miércoles, 14 de marzo de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream


15
Sigo la dirección de sus dedos; al principio, no tengo ninguna idea de lo que está tratando de mostrarme, pero luego veo una vaga forma unos cinco metros más arriba. ¿Qué demonios es eso? Parpadeo constantemente a ver si logró saber que es, tiene el tamaño de un koala, cuelga en el fondo de una rama y se balancea ligeramente. ¡Que ridículo! obviamente no se trata de un koala, algo tan hermoso no estaría en un sitio tan espantoso como este. Es, en ese mismo instante, que disperso los ruidos comunes del bosque para captar un siseo particular: abejas, eso es un panal de abejas. Abro los ojos impresionada encogiéndome todo lo que pueda, en mi mundo, soy alérgica a la picadura de insectos, un solo toque de esas cosas y me inflare como pelota. Aunque este es el cuerpo de Katniss, sigo teniendo la conciencia de Heather Fausto, por lo que tenerles pavor es normal. « Aguarda un segundo » me pide la voz « recuerda que estamos en los Juegos del Hambre, nada aquí es normal » ¿Qué significa eso? Soy quien soy, no puedo cambiar eso. Entonces, detengo ese tren de pensamientos, si Katniss dice que nada aquí es convencional, eso quiere decir que los insectos menos lo son. Oh, demonios. Oh, demonios, demonios... ¡¿Qué clase de bichos son los que tengo encima de mí?! « Lo más probable es que sean rastrevíspulas » anuncia en mi mente, como si habláramos del clima « son igual que los charlajos, mutaciones creadas por el Capitolio. Fueron creadas para ser dejadas en los distritos estratégicamente, como minas. » Genial, ahora tengo, aparentemente, a unos cuantos metros sobre mi cabeza bichos asesinos, capaces de vencerte de una sola picada. ¿No debería comenzar a gritar llamando a mi mamá? « Tranquila, no te harán nada, si no le haces nada » dice la dueña de este cuerpo, con gracia « en realidad son avispas un poco más grande a las convencionales, un cuerpo dorado y un aguijón que provoca un bulto del tamaño de un ciruela. » santo cielos, eso suena peligro, en realidad me da curiosidad saber qué ocurre si una de esas cosas te llegan a picar « En general, casi nadie tolera más de una picada » dice ella « si vives, las alucinaciones producidas por el veneno han llevados a unos a la locura; otra cosa más, el que consigue su atención, serán perseguidos hasta morir. He allí a su nombre: son rastreadoras. » ¡Diablos! Eso suena francamente escalofriante, en realidad, no quiero ni cruzarme en su camino. De ser rastrevíspulas, por supuesto.
Miro a Rue, en busca de ayuda, pero se ha perdido en el árbol. Da igual que esas cosas o las normales estén allí, los profesionales van a matarme mañana ya cuando tengan un plan bien ejercido, supongo que si tuviera algo de contra ataque, me liberaría de ellos en un suspiro. Recuerdo como hoy quedaron como una bola de papanatas, payasos sin gracia frente a una chiquilla que les minimiza en tamaño y peso, son idiotas, sin duda lo son. Entonces, una idea se cruza por mi mente, según Katniss, nadie sobrevive a más de una picada de esas cosas, y si... ¿Y si dejara caer el panal sobre los profesionales? ¿Y si lograra trepar hasta el para dejarlo caer encima de la manada? Tengo un cuchillo, uno con serrucho, supongo debería cortarla la rama y de esa manera dejar que la madre naturaleza hago lo suyo, o en este caso, las habilidosas manos del Capitolio. « Tampoco puedes hacerlo a lo loco » me advierte Katniss « debes planear el momento exacto para hacerlo, el ruido del serrucho podría avisar a los profesionales » si, tiene razón, debo hacerlo cuando el himno, el ruido será suficiente para cubrir mi fechoría. Salgo a arrastras del saco, me aseguro de tener el cuchillo en el cinturón y empiezo a subir por el árbol. Rayos, esto no es tan difícil como lo pensé, las ramas son muy finas para el cuerpo de Katniss, pero no me detengo. Al llegar a la rama que sostiene al panal, el zumbido se hace más nítido, pero bastante suave para imaginar a unas avispas súper mutadas « Él es humo » menciona con perspicacia, Katniss « el humo las tiene sedadas » no sé si eso sea bueno o malo, pero de todas maneras, seguiré con el plan.
