miércoles, 8 de enero de 2014

Angelina y el libro de Magia Pura

Angelina y el libro de Magia Pura


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Hace muchos años atrás la humanidad estaba dividida por dos razas, los “Magic Pure” y “Sin Magic”; estas se las ingeniaron para poder convivir en entera paz. Sin embargo, los Magic, seres puros cuyos se caracterizan por tener magia dentro de ellos y manipular a su antojo los mecanismos brindado por la naturaleza; siendo como un ejemplo los elementos. Entraron en conflictos con los no Magic, que no poseen ningún tipo de magia, pero tenían otro tipo de instrumentos para poder luchar contra ellos, Grimichs artefactos con algo de magia para poder acabar con un Magic si quisiesen. Son armas tan poderosas como una bomba nuclear, pero con formas de revólveres; en su recamara se coloca ocho balas especiales de plata combinado con cobre. Su funcionamiento viene siendo como un arma común y corriente. Los no Magic, nunca creyeron a los Magic personas, es decir, seres comunes como ellos. No. Obviamente que no lo eran, tan solo verlos les daban tantas nauseas como pretendían ser animados o llenos de mucha energía. Debido a ello, no se dieron cuenta que dentro de sus corazones existía una magia mucho más oscura o dañina, la  envidia.
Sus antepasados habían firmado un acuerdo de paz, donde ambas partes se comprometían a vivir en paz, sin ninguna clase de lucha o guerra entre los dos. A es tratado lo llamaron:” Agreement Peaceful”. Por mucho que hayan vivido años en paz, los no Magic se comprometieron a romper con aquel tratado al frente del jefe de los Magic: Nicholas Temys. Dándoles a entender que nunca serían capaces de vivir con monstros vestidos de personas, ellos no serían humanos nunca  y menos reconocidos. Fue así como se declaró la guerra entre ambas especies, guerra, que sin duda desencadeno muchos muertos y heridos. La población de los Magic casi llego a su extinción, por lo tanto, se debieron a la penosa  tarea de emigrar a tierras desconocidas donde no estuvieran pobladas por nadie. Allí pudieron encontrar la paz que tanto anhelaron, pero por otro lado, para aquellos que quedaron en tierras habitadas por ambas especies trataron de seguir luchando por sus vidas y la de los demás. Mas sin embargo, fue completamente inútil los no Magic se las ingeniaron para crear muchas más armas iguales a las Grimichs; con Magic puestos en custodia y encarcelados fueron explotados para poder tenerlas. Dando con ello, la súper arma máxima de alto calibre “Gags-Gags”. Con apariencia de un mágnum, larga, plateada y pesada, en su recamara tiene espacio para seis balas de oro puro fundido. Muchos dicen que con estas balas y un poco de magia proveniente de Magic, exterminaron a muchos seres mágicos, otros aprueban que fue un golpe a suerte. Pero en conclusión, “Gags-Gags” ha sido una de las armas más venenosas y mortales para los Magic.
Por otro lado, esta guerra duro por miles de años donde cada generación de Magic y no Magic, traían consigo la venganza de la muerte de sus antepasados y querían hacerles pagar por cada una de ellas. No obstante, de esta nueva generación nacieron personas que ya querían acabar de una vez por todas con esto; tal vez haya sido el caso de dos jóvenes: Albert Martin (Magic) y Marcus Zunnares (Sin Magic). El día que se conocieron estos dos chicos, fue una cálida mañana de Febrero, donde las flores del Mezereo y Madroño abrían sus hojas por primera vez. Fue cerca de lo que sería la frontera entre la tierra de bien de los Magic y la de miseria de las dos especies, entre ellas, se encontraba un rio poco cauteloso y profundo. Albert recolectaba arbusto con fines medicinales para los de su especie, en cuanto a Marcus, simplemente se hallaba merodeando por allí en busca de un amigo quien lo comprendiese. El no Magic, no tenía a nadie quien lo comprendiese de una manera profunda pues tendió a ser completamente especial. Marcus era de ese tipo de niño que se mantenía al margen de cualquier pelea, conflicto o lucha referente a la existencia de los Magic en la tierra. De hecho, para él, la guerra no era más que un sinónimo de querer poseer lo que serían lo seres mágicos. Por ese pensamiento, se gana una tunda de su padre y hermanos mayores, él era un ser humano y como SER HUMANO debía comportarse como tal. Tenía que dejar de ser tan considerado con aquellos monstruos, verlos como enemigos mortales de los humanos y no como amigos. Las cosas eran como eran.
No obstante, en un día de esos donde ya no soportaba más de ser “la oveja mansa” de la familia, salió corriendo hacia donde pudiera sentirse completo y en tranquilidad. No le importo ser gritado por su autoritario padre,  no le importo ser gritado por sus hermanos monopolizados, pero sobre todo, no le importo escuchar los gritos al borde del llanto de su madre quien aparentemente era la única quien lo comprendía. “¿Qué más daba?” le repetía una vocecilla en su cabeza “¿Qué más daba que su familia no le comprendiese?” con aquellos pensamientos llego a aquellas aguas poco caudalosas que nunca fue capaz de encontrar solo. Sus pequeñas piernas pedían descanso, además su garganta la sentía seca y sin una gota de humedad; decidió aguardar solo unos segundos tomar agua y descansar sus piernas. Esta vez no regresaría a casa, ya estaba sumamente cansado de toda esa violencia junta, con tal, nadie de su familia lo extrañaría. Tomo asiento encima de una roca grande y de forma de hamburguesa, se desato sus sandalias de cuero estirando sus pequeñas piernas; ¿Por qué no camino cuando estuvo lejos de casa? Así no le dolería tanto sus pies. Sin saber se comenzó a cuestionar sus facultades para pensar, si, quizás sería un gran idiota como decía Selina su hermana mayor, ella se había a listado a la guardia “Anti-Magic”; ambos eran tan diferentes el uno del otro no solo su personalidad sino su físico. Selina tenía el cabello rubio ceniza ondulado en las puntas y liso en la raíz, era alta y tan delgada como un fideo, ojos verde bosque con un brillo maligno, su rostro alargado le daba un toco de cotorra, piel blanca casi translucida; por otro lado Marcus, era de piel canela y tersa, cabello negro brillante alborotado, ojos marrón intenso, su rostro era redondo con mejillas llenas, para sus diez años era más pequeño de lo esperado. De hecho, sus otros hermanos tenían las mismas características física de Selina, eran como si los hubieran introducido en una máquina para multiplicarse en tres; su madre era la versión de Marcus hecha mujer, es decir, que su padre era el rubio intenso. Bueno, de todas maneras Marcus no podría dejar de sentir que era la oveja negra de la familia en todos los sentidos.
Soltó un suspiro ahogado que casi prácticamente parecía un ruidito casi al llanto, ¿Qué haría a partir de ahora? No tenía un hogar a donde regresar, sin darse cuenta lágrimas se deslizaban por sus mejillas trato de reprimirlas pero no pudo, de hecho, su deseo de llorar se hizo mucho más fuerte. Por mucho que las secara con su brazo no paraban de salir, no sabía que mordía con intensidad sus labios para no dejar salir sus gritos desesperados. ¿Por qué? ¿Por qué no podrían simplemente aceptarlo tal y como eran? ¡¿Por qué no se dejaban de estupideces y acaban de una vez con esta ridícula disputa?! Tal vez ahora no se daban de cuenta, pero, de seguir así sería el final para ambas especies. No entendía porque no miraban a los Magic como personas, es absurdo, vieran por donde lo vieran ellos eran seres humanos extraordinarios con poderes increíbles y capaces de ayudar a la humanidad en lo que fuese. No mentiría, Marcus nunca en su corta vida había visto un Magic de cerca solo se los imaginaba por los relatos de sus tontos hermanos y algunas cosas que le decían su madre, esa mujer era callada y amable, nunca pensó que en silencio apoyara que acabase la guerra de una vez. El pequeño corazón de Marcus sintió algo, era una extraña sensación, no sabía si era a causa del llanto o la desesperación pero por primera vez tenía un objetivo que realizar. Sí. Cuando fuese lo suficientemente grande, estaría dispuesto a tomar la batuta de los no Magic como lo hacía su padre, haría lo que fuese para que Selina no la tuviese por ser la mayor, una persona tan retorcida como ella no haría más que desear correr más sangre de los seres mágicos. Por su lado, buscaría la forma de hacer entrar en razón a todas los humanos, no cabría en su vida la palabra “rendirse”. Entonces de repente, se sintió observado por una presencia extraña atrás de su espalda, sintió un escalofríos recorrerle todo su piel por eso voltio con cuidado; fue toda una sorpresa lo que se llevó Marcus en ese momento. Era un muchacho, no mucho más viejo que él pero si más alto, tenía unos ojos azul intenso era como si mirarlos estuvieses viendo directamente el océano, su rostro era triangular con mejillas marcadas, cabello lacio avellana hasta las orejas, su piel era tan blanca como la misma luna pero todo esto no era lo sorprendente; vestía con túnicas tan diferente a como se vestía él, aquel muchacho llevaba zapatos con forma puntiaguda al final Marcus los comparo a los de los cuentos de hadas que le leía su mamá cuando era un bebe. En sus manos tenía un canasta llena de hiervas conocidas por el debido a su madre, una de ellas la lavanda, según su mamá era buena para hacer calmar al gente cuando se encontraba nerviosa; el niño desconocido permanecía inmóvil solo mirándolo intensamente. En eso, los ojos de él brillaron de una manera extraña como si fueran flamas azules pero en esta ocasión lo escaneaban de arriba abajo, Marcus se corrió hacia delante asustado cayendo al suelo y pegándose directamente en el rostro. El muchacho asustado de que se haya hecho daño, soltó la cesta al suelo y corrió hacia él socorriéndolo.
Marcus se quejaba por lo bajo del dolor y lo torpe que era, sintió unas manos suaves sobre sus dos brazos que lo ayudaban a levantar, al comienzo temió que el muchacho extraño le hiciera algo pero al ver su rostro lleno de bondad iluminado con una sonrisa lo calmo de inmediato. El niño tenía una voz aterciopelada y calmada tan diferente a la suya que era chillona, completamente ronca y de niño asustadizo; le pregunto si no se había hecho algún daño. Aunque bueno, noto como tenía un raspón en su mejilla derecha y comenzaba a sangrarle. Las mejillas de Marcus comenzaron a llenárseles de lágrimas sin saber porque, pero lo supo, era la primera vez que una persona se preocupaba por él a apartando su madre. El muchacho se vio conmocionado por la reacción del chico herido que, ahora lloraba y trataba de frenar sus lágrimas con su pequeño puño. En eso, tomo la mejilla de Marcus cerrando los ojos y pronunciando unas palabras en un idioma desconocido para él, Marcus paro de llorar de sopetón dándose de cuenta que de la mano del chico salió un pequeño resplandor amarillo. ¿Qué era esto? ¿Cómo era que lo hacía? Y sobre todo… ¿Qué era exactamente este muchacho?
El chico se alejó de él abriendo los ojos desvaneciendo la flama azul de sus ojos, soltó un suspiro y sonrió con aquella ingenuidad de la primera vez; Marcus que aún se encontraba en Shock, llevo su mano hacia la mejilla que tenía lastimada encontrándola completamente sana y en buenas condiciones. Inmediatamente lo supo, este chico no era un ser humano común y corriente con los que solía tratar. Era un Magic. No sabía que decir o hacer, estaba muy confundido se suponía que los seres mágicos eran los enemigos naturales de lo no Magic, además, este muchacho seguía teniendo aquella sonrisa bondadosa en sus labios. Marcus no tenía miedo, pero lo envergaba un sentimiento que nunca antes había sentido y no podía compararlo con otro. Seguido aquel niño dejo de sonreír colocando un semblante serio, no era de esperar, Marcus mantenía aquel rostro confundido y lleno de susto. Por eso, la voz de él volvió a retumbar por todo el lugar, tan pausada y tranquila; Marcus se tranquilizó un poco al escuchar como daba en el blanco con todo lo que pensaba. El muchacho decía que él no era un monstruo o algo parecido, el un Magic no tenía por qué sentir sentimientos contradictorios en su interior era normal sentirse así al estar al frente de algo completamente nuevo.
