domingo, 25 de febrero de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


7
El Centro de Entretenimiento tiene una torre diseñada exclusivamente para los tributos y sus equipos. Éste será, en palabras textuales de Katniss, nuestro hogar hasta que empiecen los juegos. Cada distrito tiene una planta entera, sólo hay que subir a un ascensor y pulsar el botón correspondiente al número correspondiente del tuyo. Tan fácil como tocar un apagador.
Recuerdo el Edificio de Justicia del Distrito 12, con su olor rancio, viejo y acabado, compararlos con esto es un insulto, porque esto es mil veces mejor y empezando con su elevador, el cual, está hecho con paredes de cristal donde puedes ver a las personas de abajo convertirse en hormiguitas. Cualquier claustrofóbico o temeroso a las alturas estaría muriéndose del miedo, pero por mi parte, estoy tentada a preguntarle a Effie Trinket si podemos subir de nuevo, no lo hago, menos cuando Katniss me grita parar mi impulso infantil. Aparentemente, las tareas de Effie no concluyen solamente en la estación, sino que junto con Haymitch nos supervisarán hasta que lleguemos al campo de batalla.
Tal vez me esté precipitando, pero esto me alivia un poco, además de ser un ventaja porque al menos se puede contar con ella, hará que lleguemos a tiempo a cualquier lado, en tanto Haymitch ni siquiera lo hemos vuelto a ver desde que hicimos aquel pacto en el tren. Por otro lado, Effie está sobre una nube, o al menos en lo que respecta en lo sucedido el día de hoy, parece ser que es la primera vez en que su equipo ha causado furor en la ceremonia inaugural. Alaba no sólo nuestros trajes, sino igualmente nuestra conducta y, según lo dice ella, conoce a todas las personas importantes del Capitolio y ha estado hablándole bien de nosotros todo el día, intentando conseguir patrocinadores.
   Pero he sido muy misteriosa — dice, con los ojos entrecerrados — porque, claro, Haymitch no se ha molestado en contarme su estrategia. Sin embargo, he hecho todo lo posible con lo que tenía: que Katniss se había sacrificado por su hermana y que los dos han luchado con éxito por superar la barbarie de su distrito. — ¿Esto no se trata de una cámara escondida? Es decir, me parece hilarante que una persona directamente del Capitolio venga a decirme que el Distrito 12 ocurre una barbarie, cuando en realidad ellos todos los días, corrección, todos los malditos años lazan a unos niños inocentes a matarse entre sí. ¿Grandioso no lo creen? — Por supuesto, todos tienen sus reservas, porque son del distrito minero. Así que les he dicho, y ha sido muy astuto por mi parte: “Bueno, si se ejerce la suficiente presión sobre el carbón, ¡se convierte en una perla!
Effie esboza una sonrisa tan radiante que tengo que inclinarme ante su absurdo entusiasmo y astucia, aunque este herrada. Porque según tengo entendido, la perla provienen del mar, no del carbón. Ella seguramente quiso decir que del carbón se convierte en diamante, otra cosa igualmente descabellada, pues es una piedra preciosa y proviene de otra. << He oído que el Distrito 1 hay máquina que puede convertir el diamante en grafito >> me dice Katniss << pero nosotros no extraemos grafito, de eso se encargaba el Distrito 13. >> Claro, el que termino totalmente destruido cuando los días “oscuros” desaparecieron.
— Por desgracia, no puedo cerrar tratos con los patrocinadores. Sólo lo puede hacer Haymitch — sigue diciendo ella, con tono lúgubre — Pero no se preocupen, lo llevaré a las negociaciones a punta de pistola, si es necesario.
No es la mujer más sorprendente de todas, de hecho, puede sacarme de mis casillas a veces, pero debo de admitir sentir admiración por su determinación.    

Mi alojamiento es más grande que la sala de mi departamento en el mundo donde provengo, es lujoso, como el vagón del tren, y tiene tantos artilugios automáticos que estoy tentada a pulsarlos todos para ver qué sucede. Seguramente causaría algún daño. Sólo en la ducha hay un cuadro con más de cien opciones para controlar la temperatura del agua, la presión, los jabones, los champús, los aceites y las esponjas de masaje, Cuando sales, pisas una alfombra que activa para secarte el cuerpo con aire. En lugar de preocuparme por el enredo desastroso de mi cabello, coloco la mano en una caja que envía una corriente eléctrica a mi cuero cabelludo, de modo que tengo el cabello desenredado, peinado y seco casi al instante. No sé ni que decir al respecto, es decir, ¡esto es el futuro sin dudas! Donde con solo el presionar el botón de un aparatejo tienes todo listo, sin la necesidad de ejercer algún tipo de esfuerzo de tu parte.
