sábado, 24 de febrero de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


3
Cuando estaba pequeña me gustaba jugar con mi hermano Will a la pelota, en el patio grande de la primera casa de mis abuelos lo habilitamos como una cancha, el estadio perfecto para nuestra contienda. Solía ser la portera porque no era mala en ello, mis reflejos solían ser legendarios, y, Will refunfuñado lo sabía. Es por ello, que una vez haciendo un movimiento totalmente sucio, pateo la pelota con fuerza directamente hacia mi estómago, dejándome sin aire. Quede un poco aturdida, media confundida, y medio llorosa, queriendo gritar mamá con todas mis fuerzas. Will percatándose de ello corrió a mi encuentro buscando hacerme respirar, visiblemente estaba arrepentido, por eso colocándose a un lado mío sostuvo mi espalda mandándome a inspirar y aspirar, inspirar y aspirar muchas veces, solo así pasaría el dolor.
Bueno, ¿adivinan algo? Me siento de esa misma forma. Busco como volver a respirar, no puedo hablar y estoy totalmente confundida, en tanto el nombre sigue haciendo eco en mi mente. Alguien me coge del brazo, un chico de la Veta, y creo que he empezado a caerme al suelo por lo que me ha sujetado. Tiene que ser una broma, tiene que ser una broma, ¡Una muy maldita broma! ¿Por qué lo han escogido a ella? ¡¿Por qué precisamente a ella entre miles?! Katniss la había protegido a toda costa de las teselas, de pedirlas a costa de su propio riesgo de introducir su nombre en las urnas, de hecho, me encontraba muy confiada de no ser elegida ella en lugar del nombre de su hermana. Es decir, la suerte se inclinaba más a su favor que del mío, pero aparentemente eso no ha servido de nada. En algún momento lejano escucho a la gente murmurar con tristeza, como es de injusto escoger a un chico de doce años y lo es sin duda alguna, lo es. ¿Cómo pueden permitir tal cosa? ¡¿Cómo pueden dejar que le arrebaten a sus niños de esta vil manera?! No... No... ¡No lo comprendo! Y, posiblemente, jamás lo haga.
Entonces la veo, finalmente veo su carita pálida, dando pasitos hacia el escenario, pasando por mi lado, y veo que la blusa se le ha vuelto a salir de la falda por detrás. « ¡Muévete! » grita Katniss con desesperación en mi mente, como si realmente me encontrara en un especie de trance o en shock « ¡He dicho que te muevas! « sigue insistiendo, pero no le hago caso, no puedo hacerlo porque... mis músculos no responde, la mente menos, solo... solo estoy muy alterada. « ¡No puedes permitir que se la lleven! ¡No puedes permitir que maten a mi hermanita en los juegos! » Grita desgarradoramente, al punto de querer suplicarme o llorar. « ¡Así que muévete! ». Una clase de adrenalina es inyectada directamente a las venas, dejándome una vez más movilidad a mis músculos, con esto debo de moverme... ¡Debo de hacerlo!
— ¡Prim! — Grito con una voz medio estrangulada, en señal de darme fuerza entierro mis uñas en las palmas de mis manos donde el dolor me espabila más. — ¡Prim!
No hace falta que mande a apartar a la gente, está me abren paso de inmediato y crean un pasillo directamente al escenario. Las piernas me tiemblan, pero el impulso de salvar a la pequeña hermana de Katniss es más fuerte que cualquier otra cosa, no puedo dejar que esto suceda ¡No puedo hacerlo! Al llegar finalmente hasta ella justo cuando pretende subir las escaleras, rápidamente la empujo para que se coloque detrás de mí y digo la peor locura de todas.
— ¡Me presento como voluntaria! — grito, con voz ahogada. — ¡Me presentó como voluntaria para tributo!
