En la vida había sido considero de muchas maneras, desde genio, prodigio hasta la última de todas, “La leyenda viva del patinaje”. E inclusive, se las creyó cada una sin pensarlo dos veces. Es decir, al momento de realizar sus actuaciones podía sentirlo, las miradas, los signos de exclamación y la conmoción.
Alli vino su sentido de la seguridad: su público.
Y es que para alguien como Viktor Nikiforov, nada en la vida podría ser imposible, absolutamente nada. Porque donde pone la vista, coloca la aguja enseguida. Aunque signifique, llevarle la contraria a medio mundo, debido a que su alma rebelde o despreocupada se lo dictamina. Muchas veces su entrenador se lo recrimino, su incapacidad de escuchar a las personas, obligando a su alrededor girar a su entorno.
Si, si, si.
Seguridad.
Autoconfianza.
Y autoridad propia de sus decisiones.
Seguridad.
Autoconfianza.
Y autoridad propia de sus decisiones.
Esa sería un de sus tantas particularidades en su personalidad, podríamos agregarle unas mas, como la calma o soltura al momento de enfrentar las situaciones peliagudas. Al ser ruso, tienden a ser interpretado como una persona fría, casi sin emociones, siendo totalmente falso. Porque aunque en vista de millones de espectadores podría ser perfecto, encantador, atractivo, y un sujeto con el mayor carisma para dejarlo sin aliento al momento de pisar una pista de hielo, sigue olvidándose algo.
El gran Viktor Nikiforov es humano.
Es consiente de ello, mas cuando debe aparentar total calma, sonreír con su usual mueca despreocupada y mirar aquel sujeto. Ese molesto hombre de piel morena, ojos negros, voz pausada, amigable (y bajo su criterio peligrosa) y personalidad calida. Si, por supuesto, y el Nikiforov es Chino. A todo esto, ¿quien puede estar refiriéndose? De Phichit Chulanont, patinador profesional de Tailandia y mejor amigo de su “cerdito”, o al pocas palabras, su pupilo.
¡Y tiene derecho a molestarse! A patalear, hacer pucheros y reclamar de ser necesario, porque desde haber visto ese video de su programa a manos de Yuuri Katsuki, este fue proclamado suyo y muy bien se conoce como para dar su brazo a tocer. Allí pueden darse cuenta de algo mas, Viktor no solo es posesivo, tambien es egoísta, admitir estar derritiendose por el adorable japones es innecesario. Desea poseerlo, marcalo, decirle al mundo entero de ser el dueño de aquel chiquillo…
¿Acaso Chulanont le ha colocado su asquerosa mano en el hombro de su “Katsudon? Oh, vamos, vamos, que esta “visita inesperada” se ha vuelto molesta.
No es que Vitkor no conosca de ese moreno, el mismo Yuuri se encargo de relatarle de sus dias en Ditroit, cuando el antiguo entrenador los preparaba al japones y al tailandés a la vez, obligandolos a ser compañeros de habitación. En pocas palabras, aquel molesto ser tuvo la oportunidad de verlo dormir, despertarse y… ¡No! ¡No! Desviarse del tema jamas seria beneficioso, mas bien, le provocaría enfadarse mas aun. En fin, como antes relataba, Chulanont estuvo compartiendo varios años juntos con el japones, llegaron hacerse muy buenos amigos, con la suficiente confianza de contarse las cosas. Claro, tomando en cuenta los limites hasta donde llega Yuuri.
De esa manera, luego de enterarse de la victoria en las nacionales de Yuuri, no espero la mínima oportunidad en tomar un vuelo y visitarlo. Mas sorpresa a esa imposible. Viktor no solamente debió de tragarse cada una de sus emociones destructivas, sino tambien, dibujar una sonrisa despreocupada extendiendo su mano al moreno, señal de cortesia. En alguna extraña ocasión, Yuuri se incomodo un poco al ver esa curvatura de sus labios, quizás se dio cuenta de la ciniestra verdad bajo esa fachada, o temer de interrumpir un ensayo tan importante. Sea cual sea la razón, no es nada agradable. Aunque admitirá algo, le llena de felicidad que su cerdito lo conosca tanto, aunque existe lados los cuales, siguen estando ocultos.
Lo peor de todo es la estrecha cercanía de aquel moreno con el japones, la necesidad de robar su espacio personal y marcalo bajo su máxima autoridad. Muy astuto, si debe reconocerlo, ese Chulanont no es ningún idiota, sabe manejar muy bien sus cartas y desplazarlo por completo a un lado.
