I
De aquella escena desgarradora y dolorosa habían pasado varias semanas, Yuuri decidió regresar a Hasetsu, de todas maneras no existía otro lugar al cual regresar. Llegando a casa le esperaba una grata bienvenida, muy al estilo natal de su pueblo, con pancartas, avisos y todo tipo de señales felicitandolo por su gran logro. Luego de todo, no ganas todos los días el Gran Prix final, las personas se morían por ver directamente al campeón mundial. El mejor entre los mejores.
Como era de esperarse, los primeros en ver fueron sus amigos de la infancia y Minako, su familia estaba en Yu-topia esperandolo con una gran sorpresa de bienvenida. Aunque el Katsuki no estuviera precisamente dichoso de celebrar algo, despreciar a la gente que lo aprecia, seria descortes de su parte. Armandose de valor, al menos, lo suficiente para soportar todo ese desborde de sentimientos, sepulto su dolor y coloco la sonrisa mas agradecida de todas.
No todo puede ser malo… ¿verdad?
Ser negativo se encontraba en sus venas, en el respirar y caminar, idear planes desastrosos no era nada revelador. Es algo común en él. En esta ocasión, promete ser paciente y ver como resultan las cosas. Esperando igualmente una reacción equivoca de su familia con respecto a cierta persona, a estas alturas de la vida para nadie es un secreto el siguiente paso hacer, refiriéndose al regreso a las pistas. Menos de su retiro permanente en estas mismas. Tuvo un pequeño adelanto con Minako, casi explota sus timpanos por sus gritos de reproche, combinandose ante la indignación de ver a “esa persona” dándole la vuelta y abandonarlo. No existía otra palabra para definirlo, porque era abandono, lo utilizó como fuente de inspiración y boto tal cual fuera una bola de papel.
El japones no la contradijo o desmintió sus palabras, simplemente aguardo silencio escondiendo la verdad de todo, que había sido él quien empujo a “esa persona” a volver y le dio como recompensa el no volverlo a ver. Bien, tampoco pensaba en decírselo a alguien, ni siquiera a su mejor amiga Yuko, quien desde pequeños lo protegió de depredadores indeseables. Ella y el mismo Nishigori. Los cuales, tambien debe de aguardar para dar su opinión de los hechos, cosa que el Katsuki esta lejos de querer.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos ante los brazos delgados de alguien mas pequeño a él, complexión delgada, olor dulce y fresco, dejando de último esa voz cantarina y risueña. De quien hace poco pensaba, Yuko, su mejor amiga.
— ¡Bienvenido a casa Yuuri-kun! — exclamó con su usual tono maternal, al abrazarlo fuertemente.
El chico no pudo evitar acumular unas cuantas lágrimas en sus ojos ante las nuevas presencias, porque la castaña venía acompañada de otras personas mas, sus hijas (las locas por el patinaje), Nishigori y sus padres. Oh, esa imagen de la mujer mas importante de su vida invocó todos sus pesares, dolores y recuerdos tristes. Si. Esa despedida seca con “esa persona”, el deseo de poseerlo y poseerle, sin pasar por alto la promesa de devolver su anterior vida. Todo, obsolutamente todo se acumulo para explotar en pesadas lágrimas en sus ojos, podrían estar mirandolo extraño los presentes pero le dejaría a un lado, porque por primera vez en sus veintitrés años de vida deseaba ser aquel niño regordete que su mamá consentia.
— Mamá…
— Bienvenido a casa, hijo. — le dijo extendiendo sus brazos, entendiendo con solo una mirada la necesidad de un abrazo de su pequeño, cosa que no pensaba en privarselo.
El ojos saltones salio corriendo olvidándose de su alrededor, su edad, la felicidad de tener presente por su victoria y la celebración de ello. Se enfocó únicamente en ser estrechado en esos brazos regordetos, el calor materno y un apoyo incondicional apasar del tiempo, encontrando en ese sitio el consuelo que tanto deseo. Lloro, lo hizo bastante, rememoro en su memoria la separación, el vacío apretando su pecho y la soledad en vivir de ahora en adelante sin “él”.
¡Bravo Yuuri Katsuki! Has destruido tu mismo la imagen de persona madura y centrada en tu familia, ahora seguramente piensa que eres débil o tonto.
Argumento totalmente falso, pues seguido de ese abrazo llegaron unas cuantas palmadas en su espalda, cabeza y hombros, signos de apoyo de los demás de la habitación al mirarlo sufrir. “Esa persona” tenia razón, nadie lo miraba como una persona patética y débil, quizás solamente han esperando todo este tiempo esa pequeña apertura para entrar. Lamenta unos segundos no haber sido mas flexible, expresivo, porque de haberlo hecho, las cosas serian distintas. Aunque llorar sobre leche derramada es absurdo a estas alturas, menos tomando en cuenta que fue él quien tomo esa decisión, no se arrepiente, jamas lo hará así este destrozando su corazón en pedazos en este mismo instante.
La señora Katsuki lo separa de ella secandole las lágrimas, sonriendole con ternura absoluta, ella mas que nadie conoce a su pequeño y reconoce sus penurias o pesares. Con solo mirarlo a los ojos descubre perfectamente el estar pasando una situación de esas, esto no se trata de ser abandonado por “esa persona”, mas bien, es algo proveniente de su corazón. En pocas palabras, una desilución amorosa. Le da pena por su hijo, porque desde dar a conocer su naturaleza de omega, entendió de inmediato que su camino a la felicidad seria empinado y difícil. Tomando en cuenta los alfa viendolos solamente como fuente de reproducción, algo de instinto nada mas, sin tomar en cuenta los sentimientos del castaño. Aun mantiene en su memoria los días de celo del castaño, obligandolo a quedarse con Minako y esconderlo de los depredarores. Inclusive de lejos, estando en Ditroit para estudiar y entrenar su patinaje, temió posiblemente ser atacado o algo peor. Por gracia del cielo nada de eso ocurrió, catalogando a Celestino no solo un buen entrenador, igualmente excelente persona.
