domingo, 18 de marzo de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream


19
Lanzo una flecha en el centro del cuello del chico del 1 mucho antes que pueda sacar la lanza, cae de rodillas ahogándose con su propia sangre, muerto. Yo ya he recargado nuevamente el arco con otra flecha, moviéndome de un lado a otro diciendo:
— ¿Hay más? ¿Dónde hay más?
Me lo repite varias veces hasta poder oír, no viene nadie más. Rue ha rodado en el suelo con el cuerpo acurrucado sobre la lanza. Le doy un empujón al chico del Distrito 1 para quitarlo de mi camino, sacando el cuchillo para liberarla de la red. Al darle un vistazo a la herida, sé que va mucho más lejos de las capacidades de Katniss como sanadora, incluso, de cualquiera médico. La punta de la lanza se ha clavado hasta lo profundo de su estómago, me arrodillo y siento inmediatamente la impotencia; consolarla sería estúpido, decirle que se pondrá bien aún más, porque no es tonta. Alargó la mano y la sostengo con fuerza, en realidad, pareciera que ella me da más ánimos, en lugar de lo contrario.
— ¿Volaste la comida en pedazos? — susurra.
— Hasta solo quedar cenizas y escombros.
— Vas a ganar.
— Si, por supuesto, por supuesto que lo hare. Por las dos, lo lograren. — le prometo. Oigo un cañonazo y levanto la vista; es el del chico del Distrito 1.
— No te vayas. — me pide, apretándome la mano.
— No, ¿cómo crees? Pretendo quedarme tal cual donde estoy, contigo.
Me acerco más a ella y le apoyo la cabeza en mi regazo. Después le aparto los mechones negruzcos de su cabello del rostro, colocándoselo detrás de la oreja.
— Canta. — me pide.
¿Cantar? Pienso, ¡Pero si yo no lo sé! Entonces, la voz de Katniss en mi mente aparece de pronto « aunque no lo creas, una vez un mi casa hubo música, música que ayude a crear. » eso ya lo sé, sobre su padre frenando hasta los mismos sinsajos para escucharlo, luego repetir su cantar. Es el motivo por lo que la chica ruda no volvió hacerlo, porque la música le recuerda a él, y revivir viejas heridas no es una opción. « Suelo hacerlo a veces » dice « pero solo cuando Prim se enferma, por eso escucha, te diré la melodía de una que solía cantar cuando era bebe. Es mi cuerpo, es mi voz, saldrá bien. » Demonios, cantar, la última cosa que podría hacer en esta vida, o mi mundo, cuando estaba pequeña pertenecí a un coro, pero fui expulsada injustamente por la directora solamente por faltar un día, el cual, estaba enferma. Desde luego, descuide mi voz y nunca volvi a participar en dichas actividades. De eso ha pasado mucho tiempo, además, tengo la voz quebrada, exhausta de correr y tragar humo; Katniss puede decirme que cantar pero no aseguro sonar bien. Del mismo modo lo hare, porque es el último deseo de la pequeña hada sin alas. Toso un poco, aclaro mi garganta y escucho la suave melodía de mi mente, retransmitiéndola:
En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce, hay un lecho de hierba, una almohada verde y suave; recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.
Este sol te protege y te da calor, las margaritas te cuidan y te dan amor, tus sueños son dulces y se harán realidad y mi amor por ti perdurará.
Poco a poco, Rue va cerrando los ojos, aun mueve el pecho, pero con menos fuerza. Dejo que mis sentimientos fluyan, que las lágrimas salgan y unos pequeño sollozos se emitan de mi garganta. Pero no puedo parar, debo terminar la canción para ella, la canción que Katniss me está diciendo.
En lo más profundo del prado, bien oculta, hay una capa de hojas, un rayo de luna.
Olvida tus penas y calma tu alma, pues por la mañana todo estará en calma.