¡Como sino hubiese tenido suficiente con aquel chiquillo de apariencia adorable! En las nacionales Nanami Kenjirou auto proclamado “fan número uno de Katsuki Yuuri”, se la paso revoloteando a su alrededor en busca de atención. Bien, bien, Viktor pudo manejarlo satisfactoriamente, solo es un niño e intimidarlo seria una total ridicules. ¡Por todos los cielos! Es un adulto, y ante todo el mundo la representación gráfica de un deportista eficaz, brillante y muy serio.
¡Ha! Si aquellos ilusos supieran la verdad, la autentica y única verdad. En esa ocasión, lo que deseo hacer Viktor era acorrarla al Katsuki, llenarlo de muchas marcas en su tersa piel, aun mas, de las visibles y ese acto ser presenciado por “la papita con catsup”, para que de esta manera conociera su lugar.
Por supuesto, una posición sumamente madura de un adulto.
Ahora, viendo el panorama con aquel molesto tailandés colocando sobre los hombros de “SU CERDITO” el brazo, no paraba de pensar improperios y hervirle las entrañas con ferocidad. ¿Es que como se atreve? ¡A él le costo tanto acercarsele al japones! Y viene este moreno molesto haciéndolo en un dos por tres. ¿Yuuri acaso lo esta probando? De ser así, es cruel, muy cruel y… merecería un castigo.
Dibujando una sonrisa en sus labios, comienza a acercarse a los dos muchachos quienes comparten fotos, Chulanont se ha confesado adicto a las redes sociales, asi que hacerse unas cuantas selfies con su antiguo compañero de pista es una necesidad. Pobre, no sabe con quien esta a punto de chocar.
— Yuu-ri… — canturrea el moreno en modo puchero, casi de reclamo — te he dicho que debes acercarte un poco mas a mi, de esa forma la foto saldrá mucho mejor.
— ¿Lo crees en verdad? — exclama pensativo el japones, mirando extrañado la imagen — pues la verdad… considero que ha quedado bastante bien.
— No, no, no. ¡Hagamos una mas! — insiste Phichit.
« Sera aprovechado » , piensa Vitkor medio frunciendo el ceño en vista de la idea del moreno, porque sus objetivos son pegarsele al japones igual a una polilla con la luz o una pulga a la piel de un animal.
— He… ¿qué hacen? — interrumpe el debate de los otros dos, el ruso con su usual sonrisa despreocupada, ocasionando un respingo de impresión en el Katsuki. — ¡Parece divertido! ¿puedo participar?
Yuuri tiembla sin poder comprenderlo, puede conocer poco al Nikiforov, pero sabe perfectamente cuando este tiene entre manos algo oculto, o mas bien, esa mueca en su rostro se lo dictamina. Él no es de manifestar mal humor o algo parecido, en lugar de eso, su sonrisa se vuelve mas ancha y el tono de voz mas suave. Demonios, sus sentidos le dictaminan estar alerta, jamas dejarse llevar por Viktor. De lo contrario, cosas terribles ocurrirían.
— Oh, Viktor. — el primero en responderle es el moreno soltando al japones y sonriendole al otro, tratando de ser amigable — solo nos hacíamos selfies, mis seguidores deben saber que MI RELACIÓN con Yuu-ri sigue siendo buena. Bueno, siempre lo ha sido. ¿Cierto?
¡Y lo abrazo! ¡Maldición que lo hizo! Aunque bajo la perspectiva de Viktor eso no es un abrazo, parece es el estrangulamiento de una boa muy venenosa, cuya finalidad es robarle todo el aire a su víctima. No tan lejano a la realidad. La expresión del rostro del Katsuki es un poema, esta entre conmocinado y asustado, tornandose algo pálido.
Viktor sonrie mas abiertamente, sintiendo la vena de su frente palpitar, casi a punto de explotar. Lo esta provocando, él lo sabe, pero no pretende seguirle su juego. Mas bien, el ruso tiene su propia manera de jugar.
— V… ¡Vamos Phichit-kun! Estas apretandome mucho. — sonrie incomodo el Katsuki.
Esto es malo, muy pero muy malo, el japones puede percibir muy bien la vena en la frente de su entrenador, esta molesto, super molesto y… ¡Maldición! ¡Hasta puede escuchar sus pensamientos! Dicen permitir que otros se les acerquen menos él.
Oh… quiere volverse hormiga, hámster o pollito. En su caso, seria cerdito.
