9
Cuando voy hacia el ascensor, me coloco el arco en un hombro
y el carcaj en el otro. Quito de mi camino a avox pasmados que protegen el
ascensores y le doy al botón número doce con el puño. Las puertas se cierran y
salgo disparada hacia arriba. Trato de regular la respiración, de concentrarme
en no llorar, al menos, no en un elevador, porque al momento de llegar a mi
piso estás salen disparadas de mis párpados bañando todo mi rostro. Los demás
me llaman desde el salón, no les prestó atención, no quiero mirarlo, pero sobre
todo, no quiero que nadie me mire en este estado. Salgo corriendo con agilidad
hasta mi habitación cerrándome con pestillo y me arrojo a la cama. Allí, en ese
preciso sitio, doy rienda suelta a todo lo que me he guardado desde llegar a
este mundo. ¡La jodi! ¡Realmente la he jodido! ¿Y por qué demonios me pasa esto
a mí? ¡Ni siquiera pedí ser enviada a este mundo! ¡Yo solo quería tener un
estúpido libro nuevo para mi cumpleaños! Solo... solo ¿importa ahora? Ya la he
cagado, los Vigilantes seguramente están planeando mi castigo, uno que será tan
inolvidable como el espectáculo que di. ¿Acaso Katniss no debería estar
reclamando mi imprudencia? Está muy callada para ser ella, en otra
circunstancia me lanzaría una sartada de regaños por no pensar antes de hacer
algo, mi imprudencia podría perjudicar a todos en conjunto, por ejemplo: a su
familia. ¡Diablos! ¿Serían capaces de hacerlo? ¿De matar a Prim y su mamá?
¿Interceptar a Gale? No, no serían capaces. Pero, del mismo modo, les daría
igual hacer pues es tan fácil como aplastar una cucaracha. Tomando en cuenta
mis nuevos pensamientos, entierro mi rostro entre las almohadas soltando
gritos, sollozos y lamentos. No puedo haberla cagado más feo a esto, estaba tan
molesta que ni pensé en calmarme, solamente apunte al estúpido cerdo azaro para
ganarme su atención. ¿Realmente pensarían que quería matarlos? ¡Por favor! Si
realmente quisiera, no estarían respirando para contarlo.
Seguramente estarán haciendo fila para venir a ejecutarme, sí,
eso sí es seguro, van a agarrarme y torturarme, o convertirme en avox, a lo que
la chica pelirroja saldara su venganza por lo ocurrido años atrás en mano de
Katniss. Sin embargo, razono tranquilizándome un poco, que el Capitolio necesita
aun a los tributos del Distrito 12, que reemplazarme a estas alturas sería una
tontería. Si, si, debería aferrarme a eso, pero por consiguiente los nervios
vuelven a atacarme dando de nuevo dándole paso al llanto psicótico. Effie y
Haymitch vienen al rato a saber de mi estado, pero estoy tan destruida que
agritos les pido que se marchen, al cabo de unos segundos, lo hacen. Abrazo mis
piernas y me hago bolita en la cama, estoy desinflada, sin ánimos y con las
lágrimas marcadas al rostro. No sé demonios voy hacer, no sé qué haré cuando
vengan a buscarme, supongo que no poner resistencia y entregarme fácilmente. El
pecho se me oprime ante la memoria de Prim haciéndome prometer volver a casa,
de enterarse de lo sucedido podría decepcionarla mucho, ni de pensar de Gale,
quien me dio su voto de confianza al proteger el cuerpo de su querida amiga.
Pero una vez más, he demostrado ser un chasco como Katniss Everdeen, no tengo
idea de cómo hubiese reaccionado ella ante semejante escena, pero cuando algo está
claramente mal exploto llena de cólera e ira. Aunque demuestre tener una
expresión neutral, tengo muchos arranques impulsivos que me llevan a demostrar
la verdad detrás de la máscara, es por ellos, que infringir ser alguien que no
soy es difícil, mas a alguien tan valiente como Katniss. Estoy segura que ambas
estuviésemos en una misma dimensión, nos podríamos llevar bien al punto de ser
amigas.