Este sol te protege y te da calor, las margaritas te cuidan y te dan amor.
Los últimos versos son casi inaudibles, estoy en vuelta entre nervios y llanto puro:
Tus sueños son dulces y se harán realidad y mi amor por ti aquí perdurará.
Todo se queda en silencio; entonces, de forma curiosa, los sinsajos repiten la canción. Me quedó sentada un momento, viendo como las lágrimas caen sobre su cara. Suena el cañonazo de Rue, y es allí cuando me descontrolo por completo. Arrojándome casi sobre ella, lloro amargamente su pérdida como si nada me importara, como si los ojos de Panem no estuviera encima de mí, nada de eso me importa en estos momentos. Porque es la muerte de una inocente niña, una que en primer lugar no debió de existir, ni siquiera pisar este apestoso estadio. ¿Cómo permiten tal cosa? ¡¿Cómo demonios lo hacen?! Sigo llorando, sollozando y hasta dando sonidos de lamento sobre el moribundo cuerpo de la que fue mi amiga, la única amiga en todo el estadio y me brindo el calor, cobijo de otro ser humano. Empiezo a cuestionarme si no le hubiese propuesto aliarse conmigo, tal vez ella... ella estuviera viva, entonces de inmediatamente descarto toda esa ideas estúpidas. Porque si no la hubiera matado el del 1, otro más lo hubiera hecho. Es tan injusto, muy injusto lo que pasa en este mundo, ver cada año como matan a un niño igual a Rue de esta cruel forma. Una vez más: ¿Cómo demonios permiten tal cosa? Ahora, en este mismo momento, tiene mucho sentido los desvaríos de Gale, su odio contra el Capitolio es el mismo mío. Hoy, ahora, me embarga la impotencia y la necesidad de ver su crueldad, de hacerle verle a los demás que esto está mal, que los niños no deben pagar lo ocurrido en el pasado. ¿Qué ganan haciendo esto? ¡¿Qué mierda exactamente ganan?! Es el poder, me digo a mi misma, el maldito y sucio poder. ¡Por él es que los chicos de los distritos deben pasar por esto!
« Heather, venga » me llama la chica ruda, claramente afectada también « no puedes perder la compostura, debes recordar donde estamos y contra que nos enfrentamos » lo sé, en verdad lo sé, pero... ¡Me duele! ¡Duele tanto...! « Te entiendo, pero pronto aparecerá el aerodeslizador, y querrán que despejes el área. » Me niego, me niego rotundamente a que eso pase, menos sin antes hacerles recordar que no son una pieza más en sus juegos... me quedo muy quieta, tan quieta que casi paro los sollozos de mi garganta. Me levanto con cuidado secando mis lágrimas, mirando el juvenil rostro de mi pequeña aliada en tanto el recuerdo la conversación que tuve con Peeta, la que hace unos minutos no entendida en lo absoluto, ahora la comprendo perfectamente. Es cierto, no tenemos que ser peones en su juego macabro de ajedrez, deben de ver que estoy encontrar de su crueldad, de su maldita sed de venganza injustificada. Colocándome de pie, no sin antes colocar con cuidado la cabeza de Rue en el suelo, y dándole un beso en la frente en señal de despedida, me dirijo a donde se encuentra el chico del Distrito 1 cuyo nombre no recuerdo, lo colocó boca abajo le quito la mochila y la flecha que le quito la vida, igualmente me he quedado con la de Rue, porque ella le hubiese gustado que lo hiciera.
A unos pocos pasado de donde estamos hay un lecho de flores silvestres, pueden que sean malas hierbas, pero tienen flores con unos preciosos tonos de violeta, amarillo y blanco. Recojo unos cuantos y regreso con Rue; poco a poco, tallo a tallo, decoro su cuerpo con las flores: cubro la fea herida, le rodeo la cara, le trenzo el cabello con colores vivos. Deben de transmitirlo, deben de hacerlo, así verán que he sido yo, que de alguna manera quiero hacerles pagar por ello... ¡De avergonzarlos delante de todo Panem! Doy un paso hacia atrás y miro a la niña por última vez, en verdad podría de estar dormida en este prado, pero del mismo modo, es inevitable que los ojos se me llenen nuevamente de lágrimas. Esta vez, es nuestra despedida.
