martes, 18 de septiembre de 2018

Look sky

IX
Los nervios de una persona pueden tener limite, o al menos, un medidor que te indique en el momento exacto de explotar de esa forma evitaría muchas incidencias. Esos eran los pensamientos de cierta omega de ojos amarillos que observaba con cautela entrenar a otros patinadores, aunque fuese fechas decembrinas en el trópico, ella se encontraba en San Petersburgo encerrada y practicando para la copa europea posterior al mundial de omegas/beta. Tampoco es que le impidieran visitar a su familia, pero como las fechas de las competencias se hallaban próximas, se le hacían imposible ir y volver. Tambien estaba esa otra razón, la cual, la tenia con esos nervios antes mencionados revosando el limite autoimpuesto por ella misma, haciéndola temblar y sudar pura inercia. Sus delirios tenían nombre y apellido: Yuri Plisetsky, alfa gruñon, dos veces campeón del GPF y genio en potencia del patinaje artístico, algunos lo suelen llamar el “Hada rusa” otros en particular “tigre sobre hielo”; aunque muy en lo personal la morena le llama “gatito arisco” ante tan personalidad volátil. De solo recordar su primer encuentro le da risa, ella confundida ante las cosas nuevas a su alrededor y él gallardo, indiferente, mirandola por encima del hombro junto con unos ojos verde intensos como feroses dictaminando: “si te acercas… te mordere”
Bueno, si, las oportunidades se pintan calvas y esta fue una de ellas.
Obviamente Mariana no fue tan atrevida para fastidiarlo al instante, ella es de las analizar sus oportunidades, planear movimientos y después lanzar la carnada. Por una razón, con Yuri no funciono de esa manera, llevándola a manejarse de una estrepitosa forma. Se convirtió en la payasa, animada y escandalosa compañera de pista, agregándole la epatia amistad con Mila, una pelirroja beta de semblante burlón. Juntas, consiguieron muchas cosas y eso le alegro desde el fondo del corazón porque verse apoyada por alguien le dictaminaba no estar sola, aun mas, en un pais desconocido. Podría no demostrarlo mucho, pero Mariana es de las chicas mas detraidas posibles en todos los ámbitos existentes, un ejemplo, la escuela le parecía una gran jaula llena de jurias de animales listos para atacarte. En su pais natal, los omegas eran considerados la peor escoria creada, asi fuesen mujeres, serian maltratadas de las maneras mas atroces. Desde ridiculizarlas en público, hasta violarlas en grupos de alfas a plena luz del día sin derecho a defenderse, inclusive, siendo penado por la misma ley. Creciendo en un territorio lleno de hostilidad, la morena consiguió soportar toda de estas fechorías a sus espaldas, haciéndose la sorda, muda e idiota, tragandose cada una de sus lágrimas improperios aun cuando muchas de las víctimas hallan sido amigas y amigos suyos.
No podía soportarlo mas.
Necesitaba… huir, escapar.
Necesitaba… una distracción.
Recomendada por una prima suya, comenzó con clases de ballet clásico en una academia apenas abiertas para jóvenes con escasos recursos, teniendo la finalidad de inculcarle una disciplina fuera de ser madres a temprana edad o enlazarse con algún alfa. Entonces, por primera vez en su vida, Mariana se sintio capaz de ser lo que sea, abrir sus alas volar y escapar de la garras de sus compañeros de escuela, gritarles en la cara ser unos parásitos, patearles la cara y salir corriendo riendo a carcajadas. Mientras ella era una con la musica todo es alcanzable a sus manos, provocandola sonreír, sentirse libre y aun mas en paz. Dentro del circulo de omegas bailarinas la llaman el “pavo real”, porque al danzar podrías distinguir los colores alegres en ella, quedandote estático y ignotizado a no apartar la mirada. Sin embargo, para su profesor de ballet, otro omega igual, le parecía insuficiente el tenerla en sus clases, la González no solo era un pavo real, tambien una garza que emprende el vuelo en pleno mar extenso, queriendo admirar otros horizontes y estando en un sitio como este, jamas seria totalmente libre. Fue en ese instante que le recomendó el patinaje artístico, teniando tanta elegancia a la par de elasticidad, seria pan comido participar en ese ámbito, aunque fuese un deporte un tanto costoso él la ayudaría a abrirse en el. Lo admitía, al comienzo no le agrado la idea, nunca en la vida había patinado en el hielo con agilidad, salvo una vez en un viaje de su escuela hacia una pista de hielo y creyó que se destrozaria el trasero de tantas caidas, desde eso, no volvió a intentarlo mas. Sin asegurar nada, prometió consultar la idea con sus padres y dependiendo de las respuestas, aceptarían o negaría el ofrecimiento. Para sorpresa de todos, ellos estuvieron totalmente de acuerdo, tal vez su mente se nublo ante la oportunidad de sacar a la omega de ese sitio, donde en cualquier momento podría ser la próxima desdichada en su especie. Por supuesto que les desagradaba la idea de tenerla lejos de ellos, pero conocían al pie de la letra las condiciones de su habita, el pensamiento de las personas ante los omegas y los incidentes a estos, jamas le cambiaría a metalidad retrógrada de estos pero si salvar a su hija. Teniendo las cuentas listas, aceptaron la propuesta con la condición de apartar ayuda monetaria en lo necesario al patinaje, comprandoles ellos mismos el equipo y todo lo relacionado, podrían ser pobres pero no mendigos.
Viajando a la capital de su pais, Mariana fue ubicada en una de los mayores centros de entrenamiento del patinaje, siendo entrenada por nadie mas y nada menos que una campeona nacional, Susan Guitierrez, beta amable como entregada a la pasión del deporte. Al verla se volvieron inseparables, prometiendole enseguida convertirla en una patinadora de tilde mundial, la cual, competiría en máximas competiciones mundiales, inclusive, el GPF y competencias de razas. Con esto, nació finalmente la llama de la pasión en el pecho de la omega, entregandose por completo a aprender tan encantadora disciplina. Sin embargo, nada fue como parecía pintarse, si bien la latina tenia las ganas de aprender, las dificultades propias del patinaje le golearon con fuerza demoledora llevándola casi al limite, queriendo abandonarlo. Suzan era amable fuera del hielo, pero dentro, se convertía en toda una espartana haciéndole sentir mas insegura a lo esperado, porque en lugar de motivarla le producia lo contrario.
Quizás… no halla sido destinada para patinar.
Tal vez… debió quedarse en su pueblo soñando ser el pavo real del ballet, queriendo convertirse en la garza que todos hablaban.
Si, solo, si solo…
Entonces el golpe de la realidad llego en forma de persona, su prima que venia de visita desde su pueblo, le grito en su cara todas las verdades existes y por existir, porque es evidente en todas las personas dificultarles alcanzar sus metas, pero no por ellos van a rendirse. Es en ese instante que debes demostrar tener tenacidad, paciencia y la fuerza necesaria para levantarte, alzar tu rostro y redimir a quienes te creian incompetente, pero sobre todo, demostrarte a ti misma el valor de poseer. A raíz de eso aprendió muchas cosas, aparte del no rendirse o inclinarse ante nadie, igualmente a salir a flote cuando te encuentras en el fondo. Por eso, incremento mas horas a sus entrenamientos, colocandole mas empeño que nadie a aprender los saltos mas complicados, volverse una con la musica recreada en su mente y tan liviana como una pluma ante la secuencia de pasos. Ella es una bailarina, estar lejos de su habito le asustaba demaciado, he allí a su miedo, pero eso no decía que no podría convertir ese nuevo espacio tambien en suyo. Dibujando el nuevo nivel a superar en su cabeza, sin saberlo, se abrió paso entre sus compañeros de pista y la admiración de su entrenadora, que teniendo la dedicación de su pupila supo en no poder retenerla mas en este sitio, tal cual a la leyenda escuchada estando practicando ballet, Mariana necesitaba desplegar sus alas y emigrar a otros nidos, uno que la recibirían con los brazos abiertos.
Optando por una beca en una de las escuelas mas importantes en San Petersburgo, Rusia, Mariana apunto al mayor reto de su vida. Ser entrenada por el mismo entrenador de la leyenda viva del partinaje, Yakov, quien no era mas que un anciano gruñon con excelentes ideales inculcados a sus patinadores, además, de un gran grupo de personas cuidandoles las espaldas. Teniendolo a su lado, seguramente la omega empezaria a despegar su carrera, aunque ya había ganado varias competencias en su pais, ser catalogada “patinadora profecional” a su corta edad, le era insuficiente. Ella se proyectaba en las grandes ligas, rodeadas de las mejores entre las mejores y solo el campeonato de razas a la par de GPF le daría la gracia de hacerlo realidad, pero su nivel aun no era el ideal, por lo tanto, necesitaba de Yakov. Estudiar para la escuela no se le hizo tan difícil como para despertar el interes del anciano, podría tener a Suzana de su lado ayudandola con una coreografía única para el cometido, pero sentía que la inespresiba mirada del ruso le dictaminaba el cometer error y fallar. Podría ser solo sus panaroias hablado, ya que era buena en hacerlo, aunque eso es lo único en dictaminar su cerebro al momento de conocerlo en persona. En ningún instante se negó a aceptar verla, mas bien, su comportamiento fue totalmente a la altura, si tenia los requisitos oportunos de una patinadora la entrenaría, en caso contrario, se marcharía a mitad de la rutina dejándola sola y sin decir algo.
« ¡¿Y como demonios no iba a darme miedo?! Ese anciano… ¡da mucho miedo! »
En la perspectiva de Suzana nada de eso era cierto, Yakov podría ser un cara dura profecional, pero todas y cada una de sus acciones tenían un porqué, si sucumbias a ellas era sin duda darle la razón a no entrenarla. Solo debía de mostrarse determinada y tenaz, lo demás, vendría solo. Mariana recuerda haber practicado hasta sangrarle los pies, como bien sabe todo el mundo, el permitirse perder este chance seria inaudito, por eso se sobre esforzaba hasta el limite. Después de todo, recogería el fruto de su dedicación, cosa que efectivamente logro, Yakov no era precisamente hombre de elogios o palabras llenas de cariño, pero si de expresiones deductivas y en Mariana encontró un diamante en bruto, donde sin dudas hacia honor a su nombre de garza. Porque al pesar de todas las circunstancias atroces dejados en su pais, tuvo la capacidad de alzar sus alas con impetud y volar lejos para regenerarse. Asi que de esa manera, Mariana logró optener su pase a las grandes ligas teniendo la tutela de Yakov, mudandose en definitava a la fría Rusia para cumplir sus metas.
Desde ese instante, no tenia idea que las aventuras por vivir, menos el encontrarse con otras de las figuras mas importantes del patinaje artístico, Yuri Plisetsky, que al pesar de su temprana edad logro posicionarse en el podio ante la primera participación en el GPF, dejando a todos con la boca abierta. Luego de la desaparición repentina del campeón de ese entonces, Katsuki Yuuri y el regreso de Viktor Nikiforov al circuito, las cosas se volvieron un tanto complicadas para él pero no por ello le privo de ganar dos veces, menos posicionarse como el mejor de los alfas en varias ocasiones. Mariana no sabría decir si estuvo intenresada en el rubio desde antes o luego de conocerlo, solamente mantiene presente la delgada figura del muchacho al patinar, la delicadeza al realizar sus pasos y esa concentración al hacerlo. Todo en el le gritaga prestarle atención, no respirar o mucho menos parpadear, porque en menor descuido podrías llevarte la sorpresa de estar cambiado o mejorar extraordinariamente. La omega no supo como acercarse a él de una manera normal desde el principio, fueron sus nervios los que atacaron primero al fastidiarlo por su apariencia frágil llamándolo “gatito lindo” y “hada mágica con brillitos”, haciendo alegato a su vestuario de la rutina de “agape”, ganándose de inmediato su entero desprecio y rechazo. Esa vez Mariana deseo ser tragada por la tierra y jamas ser devuelta, conocía comportarse igual a una idiota frente de la persona que te gusta, pero nunca hacer el ridículo de manera tormentasa. Fue esa la razón de convertirse en la amiga de Mila, ella tenia mas tiempo conociendo al rubio y obviamente tratando de damicela, no conseguiría conquistarlo, aunque burlarse de él menos pero al menos liberaría estrés. ¿Motivo? Yuri tenia novia, no la ha dado a conocer jamas y menos comentado al respecto, solo lo escucho de su amigo mas cercano, Otabek Altin, con quien tiene de vez en cuando contacto, que el “hada rusa” le hablo sobre tener interes en un omega, podría tener un cachorro y ser mucho mayor a él. Sin embargo, esa no era impedimento para encontrarse a su lado, mas aun, cuando el despreciable ex pareja le dejo sin mas.
Mariana no solo sufrió la conmoción de perder su primer amor, igualmente conocio como se lloraba por algo mas a diferencia de ser separada de tu pais natal, porque el corazón ardía con intencidad agonica y la dificultad de respirar no se comparaba con nada. Ella conocía diferentes tipos de derrotas, desde que comenzó a patinar las experimento, pero ninguna de esas se igualaria al perder ante el amor de una persona desconocida hacia Yuri. Podría seguir sufrir en silencio, mirando de lejos e imaginar de todas las formas la apariencia de esa omega, donde efectivamente poseia la belleza y carisma de un sisne o podría simplemente levantarse de su charco de lágrimas, secarlas y seguir luchando por sus sueños. Con tal, no había ido a Rusia de amoríos, sino a entrenarse para poder competir entre las mejores. Armandose de una tenacidad propia de si misma, dibujo una sonrisa ancha en sus labios y pidió con confianza absoluta a Yakov, poder recrear una rutina solamente para ella que centrara todos los sentimientos sellados en su interior, donde efectivamente, necesitaba sacar. El anciano sorprendido de las palabras de su pupila, le dio cancha libre de hacerlo pero llegando al acuerdo de consultar los saltos con él, aun no se encontraba en condiciones de decidirlos por si misma, valora su entuciasmo pero cuidar de la integridad fisica de su protegida es mas importante. Esa fue la primera vez participar en la competencia de razas, posicionarse en el podio y ganar la medalla de plata, asi como tambien llegar al campeonato mundial y ganar el bronce. No fue lo esperado, pero se encontraba satisfecha. Logro sacar del dolor provecho y crearlo en arte, o al menos eso dijo Viktor Nikiforov, quien poseia los ojos mas agudos jamas vistos en su vida, agregandolo lo certero porque no podría estar mas en lo cierto. El peliplata parecía ser el tipo de persona carismático frente de las cámaras, pero fuera de ellas era otra persona, mas serio, centrado y concentrado a permanecer en el hielo mas tiempo que cualquier otro patinador. Muchos lo catalogaban desde su regreso como “ser sin alma”, en su perspectiva iba mucho mas lejos a eso, porque era claro el sentir o el llanto dentro de su ser. Viktor reflejaba lo mismo que ella, dolor, simple y despreciable dolor, por eso tuvo la capacidad de acertar con el significado de su rutina, él experimentaba o experimento algo parecido a lo suyo. ¿Lo malo? No seria capaz de compartirlo con nadie, mucho menos la omega.
