domingo, 12 de enero de 2014

Angelina y el libro de Magia Pura

3
Había pasado exactamente una semana luego de aquellas clases de “Manipulación del Elemento Naturaleza”, ahora todos y cada uno mis compañeros de clase me miraban con expresión de asombro. “La chica que logro el color legendario” no solo yo, también Zephyr que se la pasaba siempre sonrojado hasta las orejas con tanta atención junta. Desde ese día no las pasábamos juntos en todas las clases, en pocas palabras, nos hicimos amigos que compartían el mismo destino. Casi nunca hablábamos simplemente disfrutábamos la compañía del otro en silencio, Zephyr se dispuso a encontrarme mi elemento Magic, muy debes en cuando me explicaba unos consejos para lograrlo. “Un Magic nunca es perfecto, alcanza la perfección cuanto más se prepare y estudie” me repetía una y otra vez; en una ocasión fuimos a uno de los jardines frondosos del colegio para una tarea de “Naturaleza Mágica”. Él se sentó en el suelo muy cerca de las hiervas y un árbol de frutos rojos, cruzo sus piernas colocando sus manos una en cada pierna, cerró los ojos quedándose completamente quieta. Un aura gris suave lo envolvió un momento, de pronto, enzima de él comenzaron a salir pequeños copos de nieve blanca perla. Me paralice. ¡Estaba utilizando su Magic!  El comenzó a explicarme como descubrió que ese era el suyo, aunque claro, podía más o menos manipular el agua siendo de manera superficial. Toda su familia manipula los elementos: Nieve y Agua, su mamá siempre lo educo tratando de manejar ambos a la vez, pero el chico, siempre amo la nieve por lo tanto se quedó con ella para estudiarla mejor. Sin darse cuenta, a los diez años manejaba la nieve con destreza y habilidad era como su segundo nombre. Pues bien, el secreto estaba en concentrarse muy bien con su yo interior, canalizar todas las emociones programándolas para quedar en un solo punto, tratar de buscar el elemento dormido en su interior. Se levantó del suelo desapareciendo su poder, me animo a intentarlo haciéndome sentar exactamente donde él había estado hace unos minutos. Me mando a cerrar los ojos, colocar los brazos en cada pierna, tome una bocanada de aire para concentrarme en mi misma y nadie más. Solamente canalice mi mente para escuchar la pausada vos de Zephyr aconsejándome para tranquilizarme, todo estaba en confiar en mi misma, creer en los elementos de la naturaleza ella tenía el perfecto para mí. Una corriente me paso en toda la piel, sentía el poder de la naturaleza recorriendo tanto dentro como fuera de mí, escuche como los sonidos de los animales del bosque se hacían más agudos, pajaritos, ardillas, hasta zorrillos correteando por allí. En eso, comienzo a sentir un calor por mis brazos haciéndome romper la conexión. Abro los ojos de sopetón, toso como si me estuviera ahogando con un humo inexistente, Zephyr de un momento a otro se halla a mi lado dándome pequeñas palmadas en la espalda para poder tranquilizar mis estamos. Comenta como su primera vez conectándose con su yo interior sintió un frio glaciar en todos sus músculos, eso le duro como unos segundos hasta que se tranquilizó. Sin saber comienzo a relatarle la historia de mi familia, todos y cada uno de sus integrantes somos el tipo de Magic del elemento Cristal es muy raro encontrar uno de ellos, pero, siempre somos llamados para realizar objetos o hoyas preciosas a los no Magic. Mi madre Evelyn Cameron, fue la que comenzó con la excepción de pasar de tener ese Magic, fue como una deshonra para el clan que una hija de ellos salió con otro elemento como el agua; sin embargo nunca se desanimó para demostrar que ese elemento no era tan malo. Ahora al casarse con mi padre que es elemento tierra, tuvieron un hija como yo que no puede manejar ninguno pero albergaban la esperanza de que al menos tuviera el tan ansiado poder del clan. Zephyr suelta un suspiro, sentándose al mi lado mirando directamente hacia el cielo, comienza a murmurar que hasta lo más grande de los grandes tuvieron problemas al comienzo, un ejemplo de ello eran Albert Martin y Marcus Zunnares. Ambos fueron desplazados por sus especies, no los comprendían porque sin duda ellos eran personas especiales, bastaba con solo mirarlos para saberlo, pero aun así, nunca dieron su brazo a torcer en la búsqueda de sus sueños. Por mi parte, lo único que me quedaba hasta los momentos era practicar, practicas hasta desfallecer nunca darme por vencida ¿Quién quitaba? Podría ser tuviera aquel elemento deseado por mi familia en mi interior. Sin saberlo comencé a derramar lágrimas sin sentido alguno, al verme Zephyr se alarmo, tratando de hacer parar de llorar pero no podía; en ese momento me albergaba una sensación extraña en mi corazón, quizás, era la emoción.
Estaba caminando por los pasillos de Agreement, en mis manos tenia libros para mis primeras clases de la mañana, “Elementos Mágicos” “El color de la Magia” y “Los Magic seres puros”, para ese último la maestra Bianca nos mandó a leer un libro donde hablaban de las características de los Magic, aún tenía en mi cabeza tantas palabras para poder hacer una actividad hoy. De todas maneras, debía de desayunar primero sino caería muerta al tan solo intentar la primera salir de mi boca; desde hace ya varios días comía con Cathy, Dylan, Zephyr y Abie. Mi mejor amiga al enterarse que tenía amigos Magic me canto porras y prácticamente bailaba la macarena, ella mejor que nadie sabía lo muy solitaria que era en el aula de clases, formar un grupo de compañeros no era malo para nada, de hecho, le resultaba sumamente agradable por mucho que fuese un ser sin magia. Entonces al conocerlos a los tres les cayó de una muy bien, Zephyr no paraba de sonrojarse cada vez que se dirigía hacia él con aquella sonrisa bondadosa que la caracterizaba, yo simplemente pensaba que ya era otro que caía en sus encantos. En cuanto a Cathy y Dylan los llamaba la pareja explosiva por pelearse a cada rato, obviamente la rubia gritaba a los cuatro vientos que el chico era su esclavo, las ocurrencia de ambos la contagiaron al igual que mi desde aquella clase. Creo que por primera vez en mucho tiempo comenzaba a disfrutar mi estadía en esta escuela, pues, me sentía plenamente feliz y llena de compartir con alguien mis anécdotas de un colegia Magic. ¡Pero claro! En esta escuela nunca cambiaran de parecer en la manera de vernos, porque sentí un codo en mi espalda que me lanzaba al suelo sin poder evitarlo; voltee para mirar a la vaca sin leche de Selena dando brinquitos en tanto chocaba las palmas con un grupo de chicos que reían a carcajadas por su acción. ¡Aquella perra! ¿Cómo se atrevía hacerme esto? Nuestras miradas se cruzaron un segundo, la rubia teñida me regalo un mueca haciéndose la ingenua, pero a mí no me engañaba, vi muy bien el brillo de sus ojos de lagarta. Ella estaba disfrutando de esto. Trate de estabilizarme sentándome en sima de mis piernas, revise la palma de mis manos con unos rasguños, el codazo que me dieron palpitaba fuertemente en mi espalda de seguro dejaría un moratón, no quería ni revisarme las rodillas tenía miedo a descubrir lo que ya sabía. Cuando tuviera mi elemento descubierto juro que se lo aventaría en el rostro a ella junto su grupito, si tenía el de mi familia le cristalizaría el trasero; de ser tierra, macharía su mini-falda para que se colocase la reglamentaria; si se trataba del agua los bañaría gratis para que cogiesen un resfriado de ultra tumba. En fin, se valía soñar. Comencé a recopilar todos mis libros que se hallaban en el suelo con mucho cuidado de no lastimar mis rodillas, fue cuando otra mano apareció frente de mí, alce mi vista encontrándome nuevamente con aquel par de ojos azul mar. Solté un respingo de susto corriéndome hacia atrás, se trataba de Bernard el chico que se perdió en el área Magic. Él no me dijo nada, simplemente comenzó a recoger todos mis libros del suelo, inclusive tomando los que tenía en las manos; luego se los a un chico de cabello azabache largo, ojos verde oscuro, moreno como el café con leche, alto hombros anchos, piernas largas y un semblante serio. Bernard tomo mis hombros haciéndome parar del suelo con cuidado, peros mis piernas exactamente mis rodillas ardían mucho por lo que fruncí el ceño con dolor, al escuchar la dulce voz del sin Magic mi corazón volvió a dar un brinco inesperado. Me estaba preguntando si me encontraba bien, pero no lo escuche o más bien no lo quise hacer, mi piel comenzaba arder como si hubiesen puesto carbón caliente en ella, mis manos temblaban de puro nerviosismo y mi garganta estaba seca. ¿Por qué tenía esta sensación en todo mi ser? ¿Por qué me sentía al igual que la gelatina? Y este… este sudor que esperase no asustar a Bernard, en mi pecho y manos. Esta vez no podía decir que fuese comida que me cayó mal, no, es algo mucho más profundo que eso. Con tan solo mirar este chico directamente a los ojos, sentirlo a mi lado o tan solo pensarlo, hacia recortar mi respiración dejándome casi completamente vacía como si me faltase algo, al igual que mi corazón latiendo con tanta fuerza queriendo romper mis costillas. Quizás si estaba enferma.
-       Angelina, Angelina… me estas asustando ¿En verdad estas bien? – volví a la realidad, notando el semblante preocupado de Bernard.
-       Si… solo… solo… he tropezado y… caí…. ¡Oh! Mis rodillas – digo, tartamudeando como siempre.
-       No mientas. – me paralizo, al escuchar al chico que acompañaba al rubio. – Aquellos chicos te han tumbado al suelo.
-       ¿Co…? ¿Cómo…. Viste que… ellos… lo hicieron? – pregunto yo, toda alarmada de la confesión del muchacho.
-       Mire desde lejos cuando lo hicieron – dijo con simpleza – Además, casi todo los sin Magic en este colegio son así, no me extraña que le temieras a Bernard al verlo.
-       No… no, yo no le tengo miedo. – trato de decir, tratando de calmar mi corazón al escuchar mencionar su nombre.
-       Ya no importa, Peter. – sonríe el rubio – No es extraño que los Magic nos teman, aunque técnicamente podrían patear nuestros traseros si quisieran.
