19
Lanzo
una flecha en el centro del cuello del chico del 1 mucho antes que pueda sacar
la lanza, cae de rodillas ahogándose con su propia sangre, muerto. Yo ya he
recargado nuevamente el arco con otra flecha, moviéndome de un lado a otro
diciendo:
—
¿Hay más? ¿Dónde hay más?
Me
lo repite varias veces hasta poder oír, no viene nadie más. Rue ha rodado en el
suelo con el cuerpo acurrucado sobre la lanza. Le doy un empujón al chico del
Distrito 1 para quitarlo de mi camino, sacando el cuchillo para liberarla de la
red. Al darle un vistazo a la herida, sé que va mucho más lejos de las
capacidades de Katniss como sanadora, incluso, de cualquiera médico. La punta
de la lanza se ha clavado hasta lo profundo de su estómago, me arrodillo y
siento inmediatamente la impotencia; consolarla sería estúpido, decirle que se
pondrá bien aún más, porque no es tonta. Alargó la mano y la sostengo con fuerza,
en realidad, pareciera que ella me da más ánimos, en lugar de lo contrario.
—
¿Volaste la comida en pedazos? — susurra.
—
Hasta solo quedar cenizas y escombros.
—
Vas a ganar.
—
Si, por supuesto, por supuesto que lo hare. Por las dos, lo lograren. — le
prometo. Oigo un cañonazo y levanto la vista; es el del chico del Distrito 1.
—
No te vayas. — me pide, apretándome la mano.
—
No, ¿cómo crees? Pretendo quedarme tal cual donde estoy, contigo.
Me
acerco más a ella y le apoyo la cabeza en mi regazo. Después le aparto los
mechones negruzcos de su cabello del rostro, colocándoselo detrás de la oreja.
—
Canta. — me pide.
¿Cantar?
Pienso, ¡Pero si yo no lo sé! Entonces, la voz de Katniss en mi mente aparece
de pronto « aunque no lo creas, una vez un mi casa hubo música, música que
ayude a crear. » eso ya lo sé, sobre su padre frenando hasta los mismos
sinsajos para escucharlo, luego repetir su cantar. Es el motivo por lo que la
chica ruda no volvió hacerlo, porque la música le recuerda a él, y revivir
viejas heridas no es una opción. « Suelo hacerlo a veces » dice « pero solo
cuando Prim se enferma, por eso escucha, te diré la melodía de una que solía
cantar cuando era bebe. Es mi cuerpo, es mi voz, saldrá bien. » Demonios,
cantar, la última cosa que podría hacer en esta vida, o mi mundo, cuando estaba
pequeña pertenecí a un coro, pero fui expulsada injustamente por la directora
solamente por faltar un día, el cual, estaba enferma. Desde luego, descuide mi
voz y nunca volvi a participar en dichas actividades. De eso ha pasado mucho
tiempo, además, tengo la voz quebrada, exhausta de correr y tragar humo;
Katniss puede decirme que cantar pero no aseguro sonar bien. Del mismo modo lo
hare, porque es el último deseo de la pequeña hada sin alas. Toso un poco,
aclaro mi garganta y escucho la suave melodía de mi mente, retransmitiéndola:
En lo más profundo del prado, allí, bajo
el sauce, hay un lecho de hierba, una almohada verde y suave; recuéstate en
ella, cierra los ojos sin miedo y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.
Este sol te protege y te da calor, las
margaritas te cuidan y te dan amor, tus sueños son dulces y se harán realidad y
mi amor por ti perdurará.
Poco
a poco, Rue va cerrando los ojos, aun mueve el pecho, pero con menos fuerza.
Dejo que mis sentimientos fluyan, que las lágrimas salgan y unos pequeño
sollozos se emitan de mi garganta. Pero no puedo parar, debo terminar la
canción para ella, la canción que Katniss me está diciendo.
En lo más profundo del prado, bien
oculta, hay una capa de hojas, un rayo de luna.
Olvida tus penas y calma tu alma, pues
por la mañana todo estará en calma.
Este sol te protege y te da calor, las
margaritas te cuidan y te dan amor.
Los
últimos versos son casi inaudibles, estoy en vuelta entre nervios y llanto
puro:
Tus sueños son dulces y se harán
realidad y mi amor por ti aquí perdurará.
Todo
se queda en silencio; entonces, de forma curiosa, los sinsajos repiten la
canción. Me quedó sentada un momento, viendo como las lágrimas caen sobre su
cara. Suena el cañonazo de Rue, y es allí cuando me descontrolo por completo. Arrojándome
casi sobre ella, lloro amargamente su pérdida como si nada me importara, como
si los ojos de Panem no estuviera encima de mí, nada de eso me importa en estos
momentos. Porque es la muerte de una inocente niña, una que en primer lugar no
debió de existir, ni siquiera pisar este apestoso estadio. ¿Cómo permiten tal
cosa? ¡¿Cómo demonios lo hacen?! Sigo llorando, sollozando y hasta dando
sonidos de lamento sobre el moribundo cuerpo de la que fue mi amiga, la única
amiga en todo el estadio y me brindo el calor, cobijo de otro ser humano.
Empiezo a cuestionarme si no le hubiese propuesto aliarse conmigo, tal vez
ella... ella estuviera viva, entonces de inmediatamente descarto toda esa ideas
estúpidas. Porque si no la hubiera matado el del 1, otro más lo hubiera hecho.
Es tan injusto, muy injusto lo que pasa en este mundo, ver cada año como matan
a un niño igual a Rue de esta cruel forma. Una vez más: ¿Cómo demonios permiten
tal cosa? Ahora, en este mismo momento, tiene mucho sentido los desvaríos de
Gale, su odio contra el Capitolio es el mismo mío. Hoy, ahora, me embarga la
impotencia y la necesidad de ver su crueldad, de hacerle verle a los demás que
esto está mal, que los niños no deben pagar lo ocurrido en el pasado. ¿Qué
ganan haciendo esto? ¡¿Qué mierda exactamente ganan?! Es el poder, me digo a mi
misma, el maldito y sucio poder. ¡Por él es que los chicos de los distritos
deben pasar por esto!
«
Heather, venga » me llama la chica ruda, claramente afectada también « no
puedes perder la compostura, debes recordar donde estamos y contra que nos
enfrentamos » lo sé, en verdad lo sé, pero... ¡Me duele! ¡Duele tanto...! « Te
entiendo, pero pronto aparecerá el aerodeslizador, y querrán que despejes el
área. » Me niego, me niego rotundamente a que eso pase, menos sin antes
hacerles recordar que no son una pieza más en sus juegos... me quedo muy
quieta, tan quieta que casi paro los sollozos de mi garganta. Me levanto con
cuidado secando mis lágrimas, mirando el juvenil rostro de mi pequeña aliada en
tanto el recuerdo la conversación que tuve con Peeta, la que hace unos minutos
no entendida en lo absoluto, ahora la comprendo perfectamente. Es cierto, no
tenemos que ser peones en su juego macabro de ajedrez, deben de ver que estoy
encontrar de su crueldad, de su maldita sed de venganza injustificada. Colocándome
de pie, no sin antes colocar con cuidado la cabeza de Rue en el suelo, y dándole
un beso en la frente en señal de despedida, me dirijo a donde se encuentra el
chico del Distrito 1 cuyo nombre no recuerdo, lo colocó boca abajo le quito la
mochila y la flecha que le quito la vida, igualmente me he quedado con la de
Rue, porque ella le hubiese gustado que lo hiciera.
A
unos pocos pasado de donde estamos hay un lecho de flores silvestres, pueden
que sean malas hierbas, pero tienen flores con unos preciosos tonos de violeta,
amarillo y blanco. Recojo unos cuantos y regreso con Rue; poco a poco, tallo a
tallo, decoro su cuerpo con las flores: cubro la fea herida, le rodeo la cara,
le trenzo el cabello con colores vivos. Deben de transmitirlo, deben de
hacerlo, así verán que he sido yo, que de alguna manera quiero hacerles pagar
por ello... ¡De avergonzarlos delante de todo Panem! Doy un paso hacia atrás y
miro a la niña por última vez, en verdad podría de estar dormida en este prado,
pero del mismo modo, es inevitable que los ojos se me llenen nuevamente de
lágrimas. Esta vez, es nuestra despedida.
—
Adiós, Rue. — susurro, entre un sollozo.
Recordando
las viejas costumbres del 12, llevo mis tres dedos centrales de la mano
izquierda a los labios y después la apuntó con ellos. Me alejo sin mirar atrás.
Lágrimas recorren mi cara en tanto el sonido de advertencia de un sinsajo,
anuncia la llegada de un aerodeslizador, me aparto todo rastro de lágrimas en
mi rostro pero solo le ha dado más paso a mas, es lo convencional en mí, una
vez que lo hago, se me dificulta parar. Sin embargo, no me giro en ningún
momento, sigo enfocándome hacia adelante, solo hacia adelante. No se tardan
mucho; después continúan el sonido de los pájaros y sé que ella se ha ido.
Aprieto los labios, reprimiendo cualquier otro sonido de mi garganta, notando que
otro sinsajo, con aspecto de ser joven, aterriza en un rama delante de mí y
entona la melodía de Rue. La canción de Katniss y el sonido del aerodeslizador
es mucho para este pequeño repetirlo, pero ha dominado bastante bien el sonido
de la hada sin alas, las que decida estar bien.
—
Claro, está a salvo. — digo con voz llorosa. — ya nadie puede hacerle ningún
daño.
No
sé qué dirección tomar, estoy totalmente perdida. La vaga sensación de
comodidad que me proporciono Rue se desvaneció, supongo que debí de percatarme
que algo malo ocurriría cuando estuve relajándome en ese árbol, las atrocidades
suelen ocurrir luego de una muy inculta calma. Afortunadamente, paro de llorar,
pero entró en una especie de cataclismo que es desconcertante, simplemente dejo
a mis pies caminar a donde sea que me lleven. No tengo miedo, no tengo rabia,
no tengo nada, no tengo ninguna emoción en especial, sería una presa fácil para
cualquiera pero, existe algo que me diferencia de cualquiera: quien se me
atraviese por el camino lo mato. Sé que el odio por el Capitolio nunca se ira,
ni aunque vuelva a casa, a ellos no puedo hacérselos pagar por la muerta de mi
amiga, pero si a mis competidores, los profesionales. Ah, claro que si, póngamelos
enfrente y los mato a todos sin siquiera sudar. Sin embargo, nadie aparece, no
quedamos muchos en el estadio, imaginarme que truco usaran para juntarnos es
agotador, pero sé que hoy han tenido lo suficiente de sangre como para dejarnos
en paz. Al menos, dormir.
Cuando
estoy a punto de subir mis mochilas a un árbol para acampar, un paracaídas
plateado aterriza a mis pies. Un regalo de un patrocinador. ¿A qué se debe
esto? No estoy falla de suministros; bueno, tal vez Haymitch lo haga para
levantarme algo el ánimo, o puede ser algo para mi oído. Abro el paracaídas y
noto una pequeña barra de pan, no es la del elegante correspondiente al
Capitolio, sino hecha con raciones de cereales oscuros, con forma de media luna
y cubierto de semillas. Gracias a las lecciones de Peeta en el Centro de
Entrenamiento, sé que se trata del pan del Distrito 11. Abro los ojos
impresionada, esperando cualquier cosa menos esto, porque el pensar que muchas
personas apoyaron a recolectar lo necesario y, que se quedaran sin comer por
hacerlo me llenan de sentimientos confusos. Iban a dárselo a Rue, seguramente
lo harían, pero considerando ser un desperdicio desechar el regalo, han
autorizado a Haymitch para dármelo en forma de agradecimiento. No lo sé, pueden
que sean el tipo de personas que odien deberles a las personas, saldar cuentas
de ser preciso, lo comprendo, porque soy igual. « Esto es nuevo » menciona
Katniss « que de un distrito distinto, te den un regalo. » sea como sea,
debería de decir algo al respecto. Por eso, alzando mi rostro entre la
oscuridad y los últimos rayos de sol, dejo que las cámaras me noten.
—
Les envío mis agradecimientos a la gente del Distrito 11. — digo.
Estoy
consciente de su regalo, de su esfuerzo por hacerlo y que ha tenido un
significado especial para mí. Me subo al árbol y trepo a una altura peligrosa,
aunque no lo hago por seguridad, sino para alejarme de todo el mundo. Mi saco
de dormir está bien doblado en la mochila de Rue, mañana ordenaré las
provisiones y lo mi siguiente paso a dar. Sin embargo, esta noche solo soy
capaz de amarrarme el cinturón al árbol y darle mordisquitos al pan. Está
bueno, tiene un sabor bastante particular, y me agrada. El sello no tarda en
aparecer, seguido del himno, escuchado solo por el oído derecho. Veo al chico
del 1, dándole por fin con su nombre, Marvel, pero ya a estas alturas no es
importante; seguidamente de Rue, la pequeña hada de los bosques. Luego sello y
oscuridad, fin del conteo de la sangre derramada por el día de hoy. Ahora sí,
pienso, quedamos seis, solamente seis. Y sujetando fuertemente el pan del 11 me
quedó dormida.
Cuando
estaba en casa, y todo iba muy mal, solía correr lejos de todo el mundo y
encerrarme en mi cuarto, cerraba los ojos y trataba de dormir. Los sueños que
mi mente proyectaba son buenos, como un descanso total de la espantosa realidad
que debo de afrontar. Bien, esa noche soñé que corría por los bosques del
Distrito 12 con total libertad, no era Katniss, si no permanecía en mi cuerpo
original, estaba siendo Heather Fausto. Lo bueno de todo, eran las risas
risueñas de un pequeña, que extendía sus brazos hacia el sol, como si fuera a
volar en cualquier momento. Entonces, cuando iba a alcanzarla ella se giraba y,
tomándome con sus dos pequeñas manitas me sonreía invitándome a subirme a un
árbol, a experimentar lo mismo que ella. Dándole unas palmaditas en la cabeza,
le dije que se adelantara, que verla a ella siendo el hada sin alas era más
divertido, en lugar de yo imitarla. Ella riendo de mi ocurrencia, soltó mis
manos y fue directa al árbol. Desde allí, me saludo con ímpetu, dándome las
gracias por todo y que desde ahora no debía de preocuparme por ella, porque
desde luego, todos sus sueños se habían vuelto realidad. Sana y salva, digo
entre susurros, viendo como la niña se gira extendiendo sus brazos para
lanzarse a otro árbol; repito, sana y salva, fueras de las garras de cualquier
maldito que se atreva hacerle daño. El sonido del cantar de los sinsajos me
hace sonreír, es su melodía, la que me enseño que está bien, y me la creo,
porque Rue realmente se encuentra en un lugar seguro. Abro los ojos de golpe, despertándome
del dulce sueño, no dejo que la sensación me deje por completo, pero es pedir
imposibles, porque la soledad cae sobre mi piel empapándome por completo.
El
cuerpo me pesa por completo, como si algo hubiese dormido sobre mí. He perdido
la fuerza de voluntad para hacer las cosas simples, por lo que me limito a
quedarme donde estoy, contemplando sin parpadear el doncel de hojas. Me paso
varias horas sin moverme y, como si algo me abofeteara, la imagen de la familia
de Katniss llega a mi mente animándome a seguir adelante, sobre todo, Prim.
Ella debe de estar viendome en pantallas ahora mismo, conoce muy bien a su
hermana, se dará cuenta que algo le pasa y no quiero preocuparla. De hecho, la
chica ruda me da mandatos, si, cosas mínimas como: "Heather, ahora debes
de sentarte" o "Heather, ahora debes de beber agua". Sigo las
ordenes de forma mecánica, como si solo fuera un robot que acata las palabras
de alguien más, da igual de todas maneras, ya todo da igual a estas alturas de
la vida. « Heather, debes de ordenar las provisiones » Abro la mochila de Rue,
donde estaba mi saco de dormir, su bota de agua casi vacía, un poco de conejo,
sus calcetines de recambio y su honda. En la de Marvel, tiene varios cuchillos,
dos cabezas de recambio para la lanza, una linterna, un saquito de cuero, un
botiquín de primeros auxilios, una botella llena de agua y una bolsa de fruta
desecada. Vaya, ¿estos va enserio? De todas las cosas que ha podido traer
consigo, viene y escoge lo más ligero, aunque es predecible porque: ¡Oye! ¿Saben
qué? Me manejo muy bien con las armas, puedo matar a lo que se me venga en
cuestión de segundos y regresar al campamento, donde tengo una montaña de
suministros, sin necesidad de tener hambre. Idiotas, ahora realmente espero que
estén sufriendo por haberles destruido su botín, porque seguramente los otros
cretinos viajaban del mismo modo: bastante despreocupados. Bueno, tampoco debo dármelas
de muy chulita, mis suministros vuelven a escasear. « Hora de cazar, Heather »
avisa Katniss, dándome otro mandato que acatar.
Me
acabo el pan del Distrito 11, las y lo que queda del conejo, meto las demás
provisiones que me interesan en la mochila y, después, bajo del árbol, y
escondo los cuchillos y las puntas de lanza de Marvel bajo una pila de rocas
para que nadie más las use. Estoy desorientada con todas las vueltas que di ayer
en la noche, pero busco de inmediato la dirección próxima al arroyo, sé que voy
por buen camino cuando veo la tercera fogata de Rue sin encender. Luego,
encuentro una manada de gransos en un árbol y derribo tres antes de que puedan
reaccionar. Vuelvo a la fogata de Rue encendiéndola, ni siquiera me importa la
cantidad de humo que pueda producir. De hecho, me siento muy cómoda y me
pregunto de mi compañero tributo del número 2, Cato; oh, querido Cato, ¿dónde estará?
¿Acaso no ve que lo estoy esperando? De todas manera, los profesionales podrían
estar muy lejos de mi ubicación, o demasiado absortos con ponerles nuevamente
una trampa. Saben que tengo arco y flechas, es decir, Cato me vio quitándoselas
a Glimmer, debieron unir puntos y saber que he sido yo que volé la pila de
provisiones, que he sido yo quien mato a Marvel. No, que va, seguramente de eso
se lo han dejado a Thersh, porque es más predecible que vengara la muerte de la
niña de su distrito, en lugar de una desconocida. Aunque él, no parecía muy interesada
en ella. .. ¿Y la Comadreja? No creo que se quedara a ver como se destruía
todo, si al otro día la vi desarmándose de la risa, aparentaba tener una muy
bonita sorpresa. Dudo que crean que Peeta fue el causante de las explosiones,
si lo dan hasta por muerto, me entra las ganas de encontrarlo y contarle todo
lo ocurrido hasta ahora, que al fin he entendido lo que dijo el tejado. « Si
llegara a ganar, podría enterarse de todo » dice Katniss « al ganador lo
sientan en un sillón elegante y le hacen ver los mejores momentos de los
juegos, siempre lo hacen. » De todas maneras, es momento de ir desechando tal
idea, le prometí a Prim ganar los Juegos, pero sobre todo a Rue, le debo mucho
a ella y necesito pagárselo de esa manera. Aún más, vengarla, hacerle saber que
jamás podrán olvidarse de ella, de lo que significo en estos Juegos, y solo lo
hare sobreviviendo.
Aso
demasiado los pájaros, con la esperanza que aparezca alguien a quien disparar,
pero nada. Empiezo a considerar que los demás tributos están muy ocupados matándose
entre ellos, lo cual, no me vendría mal en estos momentos. A la final, termino
envolviendo la comida y me dirijo al arroyo para recoger agua y algunas
plantas, pero me vuelve una vez más la pesadez de esta mañana y, puede no ser
la última hora de la tarde, me subo a un árbol dispuesta a dormir. Mi cerebro
me traiciona, dándome las imágenes de los últimos acontecimientos ocurridos el
día de ayer: Rue atravesada con una lanza, mi flecha preparada y en el acto
clavada en el cuello de Marvel; no lo sé, pero creo que debería preocuparme por
lo que le hice al chico. Él ha sido mi primer asesinato real, es decir,
seguramente me han sumado las muertes del Glimmer y la chica del 4, fui yo
quien les lanzó el panal de rastrevíspulas, por ende, la culpable de apagarles
la vida. Pero, Marvel, él ha sido estando muy consciente y bajo mis propias
armas. Me he convertido en una cazadora, al estar en el cuerpo de Katniss he
aprendido a matar animales, pero en esta ocasión, le dispare a un humano.
De
pronto, la voz de Gale inunda mi mente, como si fuera mi conciencia: "¿De
verdad hay tanta diferencia?" Bueno, el acto en sí, no. Solo debes coger
una flecha, tensarla y disparar en un punto exacto, pero del mismo modo,
resulta diferente porque... ¡Carajo! Mate a un chico que ni me tome la molestia
de si tenía familia, quien lloraran por su nombre; amigos que querrán
decapitarme de ser posible hacerlo; una novia a quien le estuviera esperándolo
con ansias. Entonces, la imagen de una inerte Rue en el suelo llenan mis
retinas, no, lo he hecho bien, al menos debo de pensar eso por ahora. Según el
cielo, hoy no ha pasado nada importante, no mataron a nadie. Seguramente deben
de estar planeando el siguiente movimiento para unirnos, de ser esta noche,
quiero estar más o menos lo suficiente descansada para poder actuar. Me tapo la
oreja buena para no escuchar el himno, aunque unas trompetas empujan hacia
arriba mi cuerpo, no entiendo que ocurre, pero debe de tratarse de algo
importante. « Normalmente la única información que reciben los tributos, es de
quien muere » explica la chica ruda, a lo que asiento normalmente, porque lo he
visto durante toda mi estados en el estadio « pero de vez en cuando, tocan las
trompetas para hacer un anuncio, y cuando lo hacen, se debe a estar escaseando
la comida e invitar a los tributos a un banquete, donde se hara en la
Cornucopia. » ¿Quién en sus cinco sentidos iría a ese lugar? Es un señuelo, una
trampa para que se caigan literalmente a palos y matarse, además, no certifican
ser comida de verdad o en buen estado, puede ser cualquier cosa y lo mas
incautos caerán. « Si, estas en lo cierto » me da la razón, la chica ruda « lo
han hecho muchas veces, pero igualmente podría ser una gran oportunidad para
derribar algunos contrincantes » si, bueno, es una excelente idea y no puedo
argumentar contra ello.
La
voz de Claudius Templesmith retumba en el cielo, felicitándonos a los seis que
quedamos, pero nos invita a un banquete como espera Katniss, sino nos dice algo
extraño: han cambiado una regla de los Juegos. Aguarden un segundo, ¿Es que
acaso existe reglas en esto? Aparte de no moverte en los sesenta segundo de la
placa de metal redonda, no creo haber escuchado nada más, ahora viene este
hombre y me dice tal cosa. ¡Venga que están locos! En fin, según la nueva
regla, dos tributos de un mismo distrito podrán proclamarse ganadores si son
los últimos sobrevivientes. Claudius, hace una pausa y vuelve a repetir la
noticia, como si nadie pudiera comprenderla. A ver, a ver, si termino de
digerir lo que he escuchado: dos tributos de un mismo distrito serán coronados
ganadores, solo dos, ambos del mismo lugar de origen, podrán sobrevivir,
corrijo, podremos sobrevivir...
—
¡Demonios! — grito, llevándome las manos a la cara. — ¡Peeta!
No hay comentarios:
Publicar un comentario