En tiempo transcurrido, Mariana siguió con su comportamiento infantil hacia Yuri, fastiandolo al tener la mínima oportunidad, sacando chistes en donde no los había y bajo cuerda, sufriendo en silencio al verlo desaparecer por semanas sin dejar rastro, solo alegando tomar descanso. No era tonta, menos idiota, seguramente iba a encontrarse con esa omega reina de su cariño, dejándola a ella en las profundidades del dolor. Un amor no correspondió es peor a una traición, porque con esta al menos sabes tener un poco de su atención, en cambio la otra nunca tendrás nada y eso mata cualquier cosa. Mila, siendo tan buena amiga como ella solo puede ser, le presente varios conocidos suyos entre ellos betas y alfas de renombre, dándose en ocasiones la oportunidad de interactuar con ellos y salir. La omega no podía seguir ahogandose con sus lágrimas, menos lamentarse por un idiota malhumorado, necitaba nuevas caras y gente buena a su alrededor. Sin embargo, no pudo olvidar al rubio, aunque tuvo varios novios de esos encuentros nadie podía compararse con él, no tenía esa mirada penetrante, menos la fuerza y tenacidad al momento de actuar, ni mencionar la capacidad de perder la postura con una sola de sus bromas. Nadie era Yuri Plisetsky, y eso era doloroso, mas a todo, desesperanzador. Poco a poco, la omega se considero un caso perdido y decidió cerrar el tema de los noviazgos, mejor pensar en sus entrenamientos duros del patinaje que en hombres, era tranquilizador y productivo pues sanaba las heridas. Entonces, ocurrió, Yuri rompió misteriosamente con su novia y las puertas se hallaban abiertas para ella, era el momento de actuar, no en dormirse en los laureles cosa en hacer, aunque… exagero mucho.
Admite haberse pasado de la raya besarle sin permiso, mencionarle lo del celo y liberar “accidentalmente” sus hormonas de omega para seduccir un alfa, pero cuando menos se dio cuenta lo hizo. ¡Dios! Quiso morirse de la vergüenza, cavar un hollo en el suelo y esconder la cabeza igual a un avestruz, ella entre todos los omega existentes se atrevió a lo mas peligroso de este mundo, insinuarsele al Plisetsky. El hombre mas gruño pisado en la faz de la tierra, es decir, de lujo porque sus compañeros patinadores (incluido Viktor Nikiforov) le darían un premio al ser capaz de soportar su malhumor, de hecho, de conocer su ex pareja le felicitarian. Ahora, estaba ella, en el presente, con un montón de nervios encima escondiendo su rostro entre sus manos y pensando ideas de su siguiente paso. No podía fingir jamas haber ocurrido nada, menos pasar por alto lo de su celo, es decir, se libro del joven al adentrarse en el GPF, pero escapar a estas alturas era absurdo, menos, sabiendo en volver a San Petersburgo luego de visitar a sus familiares.
« Maldición, maldición, maldición. Creo que me volveré loca, si, eso… ¡me volveré loca! Todo por no saber medir mis acciones. »
Típico en la latina, lanzar la piedra y esconder la mano, le comento lo ocurrido a su amiga Mila, desde el ofrecimiento de pasar celo con ella hasta el beso robado, la pelirroja solo atino a felicitarla y comentar estar orgullosa de sus esfuerzos. Todo el mundo conocía el temperamento de Yuri, este no admitiría jamas el sentirse dolido o traicionado, se concentraria tanto en las competencias que olvidaría el mundo entero, cerrandole las puertas al volverse enamorar y querer. Es cuando debería de entrar ella enseñandole ser posible darse otra oportunidad, no todas las omegas eran iguales, menos se encargaban de dañar los sentimientos de los alfas sinceros como él, podrían no haberle respondido como le esperaba, pero Mariana estaba dispuesta a sanar las heridas ocasionadas por esa otra persona, sellarlas con amor y regalarle las experiencias mas hermosas de todas. Sin embargo, la omega al escuchar todo eso le entrego el pánico propio de la presión, tener cerca al objetivo pero abrumarte de quizás alejarlo de ella. ¡Maldición! Si un alfa respondía a las feromonas de una omega de esa manera ignotizante, solo quería decir una cosa y no podría gustarle escuchar mucho a la morena, se traba de ser destinados, almas gemelas que nacieron para estar juntas. Tal cual a lo dicho Mila, Mariana pego el grito en el cielo no creyendo palabra alguna de a pelirroja y volviéndose mas paranoica, de donde venia nada de eso era cierto, solo palabras llenas de fantasías. En su pais, mas especifico su pueblo, los omegas eran obligados a casarce a temprana edad y formar familias, esto no interesaba en lo absoluto estar de acuerdo o no, pues era una manera de salvar la economía de dicho omega. Resultaba triste, hasta desesperanzador, pero no existía ninguna salvación mas a aceptar. Es por esa razón que sus padres lucharon para sacarla de allí, hacer el sacrificio de enviarla a la capital y posteriormente a Rusia, no deseaban una vida miserable para ella casada con un alfa despreciable, menos rodeada de cachorros no deseados productos de posibles maltratos físicos o sexuales. No, ella nació para brillar, desplegar sus alas y volar por el extenso firmamento tal cual a una garza.
Mila terminando de escuchar el relato soltó un suspiro, la historia de su amiga era demaciado triste para ser cierto, realista seria la palabra, admitía haber escuchado relatos relacionados con situaciones así, pero no uno tan palpable como este. Sin duda, mas que nunca Mariana merecia ser feliz y estando tan lejos de ese desastroso lugar, mas fácil, conocía a Yuri con todo y equipaje, por eso hablaba con firmesa el estar sufriendo. La relación con esa omega en estos cinco años no le dejo nada bueno, salvo resentimientos y desdichas, quería salvarlo de ahogarse en amargura pero era imposible si Mariana no deseaba cooperar. Olviden lo de ofrecer estar en su celo, centremonos en que la omega realmente ama con todo el corazón a su testarudo amigo, ha esperado pacientemente estos cinco años por él y nunca olvidado, si eso no es amor, no tiene idea que pueda ser. Bueno, tampoco existe prisa, dejarles su espacio suena por lo momentos idóneo, por lo tanto les dejara hacer lo que quieran.
Mariana vuelve a la realidad al oler una fragancia conocida en el aire parecida al sol, las margaritas y el mismo verano a mitad de su siclo. Aleja un poco sus manos de su rostro divisando por el rabillo de su ojo una sombra amarilla, al menos eso es lo que su mente imagina, por consiguiente se encuentra con la figura agraciada de Yuri Plisetsky saludando con malas pulgas a todos sus compañeros. Seguramente se ha levantado con mal humor esta mañana, aunque sus ojos verdes relampaguen gracias a los focos de luz sobre él dándole un aspecto mas salvaje al la par de peligroso, Mariana no puede evitar pensar en que sin duda es guapo, muy guapo. Viste diferente a lo usual, una chaqueta completamente negra con bolsillos delanteros, una camiseta azul marino con una figura extraña o abstracta, pantalones igualmente negros y sus zapatos de animalprint. La morena suelta un suspiro cautivada, la piel del muchacho suele relucir mas en contraste con los colores oscuros, aun mas, teniendo esos estampados felinos que tanto ama y… frena el carro, se ha quedado tan sumida en detallar el rubio olvidando un detalle. Este no observa a los demás presentes en el lugar, no, sus ojos salvajes tienen como enfoque otros de color amarillo, quienes poseen el miedo natural de una ardilla al descubrir su presa.
« Oh mierda, mierda, mierda. Ha de pensar que soy una acosadora, si, una real y autentica acosadora sin dejar lo pervertida. ¡Quiero evaporarme y desaparecer! »
Mariana se prepara para escuchar el primer grito lleno de improperios dirigidos hacia ella, pero no llega, en lugar de eso, los ojos verdes del verde se suavisan un poco llegando a demostrar un algo de incomodidad, e incluso, sonrojo bajo sus pomulos. La morena suelta un respingo impresionada acelarando mas los latinos de su corazón, un remolino de emociones gira con descontrol en su estomago llevándola a igualmente sonrojarse, dandosela la vuelta y desviar la mirada en un débil intento de huir. Yuri sabe que esto es muy incomodo, realmente lo sabe, por eso no tiene idea de como reaccionar ante el cortegeo directo de una omega como la latina, quien prácticamente se le confeso de una ortodoxa manera. No piensa recharzarla, menos aceptarla, aun es muy reciente lo ocurrido con Yuuri y lo mantiene en un rincón de su pecho, escondido, listo para atacar en cualquier momento. No obstante, la actitud agresiva de la omega compañera de pista logro tocar algo dormido en su cuerpo, algo que ni siquiera con el japonés llego a sentir, no le tiene nombre alguno, menos podría hacerlo en tales instantes. Aun así, Mariana junto su entuciasmo logro hacerlo vibrar intensamente a él y su alfa interior, quien al oler tan citrica fragancia gruño dichoso de poder remotamente poseerla, no habla del deseo carnal, mas bien es espiritual y eso es de nervios.
Durante estos días separados se ha cuestionado mucho esas palabras, incluso consulto con su amigo Otabek y este se limito a dejar transcurrir las cosas, aun era pronto para buscar otra pareja manteniendo en cuenta lo de Yuuri, pero considerando que él ha vuelvo con Viktor descartar una nueva posibilidad de amar es idiota, mas cuando su alfa respondió al llamada de la omega. Quizás, sean destinados.
« ¡Y por un cuerno! ¿como mierdas es posible eso? Es decir, hablamos de Mariana… ¡Mariana! Todo este tiempo se ha encargado de joderme, no seducirme. »
Bueno, para nadie fue un secreto tener una pareja extranjera, deber ausentarse en ciertas ocasiones y viajar a su lado, quizás Mariana solo respecto eso aguardando las distancias prudenciales. La omega podría ser lo mas fastidioso de este mundo, pero no una ofrecida sin remedio al primer postor en aparecerse, tuvo varios novios desde su estadia en Rusia aunque ninguna de esas relaciones salio bien al parecer. Con el olor fuerte de sus feromonas podrías detectar ser virgen o no, y efectivamente la muchacha lo era, convirtiéndola mas cotizada. Santo infierno, Mariana decidió entre todos escogerlo a él para ese papel, quien decidiría robarle su pureza y quizás marcarla. Yuri rasco con desgano sus hebras rubias volviéndose mas colorado aun, su cuerpo temblaba ante solo la imagen de aquello, descubriendo los secretos escondidos detrás de tal egnimatica piel morena parecida a la canela, saboreando su sabor y esperando igual al chocolate o la dulce de leche, podría no ser muy amigo de lo dulce pero al tener esa tentación él…
« ¡Ahg! ¡demonios! Esto no puede estar ocurriendome a mi, menos con la ruidosa de Mariana. »
Sabia que una vez despertado el instinto del alfa dormido en su interior, no podría frenar hasta encontrar su cometido, desear ser considerado un pervertido jamas ha estado entre sus planes. Menos aun, un reprimido niño lloron sin tomar en cuenta la petición de una omega, seria pintado de cobarde y eso es la peor deshonra en cualquier alfa. Debía tomar el toro por los cachos, ir hasta donde la latina y enfrentarla, es cierto, no seria fácil pero al menos lo intentaría. Armandose de tenacidad hasta los dientes, Yuri suspiro pronfundamenre y teniendo los pulmones del aire necesario, camino con pasos decididos hasta la muchacha que temblaba igual a una maquina descompuesta. La verdad, consideraba curioso verla de esta manera siedo ella tan atrevida en todos sus actos, inclusive en manera de patinar reconociendola en aspectos inimaginables. Dejando aun lado su personalidad desagradable, Mariana tenia la gracia de un sisne magestuoso y elegante que al pesar de caerse, volvía a levantarse para sacudir sus plumas blancas así seduciendo a todos. Sabia el ser conocida como “garza regeneradora”, pero en lo personal, ella es sisne y de los encantadores.
— ¡Mariana! debemos ha…
Antes de poder terminar la frase, la ardilla mutante corrió rápidamente, sin mencionar lo desesperada, lejos de sus ojos y dejándolo con las palabras en la boca. Oh, mala idea, muy, muy mala idea hacerle semejante acción a alguien como Yuri, porque su temperamento voltil es una bomba llena de lava hirviendo lista para quemar. ¿Qué le puede pasar a esa loca atrevida? No tiene idea, pero le agrada poco ser ignorado, menos dejado con las verdades en la boca queriendo ser escupidas, le había llegado la hora de la verdad a esa estúpida omega. ¡Claro que si! Ignorando igualmente los llamados de Yakov para comenzar a practicar, el ruso comienza a seguir el olor de la omega escurridiza con conductas suicidas, porque hacerle eso a él es no tener amor propio. Frunciendo el ceño con molestia diviso a la morena luchando contra sus piernas cortas y las ganas de escapar, en el aire se liberaban las evidentes feromonas del miedo o susto emitiendo el claro sentimiento de la joven, a estas alturas Mariana se consideraba un conejo atrapado en un laberinto teniendo al asecho un león feroz. Por primera vez en la vida no podía fingir una personalidad bromista, en estos casos lo único viable seria escapar. Dejándose llevar por sus instintos, la latina cruzo casi emitiendo un chillido ancioso hacia un pasillo desolado que la llevaba al vestidor de chicas/chicos omega, encontrándose allí estaría a salvo. Yuri podría ser extremista. Acelarando lo mas rápido posible sus pasos, Mariana giro con disimulo atrás esperando encontrarse la imagen de su perpetrador persiguiendola, aunque el lugar de eso, se topo de lleno con sus enormes ojos verdes cerca de su rostro llevándose así el susto de su vida.
— ¡Yuri! — grito conmocionada, aferrandose de espalda al pomulo de la puerta. — ¿desde cuando…?
— ¡Callate y entra de una vez! — le exigió tomando por sus propios medios, la decisión de entrar a los vestidores con todo y omega.
Mariana dio unos cuantos tras pies al entrar al sitio casi cayendo al suelo, solo que por casualidad de la vida o destino, choco con uno de los lokers adornados en perfectas hileras del lugar. ¿Recuerdan haber mencionado estar aterrada? Bueno, olvidenlo, el miedo ahora experimentado la llevaba a sudar frío doliendole todas las extremidades, inclusive sus pobres piernas, que dobladas de una manera patética cedieron a la presión llevándola al suelo. Su persecusor mantenía una expresión enojada, casi de gorila encerrado en una jaula, sabia el compararlo con dicho animal era demaciado, aun así la hostilidad en el aire le llevaba hacerlo. Yuri se le acerco con velocidad al rostro apretando sus dientes, impuso su supremacía como alfa sin necesidad de liberar feromonas, bastaba simplemente dar una mirada y un gruñido. La latina pensó que en ese estado el rubio se veía atractivo, sobre todo, temiendolo a escasos centímetros de su cara pudiendo sentir su respiración pausada. Es increíble, al pesar de las circunstancia enmarcadas, este seguía fresco igual a una lechuga, obviando esa gruñona mueca entre labios.
« ¡Demonios! No es momento para pensar en su belleza, debo encontrar la manera de salir ilesa de aquí. »
En cualquier lado donde fuese, escapar de la presencia de un alfa se consideraba hazaña, mas cuando este se encuentre emitir una charla seria. Porque eso era ¿no? El rubio jamas pretendería amenazarla, al comienzo lo pensó pero, viendo esas muecas emitidas de antes le hizo considerar lo contrario. Yuri no es neadertal, menos salvaje salio recien de un decierto sin oasis de por medio, solo es un joven golpeado por la vida en diferentes circunstancias, mas de soladoras a otras se atrevería a afirmar. Pero con todo y eso, sus sentimientos seguirían rugiendo ante su necesidad, mas tomando en cuenta su condición de omega y posible destinada del ruso.