Todo el mundo conocía la naturaleza de un Alfa encontrándose con el “dulce olor” del celo de un omega, este primero puede ser la persona mas calmada, pasifica si desea colocarlo de esa manera, pero al percibir en el aire el ambiente ese aroma particular sus instintos mas escondidos salen a la luz, sacando lo peor de ellos. Hiroko en cierta ocasión pensó que tener un hijo omega era un problema, muchos cuidados, muchas precauciones, pero al ver esos ojos marrones saltones de su pequeño mirandola atentamente acompañada de esa sonrisa risueña e indudablemente encantadora, se arrepintió de su deducción y armo planes para protegerlo. Porque el deber de una madre es ese: cuidar a su cría.
Sus temores se intensificaron al tener un alfa en su mismo techo, con la llegada de “esa persona” sus nervios estuvieron de punta a punta. No es que este tuviera malas intenciones con su hijo, todo se reducía a la misma preocupación, esos instintos alfas dormidos en su interior. Aunque él se prestara con los mejores planes para Yuuri, recrobar su confianza, explotar ese potencial dormido, de volverle la pasión por el patinaje… seguía siendo un alfa. Una raza, permitale decirle, oscura y perversa. Al menos, eso le han dicho los de su alrededor.
Pero se equivoco, aquel ruso acompañado de un lindo caniche, llego a Yu-topia para cambiar de una manera esplendorosa a su pequeño, enseñandole tantas cosas y ayudandolo a alcanzar su sueño. Tuvieron sus tropiezos, fallas, agregándole, meteduras de pata en situaciones agudas. Sin embargo, lograron salir de ellos gallardos, demostrando que si te fuerzas con todo de ti en alcanzar una meta. No llegaron a confesarle la verdadera naturaleza de Yuuri, tampoco la descubrió de todas maneras, el mismo japones decidió mantenerla oculta ya vería la manera de escapar cuando viniese su celo, con tal, “esa persona” era importante para él y mostrarle un lado patético seria vergonzoso, ya le dio muchas vista de esa parte suya agregarle algo mas… ¡No podría aguantarlo!
Hiroko le parecio increíble que el ruso nunca sospecho de ello, lo califico como un despistado sin remedio dueño de sonrisas risueñas, descuidadas y galantes. Si, “esa persona” es sumamente encantadora, pero intuia el esconder algo detrás de tanta perfección, atención y interes en su pequeño. No descubrió el ser un omega, aun así… ¿Qué podría ser? ¿Qué lo retuvo tanto tiempo aquí? Sobre todo ¿qué le hizo abandonarlo sin mas? Caras vemos pero corazones no sabemos, eso dicen mucho las personas, aunque en su cabeza o intuición de madre, gritaba fuerte el no ser una mala persona. Lamentando mucho, los datos le faltaban, tantos como para hasta dudar de Yuuri, llevándola a dejar la situación a esta altura.
Se separo de su cría aun sonriendole con la misma ternura de siempre, los ojos de ella seguían brotando lágrimas desoladoras que no podía parar, pensó en tal vez encontrarse indispuesto como para seguir con la fiesta de bienvenida. No obstante, lo que necesitaba Yuuri era despejar su mente en lugar de encerrarse en aquella habitación solitaria, llena de afiches de “esa persona”.
— Como es momento de celebración, podrás comer todo el Katsudon que desees. — lo incentivo con su platillo favorito, conociendo perfectamente su amor por este al punto de perder la cordura. Su “eros”. — Estarás libre de patinar, ¿cierto? No podrás sentir culpa de disfrutarlo.
— Aveces la mejor cura de una traición es un buen platillo. — concordo Nishigori con voz vivaracha, dándole unas fuertes palmadas en la espalda.
— ¡Animate Yuuri-kun! Todos aquí estaremos aquí para ti. — la esposa de su amiga concordo con el, desbordando su aura maternal y mirandolo con signos de desear traerle un trozo de felicidad. — No te dejaremos caer.
Oh… era tan bueno volver a casa, encontrarse con los tuyos, recibir mimos de tu madre, apoyo de tu mejor amiga y… la sensación que después de un turbia tempestad llegara la calma.
— A todos… en verdad muchas gracias, por su apoyo.
Seguidamente de esas palabras los de su alrededor le pidieron no agradecer, ellos son su familia y obviamente, jamas permitirían verlo caer. Las trillisas aprovecharon ese momento para reírse de Yuuri llamándolo llorón, tomar algunas fotos y amanezarlo con subirlas a internet sino les mostraba la medalla de oro del Gran Prix final, cosa que descoloco a su madre exigiendole pedir disculpas ante su comportamiento. Las niñas se disculparon, pero al final de todo, lograron su cometido se percibir en vivo y directo aquella presea.
En general, fue una velada bastante amena, alegre y divertida, llena de las ocurrencias de la familia Nishigori junto con las palabras de una Minako borracha dichosa del triunfo de su joven pupilo. Este comió tanto tazones de katsudon con gusto, olvidando por completo aquella dieta para cuidar su figura, dejaría el patinaje, asi que daba igual si engordaba o adquiría libras de mas. Ahora en adelante disfrutaría de los placeres culpables de la vida sin arrepentimientos, cargas de conciencia o culpa. ¡Seria dueño de su propia vida! Si, pensar algo así se senti renovador, como ser liberado de un duro peso en sus hombros.
Aunque, el desear hacerlo, no significa que puede llevarse a la realidad porque al séptimo tazón de katsudon, Yuuri sintio que su estomago dio un horrible contrajo emitiendo un horrible sentimiento de asco. En pocas palabras, sus jugos gástricos querían salir.
Bien, bien, creo que me he pasado.
Antes de atraer la atención de su familia, salio inmediatamente corriendo al baño mas cercano para botarlo todo por el escusado, sintiendo que definitivamente comer a grandes cantidades se le escapo de las manos. Los llamados de exclamación de sus amigos y familia no se hicieron esperar, al otro lado de la puerta, Yuko junto a su madre preguntaban si se encontraba bien. ¡Claro! Estar arrodillado frente al escusado mientras vomitas es encontrarse de maravilla, ni siquiera hablar de laa horribles arqueadas en emular de él, la sensación de asco en su vida es de lo peor. Al pensar no tener nada mas por sacar, otra ola mas hace su aparición, haciéndolo estremecerse por completo.
Acaso… ¿no pretendes acabar?
