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Cuando
me despierto, el otro lado de la cama esta frío. Suelo dormir acompañada de una
almohada para poder abrazarla evitando sentirme sola, cosa estúpida pero son
costumbres de mi niñez que jamás se olvidan, estiro mis brazos en un débil
intento de buscarla pero solo consigo el frío de la funda del colchón.
Seguramente se me ha caído al suelo, suele suceder cuando tengo un sueño
intranquilo como el de la noche anterior donde seguramente me moví bastante,
debería de hacer algo para tenerla de vuelta, la necesito y pronostico ser aún
muy temprano para levantarme.
Me
apoyo en un codo y me levanto un poco no visualizando en panorama aun, en
realidad, aún no he caigo encuentra de lo que ocurre, al menos hasta que abro
mis ojos completamente. Estoy tentada a proferir un grito al ver aquellos
bultos desconocidos para mí, pero lo reprimo presionando mis dos labios entre sí
con fuerza; en el dormitorio entra algo de luz así que puedo verlas. Una
chiquilla acurrucada al lado de lo que parece ser una mujer de mediana edad,
está aparentemente protegiéndola con su cuerpo. Las dos tienen las mejillas
pegadas uno al lado de la otra, la mujer aunque está dormida, aparenta ser
joven pero sé que no lo es pues las líneas de expresión dictaminan otra cosa,
ha sido machacada por la vida. La niña a comparación parece una gota de agua
fresca, es encantadora y adorable, aunque por su posición aparenta ser algo
temerosa. « Es mi hermana, Prim, Primrose y si resulta ser tan encantadora como
la prímula que le dio su nombre. Mi madre también fue muy guapa hace tiempo, o
eso me han dicho. » Me voy hacia adelante al escuchar la joven voz de una chica
en mi mente, en primer lugar pensé que alguien me hablaba cerca pero no, no
existe nadie salvo esas dos y yo. ¿En dónde demonios me he metido?
«
El que está sentado sobre las rodillas de Prim, para protegerla, es el gato más
feo del mundo: buttercup» bueno no es que me emocione los gatos pero este tiene
una apariencia singular, la voz tiene algo de razón; hocico aplastado, media
oreja arrancada y ojos de color calabacín podrido. Comprendo el ser llamado
feo, aunque tampoco es para tanto. En la casa de mis abuelos hubo un sin fin de
desfiles de felinos, desde blancos como la nieve, hasta negros igual al carbón.
Mi tía Ana era la dueña de todos ellos y recuerdo con fervor encantarme
perseguirlos, por supuesto catalogaba ser una niña y no medir las consecuencias
de hacerlo, ni mucho menos si le colocas la cara a uno terminaras arañada.
Exactamente ese fue mi destino. Por consiguiente, al ver uno mantengo mi
distancia prudencial evitando cualquier daño, mas tratándose de mi cara. «
Principal le puso Buttercup porque, según ella, su pelaje amarillo embarrado
tenía el mismo tono que aquella flor, el ranúnculo » la voz misteriosa sigue
hablando en mi mente tan calmadamente que me hace preguntar quién pueda ser,
suena ser joven, es decir, es joven pero del mismo modo desconocida. De la
misma manera, el cuerpo lo siento tan raro, medio entumecido, medio cansado y
sin mencionar los párpados que se encuentran del mismo modo. Sé que al estar en
un lugar totalmente distinto a mi casa debería adoptar una posición distinta,
nerviosa, asustada al punto de ser histérica, pero de alguna manera el rostro
de aquellas dos personas frente de mí dictamina a aguardar silencio. Permanecer
controlando mis emociones y seguir las palabras de la voz, al menos es lo único
que tengo hasta los momentos.
«
El gato me odia o, al menos, no confía en mí. » bueno, para que algún animal
tenga resentimiento hacia ti no debe de ser por simple capricho, según mi mamá
los animales guardan en sus memorias las personas que han sido malo con ellos y
en los momentos menos esperados tratan de hacértelo pagar, no se ha que término
eso es verdadero pero si lo dice ella debe de serlo. « Han pasado ya algunos
años, pero creo que todavía recuerda que intenté ahogarlo en un cubo cuando
Prim lo trajo a casa. » ¡¿Qué intento hacer qué?! ¡Por lo más sangrado y puro
de este mundo! Esta chica es una completa loca, no se los motivos para moverla
hacer tal cosa pero... ¡Santos cielos! Eso justifica la reacción del gato a
odiarla, es decir, de ser el igualmente lo haría. « Era un gatito escuálido,
con la tripa hinchada por las lombrices y lleno de pulgas. Lo último que yo
necesitaba era otra boca por alimentar » entonces se me viene a la mente
retazos de aquel libro comprado por mi mamá para mi cumpleaños, aquel que fue
lo único de ver antes de nuevamente abrir los ojos en un sitio distinto al mío,
Los Juegos del Hambre. Si mal no me equivoco debo encontrarme dentro de él, lo
se suena fantasioso pero es la única lógica que poseo, de lo contrario ¿qué
llevaría a una joven a atacar un gato para matarlo? No creo por diversión.
Necesidad, la llevo la necesidad. «Mi hermana me suplicó mucho, e incluso lloró
para poder quedárselo. Al final la cosa salió bien: mi madre le libró de los
parásitos, y ahora es un cazador nato; a veces, hasta caza alguna rata » es el
instinto natural de los felinos, cazar para su supervivencia o simple
diversión. Estoy segura el abastecerse solo de alimentos, no parece la clase de
gato idiota en esperar a alguien alimentarlo, en su lugar, buscar el mismo
mantenerse vivo. « Si, eso es cierto, pero para alivianar las esperezas entre
los dos en algunas ocasiones le echo las entrañas de las presas, solo para que
deje de bufarme. » dudo mucho el poder lograr eso, es decir, intentaste matarlo
en la memoria de un gato puede durar eternamente en su mente.
De
pronto la voz menciona el tampoco ser amiga inseparable del animalejo, tenía
suficiente con su hermanita y debía contenerse con ello el parar de bufarle.
Giro a la otra parte de la cama colocando mi mejilla sobre el acolchado frío
soltando un suspiro, no tenía tiempo para dialogar sobre intentos de asesinatos
gatunos o experiencia de niñez, necesitaba volver nuevamente a casa pero no sabía
cómo. ¡Tampoco conocía las razones de encontrarme aquí! Es decir, mi día
transcurrió tan normal como monótona, las cosas cambiaron al instante de abrir
ese libro y... y... ¿Fui succionada por él? Si, lo hice, estuve en un frío
pasillo inundado por la oscuridad mientras brillaba igual a una estrella.
Seguidamente, enorme espejo acompañado de una insignia de un pajarito
sosteniendo una flecha encerrado en un aro se impuso, la había visto en otro
lugar pero con tanto ajetreo lo olvide. Podría ser la respuesta a todo esto,
pero igualmente era imposible sostenerlo. En el espejo las imágenes de un
cuarto en completo silencio me hicieron un llamado, uno que es imposible de
rechazar, fui atraída como abejas a la miel e introducida a ese sitio donde
posiblemente me encuentre ahora. « Tampoco es que hayas podido evitarlo » me
dice la voz calmada, casi aburrida de esta situación « pero aunque no lo creas
necesitas levantarte y moverte, hoy es un día sumamente caótico y entre más
rápido comiences, más rápido saldrás. » Que mandona, refunfuño escondiendo mi
rostro entre las sabanas que me cubren, no deseo por nada del mundo salir hacia
algún lado que la voz prefiera tengo miedo de poder encontrar algo que no me
guste. Ya de por si siento el cuerpo raro, añadir mas cosas al asunto colocara
peor las circunstancias. Sin embargo, por más desear seguir en la cama, la voz
de manera insistente logra sacarme del nido donde estoy protegida.
Siguiendo
las órdenes de ella, bajo de la cama calzándome unas botas, que en palabras
textuales no mías, son de cazar; la piel risita fina y suave se ha adaptado a
mis pies. Me pongo también unos pantalones y una camisa, introduzco dentro de
una gorra mi cabello que es oscuro (no sé si es la oscuridad o existe algo raro
en mí) mantenido en una trenza y tomo una bolsa que sirve para guardar cosas
allí dentro. Camino ligeramente por la casucha determinando ser bastante
pequeña, martillándome más la cabeza que definitiva es los Juegos del Hambre,
porque todo aquí huele a miseria y explicaría por qué mi cuerpo se siente
diferente. Porque no es el mío. Me paro frente a la mesa sintiendo unas
punzadas del susto recorriéndome la piel, la respiración se vuelve entre
cortada y el corazón se me acelera, voy a hiperventilar. Sé que mantengo la
compostura en todo momento pero esto es algo difícil de lidiar, estoy
aparentemente encerrada en un libro, en un cuerpo que no es mío, obligada a
seguir una voz que posiblemente sea la de la verdadera dueña de esto. La
protagonista de Los Juegos del Hambre. ¿Cómo no puedo declararme loca de una
buena vez? Este no es un sueño, en definitiva no lo es, todo es muy palpable y
real incluso el frío que tuve hace unos segundos atrás. No sé cómo salir de aquí,
menos la manera de pasar desapercibida ante los ojos de los demás, ante los
ojos de la familia de esta chica. Van a descubrirme de una, seguramente lo harán
y estaré perdida. « No sino me escuchas » detiene mi momento de histeria la voz
« mira sé que es difícil para ti vivir todo esto, lo entiendo, tampoco
comprendo lo que sucede pero hoy necesito aparentar tranquilidad y no pareces
emanarlo mucho » bajo la mirada nerviosa y apenada, la voz suelta un suspiro
retomando nuevamente el habla. « Hoy es el día de la cosecha, no es un día
normal y Prim nos necesita. Antes que nada te guiaré, lo prometo, nadie va a
descubrirte. Confía en mí. » Confiar en desconocidos no se me da bien, menos si
se trata de una voz viniendo de mí cerebro pero sé que no tengo de otra, quizás
pueda salir de aquí si vivo su vida hasta finalizar el libro. Es decir, nada
complicado puede salir de aquí, salvo, bueno... ser descubierta.
Recobrando
la compostura, sigo las instrucciones de la voz diciéndome alzar un cuenco que
tapa un queso, es de cabra y se encuentra envuelto en hojas de albahaca. Es un
regalo de Prim para el día de la cosecha, según palabras textuales de la suena
del cuerpo, por lo que me lo método con cuidado en el bolsillo. Acto seguido,
salgo de la casa. « Nuestra parte del Distrito 12, a la que solemos llamar
Veta, está siempre llena a estas horas de mineros del carbón que se dirigen al
turno de la mañana » narra la voz en mi mente, en tanto la marca de polvo y hambre
esta en cada rostro de un grupo de personas que ha mencionado, se ven
demacrados, inclusos exhaustos y no puedo evitar sentir pena por ellos. ¿Qué
clase de lugar es este? « Es lo convencional en este sitio, ver hombres y
mujeres con hombros caídos y nudillos hinchados, muchos de los cuales ya ni
siquiera intentan limpiarse el polvo del carbón de las uñas rotas y arrugas en
sus rostros hundidos. » me responde de manera lúgubre e intento hacer un
esfuerzo por no quedármeles mirando mucho tiempo, es de mala educación y hasta
podría sonar grosero. «Sin embargo, votar las calles manchadas de carboncillo
están vacías y las contraventanas se las achaparradas casas grises permanecen
cerradas. La cosecha no empezara hasta las dos, así los que pueden prefieren dormir
hasta ese entonces. » No suelo entender mucho cuando se refiere a lo de la
"cosecha", en mi mundo tiene un significado totalmente distinto a
este, pueden imaginarlo, es el día de recolección de alimentos y el más idóneo
para adquirirlos. Están frescos, vistosos y listos para comerlo pero aquí tengo
una ligera sospecha de ser algo totalmente distinto.
La
casa de la voz se encuentra al final se la Veta, sólo tengo que dejas atrás
unas cuantas puertas para llegar a un campo desastrado a lo que ella llama la
Pradera. « Lo que separa la Pradera de los bosques y, de hecho, lo que rodea
todo el Distrito 12, editar una alta alambraran metálica rematada con bucles de
alambre de espino » explica y por alguna extraña razón doy un paso hacia atrás
abriendo los ojos impresionada, mi intuición no es la mejor del mundo salvo
tratarse de encontrar el villano de algún libro de terror, este no es el caso
pero algo me dice que la voz me mandara a atravesarla. « En teoría, se supone
que está electrificada las veinticuatro horas para disuadir a los depredadores
que viven en el bosque y antes recorrían nuestras calles (jaurías de perros
salvajes, pumas solitarios y osos). » ¡Oh vamos! Que la explicación me anima más
a adentrarme al bosque, con suerte no terminare siendo un bocadillo para alguno
de esos animales. « En realidad, como, con suerte, sólo tenemos dos o tres
horas de electricidad por la noche, no suele ser peligroso tocarla. » pestañeo
al escucharla decir eso, realmente este paraje es parecido a donde el diablo dejo
los calzones, un sitio olvidado hasta por el mismo dios donde ni siquiera
electricidad tiene, es decir, su supervivencia me es todo un desafío. « Lo sé,
es predecible, es por ello que no deberías de tenerle a la valla pero para
evitar malos entendido, acercarte con cautela y trata de encontrar algún tipo
de sonido. De no hacerlo, atraviésala. » Dando unos cuantos pasitos cautelosos,
intento imitar las palabras de la voz acercándome tranquilamente mi oído a la
valla esperando encontrar un zumbido, pero no, solo hallo un silencio sepulcral
explicándome no tener electricidad. Inmediatamente, me escondo detrás de un
grupo de arbustos, me tumbo boca abajo y me arrastro por debajo de la tira de
sesenta centímetros que se encuentra suelta por un largo tiempo, según la voz
lleva unos sesenta años sin reparar y probablemente así se quede. « La
alambraran tiene otros puntos débiles, pero esté está tan cerca de casa que
casi siempre entro en el bosque desde aquí » intento imaginar más sitios
iguales a este y se hace extenso, aunque no pude visualizar mucho del Distrito
12 deduzco no ser tan pequeño, al menos esta parte no lo es.
En
cuanto entro al bosque, la voz de mi mente demanda recuperar un arco y unas
flechas escondidas en un tronco hueco dándome a entender una sola cosa: es
cazadora. Miro con curiosidad el arma entre mis manos en tanto escucho su
explicación en mi mente, el alambrado este o no electrificada mantiene a los
depredadores lejos del Distrito 12. Dentro de los bosques, los animales
deambulan a sus anchas y existen otro tipo de peligros, como las serpientes
venenosas, los animales rabiosos y las faltas de senderos a seguir. Pero del
mismo modo existe comida, al menos si sabes dónde ir. Ciertamente no me entusiasmada
mucho la idea de caminar en medio del bosque sola, teniendo depredares feroces
merodeando, pero quizás la dueña de este cuerpo no tenga otra opción más que
esta para conseguir comida, y yo debo ayudarla. « Mi padre sabia de esto, me
enseño unas cuantas trucos antes de volar en pedazos en una explosión de mina.
No quedó nada de él que pudiéramos enterrar. Yo tenía once años; cinco años
después, muchas noches me sigo despertando gritándole que corra » sé lo difícil
de perder a alguien de esa manera, cuando tenía cuatro años, casi cinco uno de
mis primos mayores sufrió un accidente de auto. Iba junto un grupo de amigos de
vacaciones rumbo a la Isla de Margarita, todos ellos tenían entre veinte y
veintitrés años, mi primo tenia veintiuno con toda una vida por delante. Mamá
le había sugerido no ir a tal viaje, siempre que asistes a uno donde lo
componen solo jóvenes terminan emborrachándose al punto de perder la
conciencia, tal vez ella tenía ese sexto sentido desarrollado para las
desgracias, de lo contrario no hubiese mencionado nada igual. Sin embargo, mi
primo con una sonrisa enorme le dio un beso en la frente a mamá diciéndole no
preocuparse, en el viaje habrían dos conductores desinados y estarían al
pendiente de cualquier contratiempo, llegado inmediatamente a la isla le
marcaría avisándole, el viaje solo costaría de dos días y la estadía una semana
entera. Ya vería todo saldría bien. Eventualmente pasaron dos días desde su
partida sin noticias suyas, la familia estaba conmocionada de no escuchar nada
sobre él cosa en ser demasiado extraño, era un muchacho muy entusiasta y
fiestero pero cumplido al momento de avisar su paradero. Al tercer día de su
partida llego una llamada a la casa de los abuelos, pero no se trataba de él si
no de noticias sobre su paradero. El carro donde venían viajando su grupo de
amigos tuvo una falla mecánica y se volcó en plena carretera, uno de sus
conductores estaba sumamente borracho y el otro igual, algunos de sus
compañeros sufrieron graves daños pero quien recibió mayor impacto fue él. Ya
saben lo que quiero decir, murió en el acto. Su muerte fue una de las
experiencias más desgarradoras de mi corta vida, fui tan apegada a él que el
recordar no volverlo a ver dolía hasta las entrañas, su perdida es irreparable
y el vacío de nuestros corazones sin poder llenarse. Fue más que un hermano
para mí, fue... el chico de sonrisa brillante y carisma inagotable encargado de
llevarme a todas partes, comprarme ropa, llenarme de golosinas y cuidarme cada
vez de pedírselo mamá. Aun después de tanto tiempo de su partida sigue
doliendo, jamás de todas maneras se ira el dolor por eso comprendo a la voz
cuando dice tener pesadillas con su padre, es predecible.
Dejando
los temas melancólicos de lado, menciona que entrar en el bosque es ilegal y la
caza furtiva tiene el peor de los castigos, habría más gente que se arriesgaría
si tuvieran armas. El problema es que hay pocos lo bastante valientes para
aventurarse armados con un cuchillo, yo le respondí que quizás no se trate solo
de la valentía, igualmente acarrea la voluntad de violar un montón de leyes y
arriesgarse a ser devorado por algún animal salvaje. Se puede ser simplemente
loco o idiota para hacerlo, la voz simplemente resopla a mi conjetura. Su arco
es una rareza que fabrico su padre, junto con otros similares que guardia bien
escondidos dentro del bosque, envueltos con cuidado en fundas impermeables. Él
pudo haber ganado bastante dinero vendiéndolos, de hecho, le pregunte por qué
no hacerlos pero pudo ser descubierto por los funcionarios del Gobierno y
ejecutado en público por incitar a la rebelión. Menudo rollo, preferible quedárselos
antes de morir por falsas acusaciones. Entonces dice, que casi todos los
agentes de la paz hacen de la vista gorda con los pocos que cazan, ya que están
necesitados de carne fresca como los demás. De hecho, sin sus mejores clientes.
Me impresionó de semejante deducción, es decir, los agentes de la paz son como
en mí mundo la policía, no quiero imaginar a estos obviando todo y pensando en
sus propias panzas. Aunque, sería razonable, más si notas la evidente miseria
del Distrito 12.
Sin
embargo, nunca le permitirían que alguien armase a la Veta.
En
otoño, unas cuantas personas valientes se internan en el bosque para recoger
manzanas, aunque sin perder de vista la Pradera, vaya que no son ningunas
idiotas porque seguramente de la menor oportunidad de movimiento extraño
saldrán corriendo nuevamente al distrito. « Exacto, este es el Distrito 12
donde puedes morirte de hambre don poner en peligro tu seguridad » su tono es irónico,
aunque bastante cuidadoso, es como si temiese de ser escuchada por alguien más
salvo únicamente yo. « Cuando era más joven, mataba del susto a mi madre con
las cosas que decía del Distrito 12 y la gente que gobierna nuestro país,
Panem, desde la lejana ciudad llamada Capitolio. » ¿Y qué pueden decir de
ellos? ¿Ser unos miserables? ¿Unos muertos de hambre? ¿O lo suficientemente
corruptos para olvidar las necesidades de la población? No está mal decir la
verdad, en su situación haría lo mismo porque la situación en este lugar está
mal, muy mal y parece que nadie de sus habitantes lo menciona. « Si, lo sé,
pero eso lo dices porque no has vivido lo suficiente aquí al punto de saber
medir tus palabras, morderte la lengua y poner una cara de indiferencia para
que nadie sepa lo que piensas. » menciona con un tono despectivo, casi enojado
y sin saberlo frunzo el ceño ante la forma de dirigirse a mí. « Siempre has
vivido en un mundo lleno de comodidades y flores, no has tenido que pasar
trabajo ni nada, pero aquí, en Panem cualquier comentario puede generar una
reacción negativa en alguien. Por eso en clase trabajo sola en silencio,
haciendo incluso comentarios educados y superficiales. En el Quemador, donde es
el mercado negro donde gano casi todo el dinero que tengo me limito a tocar
temas comerciales. Ni siquiera en casa, donde soy menos simpática, evito entrar
en temas espinosos, como la cosecha, los racionamientos de comida y los Juegos
del Hambre. Quizás a Prim se le ocurriera repetir mis palabras y ¿qué piensas
que ocurrirían con nosotras? » Me callo, no porque no tenga una respuesta por
darle sino de la pequeña mención de lo que vive esta chica aquí, del mismo modo
sobre los Juegos del Hambre. De lo poco que mi memoria que tengo de mi mundo recuerdo
eso, el reality show que lo compone jóvenes en una lucha a muerte. Aunque, solo
recuerdo eso, nada más. Además, de lo horrible de reprimir tus sinceros
pensamientos hacia un sistema claramente asqueroso y decadente, donde se
ignoran a las minorías preponderantemente miserables y les dan más atención a los
ricos que cada vez se hacen más ricos. Si lo vemos bajo otra perspectiva, no es
tan lejano a mi mundo, es decir, donde varios gobiernos prestan atención a
engordar sus patéticas panzas y llevar a la desnutrición a sus niños. Señoras y
señores, esos son los seres humanos que guían a los demás.
<<
Tema a parte, necesito que me prestes atención a lo que voy a decirte >>
dice con tono municiono, como si estuviera a punto de darme a cuidar una
granada en mis manos sin seguro por lo que me tenso sin poder evitarlo.
<< Cuando estoy en los bosques nunca suelo venir sola, siempre existe
alguien que me cubre las espaldas y… >> ya no tengo porque escucharla
más, de hecho, la explicación termina sobrando porque a lo lejos de las colinas
diviso a un enorme chico que está esperándome, o esperando a la dueña de este
cuerpo, provocando en lugar de relajarme los músculos se entumecen. Comprendo
que quedarme parada mirándolo daría sospechas, agregándole una cosa, él va
hacer la primera persona con la que interactuare de este mundo (obviare la voz
de mi mente porque, bueno, no está materializada) y eso me da muchos nervios.
La dueña del cuerpo me sugiere relajarme, intentar actuar de manera normal y de
presentarse cualquier cosa ella me ayudara,
será pan comido. Por supuesto, hagamos como si soy su amiga y el
conocerla mejor, si, es una excelente idea.
Desechando
mis pesimistas pensamientos comienzo a caminar en dirección suya, casi dejo
detrás las colinas y me adentro a un valle rocoso donde posee una vista
sensacional de todo el lugar, cerca del muchacho se encuentra un arbusto de
bayas que parece tener una función estratégica al protegerlo de miradas
curiosas. << Su nombre es Gale, es mi mejor amigo >> me informa y nota
como el tono de su voz cambia, se vuelve un poco mas cálida y abierta. No será
que… ¡Ah por favor! No sirvo para actuar como idiota, ese se los dejo para mis
amigas que son expertas en el tema, por mi parte soy hecha de una materia más
resistente y dura. El mostrar emociones solo lo hago con gente de merecerlo,
agregándole de ser de entera confianza donde evidentemente no incluye a los
desconocidos.
— Hola, Catnip. — me saluda Gale.
Intento
ocultar mi desconcierto ante ese nombre porque en realidad no lo conozco, el
muchacho me mira algo confundido ante no responderle o hacerle alguna mueca por
su saludo provocándome sudor en las manos, con tanto ajetreo en la llegada de
este mundo no tuve la oportunidad de preguntarle su nombre a la voz solamente
estuve aterrada y acurrucada a las mantas de una cama fría. Venga que soy
patética, Gale me mira con más curiosidad y yo no tengo ni las palabras o ideas
necesarias para decir algo, solamente me limito a que la gran voz venga a mi
rescate, o de lo contrario, estaré sumamente frita. << En realidad me
llamo Katniss, >> finalmente la chica hace su aparición estelar <<
como la flor acuática a la que llaman saeta, pero, cuando se lo dije por primera
vez, mi voz no era más que un susurro, así que creyó que decía Catnip, la menta
de gato >> esto tiene más sentido ahora, la que me ha estado hablando y
dando consejos hasta ahora es nadie más a Katniss Everdeen, la protagonista de
los Juegos del Hambre. Oh, genial, genial, genial, estoy más que perdida en el
mundo del libro de los Juegos del Hambre donde escapar no tiene ninguna
oportunidad.
<<
Luego que un lince loco empezó a seguirme por los bosques en busca de sobras,
se convirtió en mi nombre oficial. >> sigue diciendo ella ignorando mi
pensamiento pesimista, como queriéndose hacer la vista gorda ahora que se con
quién estoy tratando. De todas maneras da igual, debo permanecer aquí hasta que
finalice la historia, o al menos así lo he predicho. << Al final tuve que
matar al lince porque asustaba a las presas, aunque era tan buena compañía que
casi me dio pena. Por otro lado, me pagaron bien por su piel. >> casi,
casi me como el cuento de que ella pueda sentir pena por matar un animal cuando
es su principal sustento para alimentar a su familia, mas tomando en cuento el
mencionar haberle pagado bien por su piel.
— Catnip, Catnip… Oye… — la voz de Gale me devuelve a la
realidad, casi no me había dado cuenta que me quede mirando al suelo sin razón
aparente. Seguramente ha de pensar que estoy loca. — ¿Te encuentras bien?
— ¿Eh? — lo miro directamente a sus ojos
curiosos, esos ojos que tratan de meterse dentro de mi mente y tratar de
leerla. Levanto mi espalda forjando, al menos bajo mi perspectiva, una sonrisa
convincente. — Sí,
estoy bien, solo algo distraída
¿Sabes? Hoy es día de cosecha y…
— Pues olvídalo por un segundo y mira, mira lo que he
cazado.
Gale
sostiene en alto una hogaza de pan con una flecha clavada en el centro, no sé
porque ha hecho eso pero resulta con algo de gracia llevando a soltar un medio
bufido carcajada. Katniss me explica que aquí en el Distrito 12, es un lujo
poder comerse uno de panadería, por supuesto, considerando la miseria que deben
de ganar las personas de la Veta en las minas debe de ser todo un tesoro poseer
una rodaja de pan en tus manos. << Solemos elaborar los nuestros con las
raciones de cereal que nos brinda el Capitolio pero jamás es lo mismo, jamás lo
serán. >> Lo cojo, saco la flecha y sorpresivamente me llevo el agujero
de la corteza a la nariz para aspirar una fragancia que se me hace agua la
boca, este fue un movimiento totalmente inesperado de este cuerpo donde me
demuestra que efectivamente el comerlo es un lujo, casi que en mi mente queda
perpleja el haberme dado un banquete la noche anterior. << El pan se ve
bueno, es perfecto para ocasiones especiales. >> menciona Katniss en mi
cerebro.
— Sigue aún caliente — le digo, según la dueña del cuerpo debió de haber ido a la
panadería al despuntar el alba para cambiarlo por otra cosa, lo que en mi mundo
llamaríamos trueque. — ¿Cuánto has pagado por él?
— Una ardilla, creo que el anciano estaba
un poco sentimental esta mañana. Hasta me deseó buena suerte.
— Es… es… predecible. — escucho con atención la voz de Katniss
que me dictamina que decir en mi cabeza, Gale por su parte vuelve a mirarme de
forma perspicaz. — Hoy es el día que todos nos volvemos más unidos ¿no? ¡Ah!
Antes que se me olvide, toma — introduzco la mano en el bolsillo sacando el pequeño quesito.
— No los ha
dejado Prim.
— Gracias, Prim. — exclama Gale, alegrándose con el regalo
y olvidando casi el mirarme de rara manera. — Nos daremos un verdadero festín. — De repente, se pone a hacer un acento
raro que de inmediato dictamina Katniss pertenecer al Capitolio y los ademanes
de un tal Effie Trinkent, una mujer muy optimista hasta la demencia que viene
una vez al años para leer los nombres de una cosecha. No quiero imaginar cómo
es realmente esa mujer, da algo de escalofríos si posee una manera de hablar
tan… peculiar. — ¡Casi
se me olvida! ¡Felices Juegos del Hambre! — Recoge unas cuantas moras de los arbustos que nos rodean — Y que la suerte… — empieza, lanzándome una mora por lo que
me obligo a mí misma a responder rápido. La cojo con la boca de una
sorprendente manera y la rompo con los dientes la delicada piel; es dulce y a
la vez acida estallándome en la lengua haciéndome medio suspirar. Me ha
gustado.
Pero no tengo mucho tiempo para desgastarla, Gale me queda
mirando esperando algo de mí limitándome a mirarla extrañada y es en ese
instante que susurrando demandante en mi cerebro Katniss, menciona las palabras
que debo decir a continuación.
— ¡… esté siempre, siempre de su parte! — lucho por imitar ese tono de voz chillón
y fastidioso.
Gale aparentemente no se ha comido el cuento de estar
conversando con su mejor amiga, por lo tanto medio frunciendo el ceño prepara
un arsenal directo a mi zona de confort.
— ¿Estas segura que te encuentras bien? — pregunta una vez más extrañado, clavando
su insipiente mirada gris contra la mía casi queriendo buscar una debilidad
pero no lo dejo, al menos me mantengo fuerte en mi respuesta. — Has tardado en contestar, usualmente lo
haces rápido y terminamos tonteando con el acento del Capitolio. Sabes que todo
suena ridículamente estúpido con él.
— Como sus habitantes. — le recuerdo, en realidad, se lo recuerda
Katniss desde mi mente.
— Si, lo son pero… — sigue insistiendo. — no pareces tú, realmente estas muy raro.
— Vamos, vamos Gale. — rodeo los ojos fingiendo fastidio, como
si estuviera ya cansada de su insistencia. — te lo estás imaginado en verdad estoy
bien, solamente debe de ser el día en general. Es la cosecha, son los juegos…
¡Va! Ya se me pasara, mejor vamos a comer que muero de hambre.
Él parece querer seguir indagando más, pero lo detengo, el
tiempo es oro cuando te encuentras en el bosque por lo que deberíamos realmente
comenzar a comer y eventualmente el mejor amigo de Katniss accede a mi
petición. Me le quedo observándolo en silencio mientras saca un cuchillo y
corta el pan, en general resulta ser bastante guapo y debido a su apariencia
pasaría fácilmente como el hermano mayor de la dueña de este cuerpo. Pelo negro
liso, piel aceitunada, incluso sus ojos son grises muy expresivos a la par de
intensos con ellos logran colarse a lo más profundo de tu alma. << Aunque
no lo creas, realmente podemos pasar libremente como familia debido a nuestra
apariencia similar, pero no lo somos, o al menos, no cercana. >> Parpadeo tratando de digerir la nueva información, bueno, ese
explica porque el cabello lo visualice bastante oscuro. En mi verdadero cuerpo
suelo ser blanca, ojos verde miel y cabello avellanado, ahora pase a una
pelinegra de ojos grises. << Casi todos los que trabajan en las minas
tienen un aspecto similar, como nosotros. Por eso mi madre y Prim, con su
cabello rubio y sus ojos azules, siempre parecen fuera de lugar; porque lo
están. >> estoy tentada a llamarla adoptada, pero no lo hago, me limito a
callar y seguir escuchando su explicación.
<< Mis abuelos maternos formaban parte de la pequeña
clase de comerciantes que sirve a los funcionarios, los agentes de la paz y
algún que otro cliente de la Veta. Tenían una botica en la parte más elegante
del Distrito 12; como casi nadie puede permitirse pagar un médico, los
boticarios son nuestros sanadores. >> Así que su hermana pequeña adquirió
las características físicas de sus abuelos maternos, al igual a los de su
madre, de hecho es un poco sorpresivo, cuando estuve en aquella habitación a
oscuras visualice mínimo el color del cabello de ellas dos pero era porque
estaba nada visible. Alejándome de ello, resulta un poco raro si la mamá de
Katniss pertenecía al área más lujosa del Distrito 12 dejarlo atrás y
adentrarse a la Veta, el sitio más precario de todos. << Mi padre conoció
a mi madre gracias a que, cuando iba de caza, a veces recogía hierbas
medicinales y se las vendía a la botica para que fabricaran sus remedios. >>
a eso le llamo estrategia, bien no, hablando seriamente la mamá de Katniss
debió de amar mucho a su padre para que abandonara todas las comodidades de su
hogar y se adentrase a la Veta. << Al menos eso intento recordar de ella
cuando sólo veo en ella a una mujer que se quedó sentada, vacía e inaccesible
mientras sus hijas se convertían en piel y huesos. Intento perdonarla por mi
padre, pero, para ser sincera, no soy de las que perdonan. >> Me alarma
un poco la historia de Katniss como su mamá agarro la muerte de su esposo,
abandonándolas a ella y su hermanita pequeña para sucumbir a las olas del
dolor, no soy nadie para juzgar a alguien pero… ha sido muy irresponsable de su
parte. Es decir, cuando el amor de tu vida se ha marchado para nunca volver y
ha dejado un pedacito de él contigo misma, algo que es los hijos, estos
deberían darte la fuerza suficiente para seguir adelante, pero no, no para esta
madre lo ha sido.
Gale unta el suave queso de cabra en las rebanas de pan y
coloca con cuidado una hoja de albahaca en cada una, mientras yo en un mandato
de la dueña de este cuerpo recojo bayas de los arbustos. Nos acomodamos en un
rincón de las roscas en el que nadie puede vernos, aunque tenemos una vista muy
clara del valle, que está rebosante de vida estival: verduras apetitosas,
raíces curiosas y peces irisados a la luz del sol. El día tiene un aspecto
glorioso, de cielo azul y brisa fresca; la comida es estupenda, el pan caliente
absorbe el queso y las bayas nos estallan en la boca. << Todo sería
realmente perfecto si fuese un día de fiesta real, si este día fuese uno más
caminando en medio de las montañas con Gale en busca de nuestra cena >>
pero sé que no lo es, al menos no hoy, tomando en cuenta que deberé presenciar
la selección macabra de una joven y un joven en la plaza a las dos en punto
para asistir a esos terroríficos juegos.
— ¿Sabes qué? Podríamos hacerlo — dice Gale en voz baja, provocándome un
respingo de la impresión.
— ¿Qué?
— Dejar el distrito, huir y vivir en el
bosque. Tú y yo podríamos hacerlo. — Aguarda, aguarda, aguarda… ¿A qué ha venido esa proposición
inesperada? No sé ni que decir, es más, creo que la voz igualmente se quedó
muda. — Si
no tuviésemos tantos niños. — añade rápidamente.
<< No son nuestros niños, claro, pero el caso es lo
mismo. >> habla Katniss buscando explicar las palabras de su amigo en
términos simples << Los dos hermanos pequeños de Gale y su hermana, y
Prim. Nuestras madres también podrían entrar en el lote, porque ¿cómo iban a
sobrevivir sin nosotros? ¿Quién alimentaría esas bocas que siempre piden más?
>> No entiendo pero me molesta un poco en la manera en que se refiere a
sus familias, casi y parece como si fuesen un peso muerto sobre sus hombros,
aunque puede y me esté equivocando. La familia la amas fuese como fuese.
<< Aunque los dos cazamos todos los días, algunas vez tenemos que cambiar
las presas por manteca de cerdo, cordones de zapatos o lana, así que hay noches
en las que nos vamos a la cama con los estómagos vacíos.>> Imaginar que
existen personas en dormirse sin probar bocado me deja una sensación agridulce
en el estómago, porque aun en mi mundo aún están unas que por mero capricho se
abstienen de hacerlo solo por el simple capricho de bajar de peso, si al menos
conocieran la otra parte de la moneda cambiaran un poco su forma de pensar.
— Es absurdo, he pensado y… tener hijos en
un mundo tan caótico como este es una estupidez. — digo contagiada del momento.
— Puede que yo sí, si no viviese aquí.
— Gale, por favor, abre tus ojos y mira a
tu alrededor. Vives aquí. — giro para mirarlo con reproche, recordándole lo obvio de su
situación.
— Olvídalo.
Esta
conversación no nos llevara a ningún lado. << Y tienes razón, irnos
dejando a mi familia de lado, a Prim que es la única persona realmente
importante en mi vida es una completa idiotez. Además, Gale está dedicado
completamente a su familia. >> Si eso es cierto porque… ¿Por qué hablar
de eso? Además de eso de querer tener hijos, porque si lo miro bajo la
perspectiva de Heather Fausto suena a preposición con doble sentido, como si
entre él y Katniss existiera algo de índole amoroso. << Entre Gale y yo
nunca ha habido algo romántico >> aclara desde el inicio, anotando los
puntos sobre las ies y dictaminado posibles malos entendidos << Cuando
nos conocimos, yo era una niña flacucha de doce años y, aunque él sólo era dos
años mayor, ya parecía un hombre. Nos llevó mucho tiempo hacernos amigos, dejar
de regatear en cada intercambio y empezar a ayudarnos mutuamente. >>
Supongo que alguien como Katniss el entrar en confianza luego de lo ocurrido
con sus padres es difícil, seguramente ha sentido que puede ser apuñalada en la
espalda en cualquier momento y abandonada a su suerte. La comprendo
perfectamente, de estar en su situación, haría lo mismo.
Además,
si Gale quiere tener hijos, estoy muy segura de no haber jovencita en no
resistírsele y aceptaría ser su esposa. Es decir, solo mírenlo por un segundo,
es guapo, lo bastante fuerte para llevar alimentos a la mesa de su familia y
capaz de cazar. << Deberías solo imaginar como las chicas susurran a su
espaldas cuando pasa a su lado por el colegio, está claro que lo desean.
>> Estoy tentada a soltar la carcajada ante el tono despectivo de Katniss
al contar lo de las chicas de su escuela, casi y cualquiera pudiese decir estar
celosa de ese hecho, que miren al chico quien se sumerge con ella todos los
fines de semana en el bosque. Bueno, no suelo entusiasmarme con este tipo de
temas pero, me da gracia que una chica ruda como Katniss aparenta ser le cueste
admitir estar interesada románticamente en su mejor amigo. Es decir, en mi
mundo ese tipo de cosas no suceden a menudo, suelen es mandarlo directo a la
“zona del amigo” y decir querer simplemente su amistad, palabras más, palabras
menos.
—
¿Qué quieres hacer? — le pregunto buscando disipar el mal ambiente, eso y que
la voz dictamina un motón de opciones por hacer en el día: cazar, recolectar o
pescar.
—
Vamos a pescar en el lago. Así dejamos las cañas puestas mientras recolectamos
en el bosque. Cogeremos algo bueno para la cena.
No
entiendo nada pera ante la última mención de Gale se me tensa el cuerpo por
completo, en definición según Katniss, después de la cosecha, se supone que
todos tienen que celebrarlo, y mucha gente lo hace, aliviada al saber que sus
hijos se han salvado un año más. Sin embargo, al menos dos familias cerrarán
las contraventanas y las puertas, e intentarán averiguar cómo sobrevivir a las
dolorosas semanas que se avecinan. No quiero indagar más en el asunto de los
Juegos del Hambre, pero termino imaginando la impotencia y dolor de una madre y
padre al verse obligados a ver a su hijo muriendo en televisión directa,
seguramente debe de ser desgarrador y tan caótico como privarte de respirar
bajo el agua.
Cambiando
de tema, para ser mi primera vez en el bosque no esta tan mal, nos va bien, los
depredadores no nos hacen caso, y las instrucciones de Katniss en mi cerebro no
me hacen ver tan papanatas frente de su mejor amigo. Aunque, por supuestos, en
ciertas ocasiones donde me tiemblan las manos me mira algo desconcertado, pero
termina olvidándolo cuando tengo las presas en mis manos. A última hora de la
mañana tenemos una docena de peces, una bolsa de verduras y, lo mejor de todo,
un buen montón de fresas que en lo personal, son mis favoritas. « Descubrí el
fresal hace unos años y a Gale de le ocurrió la idea de rodearlo de redes para
evitar que se le acercasen los animales. » es excelente, aseguro su preservación
a un futuro próximo de las fresas para él, no existe duda que el muchacho es
bastante ingenioso.
Es
el instante de estar cerca de la alambrada Gale frena sus agigantados pasos parándose
frente de mí, sus ojos grises poseen un brillo curioso a la vez de encontrar
las respuestas a sus dudas, trato de seguir sosteniendo la personalidad de
Katniss hasta las últimas, fingiendo que su repentina pausa no me causa
nervios. La voz aparentemente ha desaparecido, cuando trato de llamarla para
pedirle ayuda, solo me encuentro con el eco de mi propio pensamiento en mi
cerebro dictaminando lo obvio: estoy sola. Guardando la compostura, aprieto un
jadeo impresionada cuando da un paso hacia mi aun teniendo esa mueca rara en su
rostro, estoy tentada a preguntarle si ocurre algo pero se me adelanta, de una forma
peligrosa, muy peligrosa.
— Tú
no eres Katniss, — va directo al grano, pegándome de una forma invisible a mi estómago
y dejándome sin aire. — ella jamás hubiese pensado dos veces para seguirme el
juego. Además, de titubear delante de mí. Así que... ¿Quién eres?
Ah,
demonios... demonios... demonios... he sido descubierta, lo he sido de una
forma tan patética que resulta gracioso, no he sido lo suficiente Katniss para
engañar a su mejor amigo. Encogiéndome de hombros miro hacia el suelo, no
desmiento la conjetura de Gale, pero tampoco le llevo la contraria. Simplemente
me limito a ser atacada de la peor manera, al menos mi imaginación lo proyecto
de esa manera, estoy poseyendo el cuerpo de su mejor amiga, debería de
producirle algún tipo de reacción negativa. Cosa en no suceder. Por su parte,
la risa grave de Gale me invita a alzar el rostro y enfrentarlo, él esconde la
mueca detrás de esas manos, aunque parezca estar llevándosela bien no puedo
evitar sentirme algo molesta. ¿Tengo apariencia de simplona? ¡¿Realmente la
tengo?!
Ah,
demonios... demonios... demonios... he sido descubierta, lo he sido de una
forma tan patética que resulta gracioso, no he sido lo suficiente Katniss para
engañar a su mejor amigo. Encogiéndome de hombros miro hacia el suelo, no
desmiento la conjetura de Gale, pero tampoco le llevo la contraria. Simplemente
me limito a ser atacada de la peor manera, al menos mi imaginación lo proyecto
de esa manera, estoy poseyendo el cuerpo de su mejor amiga, debería de
producirle algún tipo de reacción negativa. Cosa en no suceder. Por su parte,
la risa grave de Gale me invita a alzar el rostro y enfrentarlo, él esconde la
mueca detrás de esas manos, aunque parezca estar llevándosela bien no puedo
evitar sentirme algo molesta. ¿Tengo apariencia de simplona? ¡¿Realmente la
tengo?! Rodeando los ojos con fastidio me doy media vuelta, o al menos eso
pretendo hacer, hasta que el amigo de Katniss me detiene colocando una de sus
grandes manos en mi hombro. Ha parado de reír pero sigue teniendo ese brillo
particular en sus ojos de burla, musita el disculparlo de su reacción pero muy
pocas veces es posible visualizar una reacción así en "Catnip" y al
hacerlo, era inevitable estallar en risas. Nuevamente rodeo los ojos colocando
una mueca de reproche, nunca antes he producido las risas en alguien, ni
siquiera siendo Heather Fausto, supongo que soy de todos menos divertida. Al
menos, hasta hora.
—
Puedes confiar en mí. — dice mirándome con seriedad, intentando demostrar
seguridad. No digo nada, solo me limito a observar. — sé que no eres mala
persona, eso lo demostraste durante la estadía en el bosque, pero de todas
formas necesito saber lo que ocurre. Por qué estás en el cuerpo de mi amiga.
—
Si te lo contara... — susurro desviando la mirada a otro lado. — probablemente
no me creerías.
— Pruébalo.
— incentiva dibujando una sonrisa en sus labios. — ya sé que no eres Katniss,
ser una buena persona y no representar ningún peligro. ¿Qué otra cosa puede
sorprenderme?
«
Tiene razón » aparece la voz afirmando la conjetura de su amigo, la cual, estoy
igual de acuerdo. Es decir, si otra persona hubiese estado en sus zapatos
sabiendo que alguien ocupa el espacio de su amiga, definitiva hubiese tenido
otro tipo de reacción. En cambio Gale, simplemente se dedicó a leerme durante
toda la mañana, determinando si era peligrosa o no, de confianza o no. Es
difícil admitirlo, más si hablamos de un chico, pero Katniss tiene un excelente
amigo bajo su cuidado, es un gran hombre y nadie puede negarlo. Por ende,
agarro una gran bocanada de aire alzando la mirada y sosteniendo la suya es que
inicio mi historia, le cuento todo al muchacho de robusta contextura como he
llegado aquí; desde venir de otra dimensión donde vivimos en completa paz,
hasta lo de mi cumpleaños al regalarme el libro donde Katniss es el personaje
principal. Él me queda mirando como si me creciera un cuerno en medio de la
frente, pero eventualmente de introduce en mi relato haciéndome algunas
preguntas, como si poseo conocimientos del final de la historia o las razones
del porqué poseo el cuerpo de su amiga; en definición, no sé nada, pero de
acuerdo a como han transcurrido las cosas he deducido el seguir hasta el final,
fingir ser Katniss y afrontar cualquier situación. Gale se queda mudo unos
segundos al escuchar tal conclusión, pero después, sonreí complacido colocando
su mano sobre mi cabeza dándome unas palmaditas llamándome valiente. Más o
menos debo de saber que la vida no es fácil en el Distrito 12, estar
constantemente violando las leyes lo es aún más, pero es necesario si desea
sobrevivir. Tampoco lo estoy haciendo mal, mi manera de cazar es peculiar pero
puede mejorarse, lo demás él me brindara ayuda como por ejemplo: ir a las otras
actividades para conseguir dinero.
El
Quemador, un mercado negro que funciona en un almacén abandonado en el que
antes se guardaba carbón. Cuando descubrieron un sistema más eficaz que
transportaba el carbón directamente de las minas a los trenes, el Quemador fue
quedándose con el espacio. Visualizo que casi todos los negocios están cerrados
a estas horas de día, Gale que sigue explicándome como son las cosas por aquí
menciona que es normal al ser día de cosecha, aunque en realidad el mercado
negro es bastante concurrido. Le encargo a él lo que en mi mundo se llama
trueque, nada difícil si desean mi opinión pues lo consigue hacer cambiando
seis peces por pan bueno y los otros por
sal. Sae la Grasienta, no es mas a una anciana huesuda que vende cuencos de
sopa caliente preparada en un enorme hervidor, le compra la mitad de las
verduras por un par de trozos de parafina. En un susurro le pregunto a Gale si
tal vez nos hubiese ido mejor en otro sitio, aun así entre dientes menciona el
esforzarnos para tener una buena relación con Sae, ya que es la única en estar
dispuesta a comprar carne de perro salvaje; arrugo con disimulo la cara. ¿En
verdad? ¿Carne de perro? No puedo creer que la gente coma eso, digo, ¿alguien
percata la diferencia con la de ganado? Bueno Gale encogiéndose de hombros le
resta importancia, tampoco lo hacen a propósito simplemente le llaman
supervivencia, si atacas te ataco, además una vez dentro de la sopa ella dice
que carne de ternero. En la Veta, nadie le haría asco una buena cara de perro
salvaje, pero los agentes de la paz que van al Quemador pueden permitirse ser
un poquito más exigentes. Si, bueno, refuto girando los ojos con obviedad,
igualmente son engañados como idiotas. Gale suelta un bufido divertido por lo
bajo que trata de disimular con tos colocándome una mano en el hombro, me guía
a seguir nuestro camino.
Una
vez terminados nuestros negocios en el mercado, vamos a la puerta de atrás de
la casa del alcalde para vender la mitad de las fresas, Gale dice que le gustan
especialmente y puede permitirse el lujo de pagarlas. Al tocar quien nos recibe
es una jovencita, se trata de Madge, la hija del alcalde. A primera instancia
creo que es del tipo esnob sin clase, de los que miran a las personas por
encima del hombre, pero me he equivocado estrepitosamente pues aparenta ser
bastante reservada, como yo. « En clases, como ninguna de las dos tiene grupo
terminamos siempre juntas « dice la voz en mi mente, explicándome « durante la
comida, en las reuniones, cuando se hacen grupos para las actividades
deportivas... apenas hablamos, lo que nos viene bien a las dos. » tal vez sea
un poco apresurado de admitir, pero si este par existieran en mi mundo quizás fuésemos
amigas, de las silenciosas, pero amigas. Me encanta el tipo de personas que
respetan el espacio vital de las otras, son excelentes y valdría la pena contar
con ellas.
—
Bonito vestido. — dice Gale.
La
chica lleva un caro vestido blanco, y lleva su hermoso cabello rubio recogido
con un lazo rosa. Katniss en mi mente lo llama: la ropa de la cosecha. Por otro
lado, Madge mira fijamente a Gale intentando averiguar si es un cumplido de
verdad o solo es ironía. En realidad el vestido es bonito, pero tomando en
cuenta el día que es hoy... creo que no se llevaría en uno ordinario. Ella
aprieta los labios y sonríe.
—
Bueno, tengo que estar guapa por si acabo en el Capitolio, ¿no?
Ahora
es Gale el que está desconcertado: ¿lo dice en serio o está tomándole el pelo?
Aunque no la conozco de nada puedo arriesgarme a decir ser lo segundo.
— Tú
no irás al Capitolio — responde Gale con frialdad, una que me deja un poco
descolocada, es un chico totalmente diferente al de esta mañana en el bosque.
Sus ojos se posan en el pequeño adorno que lleva en el vestido, es oro puro, de
bella factura. En definición, vendiéndolo serviría para alimentar a unas
cuantas familias de la Veta. — ¿Cuántas inscripciones puedes tener? ¿Cinco? Yo
ya tenía seis con sólo doce años.
Oye,
oye, oye... ¿Por qué la agresividad? Además ¿No se supone conocerla de antes?
—
No es culpa suya. — intervengo medio ceñuda.
—
No, no es culpa de nadie. Las cosas son como son. — apostilla Gale.
—
Buena suerte, Katniss. — dice Madge, con rostro inexpresivo, poniéndome el
dinero de las fresas en la mano.
—
Si, igual para ti. — respondo, y se cierra la puerta.
Caminos
en entero silencio hacia la Veta. Me ha disgustado un motón que Gale lo haya
tomado contra la chica, es decir, ¿qué clase de culpa tiene de las cosas
provenientes del Capitolio? Solo es la hija del alcalde, no parece ser la clase
berrinchuda o clasista para tenerle represaria, no es su culpa haber nacido en
una cuna acomodada con acolchado. « Lo ha dicho por el sistema de la cosecha »
interviene Katniss « es injusto, sumamente injusto, donde los pobres se llevan
la peor parte » en cualquier parte de la galaxia, eso suele suceder. Los pobres
pagando las desgraciar ajenas. « Te conviertes en elegible para la cosecha
cuando cumples los doce años, ese año, tu nombre entra una vez en el sorteo. A
los trece, dos veces; y así hasta que llegas a los dieciocho » eso quiere decir
que con la edad aumentan las probabilidad de salir sorteado, donde en tu último
año sales una siete veces. « Exacto, ese sistema incluye a todos los ciudadanos
de doce años de Panem. Pero, por un momento, suponte que eres pobre y te mueres
de hambre, como nos pasaba a nosotras. » Con ella se refiere a su hermana, ella
y mamá « Tienes la posibilidad de añadir tu nombre más veces a cambio de
teselas; cada tesela vale por un exiguo suministro anual de cereales y aceite
para una persona. También puedes hacer ese intercambio por cada miembro de tu
familia, motivo por el que, cuando yo tenía dice años, mi nombre entró cuatro
veces en el sorteo. » ¿Qué clase de sistema corrupto es este? No puedo siquiera
imaginar la cantidad de veces el nombre de Katniss entrara hoy en el sorteo, es
decir, si por cada miembro de la familia pide la reacción de teselas eso
incluye a Prim y su mamá, sumándole el seguramente haciéndolo cada vez en poder
para no morir de hambre nos llevaría a... veinte veces. Son veinte papeles con
su nombre. Si es así, viendo la evidente similar situación de Gale y su numerosa
familia, teniendo dieciocho años y según su amiga, lleva siete años ayudándola,
tendrá cuarenta y dos papeletas.
