jueves, 1 de marzo de 2018

Adaptación: Los Juegos del Hambre It's Like a Dream.

10

Maldito. Es lo primero que se me viene a la mente al escuchar esto, porque al pesar de insistir tanto en permanecer juntos, de alguna manera, estaba acostumbrándome a eso e incluso, hace unos jodidos minutos atrás me cuestionaba las razones del porque confiaba un poco en él. ¿Y me paga de esta manera? ¡¿En verdad se ha atrevido hacerlo?! Es un imbécil, ¡eso es lo que es! ¡Un maldito imbécil! Pero más lo soy yo, desde un principio Katniss me ha advertido sobre esto, sobre que al final me traicionaría, como es de costumbre en cualquiera de los dos mundos, apuñalándome en la espalda. ¡Un chico tenía que ser! ¿Y cuándo fue el momento de darle mi voto de confianza? ¡Ah! ¡Por supuesto! Desde ver como se arriesgó a recibir la paliza del siglo para arrojarle un pan a Katniss, el sostener mi mano en aquel estúpida ceremonia para no caerme de esa cosa, encubrirme en el asunto con la chica avox en la mesa, hablar hasta la saciedad de los atributos de cazadora de Katniss... ¿Eso no era suficiente? ¡¿No lo fue para poder dar mi granito de arena de confianza hacia él?! Ah... no me importa, en verdad, ya nada me importa.
¿Saben qué? Me es un alivio, si, si... ¡Hasta me siento mejor sabiendo la clase de persona que es! A la final, solo uno puede vencer en estos Juegos, uno que claramente no es él. Desde el inicio se me hizo difícil fingir ser su amiga, está claro que para el chico rubio igualmente lo fue, solamente lo ha sabido manejar muy bien gracias a las habilidades de su lengua mentirosa. Con esto, puedo dejar de cuestionarme un montón de cosas, los Juegos empiezan en dos días y entre más alejados estemos el uno del otro mejor. No tengo idea lo que propicio su cambio de enfoque, pero sospecho el haberlo sobrepasado en los puntajes de la sesión privada con los Vigilantes, igualmente me alegró. Nosotros jamás hemos sido amigos, ni nunca lo seremos, en realidad somos es enemigos a muerte, donde tarde o temprano, deberán enfrentarse en el estadio. Perfecto, veremos quien aguantara mejor esto.
— De acuerdo, ¿cuál es el horario?
— Cada uno tendrá cuatro horas con Effie para la presentación, y cuatro conmigo para el contenido. — Responde Haymitch — Tú empiezas con Effie, Katniss.
Se me hace difícil imaginar porqué necesitamos una sección privada con Effie, sé que debo de aprovechar cada minuto que se me conceda. Vamos a mi cuarto, me pone un vestido largo y tacones (no serán lo que llevare a la entrevista de verdad), y me explica como caminar. Sinceramente, apesto en esto. En mi mundo he llevado un par de veces tacones; el grado de bachiller de mi hermano, la fiesta de quince de Mari Ann y la cena de fin de año antes de cumplir los dieciséis, en todas puedo asegurar algo: fue un desastre. En las dos primeras no me caí, de hecho, hasta baile con ellos y fui capaz de subirme en un trampolín a saltar, claro, las consecuencias de ello fueron horribles, me dolía hasta el respirar. En la última si caí, trate de caminar normalmente con esos zancos, pero con una pisada en falso, termine en el suelo sentada como si fuera a practicar yoga; el recordarlo es sumamente humillante que mande todo al demonio, jurando no volver a utilizar tacones. Y aquí me tiene, dando tumbos como si fuera un siervo que aprende a caminar, sinceramente me sorprende como Effie va todos los días corriendo en ellos, es como su segunda naturaleza, que de cierta manera me motiva al igual hacerlo. Si ella puede hacerlo: ¿Por qué yo no? Sin embargo, el vestido viene siendo otro obstáculo a vencer, no deja de enredárseme en los zapatos y cuando voy alzarlo, de estar harta de que me estorbe, Effie viene hacia mí como una leona que protege a sus cachorros y darme en las manos:
— ¡No lo subas por encima del tobillo!
