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En cuanto acaba el himno, nos ponen bajo custodia, antes de
pensar en esposas o algo parecido, no, no se trata nada de eso sino un puñado
de agentes de la paz escoltándonos hasta la puerta principal del Edificio de
Justicia. Imagino que anteriormente algún tributo intento escaparse o algo, porque
esto no es normal. Una vez dentro, me conducen a una sola y me dejándome sola.
Es el sitio más lujoso que he estado desde mi llegada a este mundo, tiene
gruesas alfombras de pelo, y sofá y sillones de terciopelo. Cuando me siento en
el sofá, me es imposible acariciarlo una y otra vez; ayuda a calmar un poco los
nervios para lo que está por avecinarse encima de mí. « Es el tiempo que se le
da a los tributos para despedirse de sus seres queridos. No puedes dejarte
llevar y salir de esta habitación con los ojos hinchados » pide la voz con tono
autoritario, exigiendo prácticamente el tragarme mis propios sentimientos y
aparentar. No lo niego, eso se me da de miedo, pero por alguna razón ver donde
me he metido imposibilita un poco las cosas, realmente, estoy aterrada. « ¡Pues
hazlo! Allá afuera hay cientos de cámaras tratando de grabar tu rostro, darle
una apariencia de debilucha no ayudara. » Cierro los ojos tratando de tatuarme
eso en la mente, porque a la final, me ayudara a similar más rápido mi destino.
Las primeras en entrar son Principal y su mamá. Extiendo los
brazos hacia la niña, y ella se sube a mi retazo rodeándome el cuello con sus
pequeños bracitos, apoya su cabeza en mí hombro, como si fuese un bebé. Su mama
se sienta a mi lado y nos abraza a las dos. No hablamos durante unos minutos,
dándole el espacio que necesitan para poder despedirse de la imagen de Katniss,
la cual, empieza a dictaminar las cosas que debo de decir para ellas durante su
ausencia. Primero que todo, Prim bloque debe de coger ninguna tesela. Pueden
salir adelante, si tienen cuidado, vendiendo la leche y el queso de la cabra, y
siguiendo la pequeña botica que lleva su mamá con la gente de la Veta. Gale le
conseguirá las hierbas que ella no pueda cultivar, aunque tiene que describírselas
con precisión, porque no las conoce tanto como Katniss. También les llevará
carne de carajo (él y ella hicieron un pacto con respecto de verse una
situación a esta) y seguramente no les pedirá nada a cambio. Sin embargo, deben
agradecérselo con algún tipo de trueque, como leche o medicinas. Katniss ni se
molesta en hacerme sugerirle a Prim que aprenda a cazar, antes intento hacerlo
y no tuvo exito alguno, el bosque le aterra y, siempre que ella le daba a una
presa, la niña se ponía a llorar diciendo que podían curarla si llegaban a
tiempo a casa. Por otro lado, le va bien con la cabra, así que se concentra en
eso.
Cuando se acababa las instrucciones sobre el combustible, el
comercio y terminar el colegio, giro hacia su mamá y le agarro la mano con fuerza.
— Escúchame, ¿lo estás haciendo? — ella asiente, asustada por
mi intensidad. Debe de saber lo que le espera. — Ni se te ocurra volver a irte,
no puedes hacerlo.
— Lo sé. — me responde ella, clavando los ojos en el suelo. —
Lo sé, no lo haré. No pude evitar lo que...
— Pues bien, evítalo a toda acosaran. No puedes desconectarte
y dejar a Prim sola, no estaré para mantenerlas con vida. Da igual lo que pase,
da igual lo que ves en pantalla. ¡Debes dar tu palabra que seguirás luchando!
No me di cuenta que he alzado la voz, pero no puedo evitarlo,
entre las instrucciones que me da Katniss en la cabeza y las memorias de una
mujer muerta en vida me consume por completo, da rabia que su tristeza haya
sido más importante que su sentido por vivir por sus hijas. Es injusto,
sumamente injusto.
— Estaba enferma. — dice ella, soltándose, igualmente se ha
enfadado. — Podría haberme curado yo misma de haber tenido las medicinas que
tengo ahora.
« En parte es cierto de haber estado enferma » le da la razón
su hija, recordándome la conjetura que inclusive yo misma llegue, pero aun
siendo una enfermedad o no, debemos cerciorarnos que cumpla con su parte del
plan. El confiarse significa perder.
— ¡Asegúrate de tomarlas entonces! — le ordeno. — ¡Y cuida de
ella!
— Todo saldrá bien, Katniss. — dice Prim, cogiéndome la cara.
— Pero tú también tienes que cuidarte; eres rápida y valiente, quizá puedas
ganar.
No puedo ganar, en el fondo de mi corazón, hasta la misma
Katniss debe de saberlo. Esto va más allá a cualquier otra cosa que he visto
antes, además, me encuentro en un cuerpo que no es el mío, viviendo una vida
que no es la mía. No poseo habilidades algunas, me aterra la sangre, me aterra
la lucha, pero por sobre todo, me aterra todo lo concerniente a la lucha. Sé
que en esa competición existirán chicos en doblarme el peso y altura, de que
ganar los juegos signifique llenarse de gloria a él y su distrito, unos donde
puedan conocer las mil y una formas de cortarte con un cuchillo. No, de ninguna
manera puedo luchar contra ello, y me aterra, porque desconozco que ocurrirá si
acaban con el cuerpo de Katniss teniendo mi alma incluida. Quizás y me salve,
pero igualmente, quizás no.
— Puede. — respondo, porque no puedo simplemente acobardándome
en nombre de Katniss, menos exigiéndole a su madre el luchar sin importar como.
Además, su hija me tomaría por débil sin antes de comenzar, los obstáculos se
han hecho para rebasarlos sin importar lo altos que sean. — Y seremos tan ricas
como Haymitch.
— Me da igual que seamos ricas. Solo quiero que vuelvas a
casa. Lo intentaras, ¿verdad? ¿Lo intentarás de verdad de la buena? — me
pregunta Prim.
— Lo prometo, con la verdad de la buena. — le digo, y sé que
buscare hacerlo, por ella.
Después aparece el agentes de la paz para decirnos que se ha
acabado el tiempo, nos abrazamos tan fuerte que lo único que se me ocurre
decirles es:
— Las quiero, a las dos.
Ellas me dicen mí mismo, el agentes les ordena que se marchen
y cierra la puerta. Escondo la cabeza en uno de los cojines de terciopelo, como
si eso fuese capaz de sacarme de este cuerpo y devolverme a casa. ¿Porque
simplemente no chillo deseando eso? ¡Quiero realmente volver a casa! Aunque no
hay mucho tiempo para lamentos, alguien más entra en la habitación y, cuando
mito, me sorprende, al menos Katniss lo reconoce enseguida. Es el panadero, el
papá de Peeta Mellark. Parpadeo constantemente tratando de comprender la razón
de su visita, más pronto que tarde me lanzaran a una arena a muerte donde
posiblemente busque cortarle la yugular a su hijo, debería estar visitándolo a
él en lugar de Katniss. Aunque callo esa conjetura, la voz de mi cabeza me
explica el conocerlo de poco, e incluso, conoce mejor a Prim porque le vende
sus quesos, de hecho le aparta dos a él antes de ofrecerlos en el Quemador, sus
pagas son bastante cuantiosas y generosas. En realidad es mucho más amable que
la bruja de su mujer, por lo que esperan a no encontrarse con ella. Me alegro
de alguna manera, porque eso quiere decir que su hijo no ha crecido del todo en
un ambiente hostil donde solo recibe maltrato, y quizás, ha heredado ese buen
corazón de su padre. De todas maneras, sigue sin llegarme a la cabeza una razón
para venir a ver a Katniss.
El panadero se sienta, incomodo, en el borde de una de las
lujosas sillas. Es un hombre grande, ancho de hombros, con cicatrices fe las
quemaduras sufridas en el horno a lo largo de los años. Saca un paquete
envuelto en papel blanco del bolsillo de la chaqueta y me lo ofrece. Lo abrir y
encuentro galletas, un lujo aparentemente que las Everdeen no pueden
permitirse.