-       Pero dudo mucho que ella lo haga. – me señala, dejando mis libros en su otro brazo – Solo es una niña, además, esta lo suficiente traumada como para lanzarnos un conjuro.
-       ¡Oye! No te metas con ella. – le exige, en tanto se acerca a él dándole un empujón amistoso.
Me quedo allí observándolos como una idiota, de todas formas, no pudiera irme si quisiese, ese chico, Peter tiene mis libros de la siguientes clases sin ellos no me iría a ninguna parte. Parecen estar haciendo una especie de juego de palabras o de empujones, como se llevan creo que se conocen de toda la vida y el moreno no es de aquí de seguro es nuevo. Desvió mi mirada a mis rodillas, mis medias blancas es tan rotas debido al empujonazo recibido, horita que lo recuerdo he caído de manos y rodillas como si me estuviese deslizando por algo suave, solo que en esta ocasión, era un suelo rustico sin nada liso. Entonces siento las miradas fijas de Bernard y Peter sobre mí.
-       ¡Lo siento! Me he dejado llevar, ni siquiera los he presentado. – lleva su mano a su boca como si fuese un micrófono, carraspea su garganta señalando al moreno – Él es Peter Jordán, compañero de clase y mi mejor amigo desde la infancia. Peter ella es Angelina…
-       Cameron, Angelina Cameron – contesto, rápidamente con un tono de nerviosismo.
-       Eso, Angelina Cameron del área de los Magic – culmina la presentación.
-       Un gusto – alzo su mano.
-       I… Igualmente. – sonrió tímidamente.
-       Ahora mi señorita Angelina, debemos llevarla rápidamente hacia la enfermería para que le curen sus heridas – se inclina, como si fuese una especie de mayordomo.
-       No… no… quisiera ser una… carga para… para ustedes – me sonrojo hasta las orejas, insistiendo – mis… mis amigos con Magic, podrían… podrían curarme.
-       ¿En verdad? – vuelve a su postura normal, parpadeando varias veces.
-       S… Sí.
-       ¡No se diga más! De seguro están desayunando ¿Verdad? De todas formas nos dirigíamos hacia el comedor.
Bernard toma mi brazo haciéndome apoyar en él tomo mi peso, me suelta una sonrisa ancha hasta las orejas, desde cerca puedo notar sus grandes orbes azules y ese lunar diminuto cerca de su ojo. En verdad es muy guapo, tan guapo que debería ser un delito serlo. Comenzamos a caminar despacio hacia el interior del colegio, me hallaba un pasillo abierto a uno de los campos donde los no Magic practican deporte o les sirven para sus clases de dibujo; alrededor de él se encuentra un muro hecho a base de puras piedras una encima de la otra formando como escudo para no pasarse. Al final del pasillo hay dos bigas al igual que el comienzo, con ellas se sostiene el techo hecho de madera pintada de verde dándole una pisca de cabaña. Cruzamos el umbral donde da inmediatamente a unas escaleras que nos indica que debemos bajarlas, cada vez que doy un paso me da una corriente en las heridas de las rodillas, pero reprimo mis quejidos para que Bernard ni Peter los escuchen. Llegamos a un pequeño lugar donde nos muestran varios caminos, uno hacia el área de los no Magic, otro hacia el de los Magic y finalmente otras escaleras para llegar al comedor. Rápidamente caminamos sobre aquel suelo liso de granito color blanco con negro, es tan brillante que podrías reflejarte en él, escucho la risa cantarina de Bernard en tanto mira a Peter. De cerca se escucha tan fuerte emanando de su pecho, estoy tan cerca de él sintiendo un cosquilleo en mi cintura porque allí se encuentra la otra mano del rubio que me ayuda a bajar las escaleras. Estando a su lado es como si caminara sobre las mismas nubes, es tan irreal como que los pechos de Selena son de carne o que tratase a Abie por quien es o no por lo que pude hacer, bueno, como dije hace unas horas se vale soñar. Llegamos al gran umbral del comedor, donde todos los alumnos del colegio están desayunando en varias mesas esparcidas por el gran salón, al fondo se nota unas ventanales de colores góticos, a mi derecha se encuentra donde atiende a los alumnos encontrándose al fondo la cocina. Una de las glorias de venir al Agreement, todo, absolutamente todos los días siempre sirve comida exquisita que nunca me cansare de comer. Noto como algunas chicas no Magic cruzan a un lado de nosotros cuchicheando, soltando risitas en tanto pasan su mirada carnívora de arriba abajo sobre mis acompañantes, luego la posan en mí fulminándome con intensidad. ¡Oh, valla! Creo que ya entendí la situación, bueno, las cartas de todas formas no están a mi favor. Número uno: soy una chica, Número dos: sobre todo Magic y finalmente Número tres: estoy muy pecada a Bernard, que es muy guapo y al parecer popular. Suelto un suspiro botando casi todo el aire de mis pulmones, no quiero estar involucrada en este tipo de situaciones, tengo más que suficiente el ser una Magic en este colegio de racistas. Por otro lado, escucho la imponente voz de Peter diciéndole al rubio que allí iban otro par de fans suyas, Bernard no reprime su risa al decir eso su amigo, simplemente le contesta que solamente fans suyas no son ya que parece haber colocado sus intentas miradas en él. Acto seguido el rubio voltea a mirarme, me sonrojo porque un sigue estando muy cerca de mí, me pregunta hacia donde debemos dirigirnos para buscar a mis amigos, yo señalo hacia el frente. Él me vuelve a sostener más fuerte haciéndome caminar hacia adelante, más miradas fulminantes de chicas llueven encima de mi lo único que hago es voltear hacia otro lugar para no sentirme tan mal.
Cuando casi llegamos a la mesa que suelo sentarme con Abie y los demás, veo como ya están comiendo y conversando plácidamente, mi mejor amiga solo sonríe viendo como Dylan le da la comida a Cathy en la boca como de costumbre; como que en verdad se toma muy en serio el papel de esclavo. En un rincón de costumbre, esta Zephyr leyendo otro libro que hace unos días compro en una librería mágica del pueblo, se trata de criaturas mágicas del mundo animal. No me pareció mal, de hecho, hasta lo encontré interesante le pedí que me lo prestara alguna vez para poder leerlo. Veo como Zephyr es el primero en notar que voy hacia ellos, sus ojos que los lleva ocultos bajo esos lentes y flequillo se muestran llenos de sorpresa y algo de… ¿Enojo? No lo sé. Sale corriendo a mi encuentro, me pregunta que fue lo que me paso algo apurado e histérico, lo trato de calmar contándole lo ocurrido. Los amigos de Selena la vaca sin leche, compañera de Abie me metieron un codazo en la espalda tumbándome al suelo en donde me raspe las rodillas, Bernard y Peter me encontraron herida ofreciéndose a ayudarme para traerme hasta el comedor. Zephyr alza su rostro para mirar a mis salvadores, pero no veo agradecimiento en su expresión, en vez de eso, noto como una descarga eléctrica pesada cayera a su alrededor; pero no es el único en fulminar a alguien, por primera vez, noto como hay surcos en el bellos rostro de Bernard y no me gusta esto. Cathy se levanta de su asiento para romper la tensión en el aire, saluda al no Magic diciéndole que  es el chico perdido de la otra vez, él parece reconocerla inmediatamente pero en aquella ocasión ella no le dijo su nombre. La rubia suelta una risita contenida, ya que están allí debería presentarle a la pandilla menciona, lo manda para que me senté en la banca para descansar mis heridas; Zephyr se arrodilla ante mi mostrándome sus ojos violetas preocupados con un eje sombra sobre ellos. Posa sus manos en mis rodillas, todo el mundo está pendiente de lo que está por hacer, una luz gris suave las ilumina haciendo aparecer nieve en cada una de donde están mis heridas, tiene una forma extraña como si fuera almohadillas al sentir su contacto suelto un gemido pero al cabo de un rato el alivio aparece. Fijo mis ojos en los de Zephyr, sonrió diciéndole un gracias por lo que ha hecho. En tanto Bernard arruga el entrecejo al ver el sonrojo en las mejillas de mi amigo, Cathy rompe el momento aplaudiendo para captar la atención de todos. Se acerca al rubio colocando una mano en su hombro, señala a las personas que no conoce, presenta primero a Zephyr como el chico que me está curando las heridas y mi mejor amigo; pasa inmediatamente a Dylan como su esclavo de por vida, al escuchar eso Bernard y Peter alzan las cejas sorprendidos. Luego pasa a ella amenazándolo con que si se mete conmigo lo mandara lejos con su Magic de viento, finalmente deja de último a mi mejor amiga en la vida. Abie.
En ese momento no pensaba nada más que en el dolor de mis heridas, pero ahora, solo puedo pensar que ese fue el peor error que cometí el llevar a Bernard ante mis amigos para presentarle a Abie. Pero sí que pude percibir algo entre ambos, la manera en que sus miradas se encontraron, el rostro pasmado de Bernard al verla era como si encontrase algo sumamente enigmático en ella. Quise frenarlo, pararlo por completo hacer como si nada de eso lo note, al comienzo me fue bien, el hacerme la loca desentendida con respecto a ello. Pero muy pronto me daría de cuenta que sería completamente inútil, de todas formas, no puedes tapar el sol con un solo dedo.
-       Toma. – me extendió, Bernard mis libros que hasta hora los había tenido Peter. – Lo vas a necesitar horita, ¿Verdad?
-       Sí. – los tome, rosando sus manos con las mías sin querer. Una descarga eléctrica nos invadió a ambos, pues por la forma que me miro lo decía todo. – Gra…Gracias por… por… todo.
-       De nada. – respondió sonriéndome, me quito los libros de mis manos colocándolos en mi regazo. Tomando mis ambas manos, apretándolas con las suyas. – Angelina, no quiero que nunca más me mientas ¿Ok? Aquellos chicos no pueden seguir saliéndose con la suya, sé que los profesores en esta escuela no hacen nada pero… yo, yo quiero enterarme de si se vuelven a meter contigo. ¿Me lo prometes?
-       Bernard… - susurre, tragando saliva fuertemente. - ¿Por qué quieres saberlo? Se… se supone que tú eres un no Magic, y yo, yo soy Magic ¿No seriamos enemigos naturales?
-       Porque me importas. – sentencio, con voz seria.
