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La
primera vez que entre en una librería debe de haber tenido unos nueve o diez
años aproximadamente, estaba tan atraída y tentada a sumergirme en un mundo
completamente ajena al mío, uno donde las cosas se dieran de forma sencilla
pero a su vez complicada, de los que sabes el tener un final feliz aunque se
debe luchar para poder conseguirlo. Fascinada de tal pensamiento recorrí los fríos
pasillos de aquella librería recomendada al cien por una amiga de mi mamá, ella
escucho por causalidad la idea de ir una
solo para adquirir uno, en general, en la escuela no suelen leer salvo para una
actividad evaluativa, soy diferente y sin pena a decirle me declaro lectora.
Aunque…
mi primer libro fue precisamente uno de final feliz, en su lugar, fue uno
completamente triste.
“Casas
Muertas” de Miguel Otero Silva, un reconocido escritor de mi país Venezuela,
relata el declive de un pueblo del llano “Ortiz” donde las personas acaban
muriendo de una terrible enfermedad producto de muchos conflictos y guerras
civiles, en el cual sus habitantes empiezan a emigrar a otras partes. Realmente
es sumamente dramática y triste, principalmente no es mal final pero tampoco es
el típico donde los protagonistas quedan juntos simplemente “Sebastián” muere
de paludismo y “Carmen Rosa” decide irse del pueblo presa de sus recuerdos con
su amado fallecido. Recuerdo perfectamente la expresión de mi profesora al
exponerlo en una evaluación de compresión lectora, se encontraba anonadada
porque no es común ver a un niña de ocho o nueve años tener la capacidad de
opinar de una forma objetiva la trama de una novela, más la del grandísimo
Miguel Otero Silva. Inmediatamente se volvió mi escritor favorito, llegándolo a
investigar más escritos de su autoría.
No
obstante, yo no desea quedarme solamente estancada en el mismo género o autor,
expandí mis horizontes al tener en mis manos teniendo unos diez años casi once
“El Túnel” del escritor argentino Ernesto Sábato, quien narra los hechos de una
asesinato totalmente premeditado de un hombre hacia su supuesta amante. Lo
único que puede decir de este libro es que es atrapante, te hace meterte en la
piel del asesino y llegar a la conclusión de ser un total psicópata agregándole
lo acosador maniaco, porque cuando claramente alguien no te quiere simplemente
pasas la página y ya está. Pero no, por supuesto que no, este sujeto lo llevo
al máximo nivel de lo imposible matando la mujer quien seguía con su vida
normalmente. A partir de este libro me interese por el género suspenso, drama y
psicológico, comprendiendo que entre más me sumergía en este más desarrollaba
mi compresión lectora.
Ahora,
cada vez de asistir a una librería una sonrisa enérgica adornaba mis labios
como si estuviera a punto de concebir la mejor obra maestra de todas, para los
que me conocen realmente saben lo muy poco sonrío salvo el ver a mi madre o el
regalarme un libro, por lo tanto esto es acontecimiento único en un millón. Es
inevitable no estar alegre, mas tomando en cuenta el ambiente rodeándome, ese
olor a musgo adherido a un arroyo poco profundo, pino y madera mojada juntos
combinándose entre sí para brindarme toda la calidez que pueda desear. Los
libros no te traicionan, los libros no poseen malicia, los libros no te tienen
envidia, sobre todo, los libros jamás van a herirte.
Me
llamo Heather Fausto, tengo quince, o en realidad, acabo de cumplir los
dieciséis años de edad, nací y crecí en la hermosa ciudad de Mérida del país
Venezuela, está rodeada de hermosas montañas con cumbres llenas de nieve y frío
glaciar por montón donde tenemos el teleférico más largo y extenso del mundo,
es allí en ese sitio creado por el mismo dios donde crees tocar el cielo con
tus propias manos. Al ser Mérida una ciudad pequeña, es predecible conocer sus
habitantes locales, quienes se caracterizan por sus pieles blanquecinas,
mejillas rellanas pero sonrojadas debido al frío y ojos claros si proviene de
los pueblos adyacentes a la ciudad. Una cosa no tan lejana a mi apariencia,
rostro redondo, pómulos pintados de un color rosa, ojos miel verdoso, cabello
lacio extenso hasta la cintura avellanado, contextura delgada y estatura
promedio. No soy inolvidable, tampoco emocionante, menos agraciada pero de
alguna forma me mantengo a flote.
Desde
tener memoria he estudiado en colegios religiosos, esos donde te imparten entre
sus asignaturas religión obligatoriamente, nunca me queje de asistir a ellos
porque entre sus aulas, áreas verdes y pasillos largos pase la mejor infancia
de todas. De niña era muy hiperactiva, poseía mucha energía y amigas para poder
quemarla, me encantaba estar involucrada en cuanta actividad existiese y tener
una posibilidad de verme fuera era una opción viable delante mis ojos. Al ser
hija de profesora, la cual me permitía estar en todo y nada a la vez, quedo en
mi memoria permitirme asistir a todo tipo de actividades extracurriculares. En
general, la infancia fue extraordinaria y pacífica, poseía amigas por montón,
era carismática, alegre, divertida y marcaba la pauta para cuando viese a
cualquiera fuera de un grupo. Lo odiaba, siempre odie descalificar a alguien al
verse “diferente” y al estudiar en una escuela de sola señoritas alrededor
suelen ser lo suficientemente crueles al momento de escoger amigas, aunque
luche contra la marea de esos entandares entre niñas. Logre ser feliz al menos,
hasta la llegada de la secundaria.
Todo
el mundo sabe o conoce lo que dicen de la adolescencia, la etapa más dura,
difícil y caótica del ser humano, donde los cambios de tu cuerpo afectan hasta
tu humor al igual de relación con los demás. Lamentablemente no pude seguir en
la misma línea de colegio religioso en la secundaria, todo debido a un fatídico
error de mi profesora de sexto grado llevándome a cambiar drásticamente los
planes de mi mamá al anotarme en el liceo donde asistió mi hermano mayor, Will.
Al principio no lo mire tan mal, es decir, ciertamente resultaba nuevo al
interactuar ahora con chicos y chicas por igual pero por ello no debía de ser
caótico, mucho menos horroroso. Pero no, una vez más, la vida con toda su
sabiduría y dureza me enseñaba que las cosas nunca sale como esperas, con ello
me refiero a lo que todo ser humano experimenta en la vida: el amor.
Él
no era el chico más encantador del mundo, mucho menos delicado o cariñoso, en
realidad, se trataba del simplón del grupo capaz de hacerte la vida cuadritos
sino sabes cómo tratarlo, exactamente, eso fue lo que ocurrió. No logre llegar
hasta él. Su nombre Sebastián Serrano, un moreno de contextura sumamente
delgado, cara de niño risueño, manos alargadas huesudas tales parecidas a un
pianista, peinado de artista de los años sesenta y vestimenta holgadas al punto
de ser exageradas a su verdadera talla. Me sentí atraída hacia él como una
polilla hacia la luz, aunque fuese un total bromista o simplón de la clase,
tenía la clase de aura que llamaba a todo el mundo a acercársele para poder ser
su amigo y el ignorarlo sería sacrilegio. Nunca fui muy abierta cuando se trata
de mis propios sentimientos, logro ocultarlos a luz de todos, dando por sentado
solo tratarse de ser míos y por ende nadie debe de enterarse de ellos. Por
ello, nadie logro colarse para averiguar la verdad de todas mis gritos y malos
tratos hacia Sebastián, todos salvo… ellas dos.
