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El Centro de Entretenimiento tiene una torre diseñada
exclusivamente para los tributos y sus equipos. Éste será, en palabras
textuales de Katniss, nuestro hogar hasta que empiecen los juegos. Cada
distrito tiene una planta entera, sólo hay que subir a un ascensor y pulsar el
botón correspondiente al número correspondiente del tuyo. Tan fácil como tocar
un apagador.
Recuerdo el Edificio de Justicia del Distrito 12, con su olor
rancio, viejo y acabado, compararlos con esto es un insulto, porque esto es mil
veces mejor y empezando con su elevador, el cual, está hecho con paredes de
cristal donde puedes ver a las personas de abajo convertirse en hormiguitas.
Cualquier claustrofóbico o temeroso a las alturas estaría muriéndose del miedo,
pero por mi parte, estoy tentada a preguntarle a Effie Trinket si podemos subir
de nuevo, no lo hago, menos cuando Katniss me grita parar mi impulso infantil. Aparentemente,
las tareas de Effie no concluyen solamente en la estación, sino que junto con
Haymitch nos supervisarán hasta que lleguemos al campo de batalla.
Tal vez me esté precipitando, pero esto me alivia un poco,
además de ser un ventaja porque al menos se puede contar con ella, hará que
lleguemos a tiempo a cualquier lado, en tanto Haymitch ni siquiera lo hemos
vuelto a ver desde que hicimos aquel pacto en el tren. Por otro lado, Effie
está sobre una nube, o al menos en lo que respecta en lo sucedido el día de
hoy, parece ser que es la primera vez en que su equipo ha causado furor en la
ceremonia inaugural. Alaba no sólo nuestros trajes, sino igualmente nuestra
conducta y, según lo dice ella, conoce a todas las personas importantes del
Capitolio y ha estado hablándole bien de nosotros todo el día, intentando
conseguir patrocinadores.
— Pero he sido muy misteriosa — dice, con
los ojos entrecerrados — porque, claro, Haymitch no se ha molestado en contarme
su estrategia. Sin embargo, he hecho todo lo posible con lo que tenía: que
Katniss se había sacrificado por su hermana y que los dos han luchado con éxito
por superar la barbarie de su distrito. — ¿Esto no se trata de una cámara escondida?
Es decir, me parece hilarante que una persona directamente del Capitolio venga
a decirme que el Distrito 12 ocurre una barbarie, cuando en realidad ellos
todos los días, corrección, todos los malditos años lazan a unos niños
inocentes a matarse entre sí. ¿Grandioso no lo creen? — Por supuesto, todos
tienen sus reservas, porque son del distrito minero. Así que les he dicho, y ha
sido muy astuto por mi parte: “Bueno, si se ejerce la suficiente presión sobre
el carbón, ¡se convierte en una perla!
Effie esboza una sonrisa tan radiante que tengo que
inclinarme ante su absurdo entusiasmo y astucia, aunque este herrada. Porque
según tengo entendido, la perla provienen del mar, no del carbón. Ella
seguramente quiso decir que del carbón se convierte en diamante, otra cosa
igualmente descabellada, pues es una piedra preciosa y proviene de otra.
<< He oído que el Distrito 1 hay máquina que puede convertir el diamante
en grafito >> me dice Katniss << pero nosotros no extraemos
grafito, de eso se encargaba el Distrito 13. >> Claro, el que termino
totalmente destruido cuando los días “oscuros” desaparecieron.
— Por desgracia, no puedo cerrar tratos con los
patrocinadores. Sólo lo puede hacer Haymitch — sigue diciendo ella, con tono
lúgubre — Pero no se preocupen, lo llevaré a las negociaciones a punta de
pistola, si es necesario.
No es la mujer más sorprendente de todas, de hecho, puede
sacarme de mis casillas a veces, pero debo de admitir sentir admiración por su
determinación.
Mi alojamiento es más grande que la sala de mi departamento
en el mundo donde provengo, es lujoso, como el vagón del tren, y tiene tantos
artilugios automáticos que estoy tentada a pulsarlos todos para ver qué sucede.
Seguramente causaría algún daño. Sólo en la ducha hay un cuadro con más de cien
opciones para controlar la temperatura del agua, la presión, los jabones, los
champús, los aceites y las esponjas de masaje, Cuando sales, pisas una alfombra
que activa para secarte el cuerpo con aire. En lugar de preocuparme por el
enredo desastroso de mi cabello, coloco la mano en una caja que envía una
corriente eléctrica a mi cuero cabelludo, de modo que tengo el cabello
desenredado, peinado y seco casi al instante. No sé ni que decir al respecto,
es decir, ¡esto es el futuro sin dudas! Donde con solo el presionar el botón de
un aparatejo tienes todo listo, sin la necesidad de ejercer algún tipo de
esfuerzo de tu parte.
