martes, 20 de febrero de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.

2
Cuando me despierto, el otro lado de la cama esta frío. Suelo dormir acompañada de una almohada para poder abrazarla evitando sentirme sola, cosa estúpida pero son costumbres de mi niñez que jamás se olvidan, estiro mis brazos en un débil intento de buscarla pero solo consigo el frío de la funda del colchón. Seguramente se me ha caído al suelo, suele suceder cuando tengo un sueño intranquilo como el de la noche anterior donde seguramente me moví bastante, debería de hacer algo para tenerla de vuelta, la necesito y pronostico ser aún muy temprano para levantarme.
Me apoyo en un codo y me levanto un poco no visualizando en panorama aun, en realidad, aún no he caigo encuentra de lo que ocurre, al menos hasta que abro mis ojos completamente. Estoy tentada a proferir un grito al ver aquellos bultos desconocidos para mí, pero lo reprimo presionando mis dos labios entre sí con fuerza; en el dormitorio entra algo de luz así que puedo verlas. Una chiquilla acurrucada al lado de lo que parece ser una mujer de mediana edad, está aparentemente protegiéndola con su cuerpo. Las dos tienen las mejillas pegadas uno al lado de la otra, la mujer aunque está dormida, aparenta ser joven pero sé que no lo es pues las líneas de expresión dictaminan otra cosa, ha sido machacada por la vida. La niña a comparación parece una gota de agua fresca, es encantadora y adorable, aunque por su posición aparenta ser algo temerosa. « Es mi hermana, Prim, Primrose y si resulta ser tan encantadora como la prímula que le dio su nombre. Mi madre también fue muy guapa hace tiempo, o eso me han dicho. » Me voy hacia adelante al escuchar la joven voz de una chica en mi mente, en primer lugar pensé que alguien me hablaba cerca pero no, no existe nadie salvo esas dos y yo. ¿En dónde demonios me he metido?
« El que está sentado sobre las rodillas de Prim, para protegerla, es el gato más feo del mundo: buttercup» bueno no es que me emocione los gatos pero este tiene una apariencia singular, la voz tiene algo de razón; hocico aplastado, media oreja arrancada y ojos de color calabacín podrido. Comprendo el ser llamado feo, aunque tampoco es para tanto. En la casa de mis abuelos hubo un sin fin de desfiles de felinos, desde blancos como la nieve, hasta negros igual al carbón. Mi tía Ana era la dueña de todos ellos y recuerdo con fervor encantarme perseguirlos, por supuesto catalogaba ser una niña y no medir las consecuencias de hacerlo, ni mucho menos si le colocas la cara a uno terminaras arañada. Exactamente ese fue mi destino. Por consiguiente, al ver uno mantengo mi distancia prudencial evitando cualquier daño, mas tratándose de mi cara. « Principal le puso Buttercup porque, según ella, su pelaje amarillo embarrado tenía el mismo tono que aquella flor, el ranúnculo » la voz misteriosa sigue hablando en mi mente tan calmadamente que me hace preguntar quién pueda ser, suena ser joven, es decir, es joven pero del mismo modo desconocida. De la misma manera, el cuerpo lo siento tan raro, medio entumecido, medio cansado y sin mencionar los párpados que se encuentran del mismo modo. Sé que al estar en un lugar totalmente distinto a mi casa debería adoptar una posición distinta, nerviosa, asustada al punto de ser histérica, pero de alguna manera el rostro de aquellas dos personas frente de mí dictamina a aguardar silencio. Permanecer controlando mis emociones y seguir las palabras de la voz, al menos es lo único que tengo hasta los momentos.
« El gato me odia o, al menos, no confía en mí. » bueno, para que algún animal tenga resentimiento hacia ti no debe de ser por simple capricho, según mi mamá los animales guardan en sus memorias las personas que han sido malo con ellos y en los momentos menos esperados tratan de hacértelo pagar, no se ha que término eso es verdadero pero si lo dice ella debe de serlo. « Han pasado ya algunos años, pero creo que todavía recuerda que intenté ahogarlo en un cubo cuando Prim lo trajo a casa. » ¡¿Qué intento hacer qué?! ¡Por lo más sangrado y puro de este mundo! Esta chica es una completa loca, no se los motivos para moverla hacer tal cosa pero... ¡Santos cielos! Eso justifica la reacción del gato a odiarla, es decir, de ser el igualmente lo haría. « Era un gatito escuálido, con la tripa hinchada por las lombrices y lleno de pulgas. Lo último que yo necesitaba era otra boca por alimentar » entonces se me viene a la mente retazos de aquel libro comprado por mi mamá para mi cumpleaños, aquel que fue lo único de ver antes de nuevamente abrir los ojos en un sitio distinto al mío, Los Juegos del Hambre. Si mal no me equivoco debo encontrarme dentro de él, lo se suena fantasioso pero es la única lógica que poseo, de lo contrario ¿qué llevaría a una joven a atacar un gato para matarlo? No creo por diversión. Necesidad, la llevo la necesidad. «Mi hermana me suplicó mucho, e incluso lloró para poder quedárselo. Al final la cosa salió bien: mi madre le libró de los parásitos, y ahora es un cazador nato; a veces, hasta caza alguna rata » es el instinto natural de los felinos, cazar para su supervivencia o simple diversión. Estoy segura el abastecerse solo de alimentos, no parece la clase de gato idiota en esperar a alguien alimentarlo, en su lugar, buscar el mismo mantenerse vivo. « Si, eso es cierto, pero para alivianar las esperezas entre los dos en algunas ocasiones le echo las entrañas de las presas, solo para que deje de bufarme. » dudo mucho el poder lograr eso, es decir, intentaste matarlo en la memoria de un gato puede durar eternamente en su mente.
De pronto la voz menciona el tampoco ser amiga inseparable del animalejo, tenía suficiente con su hermanita y debía contenerse con ello el parar de bufarle. Giro a la otra parte de la cama colocando mi mejilla sobre el acolchado frío soltando un suspiro, no tenía tiempo para dialogar sobre intentos de asesinatos gatunos o experiencia de niñez, necesitaba volver nuevamente a casa pero no sabía cómo. ¡Tampoco conocía las razones de encontrarme aquí! Es decir, mi día transcurrió tan normal como monótona, las cosas cambiaron al instante de abrir ese libro y... y... ¿Fui succionada por él? Si, lo hice, estuve en un frío pasillo inundado por la oscuridad mientras brillaba igual a una estrella. Seguidamente, enorme espejo acompañado de una insignia de un pajarito sosteniendo una flecha encerrado en un aro se impuso, la había visto en otro lugar pero con tanto ajetreo lo olvide. Podría ser la respuesta a todo esto, pero igualmente era imposible sostenerlo. En el espejo las imágenes de un cuarto en completo silencio me hicieron un llamado, uno que es imposible de rechazar, fui atraída como abejas a la miel e introducida a ese sitio donde posiblemente me encuentre ahora. « Tampoco es que hayas podido evitarlo » me dice la voz calmada, casi aburrida de esta situación « pero aunque no lo creas necesitas levantarte y moverte, hoy es un día sumamente caótico y entre más rápido comiences, más rápido saldrás. » Que mandona, refunfuño escondiendo mi rostro entre las sabanas que me cubren, no deseo por nada del mundo salir hacia algún lado que la voz prefiera tengo miedo de poder encontrar algo que no me guste. Ya de por si siento el cuerpo raro, añadir mas cosas al asunto colocara peor las circunstancias. Sin embargo, por más desear seguir en la cama, la voz de manera insistente logra sacarme del nido donde estoy protegida.
Siguiendo las órdenes de ella, bajo de la cama calzándome unas botas, que en palabras textuales no mías, son de cazar; la piel risita fina y suave se ha adaptado a mis pies. Me pongo también unos pantalones y una camisa, introduzco dentro de una gorra mi cabello que es oscuro (no sé si es la oscuridad o existe algo raro en mí) mantenido en una trenza y tomo una bolsa que sirve para guardar cosas allí dentro. Camino ligeramente por la casucha determinando ser bastante pequeña, martillándome más la cabeza que definitiva es los Juegos del Hambre, porque todo aquí huele a miseria y explicaría por qué mi cuerpo se siente diferente. Porque no es el mío. Me paro frente a la mesa sintiendo unas punzadas del susto recorriéndome la piel, la respiración se vuelve entre cortada y el corazón se me acelera, voy a hiperventilar. Sé que mantengo la compostura en todo momento pero esto es algo difícil de lidiar, estoy aparentemente encerrada en un libro, en un cuerpo que no es mío, obligada a seguir una voz que posiblemente sea la de la verdadera dueña de esto. La protagonista de Los Juegos del Hambre. ¿Cómo no puedo declararme loca de una buena vez? Este no es un sueño, en definitiva no lo es, todo es muy palpable y real incluso el frío que tuve hace unos segundos atrás. No sé cómo salir de aquí, menos la manera de pasar desapercibida ante los ojos de los demás, ante los ojos de la familia de esta chica. Van a descubrirme de una, seguramente lo harán y estaré perdida. « No sino me escuchas » detiene mi momento de histeria la voz « mira sé que es difícil para ti vivir todo esto, lo entiendo, tampoco comprendo lo que sucede pero hoy necesito aparentar tranquilidad y no pareces emanarlo mucho » bajo la mirada nerviosa y apenada, la voz suelta un suspiro retomando nuevamente el habla. « Hoy es el día de la cosecha, no es un día normal y Prim nos necesita. Antes que nada te guiaré, lo prometo, nadie va a descubrirte. Confía en mí. » Confiar en desconocidos no se me da bien, menos si se trata de una voz viniendo de mí cerebro pero sé que no tengo de otra, quizás pueda salir de aquí si vivo su vida hasta finalizar el libro. Es decir, nada complicado puede salir de aquí, salvo, bueno... ser descubierta.