Mari
y Alexa eran dos chicas que solían llamar la atención de muchos debido a su
comportamiento escandaloso a la par de alegre, al primer instante de verse
entre ella inmediatamente se hicieron amigas y nunca jamás se separaron, al
pesar que Alexa un año después abandono el liceo para asistir a otro no perdió
el contacto con su mejor amiga. Cuando inicie clases de séptimo pensé en un
principio encontrarme sola, sin ningún conocido alrededor, salvo mi hermano
pero este se encontraba estudiando en los cursos superiores y le puedo decir el
tener su propia vida lejos de la mía. Aunque esto cambio cuando vi a tres
chicas de la misma primaria a la mía: Yess, Miriam y Carol, resulto ser todo un
alivio para mí y un peso menos en mis hombros, por lo tanto las seguí desde
atrás. Como pueden ver, ya no era la misma niña risueña y divertida de la que
todo el mundo deseaba ser su amiga, en su lugar, me convertí en rezagada a la
par de taciturna. Todo lo contrario a la Heather de antes. Sin embargo, al
conocer a Daniel quise acercarme un poquito a él, llegar a ser su amiga y
quizás próximo interés amoroso y es cuando entran en escena Mari y Alexa.
¿Recuerdan lo que dije de ser amigas desde verse la primera vez? Igualmente
incluye a Sebastián, de hecho, ellos tres congeniaron a la perfección e
inmediatamente entre en escena.
Realmente
mis gustos y los de Sebastián tenían parecido lo que tiene de suavidad una
cobra venenosa y una alpaca, están en lo cierto, nada por ende di un cambio
drástico a mi vida interesándome por cosas que en mi mente podrían haber
cruzado antes: el rock, animación japonesa y juegos de cartas. ¿Yo? ¿Con juegos
de cartas? Si, si, no se equivocan, han leído bastante bien, me sumergí en todo
ese mundo con la finalidad de tener temas de que conversar con Sebastián. Sin
embargo, como todo en la vida o en la mía, nuevamente nada sale tal cual a lo
planeado y termine siendo discriminada delante sus ojos como una “enana”. Lo
cual, culmino por completo mi gran admiración hacia él, convirtiéndose de poco
en poco en algo que ni yo misma pude descifrar, mucho menos hasta hora.
Seguidamente apareció Lilian y las cosas se pusieron peores, esa chica estudio
igualmente en la primaria donde asistí, era para no ser tan despectiva con
ella, la que peor personalidad tenia de todas. Engreída, sarcástica, descarada
y con un ego tan elevado como el mismo Pico Bolívar, te daban ganas de pisarle
el pie y enseñarle el dedo del medio como recompensa. Básicamente: una bruja del
infierno. Aunque no para Sebastián, quien al principio parecía discrepar con
ella en todo, culmino en sucumbir en sus encantos terminando finalmente
saliendo como pareja.
Daba
igual, en verdad me daba igual, porque… el siguiente en aparecer fue un chico
moldeado con otro tipo de arcilla, más osado y ¿atrevido? No lo sé, pero logro
atraparme en un segundo. Durante mi estadía en el Liceo Miguel Carrero Burgués,
no solo mis amigas fueron Mari y Alexa, al comienzo lo fueron pero luego de una
semana o dos de haber comenzado clases se incorporó una chica nueva, una muy
tímida y algo temerosa a relacionarse con los demás. Su nombre: Daisy. Quien me
dijo el socializar con ella fue Mari, ibas a realizar una exposición sobre
Cívica y Ciudadana en parejas, como era de esperar las inseparables de Mari y
Alexa la harían juntas dejándome por fuera, en cierta manera jamás podría
imaginar estando excluida a la soledad sino fuese por la secundaría, pero ese
es otro tema. Mari viendo mi total decaimiento sugirió el invitar a la nueva a
exponer conmigo, con tal esta en las mismas condiciones que yo, dando de esa
manera a una amistad totalmente sincera y divertida con Deisy. Quien resulto
agarrar el campo de la confianza e involucrarse en mi peculiar grupo de amigos.
Más tarde llego Mari Ann, pero es otro historia menos complicada y fácil de
resumir: Daisy y ella eran amigas de la infancia, fin.
Continuando
con el relato de Ricardo Rivas, resultaba ser un peculiar joven de mirada caoba
picara, piel tostada pasada al sol manchada de diminutos lunares, alto de
hombros anchos pero delgado igual a un fideo, su personalidad era abierta y muy
amistosa, aun así debíamos agregarle un gran defecto: ser un mujeriego. Es
decir, al pesar de interesarme en él por ser muy amistoso y tratarme de manera
diferente a los demás poseía ese defecto asquerosos de ir detrás de cualquier
falda, llegando a lastimarme de muchas manera, al pesar de llegar a ser amigos
inseparables de los que se podían contar las cosas que fueran creí en tal vez
estar frente de sus ojos de otra forma, de una romántica. Pero no, obviamente y
no, porque cuando eres amigable con alguien no significa que estén enamorado de
ti, sino simplemente se trata de simpatía, únicamente eso. Mis amigas, Daisy y
Mari Ann le formaron la bronca del siglo donde explicaban a viva voz el apostar
por él como alguien totalmente diferente a los chicos promedios, alguien que
realmente sacaría esa sonrisa predilecta llena de felicidad en mi pero se
equivocaron, no solo resulto ser uno más del montón también decepciono.
A
partir de ese momento entendí muchas cosas de golpe, la primera la realidad
apesta, puedes mantener presente que debes luchar con uñas y dientes para
lograr tus objetivos pero no te certifica el lograrlos, menos si le pones
dedicación a ello. Lo segundo, entre más caminaba y conocía a las personas de mí
alrededor, siendo más exacta chicos, estos terminaban escogiendo a otras
mujeres totalmente predecibles a los estándares convencionales dejándome a un
lado como una simple basura. Y la tercera, que si me retraía a involucrarme
sentimentalmente nuevamente no saldría herida, mucho menos arrojada a los aires
de dolor o la oscuridad, simplemente debía de recurrir a lo que jamás me
dañaría: los libros. Desde tener memoria siempre me encanto leer, de hecho mi
madre al ser profesora de educación inicial y darme igualmente clases me
inculco la importancia de la lectura, donde sino la ejerces jamás podrás llegar
lejos más si tomas en cuenta que el conocimiento es poder. Así que, inundarme
de las historias de otras personas, el mundo color de rosa delante de otros
ojos o la lucha de poder alcanzar tus pronósticos prósperos de personajes
dentro de un libro me salvaron, tomaron mi mano y me enseñaron el respirar
calmadamente sin necesidad de esperar algo a cambio. Sin necesidad de salir
dañada.
Como
lo ven cambie drásticamente, ya no sonreía a cualquiera, no mostraba
expresiones entusiasmadas, menos me involucraba con otras actividades
extracurriculares, simplemente sujetaba uno de mis tantos libros y me sumergía
entre las líneas de los autores más magníficos del mundo. Allí era feliz, allí
me sentía plena, allí no tenía problemas y mucho menos decepciones. En esas
historias paralelas a la mía comprendí el encanto de las palabras escritas con
la finalidad de entretener, enseñar y buscar un escape rápido de la realidad,
en el cual sus personajes jamás podrán causarte daño, menos dolor, simplemente
una visión nueva de la vida. Más tarde que pronto abandone el liceo Miguel
Carrero, aventurándome a lo que sería la escuela de religiosa Nuestra Señora de
Coromoto, donde las cosas se colocarían un poco menos pesadas a la anterior.
Allí encontré varias viejas amigas de la primaria, quienes no repararon para
mencionar lo muy cambiada de estar mi actitud hacia los demás un tanto más
reacia, callada, reservada y menos sonriente; había dejado totalmente atrás a
la chica risueña de risas y sonrisas por doquier dándole a una versión de mi
taciturna a la par de seria. Claramente ella no sabían el significado de
madurar, de afrontar con manos desnudas el dolor y la tristeza, aseguraba que
muchas de ella le iba muy bien en cualquier ámbito, familiar, amistad, amor…
pero yo… yo no era como ella menos expectante a nuevas experiencias pues
prefería la comodidad de mi casa con un buen libro a la mano, con ella me daba
por satisfecha. Mis antiguas compañeras no desearon indagar más en mi pasado o
mis historias, simplemente se limitaron a darme mi espacio.
