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Aburrida. Esa es la palabra
que recorre mi mente sin cesar, ni cuantos días han transcurrido luego de
conocer a Eren, bueno, puede que este generalizando las cosas pues solo pasaron
unos cuatro. Estoy encerrada en aquel lugar rodeada de libros, no lo entiendo,
si la Legión de Reconocimiento no quieren que sepa de mi existencia lo están
haciendo a las mil maravillas. Al menos si pudiera ir a ver a Eren… ¡Oh!
Hablando sobre él, las cosas en los muros están bastante tensas. En los diarios
no paran de hablar sobre un “gigante” que tapo la abertura de las muralla Rose
y otro que la abrió, las personas se comportan temerosas y a la defensiva por
si algún titán quisiera invadirlos de nuevo. No solo eso, se comportan como
niños de cinco años al enterarse que tendrán un hermanito, nadie quiere que le
quite lo suyo, por lo tanto nadie quiere que otras personas habiten la murallas
interiores. En verdad, los seres humanos de aquí son tan repulsivos y
asquerosos que los de mi mundo, aunque, podría decirse que ambos son unos
malditos insensibles. Al enterarse un posible “aliado” titán no pararan de
comentar las grandes mentiras proporcionadas por el gobierno, nadie creería
semejante estupidez, los titanes son titanes; invaden murallas y se comen a las
personas tan simple como esos. Jamás tendrían sentimientos, razones o motivos
para ayudar a la humanidad, si ellos buscan aniquilarla de la faz de la tierra.
¿Para qué aliársele?
Por otro lado, me parece muy
injusto que tengan a Eren teniéndole de esa manera encarcelado y como si fuera
un gran amenaza, los odio, en verdad los odio. Es cierto que ese día al ver su
reacción le tuve temor, pero no era ese tipo de miedo por si él se convirtiera
en titán; más bien temí por lo que estuviera cruzando su cabeza con respecto a
salir fuera de las murallas. Aniquilar, matar, exterminar. Seguro todo este
tipo de palabras le rodeaban en ese momento, ahora tiene un poder que bien
podría ayudarlo lo llevaría a la ruina; luego de todo no está mal en la Legión
de Reconocimiento. ¡Agh! Estoy harta de este encierro del demonio, en estos
momentos deseo ver a Eren, no estoy segura si me están vigilando pero es lo más
seguro. Me levanto del sofá donde estoy prostrada y me dirijo a la ventana, las
personas vienen y van como si nada estuviese ocurriendo, niños corriendo con
sus amigos sonriendo y gritando, mamás con sus retoños en brazos y quizás uno
de lado, parejas muy acarameladas y otras no tanto. Algo suena detrás de mí,
miro el reflejo de la ventana y me exalto toda. Es Rivaille, tiene su semblante
tranquilo de siempre y ambos brazos cruzados, parece que esta algo fastidiado
porque no me mira directamente a los ojos solamente hacia otro lado que no
tengo ni idea. Inmediatamente frunzo el ceño, este tipo… ¡Viene a mostrar su
cara hasta horita! Siento como si fuese tratada como una criminal altamente
peligrosa.
-
Ven aquí… no tengo todo el día – dice,
dándose la vuelta saliendo del lugar.
Doy la vuelta acelerando mis
pasos para alcanzarlo, al salir noto que no hay ningún tipo de guardia
custodiando el lugar; me doy mentalmente una bofetada por ni siquiera asomarme
a ver. En fin, Levi va unos pasos más adelante esta apresurado y eso me
fastidia, acelero un poco la velocidad de mis piernas y me coloco a su lado.
¡Valla! No somos tan diferentes de estatura luego de todo, de hecho, medimos lo
mismo; un revuelto se forma en mi estómago por llegar a esa conclusión tan
absurda. De repente, en mi mente se forma la imagen de Eren ¿Cómo estará?