Recobrando la compostura, sigo las instrucciones de la voz diciéndome alzar un cuenco que tapa un queso, es de cabra y se encuentra envuelto en hojas de albahaca. Es un regalo de Prim para el día de la cosecha, según palabras textuales de la suena del cuerpo, por lo que me lo método con cuidado en el bolsillo. Acto seguido, salgo de la casa. « Nuestra parte del Distrito 12, a la que solemos llamar Veta, está siempre llena a estas horas de mineros del carbón que se dirigen al turno de la mañana » narra la voz en mi mente, en tanto la marca de polvo y hambre esta en cada rostro de un grupo de personas que ha mencionado, se ven demacrados, inclusos exhaustos y no puedo evitar sentir pena por ellos. ¿Qué clase de lugar es este? « Es lo convencional en este sitio, ver hombres y mujeres con hombros caídos y nudillos hinchados, muchos de los cuales ya ni siquiera intentan limpiarse el polvo del carbón de las uñas rotas y arrugas en sus rostros hundidos. » me responde de manera lúgubre e intento hacer un esfuerzo por no quedármeles mirando mucho tiempo, es de mala educación y hasta podría sonar grosero. «Sin embargo, votar las calles manchadas de carboncillo están vacías y las contraventanas se las achaparradas casas grises permanecen cerradas. La cosecha no empezara hasta las dos, así los que pueden prefieren dormir hasta ese entonces. » No suelo entender mucho cuando se refiere a lo de la "cosecha", en mi mundo tiene un significado totalmente distinto a este, pueden imaginarlo, es el día de recolección de alimentos y el más idóneo para adquirirlos. Están frescos, vistosos y listos para comerlo pero aquí tengo una ligera sospecha de ser algo totalmente distinto. 
La casa de la voz se encuentra al final se la Veta, sólo tengo que dejas atrás unas cuantas puertas para llegar a un campo desastrado a lo que ella llama la Pradera. « Lo que separa la Pradera de los bosques y, de hecho, lo que rodea todo el Distrito 12, editar una alta alambraran metálica rematada con bucles de alambre de espino » explica y por alguna extraña razón doy un paso hacia atrás abriendo los ojos impresionada, mi intuición no es la mejor del mundo salvo tratarse de encontrar el villano de algún libro de terror, este no es el caso pero algo me dice que la voz me mandara a atravesarla. « En teoría, se supone que está electrificada las veinticuatro horas para disuadir a los depredadores que viven en el bosque y antes recorrían nuestras calles (jaurías de perros salvajes, pumas solitarios y osos). » ¡Oh vamos! Que la explicación me anima más a adentrarme al bosque, con suerte no terminare siendo un bocadillo para alguno de esos animales. « En realidad, como, con suerte, sólo tenemos dos o tres horas de electricidad por la noche, no suele ser peligroso tocarla. » pestañeo al escucharla decir eso, realmente este paraje es parecido a donde el diablo dejo los calzones, un sitio olvidado hasta por el mismo dios donde ni siquiera electricidad tiene, es decir, su supervivencia me es todo un desafío. « Lo sé, es predecible, es por ello que no deberías de tenerle a la valla pero para evitar malos entendido, acercarte con cautela y trata de encontrar algún tipo de sonido. De no hacerlo, atraviésala. » Dando unos cuantos pasitos cautelosos, intento imitar las palabras de la voz acercándome tranquilamente mi oído a la valla esperando encontrar un zumbido, pero no, solo hallo un silencio sepulcral explicándome no tener electricidad. Inmediatamente, me escondo detrás de un grupo de arbustos, me tumbo boca abajo y me arrastro por debajo de la tira de sesenta centímetros que se encuentra suelta por un largo tiempo, según la voz lleva unos sesenta años sin reparar y probablemente así se quede. « La alambraran tiene otros puntos débiles, pero esté está tan cerca de casa que casi siempre entro en el bosque desde aquí » intento imaginar más sitios iguales a este y se hace extenso, aunque no pude visualizar mucho del Distrito 12 deduzco no ser tan pequeño, al menos esta parte no lo es.
En cuanto entro al bosque, la voz de mi mente demanda recuperar un arco y unas flechas escondidas en un tronco hueco dándome a entender una sola cosa: es cazadora. Miro con curiosidad el arma entre mis manos en tanto escucho su explicación en mi mente, el alambrado este o no electrificada mantiene a los depredadores lejos del Distrito 12. Dentro de los bosques, los animales deambulan a sus anchas y existen otro tipo de peligros, como las serpientes venenosas, los animales rabiosos y las faltas de senderos a seguir. Pero del mismo modo existe comida, al menos si sabes dónde ir. Ciertamente no me entusiasmada mucho la idea de caminar en medio del bosque sola, teniendo depredares feroces merodeando, pero quizás la dueña de este cuerpo no tenga otra opción más que esta para conseguir comida, y yo debo ayudarla. « Mi padre sabia de esto, me enseño unas cuantas trucos antes de volar en pedazos en una explosión de mina. No quedó nada de él que pudiéramos enterrar. Yo tenía once años; cinco años después, muchas noches me sigo despertando gritándole que corra » sé lo difícil de perder a alguien de esa manera, cuando tenía cuatro años, casi cinco uno de mis primos mayores sufrió un accidente de auto. Iba junto un grupo de amigos de vacaciones rumbo a la Isla de Margarita, todos ellos tenían entre veinte y veintitrés años, mi primo tenia veintiuno con toda una vida por delante. Mamá le había sugerido no ir a tal viaje, siempre que asistes a uno donde lo componen solo jóvenes terminan emborrachándose al punto de perder la conciencia, tal vez ella tenía ese sexto sentido desarrollado para las desgracias, de lo contrario no hubiese mencionado nada igual. Sin embargo, mi primo con una sonrisa enorme le dio un beso en la frente a mamá diciéndole no preocuparse, en el viaje habrían dos conductores desinados y estarían al pendiente de cualquier contratiempo, llegado inmediatamente a la isla le marcaría avisándole, el viaje solo costaría de dos días y la estadía una semana entera. Ya vería todo saldría bien. Eventualmente pasaron dos días desde su partida sin noticias suyas, la familia estaba conmocionada de no escuchar nada sobre él cosa en ser demasiado extraño, era un muchacho muy entusiasta y fiestero pero cumplido al momento de avisar su paradero. Al tercer día de su partida llego una llamada a la casa de los abuelos, pero no se trataba de él si no de noticias sobre su paradero. El carro donde venían viajando su grupo de amigos tuvo una falla mecánica y se volcó en plena carretera, uno de sus conductores estaba sumamente borracho y el otro igual, algunos de sus compañeros sufrieron graves daños pero quien recibió mayor impacto fue él. Ya saben lo que quiero decir, murió en el acto. Su muerte fue una de las experiencias más desgarradoras de mi corta vida, fui tan apegada a él que el recordar no volverlo a ver dolía hasta las entrañas, su perdida es irreparable y el vacío de nuestros corazones sin poder llenarse. Fue más que un hermano para mí, fue... el chico de sonrisa brillante y carisma inagotable encargado de llevarme a todas partes, comprarme ropa, llenarme de golosinas y cuidarme cada vez de pedírselo mamá. Aun después de tanto tiempo de su partida sigue doliendo, jamás de todas maneras se ira el dolor por eso comprendo a la voz cuando dice tener pesadillas con su padre, es predecible.
