martes, 18 de septiembre de 2018

Dance with the devils

9
Para cuando el día de San Valentín llega y te llena de angustia.
Estaba aquí, finalmente había llegado tan apestoso día, donde los humanos (o humanas) salían como chivas locas a entregar paquetes envueltos en papel de regalo, un misil mas poderoso y peligroso de todos. Un chocolate. ¿Por qué pensar en un dulce como algo peligroso? Sencillamente porque jamas viene solo, siempre vendrá de una muy sentimental propuesta de amor, que llevara a un desenlace catastrófico. El llanto. No saben cuanto ha odiado estos últimos años esa demostración acuática, solamente porque no puede ni podrá, corresponder los sentimientos de una de esas chiquillas fastidiosas. No entiende porque se molesta un día antes, hasta aveces semana antes, en comprar el chocolate perfecto, el papel perfecto, inclusive… ¡el listón perfecto! Solamente para ser fuertemente rechazadas. Es decir, para todo existe un limite, siendo el suyo el aguardar un aspecto frívolo con las féminas. Siempre ha adoptado un comportamiento jovial, simpático y en repetidas veces simplón, no siendo mas que una mascara para encubrir lo podrido de su alma. Ya deben de saberlo, un demonio mestizo como él jamas tendrá el derecho de querer o ser querido, debe limitarse a recibir confesiones de chicas inocentes, cabezas huecas y estúpidas, solamente para rechazarlas. En tanto sus amigos, en mayoría Saitou y Toshi, estarán recibiendo chocolates “por compromiso” de todas las chicas que desean hacerlo. Son afortunados, al ser humanos no deben de temer de dañar a las damas con oscuridades, menos inseguridades, tenían todas las de ganar y nada que perder. Aun mas el ojos purpura, quien este año estara recibiendo luego de tanto tiempo un chocolate “romántico”, el último fue a manos de Chizuru, aunque no salio muy bien que digamos. Las circunstancias del pasado son del pasado, ahora las cosas son diferentes.
O al menos, Okita Souji quiere pensar algo así.
Él había notado que desde aquel viaje a la villa de los Purpure, la flama vivaz de su amor se apagaba constantemente, no parecían los mismos de antes, menos poseían las ganas de mirarse la cara. De encontrarse en un mismo sitio, buscaban la forma de escapar de la presencia del otro, ideando las excusas mas absurda de todas. Con ese comportamiento transmitían el no poder soportarse, diciendo esto jamas se refiere a tener asco o algo parecido, solamente a estar incómodos en mantenerse en unas mismas paredes. ¿Donde quedo esa pareja legendaria? La cual pasando a su lado soltaban chispas, arcoiris y visualizabas hasta unicornios volado, simplemente mirarlos te daba asco. Aun mas en él, quien poseia fuertes sentimientos por la castaña, quien parecía estar sufriendo una clase de dolor internal. Bastaba analizar el color de sus ojos calabaza sin brillo, opacos y reflejados evidentemente con la tristeza. Varias veces trato de indagar en su estado de animo, ofreciendo estar para ella si tenia la necesidad de ser escuchada, en el pasado fue de ayuda con lo de sus poderes ocultos de demonio sangre pura, no podría ser la excepción ahora. Lamentablemente, la chica le agradecio solamente alegando encontrándose bien, de sentirse mal acudiría inmediato a él.
Pero eso no llegó.
Mas bien se debió de ir por otro canal.
Plan B.
Su azabache amigo tampoco estaba absuelto a este estado depresivo, aunque él poseía artimañas bajo la manga para evitar ser bombardeado, salvo que no contaba con su astucia. Souji jamas se había enamorado de alguien hasta conocer a Mitsuki, ella era agradable, bondadosa y poseia la energía de miles de soles en sus ojos, ni hablar de su belleza, siendo jamas comparada con una rosa al no tener poder de ganarla. Al conocer sus sentimientos se sintio dichoso, complacido de si mismo, un alma tan grotesca como la suya podía sentir tales sentimientos puros ante tan agradable criatura, si solamente ella compartiera lo mismo a él. Pero no, existía alguien mas, un amigo incondicional, Purpure. Estuvo enojado, frustrado y completamente estresado. ¿Los dioses tenia algo en su contra? ¿Resentimiento u odio? En su antigua vida debió de ser un delincuente o asesino a sangre fría, solamente con eso entendería porqué lo castigan de esta manera al enamorarse de la misma chica que Toshi. Para peor, esta le correspondía con todo e intereses. ¿Quién era él para tratar de arrebatarsela? Por eso decidió tirar la toalla, retirarse en silencio y convertirse en un simple observador, con tal, no existía espacio para nadie mas. Pero ahora, justo ahora, estaba considerando ser un completo idiota y que Toshirou no merecia en lo absoluto a Mitsuki, porque podría poseer la misma enfermedad de posección del alma, pero jamas merecera el derecho de hacerla sufrir.
De intentar hacerlo, conocerá su verdadera naturaleza y no se refiere a la de mestizo, mas bien a otra. Olvidara todas la sátira de verdades y luchara, con colmillos y garras de ser preciso por el amor de la castaña. Aunque se pierda un amigo en el proceso.
— Señor, ya hemos llegado — anuncio su chofer al abrirle la puerta del auto.
Y allí ya se encontraba, en medio de dar inicio al día mas fatídico de su vida, San Valentín. ¿La guerra por chocolates esperaria por él?
« Lluvia, verla desde la ventana de un casucha vieja la producia muchos sentimientos encontrados, desde nostalgia hasta tristeza, nublandole la mente y llevándola a suspirar desde el fondo de su corazón. Muchos dicen que ver la lluvia pasar despeja un poco tu mente, la enfoca en otras cosas y purifica por completo las malas esperezas. Pero particularmente ese día, la princesa de los demonios sangre pura no pensaba en eso, su mente se hallaba en un punto totalmente muerto, donde las memorias iban y venían. Encuentros, despedidas, llantos y la promesa de una vida mejor.
¿Cuanto tiempo había transcurrido desde su boda fallida? ¿Uno año? ¿Dos? Ha… claro, cinco, cinco años desde esos sucesos dolorosos y confusos. Se vio en la obligación de tomar el cuerpo muerto de su amigo Okita y sujetar a Hijikata para salvarlo de las garras de Kazama, como olvidar esos ojos inyectados en sangre, irradiaban odio y desesperación descubriendo tal vez la realidad de las cosas. Jamas seria de él. Luego de eso le dieron una sepultura honorable a Souji y Hijikata le prometió hacerla feliz, lejos de las guerras, muertes y del mismo Shinsengumi. Dando por consiguiente, sostener sus manos huyendo de todo y todos, manteniéndose firme en querer amaras con libertad sin importarle las consecuencias. Posiblemente serían considerados egoístas por sus antiguos amigos al abandonarlos en medio campo de batalla, de ser así, no le importaba, porque de ser pecado amarse como lo hacen ellos dos. Se concideran condenados.
Asi que huyeron sin mas al interior, donde se alojaron en uno de los pueblos mas remotos de todo el pais, así jamas siendo encontrados por conocidos o posibles allegados a la familia de ella y el Shinsengumi. En ese sitio se cambiaron el nombre, alojandose en una humilde casa rodeados de solo mujeres y hombres del campo, haciéndose conocer como una pareja de casados en busca de mejores oportunidades, la guerra entre razas los había obligado a huir de Edo y refugiarse en la tranquilidad. No fue difícil adaptarse para ellos en aquel sitio, las personas eran muy amables y atentas, rápidamente los aceptaron ganando Hijikata un trabajo en el campo para mantenerse. En tanto la princesa, se quedaba en casa junto a las otras mujeres ayudando a cuidar niños, realizando alimentos y otras actividades. Podría aparentar ser delicada, pero nunca permitiría verse parecida a una de esa muñecas de porcelana, solo de adorno. Aunque le costo un poco adaptarse a la realidad y no tener sus comodidades habituales, prefería mil veces esto en lugar de casarse con Chikage, eso sería una vida completa de desdichas. Aunque pensandolo bien, eso jamas podría considerarlo vida.
¿Acaso…? ¿No extrañaba a su familia? La princesa aprendió muchas cosas, pero la mas resaltantes de todas es el que nada de ese grupo familiar la retenia, si hasta su propio padre la entrego al detestable Chikage. ¿Como poder sentir nostalgia de ello? Es parecido a estar viviendo toda tu vida entre maltratos y mentiras, siendo rescatado repentinamente para ser llevado a otro lugar donde seras feliz. ¿Sentiras pena de tu tristeza derramada? No, en lo absoluto que no. Porque por primera vez en cinco años, ella puede considerarse completamente feliz y libre de las garras de su clan, de la responsabilidad de ser la princesa de los sangre pura, ocupararse del desastre de estos y el manter a Chikage en cintura.
El pasado es pasado.
Tan lejano y recontrico.
jamas volverá a él.
Así que, en todos estos años transcurridos se ha limitado ser la esposa de Hijikata, aunque no estén casados legalmente ellos lo estan con sus corazones, por ahora se conforman con esto. La promesa de amar y ser felices, eso llena hasta el máximo sus corazones.
— ¡Chizuru! — la voz de una mujer tocando su puerta la despeja, volviendola a la realidad — ¿Se encuentra allí? ¡Chizuru!
Ha… lo había olvidado, ese fue el nombre que adopto para no ser reconocida por nadie, era bastante simple pero le gustaba.
— ¡Si! — se levantó de su asiento improvisado, dirigiéndose a la entrada — ¡Voy enseguida!
Al abrir la puerta se encontró con tres personas, una mujer con vestimentas humildes cubriendo su cabeza con un pañuelo, manteniendo en sus brazos un pequeño bulto blanco oculto y a su izquierda un niño azabache se chocolate mirada, Daisuke.
— Pasen por favor — se hizo a un lado, dándoles espacio medio sonriendo — ¿Como han podido venir con semejante lluvia? Podría hacerle daño a los tres, bueno… cuatro.
La mujer sonrio agradecida estando ya adentro, tal vez no se miraba en primera instancia pero una pequeña protuberancia nacía de su vientre, era ovalada y significaba una sola cosa: estaba embarazada.
— Estaremos bien, no te preocupes — le resto importancia al sentarse en el suelo, junto a su hijos — el quedarme en casa sola con los niños es solitario, mas en un día de lluvia. Ya lo comprenderas cuando tengas a tu hijo.
La princesa sonrio anhelante a la mujer en tanto tocaba su vientre plano, ya habían pasado tres semanas desde la noticia que sería madre. ¿Pueden creerlo? Ella siendo madre de una encantadora criatura, con los ojos de su padre, la piel bronceada, la manera de caminar e inclusive la dulzura de su hablar. En defunción, ella quería un hijo igual a Hijikata, aunque de una extraña manera algo le decía que sería una niña.
— Observemos esa expresión nada mas — señalo cómplice, sonriendole con picardía — estas deseando ya tenerlo entre tus brazos.
— Dime loca pero, — río dulcemente aun acariciando su vientre — preciento que sera niña.
— No es locura en lo absoluto — plantio la mujer, a la par de escuchar el gorgeo de su bebé en sus brazos y comenzandolo a arrullar — nosotras las madres posemos un sexto sentido para eso, obviamente percibimos mas ese tipo de detalles. ¿Y como esta el padre de la criatura? Seguramente feliz.
— Mas que eso — afirmo suspirando — él desea aun mas tenerlo entre sus brazos, en lugar mio.
— Todos los hombres son así al comienzo — suspiro cansada, medio bromeando — ya para cuando tengas el tercero, estada listo para cerrar la contienda.
— Por los dioses, no hables de esa manera — reprimió una carcajada, ocultandola bajo su puño — además, mi marido jamas sera de esa manera. Aun teniendo una docena, seguirá siendo el mismo.
— Claro, Purpure-san es tu eterno enamorado. Cuando te ve, parece que estuviese mirando al mismo sol luego del invierno — soltó un suspiro soñador, moviendo su bebé de un lado a otro — Es simplemente cautivante, quisiera ya poseer un marido tan amoroso como el tuyo.
— Estoy completamente segura del cariño que el tuyo te posee — aseguró, teniendo al Daisuke cerca de su regazo con la finalidad de tener atención — ¿Los años no sirven de ejemplo hacia ello?
— Bueno, viéndolo de esa manera… — soltó pensativa, mirando fijamente a la princesa y su aura entera de delicadeza — ¿Sabes Chizuru? Viendote claramente y la manera de dirigirte a los demás, pareces venir de una familia adinerada — al escuchar dichas palabras se paraliza, comenzandole a saltar el corazón de prisa. — Vienes de Edo, allí solamente viven familias bien acomodadas. ¿No?
— No necesariamente — planteo tranquila, ocultando su nervios en acariciar la cabeza del pequeño.
— ¿Entonces diras que eres pobre? — exclamó incredula, mirandola con ironía.
— Pues si fuese adinerada, no estuviera viviendo en esta casa y menos tuviera un esposo recoletor se cosechas. — hablo de manera irónica, riéndose — ¿No crees?
— Tal vez, pero quizás… no lo se… — se encogio de hombros, buscando no ser tan ruda — huiste de casa porque no aceptaron tener una pareja como Purpure-san, llevandote hasta aqui. Aunque decirlo en voz alta, suena muy absurdo.
Mas cercano a la realidad no pudo haber sido tal deducción, claro quitándole a la ecuación el ser ella la princesa de los sangre pura y Hijikata un mestizo, ex-capitan del Shinsengumi al igual que el causante de tener una contienda en la capital demonios y humanos por igual. Claro, la princesa no podría decir eso jamas a nadie, menos a esta amable mujer de vista aguda.
— Es porque lo es, — mantuvo su compostura al margen, evitando las sospechas — no provengo de familia adinerada, menos huí de casa por mi marido. Solamente debimos de venirnos de Edo a causa de la guerra, simplemente.
— ¿Y que hay de tu familia? — pregunto perspicaz, llevándola a sentir una vez mas miedo — ¿Conocen que seras madre?
En la vida podría decirle algo así a su clan, menos a sus padres, quienes consideran una criatura indigna de seres provenientes de un sangre pura y un mestizo, no deseaba pensar de encontrar su paradero. ¡Menos ver a Chikage! Este sería el mas afectado de todos, hacer conocer a la sociedad de demonios que su prometida de hace muchos años se encontraba escondida en el interior con su peor enemigo y embarazada, seria el mayor asmereir de todos. Aunque conociendo su personalidad, estaría dispuesto a acabar con cada uno de los demonios temerarios de reirse el rostro de él, siendo pocos.
— No, luego de la guerra perdí comunicación con todos ellos — murmuro con amargura, casi libreando un poco de destilación demonioca — es triste pensar en que realmente, estoy sola.
— ¡No pienses tal cosa Chizuru! — elevo su tono de voz, comprensiva y mirandola calidamente — en la vida jamas estaras sola, nos tienes a todas nosotras y un encantador esposo que te ama. ¡Animate!
— Gracias, saber que cuanto con alguien mas me llena de ratificación — menciono sincera, notando al pequeño Daisuke dormido en su regazo — en verdad te lo agradezco, Nanami.
Luego de conversar otras cosas mas, la mujer debía de retirarse a su hogar para esperar pacientemente la llegada de su esposo, la lluvia igualmente había pasado y todo signo de nostalgia parecía borrarse del firmamento. Despidiendose en la puerta, quedaron de verse mas tarde casi en la cena, Nanami le traerían unos dulces de arroz para que los compartiera con Hijikata, ellos suelen saber mejor cuando se comen acompañados, mas de la personas amada. Riéndose de las ocurrencias de su vecina, cerro la puerta quedándose nuevamente sola. Esta humilde casucha se le hacia inmensa sino estaba él, hoy en verdad parecía tardaras bastante y el sentimiento de verlo incrementaba a cada segundo, como hoy fue día de lluvia no pudo salir a distraerse con las señoras del pueblo. Llevándose a confinarse en su hogar, agregándole el cuidarse el embarazo, este no era para nada convencional a los demás. La princesa lo sabia desde un inicio, ella tenia la imposibilidad de salir embarazada y eso residía debido a ser un demonio, algo contradictorio pero cierto. Aunque de alguna manera allí la tenían, cargando la semilla del amor de su Hijikata dentro de su vientre, siendo feliz y dichosa. ¿Pero por qué se le hizo difícil? Al ser una sangre pura y el un mestizo, unión difícil a la par de rara de encontrar, la naturaleza podría jugarles en su contra de muchas maneras. No teniendo en cuenta que raza podría ser en realidad, si puro o mezclado. Sea como sea, seguiría siendo suyo y lo amaría por siempre.
