miércoles, 14 de marzo de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.


13
Haciendo una maniobra jamás vista en mi corta vida, término agarrándome del cinturón porque he rodado de lado de las ramas y ahora estoy mirando al suelo, a horcadas sobre la mochila, dentro del saco de dormir, abrazada al tronco. Contengo la respiración pensando que los profesionales debieron de escucharme, pero los muy idiotas estaban tan concentrados en su ridícula discusión, que no lo hicieron.
— Venga, chico amoroso. — Le dice el del Distrito 2 — compruébalo tú mismo.
Noto como Peeta, iluminado por una antorcha, camina a la chica de la hoguera posee la cara golpeada, una venda ensangrentada en el brazo y, por el sonido de sus pasos, cojea un poco. Se lo merece, no dejo de pensar en que realmente se merece esa sartada de paliza que le dieron, cuando él mismo freno mis pasos para meterme en la Cornucopia a agarrar, por ley, lo que es mío. « Bueno, puedo soportar eso » dice sorpresivamente Katniss, haciéndome morder la mejilla interna « ver todo eso apilado allí es tentador. Es predecible su actitud de meterse. » Sin embargo, yo difiero todo lo contrario de ese pensamiento, porque el quedarse con parte del botín es inconcebible. « Eso es lo de menos, Heather » pronuncia con ira contenida, la misma que en estos momentos recorre mis venas « aliarse con los profesionales es otro nivel, todo el mundo sabe la clase de personas que son » malvados, arrogantes, imbéciles, idiotas y, para completarlo, son los lamesuelas del Capitolio. ¡Ellos obviamente están de acuerdo con estos Juegos! ¿Pero qué diablos está pensando Peeta para unirse a ellos? ¡¿Dónde rayos quedó el noble chico que deseaba una muerte honorable?! ¡¿El no convertirse una pieza más en sus ridículos juegos?! Oh, claro, claro. Era una más de sus mentiras, la cual, caí mágicamente como una papanatas por la sola razón de haberme dado una ventaja en las entrevistas, el anunciar haber estado enamorado de Katniss fue una más de sus jugarretas. Tal cual como lo ha predijo la voz antes, su plan inicial es ganarse mi confianza, adentrarse en mi corazón y luego hacer esto: querer matarme. ¡Pero no contara que me enteraría! Esta noche estaré rezando con fulgor ver su estúpida cara proyectada en el cielo, desearé que lo maten de una buena vez, eso sino lo hago yo misma con mis propias manos.
Los tributos profesionales guardan silencio hasta que sale de su alcanza, para después hablar en voz baja.
— ¿Por qué no lo matamos y ya acabamos con esto?
— Deja que se quede. ¿Qué más da? Sabe utilizar el cuchillo.
¿Oh? ¡Pero mira nada más la sorpresa! Sino mal recuerdo antes, alguien dijo no todos tener la capacidad de hacerse con el manejo de las armas, aunque resulto, ser mucho mejor a su argumento. ¡Me encanta conocer más cosas de mi mejor amigo Peeta! ¿Será posible hacerlo?
— Además, es nuestra mejor baza para encontrarla.
Si, lo sé. Están hablando de mí, pero tendrán que hacer algo mucho más increíble que aliarse con un enclenque tarado como Peeta, se los aseguro.
— ¿Por qué? ¿Crees que la chica se ha tragado la cursilería romántica?
— Puede. Cada vez que la recuerdo dando vueltas con el vestido me dan ganas de vomitar.
Tampoco es para que me lo vuelvan a recordar, sé de sobra más que nadie lo muy simplona en verme girando con el vestido, muy distinta a lo que realmente soy... ¡Ustedes tampoco son muy de me agrado! ¡Idiotas!
— Ojalá supiéramos como consiguió el once.
— Seguro el chico amoroso lo sabe.
Bueno, les aseguro una cosa: lo conseguí siendo más ingeniosa que ustedes, perdedores. Aguardan silencio cuando ven de regreso al chico rubio.
— ¿Estaba muerta? — le pregunta el búfalo del 2.
— No, pero ahora sí. — Responde Peeta, dando seguido de un cañonazo. — ¿Nos vamos?
Los profesionales abandonan el lugar en el momento justo de salir el alba y los cantos de los pájaros inundan el aire. Quedo exactamente igual, con mi singular postura, pensando en cómo tomo el giro de las cosas. Soy la chica simplona que logró un once, quien sabe usar el arco y de tocar sus narices, sacar lo peor de ella. En general, el chico traidor sabe de sobra todo eso pero, por una rara razón, aun no se lo ha dicho a los profesionales. No es ningún tonto, suspiro cerrando los ojos un segundo, sabe jugar muy bien sus cartas y yo lo he subestimado bastante. Porque de soltar tal dato jugoso, le dejara de servir a los profesionales, y por muy buen manejo del cuchillo que tenga, terminaran cortándole la yugular. Cosa en importarme menos. Salvo otro dato: ¿Seguirá jugando la carta del "chico locamente enamorado"? ¿O ya se le ha olvidado? Quien sabe, si ignoro los consejos de Haymitch desde el inicio con olvidar lo de meterse en la Cornucopia, seguramente desechara la idea del amor. Y yo he sido la idiota que se comió esto completico. ¿No puedo ser más patética? ¡¿No puedo?!
De golpe, los pájaros se callan y uno lanza una aguda llamada de advertencia. Es igual a como me relato Katniss, a como ocurrió ese día fatídico para la chica pelirroja en el bosque; un aerodeslizador se materializa sobre la hoguera moribunda y de él bajan unos enormes dientes metálicos. Poco a poco, con cuidado, meten a la chica muerta en el aparato. Luego, desaparecen, reanudándose la continuidad en el bosque.
« ¡Muévete! » me manda Katniss « ¡He dicho que te muevas! » salgo como puedo del saco de dormir, lo enrollo y lo meto en la mochila. Respiro profundamente. « Como estábamos ocultas entre el saco y las ramas de sauce » me dice la voz, entre tanto trato de controlar las movilidades de mi nuevo cuerpo agarrotado « las cámaras no han podido de obtener una buena imagen nuestra, pero seguramente no han estado siguiendo » Por supuesto, no quieren perderse de nada lo que hacen los tributos, menos las simplonas que giran y dan sonrisitas en vestido a lo tonto. « Olvida eso por un momento y céntrate en lo importante » me pide, tratándome como si fuese una niña muy mimada, pero la verdad es que aún estoy muy enojada por haber dado una impresión lejos de la realidad, y que una manada de idiotas lo recalque. ¡Ha! El burro hablando de orejas, ellos no pueden decir ser mejores que yo, menos creyéndose tener el derecho de aplastar a cuanto tributo se les pase por el camino solo por ser los perritos falderos del Capitolio, que, bajo mi perspectiva, debería de darles pena. En fin, no puedo seguir ignorando a Katniss, o las cosas terminaran mal. « Debemos pensar cómo utilizar bajo nuestro beneficio esta información » quedo perpleja ante lo que dice, porque aunque seguramente tenga un plan para ello, me es difícil ver que el traidor de Peeta pueda de darnos ventaja, es decir, nos engañó y ya está. ¿Qué más puede ser? « Estamos en los Juegos del Hambre » me replica Katniss « cualquier cosa nos puede ayudar » bien, tiene sentido, seguramente la audiencia va a quedarse sin aliento cuando vayan a descubrir que estuve todo este tiempo aquí, escuchando hasta el más mínimo detalle de la conversación de los profesionales. Así que... debo de dar una excelente primera impresión. « Te lo dejó a ti, Heather » me anima la voz.
Salgo del follaje y llego a la zona iluminada por el alba, me detengo un segundo para que las cámaras puedan captarme, inclino la cabeza ligeramente a un lado y sonrío con suficiencia. ¡Listo! ¡Lo hice! Vean a ver como se toman eso, gente idiota. Estoy a punto de irme cuando recuerdo las trampas, puede ser un poco idiota ir a verlas tomando en cuenta lo cerca que están los otros, pero tengo que hacerlo. Los consejos de Katniss, combinados a mis días aprendiendo en el Centro de Entrenamiento, han dado frutos: un jugoso conejo. Como es mi primera vez despellejando un conejo, cojo una cantidad cuantiosa de aire, y dejándole el resto a las costumbres de este cuerpo, lo arreglo lo suficientemente bien como para ser llamada profesional en la tarea; dejo las tripas y demás cosas en no necesitar bajo una pila de hojas. No pretendo encender fuego, pero menos comer conejo crudo, seguramente pescaré una enfermedad rara y moriré, es cuando recuerdo la hoguera de la tributo tonta y se ocurre una idea. Corro de nuevo a su campamento encontrando las brasas aun calientes, por lo que corto el conejo, creo un soporte con ramas y lo pongo en brasas. « Es un alivio tener cámaras que nos ven » me dice Katniss « así sabrán los patrocinadores que podemos cazar, y no somos iguales a cualquier otro tributo que morirá de hambre. Ahora, no tienen razones para descartarnos tan deprisa » sonrió de medio lado, su entusiasmo me abruma, pero tiene razón, somos ingeniosas y eso nos da una clara ventaja. Mientras se cónica el conejo, me dispongo a camuflar la mochila con las cenizas de una rama machacada, el negro disimula bastante, pero lo haría más con una buena capa de lodo. ¿Y saben cómo puedo encontrarlo? Hallando agua. Me pongo mis cosas, sujeto el soporte de ramas, echo tierra encima de las brasas y salgo en dirección opuesto a los profesionales. Me como la mitad del conejo por el camino y envuelvo el resto en el plástico para después. Mi estómago por ahora esta calmado, pero eso no dice de nada mi sed, necesito encontrar agua lo más rápido posible. Mientras sigo, no puedo evitar pensar en cómo surgirá esto de efecto en los patrocinadores, si es que tengo alguno, seguramente los tengo pero las cosas pudieron de dar un giro ante la treta de "los trágicos amantes". No se cuanto pueda mantener todo este asunto bajo mi beneficio, el hacerle creer a la gente del Capitolio, el haber planeado esto con Peeta juntos, cuando en realidad estoy es que reviento de la rabia. Tampoco es que pueda mostrar mis verdaderas emociones, seguiré los consejos de Katniss y haré como si todo esto me parece gracioso, seguramente sigo en las pantallas del Capitolio y millones de ojos deben de estar sobre mí. « Incluso, Claudius Templesmith » agrega, con tono neutral « debe de estar pasándosela muy bien con todo esto del comportamiento de Peeta y tuyo, junto a sus comentaristas invitados » Si, bueno, me alegro por ellos, a ver si logran descifrar lo que yo en estos días e intentando hacer: las verdaderas intenciones del chico rubio.
El sol sube en el cielo e, incluso a través de los árboles, parece demasiado brillante. Katniss me manda a untarme los labios con la grasa del conejo e intento no jadear, pero no sirve de nada, ha pasado un día y me estoy deshidratando. Junto con la dueña de este cuerpo, intentamos repasar lo que nos puede llevar con el vital líquido: fluye colina abajo, así que, seguir caminando por este mismo trecho no es mala idea; vegetación verde o animales alrededor que de indicios de tener donde beber. Pero nada, todo a mi alrededor es tan igual, los árboles, los pájaros... conforme avanza el día, sé que estaré en problemas, estoy presentando los síntomas comunes de deshidratación: poca orina, dolor de cabeza, garganta seca, cansancio al extremo y una sequedad en la lengua que no quita. El sol me hace daño en los ojos, por lo tanto, opto por colocarme los lentes para protegerme, pero de inmediato me los noto raro dándolo por inservibles.
Avanzada la tarde, creo que he encontrado una solución viable: un arbusto de bayas; corro a coger los frutos para chuparles el jugo. No lo hago, recuerdo lo que dijo el encargado de entrenarnos sobre plantas en el Centro de Entrenamiento, que de no estar completamente seguros, no comiéramos unas bayas o podrían ser venenosas. Katniss le parecen raras de hecho, porque tienen una forma diferente, no son arándonos negros, sino otra cosa. Tengo tanta sed que se me ha nublado el juicio, pero no lo suficiente para arrojarlas, pueden ser comestibles pero en este estadio cualquier cosa, podría, volverse en tu contra.
Estoy cansada, demasiada cansada luego de una larga caminata, tengo que detenerme y descansar frecuentemente. Debo seguir buscando agua, no puedo detenerme simplemente aquí, nadie vendrá a mi auxilio sino me muevo. Katniss y yo empleamos otra táctica: buscar rastros de agua. Pero en todas las direcciones que veo no consigo nada, salvo bosque, bosque y más bosque. Decidida a buscar hasta la noche, camino hasta tropezar con mis propios pies. Derrotada, subo a un árbol y me ato a él, no tengo hambre, pero me obligo a mí misma antes de escuchar la demandante voz se Katniss hacerlo, metiéndome un hueso de conejo en la boca para tenerla ocupada. La noche cae, tocan el himno y veo en el cielo la imagen de la chica de la hoguera, que aparentemente, venía del 8. La chiquilla idiota que el rubio remato. El miedo que tengo de no hallar el agua, es mucho más poderoso al que siento por los huecos de los profesionales, sé que no están cerca, deben saber a nadie el estar lejos del lago no les beneficiaria en lo más mínimo. Quizás, pueda ser mi única salvación. Al día siguiente, las cosas se ponen aún peor, la cabeza la siento tan atrofiada que siento cada latido de mi corazón retumbando en ella, los movimientos se me hacen más torpes, tortuosos y agonizantes, porque en realidad me duele todo. De hecho, al bajar de árbol, me caigo de él. Tardo unos cuantos segundos en recomponerme y recoger mis cosas, sé que estoy actuando mal, pero tengo la cabeza tan confundida, me es difícil pensar con raciocinio e idear un plan. Katniss tampoco ha dado más señales de vida. Bien, llego la hora de evaluar mis opciones por si sola. ¿Cómo demonios voy a conseguir agua?
Volver al lago: ni de broma, además de estar los profesionales dándole seguramente custodia, no poder lograrlo tal y como estoy. Esperar a que llueva: ¿Llover? ¿Aquí? Lo dudo, hace un muy buen día para hacerlo, ni una nube persiste en el cielo. ¿Seguir buscando? Sí, es mi única alternativa hasta hora. « No, existe otra que te estas saltando » anuncia Katniss, como en un eco lejano de mi mente « Haymitch, él podría mandarte agua » casi suelto una carcajada vacía al escuchar semejante cosa, es decir, entiendo todo lo referente a que él es mi puente hacia los patrocinadores, quienes pueden salvarme la vida. Pero siento, que es muy pronto para que algo me envíe, los Juegos no tienen mucho de haber iniciado. « Eso no tiene nada que ver » dictamina Katniss, con voz monocorde « además, Haymitch prometió ayudarnos todo lo que fuese necesario, con un solo movimiento de su dedo, podría enviarnos agua. Quizás, simplemente no sepa lo que necesites. » ¡Maldición! Me duele mucho la cabeza como para pensar razonablemente, tampoco es que Katniss este equivocándose, está en lo cierto, nuestro mentor puede ayudarnos con los patrocinadores. Deduciendo la situación, no debe de ser nada barato traer agua al estadio, pero esos sujetos seguramente nadan en dinero. No será nada para ellos.
— Agua. — me atrevo a decir, escuchando a la voz de mi cabeza, esperando un posible paracaídas cayendo del cielo, uno que jamás llega.
¡Ah! Lo sabía... nada va a llegar, ningún tipo de patrocinador inteligente derrocharía su dinero, menos tomando en cuenta el desastre proporcionado por Peeta, que es una idea que tengo desde su cambio de imagen brusco. ¿Acaso alguna vez tuve patrocinadores? ¿O la certeza de Haymitch ayudándome? Solo es un simple alcohólico que su único propósito en la vida es emborracharse hasta perder la conciencia, si es que tiene una, claro. Pero del mismo modo, pienso en Katniss siendo muy importante en el distrito, por ejemplo, el Quemador, donde, si no me equivoco, consigue el alcohol nuestro amado mentor, cosa que si me dejara morir, nunca en su patética vida lo dejarían pisar ese sitio. ¿Me odia? Si ¿No me soporta? Pues la cosa es mutua, pero estoy segura, que algo debe de impedirle enviarme agua. « Esta dándote una señal » me dice la voz en mi cabeza, en un tono muy perspicaz « si no te enviar agua, es porque estamos en camino de encontrarla. » Apretando los dientes me levantó, ahora la mochila me pesa el triple de lo normal, mirando a mi alrededor localizo una rama rota que me sirve como bastón, seguidamente, me pongo en marcha. El sol cae implacable, al punto de ser lo peor en estos últimos días, odio el calor, nunca voy a ser buena lidiando con temperaturas altas, siempre he sido una cobarde con ellos y termino hecho polvo. Cosa en no ser tan lejano a mi actual realidad. Cada paso es un total suplicio, pero no me paro, lucho por ni siquiera tomar un descanso. Si lo hago, si tomó asiento, capaz y jamás consiga levantarme.
¡Soy tan patética! ¡Una tonta fácil de matar! El tributo más débil de todos, luego de mi claro está, podría venir y acabarme de un simple chasquido de lengua. Aunque dudo mucho tener a alguien cerca, ya camine lo suficiente para alejarme de todo peligro, en la actualidad, el peligro que vivo reside en morir deshidratada. Genial, muerta de sed, con la cabeza dándome vueltas, y posiblemente muriendo en un mundo totalmente ajeno al mío. ¿No es sensacional? Pienso en todos esos espectadores viéndome ahora, porque seguramente estoy en cámaras en este instante, viendo como un tributo se cae a pedazos, mejor dicho, derritiéndose gracias al no ser astuta y coger agua del lago. Ah... demonios... demonios... solo espero que Gale no esté viendo esto, la mamá de Katniss, o la misma Prim, la hermosa y diminuta Prim, la razón de que me arriesgue a venir para ocupar su lugar. Hice bien, muy bien, por ningún motivo me hubiese gustado verla pasar por algo así, aunque tampoco me agrada la idea que vea a su hermana de esta manera. Por ende, trato de soportar todo lo que puedo por ella, al menos hasta el final. Sin embargo, cuando cae la tarde, sé que se acerca el final: me tiemblan las piernas y el corazón me late con prisa. Se me olvida lo que hago constantemente, me tropiezo, y puedo levantarme unas veces, pero al momento de caérseme el bastón me derrumbó por completo. Cierro los ojos y me dejo ir, sabiendo a tientas que pensé muy bien de Haymitch, realmente me odia lo suficiente como para dejarme morir. Tampoco está mal, digo, es un excelente lugar para morir, hay una dulce fragancia en el aire y la tierra bajo mis manos es resbaladiza. Oh, por supuesto: barro. Cuando era pequeña, me encantaba meterme en los charcos de barro solo para jugar, embarrarme mis grandes botas de caucho, e inclusive, mis manos. Mamá solía regañarme por tener comportamientos bastante desastrosos, aunque luego de aprender verme ensuciar mi ropa, llevaba otro cambio en su bolsa por precaución. Como ven, no tenía el comportamiento usual de una niña común, en lugar de jugar con muñecas u otros juegos de niñas, prefería correr, y en días de lluvia, meterme en charcos y barro. Oh, en verdad me encanta el barro, la sensación de meterse entre tus manos, la humedad que este emana. Aguarden. Barro, barro... ¡Maldición! ¡El barro se produce por agua! Empieza a arrastrarme sobre el lodo, hacia donde proviene la fuente de la humedad. A unos cinco metros de donde caí, atravieso una maraña de plantas que dan a un estanque. En la superficie flotan unas flores amarillas, « son nenúfares » avisa con emoción Katniss « se tratan de flores acuáticas, las causantes del olor dulce. » ¡Al diablo con las flores! Encontré agua... ¡Agua por los mismos cielos! Solamente quiero correr, si es que tengo la fuerza necesaria para hacerlo, y sumergir mi rostro en ella para beber todo lo que pueda. « ¡Ni se te ocurra! » me advierte la voz « ten un poco de sensatez y piensa en los gérmenes que puedan existir en el agua, por algo te dieron el yodo. » Temblándome las manos como si fuese una persona de avanzada edad, saco la botella del bolsón medio refunfuñando, sé que Katniss tiene razón, pero tengo tanta sed y he caminado por tantas horas bajo el cielo abrazador, que mi único objetivo es saciar la necesidad que consume este cuerpo. Aunque eso es lo que pienso, término llenando la botella de agua y curándola con yodo, no tengo ni que admitirlo, la espera se me hace eterna, pero sé que vale la pena. ¡Y sí que lo hace! Porque al primer trago, la garganta seca se me moja y pide a gritos más, tampoco soy una loca desesperada, por lo que doy pequeños traguitos en lapsos de tiempo, a lo cual a la larga, ha cabo de dos horas me bebo dos litros enteros. Me preparo otra botella antes de escoger el árbol donde dormir, donde sigo sorbiendo, comiendo conejo y hasta me doy el festín de sacar de mi tesoro de galletas saladas. Al sonar el Himno, ya tengo mis energías recuperadas. Esta noche no sale nadie reflejado en el cielo. Katniss me plantea su estrategia para el día de mañana, quiere que nos quedemos descansado aquí, tendré una segunda lección de cómo cazar peses que dijo haber visto en el estanque, al igual de recolectar esas flores acuáticas. Además, aseguro, que me daré un gran festín con ellas. No cuestionó su percepción de las cosas, ella es una chica que ha estado toda su vida recorriendo los bosques del Distrito 12, en cambio yo, me he mantenido en la comodidad de una ciudad bajo el seno de mi familia.
Acurrucándome junto al saco de dormir, me termino quedando dormida sujetando aquello que me devolvió la vida, el agua. Unas cuantas horas después me despierta una estampida. Miro a mi alrededor, desconcertada. ¿Qué demonios? ¡Ni siquiera ha salido el jodido sol! ¿Quién se atreve a interrumpir mi sueño? Tampoco es que deba seguir sacando mis blasfemias al aire, porque esto es imposible de no verlo, menos si es una pared de fuego cerniéndose sobre mí.

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