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Maldito. Es lo primero que se me viene a la mente al escuchar esto, porque al pesar de insistir tanto en permanecer juntos, de alguna manera, estaba acostumbrándome a eso e incluso, hace unos jodidos minutos atrás me cuestionaba las razones del porque confiaba un poco en él. ¿Y me paga de esta manera? ¡¿En verdad se ha atrevido hacerlo?! Es un imbécil, ¡eso es lo que es! ¡Un maldito imbécil! Pero más lo soy yo, desde un principio Katniss me ha advertido sobre esto, sobre que al final me traicionaría, como es de costumbre en cualquiera de los dos mundos, apuñalándome en la espalda. ¡Un chico tenía que ser! ¿Y cuándo fue el momento de darle mi voto de confianza? ¡Ah! ¡Por supuesto! Desde ver como se arriesgó a recibir la paliza del siglo para arrojarle un pan a Katniss, el sostener mi mano en aquel estúpida ceremonia para no caerme de esa cosa, encubrirme en el asunto con la chica avox en la mesa, hablar hasta la saciedad de los atributos de cazadora de Katniss... ¿Eso no era suficiente? ¡¿No lo fue para poder dar mi granito de arena de confianza hacia él?! Ah... no me importa, en verdad, ya nada me importa.
¿Saben qué? Me es un alivio, si, si... ¡Hasta me siento mejor
sabiendo la clase de persona que es! A la final, solo uno puede vencer en estos
Juegos, uno que claramente no es él. Desde el inicio se me hizo difícil fingir
ser su amiga, está claro que para el chico rubio igualmente lo fue, solamente
lo ha sabido manejar muy bien gracias a las habilidades de su lengua mentirosa.
Con esto, puedo dejar de cuestionarme un montón de cosas, los Juegos empiezan
en dos días y entre más alejados estemos el uno del otro mejor. No tengo idea
lo que propicio su cambio de enfoque, pero sospecho el haberlo sobrepasado en
los puntajes de la sesión privada con los Vigilantes, igualmente me alegró.
Nosotros jamás hemos sido amigos, ni nunca lo seremos, en realidad somos es enemigos
a muerte, donde tarde o temprano, deberán enfrentarse en el estadio. Perfecto,
veremos quien aguantara mejor esto.
— De acuerdo, ¿cuál es el horario?
— Cada uno tendrá cuatro horas con Effie para la
presentación, y cuatro conmigo para el contenido. — Responde Haymitch — Tú
empiezas con Effie, Katniss.
Se me hace difícil imaginar porqué necesitamos una sección
privada con Effie, sé que debo de aprovechar cada minuto que se me conceda.
Vamos a mi cuarto, me pone un vestido largo y tacones (no serán lo que llevare
a la entrevista de verdad), y me explica como caminar. Sinceramente, apesto en
esto. En mi mundo he llevado un par de veces tacones; el grado de bachiller de
mi hermano, la fiesta de quince de Mari Ann y la cena de fin de año antes de
cumplir los dieciséis, en todas puedo asegurar algo: fue un desastre. En las
dos primeras no me caí, de hecho, hasta baile con ellos y fui capaz de subirme
en un trampolín a saltar, claro, las consecuencias de ello fueron horribles, me
dolía hasta el respirar. En la última si caí, trate de caminar normalmente con
esos zancos, pero con una pisada en falso, termine en el suelo sentada como si
fuera a practicar yoga; el recordarlo es sumamente humillante que mande todo al
demonio, jurando no volver a utilizar tacones. Y aquí me tiene, dando tumbos
como si fuera un siervo que aprende a caminar, sinceramente me sorprende como
Effie va todos los días corriendo en ellos, es como su segunda naturaleza, que
de cierta manera me motiva al igual hacerlo. Si ella puede hacerlo: ¿Por qué yo
no? Sin embargo, el vestido viene siendo otro obstáculo a vencer, no deja de enredárseme
en los zapatos y cuando voy alzarlo, de estar harta de que me estorbe, Effie
viene hacia mí como una leona que protege a sus cachorros y darme en las manos:
— ¡No lo subas por encima del tobillo!
