martes, 18 de septiembre de 2018

Dance with the devil

7
Parte 2
Era increible como el tiempo pasaba tan rápido, al menos bajo la perspectiva de la descendiente de la “princesa lunar” era así, fue para ella hace unos días que se encontraba con Amamiya-san en el centro comercial y así decidir el regalo de santa secreto para su novio. Ahora en el presente, solamente faltaba un día para ese día tan fatídico.
Suzuka no podía parar de pensar lo repugnante del hecho en darle un obsequio a Kazama, el peor chico de conocer en la fas de la tierra, aun así su suerte decidió por si sola hacer de las suyas. En cuanto a su novio Purpure apareció bastante sensible del hecho de ya haber tenido su regalo, pero por su puesto, este desconocía la existencia de ese libro adquirido con la finalidad de complacerlo en navidad. Tomando como consiguiente los preparativos de la fiesta de ellos en la noche del 24, Momoka y Minami ya apartaron su lugar en un Karaoke cerca de la estación principal de Tokio, esperando su eminente presencia tal cual a lo acordado. Reika de inmediato predispuso colocar los alimentos a su cuenta, con tal, sus padres eran dueños de grandes restaurantes en la zona y no seria problema para ella el colocarlos; su primo Hajime concordo con ella agregando ya querer demostrarle sus encantos en la musica.
Los senpais Harada y Sempashi emocionados propusieron hacer una travesura de las suyas: el llevar alcohol; obviamente Purpure salto prácticamente del asiento al escuchar tal cosa. Todos aquí eran menores de edad, de ninguna manera permitirá tal actividad, Souji muy atento al regaño de su amigo a los superiores dibujo una sonrisa burlona digna de un arlequín, pues aquella idea no seria para nada dejada a un lado, porque la llevaría acabo al pie de la letra.
Si, todo estaba prácticamente listo, incluso los regalos a darle a sus amigos para Mitsuki, aun así, en su lista debía una cosa por hacer: pedir permiso a sus tíos. La joven castaña luego de todo el tiempo transcurrido se le había olvidado el pequeño detalle de avisar eso, de hecho, Ryuunosuke sabia sus planes para esa noche con lo de encontrarse con sus amigos, pero de ninguna manera eso ha llegado a odios de sus tíos. Con el hombre de la casa no tendría ningún problema, el inconveniente seria su tía cascarrabia y sus complejos de sobre protección, ¿como pasarlos por alto? Todas las mañanas antes de irse al instituto los decía, dando a consecuencia un poco de dolor de cabeza.
« El suave movimiento del viento en las cortinas transparentes le daban una sensación rara en el cuerpo junto al reflejo de una luna llena en todo su explendor, colandose hasta lo mas profundo de su alma, pero ante todo esto, no iluminando en lo absoluto.
Su alma, tan destruida y desgastada se movia tal cual fuese una hoja seca en otoño, ya inservible o prácticamente muerta, parecido al brillo inexistente en una estrella en el firmamento.
Y… ¿Por qué estaba despierta a estas horas de la madrugada? Fácil, no podía dormir, su mente costernada le impedía descansar como cualquier otro ser, podrían decir muchas personas sobre los demonios no tener conciencia ni remordimientos algunos, pero es falso, su corazón aun martillaba de una forma inregular debido a la culpa. Su entera culpa. Engañar a un mestizo, el amor de su vida.
— ¿No puedes dormir? — el movimiento de un cuerpo a su lado le hizo desenfocar su mirada, encontrándose con esa piel blanquesina y ojos carmín picosos.
Su prometido: Kazama Chikage.
— No lo comprendo — le dijo ella en hilo de voz, dejándose acariciar la cara por un rubio de sonrisa arrolladora — ¿Como mis padres te han dejado a mi encargo? Digo, si tu único objetivo ha sido meterte en mis sabanas.
— Considerarlos liberales o padres muy confiados — respondió el con su singular tono de voz — aunque… eso no responde a mi incógnita. ¿Hay algo que te moleste?
Era ridículo formular algo así, porque este apuesto hombre en su cama sabía la respuesta a esa pregunta, desde que fue raptada por él se propuso ser salvada bajo su propias manos. No esperaría a nadie. Sin embargo, todo esto le salió mal, se dejo embrujar gracias a los encantos demoniacos de un Chikage lo suficiente seductor, egnimatico acompañado de esa atmósfera cargada de soledad absoluta, al final la princesa no pudo aceptar mas el hecho de que tenia sentimientos hacia un Chikage tasiturno y calmado. Lo peor de todo fue en el momento de reencontrarse con Hijikata, este venia con todas las esperanzas de rescatarla de las garras del mal, pero se llevo una muy morbida sorpresa, la princesa con lágrimas en los ojos aceptó su infidelidad con Chikage, pero no podía evitarlo, desde que él la conoció conocía su corazón dividió pero con todo y eso la acepto. Obviamente un Hijikata mas dolido que rabioso grito a los cuatro vientos el gran asco hacia ella, una mujer con el poder de jugar con el corazón de dos hombres era un completo monstruo y él como guerrero, jamas podría perdonar tal acto de desfachates. Aunque eso significara su propia muerte en vida.
— ¡Aguarde Hijikata-san! — grito desesperada, arrojandose prácticamente al suelo sosteniendo una de las manos de él — perdoneme… por favor… perdoneme, yo… ¡No quiero alejarme de usted! Soy insegura y una inmadura pero ¡Al que amo es a usted!
Pero este no escucho nada de eso, de un rápido movimiento lanzo a la princesa lejos de su alcance aprovechando de regalarle un mirada llena de odio, aunque detrás de eso se escondió un supremo dolor infinito. Aveces el amor no puede reparar las cosas.
— Olvidese que existo, que alguna vez estuve enamorado de usted — sentencio con dos octavas mas altas de su usual tono de voz — yo… no pretendo volver a presentarme delante de usted jamas, el asco que me produce… es imposible controlarlo.
— ¡Hijikata-san! — volvió a decir en medio del puro desespero.
— Adiós — se dio la vuelta, mostrandole su imponente espalda, pero con una voz ahora menos ruda — Mitsutani Mitchizuru.
De eso ya habían pasado cuatro años, en los cuales, su alma estaba destruida en miles de fragmentos imposibles de volverse a unir ni aunque llegase la mayor de los hechiceros, tal cual como dijo el capitán de los Shinsengumi jamas se volvió aparecer ante sus ojos y ella no hizo nada para impedirlo.
Ahora en el presente, sus padres llegaron al acuerdo de esperar unos años mas adelante para poder casarse con Chikage, y aunque su relación estuviera de mejor en mejor, preferían optar a lo seguro en lugar de cometer el mismo error. Ese es el motivo de permanecer estos cuatro años transcurridos como prometidos.
— No esperes una pregunta de mi parte, Chikage — pronuncio ella mirandole directamente a los ojos sin alguna emoción.
— Eres tan fría… — se acerco hasta su cuello haciendo chocar su aliento contra su piel — debes aprender a superar las cosas, princesa, ya pasaron cuatro años desde eso. Tu y tu cuerpo me han escogido, no puedes escapar de eso.
La princesa en verdad maldecia sin parar a su cuerpo, quien al mínimo rose de la piel de Kazama despertaba toda clase de cosas incontrolables para ella, tal cual es el fuego, abrazador y expansivo por si solo, agregándole, ese cosquilleo incontrolable desde su pecho hasta la punta de sus dedos. Recordando el pasado, Hijikata le brindaba un afecto blando estando en su lecho, comodidad y paz absoluta, Kazama simplemente acababa con todo a su paso dejando prácticamente en cenizas sus huesos, aun mas, un alma que buscaba volver a surgir.
Los primeros ruidos de la mañana fueron el causante de despertarla, fruncio su ceño porque en verdad deseaba seguir durmiendo hasta mas tarde, anoche sufrió de los insomios convencionales pero con ayuda de Chikage pudo dormir. Obviamente los términos “ayuda” eran mucho en él, debía simplemente usar imponer.
Se levanto sentandose sobre el funtón dándose cuenta que uso el pecho desnudo del rubio tal cual fuera una almuhada, la princesa siempre ha pensado en él que estando durmiendo parece mucho mas joven y relajado comparado de despierto, un ejemplo su ceño se mantenía lizo, su boca semi abierta y esa rostro juvenil marcado de un sueño placentero como consiliador. Si tan solo permaneciera así de tranquilo estando aun despierto, las cosas podrían ser distintas.
La castaña se levanto del lecho colocándose una yukata sencilla con la finalidad de cubrir su desnudez, durante estos cuatro años sorpresivamente su prometido había dejo a su amante y no volvió aparecer en esos lugares de perdición, solamente se mantenía en la iniciativa de una guerra esperando a acabar con un solo ganador: el nuevo emperador. Obviamente esto desalento al Shinsengumi pero mas no lo derroto, estos estarían a las sombras listos para atacar nuevamente, aunque, las personas decían que de suceder una nueva guerra seria entre las razas. Demonios y mestizos. El solo pensamiento le colocaba los pelos de punta a la princesa, ya tenía suficiente de sufrimientos en su vida, era mejor decir basta a tanta muerte y destrucción.
Sus pensamientos la llevaron a la cocina donde unas criadas estaban freneticas preparando el desayuno, ella con cautela pidió un té para poder relajar los nervios, los cuales últimamente le fallaban.
Luego de su rompimiento con Hijikata poco dormía, comía o realizaba otra actividad salvo el arreglo florar a la par de leer libros, sentía de alguna manera que si seguía con sus lecturas tendrían algo en común conectandolos. Muy ingenuo de su parte, porque Hijikata no volvería, jamas lo haría y plantearselo todos los días es mucho mas doloroso aun.
— Señorita — una joven mosa le coloco el té frente a ella — disculpe que pueda interrumpirla en algo, de hecho, afuera existe un chico insistiendo en querer verla. Aunque le digo que usted…
— ¿Un chico? — preguntó extrañada, luego de darle un sorbo a su bebida — ¿estas segura? Suelen es venir a buscar a Ryuu no a mi.
— No, este insiste en verla a usted — señalo a la chica, extrañando mas a la princesa — si quiero puedo…
— Hagalo pasar — pidió sin darle mas rodeos al asunto — puede ser importante.
En los años transcurridos la princesa se gano poco a poco la confianza de sus padres, dejándola en ocasiones en encargos correspondientes de la familia, sobre todo, con aquellos demonios descarrilados manchando la reputación de los otros. Solo muy rara vez, dejaban a Chikage a cargo de la chica cuando iban a otra ciudad, tal vez ocurría porque de verdad estaban a la vuelta de casarse, la princesa aun recuerda con ojos vividos la fiesta de compromiso. Ella con un obstentoso atuendo y un Kazama muy orgulloso de su eminente título: esposo de la princesa de los demonios.
Su mente volvió a la realidad parecido a un bofeton en la cara, aunque la princesa considero eso mas idóneo que mirar a los ojos a este chico de ojos verde saltones, cabello marron hasta el mentón y estatura no tan agraciada a los demás hombres de su edad. En pocas palabras. Uno de los miembros mas jóvenes del Shinsengumi estaba frente de ella adoptando esa expresión desafiante de siempre. Heisuke.
— Por… por favor dejanos solos y que nadie nos interrumpa — le costo ordenar a la mosa al comienzo, pero esta entendió de inmediato.
Entonces el nerviosismo se desato en todas sus anchas en el cuerpo de la princesa, no podía creerlo, en verdad no podía hacerlo. ¿Heisuke en su casa? ¿Lo mando Hijikata? ¿Seria capaz de jugarlo todo para llegar hasta ella? No, no, no podía ser cierto, seguramente debía de tratarse de otra cosa, además sus esperanzas murieron desde hace mucho cuando término con Hijikata.
— Souji… — por fin se digno a decir algo, apretando sus dientes y puños — esta enfermo, tiene tuberculosis.