Programo el armario para que elija un traje a mi gusto, las
ventanas amplían y reducen partes de la ciudad, siguiendo mis órdenes. Si
susurras el tipo de comida que quieras en un gran enorme menú con una especie
de micrófono, la comida aparece calentita en un minuto. Recorro la habitación
comiendo fresas con crema y panecillos rellenos de crema dulce hasta que llaman
a la puerta. Es Effie, ha llegado el momento de la cena.
Fantástico, porque muero de hambre.
Cuando entramos en el comedor, Peeta, Cinna y Portia están de
pie al lado de un balcón donde se puede visualizar el Capitolio. Estoy contenta
de ver a los estilistas, mas tomando en cuenta que Haymitch se unirá a
nosotros. En una comida donde solo estén Effie y Haymitch, asumirás que será un
total desastre. Además, el sentido real de esta cena no será comer, sino
concentrarnos en las estrategias, y Cinna y Portia, tienen mucho potencial para
aportar sus ideas.
Un hombre silencioso vestido con una túnica blanca nos ofrece
unas copas de vino, estoy a punto de rechazarlo, el alcohol y yo nos somos
componentes que puedan unirse, menos tomando en cuenta la última y primera vez
en probarlo. Lo resumiré en entendibles palabras: fiesta de Mari Ann y bailando
música muy movida con uno de sus primos, fin. Sin embargo, lo termino sirviendo
por cortesía, seguramente Katniss en la vida lo ha probado y quizás este sea la
única en hacerlo, por eso le doy un trago al líquido ácido y seco, es tan
repugnante que no consigo a acostumbrarme a su sabor.
Haymitch aparece en el momento que se está sirviendo la cena,
aparentemente parece que ha pasado por un estilista, porque está limpio,
arreglado y más sobrio que nunca, al menos desde haberlo visto por primera vez.
No rechaza el vino, pero, cuando empieza la sopa, me doy cuenta que es la
primera vez en verlo comer, dándome a entender que realmente es humano y no un
ser que solamente se mueve para emborracharse. Puede lograr cumplir su palabra,
controlarse y ayudarnos en los Juegos. Estando Cinna y Portia entre nosotros
ejercer un efecto catalizador entre Haymitch y Effie, al menos, eso pienso al
verlos dirigirse el uno al otro con educación, inclusive los dos elogian sin
parar el acto de inauguración de nuestros estilistas. Ellos pueden cotorrear
todo lo que prefieran, me concentrare mejor en algo sustancioso, la comida:
sopa de champiñones, verduras amargas con tomates cherry, ternera asada cortada
en rodajas tan finas como papel, fideos en salsa verde y queso que se derrite
en la lengua con uvas negras dulces. Los sirvientes, chicos jóvenes vestidos
con túnicas blancas como el que nos trajo el vino, se mueven sin decir nada de
un lado a otro, procurando que los platos y copas estén siempre llenos.
Al estar a la mitad del vaso de vino freno, la cabeza me da
vueltas y la sensación es bastante conocida para saberlo por donde va la cosa,
por lo tanto, freno y me paso al agua de inmediato. Sinceramente es un misterio
como lo hace Haymitch para aguantarlo, porque yo ya no puedo. Busco concentrarme
en la conversación, que trata sobre los trajes para las entrevistas, cuando una
chica coloca una torta de aspecto increíble sobre la mesa y la enciende con
habilidad. La torta se ilumina y las llamas parpadean en los bordes durante un
rato hasta que por fin se apaga. Espere, como… ¿cómo ha logrado hacer eso?
— ¿Han utilizado alcohol para arder? —
pregunto mirando al chica — es lo única que me ocurre para… — una imagen cruza rápidamente
por mi mente, una algo confusa pero sé que se trata de una memoria, una que no
es mía pero la patrocina esta muchacha. — ¿Nos hemos visto en otro lado antes?