« Vaya cosa absurda… los argumentos de Mila me han afectado. »
Siguiendo su temblor ante la amenaza del gatito, Yuri se mantenía con molestia infinita, pensaba que preocuparse por personas como Mariana, debían de asistir un buen entrenamiento. Ignorar la presencia de un alfa practicamente es un delito, bueno, quizás este exagerando un poco la situación pero su orgullo valía la posición en que se colocaba. La muchacha en un intento inútil de escapar de su presencia, giro su torso hacia la izquierda no pensando en encontrarse con uno de los brazos del rubio, quiso hacerlo una vez mas en esta ocasión del lado derecho pero ocurrió lo mismo. Asustada hasta la medula no tuvo otra opción mas que encararlo, este tenia los surcos mas pronunciados de la cara demostrando estar sumamente enojado, ahora, escapar no es posible.
— Si que tienes agallas, González. — dictaminó con voz ronca, casi amenazadora y distancia. Agregándole a la ecuación, una sonrisa aterradora. — Hablar una tira de estupideces, tratar de seducirme y luego escapar tal cual fueras un conejo. Francamente… eres idiota.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Esto es un mensaje de emergencia repito ¡Un mensaje de emergencia! Cierto rubio de mirada jade pretende devorar sin miramientos a una omega, la cual tal fuese adicta a la adrenalina, nunca ha mirado sus acciones y estaba por pagarlos. En los momentos, dicha joven se encuentra en escasos centímetros de su verdugo, quien con miraras amenazantes, se a enterado de su último llamado de suplica en su mente. Quizás y es como le ha dicho, una idiota. Los monosilabos no paran de salir de su boca en un débil intento de comonicarse, pero solo ha servido para enojar mas al ruso que ha decidido sujetarla de la barbilla con fuerza, teniendo con finalidad mas cerca y parar el balbuceo desconsiderado. Le molesta, todo en la omega lo hace, porque su comportamiento da a entender arrepentirse de sus palabras y seamos francos, Yuri Plisetsky no esta para caer en falsas esperanzas. Los cinco años corriendo detrás del katsudon le basta y sobran, en pocas palabras, quedo satisfecho. Ahora, en el presente con la tonta de Mariana le complicaba las cosas, aparte de cuestionarse su razosineo, es decir, solo mirenla se trata de la chica encargada de joderle sus entrenamientos con malos chistes y burlas. ¿Por qué estas alturas querría algo con él? Aunque, bueno, liberar esa cantidad de hormonas sin pensar en las consecuencias de su alfa interior es demaciado, tampoco la ve como el tipo de omega deborador sin escrúpulos. Molesta admitirlo, pero la latina es alguien de fiar, o al menos, de tomarsela en serio.
« Pero de tratarse una broma… juro patearle el trasero. »
Yuri aprieta los dientes con infinita molestia aun reteniendo a la ojos amarillos, ella sigue temblando del miedo e imaginandose escenas escalofriantes, desde ser gritada hasta el cansancio por el alfa o agredida su pobre espalda. Veas por donde lo veas, el panorama no es en lo absoluto esperanzador.
— ¿Lo haces? — hablo sin mas, confundiendo a la muchacha por la nueva actitud del rubio, pues bajo su mirada al suelo. La atmósfera no fue la misma. — Arrepentirte… lo haces.
¡Oh demonios! Eso no sonaba a pregunta sino afirmación, además en el momento de mirarla una vez a los ojos sintio su remolino de sentimientos, el verde jade no demostraba impetud, en realidad era realidad y decepción. Mariana aveces olvidaba que Yuri Plisetsky bajo el traje de “Guerro salvaje del patinaje” se encontraba solo el humano, aquel que puede llorar, sufrir y sangrar como cualquier otro mediante malas experiencias. Adelantarse a los acontecimientos era temerario, pero Mariana desecho ese pensamiento porque en definición, el ruso seguía pensando en lo vivido con esa omega desconocida y le hizo revolver las entrañas. Por primera vez en la vida deseo realizar algo por si misma, si, por un sentimiento propio de poseer y marcar su supremacía. Saben que los alfas marcan a sus omegas una vez lo crean convenientes, pues la latina va hacer lo contrario de eso, porque ella marcaría a su alfa destinado.
Desechando todo sentimiento de miedo a un lado, alzo sus manos en dirección del ruso que no esperaba tal arrebato, tampoco pudo reclamar algo porque alzandose de puntillas está arremetió contra los labios de él en un acto desesperado. Escapandose el aire por la nariz Yuri no supo donde colocar su manos, responder al beso o algo, simplemente se mantuvo estático procesando la información optenida. Solo debía de recapitular las cosas, Mariana lo ignoro al menor indicio de verlo, decido seguirla, la acorralo en los vestidores de omegas, se comportaba igual a una idiota, creyó que se arrepintió de las palabras de antes y… y… ¡¿Por un demonio?! ¡Lo estaba besando! BESANDO y él parecido aun vegetal. Pues ¡Perfecto! Ambos pueden bailar el tango. Girando la tortilla, Yuri comienza a responder al beso igual o mas intenso a los movimientos de la latina, tomandola por la cintura y pegandola mas a él, teniendo seguida un ligero extremecimiento de su cuerpo. Sonrio mentalmente, esta batalla era algo que ganaría sin esfuerzo, pero una vez mas, erro. Mariana sin perder el tiempo, profundiza el beso al abrir su boca e introducir su lengua en la cavidad ajena, recreando seguidamente un desconocimiento en el alfa al tener las manos de ella en su nuca y obligandolo a bajarse un poco, en evidente señal de adaptarse a su estatura. Esto le dejó dos opciones a Yuri, seguir en la supremacía de querer ganarle a la joven o simplemente dejarse llevar por ella, eso si, implicaba abandonar su orgullo en todos los sentidos. Debía de admitirlo, nadie le había hecho sentir tan vivo como Mariana, luego de… ustedes-saben-quien la muchacha lo volvía loco, porque los pensamientos lógicos no se hallaban al alcance de la vista menos teniendola tan pegada a él. Sus caderas, su cintura, las piernas cortas pero torneadas intentando no mirarse tan baja, esa piel llena de secretos y egnimas, la fricción en sus labios, los sonidos de respiración junto a los pequeños quejidos, la manera de tenerlo tan pegado a este contacto y emitirle un jodido huracán en su ser. A estas alturas, Yuri Plisetsky se consideraba hombre perdido y enredado en la telarañas de esta mujer fastidiosa, pero con la impetud gloriosa del trópico. Corregia, Mariana Gonzales era la representación gráfica del calor del Caribe y con ello su fogosidad.
Escogiendose la última opción, el rubio abrazo con intencidad a la omega queriendo no separarse de ella, olvidando por completo y en unos momentos, toda la mala suerte impregnada a él en esos cinco años porque podría su corazón seguir llamando a otro, pero su cuerpo y mente decidieron seguir adelante. Además, Mariana no era mala mujer, solo fastidiosa, con un humor de lo peor, chillona, malisiosa e inclusive tonta, pero estaba demostrando quererlo y él no le es indeferente, menos su alfa interior. Cuando quiere amplificar su contacto medio introduciendo su mano en el horillo de la camiseta de esta, el aire de los pulmones en ella se acaba llevándola a separar y teniendo una sorpresa entre ambos.
— ¡Pero por todo lo bueno y malo! — chilla conmocionada una voz bastante conocidas por los dos, llevando a mascullar entre dientes maldiciones a Yuuri y Mariana a esconderse en el pecho de este avergonzada. — ¿que hacían ustedes dos encerrados en el vestidores de omegas? Sobre todo ¿que hace la mano de Yuri casi debajo de tu camisa Mariana?
— Demonios — pronuncio sin ningún ápice de culpa el alfa, alborotando sus cabellos rubios. — si que eres escandalosa. No puedes preguntar por lo evidente, Mila. La situación habla por si misma.
Idiota, idiota, idiota… ¡mil veces idiota! Piensa la muchacha hundiendose aun mas en su vergüenza, colocándose ya morada porque le rojo se la subió a la cabeza. No puede creer el descaro del rubio, tampoco el de sus movimientos osados, pero menos aun, que su amiga grite a los cuatro vientos la imagen proyectada. Es decir, la actitud vibrante del Plisetsky habla por si sola, mencionando esa descarada sonrisa de victoria en él. Sabe el debersela, pero le molesta al igual forma.
— Francamente, ustedes dos… — emitió un suspiro cansado, imitando la postura de una mamá preocupada. Cosa en durarle poco, pues una sonrisa se dibujo en sus labios en seguida de enfocarse otra vez en ellos. — deberían buscarse otro lugar para tener sus encuentros, aquí en el centro es muy arriesgado mas teniendo al entrenador Yakov buscandola hasta por debajo de las piedras. Tienen suerte de haberlos conseguido yo. Ni quiero imaginar la expresión de Georgi de hacerlo… ¡Seria de terror puro!
Ah… esa era su amiga, la eterna bromista del grupo e incluso ahora riéndose de su ocurrencia, parecía realmente feliz por ella. Finalmente sus esfuerzos habían generado frutos, se encargaría de recoger la cocecha simplemente.
— Olvida eso por un momento — argumento Yuri, separándose de la latina y encarando completamente a la pelirroja. — ¿que quiere Yakov?
— La pregunta esta demás, Yuri. — hizo un guiño en dirección de su amiga, apenandola inexplicablemente mas. — quiere que vayas a entrenar de inmediato. Se acerca la final del GPF y las nacionales rusas, es obvio que aun falta pulir algunas cosas de tus rutinas.
Tenía razón, el rubio se prometió a si mismo aplastar a cierto peliplata en el patinaje, seria en cierta parte una venganza personal y aunque sonase estúpido, necesitaba liberarlo. Había mencionado solo centrarse en el trabajo olvidando lo personal, pero la tonta de Mariana la complica las cosas y…
— ¿Vamos? — señalo hacia afuera su amiga, haciéndose la inocente. — no necesitan ponerse ropa, claramente llegue a tiempo de eso suceder.
— ¡Vete adelante vieja bruja! — exclamó con molestia el ruso, apretando sus puños a la par de sentir su cien palpitar.
— Vamos, vamos, Yuri. — rió ocurrente, dando unos pasos lejos de los vestidores. — Mariana es mi mejor amiga, en el contrato de serlo viene preescrito adaptarme cualquier circunstancia sexu…
— ¡Largate de una vez!
Perdiendo los estribos, el rubio le lanzo un bote de agua vacío encontrado en el lugar hacia Mila, quien mas consiente de los movimientos de su compañero, lo esquivo de forma monumental soltando unas estridentes carcajadas y dejando por último una mueca burlona. Yuri preparaba otro misil en caso de una repetición, con la pelirroja podría esperarse cualquier cosa, aun recuerdo haber sido expuesta su “supuesta” relación con el katsudon. Claro, nadie supo al final de cuentas su identidad, pero aquella vieja arrugada se las ingenio para estar al tanto de todo e inclusive, mas rápido a una ardilla en búsqueda de alimento, su ruptura con él. Suspiro bajando el bote de agua, perder los estribos se le daba de miedo con Mila, aunque con otra persona, lo dictaminaba un doctorado. Hablando de ella, permanecia sin habla mirando la dirección donde desapareció su amiga, seguramente ni se la creía su comportamiento osado y de preparse de imágenes como antes. Si fuese Mariana, tomaría eso igual a caminar con cuidado, pues no es normal. Bueno, hablamos de Mila, nada de ella es normal u ordinario. Es totalmente impredecible.
— Yuri — lo llamo, aun medio sumida en su trance. — apartir de ahora, no volveré a ver a Mila de la misma manera.
Claro, ya no es quien fastidiaba, se voltio la tortilla de manera magistral y le causaba gracia. La latina recibía una buena dosis de karma, sin dudas, adora la justicia divina.
— ¿Y por qué? — saboreo la pregunta, dibujando una sonrisa y mirando con atención los ojos amarillos de la omega.
— Hacerte el tonto conmigo es absurdo. — le siguió el juego, dando unos cuantos pasos y sujetandolo de los hombros fuertemente. — sino, sabes como puedes acabar. Gatito.
— No oses a llamarme asi. — gruño al olfatear en el aire hormonas omegas de sedución, era tan dulce e irresistible. — de lo contrario, te mordere…
— Estoy dispuesta a sumir las consecuencias. — choco su aliento al propósito con el rubio sonriendo, realizando un amague de besarlo, pero se escapo con maestría. — ahora vamos con el entrenador Yakov o terminare por deborarte aquí.
Contoneando sus caderas tal cual al día de ofrecerle pasar el celo juntos, Mariana se alejo de Yuri sonriendole socarronamente, provocandole con solo la mirada y no olor corporal, que sin dudas volvía loco a cualquiera. Aspirando el aroma, Yuri olvida todo, hasta su propósito de vencer a Viktor, solo se denomina por sus instintos siguiendo la estela dulce de dicha omega quien le enseño nuevamente la realidad. El marcado no seria ella, sino el ruso.
Volviendo a la pista donde se encontraban todos, la latina aun mantenía la postura de omega seductora escuchando los pasos de su alfa, porque de ahora en adelante lo llamaría así, detrás suyo junto a los gruñidos convencionales. Seguramente le molestaba su comportamiento osado al liberar hormonas, dado el caso de ser percibidas por otros alfas de alrededor, tampoco le daba muchas vueltas al asunto, Mariana tenia todo previamente calculado. Al divisar a Yakov hablando con otro patinador, la ojos amarillo vuelve en si, sentrandose en comportarse seria pues con el anciano no se valia hacer el tonto. Este al mirar los escapistas, alza su voz en su dirección reclamando la falta de responsabilidad en desaparecer, pronto finalizaría el GPF, vendría las nacionales rusas y el campeonato mundial, en tanto ellos, dándose de valientes en osar a poner a prueba su cordura. Perfecto, porque tambien sabía aplicar la misma, apartir de este instante, les tocaba la practica doble a los demás y no esperaba escuchar objeciones. Yuri importandole menos, inicio una batalla verbal con su entrenador por obligarlo hacer tal cosa, ya no eran niños, trataba con adultos y por lo tanto los castigos se encontraban fuera de forma. Sin embargo, Yakov demostrando su palpitante vena de la cien elevo la voz cien mas a lo normal, alegando seguir siendo críos, sus cuerpos son de adultos, pero no sus mentes, he allí a la decisión. Antes de recibir mas quejas, Mariana intervine alejando al rubio lejos del anciano y con una sonrisa diplomática, promete cumplir al pie de la letra lo mencionado. Obviamente el alfa no esta de acuerdo, pero aun así refunfuñando y malhumorado, se deja arrastras por su compañera.
« Estúpido Yakov, estúpida Mara, todos son unos estúpidos. »
Es cierto lo que dicen del rubio, no ha cambiado nada en su forma de actuar, es y seguirá siendo un gruñon empedernido. Y lo peor, no se arrepiente de nada. Mariana viene a soltarlo cerca de la entrada a la pista, no sin antes percatarse de parecer mas calmado, aunque conociendo a profundidad su temperamento, es imposible ver ese logro. Al menos, no refunfuña o se queja, solo fulmina con la mirada todo a su alrededor. Bueno, es un logro, mínimo, pero al final logro.
— Deberías evitar provocarlo. — propuso la mujer, recibiendo una mirada llena de molestia. Oh vaya, se a molestado. — al menos, intentalo por favor.
— Que ingenua. — confeso simplemente.
Claro, claro, se llama a si mismo “adulto” pero la realidad es otra, eso le cuestiona muchas cosas en su cabeza. La primera, se enamoro de un hombre con mentalidad de crío puberto, y la segunda, es alarmante a estas alturas darse cuenta de ello.