Efectivamente lo hace dejándolo desplomado en el suelo, mirando a un punto fijo de aquel baño aun escuchando los gritos de las mujeres afuera, en ese instante su mente volo lejos a la Copa de China donde el pobre de Celestino casi muere intoxicado, “esa persona” se emborracho e hizo un acto de exhibicionismo. ¿Y como olvidarlo? Si al final de la noche el se encargo de vestirlo, ayudarlo a caminar tal cual fuese un bebé de brazos y… soportar su manifestación de jugos gástricos como ahora. Bastante asqueroso, pero lo hizo porque su amor revosaba cualquier sentido de la limpieza, solo su corazón dictaminaba el cuidarlo hasta hacerlo sentir mejor.
En una de esas tantas visitas al baño, “esa persona” tomo su mano con poca fuerza mirandolo directamente a los ojos y sonriendole cansado, pidiéndole no apartarse hasta sentirse mejor, pidiéndole disculpas por su comportamiento poco profecional como entrenador. Yuuri no solo le dio gracia el arrepentimiento del ruso, igualmente verlo en tal estado deplorable demostrandole que una combinación de bebida y comida china en él, era una total bomba nuclear peor a la de Hiroshima. Se limito a simplemente sonreír, acariciar sus cabellos plata, sostenerle la mano y cuidarlo sin esperar nada a cambio. Era imposible apartarse de “esa persona” menos teniendo tales sentimientos, se encontraba secuestrado ante sus encantos y cautivos de esa zafiro mirada porque con solo saber el tenerlo en ese reflejo, su cuerpo le vibra entero. Mucho peor a encontrarse en celo o salir de ese estado. Todo ese lo causaba “esa persona” sin necesidad de verse en tal estado deplorable, quizás su yo omega le reclamaba un alfa y al estar disponible…
¡Que cosa mas absurda! No es como si mis sentimientos fueran tan superficiales, realmente lo amo y no tiene nada que ver el hecho de ser alfa. ¡Es inrelevante!
Era cierto, porque de haber nacido beta, igualmente lo hubiese querido al ser él. Asi es, tonto pero cierto, Katsuki Yuuri amaba a “esa persona” por ser como era: despistado, la poca capacidad de escuchar las demandas de alguien mas, la manera liberar de utilizar sus encantos con la finalidad de lograr algo, su egoísmo, esa forma contundente de decirle las verdades en la cara sin emplear un armotiguador para hacerlas llegar, ser apatico… si tenia muchos defectos, demaciados si los miras claramente pero Yuuri aprendió a lidiar con ellos y aceptarlos. Forman parte de su ser especial, haciéndolo cada vez mas perfecto, mas humano, en lugar de un dios inalcanzable para cualquier mortal.
De todas manera… ¿qué importa ahora? Ya no nos volveremos a ver, prometimos llevar acabo tal promesa y…
¡Emergencia! ¡Emergencia! Aqui venía otra ronda inesperada de su estomago, quien al ver su dueño reposando quiso hacer su aparición solo por capricho, para hacerlo fastidiar. Cuando finalmente salio del baño, los rostros preocupados de Yuko y su mamá lo esperaban, aunque lo único que deseaba era un digestivo e ir directamente a la cama. Luego de todo, ha sido un largo día y desea acabar con el.
— ¿Estas bien Yuuri-kun? — la primera en romper el silencio fue su amiga, mirandola sumamente contestarnada.
«Cuanto drama por solo vómito.»
— Estas un poco pálido y estas sudando, al menos no tienes fiebre. — hizo su inspección su mamá, al tocarle el rostro seguido de su frente. — ¿quieres algo? Puedo conseguirtelo.
— Si, un digestivo y… agua, creo ser lo único en soportar en estos momentos sinceramente. — rio torpemente el muchacho mirando a las mujeres un poco apenado.
— No te preocupes hijo, voy a conseguirtelos. En tanto tu, deberías ir a tu habitación a descansar, temo el verte desplomado en el suelo en cualquier momento. — señalo la mujer dándose la vuela con la finalidad de conseguir el medicamento, aunque antes miro a la chica mas joven, sonriendole. — Yu-chan, ¿podrias acompañarlo por favor? Aprovechare y avisare a los demás de lo ocurrido, tu encargate de Yuuri.
« Oh, por los dioses. Me tratan como si estuviera convaleciente.»
Antes de poder decir algo mas la castaño o el mismo Yuuri, otra cabeza de asomo entre el marco de la puerta emitiendo una sonrisa divertida, medio contoneandose por su evidente hebriedad. ¿Quien podría ser? Minako, la cual al no ver noticias de su pupilo y las otras mujeres, decidió armarse de valor para encontrar ella misma las respuesta. Jamas espero ver al japones ser tratado igual a una damicela, sabía que era omega, pero no una nena en problemas.
Aunque, aguarden… pareciera que…
— Pareces una tierna jovencita en cinta. — le dijo sin pensarlo, sorprendiendo a los presentes, dejándolos en shock. — Nunca te imagine tan débil Yuuri, solo por comer mucho katsudon. Sino fuera porque te conosco bien, a ti y tu evidente castidad, diría que estas en estado.
El muchacho no dijo nada, de hecho, nadie hizo algo simplemente se quedaron estáticos mirando a la mujer hebria. No obstante, esas palabras retumbaron en las paredes de la cabeza de Yuuri, produciendole hasta escalofríos. Él ya no era virgen, dejo de serlo unas semanas atrás cuando… cuando ocurrió lo que ocurrido, tomo en cuenta no protegerse al hacerlo pensando ser innecesario, era su primera vez y tener la mala suerte de quedar en cinta seria demaciado. Agregándole a eso, “esa persona” no sabía de su condición de omega, tampoco lo marco o se encontraba en celo, este estaría en menos de unos días y allí se encontraría el gran problema. En fin, podría estarse tranquilo, nada de eso le ocurría.
— Dejese de bromas, Minako-sensei. — río divertida Yuko acercándose a su amigo y sosteniendolo de un brazo. — Es imposible que Yuuri-kun este en estado sin tener una pareja, además, seguramente se encuentra mal por excederse en comer demaciado. Es todo.
— Si, Yu-chan tiene razón. Minako-senpai se le ha subido la bebida a la cabeza. — soltó una pequeña sonrisilla Hiroko, caminando hacia la mujer nombrada, obligandola a caminar. — Mejor regresemos con los demás, antes de escuchar disparates sin pies o cabeza.
Yuko y Yuuri se quedaron mirando silencioso la partida de las mayores, dibujando una sonrisa incredula en los labios, al menos la castaña, quien trataba de comprender como aquella mujer de imponente carácter y bailarina profesional, sacaba conclusiones de tal magnitud. Mueca que se borro al mirar la expresión pálida o costernada de su amigo, parecido a estar meditando algo con evidente miedo, quizás para su terror, un detalle no contado. La mujer sintio una corriente fria traspasarle la piel, porque si sus pensamientos no le estaban fallando, su tímido amigo estuvo en este tiempo fuera debido a las competencias con un alfa, llevándolo a quizás…
— Yuuri-kun… tu…
— Yu-chan — giro su rostro aun preso del miedo — tengo hambre nuevamente, pero… no quiero volver a vomitar.
Ah… su amigo no ha cambiado en lo absoluto, sigue siendo tan exagerado para todo.
Luego de tomarse el digestivo junto con mucha agua, el japones se encontraba gustosamente en la comodidad de su habitación comiendo un delicioso tazón de arroz, combinado con unos vegetales y pescado, le hubiera encantado degustar un ramen o sopa de mizo, pero las circunstancias lo llevaron a esto, bueno, tambien la preocupada madre Katsuki. Yuko sentada a su frente, le miro con una mueca de incredulidad absoluta, aquel muchachito ojeroso, pálido y débil, se convirtió en un gloton descontrolado devorando cuanto alimento pasara por su campo de visión. Bueno, lo prefería así al contrario del anterior, se notaba que esta muy feliz de volver a casa, mucho mas de ganar el Gran Prix Final o ser entrenado por la “Leyenda viviente del patijane”. Quizás su amigo halla querido desde el principio esto, olvidarse del mundo de competencias, centrarse en lo mundano de la vida y ver que podría contar con ser apoyado siempre. No iba a negarlo, la idea de verlo estancado en Hasetsu en lugar de las pistas de patinaje que lo hacían brillar, le llenaba de coraje. Yuuri ha nacido para ser historia, ganarse el corazón de las personas, mostrarle que cuando tienes el empeño de hacer las cosas puedes lograrlo. Sin embargo, su amigo no tenia esa visión futura, solo… solo los dioses sabrán que desea hacer después de esta temporada, agregándole la separación de “esa persona”.
Ella no era ninguna niña de cinco años, menos tonta, desde el comienzo vio las interacciones del ruso con el chico bastante extrañas, o al menos, el interes tan sofocante del primero en invadir el espacio personal del otro. Seguidamente esta la forma como lo miraba, puede sonar extraño, pero Yuko percibió eso en la competencia en Ice Castel de Yuuri contra Yurio. Los zafiros profundos de “él” emitieron un brillo de fascinación, casi deslumbramiento, donde la mayor creación del hombre se encontraba al frente y pedía solemnemente ser apresiada. Agregándole el detalle de la sonrisa, que completo la cerezita sobre el pastel. Obviamente eso no fue lo único, porque las miradas cómplices, las interacciones, la manera de mantenerse tan pegada al otro como si un tifón fuera a separarlos, todo, absolutamente todo le gritaba que ese par tenia algo escondido. No deseaba armar conclusiones antes de tiempo pero, en la última competencia debió ocurrir algo, el nemesis para separarlos.
Al enterarse de la noticia del regreso del patinador a las pistas y dejando de lado a Yuuri, le parecio lo mas raro de este mundo, parecido a escuchar una invación alienígena. Descabellado, ¿no es así? “Esa persona” parecía querer permanecer por mucho tiempo al lado de su amigo, esperando ser sorprendió por sus encantos dormidos, encantos propiamente de un omega tierno como él. A juzgarlo mal, el ruso parecía enamorado de Yuuri, y este último le correspondía con intereses. ¿No podían estar juntos sencillamente? Al parecer la respuesta a esa interrogativa, resulta ser negativa.
— Estas muy callada Yu-chan. — la voz de su amigo la saca de sus pensamientos, llevándola a girar a su dirección. Seguía comiendo igual a un cerdo. — no es propio de ti, que raro.
— Ha… bueno… lo que pasa es que…
¿Como demonios le preguntaba lo ocurrido con “esa persona”? Sabía el no querer sacar el tema a flote, menos el responderle sobre sus sospechas de siendo pareja. Lo conocía, Yuuri no es el tipo de estar divulgado su vida privada, menos demostrar sus auténticos sentimientos. De querer adentrarse a complejo chico, debes ver muy bien donde vayas a pisar. Hacer lo contrario, podrías encontrarte con una puerta en la cara.
— … pensaba en lo rápido de pasar el tiempo — musito nostálgica, medio suspirando en el proceso — ¿o no recuerdas tu primera practica de patinaje? Tenias miedo de caerte, apenado de defraudar a Minako-sensei al ser quien te animo a intentarlo.
— Si… esos tiempos fueron duros, pero igualmente buenos. — concordo el ojos caoba, metiendo una buena cucharada de arroz a la boca y degustandolo. — Para ese entonces Nishigori se burlaba de mi por ser gordo, pero siempre estuviste allí para defenderme. Parecido a ser mi hermana mayor.
— Sabes lo envidioso que estaba de ti — le reprocho divertida al tomar en cuenta la imagen de su esposo de niño, causándole gracia. — como eras el único niño, aparte de él, en permitirle hacercarse a mi… maliterpreto todo.
— Su cara al enterarse de ser omega no tuvo precio. — señaló Yuuri soltando un resoplido divertido — Parecio ver un fantasma.
— “La dama de la boca cortada”. — concordo su amiga escapando una risa fuerte.
— Si, aunque igualmente estuvo apoyandome cuando… cuando…
— Cuando venia esos días dolorosos. — concluyo la chica.