Dejando los temas melancólicos de lado, menciona que entrar en el bosque es ilegal y la caza furtiva tiene el peor de los castigos, habría más gente que se arriesgaría si tuvieran armas. El problema es que hay pocos lo bastante valientes para aventurarse armados con un cuchillo, yo le respondí que quizás no se trate solo de la valentía, igualmente acarrea la voluntad de violar un montón de leyes y arriesgarse a ser devorado por algún animal salvaje. Se puede ser simplemente loco o idiota para hacerlo, la voz simplemente resopla a mi conjetura. Su arco es una rareza que fabrico su padre, junto con otros similares que guardia bien escondidos dentro del bosque, envueltos con cuidado en fundas impermeables. Él pudo haber ganado bastante dinero vendiéndolos, de hecho, le pregunte por qué no hacerlos pero pudo ser descubierto por los funcionarios del Gobierno y ejecutado en público por incitar a la rebelión. Menudo rollo, preferible quedárselos antes de morir por falsas acusaciones. Entonces dice, que casi todos los agentes de la paz hacen de la vista gorda con los pocos que cazan, ya que están necesitados de carne fresca como los demás. De hecho, sin sus mejores clientes. Me impresionó de semejante deducción, es decir, los agentes de la paz son como en mí mundo la policía, no quiero imaginar a estos obviando todo y pensando en sus propias panzas. Aunque, sería razonable, más si notas la evidente miseria del Distrito 12.
Sin embargo, nunca le permitirían que alguien armase a la Veta.
En otoño, unas cuantas personas valientes se internan en el bosque para recoger manzanas, aunque sin perder de vista la Pradera, vaya que no son ningunas idiotas porque seguramente de la menor oportunidad de movimiento extraño saldrán corriendo nuevamente al distrito. « Exacto, este es el Distrito 12 donde puedes morirte de hambre don poner en peligro tu seguridad » su tono es irónico, aunque bastante cuidadoso, es como si temiese de ser escuchada por alguien más salvo únicamente yo. « Cuando era más joven, mataba del susto a mi madre con las cosas que decía del Distrito 12 y la gente que gobierna nuestro país, Panem, desde la lejana ciudad llamada Capitolio. » ¿Y qué pueden decir de ellos? ¿Ser unos miserables? ¿Unos muertos de hambre? ¿O lo suficientemente corruptos para olvidar las necesidades de la población? No está mal decir la verdad, en su situación haría lo mismo porque la situación en este lugar está mal, muy mal y parece que nadie de sus habitantes lo menciona. « Si, lo sé, pero eso lo dices porque no has vivido lo suficiente aquí al punto de saber medir tus palabras, morderte la lengua y poner una cara de indiferencia para que nadie sepa lo que piensas. » menciona con un tono despectivo, casi enojado y sin saberlo frunzo el ceño ante la forma de dirigirse a mí. « Siempre has vivido en un mundo lleno de comodidades y flores, no has tenido que pasar trabajo ni nada, pero aquí, en Panem cualquier comentario puede generar una reacción negativa en alguien. Por eso en clase trabajo sola en silencio, haciendo incluso comentarios educados y superficiales. En el Quemador, donde es el mercado negro donde gano casi todo el dinero que tengo me limito a tocar temas comerciales. Ni siquiera en casa, donde soy menos simpática, evito entrar en temas espinosos, como la cosecha, los racionamientos de comida y los Juegos del Hambre. Quizás a Prim se le ocurriera repetir mis palabras y ¿qué piensas que ocurrirían con nosotras? » Me callo, no porque no tenga una respuesta por darle sino de la pequeña mención de lo que vive esta chica aquí, del mismo modo sobre los Juegos del Hambre. De lo poco que mi memoria que tengo de mi mundo recuerdo eso, el reality show que lo compone jóvenes en una lucha a muerte. Aunque, solo recuerdo eso, nada más. Además, de lo horrible de reprimir tus sinceros pensamientos hacia un sistema claramente asqueroso y decadente, donde se ignoran a las minorías preponderantemente miserables y les dan más atención a los ricos que cada vez se hacen más ricos. Si lo vemos bajo otra perspectiva, no es tan lejano a mi mundo, es decir, donde varios gobiernos prestan atención a engordar sus patéticas panzas y llevar a la desnutrición a sus niños. Señoras y señores, esos son los seres humanos que guían a los demás.
<< Tema a parte, necesito que me prestes atención a lo que voy a decirte >> dice con tono municiono, como si estuviera a punto de darme a cuidar una granada en mis manos sin seguro por lo que me tenso sin poder evitarlo. << Cuando estoy en los bosques nunca suelo venir sola, siempre existe alguien que me cubre las espaldas y… >> ya no tengo porque escucharla más, de hecho, la explicación termina sobrando porque a lo lejos de las colinas diviso a un enorme chico que está esperándome, o esperando a la dueña de este cuerpo, provocando en lugar de relajarme los músculos se entumecen. Comprendo que quedarme parada mirándolo daría sospechas, agregándole una cosa, él va hacer la primera persona con la que interactuare de este mundo (obviare la voz de mi mente porque, bueno, no está materializada) y eso me da muchos nervios. La dueña del cuerpo me sugiere relajarme, intentar actuar de manera normal y de presentarse cualquier cosa ella me ayudara,  será pan comido. Por supuesto, hagamos como si soy su amiga y el conocerla mejor, si, es una excelente idea.
Desechando mis pesimistas pensamientos comienzo a caminar en dirección suya, casi dejo detrás las colinas y me adentro a un valle rocoso donde posee una vista sensacional de todo el lugar, cerca del muchacho se encuentra un arbusto de bayas que parece tener una función estratégica al protegerlo de miradas curiosas. << Su nombre es Gale, es mi mejor amigo >> me informa y nota como el tono de su voz cambia, se vuelve un poco mas cálida y abierta. No será que… ¡Ah por favor! No sirvo para actuar como idiota, ese se los dejo para mis amigas que son expertas en el tema, por mi parte soy hecha de una materia más resistente y dura. El mostrar emociones solo lo hago con gente de merecerlo, agregándole de ser de entera confianza donde evidentemente no incluye a los desconocidos.
   Hola, Catnip. me saluda Gale.
Intento ocultar mi desconcierto ante ese nombre porque en realidad no lo conozco, el muchacho me mira algo confundido ante no responderle o hacerle alguna mueca por su saludo provocándome sudor en las manos, con tanto ajetreo en la llegada de este mundo no tuve la oportunidad de preguntarle su nombre a la voz solamente estuve aterrada y acurrucada a las mantas de una cama fría. Venga que soy patética, Gale me mira con más curiosidad y yo no tengo ni las palabras o ideas necesarias para decir algo, solamente me limito a que la gran voz venga a mi rescate, o de lo contrario, estaré sumamente frita. << En realidad me llamo Katniss, >> finalmente la chica hace su aparición estelar << como la flor acuática a la que llaman saeta, pero, cuando se lo dije por primera vez, mi voz no era más que un susurro, así que creyó que decía Catnip, la menta de gato >> esto tiene más sentido ahora, la que me ha estado hablando y dando consejos hasta ahora es nadie más a Katniss Everdeen, la protagonista de los Juegos del Hambre. Oh, genial, genial, genial, estoy más que perdida en el mundo del libro de los Juegos del Hambre donde escapar no tiene ninguna oportunidad.
<< Luego que un lince loco empezó a seguirme por los bosques en busca de sobras, se convirtió en mi nombre oficial. >> sigue diciendo ella ignorando mi pensamiento pesimista, como queriéndose hacer la vista gorda ahora que se con quién estoy tratando. De todas maneras da igual, debo permanecer aquí hasta que finalice la historia, o al menos así lo he predicho. << Al final tuve que matar al lince porque asustaba a las presas, aunque era tan buena compañía que casi me dio pena. Por otro lado, me pagaron bien por su piel. >> casi, casi me como el cuento de que ella pueda sentir pena por matar un animal cuando es su principal sustento para alimentar a su familia, mas tomando en cuento el mencionar haberle pagado bien por su piel.
   Catnip, Catnip… Oye… la voz de Gale me devuelve a la realidad, casi no me había dado cuenta que me quede mirando al suelo sin razón aparente. Seguramente ha de pensar que estoy loca. ¿Te encuentras bien?
   ¿Eh? lo miro directamente a sus ojos curiosos, esos ojos que tratan de meterse dentro de mi mente y tratar de leerla. Levanto mi espalda forjando, al menos bajo mi perspectiva, una sonrisa convincente. Sí, estoy bien, solo algo distraída ¿Sabes? Hoy es día de cosecha y…
   Pues olvídalo por un segundo y mira, mira lo que he cazado.