Por fin logró dominar mis pies, estoy a punto de gritar
victoria hasta que me entero de no ser lo último de pulir en mí, debe enseñarme
la manera de sentarme, la postura, la cual es muy desgarbada, la manera de mirar
(muy baja), los gestos de las manos y las sonrisas. Maldición, las sonrisas,
algo que se me da tan de las patadas y de poner un poco de esfuerzo, podría
espantar a alguien. Sin embargo, mi nueva entrenadora no se rinde, y me enseña
aparte del "no debes sonreír por sonreír", más de cien frases
ridículas que empiezan con una sonrisa o terminan con una sonrisa. A la hora de
la comida, siento los músculos de la cara tan entumecidos que pienso que se me
caerán, Effie sin duda es una espartana.
— Bueno, he hecho lo que he podido. — dice Effie, suspirando.
— Recuerda una cosa, Katniss: tienes que gustarle al público.
— ¿Acaso no puedo gustarle?
— No, si los miras con esa cara todo el tiempo. ¿Por qué no
te lo reservas para el estadio? Es mejor imaginar si estas entre amigos.
— ¿Hablas enserio? ¡Ellos estarán apostando cuanto duraré en
la arena! ¿Y vienes y me dices que imagine ser mis amigos? ¡Ha! Es una locura.
— bufo muy malhumorada.
— ¡Pues fíngelo! — exclama Effie. Seguidamente recobra la
calma y sonríe de oreja a oreja, bien, eso sí que da miedo. — ¿ves? Así. Te
sonrío aunque estés exasperando.
— Si, excelente ejemplo. Me iré a comer.
Me quito los tacones de un par de patadas y mando todo al
demonio mientras me dirijo al comedor, de hecho, en acto de total rebeldía me
alzo el vestido hasta los muslos porque quiero que Effie me vea. Peeta y
Haymitch parecen estar de buen humor, así que imagino que la sesión de
contenido ira mucho mejor a esta. Pero, como era de esperarse, me he
equivocado. Después de la comida, Haymitch me lleva al salón, me pide que me
siente en el sofá y me mira ceñudo por un buen rato.
— ¿Tengo huecos en la cara o qué?
— Intento averiguar que hacer contigo, como te vamos a
presentar. ¿Vas hacer encantadora? ¿Altiva? ¿Feroz? Por ahora pareces brillar
como una estrella: te presentaste voluntaria para salvar a tu hermana, Cinna te
hizo inolvidable y obtuviste la máxima puntuación. La gente siente curiosidad,
pero nadie sabe cómo eres. La impresión que causes mañana decidirá lo que puedo
conseguirte con los patrocinadores.
« Tiene un punto a su favor » dice Katniss « si le gustas a
la audiencia, ya sea porque resultes cómico, brutal o excéntrico, conquistaras
su corazón. »
— ¿Cuál será el enfoque de Peeta? Si puedes mencionarlo,
claro.
— Intentara ser simpático. Sabe cómo reírse de sí mismo, le
sale de forma natural. Por otro lado, cuando abres la boca pareces malhumorada
y hostil.
— ¡No lo soy!
Bueno, quizás un poco, pero no es como para tanto. ¿Oh si?
— Por favor. No sé dónde sacaste a esa chica alegre que
saludaba a la gente desde el carro de fuego, pero no la he visto desde
entonces.
Era mi hermana gemela, saludo te dejo. Estoy a punto de
decirle eso, pero en cambio, ruedo los ojos y le contesto otra cosa:
— No es como si me dices motivos para ser simpática contigo.
— No tienes que hacerlo de todas maneras, no soy quien te va
a patrocinar. Finge que soy tu público, encandílame.
— ¡Bien! — respondo altanera.
Haymitch actúa como entrevistador y yo intento responder a
sus preguntas de forma adorable, pero sin dudas, no me sale. Estoy tan ocupada
estando molesta con él por contestar sus idiotas preguntas, por cómo me ha
tratado, sobre todo, por cómo han surgido todas las cosas al estar metida en un
juego sangriento que las respuesta me salen con veneno, en realidad, me luzco
reluciendo toda la rabia que siento por dentro. ¿Por qué demonios tengo que
soltar ojitos a un grupo de personas que desean ver mi sangre correr? ¡Es ilógico!
— Vale, ya basta. — Me dice — No solo eres hostil, tampoco se
nada sobre ti. Te he hecho cincuenta preguntas y sigo sin hacerme una idea de cómo
es tu vida, tu familia y las cosas que te importan. Quiere conocerte, Katniss.
— ¿Enserio? Pues que hagan fila, porque no quiero en lo más
mínimo que sepan sobre mí. ¡Ya tengo suficiente con estar quitándome mi futuro!
¡Que mejor se vayan al infierno!
— ¡Pues miente! ¡Invéntales algo!
