sábado, 24 de febrero de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


4
En cuanto acaba el himno, nos ponen bajo custodia, antes de pensar en esposas o algo parecido, no, no se trata nada de eso sino un puñado de agentes de la paz escoltándonos hasta la puerta principal del Edificio de Justicia. Imagino que anteriormente algún tributo intento escaparse o algo, porque esto no es normal. Una vez dentro, me conducen a una sola y me dejándome sola. Es el sitio más lujoso que he estado desde mi llegada a este mundo, tiene gruesas alfombras de pelo, y sofá y sillones de terciopelo. Cuando me siento en el sofá, me es imposible acariciarlo una y otra vez; ayuda a calmar un poco los nervios para lo que está por avecinarse encima de mí. « Es el tiempo que se le da a los tributos para despedirse de sus seres queridos. No puedes dejarte llevar y salir de esta habitación con los ojos hinchados » pide la voz con tono autoritario, exigiendo prácticamente el tragarme mis propios sentimientos y aparentar. No lo niego, eso se me da de miedo, pero por alguna razón ver donde me he metido imposibilita un poco las cosas, realmente, estoy aterrada. « ¡Pues hazlo! Allá afuera hay cientos de cámaras tratando de grabar tu rostro, darle una apariencia de debilucha no ayudara. » Cierro los ojos tratando de tatuarme eso en la mente, porque a la final, me ayudara a similar más rápido mi destino.
Las primeras en entrar son Principal y su mamá. Extiendo los brazos hacia la niña, y ella se sube a mi retazo rodeándome el cuello con sus pequeños bracitos, apoya su cabeza en mí hombro, como si fuese un bebé. Su mama se sienta a mi lado y nos abraza a las dos. No hablamos durante unos minutos, dándole el espacio que necesitan para poder despedirse de la imagen de Katniss, la cual, empieza a dictaminar las cosas que debo de decir para ellas durante su ausencia. Primero que todo, Prim bloque debe de coger ninguna tesela. Pueden salir adelante, si tienen cuidado, vendiendo la leche y el queso de la cabra, y siguiendo la pequeña botica que lleva su mamá con la gente de la Veta. Gale le conseguirá las hierbas que ella no pueda cultivar, aunque tiene que describírselas con precisión, porque no las conoce tanto como Katniss. También les llevará carne de carajo (él y ella hicieron un pacto con respecto de verse una situación a esta) y seguramente no les pedirá nada a cambio. Sin embargo, deben agradecérselo con algún tipo de trueque, como leche o medicinas. Katniss ni se molesta en hacerme sugerirle a Prim que aprenda a cazar, antes intento hacerlo y no tuvo exito alguno, el bosque le aterra y, siempre que ella le daba a una presa, la niña se ponía a llorar diciendo que podían curarla si llegaban a tiempo a casa. Por otro lado, le va bien con la cabra, así que se concentra en eso.
Cuando se acababa las instrucciones sobre el combustible, el comercio y terminar el colegio, giro hacia su mamá y le agarro la mano con fuerza.
— Escúchame, ¿lo estás haciendo? — ella asiente, asustada por mi intensidad. Debe de saber lo que le espera. — Ni se te ocurra volver a irte, no puedes hacerlo.
— Lo sé. — me responde ella, clavando los ojos en el suelo. — Lo sé, no lo haré. No pude evitar lo que...
— Pues bien, evítalo a toda acosaran. No puedes desconectarte y dejar a Prim sola, no estaré para mantenerlas con vida. Da igual lo que pase, da igual lo que ves en pantalla. ¡Debes dar tu palabra que seguirás luchando!
No me di cuenta que he alzado la voz, pero no puedo evitarlo, entre las instrucciones que me da Katniss en la cabeza y las memorias de una mujer muerta en vida me consume por completo, da rabia que su tristeza haya sido más importante que su sentido por vivir por sus hijas. Es injusto, sumamente injusto.
— Estaba enferma. — dice ella, soltándose, igualmente se ha enfadado. — Podría haberme curado yo misma de haber tenido las medicinas que tengo ahora.
