martes, 18 de septiembre de 2018

Look sky

II
No podía creerlo, no podía creerlo… ¡Le costaba hacerlo! Frente a sus ojos un Yanke de quince años se hallaba sentado tranquilamente tomando una taza de té, esperando a que su hermana mayor le trajera un platillo de Katsudon, su favorito entre todos. Para nadie es un misterio el conocer la verdad personalidad de este niño, siendo tan presuntuoso, mimado, berrinchudo… en fin, si saca su lista a relucir nunca terminaría. Aun mas, el alto repudio a su persona por ganarle una competencia y el Gran Prix Final, con todo eso, el Katsuki veia al menor como un gran muchacho y se buen corazón. Quizás el problema residía en aparentar ser lo que no es, un gruñon quinciañero con problemas de humor.
La pregunta del millón seria: ¿Qué lo trajo hasta aquí? Él ya se retiro desligandose todo lo concerniente al mundo del patinaje, incluyendo a “esa persona”, el camino se encontraba despejado para el chiquillo querer aprender de aquel otro ruso. En pocas palabras, su vida le es inrelevante. ¿Acaso no le fastidia? Si, mucho pero una promesa es una promesa y pretende cumplirla. Aunque el mismo Yurio con su expresión de Yanke le dictamine otra cosa.
— Has causado mucho revuelo, Katsudon. — abrió finalmente la boca el chiquillo, llamando la atención del mayor. — con lo de tu retiro. Me refiero…
Raro, es demaciado raro ver al niño siendo tan tranquilo a su alrededor, en otra oportunidad hubiese llegado a Yu-topia hechando la bronca y gritando su nombre por todas partes. La otra vez, cuando se programo la competencia de “Aguas termales sobre hielo”, en la mínima oportunidad de verlo le piso la cara obligandole a pedir disculpas. En esta ocasión, no solo entro por la puerta principal bajo sus propios medios, sino tambien se encontraba tomando el té tan normal, tan pasifico, tan… aguarden un segundo. Yurio jamas vendría aquí sin razón aparente, al menos… al menos…
« No… impo… ¡imposible! Él no… no sería capaz… »
— Cambia esa expresión de susto de tu estúpido rostro, que él no sabe mi visita aquí. — lo miro con reproche el ruso, aliviando desde el fondo de su corazón al Katsuki. Aunque eso molesto mas al chico, quien apreto su mano en la taza de té. — Ese idiota no tiene nada que ver en esto, he venido porque quise. Además, de hacerlo… ¿debe de estar involucrado él? ¿no puedo hacerlo por deseo propio?
Yuuri se quedo mirado esos ojos verdes muy expresivos del menor, notando que por primera vez no estaba fingiendo nada, era su corazón quien le estaba hablando. Le inquietaba, desde en aquella ocasión de la Copa de Rusia, fue atacado en el hotel por un alfa al entrar en celo. Fue todo muy rápido, él en el suelo, aquella bestia encima suyo tratando de buscar su cuello y luego aquel Yanke ruso patiandolo lejos. Al igual que Nishigori, la expresión de Yurio al conocer ser un omega fue de fotografía, porque había permanecido toda esta temporada ocultando con medicamentos avanzados e inhibidores respecto al celo, de los ojos observadores de la “Leyenda viva del patinaje”. El rubio quiso reírse en la cara de “esa persona” decirle ser un despistado, idiota y ciego, aunque eso se quedo en el olvido al ver la cara sonrojada del japones. Rayos ese había sido un golpe directo a su cordura, porque, aguarden, los ojos del katsudon brillaban intensamente en un increíble color vino buscando ser bebido, o quizás eran las lágrimas brotando de ellos. Esos apatitosos labios color cereza insitando a ser besádos, deborados y marcados, sin olvidar esa pose de niño desprotegido, pidiendo a gritos ayuda. No podía soportarlo, en sus quince años de vida su “yo alfa” jamas se vio tan afectado con alguien, menos con un omega. ¡Es que por lo mas sagrado! Era el katsudon, aquel maldito cerdo que se atrevió a desafiarlo y robarle su programa ganador en manos del mejor del mundo, lo detesto la primera vez en conocer de su existencia, y lo haría hasta el final de los tiempos. O al menos, eso pensó.
Desde ese momento Yuri Plisesky cambio su manera de verlo, no solo por ser un omega, prometió ocultarle la verdad a “esa persona” y cuidarlo todo lo necesario en este mundo. El problema residía en dos cosas, la primera, el cerdo solo tenia ojos para aquel desagradable viejo, y la segunda, simplemente lo visualiza como un fastidioso gatito gruñon. ¡Maldición! Estaba a punto de cumplir los dieciséis, se convirtió en el segundo mejor del mundo y prácticamente vivía solo, la manera de resultar las cosas lo obligaron a madurar antes de tiempo. Por ende, debía de ser reconocido como tal.
— Yurio…
Antes de poder decirle algo en respuesta a ese argumento, Marie había llegado con platillo para el quinciañero, muriendo así su intento de decirle algo.
Mas tarde, cayendo la noche en Yu-topia el omega se encontraba nuevamente en la comodidad de su habitación pensando en el comportamiento de Yurio, este se encontraba tan tranquilo que inquietaba un poco su corazón. Hasta los momentos no menciono el nombre de cierta persona, ni indicios de tener algo que ver en esto, asi que, si Yurio decía no tener nada de idea en su visita, así lo era. ¿Lo entristece? Un poco, tampoco es tonto para ocultarlo u obviarlo, con eso daba a entender el no extrañarlo un poco y… cumplir con su promesa al pie de la letra.
« Estúpido. Estúpido. ¡Mil veces estúpido! ¿No te acuerda de mi ni una vez? ¡Al menos siente remordimiento maldición! »
Enojarse no serviría de nada, solo incrementarle amargura en el pobre corazón del chico, y francamente, prefería la tristeza al sentirse lleno de sentimientos horribles. Sobre todo, él tenia la culpa de esta misma decisión, anteponer su felicidad ante los demás, bueno, ante la de “esa persona”. Algún día seria recompensado.
Con respecto al Yanke ruso, las personas de Hasetsu parecían mas eforicas posible, la visita del segundo mejor del mundo seguido del primero, daba mucho material por escribir o decir. En el Ice Castel con las trillisas y su madre, colocaron el grito de alegría al cielo, no esperando la mas mínima oportunidad de interrogar al jovencito por su visita. Aunque, lamentandolo mucho, no tuvieron mucha información. El niño seguía manteniendo esa muralla de reserva de datos íntimos a las otras personas, dejando claramente todo eso para si mismo y sus pensamientos. En Yu-topia, su hermana no hacia mas que suspirar por el chiquillo, complaciendolo en todo e incluso en las ideas mas descabelladas, sobre comida claro esta, agregándole quedar en la habitación cercana a la suya, anterior a “esa persona”. Yuuri lo dejo como acto de rebeldía, solo lo hacia para colocar sus nervios de punta, pero no, una vez habiendo comido y bañado, dirigió sus pasos a el cuarto encerrandose.
Era en este tipo de situaciones cuando Yuuri se preguntaba de los representantes del rubio, es decir, sabia lo de no tener padres pero aun existía su abuelo y el mismo entrenador Yakov, de seguro estaban buscandolo hasta por debajo de las piedras. Entonces… ¿por qué vino de visita? No solo podía ser signos de hostigación, ellos dejaron de ser rivales, tanto en el patinaje como en lo personal. Ahora, solo se reducirían a conocidos, nada mas.