— Gracias. — respondo. El panadero no parece ser un hombre
hablador, o simplemente, hoy no tiene nada que decirme. — Hoy he comido un poco
de su pan en la mañana. Mi amigo Gale le dio una ardilla a cambio. — Él
asiente, como si recordase la ardilla — No ha hecho usted un buen trato.
Se encogiéndose de hombros, como si no le importase nada. En
cambio, no se me ocurre nada más por decir, así que guardamos silencio hasta
que lo llama un agente de la paz. Se levanta y tose para aclararse la garganta.
— No perderé de vista a la pequeña. Me aseguraré de que coma.
No puedo evitar sentir un gran alivio cuando dice eso, porque
en parte mi gran preocupación de todo esto es que Prim no pase calamidades, ya
ha tenido bastante al pesar de su corta edad y sumarle una más, es demasiado.
Igualmente ella parece realmente ganarse el cariño de todos, al menos eso le
basta para mantenerse con vida.
La siguiente en visitarme igualmente me parece inesperada:
Madge, quien viene directamente hacia mí. No está llorosa, ni evitar hablar del
tema, sino que me sorprende con un tono urgente de voz.
— Te dejan llevar una cosa de tu distrito en el estadio, algo
que te recuerde a casa. ¿Querrías llevar esto?
Me ofrece la insignia circular de oro antes le adornaba el
vestido. Aunque no le había prestado mucha atención hasta el momento, veo que
es pajarito en pleno vuelo. Suelto un respingo conmocionada, siento haberlo
visto en otro sitio anteriormente pero no lo recuerdo.
— ¿Tu insignia? — le pregunto.
El llevar un símbolo en estos momentos en lo menos
importante, porque realmente tengo la sensación de haberlo visto en otra parte
pero no recordarlo.
— Toma, te lo pondré en el vestido, ¿vale? — no espera mi
respuesta, se inclina y me lo pone. — Katniss, prométeme que lo llevarás en el
estadio, ¿sí?
— De acuerdo.
Galletas, una insignia... Hoy los conocidos de Katniss están
muy generosos, regalos inesperados para cualquiera de los dos. Madge me da otro
más: un beso en la mejilla. Después se va y me quedo pensando que quizás, ella
realmente haya sido su amiga, su única y real amiga. El último en aparecer es
Gale, y aunque no lo parezca, me entra un alivio porque con él no tengo que
fingir sentirme bien. Cuando abre los brazos, no dudo en lanzarme a ellos, su
cuerpo me resulta familiar: la forma en que se mueve, el olor a humo del
bosque, incluso los latidos de su corazón, que en estos segundos son música
relajante para mis oídos. Sin embargo, recuerdo que en la vida he vuelto a
permitir a un chico acercárseme así y, sin poder evitarlo me tenso.
— Estoy aterrada, Gale. — digo sin separarme de él. —
aterrada hasta los huesos y lo peor es que simplemente no pude quedarme quieta,
no pude contenerme ante la injusticia que proyectaba mis ojos. ¿Estoy
condenada? ¿En verdad lo estoy?
— No, no lo estás. — me separa con sutileza y sujetándome los
hombros con sus fuertes manos, me mira directamente a los ojos. — Creo que
tienes mucha determinación y valor, no cualquiera en tu posición hubiese hecho
lo mismo. En realidad, callarían viendo cómo se llevan a Prim a los juegos.
Pero eres diferente, eso es bueno, y estoy seguro que traerás el cuerpo de
Katniss de vuelta a casa.
— ¡Pero eso es imposible! — alzo la voz un poco alarmada, él
ni se inmuta. — ¡No soy ella! ¡No soy Katniss! ¡Ella es valiente y valerosa!
Con solo once años ya llevaba la carga de su familia en sus manos, se adentró
al bosque sola y aprendió a cazar animales. ¿Y dónde quedo yo? ¿dónde? A su
edad solo me quejaba por no ser vista por el chico que me gustaba. — me
reprocho a mí misma por haber sido tan idiota, tan mediocre y jamás considerar
que alguien siempre está en peores condiciones que yo. — Como notas, no tenemos
ningún tipo de comparación, jamás lo tendremos.
