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¡Ras! Aprieto los dientes con fuerza, mientras una mujer
llamada Venia de pelo color turquesa y tatuajes dorados sobre las cejas, me
arranca una tira de cera de la pierna, llevándose vellos y piel con ella. Dios,
¿acaso no existe otro método? Uno... ¿menos doloroso?
— ¡Lo siento! — Canturrea con acento similar al de Effie
Trinket, por supuesto, acento ridículo proveniente del Capitolio — ¡Es que
tienes mucho pelo!
¿Puedes siquiera hablar normal esta gente? Están fastidiosos
para el oído humano, sus tonos tan agudos, palabras entrecortadas, vocales
extrañas y ese siseseo a final de pronunciar la letra ese... ¡Te da ganas de pegarte
contra un muro la cabeza!
Venia intenta mostrarse comprensiva, mirándome con algo de
disculpa.
— Pero tengo buenas noticias: este es el último. ¿Lista?
Me sujeto de los bordes de la mesa en la que estoy sentada y
asiento con la cabeza. Ella arranca de un solo tirón la última zona donde
estaba llena de pelo de mi pierna izquierda. Sinceramente, este método es
demasiado anticuado para tratarse de este mundo, donde las personas llevan lo
de verse bien a otro nivel. En fin, ahora comprendo bien le definición que a
las chicas le cuesta más tiempo el arreglarlas bonitas, llevo más de tres horas
en el Centro de Renovación y todavía no conozco a mi estilista. Aparentemente,
no está interesado en verme hasta que Venia y los demás miembros de mi equipo
de preparación se ocupen de algunos mínimos detalles, eso abarca, por supuesto,
restregarme en el cuerpo con una espuma arenosa, la cual, creo yo el tratarse
de un exfoliante; darle uniformidad a mis uñas, sobre todo, librarse de todo mi
vello corporal. Piernas, brazos, torso, axilas y partes de mis cejas se han
quedado sin un pelo, cosa que a lo que Katniss ha asemejado a un pájaro, uno
desplumado listo para azar. Todo esto ha sido tan doloroso, fastidioso y
desagradable, como dije antes, la cera es algo que esta fuera de moda, si se
trata del Capitolio debería emplear láser o hilo, son técnicas novedosas y nada
dolorosas. Pero en fin, ya ha quedado de esta forma, no se puede hacer nada
más, bueno, salvo una cosa: no rasquarme la piel irritada. He cumplido con
Haymitch, me aguante hasta el final mis comentarios despectivos, espero que él
igualmente cumpla su trato.
— Los estás haciendo muy bien — dice un tipo que se llama
Flavius. Agita sus tirabuzones naranjas y me aplica una capa de pintalabios
morado — Si hay algo que no aguantamos es a los llorones. ¡Embadurnadla!
Venía y Octavia, una mujer regordeta con todo el cuerpo
teñido de verde guisante claro, me dan un masaje con una loción primero pica y
luego me calma la piel. Acto seguido me levantan de la mesa y me quitan la bata
fina que me han permitido vestir de vez en cuando. Me quedo así, completamente
desnuda mientras ellos sacan sus pinzas para sacar los pelos restantes que han
quedado. Estoy incomoda, estoy incomoda... ¡Estoy sumamente incomoda! Por
suerte, Katniss desde mi mente me susurra palabras de aguante como: son más
animales a humanos, o simplemente, proyéctalos como si fuesen unas cacatúas
revoloteando por debajo de tus pies con sus picos. Y, eventualmente, consigo
calmarme de esa forma.
Los tres dan un paso hacia atrás admirando su trabajo.
— ¡Excelente! ¡Ya casi pareces un humano! — exclama Flavius,
y todos ríen.
¡Ah! No, pues que noble de su parte, antes pensé que era una
mujer de las cavernas, sino me dicen que ahora soy un ser humano... ¡Ni me
entero! Obviamente esto es sarcasmo, porque que un trío de personas con
apariencias de cacatúas me digan esto es hilarante.
— Muchas gracias. — les digo con una sonrisita tonta,
obligándome a mí misma hacerlo y parecer estar muy contenta de su hazaña. —
como pueden ver, nosotros en el Distrito 12 no tenemos muchas razones para
arreglarnos.
— Claro que no, ¡pobre criatura! — dice Octavia, juntando las
manos, consternada. Creo que me los he ganado con mi respuesta.
— Pero no te preocupes. — Añade Venia — Cuando Cinna acabe
contigo, ¡vas a quedar absolutamente divina!
— ¡Te lo prometemos! ¿Sabes? — Ahora que nos libramos de tanto
pelo y porquería, ¡no estás tan horrible, ni mucho menos! — Afirma Flavius,
para animarme — ¡Vamos a llamar a Cinna!
Salen disparado del cuarto. Los miembros del equipo de
preparación son tan bobos que resulta difícil detestarlos, estoy segura que en
su cabeza solo puede existir aire. Por lo que, curiosamente, ellos no están
mintiéndome en lo más mínimo, ellos realmente intentan ayudarme. Miro las
paredes y el suelo, todo tan frío y blanco, y controlo el impulso de buscar la
bata para cubrirme. Katniss me ha dicho que este estilista, Cinna, me mandara a
quitarme la bata para observarme. Sorpresivamente me han dejado el cabello
igual, le han dado la orden de no tocarlo por lo que me coloco las manos detrás
de la cabeza. Concentro toda mi atención por no pensar en que estoy desnuda,
que me encuentro en el cuerpo de otra persona y me han obligado a participar en
unos juegos sangrientos, donde me tratan igual a una mascota que necesita de un
cambio de aspecto. Respiro, prometí a Haymitch no resistirme y eso hago pero,
realmente me cuesta hacerlo.
La puerta se abre y entra un joven que debe de ser Cinna.
Quedo impresionada hasta los huesos de su apariencia, que en comparación a las
personas que hasta ahora he visto del Capitolio, su apariencia ser bastante
normal a los modificados en la apariencia en lo general. Por otro lado, Cinna
tiene el pelo corto y, aparentemente, castaño natural. Viste camisa y
pantalones negros sencillos, y la única modificación quirúrgica es un
delineador dorado de ojos aplicado con generosidad. Resalta las motas doradas
de sus ojos verdes y, al pesar de la repulsión que me ha causado la moda del
Capitolio, no puedo evitar pensar que se ve realmente atractivo.
— Hola, Katniss. Soy Cinna, tu estilista. — dice en voz baja,
casi sin el molesto acento del Capitolio.
— Hola. — respondo seca, como mi personalidad suele ser.
— Dame un momento, ¿vale? — me pide. Camina a mi alrededor y
observa mi cuerpo desnudo, que en teoría es de Katniss, pero ya que estoy
dentro de el por estos momentos es igualmente mío. Al menos no me toca, pienso
en tanto lo observo anotar de cada centímetro, quiero cruzar los brazos en el
pecho pero no lo hago. Me quedo igual a una momia. — ¿Quién te ha peinado?
— Mi madre.
— Es precioso. Mucha clase, la verdad es un equilibrio casi
perfecto con tu perfil. Tiene dedos hábiles.
Agrande los ojos sin tomarme la molestia de fingir estar
conmocionada de dicha respuesta, este chico, Cinna, resulta ser todo lo
contrario de una persona del Capitolio: interesado en las apariencias. Pero no,
no solamente ha elogiado las manos de la mama de Katniss, sigue sin verme como
un animal que necesita ser arreglado de alguna manera. « Debe de ser nuevo »
afirma la voz « nunca lo había visto antes. » bueno, eso podemos averiguarlo.
— ¿Eres nuevo? Tu cara no me parece conocida. — le digo.
— Si, es mi primer año en los juegos.
— Por lo que te dieron el Distrito 12. — deduzco, porque
cuando eres nuevo en algo casi siempre intentan hacerte la vida cuadritos.
— Lo pedí expresamente. — responde, sin dar más
explicaciones. — ¿Por qué no te pones la bata y charlamos un rato?