— Adiós, Rue. — susurro, entre un sollozo.
Recordando las viejas costumbres del 12, llevo mis tres dedos centrales de la mano izquierda a los labios y después la apuntó con ellos. Me alejo sin mirar atrás. Lágrimas recorren mi cara en tanto el sonido de advertencia de un sinsajo, anuncia la llegada de un aerodeslizador, me aparto todo rastro de lágrimas en mi rostro pero solo le ha dado más paso a mas, es lo convencional en mí, una vez que lo hago, se me dificulta parar. Sin embargo, no me giro en ningún momento, sigo enfocándome hacia adelante, solo hacia adelante. No se tardan mucho; después continúan el sonido de los pájaros y sé que ella se ha ido. Aprieto los labios, reprimiendo cualquier otro sonido de mi garganta, notando que otro sinsajo, con aspecto de ser joven, aterriza en un rama delante de mí y entona la melodía de Rue. La canción de Katniss y el sonido del aerodeslizador es mucho para este pequeño repetirlo, pero ha dominado bastante bien el sonido de la hada sin alas, las que decida estar bien.
— Claro, está a salvo. — digo con voz llorosa. — ya nadie puede hacerle ningún daño.
No sé qué dirección tomar, estoy totalmente perdida. La vaga sensación de comodidad que me proporciono Rue se desvaneció, supongo que debí de percatarme que algo malo ocurriría cuando estuve relajándome en ese árbol, las atrocidades suelen ocurrir luego de una muy inculta calma. Afortunadamente, paro de llorar, pero entró en una especie de cataclismo que es desconcertante, simplemente dejo a mis pies caminar a donde sea que me lleven. No tengo miedo, no tengo rabia, no tengo nada, no tengo ninguna emoción en especial, sería una presa fácil para cualquiera pero, existe algo que me diferencia de cualquiera: quien se me atraviese por el camino lo mato. Sé que el odio por el Capitolio nunca se ira, ni aunque vuelva a casa, a ellos no puedo hacérselos pagar por la muerta de mi amiga, pero si a mis competidores, los profesionales. Ah, claro que si, póngamelos enfrente y los mato a todos sin siquiera sudar. Sin embargo, nadie aparece, no quedamos muchos en el estadio, imaginarme que truco usaran para juntarnos es agotador, pero sé que hoy han tenido lo suficiente de sangre como para dejarnos en paz. Al menos, dormir.
Cuando estoy a punto de subir mis mochilas a un árbol para acampar, un paracaídas plateado aterriza a mis pies. Un regalo de un patrocinador. ¿A qué se debe esto? No estoy falla de suministros; bueno, tal vez Haymitch lo haga para levantarme algo el ánimo, o puede ser algo para mi oído. Abro el paracaídas y noto una pequeña barra de pan, no es la del elegante correspondiente al Capitolio, sino hecha con raciones de cereales oscuros, con forma de media luna y cubierto de semillas. Gracias a las lecciones de Peeta en el Centro de Entrenamiento, sé que se trata del pan del Distrito 11. Abro los ojos impresionada, esperando cualquier cosa menos esto, porque el pensar que muchas personas apoyaron a recolectar lo necesario y, que se quedaran sin comer por hacerlo me llenan de sentimientos confusos. Iban a dárselo a Rue, seguramente lo harían, pero considerando ser un desperdicio desechar el regalo, han autorizado a Haymitch para dármelo en forma de agradecimiento. No lo sé, pueden que sean el tipo de personas que odien deberles a las personas, saldar cuentas de ser preciso, lo comprendo, porque soy igual. « Esto es nuevo » menciona Katniss « que de un distrito distinto, te den un regalo. » sea como sea, debería de decir algo al respecto. Por eso, alzando mi rostro entre la oscuridad y los últimos rayos de sol, dejo que las cámaras me noten.