Noto como el tiempo pasa y nada ocurre, el ocaso cae en el
Capitolio y me quedo tan quieta que aparento ser una muñeca de cera. Los
Vigilantes han decidió dejarme vivir, menuda sorpresa, pero estoy segura que
lograran desquitarse de otra manera, y una muy efectiva será esta noche en el
programa de puntuaciones de los tributos. Con la baja puntuación que me dará,
seguramente un uno como máximo, nadie tendrá la suficiente valentía para querer
patrocinarme. Y como quien dice, sin permiso de un padre, no vas al baile. « Un
número no descifrará si ganas o no los Juegos » la voz de Katniss me toma por
sorpresa, pero no lo suficiente como para moverme «solamente demuestra el
potencial de cada tributo, debidos a las variables en el campo de batalla, los
tributos con mayor puntaje casi siempre caen primeros en el campo de batalla. »
Al menos no está regañándome, solamente me explica lo que significa las
puntuaciones para cada tributo, con lo cual, logra enfermarme un poco más. « En
cualquier caso, las puntuaciones pueden ayudar en la búsqueda de
patrocinadores, aunque... existieron unos juegos donde el ganador saco tres en
su puntuación » tampoco es que haya esperado desde el inicio una puntuación
perfecta, mi habilidad con el arco y la flecha sigue siendo de una amateur, ni
se compara con la verdadera dueña de este cuerpo, quizás me ayuda el que ella
me explique y sentirlo las sensaciones conocidas de tener unas armas en las
manos. De todas formas, no conseguiré patrocinadores, tendré la menor
puntuación de todos los veinticuatro tributos: estoy muerta.
Effie llama a la puerta para cenar, Katniss con una voz
apacible me sugiere levantarme y no ignorarla más, haciéndole caso, esta noche
van a televisar las puntuaciones y podré huir para siempre de los demás. Antes
de salir de la habitación, me dirijo al baño para lavarme la cara y tratar de
arreglar el desastre de como mi encuentro. Una vez, mamá me dijo que no había
nadie en poder calmar mi llanto cuando lo empiezo, estando más joven, solía
llorar por todo y nada, y, el único capaz de detenerme era mi primo fallecido.
Él con toda la calma del mundo, me sostenía entre sus brazos arrullándome hasta
el punto de quedarme simplemente mirando sus ojos color bosque, obviamente no
recuerdo nada de esto, pero seguro que era cierto, yo fui muy apegada a él. Ya encontrándome
más o menos decente, cierto el grifo y me encaminó a la mesa donde todos se
encuentran esperándome. Se me encoje el corazón cuando veo a Portia y a Cinna
presentes, siento que voy a decepcionarlos tanto y todos sus esfuerzos
aplicados en la ceremonia inaugural, se han ido directo por el caño. Evito
mirar a los demás a los ojos mientras le doy vueltas a la sopa de pescado, no
la tomo, aparte de que en la vida me ha gustado, no tengo en lo más mínimo
hambre.
Los adultos conversan sobre temas triviales y es cuando tengo
los intensos ojos azules del chico del pan sobre los míos, al darse cuenta de
mi estado alza las cejas como si pretendiera preguntarme lo acontecida, pero me
limito a bajar la cabeza apretando los labios en una sola línea, espero no
volver a llorar en medio de toda esta gente. Después llega el segundo plato, y
entonces, Haymitch deja salir su voz:
— Vale, basta de perder el tiempo. ¿Lo han hecho tan mal hoy?
— Creo que da igual — dice Peeta — Cuando aparecí, nadie se molestó
a mirarme; estaban cantando una canción de borrachos, creo. Así que me dediqué
a lanzar algunos objetos pesados hasta que me dijeron que podía irme.
Perfecto, no fui a la única que ni le dieron bola, para el
chico rubio fue lo mismo, salvo que él no tuvo la graciosa idea de atacar a los
Vigilantes. Sin duda, Peeta tiene un control grandioso de sus emociones, me
quitó el sombrero ante él.
— ¿Y tú, preciosa? — me pregunta Haymitch.
¡Al demonio! Estoy vulnerable en la máxima exponencia y este
alcohólico crónico, me llama de una manera, que francamente, me llena el estómago
de pesadez.
— Les tire una flecha.
— ¿Que qué? — exclama Effie, y el horror que se refleja en su
voz confirma mis peores pesares.
— Si, eso, que les lance una flecha. Es como dijo Peeta,
todos estaba tan sumamente ocupados en llenarse sus malditas bocas, que no
podían brindarme unos segundos de su importantísimo tiempo. ¡Por eso apunte a
la estúpida manzana de ese tonto cerdo asado! — exclame sacando todo lo que tenía
escondido dentro de mí, de alguna manera, esto no ha servido de nada para
sentirme mejor.