« En parte es cierto de haber estado enferma » le da la razón su hija, recordándome la conjetura que inclusive yo misma llegue, pero aun siendo una enfermedad o no, debemos cerciorarnos que cumpla con su parte del plan. El confiarse significa perder.
— ¡Asegúrate de tomarlas entonces! — le ordeno. — ¡Y cuida de ella!
— Todo saldrá bien, Katniss. — dice Prim, cogiéndome la cara. — Pero tú también tienes que cuidarte; eres rápida y valiente, quizá puedas ganar.
No puedo ganar, en el fondo de mi corazón, hasta la misma Katniss debe de saberlo. Esto va más allá a cualquier otra cosa que he visto antes, además, me encuentro en un cuerpo que no es el mío, viviendo una vida que no es la mía. No poseo habilidades algunas, me aterra la sangre, me aterra la lucha, pero por sobre todo, me aterra todo lo concerniente a la lucha. Sé que en esa competición existirán chicos en doblarme el peso y altura, de que ganar los juegos signifique llenarse de gloria a él y su distrito, unos donde puedan conocer las mil y una formas de cortarte con un cuchillo. No, de ninguna manera puedo luchar contra ello, y me aterra, porque desconozco que ocurrirá si acaban con el cuerpo de Katniss teniendo mi alma incluida. Quizás y me salve, pero igualmente, quizás no.
— Puede. — respondo, porque no puedo simplemente acobardándome en nombre de Katniss, menos exigiéndole a su madre el luchar sin importar como. Además, su hija me tomaría por débil sin antes de comenzar, los obstáculos se han hecho para rebasarlos sin importar lo altos que sean. — Y seremos tan ricas como Haymitch.
— Me da igual que seamos ricas. Solo quiero que vuelvas a casa. Lo intentaras, ¿verdad? ¿Lo intentarás de verdad de la buena? — me pregunta Prim.
— Lo prometo, con la verdad de la buena. — le digo, y sé que buscare hacerlo, por ella.
Después aparece el agentes de la paz para decirnos que se ha acabado el tiempo, nos abrazamos tan fuerte que lo único que se me ocurre decirles es:
— Las quiero, a las dos.
Ellas me dicen mí mismo, el agentes les ordena que se marchen y cierra la puerta. Escondo la cabeza en uno de los cojines de terciopelo, como si eso fuese capaz de sacarme de este cuerpo y devolverme a casa. ¿Porque simplemente no chillo deseando eso? ¡Quiero realmente volver a casa! Aunque no hay mucho tiempo para lamentos, alguien más entra en la habitación y, cuando mito, me sorprende, al menos Katniss lo reconoce enseguida. Es el panadero, el papá de Peeta Mellark. Parpadeo constantemente tratando de comprender la razón de su visita, más pronto que tarde me lanzaran a una arena a muerte donde posiblemente busque cortarle la yugular a su hijo, debería estar visitándolo a él en lugar de Katniss. Aunque callo esa conjetura, la voz de mi cabeza me explica el conocerlo de poco, e incluso, conoce mejor a Prim porque le vende sus quesos, de hecho le aparta dos a él antes de ofrecerlos en el Quemador, sus pagas son bastante cuantiosas y generosas. En realidad es mucho más amable que la bruja de su mujer, por lo que esperan a no encontrarse con ella. Me alegro de alguna manera, porque eso quiere decir que su hijo no ha crecido del todo en un ambiente hostil donde solo recibe maltrato, y quizás, ha heredado ese buen corazón de su padre. De todas maneras, sigue sin llegarme a la cabeza una razón para venir a ver a Katniss.
El panadero se sienta, incomodo, en el borde de una de las lujosas sillas. Es un hombre grande, ancho de hombros, con cicatrices fe las quemaduras sufridas en el horno a lo largo de los años. Saca un paquete envuelto en papel blanco del bolsillo de la chaqueta y me lo ofrece. Lo abrir y encuentro galletas, un lujo aparentemente que las Everdeen no pueden permitirse.
