Angelina y el libro de Magia Pura
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Hace muchos años atrás la
humanidad estaba dividida por dos razas, los “Magic Pure” y “Sin Magic”; estas
se las ingeniaron para poder convivir en entera paz. Sin embargo, los Magic,
seres puros cuyos se caracterizan por tener magia dentro de ellos y manipular a
su antojo los mecanismos brindado por la naturaleza; siendo como un ejemplo los
elementos. Entraron en conflictos con los no Magic, que no poseen ningún tipo
de magia, pero tenían otro tipo de instrumentos para poder luchar contra ellos,
Grimichs artefactos con algo de magia para poder acabar con un Magic si
quisiesen. Son armas tan poderosas como una bomba nuclear, pero con formas de
revólveres; en su recamara se coloca ocho balas especiales de plata combinado
con cobre. Su funcionamiento viene siendo como un arma común y corriente. Los
no Magic, nunca creyeron a los Magic personas, es decir, seres comunes como
ellos. No. Obviamente que no lo eran, tan solo verlos les daban tantas nauseas
como pretendían ser animados o llenos de mucha energía. Debido a ello, no se
dieron cuenta que dentro de sus corazones existía una magia mucho más oscura o
dañina, la envidia.
Sus antepasados habían
firmado un acuerdo de paz, donde ambas partes se comprometían a vivir en paz,
sin ninguna clase de lucha o guerra entre los dos. A es tratado lo llamaron:”
Agreement Peaceful”. Por
mucho que hayan vivido años en paz, los no Magic se comprometieron a romper con
aquel tratado al frente del jefe de los Magic: Nicholas Temys. Dándoles a entender
que nunca serían capaces de vivir con monstros vestidos de personas, ellos no
serían humanos nunca y menos
reconocidos. Fue así como se declaró la guerra entre ambas especies, guerra,
que sin duda desencadeno muchos muertos y heridos. La población de los Magic
casi llego a su extinción, por lo tanto, se debieron a la penosa tarea de emigrar a tierras desconocidas donde
no estuvieran pobladas por nadie. Allí pudieron encontrar la paz que tanto
anhelaron, pero por otro lado, para aquellos que quedaron en tierras habitadas
por ambas especies trataron de seguir luchando por sus vidas y la de los demás.
Mas sin embargo, fue completamente inútil los no Magic se las ingeniaron para
crear muchas más armas iguales a las Grimichs; con Magic puestos en custodia y
encarcelados fueron explotados para poder tenerlas. Dando con ello, la súper
arma máxima de alto calibre “Gags-Gags”. Con apariencia de un mágnum, larga,
plateada y pesada, en su recamara tiene espacio para seis balas de oro puro
fundido. Muchos dicen que con estas balas y un poco de magia proveniente de
Magic, exterminaron a muchos seres mágicos, otros aprueban que fue un golpe a
suerte. Pero en conclusión, “Gags-Gags” ha sido una de las armas más venenosas
y mortales para los Magic.
Por otro lado, esta guerra
duro por miles de años donde cada generación de Magic y no Magic, traían
consigo la venganza de la muerte de sus antepasados y querían hacerles pagar
por cada una de ellas. No obstante, de esta nueva generación nacieron personas
que ya querían acabar de una vez por todas con esto; tal vez haya sido el caso
de dos jóvenes: Albert Martin (Magic) y Marcus Zunnares (Sin Magic). El día que
se conocieron estos dos chicos, fue una cálida mañana de Febrero, donde las
flores del Mezereo y Madroño abrían sus hojas por primera vez. Fue cerca de lo
que sería la frontera entre la tierra de bien de los Magic y la de miseria de
las dos especies, entre ellas, se encontraba un rio poco cauteloso y profundo.
Albert recolectaba arbusto con fines medicinales para los de su especie, en
cuanto a Marcus, simplemente se hallaba merodeando por allí en busca de un
amigo quien lo comprendiese. El no Magic, no tenía a nadie quien lo
comprendiese de una manera profunda pues tendió a ser completamente especial.
Marcus era de ese tipo de niño que se mantenía al margen de cualquier pelea,
conflicto o lucha referente a la existencia de los Magic en la tierra. De
hecho, para él, la guerra no era más que un sinónimo de querer poseer lo que
serían lo seres mágicos. Por ese pensamiento, se gana una tunda de su padre y
hermanos mayores, él era un ser humano y como SER HUMANO debía comportarse como
tal. Tenía que dejar de ser tan considerado con aquellos monstruos, verlos como
enemigos mortales de los humanos y no como amigos. Las cosas eran como eran.
No obstante, en un día de
esos donde ya no soportaba más de ser “la oveja mansa” de la familia, salió
corriendo hacia donde pudiera sentirse completo y en tranquilidad. No le
importo ser gritado por su autoritario padre,
no le importo ser gritado por sus hermanos monopolizados, pero sobre
todo, no le importo escuchar los gritos al borde del llanto de su madre quien
aparentemente era la única quien lo comprendía. “¿Qué más daba?” le repetía una
vocecilla en su cabeza “¿Qué más daba que su familia no le comprendiese?” con
aquellos pensamientos llego a aquellas aguas poco caudalosas que nunca fue
capaz de encontrar solo. Sus pequeñas piernas pedían descanso, además su
garganta la sentía seca y sin una gota de humedad; decidió aguardar solo unos segundos
tomar agua y descansar sus piernas. Esta vez no regresaría a casa, ya estaba
sumamente cansado de toda esa violencia junta, con tal, nadie de su familia lo
extrañaría. Tomo asiento encima de una roca grande y de forma de hamburguesa,
se desato sus sandalias de cuero estirando sus pequeñas piernas; ¿Por qué no
camino cuando estuvo lejos de casa? Así no le dolería tanto sus pies. Sin saber
se comenzó a cuestionar sus facultades para pensar, si, quizás sería un gran
idiota como decía Selina su hermana mayor, ella se había a listado a la guardia
“Anti-Magic”; ambos eran tan diferentes el uno del otro no solo su personalidad
sino su físico. Selina tenía el cabello rubio ceniza ondulado en las puntas y
liso en la raíz, era alta y tan delgada como un fideo, ojos verde bosque con un
brillo maligno, su rostro alargado le daba un toco de cotorra, piel blanca casi
translucida; por otro lado Marcus, era de piel canela y tersa, cabello negro
brillante alborotado, ojos marrón intenso, su rostro era redondo con mejillas
llenas, para sus diez años era más pequeño de lo esperado. De hecho, sus otros
hermanos tenían las mismas características física de Selina, eran como si los
hubieran introducido en una máquina para multiplicarse en tres; su madre era la
versión de Marcus hecha mujer, es decir, que su padre era el rubio intenso.
Bueno, de todas maneras Marcus no podría dejar de sentir que era la oveja negra
de la familia en todos los sentidos.
Soltó un suspiro ahogado que
casi prácticamente parecía un ruidito casi al llanto, ¿Qué haría a partir de
ahora? No tenía un hogar a donde regresar, sin darse cuenta lágrimas se
deslizaban por sus mejillas trato de reprimirlas pero no pudo, de hecho, su
deseo de llorar se hizo mucho más fuerte. Por mucho que las secara con su brazo
no paraban de salir, no sabía que mordía con intensidad sus labios para no
dejar salir sus gritos desesperados. ¿Por qué? ¿Por qué no podrían simplemente
aceptarlo tal y como eran? ¡¿Por qué no se dejaban de estupideces y acaban de
una vez con esta ridícula disputa?! Tal vez ahora no se daban de cuenta, pero,
de seguir así sería el final para ambas especies. No entendía porque no miraban
a los Magic como personas, es absurdo, vieran por donde lo vieran ellos eran
seres humanos extraordinarios con poderes increíbles y capaces de ayudar a la
humanidad en lo que fuese. No mentiría, Marcus nunca en su corta vida había
visto un Magic de cerca solo se los imaginaba por los relatos de sus tontos
hermanos y algunas cosas que le decían su madre, esa mujer era callada y
amable, nunca pensó que en silencio apoyara que acabase la guerra de una vez.
El pequeño corazón de Marcus sintió algo, era una extraña sensación, no sabía
si era a causa del llanto o la desesperación pero por primera vez tenía un
objetivo que realizar. Sí. Cuando fuese lo suficientemente grande, estaría
dispuesto a tomar la batuta de los no Magic como lo hacía su padre, haría lo
que fuese para que Selina no la tuviese por ser la mayor, una persona tan
retorcida como ella no haría más que desear correr más sangre de los seres
mágicos. Por su lado, buscaría la forma de hacer entrar en razón a todas los
humanos, no cabría en su vida la palabra “rendirse”. Entonces de repente, se
sintió observado por una presencia extraña atrás de su espalda, sintió un escalofríos
recorrerle todo su piel por eso voltio con cuidado; fue toda una sorpresa lo
que se llevó Marcus en ese momento. Era un muchacho, no mucho más viejo que él
pero si más alto, tenía unos ojos azul intenso era como si mirarlos estuvieses
viendo directamente el océano, su rostro era triangular con mejillas marcadas,
cabello lacio avellana hasta las orejas, su piel era tan blanca como la misma
luna pero todo esto no era lo sorprendente; vestía con túnicas tan diferente a
como se vestía él, aquel muchacho llevaba zapatos con forma puntiaguda al final
Marcus los comparo a los de los cuentos de hadas que le leía su mamá cuando era
un bebe. En sus manos tenía un canasta llena de hiervas conocidas por el debido
a su madre, una de ellas la lavanda, según su mamá era buena para hacer calmar
al gente cuando se encontraba nerviosa; el niño desconocido permanecía inmóvil
solo mirándolo intensamente. En eso, los ojos de él brillaron de una manera
extraña como si fueran flamas azules pero en esta ocasión lo escaneaban de
arriba abajo, Marcus se corrió hacia delante asustado cayendo al suelo y
pegándose directamente en el rostro. El muchacho asustado de que se haya hecho
daño, soltó la cesta al suelo y corrió hacia él socorriéndolo.
Marcus se quejaba por lo
bajo del dolor y lo torpe que era, sintió unas manos suaves sobre sus dos
brazos que lo ayudaban a levantar, al comienzo temió que el muchacho extraño le
hiciera algo pero al ver su rostro lleno de bondad iluminado con una sonrisa lo
calmo de inmediato. El niño tenía una voz aterciopelada y calmada tan diferente
a la suya que era chillona, completamente ronca y de niño asustadizo; le
pregunto si no se había hecho algún daño. Aunque bueno, noto como tenía un
raspón en su mejilla derecha y comenzaba a sangrarle. Las mejillas de Marcus
comenzaron a llenárseles de lágrimas sin saber porque, pero lo supo, era la
primera vez que una persona se preocupaba por él a apartando su madre. El
muchacho se vio conmocionado por la reacción del chico herido que, ahora
lloraba y trataba de frenar sus lágrimas con su pequeño puño. En eso, tomo la
mejilla de Marcus cerrando los ojos y pronunciando unas palabras en un idioma
desconocido para él, Marcus paro de llorar de sopetón dándose de cuenta que de
la mano del chico salió un pequeño resplandor amarillo. ¿Qué era esto? ¿Cómo
era que lo hacía? Y sobre todo… ¿Qué era exactamente este muchacho?
El chico se alejó de él
abriendo los ojos desvaneciendo la flama azul de sus ojos, soltó un suspiro y
sonrió con aquella ingenuidad de la primera vez; Marcus que aún se encontraba
en Shock, llevo su mano hacia la mejilla que tenía lastimada encontrándola
completamente sana y en buenas condiciones. Inmediatamente lo supo, este chico
no era un ser humano común y corriente con los que solía tratar. Era un Magic.
No sabía que decir o hacer, estaba muy confundido se suponía que los seres
mágicos eran los enemigos naturales de lo no Magic, además, este muchacho
seguía teniendo aquella sonrisa bondadosa en sus labios. Marcus no tenía miedo,
pero lo envergaba un sentimiento que nunca antes había sentido y no podía
compararlo con otro. Seguido aquel niño dejo de sonreír colocando un semblante
serio, no era de esperar, Marcus mantenía aquel rostro confundido y lleno de
susto. Por eso, la voz de él volvió a retumbar por todo el lugar, tan pausada y
tranquila; Marcus se tranquilizó un poco al escuchar como daba en el blanco con
todo lo que pensaba. El muchacho decía que él no era un monstruo o algo
parecido, el un Magic no tenía por qué sentir sentimientos contradictorios en
su interior era normal sentirse así al estar al frente de algo completamente
nuevo.