Gale sostiene en alto una hogaza de pan con una flecha clavada en el centro, no sé porque ha hecho eso pero resulta con algo de gracia llevando a soltar un medio bufido carcajada. Katniss me explica que aquí en el Distrito 12, es un lujo poder comerse uno de panadería, por supuesto, considerando la miseria que deben de ganar las personas de la Veta en las minas debe de ser todo un tesoro poseer una rodaja de pan en tus manos. << Solemos elaborar los nuestros con las raciones de cereal que nos brinda el Capitolio pero jamás es lo mismo, jamás lo serán. >> Lo cojo, saco la flecha y sorpresivamente me llevo el agujero de la corteza a la nariz para aspirar una fragancia que se me hace agua la boca, este fue un movimiento totalmente inesperado de este cuerpo donde me demuestra que efectivamente el comerlo es un lujo, casi que en mi mente queda perpleja el haberme dado un banquete la noche anterior. << El pan se ve bueno, es perfecto para ocasiones especiales. >> menciona Katniss en mi cerebro.
   Sigue aún caliente le digo, según la dueña del cuerpo debió de haber ido a la panadería al despuntar el alba para cambiarlo por otra cosa, lo que en mi mundo llamaríamos trueque. ¿Cuánto has pagado por él?
   Una ardilla, creo que el anciano estaba un poco sentimental esta mañana. Hasta me deseó buena suerte.
   Es… es… predecible. escucho con atención la voz de Katniss que me dictamina que decir en mi cabeza, Gale por su parte vuelve a mirarme de forma perspicaz. Hoy es el día que todos nos volvemos más unidos ¿no? ¡Ah! Antes que se me olvide, toma introduzco la mano en el bolsillo sacando el pequeño quesito. No los ha dejado Prim.
   Gracias, Prim. exclama Gale, alegrándose con el regalo y olvidando casi el mirarme de rara manera. Nos daremos un verdadero festín. De repente, se pone a hacer un acento raro que de inmediato dictamina Katniss pertenecer al Capitolio y los ademanes de un tal Effie Trinkent, una mujer muy optimista hasta la demencia que viene una vez al años para leer los nombres de una cosecha. No quiero imaginar cómo es realmente esa mujer, da algo de escalofríos si posee una manera de hablar tan… peculiar. ¡Casi se me olvida! ¡Felices Juegos del Hambre! Recoge unas cuantas moras de los arbustos que nos rodean Y que la suerte… empieza, lanzándome una mora por lo que me obligo a mí misma a responder rápido. La cojo con la boca de una sorprendente manera y la rompo con los dientes la delicada piel; es dulce y a la vez acida estallándome en la lengua haciéndome medio suspirar. Me ha gustado.
Pero no tengo mucho tiempo para desgastarla, Gale me queda mirando esperando algo de mí limitándome a mirarla extrañada y es en ese instante que susurrando demandante en mi cerebro Katniss, menciona las palabras que debo decir a continuación.
   ¡… esté siempre, siempre de su parte! lucho por imitar ese tono de voz chillón y fastidioso.
Gale aparentemente no se ha comido el cuento de estar conversando con su mejor amiga, por lo tanto medio frunciendo el ceño prepara un arsenal directo a mi zona de confort.
   ¿Estas segura que te encuentras bien? pregunta una vez más extrañado, clavando su insipiente mirada gris contra la mía casi queriendo buscar una debilidad pero no lo dejo, al menos me mantengo fuerte en mi respuesta. Has tardado en contestar, usualmente lo haces rápido y terminamos tonteando con el acento del Capitolio. Sabes que todo suena ridículamente estúpido con él.
   Como sus habitantes. le recuerdo, en realidad, se lo recuerda Katniss desde mi mente.
   Si, lo son pero… sigue insistiendo. no pareces tú, realmente estas muy raro.
   Vamos, vamos Gale. rodeo los ojos fingiendo fastidio, como si estuviera ya cansada de su insistencia. te lo estás imaginado en verdad estoy bien, solamente debe de ser el día en general. Es la cosecha, son los juegos… ¡Va! Ya se me pasara, mejor vamos a comer que muero de hambre.
Él parece querer seguir indagando más, pero lo detengo, el tiempo es oro cuando te encuentras en el bosque por lo que deberíamos realmente comenzar a comer y eventualmente el mejor amigo de Katniss accede a mi petición. Me le quedo observándolo en silencio mientras saca un cuchillo y corta el pan, en general resulta ser bastante guapo y debido a su apariencia pasaría fácilmente como el hermano mayor de la dueña de este cuerpo. Pelo negro liso, piel aceitunada, incluso sus ojos son grises muy expresivos a la par de intensos con ellos logran colarse a lo más profundo de tu alma. << Aunque no lo creas, realmente podemos pasar libremente como familia debido a nuestra apariencia similar, pero no lo somos, o al menos, no cercana. >> Parpadeo tratando de digerir la nueva información, bueno, ese explica porque el cabello lo visualice bastante oscuro. En mi verdadero cuerpo suelo ser blanca, ojos verde miel y cabello avellanado, ahora pase a una pelinegra de ojos grises. << Casi todos los que trabajan en las minas tienen un aspecto similar, como nosotros. Por eso mi madre y Prim, con su cabello rubio y sus ojos azules, siempre parecen fuera de lugar; porque lo están. >> estoy tentada a llamarla adoptada, pero no lo hago, me limito a callar y seguir escuchando su explicación.
<< Mis abuelos maternos formaban parte de la pequeña clase de comerciantes que sirve a los funcionarios, los agentes de la paz y algún que otro cliente de la Veta. Tenían una botica en la parte más elegante del Distrito 12; como casi nadie puede permitirse pagar un médico, los boticarios son nuestros sanadores. >> Así que su hermana pequeña adquirió las características físicas de sus abuelos maternos, al igual a los de su madre, de hecho es un poco sorpresivo, cuando estuve en aquella habitación a oscuras visualice mínimo el color del cabello de ellas dos pero era porque estaba nada visible. Alejándome de ello, resulta un poco raro si la mamá de Katniss pertenecía al área más lujosa del Distrito 12 dejarlo atrás y adentrarse a la Veta, el sitio más precario de todos. << Mi padre conoció a mi madre gracias a que, cuando iba de caza, a veces recogía hierbas medicinales y se las vendía a la botica para que fabricaran sus remedios. >> a eso le llamo estrategia, bien no, hablando seriamente la mamá de Katniss debió de amar mucho a su padre para que abandonara todas las comodidades de su hogar y se adentrase a la Veta. << Al menos eso intento recordar de ella cuando sólo veo en ella a una mujer que se quedó sentada, vacía e inaccesible mientras sus hijas se convertían en piel y huesos. Intento perdonarla por mi padre, pero, para ser sincera, no soy de las que perdonan. >> Me alarma un poco la historia de Katniss como su mamá agarro la muerte de su esposo, abandonándolas a ella y su hermanita pequeña para sucumbir a las olas del dolor, no soy nadie para juzgar a alguien pero… ha sido muy irresponsable de su parte. Es decir, cuando el amor de tu vida se ha marchado para nunca volver y ha dejado un pedacito de él contigo misma, algo que es los hijos, estos deberían darte la fuerza suficiente para seguir adelante, pero no, no para esta madre lo ha sido.
Gale unta el suave queso de cabra en las rebanas de pan y coloca con cuidado una hoja de albahaca en cada una, mientras yo en un mandato de la dueña de este cuerpo recojo bayas de los arbustos. Nos acomodamos en un rincón de las roscas en el que nadie puede vernos, aunque tenemos una vista muy clara del valle, que está rebosante de vida estival: verduras apetitosas, raíces curiosas y peces irisados a la luz del sol. El día tiene un aspecto glorioso, de cielo azul y brisa fresca; la comida es estupenda, el pan caliente absorbe el queso y las bayas nos estallan en la boca. << Todo sería realmente perfecto si fuese un día de fiesta real, si este día fuese uno más caminando en medio de las montañas con Gale en busca de nuestra cena >> pero sé que no lo es, al menos no hoy, tomando en cuenta que deberé presenciar la selección macabra de una joven y un joven en la plaza a las dos en punto para asistir a esos terroríficos juegos.
   ¿Sabes qué? Podríamos hacerlo dice Gale en voz baja, provocándome un respingo de la impresión.
   ¿Qué?
   Dejar el distrito, huir y vivir en el bosque. Tú y yo podríamos hacerlo. Aguarda, aguarda, aguarda… ¿A qué ha venido esa proposición inesperada? No sé ni que decir, es más, creo que la voz igualmente se quedó muda. Si no tuviésemos tantos niños. añade rápidamente.
<< No son nuestros niños, claro, pero el caso es lo mismo. >> habla Katniss buscando explicar las palabras de su amigo en términos simples << Los dos hermanos pequeños de Gale y su hermana, y Prim. Nuestras madres también podrían entrar en el lote, porque ¿cómo iban a sobrevivir sin nosotros? ¿Quién alimentaría esas bocas que siempre piden más? >> No entiendo pero me molesta un poco en la manera en que se refiere a sus familias, casi y parece como si fuesen un peso muerto sobre sus hombros, aunque puede y me esté equivocando. La familia la amas fuese como fuese. << Aunque los dos cazamos todos los días, algunas vez tenemos que cambiar las presas por manteca de cerdo, cordones de zapatos o lana, así que hay noches en las que nos vamos a la cama con los estómagos vacíos.>> Imaginar que existen personas en dormirse sin probar bocado me deja una sensación agridulce en el estómago, porque aun en mi mundo aún están unas que por mero capricho se abstienen de hacerlo solo por el simple capricho de bajar de peso, si al menos conocieran la otra parte de la moneda cambiaran un poco su forma de pensar.
   Es absurdo, he pensado y… tener hijos en un mundo tan caótico como este es una estupidez. digo contagiada del momento.
   Puede que yo sí, si no viviese aquí.
   Gale, por favor, abre tus ojos y mira a tu alrededor. Vives aquí. giro para mirarlo con reproche, recordándole lo obvio de su situación.
   Olvídalo.
Esta conversación no nos llevara a ningún lado. << Y tienes razón, irnos dejando a mi familia de lado, a Prim que es la única persona realmente importante en mi vida es una completa idiotez. Además, Gale está dedicado completamente a su familia. >> Si eso es cierto porque… ¿Por qué hablar de eso? Además de eso de querer tener hijos, porque si lo miro bajo la perspectiva de Heather Fausto suena a preposición con doble sentido, como si entre él y Katniss existiera algo de índole amoroso. << Entre Gale y yo nunca ha habido algo romántico >> aclara desde el inicio, anotando los puntos sobre las ies y dictaminado posibles malos entendidos << Cuando nos conocimos, yo era una niña flacucha de doce años y, aunque él sólo era dos años mayor, ya parecía un hombre. Nos llevó mucho tiempo hacernos amigos, dejar de regatear en cada intercambio y empezar a ayudarnos mutuamente. >> Supongo que alguien como Katniss el entrar en confianza luego de lo ocurrido con sus padres es difícil, seguramente ha sentido que puede ser apuñalada en la espalda en cualquier momento y abandonada a su suerte. La comprendo perfectamente, de estar en su situación, haría lo mismo.
Además, si Gale quiere tener hijos, estoy muy segura de no haber jovencita en no resistírsele y aceptaría ser su esposa. Es decir, solo mírenlo por un segundo, es guapo, lo bastante fuerte para llevar alimentos a la mesa de su familia y capaz de cazar. << Deberías solo imaginar como las chicas susurran a su espaldas cuando pasa a su lado por el colegio, está claro que lo desean. >> Estoy tentada a soltar la carcajada ante el tono despectivo de Katniss al contar lo de las chicas de su escuela, casi y cualquiera pudiese decir estar celosa de ese hecho, que miren al chico quien se sumerge con ella todos los fines de semana en el bosque. Bueno, no suelo entusiasmarme con este tipo de temas pero, me da gracia que una chica ruda como Katniss aparenta ser le cueste admitir estar interesada románticamente en su mejor amigo. Es decir, en mi mundo ese tipo de cosas no suceden a menudo, suelen es mandarlo directo a la “zona del amigo” y decir querer simplemente su amistad, palabras más, palabras menos.
— ¿Qué quieres hacer? — le pregunto buscando disipar el mal ambiente, eso y que la voz dictamina un motón de opciones por hacer en el día: cazar, recolectar o pescar.
— Vamos a pescar en el lago. Así dejamos las cañas puestas mientras recolectamos en el bosque. Cogeremos algo bueno para la cena.
No entiendo nada pera ante la última mención de Gale se me tensa el cuerpo por completo, en definición según Katniss, después de la cosecha, se supone que todos tienen que celebrarlo, y mucha gente lo hace, aliviada al saber que sus hijos se han salvado un año más. Sin embargo, al menos dos familias cerrarán las contraventanas y las puertas, e intentarán averiguar cómo sobrevivir a las dolorosas semanas que se avecinan. No quiero indagar más en el asunto de los Juegos del Hambre, pero termino imaginando la impotencia y dolor de una madre y padre al verse obligados a ver a su hijo muriendo en televisión directa, seguramente debe de ser desgarrador y tan caótico como privarte de respirar bajo el agua.
Cambiando de tema, para ser mi primera vez en el bosque no esta tan mal, nos va bien, los depredadores no nos hacen caso, y las instrucciones de Katniss en mi cerebro no me hacen ver tan papanatas frente de su mejor amigo. Aunque, por supuestos, en ciertas ocasiones donde me tiemblan las manos me mira algo desconcertado, pero termina olvidándolo cuando tengo las presas en mis manos. A última hora de la mañana tenemos una docena de peces, una bolsa de verduras y, lo mejor de todo, un buen montón de fresas que en lo personal, son mis favoritas. « Descubrí el fresal hace unos años y a Gale de le ocurrió la idea de rodearlo de redes para evitar que se le acercasen los animales. » es excelente, aseguro su preservación a un futuro próximo de las fresas para él, no existe duda que el muchacho es bastante ingenioso.
Es el instante de estar cerca de la alambrada Gale frena sus agigantados pasos parándose frente de mí, sus ojos grises poseen un brillo curioso a la vez de encontrar las respuestas a sus dudas, trato de seguir sosteniendo la personalidad de Katniss hasta las últimas, fingiendo que su repentina pausa no me causa nervios. La voz aparentemente ha desaparecido, cuando trato de llamarla para pedirle ayuda, solo me encuentro con el eco de mi propio pensamiento en mi cerebro dictaminando lo obvio: estoy sola. Guardando la compostura, aprieto un jadeo impresionada cuando da un paso hacia mi aun teniendo esa mueca rara en su rostro, estoy tentada a preguntarle si ocurre algo pero se me adelanta, de una forma peligrosa, muy peligrosa.
— Tú no eres Katniss, — va directo al grano, pegándome de una forma invisible a mi estómago y dejándome sin aire. — ella jamás hubiese pensado dos veces para seguirme el juego. Además, de titubear delante de mí. Así que... ¿Quién eres?
Ah, demonios... demonios... demonios... he sido descubierta, lo he sido de una forma tan patética que resulta gracioso, no he sido lo suficiente Katniss para engañar a su mejor amigo. Encogiéndome de hombros miro hacia el suelo, no desmiento la conjetura de Gale, pero tampoco le llevo la contraria. Simplemente me limito a ser atacada de la peor manera, al menos mi imaginación lo proyecto de esa manera, estoy poseyendo el cuerpo de su mejor amiga, debería de producirle algún tipo de reacción negativa. Cosa en no suceder. Por su parte, la risa grave de Gale me invita a alzar el rostro y enfrentarlo, él esconde la mueca detrás de esas manos, aunque parezca estar llevándosela bien no puedo evitar sentirme algo molesta. ¿Tengo apariencia de simplona? ¡¿Realmente la tengo?!
Ah, demonios... demonios... demonios... he sido descubierta, lo he sido de una forma tan patética que resulta gracioso, no he sido lo suficiente Katniss para engañar a su mejor amigo. Encogiéndome de hombros miro hacia el suelo, no desmiento la conjetura de Gale, pero tampoco le llevo la contraria. Simplemente me limito a ser atacada de la peor manera, al menos mi imaginación lo proyecto de esa manera, estoy poseyendo el cuerpo de su mejor amiga, debería de producirle algún tipo de reacción negativa. Cosa en no suceder. Por su parte, la risa grave de Gale me invita a alzar el rostro y enfrentarlo, él esconde la mueca detrás de esas manos, aunque parezca estar llevándosela bien no puedo evitar sentirme algo molesta. ¿Tengo apariencia de simplona? ¡¿Realmente la tengo?! Rodeando los ojos con fastidio me doy media vuelta, o al menos eso pretendo hacer, hasta que el amigo de Katniss me detiene colocando una de sus grandes manos en mi hombro. Ha parado de reír pero sigue teniendo ese brillo particular en sus ojos de burla, musita el disculparlo de su reacción pero muy pocas veces es posible visualizar una reacción así en "Catnip" y al hacerlo, era inevitable estallar en risas. Nuevamente rodeo los ojos colocando una mueca de reproche, nunca antes he producido las risas en alguien, ni siquiera siendo Heather Fausto, supongo que soy de todos menos divertida. Al menos, hasta hora.
— Puedes confiar en mí. — dice mirándome con seriedad, intentando demostrar seguridad. No digo nada, solo me limito a observar. — sé que no eres mala persona, eso lo demostraste durante la estadía en el bosque, pero de todas formas necesito saber lo que ocurre. Por qué estás en el cuerpo de mi amiga.
— Si te lo contara... — susurro desviando la mirada a otro lado. — probablemente no me creerías.
— Pruébalo. — incentiva dibujando una sonrisa en sus labios. — ya sé que no eres Katniss, ser una buena persona y no representar ningún peligro. ¿Qué otra cosa puede sorprenderme?
« Tiene razón » aparece la voz afirmando la conjetura de su amigo, la cual, estoy igual de acuerdo. Es decir, si otra persona hubiese estado en sus zapatos sabiendo que alguien ocupa el espacio de su amiga, definitiva hubiese tenido otro tipo de reacción. En cambio Gale, simplemente se dedicó a leerme durante toda la mañana, determinando si era peligrosa o no, de confianza o no. Es difícil admitirlo, más si hablamos de un chico, pero Katniss tiene un excelente amigo bajo su cuidado, es un gran hombre y nadie puede negarlo. Por ende, agarro una gran bocanada de aire alzando la mirada y sosteniendo la suya es que inicio mi historia, le cuento todo al muchacho de robusta contextura como he llegado aquí; desde venir de otra dimensión donde vivimos en completa paz, hasta lo de mi cumpleaños al regalarme el libro donde Katniss es el personaje principal. Él me queda mirando como si me creciera un cuerno en medio de la frente, pero eventualmente de introduce en mi relato haciéndome algunas preguntas, como si poseo conocimientos del final de la historia o las razones del porqué poseo el cuerpo de su amiga; en definición, no sé nada, pero de acuerdo a como han transcurrido las cosas he deducido el seguir hasta el final, fingir ser Katniss y afrontar cualquier situación. Gale se queda mudo unos segundos al escuchar tal conclusión, pero después, sonreí complacido colocando su mano sobre mi cabeza dándome unas palmaditas llamándome valiente. Más o menos debo de saber que la vida no es fácil en el Distrito 12, estar constantemente violando las leyes lo es aún más, pero es necesario si desea sobrevivir. Tampoco lo estoy haciendo mal, mi manera de cazar es peculiar pero puede mejorarse, lo demás él me brindara ayuda como por ejemplo: ir a las otras actividades para conseguir dinero.
El Quemador, un mercado negro que funciona en un almacén abandonado en el que antes se guardaba carbón. Cuando descubrieron un sistema más eficaz que transportaba el carbón directamente de las minas a los trenes, el Quemador fue quedándose con el espacio. Visualizo que casi todos los negocios están cerrados a estas horas de día, Gale que sigue explicándome como son las cosas por aquí menciona que es normal al ser día de cosecha, aunque en realidad el mercado negro es bastante concurrido. Le encargo a él lo que en mi mundo se llama trueque, nada difícil si desean mi opinión pues lo consigue hacer cambiando seis peces por pan bueno y los otros  por sal. Sae la Grasienta, no es mas a una anciana huesuda que vende cuencos de sopa caliente preparada en un enorme hervidor, le compra la mitad de las verduras por un par de trozos de parafina. En un susurro le pregunto a Gale si tal vez nos hubiese ido mejor en otro sitio, aun así entre dientes menciona el esforzarnos para tener una buena relación con Sae, ya que es la única en estar dispuesta a comprar carne de perro salvaje; arrugo con disimulo la cara. ¿En verdad? ¿Carne de perro? No puedo creer que la gente coma eso, digo, ¿alguien percata la diferencia con la de ganado? Bueno Gale encogiéndose de hombros le resta importancia, tampoco lo hacen a propósito simplemente le llaman supervivencia, si atacas te ataco, además una vez dentro de la sopa ella dice que carne de ternero. En la Veta, nadie le haría asco una buena cara de perro salvaje, pero los agentes de la paz que van al Quemador pueden permitirse ser un poquito más exigentes. Si, bueno, refuto girando los ojos con obviedad, igualmente son engañados como idiotas. Gale suelta un bufido divertido por lo bajo que trata de disimular con tos colocándome una mano en el hombro, me guía a seguir nuestro camino.
Una vez terminados nuestros negocios en el mercado, vamos a la puerta de atrás de la casa del alcalde para vender la mitad de las fresas, Gale dice que le gustan especialmente y puede permitirse el lujo de pagarlas. Al tocar quien nos recibe es una jovencita, se trata de Madge, la hija del alcalde. A primera instancia creo que es del tipo esnob sin clase, de los que miran a las personas por encima del hombre, pero me he equivocado estrepitosamente pues aparenta ser bastante reservada, como yo. « En clases, como ninguna de las dos tiene grupo terminamos siempre juntas « dice la voz en mi mente, explicándome « durante la comida, en las reuniones, cuando se hacen grupos para las actividades deportivas... apenas hablamos, lo que nos viene bien a las dos. » tal vez sea un poco apresurado de admitir, pero si este par existieran en mi mundo quizás fuésemos amigas, de las silenciosas, pero amigas. Me encanta el tipo de personas que respetan el espacio vital de las otras, son excelentes y valdría la pena contar con ellas.
— Bonito vestido. — dice Gale.
La chica lleva un caro vestido blanco, y lleva su hermoso cabello rubio recogido con un lazo rosa. Katniss en mi mente lo llama: la ropa de la cosecha. Por otro lado, Madge mira fijamente a Gale intentando averiguar si es un cumplido de verdad o solo es ironía. En realidad el vestido es bonito, pero tomando en cuenta el día que es hoy... creo que no se llevaría en uno ordinario. Ella aprieta los labios y sonríe.
— Bueno, tengo que estar guapa por si acabo en el Capitolio, ¿no?
Ahora es Gale el que está desconcertado: ¿lo dice en serio o está tomándole el pelo? Aunque no la conozco de nada puedo arriesgarme a decir ser lo segundo.
— Tú no irás al Capitolio — responde Gale con frialdad, una que me deja un poco descolocada, es un chico totalmente diferente al de esta mañana en el bosque. Sus ojos se posan en el pequeño adorno que lleva en el vestido, es oro puro, de bella factura. En definición, vendiéndolo serviría para alimentar a unas cuantas familias de la Veta. — ¿Cuántas inscripciones puedes tener? ¿Cinco? Yo ya tenía seis con sólo doce años.
Oye, oye, oye... ¿Por qué la agresividad? Además ¿No se supone conocerla de antes?
— No es culpa suya. — intervengo medio ceñuda.
— No, no es culpa de nadie. Las cosas son como son. — apostilla Gale.
— Buena suerte, Katniss. — dice Madge, con rostro inexpresivo, poniéndome el dinero de las fresas en la mano.
— Si, igual para ti. — respondo, y se cierra la puerta.
Caminos en entero silencio hacia la Veta. Me ha disgustado un motón que Gale lo haya tomado contra la chica, es decir, ¿qué clase de culpa tiene de las cosas provenientes del Capitolio? Solo es la hija del alcalde, no parece ser la clase berrinchuda o clasista para tenerle represaria, no es su culpa haber nacido en una cuna acomodada con acolchado. « Lo ha dicho por el sistema de la cosecha » interviene Katniss « es injusto, sumamente injusto, donde los pobres se llevan la peor parte » en cualquier parte de la galaxia, eso suele suceder. Los pobres pagando las desgraciar ajenas. « Te conviertes en elegible para la cosecha cuando cumples los doce años, ese año, tu nombre entra una vez en el sorteo. A los trece, dos veces; y así hasta que llegas a los dieciocho » eso quiere decir que con la edad aumentan las probabilidad de salir sorteado, donde en tu último año sales una siete veces. « Exacto, ese sistema incluye a todos los ciudadanos de doce años de Panem. Pero, por un momento, suponte que eres pobre y te mueres de hambre, como nos pasaba a nosotras. » Con ella se refiere a su hermana, ella y mamá « Tienes la posibilidad de añadir tu nombre más veces a cambio de teselas; cada tesela vale por un exiguo suministro anual de cereales y aceite para una persona. También puedes hacer ese intercambio por cada miembro de tu familia, motivo por el que, cuando yo tenía dice años, mi nombre entró cuatro veces en el sorteo. » ¿Qué clase de sistema corrupto es este? No puedo siquiera imaginar la cantidad de veces el nombre de Katniss entrara hoy en el sorteo, es decir, si por cada miembro de la familia pide la reacción de teselas eso incluye a Prim y su mamá, sumándole el seguramente haciéndolo cada vez en poder para no morir de hambre nos llevaría a... veinte veces. Son veinte papeles con su nombre. Si es así, viendo la evidente similar situación de Gale y su numerosa familia, teniendo dieciocho años y según su amiga, lleva siete años ayudándola, tendrá cuarenta y dos papeletas.