— Perfecto — suspiro — condename por ello.
Iba a recriminarle mas su posición de “chica responsable” hasta que las puertas del resinto se abrieron par a par, en ellas las transparon dos peliplatas particulares que dejaron sin habla al rubio, pues los conocía perfectamente y mas a la niña siendo el mayor observador en su crecimiento, aun mas, catalogarla de su princesa. Los ojos de Yuri se llenaron de sorpresa, mayor mente conmoción, cuando Anna la hija de su dulce tormento venia muy contenta de la mano de su padre, Viktor Nikiforov, el cual anunciaba su presencia en lo absoluto sutil. Las mujeres, tan ruidosas y fastidiosas como siempre, no tardaron en rodearlo en el estúpido intento de finalmente conocer a la pequeña de apariencia similar al mayor, queriendoles parecer encantadoras y así ganarse la confianza de Viktor. Cosa estúpida, en la mente congestionada del veintiañero conocía eso, porque si este par se encontraba aquí significa que igualmente tu-sabes-quien y eso, eso le drenaba toda la sangre del cuerpo sin poder evitarlo. En sus planes no se encontraba alarmar a la latina, aun asi, dejar de sentir ese escalofríos era inevitable. Menos, teniendo en cuenta sus auténticos sentimientos. Era cierto, Yuri se sentía atraído hacia Mariana y estaba dispuesto a intentarlo con ella, esto no significaba olvidar al completo al cerdo. Es plantearse sencillamente algo, las memorias de cinco años no puedes borrarla, menos pretender el jamas vivirlas. Yuuri es y sera en su interior una presencia mística, casi mitológica, porque te permite entrar a su muralla en una brevedad de tiempo para así desaparecer, te ha dejado tristezas, heridas y mallugaduras, pero a su vez, aprendizajes junto a una promesa de volverse a ver aunque de una forma diferente. Sobre todo, con un estilo y vida lleno de luz en donde no existe nada de él que extrañar.
« Después de todo, si has sido una mariposa… »
Mariana presiente una atmósfera rara a su lado desde la llegada de Viktor, entender cosas de esa índole se le da del asco, asi que buscando respuestas gira su rostro en dirección a Yuri encontrandolo callado, muy, muy callado y una expresión tristona en el rostro. Los surcos se han vuelto blandos, los ojos cristalinos hasta llegar a transparentes, sus labios, esos tan besables como dispuestos hace unos minutos atrás para ella, estan apretados evitando quizás sacar una tontería o algo similar. En el tiempo de llevarse conociendo la omega jamas lo ha visto así, vulnerable, flacido, debilitado y nace en ella una clase de angustia dificil describrir, quizás lo asimile a creer tener todo al alcance de la palma de tu mano, pero en menos esperartelo, alguien te lo arrebata sin poder reclamarlo. Y allí, tan estática al igual de odiota de costumbre, Mariana González a hallado algo sorprende o inexplicable en los demás, salvo si misma.
« Oh, mierda… oh, mierda, mierda… ¡esto no es posible! »
Pero lo es, sabe que lo es, porque las coincidencias jamas han existido, solo lo inevitable. Es precisamente en ese segundo en encajar todo a la perfección, las palabras de Mila en su mente relatandolo de manera burlona lo de la pareja del rubio, ser mayor a él, tener un cachorro de otra persona, el querer mantenerlo todo en extrema confidencialidad… ¡Por favor! La latina no posee tildes de ingenua, menos de niña de cinco años, el veinteañero es muy evidente y solo lo ha soltado.
« La hija de Viktor, es la cachorra de la ex de Yuri »
Lo ve de reojo pronunciando su nombre asombrado buscando adaptarse a la realidad, en tanto el Nikiforov como toda una celebridad de América se quita los lentes de sol negros, sacude su pelicular cabellera hacia los lados y tomando de los hombros a la chiquilla acercando a él, contesta preguntas tontas. Tan diferente a hace unas semanas atrás, débil, amargado, una maquina sin alma, podría seguir con los apelativos y jamas acabar, pero esto solo significa una cosa igualmente: hizo las pases con su pareja. Conclusión. Yuri perdió por completo contra él. Mentiría no sentir ese escosor de alivio, esto podría repercutir en el estado de animo del rubio aun asi, se encargara de hacerlo cambiar y prevalecer su supremacía en el corazón de él, que aunque no es muy preporderante, poco a poco ira ganándose su total espacio. Yuri jamas volverá a estar solo, la tiene a ella, eso debería bastarle porque su propuesta aun sigue en pie. Entonces mueve su mano hasta tocar la suya en un intento mínimo de llamar su atención, el otro al sentir ese tenue calor contra su piel desconecta la mirada de la escena llevándolo a girar la cabeza en dirección contrario, allí descubre los ojos amarillos saltones de la latina emitiendo un brillo inusual llegandole a una sonrisa sencilla, dándole a entender tenerla frente suyo y no soltarlo jamas. Yuri nunca ha sabido responder a emociones de las chicas, inclusive de omegas hombres, se le da a las patas, hasta puede escuchar a su mejor amigo, Otabek Altín diciéndole “¿Eres estúpido o no?” Con su usual tono neutral, daba escalofríos el solo imaginarlo. Aunque tenia razón, no es nada difícil corresponder a algo así, solo debía era apretar la mano de la omega y recuperar su compostura. El ruso no es de chocolates, flores o peluches de felpa, prefiere las acciones e inclusive palabras, es cierto, los detalles importan pero son solo objetos inanimados sin el poder necesario de realizar una caricia o palabra, tal cual como lo hacia él. Asi que, entrelazando sus dedos con los de la joven, el rubio volvió su vista al frente demostrando su imponente actitud y el seguir hacia adelante en su vida, manteniendola a ella a su lado.
El corazón de Mariana golpeo con fuerza su pecho dejándola casi sin aire, con la boca abierta y un sonrojo bastante notorio. Quizás las cosas con Yuri no sean sencillas, pero al menos, aburrirse jamas sera un problema. Por ahora, la omega pretendera encontrarse en el Olimpo donde todo es posible, las deidades le sonreiran, le felicitaran ante su logro y la bendeciran con mas dichas en todos los ámbitos, el clima, después de todo seguirá perfecto para el día de mañana y el siguiente a ese. Si sostiene la mano de Yuri, todos los días podrías ser primavera.
En otro punto de ese mismo resinto, una taciturna ojos zafiro se manifestaba molesta o fastidiada, estar rodeada por zorras vestidas de cordero jamas lo consideraría placentero, lo contrario, es vomitivo. Recordó a su mamá hablando de su padre siendo amable y atento, pero jamas pensó verlo en tales extremos. ¿Acaso no es evidente la hipocrecia en estas mujeres? ¿la necesidad de pescarlo tal cual fuera el mayor de los peces? Porque seamos francos, ese tono chillón en sus voces, el gran hambre por ser escuchadas, el excesivo comportamiento amoroso para con ella y el olor en el aire de hormonas revolucionadas. ¡Pua! Casi la hacían vomitar, es cierto que un alfa no desarrolla el “olfato” hasta los doce años, pero con ello no es imposible presentir el querer robarle a su mamá lo suyo. Porque no pretende negarlo, Viktor Nikiforov le pertenece a su madre y ninguna zorra se lo quitara, menos teniendola a ella presente. Manteniendo esos pensamientos en su joven mente, aprieta su cuerpecito contra la cintura de su papá, rodeandola con sus pequeños bracitos y fulminandolas con la mirada les dictaminó alejarse. Aunque, viniendo de la hija del máximo representante del patinaje artístico, quien es sumamente amable y amoroso, no producia nada de miedo, menos teniendo semejante apariencia similar.
— Viktor… — alargó las últimas palabras una mujer rubia de voluminosas caderas, quien Anna fulmino con la mirada. — ¿no nos diras quien es su madre? Eres bastante injusto, odiamos los secretos.
« Y yo la manera de contonearte, pavo real arrugado. »
— Por su seguridad y la de Anna, me abstendre de mencionar su identidad. — respondió con una sonrisa fingiendo cortesía.
« ¡Allí va! Toma eso, vieja bru… » Anna no pudo completar el pensamiento porque sus ojos se enfocaron rápidamente en otra cosa, o mucho mejor, en una silueta bastante conocida por ella en años. Lo raro vendría siendo que se encontraba acompañado de una joven de piel canela, cabello largo como manta amarrado en una coleta alta, ojos amarillos y apariencia bastante sospechosa, aunque no tanto darse cuenta de su entrelazado de manos. ¡Por los patines chapados de dorado de su padre! Se trataba de Yurio, el acosador personal durante cinco años de su madre y amigo de toda la vida propio quien le encantaba fastidiar, en el presente parecio encontrar a alguien mas para mantenerlo a margen, o mantenerlo ocupado. Sea como sea… ¡le molestaba! Es decir, no lo mencionaba por su madre, él se encontraba muy feliz al lado de su papá donde debía de estar, mas bien su malestar residía en una sola cosa: ella. Podría Yurio no ser de muchas palabras, de hecho, cuando se encontraba a su alrededor solo discutían acaloradamente por la atención de su mamá, pero muy en el fondo conocía ese afecto en ambos tenerse. Sobre todo, considerarla en su princesa. Ya saben lo que dicen, el comportamiento de un niño es muy volátil e inestable, aun asi Anna se sentía satisfecha ante esa resolución. Lastima que la morena vino aparecer para destruirlo. Aparentaba ser amigable, hasta tímida por ese sonrojo en sus pomulos, pero a simplemente vista las personas pueden engañarlas y Anna no pretende caer en ese juego.
Adornando en sus labios una sonrisa burlona, la alfa toma un poco de aire haciendo escuchar su voz.
— ¡Yurio estas aquí!
« Oh, genial, la nación del zafiro ataco. » piensa haciendo una mueca desganada la latina. Por otro lado, Yuri frunce su entrecejo en señal de protesta, aquella pequeña endemoniada se a atrevido a llamarlo de esa manera delante de varias personas, cuando los únicos en hacerlo son su madre, padre y la familia Katsuki. Debería hacerle callar esa boca con una manzana, si, exactamente igual a como lo hacen con los cerdos… y mira cuanta ironía. Obviamente las reacciones no se hacen esperar, la manada de chicas rodeandolos le han dicho adorable pues esta tan afianzada a él como su parte, e inclusive, le llama de la misma manera cariñosa. Eso solo le hecha mas lena al fuego, Yuri ha comenzado a temblar de enojo puro llegando a asustar a la latina, quien le suelta la mano pronunciando palabras con el fin de tranquilizarlo, obviamente no funciona.
— ¡Vaya! Pero si es nuestro querido Yurio. — le sigue el juego el Nikiforov, alzando entre sus brazos a la cachorra y sonriendole en dirección del rubio. — parece que esta en buena compañia. ¿Como has estado Mariana?
« ¿Mariana? ¿así se llama la chica cerca de Yurio? » frunce el ceño la delicada niña mirando a la omega, que al verla dio un respingo de impresión, quizás no le agrado mucho a la hija del peliplata.
— Y… ya debes saberlo. — tartamudeo incomoda, sonriendo para fingir normalidad. Anna seguía fulminandola con la mirada intensamente. — cansada por los entrenamientos, nerviosa ante las competencias próximas…
— Lo harás bien, confió en tus habilidades. — dictaminó el hombre con seguridad, adoptando una posición un tanto seria. — Después de todo, no cualquier mediocre llega al GPF.
Menudo comentario, a esos momentos Mariana no podía pensar si Viktor la insulto o halago, conocía la lengua afilada del ruso por comentarios de sus compañeros, igualmente no saber controlarla. Pero esto, precisamente esto, era algo mucho mas lejos a lo pronosticado. Combinandolo con ello, la sonrisa burlesca del cachorro en sus brazos la hundía cada vez mas, porque en definitiva se estaba riendo de ella y la razón es no simpatizarle.
« ¡Mira no mas el ofertón! » ironizo su pensamiento la morena, queriendo hacerse un tipo de broma personal, ya ven, no funciono.
— Por otro lado, Yurio estas muy callado para ser tu. — abriéndose camino entre las chillonas alborotadas, convirtiéndose en simples expectadoras, el ojos zafiro llego hasta su encuentro dibujando una sonrisa amplia y inquietante. — ¿te comió la lengua el ratón? Neko-chan.
« ¡Por un demonio! ¿como le dijo? »
— ¿Qué acabas de decir viejo decrepito? — mostró al fin su rostro contenido en ira, mirandolo como quisiera desafiarlo. Esto estremecio a la omega. — Si tienes lo huevos suficientes y valorar tu vida, no pretenderas pronunciar esa palabra… jamas.
— Yurio, por favor. — rio despreocupado, ignorando la advertencia. — nos conocemos desde hace un largo tiempo y esto debería ser natural entre nosotros.
— ¿En verdad estas consiente de tu estúpido comentario? — pronuncio incrédulo, bufando en el proceso aumentando la tensión en el ambiente. — Sabes perfectamente que eso jamas ocurrirá, menos luego de lo ocurrido. No puedes tapar el sol con un dedo, idiota.
El semblante de Viktor cambio en un dos por tres, ya no era el encantador, menos el amigable, ahora solo tenia ese brillo prepotente en los ojos acompañado de una sonrisa autosuficienciente. Ya la conocía, obvio y lo hacia, porque cuando fue a Hasetsu por primera vez tratando de llevarlo al limite de sus capacidades, el Nikiforov lo llamo mediocre asegurando ganar de encontrarse en la posición del cerdo y él al hacer programas diferentes a sus personalidades. En ese entonces le fastidio, le demostraba el ser insuficiente simplemente correr detrás suyo por atención, si deseaba realmente ganar el GPF debía explotarse a la máxima expresión y conllevar olvidar sus comodidades. Pero en el presente no se trata de su pasión ante el patinaje artístico, residía en Viktor ganarle en el ámbito amoroso y recuperar a su hija, poseía la expresión mas odiaba en su interior de él sin poder hacer nada. Al menos, en ese campo.
— Sabes, Yurio. — ese tono de voz, ese jodido y aborrecible tono de voz, le revolvia las tripas. — estancarce en el pasado no es de profecionales, sino de gatitos gruñones cachorros y no es bueno.
— ¡Ha! — bufo con ironía, pasando su manos sobre su corta cabellera. — no nos hagamos los tantos, Viktor. Ambos sabemos que estas EMOCIONADO con los resultados, pues recuperaste hasta tu vitalidad. ¡Que emocionante! ¿no crees?
Dibujando una sonrisa mas abierta y sincera, Nikiforov le enseño su verdadera cara a Yurio junto a Mariana, quien no podía emitir sonido alguno solo observar. Inclusive las viejas chillonas, se mantuvieron fijas en su posición, evitando detonar cualquier mina dormida en el peliplata y salir dañadas por los aires.
— Si, es emocionante — dijo, pasando aun lado de él y perdiéndose pasillo abajo — pero ¿sabes? Los resultados una vez dichos, no te dan prologa alguna de cambiarlos.