Sentí que allí mismo me desmaya, solté todo el aire de mis pulmones por la nariz, mi corazón se disparó nuevamente bombeando sangre rápidamente un cosquilleo se extendió por todo mi cuerpo, hasta llegar a la punta de los dedos de mis pies. Me faltaba el aire, mis manos sudaban y esta vez no podía ocultarlo era como si todo a mi alrededor temblaran ¿O quizás yo era la que temblaba? Los ojos azules mar de Bernard me miraban con mucha intensidad, como si me transmitieran algo en específico, no sabía exactamente que era pero seguro sería algo relacionado con mi comentario. ¿A quién le importaba? Él mismo con aquella voz calmada me había dicho que yo le importaba, ¡Yo! Una chica sin gracia, pequeña, fracaso como Magic, poco agraciada y con mala suerte por todas partes. No sabía que decir o hacer, solo sentí mis mejillas arder ante ese comentario tan cargado de intensidad.
-       Escucha, no me importa que seas una Magic, no me importa que tengas poderes o lo que sea. Tú me importas porque eres tú, Angelina. – apretó más su agarre un mis manos, soltó una risita nerviosa – No soy bueno para estas cosas pero, me interesas, quiero convertirme en un amigo de confianza para ti. ¿Acaso no los próceres eran de diferente razas y fueron amigos? Ellos son la mayor fuente que eso no importa. Ahora, prométeme que me contaras si te atacan de nuevo.
-       Lo prometo – le conteste, sonriendo de oreja a oreja.
-       Bien, mucho mejor. – se levantó del suelo, miro a Peter para marcharse de una vez -  Creo que mejor nos vamos, no hemos desayunado y tenemos clases en diez minutos.
-       ¿Por qué no desayunan con nosotros? – ofrece Abie, en tanto el rubio se impresiona en escucharla hablar.
-       Nos encantaría pero otros amigos nos esperan, pero de igual forma, gracias Abie – explica, sonriéndole a mi amiga.
-       ¿En otra ocasión quizás? Ustedes auxiliaron a mi amiga, y los amigos de mi mejor amiga son los míos también. – comenta con su típica sonrisa de bondad, con ella mataría a cualquiera.
-       Seguro. – camina hacia Peter para irse, pero como la última vez voltea para despedirse – Un gusto en conocerlo chicos, cuídense Angelina, Abie.
Dicho esto se marcha dejando mi corazón igual de acelerado que siempre, escucho como mi amiga comentan que ambos son muy buenos chicos, muy rara vez encuentras a personas como ellos en este colegio. Aunque claro, existen los que no se meten en problemas e ignoran a los Magic, pero son los pocos que quieren ayudarlos a superar sus miedos al ser amedrentados. Cathy agrega lo muy pendiente que se ve Bernard de mí, sobre todo como me mira es como si quiera protegerme de algo o alguien, inmediatamente escondo mi cabeza prácticamente en la bandeja de comida para que nadie se percate de mi sonrojo. Pero por más que lo trate de esconder, Zephyr lo nota frunciendo el ceño enojado, por lo bajo murmura por muy amable que se presten siguen siendo no Magic y ellos persiguen a personas como nosotros, no debo confundirme. Puede ser, le digo, pero en definitiva Bernard y Peter son personas completamente diferentes a los que se meten con nosotros, además, si así fuera la cosa Abie también nos desplazaría pero no lo hace. Zephyr se coloca tenso, voltea mostrándome sus ojos violeta llenos de un torbellino de sentimientos inmediatamente me asusto por eso. Mi mente viaja hacia aquel sueño que tuve hace unos días con los próceres, Morgana, aquella Darks Magics mujer con aura oscura llena de cargas negativas y repulsión. No. Zephyr no es ese tipo de ser oscuro, pero es inevitable tenerle miedo a esos ojos que traen mal presagios, recordar que una persona con esa misma mirada masacro a tanta gente sin ninguna piedad. ¿Cómo? ¡¿Cómo es que mi mejor amigo tiene ese color de ojos?! El chico de cabello azabache se levanta de sopetón dándole un manotazo a la mesa, es cuando por primera vez todos notan el color de sus ojos, la alarmante mirada de Cathy y Dylan no tiene precedentes hasta Abie quien sonreía despreocupadamente hace unos momentos, sea quedado congela por los ojos violeta. Él suelta todo tan rápido que casi no lo capto, pero si vi como su mirada brillaba intensamente en tanto decía que ese Bernard me haría mal, tanto, para jamás volver hacer la misma de siempre. Porque los sin Magic son así, quieren vestirse de lindos corderos mansos para luego atacar y dejarnos sin nada, no lo decía por Abie, ella era una clase muy exclusivo de ellos muy rara vez conseguirlo; él no quería permanecer en una mesa donde alaban a aquellos tipos sospechosos. Acto seguido termino respirando entre cortadamente, dándose de cuenta todo lo salido por su boca y lo asustados que estábamos de él, agacho su cabeza cubriendo nuevamente su flequillo su mirada. Agarro sus cosas con rapidez sobre humana, soltando entre susurros un disculpen, retirándose del lugar para desaparecer de nuestras vistas sin dejar rastro. Había hecho un conjuro. Nadie se desvanece de la nada, era ese tipo de cosas que me hacían saber que Zephyr quería estar solo sin ser molestado por nadie. La mesa se sumió en un ambiente sumamente pesado, nadie decía nada ni preguntaban sobre los ojos de extraño color de mi amigo solo se concentraron en su desayuno.

Recuerdo que ese día no volví a ver al pelinegro más, en todas las clases que tuvimos no se dignó a aparecer, no entendía lo que ocurría con él desde que conoció a Bernard y Peter los fulmino con la mirada más al rubio. Los profesores preguntaban el porqué de su ausencia, Cathy, Dylan y yo no teníamos más que palabras vacías sobre su paradero ni teníamos una idea de donde podría estar. A la hora de la cena menos se apareció, fue cuando decidimos buscarlo directamente en la zona de dormitorios de los chicos Magic. Nunca me había aparecido por allí, era el lugar más apartado de todo el campus, en verdad lamentaba a los chicos por tener que recorrer medio Agreement para poder descansar, nosotras la teníamos fácil ya que quedaba la primera punta del castillo muy cerca de los salones de lo no Magic. Los chicos y yo recorrimos las grandes canchas del colegio, ya era entrada la tarde porque el ocaso se pintaba en el cielo. Algunos muchachos Magic se veían caminando algo agotados, bien sea por las clases o abusos de los no Magic. Dylan comandaba el grupo, comentaba que hace unos cuantos años el dormitorio de los varones se encontraba justo al lado del edificio de las chicas, pero hubo un incidente que nadie ha querido comentar de él. Sin embargo, esto hizo que el director en ese entonces cambiara la ubicación del lugar de descanso de los chicos. La rubia le metió un codazo y coscorrón, él no estaba para relatar cuentos sin sentido, sino para llevarnos a la habitación de nuestro amigo de ojos dudosos. Me congele por completo, hasta hora nadie comento sobre aquellos ojos de Zephyr, era como si no hubiesen existido hasta hora que Cathy los saco a la luz. Abie quien permanecía cayada comenzó a preguntar sobre ellos, ella sabía que un antepasado de los seres oscuros tuvo ese mismo tipo de ojos, pero como de costumbre, se prohibía mencionar o decir algo relacionado con ellos; ante aquellos trague saliva sonoramente. Era verdad los Magic y no Magic han tratado de borrar cualquier existencia de aquellos oscuros monstruos, pero nunca han podido lograr, acontece que Morgana la hermana menor de Albert pertenecía a ellos. No era solamente ella, según varios rumores Paul su tío era el responsable de la creación de ellos, nadie conocía con exactitud aquella información, nadie hasta que tuve esos sueños. Ellos mostraban que así era, el hermano de su padre fue el causante de tanta desgracia junta, sin embargo, no pareció el origen de ellos; creo que hasta el mismo Albert nunca logro llegar a la verdad de eso. Puede que sí, porque trabajaron investigando unos cuerpos adquiridos de la última batalla, aun con eso, Marcus junto a sus esposa Madge eran los encargados de dichas investigaciones por lo que nunca aparecieron los datos. ¿Qué son? ¿De dónde vienen? Se lo llevaron a la tumba los tres a la hora de su muerte. Aún existe algo, me dicta mi mente, “El libro de Magia Pura” aquel que dictaminan los investigadores ser una completa farsa o mito. De lo contrario ¿No lo tendría alguien? Pero ni siquiera sus hijos conocieron sobre la existencia de ese libro. En algunas ocasiones me pregunto qué haría se encontrase algo como eso, lo primero que consultaría seria si existe la reencarnación, como funciona y si en verdad es aquel conjuro que practico Albert en mi sueño. En fin, creo que primero debería encontrar mi elemento antes de practicar otro conjuro.
Comenzamos a atravesar un bosque pequeño donde hay un camino, es hermoso como la luz del atardecer se cuela por las ramas de los arboles cambiándole el color de sus hojas, parecen amarillas pimentadas bailan al compás del viento; Cathy mira hacia todos lados como si buscase a algo o alguien, luego de un rato murmura que no le gustan los bosques. Todos soltamos una risita ante tal confesión, mi mejor amiga señala hacia adelante diciendo que ve un edificio color crema y en efecto eso es. Nos quedamos mudos ante semejando edificio, no, ¿Edificio dije? Es como un palacio con ángeles y gárgolas en sus cumbres, podría tener unos siete o seis pisos como máximo. Noto como chicos Magic nos miran con extrañeza, no es para tanto, somos tres chicas en un lugar solo para hombres y una de ellas es no Magic. Pasamos por sus lados como si nada, adentrándonos al interior del palacio, por dentro es más sorpréndete que de por fuera. Hay un recibidor al lado derecho de unas escaleras de madera que llevan a los pisos superiores, es de cobre y a sus espaldas hay un estante con pequeños casilleros en él donde supongo que guardan sus llaves. Dylan camina hacia el vestíbulo como si nada, en tanto yo y Abie recorremos el lugar amplio, hay sillas de madera con cojines aterciopelados por todas partes, podría jurar que es caoba puro por la contextura y su color. En tanto mi amigo hace sonar una campanilla en el mostrador, un ola fuerte nos inunda a todos apareciendo el profesor de historia Mágica Samuel, es un tipo que tiene el cabello largo hasta los hombros, ojos saltones negros y nunca se quita su túnica de igual color. Al notarnos todos allí se sorprende, pero más al ver a mi mejor amiga Abie. Fija sus ojos de serpiente en Dylan, el único varón presente que puede explicarle lo que está sucediendo. Al pesar de ser un poco intimidante el maestro, mi amigo no parece afectado por ello, comienza a hablar tranquilamente sobre Zephyr quien no lo hemos visto desde el desayuno porque no se apareció en las clases del día. Samuel parece impresionado de tal hecho, por lo que inmediatamente comienza a revisar unos libros que hace aparecer con un chasquido de sus dedos, relata que ellos está la asistencia de quien entra y sale de los dormitorios nadie puede escaparse de eso. En verdad, la seguridad de los dormitorios de los chicos Magic hace que se me congele la sangre, entonces Samuel suelta un sonido de exclamación haciendo captar nuestra atención. Zephyr está en su habitación parece que a la hora del almuerzo firmo para subir, desde ese entonces no ha salido más del recinto, comenta cerrando de sopetón y desapareciendo el libro de gran tamaño. Por primera vez en mi vida dejo mi timidez de lado haciéndome paso entre Cathy y Dylan para hablar, quiero que me deje pasar para ver a Zephyr en verdad estoy preocupada por él. Abie quien se encuentra sentadas en una de las lujosas sillas se queda impresionada por mi acción, pero inmediatamente sonríe porque definitivamente estoy alejándome cada día más del cascaron. Pero el profesor Samuel replica una de las reglas de los dormitorios, “No se dejan pasar chicas a las recamaras y menos si no son Magic” lo quedo mirando sin expresión alguna, es cierto que soy una chica, pero soy Magic y en estos momentos puede estar mal mi amigo en tanto hablamos.