No estoy segura, pero es la misma chica que hace un momento vi
en mi cabeza: pelo rojo oscuro, rasgos llamativos, piel de porcelana blanca. Es
entonces cuando lo digo, que una serie de tiras de imágenes me cruzan la mente,
pero puedo asegurarles algo, esas memorias no son en lo más mínimo bonitas,
sino, lo contrario y sin poder evitarlo las entrañas se me encoge. << Ha
sido mi culpa >> dice Katniss con ansiedad << mi culpa que no se
haya podido salvar >> no la entiendo, pero la expresión de terror de la
muchacha es más alarmante, sacude la cabeza para negarlo rápidamente y se aleja
a toda prisa de la mesa.
Al girar a ver a mis acompañantes, los cuatro adultos, me
miran como si me hubiese vuelto loca. ¿He dicho algo fuera lugar acaso?
— No seas ridícula, Katniss. ¿Cómo vas a
conocer a un avox? — me suelta Effie. — Es absurdo.
— Disculpen mi ignorancia, pero… ¿Qué es
un avox? — pregunto, como si fuera una niña de cinco años.
— Alguien que ha cometido un delito; les
cortan la lengua para que no puedan hablar — contesta Haymitch — Seguramente
será una traidora. No es probable que la conozcas.
— Y, aunque la conocieras, se supone que
no hay que hablar con ellos a no ser que desees darles una orden. — dice Effie —
Por supuesto que no la conoces.
<< No miento, la conozco >> reintegra con voz
desesperada Katniss, haciéndome encogerme el corazón ante la memoria que me ha mostrado
<< pero procura pisar con cuidado, si han dicho ser una traidora, podrían
pedirte explicaciones y no deseamos eso. >> Procurare hacerlo, pero entre
más miro la situación, más inquieta me siento.
— No, por supuesto que no, es que… —
balbuceo. ¡Maldición! Nunca he servido manejar estar bajo presión, estúpido vino,
en parte también tiene la culpa.
— Delly Cartwright — salta Peeta,
chasqueando los dedos. — Eso es, a mí también me resulta familiar y no sabía
por qué. Entonces me he dado cuenta que es igual a Delly.
<< No sé qué está intentando hacer Peeta, pero, puedo
asegurarte que la pelirroja y ella tiene de similitud lo que tiene una roca con
una mariposa: nada. >> Me dice Katniss << Es una chica regordeta de
cara mustia y pelo amarillento, probablemente es la persona más simpática del
planeta, sonríe sin parar a todo el mundo en el colegio, incluso a mí. >>
En fin, sea quien sea esa muchacha dicha por el chico del pan, me beneficia,
por lo tanto agarrare su idea con mucho gusto.
— ¡Sí! Tienes razón, creo que debe de ser
por su cabello, o quizás, sus ojos. — digo.
— Katniss, son sus ojos sin dudar. — añade
Peeta sonriéndome como si fuese una olvidadiza nata.
— Oh, bueno, si es sólo eso. — dice Cinna,
y la mesa vuelve a relajarse — Y si, el pastel tiene alcohol, aunque ya se ha
quemado todo. Lo pedí especialmente en honor su fogoso debut.
Nos comemos la torta y pasamos a un salón para ver la
repetición de la ceremonia inaugural que están pasando por la televisión.
Existen otras parejas que causan buena impresión, pero ninguna nos llega. Hasta
nuestro equipo deja escapar una exclamación cuando nos ve salir del Centro de
Renovación.
— ¿De quién fue la idea de sujetarse de la
mano? — pregunta Haymitch.
— De Cinna. — responde Portia.
— El toque justo de rebeldía. Muy bonito.
Oye, oye… ¿No es peligroso decir algo así en este sitio? Me
agrada mucho Cinna como para que los metas en problemas, aunque de cierta
manera el borracho tiene razón, los otros tributos estuvieron centrados en
destacar cada uno por su lado, individualmente. Por otro lado nosotros, con
nuestros trajes resplandecientes, hemos sido presentados como equipo, no
enemigos.
— Mañana por la mañana
es la primera sesión de entrenamiento. Reúnanse conmigo para el desayuno y les
contaré cómo quiero que se comporten. — nos dice Haymitch a Peeta y a mí. —
Ahora vayan a dormir un poco mientras los adultos hablamos.
El chico del pan y yo recorremos juntos el pasillo hasta
nuestras habitaciones. Cuando llegamos a mi puerta, se apoya en el marco, no impidiendo
mi entrada, sino quiere captar mi atención. Alzo una sola ceja, ¿ahora este que
bicho le ha picado?
— Con que Delly Cartwright. Qué casualidad encontrarnos con
su gemela aquí.
