VIII
Hasetsu, Kushu. En vísperas navideñas.
La olas de frío golpearon su rostro suavemente dándole la bienvenida, los pequeños copos de nieve caían sobre él tratando de mojarlo, causándole nada mas que gracia. De hecho, el ambiente navideño en todas partes le contagiaba de un sentimiento inexplicable, era entre felicidad y anciedad, podría ser una rara combinación de ambas porque entre mas avanzaba, mas estaría cerca de ellos. Su amada familia.
Era cierto que en Rusia no acostumbran celebrar la navidad, menos un cumpleaños por adelantado, pero por primera vez en sus treinta y dos años de vida podría contradecir eso. Desde tener memoria, siempre paso estos días en la entrega de la total soledad, manteniendo a su lado su adorado caniche makkashin que hace unos años atrás falleció, ahora tiene a History quien es su hijo y aunque le brinda compañia, jamas seria lo mismo sentir el calor humano. Ese que te llena un termómetro imaginario de felicidad, amor y dicha, porque no hay nada mejor que estar junto a tus personas importantes en estas fechas. Mas tu cumpleaños treinta y tres.
Los ladridos de su caniche History le traen nuevamente a la realidad, debería coger un taxi para ir rumbo a Yu-topia, hogar de los Katsuki y de los amores de su vida. Un raro cosquilleo se adueña de él provocandole sacar una risas, conoce perfectamente eso que siente, tan delicioso como el amor y autentico como la alegría. Simplemente, es instinto de alfa que preciente la presencia de su destino, su alma gemela, en general su omega. Da unos pasos hacia adelante, agudizando sus sentidos y girando la cabeza hacia todos lados, se encuentra en la entrada del aeropuerto por lo que la vista es mas amplia al momento de reconocer personas. Aunque, al parecer, no sera su suerte esta vez.
— ¡Viktor! — una voz entre la multitud se alza, haciendo su presencia estelar. — ¡Viktor por aqui!
Oh… esa aroma igual a las azucenas, miel y vainilla, choca directamente con sus fosas nasales viajando por su garganta provocando sacarle un gemido satisfecho. Lo conoce, por supuesto que lo hace, pues ese olor en la vida podra cantarle a alguien mas, salvo el mismo. Olvidando donde se encuentra, quien es y sus modales como ser humano, sale en dirección del aroma guiado por sus instintios combinado con la voz llamándolo. Ha pasado tiempo sin verse, desde la copa de América, desde unir únicamente sus labios y acariciarse en la clandestinidad de un rincón oscuro, de prender las alarmas y alzar las murallas contra otros alfas, sobre todo, ha pasado tiempo desde tener la desencia de encontrarse a solas. No es como si tuviese queja de su vida intima con el omega, mas bien su molestia va dirigida a no pasar mas lejos de un beso o caricias sobre la ropa, realmente lo mas extremo experimentado fue en su ciclo de celo. Vaya, que ha sido mucho desde eso. Por lo tanto, frustra de sobre manera al alfa dormido en su interior, ni hablar de si mismo, porque su piel anhela la del otro pero por extraña razón le reulle sin motivos.
« Si… va ser mi condena. »
Cuando por fin lo encuentra, este sonrie emocionado con mejillas sonrojadas debido al frío, ojos caoba brillosos y con signos de anhelo, seguido de sus brazos extendidos listo para ser abordados. Tampoco se nego mucho en hacerlo, simplemente se dejó llevar ante el momento perdiéndose en el mas bajo, pasando los suyos propios en la figura mas delgada así aspirando ese olor que tanto ama. Por fin se siente completo, por fin ya puede dejar a un lado sus fantasías con el pelinegro para hacerlas realidad, ya le da igual las competencias, el GPF, la copa de continentes, las nacionales de Rusia, el mundial… ¡Al demonio con todo eso! Él simplemente quiere tiempo de calidad con su amado, seguido de su pequeña.
— Bienvenido de vuelta, Viktor. — susurro en su oido suave, erizandole la piel al nombrado.
— Gracias, Yuuri. — hundió mas su cara en el cuello del otro, inundandose de mas calor y cosquilleo placentero. — te extrañe tanto, los extrañe a los dos… por cierto ¿donde esta Anna?
— Salió con las trillizas — dijo él, separándose del peliplata y aprovechando para acariciarle el rostro. — suele salir con ellas a patinar, aunque no le guste mucho la idea. Solo lo hace para llevarles la corriente, creo que se queda nada mas mirandolas.
— Con las ganas que tenia de verla. — replicó medio haciendo un puchero.
— Ya la veras en la cena — le tomo de la mano, empujadolo con todo cachorro y maletas hacia adelante. — ¿él es History? Porque es muy adorable, un poco mas pequeño a Makkachin, pero al final adorable.
— Si, me ha hecho compañia desde hace tres años. — presumió Viktor, entrelazando sus dedos con el japones. — Estaba esperando conocerlos, seguramente Anna se alegre al verlo, me ha dicho que ha querido tener uno.
— Es cierto — musita en un suspiro Yuuri, meditando la situación. — como vivimos en un departamento y con ocupaciones, hacernos cargo de un cachorro seria imposible. No podíamos tenerlo.
— Ya veo…
La conversación murió allí, rápidamente abordaron un taxi rumbo a la casa del omega, donde seguramente le esperaría la familia entera Katsuki causándole un poco de nerviosismo, tenía mucho tiempo sin verlos mas tomando en cuenta los malentendidos entre los dos. Conocía a los Katsuki, teniendo entendido no inmiscuirse en asuntos lejos de su jurisdicción, por lo tanto, probablemente seria recibido con los brazos abiertos y esos platillos delicioso. ¡Casi podía oler el Katsudon! Ese preparado por las manos habilidosas de la madre de Yuuri, aun recuerda la primera vez de probarlo, creyó que era comida predilecta para los dioses y se atrevió a degustarla sin miramientos. Tambien se le viene a la mente imágenes de un omega rellenito, con suficientes lonjas donde agarrar, por supuesto, su anciedad se manifestó con poseer mucha hambre y devorar cualquier plato de comida al frente, mas si era el Katsudon. Así nació su apodo de cerdito. De cierta manera, le hacia preguntarse como fue la figura de Yuuri embarazado, seguramente fue adorable, con esa redondita protuberancia, sus mejillas hinchas pintadas en color, un aura tierna y totalmente maternal, llenandole de ancias por acariciar ese vientre y besarle la cabeza. Si, seguramente llenandole de palabras conciliadoras con todo encontrarse bien, juntos serian buenos padres y le enseñarían un montón de cosas a su nuevo bebé.
Luego al tenerlo entre ellos, acunarlos entre sus brazos, apreciar sus parecidos de Yuuri o él, tambien contemplar ser encantador durmiendo o bostezando. ¡Su primera sonrisa! Hermosa, emifera y parecida al primer sol de la mañana, brillante y suave. Seguramente todo eso lo vivió Yuuri con Anna, no quiere parecer vanidoso, pero debió de causar estragos en el japones al ser su viva imagen la pequeña. De hecho, en las redes sociales no paran de mencionarlo, ser dos gotas de agua al sonreír, mirar o el pestañear, los rasgos asiáticos son mínimos dejando en total incógnita la madre de ella. Esta bien, Viktor no quiere causar un escandalo, menos tomando en cuenta lo frágil que es el omega en estas situaciones, lo mejor sería permanecer de esta manera hasta dar el paso mas grande en sus vidas, comprometerse. Porque el ruso lo ha meditando mucho, permanecer lejos de ellos es una tortura, terminando la temporada quiere pedirle la mano a Yuuri, casarce y asi finalmente romper todas las barreras impuesta por la sociedad.
Luego al tenerlo entre ellos, acunarlos entre sus brazos, apreciar sus parecidos de Yuuri o él, tambien contemplar ser encantador durmiendo o bostezando. ¡Su primera sonrisa! Hermosa, emifera y parecida al primer sol de la mañana, brillante y suave. Seguramente todo eso lo vivió Yuuri con Anna, no quiere parecer vanidoso, pero debió de causar estragos en el japones al ser su viva imagen la pequeña. De hecho, en las redes sociales no paran de mencionarlo, ser dos gotas de agua al sonreír, mirar o el pestañear, los rasgos asiáticos son mínimos dejando en total incógnita la madre de ella. Esta bien, Viktor no quiere causar un escandalo, menos tomando en cuenta lo frágil que es el omega en estas situaciones, lo mejor sería permanecer de esta manera hasta dar el paso mas grande en sus vidas, comprometerse. Porque el ruso lo ha meditando mucho, permanecer lejos de ellos es una tortura, terminando la temporada quiere pedirle la mano a Yuuri, casarce y asi finalmente romper todas las barreras impuesta por la sociedad.
Antes de seguir soñando, el taxi se ha estacionado en Yu-topia anunciando la llegada, pagando la tarifa correspondiente History es el primero en correr hasta la entrada ladrando entuciasmado, meneando la cola hacia los lados y girando la cabeza en dirección a los humanos. El peliplata sosteniendo sus maletas, alega la evidente emoción de su caniche en su primera visita a Japón, casi y le recuerda a su padre, quien en la mínima oportunidad le salto encima al omega derrumbandolo. El mencionado suelta un respingo imprecionado, le resulta insólito la memoria intacta del ruso siendo tan despistado y olvidadizo como ninguno, inclusive dejando pasar ciertas promesas a Yurio. Viktor se excusa con una sonrisa tonta, abriendo la puerta del sitio, adentrándose con total normalidad al admirar el panorama lo encuentra desolado. Pero que extraño, los Katsuki resultan demaciado acogedores en su especie, cuando piso por primera vez este sitio las sonrisas amables de la señora Hiroko y el señor Toshiya lo saludaron, aunque su japonés fuese un completo desastre, entencido el idioma de la cortesía no perdiendo la oportunidad de darse un baño en las termas. ¡Oh dulce gloria! Esas aguas tan tibias, grandes y solas para él, no es como si tuviese inconveniente en compartirlas con alguien mas, es mas, le daba completamente igual solamente se refiere a tener por unos segundos soledad relajante rodeandolo.
— Yuuri, ¿donde esta todo el mundo? — pregunto a la mínima oportunidad de tenerlo al lado.
— Mmm… no lo se, seguramente en el comedor. — argumento encogiendose de hombros y dejando sus zapatos en la entrada, seguido de traer parte del equipaje de Viktor. — al enterarse de tu visita se emocionaron mucho, mas mamá asegurando hacer Katsudon para ti. En realidad, puede estar en esa actividad.
History paso por un lado de los dos comenzando a oler todo a su paso, adaptándose al nuevo ambiente, jadeaba y miraba a su dueño con ojos brillosos de infinita felicidad. En verdad estaba a gusto, le gustaba.
— ¿Es agradable Yu-topia History? — le hablo en tono meloso el ojiazul a su perro, este le ladro en respuesta. Sacandole una sonrisa a él y su acompañante. — Es una lastima, en verdad quería saludarlos.
— No es como si manejaras muy bien el japones. — le recordó, bajando su cabeza dándole la razón y causándole un risita divertida al pelinegro. — Ya los veras en la cena, ahora… ¿no te apetece darte un baño en las termas? Estoy seguro de estar solas.
— ¿Es una proposión indecorosa? — dice con picardía, sonrojando al omega hasta las orejas.
— ¡Claro que no! — le dio la espalda, mostrandole su temblores involuntarios. — s… solo… solo… lo decía por el pasado… te las vivías metido en ellas.
« Oh dios… es tan adorable. »
Viktor no se la penso dos veces para interceptar al japones por la espalda, pasar sus brazos alrededor del cuerpo de este y apretarlo contra él, escucho sus exclamaciones de sorpresa al igual de reclamo pero decidió obviarlas. Realmente lo extraño demaciado, olvidemos por un segundo su necesidad de estar con él en esa índole, Viktor simplete quería era sentir que esto ocurría y no es un producto de su imaginación loca. Solia soñar todas las noches con mantener el calor de Yuuri entre sus manos, embriagarse con su olor, tomar cada particula de este con sus labios y besar esa piel tersa a la par de firme escuchando de boca del otro su nombre, una, otra, otra y otra vez sin descanso acompañando de quererlo. Acto seguido, despertaba en plena madrugada solo con el frío de San Petersburgo rodeandolo y congelandole los huesos, dictaminandole que eso jamas se haría realidad, empujandolo al desespero total.
— ¿Viktor? — lo llamo, al sentir un ligero temblor emanando de él. — ¿Viktor te encuentras bien?
— Yuuri, tengo miedo de despertar. — confeso hundiendo su cabeza en el cuello de este, apretando su agarre. — que desaparezca y este solo, sin ti a mi lado.
Yuuri sintio un vuelco en su pecho, esto era lo mismo para él, lo mismo de estar pensando el peliplata. Temía de despertar de una hermosa ensoñación, donde la realidad que le esperaba no tenia nada del ruso, ni su fuerte presencia o fragancia. Solo capaz y capaz de dolor embargandolo, deseandolo a su lado para jamas soltarlo, justamente como ahora.
— Viktor, prometo no desaparecer si tu igualmente no lo haces. — sostuvo el agarre del peliplata con sus manos, entregandose al contacto y sonando determinado. — Se que vivir lo desconocido nos da temor, pero si lo hacemos juntos… podrá reducirlo un poco.
« Esta y mucha razones mas me hacen amarlo con locura, como si cada día reboza la cantidad anterior. »
El ruso lo obliga a mostrarle la cara dándose cuenta de permanecer cohibida, pintada de ese adorable sonrojo que vio la primera vez de besar sus labios color cereza, que en tantas y tantas ocasiones quiso degustar sin descanso. El se considera a estas alturas adicto a ellos, además de las palabras salidas en estos mismos, lo llenan de fuerza infinita, empujandolo a convencerse de estar viviendo la realidad y no un sueño. Acariciando con suavidad uno de sus pomulos, le sonrie abiertamente dándole a entender sentirse mejor gracias a él, esto anima un poco a Yuuri pero inmediatamente se ve invadido por ese rostro perfecto sobre el suyo. De hecho, la respiración choca contra su piel erizandosela y entrando en conflito con su estomago, que gira, brinca a la par de darle cosquillas insesantes. Ya sabe lo que viene, lo intuye de hecho, mas al encontrarse atrapado en ese azul extenso como el mismo mar. ¿Hasta cuando va parar sentirse igual a un adolescente enamorado al estar con él? Quizás jamas, porque ante la sola mención del nombre de este hombre, su cuerpo emite vibraciones fuertes, una mas fuertes a la otra que lo descontrolan por completo. Ese es sin duda el efecto Viktor Nikiforov, no existe otro mas.
Sus bocas se encuentran desencadenando algo mucha mas fuerte que ellos, al comienzo el beso es lento, perezoso pero pronunciado. Sin embargo, al alojarse en las caderas del japonés la mano del ojiazul apretandola, sus labios se mueven con mas confianza, entrelazandose y marcando la extrema necesidad debido a sus ausencias. Lo que empezó con el nacimiento en Yuuri, termino siendo la deforestación completa de un campo invernadero, que si antes estuvo en cuarentena debido al peligro probablemente a causar dicho ruso, ha sido levantado por mal manejo de las advertencias. Ya no sabe que es correpto o no, menos aun encontrarse a excasos metros cerca de la entrada, Yuuri mantiene su mente ocupada en las acciones de Viktor en él. Sus manos se han dado el permiso de despojarlo de su bufanda, chaqueta e inclusive, colocándose por debajo de la camiseta suya donde la piel hirviendo, siente el frío contacto haciéndolo gemir quedito. Los labios de este han descendido, primero viajan es la comisura de sus labios, degustandolas una vez mas, seguido de lamer la mandíbula y centrarse en su cuello, donde succiona, mordisquea y jueguetea con malicia. Parece estar divirtiendose y él no es nadie para frenarlo, es mas, los suspiros emitidos son señal de estar igualmente disfrutandolo. Ha pasado un largo tiempo sin estar de esta manera con alguien, ni siquiera con Yurio, quien estuvieron en reiteradas ocasiones a punto de hacerlo, quizás se privo a una sola cosa: esperar por Viktor.
Para cuando el ruso envia sus labios casi cerca de su nuca, el omega gime fuerte sintiéndose sensible y expuesto, allí cerca se encuentra la zona donde la marca de un alfa debe colocarse, dándole a entender a los demás pertencerle. Imaginar ser marcado por el peliplata lo excita, despertando un poco a ese omega juguetón que lleva dentro, llevándolo a ronronear un poco. Agradece a lo divino estar todo desolado por aquí, posiblemente su familia haya intuio ocurrir esto entre los dos, dándole el espacio para entenderse como pareja.
— ¿Qué sucede Yuuri? — jadea Viktor mostrando claramente su excitación, pegandosele mas y causándole otro gemido exquisito. — ¿te has emocionado por solo tocar la zona de la marca? Oh… que ocurrente has salido…
— Vi… Viktor… Mmm… — pronuncio entre palabras, al sentir el mordisco en el lóbulo de su oreja gracias al alfa.
— Y eso que aun no he comenzado de verdad. — río divertido, sacando todos sus atributos de alfa, encantando por completo al pelinegro. — dime… ¿aun esta en pie la propuesta de darnos un baño en las termas? He considerado ser un lugar romántico para los dos, con ese vapor rodeandolos y el tacto de lo húmedo… Mmm… ¿que dices?
Oh cielos.
Oh cielos.
Oh cielos.
Oh cielos.
Oh cielos.
Eso si era una propuesta indecorosa, venia nada mas que el soltero cotizado entre el mundo de alfas, omegas y betas, nada comparado con un simple beso de los suyos o ganar el GPF junto el deseo de tener una de sus noches. Viktor Nikiforov sabe y sabrá como excitarte en cuestión de segundos, prenderte igual a una llama de fogata con solo susurrarte al odio con un tono de voz suave, tranquilo y ronroneante, parecido a un felino al asecho. Bueno, este cerdito ya se considerado cazado por las garras de una pantera rusa, cuya sonrisa podría derretir la antártica completa. Moviendo su caderas en movimientos giratorios a la par de un gemido necesitado, Yuuri le responde al peliplata, que sonriendo satisfecho lo besa obligandolo a caminar y quitándole la ropa en proceso.
Él tambien es un desvergonzado que olvido donde se encuentra, siguiendo simplemente sus instintos de alfa y quitándole cada capa de ropa estorboza en el cuerpo de su omega, dejándolo a simple vista con esa adorable piel al aire. A omitido lavarse primero ante de entrar a las termas, hasta la manera rápida de llegar, él esta mas centrado en tocar de las costillas del japones al los pezones de este, rozados, alzados y listos para ser profanados. No es como si en el pasado no lo hizo, mas bien, considerara esta experiencia igual a una reeconexión con el pelinegro, de todas maneras, ha esperado pacientemente por esto. Lleva a su boca uno de los botones degustandolo, saboreandolo, medio mordisquiandolo y manteniendolo con su lengua constantemente húmedo, en tanto con uno de sus dedos le tiene en movimientos giratorios seguido de medio pelliscarlos. Sabe que Yuuri no es una chica, pero al ser omega, esa zona se le hace extremadamente sensible, podría considerarlo un pervertido pero imaginarlo dándole de amantar a una de sus crías es excitante, porque él no pretende quedarse con una sola, quiere muchas mas y todas con él.
Los gemidos del omega se centran en las termas, aunque se encuentren las del aire libre, sigue siendo erótico mas cuando este quiere ahogarlas con su mano en tanto sus ojos brillante entre el deseo y la vergüenza. El ruso sabe no poder soportar mas, esta apunto de llegar a su limite, la imagen de Yuuri desnudo a su marced le esta llevando a la entera locura, su entrepierna le palpita entre sus pantalones haciendole una clara llamada de ser liberada, hundierse entre el omega y marcarlo… oh dios, de imaginarse eso, sus colmillos de alfa empiezan a dolerle con señal de desearlo igualmente. Dándose un espacio claro, Vitkor se despojado de su ropa, bufanda, abrigo, camiseta… todo, quedándose en iguales condiciones que su amante. Este le mira con ojos curiosos, las imágenes de su memoria de ese escultural cuerpo de infarto no desaparecieron jamas, de hecho, el peliplata sigue estando de buena forma igual o mejor que antes, eso y aun no habla de cierto detalle entre las piernas. El japones cierra los ojos al recibirlo nuevamente entre sus brazos, la piel arde al estar en contacto directo, enviandole múltiples descargas a su vientre que ha comenzado a dolerle placenteramente. Podría ser un desvergonzado, pero no le importa, él en verdad desea perderse en las llamas de la pasión proporcionadas por el ruso y jamás volver.
Estan conscientes en caer en las aguas de la bañera gigante, quien los recibe gustosamente bañandolos con su calidez aunque sirviendo nada mas de cómplice, porque ni la humedad de esta le sirve para separarse y alejarse el uno del otro. Por el contrario, le sirvió de estimulo para unir mas sus cuerpos, donde eventualmente sus ingles se encuentran estimulandolos mas, haciéndolo simular embestidas o al menos, por parte del ojiazul. El pelinegro no aguanta mas y rompe el beso, llevándolo a inclinar su peso en su amante y ahogar sus jadeos en el hombro de este, mordiendolo. Viktor gruñe en respuesta e inmediatamente, busca la mejor postura para poder entrar en este y no causar mayor dolor. Aunque sabe ser inevitable, han pasado varios años sin tener relaciones con nadie, podría los omegas lubricarse a si mismos pero al no estar en sus días de celo, tener sexo podría complicarse las cosas. Ubicandolo encima de su regazo, Viktor le envia una mirada desesperada al pelinegro, pidiéndole evidentemente relajarse y de tener dolor avisarle, el frenara.
— Sigues siendo el mismo — argumento sonriendo el ojos caoba, sosteniendole la mirada al otro quien lo observaba confundido. — cuando lo hicimos por primera vez, mencionaste lo mismo. Pero Viktor, yo confió en ti y se que jamas me causarías dolor.
— Yuuri… — susurro conmocionado.
— Te quiero — sujeto una de las manos grandes del otro, llevandolas a su boca y besandolas. — ¿lo recuerdas? Al único que podría querer eres tu, mi Viktor… mi gran y anhelado amor.
El ruso tenía en cuenta todas y cada una de las medallas, premios como títulos optenidos, en comparación con estas palabras llenas de sinceridad y entrega quedaba reducidas a nada. Porque esta es la realidad, todos sus logros en el patinaje artístico jamas tendrían valor sino podría compartirlos, vivirlos solo es demaciado superficial, por ende, el calor y compañia de una persona siempre tendrá mas crédito, tomando en cuenta ser tu omega destinado. Por eso, con lágrimas en los ojos, Viktor atrae el rostro de Yuuri dándole el mayor de los besos donde le demuestra su entrega, amor y vida entera. Allí de inmediatamente lo sabe, de ahora en adelante le es imposible vivir sin la presencia del japones, ya ha tenido mucho de eso, por lo tanto mirar la forma de amarrarlo a su cadera, en una conexión mas allá de lo sexual.
Cuando empieza a entrar en él, el ojos caoba gimotea y jadea hundiendo sus uñas en su espalda para sopartarlo, podría estar sientiendose increíblemente bien, pero la comodidad del japones es primordial, debido a eso, en esta posición le ha dado la total libertad de moverse a su antojo. Tomando una gran bocada de aire, Yuuri termina sentondose por completo encima del alfa sacando de su boca un gemido de placer y dolor, Viktor marca sus manos en la cintura del otro buscando respirar, controlar su instinto animal y no descontrolarse por completo. Cosa que se le hace dificil teniendo a Yuuri respirandole en el oido, apretandole de una forma deliciosa, la manera en que lo envuelve es para volverlo loco y no puede evitar sentirse lleno. Esta apunto de comenzar a moverse, hasta que le mismo Yuuri realiza un movimiento mínimo encima de su ingle, provocandolo sacar un gruñido de frustración. No es que en esta posición le desagrada hacerlo, es mas, tiene una vista mas agradable de un omega montandolo a su conveniencia, el problema venia siendo no poseer el control de las embestidas.
« Maldición… controlate… controlate… »
— Viktor… — lo escucha decir su nombre, viéndolo pasar su lengua por sus labios y probocandolo. — ¿puedes sentirlo? Has llegado hasta lo mas profundo de mi y aun… es insuficiente.
Seguidamente, flexiona sus piernas sacando un poco el miembro del otro dentro suyo, saltando una vez mas sacandole en esta ocasión un gemido comprido. Lo sabe, Yuuri esta jugando con él, provocando con insinuaciones insanas, contoneandon sus caderas para sacarlo de sus cabales y tomarlo duro, así dejarlo con la incapacidad de caminar mínimo una semana. En lugar de seguirle el juego, sujeta las caderas de este dándole pequeños golpes a la entrada con una sonrisa socarrona en los labios, demostrandole no caer en su redes. Cosa que hizo gemir al omega, necesitando de mas toque, mucho, mucho mas.
— ¿Qué…? — respiro entre cortado el ruso, mirando los ojos entrecerrados de su amante debido a la excitación acumulada. — ¿… ocurre Yuuri? Estas… ¿frustrado?
— Vi… Viktor… por favor… — rogaba, iniciando bajo sus medios moverse contra el peliplata. — tomame tu… solo… solo… arremete contra mi… Vi… Viktor…
— Te di el poder… — acaricio con descaro el pecho del omega, medio pelliscando los pezones de este. — Yuuri… tu debes hacerlo… puedes… hacerlo… muevete.
Haciéndole caso al mandato del ruso, Yuuri empezó a autoembestirse con agilidad, sintiendo de rara manera el agua entrar en la conexión con el otro haciéndole sentir mas excitado, ya no jadeaba, sino gimoteba sin descanso lo bien que se sentía estar de esta manera con el alfa y extranarlo demaciado. Viéndolo las cosas de esta perspectiva fue un total estúpido, porque la única persona en completementarlo sería Viktor, por eso en medio del calor del momento, se aferro a los hombros del otro gimiendo su nombre y confesandole su amor. El peliplata empezó ayudarlo en las embestidas, sujetandole de las caderas a la par de golpearlo desde su posición a la entrada del omega, parecía inreal estar haciéndolo no cuando pasaron por tantas cosas para poder estar juntos. Si en verdad era un sueño, no deseaba despertar jamas, preferiría vivir siempre en una mentira en lugar de la realidad.
Pidiéndole al pelinegro entrelazalar sus piernas con sus caderas, Viktor se levanto con de la bañera sujetando los glúteos de este medio acariciandolos, provocandoles ciertamente escalofríos. Seguidamente, lo empotro contra la puerta del lugar, empezando un vaivén lleno de frenesí que dejaría seguramente marcas de arañazos en su espada y una mordida, donde ciertamente le importaba poco porque sentir hundierse en el omega era mucho mas increíble que los dirán. Observandolo en otra perspectiva, resultaba erótico todo esto, hacerlos en las termas, el calor del vapor invadiendolos, la humedad de sus cuerpos al estar contacto con el agua, el sonido de chapoteo de su unión por eso mismo y el rechinido de la puerta al recibir su impetud, todo se acumulaba para emocionarlo mas.
« Si antes no sabían de nuestra presencia, con todo el escandalo que hemos ocasionado lo saben. »
Acelarando mas las embestidas, mezclaron sus alientos en un beso lleno de hambre y cero pudor, enredando sus lenguas en una danza desesperada por cual de los dos poseia mas resistencia de aguantar en el respirar. La mano de Viktor viajo al miembro de Yuuri en busca de atención, podría sentirlo, estaba apunto de abordar el limite y quería venirse juntos.
— Viktor… aaaah… me… vengo… — gimio entre embestida, rompiendo el beso y hundiendo mas sus uñas en él.
— Yo… yo igual… hagamolos juntos… — pronuncio con voz cortada, hacelarando sus movimientos.
Tentativamente, olisqueo el cuello de Yuuri buscando esa zona blanda para marcarla, dejar su huella allí, de esta manera ningún rubio pertinente intentaría robarse lo que por ley le corresponde. Encontrandola, le dio un ligero beso, seguido de un lenguetasos, estaba preparandolo para lo que se avecinaba.
— N… no… aun no… — gimoteo el omega, resistiendose. — lo tengo… guardado para ti.. para… otra ocasión… mucho… mas… especial.
Sin mas preambulos y escuchando semejante declaración, ambos se vinieron, Yuuri en la mano del peliplata y este en el interior del primero ejerciendo un nudo propio de los alfas, no permitiéndole separarse por un buen rato. Se quedaron muy unidor el uno del otro, tratando de normalizar sus respiraciones, acoplar el ritmo de sus corazones y despertar de sueño pos-orgasmo. Siendo sincero, Yuuri aun veía estrellitas bailando sobre su cabeza, su piel la sentía con un raro hormigueo y las piernas dormidas. Provocaba reírse, abrazar mas fuerte al alfa entre sus piernas y restregarse contra él, no podía estar mas feliz de ser el omega de un solo alfa. Era tal cual debía de ser.
En tanto Viktor, emitió un suspiro satisfecho, todas las barreras creadas por las circunstancias de la vida de ambos, se eliminaron en un segundo aunque faltaba una sola, la marca. Seguía sin comprender porque de rehusaba hacerlo, eso de tener un momento especial para hacerlo… freno la paranoia, quizás Yuuri estuviera hablando de su cumpleaños. Oh. Dios. Mio. ¡Poseia el omega mas adorable de todos! Borracho de emoción por la idea, lo abrazo con entuciasmo llenandolo de pequeños besos la cara de este, susurrandole palabras en ruso aunque este no lo comprendiera en lo mas mínimo, pero necesitaba sacarlas.
— Va… vamos Viktor. — río contagiado de la felicidad del otro, sujetandole el rostro. — si vas a decirme algo, dilo en un idioma que pueda comprender.
— ¿Qué te parece el francés? — propuso, llenandolo de mas besos. — dicen que es el idioma del amor y la pasión. Oh…
— Ya para — lo detuvo aun riéndose, sosteniendole el rostro. — puedo ser bueno comprendiendo idiomas, pero realmente no tengo idea del francés o ruso.
— Pues te enseñare — propuso con simpleza, sonriendo con su usual sonrisa de corazón. — aprenderas rápido, teniendome como profesor es imposible no hacerlo.
El nudo se deshizo y pronto se vieron en la obligación de separarse, al tener ambas piernas en el suelo las sintio flacidas, débiles y Viktor tuvo que sostenerlo para evitar verlo desplomarse sobre el suelo. Quizás se paso de la raya, podría encontrarse fresco como una lechuga, es decir, su toda su frustración fue liberada en un solo golpe, pero el pobre omega fue quien sufría las consecuencias.
— Lo lamento. — se disculpo el ojiazul sinceramente.
— Estoy bien, solo ha sido la posición. — le aseguro, acariciando su cabellera con sutileza. — Además, recuerda que tambien yo lo desee.
— Yuuri, travieso. — dijo el ruso con picardía, sonrojando al pelinegro quien buscaba desviar la mirada. — No conocía ese lado tuya tan lasivo, me gusta.
— Calla — espeto fingiendo enojo — mejor llevame a mi habitación, esta comenzando hacer frío.
Dibujando una sonrisa parecida a cuando un niño recibe un regalo en navidad, recogió sus pertenencias del suelo y sin mas alzo al pelinegro, lo sostuvo entre sus brazos obviando las quejas de este y aprovechando para besarlo en los labios. Yuuri le fruncio el ceño al principio, pero medio transcurría el beso, entrelazo sus brazos detrás del cuello del alfa atrayendolo mas contra de si mismo. Él igual al peliplata, se encontraba muerto de la dicha, no planio exactamente lo ocurrido hace unos momentos con este, pero sentirse conectado, uno solo tanto como en cuerpo y alma, había sido la recompensa de lo vivido esos últimos años. Debía de comenzar a olvidar las penas, los estragos de la soledad y las malas decisiones, su presente le mostraba cosas muchas mas hermosas en lugar del pasado. Un ejemplo, el regreso del amor de su vida. Era cierto, Yuuri Katsuki nunca se sento a pensar sobre las “parejas destinadas”, aunque sintiendo el latir del corazón desbocado de su ahora amante contra su mano, cambio de parecer. Viktor lo era, y nada podría demostrarle lo contrario.
Separándose de su beso, el ojiazul encontró unas toallas para cubrirse, no quería arriesgarse de toparse con alguien en Yu-topia, menos si se tratara de un Katsuki. ¡Ni podría imaginar de encontrarlos su suegro! O la misma Mari, esa cuñada suya daba la impresión de poseer un caracter fuerte bajo la expresión de aburrimiento, seguramente de enterarse del embarazo de Yuuri coloco el grito en el cielo, mas tomando en cuenta la decisión de este al ser madre soltera. ¡Como sea! Viktor por primera vez en su vida no desea llamar la atención, pasar desapercibido es la mejor opción de todas. Dándole un último choque de labios, salen de las termas mirando a todos los lados esperando ser interceptado o algo mucho peor, pero nada, solo se encuentra con una soledad bastante rara para ser una posada turística. Yuuri percibiendo el estado nervioso de su alfa, suelta una risita divertido sosteniendo la mejilla izquierda de este obligandolo a mirarlo y le roba un beso sin descaro, al separarse ve esos ojos azul intenso que lo vuelven loco conmocionados, sin entender nada del comportamiento de omega. ¡¿Y como no?! ¡Su cerdito ha olvidado la actitud promedio de un japones! Callado, reservado y evitando demostraciones de cariño en publico. De eso último podía diferir, acabaron de hacer el amor en las termas, precisamente ese acto es deja mucho por decir.
— Viktor — lo llama el con un tono bastante casual, incluso, atemorizante. — desecha esos pensamientos negativos de tu cabeza, nadie va a venir, al parecer tener a una pareja de enamorados o nuestras feromonas en el aire los ha espantado.
« ¡Esa debería ser mi línea! » grita mentalmente el ruso al borde de la histeria, por primera vez desea ser las cosas claras y de frente con el pelinegro, pero este suelta risitas risueñas acompañadas de miradas llenas de coqueteo. Acaso… ¡¿Acaso Yuuri entro en su fase rebelde?! Ha, mejor aguarden, ya es lo suficiente mayor para estar en ella. Debe ser otra cosa, aunque su celo esta lejos de aparecer, pues desde volver como pareja, lleva las cuentas fértiles de esta y así desaparecer o mantenerse al margen de cometer una locura.
« ¡Que va! Ya he hecho muchas, es mas, acabo de hacerla horita mismo. »
Aunque lo ocurrido fue un acto concensuado, ambas partes estuvieron de acuerdo y por ende, le llevan a despejar su mente cogestionada de preocupaciones e inundarla de imágenes bellas, en su perspectiva, de un Katsuki entregandose a él. Sonaba incluso increíble, Yuuri deboto de su cariño y amor, donde Viktor no tenia mas vía alternativa que corresponderle el sentimiento.
— Oh… mi adorable Katsudon, mi cerdito adorado. — dijo el ruso, moldeando su tono de voz ronca a la par de dulce. Envolviendo al omega con su aroma predominante. — No sabes lo feliz que me encuentro, el corazón late con tanta prisa sobre mi pecho gracias a ti… este jamas podrá controlarse. Después de todo, su dueño ha vuelto. Por eso, guarda esas sonrisas coquetas, no quiero cometer una locura.
Yuuri soltó un respingo al ver la mirada mas nítida del Nikiforov, ese azul cristalino, la combinación predilecta de llegar a poder mezclarse el cielo con el mar, le golpea de una forma descomunal. Derrumbandolo, haciéndole sentir una clase de sensación magnética en el cuerpo que no puede parar, es mucho mas fuerte a cualquier otra cosa. Él lo sabe, perderse en esa inmensidad del universo de los ojos de Viktor es inevitable, un hecho inrevocable e imposible de aludir. Quiere entregarse, despechar los demonios internos escondidos en su mente, amenazando por revocar su estabilidad emocional, pero no, porque de alguna manera Viktor ha logrado lo que nadie mas ha podido hacer. Sentirse deseado.
Empezando a respirar entre cortado, sus ojos caoba se abren sorprendidos adquiriendo un brillo esquizito en la perspectiva del ruso, quien arma una sonrisa ladina en sus labios y acercando su rostro al contrario. Desde esa cercanía, Yuuri puede percibir el aliento tibio del Nikiforov golpeando su piel, causando una fria sensación bajando su espalda y desembocando en los dedos de los pies.
Oh mierda.
Mierda.
Mierda… Lo desea.
Mierda.
Mierda… Lo desea.
Tragando saliva duro, el japones abre la boca sin poder emitir sonido alguno, las palabras le fallan, le han fallado cuando mas la necesitan y presentarse vulnerable frente al alfa es malo. ¿Razón? Pretende devorarlo una vez mas.
— De cerdito a corderito, es una imagen fascinante. Mi Yuuri. — comentó aun en la cercanía, bajando mas su tono de voz. — Ahora, sera mejor ir a tu habitación. Podrías coger un resfriado si permaneces asi.
Guiñando uno de sus ojos, el ojiazul camina en dirección a la habitación del omega, quien le mira muy atento a las acciones de este. Le parece increíble, demaciado, porque aquel Viktor Nikiforov que creyó muerto estaba vivo, ese mismo del cual le robo su corazón y cada uno de sus suspiros. Yuuri no se refería a “La leyenda viviente del patinaje” en su lugar, habla de ese alfa coqueto, atractivo, provocativo y con un poder extraordinario de volcarlo todo a sus pies, aunque existía cosas desagradables en él, un ejemplo su actitud despreocupada o esa lengua lasiva para recalcar las malas acciones de alguien, todo lo bueno en este lo contra arrestaba llevando al japones a sentirse satisfecho. Logro atrapar el soltero mas deseado por muchos, el partido mas comprometedor lejos del alcance de alguien, siendo totalmente suyo. En todos los sentidos.
Entraron la habitación del pelinegro encontrandola igual que siempre, bueno, a excepción de ciertos portadetratos de Anna y él mismo sobre su escritorio, aparentaba estar sumamente feliz juntos teniendo detrás el árbol de Sakura encontrado frente de la ventana del Katsuki. Disimulando su curiosidad de dar otro vistazo a las demás fotos, el peliplata acomodo al pelinegro sobre la cama y alegando buscar sus malestas junto al pobre History en la entrada, la desesperación por estar juntos se les olvido de esos factores y no quería parecer un desordenado. Viktor aprovecho esto para ser una pregunta importante, ya estando con mas confianza.
— ¿Donde me hospedare Yuuri?
— Con… conmigo. — respondio el nombrado, desviando su mirada avergonzado y con un notable sonrojo en sus pomulos. — puede… puede ser un poco incomodo, pero… pero la otra habitación la tiene Anna y…
No pudo terminar la frase, los labios tersos del ruso se alojaron entre los suyos, dándole un beso sorpresivo lleno de emoción y felicidad infinita. Imposible no contagiarse con esa energía, menos tomando en cuenta las ganas de hace mucho tiempo esperar el ruso esto, la intimidad de convivir como pareja.
— ¡Eso me hace muy feliz! — exclamó euforico alzando sus brazos y empleando una sonrisa sincera. — Oh, dormiremos en una misma cama… ¡En verdad lo haremos! Pero es pequeña, bueno no importa. ¡Las maletas! ¡Las olvide por completo! Voy a buscarlas, ya vuelvo Yuuri.
« Me dice que soy adorable, pero él lo es aun mas. »
El ojos caoba igual al alfa se encontraba dichoso, después de cinco años de la separación aparatosa en su último GPF, volverían a convivir para una víspera navideña y el cumpleaños. Tomando en cuenta el presente, Viktor por primera vez celebraría ese día especial sabiendo la existencia de su hija, posiblemente este seria el mejor regalo de todos, conociendo al peliplata lo tenia todo lo material deseado por si mismo. Aunque este no vale nada sin compañia o afecto, Viktor no necesita objetos o vienes, en realidad podría arriesgarse a asegurar querer permaneces juntos por muchos años mas. Inclusive, vivir juntos.
Plantearse algo así le daba temblores en el cuerpo de la emoción, negarse de haber imaginado un cuadro familiar junto a ruso y su pequeña, sería mentira. Como despertarse con aquel rosotro bañado en gracia al frente, prepar el desayuno, comer juntos en tanto escuchaban las acnedoctas de su hija antes de ir a la escuela, llevarla juntos, seguido de la promesa de recogerla en la hora de la salida. Después centrarse en trabajar, en su sueño, Yuuri sigue tutelando los pasos artísticos en Rossana, en tanto Viktor sigue en las pistas haciendo lo que mas ama, danzar sobre hielo. Al final del día, volvería encontrarse, ayudarían a Anna con sus deberes, cenarían, verían una pelicula como familia y luego… luego acostarian a su pequeña dándole las buenas noches besando su frente. Acontinuación, caminarían hasta su habitación sujetos de las manos, sonriendose cómplice y… lo demás lo vuelven rojo como tomate, ni siquiera puede narrarlo.
Quizás… hasta una vida doméstica no seria tan mala.
El sonido de la puerta le hace volver en si, se trata de Viktor aun rebozando felicidad, trae consigo las maletas (vaya a saber como lo hizo), su ropa que dejo regada y el entuciasta History menando su colita en tanto jadea sin control. De hecho, es él quien salta a la cama sin tener permiso alguno buscando el contacto con Yuuri, este sonriendo por el atrevimiento del can, le acaricia detrás de las orejas hablandole con cariño, es cierto lo que ha dicho Viktor, cuando Anna lo vea va a estar sumamente contenta.
— ¡Oye History eso es trampa! — anuncio el mayor cerrando la puerta detrás de si, señalando al perro. — aprovecharte de que estoy ocupado para tener la tensión de Yuuri, sin duda muy atrevido.
— ¿Por qué no me has pedido ayuda con las cosas? — dijo el japones levantándose de la cama y acercándose al otro, quien sonrio despreocupado. — ¡Son muchas! Es un milagro haber tu podido con todas ellas.
— No quise molestarte, además seguramente estas cansado por lo que hicimos. — confeso con total normalidad, exaltando al omega.
— ¡Estoy bien! — reclamo apenado, centrándose a buscar ropa entre sus gabinetes y evitando la mirada del otro. — ¿no lo recuerdas? Tengo mucha resistencia, aunque este un poco viejo.
— ¡Para nada! — replico el Nikiforov, medio frunciendo el ceño. — para tus veintiocho años sigues explendio, puedo asegurarte incluso, mas que antes. Solo mirarme a mi. Cumpliere años mañana, soy realmente al anciano.
— Si, eres un anciano. — rio divertido el Katsuki, colocándose tu ropa interior bajo la toalla. — ¿como puedo tener una pareja mas vieja que yo?
— Porque mi especialidad es conquistar jovencitos incautos como tu. — dice estilo broma, provocandole un resoplido de ironía al ojos caoba. — Este caldo aun no se cocina por completo.
El pelinegro suelta una carcajada sonora mirando a su alfa, quien alza sus cejas de forma provocativa tratando de hacerle una broma, es cuando piensa que podría acostumbrarse a esta cotidianidad. Las charlas sin sentido, los comentarios coquetos, e incluso, las luchas bobas del peliplata con su caniche. ¡Ah! Esto en realidad es vida, resulta un poco estúpido darle una vista al pasado sin su alfa al lado, porque para empezar de ser oscuro y desolador, le agregaría no tener ni un poco de felicidad inundandolo. Es cierto, las únicas personas de mantenerlo a flote fueron Anna y Yurio, lo conocían tan bien que pudieron confabularse en la encomienda de lograr su estabilidad emocional. Aunque ahora este lejos del rubio, puede asegurar firmemente jamas ninguna de sus ayudas o acciones, porque de alguna manera lo han traído justo como esta en el presente, frente de Viktor. Él es su gran amor, su alma gemela, su alfa, su… destinado. Confiesa no creer antes en cosas de esas, los destinados eran nada mas que un mito inventado por las personas con mucha imaginación, en la vida podría encontrar la suya, de existir claro esto. Pero no, ocurrió y tal vez, su cuerpo lo supo desde la primera vez en verlo en la competencia junior cuando era solo un niño, porque aquel deslumbramiento no era natural, menos la obsesión en querer llegar hasta él. Luego de muchos años lo descubrió, tambien sirvió esa separación doloroso en ambos, sabia el hacerse mucho daño, esos malos entendidos, las promesas mal infundadas y su relación con Yurio, que si bien no se arrepiente de ello, utilizarlo como catalizador para olvidarse del ojos azules estuvo mal.
Bueno, eso forma parte del pasado y no tiene planes de volverse a separar de Viktor, ya han tenido suficiente ambos de daños en el alma, llego el momento de ser felices juntos como una familia. Además, Anna se encuentra saltando literalmente en un solo pie por reunirse con su padre, es justo igualmente para ella vivir normalmente como una niña de su edad al mantenerlo a su lado. Yuuri suelta un suspiro satisfecho obviando las miradas de su alfa adentrándose mas a sus pensamientos en tanto se viste, toma en cuenta el aun no conversar con Viktor apropiadamente sobre su futuro, por los momentos no posee planes de abandonar a Rossana en su entrenamiento, es decir, la hija de Celestino tiene mucho talento y desde descubrirla quiere pulirlo como un diamante en bruto. Desconoce los planes de Vitkor, quizás piense en retirarse del circuito o no, todo depende de su resistencia y al edad que ya posee, como saben la carrera de los patinadores es bastante corta al tener una lesión o un simple torcedura podría ser el final, mas sin embargo, el Nikiforov ha estado en buena contextura todo este tiempo. Teme armas conclusiones antes de tiempo, pero se arriesga a darle una temporada mas al peliplata, con la buena racha sobre sus espaldas seria una idiotes irse de las pistas.
Colocándose un pantalón holgado, Yuuri sonrie tal cual fuese un idiota perdido, se ha imaginado una escena de Anna y él animando a Viktor en una de sus competencias, de ganarla, le dedicaría el triunfo y… unas manos fuertes se situaron en sus hombros derribandolo sin problemas a la cama, lo primero en ver fueron esos ojos azul cielo encantores a la par de enigmáticos, seguidamente antes de perderse en ellos o sumergirse, diviso la sonrisa coqueta del alfa, corrección, su alfa que parecía estar hambriento de atención suya. No comprendia pero un hormigueo peligroso se situo por toda su piel, empezando donde lo tocaba en esos momentos y terminando en la punta de lo dedos de sus pies. Lo sabia, claro que lo sabía, en esta posición prometedora solo podría significar una cosa: el ruso aun no esta satisfecho.
Oh… demonios, la bestia despertó con mucha impetud.
Yuuri intento decir alguna palabra pero la garganta la sintio seca, agregándole su corazón palpitando tan fuerte contra sus costillas que le imposibilidaba respirar. Esta mirada… esa mirada le drena la cordura en solo un segundo, suplantandola por nerviosismo y frenesí. Por alguna extraña razón su omega interior se extremecio, chillo de alegría e hizo un salto cuádruple sin problemas, dejándolo en completo ridículo sus anteriores presentaciones cuando era un patinador. Esto quiere decir, que el alfa del peliplata lo esta llamando sin descanso y su omega, le ha hecho caso.
— Yuuri, Yuuri, Yuuri… — canturreo con seducción, haciéndolo temblar al instante. — ¿sabes que detesto cuando me ignoras? Además, igualmente detesto cuando te sumes en tus pensamientos porque… no puedo viajar hasta ellos y sumergirme. — su respiración se volvió mas errantica al sentir la del contrario contra su piel, esta decidió besar su cuello con premura. Poco a poco, suave y dandome la suficiente atención. ¡¿Pero que era esto?! ¿un ataque de seducción? — no tienes idea todo lo que hancio de ti. Tu amor, tu corazón, tus horas, segundo, minutos… tu vida entera. Eso agrega igualmente hasta tu sangre y todos los organos de tu cuerpo, incluso cabello. — eso sonaba tan peligroso, pero por mas extraño que parezca a Yuuri le animo, eso y… tener la mano de Viktor acariciando sin descaro su abdomen. Los escalofríos se volvieron hasta placenteros. — Por eso damelos, dame todo lo que deseo y… entregate a mi en los sentidos habidos y por haber en el mundo, Yuuri.
Oh, eso no era justo, realmente no lo era porque susurrarle en el oido es jugar bastante sucio es como estar cayendo en un hechizo, si, esta siendo embrujado por este astuto alfa de mirada penetrante que al pesar de los años, lo conoce a la perfección. Sabe que estando a su lado no debe sentir miedo, estara a salvo y totalmente seguro, aun así, en esos instantes se siente igual que un conejo frente a un león. Indefenso y con la intuición de estar a punto de ser devorado.
« Acaso… ¡¿quiero ser devorado?! »
No, no, no ¡nada que ver! El Katsuki jamas ha tenido tendencias masoquistas, nació y creció siendo un omega normal con todo lo que conlleva serlo. Ya saben, lo convencional, su siclo de celos, correr de los alfas hambrientos de su olor dulce, encerrarse días en su habitación o esconderse en el departamento de Minako… no obstante, tener a Viktor hablandole de esa manera tan seductora, le provocaba hervir su sangre a punto de hebullición, a la par de tener esas manos recorriendo su piel de manera magistral y esa boca repartiendo besos. En fin, le vuelve loco, no, no solo eso, le excita. Asi que dejando escapar de su boca una respiración entre cortada, el pelinegro clava sus manos en la sabana dispuesto a entregarse una vez mas a este alfa.
« ¡A la mierda! » piensa, arqueando un poco su cuello y dándole espacio al Nikiforov junto con su lengua experta « quiero consumirme en el fuego de sus besos »
Acto seguido, Viktor toma la iniciativa y coloca sus manos en las caderas del omega bajandola poco a poco junto con el pantalón hace nada colocado, considera ser nada mas a un simple estorbo ante su tarea. Mezclar su esencia con Yuuri. Trepando tal cual fuera una araña, inyecta su veneno en la boca de este dejando a estela un patrón de saliva por degustar con atención al japones, este por su parte se pierde en las olas del frenesí acompañado de su amante que sigue luchando por quitarle las prendas inferiores. Ese beso tiene sabor a verano, el extenso azul del cielo y el calor propio de un sol abrasador, es mas, su piel en estos mismo momentos la siente hervir y necesitando mas contacto, no es igual a cuando se encuentra en celo pero si tan ancioso de contacto en presentarse. La lucha de lenguas empieza a darse, donde la pasión se vuelve necesidad y esta amor, su cariño llego a un punto de querer demostrarlo de esta manera, las palabras aveces logran ser insuficientes y demostrarlo con acciones es ley. La única prenda en el japones es liberada de forma magistral, a Viktor solo le sirvió hacerle una pierna y luego la otra para poder tener esa contacto, como hace unos minutos en las termas el peliplata siente la maravilla de la piel de Yuuri contra la suya. Es mágica, hacen fricción y de seguir tocandola tiembla, no puede envitar pensar en el omega como alguien tan adorable. De hecho, todo en el lo es, su respiración errante al terminar de hacerlo, la pausada cuando descansa, la forma de mirarlo con esa anhelo tan grande, convirtiendo sus ojos en saltones y brillos haciéndolo temblar de alegría; sin olvidar ese sonrojo adorable en los pomulos al decirle algo atrevido, eso que no quiere entrar en los detalles sucios. El beso que antes era medio perezoso, se volvió mas frentico y desesperado, donde la lengua de ambos hacían sonidos obscenos convinandose con el de sus respiraciones, Yuuri decía el nombre del ruso con voz queda sin parar, apretandose mas contra este mientras le emitaba en querer volverse uno. ¡Dios! Quería volverse chango, porque si antes empezó esto como un simple juego, ahora realmente se estaba excitando y su ingle levantandose para golpear contra su omega. Aun mantenía su toalla en la cintura, pero aseguraba que no la necesitaría en nada.
Tomando la pierna de Yuuri sin permiso, la paso detrás de su cintura de esta manera la lejanía no seria nada, al tener el contacto suficiente ambos gruñeron en reacción a dicha acción rompiendo el beso. Si antes existía un pensamiento racional,se esfumo sin marcha atrás, ahora sus mentes dictaminaban volverse uno con urgencia.
— Haz… hazlo una vez mas… por… por favor — pidió el Katsuki, colocando sus manos en la espalda baja del contrario y repartiendole besos pequeños en el cuello de este, a la par de medio lamer su mandíbula. — Viktor… vamos… complaceme…
Mala idea, muy mala idea emplezar ese tono de voz con el alfa, porque descontrola por completo sus impulsos y llevando a hacerlo realidad cada uno de ellos. Sujetando una vez mas la pierna del pelinegro, empujo sus caderas con el contrario haciéndolos gemir a ambos hambrientos como desesperados, sabían estar jugando con fuego pero no les importaba, vivir al ahora es mas relevante que cualquier otra cosa.
— Sigue… vamos… sigue… — aclamaba Yuuri, pasando sus brazos por los hombros del otro y entrerrando su rostro en el. — no pares…
— Yuuri… Yuuri… te deseo… te deseo tanto… — confeso al ritmo de la simulación de penetracciones, medio gruñendo en el proceso. — quiero… estar dentro… una vez mas… lo… lo necesito…
El omega interior del Katsuki ronroneo de la dicha, escuchar las palabras llenas de deseo del peliplata lo hacían regodearse de felicidad, aunque no muchos lo admitiesen en publico, los de su especie se extaciaban tener la atención completa de su alfa porque le hacían sentirse necesarios. Todo el mundo lo sabe, un omega poseyendo la atención de su pareja, era peor a una modelo practicante consiguiendo el trabajo de su vida. Es decir, a nadie le gustaría sentirse un inútil.
— No… no te lo estoy impidiendo. — soltó al fin, sonriendo dichozo y cerrando los ojos gustoso.
Entonces al momento de querer librarse de la tualla en su cintura, una estruendoso ruido llego a sus oidos congelandos, bajandoles a excitación de golpe y adaptandolos a la verdadera realidad rodeandolos. Una vocecita cantarina conocida por muchos, mas aun por el ojos caoba, abrió la puerta del dormitorio sin tocarlo antes y acompañada de alguien mas, Mari para ser mas exactos, grito a todo pulmón la nueva adquisición en su manos. Un hermoso caniche pequeño color café, nombre de los personajes, Anna y Hisrtory.
— ¡Mamá! Anna encontró un hermoso perrito igual al Vicchan que tanto hablaban los abuelos. — grito a todo pulmón, aun sin percatar la imagen de sus padres desnudos uno encima del otro.
Mari quien quiso detener a la pequeña, fue lo suficientemente rápida para cubrirle los ojos y evitarle el trauma mas grande de su vida, los desvergonzado de sus padres ni siquiera se tomaron la molestia de pasarle seguro a la puerta, seguramente pensaba que se encontraban en su época de cero niños alrededor. Francamente, verlos de esta manera le daba a entender que sin dudas el idiota de su hermano volvió con el otro idiota de Viktor, no es que se enojara por verlo feliz, ella en primera fila presencio lo desecho que se encontró Yuuri al alejarse del peliplata e inclusive, trato de alegrarse al verlo salir con Yurio como si fuesen una pareja. Es decir, ¿quien no se alegraría de tenerlo como cuñado? ¡al fin su hermano había recapacitado! Aunque de inmediato se dio cuenta del error en él, jamas podría llegaría a ser feliz intentando suplantarlo con el rubio, porque ella podría sentirse satisfecha al verlo junto al Yanke ruso, pero el omega no le amaba.
Ahora visualizando el panorama morboso, comprendia que la pieza faltante en la vida del pelinegro era la misma en hacerle arrebatada años atrás, teniendola en su manos otra vez, le devolvía el alma al cuerpo y la felicidad que tanto esperaba. Sin dudas, Viktor Nikiforov, resultaba ser la medicina mas idonia para su hermanito.
— ¿Tia Mari? — le llamo la pequeña, intentando sacarse las manos de los ojos de ella. — ¿por qué tapas la visión de Anna? Ella quiere ver a mamá.
— Ya lo veraz, pero antes Anna deberá esperar impaciente por él — sonrio con complicidad a los amantes, que aun se encontraban en shock. — pues te tiene una gran sorpresa.
— ¿Otra aparte del caniche? — pregunto con eje de emoción, siendo llevada a par lejos de la escena.
— Si, una tan sorprendente que la amaras. — mencionado esto, les guiño un ojo y con agilidad extraordinaria cerro la puerta.
Oh, vaya… eso había sido la experiencia mas rara vivida jamas en sus vidas, al menos en perspectiva de Yuuri quien en muchas ocasiones fue descubierto por Anna besando a Yurio, pero era eso mismo, solo beso nada subido de todo como estar desnudo y teniendo sobre el a Viktor con solo una tualla de baño. Quería morirse de la vergüenza, cabar un hollo y hundierse en el de esa manera jamas ser encontrado por alguien, mucho menos por los ojos inquisidores de Mari al descubrir sus actos con el peliplata. No es que estuviera haciendo algo malo, Viktor es su pareja, mas aun, destinado y tener este tipo de encuentros era normal luego de tanto tiempo. Ambos lo desearon, de hecho, lo deseaban pero antes tenían que ocuparse de otras cosas. Suspirando uniaonio sin comentar algo, se levantaron de la cama con la finalidad de colocarse ropa, lo hecho, hecho estaba y obviamente ser descubiertos por Mari no es nada bonito aunque aun alivio al detener a su puqueña. Yuuri no desea ni imaginar de haber pasado aquello, esa seguramente había sido la imagen mas perturbadora en la vida de Anna, que incluso en sueños la persiguiria. Librarse de una ruta así, fue un total alivio.
Pasando ese episodio de lado, Viktor por fin pudo encontrarse con su hija, quien al menor segundo de verlo corrió a sus brazos gritando sin parar su nombre alegando haber esperando con ancias encontrarse, podrían no haber roto el contacto pero jamas lo sumplantata el tenerlo a su lado. Toda la familia Katsuki, incluida los Nishigori y Minako se encontraban allí presentes celebrando vísperas navideñas, aunque por sobretodo querían percibir con sus propios ojos el parecido de Anna y su padre, siendo francamente increíble. Desde sus ojos azul aguamarina, piel blanquecina, cabello platinado y naricita respingada, hasta la manera de sonreír e incluso parpadear, vieras por donde la vieras la pequeña era una Nikiforov. Hiroko junto a Toshio rompieron filas para acercarse al ruso, su imponente parte de macho alfa seguía siendo abismal en comparación a ellos, unos simples betas, pero eso lo contra arrestaba la sonrisa genuina en los labios de este al encontrarse una vez mas en Yu-topia. La figura materna de los Katsuki le dio la bienvenida una vez mas a su hogar, tenerlo entre ellos era sin duda una dicha no solo para Yuuri, igualmente en ellos porque la felicidad de su hijo era la suya propia; en cuanto Toshio le invito a quedarse todo lo que quisiera, con tal, ya no era mas un forastero pues al ser el padre de Anna se convirtió en parte de la familia. Minako tan corta ni perezosa como de costumbre junto a unas trillizas ya bastante crecidas, igualmente le dieron la bienvenida y esperan tener al menos este año pases gratis a las próximas competencias en participar, aunque las Nishigori eran patinadoras no conseguían aun participar en un GPF junior, les falta practica y un entrenador espartano estilo Yuuri. Este viéndose incluido en la conversación, salio disparado comentando frenético el alejar temas fuera de interes familiar, además, aprovecharse de la situación no era nada oportuno. Yuko viendo el panorama reprendio a sus hija disculpandose con Viktor, el debía de recordar a sus alocadas hijas adictas a las redes sociales y patinaje artístico, ella igualmente se encontraba feliz de volverlo a ver en persona y que halla vuelto con su amigo, esperando firmemente el jamas separarse para así vivir plenamente. Su esposo, Takeshi, asintió a las palabras de la beta y señalando algo amenazante al peliplata advirtió que de hacer llorar al ojos caoba, olvidaría toda cortesía y ser un alfa de alto rango para cazarlo. Todos en esta sala vivieron un primera fila el sufrimiento de Yuuri ante el rechazo de él, no fue en lo absoluto la mejor época del chico menos la decisión de tener a Anna solo, por suerte tuvo a Yuri Plisetsky de su parte agregandolo a ellos mismo. Era ese motivo, de handarse con cuidado de ahora en adelante, el principalmente que todos se encargaría de hacerle pagar cualquier daño ocasionado, Yuuri mas que su amigo era como un hermano, verlo sufrir es muy triste y frustrante.
El ojos caoba se sintio conmovido por las palabras de su amigo, Nishigori no es precisamente hombre de hacerlas, mas bien es de acciones porque cuando eran niños lo protegió de alfas queriendo aprovecharse de su condición, aunque al comienzo dudo de su relación con Yuko fastidiandolo por ser gordo y practicar ballet, terminaron estrechando sus lazos de amistad. Sin duda, los apresiaba. Antes de poder decir algo a esa declaración o reaccionar al estado catatonico de Viktor, la vocecita cantarina de su pequeña si hizo escuchar dejando a todos los presentes sin habla.
— ¿Por que dice eso tio Nishigori? — inquirio la peliplata, mirandolo con toda la calma posible del mundo. — Es cierto que Anna no sabe nada del pasado de mamá o Viktor, pero lo que si realmente hace es entender el cariño de tenerse el uno al otro, de lo contrario… ¿Anna existiría? Anna no puedo deducir el futuro, menos el mañana pero… — hizo una pausa girando su cabeza y regalandole una sonrisa a Viktor, quien con cautela se coloco a su altura y le sujeto la mano con cariño. — Anna si esta segura de querer mucho a Viktor y él a ella. Con eso sera suficiente para permanecer por siempre a su lado y jamas marcharse, porque… una promesa es una promesa. ¿Cierto Viktor?
— Si, princesa. — le acaricio la cara sumamente conmovido, escuchando inclusive un sollozo conmocionado de su omega. — Te quiero mucho, tanto que jamas podría perderte de vista ni en un segundo. Si te prometí vivir juntos con tu mamá, es que lo voy hacer. Además, — la alzo nuevamente entre sus brazos, buscando tentativamente el llorón de su omega que los observaba emocionado. — te dije espantar la soledad de él y ayudarte con esa tarea. No lo he olvidado, en verdad, vamos hacer felices los tres.
Con dichas palabras, quedo por fin sentenciado el destino de la pareja, que con aplausos di bucheos de algarabian los felicitaban por convertirse realmente en una familia. Seguidamente pasaron a celebrar la llegada del Nikiforov de Rusia, todos conocían ser el día siguiente el cumpleaños de este, pero al provenir de dicho pais no acostumbraban a celebrarlo un día antes, por lo tanto se limitaron a conmemorar su visita. El ojos azules aprovecho en comer todo el Katsudon posible hecho en manos de Hiroko, lo admitia, seguía siendo el platillo directamente dirigido a los dioses y él se sentía previlegiado de poder digerirlo, Anna tomo asiento a su lado con la finalidad de acompañarlo, ella igual tenia su platillo de dicho manjar. Aunque en realidad aprovechaba el momento para hablar de cierto caniche pequeño de ojos saltones negros que encontró diabulando en los pasillos, de acuerdo a las descripciones y fotografías antes mostradas por si mismo, sin dudas se trataba de su cachorro que trajo desde Rusia solo para conocerlo. Viktor miro la profundidad de los ojos de su pequeña encontrándose a si mismo reflejado en ella, con esto no se refería al parecido en lo físico, en realidad, hablaba del entuciasmo al mirar cachorros de caniche o siendo especifico, a History. Colocando su mano sobre la cabeza de Anna, sonrio alegando que el can era sumamente amigable con jovencitas encantadoras como ella, de querer llevarlo a caminar un rato no se opondria, es mas, le agradecería. Estando en San Petersburgo combinado con las competencias, no poseia mucha atención hacia el caniche seguramente permanecer en su departamento solo mucho tiempo era triste, pero como conmocio a Anna, seguramente ya no sentirían mas esa horrible sensación.
— Entonces… ¿Anna puede jugar con él? — pregunto cohibida, imitando de cierto grado a su madre, dándole gracia.
— Si, si puedes pero primero acaba de comer. — señalo a su plato a medio digerir. — de dejarte ir sin hacerlo, probablemente tu mama me extrangule.
— ¡En seguida!
El ruso sonrio con gusto mientras su hija comia con prisa, queriendo enguñir todo a su paso, solamente para ir en el cuentro del animalito. De cierta manera, toda esta atmósfera calida envolviendolo en una noche de víspera de navidad, le llenaba hasta el tope ante la soledad antes experimentada. Solo piensen de esta manera, hace un año atrás se encontraba de novio de un mujer sumamente prepotente y amarrada, quedaron en cenar en uno de los restaurante mas prestigioso de San Petersburgo solo por mero capricho, a petición de ella igual, de todas maneras Yurio le abandono igualmente viajando a otro pais para pasarla con su novia, en este caso katsudon sin el tener idea de algo. Daba igual, tampoco es que le diera mucho entuciasmo a las costumbres de otros países ni siquiera era memorable pensar en su cumpleaños, si su fastidiosa novia querría ir a comer en un prestigioso hotel y… no, no podía, se rehusaba hacerlo. Aunque conociéndose bien, terminaría sediendo. Al final del la noche del veinticuatro, se encontraba en la habitación de un enorme rascacielos dado ser un hotel, sentado en el colchón junto a una mujer de espalda descubierta durmiendo placidamente entre tanto él miraba la inmencidad de la ciudad, deseando perderse en ese caótico paisaje y jamas volver.
Era agotador.
Era abrumador.
Era… desesperanzador.
Era abrumador.
Era… desesperanzador.
Pudo haber tenido una excelente comida con manjares exquisitos, vino de la mejor categoría, en una zona de renombre y en compañia de una hermosa mujer, aun asi, la frialdad de su corazón jamas seria derretida de esta superfecial manera. La realidad, era otra, porque podrían pasar cientos de amantes por su cama de diferentes razas, aun asi, a quien seguiría anhelando y llorando en silencio su ausencia seria Yuuri, sola e inevitablemente él. Por eso, viviendo el presente y todo lo que este mismo le brindaba, le permitía una clase de alivio en todo su ser, porque en ningún momento imaginar poseer tanto y sin tener nada que ver lo material. Sin duda, el calor de personas al compartir una víspera de navidad es mucho mas consiliador al lujo, porque ni las mujeres preciosas, comidas de lujo en restaurantes de alto prestigio ocupara su vacía. Viktor Nikiforov podrá decir firmemente estar lleno, aunque bueno, lo estará pronto a decir cuando este casado con Yuuri.
— ¡Mamá ire a jugar con History afuera! — anuncio la pequeña devolviendolo a la realidad y descubriendo efectivamente un plato vacío.
— ¡Ve con las trillizas y no sola! — le respondió estando junto a Minako y los Nishigori, mirandolo de reojo medio sonriendo.
Oh… si, esto sin duda es vida, piensa introduciendo la última cucharachada de Katsudon en la boca. De pronto, Hiroko aparece con otro plato sonriendole amablemente a su dirección, es esa misma que ha visto incontables de veces reflejado en su hijo, quien es su amado. Yuuri se parece mucho a su madre, quizás nadie ha tenido el atrevimiento de decirlo pero lo ha percibido, sobre todo, esa aura calido llena de amabilidad y bondad que tanto lo caracteriza. Puede… puede ser una de las tantas cualidades del porque cayo rendido a sus pies, eso y que la manera de mirarlo como si fuese la mayor creación hecho por el hombre, los ojos de Yuuri no mostraban admiración hacia “Viktor Nikiforov la leyenda viviente del patinaje” sino por la persona, el hombre, el alfa, el… amante. Asi que internamente, agradecía a los padres de este al criar semejante muchacho con tanta gracia, porque otro omega como Yuuri no existiría en millones de años luz.
— Vicchan disfruta, este katsudon lo prepare con mucho cariño para ti. — le invito al verlo sujetar los palillos nuevamente, sonriendole abiertamente. — ha pasado tiempo sin tenerte aquí, sin duda eres como el rayo de luz en la vida de nuestro Yuuri.
— ¿Usted esta bien con que volvamos de nuevo? — preguntó cohibido, haciendo una mueca desoladora. — no… ¿no se le molesta con lo ocurrido?
La mujer con toda la calma y amabilidad que la caracteriza, soltó un suspiro tomando asiento junto al peliplata quien permanecia algo cabisbajo, arrepintiendose probablemente de las decisiones empleadas en el pasado, lamentandose por leche derramada. Causaba un tanto gracia, porque debía de divisar mas su panorama y notar lo evidente, no se encontraba solo. Además, tanto su hijo como el sufrieron demaciadas decepciones como para implementarle mas trabajas. No, ese jamas seria su trabajo, juzgar y señalar con el dedo lo correpto o incorrepto, menos cuando Yuuri era un adulto hecho y derecho. Vicchan no debía preocuparse por el pasado, es mas, tenia que dejarlo ir junto a las heridas y malos sabores. Lo realmente importante es el ahora, el presente de la mano con su paternidad primeriza. ¡Anna es la criatura mas encantadora de todas! Seguramente aliviaría mas el dolor de su alma.
— Vicchan, restale importancia a los acontecimientos pasados, por ahora respira el aire presente y no dejes consumirte por lo ocurrido. — comenzó diciéndole con calma, mirandolo con dulzura y paciente. — sobre todo, mi opinión en todo esto es inrelevante. Respeto siempre las decisiones de Yuuri, después de todo, ya es un adulto.
— Pero… usted es su madre y… — siguio insistiendo un poco frenético.
— Tu mismo lo dijiste, “eres su madre” no jueza. — soltó una risita divertida, impresionando al peliplata. — Durante estos años se lo mucho que sufrió Yuuri bajo tu ausencia, salir embarazado de Anna, ser madre soltero, soportar las malas lenguas de las personas por su condición, mundarse a Ditroit. Todo, absolutamente todo lo observe con ojos agudos, esperando el grito de ayuda de él pero nunca llego. — suspiro con nostalgia, recordando la imagen de su pequeño al borde de las lágrimas por abandonar Japón. — Puede que no quisiera causarme molestias o preocuparme, aunque como madre que soy, sabia muy bien el dolor de mi cachorro. Podrá crecer, casarce y tener su propia familia, pero percibiré las emociones de mi bebé y puedo decir firmemente que lo haces feliz. — un raro vuelco se alojó en el pecho del ruso, emitiendo un suave pitido e sus oidos producto de las palabras de la mujer partifice de la existencia de Yuuri. — Contestando a tu respuesta, si, estoy totalmente de acuerdo con su regreso y espero firmemente la conclusión de sus metas, sobre todo, mas nietos de su parte.
Viktor soltó una risita divertida ante el comentario de su suegra, se notaba que lo hizo para romper el hielo y relajar el ambiente. Le agradaba, de hecho, desde el primer momento de cruzar las puertas de Yu-topia lo hizo, esta regordeta amable mujer le transmitía los sentimientos tibios del comportamiento de una madre dedicada, amorosa e integra. Sin dudas, la imagen de una progenitora entregada a su trabajo e hijos. Yuuri había sido muy afortunado, ahora el tambien lo era, porque llego a parar a la mejor familia de todas. Los Katsuki.
— Por favor madre, eso es lo que mas deseo. — le dio un sorbo grande a su bebida olvidada desde el inicio, demostrando su vivaz actitud. — ¡Casarme con Yuuri y darle un montón de hermanitos a Anna! Puedo inclusive imaginarlos corriendo por allí.
— Seguramente serán hermosos cachorros, como sus padres. — guiño su ojo en dirección al ruso, emocionandolo mas.
— ¡Si!
Mas tarde esa misma noche, escapandose triunfalmente de su familia y amigos se encontraba Yuuri mirando a su hija corretiando con las trillizas junto a History entre la nieve, parecian tan contentas estando con el pequeño caniche jugando y este igualmente, movimiendo su cola a todos lados frenético en tanto ladraba insistente de atención. Los niños y los animales se llevaban tan bien, ni mencionar de esa energía desbordante que parece poder alimentar una central eléctrica, de simplemente observar a las niñas jugar “guerra de nieve” le ha entrado el cansancio, cosa rara en el porque es conocido por su gran resistencia. Podría retribuirle su estado a Viktor combinado a sus hormonas revolucionadas, aun sentía la sensación en su espalda al ser estampado contra la puerta de las termas, aunque no puede negarlo, fue un momento totalmente erótico y lleno de adrenalina. Ser posiblemente descubiertos, el sonido de la puerta rechinar al sostener sus cuerpos, la humedad de estos, las caricias que quemaban su piel, los besos, los jadeos, los… ¡mierda! De solo mantener todo eso en su memoria nítida le provocaba convulciones espontáneas en su ser, en la vida podría tener emociones alguna de tratarse de otra persona, porque al soster la mano de Viktor contra la suya le embarga la felicidad de un niño en navidad. ¡Hasta podría sonreír parecido a un idiota! Ni le importaba, con tal, su amor por el Nikiforov le provocaba comportarse como uno y hasta hacer nuevamente un adolescente. Daba igual, la energía contagiosa e entuciasta era lo que provocaba en él imitarlo, o tal vez, llevarle la corriente. Y si, Katsuki Yuuri volvía a las raíces de ser solo un niño igual a las pequeñas frente suyo, pero esta ocasión no le importaba.
El aoroma predominante de alguien en el aire le toco, anunciando la presencia de ese alfa que le colocaba de cabeza a bajo sus sentidos, o mas bien, su vida entera. Al sentirlo tomar asiento a su lado soltó una risita incómoda, le parecía extraordinario conocer a su destinado por solo su olor, aunque vendría siendo natural de los omegas. Eso que no ha sido marcado aun, ni siquiera desea imaginar haciéndolo porque de esa forma, ambos estarían conectados en muchos sentidos, tomando en cuenta las emociones experimentas en segundos o en caso de sentir peligro, iría inmediatamente a buscarlo. El japones odiaba admitirlo, pero le encantaba el mecanismo de las marcas de los alfas a los omegas, la experimentaría en cualquier momento pero primero, necesitaba tener la prueba de poder ser marcado igualmente el corazón y no la piel, cosa ya haber ocurrido.
El aoroma predominante de alguien en el aire le toco, anunciando la presencia de ese alfa que le colocaba de cabeza a bajo sus sentidos, o mas bien, su vida entera. Al sentirlo tomar asiento a su lado soltó una risita incómoda, le parecía extraordinario conocer a su destinado por solo su olor, aunque vendría siendo natural de los omegas. Eso que no ha sido marcado aun, ni siquiera desea imaginar haciéndolo porque de esa forma, ambos estarían conectados en muchos sentidos, tomando en cuenta las emociones experimentas en segundos o en caso de sentir peligro, iría inmediatamente a buscarlo. El japones odiaba admitirlo, pero le encantaba el mecanismo de las marcas de los alfas a los omegas, la experimentaría en cualquier momento pero primero, necesitaba tener la prueba de poder ser marcado igualmente el corazón y no la piel, cosa ya haber ocurrido.
— ¿No tienes frío? — le preguntó “él”, tanteando con cautela atrapar una de sus manos pero no consiguiendola, pues la alejo con travesura reflejada en su rostro. — pareces que te congelaras en cualquier momento, puedo brindarte mi calor.
— No se porque eso suena como una proporción morbosa de tu parte. — rio percibiendo la frustración de la mano de “él” a no poder atraparlo, era divertido.
— Oh, vamos Yuuri. — esquivo con maestría el ataque del alfa, provocandolo mirarlo con reproche. — no todo de mi puede ser propuestas indecentes.
— Tal vez, pero… — escondió la mano en su espalda, haciéndole una medio señal de burla. — tus ojos no dicen lo mismo a tus palabras.
— Eso depende de que estes pensando, travieso. — canturreo, optando por escalar su brazo como si fuese una araña.
— No actúes como si fueses el inocente aqui, Viktor. — le reprocho frunciendo el ceño, nombrando al fin su nombre esquisito y adictivo. Procuro desgustarlo con dedicación.
El peliplata soltando una mirada de desafío, sujeto con un descuido del omega uno de sus brazos y con cuidado, le derrumbó sobre el tatami quedándose mirandose con atención. Una vez mas el azul manglar colicionaba con el caoba, recreando no solo un choque de culturas o perspectiva de vida, sino igualmente de esas memorias lejanas ante su separación. Sabían que aun desconocían cosas el uno del otro, secretos y demás anécdotas ocurridas, cambiaron pero ni con eso pudieron asesinar sus sentimientos recíprocos. Ahora y mas que nunca, el latir de sus corazones marcaban un mismo ritmo donde llamaban sus nombres, dictaminando con locura el petenecerse fielmente. Seguramente, vendrían mas pruebas pero lo superarían porque se amaban, cuando realmente quieres algo luchas con todas tus fuerzas necesarias, con uñas y dientes de ser necesario, incluso, derrumbaria paredes. Podrás encontrar mas de un obstáculo, pero con dedicación y una mano consiliadora, podrás saltarlo. Llevándolos al presente, justo ahora.
Sonriendo ladinamente, Viktor acerca su rostro al contrario para rosar sus labios con cautela, no llega a un beso, pero si a una caricia con fines provocativos. En lugar de Yuuri, se limita a soltar un suspiro ancioso, liberandose del agarre impuesto por el alfa y pasando su brazo los hombros de este, empujandolo contra si abrazandolo. El ruso suelta un gruñido insatisfecho, mientras su amante mantiene su risa en la garganta, marcando una victoria personal contra el gran Viktor Nikiforov.
— ¿No debes controlarte? — menciona travieso el omega, alargando mas el abrazo. — recuerda que estan las trillizas y nuestras hija jugando frente a nosotros. Nada de descontrol.
¡¿Quien entre todos le esta provocando?! Piensa el Nikiforov ahogando sus gruñidos, mas la necesidad de hundirse en el cuello perfecto y marcarlo, sea o no sea su regalo de cumpleaños su instinto le lleva hacerlo. Claro, eso sin mencionar la posible erección en tener si Yuuri sigue apretandose contra él, se necesita de un autocontrol llevado a la máxima exponencia, donde el ser alfa es dejado de lado. Viktor lo sabe, el pelinegro es la fuente de su predicción.
— ¿Acaso no deseabas darme calor? — susurra el muy atrevida en su oreja, llevandole a reprimir un gemido. — esta seria tu mayor oportunidad.
Santos cielos, no comprende nada la psicología de este hombre, le pide controlarse al ver menores presente, pero de pronto le exige darle calor. Es decir, ¡¿qué demonios quería de él?! No puede simplemente jugar con sus sentimientos, menos las hormonas de un alfa adicto al aroma de su omega.
« Vamos, control Nikiforov, control… ¡control! »
Tomando una gran bocanada de aire limpio, o mas o menos al tener la fragancia de la miel emanando de los poros del japones, marco la distancia prudencial de este acomodando su postura sentado. Claro, la calma en su rostro no podía verse reflejada pues en verdad luchaba contra si mismo, Yuuri lo considero divertido pero a su vez peligroso, tal vez ir muy lejos con él no era buena idea.
— ¡Mamá! ¡mamá! — la voz de Anna ocupo sus sentidos, olvidando la travesura de unos segundos. — ¡Anna puede hacer ángeles sobre la nieve! ¿no es divertido eso?
— Lo es, lo es. — movió la mano en su dirección sonriendo.
Viktor formo una mueca satisfecha en su rostro, si bien hace unos segundos parecía peder el control de su alfa interior, mirar a la pequeña parecida a él pagaba cualquier fuego producido en su interior. Jugando con las trillizas y su fiel amigo History le llenaba de ternura, según las palabras de Yuuri, Anna no es de mostrar muchas emociones y aunque es popular en la escuela, compartir sus pensamientos o inquietudes no es lo suyo. Mirarla interactuar de manera normal le llena de dicha, porque quizás tenga esa similitud con su madre, no saber exactamente cuando pedir ayuda. Debe reconocerlo, al verla por primera vez en esa ocasión en la competencias de las razas le sorprendió, nunca había tenido la oportunidad de observar el mismo color de sus ojos en alguien mas, obviando a su mamá por… bueno, porque si. Agregándole lo abrumante del color platinado de su cabello, cayendo como cascada sobre su espalda y seguido de aquella declaración. ¡Dios! Por un momento se creyo peor a un idiota, porque esa pequeña era su hija, SU HIJA, producto de su amor por Yuuri o mas bien, la razón porque la vida no podía ser tan mala. Si le daba una vista al pasado, nunca se imagino siendo padre de un cachorro, las imágenes de una familia no eran las mas propicias y tampoco las quiere rememorar, menos teniendo en cuenta tener al fin a Yuuri a su lado. Sin embargo, eso viene a su mente como una bola de demolición, sus padres teniendo sus caminos separados trabajando hasta el cansancio, dejarlo a él solo en casa horas y horas con la “suficiente” confianza para manejarse solo, no se queja, ni mucho menos lo haría a estas alturas de la vida porque de alguna forma todas esas escenas lo llevaron al patinaje. Oh, claro, el centro de atención durante toda su vida, el cual, le hizo olvidar y desviar los pequeños detalles importantes en tu camino. Dos palabras con “L”. Love and Life.
Ya que sus padres jamas tuvieron tiempo para él, tomo la decisión de practicar un deporte, no una cualquier sino representantivo y con gracia parecido a él. Desde muy joven se intereso en el hielo, mas en las personas deslizándose sobre este, parecían estar desconectados y agenos a cualquier realidad caótica, perdidos en olas frías recreando mundos distintos a este. ¿Por qué no? ¿por qué no simplemente intentarlo? Lo hizo, se coloco sus primeros patines a la edad de ocho años en una salida de grupo de la escuela, dejando a todos los presentes con la boca a abierta y tan sorprendidos ante la agilidad de un pequeño, que si bien no era precisamente experto en el área, poseía la técnica necesaria y la inteligencia de sostenerse en sus pies para balanzearse con elegancia. Desde ese entonces, Viktor Nikiforov, se convirtió en el amante fideligno del hielo y este, lo acepto gustosamente en su habita. En pocas palabras, se volvieron uno solo. No podía existir una pista de patinaje en San Petersburgo sin la referencia del ojiazul y él, sin ser mezclado con ella.
Lo que empezó como un simple escape, se convirtió en su todo.
Rápidamente consiguió abrirse espacio en el deporte, empezando con competiciones locales, de razas e inclusive las nacionales rusas. Paso de ser “Viktor Nikiforov el niño desdichado con familia disfuncional” a “la promesa de una leyenda viviente”. A la edad de quince años ya no necesito mas depender de sus padres, tenia todo lo justo para independizarse, tampoco es que ellos le colocaran muchas trabas para hacerlo, es mas, podía incluso arriesgarse a decir ver la felicidad en los ojos gelidos de su madre al firmar la carta de inmancipación. Era prácticamente como desechar lo innecesario, fácil y rápido, cosa que a Viktor le dolio. En su joven mente frevil, ideo quizás jamas haber sido necesario para ellos, por mas esforzarse ser el alfa modelo, el estudiante entregado y el hijo agnegado, su mamá no lo encontraria importante menos su padre, quien rara vez se ocupo de él. Estaba claro pintarsele un simple estorbo. Asi que una vez emancipado, con ayuda de su entrenador Yakov encontró un departamento para poder vivir cómodamente, quedaba cerca del centro de entrenamiento y ideal para tomar el metro hacia su escuela; empaco todas sus cosas, su nuevo caniche Makkachin y cerrando la puerta de aquella casa, dejo todo atrás.
Ya no sería mas un idiota.
No.
Se convertiría en: “Viktor Nikiforov el patinador a tiempo completo”.
No.
Se convertiría en: “Viktor Nikiforov el patinador a tiempo completo”.
Comprendio a duros golpes que si le daba mas importancia en apoyarse en los soportes equivocados saldría lastimado, igualmente, de la realidad era simplemente mortífera y ponsoñosa. Te hiere, envenena a la par de asesinarte. Basta, ya no quería nada de eso, en su lugar, recrearia historias lo sufiente interesantes en cada una de sus rutinas y demostraría de la capacidad de sus habilidades, podría imprecionar a los espectadores, por supuesto que si. He allí, a sus brote de inspiración en cada uno de los programas presentados en las competencias, hablaba del amor, desamor, conflictos, la fantasía, magia, peligro, anhelo… con cada salto, paso atrevido o secuencia de pasos, captó la atención de todo el mundo enviandolo a la cúspide mas alta de todas, ser campeón mundial. No existía persona en el ámbito del patinaje artístico que le fuese indiferente, era sin darme mucho crédito, la leyenda viviente de este deporte y todo el mundo quería su atención, la cual, jamas la privo. Aparte de ello, su personalidad atrevida combinada con amable, atrapaba hasta la mayor desafío de todos, con ello se refería corazones fríos. Es cierto, ha Viktor jamas le faltaron amantes, bastaba con un chasquido de dedos y un guiño para tener a cualquier omega, alfa o beta a sus pies, rendidos y busca de atención, su atención. Tuvo varias parejas que considero relativamente serias y dispuesta a quizás llevar la relación a otro nivel, sin embargo, venia a su memoria su incapacidad de tomar las cosas con responsabilidad y el formar una familia, el ser padre… no iba de la mano consigo. Lo mejor era escapar, o mejor dicho, inventar una excusa y terminar las cosas con los menores daños posibles.
Pero olvido una cosa.
Las palabras duelen mas que los golpes.
Dejan daños y luego… cicatrices.
Las palabras duelen mas que los golpes.
Dejan daños y luego… cicatrices.
Tratando olvidar una vez mas sus incompetentes acciones, hizo una coreógrafia con la finalidad de pedir perdón a todas esas personas dejadas atras, aunque sobre todo, una llamada desesperada a si mismo. No se había dado cuento, o puede que si, pero al percatarse de la realidad de su alrededor al quitarse la careta se vio asustado y solo. La vida no es solo trabajo, tambien existen otras cosas, el calor de otro cuerpo al momento de estar cansado de un día agotador, el abrazo reparador al ir todo mal y el cariño de esa persona amada. Aspectos inexistentes en él. Entonces tomando todos esos sentimientos patino con esmero, sentimiento y anhelo, queriendo hacerle un llamado a alguien para ir desperadamente a rescatarlo, sacarlo de su palacio lleno de comodidades y tomarlo de la mano para hacerle entender como se vivía realmente.
Entonces, eventualmente, ocurrió.
Él, Viktor Nikiforov, la leyenda viviente del patinaje artístico, acostumbrado a tener todo a sus pies, el cariño, la admiración y los gritos de la gente al mirarlo simplemente pasar a sus lados, había sido ignorado olímpicamente por un chico japones de mirada caoba como sino fuese nada, o mas bien, igual a un sillón perdido y olvidado. ¿Como era posible? ¡¿como era jodidamente y remotamente posible?! Si él era todo lo que una persona podía desear, una vez mas no quiere sonar engreido, pero su fama lo ha elevado a niveles inimaginables que hasta un simple novato querría tomarse una foto con él. Pero no, aquel chiquillo japones le rechazo sin mas, dejándolo atrás con sus amabilidad tiradas a la basura. Aunque si piensan que le provocó enojo al ruso, se equivoca, en lugar de eso formo una sonrisa en su boca curiosa, deseando averiguar mas de aquel muchacho menudo. Tampoco fue dificil de hacerlo, Celestino entrenador del japones y el gatito malhumorado de Yuri, su compañero de pista, le brindaron toda la información posible del azabache abastenciendo un poco su curiosidad, pero no completa. Sabia ser su nombre, Katsuki Yuuri originario de Japón, Kyuushu, Hasetsu, tenia veintidós años y era su primera clasificación a la final de GP, el cual termino en último lugar. A palabras textuales de Yuri, aquel cerdo no era mas que un patetico llorón sin nada en especial, aunque curiosamente fallaba al clavar los saltos era otro mundo en su secuencia de pasos, haciéndolo relativamente aceptable. Claro, eso era demaciado de sacar a tan adolescente volátil, bueno, se traba de la edad de comportarse de esa manera y no lo juzgaría.
Con la poca informacion del Katsuki se aventuro al banquete del GPF, donde la supremacía a la hipocrecia hacia acto de presencia, en años anteriores Viktor estaría dichoso de asistir pero ese año en particular, no lo sentía. Creo, como un niño inocente, el aburrirse sin nada emocionante que mirar porque era lo mismo de costumbre; sonreír, hablar con cordialidad, sonreír, aceptar champán de los invitados, sonreír, socializar con entes importantes del patinaje, volver a sonreír, fingir sentirse a gusto y… una vez mas sonreir. Sinceramente, que pereza con ese circulo vicioso repetitivo, monótono y absurdo, conocía claramente la importancia de este en todos los ámbitos, no obstante, tener los animos por el suelo en ese instante, jamas ayudaría en lo absoluto. Entonces, cuando de pronto creyó morir en la eterna monotonía, llegó una vez mas ese beta de caoba mirada a sorprenderlo una vez mas, robandose su atención por completo. Ya las cosas no fueron aburridas, menos grises, los colores habían adquiridos toques cálidos como por ejemplo el azul claro, tenue como el primer vástago del amanecer. Efectivamente, Katsuki Yuuri era un cajón lleno de sorpresas, porque sus acciones no tenían limites, el desafiar a Yuri a una competencia de baile y salir inleso, bailar pole dance junto a Chris a medio vestir sin importarle las miradas llenas de desconcierto de los invitados, de igual forma, tomar su mano e tratar de imitar la danza de los españoles en época de “brava”, ya saben, las ferias y demás eventos parecidos. Aun así, eso no se comparaba en nada a lo último en sus acciones, provocandole las mayores palpitaciones en su pecho y quizás, la pauta exacta de su verdadera historia, la petición para ser su entrenador. Es que ni siquiera pudo decir algo, Viktor por primera vez en su vida se encontraba perdido en un mar se emociones, donde unos ojos color caoba lo miraban con la mayor devoción de todas, agregándole el cariño especial porque Katsuki Yuuri no estaba esperando nada a cambio de solo su atención, él no deseaba a la “leyenda viviente” no, sino al hombre detrás de esa mascara y… bueno, eso le abrumo queriendo simplemente derretirse entre sus brazos, cosas en jamas ocurrir. Luego de aquella petición, Celestino apareció por arte de magia disculpandose del comportamiento de su protegió, seguidamente de desaparecer.
Esa fue la primera vez de compartir con el Katsuki.
La primera y última.
La primera y última.
Por mucho de querer aceptar la petición del japonés a la primera, no podía hacerlo, menos teniendo todas esas competencias encima suyo y el campeonato mundial, donde efectivamente él no estaría, dificultando aun mas las cosas. Necesitaba verlo, tenerlo una vez frente suyo y ver ese reflejo chocolatoso, los ojos que lo atraparon tal cual prisionero fuese, cautivo de la inocencia y atrevimiento ante sus sensuales movimientos. Entonces, abrumado de tales memorias de ese banquete una vez de vuelta en Rusia, recreo en un programa nuevo esas vivencias experimentadas, llevando a la vida a “eros” y “agape” amores profundos dormidos en las personas, sobre todo en el mismo, que luchaba por mantenerse a flote el uno con el otro. No es como si Viktor estuviese enamorado de ese muchacho, jamas ha experimentado el afamado “amor a primera vista” tampoco cree en existir, esa confunción en su cabeza lo atribuye a curiosidad, querer entender las razones de recharlo primero y después pedirle entrenarlo. No lo entiende y quiere hacerlo. Viktor ha estado siempre acostumbrado a sorprender, no hacer sorprendido, por eso al ver una vez mas ese japones haciendo de las suyas en un simple video, sabe que es la señal perfecta para actuar.
Él tambien es de acciones.
No de palabras vacías.
Llego el momento de cumplir promesas perdidas.
No de palabras vacías.
Llego el momento de cumplir promesas perdidas.
Dejando todo atrás, tomando su maleta con sus pertenencias, empacando cosas necesarias en su larga, porque efectivamente sera larga su estadia, se marcha a Japón a buscar quien sera su pupilo en esta nueva temporada. ¿Quien sabe? Podría estar frente a la proesa del año… ¡del mundo entero! Y obviamente, él debe ser el único en pulir tan preciado diamante en bruto que al parecer perdio su brillo, pero eventualmente conseguirá hacerlo resplander de nuevo. Desde luego, Viktor no tenia idea de todos los acontecimientos seguidos de eso, menos que terminaría perdidamente enamorado del beta, quien supo robarse su corazón con una destreza fenomenal que le asusto, porque aunque quiso reprimirlo dentro suyo, disfrazarlo con otros apelativos termino llegando a la conclusión de sus sentimientos demaciado tarde, perdiendolo. Con esto, puede asegurar el dolerle tanto o peor a ser un miembro del cuerpo arrancado de ti, porque es un pedazo que han alejado de tu presencia y el pensar seguir de esa manera es una tortura, la jodida tortura china completa. En principio resulta irónico, él quien estuvo acostumbrado a dejar corazones rotos a su caminar, le habian jugado la mayor jugarreta de su vida, para no decir “despreciar” al ser muy fuerte. Pero si, le hicieron comprender a los golpes que el amor no es algo de optener fácil, menos al estirar tu mano para tener el mando del televisor por ejemplo, no, porque ese sentimiento maravilloso es igual a una semilla tratando de germinar, necesitas de sol y agua aparte de otros cuidados. De no hacerlos esta no nace, marchita y muere. Exactamente eso hizo él, dejar escapar de sus manos aquella flor sin antes nacer, Yuuri nunca esperaria para ser regado, eventualmente se marcharía al no recibir la atención deseada. Tal cual a lo que hizo, alejándose y dejándolo atrás sin mas, para cuando quiso recuperarlo era demaciado tarde.
Sufrió.
Lloro.
Y trato de odiar.
Lloro.
Y trato de odiar.
Viktor por primera vez se compareció de cada beta, alfa u omega que hirió profundamente mas de los dispuesto a tener una relación sería, porque de volver a ver a Yuuri estaría dispuesto a formar una familia y aunque fuese un beta, no le importaba. De todas maneras, jamas le dio relevancia a los escalafones de las razas, desde siempre se intereso en las personas por ser ellos, no otra cosa o el estatus rodeandolo. Además, siendo Yuuri eventualmente el amor de su vida, estaría dispuesto hacer cualquier cosa por él. Pero aunque entre sus deseos estuviese eso presente nunca tuvo la valentía de buscarlo, de hacer eso nuevamente la primera vez al verlo en ese video, tomar un avión y dejarlo todo atrás solo por una corazonada, se volvió un ser oscuro, lleno de debilidades y comportamiento cerrado. Sonreía cuando ameritava la ocasión, daba explicaciones de sus actos de ser necesario y decidió resguardarse nuevamente en un castillo de hielo, siendo él mismo su guardia. Sabia que Yuuri no iría a rescatarlo, donde estuviese viviendo ahora se encontraba profundamente herido y dolido, pensando en enamorarse solo de su entrenador, jamas correspondido y eso le mataba. Él se ato a si mismo a esa monótona vida, considerando una, otra, otra vez cumplir la promesa del beta al pie de la letra, creyendo que aunque estuviese dolido encontraría la manera de levantarse y nuevamente avanzar. ¿Quien sabe? De la mano de una hermosa beta, omega o alfa, cualquiera que tuviese la dicha de darle la felicidad la cual jamas pudo darle, terminando por olvidarle. Fue en ese momento, que decidió perderse en otras pieles, otras fragancias u olores.
Pero no era lo mismo.
Jamas seria lo mismo.
Ni remotamente parecido.
Jamas seria lo mismo.
Ni remotamente parecido.
Fue cuando ocurrió, la aparición del Ángel de cabello platinado, ojos color azul manglar, voz cantarina y pies ligeros. Se atrevió a burlar todo a su alrededor, escabullirse entre las personas y escalar hasta su encuentro mostrandole aquel dibujo peculiar, era una familia de tres, se mostraban ella misma obviamente pero las otras dos personas se trataba de alguien de lentes y él. Una vez mas creyo la señal llego, en esta ocasión en la representación de un Ángel exigiendole su compañia para su solitaria mamá, aun mas, para ella misma. Se encuentro en un shock tan profundo que no lo medito mucho, salvo dos cosas, escuchar la voz de Yuuri a lo lejos llamando a la niña y la verdad de no ser un beta, sino omega.
Corrió con todas sus fuerzas, olvido donde se encontraba, a lado de quien se encontraba, olvido las alarmas de emergencia de su mente evitando el lastimarse, en general, olvido todo y se dejo llevar por sus impulsos dirigiéndose a su destino. Al verlo a él, luego de cinco años sosteniendo entre sus brazos a su pequeña, la misma de unos minutos atrás del dibujo esperanzador, entendió muchas cosas sin explicación en el pasado y percibió no hacer ninguna clase de pregunta, menos un monólogo. De todas manera, él jamas había sido de palabras sino acciones, por lo tanto, se avalanzo hacia el omega apretandolo contra su pecho junto a Anna, abranzando y aprovechando de aspirar ese olor tan embriagador como esquisito. Era la primavera en pleno invierno, o mejor aun, el inicio de un verano lleno de emociones encontradas pero lo suficiente fuertes para no olvidarlas.
Ahora volviendo al presente, dibujo una sonrisa satisfecha en sus labios viendo una vez mas a su Ángel haciendole un especie de bigote a History, sin duda estaba feliz de todo los acontecimientos ocurridos hasta hora, sin saltarse ninguno, porque gracias a ellos obtuvo la mayor de las recompensas y eso resulta reparador como consiliador. Aprovechando el descuido del omega, agarra su mano entre las suyas encontrandola un poco fria bajo su contacto atribuyendola al clima, aunque a su parecer no esta tan mal en Rusia es mucho peor, podría convertir a Yuuri en un autencio hombre de nieve y no en el sentido literal. Este sorprendió del acción de su pareja, suelta un suspiro girando en su dirección esperando quizás un comentario burlón de su parte, admite asustarse al verlo tan tranquilo después de jugar un poco con su cordura, pero un ataque sorpresivo seria una buena venganza en su contra.
— Se siente tan extraño, — murmura pensativo el peliplata, sonriendole calmado en su dirección y ocasionando un extrago en el pecho del omega. — me refiero a tu mano sin tener el anillo de promesa de ganar una medalla de oro.
¡Ah era eso! Yuuri tiembla como una maquina vieja al hacer memoria del pasado, porque cuando tuvo esa última noche con Viktor fue el primero en abandonar la habitación, creyo estúpido permanecer con aquella pieza de oro en sus pertenencias si verla le recordaría a su verdugo. Por eso, teniendo la mínima oportunidad o mas bien, aprovechándose de un alfa dormido, se despojo de la hoya dejándola en la mesita de luz de la habitación y abando sin mas el lugar. Para el japones fue un duro golpe hacer tal acción, porque si bien ya no tendría mas presente al peliplata en su dia a día, este podría ser su ancla para mantener las memorias vivas con este presente. Pero no, solo seria un estorbo en su proceso de olvidarlo, asi que, simplemente la abandono. Su paradero le es desconocido.
— Yo… lo siento… — se disculpo con frenesí, bajando su cabeza y cerrando sus ojos con fuerza.
— ¿Y por qué? — pregunto curioso el alfa, buscando ser visto por el pelinegro sin soltar su agarre.
— Por… por botar como sino tuviese algún valor, algo tan preciado para nosotros. — el ojos caoba realmente se veía afectado, no tenía intención de mirar al ruso. — solo… solo lo hice sin pensar y… en verdad lo siento.
Ah… su Yuuri seguía siendo tan adorable, tan puro y considerado aun cuando la cago en el pasado, porque eso fue exactamente su error, meter la pata hasta el fondo. Él jamas le reprocharia haber dejado el anillo atrás, era justo su posición y estaba en todo su derecho, admitir no sentirse quebrado por dentro al verla sobre esa mesilla de luz después de despertar y no en encontrarlo, sería una mentira. Sin embargo, acudió a la vieja confiable. Amarrar esa pieza de oro contra si mismo, colgarla en una cadena y llevarla a todos lados consigo, como un amuleto de la buena suerte. En algunas ocasiones le preguntaron la razón de poseerla si todo acabo entre ellos, pero en alguien como Viktor nada importaba, porque en lugar de amarrarlo al pasado, le mantenía parecido a una ancla amarrado hacia el futuro. La promesa de volver a encontrarse y cambiar las cosas.
Introduciendo su mano en el bolsillo de su elegante abrigo café, Viktor saco una bonita cadena de oro que sostenía un curioso anillo dorado conocido antes por el ojos caoba, que al verlo, no pudo evitar sentirse conmovido llevando sus manos al rostro. No deseaba llorar, aunque viendo el panorama, probablemente terminara haciéndolo.
— Viktor… tu…
— Lo aguarde — confeso con voz tremula, aprovechando de sacarlo de la cadena y con delicadeza sostener la mano del pelinegro, vistiendo una de sus dedos con el anillo. Nuevamente brillaba en su lugar, si, con su legitimo dueño. — al principio me cuestione el hacerlo, es decir, rompimos todas nuestras conexiones. Seria ridículo permanecer en el pasado por un tonto anillo, pero entonces recordé lo muy feliz que estuviste comprandolo, vistiendolo con mucho entuciasmo. No lo niego, yo igual. Por eso lo convertir en mi amuleto, en el objeto que jamas me atrevería a salir sin el de casa.
— Raro no haberlo escuchado en los medios. — intervino medio sonriendo el omega, limpiando unas lagrimillas traviesas de sus párpados. — ¡Eres muy famoso! La farándula estarían encantados de escribir escandolos tuyos, aun mas amuletos de buena suerte.
— En hora buena para ellos. — hablo tranquilo, ignorandolo y colocándose su anillo propio. El ojos caoba se sonrojo al instante. — ¿qué? No me digas estar avergonzado de volver a hacer juego, cuando me lo regalaste nunca manifestaste incomodidad.
— ¡No se trata de eso! — chillo avergonzado, imitando el color de un tomate maduro en su rostro. — solo… solo es muy nostálgico volverlos a usar, mas cuando… no… nos volvemos a reencontrar.
— Ya que aun no puedo marcarte. — exclamó con ironía, incomodando un poco al omega. — quiere dejarle al mundo entero estar juntos, comprometidos no de papel, pero si en forma espiritual y que no le perteneces a nadie, solamente a mi.
— Bien, entonces estamos iguales. — se repuso el pelinegro, sosteniendo de las solapas al ruso y acercandolo a centímetros de su rostro desafiandolo. — diles a todas esas zorras que tienes dueño, por lo tanto no pueden perseguirte mas. ¿no lo crees justo? Dado la circunstancias de esos comportamientos osados, es necesario aclarar puntos sobre las ies.
« Es tan determinado que me hace desearlo mas »
Viktor sonrio de forma ladina en tanto ese pensamiento rodeaba su cabeza, todos conocían perfectamente el lado territorial de los alfas hacías sus omegas, la necesidad de opacarlos solamente para ellos y nadie mas. Sin embargo, existe las excepciones en los omegas como Yuuri, donde si es posible, marcarían a su alfa con marcas permanentes en todo su pecho y cuello demostrandole al mundo entero poseerlo. No podía evitarlo, el ruso se encontraba tan complacido con todo esto, su cerdito jamas mostró conductas celosas hacia él en el pasado, pero en el presente ya es otra historia. Sosteniendo las manos de este en su agarre, acerco su rostro con lentitud poseyendo aun esa mueca satisfecha en el rostro, la cual, ni siquiera tomo por sorpresa al pelinegro quien la emito y quiso cerrar la brecha entre ambos con un beso para nada recatado. Sus labios se movieron con cincronia, queriendo sellar con ellos un pacto inimaginable para las demás personas, pero evidente en sus corazones. Ya no se trataba de ser un alfa y omega, mas bien iba mucho mas halla de eso, porque era una pareja totalmente enamorada en cuerpo y alma el uno del otro. Cosa que los marco para siempre.
Siendo interrumpidos inesperadamente por el sonido de un celular, Viktor soltó un gruñido debiendo liberar al japones, quien teniendo una risita divertida, saco el aparato siendo de su pertenencia visualizando la pantalla y suspirando cansado. Se trataba de Celestino, seguramente quería hablar sobre las nacionales de Rossana en EEUU, siendo nada mas la próxima semana. Quedaron en practicar pasada las fiestas navideñas, posteriormente cumpleaños de su pareja, pero la pequeña se encontraba tan nerviosa de cometer algún fallo que se dispuso a perfeccionar sus coreografías sin descanso, importandole poco su cuerpo o lo demás. En cierto modo le recordaba a si mismo, tratando de sacarle jugo a toda la fruta considerando incluso llevarlo al limite, el problema en la alfa vendría siendo ser una autentica genio, no necesita de sobre esforzarse. Todo se encontraba en orden. Sin embargo, al encontrarse clasificada a otra categoría con chicas de edades mas avanzadas, colacaba en peligro su estabilidad como patinadora.
— Lo siento, prometo resolver esto rápido y volver contigo pronto. — se excuso el pelinegro, viendo la pantalla del móvil apagarse y nuevamente prenderse.
— No te preocupes, es tu trabajo Yuuri. — le sujeto la cara con dulzura, dándole una suave caricia para tranquilizarlo. — aquí estare esperandote con ancias.
— Bien, ya vuelvo. — se levanto del asiento improvisado no sin antes darle un rápido beso en los labios al peliplata, quien obviamente con gusto lo acepto. — cuida de nuestra hija.
— Lo hare.
Rápidamente Yuuri descuelga la llamada sumándose evidentemente en un debate, el ruso gira su rostro hacia los lados dibujando una sonrisa incredula, podría sonar fastidioso pero en estos momentos aun siente estar viviendo un sueño. Él nuevamente en Hasetsu visualizando un panorama invernal, compartiendo con los Katsuki y allegados, escuchar los chillidos o gritos de algarabía de Anna combinados con los de sus amigas y el mismo History… ¿qué hizo para merecer tan felicidad? De por si tener un cachorro es motivo de dicha para cualquier alfa, viene siendo aun mas cuando la compartes con tu persona destina, esa quien amas con todo tu corazón. Si, el dueño de tus delirios y deseos. Viktor Nikiforov esta consiente de sus errores, los encuentra oportunos en todos los sentidos, después de todo, gracias a ellos a aprendido a no considerar volverlos a cometer. Pero tambien, sabe que todo individuo tiene derecho a ser feliz, por lo tanto, él aprovechara de esto para serlo.
Los pasos sobre la nieve de unos pies diminutos acompañados de otros mas ruidosos, le hacen alzar la mirada encontrándose con la imagen adorable de su hija corriendo, viene sonriendo de oreja a oreja sosteniendo algo entre manos. En tanto su acompañante, un caniche revoltosos miniatura, jadea incontrolable mostrando su lengua hacia un lado admitiendo estar feliz de ser cómplice de la princesa de cabello platinado.
— ¡Viktor! ¡Viktor! — menciona su nombre frenética, frenando sus pasos al llegar a su encuentro y extendiendole los brazos, mostrandole algo. — Anna ha hecho lazos de hielo, ella quería unos ángeles pero no le salió muy bien. Por lo tanto, decidió cambiar la estrategia.
En verdad… ¿como lo hace? Expresarse de una manera tan clara y avanzada, le hace inclusive dudar de tener cinco años. Es decir, la pequeña alfa demuestra demaciada madurez para su edad, podría considerarla hasta una niña sumamente inteligente. Quien sabe, ese caso puede tratarse de ellos.
— Eres muy lista, Anna. — la elogio, recibiendo un pequeño sonrojo en los pomulos de ella y un brillo anhelante en su mirada. — tus habilidades son sumamente extraordinarias. No me tomaría por sorpresa que seas buena esculpiendo.
— En realidad, Anna se fuerza mucho en todo lo que hace. — comenta con eje pensantivo, medio nostagio y avergonzado. — En clase ella no para de ser el centro de atención, porque las lecciones son fáciles de resolver, incluso las toma por sorpresa conocer no tener ayuda de mamá. Aunque la verdad, es otra.
— ¿A que te refieres? — pregunto confundido.
— A Anna le gusta estudiar de mas, investigar y hacer las cosas por su cuenta. — confeso sin mas, impresionando a su papá, llevándose en la memoria la imagen de un Yuuri practicando con entuciasmo los saltos no clavados en sus competencias. Cayendose, hiriendo de una forma algo alarmante su cuerpo, pero levantándose con todo y heridas del suelo, así contiendo con los desafíos. — Anna no es ninguna niña genio, menos indigo, solo se trata de alguien puliendo sus puntos débiles y fortaleciendo los buenos. De esa manera, Anna podrá alegrar a mamá y no causarle problemas en nada.
El peliplata queda unos segundos conmocionado de las palabras de la menor, se nota mucho el gran cariño y aprecio que tiene por Yuuri, es bastante claro haber sido su columna en todo este tiempo. Con razón y es tan lista, la conexión de un cachorro con su madre es mas fuerte a cualquier cosa parecida, dicen perfectamente sentir hasta las mínima de las incertidumbres en ellos, llevándolos inmediatamente a reaccionar. Las personas pueden decir que Anna y Viktor se parecen mucho, aunque este los atribuye solamente a lo físico, porque en en otro aspectos, la niña es una autentica personificación de su amor. Su Yuuri.
— En la vida podrías causarle problemas a tu mamá, princesa. — le dice, colocando una de sus manos en la cabeza de esta, captando de inmediato la atención de esos ojos azul estelar. — Porque cuando se ama, como ustedes lo hacen, el único sentido que podría moverlos en el proteger.
— ¿Tambien es para Viktor? — exclamó curiosa la infante, tomando desprevenido al ruso. — ¿Deseas proteger a mamá y a Anna?
— Por supuesto, desde el momento de verte. — sonrio complacido, adaptando rápidamente a las sorpresas de la peliplata. — Decidi cuidarte firmemente, Anna.
La pequeña sintiendo un extraño palpitar en su pecho, se arroja a brazos de su padre para perderse por completo en la fragancia que emite, ella al pesar de su corta edad diferencia perfectamente ese olor. No es ni remotamente parecido a su mamá, en ella solo puedes encontrar la dulce miel e inclusive la vainilla compaginadas a la par, envolviendo tus inseguridades para suplantarlas con la tranquilidad propia de la primavera. En cambio Viktor, percibes el hielo, no es el que te congela los sentidos, mas bien quema cada pedazo recontido de tu alma desolada, sumplantandolo con una clase de vapor que podría llegar a asustarte, pero una vez comprendes el sinónimo de la paz, sonríes a gusto. En pocas palabras, Anna puede asegurar ser la hija de la primavera junto al invierno, porque cuando uno parece acabar, viene el otro y te reconforta.
— Papá — dice en un susurro, conmocionado los sentimientos del ruso, que cree estar soñando. — gracias por venir, papá.
El viento invernal chocando contra su piel, el sonido de las risas de las trillizas correteando junto a History, la vista de montículos y montículos de nieve apilandose cerca de ellos, unos delgados bracitos rodeando su torso, el calor que invade su pecho y esa palabra que descontrola su cerebro, esa que jamas pensó en ser llamado. “Papá” sinónimo de cariño, calor y compresión, deberás estar siempre, buenas o malas con ella, llenarla de consejos y enseñarle en cuando se equivoque, asi como espantar al idiota atrevido capaz de dañarla. Oh… claro que pateara algunos traseros de llegar a ocurrir, nadie en la vida podrá tocar a su niña, la princesa de sus ojos porque el es su papá y su deber es protegerla, criarla al igual de amarla.
«Yuuri… gracias, en verdad muchas gracias por este regalo. Es el mejor de todos, ser papá. »
Dibujando una sonrisa en los labios, Viktor reposa su mejilla en la cabeza de Anna estrechandola mas contra si mismo, comprende que por fin en su vida esta satisfecho en todos los sentidos. Ya no tiene ese raro vacío en su alma, menos el faltarle algo, porque cuando mira a la chiquilla de ojos azules y cabello platinado sabe ser el fruto de su amor, un amor que al pesar de los años nunca murió, de hecho se multiplicó para seguir existiendo. Ahora Viktor, conoce el paso a seguir en esta relación, no se relaciona a marcar a Yuuri, menos el mudarse a vivir juntos, bueno, viene relacionado con ello pero va lejos, mucho mas lejos.
Al escuchar las pisadas apresuradas de ese omega partículas, se separa de la pequeña y ambos gira sus cabezas en dirección del sonido. El azabache viene diciendo una tira de palabras relacionadas con Rossana, sobre encontrarse deprimida, confundida, asustada hasta los huesos y queriendo practicar hasta el cansancio sin importarle las fechas o horas. Es claro que debe de volver a Ditroit a encararla, decirle sus cuantas verdades a la cara y tranquilizarla. Es seguidamante el mencionar el reservar un vuelo mas tardar mañana en la mañana, en realidad, la única en quejarse en Anna porque empieza a reclamarle el ser su cumpleaños (el de su papá) y querer celebrarlo en familia, es su primera vez teniendolo al lado, por lo tanto, se lo merece. Pero Vitkor sigue sin mencionar nada, en su mente, sigue esa palabra girando con constante repetición y insistencia, pedían ser liberada en cualquier momento.
— ¡Papá dile algo! — reclamo al fin Anna, señalando al mayor.
Este se levanto de su asiento provicional y con pasos pausados, fijo su mirada azulada en aquel omega digno de todo su entero amor. Ya no podía soportarlo mas, en verdad no podía, llegó el momento de escupir las palabras directas de su corazón y le importaba poco la reacciones de los demás, inclusive, él mismo.
— Yuuri, casate conmigo.
Entonces al dictaminar los ojos caoba abrirse con sorpresa y admiración, supo que no se lo había esperado pero con un poco de esa emoción salida de la nada, este mismo soltaba unas lágrimas traviesas bajando por sus pomulos. Viktor se caracterizo con una firma personal hacer las acciones menos esperadas por los demás, esta podria considerarse una de ellas, pero como dicen por allí: “existen gustos que dan gusto”, el problema es adaptarse a estos. Podría no venir al caso la frase, menos la proposión del ruso en momentos de caos con el abandonarlo e ir de inmediato a Ditroit, pero Yuuri no poseía debate alguno para responder su mas sincera respuesta. Además, siendo sinceros, eso fue lo menos romántico en poder haber imaginado. ¿Pero que otra cosa podría hacer? ¡hablabamos del Nikiforov! Es de quien les encanta sorprender, aun si se tratara de su pareja.
— Si… — susurro casi sin poder creerselo él mismo. — si quiero.
Y pueden llamarlo loco si lo desean, pero Katsuki Yuuri, a punto de convertirse en un Nikiforov, no desaprovecharia esta oportunidad porque solo se presenta una vez en la vida y él la ha pescado en seguida. El ruso no aguanta su dicha al escuchar la respuesta, corre al encuentro de su amado para estrecharlo entre sus brazos, fundirse en su calor y perderse en las olas de su cariño. En ellos no existe la soledad, ni el dolor u otra cosa, en su lugar, persiste las esperanzas acompañadas con las promesas de un mañana soleado lleno del sabor de la primavera.
« Y de esta manera, encontraron la pieza faltante dentro de ellos »
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