— Gracias. — respondo. El panadero no parece ser un hombre hablador, o simplemente, hoy no tiene nada que decirme. — Hoy he comido un poco de su pan en la mañana. Mi amigo Gale le dio una ardilla a cambio. — Él asiente, como si recordase la ardilla — No ha hecho usted un buen trato.
Se encogiéndose de hombros, como si no le importase nada. En cambio, no se me ocurre nada más por decir, así que guardamos silencio hasta que lo llama un agente de la paz. Se levanta y tose para aclararse la garganta.
— No perderé de vista a la pequeña. Me aseguraré de que coma.
No puedo evitar sentir un gran alivio cuando dice eso, porque en parte mi gran preocupación de todo esto es que Prim no pase calamidades, ya ha tenido bastante al pesar de su corta edad y sumarle una más, es demasiado. Igualmente ella parece realmente ganarse el cariño de todos, al menos eso le basta para mantenerse con vida.
La siguiente en visitarme igualmente me parece inesperada: Madge, quien viene directamente hacia mí. No está llorosa, ni evitar hablar del tema, sino que me sorprende con un tono urgente de voz.
— Te dejan llevar una cosa de tu distrito en el estadio, algo que te recuerde a casa. ¿Querrías llevar esto?
Me ofrece la insignia circular de oro antes le adornaba el vestido. Aunque no le había prestado mucha atención hasta el momento, veo que es pajarito en pleno vuelo. Suelto un respingo conmocionada, siento haberlo visto en otro sitio anteriormente pero no lo recuerdo.
— ¿Tu insignia? — le pregunto.
El llevar un símbolo en estos momentos en lo menos importante, porque realmente tengo la sensación de haberlo visto en otra parte pero no recordarlo.
— Toma, te lo pondré en el vestido, ¿vale? — no espera mi respuesta, se inclina y me lo pone. — Katniss, prométeme que lo llevarás en el estadio, ¿sí?
— De acuerdo.
Galletas, una insignia... Hoy los conocidos de Katniss están muy generosos, regalos inesperados para cualquiera de los dos. Madge me da otro más: un beso en la mejilla. Después se va y me quedo pensando que quizás, ella realmente haya sido su amiga, su única y real amiga. El último en aparecer es Gale, y aunque no lo parezca, me entra un alivio porque con él no tengo que fingir sentirme bien. Cuando abre los brazos, no dudo en lanzarme a ellos, su cuerpo me resulta familiar: la forma en que se mueve, el olor a humo del bosque, incluso los latidos de su corazón, que en estos segundos son música relajante para mis oídos. Sin embargo, recuerdo que en la vida he vuelto a permitir a un chico acercárseme así y, sin poder evitarlo me tenso.
— Estoy aterrada, Gale. — digo sin separarme de él. — aterrada hasta los huesos y lo peor es que simplemente no pude quedarme quieta, no pude contenerme ante la injusticia que proyectaba mis ojos. ¿Estoy condenada? ¿En verdad lo estoy?
— No, no lo estás. — me separa con sutileza y sujetándome los hombros con sus fuertes manos, me mira directamente a los ojos. — Creo que tienes mucha determinación y valor, no cualquiera en tu posición hubiese hecho lo mismo. En realidad, callarían viendo cómo se llevan a Prim a los juegos. Pero eres diferente, eso es bueno, y estoy seguro que traerás el cuerpo de Katniss de vuelta a casa.
— ¡Pero eso es imposible! — alzo la voz un poco alarmada, él ni se inmuta. — ¡No soy ella! ¡No soy Katniss! ¡Ella es valiente y valerosa! Con solo once años ya llevaba la carga de su familia en sus manos, se adentró al bosque sola y aprendió a cazar animales. ¿Y dónde quedo yo? ¿dónde? A su edad solo me quejaba por no ser vista por el chico que me gustaba. — me reprocho a mí misma por haber sido tan idiota, tan mediocre y jamás considerar que alguien siempre está en peores condiciones que yo. — Como notas, no tenemos ningún tipo de comparación, jamás lo tendremos.