Oh, ya, ya entiendo por donde está apuntando la cosa: espera
una explicación de mi parte. Una lástima sinceramente, porque ni yo misma la
sé. << ¿Qué más da? >> dice Katniss restándole importancia al
asunto, sorprendiéndome un poco porque hace unos minutos atrás estaba aterrada
del miedo, petrificada al punto de mostrarme un poco de las memorias de lo
ocurrido. << ¿Qué más da? >> vuelve a repetir << puedes contárselo,
luego de todo, nos ha ayudado en la mesa. Quizás si lo hagas, pueda estar en
paz con él. Con tal no nos puede hacer nada, de eso ya el Capitolio se ha
encargado. >> Katniss se refiere a ir soltando el chisme por allí, cosa
que considero demasiado absurdo, sé que no debemos fiarnos de él pero
igualmente nos ha ayudado, sea cual sea su plan lo hizo, y sinceramente… estoy
igual a él queriendo conocer la verdad. Además, supongamos que está jugando al
jueguito de “seamos buenos amigos para luego traicionarla” darle un voto de
confianza es hacer entender que en verdad lo consideramos como amigo, cosa en
realidad no tener desde hace un par de años, no desde luego el cuento con
Ricardo. Pero eso es otra historia, una que no deseo recordar en estas
circunstancias, salvo para una sola cosa: los chicos solo la joden.
Peeta percata mi pensativa actitud.
— ¿Has estado ya en el tejado? — Niego con
la cabeza — Cinna me lo enseño. Desde allí se ve casi toda la ciudad, aunque el
viento hace bastante ruido.
Está queriendo decir: “Allí arriba nadie podrá oírnos conversar”.
Sí, tengo una inquietud sobre eso igualmente, seguramente nos observan.
— ¿Y si podemos subir?
— Claro, vamos. — responde Peeta.
Le sigo desde atrás escaleras arriba hasta el tejado. Hay una
salita con techo abovedado con una puerta que da al exterior. Cuando salimos al
frío aire nocturno, la vista me deja perpleja: el Capitolio brilla como un
enorme campo lleno de luciérnagas. Me recuerda a cuando ves videos por internet
de grandes rascacielos de noche, todos ellos iluminados de luces de múltiples
colores, con adornos por doquier y publicidad de artículos o bebidas para
diferentes gustos, no, no se equivocan hablo de Nueva York. Se supone que en
este mundo Panem fue construido sobre Estado Unidos de Norteamérica, bueno,
sigue sus costumbres a la perfección, como por ejemplo sus exageradas formas de
alumbrar a una ciudad.
El chico rubio y yo caminamos hasta el borde del tejado, yo
inclino la cabeza para observar la calle, que está llena de gente. Se oyen los
autos, algún grito de vez en cuando y un extraño tintineo metálico. Es como lo
imaginaba: la ciudad que nunca duerme.
— Le pregunté a Cinna por qué nos dejaban
subir, si no les preocupaba que algunos tributos decidieran saltar por el
borde. — me dice Peeta.
— ¿Y que ha dicho?
— Que no se puede. — Alarga la mano hacia
el borde, que parece vacío; se oye un chasquido y la aparta muy deprisa. — Es
algún tipo de campo eléctrico que te empuja hacia el tejado.
— Es muy bonito de su parte, el
preocuparse por nuestra seguridad, me refiero. — digo con tono sarcástico,
aunque Cinna le haya mostrado esto a Peeta, temo si podamos estar aquí a estas
horas, solos. — ¿Nos estarán vigilando?
— Quizá. Ven a ver el jardín.
Al otro lado, han
construido un jardín con lechos de flores y macetas con árboles. De las ramas
cuelgan cientos de carillones, que son los culpables del tintineo. Este es el lugar propicio para no ser escuchado por nadie,
salvo a los dos involucrados en cuestión. Espero con expectación la voz de
Katniss se presente, pero nada, por lo tanto finjo ver una flor en tanto Peeta
me mira. Entonces, de la nada, empieza a susurrarme lo que quiere que diga, a
la vez, debo de fingir el no estar asombrada.
— Una vez nos encontrábamos cazando en el bosque, esperando
escondidos que apareciera una presa. — dije con voz paciente, en el mismo
momento, acariciaba a la flor.
— ¿Tu padre y tú?
— No, mi amigo Gale y yo. De pronto, todos los sonidos del
bosque dejaron de escucharse, menos el cantar de un pájaro, eso solo podía
significar una advertencia. Entonces la vimos. Apuesto lo que llevo puesto que
era la misma chica. Un chico iba con ella. Ambos tenían la ropa hecha tirones,
corrían tan desesperados, tan alarmados como si su vida dependiera de ello.
