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Los años pasaron como una brisa de verano, si bien Annabeth y Tomoyo no perdieron contacto si hubo complicaciones. Los primeros años fueron perfectos, se escribian cartas y correos electrónicos que eran contratados de inmediato; en algunas ocasiones se veían via videollamadas. Era raro y se sentía como ver una especie de video.
Conversavan de todo, pero de aun mas sobre como Annabeth se aconstumbro a la nueva escuela; bueno, para nadie era un secreto que le tenía a sus compañeros. Una vez quiso acercarse a ella un niño para compartir un libro, pero la rubia no entendía y término llorando por largo rato. Sus padres fueron llamados para hablar de ese raro comportamiento de la niña, cosa que concluyó en donde debían llevarla a terapias con especialistas.
El gran abuelo Granchester no permitió tal cosa, una nieta suya no pasaría por semejante cosa, la niña solo era tímida y nada mas. Debido a ello olvidaron esa posibilidad idiota, con tal, ella conversava con una amiga de Japón y con sus primos en casa.
Pero a medida que pasaban los años sus encuentros con Tomoyo desminulleron, la chica comenzó a practicar voleibol en la escuela cortandole tiempo; lo que fue todo los dias se convirtió en por semana, luego, cinco de eso a cuatro, cambiado a uno a la semana hasta cada vez una o dos meses.
Para la rubia fue un golpe duro, conocía que nada era para siempre pero era un acuerdo, acuerdo que en definitiva su mejor amiga había olvidado. Annabeth nunca había hecho mas amigos, solo trataba a sus compañeros desde lo lejano, nada mas, ahora en verdad se sentía sola.
- ¿De nuevo frente a la computadora? - pregunto una voz conocida. Al voltear a ver, vio como su primo Anthony se acercaba. - Deberías estar haciendo otra cosa, no lo se, ¿leer? ¿tomar té? O... - tomo su mentón girandolo hacia su dirección - Salir conmigo a una cita.
La rubia se sonrojo furiosamente, por mucho que su joven primo no parara de decirle ese tipo de cosas no se aconstumbraba. Anthony era mayor que ella por tres años, es decir, tenia 17 y ahora la rubia 15. La chica sabía que su primo era apuesto, esos ojos verde bosque la cautivaban, tenia una piel blanca con un tono mas oscura que la de ella, alto con contestura delgada pero hombros un poco anchos, cabello castaño rubio ondulado como olas del mar y lo mas llamativo de el. Su personalidad.
Anthony es el típico chico rodeado por muchachas gritonas, solo que el a todas consentia, si, era un casanova natural y amaba ofrecerle aquello que tanto anhelaba las jovencitas. Su compañia.
Pero las feromonas causadas por su primo a Annabeth no le afectaba, es decir, obvio que le hacia sentir incomoda por la cercanía suya como si deseara robar su espacio personal. ¿Como sobrevivir a ello? No sabia.
- ¡Oye tu! Deja a mi hermana en paz - salio Tomas, saliendo de la nada y apartando la mano del castaño de una palmadas. Luego apretó a la chica hacia su pecho. - ¿No tienes nada que hacer? No se, como por ejemplo ver a tus "lirios".
- Tomi, Tomi, Tomi... - canturreo el casanova - no debería preguntarte yo a ti. ¿No tienes que ir a jugar con carritos o algo?
- Sabes que desde hace mucho deje eso - apreto los dientes con rabia.
- ¡Vamos! No te me hagas el mayorcito conmigo, Tomi aun eres un niño y debes jugar - seguía, canturreando para molestarlo.
En eso la pantalla del monitor dio una sacudida, Annabeth se soltó de su enfadado hermano menor y reviso su nuevo correo; sus mejillas estaban sonrojadas y llenas de una inocente emoción. Pero todo se borro en un instante, hasta los ruidosos de Tomás y Anthony dejaron de discutir prestando la atención a la chica; era como si la temperatura del ambiente desminuyo unos grados.
El mensaje era de Tomoyo tan fuerte y claro: "Lo siento mucho Annabeth, se que desde hace dos meses planeamos esto pero he estado muy ocupada con el equipo de voleibol. ¿Ya sabes no? Ahora no somos niñas y ya estamos en la preparatoria, es hora de crecer y no tengas miedo ¡Se que lo haras bien! Sin mi ayuda con ella. No te preocupes, hablaremos en dos meses mas como siempre.
Te quiere tu amiga.
Tomoyo"
Annabeth se encontraba en un estado de chock total, es decir, ¿Acaso Tomoyo ya no era mas su amiga? ¿Por que le decía todo aquello? Sabia mas que nadie sobre lo de ser no mas una niña, solo que ella nunca supo desenvolverse como los demás. Era callada, temerosa y sobre todo tímida; el relacionarse con las personas le daba miedo.
Ahora probablemente perdió a su unica amiga en el mundo, que desdicha la suya.
- Oh... eso es bastante fuerte. - dijo su primo en tanto leía - no te preocupes Annabeth, ya tendrás otra amiga ya verás.
- Mejor cierra ese pico idiota, Tomoyo es la primera y unica amiga que ha tenido ella. - relataba Tomas - pero claro... ¿Qué va a saber un estúpido como tu? Porque de casanova aparte eres insensible.
- Esa boca que tienes es muy fuerte para un niño de once años - se avalanzo al pequeño estirando sus mejillas.
Comenzaron una batalla entre los dos, Tomás tratando de safarce de su muy idiota primo mayor y el otro calmando ese ego del chico. En tanto Annabeth, solo leía y leía nuevamente aquel e - mail de la que considera su mejor amiga; ¿por qué? Fue su primera pregunta ¿por qué hacerla a un lado? Porque eso era lo acontesido. Quizás las personas al entrar a la preparatoria si cambiaban, ahora que lo pensaba, ¿Ella seguía siendo la misma? No lo sabía pero no ha notado ningún cambio en si.
- ¡Alli estan! - exclamó Lucia, tomando aire algo cansada - Annabeth, Tomás hay algo que debemos hablar con ambos.
Los dos chicos intercambiaron miradas rápidas sin entender nada, por eso se alejaron del despacho de su abuela para seguir a su madre por el gran corredor. Desde que llegaron de Japón, la familia de cuatro integrantes vivían en el castillo principal de los Granchester, todo esto por decisión del abuelo de los chicos. ¡Basta de disputas idiotas! Era la hora de vivir como una familia verdadera, por eso, el Papá de Annabeth se volvió a encargar de los negocios de las empresas. Si todo muy bonito. Hasta hora.
Los tres entraron a un amplio salón que lo rodeaba estantes lleno de libros, a su derecha estaba unos muebles de madera con cojines de terciopelo color vino; al frente un escritorio de caoba pura con unas sillas del mismo modelo. Al fondo un ventanal de cortinas transparentes que parecían ser blancas, bien, quienes se hallaban allí eran el gran abuelo Granchester y su hijo menor; en la mesa abarcaba papeles y libros por todas partes. Sus semblantes se veían ocupados, como si no estuvieran seguros de algo.
Los adultos al ver a los chicos entrar dejaron lo que estaban haciendo, el mayor de los Granchester se sento detrás del escritorio, en tanto su hijo lo hizo delante sobre la silla de la derecha. Annabeth no entendía nada, ¿Para que fueron llamados? Era extraño.
- Gracias por llamarlos Lucia, toma asiento por favor. - ofreció el anciano - Bueno chicos, se preguntaran por que los he llamado. ¿Es mejor ir al grano no? - tomo un papel en sus manos - esto es su traslado a uno de los mejores colegios de toda Japón, si, puede ser repentino pero es necesario para la familia. Y eso nos lleva a su padre, lo he mandado para que se encargue de unos negocios allá. Claro. Esto no quiere decir vacaciones para ustedes, por eso desidi colocarlos a estudiar.
- Disculpe que lo interrumpa abuelo pero, ¿cuanto estaremos en Japón? - pregunto, Tomi.
- Eso depende de como salgan los negocios allá, asi que mi querido nieto, todo dependerá del desempeño de tu padre - concluyo el viejo, sonriendo de medio lado hacia su hijo menor.
Esto le cayó como un huracán a Annabeth que con una sonrisa en los labios, carrio hacia el despacho de su abuela para responder el e-mail de Tomoyo; no le quitarían mucho tiempo solo: ire a Japón.
Asi volvieron los preparativos de la familia para volver al pais asiático, la rubia empacaba sus cosas con entuciasmo, no sabía que tipo de cosas viviría al volver aquel lugar. Hace años que se marcho, cuando tenia nueve ahora era una jovencita de quince, esto le cayo como anillo al dedo. ¡Que alegría!
Para Tomás que solo tenia cuatro años al marcharse era todo confuso, sabía que Japón era su lugar de nacimiento no recordaba mucho pero si a alguien. Tomoyo. ¿Qué sentiria su hermana al verla nuevamente? Pero sobre todo ¿Qué sentiria él?
Anthony entro en silencio al cuarto de la rubia, que escuchaba a todo volumen una canción en su reproductor de musica con audifonos; el castaño se recosto en el marco de la puerta con los brazos cruzados. Su prima se veía tan entuciasmada, aquellos ojos sin brillo ahora podrían tanta energía, de hecho, desde que llego de Japón no la veía asi. ¿Era causa de la tal Tomoyo? Bueno si asi era le daba las gracias. Puede considerarlo impuro, insano si lo prefieren, pero el Anthony amaba con locura a su prima. Desde pequeños la miraba con otro tipo de ojos, si, era como si su tia Lucia allá traído a esa jovencita para su felicidad; ella era encantadora, dulce y con un alma tímida. Lo contrario de las demás chicas.
No mentiría con lo de ser casanova, aun asi, todo mujeriego tenia su punto débil y el de él era Annabeth. Comenzó a acercarse a ella con suma cautela, no quería asustarla ni mucho menos que huyera; ella se encontraba de espaldas guardando unos libros en un baúl, que se halla sobre su cama.
Al estar cerca de la chica tomo su cintura atrayendola hacia el, Annabeth pego un respingo de pura impresión pero no grito, ya sabia de quien se trataba. Su primo.
- Annabeth... - susurro en su oído - ten una cita conmigo, no seas tan dura con tu primo - ella se sonrojo, tomo el color de una manzana roja. Anthony hizo de las suyas, tan pegada a ella, podía jurar que sentía su respiración en la nuca - ¿Acaso no te vas a Japón? No estaría mal una sola.
- ¿eh? - dijo ella, con su pausada voz.
- Si, soy tu primo después de todo. No un desconocido - la apretón mas hacia el, no quería verla marchar.
- Por eso mismo, porque eres mi primo no puedo - habló ella, su voz baja y melodiosa retumbo en el lugar - los primos no deben hacer esas cosas ¿no Anthony?
El castaño que aun sostenía a la chica se quedo mudo ante aquello, si bien la chica era de pocas palabras, esto lo había dejado fuera de si. Ahora comprendía porque la amaba, es la forma directa de hacer las cosas y aun mas, la dulzura de sus voz como el moviento de su boca. Perfecta. Nunca podría ganarle a ella, sabia que decir o hacer cada vez que la atacaba. Por eso la dejo ir, soltando un suspiro en tanto rascaba su cabeza con estilo casual.
- Lo siento... - susurro, lamentandose con su primo.
- No, no lo hagas lo que has dicho ha sido completamente cierto. Por eso, Annabeth debes seguir como eres. - revolvio sus cabellos con energía - Ahora... me voy, ¿bien? Sigue empacando.
La rubia veía con un poco de pena la espalda de su primo, ella no le era indiferente con respecto a los sentimientos de él; sin embargo Annabeth sabia a la perfeccion que ambos eran familia. Prohibido. No obstante, no se relacionaba con eso era sobre sus sentimientos, ella nunca ha conocido el "afamado" amor. ¿Qué era eso? ¿Como saber cuando lo estas sintiendo? Puedes estar solo con cólicos o quizás resfriado. La gente alardea mucho de eso, aun puede escuchar el cuchicheo de las compañeras de estudio; las chicas no paraban de hablar de ello. ¿Y que hay de ella? En mas de una ocasión le pregunto a Tomoyo sobre eso, ella le conto que si bien nunca se ha salido con alguien sabe como es el sentimiento; pero era difícil de explicar. Tenia que vivirlo. Es como una explosión de millones de fuegos artificiales a la vez, un sentimiento tibio en tu pecho que duele pero te gusta a la vez.
¡¿Pero como era eso posible?! Eso es lo que se llama masoquismo, veas por donde lo veas. La chica cerro el baúl, colocandolo en el suelo inmediatamente se lanzo a la cama boca arriba. No se complicaria con eso, era como decía su madre "todo a su paso ",es obvio que alguna vez en su vida lo experimentaría; no había prisa por ello.
Al recibir el correo de su amiga se emocionó aun mas, ella estudiaba en el colegio que asistiría no podía expresar con palabras lo feliz que estaba, por eso, le mando una foto junto a su hermano mayor Takahiro que era sumamente serio. La rubia no freno en reír ante la imagen, si bien los años no cambiaron casi nada a Tomoyo, ella seguía manteniendo aquella sonrisa alocada. En tanto Takahiro se hizo mas alto, creyó escuchar de la pelinegra que practicaba baloncesto; que bien que le hizo a su cuerpo.
Volvería a Japón si bien estaba feliz también tenía miedo, era volver a adaptarse a otra gente en clase; bueno no estaría sola Tomoyo la acompañaria.
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