Aunque
no volví a activar mis amistades del pasado, logre hacer unas nueva y adaptarme
a ella, Yessica, por ejemplo, era una chica sumamente abierta y amistosa
pendiente al cien por ciento de todas las actividades y tareas mandadas en
clase, la chica idónea para recordarte cualquier trabajo a entregar
posteriormente en un futuro cercano. Ella conocía lamentablemente a Ricardo,
fue su compañero de clases antes de que su escuela cerrara por problemas
financieros, conociéndolo de una manera bastante cercana para llamarlo: perro
rastrero. No hizo ningún comentario ofensivo cuando le dije “pequeño insecto
rastrero”, comprendió de hecho, que había tenido mi historia con él y no
termino de la manera más afable posible, en lugar fue desastroso. Tampoco deseo
indagar mucho, cosa en agradecerlo con el alma completamente. Luego esta
Betania, la callada del grupo pero con pensamientos bastante alarmantes a la
par de contenido mayor de dieciocho años, con ella puedes contar para cualquier
circunstancia buena o mala e igualmente tener un consejo. Por último esta
Yesenia, la que siempre está a la moda y las últimas tendencias del mercado,
con ella es predecible verla todos los días teniendo una bolsa diferente o un
esmalte de uñas nuevo, le encanta estar al pendiente del celular al ser la
conexión a su novio. En fin, cuando estoy con ellas me siento tranquila, suelen
dejarme mi espacio y se los agradezco mucho.
Por
otro lado, igualmente tengo amigas incondicionales esas que intentan indagar
más sobre mis gustos e introducirme en sus conversaciones, no me refiero a
ella, sino las amigas de mi prima pequeña llamada Andree. Desde pequeñas fuimos
criadas uno junto a la otra, es la hija menor de unos de los hermanos mayores
de mi mamá, el tercero para ser exactos. Podemos ser familia pero en cuánto
apariencia somos totalmente diferentes, primero posee ojos negros tan profundos
como un poso, su piel es morena, su cabello es rizado rebelde parecido a una
enredadera, contextura robusta y con una personalidad bastante abierta a los
demás. En realidad, somos dos gotas de lluvia, cada una por su lado debo de
resaltar. Sus amigas, Daniela la chica enérgica del grupo adicta a los
ejercicios y los deportes, mantienen una sonrisa siempre en sus labios sin
importar las circunstancias, en realidad en una niña muy optimista y me
recuerda un poco a mí en el pasado. Gianella, un la personificación de una muñeca
de porcelana, piel pálida al claro de luna, ojos verde vidriosos, pequeña y de
cabellos ondulados rubios siendo una personalidad tímida, cariñosa, bondadosa y
abierta a dar su opinión y todo lo que pueda. Por último esta Gabriela, la más
madura de todas, al pesar de su corta edad posee un ojo muy crítico al ver
cuando algo es claramente injusto y aboga en ser oportuno, fue quien conocí
primero de la tres y en llevarme bien. Pero realmente todas son buenas chicas y
las aprecio mucho.
Como
cumplí recientemente dieciséis años, le pedí a mi mamá el regalarme un libro en
lugar de hacerme una fiesta, ella me conoce perfectamente y sabe el odiar la
simulación de felicidad junto a la hipocresía de las personas solamente para
aprovechar llenar sus buches de comida, en su lugar, prefiero invertir todo en
algo beneficioso y que me hará feliz. Un libro. De hecho, fuimos juntas a mi
librería favorita recorriendo sus pasillos pocos concurridos buscando el libro
perfecto que pueda leer, suelo frecuentar los de suspenso o terror, hacen
acelerarme el pulso e igualmente colocar mi cerebro a toda su capacidad para
declarar los posibles culpables de las hazañas macabras de narrar. Pero ese día
en particular, decidí que era momento de dar un cambio a mis gustos y probar
otra clase de lecturas.
Fue
entonces cuando lo descubrí, aquel libro de portada curiosa color negra de
letras blancas grandes y un pajarito encerrado en un aro sosteniendo una
flecha, a simple vista creí que se trataba de algo sobre guerras o faunas, pero
no, no podría estar más equivocada posible. Al sujetarlo en mis manos
rápidamente revise la parte de atrás donde debería de encontrarse la sinopsis,
el cual era la siguiente: << En las ruinas de un lugar que alguna vez fue
Estados Unidos se encuentra Panem, una nación desigual con un centro de poder,
el Capitolio, y doce distritos periféricos. Cada año, el Capitolio obliga a los
distritos a enviar a una pareja de adolescentes entre los doce y dieciocho años
para participar en los Juegos del Hambre: una lucha a muerte por la
supervivencia transmitida en directo por televisión, donde solo puede haber un
ganador.
Katniss
Everdeen, con dieciséis años reemplaza a su hermana menor que ha sido sorteada
para participar en los juegos. Ella y Peeta, un humilde panadero, son los dos
elegidos del problemático Distrito 12. Sin embargo, Katniss está decidida a
sobrevivir. Peor sobrevivir significa matar a los demás contendientes, algunos
muy preparados, y hasta su mismo compañero. Deberá tomar decisiones que pesarán
sobre su conciencia y un serio planteo sobre el sistema que los condena.
>>
Sorprendente,
un libro que es básicamente battle royale
donde deberás luchar por tu supervivencia mientras el país se cae a
pedazos, sinceramente la sangre no me entusiasma mucho pero la historia promete
mucho más tomando en cuenta la tenacidad de su protagonista. Nadie se atrevería
arriesgar tu propia vida por un ser querido, es decir, comprendo perfectamente
el que sea su hermana menor pero estoy segura cien por ciento que mi hermano
mayor jamás haría algo como eso. Aún no he leído el libro pero estoy segura que
la hermana de la chica es una niña, de las cuales verías y sentirías pena de
ser enviada a unos juegos donde solamente estarán cansando tu yugular para ser
cortada. Sumándole una cosa más, la temática parecida a los coliseos romanos en
la época de barbarie es un tema que llama la atención, usualmente las series
juveniles de hoy en día abarca los temas cliché: vampiros, licántropos, sangre,
amor prohibido… Es el motivo por ver este nuevo concepto de literatura
adolescente como algo fresco y nuevo, no me queda dudas lo llevare.
Dibujando
una media sonrisa en mis labios, me encamino donde se encuentra mi madre, la
zona de revistas para amas de casa. Ella puede ser toda una profesional en el
área de la educación, del mismo modo se encarga de nuestro hogar, aunque tenga
un hermano mayor esté no vive con nosotras sino con los abuelos para hacerles
compañía. Ya saben lo que ocurre cuando los hijos crecen y hacen sus propias
vidas, dejan en nido completamente solo con un vacío extraño, es el instante
donde entra Edward dándole compañía a dos viejos solitarios. Tampoco es que
mamá haya colocado oposición a hacerlo, de hecho, estuvo encantada de la vida.
En cuanto a nuestro padre, mejor ni lo nombro porque en ninguna parte de esta
historia lo verán por la sencilla razón de no ser relevante, menos cuando en el
primer momento de mi existencia o tener conciencia dejo de aparecerse en las
narices de mi mamá. Por consiguiente, esta será su única mención.
Al
reunirme con mamá le entrego el libro justo en sus manos con esa mueca
particular de encontrar un prospecto interesante, ella alzando su cejas
perfectamente arregladas dictamina igualmente haber visto lo que deseaba
llegando el momento de ir a pagar. La sigo desde atrás pensando en las posibles
ideas para poder adquirir los próximos libros, quizás pueda pedírselos a mis
abuelos, ellos nunca me dicen que no a una petición más mi abuelo quien es el
cómplice de muchas de mis fechorías y su esposa, la dueña de mis suspiros en
los almuerzos o comidas familiares. Según tengo entendido que de regalo de
cumpleaños será una cena con toda la familia, aunque no lo crean, poseo una
bastante grande y numerosa donde incluso dos de mis primas mayores poseen sus
hijos, dando como consiguientes niños revoloteando a mí alrededor. No me quejo,
al ser hija de profesora el interactuar con infantes se me da de miedo, quizás
piense en estudiar lo mismo a ella pero eso aún no está decidido.