« Claro, pero hablamos de Yurio, conseguirá otra pretexto para hostigarme. »
No sonaba nada esperanzador que alguien de veintitrés años, tuviese temor de un adolescentes llenos de hormonas, alfa y gruñon. ¡Por lo mas sagrado! Era un adulto, debía de tener el poder de lidiar con situaciones de niños berrinchudos, pero no, solo se mantenía alejado al no saber que exactamente decirle. Antes les unía la misma pasión, el patinaje y ser entrenados por “esa persona”, en el presente esos dos datos se esfumaron ya no amarrandolos nada. Sin embargo allí lo tenía, separandolos una delgada pared, con pensamientos contradictorios y preguntas sin respuestas. Una vez mas, se preguntaba que haría él de encontrarse aquí, seguramente intentaría burlarse de su cambio repentino de humor, seguidamente de su manera de hacer las cosas y…
« Querría comer los tres muchos tazones de cerdo, insistiendo en ser lo mas delicioso del mundo. »
Demonios, esto era demaciado triste, porque nada de eso obviamente pasaría y le inducia nada mas al llanto. De hecho, un nudo se incrusto en su garganta luchando con ser liberado, seguramente le daría paso al llanto y una vez hacerlo, no existiría nada en poder frenarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su pecho se oprimio igual a una pasa, el dolor combinado con el frío de la noche tocaron su piel herizandola. De llorar nadie lo vería, es bueno porque odia ser visto tan débil o vulnerable, que sea omega no le da el derecho de ser considerado lo peor de la escala racial.
Entonces, antes de derramar la primera lágrima de sus ojos, el sonido de alguien tocando su puerta le hizo reaccionar. ¿Quien podría ser a estar alturas de la noche? Todo el mundo debería estar dormido o en proceso de serlo, tener visitas nocturnas jamas han sido lo suyo, menos encontrándose en Yu-topia.
— ¡¿Acaso pretendes hacerte el difícil?! — la voz del Yanke ruso le provoco un respingo del susto, obligandolo a secar sus lágrimas rápidamente. — ¡Abre la jodida puerta maldición!
Y efectivamente se encontraba allí, vistiendo únicamente la yukata del osen, teniendo su expresión de malas pulgas junto con ese brillo raro en la mirada.
— ¿Qué? ¿Tengo monos en la cara? — ha… ese tono pedante al hablar, al menos le hacia sentir que sin dudas este es el Yurio de siempre. Gruñon y altanero. — Haste a un lado y dejame pasar.
Este niño no conocía los buenos modales, menos el pedir permiso antes de entrar a una habitación ajena, simplemente tomaba la decisión en sus manos y lo apartaba de un golpe para hacerse paso. Yuuri quedo estático en la entrada de la habitación, viendo como el rubio curiosea las cosas del sitio sin tomar nada, simplemente recaudando información.
Soltando un suspiro cansado, cierra la puerta marcando sus pasos hacia su cama, donde toma asiento y enfrenta al chiquillo. Cosa que no tiene otro remedio por hacer. Este sujeta la silla de la mesa de computador, girandola y sentandose de manera contraria, manteniendo el espaldar en su pecho.
— ¿Y bien…? ¿Qué necesitas Yurio? — exclamó lo mas serio posible, manteniendo la clara evidencia de ser él adulto y el otro un niño.
— Eres tan evidente Katsudon, seguramente antes de venir a verte pensabas en puras estupideces, sobre el pasado y… él. — Yuuri se asusto de la manera acertada de las palabras del otro, desviando la mirada al sentirse intimidado. — Oh, di en el blanco. ¿Cierto? Ibas a llorar y hundirte en tu propia miseria. Eres patético…
— ¿Has venido desde Rusia solo para fastidiarme con eso? — preguntó el omega, apretando sus puños con impotencia y dolor. — Si es así, pierdes tu tiempo yo…
— Ya te lo dije cerdo, mi visita no tiene nada que ver con aquel idiota. — puntualizo su argumento, mirandolo directamente a los ojos. — Solamente odio como sigues esperando que las cosas vuelvan hacer igual al pasado, donde ambos compartían todo y tu eras feliz con solo mirarlo. ¿Pero adivina una cosa? ¡Eso no volverá!
El Katsuki giro su rostro de pura impotencia, porque Yurio parecía la voz de su conciencia diciéndole la mas cruda realidad, el pasado no recobra vida y menos vuelve a ti. Este se sepulta, olvida y se mantiene en paginas amarrillentas de la historia de la vida. “Esa persona” igualmente no volvería, sabia que sus sentimientos lo abrumaron al punto de no tener idea de corresponderlo o ingnorarlos, para el japonés le sirvió mejor desaparecer y permanecer libre de su alcance. Después de todo, el obtuvo lo que deseo, aunque seguiria siendo insuficiente.
— ¿No me digas que herí tus sentimientos? Oh, disculpa, disculpa. — pronuncio con arrogancia, sonriendo de la misma forma y levantándose de su asiento. — Pero la verdad siempre dolera, asi que… ¡Reacciona de una vez!
Era tan frustrante cuando tenias a la persona que amas de esta manera entre tus manos, frágil, vulnerable y destruido. Porque Yurio a lo largo de esta temporada había logrado conocer un Katsuki Yuuri valeroso, fuerte y capaz de desafiar a toda Rusia al robarle su mayor orgullo, de igual manera, se atrevió a darle la pelea y salir victorioso. Debido a ello, le daba mucho coraje que por un simple hombre toda esa imagen se decallera, abandora la carrera del patinaje y se hechara a morir. No. ¡En la vida permitiría ocurrir algo así! Si ese hombre deseaba volver a competir, perfecto, pero no arrastraria al cerdo a la desgracia o olvido artístico. He allí su razón de visitarlo. Lo haría volver.
Cuando la noticia del regreso de la “leyenda viva del patinaje” volvía a las pistas llegó a sus oidos, inmediatamente pensó en el japones, aquel pupilo que mantenía ese idiota sujeto. Seguramente iba a estar emocionada al tenerlo en el mismo terreno, desde el inicio siempre deseo estar de igual a igual con él, aunque ser entrenado bajo su tutela le consiguió el título mayor esto seria aun mejor. Sin embargo, las cosas resultaron ser mas turbias a lo esperado. Katsuki Yuuri anunciaba su retiro del mundo del patinaje, desconociendo por completo el siguiente paso a seguir. Mas furioso que conmocionado, el rubio salio inmediatamente en busca de la única persona de poder responderle de sus dudas, y era ese peliplatiado despistado. Nuevamente su sorpresa fue masiva, porque ese idiota aparentaba mas normalidad de lo convencional, agregándole el desviar el tema del katsudon con las misma sonrisas cegadoras.
Raro, muy raro, cosa que molesto hasta los huesos a Yuri, llevándolo a mandar al demonio al mayor y recoger sus cosas para visitar el cerdito. Una parte de él lo emocionaba, ya no habiendo mas “esa persona” en medio de ellos, tendría mas libertad para interactuar con el ojos caoba y hacerle ver la realidad. Mas que todo, demostrarle ser un hombre y no un niño. Aunque claro, nadie le advirtió el encontrarse ni la sombra de lo que antes fue.
Apretó mas el agarre en los hombros del mayor, mordiendo inclusive sus labios ante la situación, él no parecía querer ceder y ni siquiera mostraba una mueca de este tratando con un niño. Simplemente se quedo tan quieto como una momia, la rabia consumía los sentidos de Yurio, odiando libremente a “esa persona” por convertir al inocente cerdito en un zombie.
— ¿Se te hace tan importante él? — pronunció con un tono de voz tan bajo y calculador, que no pudo evitar sonar a un alfa reclamando lo suyo. — ¿Es así? Con solo hacerte a un lado ya te ha convertido en este ser que ya ni humanos es, sinceramente, no poseo definición de lo que eres.
— Yurio… eso no es asi… él no…
Pero no lo dejó continuar, el descontrol de Yurio llevo a arrojar al japones sobre la cama, posicionarse encima suyo y mirarlo desde arriba con ojos inyectados en sangre. El otro sabia muy bien las señales de este ataque, igualmente por haberlas vivido anteriormente, aunque ellas ocurrían al estar en pleno celo pero ahora… no sucedía nada de eso. Sin saberlo, el omega tuvo miedo del alfa frente suyo, haciéndolo temblar hasta los huesos.
— Y… Yurio, quitate de mi… esto no es gracioso… — musito asustado, acumulando lágrimas en sus párpados y evitando mirar al rubio del miedo. — V… Vamos… ¡Quitate por favor!
— ¿En verdad piensas que estoy jugando? — pronuncio indignado, casi insultado. Porque su yo alfa jamas ha sido tratado de esa manera, por nadie, solo este cerdito. — Deja por un segundo en pensar que soy un niño y mirame por quien realmente soy, un alfa. ¿Te cuentas mucho?