Gale no dice nada, de hecho, deja que suelte todo lo que
llevo conteniendo desde la salida del nombre de Prim en la cosecha y yo ofreciéndome
a ocupar su lugar. Realmente es un buen chico, uno que vale por dos de él mismo
y me alegra tenerlo como aliado. Sin él, estaría probablemente vuelta nada, es
cierto, lo demostró en el Quemador al ayudarme a intercambiar el botín de la
caza.
— Pues, bajo mi perspectiva, si lo tienen. — dice con una
sonrisa adornando sus labios, estoy a punto de reclamarle pero me hace callar.
— Has salvado a su hermana de un destino cruel, si eso no es ser valiente y
admirable, no sé qué lo será entonces.
— Si, bueno, pero eso no me llevara a salvarme de los juegos
menos el ser cazada.
— Heather, tranquilízate por un segundo y recuerda que clase
de persona es Katniss. — rodeo los ojos porque no es momento para eso, pero a
mi mente se viene rápidamente una sola palabra: cazadora, ella es, una
cazadora. — Exacto, es una cazadora y por ende sabe el manejo de un cuchillo,
pero aún más en el arco es su mejor opción.
Recuerdo como esta mañana al tener el arco entre mis manos sentí
una rara sensación, como si el cuerpo recordara las actividades de su dueña,
aunque me costó un poco cazar una presa no se me hizo tan difícil dispararle a
una, fue... diferente pero se mantuvo una sensación de cosquilleo en mis dedos.
Y estoy segura de jamás en la vida haberla experimentado antes, menos en mi
verdadero cuerpo.
— Pero... pero eso no significa el que me colocaran uno,
menos el aprenderlo a manejar como lo hace ella. — respondo cohibida, percatándome
de mi nueva realidad. Aquí no estoy siendo Heather Fausto, si no Katniss
Eveerden.
— Estas de suerte, Katniss sabe cómo fabricar uno.
« He intentado copiar los arcos de mi padre con malos
resultados, porque no es fácil. Incluso él tuvo que desechar algunos de sus
trabajos a veces. » Bien, eso no suena muy alentador que digamos.
— Heather, lo único que trato de decirte es que confíes en el
cuerpo de Katniss, ella no es ninguna enclenque, menos debilucha — me dice Gale
con mucho determinación, tanta que me desarma. — Es un cazadora nata, sabiendo
sus otras habilidades, estoy seguro que lo conseguirás.
Tiene razón, puedo hacerlo, puedo dar la lucha antes de tirar
la toalla, solamente debo confiar en a la fuerza de este cuerpo, en las
destrezas de este cuerpo. Además, la verdadera Katniss desde mi cerebro me da
instrucciones de cómo comportarme, ahora que he salvado a su hermana de una
evidente muerte no me dejara caer, juntas podemos hacer algo.
— Pero Gale, Katniss caza animales, no personas. — le
recuerdo alzando la vista. — Estarán armados, y para colmo, piensan. ¿En verdad
crees que será fácil?
— Tu igual, y ese cuerpo tiene práctica, práctica de verdad.
Sabe cómo matar, no será tan difícil.
— Animales, hasta hoy solamente adquirí conocimiento matando,
pero animales.
— ¿De verdad hay tanta diferencia? — pregunta Gale, en un
tono triste.
No quiero pensar en que existe una delgada línea de
diferencia entre las personas y animales, en lo más horrible de los casos de
olvidar eso, terminare sintiéndome terrible. Los agentes de la paz vuelven demasiado
pronto y Gale les pide más tiempo, pero se lo llevan y empiezo a asustarme.
— ¡Cuídalas! ¡Por favor cuídalas de que nada malo les pase! —
grito, aferrándome a su mano.
— ¡Lo hare! ¡Sabes perfectamente que lo hare! Heather, por
favor intenta volver, hazlo porque si no, no podré decirle a ella que... — pero
no puedo escuchar lo que tiene que decirle a Katniss, y probablemente jamás lo
sepa.
