13
Haciendo
una maniobra jamás vista en mi corta vida, término agarrándome del cinturón
porque he rodado de lado de las ramas y ahora estoy mirando al suelo, a
horcadas sobre la mochila, dentro del saco de dormir, abrazada al tronco.
Contengo la respiración pensando que los profesionales debieron de escucharme,
pero los muy idiotas estaban tan concentrados en su ridícula discusión, que no
lo hicieron.
—
Venga, chico amoroso. — Le dice el del Distrito 2 — compruébalo tú mismo.
Noto
como Peeta, iluminado por una antorcha, camina a la chica de la hoguera posee
la cara golpeada, una venda ensangrentada en el brazo y, por el sonido de sus
pasos, cojea un poco. Se lo merece, no dejo de pensar en que realmente se
merece esa sartada de paliza que le dieron, cuando él mismo freno mis pasos
para meterme en la Cornucopia a agarrar, por ley, lo que es mío. « Bueno, puedo
soportar eso » dice sorpresivamente Katniss, haciéndome morder la mejilla
interna « ver todo eso apilado allí es tentador. Es predecible su actitud de
meterse. » Sin embargo, yo difiero todo lo contrario de ese pensamiento, porque
el quedarse con parte del botín es inconcebible. « Eso es lo de menos, Heather
» pronuncia con ira contenida, la misma que en estos momentos recorre mis venas
« aliarse con los profesionales es otro nivel, todo el mundo sabe la clase de
personas que son » malvados, arrogantes, imbéciles, idiotas y, para
completarlo, son los lamesuelas del Capitolio. ¡Ellos obviamente están de
acuerdo con estos Juegos! ¿Pero qué diablos está pensando Peeta para unirse a
ellos? ¡¿Dónde rayos quedó el noble chico que deseaba una muerte honorable?!
¡¿El no convertirse una pieza más en sus ridículos juegos?! Oh, claro, claro.
Era una más de sus mentiras, la cual, caí mágicamente como una papanatas por la
sola razón de haberme dado una ventaja en las entrevistas, el anunciar haber
estado enamorado de Katniss fue una más de sus jugarretas. Tal cual como lo ha
predijo la voz antes, su plan inicial es ganarse mi confianza, adentrarse en mi
corazón y luego hacer esto: querer matarme. ¡Pero no contara que me enteraría!
Esta noche estaré rezando con fulgor ver su estúpida cara proyectada en el
cielo, desearé que lo maten de una buena vez, eso sino lo hago yo misma con mis
propias manos.
Los
tributos profesionales guardan silencio hasta que sale de su alcanza, para
después hablar en voz baja.
—
¿Por qué no lo matamos y ya acabamos con esto?
—
Deja que se quede. ¿Qué más da? Sabe utilizar el cuchillo.
¿Oh?
¡Pero mira nada más la sorpresa! Sino mal recuerdo antes, alguien dijo no todos
tener la capacidad de hacerse con el manejo de las armas, aunque resulto, ser
mucho mejor a su argumento. ¡Me encanta conocer más cosas de mi mejor amigo
Peeta! ¿Será posible hacerlo?
—
Además, es nuestra mejor baza para encontrarla.
Si,
lo sé. Están hablando de mí, pero tendrán que hacer algo mucho más increíble
que aliarse con un enclenque tarado como Peeta, se los aseguro.
—
¿Por qué? ¿Crees que la chica se ha tragado la cursilería romántica?
—
Puede. Cada vez que la recuerdo dando vueltas con el vestido me dan ganas de
vomitar.
Tampoco
es para que me lo vuelvan a recordar, sé de sobra más que nadie lo muy simplona
en verme girando con el vestido, muy distinta a lo que realmente soy...
¡Ustedes tampoco son muy de me agrado! ¡Idiotas!
—
Ojalá supiéramos como consiguió el once.
—
Seguro el chico amoroso lo sabe.