— Es natural, digo, ustedes permanecieron cinco años juntos. ¿No es así? — un escalofríos cruzo su espina dorsal al ver esa mirada, porque el brillo de los ojos azules de Viktor le llego al alma. Yuuri no sabía que hacer, menos el pensar, solo quedarse estático. — Yuuri me lo relato todo, con lujo de detalles, antes de su entrenador soy su MAYOR CONFIDENTE. Me tiene mucha confianza.
Uhg… cuanta sátira de mentiras, pensó el japones, porque aun posee un poco de miedo estar a su alrededor. En solo mirar esos safiros de ojos un sentimiento raro se apodera de él, no puede explicarlo, pero su cuerpo entero convulsiona y tiembla. Quizás, este empenzando a contraer una enfermedad.
— ¿Si? — musito incrédulo el tailandés, cayendo en la misma pista de artimañas del ruso. — Siendo así, conoceras todas nuestras conversaciones hasta alta horas de la madrugada, o igualmente, las escapadas triunfales cuando todo parecía ir mal. Oh, Yuu-ri llorando es demaciado adorable.
— ¡Phichit-kun! — se alarmo el nombrado, sonrojandose hasta las orejas.
Menuda porquería, pensó el ruso al ver esa expresión solo provocado anteriormente por si mismo, al menos creyó tener la única potestad de hacerlo. Iluso, eso es lo que es, ¡un iluso!
Pero esperen, solo esperen, tampoco es que se declare derrotado ni mucho menos, esto acaba de empezar.
— No dudo de tus palabras — exclamó Viktor, atrayendo la atención de los otros dos. Dibujando aun su sonrisa mas grande y carismática, las alarmas de emergencia del Katsuki se encendieron. — aunque considero a Yuuri aun mas adorable con sus libras de mas, parece un enorme y adorable cerdito. ¿No lo sabias?
« ¡No finjas inocencia por dios! » Grito en su interior Yuuri, moldeando la expresión de total desconcierto, porque jamas creyó que Viktor llegase tan lejos. Meditandolo de una mejor forma, parecía estar teniendo una especie de competencia con su amigo, cual de los dos tenia mas conocimientos de su persona.
O… marcando territorio igual a dos sabuesos.
¡Era absurdo! No es que él fuese alguien muy importante para este duo, es decir, plantearse eso de su parte es demaciado arrogante. Agregándole eso, Phichit no va a caer en este tipo de juegos, es una persona muy centrada en sus prioridades, sobre todo, seria
— ¡Que sorpresa sería eso! — hablo por fin el tailandés, golpeando hacia lo lejos la teoría de su amigo. — Antes solías decirme engordar con mucha facilidad pero no lo creí, eso explica la razón porque rechazabas mis salidas a comer. ¡Lo siento! ¡Lo siento! Te coloque en una mala situación, ¿cierto?
— ah… eso… eso ya no importa. — contesto, afectado considerablemente.
Aguarden, aguarden, aguarden. ¡No actúen tan familiar como sino estuviera presente! Estúpido moreno, moviendo los hilos de la conversación a su conveniencia y reteniendo a Yuuri, detesta que este saliendo todo fatal… no, aun no pasa eso, rendirse esta prohibido. Seguramente eso seria para otra persona que no es él, porque para Viktor Nikiforov nada, veanlo bien, nada es imposible.
— ¿Y si me uno a su selfie? — propuso, cambiando totalmente de tema. Tomando las riendas de la situación a su conveniencia, claro, el tango se baila de dos luego de todo. — ¿No piensas ser mucha mas emocionante Phichit?
Oh, no, no, no. ¡En lo absoluto que lo es! Menos cuando esa mirada zafiro posee un brillo aun mas peligroso, Yuuri teme de las ideas de Viktor, pero mucho mas, de los posibles pensamientos rondando su cabeza. Cosa que aun, desconoce por completo.
— ¡Es cierto! — salta emocionado el moreno, asustando mas al japones, quien descolocado gira hacia su amigo mirandolo con pánico. ¿Desea acaso su muerte? — Mis seguidores quedarán encantados si sales en la foto, aunque dejaste de patinar, sigues siendo “La Leyenda del patinaje”. Tienes suerte Yuu-ri que te entrene Vitkor, puede estar frente de mi, pero sigo sin creermelo.
“Deberías comenzar a creerlo, niño incrédulo de Tailandia” el pensamiento malicioso del ruso ronda su mente, mientras se limita a sonreirle a los dos amigos lo bastante absortos de todo, incluso, de la autentica personalidad del hombre.
De una bizarra manera, el japones termino en medio de los otros patinadores, creyendose de alguna forma como el relleno de una emparedado. Phichit intentaba adaptar la manera de salir todos bien, en tanto Vitkor adoptaba la mejor de sus sonrisas para la lente, dejando al pobre del japones con las emociones a flor de piel. Odiaba esto, en verdad lo hacia, estar pegado mucho a una persona no es lo suyo, menos tratándose de Vitkor, quien quería simplemente meterse bajo su piel. Con Phichit las cosas son diferentes, digo, es su único amigo cercano luego de Yuko y su esposo, estuvo con él en Ditroit, estar tomando fotos hasta por ver un simple cachorro delante suyo es normal.
Sin embargo, el tratarse del mayor exponente del patinaje artístico, ahora su entrenador, las cosas se vuelve pavorosas y terrorificas. Es como dice el tailandés, no poder creer ser su pupilo y de la suerte en conllevar eso. ¡Por dios! Si le gano hasta Yurio solo para amarrarlo a su lado, tenerlo únicamente él y jamas cederlo a alguien mas. Lo sabe, es un pensamiento muy egoísta de su parte, pero era su mayor deseo y lo hizo realidad.
Phichit dictamina el estar listo para hacer la selfie pegandose mas hacia su cuerpo, pasando su brazo por el hombro de él y haciendo la peculiar señal de paz. Observando eso el ruso, la vena de su frente palpita alocadamente, llevándolo a tomar a cintura del japones atrayendolo mas hacia su dirección, juntando la mejilla de este con sus labios y mirando sonriente a la cámara. Dejando de esta manera aun Tailandés descolocado y un Yuuri a punto de embullición, tan caliente y lleno de vapor como un tetera.
Terminada la foto, Vitkor se separa del rostro caliente del japones sin una pizca de vergüenza, alzando su mano en señal de despedida al tailandés mirando desafiante, burlon y con mucha ironía. Le demostró fuertemente la marca patente de su supremacía en el Katsuki, jamas permitiéndole a nadie tocarle un solo cabello a este, inclusive, teniendo millones de memorias o situaciones similares, saldría vencedor obviamente el ruso. Por otro lado, Phichit apreto desconcertado el celular entre sus manos viendo la sombra del cinco veces campeón mundial Viktor Nikiforov, con una personalidad mas retorcida a lo esperada.
« Es tan infantil, inclusive, fácil de leer. Por eso es gracioso meterme con él »
Pero muy bien sabe el tailandés que si estira mucho la cuerda se romperá, procura mejor tomarse las cosas con calma y no molestarlo al punto de volverlo loco, Yuuri es un amigo muy importante para él, verlo dañado es lo último en sus planes.
— Phichit-kun, dime por favor que no vas a subir esa foto a las redes sociales. — la voz avergonzada de Yuuri llega a sus oídos, seguramente sin poder digerir lo ocurrido. — Solo… dímelo.
— ¿Pero por qué? ¡Si es fantástica! — reintegra el moreno, tomando el camino de molestar a su amigo — Sera un acontecimiento cuando la suba.
— ¡De ninguna manera! — chilla escandalizado de las palabras del otro.
— Vamos, vamos. — se ríe ante la expresión avergonzada del japones, seguramente ha sido mucho para sus pobres nervios. — Eso no es nada, solo es un inocente beso en la mejilla de tu entrenador. En otros países lo consideran saludo.
— ¡Pero soy japones! ¡JAPONES! — hace mucho énfasis en sus palabras, provocando mas risas en el moreno. Sin duda alguna, su amigo era demaciado inocente. — ese tipo de manifestaciones extranjeras no me agranda.
— Pero estuviste en Ditroit cinco años, ¿lo olvidaste? — planteo Phichit mirandolo descolocado. — además, recuerda, siendo patinador has estado en contacto con personas de otros países. Yuu-ri, ya no eres un niño. A menos que… — llevó una de sus manos a su boca produciendo una mueca de burla, el otro soltó un respingo de la impresión. — ¿qué pasa entre Viktor y tu?
¡¿Y qué demonios iba a pasar de todas maneras?! Si solo eran entrenador y pupilo, nada mas y nada menos. Era cierto en algo, las incinuaciones de Viktor colocaban su corazón a toda marcha, descolocaba su cabeza y le hacia sentir una clase de miedo mas poderoso al no poder comer su plato de katsudon favorito. Sin embargo, empezó a adaptarse a ello, sumandole sus extrañas miradas y su comportamiento mimado de hace unos segundos. Es decir, estamos hablando de Viktor quien hace y deshace las cosas a su manera, Yuuri lo apodo como tifón. Llega sin anunciarse, destruyendo todo a su paso e imponiendo el poder, cosa que el japones, nunca podrá ganarle.
Y… si, nada ocurre con ellos, ni ocurrirá porque el antiguo cerdito sabe su posición. El ruso terminara marchandose de la misma manera en que llego, eso le entristece pero no podrá frenarlo, debido a ello trata todo lo posible en no pensar en ese acontecimiento y centrarse en lo primordial. Ganar el Gran Prix.
— Mmm… — musita entre labios el moreno, mirando como su pensativo amigo se ha quedado de piedra y algo… ¿entristecido? Como sea, debería animarlo. — ¡Yuu-ri! Solo bromeaba, es que colocarte incomodo siempre sera emocionante.
— Eso no es bueno, Phichit-kun. — de una extraordinaria manera el japones se repuso, reprochandole la actitud de su amigo — en verdad me asustaste.
— Lo siento, lo siento. — junto sus manos pidiéndole perdón al japonés, en tanto el otro sonreía divertido. — la próxima vez de hacerlo, prometo ponerme cacarear igual a una gallina y subirla a las redes. ¿Si?
— Aunque suene tentador, no quiero ser el causante de conmocionar a tus seguidores. — río divertido el Katsuki moviendo su cabeza hacia los lados, su amigo tenia cada idea para hacerlo sentir mejor cuando pensaba cosas negativas. — Te perdono si me invitas un tazón de ramen, ya que estas de visita, deberías probarlo. ¿Qué dices?
— ¡Acepto!
Tarde, demaciado tarde, eran los pensamientos de Vitkor al mirar por enésima vez el reloj de su muñeca y no tener noticias de Yuuri, pensó que había dejado las cosas claras con ese tailandés pero se equivoca. Eran pasada las ocho de la noche y su pupilo no aparecia, estuvo recorriendo los lugares donde solia frecuentar el chico pero nada, inclusive llamo a Minako, pero esta dictaminó no tener idea del paradero del japones. Era obvio estar acompañado de Phichit, después de todo, no seria una visita de cinco minutos. Eso es lo de menos, pues su molestia reside en una sola cosa: la última selfie subida a las redes sociales de ese par.
Ambos salían sonriendo, cerca, tan cerca que sentían el calor del otro, mientras hacían la señal de victoria con sus dedos. Hasta allí nada extraordinario, pero al enfocar sus ojos en el hombro de Yuuri, todo exploto. En ese sitio estaba la otra mano del tailandés, apretandolo y demostrando su confianza. ¡Ha! Ni de hablar del mensaje que dejó.
« En Japón con mi mas intimo amigo Yuuri Katsuki. #salidaespecial #superamigos #celebración #ChulanontxKatsuki »
Esperen, solo esperen un momento por favor. ¿Desde cuando existía el “ChulanontxKatsuki”? ¡¿Desde cuando?! De alguien existir con la capacidad de explicarle esto seria muy amable, porque su cerebro se indiganaba de tantas palabras sin sentido juntas. ¡Ah pero claro! La respuesta inmediata de las redes no se hizo esperar, porque los seguidores de volvieron locos de la dicha al ver tan cercanía de los asiáticos, dando por sentado su relación estrecha.
Al final el pobre de Viktor no tenia una, sino un sin fin de venas en su frente palpitando de la rabia. Necesitaba respuestas, connotaciones claras de su cerdito y que contestara el maldito celular, que para colocar la cereza sobre el pastel, poseia apagado.
Demonios.
Demonios.
Demonios.
Demonios.
Demonios.
¡Yuuri seria su entera ruina!
Entonces el sonido de la puerta de la entrada de Yu-topia sono, alzando la vista del ruso y enviandolo su cerebro de inmediato ir a verificar quien llego efectivamente era su pupilo. Aunque no debió de esperar mucho para darse de cuenta, pues la voz del japones se escucho enseguida, quien al ver la figura agraciada del ruso esperando por él trato de ignorar.
Yuuri no tenía la energía necesaria para soportar las insinuaciones de Viktor, ni mucho menos la señales confusas que este le mandaba, solo quería darse un baño relajante e irse a dormir. Había tenido bastante de todo esto, sobre todo, de ese miedo convertido cosquilleo en su pecho.
Debía huir.
Debía de hacerlo.
Sino…
Debía de hacerlo.
Sino…
— ¿Has visto por un segundo la hora que es? — la voz del ruso llego a sus oídos, pero no con su usual tono despreocupado, en realidad, era ruda y descoloco un poco a Yuuri. ¿Hizo algo malo? — Porque son pasada las ocho y tu no contestabas el celular por algún motivo, menos dejaste a donde ibas a ir. ¿Debo recordarte quien eres Yuuri?