Volviendo
a la realidad, percibo como me encuentro en medio de la clase de informática
que el profesor la agarrado para conversar de lo lindo con sus alumnas de temas
totalmente diversos, suelo sentarme en la parte izquierda del salón en la
última fila y en el último puesto. Al frente de mi esta Yessica escuchando todo
con una mueca divertida en los labios, quizás le parece que es el momento más
idóneo para matar los nervios de todas nosotras con este tipo de cosas, tomando
en cuenta lo cerca de estar las presentaciones de los proyectos de clase. No
culpa a ninguna de mis compañeras, yo igual muero de miedo, pero es un tema a
parte. Yesenia que está en el puesto conjunto al mío ignora a todo el mundo,
ella teclea con agilidad suprema su teléfono celular mandando seguramente texto
con su muy mayor novio, dejando por otro lado, a Betania quien dibuja corazones
en la contraparte de su cuaderno seguramente con el nombre del chico que le
gusta.
Suspiro
colocando mi mentón sobre la palma de mi mano, estoy rodeada de chicas
estúpidas que terminaran tarde o temprano con el alma hecha pedazos, no quiero
sonar cruel o algo parecido, pero he tenido suficiente del amor para saber cómo
terminan todas esas historias: directas en la basura. Porque entre más un
persona se introduce dentro de ti, más pronto que nunca causaran daños y
repercusiones, donde en definición por nada en el mundo poseo las ganas de
estar. Me jubilo de la idiotez humana. ¿Y para que preocuparme de ese tema? Si
tengo mis libros, mis historias sensaciones, las cuales las viven otras personas
y yo solo las observo en silencio, ilusionándome con sus protagonistas, odiando
a sus antagonistas y animando para todo termina de la justa forma. Con todos
esos factores me doy por satisfecha. En realidad, estaré sumando una más a la
suma de libros leído esta misma noche antes de acostarme, que aunque lo tengo
en mi bolsa, he decidido dejarlo para más tarde en la comodidad de mi
habitación. El leer antes de acostarme me alivia en muchos sentidos, igualmente
me induce a tener un excelente sueño lleno de proezas o imágenes sin sentido.
De
una manera casi milagrosa suena la campana que anuncia el primer bloque
finalizado, masajeo mis hombros cansados por la incómoda posición que han
estado el motivo es sencillo al dejar mi mente dispersa y sin ninguna actividad
relativa, me pierdo en ella recreando momentos de mi pasado y presente. Si, lo
sé, soy extraña. Acomodo mis cosas en mi bolsa preparándome para salir a la
cancha, la escuela Nuestra Señora de Coromoto es bastante amplia aunque no lo
parezca pues su fachada es de simple prisión de alta seguridad, de hecho, sus
alumnas bromean que estudiamos en una. Pero su interior es bastante complejo,
dos edificios que dividen a las chicas de secundaria (primero a noveno) y donde
me encuentro yo, el edificio viejo situados los salones de las carreras
técnicas (cuarto año hasta sexto) siendo el área más tranquila de todas.
Yessica
se acerca a mí para preguntarme si desayunare con las amigas de mi prima,
acertando en el instante, hoy al ser la víspera de la reunión de la cena de mi
cumpleaños Andree tiene un desayuno enviado directamente desde su casa por las
manos de su mamá, la esposa de mi tío y que en definitiva no puedo simplemente
perderme. Asintiendo levemente, se gira sobre sus talones deseándome un buen
provecho y feliz cumpleaños, aunque ya es bastante atrasado, pero la intención
es lo que cuenta más el celebrarlo con mis seres queridos. Seguidamente gira su
pequeña espalda anunciando reunirse con nuestras amigas, hoy piensan comer en
la cafetería de la escuela porque se encuentra de descuento y las rebajas debe
de aprovechar, sin más se aleja. Pestañando varias veces al ver como casi el
aula se queda sola, suspiro cerrando los ojos pensando en imitarla igualmente
porque Andree se caracteriza por ser impaciente y no poder esperar
pacientemente a los demás, de hecho, mi celular ha dado un vuelco en mi
bolsillo anunciando tener un mensaje seguramente de ella.
Recorro
los pasillos bastantes concurridos de las alumnas queriendo conseguir los mejores
puestos alrededor de la cancha, parecen un montón de chivas locas corriendo en
medio de la pradera sin razón aparente, como si el suelo de la cancha le fuese
a salir piernas para correr. Esas niñas de la secundaria, dan motivos para
enredos, escándalos y muchas habladurías entre las personas, sobre todo,
manchar la imagen del colegio. Sin embargo, existen las que van en contra de
toda esa lógica amarga, quienes ya están sentadas pacientemente abriendo los
envases de sus alimentos para comer, pueden imaginar de quien estoy hablando:
las amigas de mi prima. La primera en verme llegar es Daniela, salta
enérgicamente sobre sus amigas extendiendo los brazos para que la abrace tal
cual fuese un bebé mono, mordiéndome los labios para no reír de mi conjetura,
me escondo entre su hombro susurrándole en tono de broma “niñita pequeña de
mamá”, a lo que ella separándose de mi me saca la lengua de forma juguetona
sonriéndome y diciéndome por lo bajo “mamá gallina”. Es lo convencional entre
las amigas de mi prima y yo, tener sencillas bromas a la par de tenerme un mote
cariñoso. Como ya lo he dicho anteriormente, no suelo mostrar demostraciones de
afecto a menudo, salvo en ocasiones especiales, pues esta es una de estas.
Andree
rodeando los ojos con burla, se acerca a donde nos encontramos extendiéndome un
pequeño paquete de bolsa color marrón, en ella se encuentra mi delicioso
desayuno directo de las manos de su mamá hecho predilectamente para mí.
Agradeciéndole sin más, tomo asiento junto a una Gianella concentrada en el
cuaderno que posee en sus manos seguramente en la dulce espera (esto es
sarcasmo) de un examen de alguna de las materias en ver, le pregunto a Andree
si están muy ocupadas con las actividades de clase, ella soltando un suspiro
cansada menciona tener una evaluación de Castellano y Literatura, su materia
“favorita”. Sí, claro, por supuesto y sí. Primero me sale un tercer ojo en la
frente tal cual como a tenshinhan de
Dragon Ball, de ser eso cierto.
— Vamos, no debe de ser tan complicado. — le digo
yo aprovechando para sacar del paquete una empanada y darle un mordisco — La
literatura es una de las materias más fascinantes de estudiar, a la par de
fácil, los números siempre se te complican un poco.
— Dilo por ti, si lo prefieres. — interviene
una mimada “bebé mono” Daniela, imitando la posición de su amiga Gianella y
abriendo su cuaderno. — Se te dan de muerte la
redacción y lo de leer, pero nosotras que somos simples mortales, las cosas sí se nos complican mucho.
Tentada
a soltar una carcajada divertida, desvió toda mi tensión en toser y seguir
comiendo mi empanada de jamón con queso, debo de admitir no ser partidaria de
la comida de la mamá de Andree pero hoy deferiré de ese pensamiento, porque
entre más la muerdo se siente la explosión del queso derretido en mi boca al
igual de lo crujiente de su masa. Es frita, empanada frita, una de mis
favoritas en todo el mundo.
— Bien, ya que eres bastante buena en tratar con los libros
por favor ilumínanos un poco con este. — me paso sorpresivamente
Gabriela con una mano su libro de texto de primer año y con la otra, mantenía
su jugo de cajita de pera. Se me antojaba también tomar uno con sinceridad. — las
opiniones extras nunca serán rechazadas, en su lugar, son totalmente bienvenidas.