— Les envío mis agradecimientos a la gente del Distrito 11. — digo.
Estoy consciente de su regalo, de su esfuerzo por hacerlo y que ha tenido un significado especial para mí. Me subo al árbol y trepo a una altura peligrosa, aunque no lo hago por seguridad, sino para alejarme de todo el mundo. Mi saco de dormir está bien doblado en la mochila de Rue, mañana ordenaré las provisiones y lo mi siguiente paso a dar. Sin embargo, esta noche solo soy capaz de amarrarme el cinturón al árbol y darle mordisquitos al pan. Está bueno, tiene un sabor bastante particular, y me agrada. El sello no tarda en aparecer, seguido del himno, escuchado solo por el oído derecho. Veo al chico del 1, dándole por fin con su nombre, Marvel, pero ya a estas alturas no es importante; seguidamente de Rue, la pequeña hada de los bosques. Luego sello y oscuridad, fin del conteo de la sangre derramada por el día de hoy. Ahora sí, pienso, quedamos seis, solamente seis. Y sujetando fuertemente el pan del 11 me quedó dormida.
Cuando estaba en casa, y todo iba muy mal, solía correr lejos de todo el mundo y encerrarme en mi cuarto, cerraba los ojos y trataba de dormir. Los sueños que mi mente proyectaba son buenos, como un descanso total de la espantosa realidad que debo de afrontar. Bien, esa noche soñé que corría por los bosques del Distrito 12 con total libertad, no era Katniss, si no permanecía en mi cuerpo original, estaba siendo Heather Fausto. Lo bueno de todo, eran las risas risueñas de un pequeña, que extendía sus brazos hacia el sol, como si fuera a volar en cualquier momento. Entonces, cuando iba a alcanzarla ella se giraba y, tomándome con sus dos pequeñas manitas me sonreía invitándome a subirme a un árbol, a experimentar lo mismo que ella. Dándole unas palmaditas en la cabeza, le dije que se adelantara, que verla a ella siendo el hada sin alas era más divertido, en lugar de yo imitarla. Ella riendo de mi ocurrencia, soltó mis manos y fue directa al árbol. Desde allí, me saludo con ímpetu, dándome las gracias por todo y que desde ahora no debía de preocuparme por ella, porque desde luego, todos sus sueños se habían vuelto realidad. Sana y salva, digo entre susurros, viendo como la niña se gira extendiendo sus brazos para lanzarse a otro árbol; repito, sana y salva, fueras de las garras de cualquier maldito que se atreva hacerle daño. El sonido del cantar de los sinsajos me hace sonreír, es su melodía, la que me enseño que está bien, y me la creo, porque Rue realmente se encuentra en un lugar seguro. Abro los ojos de golpe, despertándome del dulce sueño, no dejo que la sensación me deje por completo, pero es pedir imposibles, porque la soledad cae sobre mi piel empapándome por completo.