Mierda,
ahora comprendo porque reacciono como reacciono contra la chica rubia, quien
seguramente jamás ha tenido necesidad de pedir tesela alguna. Las
probabilidades de que su nombre salga elegido son muy reducidas si los
comparamos con los de la Veta. No es imposible, pero sí poco probable. « Las
reglas las establece es el Capitolio y no los distritos ni, sin duda, la
familia de Madge, pero con ello no significa no tener resentimiento hacia los
que no tienen que pedir telas. » Eso tiene un nombre y es envidia, comprendo muy
bien la situación donde se encuentran ambos, Katniss y Gale, pero sigo sin ver
la culpa de esta chica en todo este problema.
«
Gale es consciente de que su ira no debería ir contra Madge. » aclara la voz
desde el principio, pero sigo sin tragarme el cuento « algunas veces, cuando
estamos en lo más profundo del bosque, lo he oído despotricar contra las
teselas, diciendo que no son más que otro instrumento para fomentar la miseria
en nuestro distrito » si... bueno, tiene razón, las teselas solamente les obligan
a sentirse más dependiente del Capitolio e igualmente dándole la razón de que
su sistema está bien, siendo todo lo contrario: es sucio y pútrido. « No solo
eso, también fomenta el sembrar el odio entre sus trabajadores hambrientos de
la Veta y los que no suelen tener problemas de comida, y, así asegurarse de que
nunca confiemos los unos en los otros » tiene sentido, tiene mucho sentido si
desean mi opinión, porque hasta cierto punto pareciera que les beneficiará
tener a un pueblo desunido y desconfiado entre ellos. Solo pongamos en este
sentido, un pueblo desigual nunca llega a tener un acuerdo entre ellos, por
otro lado de uno unido, las ideas de ser liberados se hace más palpable y
nítida, ya que, todos buscan un mismo fin. « Suenas igual a él, de hecho,
hubiese dicho lo mismo de estar solos en medio del bosque » sin embargo, me
sigue pareciendo el comentario de Madge inofensivo, lo ha dicho porque ha
creído ser una simplemente broma.
Mientras
caminamos, lo miro a la cara, todavía ardiendo debajo de su expresión glacial;
su ira es un completa bobada, aunque creo que sobraría decírselo. No estoy en
su contra, pero, de nada servirá despotricar contra el Capitolio en medio de la
nada, la situación seguirá de la misma forma. Las teselas, la miseria en los
distritos y las discordia entre el pueblo, en pocas palabras, no llena el buche
de sus familias. « Lo mismo digo, no me llena las manos de presas enojarme,
pero como estamos en el bosque lo dejo decir todo lo que quiera, repercutiría
dejarlo en el distrito » y eso sería ganarse un balazo seguro, concluyo yo.
Gale
de manera silenciosa, divide el botín, lo que nos deja con dos peces, un par de
hogazas de buen pan, verduras, un puñado de fresas, sal, parafina y algo de
dinero para cada uno.
—
¿Ya te has calmado ya? — le digo tanteando la zona, evitando ser regañada sin
motivo aparente.
—
No podrías comprenderlo, Heather. — contesta, organizando sus cosas en su
bolsa. — Las cosas en el Distrito 12 no son color de rosa, tanto la vida de
Katniss como la mía no es color de rosa. De lo contrario, no hiciéramos lo que hiciéramos.
—
Y lo comprendo, lo estoy haciendo. — digo dando un paso hacia adelante y le
agarro del antebrazo, hago una mueca parecida a una media sonrisa. — De hecho,
estoy de acuerdo con tu forma de pensar, es decir, la vida en sí es injusta y
aquí... pero tomarla con la chica no ganara nada, corrección, no ganaremos
nada.
—
Eso diría Katniss. — mira curiosamente mi agarre, sin alzar la mirada.
—
Si, lo sé.
Tomando
un último consejo de su parte, como el comportarme lo más fluido que pueda
frente a Prim y su madre, nos despedimos con la promesa de vernos en un rato en
la plaza. Sin más se marcha. Ya en casa encuentro a Prim y su mamá listas para
salir, la segunda lleva un vestido elegante que llama Katniss de sus días como
boticaria, en cuando a la niña, su primer traje de cosecha: una falda y una
blusa de volantes. A ella le queda grande, pero su mamá se lo ha sujetado con
alfileres; aun así, la blusa se le sale de la falda por la parte de atrás.
Me
espera una bañera llena de agua caliente, me sorprende de sobre manera pero
tampoco me pongo exigente, estoy en un mundo muy distinto al mío y realmente
necesito sacarme la suciedad de estar toda una mañana en el bosque. Me restriego
para quitarme la tierra el sudor, al igual se lavarme bien el cabello. A la
salida, un vestido encantador que es de la mamá de Katniss, azul celeste con
zapatos a juego me espera.
—
¿En verdad es para mí? — le pregunto medio girando a verla.
Me
cuesta comprender la manera de amar de esta mujer, aunque tampoco pretendo
juzgarla porque no es mi posición de hacerlo, aun asi comprendo la rabia de su
hija cuando simplemente la abandona a su suerte junto a su hermanita.
—
Por supuesto que sí, y también me gustaría recogerte el pelo. — me responde. Le
dejo secármelo, trenzarlo y colocármelo sobre la cabeza. Al mirarme al espejo
quedo totalmente sorprendida, definitiva soy alguien distinta a la salve chica
que hoy pesco en el lago.
—
Estás muy guapa. — dice Prim, en un susurro.
—
Y totalmente ajena a lo convencional que soy. — respondo sincera.
Mirar
a la pequeña niña rubia medio asustadiza produce algo en mí, una fuerza
desconocida me empuja a acercarme y abrazarla, estoy convencida que hoy es un
terrible día para ella. Es su primera cosecha. Pero está segura, lo sé, porque
Katniss en la vida le permitiría pedir tesela alguna primero prefiere ponerse
ella misma en peligro, su hermana es su mayor tesoro y la única en realmente
amar. Por ende, debo igualmente protegerla. Me doy cuenta de que la blusa se le
ha saludo de nuevo la blusa por detrás y me obligó a mantener la calma. Todo va
a salir bien hoy, por el bien de esta familia y mío.
—
Metamos esta colita de patito. - le digo, poniéndole de nuevo la blusa en su
sitio.
—
Cuac. — responde Prim, soltando una risita.
— Así
estamos mejor. — añado, riéndome también; es tan fácil hacerlo con esta niña e
inevitable porqué, no lo sé, pero llevarme bien con los niños se me hace fácil.
Lo llevo en los genes. — ven, mejor vayamos a comer. — digo, dándole un toque
en la nariz.
Decidido
dejar para la cena el pescado y las verduras, que ta se están cocinando en un
estofado, y guardamos las fresas y el pan para la noche, diciéndonos que así
será algo especial; de modo que bebemos la leche de la cabra de Prim con un
nombre peculiar, Lady, y nos comemos el pan basto que hacen con el cereal de la
tesela, aunque, de todos modos, nadie parece tener mucho apetitito. Igualmente
me incluyo.
A
la una en punto nos dirigimos a la plaza. La asistencia es obligatoria, a no
ser que estés muriendo, al menos eso me ha dicho la voz. En la noche los
funcionarios recorren las casas para comprobarlo, si alguien osa a mentir, lo meterán
en la cárcel. La ceremonia de la cosecha la celebran en la plaza, una gran pérdida
de tiempo sin dudar, porque hasta hora es uno de los lugares más agradables que
he visto desde mi llegada al distrito. La plaza está rodeada de tiendas y, en
los días de mercado, de haber buen tiempo, parece fiesta. Sin embargo, al pesar
de los banderines de colores que cuelgan de los edificios, se respira tristeza
en el ambiente. Las cámaras de televisión, ubicadas como águilas ratoneras en
los tejados, solo sirven para darle más chispa a la sensación.
La
gente entra en silencio y ficha, « la cosecha también es la oportunidad
perfecta para que el Capitolio lleve la cuenta de la población » dice Katniss
en mi mente. Conducen a los chicos entre doce y dieciocho años a las áreas
delimitadas con cuerdas y divididas por edades, con los mayores delante y los
jóvenes, como Prim, detrás. Los familiares se ponen en fila alrededor del
perímetro, todos cogidos de la mano con fuerza. « También hay otros, los que no
tienen a nadie que perder o ya no les importa, que se cuelan entre la multitud
para apostar por quiénes serán los dos chicos elegidos » frunzo el ceño ante
eso, puedes ya no tener nada por lo que aferrarte, pero sacar provecho en costa
de la desgracia ajena es horrible. « Es el Distrito 12, es Panem » me recuerda
la voz con obviedad « no debería sorprenderte esto. » Evito responderle algo,
simplemente me limito a seguir caminando y buscando un poco de la humanidad de
estas personas, es decir, si estas necesitado de dinero podrías encontrar otra
manera de hacerlo. « Por supuesto, porque todos estarían dispuestos a
arriesgarse como TU misma lo has hecho esta mañana » refuta, aun enojada «
pudieron haberte pegado un tiro por hacer caza fortuita, pero de sorprendente
forma, los apetitos de quienes están al mando nos protegen. » Venga, que todo está
corrupto desde los cimientos. Al menos estoy a salvo de terminar mal. «En
cualquiera de los casos Gale y yo, decidimos que es preferible morir de un
balazo antes que de hambre, al menos la primera opción es más rápida » es
alarmante su manera de pensar, porque aunque su situación sea precaria,
imaginar su muerte de así te eriza la piel.