Por fin logró dominar mis pies, estoy a punto de gritar victoria hasta que me entero de no ser lo último de pulir en mí, debe enseñarme la manera de sentarme, la postura, la cual es muy desgarbada, la manera de mirar (muy baja), los gestos de las manos y las sonrisas. Maldición, las sonrisas, algo que se me da tan de las patadas y de poner un poco de esfuerzo, podría espantar a alguien. Sin embargo, mi nueva entrenadora no se rinde, y me enseña aparte del "no debes sonreír por sonreír", más de cien frases ridículas que empiezan con una sonrisa o terminan con una sonrisa. A la hora de la comida, siento los músculos de la cara tan entumecidos que pienso que se me caerán, Effie sin duda es una espartana.
— Bueno, he hecho lo que he podido. — dice Effie, suspirando. — Recuerda una cosa, Katniss: tienes que gustarle al público.
— ¿Acaso no puedo gustarle?
— No, si los miras con esa cara todo el tiempo. ¿Por qué no te lo reservas para el estadio? Es mejor imaginar si estas entre amigos.
— ¿Hablas enserio? ¡Ellos estarán apostando cuanto duraré en la arena! ¿Y vienes y me dices que imagine ser mis amigos? ¡Ha! Es una locura. — bufo muy malhumorada.
— ¡Pues fíngelo! — exclama Effie. Seguidamente recobra la calma y sonríe de oreja a oreja, bien, eso sí que da miedo. — ¿ves? Así. Te sonrío aunque estés exasperando.
— Si, excelente ejemplo. Me iré a comer.
Me quito los tacones de un par de patadas y mando todo al demonio mientras me dirijo al comedor, de hecho, en acto de total rebeldía me alzo el vestido hasta los muslos porque quiero que Effie me vea. Peeta y Haymitch parecen estar de buen humor, así que imagino que la sesión de contenido ira mucho mejor a esta. Pero, como era de esperarse, me he equivocado. Después de la comida, Haymitch me lleva al salón, me pide que me siente en el sofá y me mira ceñudo por un buen rato.
— ¿Tengo huecos en la cara o qué?
— Intento averiguar que hacer contigo, como te vamos a presentar. ¿Vas hacer encantadora? ¿Altiva? ¿Feroz? Por ahora pareces brillar como una estrella: te presentaste voluntaria para salvar a tu hermana, Cinna te hizo inolvidable y obtuviste la máxima puntuación. La gente siente curiosidad, pero nadie sabe cómo eres. La impresión que causes mañana decidirá lo que puedo conseguirte con los patrocinadores.
« Tiene un punto a su favor » dice Katniss « si le gustas a la audiencia, ya sea porque resultes cómico, brutal o excéntrico, conquistaras su corazón. »
— ¿Cuál será el enfoque de Peeta? Si puedes mencionarlo, claro.
— Intentara ser simpático. Sabe cómo reírse de sí mismo, le sale de forma natural. Por otro lado, cuando abres la boca pareces malhumorada y hostil.
— ¡No lo soy!
Bueno, quizás un poco, pero no es como para tanto. ¿Oh si?
— Por favor. No sé dónde sacaste a esa chica alegre que saludaba a la gente desde el carro de fuego, pero no la he visto desde entonces.
Era mi hermana gemela, saludo te dejo. Estoy a punto de decirle eso, pero en cambio, ruedo los ojos y le contesto otra cosa:
— No es como si me dices motivos para ser simpática contigo.
— No tienes que hacerlo de todas maneras, no soy quien te va a patrocinar. Finge que soy tu público, encandílame.
— ¡Bien! — respondo altanera.
Haymitch actúa como entrevistador y yo intento responder a sus preguntas de forma adorable, pero sin dudas, no me sale. Estoy tan ocupada estando molesta con él por contestar sus idiotas preguntas, por cómo me ha tratado, sobre todo, por cómo han surgido todas las cosas al estar metida en un juego sangriento que las respuesta me salen con veneno, en realidad, me luzco reluciendo toda la rabia que siento por dentro. ¿Por qué demonios tengo que soltar ojitos a un grupo de personas que desean ver mi sangre correr? ¡Es ilógico!
— Vale, ya basta. — Me dice — No solo eres hostil, tampoco se nada sobre ti. Te he hecho cincuenta preguntas y sigo sin hacerme una idea de cómo es tu vida, tu familia y las cosas que te importan. Quiere conocerte, Katniss.
— ¿Enserio? Pues que hagan fila, porque no quiero en lo más mínimo que sepan sobre mí. ¡Ya tengo suficiente con estar quitándome mi futuro! ¡Que mejor se vayan al infierno!