El cuerpo me pesa por completo, como si algo hubiese dormido sobre mí. He perdido la fuerza de voluntad para hacer las cosas simples, por lo que me limito a quedarme donde estoy, contemplando sin parpadear el doncel de hojas. Me paso varias horas sin moverme y, como si algo me abofeteara, la imagen de la familia de Katniss llega a mi mente animándome a seguir adelante, sobre todo, Prim. Ella debe de estar viendome en pantallas ahora mismo, conoce muy bien a su hermana, se dará cuenta que algo le pasa y no quiero preocuparla. De hecho, la chica ruda me da mandatos, si, cosas mínimas como: "Heather, ahora debes de sentarte" o "Heather, ahora debes de beber agua". Sigo las ordenes de forma mecánica, como si solo fuera un robot que acata las palabras de alguien más, da igual de todas maneras, ya todo da igual a estas alturas de la vida. « Heather, debes de ordenar las provisiones » Abro la mochila de Rue, donde estaba mi saco de dormir, su bota de agua casi vacía, un poco de conejo, sus calcetines de recambio y su honda. En la de Marvel, tiene varios cuchillos, dos cabezas de recambio para la lanza, una linterna, un saquito de cuero, un botiquín de primeros auxilios, una botella llena de agua y una bolsa de fruta desecada. Vaya, ¿estos va enserio? De todas las cosas que ha podido traer consigo, viene y escoge lo más ligero, aunque es predecible porque: ¡Oye! ¿Saben qué? Me manejo muy bien con las armas, puedo matar a lo que se me venga en cuestión de segundos y regresar al campamento, donde tengo una montaña de suministros, sin necesidad de tener hambre. Idiotas, ahora realmente espero que estén sufriendo por haberles destruido su botín, porque seguramente los otros cretinos viajaban del mismo modo: bastante despreocupados. Bueno, tampoco debo dármelas de muy chulita, mis suministros vuelven a escasear. « Hora de cazar, Heather » avisa Katniss, dándome otro mandato que acatar.
Me acabo el pan del Distrito 11, las y lo que queda del conejo, meto las demás provisiones que me interesan en la mochila y, después, bajo del árbol, y escondo los cuchillos y las puntas de lanza de Marvel bajo una pila de rocas para que nadie más las use. Estoy desorientada con todas las vueltas que di ayer en la noche, pero busco de inmediato la dirección próxima al arroyo, sé que voy por buen camino cuando veo la tercera fogata de Rue sin encender. Luego, encuentro una manada de gransos en un árbol y derribo tres antes de que puedan reaccionar. Vuelvo a la fogata de Rue encendiéndola, ni siquiera me importa la cantidad de humo que pueda producir. De hecho, me siento muy cómoda y me pregunto de mi compañero tributo del número 2, Cato; oh, querido Cato, ¿dónde estará? ¿Acaso no ve que lo estoy esperando? De todas manera, los profesionales podrían estar muy lejos de mi ubicación, o demasiado absortos con ponerles nuevamente una trampa. Saben que tengo arco y flechas, es decir, Cato me vio quitándoselas a Glimmer, debieron unir puntos y saber que he sido yo que volé la pila de provisiones, que he sido yo quien mato a Marvel. No, que va, seguramente de eso se lo han dejado a Thersh, porque es más predecible que vengara la muerte de la niña de su distrito, en lugar de una desconocida. Aunque él, no parecía muy interesada en ella. .. ¿Y la Comadreja? No creo que se quedara a ver como se destruía todo, si al otro día la vi desarmándose de la risa, aparentaba tener una muy bonita sorpresa. Dudo que crean que Peeta fue el causante de las explosiones, si lo dan hasta por muerto, me entra las ganas de encontrarlo y contarle todo lo ocurrido hasta ahora, que al fin he entendido lo que dijo el tejado. « Si llegara a ganar, podría enterarse de todo » dice Katniss « al ganador lo sientan en un sillón elegante y le hacen ver los mejores momentos de los juegos, siempre lo hacen. » De todas maneras, es momento de ir desechando tal idea, le prometí a Prim ganar los Juegos, pero sobre todo a Rue, le debo mucho a ella y necesito pagárselo de esa manera. Aún más, vengarla, hacerle saber que jamás podrán olvidarse de ella, de lo que significo en estos Juegos, y solo lo hare sobreviviendo.
Aso demasiado los pájaros, con la esperanza que aparezca alguien a quien disparar, pero nada. Empiezo a considerar que los demás tributos están muy ocupados matándose entre ellos, lo cual, no me vendría mal en estos momentos. A la final, termino envolviendo la comida y me dirijo al arroyo para recoger agua y algunas plantas, pero me vuelve una vez más la pesadez de esta mañana y, puede no ser la última hora de la tarde, me subo a un árbol dispuesta a dormir. Mi cerebro me traiciona, dándome las imágenes de los últimos acontecimientos ocurridos el día de ayer: Rue atravesada con una lanza, mi flecha preparada y en el acto clavada en el cuello de Marvel; no lo sé, pero creo que debería preocuparme por lo que le hice al chico. Él ha sido mi primer asesinato real, es decir, seguramente me han sumado las muertes del Glimmer y la chica del 4, fui yo quien les lanzó el panal de rastrevíspulas, por ende, la culpable de apagarles la vida. Pero, Marvel, él ha sido estando muy consciente y bajo mis propias armas. Me he convertido en una cazadora, al estar en el cuerpo de Katniss he aprendido a matar animales, pero en esta ocasión, le dispare a un humano.
De pronto, la voz de Gale inunda mi mente, como si fuera mi conciencia: "¿De verdad hay tanta diferencia?" Bueno, el acto en sí, no. Solo debes coger una flecha, tensarla y disparar en un punto exacto, pero del mismo modo, resulta diferente porque... ¡Carajo! Mate a un chico que ni me tome la molestia de si tenía familia, quien lloraran por su nombre; amigos que querrán decapitarme de ser posible hacerlo; una novia a quien le estuviera esperándolo con ansias. Entonces, la imagen de una inerte Rue en el suelo llenan mis retinas, no, lo he hecho bien, al menos debo de pensar eso por ahora. Según el cielo, hoy no ha pasado nada importante, no mataron a nadie. Seguramente deben de estar planeando el siguiente movimiento para unirnos, de ser esta noche, quiero estar más o menos lo suficiente descansada para poder actuar. Me tapo la oreja buena para no escuchar el himno, aunque unas trompetas empujan hacia arriba mi cuerpo, no entiendo que ocurre, pero debe de tratarse de algo importante. « Normalmente la única información que reciben los tributos, es de quien muere » explica la chica ruda, a lo que asiento normalmente, porque lo he visto durante toda mi estados en el estadio « pero de vez en cuando, tocan las trompetas para hacer un anuncio, y cuando lo hacen, se debe a estar escaseando la comida e invitar a los tributos a un banquete, donde se hara en la Cornucopia. » ¿Quién en sus cinco sentidos iría a ese lugar? Es un señuelo, una trampa para que se caigan literalmente a palos y matarse, además, no certifican ser comida de verdad o en buen estado, puede ser cualquier cosa y lo mas incautos caerán. « Si, estas en lo cierto » me da la razón, la chica ruda « lo han hecho muchas veces, pero igualmente podría ser una gran oportunidad para derribar algunos contrincantes » si, bueno, es una excelente idea y no puedo argumentar contra ello.
La voz de Claudius Templesmith retumba en el cielo, felicitándonos a los seis que quedamos, pero nos invita a un banquete como espera Katniss, sino nos dice algo extraño: han cambiado una regla de los Juegos. Aguarden un segundo, ¿Es que acaso existe reglas en esto? Aparte de no moverte en los sesenta segundo de la placa de metal redonda, no creo haber escuchado nada más, ahora viene este hombre y me dice tal cosa. ¡Venga que están locos! En fin, según la nueva regla, dos tributos de un mismo distrito podrán proclamarse ganadores si son los últimos sobrevivientes. Claudius, hace una pausa y vuelve a repetir la noticia, como si nadie pudiera comprenderla. A ver, a ver, si termino de digerir lo que he escuchado: dos tributos de un mismo distrito serán coronados ganadores, solo dos, ambos del mismo lugar de origen, podrán sobrevivir, corrijo, podremos sobrevivir...
— ¡Demonios! — grito, llevándome las manos a la cara. — ¡Peeta!

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