-       Solo serán cinco minutos. – escucho una voz ronca, que proviene de atrás de mi - ¿Hay un problema con eso profesor?
-       No… no creo que la haya, director. – tartamudea, el maestro en tanto ve esa imponente imagen.
El director me guiña un ojo en señal de complicidad, detrás de él salen Bernard y Peter quienes sonríen en tanto nos saludan, corro inmediatamente hacia ellos sujetándolo de los hombros a ambos. ¿Co…? ¿Cómo es que se enteraron de esto? Es como si mi nuevo amigo me leyera la mente, porque inmediatamente me sujeta de un brazo alejándome de los demás, mi cuerpo comienza a temblar en tanto estamos solos pero con la mirada de mis amigos cerca. Estoy nerviosa, mucho que mis manos tiemblan y mi respiración comienza a fallarme. Bernard alza mi mentón haciendo que lo mire a los ojos, amo el color que posee esos orbes es como si viera directamente el mar desde ellos. Comienza a explicarme resumiendo todo, se enteró por medio de unos compañeros no Magic que yo estaba recorriendo medio colegio en busca de mi amigo el sombrío pero que no lo hallaba por ninguna parte, al parecer, tuvimos una discusión en el desayuno que nos hizo separarnos por completo el resto del día. Fue cuando entra en acción Peter, ofreciéndose a buscar al director por si hubo un problema con el chico aun sabiendo que es una descabellada idea, hay muy pocas ocasiones en las que te encuentras al director Nicholas.  Ellas son: reuniones, actos, bailes de navidad o san Valentín, al inicio de comenzar clases al pasar de curso y en asambleas; luego de todo eso jamás se vuelve a parecer. Pero hoy es el tipo de día que estuvo de suerte Peter, porque, lo encontró de hacer prácticamente una lucha verbal con la Vice-rectora Amanda.
-       ¿No te lo dije? En verdad quiero llegar hacer un amigo de confianza para ti. – me sonríe, mostrándome aquellos perfectos dientes.
-       Bernard… yo… no sé qué… - comencé a tartamudear, no encontrando las palabras adecuadas.
-       Con que vayas a ver a tu amigo, me basta y sobra. – se anticipa él, antes que siga con mi monologo.
-       Bien – comienzo a alejarme, caminando hacia las escaleras sonriendo -  Gracias.
Y allí es cuando por primera vez noto aquella expresión en la cara de mi amigo, es como si estuviera deslumbrado o hipnotizado, sin saberlo me sonrojo por verlo de esa manera. Subo las escaleras con rapidez tratando de no caerme debido a las emociones que se albergan en mi corazón en estos momentos, no sé lo que sea pero me hacen sentir viva, como si apenas esto estuviera empezando. Cruzo hacia la izquierda aun sonriendo, pero inmediatamente dejo de hacerlo, Bernard se acerca a Abie quien conversan amenamente con Peter al mirarla noto como una punzada viaja directamente a mi pecho, es como cuando la conoció esta mañana. Esta cautivado. Giro mi rostro para ver como Dylan me hace monerías para que le preste atención, con una mueca de sus labios suelta que la habitación 502 es la de Zephyr. ¡Maldición! Me he marchado sin ni quiera preguntar por el piso o recamara, de todas maneras puedo mirar las puertas para asegurarme de donde es.  Mis ojos revolotean sobre aquel pasillo, es muy diferente al dormitorio de las chicas, este tienes pintada sus paredes de azul rey muy intenso hasta la mitad porque por encima de ella tiene madera tallada en líneas, las plantas son el centro de decoración del lugar debido a lo grande y frondosas que son. Busco con mucha prisa las escaleras que me llevaran al otro piso, aquí no se encuentra la habitación de mi amigo los números de las placas comienzan por la 100 por lo que Zephyr debe de estar unos cuantos pisos más arriba. Esto se siente extraño, muy extraño, no puedo parar de pensar que hasta los momentos no he visto a nadie salir de los cuartos en tanto recorro los pasillos. Bueno, teóricamente horita todo el mundo debe de estar en el comedor esperando por la cena. En estos momentos desearía saberme el conjuro sobre sentir a otro Magic, en la antigüedad, cuando no existía los aparatos modernos de ahora solían buscar a una persona mediante un sencillo hechizo; se trataba de establecer una mayor concentración sobre esa persona, en lo mayor de las casos, tener algo objeto o prenda personar del susodicho para así encontrarlo rápido. Pero como la humanidad avanza y las costumbres van perdiendo sentido importante, ese conjuro fue dejado a un lado para implementar las tecnologías, no soy muy amiga de ellas, es decir, me aterra manipularlas soy el tipo de chica que es chapada a la antigua. Sonrió de solo pensar a mis padres dando brinquitos por toda mi casa con sus celulares a la mano, ellos comentan sin duda que es uno de los artefactos más ingeniosos y maravilloso que han creado los no Magic.
Estoy completamente exhausta cuando llego al tercer piso, me agacho colocando mis manos en mis rodillos respirando bocanadas de aire para poder recuperar el aliento, no soy buena con los ejercicios, de hecho, soy tan pésima que estando en mi primer año aquí prácticamente reprobaba gimnasia por eso. Los Magic no somos seres atléticos, eso se los dejamos a los seres humanos comunes y corrientes, ellos son los genios en ese tipo de asuntos. Recuerdo como Abie intento enseñarme en varias ocasiones a nadar, su paciencia es heredada por los mismísimos dioses, como soy torpe y poco atlética nunca pude aprender; sin embargo, mi mejor amiga nunca se rindió con su trabajo. Al menos seguía teniendo una fe incondicionales en mí, aun lo sigue teniendo, ahora que lo recuerdo Abie y yo nunca hemos tenido una pelea ambas somos como hermanas, según nuestros padres fuimos separadas al nacer ya que parecemos siamesas. Pienso en Zephyr, tímido y solitario nunca me he atrevido a preguntarle si tiene amigos fuera del colegio, de todas maneras, de seguro no me lo contaría si fuese de extrema importancia. Ahora estoy más que decidida a hablar con él, no quiero que mire a todos lo no Magic como sus enemigos, claramente Bernard y Peter no son de los que nos maltratarían por lo que somos, de lo contrario, me hubieran hundido esta misma mañana o simplemente pasar de largo en tanto me encontraba en el suelo. Comienzo a recorrer el pasillo con mucho más cuidado, estoy en las habitación 490 y 500 la cosa será más rápido si me muevo con agilidad. Miro la placa de las puertas para no equivocarme al tocar, entonces, la encuentro “HABITACIÓN 502” su puerta es de madera rustica se me hace imponente ante mí. Levanto mi mano para tocar la puerta pero queda en el aire, ¿Qué le voy a decir? ¿Preguntarle porque no ha asistido a ninguna clase? ¿Bernard y Peter son inofensivos? O… ¿Discúlpame por darte la espalda esta mañana? Bueno, yo simplemente no quería romper ninguna conexión con él, ahora le daría la cara como su amiga preocupada que soy por su ausencia en las clases. Aclarándome le garganta desidia al fin tocar con tres suaves puños la puerta, mi mirada revoloteo por todo el lugar en busca de ojos curiosos pero no fue así. Inmediatamente escuche un chirrido frente de mí, era Zephyr, aun así no el Zephyr que yo conocía desde que tenía memoria. Estaba diferente. Ya no tenía ese fleco largo sobre sus ojos, tampoco sus anteojos de montura negra, cargaba una camisa negra teniendo desabotonado sus tres primeros botones, unos pantalones grises holgados en tanto sus pies estaban descalzos. ¿Por qué me sentía tan intimidada? ¿Por qué mi corazón latía con tanta fuerza? No lo sabía, pero de algo si estaba segura. Este nuevo Zephyr hacia que mi mente se desconectara. Clavo sus ojos violetas sobre los míos abriéndolos sorprendidos, ¡Oh! No esperaba verme aquí parada al frente de su puerta, susurro con una voz ronca “¿Qué hacía yo tocando su puerta?” Entonces los supe, no lo había notado por aquel nuevo corte de cabello y sin sus lentes…. Zephyr estaba enfermo. Sin contestar su pregunta, le di un empujón metiéndolo hacia la habitación. Me congele. En verdad esto estaba muy ordenado y limpio tal como debería de esperarse de Zephyr, un mueble con gavetas se encontraba a nuestra izquierda seguida de un muro donde llevaría hacia el dormitorio en sí; divise un estante lleno de libros, un espejo largo tamaño real, una peinadora llena de artículos personales y la sombra de una cama de color caoba. Escuche cerrándose la puerta detrás de mí, no note como el azabache estaba respirando prácticamente mí mismo aire hasta alzar la cabeza topándome con sus ojos violeta. La sangre se me helo. Estando así tan cerca de mi amigo me paraba los músculos por completo, en verdad parecía otra persona hasta sus rellenas mejillas se pegaron al hueso de la cara, en realidad, no se veía tan mal estando así daba un aspecto mucho más varonil y apuesto. Sus ojos parecían pequeños zafiros brillando en la oscuridad, me observaban, detallaban y guardaba alguna clase de información sobre la expresión de mi rostro. De pronto, comenzó a acercarse más y más a mi rostro, en un punto deje de respirar, solo daba pequeños pasitos hacia atrás cuidando mis movimientos del azabache pero él no paraba de acercarse aún más. Sentí una superficie lisa en mi mano voltee mi mirada al ver la pared azul opaco, entonces al volver a ponerle atención a mi amigo apoyo sus dos manos a los costados de mi cabeza. ¡¿Qué demonios le ocurría a Zephyr?! Él no… ¡Él no podía tratarme de esta forma! Era como si… ¡Como si quiera besarme! Agache la cabeza cerrando los ojos con fuerza en tanto empuñaba mis manos en mi pecho.