Si, si, ya lo sé, perdí la cabeza al decir hacer tal cosa pero no tengo alternativa, me rehusó a que la maldad del Capitolio arrase con la estabilidad de esta pequeña familia, que ya de por sí, se encuentra destruida. Llevar a Prim a los juegos es un suicidio, no podría sobrevivir, menos como es realmente. Por otro lado, el escenario ha entrado en conmoción, con voz ahogada Katniss menciona que en el Distrito 12 nunca ha existido un voluntario, agregándole que debemos seguir un montón de reglas. El protocolo dictamina que, luego de sacar el nombre de un tributo de la bola, otro chico de edad elegible, puede presentarse como candidato para tomar su lugar. En algunos distritos en los que ganar la cosecha se considera un honor y la gente es lo suficientemente estúpida como para arriesgar su propio pellejo, presentarse como voluntario es complicado. Sin embargo, en el Distrito 12, donde la palabra tributo y la palabra cadáver son básicamente lo mismo, los voluntarios son raros de aparecer. En pocas palabras, soy lo suficientemente loca y estúpida como para a ver hecho semejante acto, aun mas sabiendo donde me voy a meter.
— ¡Esplendido! — exclama Effie Trinket — Pero creo que queda el pequeño detalle de presentar a la ganadora de la cosecha y después pedir voluntarios, y, si aparece uno entonces... — deja inconcluso.
— ¿Qué más da? — interviene el alcalde. Esta mirándome con una expresión de dolor. Aunque en realidad, no debe de conocer a Katniss, existe un contacto directo. Es la chica de llevarle las fresas, la chica que puede haberle mencionado su hija una que otra vez... « y la chica que hace once años abrazada de su hermana menor recibió una medalla de honor por morir su padre en una explosión en las minas » agrega Katniss con voz lúgubre « quizás se acuerde » — ¿Qué más da? — Repite en tono brusco — Déjala que suba.
Prim está gritando como una histérica detrás de mí, me rodea con sus delgados bracitos como si pudiese detenerme.
— ¡No, Katniss! ¡No! ¡No puedes ir!
— Suéltame... — digo con dureza, porque si no me hago yo misma una coraza terminare llorando. Y créanme, nadie quiere verme haciéndolo, menos cuando una vez que lo hago, nadie me para. « Haces bien, esta noche harán una repetición de la cosecha y debes fingir dureza, no ser una debilucha fácil de matar » — ¡Que me sueltes te he dicho!
Noto como alguien tira de ella por detrás, así que me devuelvo y miro a Gale, que levanta a Prim del suelo, mientras ella forcejea en el aire.
— Arriba, Catnip. — me dice, intentando que no le falle la voz; después se lleva a Prim con su mamá. Yo me armo de valor mordiéndome la mejilla interior y subo los escalones.
— ¡Bueno, bravo! — exclama Effie Trinket, llena de entusiasmo. — ¡Esté es el espíritu de los Juegos! — Está tan encantada de todo esto que me produce asco, todo en entorno de esta situación lo hace. — ¿Cómo te llamas?
— Katniss Everdeen. — respondo de manera magistral, sin equivocarme de decir mi real nombre.
— Me apuesto los calcetines a que era tu hermana. No querías que te robase la gloria, ¿verdad? ¡Vamos a darle un gran aplauso a nuestro tributo! — canturrea Effie Trinket.
No puedo sentirme más orgullosa de este distrito, nadie en lo absoluto aplaude, seguramente porque la cara de Katniss es reconocible fácilmente, o al menos, entre la gente del Quemador, igualmente podemos sumarle a Prim porque es inevitable no quererla, de lo contrario, no estaría en semejante aprieto. Por lo tanto, toda la gente aprecia su manera de inconformidad como mejor lo saben hacer, mediante el silencio, con esto significa que todo esto está mal, que su maldita selección está mal y mientras tanto puedo quedarme tranquila en mi sitio, permanecer inmóvil. Entonces pasa algo inesperado, al menos Katniss y yo no lo esperamos, porque el Distrito 12 no es un lugar propicio para preocuparte del de alado. « Pero algo ha cambiado » dice Katniss » desde que subiste el escenario suplantando el lugar de mi hermana, te convertiste en alguien digno de admirar. » Primero una persona, después otra y, al final, casi todos los que se encuentran entre la multitud se llevan los tres dedos centrales de la mano izquierda a los labios y después me señalan con ellos. No tengo que significa, pero el simplemente hacerlo conmigo me ha conmocionado mucho, seguramente tiene su historia. « Es un gesto muy antiguo » me explica Katniss paciente, igualmente sorprendida del acontecimiento « en nuestro distrito que a veces se ven funerales, es un gesto de dar gracias, de admiración, de despedida a un ser querido.»