— ¡Eso es trampa! — puntualizo mi prima
señalando a su amiga, sus ojos oscuros soltaban chispas de haber querido
igualmente hacer lo mismo primero. Solo se le adelantaron. —
Utilizar a Heather para tus viles y retorcidos planes… ¡Oh!
¿Hacia dónde va la juventud de hoy en día!
— Hablas como si no hubiese querido hacerlo mismo. —
respondió socarronamente Gabriela acercándose más a mí para
esperar una pronta explicación, era muy astuta y sabia jugar bien sus cartas. —
Mejor calla y ven junto a Heather, estoy segura que tendrá
una explicación a la de la profesora. Con ella no nos dormiremos al menos.
Es como lo imaginan, no es
la primera vez en darle unos cuantos datos a las chicas para sus exámenes de
literatura, al estar casi en un noventa por ciento del tiempo metida en libros
era la más propicia a poder ayudarlas. De hecho, me halagaba ser tomada en cuenta
en estos aspectos, más si se trata de libros siendo uno de los elementos más
importantes en mí día a día. Termine por darle unas clases exhaustiva de lo que
se trataba Don Quijote de la Mancha, vamos que no es en lo absoluto difícil,
vivimos escuchando de él a lo largo de nuestro desarrollo como seres humanos e
incluso, en los dibujos animados de la tele. ¿Dónde han vivido todo este tiempo
estas niñas? Ah… puedo imaginarlo, viendo Disney junto su programación llena de
princesas y música dramática. Finalizando las clases extra, las chicas se ven más
relajadas consigo mismas, hasta puedo decir con libertad tener un semblante
distinto y lleno de decisión, creo que están listas para el examen. Sin
saberlo, se nos pasa los treinta minutos de receso en un pestaño dándole paso
nuevamente a las clases, sinceramente no tengo muchas ganas de subir a escuchar
a la maestra de contaduría hablar del libro mayor, auxiliares o cuentas T,
solamente quiero ir a casa a leer mi nuevo libro y acabar con las ansias de
sumergirme en un nuevo mundo.
Me despido de las chicas, no
se vuelvo a verlas hasta el mediodía, las de primer año no tienen actividades
en la tarde pero las que pertenecemos a los años superiores si, por lo tanto, e
igualmente por si las moscas, me despido hasta el otro día deseándoles éxito en
su examen de literatura. La suerte es para los que no estudian, en cambio para
los preparados ante este tipo de cosas, es el éxito. Sin más, subo las
escaleras manteniendo mi mente fija en el libro de Los Juegos del Hambre que
espera pacientemente en ser abierto por mis manos, esto casi nadie lo sabe pero
en cada ocasión de comprar un nuevo libro me coloco en un estado tan frenético que
ni mi propia madre puede soportarme. Sencillamente: fastidiosa. Teniendo esos
pensamientos rondando mi cabeza, entro al aula de clase donde la profesora ya
nos está esperando pacientemente para darnos la siguiente unidad. Para nadie es
un secreto, pero si aún es difícil de descifrar, soy un poco renuente a los
números. Es decir, las materias como matemática y contaduría, son más o menos
lo que significan literatura para las amigas de Andree, una total y entera
pesadilla. Quedando finalmente las materias teóricas, donde me destaco
perfectamente al encontrarme alrededor de letras, hacer redacciones o trabajos,
sin mencionar los ensayos, estos se me dan de muerte. Muchos de mis profesores están
satisfechos de mi desempeño en estas áreas, aunque claro, los de números no
pueden decir lo mismo, ellos esperan un poco más esfuerzo de mí parte y la
mejor de mis calificaciones. Las cuales, sin duda subiré.
En lo que queda de
mañana y mediodía, me la paso tomando apuntes en cada clase e interviniendo
cuando se amerite la ocasión, efectivamente no vuelvo a ver a Andree junto con
sus amigas en la hora del almuerzo llevándome a pasarla un poco con las mías,
es decir, compartir los alimentos con ellas. Una vez más, abordan la cafetería del
colegio aprovechando los combos de pizzas o hamburguesas siendo estos el más
económico y rico en grasas en todo el menú, por mí parte, mamá se ha encargado
de enviarme con mi fastidioso hermano mayor Will la comida. Este se encontraba
en la casa de los abuelos descansando de su pesada vida universitaria,
mencionar que se molestó un poco el llevarme la comida, es de más, pero
igualmente ver su cara refunfuñada le dio un toque de gracia a la cosa. Finalmente,
mis amigas al finalizar la tarde estuvieron conversando un poco hasta llegar a
la aparada de autobuses sobre mi cumpleaños, los regalos y la eminente cena con
mi familia este fin de semana en casa de mis abuelos. Sinceramente, no me entusiasmaba
mucho el estar reunida en medio de mucha gente, pero considerando en ser parte
de mi ADN, le baje a mi estrés.
En lo que queda de mañana y
mediodía, me la paso tomando apuntes en cada clase e interviniendo cuando se
amerite la ocasión, efectivamente no vuelvo a ver a Andree junto con sus amigas
en la hora del almuerzo llevándome a pasarla un poco con las mías, es decir,
compartir los alimentos con ellas. Una vez más, abordan la cafetería del
colegio aprovechando los combos de pizzas o hamburguesas siendo estos el más
económico y rico en grasas en todo el menú, por mí parte, mamá se ha encargado
de enviarme con mi fastidioso hermano mayor Will la comida. Este se encontraba
en la casa de los abuelos descansando de su pesada vida universitaria,
mencionar que se molestó un poco el llevarme la comida, es de más, pero
igualmente ver su cara refunfuñada le dio un toque de gracia a la cosa. Finalmente,
mis amigas al finalizar la tarde estuvieron conversando un poco hasta llegar a
la aparada de autobuses sobre mi cumpleaños, los regalos y la eminente cena con
mi familia este fin de semana en casa de mis abuelos. Sinceramente, no me
entusiasmaba mucho el estar reunida en medio de mucha gente, pero considerando
en ser parte de mi ADN, le baje a mi estrés.
En
lo que queda de mañana y mediodía, me la paso tomando apuntes en cada clase e
interviniendo cuando se amerite la ocasión, efectivamente no vuelvo a ver a
Andree junto con sus amigas en la hora del almuerzo llevándome a pasarla un
poco con las mías, es decir, compartir los alimentos con ellas. Una vez más,
abordan la cafetería del colegio aprovechando los combos de pizzas o
hamburguesas siendo estos el más económico y rico en grasas en todo el menú,
por mí parte, mamá se ha encargado de enviarme con mi fastidioso hermano mayor
Will la comida. Este se encontraba en la casa de los abuelos descansando de su
pesada vida universitaria, mencionar que se molestó un poco el llevarme la
comida, es de más, pero igualmente ver su cara refunfuñada le dio un toque de
gracia a la cosa. Finalmente, mis amigas al finalizar la tarde estuvieron
conversando un poco hasta llegar a la aparada de autobuses sobre mi cumpleaños,
los regalos y la eminente cena con mi familia este fin de semana en casa de mis
abuelos. Sinceramente, no me entusiasmaba mucho el estar reunida en medio de
mucha gente, pero considerando en ser parte de mi ADN, le baje a mi estrés.