— Yu… Yurio… — exclamó con voz cortada, colocando una de sus manos en el pecho firme del otro trantando de apartarlo fuera de él sin fuerza alguna, pues era imposible. Menor o mayor, seguía siendo un alfa. — por favor… apartate, pesas… pesas mucho y me estas asustado. ¿Qué te ocurre? ¡No eres quien reaccionaria de esta forma!
— He… aun desconoces muchas cosas sobre mi katsudon. — soltó una risita divertida, acercando su rostro al del contrario que luchaba por liberarse del menor. Pero solo logro activar mas el alfa dormido dentro suyo. — por estar tan pendiente de aquel idiota has perdido de verme, pero te lo demostrare.
Tentado de decirle algo los labios del contrario estuvieron sobre los suyos en un beso apresurado, el miedo se apodero del cuerpo entero del Katsuki, moviendolo hacia todos los lados y llevando sus manos al hombro del Plisesky para ser liberado. Este solo puso su peso mas en el contrario, atrapando sus manos e imposibilitando todo movimiento, su mente se hallaba en éxtasis al por fin esta degustando tan delicado sabor. Besar al cerdito iba mas allá a querer probar el katsudon, o quizás comerlo, porque todo en el sabia a gloria, invierno a la par de la sensación mas calmada y menos turbia. Aunque este mostrase signos de querer apartarlo de él, no podría frenar con este ardor consumiendo su alma, un amor no correspondido y en vías del fracaso.
¡Pero no mas! Viktor decidió abandonarlo, anunciando su oportunidad de cosquistarlo bajo sus propias leyes, de marcarlo como su propiedad. Extasiado de sus descabellados pensamientos, el Yuri ruso se separo de los labios del otro para admirarlo un segundo, nuevamente tenia una expresión llorosa y temerosa, sus mejillas pintadas de color carmesí sin dejar de lado esos labios hinchados de tanto ser besados.
— Yurio… por… por favor, no sigas… — le pidió quebrado, llorando por lo bajo.
En lugar de frenar su acto criminal, insentivo a ir mas allá de un beso, porque esta criatura no merecia ser poseída por un idiota alfa que esta lejos. Además, Yuuri se notaba libre y sin marca, una oportunidad única en un millón. Su instinto le dictaba poseerlo, dejar el nombre grabado en esa piel y así jamas alguien mas se atrevería tocarlo, de solo imaginarselo se extremecia en dicha.
— Yuuri, apartir de ahora no te debes preocupar por nada mas. — colocó sus manos en el rostro del japones, secando sus lágrimas, en tanto sonreía. — porque te cuidare, ya veraz… ni el mismo Vitkor podrá acercarse aunque quisiera volver. Yo… te hare sentir bien.
Sin esfuerzo alguno giro su cabeza aun lado, mostrando un particular sitio donde todo alfa marcaba a un omega. Entonces Yuuri lloro mas fuerte, suplico y patalio sin pensarlo, aquel Yanke ruso tenia en mente hacer una completa estupidez gracias a sus sentido del juicio errado. Pero no, no podía permitirserlo, ser marcado por un alfa significaba perder para siempre una parte de el siendo omega, y no se trataba de la libertad, sino otra cosa. Aunque pusiera mucho imposición hacerlo, Yurio era mas fuerte a él, cosa loca porque alguien con esa contextura seria fácilmente levantado por un omega.
El japones reprimió un quejido al sentir la lengua del rubio en esa parte, tan húmeda y latente, la sensación de asco lo inundó por completo porque este no era en nada parecido a cuando imagino este acto. Se supone que esto para un omega sumamente importante, igual o mas a cuando tienes sexo con alguien, porque este significa el pertenercerle en todos los sentidos a esa persona especial y demostrarlo ante una marca. En pocas palabras, es un matrimonio espiritual.
Sollozo mas fuerte al sentir la otra lamida, mas demandante y húmeda, transmitiendo fuertemente los sentimientos del dueño de esta. Entonces, Yuuri dejo de luchar, simplemente se resigno al poder de un alfa adolescente, pensando únicamente en la persona con la que hace unas semanas se separo. Si, a su persona especial en este mundo, que aunque no le correspondiera, seguía tan clavado a su corazón como un puñal. Planteo en un tal vez diciéndole la verdad de su naturaleza, nada de esto estuviera ocurriendo, porque tendría la marca personal de él y…
— Vi… Viktor… Vitkor… — pronuncio su nombre sin pensarlo, olvidando que se autoimpuso el jamas hacerlo.
Yurio freno sus movimientos de golpe, sintiendo el balde de agua congelada sobre él, peor a caerse en el hielo en una de las máximas presentaciones del patinaje artístico. Eso dolia, lastimaba su sentimientos puros de amor hacia el japones, porque mas allá de su sentido de monopolisar a este, quería fuertemente ser correspondido.
« Pero… ¿qué lo es lo que estoy haciendo? »
Lentamente tomo distancia del ojos caoba, sentandose en su regazo, quedándose simplemente observandolo como lloraba sin consuelo aclamando a un hombre que lo abandono sin piedad. Era un estúpido, si, un idiota cabeza de chorlito, sin lugar de dudas, pero detrás de todo eso quedaba la frágil imagen de un chico que ha sido golpeado tantas veces en la vida y sigue luchando por seguir respirando.
— ¿Te soy insuficiente? — escapo de sus labios dicha frase, obligando al ojos caoba a mirarlo con dudas en su rostro. — Ante él… ¿lo soy?
— Yurio… eso… eso no es así… — respondió entre cortado, tratando de mirarlo desde su posición — solo… solo que…
— Si… te soy, porque después de todo solo… solo te parezco un mocoso impertinente — dijo soltando una risita amarga, llena de dolor y tristeza. — ¿no es así?
Yurio se quito de en sima del japones, quien aun teniendo el miedo dentro de su cuerpo no podía emitir la verdad dentro de su corazón sobre Yurio, en algo tenía razón, solamente era un niño. Sin embargo, sentir ser fastidioso o impertinente jamas, cuando estuvieron compartiendo en esta temporada descubrió facetas en el niño que jamas llego a imaginar, sobre todo cuando lo salvo de un alfa en un hotel de Moscú. ¿Acaso no le debía una? Agregándole a eso, su encanto dentro de la pista de hielo le dictaminaba ser un alfa diferente de otros, con su apariencia dictaminaba ser un omega, pero no, marco la diferencia y seguirá haciéndolo con él o sin él.
— ¡Maldición deja de llorar! — grito inesperadamente, asustandolo. — Me desesperas cuando lo haces, solo… disculpame. No lo volveré hacer, ¿si? Asi que, calmate.
Oh, si, su lado amable se presentaba en conjunto al gruñon, porque su naturaleza le impedía mostrarse con claridad ante los demás y eso a Yuuri le parecía increíble, por no decir adorable.
— ¡Rayos! — chasquio la lengua, al verlo acurrucado y abrazandose asi mismo mientras seguía llorando. — Ven aqui y calla tus chillidos de cerdito.
El Yanke ruso se acerco nuevamente al japones abrazandolo con fuerza, brindandole todo su calor y afecto posible, queriendo al menos enmendar su error. En esos brazos tan delgados pero fuertes, Yuuri sintio nuevamente la gracia de contar con alguien y no estar solo, porque con esa fragancia invernal ligada a la canela, le dictamina que de caer pronto extenderían una mano para levantarse.
— Yurio… lo siento… lo siento… en verdad… lo siento… — sollozo enterrando su cara en el hombro del menor, liberando sus penas.
— Dije que te callaras, no deseo escuchar mas tus chillidos. Cerdo. — lo regaño apretandolo mas contra su cuerpo, evaporando cada particula de olor se su piel y guardandolo en su memoria. — Que te disculpes, solo hace empeorar las cosas.