— ¡Pues miente! ¡Invéntales algo!
— ¿Mentir? No es como si fuese una máquina de mentiras, eso se le da mejor a otras personas. — espero no ser tan obvia hacia mi referencia, pero si no lo soy, estoy hablando de Peeta.
— Pues vas a tener que aprender hacerlo. Porque hasta ahora, tus encantos se asemejan a una babosa muerta. — ¡¿Cómo demonios me ha dicho?! No es como si vaya diciendo a los cuatro vientos que él es un alcohólico crónico que no diferencia su propia porquería a la de los demás, menos si es capaz de caer sobre ella y restregársela en el cuerpo. Bien, parece haberse dado cuenta de pasarse de la raya, porque suaviza su tono. — Tengo una idea: intenta actuar con humildad.
— ¿Humildad?
— Que no te puedes creer que una niña del Distrito 12 lo haya podido hacerlo tan bien, que todo esto es más de lo que nunca te hubieras imaginado. Habla de la ropa de Cinna, de lo simpática que es la gente, de cómo te asombra esta ciudad. Si no quieres hablar de ti, al menos halágalos. Síguelo diciendo una y otra vez, habla con entusiasmo.
Lo que sigue, es tortura pura. Al instante queda más que claro que no se me da ser entusiasta. Intentamos que me haga la chulita, pero no tengo la arrogancia necesaria. Al parecer no tengo la "arrogancia" necesaria para ser feroz, en realidad, me sobre vulnerabilidad. A la final, ni pinto a ingeniosa, divertida, sexy o misteriosa.
Terminamos la sesión dándome cuenta que no soy nadie. Haymitch ha vuelto a sus andadas de bebedor compulsivo, desde la parte ingeniosa, así que el tono de su voz es demasiado desagradable.
— Me rindo, preciosa. Limítate a responder a las preguntas e intenta que el público no vea lo mucho que los desprecias.
Mando todo al demonio, me encierro en mi habitación y ceno en ella pidiendo una cantidad de comida como para vomitarla, seguidamente, en un arranque completamente mío: lanzo los platos contra las paredes de la habitación odiando a cuanto ser viviente pise este mundo, pero por sobre todo, a los malditos Juegos del Hambre y Haymitch. Cuando la chica pelirroja entra a la habitación para abrirme la cama, el desastre hace que abra los ojos asombrada.
— ¡No le prestes atención y vete! — Chillo — ¡Vete de aquí!
Pero no lo hace, en cambio, cierra la puerta y entra al servicio, de donde sale con un trapo húmedo; después me limpia la cara y la sangre que me sale de las manos por el plato roto. Ella no debería de estar haciendo esto, no debería de hacerlo, soy el rostro que marco el abandono de su esperanza, la culpable que su amigo no se haya salvado aquel fatídico día. ¿Qué la puede estar movimiento a ayudarme? Por otra parte, la muerte de Katniss debería representar un alivio para ella, así se salda el odio de no poder haber sido salvada.
— Eres... muy rara. — susurro con voz hueca, casi entrecortada. — ayudas a la persona que te dio la espalda. La culpable de tu desgracia. Además, ¿por qué no moví un musculo? Debí de haberlo quizás intentado.
Ella sacude la cabeza, no tengo idea que quiere decir, pero tal vez, Katniss no hizo mal en haberla ignorado.
— No, realmente... realmente lo siento mucho. — insisto.
Ella se da un golpecito en los labios con los dedos y después me toca con ellos el pecho. Eso debe de decir el haber acabado igual a ella si Katniss la hubiese ayudado, es decir, convertida en avox o muerta. Me paso la siguiente hora ayudándola a limpiar el cuarto, una vez tirada la basura por la tolva y limpiada la comida del suelo, me abre la cama, me meto dentro como si fuese una niña pequeña y dejo que me arrope. Después se va, estaría más tranquila si se quedara hasta que me durmiera, o en su lugar, despertarme y verla. Esa chica me ha dado mucha seguridad, aunque Katniss precisamente no se la brindo.