Yessica se me acerca con su particular forma de ser preocupada, reintegrando
que a ella igualmente no se le da mucho involucrarse con su familia, más si
hablamos de su mamá quien es una señora de imponente porte y temperamento
pesado. Algunas veces tuve la oportunidad de interactuar con ella, ¿qué les
puedo decir? Si resulto ser tan seca como un año entero en el desierto de
Israel, esa mujer me gana con intereses incluidos, es decir, poseo mis momentos
de reír o soltar alguna broma. En cambio ella nada, absolutamente nada. Giro en
dirección a mi amiga encogiéndome de hombros, le digo que el problema no viene
siendo la reunión en sí de la familia, más bien ese desborde de sentimientos mencionándote
haber crecido durante todo este tiempo, la hermosa oportunidad de volverse a
reunir para celebrar una fecha tan importante, y de último pero no menos
importante, las demostraciones de afecto. ¡Demonios! No saben lo mala que soy
para ellas, quizás abrace esa misma mañana a la monita de Daniela pero incluso
esa pequeña actividad, le llevo tiempo lograrla a cabo. No lo digo solamente, pregúntenle
a ella y encontraran las respuestas. Parándose frente a un quiosco de
refrescos, Yessica desvía el tema hacia uno realmente de mi interés, los
libros. Pregunta abiertamente si he pedí uno para mi cumpleaños, siendo la
persona que soy seguramente volví loca de remate a mi mamá para hacerlo, con lo
frenética que me pongo al instante de ofrecerme un libro... no puedes evitar
compadecerte por mi mamá. Rodeando los ojos con fastidio, doy unos pasos hacia
adelante escuchando los pasos de las demás detrás de mí siguiéndonos, le
contesto a mi amiga no ocurrir nada de eso, es decir, es obvio el tener de
regalo de cumpleaños un libro pero mamá se encargó de llevarme a la librería a
escoger uno. Es una opción increíble, mata dos pájaros de un solo tiro,
complacerme en mis gustos y reducir mis energías al máximo. Aunque ella se rie
de su ocurrencia, me limito a mirarla fijamente sin una reacción aparente
simplemente no digo nada, solo pienso en lo mala de ser Yessica para las
bromas. Podría pedirle ayuda a Will, es excelente en ese ámbito.
Llegamos
finalmente a la parada de autobuses donde cada una tiene uno por abordar,
Yessica y Betania al tener la misma ruta para ir a casa, por otro lado, Yesenia
y yo igualmente compartimos bus salvo el dejarme a mi primero en mi zona en
lugar de la suya, se encuentra algo lejos de donde vivo. Agregando el mandarle
un texto esta noche a Yessica sobre alguna información de clase, abordo la
unidad junto a mi otra amiga despidiéndonos del otro par manteniendo la promesa
de vernos al siguiente día, Yesenia menciona el esperar no olvidarse nada de
realizar para clases porque últimamente lo hace y le complica la vida. Bueno,
no es la única, ya somos dos. Durante el viaje no existe muchos diálogos entre
ambas, mi amiga se la pasa la mayoría del tiempo pegada al teléfono mandándose
textos con alguien, seguramente su novio, ya que de ito en ito se le ve soltando
una sonrisita tonta. Rodeo los ojos con fastidio, considero a las jóvenes de mi
edad tan patéticas en términos amorosos, con ello no digo hacerlo al no poseer
ninguna clase de suerte en el tema, en realidad me refiero al término del
enamoramiento: la decepción. Cuando me gusto Sebastián creí ser capaz de todo,
el cambiar su retrógrada opinión de mí, el que no era tan molesta o gritona, el
que si me conocías a fondo llega hacer una chica agradable, sobre todo, el
contar conmigo en las que fuera. Pero no resulta, entre más me esforzaba para
ganarme su cariño, más me hundía en mí propia miseria. El problema no fue la
llegada de Lilian, el gran dilema se trataba de ganarse el corazón de Sebastián
sencillamente, sin esfuerzos o cambios de moda drástica, simplemente fue ella
misma en todo momento. Me sentí tan estúpida, ridiculizada e idiota que no
evite ningún resentimiento hacia la nueva pareja, más hacia ella. ¿Cómo se
había creído para obtener lo que en un año yo desee? ¡¿Cómo demonios lo hizo?!
¡¿Cómo?! ¡Yo estaba primero! ¡De primero! Entonces de golpe comprendí muchas
cosas, principalmente el amor no mira los lugares de las personas de alrededor,
mucho menos si alguien esta primero a otra, sencillamente entra sin pedir
permiso y ocupa el lugar correspondiente. Donde finalmente me lleva a lo
último: Sebastián jamás me vería como prospecto amoroso, ahora o nunca.
Ricardo
en otro tema, uno muy aparte y fantasioso, me llene de tantas expectativas
sobre él por el simple hecho de ser tratada cariñosamente por sus manos, mirada
de una dulce manera y escuchar de sus labios una a otra insinuación de su
parte. Claro, esto culmino al instante de que este consiguió el consorte de una
de mis vecinas, ella aparentemente le daba algo que jamás conseguiría en mí,
algo que hasta el sol de hoy no he logrado de descifrar. Le restó importancia.
Es innecesario a estas alturas de la vida, una vez oficialice mi retiro del
liceo deje todo atrás junto a mis oscuros recuerdos, mantuve contacto al principio
con mis amigas Mari Ann y Daisy, pero su insistencia en volver a ser la misma
de antes provoco mi cansancio, agotando posteriormente la amistad entre las
tres. No volví a saber nada mas de ellas, salvo algo, la inclusión en el grupo
de Beatriz una chica que igualmente estudio en la prima de solo chicas,
exactamente, una ex compañera de clases. Me agradaban mis antiguas amigas, pero
tenían una idea equivocada de mi cambio de perspectiva a la vida, ellas pensaban
en haberlo hecho por el inútil de Ricardo, cosa en no ser cierto. Si bien fue
el detonante para ocurrir, lo termine haciendo por mí misma, porque si no le
daba un alto al fuego de "dañemos a Heather" jamás pararía, necesito
darme un respiro para valorarme a mí misma y respetarme tal cual a como soy.
Si, los libros son un gran instrumento hacia el escape, pero solo es un
complemento de mí quienes me brindan el mejor de los cariños, mientras más me
empapo de sus tramas más completa estoy. Agregándole un plus más: sana mi alma.
Percatándome
de la pronta llegada al sector donde vivo, acomodo mi bolsa en mi hombro
tocando el timbre de la parada, Yesenia despega sus ojos del artefacto entre
sus manos mirándome perspicaz, sonreí abiertamente despidiéndose y esperando
vernos mañana. Se nota estar de muy buen humor por lo que no pienso opacarlo,
asintiendo con ligereza con mi cabeza alzo mi mano en señal de despedida,
caminando por el pequeño pasillo del bus y bajándome posteriormente. No giro
para verificar si Yesenia esta mirándome, el simple sonido del motor del
autobús anuncia el retirarse de la calle desapareciendo a lo lejos, por lo
tanto, acomodando la correa de mi bolsa en mi hombro comienzo a caminar. La
calle principal de donde vivo se llama "Calle Central", lo sé, lo sé,
no es muy original que digamos pero supongo el imaginar a los creadores de esto
no tener muchas ideas, se lo dieron por estar simplemente de pequeños locales y
establecimiento importantes. Es decir, pequeños abastos de alimentos, cafés,
fotocopiadoras, panaderías, centros de comunicaciones y dos gimnasios. De
hecho, en uno de ellos ubicado en toda la entrada de "Calle Central" está
inscripta mi mamá, es amante del deporte y las danzas latinas ocupa parte de
sus noches en ellas, nadie se impide hacerlo y de alguna manera me alegra verla
animada. Una vez se divorció cayó en una depresión algo profunda, aunque ella
no le guste admitirlo mucho en voz alta solo atina a mencionar ser el producto
de cansancio de estudiar sin descanso, sé perfectamente que la muerte de un
amor en ruinas acabo con ella. Nadie puede culparla o señalarla, cada quien
tiene maneras de reaccionar a los daños ocasionados a lo largo de la vida, mamá
se agotó y colapso, tan complejo a la vez sencillo como esto. Ahora la historia
es distinta, entre su trabajo estable de profesora en un jardín de infantes y
su tardes/noches en el gimnasio se le ve con un semblante muy animada,
agregándole lo entusiasta y yo me alegro mucho por ella.