Esa noche por primera vez en mucho tiempo pudo dormir tranquilo, sin ningún sueño aterrador o recuerdo doloroso, en su lugar se vio caminando en una playa solitaria de la mano de alguien con mucha luz, era pequeña y tenia una risa risueña contagiosa. El sol quemaba su piel, la briza jugaba con su cabello al igual que de su pequeño acompañante, esta le invitaba a correr detrás suyo y perderse juntos en el firmamento. Seguidamente, era llamada por alguien conocido, una voz totalmente encantadora y prodigiosa, que llenaba su corazón inyectandolo de verano. Si. Aquella fuerza suprema de sol y olas poderosas desembocando en la orilla, provocandole cosquillas en al piel debido a la espuma. Yuuri no pudo evitar soltar una risita divertido, porque la pequeña criatura dejando sus mínimas huellas en la arena, dejo todo atrás para correr al encuentro de la voz veraniega. El dueño de dicha voz, la cogió entre sus brazos alzandola, bajo su cuidado parecía mas diminuta a lo que ya era, pero a la vez, adorable e poseedora de una incomparable belleza. Por un minuto captó sus ojos, eran azules, tan azules como el mismo cielo despejado, igual a las aguas del Caribe y atrayente.
Cuando lo llamo todo su cuerpo se paralizó, parecido a ser atrapado por la autentica verdad de los tiempos, que la vida sigue y las despedidas forman parte de esta. Entonces rápidamente, despertó. El sonido de los pajarillos sonando afuera de su ventana le llegaron, seguidamente del sol ocupando sus retinas, aunque eso no era lo abrumador porque no estaba solo en la cama. Tenia alguien a su lado. Olvidando los rastros del sueño de hace unos momentos, miro consternado la imagen del Yanke ruso durmiendo despreocupado a su lado, mas bien, la palabra seria vulnerable. Sus cabellos rubios caían delicadamente encima de la almuhada, tenia los labios entre abiertos emitiendo un suave ronquido y mantenía su cuerpo muy acurrucado al suyo. Imágenes de lo ocurrido la noche anterior ocuparon su mente, haciéndolo sonrojar hasta las orejas, mas que enojo era vergüenza, porque nunca antes estuvo tan cerca de ser marcado por algún alfa. Salvo… este gatito gruñon.
Tuvo miedo, no lo niega, sus músculos en un momento de tal acto se congelaron ante el peligro, bien sabe que la fuerza de un alfa jamas tendrá comparación al de un omega. No obstante, Yurio le demostro una faceta totalmente nueva y bestial, reclamando su naturaleza ante la escala de los humanos. Por suerte, nada paso a mayores y logro controlarse.
Se acomodo como pudo dándole la cara al rubio, en verdad era tan adorable durmiendo haciéndole nacer dentro de si una clase se sensación nueva, sin poder describirla pero de alguna manera, deseaba estrecharlo en sus brazos y jamas dejarlo. Esto no se trataba de algo romántico, nada que ver, él mismo decidió enterrar ese asunto en lo mas profundo de su ser, aunque pudo decir aquel nombre prohibido la noche pasada, su corazón lo encerró en un baúl con muchos cerrojos custodiandolo. Sentía mal por Yurio, pero no podía corresponderle sus sentimientos, al menos en esa manera, porque le ofrecía su cariño y amistad.
Suspirando mas descansando al haber llorado la noche anterior, agradeció en silencio al Yanke ruso de su visita y preocupación en su persona. De ahora en adelante prometia levantarse, no lamentarse por leche derramada y vivir para él, en lugar de alguien mas. Levantó su mano acariciando la frente del rubio, su piel era tan suave al tacto igual al pétalo de una rosa, viéndolo de esta manera no era mas que un niño, cosa en ser, pero sin fruncir el ceño a cada momento.
« Se lo mucho en molestarle que le digan chiquillo pero… eso eres, Yuri. »
Rio de la ocurrencia de su mente, pensando que de ser descubierto por el vándalo sería cerdito al horno, cosa bastante escalofriante. Lo mejor seria levantarse e ir a desayunar, hoy comenzaría los preparativos para dar clases en el Ice Castel, esta visita le dictaminaba el hacerlo y continuar con su vida. Luego, mandaría un mensaje a Phichit y la propuesta de ir a Tailandia, la aceptaría igualmente, porque en la vida solo se vive una vez.
Entonces, ocurrió, aquel malestar que experimento en la fiesta de su regreso resurgió de las sombras golpeandolo, derribandolo en un instante. De pronto sus entrañas se contrageron, la bilis subió por su tubo digestivo igual al magma de un volcán, esperando a ser erupción. En pocas palabras, quería vomitar.
Corriendo antes de derramar jugos gástricos en el suelo, paso por encima de un Yurio dormido que al ver la conmoción despertó de golpe asustando, creyendo ser un terremoto de altas magnitudes cuando solo era el katsudon apresurado por algo.
— ¿Ah? ¡¿Qué demonios te ocurre?! — grito malhumorado el niño viendo desaparecer el japones por el corredor.
Yurio decidió levantarse de la pequeña cama, después de todo, seria imposible volver a dormir al ser despertado de esa manera. Sabia de los comportamientos extraños del cerdito, pero en ellos no venia este esabructo a despertar a uno de sus invitados, y eso que dicen de los japoneses ser sumamente educados. Dandose unos cuantos masajes a su cuello, decidió seguir al ojos caoba a donde quisiera que fue, aunque por su estela de hembra no seria tan difícil y… el grito de una mujer tambien.
Mari, la hermana mayor del katsudon esta gritando a viva voz lo asqueroso de dejar la puerta del baño abierta, mas cuando se encontraba vomitando. La mente del rubio dio un corto circuito ante esa última frase, olvidando hasta saludar a la mujer y correr de inmediato al encuentro del otro, topandose con una imagen deplorable del ex-patinador vaciando su estomago al escusado. De tratarse otra persona le daría asco y se burlaria de él, pero hoy en día en sus planes no estaba hacerlo, mas bien rodaba otra cosa.
— Hey cerdo, ¿te excediste con el katsudon anoche? — musito serio al entrar al baño, arrodiñandose a su lado y apoyando su mano en la espalda del otro, dándole suaves palmaditas. — Vale, vale lo he pillado. No puedes contestar en estos momentos.
En sus labios se dibujo una sonrisa divertida, esto parecía a tratar con una persona luego de beber toda la noche, agregándole que ver al Katsuki tan vulnerable y dependiente de alguien se le hacia adorable. Por primera vez no necesita de “esa persona”, sino él, únicamente él. Eso orgullesio al alfa dormido dentro suyo, quien se mantenía sentado en un sillón y alzaba una copa en señal de victoria.
Yuuri quien creyó estar muriendose por dentro, miro con ojos de compasión al rubio, pidiéndole quizás algo en tanto seguía desprendiendo jugos gástricos en su boca.
— Yu… Yurio… yo… — una oleada golpeo su estomago nuevamente, desviando su cara se centro en vomitar, dejando al rubio con una mueca incredula en el rostro.
— Ya, ya, trata de vaciarlo todo y luego me cuentas. ¿Si? — siguió con su trabajo de sobarle la espalda con cariño.
Francamente, ¿cuantos tazones de katsudon se comió este gloton? Porque podría ser una ración infinita al sacarla de esa manera, casi y parecía que estuviera en estado…
« ¿Pero qué mierda estoy pensando? Este cerdo es mas virgen que el aceite de oliva, mas que un monasterio o convento, mas que el mismo pronombre, mas que… »
No siguió con sus pensamientos degradantes al omega, en lugar de eso, quedo congelado igual a un cubo de hielo. En todo este tiempo viajando en competencias junto a “esa persona”, supuestamente jamas se dio cuenta de su condición, mas sin embargo, no quiso decir ir mas a un simple apretón de manos o beso. Es decir, ambos eran tan dependiente el uno del otro, unidos seria la palabra idónea, que cualquiera maliterpretaria su relación. Sino fuese por estar a su alrededor unas cuantas ocasiones, tambien hubiese caído en ese juego.
Pero y si… y si Viktor fue capaz, no lo sabia, pasarce de copas, sacar al fin sus deseos a flotes por el katsudon, el mismo katsudon dejándose llevar. Todo mezclandose dentro de si y explotando a la máxima expresión, en los ojos de ese idiota se notaba su gran amor por el ruso, ser capaz de cumplir cualquier capricho impuesto por él. No es que Viktor fuese del tipo arbitrario, pero aceptar un no en respuesta se le ha hecho difícil, menos tratándose de alguien de llamar su atención. Quizás el peliplata desde un inicio se enamoro del japones, pero su incapacidad de creerse las cosas de esa índole le nublaba la vista, el juicio siendo mas preciso, llevándolo a destruir un hermoso vinculo de la forma mas desastrosa posible. Bueno, tenia varios ejemplos en el pasado, nombrarlos sería una pérdida de tiempo y este, es dinero.