Oh, demonios, demonios, demonios, demonios. ¡Ahora si estoy a punto de llorar! Pero por suerte alguien me detiene de hacerlo, Haymitch dando traspiés por el escenario, ha escogido el momento preciso para felicitarme.
— ¡Mírenla, mírenla bien! — brama, pasándome un brazo sobre los hombros. Tiene una fuerza sorprendente para estar tan vuelto nada. — ¡Me gusta! — El aliento le huele a licor y hace bastante tiempo que no se baña. — Mucho. — exclama, triunfal. — ¡Mas que ustedes! — Me suelta y se dirige a la parte delantera del escenario — ¡Mas que ustedes! — grita, señalando directamente a la cámara.
¿Está loco? ¿En verdad no está loco? Porque todo esto me ha sonado a estar buscándole pela al Capitolio, o al menos en mi perspectiva es así, aunque tampoco tengo tiempo de averiguarlo porque Haymitch se cae del escenario y pierde el conocimiento. Es bastante patético, pero le agradezco tener toda la atención de las cámaras sobre él como para permitirme escapar un ruidito ahogado que me bloquea la garganta, seguidamente de una lagrima que se escabulle por uno de mis párpados, la limpio rápidamente con la bendición de no ser vista por nadie. Pongo las manos detrás de mi espalda y miro hacia adelante, allí están las colinas que recorrí esta mañana con Gale y, por un momento, considero que su propuesta no fue tan mala después de todo. « ¿Has perdido acaso la cabeza? » despotilla Katniss rápidamente, haciéndome parecer loca « de no haber tu estado aquí, ¿quién se hubiese presentado en la cosecha por Prim? » tiene razón, me necesitan más aquí que en los bosques.
A Haymitch se le llevan en una camilla y Effie Trinket intenta volver el espectáculo en marcha.
— ¡Qué día más emocionante! — exclama, mientras manosea su peluca para ponerla en su sitio, ya que se ha torcido notablemente hacia la derecha. — ¡Pero todavía queda más emoción! ¡Ha llegado el momento de escoger a nuestro tributo masculino! — Con la clara intención de contener la precaria situación de su pelo, avanza hasta la bola de los chicos con una mano en la cabeza; después coge la primera papeleta que se encuentra, vuelve rápidamente al podio que ni siquiera tiempo me ha dado para rezar no tratarse de mi nuevo amigo, aunque en definitiva, no es él. — Peeta Mellark.
Oh, bueno, puedo suspirar con alivio. Gale está a salvo.