-       ¿Por… que me curaste? – pregunto Marcus, con dos octavas menos de lo que era su voz normal.
-       Vi dentro de ti, no eres un no Magic con intenciones sucias como los demás. – soltó un suspiro – En algunas ocasiones, mucho de los suyos desde pequeños vienen con ese oscuro ideal.
Por un momento, Marcus recordó a sus hermanos mayores pero sobre todo a Selina, ella desde siempre ha tenido ideas retorcidas y fuera de lo normal en contra de los Magic. Se preguntaba si era porque su padre se las inculco desde niña, pero no, aquella chica se volvió peor de lo que era su papá. Era demás comentar que ella era la adoración de aquel hombre, el cual, se consideraba su progenitor. Volvió a sostener la mirada del muchacho, ahora que lo pensaba mejor, no le había agradecido ni siquiera le había dicho su nombre. Se llevó sus manos a la cara haciendo exaltar al chico Magic, quien lo comenzó a preguntar lo que le sucedía.
-       Lo… lamento, es que, soy… ¡Soy tan descortés! – soltó todo de repente, como si estuviera loco.
El muchacho quedo mudo por unos segundos, luego, comenzó a reírse por las ocurrencias del niño que acababa de ayudar; Marcus pensó que el muchacho era muy sofisticado y tranquilo hasta riéndose lo era. Sin pensarlo se le quedo mirando por un rato, para luego unírsele riendo par a par con él. Ahora lo embargaba otro sentimiento diferente, venia subiendo desde su estómago hasta llegar a su corazón.  ¿Qué era? Se preguntaba ¿Qué era aquello? Oh, se suponía que esto significaba sentirse aceptado por alguien. Porque de ser así, le encantaría que este muchacho se convirtiese en su amigo, así, nunca jamás se sentiría excluido o solo. De repente, el chico dejo de reírse mirando hacia el cielo dejando solo riéndose a Marcus, el cielo estaba convirtiéndose en un naranja apagado extendiéndose en el horizonte dando a entender que muy pronto se haría de noche. Marcus se dio cuenta que el muchacho miraba con intensidad el cielo como si con verlo descubriese algo muy importante.
-       Tengo que irme, pronto será de noche y debo llevarle las hierbas medicinales a los míos. – se levantó del suelo, caminando hacia donde había dejado su cesta. Luego, desvió la mirada hacia el niño que apago su mirada llevándola al suelo – Tu también deberías volver a casa.
-       No, no quiero regresar… aunque me haya propuesto algo. – contesto, Marcus volviendo a bajar el tono de su voz – Allí nadie me comprende, Selina mi hermana mayor me trata de idiota junto con mis otros hermanos, mi padre no hace más que pegarme y mi mamá… ella… no hace nada. Solo sufre en silencio.
El chico Magic soltó un suspiro y sonrió caminando hacia el niño nuevamente, no sabía que era que los suyos lo maltratasen, sin embargo, entendía a la perfección ser rechazado por lo no Magic de bicho raro o monstruo. Tal vez, su vida era mucho más sencilla que la de este niño, pero no podía permitir de ninguna forma que dejara de luchar de ser aceptado tal y como era. Se arrodillo ante él colocándole una mano en su hombro, Marcus noto como de nuevo las lágrimas se les acumulaban en los surcos de sus ojos solo esperaba que no lo tratasen de llorón, aunque probablemente lo era. El muchacho le sonrió de una nueva forma, era como si le transmitiese una clase de energía extraña.
-       Ve a casa, no tienes por qué dejar de luchar por lo que quieres o eres. Además, si te rindes no sabrás que es saborear una victoria. – le dijo él, hablando pausadamente.
-       ¿Saborear la victoria? – pregunto, Marcus con eje de curiosidad.
-       Si, sentir que has logrado lo que querías.
Marcus sabía lo que deseaba, terminar con esta guerra absurda y estúpida que había entre estos dos seres que poblaban la tierra. Volver a firmar un acuerdo como el de sus antepasados, si luchaba como le decía este muchacho lograría su cometido, pero primero tendría que llegar a ser tan grande como lo era su padre sin llegar a asesinar o secuestrar Magic. El muchacho se sorprendió al ver al niño alzar su cabeza con una sonrisa enérgica en sus labios, si, de eso se trataba de motivar a las personas que valían la pena. El ser mágico sabía más o menos porque este chico sufría, al no encontrar algún indicio de maldad en su alma, de seguro los suyos lo maltrataban con ello. Se imaginaba para un no Magic no querer meterse con un ser mágico, sería la deshonra más grande que no poder manipular un elemento de la naturaleza. En fin, debía de irse a casa antes que notaran su ausencia fuera de las tierras Magic. Se levantó del suelo sacudiendo sus túnicas del polvo del suelo, dando la vuelta sonriendo y levanto la mano con signo de despido al chico ingenuo llorón.
-       ¡Espera! – grito el niño – Aun no me has dicho cómo te llamas, ni si quiera te he dado las gracias por haberme ayudado.
El muchacho Magic se volvió antes hacer un conjuro para cruzar el rio, se quedó mirando al niño que transmitía una mirada llena de curiosidad.
-       Albert, me llamo Albert. – le contesto, sonriendo con bondad.
-       Yo Marcus, Marcus Zunnares – se presentó, alzando un poco su voz.
-       Bueno, mucho gusto Marcus espero que nos encontremos de nuevo.
Dicho esto dirigió su atención al rio poco caudaloso, bajo nuevamente su mirada pronunciando nuevamente unas palabras en otro idioma que no conocía; Marcus quedo mudo al ver como Albert caminaba por el agua. Sí. ¡Albert caminaba por el agua! De seguro se sabía un conjuro que hacia poder hacerlo, porque de lo contrario se tacharía de loco a sí mismo. Luego de cruzar el lago con suma tranquilada, parecido a hacerlo normalmente sobre piso firme se voltio nuevamente hacia Marcus alzando su brazo y moviéndolo en señal de despedida. Después de eso corrió hacia la maleza perdiéndose entre ella desapareciendo. Marcus tardo unos minutos en volver a reaccionar, bien, había conocido a un muchacho que era un Magic, tenía poderes para curar y caminar por encima del agua ¿Podrían hacer eso todo los Magic o solo Albert? En fin, eso era lo de menos esperaba que esa no fue la única vez que lo viera. En definitiva no lo seria, pero en tanto, Marcus se colocó sus sandalias nuevamente de cuero y salió rumbo a casa. Ya era tarde cuando entro a la ciudad, la oscuridad se volcó en todo el cielo como si fuera una manta negra ni si quiera había estrellas. Las farolas poco a poco se encendía a medida que caminaba por las calles poco transitadas del aquella ciudad, solo se veían soldados riéndose estrepitosamente con aquellos uniformes verde olivo ridículos sobreros con alitas; cerro los ojos apretando los puños al cruzar al lado de ellos.
Ya sabía que se encontraba cerca de casa cuando cruzo cerca de la plaza “Anti-Magic” del pueblo, cruzando haciendo caso de omisión a aquella ridícula estatua del rompimiento del tratado. Marcus pensó que firmaría un tratado aún más eficiente que aquel y haría que nuevamente los Magic y los que no lo eran llevarse bien, de lo contrario, fallaría su propósito en la vida. Entro en la vereda donde estaba su casa, imponente y tan grande como siempre; abrió la reja de la entrada cerrándola a sus espaldas metió sus manos en sus bolsillos y camino hacia la puerta con pasos pausados. No se dio cuenta que alguien abría de sopetón saliendo corriendo y tomándolo por los hombros abrazándolo, intento decir algo pero no pudo, era su mamá que lo apretaba casi dejándolo sin poder respirar; Marcus sintió unas lágrimas mojar su hombro y comprendió porque temblaba tanto su madre. Estaba llorando. La alejo de él sonriéndole de medio lado compresivamente llevando una de sus manos a las mejillas de esta, secándolas y tratando de calmarla de alguna manera; Oh… los dos eran unos completos llorones. Le tomo de la mano y la guio hasta el interior de la casa, ya dentro los criados le daban la bienvenida, Marcus solo asentía en tanto su mamá sollozaba y restregaba uno de sus puños debajo de sus ojos como lo hacia él. Entonces cruzaron un umbral llegando a la sala, donde se encontraba su padre con los brazos cruzados junto con sus tres hermanos mayores; Marcus pensó que en verdad estaba en problemas debido a los surcos marcados en el rostro de su papá, hoy no tendría compasión. Soltó la mano de su madre quien la auxilio German el que le seguía luego de Selina, haciéndola sentar en uno de los sofás del lugar.
Sebastián papá de Marcus, marco pasos fuertes por todo el lugar dejando a un lado su brazos cruzados colocándose al frente del chico no Magic y abofeteándole fuertemente dejándole su rostro de lado; Marcus pensó que de nada sirvió que Albert le curase la mejilla su padre se encargó de volvérsela a dañar, porque sin duda, este bofetón dejaría marca en su piel. Apretó los puños y mordió sus labios, nada cambiaría por aquí, se dijo a si mismo su papá seguiría siendo el mismo agresivo hombre de siempre. Marcus no se sorprendió de escuchar a Sebastián insultándolo, tratándolo de idiota y cabeza hueca por desaparecer sin dejar rastro preocupando a su madre hasta llevarlas a las lágrimas, pero sobre todo, preocupándolo a él y sus hermanos mayores llevándolos hasta tratar de buscarlos con el ejército por todos los alrededores de la ciudad y las vecinas, ¿Acaso quería matarlos a todos de la incertidumbre?  Marcus no supo que hacer o decir al sentir el jalón de brazos de su papá para atráelo hacia él y estrecharlo en su fuertes brazos. Vio cómo su padre temblaba frente de él posiblemente estaba llorando, volvió a decir con voz quebrada que jamás desapareciera por cuatro horas sin dejar indicios de donde había ido, sabía que era culpa suya por tratarlo como lo trataba prometía que de ahora en adelante no se metería en sus asuntos de estar contra de la guerra. De todas maneras, existían muchas personas como Marcus que no querían más muertes de los seres mágicos y no mágicos era común encontrárselas en la calle; que su hijo pensara igual que ellas no le daba el derecho de maltratarlo o querer hacerlo cambiar de opinión mediante los golpes. Marcus no se dio cuenta que sus lágrimas salían de sus ojos sin poder hacer nada, no sabía si era de felicidad o de tristeza quizás sería una rara combinación de ambas. Entonces le regreso el abrazo a Sebastián, tratando de apretarlo con sus pequeños brazos delgados, si sería tratado así cada vez que desapareciera valdría la pena. Recordó las palabras de Albert antes de regresar a casa <<  si te rindes no sabrás que es saborear una victoria >> si, tal vez no estaba todo tan perdido como él creía pensar. ¿Albert sería capaz de ver el futuro? No sabía, pero le preguntaría la próxima vez que lo viera.
Sebastián se separó de su pequeño hijo secándose la cara y revolviéndole los cabellos rebeldes a Marcus, él soltó una sonrisa que nunca antes había visto desde que estaba pequeño en verdad estaba feliz. Marcus vio detrás de su imponente padre, estaba Selina frunciendo el ceño y con brazos cruzados, estaba enojada muy enojada, quizás ella sino se preocupase por él con tal tenia maldad pura recorriendo sus venas como le comento Albert al conocerse. Se acercó a él mirándolo por encima como de costumbre, le dio un coscorrón en la cabeza, haciéndolo quejarse y llevarse las manos a la zona de dolor. Sí. Su hermana mayor nunca jamás cambiaria. Sin embargo, fue mucho más brusca a la hora de abrazarlo ella en verdad le estaba recortando la respiración.
-       ¡Maldito renacuajo! ¡Nunca más en tu patética vida vuelvas a hacernos esto! ¿Entendiste? – grito, llorando como una histérica.