Yuuri mantenía en su memoria la imágenes nítidas de su primer celo, tenia doce años y se encontraba practicando con Yuko y su esposo, todo se encontraba en entera normalidad. Tomando en cuenta el reírse de los saltos que le salían mal, ver revistas sobre patinadores, curiosear en la televisión de “esa persona”…. fue en el momento suceder. El japones jamas creyó poder soportar tan dolor dentro de su cuerpo, un fuego tan demoledor a la par de sofocante, de hecho, el respirar se le dificultaba llevándolo a boquear en búsqueda de oxigeno. No deseo nada de eso, menos experimentarlo, su mente estaba tan nublada y congestionada, simplemente deseaba librarse de esa presión en el pecho. Sus amigos no tenían idea de como ayudarlo o calmarlo, ese acontecimiento les cayó de imprevisto desconcertandolos completamente, Nishigori solo atino a correr a Yu-topia en busca de la mamá o algún familiar de su amigo, ellos seguramente sabrian que hacer con él. Sin embargo, a entrar los omegas en celo desprenden una clase de hormona capaz de llamar la atención de los alfas, avisandoles de la nueva oportunidad de reproducirse. Cosa, que ocurrió.
Eran ellos dos nada mas, encerrados en uno de los baños de Ice Castel esperando por ayuda, mientras en el otro lado de la puerta un alfa luchaba por entrar al sentirse atraído ante el olor de un omega, quien efectivamente se debutaba entre poseer miedo o deseo. Sentimientos confusos en un pequeño cuerpo adolescente. Yuuri no pedía nada mas a desaparecer sino desaparecer el dolor, aquella rara sensación de cosquilleo en su entrepierna y un raro liquido luchando por salir. Pedia ayuda, apretaba la mano de su única amiga en el sitio, obligandola a no alejarse por ninguna circunstancia de él, aunque no tuviera idea de como aliviarlo… su presencia le era suficiente. Yuko asintió temerosa de tal petición del ojos caoba, al ser beta no poseía conocimientos de nada referente al celo en los omegas, solo que estaban destinados a un alfa y este les marcarían con una mordedura detrás de su cuello, siendo Yuuri solo un pequeño era muy temprano para él. Además, no interactuado con muchos alfas en su vida, salvo algunos familiares lejanos o empleados del Ice Castel, es mas, quien los tenia prisionados en el baño era uno de estos. Desde joven le enseñaron al escala jerarquía, los Alfa primero, la supremacía de toda la especie humana y encargados de repoblar el mundo, pocas veces se relacionan con betas, los siguientes en el nivel, estos son los “normales” y deben de permanecer con iguales a ellos. De últimos se encuentran los omegas, los débiles o sumisos, ellos le deben entero respeto a los alfas y… ¡Patrañas! Esas definiciones son tan ridículas, patrocinadas por personas sin conocimientos intelectuales, mediocres y cerebros de pollo.
Aunque le hallan contado muchas cosas negativas de los alfas, ella ha considerado a alguien fuera de ese contexto de “raza imponente”, porque al verlo en las cámaras frente al televisor conocías su belleza humana, la calidad al atender a las personas, su amabilidad y delicadeza. No por nada era llamado “leyenda viviente del patinaje”, a una edad tan corta se había posicionado en uno de los mejores del mundo, creándose una posición respetada entre todos, sin abusar de su naturaleza de alfa. Yuko deseaba alguien así para su amigo, poseedor de delicadeza absoluta pero la valentia de protegerlo de depredadores, viéndolo de otra manera era imposible al ser toda una estrella y lejos. No obstante, rezaba a los dioses para ver un día a Yuuri patinando par a par con él, demostrando que por ser omega no se dejaría opacar ante nadie.
Retomando la realidad de las cosas, las circunstancias resultaron de otra manera, el ojos caoba tuvo su oportunidad de tomar el tiempo de “esa persona” pero… “la cura resulto ser peor a la enfermedad”.
— Nunca tuve la oportunidad de agradecerles a los dos por todo, antes o ahora. Me alegro de haberlos conocido y tenerlos por amigos. — Yuuri hablaba con sinceridad, sonriendole a su amiga con aura tenue y sensible.
— No debes hacer tal cosa, Yuuri-kun. ¡Somo tus amigos después de todo! Estaremos aquí para cuando nos necesites. — le imito la mueca, presintiendo un mal presagio de su porvenir.
— Bueno, ahora me veran mas por el alrededor. — comento como si nada, encogiendose de hombros y riéndose despreocupado. Costernando a su amiga. — Espero no molestar.
Sabia que debía callar, no permitir sus pensamientos fluir lejos de ella, pero al admirar tal expresión dolida en Yuuri le impulso a hacer la pregunta del millón.
— Yuuri-kun — lo nombro con cautela, captando su atención desde el principio — ¿Estas seguro de retirarte? Se que Viktor va volver a las pistas de patinaje, pero tu… aun es muy temprano para ti hablar de retiro cuando has ganado tu primer GPF.
Solo basto un segundo, un segundo para que Yuuri dejara su apetito voraz de lado, la angustia de escuchar el nombre tabú en sus oidos y doblarsele la vida por completo. Se quedó estático, conmocionado de tal interrogativa directa de su amiga, siendo sincero no espero escucharla mencionarle algo así, menos conociendolo como es de reservado. Pero no, Yuko lo tomo con la guardia baja. ¿Lo peor? No poseía escudos para protegerse.
Este era el motivo por el cual no quería escuchar hablar de “esa persona” o ser nombrada, sus sentidos se adormecian, la presión arterial se le subía, las manos y cuerpo le comenzaban a sudar, ni hablar de su corazón o cabeza doliendole a horrores. Seguidamente venían las preguntas: ¿Por qué…? ¿Por qué la vida lo trataba de esta manera? ¿por qué no podía ser feliz? ¿por qué “esa persona no le correspondía? Y… ¡¿Por qué le seguía queriendo de la misma manera?! ¡Demonios! Le había rechazado de una forma directa, aun así, su testarudo corazón seguía de masoquista latiendo por él. Todo acabo, el marco la sentencia y debía de entenderlo, por las buenas o malas.