Mierda, ahora comprendo porque reacciono como reacciono contra la chica rubia, quien seguramente jamás ha tenido necesidad de pedir tesela alguna. Las probabilidades de que su nombre salga elegido son muy reducidas si los comparamos con los de la Veta. No es imposible, pero sí poco probable. « Las reglas las establece es el Capitolio y no los distritos ni, sin duda, la familia de Madge, pero con ello no significa no tener resentimiento hacia los que no tienen que pedir telas. » Eso tiene un nombre y es envidia, comprendo muy bien la situación donde se encuentran ambos, Katniss y Gale, pero sigo sin ver la culpa de esta chica en todo este problema.
« Gale es consciente de que su ira no debería ir contra Madge. » aclara la voz desde el principio, pero sigo sin tragarme el cuento « algunas veces, cuando estamos en lo más profundo del bosque, lo he oído despotricar contra las teselas, diciendo que no son más que otro instrumento para fomentar la miseria en nuestro distrito » si... bueno, tiene razón, las teselas solamente les obligan a sentirse más dependiente del Capitolio e igualmente dándole la razón de que su sistema está bien, siendo todo lo contrario: es sucio y pútrido. « No solo eso, también fomenta el sembrar el odio entre sus trabajadores hambrientos de la Veta y los que no suelen tener problemas de comida, y, así asegurarse de que nunca confiemos los unos en los otros » tiene sentido, tiene mucho sentido si desean mi opinión, porque hasta cierto punto pareciera que les beneficiará tener a un pueblo desunido y desconfiado entre ellos. Solo pongamos en este sentido, un pueblo desigual nunca llega a tener un acuerdo entre ellos, por otro lado de uno unido, las ideas de ser liberados se hace más palpable y nítida, ya que, todos buscan un mismo fin. « Suenas igual a él, de hecho, hubiese dicho lo mismo de estar solos en medio del bosque » sin embargo, me sigue pareciendo el comentario de Madge inofensivo, lo ha dicho porque ha creído ser una simplemente broma.
Mientras caminamos, lo miro a la cara, todavía ardiendo debajo de su expresión glacial; su ira es un completa bobada, aunque creo que sobraría decírselo. No estoy en su contra, pero, de nada servirá despotricar contra el Capitolio en medio de la nada, la situación seguirá de la misma forma. Las teselas, la miseria en los distritos y las discordia entre el pueblo, en pocas palabras, no llena el buche de sus familias. « Lo mismo digo, no me llena las manos de presas enojarme, pero como estamos en el bosque lo dejo decir todo lo que quiera, repercutiría dejarlo en el distrito » y eso sería ganarse un balazo seguro, concluyo yo.
Gale de manera silenciosa, divide el botín, lo que nos deja con dos peces, un par de hogazas de buen pan, verduras, un puñado de fresas, sal, parafina y algo de dinero para cada uno.
— ¿Ya te has calmado ya? — le digo tanteando la zona, evitando ser regañada sin motivo aparente.
— No podrías comprenderlo, Heather. — contesta, organizando sus cosas en su bolsa. — Las cosas en el Distrito 12 no son color de rosa, tanto la vida de Katniss como la mía no es color de rosa. De lo contrario, no hiciéramos lo que hiciéramos.
— Y lo comprendo, lo estoy haciendo. — digo dando un paso hacia adelante y le agarro del antebrazo, hago una mueca parecida a una media sonrisa. — De hecho, estoy de acuerdo con tu forma de pensar, es decir, la vida en sí es injusta y aquí... pero tomarla con la chica no ganara nada, corrección, no ganaremos nada.
— Eso diría Katniss. — mira curiosamente mi agarre, sin alzar la mirada.
— Si, lo sé.
Tomando un último consejo de su parte, como el comportarme lo más fluido que pueda frente a Prim y su madre, nos despedimos con la promesa de vernos en un rato en la plaza. Sin más se marcha. Ya en casa encuentro a Prim y su mamá listas para salir, la segunda lleva un vestido elegante que llama Katniss de sus días como boticaria, en cuando a la niña, su primer traje de cosecha: una falda y una blusa de volantes. A ella le queda grande, pero su mamá se lo ha sujetado con alfileres; aun así, la blusa se le sale de la falda por la parte de atrás.
Me espera una bañera llena de agua caliente, me sorprende de sobre manera pero tampoco me pongo exigente, estoy en un mundo muy distinto al mío y realmente necesito sacarme la suciedad de estar toda una mañana en el bosque. Me restriego para quitarme la tierra el sudor, al igual se lavarme bien el cabello. A la salida, un vestido encantador que es de la mamá de Katniss, azul celeste con zapatos a juego me espera.
— ¿En verdad es para mí? — le pregunto medio girando a verla.
Me cuesta comprender la manera de amar de esta mujer, aunque tampoco pretendo juzgarla porque no es mi posición de hacerlo, aun asi comprendo la rabia de su hija cuando simplemente la abandona a su suerte junto a su hermanita.
— Por supuesto que sí, y también me gustaría recogerte el pelo. — me responde. Le dejo secármelo, trenzarlo y colocármelo sobre la cabeza. Al mirarme al espejo quedo totalmente sorprendida, definitiva soy alguien distinta a la salve chica que hoy pesco en el lago.
— Estás muy guapa. — dice Prim, en un susurro.
— Y totalmente ajena a lo convencional que soy. — respondo sincera.
Mirar a la pequeña niña rubia medio asustadiza produce algo en mí, una fuerza desconocida me empuja a acercarme y abrazarla, estoy convencida que hoy es un terrible día para ella. Es su primera cosecha. Pero está segura, lo sé, porque Katniss en la vida le permitiría pedir tesela alguna primero prefiere ponerse ella misma en peligro, su hermana es su mayor tesoro y la única en realmente amar. Por ende, debo igualmente protegerla. Me doy cuenta de que la blusa se le ha saludo de nuevo la blusa por detrás y me obligó a mantener la calma. Todo va a salir bien hoy, por el bien de esta familia y mío.
— Metamos esta colita de patito. - le digo, poniéndole de nuevo la blusa en su sitio.
— Cuac. — responde Prim, soltando una risita.
— Así estamos mejor. — añado, riéndome también; es tan fácil hacerlo con esta niña e inevitable porqué, no lo sé, pero llevarme bien con los niños se me hace fácil. Lo llevo en los genes. — ven, mejor vayamos a comer. — digo, dándole un toque en la nariz.
Decidido dejar para la cena el pescado y las verduras, que ta se están cocinando en un estofado, y guardamos las fresas y el pan para la noche, diciéndonos que así será algo especial; de modo que bebemos la leche de la cabra de Prim con un nombre peculiar, Lady, y nos comemos el pan basto que hacen con el cereal de la tesela, aunque, de todos modos, nadie parece tener mucho apetitito. Igualmente me incluyo.
A la una en punto nos dirigimos a la plaza. La asistencia es obligatoria, a no ser que estés muriendo, al menos eso me ha dicho la voz. En la noche los funcionarios recorren las casas para comprobarlo, si alguien osa a mentir, lo meterán en la cárcel. La ceremonia de la cosecha la celebran en la plaza, una gran pérdida de tiempo sin dudar, porque hasta hora es uno de los lugares más agradables que he visto desde mi llegada al distrito. La plaza está rodeada de tiendas y, en los días de mercado, de haber buen tiempo, parece fiesta. Sin embargo, al pesar de los banderines de colores que cuelgan de los edificios, se respira tristeza en el ambiente. Las cámaras de televisión, ubicadas como águilas ratoneras en los tejados, solo sirven para darle más chispa a la sensación.
La gente entra en silencio y ficha, « la cosecha también es la oportunidad perfecta para que el Capitolio lleve la cuenta de la población » dice Katniss en mi mente. Conducen a los chicos entre doce y dieciocho años a las áreas delimitadas con cuerdas y divididas por edades, con los mayores delante y los jóvenes, como Prim, detrás. Los familiares se ponen en fila alrededor del perímetro, todos cogidos de la mano con fuerza. « También hay otros, los que no tienen a nadie que perder o ya no les importa, que se cuelan entre la multitud para apostar por quiénes serán los dos chicos elegidos » frunzo el ceño ante eso, puedes ya no tener nada por lo que aferrarte, pero sacar provecho en costa de la desgracia ajena es horrible. « Es el Distrito 12, es Panem » me recuerda la voz con obviedad « no debería sorprenderte esto. » Evito responderle algo, simplemente me limito a seguir caminando y buscando un poco de la humanidad de estas personas, es decir, si estas necesitado de dinero podrías encontrar otra manera de hacerlo. « Por supuesto, porque todos estarían dispuestos a arriesgarse como TU misma lo has hecho esta mañana » refuta, aun enojada « pudieron haberte pegado un tiro por hacer caza fortuita, pero de sorprendente forma, los apetitos de quienes están al mando nos protegen. » Venga, que todo está corrupto desde los cimientos. Al menos estoy a salvo de terminar mal. «En cualquiera de los casos Gale y yo, decidimos que es preferible morir de un balazo antes que de hambre, al menos la primera opción es más rápida » es alarmante su manera de pensar, porque aunque su situación sea precaria, imaginar su muerte de así te eriza la piel.