Poseyendo tales pensamientos, fue a preparar una comida para recibir a su marido.
— ¡He vuelto! — anuncio Hijikata al entrar finalmente a su casa.
La sala parecía estar vacía sin el alma de la princesa rondando por allí, eso le parecía bastante bien porque ahora debía de cuidar por dos, ya no era solo ella. Dejó sus cosas en el suelo, al igual que su calzado y se adentro a la casa, todo estaba bastante silencio para tratarse de la princesa pero siempre existe una primera vez en todo. Seguramente esta durmiendo, pensó el moreno sonriendo de soslayo al encontrar un plato cubierto con alimentos, aun recuerda bien al hacer la primera comida ella sola. Fue… desastrosa a la par de horrible, no poseia sabor alguno y para colmo, el desastre en la cocina tras eso fue garrafal. De tener un punto de comparación con algo seria el de un terremoto, desastre y reguero en todas partes. Hijikata no se enojo nada, es decir, era bastante predecible el ocurrir tal acontecimiento siendo ella una princesa, todas las comodidades estarían a sus disposición sin mover un dedo por ellas. En su vida, jamas cocino y menos le intereso, llevandolo a enseñarle lo básico para poder arreglarselas ella sola. Eventualmente fue mejorando considerablemente a medida de pasar el tiempo, practicaba y practicaba sin descanso, buscando el agradarle, aun mas, el demostrar no ser solo una linda cara. Consiguiendo así, de esperarse, su consentimiento culinario. Lo que desconocía era tener su aprobación, menos que su capacidad de aprender es super rápida, llevándolo a tratarse de un sangre pura con habilidades grandiosas, las cuales, cultivandolas dedicadamente saldrán frutos prósperos.
Entonces escucho unos pasos ruidosos por el pasillo alertandolo de encontrarse con una manada, pero no, una hermosa cara risueña pintada de ilusiones y sueños, mas que todo inocencia. Sin saberlo dentro de su pecho se encendió la llama del cariño, ese que amenaza con consumir todo a su paso sin dejar nada, solo cenizas de un amor abrazador. La princesa se arrojo a sus brazos con risas de por medio inundandolo con su dulce fragancia de las flores, llevándolo a imaginar una pradera rodeada de estas junto a un sol intenso sobre sus cabezas, en tanto la sensación de tranquilidad se apodera de su cuerpo. Era grandioso que aun la chica surgiera en él todo esto, tomando los cinco años transcurridos conviviendo juntos, conocer todos sus secretos y estar esperando un hijo, uno al fin juntos.
— ¿No te se lo dije antes? — se separo de ella, juntando sus rostro y acariciandola con anhelo.como si estuvieran años separados — Debes permanecer acostada descansando, los movimientos bruscos podrían hacerle daño. A los dos.
— ¡Por favor! — río incredula, separando el rostro de él y mirarlo directamente a los ojos — estar embarazada no significa enfermedad, sino una gran alegría.
— La mayor de todas — agrego imitandola en el movimiento.
— Eso mismo. — aseguro, dándole la razón.
Aunque la princesa le sugiriera calmarse, no lograba hacerlo por completo, porque desde el inicio de este embarazo todo se encontraba en su contra. La guerra de los sangre pura contra mestizos, la familia de ella dándole caza, el mismo Kazama junto a su odio enfermizo, y lo mas importante de todo: el riesgo de aborto. El medico en atenderla lo llamo aparte a él solo admitiendo conocer la naturaleza de la chica, siendo una autentica sangre pura y que al serlo, sus poderes se verían debilitados al estar en estado, llevándolo únicamente a cuidar de la criatura, dejándola desprotegida. Mencianando al pequeño, siendo proveniente de una sangre pura y un mestizo, no tenía idea cual podría ser su raza exacta, muy pocas veces se ha escuchado algo igual pero en ellas llevaron a un desenlace trágico: el aborto. Hijikata sintió un frío recorrerle todo el cuerpo, parecido a ser sepultado por una montaña de nieve y siendo incapaz de poder salir, tus pulmones estan congelados, la piel amoratada y tu cuerpo aprisionado. Sin salidas alternativas. El medico intuyo rápidamente eso, apoyando con su mano en el hombro de este le aconsejó prepararse para lo peor, aunque eso no significa dejar las esperanzas de lado, pues lo milagros siempre existen y este podría ser uno.
— ¿Ya has comido? — pregunto pasando uno de sus pulgares por los pomulos sonrojados de ella, mirandola con cariño regosijante.
— Por supuesto, el hijo le importa poco esperar a su padre. — menciono con todo divertido, sujetando la mano de él y caminando a la sala pequeña — solo quiere alimentarse el y nadie mas.
— Me alegró entonces — admitió sonriente, mirando con cautela la unión de sus manos — estoy seguro que sera un hermoso niño, igual a su madre.
— ¿Si? — lo soltó, al tomar asiento frente a la pequeña mesa y señalandole al azabache imitarla — pues yo creo que sera una encantadora niña, poseyendo los ojos risueños de su padre.
Hijikata se quedo sin palabras al escuchar a la castaña diciéndole eso, en estas tres semanas jamas menciono el querer una niña y menos la seguridad de tenerla, aunque no imaginaba una pequeña con sus ojos. Es decir, en verdad tenerla, quería que fuese igual a su madre. Sus enormes ojos caoba, esa piel blanca y suave, un cabello tan largo al igual de manejable que el de ella, en general, la belleza propia de la primavera cautiva de esta encantadora criatura. Todos los días al levantarse y mirarla a su lado no paraba de sentirse dichoso, afortunado y completo, ella lleno por lo alto los desniveles de soledad a su lado por esa razón, jamas permitiría que la apartaran de su lado.
— ¿Esta segura? — empleo un tono acusador, destapando sus alimentos y sujetando los palillos — porque creo que una niña poseyendo su belleza, seria mas encantadora al poseer mis ojos.
— Pero sus ojos se parecen a los cerezos en flor — menciono cautivada, perdiéndose en el purpura brilloso de la mirada del azabache — ¿lo recuerdas? Como aquella noche que nos conocimos.
¿Olvidarlo? ¡Jamas! Esa noche realmente creyó encontrarse con una diosa, la cual, fue por él para llevarlo al mismo paraíso. Aunque francamente, ese paraíso lo esta viviendo aquí en la tierra.
— Asi que, no deseo otra cosa mas al mirar a mi pequeña y encontrar los cerezos en flor. — culmino diciendo, apoyando su mentón en sus manos sonriendo.
Increíble.
Simplemente increíble.
Jamas podría contra las palabras de ella.
— Perfecto — junto sus manos mirandola perspicasmente — pero seria interesante que fuese un niño, en lugar de niña. ¿Cual seria su reacción princesa?
— ¡Oye…!
Un rayo en forma de dolor golpeo sin consideración el vientre de la castaña, al momento de levantarse del asiento para reclamarle a su amado, este al ver la pálida expresión de ella corrió rápidamente para sostenerla.
— ¿Princesa? — su voz sono asustada, pensando lo peor de todo — ¿Qué le duele? ¡¿Dime donde?!
Pero no pudo responder a ello, inmediatamente otra ola de rayos desembocaron nuevamente en su vientre provocandole gritos, los cuales, fueron escuchados por Nanami su vecina que venia de visita tal cual a lo acordado. Esta visualizando el panorama, fue al encuentro de su amiga ayudandola a sostener, sugiriendole a Hijikata el buscar una de las mujeres mas experimentadas en atender este tipo de casos, para nadie seria una sorpresa lo que ocurría. Esto era un aborto. El azabache no espero el escuchar nuevamente a Nanami, salio despaborido en búsqueda de la salvación de su hijo.
Lamentable no pudo.
Fue demaciado tarde.
El aborto… ocurrió espontáneo.
La princesa al enterarse de esto se sumio en las olas de dolor, donde un pedazo de su alma fue arrancado lanzandolo al mar junto a los tiburones, encargados de deborarla sin dejar rastros de nada. Hijikata no tenia idea que hacer, solamente sostener entre sus brazos a la castaña frágil, destrozada y vulnerable, brindadole las fuerzas necesarias para levantarse de esta difícil situación. No estaba sola, él se encargaría de levantarla del suelo donde se encontraba, curandola y sacudiendo las heridas llenas de polvo, dedicandoles su atención y entera disposición. Esto no la derrotaría, porque ya tendría la oportunidad mas adelante de convertirse en madre, aunque por alguna razón la princesa creía eso nulo pues los dioses volvieron ir contra su suerte. Sangres puras y mestizos no pueden procrear, en los pocos casos de verse la desdichas se han visto, desafiar a las leyes de la naturaleza tiene sus consecuencias y esta fue la suya.
Transcurrieron tres meses luego de tan desgarradora circunstancia, la princesa lograba recuperarse físicamente a pasos de bebé pero seguro, debido a sus poderes no renovarse por completo aun. Sin embargo, su estado de animo jamas volvió hacer el mismo, en sus sueños la invadian un hermoso rostro triangular de ojos saltones purpura, que la llamaba mamá insesantemente esperando a ser atrapada por ella. Entre mas trataba de correr hacia su dirección, esta se alejaba con su cabello castaño al aire y una risa infantil gorgojeante, adentrándose a la oscuridad para jamas volver. Seguido de eso, despertaba sudando a mares y dándose cuenta que lágrimas bajaban de sus pomulos, igual a rocío mañanero. No podía con tanto dolor, luchar contra un vacío y una ausencia que jamas pudo tener en sus brazos, mirmarlo, arrullarlo y decirle todos sus sentimientos mas sinceros. Jamas tendría oportunidad de hacerlo, porque no naceria, no abriría los ojos purpura ni diria: “mamá te quiero”. Hijikata es comprensivo, dulce y amable al tratar de estar para ella en esos momentos difíciles, pero jamas entenderá lo que es tener algo dentro tuyo y perderlo sin poder hacer nada.
Pero una madre si.
Llora y sufre.
Tambien recuerda.
Las mujeres de los agricultores de la zona, sus vecinas, buscando distraerla de su herida aun abierta, la invitaban a acompañarla al pozo donde se encargaba de lavar la ropa de sus esposo e hijos. Allí conversaban, reían y bromeaban con temas diversos, disfrutando de una compañia sana. En tanto ella, cuidaba de los pequeños que correteaban a su alrededor, buscando igualmente alegrarla y dispersar sus malos pensamientos. Nanami, quien se convirtió en una gran amiga desde su llegada al pueblo, solia comentarle que en muchas ocasiones las primeras veces en embarazarce no resulta, si bien es doloroso y sumamente traumático, es una enseñanza para comprender que nada en esta vida es seguro. No obstante, los dioses tendrán para ti algo completamente lleno de alegrías para su porvenir, quien sabe, una docena de niños tal vez. La princesa rio ante el comentario, aunque su mente gritaba el solo desear el bebé perdido de sus entrañas, porque ni teniendo una docena completa jamas sustituiría la vida de él. Eso lo podía jurar.
Llego a su casa cansada, pensado en hacer la comida para Hijikata y ella, desde su aborto el azabache llegaba temprano solamente con la finalidad de estar mas tiempo a su lado. Era tan lindo, tener su compañia en todo momento encendía la llama del amor de su corazón, llevándola a simplemente temblar al pensar solamente en él, con su mirada suave, su voz ronca pero gratificante, el tacto de su piel contra la suya y esa fricción exquisito que producia. Él es como la primera gota de lluvia en un año entero de sequía, abasteciendo y germinando una tierra antes muerta como marchita, permitiendo un nuevo nacimiento en ella. La princesa jamas se arrepentiria de enamorarse del antes capitán del Shinsengumi, porque a su lado la atmósfera se suaviza y comienza a tener sentido la vida, sostener su mano es la mayor ratificación de todas. Pueden que aun no sean marido y mujer ante la leyes de los hombres, pero al vivir juntos estos cinco años transcurridos, se siente igual a ser un matrimonio en todo lo alto.
— ¡Estoy en casa! — anuncio su amado haciéndola soltar un respingo.
— Bienvenido… — dos caras previamente conocidas anteriormente la impresionaron. Llevo las manos a su rostro soltando un jadeo impresionada — ¡Saitou-san! ¡Shinpachi-san!
— Es un gusto volverla a ver… — hizo una leve reverencia el taciturno hacia la mujer, pero sus palabras murieron en su garganta al sentir los delgados brazos de ella alrededor de su cuerpo — … princesa.
— ¡Por los dioses! — rio separándose y buscando rápidamente a Shinpachi, que reia bastante impaciente. En tanto, Hijikata miraba entretenido el panorama — ¡No puedo creer que en verdad los este viendo!
— Bueno, le aseguro que en verdad somos nosotros y no nuestras almas — menciono con actitud vivaracha Shinpachi, al dejarla de abrazarla.
— Estaba caminando un poco el pueblo y me los encontré — los señalo un sonriente Hijikata, contagiado de la alegría de su amada — asi que decidí traerlos conmigo, por los viejos tiempos.
— Me alegró tanto de verlos, muchachos — musito sincera la castaña, luchando entre llorar y volverlos a abrazar — la última vez en encontrarnos fue en… mi intento de boda con Chikage, yo y Hijikata-san huimos sin mas… en verdad… lo lamento mucho.
— ¡El pasado es pasado princesa! — coloco su gran mano en la cabeza de ella, sonriendole abiertamente y captando toda su atención — no se tome la molestia de lamentarse por ello, nosotros estamos bien y lo importante es que ustedes buscaron su felicidad.
— ¿Pero que paso luego de eso? — preguntó intrigada la princesa, aun mirando la gran altura del hombre frente a ella.
— Lo predecible, princesa — intervino Saitou, ganándose la atención de todos — la guerra.
Habiendo escapado los enamorados de las garras de Chikage, de inmediato se escucho el grito de la guerra entre mestizos y sangre pura contra al Shinsengumi, siendo el grupo guerrero a favor de ocultar a tal desorden de la naturaleza. El papá de la princesa juro vengarse de tal acto publico, donde buscaría hasta por debajo de las piedras aquel sujeto que le brindo su hospitalidad y cuidados, osandose de engatusar a su hija para llevarsela lejos de él. Pero no se quedaría impune, de eso se encargaría personalmente con el nuevo capitán general encargado de la protección de los sangre puro, Kazama Chikage. De este si debe diferir un poco, porque al notar que perdio para siempre a la castaña, profirio un minuto de silencio total donde su respiración identificaba seguir vivo, su controlada calma asusto a sangre pura y mestizos por igual. Aquel rubio era conocido de ser un arrogante demonio con la incapacidad de mantenerse sereno, menos siendo derrotado ante una raza inferior a la suya, su postura ante la situación fue muy impredecible. Aunque seguido de una meditación profunda, activo sus poderes demoniacos dormidos degollando,  descuartizando y derribando de las maneras mas escalofriantes a todo ser viviente en ponerse frente suyo. No podía creer la incompetencia de sus seguidores al no detener al Shinsengumi, por eso merecían morir, su ineptitud seria su castigo y la salida mas fácil el dejar de respirar. Todos los presentes en ese sitio no movieron ante tal atrocidad, inclusive la reina de los sangre pura, que quedó impresionada de tal acto de crueldad. Su hija no estaba tan equivocada como pensaba, aquel demonio era sin duda ruin y cruel, aun comparada con ella se queda seca con tanta maldad junta. Aunque no tomaba un punto importante, un hombre herido es mucho mas lantete que un desquiciado, llevándolo a tomar las peores decisiones de todas. Eso era Chikage, un demonio enamorado de una princesa sangre pura con alma rebelde, inocencia de niña y ocurrencias picaras. Fue tarde para él al darse cuenta lo afectado que se encontraba, sus sentimientos lograron apoderarse al completo de su verdadera apariencia y nublarle el juicio. Esto se convirtió en algo personal, porque si buscaron volverlo una bestia de sed de sangre, lo encontraron. Ahora, que el Shinsengumi se preparara para el ataque masivo de los sangre pura en manadas, acabaría con todo aquel que le imposibilitara encontrar a la princesa, al igual de torturar de ser necesario a los cómplices de su escondite. Porque la guerra simplemente estaba por comenzar, por ende, no pensaba de ninguna manera perderla.