Yurio apreto puños y dientes a la vez de darse la vuelta, aquel viegestorio se atrevía a hablar de esa forma con excesiva confianza. Lo detestaba, le odiaba profundamente, esa seguridad que tenia al optener todo lo propuesto en sus planes le molestaba, dandole ganas de demostrarle una vida llena de inseguridades. Él ganando el GPF, las nacionales rusas, campeonato de mundial, todo, absolutamente todo siendo de esa forma aplacado esa irónica expresión. Aunque para realizarlo, deberá practicar mucho, solo así sera capaz de poseer su anhelo. Mariana que se encontraba a su lado percibió ese cambio de humor repentino en el rubio, lo sabia, sabia perfectamente las razones ocultas tras de esa conversación ambigua y no podía evitar sentirse triste. Yuri sigue amando aquella omega. De lo contrario, ¿para qué colocar tal espíritu en querer derrotarlo? Eso iba mas lejos a superar tu rival de toda la vida, el ojos jade manifestaba estar inquieto por una rara razón y el patinaje no lo es. Un escalofríos golpeo con frenesí todo su cuerpo, dejándola vacía y con espasmos en toda su piel. No, no podía, no debía, no… no quería ser embargada por un sentimiento de derrota. Antes de tener una mínima atención del ruso, la latina giro sobre sus talones cabisbaja encaminadose a buscar sus patines, su única petición en esos momentos seria el patinar sola.
Pasado unos buenos minutos, el incidente entre ambos rusos fue olvidado, ahora la cachorra del Nikiforov se encontraba en la entrada de la pista visualizando en panorama de patinadores. Unos son muy buenos, el tal Georgi Popovish tenia la gracia y la agilidad de un águila, pero no la astucia, porque de inmediato ver a una pelinegra de lápiz labial rojo carmín, salia detrás de ella lagrimiando y diciendo sin descanso su nombre. Ni se pregunte si lo aprendió, es una bruja, una de las supremas porque ignoro al pobre copete de guacamayo sin una pizca de culpabilidad. En fin, los otros atletas como una pelirroja de cuerpo curvilineo, mantenía una sonrisa todo el tiempo y demostraba realmente disfrutar de su rutina, parecía atrapada en su mundo y poco le importaba su alrededor, sin dudar de ello una profesional. Le agradaba. Luego estaban Yurio y su nueva novia, esta se encontraba en un trance pues no escuchaba las quejas de su entranador, hacia los pasos y saltos sin energía alguna, era estar manejada por un fantasma o alguien fuera de este mundo, le daba miedo. Aun mas su expresión, vacía, sin brillo en los ojos y un aura tan deprimente que provocaba llorar. Sin saberlo, Anna sintio pena por ella, no es como si todos los días le invadiera tal sentimiento hacia las personas, menos las hipócritas roba gatitos gruñones. No obstante, la latina transmitía estar sufriendo contra algo mas poderoso que ella misma, lamentandolo mucho, no podía transmitirlo por completo y el patinaje en lugar de ayudar lastimaba mas.
La peliplata soltó un suspiro escondiendo su rostro entre sus pequeñas manos, si hablamos de injusticias, estaba viviendo en estos instantes una y evitarla resulta imposible. Ella no deseaba estar aqui, claro que amaba a su padre y permanecer a su lado es una de sus mayores deseos, pero ser separada de su mamá en tanto ocurre le daña demaciado. Odiaba esto, en verdad lo hacia, se suponía que pasaría navidad junto a su familia toda unida, pero tendría que tener una crisis de presión ante la eminente final Rossana y llamar a su mamá para poder calmarla. ¡¿Acaso era una cría?! Bueno si, lo.es, pero tiene a Celestino para apoyarse e igualmente es entrenador, debería serle suficiente. No, obviamente y no, de todas maneras se lo robo sin miramientos. Entonces, verla en Rusia junto a su padre, encontrándose ambos solos en el departamento de este junto a History y extrañando a chorros al omega, vaya que hacia falta porque el peliplata quemaba hasta unos huevos revueltos. No lloraba porque ya es una niña grande, de lo contrario, estallaría en lágrimas y mocos largandose todo a la reverenda mierda. Bien, retiraba eso último, a su mamá no le agradaba escucharla decir grocerias, una vez lo hizo y casi la deja sin comer golosinas una semana entera. Al menos colocaría algo positivo de esto, su papá le llevo a comer panqueques bañados en chocolate y la debáis expresarse a su manera, sin mencionar mimarla demaciado hasta explotar. Pudo haber tenido sus temores en el principio con respecto a Viktor, pero es el mejor padre que ha podido tener en la vida.
— ¡Oh! ¿qué haces aquí sola Anna? — una voz chillona perturbo su paz haciéndola girar a sus espaldas, encontrándose con un séquito de brujas. Las fans de su papá. — ¿mirando como pátina Viktor?
La verdad, no, ni remotamente cerca.
— ¿O quizás quieras acercarte a Yuri? — plantio otra, no lograndole sacar una expresión perturbable a la peliplata. — parecen ser cercanos ¿se conocen de bastante tiempo?
Y… ¿a ti que te importa bruja?
— Ivanna, no creo que te conteste algo. — menciono la tercera, una rubia peliteñida de sonrisa ladina, acercándose a su altura y colocandole una mano en su hombro. Le causo asco. — Aunque tenga un gran parecido con Viktor, es todo lo contrario en personalidad. ¿No Anna?
Le apreto ligeramente el agarre haciéndole fruncir el ceño, si antes odiaba a estas tipas por su personalidad retorcida, ahora que le agredian siendo aun una niña las despreciaba mas. ¿En que pensaba estas arpias? ¡ella es una cría! No un adulto, consiguiendola maltratar jamas conseguirían algo, menos la atención de Viktor.
— Bien, Anna. — siguió amenazandola, ulizando el poder de persuación alfa, porque si, era una alfa y creía que la pequeña es de otra raza. — ¿qué te parece compartirnos tu secreto? Viktor no menciona nada de tu mamá, ni siquiera con el entrenador Yakov quien al enterarse de tu existencia, lo llamo de padre inresponsable y descuidado. Bueno, eso es inrelevante, pero lo realmente importante es el nombre. — solto una risita oscura, acercándose mas a la niña y optando por una expresión oscura. — Asi que, habla, habla como se llama tu mamá y de donde pertenece.
Ah… lo que le faltaba, ser intimidada por una imitación o peor aun, creación defectuosa de alfa escualida. Anna tenia unas ganas de reir a carcajadas limpias, porque al provenir de una alfa puro, de padres igualmente alfas, le otorgaba una cierta inmunidad ante amenazas baratas como esta. Claro, nadie aquí sabia su verdadera naturaleza, salvo Yurio quizás, y estas víboras creían tenerlo todo en la palma de su mano. No le extrañaba porque el peliplata permaneció soltero todo este tiempo, una parte por seguir amando a su mamá y la otra, su alrededor esta infestado de alacranes.
— ¿No vas hablar pequeña? — fingió estar dolida la tal Ivanna, acomodandose junto a la otra arpia y mostrando sus dientes perfectamente blancos. Oh, una beta. — venga, que Irina tiene el poder mas agudo de conseguir respuestas, pero no la paciencia. ¿Por qué no cooperas con nosotras?
Porque son falsas y brujas, les tengo asco. ¿Alguna otra pregunta?
— Oigan ustedes dos, la estan asustando. — intervino la tercera, una de pelo corto color zanahoria quien hacia un puchero y aparto la mano de Ivanna de su hombro. — la manera correpta de llegar a un niño no es persuadiendolo, mas bien… dándole en un punto sensible.
¿Como? ¿punto sensible? ¿cual punto sensible? No es como si fuera omega para entender ese tipo de cosas, solamente era Anna, la cachorra a alfa mas retraida de la fas de la tierra y odiaba a personas interesadas como ellas. No es nada malo, lo contrario, es excelente.
— ¡Pero es muy raro que Viktor no diga el nombre de su mamá! — replicó Ivanna, dejándose de rodeos y falsedades. — antes solia decirlo todo sin guardarse nada, pero ahora de la nada tiene una niña… ¡exactamente como él! Y el paradero de la mamá es desconocido.
— Demaciado frustrante, demaciado frustrante. — estuvo de acuerdo Irina, cruzando sus manos en señal de berrinche.
— Si, si, es verdad pero tal vez… — la risa de cabellos de zanahoria se convirtió en siniestra, oscura junto con una carga de hostilidad en el aire haciéndola flaquear. ¿Esta chica…? ¿qué era? — Viktor no nos quiera compartir su nombre porque es inrelevante, nada agraciable y… poca cosa.
Existió dos momentos en la vida de Anna Katsuki que sintio desmoronarse por dentro, el primero fue entrar al colegio, pensó en ser dejada allí junto a un montón de desconocidos y no ser llegada a casa, adaptarse a lo desconocido da miedo y ser renuente es peor de malo. Al final, sus temores terminaron siendo solo pensamientos estúpidos, sus profesoras eran amables, sus compañeros atentos y al pesar de no hablar mucho, insistían en hacerse sus amigos. El segundo fue el separarse de su mamá, fue en el aeropuerto en navidad y cumpleaños de papá, acababan de comprometerse nuevamente luciendo unos hermosos anillos dorado que cualquiera diria brillar mas que una estrella, los tres estaban felices, muy felices, serian una familia de verdad y nada ni nadie podría evitarlo. Salvo el, bueno, el vuelo con destino a Ditroit. Anna no es de llorar o formar escandalo, pero esa mañana se aferro tanto a Yuuri que temió de poder dejarla en cuidado del Nikiforov, la pequeña ponía tanto empeño para hacerlo ir con ellos. Pero no podía, debía de atender el trabajo y luego, buscaría a su pequeña en San Petersburgo. Entonces, ¿existe un tercero? O si, eso si que si, en estos instantes se encuentra viviendolo.
La peliplata jamas le a importado los pensamientos de los demás hacia su persona, ser callada, poco atrevida, taciturna, sin un padre y una madre omega soltero… nada, nada de eso le da revuelo porque son pensamientos que van dirigidos a ella, no su mamá. ¡Ah pero esto! ¡ESTO! es el colmo, nadie tiene el derecho de hablar mal de la persona que la ha traído a este mundo, quien se preocupa todas las noches por si duerme bien o le asusta la oscuridad, quien estuvo allí la primera vez de actuar en un resital de piano en la escuela, quien para fortuna o desgracia, la vio siendo hospitalizada por una mala gripa curada, quien en sobre todas las cosas, abrazaba cada vez de sentirse de bajos animos. Y si, pueden llenarse la boca de jamas parecerse a Viktor en personalidad, llamarla imitación de cuarta e insultarla con muchas mas desgracias, pero con su mamá, SU MAMÁ, no, eso si que JAMAS lo va a permitir.
— ¡Oigan ustedes tres! — la voz de Yurio la trae a la realidad, llevándola a mirar donde vine el sonido detrás suyo, a su lado la latina zombie esta jadeando cansada. Ha venido hasta ella corriendo. — ¿Qué creen que hacen metiéndose con una niña estúpidas?
— ¡Ha! ¿quien te ha dicho eso? — reprende Ivanna a la defensiva, colocando una mano en su cintura al ponerse de pie. — Claro, la simplona de Mariana seguramente. ¿No te basta con ser omega? ¡debe ser desdichada tu vida lagarta!
— ¿Qué mierdas has dicho zorra? — bromo sumamente molesto Yurio, apretando la mandíbula para contenerse. — Mas bien, yo te digo a ti ¿no te basto con meterte con mi princesa? ¡¿Ahora tambien vas contra mi omega?!
Las mujeres quedaron de piedra ante la declaración del rubio, llamando a la peliplata su princesa y la latina su pareja, todos conocían el temperamento del joven como para jamas impresionarse de semejantes palabras. Aunque eso no es lo asombroso, Mariana finalmente había disipado todas sus dudas hacia él, creyendose anteriormente que nunca seria reconocida su novia o destina. Pero ocurría, en verdad ocurría y la felicidad se encontraba en el aire.
— Tu… ¿omega? — bufo con desprecio Ivanna, mirandolos con repudio infinito a la pequeña y a Mariana. — ¿eres ciego Yuri? Los omegas son la clase mas baja y peor de toda la humanidad, solo sirven de contenedores o incubadoras, no para nada mas. De hecho, de tratarse la madre de esta criatura uno, no me extrañaria que Viktor lo oculte e inclusive ella misma. Solo, mirenlo, es una total deshonra.
— ¡Eres una…!
Pero no pudo terminar la frase por dos razones, la primera, Mariana lo sujeto del torso con fuerza para evitar lanzarcele encima a la femina y evitar alguna desgracia, la segunda, Anna se levanto toda furiosa hecha una bola de adrenalina, y sin contemplación alzo su vestido largo color ceniza por la rodilla, profiriendole una patada en la pierna a Ivanna. No tardaron los signos de asombro en los presentes, menos el chillido de conmoción en las amigas de la alfa al ver semejante agreción, en cuanto ella se concentro en soltar insultos en ruso para no ser entendida. Mala idea, tanto Anna como Mariana, comprendia bien todo lo soltado en la boca de lagarto de Ivanna.
— ¡Escucha muy bien a Anna idiota! — grito furiosa, señalandola con altaneria. — ¡Me importa poco que agredas o insultes a Anna! ¡Siempre y cuando sea ella no importara! Pero mamá, LA MAMÁ DE ANNA, no… ¡Eso jamas lo permitiré! Por eso, vieja retrogada… ¡Vete al mismo infierno y nunca vuelvas!
Antes de esperar cualquier reacción por parte de los presentes, la peliplata salio campante y con pasos alargados fuera del sitio dejándolos pasmados. Quien lo hubiera creído, la primogénita del Nikiforov resultó ser toda una fieresilla de armas a tomar, no se dejen llevar su imagen de princesa de invierno porque puede congelarte con una arremetida de las suyas, enviante al suelo sin poder evitarlo. Esa era la mortífera de la Katsuki. Yuri quizo ir detrás de ella, conocía una forma muy precisa a la chiquilla y en estos momentos no se encontraba bien, tampoco es de las llorar o buscar a alguien para desahogarse, en su lugar se instala en un sitio solitario con la finalidad de bajar su adrenalina. De una forma bizarra es una combinación del katsudon y Viktor, primero por no querer confiarle a alguien sus pesares al creerse fuerte, y de segundo al pensar encontrar las respuestas en la soledad. Realmente ¡¿Como pueden ser tan problemáticos?! Dando un paso fuera de la pista es sujetado por Mariana, las víboras siguen parloteando sin parar respecto a la postura de la infante, no solo es grocesa y altanera, sino fuese por su parecido físico con el ojiazul, se atraverian a decir que no es su hija.
Oh, mierda, mierda, mierda. Mejor y no hubiesen dicho tal cosa, porque la poca rasionalidad en el rubio exploto, tal cual fuese una granada en las manos de una persona equivocada. Apartando bruscamente la mano de la latina, Yuri se quito el exceso de hielo en de la cuchilla de sus patines arrojandoselo a las mujeres, que de inmediato chillaron conmocionadas por el frío y el arrebato del alfa.
— ¿Pero que demonios te pasa? — grito Irina afectada.
— Esa debería ser mi pregunta, bruja. — apreto la mandíbula al decirlo, asustandola. — Diganme, ¿quien son ustedes? ¡¿Quien demonios son?! Nadie, NADIE EN LO ABSOLUTO, simplemente son un trio de pateticas mujeres dolidas por no ser la madre de esa pequeña, porque aunque lo nieguen, ¡Desearian estar en posición de ese omega escogido por Viktor!
— No nos menosprecies, imbécil. — rompió filas Ivanna, mirandolo con asco. — ¿yo? ¿envidiando un omega? ¡que mal chiste!
— ¿Estoy equivocado entonces? — menciono con gran dosis de sarcasmo — has caído tan bajo como para meterte con una cachorra, ser un omega es muy digno igual a un beta o alfa. Estas muy a la antigua Ivanna, los tiempos cambian pero en cambio tu… seguiras siendo patética.