En tanto corrían por las calles pocos transitadas de Edo, Heisuke colocó al día a la princesa de los acontecimientos ocurridos los pasados cuatro años, si bien perdieron la pelea se unieron aun numeroso grupo clandestino teniendo como finalidad derocar al emperador nuevo. Sin embargo, personas como Saitou, Harada y Shimpatsu se adaptaron a las nuevas reformas de la era trabajando en otras cosas, aceptando la realidad de que los tiempos cambian y su deber es evolucionar con ellos. Por otro lado, el junto a los demás restantes siguieron en el Shinsengumi jurando estar en las ordenes de Hijikata hasta su fin, además, los conflictos entre razas emanaban sin parar, dando por consiguiente al Shinsengumi proteger a los mestizos y humanos en iguales.
La castaña estaba consiente de eso, es mas, ella estuvo acargo de frenar a los demonios descarrilados de su especie, pues en verdad estaban causando estragos entre los demás.
— Hay otra cosa mas — siguió el ojos verde, corriendo a toda velocidad — han… han creado un elipse con la finalidad de aumentar la fuerza y curar las heridas de quien le use, aunque este, tiene repercusiones.
— ¿De que tipo? — pregunto alarmada.
— Si bien puede curar cualquier cosa, al termino de la luna llena su usuario se convertirá en un monstruo lleno de sed por la sangre — la castaña sintió un escalofríos recorrer su espina dorsal del miedo opresor — “cazador de la noche” es su nombre.
— Aguarda, Heisuke no me diria algo así sin una finalidad. ¿Cierto? — dedujo con cautela, girando para hostigarlo con la mirada — algo estas ocultandome.
— Bueno… — dijo nervioso ante esa mirada penetrante, propia de una sangre pura — el Shinsengumi… y… Hijikata-san… quieren adquirirla para curar a Souji.
Soltó un suspiro terminando de realizar el último reporte para las fuerzas de la resistencia mestiza, sus hombros los sentía completamente agarrotados y ni decir de su espalda, totalmente tieza igual a una espada, en estos momentos no paraban de lloverle los problemas sin parar. Primero el enfrentamiento entre especies, aquellos locos demonios sangre pura sin control sobre si mismo aniquilando todo a su paso, luego los mestizos tratando de controlar aquello queriendo anunciar una guerra, quedando así de último la enfermedad de Souji uno de sus mejores guerreros. Mierda, mierda, mierda. ¿Acaso las cosas no podían ser peores?
Entonces alguien entro a su puerta como una bola de fuego encontrandolo olgazaneando, sus ojos purpura se encontraron con los de ella, caoba pero fundidos en una especie de oro porque transmitían fuego y pasión, él mismo había sido partifice de ello cuando tantas y tantas veces la sostuvo entre sus brazos, amandola, queriendola, transmitiendole cada uno de los sentimientos desbordados en su corazón, los cuales enterró para jamas volverlos a sacar. De hecho, el creyó tener congelado todo aquello, pero no es así, al tenerla frente a frente sentía una especie de luz en su interior demostrandole seguir vivo y gritando por atención, parecía que los años no pasaron por ella dado el grado de igualdad en el pasado. Todo, absolutamente todo seguía donde lo dejo.
— ¡¿En que mundo vives para permitir adquirir ese elipse tan peligroso?! — su voz seguido de un golpe sordo a la mesa lo hizo reaccionar de inmediato — ¡¿Has perdido a caso la cabeza!?
— ¿De que estas…? — iba a decirle algo pero de inmediato vio a Heisuke a su lado, explicando las cosas sin esfuerzo — le has ido a buscar con el chisme.
— ¡No es ningún chisme! — reintegro nuevamente su atención, notando que temblaba tal cual fuese una hoja en el viento — ¿Has pesado un poco en Souji? ¡¿En que lo condenarias?!
— Veo que tienes mucho tiempo para venir hasta aquí, solamente con la finalidad de verificar la salud de uno de mis soldados — comento en una manera bastante venenosa, haciendo fruncir en ceño en la chica — tomando en cuenta tu pronto casamiento.
— Souji no es solo uno mas de tus soladados — ataco de manera rápida — él también es mi amigo.
— El no necesita de una amiga que simplemente se lanza en los brazos de su peor enemigo — musito de manera envenenosa, haciendo retroceder a la castaña que apretaba los dientes — ¿no lo crees? Mitsutani.
Hijikata con los años transcurridos no solo adquirió mas conocimientos en el arte de la guerra, igualmente afilo su lengua para atacar a cualquiera en el camino, la princesa ha sido apuñalada de una manera certera en el pecho con el pasado. Aunque… esto podía jugarse de dos personas.
— Pues preferiría escucharlo de él mismo, no de un tercero — sujeto el cuello de Heisuke prácticamente mudo ante tales comportamientos de los mayores, porque en el pasado desprendían amor en todas partes — ¿Donde? ¡¿Donde esta Souji?!
— He… en… su habitación de… siempre — soltó las palabras abocados, sintiéndose con malestar.
— Bien — lo arrojo a un lado, para hacerse camino.
El capitán de los Shinsengumi apresuró los pasos detrás de la demonio sangre pura, no sin antes insultar al pobre castaño, era increíble pero por donde pasaba la chica todos quedaban simplemente admirados, primero por ser la princesa (efecto en los nuevos) y segundo en tener tan imponente porte al caminar. Veteranos tal cual es el mismo Sannan o Harada se quedaron de piedra al verla, jamas en sus mentes se les paso volverla a ver en las instalaciones como si nada en el paso hubiese ocurrido, ellos no tenían ningún rencor a la castaña pero nunca se atrevieron a escribirle por temor de revivir el dolor en su jefe, quien le seguia detrás con una expresión bastante huraña. El azabache sabiendo que jamas podría detenerla debido a la diferencia en velocidades, elevo su voz dictandole no tener ningun derecho en pasearse por los corredores del cuartel general tal cual fuese el pueblo, porque desde hace mucho su derecho fue desplazado a un lado sin poder renovarlo. La princesa ni se molesto en contestarle, simplemente bufo divertida y aceleró el paso a su destino.
Hijikata no solo es feroz con la lengua.
También lo es en su manera de ser.
Abrió sin tocar la puerta del castaño en particular encontrandolo sentando en su futon, su piel una vez lucida y brillante fue transformada en translucida y opaca, la expresión su rostro burlona cambio a desolada, casi cansada de la vida, sin olvidar por alto esas ojeras bajo sus pomulos prácticamente grises y muy oscuras. La princesa bajo su rabia a tope, sus energías se escaparon lejos de allí, ahora solamente tenían ganas de estrechar a Okita Souji entre sus brazos, por los viejos tiempos.
— Estoy conmovido de que hallas venido a ver los restos de mí, princesa — al menos su tono de voz burlón seguía intacto, aunque algo forzado.
— No seas ridículo — se acerco hasta él, sentandose a su frente tomando en cuenta la presencia de cierto azabache en la entrada — aun sigues estando tan apuesto como siempre.
— ¿Capas de conquistar a cualquier chica? — miro a su dirección sonriendole de medio lado.
— La que sea — confirmo.
Ella no quería empezar a llorar pero tener a uno de sus grandes amigos en ese estado le daba un fuerte dolor en el pecho, era increíble como una enfermedad puede aniquilar a las personas, ni si quiera las tierras con sus fuerzas de miles de hombres, no, solo una maldita bacteria capas de contra arrestar esas personas aniquila al quien sea sin la oportunidad de luchar. Souji adivino de inmediato los pensamientos de la princesa, estirando sus brazos a los costados sugeriendo venirse a bajo con sus encantos, con tal, los años habían pasado y una muestra de afecto no vendría mal. Jamas pidió tal cosa, aun así, la joven se arrojo de inmediato a los brazos protectores de su amigo quienes la recibieron con fuerza, ahora estando en ellos pudo derramar las lágrimas que estaba reteniendo. Bajo otra perspectiva, siendo la mas próxima la de Hijikata, la consolada parecía ella y no el castaño, pues Souji acariciba los cabellos extensos en la princesa mientras seguía en llanto. Él no era ningún debilucho, jamas se dejaría vencer por una enfermedad, se lo demostraría a todos, aun mas a la princesa de esa manera no derramaria mas lágrimas.
— Lo siento… — se separo del enfermo, secando sus lágrimas — deberia estar yo dandote ánimos, no lo contrario.
— No morire, ya sabes — alzo su mentón con galanteria — aun no ha existido algo que me mate.
— Por supuesto — sonrio combinado con un sollozo — eres el gran Okita Souji-sama.
— Mas correcto no ha podido sonar — corroboro el muchacho.
El azabache decidió entrar de una vez a la habitación tomando la atención de los otros presentes, el castaño intuyo de inmediato la atmósfera al mirarse su jefe y la princesa, parecía mentira pero los años en estos dos no ha pasado en lo absoluto porque mantiene ese anhelo en los ojos, Hijikata tal vez se convirtió en un hombre mas gruñon aun, pero agreguemos una princesa sangre pura a la ecuación y todo cambia.
Fue entonces cuando Heisuke entro todo desarmado en hadeos incontrolables, el enfermo sintió un poco de pena hacia el menor pues este fue el causante de la pelea entre la castaña y su jefe, ya deben saberlo, al traerla aquí de desato el infierno.
— Gracias por la sorpresa, Heisuke — admitió complacido Souji sonriendo al menor — me ha gustado mucho, de esa manera puedo morir en paz.
— ¡No digas tales cosas! — le reprendio alzando la voz la princesa, en modo puchero — veras que con mis visitas, el gran Okita Souji-sama ira mejorando.
— ¿Qué tu que? — elevo su tono de voz alterado, Hijikata.
— Como sea — le dio una mirada rápida al azabache descolocado, sin habla y con el ceño fruncido — este cuartel necesita de la presencia de una mujer, además, que tu aguardas por cuidados.
— Pero… princesa — trato de detenerla Heisuke, antes de que su jefe reaccionara.
— ¡Nada! — impuso su imposición a toda costa — vendre a verte como sea, Souji.
Maldición con que esta castaña tenia todas las intención de meterse nuevamente en los cuarteles del Shinsengumi a toda costa, porque ni con los gritos fuertes de un capitán pudo quitarle aquella idea de la cabeza desistió. Por eso, desde ese momento en adelante la joven fue vista nuevamente en aquel sitio, los soldados aun no acostumbrados de ese hecho jamas quitaron sus ojos de ella, menos un Hijikata indignado.
¿Quien se creía?
Ella solo es una princesa de unas personas en especifico.
¡No de todos!
Aunque eso no era lo preocupante en esos tiempos, los vientos de guerra nuevamente se impusieron arrasando a las razas al borde del desespero, en esta ocasión, los sangre pura le declararon la guerra a los humanos y mestizos por igual. La realización de experimentos descontrolaban todo el ecosistema, además, de colocar en peligro las especies, aunque claro estos pasado por alto el hecho que sangre puras igualmente hacían de las suyas. Para sorpresa de todos, el Capitán en las lineas defensivas fue nadie mas que Kazama Chikage, su futuro esposo, dejando de una vez por todas el título de Rey y Reina de los demonios a los padres de la princesa, dando en consecuencia el desplazamiento completo de las leyes humanas. Ahora, las cosas se harían por orden de los demonios.
La mamá de la castaña aceleró aun mas los preparativos de la boda, como los tiempos iba cambiando y la supremasia de los demonios se alzo, lo mejor en estos era casarla con el Capitán de las fuerzas mestizas. Sin embargo, para Mitshizuru quien mantenía nuevamente contacto con Hijikata se le hizo mas difícil querer aceptar aquello, puede que su relación con el azabache sea del asco pero aun lo amaba. Correpción. Aun lo ama.
Por eso, una noche se escapo de su casa con rumbo a la base de los Shinsengumi buscando relajarse de todo lo agobiante, la guerra, los preparativos de la boda, un Chikage al borde de la locura al tener tanto poder en sus manos y obviamente de la realidad abrumadora. Estar en el cuartel no era para nada un problema, los soldados ya la conocían y al ser ella princesa es considerada opinión neutral, su único propósito era sumergirse en la que antes fue considerado jardín mágico, su sitio preferido en la tierra.