La
plaza se va llenando, y se vuelve más claustrofóbica conforme llega la gente. A
pesar de su tamaño, no es lo bastante grandes para dar cabida a toda la
población del Distrito 12, que es de unos ocho mil habitantes aproximadamente.
Los que llegan de últimos tienen que quedarse en las callea adyacentes, desde
donde podrán ver el acontecimiento en las pantallas, pues lo más bizarro de hasta
ahora escuchar es que todo lo ocurrido será transmitido en televisión nacional.
Katniss me da instrucciones de colocarme de pie en medio de chicos de dieciséis
años, encuentros algunos con las característica de la Veta que parecen
reconocerme, por lo que mi intuición me dictamina saludarlos lo más normal
posible, bueno, al menos tomando en cuenta en la situación en la que estamos.
Centro mi atención en el escenario provisional que han construido frente a un
gran edificio, la voz de mi cerebro me informa ser el de Justicia, allí hay
tres sillas, un podio y dos grandes urnas redondas de cristal, una para las
chicas y otra para los chicos. Me les quedo mirando con atención, en una de
ellas alojarse veinte trozos de papel con el nombre de Katniss Everdeen, es
tarde para agacharme y proferir un grito del susto. No en medio de tanta gente
desconocida.
Dos
de las tres sillas están ocupadas, una se encuentra un hombre que Katniss le
dice "alcalde Undersee", por supuesto el papá de Madge que en lugar
de haberlo imaginado con una creciente melena rubia, posee en realidad calva.
Effie Trinket, por fin conozco a la mujer que nombraron está mañana, la cual
posee una singular forma de vestirse: traje verde primavera, piel sumamente
pintada y pelo rosáceo; su sonrisa es aterradora que me pregunto que puede
estar cruzando por su cerebro en esos momentos. Ella es la elegida por el
Capitolio como acompañante del Distrito 12. Los dos murmuran entre sí y miran
con preocupación el asiento vacío.
Justo
cuando el reloj da las dos el alcalde sube al podio y empieza a leer una
historia tan larga como solemne, tanto que se me hace un poco aburrida. Sin
embargo, Katniss desde mi cerebro, dictamina el estar hablando de Panem y sus
inicios. Es un país que se levantó de las cenizas de lo que una vez fue Norteamérica,
enumera la lista de desastres, las sequías, las tormentas, los incendios, los
mares que se abrieron y se trataron gran parte de la tierra, y la brutal guerra
por hacerse con los recursos naturales. En resultado fue Panem, un reluciente
Capitolio rodeado por trece distritos, que llevó la paz y la prosperidad a sus
ciudadanos. Entonces llegaron los Días Oscuros, la rebelión de los distritos
contra el Capitolio. Derrotaron a doce de ellos y aniquilaron al decimotercero.
El Tratado de la Traición les dio unas nuevas leyes para garantizar la paz y,
como recordatorio anual de que los Días Oscuridad no pueden volver a repetirse,
les dieron los Juegos del Hambre.
Las
reglas son bastante sencillas, en castigo por la rebelión, cada uno de los doce
distritos debe de entregar a un chico y una chica, llamados tributos, para que
participen. Los veinticuatro tributos se encierra en un enorme estadio al aire
libre en la que puede haber cualquier cosa, desde un desierto abrazador hasta
un páramo helado. Una vez dentro, los competidores tienen que luchar a muerte
durante un periodista de varias semanas; el que quede vivo, gana. Si, suena
todo tan próspero y prometedor, como si no les bastaran matarlos de hambre y
miseria todos sus malditos días, agarran a cada chico y chica de cada distrito
para obligarlos a matarse y haciéndolo más macabro, lo televisan. Es absurdo,
pueden colocarlo con nombres bonitos si les parece, pero en mis ojos es
sencillo: miren como podemos controlar sus patéticas vidas a nuestro antojo,
solo piense cuidadosamente cada una de sus pisadas, de querer otra rebelión,
los pulverizaremos igual al 13.
«
Para que resulte más humillante a una tortura, el Capitolio pretende ver los
Juegos del Hambre como una festividad, un acontecimiento deportivo en que los
distritos compiten entre sí » ¡Oh pero que maravilloso! ¡Es tan emocionante ver
a chiquillos reventándose los sesos! No existe nada más deportivo que eso, el
recorrer la sangre inocente de almas inocentes. ¡Yo sí le puedo decir un verdadero
acontecimiento deportivo! El mundial de fútbol es un acontecimiento deportivo,
las olimpiadas es un acontecimiento deportivo, sobre todo, las competencias de
los juegos de invierno, igualmente son acontecimientos deportivos. ¿Se ven
sangre derramándose? ¿Matándose por sobrevivir? No, solamente a gente reunida
viendo competir a deportistas de diferentes partes del mundo un deporte con la
finalidad de entrenar, con la finalidad de buscar estrechar lazas y amistades.
Eso sí es sano. No esto donde lo único que les interesa es intimidas a
inocentes.
«
El último tributo vivo se le recompensa con una vida fácil, y su distrito
recibe premios, sobre todo comida. » sigue Katniss con la explicación, pero a mí
solo se me puede venir a la mente una sola cosa: ¿A precio de qué? ¿A costa de
qué logras todos estos beneficios? Ah... por supuesto, teniendo en tu
conciencia la muerte de jovencitos de tu misma edad o menores que tú. « Es en
ese tipo de acontecimientos donde el Capitolio se vuelve "generoso",
regala cereales y aceite al distrito ganador durante todo un año, e incluso
algunos manjares como azúcar, mientras el resto de nosotros luchamos por no
morir de hambre. »
—
Es el momento de arrepentirse, y también de dar gracias. — recita el alcalde.
Después
lee la lista de los habitantes del Distrito 12 que han ganador en anteriores
ediciones. En sesenta y cuatro Antonie solo han tenido dos, y uno sigue vivo:
Haymich Abernathy, un barrigón de mediana edad que, en estos mimetismos aparece
berreandl algo intangible, se tambalea en el escenario y se deja caer sobre la
tercera silla. Este borracho, muy borracho. La gente responde con su aplauso
protocolario, pero el hombre sumido en su mundo de alcohol ignora tratando de
darle un abrazo a Effie Trinket, que apenas logra librarse de él. El alcalde
parece angustiado. Como todo esto se está televisando en directo, el Distrito
12 está siendo el hazmerreír de Panem, y no solo él lo sabe, todo el mundo.
Intenta devolver la atención a la cosecha presentando a Effie Trinket.
La
mujer, tan alegre y vivaracha sube al podio con un ligero trote, como si esos
tacones de aguja no le afectaran en nada.
—
¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de su parte!
— dice con sumo entusiasmo.
Su
pelo es a juro una peluca, porque tiene los rizos algo torcidos después de su
encuentro con Haymitch. Empieza a hablar sobre el honor que supone estar allí,
aunque evidentemente ella desea una promoción a un distrito mejor, con un
ambiente mejor, en lugar de lidiar viéndola borrachos que la apretujan en medio
de televisión transmitida en todo el país.
Localizo
a Gale entre la multitud, y él me devuelve la mirada guiñándome un ojo. Para
ser mi primera vez presenciando lo que es una cosecha, al menos, es un poco
divertida y fuera de lugar. Pero, de repente, se me hiela la sangre en pensar
en esos cuarenta y dos papeletas con su nombre escritas en ellas, siendo
efectivamente que la suerte no está de su parte. Realmente me agrada Gale, no
se tomó a mal estar poseyendo el cuerpo de su mejor amiga, e incluso, me ayudó
mucho hoy en el Quemador. No quiero imaginar el poder ser elegido, aunque
aparentemente él puede estar pensando lo mismo de su amiga, o de mí, porque
esta serio y no aparta la vista. Tengo unas ganas de calmarlo susurrándole el
haber miles de papeletas, que aunque la suerte no nos toque la puerta, salir
sorteados sería una tontería. Pero no puedo hacerlo, el momento del sorteo ha
llegado. Effie Trinket menciona escoger a la candidata de las chicas, y se
acerca a la urna de cristal con los nombres correspondientes. Mete la mano
hasta el fondo y saca un trozo de papel. Todo el mundo contiene el aliento,
nadie hace sonido alguno, de pasar un ave podrías escuchar atentamente el
aleteo de sus alas. Comienzo a sentir nauseas algo mareada, el corazón me late
con tanta fuerza que puedo escuchar el movimiento de la sangre recorrerme el
cerebro, deseo desesperadamente no escuchar el nombre de Katniss, por favor,
por favor, por favor... que no sea ella.
Effie
Trinket vuelve al podio, alisa el trozo de papel y lee el nombre con voz clara;
efectivamente no se trata de Katniss.
Hablamos de Primrose Everdeen.
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