— ¡Seras…!
— Ni-si-quiera-lo-pienses. — intervino Mariana, sujetando la muñeca alzada de la alfa que pensaba arremeter contra el otro. — podrás pensar muchas cosas de los de mi raza, claramente me da igual tu opinión. Sin embargo, no permitiré que lo toques a él.
— ¿Es así? — rio tratando de safarse del agarre, siendo inútil porque la latina intensificó mas el mismo. — ¿Quien va a determe? ¿tu?
— Quizás ella no, pero yo si. — al escuchar esa voz, todo el mundo en el lugar se congelaron inclusive el mismo Yuri. Ese tono solo podría significar peligro, mas viendo de su entrenador, Yakov. — me pueden explicar… ¡¿Qué demonios ocurre aquí?!
Demonios, si de por si antes llovía, ahora las goteras de la casa han empezado a dar dolores de cabeza. Mariana suelta a la alfa dando un paso hacia atrás fijándose en una cara sonriente, Mila su mejor amiga le mueve la mano en señal de llamar la atención seguido de señalar a Yakov, seguramente lo llamo para encargarse de frenar el agetreo aunque es raro. Con todo el escandolo formado no veía a Viktor en ninguna parte, siquiera en la pista, parecía ser tragado por la tierra. Menudo padre responsable, de saber su pareja esto lo mataría lentamente, de ser ella lo haría. A estas… ¡nadie ha ido a por Anna! Soltando un chillido sin explicación, la omega salio corriendo en dirección donde se marcho la peliplata escuchando los gritos de su entrenador, no importaba, ya trataría con él después. Atravesando la puerta se encontró con un pasillo largo y oscuro, tenebroso por asi decirlo, pero sin rastros de la niña. Necesitaba hallarla, encontrarla para estrecharla en sus brazos, conocía perfectamente el significado de ser nuevo en un sitio sin una cara conocida, sumandole a eso el capricho de las personas con querer conocer la identidad de su madre. ¿Qué importaba? Es decir, si Viktor y ella no comentaban nada de ello significa evitar exponerla al escarnio público, sabia ser un omega, cosa sin problema para muchos pero seguramente una persona normal o renuente a la prensa. Duele decirlo, pero ellos son sumamente fastidiosos y crueles, de encontrarte una cosa mala, no frenaran hasta dejarte en el suelo. Comprendia a los ojos azules, esa persona es seguramente muy importante para ellos y protegerlo es su trabajo. La morena sonrio, tener una personita preocupada por tu bienestar es gratificante, porque podrán pasar los años pero el cariño de una cría es eterno, jamas se estenguira ni por enfrentar un huracán. Y eso, eso le da gana de igualmente experimentarlo, aunque para verlo falta mucho mas adelante.
Mariana llega a una sala amplia, con varias sillas alrededor, ventas altas vestidas de azul dándole una sombra mas tenebrosa al sitio, en las esquinas existen unas plantas altas de decoración y unas maquinas espededoras de bebidas. Eso no es lo mas asombroso, porque en el sitio mas apartado de todos una silueta pequeña tiembla, desde su sitio parece estar sufriendo una clase de dolor inaguantable para su cuerpesito, deseandolo ahogar en su interior, sin lograrlo. Mariana no debe preguntar de quien se trata, conoce a Anna y verla así de indefensa le causa daño, no sabe explicarlo, quizás sea su instinto natural de omega pero ojala pudiera aliviar su dolor. Acercándose con pasos cautelosos, evitandola asustar, mantiene su vista en la peliplata hasta llegar a ella. Al parecer no debe anunciar su visita, la niña lo premedito porque deja inmediatamente de temblar, acción extraña, pues si te sientes mal solo deberías dejarlo fluir.
— No tienes idea de lo mucho que Anna las detesta. — rompe el silencio, hablandole como si se conocieran de toda la vida. — estuviste allí, las viste, eran como buitres cayendo sobre la carroña. Tal vez, así miran al papá de Anna, igual a un pedazo de carne al cual devorar. ¡Pero Anna no lo permitirán! ¡No permitirán roberle a su papá! ¡Ella ya permaneció mucho tiempo lejos de él y mamá tambien! — luego de un repentino arranque de adrenalina, la voz de Anna se apaga siendo suplantada por unos débiles sollozos. Mariana cambia de expresión, colocando su mano en el hombro de la pequeña haciéndola girar, y allí estan, las lágrimas esperadas desde encontrarla aquí. — No puedes enterdelo, comprender a Anna. Ella… ella jamas agobia a mamá, jamas llora frente suyo aunque le duela el corazón, Anna prefiere la soledad como… como justo ahora. Pero ya no aguanto mas, no lo soporto… Anna… Anna quiere ¡quiere ver a mamá!
Sin mas preambulos, Mariana estrecha contra su pecho a la pequeña acunandola tal cual fuese una bebé, puede sentir su dolor, la perdida de no tener junto a ella a su mamá. Muchas personas dicen que los cachorros no pueden permanecer demaciado lejos de sus madres, estos necesitan de su calor y atenciones, aunque tengan ya cierta edad como Anna, eventualmente desearan verlas. Desconoce las circunstancias de la ausencia del omega, pero le descorazona un poco presenciar el sufrimiento de una niña, mas cuando tiempo atrás mostró una postura valiente al defender a su mamá notando evidentemente el amor que le tiene. Siente curiosidad, el tipo de omega de ser la progenitora de la chiquilla y la ex pareja de Yuri, esto no se trata de marcar territorio o algo parecido, mas bien de la persona capaz de cambiar el semblante fantasma de Viktor Nikiforov y devolverle la vida con una niña. Sintiendo como sigue temblando Anna, la latina acaricia sus cabellos plata formulando mas preguntas en la cabeza, nadie ha dicho ser una chica, es decir, todos dan por sentado el serlo pero… ¿si no lo es? ¿como lo trataría ella? Nada fuera de lo anormal, en su pueblo resulta común verlos pero son excasos, casi cotizados porque según las leyendas, cada cachorro nacido de ellos sera un sangre pura, el tipo de estrimpe enviado por todos y a la vez odiados. Obviamente, la morena jamas creyo en tales cosas, siempre lo retribuyo a palabras sin sentido de ancianos seniles, capaces de admitir algo y al otro día decir lo contrario. Sin embargo, teniendo a esta niña en sus brazos le entrado las dudas, no solo por la manera de saber de su presencia en el sitio, tambien de permanecer neutral ante el llamado de un alfa. Curioso, muy curioso, los niños en esa edad son muy manipulables al manifestar su naturaleza apartir de los once, eso significa una cosa, Anna es alfa, pero no una ordinaria, sino pura.
— Debe… Anna debe… llamarla. — se aparto de forma brusca de ella, buscando en su bolsita algo con insistiencia y sacandolo. Un móvil. ¡¿A esa edad ya tenía un móvil?! — la diferencia horaria… no debe ser mucha… le contestara… ¡Mamá le contestara a Anna!
Perpleja tal y como se encontraba Mariana, estuvo en silencio observando a la cachorra desenvolverse con el aparatejo mientras secaba sus lágrimas, hasta llorando era hermosa, eran tan puras y cristalinas emitiendo una suave atmósfera parecido a un Ángel. Por supuesto, estaba trantando con la descendiente de un ruso, su belleza seria inexplicable y agraciada, cuando fuese grande seguramente le lloverian los pretendientes y pobre de ellos, Viktor Nikiforov mostraba indicios de ser sobreproctetor y ni mencionar Yuri, ese si que cortaría cabezas. Al perderse en sus pensamientos no se dio cuenta del silencio inundando, desapareciendo los pitidos propios de estar llamando, siendo suplantados por una voz armoniosa y calmada, tanto que producia paz en su interior. Era la mamá de Anna, quien no se trataba de una mujer, sino un hombre. Katsuki Yuuri.
— ¿Anna? — preguntó preocupado, bueno, se manifestaba preocupado hasta en la pantalla. Era una videollamada. — ¿por qué estas llorando bebé? ¿donde esta el idiota de tu padre?
— Ma… ¡mamá! — volvió a estallar en llanto, soltando un respingo de la impresión tanto la González como el Katsuki. — quiero ir a casa… ¡quiero volver a casa con mamá!
Paren el mundo, dejen que pare de girar, porque a) Anna no hablo de manera mimada utilizando el “yo”, y b) ¡Su mamá resulto ser un patinador retirado y ganador del GPF! Katsuki Yuuri, quien se le vio por última vez unos cinco años atrás en dicha competencia, abandonando el circuito y la vida de su entrenador en ese entonces Viktor. Es decir, que los rumores escucharía en aquella época fueron ciertos, la relación de este par fue mas lejos a lo profecional y tuvieron hasta una hija. Ahora, le confundida de como entraba en esta ecuación Yuri, es decir, de las pocas veces de verlo hablar de él no era precisamente cosas bonitas, solo mencionaba ser un cerdo llorón, fastidioso y ciego. Eso último es difuso, pero lo llego a comprender, tarde pero seguro. Pudo finalmente entender la postura de Viktor al no divulgar la identidad del Katsuki al ser la madre de Anna, de imaginarselo simplemente le daba escalofríos, se lo comerían vivo al especular la separación por el nacimiento de Anna, o el desacuerdo de tenerla, o estar renuentes a casarce o… ¡A la mierda! Nada seria bueno.
— Trata de tranquilizarte un poco, Anna. — siguió hablandole el omega con voz dulce, sabia por el tono que era la empleada a tus cachorros para dormirlos o calmarlos. — sabes que mamá esta trabajando y la casa esta sola, no podría acompañarte nadie.
 ¡Entonces envíame a Hasetsu con los abuelos! — insistió la pequeña, aun entre lágrimas. — ¡Pero no quiero estar aquí mas!
— ¿No quieres estar mas con papá? ¿es eso? — lo miro extrañado, con ese inusual tono achocolatado de ojos casi igual al caoba o café, aunque eran suaves y dulces. Le transmitió confianza. — creí que querías permanecer todo el tiempo del mundo a su lado, él se veía muy entuciasmado y tu tambien.
— ¡Él no tiene nada que ver! Es solo… solo… — su voz se apagó, no podía mecionarle nada a su mamá del incidente, menos patiarle la pierna a una mujer mayor. La reprendia. — Anna se siente sola sin mamá, le hace mucha falta, no solo a ella, igual a papá. Mamá, papá es horrible cocinando, quemo los huevos esta mañana.
Mariana tuvo que reprimir una risa entre labios, cubriendolos con su mano, no podía creer o imaginar un tipo tan lleno de confianza como Viktor no supiese ni freir un huevo. Bueno, es imposible ser perfecto, debes fallar en una cosa al menos. Yuuri se limito a suspirar y sobar sus cienes murmurando algo en japones, tampoco necesitaba ser genia para adivinarlo, seguramente se esperaba algo así por parte del peliplata. En su perspectiva sería muy predecible. Al menos sirvió de algo, porque Anna paro de llorar como una histérica, seguía medio gimoteando y derramando una que otra lágrima, pero se calmo.
— Anna, bebé sea cual sea la situación no debes ponerte de esa manera. — la reprendio, mirandola un poco severo. La chiquilla bajo la mirada apenada. — Aunque te conosco, me estas ocultando otra cosa pero no quieres compartirla conmigo, eso duele un poco. ¿No me tienes confianza acaso?
— ¡No! ¡Anna quiere mucho a mamá! Es lo mas importante para ella en todo el mundo.
— Si es asi, vamos… cuentame lo ocurrido. — sonrio parecido a una suave caricia, como si pudiese meter la mano en la pantalla y secar la lágrima de la pequeña. — a mamá le puedes decir todos los secretos.
Aun así, la peliplata se rehusaba a decir algo solo desvío su mirada a otro sitio inflando sus mofletes, sabia que llamar a su mamá había sido un error total pero quería verlo, necesitaba ver al menos escuchar su voz y saber encontrarse todo en orden. Su intención no es preocuparlo, sino aliviar el malestar del incidente. Anna le importaba poco ser amadentrada, insultada u otra cosa, siempre y cuando todo fuese contra ella seria fuerte. Sin embargo, tocaron el tema de su mamá el ser mas extraordinario en la vida, con eso jamas se mantendría quieta por eso la patio, por eso la insulto, y por eso volvería hacer todo de nuevo. Conocía el temperamento de su madre, pacifista, cauteloso y nada impulsivo, él trataria de solucionar las cosas mediante palabras no acciones, pero Anna no es así, menos teniendo la mente tan nublada de rabia. De enterarse, la reprenderia seguro.
— Mmm… ¿señor Katsuki? — Anna se encontraba tan concentrada que olvido la presencia de la novia de Yurio, se encontraba nerviosa al dirigirse a su mamá ¿seria capaz de decir algo? — siento interrumpir su platica pero soy Mariana González, compañera de patinaje de Viktor y…
— Es la novia de Yurio.
— Si, eso, soy la novia de Yuri…
¡¿Ah?! ¿Desde cuando eso ocurría? Mariana desvío su rostro pintando en carmín hacia Anna quien permanecia imperturbable, incluso, percibió un brillo de diversión en sus ojos. Esta niña… quizo ayudarla con este problema recibiendo nada mas que esto, expuesta ante uno de los patinadores mas importantes siendo omega del mundo, sentía vergüenza, sobre todo, deseaba ser tragada por la tierra y nunca jamas mas volver. Esperando quizás un escarmiento por ocupar su lugar tan rápido, Katsuki Yuuri soltó una carcajada divertido ante la ocurrencia de su hija, no era nada nuevo ser expuesto por ella, es mas, se trataba de su personalidad. En lo directo se lo debía a su padre.
— Es un gusto conocerte, Mariana. — respondió aun riéndose, cubriendo con su mano su boca muy elegantemente. — por favor no me llames señor, sere mayor que tu pero no tanto. Solo dime Yuuri, ¿si?
— Seria confuso, porque es el mismo nombre de mi novio. — menciono pensativa, sin medir sus palabras.
— Es por eso que tia Mari lo apodo “Yurio”, es muy confuso. — se acomodo en las piernas de la omega, dándole una vista mas amplia de su mamá. — ¿verdad mamá?
— Cierto, cierto. — rio mas ante el recuerdo.
Claro, Yuri estuvo una vez en Japón antes de conocerlo formalmente, fue detrás de Viktor con la finalidad de ser entrenado por él, pero perdió una competencia ante el Katsuki regresando a San Petesrburgo tal cual a un hijo perdido, donde fue recibió con los brazos abiertos. Mila aseguró ser el viaje del ruso solo una excusa para encontrarse una novia, aunque le salio las cosas mal, perdió delante del Yuuri japones su posibilidad de marcar la historia del mundo del patinaje y su propia vida. Lo siguiente deben imaginarlo, el rubio insultando a la beta y esta alzandolo por los aires, practicando con él pasos de patinajes de pareja. Después se conocieron, comenzaron los chistes malos y las burlas malintencionadas, una omega enamorada hasta la medula de un rubio gruñon, pero él no correspondiéndole. Ya saben, lo casual. En el presente, viendo la personificación del mejor del patinaje omega, la morena entendía el porque Yuri se enamoro del japones, emitía una aura tan suave y calida parecida a la primera luz de la mañana, verlo interactuar con su cachorra daba a entender el gran cariño de tenerle, que al pesar de encontrarse lejos, toda su mente y amor los dejo con ella. Desconocía por completo las razones de separarse de Viktor, mas encontrarse fuera durante cinco años de la crianza de la pequeña, pero mantenerla a adelante ese mismo tiempo por si solo, es toda una hazaña. Mariana tuvo la oportunidad de conocer a omegas solteras en su pueblo, salían embarazadas productos de violaciones o encontrarse en el lugar equivocado durante su celo y… deben saber el comportamiento de los suyos, doblegandose ante el deseo, queriendo ser poseídos por alfas y sastifacidos al tope. En fin, de esas tristes experiencias quedaban en cinta y esos alfas no se encargan del cachorro, abandonandolos. La sociedad se miraba renuente a tales situaciones, primero que todo un omega debe permanecer en su hogar en todo momento, mas si se encuentra en su celo, y segundo, ellos deberían ser casados mínimo antes de experimentar el ciclo. De esta manera, los accidentes desagradables podrían evitarse. Muchos chicos o chicas criaban sus cachorros solos, sin ayuda de alguien externo o familiar, asumían en sus hombros la responsabilidad de la vida de ellos aunque significara perder la dignidad, honor y prestigio.