Sus ojos se agrandaron al mirar el simple espectáculo, la luz de la luna reflejando aquel árbol de cerezo en su mayor esplendor, la primavera, esa misma época en la cual conoció a Hijikata cerca del rio en el pueblo. Su porte encantador, un caballero de elegante armadura y ese cabello largo azabache al compás del viento, ahora no era si, su semblante parecía duro y en la mayoría del tiempo contraído, haciéndole preguntar a donde ha ido aquel joven de calmada mirada y sonrisa risueña. ¿Ha sido la vida? ¿Ella? Oh… quizás ha sido eso, ella misma mato al amor de su vida.
Cuando ambos discutían el futuro de Souji se involucraban de una manera acalorada en una pelea, donde ninguna de las partes quería perder, aun así, al querer ver mas allá de la mirada dura de él podía mirarse reflejada igual que siempre, allí nunca ha cambiado y este le sigue correspondiendo con la misma pasión de unos cuatro años atrás.
Es… tan encantador soñar.
Un ruido detrás de ella le hace soltar un respingo, girando de inmediato esperando ser regañada por esos ojos purpura encantadores, aunque eso no es lo que le espera. Es mucho peor.
— ¡Hijikata-san! — exclama alarmada la muchacha levantándose de su asiento, acudiendo hasta el — ¿Qué le ha sucedido?
El capitán de los Shinsengumi había recibido la paliza de su vida, o al menos de esa manera lo presentía la princesa, porque se encontraba heridas en todas partes: desde rasguños en su rostro, hasta unas cuantas aberturas en su vestimenta propia occidental. Este al mirar a la castaña sentada en su sitio predilecto sintió hervir su sangre, ella no debería de estar aquí, su lugar es con Chikage no en este sitio.
— ¿Qué te importa de todas maneras? — la arrojo casi a un lado, quejándose de sus heridas una vez mas — tu… este no es tu lugar… ¡vuelve a casa!
— ¡¿Te has vuelto acaso loco?! — lo volvió a sujetar nuevamente con fuerza impidiendo que este cayera al suelo, Hijikata simplemente se quedó helado. Esa mirada. — no… ¡No pienso ir a ningún lugar! Usted… necesita atención de inmediato y por favor, ahorre lo comentarios de ser un demonio, porque estas heridas son hechas con una espada contra la regeneración.
— Princesa… — intento volver a replicar.
— ¡Guarde silencio! — mando decidida, interrumpiendo al azabache — a partir de este momento yo tomo el control.
Debería mandarla al infierno, decirle que sus cuidados eran innecesarios en un demonio como él, pero cuando ella le colocaba esa mirada llena de pasión y determinación todos sus muros de contención caían, es que bastaba solamente una de sus miradas para rendirse enteramente a sus pies. El engaño no ha pasado. Los cuatro años de separación menos aun. Solo… solo ha sido un terrible mal sueño.
Las manos de la princesa depositaron con delicadeza el cuerpo del azabache sobre el futon para curarle, las heridas del pecho eran las mas resaltantes y que le hacían preocupar mas, en esos momentos enfocó sus pensamientos sobre tratarse de solo un paciente y no el hombre que tantas veces desnudo a la par de amarlo. Su cerebro traicionero emitía imágenes de ella estando en esos brazos fuertes mientras sus labios dictaminaban su amor, era en ellos mismos donde quería estar sumergidos ahora, solo en ellos seria capaz de olvidar todo la realidad abrumadora pero… eso jamas ha de volver a pasar. Hijikata no iba a perdonarla de lo ocurrido en el pasado. Debía pasar la pagina.
— Eres tan testaruda — le escucho decir al momento de vendarle la parte superior del pecho — siempre lo has sido.
— ¿Acaso escucho el sonido de un mosquito? — pregunto con ironía, ahora encargándose de uno de sus brazos — valla… parece que asi es…
— Princesa…
— Creí que para usted era “Mitsutani” o “Mitshizuru” — recalcó bastante reconcorosa, sin ni siquiera mirarlo.
— Mierda, dime entonces — maldijo entre dientes, sintiéndose frustrado con la mujer del frente — ¿Como quieres que te llame?
La princesa termino de vendarle el brazo, ahora ocupándose de las heridas de su rostro sin imutarse si quiera de la mirada purpura sobre ella, aunque por supuesto, su corazón gritaba sin descanso sumergirse en esos posos sin fin hasta ahogarse en ellos.
— Respondeme — le sujeto de la muñeca frenando su actividad.
Ardia, ese simple toque le comenzó arder hasta los huesos ya no pudiendo esconder mas sus sentimientos, el pulso de su mano empezó a flaquear y con ello todo lo demás. El caos en la expresión de la princesa decía mas que mil palabras, cosa que a Hijikata le abrumo, pero no hizo alejarse de ella en ningún momento pues lo impulso a permanecer de la misma manera.
— ¿Por que haces siempre lo contrario de lo que deseo? — le pregunto al no recibir palabra alguna de los labios de la chica, apretando mas su agarre en la muñeca de ella — cuando te mande a casa debiste de hacerlo, pero… debes imponerte tal cual a tu título de princesa. Asi has sido siempre, dictadora, impositora y una completa egoísta. Yo… — coloco sus labios en una fina linea demostrando su frustración, ella siguió sin decir nada — ¿Has tomado en cuenta como me siento cuando estas alrededor? Tu… olor silvestre me persigue hasta mi sitio, cuando en realidad te encuentras con Souji cuidando de su salud. De hecho, aunque me opuse al comienzo de eso… pienso que obras bien en hacerlo, pero… yo… no puedo evitarlo… estas volviendome loco. Completamente loco — la frustración en la voz de Hijikata toco el corazón de la princesa, que empezó a acumular lágrimas en sus párpados amenazando con salir — Por eso, explicame… explicame claramente: ¿Como es que permaneces en mi interior igual a la primera vez de descubrir mis sentimientos hacia ti? ¿Como…? ¡¿Como demonios me parto el cerebro por ti?! Porque… es absurdo, ridículo y sin pies o cabeza — el imponente Hijikata Toshirou estaba comenzando a derrumbarse delante de sus hombros, demostrandole la mayor de sus debilidades. Su llanto. — Me heriste, acabaste conmigo como si no valiese nada, escogiste inclusive a Chikage antes que cualquier otra persona y… aun… aun yo… ¡Maldita sea! Esperaba a que simplemente fuese una broma de mal gusto.
— Lo siento… lo siento mucho… — por fin pronuncio, llorando al compás de su corazón acabado y roto.
— ¡Mierda! No lo sientas… — con su mano libre se cubrió su rostro, evitando que ella lo mirase llorar — eso lo hace aun peor, porque… aunque lo lamentes no quitara el hecho que no eres mia y jamás lo has sido.
Con sutileza Hijikata soltó a la princesa dejándola con una marca en la muñeca por el impulso de su corazón, ella bañada en lágrimas entendía perfectamente la frustración de él a no querer dejar lo pasado en donde debería de estar, hacer borrón y cuenta nueva no sirve para cuando dañas a alguien, ni mucho menos hacer la vista gorda porque ese tipo de cosas te marcan mas que una herida. De hecho, la castaña se sentia afortunada de poder contar al menos con la rabia del hombre a quien amaba, porque de esa manera al menos permanecia presente en sus pensamientos, lo sabía, era una forma enferma de pensar pero debían de darle crédito. Ella es un demonio.
En estos momentos en simple moreton en su muñeca era la señal de quererla, si, eso mismo, Hijikata busco la manera de controlar sus instintos e hizo esto, pero con todo y eso, seguía siendo insuficiente para ella.
— Soy… tuya… — le susurro entre sollozos — eso jamas ha cambiado… mi corazón… te pertenece.
— No jugues conmigo princesa — le rogo entre una voz quebrada y dolida — si vas a acabar conmigo nuevamente, mejor dejalo de este tamaño.
— Hijikata-san… — se armo de valor tomando la mano de él para alejarla de su rostro, de esa manera podía mirarlo directamente a los ojos — al menos si vas a destruirte has lo mismo conmigo, dime de una vez que me odias… que me tienes asco y… jamas… jamas podrás verme de la misma manera de antes.
Esta niña… ¿Era idiota? Porque aun haberlo escuchado decir todas esas palabras pensaba que le odiaba, es decir, al comienzo estuvo sus momento de simplemente detestarla a morir, pero llego a la conclusión que el mismo había cabado su propia tumba. Al comienzo de todo tuvo sus sospechas de los sentimientos de la castaña a Chikage, la manera de hablar sobre él era con un semblante dolido, nostálgico y completamente anhelante, dando a entender que las acciones de este le dolian de alguna manera. No la culpaba. Ellos compartieron varios años juntos desde la niñez, tratar de sumplantar todo eso es imposible aunque el trato de ir contra la gravedad, pero se dio un buen golpe contra el suelo.
¿Odiarla? ¡Jamas! El la amaba.
— No seas absurda — le insulto sin rodeos, ya se le hacia costumbre desde su encuentro — has escuchado todo eso y aun dudas de mis sentimientos, eres francamente increíble.
— En ocasiones debes convertir esos sentimientos en palabras, de lo contrario jamas podrán llegar. — planteó ella de manera muy seguida.
— ¿Qué quieres de mi? — la sujeto de imprevisto el rostro, acercando el suyo propio — si te he dicho todas mis frustraciones y mis sentimientos, es… ¿es insuficiente?
— Porque podrías estar hablando del pasado y no presente, Hijikata-san te herí, dañe y manche con dolor todo de ti — explicaba llena de culpa ante lo ocurrido en el pasado, el moreno solo sin pensarlo le acaricio los pomulos con delicadeza — yo… no merezco nada de ti, ni si quiera tu odio o asco.
— Pues te equivocas — sus ojos se abrieron de golpe al escuchar eso, el azabache no lloraba mas solo su semblante serio estaba ahora mirandola — si bien hiciste todo eso conmigo no influencio mis sentimientos, porque no ha pasado día, mes o año en que mi amor te llame a ti. Princesa, te sigo amando igual que siempre y así va hacer hasta el día que muera, eso… eso no puedes ni si quiera tu evitarlo.
¿Escucho acaso bien? O… sus odios empezaron a fallarle antes de tiempo, el amor de su vida, el autentico amor de su vida profirio seguir teniendo esos sentimientos hacia ella. ¿Como paso todo esto? ¿Como reaccionar a ello? En su mente venia el simplemente abrazarlo y no soltarlo jamas, pero el estaba herido, el aprisionarlo sería fatídico. Pero el azabache obvio todas esas razones, sujetanto sus hombros la oprimio contra su pecho envolviendola con sus brazos, rápidamente aquel calor propio de la calma invadio los sentidos de la princesa emanando mas lágrimas de sus ojos. ¿Hace cuanto soño con este momento? Incluso estando en los brazos de Chikage imagino al azabache, sintiéndose aun mas ruin.
Pero no podía evitarlo, su corazón seguiría llamando a Hijikata el único dueño de su entero ser, ahora estando con él jamas se permitiría separarse.
— Hijikata-san… — sollozo de dicha y sentimiento, sosteniendose de él — yo… yo… también… lo amo…
— Lo se, al menos, eso me dice tu mirada todos loa días al encontrarse con la mia — le sonrio de manera tierna, separándose un poco de ella para sujetar uno de sus pomulos — solo que tal vez mi cerebro ha querido procesar hasta hora.
Por unos segundos se contemplaron en silencio con anhelo en sus ojos, esperando despertar de ese hermoso sueño donde ambos nuevamente enfrentarían una amarga realidad estando lejos del otro, pero esa acción nunca llegó, dando por consiguiente cerrar los ojos y entregarse por completo a sus íntimos deseos. En aquella ocasión la princesa se entrego a Hijikata tal cual fuese su primera vez (igualmente con él) donde los sentimientos eran los importantes de transmitir, sus labios se engacharon a los del contrario con cautela y sin prisa, en tantos sus manos exploraban el pecho de este con maestría. El azabache la deposito debajo suyo con la mayor delicadeza posible sin despegar ni un minuto sus labios, para él permitirse tocar nuevamente aquella piel era gloria total, parecido a un desahuciado en el decierto al encontrar un oasis, pues Hijikata encontraba en la princesa toda aquella calma en un alma tan agetreada como la suya.