Sea como sea, no podía ser remotamente posible encontrarse en estado el Katsuki, la última vez en verse ese par seguramente fue luego del GPF, evento realizado hace un mes atrás. De ser así, seguramente ya habría manifiesto de malestares generales, crecimiento del vientre y… desaparicón del celo. Un escalofríos se apodero de su cuerpo, haciéndolo temblar de la conmoción, no es que tuviera especialmente controlando los días fértiles del cerdo, pero… si sus cuentas no le fallaban, para estos días él debería de estar padeciendolo y encerrandose en su cuarto evitando ser centro de alfas desagradables. Al no encontrarse “esa persona” a su lado, su riesgo de ser atacado era elevado, pero al no estar ninguno de esos dos detalles era inquietante.
Finalmente Yuuri freno de vomitar, soltando un suspiro de alivio y bajando la palanca. Giro medio sonriendo hacia el rubio Yanke, quien al tener una expresión desconcertada en el rostro, se la contagio y paralizó al completo.
— ¿Yurio que…?
 Yuuri — lo llamo por su nombre, no su mote “cariñoso”, señal de estar siendo totalmente serio. — se que no debo meterme en problemas ajenos, menos en tu vida privada pero. ¿Hasta donde llego tu relación con Viktor?
— ¿Qué? — Trago con dificultad saliva, mitad por escuchar ese nombre de nuevo y la otra por la directa de la pregunta. ¿A donde quería llegar el rubio? — ¿Qué estas tratando de decirme? Sa… sabemos mejor a nadie sobre ser solo pupilo y entrandor. Nada mas.
— ¿Por qué no creo nada de ello? — lo miro ceñudo, comenzando a enojarse — no soy un idiota, menos nací ayer. Asi que dime la verdad, di qué rayos paso entre ustedes dos.
— ¿Como podría afectar eso en el ahora? — sudo frío ante la expresión enojada del niño.
— Digamos que ambos sabemos como se hacen los niños, ¿cierto? Y tu probablemente estes esperando uno. — soltó todo tan rápido que le costo poco amortiguar el golpe, dejando al japones estático. — ¿Qué? A estas alturas me negaras el poseer conocimientos de saberlo.
— N… no es eso, sino que tu… tu… — se levanto del suelo rápidamente, pasando su mano en el cuello y sintiendo que todo a su alrededor daba vueltas. — Yurio, eso es lo mas loco que has dicho en todo este tiempo de llevar conociendonos. ¿Un niño? ¿Y de quien? Soy…
— ¿Pretendes seguir con la farsa? — hablo indignado, imitando los movimientos del mayor. Acercándose y sujetando la mano que se situo en su cuello, aquel tacto era frío igual a las paredes de rodearlos. — Por primera vez en tu vida se valiente, admite que te acostaste con aquel idiota y ni siquiera te cuidaste, admite igualmente el no pasar por tu cabeza hacerlo o decirle. Yuuri, ya no eres un chiquillo, se valiente y… dime la verdad.
El Katsuki jamas vio a ruso tan serio y maduro como ahora, sus ojos verdes relampagueaban de anciedad, de hambre de verdad, aquel agarre de su mano frío se volvió mas demandante como si con ello, tuviese en definitiva la respuesta. Sin embargo, abrir el baúl de los recuerdos en el japones le asentaba mal, ni hablar de una posible situación peliaguda involucrando a un ser inocente. No, es imposible, podría quizás admitir tener la despedida mas dramática con “esa persona”, pero no estar en estado, no, eso jamas. Tener malas experiencias en la vida forma parte de su cotidianidad, pero quedar en estado siendo la primera vez de acostarse con alguien era demaciado, hasta solo pensarlo resulta gracioso.
— Veas por donde lo veas es ridículo, Yurio. — rio con amargura el japones, deshaciendo el agarre del menor. — supongamos hipoteticamente el haber hecho eso, de estar en estado resulta… una en un millón. Difícil y rara de suceder.
— ¿Y como estas tan seguro? — miro con cautela la figura del ojos caoba acercándose al lava manos y restregar su boca con agua, liberandose del sabor amargo de su lengua. — siguiendo con tu caso “hipotético”, claramente, creer eso es tan abrumador que debes de tener prueba o algo parecido.
¿Pruebas? No, nada de eso, solamente conocer su propio cuerpo mas a alguien mas, de estar esperando un bebé sentiría los estragos de inmediato. ¿Qué hay de los síntomas? Los mareos, la fatiga, la ganas de comer demaciado… eso último siempre lo ha padecido, por lo tanto no marca la diferencia. Tal vez tenia los vómitos, pero las otras aun no se han manisfestado. Dando como conclusión, encontrarse perfectamente.
Cerro el grifo del agua, secando con la palma de la mano su boca y girando a mirar al Yanke ruso, este aun esperaba la respuesta del otro.
— Yurio, comprendo que estes preocupado por mi, pero no estoy esperando un bebé y las pruebas, son innecesarias. — culmino confiado.
Paso por un lado del chico dejándolo atrás con una expresión frustrada, en cierta manera lo consideraba gracioso, el encontrándose en estado. ¿Qué vendría después? ¿Las vacas volando? ¿Los cerdos…? Entonces freno el tren de sus pensamientos, todo a su alrededor comenzó a temblar, a girar con fuerza y sacudiendolo a él en el proceso. Yuuri escucho unos pitidos en sus oídos asustandolo, nuevamente las nauseas se apoderaron de su estomago, pero en esta ocasión solo sentía asco nada mas. Sin embargo, la sensación de mareo no abandonaba su cuerpo, era la tal magnitud del malestar que se vio obligado a arrodillarse en el suelo esperando poder recuperarse. Yurio aun estando en el baño, giro en el sentido del otro chico llamado igual encontrandolo arrodillado al suelo, despertando su susto, corrió rápidamente para socorrerlo.
— ¡Oye Katsudon! ¿Qué ocurre? — alzo su voz algo neurótico, tratando de sostenerlo con fuerz percibiendo el pálido de su tez antes con color. — ¡Risiste! Llamare a alguien…
— Yurio, yo no… yo no puedo… — logró musitar débil, mordiendo levemente sus labios — yo… estuve con “él”. Lo siento… en verdad… lo siento…
— Tsk — chasquio su lengua con fastidio, guardando dentro de si los estragos causados con tal confesión. — ya te lo he dicho, no te disculpes, cuando lo haces pareces estar sepultando a alguien y yo aun estoy vivo.
« Y a tu lado » pensó el rubio al lograr alzar al japones, mucho mas alto que él, a su espalda y llevarlo a su cuarto esperando poder hacer algo después.
Rápidamente el ruso llamo a la hermana mayor del ojos caoba, quien enterarse de la situación de su hermano, fue a buscar a sus padres para llamar a un medico. Esto no había sido la primera vez de manifestar malestar estomacal, la primera vez ocurrió hace unas semanas en la fiesta de bienvenida, todos pensaron que se debía a su glotoneria sin sentido. Pero tal vez, se trataba de otra cosa. Yurio se ofreció para cuidar del mayor hasta que llegara el doctor, este descansaba tranquilo sobre su cama. El ruso no pudo evitar sentir mas rabia de lo ocurrido, apretó sus manos con impotencia esperando poder controlar su mal genio.
De encontrarse Yuuri en estado iría a Rusia y acabaría con sus propias manos a cierto idiota olvidadizo, la verdad, no tenia idea de lo ocurrido con esos dos menos de la intensidad se sus sentientos. Solamente tenia el dato de haber tenido sexo, convirtiéndose así, el posible estrago en la situación. Le causaba rabia, impotencia y odio, el Katsudon se entrego a un alfa despreocupado y con la sutileza de una piedra en el zapato. Quizás lo juzgaría mal, pero ese solamente quería a alguien en la vida: si mismo. De lo contrario ¿para qué volver a patinar una vez retirado? No tenia sentido, el mismo Yakov lo dijo, aunque con un par de insentivos termino por aceptarlo. Pero Yurio no, él jamas lo haría, menos cuando posiblemente este por convertirse en padre.