— ¿Mentir? No es como si fuese una máquina de mentiras, eso
se le da mejor a otras personas. — espero no ser tan obvia hacia mi referencia,
pero si no lo soy, estoy hablando de Peeta.
— Pues vas a tener que aprender hacerlo. Porque hasta ahora,
tus encantos se asemejan a una babosa muerta. — ¡¿Cómo demonios me ha dicho?!
No es como si vaya diciendo a los cuatro vientos que él es un alcohólico
crónico que no diferencia su propia porquería a la de los demás, menos si es
capaz de caer sobre ella y restregársela en el cuerpo. Bien, parece haberse
dado cuenta de pasarse de la raya, porque suaviza su tono. — Tengo una idea:
intenta actuar con humildad.
— ¿Humildad?
— Que no te puedes creer que una niña del Distrito 12 lo haya
podido hacerlo tan bien, que todo esto es más de lo que nunca te hubieras
imaginado. Habla de la ropa de Cinna, de lo simpática que es la gente, de cómo
te asombra esta ciudad. Si no quieres hablar de ti, al menos halágalos. Síguelo
diciendo una y otra vez, habla con entusiasmo.
Lo que sigue, es tortura pura. Al instante queda más que
claro que no se me da ser entusiasta. Intentamos que me haga la chulita, pero
no tengo la arrogancia necesaria. Al parecer no tengo la "arrogancia"
necesaria para ser feroz, en realidad, me sobre vulnerabilidad. A la final, ni
pinto a ingeniosa, divertida, sexy o misteriosa.
Terminamos la sesión dándome cuenta que no soy nadie.
Haymitch ha vuelto a sus andadas de bebedor compulsivo, desde la parte
ingeniosa, así que el tono de su voz es demasiado desagradable.
— Me rindo, preciosa. Limítate a responder a las preguntas e
intenta que el público no vea lo mucho que los desprecias.
Mando todo al demonio, me encierro en mi habitación y ceno en
ella pidiendo una cantidad de comida como para vomitarla, seguidamente, en un
arranque completamente mío: lanzo los platos contra las paredes de la
habitación odiando a cuanto ser viviente pise este mundo, pero por sobre todo,
a los malditos Juegos del Hambre y Haymitch. Cuando la chica pelirroja entra a
la habitación para abrirme la cama, el desastre hace que abra los ojos
asombrada.
— ¡No le prestes atención y vete! — Chillo — ¡Vete de aquí!
Pero no lo hace, en cambio, cierra la puerta y entra al
servicio, de donde sale con un trapo húmedo; después me limpia la cara y la sangre
que me sale de las manos por el plato roto. Ella no debería de estar haciendo
esto, no debería de hacerlo, soy el rostro que marco el abandono de su
esperanza, la culpable que su amigo no se haya salvado aquel fatídico día. ¿Qué
la puede estar movimiento a ayudarme? Por otra parte, la muerte de Katniss
debería representar un alivio para ella, así se salda el odio de no poder haber
sido salvada.
— Eres... muy rara. — susurro con voz hueca, casi
entrecortada. — ayudas a la persona que te dio la espalda. La culpable de tu
desgracia. Además, ¿por qué no moví un musculo? Debí de haberlo quizás
intentado.
Ella sacude la cabeza, no tengo idea que quiere decir, pero
tal vez, Katniss no hizo mal en haberla ignorado.
— No, realmente... realmente lo siento mucho. — insisto.
Ella se da un golpecito en los labios con los dedos y después
me toca con ellos el pecho. Eso debe de decir el haber acabado igual a ella si
Katniss la hubiese ayudado, es decir, convertida en avox o muerta. Me paso la
siguiente hora ayudándola a limpiar el cuarto, una vez tirada la basura por la
tolva y limpiada la comida del suelo, me abre la cama, me meto dentro como si
fuese una niña pequeña y dejo que me arrope. Después se va, estaría más
tranquila si se quedara hasta que me durmiera, o en su lugar, despertarme y
verla. Esa chica me ha dado mucha seguridad, aunque Katniss precisamente no se
la brindo.