Ver todo eso fue un horror, esas caras jamas borradas de su mente, huecas, tristes y sin nada de emociones en ellas. Soportando las acusaciones sin fundamentos de las personas en la calle, degradandolos y humillandolos de maneras atrozes, manteniendo presente luchar por el futuro de sus crías en su cabeza. No imaginaba algo similar para Yuuri, el omega parecido al girasol, amarillo, transparente y amoroso, quien el mundo del patinaje fue conocido como “corazón de cristal” seguramente habría sido demaciado destrullendo su estabilidad emocional. Claro, su argumento es solo una especulación nada mas.
— ¿Así que desde cuando son novios? — la voz del japones la devolvió a la vida sintiéndose avergonzada, no le presto atención en lo mas mínimo. ¿Qué debería de hacer? — Espero y no fastidiarte, llevó conociendolo mucho y recibir esta noticia me impresiono. El fuerte de Yurio no es precisamente relacionarse con los demás.
Ah, esto le fastidiaba, que otra persona conociera a su alfa le daba estragos, ni mencionar ese escosor golpeando con fuerza su pecho, llamándolo a salir. Parecía estúpido sentirse de esa manera, insegura y expuesta ante los ojos cristalinos de la expareja de su novio, de igual manera ella sabia la situación de los sentimientos de él. No la amaba, al menos, no con la misma intensidad que Mariana tenia. Era fastidioso pero cierto. Trato de desechar sus pensamientos negativos de la mente, aparentar normalidad pero fue imposible, Katsuki Yuuri parecio percibir esa hostilidad de la joven. Soltó un suspiro, quizás sea el momento oportuno de aclarar algunas cosas, sobre todo, cerrar ciclos inconclusos.
— Anna, cariño — la llamo con dulzura, sonriendole con mucha cautela. — ¿Qué te parece ir por una bebida para ti y le “hermanita” Mariana? Lloraste mucho y algo de azúcar en tu cuerpo no estaría mal.
— Mamá, si quieres que Anna vaya a otro sitio. Solo dilo. — comento sorpresivamente la peliplata, entregándole el móvil a la omega y bajando de su regazo. — Ella odia cuando van a conversar cosas de “adultos”, ¿acaso no lo ven? ¡Anna ya no es una niña! Pronto cumplirá los seis.
Dicho esto, con la gracia de una hada del bosque en busca de su gran aventura, la ojos zafiro con pasitos sonoros se alejo rumbo a la maquina expendedoras de golosinas y bebidas azucaradas. Mariana estuvo atentada a preguntarle si tenia cambio, innecesario, la chiquilla saco de su bolsa un billete de gran número e introduciendolo en el artefacto marco algunas opciones, esperando su pedido con total normalidad. Realmente… ¿como lo hacia? Esa pequeñita parecía tenerlo todo al alcance de su mano, aparte de artefactos costosos y bastante dinero, su inteligencia era suprema. Astuta seria la palabra, porque dio en el clavo al darse cuenta no ser prudente su presencia en la conversación. Ahora bien, lo primero lo entendía, su padre era un patinador sumamente famoso y rico, no existía marcas reconocidas que no quisieran su presencia en sus comerciales. Apostaba frebilmente que ese hombre sudaba dinero, o al contrario de muchas personas, iba al baño y salia dinero. Perfecto, retiraba eso último, es asqueroso.
Volviendo a la realidad, la respiración inquieta del omega al otro lado de la línea le dio un vuelco en el estomago, ya es demaciado para implementar un escape delicado, menos ortodoxo. Los ojos caoba de Katsuki Yuuri leyeron lo mas profundo de su alma, queriendo decir, conocer sus inquietudes al respecto la historia mantenida los cinco años transcurridos con Yuri. No es ningún idiota o ingenuo, el japonese es una persona totalmente experimentada y ha pasado por mucho, Mariana es intuitiva, debido a ella se atreve a especular. La misma razón de llevarla a las aguas turbulentas de las inseguridades, sabia que apartir de unas horas atrás cambio su estatus con Yuri, no es de etiquetar a las personas y darles hombres a las relaciones, simplemente se dio una oportunidad con ella, simple como conciso. Sin embargo, algo retumbaba en su interior, una especie de cuerda elástica encargada de incomodar sus puros sentimientos, la relación con el rubio para ser mas exactos, caso de estirarlo mucho terminara por romperse. Y no quería eso, obvio no, apenas comenzaba las cosas entre los dos podrían parecer un tanto complicadas, pero Mariana harían que funcionen. Lo prometia.
Es cierto, la latina no posee ideas sobre la historia concerniente del omega detrás de la pantalla y el rubio, es mas, en algún momento menos querría saberlas. Le lastimaria, hundiria y adquiriría un complejo de inferioridad. Solo mirenlo, Katsuki Yuuri al simplemente admirarlo en silencio percibes su belleza natural, lo blanca que puede ser su piel, lo natural agradable de su personalidad, la ingenuidad pintada en cada parte de su rostro y esos ojos caoba o cualquiera que sea su color, grandes y expresivos capaces de leer todo de ti, incluido tus secretos. Vamos, es el omega que cualquier alfa estuviera dispuesto a matar para tenerlo, y mucho, mucho, mucho esta ella. ¿Hay algo de especial ella? Salvo su piel canela parecido a tener un bronceado en una de esas camas raras de rayos UV, junto a su desencia directa del trópico, no había nada mas, nada. Ni siquiera una carrera prometedora llena de brillos del patinaje, es decir, le ha costado llegar donde se encuentra, pero no ha tenido ese hit para llevarla a la sima, la supremacía de su categoría. Era, es y sera Mariana, solo Mariana, la omega capaz de desafiar un pais con costumbres solo por patinar. ¿Puede ganar contra las maravillas de Katsuki Yuuri? ¿puede tener realmente la esperanza de hacerlo? ¿de optener la atención de Yuri? ¡¿lo tiene?!
— A Yurio, solo le interesas tu. — esa voz agraciada le golpea con calma, una buena dosis de realidad y algo de cariño.
— ¿Como puedes saber eso? — replicó un poco molesta, sin siquiera alzar la voz o la mirada. — hace un mes estaba contigo, ambos eran una pareja. Él no hacia mas que vivirsela por ti, incluso, desafío al entrenador Yakov para ir a verte. No, no creo que le interese de esa forma. La forma “Katsuki Yuuri”.
— ¿Y como puedes tu saber si miento? — inquirio un tanto sorprendió, hasta, insultado. — Lo conosco, Mariana, conosco muy bien a Yurio no es quien deja acercarse a todo el mundo a su círculo. En ese sentido, es muy… selectivo.
— He sido yo en dar el primer paso. — admitió sin vergüenza, algo rencorosa. — le ofrecí pasar el celo conmigo y…
— ¿Te rechazo? ¿te maldijo de por vida? ¿o te mando al infierno? — intervino con antelación, sabiendo mas o menos por donde apuntaba la omega. — Mariana, por favor, ten mas confianza en si misma.
— ¡Y lo tengo! — elevo un poco su tono de voz, apretando uno de sus puños libres. — eso solo que… que esto para mi es sumamente confuso, por eso mismo, porque no me rechazo e inclusive siguió a mis llamados. Pero… y si tu…
— ¿Voy a reclamarlo? — adivino, Mariana se sonrojo hasta las orejas produciendo en el japones una risa algo escandalosa y divertida. Claro, claro, vamos a reirnos de las ocurrencias de la González. — Bien, bien, disculpame pero es lo mas absurdo que he adivinado en mi vida jamas.
— ¡¿Pero por qué?! — demando la morena, alzando finalmente su rostro manchado en carmín mitad vergüenza y la otra desconcierto. — Digo, estuviste saliendo con él durante todo este tiempo y dudo olvidar ese cariño fácilmente. ¡Fueron muchas memorias compartidas!
— Y es cierto, hay muchas cosas que sin duda alguna le debo a Yurio. — confeso con una expresión nostálgica, prendiendo las alarmas de la latina con susto y defensiva. — Pero no por eso voy a volver a estar con él, es una etapa bastante dolorosa para ambos, fueron decisiones erroneas y rememorarlas es absurdo. Quiero a Yurio, siempre lo querre, pero no de la manera que tu piensas.
— ¿Entonces como?
— Alguien importante de mi familia, — respondió con una sonrisa grande, brillante y medio contagiosa. Mariana por un segundo pensó ver a un ángel. — como dije él estuvo en momentos importantes de mi vida. Un ejemplo, el nacimiento de Anna, fue primero a llegar a verla luego de mi mejor amigo, de sostenerla entre sus manos y admitir el salir todo bien. Ahora miralo, asi fue. — la morena se sintio estúpida de un instante a otro, porque sus celos dirigidos hacia este omega fueron mal infundados, Katsuki Yuuri es una persona admirable. — Lo admito, salir con él no fue precisamente una buena decisión pero al menos, debía darle una oportunidad de ser feliz con alguien mas aparte de Viktor. Pero para cuando me di cuenta, era demaciado tarde, porque cuando estas destinado ya a alguien ese hilo jamas se cortara. Se tensa, enrreda o templa, pero jamas deja su lugar en tu meñique, atado siempre a la persona amada. — hizo una pausa, colocándose una mano directo en el corazón donde una bonita argolla dorada adornaba uno de sus dedos. Mariana lo comprendio de inmediato, sintiéndose mas idiota posible. Yuuri se comprometió con Viktor. — Amo al padre de mi hija, Mariana, lo amo tanto que me asusta el solo pensar estar otros años alejado de él. Ya fueron suficiente y necesarios como para botar nuestro esfuerzo a la basura, no te juzgó por sentir celos de mi, es decir, de estar en tu lugar igual sentiría al saber que una expareja de mi alfa es de su mismo circulo social. Pero permiteme decirte algo, nunca, escucha bien, nunca dejes que las inseguridades se apoderen de tu mente y decidan por ti. Habrá ocasiones que querras rendirte, mandar todo al infierno y dejarlo atrás. Pero si realmente lo anhelas, lo quieres, has lo imposible posible y desafía la gravedad. Recuerda, esta vida no es de aquellos de tirar la tualla a la primera, sino de los que nunca se rinden en busca de su meta.
Si alguien le hubiese dicho tener una conversación de corazón a corazón con uno de los mayores exponentes del patinaje artístico omega, le llamaría loco, mentiroso o idiota. En la vida tendría tal oportunidad de hablar con semejante personaje, menos sabiendo de su desaparición de los medios y todo el escarnio público, porque era el omega mas cotizado e inalcanzable de todos admirarlo patinar ya era un hazaña increíble. Todos, incluido su prometido, admitían que el azabache recreaba musica con su cuerpo al danzar sobre el hielo envolviendote en una suave canción de cuna, inotizandote, cautivandote e invitandote a quedarte hasta el final de la coreografía. Fue una lastima su retiro tan repentino, tan joven y talentoso, tenia muchas mas cosas por dar en el hielo aunque Mariana comprendio de inmediato la razón, o mas bien, las razones detrás de su decisión. Uno, el nacimiento de Anna, y dos, Viktor. Quizás, solo quizás, el japones se encontró en una incrusijada al verse mínimo delante de la carrera del ojiazul llena de vida y luz, era igualmente pronto para su retiro por lo mismo, realizo justicia en sus manos y desecho todo a la basura. Recuerden, Yuuri era conocido como “corazón de cristal” para él ganar el GPF le fue insuficiente, una medalla de oro no satifaceria la impecable historia del alfa en el patinaje, menos en su debut como entrenador, debía de ir mucho mas allá. Eso solo lo obtendría volviendo a las pistas. De pronto, imágenes de un Viktor sin vida le golpearon la mente.
Oh, dios mio.
¡Oh santo cielos!
Tenia sentido, obviamente lo tendría, el peliplata no estuvo en ningún momento de acuerdo con el omega seguramente colocándose a contraparte, pero como es débil a las penticiones de este termino accediento. Luego, sin premeditarlo, el Katsuki salio en estado de Anna pero al encontrarse lejos, no podría obligarlo a responsabilizarse de la criatura. Entonces, ¿donde entra la participación de su rubio en la historia? Después, poco tiempo después de esto, tal vez en el momento de enterarse de la existencia de Anna o luego.
« Sea como sea, no es en lo absoluto reconfortante adivinarlo. »
Ahora, se sentía peor de idiota que no saber nada, porque dudo ante todo de la pareja de otro alfa, quien igualmente, era su compañero y una excelente persona al pesar de compartir mucho con el alfa, desde lejos intuia el sufrimiento de estar embargandolo. Bien, he allí el resultado a todo la formula planteada. Las malas decisiones lo llevaron a este desenlace, no podía ser todo tan caótico, podría atraverse a decir que valio la pena los años separados para venir a este final esperado.
— ¡Anna! — escucho un grito detrás de ella, volviéndose de inmediato a la dirección del sonido. — ¿Anna donde estas?
— ¡Papá! — se levantó de su asiento dejando sus apeditivos atrás, corriendo con sus piecesillos ligeros. — ¡Papá por aquí!
Viktor había entrado a la sala hecho un remolino de anciedad sus ojos revolotiaron todo el sitio, por eso al hallar a la cachorra, soltó unos lagrimales aliviado a la par de extender sus brazos corriendo en dirección a ella, quien no conteniendo mas sus emociones, imito a su padre igualmente llorando. Sin esperar mas, el alfa la alza entre sus brazos estrechandola con fuerza pidiéndole disculpas por todo, su descuido, dejarla sola, permitir lo ocurrido hace unos minutos y el no darse cuenta de la falta de su mamá en sus vidas, la comprendia, él igualmente lo extrañaba pero debían de ser fuertes. En si, fue una escena conmovedora en todo el sentido de la palabra, Viktor adoptando el papel de padre amoroso te llenaba de esperanzas de vida, porque dejaba a un lado su posición de patinador guerrero a alguien mas humano, comprensivo y alcanzable. Solo mirarlo a esos ojos zafiro con algo de angustia te producia empatia, al menos en la perspectiva de Mariana, le veía mejor a hace unos meses actuando en competencias porque parecía una maquina, no una persona. Al parecer, la cura para todos sus males era cierto japones omega, el cual, de la misma forma, necesitaba su dosis especial de ese alfa despistado.