-
¿Por… que me curaste? – pregunto Marcus, con
dos octavas menos de lo que era su voz normal.
-
Vi dentro de ti, no eres un no Magic con
intenciones sucias como los demás. – soltó un suspiro – En algunas ocasiones,
mucho de los suyos desde pequeños vienen con ese oscuro ideal.
Por un momento, Marcus
recordó a sus hermanos mayores pero sobre todo a Selina, ella desde siempre ha
tenido ideas retorcidas y fuera de lo normal en contra de los Magic. Se
preguntaba si era porque su padre se las inculco desde niña, pero no, aquella
chica se volvió peor de lo que era su papá. Era demás comentar que ella era la
adoración de aquel hombre, el cual, se consideraba su progenitor. Volvió a
sostener la mirada del muchacho, ahora que lo pensaba mejor, no le había
agradecido ni siquiera le había dicho su nombre. Se llevó sus manos a la cara
haciendo exaltar al chico Magic, quien lo comenzó a preguntar lo que le
sucedía.
-
Lo… lamento, es que, soy… ¡Soy tan descortés!
– soltó todo de repente, como si estuviera loco.
El muchacho quedo mudo por
unos segundos, luego, comenzó a reírse por las ocurrencias del niño que acababa
de ayudar; Marcus pensó que el muchacho era muy sofisticado y tranquilo hasta
riéndose lo era. Sin pensarlo se le quedo mirando por un rato, para luego
unírsele riendo par a par con él. Ahora lo embargaba otro sentimiento
diferente, venia subiendo desde su estómago hasta llegar a su corazón. ¿Qué era? Se preguntaba ¿Qué era aquello? Oh,
se suponía que esto significaba sentirse aceptado por alguien. Porque de ser
así, le encantaría que este muchacho se convirtiese en su amigo, así, nunca
jamás se sentiría excluido o solo. De repente, el chico dejo de reírse mirando
hacia el cielo dejando solo riéndose a Marcus, el cielo estaba convirtiéndose
en un naranja apagado extendiéndose en el horizonte dando a entender que muy
pronto se haría de noche. Marcus se dio cuenta que el muchacho miraba con
intensidad el cielo como si con verlo descubriese algo muy importante.
-
Tengo que irme, pronto será de noche y debo
llevarle las hierbas medicinales a los míos. – se levantó del suelo, caminando
hacia donde había dejado su cesta. Luego, desvió la mirada hacia el niño que
apago su mirada llevándola al suelo – Tu también deberías volver a casa.
-
No, no quiero regresar… aunque me haya
propuesto algo. – contesto, Marcus volviendo a bajar el tono de su voz – Allí
nadie me comprende, Selina mi hermana mayor me trata de idiota junto con mis
otros hermanos, mi padre no hace más que pegarme y mi mamá… ella… no hace nada.
Solo sufre en silencio.
El chico Magic soltó un
suspiro y sonrió caminando hacia el niño nuevamente, no sabía que era que los
suyos lo maltratasen, sin embargo, entendía a la perfección ser rechazado por
lo no Magic de bicho raro o monstruo. Tal vez, su vida era mucho más sencilla
que la de este niño, pero no podía permitir de ninguna forma que dejara de
luchar de ser aceptado tal y como era. Se arrodillo ante él colocándole una
mano en su hombro, Marcus noto como de nuevo las lágrimas se les acumulaban en
los surcos de sus ojos solo esperaba que no lo tratasen de llorón, aunque
probablemente lo era. El muchacho le sonrió de una nueva forma, era como si le
transmitiese una clase de energía extraña.
-
Ve a casa, no tienes por qué dejar de luchar
por lo que quieres o eres. Además, si te rindes no sabrás que es saborear una
victoria. – le dijo él, hablando pausadamente.
-
¿Saborear la victoria? – pregunto, Marcus con
eje de curiosidad.
-
Si, sentir que has logrado lo que querías.
Marcus sabía lo que deseaba,
terminar con esta guerra absurda y estúpida que había entre estos dos seres que
poblaban la tierra. Volver a firmar un acuerdo como el de sus antepasados, si
luchaba como le decía este muchacho lograría su cometido, pero primero tendría
que llegar a ser tan grande como lo era su padre sin llegar a asesinar o
secuestrar Magic. El muchacho se sorprendió al ver al niño alzar su cabeza con
una sonrisa enérgica en sus labios, si, de eso se trataba de motivar a las
personas que valían la pena. El ser mágico sabía más o menos porque este chico
sufría, al no encontrar algún indicio de maldad en su alma, de seguro los suyos
lo maltrataban con ello. Se imaginaba para un no Magic no querer meterse con un
ser mágico, sería la deshonra más grande que no poder manipular un elemento de
la naturaleza. En fin, debía de irse a casa antes que notaran su ausencia fuera
de las tierras Magic. Se levantó del suelo sacudiendo sus túnicas del polvo del
suelo, dando la vuelta sonriendo y levanto la mano con signo de despido al
chico ingenuo llorón.
-
¡Espera! – grito el niño – Aun no me has
dicho cómo te llamas, ni si quiera te he dado las gracias por haberme ayudado.
El muchacho Magic se volvió
antes hacer un conjuro para cruzar el rio, se quedó mirando al niño que
transmitía una mirada llena de curiosidad.
-
Albert, me llamo Albert. – le contesto,
sonriendo con bondad.
-
Yo Marcus, Marcus Zunnares – se presentó,
alzando un poco su voz.
-
Bueno, mucho gusto Marcus espero que nos
encontremos de nuevo.
Dicho esto dirigió su
atención al rio poco caudaloso, bajo nuevamente su mirada pronunciando
nuevamente unas palabras en otro idioma que no conocía; Marcus quedo mudo al
ver como Albert caminaba por el agua. Sí. ¡Albert caminaba por el agua! De
seguro se sabía un conjuro que hacia poder hacerlo, porque de lo contrario se
tacharía de loco a sí mismo. Luego de cruzar el lago con suma tranquilada,
parecido a hacerlo normalmente sobre piso firme se voltio nuevamente hacia
Marcus alzando su brazo y moviéndolo en señal de despedida. Después de eso
corrió hacia la maleza perdiéndose entre ella desapareciendo. Marcus tardo unos
minutos en volver a reaccionar, bien, había conocido a un muchacho que era un
Magic, tenía poderes para curar y caminar por encima del agua ¿Podrían hacer
eso todo los Magic o solo Albert? En fin, eso era lo de menos esperaba que esa
no fue la única vez que lo viera. En definitiva no lo seria, pero en tanto,
Marcus se colocó sus sandalias nuevamente de cuero y salió rumbo a casa. Ya era
tarde cuando entro a la ciudad, la oscuridad se volcó en todo el cielo como si
fuera una manta negra ni si quiera había estrellas. Las farolas poco a poco se
encendía a medida que caminaba por las calles poco transitadas del aquella
ciudad, solo se veían soldados riéndose estrepitosamente con aquellos uniformes
verde olivo ridículos sobreros con alitas; cerro los ojos apretando los puños
al cruzar al lado de ellos.
Ya sabía que se encontraba
cerca de casa cuando cruzo cerca de la plaza “Anti-Magic” del pueblo, cruzando
haciendo caso de omisión a aquella ridícula estatua del rompimiento del
tratado. Marcus pensó que firmaría un tratado aún más eficiente que aquel y
haría que nuevamente los Magic y los que no lo eran llevarse bien, de lo
contrario, fallaría su propósito en la vida. Entro en la vereda donde estaba su
casa, imponente y tan grande como siempre; abrió la reja de la entrada
cerrándola a sus espaldas metió sus manos en sus bolsillos y camino hacia la
puerta con pasos pausados. No se dio cuenta que alguien abría de sopetón
saliendo corriendo y tomándolo por los hombros abrazándolo, intento decir algo
pero no pudo, era su mamá que lo apretaba casi dejándolo sin poder respirar;
Marcus sintió unas lágrimas mojar su hombro y comprendió porque temblaba tanto
su madre. Estaba llorando. La alejo de él sonriéndole de medio lado
compresivamente llevando una de sus manos a las mejillas de esta, secándolas y
tratando de calmarla de alguna manera; Oh… los dos eran unos completos
llorones. Le tomo de la mano y la guio hasta el interior de la casa, ya dentro
los criados le daban la bienvenida, Marcus solo asentía en tanto su mamá
sollozaba y restregaba uno de sus puños debajo de sus ojos como lo hacia él.
Entonces cruzaron un umbral llegando a la sala, donde se encontraba su padre
con los brazos cruzados junto con sus tres hermanos mayores; Marcus pensó que
en verdad estaba en problemas debido a los surcos marcados en el rostro de su
papá, hoy no tendría compasión. Soltó la mano de su madre quien la auxilio German
el que le seguía luego de Selina, haciéndola sentar en uno de los sofás del
lugar.
Sebastián papá de Marcus,
marco pasos fuertes por todo el lugar dejando a un lado su brazos cruzados
colocándose al frente del chico no Magic y abofeteándole fuertemente dejándole
su rostro de lado; Marcus pensó que de nada sirvió que Albert le curase la
mejilla su padre se encargó de volvérsela a dañar, porque sin duda, este
bofetón dejaría marca en su piel. Apretó los puños y mordió sus labios, nada
cambiaría por aquí, se dijo a si mismo su papá seguiría siendo el mismo
agresivo hombre de siempre. Marcus no se sorprendió de escuchar a Sebastián
insultándolo, tratándolo de idiota y cabeza hueca por desaparecer sin dejar
rastro preocupando a su madre hasta llevarlas a las lágrimas, pero sobre todo,
preocupándolo a él y sus hermanos mayores llevándolos hasta tratar de buscarlos
con el ejército por todos los alrededores de la ciudad y las vecinas, ¿Acaso
quería matarlos a todos de la incertidumbre?
Marcus no supo que hacer o decir al sentir el jalón de brazos de su papá
para atráelo hacia él y estrecharlo en su fuertes brazos. Vio cómo su padre
temblaba frente de él posiblemente estaba llorando, volvió a decir con voz
quebrada que jamás desapareciera por cuatro horas sin dejar indicios de donde
había ido, sabía que era culpa suya por tratarlo como lo trataba prometía que
de ahora en adelante no se metería en sus asuntos de estar contra de la guerra.
De todas maneras, existían muchas personas como Marcus que no querían más muertes
de los seres mágicos y no mágicos era común encontrárselas en la calle; que su
hijo pensara igual que ellas no le daba el derecho de maltratarlo o querer
hacerlo cambiar de opinión mediante los golpes. Marcus no se dio cuenta que sus
lágrimas salían de sus ojos sin poder hacer nada, no sabía si era de felicidad
o de tristeza quizás sería una rara combinación de ambas. Entonces le regreso
el abrazo a Sebastián, tratando de apretarlo con sus pequeños brazos delgados,
si sería tratado así cada vez que desapareciera valdría la pena. Recordó las
palabras de Albert antes de regresar a casa << si te rindes no sabrás que es saborear una
victoria >> si, tal vez no estaba todo tan perdido como él creía pensar.
¿Albert sería capaz de ver el futuro? No sabía, pero le preguntaría la próxima
vez que lo viera.
Sebastián se separó de su
pequeño hijo secándose la cara y revolviéndole los cabellos rebeldes a Marcus,
él soltó una sonrisa que nunca antes había visto desde que estaba pequeño en
verdad estaba feliz. Marcus vio detrás de su imponente padre, estaba Selina
frunciendo el ceño y con brazos cruzados, estaba enojada muy enojada, quizás
ella sino se preocupase por él con tal tenia maldad pura recorriendo sus venas
como le comento Albert al conocerse. Se acercó a él mirándolo por encima como
de costumbre, le dio un coscorrón en la cabeza, haciéndolo quejarse y llevarse
las manos a la zona de dolor. Sí. Su hermana mayor nunca jamás cambiaria. Sin
embargo, fue mucho más brusca a la hora de abrazarlo ella en verdad le estaba
recortando la respiración.
-
¡Maldito renacuajo! ¡Nunca más en tu patética
vida vuelvas a hacernos esto! ¿Entendiste? – grito, llorando como una
histérica.
Al fondo se escuchaba
quejidos de dolor provenientes de sus dos hermanos mayores German y Marcos, oh
valla… en verdad que su familia era única en su especie. Al menos estaban
intentado hacer las paces con ellos, lo que valía era la intención ¿No era así?