La estación de tren está cerca del Edificio de Justicia,
aunque sinceramente, me sorprende ver por primera vez un coche en este mundo y
aun mas, ser trasladada en uno. Desde tocar este suelo, me he desplazado a pie.
Katniss hizo bien en privarme de llorar, porque tal cual a como dijo la
estación esta abarrotadas de periodistas con cámaras apuntándome en la cara,
como insectos. Pero del mismo modo, poseo vasta experiencia ocultado mis
sentimientos, por lo que fácilmente cumplo mi palabra. Me veo de reojo en la
pantalla de televisión de la pared, en la que están retransmitiendo mi llegada
en directo, y me alivia parecer que parezco aburrida.
Por otro lado, no cabe duda de que Peeta Mellark si ha dado
rienda suelta a sus sentimientos, y curiosamente, no busca ocultarlos. No sé cómo
sentirme al respecto, es decir, si tener pena por él o algo pero de inmediato
Katniss brame que debo de estar alerta con lo sujetos así, todo puede ser una
estrategia para los juegos. « Una vez en uno, una chica llamada Johanna Mason,
le funcionó hacerse la debilucha, la llorona desolada. » me explica la voz con
cautela « Al final resultó ser una asesina despiadada, es una estrategia
inteligente, pero un poco extraña para Peeta Mellark, porque es el hijo del
panadero » vamos, vamos mujer ¿le creo o no? Diciéndome todo eso solo me distorsiona
la vista, porque a este chico visiblemente nunca ha sabido lo que es aguantar
hambre, vive en una panadería ¡Por lo más sagrado! Tiene una contextura gruesa,
hombros anchos y espalda fuerte. Si quiere parecerse el débil, deberá volver a
nacer para intentar convencer a alguien, porque al menos a mí no. Tenemos que
quedarnos unos minutos en la puerta del tren, mientras las cámaras engullen
nuestras imágenes; después nos dejan entrar al vagón y las puertas se cierran piadosamente
detrás de nosotros. El tren empieza a moverse de inmediato.
Al principio, la velocidad me deja sin aliento. Obviamente
Katniss nunca a subido a un tren de verdad, mucho menos yo en mi mundo real,
por lo que esto es una experiencia nueva para ambas. Según sus palabras, se le
es prohibido a la gente transportarse a los otros distritos salvo ser algo
relacionado con el gobierno, en el caso del Distrito 12 su actividad económica
es el carbón, por lo que lo trasladan en un tren se mercancías normal, pero en
el que me encuentro ahora no es uno de esos, sino un modelo de alta velocidad
del Capitolio, que alcanza unos cuatrocientos kilómetros por hora. El viaje
posiblemente constara de un día. « En el colegio nos dicen que el Capitolio se construyó
en un lugar que antes se llamaba las Rocosas. » explica Katniss « El Distrito
12 estaba en una región conocida como los Apalaches, incluido entonces, hace
cientos de años, ya extraían carbón de la zona. Por eso nuestros mineros tienen
que trabajar a tanta profundidad. » Sinceramente, estoy reprobada en geografía
de Norteamérica, porque en lo más mínimo me suenan esos nombres, pero aprender
algo nuevo no está mal, mas tomando en cuenta el estado de mi futuro incierto.
« Por algún motivo » empiezan pensativa, como si dudara de
contarme « en el colegio acaba reduciéndose al carbón, agregándole la
comprensión lectora y matemáticas básicas casi toda la formación tiene que ver
con eso, salvo por la clase semanal de historia de Panem. » trato de no
imaginar bromas al respecto, como: la raíz cuadrada del carbón, la ciencia
relacionada al carbón, o la materia relativa sobre el carbón. Que todo lo
lleven al mineral producido en el Distrito 12 lo hace claramente aburrido, por
ejemplo, si deseas saber más sobre la ciencias naturales o la lógica
matemática, simplemente no puedes pues tu tema es el carbón, al ser un distrito
productor de ello. « Lo curioso en todo esto es sobre lo que nos dicen en la
historia del Capitolio, aunque trato de no darle muchas vueltas al asunto,
pienso que tal vez no nos cuenta toda la verdad de lo acontecido » agrega muy
aburrida, aun así, no me sorprendería enterarme de que esconden algo detrás de
la rebelión de los distritos, de la destrucción completa del último, pero del
mismo modo me resulta indiferente, dudo que enterarme de algo me salve de una
eminente muerte en los Juegos.