Programo el armario para que elija un traje a mi gusto, las ventanas amplían y reducen partes de la ciudad, siguiendo mis órdenes. Si susurras el tipo de comida que quieras en un gran enorme menú con una especie de micrófono, la comida aparece calentita en un minuto. Recorro la habitación comiendo fresas con crema y panecillos rellenos de crema dulce hasta que llaman a la puerta. Es Effie, ha llegado el momento de la cena.
Fantástico, porque muero de hambre.
Cuando entramos en el comedor, Peeta, Cinna y Portia están de pie al lado de un balcón donde se puede visualizar el Capitolio. Estoy contenta de ver a los estilistas, mas tomando en cuenta que Haymitch se unirá a nosotros. En una comida donde solo estén Effie y Haymitch, asumirás que será un total desastre. Además, el sentido real de esta cena no será comer, sino concentrarnos en las estrategias, y Cinna y Portia, tienen mucho potencial para aportar sus ideas.
Un hombre silencioso vestido con una túnica blanca nos ofrece unas copas de vino, estoy a punto de rechazarlo, el alcohol y yo nos somos componentes que puedan unirse, menos tomando en cuenta la última y primera vez en probarlo. Lo resumiré en entendibles palabras: fiesta de Mari Ann y bailando música muy movida con uno de sus primos, fin. Sin embargo, lo termino sirviendo por cortesía, seguramente Katniss en la vida lo ha probado y quizás este sea la única en hacerlo, por eso le doy un trago al líquido ácido y seco, es tan repugnante que no consigo a acostumbrarme a su sabor.
Haymitch aparece en el momento que se está sirviendo la cena, aparentemente parece que ha pasado por un estilista, porque está limpio, arreglado y más sobrio que nunca, al menos desde haberlo visto por primera vez. No rechaza el vino, pero, cuando empieza la sopa, me doy cuenta que es la primera vez en verlo comer, dándome a entender que realmente es humano y no un ser que solamente se mueve para emborracharse. Puede lograr cumplir su palabra, controlarse y ayudarnos en los Juegos. Estando Cinna y Portia entre nosotros ejercer un efecto catalizador entre Haymitch y Effie, al menos, eso pienso al verlos dirigirse el uno al otro con educación, inclusive los dos elogian sin parar el acto de inauguración de nuestros estilistas. Ellos pueden cotorrear todo lo que prefieran, me concentrare mejor en algo sustancioso, la comida: sopa de champiñones, verduras amargas con tomates cherry, ternera asada cortada en rodajas tan finas como papel, fideos en salsa verde y queso que se derrite en la lengua con uvas negras dulces. Los sirvientes, chicos jóvenes vestidos con túnicas blancas como el que nos trajo el vino, se mueven sin decir nada de un lado a otro, procurando que los platos y copas estén siempre llenos.
Al estar a la mitad del vaso de vino freno, la cabeza me da vueltas y la sensación es bastante conocida para saberlo por donde va la cosa, por lo tanto, freno y me paso al agua de inmediato. Sinceramente es un misterio como lo hace Haymitch para aguantarlo, porque yo ya no puedo. Busco concentrarme en la conversación, que trata sobre los trajes para las entrevistas, cuando una chica coloca una torta de aspecto increíble sobre la mesa y la enciende con habilidad. La torta se ilumina y las llamas parpadean en los bordes durante un rato hasta que por fin se apaga. Espere, como… ¿cómo ha logrado hacer eso?
   ¿Han utilizado alcohol para arder? — pregunto mirando al chica — es lo única que me ocurre para… — una imagen cruza rápidamente por mi mente, una algo confusa pero sé que se trata de una memoria, una que no es mía pero la patrocina esta muchacha. — ¿Nos hemos visto en otro lado antes?
No estoy segura, pero es la misma chica que hace un momento vi en mi cabeza: pelo rojo oscuro, rasgos llamativos, piel de porcelana blanca. Es entonces cuando lo digo, que una serie de tiras de imágenes me cruzan la mente, pero puedo asegurarles algo, esas memorias no son en lo más mínimo bonitas, sino, lo contrario y sin poder evitarlo las entrañas se me encoge. << Ha sido mi culpa >> dice Katniss con ansiedad << mi culpa que no se haya podido salvar >> no la entiendo, pero la expresión de terror de la muchacha es más alarmante, sacude la cabeza para negarlo rápidamente y se aleja a toda prisa de la mesa.  
Al girar a ver a mis acompañantes, los cuatro adultos, me miran como si me hubiese vuelto loca. ¿He dicho algo fuera lugar acaso?
   No seas ridícula, Katniss. ¿Cómo vas a conocer a un avox? — me suelta Effie. — Es absurdo.
   Disculpen mi ignorancia, pero… ¿Qué es un avox? — pregunto, como si fuera una niña de cinco años.
   Alguien que ha cometido un delito; les cortan la lengua para que no puedan hablar — contesta Haymitch — Seguramente será una traidora. No es probable que la conozcas.
   Y, aunque la conocieras, se supone que no hay que hablar con ellos a no ser que desees darles una orden. — dice Effie — Por supuesto que no la conoces.
<< No miento, la conozco >> reintegra con voz desesperada Katniss, haciéndome encogerme el corazón ante la memoria que me ha mostrado << pero procura pisar con cuidado, si han dicho ser una traidora, podrían pedirte explicaciones y no deseamos eso. >> Procurare hacerlo, pero entre más miro la situación, más inquieta me siento.
   No, por supuesto que no, es que… — balbuceo. ¡Maldición! Nunca he servido manejar estar bajo presión, estúpido vino, en parte también tiene la culpa.
   Delly Cartwright — salta Peeta, chasqueando los dedos. — Eso es, a mí también me resulta familiar y no sabía por qué. Entonces me he dado cuenta que es igual a Delly.
<< No sé qué está intentando hacer Peeta, pero, puedo asegurarte que la pelirroja y ella tiene de similitud lo que tiene una roca con una mariposa: nada. >> Me dice Katniss << Es una chica regordeta de cara mustia y pelo amarillento, probablemente es la persona más simpática del planeta, sonríe sin parar a todo el mundo en el colegio, incluso a mí. >> En fin, sea quien sea esa muchacha dicha por el chico del pan, me beneficia, por lo tanto agarrare su idea con mucho gusto.
   ¡Sí! Tienes razón, creo que debe de ser por su cabello, o quizás, sus ojos. — digo.
   Katniss, son sus ojos sin dudar. — añade Peeta sonriéndome como si fuese una olvidadiza nata.
   Oh, bueno, si es sólo eso. — dice Cinna, y la mesa vuelve a relajarse — Y si, el pastel tiene alcohol, aunque ya se ha quemado todo. Lo pedí especialmente en honor su fogoso debut.
Nos comemos la torta y pasamos a un salón para ver la repetición de la ceremonia inaugural que están pasando por la televisión. Existen otras parejas que causan buena impresión, pero ninguna nos llega. Hasta nuestro equipo deja escapar una exclamación cuando nos ve salir del Centro de Renovación.
   ¿De quién fue la idea de sujetarse de la mano? — pregunta Haymitch.
   De Cinna. — responde Portia.
   El toque justo de rebeldía. Muy bonito.
Oye, oye… ¿No es peligroso decir algo así en este sitio? Me agrada mucho Cinna como para que los metas en problemas, aunque de cierta manera el borracho tiene razón, los otros tributos estuvieron centrados en destacar cada uno por su lado, individualmente. Por otro lado nosotros, con nuestros trajes resplandecientes, hemos sido presentados como equipo, no enemigos.
 — Mañana por la mañana es la primera sesión de entrenamiento. Reúnanse conmigo para el desayuno y les contaré cómo quiero que se comporten. — nos dice Haymitch a Peeta y a mí. — Ahora vayan a dormir un poco mientras los adultos hablamos.
El chico del pan y yo recorremos juntos el pasillo hasta nuestras habitaciones. Cuando llegamos a mi puerta, se apoya en el marco, no impidiendo mi entrada, sino quiere captar mi atención. Alzo una sola ceja, ¿ahora este que bicho le ha picado?
— Con que Delly Cartwright. Qué casualidad encontrarnos con su gemela aquí.
Oh, ya, ya entiendo por donde está apuntando la cosa: espera una explicación de mi parte. Una lástima sinceramente, porque ni yo misma la sé. << ¿Qué más da? >> dice Katniss restándole importancia al asunto, sorprendiéndome un poco porque hace unos minutos atrás estaba aterrada del miedo, petrificada al punto de mostrarme un poco de las memorias de lo ocurrido. << ¿Qué más da? >> vuelve a repetir << puedes contárselo, luego de todo, nos ha ayudado en la mesa. Quizás si lo hagas, pueda estar en paz con él. Con tal no nos puede hacer nada, de eso ya el Capitolio se ha encargado. >> Katniss se refiere a ir soltando el chisme por allí, cosa que considero demasiado absurdo, sé que no debemos fiarnos de él pero igualmente nos ha ayudado, sea cual sea su plan lo hizo, y sinceramente… estoy igual a él queriendo conocer la verdad. Además, supongamos que está jugando al jueguito de “seamos buenos amigos para luego traicionarla” darle un voto de confianza es hacer entender que en verdad lo consideramos como amigo, cosa en realidad no tener desde hace un par de años, no desde luego el cuento con Ricardo. Pero eso es otra historia, una que no deseo recordar en estas circunstancias, salvo para una sola cosa: los chicos solo la joden.
Peeta percata mi pensativa actitud.
   ¿Has estado ya en el tejado? — Niego con la cabeza — Cinna me lo enseño. Desde allí se ve casi toda la ciudad, aunque el viento hace bastante ruido.
Está queriendo decir: “Allí arriba nadie podrá oírnos conversar”. Sí, tengo una inquietud sobre eso igualmente, seguramente nos observan.
   ¿Y si podemos subir?
   Claro, vamos. — responde Peeta.
Le sigo desde atrás escaleras arriba hasta el tejado. Hay una salita con techo abovedado con una puerta que da al exterior. Cuando salimos al frío aire nocturno, la vista me deja perpleja: el Capitolio brilla como un enorme campo lleno de luciérnagas. Me recuerda a cuando ves videos por internet de grandes rascacielos de noche, todos ellos iluminados de luces de múltiples colores, con adornos por doquier y publicidad de artículos o bebidas para diferentes gustos, no, no se equivocan hablo de Nueva York. Se supone que en este mundo Panem fue construido sobre Estado Unidos de Norteamérica, bueno, sigue sus costumbres a la perfección, como por ejemplo sus exageradas formas de alumbrar a una ciudad.
El chico rubio y yo caminamos hasta el borde del tejado, yo inclino la cabeza para observar la calle, que está llena de gente. Se oyen los autos, algún grito de vez en cuando y un extraño tintineo metálico. Es como lo imaginaba: la ciudad que nunca duerme.
   Le pregunté a Cinna por qué nos dejaban subir, si no les preocupaba que algunos tributos decidieran saltar por el borde. — me dice Peeta.
   ¿Y que ha dicho?
   Que no se puede. — Alarga la mano hacia el borde, que parece vacío; se oye un chasquido y la aparta muy deprisa. — Es algún tipo de campo eléctrico que te empuja hacia el tejado.
   Es muy bonito de su parte, el preocuparse por nuestra seguridad, me refiero. — digo con tono sarcástico, aunque Cinna le haya mostrado esto a Peeta, temo si podamos estar aquí a estas horas, solos. — ¿Nos estarán vigilando?
   Quizá. Ven a ver el jardín.
 Al otro lado, han construido un jardín con lechos de flores y macetas con árboles. De las ramas cuelgan cientos de carillones, que son los culpables del tintineo. Este es el lugar propicio para no ser escuchado por nadie, salvo a los dos involucrados en cuestión. Espero con expectación la voz de Katniss se presente, pero nada, por lo tanto finjo ver una flor en tanto Peeta me mira. Entonces, de la nada, empieza a susurrarme lo que quiere que diga, a la vez, debo de fingir el no estar asombrada.
— Una vez nos encontrábamos cazando en el bosque, esperando escondidos que apareciera una presa. — dije con voz paciente, en el mismo momento, acariciaba a la flor.
— ¿Tu padre y tú?
— No, mi amigo Gale y yo. De pronto, todos los sonidos del bosque dejaron de escucharse, menos el cantar de un pájaro, eso solo podía significar una advertencia. Entonces la vimos. Apuesto lo que llevo puesto que era la misma chica. Un chico iba con ella. Ambos tenían la ropa hecha tirones, corrían tan desesperados, tan alarmados como si su vida dependiera de ello.
Aguardo silencio por un instante, paralizada de que las mismas imágenes crucen mi mente, esta vez, de manera más nítida. Una extraña pareja de jóvenes corriendo con ojeras bajo sus ojos, rostros demacrados y vestimenta en condiciones precarias, ellos huían desesperadamente de algo. No culpo a Katniss y Gale quedarse pegados literalmente al suelo, es decir, lo tomaron por sorpresa mientras cazaban. ¿Y si los hubiesen atrapado igual? Su suerte seguramente se parecería al de la chica pelirroja, convertidos en avox y cortadas sus lenguas. El castigo del silencio.
— El aerodeslizador apareció de la nada — sigo hablando, del mismo modo que Katniss lo hace en mi mente. — Es decir, el cielo estaba vacío y, un instante después, ya no lo estaba. No hacia ningún tipo de ruido, pero ellos lo vieron. Soltaron una red sobre la chica y la subieron a toda prisa. Al chico lo atravesaron con una lanza atada a un cable y lo subieron también. No debo de ser adivina para saber que estaba muerto. Oímos a la chica gritar, seguramente el nombre del chico. Entonces, desaparecieron, la calma del bosque volvió y todo pareció haber sido un simple espejismo de nuestras mentes.
— ¿Te vieron?
— No... No lo sé, estábamos escondidos bajo un saliente rocoso. — sé que Katniss miente, cuando titubea lo hace, más si me muestra las imágenes de la chica mirándola con desespero, como si le estuviese pidiendo ayuda. Solo que no hicieron nada, solo se limitaron a mirar el espectáculo.
— Estas temblando. — dice Peeta.
¿En verdad lo hago? No me he percatado el momento que la historia me puso de esta manera, ese grito, el grito de la chica resonando entre las memorias de Katniss, la imagen del chico atravesado por una lanza, en general, todo, todo se aglomero para paralizarme al completo. ¿Pudieron haberlos ayudado? ¿Pudieron haberlo hecho a tiempo? Sé la respuesta a esas preguntas, y lamentablemente, no es una positiva.
Peeta se quita la chaqueta y me la hecha a los hombros, alzo la mirada para toparme con sus increíbles ojos azules, parecen un espejo, el espejo al cielo tanto que me resulta imposible que desee mi muerte, siendo observada por él de esa forma me siento cohibida, mínima. Es en ese instante donde existe un conflicto en mí, dejar que mis instintos de supervivencia hablen o, el del corazón hablándome ser un buen chico. La vida me enseño a desconfiar en ellos, a que si lo hago saldré herida, traicionada y vuelta pedazos. En cambio, Katniss, está le enseño a desconfiar de cualquiera, a excepción de su hermana o Gale, ellos forman parte de su familia, y por eso adopte igualmente en confiar. Sin embargo, Peeta Mellark me es un misterio, no solo por sus demostraciones de amabilidad sin razones aparentes, sino el haberla salvado arrojándole ese pan. ¿Qué es lo que esconde realmente?
— ¿Eran de aquí? — pregunta, mientras me abrocha un botón del cuello. Asiento. Según Katniss, ambos chicos tenían aire de ser del Capitolio, aunque en realidad, lo desconozco por completo. — ¿Adónde crees que irían?
— Me es incierto — respondo, porque hasta para la misma Katniss lo es. Digo, luego del Distrito 12, solo es bosque y más allá quedan las ruinas del 13 que lo quemaron hasta arder por completo. ¿Qué pueden querer dos jóvenes de allí? ¿Hacer una exhumación de los restos de sus pasados habitantes? No lo creo, pinta de espeleólogos no tenían. — No encuentro las razones del porqué se irían de aquí, es decir, lo tenían todo. Haymitch hablo de que lo avox eran traidores, pero... ¿A quién? ¿Al Capitolio? Supongo, aun así, se me hace todo muy confuso.
— Yo me iría. — suelta Peeta. Abro los ojos impresionada, ¿acaso se ha vuelto loco? ¿Y si alguien puede oírlo? Entonces parece percatarse de lo que dijo, porque gira nervioso detrás suyo como si tuviese a alguien observándolo, pues su tono fue bastante alto. — me iría a casa ahora mismo, si me dejaran, pero hay que reconocer que la comida es estupenda aquí.