« ¡Peeta Mellark! » exclama la voz de Katniss alarmada, en un punto que hasta yo misma me asombro. «Oh, no. Él no » reintegra con lastima, frunzo el ceño intentando ser memoria de algo que me lleve a reconocer a dicho nombre de mi mundo, pero nada, no he hallado nada. « ¿Por qué reconozco ese nombre? » me pregunta con tono seco, mientras intento buscar entre la multitud el dueño de él, no siendo tan difícil pues nuevamente, los chicos hacen un pasillo para que camine directamente al escenario. « Nunca he hablado directamente con él pero... la suerte hoy no está precisamente de nuestro lado. »
El chico avanza rápidamente hacia el escenario; altura media, bajo y fornido, cabello rubio ceniza que cae sobre ondas sobre su frente. En la cara se le ve una clara conmoción del momento, se ve que lucha por guardarse las emociones, pero en sus ojos azules constato una alarma que puedes ver fácilmente en un conejo, está asustado. De todos modos, sube al escenario con paso firme y ocupa su lugar. Effie Trinket pide voluntarios, nadie da un paso adelante. « Sé que tiene dos hermanos mayores » me informa Katniss « los he visto en la panadería, aunque seguramente se le ha pasado a uno la edad para ofrecerse voluntario, y el otro no lo hará. Es normal. » Intenta convérseme, pero es imposible no sentir un poco de malestar por ello, porque en definitiva estaría dispuesta a luchar por Andree, aunque no es mi hermana de ser necesario, e igualmente ella lo haría por mí. Pero veo que aquí no es posible ello. « El amor fraternal tiene sus límites, para todos en el día de la cosecha. Lo que te he obligado hacer, es radical » no, no es impuesto, porque como he dicho anteriormente es inevitable encariñarse con Prim. Y aunque no lo crean, me recuerda un poco a Andree, al menos tienen la misma edad.
El alcalde empieza a leer el largo y aburrido Tratado de la Traición, como aparentemente parece ser tradición, pero no lo escucho. Katniss en mi mente musita por lo bajo la razón de escoger a Peeta Mellark como tributo, es extraño porque según sus palabras, ellos no son vecinos, ni mucho menos conocidos simplemente tuvieron una interacción hace años y seguramente, él lo ha olvidado, pero ella jamás lo hará. « ¿Quieres saberlo? » me pregunta, aunque sinceramente es estúpido porque realmente me intriga, no por nada reaccionas ante el nombre de un muchacho siendo elegido al mismo destino que tú, seguramente tiene su historia. « De acuerdo, te mostraré »
Rápidamente, sin aviso alguno, soy jalada desde atrás abandonando sorpresivamente del escenario donde me encuentro, del momento donde me encuentro, en su lugar, aparecí en aquel oscuro sitio que estuve antes de despertarme en el cuerpo de Katniss. Miro mis manos y noto volver nuevamente a mi cuerpo, estoy a punto de soltar un grito de alegría hasta que una tira de imágenes me envuelve, son memorias, memorias pertenecientes a Katniss.
« Fue durante la peor época posible. Mi padre había muerto en un accidente minero hacia tres meses, en el enero más frío de que de recordaba. Ya había pasado el entumecimiento por la perdida, y el dolor me atacaba de repente, hacía que se me doblase y que los sollozos me estremeciesen. »
Ante mí, la imagen de una pequeña niña de once años derrumbada sobre una cama, sus lágrimas seguían desembocando a un lado de su rostro, donde se percibía una colcha mojada por ese llanto. Ella trataba desesperadamente secárselas, buscar no aparentar estar sufriendo pero fallaba, del dolor no es algo que puedas simplemente huir esté se pega a tus tobillos imposibilitándolo, seguidamente de contaminar todo tu cuerpo. Lo sé, porque igualmente lo he vivido.
« ¿Dónde estás? — Gritaba en mi interior — ¿A dónde has ido?
Por supuesto, nunca recibí respuesta.
El distrito nos concedió una pequeña suma de dinero como compensación a su muerte, lo bastante para un mes de luto, después del cual mi madre habría tenido que conseguir trabajo. Ese fue el problema, simplemente no lo hizo. »
De inmediato, la imágenes cambiaron a una rubia mujer sentada en una silla o, de momento a otro, acurrucada debajo de unas mantas con la mirada perdida. Parece muerta, muerta en vida y de forma momentánea la reconozco como la mamá de Katniss. De hecho, noto como la pequeña Prim la llama constantemente pero no recibe respuesta alguna, solo silencio de su parte. Frunzo el ceño, no es normal un comportamiento así de una persona, menos si una de sus hijas le está llamando casi y parece estar... enferma.