Sacudiendo sus cabellos con desgano, deslizando su espalda por la pared hasta quedar sentado en el suelo, quedo mirando a la nada en particular aguantando todos sus demonios. Vino con la finalidad de convencer al japones de volver a las pistas de patinaje, encontrándose con la realidad de que quizás este vaya a convertirse en madre y no precisamente por su causa, mas bien, gracias a “esa persona”. Siendo sincero, no tenia la remota idea de que hacer ahora en adelante, seguía manteniendo su amor por el Katsudon intacto, sin importarle sus edades, porque podría tener solo quince años casi tocando los dieciséis, pero su cariño era puro y verdadero. El problema recidia en ser inlegal cualquier relación con alguien mayor, independiente de ser alfa u omega, las cosas eran así.
— ¿Yurio? — la voz suave y conocida, llego a sus oidos obligandolo a regresar a la realidad. Era Yuko. — ¿Qué haces aquí sentado? Parece incomodo.
— Oh… eres tu. — simplemente le dijo, provocando un risita en la mujer — ¿Ya ha llegado el medico? Seguramente te enteraste de la condición del cerdo.
— Si, Mari-nesan me llamo para contarme. — lo imito sentandose junto al rubio, mirando a donde se encontraba su amigo durmiendo. — La verdad, estuve sorprendida cuando me lo conto, aunque de alguna manera… era predecible.
— ¿A qué te refieres? — pregunto confundido.
— Yuuri-kun… parecía estar escondiendo algo desesperadamente de mi, error, de todos y sufría por ello. — soltó un suspiro sosteniendo sus piernas, mirando al suelo afligida. — No tengo idea de que nivel llego su relación con Viktor, tampoco pude preguntarlo, pero… estoy casi segura que fue mas halla de “alumno” y “entrenador”
Asi que, para Yuko tampoco era un misterio, al ser la mejor amiga del cerdo tuvo igualmente sus sospechas. Tal vez desde la llegada de él, miro antes que nadie esta escena vivida en estos instantes. Resultaba inquietante pero curioso.
— Tienes razón. — confirmo al fin, produciendo un sonido de exclamación en la mujer — Hubo algo diferente de la imagen que deseaban transmitir, el mismo me lo confirmo antes de colapsar.
— ¡Eso quiere decir que Yuuri-kun…!
— Si esta o no esperando un bebé no lo se, puede que su colapso sea el producto de un estrés acumulado. — detuvo las deducciones apresuradas de la castaña, mintiendose a si mismo para no salir dañado. — Lo conoces mas que yo, ese idiota se preocupa por todo excediendose al máximo, algún día se vería su debilidad.
— Si… es propio de Yuuri-kun — sonrio de medio lado incredula, recordando todos los momentos de exceso de él.
— Por eso, solo nos queda esperar a que lo revise un doctor.
Yuko se le quedo mirando perspicazmente a muchacho, desde la última vez de verlo se notaba un considerable cambio, no solo en su altura o cabello mas largo, sino existía algo en su aura se alfa adolescente un nivel de madurez increíble. Sonrio, cuando lo conoció, solamente vio a un adorable gatito gruñon capaz de perseguir a la “leyenda del patinaje” para conseguir un programa original, sin importarle competir con un omega y perder. Sin embargo, eso le sirvió como aprendizaje tanto artístico a lo emocional, porque aquel adorable monstruo cambiante adopto la forma de un hombre dispuesto a defender a su amigo. Cosa que a la mujer le encanto.
— Te gusta Yuuri-kun, ¿verdad? — dedujo la mujer riéndose con diversión.
— ¡Ha! ¡¿Como has llegado a tal conclusión?! — se levanto rápidamente del suelo conmocionado, sonrojado hasta las orejas y tratando de ocultarlo. — Eso… eso… ¡Es ridículo! ¿Yo y el Katsudon? ¡Vaya broma!
— No lo creo ridículo, de hecho, es lindo. — siguió con su mueca divertida, igualmente colocándose de pie — Además, Yurio-kun no vendría desde Rusia sin tener algún beneficio. ¿Acaso me equivoco?
— Vine por… Vine por…
Estaba perdido, esta mujer no era alguien a aquien puedas espantar con su mal humor, pues su perspicacia asustaba hasta el mas confiado. Por lo tanto, luchar esconder sus sentimientos de los ojos de ella, era imposible, como luchar contra la marea.
— De todas formas, de gustarme — bajo sus hombros, aparentando alguien totalmente a lo manifestado hace unos momentos. — no tengo oportunidad alguna, él aun piensa en mi como un niño y tu igual. ¿No es así?
— Te equivocas — la frase de Yuko asombro al ruso, dejándolo estático — el chico que tengo adelante, no es un niño, ha dejado de serlo para convertirse en algo mucho mas madura y hermoso. Pienso que Yuuri-kun esta de acuerdo conmigo, sobre tu evidente cambio. Y si, ante la ley sigues siendo solo un niño pero dentro de ti aquí — señalo a su pecho con seriedad — diste un enorme paso a la madurez.
— Solo lo dices para salir de paso… — murmuro por lo bajo, desviando su mirada avergonzada.
— Estoy siendo bastante sería en esto, de hecho, estoy un poco calmada al tenerte aquí junto a Yuuri-kun.
— ¿Por qué? — la miro sorprendió, notando que evidentemente Yuko no jugaba.
— Se encuentra en buenas manos.
En seguida llego Mari junto a una persona mayor mujer se bata blanca, anunciando ser la doctora del pueblo, lista para atender al enfermo. Tomando las riendas del asunto, mando a desocupar la pequeña habitación y dejarlo a solas con el convaleciente.
Yurio no podrá olvidar jamas esos minutos esperando, caminando de un lado a otro, en tanto los padres de Yuuri se agarraba de las manos señalando a apoyo, la hermana mayor miraba de vez en cuando al pasillo y Yuko se encontraba en un rincón hablando por teléfono quizás con su esposo. La anciedad consumía cada parte de su cordura, dejando a los nervios apoderarse de todo, porque de no resultar embarazado el Katsudon, podría tener otra cosa y eso lo mataría. Sin embargo, de estar gestando un pequeño las cosas se pondrían claramente peliagudas, no por la familia del cerdo, sino mas bien en la otra parte de ser posible este milagro: “esa persona”.
¡Maldición! Odiaba que ese imbécil este a punto de convertirse en padre, de haber tocado cada centímetros de esa piel, de profanarlo y beber como insaciable cada particular de ese olor a miel. No se lo merecia, ni en mil años luz lo haría, porque Katsuki Yuuri es y sería, la mayor criatura bendita jamas creada. Siendo inalcanzable en su perspectiva, lo hacia mas deseable en su perspectiva.
Aun quedaba dudas en su mente respecto a lo ocurrido entre ellos dos, la incapacidad de Viktor de pronunciar palabra y la destrucción moral del japones, todo dejaba vacíos en esta historia. Quería saberlo, necesitaba hacerlo, no vino a Hasetsu solo para llevarse una enredadera en su cabeza, sino mentalizado en una victoria. Y la tendría.
Los pasos de alguien caminando desde el pasillo culminaron su espera, al mirar el rostro de la doctora supo que las cosas no serian como antes jamas, igualmente en llevarse esa victoria deseada había sido otro ruso, y no precisamente él. Quedándose en un rincón apartado de las imágenes de la familia Katsuki conversando entre ellos, sintio desde lo mas profundo de su ser quebrarse algo y provocar una hemorragia imparable, o mejor dicho, incurable. Viktor jodido Nikiforov hizo de las suyas sin saberlo, teniendo la familia que posiblemente en la vida podía esperar, lo peor a todo, con la persona que él igualmente amaba.
— Solo tiene algunas semanas de gestación — explicaba la medico con calma absoluta, buscando en su bolsa algunas cosas para entregarsela a su madre. — el colpso y los vómitos es producto de ello, no es nada grave. Tanto la madre como el bebé, es tan en perfecto estado.
— ¿Alguna recomendación? — pronuncio Hiroko, apretando sus manos con susto.
— Mmm… descansar, tomar unas vitaminas prenatales y nada de patinaje. — río divertida al reconocer al muchacho, asustando a los presentes — Tranquilos, no dire nada, es mi paciente y los diagnósticos son confidenciales. Estará a salvo conmigo su secreto.
Un peso menos en sus hombros, con tantas cosas juntas iban a explotar de aquí al cielo. Por eso terminadas las explicaciones, Mari acompaño hasta la salida a la doctora mientras que Hiroko pedía una conversación a solas con su hijo, por la expresión en su rostro, no estaba del todo contenta de ser abuela tan temprano. El ruso soltó un bufido irónico, dejándose caer nuevamente al suelo, cansado, exhausto, sobre todo, derrotado. Si. Eso mismo, derrotado, por un ser que ni siquiera se encontraba presente. ¿Qué mas podría decir?
La noche pasada de no detenerse, podría haber abusado de una persona en estado, resultando ser patético y ruin, porque su necesidad de querer le nublo el juicio a niveles inimaginables. Por otra parte, odiaba solemnemente toda esta situación absurda, donde el perdedor debía de tragarse sus lágrimas y levantar el mentón orgulloso. Lo lamentaba por muchos, pero en estos momentos lo último en querer hacer seria eso. Ni siquiera su orgulloso alfa estaría dispuesto a tomar las riendas de esto, pues igualmente se encontraba herido y desolado, apuñalado con una arma inviseble en manos del omega que quería.
« Oh… hombre, esto es patético. Soy patético, sentado en un rincón solo, lamentandome por alguien que jamas me ha querido. »
Cierto, era todo cierto, llorar por ese cerdo maldito que le abrió las piernas al jodido de Viktor Nikiforov sin esfuerzo alguno, no merecia la pena. ¿Acaso jamas se tomo la molestia de verlo detenidamente? Él era un ganador, un triunfador y en las competencias era aclamado por millones de fans, seria pan comido encontrarse un omega o beta en cuestión de segundos. Solo bastaba tronar sus dedos y lloverian sobre él, sencillo como eficaz. Pero no quería, mas bien, no podía hacer tal cosa porque quien el deseaba tener estaba esperando un bebé de otro sujeto.
« Jodido, eso es lo que estoy, bien jodido. »
Lo reconocería en cualquier parte de ser necesario, encontrarse en un laberinto sin salida, donde se encontraba sus deseos mezclandose con el deber ser. Aun mas, la existencia de una criatura inocente de todo este rollo, porque el niño o niña en camino no tenia la culpa de los errores de sus padres, menos de tener por uno a un idiota decerebrado. De solo recordar su sonrisa idiota despreocupado, le venia a la mente toda clase de insultos jamas descubiertos, de seguramente enterarse de esto…
« Dejaría medio mundo botado solo para venir a verlo »
Tal vez deberia estar preparándose para ese encuentro, lleno de miel, chocolate y vainilla por todas partes. Resultando ser claramente asqueroso hasta la medula, nunca tuvo estomago para soportar ese tipo de escenas llenas de cursileria, menos las tendría ahora con “esa persona” y el katsudon. Una idea para evitar esa escena, sería ir preparando sus maletas, no quería estar en el instante de llegar ese idiota.
Levantándose del suelo, noto como la bailarina encargada de ayudarle a ganar en aquel entonces “Aguas termales sobre hielo” al Katsudon, cruzaba de largo hasta el pasillo de la habitación de él sin mirar a nadie mas. Seguramente acababa de enterarse de la noticia. No dándole mas preámbulos al asunto, el ruso emprendió igualmente la marcha al cuarto donde se estaba hospedando. En silencio recogió todas sus cosas pensando en su siguiente paso a seguir, obviamente regresaría a Rusia centrándose en la nueva temporada venidera, con el Katsuki fuera de las pistas seria pan comido ganar. Mas sin embargo, tratar de ganarle a un cinco veces campeón mundial no seria tarea fácil, mas no imposible.
— ¡¿En verdad piensas esconderselo?! — se escucho un enorme grito en el cuarto conjunto, casi derribandolo al piso — ¡Él es el padre de esa criatura! ¡Tiene derecho a saberlo!
Por el tono de voz autoritario, Yurio dedujo ser Minako regañando al cerdito. Aunque aguarden, las palabras que estaba diciendo no era para tomarselo a la ligera, retenian algo bastante fuerte y delicado. ¿Acaso el Katsudon pretendía esconderle a Viktor la existencia de ese pequeño?
— Minako-senpai por favor calmese, no puede alterarse tanto. — le pidió Hiroko con un poco de angustia en su voz.
— ¡Abre los ojos! — le exigió la mujer — ¿No ves la gravedad de la situación? ¡Tu hijo quiere ser padre soltero y no dices nada!
Silencio, se produjo un silencio inquietante donde los únicos sonidos escuchados eran los sonidos de su propio corazón, Yurio tomaba encuenta la forma inlegal de escuchar esa conversación. Pero no podía parar, necesitaba saciar su curiosidad de los planes del japones de ahora, era obvio el tener a la criatura, pero con respecto a involucrar a Viktor en esto, nada.
— No voy a mentir en estar de acuerdo con su decisión de no llamar a Vitchan para informarle esto, pero de igual manera tampoco puedo obligarlo hacerlo. — hizo una breve pausa, quizás hasta sonriendole a su hijo. — Por lo tanto, Minako-senpai, debemos reconocer que Yuuri ya no es un niño y debe tomar sus propias bajo su perspectiva.
Una vez mas otro silencio se produjo, aunque este fue breve, porque seguidamente un resplido de la bailarina dando por sentada el final de la conversación.
— ¡Bien! — exclamó en voz alta — ¡Hagan lo que quieran! Pero dejame dejarte algo claro Yuuri, él es tan padre de esa criatura como tu y me parece una fatal idea esconderselo, menos cuando en un futuro pueda preguntarte su ausencia.
El sonido de las pisadas sonaron fuertemente en el suelo, dando signos de desaparecer dicha mujer del cuarto del cerdito, seguidamente la mamá de este le mando descansar, mientras seguiría a la bailarina para tratar de hablar con ella. Ya mandaría luego a Mari para traerle algo de comer, en todo la mañana no ha comido nada y debe de pensar alimentarse por dos, no solamente él. Así finalmente quedo Yuuri solo en su habitación.
La cabeza de Yurio era un nido de dudas sin ser resueltas, acababa de pasar justamente en el cuarto conjunto algo que superara sus expectativas de sorprenderlo, él quien venía dispuesto a marcharse de Japón sin dejar rastro o desaparecer. Ahora… ahora… no tenia idea de que hacer.
Llevando sus pasos fuera de la habitación, los guío hacia la fuente de sus dudas, el Katsudon embarazado que, aparentemente, quería dejar fuera de la paternidad el idiota mas idiota de todos. Francamente, el rubio no sabia si estar feliz o triste por el cachorro que estaba por venir, es decir, tener un padre como ese haría a cualquiera querer huir.
Al ver el rostro lloroso de Yuuri, el Yanke ruso olvido su estado de shock y fruncio su ceño, allí estaba nuevamente aquella expresión de tristeza, diciéndole “nada me sale bien” o “soy tan desgraciado que debería tenerme lastima”. Por primera vez en la vida, reconoció estar en lo cierto aquella bailarina, “esa persona” no debía de quedar fuera de esto. ¡Necesitaba hacerse responsable del bebé!
— ¡Oh! Eres tu Yurio — pronuncio con sorpresa, buscando ocultar sus lágrimas sonriendo con falsedad. — ¿Qué haces vestido de esa manera? No me digas que planeabas irte sin avisar, vaya… eso suena tan tu… como cuando lo hiciste la última vez. Dejandonos todos sorprendidos.
— ¿Puedes dejar de sonreír? — pidió demandante, sorprendiendo al omega ante tal comportamiento — No hay nada gracioso en estos momentos.
— Si… tienes razón… no hay nada gracioso. Na… nada… — bajo su mirada, mordiendo los labios para no dejar salir sus sozollos. Pero era imposible, la tempestad se había desatado. — Tenias razón… mucha… mucha razón. Yurio, estoy… ¡Lo siento! Yo estoy…
Se cubrió el rostro no pudiendo pronunciar mas palabra, salvo frases inreconosibles y ruiditos de dolor contenido. En la vida no podía tener la peor suerte de todas, quedar en estado al acostarse por primera vez con un alfa, es decir, la probabilidades de salir impune de ello se encontraban a su favor. Pero no, demonios que no, la vida iba a darle una mala pasada para complicarse aun mas.
Ahora, ¿qué iba hacer? ¡¿qué demonios tenia que hacer?! Solo tenia veintitrés años, un camino por delante se abria ante sus ojos y muchos planes para recuperarse de esa despedida. No podía llamar a “esa persona” ni exigirle responsabilizarse, menos cuando prometió nunca volversele a cruzar en el camino, teniendo en cuenta su regreso a las pistas de hielo. Un hijo en estos instantes, serviría de estorbo en su carrera, menos viniendo de un omega insignificante como él. Podría tener su oro en el GPF, pero seguía siendo lo que era: un omega.
— Estoy de acuerdo con Minako, deberías llamarlo. Por lo menos para avisarle que serán padres. — la voz pausada de Yurio inundó sus sentidos, encontrandola diferente a la reacción esperada por él.
— ¡¿Como puedes siquiera sugerirlo?! — chillo el japones, sorprendiendo al rubio — ¡Le hice una promesa de no volver a buscarlo en la vida! ¡De que jamas me cruzaría en su camino! ¡¿Y me dices qué lo busque?! ¡No! ¡No puedo hacerlo! No cuando… cuando…
« Cuando mi deseo fue hacerlo mio y verlo de regreso en las pistas » pensó, no pudiendo sacar esas palabras fuera de su cabeza, decirle la verdad que tanto deseaba saber el ruso. Pero no, Yuuri sabia los sentimientos de este sobre su persona, dejarle conocer semejante revelación seria demaciado cruel. Seguramente debe tener demaciado con esto, el haberse entregado a “esa persona” y estar esperando un bebé de él. Agregarle otro peso a sus delgados hombros seria demaciado.
— ¿Cuando qué Yuuri? — preciono el joven, mirando con esos ojos verdes relampagueantes.
— Cuando no me corresponde a mis sentimientos. — cambio la frase rápidamente, apartando de su cara las lágrimas. — Además, esta a punto de volver a las pistas, este bebé solo seria un obstáculo a sus planes.
— ¡No vuelvas a decir algo asi de tu hijo! — grito acercándose rápidamente al japones y tomandolo de los hombros, asustandolo. — deja que ese idiota piense lo que desee del bebé, pero jamas tu, nunca tú. Él o ella solo te tendrá a ti.
Muchas veces en el pasado, cuando iba al jardín de infantes le decían cosas desagradables, con la finalidad de herir sus sentimientos. Como jamas encontrar una persona que lo quisiera, pues un desagradable gordo de su calibre, solo sembraría asco en la gente, inclusive, en los alfas. Entonces decidió ignorarlos, patiar esos argumentos sin sentido a un lado, con tal muchas veces su mamá le relato ser especial y por ende, alguien terminaría entendiendolo para quedarse a su lado. Al conocer a Yuko creyó en esa expresión, no solo era amable y cariñosa con él, igualmente comprendía cada uno de sus sentimientos también alagaba su forma de patinar. Por primera vez en la vida se sintio pertenecer a un sitio.
Entonces lo conocio a “él” por medio de una competencia de patinaje, tenia doce aun tan inexperto en todos los sentidos. Sin embargo, identifico rápidamente algo hermoso e inreal, deseando en lo mas profundo de su corazón patinar de la misma manera que “él”, conmocionada a las personas y producirle sensaciones. Por eso esforzó mas que nadie, olvidándose de la familia o amigos, incluido el amor, luchando hasta el cansancio para llegar a los mayores. Y lo logro.
Desgraciadamente dedicarle tiempo a algo significa descuidar otra cosa, dando por consiguiente la pérdida de su primera ilusión. Recordar la sonrisa radiante de Yuko al estar embarazada, le retracta el significado de sentirse pleno, completo, ni siquiera mencionar de la llegada de las trillisas a este mundo. Esa dicha o felicidad, el cansancio por el trabajo de traerlas a este mundo, pero la satisfacción de mirarlas por primera vez y tenerla en sus manos.
Desconoce el amor de una madre a sus hijos, desconoce tambien lo que estas pueden hacer por ellos, sobre todo, desconoce el amor que pueda tener por el suyo propio. Es decir, aun no digiere el tener uno en sus entrañas, aferrandose a él, luchando por sobrevivir y descubrir lo que se siente respirar desde afuera. Lo admite, la manera de concebirlo no fue precisamente la mas idónea, mas cuando la considero una despedida para su ser amado, aun así, esta semilla jamas tendrá la culpa de ello de querer vivir y obviamente él no sera capaz de robarle la oportunidad. Le da igual lo que vaya a decir la sociedad entera de él, le da igual las miradas de reproche por estar solo y en estado, le da igual tener a su sensei encontra de la decisión de contarle a “esa persona” sobre su existencia, porque es SU bebé y de nadie mas, solo suyo. Por lo tanto, tambien le da igual lo posible de pensar “esa persona” de esta cosita creciendo en su interior, para él jamas sera un estorbo, en lugar de ello, se convertirá en la luz de sus ojos la personificación de su amor y el motor para seguir adelante.
Sollozando al descubrir su error, lleva sus manos a su rostro, pidiendo en silencio perdón a la criatura sin nacer, prometiendo jamas volverlo hacer. Yurio a su lado suelta un suspiro de alivio, dando unos pasos y sujetandolo entre sus brazos para calmarlo, tal vez siga siendo solo un niño pero promete hacer todo lo que esta a su alcance para protegerlo a él y el bebé por venir.
— Tú tan solo llora, libera todas amarguras del cuerpo que yo te sostendre y no te dejare caer. —susurro el rubio, apoyando su mentón en la cabeza del otro mientras daba suaves caricias en la espalda. — Lo prometo.
El sonido de los patines sobre el hielo, la sensación de vacío en tu estómago cuando practicabas un salto cuádruple, el miedo de caer al suelo, los aplausos del público ante tu actuación y la ovación de pie. Todos los recuerdos remolinandose entre si, mezclandose para dejar al final un par de ojos azul cielo inmensos y calidós como la primavera, podrían parecerse al invierno pero todo de él emanaba calor. Como ese verano olvidado mientras corres por la playa, detrás de tus sueños imposibles sin posibilidad de hacerse realidad.
Todo eso y mas era la memoria de Viktor Nikiforov para Yuuri, tan lejos como el universo, sobre todo, tan egnimatico como la creación misma. Sin embargo, con la capacidad de producirle las memorias mas felices de su vida.
« Hay muchas cosas que me arrepiento de haber hecho, pero sin dudas, tu jamas estarás en ellas. Viktor… me alegro de haberte conocido »
Sin saberlo, le devolvió el abrazo al quinceañero con mas impetud esperando fundirse en esos brazos y no regresar jamas, o quizás, solo quería olvidarse el dolor de una persona que jamas fue suya. Ahora solo le quedo el dulce recuerdo de haberlo conocido, aquella semillita producto de esa noche lágrimas, despedidas y promesas.
Porque después de todo, nada fue dolor, le quedo algo bueno.
— Debes darme tu palabra… — entre chillidos y gemidos de dolor, Yuuri logro articular palabra — que no le díras nada a él de la existencia de este bebé. ¡Prometelo!
— Lo prometo, — respondió en seguida sin titubear, sonriendo de medio lado. — aquel idiota no se enterara de mi boca que le vas a dar un bebé. Este sera su castigo.
La idea francamente no le gustaba, pero estaría de acuerdo.
— Yurio… gracias… en verdad… muchas gracias… — aclamo aliviado, llorando mas ante esa dulce sensación. — Gracias…
— Al menos, ya no me pides perdon. — bufo irónico, aun abrazando con fuerza al cerdito. — Me quedo con esto.
Asi que de esa manera, a punto de llegar el verano en Hasetsu, la vida de Katsuki Yuuri había dado nuevamente un giro trascendental. ¿Lo bueno? Estaba listo para continuar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario