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«
¡Muévete! » me grita Katniss en mi mente, de hecho mi primer impulso es
hacerlo, pero estoy atada al árbol por el cinturón que logro deshacer con manos
temblorosas. Caigo al suelo y estoy más despierta que nunca, no hay tiempo de
guardar nada, menos mal y ya tengo la mochila puesta, la botella dentro del
saco haciéndome saber que lo único en quedarme por hacer es correr. No tardó
mucho en hacerlo, colocándome el saco de dormir al hombro, salgo huyendo como
puedo metiendo el cinturón en el bolso dando cuenta del panorama nada
esperanzador; todo se ha convertido en humo y fuego, las ramas caen de los
arboles a mis pies echando chispas. No tengo otra opción, mas salvo una:
correr. Alígeros mis pasos dándome cuenta como los animales, siendo más astutos
que yo, huyen de este escenario infernal presentado ante sus ojos. Katniss es
astuta e ingeniosa, me manda a correr detrás de los conejos, venados y una jauría
de perros, bajo su criterio, sus instintos de supervivencia son legendarias y
ellos saben dónde ir. Sin embargo, su agilidad es infalible a comparación a la mía,
que aunque este cuerpo sea veloz, nunca podrá igualar al de un animal salvaje.
El
calor es insoportable, sin mencionar el humo, amenazante y un peligro para ahogarme
en el mínimo instante. Me subo la camisa para taparme la nariz y, por primera
vez en la vida, estoy feliz de estar sudada, esto será una ventaja ante el
horror propagándose. Y sigo corriendo, respirando como pueda, sintiendo el saco
pegando botes en mi espalda y la cara llena de rasguños producidos por las
ramas que cortan mis mejillas en mi transitar, tampoco es que le de mucha
importancia a eso, solo necesito es correr. « Esto no es un accidente »
dictamina Katniss en mi mente « observa bien las llamas, tu misma puedes dar con
la verdad » siendo sincera, me importa poco lo de las llamas siendo un
accidente o no, pero existe algo en el tono de la voz en inquietarme. Entonces,
miro, detallo con precisión en medio de mi huida el tamaño de las lenguas de
fuego, percatándome que son una uniformidad antinatural y ni decir el tamaño,
exageradas. « Son los Vigilantes » termina diciéndome finalmente « han sido
ellos los causantes de este incendio forestal » me alegra que después de todo,
de que posiblemente realmente vayamos a morir carbonizadas, tenga su sentido
del humor intacto. « Razona un poco las cosas y olvida eso un momento » pide «
¿No te preguntas la razones de su arremetida? » no debo de ser una genial para
saberlo, ayer no existió rostro alguno proyectado en el cielo, con lo que, muy
seguramente, le produjo un poco de aburrimiento en los ciudadanos del Capitolio
llenos de sed de sangre. « Exacto » me da la razón Katniss « ¿Y crees que pueda
existir unos Juegos del Hambre aburridos? » por supuesto que no, eso solamente
significaría que los Vigilantes fracasaron en darle al espectador lo que quiere
ver, y a los agentes más grandes en la escala, la poca gracia de presenciar la
masacre de los niños de los distritos, de los hijos de los traidores.
«
No solo eso » dice la voz « recuerda que somos los demás tributos y los
profesionales, ¿que querrán hacer? » Maldición, maldición, maldición. ¡Quieren
unirnos! Aprieto los puños y dientes saltando encima de un tronco caído en el
suelo, pero no lo suficiente, porque tropiezo y se quema la parte superior de
la chaqueta, estoy a punto de simplemente olvidarla atrás pero Katniss me grita
no tener el lujo de hacerlo, por lo tanto me limito a apagarla y metérmela en
la mochila. Mejor no contradigo los términos de supervivencia de ella, simplemente
acatare sus órdenes, en el arte de sobrevivir, me lleva una clara ventaja. La
garganta y la nariz me arden, seguidamente, la tos aparece dándome la impresión
que los pulmones se me cosen. Logro encubrirme en un saliente rocoso, pero no
puedo más, el respirar es una tortura, el pecho lo siento oprimido y ni
mencionar de lo demás, por lo que al cabo de un minuto vómito todo lo que
mantenía en el estómago. Genial, allá fue mi cena. Katniss manda a moverme, que
no puedo quedarme paralizada aquí, simplemente de rodillas mirando a lo
derramado, pero no puedo, me siento mareada y agotada completamente. Necesito
descansar, al menos, un minuto. « De acuerdo « me dice la voz « tienes un
minuto, solo uno » me siento en el suelo echando la cabeza hacia atrás, me río
tal cual lo haría una loca y saco la botella de agua; me enjuago la boca un par
de veces, después, tomo unos traguitos de agua esperando no arrojarlos al
suelo. Cuando eso no sucede, me permito ordenar las provisiones que tengo, meto
mi saco de dormir y la botella de agua. El minuto se me va. Debo seguir movimiento,
lo que se me hace incierto qué camino tomar, los animales me han dejado botada
en todo el sentido de la palabra, estoy segura que en mis anteriores
excursiones no he visto estas rocas, este es un terreno nuevo. Temblorosa y
medio confundida ante el humo recibido, considero en volver al estanque porque
es lo más seguro que tengo, además, este fuego no puede permanecer permanente.
Aguarden, no al menos que... quieran llevarme al lago, justo donde se
encuentran los otros.
No
quiero de ninguna manera encontrarme con los profesionales, esa manada de
brutos sin cerebro, y lo suficiente arrogantes como para querer lanzarle una
flecha en un parte voluble y excelente: su trasero. No solo eso, mantenerme fuera
de las líneas de batalla es mi plan infalible, el que se me recomendó en primer
lugar, menos si solo poseo un cuchillo en mi posesión. Entonces, en el momento
de tomar la dirección de dar una vuelta para un rodeo, la primera bola de fuego
se estrella contra la roca, a medio metro de mi cabeza. Ahogando un grito en la
garganta, salgo corriendo con las energías renovadas. Nada como el miedo,
pienso, es el motor para impulsarte a huir de inmediato. No puedo imaginarlo,
realmente, dudo poder hacerlo pero... ¡¿En verdad existe gente afuera gozando
de esto?! ¡¿De mi huida por el bosque?! Cuando oigo el siguiente siseo, me tiro
boca abajo sin molestarme mirar atrás, dando así, la bola de fuego en todo el
árbol haciéndolo trizas. ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios! Esto está mal, muy
mal, pero sé que no tengo tiempo para pensar en blasfemias, menos cuando una
tercera bola golpea el lugar donde había estado tumbada y levanta una columna
de fuego a mis espaldas. Trato de ver de dónde exactamente me están disparando estas
bolas de fuego, pero es difícil de precisar con tanto humo rodeándome, aunque
alguien seguramente está muy acomodado en una sala de control, manejando unos
artilugios extraños, mientras tiene la manera de exterminar con mi vida con
solo tirar del gatillo.
Me
mantengo corriendo en zigzag, me agacho, me levantó de un salto y, entre unas
cosas y otras, desisto de volver al estanque. Las bolas de fuego son del tamaño
de una pelota de tenis, pero tiene una potencia al explotar incomparable. Es la
primera vez en estar tan pendiente de mis sentidos, sé que no es momento se
flaquear o tener debilidad, un paso en falso y podría arder hasta morir. « Esto
va a terminar » me anima Katniss « en todo estadio de los Juegos del Hambre,
debe de existir una zona donde estos ataques paren » se a lo que se refiere, es
como un sitio de estar libre de peligro para ataques como este. Aunque pierdo
cualquier conocimiento del tiempo transcurrido esquivando estas cosas, sé en el
instante donde parecen parar un poco, pero mi tranquilidad no llega, menos con
las ganas de vómitar horribles, que a lo que a mi parecer por su sabor rancio
es bilis. Espero por el siguiente siseo, uno que no llega, la intensidad de las
náuseas han hecho de mi un desastre completo en todo el sentido de mi
expresión. Sumándole la ropa sudada, y, sorpresivamente, entre todo este
desastre percibo el olor a cabello achicharrado, quedando con una expresión de
piedra. Genial, sencillamente... genial, pienso eso quitándome el pelo quemado
de mis manos, que aunque no sea propiamente mío, me da un poco de dolor. « Es
solo pelo » le resta importancia la verdadera dueña de este cuerpo « ya se repondrá,
pero si morimos, eso sino de podrá recuperar. » Suelto un suspiro cansada, sé
que soy insensible, pero Katniss... no tengo tiempo para darle más vueltas al
asunto, porque los siseos vuelven, me pongo alerta de inmediato aunque parece
que esta vez ha sido un poco tarde. Una bola de fuego cae junto a mí, eso sí,
no sin antes deslizarse por mi pantorrilla derecha. Ver como una parte de mi
pantalón hace que mis nervios exploten, me retuerzo y retroceso a gatas,
gritando, intentando apartarme de esta pesadilla. Los regaños de Katniss inundan
mi mente de inmediato, me manda a rodar por el suelo para apagarlo, la obedezco
sin objeción alguna, además, de las dos, parece tener la cordura intacta.
Cuando lo apagó por completo, sin meditarlo arranco la poca tela que queda, y, sentándome
en el suelo controlo los espasmos que se retuercen el cuerpo. Lo han hecho...
¡Lo han hecho a posta los Vigilantes! Todo el numerito de: "Katniss, la
chica en llamas" se lo llevaron muy fuera del sentido literal, seguramente
están muertos de la risa. Sé que Cinna no tiene la culpa, su único objetivo era
hacerme inolvidable, bonita a los ojos de los demás, cosa en hacer, pero de
otra forma. Espero y en estos momentos no sienta una clase de culpa, porque en
definitiva, no lo es.
No
veo más ataques, parecen que han terminado, los Vigilantes aun no me quieren
muerta. « El verdadero entretenimiento de los Juegos es ver como los tributos
se matan entre si » explica Katniss « existen ocasiones donde matan a uno para
hacerles saber que se puede, pero, general nos manipulan para reunirnos »
¡Rayos! Por favor, por favor, solo, por favor dime que esto no significa que un
tributo anda cerca. Katniss no responde, en su lugar, se mantiene en silencio y
eso asume ser afirmativa la respuesta. ¡Maldita sea! Grito para mí misma, obligándome
a levantarme medio tambaleante y dándome cuenta que aun el humo esta por todas
partes, me encantaría subirme a un árbol pero lo único que puedo hacer ahora es
huir, caminar cojeando y alejarme de todo este humo. Poco a poco empieza a
surgir la luz del día, estos caen sobre los remolinos de humo. La visibilidad
la tengo un reverendo asco, lo único en distinguir es una distancia de trece
metros a mi alrededor, cualquier tributo podría esconderse fácilmente. Debería
sacar el cuchillo como precaución, pero el dolor de las manos me impide
hacerlo, esto no se compara con el de la pantorrilla, en realidad es
soportable. Odio toda esta situación repentina, hace menos de unas horas estaba
a punto de morir deshidratada, consigo agua finalmente, me recupero y cuando me
dispongo a dormir una tranquila noche, me atacan con bolas de fuego expansivas.
¡Malditos! ¡Son unos malditos! Estoy tan agotada que ni tomó en cuenta haber
llegado a un estanque de agua, la cual, me llega a los tobillos. El agua viene
del arroyo que sale de una grieta en las rocas y está fresca, así que meto las
manos dentro y siento un alivio de inmediato. ¡Santo cielos! Eso sí es vida,
agregándole el ser el movimiento más común, cuando te quemas vas corriendo
inmediatamente a buscar agua; aunque, de alguna forma, este tipo de atenciones
no tiene nada que ver con lo que estoy experimentando. Aun no tenido la
tenacidad de verla, sé que ha llegado el momento de hacerlo, no puedo salir de
esto cuando aún no he empezado.
Me
tumbo boca abajo al borde del estanque durante un rato, con las manos en el
agua, y veo como el esmalte con forma de llamas se han empezado a caer, me
parece perfecto, no quiero saber nada de fuego por un millón de años luz. Me
limpio la sangre y la ceniza de la cara mientras intento hacer memoria de las
clases de Educación para la Salud, allí vimos sobre las quemaduras. Bien,
hagamos un repaso; primero que nada son lecciones provocadas por el fuego que
afectan la piel, están clasificadas en grados de acuerdo al daño ocasionado. La
de primer grado, son las más comunes y no afectan de manera profunda la piel,
ocasionan una pequeña lesión y colocan un poco roja; están se toman de ejemplo,
las vistas en cocinas, con salpicarte agua, aceite u otra sustancia. La de
segundo, estas si son más peligrosas y se ven un grado de lesión más grave,
afectan la otra capa de la piel, aparecen las ampollas e inclusive, una
irritación más evidente. Y la última, las de tercer grado, las capas de la piel
están en su totalidad afectadas, al punto De que el hueso se vea igualmente
involucrado; he visto a muchas personas en la TV morir por estas quemaduras,
quedar totalmente irreconocibles, sus pieles han calcinadas causan inquietud,
ni imaginar el dolor en poder estar experimentando. Ahora, la pregunta del
millón debería de ser: ¿Cuál de todas estas presento yo? De acuerdo, llegó el
instante de comprobarlo. Me pongo la pierna enfrente y casi me da algo al
verla, la carne está de un rojo brillante, cubierta de ampollas. Genial, es una
de segundo grado. Tomo el aire que puedo y lo retengo en mis pulmones, en estos
momentos estoy muriéndome por dentro, pero bajo ninguna circunstancia debo de
demostrarlo, tampoco es que me resulte difícil. Odio mostrar emociones frente
de desconocidos, suelo simplemente tragarme todo y botarlo fuera estando sola, pueden
existir excepciones, pero esta no es una de estas. Cortó los restos de la
pernera del pantalón a la altura de la rodilla y examinó la herida más de
cerca. El área quemada es más o menos, del tamaño de mi mano y la piel no está
ennegrecida. Como primera idea, pienso meterla en el agua, así que la estiro
con cuidado y la meto en el agua, apoyando el talón en una roca para que la
bota no se moje demasiado; luego, suspiro aliviada, esto también me sirve para
limpiar cualquier suciedad que adquirí en rodar el suelo. « Sé que existen
hierbas para curarte » me dice Katniss, dando por fin acto de presencia « pero
temo que no logro recordarlas » rodeo los ojos fastidiada, sino sabe cuáles son
será mejor guardárselas para ella misma. Sobo mis sienes como si sufriera de
una especie de jaqueca, aunque de una manera literal la estoy sufriendo, no
tengo idea de que hacer ahora que tengo está herida, en teoría, debería seguir
avanzando, pero cabe la posibilidad de encontrarme con la manada de los
profesionales, y lo último en querer hacer es enfrentarlo, más si estoy herida.
Esa también es otra, cuando intento sacarla del agua, el dolor viene a mí con
energías renovadas, la mejor opción que tengo hasta el momento para atenderla
es el agua. Por lo tanto, me limito a ordenar las provisiones: saco del bolso
el saco de dormir y viendo los daños, no son tantos, salvo unas partes negras
pero no está quemado en lo absoluto, pero no puedo decir lo mismo de la
chaqueta, está casi se ha consumido en su totalidad, la corto en tanto me como
una galleta salada, para asentar mi estómago, quedando una prenda que me queda más
abajo de las costillas, el gorro si está intacto por lo que considero es
tenerla: peor es nada. Tomo algo de agua y recojo otra, tratándola, sé que debo
hidratarme, he vomitado mucho y la cuestión no es descompensarme.
Al
cabo de un rato, me da un poco de sueño. No puedo subir a un árbol de esta
manera, sería fácil de derribar, además, abandonar el estanque me resulta
imposible. Ordeno mis provisiones, incluso llegó a ponerme la mochila en la
espalda, pero no consigo alejarme. Katniss detecta unas raíces comestibles que
consigo agarrarlas, con lo que queda de conejo, preparo una comida sutil y
fácil de digerir. Bebo un poco de agua mientras miro el alto sol en el cielo,
cierro los ojos unos minutos medio adormeciéndome, sé que en estos momentos soy
un blanco fácil, que si un profesional esta por allí daría conmigo en un
parpadeo. En fin, si quieren hacerlo, que lo hagan... ya nada importa. ¡Y sí
que aparecen! Al escuchar sus pasos, abro los ojos alerta lista para moverme,
tengo al menos un minuto de ventaja. Noto como la noche ha caído, pero no es
momento para esto, me levanto y corro por el estanque entre los arbustos. La
pierna es un claro inconveniente, me frena de tanto en tanto, pero tampoco es
que mi perseguidores sean muy veloces, los escucho toser y llamarse entre
ellos. Aun así, hago lo que dictamina la supervivencia al estilo Katniss:
escojo un árbol y empiezo a trepar. ¿Correr es una pesadilla? ¡Trepar es tres
mil veces peor! Debo utilizar las manos, hacer contacto con la corteza del
árbol y teniendo las manos lastimadas, es un suplicio. Con todo y eso, el
cuerpo de Katniss sigue siendo ligero y rápido, al cabo de unos minutos estoy
en la base del tronco a seis metros de altura. Entonces llegan, nos observamos
en silencio por un rato, como soy bastante buena en el arte de disimular y
ocultar emociones sé que ellos no conocen en el que me encuentro por dentro,
estoy aterrada. Son seis, seis tributos, los cinco profesionales y el chico
rubio: ¿Qué oportunidad tengo contra ellos? Ninguna, me dice me intuición,
ninguna. Sin embargo, percibo que ellos tampoco están de la mejor forma, también
han recibido los estragos del incendio y me alivia.
Su
actitud arrogante me coloca de malas, están sonriendo y gruñendo entre ellos,
pensando que seguramente soy una presa fácil para enguñir de un solo bocado. En
cierto modo, es desesperante mi situación, ellos son el doble de tamaño al mío,
a la par de fuertes. Pero existen otro punto importante: soy ligera, cosa que
podría considerarlo ventajoso.
Entonces,
sin saberlo, dibujo una sonrisa de medio lado en mis labios.
—
¿No creen que el clima está muy caluroso? — les grito, moviendo mi mano en
forma de abanico. — ¡Ah! Esta como para asarse en vida. ¿Cierto?
Eso
los sorprende, se miran los unos a los otros como si hubiesen descubierto un
ovni. Bueno, hasta en los últimos momentos se debe permanecer con humor.
—
Seguro y allá arriba debe de ser más fresco. — Responde el chico del 2 — ¿Me
equivoco?
—
No me quejo mucho, aunque el aire se respira más fresco. — respondo, a
continuación aspiro y suspiro lo suficiente de aire para demostrarlo. — Si, en
definitiva lo es. ¿Te gustaría subir y comprobarlo?
—
Creo que lo hare. — responde el mismo chico del 2
—
Toma esto, Cato — le dice la del 1, ofreciéndole un carcaj y el arco plateado
«
¡Eso nos pertenece! » exclama Katniss desde mi mente « ¡Es nuestro arco y
flechas! » chasqueo la lengua ante tal visión, porque cierto chiquillo rubio
impidió que fuese por el distrayéndome, ese mismo chiquillo traidor se rehúsa a
mirarme a los ojos, porque sabe que si salgo de esta, bajare de este árbol y lo
terminare con mis propias manos. ¡Estoy hablando de Peeta! Que prefiere limpiar
el filo de su cuchillo en lugar de fijarse en mí, pero no importa, ya vera más
adelante si sobrevivo.
—
No — dice Cato, apartando el arco — Me ira mejor con la espada.
Veo
el arma, una hoja corta y pesada que lleva colgada en el cinturón. Si, parece
peligroso, pero inofensivo si no logran atraparte. Sonriendo para mis adentros,
comienzo a trepar más arriba, teniendo cuidado de de donde coloco mis manos y
pies, el cuerpo de Katniss puede tener agilidad y destreza, pero soy la que lo
maneja ahora y debe igualmente poseer habilidad mental. Cuando llevó otros
nueve metros arriba, escucho un crujido bajo mis pies y noto como Cato cae
agitando sus brazos al aire, con rama incluida. Se da un buen golpe y, mientras
Katniss reza para que se haya roto el cuello se levanta y da unas cuantas
blasfemias al cielo. Pobre idiota, parece un loco completo haciendo tal escena,
realmente está quedando como un ridículo y yo solo puedo sonreír triunfal.
Aunque no por mucho tiempo. La chica del 1, a la que llama Glimmer (nombre con
significado estúpido, según Katniss: luz trémula), trepa por el árbol
obteniendo el mismo resultado: cayendo de trasero al suelo, dándose un buen
golpe. Pero no tiene la misma reacción a su compañero, ella como si nada
ocurriese, se levanta del suelo y cogiendo una de las flechas del carcaj,
empieza a disparar a mi dirección. Es bastante mal, por cierto, una cosa rara
tratándose de una profesional, lo más cercano a darme es a un costado del árbol
donde me encuentro. La sujeto, y en un leve recuerdo de la ceremonia inaugural,
le lanzo un beso a su dirección a la par de agitar la mano, burlándome de ella.
Si, esto es divertido, pero más lo sería si esas armas estuvieran bajo mi
posesión, porque les aseguro algo: ninguno de ellos estuvieran de pie, sino
muertos.
La
bola de idiotas se reagrupa y los oigo gruñir conspiraciones entre ellos,
furiosos porque los he hecho parecer idiotas, pero ya ha llegado el crepúsculo
y su ventaja para atacarme se cierra, en general, parece un círculo de brujas
reunidas con afecciones malignas. Es cuando, finalmente, Peeta interviene con
un tono de voz duro y alta:
—
Venga, vamos a dejarla allí arriba. Tampoco puede ir a ninguna parte; nos
encargaremos de ella mañana.
Es
un idiota, no saben cuánto lo detesto, aunque de una cosa si me alivia un
montón es que, en este sitio, realmente muestra su verdadera cara. Da igual, él
tiene razón, no puedo ir a ningún lugar, menos en estas condiciones. La
sensación del agua del estanque ha desaparecido por completo, ahora solo me
inunda el dolor, intento bajar como puedo a unas ramas para prepararme la cama.
Me pongo la chaqueta, extiendo el saco, y ato el cinturón intentando no
quejarme. El calor del saco es demasiado, así que hago un corte en la tela y
saco la pantorrilla. Me echo agua en la herida y las manos. Allí no soy más
arrogante, menos sonrió con autosuficiencia, estoy debilitada y tengo hambre.
Tampoco consigo comer, tengo un lio en la cabeza con lo posible en acontecer
mañana, puedo soportar la noche, es un hecho, pero lo difícil será al día
siguiente. Sea como sea, necesito descansar, reponer energías pero, no consigo
hacerlo, las quemaduras concentran toda mi atención impidiéndome cerrar los
ojos. Siento una mirada de un árbol vecino, seguramente es una zarigüeya, al
menos eso dice Katniss en tanto, gracias a la antorcha de los profesionales, miro
unos ojitos negros brillantes. Entonces, me enderezo, apoyada en un codo: no
son ojos fe zarigüeya, en realidad, no parecen los ojos de ningún animal. La
distingo gracias a los últimos rayos de luz apagada, me observa en silencio
desde un hueco entre las ramas. Es Rue.
¿Desde
cuándo está allí? Seguramente desde el principio, mirando desde el silencio
debajo de sus pies donde una gran conmoción se originaba, o tal vez, se subiera
a su árbol antes que yo, antes que los profesionales se acercaran. Nos miramos
un rato y después, sin mover una hoja, una de las manitos de la niña sale al
descubierto y apunta a algo que se encuentra encima de mi cabeza.
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