Entonces volvían aquellas imágenes, las de su primer y único encuentro. “Esa persona” besandolo, “esa persona” acariciandolo, “esa persona” musitando su nombre con dulzura, bebiendo con cautela cada una de las lágrimas salidas de sus párpados, sobre todo, siendo uno con “esa persona”. Aun puede recordarlo nítidamente la sensación de sentirse lleno, completo, entero y en una sola pieza, los ojos zafiro de “él” en los suyos junto con el sentido de pertenencia. Puede no corresponder sus sentimientos, encontrarse nublado ante el deber o hacer, sin embargo, el japones desea mantener la definición de haber sido amado una vez y poseer un cariño de “esa persona”. Aunque, la realidad, sea otra.
Ahora, Yuko le menciona ser muy pronto para un retiro definido, mas cuando esta de buena racha al ganar el GPF, poseyendo un excelente físico necerio en seguir en las olimpiadas y competencias nacionales. Pero no, porque de retomar la nueva temporada allí se encontrara “él”, cosa que jamas podría soportar, seria mas o menos una tortura espantosa. Además, un incumplimiento a su propia promesa: regresarle la vida antes de aparecer en su casa.
Por lo tanto, su respuesta seria sencilla: Si es el tiempo de desligarse de todo, inclusive, su amor por el patinaje y Viktor Nikiforov, los cuales, iban de la mano juntos.
— ¡Oh lo siento mucho Yuuri-kun! — se disculpo rápidamente la mujer al percibir el rostro contraído del chico, seguramente se paso de la raya, ella no debía de inmiscuirse en asuntos donde no ha sido llamada. — Soy una horrible persona al plantear mis deseos en lugar de los tuyos, se que el asunto con… bueno… con-tu-sabes-quien te afecta demasiado, como para olvidarlo y no hablarlo. Lo entiendo, por eso…
— Yu-chan…
— No, no, no Yuuri-kun, permitime en verdad disculparme porque he errado fatalmente. — insistió la mujer interrumpiendo a su amigo, pasando por alto que la expresión de este se oscurecio aun mas, formándose verde o morada. — En la vida debes conocer claramente, el mio es respetar tus deseos jamas interponiendo los mios, porque como siempre espere verte muy lejos de aquí brillando y deslumbrando a las personas. En lugar de quedarte estancado aquí en Hasetsu, viviendo una vida mediocre y…
— Yu-chan, en verdad…
— ¿Eh? — parpadeo varias veces la castaña mirando finalmente al chico, quien dejo a un lado sus alimentos y sostenía su estomago. — Yuuri-kun no me digas que…
— Voy a vomitar…
Asi nuevamente, Katsuki Yuuri tomaba por sorpresa su comportamiento a las personas de su alrededor, siendo mas especifico su mejor amiga, quien nuevamente disculpandose con unos enormes apelativos, miraba solo la puerta del baño escuchando los sonidos de asco del chico. Yuko ya no tendría cara para mirarlo, su vergüenza no tendría limites.
« Tal vez y solo tal vez, no es tan malo tenerlo de vuelta. Aunque, jamas lo admita. »
★★★★★★★
Los días pasaron en un abrir y cerrar de ojos en Hasetsu, siendo mas especifico, Yu-topia donde el mismo Katsuki Yuuri miraba desde su ventana como admiraba la naturaleza retomando vida frente a sus ojos. Desde regresar del GPF todo a su alrededor parecía cursar lento, sin prisa pero sin pausa, al tener tanto tiempo libre lo tomo como descanso para pensar el siguiente paso a dar. Era mas que oficial su retiro, pero no por ende deseaba desligarse de las pistas de patinaje, estas han sido siempre su pasión y nunca se extinguira esa llama.
La pregunta era: ¿Como poder no culminar esa relación sin inmescuirse mucho?
Había hablado varias veces con Minako-sensei y los Nishigori llegando a la misma conclusión, darle lecciones a las pequeñas generaciones, esas quienes miraban reflejados en él la figura de un excelente atleta y patinador. Al ver ganado el Gran Prix Final gano mas seguidores a lo esperado, bueno, no existía nadie en su pueblo quien pasara sin saludarlo, pero al ver un autentico campeón mundial entre ellos, les emocionaba mas. Tampoco es que Yuuri halla sido de encantarle las atenciones, ni ser el centro de estas, simplemente le gusta llevar la vida a su manera.
Calmada y pacifica.
Ese era el motivo de darle tantas vueltas al asunto de convertirse en profesor de niños, particularmente su comportamiento con ellos es buena, un ejemplo sería las hijas de su mejor amiga Yuko, las locas por el patinaje, quien al verlo no se privan de fastidiarlo con el regresar nuevamente a patinar. Claro, ellas son un caso enteramente especial. Sin embargo, el temor de fracar en este nuevo camino le paraliza, llevándolo a sentir escalofríos por todo su cuerpo y unas ganas de vomitar enormes.
“¿Sabes cual es tu mayor problema? La poca fe que posees en ti mismo, esa incapacidad de confiar en tener un excelente potencial dormido dentro de ti. Porque lo tienes Yuuri, solo que no lo has visto por ti mismo. “
El ojos caoba se sorprendió al recordar esa voz tan nítida, clara y consisa, casi como tener al dueño de esta a su lado. Aveces lo recuerda, otra veces no tanto, solo sabe de “él” atraves del internet o a la misma televisión, las personas de su alrededor comprendieron no querer saber nada concerniente a ella. Yuuri decidió enterrarlo junto a sus recuerdos, cosa que nadie le obligo a prohibirle hacerlo. Existían algunos días que recordaba la manera de hablarle, alentarle con mensajes llenos de positivismos, remarcando ser un excelente patinador cargado de una potencia demoledora y arrolladora. Porque Yuuri es la personificación de la belleza músical, celestial y pasional, solamente se necesitaba un insentivo para hacerlo brillar.
Odiaba admitirlo pero, “esa persona” le permitía estar mas consiente de sus potenciales, animarlo a explotarlos y sentirse gustosamente en paz consigo mismo. El simple hecho de saber tenerlo a su lado le era suficiente, porque de extirar su mano encontraría la suya, estrechandola y entrelazando los dedos entre si en señal de apoyo. Seguidamente vendría esos ojos azul infinito llenos de brillo, orgullo y cariño, la motivación o gasolina para dar una buena presentación seria el abrazo, lo último en dadas de animo.