La princesa al escuchar todo eso no pudo evitar pararse el corazón en varias ocasiones, en estos años transcurridos lejos de la realidad de Edo y la guerra, no escucho nada de su antiguo prometido. Pero temió, temió de la sed de venganza de este y la capacidad de matar a Hijikata si lo encontrase, aunque ella obviamente no permitiría tal atrocidad, conocía bastante bien el tipo de demonio en ser este. Vanidoso, caprichoso y con un estado de animo volátil de acuerdo a las circunstancias. De solo recordarle produce extragos dentro de su estomago, iniciando desde el miedo hasta la incertidumbre, inundando su mente de las peores acciones de Chikage en un posible hecho de encontrarla. ¡No! ¡No debía de pensar en eso! Ella y Hijikata se encontraban en un pueblo remoto de Edo, jamas seria capaz de hallar con ella pues era como encontrar una aguja en un pajar, por los momentos esta a salvo.
Si es asi… ¿Por qué siente lo contrario?
— Mejor olvidemos los temas tabú y centremonos en lo importante — menciono Shinpachi con tono nervioso, mirando el estado de la castaña — ¿Como han estado ustedes a lo largo de estos años? ¿No nos han hecho tíos aun?
Oh mierda, ahora al atmósfera bajo unos grados mas, siendo en esta ocasión, partifice de ese rostro contraído el mismo Hijikata quien sujeto la mano de la princesa con fuerza, transmitiendole ánimos. En esos instantes, Saitou supo que no deseaba estar en la piel de su amigo, este realmente metió la pata hasta el fondo.
— ¿Eh? ¿Qué hice? — parpadeo varias veces sin confundido, girando su cabeza de un lado a otro viéndose mas patético.
— Hace tres meses, la princesa tuvo… — agarro una bocanada de aire el antiguo capitán del Shinsengumi, con la finalidad de evitar el dolor — una pérdida, el bebé no resistió. Fue espontáneo.
— Eso suena terrible — musito afectado Shinpachi, bajando la mirada apenado — siento mucho revivir tus heridas, princesa.
— No se preocupe, usted no podría tener idea alguna de ese acontecimiento — trato de tranquilizarlo la ojos caoba, sonriendo comprensiva — de hecho, estoy en plena recuperación aun y estoy segura de poder convivir con ello.
Eso no era mas que palabras vacías sin ningún significado, una madre siempre sera una madre aunque no poseyó la dicha de tener a su bebé en brazos, porque la sensación de vacío en tu interior jamas se marchara ni teniendo otros hijos. Esa era la verdad.
— En lugar de sentir pena, debieran decirme sobre como esta los demás — sonrio la princesa, haciendo a un lado la tristeza — ¿Como estan Sanna-san? ¿Heisuke-kun? ¿Y Harada-san? Es extraño no verlo con ustedes.
— De hecho… veníamos hablar con Hijikata-san de un tema importante — planteo con cautela Saitou mirando de reojo a Shinpachi.
— ¿Qué ocurrió? — el azabache adopto una postura seria, recordandole a la princesa su época de guerrero del Shinsengumi.
— Desde su partida del Shinsengumi, Sanna-san tomo el mando de manera provisional — relato Shinpachi con precisión — bajo su mandato y la guerra declarada de los sangre pura tuvimos muchas bajas, usted debe de recordarlo, la boda de la princesa — eso en teoría no es ningún secreto, pensó el hombre ante el relato pues una de ellas fue Souji — eso nos llevo a encontrar nuevos miembros de forma inmediata, humanos para ser exactos.
— Nosotros decidimos quedarnos — agregó el taciturno, quien permaneció callado hasta ahora — desde luego, los del Shinsengumi fueron parte de mi familia desde la primera vez en recibirnos. Brindarle mi apoyo, jamas estara de mas.
— Eso igual sirve para mi — musito confiado Shinpachi, apoyando a Saitou — pero no todo fue felicidad al volver. Hace unas semanas escuchamos de un enfrentamiento de sangre pura contra humanos, humanos inocentes — la castaña ahogo un exclamación de asombro al escuchar eso, no quería imaginar a un Chikage ordenando tal cosa, pero debido a su separación en cinco años no conocía el grado de locura incrementado en él. — Obviamente no podíamos dejar algo así pasar, por lo que fuimos un pelotón completo a salvarlo, aunque al llegar al sitio… encontramos algo peor a destrucción y desolación.
— Era un monstruo, en todo el sentido de la palabra — giro su cabeza hacia los lados Saitou, ante su recuerdo — No destrozo ninguno de los cuerpos esparcidos en el suelo, ni siquiera dejo un rasguño, solo… les succiono cada gota de sangre de sus venas, dejándolos vacíos al igual que un cascaron.
— “Los seres de la noche” — murmuro Hijikata pensativo.
— Si, esos mismos. — corroboro Shinpachi, asintiendo.
¿Y quienes eran tales criaturas? Eran solo masas de músculos encargadas de cazar a humanos y demonios por igual, con la finalidad de cotizar la sangre recorriendole en las venas. ¿De donde han podido salir? Nadie lo sabe, aunque muchos creen que solo son mutaciones hechas por los humanos en su entera envidia de llegar hacer iguales a los demonios, saliendose de control porque esos monstruos no obedecían a nadie solo ha sus instintos. Afortunadamente, la princesa no de ha tenido que enfrentar a ningunos de ellos, aunque si lidiar de manera lejana al culpar a los sangre pura en una ocasión de desorden publico. Le parece extraño que volvieran a surgir luego de tanto tiempo, ella creyó mandar a exterminarlos a todos, pero aparentemente eso solo fue una mentira. No al menos que…
¡Por los dioses que no!
— Kazama Chikage, ha contrato los servicios de estos para atacar a los pueblos remotos de Edo — leyó los pensamientos de la princesa Shinpachi, colocandole los pelos de punta. ¿En verdad su maldad llegaba a tales limites? — se percató que atacar a las ciudades grandes no encontraría a la princesa, ella estaría escondida con Hijikata-san en un sitio apartado de todos.
— Según Yamazaki, este era el siguiente pueblo como su objetivo — informo Saitou, alarmando a los enamorados — Sannan-san nos envío a nosotros para cuidarlo y de encontrarlos, relatarles la información.
— ¿Y en donde se encuentra Yamazaki-kun? — pregunto con angustia la princesa — si se entero de este lugar, seguramente debía de estar con usted. ¿Cierto? Igual que Harada-san. Ellos jamas saldrían sin ustedes.
Un minuto, se produjo un silencio de un minuto donde la tensión aumento entre los presentes, Hijikata entendió esto como señal de mal presagio. Si esos dos estuvieran bien, aun mas Harada, el amigo de travesías de Shinpachi jamas tendría tal expresión nostálgica en el rostro, menos el tratar de ocultarlo. Por otro lado, Saitou siempre ha sido taciturno y descifrar algo detrás de esa manera de ser era extraña, muy pocas veces transmitió otra emoción. Sin embargo, Hijikata término descubriendo que cuando su mirada se volvió desenfocada, o mas bien distraida, este estaba preocupado por algo.
— No… no, Harada-san y Yamazaki-kun… — sollozo la princesa, al descubrir por si sola la realidad. Llenandose de dolor.
— Yamazaki fue descubierto por uno de los seguidores de Kazama — relato lleno de impotencia Shinpachi, apretando sus puños y mandibula por igual — entonces mandamos a Harada para investigar, siendo en realidad que el solo quiso venir y…
— Enviaron sus cuerpos — confeso sin poquito de sutileza el recervado — ambos…
— ¡Basta! — suplico la chica, colocandose las manos en sus oídos y así evitando escuchar algo mas — por favor… ya no mas.
Hijikata de inmediato le mando una mirada de represaria a sus antiguos seguidores, sujetando a la castaña y arrullandola en su pecho, como si con eso podría aliviar de alguna manera su dolor. Aunque, francamente, eso era imposible. Cuando la princesa perdió a Souji en sus propias manos se dio cuenta de su incompetencia, tener mucho poder no le sirvió de nada, menos esos días de entrenamiento con el Shinsengumi. Ella siempre terminaría siendo la inútil que debe de ser salvada, protegida por los demás, ese descubriento la lleno de cólera e impotencia. Se juro a si misma el jamas volver a depender de alguien mas, que si era encontrada por Chikage ella le daría lucha, impidiendole el poder derrocar a su amado cuando este quisiera. Pero el enterarse de las nuevas bajas del Shinsengumi le partieron el alma, seguramente Hijikata le comentaría que perdieron sus vidas haciendo su deber, el luchar por sus ideales y los justo como correcto. En la perspectiva de la princesa, jamas hallaría paz en tales palabras, por muy guerreros que fuesen ellos aun tenían una vida delante y merecían disfrutarla, no simplemente acabarla.
¿Hasta cuando? ¡¿Hasta cuando seguiría ocurriendo injusticias?! Chikage estaba llegando a los extremos mas recontidos de la tierra, cayendo cada vez mas bajo y aliandose con los “seres de la noche”. ¿Por qué? ¿Solo para dar con ella? ¿Poseerla? Si esta es su manera de demostrarle sus sentimentos era de una muy bizarra, ella jamas le dará su corazón a alguien tan ruin como él, quien le importa poco la vida de los demás. Siendo capaz de matar a sus propios seguidores solo por un capricho, mandar a atacar pueblos llenos humanos inocentes simplemente porque esta cazandola, no, Chikage esta mal.
Ni volviendo a nacer, se enamoraría de él.
— Sueltenlo — ordeno Hijikata, frunciendo el ceño algo enojado — seguramente Sannan-san les mando a decirme algo mas que los acontecimientos, no es de quien este con rodeos de por medio.
— Hijikata-san — el tono bromista de Shinpachi se volvió serio, dándole la vuelta magicamente a la situación — vuelva a retomar su puesto en el Shinsengumi, por favor.
— ¿Qué? — los músculos de su rostro se le tensaron al escucharlo, inclusive la princesa alejo su rostro del pecho de él para mirar incredula al frente.
— Sannan-san sabe que bajo su mandanto, muchas perdidas han ocurrido. — siguio hablando, sin importarle la expresión de la pareja — entre ellas, el mismo Heisuke.
La princesa nuevamente se hundio en su llanto, no creía que alguien tan lleno de vitalidad como el joven castaño fue atrapado por las garras de la muerte, en su estancia con el grupo de guerreros había sido con quien se la llevó mas, tenía mas o menos su edad y podía conversar con informalidad. Además, fue el único capaz de buscarla al diagnosticarle la tuberculosis a Souji, él también colocó su granito de arena para volver con su amado, y ahora se habido ido. ¿Qué otra cosa mas debe soportar? ¡¿Qué otra noticia mas vendrá contra su estabilidad?!
— Debió de haber perdido la cabeza ante tantas muertes, — menciono incrédulo Hijikata, mirando con ojos agudos a los dos hombres — no pienso volver a dirigir al Shinsengumi, lo que debí de dar… ya lo di.
— Se equivoca, Hijikata-san — lo contradijo Saitou, con su usual tono de voz — nosotros y el Shinsengumi, necesitamos de su liderazgo. Únicamente con su presencia llevaremos a la libertad de los humanos y mestizos.
— Yo…
— Ve — lo interrumpió la princesa, separándose de su cuerpo y mirandolo con decisión, aun manteniendo lágrimas desembocando de sus ojos — ellos realmente necesitan de su presencia, Hijikata-san.
— ¡¿Has perdido el juicio?! — lo sostuvo de los hombros con fuerza, mirandola costernado — Sabes que no puedo hacerlo, he dejado atrás mi días como guerrero, ahora mi única finalidad es hacerla feliz. Mostrarle mi infinito amor y…
— No podemos seguir huyendo eternamente de Chikage y mi clan — plantio con calma, el azabache la soltó suavemente sin aun creerlo — eso es de cobardes Hijikata-san y usted, no es uno. Su fuerza, vigor y manera de pensar jamas le permitiría rendirse, lo se, confió en usted. Tambien… el Shinsengumi, de lo contrario, ellos no volverían para encontrarlo — giro en un segundo mirando a Shinpachi y Saitou, ellos mantenían la flama de la lucha en sus ojos, sobre todo, la esperanza de acabar de una vez con todo esto. — Vuelva con ellos, Hijikata-san, enseñeles que las bajas de Yamazaki-kun, Harada-san y Heisuke-kun no fueron en vano. Por favor… hazlo.
Las lágrimas de la princesa renovaron las fuerzas guerras dormidas en él, comprendio enseguida con todo este relato que su lugar no era siendo un simple agricultor, menos el llegar a su casa y comer con su esposa. No. Hijikata es un guerrero, un samurai de la época de gloria de Edo, las cosas cambiaron un poco, jamas lo negaría, pero seguiría siendo un luchador de las causas injustas. Ya se canso de permanecer en las asombras, de esconderse tal cobarde fuera de Kazama, como dijo la princesa, él jamas ha corrido con las colas entre las patas por causa de su enemigo. Llego el momento, el momento de surgir nuevamente entre las sombras y demostrarle a Kazama Chikage, quien realmente era Hijikata Toshirou.
— De acuerdo, regrasare a Edo — anuncio decido el azabache, recibiendo una sonrisa aliviada de los presentes — Sin embargo, eso no significa que tu vayas conmigo princesa.
— ¿Por qué? — pronuncio casi insultada, frunciendo el ceño.
— Es ti aquien busca Chikage, no pretendo entregarte en bandeja de plata si vienes conmigo. — menciono él, muy serio.
— ¡Por esa misma razón debo de acompañarlo! — alzo su voz, quitandose las lágrimas del rostro y enfrentandolo — no pretendo esconderme mas de Chikage, prácticamente… ¡He huido de él toda mi vida! No, esto se acaba.
— Te equivocas, tu te quedaras justo donde estas — sentencio sin dar su brazo a torcer.
— ¡Hijikata-san!
— ¿No comprendes que te amo y solamente intento protegerte? — la sostuvo mirandola tan intensamente que no tuvo momento para replicarle — princesa, por favor, se que no le gusta sentirse igual a una damicela en problemas pero estamos en una guerra, y usted es el motín de recompensa. Permitame cuidarla, estando aquí no le ocurrirá nada. ¿No es así Shinpachi?
— ¡Por…! ¡Por supuesto! Nosotros nos encagaremos de enviar a hombres encubierto para velar de usted — menciono el nombrado, tan rápido que pensó el fallarle el aliento en ciertas ocasiones.
— ¿Chikage no notara ese raro movimiento de ustedes? — pregunto con perspicaz la chica.
— Entonces te movere a otro pueblo, pero no iras a Edo. — planteo insistente, importarle nada la mirada furisa de la demonio.
— Perfecto, pero queda claro que no me encuentro de acuerdo en esta decisión. — se rindió al fin soltando un suspiro.
— Eso ya lo se.