El tren de los tributos es triple veces más que la habitación
en el Edificio de Justicia. Cada uno tenemos nuestro propio alojamiento,
compuesto por un dormitorio, vestidor y un baño privado con agua corriente
caliente y fría. ¡Por fin tengo agua caliente a mi disposición! En casa de
Katniss no hay, no al menos de que la hierban. Hay cajones llenos de ropa
bonita, y Effie Trinket me dice que haga lo que quiera, que me ponga lo que
quiera, que todo está a mi disposición. Sinceramente la ropa nunca ha sido algo
en llamar la atención, mamá siendo una de las mujeres más elegantes y mejor
arregladas posibles, me forma discusiones por no ser más consiente de mis
atributos. ¿Pero que se le puede hacer? Soy una adolescente desaliñada y dudo en
cambiar eso de mí. Siguiendo con el relato, la mujer vivaracha dictamina que mi
única obligación es estar lista para la cena, por lo que inmediatamente me
despojó del vestido azul de la mamá de Katniss y me doy una ducha caliente. ¡Oh
por los dioses! La sensación es increíble, viaja por toda mi piel y me hace
sentir viva, estaba esperando poder hacer esto desde mi llegada a este mundo,
tomar un baño decente, con la temperatura del agua decente. Me pongo una camisa
y unos pantalones verde oscuro, en el último segundo, recuerdo la pequeña
insignia de oro que me dio Madge y le doy un vistazo por primera vez:
nuevamente siento la sensación de verla visto antes, es un pajarito encerrado
en un anillo dorado, él solamente se mantiene pegado por medio de la puntas de
sus alas. « No le des tantos rodeos » me dice la voz « es un sinsajo ».
Le doy unas cuantas vueltas tratando de descifrar lo dicho
anteriormente por Katniss, de acuerdo, es un sinsajo pero... ¿Qué demonios es
un sinsajo? « Son unos curiosos pájaros » responde ella dentro de mí cabeza «
agregándole que se trata de una especie de bofetón en la cara para el
Capitolio, durante la rebelión, el Capitolio creó una serie de animales
modificados genéticamente y los utilizo como armas » entre más escucho las artimañas
del Capitolio, más me producen escalofríos. ¿Hasta dónde puede llevar la
capacidad del ser humano para obtener poder? ¿Hasta dónde? « El termino general
para esas modificaciones son mutos, uno de ellos era un pájaro especial llamado
charlajo que tenía la capacidad de memorizar y repetir conversaciones humanas
completas » prosiguió con la explicación la voz « Eran una de las aves
mensajeras, todas ellas machos, que se soltaron en las regiones en las que se
escondían los enemigos del Capitolio. Los pájaros recogían palabras y volvían a
sus bases para que las grabaran. Los distritos tardaron un tiempo en darse
cuenta de lo que pasaba, de cómo sus conversaciones privadas se transmitían,
pero, cuando lo hicieron, como es cosa natural, los rebeldes utilizaron eso
contra al Capitolio contándole muchas mentiras. » me imagino a los creadores de
los charlajos jalándose literal el cabello al notar como su creación se le fue
de las manos, utilizándola en contra suya. Mis estimados espectadores, eso se
llama karma. « Esa fue una de las razones por la que cerraron la base y
abandonaron a las aves para que murieran en el bosque » pobres idiotas, luego
de darles vidas a unos pajarillos y servirles un buen rato, deciden
abandonarlos porque se les han vuelto en contra. Esa gente no es humana, en
realidad, los chalajos no mutos, sino la gente de Capitolio. « ¿Quieres saber
lo más gracioso de todo este cuento? » me pregunta Katniss con tono burlón «
los pájaros no murieron, en cambio, se aparearon con los sinsontes hembra y crearon
una nueva especie que podía replicar tanto los silbidos de los pájaros como las
melodías de los humanos.» Ahora comprendo porque es un bofetón hacia el