Pero nada de eso existía ya, nada, el calor de su piel, el aliento chocando su nuca, ese escalofríos placentero al verlo tan cerca suyo o… el zafiro mirar recorrerlo hasta la pista, donde efectivamente, demostraba verdaderos encantos. Ahora miraba a su lado y encontraba soledad, tristeza junto a un vacío en su pecho, incapaz de ser llenado por alguien mas. Quizás halla sido su primera experiencia en el amor, pero fue lo sufiente turbia para tirar la tualla en ese aspecto. Se canso de ello. Mejor sería centrarse en algo mas, quizás su nuevo trabajo. El entrenar niños.
Un suave sacudon se escucho en la pequeña mesa cerca de su cama, su celular reclama de atención al recibir una llamada inesperada. Desde su retirada del patinaje artístico, no recibió mas llamadas salvo sus amigos mas cercanos, quienes se encontraban aquí mismo en Hasetsu. Salvo que fuera…
Se levantó rápidamente de su cama casi cayendose, pero sosteniendo el aparato y sonriendo de oreja a oreja, en la vida pensaría volver a saber de él. Phichit Chulanot.
— ¡Hola Phichit-kun! — contesto rápidamente el chico, al abrir la video llamada con el tailandés.
— ¡Yuuri! ¿Como estan las cosas en Japón? Dicen que estan a punto de entrar en verano, sera bastante caluroso. — menciono el moreno, mirandose tranquilamente en la comodidad de un sofa rojo, seguramente su casa.
— Podre vivir con ello, estoy acostumbrado. — se encogio se hombros el mayor, riéndose ante la ocurrencia del otro. — Me entere que volviste a Ditroit, quedar de tercero en el Gran Prix Final te sento bien. Estoy muy feliz por ti.
— Lo mismo podría decir yo. — señalo Phichit, riendo contento. — no todos los días ganas y pasas hacer el mejor en todo el mundo, pero claramente te lo mereciste pues te esforzaste mucho. Sin embargo, no me agrada el hecho de retirarte antes de tiempo. ¡Tenias mucho mas por dar!
— Nada que ver, darle paso a las nuevas promesas del futuro es una gran idea. — dio su opinión el japones provocando un bufido de discordia en el tailandés. — ¡Phichit-kun! Vi eso, no actúes como niño por favor.
— Es que no lo entiendes Yuuri, todo el mundo habla de que fuiste utilizado por Viktor como fuente de inspiración y luego, este te pisoteo como si nada. — nuevamente la mente del ojos caoba se desenchufo, obviamente su amigo no sabia la última noche de ellos, ni la promesa se olvidarse mutuamente. Por eso, desconocía el daño al escuchar simplemente ese nombre. — ¡Odio eso! No solo por utilizar de esa forma tu imagen, igualmente porque Viktor jamas seria una persona asi. ¿Cierto? Ambos tuvieron sus motivos para tomar caminos separados, no por artimañas o conspiraciones.
— ¿Como puedes estar tan seguro? — pregunto con voz ahogada, corta y sin aire. — ¿Qué te hace pensar eso?
— La manera en que se miraban. — esa frase, aquella frase que gritaban en todos los rincones del mundo, la cual, jamas creyó pero podría considerarla — Te conosco mas de lo que lo conosco a él, puedo decir con certeza el depositarle mucha confianza en sus hombros, además, ese cariño de “ídolo” a “fan” se transformo. Porque se dieron la oportunidad de descubrirse desde cero, fuiste quizás el primero en verlo detrás de la faceta de “super estrella del patinaje” a “humano normal”. Claro, tomando en cuenta lo de ser alfa.
Oh mierda, mierda, mierda. Esas palabras certeras tan cargadas de inocencia, optimismo y significativas porque era cierto. ¡Maldición! ¡El mismo cielo podría confirmarlo! Katsuki Yuuri no fue jamas un fan superficial, el admiraba a “esa persona” al comienzo por su manera de patinar, de crear magia y poner el mundo a sus pies. Luego le demostró que detrás de todo eso existía un humano como cualquier otro, cargado de defectos, demonios e inclusive tristezas. Al igual que el habían perdido algo, algo de encontrarse en el otro, ese seguramente seria el motivo de complementarse de forma tan compacta y amena.
Olviden lo de ser un alfa y omega, “esa persona” ni siquiera lo supo durante todo este tiempo, nadie lo sabe salvo su amigos mas cercanos. Esto se trato de dos auténticos seres humanos descubriendose mutuamente, cayendo en los encantos y perdiéndose en ellos para jamas regresar.
— Tienes razón Phichit-kun, mucha razón. — abrió la boca al fin el japones, respondiendo a ese argumento del contrario. — él no es una mala persona. De hecho, las razones de tomar caminos diferentes… son otras.
— ¿Cuales? — interrogó el moreno, mirando perspicazmente al mayor. — ¿Qué clase de cosa los puso en tal aprieto? Disculpame Yuuri, pero Viktor estaba lejos de querer separarse de ti, mas bien daba a entender permanece mucho mas a tu lado.
— Eso… eso… — no podía evitarlo, aunque intentara pasar la pagina como un adulto que era, hablar de ese asunto le resultaba difícil y agotador. Lamentandolo mucho, la capacidad de hacerlo aun no la poseía. — aun no puedo decirtelo.
— ¡¿Y por qué?!
— Lo siento, Phichit-kun.
El tailandés fruncio el ceño no satisfecho de las palabras del Katsuki, llevaba conociendolo una buena temparada de tiempo como para descubrir estar sufriendo, esa manera de bajar los hombros y mirada ensombrecida gritaba atención. Nunca se ha carecterizado por inmiscuirse donde no lo llaman, aun así, esta situación con “esa persona” le cayo mal. Quizás algunos rumores de ese par eran ciertos, sobre terminar peliando y decidiendo no tratarse mas, o la mas innovadora de todas, la falsedad de “la leyenda viviente del patinaje” para utilizarlo a su antojo. Sea como sea, no resultaba nada beneficioso para el japones, salvo el sufrir como un condenado. Phichit deseaba la felicidad de su amigo, significando el desterrar a cierto hombre peliplateado al deshonor, podría sonar absurdo pero era lo mínimo en merecer. Sin embargo, venia la contraparte, donde si su amigo no deseaba compartir con él la información, jamas podría obligarlo.