« En algunas ocasiones se movía, se levantaba como si la empujase alguna urgencia, para después quedarse inmóvil. Yo estaba aterrada. Aunque ahora supongo que mi madre se había encerrado en un oscuro mundo de tristeza, en aquel momento, sólo sabía que había perdido a un padre y una madre. A los once años, con una hermana de siete, me convertí en la cabeza de la familia; no había otra alternativa. »
Las imágenes de Katniss comprando en el mercado, cocinando como podía aun arriesgando el quemarse o cortarse una de sus manos con un cuchillo me llenaron de admiración, ella tuvo que madurar tan rápido solo por la cruda realidad de perder el sustento de su familia. En realidad, no pudo tener la niñez adecuada como cualquier chica de mi edad, o incluso su adolescencia, donde preocuparse por chicos (como lo hice en aquel entonces) no tenía como de lugar. Lo que la movía era la necesidad de ayudar a su familia, de verse inclusive presentable delante de la sociedad solo para guardar las apariencias, del mismo modo, convertirse en el soporte fundamental de su hermana Prim.
« De no haber guardado las apariencias la historia hubiera sido otra, porque demostraríamos que mamá ya no podría cuidarnos y nuestro destino fuese sido el orfanato. Había crecido viendo a aquellos chicos en el colegio: la tristeza, las marcas de bofetadas en la cara, la desesperación que les hundía los hombros. No podía dejar que le pasara eso a Prim, a la dulce y diminuta Prim, que lloraba cuando yo lloraba sin tan siquiera saber la razón, que cepillaba y trenzaba el cabello de mi madre antes de irnos al colegio, que seguía limpiando el espejo de afeitarse de mi padre todas las noches porque odiaba la capa de polvo de carbón que siempre cubría a la Veta. El orfanato la habría aplastado como un gusano, así que mantuve el secreto de nuestras dificultades.»
Fue muy valiente por parte de Katniss hacer eso solamente por su hermana, en realidad ella tenía un corazón bastante bondadoso y generoso, aunque en buena parte, se debía a la manera que la educó su hermana mayor. De su mamá, no puedo decir nada, es decir, mirarla nada más como un adorno en la casa dejaba mucho por desear, pero sus momentos de lucidez te dejan más alarmadas. Está enferma, lo sé, pero no puedes evitar sentir más empatía por las jovencitas que ella.
« Al final, el dinero voló y empezamos a morirnos de hambre poco a poco. No hay otra forma de describirlo. No dejaba de decirme que todo iría bien si podía aguantar hasta mayo, sólo hasta el ocho de mayor, porque entonces cumpliría doce años, y podría pedir teselas y conseguir aquella valiosa cantidad de cereales y aceite que serviría para alimentarnos. El problema era que quedaban varias semanas y cabía la posibilidad de que no llegáramos vivas. Morirse de hambre no era algo diferente en el Distrito 12. ¿Quién no ha visto las víctimas? Ancianos que no pueden trabajar; niños de una familia con demasiadas bocas que alimentar, los heridos en las minas. Todos se arrastran por las calles y, un día, te encuentras con uno de ellos sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared o tirado en la Pradera, u oyes gemidos en una casa y los agentes de la paz acuden a llevarse el cadáver. El hambre nunca es la causa oficial de la muerte: siempre se trata de pulmonía, congelación o neumonía, pero eso no engaña a nadie. »
De golpe, el escenario caótico de personas muriendo de hambre se cambia a una tarde fría lluviosa, esta caía a cantaros sobre toda la superficie, la voz de Katniss sigue de forma fantasmal narrando la secuencia del encuentro final con Peeta Mellark. La figura desgarbada de una chica de once años captó rápidamente mis retinas, queriendo acercarme más di unos cuantos tumbos cerca de ella percatándome que en sus manos llevaba una ropa de bebé, una que seguramente fue al Quemador para cambiar por comida pero viendo la expresión de su rostro no tuvo mucho éxito. La lluvia había empapado la chaqueta de cazador de su padre que llevaba puesta, y visiblemente se veía estar congelándose. Tentativamente quise abrigarla de alguna manera, pero no pude, primero por tratarse de una memoria, y segundo, yo misma cargaba una ropa bastante escotada y para colmo andaba en calcetines, de por si era un desastre completo.