Anna se despega de su papá señalando inmediatamente en dirección de la latina olvidada, al sentirse tan sola llamo a su mamá y se encontraba hablando con la novia de Yurio, Viktor impresionado de escuchar tales palabras de su pequeña gira la mirada en dirección de donde señalaba la pequeña, encontrándose evidentemente a la morena. Demonios, otra mancha mas a la cebra que agregar, porque podría estar sonriendole como si nada estuviese ocurriendo al rey del patinaje artístico, pero este con una mueca digna de un meme de internet con significado de complicidad, se formulaba seguramente un millón de situaciones avergonzadas de ella y el rubio. Una vez mas, deseo ser tragada por la tierra, imitar al avestruz o sucuestrada por aliens. Sin embargo, antes de salir con algún comentario fuera de lugar un grito capaz de helarle la sangre a cualquiera, retumbo en el lugar, su dueño: Katsuki Yuuri. Exigía de inmediato explicaciones de lo ocurrido con la actitud rara de su pequeña, sobre todo, porqué al recibir una llamada de ella no se encontraba en ninguna parte. ¿Como podríamos describir la expresión de susto del Nikiforov? Seria igual al cuadro del “grito”, o enterarse de romper el jarrón favorito de tus abuelos al jugar con la pelota dentro de casa, no, no, mas bien, querer sorprender con una fiesta sorpresa a tu mejor amigo pero este resulta traer consigo mismo su fiesta. Si, mas o menos, eso seria lo reflejado en el rostro del alfa. El mas e inevitable terror puro.
Viktor no hace esperar mucho a su prometido, camina con su hija en brazos directo al matadero con expresión sombría, no existe nada con que bromear y de haberlo, podría considerarse alfa desmembrado. Seguidamente, llegan la tira de reprimiendas hacia él desde “padre inresponsable” hasta “idiota, tu deber es cuidar de nuestra cachorra”, el peliplata le cuenta delicadamente lo ocurrido esperando tener una especie de compación de su pareja, pero no, los gritos son mas estensos y las salvaciones cortas. Si, Viktor Nikiforov, es oficialmente alfa castrado. A todo esto, Anna permanece muy quieta pegada a las solapas de su padre, no sabría saber si se encuentra entretenida o concentrada, pero en ningún minuto despega sus ojitos de la pantalla como si temiera perderse de la función. En fin, al menos hay alguien disfrutando de esta masacre.
— Mariana. — alguien la llama y su cuerpo vibra, alzando la mirada se topa con los ojos zafiros de Yuri. Su Yuri. — esto durará bastante, asi que ven conmigo.
Eso no es una sugerencia, mas bien, se trata de una orden. Dándole un último vistazo a los peliplatas, percibe que los ojos azules de la niña empiezan a pestañear mucho con señal de sueño, antes de mostrarse el cabezeo su padre la sostiene con una manos alojandola en su pecho acunandola, dándole rienda a descansar. Después de todo no es tan despistado, se percató de los movimientos de su hija. Seguidamente, la morena sigue los pasos del rubio que mostrandole su espalda ancha, camina delante de ella sin mencionar palabra alguna, solo inundandole el incomodo silencio. Una vez mas, la omega se siente ridícula, acababa de degradarse a la mas mínima expresión sintiendo celos de Katsuki Yuuri, prometido y pareja de otro alfa. No es como ni tuviese derecho, el mismo japones le dio la razón de estarlo, solo que estando nuevamente a solas con el rubio volvía la incomodidad y la sensación de ser poca cosa. Era tal cual como menciono el azabache con Viktor, ella amaba tanto a Yuri que temia de perderlo, ser llevado lejos y no poder verlo jamas. Podría ser incredula en el termino de “almas destinadas” pero con el rubio, sentía un tipo de conexión jamas experimentado hacia alguien mas, solo él, solo existía él en sus pensamientos desde despertarse hasta dormirse, inclusive aparecia en sus sueños alegando amarla con a misma intensidad que ella. Lo doloroso era despertarse y descubrir la realidad, se encuentra lejos de su alfa adorado.
Sintiéndose lo suficientemente alejado de la familia complicada, Yuri freno sus pasos en otra sala vacia con las mismas característica de la anterior, salvo tener dos bancas de mas y una maquina expendedora de bebidas calientes. Sin preámbulo alguno, tomo asiento cerca de la salida introduciendo sus manos en la chaqueta de la selección rusa y mirando a Mariana, esperando a que lo emitase o digera algo. Sin embargo, no lo hizo. Dirigiendo sus piernas lejos de él, se paro delante de la maquina expenderora y compro un chocolate caliente, hacia frío para alguien de procedencia latina como ella, aguantar el invierno en un pais como Rusia siempre ha sido una batalla, termina ganandola, pero batalla al final de todo. Luego de darle unos cuantos sorbitos con la finalidad de entrar en calor, termina sentandose junto a Yuri esperando, al igual que él, decida romper el inmodo silencio entre los dos. Aunque para ello, bastaron vaciar casi toda la vaso de chocolate de Mariana y hacerlo realidad.
— Te has dado cuenta, verdad. — eso efectivamente no es una pregunta, sino afirmación y la latina lo sabe.
— Si — responde ella, apretando instintivamente el vaso en su manos y peligrando de aplastarlo. — Katsuki Yuuri… es… el es agradable y apuesto.
— ¿Solo díras eso? — giro bruscamente hacia ella, frunciendo ligeramente el ceño.
— ¿Qué esperabas entonces? — no le hizo caso, esperando demostrarse neutral e indiferente aunque eso no fuese la realidad.
— No lo se, esperaba escucharlo de ti — le exigió, molestandole aun mas la actitud de la omega ante la situación. — ya que lo dice toda la expresión en tu cara.
— No se de que hablas, — nego rotundamente, notando que el dolor de su entrañas se intensificaba. Quizas mentir no de le daba de miedo. — mi cara se encuentra muy bien.
— ¿Y por qué no te atreves a mirarme para decirmelo? — la sujeto de su mano libre obligandola a girar al frente, Mariana se encontró acorralada y presa de un sensación apretada en el estomago, tal vez pánico. — si te encuentras tan normal como dices ser, quizás tuvieses la valentía para admitir las cosas de frente.
— ¿Yuri podrías soltar…?
— ¡Deja de fingir calma maldición! — grito finalmente.
Listo, pensó la morena, ya no podía aguantar mas el nudo precionando su garganta le mataba lentamente y ese aplastante sentimiento hostigoso en su estomago, parecía estar logrando su cometido. Unos sollozos se escucharon, luego quejidos lastimeros, seguido de palabras inreconosibles en un idioma incomprensible para el alfa y por último al alzar el rostro la chica, las lágrimas aparecieron desbordando todo a su paso. El pecho de Yuri se oprimio conmocionado, asustado de ver llorar a la latina con tal sentimiento al ser una persona muy alegre y entuciasta, pero él desconocía que hasta las personas mas optimista tenían sus momentos. Justo como ahora.
— Mariana, ¿qué…?
— Katsuki… Katsuki Yuuri es tan… tan hermoso… valiente y… y… valeroso. — comentaba entre respiración cortada y gimoteo. — no puedo… no puedo evitar sentirme tan chiquita, mini… mínima porque… tu… ¿tu lo sigues amando verdad? Y yo… no soy nadie… nadie Yuri. Solo mirame… ni… ni le llego a los talones… era de esperarse que… te… te interesaras en él. — tratando de controlar los sonidos de lamentos salidos de su garganta, Mariana cubrió su boca con la mano al liberarse del alfa aun en shock. — ¡¿Acaso no lo has visto aun Yuri?! Te amo… te amo tanto… tanto que duele… me duele que no… ni pienses en corresponderme porque… ¡Porque un vives en el pasado pensando en ese hombre!
— ¡AH! — musito impresionado, saliendo de su trance. — ¡¿quien ha dicho que sigo queriendolo?!
— ¡Tu con tu actitud! — le recrimino, siguiendo con su histeria. — ¡¿Y como no?! ¡Si es perfecto en todos los sentidos! ¡Hasta una excelente madre para Anna es! Obvio… obvio que no puedo contra eso, después de todo… ¡a los alfas les encantan alguien adecuado como madre de sus cachorros!
— ¿Y quien ha dicho que quiero tener cachorros? — pregunto con la vena palpitante de su cien fastidiandole.
— Pues… — no teniendo respuesta, giro de mecánicamente a donde se encontraba Yuri mirandola incredula. Solo así freno un poco su histeria. — todo alfa… los… los desea. ¿Acaso tu no?
— ¿Viste como es Anna? — planteo con ironía, Mariana solo atino a parpadear sin entender. — Por favor, es el demonio en persona, tal vez tenga apariencia de un lindo querubin pero solo es un engaño. Utilizando sus encantos tiene a sus padres comiendo de la palma de su mano, ese efecto surge mas en el cerdo.
— ¿Como…? — hipo secando las lágrimas de su rostro — ¿como has dicho?
— Anna es la viva imagen de Viktor, claro, sobra decirlo. — rodeo los ojos al sentirse estúpido aclarando tal cosa. — Eso no solo le asusto a Yuuri mucho, de la misma forma le gusto y prometió prometegerla como darle todo en la vida. Inclusive, lo mas absurdo.
— ¿A donde quieres llegar con eso? — argumento confundida la latina — ¿acaso no es tu princesa Anna?
— Si, pero con ello no quiere decir incluir en el paquete a su mamá. — suspiro cansado de dar explicaciones engorrosas, en seguida se acerco al rostro lloroso moreno y empezó con delicadeza a secarlo con sus pulgares. — Escucha, es verdad que amo a Yuuri mucho, pero descubri en ese tipo de amor algo totalmente diferentes a lo imaginado antes. Porque no solo me herí a mi mismo intentando nadar contra la corriente, intente poseer algo que jamas ha llevado mi nombre y no lo llevara.
— Yuri…
— Odio admitirlo pero… — hizo un ligero puchero mirando a otro lado, visualizando unas pequeñas franjas rojizas en los pomulos del ruso y activo las mariposas de Mariana en el estomago, llegandole los nervios del otro. — durante este breve lapso de tiempo la única en acaparar mis pensamientos fuiste tu, quizás no empezamos de la manera mas correpta pero… podríamos reinvindicarnos. ¿No crees?
Oh, mierda, mierda. ¿No es un sueño? ¡¿En verdad no lo es?! El rubio de sus sueños esta declarando la mejor poesía de todos, muy lejos de parecer romántico, seguirá siendo brusco y agresivo. Sin embargo, las feromonas de la felicidad se activan en la omega haciéndola sonrojar furiosamente, la dulce sensación de satisfacción se aloja en su vientre y las mariposas en el estómago se convierten en abejas, abejas asesinas. Quiere llorar, no de tristeza, de felicidad porque una vez mas en el mismo día, acertó con el rubio gruñon y eso, eso merece mínimo parar el mundo de cabeza para gritar feliz. Las lágrimas vuelven aparecer tomando por sorpresa al rubio, inundando su cara esta vez de dicha absoluta, tal como espero Yuuri cinco años de encontrarse con su amado una vez mas, Mariana lo hizo tambien espero pacientemente para ser correspondidos cada uno de sus sentimientos profundos. En el presente, siendo protegida en manos de su alfa que no tenia una pizca de idea de como calmar las lágrimas de felicidad en una omega, Mariana quiso reírse de su propia estupidez. Jamas tuvo contrincante, jamas existió tal cosa, o tal vez si, ella misma.
— ¡Rayos! No llores mas. — exclamó desesperado, luchando por limpiar las lágrimas del rostro contrario. — ¿di a entender que permanecería a tu lado? ¿cierto? ¡Por eso calma de una vez!
— Yu… yu… ¡Yuri! — tartamudeo llorosa igual a una pequeña niña. — ¡Te quiero! ¡En verdad te quiero mucho!
El ruso no acostumbrado a tales ataques sin antelación, se separa de la muchacha queriendo ocultar su rostro con una sola mano, donde efectivamente un adorable sonrojo se forma. Ah, Mariana no podía mas, en verdad no podía. Presa de sus sentimientos repiqueteando en su pecho, se lanza de lleno al vacío direcho en los brazos de Yuri apretandolos, sintiendo volverse un manojo de nervios por la cercanía. Aun así no deshace el abrazo, le da inclusive un poco de gracia, ¿alfas siendo atacados por omegas? ¡Vaya broma! Pero ocurre, le esta ocurriendo y no le parece tan malo. Dejándose llevar ante las feromonas de la mujer, Yuri desarma cualquier muralla autoimpuesta por si mismo, cerrando los ojos y aceptando gustosamente los labios de ella contra los suyos. Los movimientos son lentos, perezosos diferentes al de unas horas atrás en los baños donde demostraron querer comerse vivos, ahora no los embarga la pasión, sino una luz tenue parecida al alba en las mañanas al asomarce entre las montañas. Sus corazones palpitante gososos, alegreses y totalmente satisfechos, quieren conocerse experimentar el real significado de volverse una pareja. No solo persiste el deseo carnal, es necesario en la población humana, sin embargo fomentar entre ellos el romanticismo es valido igualmente. El beso es saldo, tiene el sabor amargo de las lágrimas inseguras de Mariana e inquieta un poco a su alfa, el solo quiere borrar todo daño antes causado en ella y sumplantarlo con cariño, regalarle las mejores memorias de todas. Oh, claro que si, Yuri llevara al pie de la letra eso.
— Lo siento. — es el primero en romper en silencio al separar sus bocas, la morena lo mira confundida, limpiandole la comisura de los labios por algun exceso de su labial en ellos. — se que mi personalidad es una mierda y evita llegar mis leales sentimientos hasta ti, debí ser mas claro esta mañana así pasar de todo esto.
— Entonces, yo igualmente lo siento. — musito apenada, bajando la mirada y sosteniendo las pálidas manos de su alfa. — no debí dudar de ti, mucho menos colocarme celosa de Katsuki Yuuri. Realmente es una excelente persona, te apresia realmente y yo trasdiveje eso. Lo siento mucho en verdad.
— Me rehusó a creer que pienses esas cosas del Katsudon. — chasquio la lengua, desviando la mirada hacia otro lado. Mariana empezó a tomarlo como un escape de sentirse avergonzado. — Es decir, si salimos juntos, pero se le nota en los poros su gran amor por Viktor. Ese par… son de miel de maple sobre panqueques, estando juntos, es horror puro.
— ¿Por qué lo dices? — rió incredula, el rostro de Yuri no es precisamente de felicidad mas bien, parece haber visto un fantasma.
— Si Anna es la personificación del diablo en persona, sus padres son los reyes del averno. — sentencio mirandola a los ojos con susto marcado.
« Ah… vamos, no puede ser tan malo. Yuri es demaciado exagerado. »
De pronto rompiendo la atmósfera de tranquilidad en la reciente pareja, Viktor Nikiforov aparece como si fuese llamado por ellos, con una sonrisa de oreja a oreja sosteniendo el móvil de su hija en sus manos. Yuri pensó que de eso, no podía venir nada bueno.
— ¡Vendra! — hablo muy alegre, Anna a su lado daba brinquitos emocionada alzando los brazos y teniendo la misma mueca a su padre, al rubio se le congelo la sangre. — ¿pueden creerlo? ¡Mi Yuuri vendrá finalmente a verme!
Mariana giro por inercia en dirección a su alfa temiendo encontrarse lo peor, y en definitiva allí estaba, la expresión del horror como si la bruja mas temida de todas le propusiera viajar con ella. Asi que, mientras los peliplatas celebraban su evidente victoria, la omega se dispuso a revivir al rubio gruñon que por simple extres, yacía desmayado en una forma dramática sobre su regazo.
¿Y ese era un alfa? ¡que broma mas bizarra era esta!
Punto regresivo hacia la muerte de un Plisetsky: reunir a los amantes melosos en un mismo sitio. 

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