Aguardo silencio por un instante, paralizada de que las
mismas imágenes crucen mi mente, esta vez, de manera más nítida. Una extraña
pareja de jóvenes corriendo con ojeras bajo sus ojos, rostros demacrados y
vestimenta en condiciones precarias, ellos huían desesperadamente de algo. No
culpo a Katniss y Gale quedarse pegados literalmente al suelo, es decir, lo
tomaron por sorpresa mientras cazaban. ¿Y si los hubiesen atrapado igual? Su
suerte seguramente se parecería al de la chica pelirroja, convertidos en avox y
cortadas sus lenguas. El castigo del silencio.
— El aerodeslizador apareció de la nada — sigo hablando, del
mismo modo que Katniss lo hace en mi mente. — Es decir, el cielo estaba vacío
y, un instante después, ya no lo estaba. No hacia ningún tipo de ruido, pero
ellos lo vieron. Soltaron una red sobre la chica y la subieron a toda prisa. Al
chico lo atravesaron con una lanza atada a un cable y lo subieron también. No
debo de ser adivina para saber que estaba muerto. Oímos a la chica gritar,
seguramente el nombre del chico. Entonces, desaparecieron, la calma del bosque
volvió y todo pareció haber sido un simple espejismo de nuestras mentes.
— ¿Te vieron?
— No... No lo sé, estábamos escondidos bajo un saliente
rocoso. — sé que Katniss miente, cuando titubea lo hace, más si me muestra las
imágenes de la chica mirándola con desespero, como si le estuviese pidiendo
ayuda. Solo que no hicieron nada, solo se limitaron a mirar el espectáculo.
— Estas temblando. — dice Peeta.
¿En verdad lo hago? No me he percatado el momento que la
historia me puso de esta manera, ese grito, el grito de la chica resonando
entre las memorias de Katniss, la imagen del chico atravesado por una lanza, en
general, todo, todo se aglomero para paralizarme al completo. ¿Pudieron
haberlos ayudado? ¿Pudieron haberlo hecho a tiempo? Sé la respuesta a esas
preguntas, y lamentablemente, no es una positiva.
Peeta se quita la chaqueta y me la hecha a los hombros, alzo
la mirada para toparme con sus increíbles ojos azules, parecen un espejo, el
espejo al cielo tanto que me resulta imposible que desee mi muerte, siendo
observada por él de esa forma me siento cohibida, mínima. Es en ese instante
donde existe un conflicto en mí, dejar que mis instintos de supervivencia
hablen o, el del corazón hablándome ser un buen chico. La vida me enseño a
desconfiar en ellos, a que si lo hago saldré herida, traicionada y vuelta
pedazos. En cambio, Katniss, está le enseño a desconfiar de cualquiera, a
excepción de su hermana o Gale, ellos forman parte de su familia, y por eso
adopte igualmente en confiar. Sin embargo, Peeta Mellark me es un misterio, no
solo por sus demostraciones de amabilidad sin razones aparentes, sino el
haberla salvado arrojándole ese pan. ¿Qué es lo que esconde realmente?
— ¿Eran de aquí? — pregunta, mientras me abrocha un botón del
cuello. Asiento. Según Katniss, ambos chicos tenían aire de ser del Capitolio,
aunque en realidad, lo desconozco por completo. — ¿Adónde crees que irían?
— Me es incierto — respondo, porque hasta para la misma
Katniss lo es. Digo, luego del Distrito 12, solo es bosque y más allá quedan
las ruinas del 13 que lo quemaron hasta arder por completo. ¿Qué pueden querer
dos jóvenes de allí? ¿Hacer una exhumación de los restos de sus pasados habitantes?
No lo creo, pinta de espeleólogos no tenían. — No encuentro las razones del
porqué se irían de aquí, es decir, lo tenían todo. Haymitch hablo de que lo
avox eran traidores, pero... ¿A quién? ¿Al Capitolio? Supongo, aun así, se me
hace todo muy confuso.
— Yo me iría. — suelta Peeta. Abro los ojos impresionada,
¿acaso se ha vuelto loco? ¿Y si alguien puede oírlo? Entonces parece percatarse
de lo que dijo, porque gira nervioso detrás suyo como si tuviese a alguien observándolo,
pues su tono fue bastante alto. — me iría a casa ahora mismo, si me dejaran,
pero hay que reconocer que la comida es estupenda aquí.
Estúpido... ¡Estúpido Peeta Mellark y su ingeniosa lengua!
