3
Ese había sido el vuelo mas agotador de su vida, pero lo fue aun mas despedirse de su abuela junto con Anthony con sus otros familiares fue fácil. La rubia podría jurar que le latía la vena del rostro a su hermano menor, no era para menos, en algunas veces pensaba que ella era la menor y él el mayor. Tomás le terminaba salvando de las garras del todo mal, asi era como decía el rubio de su primo. Aconteció que Anthony se paso un poquitin de la raya, ¿La razón? Le ha besado delante de todos; pero no hay que alarmarse solo fue en la frente. Bernardo casi se atraganta con su saliva, Lucia se llevo la mano a su boca y soltó un: "Oh valla" , en cuanto a Tomi no soporto y le pego una patada en la pierna; cogió a su hermana y la llevo lejos de ese demonio Besador. Ni pensar que escucho a lo lejos un "ire a visitarte Annabeth", ¡Mejor que no lo hiciera! Es mas ¿para que evitarse tal agetreo? Lo idóneo era quedarse en casa.
La rubia iba casi durmiendose del cansancio, con una mano sostenía su maleta de ruedas y con la otra un pequeño bolso con cosas personales, sus demás cosas las enviarían su abuelo mas tarde. Estaba por fin aqui y moría del sueño, ni contar de los dolores musculares ¿estaria su casa limpia? Porque se quedarían en la misma de su niñez. ¡Oh! ¿Como olvidar sus memorias? Cuando iba a la escuela con Tomoyo o corrían por todo el lugar, como aquella vez que jugaron a las escondidas junto con un Tomi de cuatro años.
De pronto, cierra los ojos imaginandese los tres juntos de nuevo; la escuela que asistiría su hermano pequeño estaba cerca de la de ellas. Estaba conciente que no seria igual como antes, eso era mas que obvió, pero no estaba de mas desear que asi fuese.
- ¡Annabeth! ¡Tomi! - se escucho una conocida, pero lejos - ¡Annabeth! ¡Annabeth por aqui!
La rubia que hace unos minutos casi dormida, abrió los ojos a par al escuchar aquella voz tan peculiar y que tanto conocía. Entre la multitud diviso una cabellera negrusca, era tan lisa como de constumbre pero ahora estaba recogida en una sola coleta, la chica que gritaba era delgada pero con piernas y brazos fuertes; poseia una piel canela y ojos color miel. Vestia un uniforme deportivo blanco, es decir, chaqueta blanca con unas rayas azul desde los hombros hasta la cintura acompañado de un pantalón del mismo diseño. ¡Era Tomoyo! Era tan diferente de verla en persona que via video llamada, fotos o cartas; su amiga estaba tan distinta físicamente.
No aguantando la felicidad y soltó todo sus cosas al suelo, salio corriendo al encuentro de su amiga quien no se sorprendió nada; Tomoyo apretó a la rubia en tanto reía y daba saltitos.
Tomás que ayudaba a su madre con el equipaje quedo mudo al ver a la chica, su corazón dio un vuelco al recordar retrasos de su memoria de infante. Aquella promesa de la niñea ¿Al final la recordaría? Porque el si, podría conciderarlo solo un niño pero jamas olvidaría aquello.
Noto como su hermana recogia sus cosas del suelo y su amiga le ayudaba con un bolso, sonreía en tanto se colocaba en el hombro eso, parecía estar relatandole una cosa divertida porque ella reía al escucharlo. No se movió pero si sus padres, al verlos Tomoyo les salto en sima ellos parecía contentos de verla, despues de todo este tiempo se sentían felices de verla. Entonces ocurrió, su mirada miel se poso en la suya la chica al comienzo no lo reconoció, la última vez que se vieron fue en una Video llamada cuando recien cumplió cinco años; luego nunca tuvo ganas de hacerlo de nuevo. La chica japonesa de ojos grandes fue hacia el que estaba mudo, le regalaba una sonrisa típica de ella como si el tiempo no hubiese cambiado.
- ¡Tomi! - lo sujeto de los hombros y lo abrazo con fuerza, casi lo asfixia. Se separo y lo zarandeo - ¡Oh Dios! ¡Mirate cuanto has crecido!
- Emmm... mmh... T...Tomoyo tu...- trataba de hablar, pero la chica estaba mas enérgica que de constumbre.
- Tomoyo, matas a mi hermanito - susurro por lo bajo la rubia, en tanto señalaba al niño.
- ¡Oh! ¡Lo lamento! - freno y apretó al chica a ella otra vez - ¡No volverá a pasar!
Tiempo despues, estaba en el carro patrocinado por el patriarca de los Granchester quien se lo puso a su desposición; todos iban conversando amenamente. Una Annabeth no paraba de escuchar los relatos de su amiga, hoy en la escuela le habían dado un permiso para ir a recibirla, como era una nueva estudiante de intercambio le permitieron eso. Ahora pensaba en ir ayudar a instalarse a la familia, luego iria a una practica del equipo de voleibol, ese sitio era sumamente fascinante para ella y se sentía como en casa. Desde que la holandesa volvió a su pais, tomo la palabra de ella y se unio para practicar ese deporte, lo que horita conversava era de el. Se dio cuenta que no solo se necesitaba talento, tambienes fuerza, constancia y dedicasion. Aprovechó la oportunidad para preguntar como estaba la vida de la rubia, si bien no perdieron contacto todos estos años, tomaron un poco de distancia hablando cada dos meses y eso hacia perderse de unas cosas.
No había muchas cosas que decir, ella no poseia amigos pero trataba a sus compañeros de clase para tareas, ella era tímida y siempre miraba de soslayo nunca había cambiado de actitud.
