un rato hasta que por fin se apaga. Espere, como… ¿cómo ha logrado hacer eso?
   ¿Han utilizado alcohol para arder? — pregunto mirando al chica — es lo única que me ocurre para… — una imagen cruza rápidamente por mi mente, una algo confusa pero sé que se trata de una memoria, una que no es mía pero la patrocina esta muchacha. — ¿Nos hemos visto en otro lado antes?
No estoy segura, pero es la misma chica que hace un momento vi en mi cabeza: pelo rojo oscuro, rasgos llamativos, piel de porcelana blanca. Es entonces cuando lo digo, que una serie de tiras de imágenes me cruzan la mente, pero puedo asegurarles algo, esas memorias no son en lo más mínimo bonitas, sino, lo contrario y sin poder evitarlo las entrañas se me encoge. << Ha sido mi culpa >> dice Katniss con ansiedad << mi culpa que no se haya podido salvar >> no la entiendo, pero la expresión de terror de la muchacha es más alarmante, sacude la cabeza para negarlo rápidamente y se aleja a toda prisa de la mesa.  
Al girar a ver a mis acompañantes, los cuatro adultos, me miran como si me hubiese vuelto loca. ¿He dicho algo fuera lugar acaso?
   No seas ridícula, Katniss. ¿Cómo vas a conocer a un avox? — me suelta Effie. — Es absurdo.
   Disculpen mi ignorancia, pero… ¿Qué es un avox? — pregunto, como si fuera una niña de cinco años.
   Alguien que ha cometido un delito; les cortan la lengua para que no puedan hablar — contesta Haymitch — Seguramente será una traidora. No es probable que la conozcas.
   Y, aunque la conocieras, se supone que no hay que hablar con ellos a no ser que desees darles una orden. — dice Effie — Por supuesto que no la conoces.
<< No miento, la conozco >> reintegra con voz desesperada Katniss, haciéndome encogerme el corazón ante la memoria que me ha mostrado << pero procura pisar con cuidado, si han dicho ser una traidora, podrían pedirte explicaciones y no deseamos eso. >> Procurare hacerlo, pero entre más miro la situación, más inquieta me siento.
   No, por supuesto que no, es que… — balbuceo. ¡Maldición! Nunca he servido manejar estar bajo presión, estúpido vino, en parte también tiene la culpa.
   Delly Cartwright — salta Peeta, chasqueando los dedos. — Eso es, a mí también me resulta familiar y no sabía por qué. Entonces me he dado cuenta que es igual a Delly.
<< No sé qué está intentando hacer Peeta, pero, puedo asegurarte que la pelirroja y ella tiene de similitud lo que tiene una roca con una mariposa: nada. >> Me dice Katniss << Es una chica regordeta de cara mustia y pelo amarillento, probablemente es la persona más simpática del planeta, sonríe sin parar a todo el mundo en el colegio, incluso a mí. >> En fin, sea quien sea esa muchacha dicha por el chico del pan, me beneficia, por lo tanto agarrare su idea con mucho gusto.
   ¡Sí! Tienes razón, creo que debe de ser por su cabello, o quizás, sus ojos. — digo.
   Katniss, son sus ojos sin dudar. — añade Peeta sonriéndome como si fuese una olvidadiza nata.
   Oh, bueno, si es sólo eso. — dice Cinna, y la mesa vuelve a relajarse — Y si, el pastel tiene alcohol, aunque ya se ha quemado todo. Lo pedí especialmente en honor su fogoso debut.
Nos comemos la torta y pasamos a un salón para ver la repetición de la ceremonia inaugural que están pasando por la televisión. Existen otras parejas que causan buena impresión, pero ninguna nos llega. Hasta nuestro equipo deja escapar una exclamación cuando nos ve salir del Centro de Renovación.
   ¿De quién fue la idea de sujetarse de la mano? — pregunta Haymitch.
   De Cinna. — responde Portia.
   El toque justo de rebeldía. Muy bonito.
Oye, oye… ¿No es peligroso decir algo así en este sitio? Me agrada mucho Cinna como para que los metas en problemas, aunque de cierta manera el borracho tiene razón, los otros tributos estuvieron centrados en destacar cada uno por su lado, individualmente. Por otro lado nosotros, con nuestros trajes resplandecientes, hemos sido presentados como equipo, no enemigos.
 — Mañana por la mañana es la primera sesión de entrenamiento. Reúnanse conmigo para el desayuno y les contaré cómo quiero que se comporten. — nos dice Haymitch a Peeta y a mí. — Ahora vayan a dormir un poco mientras los adultos hablamos.
El chico del pan y yo recorremos juntos el pasillo hasta nuestras habitaciones. Cuando llegamos a mi puerta, se apoya en el marco, no impidiendo mi entrada, sino quiere captar mi atención. Alzo una sola ceja, ¿ahora este que bicho le ha picado?
— Con que Delly Cartwright. Qué casualidad encontrarnos con su gemela aquí.
Oh, ya, ya entiendo por donde está apuntando la cosa: espera una explicación de mi parte. Una lástima sinceramente, porque ni yo misma la sé. << ¿Qué más da? >> dice Katniss restándole importancia al asunto, sorprendiéndome un poco porque hace unos minutos atrás estaba aterrada del miedo, petrificada al punto de mostrarme un poco de las memorias de lo ocurrido. << ¿Qué más da? >> vuelve a repetir << puedes contárselo, luego de todo, nos ha ayudado en la mesa. Quizás si lo hagas, pueda estar en paz con él. Con tal no nos puede hacer nada, de eso ya el Capitolio se ha encargado. >> Katniss se refiere a ir soltando el chisme por allí, cosa que considero demasiado absurdo, sé que no debemos fiarnos de él pero igualmente nos ha ayudado, sea cual sea su plan lo hizo, y sinceramente… estoy igual a él queriendo conocer la verdad. Además, supongamos que está jugando al jueguito de “seamos buenos amigos para luego traicionarla” darle un voto de confianza es hacer entender que en verdad lo consideramos como amigo, cosa en realidad no tener desde hace un par de años, no desde luego el cuento con Ricardo. Pero eso es otra historia, una que no deseo recordar en estas circunstancias, salvo para una sola cosa: los chicos solo la joden.
Peeta percata mi pensativa actitud.
   ¿Has estado ya en el tejado? — Niego con la cabeza — Cinna me lo enseño. Desde allí se ve casi toda la ciudad, aunque el viento hace bastante ruido.
Está queriendo decir: “Allí arriba nadie podrá oírnos conversar”. Sí, tengo una inquietud sobre eso igualmente, seguramente nos observan.
   ¿Y si podemos subir?
   Claro, vamos. — responde Peeta.
Le sigo desde atrás escaleras arriba hasta el tejado. Hay una salita con techo abovedado con una puerta que da al exterior. Cuando salimos al frío aire nocturno, la vista me deja perpleja: el Capitolio brilla como un enorme campo lleno de luciérnagas. Me recuerda a cuando ves videos por internet de grandes rascacielos de noche, todos ellos iluminados de luces de múltiples colores, con adornos por doquier y publicidad de artículos o bebidas para diferentes gustos, no, no se equivocan hablo de Nueva York. Se supone que en este mundo Panem fue construido sobre Estado Unidos de Norteamérica, bueno, sigue sus costumbres a la perfección, como por ejemplo sus exageradas formas de alumbrar a una ciudad.
El chico rubio y yo caminamos hasta el borde del tejado, yo inclino la cabeza para observar la calle, que está llena de gente. Se oyen los autos, algún grito de vez en cuando y un extraño tintineo metálico. Es como lo imaginaba: la ciudad que nunca duerme.
   Le pregunté a Cinna por qué nos dejaban subir, si no les preocupaba que algunos tributos decidieran saltar por el borde. — me dice Peeta.
   ¿Y que ha dicho?
   Que no se puede. — Alarga la mano hacia el borde, que parece vacío; se oye un chasquido y la aparta muy deprisa. — Es algún tipo de campo eléctrico que te empuja hacia el tejado.
   Es muy bonito de su parte, el preocuparse por nuestra seguridad, me refiero. — digo con tono sarcástico, aunque Cinna le haya mostrado esto a Peeta, temo si podamos estar aquí a estas horas, solos. — ¿Nos estarán vigilando?
   Quizá. Ven a ver el jardín.
 Al otro lado, han construido un jardín con lechos de flores y macetas con árboles. De las ramas cuelgan cientos de carillones, que son los culpables del tintineo. Este es el lugar propicio para no ser escuchado por nadie, salvo a los dos involucrados en cuestión. Espero con expectación la voz de Katniss se presente, pero nada, por lo tanto finjo ver una flor en tanto Peeta me mira. Entonces, de la nada, empieza a susurrarme lo que quiere que diga, a la vez, debo de fingir el no estar asombrada.
— Una vez nos encontrábamos cazando en el bosque, esperando escondidos que apareciera una presa. — dije con voz paciente, en el mismo momento, acariciaba a la flor.
— ¿Tu padre y tú?