Me pongo la bata y lo sigo hasta un salón en el que hay dos
sofás rojos con una mesita baja en medio. Tres paredes están vacías y la cuarta
es entera de cristal, de modo que puede verse la ciudad. Por la luz, debe de
ser mediodía, aunque el cielo está cubierto de nubes. Cinna me invita a sentarme
en uno de los sofás y se sienta en frente de mí; después pulsa un botón que hay
en el lateral de la mesa y la parte de arriba se abre para dejar salir un
segundo tablero con nuestra comida: pollo y gajos de naranja cocinados en una
salsa de nata sobre un lecho de granos blancos, guisantes y cebollas diminutos,
y panecillos en forma de flor; de postre hay un pudin con miel.
Estoy literalmente muda y pegada al asiento, ni pensar que
con solo un botón puedas traer comida a la mesa resulta algo indignante,
recuerdo la lucha de Katniss y los suyos en el 12 para poder adquirir
alimentos. El arriesgar su vida cazando en los bosques, caminar dentro del
Quemador para cambiar las presas por objetos de primera necesidad, agregándole
ir a las casas de las personas mejor acomodadas del distrito, vendiendo lo
cazado para obtener algo de dinero. ¿Cuánto les costaría reunir lo necesario
para hacer esta comida? ¿Un mes? ¿O tres? Resulta indígnate como los del
Capitolio en un ligero movimiento de sus dedos aparecen un banquete, incluso,
un insulto para las personas que viven en los demás distritos. Cosa que me hace
pensar: ¿En que gastan su tiempo aquí? Excluyendo la parte de animar un juegos
con niños inocentes que van a una muerte segura, es decir, debe de ser muy
aburrido porque si tienes todos los implementos para hacer parecer comida de la
nada, no debes de tener nada más en que emplear tu tiempo.
Levanto la mirada y veo los ojos de Cinna clavados en los
míos.
— Esto debe de parecerte despreciable — abro los ojos con
sorpresa, ¿resulto ser predecible para él? Porque si, todo esto me resulta
totalmente repugnante. — Da igual — dice Cinna. — Bueno, Katniss, hablemos de
tu traje para la ceremonia de inauguración. Mi compañera, Portia, es la
estilista del otro tributo de tu distrito, Peeta, y estamos pensando en
vestirlos a juego. Como sabes, es costumbre que los trajes reflejen el espíritu
de su distrito.
Ay, por dios. No me digan que voy a vestir un traje de minero,
porque lo que trabajan en el Distrito 12 son las minas, la extracción del
carbón, y creo que ese sería el traje menos vistoso de todos y por
consiguiente, los patrocinadores van a huir de mí. Fantástico... ¡Bravo! «
Si... bueno, no estás tan errada en eso, Heather. » comenta dudosa Katniss en
mi mente « Por ejemplo, los del 11 como son agricultores, llevaran con respecto
a eso, el 4, pesca; el 3, fábricas y así sucesivamente » imagino que los de 4
son envueltos en redes de pescar, prácticamente saldrán como dios los trajo al
mundo; los de 11... Serán árboles; y los de 3, sinceramente no se me ocurre
nada. « Ya que mencionas lo de los desnudos, una vez sacaron a uno de nuestros
distrito desnudos y completamente cubiertos de carbón » dice ella, cosa que hace
quedarme la garganta totalmente seca « así que, mejor prepárate para lo peor. »
No, qué cosa tan alentadora la de mi amiga Eveerden. Empiezo a entender porque
no tiene muchos amigos, pero mejor me callo, ya que de igual forma, no soy muy
encantadora.
— ¿Vestiré de carbón de las minas? — pregunto muy sincera,
esperando no tener la sorpresa del año.
— Mmm... No, no completamente. Verás, Portia y yo creemos que
el tema de los mineros está muy trillada. Nadie se acordara de ustedes si
llevan eso, y nuestro trabajo es hacer que los tributos del Distrito 12 sean
inolvidables.
« Esta claro » habla la voz, dando por sentado su próxima
afirmación « iremos desnudas. » ¡Oh por favor! Guarda silencio y escuchemos
hasta el final.
— Así que, si, olvidaremos a los mineros y nos centraremos más
en el carbón pero, de un manera diferente.