Estúpido... ¡Estúpido Peeta Mellark y su ingeniosa lengua! Claro, si alguien lo escuchara no sería nada más las asustadizas palabras de un tributo, no de uno que cuestiona las bondades del Capitolio. Me encubrió una vez más.
— Hace frío, será mejor que nos vayamos. — dice. Dentro de la cúpula esta cálido, evaporando por completo el clima glaciar de hace un rato. El chico astuto, sigue hablando de forma casual. — Tu amigo, Gale, ¿es el que se llevó a tu hermana el día de la cosecha?
— Si, ¿acaso lo conoces?
— La verdad es que no, aunque oigo mucho a las chicas hablar de él. — Oh, oh, oh... puedo escuchar los posibles gruñidos de celos en el aire por parte de Katniss, seguramente no le entusiasme mucho este dato. — Creía que era tu primo o algo así, porque se parecen.
— No, no somos parientes.
— ¿Fue a decirte adiós? — me pregunta, después de asentir con la cabeza, misterioso.
¿A qué viene todo este interrogatorio innecesario? No creo que le sirva de algo conocer un poco de Katniss, menos si Gale es o no familiar de ella, quien además, es un excelente cazador y amigo, ya lo considero parte de su familia sin necesidad de compartir sangre. Agregándole otra cosa: es posible que a Katniss le gusta, pero esta demasiado ocupada en sobrevivir como para hacer el tonto, y la comprendo, igualmente haría lo mismo de estar en su posición.
— Si — respondo, observándolo con atención. — tu papá también, me ha llevado galletas.
Peeta levanta las cejas impresionado, como si en realidad no supiera nada de esto, pero, tomando en cuenta su facilidad de manejar su lengua a gusto o conveniencia, ya nada puedo esperar de él, nada. Aprender a desconfiar más, también es una tarea que le debo a Katniss, pretendo cumplirla al pie de la letra. Lo prometo.
— ¿En serio? Bueno, tú y tu hermana le caen bien. Creo que le hubiese gustado tener una hija, en lugar de una casa llena de chicos. — « es inquietante » me dice Katniss « que probablemente le hayan hablado de mi durante camino a casa, o, otro lugar donde no estuviera su madre, seguramente. » por mi parte, curioso. ¿Qué razón han de tener? — Conocía a tu madre cuando eran pequeños.
Oh, bueno, eso puede explicar algunas cosas.
— Si, ella creció en la ciudad. — lo recuerdo, Katniss me explico lo de sus abuelos teniendo una botica cuando era pequeña, es probable que de allí conociera al panadero. Sin darme cuenta, hemos llegado a la puerta de mi habitación, así que, le devuelvo la chaqueta. — Buenas noches.
— Si, nos vemos mañana. — responde, y se aleja por el pasillo.
Y allí va, el misterio hecho hombre. Sacudiendo mi cabeza, entro a mi habitación y me encuentro con otra sorpresa: la chica pelirroja. Está recogiendo la maya de cuerpo completo y las botas, me entra un impulso de ayudarla, al igual, de disculparme por mi imprudencia que pudo haberla metido en un aprieto. Sin embargo, recuerdo que no puedo dirigirme a ella sino es para darle una orden, por lo tanto, me trago mis propios deseos.
— Oh, lo lamento. — le digo. — Se suponía que debía de devolverle la ropa a Cinna, así que... ¿podrías hacerlo por mí? Te lo agradecería.
Ella evita mirarme a los ojos, asiente brevemente y se va. Tengo muchas ganas de detenerla, disculparme en nombre de la dueña de este cuerpo, decirle que siente haber sido una cobarde y no poder ayudarla. Pero algo dentro de mí dice ser insuficiente, porque con una disculpa no volverá a la vida el chico que la acompañaba ese día, mucho menos su lengua y levantarse el castigo impuesto por el Capitolio. Todo esto es muy injusto, pero lo hecho, hecho ha quedado. Me quito los zapatos y me meto bajo las sabanas sin quitarme, una vez más, nada de ropa. No he dejado de temblar.
La chica fingió no conocer a Katniss, pero sé que lo hace, nunca se olvidaría el rostro de tu única esperanza, la última. Me cubro la cabeza, seguido de abrazar mis piernas haciéndome bolita, por un momento deseo escapar de la realidad abrumadora del mundo de Katniss, donde probablemente una avox desee desesperadamente el momento donde me lancen a la arena, ella seguramente gozara cuando me maten.




No hay comentarios:

Publicar un comentario