15
Sigo
la dirección de sus dedos; al principio, no tengo ninguna idea de lo que está
tratando de mostrarme, pero luego veo una vaga forma unos cinco metros más
arriba. ¿Qué demonios es eso? Parpadeo constantemente a ver si logró saber que
es, tiene el tamaño de un koala, cuelga en el fondo de una rama y se balancea
ligeramente. ¡Que ridículo! obviamente no se trata de un koala, algo tan
hermoso no estaría en un sitio tan espantoso como este. Es, en ese mismo
instante, que disperso los ruidos comunes del bosque para captar un siseo
particular: abejas, eso es un panal de abejas. Abro los ojos impresionada
encogiéndome todo lo que pueda, en mi mundo, soy alérgica a la picadura de
insectos, un solo toque de esas cosas y me inflare como pelota. Aunque este es
el cuerpo de Katniss, sigo teniendo la conciencia de Heather Fausto, por lo que
tenerles pavor es normal. « Aguarda un segundo » me pide la voz « recuerda que
estamos en los Juegos del Hambre, nada aquí es normal » ¿Qué significa eso? Soy
quien soy, no puedo cambiar eso. Entonces, detengo ese tren de pensamientos, si
Katniss dice que nada aquí es convencional, eso quiere decir que los insectos
menos lo son. Oh, demonios. Oh, demonios, demonios... ¡¿Qué clase de bichos son
los que tengo encima de mí?! « Lo más probable es que sean rastrevíspulas »
anuncia en mi mente, como si habláramos del clima « son igual que los
charlajos, mutaciones creadas por el Capitolio. Fueron creadas para ser dejadas
en los distritos estratégicamente, como minas. » Genial, ahora tengo,
aparentemente, a unos cuantos metros sobre mi cabeza bichos asesinos, capaces
de vencerte de una sola picada. ¿No debería comenzar a gritar llamando a mi
mamá? « Tranquila, no te harán nada, si no le haces nada » dice la dueña de
este cuerpo, con gracia « en realidad son avispas un poco más grande a las
convencionales, un cuerpo dorado y un aguijón que provoca un bulto del tamaño
de un ciruela. » santo cielos, eso suena peligro, en realidad me da curiosidad
saber qué ocurre si una de esas cosas te llegan a picar « En general, casi
nadie tolera más de una picada » dice ella « si vives, las alucinaciones producidas
por el veneno han llevados a unos a la locura; otra cosa más, el que consigue
su atención, serán perseguidos hasta morir. He allí a su nombre: son
rastreadoras. » ¡Diablos! Eso suena francamente escalofriante, en realidad, no
quiero ni cruzarme en su camino. De ser rastrevíspulas, por supuesto.
Miro
a Rue, en busca de ayuda, pero se ha perdido en el árbol. Da igual que esas
cosas o las normales estén allí, los profesionales van a matarme mañana ya
cuando tengan un plan bien ejercido, supongo que si tuviera algo de contra
ataque, me liberaría de ellos en un suspiro. Recuerdo como hoy quedaron como
una bola de papanatas, payasos sin gracia frente a una chiquilla que les
minimiza en tamaño y peso, son idiotas, sin duda lo son. Entonces, una idea se
cruza por mi mente, según Katniss, nadie sobrevive a más de una picada de esas
cosas, y si... ¿Y si dejara caer el panal sobre los profesionales? ¿Y si
lograra trepar hasta el para dejarlo caer encima de la manada? Tengo un
cuchillo, uno con serrucho, supongo debería cortarla la rama y de esa manera
dejar que la madre naturaleza hago lo suyo, o en este caso, las habilidosas
manos del Capitolio. « Tampoco puedes hacerlo a lo loco » me advierte Katniss «
debes planear el momento exacto para hacerlo, el ruido del serrucho podría
avisar a los profesionales » si, tiene razón, debo hacerlo cuando el himno, el
ruido será suficiente para cubrir mi fechoría. Salgo a arrastras del saco, me
aseguro de tener el cuchillo en el cinturón y empiezo a subir por el árbol.