Entonces, mientras los hombres celebraban el regreso de su verdadero jefe a las filas principales del Shinsengumi, la princesa comenzaba a idear un plan infalible donde la colocaria nuevamente en Edo. Porque si su Hijikata regresaba, ella igualmente lo haría, en la vida podría estar lejos de su alma gemela. De lo contrario, moriría de la tristeza. »
La mañana del 14 de febrero amaneció gris para una Mitsutani Mitsuki, paso la semana en vela preparando el chocolate perfecto para su novio, el no conocer en lo absoluto de cocinar se le dificulto las cosas llevándola a pedir ayuda. Por suerte una Momoka estuvo dispuesta hacer tal papel, ella igualmente preparia dichos dulces para sus amigos y Kazama, al escuchar dicho nombre se le herizo la piel. Es decir, ¿el hijo del primer ministro recibía presentes de sus seguidoras? Pues en su mayor sorpresa, si, el rubio los presentes de las chicas interesadas en él. Como era de esperarse, poseian otras reglas en dicha festividad, ejemplo sería no confesarsele ni tratar de ganarse su corazón, los chocolates debían ser con carácter “amistoso” no “amoroso”, este presentaria seguramente un momento para recibir el presente de todas y por lo tanto, debían de formarse tranquilas y esperar su turno. La castaña le parecio toda esa informacion descabellada, ni siquiera imaginar a sus amigas haciendo fila con la finalidad de darle el chocolate a Kazama, aun mas la seria Reika, la alborotada Momoka y la atrevida Minami. Por lo dioses, las chicas del instituto tienen ciertos problemas oculares, el hijo de primer ministro es por lejos el hombre perfecto. Cuando lo conoces detrás de esa fachada de chico calmado, se esconde el peor de los demonios con personalidad retorcida, arrogante, prepotente y odioso. ¿Qué tiene eso de cautivante? Además el mirar sus horribles ojos rojos, solo podrías ver la malicia de un hombre atroz. Aunque desde su llegada este no se le acerco mas, menos le dirigió la mirada o palabra, se mantenía tan tranquilo que inquietaba el corazón de la castaña. En aquella fiesta de santa secreto intento besarla sin importarle tener novio, menos estar con Amamiya-san dándole a entender no considerarla como pareja. ¿Qué son ellos en realidad? Dejemos al lado aquel evento desafortunado, centremos el punto que la rubia no apareció mas en clase, al menos eso se escucha en los pasillos, formulando hipótesis de contraer una alta infección contagiosa y estar hospitalizada. Esto le preocupo bastante, si bien en un principio desconfio de ella sintiendo celos de su relación con Purpure-san, ella demostró un actitud jovial a su alrededor al ayudarla ha conseguirle un regalo para Kazama. ¿No podía considerar eso como acto de amistad? En su perspectiva si, aunque realmente no tuviera el número de ella o lugar para contactarla.
La hubiera ayudado.
Con tal.
Nadie conocía los gustos de su novio como ella.
La descendiente de la “princesa lunar” pensaba en este dulce como su único recurso para recuperarlo, si, la normalidad con su novio en su relación. Desde aquel incidente en la villa de los Purpure algo se quebró entre ellos, el poder mirarse a los ojos era imposible, menos permanecer en una misma habitación codo con codo sin evitar volver a esas memorias, donde ellos intentaron cruzar esa línea. Lo peor de todo, es que Mitsuki aun sentía la demanda del azabache a su persona, ese deseo carnal y no el anhelo de ser uno por amor. Le preocupa, le preocupaba mucho porque no quería descubrir el ser ese cariño durante estos meses solo juego de su mente enamorada, el que Purpure-san jamas a miro como ella lo miraba, el haberse dejado llevar solo por un espejimos ocasionado de su corazón. Si. Descubrir no quererla. Imaginarlo le producia un sin sabor en el pecho, donde su paraíso deseado es solamente un fango asqueroso lleno de mala hierva y barro. Pero no era así, por supuesto que no, su novio jamas sería esa clase de persona ruin dispuesta a jugar con los sentimiento de los demás, menos la clase de humano dicho antes por Kazama. ¡Ese demonio nunca tendría razón! Menos tratándose de su amor.
Ella acabaría con todos esos malos pensamientos hoy mismo, encontraría la manera de hablar con Purpure-san a solas y enfrentarlo de una vez por todas, si ambos realmente se quieren como obviamente lo hacen, serian fuertes para pasar la pagina y seguir adelante. ¡No por nada hizo ese chocolate amargo! Con la finalidad de entregarle sus sentimientos, porque aunque enamorarse resulte confuso y un tanto desesperanzador, existirán los momentos propicios para ser feliz y mas si tus sentimientos son mutuos. Manteniendo esos pensamientos, la ojos calabaza apretó con fuerza la bolsa en sus manos y entro al recinto escolar, al ser de mañana lo encontró un poco desolado menos de un día de San Valentín. En realidad, se lo imagino de otra manera, mas alegre, pintoresco y divertido.
¿Qué podía esperar?
Hoy hacia frío.
Y llovía.
Dejo de lado sus cosas al ubicarse frente la caja de sus zapatos, medito seriamente el encontrarse realmente en un 14 de febrero, la entrada estaba completamente vacía y la sensación de soledad no era muy placentera, mas bien, daba miedo. Claro, una demonio sangre pura temiendole a datos insignificantes como este, de meterse con ella los perjudicados serían otros, no posee control de sus poderes pero su fuerza es incomparable aunque solo sea mediante una cachetada. Entonces unas voces cerca de las escaleras llamaron su atención, colocándose rápidamente en marcha sujeto su bolsa con el presente de Purpure-san, camino con cautela donde provenía el ruido.
Sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrarse la figura de un castaño particular, su semblante parecía sereno, bueno, en realidad aburrido mientras una chica de abaja estatura y anteojos de media luna, temblaba con nerviosismo al extenderle un pequeño paquete triangular color rosa.
¡Por los dioses!
Es una confesión.
— Se… se que es una locura el decirle esto pero… pero — la voz suave de la chica llego a sus oídos, encontrandola insegura — ¡Me gusta! Asi que por favor, acepte mi presente.
Okita Souji, quien era el dueño de dichos sentimientos no hizo ademán de sujetar el paquete, simplemente soltó un suspiro y como sino valiera nada, paso aun lado de la chica ignorandola olímpicamente. Haciéndole daño.
— Deberías guardar todos esos sentimientos para alguien que valga la pena, niña — su tono de voz fría, sin emoción le hizo recordar a la ojos calabaza un auténtico demonio, no aquel amigo burlesco que ella conocía — no soy la persona adecuada para ello.
— ¿Y por qué no? — se giro de inmediato la chica en dirección al castaño, olvidando el desprecio que este le transmitió — ante mis ojos Okita-kun es un muchacho encantador que no puede dejar a sus amigos de lado, le gusta sonreír y es amable con las chicas. ¿Eso acaso no es suficiente para mi quererlo?
— Muy ingenua… — bufo divertido, asustando a la chica e inclusive la descendiente de la “princesa lunar” escondida — Escucha muy bien esto, chiquilla. No estoy ni remotamente interesado en tus “puros” sentimientos, en mi vida jamas tendrá cabida algo así. Nublan el juicio y pierden mi tiempo. Además, el “Okita Souji” que tu conoces no es realmente el “Okita Souji” real, simplemente es una treta, espejimos de tu ingenuo corazón. — señalo con maldad, dibujando una sonrisa ladina en los labios — ¿”Te gusto” dices? ¡No seas absurda! Realmente no me conoces, ni me conoceras. Asi que, no pierdas mas tu tiempo conmigo y… utilizalo en algo mas productivo.
La pobre muchacha no hizo ningún movimiento para perseguir a Souji, solamente se quedo parada allí en la eterna nada mientras era dejada de lado por el dueño de su afecto, quien resulto ser un completo ser cruel sin piedad o sentimientos. Con tal, ella misma le dio una pistola teniendo una bala dentro, lista para ser disparada a su corazón. En tanto Mitsuki, tuvo que llevar sus manos a su boca para evitar sacar alguna palabra, en el tiempo que llevaba conociendo a Souji jamas le vio tan frívolo como ahora, siempre poseia una sonrisa traviesa en los labios junto a una mirada llena de picardía, le gustaba jugarle bromas y incomodar con su cercanía. Él era atento tal cual dijo la muchacha, ayudaba a sus amigos y nunca les vio siendo cortante con ellos, desde el incidente de la cafetería donde se expuso su verdadera naturaleza le brindo su mano amiga, es mas, estuvo en todo momento con ella y se convirtió en su mayor confidente, su aliado. Viéndolo en el presente de esta manera, golpeaba firmemente toda esas buenas acciones de él, además de preguntarse algo muy claro: ¿Quien era el verdadero Okita Souji?
— Okita-kun — lo llamo sin fuerzas la chica, frenando los pasos del nombrado si girar hacia su dirección — ¿Acaso…? ¿Tienes ya alguien que te guste?
¿Souji enamorado? ¡Que broma! Penso la castaña riéndose mentalmente, el eterno juguetón de Okita Souji jamas se tomaría una mujer encerio. Es decir, solo miren su personalidad casanova, él era amable con todas las chicas y no entregaba su atención de mas en especifico. En realidad, podría considerarlo un segundo “ídolo” luego de Kazama, temiendo que de enterarse se volveriera loco.
— ¿Qué te hace pensar en eso? — pensó cauteloso, prácticamente prudente.
— Porque en tus ojos, refleja estar atrapado en medio de un torbellino se emociones, donde lo “correcto” e “incorrepto” bailan frente a tus ojos — explico ella, usando de voz apagado y triste — por eso, te privas a ti mismo el derecho de sentir. ¿Cierto? De equivocarme, disculpeme.
— Por los dioses — solto una risa amarga, llevandole sentir escalofríos por todo el cuerpo a la castaña — puede que tengas razón niña, lo de estar… “enamorado”. Pero es inútil, siempre lo sera.
Dicho esto, desapareció escaleras arriba dejando a la chica sola y deslizándose al suelo derrotada, cubriendo su rostro seguido de unos sollozos sonoros que le llegaron al alma. Mitsuki se quedó literalmente pegada al suelo, con la mandíbula ligeramente colgandole de su cuello, había terminado de escuchar que Souji estaba enamorado de alguien. ¡Por lo sagrado! ¡Por todo lo considerado bueno y malo! No podía creerlo, aunque el mismo castaño lo admitió sin avergonzarse, mas bien, parecía afectado de tales sentimientos. ¿Quien podría ser la causante de su cariño? Seguramente Minami, aunque se llevaran a las patadas dice un dicho que los opuesto se atraen, seguramente ella es la razón de pensar el ser incorrepto querer a una persona. De hecho, ser un demonio mestizo no le ayuda de mucho, seguramente creció durante todo este tiempo creyendo que en la vida tendría el derecho de amar a alguien mas, menos siendo humana. 
La psicología de los demonios es bastante compleja.
— ¿Has considerado que espíar a un mestizo y una humana, es aburrido? — una voz cerca de su oído la hizo brincar del susto, llevándola a voltear rapidamente y visualizar quien la atrapó. Kazama. — eres una demonio bastante curiosa, desconocía…
Pero no le dejo terminar la frase, la ojos calabaza sostuvo de los brazos al rubio sacandolo lejos de allí, no creía conveniente ser escuchados por la pobre chica destruida lejos de ellos, de hacerlo, seguramente seria expuesta a la peor de las vergüenzas. A nadie le parecería agradable el darse cuenta que alguien observaba siendo rechazada, menos en una chica, las cuales son mas susceptibles. Aborrece enteramente a Kazama, pero posee cero delicadezas en asuntos de esta índole, mejor llevarlo por otro lado y soportar sus palabras llenas de sarcasmo. Ciertamente, el rubio miraba a la descendiente de la “princesa lunar” curioso, incomprendiendo hasta que grado se ocupaba de los sentimientos de los humanos, porque lo dicho por el Okita estaba absolutamente cierto. El sentimiento llamado “amor” es innecesario, estúpido y un completo estorbo, solo sirve para desalentar a demonios como ellos. Si tan solo esta chiquilla comprendiera eso, las cosas serian fáciles entre ambos.
Llegaron a otra parte del instituto donde podrías entrar, la ojos calabaza soltó al rubio respirando entrecortado, intentando recuperar el aliento perdido. ¡Maldición! Creía que al beber la posima dada por Ryuunosuke contra el frío, podría utilizar sus agilidades de demonio libremente, pero se equivocaba porque seguía tan lenta como un humano convencional. Además, Kazama pesa demaciado. Al menos se quedaba con el consuelo de darle privacidad a la chica, estaba muy afectada de las duras palabras de Souji, ojala hubiera tenido la fuerza necesaria para aconsejarla y darle un jalón de orejas a su amigo. Puedes no compartir tus sentimientos con ella, pero no te da el derecho de pasar por encima de sus sentimientos tal cual fueran insectos, a una chica se trata con cautela y respeto. ¡¿Su familia no le enseño eso?!
— ¿Te diste cuenta de la realidad? — casi lo había olvidado por completo, la presencia de Kazama seguía a su lado, igual a como “pepe grillo”. — Humanos y demonios no pueden convivir de manera amorosa, jamas sera posible tal unión.
— ¿Por qué te empeñas en decirme eso? — giro a su dirección, frunciendole el ceño furiosa.
— Porque sigues tratando tu existencia como si fueses humana, cuando en realidad eres la demonio mas importante de la raza — menciono usando un tono de voz tan tranquilo, que desconcerto a la castaña — ¿No lo puedes notar por ti misma? Eres importante, pero sigues amarrandote a bailar con humanos.
— ¿Dices esto para que corra a tu lado? — mencionó con perspicacia.
— No… — dibujo una sonrisa ladina, moviéndose a velocidad super humana hasta ella y acorranlandola sobre una pared, sin tocarla — debo recordarte un dato en esta historia, niña. Y esta vez no movereme ni uno de mis músculos para tenerte, tu sola vendrás hasta mi pidiendome convertirte en mi esposa. Cuando eso llegue… estaras dispuesta a escuchar cada una de mis peticiones.
— Sueñalo — escupio prácticamente, sin apartar la mirada carmín de su visión — de llegar eso remotamente a suceder, seguramente me declaria loca de remate o desahuciada.
— ¿Has escuchado el dicho “nunca digas que de esta agua jamás beberé? — pronunció con malicia, tensandole los músculos del cuerpo a las ojos calabaza, negandose a moverse de esta posición. — Cuidada tus palabras, princesa, podrían ser tu propia condena.
— Condena seria seguirte en tus artimañas baratas — ataco produciendole una risa siniestra al rubio, colocandola mas la defensiva — jamas lograras tu cometido conmigo, Kazama, nunca en esta vida o en otra.
— Eres muy graciosa, princesa — pronuncio el demonio alejándose de ella, liberandola de su cercanía — pero como dije antes, no movere ni un musculo de mi cuerpo para conseguirte seras tu la que me buscara, porque aunque te niegues a entenderlo los humanos son mesquinos, traicioneros y egoístas. Animales mucho mas peligrosos que los mismos lobos, pero eso te darás cuenta tu misma.
Introduciendo las manos en los bolsillos de su pantalón, salio caminando tranquilamente del sitio rumbo alguna parte de aquel instituto, dejándola a ella junto con su asco por su persona. ¿Ir detrás suyo pidiendole ser su esposa? ¡Ni en sueños! Mitsuki se consideraba una demonio muy autosuficiente, ella no caería tan bajo como para buscar a un idiota como Kazama, seguramente su cerebro de prepotencia le nublo el juicio. ¿Qué se creía él? ¿La mayor presencia importante hecha hombre en la faz de la tierra? ¡Pues se equivocó de persona! Porque podría media población femina morir por estar con él, pero ella se excusaba de esas chicas, aun poseía amor propio por si misma, sobre todo, en Purpure-san. Esta mala racha terminara pasando, volviéndose a encontrar como almas que buscan un mismo fin: amar.