Un suave toque se posó en mis hombros, abrí mis ojos con sorpresa ¿Qué estaba ocurriendo? Zephyr estaba apoyando su frente en mi hombro izquierdo, su cabello lacio azabache tapaba sus ojos de mí. Lleve mis manos hacia su cabeza para hacerlo levantarse pero, me detuve, su voz ronca más de lo normal me freno.
-       Lo siento…. – dijo él, aun manteniendo esa posición. – En verdad, lo siento tanto Angelina.
Eso golpeo mentalmente todos mis pensamientos, de hecho, me siento avergonzada de mi misma ¿Zephyr besándome? Eso no ocurriría ni porque el mundo estuviese en crisis, el muchacho era mi mejor amigo jamás pensaría de mí de esa forma. Me sonroje furiosamente latiéndome el corazón a mil por hora, soy una desvergonzada ¿Acaso me afecto su cambio? Tal vez, con solo cortarse el cabello su rostro resalto más, transformándolo de una manera distinta a como solía verlo todos los días. Quizás… yo soy una mente sucia.
-       ¿Te has cortado tu flequillo? – pregunto yo, dejando a un lado el tema de esta mañana.
-       ¡Oh! S…si – se separó de mí, tocándose unas hebras de su cabello negruzco con un sonrojo bajo sus pómulos.
-       Te ves bien, quédate así -  le sonreí, mostrándole una sugerencia.
-       ¿Tú crees…?  - trato de decir, pero de inmediato se fue hacia adelante.
-       ¡Zephyr! – casi grite, en tanto lo sostuve fuertemente como si lo abrazase.
Trate de reincorporarlo pero se me hizo difícil, por eso, opte por pasar uno de mis brazos a sus hombros y colocar su brazo en mi espalda aprovechando esto toque su frente notando su temperatura bastante elevado. ¡Por favor! Eso era completamente incorrecto, Zephyr estaba hirviendo prácticamente si se podía cocinar un huevo en ella. A rastras lo lleve hasta su cama, donde retira las frazadas y lo introduje en ellas, nunca en mi vida había atendido a una persona enferma. ¡Ni si quiera yo me he enfermado! Los seres mágicos no tendemos a enfermarnos, esto es debido a nuestros poderes allegados a la naturaleza nos hace inmune a cualquier resfriado u otra cosa parecida. Al menos que… Trato de alejar inmediatamente esos pensamientos de mí, no, es más pienso pasarlos por alto. Según algunos libros de historia Oscura Magics, los seres mágicos oscuros antes de romper la conexión con la naturaleza comenzaron a enfermarse, pero de resfriados e influencias muy fuertes debido a sus acampamentos a la intemperie, ellos aún permanecen con sus elementos pero no son manipulados de la misma manera que los Magic Pure, sus conjuros son oscuros y provienen de los sentimientos más repulsivos de los seres humanos comunes. Comienzo a reírme mentalmente de mi estupidez, es descabellado pensar así de mi amigo, puede que seamos inmunes pero en muchas ocasiones los Magic tenemos que contraer una gripe; mas sin embargo, esto lo consideramos al igual que los seres humanos comunes cuando les dan varicela o sarampión. Puede que Zephyr no la haya padecido de pequeño, ¡Si, si eso es! El azabache está experimentando su primer resfriando, aunque, es especialmente extraño pero no hay problema por ello.
-       ¿Por eso no fuiste a clases? – él asiente con su cabeza - ¿Por qué no le reportaste eso a un profesor?
-       No… no quería causar molestias – contesto, tosiendo un poco en el proceso.
-       Voy a llamar a alguien…. – dictamine tratando de pararme de la orilla de la cama pero, la mano de Zephyr me detuvo.
-       No, no te vayas por favor. Odio la soledad. – apretó más su agarre en su brazo – Además, he llamado a mi hermana y me aconsejo que hacer en este tipo de cosas. Mira… - señala a su mesita de noche – me han enviado medicamentos, estaré bien.
-       ¿Estás seguro? – Termino sentándome, nuevamente en la cama.
-       Completamente.
¿Qué hago? Por mucho que Zephyr me diga que está bien no puedo evitar preocuparme, su tez morena se pinta muy pálida hasta sus labios están agrietados. ¿Por qué el azabache tiene que ser tan testarudo? Si solo me dejase marcharme para buscar ayuda, pero no, allí está muy pecado a mi muñeca sin signos de soltarla. Como me encantaría tener esa clase de poder curativo del prócer Albert, recuerdo mi sueño al verlo curar rasguños y heridas profundas en Marcus, pero no solo eso, a lo largo de su vida salvo varias vidas de niños con virus peligrosos: tuberculosis, broncofonía, cólera. Eran conjuros sencillos practicados a lo largo de su existencia el clan Martin, pero al parecer todo eso murió con él, su primogénita al no ser Magic Pure sino Semi Magic no heredo los poderes de él. ¿Sería que con imitar las palabras dichas por Albert en mis sueños lograrían efecto? Era ridículo, por muchos que los libros comente sobre su poder y para lo que sirvió, jamás certificaban el poder otro Magic hacerlo. Mis sueños eran raros, producto de mis cansancios o desvelos ¿Qué otra cosa más seria? Entonces una pequeña vocecita se escuchó en mi mente: << ¿Qué pierdes con intentarlo? >> dijo << solo escucha tu voz interior, esa que dictamina tus decisiones, no aquella que las opaca con inseguridades. Eres libre, fuerte y con poderes sorprendes aun dormidos, pero despertaran. >> Casi me corría hacia atrás, pero no lo hice, simplemente abrí mis ojos ante tales palabras ¿Por qué? ¿Por qué hacerle caso a aquello? No era fuerte, tampoco bonita, mucho menos buena con los conjuros ¡Apenas sabia los simples! Todo este tiempo he estado escondida bajo la tutela de Abie, ella es la que tiene todo lo necesario para salvar a alguien, por algo los chicos caen a sus pies sin ordenárselos. << Pero Abie es una no Magic >> me recalca la voz, con un tono enojado << Es tu turno de lucirte, de por primera vez luchar por las personas que aprecias, Zephyr necesita de ti, no a Abie >>. Una corriente fuerte gira entorno a mí, es tan fuerte que la ciento dentro en lo interior de mi ser; cierro los ojos con tranquilidad no sé cómo debe de estar observándome. Y para ser sincera, es lo que menos importa en estos momentos. La corriente fuerte se propaga convirtiéndose en fuego, pero no es un fuego abrazador que quiere acabar con todo a su paso, no, es el tipo de fuego que quiere calentar hasta la más fría de las almas. Me deshice del agarre que me tenía Zephyr que al sentirlo replico un poco, pensando en que me largaría a buscar a alguien, pero al notar como adoptaba una posición en mis manos hacia adelante y extendidas se quedó estático. Iba hacer un conjuro. Me pregunto con un semblante anonadado que era lo que estaba haciendo, no respondí, porque cerré los ojos en un nano segundo para volverlos abrir y comencé a pronunciar palabras que jamás pensé hacer. Una tenue luz rosa me cubrió por completo bajo la asustada mirada del azabache, luego, esa rosa luz se convirtió en amarillo como aquel día en la clase de “Manipulación del Elemento Naturaleza”, al formar pareja con Zephyr y conectarnos con la tierra. Me exalte un poco, pero no era a eso, algo oscuro estaba emanando del cuerpo de mi amigo no era maligno del todo, aun con eso, parecía que quería devorarlo en cualquier momento. Un sentimiento me inundo, ¿Cómo podía ver este tipo de cosas dentro de mi amigo? Nunca, nunca había visto algo así con mis propios ojos en realidad es muy extraño. Coloque mi mano derecha en aquella manchita pequeña oscura, pronunciando tan rápido las primeras palabras que recorrieron mi mente. Los ojos de Zephyr revolotearon posándose en los míos, la expresión de su rostro fue de asombro, era como si delante de él estuviera otra tipo de Angelina y no la sumisa de todos estos años. Estaba hipnotizado. Acto seguido, vi como la mancha se revolcaba con frenesí como si estuviese sufriendo una convulsión para así desaparecer explotando; mi amigo soltó un grito de dolor cayendo a la cama jadeando. Me corrí hacia atrás, el poder de hace unos minutos me repelo, respiraba entre cortado pero luche para llenar mis pulmones de aire. Volví a mirar a mi amigo, que estaba aún luchando por recobrar su aire. Era extraño, ya no podía mirar las auras dentro del cuerpo de Zephyr ni mucho menos como una visión rayos X.
-       Desde cuando… ¿Desde cuando tienes poderes de curación? – mi corazón dio un brinco, al escuchar la cansada voz de mi amigo – Se… supone…que… que ese poder estaba… estaba instinto. Además… tus ojos… eran… eran como flamas verdes.  
-       …¿Flamas? – mi voz sonó hueca.
-       Si… como, como si en cualquier momento tu mirada se fundiera. – termino de explicar.
-       Yo… tu… ¿Cómo…? ¿Cómo te sientes ahora? – fue lo único que pude preguntar.
-       Un poco mejor, pero Angelina, esto… esto debemos averiguarlo mejor. – se reincorporo en su cama, frunció el ceño llevándose la mano a un costado. Allí había sacado la mancha negra - ¿Exactamente que me hiciste?
-       Al comienzo, solo sanación y luego… luego no lo sé – mentí.
-       No importa, sea como sea, escucha claramente lo que tengo que decirte. – alce la cabeza, topándome con sus ojos violeta – No le digas de esto a nadie, ¿entiendes? A nadie ni siquiera Abie.