Desde ese entonces, la familia Zunnares cambio toda para bien, se volvieron
todos muy unidos y nunca más volvieron a tratar de excluir a Marcus jamás. Sin
embargo, en la escuela era otro mundo y aunque no volvieron a meterse con él
por ser el hijo del jefe de los no Magic, no le prestaban atención para nada en
específico; Marcus volvió de nuevo a aquel lugar donde se había encontrado por
primera vez con Albert pero nunca lo volvió a ver. Por mucho que iba todos los
días a la misma hora que aquella vez era completamente en vano, jamás coincidía
con encontrárselo por mucho que creía en aquellas palabras de encontrarse
nuevamente algún día. Marcus creía que encontrarse con aquel muchacho Magic
había sido de muy buena suerte, nunca le conto a nadie de su familia de ese
clandestino encuentro, ni siquiera a su mamá que le tenía sumamente confianza,
sabría que tarde o temprano le terminaría diciendo a su padre.
Pasaron los años y con ellos
la guerra se fue intensificando, como siempre Sebastián llegaba a casa casando
de luchar con aquellos monstruos que jamás se rendirían por vivir, pero se dio
cuenta de algo, uno de ellos se habían vuelto más oscuros siniestros
completamente llenos de sed de venganza. Siempre que los veía luchar salía de
ellos una luz tenue, ahora, Salía un aura negra y oscura y las armas sagradas
“Gags – Gags” y “Grimichs” no servían por mucho que lo intentase. ¿Qué ocurría?
No sabía que los Magic evolucionaran, al menos que… ¿Entrenasen para ser más
poderosos? No lo sabía. Sebastián conversaba de vez en cuando con su hijo
Marcus, quien sentía una gran curiosidad por aquellos seres como si quisiera
conocer alguno, sin embargo, Sebastián explico que no todos esos monstruos eran
pacíficos en verdad existían algunos que
querían dominar a los humanos y por eso no paraban de luchar. Y un poco más
adelante Marcus se unió al ejército en la sección que investigaban a los Magic,
por mucho que su hijo quería que la guerra cesase sabía que primero debía de
conocer a aquellos seres monstruosos. Selina le rogaba a veces que dejase esa
sección y se uniera en la que ella estaba a cargo, la de ataque, aquella hija
suya era tan mortal y terminaba teniendo ideas magnificas para emboscar a
aquellos monstruos, sin duda era su orgullo.
Por otro lado, Marcus al
unirse al ejercito la sección de investigación logro descubrir más de los Magic
y conocer a gente como él que querían que la guerra acabase de una vez por
todas; entonces formo una organización bajo las sombras donde conoció a la que
sería el amor de su vida Madge Grimmis, una chica de alta sociedad e hija del
legendario Mr. Grimmis uno de los doctores más capacitados de la época. Era una
muchacha sumamente gentil y generosa, su belleza no tenía limites, poseedora de
un cabello rizado pelirrojo que le llegaba
hasta la cintura, ojos azul cielo que al mirarlos pareciera que mirases
en infinito, piel blanca como la leche, su rostro era perfilado y muy hermoso,
tenía un cuerpo delgado con curvas. Marcus cuando la vio por primera vez quedo
completamente flechado, supo que era la mujer que todo hombre desearía tener
por el resto de su vida pero nunca pensó que estuviese en contra de la guerra,
su padre Mr. Grimmis era unos de la mano derecha de su padre tan intensos por
si solos. ¿Cómo vino a tener una hija así? Bueno, Madge le reintegraba lo mismo
a él. Ambos se hicieron grandes amigos y confidentes para liberar a Magic en
cautiverio, estudiaban para poder llevarse bien con los seres mágicos no para
destruirlos y ella estuvo de acuerdo de ayudar como mano derecha en la
organización. Les pareció bizarro porque eran como sus padres con la guerra,
pero sus fines eran completamente diferentes a la de ellos. Un día, Marcus le
confirió su historia cuando tenía diez años al conocer un Magic de más o menos
su misma edad llamado Albert, gracias a él esta donde esta o sino de seguro
hubiera muerto en el bosque, después de eso nunca se volvieron a ver pero él no
dudo en volver a aquel lugar para tener la oportunidad de volverlo a ver. Claro
que sin éxito alguno.
-
¿En verdad camino sobre el agua? – preguntaba
ella.
-
Si, fue asombroso como lo hizo era como el
que una especie de alucinación. – comentaba, Marcus con mucha alegría.
-
Yo tuve una amiga criada Magic, en mi casa –
bajo la mirada Madge, con un tono lastimero en la voz – ella… ella era
grandiosa.
-
¿Era? – pregunto, confundido el muchacho.
-
Mi madre la mato con una “Gags – Gags” – sentencio
la chica, en tanto su azul mirada se tornó opaca – no sabía que era una, hasta
que yo la obligue a que me demostrara su poder. No sabes cuánto me arrepiento
de hacerlo, si yo no la hubiese obligado hacerlo ahora estuviese viva.
-
No sabes cuánto lo lamento, Madge. – le
coloco un brazo sobre sus hombros.
-
Al menos tienes oportunidad de volver a
verlo, Marcus – se estrechó contra su hombro – de volver a ver a Albert, pero
yo nunca podre perdonarme ni disculparme con Trine por haberle hecho eso.
En eso algo irrumpe en la
tranquilidad de la oficina de investigaciones haciendo separar a la joven
pareja, era uno de los ayudantes de Selina se veía cansado y completamente
agotado por correr con prisa hacia donde estaba el hermano de su superiora.
Marcus no supo ni cuándo ni dónde, hasta que pronuncio Tad aquellas palabras
escalofriantes: << Tu hermanos están en peligro >>. Se levantó a
toda prisa corriendo hacia donde estaba el hombre, lo tomo de las solapas
alzándolo un poco; era cierto que Marcus había crecido un poco más seguía
siendo bajo para los de su edad que era dieseis. Tad que tenía mucho susto en
sus ojos grises afirmo con la cabeza, Marcus sintió que algo dentro de él se
desquebrajaba como si una pieza de porcelana se rompiese dentro suyo. Madge
tuvo miedo de lo que sería capaz su amigo, al verlo temblar y soltar como si no
valiese nada aquel tipo, le exigió con voz dos octavas más ronca de lo normal
donde estaban; Tad como pudo se levantó del suelo pronunciando un <<
síganme >>. Es así como los tres salieron corriendo de las instalaciones
de investigación del ejército, en tanto corrían Tad saco de su saco una cosa y
se la extendió a Marcus haciéndolo sobresaltar. Era una “Grimichs”, aunque
Marcus en estos momentos se sentía que él podría pasar encima de todo un
ejército nunca estaría dispuesto a alzar una de esas a un Magic, aun así, Tad
siguió insistiendo.
-
Aquel lugar está lleno de esas cosas, sino
estas armado acabaran contigo en un santiamén – Madge lo miro con ira
contenida. – Además, esos monstruos no son como los normales ellos… desprenden
aura macabra y negra.
-
¿A qué te refieres? – pregunto la chica.
-
Que no matan por supervivencia, lo hacen para
exterminarnos a todos y parecen disfrutar hacerlo.
Ambos jóvenes se
petrificaron ante tal noticia, Marcus recordó cuando Albert le curo la mejilla,
su magia no era oscura era tan clara como la primera luz de la mañana ¿No
estarían equivocando? O… al menos que estos Magic fuesen de otra clase. ¿Sería
eso? Pensó en lo peligroso que sería estar al frente de ellos sin armas, si Tad
hablaba con la verdad no era un buena idea estar sin defensa. Marcus tomo el
arma sin replicar más, sorprendió a Madge que pensaba que su amigo se había
cambiado de bando ella si rechazo el arma extendida por Tad, no se creería nada
hasta verlo con sus propios ojos. El ayudante de su hermana le recalco recordar
sus días de novatos en el ejército, que para Marcus fueron los días más oscuros
de su vida, donde tuvo que aprender a luchar y utilizar armas. Sí. Marcus y
tanto como Madge sabían cómo utilizar las armar legendarias pero, ambos juraron
nunca alzarlas a un Magic de verdad. Los hermanos de Marcus en algunas
ocasiones lo ayudaban con ataques cuerpo a cuerpo, dejándolo medio moribundo al
otro día pero le ayudaron para poder graduarse de cadete y pasar a la sección
de investigación. Ahora, pondría sus días oscuros a prueba con unos seres cuyos
nunca en su vida había escuchado porque sus hermanos estaban en peligro.
¿Estarían bien? ¿A borde del colapso? ¿O quizás…? Sacudió su cabeza para
sacudir aquella idea escalofriante de su mente, pudieron haberse llevado muy
mal durante años pero en estos seis lo habían recompensado a las maravillas.
Se sorprendió al ver que el
campo de batalla no era tan lejos del pueblo ni las secciones del ejército, era
nada más que un lugar amplio donde se veían a varios Magic combatiendo con los
soldados. Se quedó petrificado, no lo solo él también Madge quien ahora creía
todas y cada una de las palabras dichas por Tad. Aquellas cosas no eran Magic
ordinarios, a su alrededor desprendían un aura completamente macabra y pesada
era tan negra, noto como con un solo dedo hacia una descarga eléctrica oscura a
uno de los soldados haciéndolo caer al suelo dando unas cuantas convulsiones,
dejando sus ojos en blanco quedándose quieto muy quieto. Sin vida. Madge soltó
un grito desgarrador que se perdió entre los quejidos de dolor de la multitud
pero, no fue para nada sorpresa para aquello cosa que vestía una túnica negra
carbón con una gorra ocultando su rostro, volteo hacia donde se encontraban
ellos tres parados caminando con pasos pausados. Alzo su dedo directamente
donde se encontraba Madge quien comenzó a temblar, una descarga de aquella
magia macabra volvió a aparecerse, sin embargo, Marcus dejo por primera vez en
su vida la cobardía de lado empujando hacia el suelo a la chica y recibiendo el
impacto en su brazo izquierdo. Madge que estaba por debajo de la protección de
Marcus comenzó a sollozar por lo bajo, queriendo hacer algo por su amigo herido
pero sabía que en estos momentos era un persona completamente inútil. En tanto
Marcus olvido que su brazo dolía a horrores y que la sangre salía a borbotones,
sacando de su saco la “Grimichs” y apuntando sin compasión al corazón de ese
Magic maligno. Apretó el gatillo disparando aquella bala que los salvaría,
escucho otro impacto directo desde atrás de ellos; el monstruo se corrió hacia
atrás emanando de su herida sangre espesa y casi negra. De repente, soltó una
risotada oscura y siniestra congelándole la sangre a sus tres oponentes.
¿Cómo…? ¿Cómo era posible que aun estuviera vivo? Se preguntaba Marcus, le
dispararon directamente al corazón ¡Y dos veces! ¿Qué era exactamente aquella
cosa? Entonces volvió al alzar su dedo en contra de los tres, Marcus comprendía
que estaban acabados no podría derrotarlos las armas legendarias no surgían
efectos en ellos. ¿En verdad seria su fin? ¿Nunca más volvería a ver Albert?
¿No se casaría con Madge ni tendrían hijos? Pero sobre todo su deseo de firmar
un nuevo tratado ¿Fallecería con él? Cerró los ojos entregándose a su destino.
Tal vez todo estaba perdido.
El sonido de una espada
cortando carne lo hizo abrirlos de sopetón, noto como la cabeza de su oponente
rodaba ya sin vida por el suelo, se asustó de notar que era un hombre algo
mayor rapado de piel translucida como el papel cebolla. Se levantó del suelo de
golpe atrayendo consigo a Madge, que lloraba sin consuelo alguno, Marcus
recordó su brazo herido al sentir un pinchazo de dolor se llevó su mano para
tratar de parar el sangrado. Fue cuando escucho la voz de su hermana mayor,
gritándole palabras sucias al monstruo decapitado en el suelo como si pudiese
escucharle de alguna manera. Selina noto en qué condiciones se encontraba su
hermano, dejando de gritar como una histérica al ser que derroto, desvió la
mirada a uno de sus subordinados frunciéndole el ceño con ira absoluta. ¿Qué
demonios cruzaba por la mente de ese sujeto?
-
¡Has traído a mi pequeño hermano al campo de
batalla! ¿Qué mierda pasa por tu cabeza? Él es el pacifista de la familia, no
tiene la vena de destripador como los demás. – dijo Selina, todo muy deprisa
hacia Tad.
-
Pero necesitamos toda la ayuda posible, su
pequeño hermano investiga sobre los Magic y yo pensé… que quizás, supiese como
derrotar a estos. Además, usted y sus otros hermanos están muy heridos mi Lady.