Tratando de olvidar este mal sabor de boca, Mitsuki sujeto su bolsa aun magicamente en sus manos y camino decidida a su salón de clases, esperando encontrarse con su amado azabache.
Por otro lado, Ryuunosuke consideraba este día el peor desde su llegada a Tokio, nunca penso ser el centro de atención de sus compañeras de clase, menos el estarlo esperando con bolsas de chocolates en la mano. ¿Cual era esa extraña obsesión en las humanas con dicha fecha? El preparar dulces a los hombres, dedicarles su entera atención sin importarle las consecuencias. Si deseaban su opinión, todo era una perdida de tiempo, ingredientes y energía. En lugar de buscar la aprobación de un chico, deberían ocupar su atención en otras cosas, como el mejorar sus notas, la concentración dentro de clases o considerar leer libros. ¡Cualquier otra cosa en lugar de darle caza! ¿Acaso no se daban cuenta lo muy desesperada que demuestran ser? Porque él si. Hace unos momentos, era la quinta vez en huir de un séquito de chivas locas, porque desde ahora la comenzaria a llamarlas así, chivas descarriladas. Por suerte ocupo esta mañana antes de venir al instituto tomar una poción para aumentar su agilidad, seguida de la contra arrestar el frío hechas por las manos de su aliada la sacerdotisa, de haber sabido tal acontecimiento le hubiese preguntado existir un repelente contra humanas hormonadas, aunque conociendola seguramente le daría una negativa.
Hablando de todo y nada.
¿Donde estaba ella?
La noche pasada hablaron por teléfono de su evolución con las posimas y crear una para acerlerar los poderes de un sangre puras, estas fueron realizadas propiamente para ser utilizadas en el campo de batalla contra “los seres de la noche”, pero sabiendo de la aparición de Amamiya Ami luego de su ceguera temporal, debían de estar preparados. Pronto vendría la primavera, fecha limite en la ausencia de esta rubia, pero la sacerdotisa creyo posiblemente en aparición estelar o antes de tiempo. No comprendia, pero presentía que la mestiza no es alguien aquien consideras débil o patética, es astuta y maliciosa conseguira seguramente idear una de las suyas para enredar a la descendiente de la “princesa lunar”. Ryuunosuke temió por su hermana, llevandole a relatar a la sacerdotisa lo de su madre suprimiendole los poderes cumpliendo los quince años, evitando así el uso de estos de una manera indescriminada. Suzuka considero esto alarmante, porque contra los poderes de ya sangre pura ella no podría hacer nada, de encontrarse en un peligro el defenderse sola seria difícil, aunque hablaría con su abuela para conseguir una posible posima y despertar un poco sus poderes. El azabache estuvo de acuerdo, aunque por alguna razón, considero que tal acción de su madre iba mucho mas allá de lo mencionado. Ella no es una mujer de armas fáciles a tomar, todos sus movimientos estan calculados, inclusive los de su propia hermana. Aun sigue en su memoria la noche pasada, donde se la paso despierta encontrando la receta perfecta de chocolate para su novio humano, quien aun seguían distanciados. Esto produjo en Ryuunosuke mucho enojo, observar a su hermana reducida al nivel de una simple humana le hervia las entrañas, ella la descendiente de la “princesa lunar” preparando chocolates para un simple humano, que huye de ella en la mínima oportunidad de verla.
¿Como se atreve?
En realidad.
¿Quien rayos se cree?
Antes de poder estripar con su mente al novio de su hermana, una sonrisa risueña se situa frente de él, sorprendiendolo.
— Feliz San Valentín, Ryuunosuke — dijo la voz, extendiendole una hermosa bolsa transparente de chocolates.
— ¡Onee-sama! — pronuncio asustado el moreno, dando un paso hacia atrás llevando una mano a su corazón. — me has dado un buen susto.
— ¿Qué ocurre? Pareces haber encontrado un fantasma y no a tu hermana — lo miro con perspicacia, dando un paso hacia atrás — casi y me siento insultada. ¿Acaso no vas a tomarlo?
— Creí que todos ellos eran para tu novio, onee-sama — sujeto el pequeño paquete observando que las chocolates, en realidad eran galletas — ¿No se supone que en San Valentín das son chocolates?
— Purpure-san no podría comer todas las cosas que prepare él solo — menciono, comenzando a caminar por el pasillo — y respondiendo a tu pregunta, en San Valentín puedes regalar cualquier cosa inclusive libros.
— Me hubiera encantado recibir uno, hoy me he dado cuenta que poseo seguidoras entre mis compañeras y se comprometieron en seguirme hoy — refunfuño, abriendo el paquete y mirando con curiosidad las formas de las galletas — aguantar sacarles mi propia naturaleza es una odisea, debería ser recompezado por ello.
— Considera las galletas como tu premio entonces — plantio divertida Mitsuki, al observar a su hermanito frunciendo el ceño y llevarse una de ellas a la boca.
— Son de canela, mis favoritas — habló con la boca medio llena, riéndose en el proceso su hermana muy complacida — estan deliciosas, gracias onee-sama.
— Estoy feliz de que te gusten.
Desde tiempos remotos siempre fueron ellos dos, permitirsele salir lejos de casa era imposible por lo que eventualmente se acostumbraron el uno al otro, su abuelo también les acompañaba juntos sus interminables relatos de su ancestra, lleno de hazañas heroicas por su raza. Tiempo después llegaron Rei y Reina, los hijos de una de las cocinera de la casa juntos aun guardaespalda, ambos eran demonios sangre pura de ramas bastante humildes, provenientes de ramas enteras de mestizos y humanos con el gen poderoso demoníaco. De hecho, el aura proveniente de Rei es abrumadora a la par de sofocante, el recordar el momento de su metamorfosis fue alucinante porque su transformación completa la asemejaba a un dios de la muerte. Ojos miel fundiensose, dos marcas turquesa en su frente y los cuernos puntiagudos en su frente, ni hablar de la energía que acumulaba en una sola de sus palmas parecidos a partes del sol cayendose. Sin dudas, era un demonio en todo el sentido de la palabra, su hermana lamentable no sufrió tal transformación de la misma manera, si bien la lleno de vitalidad, le produjo una rara enfermedad en el cuerpo llevándola a internarse en un hospital, hasta la luz de hoy. Aunque para estas misma fechas, Mitsuki solia ordenar a la servidumbre hacerle galletas a todos de canela, con la finalidad de celebrar su unión, en muchos países consideraban el 14 de febrero como el día de la amistad y no solo el amor. Por lo tanto, la castaña deseaba pasarlo con la gente importante para ella, llevando a Ryuunosuke pensar el tener la mejor hermana de todas.
Por eso debía de protegerla.
Por eso lo hacia.
Ella lo valía.
— Quería darle unas a Suzuka-chan, aunque no la veo en ninguna parte — giro su vista a todas partes extrañada — ¿Aun no ha llegado?
— No… — musito, tragando su galleta y llevándose inmediatamente otra a la boca — parece que se le hizo tarde, pensé en contar con ella para repelar humanas. Es una decepción.
— Quizás se quedó hasta tarde tratando de prepararte un chocolate — plantio con astucia, casi haciéndose la desentendida. Esto produjo en Ryuunosuke el tragar su aperitivo rápido, sin siquiera degustarlo o algo parecido, girandose para mirar a su hermana con los ojos muy abiertos — ¿Qué? No me digas que tu… ¡Por lo dioses Ryuunosuke!
¿Qué? ¿Qué? ¡Ahora hizo algo malo aparente! Porque su hermana lo estaba observando igual a cuando le escondió su preciada pelota en el pasado, se la obsequio su abuelo por lo que le tuvo mucho apego.
— ¿A qué rayos te estas refiriendo? — pronuncio con un tono oscuro y demandante.
— ¿Te has detenido a pensar la manera de mirarte Suzuka-chan? — preguntó con cautela, frenando sus pasos al pie de las escaleras — porque en mi perspectiva ella lo hace con cariño infinito, como si fueses la mejor creación pisando la tierra.
Oh, no, por lo la ancestra lunar que no, penso Ryuunosuke al detallar el brillo de las fantasías locas en los ojos calabaza de su hermana. Seguramente esta imaginando cosas innecesarias.
— Onee-sama, por favor no intentes recrear tu historia de amor en los demás. — aclaro desde un principio el azabache, mirando severamente a la chica.
— ¿Y por qué no? Digo, ambos pasan mucho tiempo juntos seria normal que entre ambos surgiera el cariño, un afecto natural. — se encogio de hombros restandole importancia.
— Es absurdo, yo soy un demonio sangre pura y ella… — no podía decir la verdadera naturaleza de la peli turquesa, es algo que le prometió a su madre.
— ¿Un ser que no es demonio ni humano y menos mestiza? — culminó por él la ojos calabaza muy astuta, asombrado al muchacho — eso no le quita el poseer sangre entre sus venas y menos un corazón, a ella tu le interesas y punto.
No quería discutir con la castaña, menos por lucha de opiniones de enamorada de las fantasías, apenas el día comenzaba y estaba siendo duro. Ignorarla seria lo mejor.
— A ver, onee-sama…
— ¡Ryuunosuke-kun! ¡Mitsutani-senpai! — la voz de alguien conocido los interrumpió, llevándolos a despegarse el uno del otro — ¡Buenos días!
Hablando del diablo, penso el demonio soltando un suspiro mientras su hermana arqueaba las cejas repetidas veces con picardía, seguramente estaba planteandose un millón de situaciones locas en su cabeza. Ella es experta en hacer dicha actividad. En cuando a la sacerdotisa parecía bastante enérgica hoy, mantenía una sonrisa ancha en sus labios, corría con pies ligeros y mantenía una postura muy alegre. ¿Sucedio algo con ella el día anterior? Podría ser, aunque en estos momentos le alarmaba era el contenido del paquete que cargaba en sus manos, esperaba y no fuese chocolates para él. De serlo, su muy loca hermana podría tener razón.
— ¿Es necesario ser tan ruidosa? — intervino con mala educación, ganándose una reprimienda mirada de Mitsuki.
— Lo siento, pero en verdad hoy estoy muy animada — tuvo la gran hazaña de obviar el mal humor de Ryuunosuke, provocandome reírse la castaña de ello.
— ¿Te ganaste la lotería? — pronunció con ironía Ryuunosuke.
— No, pero casi cerca — intrudujo su mano en la bolsa que la acompañaba, activando las alarmas de emergencia del chico — por fin logre hacer esto luego de tanto esfuerzo.
Un pequeño frasco color fucsia abarco las manos de la sacerdotisa, bajando los ánimos del azabache al no encontrar lo imaginado por su cabeza, llevandose a patear internamente. ¿Se volvió loco? Porque una pocima en estos momentos era la cosa mas grandiosa de todas, mas si se trataba de su hermana y lo concerniente a su protección.
— Feliz día de los enamorados, a los dos — las extendió aun sonriendo alegremente.
— ¿Y esto es…? — sujeto el frasco mirandolo con desconfianza.
— Posima para desminuir el frío y aumentar tus habilidades demoniacas — explico la chica rápidamente, señalando al liquido chillón — luego de crear las función de esta por separada, me plantie unir las dos en una sola y… este fue el resultado.
— ¿Por eso llegaste tarde? — adivino la ojos calabaza.
— Si, pase toda la noche buscando las maneras de unir los ingrediente y no crear una explosión — menciono divertida, colocando la mano detrás de su cabeza medio rascandola — fue muy duro pero creí ser un excelente regalo para este día, para ambos.
Las últimas palabras se grabaron en su mente igual a una mantra, no comprendia pero tener algo igual a alguien mas en este día en manos de la sacerdotisa, aunque fuese su hermana, le daba cólera. ¿Por qué? ¡¿Por qué rayos sentía tal sentimiento?! Era parecido a querer quemar todo a su paso, derribarlo y dejar solo destrucción. Menuda estupidez, un demonio como él sintiendo tales cosas, casi podían considerarlo un idiota. Si. Eso mismo era, un completo idiota. Porque son diferentes, en todos los sentidos, y su la mantiene junto a él solo como una aliada contra la mestiza. Solo eso. No debía de equivocarse, esto solo es solo una relación por conveniencia.
No existe nada mas.
— En verdad que eres absurda — pronuncio con un tono venenoso de voz, asombrando hasta su hermana por el cambio del ambiente — soy un demonio y este día no puede importa menos que nada, molestarte pasar una noche en vela solo para entregarnos esto… es una perdida de tu tiempo y habilidades.
— ¡Ryuunosuke! — le llamo la atención su hermana, mirandolo ceñuda — ¿Te has escuchado siquiera? Estas lastimando los sentimientos de Suzuka-chan, detente.
— ¡Pero es verdad! — insistió, elevando un poco el tono de su voz — todo este día es absurdo, una completa estupidez para mi. No deseo ser tratado igual a los humanos, porque no soy uno, lo de los detallitos en coletivo podría dejarselos a los demás, no a mi. Paso de todo esto.
Sin medir las acciones de sus palabras, el azabache abandona el lugar dándole la espalda a las féminas, sosteniendo el frasco con una sola mano furioso. ¿Quien se creía esa sacerdotisa estúpida? No podría venir solamente hasta él y revolucionarle los sentimentos, colocar todo de cabeza en su vida y cuestionarle lo correcto o incorrepto. Porque al mirar su inocencia reflejada en su fachada de niña buena, la manera como temblabla al tener sus compañeros de clases al frente suyo o sus mejillas sonrojadas al verse descubierta por él mirandole, revolucionaba la sensaciones en su cuerpo. ¿Qué significa? ¡¿Qué rayos era todo esto?!
Jodida sacerdotisa.
Osarle en hacerle algo a él.
¿De donde habia salido?
Mitsuki se quedo mirando ceñuda la imponente espalda de su hermanito, considerandolo un completo idiota al no comprender los sentimientos de una chica, menos los suyos propios. ¡Pero por los dioses! Se notaba claramente su deseo de ser tratado diferente por las peli turquesa, ese era el motivo de tratarla mal y llamarla de esa forma, claro, al conocerlo desde pequeño conocía ese lado “tsudere” en él. Francamente, era adorable. Pero la chica desconocía ese pensamientos del azabache, porque mirando su semblante triste daba a entender que le afecto considerablemente sus palabras, dejándola muda por completo. Ese Ryuunosuke, tenía tantas ganas de ir por él y darle una patada en el trasero, obligarle a disculparse con la chica a la par de decirle sus verdaderos sentimientos.
¿Hoy sera el día de desear poner en orden los chicos que conoce?
— Ryuunosuke-kun tiene razón, esto es absurdo — menciono apenada, bajando la mirada abatida — no debí hacerle la posima, ha sido una perdida de tiempo.
— ¡No oses de decir tales palabras! — exclamó alarmada Mitsuki, asustando a su Kohai — ese cabeza dura de Ryuunosuke no entiende en lo absoluto el corazón de una mujer, menos el suyo propio. Con eso solamente quiso decir otra cosa, como obtener algo de ti él solo y no compartido.
— ¿Mitsutani-senpai? — pronuncio confundida la muchacha, parpadeando varias veces.
— Se que lo tienes, tu arma final — le sonrio con confianza, señalando a la bolsa — así que no dudes y ve por todas por mi hermanito. Es tonto, pero te aprecia, lo se. Confia mas en ti misma.
Confianza, esa era la marca para tu éxito, antes el mismo Ryuunosuke se lo dijo y admitió poseer ese poder pero viéndolo dirigirse a ella de esa manera, le borro toda seña de audacia. Aunque su senpai conocía mas que nadie al azabache, seguramente tenia razón en cada una de sus palabras, el apreciarla mas que cualquier otra persona en la tierra, en aquella ocasión al enfrentarse a la mestiza lo sintió. Ryuunosuke necesitaba de ella, una señal, fue el simple toque se su mano contra la suya llenandola de fuerza y vitalidad, permaneciendo así, todo era posible. Vencer inclusive a cien iguales a esa desagradable demonio.