Gale no dice nada, de hecho, deja que suelte todo lo que llevo conteniendo desde la salida del nombre de Prim en la cosecha y yo ofreciéndome a ocupar su lugar. Realmente es un buen chico, uno que vale por dos de él mismo y me alegra tenerlo como aliado. Sin él, estaría probablemente vuelta nada, es cierto, lo demostró en el Quemador al ayudarme a intercambiar el botín de la caza.
— Pues, bajo mi perspectiva, si lo tienen. — dice con una sonrisa adornando sus labios, estoy a punto de reclamarle pero me hace callar. — Has salvado a su hermana de un destino cruel, si eso no es ser valiente y admirable, no sé qué lo será entonces.
— Si, bueno, pero eso no me llevara a salvarme de los juegos menos el ser cazada.
— Heather, tranquilízate por un segundo y recuerda que clase de persona es Katniss. — rodeo los ojos porque no es momento para eso, pero a mi mente se viene rápidamente una sola palabra: cazadora, ella es, una cazadora. — Exacto, es una cazadora y por ende sabe el manejo de un cuchillo, pero aún más en el arco es su mejor opción.
Recuerdo como esta mañana al tener el arco entre mis manos sentí una rara sensación, como si el cuerpo recordara las actividades de su dueña, aunque me costó un poco cazar una presa no se me hizo tan difícil dispararle a una, fue... diferente pero se mantuvo una sensación de cosquilleo en mis dedos. Y estoy segura de jamás en la vida haberla experimentado antes, menos en mi verdadero cuerpo.
— Pero... pero eso no significa el que me colocaran uno, menos el aprenderlo a manejar como lo hace ella. — respondo cohibida, percatándome de mi nueva realidad. Aquí no estoy siendo Heather Fausto, si no Katniss Eveerden.
— Estas de suerte, Katniss sabe cómo fabricar uno.

« He intentado copiar los arcos de mi padre con malos resultados, porque no es fácil. Incluso él tuvo que desechar algunos de sus trabajos a veces. » Bien, eso no suena muy alentador que digamos.
— Heather, lo único que trato de decirte es que confíes en el cuerpo de Katniss, ella no es ninguna enclenque, menos debilucha — me dice Gale con mucho determinación, tanta que me desarma. — Es un cazadora nata, sabiendo sus otras habilidades, estoy seguro que lo conseguirás.
Tiene razón, puedo hacerlo, puedo dar la lucha antes de tirar la toalla, solamente debo confiar en a la fuerza de este cuerpo, en las destrezas de este cuerpo. Además, la verdadera Katniss desde mi cerebro me da instrucciones de cómo comportarme, ahora que he salvado a su hermana de una evidente muerte no me dejara caer, juntas podemos hacer algo.
— Pero Gale, Katniss caza animales, no personas. — le recuerdo alzando la vista. — Estarán armados, y para colmo, piensan. ¿En verdad crees que será fácil?
— Tu igual, y ese cuerpo tiene práctica, práctica de verdad. Sabe cómo matar, no será tan difícil.
— Animales, hasta hoy solamente adquirí conocimiento matando, pero animales.
— ¿De verdad hay tanta diferencia? — pregunta Gale, en un tono triste.
No quiero pensar en que existe una delgada línea de diferencia entre las personas y animales, en lo más horrible de los casos de olvidar eso, terminare sintiéndome terrible. Los agentes de la paz vuelven demasiado pronto y Gale les pide más tiempo, pero se lo llevan y empiezo a asustarme.
— ¡Cuídalas! ¡Por favor cuídalas de que nada malo les pase! — grito, aferrándome a su mano.
— ¡Lo hare! ¡Sabes perfectamente que lo hare! Heather, por favor intenta volver, hazlo porque si no, no podré decirle a ella que... — pero no puedo escuchar lo que tiene que decirle a Katniss, y probablemente jamás lo sepa.