— No, mi amigo Gale y yo. De pronto, todos los sonidos del bosque dejaron de escucharse, menos el cantar de un pájaro, eso solo podía significar una advertencia. Entonces la vimos. Apuesto lo que llevo puesto que era la misma chica. Un chico iba con ella. Ambos tenían la ropa hecha tirones, corrían tan desesperados, tan alarmados como si su vida dependiera de ello.
Aguardo silencio por un instante, paralizada de que las mismas imágenes crucen mi mente, esta vez, de manera más nítida. Una extraña pareja de jóvenes corriendo con ojeras bajo sus ojos, rostros demacrados y vestimenta en condiciones precarias, ellos huían desesperadamente de algo. No culpo a Katniss y Gale quedarse pegados literalmente al suelo, es decir, lo tomaron por sorpresa mientras cazaban. ¿Y si los hubiesen atrapado igual? Su suerte seguramente se parecería al de la chica pelirroja, convertidos en avox y cortadas sus lenguas. El castigo del silencio.
— El aerodeslizador apareció de la nada — sigo hablando, del mismo modo que Katniss lo hace en mi mente. — Es decir, el cielo estaba vacío y, un instante después, ya no lo estaba. No hacia ningún tipo de ruido, pero ellos lo vieron. Soltaron una red sobre la chica y la subieron a toda prisa. Al chico lo atravesaron con una lanza atada a un cable y lo subieron también. No debo de ser adivina para saber que estaba muerto. Oímos a la chica gritar, seguramente el nombre del chico. Entonces, desaparecieron, la calma del bosque volvió y todo pareció haber sido un simple espejismo de nuestras mentes.
— ¿Te vieron?
— No... No lo sé, estábamos escondidos bajo un saliente rocoso. — sé que Katniss miente, cuando titubea lo hace, más si me muestra las imágenes de la chica mirándola con desespero, como si le estuviese pidiendo ayuda. Solo que no hicieron nada, solo se limitaron a mirar el espectáculo.
— Estas temblando. — dice Peeta.
¿En verdad lo hago? No me he percatado el momento que la historia me puso de esta manera, ese grito, el grito de la chica resonando entre las memorias de Katniss, la imagen del chico atravesado por una lanza, en general, todo, todo se aglomero para paralizarme al completo. ¿Pudieron haberlos ayudado? ¿Pudieron haberlo hecho a tiempo? Sé la respuesta a esas preguntas, y lamentablemente, no es una positiva.
Peeta se quita la chaqueta y me la hecha a los hombros, alzo la mirada para toparme con sus increíbles ojos azules, parecen un espejo, el espejo al cielo tanto que me resulta imposible que desee mi muerte, siendo observada por él de esa forma me siento cohibida, mínima. Es en ese instante donde existe un conflicto en mí, dejar que mis instintos de supervivencia hablen o, el del corazón hablándome ser un buen chico. La vida me enseño a desconfiar en ellos, a que si lo hago saldré herida, traicionada y vuelta pedazos. En cambio, Katniss, está le enseño a desconfiar de cualquiera, a excepción de su hermana o Gale, ellos forman parte de su familia, y por eso adopte igualmente en confiar. Sin embargo, Peeta Mellark me es un misterio, no solo por sus demostraciones de amabilidad sin razones aparentes, sino el haberla salvado arrojándole ese pan. ¿Qué es lo que esconde realmente?
— ¿Eran de aquí? — pregunta, mientras me abrocha un botón del cuello. Asiento. Según Katniss, ambos chicos tenían aire de ser del Capitolio, aunque en realidad, lo desconozco por completo. — ¿Adónde crees que irían?
— Me es incierto — respondo, porque hasta para la misma Katniss lo es. Digo, luego del Distrito 12, solo es bosque y más allá quedan las ruinas del 13 que lo quemaron hasta arder por completo. ¿Qué pueden querer dos jóvenes de allí? ¿Hacer una exhumación de los restos de sus pasados habitantes? No lo creo, pinta de espeleólogos no tenían. — No encuentro las razones del porqué se irían de aquí, es decir, lo tenían todo. Haymitch hablo de que lo avox eran traidores, pero... ¿A quién? ¿Al Capitolio? Supongo, aun así, se me hace todo muy confuso.
— Yo me iría. — suelta Peeta. Abro los ojos impresionada, ¿acaso se ha vuelto loco? ¿Y si alguien puede oírlo? Entonces parece percatarse de lo que dijo, porque gira nervioso detrás suyo como si tuviese a alguien observándolo, pues su tono fue bastante alto. — me iría a casa ahora mismo, si me dejaran, pero hay que reconocer que la comida es estupenda aquí.
Estúpido... ¡Estúpido Peeta Mellark y su ingeniosa lengua! Claro, si alguien lo escuchara no sería nada más las asustadizas palabras de un tributo, no de uno que cuestiona las bondades del Capitolio. Me encubrió una vez más.
— Hace frío, será mejor que nos vayamos. — dice. Dentro de la cúpula esta cálido, evaporando por completo el clima glaciar de hace un rato. El chico astuto, sigue hablando de forma casual. — Tu amigo, Gale, ¿es el que se llevó a tu hermana el día de la cosecha?
— Si, ¿acaso lo conoces?
— La verdad es que no, aunque oigo mucho a las chicas hablar de él. — Oh, oh, oh... puedo escuchar los posibles gruñidos de celos en el aire por parte de Katniss, seguramente no le entusiasme mucho este dato. — Creía que era tu primo o algo así, porque se parecen.
— No, no somos parientes.
— ¿Fue a decirte adiós? — me pregunta, después de asentir con la cabeza, misterioso.
¿A qué viene todo este interrogatorio innecesario? No creo que le sirva de algo conocer un poco de Katniss, menos si Gale es o no familiar de ella, quien además, es un excelente cazador y amigo, ya lo considero parte de su familia sin necesidad de compartir sangre. Agregándole otra cosa: es posible que a Katniss le gusta, pero esta demasiado ocupada en sobrevivir como para hacer el tonto, y la comprendo, igualmente haría lo mismo de estar en su posición.
— Si — respondo, observándolo con atención. — tu papá también, me ha llevado galletas.
Peeta levanta las cejas impresionado, como si en realidad no supiera nada de esto, pero, tomando en cuenta su facilidad de manejar su lengua a gusto o conveniencia, ya nada puedo esperar de él, nada. Aprender a desconfiar más, también es una tarea que le debo a Katniss, pretendo cumplirla al pie de la letra. Lo prometo.
— ¿En serio? Bueno, tú y tu hermana le caen bien. Creo que le hubiese gustado tener una hija, en lugar de una casa llena de chicos. — « es inquietante » me dice Katniss « que probablemente le hayan hablado de mi durante camino a casa, o, otro lugar donde no estuviera su madre, seguramente. » por mi parte, curioso. ¿Qué razón han de tener? — Conocía a tu madre cuando eran pequeños.
Oh, bueno, eso puede explicar algunas cosas.
— Si, ella creció en la ciudad. — lo recuerdo, Katniss me explico lo de sus abuelos teniendo una botica cuando era pequeña, es probable que de allí conociera al panadero. Sin darme cuenta, hemos llegado a la puerta de mi habitación, así que, le devuelvo la chaqueta. — Buenas noches.
— Si, nos vemos mañana. — responde, y se aleja por el pasillo.
Y allí va, el misterio hecho hombre. Sacudiendo mi cabeza, entro a mi habitación y me encuentro con otra sorpresa: la chica pelirroja. Está recogiendo la maya de cuerpo completo y las botas, me entra un impulso de ayudarla, al igual, de disculparme por mi imprudencia que pudo haberla metido en un aprieto. Sin embargo, recuerdo que no puedo dirigirme a ella sino es para darle una orden, por lo tanto, me trago mis propios deseos.
— Oh, lo lamento. — le digo. — Se suponía que debía de devolverle la ropa a Cinna, así que... ¿podrías hacerlo por mí? Te lo agradecería.
Ella evita mirarme a los ojos, asiente brevemente y se va. Tengo muchas ganas de detenerla, disculparme en nombre de la dueña de este cuerpo, decirle que siente haber sido una cobarde y no poder ayudarla. Pero algo dentro de mí dice ser insuficiente, porque con una disculpa no volverá a la vida el chico que la acompañaba ese día, mucho menos su lengua y levantarse el castigo impuesto por el Capitolio. Todo esto es muy injusto, pero lo hecho, hecho ha quedado. Me quito los zapatos y me meto bajo las sabanas sin quitarme, una vez más, nada de ropa. No he dejado de temblar.
La chica fingió no conocer a Katniss, pero sé que lo hace, nunca se olvidaría el rostro de tu única esperanza, la última. Me cubro la cabeza, seguido de abrazar mis piernas haciéndome bolita, por un momento deseo escapar de la realidad abrumadora del mundo de Katniss, donde probablemente una avox desee desesperadamente el momento donde me lancen a la arena, ella seguramente gozara cuando me maten.




Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


6

¡Ras! Aprieto los dientes con fuerza, mientras una mujer llamada Venia de pelo color turquesa y tatuajes dorados sobre las cejas, me arranca una tira de cera de la pierna, llevándose vellos y piel con ella. Dios, ¿acaso no existe otro método? Uno... ¿menos doloroso?