« Llevábamos tres días comiendo agua hervida con algunas hojas de menta seca que había encontrado en el fondo de un armario; cuando cerró el mercado, temblaba tanto que se me cayó la ropa de bebé en un charco lleno de barro, pero no la recogí porque temía que, si me agachaba, no podría volver a levantarme. Además, nadie quería la ropa. »
Su imagen se veía tan delicada, desgarbada y escuálida, para ser una niña de once año parecía más pequeña a lo convencional pues teniendo esa chaqueta puesta, daba una sensación más delicada y débil, sin dudas. En su rostro se marcaba la evidente falta de comida en estos días, incluso su mirada se encontraba vacía y sin enérgica alguna, no era la alegría de la niñez que encontrabas allí, solo el cansancio y el agotamiento de cargar con un peso más grande a ella misma. La madurez le llego antes de tiempo. Intente volverme a acercarme sin ningún progreso, la proyección seguía su curso mientras yo parecida a un fantasma, visualizaba todo sin ejercer alguna intervención.
« No podía volver a casa; allí estaban mi madre, con sus ojos sin vida, y mi hermana pequeña, con sus mejillas huecas y sus labios cuarteados. No podía entrar sin esperanzas algunas en aquella habitación llena de humo por culpa de las ramas húmedas que había cogido al borde del bosque cuando se nos acabó el carbón para la chimenea. »
Katniss luego de dejar la ropita de bebé en aquel charco de barro comenzó a dar tumbos por la calle embarrada, detrás de lo que a mi parecer eran las tiendas de la gente más acomodada de la ciudad. Los comerciantes vivían sobre sus negocios, así que, básicamente, estábamos en sus patios. Pasamos por unos arriated sin plantar, unas cabras en un establo, y un pobre perro olvidado amarrado a un poste que estaba hundido en el lodo. La niña miraba con curiosidad a todas partes por si podría encontrar algo que saciar su hambre, entonces ocurrió lo esperado, ella con sus pequeños hombros hundidos se acercó a los cubos de basura expesionandolos con ansiedad, esperando quizás, ver un hueso de la carnicería o verduras de la verdulería, lo que fuese disponible para su desesperada familia pudiera comer. Pero por mala suerte, los cubos estaban totalmente vacíos. Siguiendo su camino pasamos por la panadería, el olor a pan recién hecho pareció afectarla considerablemente pues tambaleo un poco. Los hornos se encontraban cerca, era predecible tomándome en cuenta que desde la puerta abierta surgía un resplandor dorado. Se quedó allí, hipnotizada por el olor exquisito, hasta que la torrencial lluvia cayó con más fuerza obligándola a volver a la realidad. Se acercó a los cubos de basura de la panadería levantándolos teniendo el mismo resultado, no encontró nada en lo absoluto.
De pronto, alguien salió de la puerta gritando improperios a la pobre niña, se trataba de una mujer y con una altanería increíble exclamó el largarse rápidamente de allí o llamaría a los agentes de la paz. Ya estaba cansada de los mocosos de la Verse escarbando en su basura, siempre era lo mismo y ella no tenía por qué soportarlos cada día de su vida. En fin, las palabras eran tan ofensivas que la pobre chiquilla no tenía defensa, limitándose a retroceder y colocar la tapa en su sitio fue que lo vio, o mejor dicho, lo vimos: un chico de pelo rubio asomándose por detrás de su madre. « Lo había visto en el colegio, estaba en mi curso, aunque no sabía su nombre » dice la voz se Katniss en mi mente « se juntaba con los chicos de la ciudad, así que ¿cómo iba a saberlo? ». La mujer entró a la panadería, gruñendo, pero él se quedó observando dedicamente como Katniss se alejaba detrás de la pocilga en la que tenían a un cerdo y como poco a poco se deslizaba hacia bajo apoyándose en un viejo árbol. En un segundo, mi estómago dio un vuelco al ver la imagen de Katniss de niña agotada, totalmente débil y enferma. Si aquella mujer quería llamar a alguien era el momento, de lo contrario, esta chica morirá de neumonía o peor aún, pulmonía. Aunque visualizando su rostro, parecía que quisiera realmente morir y dejar de sufrir.