La estación de tren está cerca del Edificio de Justicia, aunque sinceramente, me sorprende ver por primera vez un coche en este mundo y aun mas, ser trasladada en uno. Desde tocar este suelo, me he desplazado a pie. Katniss hizo bien en privarme de llorar, porque tal cual a como dijo la estación esta abarrotadas de periodistas con cámaras apuntándome en la cara, como insectos. Pero del mismo modo, poseo vasta experiencia ocultado mis sentimientos, por lo que fácilmente cumplo mi palabra. Me veo de reojo en la pantalla de televisión de la pared, en la que están retransmitiendo mi llegada en directo, y me alivia parecer que parezco aburrida.
Por otro lado, no cabe duda de que Peeta Mellark si ha dado rienda suelta a sus sentimientos, y curiosamente, no busca ocultarlos. No sé cómo sentirme al respecto, es decir, si tener pena por él o algo pero de inmediato Katniss brame que debo de estar alerta con lo sujetos así, todo puede ser una estrategia para los juegos. « Una vez en uno, una chica llamada Johanna Mason, le funcionó hacerse la debilucha, la llorona desolada. » me explica la voz con cautela « Al final resultó ser una asesina despiadada, es una estrategia inteligente, pero un poco extraña para Peeta Mellark, porque es el hijo del panadero » vamos, vamos mujer ¿le creo o no? Diciéndome todo eso solo me distorsiona la vista, porque a este chico visiblemente nunca ha sabido lo que es aguantar hambre, vive en una panadería ¡Por lo más sagrado! Tiene una contextura gruesa, hombros anchos y espalda fuerte. Si quiere parecerse el débil, deberá volver a nacer para intentar convencer a alguien, porque al menos a mí no. Tenemos que quedarnos unos minutos en la puerta del tren, mientras las cámaras engullen nuestras imágenes; después nos dejan entrar al vagón y las puertas se cierran piadosamente detrás de nosotros. El tren empieza a moverse de inmediato.
Al principio, la velocidad me deja sin aliento. Obviamente Katniss nunca a subido a un tren de verdad, mucho menos yo en mi mundo real, por lo que esto es una experiencia nueva para ambas. Según sus palabras, se le es prohibido a la gente transportarse a los otros distritos salvo ser algo relacionado con el gobierno, en el caso del Distrito 12 su actividad económica es el carbón, por lo que lo trasladan en un tren se mercancías normal, pero en el que me encuentro ahora no es uno de esos, sino un modelo de alta velocidad del Capitolio, que alcanza unos cuatrocientos kilómetros por hora. El viaje posiblemente constara de un día. « En el colegio nos dicen que el Capitolio se construyó en un lugar que antes se llamaba las Rocosas. » explica Katniss « El Distrito 12 estaba en una región conocida como los Apalaches, incluido entonces, hace cientos de años, ya extraían carbón de la zona. Por eso nuestros mineros tienen que trabajar a tanta profundidad. » Sinceramente, estoy reprobada en geografía de Norteamérica, porque en lo más mínimo me suenan esos nombres, pero aprender algo nuevo no está mal, mas tomando en cuenta el estado de mi futuro incierto.
« Por algún motivo » empiezan pensativa, como si dudara de contarme « en el colegio acaba reduciéndose al carbón, agregándole la comprensión lectora y matemáticas básicas casi toda la formación tiene que ver con eso, salvo por la clase semanal de historia de Panem. » trato de no imaginar bromas al respecto, como: la raíz cuadrada del carbón, la ciencia relacionada al carbón, o la materia relativa sobre el carbón. Que todo lo lleven al mineral producido en el Distrito 12 lo hace claramente aburrido, por ejemplo, si deseas saber más sobre la ciencias naturales o la lógica matemática, simplemente no puedes pues tu tema es el carbón, al ser un distrito productor de ello. « Lo curioso en todo esto es sobre lo que nos dicen en la historia del Capitolio, aunque trato de no darle muchas vueltas al asunto, pienso que tal vez no nos cuenta toda la verdad de lo acontecido » agrega muy aburrida, aun así, no me sorprendería enterarme de que esconden algo detrás de la rebelión de los distritos, de la destrucción completa del último, pero del mismo modo me resulta indiferente, dudo que enterarme de algo me salve de una eminente muerte en los Juegos.
El tren de los tributos es triple veces más que la habitación en el Edificio de Justicia. Cada uno tenemos nuestro propio alojamiento, compuesto por un dormitorio, vestidor y un baño privado con agua corriente caliente y fría. ¡Por fin tengo agua caliente a mi disposición! En casa de Katniss no hay, no al menos de que la hierban. Hay cajones llenos de ropa bonita, y Effie Trinket me dice que haga lo que quiera, que me ponga lo que quiera, que todo está a mi disposición. Sinceramente la ropa nunca ha sido algo en llamar la atención, mamá siendo una de las mujeres más elegantes y mejor arregladas posibles, me forma discusiones por no ser más consiente de mis atributos. ¿Pero que se le puede hacer? Soy una adolescente desaliñada y dudo en cambiar eso de mí. Siguiendo con el relato, la mujer vivaracha dictamina que mi única obligación es estar lista para la cena, por lo que inmediatamente me despojó del vestido azul de la mamá de Katniss y me doy una ducha caliente. ¡Oh por los dioses! La sensación es increíble, viaja por toda mi piel y me hace sentir viva, estaba esperando poder hacer esto desde mi llegada a este mundo, tomar un baño decente, con la temperatura del agua decente. Me pongo una camisa y unos pantalones verde oscuro, en el último segundo, recuerdo la pequeña insignia de oro que me dio Madge y le doy un vistazo por primera vez: nuevamente siento la sensación de verla visto antes, es un pajarito encerrado en un anillo dorado, él solamente se mantiene pegado por medio de la puntas de sus alas. « No le des tantos rodeos » me dice la voz « es un sinsajo ».
Le doy unas cuantas vueltas tratando de descifrar lo dicho anteriormente por Katniss, de acuerdo, es un sinsajo pero... ¿Qué demonios es un sinsajo? « Son unos curiosos pájaros » responde ella dentro de mí cabeza « agregándole que se trata de una especie de bofetón en la cara para el Capitolio, durante la rebelión, el Capitolio creó una serie de animales modificados genéticamente y los utilizo como armas » entre más escucho las artimañas del Capitolio, más me producen escalofríos. ¿Hasta dónde puede llevar la capacidad del ser humano para obtener poder? ¿Hasta dónde? « El termino general para esas modificaciones son mutos, uno de ellos era un pájaro especial llamado charlajo que tenía la capacidad de memorizar y repetir conversaciones humanas completas » prosiguió con la explicación la voz « Eran una de las aves mensajeras, todas ellas machos, que se soltaron en las regiones en las que se escondían los enemigos del Capitolio. Los pájaros recogían palabras y volvían a sus bases para que las grabaran. Los distritos tardaron un tiempo en darse cuenta de lo que pasaba, de cómo sus conversaciones privadas se transmitían, pero, cuando lo hicieron, como es cosa natural, los rebeldes utilizaron eso contra al Capitolio contándole muchas mentiras. » me imagino a los creadores de los charlajos jalándose literal el cabello al notar como su creación se le fue de las manos, utilizándola en contra suya. Mis estimados espectadores, eso se llama karma. « Esa fue una de las razones por la que cerraron la base y abandonaron a las aves para que murieran en el bosque » pobres idiotas, luego de darles vidas a unos pajarillos y servirles un buen rato, deciden abandonarlos porque se les han vuelto en contra. Esa gente no es humana, en realidad, los chalajos no mutos, sino la gente de Capitolio. « ¿Quieres saber lo más gracioso de todo este cuento? » me pregunta Katniss con tono burlón « los pájaros no murieron, en cambio, se aparearon con los sinsontes hembra y crearon una nueva especie que podía replicar tanto los silbidos de los pájaros como las melodías de los humanos.» Ahora comprendo porque es un bofetón hacia el Capitolio, ellos no los crearon, en realidad, no esperaban que algo así ocurriera, que al abandonar los charlajos se reprodujeran con otros pájaros. No sé si puede sonar a rebelión pero me agrada, me gusta llevar la a contraria a la gente más si estas son un grupo de inadaptados mentales, por lo tanto, dibujando una sonrisa socarrona en mi rostro me prendo en el prendedor en la camisa demostrando que estoy orgullosa de llevarlo, que estoy orgullosa de cómo sucedieron las cosas. « Mi padre sentía un cariño especial por los sinsajos » la voz melancólica de la dueña de este cuerpo desarma mi comportamiento rebelde, me baja de esa nube « cuando íbamos de caza, silbaba o cantaba canciones complicadas y, después de una educada pausa, ellos siempre la repetían. » Percibo inmediatamente que Katniss le tiene un cariño enorme a la memoria de su padre, tanto que incluso puedo imaginarlo a ellos en medio del bosque caminando, él silbando, los sinsajos imitando y los enormes ojos grises de una niña mirándolo encantada. « Los sinsajos, no trataban con respeto a todo el mundo, pero siempre que mi padre cantaba, todos los pájaros de la zona callaban y escuchaban. Lo hacían porque su voz era bonita, alta, clara y llena de vida que te daban ganas de reír y llorar. No fui capaz de seguir su costumbre luego de su muerte. » Y es comprensible, aunque este recuerdo no sea precisamente triste el revivir las memorias de una persona que amaste y adoraste con tanta intensidad deben de ser dolorosas, lo sé por experiencia propia.
Effie Trinket viene a recogerme para la cena, y la sigo por un estrecho y agitado pasillo hasta llegar a un comedor con paredes de madera pulida. Hay una mesa en la que todos los platos son muy frágiles, y Peeta Mellark está sentado esperándonos, con una silla vacía a su lado.
— ¿Dónde está Haymitch? — pregunta Effie, en tono alegre.
— La última vez que lo vi dijo que iba a echarse una siesta. — responde el chico rubio.
— Bueno, ha sido un día agotador. — comenta ella, y puedo jurar sentir un poco de alivio ante la ausencia de Haymitch. Pero nadie la culpara. Yo siento lo mismo.
La cena sigue su curso: una espesa sopa de zanahorias, a lo que de dónde vengo le llaman crema, ensalada verde, chuletas de cordero y puré de papas, queso y fruta, y una torta de chocolate. Effie Trinket se la pasa toda la comida recordándonos que debemos dejar espacio, porque quedan más cosas, pero yo cómo como si no existiera el mañana, porque en mi mundo solemos comer de esta manera simplemente en días especiales: cumpleaños, matrimonios, fines de semana, navidad, semana santa... Tratar de ganar unos kilos de más en el delgado cuerpo de Katniss no estaría de más, menos tomando en cuenta hacia donde iremos.
— Por lo menos tienen buenos modales — dice Effie, mientras terminamos el segundo plato — La pareja del año pasado se lo comían todo con las manos, como un par de salvajes. Consiguieron devolverme las tripas.
« La pareja del año pasado eran dos chicos de la Veta que nunca en su vida habían tenido suficiente para comer » dice Katniss con resentimiento, en cambio no puedo imaginar a dos chiquillos vueltos locos al admirar tanta comida junta, seguramente maravillados de todos esos manjares olvidaron los modales de lado y comieron hasta saciar su hambre. No me extraña que tenga un malestar al escuchar decir eso, y como es evidente en llevarle la contraria a todo lo que se interponga en mi camino, suelto los cubiertos en la mesa de un solo golpe y sonriendo de forma desafiante, culmino mi comida con las manos. Seguidamente, jalo un poco el mantel de la mesa y lo utilizo limpiándome la boca y las manos. La expresión de Effie Trinket es inigualable, limitándose a juntar los labios con fuerza debido a mi comportamiento.