Seguro aun en aquel calabozo inhóspito, pasando un mal rato y siendo tratado
como un monstruo. ¡Él es humano! Grita mi subconsciencia, la apoyo rotundamente
es cierto que tiene un poder completamente fuera de contexto; más sin embargo,
no hay nada que con un poco de practica se pueda solucionar. La cuestión sería
dejar el miedo a un lado, sobre todo esa imagen de monstruo que se imaginan de
él.
-
¿Eren? – pregunto, Levi no reacciona al
momento - ¿Cómo esta Eren?
-
¿Tú cómo crees, mocosa? – gira, solamente para
mirarme de reojo. – abre esa cabeza tuya que tienes, no es solo para llevar
cabello.
-
En verdad…. – dejo las palabras en el aire –
me resultas tan insoportable.
-
Tranquila, créeme que la cosa es mutua –
termina diciendo.
Pasamos a un lado de donde
podría llevarnos hacia donde esta Eren, freno inmediatamente mirando a esa
zona. Rivaille no se da cuenta hasta que deja de escuchar mis pasos detrás de
él, se voltea inmediatamente no se inmuta al ver mi expresión de rostro. Pero
aun así, posa su penetrante mirada en mi haciéndome recorrer un escalofríos
completo por mi impertinencia al frenarme. Con todo y eso no me importa, digo
en la comodidad de mi mente, cuando algo se me mete en la cabeza no hay nadie
que me lo quite. ¡Quiero ir a ver a Eren! Me importa un rábano que los altos
mandos no quieran que yo lo vea, inclusive sus más allegados, me sabe… para mi
es mucho más importante conocer en qué tipo de condiciones se encuentra. Puedo
imaginarlas, no soy tan idiota como me hace parecer Levi, creo que a él de da
igual todo lo que ocurriese a su alrededor; por otro lado a mí sí. ¡A mi si me
interesa los acontecimientos!
-
Los odio – comienzo a decir, apretando los
puños – En verdad, odio a todo aquel que trata de renegar a Eren por tener un
titán dentro. Lo tratan de monstruo, ¿Y qué hay de ellos? – replico sin
contenerme nada - ¡Pelean por que otras personas puedan entrar en la seguridad
de esta muralla! ¿No se supone que la humanidad debe a ayudarse mutuamente? Si
quieren sobrevivir a esto, deberían pensar un poco a los demás. – volteo hacia
Levi, quien solo me observa con ese par de ojos tan gélidos – Acaso… ¿ellos no
son más monstros, de lo que podría ser Eren?
Aguardo silencio,
completamente devastada emocionalmente de toda esta basura de sociedad, que
solamente pueden interesarse por sí mismos. No espero que Rivaille me conteste
con algo, entiendo perfectamente que es más frio que un glaciar de la misma
antártica; él jamás me dará la razón de mis palabras. ¿Qué puede cruzar por su
mente? No lo sé, de lo poco que recuerdo de él en mi mundo, sé que es el
personaje más misterioso en impredecible de todos. ¡¿Por qué demonios estoy
bajo su tutela?! Estaría hasta feliz que me adoptaran en la Legión de defensa
estacionaria, allí seria como un pez en el agua. Claro… que solo basta con
soñar, eso jamás ocurrirá en la vida.
-
Dime, Michelle. – levanto la mirada, al
escuchar mi nombre de su boca - ¿Tú no pensarías lo mismo de Eren luego de ver
como los Titanes matan a personas? Si, si lo pensarías. No estoy dándole la
razón a aquellos parásitos de personas que creen que nunca verán un titán en su
patética vida, pero, el miedo, la zozobra o incertidumbre de ser atacados en
cualquier momento llevan a la humanidad en convertirse en seres egoístas. – cierra
sus ojos un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas o tal
vez descansando - Mírate, soltando
palabras sin sentido, creyendo conocerlas todas. Aun así, sigues siendo una
estúpida mocosa que no sabe nada de la vida.
-
Puedas que tengas razón en algunas cosas –
digo, él se asombra un poco – soy una mocosa aun poco se de la vida. Pero,
siento cuando algo está siendo muy injusto, y claramente, tratar a Eren como un
monstruo está mal.