En la mañana aparece mi equipo de preparación, las clases con Effie y Haymitch han culminado, este día será especialmente de Cinna, mi comodín de la desesperación. Puede darme un aspecto tan asombroso, que la gente pasara por alto lo posiblemente salido de mi boca. El equipo habla conmigo hasta bien tarde, convirtiendo mi piel tan brillante como el satén, trazándome dibujos en los brazos, pintándome llamas en las uñas. Después, Venia empieza a arreglarme el cabello, traza varios mechones rojos en un recogido que parte de mi oreja izquierda, me rodea la cabeza y cae convertido en una sola trenza en mi hombro derecho. Me embadurnan la cara completamente con base dándole paso a pintarme las facciones, enormes ojos oscuros, rojos labios carnosos, pestañas que desprenden rayos de luz cuando parpadeo. Por último, me colocan por todo el cuerpo un polvo dorado que me hace relucir. Entonces, Cinna hace su entrada triunfal con lo que parece ser mi vestido, pero no logro verlo, lo mantiene cubierto.
— Cierra los ojos. — me ordena.
Un forro sedoso me rodea, seguidamente de sentir el peso de unos más o menos dieciocho kilos, me sujeto de la mano de Octavia y me pongo los zapatos a ciegas, es un alivio comprobar que son más bajos a los que utilice con Effie en las practicas, por lo que, puedo manejarlos. Ajustan un par de cosas en el traje, en lo que, acto seguido guardan todos silencio.
— ¿Puedo abrir los ojos? — pregunto.
— Si — responde Cinna — ábrelos.
No tengo palabras para describir la persona que está delante de mí en el espejo, es una asombrosa criatura que brilla por luz propia, es decir, su piel brilla, sus ojos deslumbran y su vestido... oh, mi vestido está cubierto de gemas preciosas que reflejan luz, piedras rojas, amarillas y blancas con trocitos que acentúan las puntas del dibujo de las llamas. El mínimo movimiento que ejerza, da al parecer, estar envuelta en llamas, corrección, en lenguas flamantes de llamas.
En realidad, no soy guapa, en este o en otro cuerpo, menos increíble. Pero al menos, resplandezco como el sol.
— ¡Por dios, Cinna! — consigo conectar el chip del habla de nuevo en mí. — es maravilloso, gracias.
— Da una vuelta completa. — me dice, extiendo los brazos y lo hago.
El equipo de preparación grita con entusiasmo, Cinna amablemente les pide que se vayan mientras me coloca a caminar por la habitación con el vestido, el cual, sin dudas, es mucho más fácil de manejar que el de Effie. Este vestido cae de una manera tan agraciada, que le quita puntos en dificultad, haciéndolo todo más fácil para a mí. Adoro a Cinna, es mi hada madrina masculino en este mundo, sabe dar en el clavo en mis complicaciones.
—Bueno, ¿todo listo para la entrevista? — me pregunta Cinna.
¡Ay rayos! Tenía que sacar justamente ese tema cuando estoy siendo por un momento feliz, pero al juzgar por su expresión, seguramente ha conversado con mi mentor.
— Soy patética, para no decir un completo desastre. Haymitch me a asemejado con el encanto de una babosa muerta, intentamos todo, pero no existe nada que se acople a mí.
— ¿Y por qué no intentas ser tu misma? — me pregunta, luego de meditarlo un poco.
— Menos, sobra decirlo, pero Haymitch me ha dicho que soy malhumorada y hostil.
— Bueno, eso es verdad... pero cuando estas con Haymitch. — responde Cinna, sonriendo.  —  A mí no me lo pareces, y el equipo de preparación te adora; incluso te ganaste a los Vigilantes. En cuanto a los ciudadanos del Capitolio, bueno, no dejan hablar de ti. Nadie puede evitar admirar tu espíritu.
Bien, eso sí que no lo había escuchado antes, menos tomando en cuenta quien soy en realidad. Es decir, Katniss es valiente y admirable, ha demostrado de muchas formas que vale la pena tenerle estima. Por mi parte, no poseo gran atributo, es tal cual como dijo Haymitch: malhumorada y hostil. Pero he destilado algunas cosas mías y no de Katniss, quizás no vaya repartiendo amor en todas partes, pero si tengo gente que me importa, que realmente me hace sonreír.
— ¿Y si, cuando estés respondiendo las preguntas, te imaginas que estás hablando con un amigo de casa? — me sugiere, sujetándome las mas que están frías, al menos mías, las suyas no. — ¿Quién es tu mejor amigo?
Estoy a punto de nombrar a Andree, mi prima y sus amigas, pero no valdría el caso dado que hablamos de Katniss, no Heather.
— Gale. — respondo al recordar el imponente porte del mejor amigo de la dueña de este cuerpo. — Pero Cinna, no tiene sentido esto, Gale sabe cada mínima cosa sobre mí. No tiene necesidad de preguntarme nada.
— ¿Y yo? ¿Podrías considerarme un amigo?
— Claro, eso está demás el preguntarlo.
Es cierto, desde mi llegada al Capitolio, Cinna, es mi favorito entre todos. Aunque sus ideas brillantes te desconcierten al principio, nunca prometen decepcionarte, siempre cumplen su función de dejarte satisfecho.
— Estaré sentando en la plataforma principal, con los demás estilistas; podrás mirarme directamente. Cuando te pregunten algo, búscame y responde con toda la sinceridad posible.
— ¿Eso incluye igualmente lo desagradable? — preguntó porque me conozco, sé que pueda resultar ser así.
— Si, incluye también lo desagradable. ¿Lo intentaras?
Asiento, al menos tenemos un plan, o algo a lo que aferrarme. El momento de salir me llega como lluvia de verano, de imprevisto. Se por fuente confiable (Katniss), que las entrevistas se harán en un escenario delante del Centro de Entretenimiento. Por lo tanto, al menor grado de salir, tendré un millón de cámaras apuntando a mi rostro, donde seré vista por todo Panem.
Cuando Cinna va girar el pomo de la puerta, le sujeto rápidamente de la mano.
— Cinna... — se ha olvidado un pequeño detalle, pero soy pésima enfrentándome a multitudes, con sinceridad, ni se cómo lo hice el día de la cosecha.
— Recuerda, ya te quieren. — me dice con amabilidad. — Limítate hacer tu misma.
Nos reunimos con el resto del equipo del Distrito 12 en el elevador. Portia y los suyos han trabajo mucho: el chico rubio está impresionante con su traje negro con adorno de llamas. Aunque nos vemos bien uno al lado del otro, me alivia ver que estaremos totalmente distintos. Haymitch y Effie también va vestidos para la ocasión, evito mirar al alcohólico apestoso pero acepto los cumplidos de Effie; es lo convencional en ella, no poder odiarla, sabrá dios exactamente cuál es su pensamiento pero no es destructiva, el viejo ese sí.
Se abren las puertas del ascensor y vemos como los demás tributos se ponen en fila para subir al escenario. Los veinticuatro formamos sentados un gran arco durante las entrevistas. Yo seré la penúltima, al menos, mi sufrimiento no será tan mortal en la espera como sucedió en la sesión privadas con los Vigilantes. O eso quiero pensar, porque tendré que soportar las ingeniosas, grandiosas, humildes, divertidas y feroces entrevistas de los demás tributos. Seguramente el público comenzaran aburrirse cuando llegue mi turno, y allí no existirá un arco, ni mucho menos, flechas para captar su atención. Agregándole de no servir.
Justo antes que nos toque desfilar por el escenario, Haymitch se nos acerca y nos gruñe:
— Recuerden, siguen siendo un pareja feliz, así que actúen como si lo fueran.
¿Pero qué? Pensé en ya haber superado esa etapa al instante de Peeta marcar las distancias, pero supongo que no es algo público, sino privado. Tampoco es que deba darle más vueltas al asunto, debemos caminar de uno en uno hasta nuestros asientos, el número de los "gemelos dinámicos" no tiene espacio, lo cual, me alegra. Sin embargo, esa alegría no dura mucho, al colocar un pie en el escenario sintió que la presión se me baja: estoy sudando, temblando y para colmo, las piernas me parecen gelatina. Pero, por suerte, llego a tiempo a mi puesto antes de lamentarme si tropiezo y caigo al suelo.
La noche ya cae sobre la ciudad, el Circulo de la Ciudad se ve iluminado por todas esas luces que la rodean, noto como han construido gradas elevadas para los invitados prestigiosos, con los estilistas colocados en primera fila tal cual como dijo Cinna. También hay un gran balcón reservado para los Vigilantes, es la primera vez en verlos luego de lo ocurrido hace unos días y me da más nervios, espero realmente no encontrarme una mirada fulminante de su parte. Por otro lado, el Círculo de la Ciudad y las avenidas están repletas de gente, todos de pie, toda Panem seguramente tendrá sus ojos puestos en este acontecimiento. Claro, cero presiones.