Bueno,
les aseguro una cosa: lo conseguí siendo más ingeniosa que ustedes, perdedores.
Aguardan silencio cuando ven de regreso al chico rubio.
—
¿Estaba muerta? — le pregunta el búfalo del 2.
—
No, pero ahora sí. — Responde Peeta, dando seguido de un cañonazo. — ¿Nos
vamos?
Los
profesionales abandonan el lugar en el momento justo de salir el alba y los
cantos de los pájaros inundan el aire. Quedo exactamente igual, con mi singular
postura, pensando en cómo tomo el giro de las cosas. Soy la chica simplona que
logró un once, quien sabe usar el arco y de tocar sus narices, sacar lo peor de
ella. En general, el chico traidor sabe de sobra todo eso pero, por una rara
razón, aun no se lo ha dicho a los profesionales. No es ningún tonto, suspiro
cerrando los ojos un segundo, sabe jugar muy bien sus cartas y yo lo he
subestimado bastante. Porque de soltar tal dato jugoso, le dejara de servir a
los profesionales, y por muy buen manejo del cuchillo que tenga, terminaran cortándole
la yugular. Cosa en importarme menos. Salvo otro dato: ¿Seguirá jugando la
carta del "chico locamente enamorado"? ¿O ya se le ha olvidado? Quien
sabe, si ignoro los consejos de Haymitch desde el inicio con olvidar lo de
meterse en la Cornucopia, seguramente desechara la idea del amor. Y yo he sido
la idiota que se comió esto completico. ¿No puedo ser más patética? ¡¿No
puedo?!
De
golpe, los pájaros se callan y uno lanza una aguda llamada de advertencia. Es
igual a como me relato Katniss, a como ocurrió ese día fatídico para la chica
pelirroja en el bosque; un aerodeslizador se materializa sobre la hoguera
moribunda y de él bajan unos enormes dientes metálicos. Poco a poco, con
cuidado, meten a la chica muerta en el aparato. Luego, desaparecen, reanudándose
la continuidad en el bosque.
«
¡Muévete! » me manda Katniss « ¡He dicho que te muevas! » salgo como puedo del
saco de dormir, lo enrollo y lo meto en la mochila. Respiro profundamente. «
Como estábamos ocultas entre el saco y las ramas de sauce » me dice la voz,
entre tanto trato de controlar las movilidades de mi nuevo cuerpo agarrotado «
las cámaras no han podido de obtener una buena imagen nuestra, pero seguramente
no han estado siguiendo » Por supuesto, no quieren perderse de nada lo que
hacen los tributos, menos las simplonas que giran y dan sonrisitas en vestido a
lo tonto. « Olvida eso por un momento y céntrate en lo importante » me pide, tratándome
como si fuese una niña muy mimada, pero la verdad es que aún estoy muy enojada
por haber dado una impresión lejos de la realidad, y que una manada de idiotas
lo recalque. ¡Ha! El burro hablando de orejas, ellos no pueden decir ser
mejores que yo, menos creyéndose tener el derecho de aplastar a cuanto tributo
se les pase por el camino solo por ser los perritos falderos del Capitolio,
que, bajo mi perspectiva, debería de darles pena. En fin, no puedo seguir
ignorando a Katniss, o las cosas terminaran mal. « Debemos pensar cómo utilizar
bajo nuestro beneficio esta información » quedo perpleja ante lo que dice,
porque aunque seguramente tenga un plan para ello, me es difícil ver que el
traidor de Peeta pueda de darnos ventaja, es decir, nos engañó y ya está. ¿Qué más
puede ser? « Estamos en los Juegos del Hambre » me replica Katniss « cualquier
cosa nos puede ayudar » bien, tiene sentido, seguramente la audiencia va a
quedarse sin aliento cuando vayan a descubrir que estuve todo este tiempo aquí,
escuchando hasta el más mínimo detalle de la conversación de los profesionales.
Así que... debo de dar una excelente primera impresión. « Te lo dejó a ti,
Heather » me anima la voz.
Salgo
del follaje y llego a la zona iluminada por el alba, me detengo un segundo para
que las cámaras puedan captarme, inclino la cabeza ligeramente a un lado y
sonrío con suficiencia. ¡Listo! ¡Lo hice! Vean a ver como se toman eso, gente
idiota. Estoy a punto de irme cuando recuerdo las trampas, puede ser un poco
idiota ir a verlas tomando en cuenta lo cerca que están los otros, pero tengo
que hacerlo. Los consejos de Katniss, combinados a mis días aprendiendo en el
Centro de Entrenamiento, han dado frutos: un jugoso conejo. Como es mi primera
vez despellejando un conejo, cojo una cantidad cuantiosa de aire, y dejándole
el resto a las costumbres de este cuerpo, lo arreglo lo suficientemente bien
como para ser llamada profesional en la tarea; dejo las tripas y demás cosas en
no necesitar bajo una pila de hojas. No pretendo encender fuego, pero menos
comer conejo crudo, seguramente pescaré una enfermedad rara y moriré, es cuando
recuerdo la hoguera de la tributo tonta y se ocurre una idea. Corro de nuevo a
su campamento encontrando las brasas aun calientes, por lo que corto el conejo,
creo un soporte con ramas y lo pongo en brasas. « Es un alivio tener cámaras
que nos ven » me dice Katniss « así sabrán los patrocinadores que podemos
cazar, y no somos iguales a cualquier otro tributo que morirá de hambre. Ahora,
no tienen razones para descartarnos tan deprisa » sonrió de medio lado, su entusiasmo
me abruma, pero tiene razón, somos ingeniosas y eso nos da una clara ventaja.
Mientras se cónica el conejo, me dispongo a camuflar la mochila con las cenizas
de una rama machacada, el negro disimula bastante, pero lo haría más con una
buena capa de lodo. ¿Y saben cómo puedo encontrarlo? Hallando agua. Me pongo
mis cosas, sujeto el soporte de ramas, echo tierra encima de las brasas y salgo
en dirección opuesto a los profesionales. Me como la mitad del conejo por el
camino y envuelvo el resto en el plástico para después. Mi estómago por ahora
esta calmado, pero eso no dice de nada mi sed, necesito encontrar agua lo más
rápido posible. Mientras sigo, no puedo evitar pensar en cómo surgirá esto de
efecto en los patrocinadores, si es que tengo alguno, seguramente los tengo
pero las cosas pudieron de dar un giro ante la treta de "los trágicos
amantes". No se cuanto pueda mantener todo este asunto bajo mi beneficio,
el hacerle creer a la gente del Capitolio, el haber planeado esto con Peeta
juntos, cuando en realidad estoy es que reviento de la rabia. Tampoco es que
pueda mostrar mis verdaderas emociones, seguiré los consejos de Katniss y haré
como si todo esto me parece gracioso, seguramente sigo en las pantallas del
Capitolio y millones de ojos deben de estar sobre mí. « Incluso, Claudius
Templesmith » agrega, con tono neutral « debe de estar pasándosela muy bien con
todo esto del comportamiento de Peeta y tuyo, junto a sus comentaristas
invitados » Si, bueno, me alegro por ellos, a ver si logran descifrar lo que yo
en estos días e intentando hacer: las verdaderas intenciones del chico rubio.
El
sol sube en el cielo e, incluso a través de los árboles, parece demasiado
brillante. Katniss me manda a untarme los labios con la grasa del conejo e
intento no jadear, pero no sirve de nada, ha pasado un día y me estoy
deshidratando. Junto con la dueña de este cuerpo, intentamos repasar lo que nos
puede llevar con el vital líquido: fluye colina abajo, así que, seguir
caminando por este mismo trecho no es mala idea; vegetación verde o animales
alrededor que de indicios de tener donde beber. Pero nada, todo a mi alrededor
es tan igual, los árboles, los pájaros... conforme avanza el día, sé que estaré
en problemas, estoy presentando los síntomas comunes de deshidratación: poca
orina, dolor de cabeza, garganta seca, cansancio al extremo y una sequedad en
la lengua que no quita. El sol me hace daño en los ojos, por lo tanto, opto por
colocarme los lentes para protegerme, pero de inmediato me los noto raro
dándolo por inservibles.
Avanzada
la tarde, creo que he encontrado una solución viable: un arbusto de bayas;
corro a coger los frutos para chuparles el jugo. No lo hago, recuerdo lo que
dijo el encargado de entrenarnos sobre plantas en el Centro de Entrenamiento,
que de no estar completamente seguros, no comiéramos unas bayas o podrían ser venenosas.
Katniss le parecen raras de hecho, porque tienen una forma diferente, no son arándonos
negros, sino otra cosa. Tengo tanta sed que se me ha nublado el juicio, pero no
lo suficiente para arrojarlas, pueden ser comestibles pero en este estadio
cualquier cosa, podría, volverse en tu contra.
Estoy
cansada, demasiada cansada luego de una larga caminata, tengo que detenerme y
descansar frecuentemente. Debo seguir buscando agua, no puedo detenerme
simplemente aquí, nadie vendrá a mi auxilio sino me muevo. Katniss y yo
empleamos otra táctica: buscar rastros de agua. Pero en todas las direcciones
que veo no consigo nada, salvo bosque, bosque y más bosque. Decidida a buscar
hasta la noche, camino hasta tropezar con mis propios pies. Derrotada, subo a
un árbol y me ato a él, no tengo hambre, pero me obligo a mí misma antes de
escuchar la demandante voz se Katniss hacerlo, metiéndome un hueso de conejo en
la boca para tenerla ocupada. La noche cae, tocan el himno y veo en el cielo la
imagen de la chica de la hoguera, que aparentemente, venía del 8. La chiquilla
idiota que el rubio remato. El miedo que tengo de no hallar el agua, es mucho más
poderoso al que siento por los huecos de los profesionales, sé que no están
cerca, deben saber a nadie el estar lejos del lago no les beneficiaria en lo más
mínimo. Quizás, pueda ser mi única salvación. Al día siguiente, las cosas se
ponen aún peor, la cabeza la siento tan atrofiada que siento cada latido de mi
corazón retumbando en ella, los movimientos se me hacen más torpes, tortuosos y
agonizantes, porque en realidad me duele todo. De hecho, al bajar de árbol, me
caigo de él. Tardo unos cuantos segundos en recomponerme y recoger mis cosas,
sé que estoy actuando mal, pero tengo la cabeza tan confundida, me es difícil
pensar con raciocinio e idear un plan. Katniss tampoco ha dado más señales de
vida. Bien, llego la hora de evaluar mis opciones por si sola. ¿Cómo demonios
voy a conseguir agua?
Volver
al lago: ni de broma, además de estar los profesionales dándole seguramente
custodia, no poder lograrlo tal y como estoy. Esperar a que llueva: ¿Llover? ¿Aquí?
Lo dudo, hace un muy buen día para hacerlo, ni una nube persiste en el cielo.
¿Seguir buscando? Sí, es mi única alternativa hasta hora. « No, existe otra que
te estas saltando » anuncia Katniss, como en un eco lejano de mi mente «
Haymitch, él podría mandarte agua » casi suelto una carcajada vacía al escuchar
semejante cosa, es decir, entiendo todo lo referente a que él es mi puente
hacia los patrocinadores, quienes pueden salvarme la vida. Pero siento, que es
muy pronto para que algo me envíe, los Juegos no tienen mucho de haber
iniciado. « Eso no tiene nada que ver » dictamina Katniss, con voz monocorde «
además, Haymitch prometió ayudarnos todo lo que fuese necesario, con un solo
movimiento de su dedo, podría enviarnos agua. Quizás, simplemente no sepa lo
que necesites. » ¡Maldición! Me duele mucho la cabeza como para pensar razonablemente,
tampoco es que Katniss este equivocándose, está en lo cierto, nuestro mentor
puede ayudarnos con los patrocinadores. Deduciendo la situación, no debe de ser
nada barato traer agua al estadio, pero esos sujetos seguramente nadan en
dinero. No será nada para ellos.
—
Agua. — me atrevo a decir, escuchando a la voz de mi cabeza, esperando un
posible paracaídas cayendo del cielo, uno que jamás llega.
¡Ah!
Lo sabía... nada va a llegar, ningún tipo de patrocinador inteligente derrocharía
su dinero, menos tomando en cuenta el desastre proporcionado por Peeta, que es
una idea que tengo desde su cambio de imagen brusco. ¿Acaso alguna vez tuve
patrocinadores? ¿O la certeza de Haymitch ayudándome? Solo es un simple
alcohólico que su único propósito en la vida es emborracharse hasta perder la
conciencia, si es que tiene una, claro. Pero del mismo modo, pienso en Katniss
siendo muy importante en el distrito, por ejemplo, el Quemador, donde, si no me
equivoco, consigue el alcohol nuestro amado mentor, cosa que si me dejara
morir, nunca en su patética vida lo dejarían pisar ese sitio. ¿Me odia? Si ¿No
me soporta? Pues la cosa es mutua, pero estoy segura, que algo debe de
impedirle enviarme agua. « Esta dándote una señal » me dice la voz en mi
cabeza, en un tono muy perspicaz « si no te enviar agua, es porque estamos en
camino de encontrarla. » Apretando los dientes me levantó, ahora la mochila me
pesa el triple de lo normal, mirando a mi alrededor localizo una rama rota que
me sirve como bastón, seguidamente, me pongo en marcha. El sol cae implacable,
al punto de ser lo peor en estos últimos días, odio el calor, nunca voy a ser
buena lidiando con temperaturas altas, siempre he sido una cobarde con ellos y
termino hecho polvo. Cosa en no ser tan lejano a mi actual realidad. Cada paso
es un total suplicio, pero no me paro, lucho por ni siquiera tomar un descanso.
Si lo hago, si tomó asiento, capaz y jamás consiga levantarme.
¡Soy
tan patética! ¡Una tonta fácil de matar! El tributo más débil de todos, luego
de mi claro está, podría venir y acabarme de un simple chasquido de lengua.
Aunque dudo mucho tener a alguien cerca, ya camine lo suficiente para alejarme
de todo peligro, en la actualidad, el peligro que vivo reside en morir
deshidratada. Genial, muerta de sed, con la cabeza dándome vueltas, y
posiblemente muriendo en un mundo totalmente ajeno al mío. ¿No es sensacional?
Pienso en todos esos espectadores viéndome ahora, porque seguramente estoy en
cámaras en este instante, viendo como un tributo se cae a pedazos, mejor dicho,
derritiéndose gracias al no ser astuta y coger agua del lago. Ah... demonios...
demonios... solo espero que Gale no esté viendo esto, la mamá de Katniss, o la
misma Prim, la hermosa y diminuta Prim, la razón de que me arriesgue a venir
para ocupar su lugar. Hice bien, muy bien, por ningún motivo me hubiese gustado
verla pasar por algo así, aunque tampoco me agrada la idea que vea a su hermana
de esta manera. Por ende, trato de soportar todo lo que puedo por ella, al
menos hasta el final. Sin embargo, cuando cae la tarde, sé que se acerca el
final: me tiemblan las piernas y el corazón me late con prisa. Se me olvida lo
que hago constantemente, me tropiezo, y puedo levantarme unas veces, pero al
momento de caérseme el bastón me derrumbó por completo. Cierro los ojos y me
dejo ir, sabiendo a tientas que pensé muy bien de Haymitch, realmente me odia
lo suficiente como para dejarme morir. Tampoco está mal, digo, es un excelente
lugar para morir, hay una dulce fragancia en el aire y la tierra bajo mis manos
es resbaladiza. Oh, por supuesto: barro. Cuando era pequeña, me encantaba
meterme en los charcos de barro solo para jugar, embarrarme mis grandes botas
de caucho, e inclusive, mis manos. Mamá solía regañarme por tener
comportamientos bastante desastrosos, aunque luego de aprender verme ensuciar
mi ropa, llevaba otro cambio en su bolsa por precaución. Como ven, no tenía el
comportamiento usual de una niña común, en lugar de jugar con muñecas u otros
juegos de niñas, prefería correr, y en días de lluvia, meterme en charcos y
barro. Oh, en verdad me encanta el barro, la sensación de meterse entre tus
manos, la humedad que este emana. Aguarden. Barro, barro... ¡Maldición! ¡El
barro se produce por agua! Empieza a arrastrarme sobre el lodo, hacia donde proviene
la fuente de la humedad. A unos cinco metros de donde caí, atravieso una maraña
de plantas que dan a un estanque. En la superficie flotan unas flores
amarillas, « son nenúfares » avisa con emoción Katniss « se tratan de flores
acuáticas, las causantes del olor dulce. » ¡Al diablo con las flores! Encontré
agua... ¡Agua por los mismos cielos! Solamente quiero correr, si es que tengo
la fuerza necesaria para hacerlo, y sumergir mi rostro en ella para beber todo
lo que pueda. « ¡Ni se te ocurra! » me advierte la voz « ten un poco de
sensatez y piensa en los gérmenes que puedan existir en el agua, por algo te
dieron el yodo. » Temblándome las manos como si fuese una persona de avanzada
edad, saco la botella del bolsón medio refunfuñando, sé que Katniss tiene razón,
pero tengo tanta sed y he caminado por tantas horas bajo el cielo abrazador,
que mi único objetivo es saciar la necesidad que consume este cuerpo. Aunque
eso es lo que pienso, término llenando la botella de agua y curándola con yodo,
no tengo ni que admitirlo, la espera se me hace eterna, pero sé que vale la
pena. ¡Y sí que lo hace! Porque al primer trago, la garganta seca se me moja y
pide a gritos más, tampoco soy una loca desesperada, por lo que doy pequeños traguitos
en lapsos de tiempo, a lo cual a la larga, ha cabo de dos horas me bebo dos
litros enteros. Me preparo otra botella antes de escoger el árbol donde dormir,
donde sigo sorbiendo, comiendo conejo y hasta me doy el festín de sacar de mi
tesoro de galletas saladas. Al sonar el Himno, ya tengo mis energías
recuperadas. Esta noche no sale nadie reflejado en el cielo. Katniss me plantea
su estrategia para el día de mañana, quiere que nos quedemos descansado aquí, tendré
una segunda lección de cómo cazar peses que dijo haber visto en el estanque, al
igual de recolectar esas flores acuáticas. Además, aseguro, que me daré un gran
festín con ellas. No cuestionó su percepción de las cosas, ella es una chica
que ha estado toda su vida recorriendo los bosques del Distrito 12, en cambio
yo, me he mantenido en la comodidad de una ciudad bajo el seno de mi familia.
Acurrucándome
junto al saco de dormir, me termino quedando dormida sujetando aquello que me
devolvió la vida, el agua. Unas cuantas horas después me despierta una
estampida. Miro a mi alrededor, desconcertada. ¿Qué demonios? ¡Ni siquiera ha
salido el jodido sol! ¿Quién se atreve a interrumpir mi sueño? Tampoco es que
deba seguir sacando mis blasfemias al aire, porque esto es imposible de no
verlo, menos si es una pared de fuego cerniéndose sobre mí.
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