El sello del Capitolio aparece y el himno dándome la señal que necesitaba, es ahora o nunca. Empiezo a serrar, a medida que muevo el cuchillo adelante y atrás las ampollas se la mano derecha se me revienta, y, ¿adivinen qué? ¡Duelen un mundo! Pero no me detengo, menos viendo la ranura, que hace un poco pesado el trabajo, sigo apretando los dientes, ahogando quejidos y respirando a profundidad. Hoy es un cielo despejado sin muertes, aunque la audiencia debe estar más que llena de los acontecimientos, una verdadera "Katniss, la chica en llamas" y mi encuentro con la manada de idiotas, hasta creo, que rieron con todos los disparates. Sin embargo, el himno se acaba y el cielo vuelve a oscurecerse, debo parar, no puedo continuar sabiendo que el ruido los puede alertar, me causa algo de cólera porque me falta una trama de rama por cortar. « No pasa nada » le resta importancia Katniss « puedes continuar antes del alba, con las avispas atontadas no conseguirás nada realmente. Podría ser una mortífera pérdida de tiempo » supongo que el nido no se rompería, o de hacerlo, los bichos no saldrían y mi plan ira directo al caño.
Bajando con cuidado, aprovechó la escasa luz de las antorchas de los profesionales hasta mi rama, es allí donde encuentro una sorpresa: sobre mi saco hay un botecito de plástico unido a un paracaídas plateado. Oh, oh, oh... ¡Es un regalo! ¡Tengo patrocinadores! Haymitch lo ha enviado seguro en cuanto el himno fue en tonado. El botecito me cabe en la palma de la mano, ¿qué podría ser? Comida, en lo absoluto que no. Entonces, abro la tapa y el olor me llega a las fosas nasales, es medicina. Toco con precaución la superficie de la crema y desaparece el dolor de la punta del dedo.
— Haymitch... — susurro — gracias.
Lo he deducido mal, él no me ha dejado sola en todo este tiempo, seguramente esta medicina ha costado un motón y más de un patrocinador para poder conseguirla. Bueno, el valor monetario podría importarme menos, me es de gran ayuda y nunca podre pagárselo. Meto los dedos en el tarro y me echo con cuidado en la pantorrilla. Oh, santo infierno ardiente, estoy en cielo, el dolor con esto casi se borra mágicamente y la sensación de frescor, es muy agradable. Cuando término con la pantorrilla, me echo un poquito en las manos. Seguidamente, guardo el botecito en la mochila y me dispongo a dormirme en una posición que sea cómoda.
Un pájaro me avisa que está amaneciendo, bajo la luz gris de la mañana, examinó mis manos: la medicina ha transformado los enormes parches rojo sangre en piel delicada, al igual que un bebé. La pierna sigue inflamada, por supuesto, aunque esto sea medicamentos del Santo Capitolio, sigue siendo algo de segundo grado, y, por lo tanto, delicada. Le pongo otra capa de pomada y guardo mis cosas en silencio. Pase lo que pase, debo de moverme con rapidez. También me como una galleta y un trozo de cecina, agregándole de beber unas cuantas tazas de agua. Como ayer vomite casi todo, vienen unas olas expansivas de hambre, cosa en ser bastante normal. Los profesionales y el señor traidor siguen dormidos. Por su posición, apoyada en el tronco del árbol, la encargada de hacer guardia era Glimmer, pero su cansancio ha sido más fuerte a ella: la tumbo. Intento buscar entre las ramas de donde debería de estar Rue, pero no la encuentro, debo de avisarle lo que voy hacer, es lo justo. La de la clara idea, ha sido ella, además si todo esto no resulta y, en el peor de los casos, muera, quiero que gane. Puede significar comida extra para los del 12, pero imaginar a un chico traidor como Peeta ganar, me da todo clase de malestares en el estómago.
Susurro el nombre de Rue y los ojos aparecen de inmediato, abiertos y alerta. Me señala de nuevo al panal, yo levanto el cuchillo y hago el movimiento de serrar, ella asiente y desaparece. Se oye un susurro de un árbol cercano y luego uno más allá; parpadeo constantemente dándome cuenta que ha saltado de un árbol a otro. ¡Vaya! Rue es increíble, seguramente esto fue lo que le mostró a los Vigilantes, pero bajo mi perspectiva un siete es una puntuación muy baja, mínimo debieron de darle un diez. En verdad es un hada, pienso para mí misma en tanto sonrió, una que vuela y todo. Por el este empiezan a llegar unos rayos dorados, no puedo perder más el tiempo. Comparado con el dolor terrible de la subida al árbol de anoche, esto es pan comido; al llegar a la rama donde está sosteniendo al panal, coloco el cuchillo en la ranura. Estoy a segundos de cortar cuando veo algo que se mueve dentro del nido: un reluciente insecto dorado que sale a la superficie gris, con un aire atontado. ¿Debo decir nombre? Una rastrevíspulas, tal cual como la describió Katniss. Está claro que el humo las ha afectado, pero esta despierta, cosa que dice en no tardar salir más de ellas. Las manos han empezado a sudarme, intento sacármelas con el superficie de la camisa, sino consigo cortar la rama a tiempo el nido completo puede ceñirse encima de mí.
No le doy más vueltas al asunto, respiro hondo, sujeto el cuchillo por el mango y corto con todas mis fuerzas. « Vamos, vamos » me anima Katniss « ¡Adelante, atrás, adelante, atrás! » Las rastrevíspulas empiezan a zumbar y las oigo salir. « ¡No le prestes atención! » sigue Katniss « ¡Adelante, atrás, adelante, atrás! » Siento una puñalada en la rodilla, me ha encontrado una, las demás no tardaran en unírsele. « Heather, falta poco, falta poco » y, justo cuando el cuchillo llega hasta el final, empujo el extremo de la rama todo lo que puedo y se estrella contra las ramas inferiores, hasta que cae al suelo al final. El nido se abre como un huevo y un enardecido enjambre de rastrevíspulas alza el vuelo. Una segunda picadora llega a mi mejilla, una tercera en el cuello, y el veneno me deja atontada en cuestión de segundos. Rápidamente, como si tuviera la voz de mi madre en la cabeza, me saco los aguijones, ella me ha dicho en reiteradas ocasiones que de picarme un insecto, debo de sacarme la ponzoña, de lo contrario, podría infectarse u ocurrirme algo peor. Claro, como inflamarme igual a un globo. Al menos, pienso, solo han sido tres, porque las demás están ocupadas en otras presas.
Los profesionales se han despertado con un ataque tiránico de rastrevíspulas, Peeta y unos cuantos son lo suficientemente astutos, como para dejarlo todo, y salir corriendo sin tomarse la molestia de agarrar algo. Se escuchan los gritos de "¡Al lago, al lago!", cosa que supongo, perder las avispas entrando al agua. Seguramente deben de ser muy ágiles, o encontrarse cerca el lago, porque esos insectos son lo suficiente veloces como para atraparlos. Glimmer, y la otra niña del 4, no poseen la misma suerte; tienen muchas picaduras antes de perderse de vista. Glimmer ha perdido la cabeza, totalmente histérica, se encuentra apartando a los insectos empujándolos contra el arco mientras chilla, por supuesto, sin ningún éxito. La chica del 4 se aleja tambaleando, pero estoy segura que no tendrá tiempo de llegar al lago. Veo a Glimmer caer, se retuerce como lombriz en el suelo durante unos minutos y luego se queda inmóvil. Debo moverme, debo moverme, debo... ¡Alejarme de aquí! Bajo a toda mecha del árbol y salgo corriendo a dirección opuesta del lago. El veneno de las avispas me marea, pero con todo y eso, logro regresar a mi pequeño estanque para sumergirme, eso si esos bicharrajos regresan por mí. Transcurrido cinco minutos, me arrastro hacia las rocas. Katniss no ha mentido con los efectos de las picadas, de hecho, la que tengo en la rodilla tiene el tamaño de un pelota de béisbol, un poco más grande considera a la ciruela, y de los huecos dejados por los pinchazos, surge un líquido verde apestoso.
Hinchazón, dolor, líquido verde; la chica del 1 retorciéndose en el suelo hasta morir; todas esas dan vueltas en mi cabeza, martillándome para que las digiera. Ni puedo imaginar cómo ha quedado Glimmer, seguro peor a un globo, con un cuerpo desfigurado y unos dedos hinchados... « ¡El arco! » me grita Katniss, frenando mis pensamientos « ¡Hemos dejado el arco atrás, Heather! » de una milagrosa forma, la voz de la dueña de este cuerpo hace que todas las conexiones nerviosas se junten, creando un cortocircuito que me hace pararme. Corro tambaleante por el bosque, pensando que no dejare escapar la oportunidad de coger las únicas flechas y arcos de todo el estadio, ya deje pasar la primera, pero esta no, obvio y no.
« Aun no ha sonado el cañón » dice Katniss « eso quiere decir que Glimmer aún vive, debe de estar en una especien de cómo, está luchando contra el veneno pero, una vez muerta, se la llevaran con las armas incluidas.» Oh, no, ¡Eso sí que no! Llego hasta ella justo cuando suena el cañonazo, no hay rastrevíspulas en ninguna parte, pero tampoco el rastro de aquella atractiva chica vestida de un dorado vestido, ha quedado irreconocible. Sus facciones se han borrado por completo, las extremidades el triple de grandes de lo normal y los aguijones comienzan a estallar, de ellos emanan el mismo líquido verde apestoso. Tengo que romperle varios dedos, o más bien, lo que antes era sus dedos para poder adueñarme del arco. En cuanto a las flechas, se encuentran bajo su cuerpo, por lo que debo de darle la vuelta para obtenerlas, pero al mínimo momento de tocarla su cuerpo empieza a desintegrarse, como si fuese un cascarón vacío. Doy un traspié y caigo sentada. Mierda, mierda, mierda. ¿Estoy loca? ¿Me he vuelto loca? No, esperen, uno de los efectos de las picadas son las alucinaciones, y puedo estar comenzó a padecerla.
Respiro profundamente, intentando no vomitar y mantener todo adentro. No voy a botarlo ahora, no, el desayuno debe de quedarse donde se encuentra, dentro. Agregándole otra cosa, seguramente seré capaz de cazar en unos días. Un segundo cañonazo suena, la chica del 4 ha sido la siguiente en morir. Los pájaros de momento a otro dejan de cantar, ya conozco esta señal, está por venir el aerodeslizador. Entro en pánico, pensando que vienen por Glimmer, pero no tiene sentido, porque sigo luchando por conseguir las flechas. Me pongo de rodillas y los árboles empiezan a girar a mi alrededor. Veo el aerodeslizador en el cielo, así que me lanzo sobre el cadáver de Glimmer intentando protegerlo, porque aún no tengo lo que quiero... ¡Aun no lo tengo!
— ¡Debo hacerlo! — me grito a mí misma.