Capitolio, ellos no los crearon, en realidad, no esperaban que algo así
ocurriera, que al abandonar los charlajos se reprodujeran con otros pájaros. No
sé si puede sonar a rebelión pero me agrada, me gusta llevar la a contraria a
la gente más si estas son un grupo de inadaptados mentales, por lo tanto,
dibujando una sonrisa socarrona en mi rostro me prendo en el prendedor en la
camisa demostrando que estoy orgullosa de llevarlo, que estoy orgullosa de cómo
sucedieron las cosas. « Mi padre sentía un cariño especial por los sinsajos »
la voz melancólica de la dueña de este cuerpo desarma mi comportamiento rebelde,
me baja de esa nube « cuando íbamos de caza, silbaba o cantaba canciones
complicadas y, después de una educada pausa, ellos siempre la repetían. »
Percibo inmediatamente que Katniss le tiene un cariño enorme a la memoria de su
padre, tanto que incluso puedo imaginarlo a ellos en medio del bosque
caminando, él silbando, los sinsajos imitando y los enormes ojos grises de una
niña mirándolo encantada. « Los sinsajos, no trataban con respeto a todo el
mundo, pero siempre que mi padre cantaba, todos los pájaros de la zona callaban
y escuchaban. Lo hacían porque su voz era bonita, alta, clara y llena de vida
que te daban ganas de reír y llorar. No fui capaz de seguir su costumbre luego
de su muerte. » Y es comprensible, aunque este recuerdo no sea precisamente
triste el revivir las memorias de una persona que amaste y adoraste con tanta intensidad
deben de ser dolorosas, lo sé por experiencia propia.
Effie Trinket viene a recogerme para la cena, y la sigo por
un estrecho y agitado pasillo hasta llegar a un comedor con paredes de madera
pulida. Hay una mesa en la que todos los platos son muy frágiles, y Peeta
Mellark está sentado esperándonos, con una silla vacía a su lado.
— ¿Dónde está Haymitch? — pregunta Effie, en tono alegre.
— La última vez que lo vi dijo que iba a echarse una siesta.
— responde el chico rubio.
— Bueno, ha sido un día agotador. — comenta ella, y puedo
jurar sentir un poco de alivio ante la ausencia de Haymitch. Pero nadie la
culpara. Yo siento lo mismo.
La cena sigue su curso: una espesa sopa de zanahorias, a lo
que de dónde vengo le llaman crema, ensalada verde, chuletas de cordero y puré
de papas, queso y fruta, y una torta de chocolate. Effie Trinket se la pasa
toda la comida recordándonos que debemos dejar espacio, porque quedan más
cosas, pero yo cómo como si no existiera el mañana, porque en mi mundo solemos
comer de esta manera simplemente en días especiales: cumpleaños, matrimonios,
fines de semana, navidad, semana santa... Tratar de ganar unos kilos de más en
el delgado cuerpo de Katniss no estaría de más, menos tomando en cuenta hacia
donde iremos.
— Por lo menos tienen buenos modales — dice Effie, mientras
terminamos el segundo plato — La pareja del año pasado se lo comían todo con
las manos, como un par de salvajes. Consiguieron devolverme las tripas.
« La pareja del año pasado eran dos chicos de la Veta que
nunca en su vida habían tenido suficiente para comer » dice Katniss con
resentimiento, en cambio no puedo imaginar a dos chiquillos vueltos locos al
admirar tanta comida junta, seguramente maravillados de todos esos manjares
olvidaron los modales de lado y comieron hasta saciar su hambre. No me extraña
que tenga un malestar al escuchar decir eso, y como es evidente en llevarle la
contraria a todo lo que se interponga en mi camino, suelto los cubiertos en la
mesa de un solo golpe y sonriendo de forma desafiante, culmino mi comida con
las manos. Seguidamente, jalo un poco el mantel de la mesa y lo utilizo limpiándome
la boca y las manos. La expresión de Effie Trinket es inigualable, limitándose
a juntar los labios con fuerza debido a mi comportamiento.