En la mañana aparece mi equipo de preparación, las clases con
Effie y Haymitch han culminado, este día será especialmente de Cinna, mi
comodín de la desesperación. Puede darme un aspecto tan asombroso, que la gente
pasara por alto lo posiblemente salido de mi boca. El equipo habla conmigo
hasta bien tarde, convirtiendo mi piel tan brillante como el satén, trazándome
dibujos en los brazos, pintándome llamas en las uñas. Después, Venia empieza a
arreglarme el cabello, traza varios mechones rojos en un recogido que parte de
mi oreja izquierda, me rodea la cabeza y cae convertido en una sola trenza en
mi hombro derecho. Me embadurnan la cara completamente con base dándole paso a
pintarme las facciones, enormes ojos oscuros, rojos labios carnosos, pestañas
que desprenden rayos de luz cuando parpadeo. Por último, me colocan por todo el
cuerpo un polvo dorado que me hace relucir. Entonces, Cinna hace su entrada
triunfal con lo que parece ser mi vestido, pero no logro verlo, lo mantiene
cubierto.
— Cierra los ojos. — me ordena.
Un forro sedoso me rodea, seguidamente de sentir el peso de
unos más o menos dieciocho kilos, me sujeto de la mano de Octavia y me pongo
los zapatos a ciegas, es un alivio comprobar que son más bajos a los que
utilice con Effie en las practicas, por lo que, puedo manejarlos. Ajustan un
par de cosas en el traje, en lo que, acto seguido guardan todos silencio.
— ¿Puedo abrir los ojos? — pregunto.
— Si — responde Cinna — ábrelos.
No tengo palabras para describir la persona que está delante
de mí en el espejo, es una asombrosa criatura que brilla por luz propia, es
decir, su piel brilla, sus ojos deslumbran y su vestido... oh, mi vestido está
cubierto de gemas preciosas que reflejan luz, piedras rojas, amarillas y
blancas con trocitos que acentúan las puntas del dibujo de las llamas. El
mínimo movimiento que ejerza, da al parecer, estar envuelta en llamas,
corrección, en lenguas flamantes de llamas.
En realidad, no soy guapa, en este o en otro cuerpo, menos
increíble. Pero al menos, resplandezco como el sol.
— ¡Por dios, Cinna! — consigo conectar el chip del habla de
nuevo en mí. — es maravilloso, gracias.
— Da una vuelta completa. — me dice, extiendo los brazos y lo
hago.
El equipo de preparación grita con entusiasmo, Cinna
amablemente les pide que se vayan mientras me coloca a caminar por la
habitación con el vestido, el cual, sin dudas, es mucho más fácil de manejar
que el de Effie. Este vestido cae de una manera tan agraciada, que le quita
puntos en dificultad, haciéndolo todo más fácil para a mí. Adoro a Cinna, es mi
hada madrina masculino en este mundo, sabe dar en el clavo en mis
complicaciones.
—Bueno, ¿todo listo para la entrevista? — me pregunta Cinna.
¡Ay rayos! Tenía que sacar justamente ese tema cuando estoy
siendo por un momento feliz, pero al juzgar por su expresión, seguramente ha
conversado con mi mentor.
— Soy patética, para no decir un completo desastre. Haymitch
me a asemejado con el encanto de una babosa muerta, intentamos todo, pero no
existe nada que se acople a mí.
— ¿Y por qué no intentas ser tu misma? — me pregunta, luego
de meditarlo un poco.
— Menos, sobra decirlo, pero Haymitch me ha dicho que soy
malhumorada y hostil.
— Bueno, eso es verdad... pero cuando estas con Haymitch. —
responde Cinna, sonriendo. — A mí no me lo pareces, y el equipo de
preparación te adora; incluso te ganaste a los Vigilantes. En cuanto a los
ciudadanos del Capitolio, bueno, no dejan hablar de ti. Nadie puede evitar
admirar tu espíritu.
Bien, eso sí que no lo había escuchado antes, menos tomando
en cuenta quien soy en realidad. Es decir, Katniss es valiente y admirable, ha
demostrado de muchas formas que vale la pena tenerle estima. Por mi parte, no
poseo gran atributo, es tal cual como dijo Haymitch: malhumorada y hostil. Pero
he destilado algunas cosas mías y no de Katniss, quizás no vaya repartiendo
amor en todas partes, pero si tengo gente que me importa, que realmente me hace
sonreír.
— ¿Y si, cuando estés respondiendo las preguntas, te imaginas
que estás hablando con un amigo de casa? — me sugiere, sujetándome las mas que están
frías, al menos mías, las suyas no. — ¿Quién es tu mejor amigo?
Estoy a punto de nombrar a Andree, mi prima y sus amigas,
pero no valdría el caso dado que hablamos de Katniss, no Heather.