Caesar Flickerman, un hombre de una apariencia algo peculiar, para no decir escalofriante, entra al escenario pintado su rostro de una capa blanca de maquillaje, sus párpados y labios lleva color celeste, a juego con su atuendo de un traje azul marino con pequeñas piedrecillas que a luz centellan. « Al menos, no da tanto miedo como el año pasado. » comenta Katniss « se pintó de escarlata los labios y párpados, parecía que tuviese sangre en ellos » me sacudo esa imagen de mi cabeza, si de por si su apariencia no juega a lo normal, no quiero darme más ideas a lo acontecido al año pasado.
Antes de pasar a la primera participante, cuenta uno que otro chiste animando a la audiencia, que de risas y cotorreos le dan la bienvenida a la tributo del Distrito 1. No es difícil averiguar su enfoque; lleva un vestido transparente dorado, posee cabello rubio ondulado, alta y esbelta. Veas por el lado que la veas, es sexy. « Las entrevistas duran tres minutos » me explica Katniss, mientras intento comprender como no llamar chica hueca sin cerebro a la del 1, « para cuando suene un zumbido debe pasar el siguiente, debo admitir que Caesar, hace todo lo posible para que los tributos brillen, es agradable, intenta tranquilizar los nervios, se ríe con las bromas tontas y puede convertir una respuesta floja en algo memorable sólo con su reacción. » Asi que, básicamente, no estamos tan perdidas si nos aterramos igualmente a este presentador estrafalario, si mantengo la compostura mirando a Cinna para mis respuestas, todo resultara bien.
Permanezco sentada tan quieta como un maniquí, que estoy segura que Effie estaría orgullosa de mi, veo cómo pasan los tributos de los demás distritos. Los del 2, 3,4. Todos tienen un enfoque que demostrar, ejemplo, el del 2 es un maquina sanguinaria de matar; la del 5 es maliciosa y escurridiza, como una comadreja, dictamina Katniss. Noto como Cinna llega y toma asiento, pero ni eso controla los latidos desesperados de mi corazón. 8, 9,10. El chico cojo del Distrito 10 es muy silencioso. Las manos me han empezado a sudar intensamente, ni siquiera puedo secármelas con el vestido, es de gemas, algo inútil para absorber mi humedad. 11. Rue, con un vestido de gaza y alas, revolotea por el escenario dando una apariencia de un Ángel, de hecho, la gente aguarda silencio cuando la ven de inmediato. Caesar la trata con dulzura y alaba el siete que saco en los entrenamientos, le sorprende que alguien tan pequeño haya sacado una puntuación tan alta. Cuando le pregunta cual será su punto fuerte en el estadio, ella no vacila ni un momento en contestar:
— Cuesta atraparme. — dice con voz trémula. — Y, si no me atrapan, no pueden matarme. Así que, no me descarten tan deprisa.
— Ni en un millón de años. — responder Caesar, animándola.
El chico del Distrito 11, Thresh, posee las mismas características en cuanto a su piel con Rue, pero solo hasta allí llega la similitud. Es un gigante, casi dos metros de altura, y tiene la contextura de un buey, sé que ha rechazado la invitación de los profesionales para formar equipo, él ha preferido estar solo, sin nadie alrededor. Ha conseguido un diez al pesar de no haber mostrado entusiasmo alguno a los entrenamientos, bueno, sea lo que haya hecho sorprendió a los Vigilantes. Seguramente tendrá muchos patrocinadores queriendo patrocinarlo, igualmente lo haría si tuviese dinero; posee una personalidad dura, hostil y poco agradable. Cuando Caesar intenta bromear con él lo ignora, de hecho, se limita a respondes las respuesta con un sí o un no, hasta llega el punto, de quedarse callado. De cierta manera es injusto, si tuviese una apariencia como la suya no se vería mal ser hostil, pero como no la tengo, debo fingir alguien que no soy. Bueno, de todas maneras no tengo tiempo para seguir lamentándome, llaman al escenario a Katniss Everdeen, y todo parece desmoronarse.
Me levantó y camino al escenario central, el pulso lo tengo tan elevado que me siembra en los oídos; al momento de estrecharle la mano al presentador y es muy considerado como para no limpiarse el sudor de inmediato, con su traje.
— Bueno, Katniss, el Capitolio debe de ser un gran cambio, comparado con el Distrito 12. ¿Qué es lo que más te ha impresionado desde que estás aqui?