— Gracias, senpai — pronuncio la cabellos turquesa, algo avergonzada al verse descubierta por ella.
— No me agradezcas, Suzuka-chan y mas bien — señalo en dirección a donde hace unos minutos su hermano — lucha por él.
— ¡Claro!
Oh, el amor juvenil, pensó Mitsuki al ver como la muchacha corría lejos de ese corredor en busca de su hermanito, quizás en el momento menos pensado este tendría una linda novia. Con fe, esperaria el ocurrir eso.
Mas tarde en clases, la castaña pensaba las ideas de poder acercarsele a Purpure, hoy al llegar al aula, lo visualizo muy tranquilo en su puesto manteniendo en sus manos un libro. Desde el inicio de todo este problema, tendió a alejarse de los demás y sumirse entre las palabras e historias de otras personas, de hecho, ni siquiera noto su presencia al estar a su lado mucho menos le respondió los buenos días. Eso fue demaciado desalentador. Sin embargo, no quiso decir rendirse en tratar de llegar hasta él, porque sus sentimientos siguen siendo los mismos y si el azabache no ha dicho nada de terminar, debe significar algo. Sin dudas, encontrará el momento.
Pero eso “momento” tardo en llegar.
El primero de sus intentos surgió en uno del cambio de asignatura, el azabache estaba guardando uno de sus libros distraído para sacar otro, Mitsuki armandose de un valor desconocido se levantó de su asiento sosteniendo entre sus manos la bolsa de chocolates, alzando su voz lo llamo y este se giro de inmediato. Pero a solo eso llegó, una conexión de miradas. Como si fueran ninjas, un sequitos de chicas de su misma clase apareció de la nada, ocultandole la figura de su novio seguido de un coro de voces el recibir sus chocolates, eran por “compromiso”. La pobre castaña cayo casi hacia atrás, no podía creer que su audacia fue opacada por estas personas, es parecido a estar tocando un lindo cachorro pero de repente un niño capta toda su atención, llevandoselo. Bueno, no importa, en verdad no importaba. ¡Seguiria luchando! En el segundo intento fue en la clase de gimnasia, sus amigas la habían estado fastidiando por cargar prácticamente toda la mañana ese paquete de chocolates sin poder entregarselo a su novio, ella soltó una risa en seco recordando que otras chicas inclusive fueron mas valientes en acercarsele a Purpure-san, mientras se queda simplemente mirando. Momoka tratando de animarla, le menciono llegarle de la nada, como una aparición causa del cielo, debía de demostrarle a los demás quien realmente era la chica del azabache, si aquellas muchachas deseaban opacarla que se atrevieran, porque pronto haría su aparición. Acto seguido, la ojos calabaza sujeto el paquete con fuerza, respiro hondo, se dio dos palmadas en el rostro y camino hacia un Purpure que bebía agua secando el sudor se su frente. Era el momento, su momento, no existía nadie, no habia nadie. Solo ellos dos. Alzando nuevamente su voz, llamo alegremente a Purpure para robar su atención, este al escucharla abrió los ojos de la impresión, pero… ¿A qué se debía esto? ¿Acaso huiría lejos de ella? Oh, no, al diablo que no. Una vez mas, la voz de una chica de la clase B la llamo alarmada, anunciandole algo. Acto seguido, un golpe directo a su cabeza llego induciendole la inconsciencia.
¡Ah maldición!
Esto era desesperante.
¡Jodidamente desesperante!
En tanto tomaba su almuerzo en la cafetería, sostenía una bolsa de hielo sobre su cabeza fulminaba a todo el mundo con la mirada, este asunto de la entrega de chocolates en San Valentina le tenía con los nervios a flor de piel. En la vida, pensó que tendría tantos obstáculos para poder llegar a alguien, al desear algo simplemente lo obtenia y ya. Pero con Purpure no es así, desde un inicio lo supo al saber las tendencias de su familia al ser “especial”, se complicaron aun mas al conocer su naturaleza de demonio. Aunque ahora, justamente ahora, algo llamado “destino” le jugaba una mala pasada, parecido a burlarse su rostro tal cual payaso de circo te arroja agua y sale corriendo al instante. Abandonar a estas alturas de la contienda era absurdo, menos cuando casi todas las chicas interesadas en su novio le han entregado el presente, creyendolas pavonearse frente a ellas muy orgullosas de si mismas. Pobres ilusas, podrán tener la dicha de darles un chocolate, pero al final del día ella seguía siendo la novia. Mitsuki, soltó un suspiro clavando el tenedor encima su pollo asado igual a la espada del “Rey Arturo” sobre un piedra, apoyando su mentón en la mano. No podía creer pensar en resentimientos pero, estaba comenzando a odiar este apestoso día de los enamorados, junto a todos esos apestosos humanos sonriendo y restregandoles en la cara su felicidad. ¿Por qué diablos son felices? ¿Acaso no han visto el clima? Hoy el cielo esta gris, ¡Gris por todos los dioses! Nadie podría estar sonriendo por algo así.
Pero claro.
Ella no podrá comprender eso.
La felicidad no depende de un clima, sino las circunstancia del día.
Aparte se encontraba sola, completamente sola en medio de los estudiantes y su ruidos monotonos, sus amigos se encontraban en el club de Kendo en una reunión conmemorativa debido a la eminente partida de sus miembros mayores, necesitaban buscar mas personas para ocupar esos puestos y eso solo se hace con estrategias. Ya saben, lo convencional entre los estudiantes de Kendo. Ella pudo haber ido, pero por “accidente” tropezó con una pelota de bolibool y perdio la conciencia, el solo recordar la expresión en la enfermera le daba ganas de hundirse en su pure de patatas, pues tuvo la osadía de decirle que le agradaba pasar tiempo en ese sitio y su buenos términos con sus compañeras. ¿Qué podrían decirle? ¡La amaban! Por eso se lo demostraban en términos poco usuales.
¡Y un cuerno! ¡Y un jodido cuerno!
— Oh… solo miren esa expresión — una voz grave bastante fastidiosa como conocida le hizo respingar de la impresión, viendo de inmediato esos ojos carmín fruncio el ceño. ¿De nuevo Kazama? — pareces haber peliado con una manada de chimpancés y estos te halaron del cabello.
¿Estaba acaso despeinada?
— No intentes arreglar lo imposible — dijo sonriendole de manera ladina al ver como desesperadamente ella acomodaba su cabello — tus manos no podrían hacer magia.
En medio segundo, la castaña cansada de las bromas de Kazama le arrojo la bolsa de hielo al rostro, sumando a todos los presentes en un completo silencio, inclusive las seguidoras de este. Ella no midió la magnitud de su acción, menos el recibir un castigo de por medio a manos de las chicas locas por el rubio, la suma de todo su estres acumulado exploto sin avisar, llevándola a pagarlo nadie mas que el sangre pura. Él medio confundido y medido anodado, pasa inmediatamente al enojo sintiendo la vena de su frente palpitar quitandose rápidamente la bolsa de hielo y mirando a la castaña de forma oscura, de hecho su sonrisa se volvió mas siniestra de lo usual dándole a entender a los presentes no entrometerse en esto. Esta era su lucha. Los alumnos captando el mensaje, volvieron a sus actividades usuales ignorando cualquier movimiento de la mesa donde se encontraba la ojos calabaza.
— Ahora si que de pasaste, niña — se acerco a ella empleando un tono de voz bajo, casi de pelicula de terror — no se si eres estupida o temeraria, pero conmigo debes pensar las cosas antes de hacerlas.
— ¿En verdad? — mascullo con ironía, chocando casi su rostro al del rubio, demostrandole no tenerle miedo — pues a mi en verdad, no me importa. Te has pasado de la raya conmigo y ahora solo recibiste tu merecido.
— ¿Lanzandome una compresa fría? — la señalo casi chocandola con la cara contraria — eso ha sido muy maduro de tu parte.
— ¿Los demonios no son intolerantes al frío? — sonrio socarranmente, impresionando a Kazama — en realidad, tuve astucia.
— Muy bien pensado niña, muy bien pensado.
Purpure no creía que una simple reunión de rutina le fuera agotar tanto, menos el consumirle tanto de su tiempo de almuerzo y llevarlo a sentir cansancio de este fatídico día, aunque probablemente estaría pensando esa conjetura por morirse de hambre. Pero en un punto era cierto, desdaba con ansias locas el acabar con todo esto. Desde muy temprano en la mañana comenzó a recibir chocolates de sus compañeras, conocidas, no tan conocidas e inclusives chicas de otras escuelas. ¿Qué era esto? ¿Una epidemia? Por si fuera poco, Mitsuki no paraba de asecharlo en las mínimas oportunidades para seguramente hacer lo mismo. No es que estuviera molesto de recibir algo en manos de su novia, mas bien residía en mantener un semblante de “jamas ocurrió nada entre nosotros dos”. ¿Por qué era tan jodidamente buena? Él tuvo la desfachates de querer aprovecharse de ella, pasar por sus necesidades y saciar su anciedad de poseerla. No de forma romántica, mas bien carnal. Nunca logró cuestionarse una acción de las suyas como ahora, en el pasado simplemente hacia y deshacia sin importar las circunstancia, solo él, únicamente él. Incluso saliendo con Ami, estuvo dispuesto a acceder involucrarse con gemelas, deben de recordarlo, las que se toparon en la primera cita con Mitsuki. Pero ella no le importo, mas bien, le dio a entender que el pasado aunque forme parte de quien somos ahora, jamas deberá ser sacado a la fuerza sino deseas compartirlo. Por eso Purpure amaba a la castaña, mas que a nada o a nadie en este mundo, le hacia sentir ser una mejor persona y seguir luchando por realizar lo correpto. Huía de ella debido a la vergüenza de querer marcarla, poseerla como suya y gritarle al mundo esa verdad, lo peor, recalcarle a igualmente a la castaña eso. Lo sabia, reconoce estar podrido por dentro el vencer hasta los demonios, pero eso es lo que siente y mentirse sería absurdo. Purpure conocía los movimientos de Mitsuki para reconciliarse con él, hacer las pases y volver al punto de partida, pero por mas que luchara con eso seguía reproduciendose en su cabeza el llanto de ella. Su bello rostro marcado de inocencia reflejando miedo y sus ojos calabaza, gritandole fuerte el no conocerlo.
Jamas se la ha merecido.
Jamas podrá hacerlo.
Él… esta manchado.
Aunque no ha podido hablar con nadie de lo ocurrido, sus amigos saben estar pasando algo entre ellos, llevándolo a recibir un ultimátum en forma de mirada de Souji, uno de sus mejores amigos. El azabache llevaba bastante tiempo de conocer al muchacho como para leerle los pensamientos, en ellos dictaminaba no hacer sufrir a la ojos calabaza, de lo contrario, él olvidaría lo correcto y comenzaría a mover sus piezas con tal de conquistarla. Eso le removio las emociones al ojos purpura, porque aun tomando en cuenta el no merecerla, no deseba por ningún motivo perderla menos en manos de unos de sus amigos.
Quizás simplemente debería buscarla.
Finalmente entró al comedor percatandose de algo muy desagradable para su vista, Kazama esta asechando a Mitsuki, esta no parecía la primera vez, en realidad no lo era porque ella misma le relato que ese sujeto era un demonio y la deseaba como su esposa. Que gran idiota, mejor y se sentaba a esperar ser correspondido por la castaña, porque parado se cansaría. Entonces surgió, aquella rara molestia en su pecho cuando Kazama haciendo de las suyas, le daba un piquete en la frente a Mitsuki, y este sobandose de inmediato busco darle una respuesta. Un vacío se apodero de Purpure, consumiendole sus mas presiados sentimiento y memorias con ella, donde una agonizante realidad arrementia contra él. Nunca… Mitsuki nunca se mostraba tan atrevida con él, no alzaba su voz, menos mantenía un aura tan sofocante como esta. Al lado de Kazama parecía mas suelta, vivaz y mantenía un grado de confianza que le permitía mostrarle facciones jamas antes vistas, era prácticamente como ver a otra Mitsuki mas atrevida y audaz. Por otro lado, manteniendose cerca de él es serena y pacifica, nunca mostrando emociones como el enojo o el atrevimiento. Es absurdo sentir celos por algo así, el que Kazama pudiera sugir en ella el enojo como para explotar su lado atrevido, la llama de la competencia. Pero no podía evitarlo, porque aun deseaba conocer todo de la castaña inclusive ese explosivo comportamiento.
La voz de Amamiya Ami volvía a su mente como la personificación de su conciencia, dictaminandole ser un patético hombre que jamas podría compararse con un demonio, un autentico sangre pura, el cual, seria el ideal para ser feliz a la castaña. En esa ecuación no existía humano alguno, solo la supremacía de una especie superior a la cualquiera. Su único objetivo sería apartarla, hacerle saber la realidad de su personalidad detrás de ese rostro sereno, del estudiante modelo que todos admiran y respeta. Mitsuki necesitaba, odiarlo para avanzar sin él, de esa forma, estaría libre de cualquier pedazo de humano incompetente.
Dados sus pensamientos, se giro rápidamente queriendo salir de ese putrefacto lugar, donde su corazón nuevamente se marchito al saber la verdad. Con tal, fue su culpa igualmente en el pasado que Chizuru se fuera de su lado, aceptando ir gustosa a los brazos de Kazama, quien amablemente la consolo.
— ¡Toshirou-senpai! — el trio de una chicas de primero, le hizo frenar sus pasos en la salida, percibiendo que en sus manos tenían chocolates. Patético. — Que bueno el encontrarlo aquí, venimos de el club de Kendo pero nos avisaron que usted se había marchado.
— ¿Qué quieren? — les dijo con brusquedad, llevándose una mirada confundida de las muchachas.
— Eh… Mmm… usted… seguramente debe estar ocupado asi que, Mmm… — otra chica decidió intervenir, mirando de reojo a sus amigas con susto — ¿Seria tan amable de recibir nuestros chocolates? Son por obligación…
— No los quiero — sentencio con dureza.
— ¿Como dice? — parpadio sin entender la chica, asustada de la intencidad de la mirada de Purpure.
— Lo que han escuchado, no los quiero — introdujo las manos en los bolsillos de su pantalón, pasando a un lado del séquito sin emoción — pueden comerlos, tirarlos a la basura, inclusive arrojarselos a los perros. Porque no deseo verlos.
Las féminas quedaron allí misma congeladas al ver tal actitud del azabache, les parecía una broma de muy mal gusto porque en el instituto Purpure era conocido como el alumno mas amable de todos, en San Valentín recibía tu chocolate si este es dado por compromiso. Aunque comenzaron a dudar de ello, porque esa arrogancia emanando de sus poros les dictaminaba ser otra cosa, un chico grocero con la incapacidad de entender a una mujer.
Kazama visualizaba todo esto desde su sitio junto a la castaña, quien no paraba de reclamarle su atrevimiento al tratarla de manera personal, cuando nunca le ha permitido algo así. Francamente, el rubio había optenido una fascinación al hacerla enojar, porque mostraba toda clase de expresiones distintas en comparación de mantenerse junto a Purpure, inclusive hasta en un principio con él. Ya no era cautelosa, era explosiva, no se quedaba callada sino de defendía y el privarse de colocarse par a par era imposible. Toda una gama de expresiones. Mentiría el no admitir estar entretenido con ella, la descendiente de la “princesa lunar” resulto ser toda una joya extinta. ¿Lo mejor? Se encontraba a pasos de caer en sus redes.
— ¡¿Estas escuchandome lo que te digo?! — exclamó dándole un manotazo a la mesa, acercando su rostro al de él y ocultandole la imagen de las chicas furiosas. — En verdad… tus seguidoras dictaminan que eres un caballero, pero es falso, solo eres un demonio prepotente y maleducado.
— Siento interrumpir tu vena de “buena educación” — menciono con burla, ganándose su fulminante mirada de ella — pero creí haber visto a tu novio salir hace unos instantes fuera de aquí.
— ¡¿Como has dicho?! — su corazón salto asustado, girando de inmediato hacia la entrada del comedor intentando buscar a su novio — ¡¿Por qué no me avisaste antes?!
— Te encontrabas tan entretenida hablandome cosas sobre, la verdad no tengo idea, que me ha dado pena interrumpirte — invento con malicia, sonriendole sin descaro.
— Tu… — murmuro con rabia apretando los dientes, tratando de nuevamente acercarse a él, pero se dio cuenta la perdida de tiempo estando con este demonio. Mejor corría tras Purpure-san. — estar contigo me nubla el juicio, tendría que patearte o algo parecido pero tus seguidoras probablemente irían detrás de mi trasero.
— Es dato curioso, Mitsuki — la llamo por su nombre con mucha confianza, parandole el corazón en el proceso.
No, no, no. ¡Este sujeto no tenia derecho de producirle tal cosa! Menos el paralizarle los músculos de su cuerpo con solo una palabra de su boca, utilizando un tono de voz bajo y grave, casi menticuloso parecido a un canto de sirenas con la finalidad de ignotisarte.
Ella no debía.
No tenía porque.
¡Su único objetivo es buscar a Purpure!
— No me llames con tanta confianza, estúpido demonio — murmuro entre dientes sujetando la bolsa de chocolate y girando para mostrarle su espalda.
Kazama se quedo mirandola hasta que desapareció la castaña por la puerta, rio divertido al percibir esa expresión de entera sorpresa en ella, aparentemente ser llamada por su propio nombre bajo su voz le produjo algo. Interesante, muy interesante, quizás solo necesitaba un empujoncito para finalmente obtenerla quedando en las manos de Purpure, el cual, obviamente iba hacer de las suyas en solo unos minutos.
Estúpido, estupido, estúpido… ¡Estupido demonio! ¿Como se atrevía? ¡¿Quien se creía para decir su nombre con tanta confianza?! Nunca desde el tiempo de conocerse, le dio las oportunidades necesarias para sujetarse de esos derechos, es mas, en la vida se los daría. Kazama era un de los hombres mas prepotentes y arrogantes jamas conocidos, el verlo simplemente le recordaba a sus sueños del “Chikage” de la “princesa”, esos aires de grandesa, su mueca burlona y esos ojos inyectos en sangre. Los odiaba. ¡Los detestaba completamente! Aunque lo peor fue ella, al simplemente sentir esa clase de latidos dentro de su pecho, el nerviosismo y el temblor ligero de su pecho. La había embrujado, fue su definición, porque Kazama antes tuvo la oportunidad de llamarla por su nombre y no nació nada dentro de ella, solo hoy, hoy por primera vez miro al rubio de otra manera.
Simplemente, alguien aterrador.
La ojos calabaza sacudió su cabeza hacia los lados buscando olvidar todo lo vivido en pocos segundos, no tenia tiempo que perder, necesitaba encontrarse con Purpure-san y aclarar todo esto. Al salir al pasillo, miro hacia ambos lados buscando a su novio, anhenandolo visualizarlo pero solo se topo con dos chicas que conversaban entre ellas, señalando en dirección en sus espaldas. Mitsuki supuso que por allí debió de dirigirse el azabache, aquellas jóvenes mantenían una expresión extrañada en el rostro, parecido a no comprender en lo absoluto una circunstancias. ¿Qué ocurría? ¿Purpure le pasaba algo malo? Presa de una angustia injustificada, dirigió sus agiles pies en esa pasillo cruzando al lado de las chicas sin verlas, en su mente maldecia una vez mas el clima. En las ventanas se percibía pequeñas gotas chocando contra ellas, anunciando rápidamente una lluvia torrencial, aquellos pasillos blancos iluminados con luces artificiales se prestaron en seguido como escenario de una pelicula de terror, pintandose gris y algo opaco. Lo sabia, en tanto corría a toda fuerza lo sabía, nada en ese ambiente tan tetrico le daba como referencia ha algo romántico, mucho menos cálido solo la dirigían a un paraje desolador. Aun así, la ojos calabaza lucharía contra el destino, las leyes de la naturaleza y un clan entero, nadie puede decir por ella, menos cambiar sus sentimientos porque su corazón solo dictamina el cariño de alguien, sus ojos purpura.
— ¡Purpure-san! — elevo su voz, llamándolo con todas sus fuerzas.
Era el segundo piso, en un pasillo desolado, contagiado de la atmósfera de lluvia en el exterior. Nublado y gris. En ese mismo sitio, Purpure se giro lentamente sin vida ante el llamado de su novia, comparándolo con una iluminosa aparición de un ángel, solamente para recordarle lo muy oscuro que era su camino. A todas estas, ¿como logro dar con él? ¿Y donde dejo a Kazama? En sus retinas aun se encontraba grabado su cercanía, un atmósfera impenetrable por alguien mas, inclusive él.
— Mitsuki… — musito inesperado, saboreando el nombre.
— Por fin he podido hallar contigo — sonrio complacida, caminando mas hacia él y quedándose frente a frente — pensé que hoy no podia lograrlo, pero aqui estamos, juntos los dos.
— ¿Qué se supone que haces aquí? — con un tono de voz tosco, le inculco una extraña sensación de frío en el cuerpo.
— Yo… solo deseaba estar contigo, encontrarnos a solas y poder hablar de lo acontecido — hablo asustada, temerosa de una reacción mayor de su parte — estas semanas transcurridas, no hemos podido arreglar las cosas y solo… solo deseo pasar la pagina.
— ¿Pasar la pagina? — solto con ironía, bufando a par. — no se tu, pero yo no puedo olvidar la clase de persona idiota y egoísta que soy al imponerte solos mis deseos, sin considerar el tuyo.
— ¡Eso no es cierto! — alzo su voz, colocándose encontra — desde que salimos, siempre has considerado todos mis pensamientos y posturas en lo nuestro. Es cierto que cometimos errores, que lo has cometido, pero conseguias de inmediato remedirarlo.
— Una razón mas para despreciarme, mis medios astutos de salirme con la mia. — dijo con ironía, dibujando una media sonrisa en sus labios.
— ¿Por qué te empeñas en demostrarme lo peor de ti? — lo miro descolocada, sin entender su raro comportamiento.
— ¿Y tu en no ver la realidad de las cosas? — la imito en su tono de voz — Mitsuki, no soy la persona que tu crees, que sueles admirar y querer. El verdadero “Purpure Toshirou” es quien intento imponerte sus deseos, sin importarle los tuyos, un ser lleno de egoísmo y contrariedades. Un entero cobarde.
— Pues lo siento mucho por ti, pero no puedo pensarte de esa manera — dijo con seriedad, enfocando en su mirada la tenacidad convertida en anhelo — quizás he sido muy ambigua con mis sentimientos hacia ti, de ser ese caso, dejame decirte que lo ocurrido en tu villa no afecto en lo mas mínimo mi amor. Te amo, Purpure-san y nada ni nadie podrá cambiar eso, incluyendote igualmente.
Maldición, luchar contra esta chica es peor que salir afuera del instituto con este clima horrible, el mirar esos ojos calabaza podías percibir la tenacidad de su dueña y la fuerza de convicción que esta posee. Aunque este muriendose por dentro, debe de hacer esto, tiene que hacerlo porque ella jamas podría lograrlo sola.
— Eres tan… inocente — murmuro con amargura, apretando sus puños — viendo con los ojos del corazón en lugar de los de la razón, cegandote por completo a la luz de la verdad.
— Purpure-san, ya…
— Pero ya te darás cuenta, en verdad lo harás — soltó una risita seca, dándole la espalda dispuesto de salir de este pasillo — te garantizo que lograras conocerme realmente.
Por una extraña razón, la espalda encorbada de Purpure-san le impidió seguirle el paso, este se trataba de un caso perdido de mala autoestima, donde el azabache se creía el peor de las personas en pisar este mundo. No comprendia, pero la ojos calabaza sentía el que el azabache se comportara de tal manera, era algo referente al pasado en lugar de incidente de la villa. Siendo lo mas inquietante de todo su creciente lejanía, si antes poseían un desierto rodeandolos, ahora mantenía un abismo en medio donde amenazaba con tragarlos de un solo bocado. ¿Cuan asqueroso era esto? Demaciado, tanto como para desear querer llorar en medio de la nada, de la dulce e interminable nada. Por fin comprendia los sentimientos de la chica rechazada por Souji esta mañana, porque cuando eres tratada de manera distante por el chico que amas, la luz y alegría de tu vida se opaca, dándole paso a la lluvia gris de un clima nostálgico.
¿La lluvia era reparadora?
¡Patrañas!
Solo inducian a tu alma querer llorar.
Si tan solo, pudiera perderse en las olas del dolor y jamas volver, tal vez estuviera lo suficiente como para afectarle algo. Ya sabes, luego de tropezar por tantas cosas en la vida, llega el momento de importante nada. Bueno, Mitsuki esta ha punto de llegar a ese encuentro, de hacerlo, jamas volvería recuperarse.
Correr por los pasillos en alta velocidad era la tarea suprema de la sacerdotisa, al haber recorrido medio colegio en busca de aquel novato de demonio sangre pura, le trajo repercusiones a sus pobres pulmones, mas a un, su cuerpo. Si bien ya la sabia, los “seres de luz” no son propiamente personificaciones de movimientos bruscos, ejercicios o actividades parecidas. Ellos poseen la gracia divina de los dioses dándole poderes y el don de sacar de la naturaleza lo necesario para proteger a los humanos, desde el convenio con la “princesa lunar” esa protección se extendió a demonios por igual. Ahora, Suzuka hacia recuento de alguna historia propiamente romántica entre esos seres y los suyos, encontrando una cien años después de la última batalla demoníaca, donde la “princesa lunar” dio como ofrenda a la luna todos sus poderes. La historia abarca a una gran sacerdotisa encantada de la belleza explosiva de un demonio, el cual cautivado de la naturaleza de esta de embarcó en una apasionante historia de amor, dando como resultado un demonio con poderes místicos. Aunque claro, todos creen esto como una mera leyenda, nada vedirico. Sea cual sea la realidad, la peli turquesa no puede seguir ocultando la verdad de sus sentimientos, menos el sentirse atrapada en un torbellino de emociones al estar junto a Ryuunosuke. No sabe si es amor, menos si lo quiere, solamente preciente el ya no resistirse lejos de su presencia. Lo necesita, lo anhela, desea que esa sonrisa encantadora y atrayente sea únicamente para ella. ¿Eso la convierte en egoísta? Si, obviamente que si, pero a estas alturas de la vida ya no le importa nada.
Esto debe terminarse.
Y terminarse de verdad.
¡Justo ahora!
La chica cruzo hacia la izquierda donde se encontraba los salones de economía domestica, bilogía y astrología, pensando en las maneras sorpresivas de escaparsele el azabache de ella. Desafortunadamente para su suerte, en la aula de 1-A sus puestos se hallaban separados siento el de ella cerca de la puerta y el de él al otro extremo, cerca de las ventanas. Verlos de una manera mas lógica, Suzuka tendría mas oportunidades de privarle alguna salida al muchacho pero, olvidaba algo, es un demonio, sangre pura siendo mas exactos y ella le dio una posima para aligerar sus poderes. En pocas palabras, cabo su propia tumba. He allí las razones por estar corriendo como una loca tras de él, tal cual fuese un recluso hullendo de unos policías por cometer un homicidio. Maldición, penal la chica corriendo con mas fuerza visualizando la lluvia caer mas fuerte desde las ventanas, si al menos supiera hacer pociones para ella, la situación seria distinta. Entonces de manera sorpresiva, los pasos de su perseguido bajaron considerablemente, dándole la opción de atraparlo o llegar hasta él. Sonriendo para si misma, busco llenar sus pulmones de aire, acelerando los pasos hacia Ryuunosuke que jadeaba cansando de tal persecución loca. Lo tomaba en cuenta, esto se volvió sumamente infantil y sin sentido, pero era imposibilidad darse por vencido. Menos de tratarse con la sacerdotisa.
— ¿Vas a seguirme a todas partes como si fueras mi acosadora personal? — exigió saber, apoyando su cuerpo en una de las paredes de aquel pasillo sin salida. Estaba acorralado. — Porque no soy famoso ni deseo serlo, aunque podría considerar darte mi autógrafo.
No debía asustarse, no debía asustarse, no debía…
— Bravo, ya me atrapaste, conseguiste darme la caza y traerme a este sitio — siguió él frunciendole el ceño, adoptando su usual comportamiento tosco. — ¿Y ahora qué?
Eso mismo se preguntaba ella, ¿ahora qué haría? Confiaba en sus poderes, en llegar hasta Ryuunosuke, es mas, lo hizo. Pero nuevamente sus fuerzas se venían opacadas ante la supremacía de este demonio, era como si verlo a esos ojos oscuros surgieran una clase de poder capaz de acabarla, reducirla a nada mas que cenizas. Temblaba, su cuerpo temblaba con solo escucharlo, sentir su aura demandante, el verlo sonreír nublaba su vista permitiendole colocar todo de color blanco, practicamente transparente. ¿Podiamos hablar de su corazón? Porque parecía querer salir de su pecho, preso de nerviosismo y de tantos movimientos bruscos. Todo esto es simplemente confuso, extraño para ella y quiere saber las razones, definiciones exactas de este comportamiento. Admite agradarle Ryuunosuke, es decir, él se atrevió a salvarla de los brabucones de su salón al burlarse de su cabello, con esa simple acción se gano su admiración y respeto. Las cosas cambiaron al pasar mas tiempo con él, conocer sus poderes y la utilidad de estos para su aliado contra demonios mestizos asquerosos, por primera vez Suzuka se sintió importante, fuerte y útil.
Dejo de ser la “débil”.
Para convertirse en “fuerte”.
Su existencia es necesaria.
Entonces ocurrió el enfrentamiento con Amamiya Ami, verla conquetiarle descaradamente a Ryuunosuke le hizo surgir un sentimiento mas potente al asco, y eso era la rabia, el mirarla casi besarlo le hirbio las extrañas de manera que deseo acabarla con sus propias manos. Al arrojar la pocima en sus ojos, sintio el alivio mas relajante de todos, una zorra menos en combate era una salvación para muchas féminas. Aunque se percató rápidamente de algo, ella no hizo tal acción por su senpai, menos por Ryuunosuke, lo hizo por si misma y así aplacar la bestia dormida dentro de ella. Llevándola a sentir miedo, porque el azabache la convirtió en algo que ni siquiera sola reconoceria, todo simplemente por tener dichos sentimientos.
¿Amor?
¿Admiración?
¿O solo querer?
Sea lo que sea, es aterrador, porque eso significa dar algo y conseguir salir invita de eso. Aunque, no te correspondan.
— Sacerdotisa, dejate del juego de “gato y ratón” conmigo porque empieza aburrirme. — fruncio el ceño al notar el evidente lapsus de silencio entre los dos — Es absurdo que emplees los movimientos de las humanas desesperadas, esta mañana…
— ¿Puede aguardar silencio por un segundo? — lo interrumpió alzando su voz, asombrandolo por su cambio de actitud — Estoy tratando de cuestionarme algo.
¿Y a esta que bicho le pico? Porque en esencia podría ser la sacerdotisa de costumbre, pero hablando de personalidad y ese tono de voz, era una completa extraña.
— ¿Qué rayas puedes estar cuestionandote tu? — preguntó extrañado el azabache, en un tono despectivo.