— Gale. — respondo al recordar el imponente porte del mejor
amigo de la dueña de este cuerpo. — Pero Cinna, no tiene sentido esto, Gale
sabe cada mínima cosa sobre mí. No tiene necesidad de preguntarme nada.
— ¿Y yo? ¿Podrías considerarme un amigo?
— Claro, eso está demás el preguntarlo.
Es cierto, desde mi llegada al Capitolio, Cinna, es mi
favorito entre todos. Aunque sus ideas brillantes te desconcierten al
principio, nunca prometen decepcionarte, siempre cumplen su función de dejarte
satisfecho.
— Estaré sentando en la plataforma principal, con los demás
estilistas; podrás mirarme directamente. Cuando te pregunten algo, búscame y
responde con toda la sinceridad posible.
— ¿Eso incluye igualmente lo desagradable? — preguntó porque
me conozco, sé que pueda resultar ser así.
— Si, incluye también lo desagradable. ¿Lo intentaras?
Asiento, al menos tenemos un plan, o algo a lo que aferrarme.
El momento de salir me llega como lluvia de verano, de imprevisto. Se por
fuente confiable (Katniss), que las entrevistas se harán en un escenario
delante del Centro de Entretenimiento. Por lo tanto, al menor grado de salir,
tendré un millón de cámaras apuntando a mi rostro, donde seré vista por todo
Panem.
Cuando Cinna va girar el pomo de la puerta, le sujeto
rápidamente de la mano.
— Cinna... — se ha olvidado un pequeño detalle, pero soy
pésima enfrentándome a multitudes, con sinceridad, ni se cómo lo hice el día de
la cosecha.
— Recuerda, ya te quieren. — me dice con amabilidad. — Limítate
hacer tu misma.
Nos reunimos con el resto del equipo del Distrito 12 en el
elevador. Portia y los suyos han trabajo mucho: el chico rubio está
impresionante con su traje negro con adorno de llamas. Aunque nos vemos bien
uno al lado del otro, me alivia ver que estaremos totalmente distintos.
Haymitch y Effie también va vestidos para la ocasión, evito mirar al alcohólico
apestoso pero acepto los cumplidos de Effie; es lo convencional en ella, no
poder odiarla, sabrá dios exactamente cuál es su pensamiento pero no es
destructiva, el viejo ese sí.
Se abren las puertas del ascensor y vemos como los demás
tributos se ponen en fila para subir al escenario. Los veinticuatro formamos
sentados un gran arco durante las entrevistas. Yo seré la penúltima, al menos,
mi sufrimiento no será tan mortal en la espera como sucedió en la sesión
privadas con los Vigilantes. O eso quiero pensar, porque tendré que soportar
las ingeniosas, grandiosas, humildes, divertidas y feroces entrevistas de los
demás tributos. Seguramente el público comenzaran aburrirse cuando llegue mi
turno, y allí no existirá un arco, ni mucho menos, flechas para captar su
atención. Agregándole de no servir.
Justo antes que nos toque desfilar por el escenario, Haymitch
se nos acerca y nos gruñe:
— Recuerden, siguen siendo un pareja feliz, así que actúen
como si lo fueran.
¿Pero qué? Pensé en ya haber superado esa etapa al instante
de Peeta marcar las distancias, pero supongo que no es algo público, sino
privado. Tampoco es que deba darle más vueltas al asunto, debemos caminar de
uno en uno hasta nuestros asientos, el número de los "gemelos
dinámicos" no tiene espacio, lo cual, me alegra. Sin embargo, esa alegría
no dura mucho, al colocar un pie en el escenario sintió que la presión se me
baja: estoy sudando, temblando y para colmo, las piernas me parecen gelatina.
Pero, por suerte, llego a tiempo a mi puesto antes de lamentarme si tropiezo y
caigo al suelo.
La noche ya cae sobre la ciudad, el Circulo de la Ciudad se
ve iluminado por todas esas luces que la rodean, noto como han construido
gradas elevadas para los invitados prestigiosos, con los estilistas colocados
en primera fila tal cual como dijo Cinna. También hay un gran balcón reservado
para los Vigilantes, es la primera vez en verlos luego de lo ocurrido hace unos
días y me da más nervios, espero realmente no encontrarme una mirada fulminante
de su parte. Por otro lado, el Círculo de la Ciudad y las avenidas están
repletas de gente, todos de pie, toda Panem seguramente tendrá sus ojos puestos
en este acontecimiento. Claro, cero presiones.