Claro, si alguien lo escuchara no sería nada más las asustadizas palabras de un
tributo, no de uno que cuestiona las bondades del Capitolio. Me encubrió una
vez más.
— Hace frío, será mejor que nos vayamos. — dice. Dentro de la
cúpula esta cálido, evaporando por completo el clima glaciar de hace un rato.
El chico astuto, sigue hablando de forma casual. — Tu amigo, Gale, ¿es el que
se llevó a tu hermana el día de la cosecha?
— Si, ¿acaso lo conoces?
— La verdad es que no, aunque oigo mucho a las chicas hablar
de él. — Oh, oh, oh... puedo escuchar los posibles gruñidos de celos en el aire
por parte de Katniss, seguramente no le entusiasme mucho este dato. — Creía que
era tu primo o algo así, porque se parecen.
— No, no somos parientes.
— ¿Fue a decirte adiós? — me pregunta, después de asentir con
la cabeza, misterioso.
¿A qué viene todo este interrogatorio innecesario? No creo
que le sirva de algo conocer un poco de Katniss, menos si Gale es o no familiar
de ella, quien además, es un excelente cazador y amigo, ya lo considero parte
de su familia sin necesidad de compartir sangre. Agregándole otra cosa: es
posible que a Katniss le gusta, pero esta demasiado ocupada en sobrevivir como
para hacer el tonto, y la comprendo, igualmente haría lo mismo de estar en su
posición.
— Si — respondo, observándolo con atención. — tu papá también,
me ha llevado galletas.
Peeta levanta las cejas impresionado, como si en realidad no
supiera nada de esto, pero, tomando en cuenta su facilidad de manejar su lengua
a gusto o conveniencia, ya nada puedo esperar de él, nada. Aprender a
desconfiar más, también es una tarea que le debo a Katniss, pretendo cumplirla
al pie de la letra. Lo prometo.
— ¿En serio? Bueno, tú y tu hermana le caen bien. Creo que le
hubiese gustado tener una hija, en lugar de una casa llena de chicos. — « es
inquietante » me dice Katniss « que probablemente le hayan hablado de mi
durante camino a casa, o, otro lugar donde no estuviera su madre, seguramente.
» por mi parte, curioso. ¿Qué razón han de tener? — Conocía a tu madre cuando
eran pequeños.
Oh, bueno, eso puede explicar algunas cosas.
— Si, ella creció en la ciudad. — lo recuerdo, Katniss me
explico lo de sus abuelos teniendo una botica cuando era pequeña, es probable
que de allí conociera al panadero. Sin darme cuenta, hemos llegado a la puerta
de mi habitación, así que, le devuelvo la chaqueta. — Buenas noches.
— Si, nos vemos mañana. — responde, y se aleja por el
pasillo.
Y allí va, el misterio hecho hombre. Sacudiendo mi cabeza,
entro a mi habitación y me encuentro con otra sorpresa: la chica pelirroja. Está
recogiendo la maya de cuerpo completo y las botas, me entra un impulso de
ayudarla, al igual, de disculparme por mi imprudencia que pudo haberla metido
en un aprieto. Sin embargo, recuerdo que no puedo dirigirme a ella sino es para
darle una orden, por lo tanto, me trago mis propios deseos.
— Oh, lo lamento. — le digo. — Se suponía que debía de
devolverle la ropa a Cinna, así que... ¿podrías hacerlo por mí? Te lo
agradecería.
Ella evita mirarme a los ojos, asiente brevemente y se va.
Tengo muchas ganas de detenerla, disculparme en nombre de la dueña de este
cuerpo, decirle que siente haber sido una cobarde y no poder ayudarla. Pero
algo dentro de mí dice ser insuficiente, porque con una disculpa no volverá a
la vida el chico que la acompañaba ese día, mucho menos su lengua y levantarse
el castigo impuesto por el Capitolio. Todo esto es muy injusto, pero lo hecho,
hecho ha quedado. Me quito los zapatos y me meto bajo las sabanas sin quitarme,
una vez más, nada de ropa. No he dejado de temblar.
La chica fingió no conocer a Katniss, pero sé que lo hace,
nunca se olvidaría el rostro de tu única esperanza, la última. Me cubro la
cabeza, seguido de abrazar mis piernas haciéndome bolita, por un momento deseo escapar
de la realidad abrumadora del mundo de Katniss, donde probablemente una avox
desee desesperadamente el momento donde me lancen a la arena, ella seguramente
gozara cuando me maten.
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