Rayos, esto no es tan difícil como lo pensé, las ramas son muy finas para el
cuerpo de Katniss, pero no me detengo. Al llegar a la rama que sostiene al
panal, el zumbido se hace más nítido, pero bastante suave para imaginar a unas
avispas súper mutadas « Él es humo » menciona con perspicacia, Katniss « el
humo las tiene sedadas » no sé si eso sea bueno o malo, pero de todas maneras,
seguiré con el plan.
El
sello del Capitolio aparece y el himno dándome la señal que necesitaba, es
ahora o nunca. Empiezo a serrar, a medida que muevo el cuchillo adelante y
atrás las ampollas se la mano derecha se me revienta, y, ¿adivinen qué? ¡Duelen
un mundo! Pero no me detengo, menos viendo la ranura, que hace un poco pesado
el trabajo, sigo apretando los dientes, ahogando quejidos y respirando a
profundidad. Hoy es un cielo despejado sin muertes, aunque la audiencia debe
estar más que llena de los acontecimientos, una verdadera "Katniss, la
chica en llamas" y mi encuentro con la manada de idiotas, hasta creo, que
rieron con todos los disparates. Sin embargo, el himno se acaba y el cielo
vuelve a oscurecerse, debo parar, no puedo continuar sabiendo que el ruido los
puede alertar, me causa algo de cólera porque me falta una trama de rama por
cortar. « No pasa nada » le resta importancia Katniss « puedes continuar antes
del alba, con las avispas atontadas no conseguirás nada realmente. Podría ser
una mortífera pérdida de tiempo » supongo que el nido no se rompería, o de
hacerlo, los bichos no saldrían y mi plan ira directo al caño.
Bajando
con cuidado, aprovechó la escasa luz de las antorchas de los profesionales
hasta mi rama, es allí donde encuentro una sorpresa: sobre mi saco hay un
botecito de plástico unido a un paracaídas plateado. Oh, oh, oh... ¡Es un
regalo! ¡Tengo patrocinadores! Haymitch lo ha enviado seguro en cuanto el himno
fue en tonado. El botecito me cabe en la palma de la mano, ¿qué podría ser?
Comida, en lo absoluto que no. Entonces, abro la tapa y el olor me llega a las
fosas nasales, es medicina. Toco con precaución la superficie de la crema y
desaparece el dolor de la punta del dedo.
—
Haymitch... — susurro — gracias.
Lo
he deducido mal, él no me ha dejado sola en todo este tiempo, seguramente esta
medicina ha costado un motón y más de un patrocinador para poder conseguirla.
Bueno, el valor monetario podría importarme menos, me es de gran ayuda y nunca
podre pagárselo. Meto los dedos en el tarro y me echo con cuidado en la
pantorrilla. Oh, santo infierno ardiente, estoy en cielo, el dolor con esto
casi se borra mágicamente y la sensación de frescor, es muy agradable. Cuando
término con la pantorrilla, me echo un poquito en las manos. Seguidamente,
guardo el botecito en la mochila y me dispongo a dormirme en una posición que
sea cómoda.
Un
pájaro me avisa que está amaneciendo, bajo la luz gris de la mañana, examinó
mis manos: la medicina ha transformado los enormes parches rojo sangre en piel
delicada, al igual que un bebé. La pierna sigue inflamada, por supuesto, aunque
esto sea medicamentos del Santo Capitolio, sigue siendo algo de segundo grado,
y, por lo tanto, delicada. Le pongo otra capa de pomada y guardo mis cosas en
silencio. Pase lo que pase, debo de moverme con rapidez. También me como una
galleta y un trozo de cecina, agregándole de beber unas cuantas tazas de agua.
Como ayer vomite casi todo, vienen unas olas expansivas de hambre, cosa en ser
bastante normal. Los profesionales y el señor traidor siguen dormidos. Por su
posición, apoyada en el tronco del árbol, la encargada de hacer guardia era
Glimmer, pero su cansancio ha sido más fuerte a ella: la tumbo. Intento buscar
entre las ramas de donde debería de estar Rue, pero no la encuentro, debo de
avisarle lo que voy hacer, es lo justo. La de la clara idea, ha sido ella,
además si todo esto no resulta y, en el peor de los casos, muera, quiero que
gane. Puede significar comida extra para los del 12, pero imaginar a un chico
traidor como Peeta ganar, me da todo clase de malestares en el estómago.
Susurro
el nombre de Rue y los ojos aparecen de inmediato, abiertos y alerta. Me señala
de nuevo al panal, yo levanto el cuchillo y hago el movimiento de serrar, ella
asiente y desaparece. Se oye un susurro de un árbol cercano y luego uno más
allá; parpadeo constantemente dándome cuenta que ha saltado de un árbol a otro.
¡Vaya! Rue es increíble, seguramente esto fue lo que le mostró a los
Vigilantes, pero bajo mi perspectiva un siete es una puntuación muy baja,
mínimo debieron de darle un diez. En verdad es un hada, pienso para mí misma en
tanto sonrió, una que vuela y todo. Por el este empiezan a llegar unos rayos
dorados, no puedo perder más el tiempo. Comparado con el dolor terrible de la
subida al árbol de anoche, esto es pan comido; al llegar a la rama donde está
sosteniendo al panal, coloco el cuchillo en la ranura. Estoy a segundos de
cortar cuando veo algo que se mueve dentro del nido: un reluciente insecto
dorado que sale a la superficie gris, con un aire atontado. ¿Debo decir nombre?
Una rastrevíspulas, tal cual como la describió Katniss. Está claro que el humo
las ha afectado, pero esta despierta, cosa que dice en no tardar salir más de
ellas. Las manos han empezado a sudarme, intento sacármelas con el superficie
de la camisa, sino consigo cortar la rama a tiempo el nido completo puede
ceñirse encima de mí.
No
le doy más vueltas al asunto, respiro hondo, sujeto el cuchillo por el mango y
corto con todas mis fuerzas. « Vamos, vamos » me anima Katniss « ¡Adelante,
atrás, adelante, atrás! » Las rastrevíspulas empiezan a zumbar y las oigo
salir. « ¡No le prestes atención! » sigue Katniss « ¡Adelante, atrás, adelante,
atrás! » Siento una puñalada en la rodilla, me ha encontrado una, las demás no
tardaran en unírsele. « Heather, falta poco, falta poco » y, justo cuando el
cuchillo llega hasta el final, empujo el extremo de la rama todo lo que puedo y
se estrella contra las ramas inferiores, hasta que cae al suelo al final. El
nido se abre como un huevo y un enardecido enjambre de rastrevíspulas alza el
vuelo. Una segunda picadora llega a mi mejilla, una tercera en el cuello, y el
veneno me deja atontada en cuestión de segundos. Rápidamente, como si tuviera
la voz de mi madre en la cabeza, me saco los aguijones, ella me ha dicho en
reiteradas ocasiones que de picarme un insecto, debo de sacarme la ponzoña, de
lo contrario, podría infectarse u ocurrirme algo peor. Claro, como inflamarme
igual a un globo. Al menos, pienso, solo han sido tres, porque las demás están
ocupadas en otras presas.
Los
profesionales se han despertado con un ataque tiránico de rastrevíspulas, Peeta
y unos cuantos son lo suficientemente astutos, como para dejarlo todo, y salir
corriendo sin tomarse la molestia de agarrar algo. Se escuchan los gritos de
"¡Al lago, al lago!", cosa que supongo, perder las avispas entrando
al agua. Seguramente deben de ser muy ágiles, o encontrarse cerca el lago,
porque esos insectos son lo suficiente veloces como para atraparlos. Glimmer, y
la otra niña del 4, no poseen la misma suerte; tienen muchas picaduras antes de
perderse de vista. Glimmer ha perdido la cabeza, totalmente histérica, se
encuentra apartando a los insectos empujándolos contra el arco mientras chilla,
por supuesto, sin ningún éxito. La chica del 4 se aleja tambaleando, pero estoy
segura que no tendrá tiempo de llegar al lago. Veo a Glimmer caer, se retuerce
como lombriz en el suelo durante unos minutos y luego se queda inmóvil. Debo
moverme, debo moverme, debo... ¡Alejarme de aquí! Bajo a toda mecha del árbol y
salgo corriendo a dirección opuesta del lago. El veneno de las avispas me
marea, pero con todo y eso, logro regresar a mi pequeño estanque para
sumergirme, eso si esos bicharrajos regresan por mí. Transcurrido cinco
minutos, me arrastro hacia las rocas. Katniss no ha mentido con los efectos de
las picadas, de hecho, la que tengo en la rodilla tiene el tamaño de un pelota
de béisbol, un poco más grande considera a la ciruela, y de los huecos dejados
por los pinchazos, surge un líquido verde apestoso.
Hinchazón,
dolor, líquido verde; la chica del 1 retorciéndose en el suelo hasta morir;
todas esas dan vueltas en mi cabeza, martillándome para que las digiera. Ni
puedo imaginar cómo ha quedado Glimmer, seguro peor a un globo, con un cuerpo
desfigurado y unos dedos hinchados... « ¡El arco! » me grita Katniss, frenando
mis pensamientos « ¡Hemos dejado el arco atrás, Heather! » de una milagrosa
forma, la voz de la dueña de este cuerpo hace que todas las conexiones
nerviosas se junten, creando un cortocircuito que me hace pararme. Corro
tambaleante por el bosque, pensando que no dejare escapar la oportunidad de
coger las únicas flechas y arcos de todo el estadio, ya deje pasar la primera,
pero esta no, obvio y no.
«
Aun no ha sonado el cañón » dice Katniss « eso quiere decir que Glimmer aún
vive, debe de estar en una especien de cómo, está luchando contra el veneno
pero, una vez muerta, se la llevaran con las armas incluidas.» Oh, no, ¡Eso sí
que no! Llego hasta ella justo cuando suena el cañonazo, no hay rastrevíspulas
en ninguna parte, pero tampoco el rastro de aquella atractiva chica vestida de
un dorado vestido, ha quedado irreconocible. Sus facciones se han borrado por
completo, las extremidades el triple de grandes de lo normal y los aguijones
comienzan a estallar, de ellos emanan el mismo líquido verde apestoso. Tengo
que romperle varios dedos, o más bien, lo que antes era sus dedos para poder
adueñarme del arco. En cuanto a las flechas, se encuentran bajo su cuerpo, por
lo que debo de darle la vuelta para obtenerlas, pero al mínimo momento de
tocarla su cuerpo empieza a desintegrarse, como si fuese un cascarón vacío. Doy
un traspié y caigo sentada. Mierda, mierda, mierda. ¿Estoy loca? ¿Me he vuelto
loca? No, esperen, uno de los efectos de las picadas son las alucinaciones, y
puedo estar comenzó a padecerla.
Respiro
profundamente, intentando no vomitar y mantener todo adentro. No voy a botarlo
ahora, no, el desayuno debe de quedarse donde se encuentra, dentro. Agregándole
otra cosa, seguramente seré capaz de cazar en unos días. Un segundo cañonazo
suena, la chica del 4 ha sido la siguiente en morir. Los pájaros de momento a
otro dejan de cantar, ya conozco esta señal, está por venir el aerodeslizador.
Entro en pánico, pensando que vienen por Glimmer, pero no tiene sentido, porque
sigo luchando por conseguir las flechas. Me pongo de rodillas y los árboles
empiezan a girar a mi alrededor. Veo el aerodeslizador en el cielo, así que me
lanzo sobre el cadáver de Glimmer intentando protegerlo, porque aún no tengo lo
que quiero... ¡Aun no lo tengo!
—
¡Debo hacerlo! — me grito a mí misma.