— Con todo y el respecto que mereces Vitkor, lo de hoy concernia a mi vida privada. — comentó el chico, sin alzar sus ojos café en dirección al ruso — por eso no debía de darte datos de mis movimientos. Asi que… buenas noches.
Esperen… ¿Escucho bien? ¡¿Habia escuchado bien?! Yuuri Katsuki, aquel pupilo rebelde, de caracteriza afable e inocente, quien se alegró de gustarle el Katsudon, de sonrojarse al verlo hacer sus extiramientos en las termas y ese mismo, de alejarse cuando él se acercaba le acababa de constestar de una forma totalmente alucinante. ¿Acaso…? ¡¿Su cerdito entro en la fase contestona?!
Oh… oh… oh… ¡Eso no es normal! Yuuri es un muchacho tímido, demaciado tímido para ser verdad, para reaccionar de esa manera debes de precionarlo hasta la máxima potencia. Ocurrió una vez, cuando juntos arreglaban el tema para su programa en las nacionales, el mencionarle una novia inexistente lo llevo a escucharlo con voz fuerte. En parte fue su culpa tambien, sacar el punto débil de las personas es bajo, pero igualmente quería ayudarlo, centrarlo hacia el camino a donde debía llegar.
¿Qué podría ser el causante de esta reacción? ¡Si quien debía de estar molesto es él! Exhibiendose por toda internet con aquel tailandés del demonio, quien su único propósito en hacerle saber que posee mas datos personales del cerdito, de los que podría tener en estos meses de convivencia. ¡Rayos! ¡Rayos! ¡Rayos! En verdad esta colocando su cordura a prueba, en donde efectivamente, esta a punto de perderla.
Por eso, antes de que el japones desapareciera de su vista, lo sujeto de la muñeca y de un ágil movimiento lo estampo contra la pared. Yuuri iba a reclamarle por la brusca acción al peliplata, pero se aguardo silencio al verlo a los ojos, esos mismos ojos que le miraban con aprecio estaban inyectados en rabia. Si. Eso mismo, rabia. El pobre japones no entendía porque su entrenador estaba enojado, quizás se halla pasado de la raya contestandole de esa manera, siendo asi, pediría disculpas. Sin embargo, Yuuri era consiente de algunas cosas hechas por si mismo en el pasado, un ejemplo el llegar tarde a su primer día de entrenamiento con el ruso, ignorarlo cuando trataba de acercarsele, dejarlo plantado y huir a una de las practicas. Curiosamente, en todas y cada una de esas circunstancias Viktor le perdono, esa no seria a palabra correcta, hizo como si no hubiera pasado nada.
¿Qué pudo haber hecho mal ahora?
— ¿Osas colocar a prueba mi capacidad de aguantar tu comportamiento conmigo? — su tono de voz sono bajo, suave y escalofriante. Parecido a un cántico de sirena, cosa que inyecto al japones el miedo. — Porque dejame dejarte algo claro, Yuuri, no respondere de mis acciones mucho menos el tragarme esa imagen tuya con ese “amiguito” tuyo. Phichit Chulanont.
— ¿Qué tiene que ver Phichit-kun en esto? — pregunto de inmediato el chico, mirando asustado al ruso.
— No me agrada, sobre todo, no me agrada la cercanía que te tiene y su imposición de pegarsete igual a una garrapata. — confeso al fin con el mismo tono de voz, provocando un revuelco en el estómago del Katsuki y acelerando sus latidos del corazón. ¿Qué era esto? — El solo pensar que tuvo todo ese tiempo junto a ti, me lleva a apricionarte entre mis brazos y jamas soltarte. De esa manera, todo el mundo se daría cuenta de la realidad.
— ¿Qué…? — trago saliva duro, sintiendo una gota de sudor bajar por su cien, sin necesidad de estar haciendo calor. — ¿De qué realidad hablas?
— Yuuri — la manera con que lo llamo, al instante de colocar una de sus manos en su cuello con dulzura, lo descompuso por completo. Ya no era miedo lo que sentía, sino fuego, uno de los capaces de extinguir todo a su paso. — tu eres mio.