La miel en hojuelas era lo que en estos momentos vivian ambos jóvenes, porque los cuatro años separados jamas existieron, su amor nunca ha existido despedidas solo cariño y querer, es por esa razón que sus cuerpos al unirse sentían el calor proveniente de sus corazones. En ese sitio no existía en lo absoluto dolor, rabias o odio, solo la entrega, cariño y deseo de permanecer siempre juntos hasta la eternidad. Ambos entendieron que permaneciendo juntos todo era posible, todo.
Por fin… las piezas del rompecabezas estaban completas. »
Nunca en su vida se había sentido tan obligado hacer algo como ahora, estando en su habitación acomodandose para asistir a esa maldita fiesta de la muerte donde vería unas situación bastante desagradable, que al moldearlo en su cabeza le provocaba mas nauseas. Dios, si solamente a Mitsuki le hubiera tocado ser el santa secreto de alguien normal, todo sería distinto, al menos él quería pensarlo de esa manera.
— ¿Pero que es lo que mis ojos estan viendo? — alguien con unas voz burlona entre a su habitación sin avisar, dándole un pequeño susto — mi hermoso hermanito se ha puesto guapo, mas de lo convencional.
Purpure Shizuka, una joven muchacha poseedora de la cabellero mas larga y extensa color luz de la mañana, piel translucida, ojos grandes color purpura y sonrisa ancha llena de amabilidad. Por supuesto, esta muchacha era la hermana mayor del azabache, la cual, desconocía las normas de tocar la puerta de una habitación antes de entrar. Purpure al menos se ha acostumbrado a estos pequeños detalles de la mayor, comenzando a darle igual como en estos momentos de entera locura, ya lo veía en su mirada.
— ¿Tienes una cita? — le dijo arqueando sus cejas a par de una sonrisa ladina.
— No es ninguna cita — respondió colocándose su abrigo blanco sobre sus hombros — hoy es la maldita reunión del santa secreto.
— Pero ella va a estar… — siguió con ese tono acusador, mirando a su hermano caminar en el cuarto en busca de una bufanda — y no lo nigues.
Purpure soltó un suspiro tratando de controlar todas sus emociones, es imposible lidiar con Shizuka, además de agotador, ella siempre trataba se llevarlo todo a algo comprometodor o mas intimo, cuando en realidad no sucedía nada parecido. Ni sucedería o al menos no ahora.
Ignorando a la mayor sujeto el regalo para su compañero de kendo y dándose la vuelta camino a la entrada, la rubia hizo un puchero gracioso arrojandose libremente a la cama del azabache, hacer enojar a Toshi es un deporte muy divertido y jamas se cansaria de hacerlo.
— Para fin de año — alzo su voz frenando el movimiento del menor en la puerta — deberías traerla con nosotros al retiro, ¿no lo crees?
Entonces cerro la puerta, Purpure no se podía negar querer mucho a su hermana pero esa proposición parecía muy apresurada, invitar a Mitsuki a ir con ellos a quedarse en uno de sus casas rodeada se nieve para año significa: conocer a sus padres. Quería a la castaña y pensar en su relación como algo serio no es malo, es mas, desea durar con ella todo el tiempo necesario que la suerte le dé. Sin embargo, el factor “clan de demonios sangre pura” le colocaba los pelos de punta, Purpure desconoce los planes de ellos para este fin de año, y aunque, los demonios no pueden ir a templo o lugares parecidos, siguen teniendo deseos de permanecer juntos en ese día especial. Antes de decir o hacer algo preguntaría primero.
El lugar de encuentro fue en salón de eventos especiales en el instituto que lo poseia todo, además del director exigiendo hacerlo de esa manera, Purpure se sentía extraño ir al colegio casi de noche solamente para entregar un regalo, al menos estaba aliviado por ser el santa secreto de un chico conocido. No obstante, eso a la pobre de Minami le pareció faltal, ella le tocaba darle el obsequio a Souji y arrastro a su novia para ayudarle a escoger el regalo, su excusa fue simplemente los sentimientos de “adoración” del Okita a la castaña. Purpure conocía la realidad de las cosas, Souji no solo “adoraba” a la joven, él estaba enamorado de ella. Aunque es uno de sus amigos mas cercanos, permitirle quedarse con la castaña jamas ha estado en sus planes, por eso adelanto cualquier movimiento de su parte. Y jamas se arrepentiria de ello.
Al entrar al lugar acordado sus retinas se vieron llenas de la presencia de los alumnos de la sección “A” hasta la “C”, ellos se mantenían dispersos en todo el sitio conversando, comiendo o bebiendo de un ponche servido en una mesa larga del fondo; la ambientación de navidad estaba a la vista y el fondo musical era muy sutil. Se abrió paso entre la multitud tratando de encontrar una cara conocida, pero nada, a su lado solamente estaban presentes enteros desconocidos y seguidoras de Kazama, inclusive, presencio las cabelleras rubias del demonio junto a su flamante novia, que no paso por alto su presencia. Purpure se congelo. La ojos azules le susurro a su acompañante levantándose para caminar hacia él, quien se quedo pegado literalmente al piso ante los movimientos de pantera en la muchacha, bastante los conocía en el pasado y entendía perfectamente su razón de ser. Quería seducirlo.
Purpure tuvo unas ganas tremendas de reírse de ella, utilizar métodos antiguos contra suyo es medieval, eso no sucedería jamas el caer nuevamente, estaba seguro.
— ¡Toshi! — una voz animada salto detrás suyo, colocando unas manos en sus hombros — ¡Sorpresa!
— Minami — dándole la cara le dio una sonrisa significativa — no has huido como lo imaginaba.
— ¿Y por que iba de hacerlo? — lo soltó cruzando los brazos en la altura de pecho — Solo porque soy el santa secreto de Souji no quiere decir que valla a huir.
Por supuesto, por supuesto había olvidado lo testaruda que era su amiga para admitir las cosas y aun mas, lo obvio. Entonces de pronto, Minami se dio la vuelta notando una presencia bastante desagradable para cualquier persona, o al menos, para ella. Esos ojos azules le transmitían toda clase de sentimientos asquerosos, como el escalofríos, nauseas y lo peor de todo: odio. No es que la chica fuera de guardar rencores del pasado o mucho menos, pero a Minami jamas le borraran de la cabeza el hecho que esa chica arpía contribuyo para separar a una de sus grandes amigas de él, sobre todo, no es ninguna tonta ve a tres cuadras las intenciones de esta. Desea al azabache de vuelta.
— Buenas noches Toshi, Minami-san — le dijo con presunta educación. A la chica le dio un respingo tal actitud — espero que la estén pasando de maravilla.
— ¡La estamos pasando de esa manera! O al menos hasta que cierta persona llego — comento la muchacha sin vergüenza alguna impresionando al mismo Purpuere, quien quedo literalmente pegado al suelo sin habla.
En cuanto Ami simplemente no dijo nada, pero obviamente dentro de su mente poseía un monologo extensivo en nombre de una sola persona, para ella no es un secreto que a Minami jamás le ha agradado y creanlo los acontecimientos del pasado no tienen nada que ver, esto radica desde mucho, mucho antes. Amamiya Ami creía que Minami es una humana muy idiota e impertinente, solo un pedazo de carne inservible ocupando espacio junto a Purpure, en pocas palabras, un obstáculo más a su camino para obtener lo que le pertenece. El azabache.
La rubia percibió en el aire un olor bastante peculiar proveniente de unos cuantos metros lejos de ella, por supuesto, aquel aroma es tan nítido que lo descubriría en varios metros lejos de aquí. Quien se refiere la rubia es nada mas y nadie menos que Mitsuki, la descendiente de la “princesa lunar”. De inmediato ignoro a la molesta mucha humana y giro su cuerpo en dirección al aroma de la ojos calabaza, ella venia acompañada de otras dos chicas, Momoka y la prima seria de Saitou cuyo nombre no recuerda. Las tres muchachas conversaban entre ellas ignorando completamente la presencia de ellos, aunque cuando la castaña giro a donde de encontraban ellos esbozo una sonrisa radiante directo a Purpure, segundo después emprendiendo la marcha rápida hasta ella. Bendita sea la ingenuidad de Mitsutani Mitsuki, era lo que la llevaría a perder a Toshirou.
— ¡Amamiya-san! — la saludo tomando ambas de sus manos con suavidad, esto produjo algo de resentimiento en las otras dos personas a su alrededor — no sabe cuanto me alegra verla.
¿Desde cuando Ami y Mitsuki se llevaban bien? Se pregunto Purpure al ver esa rara conexión ante sus ojos, porque si mal no recordaba hace unos días la misma castaña admitía sentir celos por la rubia, pero ahora mágicamente parece ser amigas de toda la vida. Raro, simple y llanamente raro, pero no se sorprendería que Kazama estuviera metido hasta el cuello en esto.
— Lo mismo digo, Mitsutani-san. Estar rodeada de gente a la cual casi ni conozco no es sano. — planteo con calma, sujetando mas el agarre contrario.
— ¿Desde cuando se volvieron amigas? — pregunto la desconfiada Minami, leyendo al completo la mente de su amigo y rompiendo la conexión.
— ¿Eh? — musito al escuchar a su amiga quien parecia estar algo enojada, junto su novio azabache — Bueno… hace unos días me encontré con Amamiya-san y estuvo ayudandome con un par de cosas. ¿verdad?
— Por favor — dijo fingiendo sentirse un poco apenada — yo no hice nada realmente, al final usted hizo el trabajo sola.
¡Uhg! Que asco era ver interactuar a estas dos de manera tan cariñosa, es precisamente el tipo de situaciones que le coloca los pelos de punta a Minami, tal vez Toushirou no viera las intenciones crudas de Amamiya Ami, pero ahora mas que nunca ella las veía claramente. El aprovecharse de la amistad con Mitsuki para atraicionarla.
Reika y Momoka llegaron a donde estaban ellos, la segunda salio corriendo al encuentro de la rubia quien amablemente la recibió, Ami no estaba siendo impocrita con Momoka porque de los humanos era la única quien en verdad le agradaba, de hecho, la chica fue la única en el pasado en acercarse sin ninguna malicia.
En tanto ellos conversavan, los chicos hicieron su aparición en el salón encontrandolo bastante colorido, Souji quien no tenia ganas de aparecer enfocó su mirada en un figura agraciada acompañada de un azabache particular, la pareja parecía bastante entretenida mirando a una Momoka enérgica frente a Amamiya Ami. Esa chica, el verla le daba muchos escalofríos continuos. Al pesar de ser una demonio mestiza igual a él, ella iba mucho mas allá de la malicia demoníaca pues lo percibía en la mirada al enfocarsela en su amigo, no es que digamos el ser Toshi un santo, en el pasado demostró ser un completo idiota con una amiga muy apreciada, destruyendo con sus propias manos la tan hermosa relación.
— Muy buenas noches jovenes de la clases “A”, “B” y “C” — una voz en el centro de la sala se escucho resonar, era uno de los organizadores del evento — ¡Feliz navidad! Y esperamos que la pasen de maravilla.
Dicho esto le paso el mando a la presidenta del consejo estudiantil, quien tenia en sus manos una lista bastante rara, aunque para Souji no parecía ser un misterio. Seguramente eran los nombres de todos los alumnos de la secciones. El castaño volvió a buscar con la mirada a Mitsuki encontrandola alejándose junto a Toshirou, apreto sus manos en puño, desde que ambos chicos empezaron a salir el debió de contener la rabia de sus entrañas. No podía soportarlo, en verdad sus energías se estaban acabando. ¡Deberia de ser el quien sostenga la mano de la chica! No Toshi, de todas formas, ¿Qué tenia de especial el azabache? Era gruñon, temperamental, con complejos de jamas soltar un libro, temeroso y un completo amargado. ¿Qué vio en especial Mitsuki en él? Oh… esa sonria ancha en ella al simplemente verlo sereno, es el tipo de mirada que no le gusta presenciar el ojiverde en estos momentos, menos cuando se da cuenta que aunque Purpure tenga un millón de defectos, para su amiga serian las mejores cosas en él. Después de todo, el amor es ciego.
Kazama seguía tratando de controlar sus instintos de mandar a volar a todas estas humanas fastidiosas, era como si en verdad les importase poco escuchar a la presidenta explicar los detalles en la actividad, y para peor, la idiota de Ami fue a coquetearle a Purpure cosa inútil porque el azabache simplemente huyo. Sino fuera porque la rubia le dijo acontecer algo realmente fascinante ni se hubiera aparecido, el momento de jugar con los humanos había pasado, ahora simplemente deseaba era colocar sus manos en cierta demonio sangre pura. Parecía estar pasandosela bastante bien con su novio, el demonio formo una sonrisa demoníaca en su labios, la felicidad es algo bastante pasajero que pasa ligeramente por tu vida, ella puede aparecer de la misma manera desaparecer. ¿Es muy simple cierto?
— Tratados los puntos podemos dar comienzo — dijo la presidenta abriendo la lista en su mano — Kinozuki Mamoru…
De cierto modo era curioso ver el comportamiento humano delante de los regalos, aun mas en los japoneses, estos no creían en un mesias que vino a la tierra para salvarlos de ellos mismo, aun asi, de manera arbitraria celebraban la navidad tal cual fuese otra festividad normal. Kazama quien ha estado en varias partes de este mundo y tratado con varios tipos de humanos, estos son los mas curiosos sin duda, no podía simplemente encontrarles lógica.
Sino miren el ejemplo de la misma Momoka, no se cansaba de decir amarlo sobre todas las cosas pero horita abrazaba de manera intensa a Heisuke, este le devolvía el afecto con una expresión risueña en el rostro, seguramente al maestro del club de kendo no le gustaría mucho notar los sentimientos de uno de sus alumnos para su hermana pequeña. Quería verlo de cerca.
Ahora, Minami en verdad estaba refunfuñando al momento de estenderle su obsequio a un Souji perplejo, todos conocen lo mujeriego que es ese chico, aun mas, el interés insano hacia la demonio de su mejor amigo. Le fastidiaba un poco, pero Kazama sabia que jamas podría ganarle un simple mestizo, por mucho de ser divertido era la verdad. Además, el mundo gira de manera extraña, no sabia si podía estar el amor de su vida a la vuelta de la esquina.
— Mitsutani Mitsuki — fue llamada con voz autoritaria.
Purpure quien estaba a su lado se congelo por completo, él mas que nadie conocía a quien debía de darle el regalo su novia, no le agradaba para nada, si fuese por él encerraria a Mitsuki en un lugar donde solamente lo viese a él. ¿Pero qué demonios estaba pensando? ¡Así no se expresa un buen novio! El debía de darle ánimos a la chica en esta travesía, no agobiarla con sus celos enfermos. Purpure encarcelando sus fantasmas, alento a la muchacha colocando su mano en la espalda de ella sobandola suavemente en círculos, susurrandole por lo bajo la animo a seguir adelante y salir de una vez de esta situación.
— A mi me toca darle a… — los ojos de todos se enfocaron en ella, aun mas, la de las chicas quienes parecían querer lanzarle rayos lacer — Kazama Chikage.
Todo el mundo se unió en un silencio colectivo, aun mas los amigos de la castaña los cuales no comprendían como podría tener tan mala suerte ella, ser el santa secreto de Kazama acarreaba bastantes cosas. La primera, ese tipo es duro y buscarle un regalo es bastante complicado, y segundo, las fans de este querrian acabar contigo o estar en tus zapatos en estos momentos. En tanto Kazama, dibujo una sonrisa socarrona en sus labios buscando la dirección de su novia, ella manteniendo en su mano una copa con ponche la alzo simulando un brindis por él. Era oficial. Amamiya Ami es una demonio bastante eficaz.
Con pasos galantes camino hacia el centro del lugar, todos tenían su mirada en él completamente asombrado y las chicas el simplemente mirarlo, se les doblaban las rodillas a la par de moverse todo solo por su presencia. Mitsuki poseía una expresión huraña en el rostro, ella mas que nadie, encontraba esta situación muy fastidiosa e innecesaria. ¿Para qué darle un regalo de navidad a el hijo del primer ministro? Debe de tenerlo todo en la vida, inclusive la novia mas amable y perfecta de todas.
Kazama llego hasta la ojos calabaza con un aire bastante indiferente, podría casi decir que estaba fastidiado al ser el centro de atención, aunque el brillo rojo de su mirada transmitía una pizca de diversión en todo esto. No sabe cuanto lo detestaba. La Mitsutani le extendió el pequeño paquete aplanado ha su dirección, el rubio permitiéndose deleitarse con el rostro contraído de la castaña, no lo tomo de inmediato en unos segundo, y cuando lo hizo, agarro la mano de esta atrayendolo a su pecho para abrazarla de manera inesperada frente de todo el mundo. Sin importarle las consecuencias.
— Muchas gracias por el obsequio, lo apreciare — confesó a la par de seguir manteniendo a la ojos calabaza apresada.
Silencio, por unos segundos solo hubo silencio en todo el lugar, hasta el mismísimo Purpure no tenia ni la manera de poder reaccionar de inmediato porque en su mente solo se reproducía aquel movimiento inoportuno. Aunque para sorpresa de todos eso no fue lo alarmante, porque luego de ese lapsus de tiempo, todas las chicas comenzaron a gritar convencidas de que Kazama Chikage era todo un caballero de elegante amardura. Mitsuki reaccionando gracias a los gritos, se logro librar del ojos carmín quien con una sonrisa burlona guardaba el regalo en su saco, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón para caminar lejos de allí con todos esos gritos sordos.
Maldito.
Maldito.
Mil veces maldito.
Lo había vuelto hacer, Kazama ahora delante de todo el mundo impuso su presencia tal cual un dictador lo haría, no sabían cuanto le hervia la sangre al ser abrazada de esa forma delante de las tres clases, aun mas, ni quería imaginar la reacción de su novio Purpure ante esto. Una razón mas para matarlo. Cegada por la rabia, le siguió detrás para reclarle de una vez por todas lo muy mal que estaba de la cabeza, simplemente no podía seguir haciendo las cosas que se le antojaran, llego el momento de colocar los puntos sobre las ies.
Mientras que Purpure, quedo de piedra en su asiento tratando de ser reanimado por sus amigos, al haber mucho caos a su alrededor, el consejo estudiantil mando a un leve receso para calmar las aguas.
Kazama salió a la fría noche encogiendose de hombros, empezaba a pensar que el irse del salón ha sido una total tontería, pero el hacerlo tendría sus grandes ventajas, como los sonoros pasos detrás de él quien seguramente era dueña Mitsuki. ¿Y para que mencionarlo? Allí estaba ella con sus ojos saltones vidriosos, mejillas sonrojadas debido al frío y boca entre abierta del correr hacia su encuentro. Los demonios gracias al clima glacial perdían velocidad, colocándose casi par a par de un humano convencional, eso a Kazama le desagradaba bastante.
— Tu… — lo señalo camino alejando su distancia — ¡¿Cuál es tu maldito problema con hacer las cosas a tu manera?!
Valla… por primera vez en mucho tiempo de conocerla, le saco un sincero grito desde el fondo de su corazón. Ahora estaba enojada.
— Eres muy ruidosa, eso fue un simple abrazo. En muchos países es considerado un saludo — se encogio de hombros restandole importancia.
— ¡¿Te has vuelto loco?! No soy extrangera, nací y creci en Japón idiota — lo insultaba con soltura — ni se te ocurra imponerme costumbres raras.
En verdad esta chica es bastante divertida, colocarse de esa manera solo por un abrazo, que a su parecer, es llanamente insignificante, era toda una completa exageración. Pero ¿De quien estaba hablando? Esta princesita había sido criada igual a una humana, el llevar las cosas a otro nivel venia directo a su formación. Soltó un suspiro a la par de sonreír de medio lado. Hacerla enojar sería de ahora en adelante su deporte favorito.
— ¿Estas exigiendome algo? — le dijo mirandola directamente a los ojos, dando pasos hacia ella — debes tener muchas agallas para hacerlo, princesa.
— ¿De que estas…? — trato de decir.
Kazama prácticamente la acorralo frente a un árbol muerto, sus manos se encontraba en cada uno de los costados de ella, en tanto esos ojos carmín le brindaban una mirada cargada de picardía, aquella expresión burlona le drenaba toda la sangre y la llevaba a sentir múltiples escalofríos. No podía comprenderlo, jamas lo haría, pero Kazama producía muchos sentimientos encontrados.
Fue cuando sucedió, una mota blanca bajo magicamente sobre ellos ignotisando a la muchacha, pero no fue la única, seguida de esa le siguió otra, otra y otra mas, en pocas palabras estaba nevando. La ojos calabaza quitandose de encima al rubio confundido, extendió sus manos al aire encantada de ese fenómeno creado por la naturaleza, porque esos pequeños copos de nieve le parecían perlas mínimas amontonandose ensima de otras, embelleciendo todo a su paso en esta noche de diciembre.
— ¡Es nieve! — exclamó emocionada, girando para mirar al ojos carmín con una sonrisa brillante — ¡Esta nevando!
Era la primera vez que Kazama veía tal expresión en la castaña, cuando estaba con él mantenía el ceño fruncido o no paraba de mandarle para alejarse. Pero ahora, justo ahora, todo estaba siendo distinto. Si era sincero, le parecía que Mitsuki fuese una pequeña niña a la cual jamas se ha permitido salir a ver nieve, esa sonrisa, ojos brillosos y girar al igual a un trompo eran signos de inmadurez, aun así, podía encontrar la gracia de ingenuidad igual a la transparencia de su alma. Mitsutani Mitsuki no era una demonio convencional, era distinta, era pura, era…
Llevado por las emociones en cambio de la razón, acerco sus pasos a la pequeña castaña quien jugaba sin prestarle atención a nadie con la nieve, al sentir cerca a Kazama quiso decirle algo, pero no lo hizo, la mirada de este no era burlona o signos de esconderle algo, ella transmitía otra tipo de cosa. La seriedad.
Las manos de él sostuvieron sus hombros con fuerza llevándola a girar por completo a su dirección, la castaña simplemente no podía hacer nada, o mas bien esperaba a la acción del ojos carmín, quien por unos segundos se le quedo mirando fijamente. Mitsuki no se sentía como ella, mas bien, parecía en su piel otra persona muy distinta. Entonces Kazama sorpresivamente empezo a acercar su rostro al de ella, puede que Mitsuki halla estado perdida en la mirada carmín del contrario, sin embargo, observando el panorama despertó de golpe aplacandose a la realidad.
— ¿Qué demonios estas tratando de hacer? — preguntó colocando sus manos en la mejilla del otro.
— ¿No estoy siendo obvio? — le contesto haciéndola parecer una idiota — voy a besarte.
Dicho esto nuevamente, acerco su cara a ella, pero con fuerza, la castaña lo detuvo de hacer tal acción.
— ¡¿En verdad te has vuelto loco?! — grito — ¡Tengo novio idiota!
— Eso ya lo se — insistió.
— Tienes que… — con las fuerzas dormidas en su interior lo empujo fuera de ella — ¡Parar con esto de una buena vez!
¿Como podía ser tan imbécil Kazama? Aprovecharse cuando estaba mirando la nieve era de lo último. Con este rubio alrededor no puedes bajar la guardia, nunca, nunca le debes de desmostrar debilidad. Lo mas increíble de todo podría ser que esta es la primera nevada del año, la primera y la vio con Kazama.
Soltó un suspiro. Enojarae es una perdida de tiempo completo, lo mejor seria volver a dentro.
— ¿Vas a escapar de mi? — le freno con su voz, al momento de darse la vuelta — porque… deberías saber como terminara todo esto, princesa.