« Desnudas y cubiertas de polvo negro » deduce Katniss, colocándome
los nervios de punta.
— Y ¿qué se hace con el carbón? Se quema — dice Cinna — No te
da miedo el fuego, ¿verdad, Katniss? — ve mi expresión y sonríe.
Unas cuantas horas después, estoy vestida con lo que puede
ser el vestido más sensacional o el más mortífero de la ceremonia de
inauguración. Llevo una sencilla malla de cuerpo entero que me cubre del cuello
a los tobillos, con unas botas de cuero brillante y unos cordones que me llegan
a las rodillas. Sin embargo, lo que define el traje es la capa que ondea al
viento, con franjas naranjas, amarillas y rojas, y el tocado a juego. Cinna
pretende prenderles fuego justo en el momento que nuestro carro recorra las
calles.
— No es fuego de verdad, por supuesto, sólo unos fuegos
sintéticos que Portia y yo hemos inventado. Estarás completamente a salvo. — me
asegura, pero no estoy convencida del todo. Capaz estoy a las puertas de convertirme
en una antorcha humana cuando lleguemos al centro de la ciudad.
Apenas y llevo maquillaje, sólo unos toquecitos de
iluminador. Me han cepillado el cabello y me lo han recogido en una sola
trenza, que me recuerda un poco a las que solía hacerme Betania cuando estaba
sumamente desarreglada.
— Quiero que el público te reconozca cuando estés en el
estadio. — Dice Cinna con tono soñador — Katniss, la chica en llamas.
Comienzo a pensar que Cinna al pesar de aparentar ser un
chico muy tranquilo, detrás de esa fachada esconde alguien totalmente fuera de
este mundo, alguien que se les sofá los tornillos en cada ocasión de ocurrírsele
una idea. Me da escalofríos.
Al pesar de conocer igualmente otro lado distinto del chico
del pan, me alivia verlo vestido con un conjunto a juego al mío. « Debe de
estar acostumbrado » dice Katniss con tono obvio « es hijo de un panadero, el
fuego debe de ser algo normal con que lidiar. » aun así, pienso yo, convertirte
en barbacoa humana no debe de ser indiferente a Peeta. Su estilista, Portia, y
el resto de su equipo lo acompañan, todos en general parecen nerviosos por la
sensación que vamos a causar. Claro, lo de antorchas humanas seguramente. Pero
Cinna, de manera bastante cansada, recibe las felicitaciones de los demás.
Nos llevan al nivel inferior del Centro de Renovación, que
es, básicamente, un establo gigantesco. La ceremonia inaugural va a empezar y
están subiendo a los tributos en unos carros tirados por un grupo de caballos.
Los nuestros son negros como el carbón, muy elocuente si permiten mi opinión,
porque seguramente hacen referencia al distrito minero donde proviene la real
dueña de este cuerpo y mi nuevo acompañante de un mismo destino, el chico
rubio. Me sorprende que los animales no tengan un jinete que los lleve,
seguramente al tratarse del Capitolio, deben de pertenecer a una raza superior
muy inteligente que sepa exactamente dónde ir, a estas alturas de la vida, ya
nada puede inducirme desconcierto.
Cinna y Portia nos conducen a nuestro carro y nos arreglan
con cuidado la postura del cuerpo y la caída de las capas antes de apartarse
para comentar entre ellos.
— ¿Y qué opinas de esto? — le susurro al chico rubio — Me
refiero al fuego.
— Te arrancaré la capa si tú me arrancas la mía. — me dice
entre dientes.
— Recibido. — quizás con un poco de suerte logremos
deshacernos de estas cosas antes que nos consuman, lo malo de todo, será
enfrentarnos a los demás tributos en el estadio. Nos lanzarán allí estemos,
como estemos. — Se supone que seguiremos el trato de Haymitch con cerrar la
boca y dejarnos hacer lo que ellos mandaran, pero esto... esto se les fue de
las manos.
— Por cierto, ¿dónde está? ¿No se supone que debe protegernos
de estas cosas?
— Preferiría mantenerlo bien lejos en estos momentos,
vestiremos fuego y el consume alcohol puro. No es una buena combinación, ¿no lo
crees?
He hecho una broma, una broma con un chico de un mundo
distinto al mío, bueno, para quien no me conozca suelo hacerlo muy pocas veces
y son del puro humor negro. Sin embargo, no puede evitar echarme a reír junto a
Peeta de todo lo que está por suceder, estamos nerviosos, es un hecho, pronto
posiblemente nos convertiremos en barbacoas parlantes lo que nos convierte en
seres inestables. El factor de los Juegos y lo que provoca. Empieza la música
de apertura. No cuesta oírla, la ponen en todas las avenidas de Capitolio. Unas
puertas enormes corredizas se abren a las calles llenas de gente. El desfile
dura aproximadamente veinte minutos, según la voz de mi cabeza, y terminara en
el Círculo de la Ciudad donde nos recibirán, tocaran el himno y nos escoltaran
hasta el Centro de Entrenamiento. Ese sitio no es más que la presión u hogar
que nos albergara hasta el momento de empezar los Juegos.
Los del Distrito 1 van en un carro tirado por caballos
blancos como la nieve. Están muy guapos, rociados de pintura plateada y
vestidos con elegantes túnicas cubiertas de piedras preciosas. « El Distrito 1
fabrica artilugios para el capitolio » explica la voz, en tanto yo miro como
los del 2 le sigue muy desde atrás. Sin darme cuenta, ya estamos a punto de
cruzar la puerta, veo que el cielo esta nublado y empieza a anochecer. Los
tributos del Distrito 11 acaban de salir cuando Cinna aparece con una antorcha
encendida.
— Allá vamos. — Dice, y, antes de poder articular palabra,
enciende nuestras capaz. Estoy a punto de gritar esperando que venga el dolor,
pero no viene, solo ciento un cosquilleos. Cinna se coloca delante de nosotros,
prende fuego a los tocados y deja escapar un suspiro de alivio. — Después me
levanta el mentón con cariño. — Recuerda, la cabeza en alto. Sonríe. ¡Te van a
adorar!
Oh, vamos. Pides cosas imposibles mi querido Cinna, sonreír
es algo que no se me da en lo absoluto natural, es más, me cuesta hacerlo. Él
se baja del carro de un salto del carro y tiene una última idea. Nos grita algo
pero por culpa de la música no logro escucharlo, vuelve hacerlo una vez más y
sigo sin entenderlo.
— ¿Qué ha dicho? — le pregunto a Peeta. Por primera vez lo
miro, sorprendentemente caigo en cuenta de lo luminoso que se ve, lo cual
seguramente es producto de las llamas, debo de encontrarme igual.
— Creo que ha dicho que nos sujetemos de las manos. —
responde.
Una vez más, me toman desprevenida. Antes de poder replicarle
o algo, el chico rubio coge mi mano derecha con la izquierda de él, lo miro
perpleja, pestañando constantemente mis ojos ante esto. Luego Peeta sonriendo
amablemente, señala en dirección a Cinna, quien levantando su dedo pulgar
afirma que efectivamente, ha sugerido tal cosa. Luego de eso, desaparecemos en
medio de la puerta que nos lleva a las calles de la ciudad.
La alarma inicial de la muchedumbre al vernos aparecer se
transforma rápidamente en vítores y gritos de "¡Distrito 12!". Todos
se vuelven para mirarnos, apartando su atención de los otros carros de
adelante. Al comienzo no hago nada, me quedo petrificada viendo el espectáculo
ante mis ojos, pero después me fijo en las pantallas donde transmiten el
desfile, con lo cual, me deja sin aliento. Bajo el crepúsculo, el fuego nos ilumina
las caras, es como si las capas dejaran una estela de fuego por donde pasamos.
Cinna hizo bien en olvidar casi por completo el maquillaje: los dos lucimos
inolvidables, agregándole a ello, somos bastante reconocidos.