No lo vi venir, pienso, ni
si quiera lo sentí completamente cerca para poder predecir sus movimientos.
Rivaille ha caminado rápidamente hacia mí, tomándome del brazo y jalándome
hacia la entrada de los calabozos donde se encuentra Eren. ¿Qué? ¡¿Qué demonios
está haciendo?! Trato de zafarme de su agarre, lo cual, es completamente inútil
este enano endemoniado es inmensamente fuerte. Le balbuceo palabras para que me
suelte, o lo que está tratando de hacer, pero se reúsa a decirme algo,
solamente comenta entre dientes que me calle y simplemente me deje llevar. ¡Lo
detesto hasta más no poder! ¡¿Quién se cree para tratarme de esta manera?! Como
si fuera una clase de animal salvaje, soy un ser humano común y corriente que
está siendo maltratado por este hombre maldito endemoniado. Más que un ser
humano, soy un chica por eso mismo tendría que ser más delicado, “como si a
este sujeto le importase” comenta una vocecilla en mi cabeza, en un tono
arrogante casi restregándome a la cara lo estúpida e ingenua que soy. “este
enano lo que menos le importa es el ser mujer, solo mírate, das pena como estas
siendo arrastrada” sonríe con ironía por toda mi mente. Y con esto, hace que
comience a gritar y prácticamente a patalear, pero Levi se las ingenia para
sostenerme las muñecas con sus manos; puede parar los movimientos de mi cuerpo,
pero jamás podrá frenar mi mente. Noto que llegamos a donde estaban los
soldados la última vez, la celda de Eren; freno mis gritos histéricos y
comienzo a mover mis ojos por todo el lugar. Los tres hombres que están nos
miran un tanto desencajados comenzando a rodear los barrotes de la celda, Levi
me empuja al suelo cayendo de lado, lastimándome un poco los hombros unas
cuantas lágrimas se acumulan en los surcos de mis parpados. Con todo y el
dolor, humillación y baja de autoestima que siento en estos momentos no le
demuestro miedo a aquel sujeto; pienso que ya he tenido suficiente de él ¡Qué
se valla de una buena vez al infierno! No quiero tratar jamás con Rivaille.
Frunzo el ceño con mucha ira contenida hacia él, no puede ser un humano, ¡Lo
que habita en su corazón es un hoyo oscuro y profundo! Una bestia vestida de un
hombre.
-
Me canse de ser paciente contigo. – comienza
diciendo, con aquella calma en su mirada – no haces más que soltar estupideces
de tu boca.
-
¿Y qué vas hacerme? – lo desafío con la mirada,
en tanto levanto mi voz - ¡¿Atarme de pies y manos a una cama?! ¡Tal como está
Eren!
-
No, no pienso gastar mi energía en una idiota
como tú. Ni mucho menos hacerle perder su tiempo a otras personas, – dice él,
en tanto avanza unos pasos hacia mí – por eso practicar un poco el miedo
contigo no estaría tan mal.
Trato de arrástrame hacia
atrás, pero me atrapa en seguida haciéndome parar agresivamente del suelo. Me
muevo por puro instinto para soltarme sabiendo que es inútil, noto como nos
acercamos a la celda de Eren, el cual, está completamente pasmado por todo este
espectáculo absurdo patrocinado por mí. Puedo notar en sus ojos el
desconcierto, sé que me ha reconocido por la chica del otro día quien
acompañaba al cabo Rivaille y el Comandante Erwin. Sin embargo, no sabe en
realidad quien soy o de donde he salido. Pero no tengo tiempo de sentirme
aliviada por estar cerca de él o, ver al menos que está bien y recuperando su
energía al haberse transformado en titán y cerrar la brecha de la muralla Rose.
Al ver como Rivaille se acerca conmigo a la celda los guardias están listos
para atacar, sin embargo, sé que este maldito enano tiene un as bajo la manga.
Si no ¿Por qué se molestaría en traerme hasta aquí?