— ¿Y qué dijeron? — pregunta Cinna, con cautela.
— Ni idea, me fui tan pronto tuve la oportunidad de hacerlo.
— ¿Sin que te dieran permiso? — pregunta Effie pasmada.
— Me lo auto concedí. — respondo encogiéndome de hombros.
Seguramente para Effie debe ser un horror que se violen las
normas de cortesía de esta manera, pero estaba tan furiosa, corrección, estoy
tan furiosa que me importa un bledo esas normas.
— En fin, ya está hecho. — dice Haymitch, untando un poco de
mantequilla en su pan.
— ¿No van a encarcelarme por eso? — pregunto.
— Lo dudo. A estas alturas, sería un problema sustituirte.
— ¿Y mi familia? ¿No pagaran las consecuencias con ellos?
— No creo. No tendría mucho sentido. Tendrían que desvelar lo
sucedido en el Centro de Entrenamiento para que tuviese algún efecto en la
población, la gente tendría que saber lo que hiciste; pero no pueden, porque es
un secreto, así que sería un esfuerzo inútil. Lo más probable es que te hagan
la vida imposible en el estadio.
— Bueno, eso ya nos lo han prometido de todos modos. — dice
Peeta.
— Cierto. — corrobora Haymitch, y me doy cuenta que están
intentando calmarme, no es como si esperase amabilidad de este par pero, sigue sorprendiéndome.
De lo demás, más o menos me lo esperaba. Haymitch sujeta una chuleta de cerdo
con las manos que hace que Effie frunza el ceño y la baña en puré de papas y
vino. Después arranca un trozo de carne y empieza a reírse. — ¿Qué cara
pusieron?
— Estaban tan impresionados que sus pieles parecían papel
cebolla. — respondo, riéndome ante el recuerdo de esa bola de tarados. — creo
que parecían haber visto un fantasmas, aterrados, como si la muerte les hubiera
dado sus saludos. Incluso, un hombre cayó de espaldas sobre una ponchera, que,
convencionalmente alguien dejo allí.
Haymitch se ríe a carcajadas y todos lo imitamos, a excepción
de Effie, pero se ve bien que lucha por no hacerlo apretando sus labios con
fuerza. ¿Y qué más da? Si voy a morir por dejarme llevar por mis impulsos,
mejor reírme un poco, ya luego me ocuparé de lo que pueda suceder mañana.
— Bueno, les está bien empleado. Su trabajo es prestarles
atención, y que seas del Distrito 12 no les da excusa para no hacerte caso. —
afirma. Después mira a su alrededor, como si hubiese dicho algo muy
escandaloso. — Lo siento, pero es lo que pienso. — repite, sin dirigirse a
alguien en específico.
— Esta claro que tendré la peor puntuación de todas. —
comento.
— La puntuación solo importa si es muy buena. Nadie presta
atención a las malas o mediocres. Por lo que ellos saben, podrías estar
escondiendo tus mejores habilidades para tener una mala nota adrede. Hay quien
usa esa estrategia. — explica Portia.
— Espero que interpreten así el cuatro que me van a dar. — Dice
Peeta — Como mucho. De verdad, ¿hay algo menos impresionante que ver cómo
alguien levanta una bola pesada y la lanza a doscientos metros? Estuve a punto
de dejármela caer una en el pie.
Es un bobo, sonrió porque es uno realmente. ¿En verdad piensa
que eso no es impresionante? Porque yo si lo creo, son unos idiotas esos
Vigilantes al no darle atención debida al chico rubio, porque bajo mi
perspectiva, nadie es capaz de hacer eso. Estando más aliviada al saber que la
familia Everdeen está a salvo, corto un trozo de cerdo y lo mojo en puré de
papas llevándomelo a la boca de inmediato, muero de hambre. Luego de la cena,
nos sentamos en el salón para ver las puntuaciones de los tributos que darán en
la televisión. Primero enseñan una foto del tributo y luego la puntuación
debajo. Ni me impresione al ver a los profesionales entrar en los mejores
rangos, por otra parte, los demás tributos escalan hasta el cinco. Me quedo
mudo al ver como Rue consigue un siete, sea lo que sea en mostrarle a los
Vigilantes les ha gustado.
Y finalmente, nombran al Distrito 12 de último, como es lo
esperado. Peeta logra un ocho, por lo que algunos Vigilantes si lo habían
observado, no está mal y con ello, puede quitarse de la cabeza no ser
impresionante su lanzamiento de pesas. Me tenso completamente de pies a cabeza
cuando soy la siguiente en nombrar, realmente espero lo peor. Entonces,
muestran en pantalla la puntuación que me he sacado:
Un once.
Effie suelta un chillido emocionada, y todos comienzan a
darme palmadas en la espalda felicitándome, se descontrolan gritando y felicitándome
pero... ¿No se han equivocado con eso?
— ¿Esto es real? Digo... digo... ¡Les lance una flecha hacia
ellos! Bueno, técnicamente no era hacia ellos, sino hacia el cerdo asado,
pero... pero... ¡Los desafíe! — divago sin parar en dirección a Haymitch, comportándome
mas Heather Fausto que nunca.
— Supongo que les gusto tu ingenio. Tienen que montar un
espectáculo y necesitan algunos jugadores con carácter.
— Katniss, la chica en llamas. — dice Cinna abrazándome — Oh,
ya verás tu vestido para las entrevistas.
— ¿Tendremos más llamas?
— Más o menos. — responde travieso.
El chico del pan y yo nos felicitamos. El momento más incómodo
escrito desde pisar este mundo, porque no quiero descifrar en lo más mínimo que
puede significar el uno para el otro esto, antes de que alguien se dé cuenta,
escapo a mi habitación y me entierro de cabeza en las sabanas. Toda la tensión
y presión del día me ha dejado molida, por lo que no tardó mucho en quedarme
dormida. Estaré bien, conseguí un once, la máxima puntuación de todos los
tributos, tendré patrocinadores, seguro y la familia Everdeen podrá reunirse
una vez más. Sobre todo, yo volveré a casa.
Al abrir nuevamente los ojos me topo con el vacío oscuro que
me llevo al mundo de los Juegos del Hambre, me levanto rápidamente dándome
cuenta que estaba recostada sobre el agua que no moja, miro a mi alrededor a
ver si tengo una pista de donde ir o hacia dónde dirigirme, pero nada, solo
hallo oscuridad y penumbra por todas partes. En un minuto, me evalúo tocando
con mis manos el rostro, los brazos y la muy desabrigada pijama rosa que vestía
la noche de ser succionada por el libro. No hay duda, vuelvo a tener mi cuerpo.
Sin embargo, al observar a lo lejos, noto como aún es muy pronto para celebrar
un regreso a mi vida normal, porque es visible que esto aún no ha acabado: se
trata de Katniss.
En primera instancia, se siente raro ver una cara que he
estado llevando los últimos días, frente tuyo como si nada, porque de alguna
manera ya había estado acostumbrándome a ello y eso podría resultar peligroso.
Katniss, por en cambio, no parece ni una pizca impresionada por verme, en
cambio, acelera sus pasos para encontrarse finalmente cara a cara y enfrentar
la situación. Me asusta, pienso en que probablemente me reclame de todas las
cosas mal hechas utilizando su cuerpo, bajo la cabeza apretando mis manos con
fuerza. No quiero ser regañada, no quiero ser regañada, no...
— Finalmente nos vemos cara a cara. — dice ella muy calmada,
colocando una de sus manos en mi hombro. Alzo el rostro y me percató que solo
soy unos centímetros más alta, ella va vestida con unos pantalones grises, una
camiseta blanca y la cazadora de su padre. Bien, al menos no está enfadada,
pero me siento ridícula. — pensé que nunca podríamos vernos de esta forma.
Suelo comunicarme contigo, pero hay otras donde no y todo se vuelve confuso.
— ¿Por qué está pasando todo esto? — preguntó extrañada. —
¿Por qué he sido succionada hasta aquí? Si para ti es confuso, para mí lo es aún
más.
— No lo sé. — dice moviendo su cabeza hacia los lados, cruza
sus brazos al altura del pecho colocando una pose pensativa. — solo sé que
debemos seguir con esto hasta el final, hasta ganar los Juegos y así puedes
volver a casa. Heather, quizás puedas averiguar desde tu dimensión lo ocurrido,
tiene que tener una explicación todo esto.