Al fondo se escuchaba quejidos de dolor provenientes de sus dos hermanos mayores German y Marcos, oh valla… en verdad que su familia era única en su especie. Al menos estaban intentado hacer las paces con ellos, lo que valía era la intención ¿No era así? Desde ese entonces, la familia Zunnares cambio toda para bien, se volvieron todos muy unidos y nunca más volvieron a tratar de excluir a Marcus jamás. Sin embargo, en la escuela era otro mundo y aunque no volvieron a meterse con él por ser el hijo del jefe de los no Magic, no le prestaban atención para nada en específico; Marcus volvió de nuevo a aquel lugar donde se había encontrado por primera vez con Albert pero nunca lo volvió a ver. Por mucho que iba todos los días a la misma hora que aquella vez era completamente en vano, jamás coincidía con encontrárselo por mucho que creía en aquellas palabras de encontrarse nuevamente algún día. Marcus creía que encontrarse con aquel muchacho Magic había sido de muy buena suerte, nunca le conto a nadie de su familia de ese clandestino encuentro, ni siquiera a su mamá que le tenía sumamente confianza, sabría que tarde o temprano le terminaría diciendo a su padre.
Pasaron los años y con ellos la guerra se fue intensificando, como siempre Sebastián llegaba a casa casando de luchar con aquellos monstruos que jamás se rendirían por vivir, pero se dio cuenta de algo, uno de ellos se habían vuelto más oscuros siniestros completamente llenos de sed de venganza. Siempre que los veía luchar salía de ellos una luz tenue, ahora, Salía un aura negra y oscura y las armas sagradas “Gags – Gags” y “Grimichs” no servían por mucho que lo intentase. ¿Qué ocurría? No sabía que los Magic evolucionaran, al menos que… ¿Entrenasen para ser más poderosos? No lo sabía. Sebastián conversaba de vez en cuando con su hijo Marcus, quien sentía una gran curiosidad por aquellos seres como si quisiera conocer alguno, sin embargo, Sebastián explico que no todos esos monstruos eran pacíficos en verdad existían  algunos que querían dominar a los humanos y por eso no paraban de luchar. Y un poco más adelante Marcus se unió al ejército en la sección que investigaban a los Magic, por mucho que su hijo quería que la guerra cesase sabía que primero debía de conocer a aquellos seres monstruosos. Selina le rogaba a veces que dejase esa sección y se uniera en la que ella estaba a cargo, la de ataque, aquella hija suya era tan mortal y terminaba teniendo ideas magnificas para emboscar a aquellos monstruos, sin duda era su orgullo.
Por otro lado, Marcus al unirse al ejercito la sección de investigación logro descubrir más de los Magic y conocer a gente como él que querían que la guerra acabase de una vez por todas; entonces formo una organización bajo las sombras donde conoció a la que sería el amor de su vida Madge Grimmis, una chica de alta sociedad e hija del legendario Mr. Grimmis uno de los doctores más capacitados de la época. Era una muchacha sumamente gentil y generosa, su belleza no tenía limites, poseedora de un cabello rizado pelirrojo que le llegaba  hasta la cintura, ojos azul cielo que al mirarlos pareciera que mirases en infinito, piel blanca como la leche, su rostro era perfilado y muy hermoso, tenía un cuerpo delgado con curvas. Marcus cuando la vio por primera vez quedo completamente flechado, supo que era la mujer que todo hombre desearía tener por el resto de su vida pero nunca pensó que estuviese en contra de la guerra, su padre Mr. Grimmis era unos de la mano derecha de su padre tan intensos por si solos. ¿Cómo vino a tener una hija así? Bueno, Madge le reintegraba lo mismo a él. Ambos se hicieron grandes amigos y confidentes para liberar a Magic en cautiverio, estudiaban para poder llevarse bien con los seres mágicos no para destruirlos y ella estuvo de acuerdo de ayudar como mano derecha en la organización. Les pareció bizarro porque eran como sus padres con la guerra, pero sus fines eran completamente diferentes a la de ellos. Un día, Marcus le confirió su historia cuando tenía diez años al conocer un Magic de más o menos su misma edad llamado Albert, gracias a él esta donde esta o sino de seguro hubiera muerto en el bosque, después de eso nunca se volvieron a ver pero él no dudo en volver a aquel lugar para tener la oportunidad de volverlo a ver. Claro que sin éxito alguno.
-       ¿En verdad camino sobre el agua? – preguntaba ella.
-       Si, fue asombroso como lo hizo era como el que una especie de alucinación. – comentaba, Marcus con mucha alegría.
-       Yo tuve una amiga criada Magic, en mi casa – bajo la mirada Madge, con un tono lastimero en la voz – ella… ella era grandiosa.
-       ¿Era? – pregunto, confundido el muchacho.
-       Mi madre la mato con una “Gags – Gags” – sentencio la chica, en tanto su azul mirada se tornó opaca – no sabía que era una, hasta que yo la obligue a que me demostrara su poder. No sabes cuánto me arrepiento de hacerlo, si yo no la hubiese obligado hacerlo ahora estuviese viva.
-       No sabes cuánto lo lamento, Madge. – le coloco un brazo sobre sus hombros.
-       Al menos tienes oportunidad de volver a verlo, Marcus – se estrechó contra su hombro – de volver a ver a Albert, pero yo nunca podre perdonarme ni disculparme con Trine por haberle hecho eso.
En eso algo irrumpe en la tranquilidad de la oficina de investigaciones haciendo separar a la joven pareja, era uno de los ayudantes de Selina se veía cansado y completamente agotado por correr con prisa hacia donde estaba el hermano de su superiora. Marcus no supo ni cuándo ni dónde, hasta que pronuncio Tad aquellas palabras escalofriantes: << Tu hermanos están en peligro >>. Se levantó a toda prisa corriendo hacia donde estaba el hombre, lo tomo de las solapas alzándolo un poco; era cierto que Marcus había crecido un poco más seguía siendo bajo para los de su edad que era dieseis. Tad que tenía mucho susto en sus ojos grises afirmo con la cabeza, Marcus sintió que algo dentro de él se desquebrajaba como si una pieza de porcelana se rompiese dentro suyo. Madge tuvo miedo de lo que sería capaz su amigo, al verlo temblar y soltar como si no valiese nada aquel tipo, le exigió con voz dos octavas más ronca de lo normal donde estaban; Tad como pudo se levantó del suelo pronunciando un << síganme >>. Es así como los tres salieron corriendo de las instalaciones de investigación del ejército, en tanto corrían Tad saco de su saco una cosa y se la extendió a Marcus haciéndolo sobresaltar. Era una “Grimichs”, aunque Marcus en estos momentos se sentía que él podría pasar encima de todo un ejército nunca estaría dispuesto a alzar una de esas a un Magic, aun así, Tad siguió insistiendo.
-       Aquel lugar está lleno de esas cosas, sino estas armado acabaran contigo en un santiamén – Madge lo miro con ira contenida. – Además, esos monstruos no son como los normales ellos… desprenden aura macabra y negra.
-       ¿A qué te refieres? – pregunto la chica.
-       Que no matan por supervivencia, lo hacen para exterminarnos a todos y parecen disfrutar hacerlo.
Ambos jóvenes se petrificaron ante tal noticia, Marcus recordó cuando Albert le curo la mejilla, su magia no era oscura era tan clara como la primera luz de la mañana ¿No estarían equivocando? O… al menos que estos Magic fuesen de otra clase. ¿Sería eso? Pensó en lo peligroso que sería estar al frente de ellos sin armas, si Tad hablaba con la verdad no era un buena idea estar sin defensa. Marcus tomo el arma sin replicar más, sorprendió a Madge que pensaba que su amigo se había cambiado de bando ella si rechazo el arma extendida por Tad, no se creería nada hasta verlo con sus propios ojos. El ayudante de su hermana le recalco recordar sus días de novatos en el ejército, que para Marcus fueron los días más oscuros de su vida, donde tuvo que aprender a luchar y utilizar armas. Sí. Marcus y tanto como Madge sabían cómo utilizar las armar legendarias pero, ambos juraron nunca alzarlas a un Magic de verdad. Los hermanos de Marcus en algunas ocasiones lo ayudaban con ataques cuerpo a cuerpo, dejándolo medio moribundo al otro día pero le ayudaron para poder graduarse de cadete y pasar a la sección de investigación. Ahora, pondría sus días oscuros a prueba con unos seres cuyos nunca en su vida había escuchado porque sus hermanos estaban en peligro. ¿Estarían bien? ¿A borde del colapso? ¿O quizás…? Sacudió su cabeza para sacudir aquella idea escalofriante de su mente, pudieron haberse llevado muy mal durante años pero en estos seis lo habían recompensado a las maravillas.
Se sorprendió al ver que el campo de batalla no era tan lejos del pueblo ni las secciones del ejército, era nada más que un lugar amplio donde se veían a varios Magic combatiendo con los soldados. Se quedó petrificado, no lo solo él también Madge quien ahora creía todas y cada una de las palabras dichas por Tad. Aquellas cosas no eran Magic ordinarios, a su alrededor desprendían un aura completamente macabra y pesada era tan negra, noto como con un solo dedo hacia una descarga eléctrica oscura a uno de los soldados haciéndolo caer al suelo dando unas cuantas convulsiones, dejando sus ojos en blanco quedándose quieto muy quieto. Sin vida. Madge soltó un grito desgarrador que se perdió entre los quejidos de dolor de la multitud pero, no fue para nada sorpresa para aquello cosa que vestía una túnica negra carbón con una gorra ocultando su rostro, volteo hacia donde se encontraban ellos tres parados caminando con pasos pausados. Alzo su dedo directamente donde se encontraba Madge quien comenzó a temblar, una descarga de aquella magia macabra volvió a aparecerse, sin embargo, Marcus dejo por primera vez en su vida la cobardía de lado empujando hacia el suelo a la chica y recibiendo el impacto en su brazo izquierdo. Madge que estaba por debajo de la protección de Marcus comenzó a sollozar por lo bajo, queriendo hacer algo por su amigo herido pero sabía que en estos momentos era un persona completamente inútil. En tanto Marcus olvido que su brazo dolía a horrores y que la sangre salía a borbotones, sacando de su saco la “Grimichs” y apuntando sin compasión al corazón de ese Magic maligno. Apretó el gatillo disparando aquella bala que los salvaría, escucho otro impacto directo desde atrás de ellos; el monstruo se corrió hacia atrás emanando de su herida sangre espesa y casi negra. De repente, soltó una risotada oscura y siniestra congelándole la sangre a sus tres oponentes. ¿Cómo…? ¿Cómo era posible que aun estuviera vivo? Se preguntaba Marcus, le dispararon directamente al corazón ¡Y dos veces! ¿Qué era exactamente aquella cosa? Entonces volvió al alzar su dedo en contra de los tres, Marcus comprendía que estaban acabados no podría derrotarlos las armas legendarias no surgían efectos en ellos. ¿En verdad seria su fin? ¿Nunca más volvería a ver Albert? ¿No se casaría con Madge ni tendrían hijos? Pero sobre todo su deseo de firmar un nuevo tratado ¿Fallecería con él? Cerró los ojos entregándose a su destino. Tal vez todo estaba perdido.
El sonido de una espada cortando carne lo hizo abrirlos de sopetón, noto como la cabeza de su oponente rodaba ya sin vida por el suelo, se asustó de notar que era un hombre algo mayor rapado de piel translucida como el papel cebolla. Se levantó del suelo de golpe atrayendo consigo a Madge, que lloraba sin consuelo alguno, Marcus recordó su brazo herido al sentir un pinchazo de dolor se llevó su mano para tratar de parar el sangrado. Fue cuando escucho la voz de su hermana mayor, gritándole palabras sucias al monstruo decapitado en el suelo como si pudiese escucharle de alguna manera. Selina noto en qué condiciones se encontraba su hermano, dejando de gritar como una histérica al ser que derroto, desvió la mirada a uno de sus subordinados frunciéndole el ceño con ira absoluta. ¿Qué demonios cruzaba por la mente de ese sujeto?
-       ¡Has traído a mi pequeño hermano al campo de batalla! ¿Qué mierda pasa por tu cabeza? Él es el pacifista de la familia, no tiene la vena de destripador como los demás. – dijo Selina, todo muy deprisa hacia Tad.