Apretando la mandíbula, meto las manos debajo de Glimmer, agarro lo que deberían ser sus costillas y consigo ponerla boca abajo. Tengo escalofríos, me tiembla todo el cuerpo, pero no puedo evitarlo, pierdo cada vez el sentido de la realidad. Tiro con todas mis fuerzas del carcaj, pero esta incrustado en algo, tampoco le presto mucha atención, solo vuelvo a imitar el mismo movimiento hasta que lo libera. Justamente tengo el objeto plateado en mis manos cuando escucho pasos, no puedo detectar si se trata de una sola persona, pero sí que vienen entre la maleza, y me doy cuenta de algo: son los profesionales, ha vuelto. Quieren mi cabeza, pienso, o sus armas, o simplemente ambas. De todas maneras, no han tiempo de correr. Sujeto una de las flechas e intento colocarlo en la cuerda del arco, lo malo de todo esto, que no veo una sola, sino tres, y una de ellas se mueve vertiginosamente en comparación de las demás. Ah, soy una idiota, una entera idiota, he desperdiciado todo para nada, la lucha de conseguir las armas para nada. Nuevamente, soy una presa fácil.
Al llegar el primer cazador, siento que todo se maneja en cámara lenta, semejante a las películas. Él tiene el brazo en alto, sostiene una lanza, lista para arrojarla a mi dirección. Ni siquiera me sorprende que sea Peeta, aquel muchacho encantador de ojos azules, que en su época, rescató a la dueña de este cuerpo y me ayudo muchas veces a mí. No será tan malo, me digo a mi misma, morir en manos de alguien como él, porque, a su vez, me pregunto: ¿Como algo tan hermoso puede ser igual de letal?
Entre cierro los ojos esperando el golpe, uno que nunca llega, porque Peeta baja el brazo.
— ¿Por qué sigues aquí? — me sisea. Lo miro parpadeando confundida, tiene una picadura debajo de la oreja que supura líquido verde. Sé que Peeta antes era guapo, insanamente guapo, pero... ¿desde cuándo los brillos lo hacen ver aún más? — ¿Te has vuelto loca? — Me empuja con la empuñadura de la lanza — ¡Levántate, levántate! — le obedezco y él sigue empujándome. ¿Qué...? ¡¿Qué demonios significa esto?! Me pega un buen empujón para alejarme. — ¡Corre! — Grita — ¡Corre!
Detrás de él, Cató se abre camino a través de los arbustos. Él también esta húmedo y tiene una picadura fea bajo un ojo. Como por arte de reflejo del sol, noto lo brillante de su espada y, de manera inmediata, me echo a correr tal cual como dice Peeta. Dejo atrás mi estanque, la seguridad de la zona y me adentro a lo desconocido. El mundo empieza a doblarse de manera alarmante. Garzas gigantes pasan por mi lado, aleteando sus enormes alas para dejar sus plumas detrás, las cuales, cogiendo vida propia, tienen la finalidad de perseguirme para aguijonearme. Muevo mis manos a todas partes intentando apartarlas, gritando desesperada por no ser sorprendida ante sus puntas; de los árboles salen largas dianas que tienen por de serpientes, estas se agitan a mis pies soltando una risita siniestra, queriendo sujetarme y tirarme al suelo. Un mapache sale detrás emergiendo del suelo, esta ensangrentado y me señala en busca de ayuda, desviándome de su camino, pero aun teniendo la vista en él, caigo al suelo al pisar una serpiente sonriente. Gateando ya sin fuerzas, noto como el mapache aparece mágicamente frente a mis ojos, extendiendo sus brazos y pronunciando palabras gorjeantes, irreconocibles para mí. Tampoco le presto mucha atención, menos teniendo en cuenta que se ha empezado hinchar como un globo, cubre mi rostro en señal de protección, no puedo ir lejos, no puedo ir mas allá de esto. ¡Santo cielos! Pienso con cautela, cerrando los ojos con fuerza, evitando escapar de esta realidad tormentosa, pero no de algo concreto: Peeta Mellark, me ha salvado la vida. Antes de darle más vueltas al asunto, se escucha una explosión, una muy grande y el sentir, lo que a mi parecer es una extremidad de mapache golpeando mi nuca, pierdo el conocimiento al instante.


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