No digo nada, me limito a observar mis manos alargadas y
huesudas como si tuviesen la respuesta a todo esto, si Katniss no tiene idea de
lo que pasa, ni mucho menos yo, ¿cómo podríamos siquiera pensar en hallar las
respuestas en mi mundo? Para ello debo de contarle a alguien lo sucedido, dudo
mucho alguien creyéndome esto, pero al menos debería intentar poder hacerlo, el
encontrar respuesta. Mientras tanto, tendremos que seguir con la farsa.
— De acuerdo, como no existe otra opción eso haremos. — digo
sin más alternativa.
— Bien, sígueme. — me responde dándose la vuelta y caminando
lejos de mí.
Caminamos unos minutos donde el único sonido que se escuchaba
era el de nuestros pasos sobre el agua, nuevamente ocurría lo de la otra vez,
no se ve nada más a oscuridad salvo nuestros cuerpos resplandecientes. Luego
llegamos a una especie de espejo, que seguramente ya he visto antes, pero en
esta ocasión se refleja un espléndido arbolaje de un bosque, no debo de ser
adivina para descubrir al Distrito 12 o lo que queda más allá del Distrito 12.
Frenamos frente de este y Katniss extiende su mano tocando el espejo, el cual,
tiene un ligero movimiento parecido a las aguas y muestra una serie de imágenes
rápidas de captar, aunque las logro relacionar rápidamente con alguien: Gale.
— De ahora en adelante estaremos juntas en esto. — Me dice —
confiaremos la una en la otra para lograr salir de este problema. De hecho, las
decisiones que hasta ahora has tomado no hay nada que igualmente no vaya hacer,
Heather, recuerda lo que te dijo Gale: confía en mi cuerpo. De lo demás, ya nos
encargaremos más adelante.
— Noto como Gale es muy importante para ti. — es lo único que
logro decir — aunque te entiendo, conseguir a un buen cazador no es algo fácil
en estos tiempos.
— Es mi mejor amigo. — gira y me sonríe con nostalgia, cosa
que no puedo frenar igualmente recordar a alguien en este mismo plan, pero del
mismo modo, se marchó para no volver jamás. — los seres humanos no podemos
permanecer solos en este mundo, es decir, tengo a Prim y el que te presentaras
de voluntaria para salvarla es algo que siempre te deberé.
— Salva mi vida y no me deberás nada. — respondo en tono de
broma, pero al parecer ella se lo toma enserio por la expresión de su rostro. —
Katniss, que es broma, así es como funciono, no puedo simplemente dejar pasar a
las injusticias y menos iba a dejar esta. Además, lo has dicho antes, juntas
estamos en esto.
— Si, pero aun así... — sigue insistiendo.
— Muéstrame como se conocieron tú y Gale, y todo será
saldado. — la interrumpo con la única cosa que me ocurre de momento, ella me
mira impresionada al principio pero, seguidamente, sonríe. — Ya lo hiciste con
el chico del pan, no veo porque no ahora me digas el día de conocer a tu mejor
amigo.
— Está bien. — se encoje de hombros, acto seguido, introduce
sus manos en el espejo y lo manipula a conveniencia. Me es un misterio como lo
hace, aunque tampoco le pregunto, seguramente viene en el paquete de que poseo
su cuerpo, bueno, debe de ser sin relevancia. — Ya está, ahora confía en mí.
Cierra los ojos y cuanta hasta diez, luego, volverás a escuchar únicamente mi
voz.
Respiro profundo y obedezco, el frío del sitio vacío deja de
invadirme para pasar hacer cálido, estoy tentada a abrir los ojos pero no lo
hago por la inseguridad de encontrar algo desagradable, agregándole a eso,
Katniss me dijo que estaría escuchando nuevamente su voz en mi mente. Debo
confiar una vez más en ella. El sonido de los pájaros junto con otros
propiamente del bosque me hicieron desistir de mi pensamiento, mire a mi
alrededor viendo nada más a árboles, flores silvestres, arbustos frondosos y
aire cálido pero que pronto llamarías al invierno. Acto seguido, los pasos de
una chiquilla de doce años se hicieron presente de la nada, venia bajando de
uno de los árboles a toda prisa sosteniendo algo de sus manos, eran bellotas, y
aparecer las ardillas no estaban muy de acuerdo con su nueva adquisición. Se
trataba de Katniss, aunque la versión de ella de doce años de mi mente era más
delgada, flácida y con la piel pegada prácticamente al rostro; esta en cambio,
se muestra más vital, llena de vida y con mejillas sonrojadas del ejercicio
hecho. Sin dudas, ha estado comiendo mejor. « Llevaba seis meses en el bosque
pelando sola cuando me encontré con Gale es el bosque » dice la voz de Katniss
en mi mente, aunque eso explica porque se ve más respuesta en comparación de la
otra vez « Era un domingo de Octubre, y el aire frío olía a cosas moribundas.»
Le seguí el paso a la niña muy desde cerca, mis pasos no parecían tener sonido,
pero igualmente los de ella no, observaba todo con minucioso cuidado como si
fuese a espantar a alguien o algo. Aunque de inmediatamente entendí que los
cazadores deben de tener dos pasos por delante de su presa, no pueden de ser
imprudentes, ni mucho menos ruidosos, de esa forma podrán atacarla bajo sus
redes. Más tarde, se situó en el estanque para recoger saetas, o como me
gustaría decir, a si misma al provenir su nombre de ese tubérculo parecido a
las papas. Me daba algo de gracia, porque cada vez que Katniss se encontraba,
era como canibalismo, ya que, se comerá a sí misma y no pasara hambre. Cuando
ya recogió lo suficiente para sostenerse esa semana, cargo su saco de arpillera
y con un poco de esfuerzo, lo llevaba arrastrando por el bosque percatándome
que había ido mucho más profundo al usual, me sorprendía que un niña de su edad
tuviese un gran manejo de la memoria al recordar el camino de regreso, si yo
hubiese estando en su lugar, probablemente no fuese la misma historia.
De pronto, se topó con un conejo colgado de una manera, poco
convencional, pero aun así, la forma en como estaba le llamo lo suficiente la
atención para tocar el lazo como venía sujetado. « Reconocí una trampa de lazo,
porque mi padre las usaba: la presa cae en ella y sale disparada por el aire. »
explica Katniss « de esa manera es protegida de otros animales hambrientos en
busca de comida, pase todo el verano tratando de hacer trampas sin éxito » Eso
respondía porque soltó todo solamente para tocar la trampa, estaba curiosa por
aprender igualmente hacerlo. Aunque no le dio mucho tiempo que digamos, una
persona escondida detrás de los árboles salió para frenar sus acciones.
— Eso es peligroso.
Gale apareció y ella retrocedió de un salto hacia atrás, percatándose
donde pudo encontrarse escondido, me sorprendió ver que al pesar de ser
igualmente un niño, tenía todas las características de ser una persona adulta;
simplemente lo reduciremos a algo: su enorme altura. « Lo había visto por la
Veta y por el colegio, y en otra ocasión más, ya que él había perdido a su
padre en la misma explosión que se llevó al mío. » Básicamente, ambos comparten
la misma desgracia al perder a sus padres bajo las explosiones de minas de
carbón, de alguna manera, me entristece imaginar por todo lo que igualmente
tuvo que pasar su amigo, aunque él tiene una actitud tan valerosa y admirable
que simplemente me hace sonreír. Gale, es un gran chico. « En Enero, yo estaba
junto a él cuando le dieron la medalla al valor en el Edificio de Justicia,
otro hermano mayor sin padre. Recordaba a sus dos hermanos pequeños, agarrados
de su madre, una mujer cuya barriga hinchada demostraba que le quedaba poco
para dar a luz.»
— ¿Cómo te llamas? — le pregunto, acercándose para sacar la
trampa de conejo. Tenía otros tres atados al cinturón.
— Katniss. — respondió ella, con una voz casi inaudible. Tenía
miedo básicamente.
— Bueno, Catnip, robar está castigado con la muerte, ¿no lo
has oído?
— Katniss. — repitió con voz más entendible, casi me daba
gracia la postura que había ejercido. Estaba defendiéndose. — Y no estaba
robando, solo quería echarle un vistazo a tu trampa. Las mías nunca cogen nada.
— Entonces, ¿de dónde has sacado la ardilla? — le pregunto
frunciendo el ceño, muy poco convencido.
— La maté con el arco. — se descolgó de su hombro una versión
más pequeña que la de ahora, supongo que su padre se la hizo para aprender
antes de agarrar el grande.
— ¿Puedo verlo? — preguntó Gale, tenía la vista fija en él.
— Si, pero recuerda que robar está castigado con la muerte. —
le dijo, pasándolo.
Entonces una sonrisa iluminó su rostro, al pesar de ser solo
un niño tuvo la fuerza necesaria para provocarme un espasmo en mi corazón,
comprendí de una muy bizarra manera porque las compañeras de colegio de Katniss
se la pasaban hablando de Gale, el en verdad era muy apuesto. Quizás no me fije
de eso por lo muy asustada que estaba el día de la cosecha, sumándole
igualmente que se veía a alguien más de la familia de Katniss, no estaba allí
para admirar su belleza, ni mucho menos, solamente para ayudarme a confiar más
en las habilidades del cuerpo de su amiga.
Entonces hablaron sobre la caza, Katniss hizo un trato con él
que le conseguiría un arco a cambio de algo, no se trataba de comida, sino
conocimientos. Ella deseaba aprender hacer sus propias trampas y atrapar varios
conejos gordos por un día, y Gale se limitó a contestar poder arreglarlo. Con
el paso del tiempo, medio refunfuñados, empezaron a confiar el uno en el otro
sus conocimientos: sus armas, los lugares de recolección y donde se encontraban
las mejores presas. Sonreía divertida del comportamiento infantil de ese par,
al pesar que desde el principio no parecía aparentemente confiar entre ellos,
ahora son el verdadero dúo de cazadores dispuestos a sostener el peso en sus
hombros de sus familias, no puedo evitar admirarlos. Al pesar que la vida les
golpeo de una forma bastante dura, tuvieron la determinación necesaria para
salir adelante por los suyos, y eso es digno de llamarse valientes. Sentada
desde la rama de un árbol, observo como ambos aprende a interactuar, ella le
enseña las plantas que puede comer, en cambio él, le explica sus conocimientos
de como pescar y hacer trampas; a la final le entrego uno de sus preciados
arcos, cosa en agradarle increíblemente. Y sin ambos saberlo, se convirtieron
en un dúo fabuloso que confiaba plenamente en el otro para cazar, los rostros
no mienten y Katniss a su lado se ve bastante... ¿feliz? No sé cómo
describirlo, pero al menos relajada si lo está, porque mientras recorre los
bosques en una versión mucho más grande de ella misma, no se molesta en voltear
para saber que Gale le cubre las espaldas.
En un parpadeo, estoy nuevamente en aquel sitio oscuro con
Katniss a un lado de mí, en el espejo sigue las imágenes de ella en el bosque
con Gale, sobra decir que realmente es su lugar favorito en todo el mundo y
extraña a su amigo, si es que puedo llamarlo de esa manera, porque como van las
cosas va mucho más allá de una simple amistad. Gale igualmente me lo demostró,
la conoce lo suficiente como para descubrir el no ser ella, me disculpan, pero
él es su confidente, mano derecha, y aquel con quien puede hablar los temas más
trillados del siglo. Gale, es parte de su familia. No sé qué tipo de
sentimientos se ponen en juego, en primer lugar, Katniss admitió sentir celos
de las chicas que miran a su amigo con deseo, ante la absurda excusa de no
encontrarse por allí fácilmente un compañero de caza, ante mis ojos lo he
percatado como en gustarle en forma romántica. ¿Cuál vendría siendo el
problema? Está muy ocupada alimentando y sosteniendo a su familia como para
lidiar con esos temas, no la culpo, este mundo tan distopico donde no puedes ni
confiar en tu sombra se te impide inclusive amar, temes que de alguna manera,
se te robe la pequeña felicidad de haber obtenido con sudor y esfuerzo. Por
otro lado, Gale estaría dispuesto de estar con ella bajo cualquier
circunstancia, ya lo insinuó con lo de querer tener hijos sino estuvieran en el
12 y el escapar, quizás no mencione nada por no ser mi problema pero, ambos se
lo merecen, merecen volver a encontrarse y ya se verá como terminara esto. Por
mi parte, solamente quiero volver a casa.
— Gracias por confiarme tu historia. — le digo, rompiendo el
silencio. Ella gira a mirarme con sus ojos grises muy expresivos. — sé que, tu
vida no ha sido muy fácil que digamos pero juntas vamos a salir de esto.
— Si, lo haremos. — extiende su mano a mi dirección, me sonríe
de medio lado y yo no puedo evitar igualmente hacerlo. — Y tampoco es que debas
agradecérmelo, es tu pago por salvar a mi hermano. Solo te diré que debes de
tener cuidado, con todo.