Luego
se atravesar todos los locales incluso dos licorerías, al final queda un
complejo de edificios afilados uno al lado de otro, es allí donde vivo junto a
mamá las Residencias San Martín. Es una de las mejores en toda "Calle
Central" no solo por su extensa áreas verdes, menos el uso de una piscina,
simplemente la vista que posee hacia la avenida Garmendia que tiene uno de los
centros comerciales más populares del momento: Altos de Santa María.
Prácticamente los jóvenes de mi edad se la pasan viviendo allá, no puedo
argumentar en contra de ellos pues tiene una librería bastante interesante, he
ido un par de veces a hojear algunas revistas literarias y no está mal su
ambiente. Es discreto, con buena música ambiental y personal atento, nadie
puede quejarse de eso. Moviendo mi cabeza hacia los lados la disperso hacia la
realidad, aprovecho para introducir mi mano en el bolsillo de mis fastidiosos
pantalones del uniforme del colegio sacando las llaves, sorpresivamente mi
llavero es de Yue de Sakura cardcaptor una series animada japonesa que marco la
infancia de muchos, bueno, a mi hizo mi pre adolescencia más amena. Tiene
bonita historia, personajes adorables y una protagonista fabulosa que jamás
flanquea ante un suceso extraño, simplemente alza su báculo y empieza la
acción. Me agrada. Sonriendo ante mis memorias, introduzco la llave y abro la
enorme reja principal de las residencias.
Pienso
en la posibilidad de no encontrarse mamá en casa, realmente olvide si menciono
ir al gimnasio a hacer un poco de ejercicio o venir directo a casa, lo que si
recuerdo es el avisarme buscar algunos ingredientes finales para mi torta no
tan sorpresa de cumpleaños. ¡Por los dioses sagrados del cielo! Trato de evitar
alabar tanto a mamá pero es imposible, menos tomando en cuenta su especialidad
con los dulces: las tres leches. Will y yo solemos discutir por quien de los
dos debe comerse el último trozo del recipiente, a simple vista produce algunas
confusiones en algunas personas pero no para nosotros, al ser el último se
concentra más el dulce y con ello la leche. Si, las batallas son medievales
pero los resultados prósperos. Imaginando el tener una torta tres leches para
mi sola sin saberlo llego al departamento, abro la puerta escuchando el sonido
del televisor a un volumen poco moderado y las luces encendidas, parpadeo
varias veces entendiendo no estar tan deshabitado como lo creía, es decir, se
encuentra mamá. Cerrándose la puerta detrás de mí ocupo los sillones de la sala
para colocar mis cosas, mi hogar es bastante sencillo, consta de dos
habitaciones tipo estudio, una con un closet enorme color madera (esa me
pertenece), la otra con un ventanal donde aprecias las dos cachas, una sala
comedor amplia, una pequeña cocina y un baño. Fue diseñado para pequeñas familias,
justo como la mía. No tardó en encontrar a mamá en su cuarto en medio de una
montaña de papeles, suelto un suspiro cansado pues es predecible verla trayendo
en sus espaldas el trabajo a casa explicando su ausencia en el gimnasio, se
encuentra tan ocupada que ignora mi llegada y provoca fruncir un poco el ceño.
¿Que puede tenerla tan cegada para no prestarme atención? Me intriga y a su vez
me molesta, mamá no tiene reparo alguno.
Aclarando
mi garganta un par de veces anuncio mi llegada, mamá que es una mujer de
apariencia agradable, piel morena manchada de diminutos lunares, cabello negro
azabache ondulado atado a una cola, cara redonda parecida a la mía, nariz
achatada, ojos color caoba muy expresivos con ellos conoces perfectamente su
estado de ánimo, labios carnosos, hombros anchos, estatura pequeña y contextura
algo robusta me mira bajo la montura de unos lentes blancos, no aparenta estar
sorprendida simplemente espera algún comentario de mi parte para seguir en lo
suyo. Vaya, que ha demostrado entorpecerla en sus responsabilidades, mejor me
hago la indiferente y tomo un baño, eso siempre funciona sin problemas con
ella. Cosa en hacer. Porque mientras me relajo bajo la lluvia artificial de mi
ducha se empieza a escuchar el sonido de algo cocinándose, mamá seguramente ha
decidido hacer algo delicioso para comer en la cena, cuando te atascas en
trabajo consume muchos tus energías y las reduce a nada. El subirlas con
alimentos es lo ideal. Al salir de asearme voy secando mi cabello con una
toalla en tanto por fin mamá alza su voz, me pide encarecidamente tomar el
secador y usarlo no por nada lo compro, agregándole de ser el artefacto
predilecto evita resfriados ¿podía algo ganarle? Resoplando por lo bajo
divertida, guío mis pasos hacia mi habitación pro tomar al pie de la letra la
sugerencias de mamá.
Más
tarde ese mismo día empiezo hacer los preparativos para dormir, he terminado de
hacer mis deberes para la escuela el día de mañana, converse un poco con
Yessica de la posibilidad de estudiar juntas para la prueba de matemáticas a
darse y aunque el profesor no es precisamente estricto, soy algo lenta para los
números y necesito ayuda. Obviamente mi amiga accedió hacerlo posteriormente
uniéndose las demás, del mismo modo, dialogue un poco con mamá en la hora de la
cena de su día en general encontrándolo curioso. Desde hace dos años mamá fue
liberada de aula ascendiéndola a un cargo administrativo, que si bien no es ser
directora se le acerca, se trata de una coordinación de unos programas de salud
y alimentación que le privan de muchas cosas en su día a día con la familia, al
pesar de estar satisfecha con su progreso le molesta un poco perderse de actos
en mi escuela y trata de mantenerse al corriente de mi rendimiento cada vez en
poder. Bueno, hoy tuvo que asistir a una reunión con los proveedores de los
alimentos para los niños en el preescolar, donde uno de ellos sin
contemplaciones le invito a salir, obviamente al ser mamá una mujer de
imponente carácter y convicciones claras lo mando directo a freír monos, el
trabajo era el trabajo y la vida personal era la vida personal. Por favor no
mezclarse entre sí. Acto seguido, pidió a sus superiores los documentos
necesarios para cambiar ese proveedor, tratar con personas de esa índole le
agrada poco pero ella no sabía que el cambiarlo le resultaría tan trabajoso, es
decir, montañas de papeles buscando justificar las razones del cambio y los
posibles candidatos a ocupar el puesto.
Luego
de terminar el relato le di toda la razón a mamá en reaccionar de ese modo, primero
a nada ella no tenía un letrero en la frente diciendo: "ESTOY LIBRE Y
DISPONIBLE, ALGUIEN INVITEME A SALIR". ¡Por lo sagrado! Que estés soltera
no significa estar desesperada por tener pareja, quizás esté buscando esa paz
que ninguna otra persona pueda dársela salvo si misma, con ello no digo el
estar en contra de ver a mamá rehaciendo su vida, es libre de hacerlo cuando lo
prefiera. Sin embargo, es preferible que sea cuando este realmente lista y
entienda el significado de valorarse como mujer, darse el lugar y no dejarse
pisotear por nadie. Con esos componentes, me daría por satisfecha. Comunicándole
mi entero apoyo a su anécdota, reintegro lo exquisita de encontrarse la cena.
Dos pequeñas arepas acompañadas de huevos revueltos con jamón y queso, té de
manzanilla con una ensalada de frutas al final. Suelto suspiros placenteros al
momento de llevar alimentos a mi boca, la combinación de jamón de pollo con el
huevo es sublime, mas tomando él cuenta como el queso ha quedo igual al de la
pizza, derretido a conveniencia y cremoso al instante de disgustarlo. Mamá, la
diosa de la comida. Emitiendo un suspiro gustosa de mis recuerdos aprovecho
para buscar mi teléfono entre mi colchas, se supone que debería de dormirme
temprano al haber al otro día clases, aun así al tener un libro nuevo dejo todo
de lado para centrarme en el inclusive mis horas de sueño. Debido a ello, voy a
desearle las buenas noches a mamá con un beso en la mejilla avisándole que dormiré
como debe de ser así no soy interrumpida, llevándome a correr rápidamente a mi
habitación encerrándome.