Caesar Flickerman, un hombre de una apariencia algo peculiar,
para no decir escalofriante, entra al escenario pintado su rostro de una capa
blanca de maquillaje, sus párpados y labios lleva color celeste, a juego con su
atuendo de un traje azul marino con pequeñas piedrecillas que a luz centellan.
« Al menos, no da tanto miedo como el año pasado. » comenta Katniss « se pintó
de escarlata los labios y párpados, parecía que tuviese sangre en ellos » me
sacudo esa imagen de mi cabeza, si de por si su apariencia no juega a lo
normal, no quiero darme más ideas a lo acontecido al año pasado.
Antes de pasar a la primera participante, cuenta uno que otro
chiste animando a la audiencia, que de risas y cotorreos le dan la bienvenida a
la tributo del Distrito 1. No es difícil averiguar su enfoque; lleva un vestido
transparente dorado, posee cabello rubio ondulado, alta y esbelta. Veas por el
lado que la veas, es sexy. « Las entrevistas duran tres minutos » me explica
Katniss, mientras intento comprender como no llamar chica hueca sin cerebro a
la del 1, « para cuando suene un zumbido debe pasar el siguiente, debo admitir
que Caesar, hace todo lo posible para que los tributos brillen, es agradable,
intenta tranquilizar los nervios, se ríe con las bromas tontas y puede
convertir una respuesta floja en algo memorable sólo con su reacción. » Asi
que, básicamente, no estamos tan perdidas si nos aterramos igualmente a este
presentador estrafalario, si mantengo la compostura mirando a Cinna para mis
respuestas, todo resultara bien.
Permanezco sentada tan quieta como un maniquí, que estoy
segura que Effie estaría orgullosa de mi, veo cómo pasan los tributos de los
demás distritos. Los del 2, 3,4. Todos tienen un enfoque que demostrar,
ejemplo, el del 2 es un maquina sanguinaria de matar; la del 5 es maliciosa y
escurridiza, como una comadreja, dictamina Katniss. Noto como Cinna llega y
toma asiento, pero ni eso controla los latidos desesperados de mi corazón. 8,
9,10. El chico cojo del Distrito 10 es muy silencioso. Las manos me han
empezado a sudar intensamente, ni siquiera puedo secármelas con el vestido, es
de gemas, algo inútil para absorber mi humedad. 11. Rue, con un vestido de gaza
y alas, revolotea por el escenario dando una apariencia de un Ángel, de hecho,
la gente aguarda silencio cuando la ven de inmediato. Caesar la trata con
dulzura y alaba el siete que saco en los entrenamientos, le sorprende que
alguien tan pequeño haya sacado una puntuación tan alta. Cuando le pregunta
cual será su punto fuerte en el estadio, ella no vacila ni un momento en
contestar:
— Cuesta atraparme. — dice con voz trémula. — Y, si no me
atrapan, no pueden matarme. Así que, no me descarten tan deprisa.
— Ni en un millón de años. — responder Caesar, animándola.
El chico del Distrito 11, Thresh, posee las mismas
características en cuanto a su piel con Rue, pero solo hasta allí llega la
similitud. Es un gigante, casi dos metros de altura, y tiene la contextura de
un buey, sé que ha rechazado la invitación de los profesionales para formar
equipo, él ha preferido estar solo, sin nadie alrededor. Ha conseguido un diez
al pesar de no haber mostrado entusiasmo alguno a los entrenamientos, bueno,
sea lo que haya hecho sorprendió a los Vigilantes. Seguramente tendrá muchos
patrocinadores queriendo patrocinarlo, igualmente lo haría si tuviese dinero;
posee una personalidad dura, hostil y poco agradable. Cuando Caesar intenta
bromear con él lo ignora, de hecho, se limita a respondes las respuesta con un sí
o un no, hasta llega el punto, de quedarse callado. De cierta manera es
injusto, si tuviese una apariencia como la suya no se vería mal ser hostil,
pero como no la tengo, debo fingir alguien que no soy. Bueno, de todas maneras
no tengo tiempo para seguir lamentándome, llaman al escenario a Katniss Everdeen,
y todo parece desmoronarse.
Me levantó y camino al escenario central, el pulso lo tengo
tan elevado que me siembra en los oídos; al momento de estrecharle la mano al
presentador y es muy considerado como para no limpiarse el sudor de inmediato,
con su traje.
— Bueno, Katniss, el Capitolio debe de ser un gran cambio,
comparado con el Distrito 12. ¿Qué es lo que más te ha impresionado desde que
estás aqui?