El tailandés se sentía frustrado, es un hecho, pero podría al menos tratar de hacerle olvidar un poco el peso de los hombros del mayor. Debido a eso sonrio resignado, buscando desviar el tema a otra dirección.
— Perfecto, no te presionaré mas con eso pero a cambio… — el ojos caoba volvió a mirar a la pantalla, notando una curva traviesa en los labios del moreno. Oh, vaya, esto olía a ideas locas. — ¿Ya pensaste a que vas a dedicarte después?
— Oh… uh… no estoy del todo decidido pero — pronuncio temeroso, tragando saliva con dificultad. — posiblemente entrene a niños pequeños y…
— ¡Eso suena maravilloso! — exclamó Phichit asustando al japones, llevándolo a soltar un respingo. — Algo que te hace muy tu pero… ¿recuerdas la vez que te invite a Tailandia? Bueno, aun sigue en pie, digo, voy a estar unos días en mi pais debido a tomarme unas vacaciones y yo pensaba… pensé en hacerte nuevamente el ofrecimiento. — el moreno parecía un poco cohibido, hasta nervioso, cosa que le parecio gracioso al japonés pues en la vida su amiga había mostrado tal imagen antes. — ¡El punto es! Si te gusta el pais… ¿por qué no ejercer de entrenador allí? Puedo asegurar que existe muchos niños esperando por alguien como tu, Yuuri, podrías marcar la diferencia nuevamente en este campo. ¿Qué dices?
El muchacho no respondió enseguida la proposión de su amigo, es decir, le parecía excelente e inclusive innovadora al cambiar de aires, mirar otros paisajes y tratar de olvidar todo lo ocurrido. Sin embargo, no podía simplemente recoger todas sus cosas dejando todo atrás, lo hizo una vez para entrenar en Ditroit y le costo despedirse de su adorado “Vichan”. Quizás, necesitaba consultarlo con la almuhada una vez, a la par de familiares y amigos.
— Lo pensare. — informo sonriendole tímidamente. — solo porque es una propuesta de mi querido amigo Phichit-kun, además, suena demaciado bien.
— ¿Al menos aceptaras ir a pasar un rato conmigo? — coloco ojos de cachorro, buscando parecerle adorable.
— Con la condición de venir tu también aquí cuando puedas. — propuso presuntuoso el joven alzando su mentón.
— ¡Entonces es un trato!
Yuuri sonrio divertido al mirar el comportamiento de su amigo, haciéndole recordar los días cuando estuvieron compartiendo en la pista de Ditroit, al verse en seguida entablaron amistad. Phichit es beta, uno de los pocos (agregando a los Nishigori) en importable una rebanada de pepino su condición de omega, de hecho, fue quien le cuido tantas veces al entrarle el celo. Casi hasta parecía su hermano mayor, espantando cuanto alfa toca narices se le acercara, alentando para superar sus miedos a ellos y incitandolo a relacionarse mas. Aunque sabiendo la naturaleza del Katsuki, no logro mucho su cometido, lo apego mas a él como su único amigo.
Cortaron la comunicación manteniendo la palabra de hablarse de nuevo para cuando decidieran ir a Tailandia, el moreno debía de arreglar unas cosas en Ditroit antes de ir a casa, pero estando libre lo llamaría. Yuuri vio esto como una nueva oportunidad en la vida, quizás la manera idónea de reinvidicarse consigo mismo, liberarse del pasado y marcar un nuevo paso hacia el futuro.
Arrojando su teléfono de lado, se acostó a lo largo del colchón de su cama mirando al techo soltando un suspiro profundo, considerar la propuesta de su amigo era algo bastante inquietante. Es decir, como antes dijo, dejar todo botado aquí en Hasetsu jamas a funcionado, tampoco quiere separarse de sus seres amados. ¿Qué hacer? ¿Qué demonios debe hacer? Viajar a Tailandia solo con signos vacacionales y luego, luego vera lo que seguirá.
« Si “él” estuviera aqui… si estuviera… ¿Qué diría? »
Seguramente dibujaría una sonrisas de las suyas animandolo a caminar hacia adelante, arriesgarse y de fallar, levantarse y seguir viviendo. Su filosofía de vida era sorprender a las personas, hacer lo que jamas esperasen de él. Fruncio el ceño, dándose la vuelta y abrazando una de sus almuhadas, no tenía tiempo para estar perdiendolo pensando en alguien que se encuentra lejos… muy lejos de él.
Bueno, el mismo se lo ordeno.
Cerro los ojos, esperando escapar de toda la realidad posible, de que poseia la tristeza respirandole en la nuca y la abrumadora soledad rodeandolo, solamente necesitaba descansar. Pero eso no duro mucho, porque los gritos inesperados de su hermana mayor, Marie, retumbaron un sus oidos llevándolo a abrir los ojos de golpe. Levantándose de golpe de su cama, salio corriendo donde provenía todo el alboroto pensando que podría estar ocurriendo una catastofre, Marie no es de expresar emociones o algo parecido, es seca y bastante cerrada. Sin dudas, es algo que la conmociono hasta los huesos.
Llegando a la entrada de Yu-topia, luego de tropezar y casi caer al suelo siete veces, observo la figura de la mayor de los hermanos Katsuki congelada manteniendo una sonrisa boba, en tanto miraba a la puerta. Yuuri pensaba en reclamarle tal acción de su parte, pues cualquiera podría maliterpretarla pensando en haberle ocurrido algo, aunque por una extraña razón solo fue él. Aunque dichas palabras no llegaron a pronunciarse, la razón, se manifestó con originalidad.
— Tu olor a hembra se destila hasta la otra cuadra, katsudon. — la voz arrogante con un acento particular ruso inundó sus sentidos.
Yuuri giro lentamente para encontrarse con la imagen de un particular chico rubio, de ojos verdes, expresión de malas pulgas y piel blanca como la nieve. Su nombre. Yuri Plisesky, si, el Yuri ruso.
— ¡¿Yurio?!
Y nuevamente, las menecillas del destino volvieron a girar en sentido contrario de los deseos del japones, encontrándose con mas problemas.
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