Tomando
respiros para recuperar mi aliento enciendo la lamparilla ubicada sobre la
mesita de noche, desde tener memoria he tenido pequeños inconvenientes en
dormirme con oscuridad absoluta, por ello mamá me obsequio una pequeña lámpara
que tiene múltiples funciones: ayudar a ver mis lecturas nocturnas y verla mi
sueño. Ya habiéndome calmado dibujo una sonrisa socarrona sacando del primer
cajón de la mesita de noche el libro de Los Juegos del Hambre, cuando llegue de
la escuela lo guarde inmediatamente en el cajón con una promesa silenciosa de
leerlo antes de dormir, una lectura nocturna en lo absoluto es malo muchos
doctores lo recomiendan para relajarte, al menos mamá me lo ha dicho. Al abrir
la primera página encuentro lo convencional, nada salvo los comentarios de
otros autores recomendado la obra, una como la del famoso Stephen King me deja
sin aliento, es un excelente escritor y cada una de sus libros es un universo
completo nunca podrás parar de leerlas. Seguidamente sigue la contra portada topándome
más de lo mismo, el nombre, el autor y quien hizo la traducción. Entonces,
luego de un par de hoja más entramos en materia: PRIMERA PARTE, LOS TRIBUTOS.
Si mal no recuerdo se trata de todos aquellos niños obligados por la capital de
Panem, el Capitolio a presentarse ante los juegos más sangrientos en existir
donde les espera una muerte eminente, especialmente tomando en cuenta el ser
todo presentado por televisión. Sinceramente ¿cómo logro inspirarse la autora
del libro? Es un excelente dilema, a la par de dato curioso, tendré que
buscarlo una vez lo acabe.
Es
finalmente cuando llegó al primer capítulo, mis ojos revolotean con hambre las
primeras líneas de la historia que es aparentemente narrado en primera persona,
de todas manera no puedo descubrir de quien se trata pues de forma repentina
comienzo a sentir los párpados pesados y el cuerpo entumecido. Es raro que tan
rápido tenga sueño no cuando tengo un aguante legendario, en muchas ocasiones
he amanecido leyendo y jamás sucumbí al agotamiento, aun así de forma extraña
esta vez es diferente. Seguidamente de tener los párpados pesados, todas las
articulaciones del cuerpo se me duermen posteriormente de desenchufar mis
sentidos, vista, tacto, oído, gusto... todos ellos colisionan dando una rara
explosión en mi cerebro. De pronto, no sé si es producto de mi imaginación de
esta extraña convalecencia pero un remolino se forma en la hoja del libro
amenazando con tragarme, como no puedo moverme ni pronunciar palabra mi mente
entra en colapso buscando hacer algo o decir algo, pero nada, nada en lo
absoluto sucede solo sé que ese mismo remolino me succiona hasta consumirme
finalmente.
Cuando
abro los ojos nuevamente me doy cuenta que estoy en una especie de espacio vacío
oscuro donde solo puede escucharse el eco de una gota de agua caer, miro hacia
bajo percatándome de estar sobre una especie de agua que no puede mojarme,
asustada de tal acontecimiento de inmediato me coloco de pie soltando un
respingo ligero aun no puedo hablar, pero al menos es posible moverme. Girando
mi cabeza hacia todos los lados preveo el comenzar a darme por loca a no ser de
estar sumamente cansada y tener la excusa de tener el sueño más realista de
todos, asumiré que en definitiva perdí totalmente la cordura y he sido
succionada por mi libro nuevo hacia un lugar inhóspito al igual de deshabitado.
Me doy un ligero golpe en la frente sonriendo de medio lado, ese pensamiento si
ha sido propio de una desquiciada ¿succionada? ¿Libros mágicos? ¡Sandeces! Solo
me he quedado dormida, es todo, pronto me despertare en mi cama producto del
grito demandante de mamá para ir a clase, me daré una ducha con agua caliente,
tomare un té de frutos rojos, llamare a mis amigas y nos encontraremos en la
escuela. Sí, sí, eso hare así que no debo porque alármame, no debo... no
debo... pero a medida que pasa los minutos y nada de mi deseo ocurre un
remolino del susto se aloja en mi vientre. ¡Maldición! ¡Maldición! ¿En verdad
sucede? ¡¿En verdad está ocurriendo?! No, no, no... ¡Yo no puedo estar aquí!
No
teniendo más opción que a encontrar la salida de este sitio guío mis pasos por
la penumbra de este frío lugar, percibo que a cada paso de dar se escucha el
sonido de chapoteo en el agua al igual de un goteo incesante, me abrazo a sí
misma maldiciendo mentalmente el no usar pijama larga esta noche, siempre suelo
hacerlo pero hoy decidí cambiar la rutina. Por ende, una camisola rosada de
encajes sin mangas y pantaloncillos con el mismo diseño no es precisamente
abrigador, de hecho, te induce a congelarte más rápido. Noto que entre más
camino menos consigo lugar a donde ir, todo es igual, todo tiene la misma
pinta: frío y oscuro. Estoy tentada a gritar pero no puedo, no siendo la
persona que soy, por lo tanto tragándome cada uno de mis sentimientos, tomo una
bocanada de aire pensando en lo próximo a hacer, al menos, ese fue la idea
principal. Curiosamente todo en este ambiente es oscuro, todo salvo una sola
cosa: yo. Eso quiere decir el permitirme andar más confiada sin necesidad de
caerme, una conjetura algo absurda pero proveniente de alguien desesperado, se
valora. Apretando los puños alrededor de mis delgados brazos aceleró más mis
pasos escuchando cada vez cerca el goteo de agua, no teniendo otra cosa más por
hacer decido ir a ver de qué se trata, quien sabe, podía ser la clave de todo
este rollo. Y nuevamente, lo mío no es dar en el clavo.
Una
enorme insignia de un pájaro sosteniendo una flecha brilla incesante en medio
de la oscuridad, está hecha de oro puro y su tamaño te intimida
considerablemente, pero eso no es lo alarmante, un espejo igualmente grande
refleja el movimiento tranquilo de unas aguas que aparentemente es un lago
significando ser el producto del sonido. Sintiendo entre pena y tristeza me
acerco al enorme espejo cautelosa no quiero tratar de reflejarme, menos
sabiendo lo posible a ocurrir, ver un monstruo, ser espectral u otra cosa. Ya
puedo hasta escuchar el tono burlón de Will en mis odios <> es un idiota
hasta en mi imaginación, cosa en ser predecible entre los hermanos. Entonces de
forma sorpresiva el espejo empieza a brillar igual a la plata contra el sol,
emitiendo un suave pitido buscando llamar mi atención, lo cual lo consigue. Con
pasos ligeros extendiendo uno de mis brazos me encaminó al espejo, embriagada
de una sensación fría recorriéndome cada partícula del cuerpo olvido
nerviosismo o miedo, solo me centro en acercarme a la luz del espejo que me
llama sin cesar. Estando lo suficientemente cerca el sonido frena dejando
únicamente el tintineo brillante, la imagen del agua no se encuentra, en su
lugar, lo que parece ser una habitación a oscura se manifiesta con ímpetu no
puedo distinguir quien se encuentra allí por la penumbra pero me da una
invitación a entrar, tocar el espejo y entrar. Haciéndole caso a mis instintos,
coloco únicamente el dedo índice en el espejo como si tocara un timbre imaginario
e inmediatamente una luz incandescente me envuelve segándome, lo último que recuerdo
es ser absorbida hasta reducir todo a polvo estelar.
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