¿Cómo? ¡No preste atención a lo que decía! Bien, bien, debo
mantener la calma, que no inunde el pánico, pretenderé tragar saliva
casualmente y buscar entre la multitud a mi estilista. ¡Bingo! Él amablemente
me vuelve a repetir lo que Caesar me ha dicho, respiro, sinceramente lo que más
me sorprendido de todo es como van a lanzarme a una arena para que me mate con
otros, pero del mismo modo, la comida de aquí es impresionante y... y...
— El estofado de cordero. — sale de mi boca al recordar ayer
como comí ese exquisito manjar de los dioses, Caesar ríe y el público
igualmente lo hace.
— ¿El de ciruelas pasas? — pregunta y yo asiento. — Oh, yo lo
como sin parar. — Se devuelve hacia la audiencia, horrorizado con la mano en el
estómago — ¿No se me notara? ¿Cierto? — Todos gritan y aplauden, caigo de
inmediatamente en cuenta que Katniss tenía razón, él realmente te ayuda.
— Bueno, Katniss cuando apareciste en la ceremonia inaugural
se me paro el corazón, literalmente. ¿Qué te pareció el traje?
Cinna arquea una ceja, y sé que debo responder con toda la
verdad del mundo.
— Mmm... ¿Debería empezar por la parte en que me fije que
podría convertirme en una antorcha humana?
Caesar suelta una carcajada divertida y el público le sigue
desde atrás, debe ser bastante hilarante verlo desde la perspectiva de ahora,
contarlo como si no hubiera pasado un gran susto.
— Si, a partir de ahí.
— Cinna, sin dudas es un genio — mi querido estilista amigo,
me diste un voto de confianzas para decirte la verdad de lo que pienso, así
que, tarde o temprano lo sabrías. — uno con las mejores ideas para diseñar
trajes, es como has dicho Caesar, literalmente se me paro el corazón. Es que,
tan solo mira el de hoy, igualmente es fascinante.
Levanto la falda para extenderla y el público suelta
exclamaciones de admiración, veo que Cinna mueve su dedo en círculos diciéndome:
"gira para mí". Por lo que, me levanto y doy un giro completo, la
reacción en extraordinaria.
— ¡Oh, hazlo otra vez! — me pide Caesar, extiendo mis brazos
y doy vueltas, muestro como la falda fragmenta lenguas de fuego mediante las
gemas de colores hermosos, el público vitorea y tengo que detenerme sujetándome
del presentador. — ¡No te pares!
— ¡Pero es que ya no puedo más! ¡Me he mareado!
He comenzado a comportarme como una real tonta, soltando
risitas, girando en medio de un escenario con un público predecible... los
nervios se han apoderado de mí, es lo único que puedo decir.
— No te preocupes, te tengo. — me dice Caesar, rodeándome con
un brazo. — No podemos dejar que sigas los pasos de tu mentor. — Todos empiezan
a ser bulla y las cámaras enfocan a Haymitch, que ahora es famoso por su cálida
en la cosecha; el agita su mano para callarlo, con buen humor, y me señala. —
No pasa nada, conmigo está a salvo. Bueno, hablemos de la puntuación: on-ce.
Danos una pista de lo que ocurrió allí.
— Bien... — aunque no haya querido hacerlo durante la noche,
lo término haciendo. Dirijo mi mirada al balcón donde estás los Vigilantes y me
tenso. — dudo poder muchos detalles pero: nunca alguien podrán igualar lo que
han visto allí.
Las cámaras enfocan a los Vigilantes, parecen de buen humor y
no fulminan a nadie, o al menos, no a mí.
— Nos estas matando. — prostesta el presentar, como si
realmente le importase. — Más detalles, más detalles.
— Es un secreto, ¿cierto? — pregunto mirando al balcón.
— ¡Así es! — grita el Vigilante que cayó sobre la ponchera.
— ¿Lo ven? — me encojo de hombros, como si en verdad no
tuviese otra alternativa. — no puedo ayudarles en eso.
— Entonces volvamos al momento en que dijeron el nombre de tu
hermana en la cosecha. — sigue Caesar, pero el tono que emplea es mucho más
bajo y confidencial. — Tú te presentantes voluntaria. ¿Nos puedes hablar sobre
ella?
Oh, demonios, no, demonios eso sí que no. Aguarda, esta gente
le importa una mierda si la hermana de Katniss fue seleccionada o no para los
juegos, pero quizás, solamente quizás, mencionarle de ella a Cinna no esté tan
mal.