— ¡Lo siento! — Canturrea con acento similar al de Effie Trinket, por supuesto, acento ridículo proveniente del Capitolio — ¡Es que tienes mucho pelo!
¿Puedes siquiera hablar normal esta gente? Están fastidiosos para el oído humano, sus tonos tan agudos, palabras entrecortadas, vocales extrañas y ese siseseo a final de pronunciar la letra ese... ¡Te da ganas de pegarte contra un muro la cabeza!
Venia intenta mostrarse comprensiva, mirándome con algo de disculpa.
— Pero tengo buenas noticias: este es el último. ¿Lista?
Me sujeto de los bordes de la mesa en la que estoy sentada y asiento con la cabeza. Ella arranca de un solo tirón la última zona donde estaba llena de pelo de mi pierna izquierda. Sinceramente, este método es demasiado anticuado para tratarse de este mundo, donde las personas llevan lo de verse bien a otro nivel. En fin, ahora comprendo bien le definición que a las chicas le cuesta más tiempo el arreglarlas bonitas, llevo más de tres horas en el Centro de Renovación y todavía no conozco a mi estilista. Aparentemente, no está interesado en verme hasta que Venia y los demás miembros de mi equipo de preparación se ocupen de algunos mínimos detalles, eso abarca, por supuesto, restregarme en el cuerpo con una espuma arenosa, la cual, creo yo el tratarse de un exfoliante; darle uniformidad a mis uñas, sobre todo, librarse de todo mi vello corporal. Piernas, brazos, torso, axilas y partes de mis cejas se han quedado sin un pelo, cosa que a lo que Katniss ha asemejado a un pájaro, uno desplumado listo para azar. Todo esto ha sido tan doloroso, fastidioso y desagradable, como dije antes, la cera es algo que esta fuera de moda, si se trata del Capitolio debería emplear láser o hilo, son técnicas novedosas y nada dolorosas. Pero en fin, ya ha quedado de esta forma, no se puede hacer nada más, bueno, salvo una cosa: no rasquarme la piel irritada. He cumplido con Haymitch, me aguante hasta el final mis comentarios despectivos, espero que él igualmente cumpla su trato.
— Los estás haciendo muy bien — dice un tipo que se llama Flavius. Agita sus tirabuzones naranjas y me aplica una capa de pintalabios morado — Si hay algo que no aguantamos es a los llorones. ¡Embadurnadla!
Venía y Octavia, una mujer regordeta con todo el cuerpo teñido de verde guisante claro, me dan un masaje con una loción primero pica y luego me calma la piel. Acto seguido me levantan de la mesa y me quitan la bata fina que me han permitido vestir de vez en cuando. Me quedo así, completamente desnuda mientras ellos sacan sus pinzas para sacar los pelos restantes que han quedado. Estoy incomoda, estoy incomoda... ¡Estoy sumamente incomoda! Por suerte, Katniss desde mi mente me susurra palabras de aguante como: son más animales a humanos, o simplemente, proyéctalos como si fuesen unas cacatúas revoloteando por debajo de tus pies con sus picos. Y, eventualmente, consigo calmarme de esa forma.
Los tres dan un paso hacia atrás admirando su trabajo.
— ¡Excelente! ¡Ya casi pareces un humano! — exclama Flavius, y todos ríen.
¡Ah! No, pues que noble de su parte, antes pensé que era una mujer de las cavernas, sino me dicen que ahora soy un ser humano... ¡Ni me entero! Obviamente esto es sarcasmo, porque que un trío de personas con apariencias de cacatúas me digan esto es hilarante.
— Muchas gracias. — les digo con una sonrisita tonta, obligándome a mí misma hacerlo y parecer estar muy contenta de su hazaña. — como pueden ver, nosotros en el Distrito 12 no tenemos muchas razones para arreglarnos.
— Claro que no, ¡pobre criatura! — dice Octavia, juntando las manos, consternada. Creo que me los he ganado con mi respuesta.
— Pero no te preocupes. — Añade Venia — Cuando Cinna acabe contigo, ¡vas a quedar absolutamente divina!
— ¡Te lo prometemos! ¿Sabes? — Ahora que nos libramos de tanto pelo y porquería, ¡no estás tan horrible, ni mucho menos! — Afirma Flavius, para animarme — ¡Vamos a llamar a Cinna!
Salen disparado del cuarto. Los miembros del equipo de preparación son tan bobos que resulta difícil detestarlos, estoy segura que en su cabeza solo puede existir aire. Por lo que, curiosamente, ellos no están mintiéndome en lo más mínimo, ellos realmente intentan ayudarme. Miro las paredes y el suelo, todo tan frío y blanco, y controlo el impulso de buscar la bata para cubrirme. Katniss me ha dicho que este estilista, Cinna, me mandara a quitarme la bata para observarme. Sorpresivamente me han dejado el cabello igual, le han dado la orden de no tocarlo por lo que me coloco las manos detrás de la cabeza. Concentro toda mi atención por no pensar en que estoy desnuda, que me encuentro en el cuerpo de otra persona y me han obligado a participar en unos juegos sangrientos, donde me tratan igual a una mascota que necesita de un cambio de aspecto. Respiro, prometí a Haymitch no resistirme y eso hago pero, realmente me cuesta hacerlo.
La puerta se abre y entra un joven que debe de ser Cinna. Quedo impresionada hasta los huesos de su apariencia, que en comparación a las personas que hasta ahora he visto del Capitolio, su apariencia ser bastante normal a los modificados en la apariencia en lo general. Por otro lado, Cinna tiene el pelo corto y, aparentemente, castaño natural. Viste camisa y pantalones negros sencillos, y la única modificación quirúrgica es un delineador dorado de ojos aplicado con generosidad. Resalta las motas doradas de sus ojos verdes y, al pesar de la repulsión que me ha causado la moda del Capitolio, no puedo evitar pensar que se ve realmente atractivo.
— Hola, Katniss. Soy Cinna, tu estilista. — dice en voz baja, casi sin el molesto acento del Capitolio.
— Hola. — respondo seca, como mi personalidad suele ser.
— Dame un momento, ¿vale? — me pide. Camina a mi alrededor y observa mi cuerpo desnudo, que en teoría es de Katniss, pero ya que estoy dentro de el por estos momentos es igualmente mío. Al menos no me toca, pienso en tanto lo observo anotar de cada centímetro, quiero cruzar los brazos en el pecho pero no lo hago. Me quedo igual a una momia. — ¿Quién te ha peinado?
— Mi madre.
— Es precioso. Mucha clase, la verdad es un equilibrio casi perfecto con tu perfil. Tiene dedos hábiles.
Agrande los ojos sin tomarme la molestia de fingir estar conmocionada de dicha respuesta, este chico, Cinna, resulta ser todo lo contrario de una persona del Capitolio: interesado en las apariencias. Pero no, no solamente ha elogiado las manos de la mama de Katniss, sigue sin verme como un animal que necesita ser arreglado de alguna manera. « Debe de ser nuevo » afirma la voz « nunca lo había visto antes. » bueno, eso podemos averiguarlo.
— ¿Eres nuevo? Tu cara no me parece conocida. — le digo.
— Si, es mi primer año en los juegos. 
— Por lo que te dieron el Distrito 12. — deduzco, porque cuando eres nuevo en algo casi siempre intentan hacerte la vida cuadritos.
— Lo pedí expresamente. — responde, sin dar más explicaciones. — ¿Por qué no te pones la bata y charlamos un rato?
Me pongo la bata y lo sigo hasta un salón en el que hay dos sofás rojos con una mesita baja en medio. Tres paredes están vacías y la cuarta es entera de cristal, de modo que puede verse la ciudad. Por la luz, debe de ser mediodía, aunque el cielo está cubierto de nubes. Cinna me invita a sentarme en uno de los sofás y se sienta en frente de mí; después pulsa un botón que hay en el lateral de la mesa y la parte de arriba se abre para dejar salir un segundo tablero con nuestra comida: pollo y gajos de naranja cocinados en una salsa de nata sobre un lecho de granos blancos, guisantes y cebollas diminutos, y panecillos en forma de flor; de postre hay un pudin con miel.
Estoy literalmente muda y pegada al asiento, ni pensar que con solo un botón puedas traer comida a la mesa resulta algo indignante, recuerdo la lucha de Katniss y los suyos en el 12 para poder adquirir alimentos. El arriesgar su vida cazando en los bosques, caminar dentro del Quemador para cambiar las presas por objetos de primera necesidad, agregándole ir a las casas de las personas mejor acomodadas del distrito, vendiendo lo cazado para obtener algo de dinero. ¿Cuánto les costaría reunir lo necesario para hacer esta comida? ¿Un mes? ¿O tres? Resulta indígnate como los del Capitolio en un ligero movimiento de sus dedos aparecen un banquete, incluso, un insulto para las personas que viven en los demás distritos. Cosa que me hace pensar: ¿En que gastan su tiempo aquí? Excluyendo la parte de animar un juegos con niños inocentes que van a una muerte segura, es decir, debe de ser muy aburrido porque si tienes todos los implementos para hacer parecer comida de la nada, no debes de tener nada más en que emplear tu tiempo.
Levanto la mirada y veo los ojos de Cinna clavados en los míos.
— Esto debe de parecerte despreciable — abro los ojos con sorpresa, ¿resulto ser predecible para él? Porque si, todo esto me resulta totalmente repugnante. — Da igual — dice Cinna. — Bueno, Katniss, hablemos de tu traje para la ceremonia de inauguración. Mi compañera, Portia, es la estilista del otro tributo de tu distrito, Peeta, y estamos pensando en vestirlos a juego. Como sabes, es costumbre que los trajes reflejen el espíritu de su distrito.
Ay, por dios. No me digan que voy a vestir un traje de minero, porque lo que trabajan en el Distrito 12 son las minas, la extracción del carbón, y creo que ese sería el traje menos vistoso de todos y por consiguiente, los patrocinadores van a huir de mí. Fantástico... ¡Bravo! « Si... bueno, no estás tan errada en eso, Heather. » comenta dudosa Katniss en mi mente « Por ejemplo, los del 11 como son agricultores, llevaran con respecto a eso, el 4, pesca; el 3, fábricas y así sucesivamente » imagino que los de 4 son envueltos en redes de pescar, prácticamente saldrán como dios los trajo al mundo; los de 11... Serán árboles; y los de 3, sinceramente no se me ocurre nada. « Ya que mencionas lo de los desnudos, una vez sacaron a uno de nuestros distrito desnudos y completamente cubiertos de carbón » dice ella, cosa que hace quedarme la garganta totalmente seca « así que, mejor prepárate para lo peor. » No, qué cosa tan alentadora la de mi amiga Eveerden. Empiezo a entender porque no tiene muchos amigos, pero mejor me callo, ya que de igual forma, no soy muy encantadora.
— ¿Vestiré de carbón de las minas? — pregunto muy sincera, esperando no tener la sorpresa del año.
— Mmm... No, no completamente. Verás, Portia y yo creemos que el tema de los mineros está muy trillada. Nadie se acordara de ustedes si llevan eso, y nuestro trabajo es hacer que los tributos del Distrito 12 sean inolvidables.
« Esta claro » habla la voz, dando por sentado su próxima afirmación « iremos desnudas. » ¡Oh por favor! Guarda silencio y escuchemos hasta el final.
— Así que, si, olvidaremos a los mineros y nos centraremos más en el carbón pero, de un manera diferente.
« Desnudas y cubiertas de polvo negro » deduce Katniss, colocándome los nervios de punta.
— Y ¿qué se hace con el carbón? Se quema — dice Cinna — No te da miedo el fuego, ¿verdad, Katniss? — ve mi expresión y sonríe.
Unas cuantas horas después, estoy vestida con lo que puede ser el vestido más sensacional o el más mortífero de la ceremonia de inauguración. Llevo una sencilla malla de cuerpo entero que me cubre del cuello a los tobillos, con unas botas de cuero brillante y unos cordones que me llegan a las rodillas. Sin embargo, lo que define el traje es la capa que ondea al viento, con franjas naranjas, amarillas y rojas, y el tocado a juego. Cinna pretende prenderles fuego justo en el momento que nuestro carro recorra las calles.
— No es fuego de verdad, por supuesto, sólo unos fuegos sintéticos que Portia y yo hemos inventado. Estarás completamente a salvo. — me asegura, pero no estoy convencida del todo. Capaz estoy a las puertas de convertirme en una antorcha humana cuando lleguemos al centro de la ciudad.
Apenas y llevo maquillaje, sólo unos toquecitos de iluminador. Me han cepillado el cabello y me lo han recogido en una sola trenza, que me recuerda un poco a las que solía hacerme Betania cuando estaba sumamente desarreglada.
— Quiero que el público te reconozca cuando estés en el estadio. — Dice Cinna con tono soñador — Katniss, la chica en llamas.
Comienzo a pensar que Cinna al pesar de aparentar ser un chico muy tranquilo, detrás de esa fachada esconde alguien totalmente fuera de este mundo, alguien que se les sofá los tornillos en cada ocasión de ocurrírsele una idea. Me da escalofríos.
Al pesar de conocer igualmente otro lado distinto del chico del pan, me alivia verlo vestido con un conjunto a juego al mío. « Debe de estar acostumbrado » dice Katniss con tono obvio « es hijo de un panadero, el fuego debe de ser algo normal con que lidiar. » aun así, pienso yo, convertirte en barbacoa humana no debe de ser indiferente a Peeta. Su estilista, Portia, y el resto de su equipo lo acompañan, todos en general parecen nerviosos por la sensación que vamos a causar. Claro, lo de antorchas humanas seguramente. Pero Cinna, de manera bastante cansada, recibe las felicitaciones de los demás.
Nos llevan al nivel inferior del Centro de Renovación, que es, básicamente, un establo gigantesco. La ceremonia inaugural va a empezar y están subiendo a los tributos en unos carros tirados por un grupo de caballos. Los nuestros son negros como el carbón, muy elocuente si permiten mi opinión, porque seguramente hacen referencia al distrito minero donde proviene la real dueña de este cuerpo y mi nuevo acompañante de un mismo destino, el chico rubio. Me sorprende que los animales no tengan un jinete que los lleve, seguramente al tratarse del Capitolio, deben de pertenecer a una raza superior muy inteligente que sepa exactamente dónde ir, a estas alturas de la vida, ya nada puede inducirme desconcierto.
Cinna y Portia nos conducen a nuestro carro y nos arreglan con cuidado la postura del cuerpo y la caída de las capas antes de apartarse para comentar entre ellos.
— ¿Y qué opinas de esto? — le susurro al chico rubio — Me refiero al fuego.
— Te arrancaré la capa si tú me arrancas la mía. — me dice entre dientes.
— Recibido. — quizás con un poco de suerte logremos deshacernos de estas cosas antes que nos consuman, lo malo de todo, será enfrentarnos a los demás tributos en el estadio. Nos lanzarán allí estemos, como estemos. — Se supone que seguiremos el trato de Haymitch con cerrar la boca y dejarnos hacer lo que ellos mandaran, pero esto... esto se les fue de las manos.
— Por cierto, ¿dónde está? ¿No se supone que debe protegernos de estas cosas?
— Preferiría mantenerlo bien lejos en estos momentos, vestiremos fuego y el consume alcohol puro. No es una buena combinación, ¿no lo crees?
He hecho una broma, una broma con un chico de un mundo distinto al mío, bueno, para quien no me conozca suelo hacerlo muy pocas veces y son del puro humor negro. Sin embargo, no puede evitar echarme a reír junto a Peeta de todo lo que está por suceder, estamos nerviosos, es un hecho, pronto posiblemente nos convertiremos en barbacoas parlantes lo que nos convierte en seres inestables. El factor de los Juegos y lo que provoca. Empieza la música de apertura. No cuesta oírla, la ponen en todas las avenidas de Capitolio. Unas puertas enormes corredizas se abren a las calles llenas de gente. El desfile dura aproximadamente veinte minutos, según la voz de mi cabeza, y terminara en el Círculo de la Ciudad donde nos recibirán, tocaran el himno y nos escoltaran hasta el Centro de Entrenamiento. Ese sitio no es más que la presión u hogar que nos albergara hasta el momento de empezar los Juegos.
Los del Distrito 1 van en un carro tirado por caballos blancos como la nieve. Están muy guapos, rociados de pintura plateada y vestidos con elegantes túnicas cubiertas de piedras preciosas. « El Distrito 1 fabrica artilugios para el capitolio » explica la voz, en tanto yo miro como los del 2 le sigue muy desde atrás. Sin darme cuenta, ya estamos a punto de cruzar la puerta, veo que el cielo esta nublado y empieza a anochecer. Los tributos del Distrito 11 acaban de salir cuando Cinna aparece con una antorcha encendida.
— Allá vamos. — Dice, y, antes de poder articular palabra, enciende nuestras capaz. Estoy a punto de gritar esperando que venga el dolor, pero no viene, solo ciento un cosquilleos. Cinna se coloca delante de nosotros, prende fuego a los tocados y deja escapar un suspiro de alivio. — Después me levanta el mentón con cariño. — Recuerda, la cabeza en alto. Sonríe. ¡Te van a adorar!
Oh, vamos. Pides cosas imposibles mi querido Cinna, sonreír es algo que no se me da en lo absoluto natural, es más, me cuesta hacerlo. Él se baja del carro de un salto del carro y tiene una última idea. Nos grita algo pero por culpa de la música no logro escucharlo, vuelve hacerlo una vez más y sigo sin entenderlo.
— ¿Qué ha dicho? — le pregunto a Peeta. Por primera vez lo miro, sorprendentemente caigo en cuenta de lo luminoso que se ve, lo cual seguramente es producto de las llamas, debo de encontrarme igual.
— Creo que ha dicho que nos sujetemos de las manos. — responde.