Cuando la llamaba de esa manera, no podía evitar recordar a “Chikage” el de sus sueños, de cierta manera sus físicos y voz son completamente iguales. ¿Acaso tu mente le estaba jugando una mala pasada?
Una voces cerca de ellos la hicieron despistarse en la realidad, las imágenes de Souji y Heisuke aparecieron de la nada, ambos chicos estaban buscando el paradero de la ojos calabaza. Souji de inmediatamente notando la presencia del rubio frunciendo el ceño, aun no soportaba tener la presencia de este demonio frente a él, aun menos que lo halla encontrado con Mitsuki. Heisuke tratando de alivianar el ambiente soltó una risotada sonora, a la par de sostener con su brazo el hombro de su amiga para llevarlo lejos de allí, la pausa dictaminada por el consejo estudiantil finalizo y debían volver, con tal, el turno de Kazama se acercaba.
Devuelta al salón amplio el tema de casi beso fue olvidado, al menos para Mitsuki no fue así, quien fue asentarse junto a su novio Purpure muy callado y silencioso, la castaña se le quedo mirando detenidamente, pero él nunca le devolvió la acción. Tal vez supiera en donde estuvo, y siendo sincera, las ganas de discutir lo ocurrido con el se encontraban bastante escasas. Lo mejor seria dejar las cosas de ese tamaño.
Por otro lado, Kazama volvía nuevamente a sentirse fastidiado al tener toda la atención, como le hubiese gustado seguir a solas con esa niña, molestarla era lo mejor hasta los momentos en esta estúpida reunión. Aunque, lo ocurrido hace unos momentos lo desconcerto un poco. ¿Por qué dejarse llevar? ¿Por qué…? ¿Por qué perderse en la inocencia de la demonio sangre pura? No, no, definitivamente no. Kazama Chikage no es ningún tonto igual a su ancestro. El jamas mendigaria amor, ni mucho menos, perdería los estribos en una sola mujer.
— ¿Kazama? — alguien lo llamó devolviendo a la realidad — Le pregunte sobre la persona a quien debe de darle un obsequio.
— Amamiya Ami — sonrio de medio lado, encontrandola entre la multitud — mi novia.
Y si, puede estar perdiendo la cabeza en algunos momentos, pero nadie le quitara sus instintos. El poseer a lo prohibido. Dando así, Mitsutani Mitsuki ser una pieza invaluable para cualquier demonio y humano.
★★★★★★★★
Veinticuatro de diciembre la fecha en la que todos los humanos aprovechaban para hacer de su vida una festividad, iban a fiestas, se daban obsequios, bebían, comían y terminaban hechan un desastre al otro día. Sin dudas, algo con que un demonio como él jamas podría comprender.
Mitsutani Ryuunosuke, estando en la primavera de su vida, encerrado en una noche de víspera para navidad leyendo mangas y tomando chocolate caliente sobre el sofá de la sala en la casa de sus tíos, ellos estaban en la cocina preparando un montón de platillos para las doce. Al pesar de ser demonios, prestaban esta ocasión para poder comer hasta vomitar, bueno, el no se oponía a tal cosa porque muy pocas circunstancias puedes permitirte esto. Aun mas, que tus padres vuelvan para compartir estos alimentos.
Hace unos días sus padres, para ser mas específico, su mamá llamo directamente avisandole de su eminente presencia en la víspera de noche buena, no fue para nada sorprendente. Mas bien se lo esperaba. Ahora, su hermana mayor parecía estar confinada en su recámara tal cual fuese una presa, ella tenia una reunión con todos sus amigos hoy en un karaoke. Ni si quiera recordar el momento cuando se los dijo a sus tíos. El problema no había sido el hombre de la casa, mas bien, su tia le formo un gran escandolo planteandole que jamas podría ir a un lugar donde estaría lleno de humanos, menos aun, esos chicos detrás de jóvenes como ella. En conclusión: no podía ir. Obviamente la castaña se opuso a tal decisión, fuera como fuera, ira a esa reunión así tuviera la opción de escaparse. El armagedon se presentó cuando la llegada de sus padres se anunció, ahí no pudo ir mas contra nadie. Las cartas fueron hechadas.
Ryuunosuke de alguna manera se sentía aliviado, no por el novio de su hermana, Purpure es un chico sumamente serio y respetuoso, él jamas se atrevería a colocarle una mano encima a la castaña. Mas bien, su preocupación residía en cierta rubia de ojos verdes, con una aura pesada invadiendola.
Amamiya Ami.
La sacerdotisa se encontraba aun preparando el conjuro para detener a esa mestiza, ya poseyendo la sangre de Rutta, mantuvo su palabra con lo de entregarlo antes de navidad, aunque llevaba dos días exactamente sin saber nada de ella y eso era preocupante. Ryuunosuke por si las moscas le aviso a su mamá de la presencia de la cabellos turqueza, cosa que pe pareció fantastica, al menos uno de sus dos hijos no era tan apasionado como el otro. El azabache pensaba con la cabeza, a contrario de la castaña, se deja llevar por los sentimientos.
— Ryuu-nichan — escucho al pequeño a un costado suyo — ¿Algo le ocurre a one-chan?
Su primo Rutta le miraba con los ojos abiertos espectantes de su respuesta, y la verdad, el azabache no tenia ni idea de como plantearle al chiquillo que Mitsuki solo mantenía una rabieta. Ya saben, parecido a cuando no le das a un niño su dulce favorito y este presenta un cuadro de malcriades, en el caso de la castaña, venia siendo encerrarse en su habitación.
— Rutta, one-sama solo esta…
Pero no pudo seguir, el timbre del departamento sonó anunciando la llegada de alguien, Ryuunosuke ya lo sabia, no solo por el aura fuerte y demandante, igualmente porque era la única visita esperando.
— ¿Puedes ir a abrir la puerta Ryuunosuke-kun? — pidió su tia desde la cocina.
— No hay problema.
Asi tal cual a lo previsto, al abrir la puerta el azabache se encontró con la imponente presencia de sus dos padres, vestidos con ropas tradicionales japonesas como siempre. Ahora, las cosas se pondrían realmente serias.
Por otro lado, Mitsuki estaba en su recámara encerrada acostada abrazando a una almuhada, su situación no podría ser peor que cualquier otra cosa. Ella fue la organizadora de verse en noche buena, pero resulto ser que no pudo presentarse por la presencia de sus padres, menuda broma. El decirsele a Purpure-san no fue el problema, la del escandalo se trato de Minami, quien jamas acepto tal excusa barata. Las parejas deben de encontrarse en navidad si o si, llevándola a llamarla anticuada.
Su amiga aun no entendía la circunstancias de la castaña, ella es una demonio, una demonio sangre pura, el salir con humanos es prohibido cosa que Mitsuki ya rompió. Ni se arrepiente de eso. Porque en verdad ama a Purpure mas que a cualquier otra cosa, a su lado siente la calidez de la primavera, y la esperanza de creer en un mañana prometedor a la par de todo ser posible. Puede que el primer amor ciegue la claridad de las personas, pero puede hablar en nombre de todas ella con ser el sentimiento mas duradero y limpio de todos. Purpure es el amor de su vida.
No tienes porque preocuparte por no venir, podemos organizar otra cosa para vernos después. Lo prometo.
Purpure.”
Aun asi… en verdad quería reunirme con todos, esto no es justo.
Mitsuki “
Era el último mensaje de texto enviado a su novio en unos cuantos minutos, aunque ella no iba a la reunión en el karaoke los planes jamas se aplazarian, justamente en estos momentos todos sus amigos estarían en ese karaoke. Riendo, comiendo comidas deliciosas del restaurante de Reika, conversando y cantando cosas para pasar el rato; ella quería eso, tontear con sus amigos, sobre todo, ver a Purpure. Lo estaba extrañando como una loca.
Ojala y estuviera pensando en ella en estos momentos.
— Onee-sama — alguien toco la puerta de su habitación, despistando todos sus pensamientos — nuestros padres han llegado. Ellos desean verte.
Otro dolor de cabeza con el cual tratar, estaba comenzando a odiar realmente la noche del veinticuatro.
En lo que llevaba de vida Purpure jamas se preocupo por la navidad, él no era creyente ni mucho menos su familia, asi que simplemente dejaban pasar la fecha como si nada. Sin embargo, su hermana mayor trataba de pasarla con él comiendo en aquella inmensa casa, sus padres al ser dueños de una drogueria estaban sumamente ocupados, en los planes se encontraban cenar con empresarios y otras cosas. Para sus hijos jamas ha existido tiempo. A lo que llevaba a la mayor de los Purpure proponerle a su pequeño hermanito pasar noche buena con ella, aunque al ser este año especial, Toshi encontrando una adorable novia seria todo diferente. Ellos merecían encontrarse para pasarlos juntos. Aunque, las cosas no resultaron como fueron planeadas y ahora se acomodaba en aquella silla, tratando de no sucumbir ante su mal humor al ver a Momoka junto a Heisuke cantar una canción en ingles. Los envidiaba, lo hacia en verdad, podrían fingir llevarse mal pero la verdad era otra, ese par se notaba hasta en el aire su atracción. El terminar juntos es inevitable.
— No tienes una buena cara, Toshi — un castaño particular le habló extendiendole una bebida color naranja.
— Gracias — tomo el vaso dándole un sorbo, zumo de naranja bastante ácido — ¿Acaso tengo otra cara?
— No me refiero a eso — dijo sonriendole de manera burlona, sentandose a un lado del contrario — pareciera que quieres arrojarle tomates a Momoka y Heisuke.
— Ganas no me faltan… — susurro por lo bajo.
Se quedaron unos minutos en silencio contemplando la escena de los chicos cantando alegremente, en tanto los demás aplaudian y reían a carcajadas, en verdad estaban pasandosela bien. Todos menos él. Quizás se convirtió en un amargado profesional o… simplemente la extraña, Mitsuki es la única en desalojar todos los demonios de su cuerpo dejándolo en la luz plena, igual a su sonrisa angelical.
— ¿Por qué simplemente no la llamas? — planteo de manera calmada Souji, sorprendiendo un poco a su amigo — no creo que una llamada te mate.
— No digas estupideces — estuvo encontrar de inmediato — ¿Quieres que sus padres la regañen? Ellos no son demonios simples.
— ¿Acaso existe uno? — lo interrumpió de golpe — Toshi, no dejes que la preción de ser de distintas razas te aplaste. ¿Piensas esconderle para siempre su relación a su familia?
— En verdad deseas que términemos pronto, ¿no es así? — comento amargamente.
— Te equivocas — giro para tomarle del hombro, mirandole directamente a los ojos con muchas seriedad — quiero es que seas valiente por una vez en tu vida y no huyas. Fuiste espantado en una ocasión, ademas quiero recordarte, Mitsuki no es igual a Chizuru-chan.
El azabache se quedo estático en unos segundos, obviamente su novia no era igual a aquella amiga suya, porque la intensidad de su mirada es mucho mas fuerte que cualquier otra cosa. La ojos calabaza posee mucha tenasidad, perseverancia y fuerza, demuestra ir contra todo para lograr su felicidad. Y Purpure desea proteger eso.
— Tal vez… la llame a las doce.
La pequeña sacerdotiza se encontraba alistando los últimos detalles de la posición contra demonios, su abuela teniendo un poco de tiempo libre le ayudo, al ser noche buena toda la familia se reunían para celebrar condecoraciones a los dioses. Este sería su primer año al descubrir su poder dormido, aunque tuviera el encargo de ir con el hijo menor de los Mitsutani, su deber era volver nuevamente al templo luego de hacer lo planeado.
Aun no podía creer que logro finalizar tal conjuro, fue difícil y agotador, pero jamas imposible. La cabellos turqueza deseaba ver en el rostro de cierto azabache una expresión suelta, fresca, muy al contrario de cuando la demonio mestiza merodeaba a la hermana mayor de este. Aquella víbora, la mandaría al infierno si pudiera, el solo recordar como miro al Mitsutani le hervia la sangre, porque él no es un pedazo de carne ni mucho menos un objeto inevaluable. Ahora, al menos la mantendría alejada de su superior y eso, se consideraba avance.