"Recuerda, alza la cabeza. Sonríe. ¡Te van a adorar! “la
voz de mi estilista resuena en las paredes de mi cabeza, como una mantra. Me
fuerzo a mí misma a escucharlo, a seguirle la corriente y ganarme un público
que, en definición, detesto. Por lo tanto, obligo a los músculos de mi rostro a
moverse, a esbozar la sonrisa más convincente de todas y con mi mano libre,
saludar a los presentes. Solo espero no espantar a nadie. De cierta manera, me
alegra estar agarrada a Peeta, él es fuerte y tan sólido como una roca, si lo
tengo a mi lado será imposible caerme de esta cosa. Conforme agarro confianza,
suelto besos por doquier, la gente del Capitolio se ha vuelto loca, nos baña de
flores, grita nuestros nombres, nuestros verdaderos nombres. Aparentemente, se
molestaron en buscarlos en los tontos programas que presenta el Capitolio.
Entre la música alta, los vítores y la admiración me corren
por las venas, y no puedo evitar sentir adrenalina recorriéndome todo el
cuerpo. Cinna me ha dado la ventaja más grande de todas, estas personas no van
a olvidarme, ni aunque quisieran lo logran hacer a: Katniss, la chica en
llamas.
Entonces, por primera vez, tengo algo de esperanza. ¡Alguien
debe ser capaz de patrocinarme! Y con un poco de ayuda extra, comida, y el arma
adecuada... ¿Estaría dando los Juegos por perdidos? No, no... ¡Nada que ver!
Puedo hacerlo, puedo ganar estos juegos. Alguien me lanza una rosa roja y yo la
sostengo, la huelo con delicadeza y arrojo un beso en dirección a quien me la
haya tirado. Cientos de manos intentan atrapar mi beso, como si fuese algo real
o tangible.
— ¡Katniss! ¡Katniss! — Los oigo gritar el nombre de la dueña
de este cuerpo, la cual, desde mi llegada a este mundo lo adopte como mío.
Seguramente se ha convertido en una segunda parte de mí.
Todos quieren mis besos, hasta que llegamos al Circulo de la
Ciudad, donde me percató que debo de estarle cortado la circulación de la mano
al chico rubio, se la tenía sujeta muy fuerte. Miro nuestros dedos entrelazados
y los aflojo un poco, pero él me vuelve a agarrar con fuerza.
— No, no me sueltes. — dice, y la luz del fuego se refleja en
sus ojos azules. — Por favor, puede que me caiga de esta cosa.
— Está bien.
Por lo tanto, seguimos agarrados de las manos. Aun así, me
parece muy extraño que Cinna nos sugiriera tal cosa, miro a los otros tributos
solamente compartiendo carro, pero cada quien por su lado, como si desde el
principio marcaran que son enemigos mortales, que al final nos lanzaran a una
arena para matarnos. « Y es cierto » corrobora Katniss « el ganador, debe de
ser uno solo » el ganador, repito una vez más, debemos de ser nosotras. No
obstante, miro de reojo a mi acompañante, a Peeta Mellark, el chico del pan que
metiéndose en problemas salvo la dueña de este cuerpo, dándole de comer. Mires
por donde lo mires, es guapo, insanamente guapo, y no lo digo porque este
rodeado de fuego o el nerviosismo de los Juegos me hagan ver una persona irracional,
no, porque con esa apariencia robusta: hombros anchos, brazos fuertes y espalda
moldeada, le da una seguridad a que es capaz de proteger a su chica. Sin
olvidar los detalles legendarios, un rostro bañado en bondad, ojos azules como
el mismo cielo y, su mayor atributo, personalidad afable, seguramente, al igual
a mi nuevo amigo Gale, las chicas deben de morirse por estar con alguien como
él. Sino es que ya tiene alguien, por supuesto que debe de tenerla, con esa
apariencia... vuelvo a mirar nuestros dedos entrelazados y un espasmo me
recorre el cuerpo. ¡No! ¡No es tiempo de pensar en estupideces! Estoy en los
Juegos del Hambre, este chico, al igual de los otros tributos, intenta matarme,
tener una clase de simpatía por él es sinónimo de estar muerta. Y repito, no es
momento para perder el tiempo en esto, debo de ser más memorable para tener
patrocinadores. Ellos seguramente no querrán a una enclenque debilucha.