Una vez más, me toman desprevenida. Antes de poder replicarle o algo, el chico rubio coge mi mano derecha con la izquierda de él, lo miro perpleja, pestañando constantemente mis ojos ante esto. Luego Peeta sonriendo amablemente, señala en dirección a Cinna, quien levantando su dedo pulgar afirma que efectivamente, ha sugerido tal cosa. Luego de eso, desaparecemos en medio de la puerta que nos lleva a las calles de la ciudad.
La alarma inicial de la muchedumbre al vernos aparecer se transforma rápidamente en vítores y gritos de "¡Distrito 12!". Todos se vuelven para mirarnos, apartando su atención de los otros carros de adelante. Al comienzo no hago nada, me quedo petrificada viendo el espectáculo ante mis ojos, pero después me fijo en las pantallas donde transmiten el desfile, con lo cual, me deja sin aliento. Bajo el crepúsculo, el fuego nos ilumina las caras, es como si las capas dejaran una estela de fuego por donde pasamos. Cinna hizo bien en olvidar casi por completo el maquillaje: los dos lucimos inolvidables, agregándole a ello, somos bastante reconocidos.
"Recuerda, alza la cabeza. Sonríe. ¡Te van a adorar! “la voz de mi estilista resuena en las paredes de mi cabeza, como una mantra. Me fuerzo a mí misma a escucharlo, a seguirle la corriente y ganarme un público que, en definición, detesto. Por lo tanto, obligo a los músculos de mi rostro a moverse, a esbozar la sonrisa más convincente de todas y con mi mano libre, saludar a los presentes. Solo espero no espantar a nadie. De cierta manera, me alegra estar agarrada a Peeta, él es fuerte y tan sólido como una roca, si lo tengo a mi lado será imposible caerme de esta cosa. Conforme agarro confianza, suelto besos por doquier, la gente del Capitolio se ha vuelto loca, nos baña de flores, grita nuestros nombres, nuestros verdaderos nombres. Aparentemente, se molestaron en buscarlos en los tontos programas que presenta el Capitolio.
Entre la música alta, los vítores y la admiración me corren por las venas, y no puedo evitar sentir adrenalina recorriéndome todo el cuerpo. Cinna me ha dado la ventaja más grande de todas, estas personas no van a olvidarme, ni aunque quisieran lo logran hacer a: Katniss, la chica en llamas.
Entonces, por primera vez, tengo algo de esperanza. ¡Alguien debe ser capaz de patrocinarme! Y con un poco de ayuda extra, comida, y el arma adecuada... ¿Estaría dando los Juegos por perdidos? No, no... ¡Nada que ver! Puedo hacerlo, puedo ganar estos juegos. Alguien me lanza una rosa roja y yo la sostengo, la huelo con delicadeza y arrojo un beso en dirección a quien me la haya tirado. Cientos de manos intentan atrapar mi beso, como si fuese algo real o tangible.
— ¡Katniss! ¡Katniss! — Los oigo gritar el nombre de la dueña de este cuerpo, la cual, desde mi llegada a este mundo lo adopte como mío. Seguramente se ha convertido en una segunda parte de mí.
Todos quieren mis besos, hasta que llegamos al Circulo de la Ciudad, donde me percató que debo de estarle cortado la circulación de la mano al chico rubio, se la tenía sujeta muy fuerte. Miro nuestros dedos entrelazados y los aflojo un poco, pero él me vuelve a agarrar con fuerza.
— No, no me sueltes. — dice, y la luz del fuego se refleja en sus ojos azules. — Por favor, puede que me caiga de esta cosa.
— Está bien.
Por lo tanto, seguimos agarrados de las manos. Aun así, me parece muy extraño que Cinna nos sugiriera tal cosa, miro a los otros tributos solamente compartiendo carro, pero cada quien por su lado, como si desde el principio marcaran que son enemigos mortales, que al final nos lanzaran a una arena para matarnos. « Y es cierto » corrobora Katniss « el ganador, debe de ser uno solo » el ganador, repito una vez más, debemos de ser nosotras. No obstante, miro de reojo a mi acompañante, a Peeta Mellark, el chico del pan que metiéndose en problemas salvo la dueña de este cuerpo, dándole de comer. Mires por donde lo mires, es guapo, insanamente guapo, y no lo digo porque este rodeado de fuego o el nerviosismo de los Juegos me hagan ver una persona irracional, no, porque con esa apariencia robusta: hombros anchos, brazos fuertes y espalda moldeada, le da una seguridad a que es capaz de proteger a su chica. Sin olvidar los detalles legendarios, un rostro bañado en bondad, ojos azules como el mismo cielo y, su mayor atributo, personalidad afable, seguramente, al igual a mi nuevo amigo Gale, las chicas deben de morirse por estar con alguien como él. Sino es que ya tiene alguien, por supuesto que debe de tenerla, con esa apariencia... vuelvo a mirar nuestros dedos entrelazados y un espasmo me recorre el cuerpo. ¡No! ¡No es tiempo de pensar en estupideces! Estoy en los Juegos del Hambre, este chico, al igual de los otros tributos, intenta matarme, tener una clase de simpatía por él es sinónimo de estar muerta. Y repito, no es momento para perder el tiempo en esto, debo de ser más memorable para tener patrocinadores. Ellos seguramente no querrán a una enclenque debilucha.
Los doce carros llenan el circuito del Circulo de la Ciudad. Todas las ventanas de los edificios que rodean el circulo están abarrotadas de los ciudadanos más prestigiosos del Capitolio. Nuestros caballos nos llevan al frente de lo que parece ser una mansión, donde nos espera un viejo decrepito de cabello tan blanco como el papel, enano y delgado, que nos da la bienvenida desde un balcón. « Es el presidente Snow » me dice Katniss « es quien dirige todo Panem, y esta, es su mansión.» Me le quedó mirando fijamente, porque finalmente he conocido el causante de tantas muertes injustas de niños inocentes de los distritos. Mientras tanto, las cámaras nos enfocan más a Peeta y a mí de lo que parece ser, incluso cuando suena el Himno, hacen un esfuerzo por enfocar a las otras parejas de los distritos, pero se mantiene fija en el 12. Ahora, somos más que memorables. Tomando en cuenta que cae la noches con más rapidez, nuestros rostros centellantes marca la diferencia del resto, dejando a las personas con más ganas de ser enfocados. Lamentablemente para ellos, se ha acabado la hora.
Los caballos que nos llevan dan una última vuelta al círculo, antes de desaparecer en el Centro de Entrenamiento. En el instante de cerrar las puertas, nos rodean los equipos de preparación, que murmuran palabras que son inaudibles para mí. Miro a mi alrededor y veo que muchos tributos nos observan con odio, por supuesto, es entendible cuando hemos sido el centro de atención de todos. Acto seguido, aparecen Cinna y Portia para ayudarnos a bajarnos del carro, nos quitan las capas y los tocados en llamas. Portia los apaga con una especie de bote con atomizador.
De repente, me doy cuenta que aún sigo pegada a Peeta y me obligo a abrir los dedos agarrotados, los dos nos masajeamos las manos al mismo tiempo. Mientras en mi mente, lucho con unos sentimientos contradictorios hacia el chico del pan, que si bien ambos nos hemos ayudado allá fuera, siento que la calidez de su mano ha ido más adentro de la inesperado y me disgusta, lo hace con desespero porque no soy ninguna tonta, ni mucho menos pretendo serlo teniendo la cara de otra persona.
— Gracias por sostenerme. No me sentía muy bien ahí arriba. — dice Peeta.
— ¿En verdad? Lo siento, no me percate de eso. — sí, mucho mejor, marquemos las pautas desde el comienzo de esta historia, que en mi perspectiva, ni ha de comenzar.
— No debes de disculparte, es predecible de hecho, ellos no han tenido más que ojos para ti. Deberías llevar más llamas a menudo, te sientan bien.
Demonios, demonios, demonios... ¡Demonios! No, te lo prohíbo, te prohíbo que me mires con esa expresión de timidez genuina, agregándole el toque de dulzura justa, el cual en mi perspectiva, es muy injusta porque produce una clase de calidez extraño en todo el cuerpo, va desde la cada pelo de mi cabello hasta la punta de los dedos de los pies. Maldición, eso fue un cumplido, uno en todo el sentido de la palabra y como Heather Fausto, nunca he sido buena lidiando con ellos, menos si provienen de un chico. Solo imito a un tomate maduro. Sin embargo, algo, o este caso, alguien, está lo suficientemente alerta para dispersar estas cosas molestas iguales a moscas sobre la carne podrida, me refiero a Katniss.
« ¡No seas tonta! » me dice ella « Peeta intenta matarte, intenta que confíes en él lo suficiente como para convertirte en una presa fácil. Recuerda, que entre más te guste, más mortífero será.» Sí, es cierto, es completamente cierto. Esto no es un juego de cartas, menos un concurso a quien es el más bonito de todos, hablamos de los Juegos del Hambre aquí hasta el menos pensado puede ser una bestia feroz. Pero yo también puedo bailar en ese mismo son, por eso dibujando una sonrisita de timidez en mis labios totalmente fingida, me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla, justo donde se ha ganado un puñetazo de Haymitch antes, si, en el moretón.

sábado, 24 de febrero de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


5
Trato de asimilar en unos segundos junto al chico rubio, la escena de nuestro mentor intentando levantarse de un charco de su propio vómito, es algo más que patético pero empiezo a cansarme de su torpeza. Agregándole un cosa más, el hedor de su porquería combinado al alcohol, pinchan mi nariz haciéndome hacer una mueca del asco. Miro a Peeta, está claro que Haymitch no es la gran cosa, pero en algo tiene razón Effie Trinket, de ser nuestro mentor está en su peso ayudarnos en conseguir la manera de ganar estos juegos. Por lo tanto, llegando a una clase de pacto silencioso, el chico rubio y yo lo cogemos del brazo para ayudar a levantarlo.
— ¿He tropezado? — Pregunta Haymitch — huele mal.
Estoy tentada en mandarlo al sipote, llamarlo alcohólico patético, pero me reprimo. Él, en cambio, se limpia la nariz con la mano y se mancha la cara de vómito.
— Vamos a llevarte a tu cuarto para limpiarte un poco. — dice Peeta.
Como podemos lo llevamos a su compartimiento, comprendemos que dejarlo sobre la colcha bordada sería una idiotez, por lo tanto lo metemos en la bañera y encendemos la ducha, él ni por asomo se entera.
— No pasa nada — me dice Peeta — Ya me encargo yo.
Tengo unas ganas tremendas de agradecerle por este gesto, porque, con toda la sinceridad del mundo, lo último en querer hacer es desvestir a un moribundo borracho, verlo desnudo y limpiarle la porquería del cuerpo. Sin embargo, rápidamente Katniss dictamina el ahorrarme los agradecimientos, esté puede estar ejerciendo una estrategia para ganarse a nuestro mentor y convertirse en su favorito. Del mismo modo, le contradigo marcándole la lógica: mañana no va ni acordarse de lo que dijo o hizo.
— Esta bien, si quieres puedo enviarte alguien del Capitolio para que te de una mano. — le digo señalando detrás de mí, porque se supone que existe gente en la cocina que se pueda encargar de estas cosas. Es su deber de atendernos.
— No, no las quiero.
Asiento dudosa al principio, pero término abandonando la habitación para volver a la mía.
Es comprensible la actitud que tomo Peeta, a nadie le gustaría estar alrededor de la gente del Capitolio, mas tomando en cuenta la clase de personas que son. No obstante, Katniss tiene algo de razón de dudar de su creciente amabilidad al ofrecerse encargarse de Haymitch, bueno, si lo ponemos de un modo comprensivo el hacer eso una chica es un poco... « ¡Deja de pensar en estupideces! » dictamina Katniss en tono agresivo, como si aún no me diera cuenta de donde estoy metida « ¿A dónde crees que nos están mandando? ¡Son los Juegos del Hambre! Allí cualquier cosa puede ser un plan, más si te sirven de buena vista actitudes amables. Y... ¿Qué ocurre cuando se comportan bien contigo? » Se ganan un lugar en tu corazón, obtienen un respeto y la simpatía entera. Aguarden. Tiene sentido lo que dice Katniss, un Peeta Mellark amable es tres mil veces peor a uno desagradable, porque en el sitio donde vamos somos enemigos, no amigos, van a lanzar a una arena donde tendremos que matarnos para poder sobrevivir. Es decir, el más astuto e ingenioso de todos los hará. Allí se vale todo. Llego el momento de reaccionar.
Cuando llego a mi habitación, el tren se detiene para descansar, apretando las manos en forma de puños, abro la ventana y arrojo las galletas que medio el papá del chico rubio y cierro de inmediato. Esta mal, sé que está mal botar comida considerando todas las personas en poder comerla, pero no deseo más amabilidad de nadie, mucho menos de los Mellark de hacerlo me arrepentiré de por vida. Para colmo, el paquete de galletas cae al suelo y se abren justo en medio un un grupo de dientes de león que se encuentra junto a las vías. Solo lo visualizo un instante, porque el tren sale de nuevo, pero basta lo suficiente para que las memorias de este cuerpo se disparen, con ello me refiero al recuerdo del diente de león recogido por Katniss luego del día que casi muere de hambre bajo la lluvia. Me recuesto sobre la pared y me deslizo poco a poco hasta terminar en el suelo, miro al estrambótico techo para ser el de un tren y suelto un suspiro ahogado. Todo lo que ha sucedido en este día me parece sacado de un libro de ciencia ficción, o de las películas de esa misma temática, estar metida en este especie de lio literario no me apetece mucho, menos asumir los sentimientos de la dueña de este cuerpo porque... ¿Saben lo que significa un diente de león? Buena suerte, eso es, encontrarte uno significa eso.
Una vez más, las imágenes de las memorias de Katniss me envuelven empujándome en un remolino curioso, primero que nada, se ve a ella luego de desviar la mirada del rostro amoreteado de Peeta Mellark topándose con el diente de león sujeto la mano de su hermana Prim que con curiosidad le pedía saber otras cosas para alimentarse, ella le respondió que de todo tipo pero debía de acordarse. Seguidamente, se muestran a ellas dos cerca de la alambrada recogiendo con cubetas dientes de león, esa misma noche hicieron una ensalada y se comieron el resto del pan de la panadería. Seguidamente, Katniss y Prim estudiaban un libro curioso que poseía un sin fin de nombres y dibujos de plantas medicinales, aunque no solo se remota a estas, igualmente poseía una sección de plantas comestibles de las que les beneficiaria a futuro. Al día siguiente aprovechando de no tener clase, fue una vez a alambrada quedándose petrificada allí sin hacer nada, o bueno, meditando la posibilidad de adentrarse bajo esta sí o no. Finalmente la niña temerosa venció sus miedos entrando en el bosque, era evidente ser su primera vez estando sola sin la compañía de su padre, aunque con suficiente astucia recupero un arco escondido en un roble con el entusiasmo de poder cazar algo. Decidió caminar más adentro, medio subida en las ramas, medio escondida entre matorrales y árboles hasta que finalmente logro cazar un conejo.
En la llegada a su casa la imagen sorpresiva de carne, llamo la atención de todas, pero más aún, la madre de Katniss quien despertó de su letargo para despellejar al animal y hacer un estofado con vegetales. Seguidamente quedó desconcertada, para echarse una vez más, a morirse, pero las pequeñas Everdeen la obligaron a comer junto a ellas. Los bosques se convirtieron en la salvación de esta familia, donde cada día la mayor de las hijas se adentraba a sus alas. Con un comienzo lento, como es de costumbre en hacer algo nuevo, le propicio toda clase de actividades para poder sobrevivir ella y su familia. Robaba huevos de los nidos, pescaba peces con una red, a veces cazaba una ardilla o conejo para estofado, recogía plantas que surgían bajo sus pies, eso sí, con sumo cuidado porque de escoger la equivocada podría ocasionarte la muerte. En general, en el bosque tenia sumamente cautela de cualquier ruido extraño, pues podría significar la aparición de un depredador peor a ella.
Finalmente el 18 de mayo recibió su primera tesela que fue a recoger en el Edificio de Justicia, fue a inscribirse y la llevo a casa en el carrito de juguete de Prim. Cada mes recibía normalmente su ración de cereales y aceites, con todas las consecuencias que estas contienen, pero de igual forma, necesitaba de cazar en el bosque como de otros artículos de necesidad. Rápidamente, aparece la opción del Quemador. Pueden imaginar a una pequeña de doce adentrándose en ese lugar lleno de adultos, es más, les doy permiso de hacerlo porque en estos momentos lo visualizo con ojos abiertos. Pero que no se equivoquen. La chiquilla de ojos grises puede aparentar ser ingenua, pero no lo es, en cambio es astuta y rápidamente logra abrirse en aquel mundo del intercambio comercial. Las personas de tratar parecen conocerla, seguramente por parte de su padre, que le ha dado algo de ayuda extra y más seguramente conociendo su destino cruel. Poco a poco fue descubriendo las mañas del comercio, en la carnicería le compraba la carne de conejo, pero no las ardillas; las ardillas se las compraba el panadero siempre y cuando la bruja de su esposa no estuviese a la vista; al jefe de los agentes de la paz le encantaba el pavo silvestre y el alzaré las fresas.
A finales del verano, Katniss se estaba lavando en un estanque cuando se fijó en unas plantas que la rodeaban: altas con hojas como fechas, y flores con tres pétalos blancos. Se arrodillo en el agua, metió los dedos en el suave lodo y saco un puñado de raíces. Eran tubérculos pequeños azulados que no parecían la gran cosa, pero que aparentemente eran comestible por su expresión de admiración al observarlos, sin olvidar el brillo en su mirada.
— Katniss, la saeta del agua. — pronunció ella con voz clara.
Así que de esa curiosa planta sacaron su nombre, eso explica su emoción a encontrarla, era comestible y aseguraba una ración segura en la mesa de su casa. Se la pasó un buen rato agitando el lecho del estanque con los dedos de los pies y un palo, recogiendo los tubérculos que flotaban a la superficie. Esa noche se dieron un banquete decente comiendo pescado y raíces de saeta, donde por primera vez sus rostros demostraban estar satisfechas. Poco a poco, la mamá de Katniss empezó a demostrar cambios considerables a su comportamiento de momia; limpiaba, cocinaba y conservaba algunos alimentos para invierno. La gente le pagaba con dinero u otra cosa las medicinas que creaba y, un día, cantó. Prim estaba sumamente encantada, su rostro mostraba la felicidad entera de tener nuevamente a su mamá con ella, solo basta decir la reacción de Katniss al respecto: no se lo creía. De hecho, su rostro ceñudo esperaba con antelación verla irse de nuevo, abandonarlas y adentrarse nuevamente en el mundo de la tristeza. Aunque no puedo culparla de pensar así, ella las abandono en el instante que más la necesitaba, esa expresión en su rostro es de total reprocho, uno por su comportamiento negligente y débil, sin esforzarse a siquiera a resistir por sus pequeñas. Del mismo modo, viene la contraparte.
Recuerdo como le grite en el Edificio de Justicia, reprochándole algo que claramente no fue para mí, pero que igualmente sentí apatía por las víctimas. Entonces ella admitió haber estado enferma, que deber tenido las medicinas de ahora, pudo haberse curado antes. Me sentí mal, pero todo, algo ridícula porque tal vez debí de emplear ese momento para darle un memorable recuerdo de su hija, no uno regañándola. Tal vez, tampoco pueda enmendarlo porque me dirijo a un futuro incierto. « Le has dicho que las querías » susurra Katniss débilmente, intentando de recompensar un poco mi culpa « eso puede bastar ». Abro los ojos dándome cuenta de mi regreso, estoy a punto de levantarme y abrir nuevamente la ventana pero me contengo, quizás eso no sea una excelente idea tomando en cuenta en la velocidad en la que vamos. Me permito pensar por un momento en casa, pero no la de Katniss en el Distrito 12, sino mi verdadera casa, mi Mérida. Seguramente debe de estar amaneciendo, haciendo un frío tan terrible que la punta de tus dedos se coloca rojos sin poder evitarlo, mamá se levantara tan dormida para ir al baño a darse una ducha de agua caliente, seguidamente ira hacer el desayuno. Entonces, cuando vaya a despertarme encontrara la cama vacía, sin nadie recostada en ella.
Sujeto mis rodillas doblándome al punto de parecer una bolita, pienso que si deseo llorar es el momento idóneo, no hay nadie cerca, ni cámaras o algo parecido, solamente estoy yo en esta lujosa recámara con una voz en la cabeza. Pero no, no consigo ni soltar una lágrima simplemente me quedo allí tullida abrazándome a mí misma, sintiendo los espasmos de tristeza invadiendo todo mi ser y empujándome con fuerza. Entonces, decido que si me voy a echar a morir, mejor hacerlo sobre la cama. Me arrojo con todo y ropa sobre ella, las sábanas son de tela suave y sedosa, con un edredón grueso y esponjoso que me calienta de inmediato. Seguramente en las cómodas deben de haber muchos camisones o ropa para dormir, pero no me levanto, las energías las he agotado todas fingiendo ser una persona que no soy y aguardando sentimientos contradictorios, por primera vez hoy en todo el día quiero dejar de ser Katniss Everdeen y adoptar la piel de Heather Fausto. Cierro los ojos con fuerza deseando soñar con casa, mi eterna y hermosa Mérida con sus montañas boscosas, al igual de glaciales. Y eventualmente, término quedándome dormida.
Está entrando luz gris a través de las cortinas cuando me despiertan unos golpecitos. Oigo una voz que no debería de oír si se supone de estar a punto de ir a clases, pero luego de golpe recuerdo todo haciéndome sentir patética. Nada de lo vivido el día anterior fue un sueño, ocurrió de verdad.
— ¡Arriba, arriba, arriba! ¡Va a ser un día muy, muy, muy importante!
Effie Trinket, en su pleno esplendor mañanero. Intentar pensar en el interior de su cabeza es igual a entrar en un laberinto sin un mapa, directo a perderse entre sus pasillos sin salida, por lo tanto, no tengo idea. Tomo asiento sobre la cama parpadeando sin descanso a ver si me adaptó una vez a mi nueva realidad, he de admitir hacérseme fácil hacerlo al conforme se encuentre mi medio ambiente, pero aún más, obligarme a mí misma el ponerme una coraza de acero. No soy Heather Fausto, no soy Heather Fausto, no lo soy, en realidad estoy en Panem, proveniente del Distrito 12 y me llamó Katniss Everdeen. Perfecto. Teniendo esos pensamientos, me levanto para enfrentar lo que se avecina. Reviso las cómodas tratando de buscar algo decente por ponerme, cojo una camisa amarilla y unos pantalones oscuros, desprendo la insignia de sinsajo de la que anteriormente utilice y la coloco en la nueva quedándome mirándole con curiosidad. Mi mente viaja al Distrito 12, donde está la gente que quiere Katniss, su madre, su hermana Prim y Gale. ¿Qué pueden estar haciendo en estos momentos? Seguramente pensando en las maneras de seguir viviendo, de mantenerse fuertes para enfrentar lo que se viene. Me doy cuenta que me he dormido con el peinado hecho por las manos de la mamá de Katniss, decido en dejármelo, de todas maneras está bien hecho y no se ha dañado. « Da igual » se anuncia por primera vez en el día la voz de Katniss « no debemos de estar lejos del Capitolio y, cuando lleguemos a la ciudad, tu estilista decidirá el aspecto que vas a tener en la inauguración de esta noche. » ¡Ah! Fíjate nada más, ahora los tributos tienen estilistas a tu disposición y todo. Estos juegos no son solo pela, ¿eh? « Solo preocúpate porque no piense que la desnudez es el último grito de la moda » ¿Y hasta hora lo dices? ¡Claro que voy a preocuparme! De ninguna manera estaré dispuesta a exponerme delante de otras personas así, ni ahora, o nunca.
Cuando entro al vagón del comedor, Effie Trinket se acerca a mí con una taza de café solo; está murmurando obscenidades entre dientes. Haymitch está riéndose disimuladamente, con la cara roja de los abusos del día anterior. El chico rubio tiene un panecillo en la mano y parece medio avergonzado.
— ¡Siéntate! ¡Siéntate! — exclama Haymitch, haciendo señas con la mano.
En cuanto lo hago, me sirven una enorme bandeja de comida: huevos, jamón y montañas de papas fritas. Hay un frutero metido en el hielo, para que la fruta se mantenga fresca, y tengo delante una cesta de panecillos. También hay un elegante vaso de jugo de naranja, adoro el jugo de naranja y que lo encuentre en este mundo me da un poco de alegría, más si lo visualizo en el desayuno. También amo el café, más si es luego de una noche en vela leyendo libros o haciendo trabajos de la escuela, aunque si lo tomo lo prefiero muy dulce, con leche o... ah... allí estás, una taza con algo marrón intenso esperando por ser tomada.
— Lo llaman chocolate caliente. — me dice Peeta, como si en realidad no lo supiera. — Está bueno.
Y no lo dudo. Quiero rodear los ojos ante la obviedad de su comentario, pero no lo hago, pienso en que Katniss viniendo de donde viene, seguramente en la vida ha tenido la oportunidad de probar uno. Así que, dándole un largo trago a mi café, me dispongo a detenerlo para caerle de una vez al chocolate. Vuelvo a la vida. En mi mundo suelo combinar esta dos bebidas en una sola, tiene su curiosa historia, pero desde que la vi no hay momento en jamás evitarlo hacer. Es exquisito, más la sensación de lo amargo combinándose con lo cremoso y esponjoso del chocolate, mezclándose para crear un sabor inigualable en la boca. Aunque deseo simplemente combinarlos entre sí en una sola taza, me limito a beberme el chocolate de una, seguido de atiborrarme de todo lo que pueda, eso sí, he tomado mis precauciones antes de querer terminar como ayer. Este cuerpo aún no puede aguantar tantas emociones gastronómicas juntas.
« No conozco a Haymitch » dice Katniss « aunque lo he visto a menudo en el Quemador, tintado puñados de dinero sobre el mostrador de la mujer que vende licor blanco. » Genial, esté borracho crónico estará perdido entre su mundo de horror psicodélico cuando lleguemos al Capitolio, seguramente podría ser otro de esas escenitas cómicas. Sin darme cuenta, lo he empezado a detestar, « es predecible, tomando en cuenta la clase de persona que es realmente » menciona con un tono bastante despectivo, y la comprendo porque seguramente en él recae la responsabilidad de no tener más ganadores en su distrito. Es decir, es cierto su falta de nutrición, pero tener que lidiar con una persona borracha debe de ser un problema, más para los patrocinadores. « Entre más vistosos se vean los tributos, más personas tendrás apostando por ellos » explica Katniss, ante el comentario que he hecho « si posees dichos atributos será pan comido tener patrocinadores, pero si ves a un mentor como esté. ¿Cuál sería tu reacción? » Que el tributo es igual de mediocre y sin ningún punto fiable para ganar, trayendo como consiguiente un gasto innecesario de dinero. « Eso es correcto, y aunque en el Capitolio gastar dinero es irrelevante, nadie quiere ser el hazmerreír de sus amigos. » porque al final de todo para ellos todo es una distracción, un juego más en su monótona y asquerosa vida sin preocupaciones.
— Bien, ¿no se supone que debes decirnos algún truco o consejo? — le preguntó.
— ¿Quieres un consejo? Sigue viva. — responde Haymitch, y se echa a reír.
Girando la cabeza incrédula, busco la mirada de Peeta antes de recordar lo de no confiar en él, y me consigo con una expresión totalmente distinta a la que usualmente tiene: la afable.
— Muy gracioso. — dice. De repente, le pega un bofetón al vaso que Haymitch tiene en la mano, y el cristal se hace añicos en el suelo y se derrama el líquido rojo sangre hacia el fondo del vagón. — Pero no para nosotros.
Haymitch parece meditarlo un momento y le da un puñetazo a Peeta en la mandíbula, tirándolo de la silla. Contengo la respiración un segundo al ver tal escena, pero al momento de ver como intenta coger una vez más el alcohol pasa por mi mente un "piensa rápido", cogiendo el cuchillo de la mesa y se lo clavo entre la botella, y su mano. Creo que llegara un bofetón en el rostro, pero solo queda en mi mente eso, porque nada pasa; salvo que el hombre de correr hacia atrás y nos mira de reojo.
— Bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿De verdad me han tocado un par de luchadores este año? — el chico rubio se levanta del suelo y sujeta un puñado de hielo debajo del frutero. Se lo coloca en la parte roja de la mandíbula. — No. — Lo detiene Haymitch — Deja que salga el moretón. La gente pensara que te has peleado con otro tributo antes incluso de haber llegado al estadio.
— Pero va contra las reglas.
— Solo si te atrapan. Ese moretón dice que has luchado y que no te han cogido, mucho mejor. — Después de devuelve hacia mí — ¿Puedes hacer algo con ese cuchillo aparte de clavarlo en la mesa?
Parpadeo constantemente ante la pregunta, las armas de Katniss son el arco y las flechas, en cuanto a mí... el dormir hasta grandes horas. Entonces, de pronto, comprendo que si deseo la ayuda de este hombre debo demostrarle las habilidades de este cuerpo, las cuales, Gale me mando a confiarlas. Por eso, sonriendo socarronamente, saco el cuchillo de la mesa y la apunto hacia la pared arrojándolo, se supone que debía de clavarse en ella pero queda metido entre los dos paneles, dando a entender ser mucho mejor a la esperado. Mi nuevo amigo tenía razón, este cuerpo posee claras habilidades, solo debo de confiar.
— Vengan aquí los dos. — nos pide Haymitch, señalando con la cabeza al centro de la habitación. Obedecemos, y él da vueltas a nuestro alrededor, tocándonos como si fuéramos animales, comprobando nuestros músculos y mirándonos la cara — Bueno, no está del todo perdido. Parecen estar en buena forma y, cuando los agarren los estilistas, serán bastante atractivos. — me quedo callada mirando ese argumento con duda, porque se supone que los Juegos del Hambre es un concurso de lucha a muerte, no uno de belleza. « Aunque no lo parezca, Haymitch tiene razón » argumenta Katniss, refutando contra mi pensamiento « estos juegos siempre se les da importancia a los chicos con mejor aspecto, ellos siempre consiguen patrocinadores. » — Vale, haré un trato con ustedes: si no intervienen con mi bebida, les prometo estar lo suficientemente sobrio para ayudarlos, siempre y cuando hagan todo los que les diga.
No parece un gran trato, pero sí un paso gigantesco con respecto a lo acontecido hace diez minutos, cuando no teníamos quien nos ayudara.
— Vale — responde Peeta.
— Entonces, ilumínanos. Por ejemplo, estando en el estadio ¿cuál es la mejor opción cuando...?
— Cada cosa a su tiempo. Dentro de unos minutos llegaremos a la estación y estarán en manos de los estilistas. No les va a gustar lo que les hagan, pero, se lo que sea, no se resistan.
— Pero... — empiezo a protestar.
— No hay peros que valgan, no se resistan. — dice Haymitch.
Luego sujeta la botella de la mesa y sale del vagón. Cuando cierra la puerta, todo queda a oscuras, aunque persisten las luces de dentro parece de noche. Me doy cuenta que entramos en una especies de túneles, me recuerdan un poco a los que atraviesan las montañas para llegar a mi ciudad, a Mérida. Desde tiempos inmemorables he odiado la oscuridad, es más, me aterra por lo que mamá opto por comprarme una lámpara para alumbrar mi cuarto. Tengo muy pocas memorias compartidas con mi papá, pero de las que poseo estoy en la parte de los asientos traseros con el móvil de mamá jugando a la "culebrita", de pronto, la oscuridad se cierne sobre nosotros engulléndonos totalmente quedando unas pocas lucesilla iluminando el camino. Con toda la ingenuidad de la niñez, me deslizo hasta el suelo en un débil intento de escapar de ese sentimiento opresor en mi pecho llamado miedo. Ahora, en el presente, me dan ganas de correr por debajo de la mesa y cubrir mi cabeza, como si pudiese protegerme de alguna clase de agresión por parte de alguien. Pero no lo hago, en cambio, me quedo en silencio mirando el túnel dura, dura y dura, separándonos de la luz natural del cielo. Se me encoje el corazón, me sudan las manos y tiemblo, sé que ahora soy Katniss Eveerdent pero no puedo evitar sostener las costumbres de mi verdadero yo, de Heather Fausto.
El tren por fin empieza a frenar y una luz brillante inunda el compartimiento, el alivio comienza a emerger de mi cuerpo. Peeta Mellark sale corriendo sin poder evitarlo hacia la ventanilla, le sigo desde atrás caminando mientras las comprensiones motores de mi cuerpo vuelven a la normalidad. Entonces, por fin, veo el Capitolio, la ciudad que dirige todo Panem. Edificios relucientes que proyectan un arco iris multicolor en el aire, coches brillantes que recorren las anchas calles pavimentadas, una gente vestida y pintada de formas raras o extravagantes, sus rostros poseen la clara visión de jamás saber lo que significa aguantar hambre. Todos los colores son un claro asesinato a tus ojos: los rosas demasiados intensos, los verdes demasiado brillantes, y los amarillos, encienden tus retinas, me recuerdan a las paletas de muchos colores que compraba en mi época de niña. Algo de lujo seguramente en el Distrito 12.
La gente empieza a señalarnos con entusiasmo al reconocer el tren de tributos que entra a la ciudad. Me aparto rápidamente de la ventana sintiéndome asqueada de su estúpida emoción, son un grupo de gente enferma que disfruta ver la desgracia de los demás, de ver como los niños de los distritos luchan a muerte para poder sobrevivir, sobre todo, que han sido obligados a pasar por todo esto. No, lo siento, pero me niego a verles la cara sabiendo que todo esto está mal, que la masacre de inocentes está mal, mientras ellos ni deben de preocuparse por si sus hijos pasan hambre o van a ser seleccionado en los juegos. Aún tengo en mi memoria las caras de los chicos del 12, el hundimiento, el desespero y las ganas de salir librado de tu papeleta jamás ser seleccionada para venir al Capitolio. ¿Cómo pueden hacer de todo esto un espectáculo? Sin embargo, a mi lado, existe un chico que parece estar disfrutando de todo este chiste sin gracia. Seguramente lo han descubierto, me refiero a Peeta Mellark.
Él se mantiene en su sitio, e incluso, comienza a saludar y sonreírle a la multitud, que lo mira con la boca abierta. Yo igual señores, yo igual. Sólo deja de hacerlo cuando el tren se mete a la estación y nos tapa la vista. Se da cuenta de mi expresión y se encoje de hombros.
— ¿Quién sabe? Puede que uno de ellos sea rico.
Me equivoque, fui lo suficiente idiota como para darle el beneficio de la duda a este muchacho, a lo que me ha venido diciendo durante todo este tiempo Katniss es cierto. Desde el comienzo puede haber sido una estrategia: el apretón de manos amistoso, las visita de su padre con las galletas, prometerme cuidar de Prim... ¿Tengo la cara de poder mentirle fácilmente? Porque hasta creí un poco en las lágrimas derramadas en la estación, presentarse voluntario para lavar a Haymitch y después provocarlo esta mañana para que, obviamente, hacerse el bueno en estas circunstancias no vale nada. Y allí lo tienen, con un rostro bañado de inocencia fingida saludando a la gente por la ventanilla, intentando ganarse al público. 
Aun no todo está muy claro, pero todo estará tomando forma mientras seguimos avanzando, pero de algo estaré clara, este chico aun no acepta su muerte. Ya está luchando para seguir permaneciendo vivo, lo que significa, que el bueno de Peeta Mellark, el chico que le regalo pan a Katniss, ahora mismo estar contando con su muerte.