Un estrépito se escuchó desde la panadería, los gritos de la mujer seguido de un golpe, quise acercarme un poco para ver que estaba sucediendo pero temía si dejaba a Katniss sola, está cerraría sus ojos para no despertar jamás. Sin embargo, unos pies se arrastraron por el lodo hacia ella, cosa que me tomaron por sorpresa. No se trataba de aquella desagradable mujer del panadero, sino su hijo, en sus brazos lleva a dos enormes panes que debieron de haberse caído al fuego, porque la corteza estaba ennegrecida.
— ¡Dáselo al cerdo, crío estúpido! — Chillaba su madre — ¿Por qué no? ¡Ninguna persona decente va a comprarme el pan quemado!
El chico empezó a arrancarle las partes quemadas y tirarlas al comedero; entonces sonó la campanilla de la puerta de la tienda y su madre desapareció en el interior para atender a un cliente. Él no se voltio a mirarla, pero ella si lo miraba, seguramente porcelana pan y el semejante golpe que tenía en la mejilla colocándose cada vez más rojo. ¿Qué clase de madre tiene? ¿Acaso vivir en el Distrito 12 significa no equivocarse? Mi madre jamás me ha pegado, el imaginarme el maltrato infantil me pone los pelos de punta. El chico le echó un vistazo a la panadería, como para probar si había moros en la costa, y después, de nuevo al cerdo, tiró uno de los panes en dirección de Katniss. El segundo siguió poco después y, acto seguido, el muchacho volvió a la panadería arrastrando los pies y cerró la puerta con fuerza.
Quede con la boca literalmente pegada al suelo, de hecho, ni la misma Katniss se podía creer lo que había sucedido. El niño... aquel niño... ¡Le había dado los panes sin más a la chica! Y mirándolo en una perspectiva mejor, parecía como si todo lo ocurrido lo hizo con premeditación, es decir, el quemar los panes al propósito y sabiendo que su mamá podía castigarlo. Imposible, me digo a mi misma girando la cabeza con señal de negación, si es verdad lo mencionado por Katniss antes este niño no tenía razón alguna para hacerlo, menos si ni siquiera se han hablado antes. Bueno, sin poder seguir con mis conspiraciones paranoicas, la niña sujeta los panes y se los mete debajo de la camisa, tapándolos bien con la chaqueta de cazador y emprende la carrera a toda mecha lejos de aquí. Me obligo a mí misma el seguirle el paso aunque es difícil, pues me encuentro en calcetines y el suelo embarrado no es buen acompañante, aun me percató como la jovencita se aferra tanto a esos panes como si fueran un salvavidas, bueno, en realidad lo es.
Cuando llega a casa, las hogazas ayer habían enfriado un poco, pero por dentro seguían calentitas. Las sueltas en la mesa y las manos de Prim se apresuran a coger un trozo; sin embargo, la hizo sentarse, obligo a su madre igualmente a unirse a ellas en la mesa y sirvió té caliente. Raspó la parte quemada del pan y lo corto en rebanadas. Se comieron un pan entero, rebanada a rebanada; estaba en buen estado, y para gusto variedad, difiero de las pasas pero no de las nueces, aunque al haber tenidos tres días sin comer es predecible tener ese tipo de reacción ante comida fresca. La chiquilla coloco su ropa a secar frente la chimenea, se metió en la cama y disfruto de una cálida noche sin sueños. « Hasta el día siguiente no se me ocurrió la posibilidad de que el chico quemara el pan a propósito » comenta Katniss, dándome la razón en mi pensamiento conspiranoico, porque en definición las hogazas se encontraban en muy buen estado para ser un simple accidente. «Sin embargo, lo descarté, seguro que se trataba de un accidente. ¿Por qué iba a hacerlo? Ni siquiera me conocía. En cualquier caso, el simple gesto de tirarme el pan fue un acto de enorme amabilidad como la que se habría ganado una paliza de haber sido descubierto. No podía explicarme sus motivos. » Yo menos, porque Katniss igual a mí, llegamos a la misma conclusión no tener lógica de haber sido planeado, no sin tener ganas de tener una paliza gratis de su mamá, la cual con toda la sinceridad del mundo, es una bruta completa. ¿Acaso no es su hijo? Es decir, entiendo el enfadarse por cometer un error pero ¿valía la pena pagarle? ¿Volverle el pómulo rojo? Como sea, ese chiquillo tenía un corazón más blando al de su mamá y una generosidad enorme, Katniss le debe la vida.