Los doce carros llenan el circuito del Circulo de la Ciudad.
Todas las ventanas de los edificios que rodean el circulo están abarrotadas de
los ciudadanos más prestigiosos del Capitolio. Nuestros caballos nos llevan al
frente de lo que parece ser una mansión, donde nos espera un viejo decrepito de
cabello tan blanco como el papel, enano y delgado, que nos da la bienvenida
desde un balcón. « Es el presidente Snow » me dice Katniss « es quien dirige
todo Panem, y esta, es su mansión.» Me le quedó mirando fijamente, porque
finalmente he conocido el causante de tantas muertes injustas de niños
inocentes de los distritos. Mientras tanto, las cámaras nos enfocan más a Peeta
y a mí de lo que parece ser, incluso cuando suena el Himno, hacen un esfuerzo
por enfocar a las otras parejas de los distritos, pero se mantiene fija en el
12. Ahora, somos más que memorables. Tomando en cuenta que cae la noches con más
rapidez, nuestros rostros centellantes marca la diferencia del resto, dejando a
las personas con más ganas de ser enfocados. Lamentablemente para ellos, se ha
acabado la hora.
Los caballos que nos llevan dan una última vuelta al círculo,
antes de desaparecer en el Centro de Entrenamiento. En el instante de cerrar
las puertas, nos rodean los equipos de preparación, que murmuran palabras que
son inaudibles para mí. Miro a mi alrededor y veo que muchos tributos nos
observan con odio, por supuesto, es entendible cuando hemos sido el centro de
atención de todos. Acto seguido, aparecen Cinna y Portia para ayudarnos a
bajarnos del carro, nos quitan las capas y los tocados en llamas. Portia los
apaga con una especie de bote con atomizador.
De repente, me doy cuenta que aún sigo pegada a Peeta y me
obligo a abrir los dedos agarrotados, los dos nos masajeamos las manos al mismo
tiempo. Mientras en mi mente, lucho con unos sentimientos contradictorios hacia
el chico del pan, que si bien ambos nos hemos ayudado allá fuera, siento que la
calidez de su mano ha ido más adentro de la inesperado y me disgusta, lo hace
con desespero porque no soy ninguna tonta, ni mucho menos pretendo serlo
teniendo la cara de otra persona.
— Gracias por sostenerme. No me sentía muy bien ahí arriba. —
dice Peeta.
— ¿En verdad? Lo siento, no me percate de eso. — sí, mucho
mejor, marquemos las pautas desde el comienzo de esta historia, que en mi
perspectiva, ni ha de comenzar.
— No debes de disculparte, es predecible de hecho, ellos no
han tenido más que ojos para ti. Deberías llevar más llamas a menudo, te
sientan bien.
Demonios, demonios, demonios... ¡Demonios! No, te lo prohíbo,
te prohíbo que me mires con esa expresión de timidez genuina, agregándole el
toque de dulzura justa, el cual en mi perspectiva, es muy injusta porque
produce una clase de calidez extraño en todo el cuerpo, va desde la cada pelo
de mi cabello hasta la punta de los dedos de los pies. Maldición, eso fue un
cumplido, uno en todo el sentido de la palabra y como Heather Fausto, nunca he
sido buena lidiando con ellos, menos si provienen de un chico. Solo imito a un
tomate maduro. Sin embargo, algo, o este caso, alguien, está lo suficientemente
alerta para dispersar estas cosas molestas iguales a moscas sobre la carne
podrida, me refiero a Katniss.
« ¡No seas tonta! » me dice ella « Peeta intenta matarte,
intenta que confíes en él lo suficiente como para convertirte en una presa
fácil. Recuerda, que entre más te guste, más mortífero será.» Sí, es cierto, es
completamente cierto. Esto no es un juego de cartas, menos un concurso a quien
es el más bonito de todos, hablamos de los Juegos del Hambre aquí hasta el
menos pensado puede ser una bestia feroz. Pero yo también puedo bailar en ese
mismo son, por eso dibujando una sonrisita de timidez en mis labios totalmente
fingida, me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla, justo donde se
ha ganado un puñetazo de Haymitch antes, si, en el moretón.
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