Una vez terminada la comida, tengo que esforzarme por no
vomitarla y veo que el chico rubio también está un poco verde. Frunzo el ceño
extrañada, esta ración es lo normal que consumiría en los días festivos en mi
mundo, el comerlo no me daría malestar en lo absoluto. Entonces, rápidamente,
comprendo la situación. No estoy siendo Heather Fausto, de hecho, este no es mi
cuerpo y agregándole una cosa más, el estómago de Katniss no está acostumbrado
a atiborrarse de tanta comida, menos de este calibre por lo que me obligo a mí
misma a aguantar hasta el final. Vamos a otro compartimiento para ver el
resumen de las cosechas de todo Panem. Intentan ir celebrándolas a lo largo del
día, para que así las personas en poder perdérselas puedan verlas en directo,
aunque eso es un lujo que solo la gente del Capitolio puede darse, debido a ser
los únicos en no tener que ir a las cosechas. Por supuesto, los privilegiados
de Panem.
Vemos todas las ceremonias una a una, los nombres, los que se
ofrecen de voluntarios y los que no, los cuales son más. Examinamos las caras
de los chicos y chicas contra quienes lucharemos y me quedo con algunas: un
chico monstruoso del 2; una chica brillante cabello del 5; un chico cojo del
10; y, lo más inquietante de todo, una niña de doce años del 11. Tiene la piel
y los ojos oscuros, pero, aparte de eso me recuerda mucho en tamaño a la
hermana de Katniss, Prim. Sin embargo, cuando sube al escenario y piden voluntarios,
solo se escucha el sonido del viento contra los patéticos edificios que los
rodean, nadie se ha atrevido a ocupar su lugar. Finalmente, aparece el Distrito
12: el momento de la elección de Prim y yo corriendo a presentarme voluntaria.
Se percibe la desesperación en mí voz cuando pongo a Prim detrás de mí, como si
alguien fuese capaz de venir hasta donde me encuentro a quitármela. Veo a Gale quitándomela
de encima y posteriormente encaminándome al escenario. Los comentaristas no
saben que decir ante la actitud de las personas en no aplaudir, mas con lo del
saludo silencioso. Uno dice que el Distrito 12 siempre ha estado un poco
subdesarrollado, pero que las costumbres locales pueden ser un tanto
encantadoras. Como si todo fuese premeditado, Haymitch de caer y todos sueltan
un gruñido cómico. Ah... ¿Lo ven? ¿Acaso no se los dije? El hazmerreír de toda
Panem, no tiene ni caso taparse la cara de la vergüenza ajena al ver nuevamente
esto. Después sacan el nombre de Peeta, y él ocupa su lugar en silencio, nos
damos la mano, ponen otra vez el himno y termina el programa.
Effie Trinket exclama lo muy disgustada por el estado de su
peluca.
— Su mentor tiene mucho que aprender sobre la presentación y
el comportamiento en la televisión.
— Estaba borracho. — responde Peeta, riéndose de forma
inesperada. — Se emborracha todos los años.
— Bajo mi deducción... todos los días. — añado, sin poder
reprimir un bufido divertida.
Effie hace parecer como si el comportamiento de un borracho
empedernido pudiese solucionarse con unos cuantos consejos de los suyos, pero
en realidad, Haymitch está bastante perdido desde hace tiempo.
— Si, que raro que les parezca gracioso a los dos. Ya saben
que su mentor es el contacto con el mundo exterior en estos Juegos, el que los
aconsejara, los conseguirá patrocinadores y organizará la entrega de cualquier
regalo. ¡Haymitch puede hacerlos diferencias la vida de la muerte!
En ese instante Haymitch entra tambaleándose en el
compartimiento.
— ¿Me he perdido la cena? — pregunta, arrastrando las
palabras. Después vomita en la cara alfombra y se cae encima de lo que boto.
Dos claras formas de poner mi estómago sensible: olores
fuertes y vómito. Si, claramente esta es una de esas situaciones.
— ¡Sigan riéndose! — exclama Effie Trinket; acto seguido se
levanta de un salto, rodea el charco de vómito subida a sus tacones de aguja y
sale de la habitación.
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