¡Pum! El japones sintio una exploción dentro suyo cuando de los labios del hombre, el cual, mas ha admirado en toda su vida decía una cosa tan peligrosa como esa. Comprendia perfectamente la razón de su antiguo miedo, del comportamiento inracional de Viktor y aquel beso en la mejilla cuando se tomaron la foto con su amigo, en realidad, todo empezó a tener sentido para él. El temor venia de descubrir que “su amor” por el ruso fuera mas allá del “admirar”, convirtiéndose en romántico. Oh, demonios, demonios, demonios…
En veintitrés años de vida de Katsuki Yuuri llenos de virtudes, desvirtudes, decepciones en todas los ámbitos posibles, inclusive en el personal, estaba experimentado el afamado primer amor. ¿Lo jodido? Era con su entrenador y patinador en admirar mas en este mundo.
Por su parte, Vitkor tomo la expresión de su pupilo como puente para poder acercarse mas, sellar sus ansias de poseerlo y marcarlo con su cuerpo. Subió su mano con sumo cuidado depositandola en la mejilla del contrario, estaba tan cálida y suave, cuando la beso esta mañana frente de aquel molesto hombre fue la gloria, una pequeña victoria para si mismo. Pequeña, pero al final de todo, victoria. Sin embargo, es insuficiente, sigue siendolo mientras persista ese muro invisible rodeandolos, aun mas, cuando el Katsuki le imposibilita todas las entradas para llegar a él.
¿Por qué? ¿Por qué huye? Lo hizo una vez, bueno, varias veces y en su vida tuvo una reacción por parte de alguien. Es decir… ¡Estamos hablando de Viktor Nikiforov! Con un solo guiño de los suyos, tendría decenas de corazones bajo sus pies, esperando tomarlos. Pero nunca el de su katsudon favorito, jamas él. Es cuando le entra mas el enojo al recordar la imagen suya con el tailandés, la familiaridad envolviendoles. Comprende el comodín de la convivencia de años, aun así, el ruso se considera para el Katsuki una existencia única e inigualable. El mismo lo dijo, o mas o menos lo insinuo, cuando dijo esas palabras en medio de una televisora.
¿Por qué? ¿Por qué huye? Lo hizo una vez, bueno, varias veces y en su vida tuvo una reacción por parte de alguien. Es decir… ¡Estamos hablando de Viktor Nikiforov! Con un solo guiño de los suyos, tendría decenas de corazones bajo sus pies, esperando tomarlos. Pero nunca el de su katsudon favorito, jamas él. Es cuando le entra mas el enojo al recordar la imagen suya con el tailandés, la familiaridad envolviendoles. Comprende el comodín de la convivencia de años, aun así, el ruso se considera para el Katsuki una existencia única e inigualable. El mismo lo dijo, o mas o menos lo insinuo, cuando dijo esas palabras en medio de una televisora.
Maldición… el japones sin duda es mas difícil de descifrar que un crucigrama.
Tratando de olvidar esos pensamientos, el ruso acerca unos centímetros mas su rostro al asiático percibiendo ese cálido aliento chocar contra el suyo propio, puede estar cometiendo una locura horita mismo, pero no le importa, ya nada importa.
Es a escasos espacio de sus labios cuando el japones reacciona, mas bien, susurra entre labios una palabra descolocandolo.
— Viktor… ¿Estas celoso?
La neblina de rabia en la mente del ojos zafiro se esfuma, sumplantandola en su lugar, un desconcierto total. Porque: a) Katsuki Yuuri freno nuevamente sus movimientos y b) ha dicho algo totalmente alucinante. ¡Por lo mas sagrado de este mundo! ¿Él? ¿Celoso? ¿De un estúpido Tailandés? ¡Hasta suena absurdo en su mente! Es… es… ridículo.
El ojos café parpadea varias veces sin entender lo que ocurre frente de sus ojos, Viktor Nikiforov esta riéndose de una manera bastante escandalosa, para no decir histérica, como sino hubiese mañana. Yuuri puede perjurar ver unas cuantas lágrimas salir de sus párpados, parece estar divirtiendose bastante con su comentario, aunque debería sentirse igual a un idiota, le alegra saber que ha dejado su mal humor.
« Prefiero verlo en estado histerico, muerto de la risa, en lugar de enojado y fantasmagorico »
Sin embargo, para Katsuki Yuuri esta muy lejos sentirse aliviado, porque en un mínimo descuido de si mismo, Vitkor se acerca a él tanto que puede escuchar sus pensamientos y robar de esos labios suaves un tierno beso.
El tiempo… se detiene.
El japones no respira, ni se mueve, ni nada. Solo se mantiene estático escuchando el sonido de su pobre corazón martillando en sus oídos, conjunto con las explosiones multicolores dentro suyo que se rehusan a parar, de hecho, el mundo parece temblar y convulsionar. ¿O sera él? Puede… puede que sea ese el caso, de lo contrario, tomara la razón de estar volviéndose loco.