— Su nombre es Prim, es la persona más importante que tengo
en este mundo, ella... solo tiene doce años.
El silencio me inquieta un poco, pero supongo que lo hace
para que me sienta en confianza, absurdo.
— ¿Qué te dijo después de la cosecha?
Vamos, no seas hostil, no seas grosera. Responde con la
verdad y no insultes a nadie.
— Me hizo jurar que intentaría ganar los Juegos.
— ¿Y qué respondiste? — me pregunta con amabilidad, pero me
cuesta comerme ese cuento, menos cuando toda esta gente está queriendo ver un
mismo fin, pero me reprimo mi rabia, odio y cólera. Se lo debo a Cinna, quien
ha sacado la cara por mí, se lo debo a Katniss y esa charla de confiar la una
en la otra para salir de esta, pero sobre todo, se lo debo a Prim quien le
prometí el volver a casa, junto a ella.
— Se lo prometí, con la verdad de la buena.
— Seguro que sí. — aprieta mi mano y el zumbido suena. —
Bueno, nos hemos quedado sin tiempo. Pero te deseamos la mejor de las suertes,
Katniss Everdeen, tributo del Distrito 12.
Loa aplausos continúan mucho después de sentarme. Miro a
Cinna para que me tranquilice, y él levantar el pulgar, lo he hecho bien, más
que bien, con un poco de mucha buena suerte todo salió bien. Pero aun así, paso
medio en las nubes parte de la entrevista del chico rubio, quien al parecer, no
debe de esforzarse mucho para ganarse al público: ellos ya lo adoran. Está
utilizando lo de ser hijo del panadero para comparar a los tributos con los
panes de los distritos, seguidamente, cuenta una anécdota divertida sobre los
peligros de las duchas del Capitolio.
— Dime, ¿todavía huelo a rosas? — le pregunta a Caesar, se la
pasan un buen rato olisqueándose como si fueran perros el uno al otro, eso
parece darle mucha gracia a la gente porque no paran de reír. Mi cerebro
empieza a conectarse cuando el presentador le pregunta si tiene una novia en
casa.
Peeta sacude la cabeza hacia los lados, pero no muy
convencido, con lo cual hace preguntarme nuevamente los razonamientos de hace
unos días atrás. El chico del pan, dejando aparte el exasperarme a veces, ser
enemigos jurados por el Capitolio y, traicionarme en la más mínima oportunidad;
sigue siendo guapo, bastante guapo, el conseguir una chica no debe de ser nada
difícil para él. Estoy segura que si tiene a alguien.
— ¿Un chico guapo como tú? Tiene que haber una chica
especial. Venga, ¿cómo se llama?
¿Lo ven? Caesar piensa lo mismo que yo.
— Bueno, hay una chica. — Responde él, suspirando — Llevo
enamorado de ella desde tener uso de razón, pero estoy bastante seguro de que
ella no sabía nada de mí hasta la cosecha.
¡Agh! Que patético, no me digas que es una más de tus
mentiras chico del pan. Vuelvo y reitero, no debe existir chica alguna que se
resista a los encantos bobos de este niño, más si le llena de babosas el
cerebro, solo fíjense en la expresión de soñador que ha hecho. ¿En verdad
alguien no se fijaría en él? Y de suponer ser esa historia cierta, esa chica es
una ciega completa.
— ¿Tiene a otro?
— No lo sé, aunque le gusta a muchos chicos.
¿Es una resbalosa? Bueno no, no necesariamente debe de ser
eso, tal vez, es muy popular. ¿Katniss tendrá una idea de quien pueda ser?
— Entonces te diré lo que tienes que hacer: gana y vuelve a
casa. Y así no podrá rechazarte, ¿eh? — lo anima Caesar.
— Creo que no funcionaría. Ganar... no ayudará, en mi caso.
Vamos, vamos, que melodramático. Y obviamente no ganaras
porque lo haremos Katniss y yo, todo este numerito del amor no correspondido me
está asqueando, aunque, del mismo modo, me mata la curiosidad el tipo de chica
que rechacé a Peeta Mellark aun siendo ganador de los Juegos del Hambre. Pero
Katniss, aun, no muestra indicios de poder saberlo.
— ¿Por qué no? — Caesar le pregunta perplejo.
— Porque... — empieza a balbucear Peeta, volviéndose
rojo como tomate. — Porque ella está aquí conmigo.
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