¿Cómo? ¡No preste atención a lo que decía! Bien, bien, debo mantener la calma, que no inunde el pánico, pretenderé tragar saliva casualmente y buscar entre la multitud a mi estilista. ¡Bingo! Él amablemente me vuelve a repetir lo que Caesar me ha dicho, respiro, sinceramente lo que más me sorprendido de todo es como van a lanzarme a una arena para que me mate con otros, pero del mismo modo, la comida de aquí es impresionante y... y...
— El estofado de cordero. — sale de mi boca al recordar ayer como comí ese exquisito manjar de los dioses, Caesar ríe y el público igualmente lo hace.
— ¿El de ciruelas pasas? — pregunta y yo asiento. — Oh, yo lo como sin parar. — Se devuelve hacia la audiencia, horrorizado con la mano en el estómago — ¿No se me notara? ¿Cierto? — Todos gritan y aplauden, caigo de inmediatamente en cuenta que Katniss tenía razón, él realmente te ayuda.
— Bueno, Katniss cuando apareciste en la ceremonia inaugural se me paro el corazón, literalmente. ¿Qué te pareció el traje?
Cinna arquea una ceja, y sé que debo responder con toda la verdad del mundo.
— Mmm... ¿Debería empezar por la parte en que me fije que podría convertirme en una antorcha humana?
Caesar suelta una carcajada divertida y el público le sigue desde atrás, debe ser bastante hilarante verlo desde la perspectiva de ahora, contarlo como si no hubiera pasado un gran susto.
— Si, a partir de ahí.
— Cinna, sin dudas es un genio — mi querido estilista amigo, me diste un voto de confianzas para decirte la verdad de lo que pienso, así que, tarde o temprano lo sabrías. — uno con las mejores ideas para diseñar trajes, es como has dicho Caesar, literalmente se me paro el corazón. Es que, tan solo mira el de hoy, igualmente es fascinante.
Levanto la falda para extenderla y el público suelta exclamaciones de admiración, veo que Cinna mueve su dedo en círculos diciéndome: "gira para mí". Por lo que, me levanto y doy un giro completo, la reacción en extraordinaria.
— ¡Oh, hazlo otra vez! — me pide Caesar, extiendo mis brazos y doy vueltas, muestro como la falda fragmenta lenguas de fuego mediante las gemas de colores hermosos, el público vitorea y tengo que detenerme sujetándome del presentador. — ¡No te pares!
— ¡Pero es que ya no puedo más! ¡Me he mareado!
He comenzado a comportarme como una real tonta, soltando risitas, girando en medio de un escenario con un público predecible... los nervios se han apoderado de mí, es lo único que puedo decir.
— No te preocupes, te tengo. — me dice Caesar, rodeándome con un brazo. — No podemos dejar que sigas los pasos de tu mentor. — Todos empiezan a ser bulla y las cámaras enfocan a Haymitch, que ahora es famoso por su cálida en la cosecha; el agita su mano para callarlo, con buen humor, y me señala. — No pasa nada, conmigo está a salvo. Bueno, hablemos de la puntuación: on-ce. Danos una pista de lo que ocurrió allí.
— Bien... — aunque no haya querido hacerlo durante la noche, lo término haciendo. Dirijo mi mirada al balcón donde estás los Vigilantes y me tenso. — dudo poder muchos detalles pero: nunca alguien podrán igualar lo que han visto allí.
Las cámaras enfocan a los Vigilantes, parecen de buen humor y no fulminan a nadie, o al menos, no a mí.
— Nos estas matando. — prostesta el presentar, como si realmente le importase. — Más detalles, más detalles.
— Es un secreto, ¿cierto? — pregunto mirando al balcón.
— ¡Así es! — grita el Vigilante que cayó sobre la ponchera.
— ¿Lo ven? — me encojo de hombros, como si en verdad no tuviese otra alternativa. — no puedo ayudarles en eso.
— Entonces volvamos al momento en que dijeron el nombre de tu hermana en la cosecha. — sigue Caesar, pero el tono que emplea es mucho más bajo y confidencial. — Tú te presentantes voluntaria. ¿Nos puedes hablar sobre ella?
Oh, demonios, no, demonios eso sí que no. Aguarda, esta gente le importa una mierda si la hermana de Katniss fue seleccionada o no para los juegos, pero quizás, solamente quizás, mencionarle de ella a Cinna no esté tan mal.
— Su nombre es Prim, es la persona más importante que tengo en este mundo, ella... solo tiene doce años.
El silencio me inquieta un poco, pero supongo que lo hace para que me sienta en confianza, absurdo.
— ¿Qué te dijo después de la cosecha?
Vamos, no seas hostil, no seas grosera. Responde con la verdad y no insultes a nadie.
— Me hizo jurar que intentaría ganar los Juegos.
— ¿Y qué respondiste? — me pregunta con amabilidad, pero me cuesta comerme ese cuento, menos cuando toda esta gente está queriendo ver un mismo fin, pero me reprimo mi rabia, odio y cólera. Se lo debo a Cinna, quien ha sacado la cara por mí, se lo debo a Katniss y esa charla de confiar la una en la otra para salir de esta, pero sobre todo, se lo debo a Prim quien le prometí el volver a casa, junto a ella.
— Se lo prometí, con la verdad de la buena.
— Seguro que sí. — aprieta mi mano y el zumbido suena. — Bueno, nos hemos quedado sin tiempo. Pero te deseamos la mejor de las suertes, Katniss Everdeen, tributo del Distrito 12.
Loa aplausos continúan mucho después de sentarme. Miro a Cinna para que me tranquilice, y él levantar el pulgar, lo he hecho bien, más que bien, con un poco de mucha buena suerte todo salió bien. Pero aun así, paso medio en las nubes parte de la entrevista del chico rubio, quien al parecer, no debe de esforzarse mucho para ganarse al público: ellos ya lo adoran. Está utilizando lo de ser hijo del panadero para comparar a los tributos con los panes de los distritos, seguidamente, cuenta una anécdota divertida sobre los peligros de las duchas del Capitolio.
— Dime, ¿todavía huelo a rosas? — le pregunta a Caesar, se la pasan un buen rato olisqueándose como si fueran perros el uno al otro, eso parece darle mucha gracia a la gente porque no paran de reír. Mi cerebro empieza a conectarse cuando el presentador le pregunta si tiene una novia en casa.
Peeta sacude la cabeza hacia los lados, pero no muy convencido, con lo cual hace preguntarme nuevamente los razonamientos de hace unos días atrás. El chico del pan, dejando aparte el exasperarme a veces, ser enemigos jurados por el Capitolio y, traicionarme en la más mínima oportunidad; sigue siendo guapo, bastante guapo, el conseguir una chica no debe de ser nada difícil para él. Estoy segura que si tiene a alguien.
— ¿Un chico guapo como tú? Tiene que haber una chica especial. Venga, ¿cómo se llama?
¿Lo ven? Caesar piensa lo mismo que yo.
— Bueno, hay una chica. — Responde él, suspirando — Llevo enamorado de ella desde tener uso de razón, pero estoy bastante seguro de que ella no sabía nada de mí hasta la cosecha.
¡Agh! Que patético, no me digas que es una más de tus mentiras chico del pan. Vuelvo y reitero, no debe existir chica alguna que se resista a los encantos bobos de este niño, más si le llena de babosas el cerebro, solo fíjense en la expresión de soñador que ha hecho. ¿En verdad alguien no se fijaría en él? Y de suponer ser esa historia cierta, esa chica es una ciega completa.
— ¿Tiene a otro?
— No lo sé, aunque le gusta a muchos chicos.
¿Es una resbalosa? Bueno no, no necesariamente debe de ser eso, tal vez, es muy popular. ¿Katniss tendrá una idea de quien pueda ser?
— Entonces te diré lo que tienes que hacer: gana y vuelve a casa. Y así no podrá rechazarte, ¿eh? — lo anima Caesar.
— Creo que no funcionaría. Ganar... no ayudará, en mi caso.
Vamos, vamos, que melodramático. Y obviamente no ganaras porque lo haremos Katniss y yo, todo este numerito del amor no correspondido me está asqueando, aunque, del mismo modo, me mata la curiosidad el tipo de chica que rechacé a Peeta Mellark aun siendo ganador de los Juegos del Hambre. Pero Katniss, aun, no muestra indicios de poder saberlo.
— ¿Por qué no? — Caesar le pregunta perplejo.
— Porque... — empieza a balbucear Peeta, volviéndose rojo como tomate. — Porque ella está aquí conmigo.   

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