Una vez terminada la comida, tengo que esforzarme por no vomitarla y veo que el chico rubio también está un poco verde. Frunzo el ceño extrañada, esta ración es lo normal que consumiría en los días festivos en mi mundo, el comerlo no me daría malestar en lo absoluto. Entonces, rápidamente, comprendo la situación. No estoy siendo Heather Fausto, de hecho, este no es mi cuerpo y agregándole una cosa más, el estómago de Katniss no está acostumbrado a atiborrarse de tanta comida, menos de este calibre por lo que me obligo a mí misma a aguantar hasta el final. Vamos a otro compartimiento para ver el resumen de las cosechas de todo Panem. Intentan ir celebrándolas a lo largo del día, para que así las personas en poder perdérselas puedan verlas en directo, aunque eso es un lujo que solo la gente del Capitolio puede darse, debido a ser los únicos en no tener que ir a las cosechas. Por supuesto, los privilegiados de Panem.
Vemos todas las ceremonias una a una, los nombres, los que se ofrecen de voluntarios y los que no, los cuales son más. Examinamos las caras de los chicos y chicas contra quienes lucharemos y me quedo con algunas: un chico monstruoso del 2; una chica brillante cabello del 5; un chico cojo del 10; y, lo más inquietante de todo, una niña de doce años del 11. Tiene la piel y los ojos oscuros, pero, aparte de eso me recuerda mucho en tamaño a la hermana de Katniss, Prim. Sin embargo, cuando sube al escenario y piden voluntarios, solo se escucha el sonido del viento contra los patéticos edificios que los rodean, nadie se ha atrevido a ocupar su lugar. Finalmente, aparece el Distrito 12: el momento de la elección de Prim y yo corriendo a presentarme voluntaria. Se percibe la desesperación en mí voz cuando pongo a Prim detrás de mí, como si alguien fuese capaz de venir hasta donde me encuentro a quitármela. Veo a Gale quitándomela de encima y posteriormente encaminándome al escenario. Los comentaristas no saben que decir ante la actitud de las personas en no aplaudir, mas con lo del saludo silencioso. Uno dice que el Distrito 12 siempre ha estado un poco subdesarrollado, pero que las costumbres locales pueden ser un tanto encantadoras. Como si todo fuese premeditado, Haymitch de caer y todos sueltan un gruñido cómico. Ah... ¿Lo ven? ¿Acaso no se los dije? El hazmerreír de toda Panem, no tiene ni caso taparse la cara de la vergüenza ajena al ver nuevamente esto. Después sacan el nombre de Peeta, y él ocupa su lugar en silencio, nos damos la mano, ponen otra vez el himno y termina el programa.
Effie Trinket exclama lo muy disgustada por el estado de su peluca.
— Su mentor tiene mucho que aprender sobre la presentación y el comportamiento en la televisión.
— Estaba borracho. — responde Peeta, riéndose de forma inesperada. — Se emborracha todos los años.
— Bajo mi deducción... todos los días. — añado, sin poder reprimir un bufido divertida.
Effie hace parecer como si el comportamiento de un borracho empedernido pudiese solucionarse con unos cuantos consejos de los suyos, pero en realidad, Haymitch está bastante perdido desde hace tiempo.
— Si, que raro que les parezca gracioso a los dos. Ya saben que su mentor es el contacto con el mundo exterior en estos Juegos, el que los aconsejara, los conseguirá patrocinadores y organizará la entrega de cualquier regalo. ¡Haymitch puede hacerlos diferencias la vida de la muerte!
En ese instante Haymitch entra tambaleándose en el compartimiento.
— ¿Me he perdido la cena? — pregunta, arrastrando las palabras. Después vomita en la cara alfombra y se cae encima de lo que boto.
Dos claras formas de poner mi estómago sensible: olores fuertes y vómito. Si, claramente esta es una de esas situaciones.
— ¡Sigan riéndose! — exclama Effie Trinket; acto seguido se levanta de un salto, rodea el charco de vómito subida a sus tacones de aguja y sale de la habitación.

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