Comieron pan para desayunar y fueron al colegio, de pronto el ambiente en general cambio en trescientos sesenta grados, la noche pesada de invierno se convirtió en una hermosa mañana de primavera: un aire dulce y cálido, nubes esponjosas. En clase, Katniss pasó junto al chico por el pasillo, y vio como se le había hinchado la mejilla y tenía el ojo morado. Reintegro, su madre es una completa bruta. Estaba con sus amigos y no le hizo casi, pero en el instante de recoger a Prim para volver a casa por la tarde, fue descubierto infraganti mirándola desde el otro lado del patio. Sus miradas se cruzaron por unos segundos, después, él volvió la cabeza. Ella bajo la vista, avergonzada, y entonces se percató de algo: el primer diente de león del año. Una sonrisa se ancho en sus labios a recogerlo, comprendí que el bombillo en su cerebro se había encendido. Sabía cómo viviría de ahora en adelante, y no pude evitar relacionarlo con los bosques junto con alguien mayor a ella, su padre.
« Hasta el día de hoy, no he sido capaz de romper la conexión entre este chico, Peeta Mellark, el pan que me dio esperanza y el diente de león que me recordó que no estaba condenada. » dice Katniss, mientras más imágenes de ellos dos me envuelven, pero ya no son más aquellos mocosos escuálidos, sino más grandes y se encuentran en el mismo pasillo de cuando tenían doce, esta ocasión es diferente, él intenta mirarla para sostenérsela pero al verse descubierto la baja, parece avergonzado e impaciente. « Es como si le debiese algo, odio deberle a las personas. Quizás debí de darle las gracias en algún momento » menciona pensativa « lo medite un par de veces, pero nunca fue el momento oportuno, ahora menos lo será tomando en cuenta como están las cosas. » Si, es obvio, yo poseyendo su cuerpo y el ser lanzados a un campo de batalla donde estaremos ocupados queriendo cortarle el cuello al otro, dudo ser un oportuno momento para agradecer, menos en nombre de otra persona.
En un ligero pestañeo, me encuentro nuevamente en la plaza con el cuerpo de Katniss, el alcalde termina de leer el lúgubre Tratado de la Traición, y nos indica al chico y a mí que nos demos la mano. La suya risita consistente y cálida, igual a esas hogazas de pan que le dio en aquella época a la dueña de este cuerpo. Me mira a los ojos y me aprieta la mano, me desconcierta, parece querer darme ánimos pero a su vez, puede ser un espasmo lleno de nerviosismo. Nos volvemos para mirar a la multitud, mientras suena el himno de Panem.
« En fin » suspira la voz, tratando de restarle importancia al asunto « Hay veinticuatro chicos, sería una mala suerte que tuviese que matarlo nosotras. »
Tengo unas ganas tremendas de mandarla a callar, que es suficiente de pensamientos estúpidos por hoy, porque si realmente la suerte estuviese de nuestra parte nada de esto ocurriese, por sobre todo, no deseo por nada en el mundo el que a la final, tenga que comerse sus propias palabras.   

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