-       ¿Por qué?
-       Esos poderes, los que acabas de sacar… - cerro los ojos un momento, pensando lo que iba a decir – solamente los ha tenido un clan en específico y terminaron con el último “Magic Pure” de ellos.
-       No, no me digas que… - sí que lo sabía, en realidad, yo lo había sacado de un sueño.
-       Si, los Martin. – me miro seriamente – Angelina, debemos tener cuidado de ahora en adelante ¿Entiendes?
-       Lo entiendo.
Luego de ese día, no volví a ver más a mi amigo, aquella conversación que tuvimos me coloco muy nerviosa. Pero estaba aún más con lo que halle en su cuerpo, aquella mancha oscura no estaba allí porque si, no quería comenzar a armar mis conclusiones pero Zephyr probablemente estaba metido en situaciones peligrosas; con tal, sea lo que sea esa cosa ya la había eliminado de su cuerpo. Tal como aquella tarde-noche, fui a buscar al azabache en su habitación, pero en esta ocasión Samuel me relato que había pedido de alta unos cuantos días para recuperarse de su primer resfriado. No le creí. Por eso, en compañía de Cathy, Dylan y Bernard sorpresivamente fuimos a la biblioteca en busca de un conjuro para saber de su paradero. Por mucho que casi nos comíamos los libros de todo el lugar no encontramos algo digno de hacer, todos abarcaban al hechizo muy antiguo con lo que debíamos poseer algo de la persona en concreto para encontrarlo; ¿Cómo demonios iba a encontrar un objeto de Zephyr? Cansados, fracasados y con el ánimo por los pisos nos rendimos en la búsqueda del conjuro perfecto. Le pedí a Bernard para que hablase con Peter a ver si conseguía una audiencia con el director, sin embargo, el chico con una sonrisa tristona en sus labios resalto que eso iba hacer imposible. Amanda la vice-rectora, estaba encargada de la dirección por una semana completa debido a que el Señor Nicholas estaría consejo Magic para algunos arreglos del colegio. Para ser un no Magic sabía mucho sobre nosotros, como lo de los hechizos, poderes y conjuros no tan particulares en la hora de las emergencias. Eso me despertó algo en mí que nunca creí sentirlo, la curiosidad, en verdad me agradaba mucho Bernard era el tipo de chico que desearía tenerlo a tu lado. Caballeroso, apuesto, digno de toda confianza y sobre todo, dispuesto a brindarle su mano ayuda cuando lo necesitase. Con toda y esas cualidades, aun había algo en el que me intrigaba, es ese tipo de secreto que te hace desear conocerlo hasta el más mínimo de los detalles. Sí. Estaba dispuesta también a acceder a sus necesidades, él quería convertirse en un amigo de estera confianza para mi…yo… yo quería algo mucho más que eso. No entendía, ¿Qué era eso exactamente? ¿Qué era lo que estaba deseando mi corazón? ¿Por qué cuando estaba cerca de mí la respiración me empieza a fallar? Es como si con su simple existencia me succionara el aire, drenándome al completo para dejarme vacía, era eso, un sentimiento que simplemente no puedes describir con palabras solo tienes que vivirlo para saberlo.
Entonces, unas tibias manos sujetan con delicadeza las mías como si quisiera mantenerlas así por mucho tiempo para protegerme de algo, es cuando visualizo bien sus ojos azules como el mar como me encantaría simplemente sumergirme en ellos. Tengo una sensación que se acumula en mi pecho y viaja hasta mi estómago, allí se queda revoloteando parecido a una garza estando cerca del mar. De solo pensarlo me da risa, el mar, los ojos de Bernard, la garza, yo una persona que está alrededor de él pendiente de azul hermoso. Es cuando pronuncias esas palabras, en tanto sus ojos brillan con un tono especial.
-       Lo encontraremos, ¿Lo sabes? – pregunta, dejándome atontada.
¿Por qué? ¿Por qué preocuparse por una Magic como yo? Tengo esa pregunta en la punta de la lengua, sin embargo no las suelto, simplemente término asintiendo ante las palabras del rubio. Lo único que sé es que termina pasando una semana entera sin saber noticias del azabache, aunque las cosas en el colegio comienza aponerse tensas, no lo sé, pero comienzan a rondar rumores sobre unos ruidos seseantes a las doce de la noche exactamente en la biblioteca. Es completamente estúpido, comenta mi amiga Cathy, que parece aburrida con las historias salidas por la boca de un par de no Magic que cruzan a un lado de nosotras; menos mal que iban tan encismados que no lograron escuchar. Según las cosas, las voces provienen de una sección muy particular de la biblioteca. Los seres oscuros. Como es un tabú hablar sobre ellos, aunque no prohibido del todo porque en algunas ocasiones en clase se retoma sus hazañas, entrar a la biblioteca solamente para leer sobre ellos sería una gran abominación. Según los rumores de nuestro alrededor, hay un Darks Magics entre nosotros sino ¿Por qué los Magic buscarían sobre la fuente de su poder? Ese comentario hace que me tropiece hacia delante, teniéndome que sostener Cathy para no caerme al suelo y hacerme daño. ¿Qué están buscando? Una imagen cruza por mi cabeza en estos instantes, Zephyr, es muy raro que haya desaparecido toda una semana y media sin dejar rastro solamente avisando a los profesores. Recuerdo esa mancha oscura en uno de sus costados, la aura no tan peligrosa emanando de él antes de practicarle ese conjuro de uno de los próceres. No. Me reusó a pensar que él es el causante de todos estos rumores estúpidos, Zephyr no sería capaz de ello, aunque siempre se haya visto sombrío o solitarios por los pasillos no se revelaría ante nosotros. ¡Ante mí! Sus ojos violetas brillan intensamente en mi recuerdo, mi último recuerdo de él estando cerca de mí, relativamente cerca prácticamente respirando el mismo aire. Una descarga viaja a mi corazón haciéndolo bombear sangre a más velocidad, un sonrojo cubre mis mejillas que trato de ocultar de la acusadora mirada de Cathy pero es imposible, la chica inmediatamente quita las manos de mi rostro para mirarme directamente. Al comienzo solo observo un semblante serio tratando de entender lo que me pasa, luego, posa una de sus manos en mi frente preguntándome si me encuentro bien. Piensa que tengo fiebre. Sonrió apartando sutilmente su mano comentándole que estoy en perfectas condiciones, solo me ha pegado un poco de calor por la caminata del comedor a la sala de reuniones. El director Nicholas, acababa de llegar hace poco de una extensa reunión con el consejo Magic, por eso, convoco a una reunión para hacernos saber los cambios o noticias que ocurren fuera de este castillo. El salón de reuniones, no es más que una capilla muy extensa al estilo gótico, sus ventanales traslucidos muestran figuras abstractas de colores diversos, en los pasillos hay pequeñas bancas donde suelen sentarse los profesores que no pertenecen al equipo de formación, es decir, los capacitados para ayudar a tomar decisiones con nosotros los Magic. En el centro hay una fila de bancas con retoques artísticos en sus brazos, una vez, Abie y yo le colocamos de nombre los remolinos de “Don quijote de La Mancha” por su aspecto giratorio viejo; en la fila de la izquierda nos sentamos todos los seres mágicos y en la derecha las personas normales. Al frente de esto, hay una especie de altar con una mesa larga, siempre tiene un mantel rojo sobre ella mostrando el emblema de la escuela, detrás seis sillas arregladas en forma india para que los del comité se sienten allí. Es como una catedral gigantesca, solo que le faltaría las figuras de yeso, las velas e imágenes de santos pintados en el techo. Pero no hay nada de eso aquí, solo pinturas sobre los próceres marcando a lo largo de sus vidas. Voy caminando a paso lento, pidiéndole a la fuerza que está dentro de mí soportar todo, porque estoy más que segura que el Señor Nicholas hablara sobre los rumores de los pasillos, lo más probable es mandarlos a parar y desmentirlos. Sí. Tengo que dejar de ser tan pesimista, pesar en que todo va a salir bien, Zephyr no tiene nada que ver solo por tener ojos violetas al igual que Morgana la hermana de Albert. Entonces sucede, alguien lo sufrientemente estúpido e idiota de la cabeza me ha empujado
Caigo de bruces sobre el suelo, el golpe lo han recibido mis rodillas y la palma de mis manos; cierro mis ojos soportando el dolor que esto produce en mi interior, he sido humillada de nuevo. Las risas de los alumnos al verme tirada en el suelo no se hacen esperar, comentan cosas como: “¡Se lo merece por se Magic!” “¿Acaso no va a utilizar su fuerza de la naturaleza contra nosotros?” “¿Por qué no le empujaste más fuerte?” Y algo dentro de mí se sorprende, esa última voz la conozco, se tratan de una banda de chicos no Magic dedicados hacernos la vida cuadritos a los seres mágicos. Siento las manos de Cathy sobre mis hombros haciéndome levantar, sé que esta fulminando con la mirada a aquellos cretinos comandados por Edward, un chico con cara de buitre que de seguro posee una mirada lobuna combinada con esa sonrisa cínica.
-       ¡Ahora si te enteras, cretino! – salto prácticamente sobre él, Cathy - ¿En verdad deseas que utilicemos nuestro Magic? Te voy hacer una muestra gratis.
La rubia se separa de mí, noto como en sus manos comienza a acumularse el color verde olivo de la energía de la chica, parece un torbellino porque gira sin parar en las palmas de sus manos. Luego, entre laza sus manos tomando pasos para correr a por él; inmediatamente mis sentidos se agudizan caminando justo detrás de Cathy sosteniéndola bajo su pecho corriéndola fuera del alcance de ellos. La muchacha comienza a forzarse para tratar de soltarse, gritando, pataleando y hasta soltando blasfemia una después de la otra; Edward junto sus amigos no paran de echar risotadas señalando a mi amiga.
-       ¿Por qué? ¡¿Por qué demonios me detienes?! ¡Edward es un maldito cretino! – sigue pataleando, rabiosa y fuera de control.
-       Porque, porque ellos no lo merecen. ¡No merecen nuestra atención! – alzo la voz, así parando de una vez la burlona mueca de la cara de ellos y el pataleo de la rubia.
-       ¡Tú! Maldita… ¿Quién te…? – intenta decir, pero alguien lo frena.
-       Bueno, bueno ya paren con esta idiotez – la voz ronca de Samuel no se hace esperar, avancen en la fila, la reunión está por empezar.
Tomo de los hombros a Cathy haciéndola avanzar hacia nuestros puestos, sé que aun esto no se va a quedar así, la clara mirada de aquella cara de buitre presenta una venganza segura. No me importa. Mi mente me reclama una y otra vez el hecho de no hacer nada, bueno, no es como si pudiera utilizar la fuerza de la naturaleza porque aún no la poseo; pienso en el único que me ha estado ayudando con todo esto. Zephyr. ¿En verdad estará en su casa? Ya ha pasado tantos días que he comenzado a creerme aquello; mas sin embargo, no puedo parar de replicarme que tal vez siga enfadado con aquel incidente de la cafetería. Llegamos a nuestras bancas, sentándonos junto con otras chicas de nuestra misma clase, al ser Abie una no Magic debe de juntarse con la de su misma raza al lado derecho del lugar. Volteo para mirar a Cathy, está enojada, no conmigo o eso creo, pero en definitiva la he liberado de cometer una completa locura contra ese buitre asqueroso; no quiero si quiera imaginarme que hubiese sucedido de vernos Samuel en posición de combate. En ningún momento nos han prohibido utilizar nuestros poderes, de hecho, si lo llegásemos a hacerlo solo sería en una situación importante. ¿Esto se considera eso? No lo sé, pero en mi perspectiva el defenderse en algo completamente normal. El sonido de un micrófono hace despertar todos mis sentidos, el Seños Nicholas está en el centro de la mesa con unos papeles en la mano. Hoy está utilizando uno de sus trajes formales color crema de maní, en el bolsillo tiene un pequeño pañuelo blanco y su camisa es del mismo color; su aspecto es bastante curioso. Por muchos que todos en esta escuela especulen la edad de este hombre nadie la sabe, aparenta tener unos treinta o veintiséis años, su larga cabellera rubia dorada siempre la lleva amarrada con una cola baja, ojos azules como un gato, piel blanca como la cal, alto con complexión delgada; la explicación que este es ese puesto se debe a su mestizaje. Es mitad Magic y mitad ser humano común, los no Magic le tienen mucho respeto (cosa que me sorprende) lo llaman: “Señor” o “Profesor” pero nunca, nunca lo tratan de basura humana. La gran pregunta sería ¿Por qué a nosotros sí? Bueno, la mayoría de los Magic de este colegio son Pure Magic los que nos hace a los ojos de los normales, como completos bichos raros salidos de un circo. El señor Nicholas aclaro su garganta primero antes de comenzar a tratar el primer punto, comienza diciendo algo sobre la reunión con el consejo Magic, en el hablaron sobre el creciente conflicto interno de Magic con no Magic no hacemos más que pelear o maltratarnos mutuamente. Se supone que esta escuela es para fomentar los lazos de ambas especies, no para tratarnos como perros y gatos, el hombre tiene en mente unas ideas que pronto dará a conocer para que esta disputa termine, pero no estaría demás nombrar una. Compartir alguna clase amabas especies. Algunos murmullos se escuchan por el lado de los no Magic, es obvio que ellos no quieren algo como aquello, no obstante mi corazón comienza a latir de alegría por alguna razón. Abie. Si eso lograra realizarse yo estaría por lo menos compartiendo alguna clase con mi mejor amiga, trato de pasar desapercibida delante de mis compañeras, cosa que es imposible debido a la mirada fría de Cathy sobre mí.
Pasando al segundo punto, es sobre el baile de navidad que todos los años se celebra en el gran salón del castillo, es cuando todas las chicas sin excepción de alguna nos vestimos con vestidos de época, al igual que los chicos; sirven un gran banquete con platillos exquisitos, ponche y baile, mucho baile. Creo que es uno de los únicos días donde los no Magic se comportan de manera natural, sin estamparnos contra el suelo, lanzarnos bolas de papel o aprovechando la oportunidad ponche. Suelto un suspiro de alivio, al menos serán personas civilizadas durante una noche, quizás inventen a chicas o chicos bailaran y gozaran… Un semblante sonriente cruza mi mente, ¡Oh! ¡Oh no! ¿Por qué demonios estoy pensando en Bernard en estos momentos? No es que quisiera ser invitada por él ni nada, sobre todo, en leyendas recreadas por personas con cerebros ilusionados. Dejando eso de lado, el director Nicholas sentencia un cambio en las costumbres de este año, nosotros decidiremos como asistir al baile, pero de algo si está seguro, las chicas es obligatorio asistir con vestido; sin excepción. Entonces pasa al siguiente punto, colocando un semblante serio sobre su rostro, es cuando, mi sangre se congela a pronunciar aquellas palabras.
-       La Vice-rectora Amanda me ha contado sobre los fuertes rumores que hay en los pasillos, eso también llego a los oídos del consejo de Magic. – carraspea su garganta – Por lo tanto, se ha prohibido terminantemente estar a altas horas de la noche por los pasillos, sin exceptuar a nadie, basta de jueguecitos niños de kínder. Para eso ellos están al otro lado del campus, muy lejos, ustedes ya son personas grandes. ¡Comportasen como tal!
Se escuchó un silencio absoluto invadiendo a todos los presentes, era la primera vez que el director estaba muy enfadado, nunca, nunca de las veces que lo veíamos lo notamos así. Él prácticamente había dicho que los rumores se trataban de una broma hecha por los mismos alumnos, cosa, que me hizo soltar un suspiro lleno de alivio captando la atención de Cathy mirándome de reojo. En fin, el director termina diciendo otros detalles sobre la reunión cosas sin relevancia para mí, lo que serán los exámenes finales de este lapso para los Magic, en cuestión de momentos le da la palabra la profesora Amanda que comienza un solemne discurso hacia los no Magic. Noto en las caras de ellos como están de asustados, ¿Es quien no lo tendría? Aquella mujer de carácter imponente es tan amargada por sí sola, les está dando un regaño sobre su comportamiento y modales. Las personas sin magia como ellos deben darle a entender a la sociedad  que valen, sobre todo, que pueden a llegar ser personas de bien para convivir en la sociedad. Si siguen comportándose de esa manera, se tomaran atribuciones correspondientes, pero claro, esto no es más que palabras vacías sin sentido; la Vice-rectora Amanda es conocida por su carácter imponente al igual que su repudio a los Magic. No la juzgo, ni a ella o a sus pupilos, por algo dicen que siembras lo que cosechas. Estos alumnos al graduarse del Agreement, plasmaran todo su odio en nosotros llevándonos a una nueva disputa entre Magic y no Magic, rompiendo con todo lo que nuestros próceres han luchado con tanto esfuerzo y sacrificio. Termina la reunión con un “Retírense” por parte del Señor Nicholas, nos levantamos en forma ordenada o al menos por parte de los Magic, en cambio el otro lado forman escandalo inmediatamente; giro ligeramente hacia la mesa encontrándola vacía ¿Cómo pudieron desaparecer tan rápido? ¡Por supuesto! El director Nicholas ha lanzado un conjuro para desaparecerlos a todos, sin duda es uno de los mejores Magic de nuestros tiempos.
Cathy m hace una señal con su mentón para que sigamos, trato de caminar lo más cerca de ella, pero en un momento nos separamos quedando yo atrás con otras compañeras de clase; miro hacia mi alrededor no dejando de lado mi cabizbaja forma de andar. Como extraño en este caso a Zephyr, en este caso no me dejaría atrás estaría a mi lado aunque sea en lo silencio. ¿Dónde estará como para no regresar? Estoy segura que ese resfriado no es la única cosa que lo detiene de volver, en mi mente viaja esa mancha oscura en uno de sus costados, lo mucho que me costó eliminarla de su ser. Bueno, tarde o temprano tiene que venir a clases de lo contrario perdería el curso; suelto un suspiro en tanto meto mis manos en los bolsillos de mi abrigo. En eso noto como sujetan a una chica Magic llevándolas hacia las bancas ya vacías de los profesores, la pobrecilla tiene lágrimas acumuladas en sus ojos con una postura de auto defensa. ¿Y dónde se fue aquellas frases de Amanda? Al mismísimo retrete, la muchacha no tiene defensa alguna pues está completamente acorralada por tres chicos de la ala normal del colegio. Uno de ellos lo conocí ¡Forma parte del grupo de Edward!, posa su mirada en mi un segundo regalándome una sonrisa cínica, me en crispo de pies a cabeza es cuando la chica trata de escapar pero el muy cretino le mete su pie delante de ella, cayendo sin remedio al suelo. Mi subconsciente me dice que huya de inmediato, no soy el tipo de chica valiente que salvaría a otra persona sino salvo ella misma; comienzo a alejarme dando zancadas grandes. Esquivo personas pasándole por el lado, aprovechando para esconderme ¿Dónde está Cathy en este tipo de situaciones? ¡Exacto! La perdí de vista. Entonces por estar mirando hacia atrás para notar si me seguían, he tropezado con alguien pegándole toda la cara en el pecho del sujeto. Alzo la cara de inmediato. Sin duda no tengo suerte en estas cosas. Se trata de Edward.
-       ¡Qué coincidencia! Exactamente estaba buscándote en este instante, ¿Quién sabe? Hasta te he llamado con él pensamiento. – trato de retroceder, pero él inmediatamente me toma de la muñeca jalándome - ¿A dónde piensas escapar? Por si no lo ves, estás completamente sola no está esa amiguita tuya compulsiva. ¿Cómo es su nombre? ¡Cathy! – me arroja al suelo con fuerza, aterrizando de trasero – Debiste dejar que hiciera algo con su poder de circo.
Esto es el colmo, me digo, es el colmo de la paciencia que un ser mágico puede soportar. ¿Por qué nos dejamos tratar de esta manera? ¿Por medio a lo que dirán? ¿O como reaccionen si contraatacamos? No lo sé, pero sea lo que sea debe parar en este preciso momento. Ya no me importa que me observen como la niña callada de los Magic, no me importa que me tachen de sombría o antisociable, no me importa que se burlen de mi por no poseer un elemento de la naturaleza, pero sobre todo, ¡Ya no me importa sobre el que dirán los demás cuando acabe con ellos! Cierro los ojos, alejándome de todas esas risas insoportables que acaparan mi cerebro, las repelo haciéndolas parecer insuficientes o estúpidas para tomarles mi atención. Recuerdo aquel día cuando estábamos bajo aquel árbol Zephyr y yo, el me aconsejo muchas cosas ese día pero sobre todo me dijo << La cuestión es tener confianza en ti misma, creer en el poder de la naturaleza que escode tu interior >>. Confianza. Un fuego comienza a propagarse por mi interior, pasándome por cada célula de mi cuerpo, controlando mis nervios y mis pensamientos. La naturaleza y yo, juntas como una sola, después de ese fuego viene una sensación de conexión con mi yo interior apareciendo en mi mente la imagen de Albert Martin, no lo entiendo pero me siento en paz con solo verlo mirándome con aquella sonrisa bondadosa que me recuerda a Abie. Abro los ojos de sopetón, no observo a Edward riendo con sus amigos a carcajadas, no, desvió mi mirada hacia el fondo donde se encuentra la chica siendo maltratada en el piso por aquellos malditos. Frunzo el ceño de solo mirarlo de lejos, estoy enojada, muy enojada tanto que el fuego de mi interior se quiera salir y exterminarlos. Quiero pulverizarlos. Con un solo movimiento de  mi dedo señalando a uno de los desgraciados, comienza a salir fuego de su trasero comenzando a gritar y girar dando gritos de dolor. Los otros tres idiotas lo intentan parar así acabar con las flamas, pero no pueden, hasta parece una parodia de los tres chiflados debido a que se pegan con sus frentes. Suelto una risita divertida ante ello, siento la mirada de Edward casi perforándome la cara, por lo tanto, me sujeta de la solapas de mi camisa acercándome hacia él.
-       ¡Desgraciada! ¿Tu…? ¿Tú fuiste la que le hiciste eso a Alan? – aprieta su mandíbula con fuerza.
-       Sí – contesto yo, sin contemplaciones o miedos – Y si mencionas algo a alguien me asegurare de quemar tu trasero.
Dicho esto, el chico me suelta dando botes hacia atrás al igual que sus amigos mirándome con terror absoluto a los ojos, me volteo dándoles la espalda con tal, ya no tengo nada que hacer con aquellos parásitos; de seguro la chica atacada escapo cuando le encendí el trasero a uno de sus agresores. En tanto camino, todos me abren el paso mirándome con un tono asustadizo, no es para menos, ¿Ese es mi elemento? ¿El fuego? En estos momentos no sé si sentir alegría o miedo, quizás sea una combinación de ambas. Cuando una chica Magic superior se hace a un lado veo como Cathy me observa con ojos serenos, es muy típico de ella aparentar tranquilidad hasta en las situaciones más adversas. Se me acerca aun con todos esos ojos clavados en ella, al colocarme una de sus manos en mi hombros ciento que el fuego propagado en mi interior se evapora. Reacciono. Parpadeo varias veces mirando hacia mí alrededor, bajo la cabeza avergonzada con un sonrojo hasta las orejas ¿Qué he hecho? ¿Cómo es que ese fue salió de mí? ¡Ese elemento es legendario! Solamente lo tuvo Albert Martin, un temblor estremece mis entrañas. Primero la luz legendaria en la clase de “Manipulación del Elemento Naturaleza”; segundo, cuando cure a Zephyr y menciono verme flamas verdes en mis ojos; y por último, ¿Mi elemento naturaleza es el fuego?  ¿Cómo…? ¡¿Cómo es que puedo manipular poderes que solo Albert Martin y su familia podían hacer?!  Tengo miedo, yo quiero… ¡Quiero irme a casa! ¡Quiero salir de aquí!
-       Deberías buscar a Abie. – es lo único que me dice, Cathy.
Inmediatamente salgo disparada por los corredores del Agreement, esquivando centenares de personas que conversan tranquilamente por ser no Magic, para ellos su vida debe de ser bien fácil aquí, alejo ese pensamiento fuera de mi cabeza para no perder el control. Trato de pensar en lo que le diré a mi mejor amiga cuando la encuentre, supongo que la verdad de cómo me siento ¡De lo fenómeno que me he convertido! Cruzo inmediatamente hacia aquel pasillo que nos lleva hacia el ala de los no Magic, Abie debe de estar dirigiéndose hacia una aula de clases, por una parte ronda mi cabeza marcharme hacia los dormitorios para desaparecer por lo que queda de día de hoy y mañana. Pero lo descarto, en estos momentos necesito de mi mejor amiga para abrazarme, sigo corriendo subiendo las escaleras con forma de caracol llena de puros sin Magic que me miran riendo y señalándome; ya he pasado la hora de tortura de atrás. Se trata de grupos de no Magic atacando a los seres mágicos sin parar. Cruzo a un pasillo completamente en blanco hasta sus puerta lo son, unas pequeñas rejas corredizas color café están a sus entradas ¿Qué será esto? Bueno, sea lo que sea me hizo llegar hasta mi mejor amiga que conversa con una chica de su mismo tamaño. Sin pensármelo dos veces grito su nombre haciéndola sobre saltar volteándose, Abie me pregunta que hago por aquí sin la necesidad de caer en formalidades de saludo; bajo mi mirada avergonzada mordiéndome con intensidad mi labio inferior. Esto hace reaccionar a mi amiga que le pide a la otra muchacha que se valla sin ella, la chica asiente sin más y se retira del lugar.
-       Angelina, háblame ¿Qué te sucede? Me estas asustando con esa expresión en tu cara – me sujeta una de las manos apretándomela.
-       Yo… no quiero permanecer más haca, quiero ir a casa ¡Ver a mis padres! – Abie, abre sus ojos asombrada por lo que digo – He… he sido atacada de nuevo, Abie. Yo, yo no soy normal cosas muy extrañas me han sucedido a menudo, esta lo de esa clase con el color legendario del ancestro Albert, luego ese día en la habitación de Zephyr…
-       Aguarda, ¡Aguarda! ¿De que estas hablando? – me interrumpe para tratar de tranquilizarme.
-       Puedo utilizar conjuros de sanación, también, Zephyr me dijo que noto flamas verdes en mis ojos. – llevo mis manos a hacia mis cabellos, casi jalándolos por completo - ¡Ese día saque una mancha negra de su cuerpo! También note su aura un poco oscura, de cómo le cambio a pura al… ¡Al practicarle un conjuro de purificación! – mi amiga trata de alejar mis manos de mi cabeza, sin éxito – tengo miedo… Abie, tengo miedo de mi misma, sobre todo, de mi Magic de fuego.
Los ojos grises de Abie adquieren un eje sorprendido pero asustadizo y no lo entiendo, pero, debe de ser por mi comportamiento antinatural. Soy una persona sensible y tímida, muy pocas veces logro entrar en pánico como estoy en estos momentos; por lo tanto la reacción de mi amiga es completamente normal. Cuando por fin intenta decirme algo, alguien detrás de Abie aparece tan rápido como un rayo, solo noto su suéter beis de los no Magic; sujeta mi mano haciéndome correr hacia la dirección que ha venido dejando a Abie atrás que sigue nuestros pasos. ¿Qué es esto? ¿Quién es este sujeto? Cierro los ojos apretándolos, seguro es alguien conocido por Abie que no es anti-Magic por lo tanto. Estamos en peligro de algo. Comienzo a pronunciar aquellas palabras en latín como aquel día en el pasillo, si, es el conjuro de transportación. Un aura tenue como la luz del alba nos invade a los tres, en mi mente solamente tengo en mente un pasillo similar al que estuvimos hace unos pocos pero que este solitario. En un dos por tres, al abrir los ojos estamos reapareciendo en un lugar similar pero con una sola reja corrediza al fondo a la izquierda; aquel chico que me sostenía la mano voltea dándome la cara. Y allí lo descubro: se trata de Bernard.
-       ¡¿Cómo puedes tan solo pensar abandonar el colegio?! – me grita muy fuerte, tomando mis hombros con fuerza haciendo acelerar mi corazón – No, no pienso permitir que hagas semejante locura tendrías que pasar encima de mí para hacerlo. No lo sé. Quizás utilizar ese Magic tuyo de Fuego, al que tanto le temes. - suelta un suspiro ahogado, tratando de tranquilizarse un poco – Fuiste tan valiente hoy al defenderte de aquellos brabucones, siendo sincero, al escucharlo de una compañera nunca pensé que fueses capaz de hacerlo. ¡Pero lo hiciste! ¡Lo has hecho Angelina! Y no pienso en dejarte escapar, no por ahora, eres la chica más sorprendente de todas. Ese Magic que posees solo te ha hecho más increíble de lo que ya eras antes, no eres un fenómeno, ni siquiera lo pienses decir de nuevo – me señala con su dedo, yo me sonrojo ante la sonrisa que se dibuja en sus labios – Eres la leyenda de Albert Martin, eres solamente su legado ¿Acaso la naturaleza nunca falla a la hora de tomar sus decisiones? Tu lograras controlar todos tus poderes, lo sé, porque confió en ti, sino… - toma una pausa, tomando aire para sus pulmones - ¡No me gustarías como lo haces! Si Angelina. Me gustas.
He quedado completamente helada ante aquellas palabras, es como si el tiempo y el espacio giraran alrededor de mí, como si las dulces palabras de Bernard hicieran eco en mi interior. “Me gustas” “Angelina Me gustas”. Sus ojos azules brillaron al decirlo, aquellos labios carnosos perfectamente alineados lo han dicho una y otra vez en cámara lenta para mí. Ya no existe el miedo, ya no existe la incertidumbre de parecer un fenómeno ante este muchacho. ¡Qué va! Todos aquellos sentimientos confusos se han soplado muy lejos de mí, es como si el rubio haya llegado como un huracán a volar todo por los aires: mis pesares, inseguridades, tristezas y demás cosas malas para mí. Entonces es cuando noto algo, un sentimiento invadiendo hasta lo más profundo de todo mi ser, es tibio tan caluroso como una mañana de primavera me llena y hacen tocar la gloria. Es Bernard, este chico tiene un algo que me cautiva complementándome. Sí. Esto es lo que llaman Felicidad, sé que jamás en la vida volveré a conocer a alguien igual o mejor que él, o por lo menos que me haga sentir todo ese coctel de emociones. Es cuando por fin entiendo todo; mi corazón latiendo cada vez que lo ve, mis ojos dilatados y al pendiente de él, lo especial que me es su presencia en los momento más adversos, manos sudando, temblor en el cuerpo y mariposas revoloteando en mi ser.

¡Oh! Estoy enamorada… 

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