-
Abran esta maldita celda – sentencia, con un
eje de enojo en su voz.
-
Lo sentimos, cabo Rivaille pero tenemos
estrictamente prohibido abrir esta celda a no ser que sea una emergencia –
habla uno de los tipos de la policía militar.
-
Pues como la ven, este es ese tipo de
emergencia – insiste Levi, aún más enfadado que antes.
-
No se puede, Eren Jaeger está bajo un
confinamiento al solitario. Si llegase a transformarse…. – deja en el aire.
-
¡Me importa una mierda! – eleva un poco la
voz, el enano – les voy a dar un consejo, imbéciles. Si los tres quieren ver la
luz de un nuevo amanecer, sería de gran ayuda que abriesen esta celda. De lo
contrario, me encargare personalmente que aquello… no suceda.
Unos escalofríos invaden a
aquellos idiotas, puede hasta ver como uno baja apresuradamente saliva por su
garganta. Rivaille cuando se la propone, en verdad es como un psicópata o
asesino en serie; la forma que los amenazo a los soldados es como si lo hubiese
practicado ya antes de algún lado. Si eso es cierto o falso, la verdad, es lo
que menos me importa. Uno de las gallinas, saca una mano de llaves de su
bolsillo y conté sin mentira alguna tres veces que las dejo caer al suelo;
luego de que por fin tuviera éxito en su comentado coloco la llave en la ranura
abriendo la cerradura. Rivaille me arroja al interior sin contenerse en fuerza,
ahora sé que voy tener más moretones que los que pensaba ya tener. Cuando trato
de salir del lugar, los guardias me cierran de inmediato lanzándome una mirada
lasciva y ofensiva. Aquel enano del demonio les da unas instrucciones a
aquellos hombres, ellos asienten la cabeza con obediencia absoluta, venga que
ser el soldado más fuerte de la humanidad es sumamente importante para poder
hacer que estos mediocres lo obedezcan. Zarandeo los barrotes con ira total,
como si con eso pudiese liberarme de este encierro. ¡No! ¡Ya no quiero estar
más encerrada! Creo que he tenido más que suficiente con estar en aquel lugar
rodeada de libros, supongo que Levi se dio cuenta de aquello, por eso me está
colocando a prueba cuanto soporto estar más encerrada. ¡Me hace odiarlo aún
más! Jugar con los nervios de las personas debe de estar completamente fuera de
sí.
Por otro lado, terminado de
darle las instrucciones a los hombres da la vuelta y se marcha del lugar como
si no conociese a nadie. Esto aumenta mi desesperación, comenzando a mover más
los barrotes y gritando sin un mañana.
-
¡No puedes dejarme sin más aquí Levi! –
apretó mi agarre con mucha fuerza - ¡Levi! ¡Levi regresa y libérame! ¡Has que
me suelten, maldita sea!
Ya valió, comento en mi
mente, este maldito enano no va a regresar ni mucho menos mandar a que me
suelten. Es un hijo de perra, tiene las agallas bien puestas como para tratarme
de esa manera y humillarme delante de personas; mis piernas comienzan a ceder
cayendo al suelo, aun sosteniéndome de los barrotes como si fueran mí soporte.
¿Qué más da si me ven llorando? Porque en estos momentos, aquellas picosas
lágrimas de mis parpados comienzan a deslizarse por mis mejillas algo
acaloradas y sonrojadas de tanto esfuerzos. Agacho mi cabeza y lloro quedito,
para que nadie se entere de esta acción patética, para mi llorar en frente
demás personas es signo de debilidad y no pretendo que lleguen a oídos de aquel
maldito mi momento patético. Reprimo un sollozo apretando mis dientes en mi
labio inferior, tanto, que debe de estar sangrando por haber perforado la piel.
¿A dónde quiere llegar Levi con esto? Venir a dejarme encerrada junto con Eren…
¡Maldición Eren! me devuelvo hacia él, parece estar mirando hacia otro lado muy
concentrado o al menos trata de estarlo. Está dándote tu espacio, me dice una
dulce voz en mi mente, sabes que no estas pasándotela bomba aquí dentro. Por un
momento me permito pensar en cómo se sentirá Eren con una intrusa como yo en
este lugar, seguro pensara que lloro porque le temo mucho a él. Me muerdo el
labio inferior con signo de pena, no debía de comportarme de esa manera; noto
como he dejado de llorar para enfocar toda mi atención en Eren.
-
Me siento patética. – comienzo diciéndole, él
enfoca mi mirada e inmediatamente la sostiene – llorando porque me han
encerrado aquí, tú te la debes estar pasando peor que yo.
-
Es un poco confuso todo pero, no dejo de
pensar que es por mi propio bien. Yo… no quiero lastimar a las personas que
quiero – baja su mirada exactamente donde están sus garrotes, moviéndolos como
si fueran su freno hacia la cordura – Se… sé que tengo un poder que no puedo
controlar totalmente por mí mismo, no pienso que, estén haciéndome algún daño.
Bajo la mirada, avergonzada
de mis propios pensamientos. Sí. Es cierto, en tanto yo maldecía a cada persona
de esta sociedad, por cómo estaban tratando a Eren o lo injustos que eran. Él
solamente pensaba en cómo no dañar a las personas que les interesa, su actitud
es completamente predecible sabe perfectamente como las personas están
reaccionando respecto a él, sobre todo a ese poder escondido en su interior.
Soy patética, no debería juzgarlos por cómo se comportan, tal vez soy así
porque sé cómo es Eren el jamás dañaría a alguien. “Pero no es tonto”, hace la
aparición aquella voz sínica y repulsiva de mi mente, “sabe perfectamente que
lo tratan como monstruo, ¿Cómo crees que se sentirá al respecto?” Solo, disparo
sin contemplación, rechazado y completamente fuera de norma. Eren en esta
ocasión está perfectamente luchando con sus demonios, sin la ayuda de Mikasa o
Armin muy lejos de ellos como para auxiliarlo. Me levanto del suelo y me acerco
hacia él, al comienzo balbucea unas palabras de poco logro descifrar, pero
claramente entiendo una << ¿Qué estás haciendo acercándote a mí?
>>. No me importa, me digo, no me importa que albergue a mil titanes si
pudiese, no me importa que todo el mundo lo trate como una bestia que no tiene
control sobre sí mismo; de hecho eso es lo que menos es importante. Su ánimo
esta por los suelos, y yo quiero animarlo de alguna manera. Me siento a un lado
de su cama, extiendo los brazos y lo envuelvo con ellos; al comienzo rezonga y
se trata de zafar pero comienzo a susurrarle palabras tranquilizadoras. Al cabo
de unos segundos, baja su cabeza y apoya su frente en mi hombro noto como se
relaja.
-
No eres un monstruo, Eren. – digo, con toda
la sinceridad del mundo – eres un ser completamente extraordinario, para mí, y
creo que existen muchas personas que piensan igual que yo.
-
¿No tienes miedo de mí? – susurra por lo
bajo, un tanto dolido en el tono de su voz.
-
No, lo menos que te tengo es miedo. – me
alejo de Eren, coloco mis manos en sus hombros – Ahora, deja de pensar en ti
mismo como un ser repulsivo.
-
¿Pero no me he convertido en el peor enemigo
de la humanidad?
-
¿Acaso no has sellado la brecha de que los
titanes colosal y blindado han abierto? – pregunto, de la misma manera como lo
hizo él – Vamos, Eren déjate de malos pensamientos.
Se quede en silencio unos
cuantos minutos, luego se queda como entrase recordando algo. Fija su mirada en
mí, recorriéndome de arriba hacia abajo y en un momento queda sus ojos
fijamente en el escudo que tengo en la chaqueta. Es el de la legión de
Reconocimiento, las alas de la libertad una blanca y la otra azul; ¿Qué tiene
de especial aquella insignia? Porque noto como brilla la mirada verde de Eren
al notarla. Inmediatamente se él motivo, en una búsqueda a mi memoria
estropeada, he recordado que él siempre ha aqueridado pertenecer a esta legión.
Luchar, luchar por lo que quieres y por el bien de la humanidad, además, de
saber lo que hay luego de las murallas. La aventura y la curiosidad a veces le
ganan a la razón.
-
¿Puede preguntarte algo? – dice él, con un
eje de pena en su voz.
-
Adelante. – lo animo a seguir.
-
¿Qué se siente estar en la Legión de Reconocimiento?
Oh, valla. Esto es algo que
jamás prevenir ver, y es que como… ¿Cómo poder responderle a aquello? Se supone
que mi existencia en este lugar es un completo secreto, pero algo dentro me
dice que no le mienta a Eren tengo que decirle la verdad de todo. Me siento
como si manchara la inocencia de una joven doncella, es que… solo mirarlo,
aquella sonrisa emocionada junto con sus mejillas sonrojadas y ojos brillosos.
Al menos tengo la tentación de contarle lo muy maldito que es Rivaille conmigo,
pero, me abstengo de hacerlo y es mejor que lo descubra por sí mismo.
-
Yo… apenas estoy entrando ahora. – él baja la
mirada, yo me siento completamente dolida – lo siento, por no ser de ayuda.
-
No – sonríe despreocupadamente – espera, si
apenas estas entrando ahora… ¿No deberías ser de mi generación?
Mierda, mierda, mierda,
mierda. La mirada lasciva que me lanza no es normal, sé que está dudando de mi
persona, ahora que lo pienso, ¿Por qué no me ha preguntado porque Levi me dejo
con él? Seguro se le paso por encima o no quiere saber nada de nada. Noto el
semblante de su rostro, quiere conocer mi historia y siento que debo pensar en
otra prueba para que me crea. ¡Dios! ¿Acaso esto no va a terminar? A lo que me
refiero, cada persona con quien me encuentro nota mi “dudosa” existencia.
Entonces miro detrás de mí, para que los guardias no escuchen esta conversación
extremadamente personal; como me encantaría colocar aunque sea una cortina y
darnos un poco de privacidad a ambos. Acto seguido, lleno mis pulmones de aire
para poder comenzar con esta odisea.
-
Eren, necesito que confíes en mí. – él arruga
el entrecejo, lo sé, pedirle confianza a alguien que apenas conoces es mucho –
Sé que pido demasiado, pero, es importante para poder contarte sobre mí.
-
De acuerdo. – termina cediendo.
-
Yo, no soy de este mundo. – susurro por lo
bajo, para que nadie nos escuche. – esto probablemente te parezca de locos pero
es la verdad, no te estoy mintiendo.
-
¿Cómo…? ¡¿Qué demonios?! – grita
prácticamente.
Los guardias posan sus ojos
en nosotros dos, le pegan unos cuantos golpes a los garrotes y nos dicen que
guardemos silencio y que nos estemos quietos, luego voltean pero nos miran más
de cerca. Llevo mi dedo a mis labios, señalándole a Eren que guarde silencio,
susurro entre dientes que nadie debe de enterarse de mi existencia, de lo
contrario, estaría igual o en peores condiciones de la que esta él. Aguarda
silencio en tanto le trato de relatar un poco de mi historia, el cabo Rivaille
fue quien se dio dé cuenta que nunca antes me había visto en la vida. Trate de
dialogar con él, pero fue imposible pues me consideraba como una amenaza, ¿He
dicho consideraba? Pues me he equivocado, aun me considera una amenaza. Luego
de que el perdiera el conocimiento en la abertura de la muralla Rose, me
confinaron en un cuarto lleno de libros, esperando para saber que iba a pasar
conmigo; hasta hora no sé cómo el Comandante Erwin y Levi mantiene mi
existencia en secreto. Con tal, llegamos a un acuerdo de que si hablaba con
sinceridad con ellos, me cubrirían pero tendría que unirme al escuadrón de
Reconocimiento oficialmente. Y es cuando llego al punto de contarle, mi pelea con Levi hace unos
momentos por apoyarlo a mi manera de ser; Eren abre los ojos sorprendido de mi
confesión, mas sin embargo, le da la razón a Levi. El miedo lleva a las
personas a comportarse como cobardes, basta con recordar el rostro de la
persona que lo recluto y entreno; estaba asusto le tenía pavor que no tenía
otra opción más que aniquilarlo como un amenaza real. ¿Acaso no lo habían visto
varias personas emergiendo de un titán? Era solamente cuestión de lógica. No lo
triaran como el salvador que cerro el hueco de la muralla Rose.