Apretando
la mandíbula, meto las manos debajo de Glimmer, agarro lo que deberían ser sus
costillas y consigo ponerla boca abajo. Tengo escalofríos, me tiembla todo el
cuerpo, pero no puedo evitarlo, pierdo cada vez el sentido de la realidad. Tiro
con todas mis fuerzas del carcaj, pero esta incrustado en algo, tampoco le
presto mucha atención, solo vuelvo a imitar el mismo movimiento hasta que lo
libera. Justamente tengo el objeto plateado en mis manos cuando escucho pasos,
no puedo detectar si se trata de una sola persona, pero sí que vienen entre la
maleza, y me doy cuenta de algo: son los profesionales, ha vuelto. Quieren mi
cabeza, pienso, o sus armas, o simplemente ambas. De todas maneras, no han
tiempo de correr. Sujeto una de las flechas e intento colocarlo en la cuerda
del arco, lo malo de todo esto, que no veo una sola, sino tres, y una de ellas
se mueve vertiginosamente en comparación de las demás. Ah, soy una idiota, una
entera idiota, he desperdiciado todo para nada, la lucha de conseguir las armas
para nada. Nuevamente, soy una presa fácil.
Al
llegar el primer cazador, siento que todo se maneja en cámara lenta, semejante
a las películas. Él tiene el brazo en alto, sostiene una lanza, lista para
arrojarla a mi dirección. Ni siquiera me sorprende que sea Peeta, aquel
muchacho encantador de ojos azules, que en su época, rescató a la dueña de este
cuerpo y me ayudo muchas veces a mí. No será tan malo, me digo a mi misma,
morir en manos de alguien como él, porque, a su vez, me pregunto: ¿Como algo
tan hermoso puede ser igual de letal?
Entre
cierro los ojos esperando el golpe, uno que nunca llega, porque Peeta baja el
brazo.
—
¿Por qué sigues aquí? — me sisea. Lo miro parpadeando confundida, tiene una
picadura debajo de la oreja que supura líquido verde. Sé que Peeta antes era
guapo, insanamente guapo, pero... ¿desde cuándo los brillos lo hacen ver aún
más? — ¿Te has vuelto loca? — Me empuja con la empuñadura de la lanza —
¡Levántate, levántate! — le obedezco y él sigue empujándome. ¿Qué...? ¡¿Qué
demonios significa esto?! Me pega un buen empujón para alejarme. — ¡Corre! —
Grita — ¡Corre!
Detrás
de él, Cató se abre camino a través de los arbustos. Él también esta húmedo y
tiene una picadura fea bajo un ojo. Como por arte de reflejo del sol, noto lo
brillante de su espada y, de manera inmediata, me echo a correr tal cual como
dice Peeta. Dejo atrás mi estanque, la seguridad de la zona y me adentro a lo
desconocido. El mundo empieza a doblarse de manera alarmante. Garzas gigantes
pasan por mi lado, aleteando sus enormes alas para dejar sus plumas detrás, las
cuales, cogiendo vida propia, tienen la finalidad de perseguirme para
aguijonearme. Muevo mis manos a todas partes intentando apartarlas, gritando
desesperada por no ser sorprendida ante sus puntas; de los árboles salen largas
dianas que tienen por de serpientes, estas se agitan a mis pies soltando una
risita siniestra, queriendo sujetarme y tirarme al suelo. Un mapache sale
detrás emergiendo del suelo, esta ensangrentado y me señala en busca de ayuda,
desviándome de su camino, pero aun teniendo la vista en él, caigo al suelo al
pisar una serpiente sonriente. Gateando ya sin fuerzas, noto como el mapache
aparece mágicamente frente a mis ojos, extendiendo sus brazos y pronunciando
palabras gorjeantes, irreconocibles para mí. Tampoco le presto mucha atención,
menos teniendo en cuenta que se ha empezado hinchar como un globo, cubre mi
rostro en señal de protección, no puedo ir lejos, no puedo ir mas allá de esto.
¡Santo cielos! Pienso con cautela, cerrando los ojos con fuerza, evitando
escapar de esta realidad tormentosa, pero no de algo concreto: Peeta Mellark,
me ha salvado la vida. Antes de darle más vueltas al asunto, se escucha una
explosión, una muy grande y el sentir, lo que a mi parecer es una extremidad de
mapache golpeando mi nuca, pierdo el conocimiento al instante.
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