-       Pero necesitamos toda la ayuda posible, su pequeño hermano investiga sobre los Magic y yo pensé… que quizás, supiese como derrotar a estos. Además, usted y sus otros hermanos están muy heridos mi Lady. – se justificó, el chico en tanto la señalaba.
-       ¡No me vengas con estas…! – se llevó una mano a sus costado, quejándose del dolor.
-       ¿Lady Selina? – fue directo a ella, Madge.
-       Estoy bien querida, no pasa nada. – la trataba de tranquilizar, la rubia.
-       Selina… ¿Qué ocurre con estos Magic? Estoy seguro que dispare directamente a su corazón, Tad igual lo hizo, pero… no surgió algún efectos en ellos. Sobre todo, aquella aura oscura siniestra hace que el aire se vuelva pesado. – hablaba Marcus, consternado de estas nuevas criaturas.
-       Las armas legendarias no surgen efecto en ellos, solo las espadas de plata y si miras directamente a su cabeza o corazón.  -  señalo alzando la suya – A esta la llame “Lady Selina”.
Todo mundo quedo callado ante tal declaración, debía de admitir que su hermana tenía una autoestima muy elevada. Pero dejando eso de lado, la rubia comenzó a relatarles a Madge y Marcus lo que ocurría desde hace un tiempo para acá, en tanto le colocaban una venda en el brazo de él. Los Magic normales seguían viniendo normalmente como siempre al lugar de combate, pero un día dejaron de hacerlo, en cambio de ellos aparecieron estos nuevos seres que desprendían poderes oscuros y nada de luz comenzando a masacrar a todos los soldados posibles. Las armas legendarias no servían, haciendo perderles las esperanzas, sin embargo, Selina opto por las convencionales  usadas antes de las anti-Magic; resultando ser un éxito. Pero aun había soldados que no querían rendirse con las legendarias, se suponía que ellas guardaban magia en ellas para contrarrestar los poderes de los Magic. Marcus escuchaba todo en silencio en tanto le vendaban el hombro un poco más alejado de los demás, en verdad los no Magic a este paso serian completamente destruidos de no poder parar a estos seres malignos, Selina no entendía absolutamente nada de estas criaturas y por más que intentaran capturar uno con vida no podían. Su pequeño hermano se sentía consternado y pensó que tal vez los otros Magic estuviesen en peligro, recordó cuando soltaba junto con Madge a los que se encontraban en cautiverio, ambos los reportaban con una fuga y debido a ello nunca los dejaban a cuidado de ellos. Ahora, tenían frente de ellos a Magic malignos y con un solo propósito en su vida: acabar con la humanidad no mágica.
Se colocó de pie alejándose de los tres presentes que lo miraron consternados, ¿Qué le ocurría a Marcus? Él solo tenía en su mente a sus dos hermanos mayores que aún no había visto por ninguna parte, no lo sabía, pero su intuición le dictaminaba que los tomara y se marcharan fuera de ese lugar. Dirigió su mirada a Selina, que solo arqueo una ceja al notar la seriedad que su pequeño hermano estaba empleando en estos momentos, el chico con voz ronca pregunto por German y Marcos escuchando por parte de la rubia que se encontraban en la parte norte del campo. Marcus ordeno a los tres que se quedaran allí y no se movieran, Madge reacciono de golpe levantándose y sosteniendo el hombro sano del muchacho. Al mirar a sus ojos cristalinos azul pudo darse cuenta que estaba asustada, aquella mujer joven con la que compartía días a menos en la sección de investigación del ejército, aquella mujer considerada como su mejor amiga, confidente y mano derecha en la organización; pero sobre todo aquella mujer que amaba más que a su vida misma. No necesitaban palabras para saber qué era lo que le estaba pidiendo hacer, Madge quería acompañarlo a buscar a sus hermanos mayores. Fue entonces cuando Selina se colocó al frente de ellos dos, haciendo escuchar su voz fuerte entre los tres.
-       No vas a ir solo a ninguna parte, mucho menos si no tienes un arma para defenderte.
-       ¿Qué sugieres? Porque no pretendo dejarlos a los tres más en este campo de batalla. Ordena la retirada – le exigió, de inmediato Marcus.
-       ¿Acaso estas demente? No podemos permitirnos perder más de lo convencional. ¡Mis hombres no van a morir en vano! – grito, prácticamente cansada Selina.
-       Perfecto, has lo que quieras pero voy a rescatar a mis hermanos.
Dicho esto se dio la vuelta echándose a correr por todo el campo de batalla hacia la dirección norte, no le importo que Madge gritara al borde del llanto ni que mucho menos Selina le seguirá los pasos atrás suyo con rabia. En tanto corría tropezó con muchos cadáveres de los suyos, haciéndole tragar saliva con fuerza, si así estaba la situación en el camino no quería imaginar al llegar al destino de sus pensamientos. Se quedó helado al reconocer a uno de los muertos en el suelo, ¡Oh! Obviamente que lo reconocería, aquel cabello rapado color zanahoria, piel blanca nieve, pecas en la zona de sus pómulos y nariz respingada. Veas por donde lo vieras era Adam Crafort. Aquel hombre le hizo la vida imposible estando de cadetes, sabía qué tipo de pensamientos tenia Marcus, por lo tanto, junto con su pandilla no dudaban en darle escarmientos o encerrarlos en lugares pequeños para consternarlo. Marcus en otra situación estuviera contento que jamás en la vida lo volvería a ver, pero, no ahora y no en este momento donde aquellos Magic eran malignos deseaban la destrucción total. Bajo la mirada tratando de ignorar el cuerpo sin vida de Adam, pensando en que ya no lo fastidiaría más por ser diferente y mucho menos por unirse a la sección de investigación del ejército. Selina se dio cuenta de la reacción de su pequeño hermano por eso bajo su mirada al cuerpo, abrió los ojos estrepitosamente, obviamente que también lo reconocería Adam Crafort era uno de los reclutas más mortíferos que tuvo en su sección de ataque. Para la rubia fue una bendición, claro que sabía que se metía con su pequeño hermano, pero le importo poco porque lo recompensaba cuando iba al campo de batalla. Ahora, él chiquillo cabeza de zanahoria estaba completamente muerto, aun podía recordar voz arrogante que tenía al mencionar que exterminaría a todos los bichos raros de la tierra. ¡Valla ironía de la vida! Más bien a él lo hicieron tragarse sus propias palabras, de lo contrario, no hubiese terminado como termino.
Marcus freno sus pies al notar el caos del panorama, no, esto no estaba pasando frente de sus ojos. Alrededor de unos cinco metros se encontraba redomas de cadáveres una encima de otra, pero eso no era lo más sorprendente, un ser de esos se encontraba sentado como si nada limándose las uñas como si nada de esto fuese de gran importancia para él. Marcus noto como ese Magic era pequeño, podría tener un cuerpo muy delgado o quizás fuese una chica por la forma de arreglarse las uñas, al igual que los demás poseía un capa larga negra con capucha para ocultar su rostro; al parecer aun no tonaba la presencia de los dos hermanos o simplemente podría acabar con ellos con tan solo un chasquido de dedos. Escucho un grito grave haciéndolo desviar la mirada, ¡Marcos! ¡German! El menor de sus hermanos se encontraba en el suelo tosiendo al parecer una sustancia viscosa por la boca, ahogándose con ella pero tratando de pararse del suelo. Por otra parte German se agarraba de su costado izquierdo blandiendo su espada y apuntándolo al ser pequeño de capa oscura, Marcus se impresiono girando su mirada al montón de cadáveres notando que allí no estaba el Magic ¿Cómo fue que se movió tan rápido? ¿Cómo no pudo notarlo o si quiera escucharlo? Se volvió a escuchar el grito, pero en esta ocasión de su hermana Selina quien caía al suelo llevándose las manos al rostro y lo cubría presa del llanto. No quería verlo ni siquiera saberlo, pero no pudo evitar reaccionar al notar como aquel ser sacaba de un costado de German una especie de objeto punzón negro lleno de sangre y tirándolo al piso. Fue lo más que pudo soportar Marcus, porque salió corriendo a gran velocidad tomando a lo loco la espada de Selina blandiéndola y gritando como un loco desesperado, el Magic oscuro le hizo frente sacudiendo su arma haciéndola sacar un fuego negro de ella corrió como si fuese un ser humano corriente. Pero de pronto ya estaba cara a cara con Marcus quien quedo estático por unos segundos, lo pudo ver… aquella sonrisa siniestra del ser, blanca brillosa con labios carnosos y aquella piel translucida como el anterior que había matado su hermana. El muchacho pensó que sería su fin, jamás podría matarle era muy fuerte y rápido; fue entonces cuando sintió un empujones a un costado arrojándolo al suelo rodando como tronco. El sonido de un trueno ilumino todo el lugar, el cielo se tornó gris y unas cuantas gotas espesas comenzaron a caer encima de todo el campo.
-       ¡Marcos! – grito desgarrado por completo, Marcus alzando su mano como si pudiese alcanzarlo.
Su hermano mayor Marcos, había corrido con la poca fuerza que le quedaba hacia la Magic maligna tirándolo a un lado y recibiendo el impacto del objeto punzante en su pecho. Sí. Un golpe directo al corazón, el ser monstruoso saco sin compasión el objeto de Marcos en tanto caía arrodillado tosiendo borbotones de sangre por la boca, el hombre dirigió su mirada al cielo gris soltando una sonrisa tonta al ver otro rayo azulado que hacia iluminar el lugar. Una alarma parecida al sonido de un caracol hizo paralizar a la Magic, con voz hueca maldijo por lo bajo dando un brinco elevándose hacia el cielo tormentoso, Selina que sostenía en sus brazos a German noto como todas las capas negras flameaban en el aire ¿Volaban? Pues la respuesta era obvia. Sí. Esos monstruos anunciaron su retirada, pero algo extraño se notó en el aire, el ser más pequeño se colocó en el centro estirando sus delgados pequeños brazos, formando un triángulo con ellos pronuncio unas palabras en otro idioma que no conocía nadie ni siquiera Marcus. De repente una energía oscura salió del cuerpo sin vida de los soldados emergiendo hacia ellos, pareciera que se hiciesen más fuerte con eso porque se escuchaban sonrisas macabras entre ellos. Luego de eso, la pequeña chasquido sus dedos haciendo caer su gorro y mostrando sus rostro blanquecino lleno de satisfacción y gozo, Selina pensó que esos ojos violetas brillantes no eran reales porque nunca conoció a alguien así. Desaparecieron bajo una nube oscura como levantar polvo de carbón.
Marcus inmediatamente se levantó y corrió hacia donde estaba su moribundo hermano ya arrojado en el suelo, lo sostuvo entre sus brazos diciéndole que resistiera un poco más pronto vendrían por ellos a rescatarlos. Marcos sonrió tosiendo más sangre, tomo el hombro de su pequeño hermano apretándolo con las escasas fuerzas que le quedaban de vida.
-       No… Marcus… ya está todo acabado para mí. – tocio, en tanto trataba de hablar.
-       No, no digas eso hermano. Aun te queda muchas cosas por hacer en esta vida, casarte con Lizz, tener hijos fastidiarme como siempre lo haces. – las lágrimas comenzaron a acumularse en los parpados de Marcus.
-       En el fondo lo sabes… sabes que estoy diciendo la verdad… - la voz del hombre cada vez se apagaba. – perdón, perdóname Marcus no he sido un gran hermano para ti. Lo único que hice en esta vida fue golpearte, regañarte y juzgarte por tus ideales, ahora que lo pienso, estabas en lo cierto… los Magic comunes no eran tan malos.
-       Shss… Marcos… shsss no hables tanto. – se quebró la voz, dos veces a Marcus.
-       ¿Sabes? Es curioso que tenga un final como este…pero no me arrepiento de nada, ni si quiera de haberte salvado la vida. Lo que más deseo ahora, es que tus ideales se hagan realidad, sé que tu podrás lograr la paz en este mundo eres grande hermanito – esta vez se estaba ahogando con la sangre – Dile a papá y a mamá que los amo…
De pronto, Marcos dejo de respirar alejando su mano del hombro de su pequeño hermano cayendo sobre su pecho. Otro trueno callo iluminando todo el lugar de un destello azul, las gotas feroces bajaban mojando todo a su paso ahora en verdad se había caído un tormenta torrencial. Marcus no paraba de llamar a su hermano mayor otras veces zarandeándolo para que despertase, en ese preciso momento llegaba los paramédicos para ayudarlo pero al notar la situación, se dieron cuenta que ya todo era demasiado tarde. El muchacho ya cansado de tanto llamar a su hermano, no tuvo más remedio que resignarse a que había perdido definitivamente a Marco y para siempre. Se aferró con mucha fuerza al cuerpo sin vida, llorando a gritos sin importarle que la lluvia lo hubiera empapado completamente la ropa.
Ese mismo día más tarde entrada la noche, no paraba de llover a fuera en tanto la familia Zunnares lloraba sin secar la muerte de uno de sus hijos, Sebastián no paraba de caminar de una dirección a otra, su esposa era consolada por un Selina que al pesar de sentirse el triple de peor que ella trataba de mantenerse firme como una estatua. German estaba bien con un poco de vendas en todo el cuerpo, pero bien, en estos momentos estaba inconsciente debido a todos los analgésicos proferidos por sus curadores. Marcus era la única persona en la familia que no se había dejado curar ni nada, luego de presenciar la muerte de Marcos para de llorar, no decía nada, no se quejaba, ni siquiera le gritaba a su padre por haber mandado a sus hermanos a aquella batalla suicida. Simplemente se hallaba en un sillón completamente aislado de todo mundo, sumido en sus pensamientos que abarcaban a aquellos seres que no eran Magic normales sino mostros llenos de sed de sangre. Tenía rabia, odio y sobre todo, quería vengarse de aquella maldita mujer que asesino a su hermano frente a sus ojos. Como le encantaría verla sufrir, tirada en el suelo con una espada atravesándole el corazón ver como se le iba la vida de sus patéticas manos. Sí. Marcus estaba nublado completamente por el dolor, ni si quiera escucho cuando su padre hablaba sobre hacerle una condecoración a todos los soldados caídos el día de hoy, mucho menos de cómo se realizaría el velorio de Marcos dentro de unas horas al entregarles el cuerpo.
Marcus le dio un golpe a la mesa ratona de la sala de estar, haciendo a exaltar a todos los presentes, él no estaba para nada en estos momentos solo quería ir por la maldita desgraciada que le robo la vida a su hermano, Selina que hasta hace unos momentos lloraba sin consuelo con su madre se levantó dando unos cuantos traspiés para llegar hasta donde Marcus. Frunció el ceño junto con los puños y luego descargar su ira en él, si, abofeteo la mejilla derecha de su pequeño hermano haciéndola colocar colorada en seguida. Marcus quien no entendía la reacción de su hermana comenzó a gritarle que sucedía con ella, en tanto se tocaba la mejilla con resentimiento, Selina no soporto más y comenzó a descargarle todo lo que tenía guardado por la actitud estúpida que estaba tomando en estos momentos de dolor. En lugar de apartarse de los demás debería estar más unido que nunca, en estos casos era la mejor solución para poder pasar la pérdida juntos. Pero Marcus no quería entender aquello, de hecho, todo lo pronunciado  por su hermana mayor le parecía una completa tontería; ellos no necesitaban llorar un perdida lo que en verdad debían de hacer era ir a cazar Magic oscuros para matarlos de una buena vez.
Acto seguido, ocurrió como aquella vez como cuando tenía diez años salió corriendo hacia el bosque con todas las voces posibles detrás de sus espaldas, no entendía el porqué, si sabía perfectamente que allí no se encontraría con aquel niño Magic llamado Albert que curo su mejilla. Sin embargo, estando cerca de ese rio poco caudaloso se sentía en plena libertad consigo mismo y su alma. Al llegar cerca del agua, tropezó con una piedra y cayó al suelo lastimándose su hombro herido que el mismo negó para que lo curase, por lo seguro se había vuelto a abrir la herida. No le importaba. Comenzó a darle puñetazos a las rocas maldiciendo a su suerte y lo torpe que seguía siendo, si hubiese sido lo suficientemente fuerte estuviera vivo su hermano y German no estuviese tan mal herido; pero no lo era. Marcus se conocía perfectamente, los como él son torpes, mediocres, escurridizos, asustadizos, pero sobre todo llorones. Las lágrimas se volvieron deslizar a mares sobre sus mejillas quiso detenerlas pero no podía, ellas se negaban a parar de salir, sentía como si volviese a hacer aquel pequeño niño de diez años que escapaba de su casa por falta de compresión de su familia. ¿Por qué? ¿Por qué cuando lo tenía todo la vida le quitaba algo que apreciaba? Le costó tanto la aceptación de su familia, de hecho, tuvo que escaparse para que lo valorasen tal y como era. ¿De que servía haber arriesgado tanto si perdió casi todo? No, aún tenía el último deseo de Marcos, debía aferrarse  ello y seguir viviendo. Pero resultaba tan difícil hacerlo, no es como pudiese olvidar tan fácilmente la cosa que le hicieron a su hermano ni la mujer de ojos violeta con labios carnosos. Aquella perra debía de pagar por lo que hizo, a Marcos y los demás soldados.
-       ¡Oh, veo que has crecido! Pero… ¿Por qué siempre que nos encontramos te encuentro herido y llorando? – se pronunció una voz, era tan calmada y aterciopelada era como la de…
-       ¿Albert? – pregunto Marcus, con la voz hiposa quebradiza.
El chico sin Magic alzo su rostro topándose con una versión mejorada de aquel muchacho que encontró hace seis años atrás en este mismo lugar, Albert tenía el cabello más largo hasta el mentón lacio rubio como de costumbre, su piel seguía siendo blanca, su rostro se volvió más perfilada ya mostrando que no era ningún niño era un joven hombre muy hermoso. Sus túnicas era azules y parecían brillar en la oscuridad de esa noche, en su rostro permanecía aquella sonrisa bondadosa cariñosa; comenzó a acercarse con sumo cuidado hacia Marcus arrodillándose ante él para ayudarlo a pararse. Cuando sintió una de las manos de rubio en su brazos un viaje de imágenes del día de hoy le inundaron la mente, con desprecio absoluto rechazo la ayuda del Magic haciéndole retroceder hacia atrás mirándolo con odio contenido, pero duro poco por el punzón que sintió en su hombro herido notando que sangraba más. Albert que se encontraba consternado por la reacción del pequeño jovencito, se arrodillo optando una seria expresión en su rostro en cuanto sus ojos azules volvían a hacer flamas vivaces que escaneaban de arriba abajo a Marcus; Albert se alarmo al notar algo extraño en el cuerpo de Marcus. Era esa magia. Aquella magia mucho más oscura que cualquier otra: se trataba del odio.
Inmediatamente asustado de lo que podría ser de ahora en adelante el niño no mágico, se abalanzo hacia él encontrándose aún ocupado por aguantar el dolor de su hombro, para así sostenerlo con ambas manos arrojándolo al suelo rocoso. Marcus gritaba obscenidades de su boca, cada una de ellas peor que la otra iban dirigidas hacia el muchacho rubio, noto como con unas palabras en otro idioma hacia salir unas cadenas del suelo que sostuvieron sus muñecas impidiendo que huyera de allí. Albert suspiro con un poco de alivio, hizo caso de omisión a las palabrotas salidas de la boca del más pequeño, las flamas de sus ojos se volvieron a vivar más al notar que el odio en Marcus se intensifico más al ser encadenado. El rubio pensó que algo debió de ocurrirle para reaccionar de esa manera, pero sin perder tiempo extendió sus dos brazos abriendo sus palmas con todo los dedos juntos sin separar, en cualquier otro caso pareciera que fuese una señal de alto para frenar a alguien pero no en esta. Su voz aterciopelada se tornó ronca el aire de su alrededor estaba más fuerte, una luz amarilla tenue salió de sus manos al compás de las palabras en otro idioma inentendible para Marcus. De pronto sintió como si una paz lo estuviera inundando, alejándolo de la rabia y rencantamiento que sentía por todos los Magic, noto como las heridas de sus rodillas al caerse desaparecían y la grave de su hombro dejaba de sangrar cerrándose sola como si nunca hubiese existido. La luz se iba evaporando cada vez más dejando la calma del bosque con sus sonidos comunes. Albert bajo sus brazos al notar que Marcus parpadeaba confundido y más calmado que nunca, chasquido sus dedos desapareciendo las cadenas que parecían sumergirse entre las rocas.
Marcus se sentó sobándose las muñecas, por una extraña razón ya no sentía rabia o alguna clase de resentimiento en su corazón, pero si sentía otro sentimiento invadiéndolo ahora mismo y era la nostalgia. Su corazón dio un vuelco al notar lo vacío que se sentía ahora sin su hermano Marcos, le echó un vistazo a sus manos, las cuales, temblaban de puro dolor y negación. ¿Cómo pudo haber pasado esto? ¿Cómo…? Sin saberlo comenzó a llorar de nuevo, pero en esta ocasión no era de rabia sino de tristeza. Albert que le partía el alma ver a su amigo de esa manera se acercó a él, jalándolo y abrazándolo solo desde la cabeza, este reacciono aferrándose a las manos del chico Magic quien le brindaba consuelo. Sí. No podría haberse encontrada nada mejor que este chico para hacerle sentir mejor en estos momentos, sin embargo, no entendía como hizo para desaparecer todo ese odio acumulado en su interior. Luego de un rato ya calmado Marcus, le comenzó a relatar todo lo ocurrido después de encontrarse con él, su familia se había vuelto más unida y aceptaba que fuese un pacifista en busca de la aceptación de las dos especies. Sus hermanos ya no lo fastidiaban y hasta se unió al ejército, eso no era más que un señuelo para ir a la sección de investigación donde se encontraban los Magic en cautiverio, aprovechando ello descubrió un poco de los poderes de ellos encontrándolos muy productivos para la humanidad lástima que los demás no lo vieran de esa manera. Allí conoció personas con los mismos pensamientos que él, también encontró al amor de su vida Madge la cual se convirtió en su mano derecha en la liberación de Magic y en una organización comandada por ambos. Todo marchaba a las mil maravillas hasta que esos seres aparecieron, los monstruos disfrazados de “Magic” en donde Marcus le parecía imposible porque aquellas cosas desprendían un aura oscura y repulsiva. Cerro sus ojos al recordar cómo eran sintiendo escalofríos, ellos le fascinaban matar y destripar con tal solo ver como mataron a Marcos o casi a German lo sabía todo.
-       Se de quienes hablas, Marcus – comento algo dolido, Albert – ellos… son otro tipo diferente de Magic, aunque claro, te diste cuenta como manejan sus poderes ¿No es cierto?
-       Si, desprenden aura oscura pero… ¿Por qué? ¿Acaso los Magic pueden evolucionar? – dijo frustrado el muchacho.
-       No, nosotros no evolucionamos. Esos Magic son los que se desprenden de los elementos de la naturaleza, actúan de forma arbitraria, destruyendo todo a su paso sin importar lo que sean. – apretó los puño Albert – Escucha, Marcus siento mucho lo que le paso a tu familia con la perdida de tu hermano. Pero, nosotros los Magic convencionales no tenemos nada que ver con eso, no quiero que me trates como tu enemigo. Nunca lo seré, jamás sería capaz de hacerte algo.
-       Lo se… - susurro por lo bajo, conteniendo un nudo en su garganta – lo… lo lamento, lo que hice hace rato estuvo mal, muy mal.
-       No  te preocupes, se lo que se siente que te arrebaten un ser querido… - miro hacia el cielo oscurecido, como si recordase algo – perdí a mi hermana menor, los “Magics Darks” incitaron a mi hermana para que se les uniera. Ella… tiene una clase de magia especial, que todo el mundo en nuestro pueblo la deseaba tener de su lado; sin embargo, ella no tenía ningún interés en especial solo en acabar con humanos malvados.
-       Aguarda, ¿Estas queriéndome decir que tu hermana es uno de ellos? – freno el relato, Marcus alzando su mano.
-       Sí. – Marcus se alarmo con tal confección – No tengo idea de cómo se convierten, pero sé que juran lealtad a la oscuridad infinita escondida entre los humanos y la naturaleza.
En eso el chico no Magic recordó como la chica de ojos violeta se elevó al cielo haciendo un conjuro, el idioma que utilizo era diferente al usado por Albert a la hora de sanar sus heridas o cruzar el lago ¿Qué era exactamente? Quería conocer mucho más de esos seres, tal vez ahora podría ser el momento idóneo para un tratado de paz con los Magic convencional. El deseo de su hermano, el último deseo proferido por Marco, tal vez no estaba tan lejos como pensaba. Si era cierto todo lo que le contaba Albert, los “Magics Darks” querían acabar con todo a su paso incluyendo a los seres mágicos puros automáticamente se convertían en enemigos. ¿A dónde le llevaba esto? La humanidad debía de unirse con los Magic normales y luchar juntos para combatir a estos monstruos oscuros. De pronto una sonrisa se ilumino en sus labios, giro para mirar a Albert que no entendía lo que cruzaba por su cabeza por primera vez, Marcus sujeto las dos manos del Magic Puro con frenesí era como si le transmitiera algo con sus ojos marrones intenso.
-       Albert, creo que por fin vamos a poder a cavar con esta disputa absurda – comento, sonriendo con mucha felicidad.
-       ¿De qué me estás hablando? – pregunto, el confundido muchacho.
-       ¿Los Magics Darks no van en contra de ustedes? – dijo con un eje de ironía en su voz, a lo que Albert asintió solo con su cabeza – Bueno, es eso ¡Nos convertiría automáticamente en aliados!
-       Y… firmaríamos un acuerdo mutuo de paz, así, podríamos unir fuerza para acabar con aquella fuerza maligna. Yo… podría tratar de salvar a mi hermana. – sonrió con confianza, pero dando justamente todo en el blanco.
-       ¡Sí! Déjame todo a mi hablare con mi organización y… papá que es el jefe de los no Magic – Albert se alarmo ante eso, pero no por enterarse de aquel dato, sino, por como reaccionara Sebastián Zunnares ante tal acontecimiento - ¡Tranquilo! No pretendo dejarte en evidencia si es lo que piensas, solo le planteare la idea de unir fuerzas y firmar el tratado.
-       Confió en ti, Marcus – se levantó del suelo – sé que eres una buena persona, jamás me pondrías en evidencia. Aun así, te pido que tengas mucho cuidado con todo.
-       ¡Lo hare! – se levantó, haciendo la signa militar.
Después de aquel encuentro, Marcus y Albert estaban siempre en contacto mediante conjuros realizados por el ser mágico. Y tal como lo predijo Marcus, lo del tratado no era cosa fácil, primero que todo debían de dejar pasar el dolor de perder tantos soldados en combate entre ellos su hermano Marcos. La organización clandestina comandada por Marcus y Madge estuvieron de acuerdo en copear para firmar ese tratado, la rubia amiga del chico estaba más que fascinada con todo aquello ella más que nadie sabía cómo sufrió Marcus con la muerte de su hermano; dar un paso hacia sus sueños no era más que un alivio para ella. No paso mucho tiempo para que esta noticia se regara por toda la ciudad y las cercanas, Sebastián le parecía absurdo que hicieran algo como aquello, quien no le confirmara que fuese una trampa de los Magic para exterminar de una vez por todas con ellos. Sin embargo, fue el mismo German en compañía de Marcus que hablaron con su padre para que designara de aquello, es cierto que resultase completamente ridículo esperar eso de German pero la muerte de su hermano le había cambiado de una manera extraordinaria. Él mismo se encargó de explicarle a su padre el último deseo de Marcos, el cual correspondía de llevar la paz entre las dos especies y eso debía de lograrlo el pequeño Marcus, sin duda él era el mejor para aquella tarea. Selina quien se había retirado indefinidamente de la sección de ataque, estuvo de acuerdo de semejante estrategia, con tal, ¿no era mejor tener de lado a los Magic convencionales para derrotar a los oscuros?
Fue allí cuando Marcus les comenzó a relatar su amistad con Albert, un niño que había conocido en el bosque, él lo había ayudado a curar sus heridas de la batalla en la que murió su hermano y la primera vez cuando se conocieron. Albert le comento que aquellos seres no tenían nada que ver con ellos, los Magic Puros trabajaban con los elementos de la naturaleza, en cambio los otros “Magics Darks” sacaban la oscuridad en los humanos combinándola con auras oscuras de la tierra; ellos habían jurado lealtad a la oscuridad dejando de lado la pureza de la naturaleza. Eso los convertían en enemigos de los Magic porque no les importaban pasarle por encima a cualquier cosa que fuese en su contra, aunque aún desconocían sus orígenes, juntos podrían unir fuerza para acabar con esos monstruos. Sebastián no tuvo más remedio que ceder a esas confesiones de su hijo, pero había una condición, que si se firmaba un trato con los Magic Puros Marcus debía de acarrear con toda la responsabilidad posible si ocurriese una desgracia; obviamente el chico acepto a la primera porque estaba seguro que nada de eso iba a pasar. Días después se reunió con Albert en el mismo lugar de siempre, en esta ocasión acompañado de Madge y algunos de la asociación, la chica al conocer al muchacho mágico no pudo creer que fue un amigo de su mejor amigo pues era muy irreal. Por otro lado Albert encontró a Madge encantadora con razón Marcus la quería muchísimo, ella en verdad seria la mujer ideal para su amigo, más sin embargo, no pudo frenar escanearla a ella y todos los presentes con su mirada de flamas azules. Suspiro al notar ninguna maldad entre ellos, en verdad eran personas en las que podría confiar. Entonces, extendió sus brazos como aquella vez que curo a Marcus del odio pero en esta ocasión, pronuncio unas palabras haciendo que una luz saliera para invadirlos a todos haciéndolos brillar. Cuando termino les dijo que le siguieran, Madge presencio como el relato de Marcus de como Albert camino sobre el agua era completamente cierto, pues, es estos momentos lo hacía frente a sus ojos. Todos los presente parecían emocionados delante de este hecho, pero inmediatamente Albert, los invito para que lo hicieran también para eso les había hecho un conjuro. Los primeros en pasar fueron Marcus y Madge que parecían que estuviesen viviendo en un sueño hermoso, luego atrás le siguieron sus acompañantes pegaditos y mirando el rio que cruzaban bajo sus pies.
Nadie hubiese pensado que detrás de ese bosque existiese una ciudad completamente moderna, con niños jugando, señoras tejiendo o bueno, moviendo sus dedos para que las agujas hicieran su trabajo por ellas, jóvenes caminando en tanto sus libros flotaban en frente a sus caras; Madge pensó que le encantaría ese hechizo para cuando estuviese trabajando en un investigación. Notaron como algunas ancianas cargaban bolsas como si no pesaran nada, las pintorescas túnicas que vestían todos, el manejo de los elementos de la naturaleza como el agua o el viento. Albert sonrió al notar lo maravillado que estaba Marcus ante tanto descubrimiento, era maravilloso hacer amigos sin Magic que lo comprendiese como el, aún recuerda cuando salió de la ciudad con su clan para estas tierras; Albert sabía hacer magia clásica como: hacer aparecer objetos, moverlos, transportarse de un lugar a otro. Sin embargo posee un don que ningún otro Magic tiene. El fuego. Albert era un chico que puede manejar a su antojo el fuego, el elemento más mordaz de toda la naturaleza, puede ser una bendición en algunas ocasiones como también una perdición si exagera mucho en su uso. Los niños no Magic en aquella ocasión se metían mucho con él, en algunas ocasiones lo golpeaban o lo trataban de fenómeno. El rubio nunca creyó que podría hacer un amigo como Marcus.
El muchacho Magic los guio por una parte que parecía un jardín llenos de puras flores de todos los colores, era un camino para dirigirse a la casa principal del jefe de los Magic eso todo el mundo ya lo sabía. Al llegar se sorprendieron al encontrarse en la entrada con un hombre exactamente igual a Albert, pero en lugar de tener ojos azules eran grises y estaban opacos por alguna razón. Entonces al estar ya frente a frente el brillo normal de ellos volvieron, ese hombre era el padre de Albert, Walter jefe de todos los Magic puros libres de toda clase de magia maligna. Él al igual que su hijo estaba escaneando cualquier tipo de maldad esas personas, pero las encontró limpias tal y como le había dicho Albert. El saludo presentándose e invitándolos a pasar hacia la casa, Marcus no la encontró tan lejana a la suya salvo tal vez que esta era de madera pura; fueron encaminados hacia un despacho donde era utilizado por Walter para asuntos oficiales. Era un lugar amplio lleno de libros por todos lados, salvo un escritorio en el centro con dos sillas para sentarse al frente, los únicos en tomar asiento fueron Marcus y Madge sus otros dos a acompañantes se situaron atrás de ellos; Walter tomo asiento detrás del escritorio colocando las manos encima a su lado estaba Albert.
-       Mi hijo me ha contado mucho de ti, Marcus Zunnares de cómo quieres firmar un tratado de paz entre Magic y no Magic. – fue directamente al grano, aquel hombre de imponente porte – Por mi parte me parece perfecto, sin embargo, tu padre no está… muy recuerdo con ello.
-       Al comienzo, pero ya me he encargado personalmente de convencerlo y ha aceptado al final. – Marcus miro a Madge, que de su chaqueta saco una hojas extendiéndoselas al chico – Aquí está todo, puede ver por usted mismo que los del alto consejo de los no Magic lo han firmado aportando algunas ideas de cómo quiere que sea todo esto. Como ya sabe, el último acuerdo con nuestros antepasados no fue muy bien.
-       Claro eso todo el mundo lo sabe. – comento recibiendo los papeles de Marcus, en tanto chasqueo sus dedos apareciendo unos lentes sobre sus manos. Comenzó a pasar las hojas, encontrando todo en orden hasta que… - Aquí dice que debemos participar en conjunto con la sección de investigación, para la creación de nuevas armas ¿Qué significa?
-       No es más que una reunión de estrategia, señor – se aclaró la garganta, Marcus – de como planearemos nuestro ataque contra los Darks Magics.
-       Mmmm… con que reunión estratégica, me gustaría saber quién estaría a cargo de todo eso. – dijo él, colocando las hojas sobre el escritorio –Sobre todo, que me confirmes solemnemente con tu palabra que esto no es una trampa.
-       Papá…. – replico Albert.
-       No, Albert. Sé que me has contado maravillas de este muchacho, lo he leído pero… eso no me confirma que los suyos no sean malvados.
De pronto, aquel lugar inundo un completo silencio incómodo. Marcus se sentía un poco apenado por todo esto, bueno, era claro que él no tenía nada que ver con lo realizado con sus antepasados pero provenía de ellos. Debía de buscar una manera que confirmase todo lo escrito fuese cierto, pero el punto era ¿Cómo? ¿Cómo poder convencerlo? Entonces, la imagen de su hermano muriendo en sus brazos lo paralizo por completo, eso era, no haría que la muerte de su hermano fuese en vano él más que nadie quería que su sueño se hiciera realidad.
-       Yo… presencie la muerte de mi hermano, créame fue la cosa más dolorosa que me ha pasado en la vida. – agacho la cabeza, en tanto apretaba sus puños para no llorar -  Pude aprender que la vida sin saber se te escapa de las manos, y tú, no logras parar eso. Quizás los no Magic sean seres sin escrúpulos, envidiosos o egoístas. Pero de algo si puede estar completamente seguro, a la hora de presenciar la muerte de sus seres queridos, se vuelven vulnerables y no les importaría aliarse con quien sea para que la maldad de los Darks Magics se evaporice.
Walter se quitó sus anteojos colocándolos sobre la mesa, se pudo divisar la sonrisa de sus labios finos, lo comprendía perfectamente toda y cada una de las palabras de este muchacho. Era verdad que los no Magic son personas inescrupulosas que solo desean acabar con los seres mágicos, sin embargo, ahora les toco a ellos presenciar la muerte de sus seres queridos viviendo lo que por muchos años los Magic han tenido que pasar. Puede que los Darks Magics no sean tan lunáticos luego de todo, porque, él recuerda perfectamente el líder de ellos cuando planteaba la idea de hacerles pasar por el sufrimiento y el dolor para ser más consientes o humanos. Los apoyaba en ellos más no justificaba su sed de venganza contra ellos, es como dice el dicho: “El medio no justifica los hechos”. Ahora, tenía una idea más en mente donde intervenía su hijo y este muchacho curioso.
-       Entiendo, no tengo ningún problema. Pero… tengo una condición a cambio de este pacto – junto sus manos, posando su mente encima de ellas.
-       ¿Cuál es? – pregunto, algo temeroso Marcus.
-       Albert y tú, ambos deben de firmar esto como si fueras los jefes de sus razas. – ambos se asombraron de tal confesión, se miraron no entendiendo nada en lo absoluto - ¿A caso la idea no fue de los dos? Lo más justo sería que ustedes lo hagan. Estoy seguro que tu padre no tendrá ninguna objeción con ello.
Y no la tenía porque a la hora de ver las firmas de los jefes de los no Magic lo vio completamente en blanco, Madge le sonrió con cariño absoluto dándole a entender que su padre tenía confianza en ellos. Y así fue como los Magic y no Magic firmaron un tratado de convivencia, con esto, formaron alianzas para contra restar a las fuerzas oscuras de la Magia. Pero tardaron muchos años más para poder acabar con ellos, años que lo colocaron a producir en nuevas armas que en esta ocasión servían para aniquilarlos; por una extraña razón los Darks Magics le temían a las fuerzas puras de la naturaleza. Por lo tanto crearon la pistola con el mismo físico de que la “Gags – Gags” pero no disparaba balas sino fuego, esta fue una de las armas que trabajo conjuntamente Albert y Marcus; con ella y otras a base de hielo o trueno se hicieron poderosos. Pueden que los no Magic  no confiasen en los seres mágicos pero afianzaron lazos, como Sebastián y Walter que debes en cuando se reunían para compartir su estrategia. Marcus le pareció fantástico que sus padres se llevaran más o menos bien, pero aun persistían esas miradas en los ciudadanos cada vez que veían a los Magic pasearse con los soldados por los alrededores del pueblo, por mucho que firmase un tratado de tregua las cosas no cambiarían de la noche a la mañana y eso lo sabían.
A los veinte cuatro Marcus contrajo matrimonio con Madge siendo el padrino Albert, era ese tipo de momentos cortos donde podrían presenciar que el amor podría curarlo todo hasta en tiempos de guerra, el rubio se sentía tan feliz por la joven pareja, aunque él no tuviera una compañera de vida para compartir sus felicidades o tristezas sintió que siendo exitoso su mejor amigo en la vida él también lo seria. Su primer hijo nació al año de casados, era una combinación extraña de ambos, piel clara luna de la madre, con ojos marrones del padre, cabello ondulado negro azabache y tenía la belleza exquisita de Madge; decidieron llamarlo Marcos en honor a su tío fallecido en batalla, que sin duda alguna, le hubiese encantado cargarlo entre sus brazos. Teniendo los veinte seis años, Albert concibió su primera hija la que sería la primogénita Anastasia de una madre no Magic, al comienzo hubo un poco de revuelo por esa noticia ¿Un Magic aparentándose con un ser sin magia? Para los seres mágicos era inconcebible pero sin embargo, fue aceptado porque fue procreada por una de las mujeres más hermosas luego de Madge; no era para más porque aquella mujer era su prima. Anabet. Poco después fueron obligados a contraer matrimonio debido a la irrespetuosa manera de traer un hijo al mundo, para las leyes no Magic era inconcebible no estar casados y tener un hijo.
Pasando a otro punto, la última batalla de los no Magic, Magic contra los Darks Magics se efectuó en las fronteras de las tierras de estos seres; fue dura donde perdieron hombres de ambas partes. Gracias a las nuevas creaciones por los seres puros mágicos, los monstruos llenos de sed de sangre fueron cayendo uno a uno era de esperarse, la victoria siempre estaba de lado de las personas de bien. Sin embargo, algo ocurrió, fue ese mismo instante cuando uno de ellos dejo caer su capa mostrando su rostro translucido repulsivo. Marcus la reconoció, ¿Y cómo no hacerlo? Aquella sonrisa siniestra, labios carnosos, cabello amarrado con dos mechones hacia atrás color caoba, pero sobre todo, esos ojos. ¡Esos malditos ojos violeta! Aquella perra desgraciada era la que había asesinado a su hermano cruelmente frente a sus ojos. Sintió una corriente extraña invadirle todo el cuerpo, se sentía repotenciado una energía torrencial situada exactamente en sus manos; la espada del Fénix la diseño junto con Albert una tarde en el centro de investigaciones. Activo el fuego de la espada tal como le enseño su amigo, con tal sola blandirla se activaría su sistema mágico; camino despacio como si la gente a su alrededor se movieran en cámara lenta él solo tenía ojos para aquella criatura maldita que desdicho su vida en aquel entonces. En cuanto a Albert, tiraba al suelo sacando del pecho una espada realizada por el con un conjuro donde era de fuego, respiraba muy rápido noto como su traje blanco inmaculado estaba manchado de sangre por todas aquellas muertes que realizo. Con una sacudida en la mano desaparecieron las flamas, cerro un momento sus ojos para luego abrirlos con aquel color extraño en ellos donde trataba de escanear el lugar en busca de su amigo, le pareció un tanto extraño que después de tanto tiempo nunca haya llegado a ver a su hermana menor. Bueno, de seguro tendría una apariencia diferente de cuando se fue, aun recordaba su cabello dorado como el oro al corriente de las suaves hondas del viento. Morgana se especializo en controlar el elemento del aire, cuando eran pequeños le encantaba mostrar los conjuros que aprendía a medida de estudiarlos como una rata de laboratorio; por un el contrario de Albert ella tuvo que luchar mucho para ser una gran Magic. ¿Cómo fue que se unió a los Darks Magics? Fácil, ella estaba muy cansada de las matanzas en las guerras de los seres mágicos quería un cambio, uno que fue trascendental tanto que los no Magic temblaran de medio al verlos a ellos. De esa forma, fue manipulada por su tío Paul, hermano de sangre de su padre que dio a descubrir una magia nueva pero como toda magia, tendría un poco de consecuencias adquirirla. Una de ellas sería renunciar a los elementos puros de la naturaleza, Morgana sintiéndose atraída por aquellas palabras le importo poco las consecuencias uniéndose de por vida al tío Paul.
Un grito conocido por el rubio, voltio inmediatamente hacia la dirección dónde provenía. No, aquella cosa no podría ser… ¿Morgana? Pero si su hermana menor tenía los ojos grises, piel blanca como la de él, su cabello era oro puro ondulado no liso. Pero hubo algo en el rubio que se dio cuenta que era ella, porque aquel rosto delicado sin duda alguna era la de su hermana; noto como Marcus corría hacia ella con una aura oscura recorriéndole sus manos. Albert se asustó, era esa misma magia negra que encontré en él luego de la muerte de su hermano. Si su amigo estaba actuando de esa misma manera solamente podría significar una cosa, Morgana fue la que asesino a Marcos, su pequeña y adorable hermanita se manchó las manos de sangre matando al el hermano de su mejor amigo. Fue allí, sin importar las consecuencias que traería con ello tratar de salvarla de su destino final, salió corriendo a toda velocidad hacia la dirección de aquellas dos personas. Marcus sintió la sangre hervir cuando la tuvo relativamente cerca, levanto su espada mientras ella estaba de espalda matando a más de sus camaradas pensando que esta sería su oportunidad más idónea para acabar con ella de una vez por todas. Pero al voltear la chica de ojos violenta fue demasiado tarde, pero no para ella, la muy maldita tenía los ojos dilatados en tanto presenciaba una escena completamente salvaje. Era Albert. ¡Albert había recibido el impacto de la espada en toda su estómago! Ahora frente de Marcus tocio borbotones de sangre de su boca, cayendo sin cesar en el filo de la espada. El rubio coloco sus dos manos sobre la espada apretándola para poder sacarla fuera de él, Marcus se encontraba paralizado en shock total ¿Por qué? ¡¿Por qué Albert había interferido en aquel ataque?!
-       Marcus… no… no llores. – sonrió de medio lado, sacándose la espada de una vez. Cayendo al suelo de rodillas. – Estaré bien, solo necesito descansar y luego…curarme.
-       ¿Por qué? ¡¿Por qué te colocaste frente?! ¡Esta maldita mato a mi hermano! – grito, llorando y lanzando la espada al suelo.
-       Porque… ¡uhg! Ella es mi hermanita pequeña. – alzo la vista, mostrando su flamante mirada azul. Coloco su mano en la herida, de pronto comenzó a salir una luz tenue de ella.
-       ¿Qué? – fue lo único que logro decir.
-       Sí, es verdad, hace unos años fui considerada una de ellos. Posiblemente pienses que estas salvándola a ella, no a mí. Eres tan patético, Albert ¿Te has unido a nuestros peores enemigos? Debiste matarme cuando tuviste la oportunidad de hacerlo. – pronunciaba, con voz seseante aquella macabra mujer - ¿No dijiste que me cortarías las piernas de ser necesario? Pues al parecer, te han cortado a ti hasta el esófago solo por protegerme.
Marcus se agacho nuevamente recogiendo su arma, la sacudió volviendo a salir las flamas, si, ahora esto era personal tan personal como que le debía la muerte de su hermano. Pensó que su amigo era un completo ingenuo, aquella cosa no era su hermanita, desde su partida a los Magics Darks murió para resucitar en un parasito de persona. Ni si quiera podía considerarla una, porque claramente era un monstruo completamente repulsivo a los ojos de cualquiera. Levanto su espada captando la atención de la mujer, quien dejo de mirar a su hermano mayor para transportarse frente a Marcus y tomarlo del cuello desprevenidamente. Se le cortaba la respiración, podría ser pequeña con cuerpo diminuto pero tenía una fuerza sorprendente como para alzarlo ella sola y ¡A una sola mano! Marcus comenzó a patalear para poder zafarse de la Darks Magic, aunque poco a poco perdía el poco aire de sus pulmones no soltó por nada la espada de sus manos.
-       Pero que tenemos aquí… ¡Eres el muchacho de la otra vez! Veo que has crecido bastante. ¿Sabes? Yo nunca, nunca olvido las personas que asesino – dijo ella, apretando su agarre en Marcus en tanto fruncía el ceño. – Tu eres más patético que Albert, vente que ser salvado por tu hermanito mayor ¡Huy que dolor! Dime renacuajo ¿Pensaste que te vengarías de su muerte? – soltó una risotada histérica - ¡Pero que ingenuo que eres! Al parecer el morirá en vano porque acabare contigo.
Entonces, con las pocas fuerzas que le quedaba alzo la espada clavándosela en un brazo donde inmediatamente grito como una bestia herida, alejándose de él para tratar parar la sangre espesa que emanaba del brazo. Marcus viéndose libre corrió hacia donde estaba Albert agachándose, el rubio permanecía con los ojos cerrados respirando entre cortadamente en tanto se sanaba; su amigo pensaba en como aquella mujer pagaría con intereses todo el daño causado. Coloco una rodilla en el suelo apoyándose en la espada clavada en el suelo, pensó en una estrategia de como vencerla, esa mujer podría tele transportarse a la velocidad que el ojo humano no podía captar, además de ser fuerte y totalmente mortífera. ¿Cómo? ¿Cómo hacerla caer antes de su recuperación? Colocándose de pie se colocó en posición de combate, no sabía cómo vencerla ni esquivarla por si se tele transportara pero tenía algo que ellas jamás tendría. Era las agallas. De pronto aquella mujer, lo miro soltando un gruñido ronco mostrando sus dientes como si fuese un perro salvaje dejando a la vista la herida profunda de su brazo, no podía sanarla como lo hacía en estos momentos su hermano. Escucho a un costado suyo a Albert comentándole que al transformarse en un Magics Darks, perdía total sintonía con el lado puro de la naturaleza dejando a un lado sus dotes de sanación como todos los de su familia. Rápidamente escucho como se tele trasportaba hacia ellos lanzando un conjuro oscuro de viento espeso, no sabiendo cómo reaccionar a aquello, Marcus se quedó paralizado pero no observo cuando Albert se levantó del suelo, arrodillándose frente de él alzando sus dos brazos estirados saliendo una luz tenue característico de él formando un escudo protector sobre ellos. El hombre sin magia se quedó impresionado de la fortaleza de tal escudo pues aquel viento parecido al polvo de carbón, no podía traspasar por más que lo intentase, luego de eso Albert se apoyó en una sola pierna estirando su poder hacia Morgana que lo recibió en todo el rostro haciéndola retroceder cayendo en el suelo finalmente.  Fue en ese momento que Marcus aprovecho para correr hacia ella, pero, Albert intuyo que no llegaría hasta ella porque estaría pronto de pie y atacando; rápidamente se trasladó hacia él tomándolo de sus hombros y transportándose hacia una Morgana prácticamente tambaleante. Marcus le clavo la espalda en todo el pecho, cayendo finalmente al suelo convulsionando arrojando borbotones de sangre espesa negra. Albert cayo de rodillas apretando los ojos con mucho dolor, no, él no quería llegar a este final trágico donde su hermana pequeña tuviese que morir. El rubio siempre pensó que podría salvarla, alejarla de toda esa magia negra maligna la cual le hacía tanto daño a la humanidad. Marcus no podía creer lo que veía, delante de él Morgana cambio de apariencia pero, aun conservando aquella piel translucida, tenía el cabello color oro ondulado y sus ojos eran grises como los de su padre Walter. El hombre le dio un codazo a su amigo para que reaccionara, Albert abrió sus orbes azules observando como delante de él estaba su hermanita la pequeña que vio crecer el resto de su vida. Corrió hacia ella tomándole la mano para darle fuerza, por mucho que deseara curarla era inútil con aquella espada creada por el mismo era estupido utilizar conjuros de sanación.
-       Morgana… lo siento, en verdad lo siento. – comenzó a sollozar, en tanto las lágrimas bajaban por su rostro.
-       No, no… me vengas con esto Albert. – tocio fuertemente, quedando casi sin aire – yo… no me arrepiento de nada de lo que hice, por lo tanto, no esperes a que me disculpe o algo. ¡Uhg! Pero… tal vez mi único e… error fue mi avaricia por el poder, eso fue lo que me mato.
-       No tu error fue unirte a los Darks Magics – dijo, en tanto se le quebraba la voz – Si yo… si yo te hubiese cuidado…
-       D.. Déjate de idioteces. – cerro los ojos poco a poco – igualmente, me hubiese unido.
Ese mismo día Morgana dejo de respirar, los Darks Magics fueron derrotados con ellos la cabeza de ellos Paul. Los días de paz llegaron como una tarde fresca de junio, tanto Albert como Marcus se convirtieron en la cabeza de sus especies. Todo reinaba como debía de ser, más sin embargo, algo dentro del rubio le decía que esto no era más que un señuelo. Los días oscuros estarían de nuevo en el mundo, por eso, conjuntamente con su amigo de toda la vida planearon crear un libro pero no era un simple libro. Albert comprendió que debía de plasmar en él todas y cada una de sus experiencias vividas, donde estarían sus máximos conjuros, las alianzas que formaron pero sobre todo los Darks Magics que jamás serian derrotados de manera definida. Él sabía que se hallaban escondidos en alguna parte, recargando sus auras oscuras para vengarse de los Magic Puros y no Magic; Albert temía de ello porque de volver a sus acciones oscuras los Darks Magics probablemente él no estaría ni mucho menos Marcus. Pero por eso no se rindió, con las pocas investigaciones a cuerpos de los seres oscuros capitulo en su libro toda esa información. Entonces para cuando llegase ese momento, la siguiente generación sabría qué hacer con aquellos datos. Convenció a Marcus para que ambos practicasen un conjuro que los hiciera volver de nuevo luego de su muerte, pero no de la misma forma, ni siquiera como Magic o no Magic, eso dependerían de la época o como estuviese el mundo. Tal vez coincidirían en algo, que los dos estuviesen cerca para volver a conocerse y ser amigos, no tendrían memorias de su vida pasada, su género sería diferente, quizás Albert chica y Marcus chico o Marcus chica y Albert chico, no lo sabrían pero la magia pura de la naturaleza se haría cargo de aquella decisión.
Al comienzo Marcus no estuvo muy de acuerdo del asunto de reencarnar, le asustaba sobre manera que saliera mal, ser separados en lugares diferentes o no encontrarse como le mencionaba el rubio. Pero Albert se encargó de calmarlo, todas esas ideas ridículas de su mente no sucederían, la naturaleza era exacta jamás se equivoca en sus decisiones ella siempre era exacta. Fue ahí cuando en el mismo lugar donde se conocieron, arrodillados sobre las piedras ambos permanecían con las manos unidas una encima de la otra, como si fuesen a hacer porras o algo parecido. El rubio había envejecido notoriamente, ya poco se notaba las sombras de su juventud tenia barba larga rubia como su cabellera, los surcos de arrugas lo adornaban debajo de sus pómulos y ojos azules. Marcus estaba igual, pero su porte de militar imponente no le permitía hacerlo pasar por un viejuco cualquiera, pero las arrugas no mentían ni mucho menos su bigote con canas plateadas. Una luz tenue los envolvió a ambos en tanto que Albert pronunciaba palabras en otro idioma, algo dentro de ellos salió disparado hacia la estratosfera como un cohete de luz multicolor, explotando en miles de lucernas en el cielo azul. Luego de esto, ambos hombres separaron sus manos abriendo los ojos mirando hacia donde salió aquella luz, el primero en colocarse de pie fue Albert tratando de no pisar su túnica verde turquesa que le regalos su única hija.
-       Ya está. – pronuncio, en tanto sacudía sus ropas. – Dejémosle por ahora a manos de la naturaleza.
-       Estás loco, venga que ya estamos viejos para la gracia Albert. – rio con gracia, Marcus.
-       Estas en lo cierto. – lo apoyo – pero te apuesto a que también querías que reencarnase a Madge ¿eh? Piensas que soy tonto.
-       ¿Y por qué no lo haces? – seguía insistiendo.
-       Porque no te aseguraría de que estuviese en nuestro entorno, fíjate que si ambos son hombres o mujeres – Marcus arrugo la frente, de solo planteárselo - ¿Te gustaría estar con ella de la misma forma?
-       Eres un viejo cerdo – comenzó a caminar fuera de su alcance, en tanto escuchaba las risas de Albert. – Pero de algo estoy seguro, quiero volver a hacer hombre.
-       Yo estaré feliz con lo que sea, mientras no haya peligros en la tierra. – sonrió de medio lado – La madre naturaleza sabrá la sabia decisión.
-       Si, tienes razón.

-
El sonido de una campana hace que despierten todos mis sentidos, mis compañeros comienzan a guardar sus materiales en su bolso preparados para salir a almorzar. Me levanto con pereza absoluta de la mesa de mi escritorio, noto como la profesora está arreglando unos papeles en su mesa despidiéndose de sus alumnos con una sonrisa; al menos su cabello de piña anaranjado no esta tan de muerte como todo los días. Me he vuelto a dormir, he vuelto a dormirme en clase de historia de los Magics, siento un alivio de repente porque no ha notado nadie mi clandestina siesta educativa, aunque no entiendo porque he soñado con todas esas cosas. La clase de hoy se trató de los próceres Magic y no Magic que lograron firmar en tan ansiado pacto de paz, bueno, eso todo el mundo lo sabe hasta los seres no mágicos que nos odian tanto. Recojo mi libreta junto con mi cartuchera de lápices arrojándola todos al bolso, solo dejo para cagar a la mano aquel libro exageradamente grande de historia porque no me cabria en mi bolsa ni haciendo magia. Salgo caminando en silencio sin mirar para los lados o siquiera despedirme de la docente, soy el tipo de chica que camina en callada  y no habla con nadie más.
Al salir al pasillo noto como los seres sin magia van correteando sonriendo, gritando cosas sin sentido y… ¡Oh! Uno de ellos comienzan a lanzarle papeles a un estudiante más bajito que ellos, por como lo tratan sé que es un Magic. Me quedo quieta observando como aquellas personas maltratan aquel muchacho, no quiero inmiscuirme en asuntos que no me conciernen, ni mucho menos hacer acto de presencia frente a los no Magic. Cuando veo que casi nadie va cruzando el pasillo, camino tranquilamente sin notar como alguien va a mi lado, volteo con un rostro completamente inexpresivo preparada para cualquier cosa. Es él. Desde que tengo memoria este chico ha pasado mucho más desapercibido que yo, aunque claro, eso no quiere decir que escapemos de los abusivos de los no Magic. Él, como suelo decirle, no es más que un muchacho bajo de anteojos grandes con montura negra, su cabello azabache le tapa un poco los ojos por lo que no se sobre su color, piel aceitunada, rostro ovalado con mejillas rellenas. Su expresión es igual a la mía, por lo tanto, inclinamos nuestras cabezas en señal de saludo debido a todos nuestros encuentros. No me desagrada, de hecho, me parece agradable su compañía silenciosa somos muy parecidos en ciertos puntos; suele sentarse al lado más apartado de toda la clase en la primera fila cerca de la puerta al final. Por mi parte, hago lo mismo pero hacia la derecha topándome con la ventana hacia los árboles frondosos y grandes. Cuando se trata de trabajos en equipo somos los únicos en estar fuera, terminándolo haciendo juntos los dos, eso es más que todo en clase de conjuros naturales donde debemos hacer equipos.
En tanto caminamos en pasillo en silencio no puedo viajar nuevamente a aquel sueño extraño, no es la primera vez que tengo uno parecido, siempre acabo soñando con los próceres de la época tratando de salvar su pueblo. La última vez  soñé que me encontraba en un bosque, cerca de un rio poco caudaloso alguien lloraba a gritos llamando desconsoladamente a Albert, el ser Magic más poderoso de todos; pero en tanto transcurría el sueño ese mago nunca aprecio por ningún lado. En otras ocasiones veía a la no Magic más famosa de todas, Madge, quien sujetaba mis manos apoyándome incondicionalmente en alguna clase de estudio sobre los seres oscuros. No era raro, me dije, es completamente irracional. El de hace unos momentos fue tan vivido como si en verdad me estuviesen ahorcando esa mujer oscura, sintiendo hasta su aura oscura por todo mi ser; en clase en naturaleza mágica se prohibía hablar sobre aquellas criaturas pero yo no tenía miedo de decir lo que era: “Darks Magics”. Muchas personas cuenta que fueron los peores enemigos de los seres de la tierra, eso incluían a los Magic y no Magic, no se sabía exactamente como se convertían o hacían simplemente cuando aparecían se sabía que se avecinaba desgracias para todos. En la última batalla, la que ha aparecido mi sueño, los libros cuentan que fue una de las arduras en ganar, no solo porque estuvieron a punto de perder al grande Albert Martin, sino, que dentro de las líneas siniestras se hallaba  la hermana pequeña del prócer. Morgana Martin. Muchos autores comentan que hizo un pacto con el mismísimo demonio, entregándole su alma pura con tal de recibir poder a cambio, otros simplemente dan detalles de una chica que desde siempre deseo poderes malignos para deshacerse de las personas de mala fe. Mas sin embargo, su sed de venganza por hacerle pagar a los no mágicos todas y cada una de sus fechorías la llevo a la locura. Nadie sabe de cómo murieron los Darks Magics, nuestros ancestros dejaron claro que nunca murieron, solamente recargan fuerzas para volver a retomar el temor entre los seres humanos. ¿Quién sabe? Hasta estén caminando en nuestro lado, conviviendo como seres mágicos o no mágicos haciéndose pasar como seres pacíficos para luego atacar. Inmediatamente cruza por mi mente los últimos fragmentos del sueño que tuve, si es cierto aquello, los próceres en verdad pudieron haber reencarnado como personas distintas; porque por muchos años se ha dicho que cada millones de años Albert Martin y Marcus Zunnares volverían a la tierra para realizar aquella tarea que dejaron atrás, así  acabando por fin con toda la maldad del mundo. Pero esto, no es más que un mito que no ha sido confirmado.

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