Salio del templo con la promesa de volver una vez finalizado su trabajo, le mando un mensaje al azabache para estar pendiente a su llegada, este de inmediato le contesto con estar algo ocupado con la presencia de sus padres en el departamento pero no existía problema, al llegar debía de subir como de costumbre, ellos no dirían nada. Eso la puso un poco nerviosa, jamas ha interactuado con demonios sangre pura mayores, solamente con Ryuunosuke y su hermana mayor.
¿Como eran ellos? ¿Extrictos? ¿Peligrosos? No, no podía permitirse el nerviosismo, ella es una aprendiz de sacerdotisa, sus antepasados estuvieron siempre en contacto con estos seres y jamas declinaron temerles. Ahora llegó su momento de brillar.
Corriendo con velocidad por la calles de Tokio, se dio cuenta de lo muy concurrida que se encontraban, chicos y chicas conversando amenamente, parejas de enamorados e inclusive familias enteras sonriendo con felicidad. Era la grata atmósfera de una víspera de navidad, cálida, llena de todas esas luces festivas que te llegan al alma. La sacerdotisa nunca sintio tal sentimiento hasta hora, tal vez porque al ser un “ser de luz” su deber era atender y proteger a los humanos, llevándola a comprender sus sentimientos. No celebran la fecha como tal, mas bien, dan gracias a los dioses por estar esos momentos con las personas que mas quieren.
Acaso… ¿Ella podría pensar así?
Llego al departamento del azabache con un semblante bastante calmado, a ver visto todo esos humanos la calmaron un poco, ella también fue afortunado a la par de los humanos, iba a encontrarse con el demonio a quien mas admira.
Toco el tiembre esperando a toparse con Ryuunosuke, pero no resulto ser así, quien le abrió la puerta fue un par de ojos calabaza bastante conocidos aunque opacos. La superior Mitsuki.
— Mitsutani-senpai… — susurro al sentir la atmósfera gris a su alrededor.
— Suzuka-chan, bienvenida — contesto de manera hueca haciéndose a un lado para dejarla pasar.
¿Qué podría estar sucediendole a la hermana de su compañero? Parecía estar medio muerta, es mas, de existir realmente los zombies ella seria una. Entonces entro, al mirar la sala de estar emitió una señal de alarme, ese aire demandante, fuerte y casi de asfixia le golpeo la cara. Dos personas, no cualquier personas, estaban sentandos de manera elegante en el sofá grande, vestidos de manera tradicional y conversando tranquilamente con Ryuunosuke. La mujer era castaña y poseia una mirada penetrante de color calabaza, su rostro parecía esculpido en piedra en el no se reflejaba absolutamente nada, solo indiferencia. Por otro lado, el hombre era exactamente igual a Ryuunosuke, alto, fuerte, hombros anchos, piel morena y el entrecejo fruncido, la cabellos turquesa lo asemejo a un guerrero de la época Edo. Si. La época de la “princesa lunar”.
El primero en mirarla fue Ryuunosuke congelandola en el acto, ahora si que tenia nuevamente nervios, porque esos demonios de alto poder parecían estar examinandola de arriba hacia bajo, si tuviera una clase de poder para hacerse transparente lo utilizaria justo en ese momemento.
— Genoshita-san — pronuncio la mujer con gracia y voz cantarina — Genoshita-san por favor, puede acercarse. Usted tiene asuntos con mi hijo que resolver.
Eso no era una sugerencia, sonaba a imposición y Suzuka no esperaría a ser llamada nuevamente. Con pasos cautelosos se acerco a ellos sin tomar asiento, noto como su superior hacia una leve reverencia a los mayores para desaparecer al final del pasillo, hacia los dormitorios. Nuevamente pensó en que su actitud era muy extraña. ¿Qué podría estar ocurriendole?
— Sacerdotisa sientate, one-sama como ve no esta muy dispuesta hoy — le dijo un poco estresado.
Al escuchar como la llamaba la desánimo un poco, nuevamente construyo esa barrera invisible entre los dos donde no podía transpasar, tal vez ocurría por la presencia de sus padres y ella debía respetarla. Tomando asiento a la derecha de los demonios, saco de su saco un pequeño frasco de contenido ámbar dudoso, de hecho, parecia mucho al elixir creado muchos años atrás para darle poder a los simples humanos y poder colocarse a par a los demonios. Pero esta posición no es eso. Si lo colocamos a la par de un repelente de insectos, la posión vendría siendo eso, un repelente contra demonios mestizos.
— Increíble — musito una voz detrás de los demonios imponentes, una mujer de cabello corto y ojos igualmente calabaza — jamás pensé vivir para ver un conjuro contra mestizos impertinentes.
— Siempre es bueno tener uno a la mano, prima — abrió por primera vez la boca el azabache mayor — es mas, de existir uno contra humanos sería mucho mejor.
— No pidas imposibles, aniki — le siguió detrás el padre de Rutta-kun.
Suzuka estaba sin palabras, sabia que los dos mayores detrás eran igualmente demonios poderosos, pero no podría llamarlos naturalmente sangre pura porque en ellos existía una parte clara o por decirlo de una manera, algo descontrolado para ser demonios parecido a los mestizos con una ligera alteración.
— Somos alteraciones de demonios sangre puro — le leyó la mente la mujer, colocando la vista en ella asustandola — procedentes directamente de los demonios de la maldición.
— “La maldición lunar” — musito la cabellos turquesa con fluidez.
— Exacto, en cambio los padres de Mitsuki-san y Ryuunosuke-kun son puros. Estan libres de la maldición al ser bendecidos con la sangre de la “princesa lunar”, colocandolo en palabras simples, pertenecen a la primera generación. — siguió explicando tranquilamente.
— Es… es impresionante — confeso asombrada — que exista tal división entre ustedes, en los libros con lo que estoy siendo amaestrada no dicen tal cosa.
— Es natural, Genoshita-san — respondió la mujer elegante — son datos importantes de las nuevas generaciones de demonios. Los “seres de la luz” no tenían idea de esto.
Asi que, existen sud-divisiones en los demonios sangre pura, por lo tanto, entre los mestizos debe de encontrarse generaciones de humanos puros cuyos provienen de demonios pero no heredaron sus poderes.
— Ahora, ¿Como conseguiste hacer la pocima en tan poco tiempo? — pregunto Ryuunosuke cansado de tantas explicaciones.
— Mi abuela me dio una mano — contesto señalando a la botella — me dijo que sería fácil de utilizar de una vez encontrando al objetivo, sin embargo, debes de tener cuidado de abusar mucho de ella. De lo contrario, podríamos desencadenar una serie de eventos desafortunados.
— ¿A que se refiere? — exclamó confundido el menor.
— Genoshita-san se refiere a las bestias de la noche — la mascara de indiferencia en la madre del azabache se vio un poco contraída.
— Es absurdo — bufo divertida la otra castaña — ¿Las bestias de la noche? ¡Si desde décadas no aparecen! Muchos dicen que se han estinguido junto con su codicia.
— No seas ilusa, imotto — la reprendio — esas bestias jamas desaparecieron, su sed por la sangre de todas las especies persistira de generación en generación. ¿Lo recuerdas de algo?
Suzuka si sabia de lo que hablaba la demonio mayor, en el libro de conjuros hablaban un poco de las bestias de la noche. Su poder igualaba a un demonios mestizo, la diferencia de esto es que ellos no solo salían en luna llena, sino, en cualquier momento de desearlo. Si los mestizos son peligrosos, las bestias de sangre lo son aun mas.
— ¿Reproducirse dices? — afirmó atonica — imposible, definitivamente imposible.
— Como sea — interrumpió Ryuunosuke — ¿Qué debemos hacer?
— Es sencillo — destapó la pocima exparsiendo su olor dulzon — apliquen tres gotas en los ojos del mestizo en cuestión y este permanecerá en la oscuridad por un breve lapso de tiempo, posible dos a tres meses, todo dependerá del poder que este posea.
— ¿Qué tan poderosa es esa Amamiya Ami? — pregunto con duda el padre de Ryuunosuke.
— Lo suficiente como para pavonearse frente a mi y no mostrar miedo — se levanto del asiento Ryuunosuke apretando los puños — menos tratar de dañar a one-sama.
Diez y punto de la noche sin noticias de Purpure-san, en todo este tiempo de permanecer encerrada mientras los adultos discutían algo con Suzuka, miraba su teléfono esperando recibir una llamada o quizás texto de su novio. Pero nada, nada de nada, solamente la inundana el sentimieto de ser dejada hacia un lado como un trapo viejo.
¿La reunión era tan divertida sin ella? ¿Purpure no necesitaba de su presencia? Lo mas triste de todo era el paquete envuelto en papel navideño, el presente a su novio, ella lo preparó con tanta dedicación esperando ser entregado y así admirar esa sonrisa elegante en él.
— One-sama, voy a entrar — anuncio su hermano con antelación, abriendo la puerta de su cuarto y entrando en el — la mesa ya esta siendo servida, padre y madre esperan tu presencia.
— Ryuunosuke — lo llamo antes de darse la vuelta — ¿En verdad crees que los humanos son engañosos?
— ¿Por qué me haces tal pregunta? — fruncio el ceño confundido.
— Porque… Purpure-san no me ha llamado ni una sala vez y siento algo raro en el pecho — sostuvo sus manos en esa zona apretandola con fuerza — ¿Qué pasa conmigo? No… no lo entiendo, pero el dolor me hacer querer llorar.
Genial, ahora debía de consolar a su hermana mayor para no tener que lidiar con su madre ni mucho menos su tia, ellas eran sumamente sobreprotectoras con la castaña, y aunque una de estas esperaba una desilusión en parte de la ojos calabaza en manos de un humano, Ryuunosuke quería evitarla. Es mas ¿Purpure seria capas de tal cosa? Podría ser un miserable humano, pero mantenía una aura tan seria como confiable que le es imposible imaginar una traición de su parte.
— One-sama no debes preocuparte por tu humano — al escuchar eso la muchacha alzo la vista — él solamente esta dandote tu espacio, sabe seguramente como son nuestros padres, su único pensamiento sera el proteger lo suyo.
Mitsuki quedo sin aliento al escuchar todas esas cosas en la boca de su hermano menor, quien siempre despostillaba de los humanos como seres de odio, codicia arrolladora. De cierto modo le alegraba, Ryuunosuke ha madurado demasiado desde que se alejo del nido con sus padres, el convivir con humanos se debió de dar cuenta que no todos ellos son iguales. Un ejemplo seria sus amigos.
— Si él no te llama, deberías tu hacerlo — la señalo seriamente — muy bien dice el dicho “Si Maoma no va a la montaña, la montaña va a Maoma” ¿no?
Entonces en ese instante su celular comenzo a repicar, con susto inexplicable lo tomo entre sus manos notando el remitente. Purpure. Sonriendo con lágrimas en los ojos hacia su hermanito le dio las gracias, este se encojio de hombros sonriendo de medio lado en tanto se dirigía a la puerta.
— Te daré cinco minutos, no mas de eso, puedo cubrirte con nuestros padres pero no tardes. — planteo con voz despreocupada.
— Entendido.
La castaña estando sola respiro tres veces antes de contestar la llamada, en verdad se encontraba muy nerviosa y no tenia claro que realmente decirle, hasta hora solamente se conformaria con escucharle hablar al otro lado de la línea, de esa forma, su corazón encontraría la paz que tanto anhela.
— ¿Bueno? — contesto disimulando la parte de su voz quebradiza.
— Mitsuki… — se escucho al otro lado del auricular — te has tardado en contestar.
Esa era su voz, su grave y hermosa voz, no comprendia pero al fin tenerla cerca de su oído una emoción genuina alimento todo su ser. Los primeros rayos de la primavera.
— Lo siento, estaba con Ryuunosuke hace unos momentos y de hecho — soltó una risita divertida — es nuestro confidente, la próxima debes darle las gracias.
— ¿Alcahuete entonces? — rio con gracia, a Mitsuki se le aceleró el corazón ante tal sonido celestial — le daré la gracias en cuando nos volvamos a ver, sin duda, es un buen chico.
— ¡Por supuesto que si! — comento muy entuciasmada — después de todo, hablamos de mi hermano.
Silencio, eso fue lo que quedo entre ellos, contemplando la respiración del otro y disfrutando de esa lejana cercanía permitida por un celular que los conectaba, pero aun no era suficiente, al menos para la chica. Su mente, cuerpo y corazón gritaba fuerte el querer verlo, abrazarlo, tocarlo y sentir que en verdad existía, mas no era un podructo de su imaginación loca.
— Mitsuki… estar sin ti es como tener que ver una primavera sin flores, me siento solo, no lo se pero… en verdad quiero verte — un nudo se hizo en el estomago de la castaña al escuchar hablar así a Purpure, parecía estar hablando su corazón y no su novio — puede… puede parecerte egoísta de mi parte pero, quiero verte, deseo verte y si no lo saco dentro de mi voy a volver loco.
— No… — susurro conmovida — no pienso que eres egoísta, yo… yo pienso lo mismo. Quiero verte Purpure-san, quiero verte en este mismo instante y…
— ¡Aguarda! — la freno de cualquier pensamiento temerario — no cometas ninguna imprudencia, si tus padres…
— No me importan, es mas, jamas me ha importado sus pensamientos pasados de moda — expreso muy segura, buscando sus cosas alrededor de habitación y sin dejar atrás el regalo a Purpure — voy al karaoke.
— ¡Espera! ¡Espera Mitsuki!
Pero no espero mas, corto la llamada guardando su teléfono en el bolsillo de su pantalones cortos, tomo su bolsa y salio de inmediato de la recámara. Al salir a la sala de estar todos estaban reunidos allí, incluisive la pequeña cabellos turquesa que la veía de una manera peculiar. Su madre fue la primera en levantarse del sillón antes que la hermana de esta, sufriera cualquier tipo de conmoción, cosa sin importancia porque Mitsuki jamas le ha tenido miedo.
— Mitsuki-san puedo preguntar ¿A donde vas a estas horas? — la miro de una forma fría, ni si quiera imperturbable.
— Me voy a reunirme con mis amigos — confeso con firmesa.
— ¡¿Pero que…?! — trato de decir su tía pero la mano de su hermana mayor la detuvo.
— No digas tonterías, es noche de navidad tu deber es quedarte aquí junto a nosotros. Tu familia. — ordeno brillandole sus ojos color calabaza con intensidad.
— No me vengas con estas madre, sabes perfectamente que somos demonios jamas hemos celebrado tal cosa — le resto importancia, casi tomandolo como una broma — que quieras celebrarla a estas alturas es de risa.
— ¡Mitsuki! — profirio un grito su padre.
— Si, es cierto padre y tu lo sabes — insistió con ira — ustedes no me inculcaron el celebrar esta festividad, por lo tanto, no esperen que lo haga ahora.
Se dio la vuelta teniendo los gritos de su tia y padre combinados a sus espaldas, aunque no borraría la expresión de la cabellos turquesa de su mente. Sonreía, pero sonreía juntando sus manos en una especie de oración, tal vez ella fuese alguien especial para su hermano, de lo contrario, jamas permitiría mantenerla a su lado.
— Querida, ¿qué estas planeando? — por primera vez un mucho tiempo la cabeza del clan Mitsutani sonrio algo extraño en todo esto — jamas hubieses dejado tan libre a Mitsuki.
— No importa lo que realmente este haciendo, querido — giro para darle una sonrisa siniestra a su esposo, que hizo colocarse alerta — estoy mas interesada en los resultados de este. Además, Ryuunosuke-kun, Genoshita-san, ambos sigan a Mitsuki-san estoy segura que esa demonio mestiza estará detrás de ella. Hoy no se escapar.
En todos los años de conocer a su hermana mayor pensó por primera vez que era una mujer temible, cada paso, cada pensamiento venía desencadenando un propósito. Y eso se relacionaba con Mitsuki. Su sobrina no podía estar en un ojo del huracán mas turbio que este.
En tanto la castaña iba corriendo por las calles de Tokio con una sonrisa en los labios, su celular había sonado varias veces pero no atendió, la felicidad de encontrarse con su persona amada podía mas que la razón. El enfrentarse a sus padres fue temerario, si, pero valio la pena porque ella sabia perfectamente cualseria el resultado de ello. Ver a cierto humano calido y agradable: Purpure-san.
Por eso con cada paso que daba su alma dictaminaba estar mas cerca de él, de sus hermosos ojos purpura, de esa sonrisa calmada, y sobre todo, la calidez humana brotandole de cada poro. Lo quería. ¡Maldita sea que lo hacia! Al encontrarse con él se lo diría tantas veces como fuese necesario, de esa manera, el jamas se olvidaría de tal sentimiento.
Al cruzar el reloj de la plaza de la estación de trenes Mitsuki lo supo, se acercaba la hora de encontrarse nuevamente, por eso al verlo parado en la nada contemplando la nieve caer su estomago dio un brinco de la emoción, las partículas de toda la piel gritaban anciosos aquel contacto con él y no lo primaria mas.
— ¡Purpure-san! — grito con desespero llamando su atención — ¡Purpure-san mireme!
Sus ojos se conectaron creando una atmósfera única e impenetrable, el azabache no creía lo que sus ojos miraban en este momento, la figura agraciada de Mitsuki corriendo a toda velocidad a su dirección con desespero. Gracias a eso su inquietud fue suplantada por la felicidad y dicha, porque la cura para todos sus males es la sonrisa de esta hermosa muchacha.
— Estas loca — dijo al sentir como sus cuerpos chocaban, fundiendose en un interminable abrazo entre los dos — o al menos lo bastante para desafiar a tus padres.
— No me importa — dijo riéndose del comentario de su novio — por Purpure-san soy capas de desafiar la misma gravedad, con tal, se que al final la rencompesa en mejor que nada.
— ¿Qué recompensa dices? — la alejo un poco de él para mirarla a la cara y contemplarla — me gustaría saberlo.
— Tu eres mi rencompesa, Purpure-san — confeso con una sonrisa ancha llena de calidez — porque mientras corría mis pensamientos estaban llenos de ti, en verdad no puedo permanecer lejos de ti. Te quiero.
— Si eres capas de desafiar la gravedad por mi entonces no me dejas otra alternativa — poso su frente junto a la de ella — ¿Te gusta la luna? Podría dartela.
— Purpure-san… — rio emocionada.
— Yo no solo te quiero Mitsuki — sujeto con una sola mano el rostro de ella, sonriendole con calidez — te amo y nada ni nadie va a poder separar este sentimiento de mi corazón.
Entonces la beso, pero este beso no fue igual a los anteriores, porque en este estaba recargado todo el anhelo de querer estar siempre uno cerca del otro sin alejarse mucho. Ambos sabían que era la primera vez en fundirse en esa manera tan demandante, pero no les importaba, el fuego de sus sentimientos era mas vivaz que cualquier otro y no mostraba signos de estinguirse tan rápido.
Pero para todos eso no era un acto puro de amor, porque para Amamiya Ami lo encontraba asqueroso, desde su escondite presenciaba tal acto con odio contenido en su verde mirada. Aun no podía presipitarse, un paso en falso y todo su esfuerzo sería arrojado a la nada, primero tenia que controlar sus celos feroces de esa manera los pensamientos racionales vendrían.
Se giro de inmediato para ir a cazar a humanos idiotas, aunque no se esperaba que tuviera tal recibimiento cortes, el solo mirar a los ojos oscuros de aquel chico hacia sentir una especie de calentura en el cuerpo. El imaginarse entre sus brazos fuertes hacia relamerse los labios. Esto seria realmente divertido.
— Ryuunosuke-kun… me alegra mucho tener tu prencia ante mi — hablo en tono meloso dando unos pasos hacia el — pensé que tal vez no nos volveríamos a encontrarnos a solas.
— ¿Eres la acosadora personal de Purpure? — pregunto con un tono de ironía — si es así, ese papel no te queda.
— ¿Estas celoso? — sonrio divertida, parandose frente a él y sujetando su mentón — eres tan adorable, me dan ganas de deborarte de un solo bocado.
— Pensé que salias con ese rubio de ojos carmín, ¿cual era su nombre? ¡Claro! Kazama — la rubia lo miro desentendida — el coquetearle a otro ¿es permitido?
— Chikage no es celoso — le dijo colocando sus manos alrededor de su cuello, cerrando mas la lejanía de sus cuerpos — de hecho, yo menos lo soy, tenemos una relación muy sana y abierta.
— Sana — bufo divertido — noto esto muy “sano”.
— Somos demonios, ¿que esperas?
Cuando la rubia fue a darle un beso al azabache detrás de ella surgió un sonido, alarmada de tal hecho giro de inmediato topandose con unos ojos azul intenso y esa cabellera turquesa extraña, la pequeña sacerdotisa. Sonriendo socarronamente alzo su mano para arremeter contra ella, pero no pudo, un Ryuunosuke lo bastante audaz se apresuró para detenerla sosteniendole los brazos para así inmovilizarla. Estando ya desprotegida, Suzuka realizando unos cánticos arrojo tres gotas de la poción en sus manos a los ojos de la mestiza produciendole un grito de terror, Ryuunosuke la soltó de inmediato retrocediendo al verla ahogada del dolor de tal acto. La rubia parecía estar soltando una especie de humo en los ojos en tanto, se retorcia del dolor, aquello fue solamente una vil trampa en la que fue introducía.
— ¡Malditos! — gritaba fuera de si — ¡Mil veces malditos! ¡¿Qué me han hecho?! ¡¿Qué le hicieron a mis ojos?!
— Es presente por navidad, bruja — sorprendentemente la primera en contestar fue Suzuka, dejando a un lado a su compañero — esto es un elixir divino, las demonios como tu merecen quedarse en la oscuridad por toda la eternidad.
— ¡¿Me has dejado ciega perra?! — trato de hallarla por el sonido para avalancarse hacia ella.
— No, solo es temporal por lo menos unos dos a tres meses — le mentió con el tiempo haciéndola gritar mas — tranquila, estoy segura que Kazama-senpai seguirá queriendote.
— ¡Dejate de estupidez y dejame como estaba! — exigió aun frotando sus ojos.
— No — sentencio de manera firme — este es tu castigo por desear las personas de tu prójimo, piensa en esto como el castigo por tu codicia.
¿Cuando Suzuka se volvió tan fuerte? Verla actuar de esa manera le hacia pensar muchas cosas a Ryuunosuke, la primera, jamas debemos juzgar a un libro por su portada, la segunda, la sacerdotisa era una mujer muy interesante y la alegraba tenerla de su lado. Ahora, Amamiya Ami podría pudrirse en su propia miseria, no le importa, con tal la cabellos turquesa estaría sosteniendo su mano como señal de alianza. Eso solo le bastaba.
— Vamos a casa, Suzuka — le dijo sosteniendola para frenar la locura — has hecho un buen trabajo.
— Mitsutani-kun — contemplo la mirada oscura del muchacho llenandose por completo.
— ¡No! — gruño la mestiza casi en el suelo — ¿Piensan dejarme asi? ¡Desgracidos!
— Agradece que solo es una ceguera temporal de tus poderes, mestiza — comentó asqueado sosteniendo a la sacerdotiza — las cosas pueden ser aveces peores.

Suzuka miraba fijamente la mano morena del Mitsutani sobre la suya, el tiempo para ella se detuvo, el mundo dejó de girar, las personas no se movieron. En sus pensamientos solo reinaba la calidez de Ryuunosuke al tocarla de esa manera, su alma la sentía regocijar de la dicha, no solo fue util a la persona que admira igualmente freno una amenaza. Mato dos pájaros de un solo tiro. Pero igualmente se pregunta ¿Su superior experimentaba esta calidez al estar junto a Purpure? Si era así, no podía ser mas afortunada.

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