Entonces, ¿Qué pasaría de
ahora en adelante con él? No sabía, ni si quiera yo recordaba algo, estando mi
memoria saboteada como en estos momentos no le servía de mucha ayuda. Por otro
lado, lo único que nos quedaba por hacer seria esperar, esperar a que los
capitanes de la Legión de Reconocimiento aparecieran y darán la sentencia de
las personas del alto mando. Pasando las horas, me recosté a un lado de Eren
cerrando los ojos colocando mis brazos hacia atrás como si fueran unas
almohadas, el muchacho creyó cada una de mis palabras sintiéndome
fantásticamente bien. Si en verdad lo recibieran en la legión de
Reconocimiento, no me importaría estar bajo la supervisión de Levi con tal, la
custodia de Eren también pasaría a él. De suceder su aceptación. Cerré los
ojos, ¿Qué horas podrían ser? ¿Sería de noche? Probablemente porque mis
parpados se sentían muy cansados. No me había preguntado hasta hora cuanto más
o menos me dejarían encerrada aquí, ¿Seria hasta que Levi se apiadara de mí? De
solo imaginármelo me causaba gracia, ese maldito enano no sentía lastima por
nadie. Estaba segura, que si fuese por él, me dejaran toda mi mortal vida hasta
que muriese. Una mano me mueve gentilmente, van acompañas con el sonido de unas
cadenas; inmediatamente abro los ojos y me topo con las grandes esferas verdes
que posee Eren.
-
Carla, ¿Es tu mundo tan diferente a este? –
susurra por lo bajo, para que no nos escuchen.
-
Si – me reincorporo, dándole la cara y
sonriendo – aparte de no existir murallas o titanes. Todos nos distribuimos por
varias partes de la tierra, hay lugares magníficos, como el mar o las montañas
glaciares. – suspiro llena de nostalgia – En lo particular, me fascinan los
bosques con árboles frondosos lleno de frescura y tranquilidad de por medio.
-
¿Es cierto que el mar hay sal? – pregunta, dando
rienda suelta a su curiosidad.
-
¡Montañas de ella! Sé perfectamente que aquí
es un lujo. – Eren asiente con mi comentario – pero en mi mundo, no es más que
un condimento para nuestras comidas, algo, que sin ella sería una porquería.
-
¿Sabes? Me encantaría ver todo eso fueras de
las murallas – se desliza hasta acostarse en la cama – con mi amigo Armin,
veíamos libros sobre todo lo que hay fuera de nuestra seguridad. Nos prometimos
ir a verlo todo con nuestros propios ojos, por eso, quiero unirme a la legión
de Reconocimiento. Bueno, eso y el querer exterminar con los titanes.
Un recuerdo cruza mi mente,
hace cinco años cuando callo la muralla María Eren presencia la muerte de su
madre a manos de un titán; no pudieron ser nada por ella aunque tuvieron la oportunidad
de hacer algo por ella. Eran demasiado débiles para luchar contra un titán, ahí
juro solemnemente acabar con todos y cada uno de ellos. Él haría venganza por
su mamá muerta. Luego de aquella visión, el cansancio nublo mi vista, era como
si de alguna manera ver ese recuerdo me paralizara por completo. No recuerdo
nada más, ni si quiera las palabras de Eren antes de caer en la cama
completamente a merced del cansancio.
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