– se justificó, el chico en tanto la señalaba.
-
¡No me vengas con estas…! – se llevó una mano
a sus costado, quejándose del dolor.
-
¿Lady Selina? – fue directo a ella, Madge.
-
Estoy bien querida, no pasa nada. – la
trataba de tranquilizar, la rubia.
-
Selina… ¿Qué ocurre con estos Magic? Estoy
seguro que dispare directamente a su corazón, Tad igual lo hizo, pero… no
surgió algún efectos en ellos. Sobre todo, aquella aura oscura siniestra hace
que el aire se vuelva pesado. – hablaba Marcus, consternado de estas nuevas
criaturas.
-
Las armas legendarias no surgen efecto en
ellos, solo las espadas de plata y si miras directamente a su cabeza o
corazón. - señalo alzando la suya – A esta la llame
“Lady Selina”.
Todo mundo quedo callado
ante tal declaración, debía de admitir que su hermana tenía una autoestima muy
elevada. Pero dejando eso de lado, la rubia comenzó a relatarles a Madge y
Marcus lo que ocurría desde hace un tiempo para acá, en tanto le colocaban una
venda en el brazo de él. Los Magic normales seguían viniendo normalmente como
siempre al lugar de combate, pero un día dejaron de hacerlo, en cambio de ellos
aparecieron estos nuevos seres que desprendían poderes oscuros y nada de luz
comenzando a masacrar a todos los soldados posibles. Las armas legendarias no
servían, haciendo perderles las esperanzas, sin embargo, Selina opto por las
convencionales usadas antes de las
anti-Magic; resultando ser un éxito. Pero aun había soldados que no querían
rendirse con las legendarias, se suponía que ellas guardaban magia en ellas
para contrarrestar los poderes de los Magic. Marcus escuchaba todo en silencio
en tanto le vendaban el hombro un poco más alejado de los demás, en verdad los
no Magic a este paso serian completamente destruidos de no poder parar a estos
seres malignos, Selina no entendía absolutamente nada de estas criaturas y por
más que intentaran capturar uno con vida no podían. Su pequeño hermano se
sentía consternado y pensó que tal vez los otros Magic estuviesen en peligro,
recordó cuando soltaba junto con Madge a los que se encontraban en cautiverio,
ambos los reportaban con una fuga y debido a ello nunca los dejaban a cuidado
de ellos. Ahora, tenían frente de ellos a Magic malignos y con un solo
propósito en su vida: acabar con la humanidad no mágica.
Se colocó de pie alejándose
de los tres presentes que lo miraron consternados, ¿Qué le ocurría a Marcus? Él
solo tenía en su mente a sus dos hermanos mayores que aún no había visto por
ninguna parte, no lo sabía, pero su intuición le dictaminaba que los tomara y
se marcharan fuera de ese lugar. Dirigió su mirada a Selina, que solo arqueo
una ceja al notar la seriedad que su pequeño hermano estaba empleando en estos
momentos, el chico con voz ronca pregunto por German y Marcos escuchando por
parte de la rubia que se encontraban en la parte norte del campo. Marcus ordeno
a los tres que se quedaran allí y no se movieran, Madge reacciono de golpe
levantándose y sosteniendo el hombro sano del muchacho. Al mirar a sus ojos
cristalinos azul pudo darse cuenta que estaba asustada, aquella mujer joven con
la que compartía días a menos en la sección de investigación del ejército,
aquella mujer considerada como su mejor amiga, confidente y mano derecha en la
organización; pero sobre todo aquella mujer que amaba más que a su vida misma.
No necesitaban palabras para saber qué era lo que le estaba pidiendo hacer,
Madge quería acompañarlo a buscar a sus hermanos mayores. Fue entonces cuando
Selina se colocó al frente de ellos dos, haciendo escuchar su voz fuerte entre
los tres.
-
No vas a ir solo a ninguna parte, mucho menos
si no tienes un arma para defenderte.
-
¿Qué sugieres? Porque no pretendo dejarlos a
los tres más en este campo de batalla. Ordena la retirada – le exigió, de
inmediato Marcus.
-
¿Acaso estas demente? No podemos permitirnos
perder más de lo convencional. ¡Mis hombres no van a morir en vano! – grito,
prácticamente cansada Selina.
-
Perfecto, has lo que quieras pero voy a
rescatar a mis hermanos.
Dicho esto se dio la vuelta
echándose a correr por todo el campo de batalla hacia la dirección norte, no le
importo que Madge gritara al borde del llanto ni que mucho menos Selina le
seguirá los pasos atrás suyo con rabia. En tanto corría tropezó con muchos
cadáveres de los suyos, haciéndole tragar saliva con fuerza, si así estaba la
situación en el camino no quería imaginar al llegar al destino de sus
pensamientos. Se quedó helado al reconocer a uno de los muertos en el suelo,
¡Oh! Obviamente que lo reconocería, aquel cabello rapado color zanahoria, piel
blanca nieve, pecas en la zona de sus pómulos y nariz respingada. Veas por
donde lo vieras era Adam Crafort. Aquel hombre le hizo la vida imposible
estando de cadetes, sabía qué tipo de pensamientos tenia Marcus, por lo tanto,
junto con su pandilla no dudaban en darle escarmientos o encerrarlos en lugares
pequeños para consternarlo. Marcus en otra situación estuviera contento que
jamás en la vida lo volvería a ver, pero, no ahora y no en este momento donde
aquellos Magic eran malignos deseaban la destrucción total. Bajo la mirada
tratando de ignorar el cuerpo sin vida de Adam, pensando en que ya no lo
fastidiaría más por ser diferente y mucho menos por unirse a la sección de
investigación del ejército. Selina se dio cuenta de la reacción de su pequeño
hermano por eso bajo su mirada al cuerpo, abrió los ojos estrepitosamente,
obviamente que también lo reconocería Adam Crafort era uno de los reclutas más
mortíferos que tuvo en su sección de ataque. Para la rubia fue una bendición,
claro que sabía que se metía con su pequeño hermano, pero le importo poco
porque lo recompensaba cuando iba al campo de batalla. Ahora, él chiquillo
cabeza de zanahoria estaba completamente muerto, aun podía recordar voz
arrogante que tenía al mencionar que exterminaría a todos los bichos raros de
la tierra. ¡Valla ironía de la vida! Más bien a él lo hicieron tragarse sus
propias palabras, de lo contrario, no hubiese terminado como termino.
Marcus freno sus pies al
notar el caos del panorama, no, esto no estaba pasando frente de sus ojos.
Alrededor de unos cinco metros se encontraba redomas de cadáveres una encima de
otra, pero eso no era lo más sorprendente, un ser de esos se encontraba sentado
como si nada limándose las uñas como si nada de esto fuese de gran importancia para
él. Marcus noto como ese Magic era pequeño, podría tener un cuerpo muy delgado
o quizás fuese una chica por la forma de arreglarse las uñas, al igual que los
demás poseía un capa larga negra con capucha para ocultar su rostro; al parecer
aun no tonaba la presencia de los dos hermanos o simplemente podría acabar con
ellos con tan solo un chasquido de dedos. Escucho un grito grave haciéndolo
desviar la mirada, ¡Marcos! ¡German! El menor de sus hermanos se encontraba en
el suelo tosiendo al parecer una sustancia viscosa por la boca, ahogándose con
ella pero tratando de pararse del suelo. Por otra parte German se agarraba de
su costado izquierdo blandiendo su espada y apuntándolo al ser pequeño de capa
oscura, Marcus se impresiono girando su mirada al montón de cadáveres notando
que allí no estaba el Magic ¿Cómo fue que se movió tan rápido? ¿Cómo no pudo
notarlo o si quiera escucharlo? Se volvió a escuchar el grito, pero en esta
ocasión de su hermana Selina quien caía al suelo llevándose las manos al rostro
y lo cubría presa del llanto. No quería verlo ni siquiera saberlo, pero no pudo
evitar reaccionar al notar como aquel ser sacaba de un costado de German una
especie de objeto punzón negro lleno de sangre y tirándolo al piso. Fue lo más
que pudo soportar Marcus, porque salió corriendo a gran velocidad tomando a lo
loco la espada de Selina blandiéndola y gritando como un loco desesperado, el
Magic oscuro le hizo frente sacudiendo su arma haciéndola sacar un fuego negro
de ella corrió como si fuese un ser humano corriente. Pero de pronto ya estaba
cara a cara con Marcus quien quedo estático por unos segundos, lo pudo ver…
aquella sonrisa siniestra del ser, blanca brillosa con labios carnosos y
aquella piel translucida como el anterior que había matado su hermana. El
muchacho pensó que sería su fin, jamás podría matarle era muy fuerte y rápido;
fue entonces cuando sintió un empujones a un costado arrojándolo al suelo
rodando como tronco. El sonido de un trueno ilumino todo el lugar, el cielo se
tornó gris y unas cuantas gotas espesas comenzaron a caer encima de todo el
campo.
-
¡Marcos! – grito desgarrado por completo,
Marcus alzando su mano como si pudiese alcanzarlo.
Su hermano mayor Marcos,
había corrido con la poca fuerza que le quedaba hacia la Magic maligna tirándolo
a un lado y recibiendo el impacto del objeto punzante en su pecho. Sí. Un golpe
directo al corazón, el ser monstruoso saco sin compasión el objeto de Marcos en
tanto caía arrodillado tosiendo borbotones de sangre por la boca, el hombre
dirigió su mirada al cielo gris soltando una sonrisa tonta al ver otro rayo
azulado que hacia iluminar el lugar. Una alarma parecida al sonido de un
caracol hizo paralizar a la Magic, con voz hueca maldijo por lo bajo dando un
brinco elevándose hacia el cielo tormentoso, Selina que sostenía en sus brazos
a German noto como todas las capas negras flameaban en el aire ¿Volaban? Pues
la respuesta era obvia. Sí. Esos monstruos anunciaron su retirada, pero algo
extraño se notó en el aire, el ser más pequeño se colocó en el centro estirando
sus delgados pequeños brazos, formando un triángulo con ellos pronuncio unas
palabras en otro idioma que no conocía nadie ni siquiera Marcus. De repente una
energía oscura salió del cuerpo sin vida de los soldados emergiendo hacia
ellos, pareciera que se hiciesen más fuerte con eso porque se escuchaban
sonrisas macabras entre ellos. Luego de eso, la pequeña chasquido sus dedos
haciendo caer su gorro y mostrando sus rostro blanquecino lleno de satisfacción
y gozo, Selina pensó que esos ojos violetas brillantes no eran reales porque
nunca conoció a alguien así. Desaparecieron bajo una nube oscura como levantar
polvo de carbón.
Marcus inmediatamente se
levantó y corrió hacia donde estaba su moribundo hermano ya arrojado en el
suelo, lo sostuvo entre sus brazos diciéndole que resistiera un poco más pronto
vendrían por ellos a rescatarlos. Marcos sonrió tosiendo más sangre, tomo el
hombro de su pequeño hermano apretándolo con las escasas fuerzas que le
quedaban de vida.
-
No… Marcus… ya está todo acabado para mí. –
tocio, en tanto trataba de hablar.
-
No, no digas eso hermano. Aun te queda muchas
cosas por hacer en esta vida, casarte con Lizz, tener hijos fastidiarme como
siempre lo haces. – las lágrimas comenzaron a acumularse en los parpados de
Marcus.
-
En el fondo lo sabes… sabes que estoy
diciendo la verdad… - la voz del hombre cada vez se apagaba. – perdón,
perdóname Marcus no he sido un gran hermano para ti. Lo único que hice en esta
vida fue golpearte, regañarte y juzgarte por tus ideales, ahora que lo pienso,
estabas en lo cierto… los Magic comunes no eran tan malos.
-
Shss… Marcos… shsss no hables tanto. – se
quebró la voz, dos veces a Marcus.
-
¿Sabes? Es curioso que tenga un final como
este…pero no me arrepiento de nada, ni si quiera de haberte salvado la vida. Lo
que más deseo ahora, es que tus ideales se hagan realidad, sé que tu podrás
lograr la paz en este mundo eres grande hermanito – esta vez se estaba ahogando
con la sangre – Dile a papá y a mamá que los amo…
De pronto, Marcos dejo de
respirar alejando su mano del hombro de su pequeño hermano cayendo sobre su
pecho. Otro trueno callo iluminando todo el lugar de un destello azul, las
gotas feroces bajaban mojando todo a su paso ahora en verdad se había caído un
tormenta torrencial. Marcus no paraba de llamar a su hermano mayor otras veces
zarandeándolo para que despertase, en ese preciso momento llegaba los
paramédicos para ayudarlo pero al notar la situación, se dieron cuenta que ya
todo era demasiado tarde. El muchacho ya cansado de tanto llamar a su hermano,
no tuvo más remedio que resignarse a que había perdido definitivamente a Marco
y para siempre. Se aferró con mucha fuerza al cuerpo sin vida, llorando a
gritos sin importarle que la lluvia lo hubiera empapado completamente la ropa.
Ese mismo día más tarde
entrada la noche, no paraba de llover a fuera en tanto la familia Zunnares lloraba
sin secar la muerte de uno de sus hijos, Sebastián no paraba de caminar de una
dirección a otra, su esposa era consolada por un Selina que al pesar de sentirse
el triple de peor que ella trataba de mantenerse firme como una estatua. German
estaba bien con un poco de vendas en todo el cuerpo, pero bien, en estos
momentos estaba inconsciente debido a todos los analgésicos proferidos por sus
curadores. Marcus era la única persona en la familia que no se había dejado
curar ni nada, luego de presenciar la muerte de Marcos para de llorar, no decía
nada, no se quejaba, ni siquiera le gritaba a su padre por haber mandado a sus
hermanos a aquella batalla suicida. Simplemente se hallaba en un sillón
completamente aislado de todo mundo, sumido en sus pensamientos que abarcaban a
aquellos seres que no eran Magic normales sino mostros llenos de sed de sangre.
Tenía rabia, odio y sobre todo, quería vengarse de aquella maldita mujer que
asesino a su hermano frente a sus ojos. Como le encantaría verla sufrir, tirada
en el suelo con una espada atravesándole el corazón ver como se le iba la vida
de sus patéticas manos. Sí. Marcus estaba nublado completamente por el dolor,
ni si quiera escucho cuando su padre hablaba sobre hacerle una condecoración a
todos los soldados caídos el día de hoy, mucho menos de cómo se realizaría el
velorio de Marcos dentro de unas horas al entregarles el cuerpo.
Marcus le dio un golpe a
la mesa ratona de la sala de estar, haciendo a exaltar a todos los presentes,
él no estaba para nada en estos momentos solo quería ir por la maldita
desgraciada que le robo la vida a su hermano, Selina que hasta hace unos
momentos lloraba sin consuelo con su madre se levantó dando unos cuantos
traspiés para llegar hasta donde Marcus. Frunció el ceño junto con los puños y
luego descargar su ira en él, si, abofeteo la mejilla derecha de su pequeño
hermano haciéndola colocar colorada en seguida. Marcus quien no entendía la
reacción de su hermana comenzó a gritarle que sucedía con ella, en tanto se
tocaba la mejilla con resentimiento, Selina no soporto más y comenzó a
descargarle todo lo que tenía guardado por la actitud estúpida que estaba
tomando en estos momentos de dolor. En lugar de apartarse de los demás debería
estar más unido que nunca, en estos casos era la mejor solución para poder
pasar la pérdida juntos. Pero Marcus no quería entender aquello, de hecho, todo
lo pronunciado por su hermana mayor le
parecía una completa tontería; ellos no
necesitaban llorar un perdida lo que en verdad debían de hacer era ir a cazar
Magic oscuros para matarlos de una buena vez.
Acto seguido, ocurrió como
aquella vez como cuando tenía diez años salió corriendo hacia el bosque con
todas las voces posibles detrás de sus espaldas, no entendía el porqué, si
sabía perfectamente que allí no se encontraría con aquel niño Magic llamado
Albert que curo su mejilla. Sin embargo, estando cerca de ese rio poco
caudaloso se sentía en plena libertad consigo mismo y su alma. Al llegar cerca
del agua, tropezó con una piedra y cayó al suelo lastimándose su hombro herido
que el mismo negó para que lo curase, por lo seguro se había vuelto a abrir la
herida. No le importaba. Comenzó a darle puñetazos a las rocas maldiciendo a su
suerte y lo torpe que seguía siendo, si hubiese sido lo suficientemente fuerte
estuviera vivo su hermano y German no estuviese tan mal herido; pero no lo era.
Marcus se conocía perfectamente, los como él son torpes, mediocres, escurridizos,
asustadizos, pero sobre todo llorones. Las lágrimas se volvieron deslizar a
mares sobre sus mejillas quiso detenerlas pero no podía, ellas se negaban a
parar de salir, sentía como si volviese a hacer aquel pequeño niño de diez años
que escapaba de su casa por falta de compresión de su familia. ¿Por qué? ¿Por
qué cuando lo tenía todo la vida le quitaba algo que apreciaba? Le costó tanto
la aceptación de su familia, de hecho, tuvo que escaparse para que lo valorasen
tal y como era. ¿De que servía haber arriesgado tanto si perdió casi todo? No,
aún tenía el último deseo de Marcos, debía aferrarse ello y seguir viviendo. Pero resultaba tan
difícil hacerlo, no es como pudiese olvidar tan fácilmente la cosa que le
hicieron a su hermano ni la mujer de ojos violeta con labios carnosos. Aquella
perra debía de pagar por lo que hizo, a Marcos y los demás soldados.
-
¡Oh, veo que has crecido! Pero… ¿Por qué
siempre que nos encontramos te encuentro herido y llorando? – se pronunció una
voz, era tan calmada y aterciopelada era como la de…
-
¿Albert? – pregunto Marcus, con la voz hiposa
quebradiza.
El chico sin Magic alzo su
rostro topándose con una versión mejorada de aquel muchacho que encontró hace
seis años atrás en este mismo lugar, Albert tenía el cabello más largo hasta el
mentón lacio rubio como de costumbre, su piel seguía siendo blanca, su rostro
se volvió más perfilada ya mostrando que no era ningún niño era un joven hombre
muy hermoso. Sus túnicas era azules y parecían brillar en la oscuridad de esa
noche, en su rostro permanecía aquella sonrisa bondadosa cariñosa; comenzó a
acercarse con sumo cuidado hacia Marcus arrodillándose ante él para ayudarlo a
pararse. Cuando sintió una de las manos de rubio en su brazos un viaje de
imágenes del día de hoy le inundaron la mente, con desprecio absoluto rechazo
la ayuda del Magic haciéndole retroceder hacia atrás mirándolo con odio
contenido, pero duro poco por el punzón que sintió en su hombro herido notando
que sangraba más. Albert que se encontraba consternado por la reacción del
pequeño jovencito, se arrodillo optando una seria expresión en su rostro en
cuanto sus ojos azules volvían a hacer flamas vivaces que escaneaban de arriba
abajo a Marcus; Albert se alarmo al notar algo extraño en el cuerpo de Marcus.
Era esa magia. Aquella magia mucho más oscura que cualquier otra: se trataba
del odio.
Inmediatamente asustado de
lo que podría ser de ahora en adelante el niño no mágico, se abalanzo hacia él
encontrándose aún ocupado por aguantar el dolor de su hombro, para así sostenerlo
con ambas manos arrojándolo al suelo rocoso. Marcus gritaba obscenidades de su
boca, cada una de ellas peor que la otra iban dirigidas hacia el muchacho
rubio, noto como con unas palabras en otro idioma hacia salir unas cadenas del
suelo que sostuvieron sus muñecas impidiendo que huyera de allí. Albert suspiro
con un poco de alivio, hizo caso de omisión a las palabrotas salidas de la boca
del más pequeño, las flamas de sus ojos se volvieron a vivar más al notar que
el odio en Marcus se intensifico más al ser encadenado. El rubio pensó que algo
debió de ocurrirle para reaccionar de esa manera, pero sin perder tiempo
extendió sus dos brazos abriendo sus palmas con todo los dedos juntos sin
separar, en cualquier otro caso pareciera que fuese una señal de alto para
frenar a alguien pero no en esta. Su voz aterciopelada se tornó ronca el aire
de su alrededor estaba más fuerte, una luz amarilla tenue salió de sus manos al
compás de las palabras en otro idioma inentendible para Marcus. De pronto
sintió como si una paz lo estuviera inundando, alejándolo de la rabia y
rencantamiento que sentía por todos los Magic, noto como las heridas de sus
rodillas al caerse desaparecían y la grave de su hombro dejaba de sangrar
cerrándose sola como si nunca hubiese existido. La luz se iba evaporando cada
vez más dejando la calma del bosque con sus sonidos comunes. Albert bajo sus
brazos al notar que Marcus parpadeaba confundido y más calmado que nunca,
chasquido sus dedos desapareciendo las cadenas que parecían sumergirse entre las
rocas.
Marcus se sentó sobándose
las muñecas, por una extraña razón ya no sentía rabia o alguna clase de
resentimiento en su corazón, pero si sentía otro sentimiento invadiéndolo ahora
mismo y era la nostalgia. Su corazón dio un vuelco al notar lo vacío que se
sentía ahora sin su hermano Marcos, le echó un vistazo a sus manos, las cuales,
temblaban de puro dolor y negación. ¿Cómo pudo haber pasado esto? ¿Cómo…? Sin
saberlo comenzó a llorar de nuevo, pero en esta ocasión no era de rabia sino de
tristeza. Albert que le partía el alma ver a su amigo de esa manera se acercó a
él, jalándolo y abrazándolo solo desde la cabeza, este reacciono aferrándose a
las manos del chico Magic quien le brindaba consuelo. Sí. No podría haberse
encontrada nada mejor que este chico para hacerle sentir mejor en estos
momentos, sin embargo, no entendía como hizo para desaparecer todo ese odio
acumulado en su interior. Luego de un rato ya calmado Marcus, le comenzó a
relatar todo lo ocurrido después de encontrarse con él, su familia se había
vuelto más unida y aceptaba que fuese un pacifista en busca de la aceptación de
las dos especies. Sus hermanos ya no lo fastidiaban y hasta se unió al
ejército, eso no era más que un señuelo para ir a la sección de investigación
donde se encontraban los Magic en cautiverio, aprovechando ello descubrió un
poco de los poderes de ellos encontrándolos muy productivos para la humanidad
lástima que los demás no lo vieran de esa manera. Allí conoció personas con los
mismos pensamientos que él, también encontró al amor de su vida Madge la cual
se convirtió en su mano derecha en la liberación de Magic y en una organización
comandada por ambos. Todo marchaba a las mil maravillas hasta que esos seres
aparecieron, los monstruos disfrazados de “Magic” en donde Marcus le parecía
imposible porque aquellas cosas desprendían un aura oscura y repulsiva. Cerro
sus ojos al recordar cómo eran sintiendo escalofríos, ellos le fascinaban matar
y destripar con tal solo ver como mataron a Marcos o casi a German lo sabía todo.
-
Se de quienes hablas, Marcus – comento algo
dolido, Albert – ellos… son otro tipo diferente de Magic, aunque claro, te
diste cuenta como manejan sus poderes ¿No es cierto?
-
Si, desprenden aura oscura pero… ¿Por qué?
¿Acaso los Magic pueden evolucionar? – dijo frustrado el muchacho.
-
No, nosotros no evolucionamos. Esos Magic son
los que se desprenden de los elementos de la naturaleza, actúan de forma
arbitraria, destruyendo todo a su paso sin importar lo que sean. – apretó los
puño Albert – Escucha, Marcus siento mucho lo que le paso a tu familia con la
perdida de tu hermano. Pero, nosotros los Magic convencionales no tenemos nada
que ver con eso, no quiero que me trates como tu enemigo. Nunca lo seré, jamás
sería capaz de hacerte algo.
-
Lo se… - susurro por lo bajo, conteniendo un
nudo en su garganta – lo… lo lamento, lo que hice hace rato estuvo mal, muy
mal.
-
No te
preocupes, se lo que se siente que te arrebaten un ser querido… - miro hacia el
cielo oscurecido, como si recordase algo – perdí a mi hermana menor, los
“Magics Darks” incitaron a mi hermana para que se les uniera. Ella… tiene una
clase de magia especial, que todo el mundo en nuestro pueblo la deseaba tener
de su lado; sin embargo, ella no tenía ningún interés en especial solo en
acabar con humanos malvados.
-
Aguarda, ¿Estas queriéndome decir que tu
hermana es uno de ellos? – freno el relato, Marcus alzando su mano.
-
Sí. – Marcus se alarmo con tal confección –
No tengo idea de cómo se convierten, pero sé que juran lealtad a la oscuridad
infinita escondida entre los humanos y la naturaleza.
En eso el chico no Magic
recordó como la chica de ojos violeta se elevó al cielo haciendo un conjuro, el
idioma que utilizo era diferente al usado por Albert a la hora de sanar sus
heridas o cruzar el lago ¿Qué era exactamente? Quería conocer mucho más de esos
seres, tal vez ahora podría ser el momento idóneo para un tratado de paz con
los Magic convencional. El deseo de su hermano, el último deseo proferido por
Marco, tal vez no estaba tan lejos como pensaba. Si era cierto todo lo que le
contaba Albert, los “Magics Darks” querían acabar con todo a su paso incluyendo
a los seres mágicos puros automáticamente se convertían en enemigos. ¿A dónde
le llevaba esto? La humanidad debía de unirse con los Magic normales y luchar
juntos para combatir a estos monstruos oscuros. De pronto una sonrisa se
ilumino en sus labios, giro para mirar a Albert que no entendía lo que cruzaba
por su cabeza por primera vez, Marcus sujeto las dos manos del Magic Puro con
frenesí era como si le transmitiera algo con sus ojos marrones intenso.
-
Albert, creo que por fin vamos a poder a
cavar con esta disputa absurda – comento, sonriendo con mucha felicidad.
-
¿De qué me estás hablando? – pregunto, el
confundido muchacho.
-
¿Los Magics Darks no van en contra de
ustedes? – dijo con un eje de ironía en su voz, a lo que Albert asintió solo
con su cabeza – Bueno, es eso ¡Nos convertiría automáticamente en aliados!
-
Y… firmaríamos un acuerdo mutuo de paz, así,
podríamos unir fuerza para acabar con aquella fuerza maligna. Yo… podría tratar
de salvar a mi hermana. – sonrió con confianza, pero dando justamente todo en
el blanco.
-
¡Sí! Déjame todo a mi hablare con mi
organización y… papá que es el jefe de los no Magic – Albert se alarmo ante
eso, pero no por enterarse de aquel dato, sino, por como reaccionara Sebastián
Zunnares ante tal acontecimiento - ¡Tranquilo! No pretendo dejarte en evidencia
si es lo que piensas, solo le planteare la idea de unir fuerzas y firmar el
tratado.
-
Confió en ti, Marcus – se levantó del suelo –
sé que eres una buena persona, jamás me pondrías en evidencia. Aun así, te pido
que tengas mucho cuidado con todo.
-
¡Lo hare! – se levantó, haciendo la signa
militar.
Después de aquel encuentro,
Marcus y Albert estaban siempre en contacto mediante conjuros realizados por el
ser mágico. Y tal como lo predijo Marcus, lo del tratado no era cosa fácil,
primero que todo debían de dejar pasar el dolor de perder tantos soldados en
combate entre ellos su hermano Marcos. La organización clandestina comandada
por Marcus y Madge estuvieron de acuerdo en copear para firmar ese tratado, la
rubia amiga del chico estaba más que fascinada con todo aquello ella más que
nadie sabía cómo sufrió Marcus con la muerte de su hermano; dar un paso hacia
sus sueños no era más que un alivio para ella. No paso mucho tiempo para que
esta noticia se regara por toda la ciudad y las cercanas, Sebastián le parecía
absurdo que hicieran algo como aquello, quien no le confirmara que fuese una
trampa de los Magic para exterminar de una vez por todas con ellos. Sin
embargo, fue el mismo German en compañía de Marcus que hablaron con su padre
para que designara de aquello, es cierto que resultase completamente ridículo
esperar eso de German pero la muerte de su hermano le había cambiado de una
manera extraordinaria. Él mismo se encargó de explicarle a su padre el último
deseo de Marcos, el cual correspondía de llevar la paz entre las dos especies y
eso debía de lograrlo el pequeño Marcus, sin duda él era el mejor para aquella
tarea. Selina quien se había retirado indefinidamente de la sección de ataque,
estuvo de acuerdo de semejante estrategia, con tal, ¿no era mejor tener de lado
a los Magic convencionales para derrotar a los oscuros?
Fue allí cuando Marcus les
comenzó a relatar su amistad con Albert, un niño que había conocido en el
bosque, él lo había ayudado a curar sus heridas de la batalla en la que murió
su hermano y la primera vez cuando se conocieron. Albert le comento que
aquellos seres no tenían nada que ver con ellos, los Magic Puros trabajaban con
los elementos de la naturaleza, en cambio los otros “Magics Darks” sacaban la
oscuridad en los humanos combinándola con auras oscuras de la tierra; ellos
habían jurado lealtad a la oscuridad dejando de lado la pureza de la naturaleza.
Eso los convertían en enemigos de los Magic porque no les importaban pasarle
por encima a cualquier cosa que fuese en su contra, aunque aún desconocían sus
orígenes, juntos podrían unir fuerza para acabar con esos monstruos. Sebastián
no tuvo más remedio que ceder a esas confesiones de su hijo, pero había una
condición, que si se firmaba un trato con los Magic Puros Marcus debía de
acarrear con toda la responsabilidad posible si ocurriese una desgracia;
obviamente el chico acepto a la primera porque estaba seguro que nada de eso
iba a pasar. Días después se reunió con Albert en el mismo lugar de siempre, en
esta ocasión acompañado de Madge y algunos de la asociación, la chica al
conocer al muchacho mágico no pudo creer que fue un amigo de su mejor amigo pues
era muy irreal. Por otro lado Albert encontró a Madge encantadora con razón
Marcus la quería muchísimo, ella en verdad seria la mujer ideal para su amigo,
más sin embargo, no pudo frenar escanearla a ella y todos los presentes con su
mirada de flamas azules. Suspiro al notar ninguna maldad entre ellos, en verdad
eran personas en las que podría confiar. Entonces, extendió sus brazos como
aquella vez que curo a Marcus del odio pero en esta ocasión, pronuncio unas
palabras haciendo que una luz saliera para invadirlos a todos haciéndolos
brillar. Cuando termino les dijo que le siguieran, Madge presencio como el
relato de Marcus de como Albert camino sobre el agua era completamente cierto,
pues, es estos momentos lo hacía frente a sus ojos. Todos los presente parecían
emocionados delante de este hecho, pero inmediatamente Albert, los invito para
que lo hicieran también para eso les había hecho un conjuro. Los primeros en
pasar fueron Marcus y Madge que parecían que estuviesen viviendo en un sueño
hermoso, luego atrás le siguieron sus acompañantes pegaditos y mirando el rio
que cruzaban bajo sus pies.
Nadie hubiese pensado que
detrás de ese bosque existiese una ciudad completamente moderna, con niños
jugando, señoras tejiendo o bueno, moviendo sus dedos para que las agujas
hicieran su trabajo por ellas, jóvenes caminando en tanto sus libros flotaban
en frente a sus caras; Madge pensó que le encantaría ese hechizo para cuando
estuviese trabajando en un investigación. Notaron como algunas ancianas
cargaban bolsas como si no pesaran nada, las pintorescas túnicas que vestían
todos, el manejo de los elementos de la naturaleza como el agua o el viento.
Albert sonrió al notar lo maravillado que estaba Marcus ante tanto
descubrimiento, era maravilloso hacer amigos sin Magic que lo comprendiese como
el, aún recuerda cuando salió de la ciudad con su clan para estas tierras;
Albert sabía hacer magia clásica como: hacer aparecer objetos, moverlos,
transportarse de un lugar a otro. Sin embargo posee un don que ningún otro Magic
tiene. El fuego. Albert era un chico que puede manejar a su antojo el fuego, el
elemento más mordaz de toda la naturaleza, puede ser una bendición en algunas
ocasiones como también una perdición si exagera mucho en su uso. Los niños no
Magic en aquella ocasión se metían mucho con él, en algunas ocasiones lo
golpeaban o lo trataban de fenómeno. El rubio nunca creyó que podría hacer un
amigo como Marcus.
El muchacho Magic los guio
por una parte que parecía un jardín llenos de puras flores de todos los colores,
era un camino para dirigirse a la casa principal del jefe de los Magic eso todo
el mundo ya lo sabía. Al llegar se sorprendieron al encontrarse en la entrada
con un hombre exactamente igual a Albert, pero en lugar de tener ojos azules
eran grises y estaban opacos por alguna razón. Entonces al estar ya frente a
frente el brillo normal de ellos volvieron, ese hombre era el padre de Albert,
Walter jefe de todos los Magic puros libres de toda clase de magia maligna. Él
al igual que su hijo estaba escaneando cualquier tipo de maldad esas personas,
pero las encontró limpias tal y como le había dicho Albert. El saludo
presentándose e invitándolos a pasar hacia la casa, Marcus no la encontró tan
lejana a la suya salvo tal vez que esta era de madera pura; fueron encaminados
hacia un despacho donde era utilizado por Walter para asuntos oficiales. Era un
lugar amplio lleno de libros por todos lados, salvo un escritorio en el centro
con dos sillas para sentarse al frente, los únicos en tomar asiento fueron
Marcus y Madge sus otros dos a acompañantes se situaron atrás de ellos; Walter
tomo asiento detrás del escritorio colocando las manos encima a su lado estaba
Albert.
-
Mi hijo me ha contado mucho de ti, Marcus
Zunnares de cómo quieres firmar un tratado de paz entre Magic y no Magic. – fue
directamente al grano, aquel hombre de imponente porte – Por mi parte me parece
perfecto, sin embargo, tu padre no está… muy recuerdo con ello.
-
Al comienzo, pero ya me he encargado
personalmente de convencerlo y ha aceptado al final. – Marcus miro a Madge, que
de su chaqueta saco una hojas extendiéndoselas al chico – Aquí está todo, puede
ver por usted mismo que los del alto consejo de los no Magic lo han firmado
aportando algunas ideas de cómo quiere que sea todo esto. Como ya sabe, el
último acuerdo con nuestros antepasados no fue muy bien.
-
Claro eso todo el mundo lo sabe. – comento
recibiendo los papeles de Marcus, en tanto chasqueo sus dedos apareciendo unos
lentes sobre sus manos. Comenzó a pasar las hojas, encontrando todo en orden
hasta que… - Aquí dice que debemos participar en conjunto con la sección de
investigación, para la creación de nuevas armas ¿Qué significa?
-
No es más que una reunión de estrategia,
señor – se aclaró la garganta, Marcus – de como planearemos nuestro ataque
contra los Darks Magics.
-
Mmmm… con que reunión estratégica, me
gustaría saber quién estaría a cargo de todo eso. – dijo él, colocando las
hojas sobre el escritorio –Sobre todo, que me confirmes solemnemente con tu
palabra que esto no es una trampa.
-
Papá…. – replico Albert.
-
No, Albert. Sé que me has contado maravillas
de este muchacho, lo he leído pero… eso no me confirma que los suyos no sean
malvados.
De pronto, aquel lugar
inundo un completo silencio incómodo. Marcus se sentía un poco apenado por todo
esto, bueno, era claro que él no tenía nada que ver con lo realizado con sus
antepasados pero provenía de ellos. Debía de buscar una manera que confirmase
todo lo escrito fuese cierto, pero el punto era ¿Cómo? ¿Cómo poder convencerlo?
Entonces, la imagen de su hermano muriendo en sus brazos lo paralizo por
completo, eso era, no haría que la muerte de su hermano fuese en vano él más
que nadie quería que su sueño se hiciera realidad.
-
Yo… presencie la muerte de mi hermano, créame
fue la cosa más dolorosa que me ha pasado en la vida. – agacho la cabeza, en
tanto apretaba sus puños para no llorar -
Pude aprender que la vida sin saber se te escapa de las manos, y tú, no
logras parar eso. Quizás los no Magic sean seres sin escrúpulos, envidiosos o
egoístas. Pero de algo si puede estar completamente seguro, a la hora de
presenciar la muerte de sus seres queridos, se vuelven vulnerables y no les
importaría aliarse con quien sea para que la maldad de los Darks Magics se
evaporice.
Walter se quitó sus anteojos
colocándolos sobre la mesa, se pudo divisar la sonrisa de sus labios finos, lo
comprendía perfectamente toda y cada una de las palabras de este muchacho. Era
verdad que los no Magic son personas inescrupulosas que solo desean acabar con
los seres mágicos, sin embargo, ahora les toco a ellos presenciar la muerte de
sus seres queridos viviendo lo que por muchos años los Magic han tenido que
pasar. Puede que los Darks Magics no sean tan lunáticos luego de todo, porque,
él recuerda perfectamente el líder de ellos cuando planteaba la idea de
hacerles pasar por el sufrimiento y el dolor para ser más consientes o humanos.
Los apoyaba en ellos más no justificaba su sed de venganza contra ellos, es
como dice el dicho: “El medio no justifica los hechos”. Ahora, tenía una idea más
en mente donde intervenía su hijo y este muchacho curioso.
-
Entiendo, no tengo ningún problema. Pero…
tengo una condición a cambio de este pacto – junto sus manos, posando su mente
encima de ellas.
-
¿Cuál es? – pregunto, algo temeroso Marcus.
-
Albert y tú, ambos deben de firmar esto como
si fueras los jefes de sus razas. – ambos se asombraron de tal confesión, se
miraron no entendiendo nada en lo absoluto - ¿A caso la idea no fue de los dos?
Lo más justo sería que ustedes lo hagan. Estoy seguro que tu padre no tendrá
ninguna objeción con ello.
Y no la tenía porque a la
hora de ver las firmas de los jefes de los no Magic lo vio completamente en
blanco, Madge le sonrió con cariño absoluto dándole a entender que su padre
tenía confianza en ellos. Y así fue como los Magic y no Magic firmaron un
tratado de convivencia, con esto, formaron alianzas para contra restar a las
fuerzas oscuras de la Magia. Pero tardaron muchos años más para poder acabar
con ellos, años que lo colocaron a producir en nuevas armas que en esta ocasión
servían para aniquilarlos; por una extraña razón los Darks Magics le temían a
las fuerzas puras de la naturaleza. Por lo tanto crearon la pistola con el
mismo físico de que la “Gags – Gags” pero no disparaba balas sino fuego, esta
fue una de las armas que trabajo conjuntamente Albert y Marcus; con ella y
otras a base de hielo o trueno se hicieron poderosos. Pueden que los no
Magic no confiasen en los seres mágicos
pero afianzaron lazos, como Sebastián y Walter que debes en cuando se reunían para
compartir su estrategia. Marcus le pareció fantástico que sus padres se
llevaran más o menos bien, pero aun persistían esas miradas en los ciudadanos
cada vez que veían a los Magic pasearse con los soldados por los alrededores
del pueblo, por mucho que firmase un tratado de tregua las cosas no cambiarían
de la noche a la mañana y eso lo sabían.
A los veinte cuatro Marcus
contrajo matrimonio con Madge siendo el padrino Albert, era ese tipo de
momentos cortos donde podrían presenciar que el amor podría curarlo todo hasta
en tiempos de guerra, el rubio se sentía tan feliz por la joven pareja, aunque
él no tuviera una compañera de vida para compartir sus felicidades o tristezas
sintió que siendo exitoso su mejor amigo en la vida él también lo seria. Su
primer hijo nació al año de casados, era una combinación extraña de ambos, piel
clara luna de la madre, con ojos marrones del padre, cabello ondulado negro
azabache y tenía la belleza exquisita de Madge; decidieron llamarlo Marcos en
honor a su tío fallecido en batalla, que sin duda alguna, le hubiese encantado
cargarlo entre sus brazos. Teniendo los veinte seis años, Albert concibió su
primera hija la que sería la primogénita Anastasia de una madre no Magic, al
comienzo hubo un poco de revuelo por esa noticia ¿Un Magic aparentándose con un
ser sin magia? Para los seres mágicos era inconcebible pero sin embargo, fue
aceptado porque fue procreada por una de las mujeres más hermosas luego de
Madge; no era para más porque aquella mujer era su prima. Anabet. Poco después
fueron obligados a contraer matrimonio debido a la irrespetuosa manera de traer
un hijo al mundo, para las leyes no Magic era inconcebible no estar casados y
tener un hijo.
Pasando a otro punto, la
última batalla de los no Magic, Magic contra los Darks Magics se efectuó en las
fronteras de las tierras de estos seres; fue dura donde perdieron hombres de
ambas partes. Gracias a las nuevas creaciones por los seres puros mágicos, los
monstruos llenos de sed de sangre fueron cayendo uno a uno era de esperarse, la
victoria siempre estaba de lado de las personas de bien. Sin embargo, algo
ocurrió, fue ese mismo instante cuando uno de ellos dejo caer su capa mostrando
su rostro translucido repulsivo. Marcus la reconoció, ¿Y cómo no hacerlo?
Aquella sonrisa siniestra, labios carnosos, cabello amarrado con dos mechones
hacia atrás color caoba, pero sobre todo, esos ojos. ¡Esos malditos ojos
violeta! Aquella perra desgraciada era la que había asesinado a su hermano
cruelmente frente a sus ojos. Sintió una corriente extraña invadirle todo el
cuerpo, se sentía repotenciado una energía torrencial situada exactamente en
sus manos; la espada del Fénix la diseño junto con Albert una tarde en el
centro de investigaciones. Activo el fuego de la espada tal como le enseño su amigo,
con tal sola blandirla se activaría su sistema mágico; camino despacio como si
la gente a su alrededor se movieran en cámara lenta él solo tenía ojos para
aquella criatura maldita que desdicho su vida en aquel entonces. En cuanto a
Albert, tiraba al suelo sacando del pecho una espada realizada por el con un
conjuro donde era de fuego, respiraba muy rápido noto como su traje blanco
inmaculado estaba manchado de sangre por todas aquellas muertes que realizo.
Con una sacudida en la mano desaparecieron las flamas, cerro un momento sus
ojos para luego abrirlos con aquel color extraño en ellos donde trataba de
escanear el lugar en busca de su amigo, le pareció un tanto extraño que después
de tanto tiempo nunca haya llegado a ver a su hermana menor. Bueno, de seguro
tendría una apariencia diferente de cuando se fue, aun recordaba su cabello
dorado como el oro al corriente de las suaves hondas del viento. Morgana se
especializo en controlar el elemento del aire, cuando eran pequeños le
encantaba mostrar los conjuros que aprendía a medida de estudiarlos como una
rata de laboratorio; por un el contrario de Albert ella tuvo que luchar mucho
para ser una gran Magic. ¿Cómo fue que se unió a los Darks Magics? Fácil, ella
estaba muy cansada de las matanzas en las guerras de los seres mágicos quería
un cambio, uno que fue trascendental tanto que los no Magic temblaran de medio
al verlos a ellos. De esa forma, fue manipulada por su tío Paul, hermano de
sangre de su padre que dio a descubrir una magia nueva pero como toda magia,
tendría un poco de consecuencias adquirirla. Una de ellas sería renunciar a los
elementos puros de la naturaleza, Morgana sintiéndose atraída por aquellas
palabras le importo poco las consecuencias uniéndose de por vida al tío Paul.
Un grito conocido por el
rubio, voltio inmediatamente hacia la dirección dónde provenía. No, aquella
cosa no podría ser… ¿Morgana? Pero si su hermana menor tenía los ojos grises,
piel blanca como la de él, su cabello era oro puro ondulado no liso. Pero hubo
algo en el rubio que se dio cuenta que era ella, porque aquel rosto delicado
sin duda alguna era la de su hermana; noto como Marcus corría hacia ella con
una aura oscura recorriéndole sus manos. Albert se asustó, era esa misma magia
negra que encontré en él luego de la muerte de su hermano. Si su amigo estaba
actuando de esa misma manera solamente podría significar una cosa, Morgana fue
la que asesino a Marcos, su pequeña y adorable hermanita se manchó las manos de
sangre matando al el hermano de su mejor amigo. Fue allí, sin importar las
consecuencias que traería con ello tratar de salvarla de su destino final,
salió corriendo a toda velocidad hacia la dirección de aquellas dos personas.
Marcus sintió la sangre hervir cuando la tuvo relativamente cerca, levanto su
espada mientras ella estaba de espalda matando a más de sus camaradas pensando
que esta sería su oportunidad más idónea para acabar con ella de una vez por
todas. Pero al voltear la chica de ojos violenta fue demasiado tarde, pero no
para ella, la muy maldita tenía los ojos dilatados en tanto presenciaba una
escena completamente salvaje. Era Albert. ¡Albert había recibido el impacto de
la espada en toda su estómago! Ahora frente de Marcus tocio borbotones de
sangre de su boca, cayendo sin cesar en el filo de la espada. El rubio coloco
sus dos manos sobre la espada apretándola para poder sacarla fuera de él,
Marcus se encontraba paralizado en shock total ¿Por qué? ¡¿Por qué Albert había
interferido en aquel ataque?!
-
Marcus… no… no llores. – sonrió de medio
lado, sacándose la espada de una vez. Cayendo al suelo de rodillas. – Estaré
bien, solo necesito descansar y luego…curarme.
-
¿Por qué? ¡¿Por qué te colocaste frente?!
¡Esta maldita mato a mi hermano! – grito, llorando y lanzando la espada al
suelo.
-
Porque… ¡uhg! Ella es mi hermanita pequeña. –
alzo la vista, mostrando su flamante mirada azul. Coloco su mano en la herida,
de pronto comenzó a salir una luz tenue de ella.
-
¿Qué? – fue lo único que logro decir.
-
Sí, es verdad, hace unos años fui considerada
una de ellos. Posiblemente pienses que estas salvándola a ella, no a mí. Eres
tan patético, Albert ¿Te has unido a nuestros peores enemigos? Debiste matarme
cuando tuviste la oportunidad de hacerlo. – pronunciaba, con voz seseante
aquella macabra mujer - ¿No dijiste que me cortarías las piernas de ser
necesario? Pues al parecer, te han cortado a ti hasta el esófago solo por
protegerme.
Marcus se agacho nuevamente
recogiendo su arma, la sacudió volviendo a salir las flamas, si, ahora esto era
personal tan personal como que le debía la muerte de su hermano. Pensó que su
amigo era un completo ingenuo, aquella cosa no era su hermanita, desde su
partida a los Magics Darks murió para resucitar en un parasito de persona. Ni
si quiera podía considerarla una, porque claramente era un monstruo
completamente repulsivo a los ojos de cualquiera. Levanto su espada captando la
atención de la mujer, quien dejo de mirar a su hermano mayor para transportarse
frente a Marcus y tomarlo del cuello desprevenidamente. Se le cortaba la
respiración, podría ser pequeña con cuerpo diminuto pero tenía una fuerza
sorprendente como para alzarlo ella sola y ¡A una sola mano! Marcus comenzó a
patalear para poder zafarse de la Darks Magic, aunque poco a poco perdía el
poco aire de sus pulmones no soltó por nada la espada de sus manos.
-
Pero que tenemos aquí… ¡Eres el muchacho de
la otra vez! Veo que has crecido bastante. ¿Sabes? Yo nunca, nunca olvido las
personas que asesino – dijo ella, apretando su agarre en Marcus en tanto
fruncía el ceño. – Tu eres más patético que Albert, vente que ser salvado por
tu hermanito mayor ¡Huy que dolor! Dime renacuajo ¿Pensaste que te vengarías de
su muerte? – soltó una risotada histérica - ¡Pero que ingenuo que eres! Al
parecer el morirá en vano porque acabare contigo.
Entonces, con las pocas
fuerzas que le quedaba alzo la espada clavándosela en un brazo donde
inmediatamente grito como una bestia herida, alejándose de él para tratar parar
la sangre espesa que emanaba del brazo. Marcus viéndose libre corrió hacia
donde estaba Albert agachándose, el rubio permanecía con los ojos cerrados
respirando entre cortadamente en tanto se sanaba; su amigo pensaba en como
aquella mujer pagaría con intereses todo el daño causado. Coloco una rodilla en
el suelo apoyándose en la espada clavada en el suelo, pensó en una estrategia
de como vencerla, esa mujer podría tele transportarse a la velocidad que el ojo
humano no podía captar, además de ser fuerte y totalmente mortífera. ¿Cómo?
¿Cómo hacerla caer antes de su recuperación? Colocándose de pie se colocó en
posición de combate, no sabía cómo vencerla ni esquivarla por si se tele
transportara pero tenía algo que ellas jamás tendría. Era las agallas. De
pronto aquella mujer, lo miro soltando un gruñido ronco mostrando sus dientes
como si fuese un perro salvaje dejando a la vista la herida profunda de su
brazo, no podía sanarla como lo hacía en estos momentos su hermano. Escucho a
un costado suyo a Albert comentándole que al transformarse en un Magics Darks,
perdía total sintonía con el lado puro de la naturaleza dejando a un lado sus
dotes de sanación como todos los de su familia. Rápidamente escucho como se
tele trasportaba hacia ellos lanzando un conjuro oscuro de viento espeso, no
sabiendo cómo reaccionar a aquello, Marcus se quedó paralizado pero no observo
cuando Albert se levantó del suelo, arrodillándose frente de él alzando sus dos
brazos estirados saliendo una luz tenue característico de él formando un escudo
protector sobre ellos. El hombre sin magia se quedó impresionado de la fortaleza
de tal escudo pues aquel viento parecido al polvo de carbón, no podía traspasar
por más que lo intentase, luego de eso Albert se apoyó en una sola pierna
estirando su poder hacia Morgana que lo recibió en todo el rostro haciéndola
retroceder cayendo en el suelo finalmente.