En el instante de que sus piernas se convierten en gelatina y le dejan de responder cayendo al piso, Viktor se aleja mostrandole una sonria marca personal, de esas que te provocan un sangrado nasal y vibraciones en todo el cuerpo. Yuuri ya sabe que huir no es posible, de hecho, desde aceptar a este hombre como entrenador, acepto ser atrapado.
— Mi querido y tierno cerdito, eres tan elecuente con tus palabras, mas aun cuando te sonrojas por mis ataques. — le dice con su tono sensual de voz — Dejame dejarte algo muy claro, lo que he sentido no son celos, sino la molestia de ver a otra persona tocar, lo que por derecho, es mio.
« ¿Acaso no es lo mismo? » piensa el japones, mirandolo desconcertado.
— Asi que, Yuuri — alarga las las notas al nombrarlo, apoyando la rodilla en el suelo y sujetando e mentón de este. Adoptando la misma pose cuando llego a Yu-topia, acercándose peligrosamente al Katsuki en aquella pequeña habitación, ahora convertida en suya. — No provoques mas en el enojó en mi, de lo contrario, castigo mas crueles a ese beso vendrán. ¿Quedo entendido?
Por una extraña razón la sonrisa dibujada en los labios de Viktor no llego a sus ojos, agregandole otra cosa, una vena palpitante se encontraba en su cien en señal de enojó. Yuuri no podía tomar las palabras tan a la ligera del ruso, porque de poco en conocerlo, sabia el cumplir sus promesas y dejando de lado las palabras vacías.
Tragando saliva de manera ruidosa, miro directamente la cara de su máximo ídol del patinaje, evitando mostrarse asustando le respondió.
— S… si… tra… tratare de ser c… cuidadoso, V… Viktor.
— Eso pensé. — respondió complacido, hasta de cierta manera, emocionado de esa reacción adorable en el japones.
Se levantó del suelo dispuesto ir rumbo a su habitación, pero antes se giro para admirar por última vez la figura de su cerdito adorable, aun temblando hasta los huesos y llevando los dedos a sus labios, con la vista perdida en alguna parte de la habitación. Sigue sin reaccionar.
« Es tan lindo que podría comermelo de un solo bocado ahora mismo »
— Yuuri — lo llamo, esté soltó un respingo asustado, pintando mas sus mejillas de carmín. El ruso sintio un vuelco rápido en su corazón, este japones lo llevaba al limite completo. Es la descripción gráfica de lanzarse de un avión sin paracaídas. — Ya es tarde, deberías ir a tu habitación y descansar. Mañana deberás levantarte temprano para practicar, lo sabes, no quiero esperar mucho por ti porque te quedaste dormido.
Oh… ¡Maldición! Tenia razón, mejor emprendia la marcha a su habitación, allí podría soñar despierto todo lo que quisiera, porque sin dudas, su capacidad de dormir se fue de vacaciones.
— Si… siendo de esa forma — tartamudeo un poco, mirando al suelo muy avergonzado, sin poder fijarse en el ruso sonriente, que parecía estar demaciado emociado de presenciar tales expresiones del japones. Esté, se coloco de pie, listo para culminar este raro acontecimiento. — Bu… ¡Buenas noches!
— Si, buenas noches.
Yuuri camino tan rápido lejos del sitio, que parecía estar huyendo de algo altamente peligroso, no tan alejano a la realidad, porque su entranador era una persona de armas a tomar. La opción mas viable era esa, huir, alejar sus pasos antes de terminar desmayado de tantas emociones juntas. Pues sin dudas, Katsuki Yuuri, jamas volvería hacer el mismo luego de esa noche.
Por otro lado, Viktor se le quedo mirando marchar con su usual sonrisa en los labios, manteniendo una posee bastante pensativa. Porque recordaba muy bien todos los apelativos que le daban en todas partes, ser perfecto, encantador, genio del patinaje, carismático… en fin, jamas conocerían su verdadera esencia. Ser un completo egoísta, manipulador, y de cierta manera, escalofriante. Utilizaba todas sus armas para tener lo deseado, en lugar de sentir culpa, le ocupaba era la satisfacción. Pero no importa, en la vida le importara, menos cuando se trate de cierto cerdito con aires principescos. Porque es suyo, solo suyo, y nunca se cansara de demostrarlo.
Aunque… eso signifique llevarse medio mundo por delante, Viktor Nikiforov conseguirá salirse con la suya, porque va en su naturaleza.
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