— ¿Te refieres al chico del pan? — respondo, sosteniendo su
mano y estrechándola.
— En general. — me suelta y da un paso hacia atrás. —
Heather, ahora vamos a ser lanzadas a la arena, pero antes un último reto nos
queda por vencer.
— Lo sé, las entrevistas.
— Si, eso. Tú solamente confía en nosotras que todo
resultara, ya verás. — me guiña un ojo.
Entonces, antes de poder decir algo más, me despierto
sorpresivamente en mi habitación del Centro de Entrenamiento con el sol
saliendo en lo ancho del Capitolio, hoy será un esplendoroso domingo. Tomo
asiento sobre el colchón sosteniendo mi cabeza, no me duele pero siento un
ligero cosquilleo extraño, pienso en lo que acaba de ocurrir, en reunirme con
Katniss como si ambas fuéramos dos viejas amigas, la extraña conexión que tuve
con ella me lleva a pensar que nos conocíamos de toda la vida. Katniss y yo, no
somos tan diferente el uno de la otra. Ambas somos desconfiadas, ambas nos ha
golpeado la vida de diferentes maneras, claro, una más fuerte a la otra, ambas
tenemos nuestras personas diseñadas para ser abiertas, sobre todo, ambas amamos
nuestras familias con locura. Me agradar, y estoy segura que juntas saldremos
de esta. Ahora que lo recuerdo, es curioso el no pedirme tener cuidado con
Peeta cuando en todo este tiempo lo ha hecho, es parecido a que fuese el último
de nuestras preocupaciones, pero del mismo modo, algo dentro de mí se rehúsa a
desconfiar a plenitud de él. Ya lo sé, debería declararme tonta por simplemente
pensarlo, tampoco es como si fuese parecido a la relación de Katniss con Gale,
cosa en no tener punto de comparación, pero existe algo en su mirada o su
misteriosa forma de ser que me inculca en no descartarlo por completo, que, al
pesar de ser enemigos, no busca perjudicarme al completo sino ayudarme. ¡Agh!
Giro por toda la cama haciendo ruidos de frustración hasta quedar boca abajo;
soy una idiota, una completa y real idiota, me convertiré en un aperitivo fácil
para el chico del pan para cuando nos suelten en la arena, y en definitiva, no
quiero eso.
Antes de darle más vueltas al asunto, Effie llama a la puerta
para acordarme que me espera otro "¡día, muy, muy, muy importante!".
Mañana van a entrevistarnos por televisión, supongo que todo el equipo debe de
estar muy ocupado preparándonos para ese acontecimiento. Me levanto, me doy una
ducha rápida teniendo mucho cuidado que botones presionaré, no quiero terminar
siendo la hermana pérdida de un muñeco de nieve como la última vez, menos con
"la circulación" más que despierta. Acto seguido, bajo al comedor donde
Effie, Peeta y Haymitch están inclinados sobre la mesa, hablando en voz baja,
esto no es para nada extraño, para nada que lo es, obviamente estoy siendo sarcástica
pero le restó importancia porque tengo mucha hambre y quiero comer. Escojo
rápidamente mi alimento, que consta de un estofado de cordero con ciruelas
pasas sobre una cama de arroz salvaje, mis favoritas fresas con crema y jugo de
naranja. Pasa más o menos unos cuantos minutos desde empezar la comida y nadie
dice nada, me parece raro, cosa que pienso en reiterarlo mientras me concentro
en comer mis fresas con naturalidad, como si este comportamiento extraño no
ocurriera.
— ¿Sucede algo? Hoy debemos prepararnos para las entrevistas
si no estoy equivocada, ¿cierto?
— Sí. — responde Haymitch.
— Estoy esperando a escuchar lo que debemos hacer, no se
limite porque estoy comiendo, sigo teniendo oídos con que escucharlos.
— Bueno, ha habido un cambio de planes con respecto a nuestro
enfoque.
— ¿Y qué tipo de cambios?
Primero y principal, ¿cuál ha sido el enfoque desde el
inicio? Solo he tenido en cuenta el parecer mediocres y sin chiste. ¡Ah! Y la
dinámica de los gemelos atómicos. Entonces, al pensar en eso levanto
rápidamente la mirada de mi copa de fresas con crema, creo que la respuesta va
a gustarme poco.
— Peeta nos ha pedido que lo entrenemos por separado.
— responde Haymitch, encogiéndose de hombros.
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