Fue en ese momento que Marcus aprovecho para correr hacia ella, pero,
Albert intuyo que no llegaría hasta ella porque estaría pronto de pie y
atacando; rápidamente se trasladó hacia él tomándolo de sus hombros y
transportándose hacia una Morgana prácticamente tambaleante. Marcus le clavo la
espalda en todo el pecho, cayendo finalmente al suelo convulsionando arrojando
borbotones de sangre espesa negra. Albert cayo de rodillas apretando los ojos
con mucho dolor, no, él no quería llegar a este final trágico donde su hermana
pequeña tuviese que morir. El rubio siempre pensó que podría salvarla, alejarla
de toda esa magia negra maligna la cual le hacía tanto daño a la humanidad.
Marcus no podía creer lo que veía, delante de él Morgana cambio de apariencia
pero, aun conservando aquella piel translucida, tenía el cabello color oro
ondulado y sus ojos eran grises como los de su padre Walter. El hombre le dio
un codazo a su amigo para que reaccionara, Albert abrió sus orbes azules
observando como delante de él estaba su hermanita la pequeña que vio crecer el
resto de su vida. Corrió hacia ella tomándole la mano para darle fuerza, por
mucho que deseara curarla era inútil con aquella espada creada por el mismo era
estupido utilizar conjuros de sanación.
-
Morgana… lo siento, en verdad lo siento. –
comenzó a sollozar, en tanto las lágrimas bajaban por su rostro.
-
No, no… me vengas con esto Albert. – tocio
fuertemente, quedando casi sin aire – yo… no me arrepiento de nada de lo que
hice, por lo tanto, no esperes a que me disculpe o algo. ¡Uhg! Pero… tal vez mi
único e… error fue mi avaricia por el poder, eso fue lo que me mato.
-
No tu error fue unirte a los Darks Magics –
dijo, en tanto se le quebraba la voz – Si yo… si yo te hubiese cuidado…
-
D.. Déjate de idioteces. – cerro los ojos
poco a poco – igualmente, me hubiese unido.
Ese mismo día Morgana dejo
de respirar, los Darks Magics fueron derrotados con ellos la cabeza de ellos
Paul. Los días de paz llegaron como una tarde fresca de junio, tanto Albert
como Marcus se convirtieron en la cabeza de sus especies. Todo reinaba como
debía de ser, más sin embargo, algo dentro del rubio le decía que esto no era
más que un señuelo. Los días oscuros estarían de nuevo en el mundo, por eso,
conjuntamente con su amigo de toda la vida planearon crear un libro pero no era
un simple libro. Albert comprendió que debía de plasmar en él todas y cada una
de sus experiencias vividas, donde estarían sus máximos conjuros, las alianzas
que formaron pero sobre todo los Darks Magics que jamás serian derrotados de
manera definida. Él sabía que se hallaban escondidos en alguna parte,
recargando sus auras oscuras para vengarse de los Magic Puros y no Magic;
Albert temía de ello porque de volver a sus acciones oscuras los Darks Magics
probablemente él no estaría ni mucho menos Marcus. Pero por eso no se rindió,
con las pocas investigaciones a cuerpos de los seres oscuros capitulo en su
libro toda esa información. Entonces para cuando llegase ese momento, la
siguiente generación sabría qué hacer con aquellos datos. Convenció a Marcus
para que ambos practicasen un conjuro que los hiciera volver de nuevo luego de
su muerte, pero no de la misma forma, ni siquiera como Magic o no Magic, eso
dependerían de la época o como estuviese el mundo. Tal vez coincidirían en
algo, que los dos estuviesen cerca para volver a conocerse y ser amigos, no
tendrían memorias de su vida pasada, su género sería diferente, quizás Albert
chica y Marcus chico o Marcus chica y Albert chico, no lo sabrían pero la magia
pura de la naturaleza se haría cargo de aquella decisión.
Al comienzo Marcus no estuvo
muy de acuerdo del asunto de reencarnar, le asustaba sobre manera que saliera
mal, ser separados en lugares diferentes o no encontrarse como le mencionaba el
rubio. Pero Albert se encargó de calmarlo, todas esas ideas ridículas de su
mente no sucederían, la naturaleza era exacta jamás se equivoca en sus
decisiones ella siempre era exacta. Fue ahí cuando en el mismo lugar donde se
conocieron, arrodillados sobre las piedras ambos permanecían con las manos
unidas una encima de la otra, como si fuesen a hacer porras o algo parecido. El
rubio había envejecido notoriamente, ya poco se notaba las sombras de su
juventud tenia barba larga rubia como su cabellera, los surcos de arrugas lo
adornaban debajo de sus pómulos y ojos azules. Marcus estaba igual, pero su
porte de militar imponente no le permitía hacerlo pasar por un viejuco
cualquiera, pero las arrugas no mentían ni mucho menos su bigote con canas
plateadas. Una luz tenue los envolvió a ambos en tanto que Albert pronunciaba
palabras en otro idioma, algo dentro de ellos salió disparado hacia la
estratosfera como un cohete de luz multicolor, explotando en miles de lucernas
en el cielo azul. Luego de esto, ambos hombres separaron sus manos abriendo los
ojos mirando hacia donde salió aquella luz, el primero en colocarse de pie fue
Albert tratando de no pisar su túnica verde turquesa que le regalos su única
hija.
-
Ya está. – pronuncio, en tanto sacudía sus
ropas. – Dejémosle por ahora a manos de la naturaleza.
-
Estás loco, venga que ya estamos viejos para
la gracia Albert. – rio con gracia, Marcus.
-
Estas en lo cierto. – lo apoyo – pero te
apuesto a que también querías que reencarnase a Madge ¿eh? Piensas que soy
tonto.
-
¿Y por qué no lo haces? – seguía insistiendo.
-
Porque no te aseguraría de que estuviese en
nuestro entorno, fíjate que si ambos son hombres o mujeres – Marcus arrugo la
frente, de solo planteárselo - ¿Te gustaría estar con ella de la misma forma?
-
Eres un viejo cerdo – comenzó a caminar fuera
de su alcance, en tanto escuchaba las risas de Albert. – Pero de algo estoy
seguro, quiero volver a hacer hombre.
-
Yo estaré feliz con lo que sea, mientras no
haya peligros en la tierra. – sonrió de medio lado – La madre naturaleza sabrá
la sabia decisión.
-
Si, tienes razón.
-
El sonido de una campana
hace que despierten todos mis sentidos, mis compañeros comienzan a guardar sus
materiales en su bolso preparados para salir a almorzar. Me levanto con pereza
absoluta de la mesa de mi escritorio, noto como la profesora está arreglando
unos papeles en su mesa despidiéndose de sus alumnos con una sonrisa; al menos
su cabello de piña anaranjado no esta tan de muerte como todo los días. Me he
vuelto a dormir, he vuelto a dormirme en clase de historia de los Magics,
siento un alivio de repente porque no ha notado nadie mi clandestina siesta
educativa, aunque no entiendo porque he soñado con todas esas cosas. La clase
de hoy se trató de los próceres Magic y no Magic que lograron firmar en tan
ansiado pacto de paz, bueno, eso todo el mundo lo sabe hasta los seres no
mágicos que nos odian tanto. Recojo mi libreta junto con mi cartuchera de
lápices arrojándola todos al bolso, solo dejo para cagar a la mano aquel libro
exageradamente grande de historia porque no me cabria en mi bolsa ni haciendo
magia. Salgo caminando en silencio sin mirar para los lados o siquiera
despedirme de la docente, soy el tipo de chica que camina en callada y no habla con nadie más.
Al salir al pasillo noto
como los seres sin magia van correteando sonriendo, gritando cosas sin sentido
y… ¡Oh! Uno de ellos comienzan a lanzarle papeles a un estudiante más bajito
que ellos, por como lo tratan sé que es un Magic. Me quedo quieta observando
como aquellas personas maltratan aquel muchacho, no quiero inmiscuirme en
asuntos que no me conciernen, ni mucho menos hacer acto de presencia frente a
los no Magic. Cuando veo que casi nadie va cruzando el pasillo, camino
tranquilamente sin notar como alguien va a mi lado, volteo con un rostro completamente
inexpresivo preparada para cualquier cosa. Es él. Desde que tengo memoria este
chico ha pasado mucho más desapercibido que yo, aunque claro, eso no quiere
decir que escapemos de los abusivos de los no Magic. Él, como suelo decirle, no
es más que un muchacho bajo de anteojos grandes con montura negra, su cabello
azabache le tapa un poco los ojos por lo que no se sobre su color, piel
aceitunada, rostro ovalado con mejillas rellenas. Su expresión es igual a la
mía, por lo tanto, inclinamos nuestras cabezas en señal de saludo debido a
todos nuestros encuentros. No me desagrada, de hecho, me parece agradable su
compañía silenciosa somos muy parecidos en ciertos puntos; suele sentarse al
lado más apartado de toda la clase en la primera fila cerca de la puerta al
final. Por mi parte, hago lo mismo pero hacia la derecha topándome con la
ventana hacia los árboles frondosos y grandes. Cuando se trata de trabajos en
equipo somos los únicos en estar fuera, terminándolo haciendo juntos los dos,
eso es más que todo en clase de conjuros naturales donde debemos hacer equipos.
En tanto caminamos en
pasillo en silencio no puedo viajar nuevamente a aquel sueño extraño, no es la
primera vez que tengo uno parecido, siempre acabo soñando con los próceres de
la época tratando de salvar su pueblo. La última vez soñé que me encontraba en un bosque, cerca de
un rio poco caudaloso alguien lloraba a gritos llamando desconsoladamente a
Albert, el ser Magic más poderoso de todos; pero en tanto transcurría el sueño
ese mago nunca aprecio por ningún lado. En otras ocasiones veía a la no Magic
más famosa de todas, Madge, quien sujetaba mis manos apoyándome
incondicionalmente en alguna clase de estudio sobre los seres oscuros. No era
raro, me dije, es completamente irracional. El de hace unos momentos fue tan
vivido como si en verdad me estuviesen ahorcando esa mujer oscura, sintiendo
hasta su aura oscura por todo mi ser; en clase en naturaleza mágica se prohibía
hablar sobre aquellas criaturas pero yo no tenía miedo de decir lo que era:
“Darks Magics”. Muchas personas cuenta que fueron los peores enemigos de los
seres de la tierra, eso incluían a los Magic y no Magic, no se sabía
exactamente como se convertían o hacían simplemente cuando aparecían se sabía
que se avecinaba desgracias para todos. En la última batalla, la que ha
aparecido mi sueño, los libros cuentan que fue una de las arduras en ganar, no
solo porque estuvieron a punto de perder al grande Albert Martin, sino, que
dentro de las líneas siniestras se hallaba
la hermana pequeña del prócer. Morgana Martin. Muchos autores comentan
que hizo un pacto con el mismísimo demonio, entregándole su alma pura con tal
de recibir poder a cambio, otros simplemente dan detalles de una chica que
desde siempre deseo poderes malignos para deshacerse de las personas de mala
fe. Mas sin embargo, su sed de venganza por hacerle pagar a los no mágicos
todas y cada una de sus fechorías la llevo a la locura. Nadie sabe de cómo
murieron los Darks Magics, nuestros ancestros dejaron claro que nunca murieron,
solamente recargan fuerzas para volver a retomar el temor entre los seres
humanos. ¿Quién sabe? Hasta estén caminando en nuestro lado, conviviendo como
seres mágicos o no mágicos haciéndose pasar como seres pacíficos para luego
atacar. Inmediatamente cruza por mi mente los últimos fragmentos del sueño que
tuve, si es cierto aquello, los próceres en verdad pudieron haber reencarnado
como personas distintas; porque por muchos años se ha dicho que cada millones
de años Albert Martin y Marcus Zunnares volverían a la tierra para realizar
aquella tarea que dejaron atrás, así acabando por fin con toda la maldad del mundo.
Pero esto, no es más que un mito que no ha sido confirmado.
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