— Todo, me cuestionó de todo contigo. Ryuunosuke-kun. — soltó frustrada, apretando sus puños — desde el momento de conocerte las cosas comenzaron hacer raras para mi, el convertirme en un “ser de luz” la existencia de los sangre pura y mestizos, la luchas… todo… todo es confuso. — aguardo un minuto de silencio para respirar, tomar el aire necesario y seguir hablando. En tanto el azabache, permanecia imperturbable frente de ella. — Cuando… cuando me salvaste de aquellos abusones, sentí que por primera vez alguien notaba mi existencia sin necesidad de cambiar el tono de mi cabello.Entonces empecé a admirarte, verte como una persona lo suficientemente fuerte para pararte y enfrenrarte a otra mas, sin temer a nada… — soltó un suspiro, dibujando una sonrisa risueña en los labios — yo no poseo tal fuerza, nunca lo he tenido, ni lo tendre. Era por eso que te perseguí al instante, igual a una acosadora, tal cual como dices. Aunque resulte siendo un “ser de luz”.
— ¿A que viene el momento sentimental del día? — le cuestionó de golpe, siendo totalmente brusco con ella dándole a entender el importarle nada de sus palabras — Hacer un recuento de algo pasado, es cosa de estúpidos.
— ¡Eso no es cierto! — lanzo disparada hacia adelante, asustada de nuevamente ser fechada por el azabache. Tal cual a esta mañana — si te estoy contando esto es porque tiene su significado.
— ¿Como cual? — dio un paso hacia adelante, sonriendole cruel y ironisando las palabras — ¿Qué contexto puede tener? Los momentos de vena sentimental sin de humanos, sacerdotisa, y ambos no lo somos.
— Pero eso no nos priva de sentir sentimientos, menos de quererlos expresar. — medio fruncio el ceño al escucharlo decir eso.
— No me digas que tu… — la señalo indignado, creyendose loco y comenzando a sudar un poco — debes estar bromeando, seguramente lo estas. Tu no puedes, no debes sentir lo que dices sentir.
— ¿Y que puedes saber de eso? — puntualizo las palabras, tratando de olvidar un creciente nudo en su garganta. Iban a dañarla. Mitsutani-senpai se equivoco, su hermano no compartía lo mismo que ella. — acabas de darlo a entender, los demonios no pueden tener “venas sentimentales”. ¿Por que vendrías entenderme a mi?
— Es cierto, en lo mas mínimo podría hacerlo — confeso, disparando sin saberlo una bala directa al corazón de la peli turquesa. — porque los demonios somos seres de llevarnos por razones, no “corazonadas” o “presentimientos” mal infundados. Eso, se los dejos a los humanos.
Listo, penso asintiendo la sacerdotisa, dejando que lágrimas amargas se acumularan en sus párpados amenazando con salir e inundar todo a su paso. Una fria presión llena de dolor se alojó en su pecho, oprimiendola y impidiendole respirar, finalmente comprendia porque se sentia tan dolida en estos momentos y la razón de su rabia contra la rubia mestiza. Ella le gustaba Ryuunosuke, no por algo pasajero, sino verdaderamente profundo e intenso. Ser reconocida por él como alguien con talento le nublo el juicio, igualmente al ser salvada, convirtiéndose en su cabellero de elegante armadura. Pero a todas estas, ¿para qué? ¿para qué descubrir tal sentimiento? Si de todas formas Ryuunosuke no iba a entenderla, menos corresponderla, sin duda era una perdida de tiempo completo. Tenia que huir de allí antes de salir herida, mas de lo convencional, pero antes debía de entregar algo.
— Esta bien, lo entiendo. — intento sonreír de forma convincente, aunque sus lágrimas comenzaron a salir sin previo aviso, manchando su inmaculada piel. En tanto, introducía la mano en el bolsillo de su falda sacando un frasco de color fuego, una nueva pocima. — Esto es un elipse proveniente de las plumas de un fénix, cabellos de unicornio y el primer rocío de la mañana, combinados dan esto. “Elipse de poder divino”, manteniendolo a tu lado nada podría pasarte, al menos, eso me dijo mi abuela. — se la extendió, apartando de sus ojos las lágrimas derramadas — Y quiero dartelo a ti, Ryuunosuke-kun. Feliz dia de San Valentín.
El azabache se quedo estático viendo el frasco entre las delicadas de la sacerdotisa, percibiendo que ese color fuego brillaba contra la fresca tez de la chica, produciendo diferentes sombras. Pero eso no era lo importante, porque las palabras mencionadas por ella dictaminaban varias cosas, la principal de todas es que dicha posima no es algo de verse todos los días, menos ser obsequiada a cualquiera. Cuando escucho esta mañana a su hermana que la sacerdotisa lo miraba de forma anhelante, la creyo loca, porque ambos son de razas distintas y jamas podrían congeniar. Entonces ocurrió lo de la pocima de ambos elementos, pero no solo se la obsequio a él igualmente le dio una a su hermana, produciendole un sentimiento asqueroso al ser degradado de esa manera. ¿Por qué diablos perdio una noche de sueño solo para elaborarla? Es decir, otro día pudo haberlo hecho, con tal San Valentín es solo celebración de humanos y no otros seres. Menos meterlo en el mismo paquete que los demás. La odio por un segundo, quiso gritarle, llegarle su equivocación al atreverse a tal acción, en la vida podía ejercer tal movimiento con él. Pero visualizando justo el panorama con Suzuka llorando y ofreciéndole el elipse, comprendia lo que realmente sucedió con él esta mañana, eran celos, celos de su propia hermana y que la sacerdotisa no se halla transnochado solo para hacerle una cosa exclusiva. ¿Estupido cierto? Porque los demonios son seres de razones, no impulsos, piensan con cabeza fria y no ardiendo.
Acaso… ¿Estaba cayendo en un paraje sin fin?
Acaso… ¿Lo cautivaron?
No, estúpido, ridículo, sin pies o cabeza. ¡Un demonio como él no podría sentir algo como los celos! Esa gama de emociones se los dejaba a Mitsuki, su hermana mayor, al intentar buscar la atención de su humano. ¿Pero que ganaria tener a la sacerdotisa a su disposición? Es decir, ya era su aliada y eso es lo único importarme por los momentos, pero no comprendía porque el mirarla sentía perderla. Tan absurdo como se veía. Porque esas lágrimas dictaminaban dolor, sufrimientos y el anhelo de no poder optener su mayor deseo, aunque luchara con uñas o dientes menos el dejar su timidez.
¿Qué pasaría si ella buscara a alguien mas?
¿Qué pasaría si sintiera esos mal llamados “sentimientos” por otro?
Ryuunosuke… lo odiaria, lo cazaría y comería en un solo bocado. Lo juraba.
— La noche pasada — hablo finalmente el azabache, movimiendo su mano hacia el frasco sin aun tocarlo — ¿No dormiste para poder hacerla?
— ¿Eh? — solto, sorbiendo su nariz y mirandola desconcertada.
— Responde — ordeno enojado.
— Si, lo hice — dijo al fin, comenzando a llorar sin control frente del azabache, parecido a una niña de cinco años quien perdió de vista a su mamá — ¡¿Pero que importa de todas maneras?! Si eso te da igual, menos podrás comprenderme de que yo…
Un segundo, solo un segundo basto para sujetar a la peli turquesa de la muñeca, empujarla con fuerza hacia su pecho y sostenerla firmemente para privarla de huir lejos de su presencia. La sacerdotisa dejo de respirar, moverse inclusive pensar, solo se mantuvo quieta sintiendo los calurosos brazos del azabache sosteniendo su delgado cuerpo que amenazaba con convulsionar, en tanto sus sentidos se agudizaron con cada minuto en transcurrir. Por ejemplo, la lluvia torrencial de afuera caía insesante en el techo de la escuela, produciendo ruidos extraños y alimentando a los árboles a la par otros seres, el olor a humedad inundaba sus fosas nasales dictaminandole que la lluvia podia ser consiliadora. Pero justo en esos momentos, no comprendia tal acción en el sangre pura, porque hace unos minutos admitió no comprender sus sentimientos y jamas hacerlo, esto era… jodidamente confuso.
— Ryuunosuke-kun…
— ¡Callate! — le grito asustandola, aferrandose mas a su cuerpo y temblando él ligeramente — Mierda, mierda, mierda. Solo… solo aguarda silencio, estoy cuestionandome muchas cosas.
Eso era bajo, robarle su frase.
— Desde el inicio te lo digo — le advirtió con voz amenazante — te prohibo el hacerte la lista conmigo, menos el mostrarle a cualquiera esas expresiones de tu rostro. Todas y cada una de ellas me pertenecen, ¿entendiste?
Suzuka sintio una bola de demolición golpear con fuerza su corazón, dándole señales de comenzar latir con fuerza porque su mayores anhelos se volvían realidad, Ryuunosuke estaba admitiendo las sospechas de su hermana esta mañana. Estar celoso, querer ser reconocida por ella como alguien único y especial, tal cual él lo hizo desde el inicio con ella al salvarla de esos brabucones.
Santos cielos… quiere llorar.
— Maldición, no llores — le dijo, abrazandose mas a ella y acariciando su cabello con dulzura al escuchar sus sollozos. — eso en verdad me coloca los nervios de punta.
— Lo siento, lo siento tanto — su voz sono quebrada sin poder evitarlo — pero es que Ryuunosuke-kun me gusta, me gusta tanto que es imposible soportarlo mas. Me gustas… me gustas…
— Shss… — musito tratando tranquilizarla — lo se, se muy bien eso. Asi que deja de llorar.
— ¿Y que hay de Ryuunosuke-kun? — alzo su rostro mostrando su azulada mirada al chico, agarrandolo desprevenido — ¿Tambien te gusto?
Por supuesto que el azabache no saldría librado de esta, ni rogandole a los dioses y la mismísima “princesa lunar”, porque las cosas con la sacerdotisa deben hacerse de frente jamas por las ramas. De lo contrario, podría salir herida. Asi que, arrugando su rostro al sentirse acorradolo y expuesto, miro hacia otro lado para responder.
— Uh-Uh.
Una vez mas Suzuka soltó un sollozo, en esta ocasión en medio de una risa, ocultando su rostro en el pecho del azabache devolviendole el abrazo. En medio de aquella lluvia torrencial donde el cielo quería caerse a pedazos, la sacerdotisa creyó estar tocando el mismo cielo al escuchar esos monosilabos llenos de sinceridad, claro, bajo el contexto de un azabache renuente y“tsudere”. Porque la lluvia en ciertas ocasiones no opacan tu felicidad, tan solo la incrementa mas, abasteciendote al tope y deseando el no despertar de ser un sueño. Mientras esto dure, Suzuka quiere aferrarse a este cuerpo calido de perfume masculino, que busca solamente hacerla dichoza.
Y desde el fondo de su corazón, esperaba que Mitsutani-senpai estuviese igual a ella, alcanzando una estrella igual a ella.
★★★★★★★★★
Un escalofriante pasillo se abría ante su camino, mostrandole un evidente deterioro entre sus puertas y paredes, la sensación de humedad a la par de soledad se marcaba por todos lados dejándole con una rara sensación en el pecho. Había transcurrido bastante tiempo desde la última vez de estar en este sitio, de escuchar los sonidos húmedos, grotescos y de simple histeria, junto con aquel síntoma de locura en el lugar. Por fin, desde aquella vez, comprendio porque lo llamaban “zona roja” porque en este ambiente giraba hacer la peores fechorías posibles, con ello no se refiere al consumir drogas o alcohol, mas bien a la actividad que comienza con “s” y termina en “exo”. Nadie en esta escuela es lo suficiente idiota para adentrarse en este sitio, incluso lo mas educados posibles saben de la existencia de este lugar, catalogandolo como el mas peligroso de todos. Pues bien, para alguien a la altura de Purpure Toshirou, nada de eso importa, menos cuando tienes en mente demostrar tu verdadera naturaleza.
En silencio, y como si alguien pudiera reconocerlo, dirigió sus pasos a una de las aulas bastante conocidas de la “zona roja” por él, siendo su lugar predilecto para encontrarse con una rubia particular. Amamiya Ami. Podrían considerarlo ridículo de su parte al dejarse caer en sus redes una vez mas, pero realmente no deseaba revivir el pasado, solo necesitaba liberar un poco de tensión oprimiendo sus hombros y mente. Aquella imagen de Kazama con Mitsuki comia su vitalidad, sepultaba su fe en ser feliz y nublaba lo correpto de lo incorrepto, porque ella con aquel rubio era libre. Si. Mas ligera y sin una pizca de nerviosismo. Siendo esto solamente la gota de revosar el agua, dictaminandole hacer algo al respecto, y con ella se refería a demostrarle que con él jamas seria feliz. No se la merece, ni lo hará, a su lado necesita alguien fuerte y con la capacidad de mostrarle las bellezas de vivir en este mundo, sin importarle la raza o rechazado por su clan. Ese alguien era como Kazama, aunque duela admitirlo, Purpure jamas le llegara a sus talones ni volviendo a nacer, porque es un demonio sangre pura, hijo del primer ministro, con excelente reputación e imagen intachable. Es cierto, su personalidad retorcida desalienta un poco a las personas, pero la manera de tratar a las mujeres contrarresta todo, aun mas, les ofrece todo lo que desea tener de él. Además, la desea a ella. Una imagen de ellos juntos te quita el aliento, produce escalofríos y moviliza tus músculos. Son luminosos, radiantes, con una atmósfera de confianza e impenetrable como una muralla. En un lugar así, obviamente no tiene poder de entrar.
Energía.
Energía demoníaca rodeandolo.
Nada que nadar u optener.
El azabache llego a la puerta finalmente, colocando una de sus manos en el pomo y tomando una bocanada de aire, medito su última oportunidad de retartarse. Aunque no lo haría, su lucha interna debía de acabarse justo ahora, porque la felicidad de Mitsuki esta en juego y solo odiandolo encontraría la manera de dejarlo libre, para ello debía de darle razones. Asi que, el azabache movió la puerta corrediza hacia un lado con determinación, encontrándose frente a la ligera figura de una agraciada joven rubia sentada en el mesa de profesores, enfocando su rostro en un punto del salón en particular, moviendo su pie sin pararlo.
— ¿Eres tu Toshi? — hablo al fin la chica, girando su cabeza hacia su dirección y mostrandole su rostro cubierto por una venda en los ojos, extrañandolo a la par de cerrar la puerta detrás de si y caminando ha su encuentro. — porque solo tu vendrías en un San Valentín a buscarme, siendo tan romántico y sensible.
— ¿Qué te ha pasado en los ojos? — pregunto sin rodeos, ignorando el sacarcasmo de ella.
— Un pequeño percance con dos cachorritos — menciono sin importancia, bajandose de la mesa y caminando en dirección al azabacha igual a una pantera — Ahora, centremonos en materia. ¿Deciste inclinarte en mi oferta de recordar los viejos tiempos?
— Soy de los que prefiere sepultar el pasado — sentencio, al tener los brazos de ella rodeandole el cuello con sensualidad — es mejor recrear nuevos momentos, en lugar de reavir el baúl de los recuerdos.
— Estoy impresionada — dijo ironizando mucho las palabras — pero me agrada tu argumento, el construir nuevas memorias.
— Si lo has entendido, comienza a moverte que no tengo todo el día — demando el azabache, sin moverse en ningún momento — aun debo realizar algunos reportes y terminar libros. Nada se realizara por si solo.
— ¡Que dictador! — rio divertida, llevando su rostro casi a la comisura de los labios — espero que luego de esto no te arrepientas, odios la venas sentimentales.
— Calla y has lo tuyo.
Con la luz de un rayo anunciando el choque de dos nubes, dos cuerpos se unían con frenesí explorando y encontrando sitios ya anteriormente visualizados en el pasado, marcando la carne de forma demandate y brusca. Porque aunque Purpure pensara estar haciendo lo correpto, no sabia el volver a danzar junto a un demonio peligroso, sin tomar en cuenta el caer nuevamente en una red peligrosa de artimañas donde la rubia es la mayor partifice. Realizando así, el mas grande pecado en su historia con Mitsuki, haciéndose odiar por tal exceso de confianza de ella en él. Sobre todo, hiriendose de tan atrocidad.
Con tal, su camino estaba dictaminado a ser masoquista y enteramente infeliz.
Esto solo sería una prueba para los demás. 

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