La plaza se va llenando, y se vuelve más claustrofóbica conforme llega la gente. A pesar de su tamaño, no es lo bastante grandes para dar cabida a toda la población del Distrito 12, que es de unos ocho mil habitantes aproximadamente. Los que llegan de últimos tienen que quedarse en las callea adyacentes, desde donde podrán ver el acontecimiento en las pantallas, pues lo más bizarro de hasta ahora escuchar es que todo lo ocurrido será transmitido en televisión nacional. Katniss me da instrucciones de colocarme de pie en medio de chicos de dieciséis años, encuentros algunos con las característica de la Veta que parecen reconocerme, por lo que mi intuición me dictamina saludarlos lo más normal posible, bueno, al menos tomando en cuenta en la situación en la que estamos. Centro mi atención en el escenario provisional que han construido frente a un gran edificio, la voz de mi cerebro me informa ser el de Justicia, allí hay tres sillas, un podio y dos grandes urnas redondas de cristal, una para las chicas y otra para los chicos. Me les quedo mirando con atención, en una de ellas alojarse veinte trozos de papel con el nombre de Katniss Everdeen, es tarde para agacharme y proferir un grito del susto. No en medio de tanta gente desconocida.
Dos de las tres sillas están ocupadas, una se encuentra un hombre que Katniss le dice "alcalde Undersee", por supuesto el papá de Madge que en lugar de haberlo imaginado con una creciente melena rubia, posee en realidad calva. Effie Trinket, por fin conozco a la mujer que nombraron está mañana, la cual posee una singular forma de vestirse: traje verde primavera, piel sumamente pintada y pelo rosáceo; su sonrisa es aterradora que me pregunto que puede estar cruzando por su cerebro en esos momentos. Ella es la elegida por el Capitolio como acompañante del Distrito 12. Los dos murmuran entre sí y miran con preocupación el asiento vacío.
Justo cuando el reloj da las dos el alcalde sube al podio y empieza a leer una historia tan larga como solemne, tanto que se me hace un poco aburrida. Sin embargo, Katniss desde mi cerebro, dictamina el estar hablando de Panem y sus inicios. Es un país que se levantó de las cenizas de lo que una vez fue Norteamérica, enumera la lista de desastres, las sequías, las tormentas, los incendios, los mares que se abrieron y se trataron gran parte de la tierra, y la brutal guerra por hacerse con los recursos naturales. En resultado fue Panem, un reluciente Capitolio rodeado por trece distritos, que llevó la paz y la prosperidad a sus ciudadanos. Entonces llegaron los Días Oscuros, la rebelión de los distritos contra el Capitolio. Derrotaron a doce de ellos y aniquilaron al decimotercero. El Tratado de la Traición les dio unas nuevas leyes para garantizar la paz y, como recordatorio anual de que los Días Oscuridad no pueden volver a repetirse, les dieron los Juegos del Hambre.
Las reglas son bastante sencillas, en castigo por la rebelión, cada uno de los doce distritos debe de entregar a un chico y una chica, llamados tributos, para que participen. Los veinticuatro tributos se encierra en un enorme estadio al aire libre en la que puede haber cualquier cosa, desde un desierto abrazador hasta un páramo helado. Una vez dentro, los competidores tienen que luchar a muerte durante un periodista de varias semanas; el que quede vivo, gana. Si, suena todo tan próspero y prometedor, como si no les bastaran matarlos de hambre y miseria todos sus malditos días, agarran a cada chico y chica de cada distrito para obligarlos a matarse y haciéndolo más macabro, lo televisan. Es absurdo, pueden colocarlo con nombres bonitos si les parece, pero en mis ojos es sencillo: miren como podemos controlar sus patéticas vidas a nuestro antojo, solo piense cuidadosamente cada una de sus pisadas, de querer otra rebelión, los pulverizaremos igual al 13.
« Para que resulte más humillante a una tortura, el Capitolio pretende ver los Juegos del Hambre como una festividad, un acontecimiento deportivo en que los distritos compiten entre sí » ¡Oh pero que maravilloso! ¡Es tan emocionante ver a chiquillos reventándose los sesos! No existe nada más deportivo que eso, el recorrer la sangre inocente de almas inocentes. ¡Yo sí le puedo decir un verdadero acontecimiento deportivo! El mundial de fútbol es un acontecimiento deportivo, las olimpiadas es un acontecimiento deportivo, sobre todo, las competencias de los juegos de invierno, igualmente son acontecimientos deportivos. ¿Se ven sangre derramándose? ¿Matándose por sobrevivir? No, solamente a gente reunida viendo competir a deportistas de diferentes partes del mundo un deporte con la finalidad de entrenar, con la finalidad de buscar estrechar lazas y amistades. Eso sí es sano. No esto donde lo único que les interesa es intimidas a inocentes.
« El último tributo vivo se le recompensa con una vida fácil, y su distrito recibe premios, sobre todo comida. » sigue Katniss con la explicación, pero a mí solo se me puede venir a la mente una sola cosa: ¿A precio de qué? ¿A costa de qué logras todos estos beneficios? Ah... por supuesto, teniendo en tu conciencia la muerte de jovencitos de tu misma edad o menores que tú. « Es en ese tipo de acontecimientos donde el Capitolio se vuelve "generoso", regala cereales y aceite al distrito ganador durante todo un año, e incluso algunos manjares como azúcar, mientras el resto de nosotros luchamos por no morir de hambre. »
— Es el momento de arrepentirse, y también de dar gracias. — recita el alcalde.
Después lee la lista de los habitantes del Distrito 12 que han ganador en anteriores ediciones. En sesenta y cuatro Antonie solo han tenido dos, y uno sigue vivo: Haymich Abernathy, un barrigón de mediana edad que, en estos mimetismos aparece berreandl algo intangible, se tambalea en el escenario y se deja caer sobre la tercera silla. Este borracho, muy borracho. La gente responde con su aplauso protocolario, pero el hombre sumido en su mundo de alcohol ignora tratando de darle un abrazo a Effie Trinket, que apenas logra librarse de él. El alcalde parece angustiado. Como todo esto se está televisando en directo, el Distrito 12 está siendo el hazmerreír de Panem, y no solo él lo sabe, todo el mundo. Intenta devolver la atención a la cosecha presentando a Effie Trinket.
La mujer, tan alegre y vivaracha sube al podio con un ligero trote, como si esos tacones de aguja no le afectaran en nada.
— ¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de su parte! — dice con sumo entusiasmo.
Su pelo es a juro una peluca, porque tiene los rizos algo torcidos después de su encuentro con Haymitch. Empieza a hablar sobre el honor que supone estar allí, aunque evidentemente ella desea una promoción a un distrito mejor, con un ambiente mejor, en lugar de lidiar viéndola borrachos que la apretujan en medio de televisión transmitida en todo el país.
Localizo a Gale entre la multitud, y él me devuelve la mirada guiñándome un ojo. Para ser mi primera vez presenciando lo que es una cosecha, al menos, es un poco divertida y fuera de lugar. Pero, de repente, se me hiela la sangre en pensar en esos cuarenta y dos papeletas con su nombre escritas en ellas, siendo efectivamente que la suerte no está de su parte. Realmente me agrada Gale, no se tomó a mal estar poseyendo el cuerpo de su mejor amiga, e incluso, me ayudó mucho hoy en el Quemador. No quiero imaginar el poder ser elegido, aunque aparentemente él puede estar pensando lo mismo de su amiga, o de mí, porque esta serio y no aparta la vista. Tengo unas ganas de calmarlo susurrándole el haber miles de papeletas, que aunque la suerte no nos toque la puerta, salir sorteados sería una tontería. Pero no puedo hacerlo, el momento del sorteo ha llegado. Effie Trinket menciona escoger a la candidata de las chicas, y se acerca a la urna de cristal con los nombres correspondientes. Mete la mano hasta el fondo y saca un trozo de papel. Todo el mundo contiene el aliento, nadie hace sonido alguno, de pasar un ave podrías escuchar atentamente el aleteo de sus alas. Comienzo a sentir nauseas algo mareada, el corazón me late con tanta fuerza que puedo escuchar el movimiento de la sangre recorrerme el cerebro, deseo desesperadamente no escuchar el nombre de Katniss, por favor, por favor, por favor... que no sea ella.
Effie Trinket vuelve al podio, alisa el trozo de papel y lee el nombre con voz clara; efectivamente no se trata de Katniss.
Hablamos de Primrose Everdeen.


No hay comentarios:

Publicar un comentario