- ¡Ah! Y yo que te iba a preguntar por un novio - al escuchar eso la chica une sus índice empujandolo entre si, seguido de un respingo y sonrojo fuerte. Bernardo tocio para desimular su disgusto, su esposo río por lo bajo divertido - ¿te gusta alguien? Como te sonrojaste.
- No...no... ¡Como crees! - se exalto la chica al escuchar eso de su amiga. - ni se que se siente enamorarse.
Bernardo soltó un suspiro, su hija seguía siendo la misma niña de sus ojos. Inocente e inofenciba.
- Bueno, ya te lo había dicho la otra vez - parecía muy segura de si al hablar - debes vivirlo para saber que se siente, pero te aseguro algo. Una vez ya sabiendo que lo sientes, no podrás dar marcha atrás.
Annabeth se le quedó mirando con perspicacia, si era bastante tiempo sin verse pararecia que su amiga cambio, no solo por fuera tambienes por dentro. ¿Sera que se habría enamorado de alguien? Porque su mirada parecia mas seria, bueno, ella fue de ayuda la otra vez cuando le pregunto sobre ello. ¿Seria por un chico? Seguro.
- ¿Qué hay de ti Tomoyo? Pareces que tienes a alguien - la voz de Lucía retumbo en el silencio. El radar de Tomás se prendió.
- Como cree señora Lucia - río por lo bajo, finjiendo inocencia - yo solo tengo un amor en mi vida, es el voleibol.
Tomás río junto con los demás, eso fue mas que una falsa alarma Tomoyo seguía siendo la que su hermana decía, además, las deportistas eran dedicadas al deporte.
Llegaron a su destino, bajaron todas las cosas en tanto las chicas se quedaron a fuera mirando la casa, sentían un sentimiento lleno de nostalgia que recorría cada rincón de su ser. Ambas habían vivido muchas cosas aqui, para la rubia esto no cambio ni una pisca, eso era bueno ya conocía todo esto no tenia porque aconstumbrarse a lo nuevo.
- ¿Te acuerdas? Por aqui jugamos con Tomi a las escondidas - miro nostálgica al patio - por cierto, parece estar mas grande. Recuerdo como si fuese ayer cuando estaba en brazos, era tan adorable y suavesito.
- Hablas como una anciana - dijo la chica rubia, con su voz baja tranquila.
- ¿Tu crees? - soltó una carcajada enérgica - si puede ser cierto, pero es que... ¡Oh dios! De la noche a la mañana recibi tu mensaje, lo cual recuerdo, ¡Siento haberte dicho todas esas cosas! ¿Sabes? Desde pequeñas has dependido mucho de mi, yo solo quiero que tengas mas confianza en ti misma.
- No... no te preocupes por eso - sonrió con dulzura - entiendo lo que dices, a veces eres como mi Mama Tomoyo. Prometo que cuando ingrese a la escuela, no te dare dolor de cabeza.
- Eso espero - la señalo, mirandola finjiendo reprimienda.
Mas tarde ese mismo día, ya acomodaron parte de las cosas de la casa, no había que cambiar casi nada solo agregar cosas. Annabeth reía de lo mas comoda con Tomoyo, quien se arrojaban a las manos un muñeco de material sintetico, parecido a los puf del suelo. La ojos verde le relataba como sería su nueva escuela, si bien era grande al igual que su salones, se encontraría con personas de todo tipo. Era cierto sobre ser la mejor secundaria de todo Tokio, no quería decir se libraria de eso; Annabeth temblo un poco por ello. Ahora no podía depender de Tomoyo, debria valerse por si misma y nadie mas, se lo prometió a si misma.
La ojimiel estudiaba en la clase 1-C, no le diria que tambien le tocaria ahí pero, era una clase muy tranquila y unida; aun con ello Tomoyo conocía a casi todos de las demás clases. Algunos de ella fueron compañeros de primaria y escuela elemental, asi que, cualquier pregunta la buscara en el dado caso de no quedar ambas juntas.
De pronto se escucho un zumbido, la pelinegra soltó un respingo sacando su teléfono de un bolsillo, al ver el mensaje abrió sus ojos a par. Era su entrenadora. Soltando maldiciones, comenzó a buscar sus cosas en el cuarto tropezandose dos veces, la rubia puede jurar que de la boca de su amiga salio una palabra nueva. Cosa que a la chica no le interesaba su significado.
Ya estando lista Annabeth la acompaño hasta la puerta, no sin antes despedirse de sus padres y hermano; Lucia agradeció por ir a ayudar a su pequeña a instalarse, Tomi solo sonrió, Bernardo conto con ella para el día de mañana. Tomoyo hizo reverencia, reacción común de una japonesa y al marcharse le grito a la rubia, "Da lo mejor de ti en la escuela" .
Cerraron la puerta entrando nuevamente a la casa, sus padres dejaron a los chicos en el recibidor, Tomi sujeto la mano de su hermana mayor antes de retirarse al dormitorio.
- Annabeth, prometeme que te cuidaras de cualquier demonio. Creo que sobra con Anthony en casa - hablo el niño, con un tono bastante grave para uno de su Edad.
- Oye - voltio, sujetando sus hombros - ¿no debería ser al revés? El yo protegerte y no tu a mi.
- Eso es inrelevante aqui, hermana - sostuvo una de sus manos, con fuerza - yo soy un chico, puedo cuidarme solo, pero tu eres una chica mi deber como hombre es cuidarte. ¿Entiendes?
- Lo... he... entendido - contesto sorprendida.
Sujeto sus brazos y lo abrazo con fuerza, el menor le regreso el afecto de inmediato. Tomoyo no se había equivocado, su Tomi creció frente a sus ojos sin darse cuenta de ese cambio. Pero de algo estaba segura, seguía siendo tan adorable como cuando su mamá lo sostenía en brazos. Quizás el destino se lo dio para protegerle y no al revés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario